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                    <text>Revista de la Universidad de Nuevo León

En la muerte de Juan Ramón Ji111éncz • Luis Leal,
Los cue11tos de Mamt
Mercado, La ceniza

' Othón • Ario Garza
vi nto • Alfonso Reyes
o de Aguascalientes: San

onzález Almazán. Dos

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muerte! • Pedro Le ca o, Yuntas de amor • Juan
Antonio Ayala, La ti rr

comparativo de dos e,

e Antonio Machado)

Alfonso Rangel Guer·~,..,..,,"'lf!"l\vela de Carlos Fuentes

Noticias • Libros.

ABRIL / JUNIO DE 1958

A~O 1 / Segunda Epoca

��Revista de la Universidad de Nuevo León
Año 1, No. 2

Abrit / Junio de 19 58

Segunda Epoca

SUMARIO

En la muerte de Juan Ramón Jiméne:; . . . .

5

Luis Leal, Los cuentos de Manuel José Othón.

7

Ario Garza Mercado, La ceni:;a y el viento . .

21

Alfonso Reyes Aurrecoechea, Un gran pintor

ARMASrLETRAS
(Registro en trámite)

PRECIO DE SUSCRIPCION
UN Al\l'O (cuatro números)

Dirección

En México: Veinte pesos

Washington y Colegio Civil

Otros países: Dos dólares

Monterrey, K L., México

de Aguascalientes: Saturnino Herrán .

25

Salomón González Almazán, Dos poemas .

37

Daniel Mir, ¿Que hay más allá de la muerte? .

: 41

Pedro Lezcano, Yuntas de amor . . . . . .

55

Juan Antonio Ayala, La tierra de Alvargo11:;ále:; .

57

Alfonso Rangel Guerra, La novela de Carlos Fuentes.

76

Noticias.

81

Libros . .

86

�NECROLOGIA
JUAN RAMON JIMENEZ
(1881-1958)

• El día 29 de mayo de este año falleció en Puerto Rico el
poeta español. premio Nobel de Literatura 1956, Juan Ramón
Jiménez. Las letras hispanas sufren una pérdida irreparable ya
que J.R.J. marca uno de esos raros hitos poéticos que sólo se
producen de siglo en siglo. A través de toda una vida, el autor
de "Platero", símbolo de una actitud, vivió plenamente inmerso
en el quehacer poético, haciendo de la poesía alma de sus actos
y de toda su conducta. En Juan Ramón poesía y vida alcanzan una síntesis trascendente y humana en total plenitud. Su
misma soledad -esa soledad que le acompañó hasta los últimos
instantes- estuvo poblada de sus admirables hijos del espíritu.
Su personalidad pudiera parecer extraña a aquellos que no sabían que la poesía era algo tan natural en él como el respirar,
que era un vivir que lo mantenía enhiesto frente a todos los
dolorosos trances y a todos los momentos cordiales que le brindó el amor, la amistad, la admiración y aun la detracción.
Juan Ramón llegó a quemarse en el fuego que el mantuvo encendido toda la vida; Juan Ramón vivió en poesía y en ella
murió.
En su tumba- que simbólicamente debería estar vacía,
pues J.R.J. no ha muerto, estarán perpetuamente grabados estos versos que él un día dirigió a la Poesía " Arbol joven y
eterno":
" Por ti es fuerte tu cárcel; por ti amena
su soledad inerme. Inmensa aurora

�6

Juan Ramón Jiménu:

es tu sombra interior, fresca y sonora
en el yermo sin voz que te encadena.
Ave y viento, doble ala y armonía,
vendrán a tu prisión, sin otro anhelo
que el de la libertad y el de la hermosura . .. "

•

Luis Leal / Los cuentos
de Manuel José Othón

(Sonetos Espirituales, XXI) .
Entre la libertad y la hermosura vivió constantemente
Juan Ramón, en una lucha con el Angel de la poesía, que, al
mismo tiempo que ceñía alrededor de él, en singular combate,
una prisión de responsabilidades, le abría el ala de la hermosura, tantas veces entrevista, tantas veces conquistada.
ARMAS Y LETRAS se asocia al sentimiento de pesar
que hoy embarga a la poesía hispánica y a todo el orbe de la
Poesía. De esa Poesía que no tiene fronteras, que habla un
idioma universal. Esa eterna Poesía "Ave y viento, doble ala Y
armonía".

J. A. A.

D ICESE que Manuel José Othón
es el artista de una sola obra: los Poemas rústicos. Sin embargo,
no hay duda de que algunas de sus prosas reflejan las mismas
características que le dieran fama como poeta ; existe hasta cierto
punto, un desarrollo paralelo entre su poesía y su prosa. Si la
crítica recuerda a Othón como' el autor del " Idilio salvaje", no
debemos olvidar que sus cuentos tienen la misma fuente de inspiración y proyectan el mismo ambiente que hallamos en su
poesía. Por lo tanto, su estudio merece mayor atención de la
que se les ha dado. Aparte de los trabajos de don Jesús Zavala
y la monografía del Dr. Peñalosa, 1 la crítica apenas si se ha
dignado hablar de este aspecto de la obra del potosino. Tal vez
ello se deba, más que a la falta de interés, a la falta de textos
accesibles.
Bien sabido es que las prosas de Othón son poco conocidas, fuera de los dos o tres cuentos que las antologías han recogido. En general, sus obras en prosa, lo mismo que su teatro,
han tenido poca fortuna editorial. Desde el momento en que
las escribió, se encuentra con dificultades para publicarlas. Al
mismo tiempo, su bibliografía novelística es una de las más difíciles de reconstruir, debido en gran parte a que el autor menciona obras que pensaba escribir (y que tal vez nunca llegó a
hacerlo) , y a que con frecuencia daba diferentes títulos a la
misma obra. El problema se habría resuelto si hubiera podido
publicar el volumen de cuentos y novelas cortas que proyectaba;
- 7 -

�9
Luis Leal

8

Los cuentos de Manuel José Othón

desgraciadamente, murió sin ver realizado este trabajo que,, como otros del poeta, quedó sin terminar. Trataremos aquí, hasta
donde nos sea posible, ya que no tenemos los documentos a la
vista, de elucidar este problema de la bibliografía, lo mismo que
de exponer algunos juicios críticos sobre el valor estético de los
principales cuentos del poeta de la ' 'Noche rústica de \Valpurgis".
Las primicias de Othón en el género las encontramos en
el cuaderno manuscrito, Cantos de la montaña (subscrito en
Santa María del Río en diciembre de 1879), el cual contiene
un cuento trunco, que no se ha publicado y que tal vez sea el primero del autor. En el mismo cuaderno se menciona un libro en
proyecto, que debía titularse Tradiciones, cuentos en prosa, y
del cual se da el siguiente índice: "El Padre Alegría" , "La casa
honda", "La capilla de la Virgen", "La cuesta del Alcalde" ,
"El columpio del Diablo" , "La campana de los muertos",
"Juana Maltos", "Las mariposas" , "La orgía de fa muerte" y
"La quinta de San Lionel". Además, aparece el título de una
novela: ''Juan del Jarro" . 2 Ninguna de estas obras se conoce.
a no ser que se haya publicado bajo nombre distinto del que
aquí se le da. Entre los manuscritos que dejó el poeta se encuentran, sin embargo, algunos cuentos o fragmentos de cuentos. En
la lista public&lt;)da en El Heraldo de San Luis el 13 de diciembre
de 1949, se mencionan, bajo el documento número 12, las prosas "La Malinche", "El mayor monstruo los celos", "La gleba"
y un párrafo en prosa; en el documento número 83 algunos
"cuentos sin títulos" y en el número 86 algunos "fragmentos
de cuentos". ~ De todo esto, lo único que se conoce con certeza.
pues de ello hay noticias fidedignas, es la prosa "El Padre Alegría", manuscrito hoy en poder del Dr. Peñalosa, y sobre el
cual nos comunica que se trata de un " cuento incompleto, como
muchos otros que Othón dejó empezados o simplemente en un
4
título sine re" y que el fragmento tiene poco interés estético.
Sin embargo, esperamos que algún día se publique.
Si pasarnos de lo nebuloso a lo concreto, nos darnos cuenta
de que el más antiguo cuento de Othón, de los publicados, es
"El último trovador" , que data de 1890. Y aun aquí. la fecha
nos parece algo sospechosa, ya que el subtítulo, "A la muerte
de Zorrilla", puede indicar que fué compuesto en 1893, año del

" El último trovador" , que data de 1890. Y aun aquí. la fecha
tendríamos que considerar como sus primeros cuentos~ntre los
conocidos-los que escribió en 1891: "El exclaustrado", del 14
de marzo, y "Un nocturno de Chopin", del 21 de agosto. No
hay duda, sin embargo, de que los tres pertenecen a una misma
época, ya que todos ellos adolecen de los mismos defectos: el
sentimentalismo exagerado, la artificialidad de los temas y la
ausencia de rasgos veristas en las descripciones. De los tres, " El
último trovador" es el más artificioso. El autor, aquí. no sigue
los preceptos de su propia estética, ya que no es sincero en la
expresión de sus sentimientos. En vez de manifestarnos sus experiencias personales, se deja llevar por la influencia de Bécquer,
Quintana y Núñez de Arce, a quienes imita en la creación del
ambiente medioeval español. En los otros dos, sin embargo, el
fondo ya es mexicano y las tramas contienen elementos autobiográficos; la naturaleza es la de su Estado natal y los personajes son seres sacados de la vida real. Sin embargo. todavía
predominan los rasgos románticos: las ruinas del convento en
"El exclaustrado"; las inverosímiles desgracias acaecidas al cura
de la aldea, que cuenta la historia en el mismo relato ; el amor
imposible en " Un nocturno de Chopin"; la mezcla de lo poético
y lo cotidiano, como en el siguiente pasaje : "Por fin amaneció
el día tan ardientemente deseado. El otoño se anticipaba, anunciándose con una de esas mañanas pálidas y frías en que el cielo
deja caer sobre la tierra menuda llovizna que entristece los campos y opaca la atmósfera. Almorcé precipitadamente, monté a
caballo y me dirigí a la Granja" . ~
A fines de 1893, Othón fué nombrado juez de primera
instancia de Santa María del Río, población cerca de San Luis
y en donde el poeta ya había vivido años antes. Allí permaneció
hasta 18 9 7, consagrado a la lectura de los clásicos- Homero,
Virgilio, Dante-, a la contemplación de la naturaleza y al
estudio de las costumbres de los campesinos y los pastores de
la región. A este período de su vida pertenecen las llamadas
" novelas rústicas" , esto es, los dos cuentos "El pastor Corydón"
y " El montero Espinosa" , considerados como los mejores sa0lidos de su pluma. Ambos tratan de los problemas sociales y
condiciones de vida de los labriegos. Para el primero, publicado en El Afondo Ilustrado de la ciudad de México el 15 de sep-

�10

Los cuentos de Monuel José Othón

tiembre de 18 9 5, 0 toma el nombre de sus lecturas. U no de los
personajes, el sacristán don Sixto, cita con frecuencia la segunda
égloga de Virgilio, y además da al infortunado pastor, marido
de la mujer que codicia, el nombre de Corydón, pastor del poema virgiliano. Odilón, verdadero nombre del protagonista, debido a su pobreza, es abandonado por su mujer; sus hijos, excepto uno, mueren, y él mismo queda paralítico por haber comido
-acosado por el hambre--cierta frutilla silvestre. La mujer
vuelve a vivir con él, mas le engaña a ojos vistas. El pastor, al
verla en manos del sacristán don Sixto, hace un supremo esfuerzo y logra arrastrarse hasta la orilla de un precipicio, en
donde se ahorca. Corydón muere en el instante mismo en que
el repique de las campanas se oye a lo lejos, " alzándose al espacio como la oración de los pobres, los humildes y desgraciados, que piden al cielo ilumine las sombras de la miseria, de la
ignorancia y de la abyección a que están irremisiblemente condenados ... " Sin embargo, el poeta tiene fe en que las condiciones de vida de estos infelices cambiarán y serán mejores en el
futuro, ya que, a renglón seguido, repite: "¿ Irremisiblemente?" ...
Si en "El pastor de Corydón" la trama es algo difusa-la
infidelidad de Alejandra, la pobreza y parálisis de Odilón, la
inmoralidad de don Sixto--en "El montero Espinosa" el poeta
se ciñe a una sola nota: el ultraje cometido por el patrón y la
venganza del pastor. Aunque el tema carezca de originalidad,
el mérito del cuento consiste en la pintura de los personajes, sobre todo el del pastor Espinosa, tipo de ranchero mexicano de
alma de roble y de carácter recio y vengativo, persona que sabe
defender sus derechos, aunque a costo de la vida. En este relato,
Othón se adelanta a los cuentistas de la revolución. Tanto en
este cuento como en el anterior, el realismo es la nota predominante. En ellos Othón pone en práctica su credo estético, según
lo expresó en el proemio a sus Poemas rústicos: "El artista ha
· de ser sincero hasta la ingenuidad. No debemos expresar nada
que no hayamos visto; nada sentido o pensado a través de ajenos temperamentos, pues si tal hacemos ya no será nuestro espíritu quien hable y mentiremos a los demás, enganándonos a
nosotros mismos". A esta época realista también nos parece que
pertenece, aunque no nos es posible probarlo, pues no contamos

Luis Leol

11

con datos para ello, el cuadro costumbris~a " Una fiesta casera",
acerca del cual el autor nos dice: "Cumpliendo mi promesa, hago al lector esta fiel narración, asegurándole que nada he puesto
en ella de mi cosecha, pues todo pasó tal y como lo digo". A
pesar de ello, no podemos dejar de observar que la narración
sigue paso a paso el cuadro costumbrista "Un castellano viejo"
de Larra; en ambos se da principio con una invitación a comer
para celebrar un cumpleaños ; tanto en Larra como en Othón
aparece el niño malcriado, que hace de las suyas a la hora de la
comida; y en fin, hasta en la descripción de la comida, muy
española la una, muy mexicana la otra, hay semejanza. Circunstancia que no quita al mérito del cuadro de Othón, ya que
se trata de un relato en el que campean tanto el humorismo como la fina observación de las costumbres mexicanas del pueblo
chico.
De 1897 en adelante, Othón vivió en los Estados de Coahuila y Durango. En Ciudad Lerdo se dedicó, del año siguiente
hasta 1902, a seleccionar y corregir sus poesías, que coleccionó
en el libro Poemas rústicos, no publicados, por diversas razones,
hasta este último año. Mientras se imprimía el libro, escribió
algunos cuentos, y a mediados de 1902 se comprometió a enviar a Reyes Spíndola seis de ellos para El Mundo Ilustrado.
Sin embargo, solamente tres se publicaron, los llamados "Cuentos de espantos" ("Encuentro pavoroso", "Coro _de brujas", y
" El nahua["), dedicados a don José Lópei Portillo y Rojas.
Debido a que el segundo se extravió en el correo, no aparecieron
sino hasta un año más tarde. 7 Sobre el asunto, Othón escribió
una larga carta a su amigo Juan B. Delgado, fechada en Ciudad
Lerdo el 17 de agosto de 1902, y que a continuación citamos
debido a que en ella el poeta potosino expresa algunos juicios
críticos sobre sus cuentos: "Estoy de malas, pero muy de malas.
Le dije a usted que me comprometí con Spíndola, a enviarle
seis cuentos para El Mundo Ilustrado. Pues bien, le envié el primero, de que me acusó recibo. A los pocos días -le envié el segundo (fué el 20 de julio) y, últimamente, le envié el tercero
que completan una serie, como creo habérselo dicho a usted, pues
los tres restantes están asilados unos de otros.
" Ahora bien, acabo de recibir carta de Spíndola en que

�Luis Leal

12

Los cuentos de José Manuel Othón

me dice que sólo recibió el primero y el tercer cuentos y no el
segundo. Mejor quisiera que se hubieran perdido los otros y
no éste, pues como lo copié yo mismo y corregí antes sobre las
cuartillas del borrador casi todas quedaron inservibles y las destruí. Pero si el cuento no parece, tendré qeu escribirlo, y no el
mismo, sino otro, pues tocó la maldita casualidad de que yo,
que jamás me da por el humorismo, estaba en circunstancias
tales que naturalmente me brotó el cuento en un estilo fácil y
humorista. Tendría, para repetirlo, que ponerme en el mismo
estado de ánimo, lo cual es casi imposible. Así es que para completar la serie, si el perdido no parece, escribiré otro completamente distinto.... Dícenme en esta administración, que probablemente enti:ó en lista, por no llevar el número del apartado
ni el domicilio. ¡Ojalá -y así sea! Le ruego con el más grande
encarecimiento, se sirva hacer la más rigurosa y minuciosa investigación a fin de ver si es posible que parezca, porque crea
usted que no me interesa el trabajo perdido, sino la índole del
cuento, que aún a riesgo de pecar de inmodesto, puedo asegurar a usted me salió muy bueno, tal vez mejor que los otros
dos .... " 8
A pesar de que quería escribir un cuento distinto para
reemplazar el perdido, se decidió a rehacerlo y lo terminó a
principios de 1903, según vemos eñ otra carta al mismo Delgado, carta fechada el 12 de marzo de ese año: "Por fin pude
rehacer el malhadado cuento que se perdió. No puede usted
imaginarse el trabajo que me costó, pues cometí la imprevisión
de abandonar las cuartillas del borrador y se dispersaron: de
manera que sólo ateniéndome a mí memoria y a los brevísimos
apuntes que tengo en mi cartera, emprendí la obra de escribirlo
· de nuevo." 0 El mismo Delgado llevó el cuento a Spíndola, y
se publicó en El Mundo Ilustrado en mayo del mismo año. Al
mes siguiente, Othó~ escribía a su amigo:. "Los tres cuentos que
salieron en El Mundo están muy bien ilustrados y bastante correctos, por lo que toca a caja, aunque siempre se deslizaron
algunas erratas. Dígame si le gustan a usted y han gustado o
no al público y a !1uestros amados colegas los literatos y poetas
metropolitanos." 10
No sabemos si Delgado contestó las preguntas de Othón.

13

Sin embargo, no hay duda que los cuentos gustaron, ya que son
estos tres relatos los que más fama han dado al potosino como
cuentista. Aunque las Novelas rústicas, como ya hemos dicho,
nos parezcan superiores, no podemos negar que los Cuentos de
espantos son mejores que el primer grupo de cuentos románticos,
ya que los temas presentan más unidad-los tris tratan de las
supersticipnes entre la gente campesina de México--, la descripción de la naturaleza mexicana es excelente y la pintura de los
personajes más apegada a la psicología del mexicano de la región.
Aunque en los tres hay descripción de las costumbres de la gente
del campo, no son, como " Una fiesta casera", cuadros costumbristas, sino cuentos cabales bien redondeados. El primero, " Encuentro pavoroso"-el cuento más conocido de Othón-es el entretenido relato de una simple aventura; sin embargo, la manera
de contarla y la creación del ambiente de misterio nos hacen recordar las obras de Poe. El simple encuentro con un cadáver
que ha sido atado, en postura rígida. y enhiesta, sobre una cabalgadura da materia al cuentista para entretejer un relato que
infunde pavor en 'quien lo lea. En este cuento, como en su
mejor poesía, la descripción de la naturaleza es magistral. Algunos pasajes nos hacen recordar los cuadros de rocas de V el asco:
"Todo era luz y blancura en aquella noche de trópico. Los
peñascos aparecían semejantes a bloques de plata, y las frondas,
los matorrales y la maleza misma temblaban como nervios de
cristal umbrantes y sonoros".
El segundo cuento de la trilogía, que Othón consideraba
superior a los otros dos, tiene, en verdad, un argumento más
desarrollado y más bien redondeado, aunque a la vez, como todos los del autor, sencillo. En "Coro de brujas", así como en
otros de sus cuentos, el escritor mismo es uno de los protagonistas y toma parte en los acontecimientos relatados. Es él quien
salva la vida a don Carpio, solterón_ que ha desdeñado a la hija
de una bruja pa,ra casarse con otra mujer; la bruja, para vengarse de esta ofensa. atormenta a don Carpio noche a noche
con sus maleficios: el autor, poco creyente en el arte de la brujería, descubre la confabulación de la bruja y su hija, demostrando a don Carpio la realidad de las cosas. Más que la trama,
es de interés aquí la descripción de las costumbres y la pintura
de los personajes. Doña Pancha "era la adoración y el paño

�14

Luis Leal

Los cuentos de Monuel José Othón

de lágrimas de sus sirvientes y de todos los aldeanos y campesinos que moraban en cien luegas a la redonda" . Othón pinta,
con gran humorismo, los métodos usados por este personaje
para curar toda clase de enfermedades; para las dolencias de gravedad, nos dice el poeta, nada mejor que ''colocar un huevo de
gallina prieta ( el color negro era de ritual) debajo de la almohada del paciente para que le extrajera el mal; o bien se metía
la mismísima doña Pancha debajo de la cama y lanzaba unos
lamentos y gritos tan lastimeros, llamando por su nombre al
e~fermo, que éste, si estaba aún en sus cabales, creía que la propia muerte le solicitaba desde lo más profundo de la tierra y se
levantaba todo trémulo y despavorido" . ¿En qué persona se
inspiró el poeta para pintar a doña Pancha y a las otras brujas
que aparecen en este cuento? En él menciona a las brujas de
Brocken, montañas alemanas famosas en la historia y la leyenda
como el centro de reunión de estos seres maléficos. Mas también
sabemos que Othón hizo _una visita a una bruja de su pueblo,
tal vez por curiosidad, o para documentarse antes de escribir el
cuento. El poeta gustaba relatar a sus amigos los detalles de este
incidente. He aquí como lo cuenta don Rubén M. Campos.
La bruja, nos dice, condujo a Othón al interior de su humilde
cabaña, donde vivía solitaria. Allí le demostró las cosas más
extraordinarias: " esqueletos humanos... colas de zorrillo, dientes d~ jabalí. .. espolones de gallo ... muñecos pinchados con púas
de biznaga o con alfileres" y todo lo concerniente a la magia.
El poeta le pidió a la bruja que lo llevara al aquelarre adonde
ella iba todos los sábados por la noche. "Ella-dice Camposlo citó al toque de ánimas para el sábado próximo, y una vez
allí, después de exorcismos y de invocaci~nes de la bruja al espíritu de Lucifogo, le untó el cuerpo de aceite y grasas misterios~s ; lo c~njur~ a que hiciera todo lo que ella le fuera prescrib1en~o,_ sm, obJetar nada; le ordenó que saltara sobre una cripta
que el Jamas llegó a saber lo que contenía ; y una vez que hubo
hec~~ todos los preparativos para el viaje por el aire ... la vieja
le diJo presentándole un brebaje turbio en una taza:
"-Ahora bébase este remedio para irnos.
. "-¡ Eso sí qu~ no !-dijo Othón riendo de buena gana y
cogiendo su ropa ba30 el brazo para correr a bañarse al río pró-

f

..

15

ximo a la casa y purificarse de las grasas lubricantes de que estaba embadurnado. Con lo cual se privó del placer de asistir al
aquelarre que su fantasía maravillosa hubiera creado bajo la
influencia del narcótico endiablado que preparó la vieja". 11
Otro personaje casi folklórico, el astrólogo rural, lo encontramos representado en este mismo cuento en la persona de
don Carpía. Su ciencia era tal que " daba ciento y raya a los
sabihondos que escriben libros cuajados de mentiras y disparates". Su método de observación era único: " Todos los años.
en el mes de enero, la noche de San Antonio Abad, instalábase
en la era a contemplar el cielo para ver por qué lado entr¡1ba el
año ; iba provisto de un cuaderno donde apuntadas tenía multitud de observaciones hechas y no interrumpidas por los más
lejanos de sus progenitores. Allí, con un farol y un lápiz, trazaba figuras y signos siguiendo la' revolución de las estrellas y
el cariz que presentaba la atmósfera ; y a eso de las cuatro de la
mañana, cuando ya las Siete Cabrillas se habían metido y a sus
alcances iban los Tres Reyes y las Tres Marías, don Carpio,
con pasmosa seguridad, pronósticaba la calidad del año, como
si lo estuviera viendo, qué clase de fruta se iba a dar y cuáles a
perder, las plagas y las enfermedades de los animales y las plantas, y, finalmente, si el año sería seco o lluvioso".
En el último cuento, "El nahua!"-, Othón hace uso de una
antiquísima creencia folklórica: la licantropí.a, esto es, la transformación del brujo en animal; en este caso, en coyote. Como
en "Encuentro pavoroso" , la descripción de la naturaleza forma
parte esencial del relato ; el paisaje aquí, como en su poesía, es
triste y melancolólico: " Y a he dicho otra vez que el campo es
triste, siempre triste, inmensamente triste, y hay la singularidad
de que la penetrante impresión de melancolía que produce es
tan augusta en la mediación del sol como en el peso de la noche.... Y si el paisaje que se desarrolla ante los ojos es dilatado,
monótono y salvaje, entonces el alma va a empaparse en la sagrada tristeza, como los picos más encumbrados de las monta_ñas se empapan en la suprema frialdad de las eternas nieves".
Sobre este fondo triste, se desarrolla la historia, a la cual el
poeta imparte un tono de misterio, tanto en la descripción de
los acontecimientos como de los personajes. El nahua! es un

/

�_16

Los cuentos de Manuel José Othón

"viejecillo desmedrado, sucio hasta la repugnancia... engendro
de asquerosidades, a quien apenas podía c"onsiderarse como un
ser humano. Las rodillas finas y puntiagudas, ceñidas por los
brazos en apretado nudo, como por dos cobrizas serpientes, escuálidas y viscosas. El descubierto cráneo, coronado por hirsuto greña! de mechas grises, descansaba sobre aquel infame nudo
que los codos y las choquezuelas formaban, y todo el conjunto
aparecía cubierto por inverosímil envoltura de andrajos nauseabundos. Los desnudós brazos y las piernas, tan canijos y descarnados como los de una momia, tenían el color grasoso Y oscuro del café tostado; y en tal apariencia y postura, el vejete
semejaba un fakir indio sumergido en la estúpida somnolencia
de su contemplación". Descripción que, aunque imparte el pavor, es a base de elementos reales. Este apego a la estética del
realismo, hasta cierto punto, destruye el valor del cuento; en su
prurito realista, Othón se ve obligado a explicar la naturaleza
de la transformación del nahua! en coyote, destruyendo así todo
el ambiente de misterio ,que había creado. Para nuestra sensibilidad, hubiera sido mejor que el autor dejara a la imaginación
del lector la explicación del fenómeno, así como lo hace Bécquer
en sus leyendas-especialmente en la titulada " Ojos verdes"-,
Roa Bárcena en su " Lanchitas", Alfonso Reyes en '·La mano del
Comandante Aranda" y Carlos Fuentes en ''Chac Mool", para
mencionar solamente a los más conocidos. A pesar de este desenlace poco feliz, el cuento de Othón es de gran belleza e interés.
Antes de que aparecieran estos tres cuentos, ya Othón tenía
proyectada otra serie. En carta a su amigo Delgado escrita desde
Ciudad Lerdo, el 4 de julio de 1902, leemos: "En El Mundo
Ilustrado saldrán próximamente tres cuentos míes de los que he
enviado ya dos 'y por el correo de hoy enviaré el tercero. Son
una serie. Luego mandaré otros, de los que ya he escrito uno y
me ocupo en otro actualmente, escribiendo un retazo en Noé
[Hacienda de N oé, en Durangoj, otro ·e n Mapimí, otro aquí. a
vuela pluma, pero creo que este que trabajo ahora está bueno,
pues es un estudio bien meditado y observado. Ya lo verá. Se
llama ·cuatro ánimas por un perro' " ( Epistolario. pág. 61)'.
Cuento que, como es bien sabido, no se conoce y tal vez nunca
fué terminado. Del otro, que según dice ya estaba escrito, ni el
título se conoce. A no ser que se trate de otro cuento mencio-

Luis Leal

17

nado por el autor tres meses más tarde, y también desconocido;
en su carta del 4 de octubre, dice: "Proponga a Bouret 1a impresión de un tomo de Cuentos y Novelas cortas. Será de trescientas o cuatrocientas páginas y contendrá lo siguiente: El exclaustrado.-Un nocturno de Chopin.-El montero Espinosa.
El pastor Corydón.-Encuentro pavoroso.-Coro de brujas.El nahual.-Tiempos idos, Primera y Segunda partes.-Cuatro
ánimas por un perro y dos novelitas más que escribiré luego,
pues son de las que le tengo que enviar a Spíndola". (Epistolario, págs. 69-70). Ambas partes de " Tiempos idos" son desconocidas, como también lo es el siguiente relato, que el autor
menciona con frecuencia en sus cartas. En la que escribió a su
amigo Delgado el 4 de diciembre de 1902, le dice: "Enviaré por
conducto de usted, inmediatamente, ese maldito cuento y, en
seguida, uno que se me ha ocµrrido y que saldrá muy bonito por
el asunto y por la intensidad de él, pues lo he vivido. Se llamará
Vida montaraz" (Epistolario, págs. 75-76). Este relato autobiográfic9, sin embargo, no estaba terminado para el 12 de febrero de 1903, fecha de otra de sus cartas a Delgado: "En cuanto a 'Vida montaraz', no lo acabo aún, pero creo poder terminarlo a fines del mes. Crea usted que está saliendo de lo muy
fino--fuera modestia-; es un trozo de autobiografía, y está
dedicado a usted" (Epistolario, págs. 77-78). Como muchas
de sus promesas, tampoco ésta se cumple. El 12 de marzo escribe
otra vez: "En cuanto a 'Vida montaraz' sigo trabajando en él.
aunque poco a poco, pues es largo--ocupará cincuenta o sesenta
páginas como las del presente-y, además, va en estilo .p ulido
y cuidado. Pero usted no se ha formado idea de lo que es. Le
dije que era un trozo de autobiografía y así es; mas no se trata
de una autobiografía completa. Bus~ando entre mis papeles, me
encontré algunas de mis carteras viejas de apuntes y notas, y
entre ellas estaban tos referentes a una temporada que pasé yo
en la Sierra de Corona, entre Celedón y Maquihuana, en el Estado de Tamaulipas, hace ya bastantes años. Viv.í allí c_ompletamente solo noventa y tres días, como una especie de Robinsón.
Las impresiones de entonces y la descripción de aquella vida es
lo que constituye el trabajo que estoy haciendo. Está en forma
de diario y adornado, naturalmente, con episodios imaginados
algunos y otros ciertos, para quitarle la monotonía que, de otra

�18

Los cuentos de Manuel José Ot11ón

manera, sería insoportable. Así es que háblele a Spíndola de
ese trabajo, pues de publicarse en El Mundo, sacará lo menos
tres o cuatro hojas," (Epistolario, págs. 79-83). A pesar de
todo esto, el cuento quedó sin terminar, o si se terminó, por
alguna razón u otra no quiso publicarlo. Todavía en 19 O5 el
manuscrito no se encontraba en su forma definitiva. El 8- de
marzo de ese año vuelve a mencionar el cuento a su amigo Delgado.: "Mi escribiente se ocupa de copiar V ida montaraz, y ya
le he dicho que es bastante larga. Así es que tardará un poco."
(Epistolario, pág. 102). Uno de los misterios en la vida del
poeta potosino es ¿por qué no llevó a publicar esta obra, después de trabajar tanto en ella y mencionarla con tanta frecuencia?
Hay evidencia, sin embargo, de que Vida montaraz cuando menos fué escrita. De otros relatos, solamente el título nos
ha llegado. Además de los ya mencionados, en el índice que
envía a Delgado en su carta del 12 de marzo de 1903, ya citada,
encontramos los siguientes: "Las tres novias del niño", "Horrenda noche", "La casa espectral", "Sin Dios ni Santa María",
"El ojo que vió Caín" y "La serrana". ¿Son simples títulos
de cuentos que pensaba escribir? Sobre el primero, el acucioso
crítico don Jesús Zaval a nos dice: "Pocas son las prosas que se
conocen de Othón. A pesar de haber hurgado durante años en
diarios y revistas, sólo hemos logrado reunir las que aquí se reproducen. 12 Contra lo que se cree, la viuda del poeta no conserva nada inédito. 13 Lo afirmamos con certeza. Esto no quiere decir que no quede algo rezagado en periódicos. Por ejemplo:
Las tres novias del niño, que estamos seguros de que se publicó
y, sin embargo, no nos ha sido posible localizarlo". 14 En fin,
nos quedamos con los nuev:e cuentos clasificados por Zavala como Cuentos y novelas cortas, ya que las Narraciones y artículos
son simples prosas descriptivas o críticas litetarias. Mas los nueve cuentos son de tan alto mérito que· bastan para considerar a
Othón como uno de los mejores cuentistas de su generación.
Como cuentista, el potosino es superior que como dramaturgo.
Su obra dramática, hoy casi olvidada, es inferior a sus éuentos,
en los cuales resaltan la descripción del paisaje, la nota autobiográfica, la descripción de las costumbres, el humorismo y, en
novelas rústicas, su interés en los problemas de las víctimas del

19

Luis Leal

latifundismo porfirista. En prosa ágil y amena sabe trazar cuadros trágicos del México rural de a fines del siglo pasado, cuadros que nos explican el por qué de la Revolución. En sus dos
novelines, Othón descubre el mundo que ha de dar aliento a la
novelística mexicana de nuestros días. Su voz, como ha observado su mejor crítico, don Jesús Zavala, es la voz del mexicano
que suspira por una patria feliz, próspera y grande.

Emory University
Georgia, EE. UU.

NOTAS
1 Joaquín Antonio Peñalosa, i\fanuel José Othón, novelista olvidado. San Luis
Potosí: Estilo, 1952. 14 págs.
2 Jesús Zavala, i\fanuel José Othón, el hombre y el poeta. México: Imprenta
Universitaria, 1952, págs. 33-34; información tomada de Joaquin Antonio
Peñalosa, "Para las Obras completas de Manuel José Othón".
3 Zavala, Ob. cit., págs. 284-87. Este catálogo de los manuscritos de Othón
fué redactado por el Lic. Rafael lllcontejano. El Dr. Peñalosa verifica lo
dicho por Zavala. En la página 8 de su obra (ver nota 1) nos dice que en
el catálogo aparecen los siguientes cuentos en manuscrito: "La 111alinche,
La Gleba (dos fragmentos), cuatro cuentos de espantos, uno de los cuales
es el "Coro de brujas", fragmentos de dos cuentos, un cuento más sin titulo. Añádase 'El Padre Alegría', inédito y aun eu mi poder".

4 Carta al autor de este artículo; subscrita en San Luis Potosi el 23 de diciembre de 1957.
5 "Un nocturno de Chopin", en Obras completas. Ed. preparada por Jesús
Zavala. l\léxico: Editorial Nueva España, 1945, pág. 476.
6 Cuatro años más tarde, Othón todavía se quejaba del editor Reyes Splndola: "Desde hace cuatro años, por expresa invitación de Rafael Reyes,
mandé una novela corta, El pastor de Corydón, y me proponía mandar
otras dos. Spindola me escribió diciéndome que girara por el precio de la
novela. Yo le contesté que no giraba, sino que le suplicaba enviarme lo
que él acostumbraba pagar por una obra de esta clase. Hasta la fecha
espero la contestación. (Carta a Juan B. Delgado,. mayo 29 de 1899, en
Manuel José Othón, Epistolario. Glosa, esquema y notas de Jesús Zavala.
:México: Universidad Nacional Aufónoma, 1946, pág. 23).
7 "Encuentro pavoroso" apareció el 26 de abril de 1903; "Coro de brujas·•·
el 3 y 10 de mayo, y "El nahua!" el 17 y 24 de mayo del mismo año.

r

8 En la Revista de Literatura Mexicana, I, núm. 2 (1940), págs. 276-277.
9 En el Epistolario citado, págs. 79-83.
10 En el mismo Epistolario, pág. 85.

�Los cuentos de Manuel José Othón

20

11 Rubén M. Campos, El folklore literario de México. )léxico: Talleres Gráficos de la Nación, 1929, pág. 52.
12 Debido a que las Obras completas de Othón editadas por Zavala ya es
libro raro, damos a continuación las prosas que contiene: Cuentos y nolas cortas: El e.,¡claustrado.-El nocturno de Chopin.-El último trovador.
El montero Espinosa.-EI pastor Corydón.-Encuentro pavoroso.-Coro de
brujas.-El nahual.-Una fiesta casera; Narraciones y ru·ticr1los: Sobre la
sierra.-El puente de Dios.-En la gruta de Canoas.-Días de otoño.-27 de
abril.-Recuerdos del general Martínez.-El padre Pagaza.-Telón de boca.
Este libro.-Hostia.-Rosalinda.-Soberbia humana.

Ario Garza Mercado /
ceniza y el viento

La

Antes de esta edición, la única que existía era la publicada por la
Secretaria de Educación Pública en 1928. El tomo 11, Prosas, contiene los
Cuentos de espantos, Novelas rústicas, Novelas cortas y Fragmentos tomados de un libro de apuntes.
13

Ya mencionamos el manuscrito "El Padre Alegría" , en poder del Dr. Peñalosa.

14 Obras completas, pág. !i.
14 Obras completas, pág. 11. Es de interés notar que, a pesar de su diligencia,
Zavala no descubrió un cuento de Othón últimamente publicado en Absidc
(XXII, núm. 2, abril-junio, 1958, pp. 143-147) titulado "La Noche Buena
del Labriego.-Boceto real", encontrado por don Francisco González Guerrero en el antiguo diario El Universal, del domingo 6 de enero de 1895.
Esta obrita-verdaderamente una estampa y no un cuento bien desarrollado-pertenece al grupo de relatos de contenido social, como "El Pastor
de Corydón" y "El montero Espinosa", pues en ella se queja Othón de las
injusticias sufridas por los peones en las haciendas porfiristas de a fines
de siglo.

Pones la soledad sobre los rostros
como pintas de gris el horizonte
cuando te encierras a toser neurosis
lleno de cigarrillos tu escritorio
y empolvados de humo tus cristales.
Abres las manos. Tu ademán sombrío
echa a volar los signos invernales:
Un río de ceniza inunda el campo
- bíblica plaga de voraz langosta
que borra la memoria de los trigos - ,
Mustias las frentes de los edificios
flotan en una equívoca neblina
como náufragos ciegos que son cruces
de carne horizontal sobre un mar muerto.
Pájaros color gris cantan el salmo
colmo de la apatía de las horas
vacuas y secas como crisantemas
sobre una tumba· ya casi olvidada.
Sólo estatuas de polvo hay en tus plazas
que devoran la luz de las mañanas
con carnicera saña de egoísta.
Sólo inválidos dioses, desterrados,
dejan caer tus nubes al desierto.
(La soledad pasea en gabardina
bajo la sombra de los altos álamos
- 21 -

'

�22

La ceniH y el viento

propicia a la lectura de los muertos.
Sobre la mesa de las cantinuchas
el trapo del mesero es una esponja
que se alimenta de cerveza y lágrimas.)
Cierras tus manos y tu mundo queda
circunscrito a tu piel. Es otro mundo
éste que insiste con sus primaveras.

).

Pero la vida es otra cosa a veces:
Una sonrisa que ha crecido virgen,
busto de adolescente, ojos de niña,
para entregarse inquieta entre tus labios
con un giro feliz de mariposa
que ha olvidado lo breve de sus días.
Una mirada en cuyos dos extremos
hay un ojo de amor - que te ennoblece
como espina dorsal o cordillera
de diamantes que yerguen tus espaldas
triangularse de fuerza bondadosa y una cárdena estrella que palpita,
rojos por la pasión, versos de sangre,
savia nueva en tus ramas de árbol viejo.
Un cívico desfile de azucenas
que irrumpe en el azul de la montaña
por proclamar unión para el rocío
y solidaridad con los castores.
La protesta del sol contra el invierno,
la paladina agitación del viento
- quijotesca locura de febrero la democracia de la primavera
la dictadura blanca del verano
y el totalitarismo de las fuentes
- ejemplo vertical de la alegría-.
(Bajo la inmunidad del impermeable
las parejas de novios hacen chistes
del agua que convierte en selvas húmedas
las espejeadas ondas del cabello.

Ario Gor:i:a Mercado

Y la lluvia de mayo persevera
más por hacer reír a los gorriones
que por sembrar la indisciplina rubia
en los naranjos puestos en hileras
de un verde militar con pretensiones
fecundamente rígidas y enérgicas.)
Abro las manos y construyo un mundo
donde no invento a Dios: lo reconozco
en su pacto de paz - el arco iris que yo planté esta vez sobre los riscos.
Todo entonces se abate como el águila
que ha interceptado el curso del relámpago:
Los celos que son cuervos que nos comen
los ojos y las vísceras del alma
como sanción de haber hurtado el fuego
a los pobres mortales que nos cercan,
la polémica diaria con el padre
en los albores de la adolescencia,
la envidia que es la hermana predilecta
de la impotencia pálida y estéril,
el odio que aligera los puñales
en la vendeta antigua e inconclusa,
la parábola turbia del insulto
y el ladrido elegante del sarcasmo
- mientras la luna permanece blanca
viéndonos convivir azul la noche
en claras avenidas de alameda.
Angustia y soledad: Todos son mitos
que deroga la ciencia de unas manos
abiertas como vasos a tus besos.
Todos son mitos que derrota el arte
de amar y de reír que resplandece
para quebrar los vidrios empolvados
por el humo neurótico del hombre
que se ha olvidado de incendiar las puertas

23

�Lo ceni:i:o y el viento

24

que separan el mundo de los soles
de ese mundo interior en que gobierna
sólo un pálido rey sus regimientos
de agonizantes flores de ceniza
y fracasados pájaros de piedra.
11 de febrero de 1958.

Alfonso Reyes Aurrecoechea / Un
gran pintor de Aguascalientes:
Saturnino Herrán
"Apenas desarrolló el sacrificio Indispensable par:\
ganarse el· pan de cada día. La vergüenza con que ejerció, su religiosa vergüenza, espl~nde sobre los fulleros
que tratan al arte como quicalla. Él lo practicó honrando la sangre y el fósforo de que está amasado, la
angustia que lo anima, las manos de la humildad que
Jo modela y la gracia punzante que lo corona, cual la
cruz nacida sobre la cabeza de las palomas de las lápidas Yenecianas."
Oración Fúnebre ( de Saturnino Herrán) .
Ramón LOPEZ VELARDE.
"El l\finutero".

EL

ARTE es una de las más ~itas
manifestaciones humanas. A través de él. el espíritu del hombre adquiere presencia, voz, imagen, profundidad, elevación y
movimiento. El artista aspira a dejar testimonio de sí mismo
escuchando sus voces interiores, atento a la diversidad de aspectos y a la multiforme realidad del mundo que le rodea. Por eso
cada artista que en el mundo ha sido, devuelve en respuesta estética la visión de la realidad que le circunda e imprime un sello
de significativa personalidad a todos los acontecimientos que ha
sometido a su conciencia íntima.
Existe un vínculo mediante el cual el artista se comunica
con el exterior del mundo en que vive. Este paso entre los sentidos y la realidad es como temblor fecundo que incita a la
expresión que es forma y contenido de la obra de arte. Y ésta
toma su esencia de las peculiaridades propia~ del ambiente en
que se origina y surge como paradigma de una conciencia social.
de una imagen arrancada a las vicisitudes de cada día. Por eso
la obra del artista es el feliz resultado de una conciencia colectiva, que adquiere expresión viva y exacta de los acontecimientos
que tienen que ver en el desarrollo de los pueblos.
- 25 -

•

�26

Un gran pintor de Aguascalientes

México constituye un pueblo del que se ha dicho que posee
intuición artística, vena enriquecida por el arte, que es manifestación de poderes espirituales. Surgido de dos corrientes etnológicas, la española y la indígena, ha sobrevivido sin embargo
una raza con los atributos indispensables para la creación artístiica que ha asimilado la herencia cultural forjada a la vera de
los más depurados espíritus. En este gran escenario de la nacionalidad, la pintura ha sido un arte no ajeno a las transformaciones del pueblo mexicano. Los ejemplos que nos quedan
de esta manifestación artística han sido creados entre los avatares inherentes a una nación que avanza hacia su destino, desde
los admirables frutos de nuestros antepasados indígenas que sobreviven en el ruinoso muro, hasta los más recientes de la escuela
mexicana que es una nota intensa en el arte universal de nuestros
días. Es esta revelación cultural la que ha dado fisonomía y
realidad actual al México tradicionalmente enriquecido por el
'paso de las generaciones.

•

En efecto, la pintura mexicana desde sus épocas más remotas ha sido un sostE:nido producto de la sensibilidad y el alma
de todos aquellos que se preocupan por exteriorizar sus sentimientos y emociones. En la etapa prehispánica los indígenas nos
dejaron los acontecimientos más salientes de su historia, de sus
circunstancias, sus ritos y festividades religiosas. Y de esos frescos que aun se conservan se desprenden sus conocimientos pictóricos, su sentido de la línea y del color, su dominio de las formas
y también de los escorzos para esa época audaces. Esos conocimientos se inspiraron simplemente en la observación directa de
las formas naturales y su interpretación por medio de los sentidos, pero sin que existiese influencia alguna de sensibilidades
extrañas. Es ya en plena época colonial cuando los pintores
mexicanos reciben la influencia directa de la pintura europea,
ya mediante los artistas que llegan con los misioneros, ya a través de la Academia especialmente ·creada por la Colonia para
la formación de los artistas predestinados.
La temática de esta época se inspira casi invariablemente
en los motivos religiosos, tan estimados y frecuentes entre los
más grandes pintores europeos desde antes del Renacimiento.
Esta tendencia se extiende hasta la Nueva España y, consiguien-

Alfonso Reyes Aurrecoechea

27

cemente, hasta nuestros artistas de los tres siglos del período
colonial, que procuraron seguir los pasos de esta corriente pictórica academicista, a base de recetas de color y realismo en el
que se tenía cuidado de infundir un sentido poético, cuidando
el aprovechamiento de los conocimientos pictóricos, en los que
eran tan versados los pintores de nuestro desenvolvimiento artístico.
Pero a fines del siglo pasado los artistas mexicanos iniciaron una rebelión en con'tra de estas tendencias. Su preocupación
fundamental era la de encontrar u_n rumbo más a tono con el
desarrollo del país y más en consonancia con la esencia del pueblo mexicano, que formaba una raza de ricas vivencias y de
costumbrismo original y pintoresco. En lugar de seguir un arte
peligrosamente orientado hacia lo cursi y sensiblero, iniciaron
una corriente valorativa de lo mexicano, con las ventanas de
su espíritu vueltas hacia los temas, los tipos, la indumentaria y
las costumbres del habitante nacional. En este nuevo rumbo
que abría otra conciencia social y estética, las influencias europeas sólo representaron el aprovechamiento de aquellos efectos y
expresiones que fueron susceptibles de incorporarse o formar parte de esta nueva actitud del arte mexicano.
Uno de los artistas que pudo dar vigencia de arte moderno a esta corriente estética de perfiles nacionales fue Saturnino
Herrán. Su muerte prematura cortó deplorablemente uno de los
talentos más ricos y fecundos de la intensa vida artística de
México, porque habría llegado con mejores títulos y mayores
disposiciones de ánimo, a uno de los sitiales más altos de la
pintura contemporánea m.exicana; sería, acaso, el más destacado
de los pintores que han florecido en México desde los primeros
años de su historia.
Saturnino Herrán nació el día 9 de julio de 1887, en la
ciudad de Aguascalientes, en la antigua calle del Codo, que hoy
lleva su nombre. Fué hijo único del notable escritor e inventor
don José Herrera Herrán y Bolado y de la señora doña Josefa
Güinchard, personas que formaban parte de las mejores familias
de esa ciudad de tan arraigadas costumbres y de tan gentiles
tradiciones. Cuando Herrán tuvo edad de ir a la escuela, aprendió las primeras letras bajo la dirección del maestro don Ignacio

�28

Un gran pintor de Aguascalientes

Flores, en el Colegio de San Francisco Javier, del que era fundador y director el sacerdote don Francisco Javier Ruiz. En esa
misma institución recibió lecciones de dibujo del maestro don
José Inés Tovilla, quien descubrió en el niño una asombrosa
vocación por el dibujo y la pintura. Más tarde, Saturnino ingresó al Instituto de Aguascalientes, donde hizo su preparatoria
y donde el futuro pintor, según propia confesión, " había sido
mal estudiante, distraído y negao para las matemáticas".
Al quedar huérfano de padre, Saturnino y su madre parten
a la ciudad de México. El joven Herrán cuenta apenas 14 años
de edad. Entonces recibe la ayuda del eminente educador don
Ezequiel A. Chávez y, mediante una pensión modesta, ingresa
a la Academia de Bellas Artes hacia el año de 1904, a los 16
años de edad. Allí principia la carrera en la que habría de distinguirse tanto y al' fin del primer año de estudios ya participa
en la primera exposición escolar, entre sus compañeros de estudio -algunos ya de cierta nombradía-: Alberto y Antonio
Garduño, Diego Rivera, Francisco Romano Guillemín, Gerardo
Murillo (Dr. Atl), Francisco de la Torre, Angel Zárraga, Antonio Gómez, Benjamín Coria. Roberto Montenegro, Juan de
Dios Arellano y Carlos Zaldívar.
Durante su etapa de estudios en la Academia dio siempre
la nota de talento. En el año de 1906 recibió menciones honoríficas en las clases de Dibujo y de Historia del Arte. Un año
después, otra mención en la clase de Colorido y, al siguiente,
primeros premios en las clases de Colorido y Composición. Sus
maestros, en esa época, fueron don Antonio Fabrés, pintor catalán que había sido contratado por el Gobierno para dirigir la
Academia de Bellas Artes, don Leandro Izaguirre, realizador
de telas con temas inspirados en la historia de México, el profesor don Carlos Lazo y el doctor Vergara Lope.
En el año de 191 O, Herrán participó en la exposición de
pintura celebrada con motivo del centenario de la Independencia, en compañía de otros pintores mexicanos jóvenes, entre ellos
José Clemente Orozco, que era cinco años mayor que él. Por
este año y bajo la dirección del maestro potosino don Germán
Gedovius, terminó Herrán sus estudios de pintura. De todos
sus maestros aprendió el joven pintor las buenas disciplinas del

Alfonso Reyes Aurrecoechea

29

dibujo, en el que era tan diestro, la historia del arte, los secretos
de la composición y los adecuados recursos del colorido. Su
tríptico "La Leyenda de los Volcanes", realizado en 1911 y
que actualmente figura en la Pinacoteca del Ateneo Fuente, de
lit ciudad de Saltillo, Coah., es un testimonio de que sus preocupaciones estéticas se inspiraban ya en el deseo de crear una
escuela definida, como expresión viva y elocuente de nuestra
raza y, consiguientemente, de nuestras costumbres, tradiciones,
leyendas, mitos, creencias y posibilidades.
En 1913, Herrán tomó parte en una expos1c1on impor. tante y ganó una medalla de primer premio en Pintura, por sus
cuadros "El Gallero" y "El Jarabe" , ya dentro de esta tendencia renovadora y visionaria. Tuvo ocasión de réali~ar un viaje
a Europa, cuando el Maestro Justo Sierra le concedió una pensión para ello, gracias a las gestiones hechas por don Ezequiel
A. Chávez, pero . asuntos de familia se lo impidieron. Al cumplir 27 años de edad, en el año de 1914, contrajo matrimonio
con la señorita Rosario Arellano, con la que tuvo un hijo único.
el hoy ingeniero don José Francisco Herrán Arellano.
·
Ya en 1918, se trasladó a Saltillo con el fin de participar
en una exposición de sus obras, que fue la última, pues el artista
falleció el 9 de octubre de ese mismo año. Al cumplirse el primer mes de su muerte, en noviembre de 1918, la Universidad
Nacional Autónoma de México o_rganizó una exhibición total
de sus trabajos! en el Palacio de los Azulejos, de la ciudad de
México.
En la breve biografía del pintor, que aparece en el catálogo
de la exposición de las obras de Herrán, celebrada en la ciudad
de Monterrey por el Instituto Nacional.de Bellas Artes bajo los
auspicios de la Universidad de Nuevo León, en agosto de 1947,
puede leerse lo siguiente:
" Durante los cuatro años y medio que duró el matrimonio, roto por la muerte del artista, la esposa supo
adentrarse, mediante solícita y amoroso comprensión, en
el alma del artista ; nos cuenta que era muy amante de la
música, de la literatura, de la escultura, admiraba lo noble
y lo bello, con la misma fuerza que detestaba lo bajo y lo

�30

Un gran pintor de Aguascalientes

ruin; era cáustico, agudo e ingenioso ... Era dinámico, madrugador, trabajador incansable, inteligente, leal, conversador ameno... ' '
Cuando Herrán alcanzó el dominio absoluto de la pintura.
fuera ya de la Academia de Bellas Artes, se consagró al trabajo
con una grande e iluminada devoción. Una de las influencias
más evidentes en su pintura, la del pintor español Ignacio Zuloaga, a quien considera como un gran maestro, le persigue por
algún tiempo. Esta es particularmente notable en su cuadro
"Manola y Vieja". Otras influencias se advierten en sus obras
primeras -s~gún Toussaint-: la de Bringwying, en "Molino
de Vidrio", realizada en 1909, y la de Joaquín Sorolla, pero
Herrán se sobrepone, pues ha descubierto un rumbo y tiene el
aliento y la personalidad suficientes para imprimir un claro sello
de mexicanidad a sus trabajos más representativos.
Los conocimientos que sobre el arte pictórico asimiló de
sus maestros académicos y el gran amor que el pintor sentía por
su pueblo, por su intensa vida, por el esfuerzo y el trabajo de
sus hombres y las peculiaridades de su raza, fueron la base de
su poderoso arte. De su pincel brotó un lenguaje plástico nuevo
para la época y pronto surgirían una a una, las obras que iban
apareciendo ante los ojos de todos como heraldos de una nueva
era de la creación artística nacional. A medida que el artista
avanzaba en su obra se fortalecía su propósito de exaltar a
nuestros hombres y a nuestras cosas, sacar a la luz del día la
belleza que sus ojos contemplaban en el pueblo, en sus múltiples
aspectos de actividad y de arraigadas costumbres.
Después de dedicarse a pintar retratos de las familias de la
época, indias y criollas, hombres del pueblo, modelos arquitectónicos y leyendas simbólicas, realiza, en 1913, su primera obra
de aliento: "La Ofrenda" , de la que Justino Fernández, .el destacado crítico e historiador de nuestro arte, dice significativamente:
" ... grande en sus dimensiones y grandiosa por sus
formas, por el tema, por la profundidad, porque no es
pintoresquismo a secas, sino comprensión, amor y admiración estética por el pueblo y sus costumbres. La Ofrenda

Alfonso Reyes Aurrecoechea

31

se refiere a las flores de zempoalxóchitl para los muertos,
de que va cargada una trajinera, seguramente de Xochimilco; los grupos de indígenas, con sus trajes habítuales y su
tez morena armonizan a maravilla con las flores amarillas
que inundan la escena. La composición tiene un eje central y diagonales en la parte baja con las que se organizan
todas las figuras sentadas y la trajinera misma, pero otras
diagonales tendidas en la parte baja del cuadro polarizan
el interés del espectador en la mano que sostiene verticalmente un remo, de un indio de pie y cargado de zempoalxóchiles ; otro más, un viejo junto al anterior, ve a lo lejos,
el remo al hombro, como si en estos dos personajes el pintor hubiera querido significar el ayer y el hoy, mientras en
el primer término un niño, cargado por su madre, es el
mañana ; pero es el símbolo central: la mano del trabajador y el remo, lo que acentúa el carácter fuerte y viril de·
los poéticos cultivadores de las "chinampas" del lago."
La obra, como se ve, es un homenaje a las familias mexicanas humildes que se ganan el pan de cada día a cambio de las
gotas de sudor que el esfuerzo les hace brotar a sus frentes; es,
además, una muestra muy · clara del mexicanismo de Herrán,
que sabía trasladarlo de la sangre de sus venas· a la superficie
del cuadro, acudiendo a todos los recursos que le podía brindar
su fina sensibilidad.
'

En su obra " Tehuana", hecha en I 914, pinta a su mujer,
ataviada con el típico ropaje que le brinda marco de amplias y
dobladizas formas. El artista juega con su pincel, lo mueve con
singular deleite, los colores son obedientes geniecillos sometidos
al hechizo de su sensibilidad. Luego pinta "El gallero" y el
retrato de su compañero el pintor Alberto Carduño ; llegando
al pintoresquismo pinta "Comadre, cuando me muera .. . " , en
1915, y surge la ingeniosa y atrevida copla popular:
Comadre, cuando me muera
haga de mi barro un jarro;
si tiene sed, de mí beba,
si a los labios se le pega
son los besos de su charro.

�32

Un gran pintor de Aguascalientes

Su arte había alcanzado una perfección y un sentido poético sublimes. Por esta época ( 1914) comienza a realizar sus dibujos acuerelados, es decir, manchas de acuarela para terminar
con crayón y lápices de color. Son dibujos magistrales, precisos,
vigorosos, llenos de carácter y habilidad. De esta factura son
las obras "El Ultimo Canto", "Los Ciegos", " El Hombre del
Tazón", que figura en las galerías del Ateneo Fuente, de Saltillo, "H¡rlinda", "Retrato de don Artemio de Valle-Arizpe",
"Las Tres Edades", "Criolla", "Retrato del Licenciado Caloca"
y otros más, para culminar con una de sus últimas obras: "El
de San Luis", hecha en 1918, que es un indio viejo de las clases
más humildes, cubierto por un sarape y que sostiene un jarro
grande manchado por una gama de tonalidades rojizas. Esta
obra, por su expresión, por su colorido convencional tan a tono
con la idea que de él se desprende, por su composición originalísima y por su vigoroso dibujo, es un canto a la dignidad del
trabajador, a su tristeza resignada, a la sencillez {je su vida que
es, al fin, una vida superior, y es una realización artística suprema por su calidad en los distintos efectos.
En 1916 pinta Herrán su famoso cuadro .. El Rebozo".
La técnica, la habilidad, la intención, la sabiduría y el gusto artístico del pintor, encuentran su sitio en esta magna realización,
himno alegre y encendido a la mexicanidad. Todo está en él
sabiamente distribuído y de sus elementos nace un conjunto
lleno de vida, exuberante y magnífico. Don Manuel Toussaint,
en su obra sobre Saturnino Herrán aparecida en 1920, dice de
este cuadro:
"Es un desnudo de criolla que tiene por fondo el Sagrario, una de las reliquias coloniales más esplendorosas,
a cuyo alrededor la fantasía ha acumulado suntuosidades.
Hasta el celaje parece haber escogido sus ópalos más arrobadores. Si queréis imaginaros un trasunto del Paraíso, es
bajo la tibia sombra de estos ramajes de otoño donde fácilmente pueden anidar vuestros deseos. México aparece
en esa carne apiñonada, en esos retablos locos que desafían·
las leyes de la arquitectura, en ese sombrero que a pesar de
todo sigue siendo un símbolo y en esos frutos en que vive
la savia extraída de la tierra."

Alfonso Reyes Aurrecoechea

33

Pueden observarse los retratos pintados por Herrán.
En su factura no hay sólo deseo de ajustarse a los rasgos de
la fisonomía,. hay algo más lúcido y profundo, el alma
del retratado, su carácter. Ya las formas y los colores son familiares del pintor, carne de su carne, modo de ser de su materia.
Hay un hilillo secreto de sus ojos a su mano, una correlación
que lo lleva al acierto, que lo anima entregándole silenciosamente el rayo de la luz, la discreción de la sombra, la timidez
del reflejo. Es un maestro de la línea, un poeta del color, ·un
captador. de ideas y de tendencias.
El retrato del pintor Gonzalo Argüelles es una obra de vigorosa ~xpresión. "El " Boceto para un Retrato de Bolívar" es
un cuadro elaborado para un concurso oficial. Aparece el Libertador de pie, bajo una encina cuyas ramas oscurecidas realzan
el hermoso modelado del rostro. Al fondo la majestad de los
Andes. No obstante la magistral factura de esta obra de arte
fue injustamente subestimada por el jurado, según valiosas opiniones aparecidas en los diarios de la época.
Otras obras salientes del arte depurado de Saturnino Herrán
son "El Jarabe", pleno de movimiento y de color; ;,La Criolla
d! la Mantilla", un desnudo de mujer que luce una mantilla
calada y negra y que tiene como fondo la cúpula de la Catedral
de México; "La Criolla del Mango", sensual y armonioso;
"Tristeza", en el que una cabeza de joven muestra su estado de
ánimo; " La Viejecita", magnífico, y, por último "El Cofrade
de San Miguel", obra hecha en 1917, que en su tiempo fue.considerada como la obra maestra de Herrán. Efectivamente, el cuadro condensa la sabiduría del artista en sus pinceladas largas.
jugosas, precisas, diestramente coloreadas. El personaje aparece
con un crucifijo en las manos rugosas y fuertes que sugieren
convicción profunda, la cabeza del cofrade ligeramente reclinada sobre el Redentor muestra una beatitud serena y el colorido
de la obra llena el cuadro de una sincera expresión religiosa que
se comunica al espectador.
El gran dibujante que fue Herrán le permitió incursionar
en un género difícil: la caricatura. Su habilidad lo llevaba fácilmente al sintetismo en las facciones humanas y sµ ojo, acostumbrado a las figuras, captaba efectos que después trasladaba

�Un gran pintar de Aguascalientes

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al papel. Así, realizó las caricaturas de don _Artemio d~ ValleArizpe y de Eduardo Macedo y Arbeu, arquitecto a quien apodaban "Mochicho".
Por el año de 1914, Saturnino Herrán principió a desarrollar un tema de gran interés a fin de realizarlo en los muros del
Palacio Nacional, hoy Palacio de Bellas Artes. Y a para 1916
había logrado definitivamente el alcance total del te~a, pe~o fue
hasta 1918, el año de su fallecimiento, cuando babia term'.nado
los numerosos estudios que realizó. El asunto fue denom~nado
Nuestros Dioses y constituyó sin duda su obra de mayor aliento.
El friso central fue el meollo de la gran c~ncepción: r~p~esentaba a los símbolos religiosos de las dos comentes etnolog1cas que
forman las raíces de nuestra rasa: Cris_to y Coatlicue. _En la ~xpresión plástica de esta alegoría central brilla el genio del incomparable artista: entre la enorme dure_za de piedra del ídolo
antiguo surge la figura doliente y angustiada del ~~zareno crucificado. Alrededor de esta idea central de tan ongmal ~on~epción y de realización tan sabia y elocuente, las figuras de md1genas y españoles se agrupan prosternados devotamente: por un
lado los indios desnudos llevan sus-ofrendas de flores y frutos,
alimentos y símbolos guerreros y religiosos ; por el otro, los
españoles, con gran recogimiento, llevan sus don~s y murmuran
preces. "Llevaban -dice don Manuel Toussamt- unos los
atavíos de plumas y el atavío, más hermoso de sus cuerp~s _desnudos; pero los otros, el esplendor de sus trajes y de sus hab1tos.
el esplendor de sus rostros bellidos, el esplendor de_sus arm~s . : .
Y , sin embargo, Herrán no hace nunca arqueolog1a ! Sus md10s
son obra de arte, no erudición ... "
Refiriéndose a esta obra de Herrán, dice Justino Fernández :
"Símbolos de nuestro ser mexicano son Coatlique Y
Cristo en la concepción de Herrán, porque el plural del
título denuncia su sentido histórico, su ·historicismo, su
pensamiento; se trata de U{l mestizaje radical y unificador.
Hablar de la expresión artística del pintor en este caso es
reiterar sus grandes, dotes de dibujante, su sabidurí~ para
la composición, la actualidad de sus formas en su tiempo.
Los estudios al. carbón para este friso son no sólo esplén-

Alfonso Reyes Aurrecoechea

35

didos, sino conmovedores; clasicista como era, la emoción
palpita en sus trazos estáticos y solemnes y aunque no baya
realizado su concepción en los muros del Palacio Nacional.
queda como un antecedente de todo lo que vino después."
Un antecedente, sí, un precursor, eso fue Herrán en el trans.curso de la Historia del Arte en México. Un enlace brillante
entre la pintura académica del siglo pasado y la escuela mexicana
actual. que ha elevado los temas mexicanos a un plano de universalidad. Murió en la flor de la edad, a los 31 años. edad en
la que muchos apenas principian a penetrar en los secretos del
arte. Murió significativamente, dijo Ramón López Velarde.
pero nos dejó una obra intensa, luminosa, transparente de sinceridad. "Falto de vanidad y sobrado de orgullo, en sus dos
talleres de sus dos casas de la calle de Mesones - dice López
Velarde-, pintó, cual sí decorase las paredes de un pozo, la
equivalencia de medio siglo de tarea. Su segunda casa de dicha
calle no presenció más que el epílogo de la vasta empresa."
Su vida fue corta, pero encendido su corazón como u·na
ascua ardiente, no perdió un solo minut9 en su tarea, una tarea
que realizaba como si presintiera las premuras de un destino que
le era adverso. " Murió significativamente" , pero desde el silencioso mundo de las formas que creó para gloria del país, alienta
su espíritu como testimonio perdurable de su genio, de su poder
creador, de su talento prodigiosamente dotado, en la forma de
una victoriosa resurrección.
No tenemos la costumbre de exaltar como conviene a los
artistas. Ellos pertenecen, antes que al ejército del poder, al
ejército del espíritu. Unamos nuestra disposición para rendirles
nuestra oblación. El espíritu es poderoso e inmortal. juega con
los siglos, se reconoce en todas las atmósferas, y silenciosamente
entona su canto definitivo recuperando su infuencia y su superioridad.
Saturnino Herrán fue un ilustre hijo de Aguascalientes
que amó profundamente a su patria, la exaltó con su potente
lenguaje plástico, la envolvió en su corazón, la sintió con su
gran alma de iluminado. Merece la gratitud perenne de un pue-

�Un gran pintor de Aguoscolientes

36

blo que se reconoció en los m9vimientos de su pince!, en la pasta de su color, en la sístole y la diástole de su corazon.

Salomón González AImazán / Dos poemas

BIBLIOGRAFIA
EXPOSICJO:!i! SATURNINO HERRAN. Catálogo de la Exposición presentad~ en
Monterrey bajo los auspicios de la Universidad de Nuevo León. Instituto
Nacional de Bellas Artes. México. 1947.
FERNANDEZ, Justillo. El Arte Moderno en Jféxico. Breve Historia.. Siglos -~X
XX Edición de la Antigua Libreria Robredo, de José Porrua e HtJOS.
iléxic·o. 1937. Arte Moderno y Contemporáneo. "México Y la Cultura".
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HAY NOCHES ...

1952.

NUESTRA CIUDAD. Editada por la Dirección de Acción Cívica del Departamento del Distrito Federal. Tomo II. Número 7. México, octubre de 1930.
OROZCO, José Clemente. A.utobiografía. Ediciones Occidente. )léxico. 1945.
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Universidad de Nuevo León. Año II. Número 10. Octubre de 194a.
TOUSS.UNT, Manuel. Saturnino Herrán y su Obra. Edicions México :Moderno.
México. 1920.

Hay noches de granos tendidos en paredes,
como flores que hablan con la muerte.
De donde desprenden los aromas los vestidos,
de allá donde las palomas hacen nidos,
vienen corriendo tiesos pájaros,
caídos en la espuma que ondea en el vientre del enfermo,
como llama que moja su centro inmarcesible,
dejando una huella de ceniza taciturna,
hablando de infiernos dulces
y de espadas que alientan la epidermis del mendigo.
De esa noche que quieb_ra sus quejidos en estrellas,
de esos ángeles que vienen desde adentro,
desde el centro de la musa, ·
de la parte más blanda de la espalda,
corno un círculo de sangre que se agolpa,
dejando puntos entrañables de tristeza,
hablando con las lumbres que bañan en la lumbre su
( cabello,
comprendiendo lo que es la noche dentro de la obscu( ridad misma,
existiendo un diálogo de hermosas castañuelas,
pan y cielo que llega a las puertas para bajar al piso
donde quedan los muslos tendidos,
hablando de lechos que avecinan carmas que muerden
Oos sentidos;
- 37 -

�38

de allá, de ese paraíso de rocas que se mueren,
de ola cansada de bañarse, de lirios negros, amarilla
(sangre,
cuerpos que mueren en el camino,
dejados atrás, tendidos, pálidos de as~mbro,
desfile que termina cuando la gota deJa de ser gota,
esquinas inmanentes de sollozos, sábanas blancas remo(jadas,
cabellos húmedos, pestañas de arco iris
atrás, donde se pierden las doncellas,
como ángeles moribundos de altura,
nubes que rompen su silencio para dialogar con el ave
·
( que las hiere,
hermosas criaturas que se pierden entre los algodones
( que regalan
las noches de la nieve, la nieve que se mancha con el
(latir de esp~jo.
Hay noches en que las rosas son enfermas de perfume,
de incienso en paredes aromáticas, de cielos que se bajan,
de negros vestidos que se pudren,
de vientos cansados que se sientan en una montaña
de vientos cansados que se sientan en una montaña de
(hambre,
en un desierto de gloria.
De ahí, de las lentejuelas que se vierten en las manos,
de los pies que resucitan, de ese g~mido terminado_ de
.
( nsa,
de el momento que cansa los latidos, hay una inclina( ción amorosa,
hay una sirena que canta entre los árboles,
dejando el agua por la tierra, arrastrando un gusano
·
(de maleta,
para llevarlo entre las sienes, como joya manchada,
por el ultimo suspiro, que termina en los despojos
donde se reco ien b~ flores,
que han cansado la raíz que sostiene sus aromas, re(galados.

39

Solomón Gon:i:ále:i: Almo:i:án

Dos poemos

DECIR
Que me aseguren las piedras si no conocen las flores,
que vengan los pasos a quebrar las huellas
que dejaron olvidadas en el camino de noche.

•

Que no mientan las nubes y sus algodones,
diciendo que marchan como duendes sin ojos,
que digan las palabras cuando terminan las palabras...
Olvidar las estrellas como si un trineo volara,
dejar a un pez cantando sobre las rocas,
matar de un golpe la hormiga para que no llore,
Hay que mentir cuando las flores no tienen aroma.
Que me digan las puertas cuanta sangre ventilan sus
(maderas,
que hablen de noches asustadas, más asustadas que el
(niño,
que olviden tu rostro cansado de gestos, como gusano
·
( arrastrado,
como viento que vuelve y vuelve hasta quedar dormido,
Hay qu_e decir que los montes tienen grillos callados.
Por todas las cosas que se pierden contigÓ,
por las rosas que no tienen sangre, .
por esos mares sin hojas, olas muertas,
cielos tendidos en desiertos que hieren,
dejando a la mujer que habla alzando una bandera, 1
así como olvidar que hay. perros que ladran
queriendo traspasar en cuchillos tus manos de anillos ;
hay que decir que no tienes cara en las aguas dormidas.
Que-no me rían las huellas cuando estás fatigada,
que digan de tus plantas dejadas, hablar de larvas que
(caminan

�/

40

Dos poemCls

contando pasos que dibujan rostros heridos,
paz intranquila, como mundos que vuelan hasta aden( tro,
golondrinas q_ue ríen en las pestañas.
Que no me hablen las espadas que tienen plumas blan( cas.
Hay que decir que la paloma tiene rotas las alas y ~stá
(herrda.
Deja que llegue la mariposa al infierno,
deja que lágrimas vuelen con ~os peces de a~entro,.
deja parar los pasos de la bestia con una hoJa de cielo.
Hay que decir que eres una doncella. que baila,
que baila en las noches como bur~uJa de ar~ma,
.
con una superficie de carnes perdidas que siguen bai(lando.

Daniel Mir / ¿Qué hay
más allá de la muert~?

•

EN

EL horizonte del alma se levantan problemas permanentes, que forman como la cima del
pensamiento. ¿Adónde vamos? ¿Por qué y para qué estamos
colocados sobre la tierra? ¿Se realiza, de manera completa y total, nuestra existencia en la presente economía? ¿Cuál es el objetivo de la vida? ¿Cuál es su fin legítimo? La vida es breve ;
no es preciso estar alejado del punto de partida para vislumbrar
la otra orilla como blanquea en el horizonte. ¿Más allá de ese
espacio que unos pocos pasos bastan para franquearlo, ¿qué debemos esperar o qué debemos temer? Paréceme que la cuestión
merece la pena de ser considerada. En realidad, nadie la olvida,
pero el vivir nos distrae, y nos abstenemos de mirar de frente
un problema que no podemos borrar o destruir. Por supuesto
que en estas páginas no voy a decir sino lugares comunes; ni
trato de disimularlo, ni en realidad lo lamentq. Dicen que los
proverbios forman la sabiduría de las naciones, y más de una
vez he pensado que los lugares comunes son la sabiduría de la
humanidad. Además, ¿quién no se ha dicho infinídad de veces
y ha dicho a otros lo que yo vengo a repetir? El mundo está
lleno de personas que se lamentan de su existencia, que incluso
la maldicen; peto nos sucede respecto a nuestra existencia lo que
' el misánÚopo de Moliere con su amante: no se cansaba de destacar sus defectos, de lamentarse de sus traiciones, pero nunca
consiguió desprender su corazón de ella. El deslizarse de todas
las cosas, el contenido--nada de la realidad presente, es una
fuente que ha alimentado siempre una filosofía seria. En su
- 41 -

�42

¿Qué hay más allá de la muerte?

sermón sobre la muerte, Bossuet exclamaba: " Todo nos llama a
la muerte ; la naturaleza, como si sintiese envidia del bien que
nos hace, nos recuerda, a menudo, que ya no puede dejarnos por
más tiempo la poca materia que nos presta, que no debe permanecer demasiado tiempo en las mismas manos, y que debe, por
lo tanto, volver eternamente en el comercio de las formas para
adquirir otras formas. Y o no soy nada ; un pequeño intervalo
no es capaz de distinguirme de la nada. Me siento arrastrado
tan rápidamente, que me parece que todo me huye y que todo se
me escapa" . Ni una sola de las facultades de nuestro ser ha dejado
de preguntarse muchas veces: ¿El destino del hombre se completa en la tierra ? Hace miles de años, Aristóteles trazaba al
comienzo de uno de sus tratados más célebres, sobre la Metafísica, las siguientes palabras : " Todo hombre tiene un deseo natural de saber". Considero que ese deseo de conocimiento que
forma parte tan patente de la constitución de nuestro ser, no se
queda satisfecho con la medida de nuestra existencia actual. El
afán de horadar las tinieblas que encubren o envuelven el principio y el fin de nuestra existencia, no es una necesidad ficticia
nacida de la acción del pensamiento, y que, una vez en movimiento, sobrepasa su objeto real y se lanza en el vacío. Nosotros
estamos hechos para conocer, queremos la claridad total, y por
todas partes chocamos contra misterios, y en todas encontramos
ese espejo oscuro del que Pablo de Tarso hablaba hace casi veinte siglos ; la desproporción entre el impulso de nuestro pensamiento y los pobres resultados que puede alcanzar. ¿Qué debemos concluir ante choque tan manifiesto ? ¿Acaso como Plinio
el Viejo, vamos a decir que " la naturaleza del hombre es una
mentira, puesto que une la más grande pobreza al más grande orgullo ? ¿O como el escéptico eclasiastés vamos a conformarnos con el " vanitas vanitatis omnia van itas"? ¿Estamos
condenados, como el trovador de la fábula, a partir en busca
de la felicidad, y la felicidad estará siempre donde nosotros no
estemos ? Queremos coronarnos de rosas, queremos cantar y reir,
recoger con mano ligera las flores de la vida, pero la tristeza de
nuestro oscuro destino surge del fondo del corazón y nos roba
la paz. ¿No existe algo, algún lugar, algún, estado, donde la
vida que no conozca la muerte nos espere, y donde la alegría
de vivir nos consuele de nuestras tristes decepciones ? La hu-

Daniel Mir

43

manidad protesta ante el misterio, porque colocada entre la cuna
y la tumba, impulsa su mirada más allá de este estrecho espacio,
porque siente que el aire le falta y que se ahoga en esta prisión.
¿Cuál es la historia que han escrito los hombres respecto a una
doctrina de la vida futura? Vamos a dibujar, tan solo a dibujar, esa historia, pues la falta de espacio solo va a permitirnos
una vista a vuelo de pájaro.
Hubo una vez (vamos a admitir que hubo esa vez) unos
hombres que, asombrados, contemplaban un hecho inaudito e
inexplicable. Aquello que contemplaban era incomprensible, pero
allí estaba tendido aquel ser que momentos antes se movía, pensaba, hablaba ... Aquella inmovilidad les aterraba. El muerto,
¡era el·primer muerto!, tenía los ojos vidriosos abiertos. fijos . . .
fijos en el cielo, como demandando una explicación de aquel
misterio. Los vivos presentían que aquello no podía ser el final.
¿Era para éso que nacían ? Un gesto natural de rebeldía germinó
en su crazón. ¿Por qué? Más, simple no podía ser: ¡el hombre
no quería morir ! Pero, el hecho es real, aquel ser permanece
inmóvil y nada le devuelve la movilidad. Entonces, el pensamiento, buscando una explicación al misterio, se pregunta: ¿ac~so hay algo en la c.riatura humana que no muere ? ¿Acaso hay
algo más en el cuerpo humano que materia ? Y llegan a un sorprendente descubrimiento : el alma. Mas no acaban aquí los
problemas, un nuevo enigm_a se presenta ante el turbado espíritu de los vivos : ¿cómo preservar el alma en la descomposición
del cuerpo? Y aquellos pensadores ingenuos encontraron la soluci.ó n, y de ella nació el arte de embalsamar. El pueblo egipcio
se entrega a la tarea de querer roberle los muertos a la muerte.
Embalsama, construye inmensas pirámides con caminos interiores para que las almas puedan emprender el viaje por los hipogeos
cuando el dios las llame hacia . . . ¿hacia dónde? No lo saben;
el más allá está ... más allá ; les basta con que el alma no muera.
Y encontramos detalles conmovedores en antiguos papiros, de
un poeta que al morir suplica sea colocado su cuerpo en un
acantilado, en una cueva, pero pide que le horaden la roca y le
construyan una í!specie de ventana para poder seguir oyendo el
murmullo de las olas, para seguir solazándose con la salida del
Sol, para escuchar el trino de los pájaros . . . Los hombres no

�44

¿Qué hoy más ollá de la muerte?

quieren morir sin saber a dónde van, y organizan un gigantesco
esfuerzo.para no vivir el dolor de morir.
Abramos los poemas, eternamente jóvenes, del anciano Homero; veamos lo que sucede más allá de la tumba. El héroe,
Ulises, quiere platicar con aquellos que ya dejaron de ser acá, pero
que siguen siendo más allá. Obedeciendo a los poderes de una
invocación misteriosa, unas pálidas sombras aparecen Y hablan.
Nuestro héroe reconoce a su madre. quien le informa cómo la
Parca la ha sometido al largo sueño de la muerte. Quiere abrazarla, pero le es imposible, y se lamenta; la madre le dice: "i Oh,
mi querido hijo, el más infortunado de todos los mortales! ¡Ay,!
ésta es la suerte de los humanos cuando ya no son ; carne y
músculos desaparecen cuando la vida abandona los miembros ;
pero el alma que se escapa de esta ley, revolotea como un sueño.
¡Apresúrate a volver a la luz!". Sería facil multiplicar las citas,
pero en los pensamientos de los antiguos griegos, hay un futuro
para las almas, más este futuro no es más que un prolongamiento triste y nebuloso de la vida actual. Y una nota dominante se
destaca: lo que interesa a los muertos, es lo que pasa bajo el Sol;
la vida de la tierra es bella, la luz es dulce, y en el reino de los
difuntos solo reinan las sombras y la oscuridad. Los mismos
sentimientos serán expresados por la Ifigenia de Eurípides, cuando suplica a su padre que no la entregue al cuchillo del sacrificio: " No me obligues a morir antes de tiempo, porque es agradable ver la luz; no me fuerces a visitar la región subterránea
de los muertos. ¡ Vivir miserablemente vale más que morir con
gloria !". Esta visión confusa del mundo futuro, adquiere 1.rnevos colores bajo el prisma brillante de la imaginación griega; el
lugar de los muertos se anima y aclara, y se puebla de héroes
devenidos dioses. ¿Resultado ? Que el más ali~ se anima al trasladarle la vida presente con todas sus pasiones, alegrías y vicios.
Cierto que la razón rechaza a los dioses, y el filósofo Xenofanes
exclama: "si los leones y los bueyes supiesen esculpir, sus dioses
tendrían cuerpos de bueyes y de leones". La conciencia protesta
contra los vicios del Olimpo, y un Diálogo de Platón nos ha
conservado el recuerdo de esta noble protesta. En el Fedón, Sócrates defiende la tesis de que hay en el hombre un principio
divino dentro de una envoltura pasajera, y afirma que el sabio

Daniel Mir

45

debe desprenderse de los bienes fugitivos de la tierra, ya que
filosofar es aprender a morir. Después de haber hablado a sus
discípulos de la esperanza de la inmortalidad y del valor de la
virtud, agrega: " la cosa vale la pena de que uno se arriesgue a
creerla, es un riesgo bello, es una esperanza con la que debe en cantarse uno a sí mismo". Mucho después, Cicerón, en el " Sueño de Escipión" , cuando éste aparece a su nieto, transportado
en un sueño a las regiones estrelladas, le dice: " Debes saber,
para que te decidas por la virtud, que hay en el cielo un lugar
destinado al hombre justo. Lo que en la tierra se llama vida.
es la muerte. No se existe más que en lo morada eterna de las
almas. Incluso en el Fedón se establece la incorruptibilidad del
principio intelectual. que el alma no es de la misma naturaleza
que el cuerpo, que ella no debe temer nada de la muerte, la inmaterialidad del alma queda demostrada . . pero ésta es una
mediocre conquista de la filosofía, porque nada de todo esto
garantiza la inmortalidad personal, que de esto se trata, no lo
olvidemos, ni descorre el misterio de ¿Qué hay más allá de la
muerte? La filosofía griega se detiene en una especie de disposición de espíritu en la que se mezclan la duda y la esperanza.
Como consecuencia de la cremación de los muertos, surge la
creencia de que el alma desaparecía en el humo de la hoguera,
y por consiguiente se inicia el concepto de la inmaterialidad de
los espíritus. Observaron que en la muerte, la pérdida de la
energía vital coincidía con la exhalación del último suspiro. siendo considerada la respiración como el fundamento de la vida,
como lo demuestra la doble significación de ánima, aliento. Entonces se origina la concepción de la existencia de un lugar subterráneo, residencia de las almas, al cual no pueden llegar los
hombres ni con ruegos ni sacrificios. Este lugar está separado del
mundo, bajo del cual se halla, por ríos y lagos infranqueables,
como la laguna Estigia (la diosa) , el Aqueronte (¿río del dolor? ), el Cocitos ( río de las quejas) , el Piriflegethon ( arroyo
de fuego) y el Leteo (río del olvido) . En cuanto los cadáveres
quedan cubiertos con tierra, el barquero Carente pasa a la otra
orilla a las almas, o sea al Hades. Allí viven los muertos, según
Homero, una apariencia de vida triste y estéril. en la cual continuaban sin variación sus ocupaciones terrenas, aunque de manera inconsciente y despojados de toda energía. De este reino de

�46

¿Qué hay más allá de la muerte?

los muertos nadie podía volver. El deseo natural de creer en una
vida mejor después de la muerte, llevó a Homero a imaginar.
posteriormente, el Elíseo, "campiña de la llegada o del reposo". ¿Dónde se halla? En el lejano Occidente, en el Océano,
al fin de la Tierra, pero no en el mundo subterráneo. En el
siglo V a. J.C. se desarrolla una especie de idea niveladora de
un juicio de los muertos, y según haya sido su vida terrena·,
van al Elíseo o al lóbrego lugar de castigo llamado Tártaro,
que se encuentra en lo más profundo del Averno.
Para ser consecuentes: desviemos nuestra mirada hacia otros
horizontes. Aparte de Grecia, y antes que ella, un Oriente más
lejano y vasto especulaba sobre el mismo tema. En los inmensos territorios de la India, China y el Tíbet, los templos aparecen, en todas partes, y legiones de hombres triturados bajo el
peso del más allá recorren las tierras en todos sentidos. El
brahmanismo es una de las religiones más antiguas del mundo ;
vamos pues a interrogarla para saber qué piensa del más allá.
He aquí la respuesta: "Los buenos, tan pronto como son desnudados de su cuerpo mortal, son conducidos por caminos deliciosos, sombreados por árboles perfumados regados por arroyuelos
cubiertos de lotos. En ese alegre viaje lluvias de flores caen sobre ellos, mientras en el aire resuenan los himnos de los bienaventurados. Los malvados, al contrario, son conducidos por
senderos estrechos y tenebrosos, de arenas ardientes, devorados
por la sed, cubiertos de sangre, horrorizados ante terribles aparmones, lleno el aire de lúgubres quejidos" . He aquí. pues, el
infierno y el paraíso; un mundo futuro en que se cumple la
justicia. Pero, · la sabiduría de los brahamanes se modificó y
otra concepción metafísica pe~etra en sus ideas: El universo es
el teatro de un movimiento perpétuo en virtud del cual las almas
se encuentran en condiciones diversas. Las mismas almas habitan sucesivamente cuerpos de hombres, de animales o de vegetales, y así van siendo elevados a una categoría superior, o a
una inferior, según los méritos que hayan hecho. Pero esta evolución tiene un término, y al final del mismo, todas las almas
se absorben en el principio del mundo que permanece entonces
solo en la inmensidad llena de su majestad solitaria. Después,
vuelve a comenzar una nueva evolución: las existencias indivi-

Daniel Mir

47

duales reaparecen por un tiempo, hasta que son reabsorbidas de
nuevo en el gran Todo. Esta doctrina la encontramos después
en Egipto, y en Grecia con el nombre de metempsicosis. ¿Cuál
es el mundo del más allá que nos ofrece esta concepción ? Esta:
el movimiento que constituye la vida, el paso de las almas de
una forma a qtra, es un mal, por lo tanto, los tormentos que
esperan, son un mal; la felicidad por venir es un mal menor,
pero todavía un mal, porque la vida, la vida en sí misma, la
vida individual, no es buena. La ambición máxima, pues, 9e
una criatura inteligente, debe ser salir del círculo de las transformaciones, llegar a la absorción definitiva en el gran Todo, o
sea que hay que perder el sentimiento, la personalidad. la conciencia, la vida que es mía, para ser librado por siempre del flujo
de la existencia. El paraíso, el más allá, es la cesación del movimiento, de la conciencia, de la personalidad.
En el seno de este culto, se formó una secta particular,
llamada a grandes éxitos en cuanto a proselitismo, que se conoce como Budismo. Su fundador fué Cakyamouni, que tomó el
¡¡ombre de Buda, es decir, " el sabio" . La vida de este hombre,
hijo de un rey, es sumamente interesante; no podemos detenernos en ella, pero sí es oportuno hacer constar que su culto posee
más seguidores que ningún otro en el mundo. Para Buda la
vida es triste, es un mal; la raíz de todos los males es el deseo,
porque el deseo de la felicidad es engañado. La liberación, por
lo tanto, consiste en renunciar a todo deseo. La finalidad suprema es llegar a un estado designado en la lengua sagrada de
los budistas con el nombre de Nirvana. Este término, según
unos, significa la nada absoluta, según otros, el aniquilamiento
de nuestro ser. Púesto que el deseo es la manifestación fundamental de la vida, en tanto que vivamos buscaremos una felicidad cuya búsqueda es la ilusión, y en otras existencias nos
esperan nuevas decepciones. En consecuencia, no puede haber
paz más que en el aniquilamiento ; para huir del mal, hay que
dejar de ser, hay que entrar en el Nirvana. O sea que la nueva
esperanza que Cakyall).ouni aporta a los h9mbres es la posibilidad de escapar a la ley de la transmigración entrando en el Niryana, o sea en el aniquilamiento integral del ser. Claro que nos
preguntamos: ¿si la vida es un mal. por qué no recomienda el

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¿Qué hoy más allá de lo muerte?

suicidio¿ Porque se correríá el peligro de renacer, y solo la observancia de una conducta sabía puede preservar de la desgracia de
volver a nacer. Con ligeras modificaciones, Confucío siguió la
obra de Búda, y no vamos a deternos en ella. De manera que
el pensamiento filosófico que se descubre en el fondo de las religiones orientales, es que la vida es un mal, y hay que salir de
ella lo más pronto posible. Claro que los pueblos de Asía tienen
algunas religiones ricas en alegorías, en leyendas, en las que predomina la idea de la vida, pero el significado esconido de sus
símbolos, el sentido profundo de sus libros sagrados, la filosofía de su religión, en fin, reflejan la idea de que la vida personal es un fenómeno pasajero y malo. Probablemente no deba
confundirse todo esto con un panteísmo, que no concediendo
valor duradero a la conciencia, suprime la misma base del orden
espiritual. pero el panteísmo es el carácter dominante de las religiones Asiáticas.
Las preguntas, pues que nos hemos planteado desde el comienzo siguen sin réspuesta. Ni Egipto, ni Grecia, ni el Oriente,
ni Asia nos dan una explicación convincente. Ni el Hades, ni
Plutón, ni Caronte, ni la mitología. . . Ha llegado el momento, pues, de que nos enfrentemos con una nueva visión del más
allá: El Cristianismo. La predicación de Cristo sobre una existencia futura más allá de la tumba, no pretende ser una verdad nueva, gran parte de quienes le escuchaban tenían ya tal
creencia; sino que :Él nos habla de una verdad que venía a librar de oscuridades para colocarla a plena luz. Usando figuras
a veces pavorosas, anunciaba los males reservados a quienes por
los bienes terrenales perdieran su alma. Lo único valioso para
el ser humano es su alma, destinada a una comunión íntima
con Dios para gozar en el más allá de una felicidad sin fin.
Al hablar de la vida eterna, designaba un estado de felicidad estable, permanente. A diferencia .del dios brahamánico
y Budista, el Dios de Jesucristo posee una vida independiente
del mundo creado por un acto libre de su voluntad, y que cuenta
su gloria sin limitar su poder. En consecuencia, El puede hacernos entrar en un reposo eterno, sin absorbernos en El. porque
El no es solamente el principio de la vida, sino el amo de la
vida. El puede y quiere, decía Jesús, porque Dios es amor, y

Daniel Mir

49

este amor es el secreto de la creación. La vida eterna es el Reíno
de Dios, por lo tanto la vida eterna no es sólo la vida por venir,
porque la eternidad abraza el presente y el pasado lo mismo que
el futuro. Quien vive en Dios está ya en la eternidad; para aq_uel
que vive o ha entrado en el plan divino, el reino celeste comienza aquí. ¿Como se entra en el plan de Dios? Teológicamente,
al transgredir el hombre las leyes o la voluntad divinas, cayó
en el pecado, que significaba la ruptura de las relaciones amistosas entre el hombre y Dios. Para restablecer esas relacion\s
rotas por el pecado del hombre, Dios, en un acto de infinita
bondad, envía a su propio Hijo. a la segunda persona de la Trinidad, para que por medio de su sacrificio en la cruz redima a
los hombres que en él crean. Esto es la religión: religar las relaciones entre Dios y los hombres. Esta es, en síntesis, la doctrina
cristiana, que no es menester ampliar por conocida. Después, los
teólogos añadirán que el Sumo Ordenador ha creado las cosas
de tal manera que se corresponden, y ésta no es una de las perfecciones del mundo, sino el mundo mismo. La palabra "mundo" significa orden, pues si el mundo no fuese orden sería caos.
El caos dejó de ser caos cuando fué mundo en el que cada cosa
encontró su lugar, su relación con otras cosas, o sea ley de causa
y efecto, ley que priva de igual manera en la esfera de la existencia humana. Las facultades del cuerpo se corresponden con
las del espíritu; las de la razón con las de la imaginación; las
de la imaginación con las del sentimiento; las de la inteligencia
con las ,de la voluntad. Un hecho aislado, que no fuese ni la
causa ni el efecto, ni el fin ni dependiera de otro hecho, no podría concebirse, porque sería sin-razón. Como semejante rotura
no podemos concebirla en la creación, esta rotura existiría si
n~da hubiera para corresponder al alma. Además, siempre según
dicha argumentación, todo lo que es exterior, visible, material,
no es más que símbolo; pues no hay verdadera acción más que
en los actos del espíritu. El mismo fenómeno se aplica a nuestras producciones. No son ellas las que nos hacen ser lo que
somos ; tan sólo lo expresan. Y para que no confundamos el
símbolo con la realidad, el tiempo se encarga de ir destruyendo
todos estos símbolos. La materia sufre las leyes de la materia
y el cuerpo, que no· es nosotros sino sólo nuestra forma, el instrumento de nuestro obrar externo, cambia, perece, recordando

�50

¿Qué hay más allá de la muerte?

con su muerte que ocupa en nuestra existencia un rango de subordinado y una importancia relativa. En cambio, hay en la
conciencia del hombre algo que le constriñe a unir de manera
indisoluble la idea del ser con la inmortalidad. Escrituralmente
se dice: "El hombre camina entre la apariencia", y en este sentido netamente religioso del término, nada hay más real que lo
eterno. . . . Pero, ¿contesta nuestras preguntas, nuestros angustiosos interrogantes? "La vida eterna es la reconciliación con Dios", nos afirma el Cristianismo, pero ¿descorre el
misterio? "Dios ha creado las cosas para que fuesen", dijo Santo Tomás de Aquino. Estas palabras, que por mucho tiempo
me mantuvieron perplejo, creo haberlas entendido, pues parafrasean el pensamiento bíblico: "Dios no es Dios de muertos,
sino de los vivos" ; o sea: · Dios ha creado las cosas para que
fuesen sin arrepentirse, y no nos ha sacado de la nada para
hundirnos de nuevo en ella. Pero, como la vida eterna es una
vida santa, nada impuro puede entrar en ella, y entonces lo
santificado pertenece a la vida que no debe morir. ¿Y que es lo
que debe ser santificado en nosotros? Y Pablo de Tarso responde: todo, y desarrolla su pensamiento diciéndonos que espíritu, alma y cuerpo. ¿Todo? Todo, por que el Cristianismo
nos dice que la Resurrección es en cuerpo. "Si los muertos no
resucitan, comamos y bebamos que mañana moriremos", exclama El apóstol Pablo, y todavía algo más grave: "Si en esta vida
solamente esperaµ¡.os en Cristo, los más miserables somos de todos los hombres". ¿Y qué clase de cuerpo tendrán o tiene los
resucitados? "U no celestial", nos contesta. ¿Y qué es un cuerpo celestial?, insistimos, pero esta insistencia carece de respuesta,
no la hay. Y, claro está, tropezamos con un nuevo misterio:
el final del Cristianismo· es la resurrección, la resurrección final
de los cuerpos, y no en sentido metafórico, y entonces la complicación aumenta, porque la inquietud no especulativa, sino
vital, pregunta: ¿y dónde están las almas de los que ya se fueron y esperan la resurrección final? Tertuliano escribía: "Vivir
uno mismo, pero en un cuerpo glorificado, una vida nueva y
gloriosa, tal es la promesa del Evangelio. Las almas que se han
encontrado en este mundo y que aprendieron a conocerse y a
amarse mutuamente, se conocerán y amarán más cuando se encuentren al lado de Dios". Eso indica claramente que persistirá

Daniel Mir

51

nuestra personalidad, pero ¿dónde? Hagamos a un lado el problema espacio y tiempo, que es mucho hacer, y el misterio persiste. Algunos teólogos, para ·evitar esta dificultad, nos hablan
no de lugar destinado a las almas a los cuerpos resucitados, sino •
de un estado. Preguntamos qué cosa es un estado, ya que con
él se elimina el problema tiempo-espacio, pero es una pregunta
que tampoco tiene respuesta. ¡Entrégate a los sueños más bellos
-nos dirán los místicos- y eso son los reinos eternos y celestiales! Lo lamentable es que el alma inquisitiva no se alimenta
de sueños y mucho menos éstos le resuelven el misterio. "El
mundo celeste escapa a nuestra imaginación actual" nos recomiendan otros, y nos remiten a la fe, alegando que nuestra mente finita no puede captar lo infinito, que Dios nos ha revelado
lo que nos es suficiente saber. ¿Nos bastaría lo revelado, si consiguiéramos en tenderlo?
"En el curso eterno de las cosas -dice T enn yson-, el
espíritu sigue . . . pasando de estado en estado y sus formas actuales no son más que . . . la crisálida de estos estados". O sea
que aquí encontramos, como ya en Oriente, transformación, no
destrucción, pero no tampoco respuestas sólidas o consoladoras.
Desde el primer muerto hasta nuestros días, existe en el fondo
del corazón del hombre un sentido del más allá, del infinito,
de lo eterno, bien sea por un recuerdo o por una necesidad de
un paraíso perdido. "Nuestro espíritu -exclama Goethc- es
una esencia absolutamente indestructible, y continuará actuando, de eternidad en eternidad". ¿Cómo?
Todo lo que hemos dicho parece entrañar una cierta morbosidad en el tema, pero según Pascal, la morbosidad está en
una actitud indiferente del tema. He aquí sus palabras: "La
inmortalidad del alma, nos importa de tal manera, nos atañe
tan profundamente, que sólo habiendo perdido todo sentimiento es admisible, todo sentimiento humano y vital". Hasta un
esteta como Guyau se pregunta: . "Uno puede marchar alegremente al sacrificio de la muerte, pero el aniquilamiento, el dejar
de ser de aquellos que se ama, es inaceptable para el hombre, ser
pensante y amante por esencia. ¿Cómo decir a una madre que
no hay nada definitivamente vivo en el niño que tiene sobre
sus rodillas?". Porque el problema, creo que lo hemos com-

�53

Daniel Mir

52

¿Qué hay más allá de la muerte?

prendido así a través de nuestro estudio, no es tanto la inmortalidad como la manera de ser de la inmortalidad.
¿Han visto ustedes un cuadro de Scheffer, con un texto
que dice: "San Agustín y su madre Santa Mónica ? Quienes lo
hayan visto habrán observado la peculiaridad de dos miradas
dirigidas hacia el mismo cielo. El pintor contó dónde se había
inspirado para pintar su cuadro ; he aquí las palabras de San
Agustín que dieron lugar a la pintura: "Al acercarse el día en
que mi madre debía salir de esta vida, nos encontramos los dos
solos apoyados sobre una ventana que daba a un jardín. Conversábamos con inefable dulzura, y en el olvido del pasado,
devorando el horizonte del futuro, pensábamos cómo sería la
vida eterna que el ojo no ha visto, que el oído no ha podido
escuchar, y donde no alcanza el corazón del hombre. Y llevados por un impulso de amor hacia aquel que és, nos paseamos
por los peldaños de los cuerpos hasta los espacios celestes donde
las estrellas se mueven. Y subiendo todavía más alto en nuestros
pensamientos en la admiración de la obra de Dios, nuestras almas
alcanzaron la sabiduría increada, que es lo que ella ha sido, lo
que será siempre, o mejor dicho, en la que no se encuentra ni
haber sido y deber ser, sino el Ser Unido, porque es eterno;
porque haber sido y deber ser excluyen la eternidad. Y así
hablando, en nuestros impulsos hacia esa vida, la tocamos un
instante en un salto del corazón . . . porque la vida eterna es
semejante a ese fugitivo éxtasis que todavía nos hace suspirar" . . Una experiencia personal . . Agotemos un poco más
el tema escatológico cristiano, y trasladémonos al drama de la
cruz. A la imploración del llamado "buen ladrón", Cristo le
contesta con esas palabras: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso".
He revisado el texto griego, y las palabras son correctas: Paraíso
y hoy. ¿Exégesis de este texto ? La teología está concorde en
que cuando nosotros despertaremos de la muerte, no podremos
pensar de ella sino como datando del mismo día. Tal vez habremos dormido (uso esta palabra en vez de morir) mucho
tiempo; tal vez nuestra tumba habrá visto muchas flores y después la hierba anónima del olvido; la tierra habrá continuado
su curso indiferente
Pero, un día, un día fijado por Dios,
el ángel de la resurección vendrá a llamar a las puertas de las
1

tumbas. ¿Cuánto tiempo habremos dormido? No importa . ..
La palabra ayer es una palabra sin sentido en el mundo en el
cual penetraremos. En el cielo no existe más que el hoy, todo
es hoy, sin mañana ni ayer. Como definición teológica, es bellísima ...
Con toda intención he dejado para el final, enfrentarnos,
por unos momentos, con una de las almas más atormentadas
por la pregunta base de nuestro estudio: D. Miguel de Unamun0. Porque ante la incapacidad de la razón para aprehender,
aunque no sea más que lo dicho, se nos propone la fe. "¿Qué
cosa es la fe ?" , se pregunta U namuno. Y dá la respuesta tradicional del Catecismo: "Creer lo que no vimos". Y rectifica:
" ¿Creer lo que no vimos ? ¡Creer lo que no vimos no, sino crear
lo que no vemos! Crearlo, y vivirlo, y consumirlo, y volverlo
a crear y consumirlo de nuevo ... en incesante tormento vital".
Y en su rosario de sonetos, exclamará apasionado:
hay que ganar la vida que no fina,
con razón, si11 razón o contra ella.
"¿ No será -se pregunta en otra parte- la absoluta y perfecta
felicidad eterna una eterna esperanza que de realizarse moriría?
¿No será, digo, que todas las almas crezcan sin cesar sin llegar
nunca al infinito, a Dios, a quien de contínuo se acercan? ¿Cómo resignarme a hacer el sacrificio de este pobre yo, por el cual
y sólo por el cual conozco de finalidad y de conciencia universal ~ ¿Debemos aceptar el cristianismo como " una salida desesperada" al estilo de Kierkegaard ?" Y sus preguntas, base de toda su filosofía, no son otras que éstas: "¿ De dónde vengo yo
y viene el mundo en que vivo y del cual vivo? ¿A dónde voy
y a dónde va cuanto mo rodea? ¿Qué significa todo esto?".
Los existencialistas ateos, cuando proclaman la soledad del hombre sobre la tierra, se sumergen en un drama, mientras U namuno, en su agonía por la inmortalidad, se revuelve contra la nada.
Para los existencialistas humanistas la muerte es finitud absoluta y esencial; no hay acabamiento ni totalidad de la vida; el
hombre no puede llegar jamás a ser el dueño de su existencia
porqur la muerte no le viene de fuera, accidentalmente ; la muer-

�54

¿Que hoy más ollá de la muerte?

te le viene de dentro, de su suprema posibilidad. El hombre esun ser- para- la- muerte. Unamuno se rebela, precisamente
porque observa con horror el hecho crudo de morir, porque no
lo acepta. En su experiencia poética de la muerte, escribirá:
... ¿Y si de este mi sueño
no despertara ... ?
Esta congoja mía sólo
durmiendo pasa:
¡duerme!
¡Oh, en el fondo del sueño
sientó a la nada! ...
Duerme, que de esos sueños
el sueño sana.
¡duerme!
Tiemblo ante el sueño lúgubre
que nunca acaba ...
Duerme y no te acongojes
que hay un mañana ...
¡duerme!
Duerme, mi alma, duerme,
rayará el alba,
duerme, mi alma, duerme:
¡duerme!
Ya se durmió en la cuna
de la esperanza ...
se me durmió la triste ...
¿habrá un mañana ? . . . .
¿Duerme?
¿Aurora de otro mundo es nuestro ocaso?
Sueña, alma mía, sueña en tu sendero oscuro:
Morir, dormir . .. dormir ... ¡soñar acaso! ...

Pedro Lezcano / •
Yuntas de amor

Juntad de dos en dos vuestras espaldas.
Las espaldas, hermanos:
alto lugar donde germina el ala.
Sabemos del amor que a dos a yunta;
a tres, acaso el odio o la venganza.
(Un hombre da el puñal, otro lo empuña,
la voz presta un tercero, un cuarto mata.
El criminal no existe,
pero la herida sangra) .

~

Por eso yo os digo:
juntad de dos en dos vuestras espaldas.
Las espaldas, hermanos:
ese lugar que cansa,
donde la cruz, donde la edad se apoyan,
donde el abrazo acaba.
Acantilado humano y horizonte
donde se ha puesto el corazón. Muralla.
Sitio para morir de los que huyen
y de los que desprecian la amenaza.
Llanura puesta en pie en escalofrío,
por la que se levanta
la_ vertebral columna para el Sansón del tiempo.
Ciego lugar donde el cobarde ataca.
- 55 -

�Yuntas de amor

56

Ese lugar, hermano con hermano,
espalda con espalda,
os hará fuertes, dobles.
Yuntas de amor sobre la paz que labran.

Juan Antonio Ayala / L~
tierra de Alvargonzález
Estudio comparativo de dos textos
Antonio Machado

de

NOTA PREVIA.-Listo ya este articulo
para su impresión, 110s llega la triste
noticia del fallecimiento del poeta Juan
Ranió11 Jiménez (Puerto Rico, 29 de
mnyo de 1958). El roma11ce de Antonio
ilfacluido, "La tierra de Alvar!Jonzález"
está dedicndo, precisamente, a JuQll
Ramón. Dolorosa oportunidad esta que
110s obli!Ja a dedicar estas breves notas
-ape11as apuntes para un trabajo más
amplio- a uno de nuestros más yrandes poetas de habla hispánica. Asi nos
sumamos al sentimiento colectivo de
pesar por la pérdida de J.R.J.

RECIENTEMENTE, la Editorial
Losada, S. A., de Buenos Aires, ha publicado en su colección
"Contemporánea" un nuevo volumen de las obras del escritor
español Antonio Machado ( 1) . "Los Complementarios", título
que Antonio Machado había destinadq para unos Cuadernos literarios en proyecto (2), recoge el material disperso que ya se
había publicado en diferentes revistas literarias y periódicos y,
también, abundantes escritos inéditos. El compilador de este volumen, Guillermo de Torre, en el prólogo pone de relieve la
importancia extraordinaria de las nueve cartas que A.M. dirigió,
entre los años 1913 (?) y 1929,aDonMigueldeUnamuno
(3) ; material vialiosísimo para poder conocer más íntimamente
al poeta de Castilla, principalmente desde el punto de 'vista religioso y de la política española. Sin embargo, considero importantísima la publicación, incluida en este volumen, de un
texto en prosa del romance "La tierra de Alvargonzález", anterior en su redacción y publicación a la versión en verso incluida
en "Campos de Castilla" (1907-1917) (4). Creo que es un
- 57 -

�58

La tierra de Alvargon:i:ále:i:

caso excepcional en la historia literaria encontrar dos versiones,
una en prosa y otra en verso, de un mismo tema, realizadas ambas por la misma mano; es una excelente base para un estudio
comparativo para llegar a la interpretación de una factura poética que, como la de A.M., tiene perfiles tan personales e intransferibles, hasta el punto de no haber dejado tras de sí imitadores,
discípulos ni escuela, pero sí numerosos admiradores.

•••
Dentro de la producción total de A. M ., " La tierra de
Alvargonzález" representa el único caso de desvío de su línea
lírica, intimista y subjetiva ; cabría, suponer, de antemano, que
el procedimiento de elaboración estilística, en este caso, tuvo
determinantes esenciales completamente distintos del resto de su
obra. Aquí pararían las conjeturas, si no hubiera llegado hasta
nosotros la versión en prosa de " La tierra de Alvagonzález" y
si, además, no fuera ésta la primera y esencial base para la elaboración de la redacción métrica.
Sin embargo, si se considera "La tierra de Alvargonzález",
no separada del resto · de la obra de A.M., sino integrada dentro de toda ella, como el resultado de su filiación generacional,
podrá entenderse e i?terpretarse dentro de las claves de su poesía,
las cuales, hasta el presente, no han sido desentrañadas con más
exactitud y justeza que la de Segundo ·Serrano Poncela en su
obra " Antonio Machado , su tiempo y su obra" ( 5) . Las dos
claves fundamentales de la lírica de nuestro poeta, son a su juicio, "una poética temporal" y " un devenir existencial". Sobre
este sistema de dos coordenadas se desarrolla una de las poéticas
más personales y, al mismo tiempo, más altas de toda la literatura española . Sólo en función de esa poética temporal y de la
vía existencial puede entenderse a A .M. Quien lea atentamente
" La tierra Alvargonzález" podrá ver que no se aparta en lo más
mínimo de estas directrices y que el aspecto generación está latente en cada una de sus partes, armoniosamente articuladas.
No vamos a detenernos en ampliar este aspecto de " La tierra
de Alvargonzález" ya que no cae dentro de los límites de nuestro estudio. Como complemento de las ideas que hemos expuesto permítasenos transcribir el siguiente párrafo de S. Serra -

59

Juan Antonio Ayala

no Poncela: "Un esfuerzo de mayor envergadura donde trata
de conjugar en síntesis armoniosa la preocupación crítica por
lo español, la creación poética pura y las formas tradicionales
de expresión es el largo romance La Tierra de Aluar González
(sic en el original) . Machado nos cuenta en verso octosílabo
asonantado la historia de una rancia familia labriega. Discrepando también del punto de vista general considero que se dan
en esta obra una serie de elementos no poéticos y sí expresivos
de una "circunstancia" generacional. Ahí están, junto al amor
por los clásicos primitivos y el Romancero, la larga narración
popular tradicional de conseja y sucedido, el tono moralista y
gnómico de buena parte de la vieja poesía, elementos novelescos
y dramáticos interpolados entre fragmentos líricos (6) . Está
todo, menos Machado, en tan bello " pastiche'' que recuerda un
sector de la pintura de Zuloaga y algo de los romances de ciegos; exquisitamente manufacturado en efecto, pero no lejos del
. espíritu que, desde una perspectiva más irónica, va a dar en
Baroja y su Horroroso crimen de Peñaranda del Campo y en
Valle-Inclán alguno de sus esperpentos" ( 7) . Aunque no podemos suscribir la totalidad de las afirmaciones. trascritas, sin
embargo, hemos aducido este testimonio, para insistir en el aspecto generacional de esta , composición machadiana y que es
como una prolongación de esas "Dos Españas" de las que nos
hablan constantemente los exegetas del 98.

•••
No pretendemos, en estos breves apuntes, agotar todo el
tema a que se presta la comparación de las dos versiones de " La
tierra de Aluargonzález" .. Señalaremos solamente las más importantes zonas de contacto entre ambas.

1-

Desarrollo del tema en las dos uersiones:

La versión en prosa ·es más reducida y más esquemática
respecto a la versión en verso, principalmente a partir de la
muerte de Alvargonzález, donde sólo se van señalando los momentos principales de la acción posterior. Hay que tener en
cuenta que · A.M. heredó de su padre una tendencia especial a

�La tierra de Alvargon:i:ále:i:

· 60

Juan Antonio Ayala

la recolección folklórica, para apreciar en su pleno sentido la
introducción con que comienza su versión en prosa. Cuenta
A.M. un viaje que en cierta ocasión hizo por la alta Castilla
para visitar la fuente del Duero; durante el, trayecto conoce a
un campesino quien es el narrador de la leyenda que, por aquellas tierras, corre en torno a Alvargonzález. Es preci$amente en
esta breve' introducción donde aparecen ciertos rasgos líricos que
van a ser aprovechados para la versión en verso. "Tomamos
-dice- la ancha carretera de Burgos, dejando a nuestra izquierda el camino de Osma, bordeado de chopos que el otoño
comenzaba a dorar. Soria quedaba a nuestra espalda entre grises colinas y cerros pelados. Soria mística y guerrera, guardaba
antaño la puerta de Castilla, como una barbacana hacia los reinos moros que cruzó el Cid en su destierro (8). El Duero, en
torno a Soria, forma una curva de ballesta. Nosotros llevábamos la dirección del venablo" (9). "Alvargonzález -me respondió-- fue un rico labrador; mas nadie lleva ese nombre por
estos contornos. La aldea donde vivió se llama como él se llamaba: Alvargonzález, y tierras de Alvargonzález a los páramos
que la rodean. Tomando esa vereda llegaríamos allá antes que
a Vinuesa por este camino. Los lobos, en invierno, cuando el
hambre les echa de los bosques, cruzan esa aldea y se les oye
aullar al pasar por las majadas que fueron de Alvargonzález,
hoy vacías y arruinadas" . Casi todos estos motivos sugeridos
en esta breve introducción se hallan desarrollados ampliamente
en la versión en verso. El tema del paisaje castellano, los lobos
como símbolo, juegan un papel importante en la última parte
del romance ; "Dos lobos se asomaron a verles, huyeron espantados", dice ya al acabar la versión en prosa; y en forma ro-

61

tierras de Alvargonzález no tiene lugar en la versión en verso;
en ésta la entrada es directa, como lo es la forma romance adoptada por el poeta; romance es este que podríamos clasificar dentro de la categoría de romances culto-populares, o más bien, de
ciego; el mismo Machado nos los dice en su versión en prosa:
" Siendo niño, oí contar a un pastor la historia de
Alvargonzález, y sé que anda inscrita en papeles y
que los ciegos la cantan por tierras de Berlanga" (12)
Dejando de lado este preámbulo -sobre el cual volveremos más tarde para señalar ciertas referencias importantesnos interesa señalar ahora, en forma esquemática, el desarrollo
de ambas versiones:

Versión en verso: en el texto están señaladas las partes de
que consta este romance-leyenda:
I La tierra de Alvargonzález
II El sueño
III Aquella tarde . . .
IV Otros días
V Castigo
VI El viajero
VII El indiano
VIII La casa

manceada:
"Páramo que cruza el lobo
aullando a la luna clara
de bosque a bosque . . . ·. " ( 1O) .
"Un lobo surgió, sus ojos
lucían como dos ascuas". ( 11).
Esta breve narración que sitúa la leyenda de la casa y

IX La tierra
X Los asesinos.

Versión en prosa: La narración está hecha en forma continuada, sin que en ella se marquen claramente las divisiones
sobre las cuales está estructurada la versión romanceada; con
leves transiciones, apenas insinuadas, pasa AM de una parte
a otra, siguiendo, en las primeras partes, un plan de desarrollo
detallista, que se vuelve más esquemático en las etapas finales de

�Lo tierra de Alvorgonsóles

62

la narración; es precisamente en éstas donde ha sido ampliada
la redacción métrica y en la que ha logrado mayores alturas el
estilo de nuestro poeta. En lo que se refiere a esta segunda parte
hay una variante notable respecto al-fin de Miguel, el hermano
menor de los hijos de Alvargonzález; en la versión en prosa,
éste muere asesinado por sus hermanos:
"Los mayores volvieron a sentir en sus venas la sangre de Caín, y el recuerdo del crimen les azuzaba al
cnmen.
Decidieron matar a su hermano, y así lo hicieron.
Ahogáronle en la presa del molino, y una mañana
apareció flotando sobre el agua." ( 13)
Sin embargo, nada se dice del asesinato de Miguel en el
romance incluido en "Campos de Castilla"; la última referencia que aparece a propósito de su persona es la siguiente:
''En la tierra en que ha nacido
supo afincar el indiano;
por muJer una doncella
rica y hermosa ha tomado.
La hacienda de Alvargonzález
ya es suya, que sus hermanos
todo le vendieron: casa,
huerto, colmenar y campo." ( 14) .
Esta variante, que no está ni siquiera insinuada en el plan
primitivo, de la redacción en prosa, introduce en el romance
un elemento dramático compensador de la sei:ie de acontecimientos trágicos que se han pr?ducido a lo largo de toda la historia
de la familia y tierras del viejo Alvargonzález. Se rompe, con
ella, la repetición de un hecho --el asesinato--- que ya está
poéticamente realizado con la muerte del padre: inclusive responde más al carácter nómico y moral, clásico en el romance
español.

Las noches

Juan Antonio Ayolo

63

Otra de las variantes notables en la versión romanceada,
respecto a la versión en prosa, es la diversificación en distintas
noches de los acontecimientos relativos al retorno del hermano,
las apariciones del fantasma de Alvargonzález, el viaje de los
hermanos y la noche de su suicidio. La segunda versión es más
completa, más rica en elementos novelescos e imaginativos.

Versión en prosa:
1a. noche: Es la noche en que retorna Miguel, que años
antes había partido para las Indias:
"Una noche de invierno, ambos hermanos y sus mujeres rodeaban el hogar, donde ardía un fuego mezquino
que se iba extinguiendo poco a poco. No tenían leña,
ni podían buscarla a aquellas horas. Un viento helado penetraba por las rendijas del postigo, y se le
oía bramar en la chimenea. Fuera, caía la nieve en
torbellinos. Todos miraban silenciosos las ascuas mortecinas, cuando llamaron a la puerta.
-¿Quién será a estas horas?- dijo el mayor-.
Abre tú.
\
Todos permanecieron inmóviles sin atreverse a abrir.
Sonó otro golpe en la puerta y una voz que decía:
-Abrid, hermanos.
- ¡ Es Miguel~ Abrámosle". ( 15)
Esta es la misma noche en que el fantasma de Alvargonzález llega hasta la puerta de la casa de sus hijos a dejar un haz
de leña para el fuego invernal que se está extinguiendo. (16)

Za. noche: La noche en que los hermanos retornan borrachos a la aldea y ven el fantasma del padre, otra vez, trabajando en las tierras de su hermano Miguel:
"Una noche volvían borrachos a su aldea, porque
habíán pasado el día bebiendo y festejando en una

�Juan Antonio ¼ola

65

La tierra de Alvargonsáles

64

feria cercana. Llevaba el mayor el ceño fruncido y
un pensamiento feroz bajo la frente.

-¿ C6mo te explicas tú la suerte de Miguel?- dijo
a su hermano.
"La tierra le colma de riquezas, y a nosotros nos niega un pedazo de pan".
-Brujería y artes de Satanás- contestó el segundo.
Pasaban cerca de la huerta, y se les ocurrió asomarse
a la tapia. La huerta estaba cuajada de frutos. Bajo
los árboles, y entre los rosales, divisaron un hombre
encorvado. hacia la tierra.
-. -Mírale- dijo el mayor-. Hasta de noche trabaja.
-¡Eh! Miguel- le gritaron.
Pero el hombre aquel no volvía la cara. Seguía trabajando en la tierra, cortando ramas o arrancando
hierbas ... Aquel hombre tenía el rostro del viejo labrador. ¡De la laguna sin fondo había salido Alvargonzález para labrar el huerto de Miguel!" (17).

3a. noche: Suicidio, en la laguna Negra, de los dos hijos
asesinos de Alvargonzález:
"Cuando caía la tarde, cruzaban por entre las hayas
y los pinos.
Dos lobos se asomaron a verles, huyeron espantados.
¡Padre!, gritaron, y cuando en los huecos de las rocas
el eco repetía: ¡padre! ¡padre! ¡padre!, ya se los había tragado el agua de la laguna sin fondo'.'. (18) .

mera de la versión en prosa. Yo las separo, ya que considero
un elemento del romance popular el introducir cierta clase de
reflexiones dramáticas que acentúan el carácter popular y narrativo de este género.
"Es una noche de invierno.
Cae la nieve en remolinos.
Los Alvar.gonzález velan
un fuego casi extinguido.
El pensamiento amarrado
tienen a un recuerdo mismo,
y en fas ascuas mortecinas
del hogar los ojos fijos.
No tienen leña ni ·sueño.
Larga es la noche y el frío
arrecia. Un candil humea
en el muro ennegrecido.
El aire agita la llama,
que pone un fulgor rojizo
sobre las dos pensativas
testas de los asesinos.
El mayor de Alvargonzález,
rompe el silencio, exclamando:
-Hermano, ¡qué mal hicimos!
El viento la puerta bate,
hace temblar el postigo,
y suena en la chimenea
con hueco y largo bramido.
Después el silencio vuelve,
y a intervalos el pabilo
del candil chisporrotea
en el aire aterecido.
El segundón dijo:-¡ Hermano,
demos lo viejo al olvido!" (19).

Versión en verso:
Ja. noche: Noche de reflexiones en el hogar de los hijos
asesinos de Alvargonzález. Por no estar muy clara la ilación
o la transición del episodio siguiente, puede muy bien confundirse con la noche en que llega el hijo de Alvargonzález, pri-

Za. noche:· La llegada de Miguel y primera aparición del
fantasma de Alvargonzález:
"Es una noche de invierno.

�Lo tierra de Alvorgon:i:óle:i:

66

Azota el viento las ramas
de los álamos. La nieve
ha puesto la tierra blanca.
Bajo la nevada, un hombre
por el camino cabalga:
va cubierto hasta los ojos,
embozado en negra capa."

" ...... Un hombre,
milagrosamente, ha abierto
la gruesa puerta cerrada
por doble barra de hierro.
El hombre que ha entrado tiene
el rostro del padre muerto.
Un halo de luz dorada
orla sus blancos cabellos." (20)

3a. noche: La noche en que uno de los hermanos --eran
los dos en la versión en prosa- ve al padre trabajando en la
huerta de Miguel:
" Anoche cuando volvía
a casa -Juan a su hermano
dijo-- a la luz de la luna
era la huerta un milagro.
Lejos, entre los rosales
divisé un hombre inclinado
hacia la tierra; brillaba
una hoz de plata en su mano.
Después irguióse y, volviendo
el rostro, dió algunos pasos
por el huerto, sin mirarme,
y a poco lo vi encorvado
otra vez sobre la tierra.
Tenía el cabello blanco.
La luna llena brillaba,
y era la huerta un milagro" (21 )

Juan Antonio Ayolo

67

4a. noche: Suicidio de los dos asesinos:
"Cuando la tarde caía,
entre las vetustas hayas
y los pinos centenarios,
un rojo sol se filtraba.

Era la noche, una noche
húmeda, oscura y cerrada." (22)
En resumen: Machado ha desdoblado la noche inicial de
la versión en prosa, en dos noches en la nueva redacción en
verso, lo cual supone una elaboración poética mayor y una intencionalidad que se articula con todo el desenvolvimiento del
o de los motivos poéticos del romance.

El paisaje castellano en ambas versiones.
"Hay en Machado, como en todos los componentes de la
generación del 98, una preocupación por el paisaje, no sólo de
índole estética sino también historicista. Quiero decir con esto
que Machado y sus coetáneos generacionales descubren en el paisaje una posibilidad de comunicación directa con el ser de España. Doy por supuesto, al hablar de paisaje, que se entiende
por tal la totalidad envolvente del hombre: el mundo de la naturaleza y la presencia inanimada pero afectiva de la historia,
en forma de arquitectura o vestigio arqueológico. . . Así los
chopos del camino soriano, el naranjo andaluz o la ermita de
la Virgen en Baeza son paisajes para Machado" (23 ) . El paisaje castellano juega un papel importantísimo en "La tierra de
Alvargonzález", tanto en la primera versión como en la segunda : es más, ha y momentos en que Antonio Machado sacrifica
el sentido narrativo del romance para intercalar personales afecciones hacia el paisaje ; el paisaje concebido con un sentido generacional operante, tal como lo ha señalado Serrano Poncela
en el párrafo transcrito más arriba. A este respecto todavía podemos añadir un testimonio más de Pedro Laín Entralgo:
" ¿Qué elementos pueden distinguirse en la visión ma~hadiana

�68

La tierra de Alvargansóles
Juan Antonio Ayala

del campo de Castilla? Está, por una parte, larealidad misma
de la ti~rra. El color y la figu'ra del campo contemplado incitan los ojos y el alma del poeta y promueven las pinceladas de
sensorialidad impresionista que acá y allá decoran la superficie
visible del verso: "grises" alcores, álamos "dorados", "plomizos" peñascales, montes de "violeta". Todas estas notas elementales se ordenan dentro del mundo interior del artista en
metáforas. y adjetivaciones puramente líricas, edificadas, en último extremo, sobre el mundo de los recuerdos comunes a todos
los hombres capaces del sacramento poético: "agria melancolía"
de las ciudades viejas y decrépitas, "turbante de nieve y de tormenta" sobre las sierras, "olifante del sol", inevitable "temblor
del alma" ante los hayedos y pinares ... Al lado de la elemental sensación de la tierra, directa o metafóricamente expresada,
hállase la emoción que esa tierra tiene para la personal intimidad del poeta" (24).
·

69

esta trascendencia del paisaje castellano y cómo opera en ambas
versiones.
En la introducción narrativa de la versión en prosa aparece una referencia metafórica a Soria, que va a ser en lo sucesivo reelaborada por AM en diferentes partes de su obra poética ; referencia que, de acuerdo con su trascendentalismo, es
una proyección histórica interpretativa del poeta de Castilla.
"Seria quedaba a nuestra espalda entre grises colinas
y cerros pelados. Soria mística y guerrera, guardaba
antaño la puerta de Castilla, como una barba cana
hacia los reinos moros que cruzó el Cid en su destierro. El Duero, en torno a Soria, forma una curva
de ballesta. Nosotros llevábamos la dirección del venablo" (26).

En AM, como en todos los integrantes del grupo del 98,
el paisaje castellano tiene un sentido trascendente, de proyección, de interpretación, de patrón y medida que responde a un
estado anímico o a un deseo ·de reconstruir, sobre ese esquema,
· una nueva historia de España o interpretar los hechos del pasado. Guillermo Díaz-Plaja ha asignado, certeramente, este trascendentalismo a la generación 9 8, mientras que para él. el paisaje en los modernistas es algo inmanente. "a) La tristeza del
Noventa y Ocho es trascendente. Es una tristeza motivada por
razones perfectamente distintas y superiores a la realidad objetiva. La tristeza del Noventa y Ocho se llama pesimismo. ln'dica una actitud reflexiva y desesperanzada acerca de un porvenir. Se es pesimista acerca de algo. Este algo es la Patria. En
general, la visión del paisaje de Castilla, de las viejas y pequeñas ciudades castellanas, incluye un sentimiento de tristeza que,
trascendido a lo colectivo, integra un pesimismo. Son todos
los del Noventa y Ocho los que aman a España "porque no les
gusta", y en la tarea de soñar una España mejor- a mucha distancia de la España que describen, se pone su nobilísima tarea.
Pero esta distancia entre la realidad y el sueño es, justamente,
la dimensión de su pesimismo" ( 2 5) .

Compárese este texto con los siguientes:
"Yo divisaba, lejos un mqnte alto y agudo,
y una redonda loma cual recamado escudo,

y cárdenos alcores sobre la parda tierra
-harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra-,
las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
para formar la corva ballesta de un arquero
en torno a Soria.- Soria es una barbacana,
hacia Aragón, que tiene la torre castellana" (2 7)
"Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de balleta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños . . . " ( 28)
"¡ Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traba el Duero

Veamos cómo se ajusta "La tierra de Alvargonzález" a

•

�La tierra de Alvargon:i:óle:i:

70

su curva de ballesta
en torno a Soria .... " (29)

''He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria- barcana
hacía Aragón, en castellana tierra-." (3 O)
Faltan más testimonios en la versión en prosa que nos pongan en contacto con un sentido interpretativo del paisaje trascendental de Castilla; sin embargo, la versión romanceada es
rica en estos detalles, que además, se encuentran dispersos en
· otras partes de su obra, reelaborados o sencillamente incluídos
sin que presenten variantes notables.

..

"La hermosa tierra de España
adusta, fina y guerrera
Castilla, de largos ríos,
tiene un puñado de sierras
entre Soria y Burgos como
reductos de fortaleza,
como yelmos crestonados,
y U rbión es una cimera" ( 3 1 )

Forma poética que ha sido casi incorporada, en los siguientes versos:

Juan Antonio Ayala

71

Otros elementos poéticos asimilados.
Alvargonzález, en su sueño, ve uri hacha y en ella un presentimiento de su muerte. Su largo sueño -más amplio en la
versión prosificada que en la romanceada- está dominado por
este sentimiento. La primera versión presenta las sig_uientes
alusiones:
"En la pared ahumada, colgaba el hacha reluciente,
con que el viejo hacía leña de las ramas de roble"
(34).
" En la pared colgaba de una escarpia el hacha bruñida y reluciente" (35).
'Y es otra vez el hogar, el hogar apagado y desierto,
y en el muro colgaba el hacha reluciente". (36).
"A la luz del candil brilla el hecha en el muro, y esta
vez parece que gotea sangre" (3 7).
"Los hermanos, pálidos como la muerte, se alejan
por los rincones del sueño. En la diestra del mayor
brilla el hacha de hierro" ( 3 8) .
"Un hachazo en el cuello y cuatro puñaladas en el
pecho pusieron fin al sueño de Alvargonzález. El
hacha que tenían de sus abuelos y que tanta leña
cortó para el hogar, tajó el robusto cuello: ... " (39).
En la versión en verso, aparecen las siguientes referencias,
calcadas en las anteriores o con pequeñas variantes:

"¡ Hermosa tierra de España!" ( 3 2)

"Los dos mayores se alejan
por los rincones del sueño.
Entre los dos fugitivos
reluce un hacha de hierro". ( 40).

"i Castilla varonil, adusta tierra,
Castilla del desdén contra la suerte,
Castilla del dolor y de la guerra,
tierra inmortal, Castilla de la muerte." (3 3)

"Tiene el padre entre las cejas
un ceño que le aborrasca
el rostro, un tachón sombrío
como la huella de un hacha". ( 41).

�72

La tierra de Alvargon%ále%

NOTAS

"Tiene cuatro puñaladas
entre el costado y el pecho,
por ·d onde la. sangre brota,
más un hachazo en el cuello" (42).

1.- Antonio ~fachado, Los Complementario$ (~ ota preliminar de Guillermo
de Torre), Editorial Losada, S. A. (Colección "Contemporánea), Buenos
Aires, ·1957, 248 páginas.

"El hombre que ha entrado tiene
el rostro del padre muerto.
Un halo de luz dorada
orla sus blancos cabellos.
Lleva un haz de leña al hombro
y empuña un hacha de hierro". ( 4 3) .
El tema general del asesinato del padre, con
halla elaborado, con variantes. en otro lugar de la
tonio Machado. En el fondo, es el mismo tema
ha sido aprovechado desglosándolo del romance o
ha sido incorporado a éste. Es el siguiente:

73

Juan Antonio Ayola

un hacha, se
obra de Anpoético, que
a la inversa,

"En sueño~ vio a sus padres -labradores
de mediano caudal- iluminados
del hogar por los rojos resplandores,
los campesinos rostros atezados.
Quiso heredar. ¡ Oh, guindos y nogales
del huerto familiar, verde y sombrío,
y doradas espigas candeales
que colmarán los trojes del estío !
Y se acordó del hacha que pendía
en el muro, luciente y afilada,
el hacha fuerte que la leña hacía
de la rama de roble cercenada" ( 44).
Dejamos para una segunda parte de este trabajo el estudio
de las coincidencias verbales y de la reelaboración de las formas
poéticas en su transición de la versión en prosa a la romanceada.

2.-"Hemos elegido como titulo general del presente conjunto el de Los Complemental'ios no por estimar que la parte así rotulada sea la más significativa, sino por(¡ue ése es precisamente el ntismo título del libro que
Antonio Machado atribuye a su " poeta apócrifo ...\l,cl ~lartin, conteniendo primitivas redacciones y variac.iooes-dcshcchadas, rehechas u olvidadas- mas con la primera intención de formar efectivamente un volumen
Ese texto se hallaba contenido en tres cuadernos; del primero se han
dado a conocer algunas páginas (insertas originalmente coa Cuadernos
Hispanoamericcwos, Madrid, números 11, 12, 20, 22 y 21, años 1949 y 1950)
y cu Clavileiío (número 33, 1955); los dos restantes parecen haberse extraviado definitivamente, con una valija que guardaba los manuscritos
de Antonio )lachado, al pasar éste la frontera, durante los trágicos días
de la salida de España, antes de llegar a Collioure, el pueblecito francés
clonde el poeta murió poros días clcspués, el 22 de febrero de 1939".
(Guillermo de Torre, Nota Preliminar ele L os Complementa1·ios"; pp. 7 y
8).

3.-Estns cartas fueron publicadas originariamente en Revista Hispánica
Modema, Nueva York, números 2 y 3-•I, abril y julio-octubre de 19j6.
Proceden del archivo de Don Miguel ele UuamunQ y fueron dadas a conocer por lllanuel García Blanco.
4.- En el volumen Los Complementa1·ios, publicado por Losada, S. A., se
afirma que In versión en prosa de "La tierra ele Al1mrgo11zález" fue pucada originariamente en la revista ,\l1111clfrtl, de París núm. 9 enero de 1912.
Segundo Serrano Poncela da la siguiente nota bibliográfica, en su obra
"Antonio Machado, su tiempo y su obra" "La tierra de Alvargonzále:.
l\lunlll., 1910 (Reproducido en Espi, agosto de 19~9. Cueuto-Jeyenda, que
contiene el tema de su romance del mismo titulo, compuesto años después. No está incluido en Obras Completas)". ¿Cuál de· las dos fechas
- 1910 ó 1912- es la verdadcra1 La versión en verso de "La tierra de
A.lvar·gonzález," apareció por vez p rimera en la edición de " Campos de
Castilla", ~ladricl, Renacimiento, 1912 y comprende la obra poética desde
1907 hasta ese año. Posteriormente se amplió hasta 1917, tal como se
deduce de la edición de Poesías Completas, Madrid, Residencia de Estucliautes, 1917. ~os inclinamos a creer que la fecha exacta de la publicación de la redacción en prosa es la de 1910. Sobre su redacción no tenemos datos concretos para aventurar una coujctura.
·
;;.- Segundo Serrano Ponccla, " Antonio Machado, su tiempo y su obra", Editorial Losada, S. A., Buenos Aires, 1954, 226 páginas.
6.-El autor se refiere exclusivamente a la versión en verso; los fragmentos
líricos, a los cuales hace alusión, apcuas si aparecen en la primitiva
versión en prosa como motivos poéticos que serim desarrollados más
tarde. Sin embargo, ya ea la versión en prosa se encuentran insinuados
ciertos temas liricos, que son estudiados más adelante.
7.-Scgundo Serrano Ponccla, op. cit., pp. 174-175.
8.-Indudablcmcntc, Machado se refiere al siguiente pasaje del Poema de
mio Cid:

�La tierra de Alvargonzálex

74

"Otro día mañana- piensa ele envalgar.
Ixiendos va de tierra -el Campeador leal,
de siniestro San Estevan,- un buena cibdad,
passó por Alcobiella- que de Castiella fin es ya;
la cal~ada de Quinea-ívala ll'aspassar.
sobre Navas de Palos- le Duero va pnssar,
a la Figueruela-mío Cid ivn posar".
Cito del texto del Poema preparado por Ramón Menéndez Pidal, según
aparece en la edición hecha por Alfonso Reyes [Anónimo, Poema del
Cid, decimaoctava edición, Colección Austral, Espasa-Calpe-,Argentina,
S. A., Buenos Aires, vol 5, 1956].

9.- Los Complementarios {"La tierra de Alvargonzález"J p. 87 y 89.
10.- Campos de Castilla, CXIV (La tierm de Alvargonzálcz) {Al poeta ,Tuan
Ramón Jiménez]. A..\l. Poesía Completas, Espasa-Calpe, S. A., sexta edición, Madrid, 19-16.

75

Juan Antonio Ayala

29.-Campos de Castilla, CXIII {Campos de Soria, VUJ, A:11., Poesías Comple. tas, ed. cit.
30.-Ibidem, VIII.

31.-Campos de Castilla, CX/l' (La tierra de A.lval'gonzález) [Otros ellas, III,
A'.\l., Poesías Completas, ed. cit.
32.-Soledades, IX (Orillas del Duero), A:\!., Poesías Completas, ed. cit.
34.-Los Complementarios, ed. cit. (II, Fabulaciones,) p. 92.
35.-lbidem, p. 93.
36.-lbidem, p. 93.
37.-lbidem, p. 83.
38.-lbidem, 11· 94.
39.-lbidem, p. 94.

11.-Id.

12.-Los Complementarios, ed. cit., II, [Fabulacionesh 11 89.

40.-Campos de Castilla, CXIV (La tierra de Alvargonzález) [El sueño, IV!,
AM. Poesías Completas, ed. cit.

1~.- Los Complementarios, cd. cit. II, !Fabulaciones!, p 100.

-11.-lbidem, !Aquella tarde ... , II).

H.-C&lt;Lmpos de Castilla, CXIV (La Tierra de Alvargonzúlez {La tierra, I\'j AM.,
Poesías Completas, cd. cit.
15.- Los Complementarios, ed. cit. II, JFabulacionesl, p 97.
16.-Los Complementarios, ed. cit. II, [Fabulaciones!, p. 98- Campos de Castilla, CXIV (La tierra de Alvargonzúlcz) !El viajero, VI, A:M., Poesfos Completas, ed. cit.
·

42.-Ibidem, !Aquella tarde ... IIIJ.
43.-/bldem, IEI viajero, VJ.
44.-Campos •de Castilla, CVIII (Un criminal), Al\f., Poesfos Completas, ed. cit.

11.-Los Complementarios, ed. cit. II, [Fabulaciones!, pp. 199 y 100.
18.-Los Complementw·ios, ed. cit. II, [Fabulaciones], pp. 100 y 101.
19.-Campos de Castilla, CXIV (La tierra de Alvargonzálcz) {Castigo, IIIJ. A.M.
Poesías Complel&lt;Ls, ecl. cit.
20.-Campos de Castilla, CXIV (La tfrrra de Alval'gonzálcz) IEI viajero, I y V],
A.M. Poesías Comple(as, ed. cit.
21.-Campos de Castilla, CXIV (La tierra de Alvargonzález) !Los asesinos, IIJ,
JUf., Poesías Completas, ed. cit.
22.-Campos de Castilla, CXIV (La tierra de A.lvargouz{1lez) !Los asesinos, IV
y VI, AM., Poesías Completas , ed. cit.
23.-Segundo Serrano Ponccla, op. cit., pp. 175 y 176.
24.-Peclro Lain Entralgo, Lct gener&lt;1ci611 del No11e11ta y ocho (Colección Austral, 784) , Espasa-Calpe Argentina, S. A., Bucrios Aires-)léxico, 194i.p. 24.
25.-Guillermo Díaz-Plaja, .lloderni.•mo frente a Xove11ta y Ocho !Una introducción a la Literatura espaliola del siglo X."XJ, Espasa-Calpe, S. A., Madrid, 1951, p. 226.

27.-Campos de Castilla, XCVIII IA orillas del Duero], Mf., Poesías Completas,
ed. cit.

28.-Campos de Castilla, CX."XI, AM., Poesías Completas, ed. cit.

•

�Alfonso Rongel Guerro

Alfonso Rangel Guerra/ La
novela de Carlos Fuentes

PRECEDIDA por una intensa propaganda, señalada como la mejor novela mexicana de los últimos años, comentada en numerosas revistas y periódicos literarios, La región más transparente, primera novela de Carlos
Fuentes, se distribuyó en las librerías entre el escándalo de unos,
el ataque de otros y el halago desmedido de muchos más. El resultado inmediato fue que la edición casi se agotó pocos días después de su aparición. No obstante, esto último no es en nuestro
medio un signo que permita afirmar la calidad de la obra, pero
hay que observar que tal situación es algo insólito en la historia
de las letras mexicanas que nacen, crecen y mueren ante la indiferencia general. al grado de que ediciones limitadas a quinientos
ejemplares, publicadas hace siete o diez años, todavía se consiguen con facilidad.

,

.

Sin duda que la novela de Carlos Fuentes debe ser considerada como una obra importante, porque se aleja de la tradicional forma de novela que se escribe en México. Alimentada
con técnicas extranjeras, lo tual · no es criticable por ningún ·concepto, maneja problemas, personas, ambientes y situaciones mexicanos. Para muchos lectores guiados por la propaganda y por el escándalo, éste será uno más de los libros que
abandonan después de iniciada la lectura porque su técnica lo
coloca entre las producciones literarias para públicos reducidos.
Probablemente esto sea un poco exagerado, pero es indudable
que el libro es dificil para el lector común.
- 76 -

77

En 460 páginas Carlos Fuentes maneja a voluntad el espacio y el tiempo de su novela, o mejor, los espacios y los tiempos, que son muchos. De esta manera, la lectura nos lleva a
cuadros y zonas ·que pertenecen al pasado o al presente, a este
o aquel lugar. Y sobre esta superficie cuadriculada que se lanza hacia todas las direcciones, el bajorrelieve del mundo exterior
y los mundos interiores de los· personajes. Puede decirse que
la forma es utilizada por Carlos Fuentes para reforzar el fondo; así la descripción del ambiente en casa de Bobó y la de
de las escenas de la época porfiriana. Todo esto hace pesada
la lectura del libro, en el que además no se establece con claridad el uso de las redondas y de las cursivas, estas últimas
utilizadas por lo general para estados de conciencia pero también
para narrar épocas pretéritas. En suma, la técnica de esta novela, aunque no es nueva en la literatura del siglo XX, sí es
novedosa en nuestras letras. Quizá si se hubiera manejado con
dósis más pequeñas se hubiera logrado un ~ejor resultado, pues
es una puerta abierta a todos los caminos y ciertas páginas -resultan verdaderamente pesadas, como la última parte de la obra,
llamada precisamente ''La región más transparente del aire", en
la que hay un intento de síntensis, una pincelada que quiere
abarcar el sentido de la historia mexicana a través de visiones,
referencias, nombres y dichos o mexicanismos, todo como río
de la conciencia.
Si se pregunta por la trama de la novela se puede contestar
que tiene muchas y ninguna. En verdad, no hay un hilo conductor que amarre en un determinado momento las mil caras
de la obra. Se quiere suplir esto creando una espesa red formada
por las vidas de los personajes, pero nos parece que no se logra
el propósito. Veamos: Gladys García, mujer de la calle, tm·o
un amante de nombre Beto. Éste, ruletero, es amigo de Gabriel,
bracero que regresa al país; con ellos se encontrarán después el
poeta Zamacona y Federico Robles. Rodrigo Pola tuvo en la
infancia un compañero de nombre Régules, mismo que apare~e
después como próspero abogado y causante directo de la condición última del banquero Robles. El ruletero que lleva a unos
jóvenes a la casa ·de Bobó es vecino de T eódula Moctezuma,
madre (?) de lxca Cienfuegos. Así puede irse rastreando la

�78

Lo novelo de Carlos Fuentes

relación que guardan todos estos personajes, que se juntan, se
alejan y vuelven a regresar al mismo punto. La intención del
autor fue presentar los últimos cincuenta años de vida mexicana, la del revolucionario y la del porfirista, la del estudiante y
la de la madre de clase media, la del nuevo rico y la de los banqueros, la de las prostitutas y la gente del pueblo, todo en un
gran crisol que nos diera la amalgama secreta del presente. Para
lograr esto 460 páginas no bastan, y cuatro veces 460 nos darían todavía una visión fraccionada de este medio siglo. Es por
esto que la novela tiene trozos tan espesos, porque la densidad
es mucha. Y como algo inexplicable, siendo tan reducido el
espacio hay páginas que sobran, páginas que no aportan nada
a la novela y que sí le afectan porque la dispersan. El contenido de La región más transparente era material para varias novelas, cuando menos para más de una. En la entrevista que le
hizo Elena Poniatowska, Fuentes afirmó que tiene en preparación dos novelas más. Es probable que el material de La región
más transparente, proyectado para dos o tres novelas, hubiera
tomado mucho tiempo, y así su autor nos la entregó en forma
total. Con esto los primeramente afectados fueron los mismos
personajes, fraccionados en un caleidoscopio que los mantiene
escondidos más del tiempo debido, mientras salen al frente otros
que no tienen ni pueden tener la misma importancia. Rodrigo
Pola (¿debemos colocarlo en la generación de Contemporáneos?)
queda sacrificado en el momento crucial en que sufre su transformación ; Federico Robles, después del desastre, desaparece de
nuestra vista: la familia Ovando pudo haber ocupado todo un
volumen ( con estos personajes alcanza Fuentes verdaderos aciertos, pero sacrificando muchas veces elementos esenciales) ; Norma Larragoiti se encuentra en iguales circunstancias. Y entre
los personajes, es necesario mencionar a Ixca Cienfuegos, figura
extraña y quizá simbólica pero sin lugar a dudas falsa completamente, como son falsas todas las situaciones que surgen por
su presencia. Al parecer, Cienfuegos cumple en la novela la
función de pretexto para dar a conocer las vidas de los personajes, quienes sin que nadie se los pida, cuentan su pasado a
Ixca Cienfuegos, que a su vez visita a cada uno a su debido
tiempo. Dice Rodrigo Pola: " M e instó (Cienfuegos) a que le
contara cosas de mi niñez" (pág. 23 7), pero lo cierto es que

Alfonso Rangel Guerra

79

Cienfuegos nunca se lo pidió, y sin que nadie sepa porqué, todos
se abren ante Cienfuegos sin que éste lo pida. De esta manera
es como nos enteramos de las historias de varios personajes, pero
quedan muy a la vista los cordones del escenario.
Es necesario mencionar que en cuanto al fondo de la novela, Fuentes se excede en el uso de colores fuertes, empezando
por el título mismo, cuyo sentido en el texto original de donde
se tomó es otro completamente distinto. A tal grado exagera
el autor que hace decir a Cienfuegos: " Aquí nos tocó. Qué le
vamos a hacer. En la región más transparente del aire" . Tal
parece que no puede concebirse un destino peor que el de vivir en la capital de México, que en estas páginas se vuelve
una rara conjunción de Sodoma y Gomorra. Es triste ver el
destino que el pesimismo de Carlos Fuentes ofrece a algunos de
sus personajes, concretamente a Rodrigo Pola que consigue un
triunfo sucio y deplorable. Página tras página, vemos que todas las gentes que pueblan esta novela, es decir las gentes que
pueblan la ciudad de México, están ayunas de algún signo positivo que permita entrever esperanzas. Negro sobre negro, el
paisaje no ofrece ninguna perspectiva.
Entrando en los detalles, vemos qu'e el autor utiliza giros
que no se justifican en un escritor. Palabras como poodle, penthouse, bri.quet, kissmequick, shimmy, coup-de-solei, y muchas
más, se pasean por el texto de la novela con gran naturalidad.
Injustificable también que escriba: "En la gayola, masticaban
muéganos" (Pág. 192), o " .. . y vuelven a agarrar la A venida
Revolución" (Pág. 214) , y todavía esto : " ... Cuando el estruendo de un camión materialista logró penetrar más allá"
(Pág. 419 ) . Cualquier palabra está justificada en boca de los
personajes, pero no en la pluma del autor. A propósito del lenguaje de los personajes recordarnos de nuevo la entrevista de
Elena Poniatowska y leemos que dice Fuentes : " La literatura
mexicana tiene el campeonato del eufemismo". Muy correcto.
Pero esto n o justifica que a cada momento se utilicen las palabras y maldiciones que sólo afloran en ciertas ocasiones. No lo
decimos porque se ataca la decencia o la moralidad. N o . Lo
mencionamos por que el impacto que podían dar a un determi-

�80

La novela de Carlos Fuentes

nado párrafo o diálogo del texto, se pierde cuando la palabra se
vuelve lugar común en la lengua y se liman sus asperezas.

Noticias
En resumen, la región más transparente, de Carlos Fuentes,
es una novela de contrastes, de grandes contrastes. Frente a páginas magníficas, otras malas, de mal gusto o de segundo orden.
Frente a personajes incompletos pero que podían haber sido importantes, otros de segundo plano ocupando primeros lugares.
Y además de contrastes, muchos excesos. Exceso en el lenguaje,
exceso en el número de personajes, exceso en la intención. Sin
embargo, es una novela que ocupará un lugar importante en la
historia de las letras mexicanas porque anuncia el principio de
un cambio que, en definitiva, será bastante saludable.

• El sábado siete de junio se declaró inaugurada la Librería
Universitaria, ubicada en el edificio de la Facultad de Filosofía
y Letras de la Universidad de Nuevo León. Asistieron a este
acto el Sr. Lic. Raúl Rangel Frías, Gobernador del Estado, el
Rector de la Universidad de Nuevo León y numerosos maestros
y alumnos de la misma· Universidad. Estuvo también presente
eu éste acto el Sr. Carlos Bosch García, Ge.rente de la Librería
Universitaria de la U.N.A.M. y eficaz colaborador en la creación del expendio de Monterrey.
La librería inicia sus actividades con el catálogo completo
de la Imprenta Universitaria de la U.N.A.M. en el que se encuentran muy valiosas colecciones: " Biblioteca del Estudiante
Universitario", "Cultura Mexicana" , Cuadernos de la Facultad
de Filosofía y Letras", " Bibliotheca Scriptorum Graecorum et
Romanorum Mexicana", etc. Ademá&amp;, se piensa tener en existencia -libros de otras casas editoras mexicanas y extranjeras como Fondo de Cultura Económica, Uteha, etc. En esta forma,
se ·ponen al alcance de maestros y alumnos de la Universidad
de Nuevo León numerosos textos y libros de consulta de difícil
adquisición, cumpliéndose así un servicio que ya hacía falta en
nuestro medio.
• La Escuela de Arte Dramático de la Universidad de Nuevo
León presentó en le Aula Magna, acondicionada ahora con clima artificial y un nuevo escenario, la pieza de Arthur Miller
La prueba de fuego o. Las brujas de Zalem. Bajo la dirección
- 81 -

�82

Noticios

de Lola Bravo, los alumnos de esta Escuela ofrecieron una representación que demuestra que el teatro experimental ha logrado en Monterrey un desarrollo insospechado. La obra difícil
de presentar y con más de quince actores en escena, permite afirmar que estos jóvenes pueden cumplir los propósitos que animaron la creación de la Escuela de Arte Dramático. Por otra
pt1rte es digna de elógio la actividad desarrollada en esta escenificación por Lola Bravo, ya que bajo su acertada dirección se
movió a los actores y se logró imprimir a la pieza un ritmo que
mantiene la atención del público durante los cuatro actos. Entre
los que sobresalen, debe mencionarse aquí a Rogelio Quiroga
como John Proctor, a Héctor Martínez como el Reverendo John
Hake, a Minerva Mena Peña como Abigail Williams y a Laura
Clotilde como Elisabeth Proctor. Anselmo González Zambrano
logra superar sus anteriores actuaciones.
El próximo estreno estará a cargo del Grupo Teatro Estudiantil Universitario que dirige Julián Guajardo, con la obra
La Cena de los Tres Reyes, de Víctor Ruiz Triarte.
• El día 26 de mayo de este año, tuvo lugar en el Oratorio
del Palacio del Obispado, Museo Regional de Nuevo León, el
noveno evento de " Poesía en. el Mundo" , programa que viene
desarrollando con alentador éxito la Asociación de Estudiantes
de Arquitectura del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Dicho acto estuvo a cargo de la Universidad de Nuevo León, representada por el Lic. Juan Antonio
Ayala, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma.
" Quinto Horario Flacco" fue el tema de este 9o. evento
de "Poesía en el Mundo". Fueron presentados en su idioma
original los siguientes poemas del poeta latino:

Noticios

83

• El Consejo Universitario reunido el día 16 del mes de mayo,
aprobó la creación del Centro de Estudios Humanísticos, organismo que estará orientado preferentemente hacia las labores de
investigación dentro de las ciencias humanísticas. El Centro de
Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León estará
patrocinado por el Gobierno del Estado, el Patronato Universitario y la misma Universidad de Nuevo León.
El proyecto para la creación de dicho Centro fue realizado
por los licenciados Agustín Basave y Fernández del Valle, Alfonso Rangel . Guerra y Juan Antonio Ayala, catedráticos de la
Facultad de Filosofía y Letras. El Centro de Estudios Humanísticos comenzará sus trabajos a través de las siguientes secciones: Filosofía, Historia y Letras.
• La asociación de Estudiantes Nicaragüenses de Monterrey
presentó el día 28 de mayo una exposición de interesantes documentos originales de Rubén Darío en el local de la Biblioteca
Cervantina del Instituto Tecnológico. En dicha exposición se
exhibieron, entre otros ejemplares, un volumen de la primera
edición de "Azul", cuatro cartas de Rubén, dos de ellas pertenecientes al archivo del polígrafo mexicano Alfonso Méndez
Plancarte y otros documentos de gran interés del poeta nicaragüense.
Al acto de inauguración asistió el Sr. Embajador de la República de Nicaragua ante el Gobierno de México y el Rector
de la Universidad Iberoamericana Dr. Manuel Pérez Alonso.
El P . Angel Martínez Baigorri pronunció una conferencia sobre " La personalidad poética de Rubén Darío y .el mundo actual", siendo presentado a la concurrencia por el Prof. Pedro
Reyes Velásquez.

1.-A Mecenas, Libro L Oda l.
2.-A Aristio Fusco: Libro L Oda. 22.
3.-A la fuente de Bandusia, Libro 111. Oda 12.
4.-A Torcuato, Libro IV, Oda 7.
5.- Dichoso aquel, Libro de Epodos, 2.
6.- Sátira, Libro L 9.

• El pasado mes de abril, la Academia Mexicana de la Lengua
designó a José Luis Martínez y a Celestino Gorostiza académicos de número. Ambos son bastante conocidos por sus actividades en la literatura y el teatro mexicanos. José Luis Martínez tiene en su haber la investigación de las letras mexicanas
en el siglo XIX, trabajos que han enriquecido la escasa bibliografía existente. Celestino Gorostiza ha servido al teatro me-

�84

Noticias

xicano tanto con obras propias. (El color de nuestra piel, etc.)
como a través del Departamento de Teatro del Instituto Nacional
de Bellas Artes. Los nuevos académicos ocuparán los lugares
que dejaron Antonio Mediz Belio y Alejandro Quijano.
• Doce pintores regiomontanos exhibieron su obra en las Galerías Excélsior de la ciudad de México. Este acontecimiento
es importante porque rompe la barrera que siempre ha existido
entre la providencia y la capital. Siempre es la ciudad de México
la que lleva a las ciudades de provincia un poco de lo que tiene
a manos llenas, pero casi nunca recibe aquella las muestras de
lo que éstas realizan. Por esto una exhibición de pintores regiomontanos en las Galerías Excélsior nos parece importante;
sin embargo, el crítico de un popular suplemento Hterario capitalino no lo vio así porque sólo dedicó a esta exposición unas
pocas líneas en las que englobó toda la producción presentada.
Así el suceso pasó desapercibido y llegó al conocimiento de muy
pocos.
• Leemos en el número 124 de La Table R onde de París: "Se
comienza, lenfamente, laboriosamente, a admitir en Francia que
la poesía americana de lengua española es una de las inás originales -se podría decir: una de las más originales- de nuestro
tiempo. Tiene al menos el prestigio de ser la expresión de un
pensamiento y de una sensibilidad que se oponen al racionalismo y a los valores habituales de cálculo y de equilibrio. Es
generosa en su petulancia, salvaje en su apetito, excesiva pero
singularmente calurosa en el movimiento turbulento de sus colores, de sus gritos, de sus trances. Para colmo, tiene la herejía
atávica de una civilización que no nos debe nada y que -es
tiempo de admitirlo con toda justicia- se ·coloca a un nivel
absolutamente igµal al de Egipto o al de Grecia. Su cosmogonía_. que no es muy diferente entre los Aztecas o los Mayas, se
f
expresa por 1magenes que a primera vista se pueden comparar
al surrealismo. Evidentemente es hacer un gran honor al surrealismo el acercarlo a la poesía de Octavio Paz, que es el poeta
hispanoamericano más importante de su generación, a la vez por
la amplitud de sus metaforas y por la novedad de una inspiración inquieta por conciliar los juegos de los elementos ancestra•

I

•

•

Noticias

85

les con una conciencia en la que el siglo tiene su parte inequívoca.
Las buenas traducciones de Jean-Clarence Lambert en A guila
o Sol (Ediciones de Pierre Seghers') permitirán al lector francés
tomar conocimiento de una trepidación y de una riqueza brillante que no cesan de sumergirnos en una suite ininterrumpida
de explosiones arrobadoras." Se incluye después un trozo en
francés de la poesía de Octavio Paz.
• El Departamento de Extensión Universitaria de la Universidad de Nuevo León estudia la posibilidad de crear un CineClub Universitario, en el que se exhibirían películas de indiscutible calidad y que por lo general no pertenecen ·a la distribución comercial. Para el efecto, se han comunicado con el Departamento encargado de estos asuntos en la Universidad Nacional Autónoma de México. De realizarse este proyecto en la
primera temporada del Cine-Club se exhibiría El acorazado
Potemkin de Einsenstein, una de las joyas de la cinematografía
mundial.

..

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Libros

Libros

FRANCISCO ANTONIO DE FUENTES Y GUZMAN,

Preceptos Historiales (Publicaciones del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala) Editorial del Ministerio de Educación Pública, C. A. - 1957, 150 páginas; 20' 5 x 15 c/ ms.

El Instituto de Antropología e Historia de Guatemala está
realizando un interesante trabajo editorial con el objeto de dar
a conocer ampliamente las labores de investigaciones a su cargo.
Entre sus más recientes publicaciones está la obra del capitán
Francisco An_tonio de Fuentes y Guzmán, Preceptos Historiales,
autor también de la famosa "Recordación Florida, discurso his-

torial, natural, material y político del Reyno de Guatemala" ,
enciclopedia guatemalteca que desgraciadamente quedó inconcusa y de otras interesantes obras relacionadas con la vida de la
Colonia en el siglo XVIII. Para la publicación de los Preceptos
Historiales, el Instituto de Antropología e Historia de Guatemala se ha servido del manuscrito que se encuentra actualmente
en la Biblioteca Palafoxiana de Puebla de los Angeles, México,
· cata. "Casilla 38, libro 18, piso 3o"; estuvo ~ncargado de la
paleografía del. mismo el Dr. Enrique Berlín, investigador del
Instituto y de su edición y estudio preliminar el Sr. Ernesto
Chinchilla Aguilar. Don Carlos Samayoa Chinchilla, Director
de la misma Institución, escribió las palabras prologales bajo el
título de " Recordando a Fuentes y Guzmán".
"Este nuevo y sorpresivo volumen -afirma Samayoa
Chinchilla-· que nos lega don Francisco Antonio de Fuentes
y Guzmán amerita un profundo y minucioso estudio que
- 86 -

8in duda harán más tarde los historiógrafos en consideración
a su indiscutible valor histórico, ideológico y literario". Fuentes
y Guzmán está considerado como uno de los más destacados
preceptistas históricos dentro de las letras hispánicas. Apegado
como todos sus antecesores a las ideas y metodología del Renacimiento, sin embargo su obra no· es una mera compilación de
materiales ajenos, sino que, como afirma Chinchilla Aguilar:
" Los Precceptos han de considerarse como obra elaborada e integrada cuidadosamente por Fuentes y Guzmán. El recibió materiales preciosos de la venerable antigüedad y de sus contemporáneos, y supo presentarlos en una estructura orgánica. Formó
un cuerpo de doctrinas historiográficas con arreglo a su personal
concepción, en cuyo auxilio llegaron las ideas de otros autores,
que le sirvieron para dar autoridad a sus opiniones propias. En
la época, no se concebía otra forma de doctrina, que aquélla que
tuviese la garantía de los grandes maestros antiguos".
Los Preceptos Historiales presentan una teoría general acerca de la historia y sus métodos directos de elaboración, a través
de seis tratados que abarcan las siguientes materias: Partes definibles de la historia -Partes potenciales de la HistoriaPartes integrantes de la historia- Del estilo de la historia y
diversos pormenores acerca de casos particulare~ o modalidades
en su técnica.

ROGER V AILLAND: La Loi Goncourt 19 5 7. Gallimard, París, 19 5 7.

J. A. A.

(La Ley) Premio

La Academia Goncourt otorgó una vez más su Premio anual
a una obra del tipo que pudieramos llamar acostumbrado: obra
bien hecha, para un público poco exigente y, esta vez, novela
de un italianismo barato pero no sin encanto. " La ley" es un
juego que se practica, se dice, cerca de Nápoles y en todas las
tabernas de la Italia del Sur. El ganador designado por los dados, habiendose encontrado un ayudante, impone su ley a los
otros jugadores hasta que se acabe el frasco de vino pagado por
los perdedores. " Los dos ganadores tienen derecho a decir o no

�88

decir, a interrogar, y a contestar en vez del acusado, a injuriar,
a insinuar, a maldecir, a calumn"iar ... ; los perdedores que sufren la ley, tienen el deber de sufrir en silencio e ínmobilidad.
Tal es la regla fundamental del juego de "La Ley" . Juego
cruel, que puede ser salvaje, y que simboliza otro tan feroz,
otra ley que los habitantes de un pequeño puerto italiano se
imponen mutuamente según los deseos apasionados que anima
en ellos la vida del amor. Pero de un amor fuerte y bastante
sazonado, por encima del cual brilla el solleone, el sol-león, que
pone fuego a toda esta banal historia de adulterio, de virginidad, de robo y de costumbres feudales. Todos los episodios se
encadenan bien para que olvidemos que, al fin y al cabo, y a
pesar de la pintura de detalles pintorescos, se trata sobretodo
de las desverguenzas de una doncella . . . y de todas las maniobras para que no lo quede. Al movimiento rápido y agradable
de los episodios, Roger Vailland añade su marca personal: un
erotismo fino e intelectual que viene del Siglo XVIII, y dones
de _pintor que hacen de los títeres de esta comedía unos personaJes muy colorados, y atractivos: Mariette, la doncella Giusep~ina, otra doncella, más perversa, Donna Lucrezia, esposa
del Juez, Matteo Brigante, maestro oculto de la ciudad, y sobretodo Don Cesare, hombre rico, potente y feudal. En cuanto al
arte formal del autor, es honesto, pero algunas veces no a la
altura de la truculencia de las aventuras. Otras veces al contrario, _neto_ y ,cl~ro, vivo y ligero, no hablaremos de sus negligencias smtact1cas. En resumen, un libro atractivo, interesante
por sus cualidades de vida y los colores vivos de sus episodios.

89

Libros

Libros

ciones, la reciente publicación del poema "La Joven Parca" por
Octave Nadal es el evento literario de los últimos meses Y una
obra indispensable a todos los amantes del poeta. La lujosa
edición del Club del Mejor Libro, además de un estudio ·crítico
de los documentos, nos presenta en fac-simile el manuscrito autógrafo del poema, el texto de la edición de 19 4 2, los sucesivos
estados y numerosos borradores hasta ahora no publicados. Entramos así en la génesis de la obra en la cual e~ poeta estaba
más interesado, acumulando proyectos y estados imperfectos.
Esta penetración en la intimidad de la creación es una de las
· más altas lecciones poéticas. El gran valor de la introducción
de Octave Nada! está en un deseo constante de despojar al poeta
del formalismo polvoriento de ciertos estudios escolares, y de
dar al poema pretendido oscuro de "La Joven Parca" su verdadera y límpida significación: " Se ha a_dmitído, y muchas. veces
puesto a la luz en (a Joven Parca, el objeto constante de la reflexión en Valery: la conciencia en la conciencia. El carácter dramático del poema detuvo mucho menos la atención" . El texto
perfecto del comentario nos permite seguir paso a paso la significación profunda del poema. Es uno de los raros comentarios
que no quitan nada a la poesía, y que, al contrario, la sostienen
magníficamente. ¡Pueda esta pertinente edición crítica suprimir
la idea errónea de un Valéry oscuro y reservado a un círculo
reducido de especialistas o de profesores! Entre los grandes poetas del siglo XX, es una de las luces más briHantes y más her-

' '

1

mosas.

S. D.

S. D.
M. MARVLI DAVIDIADIS LIBRI XIV [e codice taurinensi in lucem protulit] Miroslauus Marchouich (Emeritae,
Typis V niuersitatís, MCMLVII).

PAUL VALÉRY: La Jeune Parque· (La Joven Parca). Presentado y comentado por Octave Nadal, profesor de la
Sorbona. Club du Meilleur Livre, París, 19 5 8.
Desde unos años la obra del gran poeta francés es una de
l~s que sucitan más ediciones, más comentarios, y la publicación
de un gran númreo de textos. inéditos. Entre las distintas edi-

.

.

La Direccíón de Cultura de la Universidad de los Andes,
Mérida (Venezuela) ha incluido én la serie de sus publicaciones (No. 62) la edición del poema latino " La Davidíada" , del
humanista del renacimiento Marco Marulo, cuyo manuscrito
inédito, hasta hace poco, posee la Biblioteca Nacional de Turín.

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Libros

Libros

MACHADO, ANTONIO, Los Complementarios (y otras
prosas póstumas) (Editorial Losada, S. A. Buenos Aires, 19 5 7,
Colección Contemporánea), 248 pp.

La edición ha estado a cargo del Dr. Miroslav Marchovich,
destacado investigador yugoeslavo en el campo de la tradición
clásica griega y latina y de las lenguas indias, actualmente profesor de latín y griego en la Universidad de los Andes. El prof.
Marcovich presenta un trabajo impecable y definitivo al dar a
conocer este manuscrito inédito, ya que ha tenido la oportunidad de trabajar sobre el mismo original escrito de mano de
Marulo; en el prólogo se dan las explicaciones pertinentes tanto
al autor como al contenido del poema; al final del libro se
incluyen las concordancias entre el Antiguo Testamento y la
Davidíada y un Index rethoricus ; finalmente esta edición está
acompañada de un apéndice: Vita Marchi Maruli Spalatensis,
per Franciscum Na-talem conciuem suum composita, documento
que nos da a conocer la personalidad de Marulo, escrito por un
contemporáneo suyo. Acompañan a esta edición veinte reproducciones facsimilares del manuscrito de Turín.
Marco Marulo ( 1450-1524) fue un humanista del renacimiento, croata de origen, que era conocido principalmente por
sus tratados De institutione bene uiuendi p_er exempla Sanctorum, Euangelistarium y el poema religioso-ético Judith. Hay
muy pocas referencias a su obra, por lo menos en la bibliografía española que ·se refiere a la obra de los latinistas del renacimiento; en una obra de Ja importancia tan grande como la de
" La Tradición Clásica" de Highet, no se hace ninguna referencia directa a él ; solamente se le cita al ha blat del poeta Ronsard
[" El vocabulario de Ronsard es límpido y gracioso ( con una
desafortunada afición a los diminutivos, que había aprendido
en Marulo"), op. cit. vol. L p.370, traducción española de Antonio Alatorre. Fondo de Cultura Económica, México, 19 54].
Con esta edición de la Davidiada, hecha en un país de habla
hispánica por vez primera, se da un aporte de alta significación
a los estudios clásicos.
Queremos destacar en esta breve nota la admirable presentación tipográfica, así como todo el aparato crítico y las guías
de referencias y fuentes; todo ello ha de contribuir a que este
volumen sea un magnífico instrumento de trabajo en manos
de los estudiosos.

J. A. A.

91

l.

Un nuevo volumen viene añadirse a las Obras Completas
de Antonio Machado, publicadas por la Editorial Losada, S. A.
de Buenos Aires, con el cual, en cierto modo, se completa la
edición de toda la producción del poeta de Campos de Castilla.
La recolección de todo el material disperso que integra el volumen que comenta~os ha estado a cargo del distinguido escritor
español Guillermo de Torre, lo mismo que la nota preliminar
explicativa. El mismo G. de T. se anticipó a la aparición de
Los Complementarios, con una nota que apareció en el suplemento dominical del diario Novedades, México en la Cultura
(No. 461, segunda época, 12 de enero de 19 5 8 ) . El contenido
de este volumen es el siguiente: L Los Complementarios (Apuntes-Notas sobre 1a poesía -Divagaciones y apuntes sobre la
cultura- Cancionero apócrifo, doce poetas que pudieron existir) ; IL Fabulaciones (Fragmento de pesadilla -Gentes de mi
tierra- La tierra de Alvargonzález); III. Un discurso (Discurso de ingreso en la Academia de la Lengua) ; IV, Artículos,
Conferencias y Cartas (Los trabajos y los días- Sobre literatura rusa - Sobre una lírica comunista que pudiera venir de
Rusia- El condenado por desconfiado -¿Cómo veo la nueva
juventud española?- Pedro de Zúñiga, poeta apócrifo-- Unamuno, político) ; V, Cartas a Unamuno (nueve cartas de A.M.
a M. de U. ) y VI. Desde el mirador de la guerra (Notas inactuales, a la manera de Juan de Mairena -Mairena póstumo-Desde el mirador de la guerra --Saavedra Fajardo y la guerra
total- Para el Congreso de la Páz - Atalaya- Viejas profecías de Juan de Mairena- Desde el mirador.de la guerra -Miscelánea apócrifa- Desde el mirador de la guerra y España renaciente).
Consideramos que la parte más importante del volumen
que comentamos son las nueve cartas de A. M. a Miguel de Unamuno. Estas cartas habían sido publicadas con anterioridad por
Manuel García Blanco en Revista Hispánica Moderna, Nueva
Y0rk, números 2 y 3-4, abril y julio-octubre de 1956, y nos

�•

92

Libros

dan un aspecto nuevo de A. M., hombre religioso, pensador y preocupado por una España ideal que él, junto con
Miguel de Unamuno, querían hacer desde el retiro de Baeza
y Salamanca. Son una prolongación extraliteraria y sincera del
hombre que, como Unamuno, no podía, a causa del medio ambiente, expresar con entera libertad lo que pensaba de una España mediocre y obtusa que había declarado la guerra a la inteligencia y a la sinceridad. Transcribimos el siguiente párrafo
de Guillermo de Torre, acerca de esta correspondencia: "En este
sentido las nueve misivas de Antonio Machado a Miguel de
Unamuno que reproducimos en este tomo, asumen una importancia reveladora y valen por muchas páginas autobiográficas.
A ellas deberá acudir quien pretenda reconstruir e interpretar
verazmente la atmósfera que rodeó al primero, cuando superando los análisis exteriores y formales, se quiera situarle en su
medio y en su circunstancia histórica ... Unamuno, Machado ...
¡Qué extraordinaria, qué apasionante confrontación de dos grandes espíritus! ¿Era tan grande su identidad, tan estrecha su
sintonía espiritual o acaso Antonio Machado se unamuniza un
poco al dialogar con don Miguel? ... Sin necesidad de apelar al
trujamán de ningún poeta apócrifo,_ A. M. se desnuda aquí con
absoluta sinceridad ante su maestro y corresponsal. Según se
advertirá en varios pasajes, las "gotas de sangre jacobina" --de
que hablaba el poeta en su autoretrato-- conviértense ahora en
torrentes''.

Una imagen nueva, con destellos desconocidos, de un A.M.
inédito, nos ofrece este volumen de la Colección Contemporánea
de Losada; documento vivo que, no dudamos, a de ampliar el
conocimiento de uno de los más grandes poetas de lengua castellana de los últimos tiempos.

J. A. A.

JUAN RUIZ DE ALARCON: Obras Completas, I (Los

favores del mundo, La industria y la suerte, Las paredes oyen,
El semejante a sí mismo, La cueva de Salamanca, Mudarse por

Libros

93

mejorarse, Todo es ventura, El desdichado en fingir y Los empeños de un engaño) 1022 pp. Fondo de Cultura Económica,
Biblioteca Americana, México, 19 5 7.
Concluida la publicación de las Obras Completas de Sor Juana Inés de la Cruz, el Fondo de Cultura Económica ha emprendido la de las Obras Completas de Juan Ruiz de Alarcón, edición de urgente necesidad para los estudiosos ya que hasta el
presente era muy difícil trab.ijar sobre textos críticos de las obras
del gran dramaturgo mexicano. El Fondo de C. E. consciente
de la importancia de esta publicación, encomendó el trabajo de
revisión de textos, comentarios y anotación de pasajes dudosos
al eminente polígrafo e investigador Dr. Agustín Millares Cario, profundo conocedor de la literatura española del Siglo de
Oro y de todas las fuentes bibliográficas que concurren en los
autores de dicha época.
Este primer tomo de las Obras Completas de Ruiz de Alareón contiene exclusivament~ comedias. Está prologado por Alfonso Reyes, prologuista obligado de esta edición definitiva, ya
que sus estudios alarconianos han constituido, junto con los de
Pedro Enríquez Ureña, Julio Jiménez Rueda-y Ermilo Abreu
Gómez, el más grande aporte de la crítica moderna para el enriquecimiento de las letras mexicanas. Casi todos estos estudios
de A. R. aparecen reunidos en el vol. VI de sus obras Completas. En el prólogo, A. R. traza una breve imagen de Ruiz de
Alarcón y valora su importancia dentro de las letras hispanoamericanas. Por su parte Millares Cario, hace una introducción
general a la vida y obra del mexicano, fijando especial importancia en las cuestiones bibliográficas. Al frente de cada comedia aparece una noticia de M.C., con referencias a ediciones originales y a las principales variantes. Las notas van agrupadas
al final y son un verdadero compendio de finura en la crítica,
de perspicacia en el crítico para seguir las influencias, referencias
a autores clásicos y demás fuentes literarias y poéticas.
Resulta ocioso destacar la importancia que, en las tareas de
investigación y crítica, ha de tener esta edición definitiva de R.
de A.; una de las dificultades con que tropieza frecuentemente
el investigador en la falta de textos auténticos y también el difícil

�,.

94

Libros

acceso a los archivos y bibliotecas especializadas ; el trabajo sobre
textos adulterados, sin un sentido original, alejan al crítico del
pensamiento del autor a quien estudia. Ruiz de Alarcón a pesar
de ser uno de los autores clásicos más editados en toda clase de
ediciones y colecciones, era de los autores cuyos textos presentaban grandes divergencias con las ediciones príncipes originales.
El Fondo de Cultura Económica, al realizar ·esta empresa, pone
ante las manos del investigador un instrumento de trabajo de
alto valor científico.
J. A. A.

BORGES, JORGE LUIS, El Aleph (Volumen VII de.
las Obras Completas de) Emecé Editores, S. A ., Buenos Aires,
1957.
Bajo el título hebraico de este volumen, Jorge Luis Borges, incansable en la creación de luminosas ficciones, vuelve al
tema de la fantasía y la construcción de grandes metáforas estéticas. La filosofía esotérica que, a través de toda su obra literaria, desenvuelve con gallardía el constantemente insatisfecho
de sí mismo, el Borges de Ficciones, Historia de la Eternidad,
Historia Universal de la Infamia, Discusión y Evaristo Carriego,
toma en las páginas del volumen que hoy nos ocupa un giro diverso y al mismo tiempo idéntico que en los anteriores. La
temática, mundo íntimo o prec;,cupación del creador, persiste con
una insistencia sorprendente y reiterativa en los cuentos que integran El Aleph : el problema del tiempo, de la eternidad, de la
comprensión universal de las cosas a través de símbolos irreconciliables con la ficción de la realidad. El Aleph fue publicado
en 1949, y la edición presente lleva una postdata de 1952, en
la cual J . L. B. explica las ampliaciones, añadiduras y algunas
de las fuentes principales de las narraciones que lo componen.
Destacan, por su interés y por la fuerza de la exposición, las
siguientes: El inmortal, traducción ficticia de un manuscrito, en
el cual se relata la búsqueda de una ciudad donde moran los
inmortales y el reencuentro consigo mismo en las figuraciones

Libros

95

del pasado; Los teólogos, es el odio entre los teólogos Aureliano
y Juan de Panonia, los cuales ante Dios son la misma persona ;
La casa de Asterión, rememoración de la leyenda del minotauro
cuyo secreto sólo se nos revela al final del relato; Deutsches
Requiero, simbolismo aterrador de la conciencia nacista, justificación, ante la muerte inmisericorde, de los crímenes cometidos
con la disculpa de una filosofía racial, la filosofía del superhombre ; La Busca de Auerroes, nos retrotrae a la época en que
los eruditos sabios estaban descubriendo la filosofía de las escuelas griegas ; A verroes anda tras el concepto de tragedia y comedia, géneros desconocidos en el mundo árabe; El Zahir, es
un trozo autobiográfico del Borges porteño, es una anécdota
tejida alrededor de una misteriosa moneda marcada que llega
a manos de Borges después de asistir a un velatorio y que llega
a transtornar toda su vida.
El último cuento de este tomo de las Obras Completas de
J. L. B. y que da nombre al mismo, es El Aleph; El Aleph,
primera letra del alfabeto hebraico, tiene, en la literatura bíblica, un sentido misterioso, simbólico; Borges, en su vuelo creador, da al Aleph un poder transformador de la realidad e interpretativo de la vida ; a través de el Aleph, materializado en
una piedra del rincón de una escalera, se puede contemplar el
mundo, el pasado, el presente, el futuro ; las cosas posibles y los
absurdos; los entes y los semientes del trasfondo de . la existencia. Al final del relato, se pregunta Borges: "Existe ese Aleph
en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las
cosas y lo he olvidado ? Nuestra mente es porosa para el olvido ;
yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión
de los años, los rasgos de Beatriz".

J . A. A.

EDMUND WILSON: Literatura y Sociedad. " Sur" . Buenos Aires, 1957.

Editorial

Conocido entre los lectores de habla española por su libro
sobre los rollos del Mar Muerto (Breviarios del Fondo de Cultura Económica), Edmund W1lson es presentado por la Edito-

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Libros

rial Sur con su colección de ensayos titulada en inglés The
Triple Thinkers. Diez trabajos en total sobre otros tantos autores o problemas relacionados -con la cultura literaria.

Bernard Shaw, Ben Jhonson, el marxismo y la literatura,
son los ensayos que completan el libro, así como el titulado
"Recordando a Mr. Rolfe" . Se refiere a su profesor de griego
en The Hill School, y revive además la época de su escuela preparatoria. Además de los recuerdos y las anécdotas, encontramos aquí un interesante trabajo sobre el estudio de los idiomas
clásicos y su importancia en la formación del hombr~ de letras.

Entre los primeros, titulado "¿ Sucumbe la técnica del verso?", encontramos valiosas conclusiones sobre el viejo problema
de la prosa y el verso, enfocado desde un ángulo interesante y
siempre olvidado por los críticos: la importancia que tuvieron
como expresión, en diversos períodos, estas dos formas, respondiendo a una determinada necesidad que probablemente desapareció en épocas posteriores. Whitman, Flaubert, Sandburg,
Proust, Joyce, Lawrence, son autores cuyas obras vemos aquí
mencionadas para corroborar cíerto proceso o cierta evolución
que ha sufrido la producción literaria. "Para apreciar a Virginia
Woolf -dice- ¿no debemos tener en cuenta que trata de hacer
lo mismo que han hecho otros escritores en. verso, antes que
buscar su semejanza con Jane Austen o con George.Elliot?"

A. R. G.

CARMELO BONET: La técnica literaria y sus problemas.
Compendios Nova de Iniciación Cultural. Editorial Nova. Buenos Aires, 19 5 7.

"¿ Es posible enseñar el arte de escribir? " Con esta pregunta inicia su libro Carmelo Bonet, autor de Apuntaciones sóbre el arte de juzgar y Escuelas literarias. Es notorio que una
respuesta afirmativa restaría seriedad a este estudio, que sólo
pretende transmitir los secretos del oficio, la técnica, le métier.
Aclarado este problema que muchos libros de naturaleza semejante no deslindan y que por lo tanto son vistos con desconfianza , la lectura de estas páginas es interesante y útil. Interesante por los puntos de vista del autor sobre d~terminadas si,
tuaciones caracteristicas del trabajo literario, y útil porque efectivamente se estudian aquí los diversos aspectos del oficio.

Las ideas políticas de Flaubert es otro de los temas que
trata en este libro. Visto como glorificador del arte literario,
como escritor preocupado solamente del oficio, Flaubert es presentado aquí como un literato interesado por los problemas sociales, manejando para el efecto su correspondencia y alguna de
sus obras, sobre todo Bouvard et Pécouchet, obra inconclusa
pero que sin embargo ocupó gran parte de su vida.
En este libro encontramos un largo estudio de un escritor
norteamericano casi desconocido, o quizá totalmente desconocido del lector hispanoamericano: John Jay Chapman. Justamente el problema que trata de desentrañar Wilson es el por
qué un autor que en su época fue figura conspicua y ahora comentado y estudiado, permaneció durante mucho tiempo ignorado por los lectores, aun sus contemporáneos. Periodista, escritor, crítico, Chapman demuestra, por los trozos que incluye
Wilson en su ensayo, una agudeza, un juicio poco comunes que
las más de las veces le produjeron problemas. Activo en la vida
política, toma una viva participación en los sucesos de fines de
siglo, y vive la segunda parte de su larga vida alejado en cierta
forma de los intereses que en su juventud lo impulsaron hacia
esas actividades.

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Libros

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l

La invención, el plan y la elocución son los tres momentos
por los que debe pasar todo trabajo de tipo literario. Sobre
estas tres bases desarrolla Bonet un buen número de páginas,
utilizando para el efecto ejemplos que robustecen o sitúan en su
lugar cada afirmación. En realidad, cuando se ha pasado por estas
tres etapas se ha llegado al fin del trabajo, y sobra mencionar
aquí que las fórmulas o procedimientos que desarrolla Carmelo
Bonet no sirven para cubrir o completar las deficiencias personales. La pregunta que hace al principio puede contestarse afirmativamente, pero con muchas reservas. Es decir, no debe buscarse aquí la fórmula para convertirse en escritor porque esta
condición se posee o no se posee. Sólo aquellos que tienen vo-

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Libros

cación o naturaleza de escritor pueden sacar algún provecho de
la experiencia.
El clasicismo, la claridad y el hermetismo, así como otros
muchos problemas afines al oficio literario, son tratados como
complemento después de exponer el camino que se debe seguir.
En las últimas páginas del libro se hace referencia a los
neologismos y localismos y su aplicación en el texto escrito.
Esta parte final tiene interés sobre todo para lectores argentinos,
ya que la mayoría de las palabras aquí citadas son las que se
hablan en el país donde se hizo la edición. Los porteñismos
son muchos y llegan a nosotros a través del cine o de los libros :
··biyuca" significa dinero ; " pituco", afeminado; "chamuyo" ,
charla ~ ·'pibe" , niño y muchas más que sería largo enumerar.
¿Es admisible el empleo literario de vulgarismos jergales? Bonet
pregunta y se contesta él mismo: "Lo es y no lo es: depende
de la naturaleza del trabajo. En un discurso académico, en una
comedia de salón, en una página idealista, resultarían -aunque
todo es convención- intolerables."
A. R. G.

�EN EL PROXIMO NUMERO:
Richard H. Rovere:
. El caso de Ezra Pound
Jorge Artel:
El Choco, nueva versión de
"El Dorado"
Un cuento de H. R. Lenormand:
Fidelidad
Seymour Menton:
Influencias extranjeras en
· las obras de F. Gamboa
Serge Darmon:
La novela
.Y otros trabajos de:
Hugo Padilla, Israel Cavazos, Salomón -González Almazán, etc.

Noticias

* L·i b ros

1

�</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Alfonso Rangel Guerra</name>
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        <name>Salomón González Almazán</name>
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                    <text>Revista de la IJaivenldad de Naevo Leé■

Alfredo A. Roggiano, Pedro Henríquez Ureña y la

novela • Juani La S ri

ifícil luz • Seymour

en las obras de Federico Gamboa • Rugo

a, Egida de la Luz •

Richard H. Rovere, El e o e E~ra Pound • Ale-

jandro Ramírez, Cer n

arios Quinto • Rosa-

rio Gamboa de River11.1~-.wa Sergio Fernández •

Noticias • Libros.

JULIO / SEPTIEMBRE DE 1958

ARO 1 /

Segunda Epoca

��Revista de la 'Gniversidad de :K uevo León
Año 1, No. 3

Julio/ Septiembre de 1958

Segunda Epoca

SUMA R IO
Alfredo A. Roggiano, Pedro Henríquez Ureña y la Poesía 5
Arturo Cantú, Poemas ----------------------------------- __ 22
Serge Darmon, La novela ----------------------- ---------- 25
Juanita Soriano, Difícil Luz ------------------------------ 33
Seymour Menton, Influencias extranjeras en las obras de

Federico Gamboa ------------------------------------- 35
R ugo Padilla, Egida de la luz ---------------------------- 51

MYIEfRAS

Richard H. Rovere, El caso de Ezra Pound ______________ 56
Alejandro Ramírez, Cervantes y Carlos Quinto

72

(Registro en t rámite)

Rosario Gamboa de Rivcro, Carta a Sergio Fernández ____ 79
PRECIO DE SUSCRIPCION
UN ~O (cuatro númer os)

Noticias -- ------------------------------------------------- 82
Dirección

Eu México: Veinte pesos

Washington y Colegio Civil

Otros países: Dos dólares

Monterrey, N. L., México

Libros -------------------- --------------------------------- 85

�,.

Aifredo A. Roggiano /
•

'
♦

•

PEDRO HENRIQUEZ UREÑA

Y LA POESIA

EN

DOS aspectos vamos a dividir las.
relaciones de Pedro Henríquez Ureña con la poesía: primero,
el que se refiere al creador, y segundo, el que se refiere al crítiro. Dl este último podemos obtener algunas consideraciones de carácter general y técnico que, si bien no formulan específicamente una doctrina sobre la poesía o la literatura,
nos permiten conocer la actitud teórica de Pedro Henríquez
Ureña y, más concretamente, su aplicación práctica.
EL POETA
Pedro Henríquez Ureña quedará perpetuado en la historia de nuestras letras con el perfil del humanista, del extraordinario erudito y sabio ordenador de la cultura de la América hispánica. Y, sin duda, a medida que· pase el tiempo y
se comprendan los ingentes beneficios de su inagotable saber,
e-ste aspecto de su personalidad surgirá cada vez más nítido y
terminará por recortarlo y fijarlo definitivamente. El mismo
Pedro Henríquez Ureña parece contribuir a esta consideración
póstuma, no sólo con el ejemplo de sus obras, sino también
con expresas confesiones personales. Por ejemplo, en 1922,
en un homenaje a José Vasconcelos realizado en la Argentina,
dice: "Como mi dedicación principal es la literatura, y, dentro de la literatura, más que producir cosas mías, admirar
las ajenas, ..." 1
En su educación más temprana encontramos confirmada una
dualidad vocacional que fluctúa entre la poesía y la ciencia.2
Américo Lugo, quien en 1907 lo admiraba como "el mayor poeta de la última generación"3, con motivo de la muerte del
maestro, escribió:
-5-

�Alfredo A. Rogglano

Pedro Henriquez Ureña y la Poesía

6

literaria o como creador de formas imaginativas como el teatro y el cuento, tan elogiados por la crítica.7 Alfonso Reyes,
otro admirado maestro, poeta y sabio ejemplar, al evocarlo
en el más bello y emocionado retrato escrito sobre la personalidad de don Pédro, se lamentaba en 1946 de no conocer
bien los versos de su entrañable amigo, pero elogiaba la creación poemática de El nacimiento de Dionisos. 8 Y Raimundo
Lida, tan agudo siempre, nos hace esta comparación reveiadora: "No es casualidad que entre los cuentos que escribió,
haya alguno -para niños- no inferior a los admirables de
Martí":9 Por su parte, Enrique Anderson Imbert, si bien sostiene que el ensayo crítico "es el sello más visible de su obra",
reconoce: "Pero era también un escritor de imaginación y sensibilidad: versos de sabor modernista, prosas poemáticas, descripciones de viaje, El nacimiento de Dionisos (1906) [sic;
véase nuestra nota 81, "ensayo de tragedia a la manera antigua", hermosos cuentos. No escribió en esta vena bastante
para incorporarse a una historia puramente literaria. Sin embargo, su sentido de la forma artística se estampó en todo lo
que escribió, aun en sus trabajos de rigor técnico. Tenía una
prosa magistral en su economía, precisión y arquitectura". 10
Julio Caillet-Bois también exalta la precisión y belleza de
esta prosa. 11 En cuanto al "modernismo" de Pedro Henríquez
Ureña, su hermano Max ya había adelantado en 1945: HUna
de las primeras poesías genuinamente modernista, si no la primera, de un autor dominicano, fué 'Flores de Otoño' ".'2 Al
estudiar al crítico veremos cuál fué la verdadera actitud de
nuestro autor con respecto al modernismo, según sus propios
textos.

Pedro creció bajo profético influjo. Fluctuó primero
entre dos mundos: la ¡¡oesfa y la ciencia. Pagó tributo a
la estirpe materna y fué musageta en 'Lo Inasequible' y 'Al
Mar', en 'l&lt;'lores de Otoño' y 'Mariposas Negras'; pero rindióle al fin el pujante temperamento paterno, y ya en 190 5 era
el más notable crítico dominicano. 4

Pero nos parece más justa la conclusión a que arriba su
amigo y albacea testamentario Emilio Rodríguez Demorizi:
Si Pedro Henrfquez Ureña vivió en el mundo de la ciencia -de la ciencia literaria, preferentemente- nunca estuvo
ausente de los altos reinos de Apolo: pervivían en él las inquietudes espirituales de la infancia, el dulce acento apostólico de la madre, parte enseñanza y parte poesía. Que toda
la sabiduría y todos los caminos del conocimiento y de la
vida tienen por meta esa luz única. s

Y en páginas anteriores:
La poesía es el ensueño de la, mañana de las grandes
vidas; contiene en sombras todas las realidades futuras de la
existencia. . . ¡ Desgraciado el que no ha sido poeta una vez
en su vida! Estas bellas palabras de Lamartine parecerían
escritas para Pedro Henrfquez Ureña, porque el sabio humanista, el maestro de disciplina tan áspera como la filología,
se inició en las letras como poeta. Antes de cosechar, con
manos de filósofo, los maduros frutos del pensamiento, cultivó en sus -huertos interiores la flor de la poesía. Y fué
siempre poeta: en lo hondo de sus escritos, aun en la parquedad de la frase en que ocultaba su emoción hay esa poesía recóndita que es quizás la más pura expresión del don
divino.
Su fuente de gracia la halló en el seno de la madre poeta, da la excelsa Salomé Ureña; reposó la infantil cabeza sobre el corazón de la más egregia mujer dominicana; aspiró
los hálitos de la poesía en el ambiente de la esclarecida casa
solariega. Al despertarle, en la dulce mañana los versos maternales, cantó también. Había de ser _poeta donde asentaba su reino la poesía. Dentro del verso conoció el sentido de
las palabras y en ellas puso, con pasmo de todos, el juvenil
espíritu. Así nacieron sus versos, antes de los días alcióneos
de su precoz adolescencia. 6

La poesía no abandonó nunca a Pedro Henríquez Ureña.
Si dejó de producirla en edad relativamente temprana (tal
vez en 1916, a los 32 años de edad), nunca dejó de frecuentarla, como gustador de ella, como visión básica de su crítica

'1

r

a

Es indudable que el poeta se juzga a través de su poesía,
así como el movimiento se demuestra andando. Pero no es
menos cierto que la cantidad no hace a la calidad. Por otra
pa:rte, cabe admitir una actitud que llamaremos de "producción poética" y otra de "receptividad", o, lo que es más original, de "descubrimiento" de la poesía. Pedro Henríquez
Ureña no ha' dado una extraordinaria producción poética, si
se la compara con la obra del investigador y del pensador.
Pero esta última labor está de tal manera condicionada por
una visión poética del mundo, que sin esa sensibilidad y aptitud captadora no podría concebirse. Debemos, pues, considerar muy seriamente esta primera y -¿por qué nof- definitiva condición del ilustre dominicano.
Consideramos que todo poeta, cuando lo es de verdad,
tiene una poética, que es precisamente lo que hace que se le
reconozca, considere y estime como poeta. Esta poética se
manifiesta, creemos, en la visión de la realidad que el poeta

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Alfredo A. Roggiano

Pedro Henríquez lireña y la Poesía

encuentra, descubre o inventa y con la cual se reconoce a sí
mismo como poeta; en la actitud que adopta para ese reconocimiento y con la cual se define como receptor o .creador
ante el hecho poético; y, por último, en la expresión de ese
hecho, considerado como vivencia en el doble sentido de representación del mundo y de revelación humana. Estos tres
aspectos o momentos del fenómeno poético ( que pueden darse sucesivamente o en un solo instante) son asimismo los pasos que consagran el encuentro del poeta con el mundo de
su poesía, el encuentro de esa poesía con el hombre que la
produce y la comunicación o compromiso de ese hombre con
la sociedad en que vive. De ahi que la poesía, el arte en general, sea siempre una necesaria relación entre individuo y
mundo, entre creación y tradición, entre concepción y expresión. Cuando todo esto se logra en una integración armónica,
todo poeta, todo artista puede asegurarse que ha conquistado
una morada en la eternidad; deviene un clásico, es decir, universal y eterno, según ,Tuan Ramón Jiménez. El clasicismo griego del siglo V a. C. y el clasicismo humanístico del siglo XVl
confirman esta conviccióu totalizadora del acto creador.
Creo que Francisco Romero 13 ha dado la más justa y
exacta comprensión de Pedro Henríquez Ureña al situarlo en
la corriente humanista de nuestro tiempo. El humanista, tal
como se ha fijado su imagen en los momentos más originales
y lúcidos del renacimiento 1\ es a la vez un receptor y un
creador de cultura. Tanto en la escuela platónica de Ficino
como en los mejores teóricos de la poética y de la retórica'\
las "humanidades" significaban una participación del arte en
la vida y una intervención de ésta para la humanización del
mundo. La necesidad de justificar la literatura de imaginación
llevó a una organización "científica" de la fantasía y de la
inspiración, para que el poema tuviese una "función social"
y el poeta y el arte por él producido pudieran adquirir asf ese
"sabor de dignidad" que los hacían necesarios como individualidad y como existencia compartida del hombre. Verdad que
el humanismo del renacimiento puso su mayor énfasis en buscar al hombre según las exigencias de aquella especial circunstancia histórica. Pero sabido es también que ese hombre debía
ser un "nuomo universale". De ahí que el saber - las letras humanas, lo mismo que la filosofía y las ciencias - era la más alta
vía de acceso para el hombre que deseaba "conocerse a sí mismo
16
y mejorar sus contactos con la tierra de su residencia". El
humanismo fué una afirmación del hombre en la adquisición
de su cultura, siempre que ésta fuera una ampliación de valores humanos, y, ante todo, una afirmación del propio ser del
hombre. En esta afirmación cifraba el hombre su libertad, la

..

.

.'

9

que, a su vez, garantizaba su capacidad de creción, de hacerse
a sí mismo, que era su dignidad humana. "Etre humaniste
-dice Fernand Robert 17- c'est comprendre en quel sens
l'esprit humaine est libre . . ." Ser humanista -agrega- "c'est
décider sans retour que la liberté est la loi de l'esprit" • es
hallar la relación exacta "de rhomme avec la nature humaine,
et de l'homme avec son destm". 18
La poesía era para aquellos áureos tiempos la esencia misma de lo humano, la afirmación última y definitiva de los valores de la cultura, como esencia del pasado y su prestigio
y como manifestación plena y original de la personalidad. D;
este concepto de la poesía dan testimonio entre otros H.
Vida (Poetica, 1527), B. Danielo (Poetica, 1536), Fraca;toro
(Naugerius sive de Poetica dialogus, 1555; 1557), G. B. Capriano (Della vera Poetica, 1555) y Minturno (De Poeta.,
1559) . Para quien sintió tan plenamente el ideal platónico.
la cultura tuvo que ser mucho más un acto de creación que
una acumulación de saber. Así lo dice Pedro Henríquez Ureña
en páginas memorables de "~a utopía de América": " ...aprender no es sólo aprender a conocer sino igualmente aprender a
hacer". 19 Con lo cual aspiraba a "la creación del hombre universal" en América, "por cuvos labios hable libremente el espfritu" ... "y perfeccione todas sus actividades de carácter original. .." En fin: "Devolverle a la utopía su~ caracteres plenamente humanos y espirituales".2º

,

.

En este sentido de la cultura como iüt'!rza dinámica del
ser creador y original, en esta su encarnación del humanismo
como libertad y afirmación de la personalidad humana, la
poesía, entendida como visión, actitud y expresión -autenticidad y totalidad del ser del hombre- és el medio más eficaz
de hacer vital y activa la sabiduría. Sería una especie de
"ciencia de las ciencias", como querían los renacentistas y como afirma reiteradamente Cervantes. Por este medio buscaba Pedro Henríquez Ureña esa "voluntad de realizar la condición humana en su verdad", que es lo que ahora pide ;Karl
Jaspers para la existencia de un "nuevo humanismom 1• No
sólo un "ideal de cultura que implica la asimilación de la tradición clásica", sino también "la re-creación del hombre a('
tual a partir de su origen", y, sobre todo, "el sentido de lo
humano, que permite reconocer a cada hombre la dignidad
humana".22
Nos ha parecido necesario recalcar el sentido creador del
humanismo esencial y su reintegración al espíritu del hómbre
como guardián de la condición humana que vino con el renacimiento del idealismo espiritualista de fines del siglo XIX y

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Alfredo A. Roggiano

Pedro Henriquez Ureña y la Poesía

la noción de la cultura y del hombre que viene dando el humanismo actual, para poner como especimen acabado de esta
nueva actitud de vida y sentido de la realidad al maestro Pedro Henríquez Ureña. Así, creo, se podrá comprender mejor
porqué consideramos la condición descubridora de valores poéticos o creadores ( en el arte, en la literatura, en el pensamiento en general) en un plano de igualdad con respecto al
poeta específicamente productor de poesía. Del mismo modo,
no resultará una paradoja si afirmamos que cuando Pedro
Henríquez Ureña dejó de escribir poesías, su actitud poiética,
creadora, se convirtió en esencial visión del mundo y de la
vida, como mirada abarcadora de la existencia total de la
c:ultura y del hombre que de ella se nutre y con ella renta.ce.
Nos complace sostener aquí que Pedro Henríquez Ureña nació
poeta, y, como Moisés, salvado de las aguas. Ello explica que
haya podido superar esa "erudición sin orden ni concierto,
especie de manía de coleccionista que resultaría inocente si no
fuera por lo común presuntuosa, amontonamiento de hecho'&gt;
sin esa supeditación del hecho a la significación que es exigencia del saber en el humanismo verdadero".23
La poesía presidirá el saber y todos los actos de la vida
del noble maestro. Saber y vida hechos ensueño y acción, y,
sobre todo, dados siempre como humanidad generosa, única,
inalterablemente bella. Vida y poesía entregadas siempre en
un acto verdadero de amor. Y porque nadie como él frecuentó
tanto los caminos humanos del amor - ¿ existen otros caminos
humanos?-, es posible qne nadie, en el estricto mundo del
saber, haya hecho de sn vida una más permanente y honda
frecuentación de lo poético. Antes de que nos lo conviertan
en ratón de biblioteca -como no hace mucho me decía en una
carta José Antonio Portuondo- quisiéramos que bajen de su
inmortalidad sagrada las manos generosas del' poeta y levanten un muro de protección hecho de la sabia de su espíritu y
&lt;le la lección eterna de su idealidad inmarcesible. Sí, que don
Pedro siga viviendo en ese mismo recinto de poesía qne lo
acogió desde el puro seno materno y que siga enseñando desde
ese alto sitial, como dicen que vivió Sócrates enseñando a amar,
a ser y a crear, aún a los desalmados.
SUS "POESLA..S JUVENILES"

· La excelente cronobibliografía de Emma Speratti PiñeroH
nos muestra que Pedro Henríquez Ureña, en 1894, o sea a los
diez años de edad, ya escribía versos. Y Max, en su imprescindible "Hermano y maestroms, nos evoca las circunstancias
en que nuestro autor nació a la vida poética. Hasta 1900 sólo
le éonocemos obra de crrador .y de traductor, aunque se inte-

-.
't

'

11

resó también por los estudios científicos. Su primer artículo
se titula "De poesía." y su primera "Crónica" está dedicada a
un poeta de su tierra. Hasta 1905, fecha en que aparecen sus
Ensayos críticos,26 alterna la producción poética con el ensayo
y la crónica. Y en estos Ensayos . .. -su primer libro: tiene
don Pedro 21 años de edad-, denso de ideas y de hondas
reflexiones filosóficas, se incluyen estudios que dan una visión
del mundo poético de la hora. Su "Rubén Darío", su "José
Joaquín Pérez" y su "D'A.nnunzio, el poeta", así como "El modernismo en la poesía cubana", reflejan la actitud fundamental del poeta-humanista.
Las Poesías juveniles27 contienen 19 composiciones tomadas de diarios y revistas de Santo Domingo y de Cuba, una
del archivo de Alfonso Reyes, otra del de Pablo del Monte y
una más del de Max Henríquez Ureña. Total: 22 composiciones, todas escritas o publicadas entre 1897 y 1911. En una nota
al pie de la página 10 se señalan los lugares .de su procedencia.
Hallamos en este libro los temas de la adolescencia, recuerdos de infancia, de su ciudad natal, del hogar, de alguna
niña de los primeros escarceos amorosos ("Incendiada", de
1899, págs. 14-16), una dedicatoria al decano de la poesía patria, Félix María Del Monte (págs. 17-18), evocaciones familiares ("Intima", págs. 29-31) y de Nueva York (págs. 33-34 y
37-39). Las más son traducciones y paráfrasis. A los trece
años ya traducía ~ Sully Prud'homme: poesía "Aquí abajo",
con que se abre este pequeño volumen. Cita e imita D'Annunzio, poeta que había tomado como modelo, en- lo que tenía de
heroísmo y afirmación, para oponerlo a los decadentes modernistas franceses28, como dirá en varias oportunidades. Es evidente que don Pedro deplora la poesía hermética y el repliegue
ensimismado que rechaza todo contacto con la realidad del
mundo y que prefiere "el hombre en las batallas de la vida"
(pág. 24). Así, su poema "En la cumbre" (págs. 24-26), donde
el tema social de la injusta situación de la mujer se conjuga
con reflexiones filosóficas, como en "Lux" (págs. 44-50), su
poesía más ambiciosa. Se apoya en la rebelde energía de un
Nietzsche ("En la cumbre", págs. 24-26) en cuanto a lo vital,
pero en lo poético sigue las huellas de Baudelaire ("La belleza", págs. 20-21) y acusa influencias de poetas hispanoamericanos, como Manuel Gutiérrez Nájera ("Mariposas negras",
págs. 27-28), a quien dedicó la primera disertación juvenil,
según su hermano Max, y de algunos _de su propia patria, como
Tulio Cestero, José Joaquín Pérez, Del Monte y acaso su propia madre.

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Alfredo A. Roggiano

Pedro Hen.ríquez l,"reña y la Poesía

Variedad de metros y estrofas: trisílaboíi, heptasílabos, decasílabos rítmicos e isócronos ("Despertar", págs. 59-60), endecasílabos con diversos acentos, metro de doce; sonetos y poema libre: todo lo cual anuncia al insigne inve~tigador de la
versificación castellana, que es una de sus primer~s conquistas ( en el tiempo y en la calidad) en los estudios hispánicos
de este siglo. En "Flores de otoño" usa la unidad rítmica del
tetrasílabo isócrono como en el conocido "Nocturno" de José
Asunción Silva: "Crisantemas/ crisantemas como el oro,/crisantemas cual la nieve ..." (Págs. 22-23).29 En "Ensueño" encontramos grupos de pies anfíbracos (v-v), que se anticipan a
la "Marcha triunfal" de Rubén Darío y en una combinación
mucho más compleja: "Es regio palacio de sueños/el bosque.,
(pág. 35). Desintegra el dodecasílabo de acentos fijos Y nos
da un eneasílabo ternario isócrono. Pero, para evitar su monotonía, los combina con tris:labos y hexasíla.bos. En "Mariposas negras", inspirada en una página musical de Schumann
(me consta que don Pedro Jué un extraordinario conocedor de
la música de todos los tiempos y ·modalidades y que tenía un
oído excepcional), desarrolla los "interni sognF' qu,e "hacen
tumulto" como en el verso danunziano (In me misero fan
tumulto.'..) "en la prisión oscura de mi espíritu". Dice:

.

/

Es allí donde ruge el sentimiento,
naufragio de la vida,
do el insaciable anhelo
entre sus ligaduras se debate
en infructuoso ·empeño...

de los sentimientos auténticos, de la pureza, de la emoc,ión
natural de un alma noble, sencilla y buena. Nos recuerda a
Francis Jammes (que don Pedro amaba y recitaba de memoria), al Longfellow hogareño y cordial y al Guido Spano de
"Al pasar", aunque con menos despliegue narrativo que éste,
con más síntesis y esencialidad en la visión de los hechos cotidianos. En el modo clásico de adjetivar, de enumerar y de
realizar la sintaxis, nos da un buen ejemplo de cómo se puede
hacer poesía con el lenguaje más simple de la conversación
diaria. Un aire de antigua melancolía latina parece nutrir por
dentro a desenvueltas frases coordinadas y subordinadas en
torno a un solo objetivo, un hecho circunstancíal, una idea
central. Si a veces asoma el venerable acento virgiliano, directamente o a través de Bello, no falta el uso gongorino de la
supresión cultista del artículo, como en: "Entre sus ravos/ la
envuelve [ell sol de maternal ternura..." (pág. 15) o da'!. hipérbaton español, tan apreciado por Dámaso Alonso: " ...como
de suave arroyo linfa pura" (Ibid). Este poema, tiernamente
delicado, merece figurar en las antologías hispanoamericanas
cori más derecho que tantas aburridas declamaciones patrioteras o "didácticas", que por asfixiantes "razones históricas" o
por inercia de profesores "conservativos" nos vienen haciendo
bostezar desde nuestros inocuos años estudiantiles.
Lo mimo podemos decir de "Intima", éomposición dedica·da a su tía Ramona Ureña, que recuerda la fluidez lírica del
argentino Rafael Obligado, poeta al que solía elogiar discretam_ente Pedro Henríqucz Ureña en originales cursos dictados
en la Universidad Popular Alejandro Korn de La Plata (Argentina). Una íntima y resignada nobleza -la alumbra desde
el fondo de un alma cargada de recuerdos y ~videntemente
torturada. Nuestro autor está en New York (1904), desde
donde contempla el desmoronamiento de la patria y sus tradiciones con angustia y desolación:

(Págs. 27-28)
"¡Incendiada!" es una combinación de endecasílabos y heptasílabos rimados al modo tradicional español, en donde se
integran la claridad y precisión de la poesía clásico-latinohispana con una sana y fresca sensibilidad actual. El adjetivo
necesario, el toque discreto, el sentimiento sobrio, la sensibilidad contenida, la prudente sinceridad, lo sensual espiritualizado por lo familiar, dan a este poema elegante digmdad _de
reposo y armon:a, cualidades sin duda raras en la edad Juvenil. El hombre, prematuramente sazonado, es también una
mente y una sensibilidad en pleno equilibrio. Parece ser una
intencionada respuesta a los desafueros propios de la poesía
finisecular contra la que hay reiteradas constancias en sus diversos ens~yos a partir de su primer libro. Contra el pesimismo contra el desenfreno confesional, contra el desorden psíquico, contra la nebulosidad sin causa, contra el preci~sis~o
· vano, contra el pirueteo formalista, este poema es espeJo fiel

13

...

Todo cuanto fué amores,
luz de la edad y juveniles sueños,
yace entre los escombros del pasado,
apenas en los lindes del recuerdo.
Sobre esas ruinas
la vista tiendo
.con muda indiferencia.
No renace el extinto sentimiento,
cual si el ansia de dulces efusiones
fuese muerta en el pecho.

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Alfredo A. Roggiano

Pedro Enriquez Ureña y la Poesía

tres etapas en el autor de los Sonetos espirituales: a) melancolía, color, narcisismo ; b) visión exaltada del amor; c) poesía de conceptos y emociones trascendentales. Concluye:

En Ramona Ureña encarna esa tradición que se está destruyendo y en las palabras que ella le envía, el joven dolorido e~cuentra el alma del "terruño entero". Así, lo que pudo terminar en un desplante de desesperación o de retórica pesimista
-soledad consumida como aperitivo literario-, se comprime
y se ahonda en una verdad de vida, que se define en lo civico
y se eleva a una austera idealidad.

... en su peregrinación oiremos siempre la voz del
canto inagotable y veremos la sinceridad del espíritu platónico que, después de haber conocido y expresado la magia y la hermosura del mundo, aspira
a más: aspira a revelarnos su visión del paraíso, el
cielo de las ideas puras, y a hacer de la poesía, no
sólo el verbo de las cosas bellas, sino la palabra
eterna de las cosas divinas. 31

En "La Serpentina" hay algún tributo al modernismo, ~i
es que la "objetividad parnasiana" y el "ritmo verbal" son atributos visibles y representativos de este momento de nuestra
poesía. Está fechada en 1905, en La Habana, y coincide con el
examen que Pedro Henríquez Ureña hizo del modernismo cubano. No sería arbitrario atribuirle, pues, un intento consciente de renovación poética basada en el aprovechamiento del
fenómeno como realidad válida en sí misma para provocar
efectos de forma y diluir en ellos la subjetividad confesional
de fin de siglo, innecesariamente abusiva. Lo "modernista"
estaría en la sustitución del elemento lírico personal por un
ritmo poético interno que surge del objeto ajeno a la personalidad del poeta ( como en los parnasianos) y ejecutado, como
quería Croce, en la "contemplación del sentimiento" (son los
años de la difusión de la Estática). Inclusive hallamos en este poema elementos del "confort" moderno, como el automóvil (tfué don Pedro el primero en hacerlo entrar en la poesía Y), que después usarán las llamadas actitudes poéticas de
vanguardia, especialmente el futurismo.

En el mismo estudio se pregunta y responde:
¿ N'o es en la embriaguez donde hallamos la piedra

de toque pai·a la suprema poesía lírica, -como en
el sentimiento de purificación para la tragedia 1 No
basta la perfección, acuerdo necesario de elementos
únicos: podemos concebir poesía perfecta, de perfección formal, de nobleza en los conceptos, sin el peculiar acento del canto; pero la obra del cantor, del
poeta lírico, cuando la recorremos sin interrupción,
debe darnos transporte y deliquio.

Más decididamente modernista (o, digamos, intencional-·
mente renovadora) es "Flores de otoño", en donde no falta la
contaminación pre-modernista, como hemos visto, en el aprovechamiento de una modalidad rítmica usada por José Asunción Silva. Aparece el "lcjanísimo Japón" grato a Julián del
Casal visto sin embargo, como "en atávicos ensueños" de un
"país' encantado", es decir, como "una patria luminosa que no
han visto". Así como "Mariposas negras" parece ser una respuesta a las "Mariposas" de Gutiérrez Nájera, esta poesía podría ocultar una intención simbolista de despedida del moder-nismo, por aquello de
ya ha pasado entre esplendores el estío,
ya es la hora, desplegad vuestro botón!
Son los años de Almas de violetas (1900) y de Ninfeas (1900)
de Juan Ramón Jiménez. En 1918, estando en Mineápolis.
escribió don Pedro un importante estudio sobre el andaluz
úniversal" (esta expresión figura en dicho estudio)3°. Señala

15

.. -

Verdad que estamos a más de quince años de distancia cronológica, pero si volvemos a los Ensayos críticos de 1905, encontramos las mismas reflexiones. De esa fecha es "El modernismo en la poesía cubanam2 , y allí vemos có.mo una actitud consciente lo lleva a abandonar a los "modernistas franceses" y
aun el estado natural de la adolescencia y juventud como escamoteo de la responsabilidad creadora transferida al juego artístico. Nuestro autor está decidido en su posición: la renovación del lenguaje y del estilo, el cambio de actitud y la nueva
visión del mundo que trajo el modernismo no se consolidarán
con la exclusión de tres elementos fundamentales: el "elemento genuinamente humano", la renovación dentro de la tradición hispánica y el predominio de una "célula psíquica americana". De ahí su rechazo de todo lo que fuera exotism,;&gt;
decorativo, destreza preciosista o pesimismo decadentista, para pedir que una transformación se haga dentro de "una literatura plena y vigorosamente humana (así, subrayado por él)
y marche acorde con el progreso artístico del mundo, realizando su evolución propia dentro de la evolución universal"33•

�16

Pedro Henríqnez l.'reña y la Poesía

Hemos dicho en otra oportunidad que Pedro Henríquez
Ureña pensamiento integrador, hace suya la afirmación de
Nietzs~he según la cual se debe "ver la verdad por la óptica
del artist~ pero el arte por la óptica de la vida"34. Tanto el
pensador ;orno ef poeta, en una absoluta correl~ció1;1 de inteligencia y sensibilidad, se afirman en una. co_nciencia de ~er,
acuciados por la necesidad de un descubrimiento sustancial.
En 1905 ha pasado revista al panorama m~dial de la c~tura
y está prodigiosamente preparado para ÍIJar su pensam1ento
( actitud reflexiva teórica) en una sensibilidad que se exprese
"como idea viva e~ acción" (¿las "ideas fuerzas" de Fouilléef;
La psychologie des idées-forces es de 18~3, y de, 1~02 y 1~03
son los célebres estudios sobre el humamsmo practico del mglés Schiller). De 1905 es precisamente.su más extenso y serio
poema, titulado "Lux", en donde es evidente que Pedro Henríquez Ureña no comulga, por ejemplo, con l~s Prosas profanas
de Rubén Darío. Es el año de Cantos de vida y esperanza y
ese "Lux" debe interpretarse como el hallazgo de esa esp~ranza nuestra de ese canto de vida, que es la luz de un camino auténtico para el destino del hombre como humanidad en
el mundo, y por ende, también, del hombre. hispanoam~r~can_o
incorporado a la cultura mundial por medio de su origmalidad creadora. No nos sorprende, pues, que este año escripiera
sus reveladores ensayos sobre Martí35 y Rubén Darío36• Sobre Martí dijo: "Cada día me parece Martí el mejor poeta de
Cuba (y naturalmente el mejor prosista también"37• Y sobre
Rubén Darío: con Cantos de vida y esperanza el poeta ha
entrado "a la región donde el arte deja de ser literaria para
ser pura, prístina, vivamente humana , (lo subraya).
En. este
d
libro Darío "es un todo independiente' , merce a un en:r;ique. · humana". Su "P or
' t·ico" es "la
cimiento de su "experiencia
más alta nota de toda su obra pasada y presente, porque es
la más humana ... ". En fin, porque Rubén Darío "ha robustecido con los años y la experiencia su fe en la Vida Y en el
Ideal dos fuerzas que los espíritus sanos tienden a ~ermanar,
como'lo predica el poeta de la Epístola moral a Fab10: Iguala.
con la vida el pensamiento"38• La insistencia con que nues!r.o
autor emplea las palabras humano, humanamente, hum_ams1mos versos humanidad, siempre subrayados, no nos deJa _lugar a duda~ de que en él la poesía se identificaba con la vida
y era, por tanto, un acto de sinceridad mucho más q~e un
juego artístico, una función humana ~ no mera f or~a. literaria. En los múltiples ensayos posteriores a 19~5 msist~ en
una explicación íntima de la esencia de. la poes1a como mt~gración de la cultura, del poeta-humamsta. Pero ~emos d~cho que este aspecto de sus relaciones co_n la po~s1a constituirá una segunda parte de nuestro estud10, y sera, por tan-

Alfredo A. Roggiano

17

to, objeto de otro artículo. Ahora terminaremos con una referencia al poema "Lux", que es, creemos, la realización práctica de su doctrina, y daremos, al final, un poema que hemos
hallado en un diario de Mineápolis, no mencionado en las bibliografías que de Pedro Henríquez Ureña poseemos ni figura
en las ya citadas Poesías juveniles coleccionadas por Rodríguez Demorizi.
La tesis de "Lux" es la siguiente: La Belleza y la Verdad,
ambas con mayúscula, no se eliminan en la actividad del espíritu para lograr la eternidad. Su asunto es el siguiente:
Un caballero, que no es el del heroismo patriótico o religioso
(¿alude a la poesía política de Hispanoamérica7), sino del Espíritu, seducido por la "inmortal Belleza y la suma Verdad"
(v. 30), que busca en Platón "la potencia fecunda,esencial/
que anima del mundo la inmensa armonía ... " (vv. 36-37),
"firme en su creencia/el templo soñado partióse a buscar"
(vv. 49-50). Luego de ver reyes, príncipes, caballeros, etc.,
llega' a ese templo, que era el del Misterio (vv. 114-119). Lo
encuentra custodiado por un ángel exterminador, un drag-ón
voraz y el Enigma hambriento (vv. 128-131). Pero él entró
y fué atado por una mano invisible (v. 143):
¿ Ansió un imposible? ASus fuertes cadenas
romperá f No gime ni jura el audaz:
¡ mitigando el torvo negror de sus penas,
emerge el destello que en ondas serenas
en torno difunde la luz inmortal!

Son 144 versos filosóficos, en cuartetos y estrofas de cinco dodecasílabos rimados y de ritmo desarticulado, a fin de
destruir la isocronía, que es ritmo externo, mecánico, físico,
y lograr un ritmo interno, total, unitivo, como si el autor se
propusiera orquestar, al modo beethoveniano ( o del Wagner
del segundo acto de Tristán e !solda) una idea trascendental.
Con lo cual, nos parece, la forma elegida es una consagración
práctica de la idea de su unidad integral. Confirma nuestra
opinión una declaración expresa de don Pedro: " ... cada manifestación artística crea su propia forma. La forma sólo debe
interesar cuando está hecha para decir alguna belleza: armonía del pensamiento, música del sentir, creación de la fantasfa"39.

i

•

Y ahora cerremos este intento de aeercamiento al poeta
que fué Pedro Henríquez Ureña con un broche de oro. Es un
poema que, repetimos, ha permanecido hasta ahora olvidado
en un diario de Mineápolis:

�19

Alfredo A. Roggiano

Pedro Henríqu~ Ureña y la Poesía

18

NOTAS

EL NII'IO
(Idea de Tagore)

1.-En Nosotros, Buenos Aires, 42 (1922), pág. 245.
2.-MAX HENRIQUEZ URE8A, "Hermano y maestro", en Revista Iberoamericana, Homenaje a Pedro Henriquez Urefia, Vol. XXI, Números
41-42 (1956), págs. 19-48.

-/, De dónde vine, madre?
lo De dónde vine a ti?
-Viniste de mis sueños,
de cuanto amé y sentí.

3.-Cita EMILIO RODRIGUEZ DEMORIZI, en Pedro Henríquez Ureña,
Poesías Juveniles (Colombia: Ediciones Espiral, 1949), "Ofrenda", pág. 8.
4.-Ibld, pág. 9.
5.-Ibld, pág. 9.

Cual temeroso pájaro
que espera el nuevo sol,
estabas escondido
aquí' en mi corazón.

6.-Iblcl, págs. 7-8.
7.-Esperamos que alguna vez se publiquen las obras completas de Pedro
Henríquez lJreña. En ese corpus un volumen deberá ser dedicado a la
obra del creador: poesías, teatro, cuentos, otras prosas poemáticas. Entonces se podrá apreciar exactamente la posición que nuestro autor
ocupa en la prosa y la poesía hispanoamericanas, si bien en cuanto
a su poesía creemos que con lo que se conoce está ya situado.

Estabas en los juegos
de mi niñez feliz,
y sobre los altares
como deidad te vi.

8.-Pedro Henriquez Urefia publicó "El nacimiento de Dlonisos. Esbozo
trágico a la manera antigua", en la Revista l\'.loderna, de México, en
febrero de 1909; la reprodujo en Las Novedades, de New York, el 16
de diciembre de 1915. La edición definitiva es de 1916: El nacimiento
de Dionisos (New York: Imprenta de Las Novedarles, 1916). Lleva una
"Justificación", en donde explica el carácter de su obra, su técnica y
su propósito. En el diálogo de sus personajes, el autor expone una
concepción de la vida y del arte. En pág. 16 dice Semele: "Confía en
la verdad que te diga tu corazón"; el Coro contesta: "Quisiera fundar la fe en la certeza" (p!ig. 17). Y en págs. 42-43: " ... regocijaos
por la. alegría que llega a la tierra, y no lamentéis los males ·que :nis
dones causen, porque el delirio dionisíaco será la obra de las ocultas
voluntades ascendentes y elevará a los mortales por sobre el dolor
hacia la vida plena". Don Pedro mandó un ejemplar de la Revista
Moderna a Rodó, quien. en carta del 12 de mayo de 1910, dice: " ... es
lo más hermoso que ha salido de la pluma de Ud.... " Enrique José
Varona, en c¡,,rta del 22 de mayo de 1916, le dice: "No conozco en
castellano obra de esta índole que pueda comparársele". Sanín Cano
le hace un elogio semejante en carta del 4 de mayo de 1921. Y podríamos reproducir utros juicios Igualmente lauda.torios para el artista y
eximio prosista, com0 éste de "Azorín": "Su prosa y los versos de
Darlo son para mí, entre todo lo americano, algo excepcional" (Véase:
Revista Dominicana de Cultura, Núm. 1, Noviembre de 1955, págs.
134, 151, 166 y 157). El juicio de 1Alfonso Reyes figura en Grata compafiía; también lo evoca en Pasado Inmediato y en otras oportunidades, como en las Páginas escogidas de P. H. U. (México, 1946), en los
cuadernos de París y en la Rev. Iber., núm. 41-42, citado.

¡ Oh misterioso encanto,
prodigio del amor:
tener entre mis brazos
el tesoro mejor !4º

State University of Iowa

9.-En "Cultura de Hispanoamérica", Cuadernos Americanos, México, septiembre-octubre de 1947, pág. 207.

•

10.-En Historia de la Hteratura hispanoamericana (México: Fondo de Cultura Económica, Breviario, 89, 2da. edición, 1957, pág. 369.
11.-"Hlstorla de la cultura hispanoamericana", en Cuadernos Americanos,
México, mayo-junio de 1946, págs. 210-216.

'
•

-

12.-En "Hermano y maestro", passlm, y en Panorama histórico de la literatura dominicana (Rio de Janelro, 1945), pág. 187, nota 219. Véase
también FLERIDA DE NOLASCO, .8utas de nuestra poesía (Ciudad
Trujlllo, 1953), págs. 99-100.
13.-"Un humanista de nuestro tiempo", en Ideas y figuras (Buenos .'Ures:
Editorial Losada, 2da. edición, 1958), págs. 58-69.

�Alfredo A. Roggiano

21

Pedro Henriquez t:reña y la Poesía

20

14.-RODOLFO MONDOLFO. "La Idea de cultura en el renacimiento italiano", en Jornadas, Tucumán, Núm. 1, 1948; VITI'ORIO CIAN, Umaneslmo e Rlnasclmento (Firenze: Lemonnier, 1941); E. CASSIRER,
"Some remarks on the quest!on of the orlginality of the Renaissance",
en Journal of the Hlstory of Ideas, IV, 49-56
15.-Véase: J. E. SPINGARM, A Hlstory of Llterary Crltlclsm in the Renalssance (New York, 1899); preferimos la edlclón italiana de la casa
Bar!, 1905. También: C. TRABALZA, La critica letterarla nel Rinasclmento. Storla del generi letterarl (Milano: Vallardi, 1915).

.

'

31.-En la orilla. 1\11 l,.spafta, pág. 82.
32.-Ensayos critlcos, págs. 33-42.
33.-lbld, pág. 42.
34.-"P~dro Henrlquez Ureña o el pensamiento integrador", en Rev. lber.,
Numeras 41-42, págs. 171-194.

16.-B. SANIN CANO, El lrnmanlsmo y el progreso del hombre (Buenos
Aires: Editorial Losada, 1955), pág. 10.

35.-En el Núm. 92 de la "Crono-bibliografía de Don Pedro Henrlquez
Ureña", de Eruma Sperattl Plñero (Rev. Iber., passlm) se mencionan
los lugares en donde Don Pedro se ocupó de Martl. Complétese con
el Núm. 567.

17.-En L'humanisme. Essal de déflnltlon (París: Soclété d'Edlt!on Les
Belles Lettres, 1946) , pág. 35.
18.-FERNAND ROBERT, op. cit., págs. 36 y 161.
19.-Ensayos en busca &lt;le nuestra expresión (Buenos Aires: Edltorial Raiga\, 1952) , pág. 23.

36.-En Ensayos críticos, op. cit., págs. 53-70. Aparece en Horas de Estudio,
pá_gs. 113-137. En .'.\linnesota l\lagazlne, de Minneapolis, Vol. XXIII,
Num. 4, enero de 1917, págs. 129-132, hemos encontrado un "Rubén
Darlo", By Pedro Henríquez Ureña, en inglés, con lo cual precisamos
el Núm. 334 de la 'Crono-blbliograffa ... " de Emma Sperattl Plñero.
Es el mismo trabajo citado en el Núm. 323 de la mencionada "Cronobibliografla ... "

20.-P. H. U., op. cit., págs. 24-27.
21.-BARTH, GROUSSET, MAYDIEU, JASPERS y otros, Hacia un nuevo
humanismo. Trad. de F. Caballero Calderón (Madrid-Bogotá: Ediciones Guadarrama, 1957), págs. 353-385. La cita corresponde a la pág.
373.

37.-De una carta de P. H. U. a Félix Lizaso, en Rev. Iber., Núm. 41-42,
pág. 113.

22.-JASPERS, op. cit., pág. 535.

38.-Horas de Estudio, págs. 115-116.

23.-F. ROMERO, op. cit., pág. 62.
24.-"Crono-bibllografía de Don Pedro Henríquez Ureña", Rev. Jber., Números 41-42, p!igs. 195-242.
25.-En Rev. lber., número citado.
26.-Ensayos criticos (La Habana: Imprenta Esteban Fernández, 1905).
27.-PEDRO HENRIQUEZ URERA, Poesías Juveniles. Colección de Emllio
Rodríguez Demorlzi (Colombia: Ediciones Espiral, 1949).
28.-En Ensayos críticos, en el dedlcado a "D'Annunzlo, el poeta", emplea
Pedro Henríquez Ureña la expresión "modernismo francés", e1~ 190"3.
En 1905 la usa en "El modernismo en la poes!a cubana" ..La vuelve a
usar en 1908 en un estudio sobre Galarlpsos {Poesías de Gastón F.
Deligne), en la Revista Moderna de México. Pero en 1909, en carta a
Menéndez y Pelayo \Revista Dominicana de Cultura, 1, Nov. 1955, pág.
139) dice: "En otro orden, aunque comencé haciendo campaña en
favor del llamado modernismo (lo subraya) americano, he sido siempre, por gusto, y por tradición fam111ar, devoto del glorioso pasado
y del no mdlgno presente de la literatura española ... "
29.-Sabldo es que José Asunción Silva usó ese mismo ritmo en su poema "Ola de difuntos". ¿Viene de "Las campanas" de Poe?. Baldomero San!n cano, en una carta que se publica en la Revista Dominicana de Cultura (Núm. 1, 1955, pág. 159). observa : " .. . no creo que
Poe pudiera haber Influido en las formas del "Nocturno" . .. " Y explica el origen de dicho ritmo, el cual según un recuerdo de José Antonio Portuondo (Revista Iberoamericana, Núm. 26, Febrero de 1948,
pág. 246, nota 4) surgió de la lectura que don Baldomero le hizo a
Silva de la "Canción de la campana" de Sch1ller. Véase: ARTURO
TORRES RIOSECO, "Las teorías poéticas de Poe y el caso de José
Asunción Sllva", lllspanlc Revlew, Vol. XVIII, Núm. 4, October, 1950,
págs. 319-327, y ALBERTO MIRAMON, José Asunción suva. Ensayo
biográfico con documentos Inéditos. Suplemento de la Revista de las
Indias, Núm. 7 {Bogotá: lmprcnta Nacional, 1937), pág. 113.

30.-"La obra de Juan Ramón Jlménez", fechado en Mlnneapolis en 1918
figura en En la orilla. 1\11 Espafta {México: Ediciones México Moder~
no, Tlpografia Cultura, 1922), págs. 71-83. Filé publicado antes, en
1919, en Cuba Contemporánea, de La Habana; en Repertorio Americano, de Costa Rica, en 1920, y más tarde, en 1923, como prólogo a las
Poeslas de Juan Ramón Jiménez (México: Editorial Cultura) .

1

-

39.-lbld, pág. 125.
40.-En l\finnesota Magazine, Mlnneapolis, Vol. XXIlI, Núm. 3, Diciembre
de 1916, pág. 95. Advierto que en el Núm. 345 de la "Crono-bibllografia" de ~ a Sperattl Piñero figura una poesía "El niño", publicada en El F1garo de La Habana, en enero de 1918, pero no sé si es
la misma. Notemos esta coincidencia: con fecha 19 de septiembre de
1916 (pág. 8, 6a. columna) y de septiembre 24 del mismo ato (pág.
9, 6a. columnaJThe Minneapolls Journal anuncia la visita de R. Tagore, quien, Invitado por la Universidad de Mlnnesota, debe dar un
curso sobre poesia de la India en noviembre de ese mismo año. Don
Pedro conoció y trató a Tagore en esa oportunidad. La resonancia de
Tagore en Minneapolis está registrada por los dos grandes diarios de
dicha ciudad: The )linneapolls l\Iornlng Trlbune y The lliinneapolls
Journal. El Dr. Raymond J. Phelan, de la Universidad de Mlnnesota,
escribe sobre "Tagore, friend of man", en The Minnesota Dally Vol.
XVIIl, número 65 (January 12, 1917), pág. 5, columna 1-2· ~n la
misma revista, órgano de la Universidad de Minnesota, se da' cuenta
de un curso sobre Tagore en The Universlty High School Literary
Soclety {Núm. 74, January 25, pág. 3, linea 3). ¿Significa todo esto
que se reconocía en Tagore un ejemplo como camino para recuperar
al hombre, en lo humano más original y auténtico, a partir del momento de su definición como t al: la adolescencia y la juventud? ne
la resonancia de Tagore en Pedro Henrlquez Ureña (que es indudablemente afinidad y coincidencia) habla el hecho de que Don Pedro repetla en slgnl!icativos momentos de su vida pensamientos de Tagore
(me consta) y esa hermosa paráfrasis sobre "El Niño", según recuerda
también Rafael Alberto Arrieta (en Re~ . Iber., números 41-42, pág. 87¡ .
Asimismo, cuando dirigió en México la Colección de Clásicos Universales, incluyó un volumen de Obras de Tagore.

�23

Arturo Cantú

Arturo Cantú / POEMAS
POESIA
•

t

Brillan en equilibrio tus dientes que sonríen,
Eres amor de dos castillos melancólicos
unidos por un arco de verdosas piedras
hermosura de siglos de ser puente.
¡Sonríes!
Acaricias de verte,
amaneces de pronto como un río florecido
y detienes el vuelo de las altas esferas,
tie·nes entre las manos una espiga de sueños
y una flor de cristal para los niños,
retornas providencias encantadas
en las alas del viento de los valles
y en las altas memorias del olvido.
Dictas, oh alto girasol,
dura jornada al astro enamorado,
y largo espacio al día.

JARDIN
Verde y luminosa constelación de signos,
fuente y enredadera
entre senderos siempre desiguales,
gala del agua que levanta el vuelo
o cautelosa intrepidez de yedra.
Flores disparas de un morado intenso,
ve-rde jardín a solas,
siempre olvidado junto al tiempo.

/

ENCUENTRO
DESENCANTO
De qué verano insólito resurges,
mariposa del agua,
única primavera de los mares. ·
Qué remoto cristal,
coros o cantos olvidados,
amores o palabras,
escalan por tus pechos.
breve naranjo florecido
de-1 aroma del tiempo.
Escalera del sol,
de qué luna te inundas cuando cantas.
-22-

1

-

Partes y dejas
nidos de soledad y fugitivos pájaros insomnes.
Al acecho de qué maravillosas flores diminutas
he de olvidar el polvo de tus sílabas
de qué sonoro río, metal,
cántico altivo,
alta espada llameante,
luna o planeta en la dorada espesura de la tarde,
he de cortar mis días uno a uno
y una a una las letras
de tu nombre de furias estallantes.

�24

Poemas

Arco tendido a punto,
luminosa alborada de tu cuerpo,
jadeante eternidad furiosa y ávida,
cómo dejarte una palabra mía
fructificando a solas en tu cuerpo.

Serge Darmon /

LA NOVELA.

NOVELA: el diccionario dice: "Obra
de la imaginación, relato en prosa de aventuras imaginarias,
inventadas y combinadas para interesar al lector". Añadiremos que es, sobre todo, el género literario más complejo, el
que tiene el público más numeroso y un público que también
se recluta entre todas las clases de la sociedad. En efecto, si
el teatro y la, poesía quedan todavía reservados a un público
seleccionado (y, algunas veces, más culto), la novela busca
sus lectores en todas partes ; es un género esencialmente popular. Puede tomar todos los aspectos y todas las formas.
Nuestro propósito será buscar en su historia, en su evolución,
los elementos que puedan explicar el éxito extraordinario, y
único, de una manifestación literaria cuyo fin consiste en proporcionarnos placer y desahogo, satisfaciendo la curiosidad
del hombre por el hombre, cuyo aspecto más común es la
"simpatía" ...
Pero antes de iniciar esta búsqueda, me parece útil, y
hasta indispensable, -para que no nos . equivoquemos-, establecer una clara distinción entre LA NOVELA y dos géneros que, hermanos suyos, son sin embargo diferentes de ella
en su estructura como en el fin que se proponen. Quiero hablar del CUENTO y de la NOVELA CORTA. :N"o creo que
haya entre esos tres géneros una mera diferencia de duración, sino también una diferencia de composición interna.

. ,.

EL CUENTO, ya sea filosófico o de hadas, es un relato
familiar de aventuras imaginarias, y muchas veces fuera de la
realidad lógica. Los personajes se mueven en un mundo de
fantasía que no tiene de verdadero más que lo indispensable
para que nuestra imaginación admita la convención. Pero sobre todo, estos personajes no son más que esquemas, sencillos
instrumentos que permiten al autor expresar cualquier idea,
en una historia que tiene casi siempre un significado filosófico
-2:i-

�26

La Novela

Serge Darmon

27

o moral. Por ejemplo el Cándido, de Voltaire, no hace nada,
absolutamente nada, en medio de sus numerosas desdichas; el
autor no le da personalidad alguna. Lo que importa, en el
cuento, es la historia, el relato, y no los personajes. Y si todos los cuentos de nuestra niñez no t1enen un profundo valor
filosófico, a lo menos su maniqueísmo justifica también lo que
acabamos de decir de sus personajes.

ginas". Lo menos que podemos decir, en efecto, es que tal
división es "puramente arbitraria", y deja aparte las diferencias estructurales que hemos podido notar. Pero si la novela
tiene, a mi parecer, estos carácteres propios, no se estableció
en la jerarquía de los géneros literarios, de repente, en una
forma acabada y perfecta. Siguió entre las literaturas modernas, una evolución que fué bastante compleja.

Al contrario, en la NOVELA CORTA, el carácter de los
personajes ocupa el primer plano. Pero, distinta en eso de la
novela propiamente dicha, la novela corta, -mero episodio
aislado de la vida real-, contado por él mismo, no presenta
más que una crisis,. única, sin antecedentes y sin prolongación
posible. Los personajeis nos son presentados en un momento
particular ilimitado de su vida, sin que el lector pueda saber por cual evolución llegaron a este momento, y a tal
carácter.

Gustavo Cohen, tal como Menéndez Pelayo en sus "Orígenes de la NoYela", demuestra que, en sus principios, la novela no tuvo vida autónoma. Las primeras novelas que aparecen, en prosa, en el siglo XIII, no son más que relatos épicos, libros de caballería y de aventuras maravillosas hechos
para un público bastante reducido. En efecto, y tal vez por
su facilidad de lectura (no olviden que novela se dice en francés: "ROMAN", es decir, en el sentido primero de la palabra:
relato escrito en lengua romana vulgar, en una de estas lenguas, derivadas rlel latín, ya sea la española, la italiana o la
francE&gt;sa), la novela favoreció primero la vulgarización de
otro género : la epopeya.

Ahora, en la NOVELA, el carácter de los personajes cambia, evoluciona a lo largo de la obra, al contacto de los acontecimientos, exactamente como en la vida. La novela se presenta como una serie de crisis, en las cuales los protagonistas
aparecen dotados de una duración que les es propia. Eso puede explicar, por ejemplo, el fracaso, como novelista, del francés Guy de Maupassant, o del inglés Rudyard Kipling; el primero, magnífico autor de cuentos y novelas cortas, el segundo, creador del cuento simbólico que encantó nuestros quince
años: "El Libro de la Selva". Cuando escriben novelas, parece
que muy rápidamente les falta el aliento: colocados desde un
principio frente a nosotros, los personajes pasean en la obra
sus rostros inmutables de títeres de madera . . o de personajes de cuento.
Perdóneseme 1:.'Sta larga introducción, pero me parecía
indispensable establecer claramente estas diferencias importantísimas. Y se verá que no son del todo superfluas,
puesto que encuentro bajo la pluma de uno de los buenos críticos de la literatura mexicana, Ralph E. Warner, en su "Historia de la Novela mexicana en el siglo XIX", página XIV lo
siguiente : "Cuando se examinan las definiciones de la novela
en México y se trata de hacer un deslinde entre este término,
por una parte, y novela corta, cuento, relato, por otra, se encuentra que la definición de la novela no es del todo clara".
Si no está clara, a lo menos hay en la novela carácteres que la
distinguen de los otros géneros. Y, sobre todo, no estamos de
acuerdo cuando este crítico añade : "He Jlegado finalmente a
una división puramente arbitraria pero que ha resultado práctica. Limito el asunto a las novelas de un mínimo de cien pá-

Así que lo más importante, lo más urgente, para este nuevo género literario todavía bastardo, será conquistar su independencia. Pero ¿cómo? De una manera sencilla y eficaz : la
novela va a buscar un campo de acción que le sea propio situándose al encuentro de dos temas, y mezclándolos: el a~or
y la aventura. Tal mezcla tomará el nombre de romanesco o
novelesco. Y como todo género literario que se emancipa, la
novela va a presentarse como una reacción contra lo que la
ahogaba: lo épico. Las primeras grandes novelas "modernas",
el "GARGA~'l'UA." de Rabelais, y el inmortal "QUIJOTE",
son de este tipo. Podemos ver en ellas una sátira de cierto
aspecto de la literatura. de ciertos temas contra los cuales la
novela, recién nacida, querría luchar ya se trate de hazañas
de gigantes o de libros de caballería. Son "anti-epopeyas".

•

I

Pero si la novela hubiera seguido este único camino del
amor y de la aventura, no nos hubiera dado más que un aspecto muy reducido de sus posibilidades. Este aspecto que es
el de las historias un poco infantiles que llenan ahora las páginas de ciertas revistas femeninas. . . Felizmente la novela
era destinada a un rango mucho más importante. Por eso debió hacerse dueña de un dominio que ella sola podía cultivar:
el realismo y ln vida cotidiana. El siglo XVII y sobre todo
E-1 principio del XVIII, darán a la novela sus carácteres más
originales. Le darán la fuerza sin la cual se hubiera conven
tido en cuento azul. Y hay en la literatura universal una
obra que nos pinta los efectos nocivos de obras solamente no-

�La Novela

28

Serge Dannon

velescas: quiero hablar de "La Señora Bovary" de Gustavo
Flaubert, novela del novelesco visto por el realismo más implacable.
Novelesco, realismo: eso no bastaba a la novela en su ascención en el camino de la literatura. Así que la vemos anexarse poco a poco todos los géneros vecinos, y los críticos tuvieron que crear nuevas palabras: novela histórica, novela filosófica, novela poética, novela científica, sin hablar de estas
novelas que el lector vacila en calificar, novelas que pudieran
llamarse ensayos, o relatos de viaje, o de cualquier otra manera, pero que, a pesar de todo, son novelas. Este imperialismo
de la novela despertó entre los críticos, cierta inquietud. Muchos lo consideran como un signo precursor de decadencia, la
novela debiendo ahogarse pronto por superabundancia de sangre. En espera de tal cataclismo literario, podemos notar que
la invasión novelesca significa también la posibilidad, para
el público popular, de alcanzar ciertas manifestaciones intelectuales que sin eso ignoraría. Y a sé que los conocimientos
que la novela nos da bajo las etiquetas "filosófica", "científica", "histórica", etc., tienen muchas veces un valor a lo menos discutible, por no decir más. Pero, al fin y al cabo, la
novela es sobre todo una diversión, una de las más refinadas
tal vez, pero una diversión a la cual no se puede pedir la seriedad (y el aburrimiento) de una verdadera ciencia. Nuestro propósito no es desarrollar este tema, al que dejaremos
para entrar ahora en lo que llamaré los valores propios de
la novela.

ooo

En primer lugar ¿han notado cómo el valor literario, •o por mejor decir, la forma de una novela, parece tener
poca importancia ? Si estableeemos una escala de los géneros
literarios segÍln la importancia que dan al estilo, encontramos:
en un extremo, el más alto, la Poesía, y en el otro, el más
bajo, la Filosofía. ¿Y la Kovefa ? Desgraciadamente debemos
reconocer que muchísimas veces se encuentra en el escalón
más bajo. Por ejemplo, las obras de Balzac o de Blasco Ib'áñez, a pesar de su potencia de evocación y de sentimiento, tienen innumerables errores de estilo y de gramática; y sin embargo llamamos a estos: grandes autores, y es justo. Pero
personalmente niego tal título a estos escritores modernos que
escriben mal porque es más fácil, o porque creen que eso puede reemplazar el talento, olvidando que los grandes autores
que algunas veces escribieron mal, poseían cualidades de inspiración de las cuales ellos ( o ellas) carecen. Pero debemos
admitir que, hasta cierto límite, la forma no parece tener gran
importancia en el juicio de la gloria . ..

•

i

29

Perdonamos a un libro su malo estilo, pero ¿le perdonamos más? -¡ Claro que sí!- Una novela puede tener una composición ilógica, hasta absurda, empezar por el fin y volver
a los primeros acontecimientos. Ko importa. Hasta el siglo
XVIII, la literatura no conoció más que novelas cuya acción
se perdía en un montón inextricable de intrigas secundarias
que no dejaban a la principal más que un lugar bastante reducido. Los otros géneros literarios piden un orden a _lo menos lógico, pero en la novela la composición sigue -o parece
seguir- el compás original de la propia vida. Y hasta notemos en la novela moderna intentos para utilizar procedimientos de simultaneidad; tal es, por ejemplo, el "Ulysse" de James Joyce, cuyas 800 páginas no contienen más que el relato,
con sus pequeñísimos detalles, de la vida de distintas personas durante 24 horas, con recuerdos y prolongaciones mentales en el futuro. También Dos Passos se permite con el relato y el tiempo, ciertas libertades. Y es interesante notar que
el cine, abandonando su carácter impersonal de encadenamiento de imágenes objetivas toma todos los días tal libertad; y
estamos acostumbrados a estas películas que empiezan por la
última fotografía, en las cuales el asesinado de los primeros
minutos, vuelve durante hora y media a explicarnos cómo llegó a tal fin. . . Si se admite que el cine es un arte aparte de
los otros, la novela me parece también ser un género al margen de todos los demás.
El carácter original de la novela aparece igualmente en
el puuto de vista adoptado por el novelista frente a su obra.
Este punto de vista puede cambiar de una novela a otra, y
hasta en la misma novela, y de un amor a otro. El teatro
no tiene estos problemas de perspectivas, es evidente. El
cuento tampoco, puesto que el narrador es un mero titerero.
Cuando se trata de la novela, la cosa es mucho más compleja.
Pero podemos reducir a cuatro las actitudes más importantes
del novelista. La primera, la más sencilla, es contar la historia, lo haría un narrador, sin escónderse. Tal manera de proceder no es rara y hasta los buenos autores, para marcar su
presencia, intercalan sus propias reflexiones en medio del relato (por ejemplo Stendhal en "La Cartuja de Parma"). La
segunda posibilidad, para el autor, consiste en identificarse
con uno de los personajes, el héroe o un protagonista secundario (en "Wuthering Eights", el relato está a cargo del criado Lockwood) ; es el relato hecho en primera persona, el cual,
algunas veres se confundr con la autobiografía más o menos
disfrazada cuyo mejor ejemplo es la obra de :M:arcel Pronst.
Tercera artitud : el autor adopta el punto de vista que SE&gt;ría
!c'l del testigo invisible, rapaz de ver y de oir a todos los per-

�\

30

sonajes, en todas las · circunstancias de la vida, tal como un
nuevo Asmodeo. Le queda al lector explicar todos estos actos
y todas estas palabras, y hallar los sentimientos que los motivaron. En Estados Unidos, los novelistas modernos van aún
más allá: en lo que llaman "las novelas del comportamiento",
el análisis psicológico ha totalmente desaparecido, como por
ejemplo en "'fhe Killers" de Hemingway. En su obra "U.S.A.",
Dos Passos, deseando dar vida a una época, un continente, sin
hacer una serie de monografías, integró en su libro capítulos
titulados "El ojo de la cámara" que no son sino artículos cortados en los periódicos de la época, el testigo invisible mirando no sólo a los protagonistas de la novela sino también al
mundo que les rodea. La cuarta posibilidad para el novelista
es_ de escoger el punto de vista de Dios, la ubicuidad que permite al autor entrar en los pensamientos, en los sentimientos
de sus personajes, explicar así sus actos, y anunciar con certidumbre el porvenir. Este procedimiento, el más frecuente. se
utiliza en obras de gran valor, como en obras de segundo rango.
Me parece naturalmente superfluo añadir que esas cuatro
posibilidades brindadas al autor de novela, permiten numerosas variantes, hasta en la misma obra, alternando o combinándose, aumentando así las riquezas del género literarilo que
analizamos.

ooo
Si por fin estudiamos la novela bajo otro ángulo, nos
presenta ciertas enseñanzas generales que merecen que nos
detengamos un poco. Sabemos que todas las grandes literaturas antiguas ( Grecia, Roma, Egipto) tuvieron su novela.
Pero a diferencia de las literaturas de las civilizaciones modernas, nos presentan la novela como un género tardío y secundario. Solamente las literaturas "modernas" han dado las
obras maestras de la novela (EL QUIJOTE, LA GUERRA Y
LA PAZ, LA CARTUJA DE PARMA, etc.). Eso resulta de
dos hechos que muchas veces no llaman bastante la atención.
El primero es la sustitución de la literatura oral por la.
literatura escrita. Las circunstancias históricas de tal sustitución se entienden: a pesar de su invención en 1440, la imprenta no tiene aún en el ,;iglo XVI gran importancia; en
esta época el reino del libro no está del todo entendido. Las
generaciones sucesivas más que conservar, dejan que se pierda. Pero si la Antigiiedad abandonaba en el camino su
saber y sus bibliotecas, ahora no perdemos casi nada, todo se
imprime. Y en esta perspectiva general, vemos por qué va a
desaparecer la importancia que, hasta en el siglo XVI, aún
tenía la conversación en todas sus formas ( discursos, colo-

31

Serge Darmon

La Novela

..

quios, discusiones, ... ) como medio de búsqueda de la verdad.
Durante largo tiempo rl libro no será más que una ayuda para
las memorias flojas. Poco a poco la conversación va a desarrollar un papel más mundano que filosófico, y el libro va
a ocupar un rango cada día más elevado, hasta llegar a la
actual "mística del libro" que hace que toda manifestación
del espíritu humano parezca deber acabar en un libro. La
consecuencia de tal cambio en los medios de expresión se debe
a que una parte importantísima de la transmisión del pensamiento humano, ha desaparecido: la transmisión oral, el secreto, el esoterismo. Hoy se escribe demasiado, y todo lo que
se escribe acaba un día u otro entre las páginas de una novela ... Diré más; diré que eu el orgullo de su poder, la literatura novelesca moderna olvida sus origenes orales; la novela
olvida los ritmos sencillos y las historias populares de las epopeyas que las precedieron; olvida también que ahora no es
más que el compañero de un lector solitario, al contrario de
la epopeya que era una cosa sencilla, compuesta para la muchedumbre. No pe1·demos casi nada, hemos dicho, pero el torrente
literario hecho de novelas, ensayos, etc., trae muchas veces
lodo y cosas sin valor.
La segunda explicación al éxito actual de la novela es un
fenómeno relativamente reciente: el acceso, a la vida estética,
de un nuevo núblico: LAS SEJiilORAS. El papel de esta parte
del público se hace desde hace un siglo cada día más grande.
La mujer aparece tambifo, según una concepción cristiana,
como inspiradora de la literatura, y la novela acaba por presentarse como un relato de aventuras ( amorosas o no) destinado a un público femenino dominante, público que es ahora,
en número, el má'&gt; importante.

ooo
Aumento del público en general, y del público femenino en particular, desaparición de la literatura oral, transformación de la novela en un compendio de todos los géneros literarios. . . . ¡Bueno! El Libro es Rey. Creo que
no. Y creo que no porque este hermoso edificio dedicado a la
gloria de la cosa impresa ... está podrido. 'Miremos con atención la literatura impresa; la veo en los últimos años volver
a lo que era en la Antigüedad: una comprobación al lado de
una literatura oral. 1\Iiren por ejemplo la importancia dada
ahora a los medios de transmisión de la palabra (radio, disco,
cinta magnética, tel,~visión). Nacidos hace poco ocupan ya
un lugar privilegiado. Otra cosa: se hacen todavía películas
según una novela, pero vemos muchas veces en el aparador
de la librería una nonla escrita después de una película,

�32

La Novela

como para ayudar nuestra memoria. Muchos poemas, numerosas novelas, se ensayan en la radio antes de publicarse. Y
creo también que la televisión acentuará esta evolución. Así
que, poco a poco, el libro no será más que una confirmación,
una ayuda. Así que, el éxito de la novela debe también disminuir. Por la razón que acabamos de anotar, pero también
porque la mujer, principal lectora de novelas, se coloca en
casi todos los países en su verdadero lugar, es decir al mismo
nivel que el hombre: ella quiere trabajar y desarrollar su papel en la vida del país. Sus ocios disminuyen, y naturalmente,
su lectura de novelas ...
Me van a creer .muy pesimista. No lo soy, y no creo que
lleguemos un día a la desaparición TOTAL del libro. Es indispensable en muchos dominios. Pero podemos temer que la
autoridad que ejerce ahora en nuestra vida, llegue en un día
próximo, a desaparecer.
·

1

'

fuanita Soriano / DIFICIL LUZ

pifícil luz de azules y nevadas
busco en el aire tu. dibujo cierto,
desde el silencio del aroma muerto
y de ingenuas. est~ellas enterradas;''1i 1 ,
•

'-

.,'

: ·

1

t'

•

Descendieron lás laces desatadas.e' !
de aquel azul hasta mi mar desiettC9,
e'Sparcidas y. rotas por el huerto;· ,
de humanos tallos
y alas .rJat.Jfrag 0das.
..
1

\..

'

,._

Ven, lumínico .acento, pez-de nieve •·
que yo descubro 'POr el aire 'leve.
Luz que yo sola sé, color de olvido.
Perdida miel, sin huella de su ausencia,
única luz, difícil transp-arencia ,
que digo sin decir, sol .combatido:
•

1'

Difícil luz, estero de cenizas,
agonizada fransparencia queda,
fragmento de luciérnaga que rueda
encendida entre polvo de sonrisas.
-33-

�Difícil Luz

Agonizadas ya también las brisas,
la luz alucinando la vereda ...
El azul que en mis párpados se enreda
yace extraviado en hojarasca y trizas.

Seymour Menton / INFLUENCIAS EXTRANJERAS EN
LAS OBRAS DE FEDERICO GAMBOA

Pero tú, dulce nombre, luz dormida,
difícil de decir, color de vida,
vencida de celestes y penumbras,
no sé cómo alentada de jazmines,
de caricias en flor y de violines
en m, recuerdo del azul, deslumbras.
FEDERICO GAMBOA (1864-1939),
el novelista más grande del siglo XIX (1) en México, es un
tema ideal para los estudiantes de literatura comparada. De
amplia cultura literaria, Gamboa tomó y adaptó hábilmente,
para su uso, conceptos y situaciones de los autores más famosos de las décadas anteriores. La mayor parte de lo críticos
le juzgan ligeramente un seguidor de los naturalistas franceses, sin determinar exactamente hasta qué grado está en deuda con Zola y sus compañeros y sin reconocer la influencia
que ejercieron en sus obras otros autores famosos de España,
Portugal, Italia y Rusia.
Gamboa escribió sus cinco primeras novelas con gran entusiasmo por las teorías literarias y las obras de los naturalistas franceses. Estaba completamente de acuerdo con los
principios formulados por Zola y los hermanos Goncourt, quienes aplicaron las teorías científicas y filosóficas del siglo XIX
a la literatura.
·
Además de basar su propio credo literario en el de Zola,
Gamboa maneja en sus obras diferentes temas y situaciones
que indudablemente están inspirados en otros semejantes de
la voluminosa producción del "Maestro de Médan" (2).

111

Difícil luz, casi ecuación de rosas
y torrente de pájaros y nidos,

como fotografía de sonidos
y cadencia de abstractas mariposas.
¿Qué luz en sombra de lejanas cosas
es memoria de náufragos vencidos?
Difícil luz, recuerdos sumergidos
en inmóviles aguas silenciosas.
Estela de dormido sentimiento
· quiero tan sólo aquella luz pequeña
que ilumina de amor mi pensamiento.
Llamarada de azul estrella fría,
sé que es azul, porque en azules sueña
y me enciende de azul la fantasía.

"'

En "El Primer Caso", uno de los cuentos de Del natural
(1888), el primer libro publicado por Gamboa, las travesuras
de la infancia de Rosita y su caudillaje de los pillastres vecinos, recuerdan inmediatamente a la Nana .de seis años de
L'assomoir. La iniciación de Rosita en las aventuras amorosas, como la de Nana, es el resultado de su primer trabajo.
"Uno de tantos", otro cuento de Del na.tura.!, se refiere al teatro y a la vida amorosa de su actriz principal. Las descripciones de Gamboa de la noche del estreno y del ensayo son como

,.

,.

1

'

�36

Influencias Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

una reminiscencia de escenas semejantes en Nana. En Apariencias (1892), la primera novela de Gamboa, encontramos
la misma exposición del adulterio que en La curée de Zola;
un hombre de edad madura que pierde el amor de su joven
esposa a su propio hijo. Sin embargo, el tratamiento a que
somete Gamboa su tema es totalmente diferente del de Zola
y presenta bastante semejanza con otras obras del siglo XIX
sobre el adulterio. Un pequeño detalle de esta novela, la descripción del destrozo del tren, nos hace pensar en La béte
humaine de Zola. Para el castigo del adúltero y de la adúltera, Gamboa siguió el ejemplo de la primera novela de Zola,
Thérése Raquin. En estas dos obras, ambos, el hombre y la
mujer, pecadores, sufren el tormento de una conciencia culpable, que demuestra ser por sí misma el castigo más efectivo
de sus crímenes.
La obra más famosa de Gamboa es Santa (1903), la cual,
con frecuencia, ha sido injustamente clasificada como una imitación de Nana (3). La única semejanza entre estos dos popularísimos libros consiste en la relación entre Nana y George,
el hijo más joven de Mme. Hugon, y el corto episodio de Santa
con un joven estudiante de 16 años de la Escuela Preparatoria. .Ambos muchachos idolatran a las voluptuosas cortesanas.
Su curiosidad adolescente y sus deseos son satisfechos por las
dos experimentadas pecadoras, que se sienten extremadamente lisonjeadas de que todavía pueden despertar una sincera y
arrolladora pasión . .Aman a sus jóvenes enamorados con granaje, son incapaces de corresponder con una pasión igualmentitud condescendiente, pero después de tantos años de libertite fuerte y sincera. Comparando los dos libros como unidades,
Santa es un estudio mucho más profundo de la prostituta que
Nana. Zola, deseoso de reproducir la foívola inmoralidad de
París en 1860, descuida a su heroína. Aunque la juventud de
Nana está ya descrita en L'assommoir, el autor no proporciona ninguna referencia a su pasado en su continuación Nana.
Ella nunca tiene tiempo para examinar sus propias acciones
ili su situación dentro de la sociedap.. .Aunque Zola pudo haberse inspirado en una persona real, Nana, en la novela, está
desprovista de toda individualidad. La actitud de Zola para
con élla es indiferente y, en ciertas ocasiones, exageradamente
crítica. Por otra parte, la investigación de Gamboa para la
historia y las emociones de la prostituta, hacen de Santa un
personaje mucho más humano y simpático. Otra diferencia
básica entre estas dos obras es que Nana es una actriz que,
inicialmente, conquista a París desde el escenario, mientras
que Santa llega a hacerse conocer en el prostíbulo de Elvira.
En efecto, una parte considerable de Santa se desenvuelve en

Seymour Menton

37

los lupanares de la ciudad de México, mientras que
a través de todo el libro, rodea a su "diva" de la
del teatro, el lujo de su apartamiento parisiense y el
de su casa de campo.

Zola, casi
algarabía
esplendor
·

El aspecto artístico de la novela siguiente de Gamboa, Reconquista (1908), es totalmente parecido a L'oeuvre de Zola.
El anhelo de Salvador .Arte;iga por pintar un inmenso panorama de los vicios de la ciudad de México, nos induce a pensar en el deseo ardiente de Claudio Lantier de llevar al lienzo sus impresiones de París. Procediendo como naturalistas,
ambos artistas se fijan en "documentos" verídicos para sus
composiciones. El recorrido nocturno de Salvador a través de
los viejos sectores de la ciudad de ~Iéxico está relacionado claramente con los paseos de Claudio a lo largo del Sena. .Ambos
artistas sufren de vez en cuando ataques de neurastenia a causa de su incapacidad para inmortalizar en el lienzo sus vagas
pero brillantes ideas. En la página fina1 de Reconquista, Gamboa afirma su renuncia del naturalismo. Sin pizca de duda,
Gamboa pensaba en el suicidio final de Claudio Lantier en
L'oeuvre, suicidio que se debe a su impotencia para ejecutar
su gran cuadro, al presentar a Salvador fortalecido con la fe
recobrada y mirando hacia el futuro con optimismo para llegar a completar su obra. Otra semejanza notable entre estas
dos obras es la amistad entre el artista neurasténico y el autor firme y práctico Claude Lantier y Pierre Sandoz; Salvador .Arteaga y Julián Covarrubias. Sin embargo, mientras Zola
se retrata en el personaje del novelista, _Gamboa se proyecta
dentro del artista. En ambas obras, las mujeres están subordinadas al arte. Christine, amante y por fin esposa de Claude,
así como Emilia, la primera mujer de Salvador, pierden su
identidad como mujeres al posar desnudas para sus respectivos maridos.
·
En su última novela, La llaga (1913), Gamboa reafirma
su ruptura con el naturalismo. Crea una situación típicamente
naturalista en el amor de un expresidiario por una viuda pobre. Sin embargo, el expresidiario Eulalio está destinado a
regenerarse por medio del amor y el trabajo. Mientras trabaja como un hombre ya regenerado, se enamora de la jove•
viuda Nieves. .A diferencia del procedimiento naturalista, este
amor supera grandes dificultades, incluso un peligroso accidente. El restablecimiento de Eulalio de un accidente casi
mortal y su optimismo subsiguiente se debe al amor de Nieves
que alienta sus deseos de trabajar de nuevo. Este grave accidente demuestra que la herencia y en especial el medio ambiente pueden ser vencidos y superados por el amor. Precisamente, durante su larga y penosa convalecencia, es cuando

'

�Seymour l\lenton
38

39

Influencias Extrani"""º -·• ms oi,,.._, ae J?ederico Gamboa

Eulalio se da cuenta de lo profundamente que le ama Nieves.
Es entonces cuando se atreve a revelarle su horrible crimén
(4) y su prisión. Esta contradicción del naturalismo muestra
un parecido sorprendente con la propia renuncia que hace Zola
de sus teorías anteriores en Travail. Con una intención claramente proselitista, Travail presenta la opinión de Zola de que
el hombre puede alcanzar la verdadera felicidad en una sociedad socialista, donde el trabajo no se considere como una odiosa carga. En la novela, Luc, el organizador de la fábrica socialista, vence muchos obstáculos, principalmente gracias al
gran amor que existe entre él y J osine. Las semejanzas entre
la J osine d€ Zola y la Nieves de Gamboa son demasiado visibles para que sean meras coincidencias. .Ambas mujeres han
pasado poco antes por experiencias matrimoniales desgraciadísimas. J osine era la amante de Ragu, un obrero brutal. Ella
y su hermanito Nanet sufrían constantemente los golpes del
borracho Ragu y, con frecuencia, eran arrojados a la calle,
fuera del hogar. Un día, Luc los ve en la calle pidiendo a
Ragu que les dé la llave de su miserable morada. .Aqu{l co.mienza a protegerlos y después de organizar bien su fábrira,
propone a Ragu que trabaje para él y que se case con Josine.
.Aunque la vida de ésta mejora desde el punto de vista material, la brutalidad de Ragu la empuja a seguir los dictados
de su verdadera pasión por Luc. Cuando Ragu comprueba que
su esposa está encinta de otro hombre, se vuelve todavía más
cruel que de costumbre. Después de descubrir que Luc es el
culpable, se oculta taimadamente y lo apuñala con fiereza.
Inmediatamente huy&lt;! de la aldea y, cuando pocos días más
tarde, se descubre en un camino cercano el cuerpo de Luc easi
devorado por los lobos, todos consideran a Ragu culpable del
crimen. J osine, sin prestar oídos a las murmuraciones, se queda en la casa de su amante hasta que éste se recupera por '
completo. El matrimonio de Luc con Josine impulsa a aquél
a trabajar con entusiasmo para lograr coronar con éxito la
realiza_ción de su proyecto. Aunque Nieves en La llaga no es
tratada tan cruelmente como Josine, también sufre mucho
antes de conocer al protagonista de la novela. Su padre, después de la muerte de su madre, la obliga a casarse con un
hombre por quien nunca ha sentido amor; éste, como Ragu,
se escapa para entregarse a la bebida y caer en manos de
otras mujeres. Afortunadamente para ella, su marido muere
al cabo de un año. Como, en el mismo transcurso de tiempo,
su padre también muere, el único protector de la joven viuda
es su hermano Liborio. Después de conocer a Eulalio, el amor
idílico de Nieves se ve envuelto en una gran tragedia. Nieve·s,
como J osine, desconoce las leyes de la sociedad y no vacila
en recibir en su casa a su amante herido donde su inmenso

cuidado y afecto aceleran su curación. Igual que J osine, sale
encinta antes de haberse casado. El embarazo no causa temor
ni desesperanza sino gran júbilo. Luc y Eulalio ven en sus
futuros hijos el medio de salvación y la ayuda para crear una
nueva sociedad. .Al descubrir el estado de Josine, las reflexiones de Luc son las siguientes :
Elle était á lui seul, puisqu'elle était enceinte d'un
enfant de luí. Le seul poux était le pére, le plaisir qu'on
volait á une femme ne laissait rien, ne comptait pas. Un
seul líen nouait le couple: solide, éternel, l'enfant, la vie
propagée, un étre nouveau, né de l'indissoluble union de
deux étres ... Pour toujours, J osine appartenait á Luc, et
elle luí rcviendrait, l'enfant serait letur vivante floraison"
(5).

La frase final de La llaga expresa cómo Eulalio, en su entusiasmo al saber que va a ser padre, besa solemnemente el
cuerpo de su futura esposa: "Y lo mismo que si besara una
santa promesa, por encima de sus ropas, besó el vientre de
Nieves" ( 6).
Los hermanos Goncourt eran para Gamboa del mismo tono inspirador que Zola. Sin embargo, aquéllos influyeron más
en la selección de temas novelísticos que en el propio desenvolvimiento. Con toda seguridad, la inspiración para 'Mi di~rio de 'Gamboa, del cual se han publicado cinco volúmenes
(1907-1938), procedió también del Journal de los Goncourt.
.Aunque Mi diario abarca un lapso más corto (1892-1911) que
el Journal (1851-1896), el trabajo de Gamboa es más interesante que el de su modelo, pues su vida tiene en sí mayor interés intrínseco. No sólo fue un -hombre de letras, sino también político durante un período muy turbulento de la hi~toria (7).
En muchas de sus obras de ficción, Gamboa adaptó temas que ya habían sido utilizados por los hermanos Goncourt:
la actriz de La Faustin en "Uno de tantos"; la monja enamorada de Soeur Philoméne &lt;'11 Metamorfosis; la prostituta y la
vida de prisión de La fille Elise en Santa y La llaga; y la vida
del artista de Manette Salomon y la conversión religiosa de:
Mme Gervaisais en Reconquista. Sin embargo, la única obra
de Gamboa influida con certeza por los Goncourt fue Santa,
la cual está relacionada más estrechamente con La fille Elise
que con Nana de Zola. Tanto Gamboa como Edmond Goncourt
insisten en los propósitos morales de sus libros.
De mi parte debo repetir lo que el maestro de .Auteuil declaró cuando la publicación de su Fille Elisa.:

�40

Influencias Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

Ce livre, j'ai la conscience de l'avoir fait austére et
chaste sans que jamais la page échapée a la nature delicate et brúlante de mon sujet, apporte autre chose á !'esprit de mon lecteur qu'une méditation triste". (8).
llay otras semejanzas entre Santa y La filie Elisa. El cochero que lleva a Elisa a su primer lupanar tiene el apodo de
"Tombeur des Belles". Un cochero también lleva a Santa al
primer burdel. El nombre irónico de Santa puede haber sido
inspirado por Divine a quien en la novela de los Goncourt reemplaza Elisa como favorita del alcalde en el burdel. Al hacerse amigo de la prostituta, Hipo el pianista desempeña el
mismo papel en Santa que el viejo violinista en la casa rural
donde Elisa hace su debut. Elisa y Santa gozan de gran popularidad al principio, pero en cuanto comienzan a declinar, se
suma a sus penas el odio lleno de envidia de sus compañeras.
},.unque Gamboa ronocía las obras de .Alphonse Daudet y
de Guy de Maupassant (9), estos dos importantes naturalistas
franceses influyeron en él menos que Zola y los hermanos Goncourt. La obra autobiográfica de Gamboa, Impresiones y recuerdos, se inc;;piró parcialmente en las Lettres de mon moulin,
de Daudet; cuyo subtítulo es "Jmpressions et souvenirs". Tres
capítulos del libro del mexicano están dedirados a narraciones cortas, las cuales tienen el mismo encanto delicado y trágico que se halla en los cuentos de Lettres de mon moulin.
Existe una relación más concreta entre Apariencias de Gamboa
y Fromont jeune et Risler ainé de Daudet. En ambas novelas,
que tratan el tema del adulterio, la esposa joven y atractiva
es infiel a su esposo ya maduro y comete adultnio con un jo-,
ven que goza de la entera confianza del marido. Una de las
primeras manifestaciones de cariño t&gt;ntre el joven Pedro y
Elena es el paseo que hacen por la calle tomados del brazo,
mientras que el esposo de ella, Don Luis, va del brazo con su
suegra. Da la impresión de que los viejos fueran los acompañantes de los novios. Este episodio recuerda la novela de Daudet en que la hermosa Sidonie se sienta cerca de George Fromont, joven amigo de su marido, en un teatro, y le da su brazo camino de casa, mientras el viejo Risler, su esposo, va detrás. Don Luis y Risler nada saben de la infidelidad de sus
respectivas esposas. En el momento preciso en que sus esposas los están traicionando los dos viejos piensan en su felicidad conyugal. En ambas novelas el clímax se produ&lt;'e en nn
baile elegantísimo que dan los ingenuos maridos. (10)
Put&gt;sto que la primera obra publicada por Gamboa es una
colección de cuentos breves, no se pueden evitar las comparaciones con las obras de uno de los cuentistas más famosos de
todos los tiempos, Guy de Maupassant. Sin embargo, a excep-

Seymour Menton

.

1

.

ción de dos pequeños detalles en un cuento, no hay influencia
directa del autor de La maison Tellier en Gamboa. Los puntos
de contacto entre los dos autores pueden notarse en El mechero de gas y L'hóritage. En el cuento mexicano, la esmerada
preparación de la comida para la primera visita del ministro
a la casa de Javier recuerda los preparativos para la comida
que hace la familia de Cachelin con motivo de la visita de
Lesable, el ambicioso burócrata a quien quieren agradar para
que sea su yerno. El desafortunado intento del mexicano Javier para entablar un duelo con el ofensor de su honor conyugal es una variante de la supresión del duelo de Lesable con
su subordinado, l\faze, difamador de su vida matrimonial.

o oo

..

..

Muy distinto de sus contemporáneos afrancesados, Gamboa conoció y admiró la literatura de España. El novelista
más grande de este país del siglo XIX fue Benito Pérez Galdós. Gamboa admiraba sinceramente "el privilegiado genio
galdosiano" (11) y algunos de los incidentes de sus obras están inspirado,s en los del novelista español. En el cuento de
Gamboa "El primer caso", la actitud de Isaac Cortijo ante el
advenimiento de la República, después de la caída del Empedor M:aximiliano, es exactamente _la misma que la producida
en Bringas por la caída de Isabel II en La de Bringas. Aunque
ambos son simples empleados, Isaac y Bringas, temen la represalia de los republicanos a causa de sus opiniones políticas.
La estadía de Rosita, hija de Isaac Cortijo, en un convento
induce a pensar en la de Fortunata en la obra de Galdós Fortunata y Jacinta. Enviada al convento para recibir una educación esrnn·ada, Rosita, igual que Fortunata, tiene la esperanza de purificarse al contacto de los muros santificados del conTento. El punto principal de semejanza entre los dos caso¡¡¡
rrside en la actitud tomada por las personas que son responsables de haber internado a las muchachas. Desde el principio, Fortunata y Rosita se adaptan tan bien a la vida conYentual que ::\Iax y los Cortijo temen que sus amadas lleguen
a hact&gt;rse monjas. Huelga decir que tales temores desaparecen bien pronto.
"Vend:a cerillos", el mejor de los cuentos de Del natural,
tiene un detalle que, sin duda, se inspiró en Galdós. La exi~tencia, relativamente confortable, de Sardín, como pupilo de
una familia rica, termina violentamente con un incidente casi
idéntico al que envuelve a Pablillo, el hermano menor de Martín Muriel, t&gt;n una de las primeras novelas de Galdós, El audaz.
Sardín v Pablillo son falsamente acusados de robar unos anillos valiosos por la denuncia de sirvientes, celosos de su posi-

�42

Influencias Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

1,

ción privilegiada ante los amos. El suicidio final del adolescente Sardín motiYado por el rechazo de su amor muestra una
semejanza muy estrecha con el suicidio de ~ar~~nela en la
novela del mismo nombre de Galdós. La descnpc10n que hace
Gamboa del joven Hipo en Santa pudo ta1?-bi~n •Se~ inspirada
por Marianela. El recuerdo que tiene el piamsta ciego de ~as
explicaciones que le daba su madre sobre el mundo exte_nor
nos lleva a recordar las conversaciones entre Nela Y el ciego
Pablo en la obra de Galdós. (12)

De todas las famosas adúlteras literarias del siglo XIX,
la Elena de Gamboa se parece mucho a la Luisa de Eca de
Queiroz en O primo Bazilio. Ambas aman a sus respectivos
maridos y son enteramente felices antes de destrozar su vida,
pues se engañan a si mismas creyendo que el verdadero amor
consiste únicamentf. en la pasión ardiente. Ambas disfrutan de
sus aventuras ilícitas, pero, al mismo tiempo, siguen tratando
a sus maridos con respeto y hasta con cierto grado de amor.
Después de cada crisis en sus relaciones ilícitas, Elena y Luisa
caen enfermas de fiebre cerebral. Esta, finalmente, muere de
1111 ataque a pesar de que su marido, Jorge, ha decidido perdonarla. Don Luis, en Apariencias, como Jorge, en O primo
Bazilio, es un hombre lleno de las tradiciones del enciclopedismo racionalista. Después de darse cuenta de la infidelidad de
i-u esposa, su razón es la que decide que no debe matarla. A
diferencia de otros escritores naturalistas importantes que tratan el adulterio, Gamboa también castiga al joven que fue cómplice del crimen. Gamboa, queriendo demostrar que el verdadero castigo del adúltero es el remordimiento, presenta a Pedro atormentado aun más que la adúltera.

"A su modo me explicaba las cosas, los animales, ll!,S
personas• me hablaba de colores, me describía las flores,
el campo: hasta las nubes! ... qué digo las nu1?es, hasta el
mismísimo sol! ... Por ella sé que es azul el cielo y verde
el campo; y aunque ignoro lo qu~ es azu~ y lo que es verde acá en mi cabeza me he fabricado mi paleta y cuanto
yo' considero se me figura que lo considero más bello de
lo que es en realidad ... " (13).
La deuda que tiene Gamboa para con la literatur~ española se manifiesta también en su primera novela, Apanenc1as.
Lo principal de la trama se inspir? en Manu~l Tamayo Y B'aus
(14), dramaturgo español de mediados del s~glo _XIX. Las relaciones entre Luis Elena y Pedro en Apanenc1as, se pueden
comparar por ente:o con las de Yorick, Alicia y Edmu~do ~~
Un drama nuevo. Edmundo es hijo adoptivo de Yorick as1
como Pedro lo es de Luis. Y orick y Luis, ya hombres maduros, están casados con mujeres atractivas y jóvenes, Alici~ Y
Elena, contra su propia voluntad, se enamoran de los pu~il~s
de sus maridos. Ellas, personas jóvenes, tratan de reprimir
sus pasiones. Aquí termina el pare~ido. Gambo~, en vez d_e
seguir el desenlace de Tamayo, prefiere las soluc10nes ofrecidas por tres escritores naturalistas: el francés Alphonse Daudet en Fromont jeune et Risler ainé, expuesta ya má;s arriba;
el español Leopoldo Alas en La Regenta y el portugues Eca de
Queiroz (15) en O primo Bazilio.
El carácter del don Luis de Gamboa es suficientemente
noble para equilibrar la infidelidad de su espo~a Y la ingratitud de su hijo adoptivo. Su único ~rim~n consiste en b~scar
la felicidad casándose con una muJer Joven. Como Victor
Quintanar en La Regenta, don Luis es responsable i~conscientemente de excitar la pasión entre su esposa y su posible amante. Ambos esposos inducen a la joven cónyuge a bailar con
el joven gallardo. Tanto el Pedro de Gamboa como el _Alvaro
de Alas, aprovechan la oportuni~ad para hac_er apas10nada11
declaraciones de amor a sus fervientes companeras.

o o o

43

Seymour ~lenton

o oo
Gamboa, como muchos de los novelistas del naturalismo,
(16) abandonó más tarde su credo literario y lo cambió por

una interpretación más espiritual del mundo. Su redescubrimiento del catolicismo es el tema de Reconquista, inspirada
en parte por 11 Santo (17) del italiano Antonio Fogazzaro. Ambos autores insisten en la subordinación del amor a la religión.
En Reconquista, el pecador Salvador se convierte a causa de
su hija, quien se ha hecho monja. En 11 Santo, el penitente
Piero :\faironi, se hace monje y es el responsable de la conversión de Jeanne Disalle, una mujer casada con la cual, varios años antes, había tenido relaciones amorosas.

o oo
Más directamente relacionada con Reconquista está Resurrección de León 'folstoi. El carácter autobiográfico de la

..

novela de Gamboa no desmerece en nada la fuerza inspiradora
de la novela rusa. La conducta de Nekhlyudov y Salvador es
esencialmente la misma. Los dos se arrepienten del deshonor
que han causado a sus amantes. Sin embargo, a pesar de todas sus protestas sinceras, el egoísmo les impide llegar a experimentar un amor auténtico. No es su amor sino ego:smo
lo que les empuja a buscar a sus antiguas amigas. Descontentos de la vida que llevan, Salvador y Nekhlyudov intentan
descargar su conciencia ayudando a las jóvenes abandonadas.

�44

Influencias Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

Rasgos de la influencia de Resurrección pueden verse también en Santa. Las circunstancias que conducen a la caída de
Santa son completamente semejantes a las de Maslova de Tolstoi.
Katyusha l\faslova, como Santa, se crió en el campo. Ambas
fueron educadas en honestos hogares donde gozaban del afecto sincero de sus mayores. Más tarde las dos se enamoraron
de soldados que las abandonaron después de haber satisfecho
sus deseos carnales. Las dos muchachas pierden la estimación
de su familia y se ven obligadas a abandonar su casa. La larga enfermedad de Santa después del aborto es paralela a la
muerte inminente de 1laslova a causa de un parto. Los dos
autores ponen a sus protagonistas en casas de pro~titución
. porque no tienen otro medio de ganarse la vida. M'ás tarde,
cuando ambas comparecen ante el tribunal, hay gran semejanza en las descripciones de la curiosidad que despiertan las
prostitutas entre los t&gt;spectadores, los miembros "morales"
&lt;le la sociedad.

Resurrección de Tolstoi que se parece tanto a Santa, en
cuanto es la historia de una prostituta, y a Reconquista en los
intentos del protagonista para llegar a la regeneración del
alma, también se parece a La llaga, pues ambos autores muestran su preocupación ante el injusto sufrimiento de sus prójimos. El encarcelamiento de Gregorio Báez por causas políticas, aunque es algo muy típico del 1\Iéxico porfiriano, reproduce los encarcelamientos también injustos que llega a descubrir Nekhlyudov una vez que aprende a observar. Ambos
autores tienen la misma tendencia de describir los aposentos
sucios y llenos de prisioneros. El efecto de la larga exposición al sol que sufren los exhaustos convictos, sus gemidos y
su vulgaridad, son puestos de relieve exactamente, por Tolstoi
lo mismo que por Gamboa.
Las descripciones que hace Tolstoi de los abusos de la
prisión y de la vida carcelaria en general tienen un atenuante
y es que él se sirve de un fuereño para sus descripciones:
N'ekhlyudov. Este no es el caso de Memorias de la Casa Muerta de Fiodor )1:. Dostoyevski, la novela que más se parece a
La Llaga, en cuanto a la presentación de la vida de los presos.
Kuestras incursion/JS en el diario de Gamboa nos han demostrado no sólo el entusiasmo con que él leyó la novela rusa,
sino también la impresión profunda que su lectura le produjt,
hasta el punto de acordarse de ella en sus visitas a la islaprisión de San Juan de ülúa (19).
El deseo de Gregorio Báez de contar las condiciones de
vida de la prisión, con la ª'yuda de sus compañeros y víctimas,
nos hace recordar inmediatamente Las Memorias de la Casa

Se)'mour Menton

45

Muerta, novela escrita en forma de memorias por Alexander
Petrovich Goryandikov. Igual que Eulalio en La Llaga, Goryanchikov era un ciudadano respetable que asesinó a su esposa
y que se entregó a la policía, siendo condenado a casi diez
años de presidio. El título, La llaga, que se refiere a las heridas ulcerosas, tanto físicas como morales, causadas por las
cadenas de la cárcel, fue probablemente inspirado por la novela rusa en la que Dostoyevski expone, con mordacidad, el
dolor y los horrores que padecen los prisioneros enfermos y
aun los agonizantes a causa de que nunca se les quitan las cadenas. Ni Dostoyevski ni Gamboa tratan de idealizar al tipo
común del preso. Por el contrario, ambos tratan de describir
el efecto brutal que causan las condiciones de la cárcel en los
prisioneros. Igualmente, los presos de ambas novelas en ciertas ocasiones, llegan a parecerse en el amor que mue~tran por
los animales que hay en las prisiones. El novelista ruso describe a sus prisioneros como seres capaces de mostrar afecto
verdadero por un caballo, ·un perro, una cabra y una águila.
El novelista mexicano revela su continua adhesión a la técnica del naturalismo al hacer una descripción espeluznante de
los presos que animan a la rata cuando está pariendo.
Una de las escenas inolvidables de las prisiones de Siberia
y de San Juan de Ulúa es la de los baños poco frecuentes de
los convictos. Aunque eran recibidos con alegría por los presos llenos de parásitos, no eran realmente un placer. Para
desnudarse tenían que ayudarse los unos a los otros ya que
estaban impedidos por las cadenas. Al comenzar a disputarse
el agua, parecen personajes arrancados del 'infierno' de Dante.
Aunque las condiciones de vida en ambas prisiones eran muy
semejantes, sin embargo, consta que la descripción de Gamboa
se inspiró, indudablemente7 en la de Dostoyevski.
"Al abrir nosotros la puerta del baño pensé que habíamos penetrado en los avernos. Figuraos una habitación de veinte pasos de larga y otros tantos de ancha, en
la que habría reunidos quizás hasta cien hombres a un
tiempo, o, por lo menos, ochenta, puesto que habían distribuido a los presos todos en dos tandas y de todos nostros habrían ido al baño unos doscientos. Vapor que se
nos metía por los ojos, sudor, suciedad, estrechez tan grande, que no sabíais donde posar el pie. Y o sentí pánico y
quise volverme atrás, pero Petrov inmediatamente me contuvo. A duras penas, con grandísimo trabajo, nos abrimos
paso hasta un banco, por entre cabezas de individuos sentados en el suelo, rogándoles nos hiciesen hueco para poder pasar. Pero los asientos de los bancos estaban todos
cogidos. Petrov me explicó que era menester comprar el

�46

lnfluenc~as Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

sitio, e inmediatamente entró en tratos con un preso que
estaba sentado junto a una ventanilla. Por una copeica
cedió su puesto; en seguida dióle Petrov el dinero, que
había tenido hasta allí con mucho cuidado apretado en el
puño; tomólo él e inmediatamente se metió debajo del banco, precisamente debajo de mi sitio, donde todo estaba oscuro, sucio y había una humedad resbaladiza por todas
partes que alcanzaba casi medio dedo de altura. Pero
hasta los sitios de debajo de los bancos estaban también
tomados; también allí se apiñaba la gente. En todo el
suelo no había el espacio de un palmo donde no se hubiesen acomodado furtivamente los presos encorvados y
echándose el agua de sus jarros. Otros estaban entre eUos
erguidos, y sosteniendo el jarro en la mano, se lavaban
en pie; el agua sucia escurría de sus cuerpos directamente sobre las medio afeitadas cabezas de los sentados en el
suelo. En el banco de sudar y en todas las gradas que a
él conducían, había hombres sentados, encogidos y apretujados, lavándose. Pero apenas se lavaban. La gente del
pueblo se lava poco con jabón y agua caliente; lo que sí
hacen es darse mucho vapor, y luego espurrearse con agua
fría ... y pare usted de contar. Sus cincuenta cordones
tendría el banco de sudar; todos se azotaban hasta el paroxismo ... Les daban vapor a cada momento. Aquello no
era ya calor; era fuego. Todo vibraba y retumbaba con
los gritos y los ruidos de cien cadenas que se arrastraban
por el suelo. Algunos ansiosos por adelantarse, se enredaban en las cadenas de los otros, y se asían a las cabezas
de los que estaban sentados má abajo, caían, se insultaban
y tiraban de los demás. El agua sucia chorreaba por todas partes. Todos estaban hasta tal punto embriagados,
en tal estado de enajenación, que prorrumpían en quejidos
y gritos. Junto al ventanillo del vestíbulo, por donde daban el agua, había insultos, apreturas, toda una batalla.
El agua caliente, no bien recogida, ve:r;tíase sobre las cabezas de los sentados en el suelo, antes de llegar a su
destino. De cuando en cuando, por la ventana o por la
puerta apierta, asomaba el ·mostachudo rostro de un soldado, que, fusil al brazo, miraba no fuera que se alterase
el orden. Las cabezas afeitadas y los cuerpos de los presos, enrojecidos por las vaporizaciones, parecían aún más
espantosos. En la espalda vaporizada, resaltaban generalmente con toda claridad las cicatrices de los latigazos o
palos antaño recibidos, de suerte que aquellas espaldas
parecían recién flageladas. Terribles cicatrices! A mí me
corría un escalofrío por la piel al mirarlas. Vuelven a
echar agua sobre la ardiente piedra del horno, y el vapor

Seymour llenton

lo llena todo de una nube densa, ardiente · todos chillan
y gritan. De entre la nube de vapor se de~tacan las maltratadas espaldas, las afeitadas cabezas, manos y pies torcidos" ( 20).
"Los penados no atendían órdenes, desnudábanse unos
a otros, medio alejados del resto; gritaban, silbaban, realizaban prodigios de equilibrio; pintaban, con sus posturas en la pesada diafanidad de la atmósfera quemante,
curvas imposibles, ángulos fantásticos, inexplicables posiciones momentáneas; todos atraídos por el agua que caía
y caía ... Pero donde el horror alcanzaba su colmo y paralizó a Gregorio, que continuaba atónito desde su rincón,
fué en las fisonomías y en los cráneos rapados, que ahora
veía iluminados por ese sol sin entrañas ...
¡ Dios santo! ¿y eran aquellos hombres sus semejantes
y sus hermanos ?...
Había bocas rientes, .que por lo grandes, simulaban
heridas sanguinolentas o pustulosas que hubieran reventado con aquel propio sol, y con sus emanaciones debieran
de envenenar el aire ; labios tan gruesos y groseros~ que
diríase pertenecían a bestias carniceras y voraces; maxilares y pómulos que acusaban voluntades irrompibles, de
acero; cejas, como selvas bravías, que escondían ojillos
hundidos y despestañaaos, ojos chinescos, de alarmante
estrabismo, ojos serenos y grandes, de vaca que rumia,
frente a la tristeza del crepúsculo, echada en los surcos. '
¿Y los cráneos? ...
Si Gregorio hubiera entendido de eso, se habría creído en un infierno de verdad; mas ignorante de todo, con
pasmosa certidumbre adivinaba que en aquellas simetrías,
protuberancias y oquedades radicaba la génesis del mal,
del mal antiguo y sin cura, el mal eterno e infinito ...
¿por qué, Señor? ... Allí, en los cráneos que se mojaban,
a los que la espuma turbia del jabón barato circundaba
de cierta blancura, indudablemente que se descifrarían
los orígenes de las razas y de los tiempos idos, que, a modo de maldición sin término, dejan las tristes herencias,
las degeneraciones y las lacras. : .

'

-

Y más por escapar a la turbación de sus ideas que
por compartir el deleite del baño, Gregorio se desnudó,
y ansiosamente, hundiéndose en la pila inferior, en la que
otros cuerpos desnudos y empapados le abrieron campo,
no muy amplio que se diga, no, lo indispensable para que
agazapado en el agua que corría con lentitudes de pobreza,
se enjabonara. A dos manos echábase el líquido encima

�48

Influencias Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

de la cabeza, cerrados los ojos, a fin de que huyera de su
pensamiento y de su vista la visión esa que se los' había
atenaceado" (21).
Gamboa, como Dostoyevski, comprendió que la situación
de los guardias no era mejor que la de los hombres que custodiaban. El novelista ruso lo demostró cuando Koller, un guarda polaco, intentaba huir con dos prisioneros. Gamboa hace
resaltar este episodio, con más fuerza, en lo que ocurre entre
"El Zamorano" y Crisógono. Un día, con el objeto de calmar
a los prisioneros sublevados, Crisógono y los demás soldados
reciben la orden de disparar dentro de la prisión. "El Zamorano" el tenor de la cárcel y que no era un cabecilla en esa
revueita recibió un tiro en la rodilla y quedó mutilado. Promete ve¡1garse del hombre que lo ha herido en cuanto descubra quién es. Una de las escenas más enternecedoras de todas
las obras de Gamboa, es cuando "El Zamorano" descubre que
el culpable es Crisógono. Encolerizado, pide una explicación
al guardián. Cuando éste señala su uniforme con un gesto de
resiO'nación es cuando "El Zamorano" comprende que ambos
&lt;:i
•
están
presos' en San Juan de Ulúa y coIDienza
a nacer ent re
ellos una profunda amistad.

Las Memorias de la Casa Muerta y la primera parte de
La llaga, terminan con la liberación de los protagonis~a~. Ale:irnnder Petrovich y Eulalio se sorprenden ante la noticia. Paradójicamente, ambos sienten un poco de t~isteza al salir. Alexander Petrovich se pone triste al despedirse de sus camaradas de prisión mientras que Eulalio descubre, por vez primera,
que el antiguo fuerte tiene cierto encanto.

Seymour Menton

49

que es, no solamente la mejor novela naturalista hispanoamerieana, sino también una de las obras más sobresalientes en la
historia de la prosa narrativa de Hispanoamérica (23) . El
amor, que desempeña un papel importante en La. llaga, Reconquista. y Santa., es aun más importante en las tres primeras novelas de Gamboa que, como Santa, muestran el apego de su
autor al mótodo naturalista. Metamorfosis (1899), Suprema.
ley (1896) y Apariencias (1892) denotan la obsesióp. del joven autor por las diferentes fases de las relaciones entre los
dos sexos. También los c•uentos de Del natural (1888), la primera obra que publicó Gamboa, muestran las tres características -tema erótico, método naturalista y preocupación por
las costumbres y problemas mexicanos- que el autor utilizó
al escribir sus seis novelas que han sido de gran importancia
pa1:a dar más categoría a ese género en México.
Siguiendo la tradición establecida por algunos de los más
sobresalientes novelistas mexicanos del siglo XIX, tales como
José Joaquín Fernández de Lizardi, José Tomás de Cuéllar Y
Emilio Rabasa, las obras de Gamboa son eminentemente mexicanas. Sin embargo, él supera a sus predecesores y contemporáneos, pues sin renunciar a su mexicanismo -tal como lo
hacen algunos autores ya olvidados del siglo XIX-, da a sus
obras un sentido universal exponiendo diversas facetas del
amor -el más universal de todos los temas- en una forma
tal que demuestra su conocimiento de las más grandes figuras
de la novela en el siglo XIX.
(Traducción de Juan Antonio Ayala).

o o o
Al indicar lo que Gamboa debe a los escritores mencionados no ha sido nuestra intención quitarle méritos. Por el
contr~rio sus obras necesariamente se han enriquecido con su
amplia c{tltura. Esencialmente en un novelista, sus tramas giran alrededor de varios aspectos del tema erótico, se desarrollan
de acuerdo a las normas naturalistas, pero nunca dejan de
manifestar una preocupación constante por las costumbres Y
los problemas mexicanos. Esta misma preocupación hace que
sus novelas sean precursoras de las novelas de la Revolución.
Esto se riota sobre todo en La llaga, su última novela, pero se
puede encontrar también en todas sus obras. A p~sar de sus
pasajes naturalistas, La. llaga (1913), como Reconqmsta. (1908),
repr~senta la ruptura de Gamboa con la filoso~ía de~~rminista
tan característica del naturalismo. Esta reaf1rmac10n de fe,
que el autor demostró al escribir estas dos novelas, se puede
notar ya en la página final de su mejor novela, Santa. (1903),

NOTAS
l . ~ principales obras de Gamboa fueron escritas entre 1888 y 1911.

Para México el siglo XIX finaliza con la calda del régimen de Porfirio Diaz en 1910.

2.-Crltlcando Vérlté, una de las novelas postnaturallstas de Zola, Gamboa, sin vacllar, reconoce que el autor francés ha sido su "maestro":
" ... Y me cuesta, ¡ vaya si me cuesta!, estampar estas cosas tratándose
del para mi respetadislmo y bien amado maestro, y agregar que es
éste el único libro suyo, -y cuenta que he leido y aun poseo como
blasón su integra obra magna,- que no luce ni una página siquiera,
Impregnada de aquel gran arte aue tanto abunda en sus producciones anteriores" (l\11 diario, 1-3 rMéxico: Gómez de la Puente, 1920],
pp. 246-247).
3.-"Santa (1903) parece una hermana menor de Naná". (Julio Leguizamón, Historia de la Lltt&gt;ratura Hispanoamericana, [Buenos Aires:
Editorial Reunidas, 19451, tomo II, p. 180.
"Cuando Naná se pone de moda, brindaremos las truculencias ultraGoncourt y supra-Zola de Santa". (Luis Alberto Sánchez, Proceso y
rontenldo de la novela hispanoamericana, Madrid: Editorial Gredos,
1953, p. 57).

�50

Influencias Extranjeras en las Obras de Federico Gamboa

4.-Asesinó a sil mujer por la desesperante indiferencia de ésta hacia él.
5.-Emile Zola,' Travall, (Paris: Bibliothéque Charpentier, 1906), p. 267.
6.-Gamboa, La llaga, 3a. ed. (México: Botas, 1947). p. 320.
7.-Después de .la publicación del primer volumen de J\'.li diario, en 1907,
Manuel Puga y Acal, el famoso crítico mexicano, escribió a Gamboa
una carta en la cual, refiriéndose al Journal de los Goncourt, dice:
... "Los per-sonajes que pasan a través de éste despertaron en mí ideas
librescas, mientras que los que pasan a través del tuyo, han despertado sensaciones y sentimientos vividos ... " (Gamboa, Mi diario, II-1
rMéxico: Gómez de la Puente, 19341 , p. 288).
8.--Gamboa, Santa, 13a. ed. (México: Botas, 1947), p. 8.
9.-Después de visit ar a Zola y a Edmundo Goncourt en París en 1893,
Gamboa se desilusionó enormemente al no poder ver a Daudet, ya
que éste daba una fiesta en su casa y no quiso ser interrumpido.
(Mi cllario, 1-1 Guadalajara: La Gaceta ele Guadalajara, 1907, p. 172).
Aunque Gamboa no vio a De Maupassant porque el cuentista había
muerto precisamente ese mismo año, su nombre aparece dos veces
en )fi diario (1-1, p. 286; 1-2, p. 179) .
10.-Un baile e:; también el lugar de una declaración de amor adulterino
en Une belle journée de Henry Céard. Sin embargo, en esta sátira
de la novela naturalista del adulterio, el adulterio nunca se llega a
consumar a pesar de que ha sido preparado cuidadosamente.
11.-Gamboa, i\li diario, II-2, (México: Botas, 1938) , p. 307.
12.- Benito Pérez Galdós, J\larianela (Buenos Aires: Espasa Calpe, 1941) ,
pp. 45-65.
13.-Gamboa, Santa, pp. 80-81.
14.-El documento en el cual se nombra a Gamboa miembro correspondiente de la Academia Española fue firmado por Manuel Tamayo y
Baus, "la mayor gloria del teatro español moderno". (Gamboa, Impresiones y recuerdos, 2a. ed. rMéxico: Gómez de la Puente, 1922],
p. 155) .
15.-Ambos, Alas y Eca de Queiroz son mencionados en Mi diario: 1-2, p.
11 ; 1-2, p. 49; 1-3, p . 81; 11-1, p. 176.
16.- Emile Zola, Joris-Karl Huysmans, Pérez Galdós y Pardo Bazán, entre
otros.
17.-En su diario, Gamboa dice que leyó II Santo mientras estaba en Guatemala, trabajando en la segunda y última parte de Reconquista (Mi
. ... cliario, 11-2, p. 414).
18.-Gamboa leyó a este famoso novelista ruso mientras escribía el segundo capitulo de Santa \MI diario, 1-2, pp. 250-251, 259).
19.-"En dos noches he devorado, lleno de angustias, los Recuerdos de la
('asa de los Muertos, del portentoso Dostoiewski" (Mi diario, 1-3, p.
373). "Impresión dostoiewsklana la que me produce mi larga y minuciosa visita, para mi novela en proyecto a la que por lo pronto
llamo 'Parlas', del presidio de San Juan de Ulúa" (Mi diario, 11-1, p.
7~).

20.-Fiodor M. Dostoyevski, Memorias de la Casa Muerta, traducción española por Rafael Cansinos Assens (Madrid: Agullar, 1949, 4a. ed.),
Tomo I , pp. 1229b-1230ab.
21.-Gamboa, La llaga, pp. 42-44.
22.- Además de sus novelas, cuentos y obras autobiográficas, Gamboa escribió tres obras de teatro: La última campaña, La venganza de la
gleba y Entre hermanos; las dos primeras fueron muy bien recibidas
por el público.
23.-Carlos Héctor de la Peña, en La novela moderna, (México: Editorial
Jus, 1944), p. 40, menciona Santa como una de las contadas grandes
novelas de nuestro tiempo, junto con La vor&gt;'l.glne, Doiía Bárbara,
Don Segundo Sombra y Los de abajo.

Hugo Padilla /

EGIDA DE LA LUZ

"supuesta noche imaginarla
que al despertar empaña todas las
(transparencias"
Paul Eluard, Poema.

LA LUZ entre las hojas, la luz verde
del muro como un brazo de piedra florecido:
la luz como vapor o forma de la espuma que se expande
como un bosque de manos por un bosque de cuerpos
en la playa; la luz como el recuerdo
de los ojos de mica del desierto, salvaje
furia de destellos que fusila, al pié de lo amarillo,
los ojos del sediento. La luz
como las alas para soñar, como e·I mar
para dormir sobre la espalda de las olas;
la luz como la flecha para hacer del corazón
del tiempo un surtidor y ahogarse ahíto;
como el anzuelo para pescar el pez
-minuto relumbrante- y volverlo
como se vue-:ve un guante o se vuelve a
en el fondo violeta de la tarde

'

-51-

�Egida de la Lnz

el caserío olvidado donde un niño,
al otro lado del abismo, quiere reconocernos
mientras lo recordamos. La luz
como liana o látigo para cruzar
o destrozar el día y hacer de un día mil años,
como un espejo roto de mil rostros
o el abanico de colores, surtidor que mana
del rostro de lo blanco rebanado contra la arista del cristal.
Hecha añicos la hora resplandece como un almácigo de
·
(astros,

Hago Padilla

perforo un pecho pero otra lanza me aniquila.
La luz estalla en pájaros hermosos, transparentes,
y el viento es de cristal:
tras el monte de jade un pueblo reza arrodillado.
Rebota la oración sobre el pecho de vidrio de la cúpula:
es una sola iglesia todo el cielo. Fatigado,
me tiendo al pie de un árbol, al pie de la oración
y espero a que florezcan.

·

Cierra los ojos el cansancio,
pero otro sueño dentro del sueño crece: es tu sueño.

como un pueblo que en la noche religiosa
en cada antorcha enciende un siglo de esperanza:

Con pelo negro de cascada en la noche,

como la arena, bajo el sol, quebrada

la noche horadas y el silencio.

por el azul sin tiempo de las olas.

El verde cementerio de los muertos
-flor de la buena noche en el mal día-

Me ciego por la luz

resucita. Los rostros empolvados, confundidos,

y al fin, tras larga espera, duermo.

aparecen girando a través de los dfas y los siglos:

Sueño lo que viví, la cuerda del insomnio

tolvanera sobre un pueblo desierto y sin memoria.

que va de mí hacia mí: trepo por ella
en busca de mi rostro. Al borde hay un espejo
me miro en él: mi rostro es otro espejo.

Rasgan tus uñas, oscuramente, a tientas,
bloques de tiempo, años endurecidos como piedras,
años de lluvia que velan la mirada. Llegas:

Desde el pico de luz, la luz d8'Sciende:

tocas en el cristal del día presente

su mano fría hiela las rocas como unos labios fríos

como se toca a una ventana:

hielan la roja sangre enamorada. La niebla

¿son algo más la hora y el minuto

corre por calles blancas y desiertas. Con una lanza

que un agujero para acechar el tiempo que me acecha

horado mi camino, dificultosamente: al cabo,

ojo con ojo, diente con diente, cara a cara?

�Hu¡ro Padilla

Egida de la Luz

entre la pluma y el abismo juega: ¿quién es?

Nada se pierde ahí, nada se desvanece:

Yo soy: no es nadie. Es sólo un remolino,

¿a dónde iría la luz, barco de vela
que encalla entre las rocas de la noche?

un vértigo •de luz que se devora
•

¡

La noche es luz, los días son relámpagos

como un niño que come una manzana.

y el hueco del durazno, intacto,

Fuera del ojo, absorta, mira la yedra

desciende ahora en verdes ondas sobre la espalda del
(gusano:

discurrir insomne a las olas de luz sobre su cuerpo.

polvo fosforescente que espera el sueño en otro polvo.
La noche es luminosa, y en el sueño
navegan vida y muerte como los pájaros y el tronco so(bre el río,
hojas vivas, plumas de sol sobre un cadáver,
todo encendido en la pureza de una nota
que baña de oro el agua.
Tres olas adelante se petrifica el canto
y la madera trina y echa alas:
todo se cambia de vestido y el tiempo recomienza.
¿Cómo recuperar lo que ya fué,
pero también cómo perderlo? Sigo
este sueño hasta alcanzar la orilla,
jardín de imanes de agua y piedras encantadas:
flores tus manos y ·tus senos cantos
nacen de claridad y cabecean, blancos fantasmas
en un bosque de árboles nocturnos.
Desasido de mí voy a su encuentro
por un hilo de luz donde mi suerte

r •

�Richard H. Roven,

Richard H Rovere / EL

gaciones empujan a las afirmaciones, las antítesis siempre vienen inmediatamente después de las tesis. A lo largo de toda
su vida, ha apreciado mucho el ideal confucionista de la vida;
gran parte de su obra lo refleja; pero, vida y obra, tomadas
en conjunto, son un caos total, aunque en ciertas ocasiones
sea un caos glorioso, como dijo William Butler Yeats al hablar de la "confusión balbuciente" de los Cantos, su obra más
importante. Este gran hombre ha definido el amor y el odio,
la amistad y la misantropía, la razón y la sinrazón, la pureza
más ejemplar y lo más abyecto, a espíritus luminosos como el
de Y eats y Robert Frost y a degenerados y locos como Benito Mussolini y a fanáticos como a John Kasper, el joven desorientado que recientemente ha sido condenado a un año de
prisión por desacato contra un tribunal que le juzgó por haber provocado a los blancos a declarar huelgas y a matar a
los negros en los Estados del Sur, fuertemente alentado por
Pound, según él dijo.

CASO DE EZRA POUND

S ERIA muy difícil encontrar a un
hombre vivo que presente una complejidad mental, temperamental y de acción como Ezra Pound, el poeta, erudito Y, a
veces, reformador, que ha pasado los últimos doce años de
&amp;.u vida, recluido, como loco, en el Hospital St. Elizabeth, un
inmenso asilo sostenido por el gobierno federal de los Estados Unidos en una colina situada al sudeste de Washington,

D. C.
Este enfermo es uno de los grandes luchadores y libertadores del espíritu moderno; pero también es un pobre diablo
que ha enven0nado a la opinión pública, una especie de caprichoso político que se ha desplazado desde sus teorías ridículas sobre el dinero hasta un chauvinismo sin fundamento. Ete Pound xenófobo es una de las auténticas personalidades cosmopolitas de nuestro siglo. Así como ha sabido reflejar en sus escritos el ambiente de su tiempo, también ha
sido un hombre esforzado que nos ha puesto en contacto con
otras civilizaciones. Sin embargo, en su temperamento de poeta existe una especie de resonancias de voceador callejero de
New York, militante del Frente Cristiano. Este Pound cosmopolita es un auténtico patriota; su amor hacia los Estados
Unidos es genuino y afectuoso; él mismo ha tenido gran parte en el desarrollo de la cultura norteamericana durante los
últimos cincuenta años. Pero también, .y esto es lo grave,
fue acusado del delito de traición por más de 19 tribunales
desde el 26 de noviembre de 1945. Existe un hecho que no
tiene negativa: Pound hizo propaganda en pro de los enemigos fascistas desde la Italia de Mussolini durante la pasada
guerra.
En la extraordinaria personalidad de Ezra Pound, las
cualidades chocan estrepitosamente con los defectos, las ne-

56 -

I

•

En el mundo que Ponnd desea en sus momentos optimistas, las primeras eosas estarían en primer lugar. Y la co~a
más importante es que él es un gran poeta. De esto nadie
puede dudar, ni él ni nosotros. Actualmente el gran públi~o,
los artículos de las agencias periodísticas y los comentanos
de las revistas de gran circulación se preocupan mucho de
Pound, el escritor loco, consejero· de los comités de ciudadanos blancos y de la reaparición del Ku-Klux-Klan, algo así
como los bolcheviques se preocupaban de Lenín antes de 1917.
La comparación, claro está, es absurda y posiblemente las relaciones entre Pound y Kasper no son tan profundas como
afirma este último, joven hambriento de un dios y quizá necesitado de un padre. Los consejos de ciudadanos blancos no
deberían agruparse alrededor de Pound simplemente porque
lo haya afirmado así Kasper. Los libros de registro del Hospital St. Elizabeth revelan que no son más de seis las visitas
que hizo Kasper a Pound y aunque pueden haber sido más,
un número determinado de visitas no puede evidenciar la
responsabilidad directa de Pound en todo este asunto. No
debe culparse a la iglesia de todos los actos de los puritanos. Ezra Pound es un fanático, lo cual ya es suficientemente reprobable, pero, se debe reconocer que no se tienen indicios de que él haya opinado jamás acerca de la integración
racial fü las Escuelas públicas. El mundo acostumbra con
mucha frecuencia a poner en primer plano lo secundario y para
este mundo lo que ahora importa es que Pound es un hombre internado, un paciente o enfermo mental, un escritor loco,
que cometió una trafoión y que aparece mezclado en los asuntos del agitador racial, Kasper.

�58

El Caso de Ezra Pound

Pero lo principal es que Ezra Pound es un gran poeta.
La poesía no es una carrera de caballos o una competencia de
cualquier clase y sería ridículo ponerse a discutir sobre qué
poeta corre con más rapidez, salta una altura mayor o hace
mejores clavados. Sin embargo, se podría hacer una excepción del efecto que ha producido en este siglo la poesía de
Ezra Pound y se vería que no ha habido talento más grande
ni más fecundo que el suyo. Claro está que para ello habría
que compararlo únicamente con media docena de poetas ingleses. Estos serían: T. S. Elioi, Y eats, Frost ( alguien no estaría de acuerdo en cuanto a éste), W. H. Auden y Dylan
Thomas. Quizá algunos de éstos podrían ser eliminados y repuestos con poetas de segunda fila como Wallace Stevens, Robert Graves, W alter de la Hare, :M:ariam Moore, William Carlos Williams,. E.E. Cummings y Robert Lowell.
El puesto que ocupa Pound en la poesía es seguro, no
solamente por el valor de su obra, sino en cuanto es un hombre que ha inspirado a otros muchos poetas. No hace mucho, el Gobierno que tiene preso a Pound en St. Elizabeth *,
en sus esfuerzos por persuadir al mundo de que el pueblo americano está interesado por las cosas del espíritu, dijo que Ezra
Pound "ha sido el hombre que más brillo ha dado a ~a poesía
inglesa" y Haydes Carruth, uno de los críticos más talentosos, afirmó que "no existe razón alguna para que Pound esté
aún preso". Las declaraciones acerca de los servicios prestados por Pound a la poesía, son amplias y no se las puede ne'5'ar. Todos los poetas que pueden entrar en comparación con
él, o por lo menos la mitad de ellos, en algún tiempo de su
carrera han sido discípulos de Pound y otros muchos recibieron su ayuda. Uno de los más grandes poemas de nuestro
tiempo The Waste Land, de T. S. Eliot, fue inspirado por
Pound en su redacción definitiva. Eliot se lo fue mostrando en diversas etapas de su elaboración a p¿und y los últimos toques se deben a éste. . . "un poema desparramado y
caótico que las manos de Pound dejaron reducido a la mitad
de su extensión". La dedicatoria de The Waste La.nd dice
"Para Ezra Pound, il miglior fabbro". Pound influenció profundamente a Yeats en la fase más tardía de la carrera de
éste. El reconocimiento de Robert Frost acerca de la influencia que en él tuvo Pound, llegó un poco tarde; fue Pound
quien consiguió que Frost publicara sus obras en los Estados
Unidos y también fue Pound quien encontró un editor para
James Joyce. Amy Lowell, E.E. Cummings y William Carlos
Williams también sintieron su influencia. W. H. Auden es
* La publicación de este articulo en su idioma original fue anterior a la
salida de Pound del St. Ellzabeth Hospital. N. del T.

Richard H. Rovere

59

de una generación más tardía, pero también ha estado de
acuerdo con todos al afirmar que "hay muy pocos poetas vivos . .. que puedan decir 'Mi obra hubiera sido igual aun cuando no hubiera existido Pound".
Toda esta influencia de tipo literario y político es ahora
la misma que se produjo hace ya casi cincuenta años cuando
se publicó su primer libro A lume spento; la llama todavía
alumbra y calienta. Pound comenzó a escribir con verdadera
furia para purificar el lenguaje de la tribu social e incorporarlo a la vida misma. La poesía debía ser viva, y no se
debía escribir acerca de la vida. "Poesía es. . . algo así como
'crítica de vida', así como el hierro al rojo es una crítica del
fuego". La edad, dijo en uno de sus más famosos poemas:
. .. Demanded an image
of its accelerated grimace,
Something for the modern stage,
Not, at any ratem an Attic grace;
Not, not certainly, the obscure reveries
Of the inward gaze ;
Better mendacities
Than the classics in paraphase !
A prose kinema, not, not assuredly, alabaster
Or the "sculpture" of rhyme.
El dió a su tiempo lo que creyó que éste le pedía-volumen tras volumen de poesía, algunos de ellos de incomparable encanto, otros con fealdades extraordinarias y otros muchos más. Y todavía sigue haciendo lo mismo. En estos últimos años tristes y melancólicos, muchos poemas magníficos
y mágicos han salido hacia el mundo desde el manicomio de
Washington. Ha seguido adelante con sus Cantos, con su labor crítica y con su infatigable empresa de traducciones, la
última de las cuales es una admirable versión de las Traquinias de Sófocles. Si el New York Herald Tribune ve ahora en
su destartalado cuarto de Anacostia el lugar donde se corrompía a jóvenes como J. Kasper, otros, algún día lo podrán comparar con la celda en que Cervantes escribió Don Quijote o
Bunyan el Piligrim's Progress.
Pero Pound está vivo y aún discute en nuestro mundo
de muchos asuntos espinosos; sin embargo sólo trataremos de
su obra. Su locura -si es que en realidad existe- no va a
ser eliminada por sus versos, pues sólo éstos pueden esconderse tras de ella.

�GO

El Caso de Ezra Po11Dd

Se podrá decir, entre otras muchas cosas, que la poesía
es un acto de inteligencia controlada. Esto es cierto en el
caso particular de Pound, quien nunca ha dejado de pedirse a sí mismo y a su trabajo de poeta, un pensamiento frío,.
duro, orientado hacia una meta, ya que tiene además de temperamento poético una gran mente analítica. Sin embargo,
una inteligencia controlada y diferenciada no está libre de la
locura. Ambos-la locura y el genio-, pueden ser simultáneas
en un ser de tantas facetas como es Pound.
Se ha discutido mucho sobre la locura de Pound, en términos legales y médicos. Muchas autoridades respetables no
han logrado ponerse de acuerdo. Cuatro psiquiatras, uno de
ellos nombrado por el abogado de Pound, firmaron un informe colectivo por el cual encerraron a Pound en el Hospital
St. Elizabeth; con ello ahorraron a Pound y al país de la vergüenza de un juicio por alta traición. Pero algunos doctores
han sostenido que Pound está muy lejos de estar loco según
las rectas normas que se deben emplear en esta clase de exámenes y van más adelante al decir que se burló a la justicia,
pues Pound, en vez de ir a St. Elizabeth debería haber ido a
la horca.
Desde el punto de vista del gran público todo este asunto es mucho más simple. Si a Pound, dicen muchos, se le sujeta a los exámenes legales e institucionales como a todo criminal que tiene algo de psicópata, es, sin lugar a dudas, una
personalidad enfermiza que, según el criterio de los hombres
normales, ha perdido el contacto con la realidad en muchos
aspectos importantes. Si él no está loco, todos los demás lo
estamos. La desilusión del paranoico, sus mórbidas sospechas,
su visión de la vida como si ésta fuera una conspiración contra él, son eompletamente aparentes en la personalidad de
Pound y hasta en su más alta poesía, que, gradualmente, durante los últimos veinticinco años, ha versado acerca de las
obsesiones políticas y económicas que él mismo sufría. En
Pound, esas sospechas y desilusiones, son la manifestación de
una manía. No sería prueba d6 locura que un aldeano excéntrico afirmara que Franklin D. Roose:velt era un instrumento
del judaísmo internacional, o que se entró en la guerra pasada por un arn:glo financiero hecho por R. y Henry Morgenthau o que la historia del mundo hubiera cambiado si se
hubiera publicado unos años antes la autobiografa de Martin
Van Buren. Todo esto, a lo más, sería la manifestación d~ un
equívoco. Pero ya es algo muy distinto que crea en ellas y
las lleve a su poesía un hombre de la cultura de Pound. Desde la gran depresión, Pound se ha dedicado a hacer ''carteras
de seda con orejas de cerdo". Su tema más importante -muy

Richard H. Rovere

61

diferente de todos los demás temas secundarios, inclusive en
los que se refiere a Roosevlt y Morgenthau y V~n Buren- ha
sido el de todos los problemas de la humanidad tratados desde el punto de vista del interés monetario ("the beast with a
hunred legs, USURA") y contra los prestamistas comerciales
("every bank of discount is downright corruption/ every bank
of discount is downright iniquity"). Además ha afirmado que
la vida y el mundo serían nobles y dulces y estéticamente ricos si nosotros tuviéramos la sabiduría suficiente para poner
en práctica las reformas fiscales pr-0puestas por Silvio Gesell,
Mayor C. H. Douglas y otros reformadores de la política que
se ha de seguir acerca de la moneda circulante. Estas son
sus convicciones políticas y, al mismo tiempo, son el alma
de su poesía. En vista rle esto es por lo que se pregunta el
Dr. Frederic Wertham, uno de lo psiquiatras disidentes: "i Se
ha tomado una convicción política equivocada como prueba
de su paranoia!" La respuesta que puede dar una persona corriente -sin intentar por ello satisfacer a la psiquitría o a
la ley- es que una convicción política es la causa de la locura
cuando empuja a un hombre a decir a un amigo lo que Pound
dijo en una ocasión a William Carlos Williams que. "en ciertas cireuustancias prefería el santuario de St. Elizabeth al
mundo ']Ue esperaba más allá de las verjas, en la Nichols Avenue, donde creía que le iban a disparar los agentes de la
'pandilla internacional'".
Estas obsesiones le hacen ver la superficie de la vida en
un mundo que tolera a la usura como "infinitas irotas de pus,
como roñas pustulosas constantes" y el flujo de la vida en
este movimiento:
as thP, earth moves, the centre
passes over all parts in succession
a continual brum-belch
distributind its production.
Y sin embargo, por encima de toda duda o disputa, esas
carteras de Pound son de seda:
The ant's a centaur in bis dragon world.
Pull down thy vanity, it is not man
Made courage or made order or made grace
Pull down thy vanity, I shall pull down.
JÁarn of the green world wbat can be thy place
Jn scaled invention or true artistry
Pull down thy vanity.
Paquin pull down !
The green casque has outdone your elegance.

�I

62

El Caso de Ezra Poond

Es una característica dl:l los grandes egoístas el tener pequeños recuerdos de sus años de juventud y aprendizaje.
Cuando tratan de esa época, siguen el ejemplo de Rousseau y
di&gt;forman las experiencias de tal manera que ponen inmediatamente después de su infancia una edad ya mundana. Pound
es uno de estos egoístas de la raza clásica, aunque no, como
rn los demás casos, un herm:mo de Rousseau. Aunque no se
le puede acusar de egoísmo o de excesiva autocontemplación,
su "yo" se ha ido afirmando imponentemente, con absoluta seguridad, en la arrogancia literaria y política, en la for~a
rara de vestir, en su presunción como líder y en esa especie
de prestan&lt;'ia de los conductores, al caminar, con sus seguidores un paso más atrás de él. En estos últimos tiempos se
han acentuado en él sus desilusiones paranoicas acerca de las
fuentes malignas que tiene el mundo para resistir y oponerse a su ~alvación. Este alto interés en su propia persona lo
ha llevado a considerarse a sí mismo y a toda su vida como
lo más importante; le ha hecho apuntar detalladamente sus
idas y venidas, a ir archivando todos sus dichos de gran hombre y a reflejar en cit'ntos y miles de palabras el significado
de todos sus pensamientos.
Sin embargo, nunca se ha ocupado de dar a conocer los
años de su formación juvenil. En cada una de sus manifestaciones autobiográficas, el niño nacido en Hailey, Idaho, en
1885, el hijo ele Homer e Isabel Weston Pound, se convierte,
en un par de párrafos, en la figura cumbre de las letras americanas. Pudiera ser que Idaho no influyera en él lo más
mínimo, porque en 1887, la familia se trasladó a Wyncotte,
Pennsylvania, y el padre de Pound tomó posesión del cargo
de analista del oro del Tesoro General de los Estados Unidos en Filadelfia. Se sabe, por una gran cantidad de cartas
que escribió él a sus padres, y publicadas hace ya varios años
l'n los libros de su correspondencia, que eran personas equilibradas y que leían libros profundos. Su madre, que tenía cierto parentesco con Henry W. Longfellow, era aficionada a la
música y su padre demostraba vivo interés por la literatura
contemporánea. El hecho de que el padre de Pound tuviera
un interés profesional por la moneda circulante, 6explica, en
forma alguua, la obsesión de Pound? Sobre todo esto se ha hablado mucho, pero ni el mismo Pound puede dar una explicación. Lo único que se sabe de sus años juveniles es que sobreYivió.
Era un niño bastante despierto e ingresó en la Universidad de Pennsylvania a los quince años. Ya no tiene ninguna
reticencia en contar lo que pasó desde esta fecha en adelante;
pero se llega a sospechar, por sus mismas palabras, que era

Richard H. Rovere

63

un individuo que dependía mucho de los demás. El se describe a sí mismo como a un hombre joven y sabio -sin lugar a
dudas lo era- y con un alto espíritu sofisticado-lo cual ya
no es tan cierto. Xo ingresó en la Universidad como alumno
regular. No quería saber nada de lo que enseñaban en los
cursos regulares, así es que, desde el primer momento fue
'·un estudiante especial" y se dedicó principalmente al estudio
de idiomas. El mismo confiesa que menospreciaba a sus profesores y compañeros. Sin embargo, algunos de sus contemporáneo&lt;s, que aún lo recuerdan, dicen que era un joven linfático, tímido, humilde y acomplejado por su cabellera roja,
que mostró ansiosos deseos de que lo admitieran en los grupos de estudiantes y ha habido otros que han dicho que lo que
quería Pra in~resar en una fraternidad, pero que cuando rechazaron su solicitud, se cambió al Hamilton College. Todo
esto puede ser falso. William Carlos Williams, un estudiante
de medicina de la Universidad de Pennsylvania en aquella
época, recuerda que cuando Pound intentó su primera, experiencia amorosa éon una muchacha, le pidió a él que lo acompañara para protegerlo.
De todas formas, Pound pasó a Hamilton donde siguió
cursos dirigidos y en 1905 recibió su título. Después de su estancia en Hamilton regresó a Pennsylvania y allí recibió el
título de maestro. (Es curioso que en una autobiografía de
una página, preparada en 1949 para la edición de Selected
Poems, mientras dejaba de lado alguno de los momentos más
importantes de su vida, puso sus tres títulos académicos, dos
que se ganó e\1 IIamilton y Pennsylvania y el título de Doctor Honoris Causa que le concedió Hamilton en 1939. Antes
de psta fecha se había dedicado a escribir mal de las Universidades americanas. En abril de 1929 dijo al Secretario de la
Sociedad de Alumnos de la Universidad de Pennsylvania que
"All the U. of P. or younr god damn college or any other god
damn American colleg¡, does or will do for a man of letters
is to ask hiru to go away without breaking the silence". Pero
su actitud fue muy diferente .cuando Hamilton le pidió al
hombre de letras que aceptara el título de Doctor Honoris
Causa. Entre las muchas dualidades del carácter de Pound
existe un gran menosprecio por la autoridad y al mismo tiempo un respeto casi nauseabundo hacia ella. Cuando vivía en
ltalia puso en Pl membrete aquella frase trivial de Mussolini:
''La libertad no es un derecho, es un deber"). En sus años
de estudiante escribió algunos de los poemas que aparecerían
en su primer libro en 1908. Sería muy interesante saber
-simpler2ente, por chismografía- a qué distancia estaba de
su temblorosa adolescencia, recordada por Williams, y lo le-

�Richard H. Rovere

El Caso de Ezra Pound

jos de estos versos, que son de esta misma época:
For I was a gaunt, grave councillior
Being in all things, wise, and very old,
But I have put aside this folly and the cold
That old age wcareth for a cloak.
I was quite strong -at least they said sothe young men at the sword-play ...
Pound trató de entrar en el equipo de esgrima de Pennsylvania.
Los poemas nacen en los deseos y en la imaginación y
Pound los tenía dentro de sí, en abundancia salvaje. A. nadie, excepto a los psiquiatras, les interesa lo que era en aquel
entonces. Después de su estancia en Filadelfia viajó por el
extranjero durante un año, estuvo en Italia, España y Provenza y después aceptó el puesto de profesor en el Wabash
College de Indiana. A. los pocos meses le pidieron la renuncia, rosa que hizo inmediatamente. La versión que él dió es
la siguiente: invitó a su habitación de soltero a una muchacha sin dinero, despedida de una compañía de variedades,
a la cual encontró en las calles cuando iba a poner una carta
en el correo, enmedio de una gran tormenta de nieve. El dijo
hasta la saciedad que había proredido así empujado por sus
sentimientos hospitalarios y qua la muchacha había dormido
castamente en su cama y que él se había acostado en el suelo.
Parecía una razón aceptable, pero la casera descubrió todo.
Providencialmente el College lo expulsó y entonces se fue a
Europa para quC:'darse allá definitivamente. Sólo volvió a los
Estados Unidos para re"ibir su título honorario de Doctor en
Letras. Y no regresó hasta que lo condujeron como prisionero a Washington el 18 de noviembre de 1945.
"London, deah old Lundon, is the place for poesy", escribía a un amigo íntimo el 3 de febrero de 1909. Londres
era el lugar para Pound o, a lo más, "un lugar". Se hace
muy difícil creer que sus poderosas energías vitales dependieran del medio ambiente. Por encima de todo, iba detrás de
la poesía; iba detrás de ella como si Nimrod le persiguiera
con sus dardos. Es dudoso que cualquier otro escritor norteamericano tenga la experiencia de un período tan fértil como
la década que siguió a su llegada a Londres. Escribió sus
mejores libros de poemas, los suficientes para poner bien alto
su nombre ("Thristy pages are enough for any of us to leave"
escribió en cierta ocasión. "There is acaree more of Catullus
of Villon"). Entonces se dedicó a la traducción: tradujo del

..

63

fr,ancés me~ie~•al, del latín, del griego, del chino y del japones. Esta ultima lengua no la podía leer pero se sirvió de
las traducciones literales de Ernest Francisco Fenollosa orientalista americano que había sido profesor de filosofí~ en la
Escuela Normal Imperial de Tokio y que puso a disposición
de Pound sus traducciones. Era entonces el director en Europa de Poetry, la revista de Harriet Monroe, una señora noble y "dilettante", publicó en aquella sociedad filistea como
"un refugio, una verde isla en el mar, donde pueda la belleza
plantar sus jardines". Pound descubrió a Frost y a Eliot
como ~olaboradores para la revista; molestó a insignes escritores mgleses para que enviaran sus colaboraciones y logró
que escribieran para la revista Wyndham Lewis J oh~ M:asefield, Fort _Madox Fort, Rabi~dranath Tagore. :Él y Amy Lowell trabaJaron en colaboración y merecieron la aprobación
de T. E. Hulmc, un filósofo británico con aficiones poéticas;
el resultado de esta colaboración fue el imaginismo, una nueva escuela poética. En cierta ocasión, Pound pensó describir
unos rostros que había visto en el metro de París. Escribió
un poema de treinta versos. Le pareció muy extenso y lo guardó en espera de inspiración. Después de cierto tiempo lo red?)º a quince versos. Todavía le parecía imperfecto. Lo volvio a guardar durante un año más o menos. Por fin lo r edujo
drásticamente. El poema en su redacción definitiva titulado
In station of the Metro, es el siguiente:
'
The apparition of these faces in the crowd:
Petals on a wet, black bough.
Pound tuvo ciertas dudas y extravíos. Pero también supo
del éxito. Pronto abandonó el imaginismo por el vorticismo
escuela poética que él consideraba superior. Pero sólo le dió
su adhesión mientras continuaban los éxitos. Por encima de
todo él seguía buscando la perfección.
"Querida Miss Lowell" - Pound escribía en noviembre de
1913-- estoy de acuerdo con usted. . . "Harriet" es una t onta.
He renunciado a mi cargo en Poetry y se lo he dado a Hueffer (Ford Madox Ford), pero creo que él ha vuelto a r enunciar por mí. .. " Esto fue lo que hizo Pound durante toda su
vida. Del imaginismo al vorticismo del vorticismo al Crédito
Social y al Geselismo, y finalmente' acabó en el fascismo. De
Poetry se pasó a Blast, el órgano oficial del vorticismo r evista que no tuvo r epercusión alguna, de la cual sólo apar~cicron
dos núm~ros. De nuevo. volvió a Poetry, después colaboró en
The Egoist y en The Little Review. . . Entre todas estas cosas, tenía entusiasmos de orden secundario-la música de George A.utheil y de Arnold Delmetsch, la escultura de Henry Gau-

�66

Richard H. Rovere

El Caso de Ezra Pound

mento americano era un material bueno y lleno de gloria para
la poesía y que, cuando abandonó los Estados Unidos, estaba
en lucha con el espíritu que negaba la experiencia americana
y que únicamente trataba de "comentar a los clásicos". "Háganlo todo de nuevo", decía Pound una y otra vez, cuando
trataba de Confucio. y "háganlo a la americana", como si
fuera un vendedor de manufacturas caseras en una feria. El
creía e iba a persuadir a muchos, que la lengua americana,
así como la experiencia histórica americana, eran objetos aptos
para la poesía: el ~abla de nuestro pueblo, la conformación
de c;;us conciencias eran lo suficientemente vigorosas, dulces
y tiernas para ''que de ello hablaran los dioses".

dicr-Brzcska. Pound aprendió a tocar el fagot y durante algún
tiempo se creyó compositor. Fue un eterno viajero. Ya en
1913, Inglaterra era ''this sutpid little island ... dead as mutton". Después de la guerra, se trasladó a París, acompañado
de c;;u esposa -a la que había conquistado en Londres- D.orothy Shakespear, que vive ahora en los páramos del sureste
de Washington y que no ha dejado de visitarlo en St. Elizabeth. Pocos años después se trasladó a Rapallo, en la Riviera
italiana.
"Tengo que seguir caminando hacia el Este -dijo a ~Iary
Colum- para tener mi mente despierta". Hubiera sido lo mismo cualquier otra dirrcción, porque en realidad el movimiento era lo que importaba a este revolucionario de las letras y
organizador de movimientos y escuelas. Como dijo Robert
Graves: "Lentamente el frustrado Pound se fue convirtiendo
en un perro rabioso y mordió a todos los demás perros de su
tiempo; mordió la mano de Yeats, la mano que le había dado
de comer". Esto es repulsivo. En el fondo, Pound no fue desleal. Aun en su estado actual de locura permanece unido a
muchos de sus viejos amigos y guarda fidelidad a sus viejos
principios. Lo grotesco de todo esto es que siga siendo fiel a
muchos de los principios que creen que ha traicionado y que
de hecho, en cierta forma, traicionó. Cuando insiste en que
toda su conducta política tenía por objeto "la salvación de
la Constitución dP los Estados Unidos", lo que en realidad
está haciendo es dar una imagen de sí mismo todo lo honesta
posible. Hasta en el más simplón de sus Cantos, en los locos
y descontrolados pasajPs acerca de Adams y Jefferson y del
viejo Van Buren, da la impresión de ser un genuino reformador americano, un celoso guardián, un perpetuo liberal de las
letras americanas imbuído del espíritu de 1912. En este mismo año escribió: "Any agonizing that tends to hurry what I
believe in the end to he inevitable, our American Risorgimento, is dear to me. That awakening will make the Italian Renaissancc loo,k like a tempest in a teapot".
Si hay algo que todavía no se ha roto en la experiencia
de Pound, esto mismo comienza ya a romperse en esta declaración y se prolonga hasta el momento presente. De todas
sus contrariedades y polaridades no hay ninguna más chocante que la del locutor enemigo, la del partidario de Mussolini. Los tribunales tal vez nunca jamás se den cuenta de
esto; tal vez, es mejor para Pound. Ser traicionado por un
patriota loco no es mejor que ser traicionado por un Judas
calculador. Sin embargo, no se puede negar que Pound como
escritor y como hombre tiene una gran fe en la cultura que
quiso abandonar de joven. Creía con Whitman que el experi-

61

Y esto es precisamente lo que se discute en sus traducciones: que lo ha. renovado todo y le ha dado sentido americano.
Edwin Arlington Robinson, el último poeta que ha trabajado
eficientemente con el material de la tradición que Pound rechazó y trató de destruir, escribió, en cierta ocasión, como
Shakespeare :
... out of his
~Uracolous inviolable increase
Fills, Ilion, Rome, or any town you like
of olden time with timeless Englishmen.
Shakespeare hizo que su imaginación viajara en el tiempo y en el espacio y siempre fue inglés hasta los huesos. Pound
se expatrió durante cuarenta años en Europa y retornó a los
tiempos de Cathay la milenia de antes de Cristo, y en cualquier lugar y en cualquier tiempo fue un americano hasta la
médula de sus huesos. Pobló a Roma y a Creta y a la Francia de los trovadores y a China y a Japón de americanos
intempestivos. Y esto no es ningún intento de defensa de su
traición. Sin embargo, es un hecho. En su versión de las
Traquinias o Women of Trachis, un resultado de sus trabajos
en St. Elizabeth, mantiene lo que Hyllos dice de Heracles:
They say he's in Euboea
besieging Euritusville
or on the way to it
Euritusville ! Como si Shakespeare hubiera escrito The

Mercha.nt of Veniceshire o Timon of Thensford.

. .

Tarde o temprano se vuelve a la negación que siempre
sigue a toda afirmación. Quizá sea un truco barato llamar a
Eurytus, Eurytusville, puesto que fue una vileza que un americano transmitiera como lo hizo Pound, el 26 de mayo de
1942 ( cuando nuestras fuerzas estaban sitiadas en todos los
frentes) , que todo acto decente del Gobierno de los Estados

�68

El Caso de Ezra Pound

Unidos, que "toda reforma llevada a cabo era un acto de reverencia hacia Mussolini y Hitler. . . Ellos son vuestros líderes ... " Eso fue lo que textualmente dijo, al menos que nuestros aparatos de radio no oyeran bien. Esa es la expresión
más vergonzosa y más clara, de las diecinueve expresiones que
fueron citadas durante el proceso. Pero con mucha frecuencia, sus transmisiones eran una jerigonza, hasta el punto de
que los mismos italianos sospecharon durante algún tiempo
de que estaba transmitiendo en clave. Pero ahí está esa frase:
"1\,_fussolini y Hitler, ellos son vuestros líderes" ...
Se puede aceptar el punto de vista de los psiquiatras y
admitir que Pound estaba loco en esa época. Pero hay que
buscar la relación que existe entre Pound, el glorioso poeta
americano y Pound el ideólogo loco. Se sugieren varias posibilidades. Se ha dicho muchas veces que existe cierta afinidad entre el popularismo americano y la brutal reacción americana. Pero esto no se puede aplicar a Pound, el dulce poeta, excepto en su odio a los banqueros y al dinero. Nunca
fue convencido por las falacias populares. Al contrario: "Es
función del pueblo prevenir la expresión del artista, en cualquier forma", escribió años después, cuando se embarcó para
Inglaterra. Y añadió: "Conozco al hombre que tradujo Juan
Cristóbal; puesto que es una obra muy popular, algo malo
debe tener". Y aún más: "Me gustaría que la palabra imaginismo tmiera algún significado ... " Estaba prevenido contra la masa.
Una hipótesis más acertada puede ser que le sedujo su
predilección por ciertas teorías contra la vida y la historia.
El hombre, así seducido, ve a la sociedad como a una máquina en la cual siempre todo camina mal. Esta máquina le está
perjudicando. Siente que no puede controlarla y por tanto
deduce que tampoco tiene responsabilidad alguna. Contempla
la comedia y la tragedia humanas y se conmueve profundamente por este espectáculo ; pero son "un espectáculo" es decir cosas que se deben ver desde un palco. Pero, si se es inteligente, se ve la forma de mejorar esos espectáculos, quitando
los defectos que tienen. Los espectadores se oponen a que se
mejore y los estúpidos actores se defienden ("Tengo mucha
razón al ser 'Severo", escribió cuando era joven. "Por cada
hombre a quien pego, hay diez que me pegan a mí. Me expongo"). Tratando de resolYer este problema, el intelectual
busca un principio general, una teoría de la mala marcha de
la sociedad. Muchos jóvenes que pensaban así treinta años
después que Pound, se obstinaron (por obvias razones históricas) en pensar que la causa del mal era que los medios de
producción y distribución estaban en manos privadas cuando,

Richard H. Rovere

69

I

de hecho, deberían estar en manos públicas, como ocurrió en
la Unión Soviética. Algunos, contentos por haber llegado a
las bases del problema, traicionaron todo su pasado y en muchos casos mucho más realmente que Pound. Otros enloquecieron.
Jamás se dudó de que Pound trataría de encontrar el
instrumento material -la reforma monetaria- para encauzar todos los problemas sociales. Amando a América, como
muchos jóvenes comunistas, contempló a la "sociedad" como
una cosa aparte, como algo odioso y. como una ~áquina.. En
su tiempo no existían las modas. sociales: En cierto se?tido,
fue influenciado por los del Social Oredit, que prometian el
orden social. Entonces encontró a Silvio Gessell, un alemán
errático, que había observado que los intereses nada te~í~n
que ver con la expansión económica. Los usureros determmaban el tipo de interés de acuerdo con lo que aguantara el tráfico de moneda. ¿ Quiénes eran los usureros Y Naturalmente,
los principales usureros eran los banqueros internacionales.
De aquí, Pound saltó al antisemiti~mo. Poco_ antes se había
identificado con el movimiento social en Italia. A Pound le
entusiasmaba la grandeza de l\1ussolini y su forma de trabajar por el "orden" o por otras cosas. Le pa:ecía que era_ un
auténtico esfuerzo el barrer con las frustraciones de la vida,
el organizar la sociedad de acuerdo con un principio, de la
misma manera que él trataba de organizar la poesía según un
principio.
Jamás podremos saber cuando se rompió ese algo final
dentro de Pound. No existe nada ql:le nos lo indique ya sea
en su poesía o en su vida o en su actuación social. Se pudiera comprender que se entusiasmara con Mussolini. Esto
le gustaba a Pound. Pero dudamos cuando le oímos decir que
en Mussolini existía la perfección total que no encontró en
nadie ni siquiera en sí mismo. "The more one examines the
1\filan speech, the more one is reminded od Brancusi, the stone
blocks from which no error emerges, from whatever angle
one looks at them" (De Jefferson and/or Mussolini, 1935).
Para ese entonces ya algo estaba definitivamente roto
dentro de Pound.
En el tiempo en que ha permanecido prisionero en St.
Elizabeth ha dicho con frecuencia que él no quería oponerse a
los Estados Unidos durante la guerra. En ciertos momentos
lúcidos ha dicho que se hubiera ahorrado todo el juicio y la
reclusión si hubiera aceptado, en 1939, la ciudadanía italiana;
pero no quiso abandonar su pasaporte nortemericano. Es un
tanto a su favor el q_ue tratara de abordar en 1942 el último

•

�Richard H. Rovere

El Caso de Ezra Pound

70

tren que llevó a los diplomáticos americanos de Roma a Lisboa; pero no le dieron p~rmiso. No le quedaba más remedio
que quedarse en Rapallo. Poco después los italianos le pidieron que hablara por radio. El aceptó y dijo que "nadie le
prep,~ró ~ui?n alguno y que sólo ha~ló cuando quiso". Y añade: , Yo umcam~nte trataba de decir a la gente de Europa y
Amenca que evitaran la guerra meditando sobre los factores
econó~icos". La g?erra en sí misma era un hecho inevitable.
Tambien es muy cierto q.ue no pensó en los términos en que
colaboraba con el eneIDigo. .A.hora se ha olvidado de todo
eso. "! o mori~ía por una. idea. Eso está muy bien. Pero es
demasiado morir por una idea que ya he olvidado".
Toda 1~ guerra ~a pasó en Rapallo escribiendo y hacien~
do traducciones ocas10nales y en noviembre de 1945 al saber
que las tropas americanas de ocupación lo andaban buscando.
s~ entregó a las autoridades militares. Lo arrestaron y lo en~
viaron a un campamento disciplinario, cerca de Pisa. Hubo
un ~rr?r. en el _ejército; se corrió el rumor de que Pound era
nn mdividuo violento y de que los fascistas lo estimaban tanto q1;1e podrían_ librarlo algunos guerrilleros. Construyeron
una Jaula e~pemal de mal~a de acero. "Creían que yo era un
hombre peligroso y salvaJe y me temían. Me pusieron guardas da y noche. . . Los soldados venían a verme a la jaula.
~gun~s m~ _t~·aíal!- comida. El viejo Ez era un gran espectaculo . Vivio enJaulado durante meses enteros, durmiendo
en el suelo, resguardado del sol y la lluvia con un papel embre~do que le llevó un buen soldado. En la jaula escribía
fur10sa, loca, mordazmente. El resultado fue The Pisan Cantos. Un grupo de distinguidos profesionales americanos nombrado por el bibli~tecari~ del Congreso influyeron para que
se le_ diera el premio Bolhngen de la Biblioteca del Congreso
consistente en mil dólares, "el más alto mérito de la poesí¡
americ8;.na". Esto sucedió en 1948 (El escándalo fue de tal
categona que murió el comité y el premio). En 1948 fue
ti:asladado a St. Elizabeth, después de haber estado en una
carcel. Allí gozó de libertad limitada. Ahora puede caminar
p_o r los_ terrenos del asilo sin perder de vista a los edificios y
t~ene libertad para hablar, como lo ha hecho con Kasper y
libertad para escribir lo que quiera:
The States have passed thru a
dam'd supercilious era
Down, Derry-down
Oh, let an old-man rest.
Lo más probable e:'&gt; que muera allá. Ha habido peticiones de toda clase para liberarlo, pero no se ha conseguido nada

•

.'

71

en absoluto. El proceso todavía está en pie. No hay nada legislado acerca de las limitaciones en cuanto a los delitos de
traición. Todavía está en pie, también, la opinión de los psiquiatras referente a que es incapaz de defenderse. Puesto
que no es un enfermo peligroso y no recibe tratamiento alguno, puede ser que lo liberten, aun cuando se mantenga en
pie el proceso, la declaración de incompetencia para su autode-fensa y que sea entregado a la custodia de su esposa o de
sus numerosos amigos, que sufren desde hace mucho tiempo
por su cautiverio. ¿Su libertad significaría que se aliaría con
J ohn Kasper y que intrigaría con él 1 Ahora tiene libertad para ello.
El delito de Pound fue haber hablado por la radio durante la guerra. Pero, como él mismo preguntó: "i Tiene alguien idea de lo que dije?" Nadie la tiene, a menos que vaya
a buscarlo en las actas del proceso. De todas formas se gan6
la guerra y nadie volvió a oir sus palabras. Si el Gobierno
quisiera podría hacer algo por él. Ahí está Pound sin haber
vuelto a hacer nada mientras que en Alemania, Italia y J apón otros hombres, antiguos criminales de guerra, están desempeñando ahora puestos de confianza. Así como la poesía
de Pound es algo grande, así su delito de traición, para la
historia, es algo ya sin importancia. Como escribió Hayden
Carruth en Perspective USA: "Es difícil no encontrar una
buena razó~ para que Pound obtenga su libertad inmediatamente".
(Traducción de Arnoldo Gallont S.)
Copyright by ESQUIRE, septiembre 1957.

�Alejandro Ramírez

Alejandro Ramírez /

CERVANTES Y CARLOS QUINTO

E L 21 de septiembre de este año de

1958 se cumplen los cuatrocientos de la muerte del César Carlos Quinto. Para conmemorar el centenario, se celebran manifestaciones de toda índole a las que nos asociamos con la
modesta aportación de las páginas que siguen. Retirado el
Emperador en el monasterio de Yuste desde 1556, le llega su
última hora a principios del otoño de 1558, un año antes de
que el príncipe don Felipe regrese definitivamente a España
para iniciar su largo reinado. Se va a firmar el tratado de
Cateau-Cambresis, que consagra una de las victorias más ruidosas del siglo. La corte nómada del Emperador se convertirá bajo el cetro del nuevo rey en ceñuda y recelosa burocracia. Se aprecian ya, desde 1559, pese a los buenos auspicios con que Felipe II inaugura su gobierno, síntomas de desaliento y de cansancio. Es la hora en que, según la frase de
Ortega, el alma continental empieza a sufrir el drama íntimo
que simboliza la construcción del Escorial.
Sin embargo, lejos de desvanecerse en un pasado casi legendario, si bien todavía tan inmediato, la figura del César
cobra cada vez mayor relieve durante el reinado del Prudente. Xi la fama de don Juan de Austria, con ser tanta, ni los
continuos triunfos de Alejandro Farnesio, el capitán más inteligente y valeroso de su tiempo, empañarán lo más mínimo
la gloria póstuma del Emperador. El gran monarca perdura
en la memoria de las gentes con los sobrenombres de Máximo y Fortísimo que le ha concedido el Pontífice Paulo III y
que Fray Prudencio de Sandoval conserva en el título mismo
de su famosa Historia. de Carlos Quinto. El testimonio de la
tradición es unánime. Hacia las postrimerías del siglo, el P.
Rivadeneira califica a su vez a Carlos Quinto, en su Príncipe
cristiano lib. II), de Fortísimo y Máximo, y a renglón seguido
añade que este rey "hizo temblar la redondez de la tierra y
0

-72-

73

con sus victorias abrazó el mundo". Palabras que no dejan,
en cierto modo de recordar el tono y el sabor de ciertas hipérboles caball~rescas. Más, ~arde, Saavedr~, Faj:i,rdo es~ribe
en una de sus Empresas políticas (XXVI) : ¡, Que valor igualó al del Emperador Carlos Quinto?" Es e~idente gue_ el César pasa a la historia sobre todo como espeJo de prmc1pes esforzados y valientes.
Cervantes se une sin reserva a este coro de alabanzas.
Carlos Quinto no aparece, en efecto, menos de diez veces en
sus obras. Clemencín observó ya en una de las notas de su
espléndido Comentario "el respeto y cas~, veneración con .q~e
Cervantes habla siempre del Emperador . En estas rem1mscencias no sólo se manifiesta la admiración de un soldado
que sabe por experiencia propia lo que es la guerra, sino que
se aclaran algunas de sus posiciones fundamentales frente
a la vida. Puede decirse que Cervantes no- menciona a Carlos Quinto sin que se desc1_1~ra, detrás de ~a alusión,_ ,un problema que inquieta su espmtu. Nos permiten tambien estos
recuerdos conjeturar, por vía de contraste, algo de lo que
Cervantes y sus coetáneos piensan del propio Felipe II, cuya
grandeza y estilo de reinar son tan distintos de los de su padre. Acaso hava en los fervorosos encomios del César no poca
crítica velada ·del rey que tan mal ha sabido recompensar\ los
servicios del manco de Lepanto.
El autor del Quijote ha venido al mundo el año de Muhlberg, que tan favorable ha sido a las empresas militares del
Emperador. Si el escritor hubiera consultado después por
curiosidad a los astrólogos acerca de su horóscopo, éstos le
habrían dicho sin duda que la fecha de su nacimiento constituía un llamamiento preciso a la carrera de las armas. El
Marte cristiano parece, en efecto, señalarle a Cervantes su
destino desde el principio. Durante su primera juventud, nos
lo imaginamos, en el hogar paterno, escuchando de labios de
sus mayores mil dichos y hechos relacionados con las fortunas
del monarca. Cervantes marcha a Italia poco después de habernos ofrecido las primicias de su ingenio en el volumen preparado por su maestro López de Hoyos con motivo de las exequias de la reina Isabel de Valois. Por importante que sea
para su formación (y lo es extraordinaríamente) la estancia
en el país del Renacimiento, su estrella sigue empujándole por
derroteros que de Lepanto a los baños argelinos le traen de
continuo a la mente la~ hazañas del Emperador. Para Cervantes como para su coetáneos el nombre de Carlos Quinto
es sinónimo del sacrificio y del heroísmo que exigen las armas.
Cervantes ha comprendido admirablemente, en sus gran-

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Cervantes y Carlos Quinto

des rasgos, los fines que se ha propuesto el Emperador y los
medios de que se ha servido para alcanzarlos. Cuando el Arnaldo del Persiles (II, 21) refiere, en estilo de epitafio, lá
muerte de Carlos Quinto, nos dice que fue "terror de los enemigos de la Iglesia y asombro de los secuaces de Mahoma".
N"o pueden darse expresiones más felices en su vigorosa concisión para caracterizar la doble vertiente de la política imperial en sus mejores tiempos. Y en ningún caso parece que
le sienta mejor al César el calificativo de "terror de los enemigos de la Iglesia" que el ::tño de Muhlberg. El año de 1547
señala probablemente el cenit de la fortuna militar de Carlos
Quinto en sus luchas contra los príncipes germanos. No se
puede negar que la actitud aviesa de Mauricio de Sajonia malogra en gran parte estas victorias. El Emperador tiene que
emprender muy a pesar suyo las negociaciones que culminan
en el tratado de Passau (1552). Pero no es menos cierto, como
lo implica Cervantes, que se ha descargado un tremendo golpe sobre los enemigos de la Iglesia. En el Persiles (1,5), encontramos también un eco de estas campañas cuando el español Antonio, haciendo el relato de su vida, nos dice que dejó
su patria y se fué a la guerra "que entonces la majestad del
César Carlos Quinto hacía en Alemania contra algunos potentados de ella". Observamos aquí, como de pasada, que estas
y otras alusiones concretas al reinado del Emperador (el Persiles es la obra que mayor número de ellas contiene) pueden
robustecer la hipótesis de que Cervantes tiene escritas desde
hace tiempo no pocas páginas de la que se considera su última novela, libro que retocara antes de morir y que su mujer
llevara a la estampa después de fallecido el autor. Pero volvamos a las palabras de .A.rnaldo. Carlos Quinto es asimismo
"asombro de los secuaces de Mahoma". Y aquí Cervantes respira, como suele decirse, por la herida. Por la que recibe
en Lepanto, y por la que desde entonces llevará en su alma
al encontrarse, desde los días de su cautiverio, con la indiferencia y los desplantes de la corte del Prudente. No menos
que el vencedor de Muhlberg, el Empera9,or tiene que ser,
para el prisionero de Argel, el liéroe !J.Ue no ha vacilado en
seguir la ruta señalada por Cisneros, el adalid que se apodera de la Goleta y bloquea la ciudad de Túnez. El fracaso
posterior de la política africana y las demoras de Felipe ~I
en sus empresas se reflejan en la impaciencia, apenas cont~nida, de las palabras con que el Saavedra (nombre, en este
caso, harto significativo) de la comedia Los tratos de Argel
(Jor. I) se dirige al monarca, palabras que se hallan repetidas, como todos saben, en la Epístola a Mateo Vá.zquez:

Alejandro Rarníttz

75

haz, oh buen rey!, que sea por tí acabado
lo que con tanta audacia y valor tanto
fué por tu amado padre comenzado.

• •

..

Por eso, cuando relata el Cautivo en el Quijote (I, 39) la
pérdida de la Goleta, leemos sin extrañeza las palabras llenas de amargura con que se nos refiere la caída de la fortaleza. La Goleta -nos dice el personaje cervantino- no vale
el caudal que se invierte en ella, "sin servir de otra cosa que
de conservar la memoria de haberla ganado la felicísima del
invictísimo Carlos V, como si fuera menester para hacelrla
eterna como lo es y será, que aquellas piedras la sustentaran".
Al copiar este pasaje de tan arrebatado a la par que hiperbólico elogio, recordamos que Clemencín hace, en su comento,
un reparo de índole puramente gramatical. Dice el benemérito murciano que el adjetivo invicto, por su significación absoluta, no puede tener superlativo. Y es cierto que esta cuestión, que Rodríguez Marín pasa por alto en sus propias apostillas al libro inmortal, debe dejarse a los autorizados intérpretes del texto cervantino. Pero debemos hacer constar que
el llamar invictísimo al César es casi una antigualla cuando
Cervantes escribe. Basta saber que uno de los primeros historiadores del monarca, su propio cronista Pero Mexía, intitula precisamente su narración La Vida e Historia del invictísimo Emperador don Carlos. Porque en la mente de la época, allí donde interviene Carlos Quinto, la victoria tiene que
darse en grado supremo. No sin misterio campea en sus armas el intrépido Plus Ultra, que ni conoce límite en la conquista ni medida en el triunfo. La Guerra misma, personificada en la Numancia (Jor. IV), lo da a entender cuando profetiza satisfecha, refiriéndose sobre todo, en el sentir de Cervantes, al Emperador:
seré llevada del valor hispano
en la dulce ocasión que estén reinando
un Carlos, y un Filipo y un Fernando.
Para Cervantes, en efecto, Carlos Quinto es por antonomasia el rayo de la guerra, título que sólo ha conferido en
su Quijote (I, 39) a don Alvaro de Bazán, uno de los más fa.
mosos capitanes del Emperador. Es éste el sobrenombre con
que Lucrecio, en su De rerum natura (lib. III), ha ensalzado
entre los antiguos la memoria de Escipión Emiliano, vencedor de Cartago y de Numancia, calificándolo de belli fulmen:
Scipiadas, belli fulmen, Carthaginis horror.
En el Persiles (Ill, 18), el viejo Soldino anuncia la venida del "rayo de la guerra, jamás como se debe alabado Car-

�'16

Cervantes y Carlos Quinto

los V". Asimismo, recordando Cervantes en el conocido pasaje de su prólogo a las Novelas ejemplares el arcabuzazo de
Lepanto, lo da por bien recibido en vista de la victoria alcanzada sobre el infiel y porque milita bajo las órdenes del hijo
"del rayo de la guerra, Carlos V, de felice memoria". Singular rodeo para nombrar y enaltecer al padre, cuando en realidad se pretende sinceramente honrar al hijo cuyo nombre
se pasa aquí en silencio.
Asoman en las citadas palabras del prólogo a las Novelas ejempla.res las dos grandes preocupaciones cervantinas de
la legitimidad de la guerra y de la gloria ajena al triunfo de
las armas. No hay, en efecto, oportunidad como la que ofr.ece el combate para conquistar la fama por el esfuerzo individual y mostrar que uno es hijo de sus propias obras. Sin
embargo, parece también que para el autor del Quijote la gloria per~onal sube, si cabe, de quilates, cuando se lucha además bajo las órdenes de uu príncipe valeroso. Cervantes tiene
que hablar con orgullo de la manquedad, pues constituye su
mayor timbre de gloria, pero da a entender asimismo que el
haberse hallado en Lepanto don Juan de Austria acrecienta
la c,ublimidad de la ocasión. El español Antonio del Persiles
(IV, 1) escribe en el libro de los afortunados que "la honra
que se alcanza por la guerra es más firme que las demás honras", y que Periandro llama dichoso al soldado que "cuando
está peleando, sabe que le está mirando su príncipe". De aquí
que los robadores de la gloria ajena procuren buscarla donde más altamente se contiene. Eróstrato abrasa el templo de
Diana para no sucumbir en el olvido. En el Quijote (II, 8),
se nos refiere el caso del caballero que confiesa a Carlos Quinto haber querido abrazarse con él y arrojarse desde la cúspide de la Roton&lt;la. Así pues, siempre puede haber peligro
de que se confunda la verdadera valentía, fuente clara de la
fama, con la arrojada temeridad que la mancha y oscurece.
Es difícil también estar seguros en todo momento de la bondad y provecho de los fines que perseguimos. El mismo don
Quijote llega hasta dudar de la fama que se conquista en
"grandes y diferentes hazañas". Nos aconseja que la busquemos dentro de los límites señalados por la religión cristiana.
Comprendemos, por tanto, que la figura del Emperador resplandezca todavía mií.s a los ojos de las gentes cuando menosprecia sus éxitos mundanales y se retira a las soledades de
Yuste, sean cuales fuP-ren los motivos que le impulsen a ello.
Hay circunstancias en que el apartamiento puede ser un acto
de cobardía ante el mundo o de mera necesidad material. Para
que sea meritorio, tiene que llevar consigo el sacrificio de la
riqueza, del poder o de la gloria. En realidad, nada de esto

Alejandro Ramirez

'1'1

sacrifica el César, pero su gesto deja honda huella en la imaginación de sus contemporáneos. Cuando el Rutilio del Persiles (II, 19) alaba la Yida solitaria, Mauricio le contesta con
razón que semejante modo de vivir no puede ser para todos.
"Si yo viera -nos dice- a un Aníbal cartaginés encerrado
en una ermita, como vi a un Carlos V encerrado en un monasterio, suspen&lt;liérame y admirárame; pero que se retire un
plebeyo, que se recoja un pobre, ni me admira ni me suspende". No es, por supuesto, que •Mauricio tenga en poco al humilde que se aleja del mundo para entregarse a la meditación. Lo que quiere decir es que, a mayor gloria (y la militar
es aquí la que más suena), corresponde mayor sacrificio en
el retiro y por tanto mayor mérito.
La veneración que Cervantes siente hacia el Emperador
se relaciona sobre todo, en su espíritu, con la vocación de las
armas. Sin embargo, no todo es fragor de batallas en el Carlos Quinto que la obra cervantina nos revela. En la vida del
César se ha dado ciertamente preeminencia a las armas, pero
también ha habido lugar para las letras. Non solum armis ...
proclama el mote de la cuarta empresa del ya mencionado Saavedra Fajardo. Esto puede también afirmarse del Emperador
y bastaría para confirmarlo su sonada y simpática amistad
con Garcilaso, el poeta de las Eglogas, de quien el mismo Cervantes ha sido siempre tan devoto. Pese a su nomadismo endémico o acaso debido a él, la corte del César es, sin disputa,
una de las más brillantes de la época. Tan sólo la de su rival
Francisco I puede competir con ella. Digan lo que quieran
los cronistas enemigos del Emperador, que tan acerbamente
le reprochan el saqueo de Roma. En 1527, el verdadero Renacimiento italiano, el de Ficino y los Médicis, ha entrado ya
desde hace tiempo en la fase estéril de los ciceronianos puntillosos. Los grandes escritores de Toscana se sirven de la
lengua vulgar. A la vez que se ap~rcibe para el combate, el
César recibe en su tienda de campaña a escritores y artistas
de toda laya, que se acercan para presentarle sus trabajos.
Su nombre suena en los Diálogos de su secretario y apologista Alfonso de Valdés y -en el humilde Lazarillo de Tormes. Todos recuerdan el episodio de la novela ejemplar El amante
liberal, en que Carlos Quinto hace de árbitro cuando le presentan a la cautiva mora, y los caballeros compiten entre ellos
para ensalzar su belleza, como si se tratara de unos juegos
florales. El caballero andaluz improvisa una copla, pero es
incapaz de terminarla. El catalán "la prosiguió y acabó con
las mismas consonancias, de que el Emperador recibió singular contento". Esta ingenua satisfacción del César ante una
trova bien limada denota su buena gracia y su inclinación a

�78

Cervantes y Carlos Qllinto

la poesía. La famosa antinomia entre las armas y las letras,
que corre como veta dorada por todo el siglo XVI se resuelve así en Carlos Quinto a la vez que realza el cará'cter representativo de su persona en una época que tan alto tributo
rinde a la ejemplaridad.
. -~ªY,. no obstante, entre el César y Cervantes algo más
s1gmficat1vo que el hecho de haberle recordado este último en
unas cuantas alusiones, por entusiastas que sean. Como don
Quijote, .el Emperador ha vacilado al fin sobre la utilidad de
sus empresas gigantescas y el resultado de sus propias hazañas. Llega un instante en que el desengaño se apodera de
él. Acaba por darse cuenta de que en los nidos de antaño no
hay pájaros hogaño. Inquieto siglo el suyo, en que el desaliento corre parejas con las proezas más descomunales. En
su Meditación del Escorial, Ortega ha dicho que el Quijote es
la "crítica del esfuerzo puro". Visión muy aguda que cala
hondo en la entraña misma de la época. Baltasar Gracián escribe en su Héroe (Primor VII) que el César Carlos Quinto
"fue un prodigio de esfuerzo". Con todo, esta actitud no deja
de llevar fruto, porque ambos la subliman en el "retiro que
precede a la muerte, verdadero campo de batalla de los esforzados del espíritu. Tanto el caballero de la Mancha ( a
cuyo oído murmura Cervantes sus propios afanes) como el
Emperador terminan viendo con claridad que sólo el cielo
padece fuerza. De aquí ~ue, con razón o sin ella, se haya
parangonado, .e n la historia del cervantismo, desde los tiempos de Saint-Evremond y de Bowle, a estos dos luchadores.
Después de todo, importa poco para la grandeza del héroe
manchego quién pudo ser su verdadero modelo. Tanto monta que fuese Ignacio de Loyola, según pretende Unamuno como el mismo Quijano el Bueno. De ninguno, como de C~rlos
Quinto, puede decirse, hablando a lo humano, lo que se dijo
de Amadís y repite Cervantes de su don Quijote: si no acabó
grandes cosas, murió por acometerlas.

Washington University
Saint Louis, Misso°f~

Rosario Gamboa de R ivero / CARTA A
SERGIO FERNANDEZ

Pronto se empezará a distribuir, publicada por EDIAPSA,
la novela de Sergio Fernández
Los siguos perdidos. Por considerar de suma importancia la
aparición de esta novela. en las
letra¡s mexicanas, ofrecemos a
nuestros lectores esta carta de
Rosario Gamboa de Rivero, dirigida al autor, en la que se
hace una apreciación personal
de la obra citada, a la vez que
un juicio acertado sobre sus
personajes, su estilo y su construcción.
Amigo mío:
He terminado de leer "Los siguos perdidos". Me parece, sin
embargo, que estoy todavía sumida en su lectura, tantas emociones y tantos pensamientos ella me suscitó.
Me permitió Ud. entrar y vivir horas enteras -y gracias
a una amable distinción que no sé cómo agradecer- en su
mundo; el de sus vivencias de conciencia y el de su creación
literaria.
He palpitado con sus personajes, con sus situaciones anímicas y ambientales y con las cosas que las corroboran y prolongan.
Tiene Ud. la rara virtud de dar a cada cosa la perfecta
inserción en cada momento. del yo, de articular, en una descripción de suma belleza, las intenciones y sus réplicas objetivas. De ahí esa animación de lo externo y concreto, la réplica perfecta de las cosas a los estados de alma, la sincronización en que :parecen fundirse sujeto y objeto, sin que a veces pueda distinguirse con claridad si un dolor está en el al-

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Carta a Sergio Fernández

ma o en una cosa, si la tristeza anida en un espíritu o en el
rincón de una sala, o si el motivo que sirvió de inspiración a
un cuadro reposa allí o en la muchacha que, danzando, tiende
las manos hacia él como a una aspiración. El edredón azul
con rombos negros, en el que un cuerpo dejó al levantarse
su huella perfumada, tiene algo de la ilusión fracasada de la
entrega amorosa; el espejo, puesto en determinado lugar hace
pensal' en que un día, nn día que no pertenece al tiemp~ cronológico, pero presente entre las señales del destino una mu. una prec1sameute
.
' ráfaga
Jer,
que habría de pasar como una
por ese mundo de los signos perdidos, se miraría en él con
el deleite incomparable de la mujer que sólo se quiere a sí
mllma, de la mujer que no conoce esa embriagadora transferencia que significa el otro.
y Mercedes ... ¡ qué figura encantadora, nimbada de azul!
Una Beatriz moderna, más humana, más cierta. ¡ Cómo hubiera yo deseado ser Mercedes, con sus frivolidades vinculadas
al sexo, a la mujer genérica, y esa dimensión interior que la
distingue y singulariza, y que hace inconfundible su gesto,
su ademán, su palabra, y hasta su coquetería y sus caídas.
La mujer que sirvió de inspiración al tipo humano de Mercedes, ya tiene un lugar ju_nto a las amadas inmortales, y puede
esperar, en breve plazo, ir de la mano de su configurador por
los caminos de la gloria. ¡,No es esta acaso una inmortalidad
más codiciable que la que imprime la vida en u.nJecho nupcial Y ¿Y qué mejor transmutación puede hacer un hombre de
un amor que se ha escapado del marco de la sensación?
Gerardo ... el hombre cerebral, fugitivo del sentimiento;
el gran señor que cuida su torre de marfil, como su castillo
los señores feudales, no se compromete demasiado, no expone
su_s tesoros. Es el hombre rico de las primeras etapas del canuno que regatea sus dones, pero el pordiosero de la última
jornada. No entiende la vida como un trueque sino como un
derecho; no como el licor de los dioses que se desborda en
cada vaso, sino como una deuda que debe pagarse a su insobornable orgullo.
.
¿Y Clemente? ¡.Ah! no es fácil hablar de Clemente. Porque si es cierto, como lo asegura Heidegger, que "la doctrina
de un filósofo es lo tácito de su decir", con cuánta mayor verdad puede aplicarse este aforismo a la crítica de cosas o de
personas que han entrado al espíritu por las vías de la emoción o de la intuición estética; a las palabras que se quedan
esperando la idea que no acude, a las impresiones que taponan la expresión.

Rosario Gamboa de Rivero

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Por tanto, tendrá U d. que buscar en lo no dicho, en los
huecos que dejan las palabras, lo mejor de mis impresiones
y en particular de mis impresiones de Clemente. Lo que yo
podría decir no alcanza a revelar al hombre que encarna al
personaje. Y o sólo sé que Clemente es un hombre al que la
vida ha cobrado un precio muy alto por el don de un talento
extraordinario y de una sensibilidad que se recata tras la figura ingrávida que le sirve de molde.
El otro. . . el otro perseguido y anhelado, acaso no acuda
nunca en su ayuda, a pesar de su sed insaciada de amor, y
Clemente esté condenado a darse por entero sólo a trayés del
caudal inapreciable de sus libros. Fundirse. . . no. Clemente
se escapará siempre a su pesar, pero en virtud de su irreductible singularidad espiritual, a toda inminencia de cristalización. Clemente pertenece a la especie de los solitarios, de los
que llevan entre sus manos el fuego de la posibilidad.
Lo humano, no sé por qué, sin quererlo, se ha llevado
el primer brote de mi interés. Y hay tantas cosas preciosas
en su libro: cosas de composición, de técnica, de estilo, admirables, y que se rezagaron, inevitablemente, en esta carta ya
larga. Sólo ahora, r,asi para terminar, puedo aludir a ese juego de ideas, a lo Joyce, tan bien manejado entre sus manos,
en que el pensamiento llega siempre con retraso a la cita con
la vivencia, y las r espuestas se quedan rezagadas a las preguntas, como si, cuando acuden, regresaran de un paseo por
otros mundos.
Y todo como en la vida: la coherencia de lo incoherente¡,
la ocasión robándok el turno a la intención, avasallándola.
Y luego el estilo, en el sentido idiomático del vocablo ;
ese precioso estilo castigado por dentro, en tanto que conserva en la superficie una fluidez rumorosa de agua que corre
al mar.
Y toda su novela subrayando esa condición de hojas al
viento que todos somos, a través del vivir, y en cada minuto.
Siento mucho no haber podido hacer a su libro una crítica de pros y contras que, según dicen, es la verdadera crítica. Pero no encontré los contras. Y crea que los busqué
mucho.
Lo abraza y quiere,
Rosario Gamboa de Rivero
México, Julio 19/58

�Noticias

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última de las galerías citadas el joven pintor Eduardo _Pérez
de León. También se exhibió en el Instituto Tecnol~gico la
obra de Antonio Mendoza. Por otra parte, se orgaruza una
exposición en la ciudad de México con obras d~ pintores regiomontanos y la cerámic11; de Guadalupe Guadiana.

NOTICIAS

. '
• Los dos primeros edificios de la Ciudad Universitaria
de Nuevo León se inaugurarán el día 16 de septiembre. Estas dos construcciones están destinadas a las Facultades de
Derecho e Ingeniería Mecánica, con capacidad para mil quinientos y mil alumnos respectivamente. En esta forma, se
hace realidad un viejo proyecto que nació bajo el rectorado
del Lic. Raúl Rangel Frías. Actualmente se trabaja en las
oficinas técnicas de Ciudad Universitaria sobre las futuras
construcciones que alojarán otras dependencias universitarias.
Con la inauguración de los edificios de las Facultades de Derecho e Ingeniería Mecánica se espera también declarar inaugurada la alberca olímpica en terrenos de la misma Universidad.
• Los triunfadores del último concurso regional de teatro que organizado por el l.N.B.A. se realizó hace tres meses
en Ciudad Victoria, Tamaulipas, presentaron al público de
Monterrey, en el Aula Magna, la obra con la que obtuvieron
el primer lugar. El grupo es el de Teatro Universitario bajo
la dirección de Rogelio Quiroga, y la obra escenificada Los
cuervos están de luto, de Hugo Argüelles.· Los actores, alumnos de la Escuela de Arte Dramático de la Universidad de
Nuevo León, fueron Iscor Suárez, Minerva Mena Peña, Juan
Francisco García, José Marroquín y Osear Cantú Arreola. En
general, la actuación de estos jóvenes actores, y la de su director, es encomiable. Quizá merezca más crítica el autor de
la obra, que a partir del segundo acto, y sobre todo en el tercero, pierde totalmente el ritmo y al final utiliza un elemento
de mal gusto. Con esta obra, que se estrenó en Ciudad Victoria, el Grupo Teatro Universitario ganó el derecho de presentarse en Campeche, para participar en el Concurso Nacional de Teatro Mexicano patrocinado por el Instituto Nacional de Bellas Artes.
• En las últimas semanas el público de Monterrey ha
tenido oportunidad de apreciar la obra de varios pintores que
han expuesto en las Galerías del Gobierno del Estado y de
Arte, A.C. Se trata de Pablo O'Higgins, Alfredo Salce y en la
I

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82 -

·• La primera temporada del Cin~-Club de la Universidad se desarrollará los meses de septiembre, octubre Y noviembre. Comprende la exhibición de doce películas de factura francesa alemana, rusa, checa, inglesa y mexicana. En
esta forma, l¡s mejores producciones cinematográficas ~e ~uropa y América se seguirán proyectando en los Ill:eses siguientes, ya que se tiene la idea de mantener en el Cme-q~ub un~
actividad perman~nte. El Departamento de Extens~?n Umversitaria que organiza el Cine-Club, prepara tambien para
una temp~rada de tres meses el 'l'eatro Infantil que ~e o~recerá diariamente a todos los niños de las esculas pr~mar1as,
prh•adas y oficiales, de esta ciudad. ~as r~presentac1ones se
efectuarán en el Aula Magna de la Umversidad.
• En los primeros días de septiembre se llevarán a la
escena Te y Simpatía, en el Aula Magna, y La.. Cena. de los
Tres Reyes en el Teatro de la República. La pnmera con la
actuación de Malú Gatica y elementos locales, y la segunda
con el grupo téatral que dirige Julián Guajardo.
• En el número 101 Vol. XII de la Revista Universidad
de Mé.xico, que publica el Departamento de D~fusión C~ltural de la U.N.A.M., Elena Poniatowska entrevista al prntor
Juan Soriano. A la pregunta "¿Estás de acuerdo con la obra
"realista" de Siqueiros Y", contesta Soriano: "¡ No, ~o~bre !
¿ Cómo voy a estarlo, Creo que es perfec~a_mente inutil. ~
respeto, elaro está, así como respeto la actividad de cualquier
hombre sobre la tierra· pero creo que lo que emprenden los
pintores "socialistas" e~ :México no tiene sentid?. Es absurdo darle un arte plástico a un pueblo que ya tiene un arte
pictórico propio un arte popular mucho más valioso que la
obra de cnalqui~ra de los "Tres Grandes". Y más adelante:
" ... ninguno de los "Tres Grandes" ~a. ~id() gene.roso. Oroz~o
fue a la Galería de Inés .Amor y le p1ª10 que retirara un cuadro mío. . . "¡ Si no quitas ese cuadro, Inés, yo me salgo!" ¿ Te
parece generoso? Los pintores ~ociales o soci_alistas -como
quieras llamarles- tienen la actitud. del moralista, ~el redentor. Siempre están tratando de decirles a los demas lo que
tienen que hacer. Sus pretensiones morales son tan grandes,
que yo no sé a qué horas descansan, y son hombres comunes
y corrientes. Piensan sincer.ament~ que van a crear _una revolución con cada cnadro que exhiben, y que cada prncelada

�84

Xoticias

provocará la caída del mundo capitalista. ¡ Además, yo no me
atrevería jamás a tener la opinión que ellos tienen del pueblo !"

-1.
LIBROJ

• José Luis Cuevas, desde Caracas, escribe en el Suplemento de Novedades (No. 486 del 6 de julio de 1958): "Ya nadie está interesado en Siqueiros ni en sus peroratas. Todos le
sabemos el juego demagógico en que está empeñado desde hace
años. Todo cuanto no sea Siqueiros no le complace. Ataca al
arte burgués y es de lo que vi ve, con sus retratos halagüeños
y melosos. Teme perder el mercado que adquirió con publicidad que le hicieron en libros impresos por empresas norteamericanas, con capital norteamericano. Mientras tuvo público en la calle 57 de Nueva York, allí exhibió para deleite
de los que gustan de ese arte que él llama "chic" desde hace
años. Por ahí, como fehaciente testimonio andan sus catálogos de la neoyorkina galería de Pierre Matisse, centro y cuna,
desde su fundación, de ese arte que según su sempiterna cantaleta es una "agresión politicoest.éticacolonialista". La grnn
Momia Siqueiros chilla y se inquieta porque cree perder el
mercado ya que comienza a carecer de la atención de los jóvenes artistas que antes le seguían boquiabiertos".
• Por su parte, Manuel Rodríguez Lozano contesta a
Rosa Castro eu el mismo Suplemento (No. 484) : Pregunta:
"¿ Qué te parece la Bienal ?". Respuesta: "Una solemne porquería. Se han gastado un dineral y me imagino que la -finalidad de eso ha sido el hacer parecer que han hecho algo . ..
La selección de la pintura mexicana es mala y la pintura que
está allí es muy mala. En cuanto al resto de América, habrá
dos o tres cuadros que valgan la pe·n a, pero a una exposición
de esas dimensiones, tres cuadros no pueden salvarla" . Y Alberto Gironella en el mismo Suplemento dice de Siqueiros:
"l\Ie encontré su fantasma deambulando por las galerías del
níveo Panteón de Bellas Artes. Es el muerto fresco más simpático que he conocido, porque no arrastra cadenas. El líder
romántico David ha movilizado al Frente Nacional de Artes
Plásticas para apoderarse de la Bienal. Inclusive mandó qnitar cuadros de la Sala de los Inmortales para que cupieran
sus enormes piroxilinas".

Sergio Fernández: Cinco escritores liispanoamericanos.
No. 30 de la Col. Filosofía y Letras de la Imprenta Universitaria. México, 1958.
Las 141 páginas de este libro nos ofrecen una visión de
cinco escritores de Hispanoamérica: Ricardo Güiraiaes, Rómulo 'Gallegos, Enrique Gil Gilbert, Lino Novas Calvo y Juan
Rulfo. De cada uno de estos autores ha escogido Sergio Fernández una o más obras para adentrarse en el mundo forjado
por ellos con un interés y un punto de vista que pocas veces
se ve en los que usualmente se ocupan de la producción literaria de nuestra América: la búsqueda de una dimensión interior, no sólo de paisaje o de ambiente, que permita valorar
las nuevas proyecciones de esta literatura americana del siglo XX, o como dice el mismo autor en el prólogo: "la introspección unida a las sensaciones, interceptado todo, a un mismo tiempo, por la acción; la concepción individual del hombre en sus circunstancias en relación con la de los demás, marcando un único compás de soledad".

.'

Estas páginas se escribieron origina,lmente para dictar un
cursillo en la Escue!a de Verano de la Universidad de Nuevo
León, bajo el título "Algunos tipos humanos en la literatura
de Hispanoamérica". De nuevo vemos que lo que aquí interesa es el hombre más que el ambiente; es el gaucho, el llanero o el montuvio, más que la pampa o el llano. Es claro
que ambos se complementan, y no puede concebirse al hombre
sin su circunstancia, por lo que el tipo humano en literatura
también tendrá su marco ambiental. Sin embargo, este estudio de Sergio Fernández nos hace ver que la literatura hispanoamericana toma rumbos distintos, alejándose de la descripción exterior y acercándose al hombre mismo, abandonando los hechos como tales para acudir al mundo interior de los
personajes. De esto resulta, para nuestra literatura, una mayor riqueza y una mayor amplitud en su contenido, condición que en ciarta forma responde a esos ataques que se han
' hecho, y todavía se hacen, a la producción literaria de His-

85 -

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panoamérica, en el sentido de que todavía se debate en formas arcaicas y ya lejanas de las que ahora alimentan a la
literatura europea.
De los cinco escritores ya mencionados, Rómulo Gallegos
y Enrique Gil Gilbert, según Sergio Fernández, son los que
más se rodean y revisten de una atmósfera sensorial, dejando
J~ ,impr~si~n ~e que hacen literatura "plana" de mera descripc1on obJetiva. Los otros -dice más adelante- son abiertamente intelectuales, si bien lo disfrazan hasta donde -pueden.
No obstante, todos acuden al hombre mismo, y aunque hacen
un largo rodeo, llegan siempre hasta la frontera donde antes
d_e la acción se encuentra el pensamiento. Nuestra preferencia escoge los estudios de Ricardo Güiraldes y Juan Rulfo. Las
páginas dedicadas a este último nos entregan una visión distinta de las que nos han dejado otros autores -muy pocos
por cierto- que también se han ocupado del autor de Pedro
Páramo.
En la escasa bibliografía sobre literatura hispanoameri~ana, este libro de Sergio Fernández ocupará un lugar muy
11nportante, no obstante su carácter fragmentario, ya que era
imposible abarcarlo todo. Esperamos que la promesa que nos
hace de continuar sus notas sobre una serie proyectada sobre
la prosa contemporánea de Hispanoamérica, ya que éstas son
sólo el principio, se cumpla en fecha próxima para un mejor
conocimiento de nuestras letras.

A.R.G.

Enrique Anderson Imbert: Los grandes libros de Occidente. No. 5, Colección Literaria. Ediciones De Andrea. México,
1957.

El ensayo como género ~iterario se aleja de toda definición, porque lleva siempre el sello _personal de su autor en
condiciones que impiden colocarlo en los casilleros que habitualmente se usan para toda obra literaria. Hay autores que
escriben ensayos con las armas de la erudición, parapetados
en la nota y atrincherados en la cita bibliográfica que ni los
deja mentir, ni les permite equivocarse. Otros, por el contra!io, prefieren desanudar sus ideas con libertad y bajo el orden que ellos mismos se imponen. Los primeros nos entregan
fríamente sus ideas y conclusiones; los segundos, con un poco
de calor, ofrecen sus ideas, impresiones y sensaciones, con un

Libros

dejo personal que imprime vida al ensayo. Anderson Imbert,
el conocido escritor argentino, pertenece a estos últimos, y el
libro que nos ocupa es una clara muestra de lo que se puede
obtener cuando el que escribe se encuentra ubicado precisamente en el centro inismo del mundo de las letras.
El título del libro corresponde al primer ensáyo, y probablemente desconcierta un poco al lector, que puede creer
que es un tratado sobre los grandes libros de Occidente, o
bien que Anderson lmbert hablará exclusivamente de las grandes producciones literarias en estas páginas. No es así. Se
trata de 36 diferentes ensayos que van desde Sófocles hasta
Franz Kafka o Marcel Proust, pasando por el Quijote, La
Celestina y el romántico Zorrilla de San Martín. Son varios
los ensayos dedicados al teatro, a algún dramaturgo, o a problemas é!_e escenificacinn. Así leemos sobre la Antígona. de
Anouilh frente a la de Sófocles, sobre el teatro de Shakespeare, de Lope de Vega, Calderón, Pirandello o Tennessee
Williams. En las relacione.s del cine con la literatura, se ocupa de O'Henry y Franz Kafka, que han sido lleTados a la pantalla. Del segundo se filmó La metamorfosis en el año de 1951
por Bill Hampton, del Departamento de Literatura Inglesa de
la Universidad de Michigan. Se ha seguido el procedimiento
de la cámara-ojo, sin que aparezca el protagonista, en este
caso Gregorio Samsa, y únicamente lo que éste ve. Anderson
Imbert concluye que el cine no debe ponerse al servicio de la
literatura, aunque siempre ocurre lo contrario. Que el cine
-dice- sea cine, y desarrolle sus propias posibilidades de
expresión.
Cabe mencionar el estudio que ha~e Anderson Imbert de
una obra inédita de don Ricardo Palma, las Tradiciones en
salsa verde, que leyó en la biblioteca de la Duke University,
en Durham, North Carolina. Se trata de un volumen de cincuenta y una páginas dactilografiadas, en el que hay unas
Tradiciones que el mismo Palma consideró no debían publicarse, y regaló a su ainigo Carlo Basadre. Las conclusiones
de Anderson Imbert son definitivas y juzga este volumen de
Palma con gran acierto;

A.R.G.

Luis Leal :Bibliografía del cuento mexicano. No. 21 de
la Colección Studium de las Ediciones De Andrea. México,
1958.

�88

Libros

Después de la Breve Historia. del Cuento Mexicano y Antología. del Cuento Mexicano, publicadas en la Colección y los
Manuales Studium de las mismas ediciones De Andrea, Luis
Leal, profesor de castellano de la Universidad de Emory, Georgia, nos ofrece esta interesante bibliografía d_el cuent~ mexicano, que en cierta forma completa los trabaJoS anteriores y
da unidad a la investigación que este autor viene realizando
desde hace tiempo.
En 162 páginas nos entrega Luis Leal este acervo bibliográfico que comprende lo publicado hasta el año de 1957. Es
natural que falten aquí algunos autores y algunos cuentos,
pero es imposible realizar un trabajo de esta naturaleza sin
dejar fuera muchas cosas, ya que el gran número de revistas
publicadas en provincia que no tienen circulación y no llegan
a las bibliotecas están fuera del alcance del investigador. Sir..
embargo, estas ausencias no restan méritos al trabajo de Luis
Leal, ya que es de positivo valor para el estudio de las letras
mexicanas.
"A pesar del gran número de cuentos registrados -hecho
que indica su riqueza- (dice Luis Leal), todavía qued~n muchos en revistas y periódicos mexicanos que nos han sido catalogados. Este aspecto de la bibliografía mexicana es uno de
los más difíciles, dada la escasez de las innumerables revista que han sido publicadas en México, algunas de ellas de vida
efímera pero que por lo general contienen uno que otro cuento. No queremos, sin embargo, demorar la publicación de esta
bibliografía, que facilitará la tarea de recoger lo que falta.
Aunque existen dos bibliografías de la novela mexicana y una
de la poesía, no se ha publicado hasta hoy una sobre .el cuento; b,.echo que justifica el que demos a las prensas la presente".
Deseando colaborar con este acucioso investigador, damos
aquí unas fichas bibliográficas de cuentos publicados en Monterrey que no aparecen en su bibliografía, las que podrá utilizar si piensa realizar en el futuro una segunda edición aumentada:
Padilla, Hugo: "Pueblorar.o", en· Katharsis, Monterrey,
No. 1, Vol. l. Polanco, Jesús: "La alcoba estrecha", en Ita.tharsis, Monterrey, No. 2, Vol. l. Garza, Homero: "El llanto",
en Katharsis, Monterrey, No. 3-4, Vol. l. Padilla, Rugo: "Pasado", en Katha.rsis, Monterrey, No. 7-8, Vol. l. Carlos Fuentes: "Sumar, restar", en Katharsis, Monterrey, No. 11-12. Paz,
Octavio: "Cabeza de ángel", en Katharsis, Monterrey, No. 1112, Dávila, María Amparo: "Un boleto para cualquier parte",
en Katharsis, Monterrey, No. 11-12. Padilla, Rugo: "Niebla,

Libros

89

frío, nadie", en Katharsis, Monterrey, No.11-12. Padilla, Hugo:
"Hace anos
- " , en Katharsis,
. .m,onterrey,
'1.f'
No. 13-14. Garza Mercado, Ario: "Cuento", en Katharsis", Monterrey, No. 13-14.
Colina, José de la: "Escalibur'\ en Katharsis, Monterrey No.
15-16. Montaña, Antonio: "La gran cabellera blanca de' Marogie", en Katharsis, Monterrey, No. 15-16. García Quintaiia
Albertina: "Diálogo de sombras", en Katharsis, Monterrey:
No. 15-16. Cantú de la Garza, Jorge: "Sore, un cuento ae
amor", en Katharsis, Monterrey, No. 19. Cuéllar Gerardo:
"Mi hermano Marcos", en Armas y Letras, Monter;ey No. 10
año XII. Cuéllar, Gerardo: "El autor de cuentos n~ estab~
en el índice", en Armas y Letras, Monterrey, No. 2, año XIU.
A.R.G.

Max Aub, Una Nueva Poesía Española (1950-1955), (Universidad Nacional .Autónoma de México, Dirección General de
P_ublicaciones), Imprenta Universitaria, México, 1957, 218 págmas.
Este nuevo volumen crítico-histórico de Max .Aub acerca
de la poesía española, es un complemento del anterior, publicado por la misma Imprenta Universitaria de México, bajo
el título de La Poesía Española. Oontemporáillea (1954) . En él
se reúnen las conferencias pronunciadas por su autor en el
Ateneo Español de México, los días 22, 25, 29 de junio y 2 de
julio de 1956, en las cuales Ofelia Guzmán leyó los abundantes
poemas incluídos en el texto. No pretendemos buscar en este
intento de esquematización que hace Max Aub de la nueva
poesía española, comprendida entre 1950 y 1955, un rigor
científico en el análisis, sino una buena fuente de información
y una abundante ejemplificación de aquella poes'.a crucificada y puesta a prueba que hoy se escribe en la España oficial.
El mismo autor honestamente lo advierte en una nota inicial:
"El texto que sigue da fe. No he retocado una línea. Anticipo
mis excusas por cuantos no cité. Fué labor urgente y aunque
no lo hubiera sido, mi ignorancia, forzada en part~ por la
distancia, era -y es- razón de fuerza niayor. Estas páginas
no sori más que reflejo de lo que creía deber, en las acepciones
del verbo y del substantivo. Esta publicación responde a las
mismas exigencias. Pobre homenaje a la libertad, único camino de la justicia".
Como en el primer volumen. citado más arriba, Max .Aub
traza en su primer capítulo (I, Propósito) un esquema de las

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90

circunstancias históricas y de los determinantes q~e han_ forzado la aparición de una nueva ~o~sía, cargada de mtencio~alidades y en la que se puede ad1vmar una ~rot~sta, un_ grito
y un feliz comienzo de rebeldía contra los termmos ommosos
de la "Bestia y el Angel", poesía oficia~ :y oficializada en España desde 1936. Recorre en est~ Pr_~pos1to,.. s~. autor, el pr~;
ceso seguido a partir éie la pubhcac1on ~e H1Jos de la ~
de Dámaso Alonso y la influencia posterior de esta obra po~tica en diversas zonas de la conciencia española. Su trab~Jo
se estructura en los siguientes capítulos : Poesía popular e unpura; Soledad Impuesta y Conclusión,_ sin ~U.a. ~5&gt; valioso de
todos estos capítulos es la constante eJemphf1cacion y su adecuada selección, con lo que el lector puede darse una cabal
idea de esa poesía que apen&amp;s llega a e~tas pla:yas y de la que
estamos aislados, en muchos casos, a Dios gracias.
En contraste con esta exposición antológica de Max .A.ub,
recordamos una serie de artículos mimeografiados que hace
unos cuatro años repartió profusamente por América el llamado Instituto de Cultura Hispánica, titulados "Breve Panorama de la Poesía Española de la Postguerra y firlll:ados p~r
Antonio Fernández Spencer, en los que, por desgraCia, la nomina de poetas es otra; son los que_ entendieron la poesí:3como abundosa fuente de pesetas, de bienestar o de cargos oficiales. Los que entregaron la poesía a la "Bestia Y ~l .A.ng~l"
y al hombre de España al horror de una noche sm poesia.
Gracias a Max Aub, por haber levantado la voz de la verdad
en nombre de la auténtica poesía. Verdad suma.
J . .A.. A.

Pierre Guiraud. La Estilística (Compendios Nova de
Iniciación Cultural, 1) Edición al cuidado de Raúl
Casta~nino. (Traducción directa de Marta G. ~e '.1'orres Aguero), Editorial Nova, Buenos Aires, 1956, 134 pagmas.

!f·

La Estilística si no se comete el error de creer que es la
misma vieja Predeptiva Literaria o Retórica con _ciertos ~emoces y adornos científicos de actualidad, es todav1a una disciplina muy reciente, mucho más entre los pueblos de habla
hispánica. Todos los estudios que se han heclÍ~, entr~ noJ~tros,
a este respecto son dispersos o carecen del rigor _científico Y
preciso para llegar a constituir una teoría proporcionada. I_:os
trabajos llevados a cabo por Dámaso Alonso, Carlos Boussono,

Libros

91

Amado Alonso y otros son excepciones. Hasta el presente manejamos todavía concepto de la preceptiva sin que nuestra crítica busque nuevos caminos para el abordaje de la obra poética o literaria. Cuando más, en esta clase de investigaciones,
seguimos los caminos trillados de un positivo descriptivo-histórico, en que se da demasiada importancia al dato externo, a
la nota bibliográfica, elementos todos que son necesarios, pero
que por sí solos no llegan a constituir una verdadera "'Estilística" ni cosa que se le parezca.
De un tiempo a esta parte se han intensificado los estudios estilísticos y, a pesar de ser reciente esta disciplina o
más bien los distintos métodos que la integran, se ha llegado
ya a integrar un cuerpo de doctrina, necesario, desde cualquier punto de vista para el crítico y para el estudioso de las
letras. Precisamente, es lo que viene a traernos este Compendio de la Editorial NOVA: una inteligente síntesis y una organización de los conceptos que andaban dispersos. Dado el
carácter iniciatorio (iniciático, dicen otros, pero esto suena
demasiado a ciencia oculta) de este manual, su autor ha hecho una síntesis de aquellas teorías que constituyen lo que hoy
se llama la "Estilística". Digo de las teorías, porque no se
puede hablar de una Estilística absoluta como ciencia, sino de
diferentes métodos estilísticos que deberán ser utilizados de
manera particular en cada oeasión y en cada autor. Sobre
todo si se parte del concepto de estilo que aporta Vossler a los
modernos estudios literarios. Comienza tratando de definir el
estilo y la estilística, con el objeto de fijar dos conceptos que
han de ser esenciales a través de toda la obra. Como no se
puede destruir de un plumazo todo un pasado, el autor hace
un repaso menor a la retórica, análizando sus orígenes, concepción de los estilos como forma externa de expresión, de
rechazo toca el problema de las figuras y, finalmente valora
el lugar y los límites de la estilística. Siempre hemos creído
que es pretencioso y, por otra parte, aventurado el desconocer la Retórica -la buena Retórica- ya que muchos de sus
conceptos siguen vigentes, aunque con nueva luz, en los estudios literarios. "No por ello -dice el autor- deja de mantener todos sus derechos el estudio de la retórica, derechos
que harto a menudo se desconocen en el dominio de la lingüística y de la historia literaria. La estilística tal como la
ha concebido Bally procede -con recursos nuevos- de la antigua retórica. El estudio que esta última hizo de las figuras
no ha sido superado hasta el presente; ofrece un conjunto de
observaciones y definiciones que el lingüista tiene el deber de
reconsiderar y profundizar a la luz de métodos nuevos" (pp.
30 y 31) .

�92

Libros

Libros

Expuesta la importancia de la Retórica, su importancia
como filosofía estética de una época y su decadencia por ser
insuficiente para explicar muchos de los fenómenos literarios,
Guiraud introduce al lector en la Estilística moderna a través de sus fuentes y de los determinantes que llevaron al replanteamiento de los problemas: las dos grandes corrientes
lingüísticas modernas, idealista y positivista, que dan lugar a
los dos aspectos fundamentales de la estilística. Estilística
descriptiva y Estilística genética. En estos dos capítulos de
su obra, es donde Guiraud llega a lograr un positivo valor sintético y expositivo de las dos corrientes en la moderna Estilística.
La Estil'.stica descriptiva nace con las teorías lingüísticas
de F'erdinand de Saussure, lingüista suizo, y es perfeccionada
por su discípulo Charles Bally. Dado el origen positivista de
las teorías de Saussure y su concepto de la "lengua" en oposición al "habla", la Estilística descriptiva se centra en el estudio de las manifestaciones lingüístico-literarias como manifestación de un conglomerado social, por lo que se orienta hacia
estudios del estilo en sentido colectivo. Guiraud ha resumido
el estudio de la Estilística descriptiva en los siguientes puntos claves: La estilística de la expresión; la estilística de Bally;
extensiones de la estilística de Bally ; fonética de la expresión ;
morfología de la expresión; sintaxis de la expresión; semántica de la expresión y la estfüstica de la expresión.
La estilística genética o estilística del individuo parte del
concepto del "habla", es decir, de la lengua como instrumento
personal de expresión. Frente a la teoría de Saussure de que
la estilística debe de ocuparse de la lengua (hecho real, social,
comunal, histórico, etc.), Vossler impone su criterio, apoyado
por las teorías estéticas de Bendetto C.roce, de que debe ser el
habla el objeto de la estilística; Leo Spitzer, discípulo de Vossler, acaba de perfeccionar esta teoría, con lo cual toman cuerpo las teorías para una estilística genética, que pretende partir del centro de la obra literaria hasta la periferia y captar,
en último término, la esencia del impu_lso creador del artista.
Creemos que esta es la parte mejor lograda del manual de
Guiraud, principalmente al exponer en forma sinóptica las teorías estilísticas de Leo Spitzer.

En los dos últimos capítulos de esta obra se exponen sumariamente los problemas que enfrenta la actual estilística y
las tareas a ella encomendada. Una bibliografía sumaria en
español completa esta pequeña obra que no dudamos ha de ser
muy útil tanto a profesores y alumnos, en una materia que

..

93

como la Estilística se presta a innumerables equívocos ya sea
por falta de información o de método.

J. A. A.
•

¡

Graciela Palau de Nemes, Vida y Obra de Juan Ramón
Jiménez (Biblioteca Románica Hispánica; Estudios y Ensayos, 31), Editorial Gredos, Madrid, 1957, 417 páginas - 21
ilustraciones.
La Editorial Gredos incluye en su magnífica colección
"Estudios y Ensayos" de la Biblioteca Románica Hispánica,
un libro esencial y casi definitivo sobre la vida y la obra de
Juan Ramón Jiménez escrito por Graciela Palau de Nemes
de College Park de Maryland, USA. Inicialmente este líbro
es el resultado de ~iete años de investigación para adquirir el
grado de Doctora en Pilosofía y Letras en la Universidad de
Maryland. La tesis creció y sobrepasó esa medida académica,
un poco forzada, y se transformó en el mejor estudio de conjunto que hasta el presente se haya hecho sobre el poeta de
lVIoguer. Tiene esta obra el mérito de haber sido revisada casi
en su totalidad por el propio poeta, quien aportó interesantes
datos sobre todo el proceso de su poesía y puso a disposición
de la autora todos aquellos documentos que pudieran dar un
enjuiciamiento más exacto de su obra. Al mismo tiempo fueron consultados los dos mejores archivos juanramonianos que
existen en la actualidad: La Biblioteca del Congreso de los
Estados Unidos en 'N ashington y la Sala Zenobia y Juan Ramón de la Universidad de Puerto Rico; J.R.J. tuvo muy buen
cuidado de llevar un registro permanente de fechas, variantes
y correcciones de sus poemas, así como de la correspondencia
y de la crítica escrita de su obra; todo lo que pudo salvar
después de la catástrofe de la guerra española y del consiguiente asalto a su domicilio por los asalariados del nuevo régimen español, lo depositó, como testimonio de gratitud en
Washington y en Puerto Rico, lugares donde pudo encontrar
un refugio que ya no le brindaba su propia tierra.

Graciela Palau de Nemes ha sabido orientar su trabajo
de una manera comprehensiva, abarcando simultáneamente el
proceso creador de J.R.J. junto con la vida de éste, ya que
sería imposible querer comprender una poesía -mucho más
la de J.R.J.- prescindiendo del aspecto vital, de la circunstancia externa, de las influencias de la amistad, la correspondencia, el medio cultural, reactivos todos que nos guían a

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Libros

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través de un laberinto poético de extraordinaria complejidad.
No son indiferentes las situaciones vitales ni los tonos afectivos que éstas provocan para la comprehensión de ~na poesía dado que el fenómeno poético no es un hecho aislado o
un~ actividad desconectada de todos los más ínfimos detalles
de la vida. Graciela Palau va alternando, en su obra, vida
y análisis de la poesía de J.R.J. y en esta alternancia, felizmente lograda, una explica a la otra y viceversa.
Desde el punto ~e vis~a de la ut~lid~d de_ es_ta op~a, consideramos como lo mas valioso los apend1ces b1bhograficos sobre la obra de J.R.J. La bibliografía a que hacemos referencia está articulada sobre las siguientes divisiones:
a) Obras de Juan Ramón Jiménez:
1) Libros (en orden cronológico de las primeras edi-

ciones).
2) Folletos
b) Traducciones por J.R.J. incluyendo su colaboración
con Zenobia Camprubí de Jiménez.
c) Obra inédita de J.R.J. (1900-1927)
1) Verso

2) Prosa
3) Verso y Prosa
Obra inédita de .J.R.J. (a partir de 1936).

.. ,

95

Folletos
3) Publicaciones de la Casa Editorial Calleja (19161917)

Obras de J.R.J.
•

l

J ardinillos (1918)
g) Publicaciones de Juan Ramón Jiménez y Zenoeia
Camprubí de Jiménez, editores de su propia y sola
obra (1920-1925)
El jirasol y la espada
Obras de H.abindranath Tagore
De J.R.J.
De otros autores
Publicaciones de la Biblioteca de U{DICE
h) Labor editora en Revistas, Cuadernos y Hojas sueltas
(1903-1935

1) Revistas
2) Cuadernos
3) Hojas Sueltas.

i) Colaboración de J.R.J. en Revistas, periódicos y reimpresiones
1) Revistas

2) Periódicos
j) Estudios largos sobre J.R.J.
1) Libros

2) Tesis
d) Libros con prólogo de J.R.J.
e) Traducciones de la obra de J.R.J.

k) Libros de estudio de J.R.J.
1) Honores y Homenajes a J.R.J., Miscelánea.

1) Libros

1) En libros

2) En Revistas
3) En Periódicos.

2)
3)
4)
5)
6)

f) Labor editora de Juan Ramón Jiménez.
1) De Rubén Darío (1905)

2) Publicaciones de la Residencia de Estudiantes
(1915-1919)

Libros

En revistas
En periódicos
Actos
Emi~iones por radio
Poemas de J.R.J. en música.

No dudamos que tan valiosos índices bibliográficos han
de ser de gran utilidad para los futuros estudios que se hagan
sobre la poesía y la vida de J.R.J.

J. A. A.

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Libros

Ramón Sender, Los Cinco Libros de Ariadna, Ediciones Ibérica, New York, 1957, 584 páginas.
Uno de los escritores españoles mejor conocidos en América es Ramón Sender, profesor en la Universidad de Albuquerque, New l\Iexico, por su constante y brillante l_abor periodística. Pero hay algo más valioso detrás del articulo periodístico que se ocupa del último libro o de revivir los viejos
chismes literarios. Ramón Sender es, por encima de las urgencias periodísticas o la monotonía de la cátedra, un novelista ; algunos llegaron a creer que erl!- el único novelista ~e
garra que se perfilaba entre los escritores de sus generaciones, muchos de ellos frustrados, otros alentados, por la catástrofe de la guerra civil y el exilio consiguiente. Ramón
Sender ha afirmado ,a través de estos años y las dolorosas
experiencias acumuladas, su fama de buen novelista, de testigo apasionado y de hombre que tiene la sinceridad de con.
fesar sus fracasos, sus equívocos y también sus triunfos.

Los Cinco Libro de Ariadna, novela de un testigo, es ante
todo un acto de fe del autor en su propia seguridad y un enjuiciamiento de sus actitudes ante la vida, la guerra y la política. En él largo prólogo que precede a la novela Sender
afirma: "Alguien ha dicho que los antiguos tenían verdaderas razones para vivir mientras que los modernos sólo tenemos pretextos. Muchos de los emigrados, sólo t enemos pretextos, realmente, aunque los míos los encuentro cada día más
gustosos y i;i hacemos algo con una responsabilidad verdadera
es porque queremos que sean lo más plausibles para uno mismo. ARIADNA es producto de ese estado de ánimo. Perdidas algunas raíces, quizá las más importantes, sentimos la necesidad de compensarlas con una floración capaz de explicar
lo inexplicable o de propiciar alguna clase de emoción virgen". En cierto sentido, también esta novela es una acusación y una defensa de sus actitudes personales, de sus actuaciones en la guerra civil y de sus posturas políticas y humanas después de ella; es, también, una declaración de fe en el
espíritu de libertad y de superación de la especie humana por
encima de todo cataclismo, o catástrofe. "Por la misma razón
-afirma Sender en el prólogo- por la cual en tiempos de
guerra o de epidemias aumenta enormemente la cifra de nacimientos -la especie existe y todo lo que existe quiere seguir
existiendo- , por la misma razón la especie sabrá hacer de todas las clases una sola en el plano del bienestar y de la civilidad antes de afrontar el riesgo de su propia aniquilación.
Las clases que representan hoy la cultura y que tienen el po-

Libros

07

der están encontrando ya soluciones en algunos lugares del
planeta. La ame1;1aza de la bomba atómica (el gran mal) lleva
trazas de convertirse -oh manes dialécticos- en el gran bien".

Los Cinco Libros de Ariadna es la historia de la guerra
c~vil ~spañola a través del simbolismo de los personajes, las
s1tuac10nes y los ambientes. ,Javier Baena Ariadna los oficiales moscovitas en España y los militares ~spañoles 'entreetados
ª. la política, el Uro y el caudillo ( conservado a prueb~ del
tiempo en una cámara aséptica) el Lucero del Alba y el Obispo de Mondoñedo, la infanta Palmatoria y su sitial vacío el
hijo mongólico y los agentes internacionales, las intérpr~tes
rusas y los fantas~as de_ los ajusticiados, son personajes vivos, que, sub spec1e poet1ca, van formando la trama de esta
novela en la que vibra la indignación junto al idealismo el
vi~iI_&gt;endio de las más elementales virtudes de un pueblo la
critica más feroz de la traición a que fue sometido, por los
blancos y los rojos, sin distinción.

y

La técnica empleada por Ramón Sender en Los Cinco Libros de Ariadna nos hace recordar, a veces, a la empleada por
Kafka o por W erfel. La acción es retrospectiva· ante un imaginario tribunal de una imaginaria sociedad _'._la OMECCdeclara Ariadna y declara Javier Baena, su marido interrumpidos por las intempestivas protestas del Lucero del Alba el
~~p~ritu de la reacción. El vigor de los personajes está :onct1c1onado a lo que ellos mismos dicen de sí se retratan en
cada una de sus acciones, en los motivos qu~ les impulsan a
ellas.
Lamentamos, en la edición de esta novela, la frecuencia de
erratas,. los ac~ntos prófugos que no saben dónde colocarse y
una serie de d1slatf's en la PXpresión que no atribuimos a Sender, sino a los tipógrafos neoyorkinos que tuvieron que luchar
con un idioma extraño.
J. A. A.

Ra~nón J. Sender, EMEN RETAN (Aquí estamos) noYela, Libro l\Iex, Editores, l\Iéxico, 1958. 174 páginas. '
Ramón J. Sender cuenta con un numeroso grupo de lectores, tanto en lengua española como inglesa. Sus novelas han
alcanzado en los Estados Unidos cifras tan altas como para
se~· c?'lificado de "best-seller"; sus artículos periodísticos, distribuidos, semana a semana, por la "American Literary Agen-

�98

Libros

cy", dan las últimas noticias en lo que se refiere a bibliografía, nuevas publicaciones o chismología de la vida literaria.
Sin embargo, la fama de Ramón J. Sender reside en su calidad de novelista, un novelista que ha sabido sobreponerse a
cataclismos de orden personal y colectivos y para quien el
destierro ha sido un poderoso aliciente, tan como él mismo lo
ha declarado en "Los Cinco Libros de Ariadna", novela publicada en New York, por Iberica, el año pasado.
Libro Mex nos ofrece su última novela, EMEN RETAN
(Aquí estamos). Dolorosamente tenemos que confesar que Ramón J. Sender nos ha defraudado con esta obra, acostumbrados como estábamos a sus obras anteriores en las que el rigor
técnico, el buen gusto literario y el vigor expresivo se conjugaban en admirable síntesis. EMEN RETAN no puede calificarse de novela, a lo más de narración extensa o de cuento
largo, sin que rebase los límites de este género. EMEN RETAN,
es el simple relato de un aquelarre celebrado en un lugar desconocido del país vasco, al cual existen en calidad de testigos
una mujer abandonada por su esposo y una niña campesina
que retorna al hogar y que casualmente ha encontrado a la
mujer. El Caballero de Spic, una extraña figura, bastante
desvaída, sirve de narrador, de interpretador, pero no entra
en el alma de la acción. Se queda sencillamente al margen
como un cicerone de la magia negra, como un tratadista culto
que va explicando, pedantescamente, todo lo que ocurre en el
aquelarre. Todo esto sería suficiente para elaborar un cuento
más o menos simpático, una nar,ración hábil como puede hacerlo la pluma de Ramón J. Sender. Pero el equívoco está en
el transfondo, en la interpretación de los hechos y el significailo que quiere darles el mismo novelista.
Siempre he admirado en Sender su poder de interpretación de los hechos reales a través de admirables simbolismos.
En "Los Cinco Libros de Ariadna" nos lo demostró. Pero en
EMEN RETAN se le ha ido la mano al querernos presentar
una interpretación pánica ,demoníaca de España que no responde a la realidad anímica de nuestro pueblo. Haciendo magníficos juegos filológicos e histór:icos pretender demostrar, en
esta breve novela o narración larga, que España es la tierra
del Macho Cabrío o del Pan de los aquelarres. Quizás, y forzando los hechos, podrfo. hacerse una interpretación en este
sentido limitándola al pueblo vasco, montañés y gallego, donde prevalecen todavía viejas leyendas de aquelarres y de cul-

Libros

99

to al macho_ cabrío. Pero, de aquí a hacer generalizaeiones a
to?ª. la pem~sula, hay mucha distancia. Todos estos hechos
magicos no tienen nigún valor cuando se los quiere extender
a los pueblos de la meseta y del sur de España.

EMEN_ RE!AN es un buen relato, una hábil amal~amét
de dato~, h1stónc?s, ling_üísticos y folklóricos, enlazado; por
u_na acc10n reducida y sm momentos elevados. Una obra en
fi~, que nos duele haya salido de la acreditada pluma de 'Ramon J. Sender.
J. A. A.

�EN PROXIMOS NUMEROS DE
ARMAS Y LETRAS:
H. R. Lenormand, FIDELIDAD
Jorge Artel, EL CHOCO, NUEVA
VERSION DE "EL DORADO"
. Albert Loranquin, POESIA Y
METAFISICA
Takak~ni Minamoto, CUENTOS
JAPONESES DEL _SIGLO XI
Geno Hartlaub, HISTORIA DEL
ULTIMO SOLDADO
James Joyce, LA PENSION
DE FAMILIA
José Sotero Noriega, LA TOMA
DE MONTERREY

\

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                    <text>Revl•ta de la Universidad de Naeve Leó■

Sergio Fernándcz, El Donado Hablador • José Salvador .Alcántara, Sonetos • José Sotero Noriega, El

Sitio de Monterrey en 1

Juanita Soriano, Ro-

mance del Llanto de 1

a • Jorge .Artel, El

Chocó, Nueva Versi'
Licht~lau, Novelista

· ta: Dos Perfiles de

Eduardo Ma.llea •

1

a, Efigie Indígena

damento y Esencia de
cott, El "Stephen Hero" de James Joyce •

Noticias • Libros.

OCTUBRE/DICIEMBRE DE 1958

.Af.l'O 1 / Segunda Epoca

��MrLm
•
REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Revista de la Universidad de Nuevo León

Año 1, No. 4

Rector :

Octubre/ Diciembre de 1958

Segunda E poca

ARQ. JOAQUIN A. :MORA

SUMARIO

Secretario General :
LIC. ROQUE GONZALEZ SALAZAR

Sergio Fernández, El Donado Hablador _________ ._________ 5

Departamento de Extensión Universitaria:

José Salvador Alcántara, Sonetos _________________________ 9

LIC. ROGELIO VILLARREA L
José Sotero Noriega, El Sitio de Monterrey en 1846 ______ 11

Director de la Revista :
LIC. JUAN ANTONIO AYALA

Juanita Soriano, Romance del Llanto de la Tierra ________ 26
Jorge Artel, El Chocó, Nueva Versión de -"El Dorado" ____ 30
_Myron I. Lichtblau, Novelista y Ensayista : Dos Perfiles

de Eduardo Mallea ------------------------------------ 40
P edro Villa, Efigie Indígena ------------------------------ 49
Dr. Agustín Basave Fernández del Valle, Fundamento y

Esencia de la Verdad ------------------- -------------- 51
PRECIO DE SUSCRIPCION
UN Al'lO ( cuatro números)

Joseph Prescott, El "Stephen Hero" de James Joyce ______ 64
Dirección

En México : Veinte pesos

y Colegio Civil
Washl.nf!ton
~

Noticias --------------------------------------------------- 77

Otros países: Dos dólares

Monterrey, N. L., México

Libros ---------------------------------------------------- 87

�Sergio Fernández / EL DONADO HABLADOR

J

ERONIMO de Alcalá Yáñe, y Ri-

vera, médico de Segovia, probablemente por pasatiempo y sin
otro afán que el de recordar parte de su vida ( que aunque su
obra no es una autobiografía no cabe duda que está llena de
relatos personales y verídicos), publicó la primera parte de
El Donado hablador, Alonso, mozo d_~ muchos amos en 1624
y la segunda en 1626. Es, en cierta forma, algo parecida en
su contenido a ideas a la Vida de Marcos de Obregón, ya que
tienen características fundamentales en común, sobre todo
un afán moralizante inmediato que ya hemos estudiado en
Espinel.
Escrita en forma dialogada, la obra nos ofrece un magnífico y sobrio castellano, a más de que el relato es excelente,
si nos olvidamos de que pretende ser un diálogo, pues más
que nada es un monólogo que se pierde y acaba por ser una
auténtica narración. Este libro, qne también se ha catalogado como picaresco, es indudable que tiene conexiones formales con el género que nos ocupa, pero difiere de una manera radical de éste en cuanto a que el pícaro no existe en
definitiva en El Donado hablador.
A primera vista, sin embargo, es posible confundirlo, ya
que el personaje central, Alonso, en su inquietud y ansia de
correr aventuras (Toledo, Sevilla, Valencia, Zaragoza, Segovia, Lisboa, Toro), cambia constantemente de sitio para buscar novedades dentro de este tipo especial de vida andariega.
Además, como indica muy bien el título, Alonso es "mozo de
muchos amos", circunstancia ésta semejante a la sufrida por
los pícaros. Tales son los rasgos afines a la picaresca, escuetamente ; vemos ahora los contrarios a su índole.
-

5 -

�6

El Donado Hablador

Ser gio F eruá ndez

Alonso empieza por ser mozo de mulas de unos estudiantes que van a Salamanca, lugar donde el autor recuerda con
detenimiento las novatadas de los muchacp.os, pero sin el sentido p icaresco que le imprime Quevedo, por ejemplo, al Buscón, cuando escribe las que le acontecieron a Don Pablos en
Alcalá. En seguirla pasa a servir a un sacristán al cual critica
por su falta de verdadera vocación y advierte que de buenos
y malos se compone una república ; y en el má.s cultiv~o
jardín, si nacen apacibles y olorosas flores, a veces tamb1~n
nace la malva y la vengativa ortiga; sino que es el trabaJ o
que por un malo pierdan muchos que verdaderamente son
virtuosos, justos y buenos (pág. 1157). El azar lo lleva después a servir a un gentil hombre recién casado con una vieja
a la que Alonso odia por darle muy mala vida a su amo;
luego es mozo de un letrado, de un teniente, de un médico y
de una viuda; per o con éste no terminan sus diferentes empleos, pues más delante se col~ca con unas monja~, desp1:és
con un caballero portugués y finalmente es aprendiz de pmtor, para acabar el término de sus días; como Donado de un
convento y luego como ermitaño.

l¡

co y grueso ; frente corta y estrecha; boquihundida y de oreja
a oreja; dientes anchos y apartados unos de otros al modo
de almenas, verdadero retrato del que pintó un poeta mi conocido en estos versos :
Nunca tal novia se vea,
Flaca, tuerta, negra y fea;
Y nuestro novio traidor
La mostraba más amor
Que Calisto a IVIelibea. (Pág. 1165) .

Siendo, pues, Donado, encuentr a pretexto para contar su
vida a un vicario de la propia hermandad, pues las tardes
son lar gas y el tiempo no cuenta para Alonso. El vicario, a
manera de interlocutor, sólo sirve para orientar la charla
inagotable del hablador que tiene por amigo. Y en efecto, la
obra a veces cae en una palabrería inútil que la hace algo
cansada sin por eso llegar a extremos, pues en general es
divertia y amena. El Donado es, en una palabra, un libro
de viajes y aventuras de un buen señor, poseedor de una
abundante charla, que se dedica a dar consejos al por mayor
a todo aquel que piensa que los necesita.
Misógino a ojos vistas, el autor hace constantes burlas
-meras caricaturas muy bien logradas- de las mujeres, a las
que echa en cara la corrupción de las costumbres del mundo.
De la vieja esposa de su amo el médico, dice muy quevedianamente que : Salió, pues, mi deseo de dama vestida a lo
grave, alta de cuerpo, muy derecha, sobre media vara de
chapines, con sus varillas de plata de un gran geme ; lo que
le faltaba de gruesa y corpulenta, sobraba de enjunta y reseca · tenía el rostro como el de María de Peñaranda la barbud¡, y tanto, que se pudiera alzar los bigotes y dormir con
bigoteras ; carilarga, la nariz apia, quintada y vuelta al lado
derecho; los ojos, uno mayor y má.s crecido que el otro, no
iguales en el asiento, cuyas niñas, aunque no menores de
edad, miraban a dos parroquias ; cejijunta, cabello negro, tos-

7

'

Y después de su propia esposa (pues que se casa y enviuda), dice que: Era mi bien lograda mujer de razonable
cara, aunque con algunas arrugas, surcos de los sesenta y dos
años que tenía, desmoronadas las almenas de la boca, con
cuatro o seis portillos, que se divisaban no demasiado, por un
poco de bozo con que se cubrían, aunque no bastante al disimulo de dos grandes colmillos, que salían afuera : anchurosa
la frente, razonable la nariz, buenos ojos, pero corta de vista ;
no muy alta de cuerpo ni muy baja; para su cabello no eran
menester tranzados, porque de una enfermedad o corromiento
me dijeron no le había quedado un cañón en su cabeza. . ..
(Pág. 1248). Pero estos dos retratos son quizás los únicos de
ingenio picardil, pudiéramos decir, que tienen las dos partes
en que se divide la obra. Por lo demás Alonso, insólitamente;
-pues no sabemos en dónde ni cuándo se ha hecho de una gran
cultura-, habla constantemente de Ovidio, Demóstenes, San
Agustín, San Pablo o Séneca, a los que conoce a perfección,
intercalando sus máximas y sentencias para ejemplo y consejo de la humanidad. Por otra parte, entre sus mil aventuras, cuenta su vida entre gitanos, a los que critica muy a la
manera de la época, como lo hacen Cervantes, Espinel o Quevedo. Es hecho cautivo y llevado a Argel; después hace un
viaje a Indias en el cual no acontece nada, pues es, obYiamente, una trayectoria imaginaria, ya que el autor no tiene
idea del México de entonces, lugar a donde Alonso dice llegar. Aquí se enriquece y regresa a su patria, sin que nos dé
tan siquiera una opinión de sus experiencias en Nueva España. Los reveses de fortuna lo hacen quedar pobre de nuevo,
por lo que las quejas en contra de la miserable vida que lleva
no se hacen esperar : ¡ Oh cuánto puedes, necesidad y a cuánto
obligas ! ¡ Qué de torres has echado por el suelo y cuántas
dificultades has allanado ! ¡ Qué de voluntades has torcido, y
a qué de ignorantes has enseñado ! Haces hablar los mudos,
humillar los soberbios, das ánimo a los flacos ; y a mí, que
poco tiempos ha me vi en el cuerno de la luna, y que para

�8

El Donado Hablador

que hablase una palabra era menester primero ser lisonjeado,
me trujiste a la miseria y desdicha a que pudo venir un hombre para quien era poco la riqueza que en sus entrañas encierra la tierra, usurpa el mar y el sol engendra en los más
ocultos e inhabitables montes (1209).
Por otra parte, como buen patriota, tiene una gran confianza en los destinos de su pueblo pero, al igual que Espinel,
también en ello, no siente el peso de la caída de España. Vive,
por el contrario, un mundo de mentira ( o de ignorancia)
que lo lleva a una total ceguera respecto de la situación española del siglo XVII. Nos dice que el rey Felipe III, nuestro
señor, de gloriosa memoria, en martes se casó con Doña Margarita de Austria, nuestra señora, en la ciudad de Valencia,
y fué dichoso casamiento; dígalo la venturosa sucesión que
dejaron a nuestra España, el notable amor que siempre se
tuvieron y la perpetua paz en que reinaron (pág. 1245). Esto,
por lo demás, no deja de sorprendernos, pues no pudo ser
más evidente (pese a su pompa y artificio) la decadencia de
Felipe III y sus descendientes sobre todo. Esta recia convicción y fe en el destino propio nos da el matiz de aislamiento
en que España vive antes de caer, como hemos visto anteriormente, en formas de vida inauténticas. El Donado hablador
y el libro de Espinel no tienen por eso la amargura del Guzmán o del Buscón, conscientes de la ruina del pueblo español.
Por eso nos dan la sensación de que, a pesar de las notas o
reminiscencias modernas de tipo y de sus circunstancias en
general, sin sentido ninguno de su presente eramista que contienen, son libros un poco fuera de tiempo. Pero por otra parte, no deja de asombrarnos la constancia y fortaleza que los
españoles de esta época tenían en sí mismos, aún cuando tal
confianza, a la postre, no los haya podido salvar.
Si por otra parte, ya para terminar este análisis, la palabra pícaro se usa frecuentemente en este libro, es porque ha
llegado a ser término común, en su sentido peyorativo, sinónimo de truhán o malviviente y no necesariamente por ser el
protagonista en sí mismo.

José Salvador Alcántara / SONETOS

ESPEJO DE LA SOMBRA
Sólo la vida por la misma vida.
No libertad de ser sino agua inerte
que se funde en el río con la muerte
como espejo de sombra sin salida.
Sólo cifra de sangre mantenida
que en espuma de tiempo se convierte
o mar que vuelve al mar y ahí revierte
su antigua voz en plenitud vencida.
No ya la luz en múltiple ejercicio
hacia otra nueva luz, rumbo seguro
para saivar su propio precipicio,
sino la sangre que se da en el muro
para quedarse muerta, sin indicio
de despertar al sol su trance oscuro.

ANTE UN ESPEJO
Sorprendida de verse la mirada
mirándose a sí misma en el espejo
se miró en la mirada del reflejo
que reflejó su imagen reflejada:
-9-

�10

Sonetos

"O soy o me parezco o no soy nada
0 me miro tan sólo en el espejo
sin saber si parezco o soy reflejo
de la mirada de mi propia nada.

José Sotero Noriega / EL SITIO DE MONTERREY EN 1846

O círculo vicioso o compromiso
de mirarme tan sólo por mirarme
mirándome a mí misma sin permiso.
O terquedad de adentro para afuera
o de fuera hacia dentro al re-flejarme
en mi propia mirada que no era ... "

SONETO PARA UNA CATEDRAL
Piedra de luz, ante• la Iuz florece
el ala de tu voz lograda en vuelo.
Raíz que acerca su silueta al cielo
de·sde la misma tierra donde crece.
Tu cuerpo de silencio al sol se ofrece
en un perfil de sombra paralelo
y tu sueño en el mar recuerda el duelo
de un llanto vertical que transparece.
Tu decisión de luz abrió el ¿amino
del cielo a un ave que creyó perdida
la escalera más alta de su trino.

EN

EL tomo IX /11 del Apéndice) del Dicpor Manuel Orozco y
Berra /Imp. Andrade y Esca/ante, Méx. 1856} aparece el artículo:
"Monterrey, Toma de", que reproduce hoy Armas y Letras. Como to
dos los artículos de dicha obra relacionados a Nuevo León, se debe
a la pluma del Dr. José Solero Noriega. Nacido en Jerez, Zac., vino
a Linares, N. L., como médico militar en el cuerpo de Ejército del
Norte, comandado por Mariano Arista. Asistió, con este carácter, a
las batallas de Palo Alto y la Resaca de Guerrero, durante la Invasión
Americana'. Vuelto a Linares con el mismo destrozado cuerpo de eiército, asistió al sitio de Monterrey /21-24 Sept. 1846) a las órdenes de
Pedro de Ampudia, siendo testigo presencial de casi todos los acontecimientos que relata. Concluída la guerra con los Estados Unidos,
fi¡ó su residencia en Linares, donde e¡erció. su profesión y figuró como
síndico del ayuntamiento. Electo diputado por el partido de Linares
al Congreso General Constituyente de 1856, desempeñó el cargo con
patriotismo y gran penuria económica. El 3 de octubre de dicho año,
falleció en México su esposa doña Rosa/ía Leal. Conocedor de la
crítica situación nacional, anunció al gobernador Vidaurri la guerra
de Reforma. A su regreso a Linares fué nombrado alcalde 1o. de dicha
ciudad, cargo al cual renunció en febrero de 1858, por motivos profesionales. Sus colaboraciones al Diccionario, acusan un amplio conocimiento de Nuevo León. Su artículo sobre la toma de Monterrey,
constituye un documento de gran valor histórico. Murió en Linares el
6 de diciembre de 1865.
cionario Universal de Historia y de Geografía,

Y en espejo de sol sus alas fueron
recortando la sombra en despedida
de aquella oscuridad donde nacieron ...

l. C. G.
-11-

'\.

�I

12

El Si~io de Monterrey en 1864

José Sotero Noriega

13

Después de la penosa retirada de Matamoros, en la convalecencia de grandes infortunios y de males sin cuento, los
restos del ejército desventurado de Palo-Alto y la Resaca de
Guerrero; permanecían en Linares, cuando en los primeros
días del mes de julio de 1846, se recibieron en aquel punto
noticias fidedignas de que el enemigo se disponía a penetrar
en el interior del país.

De Monte Morelos fueron a la hacienda de la Concepción
y a Cadereyta Jiménez, donde permanecieron desde el 12
hasta el 21 del mes de julio: en aquel punto se incorporó al
ejército el general Mejía, y determinó trasladar el cuartel
general a Monterrey llevándose consigo todas las fuerzas a
dicho lugar, que con evidencia era entonces el punto objetivo
del enemigo.

El general Arista, luego que llegó a Linares pocos días
antes de entregar el mando, dispuso que marchase la sección
de ingenieros a las órdenes del teniente coronel Zuloaga, y el
batallón de Zapadores, a las del teniente coronel D. Mariano
Reyes, a Monterrey, con objeto de que emprendiesen en aquella plaza algunas obras de fortificación.

Monterrey es una de las más hermosas ciudades de la
República, la capital de la frontera. Situada en un fértil
valle en medio de altísimas y pintorescas montañas, la naturaleza se ostenta en toda su belleza y vigor. La construcción
material de la ciudad es bastante buena. Casas de cantería,
calles tiradas a cordel, plazas amplias y una iglesia catedral
de magnífica construcción. Pasa por un costado de la ciudad
un cristalino río, en cuyas márgenes hay pintorescas casas
de campo y frondosas huertas. La ciudad desde su fundación
había disfrutado de tranquilidad, pues aún las revoluciones
civiles habían las más veces perdonado la ciudad santa de la
frontera. Después de las desgracias del Río Bravo el torbellino de la guerra la amenazaba muy inmediatamente, y los
habitantes preveían un grave y doloroso conflicto.

El general Mejía, en quien recayó el mando en jefe en
este tiempo adolecía de graves enfermedades, por cuya causa
el 9 de julio que se determinó la marcha del grueso del ejército, la verificó a las órdenes del general D. Tomás Requena.
Entonces aquel florido ejército, que hemos visto desmembrado y doliente en su retirada de Matamoros a Linares,
constaba de mil ochocientos hombres: su moral había sido
combatida por una disensión escandalosa sobre sus recientes
derrotas; los enconados odios de los superiores se habían
transmitido hasta los soldados; el cambio repentino de jefes
influía también en el descontento; y el espectáculo de los
enfermos que se arrastraban en pos del ejército, y que iban
pereciendo víctimas de la imprevisión o de la ingratitud, formaban un conjunto que realizaba de un modo horrible la
descripción de las penas y del porvenir del soldado mexicano,
que hizo después con astuta perversidad de general Scott.
Los cuerpos que salieron de Linares fueron : Infantería :
primer regimiento, 2o. ligero, 4o. y 100. de línea, y dos compañías del 60., . Activos de México y Morelia, Caballería: 7o.,
80. y Ligero. Artillería: 13 piezas. El general Morlet con el
Batallón Activo de Puebla, el batallón y compañía GuardaCostas de Tampico marchaba en esos días para este puerto
a reforzar la plaza.
De Linares rindieron. aquellas fuerzas la jornada en el
rancho del Encadenado : de este punto en Monte Morelos, población risueña de tres mil habitantes, a la margen fértil del
hermoso río de San Juan, y sobre la que llamamos la atención
por la hospitalidad generosa que dispensaron al ejército sus
moradores; hospitalidad que los soldados del Norte recuerdan aún con tierna gratitud.

Las obras de fortificación que se habían emprendido, y
las que se emprendieron después, consistían en un reducto
bastionado de 270 varas de lado que encerraba el incompleto
edificio de la catedral nueva.
Se levantó otro reducto en la Tenería, punto extramuros
de la ciudad sobre la orilla izquierda del Río de Monterrey.
Construyóse también una obra en el pico más bajo del Cerro
del Obispado, .y por último, se encargaron los atrincheramientos de la parte del Este, sobre la márgen del río, al coronel Carrasco, quien se distinguió por su actividad y diligencia extraordinaria, y el que, como la sección toda de ingenieros, llenó cumplidamente sus deberes.
Eran los primeros días del mes de agosto: los soldados
trabajaban como simples operarios; los jefes alentaban sus
esfuerzos; la población patriótica y entusiasta prodigaba sus
recursos; y después el gobernador del estado de Nuevo León
D. Francisco Morales residente en aquella ciudad, competía
aumentando las fuerzas del ejército y contribuyendo con los
medios todos que ponía en su mano la autoridad civil. Este
afán lo redobló la noticia del movimiento del general Taylor
a Camargo; y cuando en medio de estos preparativos solemnes llegó el anuncio del pronunciamiento del 4 de agosto en

�14

El Sitio de Monterrey en 1864

J\Iéxico, aunque hubi~se simpatías por él en algunos generales
y jefes, se vió dominante en el ejército entero el generoso y
circunspecto sentimiento de ocuparse preferentemente del
enemigo exterior; rasgo digno que se expresó sin embozo en
la junta de jefes que se convocó con este motivo en aquella
ciudad.
Y~ que en el pronunciamiento, como sucede siempre, no
se tuvieron ptesentes los verdaderos intereses de la nación
sus efectos si se hicieron sensibles en Monterrey: nombró eÍ
gobierno genera~ en jefe del ejército del Norte, a .Ampudia,
y este nombramiento por mil títulos impolítico resucitó anti.
guas prevenciones
que se desarrollaron de tal 'modo que varios jefes escribieron a México mostrando su descon'tento: la
prensa denunció ese disgusto, y se engendraron vivas antipatías que fueron al fin de funesta trascendencia.
. ~asta este momento el general Mejía ~e proponía la reahzacion de un plan puramente defensivo, sin aventurar nada
absolutamente, at~ndidos los recursos con que contaba. Llega
el general .Ampudia con las tropas que estaban en San Luis:
el ejército ascendió a cinco mil hombres con treinta y dos
p_iezas de artillería: se enc_ar~a del plan d~ su antecesor, practica escrupulosos reconocimientos: encarga a los ingenieros
Rey~s, Robles y otros oficiales del mismo cuerpo, que se perfecc10nen las obras de for~ificación, y encomienda al capitán
de plana mayor D. Francisco Segura, que practique el reconocimiento del camino hasta el raacho de Papagallos.
.Antes de esto estaban situados los auxiliares de Nuevo
León en las lomas de .Alacranes: el coronel Draga se hallaba
en Cadereyta con una brigada de infantería, y los regimientos de caballería de Guanajuato y Lanceros de Jalisco y el
general Romero con el cuerpo de su mando estaban en Marín
a la espectativa del enemigo.
'
El capit~n ~egura, y los oficiales americanos que con
200 hombres habian pasado a practicar sus reconocimientos
se avistaron en un mismo día en Papagallos, a un cuarto d~
legua de .Alacranes, y la caballería situada en este punto
que ~uvo noticia de esto, permitió ¡ singular condescendencia'!
qu~ impune y con todo desahogo entrase el enemigo hasta el
primer punto.
Sea por los informes que del oficial mexicano recibió el
general .Ampudia, sea que las fuerzas con que contaba, en su
concepto fueran capaces de combinaciones nuevas y felices
cambió su plan proponiéndose recibir al invasor en Marín'

'

José Sotero Noriega

15

aprovechando en el tránsito su buena y numerosa caballería,
y teniendo en caso de un reves un refugio y un punto de
defensa en Monterrey. Corroboraban sus esperanzas las ventajas que ofrece el terreno de Papagallos a Marín y otras
circunstancias menos importantes.
Con el objeto de rectificar este plan, se convocó una junta
compuesta de los jefes de brigada; en ella expuso sus proyectos, y se vió que en Monterrey se contaba, además de los
cuerpos enumerados ya, con el 3o. y 4o. ligeros, 3o. de línea,
batallones activos de .Aguascalientes, Querétaro y San Luis
Potosí, de infantería; y de caballería, tercer regimiento, Guanajuato, San Luis y Jalisco. El general Mejía contestó a los
proyectos del general .Ampudia, que su brigada estaba lista
y dispuesta a ejecutar las órdenes que se le dieran; pero las
respuestas de los otros jefes de brigada, no siendo igualmente
satisfactorias, frustraron e hicieron que se desechara el plan
concebido.
Los americanos se concentraron en Cerralvo, y se disponían a dar un golpe rudo y repentino, cuando sin plan realmente nuestro ejército, reunía el general .Ampudia la junta
de defensa presidida por el jefe de estado mayor general D.
José García Conde: en ella se acordó la prosecución de las
fortificaciones de la primera línea, y que se empezaran las
de la segunda o retrincheramiento interiores, y se distribuyeron los trabajos que todos emprendieron con incansable
esfuerzo.
El día 11 de septiembre marchó el general en jefe para
1\Iarín a reconocer por sí mismo el · terreno: dispuso se reunieran en aquel punto los cuerpos de caballería; y después
de dejar sus instrucciones al general Torrejón para que las
aprovechase en las hostilidades, regresó a Monterrey el 12,
habiéndolo verificado también el coronel Draga con su brigada.
El enemigo con su actividad característica nos amagaba
desde Cerralvo, con más evidencia de una pronta salida a
cada momento.
Por nuestra parte, sin plan de operaciones verdaderamente, indecisos todos, vacilantes en los proyectos que se sospechaban, vieron el 13 reunir otra junta de jefes de brigada
para tratar aún de la defensa de la plaza. Esta junta dió
por resultado que se abandonasen las obras de fortificación
que se construían entre la Ciudadela y el cerro del Obispado,
continuándose sólo las de los dos puntos referidos y la de la

�El Sitio de Monterrey en 1864

Tenería: lo demás se redujo al interior de la ciudad; esto
ocupó una nueva división de trabajos. Lo que se perdía física
y moralmente en todas estas contradicciones, ya lo sospechará
el lector imparcial.
El enemigo emprendió su marcha el 14: las fuerzas auxiliares, después de un insignificante tiroteo, le dejaron libre
el tránsito de Alacranes a Marín. Prosiguieron el 15 los americanos: nuestras fuerzas de caballería a presencia del enemigo evacuaron el pueblo y pasaron el río, atravesándolo también aquel en su persecución basta el rancho de Aguafría,
donde acampó, precediéndole los nuestros a una prudentísima
distancia, en un lugar llamado San Francisco.
Como se ve por el anterior relato, los enemigos estaban
casi a las puertas de la ciudad; pues entonces se pensó aún
en cambiar el plan de defensa complaciendo las instancias
del general D. Simeón Ramírez, y se destruyó el reducto de
la Tenería, que ~ntes se había considerado importante.
Esta vacilación peligrosísima del general Ampudia, las
antipatías que existían entre él y los principales jefes, destruían la confianza recíproca: las amargas críticas de éstos,
y otras circunstancias que para rubor nuestro reveló después
el enemigo vencedor, auguraban un funesto porvenir en aquella plaza, por más que los esfuerzos de la población y el brillante comportamiento de casi todos los jefes, de la oficialidad subalterna y de la tropa, templasen aquel presentimiento
aciago. De todos modos, estos antecedentes creaban un estado
de incertidumbre congojoso.
Así al frente de un enemigo orgulloso con sus victorias,
en medio de los temores que producía la situación con las
noticias de nuestros escándalos en México, la noche del 15,
cuando reviviendo nuestros más .tiernos recuerdos de independencia y de familia, las músicas militares anunciaron la hora
solemne en que se proclamó nuestra existencia como nación,
todos obedecieron al sentimiento patriótico, y exaltando los
ánimos el entusiasmo, se olvidó todo, y se ansiaba el combate
como vindicación y como gloria! !
La ~añana del 16 los enemigos amanecieron en sus mismas posiciones y nuestra caballería en su observación.
La ciudad tomaba el aspecto severo e imponente de una
plaza guerrera: aquel sordo presentimiento de la lucha próxima se comenzó a sentir.
Las familias que hasta entonces no habían emigrado,
ahora abandonaban en tropel sus hogares con el terror en

José Sotero Noricga

17

los se11;blantes, vertiendo lágrimas por sus deudos, sosteniendo la Joven los pasos del trémulo anciano llevando en sus
brazos a sus hijos el padre cariñoso. Las 'escenas de dolor
de ternura, de abnegación generosa se multiplicaban por to~
das partes, y estas sufridas poblaciones que tan poco debían
a la opulenta y desdeñosa México, lo sacrificaban ahora todo
se ofrecían como expiación sublime de todos nuestros críme~
nes, para que no profanase nuestra capital el pabellón que ha
on~eado sobre el palacio de los Moctezumas.
Ese aspecto solitario de una ciudad en espera de un combate, ya lo podemos comprender los que lo hemos visto . pero
es superior a toda descripción.
'
, El 17 el ejército a11;ericano continuó sin avanzar de· Aguafria; pero cons~cuencia de sus preparativos de ataque, nuestra caballeria fue reforzada por el 7o. regimiento, a las órdenes_ ,del general Jáuregui, que marchó a incorporarse a TorreJon.

ª,

Entraron a la plaza algunas partidas de auxiliares.
El 181 entre diez y once de la mañana, entró nuestra caballer~a en la pla~a, porque el enemigo ·había ocupado a San
Francisco. Ordeno entonces el general en jefe que se situara
a la falda del cerro del Obispado.
Ese mismo día se recibió de México una conducta de
28,000 pesos, que se distribuyeron entre el ejército aliviando
un tanto sus penosas miserias.
'
A las nueve de la mañana del 19 ·nuestras avanzadas tiroteándose con el enemigo, se replegaron a la plaza y éste
se p~esenté a su frente. Resonó el toque de generala; las tropas
corrieron a las armas; los habitantes de la ciudad salían armados de sus casas, dirigiéndose entusi3:stas al lugar amagado. Las mujeres y los niños discurrían aterrados mezclando
sus gemidos y sus lloros al eco marcial de los 'clarines al
acento de los vivas, a la vocería confusa de las tropas a' los
sones festivos de las bandas de los cuerpos.
'

Avanzaron las columnas enemigas basta cerca de la Ciudadela, donde se _le~ :ecibió con alg~mos tiros _de cañón, que
n~ contest~r?n, hmitandose_ a practicar un ligero reconocinuento, ret1randose en segmda al bosque de Santo Domingo
punto distante cosa de una legua al N. de aquella plaza
donde establecieron su cuartel general.
'

y

En estos críticos momentos, y llamamos la atención sobre
esta circunstancia, se pensó todavía en otro plan de defensa,

�18

José Sotero 1\'oriega

El Sitio de Monterrey en 1864

piezas de artillería y el batallón de .Aguascalientes, marchara
con violencia a reforzar a aquella, poniéndose en combinación
con el general Torrejón para practicar las operaciones que
fuesen convenientes; pero apenas García Conde comenzaba a
disponerse a obrar, cuando recibió otra orden del general en
jefe para que con las dos piezas y el batallón regresara a la
plaza. Este último fué destacado al puente de la Purísima,
por donde atacaba fuertemente el enemigo.

mandándose reparar esa ~isma noche el reducto de la ?-'enería, ~bra que había costado más d~ un me~ ,de trab~Jo, Y
que dejó servible en pocas horas el digno capitan D. Lms Robles, con un empeño que merece este recuerdo.
De Saltillo se recibió un convoy con víveres Y ocho mil
pesos.
La mañana del 20 se supo que en la 11oche una parti~a
de caballería enemiga se había aproximado al c~r_ro del Obispado y a sus inmediaciones hecho a,lgunos prlSloneros, por
lo q~e se destacaron doscientos dragones sobre este punto,
para impedir una nueva tentativa. Los americanos ocuparon
el pueblo de Guadalupe, sobre el ca~ino d~ ~adereyta, Y s_us
partidas de caballería recorrían las rnmediaciones de_ la_ ciudad, por el Norte, con el objeto de proteger el reconocimiento
de sus ingenieros.

En este combate fué cortada la caballería de Romero, que
regresó a la plaza después por el cañón de San Pedro; y
dueños los americanos del camino del Saltillo, se lanzaron
rápidos sobre el débil destacamento situado en las lomas frente al Obispado, ganaron dos piezas e hicieron flotar su enseña
vencedora sobre nuestro fortín de la Federación.

Llegó la tarde: se vió mover una colm:nna enemiga (la
del general W orth) con varios carros y artillería, que tomó
el camino del Topo. Este movimiento indic~ba clarame~te
que llevaba por objeto posesionarse ~~l c_ammo de~ Saltillo
y c:ortarnos toda comunicación con el mtenor del pais. En la
plaza se observó aquella operación, e hizo marchar el gene~,al
en jefe la caballería que situó en el Jagüey, punto de reun~on
de los caminos del Topo y del Saltillo. En esta espectativa
pasó la noche.
El siguiente día, a las seis de la mañana, ~~ columna hostil con seis piezas emprende su marcha: ~rroJose sobre ella
nuestra caballería; al principio de aquel ligero_ combate cae
muerto el comandante de los Lanceros de Jalisco D. Jual:1
N ájera: empéñese la carga; la. dirige el comand~nte del regimiento de Guanajuato D. Mariano Moret; los cmcuenta dragones que lo siguen ya1;en ten~idos: ento0:ce~, ro,ta_ su lanza,
tirando de su espada, solo, hendo, se arroJ_a mtre~ido Y pe~sigue a los americanos hasta sobre sus_ mis~as piezas, ~etirándose en seguida tranquilo : el .enemigo ~sm~ respeto su
osadía no disparándole en su retirada un solo tiro. Cuando
volvió' a la plaza cubierto de polvo, goteando sangre su v:i,liente espada, prorrumpieron en aplausos sus ,c~maradas; f el,
con su modestia mostró que el verdadero merito es hu~ilde,
y que el heroís~o huye de la desvergüenza y de la vamdad.
Tan luego como comenzó a batirse nuestra caballería con
Ja brigada del general Worth, de ~ue ya hem?s hecho mención destinada a inter ceptar el cammo del Saltillo, el general
en j'e fe dispuso que el señor general García Conde, con dos

19

l

Cuando esto acontecía por los puntos avanzados del Poniente, se escuchaba por el N. E. un vivísimo fuego de fusilería y de artillería en los puntos de la línea del general
Mejía. El choque rudo, sostenido, desesperado, se empeñó en
el reducto de la Tenería, cuya guarnición corta, y con sólo
cuatro piezas, se multiplicaba por su heróico ardimiento. Los
ataques se redoblaban: el empuje del invasor era vehemente:
el general en jefe mandó para que nos reforzara al 3o. ligero:
el enemigo estrechaba entretanto la. obra, cuando no teníamos
ya un sólo cartucho de cañón: el asalto es evidente ; pero el
refuerzo llega: se manda al teniente coronel del 3o. ligero
que haga una salida y cargue sobre el enemigo. La voz de
armen bayoneta es contestada por mil vivas entusiastas: fórmase la columna y entonces... dicen los partes y varios testigos no desmentidos satisfactoriamente por aquel jefe, con
cuyo nombre no h emos querido manchar estos renglones, que
saliendo por la gola de la obra se arrojó al río, emprendiendo
la fuga entre los gritos de indignación y de escarnio. Por la
huída del jefe del ligero los enemigos tomaron la Tenería:
nuestros soldados se retiraron al punto del Rincón del Diablo,
a tiro de fusil de la Tenería, donde resistieron valerosamente,
distinguiéndose entre otros el teniente coronel D. Calixto Bravo y capitán de artillería Arenal, situándose por fin el general Mejía en el puente de la Purísima. Allí revivió la lucha
ensangrentada, y se prolongó tenaz y con encarnizamiento:
cuando agotadas todas las municiones, pidieron parque los
soldadoa al general Mejía, éste contestó que no se necesitaba
mientras hubiera bayonetas. Esta r espuesta se recibió con vivas de aplauso: redoblóse la energía: el enemigo por su parte
ardiente y . esforzado, combatía a la vista del mismo general
Taylor que asistía a esta lucha. Hace en fin, un impulso: nues-

�20

José Sotcro Noriega

El Sitio de Monterrey en 1864

cuenta hombres de caballería que mandaba el general Torrejón: empeñados los americanos, destacan tres columnas sobre
la obra disputada: cargan con decisión: los nuestros, agobiados por el número, retroceden en desorden, sin que pudiesen
protegerl_os las fortificaciones, que únicamente tenían fuegos
para la ciudad. Eran las cuatro de la tarde cuando el enemigJ
se apoderaba entre su algazara de júbilo de la obra. Los sol4ados en tropel, llenos de espanto, descienden y penetran al
interior de la plaza difundiendo el terror cuando salía un
tardío refuerzo del batallón de Zapadore¡¡ 'y el lo. de línea
para el Obispado!. ...

tros soldados saltan los parapetos; y como dice Tirteo exhortando a los griegos, pecho contra pecho, arma contra arma,
confudidos, frenéticos, cargan los nuestros, y sobre el terreno
que han ganado, sobre los cadáveres de nuestros enemigos,
entre el humo de su sangre impura, sube a los cielos el grito
victorioso de "Viva México".
Los yalientes que conquistaron aquel lauro a las órdenes
del general Mejía, fueron trescientos hombres de Aguasealientes y Querétaro, mandados por el teniente coronel Ferro
y comandante de batallón D. José María Herrera: el comportamiento de la artillería, al mando de D. Patricio Gutiérrez, fué brillante. Los enemigos, después de haber perdido
cerca de mil hombres en este encuentro, se retiraron al bosque
de Santo Domingo, dejando algunas piezas y un corto destacamento en la Tenería.

Nuestras comunicaciones ·con el Saltillo quedaron entonces cortadas absolutamente.
Este suceso infundió ese pavor silencioso que precede a
las derrotas; y con una que otra excepción, los jefes de los
?uerpos lo hacían sensible, contagiando al mismo general en
Jefe, del que la espedición y la energía no fueron dotes favoritas. Poseídos los directores de los negocios de los sentimientos que por pudor hemos bosquejado tan someramente se
mandó con~entrar al ejército en la línea interior, desa~paran~o todas las obras más avanzadas por el Norte, Oriente y
Pomente, y conservando sólo algunas del Sur a la orilla del
,
'
r10,
por estar a sesenta varas de la plaza principal.

Al retirarse los americanos, el general Mejía creyendo
conveniente una carga de caballería, lo manifestó · al general
en jefe, quien mandó veinte hombres: el general Mejía dijo
que aquella fuerza era corta. Entonces se ordenó al general
García Conde que, con el 3o. y el 7o. que estaban en la plaza,
cargase al enemigo por retaguardia por el rumbo de la catedral nueva. García Conde condujo los cuerpos hasta el punto
donde debían cargar: allí entró sólo en combate el 3o., que
lanceó más de cincuenta hombres de varias guerrillas enemigas, retirándose en seguida a la ciudad.

Estas disposiciones se cumplieron a las once de la noche
enmedio de un ruidoso desorden, provenido de que la trop~
rehusaba abandonar sus posiciones sin combatir. La murmuración y el descontento se manifestaban sin embozo padeciendo la moral militar lo que no es decible. Quedaro~ avanzados al Poniente y en las avenidas del cerro del Obispado
ciento cincuenta hombres; y en la Ciudadela una guarnición
de quinientos, a las órdenes del coronel Uraga.

Los trabajos de fortificación de la plaza continuaron:
el general Romero con su brigada de caballería salió de ella
con el objeto de hostilizar al enemigo.
En la madrugada del día 22 éste se apoderó del pico
occidental y más alto del cerro del Obispado, sorprendiendo
a sesenta hombres del 4o. ligero que lo defendían, contra los
pronósticos y las seguridades del señor mayor general García
Conde, quien había sostenido que era inaccesible. Los enemi•
gos subieron artillería, y rompieron sus fuegos de este punto
y del de la Federación sobre la obra del Obispado, que defendía el teniente coronel D. Francisco Berra, con doscientos
hombres y tres piezas de artillería.
El comandante mandó que saliesen algunas guerrillas
fuera de la obra: con.tiénese el enemigo: el general Ampudia
ordena que cincuenta dragones desmontados auxilien a Berra:
órden singular, porque la columna de reserva permanecía en
inacción dentro de la plaza! Nuestras guerrillas rechazan
al fin al enemigo, auxiliadas por un corto refuerzo de cin-

21

I

Amaneció el 23: se supo que las fuerzas enemigas situadas en el cerro del Obispado habían sido reforzadas considera~lemente con infantería y artillería, ocupando la Quinta de
Arista, Campo Santo y otras posiciones contiguas.
En los puntos que habíamos abandonado en la noche en
medio de un desorden espantoso, se veían muchos soldados
que se quedaron por olvido o por indolencia, ebrios disparando al aire sus fusiles, cometiendo excesos dando id~a clara
del desconcierto que comenzaba a dominar~
El general Ampudia salió de la catedral donde había
establecido su cuartel general y permanecido durante la
acción, y recorrió los atrincheramientos.

�22

El Sitio de Monterrey en 1864

En la ciudad se trabajaba con ansioso afán en las obras
emprendidas, coronando de saquillos las azoteas y aspillerando varios edificios, a la vez que el enemigo, desde la Tenería,
y las lomas del Sur, la atacaba con la batería que estableció
en el primer punto y la pieza que colocó en las lomas men. cionadas.

José Sotero Noriega

que los generales, a excepción de los que hemos mencionado
honrosamente, sufrieron con el desprecio de sus enemigos un
castigo duro y acaso merecido.
l

,,

A las tres de la mañana salió para el campo de Taylor
el coronel graduado capitán D. Francisco R. Moreno, a solicitar un parlamento de nuestra parte.
La humillación que entonces se sentía es inexplicable.
Cuántos sacrificios estériles ! Cuánta heroicidad burlada!
Cuánta cobardía impune y triunfadora!
El general Taylor suspendió las hostilidades, contestando que nuestras tropas evacuaran la plaza, jurando no tomar
las armas en lo sucesivo contra los Estados Unidos.

A la una y media de la tarde cesó el ataque, para reanimarse a las cuatro con mayor violencia. Una gruesa columna
con una pieza de artillería descendió a esa hora como una
avenida formidable del cerro del Obispado, dividiéndose en
los dos caminos que conducen de aquel punto a la ciudad.
Lo tortuoso de las calles por donde vienen los invasores impide obrar a la artillería; no obstante, se traba una lid empeñada: por ambas partes se lucha con ardor: los enemigos
emprenden horadar las casas, y penetran así hasta nuestros
atrincheramientos. Esta osadía irrita el brío de nuestras tropas, que desdeñando pelear a cubierto, trepan audaces sobre
los parapetos, y provocando al enemigo desafiaban una muerte
evidente. Este, más frío, más cauto y mañero, nos hacía un
fuego peligrosísimo por las canales y aspilleras de las casas.

Forma un vergorizoso contraste con esto lo que han dicho
los enemigos de los generales refiriéndose a Monterrey. ~osotros nos limitaremos a decir, que a los jefes y oficiales dispensaron después los vencedores distinciones ·de todo género; y

En la noche cesa el combate y arroja el enemigo algunas
bombas de la Plazuela de la Carne .
Varios de los que no hemos querido mencionar excitan
al general en jefe para que solicite una capitulación. El comandante general de artillería, que ejerció grande influencia
en todos los sucesos de Monterrey por su valimento con Ampudia, apoyó aquellas sugestiones.

A las diez de la mañana, el enemigo ocupó los puestos
abandonados la noche anterior:, a las once embiste por el Este
con decisión: generalízase el fuego y cunde ardiente hasta las
casas de la plaza principal. En esos momentos, sublime como
las heroínas de Esparta y de Roma, y bella como las deidades
protectoras que se forjaban los griegos, se presenta la Sta.
Da. María Josefa Zozaya en la casa del Sr. Garza Flores
entre los soldados que peleaban en la azotea; los alienta y
municiona; les enseña a despreciar los peligros. La hermosura
y la categoría de esta· joven le comunicaban nuevos atractivos: era necesario vencer para admirarla, o morir a sus ojos
para hacerse digno de sus sonrisa. Era una personificación
hermosa de la patria misma: era el bello ideal del heroísmo
con todos sus hechizos, con toda su tierna seducción!

.Se había mandado a la of~cialidad subalterna, de capitán
abaJo, que pelearan como simples soldados: los oficiales se
ponen la fornitura sin murmurar; toman, sus fusiles,; se establece una emulación generosa y ardiente: cada oficial quiere
disting1;1irse por su arrojo, comprando con su sangre el lauro
del valiente.

23

l

""

El general Ampudia formó una junta de los jefes de brigada y de cuerpo. Cuando la imponía de la resolución del
enemigo, se anunció que el general W ort venía a tratar con
nuestro general en jefe. Fué el general Ampudia a la entrevista. Le propuso Wort que evacuasen nuestras tropas la
ciudad, sin más garantía que la de que los oficiales sacaran
sus espadas, dejando la tropa las armas. Ampudia irritado,
y acaso arrepentido de su debilidad, protestó solemnemente,
que si no había otro acomodamiento, sucumbiría bajo los escombros de la ciudad. W ort propuso entonces que iría el
general Taylor a convenir sobre los tratados. Esta segunda
entrevista dió por resultado la capitulación, para la que fueron comisionados los generales Requema y García Conde, y
D. Manuel l\1aría del Llano: capitulación, por ironía cruel,
llamada honrosa, que consistía en que el ejército sacaría sus
armas y equipajes, una batería de seis piezas, municionadas
con veinticuatro tiros cada una, una parada de cartuchos por
plaza, dejando el resto del material; y. comprometiéndose por
su parte los americanos a no pasar de la línea de los Muertos,
Linares y Victoria, en siete semanas, en cuyo tiempo trabajarían en diligenciar la paz.
Ese mismo día, a las once de la mañana, evacuaron nuestras tropas la Ciudadela, al frente de una columna enemiga

�24

El Sitio de Monterrey en 1864

mandada por general Smith. Nuestras fuerzas arriaron la
bandera; sonó la salva de ordenanza; y nuestro pabellón cayó
abatido, tributándole los enemigos los honores de la guerra.
Las tropas de Smith tomaron posesión de aquel fuerte, tremolando su estandarte, al que saludaron victoriosos entre sus
hurras de júbilo y nuestro llanto de humillación y de dolor!
Nuestras fuerzas se alojaron en la parte Este de la ciudad,
no habiendo salvado mas que el personal y seis piezas de
artillería.
Así terminó la defensa de Monterrey. La sencilla relación de los hechos nos excusa de todo comentario: ella ratificará también el juicio de la parte sensata de la nación!
Cuando removidos los inconvenientes de una relación contemporánea, la pluma imparcial de la historia consigne este
hecho en su libro severo, habrá, refiriéndose a estos sucesos,
que relegar algunos hombres a la infamia; pero no se dirá
como hoy, en el lenguaje parcial de las pasiones, que el ejército vertió allí su ignominia en el cáliz que después ha apurado nuestra patria hasta las heces!
El día 26 salió de Monterrey para el Saltillo la la. brigada y dos cuerpos de caballería con el general en jefe: el
resto de las tropas lo hizo el siguiente día.
Cuando los habitantes de Monterrey vieron salir las últimas fuerzas mexicanas, no pudieron resolverse a quedar entre
los enemigos, y multitud de ellos, abandonando sus casas e
intereses, cargando sus hijos, y seguidos de sus mujeres, caminaban a pie tras de las tropas. Monterrey quedó convertida
en un gran cementerio. Los cadáveres insepultados, los animales muertos y corrompidos, la soledad de las calles, todo
daba un aspecto pavoroso a aquella ciudad.
Reunidas las fuerzas en el Saltillo, se aguardaban las disposiciones del gobierno, a quien por extraordinario se envió
la capitulación. En los primeros días del mes de octubre se
recibió la orden de que las tropas se retiraran a San Luis
Potosí. El ejército y el pueblo supieron -con tan honda indignación esta medida, que Ampudia se dispuso a enviar un oficial de su confianza para que impusiera de aquella circunstancia al gobierno; pero el día mismo en que el oficial salió
del Saltillo, llegaron dos comisionados con órdenes contrarias.
Esta nueva se celebró con vivo entusiasmo, mas al siguiente
día se recibió otra orden, insistiendo en la determinación
primera de que las tropas marchasen a San Luis.

José Sotero Koriega

25

Organizóse por fin la retirada por brigadas escalonadas : las escaseces hacían rayar en miseria las necesidades
del ejército, no obstante los socorros patrióticos de las poblaciones del tránsito.
Así, después de una derrota inmerecida, y de una retirada humillante y penosa, llegaron los restos de nuestras
tropas a San Luis en fines de octubre. Esos restos formaron
la base del nuevo ejército que se organizó en la misma ciudad, y que muy luego combatió con denuedo en la Angostura.

México, 20 de Junio de 1856

�Juauita Soriano

fuanita Soriano / ROMANCE DEL LLANTO DE LA

TIERRA

27

conocedor de mis huesos,
se iba formando dichoso
y en mi estructura creciendo.

¡Mi niño blanco, que vino
desde lejos!

De lejos, tras de las olas,
llegó, portando recuerdos.
Con las sonrisas y lágrimas
de mil alejados muertos.
Vivía en la sangre joven
del hombre que e-n su velero
con esperanzas y amores
me lo trajo y dejó impreso.
Intacta en el viaje largo
la sangre de sus abuelos ...
Me lo confió con ternura
en la noche de·I encuentro.
Yo lo presentí en mis venas
desde el inicial momento
en que, pasando a mi tierra,
llenó de luz mi desierto.
Durmió conmigo en el fondo
de ·mi apasionado centro,
iban sus ojos mirando
la vecindad de mi cuerpo.
Testigo de mis entrañas,
-26-

Tres días lloré, ve-ncida,
con dolor de espada adentro.
Se doblegaba mi carne,
se quebraba mi esqueleto.
Río de antiguas mujeres
sufrió en mi padecimiento,
el Ay! venía rodando
desde Eva hasta mi encuentro.
Hembras dolidas gemían
sudando con mis esfuerzos,
el grito que rompió el aire
corrió desnudo y abierto.
¡Y mi nino que partía
sin aliento!
Rodó, transparente y leve,
en tibia sangre cubierto,
sus manitas apuñadas,
su rostro serio, indefenso.
Pequeños pies, donde el paso
no hallaría su elemento,
orejas de concha nácar
donde el sonido fué muerto.
Boca que ignoró mi nombre,
y ojos cerrados. Su tiempo
llegó sin poder marcar
un instante a mi lamento.

�28

Romance del Llanto de la Tierra

Para los cinco sentidos
sus signos todos completos,
para el amor'dé la vida
el corazón puro y tierno.
Varón, como son varones,
los fuertes y los perfedos,
ternura del hijo Hombrre,
mi anhelo fué satisfecho.
Pe:ro él partió, prestamente,
l:evándose su secreto.
Bajo la altura de un árbol
duerme las nieblas del sueno.

¡Para mi niño perdido
mi adiós violento!
Mi sangre otra vez desierta
me pulsa vacío el cuerpo,
sin el regalo amoroso
que yo resguardaba adentro;
ya nunca llegará el día
del qran amor manifiesto,
donde el triunfo de la vida
daría a mi vida aliento.
En los ojos de mi amado
no hallaré goce completo,
porque no devolví en vida
la vida de su elemento.
No di la ofrenda esperada . . .
¡El niño muerto!

Juanita Soriano

20

Después del grito de mi hora
y de mis clavos de hierro,
sobre el dolor de la carne
el gran dolor del recuerdo.
Otros tres días, tres noch'.es,
sobre la angustia del ¡Quiero!
Quiero con mi cuerpo vivo,
con mi sangre y con mi espectro,
recuperar lo perdido,
tomar lo mío con celo.
Y eternamente, ya el alma,
llorando sin paz, su fuego.
¡Para la angustia de m1 ansia
no habrá consuelo!

( Del libro inédito ·'La Siembra Inútil")

�Jorge Artel

Jorge Arte! / EL

CHOCO, NUEVA VERSION

DE "EL DORADO"

Un pueblo negro en la selva.-La lucha dramática con los elementos.-EI hombre y su paisaje.

.
A L NOROESTE del istmo de Panamá,
sobre yacimientos de oro y platino, rodeada de altos y exhub:rantes bosques en los cuales abunda una insospechable variedad de maderas preciosas, se halla la región colombiana
del 9~00ó _-pobre y rica a la _vez- que bañan los dos océanos y
fertilizan mnumerables corrientes fluviales.
Pese a la leyenda de sus tesoros el Chocó es un .luO'ar
casi ignorado; Todo el mundo en Lati~oamérica, por ejem;lo,
sabe que alh se encuentran grandes riquezas inexplotadas
pero la mayoría tiene una idea bastante indefinida y vag~
de su realidad.
La selva, dramático personaje de novela, se encuentra
P:esente en todo el perímetro de la región -un total de 1.470
kilómetros- extendiendo su vaho tórrido sobre aquella atmósfera solemne, extremecida con frecuencia por fuertes lluvias
e interminables turbonadas.
Los ríos se deslizan imponentes por entre el paisaje inhóspite y agresivo, y el viajero al remontar sus aguas observa
largas filas de árboles que la centella redujo a esquemáticas
formas, cuyas ramas carbonizadas se alargan hacia el espacio
con ademán casi humano, en medio de los pocos cultivos que
escapan de torrenciales inviernos.
.
Los moradores de aquellas parcelas, gentes para quienes
e! mundo _ha quedado ~ircunscrito a la corriente viajera del
no, a la siembra mezquma y a un pedazo de cielo atiborrado
de tempestad, sólo tienen contacto con la civilización cuando
-30 -

,

31

los vaporcitos que viajan entre Cartagena y Quibdó detienen
su marcha para dejarles víveres, tabaco, gas, etc., o efectuar
algún descomplicado trueque de mercancías.
El Chocó posee dos grandes valles, que riegan los ríos
San Juan y Atrato, separados por el istmo de San Pablo, o
sean el Alto y Bajo Chocó respectivamente. Aquí el duro ceño
del paisaje se torna menos rígido y adquiere un tono atractivo, de encanto poético, fundamentalmente distinto al aspecto de gravedad que asumen la selva cerrada y los ríos solitarios.
La costa del Pacífico sirve de asiento a la serranía de
Baudó -prolongación de los Andes Occidentales- y presenta
dos referencias sumamente contradictorias: acantilada y angosta desde Cabo Corrientes hacia el norte y plana por completo desde el mismo hacia el sur, con múltiples bahías, como
las de Solano, Chirechire, Utria, Humboldt y otras. La costa
sobre el golfo de Urabá es en su mayor parte escarpada, pero
el resto bajo y accesible, dotado de seguros fondeaderos.
Tanto el Atrato como el San Juan y el Baudó, son navegables en las dos terceras partes de su curso por embarcaciones marítimas y luego por lanchas y canoas. Al primero
de estos ríos concurren las aguas de 150 tributarios y 350
arroyos, considerándosele como uno de los más caudalosos
del mundo, ya que arroja al mar un promedio de 4.900 metros
de agua por segundo y recorre una extensión de 7.550 kilómetros.
En una pequeña embarcación marítima tocó al autor de
estas líneas viajar por el río Atrato, de Cartagena a Quibdó,
la capital chocoana. Jamás se me había ocurrido pensar, ni
siquiera mediante los estímulos del cine moderno -tan rico en
recursos pirotécnicos- que pudiese haber en Colombia comarcas como esa, donde una tempestad fuera tan larga y tan intensa.
Serían las ocho de la mañana y apenas acabábamos de
entrar a las bocas del río, dejando atrás el océano, cuando
una húmeda brisa comenzó a hacerse sentir y a los pocos instantes gruesas gotas de lluvia desgajáronse sobre nosotros,
mientras el cielo se iluminaba, por segundos, con la vertiginosa
luz de los relámpagos.
Tanto las orillas, donde empezaban a incendiarse algunos
árboles bajo el fogonazo insistente de los rayos, como el cielo
turbulento, dejaron de verse por completo, envueltos en un
espeso cortinaje de agua que reducía la visión a pocos metros
de distancia.

�32

El Choco, Nueva Versión de "El Dorado"

. La lancha trema~a tomo si fuera a romperse en pedazos,,
baJo el azote de la brisa huracanada y la presión de la lluvia.
Abajo, en la cabina del motorista, sonó la campana de mando
pidiendo velocidad. Siguieron instantes de lucha verdadera
entre la nave y la corriente del río, que comenzó a imprimirle
a ~q_uella un movimiento centrífugo, como si estuviésemos
proximos por algún remolino. Casi sin ninguna visibilidad
encandilados por el fulgor de los relámpagos y oyendo eÍ
t?rbión golpear furiosamente, así permanecimos por largo
tiempo. De nuevo sonó la campana en el cuarto de máquinas. La pequeña embarcación aumentó su velocidad y fué
enderezándose hasta que al fin pudo vencer el rápido y atrabiliario impulso del río. Varias horas después el cielo se fué
aclarando y sólo una lluvia pertinaz nos acompañó durante
el resto del viaje.
Según el comentario de la tripulación, aquél era un episodio común, sin ninguna importancia, nada excepcional en
aguas chocoanas.
-9-

Comisiones de expertos, tanto del país como extranjeras
han estudiado y continúan estudiando los principales ríos cho~
coa.nos y sus ~~luentes, con el objeto de aprovechar las privilegi~das condic10nes que presentan para la comunicación, por
medio de canales, entre los dos mares, condiciones que, indudablemente, no existen en ninguna otra parte de América.
A este respecto han surgido interesantes proyectos entre
ellos los que tienden a unir el Atrato con la bahía de'Humboldt -aprovechando las aguas del Truandó- o con la de Limón, para lo cual se emplearía la corriente del Nipí.
Tales iniciativas han sido con frecuencia postergadas dentro de un impreciso aplazamiento.
Inestabilidad e incertidumbre son dos males que afectan
hondamente la agricultura del Chocó. Los campesinos se ven
precisados a cambiar constantemente el lugar de sus cultivos
!ra!ando de eludir las inundaciones que ocasionan los largo~
mviernos.
Estas penosas circunstancias dan por resultado que sólo
se pr?duzcan, en pequeña escala, algunos artículos de primera
necesidad, cacao y otros característicos del Trópico. Existe
un ingenio, que funciona en Sautatá, sobre las márgenes del
Atrato, y comprende cerca de 1.400 hectáreas cultivadas de
caña de azúcar. Su producción se envía para el consumo
casi totalmente, a los mercados de Cartagena.
'

Jorge Arte}

33

Varios aserríos hieren el silencio de los bosques con el
metálico zumbido de sus máquinas, como un testimonio del
esfuerzo humano que paso a paso va logrando conquistar
aquellas soledades. Así, pues, no por falta de tecnifica~ió1,t
completa la industria maderera deja de ser bastante activa,
contándose el caucho entre las plantas que se explotan.
La ganadería no ha salido aún de su estado incipiente,
pero es fomentada, y se celebran ferias periódicas en el municipio del Carmen, a las cuales asisten hacendados de la región y del vecino departamento de Antioquia. Estas ferias
son muy populares en el interior del país, alcanzando últimamente un auge muy significativo para el adelanto pecuario
del Chocó.
La caza y la pesca, practicadas en forma rudimentaria,
constituyen un medio de vida la mayoría de las veces.
Pero la verdadera base de la economía reside en la explotación del platino y del oro. El lecho de los ríos chocoanos
ha sido, desde épocas muy remotas, un inextinguible emporio
de tales riquezas minerales, y aunque los sistemas mineros
del campesino son hasta ahora empíricos, empresas de gran
solvencia, como la Chocó Pacífico, poseen maquinarias modernas, poderosas dragas y centros de producción de energía.
Entre estos últimos, el de Vuelta de .Andágueda, que produce
2.000 kilovatios de fuerza.
Hace ya muchos años en el Chocó se estuvo viviendo una
vida de holgura económica que sobrepasaba los límites de la
prosperidad. Debido a la fuerza d.e la costumbre, quedó allí
circulando una moneda grande de plata llamada "patacona"
cuya emisión había sido oficialmente recogida. Por lo tanto,
los comerciantes que iban hasta aquellos sectores a efectuar
sus transacciones, veíanse obligados a comprar la mayor cantidad de artículos para deshacerse de todas sus "pataconas",
lo que dió por resultado que siempre hubiera en la región
abundancia de medio circulante. Y como a ésto se agregaba
la libre explotación del oro y del platino, el crecimiento de
al riqueza se enseñoreó en toda la comarca.
Pero al ser adoptadas ciertas restricciones legales para
la minería y prohibida la circulación arbitraria de la antigua
"patacona", lo que antes fué un segundo "Dorado" pasó a
convertirse en un simple recuerdo sobre yacimientos de metales preciosos.
Hoy el Chocó, antes intendencia, es uno de los quince departamentos que forman a Colombia. Quibdó, su capital, está

�34

El Choco, Nueva \Tersión de "El Dorado"

'a 43 metros de altura sobre el nivel del mar, con una temperatura media de 29° c. y 30.250 habitantes. La región está
políticamente dividida en 13 municipios y cuenta, además,
-con otros centros de innegable importancia como Istmina,
Condoto, Riosucio y el Carmen.
Muchas virtudes distinguen al ch'ocoano, entre ellas la
hospitalidad y una gran sencillez en sus costumbres. Se educa
en admirables escuelas normales del departamento o en el
Instituto Universitario de Quibdó, para continuar luego estudios profesionales, preferentemente, en la capital de la república, Medellín o Cartagena.
El Chocó ha dado a Colombia notables escritores y políticos, algunos de los cuales han llegado a ocupar sitio prominente en las letras y en la administración de los negocios
públicos. Los chocoanos se caracterizan por una gran agilidad
~ental, su amor a las artes y su vocación para el cultivo del
espíritu.
A través de una vieja polémica, que con alguna periodicidad atrae a los historiadores y eruditos colombianos, se
!sabé que Jorge Isaacs, el célebre autor de la "María", posiblemente haya nacido en las feraces laderas del Atrato y se
hubiese trasladado muy joven a tierras vallecaucanas. Esta
tesis no ha sido comprobada y existen muchísimas reservas
al respecto. César Conto y otros valiosos nombres constituyen
asimismo un alto prestigio para las letras del Chocó.
Entre los nuevos poetas levanta su voz Higinio Garcés,
cuyo canto laureado, "Choconia", es un himno de fuerza y
de profundidad a los valores terígenos. Tomemos al azar una
estrofa:
"Todo saldrá de tí, Venus de ébano,
Eva de aceituna
que un día remontaste los inmensos ríos,
trepaste por los cerros altivos
y luego te fuiste por la cost~ra
de la cordillera y el cielo
para iluminarnos desde arriba
con el rojo resplandor de tus entrañas".
Por el mapa de los versos circulan las gruesas venas de
los ríos ~"los ríos· chocoanos qué largos son!"- y el ímpetu
.de aquella geografía híspida, con una alta expresión fatalista:

Jorge Arte!

35

"Los ríos siguen ensachándose siempre
(hacia el mar,
a llevarle nuestro barro, nuestro oro, el platino
nuestro;
a botar muy lejos pedazos de nuestra propia vida.
Así se marchan lenta y fatalmente
el Torrá, el Fatamá, el Aspavé,
las Azules Mojarras.
Adiós cerros dorados,
encantados púlpitos en donde se congeló
el angustiado grito de una raza".
Las ciudades chocoanas realmente limitan con la selva.
Contra nuestra mirada, interfiriendo -bruscos- el paisaje, encontraremos siempre los obscuros y altos árboles vigilando
las Yentanas que dan sobre el río, en la casa de tambo, cuya
parte posterior sostienen empinados pilares de madera. Al
transitar por las calles veremos cómo se avecina hasta allí
un aire vegetal, en la hoja inmensa de gran vitalidad que
asoma su rostro verde a nuestro paso.
El hombre sostiene una brega heróica con el medio, no
sólo alla en los montes llenos de peligro, donde tiene que defender su vida y sus plantíos, sino también en la zona civilizada. Bajo la superficie pugnan por reventar de nuevo las
tercas raíces de aquellos que una vez fueron agrestes matorrales, como si la voracidad de la selva no hubiera cedido por
completo al arrastre del progreso. En el magnífico museo de
la Escuela Normal de Quibdó me fueron mostrados 30 ejemplares de serpientes, todas venenosas, cazadas en el propio
patio de la escuela.
Como producto de su lucha distinguen al chocoano un
temperamento laborioso y acendrado afán de superación, buscando en el propio recurso las fórmulas para realizar su
destino. Los centros urbanos muestran relativo movimiento
mercantil, cierta inquietud espiritual muy espontánea, cierta
alegría del ánimo nada turística llamémosla de esta manera
puesto que. procede del nativo con remisión a sí mismo, y una
franqueza que armoniza en todo con aquel panorama donde
se siente vibrar el peso de la naturaleza.
Fiel a su ideal humano, estimulado por la hostilidad física del ambiente, el hombre del Chocó t!ene casi resueltos los

�36

El Choco, ~neva Versión de "El Dorado"

principales problemas · de la educación pública y es una de
los pueblos de Colombia donde con más eficacia marchan las
actividades de aquella índole.
En el campo de las especializaciones se han logrado apreciables conquistas y cada año las principales universidades
del país entregan al departamento un buen equipo de agrónomos, ingenieros civiles, médicos t'lSpecialistas en enfermedades
tropicales, ar;quitectos, etc.
Pero la falta de un ambicioso programa de acción ejecutiva, para incrementar el desarrollo seccional en todos sus
aspectos, no ha permitido aún a los chocoanos beneficiarse
enteramente con el aporte técnico de estos profesionales, quienes con frecuencia se ven precisados a ejercer sus oficios en
otros centros más importantes de la república.
En cuanto a vías de comunicación, cuenta el Chocó con
las correspondientes a los dos océanos, transitables por barcos y lanchas; las fluviales, recorridas por barcos, lanchas y
canoas -según su caudal- y dos carreteras que rinden un extraordinario servicio : la que vincula a Quibdó con el departamento de Antioquia y otra que los une con Istmina y Cértigue. Diferentes caminos de herradura comunican las hoyas
hidrográficas y, desde los comienzos de la aviación en Colombia, se halla impla!!-tado el sistema de tránsito aéreo, con dos
respectivos aeropuertos en Quibdó e Istmina.
Como núcleo negro dónde apenas viven unas cuantas fa.
milias blancas, el Chocó heredó interesantes patrimonios folklóricos correlativos a los conglomerados negros de ambas
costas colombianas, sobre todo en los ritos funerarios, clásicas
supervivencias del Africa.

-------i

El "currulao", que aún se baila entre los negros de Buenaventura, cercano puerto del Valle del Cauca sobre el Pacífico, ha comenzado a desaparecer en tierras chocoanas. Aunque todavía pueden verse, de vez en cuando, dos hileras -una
de hombres y otra de mujeres- frente a frente, repitiendo de
izquierda a derecha, y viceversa, el ejercicio de la danza. Esta es iniciada por los hombres con intención de asedio, que
más tarde es correspondido por las mujeres. Siete tambores
de voces y ejecución distintas, una marimba de madera rústica, dos cantantes -que entremezclan sus melodías en distintas tonalidades- las cuales ascienden y bajan en forma sorpresiva, y un guache o calabaza, constituyen el conjunto
típico a cuyo compás bailan las parejas, sin pantomimas ni
genuflexiones exageradas. La resonancia de las voces y de

Jorge Artel

37

los instrumentos es ensordecedora y logra sobrecoger los espíritus, como un trueno interminable que nos condujera del desconcierto al vértigo. No obstante ser las copias del "currulao"
cantadas en español, sin duda sus antecedencias se encuentran
en los antifonarios africanos, pero muy especialmente en las
melodías vocales de los pigmeos del centro del Africa que
según ciertos folkloristas, entre ellos el P. Trilles, están ca~
racterizadas por notables yuxtaposiciones de tonalidades.
André Gide -citado por don Fernando Ortiz- recuerda
después de haber oído un coro negro: "Era como tratar d~
encontrar una línea principal en un diseño de muchísimas y
finas líneas...." Además, dice el propio Ortiz: "El típico canto africano -por su raigambre mágico-religiosa- requiere casi
siempre una emoción que va en crescendo y acelerando hasta
el éxtasis y luego decrece, va rallentando lánguidamente, ya
exhausta la fuerza emocional que lo vitaliza". Exactamente
pasa en el "currulao".
En relación con los ritos funerarios, se conserva los "velorios cantados" de los niños y los cortejos fluviales, habiendo
desaparecido casi por completo las prácticas que se ejercitaban cuando moría un adulto. Estas muchas veces se asemejaban a las tradiciones de la Costa de Oro, donde el culto de
los antepasados, por medio de ceremonias fúnebres, constituyen uno de los rasgos más sobresalientes de aquellas colectividades.
Al morir un niño en el Chocó varias personas cantan durante la noche junto a su ferétro, en ocasiones acompañadas
por alguien que toca un tambor. Se cantan coplas que ya
son, digámoslo así, litúrgicas, las cuales los concurrentes ya
saben de memoria, y se toma licor y café. Luego, si el deceso
ha ocurrido en algún caserío donde no hay cementerio, a la
noche siguiente se lleva a cabo un cortejo fluvial de muchos
botes, iluminados con lámparas de gas, yendo a dejar el cadáver en medio del mayor silencio. Todo hace pensar que las
raíces de este rito estén en el Africa, entre cuyas tribus el
acto de dar la sepultura aparece envuelto en raros ceremoniales, siendo uno de ellos el citado cortejo fluvial.
Y es curioso observar que los "velorios cantados" de los
niños existen lo mismo en el Chocó que en otras parte de
.América donde hay tradiciones folklóricas negras. En Palenque, pueblo negro del departamento de Bolívar, Colombia, las
ceremonias atinentes a estos velorios comienzan desde que el
niño muere, convirtiéndose en una auténtica revista de cantos

�38

El Choco, Nueva Versión de "El Dorado"

negros, en dialecto palenquero, los cuales no han tenido, hasta
ahora, versión al español.
El cortejo fluvial suele encontrarse también entre los
negros de las Guayanas, a quienes Arthui' Ramos supone Bush
Negroes, fundándose su hipótesis en un artículo de Euclides
Santos Moreira, médico del ejército brasilero, sobre la vida y
costumbre de los negros de Saramacás.
Igualmente se dan casos de sincronismo cultural en el
Chocó. Los nombres de algunos santos católicos han sufrido
el respectivo cambio en los dialectos ancestrales.
La vecindad con Panamá ejerce una notoria influencia
tantos en los bailes como en la música del Chocó. Y así vemos que ésta suele tener ciertos giros similares a los de la
"mejorana" o. la "décima" del interior istmeño.
El tiempo ha contribuído a cierta desfiguración en varias
costumbres, dichos populares, leyendas y reminiscencias propias del ingrediente étnico africano. Una de estas expresiones
folklóricas, hoy completamente desaparecidas, es la "paletada"
con gue los bogas hablaban a distancia, en la noche, mediante
cierto golpe rítmico de su canalete sobre las aguas del río.
Entre los pocos rasgos que perviven en la música popular
figura el dialoguismo, o sea una especie de duelo sostenido
por improvisadores de cuartetas y décimas durante las fiestas
típicas. En el "Cancionero Antioqueño" del Dr. Antonio José
Restrepo figuran muchas coplas oídas desde tiempos inmemoriales en tierras chocoanas. Pero la tradición viajera del folklore hace muy difícil todo intento de clarificación al respecto,
tanto más cuando se trata de pueblos colindantes.
Es una verdadera lástima que el Chocó no figure entre
los conglomerados que estudio Arthur Ramos en,su libro "Las
culturas negras en el Nuevo Mundo", donde no hay ninguna
alusión a Colombia de importancia.
Acaso valga la pena investigar si la existencia de los
negros cautivos, encontrados por Vasco Núñez de Balboa en
Panamá -según el historiador Gomara adquiridos por los cuarecas del Istmo en "tierras lejanas"- tiene algún nexo con los
pobladores autóctonos del Chocó. Sería una clave muy importante en el estudio sobre los remotos orígenes de nuestra
América. Carlos Cuervo Márquez, etnógrafo y arqueólogo colombiano, asegura haber recogido entre las tribus del golfo
de Urabá la versión de que "cuando por primera vez llegaron
sus antepasados, esa comarca estaba ocupada por hombres
pequeños y negros que luego se retiraron a los bosques".

Jo1•ge Al'tel

r

39

Se han escrito muchos ensayos, novelas y estudios técnicos sobre la región del Chocó, pueblo empeñado en dura
lucha de progreso, siempre batallando contra los rigores de
la naturaleza y vinculándose cada vez más a la vida nacional
colombiana. Es una actitud de autodefensa, en oposición a
la sombra de leyenda que envuelve sus rutas, su paisaje y su
nombre.

�Myrou l. Lichtblau

Myron 1 Lichtb/au / NOVELISTA

Y ENSAYISTA:

DOS PERFILES DE EDUARDO MALLEA

QUE existe un pacenteseo innegable
entre el ensayo Historia de una pasión argentina y la novela
La bahía de silencio, de Eduardo Mallea, ya se ha señalado
de un modo general. Hace falta precisar esta afinidad, explicarla con más detenimiento, analizarla más en detalle. La
naturaleza exacta de este parentesco1 lleva mucha importancia por ser las dos obras expresiones fundamentales de la
ideología de Mallea, así como altos valores de la literatura
argentina moderna. En 1937 se publicó el ensayo, íntimo, doloroso, emocionante; tres años más tarde, la novela, que todavía queda la más famosa del autor. 2 La bahía de silencio
resultó en gran medida una versión novelada del ensayo, una
obra en que la parte autobiográfica se manifiesta no tanto
en una forma exterior y anecdótica, como en un concepto muy
hondo, muy apasionado, de gran intensidad de sentimiento.
Historia de una pasión argentina es un documento humano de un alma descontenta, entristecida, atormentada por la
vista de una Argentina imperfecta y doliente, de una .Argentina que no es lo que debe. ser. Esta constante preocupación
y aflicción, esta tremenda angustia, forma el telón de fondo
de los trece capítiulos de que se compone el ensayo-capítulos
que trazan la formación y expresión de su espíritu fino y sensible. Todo esto se traslada a las páginas de La bahía de silencio, donde Martín Tregua, en el papel de narrador y protagonista de la novela, representa cabalmente a Mallea mismo, más aún, a Mallea como autor acongojado de Historia de
una pasión argentina. Además, la narración en primera persona que hace Tregua depara una nota íntima y desgarradora,
que se aproxima en intensidad emocional a la que se halla
en el ensayo.
-40-

41

En Historia de una pasión argentina Mallea expone su
concepto de las dos Argentinas-una visible y la otra invisible. Concepto básico en el ensayo, se repite muchas veces
como elemento temático bajo distintos puntos de enfoque.
Para Mallea, la .Argentina visible no abarca más que lo puramente externo, lo superficial, lo material, la manifestación
poco deseada de un modo de vivir estéril y falso. Esta es la
.Argentina que se muestra al mundo, pero que debe ser destruída en favor de la otra-la Argentina invisible. .Aquí tenemos el país en sus elementos auténticos, propios, en su
carácter noble y sensible, en la condición que no se advierte
fácilmente porque la otra Argentina ostentosa y hueca lo
ahoga. Lo esencial de esta idea tiene expresión en La bahía
de silencio con las palabras simbólicas sayal y purpura,3 que
para Tregua representan respectivamente lo que anhela y lo
que desprecia. Así el grupo de jóvenes escritores idealistas
-que incluye Tregua y sus dos compañeros de pensión-grita en unisón: " 6Cuándo vendrá a la superficie el país profundo, el sano, el que existe puesto que creemos en él 1''4 Sí, ellos
se niegan a aceptar el brillo, el fasto, en fin la púrpura, lo
visible, como indicio del espíritu verdadero de su nación. Más
bien, ponen su fe en lo que yace latente debajo de esta púrpura-el sayal, en que hay valores más importantes y perdurables y de substancia más digna.
Ni Mallea en el ensayo, ni Martín Tregua como protagonista de la novela, han adquirido sus sentimientos e ideas
tocante a la Argentina de una manera casual o somera. Antes
bien, sus pasiones, pensamientos, odios, gustos, que constituyen un elemento tan intrínseco en 1as dos obras, son fruto de
un período arduo de desarrollo, de gestación y asimilación,
de observación y reflexión sobre cuanto los rodea. Este procedimientos de cultivo espiritual y emocional se revela a través de sus años de juventud, sus esfuerzos literarios, sus lecturas, viajes, y conversaciones, en fin mediante su contacto
cotidiano con el mundo a su alrededor.
Respecto de este procedimiento se pueden citar numerosos puntos paralelos en las dos obras. Mallea nos dice en el
ensayo que nació y pasó sus primeros años en la región árida
y Yentosa de Bahía Blanca, de ambiente cruel y poco agradable para vivir.5 Martín Tregua vivió sus años juveniles en
Río Negro, territorio al sur de la provincia de Buenos Aires,
no muy lejos de Bahía Blanca. El recuerdo amoroso que guarda i\Iallea de su padre, a quien admiró sobremanera por sus
cualidades morales, se invoca de nuevo en La bahía de silencio
cuando habla Tregua con devoción y respeto de aquel hombre

�42

K ovelista y Ensayista : Dos Perfiles de Eduardo l\Iallea

con qtlien solía pasar tantas horas inolvidables.6 Dejaron los
dos sus pueblos natales para ubicarse en Buenos Aires, donde
empezaron el estudio de leyes. El contraste entre el medio
sosegado y modesto que conocían anteriormente y el medio
agitado e incompasivo de la gran capital, se imprimió hondamente en sus espíritus sensibles. Tímidos, inseguros, el ambiente venal de la metrópoli los abrumaba, hasta les infundía
miedo, a medida que sentían su tremenda fuerza vital que
acaparaba en sumo grado la vida del país. "Vivo en la urbe
horas de admiración transida ante el espectáculo de una Babilonia que conserva la forma de la llanura en medio de su
acre pu.ianza y de su riqueza casi brutal", dice Mallea en el
ensayo -7 en tanto que Tregua declara en el mismo tono de
reproche: "En su cruel, acerada entraña, Buenos Aires oculta
obstinadamente sus yacimientos más complejos y más originales."8
En la Facultad de Derecho dr Buenos Aires Mallea sentía un enorme descontento y desilusión, producidos en g-ran
parte por lo que él consideraba la falta de dedicación de muchos profesores y por el carácter pusilánime de otros ~a1:1t?s.
Acusaciones fuertes sin duda exageradas y basadas en Jmc1os
personales, pero pr¿fundamente sentidas por Mallea. Lo triste él afirma es que algunos de estos profesores a veces llea~n a puest~s altos en el estado, levantando "sobre tantas
~abezas de buena voluntad sn perspicar.ia cínica de medradores, demagogos, y políticos".9 Se repite en la novela este
desengaño, cuya culminación ocurre cuando Treg~a y su compañero Anselmi resolvieron ,abandonar ~u~ estudios de derecho porque la enseñanza fria y pragmat1ca de la Facultad
estaba en desacuerdo con su mentalidad artística e idealista.
De manera que podían entregarse por completo a sus tareas
literarias, que les interesaban mucho más y que les proporcionaban mayor satisfacción interior.
Mallea conoce bien su país. Lo conoce en sus diversas
· regiones y en sus distintas modalidades de vivir, ~n sus numerosos matices de sentir y de actuar. A pesar de ciertos rasgos
de soñador y de idealista, el Mallea de Historia. de una pasión
argentina no es un pensador estrechamente encerrado en su
cuarto solitario, sin visión ni conocimientos amplios del mundo. No, su mundo es extenso; y bien que sus sueños y esperanzas, sus anhelos y aspiraciones, quedan frustrados y apl~stados, él sigue afrontando con vigor los problemas de su tierra. Quería tocar su país, palparlo en todas sus formas, Y
para este fin observaba al pueblo en su trabajo, en sus negocios, en sus diversiones. Caminaba por las calles de Buenos

)Iyrou l. Lichtblau

43

Aires sentía el vaivén del mundo vanidoso que quería cambiar ~onversaba con la gente en las veredas y en los tranvías.
'
.
Experiencia
imprescindible y orientación sana para e1 Joven
Mallea, que lo crea todo de nuevo por boca de Martín Tregua
en páginas desconsoladas de confesión íntima.
"Mutismo interior" es lo que nota tristemente ~Lallea al
apuntar sus impresiones de la capital. Es dceir, que detrás
del bullicio y desenvoltura externos hay un silencio doloroso
y una reserva sombría que parecen dominar la gente porteña
en su ambiente de valores falsos. Este mismo Buenos Aires
silencioso, este mutismo, lo observa también Tregua, que además ve una uniformidad inquietante y una falta de individualidad entre la gente de la capital. Cada persona oculta
su ser verdadero bajo una capa de pretensiones arrogantes,
y así todos se acurrucan en carácter de anónimos dentro de
su medio artificial. Sí, cada uno se parece al otro-"todos
blancos de silencio e interior desierto."1º
El inmigrante en la Argentina forma parte numerosa de
la población, sobre todo de Buenos Aires, y por los años ha
contribuído mucho al desarrollo económico y social de la nación. Mallea no niega este papel útil, pero a la vez censura
la clase de inmigrante que se ha valido de las oportunidades
ofrecidas en la Argentina sin incorporarse espiritual ni culturalmente en la vida del país. Una aspiración dP. puro materialismo, una comodidad física, era lo que impulsaba a muchos inmigrantes, venidos de tierras de opresión política, de
hambre, y de temor. Condición triste ! lamentable, de_bida. ~n
gran medida, según Mallea, al mal eJemplo y peor d1recc1011
de los propios argentinos, que no cumplían adecuadamente
su responsabilidad de guiar a los recién llegados conforme. a
los concrptos más tradicionales y apreciables de la patria.
Refiriéndose a este punto, el autor dice:
Esos hombres constituían un material humano plástico. ¿Pero quién, cómo iba a darles
aquel orden? ¿ Cuál iba a ser la matriz capaz
de plasmarlos, de darles una forma total, de
imponerles una gestación adecuada a la forma,
no de un mero destino material, sino de un
destino en que lo espiritual y lo económico
lograran la misma unidad viviente, el mismo
orden ?11
Mallea trata esta cuestión. de nuevo en La bahía de silencio, pero en una forma mucho más vehemente. Para Tregua, la mujer a quien dirige su narración12 representa la

�44

Novelista y Ensa)·ista: Dos Perfiles de Eduardo Mallea

vida digna, noble, a que todos los arg-entinos deben aspirar,
así como "uua fe en la calidad señorial de la vieja Argentina,
un desprecio por los recién llegados... " 13 Sin temor a una
mala interpretación, podemos limitar la referencia a "los reción llegados", aplicándola sólo a aquellos que por su con"lucta e i~eología se aferraban a los valores utilitarios y
vanos. Opma Tregua que lo viejo, lo tradicional, lo estable.
en su función de haber aportado el honor y la dignidad a la
historia argentina, se contrapone a lo nuevo, y a lo moderno,
a lo de afuera. que ha traído r,onsigo tantos trastornos sociales y morales en el siglo veinte. .Así se expresa su sentimiento, anti~ético_: por. un lado, elogio del alma criolla que
rechazo las mvas1ones mglesas y derrotó el dominio español·
por el otro, ~eprobación del inmigrante oportunista. Respect~
de Buenos Aires, Tregua exclama: "En su origen había gloria
y su perímetrb primitivo y colonial, antes del advenimiento
de la horda extranjera, era glorioso, sobrio y di{)'no como el
rostro de la joven historia del país".14
"'
l\Iallea emprendió un viaje a Europa para ensanchar sus
intereses culturales, así como para observar y conocer otro
mundo y avaluarlo con relación a su propio país. Días de
inspiracióh intelectual y espiritual, días' de sensaciones estéticas transcurridos en .Amsterdam, Bruselas, Roma, París, Londres. Pero al mismo tiempo, al lado de esas grandezas culturales, l\fallea tenía a la vista, en los territorios de dictadura y de violencia, la degradación de la dignidad humana
y la sujeción de la conciencia indiviual. Y al regresar, su
propia América relució más digna, más rica, más llena de
esperanza· de un gran porvenir.
El tema de Europa vuelve a aparecer en La bahía de
silencio, ocupando una de las tres secciones de que se divide
la novela. Terminada la publicación de su revista Basta por
falta de apoyo público, Tregua decidió visitar a Europa.
Experimentaba tremenda exaltación al contemplar la riqueza
curtural de ese continente pero su contacto· personal con algunos desdichados, en particular con su amigo de Bruselas (Ferrier), le hizo pensar en la universalidad del sufrimiento humano. Después de algún tiempo en Europa, sentía la necesidad urgente de volver a su país, pues, "era mi carne, la raíz
de mi carne, la tierra carnal, lo que me llamaba. Y o no podía
andar, no podía dormir, no podía continuar sin oír esa apela.,
c10n.
. . ."15 En f.m, podemos preguntanos: ¿No sirvió todo

~lyron l. Lichtblau

..

45

el viaje del protagonista a Europa, con los variad9s acontecimientos allí, principalmente para impregnarle con más fe en
su patria, con más devoción y con más amor, a pesar de sus
imperfecciones y debilidades 9
Lo que sienten y piensan los extranjeros acerca de la
.Argentina no puede menos de interesarle a M:allea. Poco
entendimiento, ignorancia, nociones falsas y exageradas, y
falta general de interés por el destino de la Argentina-todo
-esto lo nota Mallea con profunda tristeza. En Historia de
una pasión argentina lamenta que los extranjeros no hayan
llegado a una comprensión verdadera de lo esencial de su
nación, que sólo la hayan comprendido superficialmente. Dice
Mallea: " ... lo que ellos aprehendían aquí con sus instrumentos meramente lógicos no eran sino circunstancias pragmáticas, modos de ser exteriores, sin interés, anodinos." 16 Veamos
la analogía en la novela. Martín Tregua, en Bruselas, sentía
nostalgia y deseaba ponerse al tanto de la vida de su país.
Cosa difícil, pues los periódicos de aquella ciudad asignaban
a una posición secundaria los sucesos acaecidos en la .Argentina. Muchas veces las noticias dadas sobre la .Argentina eran
falsas y representaban el país "como algo tan indefinido, irreal
y confuso como el eco de algún drama pasional ocurrido en
un punto ignorado del globo y del que se desconocieran con
precisión hasta los personajes y las circunstancias."17 También, poco antes de salir de Bruselas, Tregua trataba de explicar a un grupo representativo de europeos el espíritu de la
nueva Argentina que, él esperaba, se forjaría en el futuro.
Pero su empeño era en b_;i.lde ; era· imposible hacerlos comprender.
Mallea narra en el ensayo cómo hizo una valuación de
sí mismo al regresar a la Argentina. Examinó su conciencia,
contempló su vida en su totalidad, juzgó sus esfuerzos, sus
éxitos y sus fracasos, en fin hizo el papel de severo crítico de
sus propios actos. Lo que observó a raíz de este análisis, lo
que descubrió, distaba mucho de lo que pretendía ser. Necesitaba purgarse, renovarse en la imagen de un hombre digno
de la nueva Argentina. "De modo que resolví hacer tabla
rasa conmigo mismo, hacer recapitulación, decirme que no
soy nada, absolutamente nada, no he hecho nada, absolutamente nada. Soy la nulidad misma. La nulidad llena de nociones."18 Resolución extravagante, pero hondamente expresada
por un patriota que anhela perfeccionar su país empezando
por la perfección de su propia persona.

�46

Novclista y Ensayista : Dos Perfiles de Eduardo Mallea

La nulidad, la impotencia, la ineficacia, las sentía también Tregua, que expresó esta actitud emocional en varias
ocasiones en La bahía de silencio. Así, le agobiaba una tremenda desesperación al sentirse incapaz de obrar por el bien
de los jóvenes noble de la nueva generación-por esos jóvenes que se mostraban en consonancia con los principios a
que él aspiraba. "Me daban ganas de hacer algo por ellos;
ipero qué podía hacer yo, pobre trabajador de sobresaltos y
de letras, simple ejecutante de personales exaltaciones !"19
Asimismo, cuando Tregua supo que "su mujer ideal" perdió
a su hijo en un accidente, quería ayudarla, consolarla, serle
útil en esa hora trágica. Pero se sentía ineficaz; y echando
una mirada retrospectiva a su vida, exclamó : "M:i vida era
un desastre. Lo único aceptable de mi vida era una confianza,
una fe, una creencia increíble en la humanidad nueva." 20
El hombre nuevo que anteve Mallea en su ensayo tiene
su manifestación en la novela en el personaje ficticio de Juan
.Argentino, creación de Tregua para su gran obra entitulada
Las cuarenta noches de Juan Argentino. La ciudad, la pampa, el porteño, el gaucho-la obra va a representarlo todo en
sus valores más arraigados y significativos. En fin, Juan
Argentino será la renovación deseada del prototipo nacional,
el hombre capaz de convertir la patria materialista y altanera
en un país espiritualmente fuerte y moralmente recto.
La novela termina con una profesión de fe elocuentemente afirmada por Tregua-la misma fe y confianza y esperanza
expresadas por Mallea en el último capítulo del ensayo.21
Los idealistas y los visionarios, hombres como Anselmi y Jiménez, no han sido derrotados, opina Tregua, ni tampoco se
han apoderado del país permanentemente los males que afligen su patria. Estos jóvenes y otros millares de la misma
fuerza moral sólo aguardan ansiosamente la venida de días
más propicios, cuando puedan cumplirse sus sueños y aspiraciones. Esperan a la bahía, "a esa bahía donde concentran
su silencio y donde su fruto se prepara sin miedo a la tormenta, el ciclón, el vil tiempo." 22 Tregua dirige esas palabras
a "su mujer ideal"; casi igual pensamiento apare~e al fin del
ensayo, donde .Mallea, en un tributo conmovedor al pueblo
argentino, dice: "Tu silencio es una pausa honda, no muerte,
no desaparición___ La pausa de la reflexión dramática del
que vela antes del alba." 23

47

~lyron l. Lichtblan

gran perturbación política e internacional por su actitud indecisa a principios de la segunda gu~rra mundi~l. Después, tu~o
que aguantar, durante casi una decada, la dictadura peromsta, con sus doctrinas engañadoras de justicialismo, peronismo,
y la llamada tercera posición. La volutad del pueblo derrum.bó esta tiranía y en momentos actuales la Argentina disfruta
de la libertad y la democracia. La generación de Mallea,
ya hombres maduros, tal vez percibe en la presidencia de
Arturo Frondizi y en el gobierno que lo rodea una época
de grandeza para su país. Y acaso Mallea, que empleó su
talento literario en Historia de una pasión argentina y en
La bahía de silencio para sondar el alma de su patria, por
fin encontrará la Argentina que tanto desea.

NOTAS:
1.- Los puntos de contacto en Hlstorla de una pasión argentina Y La ba-

hía de silencio forman un núcleo pequeño pero slgnlfice.nte del pensar y sent.ir de Mallea. Son elementos básicos de su vida los que ha
repetido y recalcado en
novela. Por eso, las. zonas de semejanza
muy raras veces son triviales o superficie.les; mas bien, son serlas e
íntimamente encadenadas con su o!lcio de novelista y filósofo, Y con
su valor de hombre.

,a

2.- Las primeras novelas de Mallea son Nocturno europeo (1936) y Fiesta

en noviembre (1938). Pero su gran !ama dentro de la ficción argentina data de la aparición de La bahia de silencio en 1940. Desde esa
fecha han venido de su pluma las novelas siguientes: Todo verdor
perecerá (1941), Las águilas (1943), Los enemigos del alma (1950),
La torre (1950), Chaves (1953), Slmbad (1957).
3.- Es de notarse que otro libro de ensayos de Me.llea lleva el titulo de
Sayal y púrpura (1941).

4 _ Eduardo Mallea, La bahia de silencio (Buenos Aires: Editorial Sud. americana, 1950) , p. 42. Esta es la edición que siempre citamos en
este estudio.
5.- La adustez y la 11,temperle de esta reglón de Argentina forman el

fondo de su novela Toclo verdor perecerá.
6.-- La bahía ele silencio, p. 17.

7 _ Eduardo Mallea, Historia , de una pasión argentina (Buenos Aires:
· Espasa-Calpe Argentina, 1944), p. 40.. Esta edición es la que siempre se cita para las referencias que siguen.
8.- La bahía de silencio, p. 70.
9.- Historia de una pasión argentina, p. 47.

El mundo ha pasado por años tumultosos desde la época
(1937-1940) en que Mallea publicó su Historia de una pasión
argentina y La bahía de silencio. La AI"gentina misma sufrió

10.- La bal1ia de silencio, p. \¡1,
11.- Historia de una pasión argentina, p. 69.

�48

~ovcli~ta y Ensayista: Dos Perfiles de Eduardo Mallea

12.- Tendremos ocasión dos veces- más en este trabajo de mencionar a

esta mujer, que juega un papel tan Importante en la obra. Ella
queda anónima por toda la novela y no participa en la acción sino
por las referencias de Tregua. Seria conveniente, por eso, referirse
a ella de alguna manera precisa. Así, he preferido la frase "su mujer ideal" al hablar de ella en adelante.
13.-

14 .- Ibld., p. 395.

16.- Historia 1le una pasión argentina, p. 104.

La babia de sllenclo, p. 276.

18.- Historia de una pasión argentina, p. 176.
19.-

INDIGENA

La bahía lle silencio, p. 561.

15.- Ibid., p. 384.

17.-

Pedro Vil/a/ EFIGIE

La babia lle silencio, p. 226.

20.- Jbld., p. 564.
21.- Este capitulo lleva el titulo de "La exaltación de la vida".

22.- J..a bahía de silencio, p. 566.

Arrimado a un tronco seco,
y perdida la mirada,
pasa las horas el indio;
pasan días, pasan semanas
- y sigue
.
y meses y anos,
mirando hacia la montaña
que le cierra el horizonte
como gigante muralla.

23.- Historia lle una pasión argentina, p. 185.
Universidad de Indiana, EE. UU.

Entre hierbajos y piedras
triscan sus huesudas cabras,
sus cuernos de Lúcifer,
libidosa la mirada,
hecha de deseo y de fuego
y de una inquietud aciaga.
La llanura pedregosa
bajo el sol de la mañana
parece que parpadea,
y en sus vaporosas alas,
que se agita levemente
por el calor torturada.
El indio sigue mirando
la nebulosa distancia
como si en el infinito
la nada le hipnotizara,
o como si allá muy lejos,
entre el cielo y la montaña,
-

4!} -

�.r.o

el fantasma del pasado
de su enigmática raza
en el cendal de la bruma
silencioso se elevara.
¡Qué es lo que piensa aquel indio,
soñolienta la mirada,
inconsciente de los años,
los meses y semanas,
y que parece esculpido
del granito de su raza!
Sus ojos miran sin ver
la cercanía o la distancia,
ciegos al -mundo de fuera
sin que reflejen e·I alma ...
El indio sueña despierto,
el indio no piensa nada.
En el ardoroso yermo
triscan las huesudas cabras ...

Efigie Indígena

Dr. Agustín Basaye Fdez. del Valle / FUNDAMF,NTO

Y

ESENCIA DE LA VERDAD
Sumario: 1.-¿ Qué es la verdad?.2.-Fundamentación de la Verdad.3.-El sentido de la Verdad.-4.-La
Verdad Mundana participa de la
Verdad · Eterna.- 5.-Verdad y Convivencia.

I
¿ Qué es la Verdad?

es la esencia de la verdad?
Ordinariamente se entiende por verdad lo real. Decimos, por
ejemplo, que "fulano" es un verdadero amigo, indicando que
se trata de un amigo real, auténtico. La definición tradicional de la verdad: "veritas est adaequatio rei et intellectus",
o, mejor aún: "veritas est adaequatio intellectus ad rem" (la
verdad es la adecuación del conocimiento con la cosa), entraña un sentido de conformidad, de c.oncordancia. Lo contrario a la verad -lo falso- es la falta de concordancia del
enunciado con la cosa. Un juicio es falso cuando no presenta
a la cosa tal como es. Pero aún en los juicios falsos hay
elementos verdaderos. Si digo, vbg. : "los alemanes son latinos", digo seguramente algo falso, pero es al menos verdad
que existen los alemanes y que ciertos hombres son latinos.
Un pensamiento que no se identificase con ninguna cosa, sería
imposible, nada en el orden del pensamiento. Por eso se ha
dicho que una verdad está supuesta siempre en el error.
El hombre no podría vivir, si no tuviese la convicción de
que sus facultades cognoscitivas le llevan a la verdad. Sería
imposible obrar o abstenerse de obrar. Indudablemente la
razón alcanza con certeza plena las verdades más elevadas
del orden natural. Y ello es así, porque lo que es, es lo que
-51-

�Dr. Agustín Basave Fernández del Valle

52

53

Fundamento y Esencia de la Verdad

causa en nuestro espíritu la verdad. Para ser plenamente
escéptico habría que convertirse en vegetal. Es claro que al
afirmar la veracidad de :rmestras facultades cognoscitivas
estamos muy lejos de caer en el error, por exceso, del racionalismo. Nuestra razón alcanza la verdad no sin dificultad
y a condición de someterse a una disciplina externa a ella.
Heidegger ha formulado el carácter ontológico fundamental del problema de la verdad, retornando a la aurora
del pensamiento griego: la verdad es descubrimiento, revelación del ser de lo existente. De esta verdad original y
esencial, surge, como degradación, la relación de adecuación
de la verdad lógica. Antes de todo predicado, está el estado
manifiesto de lo existente, al ponerse al descubierto. La verdad de la proposición echa sus raíces en una verdad óntica.
En su estudio intitulado "De la esencia de la verdad" ("Vom
W esen der Wahrheit"), Martín Heidegger expresa que "si
sólo mediante la aperticidad del comportamiento la conformidad (verdad) del enunciado se hace posible, lo que hace
entonces posible la conformidad posee un derecho más original de ser considerado como la esencia de la verdad" (pág. 10,
"De la esencia de la verdad", traducción del alemán por Humberto Piñera Llera, Revista Cubana de Filosofía, Vol. II No.
10, Enero-Junio de 1952). Pero ese comportamiento abierto
a la potencia de lo real, se funda en la libertad. No se trata
de capricho ni de subjetividad arbitraria, sino de un entregarse a lo real patente y manifiesto, de un dejar ser al ente.
Esta libertad se identifica con la existencia del hombre. Antes
que todo, la libertad "es el abandono al develamiento del
ente como tal" (Opus cit., pág. 13). En este sentido, cabe
afirmar que el hombre no "posee" la libertad como una propiedad, sino al contrario: la libertad posee al hombre. Observa
Heidegger que el error, como ocultamiento del misterio del
ser, forma parte de la íntima constitución del hombre histórico. Concluye afirmando: "La pregunta por la esencia de la
verdad encuentra su respuesta en la sentencia: la esencia de
la verdad es la verdad de la esencia" (pág. 21). Corresponde
a la ontología fundamental plantear y resolver la cuestión. de
la verdad de la esencia, de la verdad del ser. Hasta aquí el
pensamiento de Heidegger sobre la esencia de la verdad.
Apuntemos unas cuantas e indispensables observaciones críticas.
Al idealismo de "Ser y Tiempo" (la verdad como producto del "Dasein") sucede ahora un r ealismo: el hombre está
abierto a la verdad, pero no la engendra. Cabe preguntar si

-

.

la antítesis entre la verdad de adecuación (lógica ) y la verdad de revelación ( óntico-preontológica) puede o no ser superada. En una nota preliminar al libro de Alfonso de Waelhens
"La Filosofía de Martín Heidegger", el jesuíta español Ramón Ceñal observa: "Que el conocimiento verdadero descubra la cosa en sí misma, es afirmación perfectamente admisible; que este descubrir se revele por si mismo como tal, en
toda su radiante lucidez, sólo quiere decir que aquel conocimiento es evidente; pero que la verdad de este conocimiento
se reduzca a ese su lúcido y puro descubrir, es lo que el análisis fenomenológico no da de ninguna manera. Este análisis
nos hará ver que la pura percepción, la simple "apprehensio"
por muy diáfana y lúcida que sea, no es la verdad,~a1 menos:
la verdad consumada y perfecta, la que la evidencia verifica
y descubre. Es en el juicio, en la complexión predicativa explicitada o no, donde la verdad como tal puede ser verific~da ·
y esta verificación en todo juicio verdadero, también en ei
que versa sobre lo inmediatamente descubierto en la intuición
no dice otra cosa sino que el juicio es conforme con lo juz~
gado". La evidencia -propiedad de una verdad cualificadano es la verdad misma. La verdad, como adecuación lógica
implica la revelación y el descubrimiento del ser mismo e~
su patencia. No es la "quiddidad" o esencia de la cosa conocida lo que causa la verdad, sino el ser: el ser de la cosa dicho
y revelado en el juicio.

II
Fundamentación de la Verdad

La verdad -luz y alimento- es comunicada después de ser
poseída. Todo el hombre está empeñado en la indagación de
la verdad. Y cuando se la descubre amorosamente en el silencio de la meditación, se pega al alma y le infunde vida interior. No es bien mostrenco, sino asunto íntimo, descubrimiento
histórico con una filiación personal. El hombre no inventa la
verdad, se acerca a ella y la recoge con reverente humildad.
Pero en este acercamiento, el ser humano rasga la corteza de
las cosas para alumbrar su secreto íntimo.

' -

Al tener conciencia de nosotros mismos nos decidimos
por la verdad. Esta decisión nos ennoblece y nos salva. Si
acertamos a expresar lo que realmente es, preguntando a las
cosas y a nosotros mismos qué es lo que ellas son, y qué es
lo que nosotros somos, estamos en vías de encontrar respuesta
a nuest~o destino. Vivir humanamente es sentir la urgencia
y necesidad de la verdad. Solo al hombre le aqueja el deseo

�54

Fundamento y Esencia de la Verdad

de. dar respuesta a aquella pregunta formulada por Pilatos:
"Qué es la verdad". Pero antes de contestar a esta suprema
y final interrogación nos preguntamos por la verdad de las
cosas, de las cosas que cambian.
Cuando queremos saber qué es lo que las cosas verdaderamente son, no estamos utilizándolas o recreándonos en ellas.
Estamos haciendo teoría. Actitud Teorética que nos eleva
sobre las cosas, desde el momento en que, inquiriendo por
ellas, les arrancamos su secreto. Secreto que ellas mismas son
impotentes para descubrir.
Nacimos para la verdad, aunque nos empeñemos algunas
veces, en vivir en el error. Nos afanamos y nos desvivimos
por descubrir el oculto tesoro de verdad que aprisionan las
cosas. Porque "las cosas, agusanadas de temporalidad en su
devenir incesante, están también angelizadas de permanencia
en su verdad eterna" (Muñoz Alonso).
Realidad =Verdad. Esta equivalente lleva implícita la afirmación de una verdad no creada por la mente humana. La
verdad, como eterna que es, nos preexiste y nos trasciende.
No creamos la verdad, pero si la conocemos. Y al conocerla
participamos de ella. San Agustín sostiene la percepción inmediata de Dios: nuestra inteligencia ve una verdad, la misma e inmutable para todos. Esa verdad o es Dios o es inexplicable sin Dios. En una forma intuitiva, el santo obispo de
Hipona ve la verdad absoluta (Dios) en toda verdad. Ninguna verdad, ninguna bondad, ninguna belleza habría sin la
existencia de un Dios que no se confunde con lo creado, con
lo participado y lo mudable. Si la mente del hombre participa de la verdad, es porque Dios -la Verdad- le hace partícipe. Nuestra razón pronuncia juicios verdaderos porque ve,
en la inteligencia, las verdades pi·imeras, o ideas, o principios.
La inteligencia intuye; la razón concluye. En el interior del
hombre están presentes a la inteligencia los principios. La
razón establece nexos y relaciones, formula juicios y discurre
aplicando los principios inmutables del juicio. La verdad, de
la que nosotros y las cosas participamos, no ·proviene ni de
nosotros ni de las cosas. El origen de las verdades inmutables, necesarias y universales, es Dios. Mi pensamiento, aún
cuando sea causa de aquello que piensa, no es principio de
sí mismo. Puedo concebir la existencia en términos de verdad en términos referidos al sentido inteligible de mi propio
' p_ero esto no significa que sea yo la verdad de m1.
existir;
mismo (la absoluta verdad de mi mismo). Si mi mente, finita

Dr. Agustín Basave Fernández del Valle

55

y mudable, es capaz de una noción de la verdad absoluta y
conoce verdades, es porque soy por la Verdad y para la
Verdad.
·
La validez de nuestros juicios está respaldada por la objetividad de normas o principios en base a los cuales la razón
juzga. Estas normas o principios del juicio no son mudables
y finitos, por tanto, no pueden ser un producto de la mudable y finita actividad racional. La Verdad que hace que
la razón sea verdadera, sobrepasa y trasciende a esa misma
razón. Porque hay normas verdaderas, hay juicios verdaderos. Y esas normas verdaderas o principios inmutables que
son fundamento de la veracidad de los juicios, no pueden
inducirse de la experiencia sensible. Porque lo más no puede salir de lo menos, lo inmutable y necesario de las normas
verdaderas no puede provenir de lo mudable y contigente
de las cosas. Aunque la verdad esté presente a la mente,
es más que la mente, porque fundamenta toda cosa verdadera
y la mente misma. La verdad intuída no encuentra su adecuada subsistencia real en ninguna cosa existente. Queda
siempre como objeto ideal abstracto y supone un Sujeto reai
de la Verdad absoluta. De no haber una Verdad absoluta no
habría verdad alguna.
Desde la propia intimidad inagotable percibimos el llamado de una verdad infinita que nos trasciende y que funda
la realidad de las verdades finitas. La verdad presente en
nuestro espírüu es una imagen ile Dios, pero no es Dios.
Como San Agustín, también M.F. Sciácca encuentra que
la fundamentación de la verdad es, a la vez, la prueba de la
existencia de Dios. Pero no se limita a repetir a San Agustín,
porque le sobra talento, y fortnula uná prueba de la existencia de Dios -hundiendo sus raíces en el ser del hombre- que,
al decir de Manuel Gonzalo Casas -y sin ninguna exageracióncasi no tiene paralelo en la bibliografía contemporánea. "O
no hay verdad -nos dice-, o si la hay. sobrepasa a la razón,
en cuanto que es dada a la razón y no puesta por ella. En
otros términos : o no hay verdad y con ello se llega a la
conclusión absurda y contradictoria de que "es verdad que
nada es verdad"; o hay verdad y también hay un más allá
de la razón; o no hay nada que sea verdad" (Pág. 52, "La
Existencia de Dios", Editorial Richardet, Tucumán-Buenos
.Aires,. 1955). Una vez ubicados los. términ,os del problema,
:.M:ichele Federico Sciacca pasa a formular, con toda precisión,
la prueba. Hela aquí, con su&amp; propias palabras:

�56

Fundamento y Esencia de la Verdad

"El ente inteligente intuye verdades neesarias, inmutables, absolutas; el ente inteligente, contigente y finito, no
puede ni crear, ni recibir de las cosas por medio de los sentidos, las verdades absolutas que intuye; luego existe la Verdad en si necesaria, inmutable, absoluta, que es Dios" (Opus
cit., Pág. 70).
La teoría de la fundamentación de la verdad como prueba
de la existencia de Dios, aducida por el filósofo italiano, la
consideramos nosotros, más que como una prueba rigurosaroen lógica, como una meditación válida dentro del orden
metafísico. En el plano metafísico es un hecho que las verdades necesarias, inmutables y absolutas intuídas por el hombre implican a la Verdad, es decir a Dios. Pero en el orden
del' conocimiento, primero se conocen los efectos que mediante
la prueba racional de la causalidad llevan a afirmar la existencia de Dios, y sólo entonces referimos las verdades a la
Verdad. Dicho de otro modo: la realidad de Dios, anterior
a las creaturas en el orden óntico, como creador que es de
ellas, les es posterior en el orden lógico, pues solo por ellas
llegamos a conocerle.
Examinado el fundamento de la verdad, conviene ahora
destacar su sentido.
III
El Sentido de la Verdad

Cuando la verdad nos posee, surge la ciencia. Los griegos daban el nombre de "aletheia" al "descubrimiento", a la
"patencia" de las cosas. La verdad era, para ellos, una propiedad del ser real. La significación primitiva del vocablo
fué -según Kretschmer y Debrunner- algo sin olvido; algo
en que nada ha caído en olvido completo. Por la idea de
completud se pasó a la de patencia. La verdad de las cosas
en cada existencia del hombre, supone que aquellas están
propuestas a éste.
La presencia humana en el mundo posibilita -no generala verdad. La inteligencia reviste la forma misma de las cosas. Zubiri expresa, con gran concisión, que · "la verdad es
la posesión intelectual de la índole de las cosas" (Pág. 28,
"Naturaleza, Historia, Dios", Madrid, MCMXLIV). Pero ll;l
verdad no es tan solo un atributo del conocimiento -tema de
la gnoseología crítica- sino ante todo una determinación trascendental del ser en cuanto ser. Y en este sentido ontológico
de verdad no cabe una definición exhaustiva. La universalidad de 1~ verdad impide que sea abarcada por una definición demarcadora. Partimos del reconocimiento de su existen-

Dr. Agustín Basave l&lt;'ernández del Valle

57

cia, como hecho original, para dedicarnos al problema de la
esencia de la verdad de las cosas y del hombre. Esta verdad
que nos sale al encuentro en la realidad mundanal nos remite
a Dios : su origen y fin.
El ser aparece, se devela al sujeto cognoscente. Y este
aparecer -promesa de revelación- viene preñado de certidumbre, de confianza. Por eso se ha dicho que "la verdad no es
sólo "aletheia", estado de no oculto, es también "Emeth" (palabra hebrea de uso frecuente en la Biblia) : fidelidad, constancia, autenticidad. Donde hay Emeth uno puede confiarse,
entregarse". Por una parte los entes son recogidos y comprendidos en el ,hombre, y, por otra parte el hombre se introduce en el mundo englobante y abierto del ser. Medimos la
verdad por el objeto, pero esta medida incluye libertad y
elaboración creadora de lo externo. En otras palabras: medimos y somos medidos. "La verdad aparece en el mundo como
repartida en innumerables sujetos que están abiertos uno para
otro en la originaria actitud de la disposición, y que esperan
uno de otro la comunicación de aquella parte de la verdad
-apunta Hans Urs von Balthasar- que les ha sido confiada por
Dios como participación en su infinita verdad. En esta recíproca abertura y en este estar a disposición los sujetos finitos
reflejan así la suprema medida de lo que se puede captar
en el mundo finito de la infinita abertura de la divina verdad" (Pág. 47, "La Esencia de la Verdad", Editoria Sudamericana) . Piénsese que si Dios no conociese. un ente no- podría
ser conocido por ningún hombre, porque no existiría en cuanto ente; carecería de medida del ser y, consiguientemente,
de verdad.
Podemos decir libremente la verdad o mentir, porque
nos autoposeemos, porque disponemos de nosotros mismos.
Somos responsables de la verdad en cuanto develamiento y
en cuanto comunicación. El amor es inseparable de la verdad: la esclarece y la posibilita. Estamos llamados -todos,
sin excepción- a dar testimonio de la verdad. Abrirse a la
verdad, y abrirse en la verdad para los otros es cumplir la
ley de nuestro propio ser. Tenemos la certeza de que somos
hombres para algo más que- para dar con nuestros huesos
en una tumba. Por eso me ha parecido siempre magnífico el
lema de la Universidad de Nuevo León: "Alere Flamman
Veritatis". Si la administración de la verdad está confiada
a la libertad humana, es preciso alentar la flama de la verdad. Condenados como estamos a la muerte, debemos apresurarnos- con inquebrantable voluntad y sin descanso-, a dar
nuestro mensaje -grande o pequeño, pero siempre auténtico-,

�58

Fundamento y Esencia de la Verdad

antes de pasar a aquel estadio en donde tenemos la certeza
-los creyentes- de que sobran los mensajes porque todo está
a la vista, en su más prístina patencia. Pero todo develamiento, todo mensaje debe estar al servicio del amor que abraza
y excede a la verdad. Otra cosa sería exhibicionismo o
escándalo.
Si sabemos polarizar la verdad finita -nuestra verdad
parcial- hacia la verdad absoluta, estaremos en el origen del
movimiento de la verdad, poseídos por el amor y en camino
de salvarnos. Las cosas son como Dios las ve. El conocimiento
que de las cosas tiene Dios -arquetípico y ejemplar- es el
único absolutamente exacto, correcto, verdadero. Resulta natural, entonces, que sólo desde Dios nos podamos ver los
hombres.
El hombre es un ser dialógico. La verdad tiene también,
en consecuencia, un caracter dialógico, social. Florece en el
coloquio de los espíritus libres. Cada hombre tiene la posibilidad de enriquecer su propio campo visual con el de los otros.
Cada hombre capta, sostiene y transmite la verdad de roa,.
nera personal. Y todo ello sin mengua del carácter universalmente válido y supratemporal de la verdad. Si se habla
de la individualidad de la verdad dada por la situación, es
porque prescindir de este carácter concreto sería ocuparse
de una simple obstracción. El continuo cambio de las perspectivas individuales y de las situaciones interiores, va constituyendo la historia de la verdad. En el ser, en la verdad,
habrá siempre un fondo de misterio y, por tanto, una inagotable fuente de sorpresa. De ahí nuestra perpetua inquisición
de la verdad. ¿Pero es que puede ser otra cosa la filosofía 1
"Busquemos, sugiere San Agustín, como quienes van a encontrar, y entremos como quienes aún han de buscar, pues, cu~ndo el hombre ha terminado algo, entonces es cuando empieza". (De Trin., IX, c. 1).
Al buscar las verdades mundanas descubrimos, en su más
íntima contextura, una participación en la verdad eterna.

IV
La Verdad Mundana participa en la Verdad Eterna '

Lo verdadero y lo falso, en su sentido más radical, se
. predican de la intelección, no de las cosas. Verdad y falsedad ontológicas corresponden a las cosas en tanto que pueden
ser objeto de conocimiento intelectual. Una caja de cigarros
de chocolate es ontológicamente falsa como cajetilla de cigarros porque es propicia para "ser juzgada" verdadera caje-•
tilla' de cigarros, en virtud de poseer las condiciones para

Dr...\gnstín Basavc Fernández del Valle

59

poder ser falsamente entendida. Trátase, por supuesto, de
una falsedad ontológica accidental, no esencial. La cajetilla
de cigarros de chocolate es algo verdadero como cajetilla de
cigarros de chocolate. Lo que sucede es que nuestro entendimiento finito no aprehende íntegramente al ser, porque le
falta inteligencia. Para captar el ser en su plenitud se requiere
el entendimiento absoluto. Las cosas tienen una relación
real de dependencia con el entendimiento creador. En Dios,
la inteligibilidad del ser y su intelección no son diferentes.
Pero el hombre tiene que poner en contacto, mediante la
actuación de su espíritu, la inteligibilidad del ser con la intelección cognos~ente. Conocimiento de la verdad significa,
en este sentido, la actividad espiritual contemplativa y desinteresada que se ordena a la posesión del ser tal cual es.
Por nuestra actividad contemplativa nos orientamos hacia la pura posesión de la verdad ontológica, hacia la conquista del ser. Y esta conquista enriquece al espíritu. El error
no existe en las cosas, existe en la inteligencia; no se da en
el concepto, se da en el juicio. Solo el juicio atribuye, predica
notas -constitutivas o reales- a las realidades concretas. La
certeza se ha definido conceptualmente como el "asentimiento firme fundado en la evidencia". Toda duda -me lo dice
mi intuición- sería irracional. Fundado en esta inconmovible
evidencia, San Agustín advirtió: los hombres han dudado
de todo lo imaginable. "Pero ¿ quien dudará de que él mismo
vive y recuerda y reconoce, y quiere y piensa, y sabe y juzga?
Pues aún cuando uno dude, vive : quien duda se acuerda de
aquello de que duda; quien duda reconoce que duda; quien
duda juzga que no debe dar su asentimiento a ciegas. Por
consiguiente, aunque uno pueda dudar de todas las- otras cosas, no puede dudar de las dichas, pues si ésas no fueran
reales, no poría dudar en general de algo" (De trimitate 10,
10 n. 14; ML 42, 981). Ante la evidencia del objeto queda,
pues, excluída, toda vacilación dudosa. Percibo o experimento
inmediatamente el conocimiento de un ser real, que está como
real en mi conciencia. No se trata de una conformidad entitativa, sino de una expresión conceptual de lo que realmente
es así. Mi entendimiento no tiene que convertirse en océano
para estar en aptitud de juzgar con verdad acerca del océano.
Entre el modo de ser intelectual y el modo de ser del objeto
habrá siempre una diversidad esencial. Por eso el metafísico
alemán G. Sohngen ha llamado a la verdad, relación entre
dos relaciones, esto es, entre la relación estructural ideal del
predicado y el sujeto por un lado, y la relación estructural
real, por ejemplo, del accidente y la substancia por otro (Sein

�60

Fundamento y Esencia de la Verdad
Dr. Agustín Basavc Feruández del Valle

und Gegestand, pág. 122, Münster, 1930). En todo caso, la
representación conceptual del objeto -unida a la percepción
del mismo- precede a la visión de la verdad del juicio (perceptio veritatis).
Un objeto preyacente, "trascendente" a nuestro entendimiento que juzga, rige de alguna manera el acto de juzgar.
Santo Tomás apunta que "el fundamento de la verdad del
juicio es el ser del objeto, no su verdad. Por eso dice el filó,.
sofo: una opinión o dicho es verdadero, porque la cosa es, no:
porque la cosa es verdadera" (S. th. 1 q. 16 a. 1 a d 3). Pero
lo que no dice el filósofo (Ar:istóteles) es que si hay en general verdad finita y ser finito es por una manifestación
creadora y libre de Dios. Aristóteles nunca llegó a la verdad
como participación. Nuestras verdades del mundo están marcadas por la contingencia. Un permanente misterio se entrevé
tras toda verdad mundana y finita. Se divisa un infinito
trasfondo que carece de fundamento porque está totalmente
en si mismo. Si rompiésemos esta participación se desplomaría la verdad mundana, cesando de ser verdad. Y es que
"el mundo como totalidad, y todo ser singular y todo verdad
singular intramundanos, son -como bien lo expresa Hans U rs
von Balthasar- un genuino aparecer de Dios. El signo en el
que Dios se expresa no representa obstáculo para decir lo que
quiere decir. Entre contenido y expresión no hay intervalo
porque la expresión procede totalmente de lo que se revela
y está determinada por el contenido que debe expresar. No
hay .una materia extraña en la que Dios hubiera acuñado
sus ideas: la única "materia" existente, de la cual Dios crea
el mundo, son su libre voluntad y sus externas ideas. Por
eso, en la creación, la esencia de Dios puede transparentarse
sin trabas hasta el punto de que el contemplador de las cosas mundanas puede ver el modelo a través de la imagen,
y olvidar que no lo ve directamente sino en el espejo q.e
la criatura (Pág. 262, "La esencia de la verdad", Editorial
Sudamericana). Es preciso, en consecuencia, no dejarnos seducir por la ilusión de atribuir a las cosas, como propiedad
suya, esa etarna verdad que irradian por participación en
Dios, La verdad absoluta está allende las criaturas. De ahí
esa tensión de la verdad mundana hacia la· verdad divina:
fundamentación última y suprema medida. El "por qué" de
la verdad nos remite a la voluntad divina que es, a la par,
suprema razón. La libertad de Dios es idéntica a la Ley de
la necesidad .. La libertad del hombre, sin la mano creadora de
Dios, es un "ser en la nada".
La vida humana, la vida de cada cual, ha de coincidir
con la creciente verdad que tiene por permanente trasfondo

61

y horizonte a la verdad infinita. La viva verdad mide al ser
viviente. Y esta medida es también amparo, misterio íntimo.
Estamos desnudos ante Dios. En El poseemos las criaturas
'
nuestra común verdad. En situación y en circunstancia
con-'
viviendo, nos abrimos a la verdad. ¿ Qué relación existe'entre
verdad y convivencia 1
V

Verdad y Convivencia
El yo no es un simple dato psicológico ni es un hecho
sensible objetivamente observable, ni es un¡ suma de vivencias. Hay un conjunto de actividades psíquicas que aparecen
Y desaparecen: impulsos, pensamientos1 deseos etc. Pero estas vivencias que van y viénen están referid¡s y surgen de
u_n fondo permanente y estable: el yo ontológico. Toda vivencia revela un aspecto del yo ontológico, pero el yo ontológico
no pueJe reducirse a las , vivencias (yo psicológico) porque
las trasciende. El yo "matrix" u ontológico) es el centro del
campo de la conciencia, con un altísimo grado de continuidad
e identida?· Tiene funciones, pero no es función, sino estructura consciente. Todas mis actividades físicas y espirituales tienen al "yo" como centro unitario de imputación. De ahí que
no
quepa decir que. el yo es trascendente. Trascendente sería'
, .
umcamente, el yo ideal que da sentido a la tarea y hacia el
cual se encamina la multiplicidad de actitudes.
Entregarme a la propia vocación es reconocer lealmente
mi puesto en er orden universal. Dentro de este orden las
cosas se presentan como instrumentos propicios o como obstáculos para el cumplimiento de la tarea personal. Entes y circunstancias adquieren consistencia y &lt;seriedad. El mundo se
ofrece como una adecuada disposición de cosas a su fin pero
también, como campo propicio para la resistencia a la ' vocación y como posibilidad de .fracaso.
Si yo fuese la verdad, no la buscaría. Y la busco porque
estoy h0cho para la verdad. "Busco lo positivo absoluto ( el
ser-verdad) con toda la positividad de que mi naturaleza de
hombre es capaz", expresa Sciacca. En otras palabras: la verdad integral es un punto de convergencia integral del hombre total. En este sentido cabe decir que la filosofía es, por
todos conceptos, ciencia de la realidad espiritual.
Aún antes da que mi espíritu conozca la verdad, e independientemente de este conocimiento, la verdad es. Agustinianamente hablando podemos decir que si la verdad que me
precede -eterna e intemporal- no existe más que por un
pensamiento que la piensa, "sólo un pensaminto eterno e in-

�62

Fundamento y Esencia de la Verdad

mutable puede pensar eternamente la eterna e inmutable verdad". Todas las verdades singulares que pensamos los hombres penden de la Verdad absoluta. Estas verades, aunque
interiores, nos trascienden. Porque hay una Verdad, somos
capaces. de juicios veraces.
Gomo buscadores de la verdad pura, los filósofos no son
súbditos de nada, excepto de esa verdad que se sondea para
hundirse en ella. .Amor que liberta de ataduras terrestres y
que dota al espíritu del señorío y de la dignidad que le corresponde. Renuncia purificadora que forja hombres más allá
de la caducidad y de la indigencia. Por ser una búsqueda de
la verdad, la filosofía es salutüera. Búsqueda que es preciso
insertar en el momento histórico, porque el descubrimiento de
1a verdad -sucesivo y progresivo- es hace en el tiempo.
Siempre cahe descubrir, en diversos momentos históricos, aspectos diversos de una norma universal y eternamente válida.
Cuando se afirma que nada es verdadero o que no existe la
verdad se está haciendo renacer -sin saberlo ni quererloel problema de la verdad.
Nuestro pensamiento, aunque pensamiento de un ser-enel-mundo, trasciende el mundo y se dirige hasta el fundamento mismo del universo, sin tener la pretensión de adquirir, en
el orden natural, el conoci1niento propio de Dios.
Es cierto que vamos a lo verdadero con los otros, o no es
a lo verdadero que vamos. Esto por el hecho originario y
fundamental de que vivir es convivir. Pero de aquí no cabe
concluir, como lo hace :M:aurice Merleau-Ponty, que "nuestra
relación con lo verdadero pasa por los otros", y que "yo no
pienso ni según lo verdadero solamente, ni según yo solo, ni
según el prójimo únicamente, porque cada uno de los tres
tiene necesidad de los otros dos y será absurdo sacrificárselos"
(pág. 29, "Elogio de la filosofía", Ediciones Galatea, Buenos·
Aires 1957). Una cosa es que la verdad -descubierta en la
historia- se me dé en situación y en circunstancia, y otra
cosa muy diferente es sostener, erróneamente, "que no hay
juez en última instancia". Solo d'3struyendo la noción misma
de verdad -necesaria, objetiva, universal, v·álida- -cabe seguir usando su nombre para •hacer. pactos o acomodos.
Mientras que las cosas coexisten, los hombres conviven:
En un caso se trata de simple yuxtaposición; en el otro de
comunidad amorosa. Necesito convivir para. poder vivir humanamente. Estoy ligado a los otros -mismidades personales- desde el momento en que reconozco el hecho de mi nacimiento. Y los otros, a su vez, ven en mí a "otro si mismo'·

Dr. Agust.ín Basave Fernández del Valle

63

que vive en una "comunidad fundamental de intereses y de
directivas". Atentar contra esta solidaridad es deshumanizarse y, por lo mismo, atentar contra la propia persona. Pero
ya el hecho mismo de que el atentado sea posible manifiesta
el ineliminable riesgo y la exigencia de lealtad. El futuro
es una incógnita. Y la incógnita cabe contemplarla como una
amenaza o como una esperanza.
En medio de innumerables vicisitudes banales y frente a
un extenso repertorio de posibilidades, debo elegir mi posibilidad para cumplir mi vocación y para realizar la ubicación
que me corresponde en el mundo· y con mis semejantes.

�Joseph Prescott

Joseph Prescott / EL ''STEPHEN HERO" DE JAMES JOYCE

ANTES de abandonar Irlanda en
1904, J oyce anunció que en el término de diez años escribiría
un gran libro 1. Con A Portrait of the Artistas a Young Man
(Retrato del artista adolescente) cumplió la promesa. En 1944,
tres años después de morir Joyce, Theodore Spencer editó,
con una introducción admirable, un extenso fragmento de la
primera versión de dicha obra, titulada Stephen Hero (Stephen el héroe) y aparentemente escrita entre 1901 y 1906, durante los últimos años de Joyce en el University College de
Dublin y los primeros que residió en el continente europeo.

I
Stephen Hero es un documento apasionante: franco, explícito, señalado por una plenitud de exposición que por diversos motivos Joyce negó al Portrait.
Cubriendo unos dos años en la' vida universitaria de Stephen, la parte de Stephen Hero que poseemos tiene mayor derecho de llamarse "retrato del artista adolescente" que la obra
equivocadamente dEsignada así, en la que se encara la experiencia de Stephen desde sus memorias más tempranas hasta
la juventud 2. Tal como lo señala el editor, las 383 páginas
del manuscrito coinciden con las últimas 93 del Portrait. En
ambas versiones Stephen ~s el mismo joven necesitado, arrogante y solitario. En el héroe que invitado a colaborar en la
revista universitaria pregunta "Y dígame ¿ se ·me pagará Y" 3
puede reconocerse al joven que invitado a firmar una declaración por la paz universal pregunta "¿Me va a pagar usted si
firmo 1" 4 En el héroe que esperaba "una retribución procedente del público por [sus] poemas pues cree que han de ser
contados entre los bienes espirituales del Estado" 5 puede reconocerse al joven que se adelanta para "forjar en la fragua
-64-

03

de [su] espíritu la conciencia increada de [su] raza" 6_ Y en
el héroe que "sentía m~nosprecio por la turbamulta y desdén
por la autoridad" 7, que sostenía un "mandamiento de reserva" 8, que "estaba muy solo" 9 y "sin la ayuda o la simpatía
de nadie" llevaba "una vida tan extraña" que "a veces tenía
~iedo de [síl mismo" 10 puede reconocerse al joven que per~1_!&gt;i? en forma agu~a "que era diferente de los otros" 11 , que
umcamente era feliz cuando estaba ... solo o en la compañía
de camaradas fantasmales" 12, que "estaba destinado a aprender su propia sabiduría aparte de los otros o a aprender la
sabiduría de los otros por sí mismo, errando entre las asechanzas del mundo" 13_
Resultaba notable que las juveniles preferencias señaladas por J oye~ en Stephen Hero sean tal vez más significativas
que las menc10na~as en el Portrait. A diferencia de lo que sucede en el Portant, en Stephen Hero tenemos una noticia reveladora de la devoción que Stephen sentía por dos artistas.
1\cerca &lt;le_l primero, J oyce comienza señalando que "debe decirse sencillamente y &lt;le una vez que en aquella oportunidad
Stephen adquirió la más duradera experiencia de su vida" 1.4.
Y _en_ la experiencia de Stephen, Ibsen desempeña un papel
prmc1pal, porque es al defenderlo con referencia a una comunicación sobre "El arte y la vida" - leída en la Sociedad Literaria ~ ~istórica ~el University College- que Stephen, en
su cond1c1on de artista, combate contra la autoridad por la
que siente desdén 15. Además, en marzo de 1901, a los diecinueve años, J o,vce escribió personalmente a Ibsen, alabando
"su excelsa perfección, la sublimidad de su poder personal. ..
! la _forma en que usted marchó iluminadó por su heroísmo
m~enor, mostrando una indiferencia absoluta por cánones públicos, amigos y ?.nquilosados preceptos" 16. En octubre del
mismo año, en el ensayo The Dá.y of the Rabblement (El día
de la turbamulta), J oyce escribió : "El nolano dij o que ningún
hombre puede amar la verdad o el bien a menos que aborrezca
la multitud; y el artista, aunque puede emplear la muchedumb~·e,_ tiene gran cuidado en aislars()"; señalaba que "todo mov1miento [de protesta contra la esterilidad y falsía de la escena moderna] que ha surgido heroicamente ha logrado algo"•
y hablaba con reverencia del "anciano maestro que aaoniza e~
Cristianía" 17. He eubrayado las palabras heroísmo ; heroicamente porque, escritas cuanao es presumible que Stephen Hero
ya Pstaba en proceso de gestación, indican el rumbo en que
se orientaba el pensamiento del autor por entonces: Ibsen es
un héroe y la oposición a la esterilidad y la falsía es un acto
de héroes que sirven de modelo para Stephen, el héroe.

�60

El ªStephen Heroº de James Joyce

J oscph Pl'escott

más duradera experiencia de sn vida" 23 . Aquí el autor no se
limita a re¡ristrar un hecho acerca de su personaje sino que
también, debido a su énfasis estridente, señala su propia pos1c1on. O!ras acotaciones marginales ("ha de admitirse también que" 24 , "indudablemente" 25 ) no dejan otra alternativa
al lector que prestar atención al punto de vista explícito del
autor. La frase que sirve de acotación se extiende en generalización sentenciosa. y abstracta: "Esta cualidad de la mente
que se manifiesta de tal modo es llamada decadencia ( cuando
resulta incorregible), pero si hemos de tomar en cuenta una
visión general del. .. mundo no podemos menos que ver a través de la corrupción nn progreso hacia la vida . . . Cuando un
reclamo de inteligente simpatía queda sin respuesta ... es un
ordenancista muy severo quien se culpe a sí mismo por haber
ofrecido a un necio la oportunidad de participar en el rálido
impulso de una vida más elevadamente organizada . .. Ningún
joYen puede contemplar el hecho de la muerte con extrema
satisfacción y ningún joven adaptado por el destino o por
su hermanastra la suerte como órgano de sensibilidad e intelección puede contemplar sin extremado disgusto la trama de
falsedades y menudencias que integran el funeral de un burgués fallecido" 26_

Acerca del segundo artista cuya obra era admirada por
Stepheu. J oyce comienza diciendo: l"Step~enl había hallado
en uuo de los carros de libros cerca del. no un libro que no
había circulado públicamente, el· cual contenía dos cuentos de
W. B. Yeats. Uno de ellos se titulaba The Tables of the Law
(Las tablas de la ley) ... y un atardecer, mientras hablaba
c•on un capuchino una y otra vez debió contenerse para no tomar por el brazd al sacerdote, conducirlo de un extremo al
otro del camposauto y descargarse at(evidamente de toda la
historia de The Tables of the Law, que recordaba palabra por
palabw. . . Se dió por satisfecho con llevar a Lynch alrededor
del cercado de Stephen's Green y poner muy in~ómodo ª. ese
joven recitándole el cuento de Mr. Yeats con diligente anunación .. . A menudo repetía el relato de The Tables of the, Law
y la narración de la Adoration of the Magi (Adoracion de
los magos)" 18 .
Más tarde citas procedentes de ambos cuentos son puestas en boea de Stephen 19 . Y Joyce anónimamente, da un testimonio más del ap_ego que sentía por est?s. ~uen~os_ en 1~ nota
introductora de Y eats para la primera edrn1on pnbhca: Estas
do; narraciones fueron impresas en forma privada hace algunos años. No creo que las hubiera reimpreso de no haberme
cucontrado en Irlanda días atrás con un joven, que gustaba
mucho y exclusivamente de ellas" 20 . Según un biógrafo de
Yeats 21 , el joven era J oyce.
Los protagonistas de ambos cuentos se hallan al m3:rgen
de los principios establecidos. _Los dos artistas con qmeues
Stcphen y su creador sienten af1mdad pred1~an _orgullosa_mente la emancipación con respecto a las proh1b1c1ones sociales.
Joyce-Dcdalus establece un precept_o q.ue luego Dedah1s expresará eu Ulysses: "Caminamos a traves de no_sotros ~1smos,

Como era de esperar, la tendencia a acotar alcanza un
punto culmina.~ite en un punto culminante de la emoción v en
cierta oportunidad frase y oración son elaboradas en mi'I~rgo
y tenso ensayo. J oyce ha estado refiriendo los pensamientos
de Stephen sobre el catolicismo:
"Esa especie del cristianismo llamado catolicismo le pareció que se interponía en su camino y sin tardanza la quitó de
en n¡edio. Había sido educado en la creencia de la supremacía romana y cesar de ser católico significaba para él cesar
de ser cristiano".

encontrando ladrones, espectros, gigantes, anc1~nos, Jovenes,

esposas, viudas, hermanos en el amor. Pero siempre encontrándonos a nosotros mismos"

22

Entonces, de manera casi imperceptible, J oyce cruza el
impreciso linde entre la creaciGn autobiográfia y el creador:

.

Como he dicho el carácter de Stephen es esencialmente el
mismo en ambas v~rsiones. Lo c¡ue cambia es la relación de
dicho carácter con el autor. Probablemente, ésta sea la diferencia cualitativa más importante que existe entre las dos
versiones.

Una clara ilustración de la actitud asumida . por el autor
ante su personaje en Stephen Hero la hallamos en la ya citada
frase inicial sobre Ibsen ( a quien se recordará que J oyce admiraba por su impersonalidad): "Debe decirse sencilla_m_e,nte
y de una nz que en aquella oportunidad Stephen adqnmo la

67

• 1 •

· "La idea de que el poder de un imperio es más débil en
sus fronteras requiere alguna modificación pues todos sabemos que el papa no puede gobernar Italia como gobierna Irlanda ni el zar resulta un instrumento tan terrible para los
comerciantes de San Petersburgo como lo es para los pequeños rusos de las estepas. De hecho, en numerosos casos el gobierno de 1111 imperio es más robusto en sus fronteras, e invariablemente es más robusto allí cuando su poder en el centro
disminuye. Las ondas de elevación y caída de los imperios no
se propagan con la rapidez de las ondas sonoras y transcurrirá

�68

El "Stephen Hero" de James Joyce

mucho tiempo antes de que Irlanda esté en condiciones de
comprender que el papado no pasa ya por un período de ascenso. Por su atolondrada intensidad religiosa, los rebaños
de peregrinos, guiados de manera segura a través del continente por sus pastores irlandeses, deben avergonzar a los desalentados reaccior;.arios de la ciudad eterna, así como el boqtúabierto provinciauo recién venido de España o Africa puede haber excitado la lealtad de algún sonriente romano para
quien. . . el futuro de su raza se estab;,, volviendo tan incierto
como su pasado ya se había vuelto obvio. Por una parte, es
evidente que esta persistencia del poder católico en Irlanda
debe intensific'ar grandemente la soledad del católico irlandés
que se proscribe en forma voluntaria; por otra, sin embargo,
la fuerza que debe engendrar para liberarse de tiranía tan férrea e intrincada puede ser suficiente, a menudo, para situarlo más allá de la1zona en que es posible que sea atraído nuevamente".
De regreso, otra vez en forma casi imperceptible, J oyce
pasa de sí mismo a su creación autobiográfica:
"De hecho, era el fervor mismo de su pretérita vida religiosa lo que intensificaba para Stephen las penurias de su posición solitaria y al mismo tiempo endurecía en una enemistad
menos flexible y aplacable enojos diluídos y transportes inflamados sobre los que habían actuado primeramente las sensaciones de desamparo, soledad y desesperación como influencias so1idificantes" 27.
Sólo se necesitaba una modificación del tiempo verbal para
transformar el eusayo del autor en una parte orgánica de la
experiencia de Stephen. Pero el juvenil Joyce aún no se había desprendido sr,ficientemente de sus propios sentimientos
y pensamientos para transferirlos a su no mucho más juvenil
creación. En otras palabras, fracasó en el intento de alcanzar
la "estabilidad (stasis) estética'.' 28 que Stephen considera esencial para el éxito de la obra de arte. "Como el Dios de la creación
-dice Stephen en el Portrait-, el artista permanece dentro, o
detrás, o más allá, o por encima de su obra, trasfundido eva29
porado de la existencia, indiferente, arreglándose las uñas" .
En Stephen Hero se percibe por todas partes una entonación turbulentamente rencorosa de adolescencia que inspira
al lector fastidio por la ''parálisis irlandesa" 30, efecto "cinético" que según la estética de Stephen conduce a un arte inadecuado 31 . De hecho, podemos decir del autor de esta primera versión lo que él dice de su personaje titular: "Le resulta difícil obligar a su mente a conservar la exacta temperatura del clasicismo" 3 2 .

G9

Joseph Prescott

En cambio, desde el comienzo hasta el fin, en el Portrait
1~0 hay un solo com~ntario o generalización; de manera particular, cada pensamiento y cada s,mtimiento es propio de Stephen. Cierto es que el autor de vez en cuando se expresa como
a~tor 33 , pero ja~~~ comenta. "Era el espíritu mismo del prop10 !bsen --:-;-cscrib10 J oyce en Stephen Her0- el que se disc~rma moviendose tras la manera impersonal del artista" 34;
cierto es, nuevamente, que así se discierne el espíritu mismo
del propio J oyce, moviéndose tras la impersonal manera del
artista del Portr-a.it. Pero el hecho de que sea discernible no
se halla reñido con la invisibilidad del Dios de la creación
detrás de su obra.
.A esta altura, la evolución de la novela de Joyce adquiere
un mterés que va más allá de sí misma, pues la historia de
esta novela repite la historia del género. El cambio que se obser-rn de Stephen Hero al Portrait refleja el avance desde la
nonla del conductor manifiesto y partidista hasta la del director invisible e impersonal.

II
_Sin embargo, el lector no sólo interrogará acerca de la
medid~ en qu_e Step~en _Hero en general se parece al Portrait
o se diferencia de el, smo que también se preguntará sobre
lo qu~ revela acerca de la obra de J oyce en conjunto. Y a he
menc101~.ado el carác_ter explícito de la primera versión, y la
econonua del Portra1t es asunto de público conocimiento. Tal
como lo señala Spenccr, Stephen Hero esclarece oscuridades
de otras obras de Joyce e ilumina el desarr.ollo de Jovce como
artífice.
·
. _.A. los ejemplos de esclarecimiento citados por Spencer,
qms1era ag~egar unos pocos que puntualizan la economía, a
veces excesiva, de J oyce.
. Apenas ha re~usado firmar un petitorio por la paz mundial -en el Portra1t-, Stephen Dedalus se burla de un amigo:
"-:-~ora que has firmado la petición por la paz universal -diJo Stepher:.- supongo que quemarás ese librito de instrucciones qu~ vi en tu cuarto".
. En Yista d.-i que Davin no contestaba, Stephen comenzó a
CJtar:
. "-¡ Paso largo, fianna ! ¡ Inclinación a la derecha, fianna !
¡ F1anna, saludo por números, uno, dos ... !
. ":-Esa, es otra ~uestión -dijo Davin-. Soy un nacionalista ulandes, en pnmer lugar y por sobre todo. Pero ahí estás de cuerpo entero. Eres un escarnecedor nato, Stevie".

�70

Joseph Prescott

El "Stephen Hero" de James Joyce

"-Cuando emprendas la próxima rebelión con palos de

hockey -dijo Stephen- y se necesite el indispensable delator ,avísame. Puedo hallarte unos cuantos en este colegio" 35 .
Veinticinco páginas antes el le~tor se enteró de que Davin
había asistido a un partido de hockey 36 • Sesenta páginas después, habiendo encontrado a Davin en una cigarrería, Stephen
anota en su diario : "Llevaba un jersey negro y tenía un palo
de hockey. . . En aquel mismo momento llegó mi padre ...
Preguntó a Da,,in si quería tomar un refresco. Davin no podía
porque debía ir a una reunión" 37 . De palos de hockey no se
dice una palab!.'a en el Portrait. Por lo tanto, puede esperarse
que el l ector vea en la observación de Stephen una burla manifiestamrnte desdeñosa inspirada por la asociación -cuya pertinencia no resulta clara- de Davin con el hockey. Pero detengámonos en un pasaje de Stephen Hero bastante importante como para ser citado con alguna extensión:
"Los viernes por la noche las reuniones [de los nacionalistas] eran públicas y estaban patrocinadas principalmente
por sacerdotes. Los organizadores reunían informes de diferentes distritos .. . al llegar la hora de que la asamblea ·se disolviera todos. se levantarían y entonarían el Canto de Reunión ... El círculo suyo [de cierto ciudadano] era el centro
separatista y en él reinaba una disposición implacable. Tenía
su cuartel general en la cigarrería de Cooney. . . Madden, el
capitán del equipQ de hockey, informaba al círculo acerca del
estado atlétieo de los jóvenes implacables que estaban a su cargo ... [A los ' ojos de 'estos entusiastas'] un inflamado ejemplo
para Irlanda había de hallarse en el caso de Hungría, el ejemplo -imaginaban los patriotas- de un minoría por largo tiempo sufriente, autorizada por todos los derechos de raza y justicia a una autodeterminación, que finalmente se emancipaba.
Emulando tal hazaña, grupos de jóvenes irlandesr.s contendían
sanguinariamente en Phoenix Park con apaleadores bastones .
de hockey, bien armados en su justo lance puesto que el Ungido les había bendecido su revolución . ..
"Un día Stephen le dijo a Madden:
"-Supongo que estos partidos de, hockey y estas caminatas son preparativos para el gran acontecimiento.
"-Actualmente, en Irlanda sucede más de lo que adviertes.
"-Pero ¡, de qué sirven los camáns [palos de hockey] ?
"-Bien, verás; deseamos mejorar el físico del país" 38.
Con un punto de referencia tan claro y explícito -que

)

71

debe haber sido tenido en cuenta por Joyce al escribir el Portrait-- el romo aguijón de Stephen se aguzaría y afilaría.
Y ahora, dos bn,ves ejemplos tomados de Ulysses. En la
escena de la biblioteca Stephen reflexiona: "¿Dónde está tu
hermano ? Salón de boticarios. Mi agudeza. El, después Cranly, :Mulligan; ahora éstos 39 . En la escena del prostíbulo, Stephen llama a la gorra de Lynch "¡Aguzadera!" 40 . El lector
hurgará en vano Ulysses y también el Portrait buscando una
explicación, pues la explicación se encuentra en Stephen Hero,
en el que "Stephen hallaba muy diestro a ;¡faurice [su hermano] para plantear objeciones" 41 .
En el segundo ejemplo procedente de Ulysses, un pasaje
que tiene un sentido bastante satisfactorio sin apóyarse en ninguna explicación ulterior es enriquecido por Stephen Hero con
una asociación nueva y de manifiesta pertinencia. En la escena del prostíbulo, el uso que Lynch hace de la palabra "palmeta" provoca la alucinación del padre Dolan del Clongowes
Wood College, al que había asistido Stephen siendo niño: "Dos

veces cruje ruidosamente una palmeta, el ataúd de la pianola
se abre, y la pelada cabecita redonda del padre Dolan salta
como un muñeco de resorte (Jack-in-the-box)" 42. La imagen inmediata de la cabeza del sacerdote emergiendo de
improviso de la pianola, tal como he indicado, es suficiente
justificación para la figura del muñeco de resorte. P ero, como
sabemos 43 , r?petidamente las alucinaciones en la escena del
pros~íbulo se fundan sobre la realidad. Es Stephen quien tiene
la vi:,ión de la caboza del sacerdote, y Ulysses no contiene indicio alguno de su origen. La explicación plena de lo que por
cierto debe haber sucedido en la mente de Joyce al escribir
este pasaje ha de encontrarse en Stephen Hero:
"La madre [de StephenJ le contó cierta vez que había hablado de él con su confesor, pidiéndole su asistencia espiritual.
Stephen se volvió h«cia ella y le censuró acaloradamente por
haber hecho tal cosa:
"-1\fuy lindo -dijo-. Que vayas y discutas acerca de
mí a mis espaldas. ¿No cuentas con tu propia naturaleza para
que te guíe, tu propio sentido de lo que está bien. sin que tengas que ir a rierto padre Juan Muñeco (Jack-in-the-Box) para
pedirle que te guíe?" 44.
En verdad, hay recuerdos que son transferidos del Portrait
a Ulysses sin explicación alguna, y acaso no sea posible llegar
a comprender su significado pleno sin recurrir a la obra precedente. El procedimiento puede justificarse porque a su ca-

�72

El "Stephen Hero" de James Joyce

rácter concierne, Stephen se encuentra en lo que es una secuencia de dos novelas, de modo que es lícito esperar que el
lector conozca la primera antes de comenzar la segunda. · Justificación que equivale a reconocer que Ulysses, en lo que respecta a Stephen, no constituye un todo artístico; pero sí, al
menos, una justificación. No obstante ¿qué motivo formal, incomprensible, puede basarse en una obra que el autor, considerándola juvenil 45, no perisaba publicar 1 Acaso pueda sostenerse que los puntos ciegos ocupan un sitio legítimo en la
intelección de una mente ajena. Pero, puesto que hubo explicaciones para estos puntos particulares, seguro que la ceguera
es aquí un mal innecesario.
Como ya se indicó, Stephen Hero no sólo elucida pasajes
Je otras obras de J oyce; también prefigura la ulterior actividad de J oyce; en particular, el desarrollo de su artesanía.
Una breve descripción del Tío John de Stephen bien puede contener el germen del cuento titulado "The Boarding House" ("La casa de huéspedes"), incluído en Dubliners: "Uno de
los tíos de los muchachos era un asmático desgreñado que en
su juventud fué algo imprudente con la hija de la casera y a
duras penas había aplacado a la familia con un tardío -casamiento" 46.

Joseph Prescott

73

turnbró a que en el mismo momento de su aparición las sensa~iones e impresiones fueran registradas y analizadas delante
de él [por Stephenl" 51 . El hábito introspectivo, ilustrado varias veces en el Portrait 52, es una base adecuada desde la cual
Joyce posteriormente ha de hallar análogos el monólogo interno de Les lauriers sont coupés de Dujardin y las indagaciones de los psicólogos modernos.
En la temprana época de Stephen Hero también se prefiguran los experimentos de Joyce con el lenguaje. Stephen
"componía sus versos, no palabra por palabra, sino letra por
letra. En Blake y Rimbaud l~ía acerca de los valores de las
letras, y hasta alteraba el orden de las cinco vocales y las combinaba a fin de componer gritos para emociones primitivas" 53 .
Uno solo, entre in~ontables pasajes de Ulysses, bastaría para
destacar la importancia que tal experimento tiene en la obra
ulterior de J oyce:
"Escuchad: el tetraverbal discurso del oleaje: seesú, jrss,
rsseeiss uuos. Vehemente aliento de las aguas entre serpientes marinas, caballos encabritados,rocas. En recipientes rocosos se derrama: altea, vierte, golpetea: flop, slop, slap; embalado en barriles. Y, agotado, su discurso cesa" 54.

La observación de Stephen de que "un hombre podría pensar con intervalos de siete años y de repente escribir una
cuarteta que lo inmortalizara, sin preocuparse por ello aparentemente" 47 y una referencia incidental a "ciertos versos
inflamados que tituló Vilanela [sic] de la Tentadora" 48 parecen constituir el germen del relato maravillosamente vívido
que se hace en el Portrait de la creación de una "villanela" 49 .

La vigorosa escena en que el impulso a fornicar con Emma
Clery e, inmediatamente después, la muerte de la hermana imponen al artista de la contradicción entre belleza y mortalidad 55 ya sugiere al ulterior maestro de la técnica de yuxtaposición para obtener el efecto de simultaneidad; breve muestra, eu el extenso número de pasajes que emplean dicho mé• todo, es este peusamiento de Bloom: "Perdón, señorita, tiene
una ( ¡ pff !) nada más que una (¡ pff !) pelusita" 56 .

Nuevamente, la técnica de un episodio íntegro de Ulysses
es bosquejado en el siguiente pasaje:

III

"Stephen maquinó para el catecismo pseudoclásico la pregunta y la respuesta siguientes:

"Pregunta.-¿ Qué gran verdad aprendemos en las Escanciadoras de libaciones de E3quilo 1
"Respuesta.-En las Escanciadoras de libaciones de Esquilo
aprendemos que en la antigua Grecia hermanos y hermanas
calzaban zapat0s de igual medida" 50.
'

Aquí, de manera ,embrionaria, está la técnica del penútimo episodio ele Ulysses en forma más explícita que en cualq1~ier parte del Portrait. Nos enteramos que "Cranly se acos-

Tal como es, juvenil e incompleto, Stephen Hero debe constituir una contribución substancial al renombre de J oyce. Si
como hemos dicho en otra ocasión 57 Finnegans Wake privó a
J oyce de algunos lectores, Stephen Hero puede servir para recordarnos dos cosas. Primero, que las primeras obras de Joyce
son sumamente legibles, incluyendo entre ellas -para el público que se formó en una literatura principalmente producida
bajo su influencia- la mayor parte del Ulysses. Segundo, que
J oyce, prototipo del artista exilado, estaba paradójicamente
destinado -tal como lo insinúa esta obra juvenil- a convertirse en uno de los voceros de su tiempo.

�El "Stephen Hero" de James Joyce

74

Al considerar los comienzos del siglo, el Renacimiento Irlandés 58, la forma de la novela, la instauración del drama
moderno y asuntos tan perennes como la psicología del artista
y de la obra de arte o la relación del individuo con las instituciones familiares, escoláres, eclesiásticas y estatales, Stephen
Hero requier e, no sólo la atención de los admiradores de J oyce,
sino la de todos los que se inter esan por la historia de la formación del pensamiento moderno.
(Traducción de James Rest)

Wayne State Unlverslty, Detrolt, Mlchigan, E. U.

Joseph Prescott
10.- lbíd., p. 197.
11.- Portralt, p. 71.
13.- IbW., p. 188.
13 -lbíd., p. 188.
14.-- Stephen Hero, p. 40.
15.- lbíd., pp. 89 y

1.- HERBERT GORMAN. James Joyce, New York y Toronto, 1939, pp. 127,
128. Cf. JAMES JOYCE, Ulysses, ed. de la Modern Library, p. 2'4_6.
(Para la versión castellana de este último pasaje, véase la traducción
de Ulises de J. Salas Sublrat, Buenos A1res, 1945, p. 2 5: "Dentro de
diez afios . . . Va a escribir algo para dentro de diez afios''. N . .del T.)

2.- Hay veinticinco páginas del manuscrito que no se hallan Incluidas
en el Stephen Hero publicado bajo la dirección editorial de Theodojre
Spencer (New York, 1944): estas páginas pertenecen al sefior J ohn
J. Slocum y están depositadas en la bibliote&lt;;a de la Universidad de
Yale; han sido descritas por John J. Slocum y Herbert Cahoon en A
Blbliography of James Joyce (1882-1941), New Haven, 1953, p. 136.
Que A Portralt of the Artist as a Young Man es un titulo erróneo
ha sefialado por el profesor G. H. Maynadler en una conversación que
sostuvo conmigo en 1934; para una apreciación similar, cf. ARLAND
USSHER, Three Gret Irlshmen: Shaw, Yeats, Joyce, London. 1952,
p. 132, nota l.
3.- Stephen Hero, p . 182.
4.-

5.-

16.- GORMAN, p. 70.

Stephen Hero, p. 202.

Stephen Hero, pp. 176-178.

19.- Ibíd., pp. 178, 192.
20.- The Tables of the Law y The Adoration of the l\lagl, London, 1904,.
En The IJay of the Itebblement Joyce llama a The Adoratlon of the
Magl " un cuento que uno de los grandes escritores rusos pudo hab~
compuesto". (Two Essays, p. 8.)
21.- JOSEPH HONE, W. B. Yeats, New York, 1943, p. 184.
22.- Ulysses, p. 210.
23.-

Stephen Hero, p. 40.

24.- Ibíd., p. 111.
25.-

Ibícl., p. 146.

26.-

lbícl., pp. 37. 83, 168.

27.-

lbi(l., pp. 147-148.

28.-

Portrait, p . 241.

29.- Ibícl., p. 252.
30.-

Stephen Hero, p. 211.

3Í.- Portrait, p. 240.

32.-

Stephen Hero, p. 210.

33.- Portralt, pp. 65, 70.

34.-

Stephen Hero, p. 41.

35.- Portralt, p. 236. [Fianna, en gaél!co, significa "soldado". N. del T.]
36.- Ibi&lt;l., pp. 211-212.
37. - lbíd., p . 296.

6.- Portrait, p . 299. En Ulysses, p. 629, oímos nuevamente: (Irlanda debe
de ser Importante porque me pertenece".

38.- Stephen Hero, pp. 61-62.

7.- Stephen Hero, pp. 122-123.

39.-

8.- Ibíd., p. 124.

40.- lbíd., p. 493.

9.-

•

JAMES J07CE, A Portralt of the Artlst as a Young Man, edición de
la Modern Llbrary, p. 229. Posteriormente, en Ulysses, p. 17, cuando
Raines expresa su Interés por coleccionar los dichos de Stephen, éste
pregunta: "¿Le sacaría yo dinero a eso?" rPara una versión espafiola
del Portrait, véase JAMES JOYCE, El artista adolescente. (Retrato;),
traducción de Alfonso Donado (pseud. de Dámáso Alonso), Buenps
Aires, 1938. N. del T.]

SS.

17.-F. J. C. SKEFFINGTON ANO JAMES A. JOYCE, Two Essays, Dubli¡n,
s. f. , pp. 7-8, el ensayo de Joyce está fechado el 15 de octubre de
1901. rEI "nolano" referido en el texto es Giordano Bruno, natural
de Nola, en el norte de Ital!a; al respecto véase lo que dice Harry
Ltvln en James Joyce: a critical lntr0&lt;luctlon, London, 1944, o. 101102: "Recordamos que fué "el nolano" quien apadrinó el primer panfleto de Joyce, The Day of the Rabblement, y favoreció la estudiantil
herejía de Stephen en el Portrait ot the Al'tist. Fué el mismo Bruno
quien comparó su propio martirio con el de Icaro, del flgliuol di Dedalo ll fin rlo, y quien atribuyó todo su sistema metafísico a la causa eficiente de un artífice interno". N. (lel T.]
18.-

NOTAS:

75

lbÍll., p. 161.

Ulysses, p. 208.

41.- Stephen Hero, p. 36.

�76

El "Stephen Hero" de James Joyce

42.- Ulysses, p. 547. [La asociación del padre Dolan con la palmeta procede del primer capitulo del Portralt, en el cual el sacerdote castiga
a Stephen con tal instrumento. N. del T.]

NOTICIAS

43.- Cf. STUART GILBERT, James Joyce's mysses:A Study, New York, 1952.
pp. 307 y siguientes.
44.- Stephen Hero, p. 209. Para otra 'b urlona ecuación con el confesonario
(confesslon box), cf. Ulysses, p. 554: "Queens lay with prlze bulls.
Remember Passlpp,ae (sic) for whose lust my grandoldgrossfather
made the flrst confession box" ("Las reinas se acuestan con toros
premiados. P.ecuerden ·a Pasifae por cuya lujuria mi obsceno tatarabuelo hizo el primer confesonario". Trad. de J. Salas Subirat).
45.- THEODORE SPENCER, "Introduction", Stephen Hero, p. 8, citando
al secretario de Joyce.
46.- Stephen Hero, p. 166.
47.- Ibid:, p. 185.
48.- lbÍll., p. 211.
49.- Portralt, pp. 254-263.
50.- Steplien Hero, pp. 192-193. [Stephen seguramente alude al episodio
de Las Coéforas -Libatlon-Pourers dice Joyce- en el que Electra,
tratando de establecer la procedencia de un rizo puesto como ofrenda
en la tumba de su padre Agamemnon, comprueba que ha sido dejado
por su hermano Orestes al descubrir la huella de un pie que coincide
exactamente con el de ella en forma y dimensión. N. del T.]
51.- Ibld., p. 125.
52.- El imaginarlo sonido de una vara "le daba un estremecimiento, pero
era porque se siente un estremecimiento cuando se baja uno los pantalones" (Portrait, p. 47). La palabra vino "le hacia a uno pensar
en el color púrpura oscuro, porque las uvas tenían ese color en Grecia, creciendo en la parte exterior de casas semejantes a blancos templos" (lbÍll., p. 49).
53.- Stephen Hero, p. 32.
54.- "Listen: a fourworded pavespeech: seesoo, hrss, rsseelss ooos. Vehement breath of waters amid seasnakes, roarlng horses, rocks. In cu¡ps
of rocks it slops: flop, slop, slap: bounded In barrels. And, spent, its
speech ceases" (Ulysses, p. 50). [Para la traducción, hemos seguido
la versión de Salas Sublrat, con ligeras modificaciones, N. del T. 1
55.- Stephen Hero, pp. 162 y ss. En la vida de Joyce, fué un hermano el
que murió. "En la primera versión de la novela, este ntiílto se ha
convertido en una hermana" (PATRICIA HUTCHINS, James Joyce's
Dublln, London, 1950, p. 62). De este modo, Joyce ha acrecentado
el drama de la muerte as! como la contradicción entre belleza y mortalidad. Cf. Portralt, p. 199: "y de una nifia, y sellad&lt;,&gt; con el prodigio de la belleza mortal, su rostro".
56.- Ulysses, p. 82.
57.-Articulo "Joyce, James", en la Encyclopaeclla Brltannlca, 1947 y ediciones posteriores.
58.- [Se llama Renacimiento Irlandés al movimiento cultural - particularmente de resurgimiento y renovación literaria- que se desarrolló
en Irlanda a fines del siglo XIX y comienzos del XX, del que fuerdn
figuras principales W. B. Yeats, Douglas Hyde, Lady Gregory, George
Russell (A. E.), Lionel Johnson, John Eglinton y, posteriormente, .J.
M. Synge y (de manera menos estricta por lo que respecta a los eiementos específicamente célticos) George Moore, N. del T.]

• El Arquitecto Joaquín A. Mora, Nuevo Rector de la
Universidad. Con fecha 29 de septiembre, el señor Gobernador constitucional del Estado, licenciado Raúl Rangel Frías,
expidió nombramiento de Rector de la Universidad de Nuevo
León al señor arquitecto don Joaquín A. Mora, catedrático
de la Facultad de Arquitectura y fundador de la misma. Este
nombramiento, considerado por los universitarios nuevoleoneses como arertado y prudente, vino a llenar el hueco que se
dejaba sentir desde la ·separación del ingeniero Roberto Treviño Gonzál~z, antes de cumplirse su período rectoral que por
ley termina por estas fechas.

Al día siguiente, martes 30, fue celebrada una solemne
ceremonia, con asistencia de los señores miembros del H. Consejo Universitario, en el recinto de la Rectoría universitaria,
a las 11 horas, en la que el señor licenciado Roque González
Salazar, que había fungido como Rector interino de la Casa
de Estudios, hizo la resentación del nuevo funcionario quien,
posteriormente, dirigió breves palabras a los presentes para
recibir luego las felicitaciones de todos ellos.
Uno de los primeros acuerdos del Rector :Mora fue el de
reiterar su confianza y ratificar su nombramiento al licenciado González Salazar quien, en lo sucesivo, continuará al frente
de la Secretaría General de la Universidad. Los problemas de
la Institución, que pasa por una de las más duras situaciones
económicas de su historia, serán conocidos en su esencia y gravedad por el nuevo funcionario, en la misma medida en que el
tiempo transcurre, antes del presente año lectivo que toca ya
a su fin. Y las visitas asiduas a las facultades y escuelas se
sucederán, según las buenas intenciones del Rector, con el
objeto d&lt;&gt; conocer objetivamente el funcionamiento y las necesidades reales lle cada una de las dependencias universitarias.
El mismo día, el Rector Mora recibió a una numerosa comisión &lt;le alumnos de la Facultad de .Arquitectura, quienes
pusieron en sn conocimiento la aflictiva situación de esa ins-

77 -

�78

Noticias

titu~i?n . que ~a~·ece, hasta hoy, de un local api:_opiado y de
mob1hano suficiente para el desarrollo de sus tareas docentes.
Este es uno de los primeros problemas que el nuevo Rector
habrá de resolver, en vista de su iJI1portancia.

Breve biografía.-El arquitecto Joaquín A. Mora nació
en Velardeña, Durango, el 21 de agosto de 1906. Hizo sus estu~ios primari?s en Torreón, 0oahuila, y realizó los preparatonos y profesionales de Arquitecto en la Univrsidad de Texas
donde recibió su título profesional en el año de 1931. Ha di~
rigido ~rabajos diversos propios de su profesión en las principales cn:dades del norte de la República, así como en importantes cmdades de los Estados Unidos.
Desde hace más de 26 años radica en la ciudad de Monterrey, donde h~ ejecutado sus mejores obras, así de arquitectura como de pmtura. Es fundador de la Facultad de Arquitectura: instituída en el año de 1946 como curso dentro de la
F'.acult~d d~ I~geniería, y elevada a la calidad de dependencia u111_ver~1~ana en 1948. Fue, además su primer director,
cuyo eJerc1c10 se prolongó por varios años y actualmente es
catedrático de la misma.
Puede decirse que el arquitecto Mora es uno de los más
eminentes acuarelistas mexicanos. Ha presentado sus obras en
la Feria Mundial de 0hicago, en Austin y San Antonio Texas
Y n~~m·osas ocasi_ones en la ciudad de Monterrey, bajo lo~
ausp1c10s de la Umversidad de Nuevo León. Actualmente está
empeñado en la ilustración de una edición de lujo de la obra
cervantina "El Ingenioso Hidalgo Don Quijot~ de la Mancha".

• El Cine-Club Universitario de Nuevo León ha nacido.
"Imagma
. d una caverna y, en esta caverna, unos hombres encadenados desde la infancia, sin posibilidad ninguna de moverse ni de voltear la cabeza, y no pudiendo ver más que los
obj~tos situados frente a ellos. Detrás, a cierta distancia y
a cierta altura, está un fuego, cuya luz les alumbra. Entre
el fuego y los cautivos hay un camino áspero, escondido por
un tabique parecido al que los charlatanes ponen entre ellos
Y los espectadores, para ocultarles el ruego y los resortes de
las maravillas que les enseñan ... En este corredor pasan figuras de hombres y de animales. . . cuyas sombras ~an a pintarse en el fondo de la caverna". Este mito, de la Caverna
de Platón, es bastante conocido para que tengamos que insistir'.
Lo interesante es que prefigura este espectáculo nuevo que
llamamos: EL CINEMA. El filósofo griego no podía pensar

79

Koticias

que un día las imá!!'encs de su dialéctica encontrarían una
'
'
..
realización tan acabada y que atraería con tanto entusiasmo
a la gente del mundo entero.
'--'

..

Pero entre los miles de kilómetros de película que el cine,
(para llamarle por su nombre común) nos ha dado, la selección no es fácil, y sin embargo esta selección es el primer
propósito de un Cine-Club, desde que existen cines-clubs, es
decir desde 1922, fecha en la cual se crearon grupos de personas reunidas para ver películas y hacer colectivamente el análisis y la crítica de ellas. La idea se desarrolló rápidamente
y numerosos grupos de este tipo se consagraron, primero, a la
proyección de obras de vanguardia o prohibidas por su contenido político o social. Revelaron así obras como "EL GABI·
NETE DEL DR. CALIGARI" de Robert Wiene, las obras vanguardistas de Buñuel ("EL PERRO ANDALUZ"), de Ge'rmaine Dulac, Man Ray., y las películas soviéticas prohibidas "EL
ACORAZADO POTEMKINE" de Eisenstein y "LA. MADRE"
de Pudovkine. Pero en 1936, los C.C. buscaron y adoptaron una
fórmula nueva que es la actual, en vez de presentar únicamente obras prohibidas o de un purismo no comercial, quieren revelar a los aficionados los clásicos del cine. La palabra "clásico" no implica solamente una idea de excelencia. Los clásicos de la literatura, -para no hablar más que de ellos-, no están
exentos de toda clase de críticas y de comentarios. Es que la
palabra designa también las obras que presentan ciertos caracteres de ae¡abamiento formal, el cual les permite sufrir la prueba del tiempo.
Pero desgraciadamente "l~s fines de un Cine-Club no siempre son bien comprendiqos. Incomprensión del público, de algún s,ector del comercio cinematográfico y por qué no también,
de la crítica que puede juzgarlos. Si es común medir la labor
de un Cine-Club por el número de obras que estrena o por las
novedades hay que buscarlas en el extranjero y pagarlas a precio excesivo para un circuito reducido que no es comercial.
La programación de un Cine-Club, no es obra del capricho. No
existe libertad total de elección en lo que se muestra. ·No todo film que se destaca en la historia del cine es conseguible, ya
sea obtenido en préstamo, alquilado ni aun comprado. . . Lo
fundamental. . . . es hacer de cada programa una oportunidad
de que se reconzcan aspectos fundamentales del arte y la historja del medio cinematográfico. . . . Superar el simple deleite o
el rechazo personal del público por un espectáculo, para descubrirle al novato todo aquello que suele no ver en una película;
enterarlo de las ideas que mueven este arte, los valores en los

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Noticias

cuales se realiza, la influencia que ejerce en el medio social".
( Gaceta Universitaria.- Montevideo).
Estos son los proyectos del joven Cine-Club de la Universidad de Nuevo León. La tarea es ardua, pero no imposible para jóvenes decididos a darle el toque de perfección. Pero un Cine-Club no se forma para presentar, los últimos adelantos de la técnica, sino para formar el buen gusto cinematográfico de sus miembros. Las películas anunciadas aquí, tienen un valor histórico y artístico incontestable, puesto que se
habla de "EL ACORAZADO POTEMKIN", de "DTA DE FIESTA", de "LOS HIJOS DEL PAR.A.ISO", de "LA RED", de
"LOS TIEMPOS MODERNOS", de "EN ALGUN LUGAR DE
EUROPA", de "PAISA", de "CITIZEN KANE", etc., etc.
Y como en la palabra Cine-Club, hay la palabra
"CLUB", estas proyecciones serán otra cosa que funciones a
las cuales va cualquiera persona, más o menos indiferente, acostumbrada a ir al cine tal día a tal hora, sin preocuparse ni siquiera del programa. Un Cine-Club es un grupo de miembros
reunidos por la aficción al buen cine (y cuando digo bueno, no
me importan las consideraciones morales, sociales ·o políticas).
Una función en un verdadero Cine-Club se desarrolla así : presentación, proyección, discusión. No quiero esperar que lleguemos inmediatamente a esta trinidad. La presentación será siempre corta, y la discusión hlexistente. A lo menos al
principio, pero con la esperanza de ver rápidamente el Aula
l\Iagna de la Universidad teatro de discusiones apasionadas sobre la decadencia del juego de Orson Wells,· el mérito de la fotografía de Figueroa, o el realismo de René Clair....
En espera de eso, la primera función del Cine-Club
Universitario de Nuevo León, fue de las más calmadas, lo que,
no quiere rlecir, de las más corrientes. Al contrario. La
obra escogida, "LA SAL DE LA TIERRA" de Herbert Bibermann, pero reaJizada en Nuevo México, con actores en gran
parte 110 profesionales, abrió honorablemente la temporada.
Aunque haya mucho que decir sobre una obra cuyo primer mérito e~ plantear cierto problema social, interesante, sin poseer
las cualidades de imparcialidad y la sobriedad de expresión necesarias. La puerrlidad de ciertas situaciones, sin embargo,
no consigue hacer olvidar la fuerza intensa y el equilibrio de la
fotografía, ni el admirable movimiento de la multitud al final
de la obra.
Primeros pasos, primeras experiencias. Deseamos al
Cine-Club de la Universidad de Nuevo León, el éxito y la larga
vida que merecen el entusiasmo, la decisión y el espíritu de novedad.

Yoticias

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• Supimos demasiado tarde para hablar de ella en el último número de nuestra revista, la muerte del gran escritor
francés ROGER MARTIN DU GARD, Premio Nobel de Literatura ocurrida el 22 de Agosto. Hemos pedido a nuestro
colabo~·ador, Serge P. DARMON, hablarnos de una de las figuras más destacadas de la literatura de su país.
ALBERT CAl\lUS escribe, (1) "Roger MARTIN DU
GARD pensaba que un escritor debe al público su obra y no su
persona... . debemos obedecerle, por gratitud y por afección;
callarse sobre él, sin olvidarle, y no hablar más que de su obra".
La gran discreción que guardaba sobre su vida privada, no
nos hubiera dejado, de toda manera, hablar de este ho1;llbre,
cuyo nombre "no significaba solamente... la grandeza literaria, el don excepcional de recrear la vida y de fijarla en Yastas novelas: siimifica también la lucidez valiente frente a sí
mismo y al prójimo, la honestidad intelectual llenada hasta
su colmo, la dignidad y la independencia del carácter, en fin,
todas las virtudes que hacían de este admirable escritor, un
hombre la mar de raro y cuyo ejemplo ponía, como un remanso
de pureza, en nuestra época turbada". (2)
La obra de Roger MARTIN DU GARD, se extiende, en
sus manifestaciones culminantes, de 1913 a 1940, atravesando
así, dos guerras. La primera novela "JEAl~ BAROIS" publicada en 1913, pero que tuvo su influencia, solamente en la
post-guerra hecha de diálogos y de correspondencias, es la
condenació~ lúcida de una generación y de un mundo "fin de
siglo". Un intelectual cristiano, en medio de los torbellinos
del caso Dreyfus, pierde la fe de su infancia, combate a la
Iglesia, se suscribe a los :tJrincipios del materialismo científico,
para volver por fin a la religión bajo la influencia de la enfermedad, y de su hija hecha monja. En esta historia "a la
manera de Paul Bourget", la discusión ideológica y religiosa
ocupa todavía un lugar preponderante.
Las cosas van a cambiar, o a lo menos a evolucionar, a lo
largo de los ocho tomos de una novela que dio a Roger MARTIN DU GARD la notoriedad. En 1922, aparece "El Cuaderno Gris" primera parte de "LOS THIBAULT". Con "JUAN
CRISTOB.AL" de Romain Rolland, "EN BUSCA DE TIEMPO
PERDIDO" de Proust, "LOS HOMBRES DE BUENA YO(1)

"Le Fígaro Litteraire" 30 de Agosto de 1958.

(2)

J ean Rostand.-

idem.

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Noticias

LUNTAD" de Jules Romains, "LOS PASQUIER" de Georges
Duhamel, el principio del siglo XX nos ha acostumbrado a
esos ciclos novelísticos hechos de la pintura de cierto medio y
de cierta época, ciclos de och~ a diez volúmenes que mantienen con dificultad en sus límites, el hervor de la vida. Sin
embargo "LOS THIBAULT" marcan una nueva orientación
entre estas novelas densas y profundamente esculpidas, a pesar de su monumental tamaño : es la primera serie centrada,
no como "JUAN CRISTOBAL", por ejemplo, en la vida de un
solo individuo, sino en la historia de toda una familia. Historia que permite, a través de los actos y de los pensamientos de
sus protagonistas, estudiar el comportamiento de distintos elementos familiares nacidos del mismo tronco : Osear Thibault,
burgués católico, duro, orgulloso y obstinado en los prejuicios
de su clase, cuya rigurosidad aparece en los dos hijos Antonio
y Juan, pero con matices netamente opuestos. Esta pintura
de la vida de una familia burguesa, durante los primeros años
del siglo Roger MARTIN DU GARD, supo hacerla con un realismo precios que n5&gt; fue, i:iomo el de Zolá, a buscar la justificación de su grosería en un exceso de precisión. "Pocos novelistas presentaron la verdad de las costumbres y de los caracteres, de una manera tan inmediata, tan exclusiva de símbolo,
y cultivando con tanta suerte la verosimilitud y la crequlidad" (1), sabiendo escoger entre las inumerables posibilidades
del estilo, el tono más adecuado para crear una atmósfera, o
divagaciones morales: presenta personaj es en acción, bien diferenciados.- Sin embargo, y a pesar de la seducción de una
narración hábil, de un sentido dramático profundo, el principal interés de "LOS THIBAULT" está en el problema religioso que dirige a este vasto conjunto. Oposición entre un protestantismo caritativo, bondadoso y expansivo ( el de uno de
los personajes, Madame de Fontanin), y el catolicismo orgulloso, seco y riguroso de Osear Thibault. Sin que haya aquí un
intento de apología del protestantismo, las preferencias de Roger MARTlN DUGARD, parecen ir hacia un catolicismo menos exigente y más caritativo. Como previsto, estas preferencias despertaron, las críticas del católico intransigente que es
Francois Mauriac, el cual escribe, bajo el.título "Nuestra guerra de religión" : "No he vuelto a leer "LOS TlilBAULT" hace años. Lo que me queda de historia siniestra de una religión
y de una moral deformadas, hechas odiosas a un joven espíritu por un padre fariseo. Tartufo, que no sabe que es Tartufo - y feroz".
1)

P. M. SIMON - Histoire de la Littfrature Francaise Contemporaine. - Tomo I - pág. 190

Noticias

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El plan monumental de "LOS THIBAULT" había sido
concebido en la fuerza de la juventud y en la serenidad de la
madurez, y la historia de los dos hermanos debía de prolongarse hasta 1939. Pero después del accidente de 1931, Roger
MARTIN DU GARD parece haber temido no poder acabar su
gigantesca tarea.
Cambió completamente la composición de su obra para
que se acabe con la Primera Guerra Mundial. Los tres tomos
de la séptima parte ("Verano de 1914") aparecen después de
una interrupción de siete años y marcan una evolución muy
neta en la manera y en la materia. Con una importancia más
grande dada la ideología, se ve que Roger MARTIN DU
GARD quiere volver a un tipo de novela que recuerda "JEAN
BAROIS", aunque los problemas metafísicos y religiosos, ceden el lugar a preocupaciones políticas y sociales. El movimiento épico, el soplo potente que animan estos últimos
tomos, terminan el ciclo de "LOS THIBAULT" en magnífica
sinfonía.
Pero tan grande como fue la importancia de "LOS THIBAULT" en la vida de Roger MARTIN DU GARD, no deben
esconder sus otras actividades, y sobre todo su influepcia sobre el teatro de principio de siglo, no solamente como autor
del "TESTAMENT DU PERE LEl¿EU" y de "EL TACITURNO", sino sobre todo como arte de un grupo activo de aficionados, actores y directores, decididos a dar al teatro una nueva juventud.
No se debe olvidar tampoco el "DIARIO DEL CORONEL DE MAUMORT" novela monumental que debía tener la
amplitud de "LOS THIBAULT", que Roger MARTIN DU
GARD concibió desde 1941, pero que la muerte interrumpió
antes de cualquier publicación. La importancia de las partes
redactadas permitirán tal vez una edición coherente. ¿Aumentará ésta el .valor incontestable del escritor ?- André GIDE
nos lo dejaba esperar, él que tuvo el privilegio de lecturas privadas y que, a pesar de la plenitud, del vigor de la composición, de la precisión en los detalles y de la firmeza del estilo
que caracterizan "LOS THIBAULT", decía al autor: "Ud. no
escribió nada más sólido ni más personal". Solamente una posteridad la cual, desgraciadamente, se aparta más cada día de
sus grandes maestros, podrá confirmar este juicio.-

�Noticias

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Xoticias

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Fin 1932 : Establece un plan para "LOS THIBAULT", y busca documentos para los volúmenes siguientes.
ALGUNAS FECHAS

1936 : "LOS THIBAULT" Séptima Parte.
10 de Nov. de 1937 : Premio Nobel de Literatura.
Marzo - Diciembre 1939 : Viaje a las Antillas.

23 de marzo de 1881.- Roger MARTIN DU GARD, nace en
Neuilly-sur-Seine, cerca de París.

1940 : "LOS THIBA ULT" Octava (y última) Parte - Se instala en Niza.

1898 : Bachillerato.
1899 : Licenciatura en Letras, en la Sorbona.- Examen de
"L'Ecole N-ationale des Chartes".

1944 : Avisado por la Resistencia que figura en una lista de
sospechosos establecida por los alemanes, se esconde en el
suroeste, en casa de su hija.

1902 : Servicio Militar en la Infantería.

1949 : Muerte de su esposa.

1903 : Tesis y diploma de archivero- paleógrafo.

1951 : Muerte 4,e su amigo André Gide; él está a su lado. Publica "NOTAS SOBRE ANDRE GIDE".

Febrero de 1906 : Casamiento con Héléne Foucault, hija de
un abogado de París. Van a vivir a París, después de un
viaje a Africa del Norte.

1955 : "OBRAS COMPLETAS" en la librería Gallimard.

22 de Agosto de 1958 : Siendo las 20.45 horas, ROGER MARTIN DU GARD, muere en su casa del Tertre, de una enfermedad del corazón.

Octubre 1913 : Después de escribir su gran novela "JEAN
BAROIS" y su obra teatral "LE TESTAMENT DU PERE LELEU", es presentado por su amigo Gastón Gallimard, al grupo de la "Nueva Revista Francesa", y hace
amistad con J acques Copeau y André Gide.

CENTENARIO DE BALTASAR GRACIAN (1658-1958)

1914-1918 : Sargento de un grupo motorizado.
1920-Otoño : Compra una casa cerca de París y empieza la redacción de "LOS THIBAULT".
1922 : "LOS THIBAULT", Primera y Segunda Partes.
1923 : "LOS THIBAULT", Tercera Parte.
1925 : Compra a su suegro su casa de campo del Tertre, y se
instala allá para escribir otros volúmenes de "LOS THIBAULT"

..

1928 : "LOS THIBAULT" Cuarta y Quinta Partes.
1929 : "LOS THIBAULT" Sexta Parte.
d

lo. de Enero 1931 : Accidente de automóvil. Su esposa y él
quedan hospitalizados durante dos meses.
Primavera de 1931 : Convalecencia. Escribe "UN TACITURNO", obra teatral, que LOUIS JOUVET presentará en octubre, en el Teatro de los Campos Elíseos.

• El día 6 de diciembre se cumple el tercer centenario
de la muerte del P. Baltasar Gracián y Morales de la Compañía de Jesús. ARMAS Y LETRAS señala esta fecha de honda importancia para las letras hispánicas. Baltasar Gracián
-varón desengañado, hombre discreto, de resolución, de espera- muere con una España que ya está, también ella, en el
deslizadero de la decadencia; como Quevedo es un pesimista
y cae en el mismo surco que éste para abonar la tierra de España. Las mismas hachas los derriban. "Mi escritor favorito
es este filósofo Gracián", afirmaba Schopenhauer en 1832 y desde entonces, a través de Nietzsche, tendremos un Gracián redivivo en las letras españolas, en las letras universales, un Gracián que influye, con presencia constante, en el curso del pel!_samiento y de la vida.
Baltasar Gracián y Morales -hijo de Fortuna,, hijo de
sus obras- es un ejemplo de alta inconformidad y de profundo sentido crítico; fue muchas cosas contra los que se empeñaban en que no las fuera; fue lo que fue a pesar de sí mismo.
Gracián alternante. Vivió en los términos de una perpetua

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Noticias

contradicción consigo y con los demás. Rebelde a las ordenanzas de la Sociedad de Jesús, murió en el destierra- frío y
duro Moncayo, cortantes nieves perpetuas; cortesano desencantado, detestó las intrigas de la Corte y los favores de los
validos, aunque dentro de sí diera categoría de valor a todo esto. Su filosofía, articulada sobre el sér de la realidad que lo
circundaba, es una crítica contra la falsa euforia y la 'decadencia mal disimulada.
Y como vivía en ese potro de contrariedades afirma: "Sin
mentir, no decir todas las verdades". No hay cosa que requiera más tiento que la verdad, que es un sangrarse del corazón...
No todas las verdades se pueden decir, unas porque me im1
portan a mí, otras porque al otro". "(Oráculo Manual,
CLXXXI).
ARMAS Y LETRAS, en su calidad de revista universitaria. se une a la serie de homenajes que el mundo d~ habla hispánica ofrece, en esta fecha tri centenaria, a la persona y a la
obra del P. Gracián.

LIBROS

Alegría, Fernando: Caballo de copas. Santiago de Chile:
Zig-Zag, 1957. 227 pp.
Caballo de copas es una novela cuyo fin principal
es presentar un panorama de la vida de los hispanos
en San Francisco, California, a través de un episodio
carrerista. El acierto de Aleg,ría consiste en el tono picaresco y a la vez sentimental del narrador chileno, el
cual ameniza todo el relato. Sin embargo, poco a poco, en la
mente del lector, el libro deja de ser la historia del narrador
sin mayores consecuencias para ir convirtiéndose en un verdadero estudio de los hispanos trasplantados (recuérdese la obra
de Blest Gana) en el ambiente antagónico pero exótico de San
Francisco.
A pesar del título del libro y su portada impresionista
muy bonita, Caballo de copas no es solamente la historia de
un caballo. Hay otras dos tramas que están entrelazadas con
la del caballo : el amor de Mercedes y el narrador y la huelga
de los estibadores capitaneados por Marcel, el padre de Mercedes. Esas tres tramas son manejadas muy hábilmente por
el autor para producir una obra bien estructurada. El libro
comienza con un capítulo corto sin título. Se podría llamar
prólogo porque ahí se presenta la noticia de la muerte del caballo, leída en el periódico por el narrador. Entonces éste
empieza a referir la historia del caballo y no vuelve a "los
acontecimientos de hoy" (pág. 225) hasta la página antepenúltima del libro. La novela consta de trece capítulos titulados
sin numeración en los cuales van alternando las tres tramas
hasta que convergen en el capítulo final. El tema dE&gt;l caballo de copas no se presenta claramente hasta el capítulo siete
que lleva el título "El excéntrico señor González", que E&gt;S el
nombre del caballo que por cierto encarna muchas características humanas. Ese tema llega a predominar en los capítulos
nueve y diez: "Donde la tierra derecha no es la r ecta" y "Caballo de copas, caballo de triunfo". El tema del amor SE&gt; jntroduce ya en el segundo capítulo, "Contribución a la primavera: primer movimiento", y además de estar presente conti-

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Libros

Libros

nuamente, logra predominar en el capítulo seis, "Tango", y se
cierra en el capítulo final, "Contribución a la primavera: segundo movimiento". La huelga, que es un tema secundario
a través de todo el libro, llega a dominar el escenario en el capítulo doce, "Marcha de los estibadores". En el capítulo fi.
nal, los tres temas se juntan. El narrador y Mercedes visitan a Marcel que está en el hospital como resultado de la batalla entre los huelguistas y los rompehuelgas. También acude el jinete Hidalgo quien había acompañado al narrador y a
los otros amigos carreristas cuando intervinieron en esa batalla a favor de Marcel y sus huelguistas. Hidalgo decide vender a "González" ·y l\iarcel acaba por aceptar al narrador como su futuro yerno después de que éste r enuncia a las carreras.

•

•

En cambio, el "entremés bucólico" que pinta un cuadro
nada bucólico de lo que tienen que sufrir los hispanos en las
fincas de California, termina con una nota divertida. "El
Cuate", amigo mexicano del narrador, se burla de los capataces en un juego de naipes y a pesar de las miradas torvas y
asesinas de un grupo de espectadores, se escapa "voladazo"
por la ventana con todo un dineral. De igual manera, la victoria de "González" en el Clásico de San Felipe pierde su grandeza épica cuando durante 11:1 celebración, el caballo caprichoso le da una patada a su jinete Hidalgo y muerde al entrenador Mr. Hamburger.
A pesar de que tod_a la acción transcurre en California,
la novela tiene un sabor chileno. Además del fino humorismo y la falta de proporciones épicas, se encuentra la predilección del autor por descripciones largas y lentas tanto de lugar es como de personajes.

Las tres tramas entrelazadas tienen como argamasa la
preocupación del autor con el ambiente y su efecto sobre los
hispanos. Abundan las descripciones poéticas de San Francisco, sobre todo de sus partes exóticas. La vida de los hispanos se presenta por medio de escenas de grupos en la pensión, los restaurantes, la finca de tomates y los muelles. La
nota de protesta social se oye de vez en cuando y llega a un
estruendo en los capítulos ocho y doce. La ironía del título
'·Entremés bucólico y pastoril o los tomates de la discordia"
( cap. VIII) da la idea de cómo el autor presenta la explotación de los "wetbacks" mexicanos y otros hispanos en las fincas de California. "Marcha de los Estibadores" ( cap. XII)
es el único capítulo de proporciones épicas que no cae víctima
del espíritu picaresco del autor. Los dueños de los barcos
son condenados por haber azuzado a los rompehuelgas con el
propósito de acabar con los sindicatos organizados por Harry
Bridges. Durante ½ts peleas, queda clara la complicidad de
la policía con los dueños. En medio del tono picaresco de
toda la novela impresionan muchísimo los trozos siguientes
que marcan la culminación del capítulo:
"Lo terrible de la situación de Marcel, lo que nos dejó mudos de espanto, fue que peleaba cojeando, de espaldas contra la pared, con el tobillo derecho dislocado y el pie torcido de una manera monstruosa, pues el hueso había roto
la piel y tocaba el suelo, mientras que el pie se apoyaba
completamente de lado ... . .Entre la sombra oxidada de
los trenes tuve una última visión de mis nuevos compañeros, sudando, los dientes apretados, la mirada desafiante,
los puños cerrados, la fila herméticamente unida, impasable". (págs. 208-209).

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''Mi hotel apenas servía para dormir. Llegaba yo tarde en la noche y salía cert:a del mediodía, siempre con los
ojos medio cerrados, para no ver al administrador, con
su cara gorda y sudada, los ojos viciosos pegados a revistas obscenas. El piso del linóleo estaba cubierto de
escupos y de tabaco. Por todas partes había una pátina de sebo. La tela que servía de funda a los sillones y
sofás parecía la piel de un animal disecado. La ruina se
comía las mesas, las sillas, los estantes, como una peste
voraz que, por extraña razón,- semejaba nacer de unos ceniceros inmensos, sin forma y sin color, hundidos en un
lodo de ceniza y nicotina. Los inquilinos eran e~pañoles e italianos desocupados.
Cuando no miraban a la
ventana del vestíbulo, miraban la televisión, como sapos
alrededor de una charca". (pág. 25).
Al transcribir el dialecto de Hidalgo, Fernando Alegría
refuerza el tono chileno del libro.

J

-"Mira, Hidalgo, mejor nos vamos.
-¿ Qué decís, ñato 7
-Digo que es mejor que nos vamos.
-A la cresta con vos, cabro -me respondió con el acento
más chileno que le conocía hasta entonces-. ¿Y pa qué nos
vamos a ir ? Estos hijos de la gran siete me importan un rábano ... Mira cómo se les cae la baba de jetones que son". (pág.
20).
Aunque el carrerista mexicano "El Cuate" y el español
Marcel tienen su propio dialecto, no pueden rebajar la chile-

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otro relato mucho más breve intercalado antes de cada sección, relato de épora actual en que el dramaturgo espera ansiosamente el regreso de su esposa que acaba de abandonarlo.
De manera que existe una yuxtaposición de tiempo presente
y de tiempo pretérito, técnica difícil que maneja Mallea con
mucho acierto en esta novela.

nidad de este libro cuyo sabor netamente criollo podría colocarlo al lado de las obras producidas por Mariano Latorre y
sus discípulos regionalistas.
Sin la desmesurada experimentación estilística que caracteriza tantas novelas contemporáneas, Caballo de copas es
una obra bien construída que abarca uno de los temas más apremiantes de hoy día: la vida de los hispanos en los Estados
Unidos. Con 'tan buenos auspicios, es de esperar que Fernando .Alegría pueda robarse el tiempo de sus deberes de catedrático para seguir cultivando el género novelesco.

Seymour Menton

Eduardo Mallea: Simbad. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1957.

Simba.d la más reciente de las novelas del argentino
Eduardo :M:allea, es una obra voluminosa de unas 750
páginas, que por su penetración psicológica y tendencia
introspectiva sigue la huella de tanta,s otras que la preceden:
Recuerda mucho La bahía de silencio, publicada diez y siete
años atrás, pues también versa sobre el alma angustiada de un
escritor sensible e idealista.
En Simbad el protagonista es un joven dramaturgo que
queda emocionalmente insatisfecho con su producción literaria, bien que unas piezas han merecido los elogios del público
y de los críticos. Aspira n algo superior en su arte, algo que
tendrá un valor perdurable y de que él podrá enorgullecerse.
Así concibe la obra que va a llevar el título de Simbad, en que
el marinero legendario encuentra por fin en su octavo viaje la
tierra de su felicidad, la tierra de la que no regresa nunca. El
concepto simbólico es bien evidente, pues el destino a que
llega Simbad representa la meta ideal que todos anhelan después de haber superado los trabajos de la vida. La tarea del
protagonista implica meses y meses de reflexión, de labor ardua, de revisión. Además, han entrado en su vida durante
esta época dos mujeres de tempera:rp.entos contrarios; y _su
afecto y amor por cada una acarrean otros tremendos conflictos que forman gran parte del interés de la novela.
Es interesante la forma de la narración. El libro se divide en cuatro secciones que contienen la trayectoria de la vi- ,
da del protagonista a través de treinta y ocho años. Y hay

01

•

Con sus novelas La bahía de silencio, Todo verdor perecera, y otras :\iallca ya ha ganado su f;tma.. La mantiene con
Simbad, obra que revela de nuevo su madurez novelística, así
como su profundidad de significado respecto de la Argentina
contemporánea.
Myron I. Lichtblau

F ANTASTIQUE - 60 récits de terreur reunís et présentés
par Roger Caillois.- Club Francais du Livre.- París 1958.594 pp.
Esparcidas en las obras completas de los grandes at~tores las narraciones fantásticas fueron raras veces reumdas ; istemáticamente. Solamente tres obras recientes tratan
este tema: Buenos Aires 1940- New York 1944- Zurich 1956.
Pero ninguna se interesa en el aspecto particular escogido por
Roger Caillois: lo fantástico del terror. Es decir el trabajo
monumental de lectura y .de selección que representa el libro.
Esta se divide en una serie de dominios particulares, localizados no en el tiempo, sino en el espacio:- Inglaterra. cuyos maestros s~ llaman Dickens, Jacobs, Kipling. Irlanda, con Maturin y O'Brien ;- América, uno de los países más ricos de J~
literatura fantástica, pues cuenta con Edgar Allan Poe, W1lliam Austin Washington Irving y Ambrose Bierce ;- Alemania repre~entada por Hoffman y Arnim ;- Francia ilustrada por Balzac, Mérimée, Villers-de-1 'Isle-Adam, Maupassant •- Italia1 España, América Latina, Haití, Polonia. Rusia, Finlandia, China y Japón cuyo fantástico· mitológico es
de una riqueza sorpren_dente. "La antología del "FANTAS'rTCO" debida a Roger Caillois.... es una fecha sumamente
importante para esta literatura. Viene, en efecto, en el momento en el cual la science-fiction tiende a dominar en este dominio para crear un fantástico científico muy diferente y que
se puede considerar como una para-literatura en el siglo".
(J ean Bouret).

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Juan Felipe Toruño, Desarrollo Literario de El Salvador.-

Ensayo cronológico de generaciones y etapas de las letras salvadoreñas. Primer Premio República de El Salvador-Certamen
Nacional de Cultura 1957 (Ministerio de Cultura, Departamento Editorial, San Salvador, El Salvador, C. A,. 1958) .- Colección Cei:tamen Nacional de Cultura, No. 10, 448 páginas.
La literatura centroamericana cuenta con valiosos estudios parciales y existen los materiales necesarios para que se
pueda comenzar a hacer una organización sistemática de los
mismos con el objeto de presentar un panorama completo de la
misma. Guatemala, en concreto, cuenta con un buen manual
histórico de su literatura hecho por el periodista David Vela;
El Salvador, por desgracia, no lo ha intentado todavía seriamente, a pesar de contar con medios económicos suficientes para financiar un trabajo colectivo de especialistas que pusieran
orden a todo material disperso sobre la materia. Hace algunos años, el Ministerio de Cultura de este país, por medio de
la Biblioteca Nacional, publicó en mimeógrafo una ambiciosa
Bibliografía salvadoreña; lamentablemente este importante
trabajo bibliográfico fue encomendado a un aficionado que
trabajó sin plan definido ni criterio. Esta Bibliog-rafía Salvadoreña es un cúmulo desorganizado de autor es, obras, memorias, informes económicos o municipales, pastorales de obispos, catecismos, devocionarios, todo ello sin trascendencia para una verdadera bibliogr afía salvadoreña, base esencial y herramienta para un trabajo posterior de carácter histórico-literario.
El primer premio del Certamen Nacional de Cultura de
1957 ( en el cual participan escritores de todos los países centroamericanos-), fue adjudicado unánimemente al trabajo titulado "Desarrollo Literario de El Salvador, ensayo cronológico
de generaciones y etapas de las letras salvadoreñas" del Dr.
(Honoris Causa, Universidad de León, Nicaragua, C.A.) Juan
Felipe Toruño. Los jurados en tan importante concurso fueron: Don Carlos Samayoa Chinchilla, Director del Museo de
Antropología e Historia de Guatemala, autor de importantes
obras; Dr. Mariano Fiallos Gil, Rector de la Universidad de
Guatemala y den Alfonso Morales, redactor del diario "Tribuna Libre" de San Salvador. El Jurado se equivocó; o siguió la tradicional costumbre de todo jurado: no leer los trabajos concursantes o se dejó impresionar por las 448 páginas
del trabajo premiado.
Llama la atención que una historia literaria salvador eña
ocupe una extensión de 448 apretadísimas páginas y que en
ella figuren alrededor de 1,500 escritores. ¡Es posible que un

;

l

.
o

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país que cuenta con unos 132 años de vida independie~te,_ diminuto en su territorio y en capacidad humana, por anadidura haya podido producir una obra literaria de tal amplitud ?.
P;ra responder a esta pregunta, es preciso esclarecer el criterio del Dr. Juan Felipe Toruño. Equivocadamente cr ee él
que todos los que escriben o hayan escrito alg?, aunque _sólo
sea un breve artículo periodístico o un poema circunstancial o
que hayan pronunciado una oración fúnebre en un en~ierr?,
tienen derecho a entrar, por la puerta grande, en una h~stona
de l¡¡. literatura. Esto se suele llamar un concepto masivo de
la literatura y al mismo tiempo explica por qué en este "Desarrollo Literario de El Salvador" desfilan generales que escribieron una proclama o un tratado de balística, obispos autores de cartas pastorales, abogados con sus tesis, ministros o
alcaldes con sus memorias e informes, cronistas sociales, etc.
etc. Toruño ha hipostasiado a la letra iJI!.presa y con un falso criterio yerra en la selección de todo lo literario sin encontrar un deslinde para todo lo ancilar o meramente circunstancial. Así, es natural, lo que hubiera podido ser un breve panorama de la evolución literaria o cultural de El Salvador, se convirtió -o mejor dicho, se concibió- como un centón de nombres, fechas, títulos de obras ( equivocadas la mayor parte de
las veces) y juicios que nada tienen que ver con la obra, el autor o su historiografía.
Otro de los errores cometidos por el autor de este "Desarrollo Literario" consiste en la falta total &lt;le claridad expositiva, en la ausencia de una metodología seria y científica, en
las informaciones de segunda o tercera mano, cuando no son
meros recuerdos personales de viejas lecturas o de recortes de
periódicos. Así, el resultado está bien a la vista: una mala
obra de un mal aficionado que, sin dominar la más elemental
metodología literaria y lo que es peor, sin el más simple dom!nio del idioma se ha atrevido a presentar todo el panorama literario de un país. Acompañado de la suerte, recibió un Premio Nacional de Literatura con el consiguiente desacrédito para el mismo PremiQ, el autor y los jurados que intervinieron.
Una de las cosas que más llaman la atención, es la falta
de criterio absoluto de estos últimos en lo que se refiere a _la
claridad idorr.ática. He aquí una breve muestra de contorsionismo idiomático y de alambrismo conceptual:
"A fuer de veraces hay que decir que la obra de Fuentes
v Guzmán se va a veces por lo imaginativo, no tanto como la
del que pasó por Centro;i.mérica hip~r~oli~ando, Tomás Gage_;
más sí lo suficiente para hacerle rectificac10nes como se las hizo Pepe Milla, siguiéndole los pasos, deteniéndose cuidadosa-

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mente en pasajes que resultaron inventivas, unos; otros, deformados, y no poco inexa~tos; de modo que hubo de enmendarse lo que antes de los esclarecimientos de Milla se usaba
como veraz para consultas, citas y transcripciones, cual lo utilizaban Juarros y otros historiadores". Para muestra es suficiente y no creemos que sea necesario insistir más sobre este
punto.

Con este criterio, claramente expuesto, Sergio Fernández
seleccionó los siguientes temas para su estudio :
Asimilación y autenticidad de Don Segundo Sombra.
Una forma del amor en la novela de Rómulo Gallegos.

,

El tercer camino de Enrique Gil Gilbert.

Esta es, brevemente, la opinión que nos merece este "Desarrollo Literario de El Salvador", libro sin pena ni gloria,
sin trascendencia algunas y que nada aporta a la historiografía literaria de El Salvador; libro en fin que no debería }:taber
sido escrito, mucho menos premiado.

"El otro cayo": vía de redención.
El mundo paralítico de Juan Rulfo.
En la imposibilidad de estudiar y juzgar cada uno de estos cinco ensayos en forma total y comprensiva, señalaremos
únicamente las importantes conclusiones a que ha llegado al
autor y la importancia que t!1,les selecciones tienen para ~l desarrollo de un corpuss de selectos estudios acerca de la literatura hispanoamericana. No creemos en ese panamericanismo
que pueda nacer o deriv:i-rs_e de ciertos _org~nismos cr~ados c~n
fines non sanctos · el autentico panamer1camsmo nacera a traves
de la cultura hispanoamericana y por medio del acercamiento
-con grandes dosis de simpatía- entre los hombres de pensar del contienente. Obras como la presente llevan esa comprensión y mutua inteligencia entre los distintos países hispanoamericanos.

Juan Antonio Ayala

Sergio Fernández, CINCO ESCRITORES HISPANOA:rvIERICANOS, Facultad de Filosofía y Letras, No. 30 (Universidad Nacional Autónoma de México.- Dirección General
de Publicaciones, México, D. F., 1958) 141 páginas.
Constituyen este volumen de la valiosa colección Filosofía y Letras que edita la Dirección General de Publicaciones
de la Universidad Nacional Autónoma de México, cinco estudios monográficos de Sergio Fernández en torno a escritores
hispanoamericanos que, por así decirlo, representan momentos
clave en la literatura continental. El origen de este volumen fueron una serie de conferencias pronunciadas por el autor en la ya desaparecida Escuela de Verano de la Universidat'l
de Nuevo León cuando se celebró el centenario del nacimiento
del polígrafo español Don Marcelino Menéndez y Pelayo. Como su mismo autor lo indica, en la Advertencia que sirve de
prólogo : "So:µ estas reflexiones un mero esbozo. Intento de
saber por qué caminos se va en la literatura hispanoamericana
contemporánea, y cuáles son, por tanto sus recursos y posibilidades. Pero difícil fue seleccionar cinco temas en un panorama
tan extenso, variado, y por eso del todo imposible de aprisionar
en tan pocas páginas. Por eso escogí escritores, en cierto modo
'claves', que me permitieran rastrear, con una mayor desenvoltura, la vía propuesta como vía de estudio: el sentido del hombre hispanoamericano en las obras elegidas. Así pues veremos
a ese hombre en la mente de tales escritores. En otras palabras, sería una interpretación de carácter pedagógico a la que
hacen ellos de cada uno de los tipos humanos, que respectivamente les sirven como pretexto de inspiración, la que haré".

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Sergio Fernández ha trabajado sobre unos cuantos textos
fundamentales y de ellos ha extraído sus conclusiones acerc;i
del quehacer literario hispanoamericano.
Queremos destacar en esta breve reseña el magnífico aporte que hace con su
estudio de Rómulo Gallegos a la ya abundante bibliografía sobre este autor. Ha penetrado profundamente en un_rinc?n
importantísimo dentro de toda la obra del autor ~e. Dona. Barbara: el amor, considerado como elemento positivo Y cons-J
tructivo dentro de la temática del novelista; aspecto este que,
había sido estudiado muy pocas veces y en el que han reparado muy poco los comentaristas.
Felicitamos al autor de estas líneas y nos felicitamos de
poder contar con una serie de estud_ios prove,c~osos para los
dedicados a la crítica literaria en H1spanoamer1ca.
'

J

Juan Antonio Aya.la.

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. Luis Cernuda, Pensamiento Poético en la Lírica Inglesa

(Siglo XIX) (Universidad Nacional Autónoma de México Dirección General de Publicaciones, Imprenta Universitaria.México, D. F. 1958), 168 páginas.
Durante mucho tiempo entre las personas de habla española ha prevalecido la idea de que la lengua inglesa no es apta
para el quehacer poético -idea que, desgraciadamente todavía es de corriente circulación entre muchos círculos ac~démicos-. Conoremos bien la literatura francesa la italiana aun
la misma alemana, pero, desgraciadamente, e~ el mundo de habla hispana ha penetrado muy poco la poesía inglesa en su
idioma original. Evidentemente, para poder valorar todo el
mundo poético de determinado país, es necesario el antecedente del dominio lingüístico; si no se parte de este punto, todo
lo demás, serán adivinaciones y castillos construidos en el aire.
Pero existe aún otro aspecto muy interesante que pudiera llamarse el 'back-ground' o telón de fondo de toda poesía y son
las ideas que los mismos poetas tienen acerca de sn actividad
primordial : es un mito, es una irrealidad esa especie que tanto se ha difundido, de que los poetas son los menos aptos para,
definir la poesía, que son inconscientes en el momento de la
creación; esta suma de verdades parciales y muy limitadas
también tiene sus fervientes y devotos partidarios, como la de
que la lengua inglesa no es lengua noética. TodÓ esto concurre
previamente a nuestra pluma cuando nos hemos puesto en contacto con esta nueva obra del poeta español Luis Cernuda que
publica. entre sus magníficas novedades editoriales, la Universidad Nacional Autónoma de México.
Luis Cernuda, profundo conocedor de la leng-ua y de la
Hrica inglesa, sí puede dar una opinión acE&gt;rca de la capacidad
del inglés para el molde de la poesía; Luis Cernuda, además,
es un poeta, un E&gt;xtraordinario poeta, un vigoroso poeta, que
sí sabe lo que es la poesía y su quehacer, que sí puede darnos
una visión reflexiva de la misma. Este libro, como él mismo
afirma no E&gt;S de poesía ing-lesa sino que es un recorrido por
las concepciones poétiras de los poetas ingleses -de algunos
poetas ingleses- del siglo XIX. Para llevar a cabo un análisis Cernuda ha organizado su material en dos nerídos: el primero desde 1800 a 1830, con la inclusión del fondo histórico
del Romantic Revival y los poetas que tienen cabida dentro de
tal marco -Blake, W ordsworth, Coleridge, Shelley y Keatsy un segundo, desde el 1830 hasta el fin del siglo, que corre
en el fondo histórico de la época victoriana y sus poetas más
representativos - Tennyson. Browing, Arnold. Swinburne y
Hopkins-. En la imposibilidad de entrar en detalles del es-

'

..

!)7

tudio hecho pcr Luis Cernuda, nos limitaremos a recoger algunos de los aspectos principales que él recoge acerca de la
mentalidad poética inglesa ei;i el siglo XIX y que pueden sernos útiles para revisar nuestras ideas -buenas o malamrnte
pre&lt;·oncPbidas- acE&gt;rca de la misma.
IInbo un momento en el estudio sistemático de la litrratura y en la orientación estilísti&lt;'a en que se quiso prescindir
c1(' todo dato histórico que viniera a rompletar el ambiente o
marco cultural dentro del cual se desarrolló determinado es&lt;:rito1: o una escuela literaria. Sin embargo, Jo he observado
repetidamente, estos crítiros -en honor de la verdad, los primeros que han procedido científicamente, me refiero a los de la llamada Nueva Estilística- no pueden prescindir de encuadrar y situar a determinado autor en el ambiente cultural
económico, religioso y pol!tico de su tiempo; no se puede ais:
lar al hombre de las realidades que lo circundan y que operan constantemente sobre él y, de rechazo, en su obra. El
poe_ta_ vive inmerso en s~ tiempo -auD:que por otra parte sea
el umco que pueda deshgarse de la Cll'cunstancia y trasrender al plano de la intemporalidad- y este tiempo ti~ne un impacto en su personalidad y fisonomía poéticas. Por eso Luis
Cernuda estudia previamente los marcos históricos dentro de
los cuales se dio la poesía inglesa del siglo XIX. De otro
modo sefía imposible la comprensión de la misma.
Desde el punto de vista poético y como estudio de un poeta en relación ron la porsía misma, el último del libro dedicado al jesuíta Gerard l\Ianley Hopkins, me parel.!e el ~ás interesante y d más completo. Hace algunos años, Dáma~o
Alonso dio a conorcr la poesía de Hopkins en la Revista del
Instituto 'l'ecnológico y de Estudios Superiores de ::\Ionterrey
TRIVIVM. Era, quizá, la primE&gt;ra wz qur loe;; lertores dr ha:
bla española e11traban en contacto con este jesuíta converso
del anglicanismo, y que apenas fue conocido corno' poeta extraordinario en su mismo tiempo. Luis Cernuda nos informa
ampliamente acerca de sus ideas poticas, de su rarrera y de
la influencia decisiva del ambiente religioso en el cual vive
en su obra poética.
l'n iibro denso romo este no puede ser comprendido en
toda su hondura si no se entra e11 contacto con él v se lee con
simpatía y apasionamiento. Felicitamos tanto a ~u autor como a la Universidad Nacional Autónoma por habernos dado
la oportunidad ele entrar en un contacto interno con la poesía
ingk-sa del siglo pas:ido.
Juan Antonio Ayala

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Manuel Pedro González: Notas en torno al Modernismo.
(Facultad de Filosofía y Letras, No. 27 • Universidad Nacional Autónoma de México, Dirección General de Publicaciones,
)1éxico, D. F., 1958). 116 páginas.
Mucho se ha escrito en torno al Modernismo y mucho queda todavía por escribir; entre. las toneladas de literatura y de
apreciaciones que se han escrito acerca de esa revolución en
las letras hispanai-, faltan estudios coherentes y comprensivos.
Raras veces el f enémeno ha sido estudiado desde adentro y
son muy pocos los juicios de "valor" que se lÍan emitido sobre
el mismo. Dos son, a nuestro juicio, los estudios claves sobre
el Modernismo, imprescindibles para el erudito y el investigador. El primero es el libro de Guillermo Díaz-Plaja, MODERNISMO FRENTE A NOVENTA Y OCHO (Espasa Calpe,
S. A., Madrid, 1951), orientado primordialmente hacia la discriminación ile dos feuóJ11enos literarios que aparecen contiguos en el espacio y en el tiewpo. El otro, es el o.el f'Scritor
dominicano Max Henríquez Ureña, BREVE HISTORIA :O"'F.L
MODERNISMO (:F'ondo de Cultura Económica, Mhico, 1954)
manual indispensable para un ordenamiento y clasificación de
los principales escritores modernistas en América, prineipalmente. Todos los demás estudios tienen un valor 1mramente informativo y como tal deben ser tomados.
Hoy nos llega este pequeño volumen de notas acerca del
~fodernismo editado por la Universidad Narional Autónoma
de México en su colección 'Filosofía y Letra&lt;;'. 1[anuel Pedrn
González, destacado investigador de temas literarios, rn estas
apretadas páginas ha dado puntos claves para la interpretación del Modernismo, principalmente en lo que toca a sus
orígenes, gestación y principales r epresentativos. A este
respecto es de capital importancia lo que el autor dicr 'en la
'Nota Preliminar' a su r::itudio: "El modernismo representa no
sólo la mayoría de edad de la literatura hispanoamrricana y
su total independencia y hasta superación de la española, sino
también la expresión más fecunda, artística y renovadora que
hasta hoy se ha producido por tierras de América. Sobre
este movimiento se ha escrito mucho y se seguirá es••ribiendo
por luengos años. Mas a pesar de l a avalancha de estudios
que sobre él se han publicado, quedan por despejar todavía
muchas incógnitas y no pocos aspectos de aquella floración
permanecen poco menos que inexplorados. Uno de ellos es el
problema de su génesis y del momento en que se gestó. Ambos
están íntimamente ligados al genio literario de .Tol'lé Martí, el
primero que en América escribió con voluntad de rstilo y con

int&lt;'ncióu ~en_ovadora. A puntualizar ciertos
aquel movumento y a dil .d 1
.
· aspectos de
que eon él ('nlaza a Mart'uc1 t~r as re1ac10nes de causalidad
,
.
i, es an consagrados los cuatro bre, es ensayos que en este libro se agrupan".

nism!•~ t~riruer ensay?, titulado "Defensa y Razón del Moder1ene ,·como
· sus t entada por ef.autor
Y Don 1!..,ede
d orJO'en
oº, una polémica
·
uco e ms con el escrito
·
gran ensayista Juan M~rin 11
. r comu~~sta cubano y
:\Iodernismo de u

,,

_e o,. qmen pretendio despojar al

y de oponer Rub!n ;ª;1~~t~ 1~1111;:ent~en~e hispanoameri&lt;•,mo

yo eon ocasión d&lt;'l cinctwnte~1:;i~- de "~~~i~,t1~e ?,~·;mer !nsaranza", pretende el autor r s'11 t 1O
H a Y J,,spenecesario de "P
p f P e &lt; ar como un complemento
tado de su
d rosas
_anas", precedente juvenil y arrebama urez arhstica y poética
T d ,
,
aunque no con la virulenc·
. . . .
o av1a esta en pir,
Y desprecio hacia el
d ia ynm1t1va, el critrrio de polémiea
mo ermsmo que vino a
d . .
mente los viejos moldes lit
.
romper ec1didadente po•?sía postrrománti!:ªr\~s .~?/ue se for~aba la decatarse esta cuestión
mucho~ e110 i_e~~ente viene a suseise emiten están bas~dos
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principios
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modernistas, con sus audacias en la l en()'
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,.,ua, la srntax1s: 1~ verprolonO'a hasta nuestros d'
su escuela. Esta polcnnca se
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hubiéramos querido que f~~r: iet a~tual: en lo ~ue nosotros
cuenta el h h h · t, ·
mo ermsmo, sm tomar rn
nuel Pedro e;o~zl~~r;;it:ed~o d~~~;ue Y lo que real!zó. Masación de inmoderado a
. crrl en su estudio, la acudnnistas; acusación leO'~f!aª ~:sfran~es que tuvieron los roorelaciona con Martí y Rubé 'D !ª cierto punto, en lo que sr
rece de sentido si es que n a1~10, pl ero qu~,, en el fondo eat
se examma a cuest10n a fondo
El
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Sól: ~:t:s ~s:s~:f/~~~~t:a:s 1:nc!!~!¿;~s pyrecis.os momentos.
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·
ci eemos qur el
. e ensayo 11 ega a dar una explicaci.ón plansibl&lt;'.

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NOT~;u-it ~egi;go~zál&lt;'z, en el segundo ensayo de su obra
'Q ,
L MODERNISMO, titulado "Apostilla
a ue cosa fue el 'Modernismo'", polrmico &lt;'om l
.
mentábaml)S más
arriba
y refer1'do d'1rect amente
o e que
.
.
a oteoC'lnsavo d P :Marrnello mtenta definir una vrz más a] f , ro
e el "rubendarismo " ' t an traido
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'
rnomf'no
Y llevado
por los , comentaris-

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tas de esta époc-a literaria; "rubendarísmo" que nada tiene
que ver con el propio Darío ni con ninguno de los auténticos
modernistas, sino que nació como un mero mimetismo e imitación de los alumnos de segunda fila que se dan en toda escuela o moda literaria. El aspecto formal (auµque no estemos
de acuerdo con el autor al introducir términos tales como "fondo" y "forma", fuera ya de vigencia en las actuales corrientes rríticas) del modernismo está íntimamente ligado -repetimos, en los· auténticos modernistaS-- con una rxtraordinaria
riqueza de fondo y de contenido filosófico. "~unca antes se
había dado en español una poesía tan saturada de pensamiento filosófico y de preocupaciones trascendentes como la que
ahora escriben los más genuinos representantes del movimiento", afirma el autor, con evidente desconocimiento o preterición de nuestra poesía del Siglo o Siglos de Oro, mucho más
llena de contenido filosófico y de preocupaciones trascendentes. Sin embargo, estamos totalmente de acuerdo con él en
destacar este contenido interno de la poesía modernista, esta
motivación honda, sobre todo si se la contrasta con la intransrendencia de temas, lo mostrenro y cursi de la dec•adentr poesía postrromántica.
Lo que ha pasado con el modernismo es que, además ae
haber reuovado la temática y la motivación de la poesía española, lo ha hecho con una riqueza y exhuberancia lingüísti(•a que chocó con el lenguaje que se i&gt;mpleaba entonces en poesía y esto, desgraciadamente, es lo que- más se hace destacar.
Otro de los reparos que al modernismo hace :Marinpllo es su
"absentismo" de lo amrricano, reparo que aclara muy bien el
autor de este libro. El Modernismo nace en América, no sólo
Pll Xicaragua o Cuba a través de sus dos máximos, representantes, Rubén Darío y José :'.\Iartí, sino que se da como fenómeno cultural en todos los países del hemisferio. 'Cna de las
pruebas más evidentes es que el poeta mexicano Othón pone
gran empeño en que no se le confunda con un modernista.
Que no nos diga Marinello que Juan MontalYo es un absentista en lo que se refiere a temas americanos, cuando toda su vida, eu lo literario, en lo poético y en ·10 político vivió inmerso
en los problemas de aquí. Que sus fuentes de inspiración
sean francesas Chautebriand, por ejemplo -eso es ya otra cosa. Lo mismo podría decirse de Lugones, Blanco-Fombona,
Hodó, Y entura y Francisco García Calderón, Vargas Vil a, etc.
Hablar de absentismo americano en el caso de Rubén Darío
es otra mentecatez que sólo podría ocurrírsele a un señor que
escribe al dictado y con el mero propósito &lt;le desacreditar una
COl'J'iente literaria, . upa p~rsona o un sistema. La preocupa-

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ción de Rubén por los problemas de América fue constante; y
no me refiero en este momento a sus teorías americanas
-Oda a Roosevelt etc.-que nada de nuevo aportarían y que
ya han sido explotadas hasta el extremo. Rubén, aun en sus
mejores épocas europeas, jamás se desligó de los problemas y
del quehacer de América, siempre exhibió, por donde fuera,
con orgullo, su personalidad de hombre americano. Hace poco en una expo:áción de autógrafos de Rubén Darío hecha en
Monterrey por los alumnos nicaragüenses ,del Instituto Tecnológico tuvimos ocasión de leer una carta de Rubén Darío en la
cual aclara que él nunca ha perdido su nacionalidad nicaragüense y que la exhibe con orgullo y satisfacción por donde
quiera que ha ido.
Complementan el libro de iranuel Pedro González dos ensayos más que no podemos comentar ampliamente por falta
de espacio: "Acotaciones a el Poema en prosa en España"
(Obra de Guillermo Díaz-Plaja, uno de los más destacado~ investigadores del modernismo, como ya señalamos en la primera parte de este comentario) y "Caracas cuna de la prosa modernista", síntesis ambas muy bien logradas dentro del estudio del modernismo.
Destacamos, para finalizar, el hecho de que serán muy pocos los movimientos literarios o escuelas que cuenten con una
bibliografía tan abundante como el Modernismo; pero lo que
se ha ganado en extensión se padece en la profundidad, son
más de
P ocos' repetimos' los estudios serenos y objetivos; las
,
las veces como en d caso de Marinello se toma el rabano
por
las hoja;. Se necesitan pues monografías extpnsas y serias
que nos lleven al alma de aquellos hombres que airearon el
lenguaje y el clima de la poesía española en la fecha liminar
del siglo XX.

Juan Antonio Ayala

�</text>
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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1958, Segunda Época, Año 1, No 4, Octubre-Diciembre </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Agustín Basave</name>
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                    <text>■eTl1ta

tle la IJ■lvenldad de Naevo IM■

Alfonso Reyes, Silueta del Indio Jesús • Serge P. ·
Darmon, Voltaire, Historiador Moderno • Luis Horacio Durán, Ca.nció

a el Regreso • Sergio
G egorio Guadaña • Myron

I. Lichtblau,. El tema d L cía Miranda en la. novela

argentina. • Juanita S ri' no, Romance al Río del
Tiempo • J ean Siro1,
1958 • Christian B

putnik y sentido del

Humor

sobre Robert Musil
Noticias • Libros.

ENERO/MARZO DE 1959

A~O 2 / Segunda Epoca

��MY~
REVISTA DE LA rXIYERSlDAD DE xeEVO LEO~
ReYista de la Universidad de Xuevo León
Rector
ARQ. JOAQ"GIX A. MOR.\

Secretario General :
LIC. ROQUE GOXZALEZ SALAZAR

Año 2, No. 1

Ener o/ Marzo de 1959

Segunda Epoca

SUMARIO

Departamento de Extensión Universitaria:

Alfonso Reyes, Silueta del Indio Jesús_____________________ 5

LIC. ROGELIO VILLARREAL

Serge P . Darmon, Voltaire, Historiador Moderno__________ 9
Sergio F ernández, Vida de Don Gregorio Guadaña ________ 18

Director de la Revista :
LIC. JUAX AXTOXIO AYALA

Myron L. Lichtblau, El Tema de Lucía Miranda en la No-

vela Argentina_________________________________________ 23
Jean Sirol, La Constitución Francesa de 1958 ______________ 37
Christian Brunet, Sputnik y Sentido del Humor ___________ 51

Dos Estudios sobre Robert MusiL _________________________ 65
Noticias --------------------------------------------------- 77
PRECIO DE SUSCRIPCION
UN AtilO ( cuatro números)

Dirección:

En México: Yeinte pesos

Washington y Colegio Civil

Otros países: Dos dólares

Monterrey, N. L., México

�Aifonso Reyes /

SILUETA DEL INDIO JESUS

VINO

el día en que el indio Jesús, a
quien yo encontré en no sé qué pueblo, se me presentara en
México muy bien peinado, con camisa nueva y con µn sombrero
de lucientes galones, a la puerta de mi casa. Sólo el pantalón,
habido a última hora en sustitución del característico calzón
blanco, para que lo dejaran circular por la ciudad los gendarmes, dE)sdecía un poco de su indumento. Había resuelto venir
a servir a la capital -me dijo- y dejar la vida de holganza.
:N"o contaba el tiempo para Jesús. Recomenzaba su existencia
después de medio siglo con la misma agilidad y flexibilidad
de un muchacho.
-¿Pero tú qué sabes hacer, Jesús ?
Jesús no quiso contestarme. Presentía vagamente que lo
podía hacer todo. Y yo, por instinto, lo declaré jardinero, y
como tal le busqué acomodo en casa de mi hermano.
Aquel vagabundo mostró, para el. cuidado de las plantas,
un acierto casi increíble. Era capaz de hacer brotar flores
bajo su mirada, como un fakir. Desterró las plagas que habían
caído sobre los tiestos de mi cuñada. Todo lo escarbó, arrancó
y volvió a plantar. Las enredaderas subieron con ímpetu hasta
las últimas ventanas. En la fuente hizo flotar unas misteriosas
flores acuáticas. De vez en vez salía al campo y volvía cargado
de semillas. Cuando él trabajaba en el jardín, había que emboscarse para verlo; de otro modo, suspendía la obra, y decía:
"que ansina no podía trabajar", y se ponía a rascarse la greña
con nn mohín verdaderamente infantil.
Y las bugambilias extendían por los muros sus mantos
morados, las magnolias exhalaban su inesperado olor de limón;
-5-

�Silueta del Indio Jesús

6

las drlicadas begonias rosas y azules prosperaban entre la
sombra, desplegando sus alas; los rosales balanceaban sus
coronas; las mosquetas derramaban aroma de sus copitas
blan&lt;:as; las amapolas, los heliotropos, los pensamientos y nomeolvides reventaban por todas partes. Y la cabeza del viejo
aparecía a veces, plácida, coronada de guías vegetales como
en las fiestas del Viernes de Dolores que celebran los indios
en las canoas y chalupas del Canal de la Viga.
¡ Qué bien armonizan con la flor la sonrisa y el sollozo
del indio! ¡ Qué hechas, sus manos, para cultivar y acariciar
flores! De una vez Jesús, como su remoto abuelo Juan Diego,
dejaba caer de la tilma -cualquier día del año- un paraíso
de corolas y hojas. Parecían creadas a su deseo : un deseo
emancipado ya de la carne transitoria, y vuelto a la sustancia
fundamental, que es la tierra.

* * *
Jesús sabía deletrear y, con sorprendente facilidad, arabó
por aprender a leer. El esfuerzo lo encaneció poco a poco.
Comenzó a &lt;:ontaminarse con el aire de la ciudad. La inquietud
reinante se fue apoderando de su alma. El, que conocía de
cerca los errores del régimen, no tuvo que esforzarse mucho
para comprendrr las doctrinas revolucionarias, elementalmente interpretadas según su hambre y su frío. A veces llegaba
tarde al jardín, con su elástico paso de danzante, sobre aqtH•llas piernas de resorte hechas para d combate y el salto, aunque algo secas ya por la edad.
Es que Jesús se había afiliado en el partido de la rCYolución y asistía a no sé qué sesiones. Y o vi brillar en su cara
un fuego extraño. Comenzó a usar dr reti&lt;:encias. X o nos wía
con bnenos ojos. Eramos para él familia de privilegiados,
contaminada de los pecados del poder. A rl no se le embaucaba, no. Harto sabía él que no estábamos de acuerdo con los
otros poderosos, con los malos; pero, como fuere, él sólo creía
en los nuevos, en los que habían de venir. A mí, sin embargo,
"me tenía ley", como él decía, y estoy seguro de que se hubiera
dejado matar por mí. Esto no tenía que Yer con la idea política.
Una tarde, J esús depuso la azada, se quitó el sombrero,
me pidió permiso para sentarse en el suelo, diciendo que estaba
muy cansado, y luego dejó escapar unas lágrimas furtivas.
Comprendí que) quería hablarme. Siempre. en él, las lágrimas
anunciaban las palabras. Había una deliciosa dulzura en sus
discursos, una quejumbre incierta, un ansia casi amorosa de

7

Alfonso Reyes

llanto. Era como si. pidiera a la vida -más blanduras. Hubiera
sido capaz de reñir y matar sin odio: por obediencia, o por
azar. Porque el indio mexicano se roza mucho con la muerte.
Caricia, ternura había en sus ojos cierto día que tuvo un encuentro con un carretero. Este acarreaba .p iedras para embaldosar el corral del fondo. Yo los sorprendí en el momento en
que Jesús asió el sombrero como una rodela, dio hacia atrás
un salto de gallo, y al mismo tiempo sacó de la cintura el
cuchillo -el inseparable "belduque"- con una elegancia de
saltarín de t~atro. Yo lo oí decir, con una voz fruiciosa y
cálida:
-¡ Hora sí, vainos a morirnos los dos!

Costó algún trabajo reconciliarlos. Pero hubo que alejar
de allí al carretero. Todos adivinamos que aquellos dos hombres, cada vez que se encontraran de nuevo. caerían en la
tentación de hacerse el mutuo servicio de matarse.
Aquella melosidad lacrimosa que hacía de Jesús uno como
bufón errabundo, frecuentemente lo traicionaba. Iba más lejos
que él en sus intentos; disgustaba a la gente con sus apariencias de cortesía serYil; daba a sus frases más palabras de las
que harían falta, cargándolas de expresiones ociosas, como de
colorines y adornos. Indio retórico, casta. de los qne encontró
en la Nueva España el médico andaluz Juan Cárdenas, mediado.
el siglo XVI. Indi.o almibarado y, a la vez, temible.
Pf'ro no era esto lo que yo quería contar, sino que Jesús
sr puso de pronto un tanto solemne y me pidió un obsequio:
-Quiero -me dijo- que, si no le hace malobra, me regal e el niño una Carta Magna.
-¿,l'na Carta Magna, Jesús? ¿Un ejemplar de la Constitución? &amp;Y tú para qué lo quieres?
-Pa conocer los Derechos del Hombre. Y o creo en la
libertad, no agraYiando lo presente, niño.
Entretanto, comenzaba a desctúdar el jardín y algunos
rosales se habían secado.

*

*

*

Jesús vol vió al campo un día, donde no permaneció más
dP nn me-5. ¿ Qué pasó por Jesús 1 AQué sombra fue ésa que el
campo nos devoh·ió al poco tiempo, qué débil trasunto de
Jesús! Todo el vigor de Jesús parecía haberse sumido , como

�8

Silueta del Indio Jesús

agua en suelo árido. Ya casi no hablaba, no se movía. El
viejo no hacía caso ya de las flores ni de la política. Dijo
que quería irse al cerro. Le pregunté si ya no quería luchar
por la libertad. No: me dijo que sólo había venido a regalarme
unos pollos; que ahora iba a vender pollos. Inútilmente quise
irritar su curiosidad con algunas noticias alarmantes: la revolución había comenzado; ya se iban a cumplir, fielmente,
los preceptos de la Carta Magna. No me hizo caso.

Serge P Darmon / VOLTAIRE,

HISTORIADOR MODERNO

"Es demasiado fácil hacer el retro/o de VOLTAIRE eliminando lo
que estorba."

-Hora voy a vender pollos.

e

-Pero ¿no te cansas de ir y venir por esos caminos, trotando con el huacal a la espalda 1

R. POMEAU

ON sólo ver escrito el nombre de
VOLTATRE, ciertas personas se creen perdidas y piensan que
la maldición del cielo está sobre ellas. El juicio estrecho
es un producto de todos los tiempos y de todos los climas: no
hay que asombrarse. No queremos plantear, hoy, a propósito
de VOLTAIRE, ningún problema moral o ireligioso. Solamente
hablar de uno de los numerosos aspectos de su obra genial, de
una de esas cosas a las cuales hubiera podido aplicar su palabra: "Hice un poco de bien; es mi mejor obra."

-¡ Ah, qué niño ! ¡ Si estoy retejuerte !

Y cuando salió a la calle lo ví sentarse en la acera, junto
a su huacal, y me pareció que movía los labios. ¿Estará rezando? pensé. No; Jesús hablaba, y no a solas: hablaba con
una india, también vendedora de pollos, que estaba sentada
frente a él, en la acera opuesta. Los indios tienen un oído finísimo. Charlan en voz baja y dialogan así, en su lengua,
largamente, por sobre el bullicio de la ciudad. La india, flaca
y mezquina, tenía la misma cara atónita de Jesús.

* * *

Estos indios venían a la ciudad -estoy convencido- más
que a vender pollos, a sentirse sumergidos en el misterio de
una civilización que no alcanzan; a anonadarse, a aturdirse,
a buscar un éxtasis de exotismo y pasmo.

Se considera generalmente que la Historia en lengua francesa empieza con el "Discurso sobre la Historia Universal" de
Bossuet, en 1679. En efecto, esta obra marca el principio de
una corrirnte importante y rica, pero que no debía alcanzar
su verdadero valor hasta de un escritor prestigioso dedique
al problema parte de su genio: VOLTAIRE. (1)

Nunca entenderé cómo fue que Jesús, a punto ya de convertirse en animal consciente y político, se derrumbó otra vez
por la escala antropológica, y prefirió sentarse en la calle de
la vida, a verla pasar sin entenderla.

1910
(Inédito)

•.
r

Cuando éste se dedica a la Historia, ha tenido ya predecesores ilustres y sería un error considerarle como el creador
de un género nuevo. La verdadera importancia de VOI,TAIRE
está en la orientación que iba a dar a la materia histórica,
haciendo de ella no el tema de un mero arte literario, sino
una ciencia auténtica, estableciendo principios que prevalen
todavía en los estudios de'los historiadores de nuestro tiempo.
Y sin embargo cuando VOLTAIRE escribe, la mayoría de
los documentos están escondidos, en poder de tres potencias
celosas de su autoridad y cuidadosas de esconder los acontecimientos poco favorables a su prestigio: el Rey, la Aristocracia
y la Iglesia. Las famosas "Memorias" de Saint-Simon apenas
-9-

�10

,·oltaire, Historiador Moderno

publicadas en su totalidad ahora, no empezaron a parecer más
que un siglo después. Además de una real falta de documentación, -poco admir-ible por espíritu~ modernos acostumbrados
a la imparcialidad histórica, los predecesores de VOLTAIRE
tenían con la Historia libertades por lo menos curiosas. Fieles
en eso a una concepción general de la cultura característica
del siglo clásico francés, su principio fundamental residía en
nna imitación casi l'&lt;iempre torpe, de los autores antiguos. El
único modelo, muy gustado del público, era Tito Livio. Sus
amplios períodos, su frase oratoria, y sobre todo la idea de
una Historia basada esencialmente en la grandeza de los guerreros y de sus hazañas, daban, introducidos en los volúmenes
de sus imitadores, una literatura, solemne, artificial y sobre
todo reducida a un solo aspecto, parcial. de la pintura del
pasado. Y las críticas que estos historiadores hicieron a las
obras de VOLTAIRE atestiguan esta nostalgia de los escritores antiguos. De la misma manera, un siglo más tarde,
otro historiador rom,iclerado también como revolucionario,
Agustín Thierry, tendrá que librar los mismos combates que
YOLTAIRE para salvar la literatura europea del mal gusto
histórico y de la imitación de la Antigüedad.
Pero además dc-- esa imitación servil y mal entendida,
VOLT AIRE reprocha a sus predecesores, sobre todo a Bossuet,
el más importante, su concepción demasiado estrecha y sumamente teológica de la historia universal: "Parece haber escrito
únicamente para insinuar que todo fue hecho en el mundo
para la nación judía; que si Dios hizo reinar ~ Ciro, fue para
vengarles; si Dios mandó a los Romanos, fué también para
castigar a los judíos. .. " (Introducción al Ensayo sobre las
costumbres) (2). Algunos críticos modernos son más favorables a Bossuet, el cual, a pesar de una concepción errónea de
la Historia basada en la Biblia, supo, en un estilo admirable,
respetar la verdad histórica del detalle.
Pero si la acción de VOLT.AIRE hubiera sido únicamente
crítica y negativa, no merecería nuestros elogios. Lo que hace
el valor de nuestro filósofo, es el establecimiento de principios
que son los de la cien~ia histórica moderna.
Cosa nueva en esta materia y en estos tiempos, la preocupación de la verda&lt;l domina sus obras históricas: "La verdad
es tan preciosa que es respetable hasta cuando parece inútil".
Esta le obliga a la constante búsqueda de una documentación
abundante y precisa: testimonios de sobrevivientes memorias,
archivos ( que pudo consultar durante su cargo de historiógrafo del R('y), etc. (3). Sin embargo el deseo de numernsas

Serge P. Darmon

11

fuentes no debe hacer aceptar cualquier documento, Y la
Correspondencia, la cua~ nos p~rmit,~ seguir, . paso a paso su
encuesta es en eso muy mstructiva: Los testigos de los aoontecimientos se pueden equivocar. Sentí cuánto difícil era escribir la historia contemporánea... Principalmente, dudar de
las anécdotas·'. Y la misma regla aparece a lo largo de su
obra: "Admitimos como verdades históricas únicamente las
que son garantizadas. Cu~ndo contemporáneos, com~ el cardenal de Retz y el duque de la Rochefoucauld, ~nem1gos uno
de otro confirman el mismo hecho en sus memorias, tal hecho
es indl;dable • cuando se contradicen, hay que dudar;_ lo que
no es verosí~1il no debe ser creído, a menos que vanos ~ontemporáneos dignos de fe atestigüen unánimemente". (Siglo
de Luis XIV - Cap. 25). Discusiones o preguntas so?;e la autenticidad de los documentos, examen y confrontac10n de l?s
testic,os citatorios de testigos nuevos, encuesta suplementaria
en r.:so' de duda, método, fineza del juicio y seguridad de la
rrítica VOL'l'AIRE no descuidó nada de lo que puede conducir ~l historiador "hasta la extrema probabilidad. la única
posible en esta ciencia que no espera la certidumbre matemática". Pero no nos equivoquemos, este apego a la verdad
no debe estorbar la Historia con detalles superfluos: "¡ Malditos sean los detalles! Es una plaga que mata a las grandes
obras".
Se ha dicho de VOL'rAIRE que era "el primer h_istoriad?r
de la civilización". Pnes hasta ahora no hemos exammaclo mas
que las cualidades de un buen obrero concienz~1do. Pero ~~
verdadero c,enio se revela sobr e todo en la materia que escog10
labrar. Su; ideas sobre la materia de la Historia son nunwrosas; examinaremos las principales. Leemos en la "Introducción al Siofo de Luis XIV": "Intentamos retratar para la
posteridad~no las acciones de un solo hombre, sino el espíritu
de los hombres en el siglo más ilustrado que fué ~nmca"; _pero
si no escribe la historia de un rey, hace notar la mfluenc1a de
éste, que hizo nacer a su alrededor_ tant_a p:rosperida~, tanta
beldad, tanta gloria. No es la Providencia la que gobierna ~l
mundo, como lo pretendía Bossuet; los hechos son determinados por una serie de otros hecho~ que pueden pa~ecer casualidades, pero cuando la aut?ridad . de un rey ex~ien?e s,?
influencia benefactora, la casualidad pierde su potencia ciega .
'fo&lt;los los tiempos produjeron héroes y pol~tico~; todos lo~
pueblos sufrieron revoluciones; todas las histori~s so!1 casi
iguales para quien no quiere p_oner en su mem~ma mas que
hechos. Pero cualquiera que piense, y, cosa mas rara, et1alquiera que tenga gusto, no cuenbi. más que cuat:o siglos en
la historia del mundo. Estas cuatro edades felices son en

�12

13

Serge P. Darmon
Voltaire, Historiador Moderno

vez la verdadera ocasión del "Siglo de Luis XIV", un deseo
de rebajar el siglo XVIII y.ª Luis XV, ~l. c_ual
anima a los
artistas y a los sabios. Su 1dea de la C1v1hzac10n es, por eso,
un poco estrecha; su división en cuatro siglos, cada uno presidido por un gran hombre, no corresponde a la verdad exact~.
Según VOLTAIRE, la civilización francesa empieza con Lms
XIV; y para establecer eso, no hesita él a _co1!-siderar la_Eda?
Media y el Renacimiento como épocas sm importancia (siguiendo en eso las ignorancias de sus contemporáneos) . De
la misma manera, en el "Ensayo sobre las costumbres" se
abandona a su pasión (justa, pero aquí exagerada) contra la
intolerancia. La idea que apareció en el "Siglo de Luis XIV",
se()'ún la cual es mutilar la Historia el reducirla a la civiliza~ión occidental y a sus orígenes greco-judíos como lo hace
la IO'lesia µasa a aquí al primer plano. VOLTAIRE fué demasiado lejos; "no vió que la Iglesia, entonces fuerza de reacción y de opresión, fué algún tiempo, fuerza de _progreso y
de liberación". ( G. Lanson). Para él la era medieval no ~s
más que un período de obscurantismo bajo la omnipotencia
de la Iglesia.

-~º

las cuales las artes se perfeccionaron y que, sirviendo de época
a la grandeza del espíritu humano, son ejemplo para la posteridad ... " (ídem) (4). En una carta a d'Argenson, del 26
de Enero de 1740: "No se ha hecho más que la historia de los
reyes; pero no se ha hecho la de la nación. Parece que, durante
· catorce siglos, no hubo en las Galias más que reyes, ministros
y generales ; pero nuestras costumbres, nuestras leyes, nuestro
espíritu ¡,no es nada?". En una carta al abate Dubos, del 30
de Octubre de 1738: "No es solamente la vida de este príncipe
(Luis XIV) la que escribo, no son los anales de su reino, es
más la. historia del espíritu humano, sacada del siglo más
glorioso para el espíritu humano". También en una carta a
Thierot del 15 de Julio de 1735 ( 5). Tomando como tema de
sus estadios, la civilización, VOLT.AIRE fué tan original en
su tíempo como Spengler en el nuestro. Introdujo, en su "Ensayo", la historia de pueblos de los cuales los historiadores
no hablaban. "Hubiera sido bueno que (Bossuet) no haya
olvidado completamente a los antiguos pueblos del Oriente,
como los Indios y los Chinos que fueron tan considerables
antes de que las otras naciones fuesen formadas". Nuestro
filósofo se interesa también en todos los hechos que puedan
hacer entender "las costumbres y el espíritu de las naciones",
como la invención de los molinos de viento, de los espejos de
cristal, del papel, etc. En fin, VOLT.AIRE actúa como un
historiador moderno; si la Historia, tal y como la concebimos
hizo en dos siglos inmensos progresos, podemos decir sin embargo, que es!amos mucho más cerca de VOLTAIRE que él
lo estaba de sus predecesores.
Oponiéndose a las de Bossuet, sus ideas directoras y su
concepción dd historiador, son revolucionarias. Sobre todo,
con el "Siglo de Luis XIV", VOLTA.IRE inauguraba una filosofía verdaderamente laica de la historia. Esta no es una mera
acumulación de hechos; de todos los acontecimientos se debe
poder sacar una enseñanza : "No nos determinemos a escribir
esta vida (la de Carlos XII) solamente por la pequeña satisfacción de escribir hechos extraordinarios; hemos pensado que
esta lectura pudiera ser útil para algunos príncipes... La vida
de Carlos XII debe enseñar a los reyes cómo un gobierno
pacífico y feliz está por encima de tanta gloria". El plan
original del "Siglo de Luis XIV" se explica así por la pasión
sincera de VOLTAIRE para las letras, las ciencias, las artes,
la obra intelectual de la Civilización. Desgraciadamente debernos confesar que la enseñanza filosófica vence algunas veces
la imparcialidad necesaria. Con querer demostrar Bemasiado,
VOLTAIRE¡ cae de vez en cuando, en errores, tan graves como
los que fustigaba en los otros. El pensamiento satírico fué tal

r

"'

Pero fuera de estos errores de detalle, la obra histórica
es un monumento sin par. Hasta si no hubiera escrito más
que estos libros, merecería nuestra admiración y nuestro reconocimiento. A propósito del "Siglo de Luis XIV", Lord
Chesterfield escribía: "Es la historia del espíritu humano escrita por un hombre de genio, para el uso de la gente de espíritu". Efectivamente, VOLTAIRE supo no solamente dar a
la Historia sus métodos, sino que además le ofreció el apoyo
de su estilo prestigioso. Cree que la Historia pide el mismo
arte que Ja tragedia, es decir un estilo claro, sobrio y preciso.
Se defendió de querer escribir por escribir; al contrario quiso
libertarse de "la costumbre absurda de los retratos, de las
arengas de las leyendas inventadas". "Es una gran charlatanería q{1erer retratar a un personaje con quien no hemos vivido". El defecto de este estilo es, naturalmente cierta ausencia de vida y de color. Si se compara con el de Saint-Simon,
parece seco y abstrae_to. Le falta esa impresión de realidad
cercana, viva, que, por la sensación y el color, es una reconstitución del pasado. En desquite, es el estilo que conviene a
una verdadera Historia, a una obra de análisis y d~ síntesis.
"Buscamos sensaciones cuando VOLTAIRE no nos da más que
nociones".
Se equivocó algunas veces. Se permitió juzgar la Historia,
y SllS juicios tienen un valor muy .desigu/l.l. Hasta no sabe
ahand-0nar siempre ciertos prejuicios incompatibles con la im-

�14

Voltaire, Historiador Moderno

parcialidad histórica. Todo eso es verdad. Pero no impide
a VOLTAIRE ser el primer historiador moderno. Dio ejemplos
basados en un buen método, escribió obras cuya utilidad permanece, y alargó eJ marco de la Historia. No son estos méritos
menores. El público ignorante, o voluntariamente mal instruido, tiene la tendencia de negar sistemáticamente lo bueno
de VOLTAIRE, en nombre de principios absurdos. Devolvamos a 1~ menos a éste, uno de sus mayores méritos, sin por
eso admirar todo y sin discusión. El voltairianismo no debe
escondernos las cualidades de un escritor del cual Goethe
decía: "Es el más gran hombre en literatura de todos los
tiempos; es la creación más asombrosa del Autor de la naturaleza".

NOTA

s·

(1)-Obras históricas de VOLTAIRE:
-Historia de Carlos XII (1731)
-El Siglo de Luis XIV (1751)
-Ensayo sobre las costumbres (1756)
(2)--En estas líneas, VOLTAIRE hace alusión a estas frases de BOSSUET·
"Cuando los Reyes, hijos de David, siguen el buen ejemplo de su pa~
dre, Dios hace milagros sorprendentes en favor de ellos; pero sienten,
cuando degeneran, la fuerza Invencible de su mano que cae sobre
ellos .. Los rnyes de Egipto, los reyes de Siria, y sobre todo los reyes
de Asma y dr Bablloma, sirven de instrumentos a su venganza. La
Impiedad aumenta y suscita en el Oriente un rey más soberbio y más
temible que tocios los que habían aparecido hasta entonces. . . Sin
em~argo el momento se aproximaba en el cual la venganza divina
deb1a caer sobre los Judíos Impenitentes: el desorden se hizo en
ellos: un falso celo les ciega... Dios les entrega al sentido reprobado
Se rebelan contra los Romanos que les oprimen ... " (Discurso sobre
la Historia Universal)
(3)-Carta al Abate Dubos (30 de octubre de 1738)
"N~ tengo otras memorias, para la historia general, que unos 200
volumen~s de memorias Impresos que todo el mundo conoce; no se
trata mas que de formar un cuerpo proporcionado con todos estos
~iembros esparcidos, y de pintar con colores verdaderos, pero de un
. ro, lo que. Larrey, Llmlers, Lamberty, Russel etc. falsifican y desllen, en volumenes.
'
'
é Para la vida .~&gt;rivada de Luis XIV tengo las "Memorias del Marqu s de Dangeau en cuarenta volúmenes, de los cuales saqué cuarenta pág~as; tengo lo que he oído decir a viejos cortesanos, criados,
grahdes senores, Y otros, y guardo los hechos en los cuales concuerdaJ?-, Abandono lo demás a los hacedores de conversaciones y de
anecdotas. Tengo un extracto de la famosa carta del Rey a propósito
del seftor Barbezleux, del cual indica todos los defectos que perdona
en. favoxr de los servicios del padre: lo que caracteriza mucho mejor
a ....u 18 IV que las alabanzas de Pelllsson.
Estoy bastante instruido de la aventura del hombre de la máscara de fierro, muerto en la Bastilla. Hablé con gentes que le sirvieron ...
Sobre los asuntos de la Iglesia., tengo todo el fárrago de las Injurias del partido, e intentaré sacar una onza de miel del ajenjo de
los Jurien, Quesnel, Dou¡:in, etc.
•

Serge P. Darmon

15

Para el interior del reino, examino las memorias de los intendentes, y los buenos libros que tenemos en esta materia .. .
Con respecto a las artes y a las ciencias, no se trata más, creo,
que de trazar el camino del espíritu humano en filosofía, en elocuencia, en poesía, en crítica; demarca los progresos de la pintura,
de la escultura, de la música, de la Joyería, de las manufacturas de
tapicería, de espejos, de tela de oro, de la relojería. No quiero más
que pintar, caminando, a los genios que se distinguieron en estas
materias. ¡ Dios me preserve de utilizar trescientas páginas en la
histeria de Gassendi! La vida es demasiado corta, el tiempo demasiado precioso, para rlec!r cosas inútiles".
(4)-Estos cuatro siglos son: el de Alejandro, el de César y Augusto, el
de los Médic!s, y el de Luis XIV.
(5)-Carta a Thiérot (15 de Julio de 1735)
"Cuando le pedí anécdotas sobre el siglo de Luis XIV, es menos
sobre su persona que sobre las artes que florecieron en su tiempo.
Me gustarían más detalles sobre Racine y Boileau, sobre Qu!na.ult,
Lulli, Mollére, Lebrun, Bossuet, Poussln, Descartes, etc., que sobre
la batalla de Stelnkerque. No queda más que el nombre de los que
condujeron batallones y escuadrones; cien batallas no dan nada al
género humano; pero los grandes hombres de los cuales le hablo
prepararon placeres puros y durables para los hombres que todavía
no han nacido. Una exclusa del canal que reune los dos mares, un
cuadro de Poussln, una hermosa tragedia, una verdad descubierta,
son cosas mil veces más preciosas que todos los anales de la cortte,
que todos los relatos de campaftas. Sabe que para mí los grandes
hombres van primero y los héroes.al último. Llamo grandes hombres
a todos los que se distinguieron en lo útil o en lo agradable. Los
saquea.dores de provincias no son más que héroes ... "

�Luis Horacio Dur4n

..
Luis Horacio Durán / CANCJON PARA EL REGRESO

Pájaro que en la tarde se despliega
-arco oscuro en el rayo que le ciegay af árbol mismo de su huída llega.
Ultima luz que viaja inútilmente
desprendida del sol por accidente
y le vuelve a encontrar en el oriente.

Heme, otra vez, igual que en la partida
-círculo al fin, en línea definida
que no puede escapar de su medida-.
Heme otra vez, n~stalgia en el acento,
-idéntica la voz, el mismo viento
que regresa en su propio movimiento.
Vuelvo otra vez, en vuelo de gaviota
que vuelve al mar llevando su derrota
inmóvif en su cruz, triste y devota.
Vuelvo otra vez al borde del sendero
con la misma esperanza de viajero,
en la misma esperanza prisionero.
Agua en rayo de sol que le provoca
y emprende el viaje y luego lo equivoca
y en su misma partida desemboca.
Circunloquio en la voz que se regresa
a sus mismas palabras de promesa
y se encuentra a sí misma por sorpresa.
-16-

Sombra olvidada que al azar se deja
y en otra sombra luego se refleja
y S!;l vuelve a encontrar, muda y perpleja.
Surco que al agua sigue como arcilla
y se queda esperando entre la orifla
para volver, buscando su semilla.
Nube que entre sí misma se encarruja
y al viento entre sus márgenes estruja
y más tarde -otra vez- se desdibuja.
Tierra que en una sombra se convierte
y luego emprende el viaje, de tal suerte
que vuelve a ser fa misma con la muerte.
Caminante al camino encadenado
-círculo al fin-, he vuelto a la partida
con la misma figura oscurecida
e idéntica la voz en el llamado.

17

�Sergio F ernández

Sergio Fernández/

VIDA DE DON GREGORIO GUADAÑA

LAS

fuentes de información que poseemos de la Vida de Don Gregorio Guadaña, son las que nos
ha dado Angel Valbuena Prat , p ero para nuestro propósito
nos bastan ya que es otra obra que, a nuestro parecer, no puede ser considerada genuinamente como picar esca. Val buena
nos dice que dicha novela forma parte de una obra llamada
El siglo pitagórico y vida de Don Gregorio Guadaña de Antonio Enríquez Gómez, y agrega que dentro de ella ofrece un
carácter aislado y autóctono, aunqu e está engarzada _ en el
marco de ficción de la transmigración de un alma en diversos
tipos sociales de la época. La Vida de Guadaña corresponde
a la Transmigración V ; la IV ha sido
de un valido Y la
siguiente ser á la de un hipócrita. Publicado en 1644, ofrece
pues una gran novedad par a las letras españolas. ~l aut ?r,
por su p ar te, p ar ece ser hij o de u n converso portugues, van as
veces perseguido por la Inquisición como judaizante. Fué quemado en efigie en Sevilla, pero protegido por el grupo hebreo
de Amsterdam se salvó del auto de fe. Pese a esto la obra no
par ece marcada con un sello fuertemente judío. El t ema de
la transmigración del alma, que da coherencia al con junto,
está aludido dentro de la novela misma de Guadaña cuando en
el capít ulo V se afirma que la opinión de Pitágoras, que dice
se pasean las almas de cuerpo en cuerpo como de flor en flo:·
No hay, por lo demás, en toda la obra, una verdader a oposición en contra del dogma católico ; por el cont rario, se ven
muchas afinidades con la ortodoxia española.

!ª

Enríquez Gómez es un magnífico escritor barroco, a más
de notable poeta, también a la manera gongorina. Su obra es,
sobre todo en un principio, de gran ingenio y sutileza; en el
-18-

19

estilo fluido y ágil, se nota de inmediato la influencia de su
maestr o, Francisco de Quevedo. Enormemente gracioso, al
final cae empero dentro de una r elativa sosez que hace que la
obra venga a menos. Sin embar go, como ya dijimos, es ingeniosa y entretenida y se comprueba en ella una vez más la
per fección que los escritor es bar r ocos alcanzar on en el manejo
de la lengua. Quevedo está presente desde el principio, cuando
Guadaña dice Y o, señores míosl nací en Tria.na, un tiro de vista
de Sevilla, por no tropezar en piedra. Mi padre fué doctor
en Medicina, y mi madre comadre; ella servía de sacar gente
al mundo, y él de sacarlos del mundo, uno les daba. cuna., y
el otro sepultura ( Cap. 1; pág. 1595). Cuenta pues Don Gregorio su patria y genealogía en forma picante, aunque no es
sólo lo satírico lo que constituye su personalidad literaria,
pues, buen hijo de su siglo, está saturado de pesimismo y
desengaño. Constantemente habla de la muerte y se r ecr ea en
afirmar que no es otra cosa que l a propia vida, ya que la
existencia verdader a está en el más allá. Al principio de la
obra, por sus descripciones y diálogo, parece en efecto que
nos vamos a ene&lt;mtrar con algo picaresco : Mi abuelo por parte
de mi padre era sacamuelas; llamábase Toribio Quijada, Y
desempedraba una y otra. a. las mil maravillas. Solía ponerse
en la plaza con un rosario de huesos al cuello, y hacía una
oración ta.n piadosa, que la. mayor parte de la gente estaba
la boca bierta escuchándole. Limpiaba. dientes y muelas con
tal gracia, que nunca más se hallaba, en la. boca (1596) . Y
también : En esto de poner dientes era único, tan bien los ponía
como los quitaba; pero en lo que ninguno le llevó ventaja fué
en hacer ojos; podía uno quitarse los suyos por ponerse los
que le hacía, y era tan letrado en esta materia, que con haber
hecho dos mil tuertos derechos, ninguno veía la claridad de su
justicia (Ibidem) . Y en seguida: Una prima .hermana mía, hija
de mi tío el cirujano Ambrosio Jeringa, era maestra de niñas;
lla.máibase Belona Lagartija, y era ta.n extremada en todo género de costura, que labraba. un enredo de noche sobre la almohada, ta.n bien como de día le zurcía. Tenía a car~o algunas
niñas, no ta.n niñas g_ue no tuviesen niños que las llevasen y
trajesen de la escuela (I bídem). Después cuenta Gregorio su
nacimiento prodigioso. Su filosofía, evidentemente, es la de
un pícar o pues a mi flaco juicio, el más bien nacido fué siempre el que vive mejor. Es también entremetido desde que está
en el vientr e de su madre, ya que no la dejaba dormir de noche,
a puras coces. Solía meterme entre las dos caderas y ella daba
una voces tan fuertes, que las ponía en la vecindad, por no
enfadar al cielo. Cuando ella estaba descuidada, solía yo darle
una vuelta al aposento de su vientre y revolverla hasta las

�20

Vida de don Gregorio Guadaña

entrañas. "Doctor -decía rabiando-. ¿qué Roberto el Diablo
me habéis metido en el cuerpo? "Jesús mil veces, decía él,
estáis endemoniada" ( 1599). Y al fin nace, comenzando a sa,..
cudir las tónicas de la vida para vestir las de la muerte . ..
A visó la comadre discípula de mi madre, a mi padre este trabajo, profetizando un parto peligroso, como si no lo fueran
todos, pues salen a morir. Y después el mismo lamento de
siempre, angustioso y fatal: ¡ Quién dijera que despu~ de nueve meses de cárcel me diesen libertad en otra más oscura . . .
metiéronme en la cuna, primera sepultura del hombre, y con
toda la música de Ga.licia no me harían dormir si yo daba
en llorar.
Don Gregorio viaja de Sevilla a Madrid, y cuenta lo que
le acontece en el camino. Pero cosa rara, leemos el libro y
resulta que no sucede nada. La novela se deja arrastrar por
una serie de consideraciones de filosofía cristiana de la vida,
naturalmente todo ello salpicado con chistes conceptuosos muy
bien logrados a lo largo de todas sus páginas. Retratos finos
y sarcásticos no faltan, como cuando describe a la huéspeda:
Era tan calurosa, que siempre se estaba bañando en el sudor
de sí misma, pero el agua salía de una fuente tan sucia, que
sólo la podía oler el pesonero; a su lado venía la criada, no
tan criada, que no tuviese criados, si bien con el mucho ·~rabajo estaba tan flaca, que parecía bujía en la mano de su
ama, no vi moza más descarada en mi vida, porque no la ·tenía.
Y como ésta hay muchas otras pinturas de gente de baja ralea.
El diálogo es fuerte pero gracioso, obsceno las más veces y
siempre divertido, mezclado con él la filosofía quevediana que
asoma a cada paso : No se tiene lo que no se posee; no en vivir
consiste la felicidad del hombre, sino en saber como se vive.
Nuestra vida es un día de veinte y cuatro horas ; en una salimos del mundo, y en otra le habremos de dejar. No por tener
menos años se aumenta la vida, los dolores sí; pues siendo los
días mares de nuestra vanidad y corriendo tormenta en ellos,
el que estuviere más cerca de la muerte, estará más pronto de
llegar al puerto. No caducan los ancianos, los mancebos sí;
pues los unos saben que han de morir, y los otros aspiran a
vivir, y más juicio tiene el que se pone con experiencia que el
que sale sin ella. No por quitarse los años se vive más, antes
menos, pues pensando engañar al tiempo, nos engañamos a
nosotros mismos. El principio del nacer es geroglífico del
morir; todos nos vamos, y la tierra permanece; salimos como
flor, y luego somos cortados del campo de la vida. Los que
se quitan los años se quitan las armas de la sabiduría. Más
v~e contar más que menos, pues no hurta quien gasta de sí
mISmo los días de su vanidad. Los filósofos antiguos trabaja,..

Sergio Fernández

21

ron por llegar a la edad perfecta, pero nosotros trabajamos
por llegar a la edad de la ignorancia. Los cuatro humores
llevan la carroza de, nuestra vida sobre las alas del tiempo;
pretender echar a.tras las ruedas de este triunfal edificio es
q~erer retroce~er el. curso y velocidad de los planetas. No es
bien que ~os 3:11os vivan con cuenta y la virtud sin ella. El
caballo mas diestro cae en el principio de su carrera. Tan
presto se ~treve la muerte a derribar un mancebo de veinte
Y cuatro anos como un viejo de ciento. Ninguno se agrave de
serlo pues no hay mayor afrenta que infamar el tiempo y la
naturaleza (1612) .
Sin embargo Y a pesar de esta añoranza por el más allá
sabe qu~, lo que salv~ a~ ~ombre es la acción, que no la contempla~10.n, en ello si distmto al sentir español de la época:
sa~er vivir
saber o_brar; retirarse. del mundo por buscar la
qme~~d sera pr_u~enc~a, pero no , sabiduría, porque la contemplac~on del ~spmtu sm obras mas viene a ser vicio de la po~nCia que ~ud del, acto. Y es que la heterogénea personahda~ ~e Enn~uez Gomez le da ese carácte:; medio español,
medio mte1;nacional,. q~e raras veces se presenta en la literat ura_de ,1~ epoca. Asnmsmo, hemos visto que sus discursos son
m~di? eticos, medio cínicos y burlescos, jugando con todo
existiendo ~n el !ondo sólo la gran amargura del ser incon~
fo~me consi~o mismo. Los lances de Guadaña no son ni siquiera p~opiame~t~ aventuras, pues es lo común y corriente
lo que a el le esta impuesto : enamora en Madrid a una dama.
otra vez toma venganza de un alguacil que le quita la guitarr~
en nna serenata Y cosas más por el estilo. Como consecuencia
lo met~n a la cárcel, pero sale a la postre bien librado. Por
lo, d~mas no parece que Don Gregorio tenga dificultades economica_s, pues nunca lo menciona. Sin embargo, parece que
~uada?a ~e _desenvolverá y caerá en la acción que preludia su
filosofia ~mica y desvergonzada ("el mejor nacido fué siempre
el q~e vive ~ejor"), y en p~rte estoico cristiana, como el
prop10 Guz~an. Pero contrariamente. a esa suposición como
ya hemos di~ho, no actúa. Su mente ociosa hilvana u~o tras
otro ~ensa,mie~tos descar~dos y p~careiscos, pero sin que por
el_lo viv,a el n~smo, reacc10ne segun sus propias enseñanzas
Si ~n picaro tiene una se~ incontenible de libertad, él si pose~
a!gun deseo, e~ el d~ morir, ya que en ello encuentra el sentido
fi~al_ de la ex1stencia humana. Si un pícaro es cobarde e hipocrit~, .º pobre, Guadaña no presenta en r ealidad como caract~n shca_s ese~ciales tales afinidades. Es en cambio, como
el picaro, mgemoso, malévolo, cínico, pero todo en potencia
no en ~cto, pues si Guadaña critica y muerde a la sociedad y
a la vida toda con el pensamiento audaz de un Don Pablos

;S

'

�Vida de don Gregorio Gu~aña

no actúa como él, ni como nadie, en último término, pues lo
que hace es pasarse la vida discurriendo, como cínico o como
pesimista: es una novela paralítica· la suya. Si se llegara a
considerar a Guadaña un pícaro, sería, en todo caso, un pícaro
"in mente", nunca en acto, lo cual ya implica una disparidad
para poderlo catalogar en definitiva como producto genuino
de la picaresca. ¿Por qué no acaba de decidirse a actuar como
un pícaro, a hacer las cosas que realizan Pablos y Trapaza,
ton o sin r emordimientos de conciencia, pareciéndose en esto
último a Est2banillo ? En realidad a nosotros nos parece el
libro muy hispánico en cuanto que está saturado de ese pesimismo que da forma a casi toda la novela del 2i.7VII, pero no
es una novela picaresca porque simplemente Enríquez Gómez
no tenía ganas de hacer un pícaro de Guadaña. Su pensamiento picaresco no es sino el toque íntimo con el cual Gómez se
estuda para criticar a la sociedad y dar un matiz inteligente
a su personaje. Es una obra que aparentemente trata de diwrtir pero que lleYa implícita la gran lección de que esta
vida sólo es un tránsito al más allá, la verdadera y eterna
morada de las almas. Gregorio es triste y amargo, con contrastes fuerte'&gt; y bien marcados. Todo en H es malo, como en
~!ateo Alemán, triste y desventurado. Sólo que mientras Alemán nos pone un ejemplo negativo con la vida del pícaro Guzmán, Enríquez Gómez se conforma con moralizar en primer
plano sin nec~sidad de que la vida de Guadaña sea mala y de
ella hayamos de derivar el ejemplo.
Del amor nos dice que El amor del padre para con el hijo
lo busca. en engendrarle, y el amor del hijo para con el padre
en heredarle. La mujer que más ama y quiere a su marido
mira. primero su comodidad en la dote, por ser los bienes de
fortuna en la. mujer más amparo que en el hombre. El sabio

la busca en la adulación; el mercader, en la usura; el escribano,
en la pluma; el labrador, en la nube; el tahur, en la flor; el
cortesano, en la lisonja.; el malsín, en la traición; el ladrón,
en la noche; el homicida, en la sangre; la doncella, en la esperanza; la viuda en el monjil; y todos, antes de ejercer lo
útil de su estado, le tienen librado en la comodidad y conservación del individuo (1631). Todo es pues, en este mundo,
adulación, mentira e hipocresía. La obra es, por otra parte,
un tanto incompleta, pero esto se entiende al saber que es sólo
parte de otra mayor. Al final se relatan una serie de aconte(•imientos que decaen, si los comparamos con el principio &lt;le la
obra, tan sugestiva y llena de un grotesco sentido del humor
que ridiculiza la vida.

Myron 1

EL TEMA DE LUCIA MIRANDA
Lichtbfau / EN LA NOVELA ARGENTINA

LAS

novelas sacadas directamente de
la historia quedan generalmente al marO'en de la médula de
la ficción argenti_na! ~astante apartadas" de lo que se puede
llamar el sello d1stmtlvo de este O'énero. Tales obras como
Myriam la conspiradora (1926), Tie~a de jaguares (1927) de
IIugo as~, El capitán Vergara (1925), de Roberto J. Payró,
o la tr1lo~ia sobre la 9uer~a. del Paraguay (1928-1929), de
)Iauuel GalYez,. 1 no , se 1dent1fican de lleno' ínteO'ramente
con
b
&gt;
e1 tl esarro11o m caracter de la novela nacional, sino que forman un grupo de obras anómalas, misceláneas mucho más el
fruto de _la inspiración propia del autor que ~l producto repre~entat1vo de escuelas y tendencias literarias. Si pasamos
revista, a la extensa pro_~ucción novelesca de la Argentina, lo
que ,m_as l~ama
aten~10n por su originalidad, significación,
.v mento literario son ciertas obras gauchescas obras r ealistas
Y naturalistas de ambiente porteño o de pro~incia y las de
profund? contenido psicológico y social dentro de
modalidad nacional. Hay excepciones, claro está, siendo el caso más
11otable el de Amalia, que por su designio polítio y ataque
whemente en contra de una tiranía opresiva estimuló tanto
la formación de l a noYela argentina a mediados del siglo pasado. Pe!'º _;1?n esta obra no cabe por completo dentro de la
novela l11stonca, ya que su punto de enfoque no es una reeonstruc~ión de una época pasada, ~ino una interpretación de
la actualidad.

'Y

-

Ja

ia

.. Sin ala rga: _esta i~tr_oducción, por necesaria que sea, pas~mos al propos1to prmc1pal de este artículo-un estudio de
ci~co novelas argentinas que versan sobre el tema de Lucía
)I1randa. .A_l tratar estas obras de fondo histórico no deseo
darles, por rnfcrencia, mayor importancia literaria ' de la que
en efeeto poseen. ?\o son obras de primer r an go, y como tan-23-

�Myron l. Lichtblau
24

tas otras de su índole, no ocupan más que un lugar _secundario
en la ficción argentina. No obstante, forman ~onJuntam~i;te
una entidad novelesca digna de estudio y de mterpretacion.

obra de Alejandro R. Cánepa, 5 ~scritor de poca fama que
ensayó varios tipos literarios sin gran éxito en ninguno. El
célebre y fecundo novelista Rugo W ast 6 es el último que se
ha valido del tema, publicando su obra en 1929.

Bien conocido es el asunto en que_ se_ ~asa el r_elato _de
Lucía :Miranda. Los españoles, ya a prmcip10s del siglo diez
y seis, fundaron su primer es~ablecimiento
el fue~te d~l
Espíritu Santo, en la confluencia del Carca~·ana y del Parana.
Lucía Miranda acompañó a estas nuevas tierras a s?- . esposo,
el valiente militar Sebastián Hurtado, y el amor fren~tico Y la
pasión ardiente que esta mujer inspiró en Mangora, Jefe de_ la
tribu indígena llamada los Timbúes, acarrearon consecuencias
fatales. Valientemente se comportó Lucía Miranda arrostrando las exigencias de este hombre primitivo, pero resulta_do _de
su resistencia fué la destrucción total del fuerte por los mdios
y la muerte de Lucía y de su marido. Respecto de muchos
detalles existe cierta vaguedad y un velo de duda. No _deseo
entrar aquí, por estar fuera de los límiü'.s. de este trab_aJo, en
la controversia acalorada sobre la autenticidad _Y exactitud ~e
gran parte de la materia relacio~ada con la figura de ~uci~
Miranda y con el grupo de esp~noles al 1!1ª1~do de la expedición. La suerte trágica de Lucia y la perdida del fuerte se
prestan a una variedad de interpretaciones novelescas, aunque
en todas las obras es casi idéntica la armazón fundamental que
rodea los distintos episodios.

De más significación para nosotros que las fechas exactas
de estas obras es el período literario en que se escribieron. .A
la etapa incipiente del desarrollo de la novela argentina corresponden las primeras dos obras. Allá por el año de 1860
apenas comenzó la novela, siendo Amalia una de las pocas
obras notables y bien conocidas entre una veintena de obras
ya olvidadas por _completo. La corriente romántica, llevada
de Francia principalmente, llegó a formar la marca característica de esta ficción en sus años de novicio. Así en este medio literario, en que se notan,la exaltación inmoderada de los
sentimientos y la exageración desenfrenada de las pasiones
conforme al gusto romántico, se concibieron y se ejecutaron
las novelas de Mansilla de García y de Guerra. Aparece en
ellas, en una de sus primeras manifestaciones, el elemento
autóctono con las figuras de l\fangora y Siripo y los demás
miembros de la tribu timbúe. Tema propio para la escena
romántica es el del indio con sus costumbres extrañas v modos
de vivir primitivos y pintorescos, lo cual vieen a ree.mplazar
hasta cierto punto el tema de la E&lt;lad Media o de un pasaqo
histórico, en que frecuentemente se inspiraron los románticos
alemanes y franceses.

Es bien evidente la adaptabilidad del cuento de Lu~ía
Miranda a una versión novelada. En primer l_ugar, las circunstancias y los acontecimientos de la tragedia se enredan
en un argumento interesante y conmovedor de grandes toqu~s
romancescos. Por lo que se refiere a la escena, nada !nas
atrayente que las tierras desconocidas y salvajes de las tribus
autóctonas sobre todo cuando ésas se hallan en contacto con
-otra raza, 'con el otro mundo de los. españoles., Y todo :ste
conflicto de culturas opuestas se despliega en l~ epoca glo~ios~
del Imperio Español, cuyo poder se hace senti;, aunque mdirectamente en todas las novelas. En este medio se mueve un
grupo de p'ersonajes decididos, fuertes, apasionados, cada uno
luchando por lo que más valúa o codicia.

El período en que se publicó (1879 ) la tercera novela de
Lucía Miranda era poco definido y amorfo, una época en que
se ensanchó el alcance de la novela con el aporte de nuevos
temas diversos. 7 Ya se consumió el ímuetu de la corriente
romántica y no empezó todavía el gran oleaje de novelas realistas de los años 1880-1900. La novela de Méndez pasó casi
inadvertida entre el público que en este mismo año de 1879
leía absorto los capítulos folletinescos de Juan Moreira, 8 célebre obra gauchesca que inició la carrera novelística de
Eduardo Gutiérrez.

:~1

,,

25

El Tema de Lucía. Miranda en la Novela Argentina

Las primeras dos obras que tratan el tema de L~cí~ Miranda aparecieron el mismo año, 1860, en verdad cas1 simultáneamente. Son obras de dos mujeres, Eduarda Mansilla de
García 2 y Rosa Guerra, 3 quienes en su tiempo disfrutaron
de bastante fama en los círeulos literarios de Buenos Aires.
De la plum;i de un autor obscuro, l\Ialaquías Méndez, 4 v~no
en 1879 la tercera novela sobre el tema. Pasaron muchos anos
hasta que vió la luz otra novela; ésta, aparecida en 1918, fué

Cuando salió a luz la Lucía Miranda de Cánepa, en 1918,
ya había evolucionado bastante la novela argentina con
las dos corrientes de realismo y de naturalismo en el siglo
diez y nueve, y con la aparición posteriormente de novelistas
de primera categoría . .A.sí durante la misma década en que
apareció la obra de Cánepa, la ficción argentina llegó a muy
altas cumbres con tales novelas como La maestra. normal
(1914), El mal meta.físico (1916), La casa de los cuervos
(1916), y Los ca.ranchos de la. Florida (1916). Lucía Miranda.
se publicó modestamente, sin grandes pretensiones literarias,

�Myron . l. Lichtblau
26

'I.

27

El Tema de Lucia Miranda en la Novela Argentina

rodeada de muchas novelas que representaba1;1- J:!~r con~raste
escalones importantes en el desarrollo de la ficc10n nac10nal.
Nunca salió de su obscuridad literaria, a pesar de haber resucitado con bastante acierto el tema de Lucía Miranda, muerto
desde hace cuarenta años.
Al lado de la figura tenue de Cánepa reluce la d~ Rugo
W ast, novelista de gran popularidad cuyas obra~ se difunden
por toda Aroé!'ica. Escritor agradable ~ue no tiene otro motivo literario que el de entretener y deleitar a sus lectores, ~a
cultivado muchos tipos de novelas, pero entre las ~u~ _mas
fama y prestigio le han dado no figuran sus novelas historicas.
No se exceptúa Lucía Miranda ; en verdad, queda entre ~as
menos leídas de sus novelas, a pesar de ser una obra bien
lograda.
Ya que se han colocado en su sitio lit~r~r.io l~s cinco novelas de este estudio, procedamos con un analisis mas detallado
de cada una señalando los puntos de contacto y los elementos
divergentes.' La primera novela, la de Mansilla de Gar~ía, ~s
la menos valiosa como reconstrucción literaria de un episodio
histórico y si no fuera por su significación cronológica dentro
del tem¡ no valdría la pena considerarla aquí. La novela carece de acierto artístico en su concepción básica, en el desarrollo de los episodios y en el lenguaje empleado. El argumento queda despojado de toda -yital~dad y de. in_terés
sostenido en virtud de mucha materia aJena, descnpci?nes
largas y pormenorizadas de cosas triviales, y una superfluidad
de episodios menores y sin substancia 1'.ovelesca. Pesado_, Y
monótono es el lenguaja, confusa y desorientada la narrac1?n
misma, que está demasiado cargada de los antecedentes históricos del asunto principal, en daño de los elementos puramente ficticio,;.
Una creación mucho más artística y distinguida que la
de Mansilla de García es la novela de Rosa Guerra, publicada
el mismo año de 1860. Por sus buenas cualidades merece un
destino mejor del que le ha deparado el público. Dada ~ luz
en una época en que la gente leía más a novelistas extranJeros
que a sus propios autores nacionales, la obra de Rosa Guerra
no alcanzó sino una modesta tirada entre un grupo selecto de
lectores, y esto merced en parte a la public~~ad ofreci~a en
los periódicos de Buenos Aires. 9 Algunos criticos. ~el d1a reconocieron el mérito literario de la obra y le confmeron a la¡
autora O'randes
alabanzas. Afirmó un escritor que la obra
b
•
había de ser elogiada tanto más, puesto que el autor era muJer
"que no ha tenido los medios de que por lo común disponen
los hombres dedicados a la carrera de las letras". io· No se ha

vuelto a publicar la novela y por desO'racia queda casi completamente olvidada.
'
º
Rosa Guerra escri?ió L~cía Miranda en 1858 para participar en un certamen literar10 patrocinado por el Ateneo del
Plata., Para obten_er el j~icio de un escritor de distinción, le
mand~ el manuscrito a Miguel Cané (padre), que afirmó poco
despues. en una carta a la autora que la obra "era una de las
producc10nes de nuestra literatura que más gusto me haya
causado". 11 No obstante, nunca se llevó a cabo el certamen y
la novela quedó sin publicarse hasta 1860.
.
Como obra, de arte no hay novela del grupo que se le ,
iguale. La Lucm Miranda de Rosa Guerra es una obra bella
tanto e1;1, la f_o rma y en el empleo de palabras como en l;
conc~pcion misma del tema y en el tratamiento de ]os perso~iaJ_es. La obra está bien escrita dentro de su textura romantica, y la$ escenas, breves y precisas, están cuidadosame_nte el~boradas. Hasta llega a una simplicidad de narración
e mgenmd,ad de expresión qu~ ]?~recen cuadrar muy bien
con el carac~er can~or_oso y primitivo de muchos personajes
Y co~ el amb~e1;1te pnstmo del cuento. En esto estriba en gran
medida el mento de la obra y es lo que la diferencia principal!11ente de ~as ot_ras novelas. Estas han conceptuado la historia de Lucia lVhranda en una forma un poco ,prosaica y
pes~~~' tal vez _con excesiva modernidad en cuanto a la expos1c10n de motivos y causas de conducta. En ellas el relato
es_ muchas veces lánguido, demasiado prolonO'ado y difuso•
mientras que el de R?sa Guerra tiene gran fu~rza emotiva
poder sugerente precisamente por su sencillez y concisión.

y

. ,,Bastante breve, en efecto la autora la llama "una no;ehta ? la _obra d~ ~u~rra está desprovista de largas y tediosas
exp~i~aciones h1stor1cas y de toda otra materia que pueda
debilitar la fue:za del asunto principal. De modo que la trama
se expone sencilla y claramente, con una sencillez eleO'ante v
decorosa. No hay :amificaciones accesorias que enmar~ñan ~l
argumento; mas bien la narración se concentra casi exclusivamen!e en los sucesos que tienen relación directa con la
tragedia. La novela es sucintá, quizás un tanto reducida en
su al~ance, pe:o no por ~so_ deja de ser de una gran intensidad
emo:iona~ Y vigor descnptivo. Como protagonista malhadada
Lucia Tu~iranda est~ retratada con mucha sensibilidad. L;
ve11:os bien_ caractenzada en diversas disposiciones de ánimo
seg~n l~s ~1rcunstancias que se le presentan. En su trato co~
~l Jefe mdio _Mangor_a, a quien contempla como una persona
mg~nu~, med~o salvaJe, casi pueril ya hay dignidad imperiosa
ya i:ndiferencia fría, ya misericordia y comprensión; para co~

�28

El Tema de Lucía Miranda en la Novela Argentina

Siripo, vil y lascivo, se muestra indignada y atrevida; y por
su marido, a quien ama entrañablemente, sacrifica su propia
vida para juntarse con él en la muerte.
La obra de Méndez, aparecida en 1879, asimismo está libre
de casi todo detalle sobrado del argumento, pero la impresión
estética que le deja al lector es poco profunda si la comparamos con la de la novela de Rosa Guerra. La trama se entreteje
bien, pero el lector no se siente conmovido por los sucesos
relatados ni por la catástrofe final. Escritor de limitada habilidad literaria, no podía más que narrar fría y vulgarmente
la tragedia de Lucía Miranda; no logró una interpretación
sensible y artística del tremendo drama. Es interesante notar
que la figura cruel de Siripo no desempeña ningún papel en
la obra de Méndez, de modo que Mangora mismo mata a Sebastián Hurtado y a Lucía. Vemos otra variación en esta novela en el personaje de Lola, esposa de un soldado español y
compañera fiel de Lucía en sus horas de aflicción, que también
es víctima de la perfidia y la venganza de Mangora.
En las dos novelas de este siglo notamos una t écnica más
segura, un manejo más hábil de los elementos ficticios, seña
de cierta madurez y facilidad en el arte de novelar. Aunque
son obras bien construídas y desarrolladas, carecen de distin- ·
ción y novedad para llamar la atención del público o de los
críticos. Precede a la obra de Cánepa un prólogo interesante e
informativo, en que el autor sostiene la autenticidad de muchos episodios narrados en la novela. Cánepa explica que para
escribir Lucía Miranda consultó de primera mano muchos documentos valiosos, inclusive algunos del célebre Archivo de
Simancas, así como las crónicas de los historiadores españoles
Luis de Avila y Pedro Mejía. Pero lo que más le servía, nos
dice Gánepa, eran algunas monografías del siglo diez y seis,
mas sobre este punto no indica más a modo de clarificación.
Principia la acción en la obra de Cánepa en la España del
principio del siglo diez y seis, que el autor elogia debidamente
en toda su gloria. Al tratar la figura de Sebastián Gaboto,
piloto mayor de Sevilla y encargado de la empresa, Cánepa
habla de los diversos motivos que indujeron a los marineros
para incorporarse a las expediciones al Nuevo Mundo. Cuando
aparecen en la novela los protagonistas Lucía Miranda y Sebastián Hurtado ya entra un conflicto novelesco, pues el padre
de aquélla, hombre egoísta e inflexible, se opone rotundamente
al casamiento de su hija con el joven militar. Pero el gran
amor entre los dos lo vence todo y por fin se hace la boda.
Pronto la pareja se embarca con Gaboto con rumbo a América,
y a poco de estar en al_ta mar el barco comienza a lade,arse

Myron J. Lichtblau

29

bajo la fuerza del viento y las olas de una tempestad aterradora. Ni siquiera una queja de Lucía Miranda en esta prueba
de su carácter fuerte y noble, mucho menos el deseo de regresar a tierra _firme y de separarse de su marido. Después de
un viaje borrascoso la expedición llega a orillas del Río de
la Plata y dentro de poco, al enfrentarse la tribu indígena Y
los sold;dos españoles, empieza el conflicto principal. Aquí
presenta Cánepa otro enredo del argumento, que es motivo. de
algunas escenas dramáticas y bien reveladas. E_l aut,or. hace
figurar en el relato a la esposa de Mangora, ;11uJ~r perf1~a y
celosa que pronto percibe el amor que por Lucia M1rand~ ~iene
su marido. Thabor -así se llama ella- le hace una vIS1ta a
Lucía y le pide que se aleje del fuerte para que Mangora la
olvide. Cuando se niega Lucía a acceder a esta súplica, Thabor
intenta estrangularla, pero Mangora, en acecho, mata a su esposa a flechazos. No es preciso seguir la trama hasta la conclusión; basta advertir que los varios episodios están hábilmente trazados y encadenados y apuntan la destreza del autor
en crear situaciones novelescas de interés, si bien un poco exageradas.
El arte de Rugo W ast se basa en gran parte en su habilidad de tejer un cuento interesante, que abunda en sucesos
animados y de episodios dramáticos. Sabe narrar bien, contar
un relato de un modo sencillo, pero sobremanera eficaz y conmovedor. Notamos claramente esta habilidad en Lucía ~iranda, en que el lector se deja llevar agradablemente por el puro
deleite del relato. Lo más fundamental de la obra es la narración del cuento propio, y con este fin Wast ha fraguado con
mucho cuidado un argumento amplio y atractivo, lleno de
inttiga y de luchas de amor. Como en la obra de Cánepa se
notan aquí también ciertos enredos del argumento que hinchan
la substancia del relato, que agregan al drama principal otros
puntos de enfoque secundarios. Se plantea, por ejemplo, un
interesante conflicto de amor al principio de la obra, que en
varias manifestaciones sigue desarrollándose hasta el fin de
la novela. Urraca Moreno, prima de Lucía, se enrola en la
expedición para seguir a su novio, el alférez Bermudo Crespo.
Durante el viaje el piloto de la nave capitana, Ruy Orgaz, se
prenda de Urra-ca y trata de conquistarla. En ~lta mar se urde
una conspiración para derrocar a Gaboto, pero queda frustrada debido a la delación de Orgaz. Este acusa falsamente a
Crespo de ser uno de los conspiradores, ya que una vez ejecutado su rival por su complicidad en el atentado, le quedará
paso abierto para hacerle el amor a Urraca. Por fortuna,
Gaboto decide no imponerles la pena de muerte a los r eos,

�30

El Tema de Lucía Miranda en la Novela Argentina

31

pero algunos, como Crespo, sufren destierro al llegar a la costa
americana. Ya en el Nuevo Mundo, Urraca rechaza con indignación los requirimientos amorosos de Orgaz, que acaba por
ser víctima de un enemigo suyo, soldado también de la expedición. En cuanto a Urraca, prefiere casarse con un guerrero
indio que sufrir la muerte a manos de la tribu vencedora.

4. Malaquías Méndez, Lucia (Santa Fe: Imprenta de El Santafesino, 1879).

Aunque la parte novelesca predomina sobre los otros elementos de la obra, Wast sabe mezclar en buenas proporciones
la materia histórica y cultural para hacer un conjunto armonioso y agradable. Y esta materia, ya sea un retrato de España
en aquellos días o una descripción de la vida sencilla de los
timbúes, no es una exposición fría e inconexa, sino un elemento
necesario y apropiado dentro del relato para reconstruir una
época pasada.

. 6. Hugo wast (seudónimo de Gustavo Martinez Zuviría), Lucía Miranda,

Desde la publicación de la Lucía Miranda de Wast en
1929 el tema no ha vuelto a aparecer en la ficción argentina. En su conjunto, las cinco obras han captado bien un
momento importante sacado de los primeros capítulos de la
historia nacional y a la vez han retratado a la mujer que se
puede considerar como la primera heroína en tierra argentina.
Todas las novelas han sufrido los embates del tiempo; de algunas ni queda el recuerdo siquiera. Pero es de esperarse que
al menos una sola -la de Rosa Guerra- quede viva para representar en su forma más artística el tema de Lucía Miranda.

NOTAS
l. Las obras históricas de Manuel Gálvez sirven bien para demostrar este

punto. La serle Escenas ele la Guerra del Paraguay figura entre las
obras más logradas de Gálvez; y las siete obras que comprenden la
serie La época de Rosas, aunque no alcanzan el mismo nivel artistlco.
representan una ambiciosa tarea literaria realizada con acierto y digna
de aprecio. No obstante estos méritos, estas obras de Gálvez quedan en
un lugar secundarlo. Se le reconoce a Gálvez principalmente como autor de novelas realistas y naturalistas La maestra normal, El mal
metafísico, Nacha Regules, Historia de arrabal.

•

l\lyron l. Lichtblau

2. "Daniel," Lucia-novela sacada de la historia argentina (Folletín de
La Tribuna de Buenos Aires, el 10 de mayo hasta el 4 de julio de 1860) .
Nótese el seudónimo de "Daniel." En 1882 la novela se publicó con el
nombre verdadero de la autora (Buenos Aires: Imprenta de Juan A.
Alsina). Volvió a aparecer en 1933, en la serie Bibllotca La Tradición
Argentina, Vol. XXXV. Bajo el mismo seudónimo, Mansllla de García
publicó también en 1860 una novela romántica llamada El médico ele
San Luis.
3. Rosa Guerra, Lucía Miranda (Buenos Aires: Imprenta Americana, 1860).
Se puso de venta esta novela el 9 de junio; de manera que dentro del
período de un mes aparecieron las dos obras, la de Mans1lla de García
y la de Rosa Guerra.

5. Alejandro R. Cánepa, Lucía Miranda, o La conquista trágica, novela

histórica americana (Barcelona: Casa Editorial Maucci, 1918). Entre
las otras obras de Cánepa, que no he visto y que conozco sólo por las
referencias dadas en la portada de Lucía Miranda, son las siguientes:
El arte de la vida, notas de un viaje a Europa; Almas náufragas, recuerdos de la montafia y Canción clel olvido, libro de reflexiones rellglosas.
novela de la conquista espafiola (Buenos Aires: Editores de Hugo
Wast, 1929).
7. Algunas novelas publicadas en esta década (1870-1879) tratan temas
científicos o seudo-científicos (Eduardo L. Holmberg, Viaje maravllloso
del Sr. Nic-:'i'ac al planet.&lt;i i\·I arte, 1875); otras versan sobre un crimen
y la aprehensión del _culpable (Luis L. Varela, La huella clel crlmen,
1877); otra es una satira de condiciones sociales y morales en SudAmérica (Juan Bautista Alberdi, Peregrinación ele Luz clel Día, 1871).
8. Juan Morelra apareció como folletín de La Patria Argentina de Buenos
Aires desde el 28 de noviembre de 1879 hasta el 8 de enero de 1880.
Entre las otras novelas que se publicaron en 1879 podemos citar las
sigul!,ntes: Eduardo Gutiérrez, Un capitán ele ladrones en Buenos Aires;
y Aquiles Sioen, Buenos Aires en el alío 2080, obra que intenta pronosticar condiciones sociales y económicas en la Argentina.
9. Al hablar de la
Aires, el 12 de
basada sobre el
Lucía i\flrancla.
esta sefiorlta su

obra de Mansllla de García, La Tribuna de Buenoi;:
mayo de 1860, notó lo siguiente: "Hay otra novela
mismo argumento y que lleva el mismo titulo de
Su autor es la sefiorlta Rosa Guerra. ¿No publicará
obra, para que la Juzgue el público?"

10. El artículo breve de donde se saca esta cita apareció el 12 de agosto
de 1860 en La Tribuna de Buenos Aires. Titulado simplemente "Lucia
Miranda," lo firmó un tal Juan F. Segul.
11. Esta carta se halla reproducida en la página IV de la novela de Rosa
Guerra.

�Juanita Soriano

Juanita Soriano / ROMANCE AL RIO DEL TIEMPO

El tiempo, río sin cauce,
levanta velas de olvido,
se aleja sobre la ausencia
con sus mástiles en vilo.
El tiempo no tiene margen
no tiene orillas ni ruido,
se desliza sin riberas
hacia un mañana furtivo.
Transcurre y siempre se queda
sin puerto fina! ni arribo,
su permanencia fugaz
llena de lirios y niños.

1

Se agobia de mariposas
y levanta con sigilo
escamas, alas y rostros
bajo la aurora de un siglo.
Guarda sus niños futuros
en nebuloso dominio,
hoy invisibles o ausentes
por las nieblas del vacío;
hoy invisibles... , mañana
sólidos con sol y trigo,
el yo de nosotros ¿dónde?:
invisible o fugitivo.
-32-

El tiempo de pies veloces,
tiene un oasis de armiño,
abre con rápidos pasos
suaves espacios de olvido.
En círculos encerrados
finge eterno domicilio,
pero fluye ocultamente
desde la playa hasta el nido.
En sus remansos de espera
espera el alma su sino;
confiado, casi inmortal,
el Hombre está distraído.
El tiempo mar sin riberas,
fuga;: anfitrión y amigo,
abrió a mi imagen sus puertas
y soy huésped detenido;
el tiempo me dió su mano
para danzar en un hilo,
hoy por su corriente paso
y é! pasa en mí sus anillos.
Crucial, en fugaz recodo
dió a mis orígenes nido,
dibujó mi juventud
y la borró repentino.
Bajo el secreto del tiempo
a la fuente me deslizo;
por mi comarca de Ayer
evoco un azul benigno.
Las rosas de la distancia
mueven recuerdo de abismo;
nostalgia de juventud
tu luz es pena y alivio.
Hoy, mecida en suaves ondas
del Río-Tiempo y Camino,
veo en memoria de espejos
el litoral recorrido.

33

�34

Juanita Soriano

Romance al Rio del Tiempo

El tiempo, ¿a dónde me lleva?,
me trajo aquí su delirio,
entre la niebla futura
alas oscuras percibo.
El tiempo, río espectral,
va con sus luces perdido,
vela su frágil mañana
con ángeles de martirio.
El tiempo me dice: soy
lo atemporal y divino,
soy el espacio sin muros
poblado por un descuido.

Mi voz tu peso combate
buscando en el espejismo
algún escape olvidado
por tu confín infinito.
Tiempo, yo escucho tus olas,
pasando van por mi oído,
me levantas y me lanzas
sobre pétalo y espino.
Los que caminan y viajan
en este viajar rendido,
poco antes, poco después,
llegamos al fin del río.

Paso en mi barca sin remos
diligente y compasivo,
de un lado a otro mil rostros...
Soy el que da y niega asilo.
Por él, rodando impotente,
rueda sin eco mi grito,
¡Tiempo, río inexorab1el,
me arrastras terco y sencillo.
Lanzada fuí hasta tu playa
donde tu aliento recibo,
obligada a retirarme
cuando tú me hagas un signo.

Tiempo, yo siempre lo supe,
tus estaciones reviso,
vas con tu carga de llanto
hacia tu antiguo camino.

¡No quiero ser una brizna
que rueda en tu precipicio!,
reflejo, sombra fugaz,
obediente a tu designio.
Dame la luz imposible
de ser yo misma, destino
que no me sea trazado
por tu si 1encio enemigo.
Mi dócil cuerpo obediente
se doblega a tu capricho,
se dormirá y será polvo
en cuanto tú des aviso.

Tiempo, reloj sin agujas,
avanzas como al descuido,
no te adelantas ni atrasas
y estás eterno en ti mismo.
Pero pasas, y tu paso
fuente de cambio temido,
simiente de mutaciones
y perenne paso fijo
borra del rostro confiado
el esplendor primitivo,
y tras máscaras cambiantes
el Hombre ve!a escondido.

..

¿Quién te habitará mañana
borrado ya mi retiro?.
Hoy yo estoy sobre tu espalda,
dentro de tu luz habito.
Otros vendrán, otros nuevos,
a descubrir nube y trino,

�36

Romance al Río del Tiempo

crecerán con las espigas,
junto al mar tendrán arribo.
Otros mirarán la luna
con nuevo amor sorprendido,
como la miraron siempre
antes de mí y mi suspiro.

f ean Siro/ / LA

CONSTITUCION FRANCESA DE 1958 *

1•

Todo en tu tránsito pasa
y repite eterno cic!o,
llevas mi sombra entre tumbos
hasta un mar desconocido.
¡Tiempo, yo sabré fugarme ... !
desde mi cárcel vigilo,
He de fundirme en mi voz
saltando sobre el peligro.
He de encontrar una c1ave
junto a tu mapa de frío,
mi voz volverá a forjarme
cuando tú me hayas vencido.

UN

..

militar que también fué un gran
estadista, Napoleón, dijo un día: "La mejor Constitución es
la más corta". Diría yo con gusto al interpretarlo : "la mejor
conferencia es la más corta". Razón por la cual abordaré inmediatamente mi tema: la Nueva Constitución Francesa de
1958.
El 28 de Septiembre pasado, el pueblo francés y aquellos
que viven en los territorios de Ultramar, fueron llamados a
contestar mediante un referendum, sobre un proyecto de nueva Constitución que les presentaba el Gobierno. ¿Cuáles eran
las circunstancias que habían obligado a emplear este procedimiento, absolutamente excepcional? Es indispensable conocerlas para comprender el texto del cual trataremos hoy.
Desde antes de la guerra de 1939, pero sobre todo después
de 1946, Francia había pasado por una serie de graves crisis,
resultado de una lenta degeneración de su sistema político que
constituía una democracia parlamentaria. Lentamente se formó un abceso que, súbitamente, la crisis del 13 de Mayo hizo
reventar. Los orígenes y el carácter de esta última crisisparticularmente el hecho de que los militares hayan tenido un
papel principal en ello-no tienen más que un interés histórico.
Desde Oondorcet, St. Simon, Augusto Comte, sabemos que
la Historia se desarrolla siguiendo un proceso fatal, determinante y que cuando las instituciones han envejecido deben
necesariamente desaparecer puesto que ya no armonizan con
las condiciones del medio ambiente. Así como ciertos animales,
la serpiente, por ejemplo, deben cambiar de piel en ciertas
épocas, frotándose contra una piedra, un árbol o la tierra.
Estas circunstancias casuales, accidentales, no tienen impor* Conferencia pronunciada por el Sr. Jean Siro!, Consejero Cultural de la
Embajada de Francia en México, el dia 19 de noviembre de 1958 en
Monterrey, N. L.

-

37-

�88

La Constitución Francesa de 1958

tancia. Lo que creemos ser causas, no son más que circunstancias secundarias. En este caso, lo importante fué el nacimiento
de una nueva organización del Estado, absolutamente necesaria, provocada por la inadaptación de la antigua a las circunstancias actuales de la vida política nacional e internacional.
En el discurso que pronunció sobre la Plaza de la Bastilla
el 4 de Septiembre último, el General De Gaulle decía, con
razón: "El régimen padecía vicios de funcionamiento llevaderos en una época estática, pero incompatibles con los cambios económicos y los peligros exteriores que han precedido
a la segunda guerra mundial. La necesidad de un cambio era,
pues, evidente". La mejor prueba reside en que los ocho tfüimos presidentes del Consejo lo habían inscrito en sus programas. Pero precisamente, el vicio mayor del parlamentarismo
francés· era la inestabilidad de los gobiernos que alcanzaban
a sobrevivir unos pocos meses y no tenían tiempo para resolver
los problemas más importantes y por eso, los más difíciles,
como, por ejemplo, la Reforma de la Constitución.
Efectivamente, junto al régimen de derecho establecido
por la Constitución de 1875, votada por una Asamblea con
mayoría monárquica, quien esperando el regreso del pretendiente al trono, el Conde de Cahmbord, había establecido un
sistema en el cual el Ejecutivo disponía de poderes extensos,
se había formado un régimen de hecho muy diferente, cuyos
defectos el General De Gaulle ha caracterizado en esta forma:
1) Impotencia del Estado, cuyo primer magistrado, el Presidente de la República, no tiene prácticamente ningún poder.
Este último, estando enteramente en manos de las Asambleas
parlamentarias, todopoderosas, y en particular, de las Comisiones, que ejercían una verdadera dictadura. 2) Impotencia
del Gobierno, emanado del Parlamento e investido por él, no
teniendo más que un aparente poder, en razón de los numerosos partidos. Su vida estaba en constante peligro, puesto que,
no existiendo ninguna mayoría real, bastaba el desplazamiento
de 30 ó 40 diputados para hacerlo caer. Era la diversión de
''jeu Massacre" que hacía la felicidad de los extranjeros.
"Nada nuevo esta mañana Y" preguntaba un humorista inglés
en un periódico de Londres. No, contestaba su compadre, absolutamente nada. El Gobierno Francés investido anteaver
"
.. '
cayo, en l a tard e ....
Sin duda, la Administración permanecía, a pesar de la
crisis ministerial, pero graves inconvenientes resultaban. La
cruel derrota de 1940 los hizo ver. Por esta razón cuando
asumió el poder el General De Gaulle, después de la'victoria
su primer acto fué preguntar al pueblo francés: "¿ Quiere~

lean Slrol

39

ustedes una nueva Constitución Y". El 21 de Octubre de 1945,
el 96% de los franceses contestaban: Sí. Desgraciadamente,
por las razones antes expuestas y, en particular, debido al
poder omnipotente del Parlamento, el proyecto fué modificado
de tal modo por las Asambleas que permitía los mismos errores que se habían producido en el pasado.
En esas condiciones, el General De Gaulle abandonó el
poder declarando: "O cambian ustedes la Constitución o Francia atravesará por dificultades cada vez más graves e irá a la
catástrofe. Si esto es evitado, tendrá que cambiar su Constitución". Fué una verdadera profecía. Después de numerosas
crisis ministeriales, cada vez más frecuentes, cuyos efectos
eran amortiguados por un extraordinario r enacimiento económico y demográfico, el país se encontró súbitamente frente
al golpe de fuerza del 13 de Mayo, orillado a la guerra civil.
París conoció momentos de angustia. En el mundo entero, los
grandes diarios publicaban en primera plana las noticias más
alarmantes. Los turistas abandonaban Francia, el franco alcanzaba un curso elevadísimo en el mercado negro. A los ojos
de los corresponsales extranjeros, Francia atravesaba por una
de las más graves crisis de su historia. Otros, la veían perdida
y, sobre todo, algunos de sus amigos.. . Pero los pueblos, así
como los indiYiduos, tienen las cualidades de sus defectos.
Abandonándose fácilmente durante las épocas dichosas, el latino reacciona rápidamente en período de crisis. Al igual que
ciertos automovilistas, el francés parece gozar acercándose lo
más que puede al precipicio, para después evitarlo mejor.
Pasadas algunas semanas de duda, diputados y senadores,
unos por razoaamiento, otros por temor, hicieron un llamado
al General De Gaulle, pidiéndole asumir la Presidencia del
Gobierno. Este último aceptó a condición expresa de ser legalmente investido por el Parlamento. Lo que fué hecho.
El 3 de ,Junio, una ley confiaba a su Gobierno la tarea de
preparar una nueva Constitución que el General, para evitar
los escollos del procedimiento parlamentario, tenía derecho a
someter directamente al pueblo por medio de un Referendum.
Procedimiento excepcional sin duda, pero que tiene la ventaja
de conocer la opinión del pueblo sin pasar por la pantalla
parlamentaria. El 28 de Septiembre último, con una mayoría
arrolladora del 80% en la metrópoli y del 93% en los Territorios de Ultramar, los franceses aceptaron la nueva Constitución.
&amp;Cuál es su estructura y sus líneas generales, ¿Qué se
puede pensar de ello? Son estas dos partes las que nos proponemos desarrollar ante ustedes.

�40

La Constitución Francesa de 1958

Jean Slrol

arbitraje asegura el funcionamiento de los poderes públicos Y
la continuidad del Estado.
-Nombra al Primer Ministro y a proposición suya, los
demás ministros. El Gobierno así constituido tiene una existencia legal, sin tener necesidad, como antes, de la investidura
del Parlamento.
-Preside los Consejos del Gobierno; firma las ordenanzas
y los decretos; promulga leyes, de la~ cuales puede pedir una
segunda lectura; puede enviar mensaJes al Pa~lan:i-ento; puede
someter al Referendum popular las leyes mas un portantes;
puede disolver al Parlamento.

I. ESTRUCTURA DE LA NUEVA CONSTITUCION.
Metrópoli: Es instituido un régimen parlamentario con
predominio del Ejecutivo.
'

Régimen parlame~tario.-Es decir, que el Parlamento puede
hacer caer al Gobierno, lo que no existe ni en México ni en
los Estados Unidos. Este último punto había provocad~ grandes abusos, los cuales ahora se trata de remediar dando más
poder al Ejecutivo.
'
Predominio del Ejecutivo.-El Ejecutivo, que ahora predomina, _es la gran novedad, y lo vamos a ver inmediatamente estudiando sus dos articulaciones: el Presidente de la República
y el Gobierno.

2.-En tanto que Jefe supremo de la Nación. Es Jefe del
Ejército y de la Armada; dispone de poderes excepcionales
cuando las Instituciones de la República y la Independencia
de la Nación están amenazadas. Pero son tomadas garantías
para que no abuse de ello. En particular, puede ser llevado
ante una Alta Corte de Justicia.

A.-El Presidente de la República
a) Elección :
-En teoría, un Presidente puede ser elegido por sufragio
directo como en México.

Al lado del Presidente de la República, el Gobierno, segundo elemento del Ejecutivo:

-Por el Parlamento, como en Francia bajo el réo,imen
de la Constitución de 1875 o de 1946.
'
"'

B.-El Gobierno
Como ya hemos dicho, hasta 1958 era el Parlamento quien
gobernaba. En adelante, será el Gobierno, lo cual es lógico y
necesario. Dos Asambleas, actuando separadamente, que agrupan cerca de 1,200 personas y organizadas en 18 diferentes
partidos, no son aptas para gobernar.
·

-:-Por un Co~egio Electoral más amplio, que emplea los
dos sistemas ya citados. Es la solución adoptada.
. De hoy en adela11te, el Presidente de la República es elegido por el:
-Parlamento.

1.-0omposición del Gobierno

-Los Consejos Generales y las Asambleas de los Territorios de ffitramar.

Nuevas disposiC'iones fundamentales y muy populares.
Las funciones de un lfinistro son ahora incompatibles con las
de diputado y de senador así como de representante profesional, particularmente, miembro de un Consejo de Administración.

-Los Consejos Municipales.
~Un delegado por cada 1,000 habitantes para las ciudades
de mas de 30,000 pobladores.
b) Pa~l- Sin ser tan, poderoso como en México o en los
Est!do~ Urudos, su papel es mucho más importante que lo que
habia sido desde 1946.

..

Es un árbitro y el Jefe supremo de la Nación.

1.-En tanto que árbitro. No tiene ningún poder gubernamental y normalmente, no interviene en la gestión de los
asuntos. Vela por el respeto de la Constitución y mediante el

.

.

Se quiere evitar así la avalancha de aspirantes a carteras
ministeriales y la desviación de la función pública en beneficio
de intereses privados. El ser Ministro durante la IV República era la secreta esperanza de todos los diputados y presentaba muchísimas ventajas. Ahora sucederá a la inversa. Ser
~Unistro representará, sobre todo, sacrificios, puesto que se
habrá de renunciar a todas las funciones lucrativas para consagrarse únicamente a las funciones gubernamentales. Estando las cosas así, el Consejo de Ministros formará un grupo

�Jean Si.rol

La Constitución Francesa de 1958

42

bierno ser derrocado, la confianza está considerada como tácitamente otorgada hasta que el voto con mayoría absoluta de
la Asamblea, dé una moción de censura. Esta última está prevista en condiciones muy rigurosas que refuerzan la estabilidad
del Gobierno. Anteriormente, lo hemos visto en cada sesión,
el Gobierno estaba amenazado y podía ser derrocado por grupos minoritarios reunidos en coaliéiones heterogéneas. En
adelante, derrocar al Gobierno no puede ser sino el resultado
de una oposición completa, madurada, y seriamente expresada
por la mayoría absoluta de la Asamblea.

unido, puesto que ninguno dependerá ya de su partido político, ni de sus electores, ni de negocios privados.

2.-Papel
El papel está bien definido. El Gobierno ha sido constituido para gobernar y se le dejará para eso tiempo y posibilidad puesto que no se ocupará de otra cosa. Tendrá poderes
reglamentarios muy amplios y podrá, además, pedir poderes
extraordinarios para legislar, aunque normalmente la ley es
de la competencia del Parlamento. Precisamente el Gobierno
es responsable ante el Parlamento, he ahí la diferencia fundamental con México y con los Estados Unidos.

En efecto, la moción de censura debe ser:
-Firmada por el 10%, cuando menos, de los 'miembros
de la Asamblea; votada con mayoría absoluta; no son contadas las abstenciones; en caso de ser rechazada, los signatarios
no podrán presentar otra moción en la misma sesión.

C.-El Parlamento
Francia había hecho· suya la fórmula británica "El Parlamento lo puede todo, salvo cambiar en hombre a una mujer ... " Tenía, desde 1875, poderes ilimitados. De él emanaban
los Ministros y el Gobierno que no se sostenían sino con una
mayoría muy temporal ( en razón de la multiplicidad de los-partidos, que no logrando un acuerdo sobre puntos a menudo
muy insignificantes, provocaban la caída del Gobierno).
Además, ocupado sobre todo en legislar, el Parlamento no
tenía ya tiempo de preparar seriamente las leyes más importantes, o las votaba con tal retraso que hacían imposible bt
buen marcha de la Administración. Por ejemplo, la ley sobre
el Presupuesto no era nunca votada antes de Junio o Julio.
De allí, durante 6 meses, imposibilidad para las adminü,traciones de funcionar normalmente. Por otra parte, las discuciones demasiado extensas y penosas hacían que, a menudo
al día siguiente de un debate importante, la Sala del Parla'.
mento se encontrara casi desierta y que los diputados votaran
por delegación.

Otras medidas están previstas para limitar los enredos
parlamentarios:
a-Las comisiones permanentes, verdadero Parlamento dentro del Parlamento, no tienen ya que examinar todos los
proyectos de ley. Antes había 20, ahora no son más que
6, y su intervención es excepcional.
b-El Gobierno puede oponerse a las enmiendas.
e-Prioridad es concedida a los proyectos presentados por
el Gobierno.
d-En fin, el Parlamento, convocado por el Presidente de la
República, no se reúne más que dos veces por año y con
un máximo de 5 meses.
3) Determinada y limitada, la acción del
gobierno será más eficaz

En adelante el terreno de acción del Parlamento es bien
determinado. Su acción limitada será más eficaz. Tres puntos
que vamos a analizar rápidamente.

-El presupuesto deberá ser votado antes del lo. de enero;

1) Acción determinada

-Ya no inviste al Gobierno; hace leyes que interesan al
conjunto de los ciudadanos, dando reglas gen;rales que el
Gobierno se encarga de ejecutar; controla la política del Gobierno responsable ante él.
2) Acción limitada

Si el Gobierno no compromete él mismo su responsabilidad
ant~, el Parl~m~nto, en cuyo caso, como en la antigua Constituc1on, este ultimo puede expresar su desaprobación y el Go-

43

..

-Es indispensable la presencia para tomar parte en la
votación. No se podrán delegar en otra persona los propios
poderes y practicar el "ausentismo". Pero el Parlamento es
un organismo político de competencia política. En el mundo
moderno los problemas económicos revisten una importancia
particular. St. Simon lo había previsto al querer reemplazar
el Parlamento político por un Parlamento económico. La nueva Constitución no va hasta ese punto, pero establece un Consejo Económico (existía ya) que el Gobierno consulta sobre
los proyectos de ley de carácter económico y social.

�44

La Constitución Francesa de 1958

Jean Sirol

45

.A.-Es creada. una Comunidad compuesta de:

D.-Organismos reguladores

En fin, por encima del Presidente del Gobierno y del Parlamento han sido previstos organismos reguladores.
1) Un Consejo Constitucional ha sido creado, compuesto
por 9 miembros y con validez de 9 años. Tres son nombrados
por el Presidente de la República, tres por el Presidente de
la Cámara de Diputados, tres por el Presidente del Senado.
Por derecho, todos los antiguos Presidentes de la República
forman parte de él, también. Ese Consejo Constitucional es
el árbitro de la democracia electiva.

•

a-Juzga sobre la regularidad de: las elecciones, del Presidente de la República, de los Diputados y Senadores, de
los Referendums populares.
b-Es, con el Presidente de la República, guardián ·de la
Constitución. Puede declarar inconstitucional una ley.
Recordemos que la Suprema Corte, tal como existe en
México, se encarga solamente de casos especiales. Pero
no de la inconstitucionalidad de una ley en general.
e-Es consultado en caso de peligro nacional.
2) Una Alta Corte de Justicia, que puede poner en causa
la res~ol:18abilidad penal del Presidente de la República y de
sus Mm1stros, por un voto de mayoría absoluta de las dos
.Asambleas. .Además, está compuesta por miembros del Parlamento.
3) Una autoridad judicial, independiente teniendo a la
cabe~a un Cons~jo. S:uperior ~e 1~ ~agistratura'. que resguarda
las libertades md1v1duales, impidiendo toda detención arbitraria.
II. L.A COMUNIDAD.
Cuando en la jira que hizo en .Africa Francesa el General
D~ Gau_lle anunció a todos los .territorios miembros que podnan, s1 lo deseaban, tomar su libertad diciendo "no" al Referendum, muchas personas se interrogaban sobre los resultados
de esta medida atrevida. El 93% de los "sí" de los Territorios
de Ultramar y la única petición de independencia formulada
por la Guinea, fueron la prueba de que existe una Comunidad
Francesa de los pueblos de Ultramar.
Cómo reglamenta esta Comunidad la nueva Constitución
es lo que vamos a ver ahora.
'

a) de la Metrópoli y de sus departamentos de· Ultramar.
b) de los territorios de Ultramar que escogieron mediante el referendum quedarse dentro de la República.
c) de los territorios de Ultramar que, saliendo de la
República han decidido asociarse exteriormente, libremente.
¿Cuáles son los principios básicos?

a) La Comunidad es libre. Todos los territorios son
consultados. Pueden decidirse por permanecer en el seno de
la Re-pública, o bien por separarse y asociarse desde el extranjero. O bien pedir la independencia total, ( el caso de Guinea).
b) Igualdad para los individuos. No existe más que
una ciudadanía.
c) Igualdad para todos los Estados miembros de la
Comunidad que son verdaderos Estados, que se administran
ellos mismos y que rigen libremente sus propios negocios. La
República Francesa entra en dicha Comunidad como cualquier
otro Estado.
B.-Estructura de la Comunidad

Existen asuntos comunes que serán regidos por organismos especiales, lo que no existe en el sistema británico del
"Commonwealth".
- Un Presidente que es el Presidente de la República, en
cuya elección participan todos los Estados miembros y que es
representado en cada Estado.
-Un Consejo Ejecutivo que comprende los Primeros Ministros de los Estádos Miembros y de los Ministros encargados
de los asuntos comunes que son:
Diplomacia, Defensa Nacional, Moneda, Política Económica y Financiera
y, salvo acuerdo particular, dejando a los Estados Miembros
competencia exclusiva: Justicia, Enseñanza Superior, Transportes.
-Un Senado compuesto de los delegados de los parlamentos de los miembros, que delibera sobre los grandes problemas antes del voto de una ley por el Parlamento.

�4(J

La Constitución Francesa de 1958
Jean Sirol

-Una corte arbitral encargada de vigilar el buen funcionamiento de los negocios comunes y de decidir los litigios
surgidos entre los países miembros.
El porvenir de los Estados no está absolutamente comprometido por esta organización, puesto que la Comunidad está
siempre abierta.
1.-Los Estados miembros pueden salir cuando lo deseen
(Art. 86).
2.-Los Estados asociados únicamente territorios de Ultramar, pueden pedir participar en la Comunidad.
Esta estructura, que es bastante original, puede ser ciertamente discutida.
¿ Qué se puede opinar de la nueva Constitución? ¡, Cuáles
son las críticas que se pueden formularY Es lo que vamos a
ver en esta última parte.

Una constitución es una especie de reglamento que se dan
los pueblos para organizar su modo de vida pública. Resulta
pues siempre sujeta a modificaciones, como todo lo relacionado con la vida. Por esta razón, la constitución prevée un
procedimiento de revisión, también imperfecta, como todo lo
humano.
Veamos primero las críticas dirigidas a la nueva organización política de la Metrópoli. Para los unos, no modificará
en nada las costumbres políticas francesas. Después de luchar
entre el Ejecutivo y el Parlamento habrá que volver al antiguo
sistema. Para los otros, la nueva Constitución será de tipo
fascista y un atentado a las libertades democráticas. Veámoslo sucesivamente.
En la medida en que refuerza el poder ejecutivo -Presidente y Gobierno- y limita el poder de las Asambleas, tratando de crear una estabilidad ministerial, responde sin lugar
a dudas al deseo de la mayoría de los franceses, hartos ya de
estos cambios permanentes y de un parlamento transformado
en "Folies Bourbon". Pero, la pregunta que muchos hacen es
la siguiente: ¿se lograrán los resultados deseados Y Se puede
contestar sin la menor duda que, sola, no bastará. Un crítico
mexicano muy enterado escribía: "los males de una sociedad
no se curan con documentos". Se puede añadir de la misma
manera, que no se endereza una espina dorsal cambiando de

47

ropa o de saco. ¡, Pero sería acaso lo _mismo con ciertos corsés
ortopédicos, rígidos, hechos a la medida 1 En este caso, la respuesta deberá ser aquí más matizada y habrá que tomar en
cuenta la mentalidad de cada pueblo. Así, en Inglaterra, en
donde prácticamente no existe Constitución escrita, la responsabilidad del Gobierno ante el Parlame~to es un hecho,
sin nin"Ún límite y puede caer en cualqmer momento; el
b
'
d
,
juego de sólo dos Partidos, el Laborista y el Conserva or, a~1
como el respeto a la tradición aseguran una perfecta estab7lidad. Pero es en Inglaterra, en donde Lord Baldford, el celebre ministro podía deC'ir: "Vale más hacer una cosa absurda
que siempre se ha hecho, que algo raz.~nable que nu_nca se ~a
hecho". En el país de Descartes, ¿ qmen se atrevena a decir
algo semejante?
En Bélgica, la existencia de muy pocos partidos asegura
también al Gobierno -sin embargo responsable ante el Parlamento- una gran estabilidad. En Alemania la existencia de
pocos partidos y el reglamento que impone para derrocar a
un Gobierno, la presentación de otro Gobierno, así como el
apoyo de la Asamblea, aseguran la estabilidad.
Pero en Francia, la mentalidad es diferente. Las prácticas parlamentarias habían deformado la democracia y ~esulta
legítimo intentar reformarla, aunque todos sabemos que reformar a una sociedad no es cosa fácil. Las costumbres tomadas por los grupos, del mismo modo que aquellas adquiridas
por los individuos, no cambian en un día y son más fuertes
que las leyes y los reglamentos pero nos parece que el sistema
de la moción de censura, deberá facilitar el establecimiento de
un régimen de estabilidad, puesto que de aquí en adelante,
el Gobierno siempre responsable ante el Parlamento, no será
el blanco de innumerables ataques y maniobras de diputados
mal intencionados. Sin duda alguna, una oposición firme y
acertada de la mayoría del Parlamento, logrará al fin, derrumbarlo.
Además, ciertos conflictos quedan posibles: Si el Parlamento vota por mayoría absoluta contra el Gobierno, este último está obligado a dimitir. Sí mantiene el Parlamento su
opisición contra el nuevo Gobierno formado por el Presidente,
y otro nuevo, y otro más.
El Presidente tendrá que disolver al Parlamento para
consultar al pueblo. Ahora bien, si este último da la razón
al Parlamento enviando los mismos diputados, el Presidente
se verá obligado a dimitir o a aceptar los deseos del Parlamento. Si el pueblo da la razón al Presidente, se apunta llli
régimen de tipo personal y resulta peligroso.

�48

La Constitución Francesa de 1958

Queda entonces demostrado que ningún texto creará automáticamente la estabilidad total del poder, a menos de suprimir el sistema parlamentario. De lo cual no se trata puesto
que todo el país es partidario de ello.
Las nuevas disposiciones tienen por motivo, el frenar los
impulsos irrácionales de los elegidos del pueblo y así se espera
cambiar, progresivamente, las costumbres desgraciadamente
muy ancladas en los medios parlamentarios. La aplicación de
la Constitución y sus resultados dependerán pues del esfuerzo
libremente consentido por todos los ciudadanos, electores y
elegidos. La Constitución no pretende imponer nada por la
fuerza sino que propone medidas nuevas y adecuadas por ser
esencialmente liberal y democrática.
Veamos ahora las críticas del segundo tipo: la Constitución es de tipo fascista.
El periódico oficial de un país en el cual la libertad no
es la característica fundamental escribía: "La nueva Constitución Francesa significa la pérdida de las libertades del
pueblo francés". Esta afirmación no se justifica absolutamente.
El Preámbulo de la nueva Constitución está efectivamente así
redactado : "El pueblo francés proclama solemnemente su adhesión a los Derechos del Hombre y a los principios definidos
por la Declaración de 1789, confirmada y completada por el
preámbulo de la Constitución de 1946. Y el artículo II dice
así: "Francia es una República indivisible, laica, democrática y social".
El Artículo III precisa: "La .soberanía nacional pertenece
al pueblo". Se puede demostrar fácilmente que la nueva Constitución es liberal y democrática, que se trate de su origen
o de su funcionamiento.
Su Origen. Es una ley votada el 3 de Junio de 1958, por
el Antiguo Parlamento, quien confió al gobierno del General
De Gaulle la tarea de preparatla. Este último encomendó a un
grupo de trabajo compuesto de miembros del Consejo de Estado, la preparación de un proyecto cuyo texto fué sometido
al Consejo de Ministros y después a un Comité Consultativo,
así como al Consejo de Estado. En fin, el pueblo fué llamado
a votar por Referendum, el 28 de Septiembre de 1958. Algunos han criticado este procedimiento, el Referendum, olvidando que fué creado en Francia por la Revolución de 1789.
Así pues, parece que se han dado las garantías democráticas
más amplias por lo que respecta al origen mismo de la Constitución.

Jean Sirol

49

En lo que se refiere a su funcionamiento, limita sin d?da,
los poderes del Parlamento pero mucho menos que, por eJemplo, en los Estados Unidos, sin que nunca nadie haya pensado
decir que este país tiene régimen dictatorial. Parece entonces
que se ha cometido una confusión entre democracia y parlamentarismo de Asamblea. Es esto último que se pretende suprimir precisamente. La realidad demostró que cierta podredumbr'e en las Asambleas Parlamentarias se había producido
y que dentro de estas última~ se habían est~blecido ,v~rdader?s
pequeños dictadores. Esto s1 resultaba antidemocratico, razon
por la cual se quiso poner fin a ello.
En fin con el pretexto de defender la democracia, se ha
visto lo qu~ era normal, levantarse contra la nueva Constitución a todos aquellos quienes se aprovechaban del antiguo.
desorden, por la sencilla razón de que temen a un Estado
fuerte y ministros íntegros, los cuales los colocarían en la
imposibilidad de hacer daño.
Bien se comprende efectivamente, que las grandes potencias financieras, los trusts, los monopolios, encuentran más
fácilmente apoyos para defender sus intereses en un sistema
parlamentario decadente, en el cual existen dieciocho o veinte
partidos, veinticuatro comisiones, que en un sistema de poder
ejecutivo fuerte. En su discurso sobre Tito Livio, dijo Machiavelo "En un Estado resulta peligroso hacer grandes cambios, porque se atrae la enemistad de los perjudicados y los
beneficios no aparecen enseguida a los favorecidos". Pero De
Gaulle dió su preferencia a l\Iontesquieu, gran especialista de
asuntos constitucionales, el cual escribía "Cuando el Estado
se encuentra en una situación difícil, lo peor es cruzarse de
brazos ... " En realidad, nadie puede seriaµiente dudar del
carácter democrático de la nueva Constitución.
Si antes de criticar, se hubieran molestado en leer los
textos, aquéllos que lo hicieron hubieran visto que la Constitución de 1958 resulta más democrática que la de 1946, puesto
que todos los poderes que establece están basados en el sufragio universal. Las garantías individuales están perfectamente
aseguradas, del mismo modo que la separación de los poderes,
(base de una democracia moderna desde Montesquieu).
En el marco de la Comunidad, nadie puede negar las dificultades de la construcción c¡ue se propone ni tampoco su
liberalismo.
La Comunidad era muy difícil de establecer debido a la
desigualdad social, económica, política y familiar de los ciu-

�:so

La Constitnción Francesa de 1958

dadanos componentes de los varios estados miembros. Este
aspecto será muy fácilmente comprendido en México, en donde,
como lo indica el último informe del Instituto Indigenista,
numerosos territorios poblados por indígenas, no participan en
la vida de la nación por la misma razón.
Este problema se ha planteado igualmente en otros países,
por ejemplo en la U.R.S.S. en donde conviven al lado de rusos,
musulmanes, quienes siguen conser-vando su religión y su idioma. Pero las democracias no disponen para unificarse de esa
terrible arma que representa la fuerza. Rusos y musulmanes
se encuentran unidos bajo el látigo de una dictadura. El problema se presentaba en Francia bajo un aspecto radicalmente
diferente. Se trataba de crear una auténtica comunidad de
seres humanos diferentes, dentro de la libertad. Este segundo
rasgo de la Constitución, su liberalismo, es real. La independencia que ha adquirido Guinea, al día siguiente del Referendum, después de votar "no" por gran mayoría constituye una
prueba. Por otra parte, prevee la Constitución una evolución
de todos los territorios de ultra.mar y su demanda de libertad
total, la cual se concederá inmediatamente. ¿ Qué más se puede pedir?
De esta nueva constitución, será el porvenir quien dirá
lo que tiene o no de valedero. Mas, al presente, se puede
afirmar que al igual de un individuo, un pueblo puede reformarse libremente sin recurrir a la violencia. La experiencia
francesa de 1958 contiene pues una enseñanza que no carece
de valor, en un mundo en el cual la fuerza parece a muchos,
ser el único medio para que surjan nuevas sociedades.

Christian Brunet SPUTNIK Y SENTIDO DEL HUMOR /

E

NTRE todos los sentidos que ha revestido desde milenios el vocablo de "filósofo", el de "testigo"
parece agradar particularmente a nuestros contemporáneos.
La sabiduría de la antigüedad y la explicación sistemática del
sér y de los seres, ya no son pretensiones del filósofo actual.
Se contenta la mayoría del tiempo con registrar modestamente
las pulsaciones de un mundo, sin pretender crear, organizar,
ni siquiera clasificar. Hegel se llevó con él la última ilusión
prometea de la filosofía. El filósofo renuncia a establecer su
morada ep las nubes de la generalidad y se resigna a no ser
sino la conciencia de su tiempo. Como tal ningún acontecimiento de cierto alcance se escurre en la primera plana de su
periódico, sin que él trate de incorporárselo, con la esperanza
de descubrir en él algún ángulo bajo el cual su condición de
hombre pueda revelar nuevos aspectos.
Es también muy notable el que la conciencia filosófica
coincida cada vez más eon la del hombre medio. En una era
en la que la complejidad de los conocimientos ha acarreado
una especialización extrema, el filósofo se encontró poco a
poco relegado entre la muchedumbre anónima de aquellos que
no tienen accilso a los cenáculos donde los ritos se llevan a
cabo en bata blanca, con un lenguaje en el cual la cifra ha
substituído el verbo,. de manera de sociedades secretas, en que
las conquistas últimas de lo más diáfano del espíritu, se expresan en símbolos tan misteriosos como lo de los iniciados a
Eleusis o a Mitra. El filósofo no es un aristos de esta nueva
aristocracia. No preside, no asiste siquiera, la mayoría del
tiempo, a las deliberaciones de estas Cámaras .Altas. No se
entera de sus decisiones sino, como todos, a través de su periódico matutino. Este solo hecho bastaría tal vez para explicar
un cierto pesimismo de las filosofías del penúltimo decenio.
-

51-

�52

Sputnik y Sentido de Humor

Un acontecimiento, en efecto, no puede aspirar a grandes encabezados en un periódico, sino a condición de ser una
catástrofe. Sólo se nos informa de la salud de un magnate
cuando peligra, de la moralidad si se pervierte, de los tratados
de paz cuando se les desgarra, de las alianzas cuando amenazan, de la ciencia si destruye. Y nuestras actualidades fílmicas nos han mostrado con mayor insistencia el venenoso hongo
de Bikini que el bello rostro de Schweitzer.
Un solo punto es tranquilizador en nuestros periódicos:
nuestra expectación nunca está decepcionada: una cierta organización admirable nos garantiza la alimentación cotidiana
de nuestra morbosidad y la distracción a nuestro fastidio. Hay
siempre una guerra fría de entremeses, una guerra caliente
como platillo principal, una revolución como postre, y un sinnúmero de crímenes como botana. Todo esto con la impresionante infalibilidad de una de las grandes invenciones de
nuestro tiempo: la estadística. El reportero policíaco espera
su materia con la misma tranquilidad con la cual el jefe de
estación aguarda a los 27 pasajeros, quienes, según las tablas,
tomaron hoy el tren. Si el día es hermoso, el tiempo despejado,
los criminales de vacaciones, en prisión o en pleno idilio, si,
en una palabra, todo está desesperadamente quieto y los habitantes de la población propensos a la paz, el plácido abarrotero de la esquina asesinará a su mujer a hachazos, justo para
preservar la integridad de las estadísticas y justificar la seguridad tranquila del reportero criminal.
Este orden, esta uniformidad en el horror mismo llegan
a engendrar el fastidio. En su intoxicación cotidiana, en su
afán de diversión, en el sentido pascaliano de la palabra, el
hombre necesita una dosis siempre en aumento, so pena de
salir de su euforia, de volverse furioso y de sacudir, como
Sansón, las columnas del templo donde los filisteos arreglan
el mundo.
Ahora bien, los robos se repiten, los asesinatos no ofrecen
en fin sino mutilaciones que no se pueden aumentar hasta el
infinito, y el charco de sangre qÚe deja un herido al morir no
puede ahogar la tierra. La vida se vuelve cada vez más difícil
para los criminales, si quieren desempeñar correctamente su
papel, después de artistas geniales como los torturadores de
la Gestapo. Los incendios ya no son sino luces de Bengala
para martes de carnaval, en los que perece a lo más un velador dormido.
'
'
La violación y el estupro no han mejorado últimamente
sus técnicas. Y en cuanto a los sátiros, hasta tienen un vago

Christian Brunet

53

parecido con un viejo tío que uno visita para el Año Kuevo.
De los políticos, no digamos nada. Cuando son grandes, los
matan-Los que quedan nos aburren.
En el momento en que todo parecía desesperado, y la sola
dosis de droga periodística reducida a un aumento mensual
de algunos cientos de toneladas de T.N.T. en la potencia de
las bombas atómicas, la Revolución Rusa nos ha salvado del
fastidio al lanzar sus Sputniks y al abrir a la imaginación
espacios insondables. Y he aquí que alrededor de la bolita
han empezado a girar una constelación de chistes-Todo ha
sido comparado, opuesto, asemejado al Sputnik-La sátira y
el humor se apoderaron de él. Se tiene un poco de miedo, pero
un poco solamente. Apenas ese pequeño escalofrío que da sabor
picante a una aventura de la que presentimos que no saldremos ni mejor ni peor que de aquéllas que hemos atravesado.
Y es de esto, de esta perrita que arrastra, a 40,000 Km. por
hora, las risas de nuestros semejantes de lo que el filósofo
trata de ser el testigo, la conciencia, y eso sin que le sea dado
abrir los mecanismos que propulsaron el Sputnik, el Explorer,
el Lunik.
Una de las primeras representaciones que llegan a la
mente del filósofo es un recuerdo. En un salón parisino, hacia
fines del siglo pasado, la crema y nata de la . sociedad, los
sábelotodo de la época están reunidos y el anfitrión trae de
repente una caja extraña sobre la cual descansa un disco de
cera, y encima de ello, una muñeca que representa una corista
del Folies. Le da cuerda a una manivela; el disco se pone a
girar, la muñca se agita, levanta la pierna, alza sus faldas al
ritmo de una música de Offenbach que llega, reconocible, a
través de una especie de cuerno metálico. Nada más hizo falta
para desencadenar la admiración sin límites, el entusiasmo
lleno de ilusiones de la asistencia. Un hombre tomó la palabra
Y. profetizó: "Una nueva era se abre para la humanidad. . . la
ciencia salvadora, victoriosa de las ignorancias y de las cadenas ... el bienestar de los hombres reconciliados por la ciencia,
vueltos a ser hermanos". El profeta se llamaba Jean Jaurés.
¿Qué ha acontecido de todo esto? Jaurés fué asesinado antes
de la guerra de 1914 porque, pacifista, soñaba con üna Internacional de la que el Sovietismo actual ha perdido hasta la
menor idea.
Pero ¿ qué ha acontecido con la profecía? Pues t, cómo no
nos llamaría poderosamente la atención, la oposición entre
estos dos cuadros y por el poco tiempo (medio siglo) que los
separa? De un lado, una invención relativamente fútil: un apara to que reproduce sonidos y una muñeca que se menea, snfi-

�Sputnik y Sentido de Humor

54

ciente sin embargo para que se desencadene una tempestad de
romanticismo filosófico y social. Del otro, perspectivas inconmensurables sobre el espacio sideral que no logran inspirar al
gran público sino un pequeño escalofrío y un sinfín de bromas.
¿No es acaso esa desproporción bastante llamativa como para
exigir de nosotros el tomar conciencia de la aventura humana
en lo que va del siglo tal y como la ilustra este pequeño drama
en dos cuadros 7

* * *
:Más de veinte siglos de especulación filosófica en el transcurso de los cuales se sucedieron los más brillantes espíritus,
sin que hayan podido quedar establecidas cuántas certidumbres el hombre necesita para vivir, he aquí lo que podía hacer
dudar del Pensamiento. Y de pronto el hombre vislumbra
que, combinando la experiencia con el razonamiento, puede
doblegar el mundo a su voluntad, poner a su servicio fuerzas que no eran adversas sino por desconocidas. Al mismo
tiempo que el poder, es su dignidad la que el hombre vuelve
al descubrir. "Pensar es la grandeza del hombre" había dicho
Pascal. Y si es verdad que se juzga el árbol por sus frutos,
esta grandeza se volvía más y más teórica. El Señor de la
tierra no conocía ni siquiera las leyes que regían su domio.
Estaba servilmente sometido a ellas como cualquier otro organismo. Hasta otros seres ofrecían una síntesis más armoniosa,
se adaptaban a las necesidades con una soltura y una aparente
facilidad que el hombre no poseía. 0ualquier pollito al abandonar el huevo puede salir de apuros mejor que el cachorro
del hombre después de años de penoso aprendizaje. Y el gato
que se sienta en el rincón de la mesa, se acerca más a la aristocracia que lVIonsieur J ourdain, El Burgués Gentilhombre de
l\loliére, pese a sus esfuerzos, su maestro de danza y s~ maestro
de música. Se concibe que el amo y señor haya podido experimentar algunos celos de sus esclavos. Ni en fuerza, ni en
elasticidad, ni en astucia, ni en elegancia, el hombre puede
competir con un felino. Y si se ha podido comparar la mujer
al gato, no fué nunca para rendir homenaje al grácil cuadrúpedo. ¡Oh! ya sé que el hombre que se reconocía carrizo se
volvía a erguir, pasada la brisa, pues el carrizo pensaba, ? que
se consolaba de sus reumatismos y de su pesadez, proclamando
que la elegante pantera no tenía conciencia de su gracia. Pero
¿es aún un envidiable atributo una conciencia que revela tamañas inferioridades 1
Hasta el brotar bastante reciente de la ciencia y el desarrollo relámpago de las técnicas, la soberanía del hombre sobre
la tierra permanecía teórica. ¡ Tánto más que esta conciencia

Christ!an Brnnet

55

que le era sobrepuesta como · una corona real demasiado prsada para su cabecita, cuán opaca era para ella misma! Y
las ideas claras y distintas de Descartes no han transcendido
más allá del dominio abstracto de la matemática pura.
Y he aquí que las matemáticas, la única disciplina en la
que el hombre podía jactarse de comprender lo que él decía,
rebasaron sus límites como río saliéndose de su cauce y llenaron el mundo de sus cálculos, de sus teoremas y de sus previsiones e hicieron de la diversidad cualitativa y de su misterio,
un "epifenómeno", como decía Ribaud, que podría ser conocido, explicado, deducido a partir de algunos axiomas inteligentemente combinados. El señorío' humano estaba a punto de
hacerse realidad. Bastaba --era sencillo como eJ. huevo de
Colón- con tomar las cosas a la inversa de como se las había
tomado hasta entonces. En lugar de partir de los d~tos que
nos proporcionnn los sentidos para buscarles una justificación
intelectual, había que encontrar tm principio, a la vez de explicación y de creación (Princip y Grunsatze, diría Kant),
establecer su validez y deducir de él las realidades concretas.
Hypolite Taine, cuya gran sagacidad admirada por Nietzch
no supo poner3e al abrigo de las puerilidades del cienticismo,
anunciaba "este axioma eterno surgido de una retorta, del
cual se podría luego deducir el Universo entero". Y dentro
de este univer.so, había el hombre y los eternos problemos de
su origen, de su alma y de su destino. La ciencia, además de
hacer pasar al hombre de un señorío teórico de la tierra a
una dominación efectiva, llevaría también su conciencia, que
no pasaba de plantear problemas, a ser el aparato registrador
de las soluciones de éstos. Gonsciente de lo que él no es, el
hombre se volvería consciente de lo que es y de su conciencia
misma. Se llenaría de conocimientos y de definiciones esta
facultad de vacío y de ausencia. Y para eso bastaba con esperar de los hombres en bata blanca la panacea universal.
El filósofo les daba confianza: ellos encontrarían lo que él
tanto había buscado en vano; bastaría con pasearnos una
pequeña aguja sobre el alma para que é~ta se revelara a través
de. un magnavoz como un disco de fonógrafo. Había llegado
el momento de la transmisión de los poderes.
Auguste Comte fungió como maestro de ceremonias. El
declamó que lo mismo que los teólogos habían renunciado a
su imposible misión de hacer creer y habían encargado a los
filósofos de concebir, éstos a su vez abdicaban ante los sabios
que se encargarían de dar a conocer. El discurso del maestro
ele ceremonia fué brillante y, eso sí, muy aplaudido. El filósofo
estaba vencido, aceptaba la derrota, hasta se regocijaba de

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Christian Brunet

Sputnik y Sentido de Humor

57

ella. Se jubilaba a sí mismo, renunciaba a comprender. Esta
actitud ha parecido tan grandiosa que erigieron a A. Comte
una estatua, en el pórtico de la Facultad de Filosofía y Letras
de la Sorbona. Admiremos el magnífico símbolo. No se erigen
estatuas a los intelectuales que buscan sino a los que renuncian.
Sospecho que este símbolo nunca ha sido bien comprendido,
pues habría decidido a los estudiantes que se encaminaban
hacia las aulas de filosofía a no pasar el umbral. Es cierto
que en un discurso de ábdicación, Comte había dejado escapar
ciertas frases que la euforia del público dejó caer sin inquietarse sobremanera. Menos entusiasta que Taine, Comte no
creía verdaderamente que la ciencia contestaría a las preguntas que se hacía el metafísico. Concluía simplemente que no
había contestaciones para ellas y que más valía echarlas al
olvido y dedicarse a otra cosa. Nadie entonces percibió el
sabor a cansancio, a vejez, a decadencia y a cobardía intelectual que impregnaba estas últimas palabras. Había demasiada
felicidad, demasiado entusiasmo.

Después de Bergson poco importa al hombre un señorío de
máquina; ya no es un señor; está arrojado en el mun~o que
sigue haciéndole una seña, que, así como el protagomsta de
la Nausée de Sartre, él sigue ,sin entender. Pero él sabe que
su ser mismo es un estar frente a signos, y su vida un tratar
de descifrarlos. ¡ Y no son signos algebraicos!
Esa es la razón por la cual los mensajes de los Sputnik~
que captan nuestros radios no nos colman de esperanzas m
nos petrifican de horror. Los hombres han crecido, han terminado con su crisis de romanticismo y descubierto el sentido
del humor. Saben ahora no tomarse en serio, ni siquiera cuando los hombres de bata blanca juegan a la pelota con la luna.
Saben sobre todo que si hay una salvación, si hay una razón,
si hay un sentido, en el caso en que todo no fuese definitivamente absurdo, a ellos les toca hallarlo en sí mismos, cada
quien a su medida y con sus posibilidades y si la luna de
Alfred de Musset no resucita los amores muertos, las lunas
metálicas no nos devolverán las ilusiones perdidas.

Pero la euforia duró poco, los fonógrafos y los primeros
automóviles no impidieron a los hombres morir y soñar. La
muerte y el ensueño, un momento separados, no tardaron en
reconstituir su indisoluble pareja. En su libro "Las Grandes
Amistades", Raissa l\Iaritain cuenta que Jacques su novio y
ella misma, decidieron suicidarse, si al cabo de un año no
habían descubierto el uno y el otro un camino fuera del callejón sin salida del positivismo. Pues el origen, el destino, el
alma del hombre, su vida y sus amores, su muerte y sus odios,
no constituyen los problemas de una era pretérita. Todo eso
es el aire que respiro; es mi sed y mi sueño, es el sol que se
pone sobre mis posibilidades muertas; son las arrugas en mi
frente. Todo eso es el hombre, positivamente el hombre.

Los sabios además nos están agradecidos por haberles
vuelto a quitar lo que Taine había abandonado en sus manos.
Dar un sentido a nuestras vidas y una razón de nuestras almas
era wia tarea que se l es había encomendado sin que hayan
aspirado a ello. ¿No son acaso ellos ahora quienes se dirigen
a nosotros, los no-iniciados, los filósofos, los hombres de la
calle para pedir que les ayudemos a juntar de nuevo este mundo que partieron por la mitad? Por un lado un macrocosmo
regido por el determinismo más implacable; por el otro, lo
inframicroscópico llevado por el azar y un cálculo de las probabilidades según el cual el mundo nuestro, con su buena y
tranquilizadora regularidad es lo más improbable que haya.
De Broglie se inquieta; Le Comte du Nouy se sorprende y se
voltean hacia nosotros, el común de los mortales, para preguntarnos si no tenemos una leve idea al respecto; pues ¡vaya!
cabe aquí hacerse la pregunta: esos mundos antagónicos de
la mecánica y acústica y biología por una parte, y de la química y físico nucleares, por otra, finalmente no constituyen
más que un solo mundo, y ese mundo, ¿qué es 1

Y entonces llegó Bergson. "La Pensée et le Mouvant" principia con una petición del filósofo. Exige más precisión en la
concepción y la expresión de lo que somos. Ahora bien ¡ qué
lenguaje puede pretender a más precisión que el de las matemáticas? Pero la precisión no debe ser una cualidad formal
de la expresión considerada en sí misma, sino su adecuación
con su objeto. Expresar claramente lo confuso, con rigidez lo
que es flexible, con rigor lo que es libre con solidez lo fluido
es la imprecisión misma, hasta si nuest;o espíritu se satisfac~
con el rigor y la solidez. "Les Données Immédiates de la Conscience", "Energie Spirituelle", "Matiére et Mémorie", "Les
deux Sources de la Morale et de la Religion" reivindicaron y
volvieron a posesionarse de lo que Comte había abandonado
imprudentemente y reinstauraron los tres órdenes de Pascal.

Pues ahí es donde reside el la.do hwnorístico del Sputnik.
Esta bolita habrá dado una vuelta a la tierra en esta hora que
pasé_ entre. ustedes. Voló por encima de desiertos, ciudades,
contrnentes, gente blanca, negra y amarilla. Han oído en el
radio latir su pequeño corazón de metal. La tierra sobre la
cual nos arrastramos, se ha encogido como una vieja prenda.
1\os hemos vuelto microscópicos. Un paso dado por un hombre,
ya no es sino una grotesta manifestación de inmovilismo. Estamos más cerca de Shanghai que del autobús que nos llevará
\

�ó8

Sputnik y Sentido de Humor

a nuestras casas y somos sin embargo, nosotros, los eternos
prisioneros de la cueva de Platón, quienes, al ver pasar la sombra redonda de este juguete, debemos decidir el sentido que
tiene todo eso. Hay que descender más, más y más profundo
aún, para encontrar una idea, un principio, un valor que salve
del absurdo esta pelota y a stis lanzadores. Pues, como lo decía
Cristo en el Calvario, "No saben lo que hacen".
No sólo el Sputnik no nos acerca a la era anunciada por
Hypolite Taine proporcionándonos principios de solución a
nuestras interrogaciones acerca de nuestro destino, de nuestra
situación metafísica, sino que hace más apremiante, más angustiosa, la pregunta con respecto a nuestro sér. Ahí reside
su única fecundidad metafísica: subraya, profundiza, agiganta
nuestra problemática, lejos de sugerir la menor pizca de solución. Pero no experimentamos por ello decepción alguna.
Hace tiempo que el romanticismo de . Taine nos hacía sonreír.
Nosotros quienes captamos nuestro ser como subjetividad,
como lo que se rehusa a toda identificación; como una presencia y una ausencia; nosotros quienes somos extraños a nuestra propia lógica y a nuestros sistemas, quienes no hablamos
de nuestro cuerpo sino como una pertenencia: "Mis manos,
mis ojos; tengo el estómago delicado; nosotros que podemos
interesarnos en nuestra propia corriente de conciencia o desinteresarnos de ella, nosotros, en una palabra, quienes somos
libres, no esperábamos ni deseábamos que un sabio cálculo nos
descargase de nuestra libertad y de lo que hay en nosotros
de desconocido e imprevisible; pues sería descargarnos de
nuestra existencia misma".
Pero lo que no nos esperábamos era el ver esta existe11cia
intra-mundana volverse más amenazada mientras se abrían los
espacios. Ciertamente estos espacios infinitos que acongojaban
a Pascal se dejan conquistar muy paulatinamente, pero no es
más que para hacernos aparecer nuestra tierra grotescamente
pequeña y nuestra corporeidad más insignificante. El pájaro
vive feliz en su jaula mientras ignora los espacios que; se
ofrecen a sus alas fuera de ella. Sabemos ahor·a que, en cada
movimiento, nos vamos a herir contra las paredes de nuestra
celda, la cual, suplicio dantesco, se encoje en nuestro derredor
y pesa sobre nuestro pecho. Ya la invitación a los viajes ha
perdido sus encantos. En vez del mosaico de las costumbres y
de las cosas que prometían al viajero de antaño apasionantes
descubrimientos, la distancia suprimida ha traído consigo la
monotonía y este fastidio gris que nació de la uniformidad.
Lo pintoresco ya no es sino un truco comercial para turistas.
En París, en Mérida o en Hong-Kong, hombres Yestidos del

Christian Brunet

59

mismo pantalón hablan de la misma política, al beber la misma
Coca-Cola. El espacio no nos seduce sino porque ya no tenemos nada que aprender de los otros hombres que no nos ofrecen
más que una exasperante imagen de nosotros mismos. Después
de la dialéctica del amo y del esclavo ha comenzado la de la
huída y de la helada soledad.
Pero nada anuncia la reconciliación de la conciencia consigo misma. Hegel se equivocó. Salta uno en el vacío como un
desesperado que se suicida. Nuestra tierra se vuelve más pequeña, a medida que nuestras conquistas espaciales se hacen
más grandes porque nuestro misterio íntimo, por contraste con
la creciente claridad de nuestra lógica, de nuestra matemática
y de nuestra física, se torna cada vez más profundo, oscuro e
impenetrable. Sólo conocemos lo que no somos y no podemos
desinteresarnos de lo que somos. El salto en el vacío no es
después de todo más que la última droga, después del opio,
del alcohol o del diario de la mañana. No se logrará aquello
sino a condición de que no haya despertar, es decir, a condición de que uno se mate en este salto .. Pues de la maravilla
fabricada por la mano del hombre, la conciencia de esta mano
que toca, hacia esta mano que estoy mirando, y este mirar
mismo de mi mano, siempre regresará a sí misma, a este punto
puro, más allá de todo lo que es, a este rehusar indefinido de
ser lo que sea, del que hablaba Valery.
Aquí en la tierra, en casa, dentro de sus pantuflas, la
costumbre había hecho olvidar al hombre que era un extraño.
"Horno Viator" como diría Gabriel Marce!. Pero en este gran
espacio, nuevecito y aun no domesticado ¿ cómo no tomar conciencia de que nada es verdaderamente nuestro, sino ese dolor
de ser y de no ser (to be and not to be) que separa dos latidos
de nuestro corazón 9
Si bien el Sputnik no ha colmado la espera filosófica de
Taine y de Jaurés, tampoco ha justificado sus predicciones
humanitarias. La ciencia debía, según esos nuevos Sócrates,
afianzar la virtud, hacer triunfar la comprensión mutua por
encima del odio. No es muy necesario lanzarse en grandes
tergiversaciones para hacer evidente el que los hechos desmintieron estas pretensiones. Estamos todavía aguardando los
beneficios de la energía atómica, catorce años después de que,
en Hiroshima, millares de hombres conocieron un fin atroz.
El _Sput1;1ik acerca a los hombres en el tiempo y en el espacio,
umform1za sus lenguas y sus costumbres tal vez uniformice
también sus razas; no acercará sus cor~zones. El otro, en
cuanto otro, sigue siendo mi límite, la negación de mi soberanía, por consiguiente, el enemigo; pero un enellligo indis-

�60

Sputnik y Sentido de Hwnor

pensable que no puedo destruir sin negarme a mí mismo, pues
sólo gracias a ese odioso límite, a este otro que detesto, tengo
una cara un contorno, una forma, un sér prefabricado, claro,
pero sér ~ pesar de todo. El otro es la última barrera que me
resguarda de la caída en la nada.
La Ciencia, según Jaurés, debía transformar a los hombres
en hermanos, y lo ha hecho, si entendemos por hermano al
enemigo más cercano. En este sentido, el Sputnik nos YuelYe
a todos hermanos, simplemente por qué aproxima a cada uno
de nosotros sus enemigos. Ya no hay distancia. Ellos están
cerca de nosotros, sobre nosotros; nos pisan, respiran nuestro
aire. ¡ Cómo se han precisado nuestros contornos t Y a no hay
alrededor de nosotros esta tranquilizadora zona de imprecisión
que los alemanes llamaban el espacio vital. Nos tocan por
todas partes como un hombre encima de una mujer en el acoplamiento. ¡ Qué bien nos vamos a odiar ahora, con un odio
familiar a la escala cósmica!
Oh, claro está, habrá 1\Iesías, salvadores, predicadores de
la reconciliación, hipnotizadores de conciencia. Habrá siempre
una cierta tensión casí armoniosa de los antagonismos que
seguirán llamando amor. Pero habrá también tantos indiscretos alrededor de nosotros que no se podrá disfrutar más de
ello. Nos entregaremos a Eros furtivamente, acechados por
mil aparatos que registrarán todas nuestras pulsaciones para
transformarlas en estadísticas. En cuanto a los mesías ya logradn polarizar todo este odio concentrado. Una idea, un
ideal, una mística, y en vez de que cada uno sea el enemigo
de todos, este odio se organizará, como siempre, en grupos
dentro de los cuales se hará tregua de odio, para orientarlo
hacia un mismo rumbo y duplicar así su fuerza de impacto
contra otro grupo. Las federaciones de naciones ya nos anuncian que en lugar de las guerras fratricidas, tendremos ahora
conflictos intercontiuentales.
¿No es acaso significativo notar que cuando se vislumbra
la posibilidad de relaciones con habitantes de otros planetas,
los imaginamos tan humanos que no concebimos que puedan
venir hacia nosotros con otras intenciones que la hostilidad y
la destrucción? Si el Sputnik debe anunciar finalmente la era
de la reconciliación de los hombres, será porque nuestro odio
habrá vencido la ley de la gravedad y se habrá lanzado, con
una fuerza de propulsión superior a la de cualquier cohete,
hacia Júpiter o Marte.
No hay que asombrarse pues, si el Sputnik no ha arrastrado consigo el lirismo de los utopistas, si el público no ha

Christian Brunet

61

saludado en él al precursor, al ángel, al heraldo de su redención
filosófica y social. Pero es de nqtarse, sin embargo, el que tampoco haya suscitado angustias ni pavores exagerados, ni esa
especie de histeria colectiva que ocasionaron las apariciones
de los hipotéticos platillos voladores. El común de los mortales ha manifestado en esta circunstancia una sorprendente
indiferencia hacia su propio destino. Poco se emocionaron
nuestros semejantes por las perspect ivas futuristas que hacen
de los Sputniks unos prismas diabólicos que pudieran concentrar sobre ellos el asalto mortal de los rayos cósmicos. El
miedo a las catátrofes ha alcanzado con la bomba atómica su
punto de saturación.
Si lo que caracteriza el romanticismo es una cierta coincidencia del hombre con sus circunstancias, el tomarse en serio
del hombre incapaz de escepticismo, de ironía y de sentido
del humor, ninguna época parece más ajena al romanticismo
como la nuestra. Es que nos hicieron desempeñar demasiados
papeles en demasiados dramas para que uno pueda encajar
en su personaje. Es menester que un actor pase cierto tiempo
desempeñando el mismo papel para lograr identificarse con
él. Si debe cambiar de papel con demasiada frecuencia no
tiene tiempo de olvidar que se trata de un juego. La sinceridad
no es, después de todo sino el fruto de la costumbre. Cu¡i,ndo
se ha caracterizado un personaje durante bastante tiempo para
convencer a los demás, se convence uno a sí mismo. Entonces
el personaje se vuelve personalidad y el juego, sinceridad.
La conciencia se adormece, pierde esta distancia que desvirtúa
y desengaña. Se olvida uno de quitarse el maquillaje y se cree
natural. Se aprende a reir y a llorar, y luego se ríe y llora
tan espontáneamente que se acaba por creer que verdaderamente se sufre o se es feliz.
Para llegar a esta seriedad, a esta "sinceridad" a esta
p_érdi_d a ~e la distancia para consigo mismo, que es' la conc1enc1a misma, no se necesita más que el tiempo de aco~-tumb_rarse. Ahora bien, desde hace veinte años, no nos han dejado
ti_emp? para nada. Los vencidos de la guerra se han vuelto
v_1ctonosos antes de haberse acostumbrarse a su papel de víctimas Y a secretar todos los reflejos "espontáneos" de esta
condición. En cuanto a los vencedores se han visto forzados
a bajar de sus pedestales antes de saber cómo tomar una actitud triunfal y erguirse sin sufrir calambres. Los libertadores
empezaban apenas a creer en la libertad cuando se tornaron
imperialistas y las personas bien se preparaban a disfrutar de
su buena conciencia cuando los tomaron por imbéciles Los
juegos dialécticos muy de moda desde Hegel se han aceierado
en tal forma que la síntesis ya no tiene el tiempo de instalarse.

�62

Sputnik y Sentido de Humor

¡ Hasta se llegaría a creer qu.i Dios mismo no está ya del todo
se()'uro de no ser el diablo y que al hacer al hombre a su semeja~za, no se hizo a sí mismo una mala jugada ! Además los
dramas han sido mal montados -se ha exagerado-. Las
catástrofes han tomado proporciones indiscretas. Ya no era
verosímil. Debía de haber algún truco. A tal grado que los
americanos, gentes ponderadas y sensatas, estimaron que eso
de los campos de concentración nazis no era posible y que los
cadáveres los mutilados v los desechos humanos que les enseñab1m ~n Buchenwald ~ Dai:l1au habían sido reunidos ahí
únicamente con el fin de impresionarlos. Era de mal gusto
como una novela de Zola. Los actores del drama forzaban
la nota, desentonaban y su celo de histriones principiant~s los
llevaba a aquellos extremos que transforma una tragedia en
un melodrama de mal gusto. Un rostro un tanto dema ;rado
con O'randes y hermosos ojos febriles, eso sí impresiona. Pero
un e~queleto ambulante carece por completo de gracia. Silencio reprobador en la sala. En el anfiteatro una risa estalló,
otra en un palco ahogada tras un guante de encaje, le contestó.
Discretamente, al principio, la risa se propagó. Pe:o pro~to
sacude toda la sala, abre los rostros como una henda, agita
los hombros, mueve las panzas, ¡ hace bailotear los pechos!
¡ Qué risa, amigos! Ha~e diez ~~os que reím?s así. El e~quele~o
ambulante se puso a reir tambien. Pues al fm ¿ para que segmr
llorando? No es ni más vivo ni_ más muerto 9-ue est&lt;: señor
O'Ordo que se acomoda en su asiento en la prnuera fila y a
quien un ataque de diabetis matará esta noche.

y ahora alrededor de nuestro teatrito un Sputnik se puso
crirar
y lueO'O otro y un Explorer. ¡ Como si eso pudiera
a
"'
'algo trágico
"'
añadir
a un drama ya tan sobresaturad o! ¡, .p·1en;
san verdaderamente impresionarnos 1 l Asustarnos con eso .
De todos modos la muerte es para mañana. Es el único desenlace posible y lo sabemos desde que se levanta el telón.
Ademán aun nosotros los profanos sabemos demasiado
cómo está fabricado este "Deux ex machina". Es un cocktail
de física y de química. Si fue hecho por hombres, no debe
ser algo de otro mundo. Cualquiera lo haría ~on t~l de ser
"especialista". Todavía si fuera algo desconocido,. mcognoseible misterioso tal vez se asustaría uno. Los platillos voladore~ por ejemplo, eso sí que es impresionante. No se sabe
ni lo que son, ni de dónde vienen ni a dónde van. Eso ya no
es matemática es brujería, metafísica. o tal vez Teo1o~ía. Se
comprende qu'e hayan sectas apocalípticas de los platillos,
como hubo adoradores del sol mientras no se sabía lo que
era. Pero los Sputnik, sabemos lo que son. Pues finalmente

Christian Br1met

63

t qué es él miedo sino la transposición afectiva de nuestra ignorancia? Pero no de cualquier ignorancia. Ignoramos las
nueve décimas partes del Cosmos y eso no nos espanta. Lo
que nos atemoriza es la ignorancia de nosotros mismos y de
todo aquello que se nos parece, de todo lo que surge sin saber
a dónde va ni de dónde viene. El miedo está todo entre dos
latidos de nuestro corazón. El miedo es la línea horizontal
del cardiograma y la espera angustiada del estremecimiento
de la aguja registradora. Y todo lo demás es el paliativo la
diversión, el juego, el deporte y el teatro donde deambu'lan
esqueletos que ni siquiera anima bastante vida para que nos
puedan hablar de nuestra muerte.
¿Cómo no evocar, ante lois espacios y los vacíos que nos
abre;1 l_os Sputniks, este vacío, el Vacío, el único que nos da
el vertigo, del que habla Valery en el "Cementerio l\Iarino"T

"Amarga, sombría y sonora cisterna
Cavando en el alma un hueco siempre futuro".
El gusano, "roedor irrefutable" de la angustia no habita
los espacios interplanetarios, "vive de vida, no se' desprende
de mí".
. Nada asombro~o entonces el que el Sputnik haya aguijoneado nuestro sentido del humor. No es, después de todo nada
más que un accesorio. Me divirte porque atrae mi at;nción
fuera, de. este corazón do~de palpita mi angustia. Me despega
de m~ mismo; me hace girar alrededor del mundo alrededor
de m1, en un car~usel vertiginos? de carnaval. El' Sputnik y
las nuevas conqmstas que ammc1a, subrayan para nosotrosY he_ ?hí tal nz su única aportación a la filosofía-la desproporc10n entre nuestro conocimiento objetivo de la exterioridad
y _nuest:a ignor~ncia , del mundo interior. Fueron precisos
vemte s~glos de filosofia para que el hombre se atreva a decir
con Descaytes. "yo soy" y la p_regunta hecha por Sócrates permanece aun sm respuesta. Si conocemos tan bien lo que no
somos y tan mal lo que somos i no· es acaso porque es una de
las_ c~r:1-cterísticas de nuestra conciencia el arrancarse a la
obJetJv1dad para darse a sí misma un espectáculo al que no
pertenece?
. Es, pues, en último análisis, de esta subjetividad desconoCida de donde pende el Spntnik que sólo soporta relaciones
que él no establece. No me puede decir este objeto juO'uetón
quién soy; sino por el contrario, debe recibir de mí Ío que es'.
De ~í de las relacio1;1es que esta3lece mi conciencia como pres~nc1a al mm~do, recibe s~ tamano, _su velocidad, su importancia y su sentido. No es smo un obJeto más alrededor de este

�64,

Sputnik y Sentido de Humor

punto puro, trascendente a toda realidad, rechazo de ser "lo
que sea", centro sin extensión de todo lo que se extiende, duranción pura de todo lo que se fragmenta y que no tiene otro
nombre que éste que le dio Descartes: Cogito.

DOS ESTUDIOS SOBRE ROBERT MUSIL

Phifippe faccottet / ROBERT MUSIL

SE

plantea un problema cuando se cita el nombre de Robert Musil, escritor austriaco nacido en 1880
y muerto en un OSCUI'O exilio el año de 1942 en Ginebra, dejando dos piezas de teatro, algunos cuentos, ensayos y sobre
todo una vasta novela inacabada de 1,600 páginas, Der Mann
ohne Eigenschaften (El hombre sin cualidades). Algunas personas, en efecto, y no de las menores ( Thomas Mann y Hermann Broch en Alemania, André Gide y J ean Paulhan en
Francia), parecen tener a Musil por uno de los más grandes,
si no el más grande, de los escritores modernos de lengua
alemana Sin embargo, su obra, su nombre mismo, eran hasta
hace poco tiempo totalmente desconocidos, •no solamente del
gran público, sino de la gran mayoría de los críticos y escritores, tanto en Alemania como en otras partes. ¿ Cómo explicar
este fenómeno? Se pueden dar diversas razones, pero contingentes.
Robert 1\Iusil, que había alcanzado una brillante carrera
de ingeniero y matemático, después de no menos brillantes
estudios filosóficos y psicológicos en Austria y Alemania, publicó al principio del siglo, demasiado joven todavía (1906),
una novela breve: Die Verwirrungen des Zoglings Torless (Los
conflictos del alumno Torless), que atrajo pronto la atención
de los críticos y le valió una reputación internacional. Después
algunas obras menos importantes, o más difíciles de interpretar
(piezas y colecciones de cuentos), obtuvieron sólo una importancia muy limitada. Entonces, renunciando también a las
carreras oficiales y al éxito literario inmediato, Musil se comprometió en lo que debía ser la aventura de su vida: la creación de una vasta novela, El hombre sin cualidades, que sería,
en la idea de su autor, la búsqueda escrupulosa, fríamente ardiente, de la salvación del espíritu en el hombre moderno.
-65-

�Robert l\lusil

66

Esta obra iba pronto a acaparar enter~me~te a su autor Y
transformarse en la suma de una expenenma a la vez vasta,
precisa y profunda, el trabajo de una inteligenc~a. muy excepcional, la operación de un espíritu creador ~ critico a la vez,
tan independiente -hasta donde esto es posible- de la n:ioda
y de toda teoría estética, cualquiera que fuera. ~l . p_rnner
volumen apareció en 1931; en 1933, ya se s~be en que tpneblas
iba a entrar Alemania; en cuanto a Francia, que hub1e_ra podido guiada por la clarividencia de algunos, dar a los primeros
elem'entos de esta obra el recibimiento que merecían, es necesario pensar que se oponían algunas dificultades, para un traductor y sobre todo para un editor, para la publica ción de m;a
obra tan densa, tan vasta, y en la que sobre todo no se veia
bien todaYía dónde podría terminar.
Pero estas son las razones exteriores; otras más profundas
rruardaron a Musil en una oscuridad por la que sufriría mud10,
tan despreciativo como haya podido ser a la mirada_ de las
facilidades de los acontecimientos, de los malentendidos de
la gloria.
Robert M:usil fue, en efecto, uno de los espíritus más exigentes de nuestra época. Se estaría tentado de ver en t l una
especie de santo de la inteligencia. Jamás creyó que los problemas opresivos, sangrientos de nuestro tiempo, pudieran ser
resuello.;, o solamente analizados, renunciando a los derechos
de una razón lúcida, de un pensamiento agudo, de un alma
soberbia. El no pensaba tampoco que hubiera sido n ecesario
"comprometerse·· en los combates del siglo para comprenderlos
o purificarlos; al contrario, comprendía qt'.e no_ resistjría al
impulso de las fuerzas oscuras sino por un af111am1ento sirmpre
más grande de su pensamiento, una profundización gradual
de su reflexión, un retesamiento de su exigencia de la exactitud. Con esto se oponía resueltamente (y su obra con él ),
a todas las formas del espíritu del tiempo, aun a las menos
bajas. Exigía del lector una paciencia, una curiosidad, una
severidad tal que uno se pregunta si éstas existen todavía;
? aunque su' obra, con todo el sentido de que está carg-ada,
guarda los prestigios del arte, los acentos mordaces de la
sátira y la~ sombras de la poesía,. es natural y aun fatal que
se llegue a imponer con una lentitud extrema.

* * *
A propósito de Robert Mnsil, se ha citado algunas verrs
el nombre de Proust y el de ,Joyce; sí, cuando se quiere caracterizar en pocas palabras su importancia en la literatura contemporánea; no, si se quiere definir con precisión su obra,

Phili1&gt;1&gt;e Jaccottet

67

extremadamente alejada, tanto de En busca del tiempo perdido
como del Ulises.
Esta obra comenzó con una novela, Los conflictos del
alumno Torless, que pinta con una smgular fuerza objetiva
el nacimiento de una conciencia a través de los desórdenes de
la adolescencia; ¡, estaremos en la psicología ? Si se quiere, pero
también más allá: en esta novela, publicada en 1906, es posible
ver la descripción del poder y de los abusos del poder, la prefiguración del nazismo. La minucia, la pro \mdidad del análisis psicológico, a menuo han engañado a los lectores de M:u~il:
se juzgaba que sus diversas obras no hacían sino exager n· las
finezas de la novela psicológica, que consideraban pasadas de
moda. No se veía sino uno de sus aspectos.

*

*

*

Otra es la precisión de su pensamiento: "Este libro, escribía
Musil en
hombre sin cualidades ,
.
. , 1932, a propósito de El
,..
tiene una pasion que parece desplazada hoy de las letras. la
de la exactitud". La formación científica de Musil nutrió toda
su obra de una preocupación por la precisión ( t:lnto en la
construcción de la obra como en la r eflexión del detalle), que
rs, en efecto, excepcional en la literatura. Pero a esta fineza
de análisis, a este rigor del p ensamiento, se combina eso que
es necesario_ llamar una sensibilidad poética, si se entiende por
esto el sentido de lo que, precisamente, escapa a la psicología
y a las matemáticas.

* * *
No hay un libro de M:usil que no sea
es verdad que esta gran obra es la novela
mái, de veinte años sin poderla acabar: El
dades. ¿ Cómo situaremos, en pocas líneas,

interesante; pero
en la que trabajó

hombre sin cualieste monumento!

En agosto de 1913, en Viena, un joven sabio de treinta y
dos años, Ulrich, eu el que se encuentran muchos rasgos del
autor, p ero de sus p ensamientos más que de su persona o, sobre
todo, de su vida, decide renunciar a toda carrera oficial y ''despedirse de su vida" durante un año para encontrar una justa
aplicación, un buen uso de sus dones. El es "el hombre sin
cualidades", el hombre a quien sus cualidades (buen as o m :l las)
son extrañas, el hombre que no puede calificar, el hombre privado de centro, el h éroe del espíritu E'llropeo moderno. Durante los seis primeros meses de su renun ria. Ulrich se mezcla
en una vasta campaña pacifista que ocupa los medios aristocráticos e intelectuales de Viena; después, a la muerte de su
padre, en cuentra a su h ermana Agatha y se enamora ele ella.

�Robert l\:lusil

68

Al fin del año de renuncia, ya previsible desde el principio de
la obra, estalla la guerra, y es el momento de la movilización
cuando la novela se habría terminado.
Se trata, si se quiere, de una pintura de la sociedad austriaca de antes del 14 ( en la primera parte) ; de la historia de
un amor extraño ( en la segunda). Se trata de la búsqueda de
una vía justa, y al mismo tiempo, de la crítica de todas las
falsas vías en las cuales el espíritu moderno se ha Gomprometido en nuestro siglo. Se trata de una de las descripciones
más profundas que hayan sido dadas de las raíces de la guerra ;
se trata también de un ensayo de "mística diurna". 1\Iusil se
ha ensañado en esta obra mientras el mundo se desplomaba:
no es que él se haya desviado del mundo, de este derrumbamiento que al contrario era su sola preocupación; pero pensaba que un hombre como él no podía responder mejor a la
ruina que escribiendo este libro, que es en efecto uno de los
más admirables antídotos que se han podido escribir contra
la grosería, la imprecisión y la facilidad contemporáneas.

Martin F/inker / ENCUENTROS CON ROBERT MUSIL

EL

15 de abril de 1942 murió Robert
}\fusil a los 61 años de edad. :(Ja muerte lo sorprendió súbitament;, al mediodía, en su pequeño jardín genovés, d~1rante una
breve interrupción de trabajo. Solamente ocho amigos se encontraron en el cementerio para dar la despedida al desaparecido. Robert Musil, fielmente guardado por su mujer l\Iartha,
había pasado los últimos años de su exilio en Suiza, en la
más grande soledad. Fue sobre un hombre casi desconocido,
casi olvidado, que se cerró la tumba.
Hoy en cambio, años más tarde, la atención se levanta al
solo enunciado de su nombre. Hemos leído a este respecto en
un periódico inglés: "es el novelista más considerable del medio siglo", y toda la crítica ratifica desde entonces este juicio.
Conocí a Musil personalmente, y a menudo hablamos juntos de El hombre sin cualidades, novela de la que acababa de
aparecer entonces la primera parte del segundo volumen. Si
Musil hubiera vivido diez años más habría continuado trabajando en este libro. Y la obra no habría sido terminada jamá~,

Jlartin Flinker

69

al menos en la manera en que se considera de ordinario terminada una obra. Porque una obra como ésta no pudo tener
fin, ya que el problema que trata, la situación del hombre contemporáneo en el mundo, no ha encontrado solución. Y Mnsil
no era hombre de buscar soluciones artificiales, aunque fueran
propuestas por las leyes de la obra de arte.
En una carta que me dirigió en otoño de 1934, escribía
Musil:

No trabajo en un libro nuevo, sino en el mismo, en El hombre sin cualidades, cuya terminación me obliga a salvar grandes dificultades exteriores. Preferiría no hablar ahora de lo
que preparo, pero probablemente algunas palabras sobre el
volumen final de libro le serán útiles. .
No es superfluo notar que éste no será un tercer volumen,
sino la segunda parte del segundo: para mi asombro, es un
hecho que ha escapado a mucha gente cuando ha aparecido el
pretendido segundo volumen. El segundo, completo, será un
poco má.s grueso que el primero, y él solo permitirá ver la
construcción y orientación del conjunto. Desgraciadamente
no puedo tratar en pocas palabras los problemas de mi trabajo.
Por otra parte ¿hay realmente problemas hoy? Se tiene algunas veces la impresión de lo contrario. La úniqa cosa que me
asegura que no me desvío completamente es la larga duración
de mi trabajo: como, por sus comienzos, se remonta a 1914
mis :problemas han sido sobrepasados tan a menudo que ha~
termmado por adquirir una cierta permanencia.
~ecuer?o tod~vía la primera visita que me hizo Musil, y
la primera impresión que recibí. Esto ocurrió el otoño de 1933.
El entró, una mañana, en una librería que yo tenía en Viena.
Bastante fuerte, muy reservado y muy calmado de un exterior
muy bien cuidado, pero un poco a la moda ~ntigua. En su
chaleco llevaba colgada -me acuerdo- una cadena de reloj
que formaba, del bo~sillo ~ un botón má.s alto, una J mayúscula,
como la llevan los mgemeros. · Comenzó por mirarme atentamente y con calma, y yo me preguntaba qué tendría en la cara.
¿Tenía el aire de un médico, de un comerciante, de un pintor o
de un diplomático, o quizá de un industrial Y Le devolví la
mirada con aire interrogativo, y dijo brevemente: Musil. Tenía conciencia de lo que era y sabía lo que su nombre debía
representar para mí.
Después volvió con frecuencia; él habitaba la calle Rasumofsky, en el barrio vecino, y podía arreglárselas para pasar
delante de mi casa. Otras veces lo acompañaba un buen trecho

..

�70

Encuentros con Robert Mnsil

de camino. Y más de una vez, en la noche, me acompañaba
sobre el Rin hasta mi apartamento.
Hablábamos de libros que se leían entonces. Era una crítica severa, no siempre imparcial. No era muy blando con
Stefan Zweig. Con Thomas Mann, del que sabía que tenía
amistad conmigo, y que lo admiraba mucho, demostraba (me
parece) una valoración mezclada con cierta envidia, que no
quería confesarse a sí mismo. Envidia de escritor, se pregunta
él mismo una vez en su Diario. Madame Curie, de Eve Curie,
acababa de aparecer en traducción alemana: él no estaba muy
entusiasmado: María y Pierre Curie eran seres excepcionales,
de una inteligencia y de una moral superiores.
Hablamos también de su gran obra, ya que ésta lo mantenía siempre ocupado.
El hombre sin cualidades es usted, querido señor Musil,
l e dije un día, hará pronto veinticinco años. en un tiempo en
que e~1 o no era tan evidente como ahora. Pero sería más justo
llamarlo también Hombre de innumerables cualidades, agregué.
~fusil sonrió, no respondió nada.
D0scendiendo de una vieja familia austriaca de funcionarios (su padre era :profesor en la Universidad, cons0jero áulico
e ingeniero, y había sido ennoblecido y condecorado con diversas órdenes imperiales), Robert Musil fue destinado al principio a la carrera militar. Si se le puso muy joven en una
escuela de cadetes, fue porque era un joven hipersensible difícil. La violencia a título de reacción contra la violencia de mi
madre. (Diario).
En efecto, l\Iusil no guardaba un buen recuerdo de su madre, de la que tenía la impresión que lo había amado poco y
tratado mal. Justo antes de alcanzar el grado de oficial, abandona la Escuela .Militar, llegando a ser matemático e ingeniero.
Las matemá1icas constituyen una de las aventuras más rigurosas de la existencia humana, escribió en su Diario. Pronto,
sin embargo, esta nueva profesión no le interesó más, y se puso
a estudiar filosofía, particularmente la lógica y la psicología.
Todo esto, aspirante a oficial, ingeniero, filósofo, no lo
hizo como simple dilettante. Uno de los mejores jinetes de la
Escuela Militar ( oficial durante la guerra, obtuvo altas distinciones), constructor de un nuevo disco coloreado que actualmente se llama el disco de Musil, autor de escritos filosóficos
estimados, entre otros una tesis sobre Ernet Mach. Una Universidad le habría ofrecido una cátedra de psicología. Sin em-

Martín Fllnker

71

bargo, que él fuera filósofo, ingeniero u oficial, nada de ~sto
le satisfacía. La no decisión fue la gran decisión qe sy vida.
Ensayó nuevas actividades, nuevas posibilidades.
Llegó a ser escritor.
Con este título finalmente, escribió una gran obra: El
hombre sin cualid~des. Su novela. Esta quedó inacabada,
abierta a todas las posibilidades. Pero él entró en la literatura
universal.
Como Ulrich, el hombre sin cualidades, Musil era originario de una provincia de la antigua Austria, de esta monarquía de los Habsburgo, tan compleja, deshecha ~n 1918 y ya
casi olvidada, de ese país real e imperial que Musil ha llam~d?
irónicamente la Cacania. Toda la mordaz agudeza de sus JUlcios sobre este país y sus instituciones, no pueden impedirnos
sentir el profundo amor que le tenía. A través de la descripción de la Gacania, el lector ve aparecer un país pleno de encanto y belleza. Había glaciares y el mar, el Karst y los campos bohemios de trigo, las noches al borde del Adriático y ~l
cri-cri de los grillos, y las aldeas eslovacas donde el humo salia
de sus chimeneas como de una nariz chata, donde las casas
estaban tapiadas entre dos colinas como si la t.ierra hubiera
entreabierto sus labios para recalentar su niño. . . Naturalmente, había también automóviles sobre sus carreteras, pero
no muchos. Aquí también se preparaba la conquista del aire;
pero no en forma m~y intens~va. El prin,cipe ~obernante .~ra
"tan bien que", o meJor todav1a, con la mas sabia moderac10n,
"ni. . . ni". Al fin de rsta descripción escribe 1\1usil: Y además, al menos, en Cacania se limitaba a tener a los genios como
mequetrefes: jamás se ha tenido, como en otras partes, al mequetrefe por genio.
Musil era un Cacaniano auténtico: nada más cacaniano,
precisamente, que esta tendencia a rebajar, a burlar su propia
naturaleza.
Cacanianos también, estos otros grandes contemporáneos:
Hofmannsthal y Rilke, Freud y W erfel, Zweig y Roth, Husserl,
Broch y Schnitzler, Kraus y Kassner, Schonberg, Kokoschka
y Reinhardt. Y ante todo: Franz Kafka.
¿ Qué decir de un país que, en tan poco tiempo, en el espacio de una generación, prodigó una tal abundancia de grandes espíritus ?

* **

�72

Encuentros con Robert Musil

El paralelismo con Kafka es sorprendente.
Casi al mismo tiempo que Musil, cuyos parientes, tanto de
la línea paterna como de la materna pertenecían al mundo lingüístico y cultural de la Bohemia alemana, Kafka exponía y
trataba, en libros esparcidos después en el mundo entero, el
problema del hombre privado de libertad, su abandono, su
gran soledad. Kafka, como Musil, conoció la ausencia de caminos. Los personajes de Kafka, como los de Musil, no son
libres, porque ellos también buscan orientarse con las opiniones de los otros o en aquellas que han encontrado hechas en
ellos mismos. No hace mucha falta hacer caso de las opiniones,
dice a Kafka, de pie en la catedral e incapaz de encontrarse
solo en la oscuridad, el eclesiástico que se presenta como el
limosnero de la prisión. Los personajes de Kafka también
quieren ser sin cualidades; quier en salir de ellos mismos y
encontrar un punto donde puedan por fin descubrirse y, al
mismo tiempo, la verdad y la libertad que persiguen. Ultich
también camina por las calles, y de pronto, tiene el doloroso
presentimiento de una cautividad; el sentimiento inquietante
de que todo eso que se cree alcanzar os alcanza. . . Y la verdad
que se me muestra, ¿es mi verdad? Los fines, las voces, la
realidad, todas esas cosas seductoras que os solicitan y os
guían, que se siguen y sobre las que uno se lanza, ¿son pues
la realidad real? Wilhelm Enrich escribe (Deutsche Literatur,
20 de enero de 1956) : Kafka, conservando hasta el fin la visión
de la libertad, la imagen del hombre verdadero, llega a ser en
la literatura moderna el más severo crítico de los avasallamientos y los ataques humanos. E sto es también verdadero
para Musil. Ulrich también quería llegar a ser un salvador.
Como J oseph K., Ulrich vive sin la menor relación con
mundo que lo rodea.
·
Como los pensamientos de Ulrich el matemático, los de
J oseph K. son de una lógica aguda: y sin embargo, terminan
por conducir al absurdo. Y el mundo de K., aunque sea real,
también llega a ser irreal.
Los físicos matemáticos, escribe. l\Iusil en su Diario, tuvieron de pronto el dolor de negar la presencia del espacio y el
tiempo, y Kafka ; en El proceso: La lógica es inquebrantalbe
sin duda; pero para un hombre que quiere vivir, no resiste.

Y los personajes de Kafka fracasan, como Ulrich fracasa.
l\íusil y Kafka desembocan en la insuficiencia del lenguaje para la expresión del pensamiento y del sentimiento.
Uno y otro, tan poco musicales, buscan la música, en los tonos,

~Iurtin Flinker

73

los sonidos y las voces, la última posibilidad de comunicación y de expresión.
Ulrich busca encontrar una fórmula de conjurac,i~u, una
empuñadura que se pueda tomar, el verdadero espmtu del
espíritu, el trozo ausente. . . no hab~a palabras a su . disposición. . . ya que en el oscuro domimo donde se arraiga, se
está privado de su amable conducto.
Como el hombre solitario de Kafka, buscando un abogado errando por interminables y estrechos corredores, tropezá~dose por t odas partes co_n rostros cerra~os, o~endo_ de
pronto incesantes voces, vemdas de muy leJos, as1 Ulr1ch :
En su vida, él aún no había "escuchado voces". . . Pero cuando se las oye, esto desciende sobre vosotros un poco como el
dulzor de una caída de nieve. . . todas las voces que saltan
, de un lugar a otro en la jaula de aire se van ahora libremente.
Clarisa, la mujer de Walter, un amigo de infan~ia de
Ulrich toca el piano: Los muros del cuarto desaparec1an, y
las p~edes de oro de la música se elevaban en su lugar, ~!e
misterioso espacio en el cual el Yo y el mundo, la percepc1on
y el sentimiento el dentro y el afuera se entremezclan de la
manera más ind~finida posible .. . Jamás se debería dejar de
tocar.
El Castillo allá arriba, ya extrañamente sombrío, que K.
había esperado alcanzar en la jornada, se alejaba ~e nu~vo.
Pero de pronto el sonido de una campana retumbo a.qui . ..
una campana que, por un instante, hizo temblar el corazón,
como si lo amenazara la realización a la que tendía oscuramente. (El castillo) .

Dispuesta a suicidarse, entre los prados de l?s bos~ues,
.A.Ú'atha escuchó un repique de campanas, su corazon batio de
alborozo cuando pudo asegurarse que las campanas continuaban acompañándola. Y de la ~isma man~ra que el p_erro de
Kafka en el que el solo y úmco pensamiento es la libertad,
prueb~ el poder de la música : ella os agarraba literalmente;
arrastraba lejos de esos pequeños perros tan reales y no obstante cualquier defensa que se hiciera, no obstante verdaderos aullidos de dolor, se sentía víctima de esa música. Descendiendo de todas partes, de lo alto, de abajo, sobre el espectador ella lo inundaba, lo anonadaba, lo aniquilaba con sus
fanfa~rias tan próximas y que estaban tan lejanas. Y de
nuevo se encontraba libre porque estaba demasiado agotado,
demasiado aniquilado. . . Kafka escribe que la música puede
poner a un ser fuera de sí (Investigaciones de un ·perro) .

�74

Encuentros con R-Obert Musil

Ulrich, a quien había faltado inteligencia para la música, y
que no podía comprender que la música fuera una fusión del
alma y de la forma, no conocía sino una música: la música
más rara, la obsolutamente pura.
La más rara, la pura: es aquélla que os hace adivinar,
al menos durante unos minutos, la felicidad de escapar al
calabozo. Aquello que puede, al menos durante algunos minutos, librarnos de la miseria del Y o.
Así, lo que Emrich dice de Kafka es igualmente cierto
de Musil :
L'.1 palabra verdadera aparecía siempre bajo forma de
música, no de discurso articulado.
El proceso de Kafka es también m1a obra "inacabada".
Numerosos capítulos no fueron terminados, como en el caso
de Musil. Para Musil .hizo falta también el trabajo extremadamente pesado, y que sólo el entusiasmo por esta obra maestra puede explicar, de Adolf Frisé para drscubrir en la abundancia de proyectos y notas póstumas los fragmentos que
entraban en el cuadro de la tercera y cuarta partes que
quedaron inéditas. Lo que Brod dijo de El proceso, conviene
perfectamente a El hombre sin cualidades : era un libro "int erminable", es decir, que se podía continuar hasta el infinito ...

En una breve nota, como accesorio, del diario dr Kafka,
el 13 de septiembre de 1912, se lee : Esponsales de mi hermana
Valli. Después : Amor entre hermano y hermana, repetición
del amor entre padre y matlre . . .

* * *
Si Musil se pinta fielmente en Ulrich, el hombre sin cualidades, se le puede encontrar también en Walter, la única
contraparte de Ulrich, su amigo, y por consecuencia su enemigo de infancia. En cierta medida, W alter es el otro Musil,
el hombre de cualidades. Naturalmente éste no es un matemático, sino un artista, absolutamente cerrado a los experimentos matemáticos de Ulrich. El es pintor, músico y poeta,
ya lo uno ya lo otro, flotaba en su cabeza cualquier cosa, no
se sabía qué, al parecer con más importancia que una realización bien definida. Los dos amigos son opuestos desde el
comienzo de la novela : para Ulrich no hay diferencia entre
el sol y un cerillo, no más que la que hay entre la boca, considerada como una extremidad del tubo digestivo, y su otra
extremidad. Cuando se analiza nuestro cuerpo, no se encuen-

Martin Flinker

75

tra sino agua y algunas docenas de pequeñas acumulaciones
de materia flotante arriba. . . Para Walter, en revancha, el
hombre de hoy tiene necesidad ante todo de simplicidad, de
salud de contacto con la tierra. Ouando entro en la_ casa,
verd¡deramente tengo, "poseo" el coraje de tomar simplemente el café contigo, de escuchar los pájaros, de hace~ un
pequeño paseo, de cambiar algunas palabras con los vecmos,
y dejar tranquilamente apag~rse el día: ¡he ~q~ ~o que es
la vida humana!, dice a Clarisa. El hombre cient1f1co es, en
nuestros días1 del todo inevitable, dice Ulrich a W alter en
el curso de 0 tra discusión, no se puede evitar saberlo. Y la
diferencia entre la experiencia de un especialista y la de un
profano, jamás ha sido tan grande como ho~: Todo el mun~o
puede verlo en las capacidades de un masaJISta o de un pianista· actualmente no se haría correr un caballo sin una prepara~ión especial. No hay más que ~os proble~~ hu~ª??S
donde cada uno se cree llamado a zanJar, y un VIeJo preJu1c10
pretende que se nace y se muere hombre. Pero si sé que las
mujeres de hace cinco mil años escribían a sus enamorados
textualmente las mismas cartas que hoy, no podría leer una
sola de esas cartas sin preguntarme si esto no debería cambiar de una buena vez. Y W alter replica : Dicho de otra manera tú te rehusas a ser un hombre hasta nueva orden. Si
tu quieres, responde Ulrich. Y o reconocía que hay allá un
desagradable matiz de diletantismo.
En un capítulo fragmentario titulado Reglamento de
cuentas entre Walter y Ulrich, se tiene la impresión de ver
a l\'.Iusil dialogar con él mismo, con Sll segundo Yo encarnado
en Walter . El hombre sin cualidades afronta al hombre de
cualidades y busca al lado de él una justificación, una confirmación de su propia existeneia. Es como si la idea le hubiera
venido tan súbitamente que se hubiera caído; extraviado.
Como que tuvo miedo y necesidad de asistencia.
Tu eres profundamente infecundo, se dice, por lo que
aparentas audacia. En otras palabras, esto significa: re~uncias a la realización de tus ideas . . . Restas valor a la realidad
para darte la impresión de ser un gran hombre . . . U~a ~e
tus justificaciones es: la raza de genio. Pero un gemo sm
obra es problemático y arriesga no ser sino imaginación pura.
Entonces, matarse o escribir. Así es como Musil se acusa y
condena. Después viene un nuevo ensayo de justificación :
Un hombre sin cualidades es un teórico. Hacen falta teóricos,
investigadores, experimentadores, hombres sin compromisos.
Este capítulo encontrado en los papeles de l\Iusil después
de su muerte y que no había sido publicado todavía, prueba

�Encuentros con Robert l\lusil

76

de una manera sorprendente hasta qué punto Musil, creando
el personaje de Ulrich, buscaba liberarse de sí mismo, encontrar un camino que lo alejara de sus propias angustias y de
su propia miseria, y cómo estaba lejos de haberlo conseguido.
j Escribir

NOTICIAS

o matarse ... !

El pastor suizo Robert Lejeune, un amigo de Musil, que
le prestó una ayuda singularmente preciosa durante los años
de la emigración y de la soledad, uno de los ocho que acompañaron al escritor en su última morada, escribió en un bello
elogio fúnebre que Musil, en los últimos años de su vida, se
había preocupado por el problema religioso. Ciertos pasajes
de sus cartas lo testifican. Y los fragmentos de novela redactados durante los últimos años hablan también en favor de
esta hipótesis. El pensamiento de Ulrich no había estado privado de Dios sino independiente de El: como en las ciencias,
se necesitaba abandonar al sentimiento todas las posibilidades
de retornar a Dios. . . Y: Nuestro destino, el destino de una
é:poca de experiencia inteligente y emprendedora, ¿no sería
desde entonces negar los sueños, las leyendas y las nociones
demasiado sutiles para la simple razón, y que llegados a la
cima de la exploración y del descubrimiento del mundo, nos
dirigimos de nuevo hacia El e inauguraremos con El nuevas
relaciones experimentales? La fe considerada como una reducción del saber era contrario a su naturaleza, pero reconocía en el "presentimiento" de un saber supremo un estado
particular.
Robert Lejeune cuenta que Musil, poco antes de su muerte, afirmaba reunir notas -para una obra que habría querido
llamar Teología laica. Si se termina un día, habría agregado.
Una cosa es segura: el entusiasmo unánime y sin reservas
con el que los críticos del mundo entero han recibido la reaparición de El hombre sin cualidades; el vuelo casi fabuloso
de este libro casi desconocido hace veinticinco años, habría
procurado a Musil una alegría profunda. Una alegría infinita. A pesar de su extrema reserva, de su gran discreción,
amó mucho el suceso exterior. Jamás entendió la jubilación
y los cantos que escoltan el cortejo triunfal de los favorecidos
de la fortuna. Sólo un pequeño círculo de apasionados por
las letras lo conoció y apreció. Para el resto, era casi totalmente desconocido. Y cuando murió, triste y amargado, era
casi desconocido.
Como Kafka.
(Traducción de Alfonso Rangel Guerra)

Reunión de Rectores de las Universidades del Norte del
Pais.-El lunes 16 de enero se inauguró la I reunión de Rectores de las Universidades del Norte del País. El acto inaugural de estas actividades consistió en una ceremonia en el
Aula Magna de la Universidad de Nuevo León, bajo cuyos
auspicios y los del Gobernador del Estado se realizó dicha
reunión. Presidieron este acto el Gobernador interino, Lic.
Genaro Salinas Quiroga, quien dió la bienvenida a los distinguidos huéspedes; el Ing. Víctor Bravo Ahuja, Subsecretario
de Educación Técnica y representante del Secretario de Educación, Lic. Jaime Torres Bodet; el Lic. Alfonso Ortega Martínez, Secretario de la Asociación de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior de la República Mexicana; el Lic.
Rubén Vasconcelos, representante personal del Rector de la
Universidad Nacional Autónoma de México, doctor Nabor Carrillo Flores; los Rectores Huéspedes, Lic. José G. González
de Baja California; Lic. Luis Alfonso Gastelum de Sinaloa '.
Lic. Luis Fuentes Mares, de Chihuahua; Lic. S~lvador Gon~
zález Lobo, de Coahuila; Lic. Angel Rodríguez Solórzano de
Durango; Dr. Jesús N. Noyola, de San Luis Potosí· Lic. 'Roberto Elizondo Villarreal, de Tamaulipas; Ing. Fern~ndo García Roel, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores
de Monterrey y el Arq. Joaquín A. Mora, Rector de la Universidad de Nuevo León. Sólo se lamentó la ausencia del
Rector de la Universidad de Sonora, Lic. Luis Encinas, quien
por razones de fuerza mayor no pudo asistir.
En la sesión de apertura pronunciaron sendos discursos
el S:. Lic. Alfonso Ortega Martínez, el Sr. Rector de la Univers1?ad de, Nuevo León y el Sr. Ing. Víctor Bravo Ahuja.
El Lic. Ruben Vasconcelos tomó la palabra en nombre del Sr.
Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.
~espués_ de la ceremonia oficial con que se inauguró esta
reumon Reg10nal de Rectores de las Universidades e Institutos
de Enseñanza Superior del Norte de la República los distinguidos huéspedes fueron obsequiados con un banquete regio-

77-

�78

Noticias

nal que ofreció la Universidad de Nuevo León en los salones
del centro social "Vasco de Quiroga".
La estancia de los Sres. Rectores en Monterrey comprendió también visitas a la Ciudad Universitaria, al Instituto
Tecnológico, al Museo Regional y un recital de danza moderna
y mexicana, que se ofreció en el Aula Magna.
Los rectores se reunieron en sus sesiones de trabajo en
una de las Salas de la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Nuevo León, en largas jornadas de trabajo.
Los cambios de impresiones, intercambio de ideas, discusiones
de los problemas que confronta la educación superior y en
particular las instituciones universitarias, se realizaron en
privado. Las conclusiones de dicha reunión serán dadas a
conocer oportunamente.

INFORME DE LAS ACTIVIDADES DESARROLLADAS
POR EL PATRONATO UNIVERSITARIO DE NUEVO
LEON, DESDE EL lo. DE ENERO HASTA EL
31 DE DICIEMBRE DE 1958.
Con el propósito de cumplir, como se acostumbra cada
año, con las disposiciones que norman la vida del Patronato
Universitario, esta Comisión Ejecutiva se permite presentar
ante su Consejo General una relación de las actividades desarrolladas desde el lo. de enero al 31 de diciembre de 1958.

Ingresos:
En el curso del período mencionado, el Patronato recibió
la cantidad de $ 3.074,320.64 (TRES MILLONES, SETENTA
Y CUATRO MIL TRESCIENTOS VEINTE PESOS Y SESENTA Y CUATRO CENTAVOS). Esta suma fué obtenida en
la forma siguiente: por cuotas y donativos esporádicos,
$ 6,312.47; por aportaciones de personas físicas y morales con
destino a la Ciudad Universitaria; $ 2.640,410.00; por utilidades de los Sorteos, $ 190,598.28; intereses por depósitos a
plazo en instituciones de crédito, $ 237,315.34. Cabe señalar
que los ingresos procedentes de sorteos, en el presente año se
vieron lamentablemente afectados por la desconfianza y el
escándalo nacionales provocados por el sorteo de Toluca; afortunadamente estas circunstancias negativas han desaparecido,
a juzgar por los ingresos que se han registrado últimamente.

~oticias

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Inversiones:
Muebles y equipos .
En cooperación con el Gobierno del Estado, el Patronato
Universitario terminó el acondicionamiento del Aula Magna
"Fray Servando Teresa de Mier", que consistió en proveerla
de aire acondicionado, reparación de butaquería en el piso
bajo y adquisición de butacas nuevas para la galería, ampliación del foro y colocación de tela para bambalinas ; construcción de camerinos y paredes adicionales a los costados para
proteger los vitrales y dotación nueva de alumbrado. Durante
el presente lapso, el Patronato cubrió por este concepto la
cantidad de $138,895.67.
El Patronato recibió como obsequio del señor don Gastón
Azcárraga, Presidente de la firma Fábricas Auto-Mex, S. A.,
de la ciudad de México, y con destino a la Escuela Industrial
y Preparatoria Técnica "Alvaro Obregón", un motor cortado
para escuela, marca De Soto V8, modelo 1955, mismo que ha
quedado debidamente instalado en el plantel citado, a fin
de que sirva en la labor de enseñanza técnica que allí se
imparte. Por concepto de flete_, fue cubierta la cantidad de
$ 221.20.

Bibliotecas.
En el presente año fué considerada una solicitud de la
Escuela Industrial "Alvaro Obregón" para adquisición de libros de carácter técnico, destinados a su Biblioteca. Los libros
pedidos importaron la cantidad de $ 3,200.00.
Gomo en años anteriores, el Patronato entregó a la Biblioteca Universitaria "Alfonso Reyes" las subscripciones completas de los diarios lo~ales y tres más_ de la_ ciuda~ d~ ~éxico,
así como diversas revistas de valor hterano o c1ent1fico. La
suma dedicada a este asunto fué de $ 1,085.50.

Edificios.
Durante el presente año el señor Rector de la Universidad
de Nuevo León arquitecto Joaquín A. Mora, solicitó y obtuvo
del Patronato 1~ cantidad de $ 25,000.00 para ser invertida en
el acondicionamiento del antiguo local de la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, para destinarlo a la Facultad de
Arquitectura. Dichos trabajos. de construcci?n han sido , ya
terminados y la Facultad mencionada ha contmuado las catedras con absoluta normalidad en su nuevo local.

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Noticias

Publicaciones.
Como en los años anteriores, se continuó con la publicación del Semanario "Vida Universitaria", órgano informativo
y cultural del Patronato. Aparecieron 52 ediciones con un
tiraje mínimo de diez mil ejemplares cada una, y un costo
total de $ 316,871.55. Al deducir de esta cantidad la suma de
$127,029.01, que representa los ingresos por anuncios y subscripciones, el costo neto cubierto por el Patronato fué de sólo
$189,842.54.
En igual forma se ha procedido en cuanto se refiere a la
publicación de "Inter-Folia", órgano de la Biblioteca Universitaria "Alfonso Reyes", bajo los auspicios del Patronato. Por
este año fueron publicados cuatro números dobles, de enero
a agosto, con un tiraje de 2,000 ejemplares por edición. El
costo fué $ 3,020.00.
Con el propósito de cooperar en la publicación de la Revista del Hospital Universitario, en la que aparecen artículos
y estudios de carácter científico y cultural muy de tomarse
en cuenta, el Patronato cooperó con la cantidad de $4,600.00.
Esta revista se distribuye entre instituciones hospitalarias y
centros científicos del país y del extranjero,

Servicios Universitarios:
Escuela de Bachilleres.
Por considerarle de v.ital interés para el mejor funcionamiento de las escuelas preparatorias de la Universidad, el
Patronato ha continuado entregándole por mes la cantidad
de $ 15,000.00, como cooperación para el pago de sueldos de
maestros de media planta, lo cual arroja un total de .....
$ 180,000.00. Además fueron entregadas diversas canti_dades
a la Escuela Preparatoria Núm. 1, en calidad de sueldos de
oficina, papelería, útiles y mejoras y adaptaciones al campo
de ese plantel, todo por valor de $ 46,000.00.
El Patronato tuvo en cuenta numerosas peticiones de estudiantes de diversas dependencias universitarias, consistentes
en viajes de estudio, competencias deportivas, actos culturales
y otros conceptos que forman parte de lo que se denomina
Campaña Cultural Universitaria. Esta erogación fue, durante
el año que se reseña, de $ 43,107.82.
Como cooperación con el Superior Gobierno del Estado
y la Unión Ganadera Regional de Nuevo León, el Patronato

Noticias

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siguió en el presente año aporta_ndo diversas cantid~d~s a fin
de que dicha Unión pueda segmr su labor ,en ben.ef~c10 de la
industria pecuaria en el Estado con el establecmnento del
Laboratorio de Inseminación Artificial y la publicación del
periódico "Vida Rural", que se distribuye, entre gan~deros y
agricultores del Estado y del resto del pais. La cantidad entregada por este concepto llegó a $7,999.98.
En el presente lapso el Patronato siguió colaborando con
la Universidad otorgando becas a aquellos al~os que h~n
demostrado amor al estudio y deseos de seguir una especialización en México o en el extranjero, a fin de regresar a su
Universidad de origen para trabajar en función de enseñanza.
En París fué becado el licenciado Artemio Benavides Hinojosa; en Rochester, Minn.,. E. U. de A;, _el docto: Bonif~cio
Aguilar Grimaldo; en la ciudad de Mex1co, Ofeha ~onzalez
Treviño doctor Francisco García Barella, Rugo Padilla, Alfonso C~rrea Villalobos Arturo Cantú Sánchez, doctora Ana
María Rivera Villarreai, doctor Carlos M. del Pino y doctor
Ramiro Leal Cantú. La cantidad a que ascendió el gasto por
estos servicios fue de $ 23,971.00.
Con el deseo de colaborar en la edición de la obr~ "Literatura Mexicana de los Siglos XVI, XVII y XVIII" escrita
por el extinto maestro Francisco M. Zertuche, el Patronato
entregó a la Universidad la tercera parte del costo total_. De
esta obra se imprimieron 1,000 ejemplares, en papel b1blos,
y la suma llegó a $2,966.67.

Ciudad Universitaria:
En el presente año el Superior Gobier~o del Est_ado ~nic~ó
en firme las obras de construcción de la Ciudad Umvers1tana
de Nuevo León. Estas consistieron en los siguientes trabajos:
construcción de los edificios para las Facultades de Derecho
y Ciencia Sociales e Ingeniería Mecánica y Eléctrica, Monumento a la Bandera, Laboratorios Centrales, Alberca Olímpica
con sus baños y vestidores para hombres y mujeres, pavimentación alumbrado redes de agua y drenaje, arborización, vías
de ac~eso y distribución dentro de los terrenos. La cantidad
total que ha entregado el Patronato Universitario a la Oficina Técnica de Ciudad Universitaria por estas obras ascendió a $ 4.690,000.00. Esta suma puede desglosarse así: para
el fondo revolvente destinado al manejo de la oficina, al iniciarse las obras, $100,000.00; para el edificio de la Facultad
de Derecho y Ciencias Sociales, $ 1.100,000.00; para la Alberca

�Noticias

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Olímpica, $193,914.87; para la Facultad de Ingeniería Mecánica y 'Eléctrica, $ 3.196,085.13, de los cuales dos millones
fueron donativo de don Luis Elizondo; para servicios públicos, $ 100,000.00.
El Patronato Universitario sigue empeñado en la procuración de nuevas fuentes de ingreso, aparte de la que obtiene por los acostumbrados sorteos, con el objeto de continuar
cooperando hasta la realización de la Ciudad Universitaria
de Nuevo León. Para el efecto prepara un estudio, en colaboración con el Gobierno del Estado, tratando de que todas
las fuerzas vivas de la región, dentro de sus posibilidades
económicas, cooperen ampliamente para dar término a la realización de este magno proyecto.

Monterrey, N. L., enero de 1959.
PATRONATO UNIVERSITARIO DE NUEVO LEON.
Comisión Ejecutiva
Joel Rocha
PRESIDENTE

Manuel L. Barragán VICEPRESIDENTE

Tomás A. Zertuche
TESORERO

Noticias

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Se celebra la publicación del primer número de la ltevista
del Instituto de Cultura Puertorriqueña. El Instituto· dirigido
por Ricardo E. Alegría, desempeña actualmente un papel muy
importante en el aspecto cultural del programa regenerador
del gobernador lVIuñoz Marín. Junto con las reformas de índole política y socio-económica, se está fomentando el desarrollo de una conciencia tanto nacional como internacional
entre los puertorriqueños. La nueva Revista cuenta con la
colaboración de los valores más altos para realizar su propósito de estimular y divulgar la cultura borinquep.a. : Tanto
como los mexicanos buscan sus raíces en la época precortesiana, los puertorriqueños tienden a realzar la importancia del
papel de su isla en los primeros años de la Conquista. , El primer número de la Revista contiene no menos de tres artículos
sobre esa época, dos históricos y uno literario. Ta.mbién se
1
recalca lo netamente puertorriqueño en los varios gél).~r()S, literarios. La poesía viene representada con una carta del :r.omántico José Gautier Benítez (1851-1880), un comentario -sobre
dos grupos de poemas amorosos del pre-modernista José de
Diego (1866-1918 ) y un juicio sobre las Poesías nativistas de
Luis Palés Matos (1898). 'fambién se reproduce u'n a plena de éste. La prosa narrativa es el tema de un artículo panorámico del novelista Enrique Laguerre. René Marqués2 uno
de los más destacados de los cuentistas y dramaturgos ·actuales, ofrece para este número un cuento original, "Puririciwión
en la Calle del Cristo". El teatro en Puerto Rico a partir de
1938 es evaluado por el dramaturgo y crítico Francisco Arriví,
cuyo artículo va acompañado de buenas fotografías de varias
escenas teatrales. Además de la literatura, se presentan otros
aspectos de la cultura, pero siempre con el mismo énfasis en
lo nacional: el arte, el folklore, la música, el ballet, la arquitectura y hasta la sociología. Al ver el sumario, llama la atención el hecho de que los primeros tres estudios son firmados
por mujeres, las muy conocidas y respetadas catedráticas Margot Arce de Vázquez, Concha Meléndez y María Teresa Babín.
Entre los colaboradores todavía no mencionados, sobresalen
Tomás Blanco, José A. Balseiro-y el cubano Fernando Ortiz.
Con un estreno tan propicio, es de esperar que la Revista del

�Noticias

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Instituto de Cultura Puertorriqueña contribuirá a hacer_ conocer esa cultura tanto entre los catedráticos norteamericanos
como entre sus colegas por el mundo hispánico.

LIBROS

Seymour Menton
University of Kansas

Conferencias.-La Institución ART~, A. C_., prosiguió en
su tarea de difusión cultural por med10 de ciclos de c_onfe.
rencias
que tanto e'xi"to tuvieron en temporadas
d anter10res.
n
Durante el mes de febrero del presente ano s~ esarro aron
en la siguiente forma: día 4, "El hombre comun ~"f1 el tea~ro
norteamericano" Sr. Manuel Jzaguirre; día 11, El sentido
de la muerte y
problema del más allá", Dr. Agustín Basave
y Fernández del Valle; día 18, "Versal~;s",. Sr. Pr?f· Serge
Darmon ; día 25, "Federico G:arcía Lorca , LI~. S~ntiago Roel
H. En el mes de marzo tuvieron lugar las. sigme~tes. conferencias. día 4 "Santo Tomás en Nuestros Tiempos , Lrn. Manuel Mendoz~. día 11 "Arte Religioso en Monterrey", ~r.
Aureliano Tapi~ M.; día 18, "Estética Tomista", Dr. Federico
Uribe.

:1

0

Exposiciones.-Galería de Arte A: C., Exposición de pinturas de la pintora Gene Byron, dommgo 15 de febrero.
Galería del INBA y del Gobierno del Estado de Nuevo
León, Exposición de trabajo_s de_ los alumnos de 1~ Escuela
de Artes Plásticas de la Umversidad de Nuevo Leon (19581959), 13 de febrero.
Sala de Exposiciones del ITESM, _Pintura mo~erna Norteamericana, exposición de ;eproducciones patrocmada por
la Sociedad Artística Tecnolog1co.

Th.Ruyssen - Les Sources doctrinales de l'internationalisme - Tome II: De la Paix de Westphalie a la Revolution Francaise - P. U. F. París 1958 - 646 pp.-En el segundo tomo de su
gran obra político-social el historiador Th.Ruyssen aborda un
importante período de la historia de Europa que va de 1648
a 1789. En su Introducción presenta a esta Europa occidental
tal como aparece a mediados del siglo XVII, analizando sucesivamente los efectos religiosos y políticos de los tratados de
W esfalia, la indiferencia del público y la preponderancia de
la cultura francesa en aque1los tiempos: "P arís, luego Versa~
lles, constituyen el centro hacia el cual convergen el asombro,
la admiración, la envidia del extranjero". (p. 19).
La primera gran parte de la obra va de la Paz de W esfalia (1648) hasta el fin del reino de Luis XIV. El autor la
examina a través de las literaturas, en España con Cervantes,
en Francia con Pascal, Boileau, Bossuet, La Bruyére, en Inglaterra con Sir Thomas Browne y en Alemania con Grimmelshausen. En aquella época florecen las sociedades. secretas :
Rosacruz y Masonería ; los Quakers desarrollan su influencia
pacifista en Inglaterra y en América, mientras los utopistas
construyen la Ciudad Ideal. La tranquilidad internacional no
es muy favorable al nacimiento de doctrinas políticas, y sin
embargo, esta época es la del maquiavelismo, del cartesianismo, y de las ideas de Locke y de Spinoza.
Las teorías jurídicas evolucionan en general con extrema
lentitud, y esta estabilidad es particularmente sensible durante el período que nos · interesa. Asistimos a una laicización
gradual del derecho natural, y a una división en la concepción
del derecho internacional: partidarios del derecho natural puro
(Pufendorf) o partidarios de un positivismo más acentuado
(Zouch, Rachel).
Al mismo tiempo, a pesar de un desinterés casi total de
parte del pueblo, los economistas construyen, en Inglaterra
y en Francia, sistemas y teorías.
-

85-

�Libros
Libros

Pero una gran figura domina todo el período: la del filósofo alemán Leibniz a quien el autor dedica un largo capítulo.
Al fin de la primera parte de la obra, sentimos que un espíritu
nuevo se ha despertado, nuevas tendencias intelectuales han
aparecido, con Bayle, Saint-Evremond, Fontenelle, etc.
La segunda parte, -Del fin del reino de Luis XIV hasta
la Revolución Francesa-, sigue el mismo paso que la otra,
abordando sucesivamente los ·mismos ca,pítulos. En el siglo
XVIII los relaciones internacionales se caracterizan por una
política de equilibrio y la aparición de un elemento nuevo. El
cosmopolitismo, el cual, a veces, sobrepasa al patriotismo del
individuo. Las literaturas nos ofrecen un reflejo particular
de los hechos, en Francia con Voltaire, Rousseau; en Inglaterra con Defoe, Steele, Goldsmith, Blake, etc. La masonería
se desarrolla de una manera extraordinaria en el siglo. XVIII
y pasa a América. Los utopistas siguen construyendo sus
quimeras, pero ahora éstas sirven más de disfraz a una crítica amarga de los vicios del gobinno y de la sociedad. En filosofía, es la gran época de la "Enciclopedia", y de los filósofos Voltaire, Rousseau, Diderot, H elvetius, d'Holbach, ....
El conflicto del Empirismo y de los principios domina el pensamiento jurídico, mientras el económico se caracteriza por
,ei nacimiento en Inglaterra, Francia, Italia y España del liberalismo.
·
La aparición y, después, la expansión y la difusión de
la literatura pacifista, atestiguan la existencia de un espíritu
nuevo, "abierto a todas las curiosidades e impaciente de contribuir al bien público". ·
Th. Ruyssen acaba con el despertar del pensamiento alemán (Lessing) y un examen de los tres factores nuevos de la
vida internacional, traídos por la Revolución Americana:
1.-El derecho de los pueblos a disponer de ellos mismos;
2.-El federalismo; 3.-El derecho de intervención.
El autor examina, en un tercero y último volumen, el período del internacionalismo, que va de la Revolución Francesa hasta nuestros días.

Serge Darmon
1

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Enrique Anderson Imbert, Qué es la Prosa. Editorial Columba, Colección Esquemas, No. 37 -Buenos Aires, 1958-64 páginas.
El Prof. Enrique Anderson Imbert, ampliamente cono-0ido en México por su Historia de la Literatura Hispanoamericana (Fondo de Cultura E conómica, Colección Breviarios),
publica ahora este breve folleto acerca de una cuestión fundamental en el campo de los estudios literarios: Qué es la
Prosa. Tradicionalmente y de una manera casi automática se
ha estado asignando el verso a la poesía, como forma exclusivamente destinada a servir de vehículo a ésta. Sin embargo,
los decubrimientos de la Nueva Estilística y la penetración,
insospechada en épocas anteriores, que se ha logrado, ha hecho
cambiar muchos conceptos tradicionales que ya no se adaptan
a las necesidades act uales. El concepto de figuras, la clasificación de los géneros, una nueva interpretación de las llamadas unidades aristotélicas, la diferencian entre literatura por
,
'
una parte, y poesia,
por otra, han hecho necesaria la reestructuración de los conceptos de prosa y verso.
Naturalmente, la primera definición de lo que es la prosa
debe ser hecha a base de una negación, "lo que no es verso".
Pero esto nos llevaría a un punto muerto. Con el objeto de
llegar a una definición positiva de la prosa, Anderson Imbert
r etoma los conceptos lingüísticos fundamentales de la Escuela
-de Ginebra, con sus distinciones entre 'lenguaje', · 'lengua' y
'habla' ... Para llega~ a una definición de la prosa es preciso
.antes fiJar el mecamsmo del lenguaje, sus funciones y su valor
-dentro de un conglomerado social. El circuito del habla descrito por de Sa1;1ssure y, ta~ dur~mente combatido por algunos
de su.s adversar10s academicos, tiene en este estudio de Anderson Imbert una relevancia especial, dado que toda su discusión está bas~da -calcada! di:íamos- en el concepto del sintagma, como entidad· comumcativa dentro del sistema general de
la lengua y que rebasa toda concepción gramatical anterior
Evidentemente, la lengua, cuando se desenvuelve dentro deÍ
campo del habla ( esto es, en el uso personal e intransferible
d~ aquélla), es el . reflejo inmediato de las actitudes psicológ~cas, _que se refleJan en actitudes lingüísticas, según la intenc10nahdad del hablante. ~ stas actitudes son: la práctica, en
la cual se trata de comumcar a los demás una vivencia con
el simple objeto_ de imponérsela; la intelectual en la que se
u-at~ d~, comumc~r "nuest:o conocim~ento conceptual de la
r ealidad y, por frn, la actit ud expresiva en la cual intentamos "franquear nuestra intimidad y nos revelamos tal como

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Libros

Libros

somos". Estas tres actitudes lingüísticas se manifiestan en
estos tres géneros: oratoria, ciencia y poesía. Anderson Imbert
toma aquí la palabra poesía en un sentido genérico, sin hacer
distinción entre lo propiamente literario y lo poético; en la
página 41 afirma, sin dejar lugar a dudas: ªLa poesía es un
grado de excelencia en la expresión literaria, no es un género
separable de la literatura"; según lo cual, la literatura y la
poesía en lo único que difieren es en el modo de expresión,
esto es en los sistemas de ritmo y de melodía en que se apoyan. Sin embargo, todos los tratadistas actuales están de
acuerdo en afirmar que hay una diferencia esencial entre literatura y poesía. "La lírica carecería de asuntos. Aunque a
veces se habla de tema lírico porque se entiende así con sentido amplio lo que en particular se denomina asunto para la narrativa y la dramática, si bien con más propiedad cabría
aplicar para la lírica la acepción estética de la palabra motivo.
'Motivo', en el vocabulario técnico de la ciencia literaria, alude
a una pequeña unidad temática que aparece y reaparece en
diversas combinaciones de manera semejante a lo que en tecnicismo musical se denomina leitmotiv, es decir secuencia característica de sonidos que dibuja una melodía fundamental
la cual se combina y reaparece periódicamente a lo largo de
una composición". (Raúl, H. Castagnino, El Análisis Litera,.
río, Editorial Nova, Buenos Aires, 1957, págs. 37 y 38).
Anderson Imbert toma para su estudio solamente aquel
aspecto del lenguaje en que se trata de expresar poesía, esto
es, el reflejo de la actitud psicológica expresiva de que hablábamos más arriba. Con esto todavía no se ha definido lo
que es la prosa. Solamente tenemos una definición negativa,
"lo que no es verso". La diferencia fundamental entre el verso y la prosa está, así lo señala el autor, en el ritmo. Unas
reflexiones para aclarar el empleo de los términos 'ritmo' y
'melodía' cuando se trata de manejar el material lingüístico.
Evidentemente no se les da el mismo sentido que en la música.
Johannes Pfeiffer en su obra Umgang mit Dichtung, eine
Einführung in das Verstandnis des Dichterischen (Felix Meiner, Leipzig), (1936), distingue, en el verso dos elementos fundamentales que integran la expresión poética: 'ritmo' y 'melodía' y llega a las siguientes conclusiones: "el metro es lo
-exterior, el ritmo lo interior; el metro es la regla abstracta,
-el ritmo la vibración que confiere vida; el metro es el Siempre, el ritmo el Aquí y el Hoy; el metro es la medida transferible, el ritmo la animación intransferible e inconmensurable. El ritmo podría desplegarse en una masa acústica, por
decirlo así, incolora; la melodía, en cambio, se apoya en s&lt;mi-

'

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dos de una determinada coloración, de cierta altura y _profundidad; cada palabra posee, en virtud de ser altura y color
acústicos, un determinado halo efectivo". Toda la masa lingüística que manejamos, está ordenada interiormente -en unidades rítmicas que responden a profundos estados anímicos y
que apuntan a un fin comunicativo, participacional ( el pars
capere, explicado por Pfeiffer). Anderson Imbert hace un
profundo estudio de estas capacidades melódicas de la lengua
como vehículo expresivo. "Los sonidos -dice- en sí no tienen
ritmo: se lo adscribimos. No es necesario que esta definición
de ritmo incluya los conceptos de perioricidad, de medida o
de repetición. Basta, para que haya ritmo, que las líneas de
nuestros sentimientos y pensamientos formen un dibujo melódico intencional. .. Las curvas de entonación, pr.opias ,d e cualquier frase coloquial, se conciertan artísticamente en el verso
y en la prosa. Sólo que la organización de los elemen~ sensibles de la lengua -acentos de intensidad, duración. de las
sílabas, grupos fónicos repetidos, etc.- es diferente en el'verso
que en la prosa". Precisamente el ritmo -y más aún la melodía,
puesto que A. I. no distingue entre estos dos matices~ es diferente en, el verso y en la prosa. Ritmo que está íntimamente
ligado, en la prosa, con la estructura y unidad sintáctica de la
frase, y en el verso, con la pura unidad melódicá org~nizada
como masa acústica audible que busca un efecto esp'ecial.
Estas son las diferencias fundamentales, tal como las expresó
Amado Alonso y que el autor acepta como defir¡.itivas.
De acuerdo con las tres actitudes lingüísticas apuntadas
y los tres tipos de prosa o de expresión, A. I. establece tres
tipos de prosa: Prosa elocuente, prosa discursiva y prosa literaria. Esta última y sus posibilidades ocupan el resto del estudio. La prosa literaria se manifiesta principalmente en la novela, secuencia que ya no interesa tanto para determinar qué
es la prosa. Apuntamos sólamente unas reflexiones sobre la
metáfora que pueden ser interesantes para un estudio estilísticos y que, indudablemente, están influidas por J. Middleton
Murry.

Juan Antonio Ayala.

,

.

Raúl H. Castagnino, El Análisis Literario (Introducción
metodológica a un estilística integral), Editorial Nova, Buenos Aires, 1957. (2a edición), 263 páginas.
En fecha muy reciente se ha comenzado a sistematizar,
en lengua española, el método y los sistemas de esta ciencia

�Libros
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Libros

nueva que se llama Estilística. Aparte de los excelentes estudios parciales de Amado Alonso, Dámaso Alonso, Carlos Bousoño, Pedro Salinas, Guillermo Díaz Plaja y la traducción de
obras producidas en lenguas extranjeras, nos faltaba la sistematización y el ordenamiento de los materiales, amén de obras
originales y propias. Raúl H. Castagnino, profesor argentino,
nos presenta uno de los manuales "NOVA" de Iniciación Cultural la Estilística del profesor francés Pierre Guiraud con
una bibliografía somera pero muy útil, complemento de la
Bibliografía Comentada de la Nueva Estilística del Dr. Helmut
Hatzfeld, el mejor estudio que se ha hecho hasta el presente
acerca de la estilística romance. Este libro que hoy presentamos, El A~á.lisis Literario es una integración de todos los
materiales que existen para el trabajo estilístico.
La obra está dividida en las siguientes partes: I......,..Planteos Introductorios, donde se estudia la posibilidad de una
estilística, su campo de estudio y los puntos de partida de
una esti_lística integral; esta parte sigue, en general, a la
primera parte del libro de P. Guiraud, aunque mucho más
estractada dado el carácter general de la obra• II.-Aná.lisis
de los contenidos de la Obra Literaria, a travé~ del texto de
El escritor, ensayo de novela, de Azorín · se estudian los si.
'
gmentes puntos: a) Aporte previo de la historia literaria
punto sobre el cual remitimos al lector al c. IV de la obr~
Teoría Literaria de los Profs. Rene Wellek y Austin Warren
(Biblioteca Románica Hispánica -Editorial, Gredos, Madrid,
1953)- b) El_tema,_ donde está e~ ~ingular acierto de distinguir
entre obra literaria y obra poetica. c) Presencia del medio
geográfico. d) Gravitación temporal, como preocupación en
1~ _literatura moderna. e) Personajes y caracteres. f) La accion, y un resumen general de todo lo expuesto. III.-AnáJ.isis
de WI formas_ literarias1 a través del texto de Don Segundo
Sombra de Ricardo GUiraldes. En esta parte reside propiamen~e la estructuració~ ,de una estilística integral, ya que es
precisamente la expres10n, eso que antiguamente se llamaba
forma, lo que nos ha de llevar a la comprensión exacta de los
contenidos o vi,vencias de la obra literaria. Se estudian en
esta parte los siguientes aspectos de la expresión literaria:
~) El vocabular~o. b) Estilo y estilística, donde son puntos
importante ló~ t;tulados 'Los ª~!es de escribir' y 'Conceptos
acerca del estilo . ,e) La expres10n, con la teoría de los indicios y de los campos expuestos por Bhüler en su Teoría de la
expresión. d) La expresión y los estímulos sensoriales• llamamos la atención del lector, en este punto hacia el deli~ioso
estudio de Don Alfonso Reyes, Los estímulos Literarios, pu{.

blicado en. la colección Jornadas del Colegio de México. e) La
expresión y los acentos de la intención, renovación de muchos
conceptos y definiciones he.i;edados de la preceptiva, clásica y
que aún s1guen vigentes, con seutido nuevo, en, la estilística
actual. f) Los ,matices de la afectividad, con especial referencia a la estilística de Bally y, particularmente, a su obra El
Lenguaje y la Vida. gJ Morfología y estilo y h) ·Sintaxis y
estilo.
Consideramos que esta obra, s~n muchas pretensiones científicas, puede ser un magnífico instrumento de trabajo para
los profesores que se están inciando en la exposición de la
materia estilística; materia que aún no ha recibido la importancia necesaria en los estudios universitarios de nuestros
países y que cuenta ya con una abundante bibliografía, magnüicas obras en las cuales se ha llegado, como nunca se había
hecho, hasta la explicación del hecho literario y poético como
un conjunto, como una expresión y como manifestación de
una personalidad.
Juan Antonio Ayala.
LA NOVELA DE LA REVOLUCION MEXICANA (Selección, introducción general,· cronología histórica, prólogos,
censo de personajes, índice de lugares, vocabulario y bibliografía por Antonio Castro Leal), Edición de Aguilar, .S. A.,
Colección "Obras Eternas". Madrid, México, Buenos Aires,
1958.
La Editorial Aguilar ha incluido en su selecto catálogo
este nuevo volumen de gran trascendencia para la historia de
la literatura hispanoamericana y, en especial, de la mexicana.
Aunque la fecha de edición es del año pasado, -constituye este
volumen la novedad bibliográfica y las primicias de 1959, por
la importancia de su contenido, la selección de las obras y
las guías bibliográficas y documentales debidas a la pluma de
Antonio Castro Leal, quien ha realizado una magnífica selección representativa de lo que se ha llamado el género novelesco de la Revolución y que, por sí mismo, constituye, frente
a las falsas apreciaciones del crítico Luis Alberto Sánchez,
una afirmación de que sí existe la novela en América. Y México ocupa un puesto de gran importancia en esta gran verdad de la novelística hispanoamericana. Su novela de la Revolución es más que suficiente para justificar la presencia de
México en la literatura universal.
Se han seleccionado para este v-0lumen de Aguilar nueve

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Ll,bros

novelas de los autores más representativos .del ciclo re;7?lucionario. Son ellos: Mariano Azuela, el patriarca y el clas1co,
con Los de abajo (1916), Los caciques (1~18) y Las m?Scas
(191ª) .. Martín Luis Guzmán con El Aguila y la Serpiente
(1928) 'y La sombre del caudillo (1929); José Vasconcelos con
su ya famoso Ulises crio~o (1935); ~gust~n Vera, uno de_los
autores mexicanos del ciclo revoluc10nar10 menos conoCidos
tanto en su país como en el extra~jero, fi~ra ,con La. revancha (1930) y, finalmente, una muJer, Nellie Campob;llo con
dos narraciones Cartucho (1931) y Las manos de mama (193~)
como ha dicho 'ia revista TIEMPO, "es el ?nico, el de_ Nelhe
Campobello, en el género. No hay otra muJer que escriba novelas de la Revolución"; conocida, sobre todo por su ob~a
poética y por sus realizaciones e~· 1a escuela de danza, ~ ~lhe
Campobello presenció la Revolución e_n el Nort_e de Mexico;
historiadora cuenta con una obra de importancia. por los documentos d; primera mano que en ella maneja, Apuntes sobre la vida militar de Francisco Villa (1940)". Hemos de advertir que el volu~en antológico lublicado por ~guilar, e~ el
primero de una sene en elaboracion que recogera ~~tologicamente las principales novelas de la época y tematica revo,
lucionarias.
Cuando el año pasado apareció la nov~:ª de Carlos F~entes La · región más transparente (Colecc10n Letras Mexi~ana~ Fondo de Cultura Económica, México, 1958), algmen
afi;mó que con esta novela se abría un nu~vo_ciclo de~tro de
la novelística mexicana; que se cerraba, as1m1smo, el ciclo de
la novela de la Revolución y que se abría el de los efectos, logros y consecuencias de la misma. Sea esto verdad o no, el
caso es que sí se puede afirmar que ya se dió la etal!a de_ los
clásicos en la novela de la Revolución. Los autores mclmdos
en esta .antología reúnen dos cualidad~s que nos obliga~ a
calificarlos como clásicos dentro del genero: una expenencia literaria consumada y su calidad de testigos participantes, 1a mayoría de la~ ,veces, e1: 1~ Revolució~., ~ariano A_zuela ejeréió su profes10n de medico en el eJercito de Villa;
Martín Luis Guzmán, fue . coronel y secretario del Caudillo
del Norte; Vasqoncelos, interviene decididamente en_ la_ política de la Revolución, aunque después guarde resentimientos
contra esa misma revolución a la que él contribuyó y a la que
entregó lo m.ejor de s_í; Agustín Ve!-'a y Nellie Ca~pobello fueron testigos presenciales. Es posible que todavia el futuro
nos depare algunas sorpresas en este terreno y que puedan
aparecer nuevos autores, ya que la Revolución, en su etapa
militar,, no es un hecho tan remoto. Sin embargo, el interés

Libros

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inmediato por los hechos bélicos y por los problemas humanos derivados de los mismos ha decrecido para dejar lugar a
nuevos problemas, temáticas y tratamientos. La Revolución
hoy tiene una gran importancia como historia, historia auténtica y real que, así como encontró buenos novelistas, está
ahora encontrando buenos y excelentes historiadores.
Castro Leal en el Prólogo de esta Antología intenta una
definición de la novela de la Revolución, como reflejo de la
etapa militar de la misma, a propósito de lo cual afirma y
define: "por novela de la Revolución Mexicana hay que entender el , conjunto de obras narrativas de una extensión mayor que el simple cuento largo, inspirada en las acciones militares y populares así como en los cambios políticos y sociales que trajeron consigo los diversos movimientos (pacíficos
y violentos) de la Revolución que principia con la rebelión
maderista, el 20 de Noviembre de 1910, y cuya etapa militar
puede considerarse que termina con la caída y muerte de Venustiano Carranza, el 21 de Mayo de 1920". Este carácter y
limitación de la novela de la Revolución es lo que le da autonomía y personalidad dentro de la novela de todo el continente y lo que la hace irrepetible en cualquier otro ambiente,
geográfico y temporal. Es de notar, también, que en esta novelística existen rasgos autobiográficos y personales de los
autores que la convierte en una especie de memorias, ya que,
como hemos visto, casi todos los autores fueron participantes directos en los hechos de la Revolución. A esto, como es
natural, hay que añadir una nota distintiva más ; son, es cierto, novelas que exaltan una Revolución única en su género,
pero, al mismo tiempo, de ellas fluye una especie de desilusión y a veces de amargura. Principalmente en Vasconcelos,
el más amargo y amargados de todos los revolucionarios. Su
última novela, que está actualmente publicándose en una revista semanaria, titulada La Flama (Los de arriba) también
sobre la Revolución, es amarga y malintencionada desde su
mismo título.
Juan Antonio Ayala.
Dr. E. Romero, Tiranía y Teocracia en el Siglo XX, (Libro Mex., Editores, México, 1958), 230 páginas.
Entre los estudios que se han publicado últimamente
acerca de las alianzas entre las tiranías y las teocracias que
han parado, en cierto sentido, la marcha del hombre hacia la
conquista de la libertad, merece destacarse este modesto apor-

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Libros

te del Dr. E. Romero con su obra Tiranía y Teocracia en el
siglo XX, aparecido en los últimos meses de 1958 en las pre11r
sas de Costa Amic, en México. La obra se divide en dos partes: I.- España y II.- El mundo. En la primera parte se estudia, con abundante documentación, el proceso seguido por
el régimen actual para aliarse con los poderes espirituales
y capitalizar para sí todos los beneficios que pueden deriYarse
del ejercicio del poder. En una rápida ojeada histórica se
estudian los antecedentes históricos de la actual teocracia española, para exponer después las características de ésta y todas las consecuenias que ha tenido y sigue teniendo en el
campo económico, humano, cultural y científico. En la segunda parte, y con el ejemplo concreto del caso de España,
se estudian las formas que ha tomado actualmente en el mundo
la tiranía y la teocracia, coujugadas ambas para eliminar totalmente la libertad del individuo.
Esta segunda parte, por su contenido doctrinal y filosófico, tiene más importancia que la primera, dado que el caso
de España es ya suficientemente conocido en el mundo para
que se siga insistiendo en todo lo que allí ocurrió, lo que ocurre actualmente y lo que, por desgracia, ocurrirá en un futuro, que parece muy próximo. El caso de España es muy
especial y no es esta la ocasión de volverlo a analizar y desmenuzar en sus causas remotas e inmediatas. Bástenos decir
que España padece el mal endémico de la tiranía operando
a través de las clases privilegiadas que desde hace siglos han
capitalizado para sí el sér y el existir dentro de los límites geográficos. La segunda parte del libro, como ya lo hemos notado tiene una mavor trascendencia puesto que en ella, a
partir de la base ec·onómica, se analizan los resultados y los
efectos del caos económico que lleva al individuo a echarse
en manos del Estado y éste en manos de las teocracias. Aliados representan un peligro para el bienestar y para la libertad del individuo que es tomado como un instrumento o como
una pieza dentro de la maquinaria oficial, protegida y ~e~decida por ideas religiosas que deberían de estar al serv1c10
-del individuo, nunca a las .órdenes del Estado totalitario.
Creemos que esta obra del Dr. E. Romero es un documento y un testimonio angustioso de los momentos en que vivimos, en que todas las formas sociales, en un campo o en otro,
van derivando hacia la tiranía, en la cual se acoplan y subvierten los valores más sagrados, al ser éstos utilizados como
fostrumentos de dominio y de opresión.

Juan Antonío Ayala.

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Agustín Basave Fernández del Valle, Filosofía del Quijote (Un estudio de Antropolgía Axiológica), Espasa-Calpe
Mexicana, S. A., l a. edición (Colección Austral, No. 1289)
(México, 1959), 279 páginas.
La ya acreditada Colección Austral de la casa editora
Espasa-Calpe Mexicana, S. A., incluye en su catálogo una
nueva obra de n uestro compañero y amigo el Dr. Agustín
Basave Fernández del Valle, titulada "Filosofía del Quijote
(Un estudio de Antropología Axiológica)", que viene a aumentar la creciente bibliografía del autor de "La Filosofía de José
Vasconcelos", Existencialistas y Existencialismo" y "Filosofía
del Hombre", sus más recientes obras y en las que se nota la
marca de un pensar independiente, sincero y original. Es evidente que para una persona que ha hecho r epetidas confesiones de una apasionada profesión filosófica, El Quijote es uu
magnífico acopio de datos para estructurar con ellos una filosofía y llegar a conclusiones axiológicas que tienen mucho ver
con los problemas estilísticos y actitudes literarias de Cervantes. No es pues tan descaminada la empresa de intentar,
a estas alturas, el ordenamiento de los contenidos y categorías
filosóficas del Quijote y es ridículo, por otra parte, creer que
ya se ha dicho todo lo que se tenía que decir sobre Cervantes
y sus obras. Toda obra clásica tiene esta especie de, prolongación y re-creación a través de los tiempos : por eso, precisamente, es clásica; no nos olvidemos de aquella definición
de lo clásico que un día diera Juan Ramón Jiménez: "Clásico
es aquello que por haber sido exacto a su tiempo trasciende
y perdura". Y su trascendencia y perduración se da en la
re-creac-ión constante y amorosa en- los altos espíritus que se
identiiiean con los valores eternos de lo clásico. Y no nos
olvidc?1os tampoco de que hoy, con todo nuestro progreso
material, estamos muy atrás de los clásicos en lo que se refiere
a Yalores humanos. "Juzgamos ser mejores que los griegos
porque, aunque uo somos capaces de escribir esa soberbia trilogía clásica que es· la Orestía, sí podemos transinitirla por
radio" decía Sir Richard Livingstone. Creo yo, y también lo
cree Basave, que nos acercamos un poco al valor de los clásicos cuando intentamos re-crearlos y comprenderlos humana y
vitalmente.
Consideramos este libro de Agustín Basave como una recreación novedosa del espíritu de Cervantes y de su filosofía
de la vida, tomada directamente del ambiente español que le
tocó vivir. No hay autor que se pueda escapar de la red de
las circunstancias que lo ciñen a un horinte a una tierra a

'

'

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profesión filosófica, hace la siguiente afirmación en' la Introducción que puede y debe ser puesta en tela de juicio, afirmación que como veremos él mismo destruye y en la que no
cree definitivamente. Dice Basave que: "Hasta ahora, El Quijote se ha estudiado en su aspecto escuetamente liter~rio y
filológico, que no es, precisamente, en el que más resplandece
el genio de Cervantes". En primer lugar, el Quijote y la obra
toda de Gervantes no ha sido estudiada únicamente en el
aspecto literario y filológico, tal como afirma Basave, sino
que abundan y aún son mayores en número otros estudios
sobre Cervantes en los que se precinde de lo literario. Es
más, diría yo, que todavía no ha sido estudiado El Quijote
en lo referente a lo literario, entrando hasta las mismas raíces
de la concepción y de los motivos estilísticos de su,. autor.
Sin embargo, siendo en Cervantes lo más importante el aspecto literario, ha sido descuidado, hasta el punto de que Basave
llega a afirmar que "no es, precisamente, en el que más resplandece el genio de Cervantes". Lo cual no es ningún impedimento para que líneas más adelante él mismo estampe
las siguientes palabras que destruyen su anterior afirmación:
"La sustancia poética encerrada en el libro -actitud del héroe
y de los principales personajes, visiones de la vida humana
y del destino del hombre- se presta para la meditación filosófica". Ergo, es la poesía o la literatura (no vamos ahora
a desentrañar estos dos conceptos) la que presta materia para
la meditación del filósofo. Materia literaria o poética previa
al pensar del filósofo, por más que éste la quiera o pretenda
ignorar.

un ambiente espiritual y a las miserias y grandezas de su
raza. Sin quererlo, todos estos datos pasan a la obra literaria
y se organizan solos en el mismo cuerpo de la obra. Con método riguroso y exacta comprobación de detalles, Basave ha
organizado los materiales axiológicos del Quijote en los siguientes capítulos: I. Filosofía sobre el Quijote y actitud vital
hispánica; II. Talante, tiempo y situación humana. en Don
Quijote. III. El sentido de la. muerte de Alonso Quijano; IV.
Cervantes, España. y la. génesis del Quijote; V. Estructura y
composición del Quijote; VI. Realidad aparente y sub-realidad en el mundo quijotesco; VII. La. cosmovisión del caballero
andante; VIII. Vocación y trayectoria de Sancho; IX. El problema de Dulcinea; X. La. Filosofía de los valores y El Quijote; XI. El eticismo de Don Quijote; XII. Derecho y política
en El Quijote; XIII. Apreciación estética del Quijote; XIV.
.Cervantes y la poesía; XV. Vocación y destino final de Don
Quijote. ·
La introducción de esta obra es fundamental para su
comprensión total, ya que en ella están perfilados los fundamentos, propósitos e intenciones de su autor al fijarse en el
Quijote con una intención filosófica. "Me intereso en el Quijote -afirma-, fundamentalmente, porque en él encuentro un
valioso instrumento para el estudio del hombre. Tengo la certeza de que en esta obra inmortal de Cervantes está entrañada
toda una Antropología .Axiológica. Se me ha ocurrido proyectar mi "Filosofía del Hombre" en el Quijote. . . .Aunque
Cervantes no sea filósofo, es lo cierto que expresa artísticamente una profund¡¡, y peculiar visión del hombre. No tan
sólo se. trata del "horno hispanicus" -esfuerzo, coraje, ímpetu,
fe apasionada y enérgica, intensidad imaginativa, ideas que
se tornan ideales- sino del hombre en lo que tiene de más humano". Y más delante afirma de nuevo; "Mi estudio es primordialmente axiológico. Resulta bastante extraño el hecho
de que se haya intentado aún una comprensión de El Quijote
a la luz de la teoría de los valores".
Entre los capítulos mejor construidos señalamos especialmente los que se refierén a Talante, tiempo y situación
humana en Don Quijote', 'Realidad aparente y sub-realidad
en el mundo quijotesco', 'La cosmovisión del caballero andante', 'La Filosofía de los valores y El Quijote, núcleo de la
obra' y 'Derecho y política en El Quijote'.
Como no hay obra perfecta en este mundo, queremos también señalar en esta breve nota dos puntos en los cuales no estamos de acuerdo con su autor. Basave, en el entusiasmo de su

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..

Otro punto en el que ya no están de acuerdo los actuales
comentaristas del Quijote es en afirmar, sin discusión alguna,
la religiosidad de Cerv..antes y su apego a los dogmas cristianos. El mote del escudo del impresor de Cervantes ha
dado lugar a muchas dudas y conjeturas, lo mismo que• todas
sus expresiones cuando se trata de cosas espirituales. Pero
esto no es todo. -Un investigador de la talla del Dr. Helmut
Hatzlfeld, profesor de la Catholic University of .América, en
Washington, afirma lo siguiente: "Las cualidades de Velázquez y de Cervantes aparecen, primero, con cierta luz negativa, particularmente donde habían continuado a pesar de su
interés por lo meramente humano, los motiyos religiosos de
su época. Si dan demasiado énfasis a los elementos piadosos
parecen mojigatos ... Si tratan de mostrar temas dogmáticos
con sinceridad, lo hacen de una manera caf"i indiferente, meramente técnica y su lenguaje, objetivo y frío, apenas despierta la adoración... La frialdad y el alejamiento de lo Divi-

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Libros

no de Velázquez nos hace pensar también en la objetividad
chocante de Cervantes, su falta de distinción, su indiferencia
y casi cínico positivismo in sacris . . . Los viajes de Cervantes
y Velázquez por Italia, el interés por el Ticiano y Rubens
de éste, y por Ariosto y Tasso de aquél, ciertamente oscurecen
su instinto español de religiosidad". Finalmente, creo que los
dos capítulos que se refieren a los valores estéticos y poéticos
de Cervantes, XIII y XIV, están un poco forzados dentro de
la estructura general de la obra, además de que operan con
conceptos anticuados y heredados de la antigua retórica.
En definitiva, Agustín Basave ha escrito un buen libro,
con auténtico rigor científico y con un orden que no es frecuente en esta clase de obras. Creemos que en la bibliografía
cervantina ha de tener un puesto honroso y que ha de ser
consultado con provecho por los amantes del Quijote y de la
Filosofía.

Juan Antonio Ayala.
Raúl Leiva, Imagen de la poesía mexicana contemporánea, Universidad Nacional Autónoma de México. Centro de
E studios Literarios (Imprenta Universitaria, México, D. F.,
1959), 364 páginas - 30 ilustraciones f. t.
Las infatigables prensas de la Imprenta Universitaria de
la Universidad Autónoma de ::\léxico nos ofrecen como primicia de sus trabajos en el año de 1959 un voluminoso libro del
escritor guatemalteco Raúl Leiva sobre la Poesía mexicana
contemporánea. Se compone esta obra de siete capítulos en
los que se estudian a los principales poetas mexicanos a partir
de Enrique González Martínez hasta Jaime Sabines. La materia de estudio ha sido agrupada en la siguiente forma: l.Los posmodernistas; II.- El estridentismo; III.-Los contemporáneos; TV.-Una mística solitaria; V.- Taller; VI.-Tierra
Nueva y VIL-La generación última. Sigue un epílogo, dos
bibliografías y una iconografía de los autores estudiados en
la obra. Nada decimos de la presentación del volumen ya que
sigue las normas de buen gusto, magnífica impresión y papel
de alta calidad, ya características de las obras publicadas por
la Imprenta Universitaria de México.
Debemos confesar, al comienzo de este comentario, que
nos habíamos entusiasmado con la idea de un libro que estudiara metódica y coordinadamente la poesía mexicana de los

Libros

00

últimos tiempos, ya que, por una parte, el material que existe
es riquísimo y excepcional dentro de la poesía escrita en lengua española; por otra, hay una total carencia de buenos
estudios críticos, científicos y hechos con independencia. Crítica, la hay, pero es de aquella que Unamuno calificaba de
"visceral". Salvo raras y honrosas excepciones, son pocos los
estudios llevados a cabo en un material tan rico y de facetas
tan variables. Sin embargo, nuestro cutusiasuo inicial amengüó
bastante en cuanto nos sumergimos en la lectura -lápiz en
mano y con el ojo alerta- ya que, si no es un estudio superficial y falto de interés, carece de un tratamiento estrictamente estilístico y de un método rigurosamente científico,
impuesto en los estudios estilísticos y literarios por la llamada
Nueva Estilística, que ya comienza a tener peso en la investigación en los países hispanoahablantes. Falta un rigor en el
empleo de términos que ya tienen .su significado preciso, así
como en el abordaje estilístico y en estudio inmediato de los
hechos del 'habla' en cada uno de los autores. Impresiones
personales, crítica estimativa y subjetiva, preferencias por esto o aquello, no constituyen en el presente la esencia de la
apreciación estilística. Así, por ejemplo, encontramos los siguientes conceptos en la página 44: "El minutero incluye 28
breves trabajos en prosa, en los cuales López Velarde nos
dejó ávidos y poéticos trazos sobre sucesos y personas que
conmovieron su sensibilidad. Difícil es llegar a delimitar la
frontera que separa la prosa de la poesía en estós textos: muchos de ellos son viva poesía, arrobo candente que el lírico
sabía insuflar en las palabras..." Opera aquí todavía el viejo
concepto retórico del fondo y de la forma, por una parte ; y
por otra, el de oposición entre poesía. y prosa, como si ésta
excluyera radicalmente a aquélla. La prosa -es ya suficientemente sabido- es indifereute a la poesía o a la literatura -ojo
con esta oposición, poesía-literatura, que sí es cierta-, de la
misma manera que. lo es el verso. Son categorías totalmente
distintas que se ordenan en dos series: serie a) verso-prosa,
serie b) prosa-literatura o lo que es lo mismo, el hito para
catalogar o caracterizar la primera serie es el ritmo y la ordenación sintagmática, y para la segunda motivos y temas. Y
para que no haya duda alguna en lo referente a este punto,
me limito a las siguientes claves bibliográficas: Amado Alonso: 'El ritmo de la prosa' ( en Materia y forma en poesía, Madrid, 1955); Marjorie Boulton: 'The Anatomy of Prose' (Londres, 1954); Dámaso Alonso y Carlos Bousoño: 'Sintagmas no
progresivos y pluralidades: tres calillas en la prosa castellana'
(Seis calas en la expresión literaria castellana, Madrid, 1951)

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y, finalmente, Guillermo Díaz-Plaja: 'El poema en prosa en

España' (Barcelona, 1956). He insistido quizá un poco extensamente en este punto, pues el autor, en distintos lugares de
su obra, recalca esta falsa separación entre poesía y prosa
(Cfr. páginas 49, 60, 69, etc.).
A pesar de estos detalles, hay en este libro buenos estudios que pueden servir para la comprensión de la tónica poética de determinados autores. Creemos que el mejor de todos
es el dedicado a José Gorostiza y a su poema 'Muerte sin fin',
a juicio nuestro, una de las cumbres poéticas de la lengua
castellana que por sí solo justifica el predicamente de alto
poeta que es José Gorostiza. El estudio que le dedica Raúl
Leiva en las páginas de la obra que comentamos puede ser
una magnífica introducción para comprender el esquema total
y el desarrollo de este poema; como introducción temática
puede ser un magnífico instrumento para un estudio posterior
de todos los rasgos estilísticos que concurren a crear el tono
vital tan pujante en Gorostiza que -irremediable páradoja- se,
va trenzando en torno a la muerte. Destacamos también el
estudio de Octavio Paz, apuntes más bien de la personalid~d
del poeta que de su obra misma, dato importante si es que
se quiere tener una visión completa de ésta.
El tono general de todos estos estudios reunidos en la
obra de Raúl Leiva es demasiado retórico, vago a veces, lírico,
si con esta palabra queremos expresar 'imprecisión'. Hubierá
sido preferible una concisión mayor orientada hacia lo esencial. Son útiles los repertorios bibliográficos como guía para
futuros trabajos de· investigación.

Juan Antonio Ayala.

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1959, Segunda Época, Año 2, No 1, Enero-Marzo </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Alfonso Reyes</name>
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        <name>Sergio Fernández</name>
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                    <text>Revista de la Universidad de Nuevo León

Víctor L. Urquidi, El Economista ante los problemas

L is Horacio Durán, Dos

del Desarrollo Econó ·c

r Ramírez, Cervantes y
e

rop, Sentido plástico de

la cerámica popular
Una poetisa hondur
Antonio Ayala, La

de las Humanidades.

Noticias • Libros.

ABRIL / JUNIO DE 1959

Al'lO 2 / Segunda Epoca.

��MYIErlv\S
RE,' IS'J'A DE LA l.'XIYERSID.\ D DE XCEYO LEOX
ReYista de la Uniwrsiclad de KueYo León

Rector :

Año 2, Xo. 2

Abril/Junio de 1959

Segunda E poca

AR Q. ,TO ..\QrJX .A. l\IORA

SUMA RI O
Secretario General :

LIC. ROQr'E GOXZ.\ LEZ SALAZAR

Víctor L. "Grquidi, El Economista. ante los problemas del
Desarrollo Económico - - ------------------------------- 5
Lui::; Horacio Durán, Dos Sonetos Fúnebres _______________ 21

Departamento de Extensión Universitaria:
LIC. ROGELJO YlLLARRE AL

Director de la Revista :
L l C..JU AX A~'l'OXIO AYALA

•

.Alejandro Ramírez, Cervantes y La Inquisición___________ 23
Paul Gendrop, Sentido plástico de la cerámica popular
mexicana - ----- --- -------- ----------------------- - ----- 35

J nanita Soriano, Una poetisa hondureña: Clementina. Suárez ---------------------------------------------------- 49
J uan Antonio A.yala, La Querella de las Humanidades____ 59

Noticias ____ ·------------------------------ ------------ ---- 75
Libros ----------------------------------------------------- 87

PRECro DE srsCRTPCIOX

rx

AÑO (cuatro númnos)
En )fPxir o: Veinte pesos
Otros paísPS : Do~ dólarrs

Dirección :
,Yashington y Colegio Ch·il
?llonterrey, X. L., :\léxico

�Victor L. Urqtttdi ! EL ECOl'-lOMISTA ANTE LOS
PROBLEMAS DEL DESARROLLO ECOJ.lO/11ICO *

M

E SIENTO conmovido al venir a esta nueva Facultad de Economía, tan brillantemente dirigida
por la señorita Consuelo Meyer, cuya capacidad conozco muy
bien. Me preocupa mucho que en los momentos actuales haya relativamente pocos economistas- no sólo en México, sino en muchos otros países necesitados de ellos-y que, de los economistas
que hay, muchos deriven por vicisitudes naturales de la vida hacia otras tareas, y vaya quedando en pocas manos el estudio
-no digo la solución- de los problemas económicos. Por eso
cuando veo surgir una nueva generación potencial de economistas como la que hoy se encuentra en este salón, me siento reconfortado, y por lo menos puedo esperar, o puedo desear, que de
este grupo la gran mayoría siga efectivamente su carrera y ponga sus esfuerzos y su ingenio al servicio de la solución de los
problemas de México y también, genéricamente, de los problemas de países como el nuestro que en este momento tienen ante
sí un porvenir difícil en el mundo en que vivimos.
Quiero agradecer muy especialmente al señor Rector de la
l'ni-ersidad, arquitecto Joaquín A. Mora, la distinción que me
ha hecho de invitarme a esta reunión con ustedes y a colaborar en las labores de la Facultad de Economía, lo cual haré
ton el mayor entusiasmo y agrado.
El tema que he querido plantearles -"El economista ante
los problemas del desarrollo económico"- lo ofrezco más que
*

Conferencia dada en la Facultad de Economia de la Universidad de Nuevo León, Monterrey, N. L., el día 4 de febrero de 1959.

�6

Víctor L. Urquidi

El Economista ante los P1·oblemas del Desarrollo Económico

nada en forma de una charla para dejarlos con algo en qué
pensar y posiblemente con muchos deseos de explorar aún más
la materia.
Si nos llama la atención el hecho de que la E conomía. como ciencia más o menos delimitada, sea un fenómeno relativamente reciente en la historia de la humanidad -menos de
200 años-, todavía más notable es que la teoría económica y
los métodos de análisis lleven siempre un rezago bastante considerable frente a la realidad. Sin ir más lejos, no se ha contado con una teoría del ciclo económico y una teoría general
de la determinación del ingreso y la ocupación sino hasta después, mucho después, ~e· que el mundo padeció la más grave y
profunda de todas las crisis de la época moderna -me refiero
a la gran crisis ecomómica de 1929 a 1933-, no obstante que
ya se había comprobado la existencia del fenómeno cíclico por
lo menos cuarenta o cincuenta años atrás. Otro ejemplo: la
teoría del comercio internacional se ha basado en una experiencia tan lejana y tan parcial, que es difícil decir cuándo ha
tenido aplicación real o ha servido realmente para normar la
política económica. Este es uno de los aspectos más lamentables de la ciencia económica. Y no contamos hoy día propiamente con una teoría del desarrollo económico, por más que
en épocas recientes se han hecho avances importantes y que
se está dedicando creciente atención al tema, sobre todo en
los países que más sienten el problema del desarrollo económico.
Parte de la explicación de lo inadecuado de las teorías
económicas se halla en el hecho de que el fenómeno económico
o, si se quiere, la expresión cuantitativa de los resultados materiales del esfuer~o humano, es la resultante de factores que
en gran parte no son capaces de medirse o valorarse en términos económicos, es decir, en términos de usos alternativos de
recursos escasos para lograr un fin determinado, que es la definición moderna -y ya clásica- de la Economía. Esos factores no capaces de medirse son factores humanos, en el sentido
más general del término; son factores sociales, también en el
sentido más general, y políticos. Son objetivos de la convivencia humana que se considera conveniente alcanzar y son medios de alcanzarlos cuya valoración es moral o ética. En consecuencia, las leyes que pudiera deducir la Economía sólo tienen
aplicación en determinadas condiciones, siempre cambiantes y
difíciles de pronosticar.
Otra parte de la explicación reside en el hecho de que hasta hace apenas unos cuarenta o cincuenta años. el economista pretendía para su ciencia una pureza que no tenía, ni tiene ;

. ..

7

pretendía desarrollar la c~en~i~ erouómic_a c~mo, ~i fuera semejante, digamos, a los prmc1p10s de la c~encia. f~s1_ca. ~} economista de entonces no reconocía su propio preJmc10 o sesgo
ideológico" -para utilizar una expresión del profesor Schumpeter-, 1 prejuicio que todos 11ev~mo~'-ª menos siue se_am~s_totalmente carentes de visión prec1ent1fica y de idea filoso~1ca.
Pretendían entonces los economistas abstr~erse de la realidad
v laborar en el vacío un cuerpo de doctrmas que, co11;~ era
de esperarse, por esa misma razón ~en~a. a t~ner P?ca utilidad.
Los ecónomistas, como decía al prmc1p10, iban siempre rezagados respecto a la realidad práctica. En el pasado, el_d,esprestigio de la economía ha sido, pues, n:u? grande y, admitamoslo,
todavía la economía carece de prestig10 ; p~ro en el pasado había al menos la excusa de que el e~onom1sta era u_n ser, un
profesional, si se quiere, poco neces1~~~0 por la soc~edad. Un
economista cubano Felipe Pazos, refmendose al periodo ant~rior a 1930 ha didho que "los postulados clásicos y neo-clásicos domin¡ban el pensamiento económico; y como esto~ postulados enseñaban la bondad del orden natural y los mconvenientes de interferirlo con regulaciones artificiales, la Economía Política era una ciencia sin tecnología, o más ~x~c~amente con una tecnología que se reducía a un solo prmc1p10,
extrei:iadamente sencillo y de carácter _negativo: "dej~r hacer". y sigue diciendo: "Al ser tan sencilla la tecuologia e_c,onómica todo el mundo podía aprenderla en una s~la lecc1on
v no s~ justificaba la existencia de técnicos profesionales en
~sta rama." 2
Al desaparecer el laissez. faire como filosofía éconómic~ Y
política -y no estoy muy seguro_ de que h~~ª- desaparec1d_o
totalmente-, el papel del economista se volv10 1~portante siquiera porque interesaba conocer las c?nsecuencias de l?s actos y de las medidas deliberad_as destmadas a lograr c~ertos
objetivos relacionados con el bienestar humano o el na~!onal.
Fueron éstos, por ejemplo, el in~;emento _de la -~cupac10n,. la
defensa de la moneda, la promoc10n de la mvers1on_ de cap~tales del exterior la protección industrial, la protección agricola, lá acción c~ntra los monoJ?olios (_es decir, con~ra las a~erraciones del sistema de la la1ssez-farre), la seguridad ~oc1al,
etc. Ademas de la necesidad de conocer las consecuencias de
1 Joseph A. Schumpeter, "Ciencia e ideología", El Trimestre Económico, Vol.
XVII, núm. 1, enero-marzo de 1950, pp. 1-22.
2

Felipe Pazos y Roque, Influencia de la Esuela de C!enclas ~conómlcas
en el desarrollo del país. Discurso de apertura del ano academlco 19551956. Universidad de Oriente, Santiago de Cuba.

•

�8

El Economista ante los Problemas del Desarrollo Económico

\'lctor L. l'rquidi

todos estos actos y medidas de gobierno, era preciso afinar los
medios para lograr esos objetivos y, entre ellos, especialmente
los medios económicos, o sea cómo utilizar los recursos -que
por definición se pretende que son escasos ante el total de las
necesidades posibles- de la mejor manera posible para lograr
esos objetivos. En fechas más recientes, y superado hasta cierto punto el desconocimiento del fenómeno cíclico y de los medios de actuar sobre él -es decir, el problema de la desocupación en masa que ha sido considerado hasta hace poco como
el problema más importante de política económica de todo el
mundo, se ha comenzado a prestar cierta atención al problema
del desarrollo económico como fenómeno susceptible de análisis, de medición y de previsión.
La teoría de la determinación del ingreso y la ocupación,
que se refiere al problema cíclico, es aplicable fundamentalmente a los problemas de los países altamente. desarrollados
del mundo capitalista. Pero nuestros países no son de los que
pertenecen al mundo de los altamente desarrollados, aun cuando sí al mundo capitalista. Entonces debe haber fenómenos en
nuestra evolución que son distintos a los que ocurren en el
resto del mundo, que pueden o no ser semejal).tes a los fenómenos de crecimiento de los países hoy desarrollados cuando
aquéllos se encontraban en una etapa muy temprana de desarrollo. Por supuesto que al interesarnos en el desarrollo económico no estamos diciendo que se haya descubierto repentinamente el hecho de que la producción de bienes y servicios aumenta año tras año. Esto es obvio; siempre ha habido crecimiento. Lo que significa, lo que le da realce, pues, a este interés predominante .de hoy en el desarrollo económico es que las
aspiraciones humanas que se traducen en mejor vida material
se están logrando de distinta manera, a distinto ritmo y con
diferentes complejidades en diversas partes del mundo, y que
el proceso del crecimiento encierra en la presente etapa tecnológica y política del mundo dificultades que requieren un
estudio especializado y de una explicación articulada. No pretendo que esta sea una tarea que corresponda exclusivamente
al economista. El especialista en otras ramas de la ciencia social tiene mucho que decir y tenemos mucho que aprender de
rl, pno el ec:onomista tiene una responsabilidad grande en el
E&gt;studio y en el análisis de E&gt;Stos problemas.
El desarrollo económic•o. el mejoramiento de los niveles
materiales de vida, es de hecho uno de los objetivos principales de todo programa de gobierno, y el economista debe desempeñar un papel importante colaborando en la consecuencia de
esos objetivos si es que como individuo tiene interés en los
problemas de carácter general de la sociedad en que vive.

9

¿ Cuál es la esencia del problema de de~arrollo económico
y hasta dónde puede el economista llegar a ser útil? Reduciendo a términos bastantes sencillos el problema del desarrollo
económico, podemos decir que consiste en el aprovechamiento
de los recursos naturales, técnicos y humanos, y en el aprovechamiento del tiempo, para lograr mediante la acumulación
de la capacidad productiva un ingreso material creciente para
la sociedad. En la prática esto significa que para que una co-.
munidad crezca tiene que destinar parte de sus esfuerzos y
recursos a construir bienes con los cuales se produzcan otros
bienes. Como los bienes son escasos y los recursos también, esto
significá, desde el punto de vista del conjunto, la necesidad
de una decisión ; no la deeisión de una persona, sino la de una
comunidad: cuánto tiempo y esfuerzo destinar a preparar capacidad productiva futura. Como esto se -logra en su mayor
parte por decisiones individuales de personas como consumidores y como productores y, en parte, por decisiones de gobierno, el llevar a cabo una política de crecimiento del capital
real encierra una enorme diversidad de medios. También supone que el interés móvil de cada persona debe compaginarse en alguna forma con los objetivos generales de la sociedad.
Esto no ocurre automáticamente como se suponía en la teoría
clásica; luego tiene que ocurrir a través de medidas o disposiciones de los gobiernos que tiendan a producir ese resultado,
y de allí viene el problema difícil para el economista.

.

.

A.hora bien, el problema del incremento del capital real
no es un problema abstracto. El economista no debe quedar
satisfecho con haber llegado a construir una teoría o un modelo teórico que tenga base en ciertas relaciones cuantitativas
encontradas en la realidad. Es un problema que tiene que ver
con la economía nacional y con el desarrollo económico mundial. Existe enorme desigualdad en los niveles materiales de
vida de algunos países y regiones del mundo respecto a otros.
Los países que tienen los más altos niveles de vida son, desde
el punto de vista de la población, una minoría. Hay un grupo
de países intermedios, pero la gran mayoría de la población
del mundo vive en condiciones materiales de vida extremadamente bajas, hasta donde se pueden medir con las técnicas estadísticas hoy disponibles. ¡, Guáles son las causas de estas desigualdades? Entrar a explicarlo sería iniciar un largo curso
compuesto de conferencias dadas por diversos especialistas.
Pero, en pocas palabras, hay razones geográficas y razones relativas a los recursos materiales con que cuenta a la formación
de las naciones, a la evolución de las instituciones, al desarrollo tecnológico ( que ha sido bastante desigual y que tiene que
ver con los demás factores) ; y hay otras derivadas de la obra

�10

El Economista ante los Problemas del Desarrollo Económico

\'ictor L. Crquidi

humana, o sea del grado de capitalización previa que hayan
tenido los países, pues unos países han logrado incrementar su
capital real más que otros, y, finalmente, ha habido guerras.
Las guerras han sido a posteriori grandes impulsoras del desarrollo económico porque para hacer guerras hay que retirar
recursos del consumo inmediato, hay que formar capital para
producir los pertrechos de guerra, y esto, además de que encierra incrementos verdaderos del capital, que después se pueden utilizar para otros fines, entraña también grandes adelantos tecnológicos; pero naturalmente las desventajas y los inconvenientes de las guerras son perfectamente obvias.
Ahora, t, cuáles son las consecuencias de' esta desigualdad
.en los niveles de vida de diferentes partes del mundo1 Una de
las consecuencias que se observa, que ha sido objeto de medición estadística, es que en los países de alto nivel de vida, conforme aumenta su ingreso real, su demanda de los· productos
primarios procedentes de los países de bajo nivel de vida se
el eva cada vez con menor intensidad. Es bien sabido, por una
de las llamadas leyes que han descubierto los economistas en
el pasado, que conforme aumenta el nivel de vida de una familia, su consumo de ciertos productos no crece proporcionalmente.
Los productos más necesarios tienen en el consumo un crecimiento inferior al mejoramiento general de la capacidad de
compra. Este mismo fenómeno ocurre con las comunidades altamente desarrolladas en su conjunto, en parte por las mismas razones, tratándose de productos alimenticios, y en parte
por razones tecnológfoas y por otros factores ajenos, tales como ' el deseo de autosuficiencia y el desarrollo de la técnica para substituir importaciones y no depender del abastecimiento de productos del exterior. Pero el resultadó es que los países de gran desarrollo, cuya influencia económica en el mundo
es la mayor hoy día, a medida que siguen mejorando en su
nivel de vida, no incrementan en la misma proporción su necesidad de los productos originarios de los países que están
en una etapa relativamente temprana de desarrollo. En cambio, los países de escaso desarrollo se encuentran en una situación en que, conforme mejora su nivel de vida promedio. su
demanda de productos industrializados crece generalmente en
mayor proporción. Esto se ha comprobado estadísticamente,
de modo que existe discrepancia en los efectos del crecimiento
-por un lado, el de los países altamente desarrollados y, por
otro, el de los escasamente desarrollados- que tiene tremendas consecuencias en el comercio internacional y en la capacidad de los países poco desarrollados para intervenir en el co-

1

,

I

•

11

mercio internacional en forma que les permita pagar con sus
propios recursos todo lo que tienen que comprar. Si los países
industrializados ejer cen una demanda inelástica de productos
primarios en función de su iugreso, y los países poco desarrollados una demanda elástica de productos industriales en func:ión de su ingreso, entonces el crecimiento de los países subdesarrollados conduce a uu desequilibrio creciente en las corrientes del comercio internacional. Siempre vamos a necesitar
más y más productos industriales, pero no siempre los países
industriales necesitarán en igual medida más y más productos
primarios.
La consecuencia para los países subdesarrollados de un
crecimiento muy lento de sus exportaciones y de una fuerte
necesidad de productos industriales en espacial de muchos
productos que exige el sistema de vida moderno, da lugar, en ·
primer término, a la necesidad de economizar los recursos monetarios externos: hay que economizar la moneda extranjera
de la que dispone un país para pagar lo que importa.
Esto va unido al hecho de que en los países poco desarrollados la población crece con mucha rapidez. Por ejemplo, en
:México la población crece un 3% al año; en algunos países
latinoamericanos crece aún más, y en América Latina en su
conjunto aumenta alrededor de 2 al 2½ por ciento anual. La
población seguirá creciendo rápidamente hasta donde puede
preverse porque la tasa de defunción está descen~iendo y, en
cambio, no se reduce la tasa de natalidad. El crecimiento
demográfico es un problema especialmente grave en todas
las zonas agrícolas de los países poco desarrollados donde,
o bien los re cursos son pobres, o bien la introducción de la técnica moderna a la agricultura requiere cada vez
menos mano de obra para producir la misma cantidad de productos. De modo que a la par que ocurre un crecimiento considerable de la población, particularmente de la rural, se va
creando un excedente potencial de población agrícola que tiende, por fenómenos sociológicos, a irse a las ciudades y para
el cual es necesario encontrar ocupación y proveerle de medios de vida. Corno la agricultura -excepto ciertos renglones
de agricultura de exportación- es un sector de actividad que
en general se ha quedado bastante atrasado desde el punto
de vista tecnológico, entonces cualquier ocupación fuera de la
agricultura significa en un momento dado una elevación de la
productividad media de la economía; es decir, si una persona
necesitada en una agricultura de poca productividad, encuentra ocupación en la industria, o en el comercio, o en el transporte, generalmente se puede decir que encuentra un tipo de
ocupación qne le eleva su ingreso y su productividad y que

�12

El Economista ante los Problemas del Desal'l'ollo Económico

\'íctor L. t:t·quidi

aumenta la productividad media de un país. Entonces, por
razón de esta transferencia dinámica de población de la agricultura hacia otras actividades es necesario que un país poco desarrollado tenga previstos, ya sea directamente por el
gobierno o indirectamente promoviendo la actividad de la
empresa privada, planes o proyectos de crecimiento que vaya absorbiendo toda esa población; de crecimiento industrial,
sobre todo. Pero hay otra razón que mencioné antes que hace
indispensable también este proceso de industrialización. Si es
cierto que los países poco desarrollados se enfrentan a un
crecimiento lento a largo plazo de sus exportaciones y, en
cambio, ejercen ellos una demanda muy intensa de todo lo que
importan, llega un momento en que, o bien tienen que recibir
préstamos venidos del exterior en cantidades no imaginables
todavía o tienen que llevar a cabo una política de exclusión
de diversos tipos de importaciones, una política no nada más
de restringir la entrada, sino de promover la producción nacional de artículos industriales que no convenga seguir importando; es decir, hay que hacer una selección de las importaciones.

el problema del desarrollo del país propio con lo que está
pasando en el resto del mundo. Xo se trata solamente de conocer los vínculos concretos que existen entre las exportaciones de un país y los usos que se den a esas exportaciones en
los demás países, digamos, la relación entre la minería del
c·obre en Chile v la industria eléctrica de Europa o de Estados Unido~; se "trata de tener a la vista el fenómeno de desarrollo en todas partes.
Hoy en día están surgiendo en Africa y en Asia nuevos
países independientes, que si bien bajo su status colonial han
tenido cierto desarrollo, por lo menos en ciertos sectores, empiezan a pasar al tipo de desarrollo económico y social y polítio en que nos encontramos los países latinoamericanos. Pudiera pensarse que son países lejanos, países pequeños que n&lt;'_
valga la pena preocuparse. Puedo asegurar que vale muchísimo la pena investigar lo que está pasando en esos países y
apreciar lo que significa el desarrollo de ellos en la economía
mundial y, como consecuencia, en el desarrollo del país propio. Por ejemplo, en el caso del café, que es un elemento tan
importante en la vida económica de la América Latina, es bien
sabido que Africa ha venido aumentando su producción y
que la seguirá aumentando y que éste es uno de los factores
que debilitan el mercado mundial del café y perjudiran a América Latina. Por otra parte, la solución que se pueda dar, por
ejemplo, en la India, al problema del desarrollo - en primer
lugar, al problema del hambre que siemp_re ha habido ahí, y
en segundo a la organización del crecimiento de ese país bajo los suscesivos planes que se han formulado- y sus conseruenr·ias políticl¼s en el resto de Asia, son de tremmda importancia para todo el panorama futuro que puede una nación
tener ante sí. Los ejemplos pueden multiplicarse y, además,
puede uno poner la mirada más cerca y, por ejemplo, pensar en los problemas de desarrollo, digamos, de Centro América.

Este proceso ha venido ocurriendo en muchos países. Se
ha empezado por reemplazar la importación de bienes de consumo y hasta se ha llegado en muchos casos a substituir importaciones de equipo y de maquinaria, así como de materias
primas. Por _supuesto que no se trata nada más de una substitución de unos artículos por otros; de lo que se trata es de
que el consumo nacional total de un producto determinado se
pueda satisfacer pr~dominantemente con producción nacional
y no con importaciones, para ir dejando la moneda extranjera disponible para utilizar en lo que no es posible producir
en el país por la tecnología que supone o por la insuficiencia
del mercado.
Para poder aconsejar adecuadamente acerca de la forma
de resolver estos problemas, es preciso profundizar aún más
en la explicación del fenómeno del desarrollo. Se necesita, en
primer lugar, tener siempre. una visión de conjunto de la economía nacional. Los adelantos estadísticos permiten ya tener
ciertas aproximaciones, en países como México, de esa situación de conjunto. Digo aproximaciones porque la estadística
es necesariamente defectuosa y porque todavía no estamos muy
seguros de ciertas interrelaciones, de ciertas relaciones funcionales entre unos fenómenos y otros; pero se ha avanzado
algo y además creo que se puede seguir avanzando considerablemente. En segundo lugar, es necesario tener siempre a
la vista una proyección hacia el exterior, es decir, relacionar

13

.

,

El conocimiento de los hechos no requiere llenarse la cabeza de estadísticas de todas clases, pero sí quiere decir que
el economista tiene que desarrollar hoy día una técnira ele investigación que supone, entre otras cosas, el conocimiento de
las fuentes de información, la apreciación de la bondad de los
datos que se le presentan en diversas fuentes y el d esarrollo
de cierta imaginación para descubrir faltantes de datos o para
sugerir nuevas elaboraciones de ellos.
Para profundizar en estos problemas de desarrollo el economista necesita también del auxilio de otras técnicas que no

�nctor L. l"rquidi

El Economista ante los Problemas del Desa1·rollo Económico

serían las alternativas a esa recomendación; es decir, cuando
nn economista recomienda una política a seguir, debe hacerlo
con conocimiento de cuáles serían las otras políticas posibles
pero que él no recomienda. En otras palabras, en los problemas del desarrollo están implícitos criterios no económicos de
los que no es posible, en mi opinión, abstraerse. Desde luego
que las dt&gt;cisiones finales de la política a seguir en materia de
desarrollo rara vez corresponden al economista como tal; puede éste coincidir en el cargo de responsabilidad pero la preparación técnica del economista no lo capacita necesariamente
para tomar las decisiones o darlas en forma definida.

es forzoso que él conozca a conciencia; me refiero, por ejemplo, al conocimiento de las técnicas matemáticas. El economista debe tener una prep:iración en parte matemática pero en
ciertos aspectos de investigación tendrá que hacer uso del matemático directamente, es decir, pedir la colaboración del matemático y del especialista en estadística matemática, pues no
se puede pretender que toda persona domine esas técnicas.
El economista necesita igualmente, en el análisis de los
problemas de desarrollo, del auxilio de los datos tecnológicos.
Un economista no puede convertirse en experto en siderurgia,
industria química, industria del cemento, fabricación de pan
y desarrollo agrícola; el economista tiene que echar mano de
sus conocimientos generales y recurrir al especialista industrial, agrícola o de transporte para conocer los datos de carácter técnico, inclusive las relaciones técnicas que existen en•
tre diversos procesos de producción.

¿ Con qué elementos cuenta el economista para ser útil en
ese sentido que he venido indicando? En primer lugar, hay ya
cierta evolución de la teoría necesaria para los problemas del
desarrollo económico. Pero es poco; los principales adelantos
han sido más bien de carácter muy general realizados por economistas de los países ya desarrollados que han estado pensando más que nada en una teoría del crecimiento, pero no necesariamente en una teoría del desarrollo de los países no desarrollados. Sin embargo, se va contando con cierto material.

Igualmente, el economista tiene necesidad de ayuda del
especialista en problemas sociales y sociológicos, que son una
rama muy importante de especia:lización, y, finalmente, el economista debiera conocer la realidad política y humana. No se
puede haeer economía del desarrollo en el vacío.
Ahora, i puede el consejo del economista abstraerse de valorizaciones no económicas, es decir, de valorizaciones de factores económicos, o debe el economista, como se dice en algunos libros de autores importantes, ser enteramente neutral y
solamente aconsejar diferentes soluciones, pero no pronunciarse sobre la que sería más conveniente? Planteo esta pregunta porque frecuentemente se supone, o se dice, que el economista tiene llll determinado prejuicio y muchas veces lo
t¡ue recomienda o lo que propone no es más que una racionalización de alguna idea preconcebida que ya tenga. Esto puede ser cierto en muchos casos. Pero creo yo que se puede afirmar que el ec&lt;:momista, en tanto hombre preocupado por la
realidad social de una nación y de la humanidad, no puede
evitar tener, llamémosle así, un prejuicio sobre cuáles deberán ser las mejores solucioiies para lograr el bienestar de la humanidad. Después de todo, el economista tiene aspiraciones
sociales como cualquier otra persona. Creo que el economista
no hace mal en hacer una valorización de los fines, en aconsejar quf es lo am conviene hacer, qué es lo que él considera que conviene hacer en un problema, adoptando una
actitud positiva y 110 neutral, siempre que su técnica como
eronomii-ta le permita reconocer perfectamente las consecut&gt;ncias de su recomendación y que esté listo a percibir cuáles
1

15

'

..

En segundo lugar, hay información, y mucha más de lo
que comúnmente se cree, porque el economista desarroUa su
imagina".'ión, la utiliza, encuentra información que puede llenarl~ muchos vacíos eu el panorama general de datos y de
análisis que tiene ante sí. Naturalmente que en los países desarrollados, donde se presta más atenci.ón a la estadística y
se gasta más dinero en ella, se cuenta con datos mucho mejores, y en los subdesarrollados, como México y los demás países latinoamericanos, la información todavía es escasa y deficiente. Hay una falta de estadísticas y sobre todo creo que
no se ha apreciado todavía suficientemente cuál es el uso que
se le puede dar a la estadística y cuáles son los usos más urgentes que se le puede dar a los datos; de allí que muchos informes estadísticos muy importante~ no se elaboren, no se presenten en forma útil o se presenten con metodología inadecuada y, f.'ll cambio, se elaboren muchas estadísticas ~e muy
escasa utilidad. En esta tarea, los organismos internacionales,
particularmente las Naciones l'uidas, y también el Instituto
lnteramericano de Estadística, han hecho realmente una labor muy yaliosa pero que es necesariamente lenta porque el
esfuerzo principal, como en todo esto, no es internacional,
sino que ha de ser nacioual y es cuestión de recursos. Ahora
bien el Que no existan los &lt;latos perfectos y exactos que uno
dese~ría, ·no quiere decir que no se puedan efectuar an~lisis ni
formular proyecciones; simplemente, hay que trabaJar con

�16

El Economista ante los Problemas del Desanollo Económico

aproximaciones procurando saber y pesar las limitaciones de
los datos y no tratando de deducir conclusiones demasiado
precisas cuando la base de los datos con que se cuenta sea imprecisa.

;

.

El economista cuenta también hoy día con algunas investigaciones sobre el desarrollo económico de ciertos países, y me
refiero particularmente a los casos latinoamericanos porque
la Comisión Económica para América Latina, en los diez años
que lleva de existencia, además de haber podido reunir información no existente antes y estimular la preparación de datos en todos los países, ha podido formar un cuerpo de economistas que se han especializado en problemas de desarrollo.
Se han hecho investigaciones valiosas en sí por la información que arrojan sobre los países y valiosas también por la
metodología que presentan para ser utilizada por otros países.
Se han hecho estudios concretamente sobre Chile; Brasil, Bolivia, Colombia, Perú y la Argentina; se ha hecho un estudio
bastante amplio sobre el desarrollo económico de México y
están haciéndose en este momento estudios sobre las proyecciones del desarrollo de El Salvador, Honduras y Panamá, y
posiblemente se haga alguno sobre Venezuela y algún otro
país.
En el caso de México, se dispone públicamente de dos estudios bastante amplios en su alcance, pero sujetos a las limitaciones de la información estadística que se pudo reunir y de
las elaboraciones que se hicieron. Uno de ellos es el que acabo
de citar, el realizado por la CEPAL, que abarcó el período de
1945 a 1955 e hizo proyecciones hasta el año 1965. El otro es
anterior, realizado por una Comisión Mixta del gobierno mexicano y el Bauco Internacional de 'Reconstrucción y Fomento, en que se estudió el desarrollo económico del país de 1939
a 1950 y se indicaron las tendencias de crecimiento de diferentes sectores y la interrelación de los mismos, pero sin intentar todavía una proyección futura porque no se dispo1úa
en ese momento ni de las técnicas de análisis ni de información
suficiente.
Para citar sólo un caso de estudios a fondo hechos en otras
partes del mundo están los trabajos realizados en la India en
relación con los planes quinquenales de desarrollo. Pero el
economista dispone también de una literatura creciente sobre
problemas de desarrollo ecouómico desde todos los ángulos, es
decir, problemas generales, problemas de sectores, problemas
relacionan.do los factores sociales con el desarrollo, la población con el desarrollo, los problemas de vivienda con el desarrollo; hay ya una bibliografía bastante extensa.

17

\Tíctor L. Urquidi

En realidad, hoy día casi ningún tema se t~~ta sin rel~c:ionarlo con el desarrollo económico; no es cuestion nada _mas
del título del artículo o del libro, o del título que, por eJemplo, he dado a mi charla de hoy; es que es un problema cada
día más presente en la mente de todo el _mundo y que provoca
cada día mayor interés. En cuanto a libros de texto, se advierte en ('ambio una gran falta de obras en que se hable de
problemas de desarrollo económico. La mayor parte de l~s
textos, por lo menos los escritos por au_tores de Estados Umdos y de Europa, no han llegado todav!a a ver cla:amente _la
forma de presentar al alumno una t eona u1;1a sene de prmcipios relacionados con el desarrollo econom1co.

º,

Pero no quisiera alargar esta charla demasiado, y prese:1taré casi en forma de lista, algunos de los campos de estudio
tod~vía muy poco explorados, tanto en términos gener~les co- ·
mo en el caso concreto de México, y que pueden ser obJeto de
investigación futura por economistas como u~~ede~~ cuando
avancen más en sus conocimientos y en su uhhzac10n de las
técnicas de análisis.
Uno de ellos es el campo de la política monetaria y fis.
cal. Antiguamente, la política monetaria no exi~tía. La moneda se regulaba automáticamente -hablo del siglo pasado-;
hoy en día la moneda es regulada por el Estado _en diferen_t:s
formas. Sin embargo, no se .ha encontrado todavia la relac1on
entre la regulación &lt;le la moneda y los problemas de desarrollo ec011ómico es decir, falta todavía pens.ar en ese problema
e integrar p~líticas monetarias con poljticas de de~~rrollo.
Igualmente, políticas fiscales y pres1;1puestales con poht1cas de
desarrollo; todo esto forma un conJunto.
Un campo de estudio poco investigad_o, t~nto_,en teor_ía como en la política, es el problema de la di~tribuc1on del 10:greso. Este es un problema que cobra cada d1a mayor actuah~ad
y sobre el cual se dan versiones muy discrepantes sobre s1 es
0 no es adecuada la distribución del ingreso, si está empeorando o está mejorando, sobre si los datos son buenos o malos no hav forma todavía de precisar el fenómeno y tampoco
cr;o yo, h·ablando en términos ya más gene~ale~, se_
podi~o
profundizar todavía en una teoría de la d1stnbuc10n del mgreso en función de los problemas de desarrollo.

!ta

..

Otro problema muy interesante sobre el cual conviene
pensar mucho es el del uso relativo del capital y la ma,no de
obra. i Conviene a los países subd~sarrollados que estan ~~­
casos de capital y tienen abundaucia de mano de obra, util:zar los mismos métodos de producción heredados o transm1-

�18

El Economista m1te los Problemas del Desarrollo Económico

fülos &lt;le los países industrializados en los que cada día aumenta la relación entre equipo y mano de obra? ¿No habría
otras técnicas que utilizaran menos capital y más mano de
obra y que produjeran los mismos resultados? Es un problema
de iuterés teórico y de investigación en el cual se está iniC'iando algo en el Instituto Económico de Holanda y, en parte,
en las Naciones Unidas.
'fambiéu se estudia la interrelación del desal'l'ollo de diferentes sectores de la economía. En el pasado, en el siglo
XIX, éste no era problema porque se suponía que todo ocurría automáticamente y todo salía muy bien. Hoy día, en esta
época de desarrollo deliberado, es decir, de esfuerzos conseientes de desarrollo, se producen frecuentes desajustes entre
el crecimiento de un sector y el de otro; en términos muy generales, digamos, entre el crecimiento industrial y el crecimiento agrícola. Hay países que se han estancado relativamente en el sector agrícola frente a un enorme crecimiento industrial; hay otros, como México, en donde el crecimiento agrícola y el industrial han sido bastante paralelos. Pero puede haber dificultades de ajuste entre sectores más restringidos, digamos, entre energía eléctrica y desarrollo agrícola, transporte y desarrollo industrial. Esos son problemas que presentan
nn amplísimo campo de investigación.

0
\

ícto1· L. l., rqnidi

19

de la estabilización de los precios internacionales de los productos básicos. Las fluctuaciones de los precios de los productos primarios hau sido muy grandes en el pasado. No es cuestión de factores simplemente accesorios o fortuitos, sino que
hoy existen desajustes fundamentales entre la producción
mundial de un producto y la demanda mundial del mismo, y
no se ha encontrado la forma de solucionar estos problemas
por su base. Se ha hablado solamente de los síntomas, -las
fluctuaciones del precio- para ver si se logran eliminar, pero
ni aún en eso se ha podido llegar a elaborar mecanismos y fórmulas que sean aceptables en la práctica política diaria de todos los países o de algunos de ellos.

Otro tipo de investigación, ya más general, que apenas
está en sus principios, es el de los procesos de integración
económica y social, es decir, de cómo lo social y lo económico
se apoyan mutuamente en el crecimiento. El profesor Myrdal,
economista sueco, ha escrito un libro muy importante sobre
esto y se supone que sigue trabajando en el desarrollo de sus
teorías a través de una investigación que está haciendo ahora
en la ludia.

.Antes de terminar quisiera no dejarles la impresión de que
el estudio del desarrollo económico, o de los problemas de desarrollo económico, excluye cualquier otra especialización dentro de la rama de la economía. Por supuesto que hay necesidad
de especialistas en problemas monetarios, fiscales, de economía agrícola, de economía de los transportes, etc., pero
en el pasado se exageraba mucho este tipo de especialización y que muchas veces el especialista en un sector o una rama
de la economía, o en un aspecto determinado como el monetario, podía poseer cierto grado de competencia pero no relacionar sus conocimientos con los fenómenos generales del crecimiento de una economía. A mi entender es imposible separar
estos dos problemas; es decir, no puede uno aislarse de los
problemas generales de crecimiento. Hay en efecto el peligro
de la especialización excesiva. Por otro lado, además de la
interrelación entre problemas especiales y problemas generales, creo yo que el economista no puede dejar de ampliar sus
conocimientos generales de toda clase de asuntos a su alcance que le den más elementos de juicio para su propio trabajo.

un tema en el que no se piensa bastante, por extraño que
parezca, es el de la cooperación internacional; en concreto, el
desarrollo de formas prácticas de cooperación internacional y
partic:ularmente de acuerdos regionales, de los cuales es hoy
importante hablar, pero sobre los cuales no se ha meditado
sufir:ientemente. El Mercado Común Europeo, los esfuerzos
de integración económica de Centroamérica, lo que se dice
sobre una posible integración mayor en la América Latina,
tienen todavía un carácter bastante empírico, que naturalment E' et&gt; E&gt;xplic-able en vi-,ta de las circunstancias, pero que uno
desearía que tuviera un fondo de teoría, digamos, de razonamiento teórico mayor del que tiene hasta ahora. Pero también
importante t•omo oroblema mundial y que afecta al desarrollo
N·onómico ele la mayor parte de los países subdesarrollados el

Por último quisiera mencionar el problema del campo de
acción del economista en el ejercicio de su profesión. Creo yo
que en México todavía no se aprovecha suficientemente al
economista: Es cierto que el economista desde hace varios
años, además de poder ejercer su profesión en la empresa privada, en la banca, etc., tiene ya un campo bastante considerable en diferentes dependencias del gobierno. pero debido a lo
que podríamos llamar la impaciencia por obtener resultados,
-y esto es explicable- se descuida la investigación, se menosprecia el valor fundamental que tiene realizar investigaciones económicas y se piensa que el economista debe ser un
funcionario con facultades administrativas y de ejecución. A
mí me parece muy bien que un funcio~ario tenga buena comprensión de los problemas económicos, pero eso no quiere de-

�20

El Economista ante los Problemas del Desarrollo Económico

cir que todo economista para tener éxito en el desempeño de
su carrera deba desembocar necesariamente en un puesto administrativo o de ejecución en el gobierno. Es importante que
al menos una parte de los economistas puedan dedi&lt;:arse plenamente a la investigación y no tengan preocupación por los
problemas diarios de administración o de gobierno. En esa
forma el gobierno y la empresa privada podrán tener en el
futuro elementos de juicio más completos, de que ahora carecen, y podrán evitar en muchos casos hacer improvisaciones
que son, desgraciadamente, inevitables, pero que no siempre
son la mejor forma de hacer las cosas.
Una palabra final, que no desearía se desestimara: el economista puede tender a pensar que porque él entiende un problema todo el mundo lo entiende igualmente; pero hay un
abismo enorme entre la comprensión que tiene el economista
de un problema y la comprensión que puede tener cualquier
otra persona, sea de gobierno o de empresa privada, del mismo problema. El economista, por desgracia, no siempre ha sabido explicarse ni ha sabido hacer que sus conocimientos se
expresen con claridad ante la persona que no es economista.
Si un médico nos hablara continuamente en términos técnicos
de ]a medicina no le entenderíamoc,. Si el economista se empeña en hablar ante el que no es economista usando una terminología técnica complicada y sin explicar con claridad lo que
pretende, es una ilusión pensar que ese economista pueda tener influencia alguna sobre el curso de los acontecimientos.
En suma, el economista ha de ser coherente y de expresar cou
claridad y sencillez su saber, pues la economía no es una cieLcia abstracta, sino una ciencia de los problemas humanos.

Luis Horacio Durán / DOS SONETOS FUNEBRES
"¿Era la muerte? - No sé,
si hoy no entró vendrá mañana . .. "
Emilio Prados

tv1UERTE EN LA PAZ
Límite y signo, oscuridad que vierte
la luz hacia otra luz que se eterniza,
se me perdió tu voz porque la brisa
te trajo el eco de otra voz más fuerte.

Oscura oscuridad la de la muerte
que me deja tan sólo la ceniza,_
te fuiste así nomás, como sin prisa
y sin poder siquiera detenerte.
Pero quedó tu sombra encadenada
entr_e mi propio nombre, voraz grieta
que se bebió tu nombre enamorada.
Te fuiste con el viento, ágil saeta,
pero al partir -del barro liberadase te olvidó en mis ojos tu silueta.
-

·2 1 -

�DE LA LLAMADA INUTIL
(A mi hermana, Josefina).
Ya te me fuiste, no estás a mi lado
en vano la mirada te vigila
cuando sólo !a muerte te perfila
y en su llamada oscura te has marchado.
Bien te busqué y en vano te he buscado
porque aunque estás ahí, quieta y tranquila
no es ya tu voz -centella en la pupilala que encuentra mi voz en su llamado
Ya te me fuiste así, tan :entamente
que no sé si es verdad que ya te has ido
o si estás en silencio solamente.
Ya no sé si es verdad que te he perdido
o si tu voz tan sólo es la que miente
y por verme llorar no ha respondido.

-22-

Alejandro Ramírez / CERVANTES Y LA
INQUJSJCION

B

AJO este mismo título publicó Rodrí~uez 1Iarín, en el tomo décimo de su postrer comento del
Quijote, el Apéndice XXXI, en que recoge cuantos datos concretos se conocen sobre Cervantes y el Tribunal del Santo Oficio.' En él cita los pasajes de El Ingenioso Hidalgo que se
mandaron suprimir por la censura, y que constan en el Indice del obispo :Mascareñas, Inquisidor General de Portugal,
impreso en Lisboa por los años de 1624. Nuestro propósito es
considerar aquí tan sólo el primero de estos pasajes porque, a
nuestro ver, es el que merece más atención. No pretendemos,
por supuesto, hacer de Cervantes una víctima del Santo Tribunal, pues jamás hubo cosa semejante, sino preguntarnos
por qué pudo borrarse el párrafo quijotesco, y exponer brevemente algunas de las razones por las cuales pensamos que
el censor inquisitorial fué severo en demasía. La cuestión no
es impertinente, pues todavía encontramos, en algunas edicio2
nes modernas, el texto cenantino mutilado en este lugar.
El autor del Quijote no parece haber tenido nunca la menor sospecha de que su libro pudiera ser expurgado. Si la tuvo, supo disimularla muy bien, aunque dan que pensar sus
continuas protestas de acendrado catolicismo. El bachiller
Sansón Carrasco, primer crítico de la novela en que tan importante papel va a representar, dice (II, 3) que, en la parte
ya publicada en 1605, "no se descubre, ni por semejas, una palabra deshonesta, ni un pensamiento menos que católico." Si
bien hay que tomar las palabras del estudiante socarrón con
su grano de sal, la frase no constituye menos una especie de
aprobación semejante a la empleada por la autoridad eclesiástiea cuando sanciona la publicación de un texto que, a su jui-

23 -

�24

Cervantes y la Inquisición

cío, ni contiene proposiciones heréticas, ni atenta contra la
moral. Antes de borrarse este párrafo del Quijote en el Indice
de Mascareñas, la Inquisición española ha venido confirmando el dictamen de Sansón Carrasco, pues no ha tachado aún ni
una tilde en el libro cervantino. Y lo mismo ha ocurrido, como es notorio, con la Inquisición portuguesa. Tienen que pasar
todavía bastantes años para que se supriman las líneas referentes a las obras de raridad (Il, 36) en el suplemento del Indice
expurgatorio del Cardenal Zapata, impreso en 1632. Las alabanzas que prodigan al Quijote de 1615 quienes tienen poder
para ello, refuerzan asimismo, en cierto modo, la opinión del
bachiller salmanticense. La aprobación del Licenciado Márquez Torres, a quien Próspero Mérimée califica de "modelo
de censores,m confirma las de sus colegas Cetina y Valdivieso, y manifiesta muy a las claras, no ya sólo la fama de Cervantes, de quien se hacen lenguas las naciones, sino la entereza de su fe y la suavidad de sus costumbres. El grave y justo censor dice, en efecto, que no halla en el Quijote "cosa indigna de un cristiano celo ni que disuene de la decencia debida a buen ejemplo ni virtudes morales."4
Nuestro pasaje es por tanto, que se sepa, el primero que
disgusta a su censor inquisitorial. Se encuentra en el capítulo
XIII de la segunda de las cuatro partes que forman la qne
Cervantes llamó después y seguimos llamando hoy primera
(I, 13). Copiamos a la letra, del susodicho Apéndice XXXI,
la referencia al trozo incriminado, junto con las breves líneas
de introducción que preceden:
"O liuro de Miguel de Cervantes intitulado El Ingenioso
Hidalgo Don Quixote de la Mancha, impresso em Lisboa
anno 605, ou de qualquer outra impressam, e contero
quatro partes, se emende da manera seguinte.
2 PARTE. cap. 13, fol. 73, pag. I, lego depois do meyo
risquese y las partes, ate el linaje exclus."5
Como lo indica el rorto preámbulo que acabamos de reproducir, el texto del Quijote que acota el Indice de :Mascareñas es el de la edición lisbonense de Pedro Crasbeeck. Esta
edición lleva, por cierto, en la portada, las siguientes palabras,
que vienen aquí muy a propósito: "Con licencia de la S. Inquisición."6 Daremos ahora, in extenso, el párrafo mandado
tachar:
"y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que sólo la
discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas."

25

Alejandro Ranúrez

El lector recordará que son éstas las palabras con que
don Quijote termina la descripción de la belleza de Dulcinea,
hecha a instancias de uno de los que le acompañan al entierro
del pastor Grisóstomo. Copiaremos, asimismo, todo cuanto se
refiere a las prendas de la dama :
"sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas
arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las
partes ... "
El mismo Rodríguez M:arín no hace, en su edición, al llegar a este lugar del texto tachado, más que una observación
gramatical, pero Clemencín, en su Comentario (nota 42 a este
capítulo, trae una referencia a Tirante el Blanco (I, 17), donde se alude a la Reina de Inglaterra y se mencionan asimismo
las partí ascose. Cortejón, que acaso sepa más de lo que escribe,
nos dice que Cervantes "rindió homenaje al convencionalismo poético que imperaba en su época.m
Hay aquí ' en efecto, una descripción muy trillada de la
belleza femenina que procede de tiempos inmemoriales y de
la que se usa y abusa en el Renacimiento. En el primer acto
de la Celestina, Calisto sigue el mismo procedimiento cuando
entona las alabanzas de Melibea ante el escéptico Sempronio.
Poco antes de empezar su enumeración, como don Quijote y,
en general, todos los enamorados, por los cabellos de su dama,
el desgraciado amante dice a su criado que sólo le hablará de
lo que en M:elibea se muestra, y añade : "si de lo oculto yo
hablarte supiera, no nos fuera necesario altercar tan miserablemente estas razones." Y al terminar la descripción de las
prendas de Melibea, vuelve a mencionar "aquella proporción
que ver yo no pude." Otro ejemplo acaso no tan común y mucho más velado, entre los que podrían aducirse, nos ofrece
Luis Gálvez de Montalvo en su novela El pastor de Filida
(1582). Cuando, al cantar la belleza de la heroína, loa Arsiano los cabellos, Finea y Alfeo los ojos, Florela las mejillas,
·Sasio la nariz, Filena la boca, Pradelio la garganta y Celia el
pecho, dice, concluyendo, Campesino:

"Lo que falta por contar,
después de la blanca mano,
a quien el sentido humano
es imposible loar,

no quiero en ello hablar." 8

�Z6

Alejandro Ramirez

Cervantes y la Inquisición

Sabemos que Gálvez de Montalvo es amigo de Cen-antes
y que su obra se encuentra en la librería de don Quijote. En
el famoso escrutinio (I, 6), el Cura no tiene más que elogios
para este libro (por eso lo traemos a cuento), y aconseja que
se guarde "como joya preciosa," pues no hay en él bajeza que
escardar o limpiar. Aunque graduado en Sigüenza, el Licenciado Pedro Pérez es hombre de gusto literario, y no recuerda haberse ofendido por la mención (ya que no por la pintura) que de la belleza escondida de Fílida hace aquí Campiano. Afirmar, pues, meramente, como lo hace Cortejón, que
tenemos aquí una serie de tópicos, es esquivar la dificultad,
porque el concepto no se halla tampoco en todas las enumeraciones o descripciones de este tipo que fingen los poetas.9
No la encontramos, por ejemplo, en la que de la "muger donosa é fermosa é locana" nos dejó el Arcipreste de Hita. Y
como al Indice portugués de 1624 no le parece bien la frase
cervantina, pues la manda borrar en el texto del Quijote, es
menester, antes de declararse a favor o en contra del censor,
tratar de averiguar su posible origen literario.
Los comentaristas que hemos consultado no señalan aquí
fuf'nte alguna. Acaso sea debido a que la consideran demasiado obvia. Sin embargo, en cuanto se leen estas líneas del
Quijote, acuden a la imaginación los versos con que, en el
primer libro de las Metamorfosis (495-502), nos sugiere Ovidio
la hermosura df' Dafne que contempla extasiado Apolo: ,
"spectat inornatos colo pendere capillos
et 'quid, si comantur ?' ait. videt igne micantes
sideribus símiles oculos, videt oscula, quae non
est vidisse satis; laudat digitosque manusque
bracchiaque et nudos media plus parte lacertos;
si qua latent, meliora putat."'º
El mismo Apolo empieza su enumeración (pues no se trata, en rigor, de una descripción), como Calisto y don Quijote,
por los cabellos de la ninfa, y sigue fijándose en los ojos, en
los dedos, en las manos y en los brazos, para terminar pensando que la oculta ·belleza de Dafne es todavía más codiciable. Parece, pues, que hay aquí un tópico literario muy antiguo, y si tenemos en cuenta la popularidad de Ovidio en los
siglos medios y en el Renacimiento, no nos sorprenderá que
la frase que hace fruncir el ceño al censor portugués haya tenido tan buena fortuna." Señalar aquí a Cervantes es, o ignorar que infinitos escritores han copiado o parafraseado las
palabras del poeta latino, o manifestar inquina al autor del
Quijote.

·' ,

27

Ignoramos, claro es, el criterio que habría seguido el Indice de Mascareñas con la multitud de textos que de algún
modo reflejan el si qua latent ovidiano. Hay uno, sin embargo, que no debemos pasar por alto, porque tiene extraordinaria importancia. Se trata de un pasaje bíblico que reproduce
el concepto de Ovidio de una manera bastante parecida, y quP.
fué apuntado hace ya muchos años por un cervantista.'2 En
el libro de los Cantares de Salomón se menciona, en efecto, la
escondida hermosura de la Esposa con estas palabras (4 :3) :
absque eo quod intrinsecus latet. Todo este capítulo del libro
sagrado constituye asimismo una fuente muy trillada de la
poesía amatoria, si bien la belleza que en él se ensalza es la
morena, y no la rubia, como en el Renacimiento, al menos en
las letras profanas. Este pasaje de la Vulgata es también muy
eonocido por los sinsabores que hubo de costar a Fray Luis
de León. Sabida de todos la revuelta que originó su traducción
en romance del libro de los Cantares, cumple tan sólo recordar
que el catedrático de Salamanca se aparta, en este lugar del
texto hebreo, de la interpretación de San Jerónimo, y se niega
a trasladar el latín patrístico al castellano y a decir: demás de
lo que está. escondido, que es en resumidas cuentas, lo que ha
escrito Ovidio. En su traducción, el audaz agustino (y con él
las versiones protestantes) opta por decir: entre tus guedejas,
por parecerle que se ajusta más a la verdad hebráica, y en su
comentario, afirma con denuedo: "Como quiera que sea, lo
que he dicho es lo más cierto, y ayuda a declarar con mejor
gracia el bien parecer de los ojos de la esposa."' 3 Así pues, los
que usan de este modo de hablar en la descripción poética de
la belleza femenina reparando o no en que su frase puede proceder del poeta pagano o de la fuente bíblica (lo que no hace
al caso, dada la divulgación de la expresión), siguen, en último
término, la versión ortodoxa de la Vulgata. Por otra parte, el
servirse San Jerónimo de un estilo tan cercano al del texto
de Ovidio equivale, hasta cierto punto, a ennoblecer y moralizar las palabras de este último quitándole, concediendo que
lo tuvieran, su carácter lascivo. El mismo _Fray Luis de León
se da perfecta cuenta de ello, y no deja de advertirlo cuando
trata de este pasaje. 14 Y así, pensar que el párrafo cervantino
se tacha por temerario o por herético sería, en buena ley, pensar un disparate. Porque no es razonable creer que la Inquisición pretendiera enmendar la plana a San Jerónimo ni acusarle implícitamente de reproducir, casi literalmente, a un autor tan profano como el narigudo poeta. Condenar, por tanto,
aquí a Cervantes por razones dogmáticas es rechazar, con Fray
Luis de León, la interpretación tradicional del patrono de los
traductores. El autor del Quijote nos dice en su Galatea (lib.

�28

Cervantes y la Inquisición
Alejandro Ramírez

VI) que reYerencia, adora y sigue a Fray Luis de León, pero
pod~mos estar seguros de que en este pasaje no le siguió. Pero _si, para suponerlo todo, el censor pensó que estas líneas de
la mmortal novela sabían a herejía, su ignorancia fué sorprendente (aunq~:l cabe ~n nuestra humana naturaleza), y el párrafo del QmJote esta mal borrado. Lo está porque satisface
la ortodoxia más exigente, y porque, como se ha dicho, al
expresarse como lo hace aquí Cervantes, no se cita textualmente la Escritura, si!1º. que se recuerda una fuente pagana
que trasla1a San J erommo, con ~ev~s retoques, a su propia
Vulgata_., No es de creer, por consigmente, que fuese sospecha
de hereJia lo que motivó la reacción desfavorable del lector.
De~car_tada,_ pues, esta acusación del pasaje cervantino,
es preci~o i~~gm_ar otra rausa que nos explique el recelo del
censor mqmsitorial. Hubiera podido ser ésta el servirse de
un texto sagrado ( o de su paráfrasis) para aplicarlo a asunto
aparenteme_nte t_an. profano como la descripción de la belleza
de una muJer, si bien se trata, en el caso del Caballero de la
Mancha, de castos y platónieos amores. Una conciencia e11
ex~~so escrupulosa podrí~ tal vez ofenderse pensando que don
QmJote peca de temerario. Su descripción de Dulcinea vendría.ª ~er, si se salva el abismo que media entre lo pagano y
lo cristian~, la que se hace de la Sulamita en el libro sagrado,
en el que. esta_ representa, _según la interpretación tradicional,
a_ la Iglesia misma, protegida y amada de su celestial Esposo.
S_m emba,rgo, au_n concediendo que así fuera, no comprenderiamos como deJa~on de borrarse entonces otros pasajes de
la novela cervantma en que se abusa asimismo manifiesta~e~te . de la Escritura. Porque los hay, y tanto más sigmficativos cuanto_ que aparecen más inofensivos. Nos pre~nt_amos, por .eJemplo, cómo permitió la -autor.idad eclesiastica que quedara en pie el párrafo en que don Quijot~ proclam~ (I, 30) que J?ulcinea pelea en él, y vence en él,
vive y _respira en ella, y tiene vida y ser, atribuyéndole, como
los antigu?s amadores a sus damas, un poder que sólo de Dios
puede ".emr .. 1:ª Escritura dice, en efecto (Act. 17 :28) que: In
~pso emm v1v1mus, et movemur, et sumus. En la Celestina
( acto I_), exclama Calisto: "Melibeo so é á Melibea adoro é
en ~ehbea creo é á Melibea amo." Esta profesión de fe es
sacnl~ga, y como tal la considera su criado, pero no sería menos ?igna_ de censura la declaración de don Quijote, sobre todo ~i. se tiene e~1 ~uenta que éste se precia contínuamente de
c~tohco y de cristiano, lo que no pasa por las mientes de Cahsto.'5 Po1: otra parte, estas palabras del ingenioso hidalgo
acotan casi a la letra el texto apostólic.o, lo que no ocurre con
las que m_anda ta~har, la Inquisición portuguesa en el pasaje
que estudiamos. S1 asi no fuera, habría que pensar, o que el

29

censor leyó el Quijote de 1605 muy a la ligera, o que no fue
precisamente ésta la causa que le movió a suprimir el susodicho párrafo de la novela cervantina. Pero si lo fue, resulta
imposible imaginar el criterio a que pudo atenerse.
Cabe asimismo suponer (y será ésta la última posibilidad
que examinaremos) que el texto del Quijote se borró porque
. ofendía manifiestamente a ojos y oídos piadosos. Hablamos
de ofensa manifiesta porque, dado que lo fuera, habría que
desentrañar el motivo por el cual dejó de tacharlo la Inquisición española, y lo aprobaron las autoridades eclesiásticas
portuguesas que tuvieron a la vista las ediciones de Pedro
Crasbeeck y Jorge Rodríguez. No acertamos a comprender, en
efecto, que escandalizara la piedad en 1624 lo que no había
podido ofenderla unos años antes. Esta inconsecuencia en el
obrar, podría reforzar, si de ello hubiese necesidad, la prueba
de que el pasaje no se condenó por razones de índole dogmática. Porque, en semejantes circunstancias, es de suponer que
todo censor hubiera procedido del mismo modo en todo
tiempo y en todo lugar, aplicando el principio del quod
semper, quod ubique, quod ab omnibus que rige en cuestiones
de fe. Ahora bien : considerar el párrafo del Quijote desde el
punto de vista de las buenas costumbres o del de la piedad
es situarlo dt&gt; lleno en el terreno de la verdad relativa. Como
no se atenta en el párrafo a ningún imperativo inmutable de
la llamada conciencia universal (porque entonces tampoco
Cervantes lo hubiera escrito), someterlo al criterio de la ética es simplemente entregarlo a la apreciación del lector. Y
pues existen, según el viejo adagio confirmado por. la experiencia, tantas opiniones como opinantes, el factor individual
que entra en todo fallo humano puede convertir la censura,
y la convierte a menudo, por necesaria que se la juzgue a veces, en arma arbitraria y falaz. Equivale esto a decir, en fin
de cuentas, que el pasaje se borró porque el lector comisionado para este negocio obró con más piedad que razón, y le pareció que las palabras de don Quijote debían desaparecer de
un contexto ya harto profano. Y si otra cosa pensara, no se
suprimiera el pasaje, pues no lo habían · tachado anteriormente quienes tenían autoridad para ello.
Conviene, sin embargo, antes de acusar con precipitación
al censor de mojigato (pues concedemos que se trataba de una
persona pulcra y sincera), preguntarse si las líneas incriminadas atentan realmente contra las buenas costumbres. El
hecho de que los inquisidores españoles y portugueses que
aprueban las primeras ediciones del Quijote opten por dejar
aquí el texto íntegro debiera constituir, ya de por sí, una
respuesta suficiente. Con todo, como la posición que adopte

�30

Cel'vantes y la Inquisición

Alejandl'o Ramírez

un pasaje más que resobado por sus contemporáneos y pa~afraseado por San J erónimo, como si se tratase de un caso aislado para señalarlo con inmerecido estigma.
Podrá objetarse que el censor no las ha con el pasaje bíblico sino con el del Quijote y, en último término, con el de
Ovidio. Se dirá asimismo, que la paráfrasis cervantina, menos decorosa q~e la velada alusión de Gálvez de Montalvo,
resulta todavía más audaz que la del propio Calisto. Pero la
objeción no deja de ser una infeliz triquiñuela. Despojado de
su sentido místico, el verso de los Cantares no es, pese al !º·
deo de que se sirve San Jerónimo, ni más_ ;1-i menos suge_s_tivo
que las palabras de Ovidio o la declarac10n de don QmJote.
Si el párrafo cervantino debe borrarse, y se borra, no sólo en
1624 sino en ediciones modernas de la novela, no se comprende cómo El pastor de Fílida y la Celestina. (sobre todo esta
última pues se lee con más frecuencia) andan hoy día en las
manos' de todos sin que falte una tilde a pasajes que expresan o sugieren el concepto incriminado en el Quijote. Puestos
a tachar de este modo ( es decir, sin criterio alguno), habría
que cercenar en el libro cer_v~ntino b~stante más ~e lo ~ue
suprimió el censor. Y no satisfechos aun de ello, sena preciso
entrar a saco por el e~tenso campo del Renacimiento para llevar a cabo una ingente poda. Piénsese, por ejemplo, en todo
lo que habría que escardar en 1~ exquisi_ta Fábula de -~cteón~
de Luis Barahona de Soto a qmen mencionamos tambien aqm
porque se trata de un es~ritor conocido y admirado de Cervantes y ensalzado por el Cura en el donoso escrutinio de los
libros del hidalgo, pues lo llama "un? de los poetas !amosos
del mundo.'' Terminados los preparativos para el bano, zambúllense Diana y sus ninfas en la balsa sin reparar en la preseneia de Acteón. Y Barahona de Soto escribe entonces:

el lector tiene por fuerza que depender de su criterio personal, no estará de más acudir a quienes han fallado ya sobre
la materia, sobre todo si se trata de hombres cuya erudición
y doctrina se halla por encima de toda sospecha. A Gervantes le ocurre con su texto, salvando todas las distancias que
se quieran ( al autor del Quijote no se le molestó para nada),
lo contrario de lo que le sucedió a Fray Luis de León. Al
maestro salmanticense se le acusa, en este lugar, no de inmoral, sino de temerario. El agustino apela entonces en su defensa al poderoso arsenal que le suministran sus conocimientos patrísticos y escriturarios. Dice que, en este pasaje del
libro de los Cantares, la versión de San Jerónimo se aleja, en
su opinión, del sentido original, pero insiste en que el traductor hizo cuanto pudo para que su traslado no resultara mal
sonante. Al cargo que le hace de inexactitud, asunto que cae
fuerá de nuestro propósito, no añade, para robustecer su. posición, el reproche de que la traducción podía sorprender a
los espíritus timoratos. Y no lo hace, porque sabe de sobra
que el latín patrístico del intérprete es siempre, a la par que
grandioso, honesto y llano, aun en los pasos más difíciles de
la Escritura. Lejos, pues,. de servirse contra el autor de la
Vulgata del argumento que parece emplear contra Cervantes
el censor portugués. Fray Luis de León escribe unas líneas
que resplandecen por su honradez intelectu~l:
"no se atrevió [San J erónimol a trasladallo [el hebreo] en latín por su vocablo, por no ofender los oídos
usó de rodeo y dijo como vemos: Demás de lo que está
escondido; y siguió en ello a Símaco, que entendió lo
mismo, y se aprovechó también par¡¡. trasladallo del
mismo artificio de significar por muchas palabras encubiertas honestamente lo que he dicho.'' 1b
El catedrático de Salamanca afirma que, si San Jerónimo, y cuantos como él traducen, se equivocan en lo que a la
verdad hebráica se refiere, todos han usado en sus versiones de
rodeo y artificio para expresarse dignamente. Y de ello se infiere que si el latín del texto no ofende al piadoso que lo lee o
lo escucha leer, tampoco lo escandalizará el romance del mismo pasaje si permanece fiel al sentido que con este rodeo expresa la Vulgata. Atreverse, por tanto, como lo hace el censor portugués, con unas palabras que tan de cerca recuerdan
un lugar bíblico sancionado por los siglos, y no por razones
de carácter filológico ni dogmático, como en el caso de Fray
Luis de León, sino por precupaciones de índole moral, es
obrar con más malicia que ignorancia. ·censurar aquí a Cervantes equivale, como hemos dicho, a subrayar en su libro

31

.

.

"Quien las viera libremente,
Sin ropa al ojo importuna,
Ir cortando la corriente
Desde la balsa o laguna
Al principio de la fuente,
Donde, así como las caras,
Las más preciadas y raras
Partes que se pueden ver
No quisieron esconder
Las aguas, cual vidrio claras."17
Por audaz que pueda parecer el partido. q_ue el ~scrito.r
ha sabido sacar aquí del si qua latent de Ovid10, hubiera sido ridículo que el Cura condenase la fábula después de mostrarse tan benévolo con Tirante el Blanco salvándolo de la ho-

�32

Alejandro Ramírez

Cervantes y la Inquisición

6.- Francisco Vindel, l\lanual Gráfico-Descriptivo del Bibliófilo Hispano-Americano (1475-1850), II, Madrid, 1930, p. 191, No. 559. La edición de Lisboa, del mismo año, por Jorge Rodríguez, lleva asimismo
en la portada: "Impresso com llsenca do Santo Officio." Cf. ibid.,
p. 190, No. 558.

guera. Y si se quiere un ejemplo más moderno, recuérdese la
famosa leyenda de Bécquer titulada La e orza b 1 anea
que no deja, por cierto, de tener alguna remota semejanza con
la composición de Barahona de Soto. Transformadas en mujeres, las corzas que cree ver Garcés corretean por el bosque
y juegan en el agua sin percatarse de que el montero las está
observando. Bécquer nos dice entonces: "En el momento en
que Constanza salió del bosquecillo, sin velo alguno que ocultase a los ojos de su amante los escondidos tesoros de su hermosura, sus compañeras comenzaron nuevamente a cantar"'ª
Y, sin embargo, ¿ quién se atrevería a cercenar, por motivos
piadosos, el texto de esta leyenda tan conocida de todos? Nadie, por supuesto, ni se metió con él, que sepamos la censura de su tiempo.
'

7.- Cortejón en su ed. del Quijote, Madrid, 1905, p. 274.
8.- Citamos por Menéndez y Pelayo, Orígenes de la novela, NBAE, II,
Madrid, 1907, p. 437a.
9.- Véase sobre este tema Otis H. Green, "On Rojas' description of
Melibea,'' Hlspanic Review, XIV, 1946, pp. 254-256.
10.-The Loeb Classical Library, I, Londcn-New York, 1921, p. 36.
11.- Cf. Rudolph Schev111, Ovld and the Renascense in Spatn, University
of California Publlcations in Modern Ph!lology, Vol. IV, 1913.

12.- Miguel Cortacero y Velasco, Cervantes y el Evangelio o El simbolismo del Quijote, Madrid, 1915, p. 22.
13.- Obras de Fray Luis de León, BAE, XXXVII, 262b.

Por fortuna, y excepción hecha de algunos censores harto escrupulosos, la Inquisición no· se anduvo en estas materias con demasiados remilgos. Y no es esto, ya se entiende,
defenderla en principio, sino reconocer que las primeras ediciones del Quijote salieron incólumes de sus manos. Por eso
creemos que el Indice de Mascareñas pecó aquí de gazmoñería. El Bachiller Sansón Carrasco tenía razón. A Cervantes
no le faltarán nunca lectores (si se exceptúa el censor portugués) que se deleiten con las hazañas de don Quijote y las
desventuras de Sancho Panza. Tranquilícense, pues, los espíritus ingenuos y nobles cuando topen con este pasaje de la
novela. Y si no lo han leído todavía, busquen el libro cervantino ( que con poco trabajo lo encontrarán). y lean en él íntegra la descripción que de su Dulcinea hace el Caballero de
la Mancha, seguros de que nadie ha de tenérselo en cuenta
para reprochárselo.
·

14.- Ibill., p. 286b.
15- Sobre la tendencia a deificar a la mujer, véase lo que escribe Otls
H. Green, "Courtly Love in the Spanish Cancioneros," PMLA, LXIV,
1949, pp. 249-254.
16.- Obras, BAEN 285b.
17.-Francisco Rodríguez Marin, Luís Barallona lle Soto, Madrid, 1903,
pp. 647-648.
18.- Citamos por la ed. de las Obras completas de Bécquer, Madrid, Aguilar, 1950, p. 247.

Washington University
Saint Louis, Missouri

NOTAS
1.- Francisco Rodríguez Marin ; El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la
J\fancha, Nueva Edición Crítica, X, Madrid, 1949, pp. 57-62.

2.-Por ejemplo, en la del P. Rufo Mendizabal, Razón y Fe, Madrid,
1945, p. 135.
3.- Rodríguez Marín, ed. cit., VI, Madrid, 1948, p. 16.
4.- Rodríguez Marín, ed. cit., VI, Madrid, 1948, pp. 13-14,

5.- Rodríguez Marín, ed. cit., X , Madrid, 1949, p. 53.

33

I ,•

�Paul Gendrop / SENTIDO PLASTICO DE LA
CERAMICA POPULAR MEXICANA

EL

TEMA que nos ocupa ho; es el
de la ceram1ca popular mexicana, pero antes de abordarlo,
vamos a tratar de analizar la posición de un personaje simbólico, a quien llamaremos "aficionado al arte", en sus variadas reacciones ante el fenómeno artístico en general, para
después llegar al arte contemporáneo y al lugar que en él ocupa el arte popular.
Hace todavía algunas décadas, el aficionado al arte tenía
delante de sus ojos un panorama artístico bastante claro, aunque algo reducido. Gontaba además con la ayuda de un personaje imaginario, al que llamaremos "Mentor", y que podríamos considerar como un viejo señor respetable, nacido más
de veÜJte siglos atrás, allá por Grecia, y que aún le venía sirviendo de guía.

.•

Podemos imaginar a este venerable Mentor como el primero en haber adoptado una actitud crítica ante las obras
de arte de su cultura, hasta llegar, a través de ese análisis, a
la elaboración de un criterio estético, o sea un criterio según
el .cual se podía determinar el que una obra de arte fuera o
no bella, y por qué. Siendo nuestro Mentor muy sabio, su criterio estético rigió por varios siglos, reapareciendo con nµevos bríos hacia el Renacimiento, pues después de desempolvarlo, no sólo se convino que era muy coherente, sino que se
decidió erigirlo en dogma.
_ Todavía, casi hasta nuestros días, este criterio estético
"clasicista" era netamente occidental, tanto por su origen como por las obras a que se refería. Entonces, para nuestro buen
"aficionado al arte", no había problemas, pues gracias a su
-35-

�86

Sentido Plástico de la Cerámica Popular l\lex.icana

Mentor, sabía lo que era artísticamente valioso. Se encontraba
ante unos valores estéticos claramente establecidos, y no se
le hubiera ocurrido calificar de "estéticas" obras que no correspondían a los cánones clásicos. Y si bien se permitía un
cierto "exotismo" al mostral' interés por otras culturas recientemente descubiertas, ese interés no dejaba de parecerle, en el fondo, una herejía, ya que no podía aplicar a la producción artística de esas culturas las normas que había sacado de su Mentor. Pero, acaso le estaba pidiendo a nuestro
respetable Mentor más de la cuenta, pues este último, cuando
había analizado el arte que lo rodeaba, no había podido preverlo todo ... En efecto, entre otras cosas, no había contado
con la tremenda curiosidad que, por un lado nos había de impulsa~ a descubrir expresiones artísticas de épocas y pueblos
muy diversos expresiones motivadas casi siempre por una
concepción d;l mundo muy diferente de la clásica, y por otro
lado, que nos iba a lanzar a la búsqueda de nuevas concepciones de arte.
El que se encontraba ya ·muy perplejo, era nuestro pobre "aficionado" ante un panorama artístico cada vez más
abigarrado, mientras surgía un nuevo criterio estético tendiendo a dar a las obras de cada cultura un lugar dentro de
una especie de inmensa sinfonía universal, o según diría .André Malraux un "museo imaginario" que reuniera todas las
producciones' artísticas de cada pueblo y cada época. ¿ Cómo
no descontrolarse en efecto, pensaba (y sigue pensando a menudo) nuestro perplejo aficionado, si ya cualquier obra encuentra cabida en nuestro museo imaginario, y si ese loable
afán de justificar toda creacíón artísti ca nos lleva hasta incluír en él aun dentro de una .cierta jerarquía de valores,
baratijas p'r oducidas por tribus ignoradas, o pinturas de niños, y hasta de loros 1... Y no sin cierta razón teme el pobre
qur nurstra "sinfonía universal del arte" se transforme a menudo en cacofonía! ...
Se encuentra pues ahora el aficionado frente al museo
universal cuyo espectáculo se desenvuelve ante sus ojos, y cuvos colores contrastados no dejan de atraerlo. Se acerca pri;nero con timidez, pero al fin lo vence la-curiosidad y penetra
en él, ávido a la vez que un tanto escandalizado, y ... sin desprenderse de su fiel Mentor, pues . . . no se sabe nunca ...
aún puede serle útil!. . . Se siente a menudo atra!do al descubrir obras artísticas de culturas antes desconocidas o menos-preciadas, y que le parezcan ahora de un interés innegable. Y empieza a familiarizarse con estas obras, nuevas para
él. A veces, siente que se entregaría por completo si no lo

Paul Ge11d1·op

37

detuvieran todaYía sus preJmc1os clasicistas, su visión occidental de las cosas y sus inhibiciones personales. Y trata de
recurrir a su Mentor, pero el Mentor, si bien le dá todavía
consejos sabios y coherentes, permanece mudo ante tantas y
tan diversas preguntas para las cuales no estaba preparado.
Y nuestro aficionado se siente desorientado, y trata de agarrarse de algo que lo guíe por los nuevos senderos que se
abren ante él. Si pudiera, seguiría a los críticos que disecan y
analizan el fenómeno artístico bajo los ángulos más diversos,
pero le resultan difíciles de seguir y complican las cosas más
de la cuenta.
Afortunadamente, el "snobismo" lo saca de apuros, y se
deja llevar ahora por é_l a un ritmo vertiginoso, sin oír ya los
sabios consejos de su Mentor. Picasso, por ejemplo, está de
moda, y aunque en el fondo no l e gusta, se muestr~ interesado por él, sin por eso dejar de reconocer que no entie~de muy
bien por qué la nariz de la señora es verde y la boca fuera de
lugar. Pero en fin, no hay que tratar de entender. pues por
algo hablan tanto de ese señor! ...
Después de Picasso, le han mostrado máscaras australianas estampas japonesas, miniaturas persas, hindúes y medieval~s. bronces nórdicos, tallados africanos, bordados huicholes, e'tc. El problema para él ahora está en escoger entre tantas obras que se le presentan.
Se trata aquí de- un aspecto muy personal, y por tanto
discutible, en que intervienen factores muy diversos, tales
como la formación del sujeto, la cual implica casi necesariamente deformaciones· la capacidad para discernir el valor estético de una obra d~ arte, el llamado "buen gusto" ( o "mal
gusto" según el caso), hasta factores tan contradictorios como el "patriotismo" y el malinchismo, sin olvidar por supue~to el "snobismc" y sus modas! ... Y muy a menudo, el aficionado antepone las posibilidades decorativas de una obra
de arte a sus cualidades estéticas, a las posibilidades de goce
estético puro que le brinda esa obra. He visto a muchas personas escoger un cuadro estrictamente en función del color
o del tamaño de tal pared de su casa ...
Otro factor que interviene en la elección de las obras de
arte es su accesibilidad y facilidad de adquisición. Ese aspecto
extremo, material, no deja de tener su peso, ya que no sólo las
obras de arte del pasado resultan difícilmente accesibles al
aficionado, sino también la mayoría de las manifc:staciones de

�38

Sentido Plástico de la Cerámica Popular Mexicana

arte contemporáneas. Ese fenómeno se debe principalmente al
lugar que ocupa el artista en la actualidad, lugar hasta cierto
punto privilegiado de que pocas veces había gozado.
En efecto, dos de las características del arte moderno son
sin duda su individualismo y la conciencia. que tiene el artista
de su propia voluntad de arte, conciencia que pocos, fenómenos
culturales han poseído, sin que por eso debamos menospreciar
sus obras. Debido en parte a esa falta de conciencia artística,
muchos artistas p ermanecieron en el anonimato, y fueron considerados por los demás y por ellos mismos como simples artesanos. Jacques Maritain dice al respecto: "Hubo tiempos en
que el arte obraba en una bienaventurada inocencia, persuadido que no era sino un oficio destinado a la utilidad o a la
distracción de los hombres, y se consideraba hecho para pintar uvas que engañasen a los pájaros, contar las hazañas militares, florear las reuniones, solazar el tedio del corazón. instruir y moralizar al pueblo. Vivía entonces en una condición
servil, l o cual no quiere decir que estuviera subyugado. No renegaba de su naturaleza; se ignoraba. Gracias a un admirable
malentendido, su nobleza nativa- y su libertad, no proclamadas
en las ideas y en las palabras, en lo que se dice, eran respetadas
por el silencio de lo que se hace: protegidas por sus obligaciones mismas y por su propia humildad. La poesía venía a
unírsele a escondidas ; ¡ jamás fué más feliz, ni más fértil!. .. "*
En efecto, permanecerán en el anonimato los artistas que
hicieron las esculturas aztecas o egipcias, los relieves de Moissac o de Piedras Negras, los mur ales de Bonampak o el Adolescente Huasteco. Ese hecho sin embargo no nos impide colocar esas obras entre las obras· maestras del arte universal.
Asimismo, la estatua de Moisés no dejaría de ser una obra
maestra si ignoráramos que la hizo Miguel Angel.
Ha habido épocas en que el arte era de tipo "polifónico",
o sea creado por muchos y para todos; otras en que estaba
destinado a una casta privilegiada. Ejemplo característico de
lo primero es el arte medieval; y de lo segundo, el arte moderno.
Difícilmente podría decirse que en la Edad Media, el arte
estaba reservado a una élite, si bien la clase privilegiada estaba en condiciones de promover y adquirir la expresión más
refinada de ese arte. Las catedrales góticas representan el
fruto del trabajo artesanal sublimado, anónimo, paciente,

* Jacques Marltan, Frontléres de la Poesle, pág. 36 y

Paul Gendrop

realizado a través de muchas ·generaciones y que sin embargo
presenta un vigor indescriptible y una gran unidad, pues encarna un mismo espíritu. ¡ Sería difícil hablar de "arte popular gótico", pues de ese modo casi todo el arte gótico se volvería "popular" !
En nuestra época, por el contrario, como decíamos, existe
por parte del artista una gran conciencia de su voluntad artística y un marcado individualismo; el arte que él crea ante todo para sí mismo está reservado a una minoría que lo
entiende o finge entenderlo y no queda al alcance de los demás, espiritual o económicamente. Este hecho es tan n otorio
que incluso las artes que pretendían estar al alcance de las
masas no logran este propósito: ¡ prueba de ello son :ilgunos
murales de Diego Rivera que requieren letreros y guías para
ser entendidos! Y el arte dirigido ruso, que preconizaba cándidamente "una deslumbradora revolución d&lt;&gt; los procedimientos artísticos" ha fracasado rotundamente en ese aspecto.
Por otra parte, la industria tiende cada día más a hacer
desaparecer la producción artesanal, divulgando productos generalmente más baratos, pero estandarizados y muchas veces
carentes de todo valor estético, lo cual no quiere decir que el
objeto industrial, al ser producido en gran escala, no pueda
tener cualidades estéticas, al contrario. Lo que sucede es que
en su mayoría, las industrias no toman en cuenta la obligación
que tienen de lanzar al mercado productos no sólo económicos
y funcionales, sino también bellos, ya que han de contribuir
en cierta proporción a dar al hombre una vida más amable.
Felizmente queda el arte popular que es "el arte de los
pobres cuando existe un arte para los ricos",* y que pone al
alcance de todos el producto artesanal que ha de llenar sus
necesidades materiales o espirituales. proporcionándoles el
alimento estético que inconscientemente reclaman. ConYiene
subrayar sin embargo, el que ese goce estético rara vez puede
pretender equipararse con el que experimentamos frente a
una obra maestra, y como dice Malraux: "para que encontr emos en ello algo más que un placer un tanto vago, sólo
le falta la parte de inmortalidad que es inseparable del genio!" ... **

Y por curioso que pueda parecer en nuestra época de industrialización, el arte popular no sólo sobrevive, sino que
ba cobrado en muchas partes un incremento bastante impor-

* André

37.

39

Malraux, Les Volx du Sllence, pág. 499

** André Malraux, Les Volx du Sllehce, pág. 506

�40

Senticlo Plástico de la Cerámica Popular Mexicana

tante, incremento que no es sino la reacción del hombre "de
cultura universal'', mecanizado, ante los productos locales,
ingenuos, pero de auténtico valor tradicional, emocional y
estético. Es indudablemente un escape frente a la estandarización de nuestra cultura actual.

41

Paul Gendrop

++

Esas finas ollitas con vidriado verde, (Fig. 1).

Y en México, ese arte popular es aún muy vigoroso, cargado de tradiciones y reminiscencias muy diversas. Tiene sus
raíces en el arte prehispánico y colonial, con influencias tanto asiáticas como europeas; influencias que siempre ha sabido
transformar a través del tiempo y de la sensibilidad de sus
artesanos, con ese dinamismo característico del fenómeno artístico o artesanal.
El artista, artesano la mayoría de las veces, carece de la
conciencia del arte. Sin embargo, como lo hace notar Manuel
Toussaint, consideramos estética su obra y hacemos de su
creación una obra de arte entre nuestras manos.* Además conviene tomar en cuenta que escogemos entre la producción artesanal lo que para nosotros tiene valor estético, pues el arte
popular puede ser, como toda creación artística, la expresión
del "buen gusto" tanto como del "mal gusto" del pueblo! Y
claro está que al referirnos al arte popular mexicano, no estamos hablando de los "mexican curios" que producen artesanos pervertidos por la demanda del turismo! ...
No hay que perder de vista pues este factor de selección
subjetivo, emocional; esa "proyección sentimental" -como
diría Worringer- esa comunión, ese diálogo que existe entre
el objeto y el sujeto. Y ese mensaje, por humilde que sea, es
siempre más cálido, más amable que el que nos pueda traer
un producto industrial.

++

++

Tomemos por ejemplo la loza de .A.catlán, Puebla: nada
más sencillo, más ingénuo, más desprovisto de pretensiones que esas tazas de ~ 20 o ese tazón de ~ 25 o ese torito
de a tostón!. Sin embargo, nos hablan en forma mucho
más amable que una fría taza industrial, o que uno de
esos juguetes modernos "Made in J a pan"! ...
Y asimismo, tenemos, escogiendo al azar, los simpáticos
cochinitos de alcancía, que no pasan de moda.

+ + Y la alegre loza vidriada de Tonalá, J al.

++
*

FIGURA l

++

Esa loza de Tlaquepaque.
o la de .A.tzompa, Oax.
Esta cerámica, principalmente de uso doméstico, puede
ser también ritual,

++

como los candeleros de Matamoros Izúcar, Puebla;

++

los incesarios y candeleros del Día de Muertos en Puebla;
o simplemente recreativa u ornamental,

+ + como los personajes de Ocotlán, Oax.;
+ + los animalitos músicos·de .A.tzompa, Oax.
+ + el "circo" de .A.catlán, Pue.
+ + o los animalitos de Tolimán, Gro.

En cuanto a las influencias prehispánicas de que hablábamos se hacen sentir en forma directa o indirecta, a veces
en el material, la técnica, el color o la textura,

Esos botellones de Metepec que nos traen reminiscencias
del azulejo colonial.

Manuel Toussaint, El Arte Colonial en )léxico, pág. 390.

++

como en las vasijas de Oaxaca, tanto antiguas como me,.

�42

Sentido Plástico de la Cerámica Popular Mexicana

mente elaborado en su decoración, otras veces reducido
a la expresión más depurada de la forma y del material,
siempre surge ante nosotros espontáneo e ingenuo, con un
sentido justo en el equilibrio de sus tonos, ya sean suaves,

dernas, con el mismo tratamiento del barro, la misma
textura;

++

o las huastecas, en que perduran los mismos colores y
la misma textura. (fig. 2).

43

Paul Gendrop

I

•

'

.

++

como en los cántaros de Tolimán, Gro.;

++

o violentamente contrastados, como en este caballito
de Metepec ; (Fig. 3)

r

FIGURA 2

Ásistimos también al resurgimiento de ciertas formas
prehispánicas,

++

tal como en los apaxtles, parecidos a tantas vasijas de
doble curvatura de la cultura arcaico-olmeca ·

++

Lo~ incensarios de Ocotlán, Oaxaca, con sus personajes
umdos en una ronda ritual, evocan escenas de ceremonias tarascas.
·

++

¡ Y acaso esas alegres matronas del Itsmo de Tehuantepec, que soportan un cántaro, no son sino el resurgimiento del concepto de soporte independiente característico de los Zapotecas? .. .
El arte popular mexicano presenta una gran riqueza
de formas, materiales y colorido. A veces extremada-

'

FIGURA 3

(

.

++

o las calaveras, también de Metepec, representantes de
ese humorismo macabro tan netamente mexicano, heredado en línea recta de su tradición prehispánica.

Este sentido instintivo y muy peculiar del color es sin
duda uno de los rasgos más característicos del arte popular mexicano.
Otro aspecto notable, prueba de su desbordante vitalidad,
es la increíble diversidad de materiales y técnicas de
que se vale en sus expresiones plásticas. Y entre tantos

�44

materiales, sólo hemos querido hablar ahora sobre la
cerámica por considerarla el representante más sobresaliente y característico del arte popular mexicano. Sin
embargo, una simple enumeración de los demás materiales basta para darnos una idea de su tremenda variedad.
-

(

,

Madera y demás productos vegetales:
frutas y huesos de frutas;
flores, hojas y fibras; resinas,
palma, paja, zacate, mimbre, tule, bambú;
algodón, vainilla, azúcar, galletas y dulces,
papel cartón.

-

O productos de origen animal:
insectos,
cera,
cáscara de huevo,
cuerno,
lana,
plumas,
cuero y pieles,
concha, carey, coral.

-

Metales dive'rsos:
oro, plata, cobre, hierro, plomo, hojalata, etc.

-

Tecali, ónix, y otros materiales pétreos.

-

Vidrio y vidriado.

-

Lacas, barnices, esmaltes y pinturas de todas clases.

-

Cola, pegamentos, clavos, resortes, hilos, alambres, cohetes
etc.
El artesano saca provecho de cuanto material encuentra
a la mano, dándole a menudo un sentido nuevo, inesperado. En for~a instintiva, lo siente, -lo comprende, y alcanza en ciertas de sus creaciones uno de sus valores
estéticos más puros : la exaltación del material, característica heredada también del arte prehispánico.
Si se consideran estéticamente obras como:

++

Un jarrón de Ocotlán, Tlaxcala;

45

Paul Gendrop

Sentido Plástico de la Cerámica Popular Mexicana

++

ese caballito o ese conejito de Atzompa, Oax; (Fig. 4 y 5)

++

un cántaro de Huáncito;

++

un apaxtle,

++

o un cántaro de barro negro de Coyotepec, Oax. (Fig. 6)
resalta en todas ellas, aparte de sus formas puras, llenas,
sensuales, un sentido del material difícil de superar.

Y aparte de su valor propio, puesto en relieve desde hace
pocos años en México por algunos críticos y _arti~tas 1, el arte
popular mexicano ha sido a su vez fuent~ de m~p1rac1on p~ra
muchos de esos artistas, tales como D1e~o Rivera. En"1so,
Best Maugart, Dr. Atl, Miguel Covarrubias, Leopoldo Méndez, Chávez Morado, Alfredo Zalee, etc... , factor que lo realza aún más a nuestros ojos.

..

,

.
FIGURA 4

�46

41

Paul Gendrop

Sentido Plástico de la Cerámica Popular Mexicana

FIGURA 6
FIGURA 5

Guardadas las debidas proporciones, muy bien puede gozar
estéticamente de estas obras humildes, que están a su alcance mientras que la expresión más refinada del arte es siempr'e rara y tal vez si no fuera rara, no parecería tan bella! ...

Pero, ¿donde está ahora nuestro aficionado T ¡, Se acuerdan Uds T••• Lo hemos dejado en medio del museo universal.
Después de un recorrido que emprendió primero por curiosidad, luego por snobismo y finalmente por gusto se da cuenta
.
'
que ese recorrido ha contribuído a ampliar notablemente su
visión estética, haciendo perder tal vez a ciertas culturas
.
'
s1 no el lugar predominante que ocupaban, al menos la exclusiva de que gozaban en su consideración.
Y despu_és de todo, no era su Mentor el que estaba equivocado, sino él, que había interpretado con demasiada rigidez
sus normas estéticas. Y estas últimas, con una visión más amplia, podían aplicarse a los fenómenos artísticos más diversos, dentro de una cierta jerarquía de valores, claro está, pues
si bien podía ahora colocar. al Adolescente Huasteco al nivel
de grandes obras de arte, no se le· ocurriría comparar una
sencilla vasija de barro con la Venus de Milo.

Y si surge alguien para criticar sus gustos, todavía le
queda el recurso de confesarle modestamente, como lo hizo en
una ocasión García Lorca a un amigo: "Te voy a decir un secreto, pero por favor, no lo repitas: ¡ a mí me encanta la mala
, .
I"
mus1ca
....

.

.

�Ji,anita Soriano / UNA POETISA HONDUREÑA:
CLEMENTINA SUAREZ

NADA

,

.,

más acertado al tratar de la
poesía hondureña que pensar en Clementina Suárez. Con ella,
puede decirse, nació la poesía femenina en Honduras, y con
ella, no sería tampoco aventurado afirmar que termina, por
lo menos en lo que va del tiempo. Se sabe, desde luego, que
en la línea trazada de Clementina a Clementina, se mueven
muchos nombres femerunos de alguna importancia y se encuentran voces que se atreven a traspasar, sin lograrlo, el límite marcado por ella. Mujeres con sensibilidad lírica aparecen a menudo, especialmente en una tierra en donde la naturaleza proporciona suficiente pretexto para el canto. Tomando en cuenta estos factores brindados por un ambiente
que ha deprimido tanto a hombres como a mujeres en la lírica hondureña, es digno de particular interés el caso de Clementina Suárez, que, aunque no ignora totalmente la vastedad del paisaje que la rodea, sin intentar escaparse · de su
influencia, aparece dentro de sus motivos como tema secundario o de fondo, y da primacía al paisaje interior, en el cual,
lo externo, apenas roza con algunos colores, su intimidad. Su
poesía, como expresión de su alma, es amorosa, y desemboca,
no en lo paisajista y descriptivo como generalmente sucede
en América, sino en lo filosófico, y, en otros de sus poemas,
en lo social.
Hablar de Clementina Suárez equivale a referirse a un
torrente o a cualquier otra de las fuerzas incontrolables de
la naturaleza. Comenzó asustando a su medio ambiente pueblerino con sus primeros poemas que, más que expresión de
su alma venían siendo la confesión de su cuerpo y sus sentidos, el maravillado descubrimiento de su ser físico, de sus
-

49-

�50

Una Poetisa Hondureña: Clementina Suárez

demandas, su sed, su plenitud en el amor, su felicidad en la
entrega sin cálculo ni reserva. Esta desnudez de sus emociones y sensaciones atrajo sobre su valiente cabeza una tempestad de incomprensión provocada por los prejuicios de quienes se escandalizaron ante el nombre de las cosas y no ante
las cosas mismas, que, como es humano suponer han sido vividas por quienes no las aceptan en literatura, ;sparando que
ésta sea más o menos artificial, enunciando temas falsos tontamente considerados bellos, en fin, anémica, y no coU:o un
reflejo de la verdad o realidad.
Algunos de estos primeros poemas, tachados de audaces
o de algo peor, especialmente por haber sido escritos por una
mujer, contienen esa ingenua ternura del amor y el despertar
de la vida, apreciando, sensual pero juvenilmente la revelación del amor físico, siendo, sin duda, tan fuert; la pureza
de su ·e spíritu y tan alta la calidad romántica de su alma que
no encontró en la experiencia nada que no fuera dign'o de
expresar en emocionado canto, llena de gratitud ante el sentido de la vida. Todo en ella se vuelve dulce, tierno, amoroso.
Y sin embargo ... , fueron tan ciertas y tan sencillas sus palab!as de miel clara, que la acusaron de impudor. Para apreciar la dulzura de su canto a través de la crudeza de sus desnudas palabras, es necesario conocer la bondad, bondad de la
vida en todo, en el magnífico regalo concedido a los humanos
al igual que a los demás seres vivientes, en la atracción de lo~
cuerpos, el amor espiritual y la creación del hombre y la mujer. Identificándonos con la vida y con el plan de su Creador
al imaginar el unive·rso, podemos apreciar con mente pura y
corazón limpio, la belleza de · 1a pareja humana en el amor,
y la grandeza del amante a-1 encontrar amable todo cuanto
se relaciona con su amado, su cuerpo y la descripción del mismo, el sudor, la saliva ... , lo que no puede repeler a quien conoce el amor y es romántico al grado de idealizar aspectos del
ser humano considerados menos idealizables por aquellos a
quienes fué negada la capacidad para una gran pasión. Y estos han sido temas cantados con extraordinaria ternura y
sensualidad por Clementina Suárez, por lo que fué criticada
aún por aquellos que debieron comprenderla, intelectuales y
artistas, que nada sabían de amor total y deslumbrado. Es
natural que en la poesía de sus primeros tiempos, con el empuje de la juventud que no concibe la exposición de su verdad más que como un reto lanzado al rostro de la incomprensión, empleara frases y palabras facilmente sustituibles por
otras menos abiertas, que no se prestaran a ser ridiculizadas o consideradas vulgares precisamente por mentes vulga-

Juanita Soriano

51

res, pudo, digo, emplear otras palabras sin cambiar el sentido de su expresión, pero su apasionada rebeldía y vitalidad
no se lo ·p ermitían; ahora, habiendo alcanzado una madurez
serena, su mensaje, aunque fiel a su ideal revolucionario, ha
entrado también en un cauce de comprensión y serenidad.
Contaba mi madre, que conoció a Clementina en los días
blancos de su niñez, que era ésta una niña extremadamente
silenciosa, y tan quieta que se habría podido sentar, sin peligro, al borde de un abismo; allí se la encontraría en igual posición, después de una hora. Se quedaba pensativa, mirando
a lo lejos, y si alguien se acercaba con esa curiosidad de los
mayores que presienten el misterio de un niño, y le preguntaba: ¿ qué te pasa, Clementina, que estás tan callada?, ella sonreía enigmáticamente, como despreciando las explicaciones.
Seguramente entonces comenzaba a formarse su universo, analizaba el aspecto del mundo en el que le tocaba vivir, se daba
la medida de cuanto la rodeaba, y comenzaba su alma a delinear las primeras preguntas, para las cuales, incesantemente
buscaría la respuesta a través de toda su existencia.
Fué sin duda debido a ese quietismo interior y exterior
que tuvo capacidad para compenetrarse de profundos aspectos de la vida, sus ojos se volvían internamente claros al contemplar con tanta fijeza el universo, y así descubrió el tremendo y doloroso problema social que agobia a su pueblo, observó
a la gente campesina, a los humildes quemándose los pies descalzos en el scil de los caminos, a los trabajadores obreros, y,
en incomprensiple contraste, difícil de compaginar dentro de
su pequeña cabeza de l egisladora social que aspira a la justicia, la fácil existencia de unas cuantas familias, el monopolio
del dinero en poder de unos pocos, la dura conciencia del comerciante y la inmensa masa de los desamparados. Esto penetró muy hondo en su sensibilidad y se quedó para siempre en
ella, como un dolor inevitable. Digno de estudio también este
aspecto de su inquietud porque Clementina proviene de una
de las principales familias burguesas de su localidad.
En cuanto a sus últimos poemas parecen significar cierto peligro, algo que nos habla de sus luchas sin mencionarlas,
pero que se sienten corr~r a través de sus palabras, en forma
más bien subterránea. Refiriéndose a la ceguera del mundo actual, parece amenazar con veladas profecías. También encierran
la promesa de un mundo mejor para el futuro. Sin duda su orgullo y su entereza de mujer se oponen a referirse a sus desgarraduras psíquicas, al contrario de lo que sucede en la mayor parte de la poesía femenina hispano americana. Se oye,
o mejor dicho, se presiente el paso de esas horas turbulentas,

�52

Uua Poetisa Hondureña: Clemeutiua Suárez

de dolor, pero no se ven las manchas, sólo se es conciente de
una espléndida serenidad, de una dignidad en la aceptación
de un destino. un tanto adverso, de un señorío para conllevar
cualquier fracaso y hacer respetar sus actitudes. Un día esta
mujer poeta llegó por su propia voluntad a los linderos de
la muerte como protesta final de quien sabe qué profundas
decepciones de su alma. Rescatada a tiempo por un grupo de
amigos y artistas sobrevivió a la prueba con su espíritu indomable y, aparentemente, parece no recordar este drama de
su vida.
Para alcanzar una visión de sus ideales poéticos, tanto
en el aspecto personal como en aquel otro en que, olvidada de
sí misma, habla por y para la humanidad, oigámosla en algunas de sus estrofas :
Despacio,
que está madurándose
la criatura de espuma
que se queja en mi entraña
Estas pocas líneas traslucen su ternura maternal, en el
poema IV de su último libro, "Creciendo con la hierba". Su
emoción personal se vuelve cósmica al expresar el sentimiento purísimo del amor que se ofrece limpio de dudas y pesares:
Para venir y para buscarte,
ya había dejado
todos los abrojos.
Existe, para mí, algo encantador en este libro, y es la
dedicatoria:
"Así, de compañera a compañero".
Esta sencilla frase indica mucho respecto a su posición
poética y humana, su valeroso compañerismo, igualitario, que
la induce a caminar y luchar, hombro a hombro con su compañero. Actitud nueva en la mujer que ya no se conforma en
recibir protección, sino que también puede dar y ayudar al
amigo, al compañero. Si es esta una nueva política literaria
dentro del sentir femenino, más conciente de su responsabilidad de lo que fueron las mujeres amantes en el pasado, tal
iniciativa irrumpe en la tierra de Honduras con Clementina
Suárez. A través de su vida como mujer y de su obra literaria
como poeta, se observa esta actitud valerosa y revolu~ionaria
de los moldes burgueses.
La clave en la poesía de Clemen.tina Suárez es esa ausencia de lo que en la actualidad se ha dado en llamar evasión

¡;3

Juanita Soriano

lírica, típica, según quienes nos hablan de ella, de aquellos
poetas, escritores o artistas, que no ven a su alrededor los
problemas vitales y de interés general que confronta el ser
humano, y, en cambio, evaden esta cruda realidad, por temor
o indiferencia, y prefieren sobrenadar levemente por la superficie del planeta, ajenos a sus tremendas luchas y necesidades, para interesarse por temas menos peligrosos y de menor responsabilidad para su arte. Que ignoran, que nada
quieren saber, del conflicto actual. Clementina, se definió.
Quiero decir, esto fué lo que despertó su interés, se definió
por el ser humano en general, por su tragedia y su lucha, haciéndose portavoz de sus más altas aspiraciones; aunque, todo
poeta, fatalmente, se define, cualesquiera que sean los caminos de su poesía; ella, al aceptar el suyo, enfrenta lo que, de
por sí, trae consigo todo compromiso.
El amor a la libertad y su anhelo de dar a los hombres
una tierra libre y feliz, es otra de las llamas en que se quema
su sangre.
"Oyendo está la queja
de los hombres
y sus urgentes ansias
de ser libres".
("Creciendo con la hierba",
Clementina Suárez).
"Empezaremos
a ser felices,
a quererlo ser-.
Asumiendo el deber
de que solo
por un camino humano
se puede ser feliz.
Sin lo estéril
de la desigual
solitaria. felicidad."
Naturalmente, la felicidad debe ser compartida para que
lo sea, pues la f elicidad solitaria no existe, y de existir, tendría que ser estéril como ella asegura.
"Hoy sabe que los hombres
si sufren y trabajan
estrujados y agónicos,
es por tener su vida
y por amarla,"

�Una Poetisa Hondureña: Clementina Suárez

55

.Juanita Soriano

Y en esta otra parte de su poema, inquieta por la ceguera espiritual, de la que ella ya está libre, exclama:

en ella, lo más es intelectual. Y sin embargo, cuando trasluce
o entreabre la puerta a su sentir íntimo, la belleza de su expresión es comovedora :

Tienes que despertar.
Levantar tu esqueleto
del sueño.

"Pudo ser.
pero estaba la espina . .. "

Dejarte desnudo,
voluntario,
distinto.
No puedes esperar
a que te coman
los ojos
las hormigas.
Como dormir
en los vacíos lechos,
cuando hay una queja
y un abierto costado
que reclama la sangre.
Naciendo estoy,
visiblemente,
y trepándome van critauras
ángeles y semillas".

Este pequeño, sencillo comentario a su vida, a sus posibilidades, que se convierte por su misma sencillez y aplastante
realidad en símbolo de toda vida y toda posibilidad humana,
toca directamente al corazón por enunciar una verdad patética, conocida de todos, pues no hay quien, de un modo u otro,
no haya perdido su oportunidad, no haya desgarrado la alegría_ de sus pies confiados, y de sus manos, en la espina ...
"Pudo ser.
Pero estaba la espina,
eterna enemiga de la rosa.
Y sola, sin orillas,
la perdida corola de mi sueño".
Esta pequeña cosa que nog cuenta, aparente pequeña cosa, es demasiado triste, demasiado vivida por todos, para no
arrastrarnos dentro de su suave nostalgia, donde se adivina la
transparencia de unas lágrimas ya olvidadas, ·de algo ... , de
todo cuanto pudo ser ... , de todo lo que no fué.
:'Óbediente la rosa a su destino,
tuvo que ir mostrando
el candor de su rostro".

Los pormenores de esta leve poesía, al parecer pequeña,
al parecer livia11a por encontrarse carente de ciertos recursos literarios como la sonoridad musical, son sin embargo evidentes y característicos de una gran finura de sentimientos;
especialmente, tiende a expresar ideas, pues en cada línea se
encuentra un pensamiento definido, positivo, absoluto. Son
breves líneas cortas, pero cargadas, literalmente agobiadas, de
fruto. Ha despreciado la rima y conserva él ritmo interno, calidad más difcil de alcanzar porque se va por dentro, sin vestidura externa que lo denuncie, y que sólo puede lograr un
oído esencialmente poético, socorrido por un torrente de sangre poblada de poesía. Células de poesía.

Esta es otra frase feliz: "Obediente la rosa a su destino",
esencialmente poética y de indiscutible simplicidad en la
enunciación de una ley fácilmente observada por todos;·aunque difícilmente comprendida. Todos obedecemos a nuestro
destino, y en la rosa, símbolo de poesía, es donde mejor representado encontramos la fuerza de este dramático determinismo. Pero no es esto lo que importa ni el sentido de sus frases,
sino la manera de decirlo, l;i, forma poética en sí.

A pesar de no ser especialmente sensible como para convertirse en medio a través del cual se conozcan sus sentimientos y emociones, porque no puede decirse de ella que su idiosincrasia en poesía se concrete a ser lo que podría .llamarse
una sentidora, tampoco puede escaparse de la expresión espontánea, reveladora de sus estados de ánimo, mensajera de
sus experiencias personales, de sus observaciones vividas, de
sus resultados finales o conclusión inevitable, conocimiento o
sabiduría recogida a través del existir. Pero esto es lo menos

Siendo la producción consecuencia de la vida de su autor,
todo cuanto el artista viva se refleja en su arte, directa o
indirectamente, ,el vivir, la conducta. del autor, lanza su sombra o su luz sobre la obra, en la cual, inconscientemente, se va
inscribiendo quien la crea. Por eso no se puede separar al creador de lo creado, ni se puede comprender la obra sin referirse
al carácter y destino del autor. Y en pocas personas como en
Clementina Suárez ese símbolo de la rosa que ella. expresa
está tan marcado, tan sujeto a la fuerza de un destino inexo-

�Una Poetisa Hondureña: Clementina Suárez

rable para cumplir con el llamado y las exigencias que representa el aceptar la cruz de la poesía, y, como en su caso, el
perseguir la ruta de su inconformismo para con un mundo
ya hecho, mal hecho, sobre bases de injusticia, y al que, aunque parezca inútil, se ambiciona mejorar. Esta inconformidad
la arrastró, obediente a su destino, a continuar su ruta, siempre adelante, como que si una voz le ordenara seguir, no detenerse, no arraigarse, no anclar sus raíces en la tierra sino
caminar, caminar siempre, nómada, gitana; aprendiendo a
renunciar a sus afectos personales, a sus nexos, a todo lo suyo,
sin duda para ser empleada por algún propósito vital que la
condena a su soledad para que de ella surja su donación en
la que abarca a todos, en la que se desprende de sí misma y
de su yo, para observar e interpretar el canto de todos:
"Atada va la sangre
a raíces que no entiende".
Todo en ella dice algo, no hay una palabra que esté sin
sentido o puesta al acaso para rellenar un hueco; todo en
ella es utilizable, es asimilado por la mente, la fijeza de su
observación le permite escoger la palabra adecuada, que, en
ocasiones, es un reto a la inteligencia. Y aunque ella misma
no entienda sus raíces, como no entendemos ninguno de nosotros, las nuestras.
•
"Ya que sólo en la sangre despierta
estará el germen creador defendido".
Su poesía habla de "ligaduras humanas", y confiesa:
"Mi pecho llumina
una verdad tremenda".
Dice:
"No le niegues al amor tu cara.
Sólo así tu flor tendrá polen
y flotará libre,
goteando muchedumbres
tu cara creciendo con la hierba.
Distintos son los rumbos de la carne
y sólo el viento salvará
a tu pie, que en la ceniza
quedó extraviado ...
¡ Criatura de mi amor!
Sólo cuando el fuego
te lleve hasta mi grito,

57

Juanita Soriano

recuperarás intacta
la espiga que dentro
de tu piel madura.
Fuera necesario morirme y no quererte.
Golpearme la espalda
y atar mi lengua
para no decirte
que están en ti llorando los brotes
y detenidos los arroyos,
porque le niegas al surco
lo que es del surco.
Sólo este poema basta para demostrar que Clementina
Suárez es poeta auténtico, por sus temas, por su forma,
por su hondo y trascendental sentido de la vida, por
sus experiencias básicas, sin límites, descritas con la serena
sangre de sus frases; por su afán de "rescatar el ademán perdido", por todos estos nuevos y singulares modos poéticos,
con la característica personal de su autora. Ahora que lo que
escribe cualquier escritor recuerda mucho a lo que ha escrito
o escribe otro escritor ya sean hombres o mujeres poetas,
la singularidad de esta poesía se destaca por su voz libre
de influencias conocidas, totalmente diferenciada de otras voces.
Practicamente no hay poetisas en Honuras. Puede decirse que Clementina es La Poetisa; las demás se ensayan pero
no han encontrado su voz ni se han hecho sentir ni han-trascendido sus nombres. Como dije al principio parecen demasiado románticas no han superado la etapa del sentimentalismo
y están literalmente obsesionadas con los pinares. Muchos poetas hondureños también.
Clementina, que ha sido despiadada para consigo misma,
tiene también frases despiadadas, suyas propias:
La urgencia.de mi paso
es un puro símbolo
-nada es míouna flecha me curva
dentro de tu amor.

¡,No sientes deshojarse
pétalos dentro de mis sienes T
¡, No sientes que mis manos
te adelantan la rosa,
el aroma y el tacto T

�Una Poetisa Hondureña: Clement.ina Suárez

Y que mi sueño
es una arteria abierta
que calcina el gusano.
Y que precisas otro nombre
para encontrarte
con la sonrisa
de tu primer niñez.

Juan Antonio Aya/a /

LA QUERELLA DE

LAS HUMANIDADES

Tiene aciertos, frases poéticas auténticas. Ocasionalmente
no llega a sostener la unidad, o mejor dicho, el clima o altitud
poética inicial, pero este quiebre que parece dejar algo trunco
en el poema al emprender su lectura continua, es también parte de la vida y personalidad de la autora y le confiere un
sello propio, símbolo de su existencia. A veces es sólo un verso feliz en el poema, pero ese verso, esa sola breve línea suelta, es portadora de fulgurantes revelaciones, idea y poesía.
Sus palabras contienen una clave. Mínima clave en apariencia, dejanao adivinar la fortaleza que encubre apenas.

"Así, pues, el pecado fundamental de la erudición
clásica en nuestros días es que ha cultivado la investigación más que la interpretación, que se ha intere~ado más en el acopio que en la diseminación de los
conocimientos, que ha negado o desdeñado la importancia de su tarea en el mundo contemporáneo, y que
ha estimulado ese mismo público menosprecio de que
ahora se queja. El erudito tiene paro con la sociedad
una responsabilidad que es mucho más grande que
la de-/ trabajador y que la del hombre de negocios.
Su primera obligación es conocer la verdad, y la
segunda hacer que la verdad sea conocida".
(Gilbert Highet, Lo Tradición Clásica, T. 11, c. XXI,

Esta es Clementina Suárez y su poesía que como la hierba, humilde hierba de los caminos, crece libremente y crecerá
con el tiempo.
·

Un siglo de erudición).

Monterrey, N. L., junio de 1959.

e

' ,

ONSTDERO de gran impodancia
para el momento cultural por que atraviesa el mundo la encuesta quP hace unos años promovió la UNESCO entre las
personas de más relevante inteligencia dentro del campo de
la educación y la literatura, sobre la importancia de las humanidades clásicas en la educación del mundo de hoy. La
crisis dr nuestro tirmpo . necesita de soluciones rápidas y
decisivas; el mundo ha girado violentamente en los últimos
cuarenta años; nunca, como ahora, ha habido mayor distancia
afectiva e intelectual entre dos generaciones como la nuestra
y la que nos precedió. Han cambiado los conceptos, han cambiado los ideales, ha muerto, definitivamente, un plan de vida
que dirigió al mundo de occidente durante siglos; ha llegad(I
un momento decisivo en que se hace preciso preguntarnos sin
eYasivas: ~ Qué somos? ¡ Qué pretendemos? i Qué ideales aplicamos a nuestros problemas o cómo reaccionamos ante las
-

59-

�60

La Que1•ella de las Humanidades

urgencias de la vida moderna?" Muchas veces, en los momentos sombríos de la historia, cuando toda idea de belleza,
justicia o verdad naufraga, hemos dudado si la verdad está
con nosotros o si estamos viviendo de falsos patrones. y normas inoperantes, que la inercia nos impide desplazar. Y la
conclusión a que se llega, aunque dolorosa, es la siguiente:
hemos fracasado, no llenamos suficientemente el objeto de
nuestras vidas, hemos desertado del campo de la realidad,
para vivir inactivos repitiendo conceptos que ya se gastaron
y que no han sido renovados. Tan evidente es esto que el
historiador Arnold Toynbee advirtió en una conferencia pública en Madrás que "las religiones del mundo podrían ser
suplantadas por nuevas creencias si no se adaptan para llenar
el vacío espiritual que confronta la humanidad". "La humanidad -afirma- no puede vivir sin la religión, peró no puede
ya aceptar religiones que no son convincentes...". Y lo que
se dice de las religiones actuales, con toda su secuela de convencionalismos y de fórmulas, de dogmas adulterados y llenos
de pragmatismo, pueden, con mucha mayor razón, aplicarse a
la filosofía, educación, moral y hasta la misma estructura del
conglomerado social y de nuestro sistema de valores. De todos estos aspectos de la vida actual considero que uno de los
más urgentes, precisos y descuidados es el de la educación, no
como muchos creen, el de la enseñanza. Sólo los espíritus
vanos, fatuos y pedantes -o los impregnados de ese simplón
pragmatismo de los "executive men" de vestido gris- pueden
soslayar su importancia; precisamente esta falta de seriedad
y este pecado de ligereza, que puede traernos aterradores
problemas y consecuencias trágÍCas, es un resultado de la
desorientación que priva hoy en la educación. Una educación,
a mi modo de ver, es la justa apreciación y el empleo adecuado de los ideales en vida; cuando éstos están en quiebra o
no existen, hay que buscar la causa en los defectos de la educación bajo la cual se han conformado los hombres de determinada generación. En fin de cuentas, todo problema de
educación confronta un problema de libertad. Nunca como
hoy se ha hablado en el mundo de la educación; se celebran
congresos, se lanzan nuevas teorías, se ensayan nuevos métodos, se publican revistas especializadas, pero, nunca, también,
la imagen y la mentalidad del hombre han sido más pobres
tanto en el campo de las artes como en los de la filosofía;
pasó ya el tiempo en el que se estructuraban nuevos y grandes
sistemas, en que se componían grandes sinfonías, en que se
pintaban hermosos cuadros ... Es preciso hacer una revisión
sincera dr los valores con que operamos dentro del campo

Juan Anto1úo AyaJa

61

educacional y de la forma en que estos val?re_s se aplica°: a
la vida. Es preciso hacer un balance para ehmmar, s1 prec1s,o
fuere toda una serie de esquemas, conceptos heredados y metodos' en la educación que han demostrado ser casi inefectivos.

·' .

DOS CONCEPCIONES FRENTE A FRENTE
EN EL CAMPO DE LA EDUCACION
Hace varios años el presidente de los Estados Unidos de
Norteamérica. Mr. Harry Truman encomendó a un grupo de
profesores universitarios la tarea de hacer ~n estudi? ac~rca
de la educación norteamericana en los Colegios y Umvers1dades. El resultado de esta consulta es el mismo que se planteó
la UNESCO. En el mundo de hoy, y precisamente en el terreno de la educación se enfrentan dos grandes corrientes: la
de la especialización 'y la de la formación int~gral del J?r?fesional. Es evidente que ya no podemos asirnos al v1eJo
concepto de la educación integral, e~cic!opédica, que he~·edamos del siglo XIX. Los adelantos tecmcos, el parcelamrnnto
especializado de cada una de las profesiones, los diarios a:vances de las ciencias no pueden dar al hombre la opottumdad
de dispersar su ti¡mpo en procurarse una formación integral
que abarque todos los campos de la cultura; aun den~ro de i:,u
misma profesión tendrá que contentarse con domrnar una
rama que estará, asimismo, en constante evolución y ~n p~oceso de revisión. Hoy más que nunca el mundo necesita tecnicos. Los Estados Unidos, con su alto nivel técnico e industrial no producen en la actualidad la suficiente cantidad de
inge~ieros y demás profesionales de la industria necesarios
para llenar todas las demandas de su creciente progreso; la
Unión Soviética atenta a ganar esta carrera que se ha de
desenvolver dur~nte todos estos años en el campo de la técnica,
está formando verdaderas legiones de especialistas y de científicos. La especialización no puede, en consecuencia, distraer
su tiempo ni sarrificar los individuos más capaces, en aras de
una educación humanista e integral, por lo que aparentemente
tiene ésta de poco produ.ctiva y de pragmática. No hace
mucho el escritor venezolano Mariano Picón Salas hizo una
serie de declaraciones a este respecto que merecen ser tran&lt;1critas. "No me atrevo a . decir que las Artes, la Historia, la
Poesía constituyan infalible panacea para las neurosis de
nuestro tiempo. Pero cuando le damos a la Educación un
fin que. supere lo utilitario y lo pragmático, cuando queremos
formar hombres y no sólo mercaderes, parecen ofrecernos las
Humanidades una olvidada Pedagogía de la Felicidad. De
tanto forzar al hombre para que sea una máquina productora,
nos olvidamos del tranquilo y continuo goce que dan- para

�62

La Querella de las HÚmanidades

Juan Antonio Ayala

Creo yo, y ya lo han señalado otros autores, que la democratización a que ha llegado la enseñanza en la actualidad
pudiera ser muy bien una de las causas de esta liquidación de
las Humanidades clásicas como instrumento pedagógico efectivo. Desaparecieron las "élites" intelectuales que requerían
la atención exclusiva de pedagogos y educadores y al participar el pueblo ,-:llana y sencillamente el pueblo- en este gran
festín de la educación -mejor dicho de la instrucción-, hubo
necesidad de darle una instrucción básica, elementalísima,
destinada a una mayoría; esta mayoría que iba a in:vadir los
campos de la industria y del comercio, por una parte no necesitaba, a juicio de sus educadores y de ella misma, de la
previa preparación clásica y humanística; ya desde los comienzos se hacía necesario parcelar sus conocimientos e iniciarla en las bases de su especialización.

quie~ _aprendió a gustarlos-los libros y las obras de arte.
O prlSlo':1eros de la con~i':1gencia de lo material que se traduce
en sal~no, horas de oficma, requerimiento de nutrición, casa
Y vestid~, ~os asomamos a otro mundo que supera la fatalidad
de lo· cotidiano a través de los filósofos, los poetas, los artistas".
. Sin embargo, no podemos dejar de lado la tremenda reabd3:d q_ue_ no~, agobia. Esta pugna entre especialización, es
decir, bmitac10n del entendimiento y de las facultades naturales de cada individuo, y cultura universal es tan aguda que
amenaza con la destrucción de un mundo 'que ya pasó, pero
que no n,o~ promete nada para el futuro. Del especialista y
de sus mi~n_mos pr?~l~mas -digo. mínimos aunque se trate de
pone~ ,satl'htes artificiales en órbita- no podemos esperar la
soluc~on_ d~, nuestros problemas. Es más, de la creciente
especiabzac10n d~ cada día sólo puede provenir el aniquilamient_o de los mas altos valores del espíritu; a no ser que ·
consCI~ntemente optemos por los postulados de una filosofía
materialista y utilitaria, en cuyo caso habremos preferido "un
m_u1!do de cuerpos ocupados y almas vacías", como asegura
Picon Salas.
H~y quienes creen que la bancarrota de nuestra cultura
Y los si_stemas de educación que hasta el presente hemos aplicado sol? puede ser superada con fórmulas nuevas, con el
t?tal olvido d_el p~sado._ ~i~rto es que en los procesos evolutI_vos de la Historia el mdividuo en sí no cuenta• cierto también que t?da una civilización, una tradición, un~ cultura no
se gesta m se desenvuelve en un día, en un año ni en un
centenar de años; cierto que teniirán que pasar ge~eraciones
muchas generaciones, hasta lograr plasmar un sistema de cul~
tura, un ~idal de educación como el que hemos tenido hasta
hace poco; sin embargo, nunca podrá llegarse a la definición
de un "humanismo" si antes no se define y ·se considera al
"hombre" en particular como núcleo de ese humanismo. Y
precisamente es en este punto donde se ha planteado la crisis.
La especialización, con todas sus urgencias desconoce el valor"humano" del hombre, aunque esto, dicho' así, parezca una
redundanria; la especialización necesita autómatas que cumplan cabalmente con la tarea que les ha sido asignada dentro
de la colmena; hombres vacíos de mente y espíritu, que sólo
pueden apreciar la realidad con el criterio estrecho, aburrido
Y árido del especialista. Decía Unamuno, comentando el
adagio popular "Teme al lector de un solo libro, sí, ¡ por lo bruto que será !. .. "

63

..

Otros creyeron, o se acogieron por comparación, al concepto un poco ambiguo de las "humanidades modernas", como
si se pudiera hacer tabla rasa, a nuestro antojo, de toda una
herencia cultural y filosófica en la que precisamente esas
"humanidades modernas" tienen su raíz y origen. Y es que
las humanidades han sufrido una mengua en su mismo concepto y en la amplitud de sus miras por culpa de aquellos
mismos q1;1e estaban en capacid'ad de salvaguardar sus auténticos valores. Desde el siglo XIX, por influencia de las universidades alemanas, principalmente, se restringió el concepto
de humanidades "clásicas" a las producciones de la literatura, el arte y la filosofía greco-romana, a la tradición medievál que conservó y desarrolló esta cultura y al Renacimiento. En filosofía, por desgracia, sbmos aún discípulos de
Sócrates, Platón y Aristóteles; nuestro entendimiento está
cerrado a los conceptos fundamentales y serios de las filosofías asiáticas. Creo yo, y cada día lo estimo más necesario,
que es necesario ampliar este viejo concepto de las Humanidades clásicas para que puedan subsistir como medio de educación en el mundo de hoy y adquieran éstas un pleno sentido
de universalidad; tenemos una deuda cultural con los pueblos
del Oriente, con la India, China y Japón, en especial. Esas
culturas, conocidas apenas por un reducido grupo de especialistas y escasamente divulgadas, enciei;ran un contenido humano que debe ser incorporado a nuestro sistema de vida y
de educación que llamamos "humanístico". Las relaciones
internacionales de hoy han hecho caer las viejas fronteras
culturales que existían entre los pueblos, entre los hombres
de ciencia, entre los educadores. Si junto a los sabios occidentales se sientan, en los congresos científicos, los hombres

�64

L3 Querella de las Humanidades

más destac~dos del Oriente, ¿ por qué no hemos de incorporar
a mwstra literatura, pedag~gía y ~ilosofía los conceptos que
conforman la mente y el estilo de vida de esos mismos sahios?
~s preciso, pues, ?uscar la forma de incorporar a un nuevo
&amp;iste~1,a de edneacjón humanista estos sistemas parciales que
tambien han dado logros efectivos en la historia cultural de
la humanidad. Si nosotros, a pesar de los &lt;Yrandes errores
Y de los enormes cataclismos, hemos logrado s~brevivir v salvaguardar lo esencial de nosotros mismos, esas otras ruÍturas
han dado el mismo resultado. La India looró subsistir como
entida?, ~?cial, polít~ca y cultural a pesar dei coloniaje; Japón
sobrevivi? a los peligros mortales de un aislamiento de siglos,
&lt;'?11;º Ohm~ ~e muestra actualmente celosa guardiana de sus
ncJas tradiciones.
De todo lo expuesto se ve claramente que la decadencia
real de las Humanidades clásicas en la educación del mundo
d_e ~oy. ~e debe ~r~nripalmen~e y en primer lugar a la espeC1al_i;ac1on ~an rigida que exige el avance técnico, especializac10n º:as1on~da PO: las condiciones y los postulados de la
tecnologia, la rndustna, la carrera armamentista, la aparición
nue':~s enfermedades, etc. En segundo lugar, la falsa
mt_:grac101;1 _del conc_epto de las "humanidades", con su empen~ en v1v1r ex~lus1vamente en el pasado, sin procurar conv_erhr _su contei~1do en realidades operantes• se dió demasiada importancia a la investigación, a la fijación de los
textos, a los problemas gramaticales, y se descuidó extraer
de las grandes obras clásicas una filosofía de la vida una
norma de conducta, una auténtica "paideia" de nuestro 'tiempo. Por es~a razón . y con causa justificada el hombre de
hoy . ~a derivado por el fácil camino de la literatura de
?casion, por la cultura superficial y barata de las revistas
ilust~adas. V_oh_'emos de nu;,vo a la cita de Picón Salas para
amphar este ultimo punto: Ya hay -dice- una infantil y
menest~rosa cultura de 'muñequitos' y 'tiras cómicas' donde
las caricaturas de Sancho y Don Quijote intentan sustituir la
prosa de Ce~vantes. Otras revistas de gran circulación en los
Estados ~mdos quieren "deshidratar" la Literatura tratarla
con la misma manipulación con que se reduce el pe'.50 de las
le~u~bres Y las, frutas, y condensan a Dickens y a Carlyle,
q_m tandoles metaforas y epítetos que se consideran innecesar~o~, para ofrecerlos en el más chato e inocente estilo de oficrmsta. Ver !~pidamentee; hacer no Ínlporta qué co5a, movers~ de un sitio a otro, más que reflexionar, parece el ideal
de vida de muchos contemporáneos. Los centenares o millares
de horas de, vu~lo :",ustituyen hoy las que antes podían destinarse a la med1tacion y a la lectura ... El humanista se está

?e

65

Juan Antonio Ayala

convirtiendo en un hombre maniático, de traje raído, seguido
de sus milenarios espectros y repitiendo hexámetros, en una
sociedad que busca emociones más aceleradas" .. . Hasta en
una revista para amas de casa encuentro este menosprecio,
esta animosidad contra el humanismo: "Los profesores de
tennis, base-hall, canasta uruguaya, joropos, etc., reemplazan
a pintores, filósofos, poetas, científicos, en las cortes modernas y en los palacios de los Cresos contemporáneos. Antes,
los "intelectuales" eran el supremo lujo de príncipes y millonarios . . . Lo que demuestra una vez más que en este
siglo de técnicas aplicables inmediatamente y en gran escala,
los intelectuales vamos a terminar en las ferias de pueblo,
exhibiéndonos como monstruos. Tal vez de esta manera logremos no morirnos de hambre honorable y decorativamente. Es
este el progreso 1".

LA DECADENCIA DE LOS CLASICOS: FRACASO
DE LOS METODOS . .
A partir del sig1o XIX se inicia, dentro del campo de la
educación, la decadencia de los clásicos como sistema pedagógico. El espíritu positivista del siglo contamina la filosofía, las artes, las letras y la educación. Todo podía y debía
ser sometido a la revisión por los postulados de los últimos
descubrimientos científicos. En los estudios clásicos, en particular, se creía que el estudio de las lenguas griega y latina
consistía en una ciencia pura. Pero como dice Gilbert Highet
esto era una aberración, pues: "Es evidente que en la investigación clásica, como en toda otra especie de estudio, tienen
que emplearse las virtudes científicas de precisión, organización, objetividad y claridad. Es evidente que los métodos
de la ciencia aplicada pueden emplear se útilmente en muchas
zonas de la literatura y de la historia grecorromanas. Pero
la materia del estudio clásico no la constituyen totalmente, ni
siquiera principalmente, muchos objetivos comparables con
el material de la geología. Gran parte de ella - y la mejor
parte- es arte; y el arte hay que estudiarlo con gusto e
imaginación lo mismo que con cámaras y compases de precisión. Gran parte de ella es historia, y la investigación histórica supone juicio moral, mientras que la redacción de la
historia exige selección estética. No obstante, los eruditos
clásicos del siglo XIX, capitaneados por los alemanes (que
se señalan más por su industria que por su buen gusto), re-

�66

La Querella de las Humanidades

solvieron que su deber era ser científicos. Semejante resolución contribuyó a arruinar la enseñanza de estas matrias".
I

Todos los que hemos pasado por el duro aprendizaje de
los clásicos tenemos en nuestra memoria recuerdos y experiencias imborrables que ojalá ahora que estamos ya en calidad de maestros, no hagamos repetir a nuestros alumnos.
Muchos de nosotros sufrimos la decepción al llegar a las aulas de los que llamaban grandes maestros e investigadores;
en vez de iluminarnos en el camino de la investigación de los
clásicos, de darnos una valoración exacta de sus ideales y de
enseñarnos la forma de acomodar sus experiencias a nuestros
problemas, nos cerraron las ventanas y t,e aprovecharon de
la oscuridad para hacernos deambular por los inútiles laberintos de la sintaxis, los diccionarios, las concordancias, los
textos dudosos y las lagunas. Gracias a nuestro esfuerzo
personal, se nos califícó, muchas veces, de rebeldes e indisciplinados, pero recibimos nuestra recompensa al encontrar por
nosotros mismos aquello que no pudieron o no quisieron' darnos nuestros maestros. Recuerdo muy bien mis dos encuentros con Virgilio. Nuestra clase de poética latina era impartida
por dos profesores; los seis primeros libros de la Eneida
estaban a cargo de uno de los guardianes y custodios de la
vieja didáctica de Berlín, Munich y Heidelberg; durante seis
largos meses aprendimos muchas de las modalidades lingüísticas de Virgilio, manejamos un extenso vocabulario latino,
hicimos un fructífero acopio de sinónimos, medimos muchos
hexámetros, memorizamos largas tiradas de "pensum". De la
esencia virgilana, de las ideas de la Roma imperial, del sentimiento épico-humano del poema estaba prohibido hablar. El
resto de la Eneida estaba dirigido por un profesor que, cierto
es, no era un latinista consumado, menos un investigador de
los de sentencias definitivas; a su alto sentido de interpretación juntaba las cualidades de un gran poeta, sabía llevar la
discusión abierta, por encima de los titubeos gramaticales de
muchos, hacia aquellos temas virgilianos trascendentes, eternos, humanos, en una palabra. Otro de mis recuerdos es el
de aquel profesor que se pasó la vida buscando en las obras
completas de Cicerón -en ese pétreo volumen editado por
Didot- un nuevo tema de la tercera declinación latina;
pretendía ¡ el pobre ! figurar en alguna de esas gramáticas
-escolares como el genial descubridor de una nueva modalidad
hngüística. De mi primer año de griego saq_ué la conclusión

Juan Antonio Ayala

67

que el verbo "lúo" era muy importante y que las formas contractas de la segunda declinación eran la clave para entender
la epopeya homérica.
La historia de la didáctica clásica está llena de casos semejantes. Son demasiado aleccionadores los ejemplos para pasarlos por alto. De nuevo recurrimos a G. Highet quien
presenta muestras más q~e suficientes ~e e~te dese~oque, de
estas aberraciones palmarias, de esta des1lus1onante irresponsabilidad de los que tuvieron durante siglos en sus manos el
destino y el futuro de generaciones enteras, quienes buscaron
en las ciencias aplicadas salida a sus impulsos creadores.
Sir William Osler, médico brillante y destacado científico,
cuenta así el fracaso de sus estudios clásicos en una escuela
canadiense de 1866 :
"De niño tuve la experiencia común de hace cincuenta
años: maestros cuyo único objeto era dar de comer a sus
clases con cucharadas, no de autores clásicos, si!1o de sintaxis
y prosodia ... con el resultado de que aborreciamos a Jen~fonte con sus diez mil, veíamos a Homero como una ~bom1nación y a Tito Livio y Cicerón como cargas de sustantivos Y
tareas... Mi experiencia fue la de muchos miles; y sin embargo recuerdo que estábamos sedientos de buena literatura ...
¡ Qué tragedia subir al Parnaso en medio de tanta niebla!".
Y el Dr. Osler, este hombre "sediento de buena literatura",
_que llegó a desempeñar el alto cargo ~e Regi~s , Prof~sor de
medicina en Oxford, durante toda su vida admiro la literatura clásica y a los grandes humanistas del Renacimiento inglés
y recomendaba a sus alumnos, futuros médicos, el estudio
constante de los autores griegos y latinos y, más tarde, llegó
a afirmar que "las ciencias naturales -la medicina inclusiveeran sólo la mitad del material de educación, y que la gran
1iteratura era la part~ más importante".
Un gran educador norteamericano, Nicholas Murray
Butler, rector de Columbia University, cuenta cómo fue educado:
"La enseñanza de los clásicos en aquellos días era casi
por completo de este tipo "seco como el polvo" que ha estado
en un tris de matar los estudios clásicos en los Estados Unidos. El profesor Drisler, que ocupaba entonces la cátedra de

�68

La Querella de las Humanidades

J ay ( de griego), era hombre de notable elevación de carácter
y espíritu, así como un perfecto y consumado erudito. Era, sin
embargo, tan dado a insistir en los más menudos detalles de la
gramática, que nuestros ojos estaban todo el tiempo clavados
en el suelo y apenas si teníamos alguna vez una vislumbre de la
belleza del significado más hondo de las grandes obras cuyo
estudio nos ocupaba. Por ejemplo, recuerdo que durante el
primer semestre del año sofomoro ( es decir, el segundo año),
teníamos que leer con el Doctor Drisler la Medea de Eurípides,
y que cuando el semestre llegó a su fin apenas habíamos acabado de ver doscientos cuarenta y seis versos. En otras palabras, nunca llegamos a ver de qué trata la Medea, ni pudimos ver el significado del argumento ni la calidad de su arte
literario . . . En latín, el profesor Charles Short era un pedante si los ha habido . . . Fuera Horacio, fueran Juvenal o
Tácito el tema de sus clases, siempre estaba fijándose en los
asuntos menos importantes que el estudio de esos autores sugería . . . ".

·

Y perdóneseme traer todavía un testimonio más de esta
cadena de aberraciones, que, por sí solas, han contribuído a
la decadencia y al abandono justificado de los estudios clásicos.
'l'rasladémonos ahora a la Universidad de Yale en 1883-1884.
Habla William Lyon Phelps:
"La mayor parte de nuestras clases eran aburridas, y la
enseñanza puramente mecánica; una maldición pesaba sobre
los profesores, el añublo invadía el arte de la enseñanza. Muchos profesores eran simplemente oyentes de recitaciones preparadas; jamás mostraban ningún interés vivo, ni por los
estudios ni por los estqdiantes. Recuerdo que tuvimos a Homero tres horas a la semana durante todo el año. El catedrático nunca cambió la monótona rutina, nunca hizo una observación, sino que sencillamente llamaba a uno por uno a
traducir o escandir los versos, decía: "Es suficiente" y ponía
una señal; de modo que en la última clase, en junio, después
de todo un año de esta intolerable faena, quedé muy sorprendido al oírle decir, esta vez, también sin ninguna emoción:
"Los poemas de Homero son los más grandes que han brot~do
del espíritu del hombre; la clase está terminada", y salimos a
la luz del sol".
Creo yo que ante tales testimonios, ante tales atentados
contra la respetabilidad de los clásicos, ante tamaña irresponsabilidad por parte de los educadores, no tenemos por qué
extrañarnos del fracaso y del abandono del estudio de los
clásicos en la educación del mundo de hoy. Querer vivir de
espaldas a la realidad y mantenerse en el aislamiento más

Juan .-\.ntonio Ayala

69

feroz, es suicida para una sociedad que necesita soluciones
impostergables a la multitud de problemas que han surgido
en un mundo mecanizado, pragmático y realista. Razón tienen
los que desertaron de los estudios humanísticos para alcanzar
en el campo de la ciencia aplicada un bienestar material y
una satisfacción íntima que no se les ofrecía en los campos de
la gramática, la sintaxis y demás aberraciones de los eruditos.
Todavía estamos a tiempo para solucionar este problema, para encontrarnos a nosotros mismos y forjar un mundo mejor con un nuevo sistema de educación en el que las Humanidades clásicas vuelvan de nuevo a ser entidades operantes,
dinámica. l\Iás arriba he dicho que considero pedante el
pretender descartar todo un psado para sustituírlo por conceptos nebulosos, indefinidos, y que, además entrañan un peligro para la integridad del hombre, base eterna de cualquier
"humanismo". Hay que saber conciliar técnica y espíritu:
técnica que nos ofrece el mundo de hoy, a manos llenas
y espíritu generoso de concordia que nos ofrecen las viejas
literaturas y filosofías.

EN BUSCA DE UNA SOLUOION
Hemos llegado, sin lugar a dudas, a un punto en nuestra
evolución personal y, principalmente, en nuestra evolución
humana universal, que se hace necesario plantear el problema
de la educación en términos que no admitan vacilación. ¿Hasta dónde es posible poner en vigencia el estudio de los clásicos en un actual sistema de educación? ¡,Hasta dónde se
conforman los clásicos con la mentalidad y las necesidades
del mundo moderno? ¿ Qué proporción debe guardar el estudio
de las Humanidades clásicas con el de las técnicas mecanistas
que r eclama el adelanto material de la industria 1 No podemos,
honestamente, contestar a estas preguntas sin antes hacernos
cargo de la situación por que atraviesan los métodos pedagógicos en vigencia. Con un sentido práctico muy acorde con
la filosofía materialista -si es que puede llamarse filosofía
al resultado del más burdo fraude intelectual- la didáctica
no sólo ha orientado ·a la jtlventud hacia las profesiones que
suponen un futuro de aplicación inmediata, altamente remunerada, que, además, absorbe al hombre por entero. La consecuencia inmediata, amén de otras que mencionaremos inmediatamente, es que el hombre de hoy, el profesional, el técnico, no puede o no debe interesarse en otros asuntos que no
se relacionen con su especialidad. Tal como está organizado el
trabajo y la producción, es el medio al cual hemos recurrido para conservar un ideal de vida que no nos satisface,

�70

La Querella de lás Humanidades

que nos deja desilusionados, vacíos y yertos. Sin embargo
hemos caído en un profundo error: no ha sido el adelanto téc~
nico el que ha causado esta brecha profunda en la educación
del hombre; lógicamente las comodidades que actualmente se
nos brindan, la mayor facilidad de los medios de información,
el alto valor adquisitivo de la moneda, deberían ser un aliciente para la vida intelectual. No, no es la mecanización del
mundo la que por sí ha matado el cultivo del hombre y todos
sus valores interiores. Es la filosofía -si tal puede llamarsedel dominio, del aniquilamiento, la que quiere y proclama y
fomenta una educación puramente especializada que obre como un narcótico, como una especie de droga del olvido de la
reflexión y de la vaciedad; los hombres que tienen un' entendimiento libre, los hombres que piensan en la más recóndita
soledad, son un peligro y una amenaza para los totalitarismos
del cuerpo y de la mente que amenazan al mundo actual. No
es preciso ya, a estas alturas, aherrojarlos con cadenas ni imponerles sanciones atentatorias contra la libertad física ·. mucho más práctico que cercarlos por hambre que elimin~rlos
es privarles de una cultura humana que ponga por encim~
de todo el libre cultivo del espíritu. Es preciso usar la droaa
esterilizante y somnolienta de la incultura humana se ha~e
necesario que el hombre actual busque sucedáneos e~ la divagación ex~erna, e1;1,la televisión, en el cine, en las revistas que
dan una ilustrac10n fragmentada y en pequeñas dosis. Hemos adelantado mucho en este camino, no necesitamos usar
ya los viejos procedimientos represivos para que el hombre no
sea precisamente "hombre". Permítaseme citar un párrafo del
escritor inglés Aldous Huxley en que protesta con acento trágico sobre este destino que amenaza los fundamentos más
íntimos de la personalidad humana. "En el curso de los últimos cuarenta años, las técnicas para explotar el anhelo del
hombre en la más peligrosa de las formas de autotrascendencia descendente han alcanzado un grado de perfeccionamiento
nunca logrado antes. En primer lugar hay más gente en una
milla cuadrada que antes y los medios de transportar vastas
multitudes desde distancias considerables y de concentrarlas
en un único edificio o plaza son' 1:Ilucho más eficientes que en
el pasado. Por lo demás, se han inventado nuevos recursos
para excitar a las masas que antes ni siquiera se hubieran
soñado. Hoy tenemos la radiotelefonía, que ha extendido enormemente el alcance de los broncos alaridos del demagogo.
Tenemos también la cámara fotográfica ( de la que una v.ez
se dijo ingenuamente que no podía mentir) y sus descendientes, el cinematógrafo y la televisión. Estos tres medios hicie-

Juan Antonio Ayala

71

ron absurdamente fácil la propagación de tendenciosas fantasías y finalmente tenemos la mayor de nuestras invenciones
sociales, la educación libre y obligatoria. Todo el que sabe
leer queda en consecuencia a merced ge los propagandistas
del gobierno o del comercio, que se valen de las máquinas de
linotipia y de la prensa. Reúnase a una multitud de hombres
y mujeres previamente preparados por la diaria lectura de un
periódico, hágasela oir la música amplificada de orquestas en
medio de un escenario de brillantes luces y sométasela a la
oratoria de un demagogo, que es (los demagogos siempre lo
son) simultáneamente el explotar y la víctima de la intoxicación de las masas, e inmedia,tamente se la tendrá reducida
a un estado de casi inconsciente subhumanidad. Nunca antes
unos pocos estuvieron en posición de convertir a tantos en
payasos, locos o criminales". Hasta aquí Aldous Huxley, quien
ha señalado con certero acento la crisis por la que están pasando los valores e ideales en la educación del mundo, de las
masas y del individuo en particular. El hombre que piensa,
repito una vez más, es un elemento peligroso y hoy todo tiende
a eliminar la acción personal, el pensamiento libre. Dice Karl
Vossler, en su "Filosofía del lenguaje" que todo cambio lingüístico o de significación y uso en las palabras obedece primariamente a cambios en el horizonte sociológico de los grupos. A;ctualmente hemds perdido ese s~ntido primario
significativo del "yo" para transformarlo en ."nosotros", y
este "nosotros" no tiene ese significado cohesivo, cordial y
coherente que tuvo en labios de nuestros antecesores. El "nosotros pensamos" de hoy, el "nosotros escribimos", el "nosotros hacemos" es el reflejo de la imagen del rebaño· paciente,
aletargado por las emanaciones de la masa sin personalidad.
Sí, la educación actual, fría, deshumanizada, es mucho más
consciente de lo que creemos, va más allá del mero interés
por el progreso de la técnica y los avances científicos, y es
que el afán de dominio no podría ejercerse sobre hombres que
saben valorar en su verdadero sentido el destino de la vida y
las consecuencias de una entrega sin reservas a los valores del
espíritu. Como afirma -Picón-Salas: "Si el hombre en comunidad necesita una máquina, el hombre en soledad acaso prefiere un poema".
No podemos, en el breve espacio de una conferencia como
la presente, entrar en detalles acerca de .un plan general de
estudios en el que se buscaría una conciliación entre técnica
y cultivo humanista. Además, en pedagogía más que en otra
rama del saber humano, las generalizaciones son peligrosas,
dado por sentado que hay que tener en cuenta índole nacional,

�72

La Querella de las Humanidades

zonas culturales, psicología de los pueblos y una serie de pequeños detalles que alterarían el plan inicial de trabajo. Sin
embargo, creo yo que la sinceridad y la captación ecuánime
del problema, tal como lo hemos expuesto puede llevarnos a
esbozar dos o tres términos generales que deberán tenerse en
cuenta si es que se intenta una reforma o renovación o cambio de ruta en -este sentido.
Es cierto que la enseñanza de las lenguas clásicas no puede absorber el tiempo necesario para llegar a dominarlas en
toda su extensión; hay, hoy día, una tendencia sana, principalmente en los EE.UU., a pasar por alto el difícil aprend1zaje del griego y latín, para dedicar el poco tiempo que los
estudiantes tienen al estudio de las obras clásicas en traducciones hechas por expertos y, las más de las veces, por escritores de renombre. Dije antes que una de las causas . que
contribuyeron a la decadencia de los estudios humanísticos fue
esa especie de devaneo por los campos de la morfología y la
sintaxis; lo que interesa es que el hombre entre en contacto
con la producción de los grandes escritores clásicos, sea en
su idioma o en el propio de los estudiantes. Es cierto que un
grupo de privilegiados, y de inadaptados, para ser sincero,
seguirán estudiando griego y latín. Bien, serán esas minorías
selectas que siempre han conservado la esencia de la antigüedad en toda su pureza; pero no podemos exigir lo mismo de
todos los demás. Lo que interesa es que el futuro médico, el
ingeniero, el abogado haya pasado por una etapa de contacto
con los grandes espíritus que enseñan lo que es "humanidad".
Estos médicos, ingenieros, .abogados del futuro tendrán'. un
sentido trascendente del hombre y por lo menos, por lo menos,
se habrá conseguido que diferencien al hombre de las materias primas. No nos hagamos ilusiones ; el recorrido detallado
por las literaturas clásicas será un imposible, un sueño irrealizable. Los escritores, como Arnold B. 'foynbee, creen que una
enseñanza adecuada para el futuro consistirá en resumir, en
grandes murales, si así puede llamárselos, el estudio de las
culturas y extraer de ellas el legado humano que nos entregaron. A esto pueden responder ·esos magníficos manuales
"Los Legados" que están siendo publicados por la Universidad
de Oxford ... .
Quiero concluir esta breve exposición con las palabras del
humanista argentino Centurión:
"Si fue lamentable que con tanto empeño se orientara la
educación hacia un enciclopedismo mal comprendido, puesto
que su fin rio era el cúmulo de datos de las ciencias para

Juan Antonio Ayala

73

quedarse con ellos, sino que el datum se ordena~a al quaesi~um,
es alentador ver que por todas partes cristahz,a . en reah?ad
la idea de establecer un período de enseñanz~ bas1ca_ 9-ue tienda a la formación del homb:e más que a su,Ilustrac10n Y a~n
se procura asegurar ese periodo fundamentandolo ~n los clasicos. Es volver por los clásicos insistir en esta idea de la
formación de la juventud y lo hago con las de un yedagogo
que expresó su repulsión por la desoladora doctrma de la
enciclopedia y quería que su discípulo "tuvier~ un espíritu
expansivo, inteligente, apto para todo; que supiera hallar el
para qué de todo cuanto haga y el ~or ~ué _de todo _cuanto
crea. Mi objeto, añade, no es darle ciencia, smo e~senarle a
que la adquiera cuando la necesite, hacer que la estime en su
justo valor y que ame .la verdad sobre todas las cosa~. ~esultará un ser activo y pensador que posea pocos conoe1m1entos,
pero aquellos que tenga sean verdaderamente suyos y n~da
sepa a medias. Quien se encuentre en esta etapa a los 15 anos,
no ha perdido los anteriores y se ha preparado para el futuro
porque la ignorancia nunca hizo el mal Y. sólo el. err~r es
funesto • no nos extraviamos por no saber smo por 1magmarnos qu¡ sabemos". No es tiempo perdido el ?~dicado a la
formación de las facultades que han de adqumr y valorar
nuestros conocimientos.

Universidad &lt;le Nuevo León
Centro de Estudios Humanísticos
Monterrey, N. L.

�NOTICIAS

• La Facultad de Economía de la Universidad de Nuevo León está en condiciones de formar profesionales llamado!':
a ser factores fundamentales de la Patria del futuro, pues el
campo de esta carrera relativamente nueva ofrece perspectivas insospechadas para el País y para los mismos educandos.
• Lo anterior fue expresado ayer por la Señorita Consuelo Meyer, Directora del Plantel, destacada Economista que
es partidaria del régimen de libre empresa.
• La señorita Meyer es una inteligente profesional en
ciencias económicas, quien renunció a cátedras y puestos en
importantes Universidades extranjeras por fundar y dirigir
aquí la Facultad de Economía. ·
FUNDACION
• La Facultad de Economía es uno de los centros docentes de más reciente creación dentro del conjunto de Facultades y Escuelas de la Universidad de Nuevo León. Fue
fundada el 6 de septiembre de 1957 por acuerdo ·del H. Consejo Universitario, a iniciativa del C. Gobernador Constitucional del Estado, habiendo asistido a la declaratoria de
inauguración destacadas personalidades de los círculos académicos de Monterrey y de la ciudad de México.
• Las bases sobre las cuales se inició el funcionamiento
d.e la Facultad seguían fielmente los lineamientos e~tablecidos
por la Escuela Nacional de Economía de la Universidad
Nacional Autónoma ·de México, que también han prevalecido
en la creación del resto de las Escuelas de Economía existentes en el país.
NUEVAS BASES
• Como la experiencia obtenida durante cerca de treinta
años en dicha Escuela, así como los progresos hechos en años
recientes por la ciencia económica, especialmente en relación
-75-

�76

Noticias

con el estudio de las economías subdesarrolladas, señalaban
la conveniencia de modificar tales bases de funcionamiento,
con fecha 9 de mayo de 1958, el entonces Rector de la Universidad de Núevo León, Ing. Roberto Treviño González,
aprobó un plan de reorganización del funcionamiento de la
Facultad de Economía, presentado por la suscrita y formulado
con vistas a lograr un marcado mejoramiento de la enseñanza
universitaria del ramo en nuestro país.
• La Facultad cuenta actualmente con 45 alumnos
-todos ellos inscritos en el primer año-i divididos en dos
grupos: 15 estudiantes en la Escuela Piloto y 30 en la Escuela
Nocturna.
ESCUELA PILOTO

77

Noticias

de 6 a 9 p.m., ha continuado funcionando la Escuela ~?~turna, pero ahora conforme a un plan. dot~do de la flexibilidad
necesaria para que cada alumno se mscnba so~m_ente en _aquellas materias que pueda cursar con ~u.en exito, se?un. el
tiempo y el esfuerzo que esté en condiciones de dedicar al
estudio.
• Los alumnos que ingresaron este año a la Fa~ultad
fueron seleccionados entre un buen número de candidatos
por sus aptitudes para los estudios super_iores y su record. ~e
calificaciones en ciclos educativos anteriores. _Esta sele,cc~on
se ha considerado necesaria par~ ~levar el mvel_ ,academ2co
de la enseñanza y reducir el co-eficiente de ~eser?10n en anos
superiores, que tan costoso resulta a las umversidades.
MAESTROS COMPETENTES

• La Escuela Piloto, que funciona como escuela diurna,
fue creada con el afán de superar las dificultades que presenta en nuestro medio universitario la existencia de un cuerpo
estudiantil formado en gran parte por alumnos que sólo se
dedican marginalmente al estudio y tienen una ocupación ajena a las actividades académicas. Este problema se presenta en
forma particularmente aguda en las Escuelas de Economía a
diferencia de las de Medicina, por ejemplo, con lo que tácitamente se admite que los estudios respectivos son de tal
manera simples o superficiales, que basta dedicarles tres o
cuatro horas diarias para alcanzar la competencia profesional
necesaria. En contraste con esta situación, los alumnos inscritos en la Escuela Piloto tienen el compromiso de dedicar una
jornada completa de traoajo (42 horas semanales) a sus estudios, con exclusión de cualquier otra ocupación, sea o no sea
remunerada. A fin de facilitar la completa consagración al
estudio del mayor número posible de alumnos en esta Escuela, se ha establecido un sistema de becas financiado por empresas industriales y por otras instituciones regiomontanas.
Actualmente prestan su cooperación para el sostenimiento
de seis becas la Fundaeión Rotaria de Monterrey, A. C., Anderson, Clayton and Company, S .. A., Cementos Mexicanos, S.
A., Fábrica de Ladrillos Industriales y Refractarios HarbisonWalker Flir, S. A., y Mueblerías SyR, S. A.

• Por lo que toca a los profesores, la política de la
Facultad consiste en contratar maestros de tiempo con_ipleto
y de probada competencia, por lo menos ~ara impai:tir las
cátedras más importantes del Plan de Estudios, re?u~nendo a
maestros extranjeros cuand0 la esr,asez de especialistas nacionales cree esta necesidad. Actualmente, _est~n a cargo de
los cursos del primer año los profesores s1?mentes :. Economía, Srita. Consuelo Meyer L'Epée (Univers,1d_ad Nacional ~e
México y Universidad de Londres); Mate1;11aticas, Ii:g. Y. Licenciado en Matemáticas Eladio Sáenz Qmroga (Umversidad
de Nuevo León) ; Civilización Oontemporáne_a! Dr. Arthur ~Smith (Universidad de Chicag~); 9ontabihdad, ,Sr. Lms
Martínez Contreras, C.P. T. (Umversidad_ de N. Leon), ~ Inglés, Sr. Christian Smith (Colegio Amencano )_., Como dn·~ctores de esto~ C'urso~. &lt;'ncargados de la ela?oracion de los _vrogramas y la supervisión de la enseña~za, figuran, ~11: el m!smo
orden las SiO'uientes personas: Sr. Victor L. Urqmdi cu:mve:sidad 'de Lo~dres), Ing. Roberto Treviño Gonzále_z (U_mversidad de Nuevo León) , Dr. Richard M. Morse (Umve:sida~ de
Columbia), Sr. Ramón Cárdenas D., C. P .. T. (U~iversidad
Nacional de México) y Dres. Arthur F. Smith Y Richard M.
Morse. Al frente de este grupo de maestros se encue~tran el
Lic. Daniel Cosio Villegas, como Direc.tor Honoran?, Y la
Srita. Consuelo l\Ieyer, en calidad de Directora Interma.

HACER BIEN LAS COSAS

REFUERZO

• Con el objeto fundamental de no lesionar los intereses
de los alumnos que ya se encontraban inscritos en la Facultad
para el curso de 1957. 58, que se estableció con un horario

• La Facultad está haciendo gestiones tendientes a lograr que para el próximo año acad~mico el cuerp~ de pro~e◄
sores se vea reforzado con la presencia del Dr. Calvm P. Blair,

�actual Subdirector de la Escuela de Administración de Negocios de la Universidad de Texas, del Lic. Manuel Rodríguez
Cisneros, distinguido economista regiomontano, de un experto
de la Unesco en Matemáticas aplicadas a la Economía y de
un especialista en Geografía Económica. Además, a partir
de enero de 1960, se contará con la colaboración del Ing. Rafael Serna Treviño y del Lic. Romeo Madrigal, profesores de
Matemáticas de la Universidad de Nuevo León que en estos
momentos están siguiendo cursos especiales de Estadística
Económica y Financiera, con sede en Santiago de Chile, con
el fin de encargarse posteriormente del curso de Estadística
Económica. Con las becas concedidas a estos dos maestros
para hacer estudios de especialización en el extranjero se ha
iniciado una labor sistemática de preparación de profesores
nacionales para formar el cuerpo docente que quedará adscrito a la Facultad de una manera permanente.

'

cialista en su manejo, en el curso d~ Civilización Contemporánea, que desde vari~s pur1:tos de vista representa Ana v~liosa contribución al meJoramiento de nuestra educac1on umversitaria.

'

BIBLIOTECA

' '

• Se está haciendo un esfuerzo para dotar a la Facultad
de una Biblioteca capaz de dar un servicio .adec~ado a profesores y estudiantes y, con el tiempo, a los mvestigadores de
nuestros problemas económicos. Al efecto, no solam~nte se
está adquiriendo un acervo de obras fundam_en~ales, smo que
también se está preparando personal especializado . p~ra S':1
manejo. Conforme a este plan, el Direct?r. de la Biblioteca,
Lic. Ario Garza Mercado, se encuentra asi~tiendo actualmen~e
a un curso intensivo de inglés en el English Lang~age Inst1tute de la Universidad de Michigan, que lo capacitará para
seg~ir posteriormente cursos de Biblioteconomía para postgraduados en la Universida? de Texas, y se esper~ _que el Sr.
Miguel Montemayor Gonzalez, a~tualmente . a:ixi~~r de la
Biblioteca, siga más tarde esta misma especializac1on.

NUEVO PLAN
• Por lo que se refiere a la materia de la enseñanza, se
ha adoptado uu nuevo Plan de Estudios de cinco años de duración, que es probablemente el más adaptado al estudio de
las economías subdesarrolladas en vigor en una universidad
latinoamericana, y en el que el número de materias se reduce
a las verdaderamente fundamentales para la educación y formación profesional de nuestros economistas. De este modo se
espera lograr, no sólo una orientación más realista de la enseñanza, sino también una mayor concentración del esfuerzo de
los estudiantes en los tópicos de mayor importancia, de tal
manera que su preparación sea más adecuada. y máR sólida.
Como complemento obligado de las cátedras, el Plan de Estudios postula la necesidad de realizar trabajos prácticos,
principalmente en la forma de investigaciones directas que
pongan a los estudiantes en contacto con la realidad económica del país.
• Se ha procurado el mejoramiento de los métodos de
enseñanza, innovándolos en la m:edida necesaria. Así, se está
introduciendo gradualmente el empleo del método de debate,
el más idóneo para desarrollar en el alumno aptitudes para
el análisis crítico de los problemas económicos del país; en
cambio, se concederá progresivamente menor importancia al
método basado en largas series de conferencias, que sólo requieren del alumno la actitud pasiva del oyente. El método
de debate se está empleando ya, bajo la dirección de un espe-

70

Noticias

Noticias

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• Existen fundadas razones para creer que con la combinación de estos elementos, a saber: alumnos dedicados por
entero al estudio profesores de tiempo completo, plan de
estudios adecuad~, métodos de enseñanza eficaces y recursos
bibliográficos suficientes, los favorables _resultados
la reorganización de la Facultad de !1conom1a _elll:p~zaran. a ser
tangibles dentro de muy po~os a~os y constitmran ,motivo de
legítimo orgullo para la Umv~rs1dad de Nu~vo Leon Y beneficio no pequeño para el pa1s, que cont~ra con un mayor
número de economistas debidamente capacitados.

?e

.

.

.'

�LIBROS

David García Bacca, Elementos de Filosofía (Biblioteca de
Cultura Universitaria), Caracas, 1959.
Pocos hombres habrá en nuestros tiempos, tau universales en su cultivo anímico como Juan David García Bacca.
Una sed faústica le ha llevado a beber en todas las fuentes
de la ciencia. Renacentista por su vivo interés en la naturaleza y en el arte, es medieval por su hondísima preocupación
religiosa de transubstanciación, sin dejar de ser -en su temática y en ·su problemática- un hombre contemporáneo.
La completud de su preparación nos recuerda a la de Xavier
Zubiri. Ambos manejan, con admirable destreza, filosofía
y teología, ciencias y filología. Pero mientros Zubiri· -gran
pájaro mudo- apenas sí se ha resuelto a soltar un libro
---4decisivo, por cierto-, García Bacca ha publicado más de
una decena de libros dignos siempre de nota.
En España instaura la lógica matemática y la lógica de
las ciencias, con sus obras: "Introducción a la Lógica" e
"Introducción a la L6gica Moderna". Despierta el interés
por la axiomática, con puntos de vista originales, interpretando la lógica simbólica como un producto diversificado de
la forma apofánica clásica. El concepto de transfinitud -ente
matemático en el que las partes pueden tener tantos miembros como el todo- le sirve como instrumento para el filosofar que no es,., al fin de cuentas, sino un proceso de transfinitación. Pasar el límite de lo infinito en todos los planos,
transfinitar las cosas para divinizarlas, en cierto modo, es el
fundamento de toda finitud posible y el "leit motiv" de la
filosofía de García Bacca. La teoría de la relatividad es
expuesta, en síntesis brillante y feliz, por el maestro español
en su libro "Filosofía de las Ciencias". Su preparación filosófica -abierta y profunda- le sirve lo mismo para aplicar
el pensamiento de Heidegger a la lógica simbólica, que para
pensar ciertos conceptos y operaciones a.e la lógica moderna
a la luz de la gran tradición escolástica.
-81-

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Libros

Las traducciones y comentarios de García Bacca sobre
los presocráticos, sobre el poema de Parménides, en particular, sobre las Eneadas de Plotino, sobre los Diálogos de Platón y sobre la Poética de Aristóteles han sido -y siguen
siendo- instrumentos indispensables para la cátedra en nuestras facultades. Conoce, con la misma profundidad, tanto el
pensamiento de la antigüedad clásica, como la filosofía contemporánea en todas sus vertientes. Su erudición -nunca
indigesta- es verdaderamente pasmosa. Ahora trabaja, con
verdadera intensidad y entusiasmo, en su "Metafísica", que
al decir de quienes la conocen en parte, es una obra monumental. Presentimos que ese libro será su obra maestra. Sin
&lt;;ontar sus innumerables artículos, reseñas bibliográficas, traducciones y ponencias, Juan David García Bacca presenta una
envidiable producción: "La estructura lógico-genética de las
ciencias físicas", ( Tesis doctoral, Barcelona, (1935) ; , "Introducción a la lógica matemática" (Barcelona, 1934); "Essais
modernes pour le fondement des mathématiques" (Barcelona, 1934) ; "Filosofía de las ciencias: Teoría de la relatividad", (México, 1940); "Introducción a la lógica moderna",
(Barcelona, 1936) ; "Invitación a filosofar" (2 volúmenes:
"La forma del conocer filosófico", México 1940; y, "El conocimiento científico", México, 1942) . "Nueve grandes filósofos contemporáneos", ( Caras, 1947). Filosofía en metáforas
y parábolas, (México, 1945); "Introducción al filosofar" (Tucumán, 1939); "Tipos históricos del filosofar físico" (Tucuman, 1941). "Antología del pensamiento filosóficoo venezolano", ( Caracaas, 1945), "Elementos de Filosofía" ( Caracas,
1959) .
,
Hace unos cuantos días recibí un ejemplar del libro
"Elementos de filosofía" (Biblioteca de cultura universitaria,
Caracas 1959), con una amable dedicatoria de su autor, que
mucho me honra. Por venir de quien viene y por ser el libro
que es -y Dios me entiende y creo que muchos lectores también- lo guardo, desde ahora, dentro de mi biblioteca, como
una de las joyas de más sencilla belleza. El libro, escrito en
limpio castellano, puede ser leído por toda persona que aspire
"a ser culta en filosofía, sin imponerle la obligación de ser
estudiante o profesor de filosofía". Y la verdad es que para
alcanzar una concepción del mundo coherente y armónica,
que reduzca todos los especialismos a sus justas proporciones, se requiere la filosofía. Y se requier e, también para
que el espíritu adquiera su temple y su cohesión interna.
Sobre el analfabetismo filosófico nunca se ha edificado ninguna cultura superior. Un libro como el del Dr. García Bacca,

Libros

que ofrece los elementos indispensables de cultura filosófica
en exposición ajusta~a, sencilla, simple, exacta, no pued~
menos. de llenar una maplazable necesidad en nuestros pueb~os ~ispanolocuentes. Si "la cortesía del filósofo es la clar~dad , com? l? ha dicho Ortega con su acostumbrada elegancia, el_ breviario de Juan David García Bacca es un verdadero bbro de cortesía -entiéndase bien-, no de cortesanía.
Como la filosofía no es simplemente conocimiento sino
adem_ás amor: el autor del libro comentado estudia primero
lo~ diversos tipos. de amor hacia la sabiduría: 1). La filosofía
grieg~, _como amor a la contemplación; 2). La filosofía romana_ c~asica, como amor a la acción; 3) . La filosofía medieval
c:istia~a, como a~or_ a la sabiduría personal divina; 4). La
f~losof~a del Renacumento, como amor hacia sí mismo; 5). La
filosofia moderna, como amor a sí mismo, en cuanto ordenador del mundo de las apariencias; 6). La. filosofía contemporánea, como amor a sí mismo y amor a las cosas. Tras del
estudio_ hist~rico, el ~utor nos muestra la estructura interna
de la ~ilosofia, expomendo, en apretados y felices resúmenes
-sencillos, pero nada triviales, por cierto- la lógica ( clásic~
Y moderna o matemática), la ética y la moral la estética la
metafísica y la teología. El lector no iniciado' va penetra~do
gradualmente, con paso siempre seguro, en los problemas
más graves de la filosofía. Se advierte la enorme voluntad
de condensación y de claridad que el autor del breviario ha
tenido que realizar para exponer, por ejemplo, las operaciones básicas de la lógica matemática : unión copulativa, unión
alternati_v~, .unión por implicación y unión por equivalencia,
Y para miciar al profano en el cálculo proposicional. Pero
la síntesis mejor lograda es, quizá, la que García Bacca dedic~ al objeto propio de la metafísica, a sus vicisitudes históricas Y a la distinción nítida de los conceptos siguientes :
pre_o~tolog~a, ontolog~a, óntica, ontología fundamental y metafisica. 81 en otros libros del profesor García Bacca, el estilo
es bronco, chorreante de humanidad, con un irremediable
"pathos" hispánico y con una fresca y viril valentía navarra
e_n e~te b:eviario el español fluye manso, huµiilde, recatado'.
hmp10, eficaz. . . Vaya este comentario a manera de heraldo
que anuncia jubilosamentee una buena nueva: Juan David
García Ba~ca, filósofo "ex veritate" y amigo "ex corde" nos
regala con una exquisita cortesía filosófica hecha libro'.

Agustín Basave Fernández del Valle.

�84

Libros

Libros

Juan Rulfo, Pedro Páramo (Fondo de Cultura Económica, Colección "Letras Mexicanas", 2a edición), México, 1959.

l

El espíritu de la tierra deja oír sus voces ancestrales en
la novela "Pedro Páramo" de Jua~ Rulf?, (Fond~ ~: Cul~ura
Económica, Colección "Letras Me_xi?anas , 2a. edicion, 19;J9).
Obra que deja un rastro de pesimismo y amargura, es verdad pero obra ardiente y viva, aunque su argumento se
des~rrolle en una aldea desaparecida,' Comala, cuyos ~uros
guardan persistentemente los rumores. y las preocupacion~s
de sus antiguos lugareños. Sabe a cemza y a sangre de Mexico. El sentimiento de nuestro suelo y los afanes aldeanos
de un puñado de misérrimas criaturas que se agrupan . en
torno a la voluntad de un cacique: Pedro Páramo, han sido
transfundados por Juan Rulfo en una "poiesis" de la desolación.
Lenguaje austero, preciso, ajustado, tel~rico. . . Argumento de la tierra mexicana con todo su colo,~ido _Y. con t_od~
su alta temperatura. . . Personajes que son remmiscencias
de la sangre, "vivencias" de antepasados remotos, qu~ no
destruye el tiempo, y que retumban en nuestra alma, ar_rancándole gritos silenciosos. Se mata y se muere con la misma
familiaridad -biológica, instintiva- c?l'I:, que se_ suda Y se
duerme. Crueldad y fatalismo, superstic10n 1 piedad, mansedumbre y ambición, indiferencia y remordn:~nento ... Todo
ello visto por un escritor de casta, leal a la tierra, saturado
de esencias mexicanas.
Comala es una tierra desolada, agria. No . se dai~ las
uvas. Sólo crecen arrayanes y naranjos; naranJ0S ~grios Y
arrayanes agrios. A sus habitantes se les ha olvidado ,el
sabor de las cosas dulces. Las tierras, tal vez buenas, estan
en las manos de un solo hombre: Pedro Páramo. Después
de que mataron a Don Lucas Páramo, con . una bala que le
tocó de r ebote, Pedro Páramo arrasó pareJo! acabando_ con
los asistentes a la boda en la cual su padre 1ba a fungir de
padrino. Nunca quiso a uingu~~ mujer como a esa Susana,
que había conocido desde la nmez y que se la_ entregar_o1?como botín - tras de asesinar al padre- sufrida_ ,Y. qm~a
loca. Cuando murió Susana, Pedro Páramo le perd10 mteres
a todo . desalojó sus tierras y mandó quemar lo~ ensere_s. Se
pasó eÍ resto de sus años aplast~do en un eqmpal, m1rando
el camino por donde se la hahian llevado al camposanto;
Había esperado treinta años a que regresara Susana. Espero
a tenerlo todo. No solamente algo, sino todo lo que se puede

,

'

1

..

85

conseguir de modo que no les quedara ningún deseo, sólo
el suyo, el deseo de ella.
Pero Susana Sanjuan, metida
siempre en su cuarto, durmiendo, y cuando no, como si durmiera, pensaba en el mar. Al mar volvería siempre. -"Me
gusta bañarme en el mar'.- le dije". Pero él no lo comprende. "Y al otro día estaba otra vez en el mar, purificándome. Entregándome a sus olas". A Justina, su antigua
pilmama y confidente, le decía: ¿y qué crees que es la vida,
sino un pecado 1 Sólo creía en el infierno. Tenía la boca
llena de tierra. Sentía ganas de descansar. Al padre Rentería, que estaba a su lado, le entraron dudas. Tal vez él
no tenía nada de qué perdonarla. Quizá ella no tenía nada
de qué arrepentirse.
Mientras tanto habían aparecido los hombres encarabinados y terciados de carrilleras. Eran revolucionarios que
se habían levantado en armas porque otros lo habían hecho
también. "Y pos eso es todo". ¿Pero por qué lo han hecho ?,
preguntó P edro Páramo. "A.guárdenos tantito a que nos
lleguen instrucciones y entonces le averiguaremos la causa.
Por lo prónto ya estamos aquí". Atento al sentido de la
circunstancia, P _edro Páramo, oportunista siempre, pregunta:
"¿ Cuánto necesitan para hacer su revolución ? Tal vez yo
pueda ayudarlos". Y los ayuda, sobre todo con promesas,
y con un mínimo de bienes materiales para lograr un máximo de seguridad. En realidad, lo de afuera -el mundo con
todas sus revoluciones- le interesaba bien poco. Se había
olvidado del sueño y del tiempo. Estaba viejo y apenas sí
dormitaba. Lo único que le quedaba por hacer era pensar.
"Hace mucho tiempo que te fuiste, Susana. La luz era igual
entonces que ahora, no tan bermeja; pero era la misma pobre
luz sin lumbre, envuelta en el paño blanco de la neblina que
hay ahora. Era el mismo momento. Yo aquí, junto a la
puerta mirando el amanecer y mirando cuando te ibas, siguiendo el camino del cielo, por donde el cielo comenzaba
a abrirse en luces, alejándote, cada vez más desteñida entre
las sombras de la tierra". Subsumido en su mundo interior,
susurraba palabras que no tenían destinatario- en el contorno:
"Fue la última vez que te ví. Pasaste rozando con tu cuerpo
las ramas del paraíso que está en la vereda y te llevaste con
tu aire sus últimas hojas. Luego desapareciste. Te dije:
¡ Regresa, Susana!" Sentado en su equipal, como espectro,
evocaba a la suave Susana, restregada de luna su boca
bullonada, humeder.ida, irisada de estrellas; su cuerpo transparentándose en el agua de la noche. Se le perdían los ojos
mirándole. Lo demás, la tierra que tenía enfrente, era rui-

�Libros

86

nas y vacío. Sus ojos apenas se movían; saltaban de un
recuerdo a otro, desdibujando el presente. El calor caldeaba su cuerpo. Presentía su muerte. Se apoyó en los ~razos
de Damiana Cisneros, que le llamaba para comer, e hizo el
intPnto de caminar. "Después de unos cuantos pasos cayó.
suplicando po~ dentro; pero sin decir una sola palabra. Dio
un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como
si fuera un montón de piedras". .A.sí termina la novela con
su procPsión de fantasmas -Pedro Pár~mo, .A.bun?io, Juan
Preciado el padre Rentería, Susana SanJuan, Eduv1ges Dyada etc._:_ que adquieren mayor plenitud de vida que muchos
fa~tasmas que pasan a nuestro lado diariamente Y_ que vegetan en nuestra ciudad. Realismo y fantasía, realidades crudas de la vida diaria y evocaciones poéticas con sabor cósmico se entretejen en la ,,igorosa novela de Juan Rulfo. La
mue1'.te está siempre a un paso, cobijando la vida, cubriéndola
finalmente con su sombra y su silencio.
Agustín Basave Fernández del Valle.

Agustín Basave Fernáudez del Valle, Filosofía del hombre, México, Fondo de Cultura Económica, 1957, 320 páginas.
Con un prólogo de Michele Federico Sciacca.
El subtítulo de esta obra, Fundamentos de antroposofía

metafísica, intriga al lectoi: que, por cierto, no será defraudado. Se trata, en efecto, de un ensayo muy personal, en el
que el Sr. Basave, profesor mexicano de filosofía y de derecho
en la Universidad de Nuevo León (en Monterrey, la gran
ciudad del norte de México), nos expone brillantemente su
"integralismo metafísico antroposófico". Partiendo de la doc-trina aristotélica y tomista, pero también de la de San Agustín y de la "filosofía de los valores", el presidente de la "Sociedad de Filosofía de Monterrey", elabora una síntesiR antropológica muy original, empapada. a su vez de ontologismo
teológico y de axiología. "Mi propósito fundamental- escribe en su Introducción (p. 16)- ha sido el de ofrecer las
bases y las líneas directrices de up.a metafísica d~l ho~bre,

concebida como prolegómeno de toda f enomenologia existentiva. Abundan los análisis fenomenológicos-agudos y penetrantes- sobre el hombre, pero échase de menos una antroposofía metafísica que pueda servirles de fundamento y de guía.
No basta señalar el puesto del hombre en el universo; me-

Libros

87

nester ·es precisar su relación con la realidad última metafísica y buscar el sentido a su existencia". En el primer capítulo
expone, así, "El método en la filosofía del hombre", e insiste
en el estudio del hombre como un todo unitario que exige la
ayuda de la razón pura y también el contacto existencial de
la simpatía (Cfr. p. 31). Después, en el capítulo 2, se definen
las relaciones entre "Esencia y existencia" y en el capítulo 3,
la estructura de "la persona", concebida como "un ser camino", polarizada por la trascendencia y la esperanza. Los capítulos 4, 5 y 6 estudian, respectivamente, "El lugar del
hombre en el Universo", "Nuestra vida ( cuya clave es el
"humanismo . teocéntrico") y "El tiempo y nuestro tiempo"
( con la crisis mental de nuestra época) . .A. continuación siguen los dos capítulos más representativos de la obra, "Libertad y valor" y "La plenitud subsistencia}", donde el hombre
está presente como un "ser teotrópico", caracterizado, como
dice Zubiri, por su religación con Dios. El capítulo 9 está
consagrado a "La sociedad", dimensión indispensable del
hombre. Sigue un denso capítulo sobre "La Historia", donde
se confrontan, sucesivamente, las visiones de la Historia, del
hebraísmo, de los griegos, del cristianismo, del Renacimiento,
de Toynbee, para acabar con la enunciación de la doble ley
de las épocas de angustia y de esperanza. El tono se eleva
todavía más con el capítulo 11, "Meditatio Mortis", en el que
Lansberg, Ortega y .A.bbagnano se evocan, y sobre todo en el
capítulo 12 y último sobre la "Dimensión religiosa del hombre", cuyas páginas más bellas proponen una "óntica del amor"
centrada sobre el teísmo tradicional, pero enriquecida ·con los
aportes de la fenomenología. Citamos, para acabar, esta fórmula que resume la inspiración del Dr. Basave: "Nuestro
integralismo metafísico existencial explica los vaivenes de la
vida por la tensión entre el desamparo ontológico, que somos
por esencia, y la plenitud existentiva, que somos por la c,racia" (p. 125).
º

ALAIN GUY
Agustín Basave Fernández del Valle, Existencialistas y
existencialismo, Buenos Aires, Ed. .A.tlántida, Col. Oro, No.
159, 1958, 178 págs.
En su "Prólogo", el autor (profesor de Filosofía en la
Universidad de Nuevo León, en Monterrey y escritor filosófico de renombre) resume así sus propósitos: ".A.l estudiar a
los existencialistas, espero poner de manifiesto su íntima y

�88

Libros

profunda humanidad, pero también su demoledor trabajo en
eontra de la razón que, al fin y al cabo, es el fundamento del
hombre y la necesidad base de toda auténtica filosofía" (p. 7).
Es decir, que la obra -y esto nos causa alegría- no renuncia a la crítica. Después de una primera parte en que se
expone el "existencialismo" en su temática y en sus implicaciones (pp. 11-39), la segunda par~e examina ~ "los -~xistencialistas" a través de siete personalidades de onentac10n muy
distinta: Kierkegaard, Berdiaev, Heidegger, Jaspers, Gabriel
Marcel Nicolás Abbagnano ( el filósofo de Turín) y Sartre
(pp. 39-127). A continuación, la tercera parte está dedicada
al "Existencialismo religioso en lengua española", representado por Unamuno y Antonio Caso, el pensador mexicano
(pp. 127-159). Finalmente, en la cuarta parte, el Sr. Basave
emprende una interesante "Valorización del existencialismo",
y lo juzga según el criterio de u~ espiritualista ~atólic_o e~amorado de un racionalismo esencial (pp. 159-17:J). Fmahza
este volumen con un índice de nombres propios, del que
destacamos, por nuestra parte esta justa observación: "Por
razones que no es pertinente aducir aquí los filósofos de los
pueblos hispánicos han sido injustamente postergados por los
autores extranjeros o no han sido valorados como debieran .. .
Pero es hora ya de que nuestra voz se deje oír en otros pueblos y se le preste mayor atenci~n en los nuestros" (p. 6).

ALAIN GUY
Agustín Basave F'ernández del Valle, Filosofía del Quijote,
l\Iéxico, Espasa-Calpe, Col, Aústral, 1959, 280 páginas.
El autor ele este Íibro ha escrito ya numerosas y sustanciosas obras, tales como Miguel de Unamuno y Ortega y
Gasset Breve Historia de la Filosofía griega, Te01ía del
Estad~ La Filosofía de José Vasconcelos, Existencialistas y
'
existencialismo,
Filosofía del hombre, etc. Su obra más reciente Filosofía del Quijote, nos parece, sin embargo que
revela' lo mejor de su talento filosófieo y literario. Sin temor
de sus numerosos e ilustres predecesores, el joven profesor
de la Universidad de Xuevo León indaga en el contenido
filosófico de la inmortal noYela, a la sola luz de la filosofía
de los valores. Al contrario de David Rubio, que, sin razón
postula en El Quijote una investigación del cosmos y de los
objetos en sí mismos, Basave se interesa esencialmente en la
"antropología axiológica", la cual demuestra Cervantes en su
héroe, campeón del espíritu hispánico, cuyos requisitos serían;

Libros

1 1

89

"la palpitación de la individualidad concreta, la religiosidad
y la enérgica afirmación de los propios valores trádicionales,
el eticismo, el prestigio insobornable y avasallador de las
esencias populares, el sentido de jerarquía, la hermandad, el
idealismo fervoroso y el ansia de honra y de inmortalidad".
Este minucioso trabajo de investigación ( que evita deliberadamente el subjetivismo del comentario inolvidable de Unamuno), no está exento, de vez, en cuando, de un acento
apasionado; alimentado por una gran cultura ( que va de Américo Castro a Dostoievsky y Rimbaud), está igualmente lleno
de puntos de vista extremadamente auténticos en favor de
un cristianismo militante que escucha la llamada del héroe
y del santo ... Los quince capítulos de este bello libro analizan
extensamente el talante de Don Quijote ("portador del valor
de la caballería") y su consonancia con la mentalidad española, apasionada por la justicia y el ideal; se notará, en medio de esta amplia meditación cervantina, el importante capítulo 10 titulado "La filosofía de los valores y el Quijote"
(pp. 49-62) que da el tono al conjunto del libro ... Sería
necesario señalar también el interés de las páginas sobre la
muerte del buen hidalgo de la Mancha, sobre la realidad
aparente y la sub-realidad en el mundo quijotesco sobre la
fe sincera de Don Quijote, sobre la Vocación de S~ncho, sobre el problema de Dulcinea, en fiu, sobre el derecho y la
política en el Quijote. En resumen, una obra excelente, de
cuya próxima traducción francesa nos podremos felicitar.

ALAIN GUY

El Asedio y otros cuentos del joven puertorriqueño Emilio Diaz Valcárcel (1930) revela tanto una maestría de la
técnica del cuento moderno como una penetración en el mundo
interior de los seres frustrados y agobiados de mediados del
siglo veinte que co-existen con la sociedad conformista del
organization man.
·
El volumen consta de ocho cuentos, cinco de los cuales
están casi totalmente desarraigados de Puerto Rico. En éstos
sobresale el tema de la frustración sexual. Con una sensibilidad fina y sutil, Díaz Valcárcel presenta en "El asedio" los
pensamientos y sentimientos de una lesbiana que se siente
asediada por la felicidad de las personas normales. "La última sombra" cuenta el suicidio de una esposa que no quiso
cumplir con sus deberes matrimoniales. Al volver a la casa
de su madre, sufre desesperadamente por no haber sabido ser

�00

Libros

mujer. En "El sapo en el espejo," la aberración sexual se
basa más en· un fenómeno físico. El protagonista no puede
reconciliarse con la impotencia que le sobreviene como resultado de haber pcrtlido fas d&lt;,i&gt; piernas en la Guerra Coreana.
Los otros dos cuentos de tendencia universalista indican
otras causas de la infelicidad. En "Este no es mi nombre,"
un hijo ilegítimo reniega de la hipocresía de su madre beata
y caritativa mientras que en "La calle termian aquí," el protagonista se queja amargamente de su suerte. Atrop~llado
por el automóvil de un señor rico, protesta contra ~a soc1e_dad
porque per1ió su pleito y protesta contra su muJer. encmta
porque el vientre abultado no lleva una esperanza smo otro
peso insoportable.
Los cinco cuentos ya citados reflejan las nuevas tendencias de la prosa narrativa de toda Latinoamérica. A partir
del fin de la Segunda Guerra Mundial, los ~utores abando~an
los temas telúricos v cultivan con preferencia los temas psicológicos o filosófico~. Los autores puertorriqueños que pertenecen a la llamada generación de 1940 se encuentran en una
situación confusa. Cuentistas como René Marqués, Pedro Juan
Soto Emilio Dí:az Valcárcel y aún el muy criollista Abelardo
Díaz' Alfaro conocen la literatura contemporánea y se sienten
obli()'ados a estar al día con las corrientes más nuevas. Sin
emb~rgo, no pueden rechazar s~ responsabil~da~ en la formación de una conciencia nuertorr1queña, conc1enc1a que ha crecido intensamente a partir de 1940, después de que ya se había
escrito la mayoría de las obras criollas de los otros países de
Latin oaméri ea.
Dos cuentos d&lt;'l nuevo volumen de Díaz Valcárcel examinan el mismo mundo trágico, pero dentro de un a1'!lbiente más
puertorriqueño. "Las pálidas noches" prese~ta a un hom?!e
degenerado que vive explotando a una muJer y a su h1JO.
Traficante en drogas, obliga a la mujer a buscarle nuevos
clientes mediante la prostitución. El "chamaco" tiene que
rendirle. el dinero que recoge mendigando. A pesar del fondo
realista, lo que predomina en el cuento es la rea~ción )?sicológica de los tres protagonistas frente a esta situac10n. El
hombre se enorgullece de sus dos "maquinitas de hacel clavos"
(p. 75). La mujer no aguanta su función asq~~~osa y aca~ba
por sublevarse. El "chamaco" acepta su condlc101?-, a reganadientes pero anhela llegar a ser hombre para tamb1en ganarse
la vida disfrutando de una mujer. "La mente en blanco"
contiene la protesta social más acerba del libro. Salvador,
un hombre bueno, es "crucificado" por el destino, por la so-

91

ciedad y por un falso amigo. Su niña de un año y medio de
edad sufre de la tosferina y su mujer tiene tres meses de
estar encinta. Por mucho que él busque, no puede encontrar
trabajo. Una noche, el falso amigo asalta a un marino norteamericano y huye. Salvador, borracho y aturdido, trata de
ayudar al marino pero llegan los policías, lo derriban de un •
macanazo y se lo llevan en el yip.
"La muerte obligatoria," a pesar de su- título, es el único
cuento del volumen que no tiene un tono amargo y trágico.
Con marcado sabor borinqueño, se presenta el velorio de una
vieja que todavía no ha muerto. Su hijo, que hizo el viaje
desde Nueva York para asistir al velorio, se encarga de todos
los detalles y hasta mete a su madre en el ataúd. Así cumple
él con su deber y ya no tendrá que volver para el verdadero
velorio.
Aunque ''La muerte obligatoria" se distingue de los otros
cuentos por su costumbrismo y su humorismo, comparte con
ellos la técnica experimental inspirada por Joyce, Dos Passos
y Faulkner y cultivada también por los compatriotas del autor :
René Marqués y Pedro Juan Soto. En todos los cuentos, la
acción se observa desde los pensamientos de los personajes.
Por eso, siempre se presentan dos realidades la exterior y la
interior. "La calle termina aquí" y "Este no es mi nombre"
son puros monólogos. En los otros cuentos, el autor interviene
muy poco como narrador. "La última sombra" se distingue
estilísticamente por la yuxtaposición de palabras y frases
sueltas: la libre asociación. "Las pálidas noches" tiene una
estructura más complicada. El cuento se desarrolla a travrs
de tres puntos de vista y el nombre femenino (Mercedes) del
traficante en drogas desconcierta igual que el nombre masculino ( Quentin) de la protagonista de The Sound and the Fury
de William Faulkner.
La insistencia en el método experimental a veces da la
impresión de un ejercicio estilístico. La compenetración del
autor en los sentimientos ajenos se debilita un poco por la
artificialidad del estilo -en casi todos los cuentos.
.
Emilio Díaz Valcárcel, con sus cuentos sobre la Guerra
Coreana, se consagró como cuentista netamente puertorriqueño. Con el asedio y otros cuentos, atestigua sus conocimientos de la técnica moderna sin perder por completo su sinceridad. Ya demostrada su maestría técnica, le queda al joven
cuentista comprobar que no está dispuesto a sacrificar su
comprensión de los problemas humanos por un virtuosismo
estéril.
SEYMOUR MENTON

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Libros

Carlos Wyld Ospina, Los lares apagados, Editorial Universitaria, Guatemala, 1959.
Hac~ unos cuantos años que la Editorial Universitaria de
la "Universidad de San Carlos de Guatemala se dedica a la
valiosa empresa de publicar en lindas ediciones obras nacionales desconocidas o agotadas. El volumen número 23, Los
lares apagados, es una colección póstuma de cuentos de Carlos
Wyld Ospina (1891-1956). En la prosa narrativa, Wyld es
conocido por El solar de los Gonzagas, La tierra de las nahuyacas y La gringa. El nuevo tomo de siete cuentos no afecta
su reputación en absoluto. En Guatemala, Wyld fue uno de
los primeros autores que hilvanó argumentos novelescos alrededor de temas netamente criollos. Los lares apagados contiene una buena variedad a ese respecto: el indio cobanero
que quiere mejorar su posición social entrando en el mundo
de los ladinos, los cerdos antropófagos de un pueblito cerca
de Salamá y un matón de Quezaltenango. Otros cuentos
atestiguan la herencia naturalista y modernista del autor: la
regeneración de una prostituta mexicana, las desavenencias
matrimoniales de uua pareja quezalteca y las angustias voluptuosas de una monja antigüeña.
"Uno de los defectos principales de las obras de Wyld es
la desequilibrada construcción artística. Los tres cuentos
brews, "La nena Pérez," "El matón de Cojalá" y "La posesa,"
se distinguen por su gran unidad, pero los otros desconciertan
por sus cambios de rumbo inesperados o por su armazón artificial. Los mejores dos cuentos del tomo son "La apuesta" y
"La nena Pérez'' a causa de la identificación del autor con el
protagonista, que produce una sinceridad que no se halla en
los cuentos criollos. Aunque el autor salpica "Los lares apagados" de vocablos y frases enteras en kecchí, su estilo culto
con un sinfín de enclíticos no concuerda con la temática criolla.
Ko obstante, las obras de Carlos Wyld Ospina merecen mayor
difusión por su papel innovador en el movimiento criollista en
Guatemala que después había de producir las obras maestras
de Flavio Herrera, Miguel Angel Asturias y Mario Monteforte Toledo.

SEYMOUR MENTON

,,

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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1959, Segunda Época, Año 2, No 2, Abril-Junio </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Alejandro Ramírez</name>
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        <name>Inquisición</name>
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        <name>Juan Antonio Ayala</name>
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        <name>Juanita Soriano</name>
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        <name>Luis Horacio Durán</name>
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        <name>Víctor L. Urquidi</name>
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                    <text>Bevl■ta de la Valvenldad de Naev• IM■

Pierre Sipriot, Una. charla. sobre la. querella del latín
• Gustavo Correa, lit-"'"'"""lismo Religioso en la.
Poesía. de Federico ~~· - L rea • Horacio Salazar
Ortiz, En el templo

Fernández, Periquillo

el de la.s GaJlinera.s • C rl Clerc, Las litera.turas
de Suaa. • Serge P. Dar

1 Humanismo de Oiro
esencia del dolor en
r

tar de Garcilaso de
netos de Otoño •

o V., El dulce lamen-

ga. • Lydia Nogales, Solawomi

Mrozek, El Proceso

Noticias • Libros

JULIO / SEPTIEMBRE DE 1959

A~O 2 / Segunda Epoca

��REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Revista de la Universidad de Nuevo León

Año 2, No. 3

Rector:

Julio/ Septiembre de 1959

Segunda Epoca

ARQ. JOAQUIN A. MORA

SUMARIO
Secretario General:

LlC. ROQUE GONZALEZ SALAZAR

Pierre Sipriot, Una charla sobre la querella del latín______ 5

Departamento de Extensión Universitaria:

Gustavo Correa, El Simbolismo Religioso en la Poesía de
Federico García Lorca_________________________________ 19

LIC. ROGELIO VILLARREAL

Horacio Salazar Ortiz, En el templo _______________________ 31
Sergio F ernández, Periquillo el de las Gallineras ___________ 33

Director de la Revista:

LIC. JUAN ANTONIO AYALA

Charly Cl erc, Las literaturas de Suiza.:. ____________________ 39
Serge P. Darmon, El Humanismo de Oiro Alegría________ __ 45
Juanita Soriano, Presencia del dolor en cuatro sonetos____ 51
Roberto Bravo V., El dulce lamentar de Garcilaso de la
Vega-------------------------------------------------- 55
Lydia Nogales, Sonetos de·Otoño___________________________ 65
Slawomir Mrozek, El Proceso ________________________ __ ____ 69

(Registro en trámite)

Libros _________________________________________________ 83

PRECIO DE SUSCRIPCION
UN Al\1O ( cuatro números)

Noticias ______________________________________________ 73

Dirección

En México: Yeinte pesos

Washington y Colegio Civil

Otros países : Dos dólares

Monterrey, N. L., México

�Pierre Sipriot /

UNA CHARLA SOBRE LA QUERELLA

DEL LATIN

N ADA

iguala en dignidad a la lengua latina. Fue hablaba por el pueblo-rey que le imprimió el carácter de grandeza única en la historia del lengua;e humano y que, incfuso las
lenguas más perfectos, no han podido imitar. La palabra majestad es
latina; Grecia desconoció esta palabra y fue precisamente por la
majestad por lo que Grecia se sometió a Romo en lo que respecta
o las letras y a la posesión de lo tierra. Nacida paro mandar, esta
lengua impera aún en los libros escritos por los que lo hablaron. Es la
lengua de los conquistadores romanos y de los misioneros de lo
Iglesia romana. Todos estos hombres sólo se diferenciaban en el fin
y en los resultados de sus acciones. Poro los vrimeros, se trataba
de avasallar, de humillar, de dominar al género humano; los segundos
venían o iluminarlo, equilibrarlo y salvarlo; pero siempre se trotaba
de vencer y conquistar y, por ambos lodos, siempre hoce su aparición
el poder
... Ultra Saromontos et Indos
Proferet lmperium . ..
Trajano, que fue lo última manifestación del poderío romano, no
pudo, sin embargo, llevar su lengua más allá del Eufrates. El Pontífice romano lo hizo extenderse hasta los Indios, Chino y Japón.
Esto es lo lengua de lo civilización. Mezclado con lo lengua de
nuestros podres, los bárbaros, supo refinar, suavizar ,y, por así decirlo,
espiritualizar esos idiomas informes que han llegado o ser lo que son.
Armados con esto lengua, los enviados del Pontífice romano fueron
en busco de los pueblos que no querían acercarse. Los que lo oyeron
hablar el día de su bautismo, después no lo olvidaron. Se puede
echar J)no mirado a un globo terráqueo y trazar uno líneo que pose
por donde esta lengua universal no se habló : ahí están los límites de la
civilización y de lo fraternidad europeo; más allá de eso línea sólo
se encuentra de común el parecido humano que, afortunadamente,

�Una Charla sobre la Querella del Latín

6

está en todas. partes. El distintivo de Europa es /a lengua latina. Las
medallas, /as monedas, los trofeos, /as tumbas, /os anales primitiv~s,
/as leyes, los cánones, todos /os monu'?entos nos hablan?en l~t,n,
¿es necesario hacerlos desaparecer o no intentar entenderlos. El s1~!º
pasado atacó todo lo más sagrado y digno de respeto y tamb,en
declaró la guerra al latín. Los franceses, que siempre dieron e/ tono,
se olvidaron de esta lengua casi por completo; se olvidaron de sí
mismos hasta e/ punto de hacerlo desaparecer de las monedas Y
daba Ía impresión de que no se daban cuenta de que era un delito
cometido, simultáneamente, contra e/ buen sentido europeo, contra el
gusto y contra la religión. Los mismos ingleses, tan sabiamente obstinados en sus tradiciones, comenzaron a imitar a Francia-lo que /es
ocurre más a menudo de lo que ellos mismos creen Y, si no me equivoco nunca lo creen; contemplad los pedestales de sus estatuas modern~s: ya no existe en e/las e/ gusto severo del que grabó /os epitafios de Newton y de Christopheweren! En lugar del noble leconismo
latino se pueden /eer /as historias narradas en una lengua ·vulgar.
El mármol condenado a charlar, llora por la lengua que antes lo
poseía con un bello estilo, que tenía e/ nombre más alto entre todos
los estilos y que desde la piedra se entregaba a la memoria de todos

los hombres.
En fin, una lengua mudable no conviene a una religión inmutable.
El movimiento natural de las cosas ataca constantemente a las lenguas
vivas; y sin hablar de los grandes cambios que las hace casi cambiar
de naturaleza, existen otros que no parecen importantes, pero que
sí /o son. La corrupción del siglo se apodera todos los días de ciertas
palabras y las gasta como para divertirse. Si la Iglesia hablara nuestra lengua, quizá, con cierto bello espíritu de descaro, daría a la
palabra más sagrada de toda la liturgia un sentido ridículo o indecente. Por encima de todas las conveniencias imaginables, la lengua
religiosa debe estar fuera del dominio del hombre.
Joseph de Maistre, Du Pape, liv. /, c. XX.

PIERRE SIPRIOT.- El humanismo, las humanidades,
estas palabras nos remiten a la herencia greco-lati1;1a, tal ?orno
lo acaba de recapitular el texto !le J oseph de l\Ia1stre, citado
más arriba. Estas líneas limitan la cuestión y nos ponen
ante la escuela y la universidad.
Se debe enseñar el latín. dice en resumen J osevh de
Maistre, porque es la lengua de la civilización cristiana, la
lengua universal de los sabios y la lengua del orden rol?ano,
de la patria universal que une a todos l_os hoJ.?br~s baJo un
oobierno intemporal, impersonal, un gobierno msp1rado por~ue se confunde con el movimiento de los mundos.

Pierre Sipriot

l

•

7

Aprender el latín, es aprender la esencia de las cosas, al
menos, la esencia de los cosas humanas; así como aprender
griego es un toque del milagro griego. He aquí la orientación del problema tal como ha estado sólidamente afirmada
hasta que las humanidades llamadas modernas han puesto
en duda esta forma especial de cultura. .. Esta ruptura se
produjo en el siglo XVIII, porque, repentinamente, se opuso
a la cultura mediterránea, tradicional, vuelta hacia el pasado,
hacia la herencia greco-latina, la cultura cosmopolita que
domina todas las lenguas vivas; los sabios escribieron en su
lengua patria y no en latín y la misma ciencia se democratizó
al interesarse en todas las invenciones técnicas; además la
Iglesia que condenó a Galileo e hizo de Descartes un hombre
prudente, es el adversario del desenvolvimiento de las ciencias y, al mismo tiempo, las lenguas vivas expresar toda esa
cultura que aunque se llame enciclopédica, no puede enseñarlo todo y debe escoger entre lo vivo y lo muerto.
A partir de aquel momento, en una civilización que quería
liberarse y partir de una base completamente nueva, la cultura antigua representó el peso· de la memoria, representada
por algunos literatos y universitarios que hacen alarde de
poseer una lengua muy hermosa. Cabezas demasiado llenas
contra las que sólo hay un remedio: el olvido que asegura la
libertad del espíritu para la nueva libertad que se crea esa
cultura que nace junto a nosotros, en lugar de ser algo' que
nos viniera del pasado.
No es difícil argumentar diciendo que el espíritu no es
un ser momentaneo, que vive al día. La cultura, como el arte,
está hecha de vueltas, de constantes reencuentros. El hombre que quiere ser moderno está presto a recibir toda clase
de influencias y, por lo tanto es un ser vulnerable; para
compensar esa fragilidad, debe volver hacia las fuentes estudiar los textos antiguos, estudiar todo en sus orígene~, si
es que quiere hallar un equilibrio mental, pues está demasiado aturdido por el relativismo intelectual.
Es evidente que el método que obliga al niño a recorrer
todas las etapas del aprendizaje se puede defender con suma
facilidad; se encuentra su fundamento en las leyes mismas
de la biología donde se sabe que la deformación del individuo sigue a las fases de la historia de la especie. Alain decía
que la física se aprende en los planos inclinados de Galileo
o en las esferas de Lagdebourg, más que en los experimentos
físicos resultantes de la física de Einstein o de Luis de Broglie. Se puede decir lo mismo de las lenguas, pero para que

�8

Una Charla sobre la Querella del Latín
Pierre Sipriot

este r etorno a las humanidades sea fecundo no debe consistir
en un ejercicio de la memoria, es una repetición sombría de
las reglas sintácticas.

'

He aquí en líneas generales los puntos de la polémica
que Jean Guehenno ha tenido el valor_ de provocar e~ u1;
libro reciente y en cuatro artículos publicados por Le F1garo
en 1953. EntÓnces, estos artículos provocaron vivas reacciones reacciones por otra parte injustas; la compresión de
sus' puntos de vista, las contradicciones de1~un~i~das en nuestros métodos de enseñar, demandan una Justicia mayor.
Quisiéramos abrir de nuevo esta po!émica concedit'ndo
]a palabra a Jean Guehenno y a F ernard Robert, profes~r de
la Sorbona, quien ha escrito una obra sobre el humamsmo.
No esperaremos que esta plática vaya a solucionar el problema· vivimos un nuevo Renacimiento y ya se sabe que los
"renadimien'tos" dan lugar a muchas contradicciones, porque en ellos aparecen nuevas síntesis culturales, cuya solución es difícil. ..
No pretendemos, pues, encontrar una solución, pero ~í
intentaremos buscar una solución intelectual. Es necesario
no olvidarse que en este momento muchos oyentes se estarán
preguntando interiormente: "Mi hijo, mi hija &amp;tendrán que
estudiar latín y griego? ¿No será un tiempo totalmente perdido ? ¿ O una cultura completamente desinteresada hará de
ellos unos seres aislados de los demás, capaces de sustraerse
al mundo del trabajo y de la técnica en que vivimos?"
He aquí algunas preguntas. Quisiera que nos diera su
opinión, en líneas generales, el mismo J ean Guehenno.
JEAN GUEHENNO.- Yo, por el momento, no respondería más que a la última pregunta: "¿ Tiene mi hijo que
estudiar griego y latín?". Habría que distinguir, se¡:rnramente, entre el griego y el latín. He aquí un problema que
por desgracia me ha sido planteado muchas veces y todos
esperan que yo r esponda: no, por los artículos que escribí
hace ya algunos años. En realidad, estoy confuso.
Lo primero que tengo que decir es que la enseñanza, en
Francia, está actualmente regulada de tal forma y que pesan
sobre ella tales prejuicios, que yo estimo necesario responder
a cualquier padre de familia que me pregunte: "Si su hijo
puede estudiar latín, que lo estudie, pero sólo desde el sexto
grado", porque nuestro sistema de enseñanza está organizado

9

de tal forma, nuestros prejuicios son de tal categoría que,
sistemáticamente, se relega a las clases de lenguas modernas
a los alumnos sospechosos de medianía.

.-

P.S.- Sí, los malos estudiantes van a la sección de lenguas modernas; por desgracia así se ha disfrazado aquella antigua práctica de prohibir a los hijos de los proletarios el
acceso a las clases de literatura. Por eso usted escribió y
con razón que "las humanidades no eran humanitarias".
J . G.- Exactamente. Y por eso creo que es muy peligroso decir o aconsejar a un padre de familia: "Ponga a su
hijo en la sección de lenguas modernas", pues se expone a
hacer vivir a su hijo en un medio escolar donde la emulación
no tiene lugar.
Ante esta situación, afirmo: "Si puede su hijo estudiar
latín, que lo estudie". Si, según mi opinión la universidad
fuera lo que debiera ser, entonces yo daría una respuesta
completamente distinta.
FERNAND ROBERT.- He notado que usted, a pesar
de todo, aconsejaría a cualquier padre de familia que envíe
a su hijo a la sección de letras clásicas; posiblemente será
porque según usted el medio intelectual que pueda encontrar en ella será mucho mejor para su desenvolvimiento intelectual que el de la sección de letras modernas.
J. G.- Precisamente es mucho más favorable por los prejuicios, puesto que hay una tradición que pesa mucho, sobre
todo en la universidad.
F. R.- iPero cree usted que actualmente esta diferencia tiene razones sociales o de fortuna?
J.G.- Es verdad. El estudio del latín es v lo ha sido
durante mucho tiempo una patente de burguesía.
0

J. G.- Sin embargo en estos dos años han cambiado
muchas cosas y me alegro de haber publicado mis artículos.
F. R.- Sería útil que M. Guehenno nos indicara su concepción de una enseñanza en la cual un muchacho bien dotado no tuviera necesidad de estudiar latín.
J. G.- Bien, yo le obligaría a que en todo el primer
ciclo sólo estudiara francés y matemáticas.
F.R- Dice usted francés y matemáticas, como Alain
dijo, imitando a Napoleón, latín y matemáticas.

�Pierre Sipriot

Una Charla sobre la Querella del Latín

P. S.- Pero, en cierta medida, siempre se piensa en otros
tiempos, en la enseñanza tradicional, cuando se decía ~u~ el
estudio del latín preparaba directamente para el conocimiento del francés, más puro, más estilizado y mejor construido.
J. G.- l\Ie obliga usted a confesar que no quiero que se
sospeche de mí. Se me atribuye, en este asunto, una posición
que no es exactamenta la mía. Yo he aprendido completamente solo el latín lo mismo que el griego. Esto, supone cierta pasión. Que después de esta declaración no se diga que
yo no estimo el latín ni el griego. Muchas veces lo leo hasta
en el tren, como decía Valery cuando afirmaba que el latín
estaba dos ,,eces muerto. Creo que comenzaría a creer en el
latín si me lo viera leer en el tren, aunque él creía que jamás
ocurriría.

F. R.- Usted dice que el latín esta muerto, dos veces
muerto. Xo, no está tan muerto porque usted. un humanista
como usted, se ha interesado por el latín y el griego. Y lo
ha hecho con pasión.

J.G.- Precisamente, lo que yo quiero salvar es esa pasión.
F. R.- Esto que usted quiere no se podría entender si
él estuviera totalmente muerto. Muchos de mis estudiantes
-lo he comprendido con mucha frecuencia- que han recibido una educación en letras modernas y que a continuación
se han decidida por los estudios literarios clásicos -por una
razón o por otra- han empr:endido -tarde el estudio del latín
o del griego, pero lo han hecho con éxito y, en muchas ocasiones, con rapidez y brillantemente. De este grupo es de
donde salen los futuros profesores. Una de las preguntas
que se hacen sobre mantener o suspender en nuestros estudios secundarios las humanidades clásicas, el latín y el griego
-les ruego me perdonen que haya mencionado el griego,
porque yo soy helenista y son las humanidades clásicas, Pn
su conjunto, lo que yo quiero defender esta tarde- una de
las preguntas que se hacen, repito, es ésta: si las humanidades sobreviven -y estoy persuadido de que sobreviviránno es necesario que así sea por el trabajo de los especialistas.
Suprimiríamos uno de los rasgos esenciales de la civilización
francesa, y aun de la civilización occidental, si el hecho de
estudiar el ·1atín y el griego entrañara e implicara inmediata
e irrevocablemente una especialización en los estudios superiores de letras y no presentara otra salida que la de perfeccionarse en letras y en gramática.

f

•

11

Si el latín y Pl griego llegan a sobrevivir dentro de la
civilización francesa, es preciso que sea en beneficio de los
futuros ingenieros, matemáticos, de los hombres que estudien
todas las demás carreras que no sean de letras y que recibirán de los estudios humanísticos todos los beneficios que todo
hombre puede sacar de estos estudios.

J. G.- Hay muchos puntos sobre los que estoy completamente de acuerdo con usted, como lo va a ver enseguida.
Yo creo que usted tiene estudiantes que comienzan a estudiar
griego y latín después de los dieciocho años y que lo aprenden mu:y bien. Esta es la orientación que yo propugno y
que defiendo. Compruebo que el latín está muerto; muerto
en sus mismos métodos de enseñanza. ¿Por qué? Pues porque se enseña con el espíritu del especialista. Y esto es lo que
me aterroriza, que las humanidades hayan llegado a ser como
una especie de técnica.
F. R.- Precisamente, ese carácter de especialización se
agrava cuando el latín y el griego cae en manos de gentes
que lo estudiaron tarde y que lo han de convertir en una
especie de oficio.

· J. G.- Por mi parte, compruebo que los que saben el
latín como lo sabían Diderot y Voltaire, recibirán su certificado de suficiencia de la Sorbona. Esto, señores, es muy grave. El latín es algo que pertenece a la cultura y nada tiene
que ver con la lingüística ni con la filología.
P. S.- Ésta es precisamente la síntesis de la enseñanza
que usted estudiaba; de una ~nseñanza que está integrada de
elementos completamente aleJados unos de otros, disociados.
J. G.- ¡ Qué razón tiene usted ! Pero lo incomprensible
es que sea precisamente la enseñanza misma de las humanidades, tal como se practica técnicamente en los liceos, la que
provoque esa tendencia hacia la ·especialización. No se estudia el latín para saberlo. Se dice claramente que no se trata
de aprender el latín para saberlo; se aprende el latín, dicen,
por su maravillosa disciplina intelectual; se sobreentiende, se
llega a admitir de antemano, que el latín no se aprendrrá,
que es imposible aprender!o y saberlo; pero añaden, ¡ qné
ocasión tan buena para estudiar la gramática! Esto es cierto
con toda certeza. El valor cultural de esta enseñanza se ha
p€rdido por completo. Por eso yo, personalmente, protesto;
amo demasiado todas estas cosas para aceptar que se envilezcan así. Y por esto me angustio cuando veo lo que se
hace y se está haciendo con el latín y, casi, con todas las len-

�12

Pierre Sipriot

l:na Charla sobre la Querella del Latín

guas antiguas: estudiarlas tarde. He comprendido, como lo
comprobaba Diderot en 1772, que la mayor parte de la gente
que estudia latín no llega ni llegará jamás a dominarlo.
P. S.- Si nos remontamos hacia los tiempos lejanos de
la Historia, a la época de las grandes invasiones, podremos
comprobar que cuando los bárbaros tuvieron su primer contacto con las humanidades, sabían muy poco latín, pero escribían un latín mucho más correcto que los pueblos de la Romania, que ya estaban hablando "patois".
J. G.- Diderot y Voltaire sabían latín.

..

13

F. R.- Pero, t no cree usted que ese proceso y ese método debe aplicarse también a otras materias Y ¿No es cierto
que existe una gran cantidad de materias en las cuales la
enseñanza no rinde lo que rendía hace algunos años ?
J. G.- Es posible que el rendimiento sea insuficiente
y muy bajo.
F. R.- Usted enjuicia exclusivamente el latín, pero hay
otras disciplinas en las cuales también se puede comprobar
una gran decadencia.

F. R.- Lo habían aprendido según un método que exigía determinados sacrificios que hoy no es posible exigir en
las clases y que si un profesor se decidiera a exigirlos, se le
impediría por todos los medios posible.

Los profes ores no pueden llevar a la práctica los ejercicios necesarios que son indispensables para el máximo rendimiento en la enseñanza porque quizá la enseñanza es el
oficio que hoy pide más sacrificios...

J. G.- La traducción es un ejercicio que ya no se practfoa. en las clases de latín. Unicamente se estudia gramática,
y se estudian penosamente algunas líneas de latín palabra por
palabra; los profesores gozan al encontrar dificultades gramaticales y gozan al explicarlas y las vuelven a explicar una
y otra vez. Se ha renunciado por completo a traducir que
era el trabajo más importante del latinista en el siglo XVIII.
Remito al libro Traité des Etudes de Rollin, que es un libro
que todos deberíamos leer. Yo hablo apasionadamente de estas cosas por el cariño que hacia ellas siento.

J. G.- No, no es el oficio que requiera más sacrificios.
Un profesor titular de liceo tiene todo orientado hacia el
latín; el latín continua siendo - y este es el erorr- el latín
continua siendo en los liceos la base de todo el horario· se
comprende que hay que asegurar la continuidad de la e~señanza del latín durante seis años; todo lo demás vegeta y
gira alrededor del latín.

¿ Cómo se enseñaba el latín en el siglo XVIIH Rollin

recomendaba, por ejempld, el siguiente ejercicio: encargaba
a sus alumnos una traducción de Plinio el Joven; les daba
una traducción elemental y les decía: "Ahora trabajad durante dos horas en este trozo de tal forma que encontréis en
francés las formas adecuadas de expresión y tan brillantes,
tan notables como son las formas latinas ante las cuales estáis
y buscad pacientemente el pensamiento y el contenido de la,s
mismas ... " Así es como se llegaba a ser Voltaire.
F. R.- Esos ejercicios no están hoy prohibidos en forma
alguna.
J. G.-Y o no digo que estén prohibidos, sino que ya no
se practican.

Además, mis opiniones sobre esto son opiniones extraídas
de la realidad, de los hechos que yo tengo constantemente
ante mi vista. Y o he sido profesor suplente de retórica toda
mi vida.

Es cierto que se han disminuido las horas de latín, pero
no en tales proporciones que explique la baja extraordinaria...
F. R.- Esto puede muy bien ser una explicaciói1.. .
Los horarios son los mismos que cuando yo hice mis estudios de secundaria, pero han sido sensiblemente disminuidos
en cuanto al contenido y además los alumnos tienen otras
materias.
J. G.- Ese es todo el problema.
F. R.- Hemos llegado al punto del problema que según
yo creo es el más imporºtante.
J. G.- He aquí lo que nos interesa : t, por qué han llegado
a ser tan flojos los estudios del latín ? Yo creo que por
razon técnicas. Creo que se ha cometido un error al enseñar
el latín más como una técnica que como humanidades: el
valor cultural está considerablemente disminuido. Pero no
creo que est~ sea la razón principal. Yo más bien afirmaría
que esta enseñanza técnica, esta especie de enseñanza técnica
gramatical y sólo gramatical, es uu resultado . .. Quizá no se
pueda hacer otra cosa y esto es lo grave; posiblemente, los

�14

Pierre Sipriot

l.:'na Charla sobre la Querella del Latín

profesores no pueden hacer otra cosa, no tienen tiempo. Los
alumnos son tan débiles -lo saben los maestros- y además
tienen otras ocupaciones.
Puedo resumir y con,cretar mi posición sencillamente : creo
que es inconcebible que actualmente, en 1958, el latín sea un
criterio de inteligencia. ¡ En ese punto estamos todavía! Se
sobreentiende que un alumno inteligente tiene que estudiar
latín y que otro que no es inteligente no debe estudíar latín.
Y o creo que el latín es un criterio de inteligencia como lo
puede ser cualquiera otra disciplina.
.Aquí es donde ya no estoy de acuerdo. Comprendo muy
bien que en el siglo XVII o XVIII, cuando el latín a la vez
era un medio de enseñanza y un instrumento del pensamiento
(puesto que se hablaba y se escribía en latín), comprendo
muy bien que en ese tiempo se le haya podido considerar
como un criterio de inteligencia; aun hombres como Ronsard,
como du Bellay no estaban completamente de acuerdo, porque entonces las cosas se decían con una elocuencia admirable, sobre todo desde 1550. Estas mismas cosas fueron repetidas por Diderot y Voltaire en el siglo XVIII y ahora lo
vuelvo a preguntar yo, porque compruebo que el latín no
puede ser un criterio de inteligencia. Y lo digo porque amo
el latín, lo he amado con tal pasión que lo estudie por cu~nta
propia y porque, además, no quiero que se pierda. Yo qmero
que el latín se enseñe para que los alumnos lo aprendan, para
que las gentes lo aprendan y lo sepan verdaderamente.
Y compruebo que ya no se sabe latín; oero quiero que
la cultura latina, que el estudio mismo del latín sea una cosa
tan seria que los que deseen aprenderlo, aunque sea tarde,
a partir del segundo ciclo de la secundaria, lo estudien de
veras y acaben por saberlo.
F. R.- Pero yo sigo pensando que el ensayo del latín
puede ser un buen medio -no digo el único, pero sí un buen
medio para saber si un niño es capaz de hacer estudios más
difíciles.
J. G.- Sobre ese punto, que sea un criterio, "uno" de
los criterios....
F. R.- Y puede ser uno de los buenos. Hay ciertos criterios que se han empleado y que se parecen un poco a la
brujería. Este, el del latín, es ya tradicional y experimentado.
J. G.- Pero y ¿ si ésta es una tradición muerta ?

15

F. R.- Una vez más, puesto que usted mismo es latinista: no es una tradición muerta.
f

.,

J.G.- Sí, pero corno usted comprende, aquí no estamos
tratando de los profesores.

.-

F. G.- Bien, de toda esta conversación lo que yo he sacado es que se está perdiendo el latín porque se ha vuelto
demasiado técnico y encuentro que esto está en contradicción con.. .
J. G.- Y o no he estudiado el latín ni el griego como
una técnica y además nunca me he puesto a enseñarlo .
F. R.- Pero no es necesarío que sea una técnica.

,J. G.- Yo jamás lo he enseñado como una técnica. Yo
no soy quien ha creado esa técnica y a esto se ha r educido
toda la enseñanza superior y toda la secundaria.
F. R.- ¡ Señor Inspector General!
J. G.- Cuando usted toca un cadáver comprueba, y todos lo podemos hacer, que está muerto; muerto por vez primera y última y además muerto definitivamente. Esto es un
hecho, nada más que un hecho. Pero hombres como Joachim
du Bellay, como Ronsard, como Voltaire, como Diderot resucitaron este muerto y sólo pensaban en resucitarlo. ¡ Ellos
no iban en busca de formas especialmente raras de la gramática o de la sintaxis! Estaban interesados en descubrir cuándo
el sentido expresaba precisamente la plenitud del sentido, si
es que me puedo expresar así. ¿Es que un hombre como du
Bellay iba a ir a buscar en el De Oratore lo que podía encontrar en todos los libros? ¿ Qué era lo que buscaba 1 ¿Las palabras latinas o griegas ? Deseaba con todo su corazón (lo
dice en el segundo capítulo del libro que he mencionado) que
no se fuera a buscar palabras sino que se pudiera traducir
de tal forma que en esos t~xtos se aprendiera la mejor forma
de pensar.
Y esto, no era darse de golpe contra este o aquel detalle
del texto.
F. R.- Pero precisamente para encontrar en los textos
la fuerza del sentido, es por lo que queremos que los estudios clásicos, los estudios humanísticos, sean un aprendizaje
del arte de leer; en esto consisten en definitiva nuestros estudios literarios. Y querernos que los estudiantes aprendan
a leer a través de los ejercicios fundamentales del latín y
del griego.

�Pierre Sipriot
16

Una Charla sobre la Que1·ella clel Latín

J. G.- Pero yo creo y esto . ..
F. R.- Y ese es el objetivo de muchos profesores. Y es
que, además, usted no cree que una de las grandes razones
por las cuales la enseñanza no puede producir el efecto que
producía antes, es que los profesores tienen que atender a
clases mucho más numerosas y que estos ejercicios son. ..
J. G.- ... para salvar a las humanidades, según decían
los hombres que cité hace poco y entre ellos a du Bellay:
no es preciso atenerse a la letra de las cosas; no es preciso
atenerse a la letra del griego, sino echar mano de las traducciones en todo lo posible. Y o no quiero que mueran las humanidades. Nadie como yo cree en que la humanidad, la cultura están hechas de grandes referencias, nadie conoce como
yo las constantes del pensamiento. Un hombre de cultura
tradicional como yo está constantemente preparado, muy preparado, para captar esas referencias.
1

•

F.R.- Pero ¿ está usted completamente preparado para
renunciar a las ventajas que tiene la traducción en la formación del espíritu ? Porque esto es importantísimo y de
esto, según creo, puede resultar que el espíritu se abra, que
es uno de los aspectos esenciales de la cultura.
J. G.- Nunca he pensado en eliminar tal medio de trabajo, tal instrumento de cultura. Y es tan cierto que yo mismo me he quejado de que ya no se traduce. Yo quisiera que
se tradujera, pero ya no se traduce. Pero añado que no creo
que sea el único medio de formar el espíritu. Es más, me atrevo
a decir que traducir del alemán, del ruso, del inglés, del español, traducir cualquier lengua moderna, es estar dentro del
campo de las humanidades que también tienen sus grandes
mitos y sus grandes fábulas. Es muy útil conocer el mito de
Edipo, pero afirmo que el mito de Fausto tiene tanta importancia, como la tiene el de Hamlet. Y, además, que es muy
útil haber leído Los hermanos Karamazov, Crimen y Castigo
y El Idiota, mucho más útil que haber leído las malas novelas
griegas que se han conservado.
F. R.- Es cierto (pero nadie ha hecho leer en clase de
secundaria las malas novelas griegas).
J. G.- En fin, con otras palabras, yo creo que usted se
propone, y esto a fines de 1958, ( como inducido por unos
hombres de los que los verdaderos griegos y latinos se reirían ) enseñar a un niño en 1958 muchas cosas para señalarle
su destino y prepararle para la libertad. Esto no lo tenían
que hacer en el siglo I antes de Cristo.

..

17

F. R.- Usted está tratando de oponer cosas que se complementan y cuyo efecto no es el mismo. El estudio de las
civilizaciones extranjeras destaca las diferencias humanas, lo
que cada civilización tiene de particular, lo que le es propio,
mientras que el estudio de las civilizaciones lejanas nos habitúa a la idea de la permanencia del espíritu humano, de lo
que éste tiene de universal. Yo creo que son dos cosas completamente indispensables, no opuestas.
J . G.- Pero, Sr. Robert, yo no he afirmado que se deba
renunciar a ambas cosas. Sólamente por la preocupación de
que se salven, es por lo que digo que se comienza muy tarde
a estudiar humanidades clásicas. Yo no quiero que estas cosas desaparezcan.
F. R.- Pero si usted sueña en salvarlas, es que no están
completamente muertas.
P. S.- Bueno, al comienzo de esta discusión habíamos
preguntado si un niño debe estudiar latín. Yo creo que ustedes dos están de acuerdo en responder afirmativamente, pero
siempre que se aconseje al niño y a los padre que tomen toda
clase de preocupaciones. Que tengan conciencia...
J. G.- ¡ Que no se encaprichen! ...
P. S.- Que tengan conciencia también de que la enseñanza del latín forma parte de un cuerpo general que son
las humanidades y que es además necesario integrar estas
disciplinas para sentar las bases generales que conciernen a
la cultura, las aventuras del espíritu humano, la historia
general de la política, la historia de los hombres y que para
esto la enseñanza del latín es muy valiosa. Evidentemente,
Pl proceso de Jean Guebenno rechaza ciertas formas del estudio del latín, pero no apunta más que al análisis gramatical,
al estudio de las palabras desprovistas de todo sentido. Yo
creo que todas las formas y métodos de enseñanza que están
ligadas al destino de la humanidad, están en oposición a la
esterilidad del espíritu, a la pereza, que nace en cuanto las
palabras ya no tienen sentido y que sólo son una carga que
nada tienen que ver con la cultura.

�Gustavo Correa / EL SIMBOLISMO RELIGIOSO EN LA
POESIA DE FEDERICO GARCJA LORCA

L.\.

poesía en general puede ser simbólica en su más amplio sentido, es decir, como expresión de
una realidad interior que cobra forma y logra adecuada estructuración en la totalidad de la obra de arte. En este plano,
el estudio de las formas simbólicas de una poesía coincidiría
con el examen específico de estructuras integrales acabadas.
En contraste con este concepto de simbología formal, se encuentra el de símbolo en su acepción semántica tradicional.
En este sentido cada poeta recurrirá en mayor o menor grado
a un sistema de símbolos como una manera de dar expresión
a sn mundo personal. Los símbolos incorporados por un poPta
a su propia poesía pueden ser los llamados símbolos naturales
como el fuego y la luz, símbolos culturales cargados de hondo
sentido en virtud de la tradición que hay detrás de ellos y
del contexto cultural a que pertenecen, o símbolos estrictamente personales dotados de una significación exclusiva y
a veces esotérica.
Los símbolos que denominamos culturales se han hallado
con frecuencia presentes en la poesía de todas las épocas.
Las dos grandes vertientes que han enriquecido constantemente la literatura de Occidente desde la Edad Media hasta el
día de hoy son, por una parte, la tradición mitológica pagana
y, por otra, la religiosa del Cri~tianismo. Cada período utiliza
estas dos tradiciones en diversidad de maneras y con mayor
o menor grado de intensidad, y los poetas las transforman
característicamente al incorporarlas dentro de su mundo personal. Pero aun dentro de esta específica desviación individual, el símbolo sigue contando con una base semántica de
universal significación, gracias al contexto cultural en que
se halla situado. Los símbolos religiosos, por ejemplo, pueden
ser asimilados en su significación primaria, como en la abundante poesía religiosa de todos los tiempos, o pueden sujetarse
-19-

�20

Gustavo Correa

El Simbolismo Religioso en la Poesía de Fedel'ico García Lorca

a la desviación impuesta por sistemas exclusivamente p ersonales, cada vez más distanciados de toda significación religiosa, como es el caso de un amplio sector de la poesía contemporánea. Por su larga y amplia tradición cultural, los
símbolos religiosos están cargados de una peculiar densidad
semántica que los hace especialmente aptos para definir estados d e conciencia particulares, o para traducir exp eriencias
líricas de matices múltiples y diversificados. Al seguir la
huella a los símbolos religiosos en la poesía de Lorca, nos
proponemos, pues, examinar los varios aspectos que toman
dentro de su mundo poético, la manera como sirven de cauce
a manifestaciones varias del sentimiento lírico, las modalidades estilísticas a que dan lugar, y por último su significado
dentro del mundo de las formas poéticas del autor.
En el Libro de poemas, primero de la producción poética
de Lorca, aparece toda una gama de matices vinculados al
simbolismo religioso tradicional. No hay duda de que el juego libre del espíritu en esa época de la adolescencia del poeta
y su primera juventud, se dispara en multitud de direcciones
que coinciden con el tumulto indeciso y apasíonado d e una
mente en busca de equilibrio y d e un mundo adecuado a
su específica personalidad. De ahí las actitudes varias que
advertimos desde la atormentada duda religiosa y la rebelión
contra los símbolos tradicionales, hasta el canto exnltante de
retorno a estos mismos símbolos. Veamos más en detalle sus
variadas proyecciones en este primer libro de poesía.
Y a desde el segundo poema de la colección "Los encuentros de un caracol aventur"ero" (101-106) (l ) aparece la nota
de escepticismo y d e duda metafísica en medio de la tierna y
humorística fábula del caracol, las ramas y las hormigas. El
diálogo de estos pequeños allimales tiene como función precisamente la de plantear el misterioso interrogante que llena
de confusión a esta reducída sociedad de seres minúsculos y
olvidados. El "/, Crees tú en la vida eterna?" de una de las
ranas y la contestación negativa de la otra, quejándose de
la indiferencia de Dios, que no ha_ oído sus cantos de súplica
durante su vida, da la nota de escepticismo religioso al poema. El caracol, aturdido por este encuentro inesperado, resuelve renunciar al afán de conocer el final de la senda. El
tono de interrogación obsesionante se continúa en "Canción
otoñal" (107-108) con una serie eslabonada de preguntas acerca del más allá, de la esencia del amor y del bien, y de la
existencia de una posible vida de ensoñación propicia para la
poesía. Tnterrogaba e1 poeta: "¿ Se deshelará la nieve/ cuando
la muerte nos lleva ?/ O ¿despu és habrá otra nieve/ Y otras

,,

21

rosas más perf~ctas ?" Del rscepticisrno y la duda el poeta
pasa a una a ctitud de franca rebelión contra la Divinidad
La jus_tificación de esa actitud se revela por la impasibilidad
q~e D10s muestra ante el dolor y el destino de los hombres.
D10s no solamente no qníer e el bi en de la humanidad, sino
que se complace en buscar su mal. En su mansión celeste
"Jehová_ acostumbra/ sembrar su finca/ con ojos muertosÍ
y _ca?ecitas/ de sus contrarias milicias" (141 ). La luna se
ah~ra e1~tonces 1~, Osa l\Iayor que a modo de un Lenín revoluc10nano vendra a dar su abrazo/ de despedida/ al viejo
enorme/ de los seis días" (142) . En "Elegía del sílencio" el
poeta conmina al silencio para que aceche el momento en que
Jehová se halle dormindo y le quiebre un "lncero" en su cabeza, ac_abando_ así con, _la música eterna, y pudiendo fl volwr
a _su ongen. pnmero: ·donde en la noche eterna,/ antes que
;;&gt;10~ y e,~ tie~11po,/ _ 1~1~nabas so~egado" (145 ) . En el poema
Prologo. la, 1mpasibihda~ de Dios que sigue dormido a pl'sa.r
de :as gntenas y blasfemias de los hombres, provoca las acusaciones, las protestas ardidas y las amenazas. Pregunta el
p~eta "¿!{as que~ido/ }ugar 1omo si fuéramos/ soldaditos?/
~une. senor,/ i D10s 11110 !/ ;, No Jlega el dolor nuestro/ a tus
01dos ?/ ¡,_No han hecho las blasfemias/ Babeles sin ladrillos/
para. henrte, o t e gustan/ los gritos ?" ( 168 ) El corazón va
pod~id~, c~m? _un "membrillo otoñal" no puede esperar r.i°ás
la suphca muhl, y se entrega a Satanás que ha estado acechando como fiel compañero ante la ruina se()'ura de la ino.
•
"
b
ce1l('Ja prnnera: ~en. Satanás erran te,/ sangriento peregrino/
ponme la Margarita/ morena en los olivos/ con las trenzas
~e noche/ de_ estío,/ que yo sabré encenderle sns ojos pensatJ_vos/ con mis besos manchados/ de lirios". El poeta consc1~nte de _e~ta actitud de rebelión y de entrega al enemigo de
D10s, anticipa su castigo y mísera rond ición en símbolo del
mar, el cual como un "Lucifer ele azul", se halla ahora "condenado/ a eterno movimiento" (202). La humillación de este
"form~dable Satá_n" encuentra 1 sin embargo, una fuerza que
lo red!~e en la d10sa del amor parida ele sus mismas entrañas.
Tamb1en el, hom br~ c~~ina por esta ti~rra como en un "probable / ~a~aiso perdido (203) . El satamsmo se apodera al1ora
del espiritu del poeta y surge el símbolo del "macho cabrío".
En el poema titulado "Sneño" (203-204) el poeta prosigue
su carrera, caballero en este animal, desatendieuclo las llamadas del cisne y la serpiente que salen a su paso. A la llegada
de la noche en medio de la oscuridad, "los ojos luminosos y
azu!ados" dr su "caballo fantástiro" le alumbran el camino.
El poema "Macho c~brío", último de la colección, es un himno
exultante a este ammal, que se presenta como persouific;ación

ª,

�22

Gustavo Correa

El Simbolismo Religioso en la Poesía de Federico García Lorca

de la lujuria. Su categoría de dios en la Grecia antigua y su
reafirmación diabólica en la época medieval se conjugan para
traducir el misticismo de la carne con total olvido de la voz
divina e inmersión completa en las fuerzas del mal: "¡ Salve,
demonio mudo!/ Eres el más/ intenso animal../ :Místico eterno/ del infierno/ carnal. . ."' (217) .
También la actitud contraria es evidente en el Libro de
poemas. El tema del retorno se perfila en "Balada de la placeta", cuando el poeta clama a Dios para que le devuelva su
"alma antigua de niño/ madura de leyendas,/ con el gorro de
plumas/ y el sable de madera" (178). El tono de arrobamiento poético en ''Los álamos de plata" (193-195) es una búsqueda de Dios a través de la inmersión en la naturaleza. Una
vez que logramos "arrancar las estrellas que nos puso Satán",
l1ay que adoptar una actitud de mística humildad y comprensión que nos permita compenetrarnos con lo eterno: "Hay que
ser como el árbol/ que siempre está rezando,/ como el agua
del cauce/ fija en la eternidad !" (194). En esta atmósfera
propicia de contemplación y de plena comunicación con la
naturaleza, aparecerá nuevamente la visión de la Divinidad:
"Desaparecerían ciudades en el viento./ Y a Dios en una nube/
veríamos pasar" (195). La llegada de Dios a través de la
naturaleza nos sumerge en una atmósfera de panteísmo que
se hace expreso de varias maneras, y en particular con la
identificación de fenómenos y realidades naturales con ciertos
atributos divinos. El canto al agua, por ejemplo, en el poema
'·l\1añana" (118-120), alcanza una exaltación mística, al ser
aquélla identificada con el propio Dios a través del sacramento del bautismo: "¿·Qué es el santo bautismo/ sino Dios
hecho agua/ que nos unge las frentes/ con su sangre de gracia?" El viento, por su parte, es la propia voz del infinito:
"-Yo soy todo de estrellas derretidas,/ sangre del infinito"
(2029). Su amplitud cósmica actúa a modo de "incensario"
de "cantos desprendidos", y en su esencia va la "carne y alma
de Cristo''. La fruta como la granada. es una cristalización
de ''sangre del cielo sagrado" (185), en oposición a las vides
que son lujuria "que se cuaja en el verano" (184). La espiga,
en anticipación a la "Oda del Santísimo Sacramento del Altar", "es el pan. Es Cristo/ en vida y muerte cuajado" (184).
El manantial con su voz perpetua es encarnación del propio
Verbo sobre la tierra y su aparición entre las breñas es similar al nacimiento inmaculado de Cristo: "Era un brotar de
estrellas invisibles/ sobre la hierba casta,/ nacimiento del
Verbo de la tierra/ por un sexo sin mancha" ( 198) . La voz
panteísta que obsesiona al poeta se deja también oír con misticismo religioso en "El canto de la miel" (125-126) . La es-

23

trofa inicial de este poema nos revela toda una d t .

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!::r~}/;n~~f~i'.t~if;~it~f! ;: ~~/~t~¡

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paraíso". E
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a ~ nectar, la momia de la luz del
. u e a se conJUO'an espíritu y mate . "
la hostia cuerpo y luz de Crist "
. ria como en
secreta voz del mundo de la o ; Pero la miel es también
funclidades líricas. "El q tpoesia Y lleva el sabor de pro.
ue e gusta no sabe que t a()'
¡
r~sumen dorado de lirismo" (126) T d
r, 0 ª un
riv~ en última instancia de una a~tit:d ºp:i~~J:nJ:i~m; ~ecamsmo ante el universo ent
r ncisla gama de seres sencillos {:~i que acog~ ~n su interior toda
es "franciscana" porqu u'
ldes Y mmusculos. La lluvia
e eva en sus gotas "almas de f
t
car~s Y humildes manantiales" (123) y h t 1
uen es
olvidados por el propio hermano Fra . .
~s.ª os, gusanos
quejumbrosa pero a la vez afir
. ncisco eJan 011' su voz
mo de otoño" (209-21 ).
mativa como en el poema "Rit3
en e?ll~~oaie~~:;~ ~a uiilizac~ón_ de los símbolos religiosos
lo vital y su incorporaci~~ a~\~~:ec:~::~sci~ la afirmación de
se halla el poema "Ele()'ía" (127_199 )
co. _En e_ste plano
espera el florecimientoº de su eu;r a una muJer ':'1rgen que
anticipación de la tragedia Yerm Pº. Y que co~stituye una
ver cumplida la urgencia vital d8;
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~al~:seal~~d~i:: ~:rel~

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de Santiago, de particular im ortanci
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El poema "Santia()'o" 030 13~ )
!1- en la poes1a de Lorca.
del Santo forjada ~ara niñ~s v rtºs rntroduce en la leyenda
noche estrellada. El caballero ctsª ~n lo~. esplendores de una
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, • a e peiegrmo por el sendero infinito d 1 . 1
aparece como "una c· t / d
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m a e po1v1llo harinoso Y espeso" A
a wra e a madrugada camina en la r
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4ue_b~rilla en el fond?/ en cat:~10ª a~i~t; :co~~ ~ 1\fet~:?,·
posi e que sea este eJemplo u110 d 1
. . . ·
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�24

E! Simbolismo Relig ioso e n la Poesía de Federico Garcin Lorca
Gustavo Correa

En su libro siguiente, Poema del cante jondo, las ~voc~ci~nes relirriosas adquieren nn matiz unitario de especial s1gmficación0 alrededor del símbolo de la c~. El poeta que ya
ha superado los estadios prime~o~ del Libro de poe~ comienza a rncontrar formas orgamcas de mayor amphtu~ Y
relieve con una tonalidad definida. Tal es este segundo hbro
que nos introduce ya en el mu_~do lorquiano de ~us produ.~ciones principales. Esta colecc1011 d~ poemas est_a caracteu zada por el grito líric-o que da expresión a las var.:ada_s coplas
gitanas qne surgen de la voz humana al aco~panam1rnt? _de
la guitarra. El ritmo como tema, ~orma, estilo y p~opos1to
es la esencia ele esta poesía. El ¡:mto lleva la tonalidad de
la angustia provocada por el permanente acecho ~e la m_nerte sobre la vida del hombre. Es así corno la c~uz '_'IPI~e. a 1~·~acliar un simbolismo preñado de honda y prrc1sa s1g~1f1cac1on.
En primer término aparece la visión de las procesiones con
sus pasos de semana sa!1ta y el _fervor de ~as ~ae!as que salen
lisparadas de la multitud l1aeia las v~i:ias 1magenes de ~a
lnorión. "Gna de éstas es la del Crurif1cado que en medio
le su tortura lleYa los rasgos de una figura andaluza vinculada a la "tierra tostada" por donde pasa: "Cristo moreno,/
c·on las auedejas qnrmadas,/ los pómulos sal ientes/ y l~s
pupilas blancas'' (236). La visión metafórica del ~ementeno
c·uajado de cruces aparece en una de estas procesiones a la
hora de la madrugada, cuando la marea humana avanza con
sus cirios y crnees: "Ventanitas de oro/ tiemblan,/ y e~ 1~
aurora se mecen/ cruces superpuestas" (234). En su sigmficación real de ce1mnterio la cruz aparece eonstantemente
recordando el final que espera a la pasión del amor. Las "C"~en
c-rnces'' del poema "De profundis" corresponden ~ los '_'cien
enamorados" que ahora "duermen para !&lt;iempre/ baJo la tierra
seca" (242), y a los "cien jinetes enlutados" del poema '_'Camino" que antes iban "al laberinto de las cruces/ donde tiembla el cantar" (239). El laberinto encnentra, pues, s_n eorrespondencia en el cementerio y sirve de tumba al ritmo que
llega hasta él. La encrucijada también
ser cruce de caminos es repre,;entativa de la cn~z y laberm_to donde cae seaada la vida humana. En tal virtud la gmtarra, de donde
;urge el ritmo, es p_ortadora_ de la idea de ~em~ntE&gt;~io: "En
la redonda/ encruci.1ada,/ sr1s doncrllas/ bailan (201). La
flC'equia sugiere la Yisión d_e un camino . inaca?,ado (_el de 1~
,·ida): "La cruz./ (Punto final/ del camino)/ Se nma en la.
acequia./ (Puntos suspensivos) " (254). En el_mismo ~zar de
las figuras de naipes, al mismo tiempo que senala el final c~e
~angre, sugiere el instrumento qur ha de efectuar la ~ra¡?ed1a
(tijeras): "As de bastos./ 'l'ijeras en eruz" (248 ). Fmalmen-

Pº:

23

te, en la tortura de la pasión amorosa el símbolo de la cruz
sugiere la idea de crucifixión con las heridas en las manos
que indican al mismo tiempo el desangre que lleva hacia la
tumba: ''En las manos,/ tengo los agujeros/ de los clavos./
(Xo ves cómo me estoy/ desang1·ando ?'' (232).
1!1n el Roma.nc~ro gi_tano est_a1;11os situados frente a aspectos duerentes del simbolismo religioso. Uno de ellos está constituido por el plano de la fábula en que quedan insertas todas
las imágenes de santos y arcángeles que pueblan el mundo
de la religiosidad gitana. Las figuras sobrenaturales están
allí muy cerca de lo humano dando expresión a los sentimientos Y emociones más íntimos, procedentes de un elementari_smo psicológico, en una atmósfera de ensoñación y de cándida fe. Tales son los tres romances de "San :\Iiauel" "San
R.afael" y "S an Ga brie
. l", y en particular
·
º eclesiás'
las figuras
ticas representadas por los mismos gitanos en el "Romance
de la Guardia Civil española". En este último el reino de la
fábula religiosa adquiere sus perfiles más co1{cretos v destacados. Los rasgos humanísimos se revelan en el moniento en
que el desfile es asaltado por los guardias civiles, culminando
la alegda de la fiesta en tristeza inesperada. Es entonces
cuando "San José, lleno de heridas,/ amortaja a una doncella", y cuando "La Virgen cura a los niños/ con salivilla
de estrella'' (382). El "San l\Iiguel" de la ciudad de Granada
aparece también como imagen de procesión con su Yestido
"lleno de encajes" y "con las enaguas cuajadas/ de espejitos
Y entredoses" (362-366). El "San Rafael" de la Córdoba romana engastado en líneas de dureza arquitectónica se baja
de su torre para buscar en las ondas del Guadalquivir un
mundo d_e ternura y de humanidad: "El Arcángel aljamiado/
de lenteJuelas oscuras,/ en el mitin de las ondas/ buscaba
rumor y cuna" (367). "San Gabriel" (368-370) deriva hacia
una nueya concepción del simbolismo relirrioso de Lorca en
l~ cu~l la Yida diaria gitana, la fábula reli¡¡osa y el acont~cer
c·osm1co se funden en un plano único de realidad. La anécdota narratirn que informa el romance reconstruve la escena
bíblica de la Ammciación con la intervención del Arcángel
que se halla en la torre de la catedral de Sevilla. Anunciae:1011 (la Yirgen ) es una gitana que espera ansiosa la llamada
del !mor. En n_oche de (l~minació_n lunar, oye los pasos del
A_rcangel, que viene de VlSlta y qmen no es otro que un gitamllo C'On '·st!s zapatos de ch~rol", _Y su figura "de junco".
En su a11unc10 de la llegada 111terv1ene el cosmos mismo con
música procedente de las estrellas: "Las estrellas de la noche/
se Yolvieron campanillas". El diálorro del arcá1wel aitano v
AnuuciaC'ÍÓn transcurre dentro de m:a atmósfera de ~ilagroso

�26

El Simbolismo Religioso en la Poesía de Federico García Lo1·ca

acontecer. A la despedida, Anunciación ya sabe que en su
vientre ha cuajado la maravilla del mensaje. El milagro ha
ocurrido y el universo cósmico nuevamente señala. su colaboración en un fenómeno de exultante metamorfosis: "Las estrellas de la noche/ se volvieron siemprevivas". La presencia de los símbolos religiosos en este nuevo plano de realidad
creada en que lo humano y lo cósmico se funden en un mismo
nivel ~iene a constituir una de las características más important:,5 del Romancero gitano. El simbolismo religioso queda
incorporado así dentro del mundo mítico del poeta, y :pasa
a formar parte consustancial con él. Esta nueva modalidad
del simbolismo religioso se halla patente en otro de los romances de este libro. Los ángeles del romance "Reyerta" entran en verdadera colaboración con la anécdota de los gitanos. En una serie de metáforas eslabonadas, las alas de estos
ángeles que no son otra cosa que las nubes anunciadoras de
tempestad, se identifican, unas veces con las navajas de Albacete, que han consumado la tragedia y, otras, constituy_en el
instrumento de curación de los heridos con su mensaJe de
agua y vendajes: "Angeles negros traían/ pañuelos y agua
de nieve". Al final los ángeles se escapan con su anuncio de
tormenta: "Y ángeles negros volaban/ -por el aire del poniente./ Angeles de largas trenzas/ y corazones de aceite". En
Muerte de Antoñito el Camborio" (373-374) son ángeles también (nubes) los que reciben el cuerpo de la víctima en un
gesto de solidaridad cósmica a la hora de la madrugada. "Un
ángel marchoso pone/ su cabeza en un cojín./ Otros de rubor
cansado/ encendieron un candil". El símbolo de Santiag-o
aparece en fusión cósmica· con el "Romance del emplazado".
(377-379). La Vía Láctea es ahora un "Espadón" presente
en el cielo que le recuerda al Amargo la suerte que le espera :
"Espadón de nebulosa/ mueve en el aire de Santiago". El
mito del sátiro que persigue a la gitana Preciosa se halla también encarnado en la figura de un santo. El viento de tempestad con relámpagos y ruidos que asusta a_ la muchacha es
el San Cristóbal popularísimo en las devoc10nes andaluzas.
Su fio-ura sobrenatural se halla identificada aquí con los feº
.
nómenos del cosmos y con las ansias y pasiones de la vida
diaria gitana. Una identificación entre símbolos religiosos y
cósmicos se halla también en "Martiro de Santa Olalla" (384386), particularmente en la última parte del romance. La
Santa que ha sufrido el martirio y se halla pendiente de un
árbol con su cuerpo carbonizado va a asistir al acto de su
gloriosa beatificación. Los símbolos religiosos intervienen en
este momento en perfecta identificación con los fenómenos del
cosmos. El espectáculo de celebración ~olemne en una iglesia

Gustavo Correa

27

cno la custodia luminosa en el altar, el predominio del color
blanco para ensalzar a una virgen, el humo de los incensarios
y el ruido de las campanillas alborozadas, es trasladado de
lleno al ámbito celeste. Allí Olalla, cubierta por la nieve que
cae es iluminada por los rayos del sol naciente, que irradia
colores irisados, al mismo tiempo que los ruidos de la naturaleza celebran el despertar del nuevo día. Es el momento
de exaltación de Olalla a su nueva categoría de bienaveturada: "Una custodia reluce/ sobre los cielos quemados/ entre
gargantas de arroyo/ y ruiseñores en ramos. / Saltan vidrios
de colores!/ Olalla blanca en lo blanco./ Angeles y serafines/
dicen; Santo, Santo, Santo".
·
El simbolismo religioso se aparta cada vez más de sus
fuentes cristianas tradicionales en algunas otras de las producciones míticas de Lorca como Bodas de sangre, Yerma y
el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, y se acerca por el contrario a un mundo de religiosidad primitiva y arquetípica.
B}n Bodas de Sangre encontramos en alguna ocasión el símbolo de la custodia, uno de los preferidos del poeta, en lab1os
de la Madre, para exaltar la vida de su hijo que se halla en
peligro. A.tormentada ésta por la obsesión de que la nueva
pareja tenga hijos inmediatamente, antes de que le maten
al único que le queda, dice al recordar la sangr e derramada
de su otro hijo: "Cuando yo llegué a ver a mi hijo, estaba
tumbado en mitad de la calle. l\f e mojé las manos de. sangre
y me las lamí eon la lengua. Porque era mía. Tú no sabes
lo que es eso. En una custodia de cristal y topacios pondría
yo la tierra empapada por ella" (1136) . La angustia ele la
discontinuidad de la espeeie se convierte en un resorte trágico de gran importancia. De ahí que la sangre se eleve a
la categoría de lo divino como perpetuadora de la vida. Asistimos aquí a la divinización ele lo vital, frente a las misteriosas fuerzas cósmicas que amenazan destruirlo. La luna
por su parte, que acecha con impaciencia la presencia de lo~
amantes,
se revela romo una divinidad de sio-no
adverso an.
o
s10sa de sangre, e interviene directamente en el desarrollo
de los acontecimientos. La noche de la tragedia dice dirigiéndose a las ramas: "No quiero sombras. Mis rayos/ han de
entrar en todas partes,/ y haya en los troncos oscuros/ un
rumor de claridades/ pa~a que esta noche tengan/ mis mejiUas dulce sangre,/ y los Juncos agrupados/ en los anchos pies
:iel air~" (1158). Y más adelante : "Pero que tarden mucho
en monr. Que la sangre/ me ponga entre los dedos su delicado s~lbo./ ¡ Mira que ya mis valles de ceniza despiertan/
en ansia de esta fuente de chorro estremecido!" (1159).

�28

El Simbolismo Religioso en 111 Poesill de Federico Garcin Lorca

En Yerma. el impu~so religioso primitiYo deriYa hacia la
cliYin ización de la eriatura esperada. El símbolo del cáliz
aparece &lt;·orno í111ico sostfn en la simbología tradicional para
exaltar la nueva Yida que se ostenta en el Yientre redondeado
de la madre expectante: "LA \TAXDERA 5a. Alegría, alegría
alegría/ del vientre redondo bajo la camisa. LAVANDERA
2a. Al;gría, alegría alegría, ¡ ombligo cáliz tierno de maravilla!" (1~17). Por otra parte, todo el simbolismo de la flor
Yincula&lt;lo al acto &lt;le la coneepción, culmina también en la
diYiniz~wión de la rosa de maraYilla, identificada con fenólll('llOS del cosmos, y anunciada por un ángel de contornos
l'ÓSmicos: YERMA. El ci('lo tiene jardines/ con rosales de
alegría/ entre rosal y rosal/ la rosa de maravilla./ Rayo de
tlllrora parece,/ y un árrangel la vigila,/ las alas como tormentas,/ los ojos como agonías./ ¿\ !rededor de su hojas/ arrovos de leche tibia/ juegan y mojan la car a/ de las estrellas
tranquilas./ Seiior, abre tu rosal/ sobre mi carn~ m~rchita''
(1246). La súplfra al Señor saturada de denso rituahsmo se
diluye, pues, en un ansia cól-lmica de maternidad. L~ canción
ele Yerma al niiio qne ha de llegar·, en el acto primero, el
t·anto alternado de las lava11deras, c¡ue insinúa el proceso de
la concepción y nacimie11to de la criatura, en el acto segundo,
r la súplica de las romeras al Señor y la danza del )lacho y
la Hembra, en el acto tercero, crean toda una atmósfera de
ritualismo primario directamente vinculado a la diYinización
de la sangre que ha de correr por las venas de la nueva
t·riatura.
El Llanto por Ignacio Sánchez Mejías se mantiene dentro
de la misma actitud básica· de las dos tragedias mencionadas.
El símbolo del Cáliz sirve aquí para indicar la nota de lo
in&lt;·onmesurable de la sangre wrtida, al mismo tiempo que
nos sitúa frente a la enormidad de lo sucedido. La exclamación: "Que no hay cáliz qtw la contenga'' hace alusión al ritual sagrado de la consagración. La consumación de la tragedia y muerte del torero se traduce, por otra parte, en ~:ma
&lt;'eremonia ritual de cósmicas proporciones que da forma fmal
a la elegía. La primera parte "La cogida y la muerte", con
m monótona reiteración del estribillo "A las cinco de la tarle ", es la convocación ritual para el espectáculo a que hemos
rlr asistir en la segunda parte ''La sangre derramada". En
'•sta, las gentes agrupadas en las gradas de un grandioso templo ( el circo), van a prese1H'iar el sacrificio inmolatorio .del
torero ante la figura soberbia del toro. La lucha se reviste
ele todo el sentido religioso de los sacrificios rituales, pues la
diYinidad del toro confundido con la luna exige el derramamiento de la sangre. La terrera y ruarta partes de la elegía

Gusta,·o Corren

29

~ontempla~, la figura vencida de la víctima y su posterior
111corporac1on dentr o de los ámbitos del mito. El Llanto presenta, pues en su totalidad una dimensión ritual de intensa
atmósfera religiosa realzada por el derramamiento de san.,.re
ya en sí divinizada como fuente perpetuadora de la vida~
En un plano distinto de lo r eligioso encontramos la "Oda
al Santísimo Sacramento del altar " v Poeta en Nueva York
escritos entre 1927 .Y 1930,. después ·del Romancero gitano ;
antes de las tragedias aludidas y el Llanto. La primera representa un retorno de tipo afmuativo hacia la simbolo.,.ía
tradicional católica. E l aprisionado "pauderito de harú~a"
en la Custodia nos hace recordar "el alma de la harina" (196)
que se halla en "espigas" del Libro de poemas. La ternura
que nos inspira este "Dios en mantillas'', este "Cristo diminuto y eterno" hace que la Dfrinidad esté más al alcance de
una humanidad herida por ''la augu tia del amor desli.,.ado"
(556) . Poeta en Nueva York con toda su significación ~egativa r.epresenta tambifo un retorno a varios de los aspectos
del Libro de Poemas. En la "Iglesia abandonada" asistimos
a la angustiosa pérdida de la fe y al naufra.,.io de los símbol?s religiosos tradi~i?1~ales. El símbolo del ~áliz, representativo esta vez del ed1fic10 de las conYicciones reli.,.iosas se halla
rodeado de signos ominosos cuando el sacerdot; lo le~·auta en
la misa a la hora de la consagración: "En las anémonas del
ofertorio te encontraré, ¡ corazón mío !/ cuando el sacerdotr
leYante la mula y el buey con sus fuertes brazos/ para espantar los sapos nocturnos que rondan los helados paisajes del
cáliz" (409). Dentro del panorama total de símbolos ne"'a0
ti,:os? toda ~a afirmativa tra~ici?n cristiana ha perdido su
pnstmo sentido, a pesar de la ms1stencia en la celebración de
actos religiosos. El canto de "aleluya" en "X a vi dad en el
Rudson" (418) se deja oir en nn cielo completamente desierto. Y el '·Xacimiento de Cristo'' en el poema de este nombre
no se halla acompañado de músicas celestiales, sino de "cítaras sin cuerdas y degolladas voces" ( 422) . Lo diminuto del
"Cristito de barro" que "se ha partido los dedos" sólo sirw
para mostrar esta vez la fragilidad de un símbolo que se debate en una atmósfera de contornos negativos v hostiles. Tambifo las diYinidad.es mitológicas de la Yaca y· el toro que en
la~ otr~s producc10nes del poeta representaban la presenria
afirmativa de la naturaleza cósmiC'a sucumben ahora asesinadas por la mano decidida del hombre mismo. En el poema
"Aurora'' las gentes deamb ulan "por los barrios" al amanecer
"como recién salidas de un naufragio de san.,.re" (423) . En
el poema "Vaca" , 1a vaca 11eri·aa sangra por ºel cielo cuando
las gentes se disponen a hacer un banquete con la propia

�SO

El Simbolismo Religioso en la Poesía de Federico García Lorca

carne de la divinidad. A la hora de la madrugada, sólo quedan algunos restos de ésta, dispersos en el cielo : "Arriba palidecen/ luces y yugulares./ Cuatro pezuñas tiemblan en el
aire" ( 430). Sólo hay un momento de positiva afirmación
cuando el poeta clama en "Oda hacia Roma" por el restablecimiento de los símbolos de antaño: "Pero el hombre vestido
de blanco/ ignora el misterio de la espiga,/ ignora el gemido
de la parturienta,/ ignora que Cristo puede dar agua todavía,/ ignora que la moneda quema el beso de prodigio/ y da
la sangre del cordero al pico idiota del faisán" (447) .
En nuestra visión panorámica sobre el simbolismo religioso de la poesía de Federico García Lorca, hemos podido
seguir el radio y extensión de su presencia, su incorporación
plena dentro de una visión específica del universo, y su manera de utilización, unas veces como definidora de estados de
conciencia y actitudes espirituales, y otras, como modalidades funcionales de las formas poéticas integradas. Los tradicionales símbolos católicos pueblan su primer libro de poesía
en diversidad de aspectos. Una posterior selección de los
mismos va derivando hacia modalidades religiosas de índole
primaria y arquetípica. En este último plano el simbolismo
religioso se distancia cada vez más de su carácter de signo
indi'Vidual con apoyo en una tradición cultural, para convertirse en un simbolismo formal que coincide con la estructuramisma de la obra de arte. En tal función el simbolismo religioso comporta, por un lado, la divinización de la vida humana, y por otro, la de las figuras míticas adversas al hombre
que continuamente exige:µ el deramamiento de sangre.

Horacio Salazar Ortiz /

EN EL TEMPLO

' f•

Al compás armonioso de tus manos de cera
-agonía de p'alomas sobre un lecho encantado-vuela el alma del piano; ruiseñor despertado
por la mano del viento que rozó la pradera.

La maldad se recoge como un ala en espera,
y aun parece mentira la verdad del pecado

mientras muere el silencio del recinto sagrado
bajo el trémulo ritmo de tus manos de cera!

Cuando, presa de extraña devoción, te contemplo
Y en tus ojos azules miro el cielo del templo,

NOTAS

me parece que piensas un pensar sobrehumano....

1.- Citamos por las Obras Completas publicadas por la editorial Agullar,

con Prólogo de Jorge Gulllén y Epilogo de Vicente Aleixandre (Madrid, 1954) .
Copyright por HISPANIA, publicación de The American Associatlon
of Teacher of Spanish and Portuguese.

Languidecen tus manos sobre el fino teclado
. ... y al vivir el silencio del recinto sagrado,

de su heráldica fuga torna el alma del piano!
-81-

�..

Sergio Fernández /

PERIQUILLO EL DE LAS

GALLINERAS

F RANCISCO Santos, autor moralizant e en casi todas sus obras, nos presenta su Periquillo el
de las Gallineras (hacia 1678), escrito curiosísimo, evidentemente -también él- i □ flurnciado por Quevedo; según ValbuPUa Prat es una "picaresca al revés" ya que en El Arca de
Noé, dice un intelocutor dirigiéndose al auto r mismo que Bien
puede tu Periauillo el de las Gallineras sentenciarlos a fuego
( a los libros picarescos) que con esos títulos presenta un alma
desengañada, vestida de sentencias y moralidades. Ai;r rga
Valbuena que "con Francisco Santos llegamos a lmo de los
aspectos más curiosos de la disolución de la novela picaresca,
sin pícaros. Ya por ser los cuadros costumbristas l o rsencial,
como en Día y Noche en Madrid, ya por ser los personajes,
como en esta obr a y en Periquillo el de las Gallineras, verdaderos modelos de virtud" ( Opus cit.)

...

En efecto, Periquillo no sólo es modelo de virtud, sino
que al terminar la obra casi muere en olor de santidad. La
justificación que se nos da por el hecho de que se le haya
catalogado dentro de la picaresca, responde pues a una causa
meramente formal. Lo de la "picaresca al revés" creemos que
no es sino una manera de decir las cosas que nos conduce a
ver que en verdad la obra todo puede ser menos una novela
de pícaros. Y a desde las primeras fortunas de Periquillo se
relata su nacimiento y su origen. Abandonado a la puerta
de un convento, Perico, recién nacido, es recogido en tiempo
de Navidad por un matrimonio de gente humilde y buena
que desde ese momento se constituirá en benefactor del niño.
La obra, nada barroca en el estilo, es en cambio muy del gn~to
de la época, pues pocos escritores escribieron en tonos más
negros y desesperanzados que Francisco Santos .

�34

Sergio Fernández

Pel'iquillo el de las Gallineras

Faustino, el padre adoptivo, dice a Pedrito al recogerlo:
Sólo lloraré el que hayas venido a un mundo tan desdichado,
tan triste y avariento, donde todo es guerra perpetua : el hijo
más deseado desea la muerte a sus padres para quedar a su
libre albedrío, dueño de la hacienda; la hija, apenas muere el
padre, cuando pide a la madre que la parió y crió a sus pechos, la hacienda que le viene paternal y aun para ello se
vale de amenazas y justicia -¡ notable ingratitud!-; el pariente está conta.ndo las horas y minutos de la vida de su
deudo, porque le deja un poco de hacienda. El que aspira
al puesto que tiene otro, sabiendo o creyendo que le viene de
derecho, le desea la muerte para verse en la profesión a que
aspira. El pobre envidia al rico, el rico al señor, el señor al
grande, el grande al príncipe, todos con ansia de ambición.
¡ Oh miserable mundo!, pues ninguno de tus inquilinos cree
que tu posada perece, aun en el mismo embrión del cogollo,
antes de abrir la boca, para el aliento que creyó suyo, sin
acordarse que se nace desnudo y así se vuelve a la tierra y
aun esta guerra está dentro de cada hombre, pues en su terrena casa está muy encendida la discordia. (Pág. 1782) .
Perico por su parte al crecer, no sólo no imita a Guzmán
de Alfarache, sino que sirve a la humanidad -él mismo, como persona- de ejemplo desde sus primeros años: en Pedro era tal el extremo de saber, que muchas veces sin almorzar se iba a la escuela, adelantándose notablemente, descubriendo con estas dos partes profundidad e ingenio, sutileza en apercibir y en responder notable prontitud. Por lo
demás es natural que Periquillo sólo encuentre a su paso envidias por su misericordia, su calidad humana y su gran corazón, sólo que Santos llega a dulcificar tanto a su personaje,
que nos resulta ñoño y algo ridículo.
En una ocasión, el ama donde el muchacho trabaja le
ofrece matrimonio, a lo cual él responde, según su condición
y sin contrariar sus instintos que -Nuevas cadenas echas a
este tu esclavo en cuanto viva, con calidad de no pasar los
límites de criado, porque sabrás, piadosa Catalina y dueño
mío, que tengo ofrecido a Dios· y hecho voto de castidad; y
así no permitas que sea traidor e ingrato a un Padre que me
dió el alma y el entendimiento, la memoria y la voluntad;
sólo te ofrezco en pago de tantas honras el perpetuo silencio
de mis labios y la humildad de mis ojos (Pág. 1788). Casto,
virtuoso, noble, tiene además una sensiblería que raya en lo
cursi. A los pícaros, por lo demás, los aparta de su camino,
ya que se opone a ellos en todas formas: -Vaya con Dios
-dijo Pedro- ¿Qué más perdidos nos podemos ver? Ya el

,

35

mundo no tiene que perder, porque todo el mundo es un
perdido; y como oyó decir que era gran vida la del pícaro
h~ dado en serlo y no hay quien le acuerde que hay muerte:
m hace caso de penas, como ahora no las pasa (Pág. 1795).
Pero no sólo es eso, sino que Perico, a más de todo, es predicador y profesta, por lo cual la gente acaba por considerarlo
loco.
La cr~tica social en Santos es levemente parecida a la
de los Suenos en Quevedo. El mismo desenc,año la misma desilusión, sólo que mientras Quevedo es el g~an 'estilista de su
época, Santos nunca alcanza la categoría ·indiscutible de su
maestro, ni mucho menos. La desilusión sigue por lo demás
apareciendo a cada paso, en forma de lamento: ¡ Oh mund~
miserable! tú y cuanto hay en ti se burla del hombre. Tú, vil
mundo, le engañas y le sacas al valle de lágrimas desnudo
P3:fª que todos hagan burla de él. Tú, perecedera vida, le
~entes a lo mejor su mene~ter; Tú! vil fortuna, le burlas y
vituperas, ya con poder, ya sm el. Tu, caduca salud, tan débil
como la flor de la enredadera le faltas a lo mejor. Tú edad
más ligera que el viento, pasas y le dejas cuando q~ieres.
~ú, dolor, a~gustia! ~:i,l, pena, desasosiego, inquietud, penalidad, congoJa, aflicc1on, susto y desdicha, le dais prisa a
todo correr. (1803. La Verdad la Mentira la Fortuna el
'rierupo, intervienen como perso~ajes de pri~era línea. Y en
el mismo tono : ¡ Oh mundo, fu ente de los engaños y maestro
de la perdición! ¿Quién te ha trastornado lo bueno por lo
malo y vuelto lo de abajo arriba, tanto que los sabios lo lloran
y los filósofos lo sienten? A ti, ¡ oh atrevida Fortuna!, daré
a culp~, co~o a cie~~- Pero no,. que la caída de aquel lucero
soberb10, fue tal y ~10 tal barqumazo que desquicio al mundo
y. le saco de sus a~1entos. ( 1797 ) . A veces, por lo demás, nos
dice cosas muy bien estructuradas, con un gran sentido de
su posición filosófica y de su categoría de escritor, ya que,
corno sabemos, tuvo mucha fama durante su tiempo• siempre
~odelándose en Quevedo nos dice: Viejo de malici~ envejecida y maestro de las zá~cadillas llaman al Tiempo, burlador
~e todos los hombres. As1 es, y yo le hago jugador de trope~1~. Planta su ~eta en la gran plaza del Mundo; lléganse a
el todos los nacidos; saca una bolsa en la que dice que trae
to~os los bie~es del siglo ; los más simples y golosos se le llegan, los demas miran desde afuera; hace abrir la boca a unos
y dice: "Que traguen aquel dulce dorado"· hácele el simple
y háll~e burlado, pues lo amargo le hace 'arrojar las entra~
ñas. A otro le hace mascar las riquez~ y que las guarde a
boca ~rrada, y a breve tiempo arroja espeso humo por boca
y nances. A otro le da colgaduras ricas, tan sutiles, que ca-

�'
P eriquillo el de las Ga llineras

36

ben en un puño, y cuando desdobla para ver lo que la han
dado, halla una mortaja que huele a tierra corrompida. A
otro le pone una corona y, al tentársela, sólo encuentra una
calavera rasa y sin pelos ; pero le manda que calle, porque
así caerán otros en la burla. A otro le enseña un libro, y en
H, pintados, palacios y casas de campo; dale a escoger una,
y apenas la elige, cuando se halla metido en un ataud y, a
pocos pasos, la sepultura. (1804) Y de la Mentira nos hace
saber por un diálogo que :
-¿Quién será esta buena mujer?Pedro.

preguntó el amo a

Y respondióle :
- Ya tú le das el nombre que todos ; llámasla buena; y
es la más mala del mundo. Esa que ves, es la Mentira_.
- Pues ¿cómo es tan vieja?
-Porque ha infinitos años que nació - respondió.
-¿Cómo es coja?
- Porque la pueden alcanzar todos-

dijo (1807).

Como se ve, poco o ca&lt;;i nulo es e1 argumento, pues las
disgresiones estoico-cristianas so mnuchísimas y constantes.
Cuentos de animales que simbolizan pasiones humanas, mitología clásica, novelas cortas intercaladas en la narr ación, todo
va en ayuda de la mora1. de Santos. En una ocasión va a dar
con un amo que resulta ladrón y es claro que Prriquillo se va
de su lado. Pronto la idea del bien lo obsesiona cada Yez
más hasta que llega un momento en que en efecto pierde el
juicio. Por la forma en que el tema está tratado. nos recuerda, también de lejos y ~uardando distancias, al Licenciado
Vidriera, de Cervantes. Tanto uno como el otro, locos rematados, dicen constantemente la verdad y son portadorrs de la
sabiduría y la conciencia humanas. Por eso Perico se iba dando a querer de los buenos, y al contrario, aborreciendo a l os

malos.
Xo es necesario insistir mucho más en esta obra de Santos,
que marca una ruta tan distinta de la picaresca. En definitiva. la posición del buen escudero :Marcos de Obregón queda
en Perico extremada, pues siendo ambas, en cierto sentido,
obras ascéticas, Obregón no pasa de ser un buen hombre, mientras que PeTiquillo, como ya se dijo, muere hecho casi un santo:
Confiern que le conozco, adoro y reverencio como a un solo
Dios ; su perfectísimo· Entendimiento echó en esta maravilla

Sergio Fernández

37

~ rest?. de su sab~r, ~ qui~n digo,, hiriendo este mísero pecho :
1Peque, habe_d ID1Sen~ord1a de mi ! ( 1845). Y diciendo estas
palabras exp~a, termmando con esto la narración que, por
~ uc~as conexiones que tenga con nuestro tema no debe, por
nmgun concepto, aceptarse como cortada por el mismo molde
ya que son ambas - la picaresca y Periquillo- diametral~
m~nte opuestas. Todo lo cual confirma nuestra tesis cuando
afirmamos qu~ 11;1 novela picaresca española, con el contenido
h~mano Y artistlco que posee, termina con Estebanillo Gonzál~z, Yª. Ql~e, como ,h emo~, visto, los problemas en obras poster10: es md1can la d1soluc10n de lo picar esco como posibilidad
genuma de realización.

�f

I

Char/y C/erc /

LAS LITERATURAS DE SUIZA

país muy pequeño que produce
obras en tres lenguas, y aun en cuatro (si tenemos en cuenta
la minúscula minoría retorromana), constituye un fenómeno
bastante curioso. Si consideramos que ese país se expresa
en alemán, francés e italiano, tal vez nos imaginaremos encontrar la prolongación de las literaturas alemana, francesa
e italiana en una tierra extranjera. Sin embargo, eso es cierto
sólo en determinada medida, pues hay muchas obras, talentos,
tendencias que son propiamente de Suiza. Sólo hablaremos
aquí de los siglos XIX y XX, pues nuestros siglos XVII y
XVIII -si prescindimos de Rousseau, cuyo genio pertenece
más a Francia que a Suiza, y de Pestalozzi, que es más bien
un apóstol y un pedagogo inspirado que un escritor- son
dos siglos de cultura, de teología, de ciencias. Vemos en
ellos, sobre todo, eclesiásticos que empuñan la pluma, dirigen
revistas, disertan sobre moral, religión, letras. En suma, sólo
en el siglo XIX se expresa Suiza a través de la novela, del
cuento largo, a veces de la poesía ( que no vuela muy alto),
pero aún no a través del teatro.

***

Consideremos los tres grandes cuentistas de la Suiza alemana en el siglo XIX y .el mundo que cada uno de ellos nos
revela. Jeremías Gotthelf es un pastor de campaña a quien
los feligreses de su parroquia escuchan con dificultad. Para
hacerse comprender mejor, escribe relatos para los almanaques, después novelas, grandes novelas. Pinta en ellas el medio ambientr campesino de su región en el momento en que
el espíritu patriarcal se encuentra amenazado por el espíritu
de los nueYos tiempos: el amor al dinero, el radicalismo igualitario, etc. Gotthelf reacciona, y escribe relatos de tesis y
hasta llega a introducir sermones en sus narraciones. Pero
-

30 -

�40

Charly Clerc

Las Literaturas en Suiza

conoce de manera tan perfecta los hombres del valle, jóvenes
y viejos, patrones y criados, el corazón de las madres, las

querellas, las reconciliaciones, y también las estaciones de la
tierra, bajo un cielo en el cual reina el Dios de la Santa Escritura, y ello con tal vigor, que nos olvidamos a veces de que
está a cien leguas de la estética del arte por el arte, de que
predica el retorno a la tradición familiar y cristiana.

Gottfried Keller no predica. Es un pequeño burgués cuyos admirables relatos revelan un alma burguesa y cívica.
Keller es el maestro de la novela corta, del cuento largo en
los cuales el héroe, a través de sus errores, sus amores, sus
ambiciones engañosas, vuelve a la cordura y al hogar. Nos
pinta hijbs pródigos, pero sin· hacerlos pasar por el arrepentimiento, como ocurre en el Evangelio. Le debemos una extensa y admirable novela de aprendizaje de la vida: .Enrique
el verde. Keller hubiera querido ser pintor. Fue, como
Rousseau, un paseante solitario; por eso la naturaleza es en
él tan viva como los personajes.
C. F. Meyer creó en Suiza el relato histórico noble. Este
patricio de Zurich es, sobre todo, un apasionado del Renacimiento italiano, de su prestigioso decorado; pero se siente
obsesionado sin cesar por el protestantismo severo en el cual
se formó. Sus novelas cortas son de una imponente perfección de estilo, pero nos interesan también, y sobre todo -lo
mismo que sus poesías-, por el conflicto íntimo, la trag-edia
oculta que se entreve en el autor a través de toda su vida.
Podríamos añadir a estos tres nombres el del poeta Carl
Spitteler, uno de los pocos genios épicos de su siglo, p~ro que
no ejerció 1a influencia de los otros tres: pues cada uno de
estos tres tiene hoy su descendencia. ¡ Cuántos autores, a continuación de Gotthelf, no han aescrito la crisis de una familia,
la historia de una propiedad, de un domicilio, y cuántos no
se han complacido, en alemán o en su dialecto natal, en poner
en escena a los hombres de las tierras de labranza, de la pequeña ciudad, y eso bajo un eielo no muy oscuro, o que, al
menos, tiende a tornarse claro hacia el fin! Uno de ellos ha
escrito una verdadera gesta bernesa cuyos personajes y su
ascendencia nos hacc&gt;n remontar a la Edad Media y descender
de aquí hasta 1830 y más lejos (R. von Tavel). Tal otro coloca sus personajes al pie del Jura, alrededor de Solothurn
(J. Reinhart). Un tercero ha consagrado su vida a hacernos
conocer los hombres de Turgovia (Huggenberger). Literatura local, como se ve, pero a menudo excelente literatura,
aunque de difícil acceso a los de afuera.

'

,

'

.

41

La descendencia de Gottfried Keller, que florece aún, la
encontramos en la novela de aprendizaje, el "Bildungsroman".
La obra más conocida de este género es el Johannes, de J.
Schaffner, que nos presenta la vida novelada del autor el
cual pasa por todos los oficios antes de ser escritor. Una
parte de la obra del excelente autor católico Federer representa también este género literario. Y podríamos citar muchos nombres, hasta llegar al año actual, para demostrar que
esta forma germana de novela no está próxima a extinguirse.
A la descendencia de Keller pertenece igualmente el Zeitr~man, es decir, el relato de una crisis política y social, en la
Ciudad o en el campo, como el "Schweizerspiegel" (Espejo
suizo) de Meinrad Inglin.
De ~as hermosas y sólidas novelas cortas de C. F. Meyer
han nacido esas extensas novelas históricas que aparecen cada
uno o dos años(Faesi, Stickelberger, Ma.ry Lavater, G. H. Heer).
Tal es, en pocas palabras, la herencia del siglo XIX.
Pero hay fenómenos nuevos. En primer término el teatro
que, tcon !ºn Arx, Frisch, Dürrenmatt, ocupa un 'gran luga1'.
en es e pais en el cual el teatro era no hace mucho inexistente.
Y desp~~s hay e~e género curioso, seductor que es la' novela
de evas10~, o meJor, de elevación espiritual, y que representa
el antroposofo Steffen. Quisiéramos poder insistir más en
esta literatura actual, en la cual lo extraño tiene su sitio
como ~i una vari~a mágica hubiese tocado a los seres, los lugares:
los obJetos (Cecile Lauber, C. I. Loos, Regina Ullman). Estos
fenó~enos nue".os, que mencionamos aquí en pocas líneas,
adquieren una importancia cada vez mayor.

***
En la Suiza francesa el siglo XIX se encarna también en
tres autores, pero de un.a especie por completo diferente de los
que hemos presentado poco antes. ¿ Quien es A. Vinet y Es el
autor de ensayos de filosofía moral, de discursos cristianos
de tratados sobre la libertad en materia de creencia: protes:
tante d: _espí~itu ~mplio, y más cristiano que protestante, y
cuya critica hterana es, sobre todo, admirable. Crítica según
el concepto de Pascal, en el sentido de •que para Vinet las
obras del e~p~~itu existen para testimoniar ?uestra miseria y
nuestra pos1b1hda~ de grandea (por la gracia de Dios) , y eso
por lo_ que ellas d1c_en y por lo que callan. Así, para quien
reflex10na, el estudio de la literatura sirve para demostrar
la necesidad, la verdad de la Revelación cristiana.

�Charly Clerc

Las Literaturas en Suiza

42

H. F. Amiel es también un autor que no escribe para un
público extenso, sino para sí mismo y par~ l?s que se pr~oc1;1pan de la vida profunda. De las 17,900 pagmas de su ~1ano
íntimo se extrajeron dos volúmenes, después la substancia de
tres, más tarde fragmentos inéditos. Y encontramos en esas
páginas el espectáculo de un espíritu múltiple, d_e un alma
revelada bajo diversas luces. Encontramos sus amistades, sus
paisajes amados, sus veleidades sentimentales, sus reflexiones
sobre una multitud de autores contemporáneos, filósofos Y
poetas. Amiel es un punto de acogida y de cambios, una hospitalidad indefinida del pensamiento, un viajero que hace pequeñas jornadas entre Leibniz y Spinoza, entre el Dios de la
Biblia y el llamamiento de la Nada, entre la libertad y la
santidad ... , y quien representa mejor que nadie lo que hay
de europeo, hasta de internacional en el fenómeno suizo.

R. Topffer dejó también páginas de crítica literaria, pero,
asimismo, una o dos novelas. cuentos largos y, sobre todo,
esos maravillosos álbums que han hecho las delicias de cuatro
generaciones. He aquí, por fin, en medio de una literatura
de intelectuales, un fantaseador, un humorista, cristiano como
Vinet, buen ciudadano de una modesta república -Ginebra-,
que medita sobre la felicidad. que es siempre cosa relativa,
como dice él, y que nos enseña la más risueña sabiduría.
Estos representantes de nuestra Suiza francesa en el siglo
XIX no han dejado una descendencia, como Gotthelf, G. Keller
y C. F. Meyer. Son respetados, cuidadosamente reeditados,
pero apenas seguidos.
El paisaje literario de la Suiza francesa se ha modificado
murho desde 1900. Es que un gran poeta ha pasado por ahí:
C. F. Ramuz ; es que la parte católica del país suizo-francés.
que durante mucho tiempo había permanecido callada, ha encontrado un intérprete de gran talento, poeta e historiador, épico y lírico: G. de Reynold, y hábiles narradores de Friburgo y
del Valais. Es que, además a una generación en la cual dominan
los pensadores y críticos, sucede una generación prP,ocupada
en crear, en foventar. Es que, en fin, la Suiza francesa, más
conscientemente suiza que nunca, se halla, desde el punto de
vista literario, más cerca de Francia que ~ntes.

•

C. F. Ramuz es la figura más importante de nuestro siglo
XX. Al leerlo, rreeríamos que las aguas y los montes, las
estaciones, el andar de los hombres, las inflexiones de sus
voces se sienten y reproducen por primera vez. Ramuz representa, al margen de la tradición propiamente francesa, el

'

,

43

n:iá_s, serio y noble esfuerzo ~e expres~ón verbal, de transpos1c10n en palabras de la realidad sensible que se haya manifestado en la Suiza francesa.
La geografía literaria de la región se ha complicado.
'J'.ene~10s la novela de análisis, que no es una planta indígena,
smo importada de Francia, y que ha dado excelentes frutos
(de Traz, Oheneviere, etc.) Tenemos la novela de anticipación
(Noell~. Roger), la novela fantástica (Pierre Girard, Monique
St. He1ier) ; el relato pintoresco decididamente moral con
Benjamín Vallontton. Pero los 'escritores más orio-inaies y
cr~adores son actualmente de la tendencia de Ran'.i'uz, pero
mas humanos y de un talento tan personal, como e·. F. Landry ;
Y en ~l plano del análisis del yo y del amor, J. Mercanton.
Del mismo modo que en la Suiza alemana, el teatro se ha desarrollado mucho en estos últimos decenios (René Morax y su
Teatro del J orat, etc.), así como la poesía lírica ha encontrado
su lenguaje desde principios del siglo con Henri Spiess.

***
La Suiza italiana llegó más tarde a la creación literaria.
Su tradición er~ de arquitectura, de pintura, de decoración.
Po; ella el Tesmo se hizo conocer en toda Italia y en otros
pa1ses de Europa. Y alrededor de 1848 tal o cual editorial
tesinense publicaba a la vez Mazzini y Manzoni la Italia de
la rev:olución y !ª Italia c~tólica. Pero desde principios de
este .sigo,. el Tesmo ha temdo su gran poeta, que se ha convertido en el curso de los años en el maestro del relato corto
hecho a la vez de invención encantadora y de recuerdos;
Frances~o Ohiesa, a quien Italia ha rendido homenaje desde
sus comienzos. No vemos quién podría disputarle la palma
del ,"racconto", la novela breve, fina y perfecta. 'Penemos
aqm uno de los maestros de la prosa italiana : ingenio, rigor
v_erbal, te1:nura que se disimula. Y después, ese apego a la
berra nativa, a todos los aspectos de ese rincón del mundo
en_ el cual se ha n~cido, y que se manifiesta en tantos autores
smzos, de toda Smza, lo encontramos en esos hijos de la montaña que son Giuseppe Zoppi y Guido Oa.lgari. La poesía se
ha desarrollado también en el curso de los últimos años y
le debemos i~~ch~s obras ~elic~das. El autor mejor dot~do
de la generacion Joven es, sin disputa alguna Felice Filippini
autor de 11 signore dei poveri morti. Gon l; mención de est~
tesinense, novelista, pintor, escultor, músico hombre del Re. .
'
nacimiento, terminamos gustosamente este panorama de las
literaturas de Suiza.

�Serge P Darmon ¡ EL HUMANISMO DE CJRO ALEGRIA
EN "EL MUNDO ES ANCHO Y AJENO"

NO

es el humanismo, como muchos lo
creen, un mero vocablo literario o histórico. Entre las muchas
definiciones que se dan de la palabra, tendremos que escoger
una, ni mejor ni peor que las otras. Creemos que el humanismo es, antes de todo, una revendicación por el hombre, de
su derecho a vivir; el hombre considerado como un fin y no
como un medio. Considerando el humanismo de tal forma,
podemos ver que tuvo, a lo largo de los tiempos, aspectos
muy distintos. Aristocrático desde la Edad Media hasta el
siglo XVII, con su concepción particular del discreto, del cortesano, del hidalgo, del "honnete homme" (Rabelais, Montaigne, Cervantes, ... ) ; burgués en el siglo XVIII, 6cuáles
son ahora sus características T Lo vemos realista, discutiendo
los grandes problemas humanos y la libertad de pensamiento
y de vida (sería absurdo considerar el realismo como una limitación: no limita de nada la parte "humana" del humanismo) ; lo vemos también activo y combatiente, la emancipación humana habiendo siempre afrontado costumbres y prejuicios establecidos de manera más o menos evidente; lo vemos además optimista: ninguna doctrina de desesperación,
ningún escepticismo puede llamarse HOMAl'\lSMO. Este es
una doctrina de esperanza.
Es ahora a la luz de estas precisiones que quisiéramos
examinar el humanismo de Ciro Alegría, en "El ~Iundo es
ancho y ajeno", novela que obtuvo el Primer Premio en el
Concurso de Novelas Latinoamericanas de 1941. El personaje
del protagonista principal, Rosendo Maqui, nos servirá de guía.
Antes de todo hay, en esa obra, bañándola toda, un amor
al Hombre, que es su mayor mérito. Sentimiento que hace
desear al autor lo que llama en su prólogo, "la liberación
integral del hombre antes que con ningún ISMO circunstan-

45 -

�46

El Humanismo de Ciro Alegría

cial". Se trata de un amor universal opuesto al dominio de
cualquier clase de hombres: "El renovado intento de imponer
cualquier raza o cultura por métodos _de ,~ubyugación . pu_ede
llevar . .. a empobrecer y degradar la vida (p. 13). S1gmendo el propósito de luchar contra la injusticia denunciándola
(procedimiento muy discutible)_, ~iro Alegría 1;1os relata las
viscisitudes de una comunidad mdrn, frente a ciertos elementos malos de la sociedad. Pero es muy difícil, para nuestro
propósito, separar esta comunidad de la persona de su alc.alde, Rosendo Maqui.
Rosendo es un viejo, "un venerable patriarca", ~e cuerpo
nudoso, de gruesos labios, ojos oscuros, espesas ceJas, y las
canas nevadas de un anciano, un "hombre con rasgos de montañas". Las cualidades que hicieron de él un buen alcalde
("avisado y tranquilo, justiciero y prudente") aparecen a lo
largo de la obra. Pero vemos que se trata de un sentimiento
de la justicia que pudiéramos calificar de "natural" en OJ?OSición con el de los hombres contra los cuales la comumdad
tendrá que luchar, y que Rosendo desprecia porque es una
justicia muy particular, corrompida e ilegal. Otro sentimiento que también caracteriza al personaje es su bondad, su generosidad. Pero podemos decir que en estas anotaciones no
aparece el verdadero personaje. Este no. puede vivir plenamente sin la presencia de un conjunto de hombres en el cual
su ser se dilata: la comunidad. Vive en su comunidad, pero
también con ella, por y para ella. Y cuando, al principio de
la obra, mira su caserío con un sentimiento de hermosura
alegre, de contento, "sentía y no pensaba", es una emoción
"animal". Siente su comunidad con toda su alma y su cuerpo,
y eso no sólo porque es alcalde desde hace mucho tiempo, Y
permanece como la autoridad cuyo parecer se sigue en todas
ocasiones. Porque su vida se integra a la de la comunidad,
sentirá todo el vacío de la cárcel: "La soledad no provenía
solamente de la ausencia de la palabra. Reposaba también
en el cuerpo. Aun sin hablar nada, se habría sentido bien
teniendo a su lado .. . a cualquiera de los comuneros". Padece
y morirá por la eomunidad, y sus últimos pensamientos irán
a los comuneros.
Pero si hay una influencia de la comunidad sobre los
pensamientos del anciano, éste vive también en el corazón de
los hombres y el recuerdo del alcalde aparece en la vida
mala de fos ~omuneros que se fueron a lo lejos (Agusto Maqui,
Benito Castro, Juan Medrano, etc.). La influencia del personaje sobre la comunidad se extiende más allá de 1~ muert~,
y podemos decir que el asesinato de Rosendo :Maqm anuncia

Serge P. Darmou

,

\

,

.

47

el de la comunidad. Se convierte el hombre en un símbolo
del pueblo ("El viejo arrodillado y sangrante le parece un
símbolo del pueblo"), y hasta llega a un carácter cósmico:
"El espíritu de Rosendo animaba todavía ese mundo y sin
duda se erguía hasta la cumbre del Rumi".
Esta reintegracin simbólica del hombre dentro de la naturaleza tiene, en la novela, otras manifestaciones más precisas, y se manifiesta sobre todo en un poderoso amor a la
tierra que anima a Rosendo Maqui, pero también al autor y
a todos los comuneros. Y hay más: una comunión entre el
h~mbre y la natu~aleza. La vida de la comunidad sigue el
ritmo de las estaciones y los trabaJ·os de la tierra: sie()'a coº 'anisech a, . . "As1, se suce d'ian los acontecimientos ve()'eta1es
0
n:iales y humanos que f?rmaban 1a vida de esos hijos 'ae la
tierra. De no ser el pehgro de Umay ... el amor confiado a
la _tierra_ ~' sus dones. daría, como siempre, cabal, sentido a su
exist~ncia . La confianza en la tierra es la que sostiene a los
comuneros que han de abandonar su caserío. Esta confianza
se trans~orma rápidamente en una personificación de la tierra:
mia muJer vieja y que llora: "¡ Tierra, madre tierra, dulce
madre abatida!". Y el hombre acaba por mezclar en un inmenso panteísmo, las manifestaciones más humilde~ de la naturaleza, y su propia vida. Basta leer este magnífico himno
~l maguey=, "Sólo tú conoces nuestra confianza y su sabor
aspero ... tu, maguey, desde las lomas nos saludas y nos dices
que bueno con tu penacho nimbado de sol y de luna ... t~
levantas como un brazo implorante y en tu gesto r·econocemos
nu~&lt;;tro afán_ que no alcanza al cielo . . . afán angustioso de
e~hrarse, estirarse y querer llegar mientras la vida sigue al
pie, muda,. y las estrellas se cierran como ojos tristes en la
noche ... tienes el corazn sin miel y triste, con la misma tristeza de nosotros los hombres del P erú ... hijo callado de la
tierra, ~tisbas que la vida pasa en el viento, como las nubes,
Y se pierde tras los picachos y sigue ... sin embargo, eres
d~lce, _maguey; tus penas se parecen a nuestras hembras indias, hsas, así sencillas, con un aire de nada pero ale()'rando
el pecho sin decir ni pal8:bra ... , maguey per~ano, regado por
los ~ampos como un cent~nela para dar aviso ... vigilando los
cammos, los largos cammos que hasta ahora son i()'uales a
nuestra vida ... un día te levantará más alto mague; ... estamos esperando y esperando y esperardo hasta sin causa . ..
mientras tú te yergues junto a la angustia prendida al infinito de los caminos ... "
0

En el seno de la naturaleza el hombre ya no es un rey
poderoso y aislado. Hombres y animales son iguales: "Maqui

�48

El Humanismo ele Ciro Alegria

lo quería ( al toro ~fosco) y a la vez lo respe~aba, considerándolo en sus recuerdos como a un buen ~iembro de la
comunidad". Otros animales comparten tambien los goces Y
las desgracias de la comunidad (perros, caballos, etc.). Pero
todas éstas no vienen de la naturaleza; y podemos ver que
el enemiao
del hombre es el hombre, y no los elementos. En
O
su lucha por la vida, el hombre ~e Ciro Alegría vuelve a sus
fuerzas esenciales, porque constituyen el fundamento de la
vida moral del hombre prjmitivo.
El hombre vive en sociedad; es un hecho. bCuál es la forma de la sociedad perfecta, Eso es un problema q?e nos llevaría muy lejos (sin dar resultado). Lo que _nos ,~nteres~ es
ver cómo el autor de "El mundo es ancho Y aJeno nos pmta
la vida colectiva de los indios de la comunidad de Rumí.. ~a
hemos visto el reflejo de ésta en los sent~miento~ del vieJo
Rosendo. Domina la idea de una masa umda y diversa_ a la
vez en sus tipos perfectamente perfilados. El trabaJo es
para el bien de to~os: "Los bie~es comunes son los que_ produce la tierra mediante el trabaJo de todos ... El trabaJo no
debe ser para que nadie muera ni padezca, sino para d~r el
bienestar y la alegría". Por otra parte, vemos que, segun la
ley de la comunidad, el que no trabaja ~u~iéndolo hacer, no
puede comer sobre los bienes de la colec_tiv~d~d. ¿No es precisamente la mejor garantía para cada mdividuo tant~ como
para la colectividad Y El autor nos. pres,enta aquell_a vid~ de
espíritu democrático, :-P?r no decir m_as-, con simp~ha, Y
le opone la vida de miseria y de esclavitud de las haciendas,
las caucherías y las· minas. Oposición a la cual no son extrañas las ideas personales del autor.
La seaunda
fuerza esencial del hombre le viene del más
0
allá. Las creencias supersticiosas del indio son muy numerosas en este libro: el agüero de la culebra, la cólera de los
cerros la leyenda del arco iris, las ofrendas a los muertos, el
temor' a la laguna, la creencia en el poder de la ?~~ja Nas~a
Suro etc. Y en el temor a la laguna, la superstic1on es mas
fuerte que el deseo de cultivar la ~i~~ra y aumentar el ,ca~dal
de la comunidad. Aquella supersbc1on se mezcla ~ll:~ mtimamente con la religión. De tal mezc~a. n_ace una rehgion popular sencilla sin !!ran amor a la D1vmidad, pero mucha confia~za en u~ santo como San ·rsid:~ Labrado~ el santo que
cultiva la tierra y sale de proces1on cada ano. Y _cu~udo
muere la mujer de Rosendo, vemos a éste con u~ ~entimiento
"cargado de una pe_s8:da tristeza, en e~ _que pa:hc1paba~ u~~
vaga conciencia rehg1osa y una emocion de berra Y cielo ,

Serge P. Darmon

49

mezcla de catolicismo, de superstición, de panteísmo y de idolatría.

'

.

El tesoro popular de los indios peruanos es, en la novela
de Ciro Alegría, muy rico y tiene una variedad que muestra
el amor del autor a esta manifestación de las actividades humanas. El folklore superficial ( vestidos, colores, costumbres, ... ) no es aquí el más importante. El verdadero folklore es más hondo y más dinámico. Son folklóricas las danzas
de carnavales, la danza del silulo, el rodeo, el círculoiris, y
también las numerosas canciones populares que se esparcen
en el libro: canción de los niños a la luna, canción de San
Isidro, canción de la paloma, canción del silulo:
Me gustan os hombres bravos,
guayay silulito ...

Y cuando el indio Demetrio fabrica su flauta rústica oímos
la música eterna de estas canciones: "Crecía la voz, se levantaba clara y alta, poderosa y triste a un tiempo, envolviendo
en sus notas algo como un himno a la tierra fecunda ? un
lamento por las aves vencidas; ... sobre el mundo cayó un
hermoso silencio lleno de música". Esos recuerdos del pasado vital, estas creaciones artísticas espontáneas, vienen de
lo más hondo del hombre. Y ¿no es humanismo esta búsqueda de todo lo que, en el hombre, es más puro y más espiritual? Sin embargo el humanismo de Ciro Alegría no considera
solamente al hombre en su pasado, sus orígenes, sino también
como a un ser vivo, una criatura que se debe respetar y amar.
El respeto que se debe al hombre ( que es también amor),
se manifiesta en "El mundo es ancho y ajeno", df' una manera fuerte, casi patética: la rebelión que anima toda la obra.
Rebelión del autor y de sus personajes. Rebelión contra la
falta de respeto de los poderosos hacendados que consideran
a sus trabajadores como animales, hasta como cosas. Asesinatos, impuestos, golpes, robos, violaciones, todo les parere natural y casi necesario, Es el reino de la injusticia contra el cual
el autor libra "el buen combate". Frente a la miseria de la
vida del indio, la rebelión del autor se hace vehemente, dramática, y da al libro un terrible acento doloroso. Ciro Alegría
rree en el hombre como realidad vital v creadora• cree iaualmente en la posibilidad de rehabilitacfón de los ~alos · tiene
c?nfianza en el hombre y se subleva contra todos los que no
tienen tal confianza. Es también respeto al hombre esta afirmación de la necesidad, por todos, de aprender, de "saber",
apartándose así del animal víctima de los que "saben". "Bueno es saber", dice Rosendo Maqui, y la edificación de la escuela por toda la comunidad da a aquel deseo de cultura una

�50

El Humanismo de Ciro Alegría

realidad concreta. Para hacer resaltar más su amor al hombre miserable, el autor le opone la actitud de los "civilizados"
y particularmente de los caporales: " ( el nuevo caporal) estimulado por la presencia de su benefactor, que miraba por
la puerta del escritorio, quiso dar prueba de su gratitud y
cogió el látigo... " En manos de tales verdugos, se llega muy
rápidamente a la negación del hombre, del valor de su vida,
al asesinato puro (muerte de Rosendo Maqui).
El hombre que Ciro Alegría mira fraternalmente es el
desgraciado, pero es un creador. Considera al hombre en
la vida, la acción. Sus personajes son vivos, y cuando quedan inactivos (p.e. en la cárcel) se lamentan: "Rosendo miraba
su vida de prisionero encontrándola completamente estéril,
negada a toda creación". Los comuneros se divierten, sí, pero
después del trabajo, lo que da a sus diversiones su valor
verdadero.
RESPETO AL HOMBRE. RESPETO AL HOl\IBRE.-'-Al
hombre reintegrado en la naturaleza; en la acción creadora;
armado de las fuerzas esenciales de su vida. Eso tal vez no
basta para hacer un verdadero humanismo, nos dirán unos
pesimistas. Sí, y de k, mejor. El amor al hombre hace del
libro de Ciro Alegría, no sólo una defensa del indio peruano,
sino también una defensa del Hombre. Nos aparece en la
novela una terrible lucha, un trágico combate para liberar al
hombre de la injusticia de una sociedad determinada. No
es el humanismo una negación de la civilización (ya no sería
humanismo, y ella puede dar a los hombres muchas felicidades), sino ana rebelión contra los abusos de cierta organización social. Pero, me dirán, el libro acaba con un clamor de
angustia, una derrota. No hay que olvidar lo que el autor
tuvo la precaución de éxpresar en su prólogo: "Entre la actitud resignadamente estoica y de alianza mística con la tierra
de Rosendo Maqui y la decididamente moderna y revolucionaria de Benito Castro, parece quebrarse toda esperanza ...
Pero ... a pesar de la aparente derrota, queda en estas páginas, inconmoviblemente en pie, el hombre indio. Lo mismo
sucede en la realidad también". Diremos más; se queda en
pie EL HOMBRE. Se trata de una expresión personal de un
ejemp!o vivo y directo (el de una comunidad india peruana),
una pintura detallada de la vida y de sus luchas, pero el
humanismo hace de la novela de Ciro Alegría un libro universal, y el autor puede decir, con uno de sus personajes:
"Yo no soy o no quiero ser un peruanista, indigenista, ... el
arte debe tener un sentido universal".

Juanita Soriano / PRESENCIA DEL DOLOR EN CUATRO
SONETOS

Dolor, no te soñé, pero tu luna
me iluminó como al Adán y Eva.
¿La misma luz de Lucifer? Laguna
de lágrimas caídas en la prueba.
Dolor, no te soñé, pero en la duna
preparabas en mí tu estrella nueva.
Dragón que en el sepulcro y en la cuna
eres la llama que mi luz renueva.
Simiente de la pena en la alegría
acecha el cambio tras la lejanía
y es el Dolor el despertar primero.

La noche antigua que contiene al Día,
luz que de las tinieblas brota y guía
mi pie de angustia hasta el postrer lucero.
-51-

�2

3

¡Este dolor de la sonrisa muda!

Pasó el azul por el sendero un día,

¡Este arrastrar la Cruz hasta el Calvario!,

¿También mi corazón en el sendero?

iy este soñar de alondra y de canario

Fue como árbol turbado de jilguero

hasta en la muerte de mi fe desnuda!

y agua de sol, su clara melodía.

Agua encendida que mi sed escuda

¡Iba asombrada en mí tanta alegría!,

derrumba los cimientos del santuario.

disuelta al paso del alud ligero,

Noches sin día, sin igual rosario,

llegó el Dolor, purísimo lucero,

horas de piedra en brazos de la Duda.

Cuerpo de cal, nostálgico de lumbre,
un día se lanzó sobre la cumbre
tras pájaros de oro y de esmeralda.

Sus manos yertas y sus pies de fuego
en la Cruz rotos por el clavo ciego
han dejado la aurora hacia la espalda.

y abrasó en su llamear mi fantasía.

Pasó el azul por frutecida vía ...
Hoy esta flor de llanto y luna fría
da cosecha de cardos en mi alero.

Raíz alucinada su ardentía.
Su devenir eterno, se diría
el eterno minuto pasajero.

�,,

4
,

Así te alejarás, así tu drama,

I

Roberto Bravo Villarroel ¡ EL DULCE LAMENTAR
DE GARCILASO DE LA VEGA

Amor-dolor, anillo de serpiente,
odio y olvido, río que reclama
toda ceniza que pobló su fuente.

Así te alejarás, mató tu llama
el despertar de rosas en mi frente.
Para la eterna destrucción se inflama
tu luz, que nace y muere en la corriente.

Aquí me quedaré, aquí extraviada:
igual tiniebla al fin de la jornada,
con tu nombre que cambia y que perdura.

Dolor que en el azul apareciste:
por todo lo que diste y que no diste
surgió la aurora .de mi pena oscura.

I.-BIOGRAFIA.

CABALLERO y pastor, épico y bucólico, Garcilaso es el paradigma del hombre renacentista. En
este suave poeta, de manos hábiles tanto para blandir el acero
cuanto para empuñar la vihuela y cantár sus amores doloridos,
las armas y las letras se complementan y se conjugan.
.l Toledo, "la ciudad más española de España", ilustre por
mil títulos, Garcilaso, con su nacimiento -1501 ?- añade otra
corona. Acero toledano y aires ribereños del Tajo informan
el espíritu épico y bucólico del poeta y le cincelan un perfil
que llegará a ser definitivo en su obra.

Toda una rica veta biológica y artística se precipita en
el poeta. El marqués de Santillana, el de las serranillas cortesanas y exquisitas, es su antepasado paterno, y _F ernán Pérez
de Guzmán, el de "Generaciones y Semblanzas", acaudilla a
sus antepasados maternos. No es mero azar que un lírico y
lm historiador de caballeros hayan sido sus antepasados. En
Garcilaso se afinan y se agudizan esas virtudes y calidades de
su genealogía y rinden frutos más preciosos que en cualquiera
de sus antepasados.
Grecia y Roma no fueron ajenas a la formación de Garcilaso. Doña Sancha, su madre, ya viuda, se preocupa por la
educación de su familia, y Garcilaso, adolescente, enriquece
su espíritu en las letras griegas y latinas, de boca de sus
maestros toledanos, uno de los cuales, Juan Ruiz, ocupó la
cátedra de Retórica en Alcalá a la muerte del famoso Nebrija.
Gar~ilaso, con este inicial contacto con el mundo de la poesía,
perfila uno de los ángulos de su personalidad, el lirismo.
El otro ángulo, el guerrero, empieza cuando Garcilaso entra al servicio del Emperador Carlos V. Es contino, defiende
con los caballeros de San Juan la isla de Rodas, combate a

�56

'

El Dulce Lamentar de Garcilaso de la Yega

los franceses en la campaña de Navarra. No se piense, sin
embargo, que son dos épocas distintas en la vida del poet~,
la guerrera y la poética. Estas a veces se alternan, pero mas
frecuentemente se compenetran. Acompañando a la Corte en
Valladolid, Burgos, Toledano, pluma y espada no reyo_san en
su mano. Si la suma de sus triunfos guerreros y artisticos da
un saldo exiguo, fue porque en su actuación se cumplió el
apotegma latino de que la vida es breve comparada con el
arte, que es labor ardua y prolongada. Empieza. entonces la
fama a sonar su clarín, y el nombre del poeta brmca de ?~ca
en boca. Perfecto cortesano, de linaje preclaro, de exqms1to
tacto poético, de presencia física bella y yaronil, Garcilaso es
"del vano dedo señalado" en todos los rincones de la Corte.
En 1525, el poeta contrae matrimonio _co~ Doña El~na ?,e
Zúñiga, personaje palatino que nunca sat1sf1zo las asp1~a~10nes de Garcilaso. Casi es lugar común en los grandes lmcos
profanos prescindir del tema del amor matrimonial dentro de
su poesía y dedicar sus más inspirados momentos a un amor
platónico o extraconyugal, que pervade todas sus obras. G~rcilaso, en esto, no fue una excepción. Los amores con Dona
Isabel de Frevre dama de la Infanta Doña Isabel de Portugal,
polarizan casi to·aa la obra poética garcilasista. Su amor
hacia la dama portuguesa fue encendido y secreto. Y llevado por la influencia de varias lecturas, especialmente de
Petrarca, fue glosando su propia vida y sus sentimientos en
sus versos. Estos sentimientos fueron atemperados por el matrimonio de doña Isabel en 1529, con "un hombre fuera de su
condición". Es patente el desencanto que sufre Garcilaso con
ello. Poco después marcha a Italia en el séquito de Carlos V
v quizá ese Yiaje le dió algo de serenidad a su espíritu. Aquel
''deseo loco, imposible, vano, temeroso" le. avergonzab~, pero
no obstante habiendo regresado a su patria, la sola vista de
,
su dama le ' desazonó y le arrastró de nuevo el corazon:
"No vine por mis pies a tanto daño;
fuerzas de mi destino me trajeron".

A mediados de 1530 · Garcilaso peregrina a Francia en
una misión delicada, pru'eba indudable de su privanza ante
el Emperador. Pero un suceso inesperado, la boda de su
sobrino homónimo Garcilaso de la Vega, marca el descenso
de la estrella política del gran lírico. Asiste éste a ~a bod_a,
concertada con la oposición de la misma Emperatriz Dona
Isabel. El Emperador, en castigo, confina al po~t!l en una isla
del Danubio durante 5 meses. Allí la musa lmca se torna,
inexplicablemente al parecer, amorosa de la Naturaleza y a

Roberto Bravo Villarroel

37

la vez traduce todo el amargor y el abatimiento del poeta
ante los reveses de la fortuna y el fracaso de su vida sentimental. El Duque de Alba consigue que se traslade a Garcilaso a Nápoles a las órdenes del Visorrey Don Pedro de Toledo. En esa ciudad alcanza consideración y simpatía entre
los humanistas napolitanos que lo llaman "ilustre y doctísimo" y "estudiosísimo de Horacio". Estos fueron los años más
fecundos del poeta. Traba además relación con muchos de
los humanistas españoles, especialmente con Juan de Valdés
y Juan Ginés de Sepúlveda. A este último, historiador de
Carlos Y, dedica Garcilaso una de sus odas latinas.
En 1533, va el poeta a Barcelona y a Toledo, y regresa
a ~ápoles. En 1535 acompaña a Carlos V a Túnez, donde es
herido por los moros. Pasando las tropas imperiales el día
19 de septiembre de 1536, junto a la fortaleza de M~y, son
agredidos por los soldados franceses. Garcilaso se lanza al
ataque, y al tiempo que escalaba, dejan caer los soldados
enemigos una gran piedra que le hiere mortalmente en la
cabeza. Trasladado a Niza, muere el 14 de octubre de dicho
año.
11.-0BRA.
1.-"Il dolce stil nuovo".

Dante Alighieri llamó "Commedia" a su inmortal poema
por haberlo escrito en lenguaje humilde, es decir, en toscano
desdeñando el latín, lengua vehicular de la cultura medieval'.
En su libro, el inmortal florentino canonizó su dialecto lo
'
elevó al rango de lengua nacional, y dió un ejemplo ilustre
que marcó el paso decisivo hacia la implantación del nacionalismo lingüístico.
El genio de Dante comprendió que una nueva métrica la
de la rima y del número de sílabas, más sonora y formal, te~ía
que desplazar a la métrica clásica, la de la cuantidad de las
vocales, la de las innumerables combinaciones y pies.
Con Dante, inician los corceles del endecasílabo y del
heptasílabo una carrera que aún no suspenden. Especialmente el primero es, a nuestro modo de ver, el verso dotado
de aquella dorada medianía horaciana: ni muy largo ni muy
corto; admite el tono festivo y el grave; puede caminar con
un hermano gemelo para hacer la estrofa pareada, apta para
la poesía gnóinica; marcha también triunfal con otros siete
caballos para construir la octava real, cauce de la canción

�58

El Dulce Lamentar de Garcilaso de la Yega

Roberto Bravo Villarroel

de Italia informaron el alma del mundo renacentista que es
el origen del de nuestros días.

auerrera. El endecasílabo de tal manera cautivó el oído d~l
;oeta toscano, que lo consideró el más apto para expresar "11
dolce stil nuovo" de su poesía. Este nuevo y a la par dulce
verso de tal manera inundó la poesía prerrenacentista y re!1acentista de Europa, que podríamos llamarlo el verso esencialmente renacentista.

3.-Armas y Letras.

2.-Andrea NavagPro, embajador del endecasílabo y de las
formas poéticas ita) ianas.
La política mediterránea de los Reyes Católicos y la europea de Carlos V, .fneron parte -permítasenos glosar a Cervantes-, para que las musas se mosti:asen fecunda~ y ofrecieran partos al mm1do que lo colmarrnn de maravilla y de
contento. El rontacto político de España con Italia es la
ocasión rE&gt;mota dE' ese alumbramiento. Sin embargo, un hecho
que podríamos llamar fortuito es la causa definitiva del trasplante de las flores poéticas italianas al jardín de España.
Venecia nombra a Andrea Navagero, espíritu renacentista
de aran sensibilidad. embajador ante la corte de Carlos V.
En Granada conoce 'aquél a Boscán, espíritu afín al suyo, Y
amigo entrañable de Garcilaso. Tratan, claro está, "en casos
de ingenio y de letras, y especialmente en las variedades de
muchas lenguas", como asienta Boscán en la famosa carta a
la duquesa de Soma. "Me dixo, prosigue la carta, porqué
no probaba en lengua castellana sonetos y otras artes de
trovas usadas por los buenos autorres de Italia; y no solamente me 1o dixo así livianamente, más aún, me rogo que lo
hiciese ... Y así comencé a tentar este género de verso. En
el qual al principio hallé alguna dificultad, por ser muy
artificioso y tener muchas particularidades diferentes del
nuestro. Pero después, pareciéndome, quizá con el a:11or d~
las cosas propias, que esto comenzaba a sucederme bien, fm
paso a paso metiéndome con calor en ello.. Mas esto n? ~~stara a hacerme pasar muy adelante, si Garcilaso con su Jmc10,
el qual no solamente en mi opinión, mas en la d_e todo el
mundo, ha sido tenida por regla cierta, no me confir~ara ~n
esta mi demanda. Y así alabándome muchas veces m1 pro~osito, y acabándome de aprobar con su ex~mplo, porqu~ qmso
él también llevar este camino, al cabo me hizo ocupar mis ratos
de ocio en esto más particularmente".
Quiso Garcilaso llevar también este camino. Y fue tan
trascendental esta decisión que toda la lírica española,. en su
doble aspecto, formal y t~mático, tomó u~ viraje de~initivo
hacia una zona poética de gracia, de sonoridad, ~e arist_o~racia, que aún perdura y perdurará, porque las brisas poetlcas

50

•

Casi llega uno a pensar que cuando Castiglione describió
las cualidades del cortesano, lo hizo pensando en Garcilaso.
Castiglione exigía "buen linage, claro ingenio, gentil hombre
de rostro y buena disposición de cuerpo, diestro en manejar
las armas y en no alabarse en ello, buen juicio y buena gracia
y aire que a todos agrade". Tamayo de Vargas, en la "Vida
de Garcilaso de la Vega" casi es un eco de la voz de Castiglione: "la trabazón de los miembros igual, el rostro apacible
con gravedad, la frente dilatada con majestad, los ojos vivísimos ·con sosiego ... de una hermosura verdaderamente viril .. .
con no sé que majestad envuelta en el agrado del rostro . . .
diestro en la música y en la. vihuela y arpa": Si Garcilaso
gozó de tamaña fama en su época, fue porqu'e respondía exactamente al ideal y al símbolo de su tiempo. Armas y letras
exigíanse al cortesano ejemplar, y el poeta toledano, cómo se
advierte en su vida y en su obra, fue cabal cumplimiento de
este ideal. La muerte es como es la vida. Garcilaso muere
físicamente en una acción guerrera, y su muerte espiritual,
-vivió murie;1do de pena amorosa-, se hizo égloga, canción,
soneto y elegia.
En estos tipos de poemas vació Garcilaso su corazón.
Admira en verdad la exigiiedad de su obra. Apenas si -llegan
sus versos a 4500. Pudo haber dicho el poeta lo que Fray
Luis de sus versos : "casi en mi niñez, se me cayeron como
de entre las manos estas obrecillas, a las cuales me apliqué
más por mi inclinación de mi estrella que por juicio o voluntad". Estas obrecillas de Garcilaso, caídas al mundo poético
por inclinación de una estrella amorosa son, sin embargo, juntamente con las del fraile agustino, la prueba y el fruto del
más depurado lirismo español en la Edad Aurea.
4.-Los temas garcilasistas.
El mundo poético del Renacimiento se ciñó a unos cuantos temas esenciales : bucolismo, mitología, amistad, amor y
melancolía. Garcilaso adopta también estos temas, pero los
trasmuta y les da un acento completamente vital. Los dos
últimos principalmente son en Garcilaso carne de su caq1e y
huesos de sus huesos. Bien sabemos que el pivote en torno
al cual gira toda su poesía es el amor no correspondido, cuando menos abiertamente, hacia y por Doña Isabel de Freyre.
Hay casi una insistencia morbosa en el dolor, una desesperación por la ausencia o la muerte de la amada llevada a lími-

�00

El Dulce Lamentar de Garcilaso de la Vega

tes casi anormales. Muy pocas Yeces, en efecto, el poeta se
olvida de la íntima tragedia de su vida. El estribillo de la
égloga primera no es mero recurso literario. Salían en realidad las lágrimas corriendo por las mejillas del poeta porque su amada era
" . . . más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo,
más helada que nieve, Galatea.
Estoy muriendo, y aún la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas;
que no hay, sh:1, ti, el vivir para qué sea".
5.-La escenografía poética y el drama de Garcilaso.
En toda obra poética podemos descubrir un elemento epidérmico y otro medular. El primero, para Garcilaso, es sobre
el bucolismo. Sacado éste de los latinos, especialmente de
Virgilio, tiene todo el convencionalismo del género. Este respira artificio, y no deja de chocar a nuestra estética moderna
esa concesión a temas tan huecos. Tengamos en cuenta, sin
embargo, el peso del ambiente sobre todo individuo. La naturaleza, en este tipo de poesía, es perfecta. Pastores que
son cortesanos disfrazados, ríos cristalinos y mansos, laboriosas abejas sin aguijón, ninfas de tapiz flamenco, colores inocente y neutros. La naturaleza es un telón de fondo irreprochable, óptimo, y por ende, utópico. El paisaje es además
para Garcilaso, objetivo; la circunstancia, neutral. No se da
en este poeta la cotnpenetración del dolor propio con el paisaje, postura romántica que anticiparon algunos escritores del
Renacimiento. Valgan como ejemplo de aquello estos versos
de la III égloga:
El dulce murmurar de este ruido,
el mover de los árboles al viento,
el suave olor del prado florecido,
podrían tornar de enfermo y descontento,
cualquier pastor 'del mundo, alegre y sano;
yo solo entanto bien morir me siento.
Pero lo que salva a Garcilaso de ser un poeta bucólico
mediocre es el mundo real, auténtico, latente en su poesía.
Garcilaso amó, y amó hondamente. Nadie puede atreverse a
afirmar que los amores del poeta son mero ejercicio retórico,
gimnasia literaria. Ellos tienen expresión insuperable. De
los versos más conmovedores de la poesía española son éstos :

Roberto Bravo Villarroel

.,

'

61

Las lágrimas que esta sepultura
se vierten hoy en día y se vertieron
recibe, aunque sin fruto allá te sean,
hasta que aquella eterna noche escura
me cierre aquestos ojos que te vieron,
dejándome con otros que te vean .
El amor de Garcilaso, pues, es hondamente doloroso y
trágico. No es una pasión mansa, resignada, cuyos efectos
se vierten en lágrimas silenciosas. En la segunda égloga
aparece el carácter del amor de Garcilaso: "terrible y fiero
desear", "congoja", "cruda muerte", "fuego eterno". Es además algo fatal, impuesto por el destino:
En este amor no entré por desvarío,
ni lo traté, como otros, con engaños,
ni fue por elección de mi albedrío.
Desde mis tiernos y primeros años
a aquella parte me inclinó mi estrella,
y aquel fiero destino de mis daños.
Como consecuencia de este amor dolorido, el enamorado
se evade a la soledad:
" ... ir do nunca pie humano
estampó su pisada en el arena".
U, oídas las penas, su amigo le permita:
"llorar mi desventura
entre pinos solos y estas hayas".
A veces este amor llega, por la intensidad del dolor, a
desear la muerte:
, No puedo yo morir Y ¿No puedo irme
por aquí, por allí, por do quisiere,
desnudo espíritu o carne y hueso firme T
La esperanza es siempre alivio del alma dolorida, pero
aun ésta le falta al poeta:

Y, sobre todo, fáltame la lumbre
de la esperanza, con que andar solía
por la escura región de vuestro olvido.

�62

E1 Dulce Lamentar de Garcilaso de

fa,

Yega

Y finalmente el dolor del amor no correspondido es tan
fuerte' que el alm~ del poeta ya ni lo siente:
Siento el dolor menguarme poco a poco,
no porque ser le sienta más sencillo,
mas fallece el sentir para sentillo,
después que de sentillo estoy tan loco.
Y así fue "las horas engañando" hasta que la muerte se
las segó. "En el monte espeso de las diver~idades". no tuvo
Garcilaso nunca la paz hogareña que le hubiera aqmetado el
corazón. X o fue tan sólo la disparidad afectiva con su esposa la que lo obligó a centrar ~l alJ?a e1:1 otra dulce pren~a.
Estaba en el ambiente r enacentista 1deahzar a la muJer aJe•
na, o cuando menos, a la no propia. Desde Dante se inicia
este culto a la mujer semidivina, sin máculas de las cosas terrenales colocada en un escaño sostenido con alas de ángeles
y quen{bines. Petrarca sigue el mismo camino de Dante:
Laura es también la personificación de un sentimiento puramente estético. Este tema se lanza a la poesía de la época
con 0erran éxito y doqui~ra surgen los imitadores petrarquistas. Garcilaso fue también de éstos y no lo fue. En él no hay
abstracciones ni platonismos. El ama a una mujer portuguesa
a la que frecuentemente ve en la Corte, a la que saluda, a la
que le manda su alma en cada mirada de sus ojos enamorados,
a la que le declara su amor en vers?s. que chorrean pas~ón.
Y aunque aprovechó ~odo el ~ndamiaJe :erbal p~trarqm~ta
para dar a conocer su mcontemble afe.cto, este es smcer~, s~ncerísimo, con toda la verdad que puede, tener un autentico
amante:
Y o no nací sino para quereros ;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero.
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.

III.-IXFLUEXCIAS EX GARCIL1\SO.
Tenemos que asentar desde un principio que_ toda. obra
poética, puesto que es humana, tiene como manantial prnnero
el sentimiento personal de su autor. La médula de toda poesía está constituída por las experiencias, esto es, las Yivencias del poeta.

Roberto Bravo Yillarroel

63

Pero todos los hombres somos herederos de moldes artísticos que nos sirven de cauces para la expresión. Pretendemos ahora rastrear, someramente, cuáles fueron esas rutas por
las que Garcilaso caminó.
Ya hemos señalado la influencia de P etrarca. De ella
hemos dicho que se _apropió nuestro poeta los metros y muchos elementos. esenciales.- ~fas también debemos señalar que
frente ~ l~ vaciedad del 1tahano, el español consigue plenitud
de sentimiento.
Virgilio, al que conoció Garcilaso desde su juventud, le
d_a otro elemento, el bucolismo, telón de fondo de sus ensoñac10nes. Toma también del mantuano el gusto por la forma
el eI:&gt;íteto seguro y apropiado, el fondo emocional la contem~
plac1ón serena y objetiva de la naturaleza.
'
Ansias ~Iarch, el valenciano de los Cants es el que más
definidamente influye en el toledano. El gu~to por lo som~río Y lo violento que Don Rafael Lapesa acertadamente senala en la poesía de Garcilaso, es fruto de la imitación de
l\~ar&lt;:h: Xo tuvo, ~in embargo, el gusto por la teorización
filosofica, tan peculiar de este último, "encaminada, dice Lapesa, a de~virtuar con imposibles quintaesenciamientos la humana r ealidad de la pasión; y de otra parte, aun en los momentos de . mayor whemencia, cerró la puerta a los salvajes
- y grandiosos- relámpagos imaginativos del poeta valenciano".
Sannazaro, ~l _poeta de la pastoral napol~tana, es otro de
los ancestros poehcos de &lt;:1-arcilaso. De aquel recoge fSte el
gusto por el color y el somdo, aunque, sigue diciendo Lapesa
"Garcilaso evitó la prodigalidad sensorial del napolitano 1 mos:
frándose más comedido en la descripción de impresiones Yisuales y auditivas.
Terminemos diciendo que todos estos autores influveron
en Garcilaso, pero de una manera circunstancial. Elios le
fueron revelando la manera y el andamiaje con que debería
v~rter su alma enamorada. Hay veces en que la palabra no
v1e~e a la mente para dar a conocer el sentimiento. Entonces
pedimos a los demás ese vehículo. Así obró Garcilaso. Ellos
~ueron dando a conocer. al poeta el mundo interior y le empuJaro1; para que lo mamfestara. Y así produjo Garcilaso s u
poe~i,a enamorada, dolorida y sincerísima. Y nos dió una
leccion de verdadero amor, porque como dice el arcrentino
Francisco Luis Bernárdez,
"

�El Dulce Lamentar de Garcilaso de la Vega

64

Estar enamorado, amigos, es adueñarse de las noches y los
(días.
Es comprender perfectamente que

110

hay fronteras entre el
(sueño y la vigilia.

Lydia Nogales /

SONETOS DE OTOÑO

E s recordar a Garcilaso cuando se siente la canción de una
(herrería

•

Es divisar en las tinieblas del corazón una pequeña lucecita.

EL HUESPED
El pan servido. ¿Y para quién adorno
la mesa dulce en el convite huraño?
Porfía de aguardar, año tras año,
el pan servido y la ceniza en torno.
Quemáronse las brasas en el horno
y el huésped sin venir; huésped extraño

•

presente y sin presencia. Como antaño
mi mesa está esperando su retorno.
Acaso, sin saberlo, en el postigo
arde la vela que encendí. Quién sabe
si el pan, que no comf, coma conmigo
en esta noche. Y su silencio grave
sea el convite que esperando sigo
en esta noche. Y el portón con llave ...
- 65 -

�'
PEÑAS ARRIBA

NIEBLA

Peñas arriba, el eco se distrae
jugando con mi voz. ¿Quién me conduce
peñas arriba? La señal que luce
es mi señal, y la ascensión me atrae.

Cada cual con su lámpara se aferra
a su puesto en la nave; mas ninguno
conoce adónde va. Y un importuno
golpe sin golpe los espacios cierra.

Sin saber cómo, me quedé en el cruce
de una canción. Cuando la noche cae,
no sé si la distancia se contrae
o si es el eco el que mi voz reduce.

¿Vuelven los que se van? Mi paso yerra
en la nave sin fin. Uno por uno
los voy nombrando a todos. Falta alguno:
el capitán que se ha quedado en tierra ...

Nunca podré saber en cuál sendero
comencé mi ascensión. La voz cautiva
sigue jugando con el_ eco. Pero ...

Cada cual con su lámpara. -¡Yo iba
con un jirón del alba en otra nave!¿A dónde va este barco a la deriva?

¿Y el rumbo fiel? ¿y la señal furtiva?
... En esta noche, apagaré un lucero
porque otro rodará pehas arriba.

¡Toda la niebla en mis pupilas cabe!
Cuando pregunto al timonel de arriba
no me responde. El Capitán lo sabe ...

�Slawomir Mrozek ¡ EL PROCESO

..

G RACIAS a obstinados esfuerzos,
gracias al trabajo, a las medidas tomadas y al fuerte deseo
de concluir, el fin fue alcanzado. Todos los escritores fueron
uniformados y se les atribuyeron grados y distinciones. Esto
fue hecho para evitar de una vez por todas el caos, la ausencia de criterios y las inconsecuen&lt;'ias en el arte. El proyecto
de uniforme fue estudiado por el centro, y la repartición de
regiones y grados fue el fruto de largos trabajos preparatorios del Comité DirectiYo. A partir de ese momento, cada
miembro de la Unión de Escritores fue obligado a llrvar el
uniforme: largos pantalones color violeta, una chaqueta Yc1·de, un cinturón y un casco. Sin embargo, esta obligaéión, a
pesar de su simplicidad, aparente, estaba muy diversificada.
Los miembros del C'omitP Directivo llevaban charreteras de
oro trenzadas, los miembros ele los comités regionales, charreteras con trenzas de plata. Los presidentes, espadas; los YÍ&lt;'epresidentes, puñales. Todos fueron colocados en formac·iones,
según el género a! cual pertenecían. Al'ií, fueron constituidos
dos batallones de poetas, tres divisionC's de prosistas y 1111 P&lt;'lotón de ejecución, compuesto de elementos diYersos. Entre
los críticos, en rfecto, se procedió a arreglos muy enfrgicos .
rnos fueron e1wiados a galeras, otros a la gendarmería.
El conjunto fue repartido según loe; grados, desde srgunda clase al de Mariscal. Se tomaba en consideración &lt;'l ní1mero de palabras que el escritor consideraba haber publi&lt;"ado
en el curso de su vida, el ángulo d(• inclinación de su columna
vertebral ideológica con relación al suelo, su edad, sus funciones en la Municipalidad y el Estado. Para diferenciar los
grados, sr adoptó la distinción dr colores.
Las venta,jas del nuevo orden eran evidE'utes. Ante todo,
cada uno sabía ahora lo que se debía pensar de tal o &lt;:ual
-

00 -

�70

El Proceso

escritor. Estaba claro, de ahora en adelante, que un esc~itorgeneral no sabría escribir una mala ?ºvela, que \ªs meJ_ores
del género eran de la pluma del escr1tor-ma:1scal. l n escr1tor&lt;·oronel podía cometer ciertas faltas, pero sm embargo est~ba
más dotado que un escritor-comandante. A las casas editoras, igualmente, se les facilitó la tare~. Podían calcular e:'actamente el porcentaje en el que, por eJemplo, una obra ennada
por un escritor-general de brigad~ era más. propia para la
impresión que la obra de un escntor-subtem~nte. 1:iª ~uestión de los honorarios fue arreglada con el nusmo criterio.

r

Evidentemente el escritor-crítico-capitán no podía, actualmente hacer ~na crítica negativa sobre el libro de un
escritor q~1e tenía el rango de comandante ya mencio1;1-a~,o.
Sólo un escritor-crítico-general podía ~xpresar una opuuon
desfavorable sobre la obra de un escritor-coronel.
Las ventajas exteriores del nuevo ord~n eran igualI?ente
considerables. Durante los grandes desfiles, los escritores
(que antes daban una impresión gris comparados ~on los deportistas, por ejemplo), se hacían notar por el b_r1llo de sus
charreteras. Todo relucía, las espadas y los punales de los
presidentes y los vicepresidentes brilla~an, así como _l,os morriones de todo el destacamento. Gracias a esto crec10 enormemente la popularidad de los escritores en la sociedad.
Fn disgusto surgió cuando se necesitó situar a un cierto
escritor-lunático que escribía en prosa, pero cuyas obras, demasiado cortas para ser novelas, eran demasiado largas para
i:er cuentos. Se cuchicheaba, además, que eso era prosa poética con matices satíricos· otros decían que ese lunático escribía también artículos que verdaderamente eran pequeños
cuentos no desprovistos de ciertos rasgos propios del ensayo
crítico. ' I\o se le podía situar ni en la prosa ni en la poesía,
y no valía la pena organizar una nueva subdivisión para un
solo hombre. Algunos se pronunciaron por su. exclusión: f l
fin de cuentas se le dieron pantalones naranJa para d1stmauirlo se for~ó una segunda clase y se le dejó tranquilo.
Todo ~l país veía en él un oprobio.. Por lo demás, s~ hubiei:a
sido excluido no habría sido el primer caso. Un cierto numero de escritores que, por deformación física, tenían un pésimo aspecto bajo el uniforme, habían sido excluídos desde un
principio.
Sin embargo, la opinión tuvo necesidad de convencerse,
un poco después, que había sido un gran _error haber mantenido en la asociación a ese loco y lunático. En efecto, su
persona fue el origen de un escandaloso asunto que afectó
el claro y magnífico prinl'ipio de autoridad.

Slawomir ~Irozek

71

Un día, un escritor-subteniente-general, muy conocido y
bastante serio, se paseaba por una de las calles de la capital.
Venía a su encuentro este escritor-2a. clase de pantalones
color naranja. El escritor-subteniente-general le arrojó una
mirada despreciable, esperando ser saludado por el 2a. clase.
De pronto, distinguió sobre el casco del escritor 2a. clase la
más alta distinción, que sólo un escritor-mariscal tenía el derecho de poseer: una pequeña roseta roja. El principio de
respeto a la jerarquía estaba en tal forma arraigado en el
escritor-subteniente-general, que sin detenerse ante la extrañeza de lo que acababa de ver, tomó inmediatamente una actitud del más profundo respeto y saludó al escritor 2a. clase;
en este momento, una pequeña bestia del buen dios, que se
había posado sobre el casco de este escritor, y que el escritorsubteniente-general había tomado por la insignia del más alto
grado, desplegó sus alas y voló. Preso de cólera, y sintiéndose humillado, el escritor-subteniente llamó inmediatamente
al crítico de servicio que condujera al escritor 2a. clase al
puesto instalado en la Casa de los Escritores, no sin antes
haberle quitado su pluma.
El proceso tuvo lugar en la capital, en el Palacio de las
Artes. En la larga sala de mármol brillaban las charreteras
de los jueces. El cuerpo de oficiales tomó lugar detrás de
la mesa de caoba y oro; sus decoraciones y sus estrellas se
reflejaban sobre la pulida superficie, como en un oscuro espejo. El escritor 2a. clase con pantalones color naranja fue
acusado de portación ilegal de insignias que no pertenecían
a su rango.
Sin embargo, el acuso tuvo suerte. La víspera del proceso se había tenido una sesión del Consejo de la Cultura,
durante la cual había sido violentamente criticada la insensibilidad con respecto a los artistas y los métodos administrativos en la dirección de actividades artísticas. Desde el día
siguiente los ecos de esta reunión se hicieron sentir en la sala
del tribunal. Fue el escritor-crítico-mariscal en persona quien
tomó la palabra.
.
-Xo tenemos el derecho de abordar de manera burocrática esta acusación, tenemos el deber de investigar el asunto hasta el fondo. Sin duda alguna, el negocio que examinamos es el de una infracción a los principios gracias a los
cuales hemos alcanzado, a pesar de algunos errores, una magnífica. e~pansión_ de nuestra literatura. Pero el acusado ¿es
un cr1mmal activo y plenamente consciente de sus actos?
Deberíamos ir más lejos, ver las causas y no solamente las
consecuencias. i Preguntamos qué ha llevado al acusado a

�72

El Proceso

un tal comportamiento? ¿ Quién lo ha depravado, quifo se ha
aprovechado de su inconsciencia principiante? ¿ Qué atmó~fera ha precipitado la crisis? ¡, Qué debemos hacer, para evitar que sem('jantes cosas se produzcan en el futuro?
"No, mis queridos colegas, no es el acusado el principal
culpable. El no ha sido sino un instrument~ entre las ma~os
de la bestia del Buen Dios. Es ella, la bestrn del buen Dws,
guiada por su odio hacia nuestra ~rneYa jerarquía, irri~ada
ante las realizaciones que debemos Justamente a la exactitud
absoluta de nuestros criterios, a la excelent(' organización de
nuestra Yida profesional; es ella, repito, la que se ha posado
sobre el casco imitando así la insignia del mariscalato. Es
por ella que nuestra jerarquía i&gt;s una bi&gt;stia negra. Así, es
la mano la que debemos castigar, y no la cii&gt;ga espada".

Noticias

LA FACULTAD DE MEDICINA EN SU
CENTENARIO
Por Israel Cavazos Garza
Leido en el Homenaje a la Facultad de Medicina, ofrecido por
el Colegio Nacional de Médicos
Cirujanos "Eduardo Liceaga",
Sección Nuevo León. Aula Magna de la Universidad de Nuevo
León, 14 de septiembre de 1959.

El discurso fui&gt; saludado como si hubiera arrancado las
raíces mi5mas del mal. El escritor 2a. clase fue rehabilitado
y el acto de acusación principal dirigido contra la bestia.
El batallón el(' críticos la di&gt;scubrió en c&gt;l jardín, donde&gt;
se&gt; pavonc&gt;aba sobre&gt; una hoja de lilas, urdiendo sus miserablc&gt;s
planes. No se defendió, sabiendo que había sido desenmasearada. El proceso tuvo lugar en la misma sala de mármol.
Se colocó a la bestia del buen Dios sobre la tabla de caoba y
se la cubrió con un plato di&gt; vidrio, para que no pndi('ra
eseapar. Todos extendieron el cuello, queriendo V('r ese pequeño punto rojo sobre la superficiP negra. Inflexible en sn
abyeceión, guardó hasta el fin un silencio despreciable.
Se&gt; le fusiló al alba drl día siguiente, con la ayuda de
euatro tomos de la última nowla del escritor-mariscal de la
literatura. Eran volúmenes impresos sobre papel holanda y
"'rabados. Sr le dejó caer uno después de otro, d('sde una
;!tura de cincuenta centímetros. Parece que&gt; no sufrió mucho tic&gt;mpo.
El escritor-2a. r lase co11 pantalones color naranja fue ronsiderado, a pesar de todo, como sospechoso de&gt; haber actuado
en complicidad con la criminal. Xo Se&gt; excluye, por otra parte,
que algo más lo haya unido a e_lla, .ya q_u~ _rompió en soll?zos
cuando le anunciaron el Yeredicto y p1d10 qne se )(' deJara
en libc&gt;rtad, c&gt;n el jardín.

(Versión de A. R.)

E

S'l'ABLECIDA en la Constitución
Política local de 1825 la obligación del Estado de impulsar y
proteger la instrucción pública, el gobierno de don José María
Parás promulga el Decreto :t-ío. 73, de 27 de febrero de 1826,
con el Plan relatiYo.
El artículo 35 y siguientes, del capítulo referente a la
enseñanza srcundaria, autoriza c&gt;l establecimiento en el hospital de esta ciudad, de "un profesor médico cirujano, virtuoso, de talento, aplicación, práctica y erudito·,, dotado de 800
pesos anuales. El citado médico estará obligado a enseñar,
diariamente, media hora de medicina y media hora de cirugía.
Los jueves disertará sobre anatomía, química o botánica, y
los domingos habrá de impartir a un grupo de ''matronas de
conducta y aptitud" algunos conocimientos de partos ~, enfermedades de mujeres y niños. La licencia para ejercer, será
otorgada a juicio del profesor.
La erección del plantel no es realizable por entonces. El
sucesor del Sr. Parás en el gobierno, don Joaquín García,
acoge la idea con verdadero interés. Libra para ello instrucciones a los representantes federales de Xuevo León, y éstos
firman en la ciudad de :\léxico un convenio con el médico
üaliano Pascual Constanza, el 5 de agosto de 1828, para que
wuga a l\Ionterrey a hacerse cargo de su erección.
-

73-

�74

La Facultad de Medicina en su Centenario

Aprobadas por el H. Congreso, en fe~rero del ~ño . ~ic,uiente las medidas del Sr. García, se legaliza su reahzac10n
sancionar con fuerza de ley, en la misma Legislatura, el
decreto 73. Esta sanción se verifica el 7 de abril de 1829,
con el No. 215, insertándose literalmente la parte relatiYa a
la enseñanza médica, establecida por el Sr. Parás.

:1

Llega el Dr. Constanza a Monterrey. El gobierno le ha
facultado para hacer traer de Nueva Orleans lo necesario
para la instalación de un anfiteatro anatómico. Y a están
dispuestos a matricularse Francisco Gutiérrez, Carlos A?ala,
Pedro González Amaya, Antonio Cuéllar y José María Carrillo.
Fray Antonio Manuel 1\Iaría del Alamo, m1s1onero del
pueblo de Guadalupe, proporciona unas cuantas calaveras; se
desentierra un esqueleto en la Cuesta Blanca, y ábrense desde
luego las clases, que son impartidas inicialmente en la casa
del gobernador.
El mismo médico da los pasos necesarios para el esta.blecimiento de una huerta botánica, anfiteatro y sala clínica.
Pero ... pronto decae su entusiasmo, y convierte en inconstancia su apellido. Renuncia a su cátedra en abril de 1831,
arguyendo quebranto en su salud. Pero lo cierto es que ha
decidido establecerse en la villa de García, donde se le ve
muchos años más tarde. En el archivo de la catedral de 1Ionterrey encontramos la partida de su entierro, verificado el 3
de febrero de 1859, en el panteón de la Purísima.
Otra verdad latente es la que existe. :Nadie respalda moralmente las ideas progresistas del gobernador García. Hay
en el ambiente de la época cierta predisposición a los estudios de las ciencias naturales, que conducen a la incredulidad y al materialismo. La escuela desaparece. Se ha preYisto, por fortuna, la situación de los alum_nos, y se sabe que
Francisco Gutiérrez y Carlos Ayala, protegidos por el Estado,
concluyen sus estudios el primero en París y el segundo en
Guadalajara.

LA ESCUELA LATENTE
Mejores días esperan a Nuevo· León en este sentido.
Procedente de la capital tapatía, su lugar de ?rigen. y
después de algunos meses de permanencia en San Luis Potosí,
donde hace patente su filantropía durante la epidemia del
cólera morbo llega, el 13 de noviembre de 1833, a Monterrey,
el joven pasante de medicina José Eleuterio González, acompañado de su protector fray Gabriel Jiménez. ~o ha cum-

Noticias

plido veintiún años y ya, consagrado al estudio, hace vida
monástica en una celda del convento de San :B.,rancisco. El
Illmo; Sr. Belaunzarán, 60. obispo de Linares, aprecia su capacidad y le nombra director del Hospital de Ntra. Sra. del
Rosario, en sustitución de Ignacio Zendejas.
{

No limita el joven médico sus actividades al alivio del
dolor ajeno. Palpa la necesidad de farmacéuticos, más grave
aún que la de médicos, que ya los empieza a haber en la región. Abre, en 1835, una cátedra de farmacia, y al cabo de
cuatro años, logra recibir a sus únicos cuatro discípulos.
El gobernador José María Ortega establece la primera
Junta de Sanidad. Ante este organismo es examinado Gonzalitos el 8 de marzo de 1842. Ifan pasado apenas 24 días de
obtenido su título y ya decide impartir un curso completo de
medicina. Cinco alumnos acuden a recibir sus enseñanzas.
Seis años después -29 de agosto de 1848- recibe su único
fruto: Blas 1\Iaría Díaz. Otro de sus discípulos, Ignacio García García, desde el tercer año había pasado a :México, donde
concluyó también su carrera.
Establecido el Consejo de Salubridad el 19 de septiembre
de 1851, del que el doctor González fue designado vicepresidente, y disponiendo ya del auxilio de nuevos médicos y farmacéuticos, intenta un nuevo curso de medicina. No realiza
esta vez su noble propósito, que limita a sólo una cátedra de
obstetricia, debido a la clausura del hospital en 1853.

FUNDACION DE LA ESCUELA
Vive entonces ~léxico sus más duras horas de prueba.
Nuevo León se alista en los días de la Revolución de Ayutla,
que culmina con la promulgación de nuestra Carta Magna,
en febrero de 57. Obedeciendo a uno de sus preceptos, el gobernador Vidaurri decreta, el 4 de noviembre del mismo año,
la fundación del Colegio Civil Su apertura es imposible
por entonces. Ha surgido la Guerra de Reforma. Y los hombres del norte, acaudillados por Vidaurri, tienen participación
muy directa en las luchas ciue han de decidir los destinos de
la Patria.
Ocupa Aramberri la primera magistratura del Estado, y,
no obstante la situación caótica que impera, promulga, el 30
de octubre de 1859, un nuevo decreto, dispon.iendo la apertura del Colegio Civil.
El nuevo instituto tiene proporciones de pequeña universidad. Ha sido incorporada en él la Escuela de Jurispruden-

�7(1

La Facultad de :'\ l&lt;'&lt;licina en su Centenario

c•ia que fundara en 1824: don José_ Ale~ndro de_ Tre_Yiño y Gutifrrez en el seno del Real y 'fridentrno Semrnario de l\Ionterrrv.' Ahora se ha dispuesto también la fundación de la
Escu~la de Medicina, dentro del Colegio CiYil. Las cát~d~as
en éste se ini&lt;:iau rl ;j de diciembre. El programa de ~1edicma
sr ajusta en todo a los estudios que se llevan en la Escuela
Xa&lt;:ional.

EL HOSPITAL
Se t ropieza con un grav1s1mo probl&lt;:'ma. Xo hay h?spital. El viejo centro de 'ialud de Xtra. Sra. del Ro ano_;
aquél que albergara a los &lt;:entenares de aprstados d_e la epidemia de viruela de 1798, y que supo del celo admirable de
Fr. Antonio de la Y&lt;:'ra y Gálvez; el viejo hospital que oyó el
clamor de los heridos insurgentes y realistas en las ~ruentas
luchas de la Indep&lt;•ndencia; el que albergó a los reg1on~~nhnos víctimas drl cólera morbo del año 33; el c¡ue restano las
heridas de los soldados mexicanos y extranjeros en el sitio
de ~Ionterrer del 46, había cerrado sus puertas.
Xo hav a,;ilo ahora para la clase menesterosa. Acostumbrados los ·pobres a acudir a Gonzalitos, continúan hacirndolo.
El no ve otro arbitrio que la construcción de un nuevo hospital. La idea es trnida como nn delirio por . muchos e~cépti&lt;·os. Gonzalitos encuentra d apoyo de su amigo y confidentr el padre ,Jo,;{, .Antonio ele la Garza Cantú, chantre de la
catedral y ex-&lt;:apellán del Hospital del Rosario.
La obra sr inicia rn 18,J8, al cuidado del Consejo de
f-lalubridad v tras de numerosos esfurrzos, logra abrir su cnÍH1rn•1-ía rl ·2' de mayo del año (iü.
El Yiejo Hospital clc-l Rosario sostenido por el gobierno
r&lt;.:lesiústit'o por más de sesenta años. dir&lt;·inueve de los cuales
fue dirigido por Gonzalitos, ha sido l'lammrado por falta de
fondos. El &lt;¡ur ahora se ha erigido, Yiene a srr, en rigor de
justicia históriea, otra fundación eclrsiásti&lt;:a, rral_iza~a en plena Rrforma. El Estado está impedido de contrtbmr por las
atrnciones de la guerra. La obra es . emprendida con la aporta&lt;·ión de 4,000 hec·ha por r l chantre, y ele igual s~ma aportada por rl Pbro. ,José l\Iaría de la Garza. Gonz~htos ha de
hacer más tarde sn generoso legado testamentario de 8,000
])&lt;&gt;SOS.

El nuevo c•&lt;:'ntro dr salud viene a constituir una esperan'
, .
7.a de alivio del dolo1· humano,•y, más que todo, el aula max1ma
dP la narientc Escuela de l\ledirina.

Xoticias

77

LA ESCUELA INDEPENDIENTE
Incorporada durante veinte años al Colegio Civil, pasa
la Escuela de Medicina las mismas vicisitudes y las mismas
penurias que éste. Clausuras forzosas durante la intervención francesa; reaperturas e impulso decidido del general Escobedo al 'l'riunfo de la República. Xuevas clausuras en las
revoluciones de la X oria y Tuxtepec, para convertir en cuartel el viejo caserón de la calle de San Francisco (hoy de
Ocampo) . Las privaciones económicas no son menores. Largos meses transcurren y aun años enteros, sin que los catedráticos perciban remuneración alguna.
El funcionamiento de la E-scuela, incorporada al Colegio,
llega a tener serios escollos. llay deficiencia en la atención
simultánea de un solo director para especialidades tan diYersas. El 12 de octubre de 1877, el gobernador Genaro Garza
García decreta la separación de las escuelas de Jurispruden&lt;:ia
y de ~fedicina. Esta última es puesta al cuidado del Consejo
de Salubridad.
Al iniciar sus cursos en 59, lo había hecho con quince
matriculados. Esta cifra había ascendido a 21 en el año 65.
El impulso que recibe en el gobierno de Garza García, da una
estadística de 63 alumnos. El plantel cobra prestigio. En
los primeros dieciocho años han egresado de sus aulas 46 médicos y 22 farmacéuticos. Muchos de estos profesionales forjados en l\Ionterrey, van a ejercer su noble misión a los Estados de Coahuila y 'famaulipas. Otros dejan sentir su influencia benéfica en los Estados del interiot· o en el extranjero.

.A partir del año 77, disfruta la Escuela de un presupuesto
de 330 pesos mensuales, distribuidos en la forma siguiente:
40 para su director; 30 para cada uno de sus catedráticos; 15
para el secretario y tesorero, y 10 para cada uno de los preparadores.
La muerte del doctor González, acaecida el 4 de abril de
1 88, constituye una pérdida 'irreparable para la Escuela. Uno
de sus más destacados discípulos, el Dr. Juan de Dios Treviño, es designado director. El gobierno del Estado cede en
1890 un predio anexo al hospital. Con el legado del Dr. González es edificada allí la Ecuela, que ha de albergar a muchas
generaciones.

1891-1959
Consigue asumsmo mantenerla en los días intranquilos
de la ReYolnción.

�78

La Faculta11 de :Uedicina en su Centenario

Xoticlas

El sabio discípulo de Gonzalitos; alumno fundador de la
E scuela recibido en 1865, y secretario, después, del plantel;
catedrático de obstetricia durante largos años, y director del
hospital, tiene a su cargo la dirección de la Escuela, hasta su
muerte, acaecida el 16 de julio de 1918.

Analizar pormenorizadamente la historia de esta escuela
centenaria; seguir paso a paso su trayectoria educativa y material; relatar sus fracasos y sus glorias; referir la vida de
quienes la consagraron a ella; hacer un balance del fruto obtenido; son capítulos que sería temerario r educir en esta imEtrf.ecta_ exposición. Baste decir que, en el decurso de cien
años, ha llenado con creces la función social y profundamente
humana a que está destinada.

A un médico inteliaente v activo, y que ya para esos años
disfruta de bien ganad~ prestigio: don Eusebio Guajardo, le
es encomendada la dirección. Esta llega a estar en sus manos en cuatro ocasiones diversas. En estos lapsos, revela su
gran cariño por la ü1stitució11 y logra ponerla a la altura ele
las mejores en su género.

GONZALITOS
La ,,ida de la Escuela rstá íntimamente ligada a la del
benemérito Dr. González. Empresa difícil la ele exaltar su
figura mag-nífica. Con todo, cumple a nuestro deber significar su obra. La del impulsor de los estudios médicos en
~fonterrey; fundador de la Escuela de l\fedicina; catedrático
en ella hasta su muerte, y fundador del Hospital que llevara
más tarde su nombre. La del filántropo que consagra &lt;;u vida
entera a mitigar el dolor ajeno, "fuera la esposa del Presidente
.Juárez, a quien asiste en esta capital, o fuera la del más infeliz
presidiar!?" -como lo asienta Hermenegildo Dávila, el mejor
ele sus bwgrafos. Padre de los pobres, en cincuenta y cinco
años de ejercicio de la medicina jamás percibe remuneración
alguna por sus curaciones. Completamente ciego, acude a
resolver un caso difícil de obstetricia, en una infeliz mujer que
sólo tiene por lecho una estera miserable sobre el duro suelo.

Al primer período del Dr. Guajardo, suceden los 11ombres de los doctores Francisco Garza Cantú, Anastasio Carrillo, .José Barragán, David Peña y Jesús M. Saldaña.
El gobierno del Estado, a cuyo frente se encuentra don
Francisco A. Cárdenas, crea la rniversidad de Xuevo León,
por decreto de 31 de mayo dC' 1933. C'on esta fecha, la antigua
Escuela pasa a convertirse en una de sus facultades. Durante
casi ocho años viene luego a deoe11der del Consejo dC' Cultura
Superior, y, al restaurarse la l'niYersidad, el 13 de septiembre de 1943, vuelve a formar parte de ésta.
Los nombres de los doctores Procopio González Garza,
Jesús García Segura, "Nicanor Chapa, Angel Martínez Yillarreal, Dante Decanini, Eduardo Aguirre Pequeño, Roberto
Treviño :'.\Iartínez, Serapio l\furaira y Méntor Tijerina de la
Garza, han venido sucediéndose, a partir de entonces, como
directores del plantel. Cada uno de tllos en menor o mayor
grado, ha contribuido a la superación y al prestigio de esta
escuela centenaria.
La vieja casona de la plazuela de Cnauhtémoc es insnficiente para dar cabida al cada wz mayor número de alumnos.
En febrero de 1948 se inicia la construcción de un nuevo y
grandioso edificio, al oriente del Hospital Civil. Provisoriamente funciona la Escuela en el edificio '"rirso Garza", de la
e&lt;;quina de Dr. Coss y 15 de l\Iayo. El 9 de noviembre de
1952, el Presidente de la República, Lic. ~1iguel Alemán, foaugma el nuevo local. En 13 de enero de ,j5 se promulga la
Lev Orgánica del Hospital Civil. A partir de esta fecha es
co1;stituido en hospital de enseñanza, y su dirección es conjunta a la ele la Escuela. La construcción se ha continuado
O'radualmente y pronto quedará del todo concluida. En los
11timos años ha sido verdaderamente prodigioso el adelanto
observado en todos los órdenes.

79

Cumple a nuestro deber significar asimismo la obra del
maestro. A nadie más que a él debe atribuirse la existencia
del Colegio Civil en sus etapas más difíciles. E s director del
plantel y figura como catedrático de humanidades hasta su
muerte. Nuevo Platón, sus discípulos de literatura o medicina
le rodean constantemente, ávidos de escuchar sus enseñanzas.
La obra del orador tiene mucho de docente. En las distribuciones de premios del Colegio, produce piezas magistrales. En su verbo se advierte el erudito del clasicismo griego
y latino. Su palabra está saturada de sentencias de un profundo sentido moral. Sus discursos de carácter cívico, son
documentos de amplísima información histórica.

• 1

El Gonzalitos estadista, personifica el modelo del gobernante patriarcal. Cubre tres interinatos al frente del Ejecutivo del Estado en diversas ocasiones. Al suplir, en 1870, una
ausencia temporal de Jerónimo Treviño, deja establecida la
Escuela Xormal para Maestros. Es electo después gobernador
constitucional en 72. La política le distrae sin embargo de

�80

La Facultad de Medicina en su Centenario

su tarea esencialmente humana. Las adversidades que en ella
padece, son consignadas por él entre las que le ocasiona la
ceguera sufrida en las postrimerías de su vida.
La obra del Dr. González escritor, es admirable. P ara sus
labores didácticas elabora un Tratado de Anatomía y sus Lecciones de Moral Médica. Escribe, además, un Tratado de
Partos ; otro de Patología General y unas Lecciones de Terapéutica. Prepara un manual de Raíces Griegas ; nos lega un
estudio sobre Higiene de Sepulturas ; imprime un tratado de
Cronología, y se da tiempo para escribir un estudio sobre La
Mosca Hominívora, y otro sobre la Estadística del Estado.
Se ha distinguido también como poeta, y su inspiración
borda generalmente sobre la ciencia y la enseñanza.

Xoticias

..
. ''
1

Israel Cavazos Garza

BIBLIOGRAFIA
AGUIRRE PEQUEÑO, Eduardo. Datos para la Historia de
la Escuela de Medicina. Monterrey, 1944.
ARCHIVO GENERAL DEL ESTADO. Sección "Archivo Escuela de Medicina".

GONZALEZ, José Eleuterio.
t errey, 1885.

Colección de Discursos. Mon-

REYES AURRECOECHEA, Vicente. Historia de la Facultad
de Medicina. En "Vida Universitaria", ~º- 53. Monterrey, 26 ele l\Iarzo 1952.
ROEL, Santiago. Dr. José Eleuterio González. Apuntes Biográficos. l\1onterr ey, 1938.
ROEL, Santiago. Nuevo León. Apuntes Históricos. 7a. Ed.,
l\Ionterrey, 1957.
TORRES H. Martín. La Facultad de Medícina. En "El Porvenir". l\fonterrey, 16 de agosto de 1959, pág. 7.

Identificado plenamente con la vida de Nuevo León, consagra también gran parte de su precioso tiempo a las investigaciones históricas. Su : Colección de Documentos para la
Historia de Nuevo León ; sus: Lecciones Orales de Nuevo León,
y sus Apuntes para la Historia Eclesiástica del Obispado de
Linares, son libros de gran mérito y constituyen las primicias
de la historiografía local ; ya que ha de pasar tiempo para
que la obr a de nuestr os cronistas del siglo XVII sea conocida.
Y :N"uevo León sabe apreciar en todo lo que vale la vida
y la obra del sabio filántropo. Un decreto del Ejecutivo le
declara Benemérito en 1867, y otro del Congreso ratifica en
73 esta justísima designación. l\Ionterrey siente veneración
profunda por el hombre que tantos beneficios le ha prodigado.
Este cariño tiene su apoteosis en el júbilo popular sin precedente por su retorno de Nueva York, aliviado de la vista; o
en el dolor que el 4 ele abril de 88 experimenta con su pérdida eterna.
·

DAVILA, Hermenegildo. Biografía del Dr. José Eleuterio
González. Monterrey, 1888.

81

, l

�Libros

René Marqués, La. víspera. del hombre, Puerto Rico, 1959.
(Selección del Club del Libro de Puerto Rico).
René l\Iarqués, después de triunfar en el drama y en el
cuento, se estrena en la novela con La víspera del hombre,
(1959) primera selección del Club del Libro de Puerto Rico.
una clase de "Book of t he l\Ionth Club" organizada por el
mismo Marqués para fomentar la producción y la divulgación
de la literatura puertorriqueña.

La. víspera del hombre sigue la pauta ya tradicional de
la novela criolla de Hispanoamérica: la presentación de un
protagonista simbólico que se identifica con el escenar io y los
problemas de su país. En cuanto al elemento personal. el
autor penetr a en el mundo interior de Pirulo y lo sigue a
través de su transformación de niño en hombre. El proceso
evolutivo va acompañado de cambios de escenario significativo .

...

1

1

La primera etapa de la vida de Pirulo se desenvueln en
el interior de la isla, rerca de Lares. Hijo ilegítimo de la
campesina Juana y el finquero don Rafa, Pirulo vive con sn
madre y un padrastro egoísta, borracho y violento. Para consolarse, Pirulo se refugia tanto en ·1a naturaleza como en la
finca de San Isidro. Cuando don Rafa vende la finca, Pirulo
sabe que " la seguridad y la paz ya no estaban en la casa grande". (p. 28) E l temporal de San Felipe (1928) termina la obra
de don Rafa destruyendo la finca y poniendo fin a la niñez
de Pirulo. Ya acercándose a la pubertad, Pirulo no puede
aguantar más los golpes del padrastro. Se escapa de la casa
y se encamina hacia el mundo más amplio de la costa.
En Carrizal, la otra finca de don Rafa cerea de Arecibo,
Pirulo vive con su tío Payo. Bajo la protección de don Rafa,

�Libros

84

trabaja, estudia y juega. Poco a po~o se le des1¡&gt;i~rta el s::º
v ~e enamora de Lita, hija de su anngo y co~se_Jero, el ~1e.,ro
FT La evolución hacia la madurez contmua su ma_rcha
v:r~fginosa.
11 día en la playa Lita se deja poseer por Pirul~
v éste se i-iente bastante grande para poseer la he~-ra , Y :
iuar. Lo único que falta ya para que sea hombre es expeumentar el dolor y veneerlo.

r

Raúl nieto de don Rafa se pone tan celoso 9l~e por poco
mata a n'aúl en un peñón de la playa. Cuando ~ehx se desespera al saber que su hija está de~h~nrada, Pirulo sufre de
remordimiento. Luego ese remordimiento s~ trueca en ◄ ~e_specho cuando Lita, pensando en la gran amistad entre Fehx
v Pirulo miente que Raúl fue el culpabl~.. Los dolores de
I'irulo si'guen intensificándos(': Féli~ se smcida; la madi; ~e
Lita se vuelve loca y mata.ª ~u l!1~a a machetazos; Y, a~ o
le revela a Pirulo que es hiJo ilegitimo de don Rafa. r?t_almente aturdido, Pirulo corre a lanzarse al mar pero el esp1r:~u
ele Félix )(' ayuda a reaccionar. Lleg~ a compre1~der &lt;!ue ,~l
problema no era, pues, busear el sentido de la '?da, smo 'ivirla sin esperanza alguna de encontrar su sentido . . . Hoy
sólo era la víspera. El día sería mañana". (p. 26~) Al terminarse el dolor de crecer, Pirulo e~ltra en, la plen~tud d(' .la
vida, dejando a Ca~rizal por el ambiente mas a~1pho d~ . .._\reeibo donde va a vivir en casa de don Rafa y segmr estudiando.
Por sensible que sea la interpretación. de los pensami~ntos v las emociones de Pirulo, éste nunca pierde su valor &lt;;i_mbóli~o. · Su niñez refleja la existencia idílica_ de P~erto Rico
antes d(' la &lt;'onquista española. Pirulo se deJa fascmar tanto
por el ausubo, el coquí y
pi_tirre corno p~r la leyend_~ de
la princesa india. Las alusiones a las dos epocas co_lomales,
aunque coinciden más con los años pasados por Pirulo en
Carrizal, comienzan durante su niñez. A~ude ~ Lares p~ra
escuchar embelesado 1111 discurso revoluc1on~r10 de Alb1zu
Campos, quien ti('ne que recordar a los campesmos ,que el enemiao ya no es España corno en 1868 cuando sr echo el famoso
G ~t · 0 los Estadoh -Unidos. La lucha a muerte entre los
n o sml;nidos
· y Puerto
" Rico se presenta snn
· b oT1cament e ante
Estados
.
los ojos azorados de Pirulo en el ataque del guaraguao contra
el pitirre.

e!

Pna vez en Carrizal, Pirulo resiente_ más las manifestaciones del colonialismo de los Estados Umdos. En la ~scu_ela,
la directora norteamericana le pega porque no, sabe¡;n~1u;_re
decir la jura a la bandera. Pregunta por que la • , • 1stilling Co. produce alcoholado en wz de ron, Y por que el
está prohibido. Lamenta la desaparición de las calesas frente

ron

Libros

a la invasión de automóviles norteamericanos. Cuando Raúl
regresa de los Estados Unidos convencido de la superioridad
de ese país, Pirulo le recuerda que Puerto Rico tiene que ser
libre. En su afán de criticar todo lo norteamericano, René
1\Iarqués muestra una predilección anómala por todo lo español. La india Marcela, qne durante la nifiez de Pirulo se identifica con la princesa legendaria, se pasea por el bosque cantando ¡ letanías en latín! Unos cuantos capítulos se dedican a1
retrato del inmigrante español Francisco Domingo Abreu.
Justo, honrado y trabajador, se le perdonan las aventuras
amorosas como parte de su carácter pintoresco. En la finca,
el español Abren y después su yerno don Rafa dan buenas
condiciones de trabajo a sus peones, los invitan a tertulias
en la casa grande y se preocupan por sus problemas p ersonales. ¡ Qué distintos de los hacendados pintados por el muralista Diego Rivera y por tantos novelistas hispanoamericanos
del siglo veinte!
Siguiendo la comparación entre el desarrollo de Pirulo
y de Puerto Rico, ~e insinúa que el próximo paso será la independencia. Pirulo, ya vencidos los dolores de crecer, empezará a vivir más como fodividuo. El autor espera que Puerto
Rico, inspirándose en la tradición autóctono-española, también
llegará a ser independiente. La mezcla de incertidumbre y de
optimismo con que Pirulo se dirige a A.recibo refleja la actitud
del autor respecto al futuro de su país.
Si se trata de evaluar La víspera del hombre dentro del
marco de la novela hispanoamericana, hay que señalarle algnnos defectos. Su rriollismo no concuerda eon el afán actual
de tantos escritores de huir de los temas telúricos para hilvanar sus argumentos alrededor de temas sicológicos, fantásticos
y filosóficos. En el plan general de la novela, se nota la influencia de Don Segundo Sombra (1926) aunque no se puede
colocar en el mismo nivel artístico con la novela de Guiraldes.
En las dos obras, un niño crece creyéndose pobre. Los dos
~on hijos ilegítimos que acaban por ser rrconocidos por el
padre finquero. Los dos son figuras simbólicas que anuncian
una nueva época para su país: el joven argentino :va no puede
ser gaucho mientras que Pirulo ya no puede ser jíbaro porque
los tipos pintorescos tienen que ceder ante el empuje de la
&lt;'ivilización del siglo veinte. En cuanto a esa trama esquelética, La víspera del hombre se distingue de Don Segundo
Sombra en que las insinuaciones acerca de la paternidad del
protagonista son demasiado obvias y no permiten que el leetor
comparta la inquietud y la desorientación que siente Pirulo
al saber su origen verdadero. El exceso de elementos criollos,
tan variados que a veces parecen traídos por el pelo, dan a la

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Libros

novela cierto aspecto ar tificial que _-_debi~it~ ~l mensaje d;l
autor Debido a su gran preocupacion d1dachca, a 11arques
,;e le ·han escapado algunos detalles de su mundo noveles~?:
aunque Raúl llega a ser el contrincante ~e ~irulo, no es h1J~
de don Rafa como éste sino nieto, pero Jamas se ah:de a su!
padres. en el capítulo del desgrane de gandules, dona !sabe
p~rece 'ser un personaje importante (:págs. 218_-219) pero nur
ca se revela quién es; y la madre de Lita no e:x1ste en la nove a
hasta el penúltimo capítulo cuando, enloquecida por la muerte
de Félix, mata a su hija.
La. víspera. del hombre, a pesar de sus defe~!os, .es u~a
novela importante para Puerto Rico. Da expres1on ~tera_ria
al punto de vista de los que no quieren que Puerto Ric_o s~ga
bajo la tutela de los Estados Unidos. La novela esta bien
l'Onstruída en general. Es. decir que. el autor repasa de
en cuando episodios anteriores; s~ su:ve de 1~ retrospecc10n
en dos ocasiones distintas y maneJa bien el dialogo. y el monólogo interior, aunque a veces Pirulo se intelectualiza ~emasiado al hablar por el autor. Ya consagrada la fama !iteraría de René Marqués en el cuento y en ~l dra~a, La. VISpera
del hombre inau(Yura una nueva época literaria para Puerto
Rico. Teniendo ~n cuenta la alta calidad de las otras obras
de l\larqnés, no sería de más esperar que se super~ra en s~s
próximas novelas. Con La. víspera d; l hom~re, Rene.Jfarques
, ha lanzado no -sólo a un nuevo genero smo tambien a una
; 1~eva empresa que no puede menos de ~ontrjbuir en alto grado al de:,arrollo de las letras puertorriquenas.

~';Z

Seymour Menton
University of !Cansas

Manuel GálYPz, Perdido en su noche. Buenos Aires: Editorial
8udamerieana, 1958, 250 pp.
De la pluma del insi1?ne y fecund_o novelista ~rgentino
)[anuel Gá!vez ha ,;alido otra novela, titulada Per~do en su
noche. Parece que su edad bastante avanzada (nacio e_n 188?)
no le ha quitado su capacidad vital, para _la la~or liter~r1a,
pne~ t'n los últimos c•inco años logro pnbhc_ar cm~i no\elas
de diversos temas. .Aunque la estrel~a de Galve~ s1.,ue ª.umhranclo el campo de la ficción argentma, ya no tiene el mismo

Libros

81

resplandor que antes. H an aparecido otros autores valiosos
-::.\Iallea, Borges, Castro, Mujica Láinez, Bioy Casares- y a
ellos les cede paso Gálvez. De las nuevas tendencias en la
ficción de un país, Gálvez casi hace caso omiso, manteniéndose
firme en su molde tradicional que proviene en gran parte de
los preceptos novelescos franceses del siglo pasado.

P~dido en su noche trata de un joven argentino que se
ve obligado por su madre arrogante y dominadora a ingresar
en la Compañía de Jesús, faltando toda voeación para la vida
religi?sa. Las dudas e inquietudes que experimenta el protagomsta (Teodoro Troncoso) durante el Noviciado y aun
después de ordenarse constituyen un tremendo conflicto moral que plantea Gálvez con mucho tino. Le atormenta y a&lt;Yobia su vida de jesuita y por fin hace una decisión tan difícil
como aterradora, cuelga los hábitos. Así, jesuita apóstata, es
aborrecido de toda su familia y de muchas personas del barrio•
sólo una mucamita simpática lo acepta, y con ella se casa po;
p_uro amor. Pero a poco tiempo él siente la necesidad ünper1osa de entrar en la Casa de Dios, de arrepentirse, de salvarse. En un arranque de fervor religioso se arrodilla ante
el alta y dice: "¿Por qué, Dios mío, te dejé? ... Te amo, Dios
mío. No permitas que me condene". (pp. 238; 240) Sale de
la iglesia atolondrado, confuso, tambaleante, y al cruzar la
calle en este estado de perturbación emocional un automóvil
lo atropella. Muere pocos días después.
En el tema y el argumento de Perdido en la noche se nota
cierta correspondencia con la vida y unas obras anteriorf'S de
Gálwz. En primer lugar, recordamos que en su juventud renunció su creencia religiosa para recobrarla después y hacerse
defensor ar~i~nte de la f~ católica. Y notamos también que
un tema rehg1oso, en particular el conflicto entre la vida clerical y las pasiones humanas, forma el telón de fondo de otra
noYela suya, Miércoles Santo. Asimismo, a travfs de otras
obras, como La sombra. del convento y una novela reciente
~~ nsito Guzmán, _se percibe un profundo sentido moral y re~
hg1oso. En Perdido en su noche el significado- reli&lt;Yioso es
bastante evidente: la regeneración espiritual de Te~doro y
más aún su negativa de rechazar a Dios cuando abandona la
Compañía de Jesús, dan prueba de uua fe inquebrantable, de
un l1ondo sentimiento religioso que va más allá de lo puramente doctrinal y formalista de la religión. Parece que la
sewridad inexorable y la disciplina inflexible de los Jesuitas,
contra las cuales se rebela Tcodoro, se oponen ideológicamente
a la pura y sencilla devoción religiosa que profesa al final de
la obra.

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Libros
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La narración procede directament_e, _con la ~isma sencillez de forma y expresión tan caracteristlca de. Galvez. Aunque de ao-uda captación psicológica e introspectiva, sobre todo
en cuant~ al retrato del jesuita y de su madre, _el relat? nunc~
incurre en complejidades abstrusas de pensamiento e idea, ni
en estructuras intrincadas de léxico y de sintaxis. El arte de
Gálvez se esconde bajo su ap~rente facilidad de, n_arrar. ~sta
simplicidad y claridad no deJa de asombrar, maxi~e en _vista
del tema un poco difícil y enredado. La_ fama ht~r~;ia de
Gálvez ya está hecha, desde hace muchos anos; adqumo gran
prestigio v popularidad con obras maestras como El mal metafísico1 Ñacha Regules y La maestra normal. Gálvez tendrá
c11-1e escribir una novela extraordinaria, p~ra super.ar o al m~no&amp; igualar a estas obras en valor artistico y en import~D:cia
literaria. Perdido en su noche no alcanza este gran merito,
aunqne está bien escrita y desarrollada y tiene to~_ues novelísticos bien logrados. Y agregamos est&lt;&gt;--9.ue los Jove11;es _escritores argentinos, sobre todo los que aspiran a una tecmca
segura y una prosa clara y directa, pueden aprender mucho
del arte de Gálvez.

Myron I. Lichtblau
University of Siracuse, N". Y.

ESTUDIOS. Volumen I, Número 1, Fragmentos de Literatura Hebreo-Española, publi5!ación del Instituto Central de
Relaciones Culturales Israel-Iberoamérica, España y Portugal,
)farzo de 1959, 16 East 66th Street, New York, N. Y., Estados
Unidos de América.
El Instituto Central de Relaciones Culturales Israel-Iberoamérica, España y Portugal está tra~aja~do intensame~ite en
una serie de publicaciones de gran mteres para estudiar lo~
aportes de la cultura hebr~a. al mundo_ occidental durante ~as1
veinte sio-los de contacto mmterrump1do. ~fochas comumdades judaicas se focorporaron definitivan:ente a la vida del Occidente después de la diáspora, se enraizaron h~n~amente en
la vida de los pueblos escogidos por ellos para nvir, pero salvaron la esencia misma de su ser hebreo Y, en estas nu~vas
condiciones, desarrollaron, con una intensidad q~1e no, tiene
paralelo en la historia d~ 1~ ~ultura, toda ~na !iloso!1a que
siempre fue fiel a los prmc1p1os de su propia f1Iosofia. Un
caso que merece toda nuestra atención es el de los hebr eos

que encontraron en_el sue!o. español una nueYa patria y donde
desarrollaron amphas actividades culturales. Tanto en la España ~rabe como en la España cristiana, los judíos juegan un
papel importante en el campo intelectual. Recuérdese la importancia -señalada en muchas ocasiones por .Américo Castro
y otros inYestigadores- de los hebreos que forman parte en
el equipo de sabios de la E scuela de Traductores de Toledo
fundada por Alfon~o X ~l Sabio; as~mismo, en la España ára~
be, los h ebreos supieron mtegrarse, sin perder su personal4dad
a las formas sociales imperantes y llegaron a ocupar cargo~
~olíticos de importancia, principalmente, en la época del Califato. Los 11ebreos españoles, aun después de su bárbara expulsió~ del territorio español, en la nueva diáspora fueron
excepcionales aun entre sus mismos hermanos de raza. su
permanencia en España, el contacto íntimo con dos cult~ras
distintas, les dió una flexibilidad y unos hábitos intelectuales
inconfundibles.
El presente número de ESTUDIOS, primero de la serie
presenta una antología de cuatro escritores hebreo-españole~
de la llamada época clásica de la literatura judaica española:
Shlomo Ben Yehuda Ibu Gabirol, Bahya Ben Josef Ibn Pakuda
-r:ehuda Ben Samuel Halevy y :M:oshe Ben l\faimon (Maimó~
mdes). I;a presentación de esto~ cuatro autores está precedida
de un prologo -~o sabemos qlllen es su autor ni el r ecopilador de la antologia- en el cual se hace una exposición de los
momentos culminantes del pensamiento hebreo español v de
su _influenci_a en la vida intelectual del país. El Dr. León
DuJovne, ~membro de la Sección de Filosofía del Consejo de
Intercamb10 Cultural Argentino-Israelí ha colaborado en la
preparación del libro y creemos -esto es sólo una conjeturaque a él se debe el prólogo.
Shlomo Ben Yehuda Ibn Gabirol nació en Málao-a en
el año 1021! cuan?o ape~as comenzaba~ a aparecer las primemeras mam!estac1~n~s literarias en el Reino de Castilla y en
todos los remos cristianos de la España no musulmana. Para
esta.fecha la poesía hebrea tenía ya detrás de sí una tradición
glo:iosa. Ibn Gabirol es quizá el poeta más personal de toda
la epoca : poeta de la soledad, busca en Dios aquello que no
puede encontrar entre los hombres. Poeta eminentemente religio~o, los_ acentos místicos suenan en él con un dejo de verdad imposible de hallar en los demás. Su influencia dentro
de la literatura hebrea y aun dentro de la filosofía cristiana
es grande. Alguien ha apuntado que muy bien pudiera ser
un precedente español de Baltasar Gracián, el escritor de la
soledad y de la amargura. Se han seleccionado fragmentos

•

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de La Corona Real y también una composición poética que
fiaura en la liturgia del rito español para el día de las expiaci~nes. Bahya Ben Josef Ibn Pakuda, español zaragozano, de
cuva vida se conocen muchos detalles, es otro de los escritores
in;luídos en esta antología. Es un filósofo que enfoca sus actividades principalmente hacia conclusiones éticas, con el objeto de fortificar la re-ligación del hombre con Dios. Se han
incluido selecciones de su obra Doctrina de los Deberes de los
Corazones el sexto pórtico donde hace una exposición teológico-filosófica de la virtud de la humildad, y otra del déeimo
pórtico en la que habla del amor de Dios y de la senda del
amor. Yehuda Ben Samuel Halevy nació en la gótica Toledo
&lt;'11 el año 1085 • poeta precoz creó alrededor de sí un ambiente
de amabilidad,' de cortesía, de elevación poética y de sinceridad; polifacético en sus actividades, es por encima de t?do
un poeta de gran inspit'ación. Transcribo unos versos dedicados a él por otro poeta hebt·eo:

Libros

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dos" es quizá la obra más estudiada de la filosofía hebrea
sobre todo en lo que se relaciona con los principios funda~
~entales del ser y de la ontología en general. Se han selecc10nado para este volumen los párrafos dedicados a la profecía.
. Creemos que _es!a publicació~1 es de excepcional importan&lt;'ia para_ el conocimiento de la literatura hebrea y felicitamos
a sus editores, esperando que en sucesivas entreaas se nos den
otros valiosos testimonios del pensamiento heb;eo.

Juan Antonio Ayala
Universidad de Nuevo León.

¡, Cómo un tierno joven, corto de años

carga ya sobre sus hombros con altas moles del espíritu?
O ¿ cómo un adolescente domeña a los bravos,
estando a1ín en su mocedad, como eapullo en flor?
He aquí que de Sefr alboreó, para iluminar
por toda la longitud del orbe y por toda su amplitud.
y con mano poderosa, desde lo alto de las P léyades
se ha mostrado, no a través de una simple ventana ...
No solamente es poeta, sino que sus escritos S&lt;' extienden
y con gran éxito hacia el campo de la filosofía, que entonce~
&lt;,;e desenvolvía dentro de un riuevo renacimiento nroplatóni&lt;'o
Y arif,totélico. Su obra máxima en este aspecto es El Cuzari,
cliálogo entre un rabino y el Rey de los Cuzares. Re han
incluido en esta antología fragmentos del diálogo y además el
0

Himno de la Creación para la mañana del Día del Gran Ayuno,
la excelente traducción de Don ~Iarcelino Menénclez y
Pe1ayo.

fü

E l último autor seleccionado es Moshe Ben Maimon. &lt;'onoeido mejor por su nombre latinizado · Maimónides. Cordobés.
de estirpe senequista, conoce las amarguras del destinro y
vivP principalmente en el ~Iedio Oriente, donde escribe sus
obras mác; importantes. La presencia de l\faimónidcs en la
Filosofía Occidental es decisiva. Emile Saisset dijo: "l\Iaimónides es el precursor de Santo Tomás de Aquino y la "Guía
de los Perplejos" anuncia y prepara la "Summa Theológ-ic~"Esta obra de l\faimónides "Guía de los perplejos o descarrta-

)Iari_? Pei, La ~ avillosa Historia del Lengua.je. (Traducción
espan?la p_or David Romano, Doctor en Filología Semítica de
la Umvers1dad de Barcelona) Espasa-Calpe, S.A. Madrid, ]955.
. Aunque ~d~tado en_el año de 19.,5, nos llega ahora este
libro de_l r,ublic1sta i\Iano .A. Pei, "La Maravillosa Historia del
Lengua~e . He usado intencionalmente la palabra 'publicista'
referirme. a ~~~ a_utor, pues aunque Pst(&gt; en posesión de una
catPdra de hngmstica en la l'niversidad de Columbia v lleve
la voz cantante _en muchos Congresos de Lingüística que sé
lleva!1 a cabo mas allá del Bravo, la actividad de Mario Pei
l1a sido Y ec; f~n?amen~almente la de. u_n publicista que ha
en_contrado e_l facII_ cammo de dar sem1d1geridos al gran plÍ~hco una serie de libros sobre materia tan difícil con la frivoh_~ad propia de un publicista. Está todavía re~iente la edicwn ,-;--o~tubr_e de 1958- de su libro "Language for everybody , m1sc&lt;'lanpa confusa de todas las teorías lingüística&lt;; que
hasta el presente se conocen. DPspm~s de len· este su libro
"La Maravillosa Historia del Lenguaje" hemos llegado hasta
a dudar de la bondad y de la legitimidad del doctoral título
que ostenta el traductor; es imposible que un lingüista europeo pued~ estar de _acuerdo y sPrvir de instrumento para la
pr_opa~_ac1on de las ideas y doctrinas de Pei. Ha sido la pubhcac1011 d(' esta obra un error fundamental de una Editorial
tan ~creditad,a, como lo es Espasa-Calp&lt;' y no concebimos &lt;·óm~
el mismo catalogo que anuncie "Los Orígenes del Español" de
Don Ramón l\fenfodez Pinal y muchas ele las obras fundamentales de Karl Vossler, pueda también anunciar esta obra.

ª!

0

�02

Libros

Es evident!', ann para nn alumno apenas iniciado en los secretos de la metodología lingüística, que hasta el presente los
Estados Unidos no nos han dado nada de importancia en este
terreno. Los lingüistas norteamericanos, salvo raras y honrosas excepciones, permanecen ~ún en el campo ,d~l compar!tismo cuando no en las aberraciones de una fonetlca pragmatica, ~xcelente para la enseñanza de :un !dio,IIl:a -el iélioma
in"'lés- pero que no tiene trascendencia cientifica alguna. El
intelectualismo o antimentalismo de L. Bloomfield es aun hoy
la teoría que informa todas las actividades de los lingüistas
norteamericanos y que postula el principio de que "el sistema
nervioso es el punto del que debe partir el lingüista par'.1 su
estudio, y no de un elemento presupuesto por los mentahstas
y tan problemático como el espíritu, la mente o la voh~_ntad.
El lenguaje es una reacción, un "b~havior' ~nte un estn~ulo
estrictamentP físico". Aunque :Mario A. Pe1 no es estrictamente un antimentalista1 sin embargo sus actitudes pragmáticas y sus consecuencias en el plano ill:1güístic? se derivan -~irectamente de las doctrinas de Bloomfield. Cierto es tamb1en
que esta clase de libros, como los escritos po~ Pe~, suelen ser
un gran éxito de librería por su concepción s1mphsta y su superficialidad amena la mayor parte de las veces. Pero no
eonfundamos éxito con seriedad, no confundamos los resultados económicos con el rigor científico y, sobre todo, con la
verdad.

La. Maravillosa Historia del Lenguaje es un "totum revo1utum" de teorías tendencias y escuelas, imposibles de conciliar desde un pu~to de vista estrictamente _científico. ~ay
capítulos dominados por el pensamiento estrictamente positivista otros de carácter com-paratista, otros meramente descriptivos y otros finalmente, que yo llamaría de carácter ilusorio y, para emplear un término mexicano, de "movida"; me
refiero a la parte final de la obra dedicada a la Lengua Internacional como posibilidad lingüística, divagación que puede
ser mu/ útil para los ratos de ocio, pero que no en~ra _den~ro
de los intereses inmediatos y académicos de un autentico_ lino-üista. Posiblemente la única parte de valor en todo el hbro,
~or su carácter descriptiv?, es la . dedi~a~a a Las Lenguas del
Mundo una vista de conJunto sistemahca que puede ser de
utilidad para un estudio de lingüística genética. Todo lo demás, como hemos señalado, está girando alrededor de un falso
&lt;:entro. Señalaremos brevemente alguno de los errores de bulto
que se le escaparon al autor y al traductor.
El primero de ellos es el falso empleo_de una terminología
sistemátiea que no ha sabido ser traducida exactamente por

Libros

93

el _traductor: los términos lenguaje, lengua y habla, son ya
~iversales después de la discriminación que hizo de ellos Ferdinand de Saussure en su Curso de Lingüística General. Es
verdad que en inglés esta terminología no ha sido aún adoptad~ ~n su generalida~, pe~·o el traductor, Doctor en Filología
sem1tica por ~na Umversidad española tenía obligación de
aclarar su sentido a los lectores de habla española, puesto que
estos tres términos, bien diferenciados, son usados universalmente por todos los lingüistas españoles, seguidores de la Escuela ginebrina, o de la Escuela de Munich. Léanse para
comprobarlo las obras ele .Amado .Alonso Dámaso Alonso Pedro Salinas, Carlos Bousoño, Samuel GiÍi Gaya, Alarcos 'Llorach, Salvador Fernández, etc. Habla el Dr. Peí (pág. 19)
de una superestructura románica en el in"'lés • desde luego el
término es nuevo en lingüística y evidente~ent~ trasladado del
lenguaje político o económico; esta palabra está actualmente
de moda y se empl_ea, en la mayoría de los casos, para designar
todo aquello que ignoramos o suponemos; pero en la ciencia
n? se trata ni se manejan suposiciones; posiblemente ha querido el autor hablar de superestrato o quizá de adstrato de
préstamos llegados al inglés por distintas vías. En la mi~ma
pá~ina ~e da com~ fecha de la conquista de Tracia, por los
legionarios de TraJano, el año 100 antes de Cristo.
Ot~o de lo~ errores -error de orden pragmático heredado
del anhmentahsmoes la concepción de la len"'ua
como un
•
•
t:,
?.rgamsi:no Yn-o y la fácil comparación de entrambos (pág. 23)
Del rrusmo modo que ocurre con los seres vivos, también las
~eng\1as muere,~, etc." Podríamos remitir a nuestro autor el enJund10so estudio del lingüista italiano Benvenuto Terracini
"Cómo ~~ere una }engua" ( en Conflictos de Lenguas y de Oul~
tura, ediciones Iman, Buenos Aires, 1951). Al hablar de los dialec~os Y de la evolución de los mismos, autor y traductor, se han
olY1~ado dl' aclarar al Ieetor dos conceptos fundamentales que
e_xphcarían la d~rivación de cier_tos dialectos o aspectos peculiares de determrnadas formas dialectales en lenguas miportadas : la_ len~a centr~l y la lengua marginal, son dos conc&gt;eptos
de capJtal 1mportanc&gt;ia para estudios evolutivos de lingüística.
Al estudiar los Componentes del Lenguaje (Parte II Los
Elementos Constitutivos del Lenguaje, pág. 65 y s.s.), se' confunden, como en todo el libro, los conceptos de lengua y habla,
se da una explicación falsa del signo lingüístico de la composición de signos o integración de conjuntos de ~ignos a base
de morfemas y de semantemas. En griego, al menos en el
que nos enseñaron a nosotros, el verbo semainein (no semaino)

�Libros

94

significa, propiamente, señalar y no significar, de aquí parte
precisamente uno de los errores fundamentales de sus concepciones, -tácitas siempre- del signo lingüístico.
Podríamos señalar aún cientos de falsas concepciones lingüísticas de todo el libro. El espacio limitado de este comentario no nos permite extendernos en más consideraciones.
Para finalizar señalaremos una falsa idea que el Dr. Pei tiene
de la Filosofía del Lenguaje. En la página 69 afirma lo siguiente: "Y en especial, ¿ existe una "filosofía" del lenguaje,
un sistema que nos permita reducir Ja totalidad de las lenguas
a común denominador, brindándonos la posibilidad de generalizar y de llegar a conclusiones de validez universal"! Evidentemente su idea de la Filosofía del Lenguaje es totalmente
falsa y ningún filósofo del Lenguaje, desde Dante hasta Vosslrr, ha propugnado tal idea.
1\li interés hacia los libros de lingüística se centra especialmente en sus repertorios bibliográficos. ¿Es posible que
sea de fiar un estudio lingüístico serio, cuyas fuentes ignoran
toda la evolución científica que se ha producido desde Ferdi111md de SaussureY AES posible que al abordar La. Maravillosa
Historia del Lenguaje, se ignore a Bally, Sechehaye, Vossler,
Spitzer, el Círculo de Praga, Ja Escuela de Copenhague~ ...
DC'sgraciadamente, el libro de Mario A. Pei, ignorando todo
esto, pretende saberlo todo.

Juan Antonio Ayala
Universidad de ~ueYo León

1

'

�En el próximo número de ARMAS Y LETRAS se publicarán los siguientes estudios:

LA EDUCACION HUMANISTICA
EN EL SIGLO XX
por Juan Antonio Ayala
EL HOMBRE EN LA NOVELA
DEL SIGLO XX
por Alfonso Rangel Guerra
EL PENSAMIENTO ECONOMICO
Y LAS CIENCIAS SOCIALES
EN EL SIGLO XX
por Calvin P. Blair
EL DERECHO INTERNACIONAL
Y EL MOMENTO SOCIAL Y
POLITICO ACTUAL
por Alberto García Gómez
EL ESTUDIO DE LA HISTORIA
EN EL SIGLO XX
por Arthur Smith
PRINCIPALES CORRIENTES
FILOSOFICAS EN EL SIGLO XX
por Agustín Basave Fernández del Valle

�</text>
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                <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1959, Segunda Época, Año 2, No 3, Julio-Septiembre </text>
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                    <text>Revista de la Universidad de Nuevo León

Juan Antonio Ayala, La. Educación Humanística en
el Siglo XX • Alfonso

el Guerra, El Hombre

en la Novela del Siglo XX • Calvin P . Blair , Algunos Aspectos del

Económico en el Si-

glo XX • Alberto

z, El Derecho Inter-

nacional y el Mome

olitico Actual • Ara Historia en el Siglo
alle, Las Principales

Corrientes Filosóficas en el Siglo XX.

OCTUBRE/DICIEMBRE DE 1959

A~O 2/ Segunda Epoca

��MYIEfRAS
REVIST.A DE L.A UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Revista de la Universidad de Nuevo León

Año 2, No. 4

Octubre/ Diciembre de 1959

Segunda Epoca

Recto r:
.ARQ. JOAQUIX A. l\IORA

SUMARIO

Secretarioi General :
LIC. ROQUE GOXZ.ALEZ SALAZ.AR
Departamento de Extensión Universitaria:
LIC. ROGELIO YILL.ARREAL
Director de la Revista :
LIC. JUAN ANTONIO AY.ALA

Juan .Antonio .Ayala, La Educación Humanística en el
Siglo XX _

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Alfonso Rangel Guerra, El Hombre en la. Novela. del Siglo
XX
---------------------------------~-- 19
Calvin P. Blair, Algunos Aspectos del Pensamiento Económico del Siglo XX
___________________________ 26

(Registro en Trámite)
.Alberto García Gómez, El Derecho Internacional y el Momento Social y Político Actual __________ ______________ 39

PRECIO DE SUSCRIPCION
UN Afi¡O (cuatro números)

Dir ección

En México: Veinte pesos

Washington y Colegio Civil

Otr os países : Dos dólares

Monterrey, N. L., México

Arthur F . Smith, El Estudio de la Historia. en el Siglo XX_ 53

.Agustín Basave Fernández del Valle, Las Principales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX ____________________ 67

�El Centro de Estudios Humanísticos de la Unive~sidad
de Nuevo León ofreció al público de Monterrey su Primer
Ciclo de Conferencias que con el título general de LAS HUMANIDADES EN EL SIGLO XX se desarrolló en el Aula
"Prof. Francisco l\:I. Zertuche" desde el lunes 16 de noviembre al 2 de diciembre de 1959. Las conferencias estuvieron a
cargo de diferentes miembros del Centro de Estudios Humanísticos y de Profesores de la Facultad de Economía de la
Universidad de Nuevo León. ARMAS Y LETRAS se complace en presentar a sus lectores las seis conferencias que integraron el dicho rielo, que están organizadas alrededor de
un tema común de trascendental importancia: Aspectos de la
cultura humanística en el presente siglo. "La Educación Humanística, en el Siglo XX", "El Hombre en la N"ovela del Siglo XX", "El Pensamiento Económico y las Ciencias Sociales
en el Siglo XX", "El Derecho Internacional y el Momento
Social y Político actual", "El Estudio de la Historia en el Siglo XX" y "Principales Corrientes Filosóficas en el Siglo
XX", fueron los temas tratados en este primer Ciclo ante un
numeroso y atento público, que dispensó su cordialidad a
esta participación en la vida cultural de Nuevo León del Centro de Estudios Humanísticos.

LA REDAOOION.

- 3 -

�Juan Antonio Aya/a / LA EDUCACION HUMANJSTICA
EN EL SIGLO XX

C UALQUIER enfoque que quiera hacerse sobre la educación, desde cualquier punto que ésta se
considere, todos aquellos problemas secundarios que de ella
se derivan, tienen un presupuesto fundamental que no puede
ser dejado de lado y que, desgraciadamente, ha sido olvidado
en la mayoría de las ocasiones. Este presupuesto podría enunciarse en la forma siguiente: "Todo problema educativo, toclo
sistema de educación confronta por sí mismo el problema de
la LIBERTAD y, simultáneamente, el problema del ejercicio
de esa libertad desde la base individual y social". Si se prescinde de este presupuesto, de esta idea matriz, si los fines de
la educación se buscan primordialmente fuera y aun contra
él, la educación -me estoy refiriendo al auténtico concepto
de educación, tal como lo entendieron los griegos- falla
en su misma base y se convierte de un instrumento liberador
de las energías humanas en un medio de propaganda, de proselitismo y, en definitiva. de dominio. He aquí por qué hemos
querido abrir este Cursillo en torno a apasionantes aspectos
la cultura en el siglo XX, abordando el grave problema de
la educación humanística y, al mismo tiempo, hacer un alto
en el camino y un examen de conciencia para saber dónde
estamos. l\Ie van ustedes a perdonar mi apasionamiento al hablar de este tema y aun quizás algo que pueda superar el
apasionamiento, la crítica despiadada, porque amo sinceramente todas estas cosas: una vocación humanística entrevista
apenas cuando salía de mi adolescencia, me ha dado ese apasionamiento sincero que sentimos todos por aquello que forma
parte de nosotros mismos. Es posible que este sentimiento pueda
ser calificado de egoísmo o amor propio; pero lo que no pue. de negársele es el impulso vital de una juventud del espíritu
que se resiste a morir dentro de nosotros.
-

5 -

�6

La Educación Hu.ma1ústica en el Siglo XX

Antes de entrar en el tema de "La Educación Humanística en el Siglo U", cqnsidei:o nec_esarias una seri~ ~e acla~aciones previas que pueden mvadir el cai:r~po poht1co,. soci?económico, religioso e histórico. No nos olvidemos del bmo~no
EDUCACION-LIBERTAD para poder comprender el com~lejo problema de la educación o de los sistemas de educación
actual. La primera pregunta o duda que se nos ocurre al
estudiar el problema de la educación es esta : ¿~o estall:1?s
confundiendo los términos 1 ¿Deberíamos hablar de mstruccion
en vez de educación? ¿Se puede hablar de educación en el momento presente? Porque jamás he puesto en duda que actualmente gozamos de magníficos sistemas de instru_cción técni_ca
y científica de los cuales no gozaron las generac10nes anter10~es; posiblemente nuestros profesionales_ c~n?cen, en ~l momento presente más técnicamente los prmcip10s y los mstrumentos de su profesión; los mismos ~;7ances . técnico~ ~e l_os
últimos años aportan a la instrucc10n rapidez, eficiencia,
comprensión, economía de tiempo y de esf~erz?s y familiaridad
con el espíritu objetivo que demanda la ciencia. Pero todo eso
está muy lejos de constituir esa entidad operante que se llama
EDUCACION. Siempre ha sido el ser humano el más desamparado del universo : nuestra inferioridad biológica y emocional frente a los demás seres de la naturaleza debería estar
compensada por una _integración de las facultades mentales,
de los fines y los medios, que nos pusiera al abrigo de cualquier peligro. Pero, he aquí la paradoja, no somos instintivos
ni en lo que se refiere a nuestros procesos men~ales, a nuestr~s
elecciones y a nuestros rechazos. Con demasiada frecuencia
hablamos en términos confusos y no nos damos cuenta de
que, insensiblemente, una red de mentiras ve:r:bales nos aprisiona y nos aleja duramente de la cruel r ealidad y del ,momento histórico en que estamos viviendo. Yo me atreveria a
afirmar aun con el riesgo de cometer pecado de exageración,
que ya ~o existe lo que verdaderamente pudiera llamarse una
EDUCACION, muy a pesar de nuestros magníficos métodos .
de enseñanza y de instrucción. Al comparar EDUCACION e
INSTRUCCION, el Dr. Gilbert Highet ha escrito una página
luminosa que podría muy bien servir para una honda meditación sobre las aberraciones a que ha llegado nuestra concepción o nuestras concepciones sobre ·1a educación; "Me parece peligroso -afirma- aplicar los fines y los métodos de
la ciencia a los seres humanos como individuos, aunque puedan usarse a menudo los principios estadísticos para explicar
su comportamiento en grandes grupos, y sea siempre útil el
diagnóstico científico de su estructura física. Pero el ha:t,lar
de relación· "científica" entre seres huJl'.].anos lleva a una imagen inadecuada y quizás falsa ... La enseñanza abarca em&lt;1-

Juan Antonio Ayala

7

ciones que no pueden ser sistemáticamente justipreci3:das y
utilizadas, así como valores humanos que transcienden el
campo de la ciencia. Un niño criado "científicamente" será
un monstruo lamentable; un matrimonio "científico" sería
solo. una endeble y mutilada imagen de un verdadero urátrimomo; una_ amistad "científica" sería tan fría como un"" problema de aJedrez. La enseñanza "científica'? aun de materias
científicas, será inadecuada, siempre que p~ofesores y .alumnos sean seres humanos. Enseñar no es como provoca-r una
reacción química. . . Es ·necesario poner el corazón en' la enseñanza; darse cuenta de que no todo puede hacerse por
rectas, so ~ena de estropear la obra, anulando a los alumnos
y a uno mismo".
-'
Sin embargo, . con t~do lo que hemos expresado, no queremos caer en la mgenmdad en que han caído muchos humanjs~~s -yo n:ism_o estuve durante algún tiempo en esta pos1c10n- partidarios de una educaoión integral, al culpar a
los avances científicos y a la enseñanza de las técnicas de esta
quiebra en los medios y en los fines de la educación. Personalmente estimo UJ1 privilegio poder asistir y gozar limitadamente_ de las comodidades, independencia material y demás
ventaJas que nos proporciona la civilización de nuestro tiempo. No hay oposición ninguna ni la podrá haber jamás entre
el avance científico y el verdadero sentido humanista. en
nuestro siglo, en la persona de· los grandes científico; ha
concurrido una auténtica concepción humanística en sus mismas teorías científicas. Lo que realmente ha pasado es que se
han roto los vínculos y las relaciones entre ambas actividades Y orientaciones de la educación y se han convertido los
medios en fines; con lo que, sin darnos cuenta, volvemos al
presupuesto binomio inicial: EDUCACION-LIBERTAD. No
s~ trata, como veremos,_ de un problema meramente técnico,
smo de ,~n problema social, humano, político, religioso O como
lo querais llamar. En otras palabras, eso que nosotros inexactamente llamamos EDUCACION, esas mac,níficas orO'anizaciones públicas o privadas se han convertido en siste~as cerra~os que, la mayor parte de las veces, persiguen fines muy
aleJados de la auténtica educación como un instrumento de
auténtica libertad. No nos engañemos ni caigamos en el error
de sostener la falsa pureza de nuestras ocultas intenciones
de nuestros convencionalismos, de nuestros compromisos ni
de nuestros_ intereses políticos, sociales o religiosos. El sentido pragmático se ha introducido en las más nobles actividades del hombre y de la ~ociedad. '.J:'odos buscamos algo, y para
ello todos hemos aprendido muy bien las artes de la simulación

'

�8

La Educación Hwruuústica. en el Siglo XXX

consciente o inconsciente, para aparentar querer lo contrario
de los que realmente queremos y ~ivimos e_n un perpetuo
carnaval de verbalismos, de palabreria Y_ de _simulaciones ~eprimentes que no tiene paralelo en la ~1~tor1a. ~ste sentido
pragmático -si queréis llamarlo prosehtist~, meJor- que se
ha incrustado en la enseñanza, ha trascendido naturalmente
hasta el mismo campo de la técnica.
Ahora más que nunca se emplea en el campo de _la educación un lenguaje confuso, cortma de humo las mas
las
veces para ocultar una forma de dominio y de proseh~ismo
que rebasa los límites de la educación y del hombre ~ismo.
Libertad. de enseñanza y libertad de cátedra, son muletillas y
frases de propaganda que están muchas ~eces presentes en
los programas de los demagogos -de c~1al~~ier clase Y orde1:-,
pero que en sus labios no tienen el sigmficado que deberian
tener. La libertad de enseñanza supone muchas libertades previas que aún no hemos alcanzado; sin embargo, el concepto
-el falso concepto- de libertad de enseñanza se ha levantado
como una bandera contra la intromisión del Estado en el
campo de la educación · nos hemos acostumbrado ya a culpar
al Estado de todos nu;stros males e irregularidades, cuan~o
el Estado -entidad abstracta conformada por nosotros _mismos- a lo más, sería el cómplice de todos nuestros enganos.

?~

Pero esta libertad de enseñanza, en el fondo, ~o es la !ib~rtad de enseñanza que permite una competencia academica
dentro de los límites naturales que impone a todo ser o agrupación el sentido de la convivencia, en labios de los demagoO'OS suele si"nificar manos libres para poder usar de la enseºñanza comot::, de un instrumento de dominio, de prose1·Itismo,
.
de determinado partido político o de cualquier agrupación de
tipo religioso. Y para logra~ esta ~'libe~!ad de enseñan~a" _se
r ecurre a cualesquiera medios : violacion de la conc~enc1a,
ostracismo social o político, &lt;lifamación, oscuros medios . de
eliminación del competidor; "libertad de enseñan~a", repito,
significa libertad para todo, sin repar~r ~ los medios empleados en la consecución de oscuros fmes. Es natural que el
grosero pragmatismo derivado d~ e~ta falsa concepc~ón de
la libertad de enseñanza ha contnbu~do a la decadenc_ia que
estamos denunciando, puesto que se han forzado los ideales
primeros de toda educación.
El mismo abuso verbal se r eptite cuando se trata de l_a
tan traída y llevada LIBERTAD DE CATEDRA; especie
peli!!rosa torcidamente concebida cuando se trata de llevar
la e;1señ¡nza a un campo que nada tiene que ver co1;t la f?rmación del hombre y su integración dentro del medio social

.Juan Antonio Ayala.

9

y del mundo en el que vive. La "libertad de cátedra", nada
tiene que ver con la palabrería de los incompetentes o la
indoctrinación política o religiosa. Y o concibo la auténtica
"libertad de cátedra" en los siguientes términos: primero,
competencia académica, no administrativa, por parte del contratante; segundo, la misma capacidad académica por parte
del contratado y, tercero, libre emulación, en el plano académico, por parte de la persona docente o investigador de cualquier centro de educación. ¿ Cómo, me pregunto, puede haber
auténtica "libertad de cátedra" en un mundo en el cual el
maestro es considerado como un asalariado, como un cumplidor de tiempo, de una tarea, un trabajador a destajo que percibe un salario material lo suficientemente justo para exhibir
ante la sociedad su categoría de ser inferior Y ¿ Cómo puede
haber libertad de cátedra y libertad de enseñanza cuando vivimos en un medio en el que se odia y se teme la libertad
intelectual f Esta es precisamente la causa de la poca o baja
calidad académica y de la incompetencia docente; esta es la
causa de la deserción que se ha r egistrado, por parte de los
elementos mejor preparados, del campo educacional y de las
aguas turbias que privan, por desgracia, en muchas de nuestras instituciones docentes.
El problema general de la educación. si es que queremos
poner remedio a una serie de males inveterados y crónicos,
tenemos que proponérnoslo desde puntos de vista completamente nuevos. El problema es demasiado complejo para resolverlo en un instante y desde una tribuna: tendríamos que
apelar, en primer lugar, al sentimiento de buena voluntad de
todos aquellos de quienes dependen estos problemas y esto,
esto es muy difícil. Sin embargo, no será perjudicial que nos
hagamos algunas preguntas: ¿Para qué nos educamos, nosotros mismos, para qué educamos a nuestros hijos? ¿ Quizá para
saber más y para que ellos mismos puedan el día de mañana
perfeccionar los medios de destrucción y de dominio? ¿ Para
ganarnos la vida? ¿Para adquirir prestigio Y ¿Para qué educamos? Quizá sean muy pocos los que puedan contestar estas
preguntas. Prácticamente todo lo que hasta el presente se ha
hech~ nos ha llevado a callejones sin saiida: a la guerra, a la
creación de nuevos artefactos en una cadena sin fin que nos
han conducido a la perenne insatisfacción y a la divagación,
anulando en esta forma toda actividad creadora. Xuestra
educación está orientada primordialmente a enseñar a ·competir J:, además, está condicionado al educando para que sobreviva en la batalla humana y hemos reducido la auténtica
educación a diversas formas de información y de conocimiento condicionado. Y ¡ eso es lo que nosotros llamamos "educa-

�10

La Educación Humanística en el Siglo XX

ción" ! Predirijimos a nuestra juventud a seguir ciertas líneas
de pensamiento y a actuar conforme a determinadas formas,
queremos que sea esto y no aquello, ligamos s~ ~o~mación
científica a una serie de normas, dogmas y prmcipios que
nada tienen que ver con la realidad.
"La educación -afirma un filósofo contemporáneo- por
cierto no es la mera enseñanza de hechos; cualquiera puede
recog~rlos en una enciclopedia si sabe leer. Lo e~encial es
despertar la inteligencia para que la mente pueda mtrrogar,
inquirir, descubrir y enfrentarse a la vida sin verse atrapada
en ninguna forma de condicionamiento, religioso, social o
político". Ante tal estado de la educación actual tenemos que
preguntarnos: ¿cuál es la función que deben cumplir las Humanidades en el siglo XX? ¿ Tienen un fin o deben desaparecer
como entidades inoperantes? Como humanista estoy y estamos en la obligación de dar una satisfacción a todos aquellos
que, contaminados del espíritu pragmatista de nuestro tiempo,
nos interrogan constantemente sobre la efectivdiad de nuestro sistema.
He hablado de HUMANIDADES a secas sin añadirles
adjetivo alguno, ni querer restringir su alcance a determinada
época, tendencia o contenido. Concebidas las Humanidades
como entidades de valor, deben abarcar todo· aquello que, en
cualquier época, en cualquier tendencia o id_eología, en _cualquier circunstancia, se haya pensado o producido para meJorar
al hombre, hacerlo independiente y darle la facultad de elección, para que sea un ser integrado en sí mismo y con los demás. Después de haber considerado el falso concepto de "educación" y las malas interpretaciones de esta palabra, su
concepción pragmática y su .uso y abuso como instrumento
de dominio, podremos ya ver qué importancia tan grande tiene
la revitalización de las Humanidades y el papel que han de
desempeñar en ese desequilibrio producido entre las normas
y la conducta, tan característico de nuestro siglo.
Las Humanidades, ya desde el siglo XIX, cayeron, por
contagio de positivismo, en el error de querer ser "científicas",
anulando así todo su influjo en la sensibilidad y en la conducta del hombre. Su estudio se convirtió en la mera erudición,
en recuento tedioso de textos, comentarios, dificultades gramaticales y el farragoso aprendizaje de las lenguas clásicas.
Se quiso demostrar -¿ a quién 1- que también las Humanidades podían participar del festín científico que prometía a las
inteligencias el mundo tecnificado. Esta creencia de que el
estudio y la enseñanza de las Humanidades tenían que ser
pura y científicamente objetivos, echaron a perder a los me-

Juan Antonio Ayala

11

:]ores talentos y con ellos comenzó a patentizarse el desinterés
hacia disciplinas que queriendo ser científicas no ofrecían las
ventajas materiales de la ciencia tecnificada. Desde mediados
del siglo XIX comienza a decaer el interés del público por el
conocimiento de los clásicos. Los eruditos y maestros tenían
mucho más interés en recrearse en sus profundos conocimientos que en darlos a conocer, como medio de perfeccionamiento
al gran público. "La grieta entre el erudito y el públic~
-afirma Highet- sobre la cual, durante el Renacimiento y
~urante. la era revolucionaria, tendió un puente el constante
11;1JerfluJo de ~?señanza, de indagación, propaganda, traducc10n Y emulac10n, se ha ensanchado ahora hasta convertirse
en un abismo". Asimismo, y como he señalado antes ese falso
paralelo con la ciencia causó, por derivación much~s aberraciones en el estudio de los clásicos y en el iI~1pacto que deberían haber tenido en la conciencia humana. La actitud científi~a ! la expansión de los conocimientos han sido responsables
as1m1smo de la fragmentación de los estudios clásicos. Me van
a permitir la transcripción de un extenso testimonio de un
humanista actual en el cual se analiza esta decadencia del
inte~~s por el contenido de los autores clásicos y de su proyecc1on sobre el hombre moderno: "Desde hace varias décadas
la m~yoría de los erudi~os han preferido escribir pequeño~
e~tudios sobre autores diversos, sobre aspectos especiales de
c_iertos_ autores, sobre angostas zonas de la historia social y
literaria, sobre temas ·oscuros, periféricos e inexplorados. Y
entre tanto mucho queda por hacer sobre los grandes temas
centrales. ~stá muy_ d!fundida la creencia de que lo que mueve
a un erudito a decidirse por un tema determinado es lo que
!e seguro porqu~ poquísimas personas saben algo acerca de
el. Y esta creencia no carece de fundamento. En Alemania se
inventó la costumbre de conferir el grado de doctor únicamente a los estudiantes que hubiesen llevado a cabo una "investigación original". A causa de la estrecha relación que hubo
entre las u~iversidades norteamericanas y las alemanas en la
segunda mitad del siglo XIX, este hábito se difundió en los
Estados Unidos, donde ahora, mal dirigido hace verdaderos
estragos. La justificación que se suele dar para esta práctica
es qu_e cada una de las tesis es como un ladrillo suelto que
contr1b~ye a levantar el gran edficio de la erudición. La imagen es Justa considerada en sí misma · pero el terreno se está
llen~ndo cada vez más de estorbos, de montones r egados de
ladr1l_los q~e se manufacturan y se acomodan por ahí a la buena
de D10s, sm ~tro ~lan que el de cubrir con ellos cada pulgada
de terreno d1spomble. A medida que se van acumulando la
tare~ de la erudición, lejos de facilitarse, se hace más ardua.
Y mientras tanto, los que miran desde fuera no ven que se le-

�12

La Educación Humanística en el Siglo XX

vante ninguna catedral, y muy pocos constructores h8;n aparecido. Pues la fábrica de ladrillos no prod1;1c_~ arq~u~ectos.
Así, pues, el pecado fundamental de l~ eru~ici~~ clas,ica en
nuestros días es que ha cultivado la mvestigacion m~s que
la interpreatción, que se ha in~er_esado más en el acopio que
en la diseminación de los conocimientos, que ha negado o desdeñado la importancia de su tarea en el mundo contemporáneo y que ha estimulado ese mismo público meno~prec10 de
que' ahora se queja. El erudito tiene para con la sociedad U?ª
responsabilidad que es mucho más grande que la del trabaJador y que la del hombre de negocios. Su primera obligación es
conocer la verdad y la segunda es hacer que sea conocida. Pues
la erudición clásica es uno de los principales conductos por
los cuales la influencia excepcionalmente preciosa de la cul~ura
de Grecia y Roma, viva y fértil aún, incalculablemente ~shmuladora aún, al mundo a quien ella ha salvado, no una, s~no_ dos
y tres y muchas veces, de los repetidos embates del matenabsmo
y la barbarie".
Sin embaroo estamos viviendo en momentos decisivos y
de excepcional bi~port~ncia en las nuevas direcciones que ha
tomado la educación humanística en los tiempos actuales.
M:uchos han hablado de un nuevo Renacimiento. Al margen
y aun a pesar de los eruditos incólumes que siguen .ª~errados
a los viejos métodos, que son los ahuyentadores oficiales. de
una juventud deseosa de adquirir una formación humanística,
es un hecho que, pasada la fiebre del positiv~smo, las humanidades clásicas están creciendo en importancia ante las nuevas generaciones. Si alguna atalaya e~ pro~icia para la .~sión
es la cátedra y el constante intercambio de ideas y tambien de
ideales con los jóvenes q~e dan sus primeros pasos en las carreras profesionales y técnicas.

Alfonso Range/ Guerra /

EL HOMBRE EN LA NOVELA

DEL SIGLO XX

EN 1925 lanzó José Ortega y Gasset
su famoso ensayo La deshumanización del arte e ideas sobre
la novela, en el que afirmó que el género, si bien no estaba
completamente agotado, se hallaba en su período último. Las
causas, para el pensador español, eran las siguientes: primero,
y partiendo de la idea de que la novela tiene como todo género
un número definido de temas, porque sufre de una gran penuria de esos mismos temas o asuntos. Considerando a la
novela no como un orbe infinito, sino como una cantera de
vientre enorme, pero • finito, los primeros novelistas tuvieron
a su disposición un inmenso número de temas posibles; en
cambio los novelistas contemporáneos -sigue diciendo Ortega- sólo cuentan ya con "pequeñas y profundas venas de
piedra" de esa cantera que parecía inagotable. Y segundo,
porque la sensibilidad del público se fue enriqueciendo, volviéndose "más rigurosa y exacta. Lo que anteayer hubiera aún
aceptado, ya no le sabía ayer. Necesitaba temas de mejor
calidad, más insólitos, "más nuevos.". De suerte que paralelamente al agotamiento de temas nuevos, crece la exigencia de
temas "más nuevos", hasta que se produce en el lector un
embotamiento de la facultad de impresionarse. Este es el segundo factor de la dificultad que hoy gravita sobre todo el
género".'
Si se toma a la nove.l a desde el punto de vista de la
a temática, tendremos que aceptar que efectivamente cuenta con un número determinado de asuntos que manejar, y la
prueba de ello es que muchos autores repiten los temas que
otros trataron con anterioridad. P ero sin embargo, debemos
!.--Ortega y Oasset, La deshumanización del arte e Ideas sobre la novela.
Obras completas, T. III, p.p. 388-9.- Revista deº Occidente, Madrid,
1947.

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�14

El Hombre en la Novela del Siglo XX

aceptar también que aunque esos temas han sido ya manejados, al presentarse otra vez se renuevan porque se les agregan
elementos, se les modifica, se cambia su proceso y en definitiva se les transforma de tal man~ra al orientarlos hacia diferentes intereses, que el tema original ya no es el mismo al
surgir bajo el otro ropaje que le proporciona el escritor. El
amor, la muerte, la amistad, el orgullo, la misantropía, el
odio y tantos "temas" más, se vienen repitiendo continuamente
en la novela de todos los tiempos. P ero en realidad no se
repiten porque se presentan siempre en forma distinta, ya
que todos los elementos que en ellos se conjugan son también
distintos. La muerte de Julio César no tiene nada que ver con
la muerte de W erther; el amor de Romeo y J ulieta no se
asemeja al de Calixto y Melibea, o al de Don Quijote por
Dulcinea del Toboso. Si dejamos de hablar de temas para
referirnos mejor a actitudes humanas, o situaciones humanas,
veremos claramente que, en el fondo, éstas nunca se repiten.
Todos los individuos se enfrentan con el amor, el odio ·o el
orgullo, pero en cada uno encontrará ecos distintos y soluciones también diferentes. Hay un refrán, esa sabiduría popular
que siempre acierta en forma llana, y dice : "cada quien habla
de la feria según como le haya ido", es decir, cada quien tendrá
una historia propia que contar, aunqÚe todos hayan estado
en la misma situación. La vida humana no es un conjunto de
"temas", y precisamente porque la novela se ocupa de la vida
no se la puede limitar a determinado número de ellos. El
novelista trabaja sobre individuos, o si se quiere, sobre grupos de individuos, pero nunca sobre temas. Es el crítico o
historiador de la literatura el que se encarga de buscar y
encontrar los temas que predominan en una autor, en una
época o en una literatura nacional, pero después de que se ha
realizado la obra literaria. El novelista se ocupa de la vida y
el crítico de los temas. Para Ortega es "un error representarse
la novela . . . como un orbe infinito, del cual pueden extraerse
siempre nuevas formas". 2 Pero si la novela se refiere a los
hombres, habrá materia para formar siempre mundos nuevos
y diversos, es decir, será inagotable.
El segundo problema que afronta la novela, siguiend◊- ·a
Ortega, es la sensibilidad del público, que se ha vuelto más
exigente, y por lo mismo más difícil, ya que no aceptará obras
donde no aparecan esos temas "nuevos" que requiere el género
para rejuvenecerse. Esta exigencia del público proviene de
las mismas novelas, que le van refinando el gusto y afinando
la percepción. El mismo Ortega afirma que toda obra de arte
moderno "produce en el público automáticamente un curioso
2.-0rtega y Gasset. o.e., Tomo III., p. 388.

Alfonso Rangel Guerra

15

efecto sociológico. Lo divide en dos porciones: una, m1mma,
formada por reduc~do _núr?ero de personas que le son favo:ables; otra, mayoritaria, mnumerable, que le es hostil. (DeJemos a un lado la fauna equívoca de los Snobs). Actúa, pues,
la ob~a. de arte como un poder social que crea dos grupos
antagomcos que separa y selecciona en el montón informe de
la muched?mbre dos castas diferentes de hombres".3 Pero
¿ pod~mos Juzgar la crisis de la novela viéndola desde fuera
estudiando el rechazo o la aceptación de los lectores ? Ha;
qu~ recordar_ lo 9-ue dice Octavio Paz: "El cansancio de una
sociedad no implica necesariamente la extinción de las artes
ni pro~oc~, el silencio de~ poeta". Pero precisamente se habla
de extmc1on o decadencia cuando la obra se vuelve difícil
cuando, al no encontrársele sentido y unidad seO'ún los die~
tados de l~ tradición, que son los apoyos del juicio colectivo,
parece vacia y descabellada. El mismo Paz dice más adelante :
"~a cr~acjó!)-, siempr~ a la misma altura, acusa la baja del
mvel h1s~~r~co. De ah1 que a veces nos parezcan más altos los
poetas ~hf1c1les. Se trata de un error de perspectiva. No más
altos, simplemente, el mundo que los rodea es más bajo".4 y
lo que pa~a con los poetas pasa con los novelistas cuyas obras
en los últimos años tienen tanto parentesco con Ía poesía.
_volvamos al_ filósofo españo_I, que al problema de la penuria de temas, hgado con la refmada sensibilidad del público
a_grega _que el novelista, n~cesita. compensar esto con "la exqui:
sita calidad de los demas mgred1entes necesarios para integrar
un cuerpo de novela". Por este camino venimos a encontrar
que_ el tema no lo es todo en la novela. Queda la forma y al
decir forma es necesario aclarar el concepto. Suele afir~arse
que e~ toda obra literaria se encuentra de una parte el fondo,
es de~ir el contenido, y de la otra la forma, o sea el modo como
se dice o expresa ese contenido, sin tomar en cuenta que
fondo Y forma se corresponden y co-existen de tal manera
que al trat~r a uno? tratamos a la otra. La expresión literaria
se caracteriza prec1same~te por esa ~usión de fondo y forma
que. en un poema, por eJemplo, nos impide modificar su lenguaJe porque al hacerlo S() modifica también el contenido. La
estructura de una novela no puede alterar§e porque esa misma
estr~c_tura es el depósito a, ~r'avés del ·cual y en el cual se
~amfies~a el asunto 9 materia. Las técnicas novelísticas del
s~glo vemte no son una créación caprichosa ni producto del
simpl_e deseo de novedad en sus autores. La nueva novela
necesitaba formas también nuevas porque sé había ampliado
3.-0rtega Y Gasset. O. C. Tomo III, p. 354.
4.-0~tavio PMaéz, El Arco Y la Llra, p.p. 44~45. Ed. Fondo de Cultura Econom1ca,
xico, 1956.
'

�16

El Hombre en la Xovela del Siglo XX

el horizonte del universo de la ficción, al dar cabida a una
distinta visión del hombre, que necesitaba expresarse por
procedimientos diferentes. Pero al hace!lo chocó con. la incomprensión del público, y ft~e necesar10 que las_, mmorias
abrieran poco a poco el cammo para la aceptacion de las
nuevas formas, sin que todavía se haya logrado un acercamiento con la mavoría. Sin embargo, el hombre reflejado en
esas novelas es el ·hombre de la época, expuesto mediante esos
"inO'redientes necesarios" que men"ionaba Ortega. El género
se ;nriqueció, pero la oscuridad y la dificultad que se e~1contró en las nuevas novelas produjeron como resultado mmediato el concepto de crisis.
Cuando ,José Ortega y Gasset publicó su ensayo habían
aparecido ya cuatro novelas, que siguen sie!1do objeto todavía
de numerosas bibliografías: en 1913, la prnnera parte de En
busca del tiempo perdido, de :M:arcel Proust; en 1915, El arco
iri~., de David Herbert Lawrence; en 1922 el famoso Ulises de
James J oyce y en 1923 La conciencia de Zena, de !talo Svevo.
De estos cuatro escritores, Proust y ,Joyce siguen, sin duda
alguna, al frente de los novelistas del siglo que modificaron el
panorama de la novela, al abandonar lo "exterior" para sumerO'irse en el mundo interior del hombre, aunque a cada uno
corr:sponda, en estricto sentido, una posición que se contrapone. Nos ocuparemos de estas cuatro novelas para ~ratar de
encontrar la imagen del hombre que nos ofrecen, deJando de
lado otros muchos aspectos que las enriquecen. Veremos pues
sus personajes, o su personaje principal, tal y c?mo se nos
presentan, a sabiendas de que esta empresa r eqmere por su
amplitud una dedicación mayor que la que se le puede dar e~
una sola conferencia, y por lo mismo seguros de que no sera
exhaustiva.
·
Aunque es el último de los novelistas citados, comencemos
por !talo Svevo, porque en cierta forma está alejado de los
demás y su obra permaneció aislada mucho tiempo. Aún ahora
se le conoce poco, pero cuando se le trat~ queda ~ituado_ ~~
la misma línea de la novela moderna. Nacido en Trieste v1v10
aquí casi toda su vida, lejos de los grandes ambientes lite~arios más bien interesado en los problemas locales de este rmcón' italo-austríaco. Solo, Svevó llegó a concebir la novela
como algo qe se podía desarrollar de dentro hacia fuera, Y
el silencio que rodeó su obra nació seguramente por ese rompimiento que lo alejaba cada vez más de la. ~ovela tradicional
del siglo diecinueve. Una vida (1893) y Senilidad (1898) pasaron casi desapercibidas, si no hubiera sido por un crítico Y
novelista alemán Paul Heyse, que señaló el valor de la obra de

tllfonso Rangel Guerra

17

Svevo.5 No es sino hasta el año de 1923 que publica su novela
La conciencia de Zeno, edición que como las anteriores tuvo
que pagar el mismo autor. Para esta fecha Svevo había ya
conocido a James Joyce, que vivió una temporada en Trieste,
y leído las teorías psicoanalíticas de Freud, que tanta r elación
tienen con su novela.
La conciencia de Zeno es el material que proporciona el
mismo señor Zeno al p¡¡iquiatra, es decir, las memorias escritas libremente por un paciente sujeto a psicoanálisis. Por este
procedimiento Svevo justifica su narración en primera persona, pero también le permite mostrar al personaje tal cual es,
sin encubrir sentimientos, ni actitudes, ni los más extraños
impulsos, despojado de la zona íntima reserva todo lo que r ecuerda sobre sí mismo, el señor Zeno llega a desagradar en muchas ocasiones debido a la crudeza con que presenta sus propios
actos, el egoísmo que lo anima en muchas ocasiones y la falta
de generosidad hacia los demás, pero no pierde en ningun
momento humanidad. Todo lo contrario, porque al presentar
su verdadero rostro está reafirmando su condición humana.
El texto inicial incluye unas declaraciones que fijan la
posición del personaje -y por lo mismo la del autor, ya que
los encontramos en un mismo plano- ante la vida y su propia
existencia. Ha tomado el lápiz para recoger su pasado y el
experimento termina en un sueño profun~o, pero en el duermevela se le hace presente que este procedimiento de escribir
sus recuerdos personales le permitirá llegar hasta su primera
infancia, la que se pasó en mantillas. Y dice: "Al pronto veo
un niño en mantillas, pero, ¿por qué he de ser yo 1 No se me
parece en absoluto y creo que, en cambio, es el que ha nacido
hace pocas semanas de mi cuñada y que me mostraron como
si fuera un milagro porque tiene las manos tan pequeñas y
los ojos tan grandes. ¡ Pobre niño!" Y lo que dice enseguida
va dirigido a ese niño y a él mismo : "¡ Qué lejos estoy de recordar mi infancia! Ni siquiera encuentro el camino para
avisarte a ti, que vives la tuya, y prevenirte de la importancia
de recordarlo para provecho de tu inteligencia y de tu salud.
i Cuándo llegarás a conocer las ventajas de r ecordar tu vida
incluso aquella gran parte de ella que te repugnará 1 Y mien:
tras tanto, inconsciente, vas investigando tu pequeño organismo en busca del placer, y .tus deliciosos descubrimientos te
encaminarán hacia el dolor y la enfermedad, a los que te empujarán t~mbién aquellos que no lo quisieran. ¿ Qué hacer Y
No es posible tutelar tu cuna. En tu interior -¡chiquillo!se va realizando una combinación misteriosa. Cada minuto que
5.-René Dollot, "Un romancler trlestln, !talo Svevo", en Mercure de
France, No. 1095, del l o. de Noviembre de 1964, pp. 474 a 495.

�18

El Hombre en la Novela del Siglo XX

pasa desprende un reactivo. Hay en ti dema~iadas probabilidades de enfermedad porque no todos tus mm?tos pueden ser
puros. y además-¡ chiquillo!- eres consangumeo de personas
que yo conozco. Los minutos que ahora p~san pueden ser
puros, pero sin duda no lo fueron_ to~os los_ siglos que te prepararon".6 Aquí se reúnen las prmc1pales ideas de fondo de
la novela. Por una parte, la vida concebida como enfermedad,
sujeta a anormalidades, porque el personaje er~ u~ enfermo.
No puede separar la. inteligencia de la salud m deJar de observar que el futuro encamina hacia el dolor y la enfe:medad.
y de esta concepción física de lo anormal da un salto 1m_nenso
hacia el malestar de la humanidad, que se traduce en 1m_p~reza. El niño que nace a la vida perte_n~ce a un mundo v1eJ0
cuya historia está formada de minutos que no fue~on puros.
El hombre está sujeto a circunstancias, sucesos, ambientes que
lo envuelven y no le permitirán escapar a todas esas maldades.
Aquí el minuto tiene singular importancia. Xo sólo los grandes momentos también el instante posee los elementos que
atrapan al h~mbre. "Cada minuto que pasa desprende un
reactivo" dice y ese reactivo no es sino la conducta human~.
El homb;e, sujeto al imperio del instantr, se vuelve_ comphcado y difícil porque en cierta forma llega a se~ varios hombres. Esta posición aparecerá en muchos novehstas coi~t~1;1poráneos, en los que sus personaj~s s~fren esa condicion
poliYalente. El señor Zeno, cuya conciencia aparece al desi:udo
en esta novela, es bueno y malo a la vez, gene_ros? ! ego1sta,
crevente o alejado de la religión, porque el mdlVlduo p~sa
po; una serie de circu~stancias 9ue lo conminan, lo e~puJan
o lo alientan a determmadas actitudes, o hacen brotar m1pulsos que quizás él mismo desconoce.
En el capítulo donde relata la muer!e de su padre, q~izás
el mejor de toda la novela, el p~rson~Je sufre una sene de
emociones que repercuten en su ~nter!or, pe:o en ta~ forma
que él mismo se vuelYe contra?ictorio y _pierde umdad ~l
reaccionar en una noche, en diversas actitudes que parece
no pudier~n pertenecer al mismo individuo. Ilay que_ recordar que asistimos a una confesión, no sólo de hechos sm también del nacimiento y causas de esos hechos, y por eso podemos apreciar dos cosas a la vez: por una parte el hombre
que actúa, y por la otra la explic~ción de es~ conducta, expuesta por él mismo. "Hablo aqm con la frialdad con que
contaría las Yicisitudes de un extraño", explica Zeno. E~ta
frialdad lo acompaña en toda la narración, por lo que págma
6-Italo Svevo, La conciencia de Zeno. Traducción de J. M. Velloso.
· Biblioteca Breve. Ed. Selx Barral, p. 7. Barcelona, 1956 (Hay también
traducción espafiola de Santiago Rueda, Editor, Buenos Aires)•

Alfonso Rangel Guerra

19

tras páginas nos enfrentamos con el mismo procedimiento de
disección que descubre todos los pliegues y rincones de la
conducta.
Al final Zeno interrumpe su psicoanálisis y declara que
mucha~ de las situaciones que ha narrado son falsas porque
las ha mventado. No importa. Esta es una actitud más que se
nos ofrece en el individuo, una característica que se suma a
las anteriores y que componen en conjunto la personalidad del
señor ;Zeno. Curado después de que estalla la guerra, puede
destrmr todo su pasado de enfermedades para afirmar: "El
dolor, el amor, la vida, en una palabra, no puede ser conside
rada como una enfermedad porque duele".7 Esta nueva posición borra el pesimismo y la negación que inundan al libro,
~ero ,,Permanece el hombre fracQionado, sujeto a esos "reactivos que desprende el minuto fugaz.
Halo Svevo conoció la obra de Marce! Proust después
de que publicó La conciencia de Zeno, sólo porque sus amigos
franceses que se ocupaban de sus traducciones le mencionaron
el parentesco de su obra con la de Proust. Aunque se desconocían mutuamente, muchas cosas los acercaban, sobre todo
la referencia al dato minucioso, aunque en Proust es más
ag~d~ esta observación, y va vestida siempre con sus juicios
artishcos. El parentesco habría que buscarlo, sobre todo, en
esa destrucción de la unidad del individuo. Así como Svevo
nos presenta a un hombre que se está negando continuamente
porque deja de ser para transformarse en lo que no era, e~
una constante mutuación que impone la pluraridad del sujeto
así Proust había concebido con anterioridad una condició~
semejante para sus personajes, sólo que mientras en el novelista
italiano se nos presenta directamente y "en acción" por decirlo así, ya que el mismo narrador se muestra tal y ' como es
en el novelista francés llegamos a enfrentarnos con el mism~
~roblema, pero a través de la percepción que de ese problema
tien~ el que narra, o sea M:arcel Proust. Así marchamos por
ca~mos paralel~~: conocemos las transformaciones del personaJe, pero tambien la audeza del narrador, que es quien descubre esta situación, y en· el que se acusan las mismas transformaciones. En Svevo presenciamos actitudes y el trasfondo
de esas actitudes gracias a las confesiones del señor Zeno, pero
en Proust hemos dado un rodeo porque él es el que descubre
esos secretos tal y como los ha concebido.
En el mundo de los pequeños salones donde se desenvuelve
Ia activid~d social de Proust y sus personajes, cobra una gran
importancia el hecho de conocer a tal o cual figura, de tener
7.-Italo Svevo, La conciencia de Zeno, p. 447.

�20

El Hombre en la Novela del Siglo XX

el privilegio de ser invitado a alguna de sus reuniones exclusivas. Así, cuando preguntó al señor Legrandin si conocía a
las señoras del castillo de Guermantes, vió en sus ojos azules
"una pequeña muesca oscura, como si los acabara de atravesar
una punta invisible, mientras que el resto de la pupila reaccionaba segregando oleadas azules". El gesto, casi invisible,
es descrito minuciosamente y en forma muy extensa para referirlo íntegro: "No, no los conozco", respondió el aludido,
agregando después de que se ha justificado: "No, nunca he
querido conocerlos". "Pero desgraciadamente -declara
Proust- lo decía ya tarde, porque otro Legrandin que él ocultaba celosamente en el fondo de sí mismo, y que no enseñaba
nunca, porque éste estaba enterado de muchas cosas del
Legrandin nuestro, de historias comprometidas, de su snobismo; este otro Legrandin ya había contestado con la muesca
abierta en la mirada, con el rictus de la boca, con la exagerada
seriedad de tono de la respuesta ... "ª Este sería sólo uno de
tantos ejemplos, ( el más simple quizás, porque coloca al personaje en el trato social) que abundan en la novela, y nos
permite ver los dos raminos que sigue el lector, a los que nos
referíamos momentos antes. Un yo se superpone a otro, mostrandonos a plurariclad en el plano psicológico. Pero Proust
no se d Ptiene aquí, y la propone desde planos distintos, y así
un personaje se desdobla al ser visto por uno dr manera completamente distinta como lo ve otro, agregando además las
diferencias que se realizan en el tiempo. Invirtiendo el orden,
llega a imponerse estos cambios desde el exterior, o mejor
dicho, los impone al exterior, a las cosas, al medio que lo rodea, en esa famosa escena de los campanarios de Martinville,
que juegan sus posiciones, se esconden y se descubren al ojo
del observador a medida que éste avanza o se aleja por el
camino que ronduce al pueblo. ¿ Qué significa todo esto~
¿Por qué el hombre es varios hombres y las cosas modifican
su aspecto, incluso se transforman y repercuten en la memoria
tan sólo por ciertos efectos o resonancias que las actualizan?
Quizás porque se pretende agotar la expresión de todas las
posibilidades humanas, y en esto debemos entender, sobre
todo, la expresión de la vida psicológica. A través de esta
descomposición interna van brotando capas subterráneas que
se colocan junto a otras ya conocidas o manifestadas. En el
fondo, este deseo de lograr la presentación de "todo" lo que
es el hombre se alimenta de las limitaciones, que el propio
novelista no desconoee, de alcanzar no sólo ese conocimiento
del individuo, sino la creación o configuración del personaje
8.-Marcel Proust, En busca &lt;lel tiempo perdido, "Por el camino de Swann.
Traducción de Pedro Salinas y José Ma. Quiroga Plá.-Los Clásicos
del siglo XX, José Janés, Ed. p.p. 127-128. Tomo I, Barcelona, 1952.

Alfonso Rangel Guerra

21

de la ob:a de ficción como tal individuo "totalizado" di a:~!l~ ª~~
~trac;; palabras, la imposibilidad de responler
mco,,m a . e1 hombre. Por otra parte, Proust es uno de
1~~ pococ;; novrhst_as que ha logrado esa creación y confiO'urac1011 _dedl personaJe como una permanente multiplicidal que
no p1er e ~u caráeter individual es decir el
.
es~á en ;onstantc transformació1~ pero q~e si~~:so;::~~oq~1
mismo.. ese nnmdo que se nos escapa en la percepción es
como s1 se nos f\tera de las manos aunque quisieramos atra-

~t

fi::~~:1:!ib~~roE~1c;u~:ure~ish;~bmr1emdseº qmuueevexeistetperbo que es
1 1· ·
'
en re arreras
~ue o imitan a _la vez. q~1~ lo circundan. Donde todo es relati~ o, ? S&lt;' renunC'1a defm1tn·amente al conocer
h'
mqmetud con maYor amiedad Est 'lf
' o 1se mea la
Marce] Proust a i,·avés del ~r-te , o. u imo es o que hace
' muca cosa que al parecer
posee el d on d&lt;' la permaneneia y la durabilidad.
Por loe:d añoc;;
.
En busca
t" . en que Pr
. ou.st p_u bl'l&lt;'O, e1. primer
libro de
e iempo p_e~d~do, un mglés, hijo de miner
&lt;'x-mbaesttro de esruela, m1c1ó sus actividades literarias D~~{d
n
er 1 awrence ' raro eJ·e~pl ª1. d e l a especie
. humana
. vivió
suervid
.
a a1 marg&lt;'n dr las vidas de los demás
'1 .
d¿~:r l~aisºía Yt dla viltalifdad que lo :inundai:;¿ul~ev~r~:
.
as o as as ormas en las que s d b t' 1
~~~e1:a~ia8~mpre insatisfecho Y, constantemente !n ~u:c~ª d:
~ que nunca encontro, Lawrence perman
una extra na personalidad que pade . , . t
ece como
~{e~~~ fe arti sdta, y sus 'libros _son v~~~a~:se:c::~e~~n~~ ~~~a espa1 a a lo convencional y t d
ll
'
bece las ligas de los hombres ha sid a o ª1ue o que estao simplemente ignorado por ios más o ma ec1 o por algu~os
ron ni su actitud ni
~ .
, que nunca comprend1emístico" como lo h susllpen..adm1entos. En ese "materialismo
'
an ama o alo-uno
'f
L
sustenta sus teorías sobre la vida d~nde \a~ri icos, , a_wren_ce
nen a sufrir una valoración disti~ta
ne y espm~~ v1ela &lt;'xistencia abrevaba en otras f ,
que su con_cepc1on de
impulsaban s1·emp
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" • a en en er el v1v1r code Fabre-Luce' Cua~1J~\~omofun sa~er", según la expresión
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fronteras que ~epa;an las ;:/;;ed ª ª
marca las
que escribe, cuando afirm
e sus e os e la pluma
esos dedos "esas d.
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~i yo y · ~ 11 uniY;~:/~~~::~~~~;s eqnuteonsce :interponen e!1tre
1mpo t
· f
,
es vemos cuanta
r ancia iene para Lawrence la naturaleza, la vida que late

~n~~:f

1J

/ª

J'J1ª J

9.-André Maurols En busca d J\
Luaces, p. 131 'José Janés ;dlltoarrceBI Prolust, Traducción de Juan G de
·
•
, arce ona, 1951.
·
10. -D. H. Lawrence, "La novela" en P lso
León Mirlas. Santiago Rued~ Editoº Bllterario, p. 238. Traducción de
•
r, uenos Aires, 1955.

�22

El Hombre en la Novela del Siglo XX

en las venas del hombre, la fuerza_ secreta que lo impulsa. ~n
1915 publicó El a.reo iris, primera de sus novelas que tuvo hos

judiciales, y en este sentido_ precurso_ra de much;:ts otras_, de
diferentes autores, que tuvieron o tienen todavia ~l. mismo
destino. En esta novela Lawrence retrata a una familia; tres
generaciones de Brangwen pasan _ante nosotros en las apretadas páginas del libro, de una dens1_dad tal que parece abarcara
extrañas dimensiones. Pero a medida que se avanza en su lectura se va penetrando lentamente en esas gentes simples Y
complicadas a la vez, como si se nos fueran iluminando ~olamente fracciones de sus rostros, hasta alcanzar la claridad
total. El novelista puede parecernos oscuro y co~plicado
cuando trata de describir lo que sucede a sus personaJes, per_o
ocurre ésto justamente porque Lawrence se coloca en la po~1ción más difícil. No se planta ante el personaje y sus reacc10' a t ras
' " , un poco ma~
' alla',
nes sino que se coloca un poco "mas
en la región oscura donde se originan_ -no l?s pensamie!1tos
y las reacciones al mundo exterior- smo los impulsos pr!~arios y previos al razonamiento, que son los _que e°: defimtiva
imperan en esas gentes. El hombre y la muJer -siempre _hay
un hombre v una mujer en las novelas de Lawrence- viven
su propia existencia, la más inter?a ! personal! si~ ,qne"por lo
mismo logren establecer una autentica comumcac10n. Se conocían tan poco que serían siempre descon?cidos el uno para
el otro", 11 dice Lawrence. Pero como afirma certeramente
Aldous Huxley en el Prólogo a la correspondencia de L~wre:1ce: "Siempre estuvo intensamente penetrado de ese m1ster10
del universo, y ese misterio fue para. él, constantemente, un
númen divino. Lawrence no pudo olvidar nunca, como hacemos generalmente los demás, la oscura presencia de eso otro
que está más allá de -los límites de la conciencia del hombre.
Esta sensibilidad especial era acompañada por un prodi~ioso
poder de traducir eso otro experimentado en fo~ma 11;1mediata,
en términos de arte literario" .12 Y este arte literario fue la
novela, a la que concebía como "un instrumento perf~cto par~
revelarnos el cambiante arco iris de nuestras relac10nes Vlvientes" .13 Esto nos aclara por qué ha enfocado su novela desd~
ese punto de observación que mencionábamos antes, ~ p_or que
la llamó El arco iris. Lawrence ha traspasado esos limites de
la conciencia y por lo mismo · la imagen que nos ofrece del
hombre puede parecernos distante, porque no es la que encontramos en la realidad cotidiana sino la que pertenece a eso
11.-D. H. Lawrence, El Arco iris, p. 41, Traducción de Anne Berlioz. Santiago Rueda, Editor Buenos Aires, 1950.
12.- D. H. Lawrence, Cartas. Introducción de Aldous Huxley. Traducción
de Narciso Pousa. Tomo I, p. 15, Ed. Imán, Buenos Aires, 1945.
13.-D. H. Lawrence, Pulso literario, p. 326.

Alfonso Rangel Guerra

23

otro que ~en~ionaba Huxley. A la larga, lo que parece oscuro se nos 1lumma porque lo que describe Lawrence en ninouna
manera es ajeno al hombre.
º
Svevo, Proust y Lawrence, han seguido cada uno su camipero en el fondo buscaban lo mismo, aunque permanezcan
distantes, porque después de todo sus orientaciones los separaban. Queda, no obstante, la visión fraccionada del hombre
Y detrás de ella un rostro oculto que se nos quiere mostrar '.
la soledad del individuo.
·

º?•

. El mismo año en/que muere Proust se publica en París el

Uhses, de James J oyce, y comienza una extraña aventura para
la novela moderna. Este autor irlandés realizó una obra tan
personal que permanece aislada y única. En ella se mezclaron
curiosament~ todas las posibilidades del novelista, que como
pocos poseyo el don de penetrar en el lenguaje. Y con todo
el ?ª~gamenio clásico que traía consigo, Joyce narra la vida
cot1d1ana -un día- de dos hombres que buscan completarse
en lo que ya nunca poseerán. En el Ulises se cruzan un padre
que ?usca a su h~jo y un_ h~jo que busca a su padre, se cruzan
el mito Y la realidad cotidiana, el mundo de los sentidos y el
otro, don~e no se escucha otra voz que aquella que brota de
las oscuridades del laberinto psicológico.
.
Los h_echos exteriores, lo que sucede en la calle, tiene
importancia ~n cuanto produce ciertas repercusiones, respuestas Y ev?cac10nes en_ los pers?najes. Por lo mismo, aunque la
novela tiene :un.a unidad de tiempo que es igual teóricamente
a lo~ ac?ntecimientos q_ue narra y a su lectura, se dispersa en
~ sm fm de trayectorias que van de sus personajes a la realidad, ~e sus personajes a su propio pasado y de toda la obra
en ?ºnJunto al le?t?r, ~l que se ~eja en buena parte la oportumdad de describir ligas, relaciones y semejanzas en todas
esa~ claves ?e un. mu~,do pequeño y reducido, que se desborda
hacia un3: s1mbohzac10~ que se apoya en la vieja odisea, las
grandes figuras de la literatura inglesa y universal y el hombre en general. Pero aunque el libro sucede más "dentro" que
"fuera", aunque sus páginas nos revelan el interior de los
h_ombres que en él actúan, es, como afirma el crítico norteamericano Harry Levin, "menos rico en penetración psicológica
que en su deslumbrante técnica". 14
Nos que~an fracciones dispersas del hombre según como
lo ha concebido la portentos~, capacidad creadora de J oyce,
Y como tal, vale como expresion del hombre contemporáneo.
14.- Harry Levin, James Joyce. Introducción crítica. Traducción de Antonio Castro Leal, p. 128. Breviario No. 144 del Fondo de Cultura

�24

El Hombre en la Novela del Siglo XX

El hombre y la novela llevan siempre el mismo camino,
porque ésta se ocupará y se preocupará siempre de lo que
aquél haga. Y a donde vaya el hombre, la novela irá también
como una de sus manifestaciones más profundas. Si la novela
nos presenta este retrato del hombre solitario, pero a la vez
múltiple y cambiante, hay que buscar la explicación en el
original, y no en la copia. Por otra parte, antes que sus personajes, el novelista es, sobre todo en el caso de Lawrence y
Joyce, ese hombre que encontramos en sus obras. La literatura no puede entenderse como producto de generación espontánea, ajena a las inquietudes que laten a su alrededor, y por
eso debe entenderse, valorarse e interpretarse la novela en
función del hombre y de la sociedad que la cr ea. Como todo el
arte, respira la atmósfera de su tiempo.
Yolvamos, pues, a ese lejano ensayo de Ortega y Gasset
que citábamos al principio, y consideremos la llamada decadencia de la noYela como una expresión de la crisis del hombre,
pero no olYidemos que el concepto de crisis es también el de
cambio, el de una tran~formación hacia algo nueY0 o diferente,
mejor o pt&gt;or, pt•ro c1istinto. A más de treinta años de distancia
de La deshum:tnización del arte, de Ortega, la novela si!?ue floreciendo y mostrando ramas nueYas. Sería prolijo mencionar
aquí a los novelistas de los últimos años que han mantenido el
gfoero en con~tante reno, ación, pero permítaseme citar algunos de el1o'l: Trnman Capote, norteamericano; Lawrence Durrell, irlandés; Alain Robbe-Grillet, francés y Luis Goytisolo,
españcl, alguno&lt;; de ellos todavía desconocidos de nosotros, o
del lector hispanoamericano, pero en los cuales la crítica es
unánime para ri&gt;conocer &lt;'ll ellos los nuevos representantes de
la novela de hoy. En Hispanoamerica, por otra parte, el paisaje
ha sido puesto de lado y la novela se a~oma al hombre con
un interés diferente. Y en nuestro país, en especial, comienza
a hablarse un l enguaje que durante muchos años se mantuvo
silencioso en la literatura mexicana, lenguaje que los novelistas
de la nueva generación se han encargado de introducir. Carlos
Fuentes, Sergio Fernández, ,Josefina Vicens son los principale&lt;; nombres pel'o no los únicos, de ese gran movimiento renovador de la novela mexicana.
Y se preguntará: 1, por qué siempre que se habla de la
novela del siglo veinte se refieren a esos novelistas que en las
primeras décadas del siglo escribieron su obra Y ¡,Por qué macha&lt;'ar sobre ellos cuando hay tantos otros, contemporáneos
nuestros, que también tienen una producción definida, en la
que se podría tener una respuesta más cercana a nuestro tiempo
actual! N'o encuentro más que una respuesta a esta pregunta :
Proust, Svevo, J oye e, Lawrence, como Kafka, Faulkner y otros

Alfonso Rangel Guerra

Jº~

25

D?~s,
los responsa~les de_ la idea de decadencia y dl•strucc10n. e a novela ~el s1~lo vemte. Su obra revolucionaria trajo
col~s1go esals consideraciones de derrota. Pero si queremos ex
P icarnos e estado actual d l
l
·
sus nuevos rumbos Y los . te a nove a, s1 q?,eremos conocer
a· ·a·
.
m ereses que la amman, tendremos
que m.,1r nuestra vista a esos novelistas d
..
en ellos encontraremos el gérmen de la nuevae v111s1d. p¡°rque
vela, ya que ellos tuvieron una fuerza de creació a e ~ 1!-ºó!e~e~~~:t\ªa de dle,cat?encia, llevab~ implicita Jan c¿~1lg:;~~
nove is ica contemporanea.

~f

�Ca/vin P B/air / ALGUNOS ASPECTOS DEL

PENSA-

MIENTO ECONOMICO DEL SIGLO XX

I.-IKTRODUCCION

Q

UISIERA iniciar esta conferencil).

ofreciendo una serie de disculpas:

En primer lugar, espero que me perdonen por haberle
puesto un título tan vago, tan vasto y tan indefinido. No me
creo realmente capaz de tratar el tema de la economía en sus
relaciones con las otras ciencias sociales durante el presente
siglo; ni en cuarenta años podría hacerlo, mucho menos en
cuarenta minutos. Quisiera cambiar el título anunciado por
otro igualmente vago, pero menos ambicioso y más honrado.
Quisiera designar al modesto conjunto de ideas que están por
salir aquí "algun,)S aspectos del pensamiento económico en el
siglo veinte", título que me alivia un poco por no prometer
tanto, y que, a la vez, me deja abierto un camino bastante amplio y cómodamente impreciso.
En segundo tfrmino, debo conf('sar, en ccnformidad con
la mejor tradición académiC'a, que en las ideas aquí expuestas
hay muy poco de orginal, Debo mucho de mi modo de ver la
historia y las ideas económicas a mis maestros universitarios
de los años recién pasados, quienes me han dado en la carrera
una formaC'ión "institucionalista". Debo mucho, también, a
esos seres hábiles, analíticos y críticos que han logrado internacionalizar sus propios estudios; me refiero a los grandes
cronistas del pensamiento económico que han publicado sus
obras ya tan conocidas. En particular, para los miembros de
este auditorio que han t('nido la suerte de leer el excelente
libro del economi~ta francés Emile James, publicado en traducción titulada Historia del Pensamiento Económico en el
Siglo XX, mi deuda directa con este autor será obvia.
En tercer lugar, quisiera ofrecer mis disculpas por las
frecuentes equivocaciones en que ha incurrido un extranjero
-27-

�28

Algunos Aspectos del Pensamiento Económico del Sjglo XX

aficionado a la lengua española cuyo amor entusiasta al idio~a
sobrepasa todavía a sus conocimientos. Este hec~o tiene, srn
embargo cierta ventaja, tanto des~e e~ punto de vi~ta ~el _c?nferencista como d~sde el del auditorio: para aquel, significa
cierta avenida de escape; si no está presentada claramente
una idea, él puede al egar ignorancia del idioma, y así evitar
el cargo, mucho más serio, de ignorancia de materia. En cua~to
al auditorio, quienes encuentren grandes lagunas en la descripción o en el análisis que siguen pueden consolarse tal vez con
el recuerdo de que los errores gramaticales, de composición
y de dicción fueron cuando menos algo entretenidos.
Por último, quisiera defender, de manera metafórica, la
intención y el alcance de esta conferencia. "La Economía" en
nuestro siglo, entendiendo por ella el conjunto de teoría~ Y
doctrinas sobre el tema, es una dama _muy robusta, complicada, confusa y contradictoria. Vestirla de manera que se destaquen todos sus puntos salientes, intere_santes y seductores
requeriría un tejido intelectual de fabulosa calidad y grandes
dimensiones, un paño elegante en el cual se combinarían n~iles
de hilos finos intercalados en diseños ya audaces, ya sutiles.
Ante tal tarea siento un temor. Continuando la metáfora,
me considero una combinación de tejedor y de modisto, pero
uno cuyos pobres recursos y falta de tiempo no le permiten
hacer los tejidos y las confecciones que el personaje merec~.
Incapaz de producir el vestido elegante y formal, tomo medidas apocopadas y algo chocantes: eligiendo unos cuantos hilos
importantes, hago un pedacito de tela con el cual fabrico más
bien un traje de baño "bikini" que cubre apenas los puntos
esenciales, y éstos de una manera calculada para despertar el
interés.

II.-HECHOS HISTORIGOS Y PENSAMIENTO
ECONOMICO.
El "pensamiento económico" es una combinación de teorías y doctrinas que se desarrillan, no en un vacío académico,
sino en un ambiente social y cultural; responde, aunque generalmente con mayor o menor dilación, a ciertos problemas Y
aspiraciones de la ,sociedad, y refleja, siempre con algún retardo los hechos históricos. A' su vez, las grandes corrientes
del pensamiento económico suelen entrar en la determinación
del mismo ambiente social y cultural y figuran en el curso de
los hechos sucedidos. El economista encuentra imposible enfrentarse a los problemas de su propia época con esquemas o
instrumentos completamente nuevos, de manera que su pensamiento, aun en circunstancias relativamente únicas y aun
en el caso de los genios más creadores, refleja una gran herencia del pasado. Así, por ejemplo, un Marx ataca a la escuela

Calvin P. Blair

29

clásica armado de muchos de 1
. . .
.
la misma y un I{ey
os preJmciqs e mstrumentos de
.
•
nes provoca una re 1 ·,
miento económico mientras
vo ucion en el pensalas ideas y a los métodos de ):rman~1e en g~a~ parte fiel a
en corregir.
escue neoclasica que insiste

ª

. , H~y un proceso evolutivo que
t
cion vigorosa contra la ortod¿xi ya om~ la forma de reacdificaciones lentas, pero siempr e :np~e~alecien~e, ya la d~ moEl progreso de la ciennia eco , . u a con _1d~as anteriores.
rición ocasional de un
b nom1ca ha ~ons1stido en la apapolémicas Y críticas !oºdi~f m~estra estm~ul~nte, seguida de
nes Y refinamientos.' de 1 cac10~:es, amphac10nes, aplicaciodesaparición de otro~ por ~b::~~IOn df ci~rtos_ elementos y la
a la misma obra maestra L ~10~ en_ os idearios qu~ superan
aspecto también y éste ~ a her enc1a del . pasado tiene otro
sólo proporciona' al present~
negativo. El pasado no
tos Y de los conocimientos útiles g an par:te de_ ]os mstrumenblemas . tombie'n 1
.
para la ,soluc1on de sus pro,
e oprime con anticuad
d
suelen ser obstáculos a la
.,
os mo os de ver que
Y a la realiación de intent~~drensio~ ,de prob~emas actuales
son notablemente duraderas. seb sol~c10n. Las ideas antiguas
pulares muchas décadas des 'u, o reviven en las cr e~ncias poobras serias teóricas O de d~ct~ de 1ª?er desaparecido de las
"libre competencia" siú'ue d rma.t ~' por ejemplo, la frase
O
a pesar de que casi todo~ los e:~~~m~~t J~á~enes POJ?ulares
muchos de los que ti·enen . 1.
. , as e siglo XX, rncluso
.
me mac1on más 1·b 1
,
.
I era Y mas prof unda simpatía hacia el se t
diniones teóriras para la de f~r .P.~ivago, han ·insistido en con11
duda la posibilidad de u e ~ ~1011 e aquélla que ponen en
~amente raros. Todavíaqmeáse~1J
excepto en caso~ extremamtentos de solucionar los · r ~~ e el punt? ~e vista de los
hecho de que nosotros la p o emas economicos, existe el
capaces de adherirnos ~ ide::za ~~mana, somos enteramente
de que son antiú'uas Y sin ot an _1tgu_as P?r el ~encillo hecho
º
ro cri er10 mas racional.
V

:~~ec;o

ªa.

III.-~~M1EtJ~~NTO ECONOMICO DEL SIGLO XX
FAIRE" y co~iCION AL CONCEPTO DE "LAISSEZ
MJENTOS HISTORI6g:.croN DE LOS ACONTECIPuesto que toda teoría s
·
de la_totalidad que llamam:s ~~:~1t~~~1?;ente una abstracción
doct_rma es necesariamente una l . , ' y ,puesto que toda
trana de elementos moral
f se e~c10n mas o menos arbiricos, no nos debe sorpren~se/~ orza os c~n argumentos teóhan surgido en nuestro si l
a gran variedad de ideas que
Y hasta de sus ideas contr!J:
pesar ~e su heterogeneidad,
tes principales del pensa . I~ or1as, :ªs.1 todas estas corrienm1en o econom1co, aun aquellas tan

f

�30

Algunos Aspectos del Pensamient-0 Económico del Siglo XX

diversas entre sí como la socialista y la neoliberal tienen en
común tres elementos fundamentales; primero, todas son en
un sentido u otro una reacción contra el simple artículo de fe
del siglo XIX: el lai.ssez faire: segundo, todas reflejan en
muchos de sus aspectos la clara influencia de los grandes
acontecimientos históricos; y tercero, todas representan basta
cierto µ ...nto la convicción creciente de que el hombre es cada
vez más capaz de determinar su propio destino, ya sea mediante la creación de una economía planificada y coordinada
o la creacción de mejores condiciones que bagan más eficaces
y tolerables las acciones económicas privadas y descentralizadas. Casi todos los pensadores del siglo XX, ya sean "colectivistas", o "dirigistaf', partidarios de la competencia, son sin
duda alguna "intervencionistas".
&amp;Cuáles son, entonces, las principales corrientes del pensamiento económico de nuestro sigloY ¡,En qué aspectos difieren del pensamiento ortodoxo marginalista que prevalecía a
fines del siglo pasado? y ¡, cuáles son los grandes acontecimientos históricos que se reflejan en el pensamiento económico?
Quisiera dedicar los próximos minutos a dar una contestación
muy parcial a estas tres preguntas.

Al alborear el siglo XX, la teoría dominante era el marginalismo. Basado en un método atomizado y netamente abstracto, el margiualismo explicaba los fenómenos del mercado
con su instrumento de análisis: "la oferta y la demanda". En
este sistema, las utilidades marginales, del lado del consumidor,
determinaban las cantidades de bienes y servicios demandadas
a varios precios, mientras la producción de las mismas era
determinada por los costos de la empresa privada, costos que
se resolYían en precios de los factores productiYos, y estos
precios no eran otra cosa que los ingresos de los factores,
determinados, a su vez, por la productividad marginal de los
mismos. El modelo analizado ccn más frecuencia fué el de
la eompetencia perfecta, y suponiendo que esta exi~tía, fué
posible al bu('n teórico demostrar que el sistema de precios
en el reino de la empresa privada conducía a un equilibrio
estable que milagrosamente resultaba, a la vez, en la mejor
asignación posible de los recursos de la sociedad, en el máximo
de eficiencia de los métodos productivos, y en una distribución que proporcionaba a cada factor un ingreso precisamente
igual al valor de la contribución que había hecho al proceso
productivo. .Ahora bien, los teóricos competentes no creían
que esta teoría describía fielmente la realidad económica en
todos sus aspectos. Alfred Marshall había aducido sutiles argumento:, en fayor de intervenciones y subsidios y hablaba a
menudo de la superioridad de ciertos fines sociales sobre los

Calvfn P. Blalr

31

fines privados o individuales En E
.
había declarado preferir un ·soc· 1· stadosl Umdos, J. B. Clark
que
d'
d
ia ismo a monopolio
· d
_po ia pro ucirse con la política de 1 .
f . pnva o
contmente europeo hacía décad
aissez arre; Y en el
librio" no era ya en nin ,
a~ que para Walras el "equinaturalroente ;ino sólo ug:~, seihd?, ~: estado real asequible
1
compararse i'os desequilibrio~º de º1 I ea:. con el .cual podían
desde un punto de vista más
a rea ida~. S~n embargo,
una racionalización teó .
~ gar, el margmahsmo ofrecía
nadie sabe m .
r~ca _c~s1 perfecta del laissez faire · si
.
eJor que el md1v1duo lo
,
.. ·
margmal de cualquier cosa
.
que para el ~s la ut1hdad
1
a cada factor una remuner~t, s1 a empresa privada ofrece
marginal, ¡qué podría prod:i ~on que mide s~ productividad
el sistema libre de
.
_c1r, entonces, la mtervención en
•
precios smo desviaeio " d
, •
.
nes
e un optimo f
El margmalismo era con
de la libertad y con la ::~e!1,te ~on ideas puramente formales
privada.
.
s1c1on e poder de la gran empresa

f

y sin embarO'o las O'rand
.
mienzo del siglo :o~iedaa°es es na~10nes no eran ya, al cola n~ción de un¡ política de Ii~!~ut~sen aceptado totalme~te
surgido serios movimientos s . r ~e. En In_glat_erra habian
calistas y los comienzos el
oc1~ is as, orgamzac10nes sindiEstados Unidos se anun/· un s1sten;~ de seguro social; en
de ciertos tipo&lt;; de monopol\~ u~~ pdohtica d_e reg~~mentación
como respuesta a las
tp . a o Y de d1soluc1on de otros
concen raciones de pode p · d
•
a busos subsecuentes. en Alero . l
. r ~1va o y sus
había realizado eon'
h
~ma ª r~voluc1ón mdustrial se
,
mue as mterwnr1ones st t l
pa1s, de conformidad co
h. t .
e a a es, y este
tirado una polítfra pred~~,'¡~a~: oral c~iltural,. jamás ha pracses dr la industria rusa f
e e atssez _farre; algunas batralista y autoritario de 1~1;r~~r crra~as baJo_ el_ régimen cenllarse en el Si&lt;Ylo XX b ·
e~ . .'Y' eSt e pa!f; iba a desarrocentralista v a;torita.,r1·0 ªJyo fun reg~mI_e1~ social~sta igualmente
•
'
·
ll(' &lt;'11 ..., eXJCO · Q ' . . · '
que la época porfirista fu,
. . . ..
6 men rns1stma en
ma liberal de mercados lib:eusn mtelnto l~e desarrollar un sisteJ
•
•
.
Y no a a ianza de un d' t d
p oc,erosa Y arbitraria con el ca it 1
.
a ic a ura
mente poderoso y arbitrario? p a extranJero, a veces igualAun en los países o&lt;'cident· 1 d
, .
a es e mas liberal tradición,
funcionar bi&lt;'n la libre e
de iºs mayores deseos de hacer
como existía en la re l "dmpdresfa, os defe:tos del sistema tal
c
.
.
a 1 a , ueron obvios AlO'
d 1
e onom1stas mar&lt;Ymalistas hab'
d
.
bunos e os
graves: primero º 1
ian estac~do tres de los más
nómico en form~
~andes _conce1~trac1011es de poder ecogrado de desigualdad en ~:ºcfi:~~i P~~vaddos ;_ segundo, el alto
r1 uc1on el mgreso, Y, tercero,
Y aun entre personas poseídas

~!

•

�32

Algunos Aspectos del Pensamiento Económico del Siglo XX

..
. f d s crisis de desocupación. No fallas inestab1hdade~ Y, 1 epelit ª
defecto a los dos primeros.
taban los que atribman e ercer
. t
conómico en el siglo XX,
La historia del pensamien o el t de las distintas formas
,
•d
pues como re a o
podria consi _erarse, 1 • '·ntelectos sensitivos, conforme ~ ~us
en que reaec_1onaron. o~ ~
ontra el margina1ismo teorico,
propios ambientes historie.os_, et .. s dol capitalismo Y contra
v las mJUS icia ,
·
,
]
contra os d ef ec.tos . . d I siofo XIX Para unos, bastaran
la política d~ la.isse~ farre \or "realism~ en la teoría o en el
ciertos cambios hacia un ma. . l
el s1·stema. para otros,
bios parcia es en
,
,
1
método y a gunos caro
l t re-orientación teórica parecera
nada menos que una comp, e a ólo cambios radicales o el abansuficiente; y par_a otros ma~t ~sta remediarán sus principales
dono total del sistema capi a
defectos.
or ejemplo un Wicksell,
Al primer "rupo pertenecen, P .
l t ' ' hacia una
e
l d 1 d. ro y orienta a eoria
que investiga el pape e. me ·mportancia; un Keynes, que
dinámica que ~abra
~rece~~~ ~m caso muy especial \le su
acepta a teor1a neoc asica c p
t que se nie&lt;Ya aun a em.
, "
ral". un are o,
,
"'
propia teor1a gen( .. , "
la sustituye por una muy
plear la palabr3: ' ~it_ihd~~ per~e si ue describiendo el eq'?-ip arecida en su sigmficacion,dy ql · f y maximización rae10. .
é d
ociones e e eccion
.
hbr10 a trav s e. n
S
d Robinson que derivan connal · un Chamberlm y una ra. ed de competencia imper,
,
li tas de los merca os
.
•
ceptos mas re~ .s
. K . ht ue insiste en la importancia
fecta o monopo~ica; un . rug ' ~ los rocesos económicos, y
del papel que Juega el hem~o. ,e d li teoría de la demanda.
un Hicks, que ofrece u_na reV1sion
s ue creen, con W alter
También pertenecetb a tJe g[:~~stfcia\on compatibles entre
Lippmann, que la if erda y talmente formado por empresas
sí en un mercado u~ amen . s y muy limitadas de parte
privadas con intervenciones parcia1e
del estado.
,
arse a este primer grupo
También ten?nan,, q_ue agreg norteamericanos que creen
todos los "keynesianos , m~leses Y d. t el impuesto pro. 'b . , del mgreso me ian e
que la redistri ucion
f
. la continuación de una
gresivo Y los, ~astos ~e trans,?enciala amortiguación de las
vigorosa pohtica _anti-monopo{~fe{ anti-c-íclica, bastarán para
fluctu3:ciones mediante ~na p~li sistema y para eliminar, a la
garantizar progreso ~ v¡gor Cualesquiera que sean sus recovez, sus mayores. de ec os.
los economistas de este grupo
mendaciones par!iculares, tf dosn s temporalmente, con el sishan quedado satisfechos, a 11 mel o nciben pero siguen siendo
tema capitalista tal como e os o co
r¡do En el campo de
"intervencionistas" en mayor o m~or ~d o Íos autores de la
la teoría, muchos de ellos, como arr

1~

t

Calvin P. Blair

33

escuela de Estocolmo, son partidarios de una dinámica que
complementa la teoría estática más tradicional y le inyecta
un elemento de realismo.
Del grupo de quienes han querido d;i.r una nueva orientación a la teoría, se destaca el nombre de Thorstein Veblen.
En obstinado ataque, criticó irónicamente el método neoclásico
de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Insistiría Veblen
en que los neoclásicos estudiaban los factores de menor importancia con un método extremadamente limitado en sus aplicaciones, y recomendaba que la economía fuera una ciencia de
la evolución. Inspiró a un grupo de alumnos convertidos por
su influencia en empiristas que pretendían rechazar en gran
parte cualquier teoría; así como a otros heterodoxos a quienes
se aplicó la designación de "institucionalistas". También institucional fué el método de Commons, quien insistió en los
aspectos legales y tradicionales de las relaciones económicas,
un método totalmente distinto de la abstracción y deducción
de la teoría marginalista. En este grupo podrá clasificarse
algún día, posiblemente, a todo autor que pretenda analizar
con profundidad el desarrollo económico. Tenemos ya el ejemplo del historiador económico norteamericano Rostow, quien
ha mos_trado que se puede &lt;;ontinuar usando ciertos conceptos
keynesianos, y hasta neoclásicos, en aspectos del estu&lt;lio del
desenYolvimiento, pero que la comprensión del proceso requiere la integración en l.a teoría misma de elementos sociológicos,
psicológicos, y hasta técnicos, que se han congelado en el coeteris paribus de las teorías más tradicionales. Y, después de todo,
tno se acusó a Sombart y a Schumpeter de ser "sociólogos",
mas bien que economistas, cuando especulª'ban sobre el destino
del sistema capitalista? Ahora que el desarrollo económico
ha venido a ocupar el primer lugar entre los urgentes problemas actuales y en las teorías y doctrinas contemporáneas, es
muy probable que se borren algo, cuando menos, las fronteras
entre la economía y las demás ciencias sociales.
Los que han querido la desaparición del sistema capitalista
forman un grupo muy heterogéneo, con ideales muy opuestos.
En este grupo caben los socialistas que conciben una sociedad
netamente democrática, una sociedad en la cual hasta se puede
aplicar el análisis marginal tradicional, porque puede garantizarse el mínimo de las condiciones nec.e sarias para que se
realice el óptimo neoclásico. Tal es el esquema de Abba Lerner, por ejemplo.
Violentamente anti-capitalistas han sido los movimientos
comunista, fascista y nazista de nuestro siglo. En cuanto al
pensamiento comunista, puede decirse que no ha aparecido en

�Calvin P. Blair
Algunos Aspectos del Pensamiento Económico del Siglo XX

33

el mundo soviético ninguna contribución _teórica de gran importancia después de las obras de Lenin, y que las autoridades
rusas se han hecho responsables de la dirección ideológica de
todos los comunistas, hasta el punto de publicar un manual de
economía política que suele ser una especie de catecismo para
todos los fieles. Más fecundos estudios de Marx se encuentran
en el lado occidental de la "cortina de hierro". )Iarxistas no
comunistas, como Sweezy, por ejemplo, han hecho sus propias
contribuiciones creadoras conforme a la tradición del gran
socialista. Y entre los no marxistas, ha estado muy en boga
una nueva lectura y una nueva interpretación de Uarx. Schumpeter y la señora de Robinson se encuentran entre quienes lo
han presentado bastante favorablemente en cuanto a su metodología, aunque no en cuanto a sus conclusiones.

empirismo en la investigaeió d
.
ingreso nacional Y su dist .b ~ e los ciclos económicos, el
Y la motivación de los emri ució?, la concentración industrial
•,
presar1os y consu ·d
.
e1on de un teoría macroeconómica
. m1 ores¡ 1
. a ~par1desoe_upación; los estudios de lo qft ~xphca el equilibrio con
relaciones insumo-producto. las s tJos _de fondos Y de las
de las propensiones a eonsu' .
es imac1ones eeonométricas
dades de la oferta y la dem~~/ a ah~r!~r, Y de las elasticines a través de los multipl • d ' el anahsis de las fluctuaciola concentración teórica Y ~cl: ~:es Y l~s modelos de secuencia;
llo económico Y finalment/fc ica ~n os aspectos del desarrodios económi~os~sociales inte a creciente tendencia hacia estudades, las fundaciones y l grados en las grandes universieionales todas éstas y mue~s nuras organizaciones internauna o más de las gr~nde
~s ~ ras, son manifestaciones de
económico.
s con ien es modernas del pensamiento

34

El fascismo y el nazismo casi carecían de fundamentación
teórica coherente en materia económica. Es cierto que en Alemania hubo bastante semejanza entre la filosofía nazi y el
pensamiento de Sombart, pero éste no contribuía directamente
a la formación de aquélla; y en Italia, a pesar de algunos intentos de señalar a Pareto como uno de los precursores del
fascismo, tampoco se ha establecido una descendencia intelectual indudable. Estos sistemas eran ultranacionalistas, militaristas y expansionistas. TambiÍ'n eran deliberadamente anti-intelectuales. Ilacían panegírico del espíritu heróico, se
oponían al racionalismo burgués, tendían a una planificación
nacional, y hacían crítica moral del capitalismo. Sus fines no
eran los mismos que pretendían los socialistas y los marxistas,
y sólo tenían en común con éstos su desafecto al liberalismo
capitalista.
El pensamiento económico en el mundo no soviético (y
exceptuando las ya mencionadas filosofías nazistas y fascistas )
muestra en el siglo XX las siguientes corrientes principales:
la. Ilay un intento de sujetar el análisis marginal y su
modelo de competencia a una severa crítica y a una modificación; 2a. Cada vez se hace más hincapié en la investigación
emp~rica y en la cuantificación de la economía; 3a. Hay un
creciente interés por los aspectos macroeconómicos; 4a. Se
produce un desarrollo contínuo de los instrumentos de análisis
la estadística, la contabilidad social, la econometría; 5a. Existe
una tendencia a sustituir las viejas nociones de equilibrio por
nociones de la dinámica y gradualmente a sustituir ésta por
la noción general de la evolución; y 6a. Se hace visible una
tendencia hacia una integración de la economía con las demás
ciencias sociales. Las protestas ae los institucionalistas, el
desarrollo de las teorías de la competencia monopolística, el

En contraste con el si"l
d
.
O O
del siglo XX ha sido
pas~ ?, el pensamiento económico
. t
menos optimista y más
· t·
,
, .
escep ico o real is a; menos mecanicista
más dirigi~ta O intervenJo~~~aoremc~ mJnos determin~sta y
la aceptación cada vez ma
. a _ra1~ e_ estos cambios es
mental y la eonvicció~ d yor del criterio científico y experiprincipales problemas y ~ ~~e el ho~bre_ pue_de resolver sus
Y cierta renovación d¡ fe s~a ien esto implica cierto optimismo
zas sobrenaturales ni en ias
es una fe_ ~atalista en las fuerfuerzas naturales sino una f ec1ore~ eq~1hbradoras de ciertas
cimientos del ho~bre.
e en ª mtehgencia Y en los cono-

a°º.

El trasfondo de hech

h · t, ·

·

1m vez, reflejado estas nu~!a is ori~os que ha provocado Y, a

nómico es una época su s corrientes de pensamiep.to ecopor fenómenos de concent~::no,!nte tful!bulenta,__caracterizada
, con icto y cr1s1s.
Crece la escala de los gru
.
.
dad anónima desplaza al
pos_sociales_: la ~1gantesca soeiec~yos socios hubieran formiiJ¿~io propietar!o; el_ sindicato,
s~~lo, llega a ser una ·unidad coher:~~dagero imper10 hace '!In
c1011; el estado antiguamente débil de e reg~teo o negociaplazado por el estado .
o escentrahzado, es reem.
enorme y omnipres t
d
mismo, las anti.,.uas metró olis 11
en e Y, entro del
que suelen cubrir la mitad pd
/gªI! a ser las "megalópolis"
1
t~ Y hay una contíuua desvia:i,a ranJa eoSt e:! de un continencmdades. La concentración Jn de 1~ ¡.oblac1011 rural hacia las
d_e poder económico reclaman emogr~ ica y l_~ concentración
s~do ajena a la sociedad de nue ~na mtervenc1on que hubiera
c10nar a los grupos urbanos s s ~o~ abuel_os: hay que proporque, o no existían entre los erv1c10s socliales en gran escala
grupos rura es, o fueron propor-

�30

Algunos Aspectos del Pensamiento Económico del Siglo XX

cionados por los mismos individuos y familias, y hay que intervenir en las luchas entre los grandes intereses ecnómicos
para evitar, no sólo su propio daño, sino también el que podrían
hacer a otros grupos y a la sociedad en general.
En la escena internacional, surge un nacionalismo con frecuentes guerras en gran escala. El estado planifica, dentro de
las posibilidades, la asignación de los recursos para la realización de sus fines; se amplían los límites de la planficacóin,
y sus éxitos relativos en época de guerra dan a la vez la experiencia necesaria y la sugestión inquietante de una planificación de tiempos de paz.
•
En los países capitalistas se repiten las crisis financieras
y las depresiones que traen consigo prolongada desocupación
en gran escala, y ésta ya en una sociedad de asalariados cuya
alternativa a la ocupación es el hambre y la pérdida del orgullo y del adiestramiento. Hay que enfrentarse a la erisis
e intentar remedios; como el remedio neoclásico es la sugestión
de que los obreros aceptan un salario igual al valor del producto marginal, de su trabajo, fracasa el neoclasicismo, puesto
que este valor en numerosos casos, es cero. La situación reclama decisión y las decisiones, aun las no siempre a&lt;'onsejables, requieren nuevos datos, instrumentos y conceptos. Los
instrumentos forjados con anterioridad son puestos a prueba
en la práctica. A las exigencias de la crisis surgen respuestas
que pasan a ser nuevas aportaciones al pensamiento económieo.
En estas circunstancias escribe Keynes la obra maestra del
siglo XX, en la cual explica el desempleo, crea nuevos eonceptos para su análisis, aconseja la interYención en forma de
inversiones públicas, ·combate la reducción de los sueldos
monetarios v habla favorablemente de la eutana&lt;;ia económica
del rentista: Keynes tiene algo para todos y cada uno, y nace
una ''revolución keynesiana" en teoría y en política económica.
1'iientras tanto, triunfa el experimento soviético, y los
grandes estados una vez liberales se ven frente a un poder
que no sólo tiene potencia para rivalizarles en tamaño y en
acciones, sino que también presenta a los países atrasados un
sistema alternativo para la realización rápida del desarrollo
económico. La inseguridad creada por esta rivalidad constante
da lugar en estos estados a grandes presupuestos militares,
planes de ayuda militar, técnica y económica, y a una preparación interna que implica el mayor grado de intervención
que jamás se haya GOnocido en tiempo de paz. Para asegurar
la utilización óptima de las ayudas proporcionadas a otros
países, la nación para quien la sola palabra "planificación" ha
sido sospechosa, se ve obigada de exigir "planes coordinados".

Calvin P. Blair

87

Así, respo_ndiendo ~ l~s exigencias de la situación
sur~e el mtervenc1omsmo en la escena interna y mundial,
comienza a exportar.
hasta se
En una guerra que suele ser la únic
l
.
!~f;:s:~t~~1es 1e lo~ grandes países in~~~t~:r::
°
.
os os rmcones de la tierra, llevando consioo
1
r:di:tdi~~~f1~!r~Uea~?n C:racterísticas &lt;le SUS civiJizacione~:
lina y' el ubicuo ":ee i,~en os empacados y enlatados, penicila cultura industrial~ . Se_ d\ a conocer que estos frutos de
lo~ bienes_ no se reserv~~ :1~1u!~:::nrpresentativos, y que
ar1s~ocrac1a colonial extranjera El efee /ara el uso de °:11ª

~o:

::~~~:~

}~if:~~~~ f;

ra:d~~~ºase i;::: rsimbl;s· Miebntr~s. tanto, s~r~e e~
0
,
a su ers1vas de demo
· ·
Id
educación y oportunidad econ, . '
cracia, 1gua ad,
los países subdesarrollados lo o~1c_a, que suelen ~~spertar en
mericano ha llamado "u
q u~ astuto poht1co norteacientes".
na revo uc1on de aspiraciones ere-

!

�Alberto García Gómez / EL DERECHO INTERNACIONAL
Y EL MOMENTO SOCIAL Y POLITICO ACTUAL

QUE

el mundo atrav;esa actualmente
por una situación de inquietud y que vé hacia un futuro cargado de graves presagios, los que encierran la decisión del
hombre acerca de su propia existencia o destrucción, es cuestión que no escapa a la sagacidad de la persona menos informada.
El Dr. Antonio Prado Vértiz, conocido psiquiatra mexicano, ha dicho en reciente publicación que "en nuestros tiempos ha aparecido una enfermedad, cada vez más grave, que
pasando del individuo a la comunidad, ha ocasionado ya
cataclismos inconmensurables y parece llevar a la humanidad
hacia su fin. Esta enfermedad es la angustia que se manifiesta
por una intensa inquietud y por una constante tensión en el
individuo. Es una enfermedad psíquica que muy pocos hombres, quizá ninguno, haya dejado de sentir alguna vez, ya que,
por desgracia, vivimos en un mundo lleno de agresiones, de
egoísmo y de odio."
Estas palabras, que alguien podría tomar como reveladoras de un pesimismo fatalista, son, sin embargo, un reflejo de.,
la triste experiencia acumulada por el hombre, sobre todo en
la etapa posterior a la última guerra mundial, la que ha originado, no solamente esa angustia y ese pesimismo, sino toda
una nueva actitud frente a la vi~a, la que, como es natural,
repercute, entre otros órdenes, en las instituciones contenidas
en el Derecho Internacional; mismas que, según la observación de sus resultados, y en opinión de los tratadistas, no han
sido lo suficientemente adecuadas para prevenir las catástrofes que son las guerras, como uno de los ejemplos más elocuentes.
Obviamente, hay otras op1mones que analizando el momento actual no lo consideran en forma pesimista. En el acto
-

30 -

�40

El Derecho Internacional

de la inauguración de una estatua de Sir Winston Churchill,
que tuvo lugar recientemente en -Jn,glaterra, hablando el propio ex-primer ministro británico, a:nte una audiencia de admiradores suyos, entre quienes se contaban numerosas gentes
que acababan de otorgarle su ·voto en octubre pasado, para
que el gran estadista ocupara un lugar en la Cámara de los
Comunes, dijo el hombre que fué símbolo de la resistencia de
su patria, las siguientes palabras:
"El problema que confronta el Oeste en sus relaciones
con la Unión Soviética no es insuperable. Se ha logrado a la
fecha cierto importante progreso y las tensiones que nos han
venido causando ansiedad, se han suavizado gracias a las
reuniones entre los líderes del Este y Oeste, esperando que
tal iniciativa sea mantenida vigorosamente".
Frente a estas alentadoras palabras, salidas de la boca
de un hombre de la categoría de Churchill, -que ha sabido
conservar un optimismo salvador en medio de las peores borrascas--, se observa, no obstante, la reacción que hemos señalado anteriormente: la de esa nueva actitud del hombre frente
a la vida, la que se proyecta sobre varios campos, como en el
de la filosofía, en el del Derecho y, fundamentalmente, en el
sociológico, en todas sus múltipes manifestaciones.

•

La explicación de esa actitud, agregando las reacciones
apuntadas de post-guerra, puede básicamente encontrarse_ por
la peligrosa ubicación del hombre en un plano de dualismo
vitalista, o sea que con el apoderamiento y cási dominio de la
materia, se ha alej;,rlo de lo ético. Dicho esto en otras p_alabras:
su vertiginoso pro!;. Jso no está en relación .con su myel J?-Jral, del que es posible afirmar que ha segmdo una direccion
descendente en oposición al primero.
Sobre esta significativa realidad, el humanista norteamericano Lewis Mumford ha dicho: "El aumento constante
de los conocimientos científicos trae como consecuencia la
necesidad de un constante aumento de la disciplina moral. Se
ha alentado una técnica madura capaz de controlar el mundo
exterior, permitiéndole al hombre que ampliara sus potencialidades físicas, aunque se le ha dejado al mismo tiempo, en el
nivel de la niñez: lo cual ha resutado como poner dinamita en
manos infantiles".
En frase feliz, el Presidente de la Primera Conferencia
de Facultades Latinoamericanas de Derecho, ha condensado
la situación actual, al decir que hay "GIGA!\"TES NUCLEARIOS Y PIGMEOS MORALES".

"Albérto García Gómez

41

Pero si en el aspecto científico la mano del hombre ha
logrado_ po~tentos que sobrepasan la imaginación y ha perdido
la conciencia de lo hum.ano, ¿qué podría decirse .por ejemplo
en el aspecto económico?
'
'
.
Al_ despedirse el Pr~sidente López Mateos del pueblo norteamericano, en la _Sociedad Panamericana, en la ciudad de
~ueva Y or~, produJo estas palabras, que con sencilla elocuenc~a Y _r,eferid~s a nuestra América, pueden ser aplicadas a la
situacion social y política mundial.
"Estamos fu~damentalrnente unidos -dijo a sus anfitrion~s- por una. misma fe en la capacidad de nuestras democracias ( cuales~mera que puedan ser sus titubeos y sus errores)
par~ dar fehz ~xpresión a las aspiraciones del Hombre y de la
Sociedad. No siempre fueron tan cordiales y claras las relaciones entre nuestros países. Para comprendernos hemos tenido
que_ ".e~cer memorias de ag~avios p~sados y, sobre todo, los
preJu_i;ios que engendran la ignorancia y la arrogancia. Nuest~o_ dialogo, no exento de asperezas e incomprensiones al princ~p!o, se ha transformado. . . en una sólida amistad, franca y
vm~. •.. que ha sido posible porque se ha fundado en el reconocimiento leal de nuestras diferencias.
"La segunda. gue_rra mundial nos enseñó que, en el mundo
moderno, la conciencia de los pueblos también es un campo de
bata~l~. Al lado de las relaci?nes multilaterales, en las que
p~rbc~~an toda~ n_u~stras nacrnnes. . . y a medida que de la
d1scus1011 de prmciprns generales -en los que todos coincidi)I!,OS se pasaba al e~ámen ?e_ las situaciones concretas, especial1:1ente en matena econom1ca, se empezó a ver que, en
realidad, la _escena estaba ocupada por dos interlocutores. los
Estados Un~do~ y la Am_é:ica Latina. Estamos ahora e~ el
momento mas mtenso, cntico y decisivo de este diálogo.
_"Para qu~ la de~oc:acia encarne realmente y deje de ser
un idea~ escrito,_ es mdispensable que los hombres gocen ...
de u~ mv~l de vida supenor al acutal, que linda con la simple
subsistencia. -Es una cuestión humana y en el sentido más
alto Y vital, política. Si queremos defe~der a la democracia
debemos crear, economías sanas. Cierto que nos enfrentamo~
a ~úchos obstaculos_;. . . pero los latinoamericanos nos hemos
forJad~ en la adversidad; saldremos adelante si somos capaces
d_~ conJugar nuestros esfuerzos. En esta empresa, la comprens101;1 Y la colaboración activa y a largo alcance de los Estados
U=11d?s son una condición determinante y decisiva. y debo
~nadir, so~amente, que esa colaboración es decisiva en un
do ble sentido: para nosotros y para vosotros.

�42

El Derecho h1ternacional

"Más no creemos en las dádivas. Afirmamos que nuestros
intereses superiores -aquellos precisamente que se refieren
al valor y supervivencia de nuestras instituciones democráticas- son comunes y que deben ser el objeto de la preocupación colectiva de los Estados .Americanos. Los regímenes democráticos se enfrentan a graves amenazas; entre estos peligros figura el de la hábil utilización, por parte de la propaganda, de la situación de miseria y de atraso social existente
en muchos países del continente. No cerremos los ojos ante
una realidad que puede ser explosiva. Para hacer frente a esa
realidad, necesitamos la unión de todos contra la pobreza, la
ignorancia, la enfermedad y la desdicha ... "
Ahora bien, el Derecho Internacional, cuyo fin primordial es hacer permisible la vida de relación entre los Estados
y que nace de la tangible realidad de una comunidad internacional, como así también lo establece el tratadista Kunz, 1 al
afirmar que "nuestra comunidad internacional es, pues, una
creación estrictamente histórica, LA COMUNIDAD, originariamente, de los Estados cristianos europeos, que antes formaban la república cristiana centralizada. Por la misma razón,
nuestro derecho internacional es una creación estrictamente
histórica y europea, nacida para ligar los Estados soberanos y
cristianos de Europa. Y aunque desde la Edad Media la Europa
cristiana haya estado en contacto diplomático y militar con
las potencias musulmanas, con los árabes y después con los
turcos, la comunidad internacional queda restringida a los
Estados cristianos de Europa. Hasta el comienzo del siglo
XIX, los tratados de Derecho internacional tenían el título,
en la lengua diplomática francesa, de Traité du Droit International de l'Europe.
Esta restricción -prosigue el autor citado- a los Estados cristianos de Europa es lo que explica que todos los territorios fuera de Europa (Rors de Chrétienté) no sólo eran
miembros de la comunidad internacional, sino que eran jurídicamente terrae nullius, sobre los cuales los estados cristianos europeos podían establecer su soberanía. Comienza, desde
las últimas décadas del siglo XV, la enorme expansión europea en las Américas, en la India y en Australia. Y con estos
descubrimientos y conquistas, comienza también la expansión
del Derecho Internacional fuera de Europa. Primero, indirectamente; el Derecho Internacional aún permanece europeo,
pero estos nuevos continentes caen bajo el dominio del Derecho
como COLONIAS. Sin embargo, con la independencia de los
Estados -potencia de orígen europeo y cristiano, pero no
1.-Del Derecho Internacional Clásico al Derecho Internacional Nuevo.
Josef L. Kunz. Página 16.

Alberto García Gómez

43

e~ropea geo_gráfica~ente-, con la independencia de las repubhcas l~tmoamericanas, el Derecho Internacional deja de
ser excl1:1sivamente europeo. Con la admisión de Turquía
-potencia europea, pero no cristiana- a la comunidad intern_acional europe~, el derecho internacional deja de ser exclusivamente cristiano. ~urante la segunda mitad del siglo
XIX, ~l Derecho Internac10nal se expande más y más. Cuando
la Sociedad ~e Naciones entra en vigor en 1920, la esfera de
la competEIJ.cia ~el Derecho Internacional es ya casi universal
-o sea que en siglo XX, hoy en día, con las Naciones Unidas,
llega a ser absolutamente universal.
El Derecho Internacional de hoy es, pues, el derecho de
todos lo~ Estados soberanos de la tierra, existentes o futuros,
cualesqmera que sean su continente, su religión, su raza, su
lengu_a Y su, c?ltura. Pero esto_ no es una afirmación, de mera
necesidad log1ca, un razonamiento de derecho natural sino
una constatación del derecho internacional positivo de Í959".2
Con la anterior e~posic_ión, si bien no nos queda ninguna
duda respecto a la vigencia del Der echo Internacional sin
emba:go, no es posible tomársele como una panacea qu'e de
P?r si pueda resolver la grave crisis de valores y de instituc10nes, porque su eficacia o ineficacia en último extremo
depende del Hombre _mi_smo, y esto es 'un problema ajeno ~
la naturaleza de la disciplina jurídica internacional.
El reconocimiento del impacto científico de insospechados
alcances en to_dos los campos de la vida humana, no hace más
q~ie ~acer evidente que frente a la rápida evolución de la
c1encia, se desta~a !a decadencia moral del hombre y en otro
asp~cto 1 re~ultaria ilógico atribuir inutilidad a las tradicionales mshtu~io,n~s jurídic~s in_ternacionales, las que han presta?º su val!os1s1ma contribución en la ardua tarea secular de
Ir perfeccion_ando _la vida _de relación y de estrechar los lazos
de la comumdad mternacional.
. L~ iniciación de la e:a nu~lear y la conquista de los espacios siderales, para no citar. smo a los más recientes constituyen hechos_ que han atrapado al hombre con fuerz~ incontrolable_, debido a su colapso moral. Además ese avance ha
revolucionado principios y circunstancias qu~ afectan todos
lo,s _ordenes _de 1~ vida humana. Fuerte en el exterior, pero
debil en s~ mtenor,. esa fuerza puede volverse en contra del
hombre mismo Y amquilarlo. Vuelve a plantearse -en forma
totalmente nueva- la vieja cuestión del Derecho y la fuerza.
. Resulta imposible para el derecho internacional convertirse en la salvaguarda de valores que el hombre se empeña
2.-Ibld. Pág. 17.

��46

El Derecho Internacional

erpetua propuestas para formar una organización e~ro.pea.
~eron famosas las del Abate de St. Pierr:, Y el pe~ueno libro
d Kant de 1795. Pero todos fueron suenos utop1cos, _nunca
e
· 1omacia,
· Y menos aún realizadas ·
tratadas
siquiera por la d1p
El anhelo de una organización intern3:.cional, ,esta Y~z de
repúblicas latinoamericanas de lengua espanola, fue resuc:tado
por Simón Bolívar. Las ideas de Bolívar forma~ un eslabon. ~n
la historia de las ideas afines. De un lad?, estan en conex10n
con las viejas propuestas europeas, espe~ialmente con las del
Abbé de Saint Pierr e. De otro lado, Bohyar es un precursor,
en cierto sentido, de la Sociedad de Naciones y de sus desarrollos posteriores" .4
Conviene, sin embargo, aclarar algun?s p~ntos respecto
a las ideas del genial Libertador. 1\llto1;no Gome~ :ao~ledo,
en su acabado estudio "Idea y experiencia de A~enca , nos
dice que "la idea de la confederación está ya ... bien madura
y configurada en los escritos de Bolívar, y procede por !ª.~to
cobrar de ella, con apoyo directo _en los textos, ~ma clara v1sion.
Se ha dicho en incontables ocasiones que Bohvar es el padre
del Panamericanismo, r por más qu~ esto pueda ser :ver?~d
en cierto sentido, conviene apurar rigurosamente la Justicia
de semejante atribución.
"Son muchos los textos del Libertador en que _aparece co?
toda claridad la idea de la unión de los pueblos hispanoamericano&lt;; idea que tenía bien precisa en la mente por lo menos
desde' el año de 1810, cuando publicó un artículo sobre e.s,te
tema en el :MORXIXG CHROXICLE de Lo~dres, con oc~sio~
de la misión diplomática q~e le fue conferida por el p~i1!1-er
gobierno independiente de Caracas. Para nuestro proposito,
sin embargo, bastará con referirnos a la cél~bre Carta de
Jamaica escrita por Bolívar en uno de sus_~esherros, Y, en la
cual trata de nuevo el asunto con tal dom_nuo Y maestna q~e
es patente, como dicen Lockey, que ha dedicado a esta materia
largos años de meditación.
La Carta de Jamaica, del año 1815, la escribió B?lívar en
circunstancias que si fueron trágicas para él, han, s1qo para
nosotros venturosas, pues merced a -ella~ pu?o B?hvar expresarse con la más desgarradora y ant&lt;'•ntica ~mceridad. _Reducido el Libertador a la más extrema penur1~. c~n su yida en
constante peligro, y sin ninguna perspectiva mmediat~ de
salir de aquel destierro cruel a r eanudar _la ~uerra de mde:
pendencia, BolÍYar se sobrepone a ta:1~as m1ser!as para e~carar
serenamente el porvenir de la .A.menea espano_l~- Es_ta solo
y a solas, sin nada en torno suyo - poder, pohhca, diploma4.-Ib!d. PAg. 33.

Alberto García Gómez

47

cia, azares de gobierno- que le obligue a disimular en nada
su ideal político o a consentir, como más tarde, en que los
segundones lo modifiquen en tal o cual punto. Es una oportunidad única de percibir con toda limpidez su pensamiento.
La idea Bolivariana, pues, tal como allí se nos da, es la
de una unión de tipo confedera} entre las repúblicas hispanoamericanas, y no nos toca sino ponderar, con apoyo textual
en la Carta, lo que quieren decir esos términos.
Para la época en que escribe estas líneas, Bolívar ha encontrado ya el término medio entre la utopía del Estado gigante y la dispersión nacionalista, y uno y otro extremo son
enérgicamente rechazados. Hacer del nuevo mundo una sola
nación, sea republicana, sea monárquica, es imposible. Lo
impiden innumerables factores, tales como "climas remotos,
situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes ... " (en sus propias palabras) Si, pues, la anarquía ha de
evitarse de algún modo, no queda sino la unión: "Seguramente
la unión es lo que nos falta para completar la obra de nuestra
regeneración". Gon todo, en la hipótesis, ya descartada del
Estado continental, Bolívar apunta que su metrópoli tendría
que ser México, (en sus palabras) "que es la única que puede
serlo". Destacar esto puede hoy parecer una superfluidad,
pero un mexicano r ecogerá siempre con devoción esas palabras en que el Libertador dió testimonio, como en muchas
otras ocasiones, de la estimación y cariño que tuvo siempre
por l\féxico, "La opulenta México", primer país que conoció
fuera del ~uyo al iniciar los viajes de su adolescencia.
La unión además, debe ser entre repúblicas. "~o puedo
persuadirme que el nuevo mundo sea, por el momento regido
por una gran república, dice Bolívar, e inmediatamente agrega: "y menos deseo una monarquía universal de América".
Y vienen los párrafos en que, refiriéndose a los Estados singulares, expresa Bolívar sin r eticencias su decidida simpatía
por la forma republicana, para mantener a un Estado "en la
esfera de su conservación, prosperidad y gloria", al paso que
las monarquías tienen que derivar fatalmente al imperialismo
y a la a1:;-resión, y concluye : "Por estas razones pienso que los
americanos, ansiosos de paz, cien cias, artes, comercio y agricultura, preferirán las repúblicas a los reinos". Y en donde
expone Bolívar su idea sobre una organización internacional
general, se localiza en la parte final de la Carta de ,Jamaica
( que por algo -nos dice Gómez Robledo- ha sido calificada
de profética) en la que entrevió el Libertador, al lado de la
sociedad de naciones americanas, otra sociedad de naciones
universal, al hablar del "augusto congreso de los r epresentan-

�El Derecho Internacional

48

, .
. s e imperios" en cuyo seno habríates de las repubbr, r:~n~obre los alto~ intereses de la paz y
mos de "tratar y iscu ir .
de las otras tres partes del
de la guerra con las nac10nes
.
.,
todo el
d " Es evidente que la primera expres1011, y f. t·
mun o .
. .
ina licable a la pura an ic iocontexto, por cons1gmente, es
p n auardia Blanco Fomnía americana; Y por ~llo nos po~:n e a ~1enudo se hace- ]a
bona para no confundir -coml~ del congreso americano. y
idea de ese otr_o congreso. Jºn hecho de que Bolívar, en la
1
confirma esta mterpretac1011 e blea universal no en un fu.
siguiente línea, coloqu,e _esa Asam la americana sino en uno
turo más o menos prox11uo, l como labras de Bolívar- "en aldecididamente remoto - f i l as pa
. , ,, 5
guna época dichosa de nuestra regenerac10n .
Ah a bl·en ante el hecho sociológico de la guerra, coln. . t ro pan
l o' puesto. quP os
'd daor desde ' un nuevo y s1111es
s1 era
. •
ya del tipo conoelementos que la pueden constit~ir, no so1:1 . ra cu a nefasta
cido en la historia, como acontec10 en lda pnmec1·o'nes ydel globo
. . b'
t di, en aran es por
•
'
influencia s1 ien se ex e~ º1 ~ucho más amplios y se aplien la segunda, aparecen circu os
1 t~cnica militar, pero
can innovaciones trascendentales en a 1~
t s de lo que
en el caso que ~uera dable contempl!~er~! rf: ~ue no sería
que~ase ~1~ la tierra ~n la te!r~:iste esp~ctáculo sería un
cont111uac1on de
sedunda,,a la tumba del hombre, en el
campo }'.erámo, ca dcml aD~;1t~er; las del Apocalipsis, serían sólo
que las 1m gene~ e
.
un pálido refleJo del fm · · ·
· · que se observa
Atendiendo al clamor general de la e:1s1s
1 . nos
en el Derecho Internacional, "que constit~~e parp\r~ g:tros
.
d
.
ión o aun de desesperac1on, y
mot!vo de res1gnac a Puede decirse en consecuencia, que
motivo e esperanz .
l ' io Derecho Internaexiste confusión actualmente en e_ prop . l Ahora bien
cional y en ladcienciat
~:r:c::is~~te~na~c1;::a· comprenderl~
no hay duda e que a en
·'.
solamente una funes necesario compren~er iue des\:
e:otal en que se halla
c10n, una part~, unal ace ªa·edo del sic,lo XX e iniciación
el hombre ocCidenta a me ia s
º
'
de la era nuclear . ..

~ª-

ªt

c::r:fs

De la primera ~u erra brotó· ,:~e;r::bb~e efx:;fl:::i::t q~:
la Sociedad de Naciones,_ ql ue cto .
1 "siglo del progreso".
animara al progreso del s1g o an enor, e
Como es lógico, la crisis ac~ual, es produc_tol de la prpi!ei~
d
ra mundial Kunz, sena a, que
y de la segun, ª. guer
t
1 . esultados "El primero es
menos de la ultima, son res os r
.
'

5.-Idea Y Experiencia de América, Antonio Gómez Robledo, p .

¾

.

Alberto García Gómez

40

lo que pudiera llamarse "el fin de Europa", no en el sentido
de que no habrá más una Europa geográficamente hablando
ni los diferentes países de Europa. El "fin de Europa" quiere
decir que esta vieja Europa creadora de nuestra cultura occidental, que ha ejercido la hegemonía del mundo, política, económica, financiera, militar y cultural, desde los tiempos de
la antigua Grecia hasta 1914, ha perdido esa hegemonía. La
ha perdido, no sólo como consecuencia pasajera de la última
guerra, sino, según parece, para siempre. Si consideramos
que en 1914 de las ocho Grandes Potencias ( como así se han
denominado a los más fuertes, hoy se habla de los grandes)
existentes, seis eran europeas, se ve el enorme cambio de la
historia actual: pues hoy no existe ya ni una sola potencia
en la Europa continental, propiamente hablando; ni Alemania,
ni Francia, ni Italia. Y aun Inglaterra conserva su puesto
con máxima dificultad. Vemos al Imperio Británico ( cuyos
rugidos -refiriéndose al típico león- se escuchaban al otro
lado del Atlántico), que por siglos fué la potencia máxima,
el gran regulador del equilibrio europeo, cuya flota garantizaba la llamada "paz británica", desaparecer poco a poco
ante nuestros ojos. La Gran Bretaña, antes el país más rico
de Europa, vive desde 1939 bajo un r égimen de la más severa
austeridad" ; ha perdido la India y en otras partes del Imperio, su situación ha cambiado, en Persia, en Egipto, en
Malaya y en otros lugares. Es claro que un acontecimiento
tau trascendental como el "fin de Europa" en este sentido,
necesariamente ha producido una crisis en la política internacional.
La Europa democrática ya no puede alimentarse, armarse ni defenderse sola: depende de los Estados Unidos. La
historia mundial vuelve de Europa a América. Esta Vuelta
a la América, la hallaremos también en las Naciones Unidas"6
Lo anterior puede ser corroborado, al detenernos a leer la
declaración que hiciera el Secretario de Estado, de los Estados Unidos de Norteamérica, el General George C. Marshall,
en la Universidad de Harvard, el 5 de junio de 1947, que
diera lugar al famoso Plan Marshall, en la que en lineamientos generales dice: Nuestra política no va encaminada contra
país alguno o contra doctrina alguna, sino que está enderezada a combatir el hambre, la pobreza, la desesperación y el
caos. Su fin debe ser el de reavivar una economía productora
en el mundo, en forma tal, que permita el resurgimiento de
condiciones políticas y sociales en las cuales puedan existir
las instituciones libres . .. semejante ayuda . .. no debe de ser
6.-0p. cit. p. 57

�l'SO

El Derecho Internacional

simplemente una aportación parcial a las varias crisis que se
van desarrollando. Cualquier auxilio que este gobierno ( el
estadounidense), pueda ofrecer en lo futuro, debe tender a
provocar una curación definitiva, no a ser un mero paliativo.
Las necesidades de Europa durante los tres o cuatro años
próximos respecto a alimentos y otros productos esenciales
extranjeros, principalmente de los Estados Unidos, son muchísimo mayores de lo que es actualmente sµ capacidad de
pago, por lo cual debe recibir una ayuda adicional amplia,
porque de otra manera tendría Europa, que hacer frente a
una destrucción económica, social y política de muy grave
carácter ... Antes de que el gobierno de los Estados Unidos
pueda ir muy adelante en su esfuerzo para aliviar la situación y ayudar a que el mundo europeo se eche a andar por
los caminos que le han de llevar a la recuperación, debe haber
algún convenio entre los países de Europa para fijar lo que
su situación exige y la parte que tales países tomarán por sí
mismos a su cargo, para que cualquier acción que pudiera
desarrollarse por este gobierno ( el americano) tuviese el efecto buscado. Fué este famoso Plan Marshall, el que salvó a la
Europa occidental de caer en otras manos que no eran las
del mundo libre.
"Hay otro resultado: el fin del colonialismo. Y esto
no quiere decir solamente que la Gran Bretaña ha perdido
mucho de su imperio, los Países Bajos a Indonesia e Italia sus
colonias, o que Francia está en Indochina y en el Africa del
Norte ante el mismo peligro; quiere decir mucho más: que
los países asiáticos y aun los africanos no solamente quieren
su independencia, sino que atacan la cultura occidental, nuestra cultura que nos viene ·de la Grecia clásica y de la cristianidad.".
Por un momento pareció que a la hegemonía europea seguiría simplemente la hegemonía norteamericana. Se habló
de un "siglo norteamericano". Pareció que llegaban a ser
verdad las palabras de Simón Bolívar: "A la Europa perteneció el pasado, a las Américas el porvenir". Pero la historia
mostró que aun este análisis era incorrecto. Si los Estados
Unidos 50n hoy sin duda, la potencia más poderosa, no son,
como el antiguo Imperio Romano, la única, pues el tercer resultado de la segunda guerra mundial es la elevación enorme
de poder de la Unión Soviética. "El fin de Europa" y esta
elevación han hecho que hoy no haya más que dos grandes
potencias verdaderas, y ambas no sean europeas. Las únicas
grandes potencias verdaderas de hoy están separadas por un
abismo político e ideológico que hace difícil aun la cooperación cultual. Ilay entre ellas la llamada "guerra fría", que

Alberto Garcia Gómez

51

en Corea tuvo realización
f
pero se cierne el peligro d y que, ta ortunadamente, terminó,
ocasión sería ya atómica".1 e una ercera guerra, que en esta
La inquietud que señalába
l
· · •
ficarse, al observ~rse la crisis ;1os f prmc1p10, puede justinidad, en la revolución mÚit e v~ ores 9-ue sufre la humamento actual, que es totalmenªt: a/~-d~striall
de nu~stro roopasado en que la b b
. , s 111 ª ª o conocido en el
~irigid~s de un con~:ei~ed! h~drog;no { los proyecti~e~, teletiempos de paz y en ue
o r?, an echo su aparic1on en
social Y política debe\am~i~:sa;~fmente nuestra o~ganización
hecho antes de la utilización d.
o que este cambio debe ser
su empleo llegaríamos a la des: as. ~medvas armas, ya que con
ruccion e nuestra civilización.
Al desaparecer Europa
l' .
1
lo_ económico, se desencade~:: uº po It~co, en lo militar y en
tribuyen a la justificada alarm _nf serie l de_ ,hech?~ que conEstados Unidos; la roducci, ~ ·
re!o uc10.~ ~mhtar en los
supuesto militar de ftus· . 1 on mdustrial sov1ehca en el preteledirigidas en este p;~•pr~gresos_ nucleares y de armas
técnicos en la Unión Soviét1cae_n rnam1ento de científicos y
las grandes potencias. 1 t' ? e ¡roblema del desarme en
armas nucleares la u' a ecmca e la manufactura de las
automatismo, e~ el \se :c~ono es un secret~ ! el. problema del
fin, sería prolijo el sol~ h hde dla r~voluc1on mdustrial; en
pectos que encie~ra la sit ec -~ e s~nalar la multitud de asactual. No obstante l h uaron soCial y política del mundo
decisivo: i Las cadena: o l~mli~e tsed~ncuentra ante un dilema
era .

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ª

ºf

Pese a la distancia en el tiem 0
actual se encuentra en trág.
p y. ~ que nuestro mundo
labras de Séneca, conservan icas /ncruc1_Jada~, _todavía las pael hombre las comprendiera su raganc~a origmal: Ojalá que
escribió• "Este
d
en su sencilla elocuencia cuando
Y huma~as es
qu~ ves y que encierra las cosas divinas
cuerpo. E~ nin ~a oso ros somos l_os miembros de un gTa.Il
dadera patria
extranJero el hombre. Su ver-

!1::1 ;

erel ~~;,

7 ,-Op. clt, p. 59

�Arthur F Smith /

EL ESTUDIO DE LA HISTORIA EN

EL SIGLO XX

CREO

que no hay nada más apropiado que empezar con la historia de los estudios históricos.
Como ustedes saben, los historiadores tienen pies de barro,
clavados en el sub-suelo de los hechos anteriores; no pueden
volar como los filósofos. Quizás por esto el historiador se
parece a la tortuga: no puede correr, ni discutir nada directamente sin acudir a los precedentes históricos. Así es que,
fiel a mi profesión, tengo que tomar el mismo camino. Espero que éste no resulte demasiado aburrido ( o lleno de baches como algunos caminos del país).
Como punto de partida, me gustaría hablar de la que
alg-unos historiadores llaman la "nueva historia'' del siglo XX,
o sea, la historia que emplee la metodología científica en el
estudio de los hf'chos. Como ustedes saben, la historia escrita
data de las primeras insc&gt;ripciones jeroglíficas, pero la verdad
es que la "historia científica" es casi nueva, es decir, que no
fué una verdadera ciencia social sino hasta el siglo XIX; con
anterioridad, la naturaleza de la historia escrita, con algunas
excepeiones, no difería esencialmente de la que tenía en tiempos de Heródoto. Los historiadores mezclaban la moral con
la biografía, la teología con la filosofía, la fantasía con la interpretación de los hechos. En general, sólo les intnesaban
los sucesos más emocionantes de la historia, política o militar,
y concentraron su admiración y su atención en los héroes y
en los villanos.

~1uy rara vez fueron en busca de hechos documentados y
sus interpretaciones históricas pasaron por encima de factores
como el económico, el religioso, el psicológico. Como trovadores, querían fascinar al público con una historia de trompetas y tambores. Si esta clase de historia tradicional ( que
es todavía la más popular), tiene una filosofía, es que los
héroes y los villanos hacen la historia.
-53-

�54

El Estudio de la Historia en el Siglo XX

Ahora bien, ¿ cuándo y cómo surgió la nueva forma de
historia T Es bien conocido que el espi(itu científico de Occidente hizo una ciencia de la astronomía en los siglos XV Y
XVI; en los siguientes, aplicó criterios científicos al estudio
de la física, la medicina, la biología, y finalmente al estudio
de la sociedad. Casi todas las llamadas ciencias sociales nacieron en el siglo XIX: la antropología, la sociología, la economía y la historia científica.
De las universidades alemanas salieron los hombres que
contribuyeron más para hacer una ciencia social del estudio
de la historia. En particular Niebuhr, autor de una Historia
de Roma en 2 volúmenes (1811-12) en la que proporciona una
nueva interpretación de la historia clásica basada en sus estudios críticos de la numismática y filología. Fué seguido
en sus métodos críticos por Theodor l\Iommsen quien también
hizo una reinterpretación de la historia romana; pero es quizá
Leopold Von Ranke, autor de trascendentales obras, entre
ellas La historia de los Papas escrita en 1834-36, quien mejor
merece el título de "fundador de la historia científica".
Von Ranke, por su ingenio, su energía, sus enseñanzas,
sus métodos y sus escritos, formó una generación de historiadores en Alemania que aplicaron los nuevos criterios analíticos,
tales como la objetividad, investigación original y evaluación
crítica de las fuentes de documentación. El ideal de Von
Ranke se resume en su famoso dicho, "wie es eigentlichge wesen" "los hechos descritos como acontecieron en realidad".
También en Alemania, y debido principalmente a la influencia de Von Ranke, se establecieron en las universidades estudios de post-graduados en historia, ·así como el sistema de
seminarios, profesores de planta de tiempo completo y el título de doctor en los estudios históricos.
La influencia de Von Ranke y su escuela de historia
científica se extendió a otros países. En los Estados Unidos,
por ejemplo, profesores que estudiaron en las escuelas de postgraduados de Alemania reorganizaron la enseñanza de la historia y el método de escribirla en las universidades de Harvard, Yale, l\fichigan y varias más. Tambíén, siguiendo el
ejemplo alemán, se crearon universidades que se dedicaror
exclusivamente a los estudios de post-graduados, como la famosa Universidad de Johns Hopkins fundada en 1876 (Thorstein Veblen y W oodrow Wilson estuvieron entre los primeros
estudiantes de aquella universidad) y la Universidad de Chicago fundada en 1890.
Francia también tuvo sus historiadores científicos : Fustel de Coulanges, autor de La. Ciudad antigua (1864) y la mo-

Arthur F . Smlth

numental Histoire des institutions politiques de l'ancienne
Fra~ce, 6 vols_, (1~75-92) y Henri Berr, editor de la Revue
de ~ynthese h1s~orique, ~on dos ejemplos. Lord Acton, directo~ de 1~ se~ie Oambndge Modern History, y J. B. Bury,
c?noc1do ~istonador de la época clásica, son dos destacados
eJemplos rngleses.

.i-\1 m~smo tiempo, se abrieron los archivos nacionales a
los histo~iadores en Francia, .Alemania, Inglaterra, España
Y el Vati~ano, Y se fundaron _revi~tas para dar expresión a
l?s ~~aba~os de los n~evos h1~toriadores profesionales. Es
~1gfificat~v o que_ la prrn~era, H1Storische Zeitschrift, fué funa !- en ..a.1e~ama ~n l~b9, la Revue historique en Francia en
187p, la En~lis~ H1Stoncal Review en 1886, la American Histoncal Review m 1895. Después, ya en el sio'lo XX se fund~ron muchas más como la Hispanic America: Historical Re

view (1918).

·

. El }1or~zonte de! historia~or, ~rofesiona~ era ya muy amP)~o. No solo estudiaba numismatica y la filología sino tamb!en la econo~1ía, la a~tropología, la sociología y Ías instituciones. No siendo posible que un solo historiador profundizar~ en todo, fu_é ~nevitable que, como los demás científicos
sociales! se ~speciahzase en una rama particular de la historia.
Las u~~v.ersi~ades crearon nuevas cátedras de historia como
la de lustona económica" que se fundó en la Universidad
de H_arva:d en 1892.. A principios del siglo XX aparecieron
las historias cooperativas como la serie diriaida por Lord Acton_ con la cooperación de expertos de cad~ rama de la historia. Esta es ?tra pr_ueba de que ya en el siglo XX un solo
hol'!l-bre no podia dommar todas las ramificaciones de la historia nueva.
. F?rzosamente, el historiador científico ha tenido que espec~ahzarse Y uno_ de _los resultados es que florecen nuevas
variedades de la historia. Por ejemplo la historia social que
&lt;'~ esta época moderna de ideales .democráticos y cambids so~iales,, causados Pº: 1~ revolución industrial, trasunta un vivo
mteres en el _conoc_im1ento de la gente común y su manera de
ser. La Social HIS~ry of the English People ( c. 1927) de
~.O. Trevelyan, ~a R1se ~f the Oity (1928) de Arthur Schlesmger so~ dos, eJempl~s ilustrativos. También se ha demostrado un_ mteres parecido en la historia de la cultura a base
d~ estudios q~e se. acercan a la antropología social, como por
eJemplo la Histona de España. y de la civilización española
(1900-11) de _R_afael Altamira, El otoño de la Edad Media
(1924) de Hmzmga y A Study of History 6 vols. (1926-39)
de Toynbee.
'
'

�56

El Estudio de la Historia en el Siglo XX

La historia institucional se originó en el siglo XIX pero
es mucho más evidente en el siglo XX. Refleja la creciente
complejidad de la vida moderna y un esfuerzo serio de his-.
toriadores, profesionales en mayor parte, para trazar la evolución histórica de instituciones que influyen o influyeron en
el desarrollo de la vida actual. Tales son las obras siguientes: Evol'ution of Parliament (1920) de A.F. Pollard, The Spanish Inquisition (c. 1912) de H.C. Lea, Feudalism (c. 1940) de
M. Bloch, The Encomienda System (c. 1936) de L. B. Simpson.
La historia intelectual es otra variedad que reclama un creciente interés. Desde la famosa historia de Lecky, History
of the Spirit of Rationalism ( c. 1870) un, mayor número de
historiadores profesionales se han dedicado a la historia de
las ideas tales como J. B. Bury (Idea olf Progress, 1921), C.
Becker (Declaration of Independence: A Study in the History
of Ideas, 1922), L. Zea (Historia del Positivismo, c. 1948), y
E. O'Gorman (La Idea del Descubrimiento de América, c. 1951).
Debido a los efectos de las grandes revoluciones comerciales e industriales de la edad moderna, y a la poderosa influencia de Karl Marx, la historia económica reclama la atención de casi todos los historiadores modernos, sobre todo en
los países altamente industrializados. Ya hemos visto que
Harvard fundó la primera cátedra de historia económica en
1892 y ahora patrocina la destacada serie : Studies in Business
Histcry. Otros estudios notables de esta naturaleza son In-

dustrial Organization in the 16th and 17th Centuries (1904)
de G. Unwin, Imperialism (1902) de J. A. Hobson, Economic
Development of France and Germany (1921) de J. C. Clapham
y Economic Deveiopment of Latin America (1951) de S. G-.
Hanson.
El creciente número de historiadores que se interesan en
la historia científica y técnica trasunta la urgente necesidad
del siglo actual de entender y evaluar el fantástico ritm0 del
desarrollo científico v técnico. El libro de L. Mumford, Technics and Civilization· (1938), el de H. Butterfield, The Origins
of Modern Science ( c. 1940), y el de L. Barnett, The Universe
and Dr. Etinstein (1948) son estudios de esta: índole.
La historia colonial no es nada reciente, pues data de la
primera ola de expansión europea del siglo XVI y ha seguido
desde entonces ocupando la atención de un creciente número
de historiadores, tanto en Europa, como en América. El mundo es más reducido en nuestros días y siguen despertando las
naciones "coloniales", causando así un interés aún más vivo
en la historia de las Américas, de Asia y de .A.frica: Como
consecuencia, destacados historiadores se han especiahzado en

Arthur F. Smith

57

esta !ª~ª de la _historia moderna, e. g. C. H. Haring, Spanish
E~pll'e m Amenca (c. 1938), K. Latourette, The Chinese, their
~1s~ry and Culture (1934), V. A. Smith, Oxford History of
India (1938), y H. Vinacke, History of the Far East in Modern Times ( c. 1940).
Quiero por último, referirme a los historiadores científicos 9ue ~e esp~cializan en la historia de la historia, es decir,
la historiografia. E~ un _hecho que se _debe principalmente al
gran aumento de historiadores profesionales en las universidades .. Conocidos historiógrafos son J. H. Robinson (The
Ne~ H1sto:y, 1913), ~duard Feuter (Geshicste der neuren Histonographie, 1911) y G. P. Gooch (History and Historians in
the 19th Century, c. 1930). Un ejemplo más reciente de esta
nat_uraleza es el de P. Stadler, Geshictschreibungun und Histonsches Denken in Frankreich 1789-1871 (1959) .
Es evidente que aparece el estudio de la historia como
una verdade:a cienci~ social, a principio del siglo XX bien
separa,da e mde~endient~ de la literatura, la filo!lofía y la
t~olo_~ia, y necesit~ndo siempre un mayor grado de especiahzas_10n. La rr_iagmtud del cambio es difícil de apreciar. A
mediados del siglo pasado la mayoría de los grandes historiado:es fueron todavía hombres públicos tales como Thiers
Thierry, Lamarti1:1e, Guizot y De Tocqueville en Francia, Dro/
sen, Sybel, Y ,Treitschke en ~emania, Carlyle, y Macaulay en
Inglaterra, Canovas del Castillo y Castelar en España Bancroft Y l\Iotley en los Estados ·unidos; o fueron homb~es de
let:a_s como el inglés Sir W alter Scott o el norteamericano
Wilham Prescott.
. En 1900, la mayoría de los grandes l;iistoriadores eran profes10nales entrenado~ e~ los métodos científicos quienes emp~earon todo~ los. criterios de la nueva metodología de estud!os de la ~istc:ia. P?r no mencionar más, servirán como
eJemplos Friedn~h Memecke de Alemania, Lord Acton de
Inglaterra, Henr1 Berr de Francia y F. J. Turner de los
Estados Unidos.
. , Es interesante notar que el año que se cita marca tarobien el apogeo de la historia científica de la historia estudiada
Y esc:~ta como si -~uera una ciencia natural. Después de 1900
ocurr10 ~na r_eac~10n., _En 1903 Eduard Meyer lanzó su Crítica
d~ la H~stona científica, y junto con Rickert, demostró las
diferencias _ent~e la ~etodología de las ciencias naturales y
la d~ la~ ciencias somales; Wilhelm Dilthey insistió en que
el hi~tor~~dor ?º p~ede ser completamente objetivo por su
constitucion psicolog1ca; Benedetto Croce y Huizinga afirma-

�Arthur F. Smith
58

59

El Estudio de la Historia en el Siglo XX

ron que la historia es !11-á~ arte qu~ ciencia. En In~laterra
Trevelyan en un libro mtitulado Cho la Musa (c_. 19~4), defendió los elementos de drama y poesía en la his~~ria. En ,
América James Harvey Robinson y Charles Beard diJeron qu,e
el historiador no puede ser neutral e indiferente C?mo :un 9-mmico, frente al estudio de la historia,. sino que la ~istori~ tiene
que ser útil e instructiva par~ la soc~e~ad. Al mismo ti~mpo,
Max Weber y Emile Durkheim sugmeron nuevas_ co;1side~aciones socio-antropológicas, y Sigmund Freud senalo la mfluencia del elemento de la sub-conciencia tanto en la mente
del historiador como en lo escrito en los documentos.
Hoy en día sigue la discusión_ ac~r~a de ~asta qué p~to
la histeria puede ser un estudio cientiflco-social ( es_la !11-isma
controversia que aflige a las demás ramas dJ las ciencias sociales como la ciencia política o la economia). E°: algunas
unive~·sidades se incluye la historia entre los estudios puramente humanísticos, como la literatura clásica, I?ero la !11ªyoría sigue incluyendo la historia entre los estudios de. ciei:cias sociales, al lado de la economía, la soci?logía Y la ciencia
política. En c?alq~ier cas~, se puede_ decir que en. general
las mejores umversidades siguen ensenando el estud10 de la
historia según las técnicas desarrolladas po_r Von :8an~e Y la
escuela científica del siglo XX. Los meJores_ h~storiadores
de la actualidad recoI).ocen los elementos subJetivos en los
escritos históricos, y sin embargo, quie~en conservar c?mo
ideales del buen historiador, en la medida ,q~e sea posible,
la historia objetiva, bien documentada y critica.
Ahora cabe preguntarse, ¿ cómo· ha c~mb!ad~ ~l papel del
historiador debido a la ·nueva metodologia cientiflca de estudio de la historia?
Es evidente que la fundación de nuev~s cátedras de h~storia, de estudios de post-graduado~, de t~tul?s ~e. maest~:,
y de doctor en filosofía. en ~os es~udios soc10-cientif~cos, e~ie,e
que el profesor de la ciencia social ya sea ec~nomista, historiador, antropólogo, etc., no sólo se de~empene_ como profesor de tiempo completo, sino que se dedi9ue a ci~rta rama de
su disciplina. En fin, el científi~o social, asociado C?n las
universidades, debe ser un profes10nal en todo el sentido de
la palabra.
Las mejores universidades que mantienen historüi.dores
profesionales, esperan mucho _de ~llos. C~mo ~n ~l caso de
otros científicos sociales el historiador umversitano por supuesto tiene que enseñ;r, pero _hoy en día no basta ser un
buen conferencista, por muy bnllante que se le suponga, el

concepto de la ciencia social exige que el historiador cumpla
con dos nuevos papeles: el de examinador, que lo obliga a
juzgar conscientemente a sus estudiantes, y el de investigador,
que lo compele a trabajar en la frontera de avanzada de los
estudios de su rama de especialización.
No sólo se espera que el historiador lea y se mantenga
al corriente de la enorme producción profesional de libros,
artículos y monografías, sino que se mantenga en contacto
con los expertos de su rama de las ciencias sociales, y además,
y esto es mucho más serio, que haga su propia contribución.
Es decir que el científico social debe justificarse por sus
obras; y si no cumple conscientemente con las exigencias de
su profesión, es dudoso que pueda progresar en la estimación
de sus colegas.
Debido a estas presiones que siente cada científico social
consciente, las mejores universidades tratan de liberar a sus
profesores de algunos problemas de enseñanza, para que dispongan de tiempo libre para dedicarse al papel de examinador
e investigador. En algunas universidades 12 horas de clase
semanales es considerado como la carga ~áxima posible, y si
en algunos casos el profesor tiene muchos compromisos como
investigador no dicta ninguna clase, o muy pocas.

A esta altura surge. quizá. una nueva pregunta: ¿ para
qué sirve la nueva historia? ¡, quién la lee?
Muchos historiadores pens'ando en la popularidad de la
historia tradicional en si~loc; pasados. lamentan que la nueva .
historia tenga hoy en día muv nocos aficionados entre el público en f'eneral. Pero la verdad es que rl lMtor común, como
es natural, en,,uentra la historia "científica", con su esufritu
cauteloso y objetivo y sus pesadas notas al pie, demasiad~ seca
y fría.
La expli&lt;'aci11n mÁs sencilla es que la nueva historia, a
diferencia de la histori;i tradicional. se escribe princiualmente
para un grnpo muy selecto de lectores no para el público en
gener-al y mu,,ha~ ve&lt;'es ~ólo con· el motivo rle cumplir con
reo11isito~ nrofe&lt;::ion:&gt;lrs. Con "Ontadas ex"epciones, los historiadores ",,ientífi"O'-" no alran7an al pnblico. ya que en conclusión. los historiadores profesionales escriben la historia
principalmente para otros historiadores ,mnque es evidente
que 11n grupo de lertores serios no hic;toriadores, tales como
estadiRtas. dinlomáti,,os, políticos v literatos no sólo lee la
historia cientüica sino que está influído por ella.
Mientras tanto, el tipo de historia que sigue leyendo el
público es el tradicional, heróico, épico, emocionante, de trom-

�· 60

Arthur F . Smith

El Estudio de la Historia en el Siglo XX

petas y tambores, como las historias de los héroes y hechos de
la segunda guerra mundial. Hablando en forma general, se
puede decir que la historia popular está escrita por _per~o,nas
no historiadores, quienes a veces deben mucho a los cientificos
sociales en cuyos trabajos basan sus propias obras.
El historiador científico parece demasiado inhibido para
dedicarse a redactar una versión popular de sus obras, y a la
vez se lamenta de que no lea su historia un grupo más numeros~; es el misn'io problema que tienen casi todos los científicos
sociales.
Pero hay excepciones notables. A veces surge un histo:iador que sabe combinar los métodos científicos con un don literario, como Trevelyan, Huizinga o Morison. El r~sultado es un
clásico histórico, una obra tan sólida como fascmante, y aunque no sea leída por el público en general tiene universal aceptación dentro del mundo intelectual. Aquí es donde el arte
supera a la ciencia social. Huizinga en su gran obra El Otoño
de la Edad Media comienza así, con espíritu de artista:
"Cuando el mundo era medio milenio más joven,
tenían todas las cosas formas externas mucho más
pronunciadas que ahora. . . Todas las experie~cias
de la vida conservaban ese grado de espontaneidad
y ese carácter absoluto que la alegría y el dolor
tienen aún hoy en el espíritu del niño. Todo acontecimiento, todo acto, estaba rodeado de preciosas
y expresivas formas. . . Las grandes contingencias
de la vida- el nacimiento, el matrimonio, la muerte- tomaban con el sacramento respectivo el brillo
de un misterio divino. ·Pero también los pequeños
sucesos -un viaje, un trabajo, una visita- iban
acompañados de mil bendiciones, ceremonias, sentencias y formalidades".
Como Huizinga y Croce, creo que lo mejor de la historia
escrita se acerca al arte.
Ahora que he entrado en terreno filosófico quisiera hablar acerca de una pregunta que me parece tendrá interés
para ustedes. ¿ Cuál es el significado filosófico de _la h~storia 1
Es ésta una interrogacióu que, según algunos histon~dores,
no tiene respuesta porque según ellos depende de la ideología del historiador mismo, del sentido que quiera dar a la
historia. Por lo tanto varía no sólo según el individuo sino
también según las cir cunstancias y los tiempos. Sin embargo,
aun historiadores modernos de posición relativista como G.
M. Trevelyan y Charles Beard, que no e~contraron en el es-

61

tudio. de la hist?ria _ningún patrón filosófico, dirían que el
estudioso de la_historia en el siglo XX no puede soslayar este
problema sencillamente porque el hombre siempre trata de
resolverlo.
'

'

.'

Es cierto que muchos escritos históricos tales como la
historia que glorifica la patria y agrada y di~ierte al pueblo.
no tienen sentido filosófico, o si lo tienen se basa en los firme~
instintos de cada pueblo. Es posible mencionar otras "filosofías" de la historia que no son filosofías en el sentido más
formal de la palabra, sino que representan en cada caso un
punto de vista diferente acerca de lo que significan los estudios his!óricos para e_l _hombre, y los usos a que se prestan.
qroc~, al igual que Hmzmga, pensaba que la historia es una
ciencia social p~ro débil, sin reglas muy fijas, que más bien
parece arte, o literatura. Collingwood comparte esta idea en
su The Idea of Hi:story (1946) .
.
Ahora bien, los escritos históricos que mas reclaman nuestra atención son los que exponen teorías cósmicas acerca del
significado _d~ la_ historia. No me propongo discutir aquí todas_ l~s ram1ficac10nes de las filosofías cósmicas, sino que voy
a limitarm~ a dos co_ncep_tos básicos que siguen repitiéndose
en el estud10_ d~ la historia: En primer lugar la idea de progreso, o movimiento, o destmo, y en segundo la idea del ciclo
o de ~os gran~es momentos de la historia. Casi todas las espec_ulaciones senas acerca del significado de la historia son parientes de estos dos conceptos.

?e

. La idea
que la historia manifiesta el progresar de una
s?ciedad hacia una meta predeterminada es quizás la más antigua y la más común de las "filosofías" de la historia. Es
en el fondo, un concepto religioso y envuelve la idea de un~
raza o una sociedad escogida. Tal el Antiruo
Testamento la
6
historia del difícil camino de un pueblo esco gido la raza judía
hacia la tierra prometida.
'
'
La historia cr~stiana e_x~one la misma filosofía, sólo que
en este caso la sociedad cristiana es la escogida San Ac,ustín
en su. Civ~tate Dei y Orosio, su discípulo, autor de Siete Libros
de histona contra los paganos, que la historia está movida
por la voluntad de Dios a su fin predestinado • en este caso
desde el reino terrenal al reino celestial en dond~ los cristiano~
encontrarán su eterna salvación.
La historia cristiana reclamaba ser universal o católica.
Bossuet, el brillante obispo ,francés del siglo XVII autor del
~iscn:so sobre la historia universal, fué quizás el ú'ltimo gran
historiador que sostuvo la naturaleza y el destino universal de

�62

.-\rtlmt• F. Smlth

El Estudio de la IDstoria en el Siglo XX

la historia cristiana. Bossuet, al igual que s.an .Agustín, .soste~a
que el imperio Romano había sido el último de lo~ imperios
terrenales paganos, y que la historia ~e esta_ba m~viend? providencialmente en su fase final hacia , el. imperio espi:1tual
cristiano. Pero esta filosofía, caractenshcamente medi~val,
no tomó en cuenta las civilizariones fuera de Europa occidental y en el siglo XVII, siglo de las luces, cua~d?. con:ienzaron
por parte de los europeos los estudios de civihzaCI?nes no
cristianas como la china o los americanos precolombia~os la
teoría de '1a historia cristiana universal quedó desacreditada,
como tal.
Suraieron entonces, siglo'l XVIII y XIX, n~evos conceptos
del pro¡?~eso histórico, no espiritual sino material. Hombres de
disposición filosófira como Condorcet, Comte Y Buc_kl~ ?e~;
saron que era posible encontrar. "le~es de progreso historico ,
romo las leyes físicas en las ciencias naturales. Ta_nto para
ellos como para otros destacados historiad_ores. del siglo XIX
como Thiers, Guizot, Acton y Bury, la ~1stona revel~ba un
progreso o un movimiento, a veces muy 1~regular, h.aria una
vida más libre. más demorrática y más racional. ~l siglo XI~
fue el siglo del ootimismo histórico. Aun 1~ teo:1a de Darw:n
de la evolurión bioló!?ica. y de la sobrevivencia de los ~as
antos ayudó a respaldar la idea. Herbert Spencer exnositor
del p~sitivismo, enunció ll'lÍ el dogma ~e progreso: "El pro!?reso no es un accidente, sino una necesidad. Lo que llamamos
mal e inmoral tiene que desapare&lt;;er. Es segl~ro que el h~1!1hre tiene que perfeccionarse ... , siempre hacia la perfecc1on
es el gran movimiento".
Si bien H egel (1770-183~) to~ó e_n cu~nta .la naturaleza
antagónica de la historia (tesis, ant1tes1s y smtesis, Y d~ nue o
tesis, etr.), y su aspecto c·íclico, en el fondo, su filosof1a es a
misma idea de progreso a la perfección huma~a en,este mun~o.
Puede decirse que en sus ensayos sobre la, f1losof1a de la historia traza una espiral ascendente a trave~ de los tre~ ~randes períodos de la historia universal: el onental, el clasico. ,Y
el germánico. En el último, el .estado lle~ará, a_ su cons~macion
y el ciudadano a realizar los ideales casi ~nshc?~ de libertad,
arte V reliaión en la medida en que se 1dentif1quen con la
gran ·sociea"'ad que constituye el estado moderno.

1

Marx y Enaels tomaron la idea de la dialéctica históric~ de
Hegel y forja~on el concepto que los historiadores co~u3;1s~as
aplican hov al estudio de la historia: que p o~ una dia~ech~a
no filosófi~a sino material ( es decir, e_conÓ?Jic~) la ~1st~r1a
progresa por las luchas de clases a la victona final e mevita:
ble del proletariado industrial.

..

(J3

El segundo concepto básico acerca del significado cósmico de la historia, la idea del ciclo o de momento, de grandna y decadencia en la historia, es una teol'ía casi tan antigua
&lt;:orno la del movimiento progresivo. Los pensado1·es más prqfundos del mundo dási&lt;·o t&gt;xpl'esaron qur la historia era un
proceso cíclico sin fin. .A ristóteles suponía que había habido un sinnúmero de eivilizaciones anteriores qu&lt;• perecieron después de su époea de grandeza. 'l'ucídides tambit'-n
fue partidario de la idea cícliea, así como los historiadores y
pensadores romanos. El estóieo :Marco Aurelio escribió quc"el alma racional contempla las destrucciones y naeimientp::,
pet"ióclicos del universo y reflexiona que la posteridad no '"ª
a Yer nada nuevo.
La idea del ciclo sufrió un eelipse con el triunfo de la historia &lt;:ristiana a principios de la edad media, como ya hemos
visto. Por casi un milenio el concepto del progreso divino desplazó al del ciclo. Pero con el r enacimiento se restauró la idea
clásica a través de humanistas como Jean Bodin (1530-1596)
y Giovanni Vico (1661-1744). La idea de Vico, expuesta en
su Derecho Universal, de que la evolución histól'ica se divide
en tres períodos: divino, heróico y humano iba a influir mucho en futuros pensadores como Comte. Desde Vico, la teoría
eíclica tomó su forma más optimista, sobre todo en el !-iglo
XVIII. En vez de utilizar la teoría para explicar la decadencia, los pensadores ilustrados la utilizaron para explicar la
grandeza de la época de la Ilustración . .Así es que Voltaire en
su obra La. edad de Luis XVI (1753), decía que, hasta aquel
entonces, sólo había habido ( cuatro épocas de grandeza) en
la historia: La griega, la romana, la renacentista, y, descfo
luego, la Ilustración.
Xietzsche, el filósofo alemán del siglo XIX, también compartió la t eoría cíclica de las grandps épocas ele la historia:
creía, junto con muchos pensadores alemanes de su siglo que
tocaba a Alemania ser el centro de la civilización y la cultura.
En el siglo XX, por contraste con el optimista siglo XIX,
la teoría cíclica ha tomado un sentido mucho más pesimista.
Ya antes de la primera guerra mundial H enry .Adams, historiador americano, influído por los últimos descubrimientos
de los físicos y su propia desconfianza en la democracia quiso
aplicar la segunda ley de la termodinámica a la historia, sacando la curiosa conclusión de que el universo estaba perdiendo energía y las civilizaciones también. .Spengler, después de
la primera guerra mundial, influído probablemente por la
derrota que sufrió .Alemania y las leyes biológicas de apogeo
y decadencia, formuló su tesis de la decadencia del Occidente
(]919) .

�6-i

El Estudio ele la Historia en el Siglo XX
Arthur F. Smith

Por otra parte parece muy natural pensar en ciclos históricos. ¡ no es cierto, acaso, que todos y las plantas nacen,
crecen, se reproducen y mueren? En tiempos más recientes,
Toynbee, el muy conocido historiador inglés, en su gran Estudio de la Historia, que comprende 22 culturas distintas, también llegó a la conclusión de que el Mundo Occidental está
decayendo, no por razones biológicas sino por razones culturales. La idea de la decadencia del Occidente, después de la
segunda guerra mundial, está muy difundida, y hay no pocos
historiadores y filósofos que miran al pasado con nostalgia.
Parece que tanto hoy como en los tiempos clásicos, épocas de
crisis y miedo, la edad de oro se busca en el pasado, lo que
hace que en esta época atómica, se hable mucho de la restauración de la unidad cristiana.
Afortunadamente, a mi parecer, hay una saludable diferencia de opinión en las "filosofías" de la historia en nuestros
días. Una escuela de historiadores que pretende ser más realista y pragmática, a la que pertenecen el inglés Carr, (Tbe
New Society, c. 1950), y el americano 11uller (The Uses of the
Past, 1952) entre otras críticas el pesimismo cósmico. Según
este grupo, ninguna teoría cósmica puede sostenerse de acuerdo con los hechos bien estudiados de la historia. Afirman que,
tanto la teoría del movimiento progresivo como la del ciclo,
se sostienen sólo por deshechar los hechos que no son consistentes con las mismas, como sucede en la historia marxista de
nuestros días y en los estudios de las culturas en decadencia.
Estos mismos historiadores niegan que se encuentren o se
repitan patrones fijos en la historia. Admiten que se encuentran
por todas partes configuraciones· evidentes, pero no se encuentra un patrón regular. Por ejemplo, tomando el concepto
de las edades de oro, los "cíclicos" limitan su enfoque en especial a las bellas artes. Pero si fueran a tomar en cuenta el
desarrollo político, económico, industrial y científico es evidente que el criterio para medir la decadencia tendría que ser
mucho más amplio. Inglaterra tuvo su edad de oro en la literatura durante el reino de Isabel I en el siglo XVI, tuvo una
edad de oro en la ciencia en el siglo XVII, asociada con los
nombres de Newton, Harvey y Locke, logró plena gloria imperial en el siglo XVIII, tuvo el predominio industrial y
comercial en el siglo XIX, junto con otra época dorada de la
literatura y en el siglo XX está entrando en un interesante
experimento socio-económico que, según el historiador Carr,
será la meta para otras sociedades democráticas industrializadas. Las historias de otros países como Alemania y Francia
siguen configuraciones parecidas.

• •

63

.
Seg_únd.ebste concepto de la historia, no sólo es posible sino
impresc~ .i_ le .~nfrentarse con la realidad presente v p
que la c1v1hzac1on sea dinámica sembrar de nuevo
• ara
en• ot J·_os f rent es, cada vez que ello
' sea necesar. C .Y avanzar
.1d
1.ter1? ~?n ~l, de _Alfred :N'orth Whitehead,
qu~~: :e:J~~
l e1 a c1v1bzac1on siempre ha sido una aventura en busca de
o nu,e~o eterno Y no un estancamiento estable cómodo
~o~m~hco, Y que el sent~do de crisis, incertidumb;e y curiosI, a s1em~re ha ~aracter1zado a las edades de oro como a las
epocas mas creativas de la historia.
.

r

J~·

Po~ último, conviene decir que debido al desafí f 'd
por la mterpretación d l hi
.
o o rec1 o
t t lit .
. e !1- st_or1a por parte de las teorías
cªa t~ias y a
~onc1enc1a social despertada por las c,uerras
~ 10~ ~conomicos de nuestros días, un creciente ~úm ro
~:m~ist;ri~do_rets de Occidente, de todas las escuelas del p:n.
en o ms1s en con más frecuencia en que la hist .
~uede se: puramente objetiva o relativista sino qu~ri~e:~
c:l~~~il~~ar rn pap~leduca~vo, poniendo de relieve los valores
de I
l Y. ?s ~osl1 es cam_mos del porvenir. Este es el punto
ll a evo uci?n , e_ os est~dios de hechos históricos a que han
e~addo los científicos ~oc1ales en que se transformaron los hist oria ores de nuestra epoca.

y°

!ª

�..

Agustín Basave Femández del Valle , LAS PRINCIPALES
CORRIENTES FILOSOFICAS EN EL SIGLO XX

)Ii propósito primordial, en esta c•onferC'ncia, no es el de
presentar un cuadro completo de las N,cuelas y de las filosofías
de todos y cada uno de los filósofos de nuestro siglo, sino el
de ofrecer las grandes líneas direl'trices del pensamiento filosófico actual, en sus principales corrientes.
Dentro del área occidental, el siglo XX inaugura, en filosofía, una nueva etapa. Ante todo, la filosofía de nuestro
tiempo se caracteriza - según la expresión casi unánime de
sus más agudos observadores- por un sentido de "respeto"
frente a la realidad en sus distintos planos y C'n toda su complejidad y riqueza. Esta nueva actitud ha hecho creer, a no
pocos intérpretes del pensamiento actual, que estamos frente
a un "nuevo empirismo". Asistimos a la renovación de la ontología y de la metafísica, pero de una mC'tafísica -como
apunta Heimsoeth- "a título de teoría de la realidad" que
hunde sus raíces -agregaríamos nosotros- C'n el suelo nutricio de la vida humana en su experiencia integ-ral. Antes
de elaborar cualquier construcción espC'culativa, se empieza
por describir analíticamente lo mostrable y lo probable, en
los dominios de lo constatable, para procedC'r, después, a investigar -de modo radical y profundo- los temas de la
ontología con todas sus regiones, categorías y estructuras.
Se pretende evitar, a toda éosta, las explicaciones apresuradas o insinceras. Hay un gusto peculiar por el moroso detenimiento en la pluralidad de formas y esferas ónticas que la
realidad ofrece, dejándose determinar -de modo objetivo,
absoluto y neutral- por las cosas mismas. El mecanismo de
pasadas centurias ha sido sepultado en el panteón de las doctrinas filosóficas, reinvindicándose las peculiaridades de la
existencia humana - psique y espíritu- en todos sus planos.
El hombre en situación y en circunstancia, -y no el bípedo
implume de algunos racionalismos- constituye el tema de
67

�.\g11stín Basa\'e Fe1·nández del Yalk

Las Principales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX

nuestro tiempo. Al lado de la antropología filosófica, la filosofía de los valores, en estrecha relación con la filosofía de
la cultura y con la filosofía de la historia, ha adquirido también un auge extraordinario y es motivo de ocupación y de
preocupación en muchos sectores del pensamiento contemporáneo. Nuevas concepciones de la ciencia de la naturaleza han
puesto en crisis muchos conceptos de la ciencia clásica y, por
consecuencia, de las cosmologías levantadas sobre las conclusiones de dicha ciencia. Pero la filosofía del siglo XX no se
reduce a los aspectos metódicos, ontológicos, antropológicos y
axiológicos antes esbozados. Nacida en un ambiente de drama
parte de esta filosofía pone en primer plano nuestro drama
y nuestra angustia, nuestras situaciones espirituales.
Más que de filósofos egregios, que ciertamente no son
escasos en nuestro siglo, quisiera hablar a ustedes de corrientes, de escuelas, de actitudes filosóficas. l\fe ha parecido prudente destacar, de entre ellas, las que presenten, a mi juicio,
mayor vigor y fuerza creadora, rasgos más peculiares de este
siglo y un radio de influencia nrás vasto. Fenomenología, Filosofía de los Valores, Empirismo Lógieo, Nueva Ontología,
Vitalismo y Existencialismo serán objeto, por nuestra parte,
de una especial descripción y valoración. Describir y valorar
estos esfuerzos de conquista filosófica, ha sido la tarea fundamental que me he propuesto en esta conferencia. Pero no
se trata de una simple descripción material o exterior, de una
pura descripción fenomenológica, sino de una exposición -por
dentro- y de una crítica. Al enfrentarme en carne viva con
la problemática filosófica: de las _escuelas o corrientes expresadas, no he querido reducirme a la mísera situación de un
puro historicismo o de una pura reseña de nombres, obras y
doctrinas, sin el hilo conductor de una sana toma de posición
personal. Otra cosa no me parecería digna.

FENOMENOLOGIA.
Edmundo Husserl, que concibe la filosofía como ciencia
estricta y rigurosa, pretende constituir una ciencia carente
de todo supuesto. Sobre esta ciencia fundamentante de las
demás, no puede morder la duda. Su método es el descriptivo.
"Zu sachen selbst !" (a las cosas mismas), reza el lema de la
escuela fenomenológica. Hay que inventariar -no interpretar- las cosas que se nos presentan (fenómenos). Pero estas
cosas (o datos), a las cuales debemos de atenernos, son esencias de la conciencia pura. Ver el automóvil que guío significa,
para mí, estar en una relación con él a través de una vivencia
perceptiva. Todos los objetos se nos dan en modos de conciencia. La actitud fenomenológica será, en consecuencia, una

.

\

a~titud reflej! o refle~va. Lo ~nico que interesa, al fenomenologo, es !a 1111!1-anenci~ del suJeto. La realidad que trasciende a la vivencia, las_ mstancias objetivas, no importan. El
mu;11do qu~~a suspendido y la realidad es puesta entre paréntesis ( epoJe)
quedarse con la corriente vivencial pura.
Tremendo sacrificio que no aceptarán algunos discípulos heterodoxos: tal es el caso de Heidegger, por ejemplo.

P.ª:ª.

Existen, para Husserl,_ dos clases de ciencias: las fácticas,

~~1~, descan,~a~ e~, la expenencia sen~ibl~, .Y las eidéticas, 0 de

'i~•on del eidos , que operan con mtmc10nes esenciales Las
primeras ~e basan en las segundas porque todo hecho entraña
una ese~cia. La feno1!1en?logía es ciencia eidética que describe esencias de la c~nc1en?ia ~~ra. Prescinde -epojé históricade t~~as ~as, ~octrmas fllosoficas. Pone . entre paréntesis -re~ucc1~n e1detica- la existencia· individual del objeto que se
mve~tig~, para quedarse con la referencia intencional de la
conciencia :p~ra al obj_eto intencional. Es preciso distinguir
entre lo noeit1co (el obJ~to, con, todos sus elementos perceptivos, tal como me _1m~res1ona) ; lo noemático (lo mentado idealmente) ; Y_lo_ ent1tat1vo (que se pone entre paréntesis). El yo
fe~ome_uolog1camente r educido, el yo puro, no es una vivencia
mas, s1;110 el ~entro de imputación de todas las vivencias
~uscepti?le de mcrementación histórica. Descubierto el núcle~
1
n :e~uctibl~
la conciencia, el fenomenólogo se aplica a descr1bn: emp:nca~ente los contenidos mentales (noemas y sus
relacio;11es mtenc10nales), sin escudriñar la realidad extra-mental. M~ent:as el método fenomenológico se ha mostrado extra?rdu~ariamente f~cundo para la filosofía contemporánea,
el 1dea~1smo hu~serliano -que no se sigue como resultante
necesano del metodo expuesto- encuentra en su estructura
Y 'desarrollo, no pocas dificultades.
'

?e

LA FILOSOFIA DE LOS VALORES
.Aunque las direcciones actuales de la filosofía de los valores so~ d_e lo más diverso, cabe, no obstante, extraer algunas
?ªr~cter1s~1cas generales: a )·. Los valores reposan en la nomd1ferencia del mundo; b). Son objetivos, pero sólo cabe
mostrarl_os, no demostrarlos; c). No son entes sino valentes
q_ue adhieren a la~ cosas; d) . Son extraños a la cantidad, al
tiempo Y al espacio; e). Todo valor tiene su contravalor ( estructura polar) ; f). Tienen jerarquía.
. , La axiología_ ha intentado poner ante nuestra considcrac1on un mundo 1gnorado1 rico, fecundo, como el mundo del
ser, pero que n_o es real smo virtual ... El intento es O'randioso aunque falhdo.
b

�70

Las l'rinrl¡lales Co1•rient&lt;'s Fllosóticas en el Siglo XX
.-\gustín Basave Fernández del Yalle

Las más recientes investigaciones axiológicas han puesto
de relieve lo infundado de la dicotomía ser-valor, que en su
expresión scheleriana nos asegura que el valor no es sino que

vale.
Fundándose sobre la teoría de la experiencia fenomenológica de Husserl -opuesta a la experiencia construída, científica o vulgar- Max Scheler hace hincapié en la experiencia
inmediata de las esencias extratemporales (Wesenheiten) o
intuición (Wesenschau). Trátase de un positivismo de las
esencias directamente presentes y encarnadas en los objetos
reales del mundo temporal. Estas cualidades inmediatas e
irreductibles (valores) se encuentran desprovistas de significaciones intelettualcs y son vividas en la experiencia emotiva que posee sus intuiciones propias. Los actos específicos
de preferenc&gt;ia y de repugnancia intuitivas -esencialmente
variables- nos dan el grado de elevación de los diversos
valores bipolares. Es evidente, para Scheler, que se puede
establecer, a priori, un orden único de los valores con la siguiente jerarquía: el rango inferior corresponde a los valores
de Jo agradable y de lo desagI'adable ; siguen después los
valores vitales: bienestar, prosperidad y valores económicos;
viene después el rango de los valores espirituales ( estHicos,
jurídicos, cognoscitivos) pudiendo exigir el sacrificio de lo
vital y de lo agradable. En la cumbre de los valores nos encontramos con lo divino y lo sagrado. Y algo de primordial
importancia: todos los valores posibles están fundados sobre
el valor de un espíritu infinito y personal. Sobre el mundo de
los valores a él ofrecido gravita todo lo valioso. Porque los
valores están insuficientemente encarnados en la existencia,
dan origen a m1 deber ser. En este sentido el deber ser es
intermediario entre valores y bienes existenciales. (Max:
Scheler. "Etica", Editorial Revista de Occidente, traducción
castellana de Hilario Rodríguez Sanz).
Nicolai Hartmann absolutiza e inmoviliza los valores a
manera de ideas platónicas. Los concibe como objetos ideales
que existen en sí y por sí, independientemente de que se les
ignore. En su ideal esencialidad permanecen siempre más allá
del a~to de realización. Aunque relativos a las personas y a
los bienes, los valores no sufren en su objetividad. Hartman
no advierte que "los valores no sólo son relativos a las personas que les dan vida, sino a las situaciones reales en que se
manifiestan o producen", como lo apunta Eduardo García
Mayncz ("Etica", Editorial Porrúa, D. A., México 1953 pág.
225) . Xo hay que olvidar que los valores sólo dentro d~ una
situación concreta tienen existencia y sentido. Nuestro gusto
estétÍ&lt;'o y nuestra conciencia ética intervienen en un juicio

71

de valor. Pero la objetividad se im
que: valoramos de un modo deter!f:ed desde el_ momento en
obliga, nos fuerza -por decirlo as'
a o al obJeto que nos
cualidad. Por la experiencia val
a recbonocer en él cierta
da dentro de un con "tmto d
oia iva s~ :~os qul' ésta se
sociales, objetivos Y ,Jsubjeti: :1e;e~tos h1stoncos, culturales,
- obsena Risieri Frondizi o . /m embargo, "lo deseable
C?n lo deseado" ("Valor y Sit ma1;1, i~?e su cordón umbilical
ncano de Filosofía).
uac1on ' V Congrl'so Interame-

'.f

La "estrechez del sentido del v 1 "
un hecho indubitable. Consiste
ª. or es, para H~rtmanu,
dad humana para intuír
b' precisamente en la mcapacivalores. Dt&gt; individuo a ind~ª-t Y perf~ctamente todos los
intuit&gt;ión axiolór,ita. Los , ,ailv1. uo y de siglo a siglo varía la
·,
"'
orl's -Y esto cla·
t'
l'Cl u&lt;:ac1on Y esfuerzo
se d
b .
'
I o es a, supone
Puede haber cegueras~erver:i~C: ren pero no se inventan.
baj~ la forma del deber. el s _es y errores en la _conciencia
realidad y contrapone al'
ter Jdea~ tacha de anhvaliosa la
tura axiológica. La realiza!~~ ~ { v1st~ ontoló~ico la estruc"?mo forma categorial el ac e a con, u_cta obligatoria tiene,
fm, elección de los medios r
te_l;ologico: postulación del
advertir que la teleoloaí ' ea izacio11. II~rtmann se cuida de
lidad. Si los medios el: ~dsupone necesa_riamente a la causafinalidad buscada no h;'b ,os n°rpro~_uc1eran causalmente la
ende, 1ii propósitds.
na rea izac1on de propósitos Y, por

\?

Las. teorías axiolóaicas con bas
han podido explicar c;hal
t
e en la fenomenoloaía no
entre el valor v la ;•osa "anl11_en e, el fundamento de la rclacióu
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• 1osa
s r encarna. Si. los vat en. que
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te en una esfera que les es pro . entes en s1 Y absolutamen"cosa".
pia, cae, muy a su pesar, en la
.. "La posibilidad de que los val . .
m1has diferentes. morales estéf ores s~an agrupados en fal~tarios, etc., sugiere fuertement~co~ sociales, bi~lógicos, utihvos o están arraigados en últi q e ~~s. contemdos cualitasucesos del mundo real o t: mo an_ahs1s en cosas, actos o
ll
, es an co-ordmados d t l
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e os que, subyacente a los dos t ' .
e a mo o con
cosa, haya un principio -ase ur:rmmos de la relación valordad de Bogotá Jaime Vélez S~
el profesor de la Universiquen. °No admitirlo así es co!~:.; en que ambos s~ identificuenta y razón del hecho f d
rse a no dar satisfactoria
cualitativo de un valor dete un_ amdental de que el contenido
.
rmma o o de un ti d
se coord ma con determinado , ' d
. Po e Ya1ores.
genero e realidades, no con

�Agustín Basave Fernández del Valle

73

Las Princi¡Jales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX

72

otro". ("Sobre la Ontología de l?s Valores''., V Congreso Interamericano de Filosofía, W ashmgton, Juho de 1957) •
Si el valor no es manifestación y expr_esión d~l s~r real,
no podrá explicarse la conexión del contemd? cuahtatr~o valioso con la cosa real. ¿Por qué sólo ~ determmados conJun~o_s
y ordenamientos de cualidades sensibles les damos el cah!icativo de valiosos 1 Scheler y Hartmann no pueden dar razon
de este hecho con su dicotomía: entes-valentes.
D mí sé decir que no puedo concebir el valer sin algo_ que
valga. e¿Podría hablarse de una existenci~ sin algo que exista Y
Pues bien, tampoco cabe divorciar la idea de valor de los
valores reales particulares.
Tendemos a los valores porque su _existencia -n~ su
inexistencia- llena nuestros vacíos y satisface nuestros n~t,ereses. Lejos de ser "a priori" absoluto,_ el valor es la expre~1,on
natural del dinamismo del ser que le impuls!l a su perfec~10n.
Estas determinaciones ontológicas de la realidad en sus diversas formas dependen de las cualidades reales de una cosa.
Por los valores entendemos el sen_tido de lo real Y entramos
en la compleja armonía de un unI-verso.
La Axiología se resiente de falta de clari~ad. en la explicación del nexo entre los valores y sus realizaciones e1;1 las
cosas particulares. Es lo mismo que ocurría a las ide_as
platónicas con respecto a
entes concretos_. La e~fera ax10lógica sin potencia ontologica, y por lo mismo s n ser, no
tiene consistencia alguna.
Apuntemos algunas de las principales críticas que se han
enderazado contra la filosofía de los valores;
1) .-Es insostenible el dualismo entre se~ y valor. Si los
valores son algo que se ofrece como contenido d~ un acto~
¿cómo puede pensarse que este algo no sea ser ? ¿ como pued
haber un campo de objetos que no son?.
2).-La intuición emocional "a priori", al la~o _del co;11ocer
teórico es otro dualismo inaceptable. "Este sentimiento mtencional,' órgano específico de aprehensión -del val~r, _-expresa
el Dr. Antonio Linares Herrera- o _es. un conoc~mient~ o no
lo es. Si es un conocimiento, el conocimiento no tiene lll:ª~ que
un sentido el de ser una actividad, que aprehende espmtua~
mente obj~tos, y esto solamente p~e~e hacerlo una faculta
de orden teórico. Si no es un conocimiento, entonces tampoco
puede artibuírsele la propiedad de captar o aprehender objetos".
3) .-Si el hombre es el portador y el re~lizador ~e los
valores es un contrasentido que se pase su vida afanandose

por realizarlos para que a la postre se le diga que los valores
no son sino que valen. Esto equivale a decirle que ha realizado
una pura nada.
La filosofía escolástica finca en el ser la valiosidad fundamental. Todo ser es valioso. Brunner propone el siguiente
criterio: "donde la relación es objetivamente de activación
del ser, un ente resulta valor para otro; donde es de lesión del
ser, en ente resulta contravalor o un mal". Porque es estimulador del ser, el bien es apetecible.
Gada ser particular tiene comprimida una abundante
riqueza de contenido potencial valioso. En la realidad caben
diYersos grados de acrecentamiento de las normas ideales. El
supremo valor es Dios: acto puro y actualidad suma. A mayor
actualidad, mayor valor ; a mayor potencialidad, menor valor.
Geyser concibe los valores como relaciones u ordenaciones reales que el hombre descubre cuando sus naturales facultades cognoscitivas penetran en la complicada trama del
mundo real. La raíz fundamental del deber y de la buena o
mala conducta hay que buscarla relacionando la conducta
del hombre con aquel comportamiento que su razón le muestra como recta y racionalmente ordenado. El valor puede ser
concebido como esencia o como existencia. Como esencia es
una cualidad o determinación de un objeto sustantivo con los
caracteres de polaridad, diversidad específica y rango jerárquico. "Valor - define Linares Herrera- es aquella peculiar
situación o aspecto del ser, que consiste en el sentido de importancia, notoriedad, dignidad o jerarquía que le sobreviene
a efectos de su ajustamiento a la ley ó principio de finalidad
que satura todos los ámbitos del ser". La clave del valor está
en su ordenación teleológica residente en su propia naturaleza.
Pero estamos ante una situación ontológica que no rebasa los
dominios del ser, Situación que consiste en la relación real
entre el estado efectivo de un ser y la norma ideal inmanente
que se contiene en su propia contextura o esencia. La potencialidad de perfección sirve de modelo ontológico.

Jo~

1

'

, '

Frente a las actitudes del psicologismo, formalismo y
autonomismo del valor, es preciso orientarnos hacia una concepción metafísica. El valor tiene que incluirse en la estructura óntica del ser, no en un mundo etéreo de esencias alógicas,
sino que tiene su soporte en el mundo real. Trátase de una
manifestación activa del ser, de una ordenación del ente fundada teleológicamente.
Aunque Santo Tomás de Aquino no haya desarrollado
explícitamente una filosofía de los valores, hay en sus obras
elementos suficientes para estructurar una axiología (la cues-

�74

Las Principales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX

tión 5a. de la primera parte de la Summa Theologica que se
titula "De Bono" las "Quaestiones Disputatae de Veritate",
el opúsculo "De Pulchro"). Un tomista mexicano, el Dr. Oswaldo Robles encuentra en la noción tomista de bien adecuado
un sinónimo preciso del valor. "El valor -nos dice- es una
relación entre el ente en acto y la tendencia natural; el valor
es priori porque la relación es a priori, es decir, fundada en
la esencialidad del ser en acto y en la esencialidad de la tendencia natural o para hablar en lenguaje escolástico, en la
formalidad actual del ente y en la formalidad actual de la
tendencia natural". En una posición realista, no sería el valor
el fundamento del bien, sino a la inversa; el bien, el ft~ndamento del valor. Dentro de la misma escuela, Paul Snvek
expresa que valor es aquello "que corresponde a la finalidad
intrínseca del ser". Y habrá tantas clases de valores como
grados de finalidad intrínseca. El "tipo ideal" de la naturaleza de un ser servirá, en todo caso, para graduar el valor de
su desenvolvimiento. Pero obsérvese que solamente el ser
puede complementar o perfeccio~ar a otro ~er. El val~r pu~o .
y simple "no puede encontrarse smo en el Dios de la Filosofia
y tiene de particular que solamente aquí la razón formal del
valor coincide con el sujeto portador del mismo".

.i\gu&lt;.tín Basave Fcrnándcz del Valle

'-

ll

Sobre estas bases es posible airear y dar nueva vida a la
filosofía fenomenológica de los valores, para que cese de ser
un capítulo cerrado en la historia de la filosofía.

EMPIRISMO LOGICO
Dentro del empirismo lógico, llamado también positivismo
lógico o neopositivismo, podemos incluir a Bertrand Rusell,
Ludwing Wittgenstein, el "Círculo de Viena" (integrado por
Moritz Schlick, Philipp Franck, Otto Neurath, Hans Hahn,
Rudolf Carnap, R. Von Mises, K Menger, y F. Kaufmann,
para no citar sino a los principales) y la Sociedad de Filosofía
Científica dirigida por Hans Reichenbach, en Berlín, que
agrupaba: entre otros, a Paul Oppenheim, Karl Kem~el_ Y
Wolfgang Kohler. Caracterízase, esta corriente, por un rig~do
empirismo, por una transposición del método de la matemática
y de las ciencias naturales al resto del saber·y por una ceguera
frente a la metafísica. Elaborar una teoría metódica del lenguaje científico es la única tarea que corresponde a la filoso~ía,
según el empirismo lógico. Lo que hasta ahora se ha vemdo
llamando filosofía, es -para el neo-positivismo- pura expresión sin contenido cognoscitivo. "Las proposiciones metafísicas -dice Carnap- no son ni verdaderas ni falsas pues
no afirman nada; no contienen ni conocimiento ni error pues
están completamente fuera del campo de conocimiento, de la

7¡;

teoría, fuera de toda discusión de verdad o falsedad" (Philosophy and logical Syntax", p. 29, London, Kegan Paul, 1935).
Para los empiristas, una proposición cualquiera tiene sentido
solamente si conocemos el modo de verificarla. Pero es precisamente con este concepto de verificación donde los empiristas lógicos han teni_d? serios tropiezos. En un principio,
aseguraban que lo verificable era lo referible a hechos patentes
de la experiencia inmediata. Pero como este criterio conducía
inevitablemente, a un solipsismo metodológico que negaba la~
proposiciones de toda cienc:ia, hubo que abandonarlo, para
mstaurar, en su lugar, una distinción que pretendía salvar
l~s. dificultades: verificación efectiva y verificación en principio, por una parte, y sentidos "débil" y "fuerte" de verificación, por otra parte. Algunos empiristas quieren cambiar,
hoy en día, el concpeto de verificación por el de confirmación
claro índice de la inseguridad que se padece en la materia'.
Cuando por medio de nuestros sentidos o de aparatos "ad
hoc" podemos comprobar la verdad o la falsedad de una proposición, estamos en el caso de la verificación efectiva. Si no
se puede decidir prácticamente sobre la verdad o la falsedad
de una proposición, pero advertimos la posibilidad de efectuarla, estamos frente a un caso de verificación en principio.
Por último, el sentido "fuerte" de las proposiciones verificables, se caracteriza porque su verdad puede ser establecida
en la experiencia de modo concluyente, mientras que el sentido "débil" acusa únicamente un cierto grado de probabilidad.
Según el empirismo lógico hay dos tipos fundamentales
de oraciones: las sintácticas, que se refieren tan sólo al leng_uaje, y las obj_etivas, empleadas por las ciencias empíricas,
siempre que afirman hechos particulares o generales. Las
oraciones pseudo-objetivas o cuasi-sintácticas, que se asemejan
a las orac~ones objetivas por su forma y a las sintácticas por
su contemdo, son la causa de todas las disputas equívocas.

'

.

'

'

)

J?e~pués de reco~ocer la p~sitiva apor tación del empirismo lugico al pensamiento del siglo XX, con la logística y la
semántica que aclaran el sentido de innumerables problemas
Y. contribuyen a evitar ambiguedades terminológicas, es preciso apuntar, en apretado resumen, las principales críticas
que se han dirigido al empirismo lógico o neopositivismo
desde . diversos ~ectores d_e 1~ filosofía contemporánea : 1).
Reducir toda posible experiencia a la experiencia de la ciencia
n~t~ral, es empobrecer, innecesariamente, el campo del conocimiento; 2). Escamotear el verdadero problema del conocimiento - relación de las ideas con los objetos- no es resolverlo; 3). Eliminar los problemas filosóficos, para adherirse

�76

Las PrinciJlales Corrientes Filosóficas en el Siglo X.."l:
A¡¡;ustú1 Basave Fe1·nández del Valle

en forma dogmática a alguna de las soluciones tradicionales
del pensamiento, es volver a la filosofía aunque. d_e modo torpe
e ü1eonsciente; 4) . Del hecho de q1;1e l~s con~1~iones para el
sentido de las proposiciones de la ciencia empmca no _Puedan
aplicarse a enunciados de otra naturaleza, no se de~1va q~rn
estos últimos carezcan, en absoluto, de todo sentido; o).
Convertir la primitiva verificabilidad directa en una compulsa de grados de probabilidad, significa amenguar notabl_emente cuando no acabar con la fuerza del argumento anümetafí~ico; 6). Confundir' la verdad con un criterio de verdad Y
repudiar en su totalidad el pr_obl~ll:ª de la verdad, pa~a salvar
dicha confuisión, es algo mJustificable ante la razon, como
tambirn lo es el construir un lenguaje, con reg~as com:encionales de sintaxis, y negar sentido a ,todo lengnaJe_que Yl~le
dichas r eglas, olvidándose de su caracter com·e~~1onal; 1).
La propia teoría de la ve~·i~icaci~n . no es :erificable. :q~
aplicar el criterio de los empmstas log1cos habna que concl~u
diciendo que la citada teoría de la yerificació?,. I!ºr ser mverificable, carece de sentido; 8). Decir que un JU1C1~ de valor
es una forma disfrazada de imperativo o norma, sm probar
el aserto, es caer en afirmación gratuita y es ig1~o~·a_r que las
normas mismas, para tener validez, se apoyan en JU~c10s ele. valor: 9). "Que el conoc~miento científic?,. en el senti,d? estricto
definido por el uso nguroso de la log1c~ mat~ma~~ca, comprenda y resuelva en sí mismo toda ~trn mvestigacion Y, por
tanto toda actitud y todo comportamiento del hombre, es una
tesis 'admitida tácitamente, pero no demostr~~a por Ru~e~l",
10). Pensar -como piensa Rusell- que 1~ log~ca matemat~ca
posee una verdad absoluta y ~a certeza _mfah ble, contradice
el carácter convencional que atr1b~1ye el mismo autor a los fundamentos de esa lógica. (Véase, para una vez _má_s exten~a exposición y crítica del empirismo lógico, los s1gmentes hbr_os:
de Risieri Frondizi "El punto de partida del filosofar", Editorial Losada, y "¿ Qué son los valores?" Br&lt;'viarios ~el 1'.'ondo de
Cultura Económica · de Nicolás Abbagnano, "Histone _de la
Filosofía" tomo te;cero Montaner y Simón, S. A., Editores,
Barcelona'; de Juan Carlos Torchia Estrada, "La Filosofía_ del
si"lo XX" Editorial Atlántida, Colección Oro, Buenos -:1-u~s;
d¡ M:ichel~ Federico Sciacca, "La filosofía, hoy", Ed1tonal
:Miracle, Barcelona).

NUEVA ONTOLOGIA
Acaso sean las filosofías del ser o filosofías metafísicas la
más poderosa corriente, aunque no diré la más popular, del
pensamiento filosófico de nuestros días. Sírvame, como nuestras ilustres, la metafísica de Alfred N?rt~ Whltehea,d_ Y la
ontología de Nicolai Hartmann. Los termmos metaf1s1ca Y

o

77

ontología se usan, a menudo, indistintamente, por más que
cabría emplear el nombre de ontología para el estudio de los
entes en cuanto entes, reservando el nombre de metafísica
para la investigación del ser que engloba a todos los entes,
que subyace a todos ellos y hace de ellos lo que son. Preciso
es advertir, no obstante, que esta separación abstracta no
opera, estrictamente, en los casos concretos.
La realidad, para Whitehead, es proceso, actividad y cambio. La r ealidad, dinámica y fluyente, tiene un carácter unitario y orgánico. El proceso cósmico, dominado por la finalidad, se extiende sobre un escenario de espacio y tiempo. La
inestabilidad de los estados del universo, que implica la creación, es devenir de entidades actuales. ¿Y qué es una entidad
actual! Whitehead nos r esponde : un corte en la creatividad
universal. "Todas las razones últimas están dadas en términos
de tendencia a valores". "La posición de la vida en la naturaleza es -para el filósofo de Ramsgate- el problema capital
de la filosofía y de la ciencia". Caracterízase la vida por la
absoluta auto-experiencia, la actividad cr eadora y la finalidad. El mundo y el alma coexisten en una mutua inmanencia;
en tanto percibido, el mundo está inmerso en el alma, por
así decirlo; pero el alma, a su vez, forma parte del mundo. La
teodicea whitehediana es la parte débil de la obra. Se nota
en ella la ausencia no ya de lógica, sino de sentido común.
Dios es, -en un aspecto (naturaleza primordial), inmutable,
atemporal, infinito y acabado, aunque algo muerto; y en otro
aspecto, (naturaleza consecuente), Dios es una descripción
del mundo y su naturaleza está enriqueciéndose constantemente gracias a la captación de nuevos elementos en un torbellino. Dios, además, es, a la vez, inmanente y trascendente y se·
encuentra en lucha contra el mal, que es algo positivo.

'

j

I

•

:N'icolai Hartmann, uno de los más profundos y fecundos
filósofos del siglo XX, opone la actitud sistemática, que construye un todo conceptual partiendo de una concentración preconcebida del mundo y resolviendo "desde arriba" los problemas particulares, la actitud problemática, que progresa paulatinamente en las cuestiones filosóficas mediante la investigación analítica, no dejando subsistir sino lo verificable.
Fino en el análisis, claro en la exposición y penetrante en
sus investigaciones, Nicolai Hartmann, enemigo teórico de los
sistemas, es un gran sistemático que ha sucumbido ante la belleza de lo bien construido. Sus filósofos predilectos: Platón,
Aristóteles, Kant y H egel, son, también, pensadores sistemáticos.

�Agustín Basave Fernández de{ Valle
78

79

Las Principales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX

La investigación filosófica -según Hartmann- tiene tres
estadios: 1). Fenomenología ( mostración de la realidad) ; 2).
.Aporética (alumbramiento de los problemas que surgen de los
frnómenos mismos); 3) . 'reoría (solución de las aporías). Por
la fenomenología se hace patente el hecho del conocimiento
como una relación trascendente que supera la conciencia. 1\Iantener bien firme la distinción entre las diversas esferas del
ser, es una de las preocupaciones primordiales de la ontología
hartmanniana. La realidad, con su sola presencia, se justifica
a sí misma; siendo efectiva, es posible y necesaria. Pero el
mundo está estratificado, evidentemente, en una serie de planos
que impiden toda concepción unitaria del tipo de la evolutiva.
Entre la naturaleza orgánica y la inorgánica, entre la naturaleza orgánica y la psíquica, entre la naturaleza psíquica y
el set' espiritual hay inocultables cesuras y radicales diferencias. Existen, no obstante, categorías fundamentales que pertenecen a todos los planos del ser. En las más altas categorías
reaparecen las más bajas, pero no viceversa (ley del retorno); hay un nuevo momento categorial, en todo plano del
l'ier, que no es posible confundir con los elementos más bajos
(ley de Novum); en el paso de los planos más bajos a los planos, más altos no hay gradación (ley de la distancia de los
planos). Podemos preguntarnos si las fundamentales estructuras fenomenológicas que el análisis reYeló, conduj rron al
antiguo profesor de las universidades de Marburgo y Berlín,
a emaizar esas estructuras en el ser. Más ontólogo que metafísico, Nicolai Hartmann adoptó el viejo y superado concepto de la materia física, considerando al ser -observa .Abbagnano- "como un todo compacto e indiferente, en el condicionamiento recíproco de sus planos y en la interna determinación de cada uno de ellos". (pág. 473, tomo tercero, "Historia de la Filosofía", Montaner y Simón, S ..A., Editores Barcelona). Por su consistente teoría del conocimiento, por su
impecable pelémica contra el idealismo gnoseológico ~- por
la riqueza de temas y de problemas que ha suscitado con su
especulación, Hartmann, vinculado a la parte más viva ~- actual de la ontología de nuestro tiempo, se ha convertido ~-a
-así lo pienso yo por lo menos- en ·un clásico.
Dentro de la dirección metafísica, poco conocida del público en general por su rigor académico y por su alto nivel
intelectual, habría que destacar el neotomismo, el neoagustinismo, el espiritualismo cristiano en Italia y la "philosophie
de l'esprit" en Francia. Corrientes todas ellas de un extraordinario vigor en nuestro siglo, por más que se salgan -desde el punto de vista de su génesis y de su proyección en el
tiempo- ele nuestro siglo.

VITALISMO

..

En el último tercio del siglo XIX
.. . .
apa1:ece, en reacción contra el positivis~/;lllrl!~OS /el XX,
corriente vitalista que centra su meditación
1 ,et ismo, la
tema ele la vida. Wilhelm Dilthe H
. B1 oso ica en el
Ot
G
Y, enn erason y J ,
r ega Y asset nos ofrecen m'
.
º
ose
valioso conjunto de geniales 'atis1t8osq;e ds1s}~mas a¡ab~dos, un
a la vida humana como centro, !e~~is;efi~x~~rfil~~

h

!~f:.

•

Guillermo Dilthey v
l hº t ·
bre. "Qué sea el h b e ~nl a is o~ia la su_stancia del homl
om re so o se lo dice su historia" N h
~e~:C ~u~a!~r i~vari~ble, _P~:manente, ~orque no hay :at~
El hombre no tien~ºhi~~:1~s~1~o enu el t~!l!P 0 ,. historicidad.
fía será! en ccnsecuencia, análisis ~=sc:~ptf!tor1a. La _filo_sode la vida humana interpretacio' h' t' . o Yy comp1ens1vo
, t.ica t endra, que 'comenzar po n 1·is onca .
esta hermeneu
de la ev_olución histórica. La v:d¡ ;i:!:ed:1dmomento actual
su propia cosmovisión La fil f' J
. e cada hombre
en el repertorio históri~o de las ºcS:s: ~e. D1ltheEy c~lmi~a!á
mo dieheyano no are
.
ovISiones.
1 h1stonc1Ssobre la vida hurnina
~ese a _sus _finos análisis
turaleza, ¿ cómo histo~iar lo histo~:~~oe; h1stona de una na-

~:t1:e~¡~~•

.

/

Enrique Bergson distingue e
d ·d·d
,
llJ~iiniento científico -conceptua~nd ec1 I a en~r~ia, un _cosof1co- intuitivo. El conocimient ~ utníf_conoc1m1ento filoto 1
. l
.
o c1en ico capta lo muer
', º. esp~c_ia ' lo material, lo exterior. está diriaido h . l practica utrl. Pero la realidad vital ~s 1
º fl acia a
se hace, que se convierte continuamente ªe!º of:e uye, qTue
es el caso del yo que acumula su asad
.. a cosa.
al
sin ser nada rígido, estático heclo de o Y antrn1pa su _futurd,
Porque la realidad, y hast~ Dios mis;:ª vez pa~a _s1emp!·e.
cesante acción libertad
1 .,
' es mov1m1ento mB
,
,
. , evo uc1on creadora en suma. H
•
ergson postula la mtuición como métod d 1
l enri
s?nal y la imagen y la metáfora como ve:ículeo d1 oso ar I?erc1ón. Más q u e una f'lI osof'ia, el pensador hebreo
e comumcaf
,
nos prese1;1ta un valioso conjunto de observaciones ;º~anee~
proceso vital -que . pretende inútilmente traaarse
~e e
d_el co_smos- y de_ :71vencias sobre la duración ~-eal el 1 i_e~to
c10nahsmo, su ant1-mtelectualismo de fondo 1 · · 1 IrI~bar a un saber riguroso y objetivo que siemp~e
abrn1
de conceptos.
o 1a ase

n

-l~

l~~PJ °

. d. ~ ~sé Ortega Y Gasset arranca desd,e su punto de vista
m rv1 ual, porque otra cosa le parecer1a un artificio. "El
hecho radical, el hecho de todos los hechos -escribe Orte-

�80

Las Princi1&gt;ales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX
.lJ?ustín Basave Fernánclez del Valle

ga- es la vida de cada cual. Toda otra realidad que no sea
mi vida es una realidad secundaria, virtual, interior a mi vida
y que en ésta tiene su raíz y su hontanar. Ahora bien: mi
vida consiste en que yo me encuentro forzado a existir en
una circunstancia determinada. Se vive aquí y ahora. La
vida es absoluta actualidad". Introducción a las Obras Completas, tercera edición, pág. IX). El mundo es perspectiva.
"Cada vida es un punto de vista sobre el universo" (O.C., III
págs. 109-200, "El Tema de Nuestro Tiempo") . Cada hombre tiene una misión de verdad. Donde está mi pupila no
está otra: lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra.
Somos insustituibles, somos necesarios. Y piensa Ortega que
la perspectiva - uno de los componentes de la realidad- no
deforma el mundo, sino que lo organiza. El imperio de la
razón pura ha cesado. Entramos ahora a la era de la razón
vital. Por que la razón es, debe ser, tan sólo una forma Y
función de la vida . "El tema de nuestro tiempo consiste en
someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo". Porque somos herederos, es preciso, para comprender algo humano, personal o
colectivo contar una historia. Y la historia tiene, en las ge' su estructura precisa.
.
neraciones,
Reducir todo a términos de vida humana, como lo hace
el brillante filósofo matritense, es recaer en idealismo. Fuera de nuestro- conocimiento y aun en posible desacuerdo con
él, existe un mundo de entes y de valores. Si todas las filosofías son meras perspectivas -sin nada absoluto- entonces
también será una mera perspectiva la teoría orteguiana del
perspectivismo, sin derecho par a imponernos sus conclusiones. Definir la vida ya no como el punto de arranqu~,
sino como el valor supremo, es elerror esencial de todo vitalismo. La vida de cada cual es un elemento parcial, Y
subordinado de la realidad. Como torrente de ciega energía
carece de sentido por ausencia teleológica. Sólo al servicio
de un valor que la incite y la guíe, cobra la vida contenido Y
plenitud. Tal vez el destino de Ort_ega h aya sido el de un
gran "culturalista" siempre atento a la última teoría científica europea o al libro inquietante recién salido a la luz
pública. Con una prosa deliciosamente musical, cargada de
relumbres poéticos, supo siempre apuntar una corrección, un
nuevo punto de vista, un a precisión complementaria, una
consecuencia inadvertida, una contrastación, o un pr~mo~oso
análisis psicológico. En sus manos, cualquier tema adqmere
u 1 guste, y un color inconfundibles.

81

EXISTENCIALISMO
El existencialismo, es a más de una filosofía, un fenómeno cultural de nuestro tiempo.
_En una atmósfera de fracasos, de desilusiones de frustraciones
de dirigir el mundo, d e 'd esespera.,
t en
1 la función
cion a1: e as. contmuas luchas y atropellos, de expectación
de lo _imprevisto ... ha nacido una filosofía desvigorizada
Y desvirtuada,. es verdad, pero también auténticamente preocu~a~a de la liber tad, de la r esponsabilidad, de la existencia
coti~iana Y del _hombre concreto. El existencialismo se ha encarmzado, despiadadamente, en la finitud del hombre. Preten~e tener como punto de partida la experiencia concreta de
1~ vida de c~da _cual para descubrir y tocar el ser mismo. Por
via de conciencia se quiere desembocar en la POTENCIA d 1
ser. ~ero no se acab~ de precisar las palabras, de definir Je
conclu~r. La desconfi~nza, la ambigüedad, la indecisión la
aus~ncia de un claro s~stem~ d_ostrinario han presidido, hasta
ahora, 1~ marha del existencialismo. Su estilo y su tendencia
en camb10, presentan nítidos contornos.
'

y

.., . Se ha hablado de ~xiste1;1ci~lismo abierto y de existenc~,tl~smo cerrado, de ~xistenciahsmo cristiano y de existencialismo ate~. El existencialismo abierto O cristiano parte
del hom_bre mtegral con su espíritu y sus ligas con la trascendencia, usa del método fenomenológico pero deja abierta
la puerta a la trascen~en_cia I?etafísica. Marcel,- Zubiri y
Jaspers -aunque este ultimo imperfectamente- son representantes de esta actitud.

' t

. Una atmósfera_ de cansancio, de desconfianza y de pesim1sm? no ,es, precisamente? la atmósfera adecuada para hacer filosofia. Resulta explicable la angustia de un hombre
concret? de la post-?uerra, pero no resulta justificable que
contamme la . filo_sofia ~on su personal nihilismo. El desahogo de ~os mstmtos _vit~les, en nombre de una espontaneid~~ gratmta, no es, en rigor, una actitud propiamente filosofica. C?n UN drama de la existencia se puede confeccionar u_ua pi~za de t~atro pero no _se puede tejer EL drama de
la existencia. Casi todos los ex1stencialistas contemporáneos
pretenden universalizar sus vivencias personales. El resultado, más que una filosofía, es un testimonio singular.
Negar los méritos del existencialismo es una torpeza inexcusable. En el h~ber del existencialismo estará siempre el
haber llevado al primer plano al hombre concreto con la intimidad de su conciencia, con su finitud, con su' temporalidad, con su angustia. El hegelianismo que lo resolvía todo

�82

,\gustín Basave Fernández del ,·a11e

Las Principales Corrientes Filosóficas en el Siglo XX

83

dos, t'n la temáfüa religiosa del cristianismo. Lo malo drl
easo t's que el existencialismo se ha quedado, la mayoría de
las Yeces, en puras descripciones fenomenológicas sin "trasponer sistemáticamente en d plano nocional -afirma el catl'drático de Filosofía Ramón Roquer- los r&lt;'sultados de sns
1•xploraeiones". Es tiempo ya de decirlo, el antiinteleetualismo radical de que ha hecho gala el existencialismo, ha sido
1·,msa de su último fracaso.

pero que se olvidaba de la persona humana, los ejercicios escolar€'s €'n torno a bizantinismos han sido justamente relegados
ante el hondo problema del hombre de carne y hueso y ante
la acuciante crisis que vive el mundo contemporáneo. Como
r€'acción €'n contra de estas posiciones agotadas, el existencialismo ha sido mucho más afortunado que como doctrina.
El existencialismo ha declarado una guerra a muerte a
todo sistema olvidando que una filosofía no TIENE un sistema, sino que ES sistema. Pese a su denodada crítica, el existencialismo ha terminado, a la postre, por constituirse en
sistema.
'Gna fenomenología puramente descriptiva de la realidad humana no es, ni mucho menos, lma ontología. En este
sentido, ::\Iichele Federico Sciacca ha podido decir que el
existencialismo, más que una filosofía, es una filosofía fallida. Y es que su problemática. y su conjunto de agudas obserYaciones psicológicas, han quedado propiamente sin ulterior elaboración filosófica.
No todo es reducible a momentos existenciales. Si así
fuera ya no podría hablarse de esencias, de objetos ideales
;y de valores objetivos. 'rampoco cabría hablar de lógica, de
ética, de religión, de ei:,tética o de ciencia. Todo ~e diluiría
en u11a Sl'rie de durat•iones existenciales. El deverur tragaría
al ser y a la metafísica, para quedar al final perdida la existencia misma. De tanto demudar a la existencia, ésta se ha
revelado como evaporación frente a la nada.

El existencialismo se encarniza con la finitud humana y
se complace, hasta la exasperación. con el lado sombrío de la
{'Xistencia. Falta -y no me refiero aquí a los existencialistas cristianos- el lado luminoso de la existencia, la forma
t•strut'tural de la esperanza.
Tal vez nadie haya visto eon mayor profundidad los límites del existencialismo que Otto F. Bollnow. De su libro
"Filosofía de la Existencia", dediea el último capítulo (XIV.
Los límites de la filosofía de la existencial) a señalar las limitaciones del existencialismo contemporáneo. En gracia a la
brevedad, nos permitimos resumirlas en la siguiente forma:
1) .-Como filosofía total es la expresión de una situación
de erisis históric·a pasajera.
2) .-Todo verdadero valor y verdadero sentido se pierden necesariamente en un mundo reducido a la existencia
t·omo la formal relación de liberarse, lo manejable ("Zuhandenen") y lo que está a los ojos ( Vorhandenen"), es decir,
lo determinado deficientemente.

Salvo el caso de los existencialistas cristianos, los demás
se cierran a la trascendencia encerrándose en un inmanentismo sin soportes y sin atmósfera respirable.

3) .-Falta el punto de arranque para una filosofía de la
naturaleza orgánica, puesto que ésta se distingue porque sólo
puedl' St'r comprendida desde un apropiado centro.

X o es posible quedarnos con las solas existencias sin
remontarnos al sentido o razón de ellas mismas, a lo que las
constituye en determinado tipo de ser: las esencias. La
mera existencia -asegura y con razón el doctor Sabino
Alonso Fueyo- no puede filosofar. Si el existencialismo puro se atuviera a la pura factividad ¡, qué nos podría decir?
Filosofía es reflexión humana, búsqueda de razones y princi,
pios supremos. La existencia pura de los existencialistas, en
cambio, es ... ausencia de razón . i Cómo poder hablar, entonces, de una filosofía existencial?

-!).-Falta también todo el mundo espiritual del hombre en la cultura y la historia, con sus diferentes articulacio-'

Hasta ahora el existencialismo ha sido, más que una
metafísica, una metodología. Lo que tiene de doctrina se ha
quedando en un neoempirismo nominalista. Los acuciantes problemas antropológicos que maneja -con ademán romántico y terminología sibiliana- los podemos reconocer, casi to-

.

,

llPS.

3).-¡\o se ofrece l'I punto de partida para comprPlldrr
adecuadamente toda la múltiple esfera de los contenidos de
la vida psíquica, que Hegel designaba c•omo "espíritu subjetivo".
6) .-Del lado ético, el "engagement" incondicionado de la
actitud existeucialista degenera en un vacuo aventurismo que
busca el peligro y lucha sólo por el goce de jugar a la sen-i
sación, y aun enella se queda indiferente.
7) .-El hombre desilusionado y sacudido en todas las
relaciones objetivas que le soportan es rechazado a la so1e-

�A~ustín Basave Fernández del Valle

85

Las Pl'inci1&gt;ales Corl'ientes Filosóficas en el Siglo XX

84

bre que se reduce a movilidad pura, porque esta movilidad
se sostiene y se transporta en una sui-ipsidad: en el ser persona del hombre que permanece, desde la infancia hasta la
muerte, uno mismo a través de las mil vicisitudes.

dad de su existencia individual. Des~e este punto de vista
se pierde toda la realidad del mundo circundante.
El existencialismo reduce las diyersas c~tegorías tradicionales -acto y potencia, causa eficiente ,Y final, ca~1sa formal y material, etc.- a una sola categoria: la contmuo, ~o
uniforme. En el eterno fluir de las ~osas, f?rma _Y mate_na
se funden en tensión continua; esencia y existencia se d1~uyen en la confusión del "existencial" ~uro. ¡,No será prec~so
que el existencialismo adopte un ~entld? concreto sustancial
y abandone esa filosofía de la existencia purame1:1te formal
para que cese el peligro de caer en un aventurensmo irresponsable?
~o se puede negar el mérito de los existen?ialist~s, consistente en ese esfuerzo por encontrar_ en la exi~tencrn, v~lores que reintegren al hombre a su h?ertad mas autentica.
Nicolás Abbagnano, por ejemplo, ha visto certeramente que
"los problemas de la filosofía conciernen v~rdaderamente al
ser el hombre, y no del hombre _ell: general, smo d~ cada hombre en la concreción de su existir, y son apelaciones o llama~ifüios que se le dfrigen para_ q.ue se ponga en claro ~~nsigo mismo, asuma sus responsal:_nhda~es_ y t,~me sus decisione" (Pág. 7, "Introducción al Existe!1~1ahsmo , ~ondo. d\ Cultura Económica). Son aspectos positivos del existencialismo:

\

1) .-La autentificación de los problemas filosóficos, es decir,

"el esfuerzo de recogerse y P?seerse en aque\, aspecto funda~
mental de su ser al que se refiere el problema. (Abbll:gnano),
2) -El sentido de la filosofía como compromiso estrictamente· personal; 3) .-El reconocimi_en~o del ligamen que n?s _ata
a los otros, con los cuales coe_x1s1:i~os; 4).-El rec?n~c1m1ento de la muerte como riesgo mehmn~able que me mcita a la
fidelidad conmigo mismo; 5) .-La busqueda de un completamiento de una estabilidad que falta al hombre.

'

S ha dicho que la posibilidad es la categoría funda~ental d/lo humano. Es cierto que lá vida del hombre .no viene
hecha sino que se va haciendo. Pero no es menos cierto que
la viiÍ.a humana no puede reducirse a mero proyecto, -porque
los proyectos se hacen sobre la base de ser ya algo ~;nen_ los
formule. Y un proyecto no merecerá nuestra adhes10_n. S! no
concuerda con nuestro peculiar modo de ser. La posibilidad
es posibilidad de un ser actual.
Reconozcamos que los existencialistas han llev~do la
atención a muchos problemas humanos que no se hab1an estudiado debidamente. Pero rechacemos un concepto del hom-

1
L

Al acercarnos personalmente a las principales corrientes filosóficas no hemos podido dispensarnos de contrastarlas
con la verdad, con nuestra verdad. Hacer apología de los
errores o callar verdades, cuando estas vienen al caso, es carecer de honestidad intelectual y traicionar a la inteligencia.
He querido, en el examen crítico de las más destacadas doctrinas filosóficas de nuestro tiempo, cumplir con el deber que
impone "la responsabilidad de la voz". Cargo con la responsabilidad personal de mis objeciones a la obra de egregios
filósofos contemporáneos, dichas, por lo demás, con todo respeto y haciéndoles toda la mesura. Vivimos, por fortuna paTa ustedes y para mí, en un mundo libre que posibilita el diá~
logo en el cual el filósofo habla"como hombre a otros hombres, sin la pretensión de enseñar o dirigir, sino sólo con
aquella mucho más modesta y fundada, de poner a disposición de los demás, para que eventualmente se sirvan de ellos,
ciertos esclarecimientos sobre las experiencias humanas fundamentales, que él mismo, en gran parte, debe a la obra y al
trabajo de los demás ("Abbagnano"). Ciencia comprometedora de la realidad entera, la filosofía avizora la Verdad que
la trasciende y la guía. Es en ésta verdad del ser, precisamente, en la que alumbra sus explicaciones fundamentales.
Si la filosofía es la forma más alta de la experiencia humana
totalmente racionalizada, filosofía y vida son, en el fondo,
una misma cosa. Quienes se creen emancipados de cualquier
filosofía, menospreciando el rigor de la disciplina y las aportaciones de sus más ilustres representantes, no pasan de ser
-al fin animales racionales- "filosofillos" diletantes, constructores de vanas especulaciones que -dicho sea con impecable sinceridad- salen sobrando. Hoy como ayer -y acaso la circunstancia de este siglo sea más apremiante que la de
los siglos pasados- el .imperativo socrático: "gnosete ipsum"
conserva toda su vigencia. Así lo pensamos, por lo menos,
quienes entendemos la filosofía como un imprescindible menester de ubicación y de autoposesión.

�En el próximo número de ARMAS Y LETRAS se· publicarán los siguientes trabajos:

t

LA ODISEA DE ALFONSO
. REYES
por Alfonso Rangel

ALFONSO REYES, ENTRE
BURLAS Y VERAS
por Alfonso Reyes Aurrecoch,ea
'

EL PENSAMIENTO CLASICO _
EN ALFONSO REYES
por Juan Antonio Ayala

LA SIEMBRA INUTIL
por Juanita Soriano
1

'

CANTOS INDIGENAS DE -AMERICA,
AFRICA Y ASIA
por Giancarlo von Nacher

NOTAS Y LIBROS

..)

�</text>
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                <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1959, Segunda Época, Año 2, No 4, Octubre-Diciembre </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Revista de la Universidad de Nuevo León

odisea de Alfonso Re-

Alfonso Rangel Guerra,

yes • .Alfonso Reyes

r cochea, Alfonso Reyes,

entre Burlas Veras • J
sam.iento Clásico en A o o Reyes • Giancarlo
von acher,

de América, Africa

y Asia •

La, Siembra Inútil

Noticias • Libros (Bi o

a de .Alfonso Reyes).

ENERO/ MARZO DE 1960

~ O 3/ Segunda Epoca

��Revista de la Universidad de Nuevo León

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Enero/ Marzo de 1960

Año 3, No. 1

Segunda Epoca

Rector:
ARQ. JOAQUIN A. MORA

SUMARIO

Secretario1General :
LIC. ROQUE GONZALEZ SALAZAR

Alfonso Rangel Guerra, La odisea de Alfonso Reyes______

Departamento de Extensión Universitaria:

7

LIC. ROGELIO VILLARREAL
Alfonso Reyes Aurrecochea, Alfonso Reyes, entre

Director de la Revista:

Burlas Veras ----------------------------------------- 19

LIC. JUAN ANTONIO AYALA

Juan Antonio Ayala, El Pensamiento clásico en Alfonso
Reyes ___________________· ___________________________ 33

(Registro en Trámite)

Giancarlo von Nacher, Cantos Indígenas de América, Afri-

ca y Asia --------------------------------------------- 53
PRECIO DE SUSCRIPCION .
UN A1'lO (cuatro números)
En México: Veint~· pesos
Otros países : Dos dólares

Dirección

Juanita Soriano, La Siembra Inútil ______________________ 63

Washington y Colegio Civil ·
Monterrey, N. L., México

'

Libros ______ _
;

(

----------------- 79

�DON ALFONSO
DE AMERICA

,

LA

noticia nos llegó tarde. Veinticuatro horas después del deceso pudimos enterarnos de la
pérdida que sufren las letras mexicanas y americanas. Don
Alfonso Reyes, Don Alfonso de América, abandona para siempre la región más transparente del aire. Va a hacer compañía a
los inmortales. Se suma a los insignes que han configurado
-5-

�6

Don Alfonso de América

el rostro americano.
Su nombre estará siempre presente en las principales
tareas culturales del México actual. Desde los días de aquel
lejano Ateneo de la Juventud, cuando un grupo de jóvenes
se plantea los problemas de un presente inquieto, hasta este
momento, Alfonso Reyes fue el trabajador incansable que se
dedicó sin titubeos a su vocación por las letras, al apostolado
de la cultura, al servicio de su país. Una vida de generosa
entrega, sin titubeos ni rencores, que hizo por México -como se dijo acertadamente- lo que no habrán logrado muchas
misiones de diplomáticos.
La cultura mexicana actual, trabajada por todos, debe
sin embargo a Alfonso Reyes muchas de sus mejores expresiones. Modeló pacientemente, a través de sus cincuenta años
de escritor, esa inmensa obra que enorgullece a México, como
herencia que recibe de uno de sus hijos más preclaros. Una
obra en la que se cruzan las grandes direcciones de la cultura occidental con la preocupación permanente por lo mexicano, y la vista puesta siempre en el horizonte, para no
perder el rumbo. Cuando sean editadas sus Obras Completas,
cuyos primeros diez tomos ya publicados marcan qui~á la mitad del trabajo editorial, podrá verse en armonioso conjunto
la monumental construcción que Alfonso Reyes entregó a la
cultura patria..
El 6 de junio de 1946, hace poco más de trece años, en
el homenaje que rindió El Colegio Nacional al Maestro Antonio Caso, Alfonso Reyes terminó su alocución con estas palabras que queremos recordar· áhora: .
"Llegados a la incierta orilla en que empiezan a columbrarse, por la raya del horizonte, los eriales de la vejez, recorremos hoy nuestra honrada, sin encontrar lección más alta
de lealtad, de que Antonio Caso es paradigma, a una vocación
en que se mezclaban el bien, la verdad y la belleza. Y si en
las ofuscaciones de la posteridad, asoma un día la inevitable
duda analítica (¡hombres somos al fin, que no dioses!), y
pretende alguien inquietar las cenizas del maestro, que conste
por siempre nuestro testimonio sin reservas: -Nos cabe a sus
contemporáneos, nos cabe singularmente a quienes fuimos sus
hermanos menores y lo envolvamos en aquella ternura que
acompaña a las embriagueces de la adolescencia, una alegría
que sólo cede ante. el dolor de perderlo ; y es el haber podido
venerar, en Antomo Caso, una de las síntesis humanas más
excelsas y más legítimas. Para él sean el bronce y la corona".
Para Alfonso Reyes, cuya vida fue también una lección
de lealtad a la vocación, sean también el bronce y la corona.
ALFONSO RANGEL GUERRA

,.

..,.

Alfonso Rangel Guerra ¡ LA ODISEA DE
ALFONSO REYES *

... soy fiel a un ideal estético y ético
a la vez, hecho de bien y de belleza.
Alfonso Reyes, Reloj de sol.

V

IVIO setenta años. A los dieciséis
tomó la pluma y no la abandonó hasta el momento de la muerte. En este largo y singular periplo literario pasó Alfonso
~e)'.es su vida, dejando tras de sí una estela luminosa que
md~ca los rumbos que. siguió su espíritu y ofrece a las generaciones de hoy y de siempre una clara lección de humanidad.
Su tiempo fue un constante hacer. En las diversas altitudes y latitudes que recorrió en misiones diplomáticas y culturales, nunca desmayó su voluntad creadora ni desvió la
i1:tención que animó su vida, desde aquella lejana adolescencia que se abrió bajo el signo del poema y la palabra engalanada. Marchó siempre adelante, hacia la realización de sus
promesas. Acudió al llamado de sus musas y cumplió lo que
muchos dibujan sólo en la intención. Fue, justo es reconocerlo, un hombre que dignificó su condición con las mejores
armas: las de la bondad y la inteligencia.
In9r_esó ~ la literatura por el arduo camino de la poesía.
Su esp1~itu frno y elegante encontró en la expresión poética
su propia expresión y descubrió los senderos que le pertenecían. La poesía, "combate de Jacob con el ángel" como la
ll_amaría más tarde, le ofrecía los dos caminos : el a'e la creación y el del conocimiento. En realidad una y la ·misma cosa
porque ~;1 la poe~!a se conjugan el ser y el hacer como plen~
reahzac~on. Abno la puerta, dispuesto a seguir la llamada
que sabia era para él:
* Conferencia pronunciada el dfa 13 de enero de 1960 en la Institución
ARTE, A. C., en el homenaje organizado en memoria de D. Alfonso Reyes.

-7-

�Alfonso Rangel Guerra

La Odisea de Alfonso Reyes

8

"Manda mis pies ansiosos de fatiga,
¡ Oh tierra, oh tierra! Manda que la siga,
la mensajera para mis destinos.
¿ Y cómo no ha de ser si, apenas llama,
y ya toda la vida lo reclama,
y ya me son pendientes los caminos ?"1

Ha iniciado la marcha, pero no le basta. Quiere más,
desea entregarse a la empresa y escribe poco después, en su
"Lamentación de Navidad" (1911): "Dame obras que cumplir".2 La búsqueda había comenzado y se traducía en un
querer hacer que en sí mismo era la acción del poeta. Cantó
en versos limpios y rimados su propio mundo y surgió avante
en la lucha con el ángel. Escribió poesía toda su vida, pero
ya lo llamaban otras voces, que siguió con igual inclinación.
Eran los tiempos del Ateneo de la Juventud, el comienzo
del siglo, ese pasado inmediato que tanto importa a la cultura
mexicana. En aquellos años, que cierran una etapa de nuestra historia e inauguran otra que todavía no concluye, el espíritu y la inteligencia rigen los movimientos de una generación
de jóvenes, llamada a señalarse en el México contemporáneo.
Juzgan su presente; revisan las viejas formas que una imposición, vieja también, había convertido en intocables; discuten los viejos problemas que plantean los grandes autores y
se presentan ante la sociedad mexicana en una serie de conferencias que recogen sus principales inquietudes; ponen sus
ojos en nuestra realidad y la de los países hispanoamericanos.
Alfonso Reyes, el más joven de los miembros del Ateneo hasta
que ingresa Julio Torri, es uno de los principales actores en
esta actividad renovadora. Es el momento en que se edita
en París su primer libro, hermosa y auténtica presentación
de un joven nacido para las nobles tareas del espíritu. Sus
Cuestiones estéticas apuntan los intereses que estaban ya presentes a los veinte años, a los que siempre permaneció fiel.
Los sucesos ·que después le tocó vivir templaron su ánimo
y lo transformaron en un hombre maduro. Calendario, pequeño libro editado en Madrid el año de 1924, incluye un
breve texto que relata sucintamente los hechos. Lo tituló
"Romance viejo":
"Yo salí de mi tierra, hará tantos años, para ir a servir
a Dios. Desde que salí de mi tierra me gustan los recuerdos.
"En la última inundación, el río se llevó la mitad de
1.- Huellas, Biblioteca Nueva Espafía, Ed. Botas, Madrid, 1922, p. 87. (Aun-

que Alfonso Reyes no Incluyó este poema en su Obra poética (1952)
hemos utl11zado estos versos sólo para Indicar una actitud que se
presenta en un poema posterior.

2.- Obra citada, p. 41.

\

o

n~estra huerta y las caballerizas del fondo. Después se deshizo la casa y se dispersó la familia. Después vino la revolución. Después nos lo mataron ....
"Después, pasé el mar, a cuestas con mi fortuna, y con
una estrella (la mía) en este bolsillo del chaleco.
"Un día, de mi tierra me cortaron los alimentos. Y acá,
se desató la guerra de los cuatro años. Derivando siempre
hacia el Sur, he venido a dar aquí, entre vosotros.
"Y hoy, entre el fragor de la vida, yendo y viniendo
-a rastras con la mujer, el hijo, los libros- ¿qué es esto que
me punza y brota, y unas veces sale en alegrías sin causa y
otras en cóleras tan justas 1
"Yo me sé muy bien lo que es: que ya me apuntan, que
van a nacerme en el corazón las primeras espinas".3
La primera etapa de su vida ha quedado atrás. Esta página recoge con sencillez momentos críticos que modificaron
su existencia, el viaje a Europa y sus primeras amarguras.
La experiencia no se adquiere en balde y va modelando al
individuo. En Madrid comienza el duro ejercicio de las letras
la disciplina de la investigación, el trabajo paciente entre lo;
eruditos del Centro de Estudios Históricos. Alfonso Reyes
realiza entonces el salvamento de su vocación. Con ella logra
sortear los escollos y vence el acoso, porque al camino de la
desnuda erudición, que pudo retenerlo, sobrepuso el que se
había trazado desde sus inicios, amplio para dar cabida al
dato y la nota, pero dispuesto para el diálogo abierto con el
mundo y los hombres. Dotado con las armas que le proporcionó el ejercicio de los trabajos eruditos, pudo seguir su
propia trayectoria que apuntó siempre hacia lo alto, más allá
de la crónica.
Su estancia en Europa (París, Madrid) deja una huella
que encuentra testimonio en una decena de libros de la más
diversa índole. Asoman los puntos cardinales de su pensamiento, su inclinación por todo lo que interesa al hombre
como protagonista de la vida. Salvo contadas excepciones,
estos libros recogen ensayos libres, terreno en el que Alfonso ·
Reyes se movió con la desenvoltura del que posee un espíritu
amplio y universal. En estos ensayos podemos encontrar muchas de las mejoras páginas de su obra; y no sólo de las mejores, sino también de las más bellas. Dos pequeños libros de
entonces: El suicida y El cazador, tendrán que ser revalorados con el tiempo, porque reúnen muchas facetas importantes
de su pensamiento. El primero, "libro de ensayos", y el se3.- Calendario. Cuadernos !Iterarlos, Madrid,

Obras completas, p. 359.

1924, p. 179'. Tomo II de sus

�La Odisea de Alfonso Reyes

10

gundo, de "ensayos y divagacio?es", ofrece1~án a los _estudiosos de la obra del mexicano umversal, un rico materia~ par!l
sacar a luz muchos aspectos ahora olvidados, y para identificar la disciplina y claridad de su e~píritu co_n_ la_s proyecciones hacia lo clásico y lo contemporaneo, eqm_hbr10 ~ecr~!º
que armoniza toda su producción. Ajen_o a la unprov1sac10n
y a los miradores estrecho_s, su paso s1emp~e fue segur,o Y
su mirada estuvo puesta siempre en el hori~onte, esa l.mea
lejana a nosotros pero que sin embargo per_r~nte nuestra propia ubicación. El horizonte nunca _lo perd1~ Al~onso Reyes.
De ahí que su obra posea, en las diversas direcciones que _la
orientan, un carácter unificador que nos co~duce necesariamente a la actitud del escritor. Ya se ha di~~o _antes Y _es
necesario recordarlo : Alfonso fü•yes permanec10 siempre fiel
a su vocación.
Releyendo el ptimero de los dos_ li?1:os _arriba citados,
hemos tropezado con una frase muy s1gmfi_c~t1va, sobre todo
si se considera que su autor ejercía el oficio de las letras:
"cualquier oficio -cualquiera- sirve para entender el mundo y el de las letras es tan humilde o altivo como los demás.
'
· proverb10,
· t~~o lo sab emos ent re todos" .4
Según
dice el meJor
Esta · fue la constante preocupac1on de Alfonso Reyes. Para
él entender el mundo era una fundamental actividad human~, ya fuera de las manos o de la inte~igencia .. qon su pluma
ejerció no sólo el oficio de las letras, smo el of1c10 de hombre,
porque ]a principal tarea que a todos nos corresponde es la
de entender el mundo. Vivir es una tarea noble porque debe
realizarse siempre en el convivir. Esto nunca lo olvidó Alfonso Reyes. Su obra, en vez de alejarlo, lo acercó más a los
hombres, porque entendía que ejercía su propio oficio con:o
una forma de convivencia. No con altivez, pero sí con humildad, es decir, sin egoísmos de ninguna naturale'2a. Entregado a su vocación, fue ajeno a las torres de marfil y al soliloquio estéril porque escribió para los hombres. Su obra fue
un constante dialogar que lo llevó hacia todas las direcciones,
y por eso la función de sus múltiples aspectos, el de ensayista,
poeta, cuentista o historiador, humanista en una palabra, se
explica y entiende coherentemmte como un querer entender
el mundo.
Monterrey, México, París, Madrid. El círculo se ensancha. El peregrinaje lo va enriqueciendo, mostrándole los huecos y relieves de la existencia, su anverso y su reverso. En sus
4. - El suicida. 2a. edición, Tezontle, México, 1954, p. 129. Tomo III de sus

Obras completas, p. 2S9.

Alfonso Rangel Guerra

11

libros podemos encontrar textos breves que se asemejan meros
pasatiempos. Pero como en los cuadros de los pintores flamencos, que asombran al espectádor por el lujo de los detalles
y la minuciosidad con que se han realizado los diversos planos
que los componen, dando la misma importancia a los personajes u objetos principales y a los que en la perspectiva se
encuentran más alejados, en la obra de Alfonso Reyes se
acusa el interés por el. detalle sin que esto venga a perjudicar
al conjunto. Todo lo contrario. Esta perfección lo enriquece
porque lo conduce hasta el plano que le intei:esa, donde las
cosas y las palabras que las describen no valen ya sólo por sí
mismas, sino como elementos de una vasta arquitectura. que
no se r ehuye al ojo observador. En un texto de sus "H,oras
de Burgos" parece que quisiera entregarnos la intención · pe
la observación: "Olvido la historia de la ciud&amp;d. Pido el secreto al sentido de la orientación. Los pies, vagabundos, me
traen y llevan, y voy descubriendo con los ojos íntimas conexiones: -El mendigo empotrado en el pórtico, que acabó
por convertirse en santo de granito a fuerza de lluvias y
fríos.-La paloma adorqlilada en el arco del Sarmental, donde
la sal del muro poco a poco digirió su alma ligera, dejándola
forma quietísima.-El vertebrado fabuloso que· se desecó, dragón de la historia, vuelto escalinata de las calles irregulares.Una selva primitiva, con primitivos hombres velludos a la
entrada de la capilla del Condestable, hechas pilares las 'raíces
de antaño, y toda la selva alzada en vilo y reducida a miniatura mediante una rara química de la piedra : paraíso de
follaje y pájaros vistos por el revés del anteojo".5 El texto
corresponde al trozo titulado "Metamorfosis", y nos podría
servir de orientación para pesar el justo valor de esos pasajes
en la obra de Alfonso Reyes, cuando parece que el detenerse
en el detalle es sólo preciosidad del escritor. La palabra ha
transformado esas piedras, les ha modificado su naturaleza
atribuyéndoles los orígenes que acabamos de ver. Es decir
ha realizado el milagro poético donde sólo había estatuilla~
y escalinatas envueltas en la pátina del tiempo. Sobre el
peq'?-eño d~talle se lrvantan estas visiones maravillosas que
conJugan imagen y lenguajr.
Pero el contacto con el Viejo Mundo no ha roto las amarras que_ lo ligan a sus orígenes. En 1914, durante su época
de l\fadr1?, escri~r la magnífica Visión de Anáhuac, libro que
ha !11erec1do var~as traducciones a diversos idiomas y su aplieamón, rn la Umversidad de París, para utilizarlo como texto
5.- Las v ísperas de España, Sur, Buenos Aires, 1937, pp: 80-81 . Tomo II de
sus Obras completas, p. 102.

�12

Alfonso Rangel Guerra

La Odisea de Alfonso Reyes

en la Aoréoation d'Espagnol. Con una prosa que delata todas
las riqu~za: que habnaban el espíritu de A~fon~o Reyes, no~
va describiendo el mundo indígena que la historia se encargo
de destruir, nos presenta los matices y colo:es_ de la !lora
mexicana y la naturaleza de nuestro suelo, victima de mnumerables transformaciones. Sólo el amor por su país, por su
cultura y las raíces autócto~as que_ ~~ hincan ~n. el pas_ado,
pudieron dictar esta maravillosa vision del Mexico antiguo
que recibe al conquistador, texto en el que brotan_ a ca~~ momento largos pasajes que recrean, con un lenguaJe poet1co Y
evocador los elementqs de la naturaleza y los dones que
prodigar~n al pueblo vencido. Así estas líneas_, qu~ !esume~
el proceso histórico que se desarrol~a en la _altlplall:icie ~e;Kicana: "En aquel paisaje, no desprovisto de c1~rta a~is~ocratica
esterilidad, por donde los ojos ye~r~n con discermll:l!ento, !ª
mente descrifra cada línea y acaricia cada ondulac10n; ~aJo
aquel fulgurar del aire y en su general fr~scura y placidez,
pasearon aquellos hombres ignotos la ampha y ~edi~abunda
mirada espiritual. Extáticos ante el nopal del agmla Y la
serpiente -compendio feliz de n~estro camp_o- oyeron la
voz del ave agorera que les prometia seguro asilo so?re aqu:llos lagos hospitalarios. Más tarde, ~e aq~el palafito ha_bia
brotado una ciudad, repoblada con la mcu_rs1ones de los mitológicos caballeros que llegaban de las Siete Cuevas -;-cuna
de las siete familias derramadas por nuestro suelo. Mas tarde, la ciudad se había dilatado en im~eri?, y el r_uido de una
civilización ciclópea, como la_de Babilo~ia y Egipto, se prolongaba fatigado hasta los mfaustos dias de Moctezuma el
dolient/ Y fue e~tonces cuando, en envidiable hora de aso~bro traspuestos los volcanes nevados, los hombres de Cortes
("polvo, sudor y hierro") se. asom~ron sobre aq1:el ,,o¡be de
sonoridad y fulgores -espacioso circo de montanas . Esta
Visión de Aná.b.uac, de prosa elegante que recrea el pasad?,
encontrará siempre lectores que sepan encontrar en sus paginas, junto a la belleza del lenguaje, 1~ inclinaci?n del autor
para descubrir las excelencias de la tierra mexicana.
El servicio diplomático lo condujo, en 1927, al continente
americano. En Argentina y Brasil cumplió Alfonso Reyes
una fecunda misión de acercamiento con los países hermanos.
N O sólo como Embajador; también como escritor realizó las
funciones de la amistad hispanoamericana, tan necesitada de
estos hombres dispuestos al diálogo de los pueblos. Apa:te
de su "Correo Literario" ' ( que tituló con el nombre de la crn6.-Tomo II de sus Obras completas, p. 17, Fondo de Cultura Económica,
México, 1956.

t
•
,,..

13

dad que lo vió nacer y llevó a todas partes la efigie del Cerro
de la Silla, dibujada por su propia mano), con el que acortó
distancias y pudo seguir manteniendo el contacto con escritores de ambos continentes; aparte de sus libros, que siguieron publicándose con el mismo ritmo que los de la época europea, cumplió el alto ejercició del acercamiento y la amistad
por el entendimiento. Su tarea, la que llamaba en los poemas
juveniles, la que inició con los primeros. escritos, esa tarea
que se mantuvo viva en la intención y siguió practicando en
París y Madrid, no lo abandona en Hispanoamérica. La fraternidad no se la imponía el cargo diplomático, era su propia
naturaleza la que lo guiaba. México ganó entonces en el conocimiento de los países americanos gracias al Embajador
que utilizaba, además de la vía diplomática, la vía cultural.
Pero las mejores causas reciben siempre críticas gratuitas, y
Alfonso Reyes se vió obligado a aclarar situaciones y a justificar lo que no necesitaba ser justificado, porque desde su
propio país se le acusaba de alejarse de la literatura mexieana, de dar la espalda a las manifestaciones culturales de
su tierra, de ocuparse de Góngora y del Cementerio marino
de Paul Valéry, de desvincularse de México. Entonces Alfonso Reyes contestó este ataque en A vuelta de correo, fechado
el 30 de mayo de 1932, escrito con la pena que provocaba fa
incomprensión, herido aún por las acusaciones indebidas, pero
sin desbordar ni dejarse llevar por la indignación. Solamente
pone las cosas en su lugar y muestra lo que ha hecho por
México. Defiende la universalidad y protesta contra las puertas cerradas que no quieren ver el exterior. En su larga
defensa deja trozos que podrán utilizarse como guía y orientación; así éste que distingue entre "universal" y "descastado": "¡, Qué tendremos los mexicanos que no podemos ir a
donde todos l os pueblos van 1 ¡, Quién nos impide hurgar en
el común patrimonio del espíritu con el mismo señorío de los
demás Y ¿ Quién, en Cuba, en el Brasil, en la Argentina, echa
en cara a los escritores el tener autoridad, digamos sobre el
tema de Maquiavelo, la antigua Grecia, las moneda; romanas
o el culto errabundo de Astarté durante el pasado siglo? No
y mil veces no: nada puede sernos ajeno sino lo que ignoramos. La única manera de ser provechosamente nacional consiste e1:1, se_r generosamente universal, pues nunca la parte se
entendio
.,
. sm el todo. Claro es que el conocimiento' la educac1on, tienen que comenzar por la parte: por eso 'universal'
nunca se confunde con 'descastado' ". 7 La acusación no lo
desvió de su camino. Por el contrario, su respuesta hizo reca7.- La X en la frente, Porrúa y Obregón, México, 1952, pp. 56-57.

�14

La Odisea de Alfonso Reyes

pacitar a aquel a quien iba dirigida, rectificándose en un
artículo posterior. Alfonso Reyes siguió trabajando por México a su manera, la más inteligente y de mayor trascendencia, encargándose el tiempo de comprobarlo.
Regresó a México en 1939. Ahora sí era la estancia definitiva. Los viajes y los países quedaron en el recuerdo, como
había quedado en el recuerdo aquella imagen de México que
se grabó en el corazón del joven que abandonó las costas
mexicanas en 1913. Ahora volvía a la patria. Se inicia
la última etapa, la más fecunda, que se desenvolverá en la
"capilla alfonsina" de su casa en las calles de Benjamín Hill.
Veinte años van a transcurrir desde este arribo definitivo a
su querido México, hasta su partida en los últimos días de
1959. Más de treinta libros recogen el trabajo de sus últimos
veinte años. Repartirá su tiempo entre la dirección del Colegio de México, la cátedra anual del Colegio Nacional y su
biblioteca, el rincón preferido de donde surgían sus libros
uno detrás de otro, en marcha ininterrumpida. Esta es la
etapa más fecunda, pero también la de las obras macizas qur,
revelan al escritor que había alcanzado la cúspide. Desde
esta altura pudo construir los libros fundamentales, que se
destacan entre toda su producción por su solidez y su valor
de obras de profunda investigación. De un lado, los libros
sobre la Grecia inmortal; del otro, los libros sobre la teoría
literaria y sus problemas. Una obra más debe ingresar ,•n
este cuadro de los grandes libros: la Trayectoria de GoF-the,
estudio lúcido de una personalidad que obliga a estudiarla
siempre en movimiento. Y si recordamos el contenido de su
primer libro, Cuestiones estéticas, veremos que no traicionó
sus inclinaciones, sino que las mantuvo y alimentó hasta el
C'recimiento que demuestran La crítica en la edad ateniense,
La antigua retórica, La experiencia literaria, El deslinde y
últimamente La filosofía helenística. Estos libros forman la
columna vertebral de la obra de Alfonso Reyes, porque rPCOgen su pensamiento y las experiencias de toda una vida derlicada con amor a las letras.
La "Noticia" que abre el último de estos libros, fechada
en 1954 aunque hace apenas unos meses que se publicó, explica cómo nacieron dichas obras por necesidades internas mutuas. De La crítica en la edad ateniense (1941) nació La antigua retórica (1942), y ambas fueron previas a El deslinde
(1944), como esclarecimiento forzoso. De esta armazón nace
también el libro que incluye la noticia que nos informa, y de
El deslinde han brotado nuevas investigaciones que andan en
publicaciones y revistas. ¿ Se ve el capricho del autor en esta
relación que acerca e identifica sus grandt&gt;s obras~ Por el

Alfonso Rangel Guerra

15

contrario, es que trabaja impulsado por esas necesidades de
estructuración. "No nos resignamos -dice Alfonso Reyes en
la misma "Noticia"- a estudiar los objetos de la cultura como objetos aislados. Necesitamos sumergirlos en los conjuntos históricos y filosóficos de cada época. De aquí nuestras
aparentes audacias. Lo son solamente por venir de un estudiante que ha pasado ya los sesenta años, y todavía reclama
el derecho juvenil a seguir leyendo, tomando notas y organizando sus lecturas". 8
El deslinde, a quince años de distancia de su publicación,
permanece todavía solitario denti:o de la bibliografía hispanoamericana sobre problemas de teoría literaria. Sigue siendo en su género hasta ahora, la investigación más completa
que ha realizado el pensamiento en América Hispánica. Es
necesario penetrar en sus páginas para poder apreciar las dimensiones de este escritor, que asombra por la familiaridad
con que se mueve en la literatura universal, en las literaturas
nacionales y en cada uno de los autores y obras que utiliza
para aclarar sus afirmaciones y robustecer sus argumentos.
Estos "Prolegómenos a la Teoría Literaria" (El deslinde es
sólo el comienzo para el desarrollo de una empresa más vasta),
ordenan en tal forma el camino para entender el fenómeno de
la literatura, que nadie puede perderse en sus claridades. Una
claridad sin contaminaciones, aunque en sus páginas vayamos
aprendiendo cómo se contaminan las formas del pensar, y
cómo la literatura puede encontrarse donde menos se le espera. Libro claro pero que no se entrega fácilmente, tiene la
virtud de establecer colindancias precisas donde muchos sólo
prohíjan las confusiones y el mal entendimiento. El pensamiento ordenado por el pensamiento, es la labor que cumple
este libro. "Ya, a lo largo de una vida consagrada a las letras
-di?e Alfonso Reyes al terminar la segunda parte de El
deslinde- nos han sobrado ocasiones para cantarlas con acento más placentero. Aquí no era caso de cantar sino de definir". Creador de la literatura, pudo ser también uno de sus
más estrictos investigadores. El fenómeno no podía escapar
a su curiosidad insaciable. Su esfuerzo por limpiar de estor•
bos los ámbitos de la teoría literaria lo colocan junto a los
grandes pensadores. Y en América, donde se cae con frecuencia por las pendientes que conducen más fácilmente a la
literatura, el producto de sus estudios muestra lo que significa la permanencia vigilante del pensamiento.
Los últimos años los pasó preparando y corrigiendo la
8.- La filosofía helenistlca, Breviario No. 147 del Fondo de Cultura Econó-

mica, México, 1959, p. 8.

�Alfonso Rangel Guerra
16

17

La Odisea de Alfonso Reyes

edición de sus Obras Completas, de las que alcanzó a ver los
primeros diez tomos. Este trabajo agotador le dejaba todavía
tiempo para escribir la Historia documental de mis libros, que
llegó a tratar hasta el año 1924 en publicación, y quizá la
épocas posteriores en trozos todavía inéditos. Y semana tras
semana, desde el 30 de mayo de 1954, nos regalaba sus Burlas
veras, pequeños trozos en los que se mezcla la erudición y la
anécdota memorable, el juicio breve y la inquietud cotidiana,
y que poseen más, mucho más de lo que a primera vista parece. En estas 224 gotas de buen decir y buen pensar (más
obran quintaesencias que fárragos, dice el epígrafe de Gracián al frente del primer ciento publicado), será necesario
rastrear muchos caminillos que cqnducen, sin duda alguna,
al camino principal, a la vía anchurosa del pensamiento de
Alfonso Reyes. ~orque aquí él dejó mover libremente la alegoría, el cuento a veces zumbón y a veces con el sabor de las
viejas fábulas, o bien la dilucidación de problemas eternamente viejos o nacidos ayer. La fórmula de la condensación,
frente al tiempo que corría implacable y destruía silenciosamente el corazón herido, era una solución y un escape para
todas esas ideas que acudían a su cerebro. "¡ Oh gustosa continuidad! -dice en la última de estas sabrosas minucias9Cuando se vive en trato con la pluma, la sola armonía de la
vida comunica al trabajo una coherencia más legítima que la
de los sistemas artificiales buscados -Y sin remedio- siempre algo 'traídos de los cabellos'." Sólo tienen derecho a
afirmar esto aquellos que han vivido una larga vida entregada a las causas noble, y a Alfonso Reyes no se le puede
negar ese derecho porque sus setenta años los vivió en la
causa noble de la cultura. Ese "trato constante con la pluma"
quiere decir, en definitiva, trato constante con los hombres.
En 1957 fue nombrado Presidente de la Academia Mexicana de la Lengua, y no faltó quien entonara entonces las
mismas quejas de antaño porque su discurso trató sobre la
Grecia antigua y n1:i sobre México. Robert Escarpit, el hispanista francés, explicaba la insistencia por un fenómeno que
llamó de la "fijación literaria", endurecimiento del mito; pero
le oponía, en compensación, otro fenómeno, el de la "traición
creadora"; y ejemplificaba con el inglés Swift, amargo y pesimista, que llevaba escondida una naturaleza secreta que lo
convirtió con el tiempo en un autor para niños. El tiempo
también se encargará de despejar el horizonte para poder v er
9.- "La malicia del mueble" No. 224, publicada en Vida Unlve-sitarla,

Monterrey, 23 de diciembre de 1958, No. 457.

en toda su magnitud la obra cultural de Alfonso Reyes, donde
se abrazan México, el Continente Americano, el Viejo Mundo
y la cuna de la Civilización Occidental. Entonces se descubrirán muchos de sus aspectos que todavía no acaban de salir
a la luz.

La odisea ya terminó. Terminaron las notas, las lecturas,
los libros. Se cierra el periplo que fecundó durante más de
cincuenta años las letras mexicanas y la pluma se ha quedado quieta, ausente su sabio animador. Deja más de ciento
cincuenta libros y sus archivos llenos de cuartillas inéditas
que ocuparán todavía muchos volúmenes. Si alguien dijo hace
algún tiempo que tuvimos el privilegio de ser sus contemporáneos, diremos ahora que nos queda la responsabilidad de
haberlo sido, porque las generaciones que. convivieron con
Alfonso Reyes son las que deben medir sus dimensiones y la
herencia que deja para México. Recordemos este soneto, en
el que resume el mexicano universal la verdad que aprendió
de Homero:

La verdad de Aquiles
Si me preguntas lo que yo más quiero,
te diré que se muda con el día
y que lo va llevando el minutero
y el curso de las horas lo desvía.
No es inconstancia, no : la suma espero,
el desenvolvimiento y la armonía
que prestan atención al derrotero
en una espiritual geometría.
Mas si preguntas lo que yo aborrezco,
en una sola frase te lo ofrezco
que recogí en los labios del Pelida:
"pensar y hablar dos cosas diferentes",
miedo del mundo, engaño de las gentes,
menoscabo del arte y de la vida.
Monterrey, N. L., enero de 1960.

�Alfonso Reyes Aurrecoechea/ ALFONSO REYES,
ENTRE BURLAS VERAS *

Señoras y señores :

..

Gracias sean dadas, ante todo, a las personas que dirigen
la institución Arte, A. C., que tantos aciertos han tenido en
el curso de sus actividades artísticas y culturales, particularmente al joven y talentoso actor don Rubén González Garza,
por haberme invitado a este breve curso de conferencias de
homenaje a don Alfonso Reyes. Aunque mi modesta personalidad no está a la altura de quienes han venido y vendrán
a cumplir este delicado encargo, trataré de dar un esbozo de
este extraordinario humanista recién desaparecido, valiéndome de las mismas líneas que él trazó con admirable sabiduría
y magisterio impar.
Hablar de Alfonso Reyes no es fácil. Es necesario conocer su obra, haberla seguido y disfrutado plenamente en toda
su singular significación, porque Alfonso Reyes no es un
caso producido al azar, ni fruto sazonado ocasionalmente,
sino una personalidad forjada a lo largo de una vida que
siguió paso a paso, sin flaquear un instante, sin perder el hilo
de la vocación, todos los vericuetos de la existencia humana.
Su presencia está en todas partes, porque fue insaciable su
curiosidad intelectual, porque su destino fue conocer cuanto
interesa y concierne al hombre .
De manera que en este humilde recorrido por Alfonso
Reyes, que emprenderé con la ayuda benevolente de quienes
me escuchan, no encontrarán los eruditos o los estudiosos de
la obra de este mexicano ejemplar, algo nuevo o ideas nuevas.
Demasiado sé que mi modesta disertación no vuela muy alto,
porque limitada es mi capacidad, limitadas también son las
* Conferencia pronunciada el día 20 de enero de 1960 en la Institución
ARTE, A. c., en el homenaje organizado en memoria de D. Alfonso Reyes.
-19-

1

'

�20

Alfonso Reyes, entre Burlas Veras

fuerzas intelectuales que me son fieles.
En el mes de mayo próximo se cumplirán setenta y un
años del nacimiento de este claro varón regiomontano. El
mismo lo ha dicho :
"El 17 de mayo de 1889, cerca de las nueve de la noche,
la plazuela de Bolívar respiraba músicas a plenos pulmones.
Es la mejor época del año. Toda la tarde se han arrullado
las tórtolas. En las afueras de Monterrey pulula la caza menor, y se oyen a lo largo del día los tiros de los cazadores.
Uno tras otro, andan de cuartel en cuartel los toques de retreta y de rancho. Y el de silencio echará a volar hacia las
diez• tan temprano todavía que da a la vida del soldado una
castidad conventual, o una prematura quietud de gallinero".
La cita es de antología; como en un espejo se reflejan lo~
matices de aquel Monterrey que arrullaba, en las noches, el
sueño de sus esforzados hijos. Pero dejemos que termine el
poeta:
"Los novios aún no habían tenido tiempo de acabar sus
recriminaciones y disculpas; aún no se dormían los viejos
en los bancos• los vecinos apenas arrastraban la silla desde
la acera de su' casa hasta la plazuela; todavía los chicos, sueltos a media calle, se divertían con la borrachera de los moscones que caían bajo los faroles de petróleo, aturdidos y removiendo las patas; y los muchac~os mayores -como aún no
era hora de recogerse- emprendlan la pelea de trompos frente a la puerta familiar. Cuando la música se suspende de
pronto, dejando subir infraganti,. el ruido animado de la
charla y el sordo deslizar de los pies. Los maestr_o~ enfundan
a toda prisa sus cobres, y corre una voz supersticiosa: en la
casa del Gobernador militar -al término de la plazuelaacaban de cerrar las ventanas como cuando viene tempestad.
Nada: es Lucin, huésped inapreciable. Y el director de orquesta interrumpe, deferente, la serenata.
"Son las nueve dadas. Yo abro los ojos, y lanzo un chillido inolvidable".
Ha nacido el poeta, el escritor, el ensayista, el crítico y
el creador de ficciones literarias más distinguido y fecundo
de nuestros días. Las letras le entraron con el alfabeto. Sus
primeros versos fueron consagrados al sol y al arco iris. La
belleza será para él una diosa a la que rinde culto perenne
por virtud de esa serena gracia de la sabiduría que ha conquistado al galope de una vida que ha discurrido por todas
las latitudes. Pero, dirá, "el arte de la expresión no me apareció como urr oficio retórico, independiente de la conducta,
sino como un medio para realizar plenamente el sentido humano". Ideal y conducta unidos indisolublemente en una leal-

Alfonso Reyes Aurrecoecbea

tad a 1~ vocación que es paradigma de devoción para las
generac1one_s presentes y futuras.
S?s pr1:°eros estudios los realizó en esta ciudad en el
~oleg10_ Bolívar! a, la vera de don Emilio Rodrígu~z, ue
era, d~ce, un .Jardm ameno donde las disciplinas escola~es
se ensenaban sm texto. ¡ Qué contraste1 su clase con las ue
me aguardaban en el Liceo Francés de 1\féxico 'U'
1 qR.
bera d Sa C
1
' a a en a i, . e ~ . ~sme, en un. ugar donde hoy se abre una calle!"
::\las tarde m1c1a los estudios preparatorios en el Col ,,· C' 1·1
del Estado, donde el ingeniero Francisco Beltrán lee~~~st~~ a
los cuade~no_s con las novelas da Julio Verne. Luego, en la
Escuela_ Nacional Preparatoria y en la Facultad de D
h
de la ciudad de M:éxi~o,. donde obtiene su título profee~:~a~
de abogado el 16 de Julio de 1913.
,,Pero .~u. iniciac~ón en las letras figura en "El Espectad?!' , per1od1co r~g1omontano dirigido por don Ramón Treel 28 de noviembre de 1905, con tres sonetos intitulados
a Duda". Tantos años de lealtad a una vocación se dicen
pronto; a lo largo de la existencia, en que asaltan de pronto
muumer~bles s~rpresa~, ya el alma da cuenta de los saldos
que arroJa la eJecutoria. En esos años de esfuerzos ejemplares, Alfonso Reyes acumuló títulos y acarreó montañas de
p~labras. Lo_s temas van apareciendo "al paso del alma segun va la vida".
'
En las aul_as universitarias inició, en compañía de amigos
frate~nos que igualmente han dado lustre al país, una actividad mtelect?al que resultó fecunda: el Ateneo de la Juven~d. ,Antoru~ Caso, José Vasconcelos, Isidro Fabela, Carlos
onz~lez Pe°:a, Ped~o Henríquez Ureña, Enrique González
~Iar~mez, J1;1ho T~I_'rL . . Reyes se singulariza entre ellos por
s? fm~ sent~do :1:itico, por su erudición, por su vasta cultura
literaria Y f1losof1ca. Por esa época pronunció su conferencia
sobr~ M:an~el José Othón y su estudio sobre el paisaje en la
poes1a ~~xicana. ~os originales de su primer libro Cuestiones E~tet1cas_, escrito a la edad de 20 años, fueron' enviados
a ~aris a la 1m~renta de Ollendorff, que era una de las casas
editoras
c· '
· para
· · libros
d en español. Cuestiones Esté't1·cas apare1~ ~ pr1~c1p1os e 1911, _según ha declarado su autor en un
bre, e arhcul? sob:e _sus libros, y al recibirlo en México, tuvo
que mandar 1mpr1m1r cuatro páginas de erratas.
~n dicha obra, que muchos han reputado clásica por la
prop1_edad Y elegancia del lenguaje, por su robusto mensaje
espmt1;1~1 Y por su fina percepción de las ideas, Alfonso Reyes ~eJo tratados los temas que posteriormente han sido sus
pre?1lectos: la literatura g~iega, Goethe y su obra, y sus estudios sobre la cultura mexicana. Francisco García Calderón,

~tº•

,.

21

�22

Alfonso Reyes Aurrecoecbea

Alfonso Reyes, entre Burlas ,.eras

el joven prologista peruan?, afir~aba: ~Alfon~o Reyes es. un
efebo mexicano. Apenas tiene vemte anos. Solo el en~usiasmo traduce en este libro su edad. No son dones de to~a Juventud su madurez erudita y su crítica penetrante. Tiene c?-1tura vastísima de literaturas antiguas y modernas, anahza
con vigor precoz y estudia múltiples asuntos_ con la ?ndulante
curiosidad del humanista. . . . Ama la cla:ida~ grie~a Y el
simbolismo oscuro de Mallarmé; sabe del mqmeto Nietzs_c~e
y del o.límpico Goethe; comenta a Be:nard Sh~w Y al vieJO
Esquilo. No es el vagar perezoso del diletante, ~mo las e~apas
progresivas de un artista crítico, si est~~ _calidades criti~as
no son una paradoja. Penetra con el anahsis, pero no o}v~da
la intuición vencedora del misterio. . . . Su prosa es artist~ca
y a la vez delicada y armoniosa. Ni lenta, como en_ sa:lnos
comentadores ni nerviosa, como en el arte del periodista.
De noble cuñ~ español, de efica~ precisió~i, de eleg_ante. c,;1rso,
como corresponde a un pensamiento delicado y smuoso .
Contrajo matrimonio con doña Manuela M. de R~yes Y
nació en 1912, su hijo único: Alfonso. Profe~aba la catedra
de historia de la Lengua y Literaturas espanolas en la E~cuela Nacional de Altos Estudios, de la que era Secretario
y profesor fundador, hasta el año de 1913, por el ~es de
febrero, en que murió su padre, don Bernardo. L_~ vida mexicana se sacudía con los estertores de la Revoluc10n. ~lfonso Reyes fué nombrado seg~~º secr~tario. de la, 1!egacfi°n _de
México en Francia y principió su vida dlplomatica. . Qms~
poner el mar de por medio -ha _dicho-, para s~rvir a mi
vocación y eludir la vendetta mexicana. Me negue a ser esclavo del odio". No cabía el resentimiento en este pod~roso
espíritu predestinado a ~olar ,fºr e1;1c~ma de. l~s rr:ezqumdades y pequeñeces de la vida. He vivido -dira mas ,t~rdeen una época muy agitada para ~l mundo, para Mexico, ?
mi familia fue herida y afectada smgularmente por esta agitación. Estoy contento de haber salvado mi vocación. Esta
ha sido la norma moral de mi vida, y me ha curado muchos
dolores y me ha evitado vivir entre pasione~ _inú!iles ! ,de~trnctoras. Y o creo que, para todos, la vocac10n tiene 1denticos efectos, cuando se le es fiel".
En París se unió a los grupos intelectuales más si~nificados. En el extranjero nunca olvidó a su patria. Sien~o
Ministro en Francia pronunció, en francés, una con!erencia
en la Facultad de Derecho y Letras de Lyon con el titu~o de
"Simples Remarques Sur Le Mexique"? e?- la que ?escribe,ª
la patria con galanura, amor y conocimient_o. -:A-lh aparecia
nuestro paisaje, iluminado con imágenes h~:pias y ~laras,
nuestros campos bronceados por el sol, los aridos desiertos,

...

,.

23

nuestras playas, el perfil audaz y tajante de nuestras sierras
· el carácter de nuestras gentes y nuestras cosas. Y la crític~
lo saludaba con admiración cordial. Genaro Estrada en aque,
11a e~oca,
expresaba: " Reyes es un talento poderoso ' y el espítu mas alto Y de mayor fuerza dinámica. No es precisamente
un precoz, pero el conocimiento que ha atesorado a su veintitrés años, corresponde al que atesoran, por lo general, los
hombres de letras de nuestras Américas al llegar a la mitad
de la vida".
Viene luego la época de España, desde fines de 1914.
~s a~ogido con viva simpatía, se consagra al trabajo literario, rngresa al Centro de Estudios Históricos de Madrid en
la sección de Filología, Centro que está dirigido por don
Ramón 1\'Ienéndez Pidal, en compañía de los demás miembros
de esa misma sección: Américo Castro Tomás Navarro Tomás
Federico de Onís, Antonio G. Solalinde y colabora activamen~
t~ en la Revista de Filología Española. Se consagra al periodism~. _Alfredo Car~ona Peña, el notable poeta constarricens~ asimilado a México, en un artículo publicado en "El Nac~onal", en 1948, afirmaba " ... don Alfonso no puede escribir
s1 n? es ,~obre un escritorio, con gran silencio y recato del
ambiente . El maestro, recordando, sin duda sus años en
España, de_ ~~tividad extraosdinaria -¿cuál' época no lo
f~ie ?-, escribio a Cardona Pena una carta, en uno de cuyos
p_araf~s le .decía: " ...permítame una información: no necesito, aislam~ento ni soledad para escribir. Mis amigos saben
que desde Joven me acostumbré hacerlo sobre las rodillas en
l~s banc?s de la Preparatoria. Lo hago en el auto, en el tranvi~, lo hice a c~ballo. He sido periodista muchos años en Ma·drid, no lo olvide. Tampoc?' ~e gusta aislarme de mi gente,
Y muchas veces estoy escribiendo entre la charla familiar
Y a me _ha sucedido el caso napoleónico de dictar varias cosa~
a un tiempo, en los . co~gresos internacionales, etc. El que
a~ora tenga yo u~ ri~con de soledad, tampoco me aisla de
mis constantes obligaciones en la calle y en mil lugares. y le
a~eguro que cuando no escribo con la pluma, ando compomendo de memoria".
De esta época son El Suicida, ensayos; Visión de Anáhuac, que mu~hos han conside~·ado lo mejor de su prosa y
de la que Jose Alvarado ha dicho que está "levantada con·
diáfa~1os ladrillos .que son cápsulas de luz"; y Cartones de
~adnd, que son impresiones de España, escritas con estilo
mcomparable y lúcido; y más tarde, los cinco tomos de "Simp~tí~s Y Dife~encias". Son sus años ~e plena carrera diplo~atica. Los titulos se suceden uno tras otro 1 re()'istrando su
mgente tarea espiritual: Retratos Reales e Imaginarios, El

�.llfonso Reyes Aurrecoechea

Alfonso Reres, entre Burlas Veras

El deslinde (1944), obra mucho más considerable de lo que
da a entender el subtítulo: Prolegómenos a la teoría litera.-

Cazador, Calendario, Cuestiones Gongorinas, Discurso por Virgilio, que surgen de sus incansables estudios sobre la literatura, y que le han dado carácter de pensador universal.
En Buenos Aires publica su Correo Literario, con el nombre de "Monterrey", y lo continúa en Río de Janeiro, entre
los años de 1930 a 1937, hojas que tienen el carácter de noticia bibliográfica y correspondencia literaria. De esa époc:.:.
es A Vuelta de Correo, Atenea Política, Tren de Ondas y su
Voto por la Universidad del Norte, en el que aboga por Ja
creación de nuestra Casa dt&gt; Estudios y se declara "el má.'i
modesto industrial nacido a los pies del Cerro de la Silla,
aquel que elabora palabras, eso sí, palabras sinceras". Ha
cumplido ya una labor diplomática digna del mejor. "El escritor -dice José Aharado- le ha hecho lugar al diplomático y Alfonso Reyes cumple con exceso, decoro y fulgor,
la misión mexicana en todos los sitios; pero el diplomático
no ha vencido, mutilado ni cansado al escritor. Escribe con
el brazo derecho y cumple los deberes del servicio exterior
con la mano izquierda, la clásica manera de hacerlo. Pero es
la suya una diplomacia nueva y viva, buscando, como él mismo dice, la respiración internacional de México. Entonces
l\léxico hacía diplomacia t&gt;n América. Y de la buena".
Termina su carrera de diplomático e inicia una nueva,
la del escritor entregado plenamente a sus fecundas labores,
y México entero ha sabido de sus libros, que ya pasan de los
ciento cincuenta títulos, en los que va recogiendo su sabiduría y lo mejor de su espíritu para regalo de todos los lectores
del mundo, pues ha sido traducido a numerosos idiomas, y
esto es lo que le presta carácter de universalidad a su obra
de escritor.
"No es hiperbólico decir -asienta González de M.endoza
en el prólogo a Verdad y Mentira- que nada en el espacioso
campo de las letras le es ajeno. En su obra hay poesías de fina
sensibilidad y exquisita forma; cuentos originalísimos; un
bello comienzo de novela; un noble poema dramático; doctos
prólogos a ediciones por él anotadas y comentadas del Arcipreste de Hita, Ruiz de Alarcón, Lope de Vega, Góngora,
Quevedo, Gracián, Antonio de Fuente la Peña y Fray Seryando Tert&gt;sa de Mier, amén de una versión en prosa del Poema del Oi.ci, y de traducciones de Chesterton, Sterne, Stevenson,
Cbejov, etc., a las que pronto añadirá la de las primeras rapsodias de la Ilíada. Dirigió la edición de las Obras completas
de Amado Nervo. Pero principalmente forman su valiosa
producción ensayos de perspicaz análisis. Varios de ellos -tales sus admirables libros sobre la cultura helénica: La. crítica.
en la edad ateniense (1941) y La antigua retórica (1942), o

25

•

ria-, por sus proporciones y su contenido de doctrina, llegan
a la categoría de tratados".
Durante sus prolongados años de servicio diplomático
tuvo ocasión de viajar por numerosos países; pero nunca
abandonó su interés por el conocimiento y el estudio de los
problemas mexicano . :\Iéxico es, en él, el punto de arranque
ele su espíritu, su raíz es una honda rafa mexicana y, guiado
por su amor entrañable a su ciudad natal, ha dicho, en una
declaración especialmente hecha para "Vida Universitaria",
cuyo original figura en las paredes de la rectoría de la Uniwrsidad : " 6Quién dijo que yo be vivido lejos Y Un invisible
cordón ataba mis plantas en todos mis pasos errabundos.
Dondequiera y siempre que he cerrado los ojos, he vuelto a
Yer a )Ionterrey. He seguido sus vicisitudes, me he asociado
a sus victorias. La promesa de la Universidad del Norte no
me encontró mudo, y desde las faldas del Corcovado, en el
Brasil, envié mi mensaje de esperanza hasta las faldas del
Cerro de la Silla. A cada rato el nombre de mi Monterrey
saltó a mi pluma. Lo he asociado a mis campañas de mi
escrit?r: lo_ he difundido en mi Correo Literario por los centros hterar1os de todo el mundo. Me be esforzado porque mi
)~onterrey no sea un punto muerto en la mente de algunos
distantes trabajadores del espíritu. En mis horas de soledad
y de duda, pedí consejo a las direcciones de infancia que en
)Ionterrey se criaron y se nutrieron. Puedo decir' en suma,
que nuestras "montañas épicas", son el fondo físico y el plano
de arranque de toda mi geografía del mundo".
No olvidaba a 1Iéxico: "Mis contribuciones -dice- a la
definición de lo mexicano están en todos mis libros". Y añade: 'Nada puede sernos ajeno sino lo que ignoramos. La
única manera de ser provechosamente nacional consiste en
st&gt;r generosamente universal, pues nunca la parte se entendió
in el todo" .
Y Federico de Onís, refiriéndose a este mexicanismo de
~\Jfonso Reyes, al declararlo "Mexicano Universal" 1 dijo estas palabras: "No nos extrañe, pues, ver a Reyes el mexicano
en sus andanzas fuera de su patria sintiéndose en todas
partes como en casa propia sin dejar de ser él mismo. El
como la X de México, es un punto de cruce de todas las cul:
turas qu~ ~n su espíritu se juntan y se separan al mismo tiempo, adqumendo nueva luz y sentido.
"Los temas desarrollados a través de su obra en muchas
formas div,ersas estaban ya con~e~_idos en su primer libro y
en las poes1as y ensayos que escr1b10 antes de salir de l\Iéxico".

�26

Alfonso Reyes, entre Burlas Veras

Muy dentro de mí mismo ha quedado el recuerdo del día
en que lo conocí. Había llegado yo a la ciudad de México, en
uno de tantos viajes, para tomar parte en nombre de mis
compañeros de esta ciudad, en una conferencia nacional del
magisterio. Nos pusimos de acuerdo para visitarlo en sus
oficinas de El Colegio de México, que entonces era La Casa
de España en México. Una sensación de curiosidad, de admiración, de asombro contenido, de emoción indefinible, me
envolvía ante la idea de conocer al ilustre humanista que,
por razones del destino y para honra de toda mi vida llevaba
el mismo nombre que yo. Cuando entramos a su despacho
Carlos Villegas hizo las presentaciones. Y o quedé al final;
al tocarme el turno, murmuré mi nombre y apreté su mano.
Tomamos asiento y recibí como una ráfaga agradable esa su
exquisita cortesía de la que él mismo ha dicho que constituye
"el mejor orgullo de la raza".
La conversación cayó en los últimos acontecimientos. El
descubrimiento de la bomba atómica, suceso de la época, le
hacía exclamar : "Ya no es la manzana ; es la píldora, la de
la discordia". Y nos contó luego una anécdota. Nos damos
cuenta de que don Alfonso hablaba como escribía:
'Durante mis años de Río me acompañaba una vez un
poeta extranjero extraordinariamente alto y delgado. Ibamos
caminando por una de esas calles bordeadas de palmeras que
desembocan en el mar. El poeta ponderaba lo agradable de
la brisa:
-¡,No cree, Alfonso, que es un raro deleite recibir en
nuestras cabezas la caricia de la brisa y de las palmeras ?
Y volviéndome hacia él le respondí, señalando el contraste de nuestras r espectivas estaturas:
-Hombre, mi querido poeta, no creo que pueda yo decir
lo mismo.
o o o o
En su Parentalia, escribe estas palabras conmovedoras,
llenas de ternura, dirigidas a su madre:
• "Tú me dijiste que nuestra verdadera patria es el cielo,
y el mundo, morada transitoria. Y yo, niño, no podía comprender tus lágrimas, cuando la pobre Eva nos fue arrebatada
a los tres años.
_-¿Porqué lloras :..._te pregunté-, si Evita está ahora en
el e1elo?
La voz de la sangre te hizo responderme:
- Una niña nunca está mejor que en el r egazo de su madre.
Y yo he comprendido poco a poco. Somos cosa tan deleznable, que hasta más allá del tiempo necesitamos que el hada
buena nos sostenga en sus brazos. De aquí el culto de las

Alfonso Reyes Aurrecoechea

27

Diosas Nutricias, principio materno que ruega por nos Y
nos ampara.
Muchas veces me pediste un libro de recuerdos; muchas
veces lo comencé, pero la emoción no me ~ejaba. C?n e~fuerzo me pongo a la obra, qu,e s~ me ha partido ~n yar1~s hbros.
y si ahora logro darle termmo -aunque m1 historia, _como
todas aparezca algo sollamada de leyenda-, esta serie de
volún'ienes será para ti. Tú ya no has de leer~os. Tampoco
los amigos de la fervo,r osa juventud! que han_ ido desapareciendo uno tras otro. Un raro apremio nos estimula. Lo presente se me aleja, el pa,sado me solicit~. Me .~flige pens~r que
estas memorias quedaran al cabo confiadas a las multitudes
desconocidas". Tú, que me guías siempre tan de cerca, ayúdame con la página de cada día y no me dejes caer . en tentaciones de mentira o renco-r. A ver, madre nuestra, si merezco de ti una sonrisa póstuma, desde el infinito seno donde
ahora descansas".
En 1945, México le otorgó el Premio Nacional de Art~s
y Ciencias y muy recientemente, le fue otorgad~ el prem10
de Letras '"Manuel Avila Camacho". En esa ocasión, al p~onunciar su discurso quiso, hablar a los jóvenes: "Yo también
.lo fuí -dijo-; y t~mbién luché y sufrí en el asalto a ese castillo de amor que es la poesía.
La adusta perfección jamás se entrega,
y el secreto ideal duerme en la sombra.
YO también me he quebrado alguna vez l a cadera contra
el Anael
de Dios. a lo largo de temerosas noches de duda
0
y desesperanza, para amanecer al día siguie1:,te con la sensación jubilosa de que la naturaleza toda al fm me entregaba
sus secretos. No me arrepiento de mi oficio, a pesar de sus
contratiempos y torturas. Todo halla compensaciones en el
júbilo de la creación. Este veterano que aq_uí os habla os
aconseja que persistáis. El don de admirar 1a b~lleza Y de
engendrar en la belleza es el más alto don concedido al ho~bre. Pronto he de recoger mi barco en la atarazana, y os deJo
esta palabra de aliento. Defended, contra las ~uevas barbaries, la libertad del espíritu y el derecho a las rnsobornables
disciplinas de la verdad. A mí me ha tocado llegar unos
minutos antes, sólo para abriros la puerta: a vosotros, bravos
cáchorros, alumnos inquietos de las Musas, a vosotr os el p orvenir y el triunfo".
o o o o
Por el mes de mayo &lt;le 1954; don Alfonso principió a
publicar en el semanario "Revista de Revi&lt;;tas", de la ciudad

�28

Alfonso Reyes Aurrecoechea

29

Alfonso Reyes, entre Burlas Veras

de l\Iéxico unas breves notas que intituló "Las burlas veras".
Estas se fueron acumulando e integraron un primer volumen,
con el primer ciento, editado por Tezontle, México, 1957. El
segundo ciento, creo que ya apareció o está por aparecer,
en volumen. ":Vida Universitaria", el semanario de esta ciudad
que está bajo mi humilde dirección, auspiciado por el Patronato Universitario, principió a publicar estas notas, contando
para ello con la anuencia del autor y del director de "Revista
de Revistas", don Carlos Denegrí. Se inició entonces una
correspondencia nuestra que sólo la muerte dejó trunca. En
ella figuran algunas cartas que, por su interés, deseo dar a
conocer a ustedes, en gracia a la personalidad de quien recibe
con tanta justicia este homenaje.
·
Al aparecer la edición dé "Vida Universitaria", que nosotros llamamos "alfonsina", por estar dedicada totalmente al
fecundo escritor, don Alfonso nos envió la siguiente carta:
"Querido tocayo :
Estoy abrumado, abrumado de gratitud, desde luego, pero
también de asombro. ¿ Cómo ha podido una cosa tan frágil
merecer una atención tan sabia y tan aguda de parte de ustedes 1 ¿De dónde sacan ustedes tamaño entusiasmo y las energías para crear lo que apenas existe1 No crea ~sted que le
hablo con una modestia convencional, no: le descubro mi corazón. Si hasta ho,y no hubiera tenido la suerte de recibir
una sola palabra de aprobación y de aliento, la "edición alfonsina" hubiera bastado para colmarme. Mi gratitud para todos
ustedes. Vale la pena haber vivido sesenta y seis años para
recoger, un día, esta impagable cosecha de buena voluntad.
Y siento que "cuando Apolo ardiente me llame" - como decía
Rubén- podré irme tranquilo, tranquilo de haber dejado una
siembra de simpatía en algunos hombres de corazón bien puesto, de haber dejado un estímulo a las vocaciones sinceras.
Muy cordialmente suyo. Alfonso Reyes".
En otra ocasión, puse la siguiente pregunta al final de
una de las cartas que ordinariamente le enviaba, sobre un
dibujito quil empleó en la tarjetita postal que me enviaba:
"¡,Puedo considerar como suyo el gracioso dibujo que figura
en la tarjetita que me mandó? A lo que contestó con estas
.interesantes líneas:
"Celebro que le haya llegado a tiempo el retoque para el
articulito No. 25. Por desgracia no es mío el dibujito que
tanto le ha divertido: lo hice reproducir de una revista norteamericana y me mandé hacer con él unas tarjetitas. Siempre he deseado saber dibujar. Tengo en la cabeza un dibujante no realizado. Nunca pude aprender, en gran parte por
culpa de mi maestro de dibujo en el Colegio Civil, don Guadalupe Montenegro, el padre de Roberto, que por amistad y

..

gratitud a mi padre (eran camaradas de infancia) me hacía
todos los dibujos. Dígame si tiene o conoce un volumen mío
de versos sociales y de ocasión llamado Cortesía. Este libro
lleva dibujos míos en la portada y algún garabato por ahí
adentro. rrambién en las Memorias de Cocina. y Bodega
ilustradas por Elvira Gascón, me atreví a dibujar un banquete de guerrilleros que comen mole de guajolote, porque
ella me hacía unas figuritas femeninas y alambicadas. A veves hago garabatos que llamo: "Ensayos para una nueva
naturaleza" y a veces los guarda mi mujer. Diego Rivera,
después de las sesiones de El Colegio Nacional, sll:ele recoger
el papelito, que he llenado de trazos: cosa de amistad, pues,
aunque usted no lo crea, ese habitante de Marte conserva
cierto sentimiento para sus amigos de la juventud. Lo abraza
cordialmente. Alfonso Reyes".
Poco después tuve el gusto de recibir el anunciado libro
"Cortesía" que conservo entre mis mejores pertenencias, en
el que est~mpó el maestro la siguiente dedicatoria: "Par~ mi
querido amigo Alfonso Reyes Aurrecoechea: nuestra amistad
si(l'ue el destino de nuestra homonimia. Alfonso Reyes. 1955".
"' En otra comunicación, don Alfonso se sirvió hacer una
rectificación: Dice así :
"Querido tocayo y amigo: Veo en "El Porvenir" del lo:
de noviembre de 1955 que se piensa poner placa, no en m.1
casa natal, que yo realmente no conocí, sino en la casa donde
pasé mi infancia, la del _Sol de ~.onterrey: ~eyo hay en la
noticia un error que conviene rectificar. Alh ,v1v1, no de modo
continuo "desde los dos años hasta mi ingreso a la Preparatoria de la Capital", como se dice en El Porvenir; sino que
hub()I un entreacto en la ciudad de México, durante la Secretaría de Guerra y Marina de mi padre: de febrero 1900 (m&lt;i
padre tomó posesión del cargo el 25 de enero de ese año, y
poco después nos fuimos a reunir con él), a fines de diciembre
de 1902, (mi padre renunció en México y volvió a Monterrey,
donde sólo había pedido licencia y aún era Gobernador, el
23 de diciembre de 1902).
"En un jardín de esa casa de mi infancia, jardín que
acaso ya no existe, había unos anda~ore_s de piedreci~~s b;~ncas con las fechas de comienzo y termmo de la edificac10n .
Esta segunda fecha debe preceder inmediatamente al traslado
de la familia desde la casa de la Plazuela de Bolívar. La calle
-que hoy es "Hidalgo"- se llamó durante toda mi infancia
"Degollado".
Han sido numerosas las ocasiones en que las confusiones
por la homonimia entre el ilustre autor de "El Deslinde" y
este humilde servidor de ustedes se• produjeron entre casos
chuscos y divertidos. Alguna vez, don Alfonso, escribió un

�30

Alfonso Reyes, entre Burlas Veras

artículo que recuerdo llevaba por título "Los peligros de la
homonimia", relatando casos de confusión que ya tomaban
caracteres alarmantes. .Algo relataba sobr.e un caso ocurrido
en sus años de diplomático, sobre don .Alfonso XIII, rey de
España.
Cuando visitó esta ciudad, en el año de 1956, no recuerdo
por qué razón tuve necesidad de comunicarme con él, que se
alojaba en el Hotel .Ambassador, de esta ciudad. .Al contestar
la señorita telefonista se produjo el siguiente diálogo:
-Hotel .Ambassador. Diga usted ... .
-Deseo hablar con don .Alfonso Reyes.
-¿De parte de quién Y
Mi contestación, sin advertir de pronto la homonimia,
fue dar mi nombre.
Entonces hubo una larga espera. La comunicación no se
lograba, puesto que no podía .Alfonso Reyes hablarle a .Alfonso Reyes. Después de un rato don .Alfonso hablaba desde el
otro aparato, diciendo :
"Mi querido tocayo, estas cosas de la electricidad, y como
usted y yo somos polos positivos...."
Por marzo de 1957, para no citar sino los casos más curiosos, solicitamos al señor licenciado Luis Padilla N ervo,
entonces Ministro de Relaciones Exteriores del país, la redacción de un saludo que habría de publicarse en "Vida Universitaria' con motivo del aniversario de su publicación. El señor Ministro escribió a don .Alfonso para preguntarle acerca
del caso, puesto que la solicitud se había firmado con su
nombre. Don .Alfonso me escribió una carta en la que decía:
"Mi querido tocayo: Luis Padilla Nervo, Secretario de
Relaciones Exteriores, me mandó preguntar, creo que para
contestar alguna invitación de "Vida Universitaria", si usted
y yo éramos la misma persona. Le contesté que, aunque dos
personas distintas, éramos un solo dios verdadero: es decir,
que lo trate a usted como si fuera yo mismo. Saludos afectuosos de su tocayo y amigo que le manda un cordial abrazo.
.Alfonso Reyes".
o o o o
La enfermedad de don .Alfonso iba progresando. El mismo se ha encargado de relatar cómo sintió los primeros avisos,
documentos que entregó a su médico, el eminente doctor Ignacio Chávez, En nuestra correspondencia también se reflejó
esa dolencia que le aquejaba con extrema persistencia. "Consérvese bien, don .Alfonso", le decíamos siempre.
Por marzo de 1959, me escribió este manuscrito:
"¡ .Ay, sigo enfermo, en tratamientos, y con mi biblioteca
por cárcel! Menos mal que es la mejor cárcel. Lo abraza.
.Alfonso".

Alfonso Reyes Aurrecoechea

31

En abril 2 de 1959:
"Gracias. Saludos al querido tocayo. Refugiado en Cuernavaca por la mala salud. Surmenage. .A. R."
En 26 de mayo:
"Muy mal mi salud. Suyo cordialmente. .Alfonso Reyes".
En 2 de junio :
"Gracias también por su felicitación de mis setenta. Los
cumplo trabajosamente. Sigo muy enfermo . .Alfonso Reyes".
En 12 de junio :
"La salud no se compone. Su .Alfonso Reyes".
En 13 de julio :
"Mis colaboraciones han aflojado un poco por m1 mal
estado. Salud y saludos. Su .Alfonso Reyes".
En agosto 17 :
"Gracias. Voy de alivio. .A. R."
En septiembre 27:
"Gracias, tocayo. .Al fin descanso un poco. Cuernavaca,
Hotel Marik".
· '
En 18 de octubre:
"Gracias y saludos al querido tocayo. .Alfonso Reyes".
En noviembre 18, una tarjetita:
"Gracias, querido tocayo: no le extrañe mi transitoirio
silencio. ¡ Estos achaques!"
Y en diciembre 29, remitimos este telegrama a su esposa
doña Manuelita: ".Acepte más sentido pésame motivo fallecimiento su insigne esposo don .Alfonso Reyes, nuestro más
distinguido e inolvidable colaborador".

o o o o
Y, ahora, nosotros, ¿ qué acertaremos a decir? Hemos
perdido a un amigo: el mejor, el más noble, el más bueno, el
más tolerante, el más comprensivo, el más ilustre de cuantos
han vivido en nuestra época. Hemos perdido a un Maestro
del que nos enorgulleceremos siempre, pues nos tocó vivir una
parte del tiempo que le tocó vivir.
Pero no lo perdemos del todo. Seguiremos disfrutando
de su grata compañía. En sus libros está su alma llena de
fulgor. En el silencio de su vasta obra podemos confundir
nuestro silencio para encontrarlo de nuevo a nuestro lado.
Es esa la suerte que nos queda: su presencia sobrevivirá al
tiempo mientras el mundo exista y, al leer sus libros, lograremos reproducir su imagen más viva y esencial, aquella que
lo muestra en su mesa de trabajo, en su "capilla alfonsina"
o_cupado en confiar a la pluma lo mejor de todas sus excelen~
cias.

�Juan Antonio Aya/a/ EL

PENSAMIENTO CLASICO EN LA

OBRA DE ALFONSO REYES

*

e

0110 contribución personal a este
homenaje póstumo que ha organizado a nuestro querido maestro y amigo desaparecido, don Alfonso Reyes, esta benemérita
institución Arte, A. C., he escogido un tema que supera, y
con mucho, mis posibilidades, pero que tiene para mí una
significación vital. Nos encontramos ante el prodigio de un
humanista mode'rno, de "un especialista en universales" como
él mismo se proclamó en la Noticia de uno de sus últimol,
libros, LA FILOSOFIA. HELE'NISTICA. &lt;1&gt;. Una auténtica
vocación humanística es algo más que un mero llamado a la
erudición y al saber --aunque, oigánlo bien aquellos que aún
creen en la improvisación o los que tales menesteres desprecian, erudición y saber son requisitos indispensables en dicha
vocación-- sino que supone el apasionamiento y la consagración perpetua, con todo lo que esto conlleva de sacrificios,
renunciaciones e incomprensión. Un humanismo que esté más
allá de la erudición, ¿qué puede ser sino una constante bús. queda de esencias y de realidades, de equilibrio y, simultáneamente, de pasión f Aquí estamos ya ante el humanista puro,
aquí estamos ya ante ese milagro mexicano-universal que es
Alfonso Reyes, definido sobria y exactamente por Eugenio
D'Ors como el hombre que "trabaja y juega" y que nos deja
un legado en el que tenemos que sumergirnos si nos lo queremos apropiar. Y esto es, precisamente, lo que intentaré en
estos minutos que ustedes tan cordialmente han querido concederme: un asedio cordial al humanismo de Alfonso Reyes,
una submersión inicial que nos ayude, por lo menos, a fijar
* Conferencia pronunciada el día 27 de enero de 1960 en la I nstitución
ARTE, A. C., en el homenaje organizado en zp.emorla de Don Alfonso Reyes.
-33 -

�34

El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

las corrientes ocultas que fluyen, manan y se entrecruzan en
lo íntimo de su obra; no será pequeña tarea la de trazar u_n
sistema de coordenadas sobre el cual colocar toda una. sene
de valores que nos servirá~ de }eferencia. para P?~er mterpretar en su auténtico sentido el pensamiento clasico en la
obra de Alfonso, Reyes".
"Los mitos --afirma Albert Camus-- no tienen vida por
sí mismos. Aguardan a que nosotros les encarnemos. Basta
que un sólo hombre en el mundo responda a su l~amada para
que nos ofrezcan su savia intacta"&lt;~&gt;. !{e . a_qm. !ormulada
una actitud humanista que no necesita Jushficacion. Part~mos, pues, de este punto: la encarnación del_ mito Y su rev.italización en nuestro mundo, en nuestro ambiente, en nue_stra
vida cotidiana. Tomemos a Alfonso Reyes en . esta . actitud
inicial expresamente declarada en su comentario_ epilogal a
la IFIGENIA CRUEL. "Por el año 1908, estudiaba yo las
"Electras" del teatro ateniense. Era la edad en que h~y que
suicidarse o redimirse, y de la que conservamos para sie~pre
las lágrimas secas en las mejillas. P?r ventura, el estudio de
Grecia se iba convirtiendo en un alimento del _alma, Y !1-YUdaba a pasar la crisis. Aquellas_palabras tan ~eJanas se iban
acercando e incorporando en obJetos de act?~hdad. _Aque~los
libros testiO'OS y cómplices de nuestras caricias y v10lenc1as,
se ib~n tor;ando confidentes y consejeros. Los coros de la
tragedia griega predican la sumisión a los dioses, y ésta es
la única y definitiva lección ética que se extrae del. teatro
antiguo. Hay quien ha podido ~provechar s~ conseJo.. La
literatura, pues, se salía de los libros y, nutriendo la vida,
cumplía sus verdaderos fines. Y se operaba un modo de curación, de sutil mayeútica, sin_la cu~l fácil fuera haber_ 1:aufragado en el vórtice de la primera Juventud. Ignoro si este
es el recto sentido del humanismo". &lt;3&gt;
He aquí la actitud inicial de Alfonso Reyes ~nte el legado
clásico y, en concreto, ante el legado de Grecia, que puede
servirnos de punto de partida par~ nuest_ro r_ecorrido. ¿Por
qué precisamente Grecia t En la misma If1gema Orue~ encontramos la explicación: "Just_ificada la afici_ón a. ~recia como
elemento ponderador de la vida, era como si hi;bieramos cr~ado una minúscula Grecia para nuestro uso: mas o menos fiel
al paradigma, pero Grecia siempre y siempre n_uestra ...
Somos uno con ella· no es Grecia, es nuestra Grecia. Tanto
riesO'o solicita a tod~ corazón templado. Además de que hay
unaºGrecia cotidiana una perspectiva de ánimo que nos c~pacita para humanar hasta los mitos más rígidos y arcaicos.
La afición a Grecia es tan imperiosa o más"&lt;4 &gt;. Esta es 1~
explicación: pasión, y esta pasión podría llevarnos a practi-

Juan Antonio Ayala

35

car una serie de cortes exploratorios a través de la pasión
alternante que por Grecia ha sentido el mundo occidental en
toda la historia de la cultura y que cobra empuje a partir
del siglo V antes de Cristo y se difunde, aunque ya deformada, por medio del helenismo, en admirable conjunción con
la fuerza política y organizadora del Imperio Romano. Sin
embargo, Grecia difundida y perpetuada por Roma, ha conquistado siempre la primacía en los espíritus, porque en su
cultura se dan las más grandes esencias del humanismo; para
un temperamento como el de Alfonso Reyes, Grecia con su
alegría, su vitalidad, sus mitos y leyendas, sus dios~s y sus
héroes_, sll: ,conce~to e~uilibrado de la vida, su filosofía y su
o~gamzac1on social, tiene un atractivo que nunca ha podido
eJercer Roma con su pragmatismo, su positivismo y su relativa P?breza intelec~ual creadora fren~e a sus grandes model~s griegos. He aqm, por tanto, el primer punto de referencia: _a~or y pasión por la Grecia clásica, siguiendo la mejor
tradic10n que ha perpetuado su presencia hasta nuestros días.
Encontramos, en un paso siguiente, una doble actitud de
Alfonso Reyes ante el mundo griego : actitud creadora y actitud crítica. Ambas manifiestan, primordialmente una extraordinaria capacidad de captación del espíritu clÍsico. Corremos el peligro de contemplar y, lo que es peor, de interpretar
todo este l_egado cultural de Grecia con una mentalidad que
no puede liberarse de lo cotidiano y nos ocurriría lo que p~ó
dura~te }a época de la Contrarreforma con aquellos pedagogos Jesuitas que, según uno de los primeros historiadores de
la Compañía de J ~sús, "cristi~~aban a los clásicos, purgándolo~ de sus ~bommables hereJ1as, para que la juventud, remov1_do. el peligro de la concupiscencia, pudiera traerlos en
sus hcc1ones".
Alfonso Reyes, por el contrario desde las primicias de
su producción sobre la Grecia clásica --me refiero a LAS
TRES ELECTRAS DEL TEATRO ATENIENSE &lt;5&gt;-- se sitúa
ante la ü~:i.agen de Grecia revalorizada y realista que conocemos gracias al mag~ífico esfuerzo realizado por la filología
moderna _q"?e nada tiene que ver con las falsas imaginaciones
de, l_os af1C1onados. A propósito de este sentido exactamente
c~~s1co de Alfonso Reyes, el crítico E. Gómez de Barquero
d1Jo e~ 1926, com~ntando su Ifigenia: "Este retornar de la
tra?edia .es una victori~ del clasicismo. El mundo antiguo
esta volviend_o ?ºn _sus figuras de belleza y también con algunas de sus hm~taciones y sus durezas, como la exageración
del_ culto a la cm?~d. Las épocas. románticas se nos van apareciendo como crlSls, como períodos de ardiente sequía después de las cuales llena otra vez el cauce el claro rio de

�Juan Antonio Ayala
36

87

El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

razón y belleza que viene de Grecia" &lt;5&gt;. Y_, todavía, _permitidme el testimonio valioso de Pedro Hennquez U:rena, testiao del nacimiento de la pasión alfonsina por Grecia: "En el
in~tante que atravesamos --afirm~-- Greci3: ha entrado en penumbra: no sabemos si para eclipse pasaJero o para so~bra
definitiva. Excepciones ilustres (¡ Santayana ! ¡ Paul Val,ery !)
las hay, y son raras. Pero en los ti~mpos en 9-ue descubnamos
el mundo, Alfonso Reyes y sus amigos, Grecia .estaba en apogeo: ¡ Nunca brilló mejor¡ Enterr~da la Gre~ia de ~odos los
clasicismos hasta la de los parnasianos, habia surgido otra,
la Hélade 'agonista, la Grecia que co~b~tía y se esforz~ba
buscando la serenidad que nunca po~ero, mvent!ndo uto¡~ias,
dando realidad en las obras del espmtu a_l sue~o de perfección que en su embrionaria vida re_sultaba unposi?le. Soplaba
todavía el viento tempestuoso de Nietzsche, henchido del suelo
entre el espíritu apolíneo y dio.n_isíaco_; en ,A:.le}Ila1!ia, la e~·udición prolífica se oreaba en las m~emosas hipotesis de Wllamovitz . en los pueblos de lengua mglesa, el pueblo se electrizaba' con el sagrado temblor Y_ el .irresist\ble oleaje _coral
de las tragedias, en las extra_ordmar~as ver~10nes de ~übert
Murray mientras Jane Harnson reJuvenecia ~011 aceite. de
"evolución creadora" las viejas máquinas del mito Y del -rito;
en Francia mientras Víctor Bérard reconstruía con investigaciones pi~torescas el mundo de la Odise~, Ch~;les M:aurras,
peregrino apasionado, perseguía ,la tran~~ugrac10n de A!enas
en Florencia.... De aquella Helade viviente nos nutrunos.
¡ Cuántas veces después hemos evocado nuestras lecturas d_e
Platón• aquella lectura del Banquete en el taller de arqmtectur¡ de Jesús Acevedo ! Aquel alimento vivo se convertía
en sanare nuestra: y el mito de Dionisos, el de Prometeo, la
leyend; de la casa de Argos, nos servirían para verter en
ellos concepciones nuestras". &lt;7&gt;
Captada Grecia en su misma esencia y encarnada a t~a:'~s
de sus mitos por Alfonso Reyes, podemos entrar ya al anal1S1s
de su pensamiento clásico en las dos laderas de su obra que
hemos señalado: la creación y la crítica.

o o o o
La obra de creación clásica de Alfonso Reyes se manifiesta, principalmente, en su IFIGENIA CRUEL, poema dramático (1932) en su serie de sonetos HOMERO EN CUERNAVACA (1948-1951), en su traducción --traslado-- de los
nueve primeros cantos de la Ilíada, bajo el título de AQUILES
AGRAVI.A.DO amén de todas las cr eaciones de ambiente heleno que mati;an su obra poética y s~s libros de ficción literaria. Comencemos, pues, con el abordaJe de IFIGENIA CR~~L.
Nos encontramos ante una tragedia, exactamente defm1da

por su autor --y siguiendo la mejor tradición humanística-como "poema dramático", tal como concibieron los griegos,
sobre todo a partir de Aristóteles, la tragedia: como la más
alta expresión de poesía. El alejamiento posterior de la po.esía y del drama fue una de las causas de la incompresión
de esta interior compenetración entre el elemento lírico con
un hacer o 'epos' representado o figurado en el mito. Desgraciadamente para nosotros, los romanos propagandistas del
legado griego no pudieron o no supieron comprender la importancia, dentro del pensamiento de la vida griega, de la
tragedia y de todos los elementos que en ella participaban.
La concepción misma de la tragedia, las relaciones entre sus
personajes, la misma concepción arquitectónica de los grandes
teatros al aire abierto; la integración del coro, la elección de
los mitos y su repetición constante, cariñosa, el concepto de
la escenificación y la caracterización de los personajes, respondían, en Grecia, a condiciones socio~-ágicas y culturales
que ya no volverán a repetirse ni en el mundo romano ni en
la nueva sociedad cristiana. Porque el cambio se ha llevado
muchas cosas esenciales y al quererlas sembrar en tierra extraña se marchitan sin remedio. Por eso, nada tiene que extrañarnos que Roma no preste atención al gran drama ateniense
y que Séneca, a una distancia relativamente corta de la época
de Esquilo, Sófocles y Eurípides, no entienda ya la función
esencial del coro en la tragedia, ni la fuerza cósmica del
"pathos" elemental del conflicto trágico y convierta a los mismos personajes de la tragedia griega en unos temperamentales románticos sin una proyección más simbólica· Séneca de
haber vivido en la .Atenas del siglo V antes de C~isto, en' vez
de en la Roma del siglo I después de Cristo, no hubiera podido, ni las circunstancias se lo hubieran permitido, escribir
tragedias para leerlas en un círculo de amigos sin que llegaran al rito de la representación. Y si recorremos el hilo y la
huella superficial del remanente de la tragedia ática en épocas posteriores, nos encontraremos con la misma incomprensión y la falta de exactitud en aquellos que quisieron, a su
modo, revitalizarla, sin tener en cuenta aquellos factores específicos mencionados. Ni Voltaire, ni Dryden, ni Martínez
de la Rosa --para citar a algunos de los que se han ocupado
del ~~roa ~e Edipo-- comp:enden los elementos trágicos ni la
func10n pnmordial, excepcional, del coro. Posiblemente donde
ya encontramos algo de aquel fondo trágico, de los movimientos corales y del "pathos" de la tragedia griega es en el teatro
moderno, en algunas obras de Ibsen y, especialmente, en el
teatro inglés, específicamente en "El Asesina.to en la Catedral"
de Eliot y en algunas obras del teatro francés de Coctea~ y

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El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

de A. Camus. Pero estamos ocupados ahora en Alfonso Reyes.
La creación de una tragedia clásica en pleno siglo XX,
con argumento, técnica y elementos puramente clásicos, requería tma explicación, y lo que es aún más im_vortant~, u~a
justificación. Alfonso Reyes, en su Comentario a lf1gema
Cruel, añadido como acroasis al poema dramático, justifica su
elección y sus técnicas. Su idea de la tragedia es la siguiente:
Primero.-"La tragedia griega es, desde luego, humana,
pero universalmente humana, en cuanto sumerge al hombre
en el cuadro de las energías que desbordan su ser" &lt;8&gt;. Aquí
está claramente expuesto el concepto, del hado, destino o fatalismo del que se nutre toda acción y concepción trágica del
mundo griego. Alfonso Reyes amplía aún más este concepto
al afirmar: "Al griego sus propios dolores se le representaban
como ecos de un mal general : él no era más que una orejla
en la conciencia dolorida del universo. Este era, precisamente, el consuelo, ésta la alegría fundamental de la vida griega:
que el hombre no estaba a solas con su dolor, que su dolor
mismo no era exclusivamente suyo. Esto era también lo que
hacía posibles la desesperación y el desahogo dionisíacos : el
duelo era comunicable al mundo. En el caso superior del
héroe el héroe y el mundo se cambian influencias universales,
'
. de las cony la suerte
de un pueblo no es más que un refleJo
taminaciones entre E'dipo y la Esfinge. Vivo él, suceden catástrofes a su paso. Muerto, sus huesos abonarán la gloria
de la tierra que le dió sepultura" &lt;9&gt;.
Segundo.-La tragedia griega es económica, ahorra todo
aquello que no tenga un fin específico y concreto que cumplir
dentro de la estructura general de la misma. Protagonista,
antagonista o deuteragonista y tritagonista son los tres pilares fundamentales de la acción, interpretados, a veces, por
sólo dos actores; el coro, con un número fijo de coreut~s; _los
convencionalismos simbólicos de la escena y de los movimientos de los actores, el rito preliminar del "párodos", la alternancia de los episodios y los "stásima", todo corresponde a
un esquema fijo, porque la tragedia es, fundamentalmente, una
liturgia, un rito, una ceremonia que está más cercana del acto
religioso que del espectáculo.. La misma preminencia en la
colocación de los espectadores --primero el sacerdote de Dionyssos, después los arcontes, luego el pueblo-- participa de
este movimiento litúrgico. Dice, a este propósito, Alfonso Reyes: "Hasta el mecanismo de las antiguas representaciones
favorecía esta concepción (cósmica) : la tragedia griega se
gobernaba por una fórmula simétrica, dentro de la cual el
poeta iba labrando. Los acontecimientos habían de sucederse
en un proceso siempre regular: el prólogo de los autores, los

Juan Antonio Ayala

39

parodoi del coro, los episodios de los actores, los stásima del
coro, y los finales éxodos, todo ello se entr etejía con un ritmo fijo. El coro se movía a compás y en tiempos predeterminados. El protagonista debía tener al deuteragonista a la
derec~a y al _tritagonista a la izquierda, y cada uno entraba
y salia por cierto lugar del proscenio" UO).
Tercero.-El sentido religioso de la tragedia ática nunca
fue perdido de vista ni en las épocas de decadencia en que
rasgos satíricos, de divagación profana, se introducen, como
ladrones nocturnos, en el mecanismo y la pureza ritual de la
má~ grande manifestación del espíritu heleno. "El griego
--afir;1lla Alfonso Reyes-- al Teatro no quería llevar más que
un di_álogo cosmogónico, aunque revestido de pretextos humanos ciertamente, porque sólo al modo humano tenemos noticia
de la agencia de los destinos. Y el griego prestaba al Teatro
por lo_ ~&lt;;más, la misma imaginación colorida que tuvo par~
su. rebgion. Por muy abstracto que sea el propósito, a un
griego no le será dable rodar por las aberraciones estéticas
del teatro medieval, y especialmente de aquellos extraordinarios "autos sacramentales", delirios del frenesí te.ológico". (11)
Sobre este particular, tenemos el testimonio de uno de los
representantes más destacados de la teoría ortodoxa de la
tragediá, Gil_b~rt Mu~ray, q_uien afirma: "Ahora bien, a pesar
de las much1S1mas diferencias en punto a organización social
Y dogma religioso, la atmósfera de la primitiva tragedia O'rieg~ debe de haberse parecido muchísimo a la del teatro"medie_v~l. No sólo porque la tragedia griega fuera un drama
r ehg1oso, o porque se desarrollase también conforme a un ritual determinado ; no sólo porque pueden trazarse los eslabones de la más definida continuidad histórica entr é la muerte
y resurrecc_iones rituales de ciertos "salvadores" paganos y el
tema semeJante de nuestro drama medieval. Sino también
porque el r~tual en 9ue la a~tigua tragedia se basa, incorpora
las ~oncepc10nes griegas mas fundamentales de la vida y el
destmo, la ley, el pecado y el castigo" U2&gt;.
Elemento fundamental de la tragedia, su columna vertebral, es ~l papel del coro, su funcionamiento específico y su
persooahdad _frent~ a los ~ersonajes .Y a la marcha general
d~ la tragedia. Tiene tal importancia que, como afirma el
mismo Gilbert Murray: "Si logramos entender el Coro habremos_ entendido el núcleo y corazón de la tragedia griega" (13).
La mcomprensión de su función medular ha sido la causa de
que no haya progresado la tragedia entre nosotros. Porque
el Coro es quien da a la tragedia su fuerza social su sentido
religioso; es él quien va guiando a los protagonistas a través
de las vicisitudes del destino y quien da las grandes lecciones

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El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

ético-religiosas que de la tragedia se derivan. Para entender
este papel asignado al coro en la tragedia tenemos _que desnudarnos de todos nuestros artificios dramáticos y de nuestras concepciones teatrales y situarnos en el ambiente cosmogónico, religioso, ético y épico del pueblo, ateniense y del
significado que para él tuvo la danza, la oda coral y el ritmo
en estas manifestaciones del espíritu. "Si nos preguntamos
--afirma Gilbert Murray-- qué clase de emoción requería esta
forma de expresarse, fácil será comprender que es aquella
emoción que más parece escapar a las palabras: la emoción
religiosa de todo orden, el deseo desesperado, las lamentaciones inútiles y los sentimientos que inspira la contemplación
del pasado. Cuando reflexionamos en aquella forma ritual
de que la tragedia ha brotado --lamentos por el dios muerto--,
al instante comprendemos cuán adecuada resulta la danza
para el caso, y para cuánto, en los tiempos primitivos, corresponde a la expresión de los sentimientos que llamamos trágicos" &lt;14&gt;.
Alfonso Reyes ha captado en su IFIGENIA CRUEL la
importancia de este elemento básico y no renuncia al manejo
difícil de co-ro en su poema dramático que, en otros autores
y en otras épocas, fue obstáculo y piedra de escándalo aun
para los buenos dramaturgos, quienes, en el mejor de los casos, lo consideraron como un estorbo para la técnica dramática. He aquí cómo concibe él esta función vertebral del coro :
"El coro es embrión de la tragedia y representa, arqueológicamente, las danzas de sátiros alucinados. Sus alucinaciones
engendran al dios, al héroe, al actor trágico. En el coro se
conserva el principio lírico, pues la narración épica ha quedado confiada a los mensajeros, y la acción presente, a los
personajes. Así pues, en el origen, el c,oro produce a los acto- ,
res. Pero creado ya el Teatro, la representación y la escenificación de episodios, son lo que el Teatro tiene de propio,
su aportación nueva y especial. Los actores pasan, entonces,
al primer término, y los coreutas al segundo. La ley genética
va a invertirse" &lt;15&gt;.
Y es aquí donde Alfonso Reyes da a conocer su auténtica
comprensión del coro como elemento esencial y necesario a la
tragedia y no como un aditamento estorboso para nuestra
técnica o como un auténtico personaje tal como lo ha proclamado un especialista del teatro de Sófocles, que también fue
mi bien recordado maestro de griego. Es a través del coro
como se opera en el asistente --no digo espectador, pues el
Teatro griego no admitía, como la liturgia, a los meros espectadores--, y copartícipe de esta liturgia, la auténtica 'kátharsis' : "El coro --afirma Alfonso Reyes-- funciona periódica-

Juan Antonio Ayala

41

mente, como un instrumento dinámico por donde estalla en
cantos, e_n. gritos, en ololygmoi, el sedimento o carga em~cional precipitados por los episodios de la tragedia. Por eso es
fuerza que el coro esté presente a todos los acontecimientos
y que penetre los secretos del héroe : para así conocer el drama
íntimamente, para vivir de su contacto y, de cuando en cuando, ~esaho-g~r _--con lírico desahogo y donde precisamente lo
reqmere el ammo de un espectador ideal-- esa emoción, ese
pathos acumulado por las accio1:es dramáticas; esa piedad,
ese terror. El coro es, pues, el mstrumento de la kátharsis
ar~stotélica: la. purificación de las pasiones por la danza y el
grito, por la eJercitación y la mímesis artísticas. El coro es
un agente oportuno, rítmico, lírico, que permite aliviar la
plétora de los sentimientos" (16).
. He aquí los elemen_tos --tragedia, sentimiento religioso,
ntmo y coro-- de que dispone el creador para llevar a cabo
S?, obra. Hora es ya de enfrentarnos con la tragedia alfons~na. Debo advertir que toda ella está llena de reminiscencias personales, de experiencias vitales y de muchos rasgos
autobiográficos latentes. "Quien sepa de la vida de Alfonso
Reyes --dice Pedro Henríquez Ureña-- sentirá el acento personal de su IFIGENIA CRUEL:
Ando recelosa de mí,
acechando el golpe de mis plantas,
por si adivino adónde voy. ...
Es que reclamo mi embriaguez,
un patrimonio de alegría y dolor mortales.
¡ Me son extrañas tantas fiestas humanas
que recorréis vosotras con el mirar del alma!. ..
Hay quien perdió sus recuerdos
y se ha consolado ya....
Y cambia el sueño de los ojos
por el sueño de su corazón" &lt;17&gt;
Y el mismo Alfonso Reyes nos dice : "¿ Qué final dar al
episodio 1 ¿Ifigenia había de huír de Táuride, como en mis
grandes modelos ? No lo sabíamos aún hace unos cuantos años.
Un súbito vuelco de la vida vino a descubrirme la verdadera
mis_ión rede~tora de la nueva Ifigenia, haciendo que su simbolismo creciera solo, como una flor que me hubiera brotado
adentro" &lt;18&gt;.
. La leye~da de Ifigenia está emparentada con uno de los
c~clos más ricos de toda la épica griega cuyo punto de partida lo encontramos, expreso, en los poemas homéricos. Héla
aquí en labios del mismo Alfonso Reyes: "Conocida es la
historia: transmitióse la maldición de Tántalo por toda la
familia. Tántalo contagia a Pélope, y éste a Ttestes y a Atreo,

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El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

sus hijos. Agamenón y Menelao, los hijos de Atreo, nacen malditos, y la Helena de Menelao se encarga de propagar el mal
por toda la raza de los hombres, mientras que la Clitemnestra
de Agamenón, adúltera y 'sponsuricida', muere apuñalada por
su hijo Orestes. Según la sencilla interpretación clásica, a
Orestes toca redimir la maldición. Persíguenlo las Erinies o
Furias de la madre, y por sus padecimientos y ruda justicia,
lo absuelve un consejo de ancianos, que tiene poder sobre las
cosas del cielo .... Sigamos con la historia: en Aúlide, las naves de Agamenón que se dirigen a Troya han sido azotadas
por el viento o acaso no logran vientos propicios. Los dioses,
para aplacar su cólera, han pedido el sacrificio de Ifigenia.
En vano interviene Odiseo con sus piadosos engaños (... .)
e Ifigenia será ataviada para unas fingidas nupcias. En vano.
Eurípides nos la presenta, espantada y terrible, lanzando aquellas palabras de dudoso helenismo: 'Vale más vivir miserablemente que morir con gloria'. Cuando Ifigenia, en fin, se inclina bajo el cuchillo de Calcas, la diosa Artemisa (satisfecha
con la intención como en el Sacrificio de Abraham) la hace
desaparecer, la arrebata y la transporta a la tierra de Táuride,
donde la consagra para su sacerdocio. Aquel pueblo brutal
adora a Artemisa, y sacrifica en su templo a los extranjeros.
Un día, los tauros encuentran al pie de la Diosa, a la nueva
sacerdotisa, que canta las excelencias del sacrificio humano
como pudo hacerlo algún oficiante de los sagrarios aztecas.
Y ésta, en Eurípides, en el teatro francés, en el alemán y el
italiano, en todos los imitadores de Ifigenia en Táuride, recuerda su vida anterior y se lamenta de tener que preparar
sacrificios humanos, interrogándose sin cesar sobre la suerte
de su familia y de su patria. Al fin llega Orestes, acompañado de Pílades, el providencial. Viene aflijido por la locura
del matricidio y, en estado de enajenación, combate a los ganados, como Ayax y co.mo Don Quijote. Los dioses le han
pedido el rapto de la Artemisa que adora en Táuride, prueba
final de sus expiaciones. Se opera la agnición o anagnórisis,
el reconocimiento de los hermanos, en unos diálogos que no
olvida quien los ha leído una vez. Y Orestes y Pílades huyen,
llevando consigo a Ifigenia y a la de Artemis, la cual es libertada así el culto de sus adoradores bárbaras. La maldición
de Tántalo ha sido redimida" &lt;19&gt;.
Esta es la leyenda y esta es la solución que dieron al
conflicto trágico todos los autores, principalmente E'urípides
quien da al reconocimiento de Orestes e Ifigenia la máxima
importancia. "Y lo que sigue --añade Gilbert Murray--, estratagema y final escapatoria, forman la trama de esta obra conmovedora (la de Eurípides), sobre la cual no se tiende la

Juan Antonio Ayala

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sombra de la muerte, como en las tragedias propiamente tales,
sino más bien la penumbrosa nostalgia por el hogar distante" (20).
Alfonso Reyes se aparta conscientemente de la tradición
de los grandes dramaturgos e introduce elementos trágicos
nuevos en los que propiamente reside su fuerza creadora. Conserva la anagnórisis como elemento básico, tal como aparece
en la antigua tragedia: Edipo Rey, Antígona, Electra, Ayante,
las Ifigenias y Andrómaca, abordadas por casi todos los autores. Pero en el caso concreto de IFIGENIA CRUEL, Alfonso
Reyes se ha apartado en un punto esencial de todos sus predecesores: la kátharsis llega por medios diferentes. En la concepción clásica, Orestes es el llamado a redimir la mácula de
los Atridas, aunque él mismo se haya contaminado con el
matricidio. "Es decir --comenta Alfonso Reyes-- que el pecado
se redime por la expiación. Y esto pudiera parecer admisible
a un cristiano; pero sólo desde el punto de vista individual.
La expiación de Orestes puede ser que redima a Orestes; pero,
¿ por qué a toda la raza? A los hombres no nos redimió la
expiación de Adán --dice el cristiano-- Los antecesores de
Orestes también sufrieron por sus crímenes, y no anularon la
maldición" &lt;21 ) .
Alfonso Reyes da una importancia mayor a Ifigenia y es
ella, con su feroz virginidad y su pureza singulares --símil en
esto de la belleza cruel de la Antígona del teatro de Sófocles--,
la que va a redimir a la familia de Atreo de la maldición que
sobre ella pesa. Orestes actúa como un catalizador en la vocación redentora de su hermana, simbólicamente sacrificada
por la fuerza del destino, pero para eso no debe ser la Ifigenia tradicional, que recuerda con nostalgia a sus familiares
y a su patria; debe estar limpia, por lo menos en su memoria
--y recordemos el carácter divino de la Memoria entre los
griegos--, de la mancha y de la maldición y del sentido trágico
que ilumina la vida de los Atridas, asesinados, engañados por
sus mujeres y aun abandonados en la llanura de Troya por
sus capitanes. Esta nueva Ifigenia, cuando recobre la memoria y sepa hasta dónde la han llevado los pasos malditos de
la sangre y las manos ocultas del destino, cuando en este
nuevo concepto de 'Autoanagnórisis' --no tan ajena al teatro
griego, ahí está Edipo y Heracles--, se centren esas mismas
fuerzas del destino y acepte el sacrificio, será la redentora
de las maldiciones familiares, que, aunque hondas y lejanas,
son también las nuestras. "Y ante todo --nos dice Alfonso
Reyes--, que Ifigenia, sacerdotisa de Táuride, viva como en
sueños, sin el recuerdo de su vida anterior, el cual una divinidad sabia, armónica, habrá cuidado de arrebi:Ltarle al envol-

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El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso R~yes

verla en el vaho sagrado que la ocultó. Que sea Orestes quien
venga, como la fulminación del rayo, a encender en ella la
memoria de su vida anterior, irritado con la alegría de la
conciencia recobrada-- el horror de saberse hija de una casta
criminal. Que Orestes robe en buena hora la estatua de la
diosa ( este rasgo nos resultó inútil), pero que no logre convencer a Ifigenia. Ella, superior a la vendetta de Micenas, aprovecha la hora en que los destinos vacilan y, escogiendo la
emancipación, se niega a volver a la patria. Ha anulado la
maldición. Vive en sus entrañas el germen de una raza ya
superada" &lt;22&gt;.
Esta es indudablemente una extraordinaria "tour de force" o para no salirnos del vocabulario clásico un "Deus ex
machina", que viene a dar una validez y una vigencia nuevas
a la Ifigenia tradicional que, en cierto sentido, acepta sobre
sí la maldición de su raza pero que no soluciona ni complica
en nada el proceso del destino que podría haber seguido su
secuela de crímenes, adulterios, sangre y venganza. La Ifigenia de Reyes lo acepta y lo encara; lo encarna en sí para
que muera definitivamente con ella, ahora sí, consciente y
cruel, en la soledad de Táuride, pero que abre la vía a una
auténtica kátharsis clásica.
Otra novedad importante en la creación de Alfonso Reyes
es la actitud del coro. El coro de la tragedia clásica participa hasta cierto punto en la acción dramática; no nos olvidemos que en él reside la fuerza religiosa de la tragedia y
que ésta nunca fue tm espectáculo sino una auténtica liturgia;
casi siempre actúa como un espectador ideal que estuviera
arrebatado en el núcleo de la acción; simpatiza, frecuentemente, con el protagonista aunque raras veces participa en
los secretos de éste. El coro de ancianos tebanos que aparece
en Edipo Rey de Sófocles está persuadido de la bondad del
rey, de su espíritu recto; aconseja al rey cuando se indispone,
suspicazmente, a Creonte su cuñado, ruega a los dioses que
la cuna de Edipo resplandezca como el Olimpo, se preocupa
cuando la reina Y ocasta entra airada en el palacio al darse
cuenta de quién es Edipo y de dónde viene y de los crímenes
que ha cometido.

Estásimo tercero (canta el coro) ·
"Ya que soy un adivino de elevado pensamiento, por el
monte Olimpo, te juro, ¡ oh Citerón ! que cuando mañana
llegue el plenilunio, te vas a dar cuenta de todas nuestras alabanzas. Diremos que tú eres la cuna y la nodriza
de Edipo. Bien sabes que te festejaremos con las danzas
rituales por haber dado una alegría tan grande a nuestros reyes. ¡ Oh Febo que todo lo remedias, ojalá mis

Juan Antonio Ayala

45

preces te sean propicias !
¿ Quién de los inmortales fue tu padre? ¿ Quizá fue una
Ninfa junto con el noctívago padre Pan o alguna (Kinfa)
desposada con Apolo 9 Este dios ama mucho los llanos
selváticos... ¿ O eres hijo de Silenio o del dios Baco, que
vive en la cumbre de las montañas ? 6Fué él quien te
engendró junto con las Ninfas del Halicón, pues con ellas
retoza día y noche?
(Sófocles, Edipo Rey)
Lo mismo ocurre en las Ifigenias clásicas, el coro actúa,
"como una completa representación del alma en su dinamismo
pasional" &lt;23&gt;. Veamos cómo maneja Alfonso Reyes su coro :
"Faltaba saber --nos dice-- si, a nuestro capricho, el coro había
de ser fiel, traidor o indiferente. Bien mirado, un coro traidor
deja de ser coro, para convertirse en actor, siquiera colectivo.
De ser actor, sería interesado: no nos convenía que la opinión pública fuera parcial. Ese desahogadero de la acción
dramática, ese pueblo perfecto, debería conservarse puro, para ser capaz de toda razón. En cuanto a un coro indiferente,
no pasaría de ser un adorno externo, una retórica ociosa en
redor de los acontecimientos. Hacía falta un coro fiel -y pasivo-: Contempla con dolor el desastre e, incapaz de eYitarlo,
el coro se desahoga por la boca. Le hemos tronchado pies y
manos, de modo que ni obre ni huva. Está condenado al sacrificio parlante. Como el poeta" &lt;24&gt;. He aquí el último ()'rito
de este coro fiel y al mismo tiempo pasivo que ha asi;tido
al sacrificio --recuperación de la memoria y aceptación del
holocausto de Ifigenia--:
"Alta señora cruel y pura:
compénsate a ti misma, incomparable•
acaríciate sola, inmaculada;
'
llora por ti, estéril;
ruborízate y ámate, fructífera;
asústate de ti, músculo y daga;
escoge el nombre que te guste
y llámate a ti misma como quieras:
ya abriste pausa en los destinos, donde
brinca la fuente de tu libertad ...
¡ Oh mar que bebiste la tarde

hasta descubrir sus estrellas :
no lo sabías, y ya sabes
que los hombres se libran de ellas!

&lt;25&gt;

Otro agente dramático que viene a innovar el proceso de
la anagnórisis es el medio a través del cual se l'ealiza: se trata
de un proceso a la vez poético y psicológico. El despertar de

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El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

la memoria de lfigenia que va a provocar Orestes, muy parecido, por otra parte, a la anagnórisis que se opera entre
Orestes y Electra, en la tragedia Electra de Sófocles. "Adviértase --nos dice Reyes-- que mi anagnórisis o agnición ( el reconocimiento entre los dos héroes) cobra así un sentido profundo. En las versiones de la tragedia ateniense, Orestes e
Ifigenia saben bien quiénes son, y simplemente se r econocen
el uno al otro. En mi interpretación, Ifigenia se ignora, y
sólo se identifica a sí misma al tiempo de reconocer a Orestes.
La anagnórisis cala hasta otro plano interior, como cuando
en Sófocles, Edipo descubre que él es el matador de su padre
y el esposo de su propia madre, condiciones que antes ignoraba" &lt;26 &gt;.
La tragedia, en sus detalles esenciales, cuenta con los
siguientes elementos, que son los mismos, funcionalmente, que
los de la tragedia clásica:
Personajes: Ifigenia, protagonista.
Orestes, deuteragonista o antagonista.
Pílades, tritagonista primero.
Toas, tritagonista segundo.
Un Pastor.
Un coro de Mujeres de Táuride.
Marineros y Pastores.

Partes de la Tragedia:
Primer tiempo, correspondiente al prólogo clásico. ·
Segundo tiempo, correspondiente al 'párodo' y
al primer episodio.
·
Tercer tiempo, enlazado con el anterior por un
mensaje, segundo y tercer episodio sucesivament~ sin estásismo intermedio.
Cuarto tiempo, estásismo, pero sin intervención
coral.
Quinto movimiento, último episodio y éxodo.
No podemos detenernos en una serie de problemas accesorios que surgen al considerar la tragedia de Alfonso Reyes.
,Al tratar de dar un juicio valorativo no queremos caer en
el error de comparar o igualar esta creación alfonsina con
las de Eurípides, Sófocles y todos los imitadores. "No es que
Reyes --dice un crítico-- haya mejorado a Eurípides. Un tal
elogio sería ridículo. Mas el refundidor moderno de estas
grandes obras clásicas tiene que suplir con nuevos recursos
la parte marchita, puramente arqueológica, de aquellas creaciones"... &lt;27&gt;. Creo yo que este breve análisis podría completarse con lo que, en términos generales, ha dicho Gilbert
Murray sobre la tragedia griega y que, a mi modo de ver, se
ajusta perfectamente a la Ifigenia Cruel que nos ocupa: "Y

Juan Antonio Ayala

47

tal es también la justificación del alto formalismo y las convenciones de la tragedia griega. Ella puede, sin vacilar, atreverse con todos los horrores de la vida trágica, y sin perder
su austera sinceridad ni manchar su ambiente normal de belleza. Todo lo magnifica bajo una onda mágica que carece de
nombre y que me he esforzado por hacer palpable: algo que
pudiéramos llamar eternidad, universalidad y tal vez l\íemoria. Pues la Memo,ria así interpretada, posee un poder mágico" &lt;28&gt;.

o o o o
La segunda obra de creación sobre tema clásico de Alfonso Reyes es HOMERO EN CUERNAVACA, una serie de sonetos, escritos entre 1948 y 1951, en contacto amistoso y apasionado con el texto mismo de Homero que entonces se le
escapaba de las manos hacia su versión -o traslado- en castellano. En el tomo X de sus Obras Completas da una breve
explicación acerca del carácter y proceso creador de los mismos: "Este recreo en varias voces -prosaico, burlesco y sentimental-, ocio o entretenimiento al margen de la llíada, se
dedica a la buena memoria del ,sabio, inolvidable amigo y
probo sacerdote Gabriel Méndez Plancarte, honra y luto de
nuestras letras, desaparecido ha poco en plena labor" &lt;29&gt;. Se
abre este manojo de poemas con una cita de Ronsard (Je veu.x
lire en trois jours l'Iliade d'Homé,re) y se cierra con otra de
Ovidio (Lingua, sile; non est ultra narrabile quidquam). No
p erdamos de vista el carácter de recreo y de ocio que tienen
estos sonetos; no busquemos en ellos más de lo que el autor
quiso poner: ocio, recreación y evocación de lo clásico. Evidentemente, su carácter no· es el mismo que el de esos dos
grandes poemas de ambiente clásico grecolatino que aquí
mismo en México, escribiera otro gran poeta: Salomón' de la
Selva ; me refiero a EVOCACION DE HORACIO y EVOCACION DE PINDARO &lt;30&gt;. No, la inspiración es otra y la intención divergente. Pero recordemos que existen en toda la •
historia literaria meritorios precendentes de estas recreaciones, ociosas o burlescas, que en buena ley eran una tradición
propia de ingenios sanos y optimistas. Homero se autoplagia
en la Batramiomaquia, y Virgilio en el Culex, --y ¿qué otra
cosa es gran parte la poesía goliardesca sino un alegre remedo
de la vitalidad clásica en conflicto con la care y el pecado Y
Y podríamos aún seguir la huella en Lope con su Gatomaquia,
en Torres Villarroel y en toda la picaresca decadente. Y
apurando aún más esta pesquisa hasta seríamos capaces de
una interpretación burlesca de ese gran remedo moderno de
Homero que es el Ulysses de Joyce.
¿HOMERO EN CUERNAVACA ? ¿No se·ha perdido el
rapsoda ciego en las tierras de Anáhuad Ko. El paso es fir-

�Juan Antonio Ayala
48

49

El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

me y la flecha que ha salido de la ballesta encuentra ansiosa
su blanco. Ya lo dijo el Padre Gabriel Méndez Plancarte, al
defender el derecho y la palabra de Alfonso Reyes para hacer
una imagen del auténtico México clásico : "Yo pienso que todo
el que sepa ver bajo la corteza y tomarle el pulso a México,
advertirá en sus venas el latido profundo de la sangre espiritual de la Hélade y de Roma. No me cansaré de repetir que
el árbol de nuestra cultura, cuatro veces secular, tiene dos
raíces vitales: la indígena y la hispana, y que --a través de
la hispana--, sube hasta nosotros la savia siempre joven de la
inmortal cultura grecolatina. Lo grecolatino está entrañado
en lo más genuino y hondo de México: Homero, Píndaro, Esquilo, Sófocles, Anacreonte, Teócrito, Bión y Mosco, entre los
griegos; Horacio, Virgilio, Ovidio, Lucrecio, Cátulo, Tíbulo,
Persio, Marcial, entre los latinos --y otros de los grandes poetas clásicos-- han hablado en español por boca de mexicanos
y se han incorporado --irrevocablemente-- a lo más auténtico
y entrañable de la cultura mexicana. Quien como Alfonso ·
Reyes, se esfuerza por penetrar en una de nuestras raíces
profundas y hace que la vieja savia helénica siga eflorando
nuestro "ahuéhuetl" autóctono, lejos de ser un descastado, es
un buen hijo de México" &lt;31l.
Enmarcados en el paisaje de Cuernavaca, los héroes homéricos representan estados de ánimo de su recreaq.or; como
aquéllos del poema, sienten y lloran, se alegran y sufren, recuerdan y esperan y son dueños --porque esta es la grandeza
homérica-- de su cruel destino. Un Homero surge en estas
páginas que nada tiene que ver con el de la tradición romántica que nos diera Rubén Darío: este Homero rehuye la anécdota y, dios oculto, demonio tutelar, maneja a sus héroes y
a sus dioses; este Homero --Alfonso Reyes-- reencuentra un
camino hacia la naturalidad y la familiaridad perdidas en las
malas traducciones y en los vericuetos de una filología estéril. Aquellos días, el traslado --del que hablaré brevemente
más adelante-- iba tomando cuerpo ; en el tercer soneto encontramos un autoanálisis del proceso recreador:
"De cara a los volcanes, hoy prefiero,
pues la ambición y la ignorancia igualo,
deletrear las páginas de Homero,
que me acompaña para mi regalo.
Ensayo, me intimido, persevero.
aquí tropiezo y más allá resbalo:
otro volcán viviente y verdadero,
otro fastigio y otra cumbre escalo ..." &lt;32&gt;
Perdonadme, en mi lucha inexorable contra el reloj, un

rápido recuento de elementos poéticos vivientes en los que
Alfonso_ Reyes ha ?aptado la magia de esa Ilíada viva que por
desgracia va perdiendo mucho de su auténtico y fiel sentido
en ~u~stro mund~; a~jetivación oportuna e impar al modo
ho~~nco, metaforizac10n precisa y monovalente equilibrio y
pasion:
'
"La s~berbia. de Aquiles resplandece
Y el viento gime con la voz de Helena" ...

~i

Entre. ·c·i~i~ ·; .'1~· tie·r~~- ~~~~~~- Í~~ 'i~~~rtales,
la~ bridas sacudiendo de oro y marfil trenzadas
Dioses, demonios, númenes, humanos y animales'.
n~1bes, olas y piedras y árboles; y espadas,
'
picas, flechas y carros, arneses y metales
cabalgan un océano de sílabas rizadas . .."

,·,· .. ·.· .. ... ·.· ....... ...... ... ........ . .

Aqmles olvida sus pasiones. .. " y
"Desata sus sandalias ocioso Agamenón
Y revista Odiseo sus naves embreadas .. '_,,
Y la nota cómica, intencional ociosa.
". . '
'
..... Príamo,
vi~J,o ~ey de la I~ad~, decente aunque polígamo,
Crio ?:ncue_n t~ prmcipes, mas Paris, mala pécora,
le salio muJeriego y vano y sin escrúpulo ...
Y ~elena, otra ·vez y siempre Helena:
¿Es una sombra el lauro de tamañas peleas1
t Helena es solo un grito, Helena es sólo un eco ?"
-Helena: soy tu ciego enamorado
y a confesarlo sin rubor me atrevo
pues te descubro en cada rostro nu~vo
a
que merezca mi cuidado...." '
No podia falta~ _en esta recreación poética una imagen
que nos es muy _familiar_~ los que, en mayor o en menor rado, hemos"man_eJa90 ~armosamente la obra de Alfonso Re;es:
~l pa~re, yaron _ct_e siete llagas, sangre manando en la mitad
~l dia, Cn~to militar" como lo llamó en un soneto escrito en
33
Rio
·' de Ja.neiro
1 , en 1923
. . &lt; &gt;· Su vocación de Tele'maco, -voca~iond lue ~ gun psiqmatra desequilibrado habría catalogado
e e ormidad, par~ no faltar a la regla --lo empuja a evoen este_ friso Junto a los grandes héroes homéricos Su
igura se agiganta cuando él dice:
.
DE MI PADRE
pe Alejandro Y de César y de otros capitanes
ilustres por las armas y, a veces · 1a prudencia
y~ encontraba en mi padre como ~na vaga here~cia
aliento desprendido de aquellos huracanes.
'

Pº:º

trlo

�50

El Pensanúento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

Un tiempo al Mío Cid consagré mis afanes
para volcar en prosa sus versos y su esencia:
la sombra de mi padre, rondadora presencia,
era Rodrigo en bulto, palabras y ademanes.
Navegando la Díada, hoy otra vez lo veo:
de cóleras y audacias --Aquiles y Odiseo--,
imperativamente su forma se apodera.
Por él viví muy cerca del ruido del combate,
y, al evocar hazañas, es fuerza que retrate
mi mente las imágenes de su virtud guerrera" &lt;34&gt;.
Todavía una breve referencia a otra de las obras de Alfonso Reyes que yo catalogo como obra de auténtica creación
y que ha sido la que más polémicas y ataques despertó_ en su
torno. Me refiero a su traslado poético de los nueve primeros
cantos de la Ilíada, que él tituló AQUILES AGRAVIADO,
aparecido en el año de 1952. Me atrevo a clasificarla ~entro
de las obras de creación ya que hay en ella algo mas del.
mero traslado y la traducción. Hay algo de aquello que Croce
y Vossler querían para la auténtica traducción: el elemento
creador que se apodere en. la pr?pia, l~ngua_ d~. ,u~ elemento
extraño que ha sido concebido baJo habitos lingmsticos Y cu~turales totalmente diferentes. Quienes censuran este "atrevimiento" de Alfonso Reyes apenas podrán cimentar sus argumentos en razones aceptables. Y si no se ~onvencen valga e!
testimonio unánime da los que sí saben gr1eg,o, de los qu~ s1
han leído a Homero en griego, de los que s1 ha~ tradue1do
del griego, para captar plena y totalme:1te la osadia_ de Reyes.
Entre estas voces oigamos las de Jose Moreno Villa, la de
Medardo Vitier la de Bernarbé Navarro, la de José Luis Lanuza la de Da~iel Devoto la de Enrique González Casanova,
ilust;es desconocidos par¡ los detractores. A éstos Y a sus
secuaces están dirigidas las palabras de Bernabé Nava~ro:
"Dice Don Alfonso: "No leo la lengua de Homero, la descifro
apenas". Ejemplar modestia y sincero reconocimiento ant_e la
erran dificultad de profundizar en una lengua como la griega
; en un lenguaje como el homérico. Con los conocimientos
que él tiene, muchos otros pretenderán doIJ?.inarla. Y en realidad, en un espíritu responsable y severo como Reyes, ese
dominio es descifrarla. Molesta en lo hondo oír decir por ahí
tonta e ignorantemente que don Alfonso no sabe griego: ¿han
seguido acaso esos jueces vanos sus estudios personales y
callados --y por lo mismo más fructíferos-- durante años de
la lengua de Homero, de Esquilo, de Platón? Ante. el alar~e
poético de poner a Home~o en _nuest_ras manos hi~panas_ Y
frente a su acendrada probidad literaria, ¿se atrevera algmen
a repetir esa leyenda infundada y al final de cuentas imper-

Juan Antonio Ayala

51

s?nal f ' &lt;35&gt;. De mí puedo deciros, que apenas descrifro laboriosamente la lengua de Homero y que tuve la suerte de
presenciar por un resquicio la tarea del traslado de Alfonso
Reyes, que ~ste se ha acercado a un ideal y nada más y nada
menos. A fm de cuentas bien podría haber dicho con Rubén
Darío, como éste en su prólogo de PROSAS PROFANAS::
"Y la primera ley, creador: crear. Bufe el eunuco. Cuando
una musa te de un hijo, queden las otras ocho encinta" &lt;3 6&gt;.
Lamento que el breve espacio de tiempo que me habéis
dispensado, no me de lugar a entrar en lo que yo había pla~e~do como segunda parte de esta plática: el estudio y análisis de la obra erudita, de investigación y crítica sobre el
mundo clásico llevada a cabo por Alfonso Reyes en su larga
vida de escritor y que, a mi juicio, lo pone al lado de los
grandes tratadistas de nuestro siglo. Tenemos que pasar por
alto la parte más sólida de su obra y más coherente como es
su primera obra LAS TRES ELECTRAS DEL TEATRO
ATENIENSE, pasando por su DISCURSO POR VIRGILIO
(1931), LA CRITICA EN LA EDAD ATENIENSE (1941),
LA ANTIGUA RETORICA (1942), EL DESLINDE (1944),
PANORAMA DE LA RELIGION GRIEGA (1948), JUNTA
DE SOMBRAS (1949), INTERPRETACION DE LAS EDADES HESIODICAS (1951), HIPOCRATES Y ASCLEPIO
(1~54), PRESENTACI(?N DE GRECIA_ (1954), amén de sus
prologos y sus traducc10nes, para termmar con el último de
sus libros LA FILOSOFIA HELENISTICA (1959).
o o o o
Seño:ras y Señores : Este es un aspecto de Alfonso Reyes •
este es un Alfonso Reyes vivo y operante, este es el hombr~
que como el mismo dijo f'se hizo su leyenda, como Hércules
hizo sus doce trabajos". Este es un Alfonso Reyes más mexicano en cuanto más universal, más humano en cuanto más
apasionado. Estas son mis modestas palabras de homenaje al
humanista que mantuvo encendida su linterna, con el aceite
del Atica, en este México tan suyo y tan de todos y tan universal. Ya no podremos, después de él, acoger con temblor
de_ pena y difícil complejidad aquel grito del viejo Chateubr1and a Ampére que partía para Grecia: "No encontrará
usted ni una hoja de los olivos ni un grano de las uvas que
yo vi en el Atica. Deploro hasta la hierba de mi tiempo.
No tuve la fuerza de hacer vivir un brezo". Porque cuando
le llegó la hora de pagar "su gallo a Asclepíades" como decía Platón a ~us discípulos en la hora suprema, Alf~nso Reyes
nos pudo decir a nosotros como el Prometeo de Luciano: "Os
prometo la reforma y el amparo, oh mortales oh amigos si sois
los suficientemente hábiles, virtuosos y i~ertes par~ reali-

�El Pensamiento Clásico en la Obra de Alfonso Reyes

52

zarlos con vuestras manos".
NOTAS
t.-Alfonso Re yes,

La Filosofía Helenlstlca (Breviarios del Fondo de Cul-

8 México, 1959.
?Pro~eteo en los Infiernos' (Suri Buenos
. Aires, 3a. edic., traducción de Alberto L. Bixi~) ' 1958br~- ~~m Jetas
3.- Jflgenla Cruel, 'Co°'.~n~r~s~i:~L;f1!:f,~aCr(~t~l~c~ni.2trass Mexl~anas,
~~n:~fo~:°c!t't:~~ ~onZm1ca, 1a. edición, Méxlco, 1959) , P· 351.
5
~ -e / iiectras del Teatro Ateniense, en Cuestiones Estética:
· (Sociedad de Ediciones Literarias y Artísticas, Librer!a Paul Ollen
d ff p is 1911). Incluido en Obras Completas de Alfonso Reyes,
I or(C~es:o~es Estéticas, capltulos de Lit erat ura Mexicana, Varia)
1
Letras Mexicanas, Fondo d:1 ~~;tu::a~~n~mcf:ªre~::~c¿e
To6 - E Gómez de Barquero, en
'
'
Edl 16 d Home
· ~ado de Páginas sobre Alfonso Reyes, I (1911-145),
e n e
naje Universidad de Nuevo León, Monterrey, N. L., 1955; págs. B0¡ ·
6
n
~e ~~:~;0 e~~r;ág~~
7 __ Pedr"o Henríquez Urefía, Seis ensa yos ágse
1 ·
Buenos Aires • Madrid, Babel, 1928, P •
l u i
nas sobre Alfonso Reyes I (1911-1945), Edición de Hom~n~ ~ n •.
versidad de Nuevo León, Monterrey, N. L., 1965, págs. 14 - 4 ·
1
s.A~o!~~;;e~r~~1¡~o~~ta~~~!
trc8J);1~:&gt;r:s~a?~::
1
• xlcanas, Fondo de CUitura Económica, México, 1959 , p.
•
9.- lbl(l., pig. 353.
10.- Ibld., plgs. 353-354.
11.- Ibhl., p{lg. 353. E i !des y su época (Colee. Breviarios del Fondo de
12.- Gilbert Murray, ur PN 7 h-aducción de Alfonso Reyes, 2a. edlc.,
Cultura Económ 1ca, o. , 1·
México, 1951) , pág. 48.
13.- Ibld., pig. 177.
14 - lbld., pig. 178.
15:- A. R., mgenla Cruel, loe. cit., pág. 355.
16.- lbld., pig. 3166. Ure" a Sets ensayos en busca de nuestra expresión,
17.- Pedro Henr quez
u ,
ed. clt.
á
18.- A. R. Jflgenla Cruel, Joc. cit., p g. 359 •
19.- Ibld., p{lg. 366-358.
20-GUbert Murray, op. cit., pig. 115.
21:-A. R. mgenla Cruel, Joc. cit., pág. 357.
22.- Ibld., p{lg. 358.
23.- Ibld., p{lg. 356.
24.- Ibld., p{lg. 356.
25.- lbld., pigs. 349-360.
26- Jbl(l., p{lg. 316.
{l
27·- E. Gómez de Barquero, op. clt., P g. 84 ·
28·- Gilbert Murray, op. cit., pig. 188·
3
29:-A. R. Obras Completas, X, Pf~- ~~ -Horaclo (Poema), México, 1949 y
30.- Salomón de la ~!va, Evocac on
r El Salvador, c. A ., 1957.
Evocación de Pmdaro, S~ ~lvag~des México 26 de diciembre de
31.- Gabriel Mé~de~ P~ng~!~s 'sobºr~e Alfon'so Reyes', td. cit., pig. 572.
1945. Toma o e
X C stancla Poética (3. Homero en Cuer32.- A. R. Obras Completas, , on
navaca) , pig. 404.
33.- Ibl&lt;l., pig. 147.
34.- A. R.
ce., X, p{lg. 418.
t II {l 385.
35 _ Páginas sobre Alfonso Reyes, ed. el · Ru•b~ngÍ&gt;arlo Poesfas completas,
· Pr
Profanas Palabras Llmlnares,
'
36.- 7a.osads
' gullar• editor• Madrid, 1952) pág. 596.
e . c. (M• A

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7

Giancar!o Von Nacher ¡ CANTOS INDIGENAS

DE

AMERICA, AFRICA Y ASIA

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ERTENECIENDO por cultura y tradición a los grandes pueblos de Occidente, siempre nos hemos
sent ido atraídos por sus Liter aturas, dejando casi olvidadas
las obras de las primitivas tribus de América, .A.frica y Asia.
Rar os los estudios, r aras las traducciones, sobre todo en español, de este mundo poético que tiene su particular encanto y
que nos decubre valores universales dignos de cualquier otra
liter atura europea, vulgar en formación.
D ejando a un lado las grandes culturas asiáticas, bastante conocidas y apreciadas, haremos una breve r elación sobre
la poesía indisolublemente ligada a la música y a la danza,
de las siguientes razas:
Esquimales, que viven desde el Yenisey al estrecho de
Bering y de las Aleutianas se extienden hasta Alaska y Canadá Septentrional.
Sioux, Cbeinnes, Mohicanos y demás Pieles Rojas de .América del Norte. Aztecas de México, Incas de Sud-América.
Razas autóctonas de Africa y las llegadas en oleadas sucesivas del Este. Maoríes y M:alesianos de las I slas de Xueva
Zelanda y de los .Archipiélagos de las Fiji, Filipinas y H awai.
X os encontramos frente a una liter atura fragmentaria,
debido a que la investigación, que apenas ha super ado el estado inicial, se encuent ra frente a varias dificultades: extinción
de culturas como la Azteca y la Inca; la no fácil interpretación de escrituras antiguas o la falta absoluta de idioma escrito
que nos hubier a podido trasmitir obras que se han así p erdido
en el tiempo.
He aquí unos cantos esquimales, en ocasión de la cacería:
Yi un oso
sobre el hielo a la deriva
como un perro p acífico
-

53 -

�M

Cantos Indígenas de América, Africa y Asia

brincó hacia mí
agitando la cola.
.
.
Hubiera deseado devorarme de m~: diatoirritado giró a mi alrededor y gruma,
pero yo con rapidez le huí.
De la mañana hasta tarde hora
jugamos a pescarnos;
a,espués, cansado el oso
renunció al juego,
entonces.. . . le planté la lanza en el costado
Una maga caía en estado de trance recitando el siguiente
himno a los espíritus:
.
sopla a través de mi espíritu
El grande mar
¡ me pone en movimiento !
El grande mar
¡ me lleva a la deriva!
Me hace ondear
como el alga en la piedra
en el agua del río.
La bóveda del cielo
¡ me po,_ne en movimiento!
El tiempo potente .
, .
sopla a través d~ mi espmtu
me arrastra consigo
y yo tiemblo de contento.
y he aquí, en fin, el canto del_ hombre ~u~rto, que más
que otro resplandece por la potencia de las _imagenes, la belleza del verso y la profundidad del contemdo : .
De alegría me lleno cuando el día alborea quieto
en el espacio del cielo.
De alegría me lleno cuando el sol lentamente sube
por el espacio del cielo
.
Pero de todas maneras la angustia me atormenta
por el hormigueo de los ávido~ gusanos
que desde el hueco de 1~ clavicula
suben a devorarme los OJOS.
.
,
Ahora aquí yazco y recuerdo cuanto mied? me asalto
cuando me sepultaron en una casa de nieve,
Afuera sobre el lago
hermosa era la vida del invierno.
Pero, ¿me alegraba el invierno ?
.
No yo estaba siempre lleno de preocupac10nes. . ..
He~mosa era la vida en el verano.
Pero, ¿me alegraba el verano ?_
No, yo estaba siempre angustiado.

Giaucarlo Von Nacher

55

Hermosa era la vida cuando se espiaba
el agujero del pez en el hielo.
P ero, ¿era tal vez alegre entonces.... ~
Este larguísimo canto, soñado por un viviente, termina
con la negación de las bellezas de la vida. Es con frecuencia
seguido por este otro, dirigido al espíritu:
¡ Espíritu del aire, ven, ven rápido a mí! Te llama tu exorcista.
Ven enseguida aquí, espíritu del aire, y destruye la
( desventura.
Yo me elevo, yo me elevo entre los espíritus, veo las almas
( de los muertos.
¡ Niño, gran Niño, Señor del aire, ven pronto a mí!
Potente, magnífico Niño.

De los Esquimales pasamos a los Pieles Rojas, que cuentan con 150 cepos o familias de lenguas (hoy reducidos a
10,000,000 en todo el Continente). Los caníbales K wakiutls
de la California, cantan en los ritos sagrados :
Tú eres el gran espíritu, caníbal del norte
¡ Tú buscas a los hombres que quieres devorar, gran
( encantador !
Tú desgarras las pieles de los hombres, tienes ganas
·
( de destruir muchos.
Todos tiemblan ante tí, que has estado al fin del
mundo ....
Después de estos cantos y danzas macabras, se comían carne
de cadáveres.
H e aquí un canto Navajo, de Arizona, que podría muy
bien ser tomado por una poesía expresionista europea :
¡ La garza! ¡ La garza! Allá debajo
en el blancoi; de su alas
las huellas de la madrugada
¡ es el alba! ¡ es el alba!
Chipeweies y Algonkines, situados en las Bahías del Hudson y del James, cantan a las estrellas: " .... Nosotros somos
las estrellas que cantamos. Cantamos con nuestra luz: somos
los pájaros de fuego y volamos por el cielo. Nuestra luz es
una voz. Preparamos a los espíritus un camino, un camino
donde caminar .... Debajo de nosotros hay tres cazadores,
que siguen un oso; en todo tiempo han hecho así. Desde lo
alto miramos las montañas. Este es el canto de las estrellas ...
De vez en cuando casi
me compadezco de mí mismo
cuando el viento me transporta· por el cielo
cuando mis ojos escrutan la pradera

�Cantos Indígenas de Amér'ica, Africa y Asia

56

siento en la primavera el verano.
Los Irokeses, pueblo guerrero del alto Tennesse, y los
Omahas, (Sioux), cantan al nacimiento de un niño:
Escuchad, venid cerca de mí, colonias de pescados
estoy aquí para ofreceros el alimento blanco: nuestras
( salivas estén en armonía.....
Sol, luna, estrellas, vosotros todos que os movéis en el
,
( cielo,
escuchadme, os ruego, enmedio de vosotros ha entrado
(una nueva vida;
allanadle, os suplico, el camino, a fin de que pueda
(alcanzar
la cumbre de la primera loma.
Las mujeres Osages cantan al más valiente: "Más valiente que los valientes, buscaste el honor en las puertas de_ la
muerte· olvidando a aquélla que en la casa llora, preferiste
. ".
el honor' al amor. Amado, te lloro, mas no soy vil
Y los Pawnees de Arkansas, cantan así a Tirawa, espíritu
supremo:
Escucha, ¡ qh potente, arriba de nosotros en el silencio azul!
Nosotros alcanzamos la hermosa región,
donde el Padre Trigo tiene inicio
en el país de frontera
el sendero que seguimos conduce a ti;
hasta allá se avanza el Padre Trigo
El sube hacia tí ...
De su poema sagrado el "Hako", leemos un fragmento:
• Sagradas
1

visiones descended a nosotros, trayendo la
'
( a1egna
, '....
Aquí se acercan cruzan el umbral, llenan la cabaña con su
'
,
(presencia
tocan quedo los tambores y donan sus sueños de alegría ....
Ahora ellas nos dejan, pero llenas de alegría;
suben al cielo, alcanzan sus moradas, allá permanecen.
Los Pimas de Arizona cantan en las fiestas: "Cuando humilde suplico a los dioses, alta crece mi fuerza mágica, en el
canto crece. Hermosas mujeres pasan de prisa, con flores azules en la mano, pasan murmurando. A lo largo de la sinuosa
pista, camino hacia el oeste, hacia la tierra del arco iris y
caminando agito en ritmo los brazos".
Nos han quedado unos sesenta himnos aztecas, en sus trece
lenguas autónom'as, ·casi todos obras de singulares poetas (la-

Giancarlo Yon Nacher

57

me1:it~s fúnebr~s, cantos de guerra, himnos sagrados). El Dios
Hmtz1lopochth ( Colibrí del Sur), dios solar y de la guerra
que había de propiciarse con sanguinarios sacrificios así ha:
.
" . . . Y o soy el guerrero, nadie me' iguala.
brl a d e s1' mismo:
~ o en van? me h~ puesto_ la túnica de amarillas plumas, porque a traves de m1 ha nacido el sol. Así el hombre de la tierra
de las _nubes, ha :ecibido _un siniest~o presagio. Al hombr~
de la tler:a del frio he quitado _un pie ( el dios Texcatlipoca,
que era figurado con un solo pie). Me precede en el miedo,
el barro blanco las plumas blancas (símbolos de guerra). El
polvo se levanta en torbellinos, ganados serán nuestros ene.
1111gos
.... "
Las poblaciones del Río Amazonas, de origen africano
cantan en bárbaro francés, a Agoué, dios del mar:
'
Salve Agoué, padre Agoué, habita en el mar·
es el señor de los barcos.
'
En un golfo azul
hay tres islitas
la barquilla del negro
está enmedio de la borrasca
Padre Agoué la trae a salvo
Salve Agoué.
Los Incas, hijos del sol, venerados como los Mikados japoneses, nos han dejado este canto por la muerte de uno de
ellos, cantado por las "Ñustas" (sacerdotisas del sol) :
Lloremos
lágrimas de sangre
lloremos
desesperados, gritando
ya que el sol, para siempre
ha privado de la luz sus ojos.
No más miraremos su frente
oiremos su voz
no más su mirada cariñosa
velará por su pueblo....
En la~ lengua Quechúa, tenemos : "Las gotas de agua que
en la manana encontramos en las flores, son lágrimas de la
luna, que de noche llora".
·
Pasando al Africa, los Bereberes descendientes de los
~úmi_d~s de Yug?rta, se han tr~spasado estos ensayos:
¿ Que arboles deJan caer las hoJas por el frío, si no el olivo,
( el algarrobo y el laurel del río?
La gente de un tiempo ha derribado las flores del mundo•
la gente de hoy vive en el otoño del mundo
'
Bella es la paciencia; y como la saeta que no hiere.

�58

Giancarlo Von Nacher

Cantos Indígenas de América, Africa y Asia

:Mas el que apacenta con malvados comete pecado.
Dios proteja a Sidi Hammu, el cantor
El sabio, el poeta. Decía el pobrecito :
La bala de la emboscada es la más amarga.
Amargas son las lágrimas del amigo que llora.
Amargo es el laurel: ¿ quién lo ha encontrado jamás dulce,
( comiéndolo 1
Yo lo he comido por un amigo, y no me pareció amargo.
Laudable patrimonio poético tienen los Galas y los Somalios : así un Somalio canta los contrastes de su alma:
Podría todo desgarrar frente a mí, como un león,
en vez me acerco cauteloso como una liebre.
Podría ser un destructor, fuerte como un árbol galo},
en vez, me rindo como la flexible planta bo'o.
Podría igualar las olas del mar,
en vez, soy tranquilo como la fuente Geiti.
En vez de proceder con mazo y escudo
alzo el vuelo como una mariposa.
Podría presentarme como el primogénito· de un jefe,
en vez, soy semejante a un hombre de raza innoble.
Los Galas paganos, en resignado fatalismo, rezan:
¡ Oyenos, antiquísimo dios, tú que tienes orejas!
¡ Mfranos, antiquísimo dios, tú que tienes ojos!
¡ Cójenos también, antiquísimo dios, tú que tienes manos!
¡ Si amas los bellos caballos, tómalos!
¡ Oyenos, dios !
Entre la población autóctona (llamada Negrilles) de color _moreno amarillento, los negros llegaron en ondas sucesivas
del Océano Indico y Pacífico: tenemos el canto Bosquimano,
del hombre a dios
Kabbia de los cielos
Toma mi rostro:
¡ Tú me darás el tuyo!
El rostro con el cual, al morir,
Revives y regresas a nosotros
que ya no te veíamos.
Dos cantos Hotentotes:
Heit-sí-eibib,
antepasado nuestro,
¡ haz que tenga fortuna!
Dáme caza
haz que encuentre miel y raíces

'

.

59

para que pueda de nuevo alabarte.
¿No eres tú el antiquísimo antepasado '
¡ Oh Heit-sí-eibib !
¡ Hijo de la nube tonante!
¡ Valiente Gurú de la voz sonora!
¡ Habla con dulzura!
Y o no tengo culpa alguna
¡ Perdóname ! Estoy todo extraviado
¡ Oh Gurú ! Hijo de la nube tonante.
Canto de una mujer Nama a su retoño:
Hijo de una madre de los ojos claros
Oh tú que ves hacia lo lejos
¡ cómo descubrirás un día las huellas de la presa!
¡ Fuerte de brazos y de piernas, robustos tus miembros!
Tirarás seguro el arco, hurtarás a los Hereros
Traerás su gordo ganado a tu madre por alimento.
Hijo de un padre de muslos robustos,
¡ Tú, viril, cuántos hijos gallardos engendrarás!
Entre los Pigmeos, el jefe de la tribu toma entre sus brazos al r ecién nacido, y alzándolo hacia el cielo, grita:
Muchos días han pasado
Somos el campo que emigra.
Tal vez, delante tenemos días claros.
Nosotros no nacemos como las bestias.
Cuando venimos al mundo, el creador nos mira
Y nosotros a él, con el rostro hacia el cielo.
¡ cómo domarás entre los tuyos los bueyes potentes !
¡ Tú, viril, cuántos hijos gallardos engendrarás!
Los Massai, habitantes del Sud-Oeste del Lago Victoria,
entre los cuales, los Dinkas cantan:
Cuando dios en principio hizo el mundo,
creó el sol
y él surge, se oculta mas regresa.
Creó la luna
y ella surge, se oculta, mas retorna.
Creó al hombre
mas éste nace, muere y no retorna más.
He aquí una popular canción de cuna de Haussas ( que
tuvieron un gran poeta, el Sultán Otman Dan Fodio) : "La
hiena no está, el duende está hoy tranquilo. Así que descansa
en paz, niño mío. El elefante está atado; ¡ Córtale, si acaso,
la cola! Bilal es buen niño. Reposa en paz".
Y tenemos aquí algunos proverbios Bornus y un canto
nocturno de los Fuls.- "En el fondo de la paciencia está el

�Giancarlo Von Nacher
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61

Cantos Indígenas de América, Africa y Asia

cielo".- "La esperanza es la columna del mundo".- "Si una
mujer dice dos palabras, toma una (la verdadera) y deja la
otra".Oscuro se ha vuelto el cielo
como algodón teñido de añil.
Como fresca leche se ha puesto a gotear la niebla.
La hiena ha gritado; el león, señor del bosque, le responde.
Esta es la hora en la cual es dulce murmurar con un
(amigo.
Entre los Ewhes (ex-súbditos alemanes del Camerun), rige
un rudimental derecho de autor: es necesario solicitar permiso al poeta para declamar sus versos. El poeta Duho canta
con pesimismo atroz:
¡,Por qué me has mandad? al mm~do?
Si hubiera sabido no hubiera vemdo.
Ignorante es el niño _en el vientre _materno. ,
,
Si hubiera sabido hubiera permanecido en el mas alla.
Estaría aún en el río del confín
y bebería agua.
Maldito el mío Se.... !
La poetisa Dzemawo explica así su deseo de morir:
He cantado y después lloré lágrimas amargas
el mundo es grande, inmenso
Dije: el día de mi muerte
¡ acerque el barquero su ~are~ a la orilla i
Una señal yo hago con la izquierda a los vivos
estoy ya en camino
Dios, escucha: estoy ya en cammo.
Allí se acerca, meciéndose
La barca de la muerte
estoy ya en camino
yo que tantas canciones he cantado.
Una resignación melancólica brota de este can~o anó~üno:
"La bella plaza para los juegos cae pronto en rumas, hierba
de estepa se vuelve el espeso bosque, árida estepa nues!ra
ciudad nuestra casa .. . . . El tambor no suena con alegna.'Miser~ble vida, miserable vida', llora el tambor".
.
La familia de lenguas Bantu ( cerca de 150), que vive en
el Congo, Angola y Camerún, canta así al sol, en lengua Fang:
"Sol que ves todas las cosas, que con tus rayos pei:etras la
oscura nube; sol, rey del cielo, divino cazador, a ti ofrezco
este homenaje. Ante tu mirada refulgente, a las veloces flechas de tu aljaba enfogada se sumerge la espantosa noche,
precipitada en el abismo. Con tus golpes que chispean centellas, le laceras el negro manto forrado de fuego, el negro

manto le laceras, sembrado de estrellas!"
Algunos proverbios Mbundus: "No despreciéis al pequeño
cachorro, un día será grande palmera".- "Quien golpea al
perro del amigo, golpea al amigo".
Proverbios Nyassas: "¡ Un hombre es un junco, cuando
muere despunta otro!"- "Abandona tu casa y atrévete en la
vida!".- "El sedentario tiene miedo hasta del halcón".
Otros proverbios Zulú y Pokomo ( con influencia mahometana).- "No es un Moisés aunque lleve bastón".- "Cada
puerta tiene su llave". "Cuando dos elefantes pelean, la hierba es pisoteada".- "Con un dedo solo no matas un piojo".-·
"Cuarenta lenguas, cuarenta lanzas".- "El mundo es un árbol
podrido, hombre, no te apoyes en él".
De Africa pasamos a Oceanía (lugar de origen de los
negros de Africa). Hawaiana es esta voluptuosa lírica de
amor:
Eres tú, hoja cortada del árbol del amor
suave criatura que excitas mi espíritu.
El ojo, viendo, tiembla ante el pensamiento
¡ ella podría todavía venir!
Mas, ¿ quién ahora la saludaría con cantos 1
Pasado es tu día, tu imagen de ella
el corazón se tortura y se desgarra
¡ qué sufrimiento y tormento en ello!
Al amor ningún mortal huye sin daño ... .
En la Isla de Pascua, la muchacha y el joven expresan
con sencillez ingenua el recíproco deseo de sus cuerpos: "La
espera es larga, entristece y fastidia . .. ."
En la Melanesia, los isleños de la Fiji, un tiempo feroces
caníbales, expresan en este canto de mujer una indecible ternura:
El viento sopla sobre los grandes montes de Mongodoro
sopla entre las rocas de Mongodoro
y también entre los rizos claros de Naloko
Tú me amas Naloko, y yo te soy fiel.
Si me olvidaste no conocería más el sueño.
Si a otra estrecharas en tus brazos
cada comida tendría para mí el sabor de amarga raíz.
El mundo estaría atrozmente privado de felicidad.
Sin tí, mi joven esbelto
de las espaldas anchas, de la nuca sólida.

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Cantos Indígenas de América, Africa y Asia

Los Maores de Nueva Zelanda, tienen bellísimos cantos
funerarios y rituales: valiosas elegías de Rauparata (17691848) .
En las Palau (Filipinas), cantan con precisión sensual:
"Nosotros que somos tus coetáneos, muchacha, queremos cambiar contigo besos alados, morder tu boca de forma bella . ...
el rojo fruto de tus encías".
No he querido con estos 'pocos cantos afirmar que la Literatura Indígena de .América, de .Africa y de Oceanía, tenga
igualdad con la Europea, sino tan sólo acercaros a estos pueblos para hacer notar que también ellos son capaces de
expresarse cumplidamentet de sentir como nosotros, la dicha
o la angustia de la existencia, el sentimiento de la vida y
de la muerte. Las eternas preguntas que el hombre se hace
a sí mismo y a Dios, la contemplación de lo bello y de la
naturaleza que nos rodea, son cantadas en poesía como nosotros las cantamos.

Juanita Soriano / ''LA SIEMBRA INUTIL"

(Poema Maternalj

GENESIS
Surgí desde el vacío femenino
a la luz del amor... , la tierra era
una promesa de la primavera.
Lo lleno se acercó con sangre y vino.

Termino citando un sabio proverbio indio de .América,
que cada hombre debía recordar decenas de veces al día:
" .... No juzgues un hombre antes de haber caminado dos
semanas en sus mocasines ...."

Sobre el vacío de mi surco advino
y me inundó del agua verdadera,

la aridez alumbró con dulce espera
porque lo lleno me mostró el camino.

Te presentí colmado de abundancia ....
Sobre mi cuerpo solo y sin presente
recibí la bondad de tu constancia.

Tenías plenitud. Yo te atraía
como el abismo atrae ciegamente
y Dios sobre la nada se vacía.

�CANCION DE LA SIEMBRA ESPERADA
LA SIEMBRA INUTIL

La mano amante lo espera,
y el labio con besos de hambre.
Capullo de luz primera,
indefensa luz del alba.

Por fin el ángel germinó. Pequeña
era su forma en esencial reposo. • • •
Abrió su fuego el garfio del sollozo
desde mi carne que en soñar se empeña.

Un derrumbe de alas se despeña
sobre mi Sembrador: cauce piadoso,

Pétalo de piel rosada,
fruto formado de amor,
cuerpo de nieve encendida
en inútil floración.
La mano amante esperaba ....
y el beso para su amor.
El niño llegó ... , y se ha ido
como en tránsito de flor.

me regaló su sangre, su alborozo,
que yo perdí. .. ' siendo guardiana y dueña.

MADRIGAL DE LA SIEMBRA PERDIDA
El grito fue mi grito. y aquel hijo
viajando sin retorno hacia la sombra
fue vocación de ardiente regocijo.

La siembra inútil de mi Amado arrastro
dentro de mí. El hijo que me asombra
¿no dibujó en mi pie~ cálido rastro?

¿No voy a ser, gozoso de mi llanto,
como son todos los recién nacidos?
¿Seguiré mi camino de regreso
a donde estuve, sin haber venido?
Solo me iré, dejando la corriente
de los que tienen bajo el sol un nido.
¡Si era ya un todo para darme todo!
¿Cómo es que en inocencia me he dormido?

�VOZ DOLOROSA DEL QUE SEMBRO LA SIMIENTE
La tierra aré y el surco esperanzado
recibió la simiente bondadosa
que germinó en amor iluminado.
La forma delineó su milagrosa
y sumergida faz, que repetía
mi rostro en su presencia misteriosa.
Así busqué amorosa compañía
para labrar el ala, luz y raso,
que transplanté al rosal de mi alegría.
Llegué a la patria del amor, regazo
donde mi afán de perpetuar fulgura
en la tierna violencia del abrazo.
Amé con el calor de mi estructura
al impregnar la sangre de la amada,
transportando a su cauce mi figura.
Dejé sobre su frente reposada
la esperanza del beso que se nombra,
promesa y molde de la flor sembrada.
Abismado en la dicha que no asombra
observé la sonrisa de mi amiga,
sus ojos tristes y su leve sombra.
Vigilaba su gesto, su fatiga,
su manera de ver, su goce fino,
su abstraído silencio y su cantiga.
Hablábamos del tiempo. Del camino
a recorrer; contando cada hora
por alumbrar la flor y su destino.

De lejos me mostró, sobre la aurora,
el lujuriante monte su simiente
repartida en el aire que la dora.
Ví el tamaño del sol . resplandeci~nte
mostrar brote de verdes y amarillos
y el angelado azul de la vertiente.
Ví raíces y savia, caramillos
esparciendo su miel tibia y fecunda
sobre la tierra ardiente de membrillos.
Y al vendaval. .. , su júbilo circunda
Ya embriagando de polen y reseda '
la tierra maternal que en grano abunda.
Miré la lluvia con sus pies de seda,
el temporal en loco revoltijo
el surco abierto de la rosaleda.
Así mi sangre que forjaba al hijo
del humano jardín, blanca dulzura
amplitud a mi fuerte regocijo.
'

La siembra inútil fracasó ... , locura
el beso abierto en la conciencia mía
dulce canción de cuna y amargura. '
D?lido de ser hombre, mi agonía
miraba el fruto en plenitud logrado
desde mi origen a la luz del día.
Llegó el hijo en el límite trazado
y ya perdido... , estela dolorosa
con la forma y la luz en el costado.

�VOZ DE. LA FLOR
El niño muerto, masculina rosa,
navegó por mis ansias varoniles
y desbordó la sangre de la esposa.

Un racimo de dal ias prematuras
hundió mi transparente piel inédita.
Allá, donde se forman las especies,
un movimiento anticipado trajo
mis tiernos pétalos, aún débiles,
hasta la luz del aire.

No lloraré. Mis lágrimas viriles
partieron con el pálido despojo
del arcángel de manos infantiles.

Hundimiento de amores, entre húmedas
sustancias primordiales.
Elementos de ayer, ideal trazado
sobre río de sangre.
Subterráneo torrente de la vida
donde el humano florecer germina.
¡Hambre!

Hoy la luz abrumada de rastrojos,
de niños enterrados en praderas . . ..
lejos las entreabiertas primaveras
de labios tiernos y despiertos ojos.

Yo quise ser, con todos los que alientan
bajo el sol rubio y cálido.
Venía con mi ímpetu de ancestros
varonil y pujante,
traía la sonrisa de mi padre,
el verde-gris de su mirada clara
y la tristeza de mi madre.

.

.

Caí, desde la sombra,
destituido
de mi silencio oscuro.
Golpeándome la frente candorosa
contra el ambiente de la lumbre.
Me recogió la Sombra il imitada
en su amistad segura,
me suavizó las líneas, en solemne
resignación primera.
Me llevé mis dos manos apuñadas,
mis piececillos leves,
y el grito que esperaba abrir el día
de mi triunfal llegada.

�Destruida cosa.
Fibra del corazón, sobre cenizas,
basura de alas rotas.
El tallo, de mi desconocida madre
fué cortado,
y separado de mi origen
llegué al piadoso campo que me cubre.
Hoy... ,
cicatrices sobre la memoria
de los que nunca conocí;
renovado peligro del recuerdo,
rebeldía hasta el fin.
Algunos niños ríen ....
Un hombre y una mujer lloran
el perdido refugio de m1 risa.
Vegetales senderos
de flor y fruto,
de brote tierno y nuevo
y de amor generoso,
fructificado y negativo.
Recuerdos de sonrisa
que nunca floreció,
de azuladas arterias diminutas,
mapa y ríos de sangre,
y mirada dormida
al fondo de la madre que me amó.
Un hombre y una mujer lloran ...
oyen risa de niños
como alas que se alejan con su sombra.

TIERRA DOLOROSA
El hijo dormido, la rosa
en tallo de sangre encendida,
me llama con todas las voces
en leves coloquios de brisa.
Sus pasos ausentes alumbra
andando con suave caricia
por todas las rutas del alma
en surco de ausencia dolida.
Me puebla las células tristes
su faz de dorada ceniza,
navega por todo mi cuerpo
y en todo mi espíritu habita.
Del sol prisionera, mi sombra
conserva la estela perdida,
un día acuné la esperanza
y ví del ensueño la sima.
Miré florecer en mi talle
la rosa de amor y de dicha.
Su fuente de inútil du lzura
mi pecho amoroso de vida
un blanco dolor destilado
quedó sobre tierra vacía.
¡El hi jo dormido, la rosa,
aún por mi sangre camina!
¡Aquel esperar el momento
en que iba a encontrar su sonrisa! ·
¡Aquel mi llevarlo constante
sin dar a su imagen salida!
¡Aquel entrever jubiloso
el claro alborear de su Día!,
su dulce presencia en el aire
me quema de afán la !:)upila.
Ansiosa, la sombra de mi alma

�alas en mi recóndita agonía .. . .
En el aire perdida su azucena.

socorre la sed de mi arcilla,
me puebla de luces pequeñas
la entraña que el fruto no olvida.
El hijo esperado, la aurora,
la rosa de luz masculina,
pasó con su tránsito leve
dejando mi amor a la orilla.
Hoy finge reflejo de alas
y en sombra lejana me mira,
si tiendo mis manos amantes
su forma en el aire deshila.
Me llama con signos y señas,
vagando, sin faz definida,
le veo formarse en la lluvia
y junto al cristal se adivina.

Brilló el ojo azulado en la terrena
casa de anhelos y de cobardía.
Murió la savia de su ser, traía
designio de naufragios y de arena.
Lirio de mi nostalgia, a toda hora,
sobre mi mente enredas turbadores
recuerdos de marfiles y de aurora.
Lo que un instante fué vida y aliento
como desconocidos pobladores ....
y era apenas un cáliz ceniciento.
II

Le pido a su imagen flotante
que el peso de sombras extinga,
pero ella me crece en las manos
alzando su aurora vencida.
Me alumbra los párpados quietos
y oscuros de sueño y vigilia,
me nace por todos los poros,
lo mío anhelando en luz fija.
Me cruza la frente con todo
lo que pudo ser y hoy es ruina,
me dice que en cada momento
mi amor ha perdido su enigma.
¡El hijo dormido, la rosa ....
y el huerto cerrado a la vida!

Las manos bautizadas en la fuente
humeante de la sangre. Muerta cosa.
Perdida ya la nacarada rosa
entre el rojo rodar de un mar doliente.
Del alma emerge soterrada gente,
muchedumbres eri tribu que me acosa:
voces de ayer, ancestros ... , turba ansiosa
con mirar verde azul bajo la frente.

. .

Empaparon de lágrima el camino
- sin canciones de cuna y esperanza viajan conmigo en singular destino.

NAUFRAGIO

No habrá un ala prendida a mi alegría,
en lo que pudo ser sonríe y danza
pero en lo que es solloza y desvaría.

I

III

Se desgarró mi luna en sangre ajena,
amoroso marfil y flor que abría

Así te alejarás ámbar quebrado,
día a día muriendo en mis desvelos,

�repitiendo entre lágrimas y anhelos
tu naufragada historia en mi costado.
¡Ay, espejos de azul imaginado
y sol robado a mis oscuros cielos!,
y palabras y pasos, paralelos
parecidos al Otro - el que ha llorado.
Un vacilante instante de descuido
hizo surgir de angustia cegadora
el diminuto tallo defendido. .
En el reloi el tiempo fué de piedra:
marcó la sangre de mi ardiente aurora
con su muerte esculpida en polvo y hiedra.

IV
Hoy el eterno imaginar su vida:
¿correría en la playa de las olas?,
mancharía sus manos de corolas,
con la mirada alegre - enverdecida.
¡Ah tal blancura de otro sol traída!,
las sonrisas y lágrimas a solas,
¿alguna boina roja?, caracolas
y palabras y sangre resurgida.
Mi débil sombra para su lamento
no lo supo guardar. Y su ternura
quedará dibujada sobre el viento.
No me consolaré, sol desterrado,
acunaré en mis brazos tierra oscura
y lloraré por siempre lo llorado.

VOZ DE LA ANGUSTIA
Cada sonrisa visl umbrada
y voz de niño y su misterio
es luz que nace y que se agita
y en mi conciencia muere luego.
Pasos y gritos infantiles
en mi aflicción hallan alero,
pueblan mi sueño de fantasmas
en horizontes del deseo.
Después de mucho, quizá un día
vendrá el consuelo.
Hay en las tardes y en las playas
algo de inútil a mi empeño,
la ola azul canta vacía,
la rosa flota en aire muerto.
No sé decir si en soledades
florece el cactus en mi pecho,
semiborrado el mundo es de humo
sin el milagro de mi anhelo.
Mi sol habita entre neblinas...
no sé si duermo.
Sobre mi pena en terca lucha
y rebeldía me sostengo;
creo sentir que fue la vida
sólo un d~lirio por su beso.
Lúcidas formas de otro sino
trazan su sombra en mi cerebro,
al extenders.e por la playa
lo que no fué se hace recuerdo.
Y me pregunto alucinada:
¿se fugó el tiempo?
El tiempo que iba a .ser instante
de oscura luz en el cabello,

�de risa fresca y jubilosa,
niño corriendo en mi sendero.
De mano que iba ir en la mía
como flor blanca y brote nuevo.
Rostro esfumado y conocido
que vislumbró mi pensamiento.
De duelo el mar de mi esperanza ...
perdí su cielo.
Ya par-a qué el cenizo río
guarda pedruscos en su lecho,
si no ha de ir el niño ausente
a contemplarse en sus espejos.
Ya para qué las mariposas
muestran la gracia de su vuelo
si ya el asombro de sus ojos
no ha de estrenar este misterio.
Ya nada existe aunque haya niños ...
pasos ajenos.
¿Qué habrá de ti en el ancho espacio
donde tal vez tienes un hueco?
Yo sé que hay flores en la tierra
donde descansa tu silencio.
¿Qué habrá escondiendo tu figura
entre los límites del tiempo?
Donde una estrella se ilumina
creo mirar de ti un aliento.
¿Qué hay para ti en el ancho espacio...
un ángel ciego?
En algún páramo ignorado,
en otro ámbito del Tiempo
encontraré el cauce perdido
- o en este instante de lamento -.
Estás aquí por un recodo
que he de buscar siguiendo un eco,
libre de todo cruel delirio

de las cenizas y el ensueño.
Mientras te busco en lontananza
el cielo es negro ...

MENSAJE
Quiero cantar un himno a tu muerte rodeada de luceros,
seguir de ti una huella por el lechoso polvo del
(espacio-tiempo.
Te creí tan seguro,
tan guardado en el fondo de mi vida,
que no puedo perderte
sin ensayar mi adiós.
Si nada es sin objeto,
si tú ya eras un algo,
no puedes haber pasado sin sentido,
totalmente,
sin que de ti flote una brizna
junto a la lumbre de una estrella .
Si tenías el rostro indefenso y solemne
ante el pequeño drama de tu muerte;
si estaba en todas tus líneas la figura del hombre
con su escondido espíritu perenne;
si había sangre y vida en tus arterias
- ¡ví tus venas azules y livianas!-,
no puedes esfumarte
en actitud final.
Por los países de la muerte
tu luz se enciende.
Con el rostro caído sobre el pequeño espacio
de la tierra que cubre tu misterio,
cierro los ojos y floto en un delirio
que arrastra esta parcela y llega al mar;
y no es más tierra verde

�sino una leve nave que va de espuma a nube
hasta la estrella más lejana ....
Ahí te encontraré
transfigurado en luz.
Y yo te canto
desconocido amor,
que llegaste a mis brazos
siendo tierno jazmín
arrancado;
En tu viaje de estrellas te acunan mis palabras
y son blancura y seda para el frío.
Te acarician mjs labios en la brisa;
en el agua
y sobre el rostro de algún niño.

Libros

BIBLIOGRAFIA

DE ALFONSO REYES

Se prescinde de las publicaciones en revista no recogidas
aún en volumen o de que no hay tirada aparte.

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-SIMPATIAS Y DIFERENCIAS, 5 volúmenes (que comprenden en el 4o. y 5o. respectivamente, "Los dos caminos" Y "Reloj de Sol"), Madrid 1 1921-26.-EL CAZADOR. Madrid, 1921.L'EVOLUTION DU MEXIQUE. París, 1923.-VISION" DE
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VISPERAS DE ESPAÑA. Buenos Aires, 1937. (Recoge los
Cartones de Madrid, En el Ventanillo de ~o!e~o, Horas de
Burgos, La Saeta, Fuga de Navidad y otros meditos.)-:--MONTERREY. Correo Literario. Río de Janeiro, Buenos Aires, 14
números de que el penúltimo tiene dos ediciones : Una de Río
de Janeiro y otra de Buenos Aires. De 1930 a 1937.-HO~'.IILTA POR LA CULTURA. México, 1938.-AQUELLOS DIAS.
Santiago de Chile. 1938.-MALLARl\IE ENTRE NOSOTROS.
Buenos Aires, 1938.-CAPITULOS DE LTTERATURA ESPAtiíOLA. Primera serie, México, 1939. (Recoge varios prólogos
de ediciones de clásicos españoles. )-LA CRITICA EN" LA
EDAD' ATENIENSE México, 1941.- PASADO INMEDIATO.
México 1941.-LOS 'srnTE SOBRE DEVA. México, 1942.LA ANTIGUA RETORICA. México, 1942.- ULTIMA TULE.
México 1942.-LA EXPERIENCIA LITERARIA. Buenos
Aires 1942.-EL DESLINDE. Prolegómenos a la Teoría Literario.' México 1944.-TENTATIVAS Y ORIENTACIOl\TES.
l\Iéxico. 1944..'._DOS O TRES MUNDOS. México, 1944.-VISION DE ANAHUAC. Tercera edición. México, 1944. (Comprendida en DOS O TRES MUNDOS, pp. 179-218.)-NORTE
y SUR. México, 1944.-TRES PUNTOS DE EXEGETICA LITERARIA. l\Iéxico, 1945.-CAPITULOS DE LTTERATUR~'\.
ESPAÑOLA. México, 1945.-CALENDARIO Y TREN DE O~-

Libros

81

DAS. Segunda edición, México, 1945.-PANORAMA DEL
BRASIL. México, 1945.-SIMPATIAS Y DIFERENCIAS. Segunda edición, 2 vols., México, 1945.-JUAN RUIZ DE ALARCON. (En inglés.) Cambridge, Mass., 1945.-J. TORRES BODET Y A. REYES. Discursos en la Academia Mexicana de
la Lengua. México, 1945.-LOS REGIOMON'l'ANOS. Monterrey, 1945.-LAS LETRAS PATRIAS. México, México y la
Cultura, 1946.-POR MAYO ERA, POR MAYO. México, 1946.
-LOS TRABAJOS Y LOS DIAS. México, 1946.-HOMENAJE EN EL COLEGIO NACIONAL AL MAESTRO ANTONIO
CASO. México, 1946 (Contiene un discurso de A. Reyes.)A LAPIZ. México, 1947.-GRATA COM:PAÑTA. México, 1948.
ENTRE LIBROS. México, 1948.-DE UN AUTOR CENSURADO EN EL "QUIJOTE": ANTONIO DE TORQUEMADA.
México, 1948.-PANORAMA DE LA RELIGION GRIEGA.
México, 1948.-LETRAS DE LA NUEVA ESPAÑA. México,
1948.- SIRTES. México, 1949.-DE VIVA VOZ. México, 1949.
-MI IDEA DE LA HISTORIA. Monterrey, 1949.-JUNTA
DE SOMBRAS. México, 1949.-TERTULIA DE MADRID.
México - Buenos Aires, la. edición 1949.- 2a. edición 1950.CUATRO INGENIOS. México-Buenos Aires, la. y 2a. ediciones, 1950.-EL HORIZONTE EN LOS ALBORES DE GRE'CIA. México, 1950.-TRAZOS DE HISTORIA LITERARIA.
México-Buenos Aires, la. y 2a. ediciones, 1951.-EN TORNO
AL ESTUDIO DE LA RELIGION GRIEGA. México, 1951.ANCORAJES. México, 1951.-MEDALLONES. México-Buenos
Aires, 1951.-INTERPRETACION DE LAS EDADES HESIODICAS. México, 1951.- LA EXPERIENCIA LITERARIA. Segunda edición, Buenos Aires, 1952.- LA X EN LA FRENTE.
México, 1952.-MARGINALIA. Primera serie. 1946-1951, México, 1952.- MEMORIAS DE COCINA Y BODEGA. México,
1953.-DOS COMUNICACIONES. México, 1953.-VISION DE
ANAHUAC. Cuarta edición, México 1953.- EI.J SUICIDA. Segunda edición, México, 1954.-EL CAZADOR, Segunda edición, México, 1954.-TRAYECTORIA DE GOETHE. México,
1954.-PAREN'fALIA. México, 1954.-MARGINALIA. Segunda serie, México, 1954.-HIPOORATES Y ASCLEPIO. México, 1954.- MALLARME ENTRE NOSOTROS. Segunda edición, México, 1955.-VISION DE ANAHUAC. Quinta edición.
Puerto Rico, 1955. (Comprendida en PROSA MODERNA EN
LENGUA ESPAÑOLA por Segundo Serrano Poncela. pp.
433-447 ).-PRESENTACION DE GRECIA. México, 1955.VISION DE ANAHUAC. Sexta edición. (Tirada aparte del
Vol. II de Alfonso Reyes OBRAS COMPLETAS. )-LA DANZA. La Habana, 1956. (Miscelánea 'en honor de don Fernando
Ortiz.)- LAS BURLAS VERAS (Primer ciento.) México, 1957.

�Libros

82

-ESTUDIOS HELENICOS. México, 1957.-PARENTALIA.
(Primer libro de recuerdos. ) México, 1958.-LA FILOSOFI~
IÍELENISTICA. México 1959.-NUESTRA LENGUA. México 1959.-LAS BURLAS VERAS. (Segundo ciento. ) México,
1959.-CARTILLA MORAL. México, 1959.-MARGINALIA.
Tercera serie: 1940-1959. México, 1959.

II. NOVELISTICA
Se prescinde de lo publicado en revistas y no publicado
en volumen.
EL PLANO OBLICUO. Madrid, 1928.-EL TESTIMONIO
DE JUAN PEÑA. Río de Janeiro, 1930. LA CASA DEL GRILLO. México, 1945.- VERDAD Y MENTIRA. Madrid, 1950.ARBOL DE POLVORA. México, 1953.-QUINCE PRESENCIAS. México, 1955.-LOS TRES TESOROS. México, 19555.

III. ARCHIVO DE A. R.
EL SERVICIO DIPLOMATICO MEXICANO. Buenos
Aires, 1947.-INTRODUCCION AL ESTUDIO ECONOMICO
DEL BRASIL. México, 1938.-LA CONFERENCIA COLOMBO-PERUANA PARA EL ARREGLO DEL INCIDENTE DE
LETICIA (1933-1934.) México, 1947.- LA INMIGRACION EN
FRANCIA: 1927. México, 1947.- MOME'NTOS DE ESPAÑA:
MEMORIAS POLITICAS: 1920-1923. México, 1947.-CRONICA DE FRANCIA, I. México, 1947.-BURLAS LITERARIAS
(1919-1922.) México, 1947.-LA CONSTELACION AMERICANA (1936.) México 1950.-CRONICA DE FRANCIA, II.
México, 1952.-CARTILLA MORAL 1944. México, 1952.BERKELEYANA (1941.) México, 1953.-DE LA ANTIGl!EDAD A LA EDAD MEDIA. México, 1954.- TROYA. México,
1954-TRES CARTAS Y DOS SONETOS. México. 1954.LIBROS y LIBREROS DE LA ANTIGUED.AD. México, 195_5.
-CRONICA DE FRANCIA, III. México, 1955,----:--CRONICA
DE FRANCIA, IV. (Enero a junio de 1926.) Mex1co, 1956.(M García Blanco El Escritor Mexicano Alfonso Reyes Y
Un~muno. )-CRONICA DE FRANCIA, V. (Junio 1926 a febrero 1927.) México, 1957.- RESUMEN D~ _LA LITERATURA MEXICANA (Siglos XVI-XIX.) Mex1co, 1957.- EL
TRIANGULO EGEO. México, 1958.-LA JORNADA AQUEA.
l\Iéxico, 1958.- BRIZNAS, I. México, 1959.- GEOGRAFOS
DEL MUNDO ANTIGUO. México, 1959.

Libros

83

&lt;le Hi!a.-Madr_id, 1917.-PAGINAS ESCOGIDAS de Ruiz de
Alarcon. Madrid, 191?.-TRAT.ADOS de Gracián. Madrid,
19~8.-:--TEATRO de Rmz de Alarcón, I. Madrid, 1918. Segunda
e~1c1on, 19~3.-P.OEMA DEL CID . Madrid, 1919. Reproducida d~spues varia~ veces.-LOS PECHOS PRIVILEGIADOS
de Rmz de ~larcon.-Madrid, 1919.-TEATRO de Lope de
Vega.-Madrid, 1919. (El texto no estuvo al cuidado de Reyes. )-:-LAS AVENTURAS DE P ANFILO de Lope de Vega.
Madrid, 1920.-LECTURAS: ENSAYOS. Madrid, InstitutoEscuela de 2a. enseñanza, 1920. (Selección de A. Reyes). O~RAS COMPLETAS de Amado Nervo. 29 volúmenes. Madrid, 1920-1928.-FABULA DE POLIFEMO Y GAL.ATEA DE
GONGORA. Madrid, 1923.-Antonio de Fuente La Peña1 SI
EL HO~BRE PUEDE ARTIFICIOSAMENTE VOLAR. Río
de Jane1ro, 1933.- Justo Sierra, EVOLUCION POLITICA DEL
PUEBLO MEXICANO. México, 1940.-L. G. Urbina, CANCIONERO D~ LA NO~HE SER~NA. México, 1941. (Pról.
de A. Reyes : Recordacion de Urbma.")-W. Frank VIRGIN
SfA.IN, 2a. edición, N. York, 1942, (Pról. A. Reye~. )-Antomorrobles, ¿SE COMIO EL LOBO A CAPERUCITA? México,
1942.-J. Burkhardt, REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA
UNIVERSAL. México, 1943.- A. Castro Leal, JUAN RUIZ
DE ALARCON: SU VIDA Y SU OBRA. México 1943.-A
Zárraga, ~O_EMAS. México, 1944.,--M. de Villanueva'. UN DESTINO. Mex1co, 1945.-V. Bérard, RESURRECCION DE HO1\IERO. _Tr. A. Alamán. (Pról. A. Reyes.) México, 1945.P. ~enriquez Ureña, P A.GIN.AS ESCOGIDAS. México. Bibl.
Enc1cl. Popular No. 109. 1946.-Hoyningen-Huene, MEXICAN
HERITAGE, Album fotográfico. N. York, 1946. (Pról. A. Reyes).- J. A. Balseiro, LA FUERZA CAUTIVA. La Habana,
1946. (Pról. A. Reyes. )-J. Camp, LA GUIRLANDE ESPAGNOLE. (Sonetos españoles trad. al francés.) México, 1947.
(P,ró_l. de A. Reyes).-L. Vasse, ANDANZAS MEXICANAS.
Mex1co, 1947.-René Marchand, PARALLELES LITERAIRES
FRANCO-RUSSES. Precedidos de una carta en español de
A. R., México, 1949.-Colaboró en las OBRAS de Góngora
en 3 volúmenes, bajo la dirección de R. Foulché-Delbosc. New
York-París, Bibliotheca Hispánica, 1921.- Lope de Vega, LAS
A"\!ENTURAS DE P A~ILO. México, "La Flecha" No. 1,
19.:&gt; ~.- ~ ernard Mandeville, EL PANAL RUMOROSO, paráfrasis libre de Alfonso Reyes, México "La Flecha" No 2 1957
(1958.)
'
. '

IV. PROLOGOS Y EDICIONES COMENTADAS

V. TRABAJOS NO LITERARIOS

- MEMORIAS DE FRAY SERVANDO TERESA DE MIER.
Madrid, 1917.-J&gt;AGINAS ESCOGIDAS de Que-yedo. ~adrid,
1917.-LIBRO DE BUEN AMOR de Juan Rmz, Arcipreste

Se prescinde de los no recogidos en edición aparte.
CONFERENCIA A LA MUERTE DE HENRI MOiiilSAN
México, 1957.-TEORIA DE LA SANCION. México, 1913._:

�Libros

84

GUIA DEL ESTUDIANTE. En colaboración con Antonio G.
Solalinde, Madrid, 1918.-CODIGO DE A. PAZ. En colaboración con Manuel J. Sierra la. edición. Montevideo 1933.
2a. edición. ( Colaboración de Pablo Campos Ortiz.) Buenos
Aires, 1936. .

VI. TRADUCCIONES.
Sólo las recogidas en volumen, -salvo el cuento de J.
Romains,- prescindiendo de las de 1\fallarmé que constan ya
en el volumen MALLARME ENTRE NOSOTROS, o de las
que aparecen en otros libros de Reyes. Se prescinde de obras
de Reyes traducidas a otras lenguas.-Chejof, LA SALA No.
6, En colaboración con N. Tasin. Madrid, Calpe.-G. K. Chesterton, ORTODOXIA, Madrid, Calleja, 1917.-Ibid., PEQUE~A HISTORIA DE INGLATERRA, (con prólogo.) Madrid,
Calleja, 1920.-Ibid., EL CANDOR DEL P. BROWN. Madrid,
Calleja, 1921.-Ibid., EL HOMBRE QUE FUE JUEVES, ( con
prólogo.) Madrid, Calleja, 1922.-Alejandro Alvarez, EL DERECHO INTERNACIONAL DEL PORVENIR.-Trad. del
francés en colaboración con R. Blanco-Fombona. Madrid, 1917.
-L. Sterne, VIAJE SENTIMENTAL POR FRANCIA E ITALIA. Madrid, Calpe, 1919.-R. L. Stevenson, OLALIA. Madrid, Calpe, 1922.-G. D. H. Cole, DOCTRINAS Y FORMAS
DE LA ORGANIZACION POLITICA. la. edición: México,
Fondo de Cultura Económica, 1937. 2a. edición. id., 1938.J. Romains, NOMENTANO EL REFUGIADO. México, CUADERNOS AMERICANOS, abril, 1943.-Petrie, INTROD. AL
ESTUDIO DE GRECIA. México, 1946.-C. M. Bowra, IDSTORIA DE LA LITERATURA GRIEGA. México, Fondo de
Cultura Económica, 1948. G. Murray, EURIPIDES Y SU
EPOCA. México, 1949.

VII. OBRAS COMPLETAS.
I. CUESTIONES ESTETICAS. CAPITULOS DE LITERATURA MEXICANA. VARIA. Fondo de Cultura Económica. México, 1955.-II. VISION DE ANAHUAC. LAS VISPERAS DE ESPA~A. CALENDARIO. F. C. E. México, 1956.
-III. EL PLANO OBLICUO. EL CAZADOR. EL SUICIDA.
AQUELLOS DI.AS. RETRATOS REALES E Il\1:AGINARIOS.
F. C. E. México, 1956.-IV. SIMPATIAS Y DIFERENCIAS.
LOS DOS CAMINOS. RELOJ DEL SOL. PAGINAS ADICIONALES. F. C. E . México, 1956.-V. IDSTORIA DE UN SIGLO. LAS MESAS DE PLOMO. F. C. E. México, 1957.-VI.
CAPITULOS DE LITERATURA ESPA!i;JOLA (la. y 2a. serie.)
DE UN AUTOR CENSURADO EN EL "QUIJOTE." PAGINAS ADICIONALES. F. C. E. México, 1957.-VII. CUESTIONES GONGORINAS. TRES ALCANCES A GONGORA.

Libros

85

VARif.. ENTRE LIBROS. PAGINAS ADICIONALES F C
E. Mex1co, Hlfí8.-VIII. TRANSITO DE AMADO NERVO.
DE .VIA VOZ. A LAPIZ. TREN DE ONDAS. VARIA. (A
Vuelt~ ?e Correo. Voto por la Universidad del Norte ) F C
E. Mex1co, 1958.-IX. NORTE Y SUR. LOS TRABA.TOS· y
LOS DJA~. _HISTORIA NATURAL DAS LARANJEIRAS
F.,c: E. l\iex1co, 1959--X. CONSTANCIA POETICA F C E:
Mex1co, 1959
· · · ·

J. A. R.

�Libros

87

Leopoldo Hurtado, LOS AMIGOS. Buenos Aires:
Emecé Editores, 1959. Novela.

EN la ficción argentina contemporánea hay un grupo de autores jóvenes que se interesan muy
poco por los gustos distintivos y originales de su país para
tratar temas más generales y corrientes. Una ojeada a las
novelas recién aparecidas dará prueba de ello, aunque muchos novelistas, claro está, todavía se empeñan en escribir
obras de auténtico sabor argentino. La novela criolla y la
novela porteña ceden paso muchas veces a obras de enfoque
psicológico, a obras de fantasía o de puro capricho literario.
Tampoco muestran estos jóvenes gran interés por valerse del
rico caudal de la historia contemporánea; nótese, por ejemplo, el silencio en cuanto al régimen peronista, tema muy
propio, me parece, para interpretaciones novelísticas.
Leopoldo Hurtado, que pertenece al joven grupo de novelistas, ha ganado un segundo premio en los Concursos Literarios Emecé de 1958 con su novela Los amigos. Quizá lo que
más llama la atención en esta obra es la forma epistolar en
que se nos revela el argumento. La obra se compone exclusivamente de cartas cambiadas entre varios miembros de dos
familias complicadas en un supuesto homicidio. Las primeras
cartas, que los hijos del finado señor Ortelli dir.igen a su tía,
divulgan la desgracia que acaba de suceder. Es que en su
lecho de muerte Antonio Ortelli le rogó a su hijo Mauricio
que registrara su escritorio y que tirara cuanto no tuviera
importancia. Dió con unos papeles de carácter íntimo, entre
ellos una nota en que su padre confiesa haber matado, hace
muchos años, a su mejor amigo, Francisco Murano. Mauricio
no vaciló en hacer intervenir a la policía, pues creía "no haber hecho otra cosa que cumplir hasta el fin con un deber
filial" . (p. 20). Y cosa extraña: revelada la confesión a las
autoridades, el padre se sentía libre de un inmenso cargo y
murió felizmente sin rencor alguno hacia su hijo.
Las cartas que siguen apuntan las dudas que rodean
este caso. ¿Es posible que Ortelli, hombre sencillo y bondadoso, haya cometido tal crimen 1 i Y por qué Y ¿ Qué motivo
impulsó a Mauricio a delatar a la policía, sobre todo cuando
halló a su padre en las agonías de la muerte Y Mediante un
intercambio de cartas, se aclaran los antecedentes del supuesto delito y las relaciones extrañas de amistad entre Ortelli
y Murano. Por fin, llegamos a saber que todo era un gran
engaño, que Murano falleció de un ataque del corazón, y
86

que Ortelli mismo confeccion~ la decepción como el único
modo de ;~rengarse ~e un_ ,amigo (Murano) que le aventajó
en t~do. ~n su ª°:ligo vio constantemente el ejemplo de lo
q_ue el hubiera quendo ser y no pudo o no tuvo fuerzas suficientes para poder ser". (p. 148).
Se lee l:i, novela ~on mucho interés y placer, debido a
una trama bien con~eb~da y desarrollada, ( aunque tiene a veces los exc~sos rcmanticos del siglo pasado), en la cual Hurtado maneJa con destreza los elementos de misterio y de
sospecha, de _duda y recelo, que tanto predominan en la obra.
~e lo argentmo no hay nada en absoluto; de lo hispanoamericano tampo~o. La acción puede acaecer en cualquier país
Y los pe:sonaJes pueden ser de cualquier nacionalidad. Quizá
esto limita el val?r de Los amigos; acaso el cuadro artístico
res~l~e menos estimable por no ubicarse dentro de un marco
defmid?·., No obst~nte, tiene ciertos méritos bien evidentes:
la pr_ec1s10n Y ~laridad ?e la prosa, el acierto en reconstruir
las circunstanci~s que dieron origen a la rara unión emocional entre Ortelh. y Murano, y cierta facilidad de reconciliar
los ~lementos divergentes del argumento. Cada personaje
consider~ el caso desde ~n punto de vista distinto, según el
lazo sentimental que le hga a Ortelli o a Murano.
Con esta_ ~ovela Hurtado ha emprendido la düicilísima
tarea de :scn,b~r una novela epistolar, con todos los peligros
Y az~res imphcit_o~ en este género de ficción. En general. ha
vencido estas dificultades, haciendo que el lector se deje
llevar suav~mente por la trama casi sin darse cuenta de q{1e
lee una sene _de cartas. ¡ Que venga pronto otra novela de
Leopoldo Hurtadb !

Myron l. Lichtblau
Universidad de Syracuse.

~bras Completas_ de Alfonso Reyes, Tomo X, Constancia Poética, Letras Mexicanas, Fondo de Cultura Económica México
D. F. 1959.
'
El último tomo de sus Obras Completas que vió publicado
~- _..Alfon~o R,eres fue el de su Obra Poética, en edición defin!tiva., ~imbohcamente se ha titulado este volumen Constan~1ª Poet1ca: "9on_stancia" significa en boca de su mismo autor
a la vez cont~nmdad y documento probatorio". Continuidad;
e~!º es, una vida consagrada a la admiración y a la penetrac1011 dentro del fenómeno poético. Documento · probatorio :

�88

Febrero de Caín y de metralla:
humean los cadáveres en pila.
Los estribos y riendas olvidabas
y, Cristo militar, te nos morías . ...

respuesta al coro de los grlilos que cantan a la luna, que no
se cansaron ni se cansan de •repetir que Don Alfonso Reyes
'no era poeta', como si el ser o no ser poeta dependiera de la
voluntad de uno o del juicio de los demás. Ahí está su obra
para atestiguamos la más grande de las constancias y de las
vocaciones. Ahí están las luchas con el ángel de la poesía
ahí los triunfos.
'
Fundamentalmente este volumen está basado en la primitiva edición de su Obra poética (:México, Fondo de Cultura
Económica, 1%2, Letras Mexicanas), (complementado con las
poesías que no aparecieron en éste último y con otras producciones posteriores al añ ode 1952). Esta Constancia Poética
comprende: I, Repaso poético: 1906-1958; II, Cortesía: 19091947 ; III, Ifigenia Cruel : 1923; IV, Tres poemas: l. Minuta:
1917-1931.2, Romances del Rfo de Enero: 1932, 3, Homero en
Cuernavaca: 1948-1951; V, Jornada en Sonetos inéditos o
por primera vez recogidos: 1812-1951. (VI, Romances sordos,
añadidos en la presente edición: 1938-1953), VII, Apéndices.
Creo yo que este volumen de las Obras Completas es uno
de los que más nos acerca a la personalidad de Alfonso Reyes
y el que nos da facetas más interesantes de su actividad intelectual. PorquE', Alfonso Reyes, como poeta, presenta mil caras, mil aspectos, mil distintas cualidades que lo hacen uno
de los poetas modernos de habla castellana más ricos y vitales.
Esta es precisamente la definición y la palabra: lo vital,
"historia viva". Porque nos encontramos desde la estrofilla
galante dedicada a una dama, hasta el poema tierno, apasionado dedicado a su padr e o a su madre,amén de sus grandes
recreaciones clásicas, como es la Ifigenia Cruel o su Homero
en Cuernavaca, es decir aquellas obras donde Alfonso Reyes,
sin convencionalismos, sin imperativos de carácter intelectual,
se nos desnuda y se nos presenta tal como él era. A mí por
lo menos, los árboles, en el caso de Alfonso Reyes, su gran
obra de ,e~udición jamás me han impedido ver el bosque, su
obra poetica y su concepto de la poesía. Quienes todavía no
han caído en la cuenta de que Alfonso Reyes fue un extraordinario poeta están demasiado rodeados por los árboles o
están llenos de mala voluntad y de veneno· con éstos mejor
sería no discutir. ¡Es que acaso no es poet~ un hombre que
escribe:
9 de Febrero de 1913
¿En qué rincón del tiempo nos aguardas,
desde qué pliegue de la luz nos miras Y
¡, Adónde estás, varón de siete llagas,
sangre manando en mitad del día?

89

Libros

Libros

Desde entonces mi noche tiene voces
huésped mi' soledad, gusto mi llanto'.
Y si seguí viviendo desde entonces
es porque en mí te llevo, en mí te salvo,
y me hago adelantar como a empellones
en el afán de poseerte tanto".
'
(Río de Janeiro, 24 de diciembre, 1932)
. No es hora de traer a cuento todos los insignes testimonios que se han dado acerca de la obra poética de Alfonso
Reyes. A nosotros nos basta la convicción y el entrar en
contact~ C?n este Alfonso Reyes entrañable. Lentamente se
nos va msmuando en el alma tal como él era tal como sus
ojos cándidos se tornaban sobre el mundo, sobre las cosas y
las personas. Este es el Alfonso Reyes nuestro, el que amamos
entrañablemente. En su oficio de poeta sufrió y venció. Todo
lo demás se le dió, ampliamente, por añadidura.

Juan Antonio Ayala.
P~DAGOGIA DE. LA. ENSE1'1ANZA SUPERIOR, por
FrancISco: Larroyo. Umvers1dad Autónoma de México. Dirección General de Publicaciones, 1959. 366 pp. (Facultad de Filosofía y Letras. Seminario de Didáctica y Organización).

...

Son numerosos los escritos que en diferentes ocasiones
han planteado la situación reinante en la gran mayoría de
los sistemas de organización que gobiernan los institutos de
enseñanza superior de América Latina. Acorde están los más
en que realmente es poco el avance pedagógico que re()'istramos, muchos los métodos anticuados en boga y numero;as las
reformas que se imponen so pena de continuar sumidos en
lo que muchos han llamado "El caso pedagógico del Nuevo
~undo". Congresos de Universidades y de institutos supe~10res han elaborado, en algunas ocasiones, prácticas y trabaJos sobre ~a marcha de los organismos superiores de educación
pero de nmguno de ellos ha salido algo que realmente termine
con las fallas que se presentan. En tales congresos sólo se
han tratado los problemas políticos y gubernamentales sien-

�..

Libros

90

do pocas las referencias que se han hecho a la pedagogía y
a la metod?logía ;podemos decir que muchos problemas que
afectan senamente la estructura de la enseñanza no son ni
siquiera mencionados en los congresos y asambleas latinoamericanas de su especialidad.
.
Resultan entonces de interés los planeamientos que presenta el profesor Francisco Larroyo sobre la pedagogía de la
enseñanza superior, en su último libro, fruto de su ya lar"'ª
experiencia y lucha en las cuestiones de la pedagogía. Larr"oyo nos ofrece un completo panorama sobre la enseñanza latinoamericana; con un agudo sentido presenta la situación
imperante; la necesidad de evolución que priva en la mayoría
de los organismos superiores y el deseo que ha acompañado
en todo tiempo a profesores, alumnos y ex-alumnos de una
mej~r organización pero que no ha sido llevado a efecto por
falta de un verdadero plan que termine definitivamente con
las improvisaciones.
En su nuevo libro el profesor Larroyo no sólo presenta
los objetivos y los problemas políticos y gubernamentales de
la pedagogía sino que hace un detallado análisis de la naturaleza, métodos y organización 'de ella no dejando· ningún
campo sin estuo.io exhaustivo. Nadie ignora que el profesor
es elemento decisivo en la enseñanza pero es indudable que
otros elementos vienen a completar su labor y a perfeccionarla. Estos son presentados en este libro que viene a constituir un valoso aporte para la metodología y su progreso.
Al final el autor reclama la necesidad de fortalecer los
vínculbs internacionales que existen en la enseñanza superior
y de la investigación, que rebasan ya el perímetro nacional.
Recalca la importancia que en su rama tienen la · Asociación
Internacional de Universidades y la Unión de Universidades
Latinoamericanas, dando a conocer sus finalidades y cometidos.
La obra "Pedagogía de la enseñanza superior" resulta,
por todo lo anterior, una rica contribución a la metodología
de la enseñanza actual, anotando sus fallas y las soluciones
más adecuadas para formar un todo efectivo en el mundo
contemporáneo.

I. Restrep.o.
J. J. Winckelm?,nn, De la bellEza en el arte clásico - Instituto
d~· Investigaciones Estéticas; UNAi\I (Prólogo, Notas y Apéndices de Juan A. Ortega Medina) 1\Iéxico, 1959.
, ~ntre las publicaciones del Instituto de Investigaciones
Esteticas, de la U.N.A.M., una de las últimas es el volumen

Libros

.

.

..

.

91

que recoge estudios y cartas de J. J. Winckebnann bajo el
título De la belleza en el arte clásico. La traducción directa
del alemán, así como . el Prólogo, las Notas y los .Apéndices,
estuvieron a cargo de Juan A. Ortega Medina.
El prólogo nos ofrece una visión biográfica de Winckelmann (1717-1768) y su recorrido desde Stendal, en Brandeburgo, hasta la Roma_que significaba e! cruce de 1~ ]?agano,
y lo cristiano : la capital del mundo, asi como los viaJ_e~ que
realizó por diversos lugares; la madurez que fue adqumendo
en sus estudios sobre el arte clásico y el renombre que se
difundió en las grandes capitales europeas, hasta su extraña
muerte en una posada de la ciudad de Trieste donde esperaba,
después de una largá ausencia, tomar el barco que _lo ?~nduciría a la tierra italiana que tanto amaba y que sigmficaba
para él la presencia de aquel lejano mundo clásico a cuyo
estudio dedicó• toda su vida.
Juan A. Ortega·Medina dedica las parte·s II y III de dicho
prólogo a estudiar la época de Winck~lmann Y. el giro que
representa su posición frente a los eruditos que. siempre negaron seriedad a sus estudios porque no estaban apoyados en
bibliografías y documentos indiscutibles. Aun en el marco
de la Ilustración Winckelmann tiene lln lugar aparte porque
sus ideas estétic~s "lo desbordan platónicamente". La educación para captar lo bello, afirmaba Winckelma~m, se desarr~lla mejor por mendio de la prá_ctica que ~ediante la e:udición: "porque el saber mucho, dicen los griegos, no despi~rta
una sana inteli(l'encia". 1\Iás que el arqueólogo, en las pagmas
de este libro que recoge estudios diversos del investigador
.alemán, se muestra al esteta, que, como afirma Ortega MJ~ina,
es el que todavía se mantiene vigente y actual en muchisunas
de sus ricas observaciones sobre la belleza clásica. Alejado
de la Ilustración por la intuición que juega una parte muy
importante en sus estudios, Winckelmann sienta bases que
el tiempo no ha podido destruir.
Uno de los textos más interesantes de este libro es el

Tratado sobre la capacidad del sentimiento de lo bello y sobre
la ensenñanza de la misma, extensa carta que dirigió el año
de 1763 al Barón Livonio Federico Rainoldo de Berg, amigo
con el que GOmpartía ideas fundamentales sobre la ?reación
artística. El tratado se divide en dos partes, conteniendo la
primera ideas sobre la capacidad de sentimiento de lo bello,
y la segunda la enseñanza de dicha capacidad. Partiendo de
las diferencias que separan a los hombres, pues aunque a todos
fue dado el sentimiento de lo bello, en cada uno se encuentra
un grado diverso, afirma que en el algunos se ·encuentra la
capacidad de captar lo bello en un grado tan mínimo, "que

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nos dan la impresión de que en la distribución de la misma
realizada por la naturaleza, parecen haber sido descartados
del reparto". La educación juega un papel muy importante
en el desarrollo de dicha capacidad, y ya veíamos como prefería la práctica, es decir el ver y conocer las obras a la seca
erudición.
'
El ocio lo considera ·también .muy importante en la enseñanza de la capacidad de·sentir lo bello, "porque, como dice
Plinio, 'la contemplación de las obras de arte es para la o-ente
ociosa'; es decir para aquellas personas que no están c~ndenadas durante todo el día a cultivar una. tierra difícil y estéril. El ocio que se me ha concedido es la mayor felicidad
que la fortuna me permitió encontrar en Roma gracias a mi
nobilísimo amigo y señor, el cual, desde que vivo con él y de
él, no me ha exigido el menor plumazo; y este bienaventurado
ocio me ha permitido entregarme a placer a la contemplación
del arte". En el proceso educativo de la capacidad hacia lo
bello, considera que esto es más difícil de comprender en la
pintura, más fácil en la escultura y todavía más fácil en la
arquitectura. Pero a las tres es común un problema capital
en el que reside, pudiera decirse, la dificultad principal en
la educación artística: "explicar la demostración de la razón
de lo bello".
Al terminar su largo tratado, Winckelmann deja unas
palabras que son válidas para todo aquel que desee establecer
contacto con el mundo de la belleza: "Aquí lo único que vale
la pena añadir es esto : andad y mirad ; y a usted, amigo mío,
deséole el regreso a Roma". Este libro de Winckelmann enriquece la colección que publica el Instituto de Investigaciones e~téticas de la Universidad de México, y su traductor y
r~copila~or, el Maestro Juan A. Ortega Medina, puede sentirse satisfecho por esta magnífica labor realizada al ofrecer
al público lector de habla hispánica esta selección de textos
de uno de los más importante estudiosos de la obra artística.

Alfonso Rangel GuetTa.
Christoph Eich, Federico García Lorca, poieta de la intensidad.
Ed. Gredos, Col. Estudios y Ensayos, No. 42. Madrid, 1958.
Christoph Eich desarrolla su estudio sobre García Lorca
en un vo~~men de 195 páginas. En el Prólogo nos explica que
se ha utilizado el método de análisis estructural seo-ún los
estudios que se realizan en la Universidad de Z~rich. Confor~e a este método, lo primero (para la investigación literaria) es la obra, es decir, que en ella se puede encontrar la

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clase de interpretación, sin necesidad de apoyarnos en elementos exteriores. La dificultad surge cuando se considera que
a cada obra corresponde una clave distinta, pero esto no destruye las posibilidades de acercamiento a la obra que se va
investigar. Esta es precisamente una de las acusaciones que
sufre la Estilística, ya que cada obra literaria exige un método distinto de investigación.
El libro que nos ocupa, su autor declara que "no se propone ser otra cosa que un estudio sobre la estructura temporal de Federico García Lorca". Y precisamente se trata de
esta estructura temporal porque Eich encuentra que es de
sustantiva importancia en la obra del poeta. Por este camino
puede encontrarse la concordancia que existe entre pueblo
y poeta, y cómo éste se identifica con lo colectivo. Lorca expresa lo andaluz, pero también lo español. Y el momento de
crisis, cuando deja su Andalucía y penetra en el mundo moderno de las máquinas y las mutitudes, lo transforma en otro
hombre que aunque por caminos distintos, viene a identificarse con "ICafka y Sartre como uno de los contados españoles
en quienes el desarraigo del hombre moderno fue experiencia
de su vida propia". Esta experiencia la encontramos en El
poeta en Nueva York, libro distinto a la anterior producci~n
lorquiana donde las imágenes y la forma misma del lenguaJe
nos remit~n a un mundo que no es el andaluz, sólo recordado
- como algo perdido para el poeta.
Ofreciendo Lorca una coherencia interna en toda su obra,
se puede iniciar el trabajo de investigació?- desde cualquiera
de sus partes, y Christoph Eích ha pre~endo empe~ar por el
poema La casada infiel, bastante conocido del publico y que,
no obstante estar desgastado por el uso, puede ofrecer muchos
aspectos interesantes al estudioso. El análi~is de este poe~a
es una de las partes más interesantes del libro, porque asistimos paso a paso a los descubrimientos que nos va ofreciendo
el autor, que con una penetración ~erda~eramente notable
va línea a línea sacando a la luz las mtenc1ones del poeta, el
sentido de su lenguaje y toda la atmósfera local que lo rodea.
Marcando tres divisiones: entrada en el mundo del poeta,
génesis de la metáfora y valoración del tiempo, Eich logra
aclarar en tal forma este poema, que parece no se hubiera
interpretado hasta ahora, no obstante andar en boca de todos.
El garbo, la melancolía del andaluz y otros temas se
van desarrollando, para desembocar en el poema arriba mencionado, Poeta en Nueva York, que expresa las nuevas experiencias de Lorca y las pérdidas que sufre al abandonar su
aire y su tierra. "Y o tenía un mar. ¿De qué? • ¡Dios mío!
¡ Un mar!", exclama Lorca ante ese mundo de concreto y mu-

�chedumbre donde también se le extravía el rostro. Y aquel
'Si muero, dejar el balcón abierto", desaparece porque el poeta cierra su balcón, perdido el equilibrio entre vida y muerte:
He cerrado mi balcón
porque no quiero oir el llanto,
pero por detrás de los grises muros
no se oye otra cosa que el llanto.
La fase final, la de la muerte, está representada por ese
gran poema que es el Llanto por Ignacio Sánchez Mejía, sobre
el que Eich aplica de nuevo el análisis agudo con el que se
completa el estudio sobre Federico García Lorca, poeta de la
intensidad. Lenguaje, construcción, formas poéticas y sintácticas son, antes que producto del azar o la imaginación, los
eaminos necesarios e ineludibles por los que se expresa el
pensamiento, el sentimiento y la sensibilidad del poeta.

•

mada por una serie de artículos que empezó a publicar en
Enero de 1857. En esta su primera obra, nos da a conocer
una serie de reflexiones sobre diferentes temas que van desde
el suceso personal y amoroso hasta la visión valiosa que nos
presenta del México de aquel entonces. Si en la poesía y en
la prosa desempeñó papel de suma importancia, lo mismo
podemos decir al abordarlo como novelista histórico que en
su creación "Gil Gómez, el insurgente" deshace falsos juicios
sobre los hechos históricos, dando gloria a los verdaderos
héroes y trayéndonos una idea clara y verdadera de la historia.
A pesar de haber vivido sólo 22 años nos dejó obras de
invaluable calidad literaria tales como, "La clase media, novela de costumbres Mexicanas"; "Páginas del corazón y otros
poemas", recopilación que es de sus poesías; "La sensitiva";
"La azucena y la violeta"; y finalmente ''El Diablo en México" publicada en Noviembre de 1858 y dedicada a su amigo
Luis G. Ortiz.
La historia ha dado ya el juicio definitivo y favorable
acerca de Díaz Covarrubias. Su obra recibe ahora el justo
homenaje que lo coloca como a uno de los impulsores y pioneros de la creación literaria nacional. Atrebatado de la
patria cuando apenas contaba 22 años, llega a vivir, después
de muerto, ·como los grandes hér_oes mereciendo sus obras el
estudio y el aprecio.
Es bueno anotar el excelente estudio preliminar, edición
y notas que elaboró para esta edición, Clementina Díaz y de
Ovando ; gracias al cual el lector podrá adentrarse con soltura y seguridad en la obra del joven escritor y poeta.

f

Alfonso Rangel Guerra.

''

Obras completas, por Juan Díaz Covarrubias. Estudio
preliminar, edición y notas a cargo de Clementina Díaz y de
Ovando. Dir. Gral. de Publicaciones. UNA:J\II. 1959. 785 pp.
(Ip.stituto de Investigaciones Estéticas. Serie "Nueva Biblioteca Mexicana").
·
La Dirección de Publicaciones de la Universidad ha iniciado la edición de una nueva serie de obras bajo el título de
"Nueva Biblioteca Mexicana". Para deleite de muchos, presenta como primera selección las obras completas del poeta
y escritor Juan Díaz de Govarrubias con un estudio preliminar, edición y notas a cargo de Clementina Díaz y de Ovando.
Díaz Covarrubias nació en la ciudad de Jalapa el 27 de
Diciembre de 1837 y murió fusilado por un grupo de soldados
al servicio de jefes conservadores a principios de abril de
1859. Con acierto anota Francisco Monterde que su muerte
puede compararse a la de Federico García Lorca. Fue su
padre el poeta y político José de Jesús Díaz, y su madre la
señora doña Guadalupe Covarrubias, poseedora de un exquisito don de gentes y decidida inclinación por la cultura.
Desde sus primeros años de escuela Díaz Covarrubias demostró su facilidad para versificación y la prosa. Con su
viaje a la capital aumentaron las posibilidades de mejora,miento en su estilo al entrar en contacto con los grupos de
escritores y poetas que en la ciudad de México armaban a
diario entretenidas tertulias literarias. La primera obra de
Díaz Covarrubias no se deja esperar. La titula "Impresiones
y sentimientos. Escenas y costumbres Mexicanas" y está for-

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I. R. F.
Repertorio Bibliográfico de los archivos mexicanos y de
los europeos y norteamericanos de inte:rés para la historia de
México, por Agustín Millares Carlo. Dirección General de

ll

•

Publicaciones UNAM. 1959. 368 pp. (Biblioteca Nacional de
México, Instituto Bibliográfico Mexicano, Vol. 1).
Una interesante serie de publicacio)les ha sido iniciada
bajo los auspicios de la emérita Biblioteca Nacional de México, a través de su anexo Instituto Bibliográfico Mexicano,
El primer volumen de la que se espera habrá de ser inapreciable colección, es una monografía muy completa acerca de
la bibliografía existente acerca de historiografía mexicana.
Por dei;nás está decir que esta obra es el fruto más concreto
de la ampliación de actividades de la Biblioteca Nacional,
propiciada por el celo de su actual director el Doctor Manuel
Alcalá y la comprensiva actitud de los doctores 'Nabor Carri-

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llo y Efrén C. del Pozo, rector y secretario general, respe~tivamente de la Universidad Nacional Autónoma de México,
cuya actitud generosa coadyudó a que se extendieran las labores de investigaci6n bibliológica que, de acuerdo con el
Estatuto universitario, cabe realizar a la ya mencionada Biblioteca Nacional.
El autor de la obra, el doctor Agustín Millares Carlo, es
uno de los más reputados especialistas en bibliografía no sólo
de México sino del mundo entero; sus prestigios personales
honran al país que permite su dedicación a ~sta ra~a del conocimiento y él ha sabido corresponder satisfactoriamente ~
la nación que, desde hace algo más de veinte años, se _constituyó en su segunda patria, ya que es uno de los muchos ho1_:1bres de ciencia y de estudio que fueron desplazados de Espana
a raíz de la cruenta guerra civil que asoló la Península Ibérica.
La obra cumple con el propósito de "evitar a los investigadores el penoso esfuerzo que supone al iniciar el estudio
de un tema la previa averiguación de lo escrito sobre o en
relación a él. . .", cuando se dedican a labores de historiografía, pues el trabajo del doctor Millares Carlo efectuó el inventario sucinto de los libros y otros materiales existentes sobre,
o acerca de la historia en México, existentes en bibliotecas,
archivos y otros depósitos de ese tipo de materiales, q~e se
encuentran desperdigados en todos los rumbos de la tierra.
Las mil cuarenta y siete fichas que contiene el libro,
reseñan brevemente los estudios que han visto la luz en libros,
r evistas, periódicos y otros medios de d.ifusión, sobre la historia, características, estructura, contemdo, etc., etc., de las
obras especiales a que se refiere.
.
La relación de las fichas se inicia con los acervos existentes en el extranjero --España y los Estados Unidos, principalmente--, en donde hay valiosas colecciones documentales
referidas al pasado de México. Además, se presenta la producción bibliográfica y los archivos existentes e1;1 toda la
República, comenzando por los del D. F .. El material ~? pre. senta en orden cronológico y con la debida catalogac10n.
El doctor :Millares Carlos ha contribuido a que los especialistas tengan un valioso instrumento en sus investigaciones;
consecuentemente,· los frutos que éstos alcancen a través de
su inapreciable guía, servirán para que el pueblo, en general,
salga beneficiado con estudios que pon~rán a su alca~ce una
comprensión más cabal de lo que ha sido y es el pa1s.

Raúl Vil'l.aseñor.

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Sobre el modernismo, por Juan Marinello. Dirección General de Publicaciones. UNA~I. 1959, 96 pp. (Col. Filosofía
y Letras 46).
El escritor cubano Juan Marinello culmina en este libro
el debate iniciado por Manuel Pedro González sobre la naturaleza y significación del Modernismo. Desde la inicial comprobación de lo que fué el Modernismo, -precisa consideración
en torno al libro de Max Henríquez Ureña-, Marinello destaca las dos grandes notas dominantes de este resplandeciente
fenómeno: el impulso de superación a través de la forma
novedosa, elaborada y distinta, y la tendencia a rechazar lo
español como inspiración, norma y dechado, aceptando las
modalidades en boga en la Europa más avanzada, singularmente en Francia.
A partir de esta concrecion, Marinello extrae las derivaciones técnicas consecuentes; pero a la par que pormenoriza
en la derivación formal, señala los elementos de descomposición que terminaran por minar el movimiento: la constante
extemporaneidad de los modernistas les alejará del momento
histórico r eal que se vive en Hisponoamérica. A este propósito aclara que así como los momentos excepcionales no integran la personalidad artística, no podemos concluir en un
sentimiento de arraigo por los solos "Cantos de Vida y Esperanza", por ejemplo, que en todo caso testimonian un retorno
en contra del inicial impulso que posibilita dicho movimiento.
Cuando analiza las causas por las cuales el Modernismo
se produce, lo sitúa -y aquí encontramos la clara actitud
ética-estética del autor-, en una de las dos antiguas vertientes
de la creación humana: "La que pone el oído en la angustia
del hombre, y la que desata músicas enervadoras para no oír
esa angustia". El Modernismo, dice, corresponde a la segunda. Nuestra literatura está afincada por causas históricas
evidentes, en un primordial desarraigo, ya que su módulo
expresivo, nuest ra lengua, se integra fuera de nuestro ámbito
espacial; y si en el inevitable y necesario coloniaje espiritual
nuestra cultura adquiría sus primeras raíces en los primeros
siglos a partir de la conquista, el siglo XIX comparta ya, en
lo político como en lo cultural, los acentos autónomos que
habrán de incorporarnos a la cultura occidental. De aquí la
gran responsabilidad de uno de los impulsos innovadores de
las letras hispánicas-occidentales-, por lo que ri:sulta Darío
"el vehículo deslumbrante de una evasión repudiable, al brillante minero de una grieta desnutridora".

�Este debate encierra entre sus generosos propósitos el
de situar la personalidad de Martí como hombre y poeta de
incuestionable raigambre en las más puras tradiciones americanas esclareciendo las relaciones del gran humanista cubano e~ el Modernismo. Esta separación de cauces se hacía
necesaria en virtud de que aun críticos de la talla de Federico
de Onís habían establecido tal identidad.
A Marinello no se le ocultan las evidentes influencias de
la Literatura Francesa en la obra de Martí, pero las señala
o absorbidas y enriquecidas por la voz y sangre propias, es
decir, dignificadas.
Es ésta una indudable obra de poeta; Marinelo, rico en
lenguaje y emoción, enlaza tenuemente el orden de sus co~ceptos; sin dejar un instante de reconocer el gran valor estilístico, la inusitada perfección formal que los poetas del Modernismo conquistaron, realiza este estricto balance en razón
de un más lógico y natural encauzamiento en el campo de la
creación americana.

J.

o.

El concepto del derecho en Kant, por Kurt Lisser. ~raducción de Alejandro Rossi. Dirección General de Publicaciones. UN.AM. 1960. 62 pp. (Centro de E::it,udios Filosóficos).
Uno de los mejores apuntes al estudio de la obra Kantiana resulta el trabajo elaborado por el profesor Kurt Lisser
sobre "El concepto del derecho en Kant" traducido al idioma
castellano por Alejondro Rossi y publicado bajo el patrocinio
del Centro de Estudios Filosóficos de la Universidad Nacional
Autónoma de México.
'l'omando el hecho histórico de que las ciencias existen,
como punto de partida de la filosofía crítica, el autor se
adentra objetivamente hacia el lugar que ocupa el concepto
de derecho en el sistema de Kant. Para el filósofo el fin del
derecho no es empírico como no lo era tampoco el fin jurídico
y moral. Lo sería si el derecho se propusiera la felicidad y
quisiera suministrar los medios para ella. Agrega que, si esa
fuera su tarea, no sería posible ninguna legislación universal,
sacando en conclusión que el fin del derecho no es ningún
hecho sino una tarea de la voluntad. Al analizar la ética nos

99

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la presenta como ciencia de la voluntad, de la comunidad en
general · como ciencia de las leyes de la libertad ; como sistema de Íos fines en general; como teoría universal de los deberes y como ciencia de la comunidad moral.
r

,.

En sus escritos anotaba Kant el hecho de que la ética
-como sistema de fines- ahora también el fin del derecho,
y en este aspecto vale también para la teoría del derecho,
Se plantea en la primera parte la significación que tiene la
ética de Kant en cuanto ciencia de la voluntad y de la sociedad en general, para el concepto de derecho. En la última
parte el profesor Lisser presenta los planteamientos referentes a la autonomía metódica dentro del derecho. En Kant el
derecho no tiene su punto de partida en las relaciones sociales en las cuales se encuentran ya formas de comunidad, sino
en el concepto de individuo amenazado por los demás. Al
hablar de las r elaciones entre el derecho y la economía, nos
presenta el concepto de propiedad, la deducción de ésta y
sus r elaciones con el trabajo. Finalmente se nos enuncia la
teoría del derecho y la ética en sentido estricto, la comunidad
jurídica, la comunidad moral, el deber jurídico y el deber
de virtud.
El trabajo que presenta el profesor Lisser logra no solamente indicar el lugar y la significaeión que tiene el derecho
en Kant sino también en los sistemas de Cohen y Gorland,
sus continuadores modernos.

I. R. F.

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Revista de la IJnlvenldad de Nuevo León

Takakuni Minamoto, 0
7-...-..,s Japoneses del Siglo
s rígenes del Arte Moes Siches, La Filoso-

Ferná.ndez del Valle •
ra hoy • .Ario Garza

r do, Confesiones de un dios

Inepto • Henri Duma _ _ _ vo Rostro de Francia
Libros

.ABRIL JUNIO DE 1960

.AÑO 3/ Segunda Epoca

��•
REVISTA DE LA U~'1VERSID.AD DE NUEVO LEON
Revista de la Universidad de Nuevo León

Rector :

Año 3, No. 2

Abril/ Julio de 1960

Segunda Epoca

ARQ. J OAQUTX A. MORA

Secretario General:

SUMA RI O

LIG. ROQUE GOXZALEZ SALAZAR

Departamento de Extensión Universitaria :
Takakuni Minamoto, Cuentos Japoneses del Sig'lo XI . . . .

LIC. ROGELIO VILLARREAL

Director de la Revista :

5

J aromir N eumann, Los Orígenes del Arte Moderno Checo 17

LIC. JUAN ANTONIO AYALA
Dr. Luis Recanses Siches, La Filosofía de José Vascon-

celos Vista por el Dr. Agustín Basave Fernández del
Valle . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33
(Registro en 'rrámite)
PRECIO DE SUSCRIPCJ ON' :

Bergen Evans, Gramá.tica para hoy. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39
Dirección

{TX AÑO (cuatr o números)

Washington y Colegio Civil

En )1éxico: Veinte Pesos

l\I O X T E R RE Y , N . L .

Otros Países: Dos Dólares

México.

Ario Garza Mercado, Oonfesiones de un dios Inepto . . . . . . 49
Henri Dumazeau, Nuevo Rostro de Francia .... .

55

Libros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61

•

�Takakuni Minamoto / CUENTOS JAPONESES DEL
SIGLO XI
SOBRE EL MONJE JITSUIN-SOZU, QUE
ERA DE UNA FUERZA INCOMPARABLE

H ABIA una vez un monje de alto ran. go, llamado Jitsuin-Sozu, que habitaba la torre oeste del gran
Monasterio del Monte Hiyei, como se le llamaba entonces al famoso santuario Enryaku. Más familiarmente, el monje se llamaba Konatzu-no-Sozu. Iniciado en los más grandes misterios de Buda, era además de una fuerza_sin igual.

1

t•

Un día que dormía la siesta, sus jóvenes discípulos se
acercaron a paso de lobo hasta muy cerca de él. Con ocho
nueces que habían traído querían probar su fuerza. Le deslizaron una por una entre los dedos de los pies. Evidentemente,
el monje lo notó de inmediato; pero mantuvo los ojos cerrados
y los dejó hacer. Después hizo ademán de levantarse y se estiró con un largo suspiro, tendiendo sus músculos y nervios.
De un solo golpe, todas juntas, las ocho nueces saltaron en
pedazos. Tal era la fuerz"a del monje.
Una vez que había en el Palacio Imperial una reunión de
sacerdotes budistas para la recitación de sutras, el gran Jitsuin-Sozu fue invitado, ya que se esperaba que él curara al
Mikado de cierta enfermedad con sus palabras mágicas. La
ceremonia terminó y todos se retiraron y se fueron, excepto
el monje, que tenía por delante toda la noche; pero cuando
quiso irse a su torre, creyendo encontrar su escolta, notó que
todos habían abandonado el santuario. Aquí no había nadie
de su comitiva personal. Solamente sus zapatos lo esperaban.
Atravezó pues el corredor, pasó el puente de entrada y avanzó
solitario sobre la arena de Butoku-den ( emplazamiento reser-

5 -

�Y el hombre llevó al monje sobre sus espaldas hasta
En-no-Matsubara. Una vez allí, le suplicó que descendiera.
"Ya estamos aquí, le dijo; y ahora, os lo ruego, dejadme regresar. Tened la amabilidad de devolverme la libertad". El
monje no oyó absolutamente nada. No abandonó su postura, contemplando la luna a su manera y recitando verso~
a media voz. Todo este tiempo convino en que el atrevido
permaneciera allí, debajo, llevando su carga, y cuando hubo
terminado su meditación, sin preocuparse lo más mínimo por
la fatiga de su cargador, le ordenó llevarlo hasta Ukon-noBaba.

vado a los juegos ecuestres y al tiro con arco frente a la gran
entrada del Palacio) para iniciar el r egreso, bien cubierto con
un grueso vestido.
De la fría noche salió un hombre envuelto en un delgado
kimono que lo llamó : "¡ Señor monje, señor monje! ¿Qué os
sucede que os marchais sin escolta? Aceptad,- os lo ruego, que
os cargue sobre mis espaldas. Yo os llevaré a donde querais".
El monje agradeció, subió sobre las espaldas del hombre y se
dejó llevar sin ninguna preocupación. Pero cuando llegaron
al cruzamiento de la Calle Segunda y Ohmiya (Nishi) el cargado~ se detuvo sudando y ordenó: "¡ Bajad aquí!" El monje
no hizo nada y respondió tranquilamente : "¡ De ningún modo! Aquí no es a donde yo quería ir, sino al dansho. (Es
decir, la muralla de un templo budista donde son hospedados los jóvenes monjes). El hombre cambió de tono inmed~atamen~e y lo increpó: "¿ Qué, no quereis descended ¡ Maldito monJe, temblad por vuestra vida! ¡ A tieáa, he dicho.
Y quítate ese vestido de encima"!

..1.

El desgraciado no tenía idea de la fuerza de JitusinSozu: no había visto en él sino a un monje cualquiera, y sobre todo ese caliente vestido tan grueso que le produjo envidia y que quiso apropiarse inmediatamente. Et monje se
contentó con responder alegremente: "Estoy afligido, mi amigo, , de haber necesitado tiempo para comprender a donde
querías venir: yo creía que, habiéndome visto solo, me llevarías por pura compasión. En cuanto a quitarme mi abrigo
en este momento, l, cómo voy a querer hacerlo en una noche
tan fría f' Y diciendo esto, con los dos muslos apretó ferreamente los riñones del hombre, con tal fuerza que el otro
creyó sentir dos sables atravezarle el cuerpo. Con un
grito de dolor, cortado el aliento, exclamó: "¡Ay! Reconozco
mis malas intenciones. No tenía la menor idea de vuestra
fuerza. Sería ridículo querer hacer lo que hice a alguien tan
fuerte. ¡ Está entendido, os llevo, os llevo a donde querais !
Pero ¡ay!, aflojad un poco vuestras rodillas, si no los ojos se
me van a salir y me rompereis los riñones". El monje aflojó un
poco, observalldo con tono calmado: "Bien pensaba yo que
tendríais mejores sentimientos".
El otro lo cargó de nuevo y le preguntó a donde quería

JI'.

-Devuélveme pues a En-no-Matsubara, a donde quisiera ir para admirar la luna, dijo el monje. Iremos allá primero, para poder contemplarla.

7

Takakuni )Iinamoto

Cuentos Japoneses &lt;lel Siglo XI

6

-¡Oh!, gimió el otro ¿ Cómo podré hacerlo? Sin duda
os quereis reir.
-Jitsuin-Sozu se dii que decididamente el atrevido no
se ii:tbía divertido bastante: apretó de nuevo el terrible cerco de las piernas. "¡ Ay, oh, ay!, se lamentó el torturado. ¡ Sí,
sí, os llevaré, de acuerdo, os llevaré!" Esta vez no pudo retener sus lágrimas. El monje aflojó un poco y el hombre lo
llevó dócilmente sobre sus espaldas. Cuando estuvieron en
Ukon-no-Baba, el monje, siempre sin dejar las espaldas del
cargador, se puso a recitar de nuevo interminables poesías,
con toda serenidad. Y ya que hubo terminado lo interpeló:
'¡ En marcha! Vámonos para pasearnos ahora al Kitsuji-noBaba. •Voy sobre tus espaldas". El hombre no pudo protestar. Hizo lo que ordenaba Jitsuin-Suzo llevándolo hasta allá,
después todavía hasta la ciudad y a todo lo largo de NishiOhmiya, y otra vez y otra vez durante toda la noche. El día
estaba :va claro cuando el hombre y el monje llegaron por
fin al dansho, donde al fin de cuentas Jitsuin liberó de su
carga al desgraciado para tenderle su caliente abrigo. Y el
hombre, apenas liberado, se marchó a todo correr.
Por cierto él había ganado el abrigo que codiciaba; ¡ pero
después de que lección tan dura! ¡ Y qué amarga experiencia! Pero también ¡ qué idiota había sido! ¡Y de qué fuerza
inigualable estaba dotado elmonje ! Esto es, en verdad, todo
lo que sabemos de él y no se refiere nada más.

..

COMO EXORCIZO EL NOVIO'IO A LA MUJER
DEL CAZADOR
Había una vez un cazador que vivía en un lejano distrito
de la provincia y que adiestraba perros para después llevarlos a la montaña a cazar el ciervo y el jab~lí; así era como
él se ganaba la vida. ·

�8

Cuentos Japoneses del Siglo XI

En una ocasión, se preparó provisiones de boca para muchos días y se fue a ~azar a la montaña con sus perros, dejando sola su joven mujer aguardándolo en la casa.

Takaknni l\finamoto

,,

.

Durante la ausencia del marido llegó un novicio por el
camino y se detuvo frente a la casa para recitar sutras; después se volvió hacia la joven mujer que lo miraba hacer,
para pedirle un poco de alimento. El religioso tenía un aire
de tan alta pureza, que ella no creyó ni por un instante tratara cualquier monje mendicante y lo invitó a entrar, diciéndose a sí misma que sabía cuidarse bien.
-Yo no soy un mendigo, le explicó el monje, pero hice
mi noviciado y voy de casa en casa. Confieso que me falta
alimento a esta hora y por eso os he pedido de comer.
La mujer del cazador, ante es1llls palabras, no vaciló al
tomarlo por un santo. Y el joven monje continuó: "Y sobre
todo, conozco a fondo el ritual del exorcismo, y yo mismo os
haré una celebración de una eficacia verdaderamente maravillosa".

••

La joven escapó a su abrazo y huyó; pero el novicio desenvainó su sable y le gritó amenazante: "¡ Si rehusas te mataré con este sable!" t Qué haced Ella se encontraba sola
con este hombre, en las sinuosidades de la montaña donde
la presencia humana no existía. Ella estaba en plena confusión cuando el novicio la atrajo hacia él y la arrastró en la
espesura, no pudiendo resistir la mujer a la fuerza del
hombre.

- En verdad, se apresuró a decir el novicio. quit&gt;n ha
hecho la gran purificación y procede después a la celebración se asegura la salud perfecta, la felicidad completa sobre 'esta tierra y en el matrimonio; la bendición de riqueza
sobrepasa todo lo que se espera y una protección soberana
contra la desgracia, cualquiera que ésta pueda ser. Asi son
colmados todos los votos.
La joven mujer se mostró curiosa de saber lo que se
necesitaba para la celebración, y el novicio la tranquilizó:

Esto ocurría precisamente en el momento en que el cazador había tomado el camino de regreso y descendía por el
mismo sendero con sus perros. AQuién sabe si él seguía los
destinos de la Providencia? El caso es que pasó cerca de la
espesura y viendo moverse algo, y creyendo haber encontrado un ciervo, se detuvo, sacó una flecha de su carcaj,
blandió su arco y disparó con fuerza.

-Verdaderamente no es gran cosa, le dijo: algunos pedazos de papel blanco, un poco de arroz purificado, frutas
en sazón y aceite. Es todo.
-¡ Qué simple es esto!, exclamó la mujer.
la celebración para mí? ¡ Os lo ruego!

..

-¡Ooooh!

i Realizaríais

El novicio se mostró dispuesto y por lo tanto permaneció en la casa por la noche. Le dijo que pronto éomenzaría
la purificación e inició el ayuno con ella. El mismo se recogió para la preparación y al tercer día, anunció que esta celebración debía hacerse secretamente, en un lugar retirado de
la montaña santa. Llevando con él los accesorios ·que necesitaba, transportó a la joven, antes fuerte, a la montaña; y
aquí, habiendo escogido el lugar propicio, dispuso como con-

venía los estandartes y celebró piadosamente el sacrificio,
ofreciendo a la divinidad el arroz puro y las frutas ; en seguida, salmodió una oración de la que llevaba el texto escrito.
La celebración de exorcismo había terminado.
Feliz de su piadosa iniciativa y felicitándose de haber
ofrecido, en ausencia de su esposo, un sacrificio que operaba milagros, la joven se apresuraba sobre el camino de regreso. Pero el novicio le había impedido el paso y la miraba con
insistencia. La joven era bella y su encanto le había trastornado los sentidos: él ya no era más que fuego y pasión.
Tomando de pronto la mano de la joven le confesó no haber
conocido jamás, hasta ese día, una pasión parecida: el deseo
de poseerla lo destruía todo. Y mientras más la miraba, más
se enajenaba. Comprendió que era la firme voluntad y el deseo de Buda que se uniera a ella. "¡ Ven, ven! ¡ Cumplamos
juntos y con entusiasmo lo que el Maestro quiere!"

-¿ Qué clase de celebración mágica puede operar en
eada uno?, preguntó la mujer.

1

9

'

..

¡ Pero éste era el grito de un hombre herido! Estuperfacto, azorado, el cazador se precipitó en la espesura y
encontró a un hombre tendido, atravezado de parte a parte
por una flecha. "¡ Funesto asunto!", se dijo el cazador, que
quiso recoger al herido. No había señal de vida: estaba muerto. Pero para aumentar su sorpresa, estaba aquí una mujer, ¡ y
esa mujer era la suya!

No pudiendo creer lo que veían sus ojos se inclinó sobre
ella y la levantó. Pero no había error: ¡ era su joven mujer!
rijos los ojos sobre ella, como si dudara todavía, le preguntó:
_¿Cómo es posible? ¿Quién es él?

�10

Cuentos Japoneses del Siglo XI

La joven esposa le cantó con detalles tado lo que había
pasado; y el cazador, mirando sobre. su hombro, pudo ver
abajo las banderolas de papel bendl!o y ~as ofrendas del
sacrificio que una prisa culpable hab1a olvidado. ~n~onces,
preso de una cólera terrible, cogió E;_,l cuerpo del novic10 Y lo
precipitó desde lo alto de ,la .montana, sobre .la abrupta pe1:diente recosa que descendia Justamente al mvel de la plamcie. Regresando enseguida hacia su mujer, la tomó de la
mano y la devolvió a la casa.
Seguramente Buda había castigado al novic10 pecador,
pero ipuede ser también que todo esto P:-0.~enga_ de una
existencia anterior f En todo caso, la trad1cion anade que
las mujeres -nobles o no- son como niños que se dejan
fácilmente seducir por cualquier extraño. Sería mejor que
ellas no tomaran jamás la iniciativa y no hicieran nada según
su propio consejo.

EL HOMBRE AL QUE VISITO SU MUJER DIFUNTA
Era una vez un pobre guerrero que vivía en la capital
pero que no tenía un señor a quien servir. Es así que sucedió que uno de sus amig.os fue nombr~do gobernador de una
provincia. Su amistad aataba .de leJos, .Y. como er~n muy
amigos, éste se fue sin perder tiempo a v1S1tar a aquel.

-¿ Qué tiene~ para P.erma~~ecer en _la ciuda?, tú que n?
tienes señor a qmen servid dlJo el amigo. H~nas meJor viniendo conmigo a mi provincia, donde podré siempre ocup~rme más O menos de tu suerte. Hace añ?s, puedo .muy bien
decírtelo que me he preocupado por ti; desgraciadamente
mis asuntos no andaban muy próspei:os. Pero ahor~ que estoy
a punto de partir para entrar en mis nueva.s funciones. Y establecerme en mi residencia, t porqué no vienes conmigo 1
No reflexionó mucho el guerrero para responder que eso
le agradaría, decidiendo en ese momento su partida.
Este O'Uerrero tenía una mujer que había compartido
con él unaº existencia pobre y diffoil, apenas s?portable. i Pero qué importaba la pobreza! La esposa era Joven Y bella "!
su corazón generoso. Habían soportado gallardamente la mi:
seria y ni una sola vez tuvo la idea de separarse d: ella, asi
como la esposa jamás soñó con abandonar a su marido.
Pero he aqu,í que poco antes de su partida, el guerrero
conoció a otra mujer, a la que también tomó por esposa. Era
rica y a causa de ella repudió a su primera esposa, a la que
abandonó completamente. Fue la segunda esposa, con sus

Takakuni Minamoto

..

11

riquezas, la que se ehcargó de preparar un viaje suntuoso y
el guerrero partió solo con ella, hacia la lejana provincia de
su amigo, donde sus negocios tomaron un tal auge que en
muy poco tiempo amasó una fortuna considerable. El guerrero vivía aquí confortablemente y sin preocupaciones, pero
no obstante esto, no podía alejar de sus pensamientos el recuerdo de su primera mujer. Decididamente, su corazón le
pertenecía y él padecía por ella, con un deseo que crecía día
tras día. Quería volver a verla, aunque fuera por un instante.
Sí, era necesario que la viera; regresaría a la capital, y cuanto antes lo hiciera, mejor. 6Cómo viviría ella, la pobre, allá,
sola, abajo? ¡ Oh, que no pudiera estar ahora cerca de ella!
De tanto desearla y no poder tenerla, su vida transcurría
gris, triste, vacía.
~e;o los años, pasaron rápido y el cargo de gobernador
termmo. Cuando este regresó a la capital el O'Uerrero volvió
con él. Sufr~a de tal manera, en verdad, porºhaber abandonado a su primera esposa, que decidió pasar su vida con ella.
Apenas llegó a la. capital, envió a su segunda esposa a casa
de sus padres,. mientras que él se dirigía, sin más tiempo
qu~ para cambiar sus vestidos de viaje, a la casa donde había
deJado tan sola a su primera mujer.
El portal estaba abierto y entró. La casa le pareció desierta y abandonada, sin huellas de presencia humana, sin
ningún signo de vida. "Cómo pudo ella vivir en esta casa tan
desolada, en tan completa soledad!", pensó el guerrero, sobrecogido por un remordimiento ahora más feroz, y abrumado como nunca de nostalgia y pesar. Era el décimo día
del mes a mediados del otoño, la luna era clara en la fría
noche Y el guerrero sentía el corazón cada vez más pesado.
Penetr~ más en la sal.a y he aquí que vió a su mÚjer, sentada
c?mo siempre en el :meón que ella había siempre elegido. Y
sm embargo, no habia alrededor la menor traza de presencia
humana.
La esposa levantó los ojos hacia él sin manifestar la
meno: cólera, sin el más ligero signo de rencor; al contrario,
parec1a llena de alegr.ía: "Vaya, pues, has vuelto a la casa.
¿Desde cuándo estás en la ciudad?" Entonces él le contó como se había aburrido ,de ella, año tras año, en la lejana provincia, y como su corazón padecía por ella y sólo por ellá.
"A partir de hoy viviremos juntos los dos, sin separarnos, le
aseguró él. Desde mañana haré traer lo que he adquirido
v haré venir á mis gentes. Esta tarde he ·venido para anunciártelo".

�12

Cuentos Japoneses del Siglo XI

Su alegría pareció desaparecer cuando lo oyó hablar de
esa manera. Se puso entonces a platicar con él de mil Y una
cosas le contó la vida que había llevado durante todos esos
años;' y de esto, de aquello, tanto y tan bien que esta~an todavía hablando ya muy avanzada la noche. Tomaron Juntos el
cuarto del sur para acostarse, pero no pudieron de~ar de hIDblar y continuaron cuchicheando en vez de dormir.
-¿Ádemás de tí, no hay nadie que viva aquí?, preguntó el marido.
-¡Ay!, respondió la mujer, ni un solo si;viente ha querido quedarse conmigo, desde que estoy en la miseria que
puedes ver.
Y así durante toda la noche. Cuando se durmieron el día
estaba cerca. Y su sueño fue entonces tan profundo que el
brillante sol no hirió su conciencia. La parte inferior de las
ventanas estaba cerrada, pero la superior había quedado muy
abierta, ya que no había ningún criado en la casa para cerrar
las puertas cada mañana, como era la costumbre. Un rayo
de sol otoñal vino a posar con insistencia el estallido de su
luz sobre el rostro del marido, que se se levantó al instante.
Volvió entonces sus ojos hacia su mujer, tendida a su lado.
¡ Oh! ¡ Horrible espectáculo ! Aquí no estaba sino un cadáver
descarnado, una mujer ennegrecida, reducida casi al esqueleto. ¿Qué podría significar tan atroz aventura con esta
siniestra cosa, más espantable que cualquiera otra en el
mundo?

Rápido, el guerrero cogió sus vestidos y se lanzó hacia
fuera. Una vez en el jardín, lejos de la abierta galería, se
regresó, dudando, para ver una vez más en el interior. ¡Ay!
no se había engañado : era un horrible cadáver el que yacía
ahí. ¡ No podía dudar! Entonces se vistió rápidamente, alejándose a toda prisa, loco de terror. Corrió hasta la casa vecina,
donde recobrándose un poco, preguntó a su ocupante con el
aíre del que quiere hacer una visita a la casa de al lado:
: :¿Dónde está nustro vecino, sabeis algo? Se diría que no
hay nadie ahí. ¿Estará ahora inhabitada la casa?".
-Había una mujer que vivía ahí respondió el vecino. Su marido la abandonó después de largos a~os. de matrimonio · la dejó sola para ir a una lejana provmcia. P?r
eso ella t~vo un disgusto profundo y vivió en la peor angustia.
Ahí estuvo acostada, no hubo nadie que la cuidara y murió en
el verano, totalmente sola. Nadie vino para celebrar el ser-

Takakuni l\linamoto

18

vicio de funerales y su cadáver ha estado ahí desde que murió.
Todo el mundo tiene miedo de esta casa y desde entonces se
hace un gran rodeo para pasar.
Horrorizado al escuchar estas noticias, el guerrero entró
en su casa completamente turbado. Y había por qué estarlo.
Sí, él llevaba consigo un verdadero terror. Porque el calor
del sentimiento que había alimentado por ella hacía tanto
tiempo, esta llama profunda con la que había vuelto a llenar
su alma, era la que haba permitido a su mujer habitar, después de la muerte, una forma terrestre que su espíritu debía
abandonar. Y era también la fuerza de su sentimiento la que
lo había conducido a pasar, sin dudar de nada, toda una larga
noche con ella.
En verdad, hay muchas cosas ertrañas por el mundo, y
quizá más extrañas que ésta. Por eso se dice todavía que no se
puede juzgar ligeramente de nada, por extraordinario que esto
parezca.

COMO UN MONO SUPO PROBAR SU RECONOCIMIENTO
A LA MUJER QUE LO RABIA SALVADO
En una provincia de Chinzei había una vez un hombre que
vivía al borde del mar con su mujer y sus hijos; y la esposa
de este hombre estaba frecuentemente en la playa, ocupada
en pescar o ·en recoger caracoles.
Un día, pues, que ella había descendido a la playa con una
vecina y sus dos hijos, el pequeño grupo caminó en la arena;
después, habiendo encontrado un buen lugar, la mujer colocó
sobre una piedra lisa al más pequeño de sus hijos, de unos
dos años de edad, al que había llevado ahí sobre sus espaldas, dejándolo al cuidado de su niñera, ya que ella quería recoger productos del mar para la comida.
Casi al borde del mar se elevaban unos montes donde
vivían numerosos monos, y ellos también descendían frecuentemente a la playa. E'se día, justamente, había uno al borde
del agua.
·
¡Mira!, gritó la mujer a su compañera. abajo hay un
mono: parece que quiere pescar. Vamos a ver.
Las dos mujeres se aproximaron con precaución, seguras
de que el mono saltaría y se alejaría cuando las hubiera visto.
Pero no. El mono las miraba venir con un aire ansioso y no
huía. Tenía terror en su mirada.

�Cuentos Japoneses del Siglo XI

14

-¿ Qué es lo que le pasa? No parece querer irse, se dijeron las mujeres a medida que se aproximaban. Y el mono, en
efecto, permanecía quieto. Cuando estuvieron más cerca
comprendieron: el mono tenía la mano presa en una gruesa
concha que se había cerrado como una quijada sobre sus dedos
cuando quiso vaciarla. Había hecho lo imposible por liberarse, pero fue inútil; y con la marea que subía, se ahogaría sin
remedio. Al verlo, las mujeres reían con sus gritos, se mofaban de la estúpida glotonería del animal atrapado. Una
de ellas, cogiendo una piedra, se disponía a golpear a la pobre bestia.
-l, Qué? i Qué vas a haced, exclamó la otra deteniéndole
el brazo. ¡Sería demasiado horrible! Al contrario, salvémosle, por el amor del cielo.

-Ese mono, replicó la vecina, haría un excelente asado.
No hay sino matarlo.
Entonces la mujer suplicó a su vecina y le rogó no matara
al mono. Puso en ello tanto calor e insistencia, qu'e la otra finalmente se dejó convencer. La mujer forcejeó con un trozo de
madera que introdujo en la concha, tratando de aflojar el
cerco, lo que permitió al mono retirar sus dedos con un gesto,
quedando libre. Todo manifestaba en él el triunfo ; y la que
acababa de salvarlo no pudo dejar de pensar: "Hace un instante estabas a punto de morir, y ahora estás salvado. ¿A
quién se lo debes sino a mí, sólo a mí f Tú deberías agradecérmelo, por animal que seas. Sí, tú deberías agradecérmelo".
Como para responder a este pensamiento, el mono, lejos de
huir directamente a la montaña, corrió directamente hacia
donde estaban los niños, se apoderó del más pequeño y escapó.
Espantado por esta súbita irrupción y el gesto brutal del mono, el otro niño se puso a gritar; la madre se volvió y vió
la escena, siguiendo con los ojos al mono que llevaba al pequeño.
-¡ Ingrata bestia! ¡ Me roba mi niño!, gimió la madre en

su estupefacción.
-Naturalmente!, observó la otra mujer. Un animal no
sabrá mostrar gratitud a los hombres. Si lo hubierá matado
vuestro niño no sufriría. ¿Pero que ingratitud ? ¡ Oh, malvada
bestia!
Las dos se miran y persiguen al raptor, pero ·más corren,
más rápido se aleja el mono, y cuando ya sin aliento, perdie-

Takakuni Minamoto

,, '

13

ron velocidad, el mono, que se encontraba a cierta distancia
de ellas, hizo lo mismo. Las mujeres agotadas no tenían fuerzas para continuar. Entonces la madre le gritó al fugitivo:
-¡ Mono ! i, Por qué eres tan ingrato ? Si te salvé la vida
cuando estabas atrapado por la concha, debías estar feliz.
¿Quieres devorar a mi hijo ? ¡ Oh, te lo suplic6, devuélvemelo!
j Devuélvemelo por vida tuya !
Por toda respuesta, el mono escaló rápidamente un grueso
árbol, con el niño en los brazos. ¿ Qué iba a hacer allá arriba? Angustiosamente, la madre corrió al pie del árbol, sin
dejar de observarlo. El mono, en la cima, se acurrucó en la
orquilla de una de las más altas ramas, con el bebé en brazos.
Mientras que la madre se quedaba allí, la vecina regresó con
gran prisa a su casa para buscar la ayuda de su marido. Sola,
y sin apartar ni por un instante los ojos del mono, la madre
lo vió divertirse en un juego extraño e incomprensible: doblando con una mano una gruesa rama, la aflojaba bruscamente, lo que sacudía y azotaba al niño en sus brazos; y el
niño lloraba y aullaba a más no poder. Pero cuando dejaba
de gritar, el mono comenzaba de nuevo, más y más fuerte, y
otra vez lo hacía llorar. Esto duró un buen rato; después
un águila, atraída por los gritos, descendió amenazante donde
ellos estaban. Enloquecida, la madre pensó que el bebé, que
le había sido quitado por el mono, sería atrapado por esta
gran águila. Pero ¿qué hacer ? Estaba aterrada y miraba
lo que pudiera suceder. El águila planeó en r edondo, se acercó todavía más y el mono dobló la gran rama como antes,
para soltarla en el preciso instante en que el ave de rapiña se
posaba sobre su presa. Herida mortalmente por el azote de
la rama, el pájaro cayó dando vueltas. Inmediatamente, el
mono dobló la rama con más fuerza, porque llegaba una
segunda águila; la abatió como a la primera. Después nna
tercera, una cuarta, una quinta.
La madre comprendió entonces que el mono no había
querido robarle su niño, sino al contrario salvarle la vida pera mostrarle su reconocimiento, y tirar las águilas a sus pies.
No pudo retener un grito: "¡Oh!, comprendo ahora tu gesto.
Pero no es necesario que mates águilas para mí. Déjalas y
devuelveme a mi bebé".
El mono, pareció no haber entendido esto, saltó sobre un árbol próximo, brincando de rama en rama hasta
llegar al suelo, donde depositó cuidadosamente al niño, antes
de regresarse al árbol, en la cumbre,del cual acampó con su

�16

Cuentos Japoneses del Siglo XI

aire fiero. Un instante después, se había internado en las
frondosidades montañosas.
Llorando de alegría, la madre corrió hacia donde estaba
su hijo, lo tomó en sus brazos aparetándolo contra su corazón. Le daba el pecho cuando llegó el padre, sofocado por
haber corrido tanto para socorrerla. Su mujer le contó con
pormenores toda la historia, le explicó cómo el mono había
demostrado su gratitud, lo que no pareció menos extraño al
hombre. Cortó las alas de las águilas abatidas, una dos, tres,
cuatro, cinco, y la pequeña familia tomó el camino de regreso. El marido sacó un buen provecho de las águilas cuando las vendió, y aquí se acaba la historia.
Por cierto la madre se emocionó por esta muestra de
agradecimiento' del mono des~ués de_ salvarle. la vida, pero,
¡ qué angustias y terrores había suf_rr~o ! Y si,, el mo~o, por
animal que sea, es capaz de reconoc1mient?, c~anto ,mas debe
el hombre practicar la gratitud con c_oncienc1~, cua~to de~e
tener horror, en cualquier circunstancia, a la mgratitu~ mas
lio-era. Dice también la tradición que en su ocurrencia, el
m~no había dado muestras de una rara inteligencia.

(Traducción de A. R. G.)

Jar,omír Newmann / LOS ORIGENES DEL ARTE MODERNO CHECO
(1890-1918)

LA

GENER.ACION de pintores que
decoró, en el curso de la década del setenta al ochenta del
'siglo XIX, el Teatro Nacional de Praga, ha marcado la cima
del arte cl).eco de la época del renacimiento n'acional. El
despertar nacional en cuestión fue un proceso histórico ligado con la revuelta del pueblo checo contra la opresión nacional, cultural y política que ya duraba doscientos años.
Esa potente 11amarada de la energía nacional se hallaba relacionada con la descomposición del feudalismo y la ascención de la burguesía. La lucha por la independencia política
no había acabado todavía a finales del siglo XIX -habría
que esperar, para ello, al año de 1918 y' al hundimiento de la
monarquía austrohúngara-, a pesar de lo cual la emancipación cultural de la nación checa era ya un · hecho.
Los problemas ante los cuales se encontraro'n situados
los artistas checos durante la década del ochenta eran completamente diferentes de los que existían diez años antes. La
nueva generación comenzó a resentir muy pronto la falta de
ideas generales y unificadoras susceptibles de convertirse
en el eje del desarro11o de sus esfuerzos artísticos. A través
de una crisis complicada de opiniones diversas -crisis producida por las paradojas sociales y por una evidente esterilidad de la política burguesa-, los antiguos ideales nacionales y el entusiasmo románico, de los que partió la "generación del Teatro Nacional", perdieron en una cierta medida
su validez y su sentido como fuente de inspiración. El oportunismo de la política oficial disgustaba a la joven generación artística: no animaba su interés por los problemas sociales y, al mismo tiempo, amputaba su atractivo a las •ideas
-17-

�18

Los Orígenes del Arte l\Ioderno Checo

patrióticas puesto que no consistía más que en frases vacías.
De ahí, por tanto, los sentimientos ascéptic~s e inc:édulos
en que con frecuencia se amparaban los artistas, as1 como
el deseo doloroso de una nueva certeza, de una idea liberadora que pudiera alumbrar el entusiasmo. Los artistas progresistas adoptaban a menudo una actitud característica que
no se adaptaba a las tendencias reinantes. Ellos se relacionaban con las cuestiones de la vida y el arte solamente desde
un punto de vista individualista, y ganaban sus conocimientos mediante la búsqueda de la verdad por su propia cuenta
y adquiriendo responsabilidades tan sólo en lo que concernía a los valores artísticos y morales del individuo.
En un momento en que el arte perdía las bases de las
ideas comunes y sólidas, la relación emotiva, la experiencia
humana subjetiva y artística adquirieron una importancia
especiales. Y desembocaron en una fuerte tendencia hacia
las atmósferas íntimas y personales. En lugar de la antigua
espontaneidad creadora, nosotros encontramos entonces en- ·
tre los artistas una sensibilidad ulcerada, los fines matices
de la vida espiritual. De allí emanaba también una nueva
psicología, que significaría un enriquecimiento histórico del
retrato (:M:ax Svabinsky). Si la generación procedente progresaba en el realismo y desarrollaba un aspecto objetivo
de la realidad en los temas sociales y etnográficos, la joven
oeneración por el contrario, no tenía objetivo preciso, pero
;staba impregnada de la tristeza y la nostalgia de la verdad. Los jóvenes artistas recurrían a su alma y soñaban con
un reino humano puro y bello (Preisler, Svabinsky). Este
carácter visionario y esta imaginación poética encontraron
en el simbolismo un asidero ideológico y medios de expresión apropiados. El deseo de adquirir ~n~ sensación ~ompleta de la vida, acompañada por se1:1t1ID1entos s~nsor1ales
e íntimos, se manifiesta en el culto erótico de la muJer, como
personificación de la belleza suprema y de la fuerza, de. la
vida. La mujer y el amor son probablemente los mas IIDportantes temas de inspiración de este arte nuevo. La experiencia subjetiva de la realidad, determinada. por los se~tidos y el sentimiento, presta un nuevo contemdo a los ~1ferentes géneros artísticos. Esta experiencia anima la pmtnra del paisaje y transforma el carácter de la escultura.
Al colocar en primer plano los motivos íntimos y las formas
menores, esta experiencia acerca las artes plásticas a la
poesía e incluso enternece las concepciones de la composición
y del lenguaje pictórico. La sensibilidad ante los fenómenos
luminosos crea un suelo fértil para el impresionismo, que pe-

Jaromír Neumann

r

,

19

netra entre nosotros ~u1;1to con el simbolismo. La expresión
de los momentos s~bJ~tivos que aparecen en la composición
favorece el decoraciorusmo que se manifiesta sobre todo en
el estilo "secesionista".
. Todo ese ?º11;1-Plicado proceso no era un hecho aislado,
si?o que conshtma un caso particular de aplicación de las
busquedas ~el arte europeo, cuyas iniciativas serán seguidas
con una avidez redoblada. El descontento por la situación
de ent~nces y la búsqueda enfebrecida de nuevos caminos
!av_orecian al esfu~rzo para retornar a la evolución europea,
mcltaron el estudio del arte extranjero y abrieron las ventanas sobre Europa. Los viajes a París se hicieron más frecue~tes. que_a Viena o Munich. Esos viajes correspondían a
las ~clinac1_ones de la época de suprimir la dependencia de
l~s influencias alemanas para apoyarse en la línea democrática de la cultura francesa.
Dos artistas habrían de ser los representantes más impor_tantes de la n~eva pintura de pe:sonajes. Los dos se parecian mucho y, srn embargo, su actitud ante la vida era totalmente ~iferente: ?an Preisler, el soñador melancólico, y
Max Svabmsky, el pmtor de los himnos y los panegíricos a
la naturaleza.

Jan !reisler (1872-1918) fue el poeta de la primavera
Y. de la JU-~~ntud, con sus sueños, sus tristezas y sus sufri~ientos. füJo de un metalúrgico de Králuv Kvur, vivió su
JU!entud ª':anzada en un país marcado por los colores sombn~s del hierro_ y de la cal y conoció la amargura de la
des1gu~ldad so_cial. Todas esas impresiones ejercieron una
fuerte mfluencia en su imaginación artística. Preisler toma
p~onto los nuev~s medios de expresión plástica: no queda indiferente al caracter ornamental del estilo "secesionista" sucumbe también al ~u.canto de los prerrafaelistas y es at;aído
por un neorromantic1smo totalmente diferente al de sus predecesores. Ese romanticismo tenía también gran actualidad
durante la época, en la poesía checa, como una forma d~
P!Otesta contra la impasibilidad del mundo y sus relaciones deshumanizadas. En Preisler, en efecto, encontramos much~s pa~alelas con las tendencias de la poesía checa,
desd_e _el s1mbohsmo hasta el vitalismo y los poetas de un
sentimiento social ulcerado.
. ~n 1900 el tríptico Primavera manifiesta plenamente sus
opu_no_nes. Esta pintura poética, que representa el doloroso
nac1~1ento__de una vida y de sus sueños, apareció como la
mamfestac10n de una concepción nueva del c~lor, que tenía

�Jaromír Neumann
20

21

Los Orígenes del Arte )loderno Checo

su importancia como elemento tectónico y como portador del
contenido emotivo de la obra. El polo opuesto en el a~te
de Preisler fue un decorativismo que traicionaba las relaciones de su pintura con la arquitectura contemporánea. C~ea
muchos murales y paneles decorativos. Del mundo poé~ico
y soñador de los jóvenes campesinos pobres -el_ gra~ ci~~o
de 1902 y el cuadro Cuentos de hadas (1902)- la_ 1magmac10n
de Preisler pasa a una lúgubre y muerta Arcad~a, .do~de las
almas tristes viven sus sufrimientos, sus graves mfidelidades,
sus melancolías y sus seducciones. El cuadro central de las
obras de ese género es el Lago Negro (1904~ . ~n. el q~~ el
simbolismo de la época se convierte en el prmcip10 umficador de la composición. Algunos rasgos vecinos al arte del
sombrío norue()'o
Edouard M:unch, que había ejercido,
en
o
•
ocasión de su exposición en Praga, en 1905, una vigorosa
influencia sobre los pintores checos, prueban elocuentemente cuán enraizado en la realidad checa se hallaba el arte de
Preisler. El se colocó al unísono de la atmósfera del país? lo
que le dió después de 1905 una mayor confianza en la vida,
'
'
.
como indican los cuadros de muchachas en el bosque prim,averal (Primavera, 1906) y las variaciones lí1;icas sobre A~~n
y Eva (1908). Hacia 1910, cuando l a más Joven gener_acion
entra en escena, interviene un cambio profundo en las ideas,
que impulsa, también a Preisler, a buscar l~s leyes c?munes
del arte. Este pintor, que da siempre una importancia considerable a la composición, se deja guiar desde entonces por
ese principio como por un, organismo independiente, determinado sobre todo por las relaciones abstractas de la super:
ficie, las formas y el espacio.

Max Svabinsky (1873) desarrolla su expresión ~n forma
opuesta a la de P~ei~ler, p~ra pas~r de la D:ostalgia _d_e la
época hacia un optimismo vital, hacia un reah~mo equilibrado en sus bases. Artista que tuv~ _la oportu_~dad_ de serlo
en forma cabal, Svabinsky persorufic~ la umon directa ~el
arte contemporáneo checo con los artistas del Teatro Na~i,onal. Ahí reside el lugar especial que ocupa en la ~enerac1011
de la década del ochenta. No ha tomado el camino d~ ~a_s
búsquedas formales, sino que asocia, más bien, la sensibilidad sutil y el don psicológico de. }as gentes, en e~ curso de
los años ochenta con la concepcion neorrenacentista Y con
las tendencias al;góricas de aquellos que ya .habían decorado
el monumento del Teatro Nacional. En ese sentido, su obra
es un punto que liga los tiempos modernos con la época del
despertar nacional.

Desde el principio, su obra tiene dos fuentes de inspiración: el paisaje checo, representado en los dibujos expresivos y en las alegorías exaltadas y místicas, e, inmediatamente, el hombre checo, descubierto con mirada penetrante
de retratista. Hacia 1900, su obra comienza a apartarse del
lirismo melancólico y simbólico, típico del Paisaje pobre
(1902), para desembocar en sueños sensuales, cuyo centro
es la mujer. La glorificación vitalista del desnudo, en los
marcos de un paisaje de estío, se manifiesta de una manera
vigorosa en el cuadro de atmósfera plena y colores audaces
que ~e llama La sombrilla amarilla (1909). Al mismo tiempo,
Svabmsky se acercaba más y más a la naturaleza con excelentes grabados y dibujos delicados. La comprensión de los
g~a~des personajes de la civilización checa y europea le permitieron alcanzar una verdadera profundidad humana. En el
curso de los agitados años del comienzo del si()'lo XX se
liga por instinto a los representantes del renacimiento n~cional, como personajes completamente entregados a ideales
generosos, adquiriendo así tm apoyo sólido para sus opiniones.. Crea una galería de retratos únicos de artistas, poetas.
sabios, compositores, críticos y filósofos checos de la vieja y
la nueva época. Penetra, por la impresión de conjunto en
el carácter del hombi:e y, en sus mejores retratos (Smetana,
Salda, A les, Sova, Manes), expresa en la cara la substancia
misma del personaje y el sentido de su obra. Del retrato indivi_d_ual, Svabinsky pasa al r etrato de grupos, ya íntimo y
familiar (Dos abuelas, 1908, el Gran retrato familiar, 1905)
ya de un carácter monumental y apologético.
Svabinsky realiza la síntesis de su arte -ahí permanece
fiel a su generación- como un sueño subjetivo de vida magnífica. En su obra, ha concebido ese sueño como la existencia paradisíaca de una pareja en una naturaleza exótica y
exuberante, encuadrada en la embriaguez panteísta de las
fuerzas fecundas. l\Ias el moderno sentimiento erótico está
ligado en Sxabinsky con un lirismo a la manera de l\1anés y
con un idealismo exaltado. como por ejemplo en l\Iediodía le
agosto (1918) .
En su obra, el dibujo y el grabado checo lograron su madurez. De ahí la importancia de Svabinsky. Después del grabado libre y aplicado, Svabinsky extiende su actividad creadora a los grandes cuadros, los mosaicos monumentales y las
pinturas sobre vidrio (vitrales de la catedral de San Vito),
Es precisamente en esa universalidad, así como en la asiduidad en el trabajo y en el respeto absoluto para cualquier
tarea, donde Svabinsky se presenta como un clásico.

�Los Orfgenes del Arte Mode~no Checo

22

Entre los artistas dedicados en gran parte a los cuadros
de personajes, dos pintores formados en el ambiente de 1900
extranjero del medio francés impulsos para su arte. Uno
fue Alfons Mucha. (1860-1939), que se hizo de re~ombre con
sus carteles e ilustraciones, elegantes y decorativos. Y el
otro Fra.ntisek Kupka. (1871-1967), personaje complicado,
nat~ralizado francés que ilustraba las contradicciones de la
época y del propio artista. De la pintura de concepción filosófica y de estilo simbólico, Kupka pasa, en el curso de los
años 1900 a 1910, a excelentes ilustraciones de obras francesas y antiguas, donde unía, a los principios decorativos, una
percepción aguda y naturalista.. Element?s constante~ de su
obra fueron sus trabajos de circunstancias, sus caricaturas
incisivas y sus dibujos políticos para la _revista L'Asiet~e ~u
Berre donde denunciaba las monstruosidades del capitalismo y' las falsedades tiránicas de la religión en una forma
clara, comprensible y cultivada. En la época de su gran
viraje, hacia 1910, Kupka abandona la exp~esión realist11; para
adoptar el camino de un arte no figurativo, que se cifrab_a
no solamente en el lenguaje de la línea y del color, retemdo en suma por una imaginación ornamental. A es'.1- orientación llamada orfismo que difería de las tendencias contempo~áneas, sobre tod~ en la música, permanece fiel basta
su muerte.
El vuelo de la pintura de paisaje, después de finalizar.}ª
década del ochenta, fue impulsada por una nueva rel~cion
con la naturaleza, que adquirió una gran intensidad baJo la
influencia de los conflictos espirituales de esa época c~mplicada. Los jóvenes ª:tistas entablaban con_t~cto co~ el unpresionismo y se apropiaban de una concepc10n col?rista, luminosa y más dinámica, pero teniendo en el corazon el apego hacia un contenido profundo de la obra.
Decenas de paisajistas checos encontraron un maesti,:o
eminente en el pintor Julius Ma.rák, el de más edad, que ~abia
contribuído asimismo a la decoración del Teatro Nacional.
Su clase en la Academia de Bellas Artes de Praga proporcionaba a sus alumnos una instrucción preparatoria Y una
orientación de responsabilidad con respecto a los esfuerzos
siguientes. Entre los discípulos de Marák, o~upa un lu~ar
importante Frantisek Kaván (1866-1941), admirador f~rviente de los motivos simples, que contempl~, con el espmtu . ~e
los viejos y asiduos lectores de las Escrit~ras, la. ~ecorac10n
de los paisajes montañeses. Mas este realista eqmhbrado no
pudo tampoco sustraerse a la presi?n de ~a ~tmósfera ~e la
época y hacia finales de siglo, vmo a mclmarse hacia el
simbolis:no atravesando una crisis difícil de opiniones. Más

'

Jaromír Neumann

23

t~rde, retorn_a el paisaje pintado de una manera impresiorusta, pero sm poder encontrar de nuevo las cualidades elevadas de las obras de su juventud.
~ntonín Slavícek )1817-1910), pintaba, a diferencia de
Kavan, con una energia robusta y sensual, que transforma
su obr!-1- en una lucha dramática por una expresión humana
Y pr_esiona1;1-te.. El color, ese medio principal de expresión de
los 1mr~resiomstas, le convenía mucho más que a sus contemporaneos. El esplendor lleno de sol de la Jornada de
(1898) es el más bello ejemplo de su primer ensayo para
cercar el c~lo:r y la_ lu_z. El fenómeno óptico no era, sin embargo, su umco obJetlvo. La tendencia fundamental de su
arte era expresa~~ por intermedio del paisaje, la vida de las
gentes Y la relacion con el pasado y con la emoción de la época actual. Dos esferas determinan el arte de Slavícek desde
el punto de vista temá~i~o: por una parte, el campo rudo y la
natur~lea checa, modificada y habitada por el mundo del
trabaJo, Y . p~r. la otra, P_raga, _admirada como cuadro de
grandeza histo:ic!-1- y, al mismo tiempo, como metrópoli moderna, de movimiento rebullente. Slavícek va de las imáae0
nes del estilo de Maráz y de las impresiones emocionantes de
la época al descubrimiento de un pobre país montañoso esfor~andose p~r expresar también, en formas simples, la' miseria Y la vida penosa de sus habitantes. En sus obras
evocadoras -el_ gran c1;a?,ro entre nosotros, en Kamenicky
(1904) es un eJemplo hpico- aparecen la compasión social
Y los ele~ent?s característicos del simbolismo. Paralelamente, el mteres de Sl~ví~ek por Praga íbase afirmando para represent~r con sentimiento de balada sus llanos vacíos y
de~n~d?s, mien_tras que en sus pequeños dibujos aparece una
obJet1VIdad. b;illante.. A fuerza de trabajo, llega. partiendo de las ~1;11ag~ne~ pmtorescas d~ la ciudad antigua, a la
representacion smtehca del orgamsmo entero y multiforme
e1;1 los países panorámicos de Praga vista desde Ladví y Praga
vist~ d~sde Letna (1908~, donde proporciona a los medios impre~1orustas una capacidad de expresión insólita. Pónese
a pi~tar con audacia la catedral de San Vito (1908-1909)
queriendo expresar en el cuerpo espléndido de la catedrai
has~a la_ grandE;zl!- histórica de la nación, que refleja ese
teshmomo. Es tipico, desde el punto de vista de la evolución
del ~rte, el hecho de que Slavícek partiera, como Stursa,
Svabmsky, etc., de la expresión cargada de melancolía de
los prime~~s ,años del siglo para llegar a un entusiasmo vital
q~e se dmg1a a una expresión patética de la fuerza de la
vida. ~a obra de Slavícek se desarrolla con impetuosidad
expresandose de acuerdo con el espíritu de la época pero e~

�24

Los Orígenes del Arte l\Ioderuo Checo

términos más . expresivos. Este combatiente, fuerte y. robusto, fue frecuentemente golpeado por la apoplejía e, incapaz de vivir en ese estado de impotencia, puso voluntariamente término a sus días en 1910. Su obra es, sin embargo,
compacta y espléndida y ha trazado el camino de la pintur a
checa del paisaje y fecundado la generación siguiente.

Otakar Lebeda (1877-1901), paisajista de talento, habría también dé suicidarse. Es el creador, a pesar ~e. su ~!1-ventud de una obra considerable, llena de partic1pac1on
emotiv~ . y de impulsos para la búsqueda audaz de nuevos
caminos. Una prueba de lo imperioso de lo humano en el
cuadro es el hecho de que este joven pintor, que había alcanzado resultados ciertos en sus paisajes, se decidiera, hacia
el final, a pjntar al hombre.
Antonín Hudecek (1972-1941), tomó pos1c10n, igualmente, frente al impresionismo. Concertaba sus cuadros. en una
tonalidad emotiva, que r ecordaba las obras de Pre1sler, Y,·
después de algunos ensayos con las pinceladas de c~l~r (puntillismo), inclinóse hacia una expresión . má~ sintetica. El
paisaje atraía entonces a más y más partidar10s.

"

Jindrich Prúcha (1886-1914), supo aprovecharse del
estilo de Slavícek con el máximo de originalidad, y se peréibe en sus obras, al lado de un amor confesado por la naturalea, un nuevo esfuerzo para ~dificar una construcción mas
sólida y para crear una expresión más densa. El centro de
gravedad de su obra es la glorificación del despertar primaveral en los cuadros de sus montañas natales.
La viva atención consagrada al hombre, de l a que es
testimonio también ]a pintura de paisaje, se manifiesta en los
1rnevos géneros de la pintura ele personajes. Ante todo, era
el interés por el medio campesino y por las tradiciones populares checas, que se iba profundizando con la acent~ación del elemento psicológico interior y del aspecto social
de la vida. La segunda corriente nacía de la necesidad de
aproximarse a la vida íntima y de descubrir al hombre, sin
estilización ni hipérbole, rodeado por el medio cotjdiano más
familiar. Su búsqueda de testimonios humanos se centraba
en los temas olvidados de los lugares más comunes, aunque
revelando, de acuerdo con las nuevas. formas de vivir, te~.Tenos de juego, cafés y salas de gimnasia. La tercera corriente, anclada asimismo en el medio de la metrópoli, se orientaba siguiendo una tonalidad social y la corriente que centraba su interés en el destino penoso de los trabajadores. Esas
tres &lt;'Orrientes del realismo en los cuadros de personajes

,1aromír Neuma.un

25

aparecen en las obras de Ludvík Kuba, Milós Jiránek y Karel
Myslbek.
, La personalidad más compleja es la de Ludvík Kuba (18631956), en quien se unían orgánicamente -en un espíritu
esencialmente comparable a las grandes figuras del despert~r del siglo XIX- las actividades de pintor y de músico, de
escritor y de atnógrafo. Kuba había vivido la época de la
edificación del Teatro Nacional y sus ideas se formaron durante el ascenso del entusiasmo por la causa eslava, poderosamente animada por la lucha de las naciones balcánicas por
su libertad. A una edad en que otros se consideran· llegados
a la madurez, Kuba comienza a estudiar, al principio en Praga, en seguida en París y más tarde en Munich. Su punto artístico de partida era una concepción luminosa, enriquecida
por el plenairismo y el impresionismo, un colorido claro y el
gran manejo del color. Kuba consideraba como "un ejerciéio que el arte debe sufrir", pues él se interesaba siempre por
la acción __inte~·i~r y por la expresión del pensamiento. La
co~struccion logica de sus cuadros de personajes y de paiS~Jes se halla bas~da en la firme ,escritura de largos y enérgicos toques de pmcel, que recogian las cualidades materiales d_el objeto lo mismo que el contenido aéreo del espacio.
La riqueza de la o_bra de K~ba se hallaba deterrinada por
dos fu~ntes; la primera tema un carácter más íntimo: era
el ambiente del hogar, los acontecirientos fariliares cuyo
c~~tro es el niño, con una atmósfera llena de amor, de atenc10n Y de terneza. Los cuadros de esta clase fueron pintados
sobre todo en los primeros diez años del siglo veinte durante
s u , estancia. en Viena. Lo~ retratos aumentaban, pero des:pues del retorno a Bohemia predominó el número de paisaJes, de lugares sin pretensión con el encanto íntimo de los
patios y de los pequeños jardines. La segunda fuente de insP!ración de Kuba era la cultura popular eslava, donde su
pmtura se unía a los intereses etnográficos. Kuba pintó,
después de la década, grandes series de tipos populares de
los eslavos de Lusacia, del Balcán y de los Cárpatos, destacando, de una manera consciente, los aspectos documentales
~ esfo_rzándose por, ·expresar eu esa pintura completa todo lo
que impregna_ al pueblo y moral y mentalmente". La más
grande aportación de la pintura de Kuba en su última decena
es sobre todo el descubrimiento de la aldea del nuevo campo.
La composición de materias sobrias, poco pintorescas, de la
aldea contemporánea es aprehendida en los cuadros de Kuba
con persuación, lo mismo que los cambios en el ritmo de
vida, ~as nuevas formas de trabajo, las nuevas emociones y
sensac10nes. Así, al declinar de su vida, vino a enriquecer

�26

Los Orígenes del Arte Moderno Checo

nuestra concepc10n del mundo de hoy y al mismo tiempo a
ampliar el registro de expresión de la pintura realista con
posibilidades nuevas.

I'

A diferencia de Kuba, que se hallaba ligado todavía al
renacimiento nacional por lazos diversos, Milos Jiránek (19751911) figura ya, de una manera característica, en la generación nueva. Pero tampoco era pintor solamente; era asimismo crítico de arte y escritor. Jiranek fue, sobre todo,
un organizador de la vida artística de Praga y redactor de
una revista de arte. No obstante, sus mejores fuerzas estuvieron consagradas a la pintura. Su obra se engrandece a
partir de una fuerte tensión. Por eso podemos encontrar en
ella ensayos violentos y audaces experiencias. El carácter
esencial de la obra de Jiránek es el estudio del medio vital,
evocado por nuevas formas de existencia. En el cuadro Duchas del Sokol de Praga (1903) Jiránek señala, de una ma• nera reveladora, una realidad que el arte no había tocado
jamás. Trazos similares se vuelven a encontrar en las obras
E&gt;n que representa todavía el motivo del terreno de juego.
Los trazos nuevos dominan, en cambio, las obras inspiradas
en personajes de la Eslovaquia morava y de la Eslovaquia
propiamente dicha (1902-1905), donde Jiránek buscaba la
avidez de las ant'iguas baladas. En sus paisajes, algunos de
los cuales figuran entre las telas más encantadoras del impresionismo checo, narraba, junto a escenas praguenses, las
sencillas granjas de los campesinos y los mercados de las pequeñas aldeas checas. Jiránek no se contentaba, sin embargo,
con el impresionismo y avanzaba paralelamente a las nuevas tendencias de estilo sólido, hacia una expresión más elaborada. Tuvo el atrevimiento de crear algunos cuadros de
lns más grandes dimensiones (Los arenales, 1909) y sus
obras culminantes se inspiran en temas íntimos que recogen
el ambiente de un departamento en los momentos apacibles
de la vida. Recordemos a este respecto, por ejemplo, el
luminoso Balcón (1909) . Sin embargo, esta fértil evolución
fue interrumpida por la enfermedad, que, muy pronto, habría de acabar con Jiránek.
El más cercano amigo de Jiránek fue Ka.rel Myslbek
(1874°1915)á hijo de un escultor checo, el cual reaccionó más
fuertemente que los otros representantes de su generación
a la inquietud social de la época. Como Jiránek, se había
formado por el plenairismo, pero pronto se dedicó a la búsqueda de motivos que estuvieran de acuerdo con sus tristezas
y con su compasión humana. De su familia adquirió una
concepción monumental de la forma, sentida de una manera
plástica, como aparece en sus cuadros dedicados al tema del

Jaromír Nenmann

27

circo en el campo. En ellos no se interesaba por lo pintoresco
ni por el resplandor del oropel, sino que consideraba la vida
humana como la claridad prosaica de todos los días. No cesó
de buscar una forma extremadamente objetiva y económica,
cargada con la fuerza del pathos de la verdad. Y alcanzó
resultados convincentes en el cuadro Los refugiados (1908)
y en la tela monumental titulada Catástrofe (1909), donde
el obrero que se ha estrellado sobre el suelo se encuentra situado, como todo el hecho, ante un muro lleno de anuncios.
Myslbek no representaba todavía la revuelta, síno el sufrimiento y la miseria, que él describía despojados de sentlimentalidad, con grandeza y heroísmo. Su propia vida acabó,
trágica y prematuramente, como la de numerosos miembros
de su generación. No pudiendo soportar el cortejo de asesinatos, se da muerte en 1915, después del estallido de la
guerra.
El arte de Myslbek mostraba uno de los caminos para
romper el círculo de los problemas individuales y emotivos,
para hacer del arte un instrumento al servicio de la objetividad y para crear una obra asociada a la solución de las cuestiones vitales más urgentes. En ese sentido, su obra apuntaba hacia el porvenir y anunciaba los esfuerzos del arte
social de la década del veinte. De acuerdo con las ideas del
socialismo, el arte plástico elevaba el número de manifestaciones de simpatía y de participación en las cuestiones sociales. Después de 1900, la crítica mordiente vino a endurecer su acción para clavar en la picota de su burla satírica
los abusos de la sociedad.
Mil novecientos cinco, el año de la primera revolución
rusa, registra un gran ascenso de la conciencia socialista,
decidiendo asimismo el carácter revolucionario de la caricatura checa y acelerando un desarrollo que estaba estrechamente ligado al advenimiento combativo de la joven literatura checa. Entre los dibujantes políticos de la nueva generación, ocupa un lugar importante el poeta Frantisek Gellner
(1891-1914) y, sobre todo, dos personalidades relevantes por
sus cualidades plásticas, por su amplia visión y por su energía militante: Zdenek Kratochvíl (1883), maestro de un estilo puro y recogido y, Vratislav Brunner (1886-1928), artista polígrafo de gran imaginación y al mismo tiempo personaje importante en la caricatura checa moderna. Ambos
dibujantes utilizaban sobre todo la línea simple, el trazo
compacto, aguzando con humor la expresión y acentuando
con fuerza la idea principal.
·

�28

Los Orígenes del Arte. l\Ioderno Checo
Jaromír Neumann

Las ricas diferencias y ·el desarrollo cuantitativ,-o del arte
checo iban acompañados por una complicación creciente en
cuanto a las opiniones estétic!ls. Si la generación de la década del ochenta no había tenido una orientación fácil, los
jóvenes pintores que se presentaban al público en 1910 tenían
una posición todavía más insegura. No se encontraban solamente con las más diversas tendencias contradictorias, sino
que vivían en el arte plástico una profunda revolución que,
en lo que concierne a la forma, no tenía equivalente desde
el renacimiento nacional. ,Durante esa época se podía establecer contacto en Praga con toda una serie de exposiciones,
que abarcan desde los impresioi;iistas hasta las tend-encias más
recientes, particularmente de influencia francesa. Esa pocibilidad de confrontación se hallaba todavía ampliada por
los viajes sistemáticos de los artistas al extranjero .. La conciencia de una situación compleja y de un gran viraje histórico se manifiesta también en el acento extraordinario que los
artistas ponen en la teoría. ·
La señal exterior de ese violento movimiento de evolución fue la reacción desatada en Europa contra el impresionis~o.. ~u carácter unilateral, atestado de sensualidad y de
subJetlv1dad, que descomponían la forma y debilitaban fa
significación del elemento objetivo en el cuadro, debía ser
superado por una síntesis que r eafirmara el arte en un
orden más objetivo. Entre nosotros, esa corriente se hallaba además animada por la negación del academicismo y el
naturalismo, que se expresaban fundamentalmente mediante
frases o se hallaban determinados en su evolución. por el hecho de ser el arte oficial de la burguesía. Tal negación era
tan!o más intensa cuanto que era claro que ese arte, que
copiaba solamente el aspecto exterior de la realidad, se hallaba sordo a las complicadas emociones de las gentes que
vivían el período agitado de antes de la primera guerra' mundial. Por ese motivo, los jóvenes se vieron tan atraídos por
el arte de M:unich en la exposición de 1905, que gritaban en
colores y formas drásticas el martirio de la época.
Bajo el signo del expresionismo, un grupo de fundadores
del arte moderno checo, en el sentido estrecho de la palabra.
expusieron sus obras en 1907. Ese grupo, llamado Osma
(Las ocho), estaba formado por Feigl, Filia, Horb, Kubín,
Kubista, Nowak, Pittermann y Procházka. En sus cuadros
volvemos a encontrar al lado de una fuerte influencia. ·de
:M:unch, la de Van Gogh, _que expresaba en un lenguaje plástico mucho más puro la visión exaltada y dramática del
mundo. Daumier , tuvo asimismo una gran influencia, interesando mucho en Bohemia, lo mi~mo que El Greco, especial-

29

mente por el parentesco interior entre la forma dramática
y su cóncepción barroca. Una obra típica de ese primer esfuerzo de Osma es El lector de Dostoyewsky (1907), pintada por Filla, que caracteriza la tensión emotiva de ese período y que indica, igualmente, los lazos entre el medio local
y las preferencias literarias.
Un desplazamiento mucho más profundo en las opiniones
fue provocad.o por la meditación profunda y la transformación radical dE) los ,impulsos especialmente en la obra de
Gezanne, a través del cubismo de Picasso y de Braque. Este
óltimo interesó inmediatamente a los artistas checos bien informados, pues las tendencias expresionistas no correspondían ya a su deseo de lograr un orden de estilo. El cubismo
significaba la condenación de la imagen estática del mundo,
ya que compensaba el campo de visión fija con un punto de
vista en movimiento, que se esforzaba por asir sobre la superficie del cuadro los objetos considerados a la vez bajo diferentes ángulos y puntos de vista. Esa concepción conducía
pecesariamente a prescindir d~ la perspectiva central, en vigor desde el Renacimiento, y tambi.é n a separar los contornos . contínuos de los objetos, que comenzaron a interpenetrarse. Se trataba, pues, de crear en primer término un espacio que se desple~ara en la superficie sin la ayuda de los
medios que se utilizaban hasta entonces con el modelo de la
forma y · con la evocación de la profundidad. Lo que resultó
en una liberación de la luz con respecto a las fuentes · luminosas, mientras que el cuadro adquirfa una luz propia y una
liberación simultánea del color con r especto a los objetos
diversos. De esta .manera, los cubistas se esforzaban por vencer el subjetivismo óptico d e 1 impresionista mediante una
nueva objetividad, es decir, mediante· un acento apoyado en
las cosas, cuyas partes separadas, junto con los símbolos, componían- una nueva visión del mundo. En la misma base de
esta opinión existíá la tendencia a crear, mediante un contacto auténtico con la realidad, que correspondiera a la atmósfera de la época, una construcción sólida y equilibrada, bien
próxima al clasicismo. El atractivo de esta nueva concepción
para los jóvenes artistas residía sobre todo en la posibilidad,
hásta entonces desconocida, de operar libremente con los diversos medios de expresión. la línea, la forma, el color y la
luz. que antes estaban ligados a la fisonomía del mundo exterior. Aquí t'S donde aparece el papel de la evolución y del
impulso decisivo para aquellos que n o se decidieron a seguir
este camino, pero que después de ese instante dieron completa
libertad a su fantasía plástica•

�30

Este ensayo, cimentado sobre una base histórica y lógica,
se realizó, naturalmente, en el sepíritu de la historia y de sus
límites. Puesto que los artistas no habían podido salir de su
mundo interior y se habían limitado, incluso los que se esforzaban por asir la realidad, a la búsqueda de formas nuevas,
tampoco podían sobrepasar, de una manera consecuente, el
punto de partida subjetivo que compartían, en fin de cuentas, con sus predecesores• Su imaginación se concentraba en
los nuevos aspectos formales y en las configuraciones de los
objetos situados a su alrededor, por lo que la realidad se infiltraba en sus obras a través de la óptica más estrecha. Aunque este arte brotara del sentimiento producido por la nueva
posición del hombre en el mundo, no podía dar solución a las
cuestiones vitales ni provocar un eco -más vasto en los pensamientos del público. Este arte parecía una experiencia científica en un laboratorio cerrado, y dejaba abierto el problema
de saber cómo se podrían explotar los nuevos descubrimientos para que el mismo cumpliera su papel en la vida de los
hombres.

,,

.Jaromír Neumann

Los 01·ígenes del Arte l\Ioderno Checo

Para los pintores checos que han seguido la nueva tendencia, la característica principal es que ellos no habían dejado
nunca de interesarse por los elementos del contenido y la
expresión emotiva, que habrían de ejercer su influencia sobre su evolución ulterior. Emil Filia (1882-1953) ha sido el
pintor checo que más ha podido progresar, con espíritu de
continuidad, en el ejemplo de Picasso. Consideraba el cubismo, ante todo, como una nueva posibilidad de conocimiento
del mundo y de si1 riqueza de formas. A este respecto, fue
apoyado también por Vincenc Kramá.r, que se convirtió en el
más importante checo del cubismo y de sus tendencias. Al
principio, Vincenc Benes (1883) amolda su paso al de Filla,
pero más tarde abandona el cubismo para retornar a su arte
personal, basado en la concepción tradicional y explota de una
manera muy suya los medios modernos de expresión sobre
una base nueva, incluso en el color del impresionismo. Un
caso más complicado fue el del apasionado buscador Bohumil
Kubi.sta (1884-1918). Este pintor elabora las ideas del cubismo en Checoeslovaquia de la manera más original. Se ocupa
sobrP todo de una forma precisa y cerrada, reaccionando así
a las tendencias futuristas que quería expresar el movimiento
con ayuda de los elementos pictóricos. Mediante una composición de formas simples y estereométricas se dirigía hacia
una monumentalidad nueva y hacia una nueva concepción
espiritual del mundo.

'

31

Los jóvenes artistas no tardaron en diferenciarse y en
cambiar de opinión. En el grupo acabado de formar por aquel
-el Grupo de los Artistas Plásticos (1911) -se podía ver, al
lado de Filla y de Benes, a Antonín Procházka. (1882-1943).
Este pintor acentuaba la belleza de la masa de color y de los
elementos decorativos, pero, como consecuencia, evolucionó
hacia una pintura titu\ada de clasicismo.
Dos artistas se retiraron pronto del grupo y se orientaron, a su manera. hacia un carácter nuevo en las tendencias
de entonces. En ·primer lugar, Josef Capek (1887-1945), hermano de Karel, escritor célebre, que se interesaba intensamente por el hombre como dibujante político y como escritor. Capek reaccionaba ante los problemas del destino humano. A él se unió Václav Spála (1885--1946), que iba a convertirse en el personaje más original de la moderna pintura
checa, el más enraizado en el medio local. Sus cuadros están
construidos con el ritmo de las grandes superficies decorativas, con colores intensos, como el rojo y el azul; alcanzó en
su obra, que es la analogía del fauvismo francés, una glorificación poética de campo checo y una naturaleza que hace
surgir profundas emociones humanas. Ciertos trazos de f:?pála
y de Gapek son comunes en sus comienzos· Totalmente aparte se sitúa Jan Zrzavy (1890), que pasa de las telas expresivas a un nuevo contenido y a una explicación simbólica y
espiritual del tema, en el que el acento está puesto en la visión
poética interior.
~·
Otra corriente, un poco diferente, es creada por los
artistas que se alejaron del cubismo analítico para buscar un
equilibrio nuevo en la experiencia sensorial. Me refiero, muy
· particularmente, a un miembro del Osma, Otakar Kubín (1883),
que se interesaba notablemente por Van Gogh y Gauguin, pero
que, cuando se instala en Francia, pasa a un clasicismo nuevo
y adquiere, por su expresión fina y cultivada, una reputación
mundial. Trazos emparentados marcan la obra de otro miembro del Osma, el alemán Willi Nowak (1886), que evita el
pathos y las hipérboles de expresión y se atiene a una noción
musical del paisaje y del hombre.
De una manera independiente, sin tener en cuenta a la
vanguardia, Rudolf Kremlicka (1886-1932) buscó un camino
más sólidamente ligado a la opinión tradicional de la pintura no sólo por su formulación y sus comienzos, sino también
pdr el carácter íntegro de su concepción human.a y pl~stica.
Kremlicka asimiló las nuevas conquistas con d1cermm1ento;
mediante una creciente y lenta lógica, marchaba hacia una
disposición grandiosa de los colúmenes y hacia una limpieza

�32

Los 01•ígenes del Arte :\Ioderno Checo

clásica de las formas. Su arte sutil y refinado respira una
admiración ardiente por un universo poblado de mujeres bellas. Kremlicka ha aportado a nuestra pintura moderna un
elemento lírico que recuerda a Manés, un raro encantamiento
de los sentidos y las emociones.

r •

Luis Recásens Siches / LA FILOSOFJA DE }OSE VASCONCELOS VISTA POR AGUSTINBASAVEFERNANDEZDEL v:-iLLE

Frente a las tendencias unilaterales hacia Francia y contra la orientación subsecuente en el arte occidental, algunas
voces surgieron ya a finales de la primera década del siglo
XX. EITas rE&gt;clamaban un arte nacional, anclado en la tradición local y unido a la esfera de la cultura eslava. Esos jóvenes, entre los cuales figuraban también escritores y músicos,
pretendían, no solamente transformar el arte, sino que querían al mismo tiempo purificar y reformar la vida entera.
Estudiaban con admiración las grandes figuras de la pintura moderna, como Van Gógh y Cezanne, pero deseaban, por
medio de su arte, hablar a las gentes y formar sus·pensamientos. Al ptincipio, sus tendencias bastante inciertas encontra~
ron un terreno más sólido, cuando artistas de personalidad
remarcable se pusieron a la cabeza, como por ejemplo Václav
Rabas (1885-1954) , Vlastimil Rada (1895) e inmediatamente
Vojtech Sedlacek (1892). En la sección renovad·a de la Umelecká beseda (Círculo de Artistas, 1919), proclamaron sus
nueva revista, La vida y el mito (1914), proclamaron sus
corrientes decididos a vencer el subjetivismo y el análisis. Estos ·pintores querían ante todo valores plásticos propios, enraizados en el suelo natal, y rehacer del arte una potencia
colectiva, que contribuya a la vida de la nación entera. La
búsqueda :Q1isma de este nueva .expresión sería muy laboriosa,
llena de matices, de fluctuaciones, de altos y bajos.

a

El interés humanista y la voluntad de unir el arte a la
'vida de la sociedad han surgido plenamente, bajo un nuevo
aspecto, despué:s de la primera guerra mundial, en la pintura
social y, parahlamente también en corrientes similares ligadas al país. Pe10 estas :forman ya un nuevo haz de problemas,
enmarcados en el período que va hasta nuestros días.
,

.

Srnl\IPRE que pienso en José Vasconcelos -dice Basave-, evoco esos personajes gigantescos del
.Antiguo Testamento y de Shakespeare. Su pasión, su desmesura, y su impaciencia de lo eterno son dardos de anhelo en un
mundo mez~~ino que carece de pasión, que peca, siente y piense con el m1mmo impulso de un buen burgués. Vasconcelos se
ofrece a sus contemporáneos como una figura proteica. Hay
el Vasconcelos pintoresco -como la Andalucía de la manzanilla y de la pandereta- que conoce hasta el último mexicano;
es el hombre de los desahogos políticos, de las frases certeras,
que· son verdaderos fusilamientos civiles. Hay el Vasconcelos
de la autobiografía de cristal, el de la sinceridad sin reticencias,. que llega has~a el impud?r .. . Juzgar a un hombre que ha
publicado una vemtena de libros por hechos alislados de su
vida, P?r f~ases contradictorias o exageradas, o por cualquier
otra mmuc1a constituye una ligereza imperdonable ... " Hay
e~ Vasconcelos una auténtica vocación filosófica, que se mamfestó en él desde su primera adolescencia, casi desde su niñez, cuando se preguntaba ya: "Quién soy?, y que irá desenvolviéndose a lo largo de toda su vida. A.demás existe en su
obra "una voluntad de justificarse, no sólo ante sí mismo, sino
ante su sociedad y el mundo". También "quiere hacer pedaO'o0
gía ... Nació para ser de los que Platón llama ... 'amigos de
~irar' (contemplativos) ; pero al mismo tiempo aborrece al
mtelectual eunuco y se lanza a la a~ción, al apostolado social".
Este libro de Basave presenta un cuadro muy rico tanto sobre
el hombre Vasconcelos, como sobre su obra filosófica. Estudia
primero al hombre, su estilo, su filosofía en panorama y encuadrada dentro del marco ·}lispabo-americano. Después ana-

33 -

�La Filosofía de José \Tasconcelos

34

liza minuciosamente su lógica orgánica; su metafísi~a ; su ética . y su estética: En la última parte vuelve a decirnos algo
más s~bre el hombre, se ocupa de su "todol?gía", y te~mina con
unas lúcidas consideraciones sobre el destmo de Jose Vasconcelos.
Vasconcelos tuvo la inmensa suerte de que fuese precisamente A &lt;YUstín Bas~ve quien emprendiera un estudio omnicomprensivo sobre su personalidad multilateral y sobre su
obra, tan superlativamente rica; y tuvo 1~ suerte ?e ver esa
gran realización de Basave antes de morir. 1'.'ue ciertam~nte
nna ventura contar con un biógrafo, comentansta Y expositor
de la alta jerarquía intelectual y humana _de Basave, ,u~o de
los más destacados filósofos en el mundo Joven de :Mexi_co, Y
aún de Hispano-América. Porque es u1;1 hecho, que es imperativo subrayar, que Basave, ya a mediados del c~arto decenio de su vida, ha probado ser una de la~ ca~ezas J?venes mejor dotadas para la filosofía en el He~i~feno Oc~idental. Y
su fama justamente ha rebasado los limites amencanos para
hallar eco en Europa, hasta el punto de que alguno ~e sus
libros ha sido traducido al alemán. Basave ha producido en
rl campo de la filosofía
1~ v!da humana, una nueva antro:
pología filosófica con ra1z cristiana y a la vez ~uy en la ~o,
rriente del pensamiento del siglo XX. Ha trabaJado adefil:as,
muy logradamente, en la teoría _g_eneral del Estad? Y la filosofía política. Ha explora?º cr~ti~amente l~s varias aport~ciones de las corrientes ex1stenciahstas y ~fmes .. S~s contribuciones a los congresos internacionales e mteramencanos de
filosofía han enaltecido a México. Su l~bor docente; ~n 1~
Universidad de Nuevo León y en el Instituto Tecnolog1co )
de Estudios Superiores de :Monterrey, certera y, a la vez se1:.,ena y apasionada, ha suscitado en esa próspe:a pa;te nortena
de nuestro país un interés crecien_te po_r la filosofia. Pr~f~~damente mexicano, reciamente hispamco, y con una visi~n
universal desarrolla un pensamiento, que revela su propia
autenticidad sin sofisticaciones. Dotado Basave de una men;alidad y de un carácter muy dispares de los ~e Vasconcelos,
ha logrado, sin embargo, penetrar h~sta lo m~s hond~ en la
personalidad y en la filosofía de qmen en algun lugar de la
América del Sur fue llamado un buen día "el Maes~ro, de las
juventudes de América". Su&lt;'ede que lo que cautivo sobre
todo a Basave fue la dimensión genu~na, smc~ra, del ~ensamiento de Vasconcelos. "Desde los pnmer~s anos _de mi adolrscencia sentía una atracción casi magnétic~ hacia la p~rsonalidad de Vasconcelos", dice en el prefac10 d_e este ~1bro.
y precisa después: "No ofrezco aquí un t1:abaJo de_ simple
rrsumrn ... l\ii c&gt;studio de la obra ,rasconcehana es, rigurosa-

?e

Dr. Luis Recásens Siches

35

mente, un estudio de crítica filosófica . . . Intento llegar al
alma de ese poema en abstracto que es la filosofía de Vasconcelos; captar la unidad bajo las aplicaciones doctrinales•
aprehender el espíritu que palpita en el fondo del sistema".'
Presenta el autor los diversos niveles en el estilo de
Vasconcelos. Algunas veces, "la magia de su estilo nos entreg~ al pasmo con la descripción de la piedra, las tallas, los
perfil~s, las naves y las cúpulas de Santa Sofía. Un fulgor
celestial se ªI?odera del _azorado lector en las páginas de
su cu~n!o mexicano
fusilado. Y en el prólogo a la Historia
de Mex1co nos galvamza hasta la decisión heróica con la defensa y la profecía del destino hispánico.

El:

Observa Basave: " .. . No se puede negar la peculiaridad
fisonómica de América, evidenciada en una serie de rasgos ins?s~ayabl_es d~l. ?º~bre de Hi~panoamérica: arraigo en lo tel~r.ico, disp~sicion _mnata hacia la belleza y preocupación estetica ¡ dualidad v10_lenta y dramática entre lo primitivo y
lo refmado ; tendencia hacia el pragmatismo filosófico • gozosa
melanc"lía fatalista; rápida y vibrante capacidad em~cional ·
un espi&gt;cial y exclusivo sentido del humor que, de puuzante'.
~lega i,. burlarse d~ sí mismo"... Pero en la época en que
irrumpe el pensamiento de José Vasconcelos sobre Iberoamérica, cohran vigencia i~eas como la de Zuro Felde, que afirma
ru~a~ente una c~r~ncia de perso~alidad cultural de Hispanoamerica, un c?lo~aJe cultll!al latmo-americano ... " "... dejar
sentado el prmcipal mensaJe de Vasconcelos a la América española: que reconozca y dignifique su estilo hispánico".
"Los que quieran intimar con José Vasconcelos con el
hombre o su sistema, -dice Basave- necesitan ad~cuar su
alma hasta ponerla a un mismo t€mpo melódico. Que después
se critique lo que se quiera, pero antes que se ponga el corazón en condiciones de vibrar al unísono. La crítica es una
operación de segundo grado". "Vasconcelos va derecho a los
grandes problemas de la filosofía para encararse directamente
con ellos y pensarlos por cuenta propia. Y esta irreprochable
y valiente actitud es rara avis en nuestro mundo universitario.
Sediento de unidad, se afana en construir una cosmovisión
completa". "Pero no hay que buscar en su sistema una unidad lógica, sino una temperamental" . "El caso de Vasconcelos no es el del filófoso con ribetes de lírico, sino el del lírico
con atisbos de filósofo".
"Por lo que tiene de ibérico, el pensamiento de un mexicano se aparta del intelectualismo latino y busca arraigo en
los hechos. Más cerca estamos del inglés f'por algo en la con-

�36

Dr. Luis Recásens Siches

La Filosofía de José Vasconcelos

"La conciencia vive de imágenes. Pero ¿ qué son las imágenes 1 Cuando el intelecto y la emoción se fusionan brota la
imagen. Del intelecto toma el marco; de la emoción, la esencia. Mediante esta facultad maravillosa de crear visiones espirituales, el mundo se salva. Ya puede seguirse operando la
disipación, la entropia, ¡no importa!, cuando el mundo se ha
hecho imagen entra al ritmo del espíritu y se eterniza. La
función del hombre creador de imágenes es, en este sentido,
mesiánica. Aquel Universo que veíamos marchar al precipicio,
a la nada, se salva por la intervención milagrosa del espíritu
humano".
"El método de Vasconcelos es armonizar los diferentes
órdenes de conocimientos en síntesis orgánicas. Combinando
todos los criterios, el -filósofo debe reducir la multiplicidad
a la unidad. Para esto hay que ocurrir al método que él llama "concurrente" y en el cual desempeña el principal papel
coordinador) la emoción".

quista del mundo rivalizaron juntos españoles e ingleses, en
tanto que los racionalistas discutían la realidad en sus pupitres
de escolásticos') que del francés, del alemán o del latino. Sólo que, a diferencia de los ingleses, los hechos no nos hacen
quedarnos en empirismo inductivo, sino que partimos de ellos
para imaginar el todo. Aspira don José Vasconcelos a una
experiencia organizada y totalista, por un sistema que es el
de los artistas y el de los místicos. Hay que abandonar las
logomaquias para hacer metafísica".
"Sin atreverse a decir expresamente que Dios sea irracional, asegura que el Ser Supremo actúa sobre la materia dinámicamente y no discursivamente. Su hipótesis sobre el mundo
no es una ideología, sino un fluir dinámico. El universo es
un cuerpo único con irradiaciones emotivas. Todo es ser y
todo, para ser, participa de una misma sustancia, aunque en
diverso grado y calidad, según su cercanía del Ser Absoluto".
"Su experiencia de hombre moderno le indica que la sustancia una se encuentra en un estado de dislocación o de catástrofe; por una vertiente a su desintegración y por la otra
(proceso de reversión) asciende a reintegrarse al Ser Absoluto".
"La integración de la energía triunfa en una primera
er,cala, que es el átomo. En determinados instantes, el flúido
dinámico -mágico y misterioso- se condensa y se estructura. Cuando se opera esta 'revulsión' se está en la fase atómica. En este estadio el dinamismo tiene un ritmo particular,
monótono y mecánico".
"Prosigue la energía su marcha de integración y arriba
a una segunda fase : la biológica. En esta etapa hay ya propósito y finalidad. El esfuerzo hacia la individuación es más
avanzado. Por virtud de procesos químicos -que nada tienen
qué ver con el razonamiento-, la cédula vegetal fabrica clorofila".
"La tercera estructura típica es el alma. En este campo
espirtual ya no hay desintegraciones ( como en el mundo fí~ico) ni subdivisiones sin mejoramiento ( como en el mundo biológico). Se va derecho a la fusión con lo Absoluto".
"En cada uno dr estos órdenes. aunque se transmute, la
esencia permanece indestructible. Las revulsiones son ~ambios violentos de calidad energética. Se trata de un momsmo
progresivo y organizado de carácter je.rárquico donde la ley
parece ser 'avanzar o perecer'."

37

"El punto de partida de nuestro filósofo criollo es el mismo que el de Heidegger, Jaspers, Ortega y Gasset o Marcel.
Parte de la existencia concreta que se siente con sensación de
emoción. Sólo que subraya más que cualquier existencialista
su existir emotivo que le brinda una sólida percepción de presencia".
Tales son algunas certeras pinceladas de la visión panorámica que Basave presenta de la filosofía de Vasconcelos.
Sigue después un análisis sobre las principales influencias
que actuaron en el pensamiento de Vasconcelos: algunas concepciones indúes; Empédocles y la filosofía de la coordinación; el monismo plotiniano; Kant; Bergson; Whitehead ·
Nietzsche y otras.
'
En la segunda parte presenta otras facetas del hombre
Vasconcelos: su vida como una autoconstrucción por el amor;
su deseo de ver para vivir; su fantasía; su perenne juventud...
Y, por fin, analiza la "todología" vasconcelina.

..

Termina el libro con unas luminosas e inspiradas conside;aciones sobre "el destino de Vasconcelos y la herencia cultural qu~ nos deja" .
"Pensamiento y vida no están, no deben estar, divorciados. Las futuras generaciones podrán aprender de José Vasconcelos que la filosofía, siempre que la encarnan hombres
cabales, tiene desde luego una tarea social que realizar: Ja

�38

La Filosofía de José Vasconcelos

tarea de hallar la verdad y proclamarla. El filósofo es un
rompecaretas: denunciar la hipocresía, el fariseísmo; tal es la
misión moral del filósofo".

Bergen Evans /

GRAMATICA PARA HOY

Hace constar Basave que "en Filosofía, José Vasconcelos
reclama el derecho a que se juzguen como originales suyas las
tesis siguientes:
a) La teoría del Apriori Estético, en la cual se afirma que
el fenómeno de la belleza obedece a formas específicas, que
son: el Ritmo, la Melodía, la Armonía y el Contrapunto, formas fodependientes totalmente de las formas lógicas aristotélicas.
b ) La teoría de la coordinación mental que liga conjuntos heterogéneos. Cuando pensamos en un objeto, por ejemplo, ponemos en un sector de la mente lo que nos dice del
objeto la Física, lo que nos dice la Química, lo que nos dice la
Literatura, y así la labor del filósofo va a consistir en coordinar todas esas esferas del conocimiento, para lograr algo
que ya no es "logos", sino Armonía. La verdad, en consecuencia, ya no es la reducción de lo particular a lo _g eneral -piensa nuestro 'filósofo-, sino el secreto de la coordinación de
valores irreductibles uno al otro, pero que se ligan por la vida
y la acción, dando por resultado una existencia como armonía.
c) En su ensayo titulado "La Sinfonía como forma literaria", Vasconcelos lanzó por primera vez la tesis de que el arte
supone la combinación de elementos heterogéneos que se coodinan en forma no intelectual, sino en forma armónica y estética, a efecto de producir efectos de conjunto, que son perfectamente inteligibles y además sensibles y que no tienen nada
qué ver con las conclusiones lógicas de la mente".

EN

1747, Samuel JohnsonO&gt; publicó
el plan para un nuevo diccionario del inglés. Este proyecto
fue apoyado por los impresores más famosos de la ~poca Y. e_staba dedicado al modelo de la suprema correcc1on, Phihp
2
Dormer Stauhope, cuarto Conde de Chesterfield &lt; &gt;. }~. se,~tía
que ese libro era de una necesidad urgente para flJar la
lengua, impedir su "corrupción" y "decadencia:', proceso _de
degeneración que, entonces como ahora, se atribma a la mfluencia de "lo vulgar' y que, igual que ahora~ era elegante
y superior el desacreditarlo. :M:r. Johnson parec1a ser el hombre a propósito para escribir esta obra. Conocía pr?f~ndamente el Latín, era hondamente religioso y tenía conv1cc1ones
dogmáticas. Era, también, honesto e inteligente, pero el efecto de estas últimas cualidades se vería más tarde.
(1) .-Poeta, critico y filólogo. Nació en 1709 en Lichfleld (Warwlck).
murió en Londres. Hijo de un humilde librero. Inició sus estudios
en Oxford. Profesor auxillar en una escuela de Markt-Boswort, en el
condado de Lelcester. En Londres fue redactor del Gentlemans Magazine. Se destacó por sus ensayos y sátiras. Jorge III le concedió una
pensión de 300 libras anuales. Fundó en 1764 un club que reunió a famosos escritores. Su crítica ha sido callficada de "sutil Y sarcástica".
Obras: London (1738): Debates in Parllament; Lillput; Dlctlonary of
Engllsh Languaje (1755); The vanity of humans wlshes (1749). Tht\
false alarm; (1770); Taxatlon no tyranny (1775); Journey of the Western Isles of England (177); The lives of thls most emlnent Engllsh
poets (1779-1781); Irene; The Patrlot (1774); Llfe of Ths. Browne
(1756); Prayers and J\ledltatlons (1785); Essays (1879); Letters (17w.?).
(Nota del Traductor).
(2) .-Escritor y hombre de Estado inglés. 1649-1773. Nació en Londres.
Miembro de la Cámara de los Comunes en el r~inado de Jorge l. Famoso orador del partido "whlg" o liberal. Mantuvo relaciones de amistad con los escritores más famosos de su época, tales como Montes-auieu, Voltaire, Swift. Pope. Obras: Letters to hls son (1772); J\llscellaneuos montes (1777); Postllwnous pleces (1778). (N. del T .)

-39-

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Gramática Para Hoy

Obligado por el hambre y a pedido de sus amigos, Mr.
J ohnson estaba dispuesto a tomar el papel de un dictador
lingüístico. Estaba preparado para "fijar" la pronunciación
de la lengua, "conservar la pureza" de su idioma, tachar de
"impuras" a palabras con cierto matiz infamante, y a proteger todo el idioma para que "no fuera invadido . . . por términos vulgares".
Sin embargo, había algunas reservas. Mr. Johnson sintió
la necesidad de prevenir a los optimistas que "La lengua es
obra del hombre, un ser del cual no puede derivarse ni la
permanencia ni la estabilidad". El inglés "no cayó del cielo... sino que se produjo por necesidad y se extendió por
accidente" Realmente sólo "decayó por la negligencia" y se
encontraba en tal estado de confusión que su verdadera sintaxis ya "no se enseñaría por r eglas generales, sino [únicamente] por los precedentes especiales"
En 1755 apareció el Diccionario. El noble patrono había
proporcionado mucha más inmortalidad que la que se había
propuesto, por la fuerza de la patada que Jonson le propinó
cuando lo arrojó por la borda O&gt;. Y el Plan fue sustituido or
el Prefacio, un documento más pesimista pero mucho más
docto.
Ocho años de "lento caminar por el sendero del alfabeto"
habían enseñado a Johnson que sus esperanzas de "fijar" la
lengua y de preservar su "pureza", eran únicamente "los sueños de un poeta condenado al fin a despertar a un lexicógrafo". En "el caos ilimtado de la lengua viva", tan abundante
y enérgica en su desórden, no encontró otra guía que la "expediencia y la analogía". Las irregularidades eran "inherentes a la lengua" y no se podrían "eliminar o reformar", sino
que se debería permitir "que permanecieran como estaban".
"La uniformidad se debe sacrificar a la costumbre . . . de
acuerdo con la mayoría infinita" y el "consentimiento general".
uno de los proyectos favoritos de la época había sido la fundación de una academia para regularizar y mejorar el estilo.
"Espero -escribió J ohnson en el Prefacio- que si se fundara
... se obstruir.í a o se destrozaría el espíritu de la libertad del
inglés".
Al comienzo de su trabajo se ilusionó -como lo confesócon que iba a reformar los abusos y a poner un alto a las
alteraciones. Pero pronto descubrió que "los sonidos son demasiado volátiles y subtibles para las restricciones l egales" y
que "encadenar las sílabas y amarrar el aliento son igualmente empresas de un orgullo mal dispuesto a estimar sus

Bergen Evans

41

deseos por sus fuerzas". Porque "las causas del cambio en la
lengua el hombre que las tempestades y tormentas".
Todavía hubo un descubrimiento más profundo: que los
gramá_ticos y los lexicógrafos "no forman la lengua, sino que
1~ registran; no ens~ñan a los hombres cómo tienen que pensar,
smo que cuentan como, hasta el presente, han expresado sus
pensamientos". Con esta declaración Johnson se dispuso a un
estudio racional de la lingüística. Metió en su trabajo a un
pedante medieval y salió de él un científico moderno.
Por supuesto, sus descubrimientos no fueron extraordinariamente originales. Horacio ya había observado que el uso
era el único juez y norma del habla y l\Iontaigne había dicho
que el que se atreviera a combatir las costumbres con la gramática ~ra un tonto. Indudablemente, muchas otras p ersonas,
en un tiempo o en otro, han comprendido y afirmado lo mismo. Pero J ohnson introdujo un nuevo principio. Observando que no podría dejar de lado las reglas, adujo ejemplos modernos para mostrar el' significado y la forma. Ofreció, en
calidad de autoridad, citas ilustrativas y, al obrar así, estableció que la lengua es lo que hace el uso y que la costumbre, a la
larga, es el definitivo y único tribunal de apelación en materias lingüísticas.
Este principio axiomático hoy en gramática y lexicografía, parece' sacar de quicio a muchos legos que, aparentemente, declaran que doscientos cincuenta años es un período muy
corto para comprender una idea básica. Insisten en que hay
normas absolutas de correción en el habla y que éstas se
pueden expresar en algunas reglas sencillas. Por supuesto,
creen ellos, que para un hombre, hablan y escriben "correctamente" e insisten fuertemente en que otros los imitan.
Es inútil discutir con esta clase de gente porque no están
realmente interesados en demostrar su propia superioridad.
Señalarles -como se ha he~ho cientos de veces- que las formas que consideran como "corrompidas", "incorrectas" y "vulgares" han sido usadas por Shakespeare, Milton y la Biblia
y por ciento ochenta millones de americanos a diario y que
han sido aceptadas por los mejores lingüístas y lexicógrafos,
y ellos responderán fríamente: "Bien, si no están de acuerdo
conmigo, están equivocados".
Pero si el uso no es la determinación última del habla,

t qué es 1 Los italianos, por ejemplo, t hablan latín corrompido o un buen italiano? El español, i es superior al francés?
¿Hablaría mejor un pescador bretón si ha-blara el francés pa-

�42

Gramática Para Hoy

risino? ¿Puede una persona expresarse mejor en el mongol
exterior que en el interior? Uno sólo puede hacer estas prec,untas refiriéndose a lenguas diferentes de las de
. uno mismo, lenguas dentro de las cuales nuestras pretens10nes y conflictos privados sobre el prestigio no corren riesgo hasta el
punto de ver su absurdo.
La lengua que hablamos, -si hemos aceptado la idea de
"corrupción" y "decadencia" dentro de la lengua-, es un
horrible anglosajón decadente, corrompido grotescamente por
el franco-normando. Además, puesto que el inglés común es
el desarrollo del dialecto londinense del siglo XIV, nuestra
habla, en virtud de las verdaderas normas aristocráticas, es
desgraciadamente la de la clase media, comercial y vulgar. Y
el habla americana es la de la más baja clase media, saturada
del ambiente del mostrador y de la caja del dinero. i En qué
otra parte de la tierra se podría encontrar mejor expresado el dicho que el crimen no paga!
~

En épocas más inc,enuas se gastó gran cantidad de tiempo
en admirar la que ha"bía sido la lengua "original" de la humanidad la lengua única del Paraíso, la lengua de la que
todas la; lenguas modernas son solamente restos corrompidos.
Héctor Boethius cuenta que Jaime I de Escocia estaba tan interesado en este problema que educó a dos niños con una
niñera sordo-muda en una isla para ver qué lengua hablarían
"naturalmente". El pensaba que sería el hebreo Y, al cabo
de algún tiempo, para gran satisfacción suya, se le informó
que los niños ¡ estaban hablando hebreo!
Sin embargo, a pesar de este experimento, muy pooos
creen hoy que el inglés sea una forma corrompida del hebreo,
pero da la impresión de que muchos creen que es una corrupción del latín y trabajan duramente para poner de acuerd?
los hechos con su imaginación. Por eso, ellos y sus confundidos partidarios dicen que no se puede de~ir "I am ~t~~n'.'
(Yo estoy equivocado), porque al traducirlo al latm s1gmf1caría "I am m.isunderstood" (Yo soy mal entendido) y que
tampoco se puede decir "I bave enjoyed my self" (Yo he
gozado), a no ser que sea un egoísta o un malvacl.o.
Y es principalmente a este grupo -muchos de los cuales
no podrían leer una línea de latín a primera vista si de ello
dependiera su vida- a los que tenemos que mostrar nuestra
gran perplejidad en lo que se refiere a who y wbom. En ~atín, el acusativo o el dativo podrían siempre usarse, prescm-

Bergen Evans

43

diendo de la posición de la palabra én la frase, cuando el
p_r~~ombre era ~l co,mplemento de un verbo o de una prepos1c1on. Pero en mgles durante los últimos cuatrocientos años
esto, sencillamente, no ha ocurrido. Cuando el pronombre s~
encuentra al comienzo de la pregunta, las personas que hablan
naturalmente, con fluidez, el inglés literario usa el nominativo i~?eferentc~ente. Se dice: "Who did you give it to?"
(¿Q~nen te lo dio?) y no "Whom did you give it to?". Pero los
semiculto~, los asustados y los aturdidos pronuncian esa clase
de _expres1_ones de una manera horrible, como apareció en un
reciente titular de un periódico de Cbicago : WHOM'S HE
KIDDING ?
Otro grupo pi-ensa que el inglés en su estado puro fue la
lengua, de La,:mta O), _teniendo la lógica como guía principal.
Los mas antiguos miembros de esta secta insisten en que
unloose (librar) sólo significaría "To tie up" (atar) y los secuaces actuales h~n obligado a la industria de la gasolina a
pon~r en sus cam1011es Flammable, según la desostroza insiste~cia, aparentemente, de que la antigua palabra Inflamable
úmcamente significaría "not burnable" (no combu11-tible) .
A estos, junto con los latinistas, les ponemos delante el
fantasma de la doble negación. En todas las lenguas teutónicas la duplicación de la negación sólo enfatiza la necración (2).
Pero hemos estado di~iend?, durante un siglo que dosº negaciones producen una af1rmac1on, aunque ellos así lo consideren
Y. s_ea algo meramente lógico 1,enton~es tres negaciones producman, de I,Juevo, una negac10n. Mientras que si "It doser.'t
make to ~1fferenre" está sencillamente mal porque inclu;e
do;~ negac;ones, entonces "It doesn't never make no difference debena, a su vez, de nuevo, ser correcto.
A~bos grupos, al_ 1?-enos en teoría, ignoran nuestra lengua. Sm en_:ib~rgo el 1d10ma -es_as expresiones que desafían
a toda la log1c~, pero que constituyen la verdadera esencia
de la lengua- Juega un grán papel en inglés. Vamos a la escuela y _al C?legio (We go to school and college), pero vamos
1
a la Umvers1dad ( W e go to the University') Compramos dos
docenas de huevos ('two dozen eggs') pero también un par de
(1) .-Se refiere el autor al país imaginarlo descrito por Jonathan Swlft en
su obra Gul11ver's Travels (1726), con Intenciones satíricas.
(2) .~orno en espafiol, "No ha venido nadie", "No le día nada" son efectivamente, frases de auténtico sentido negativo, aunque contengan
dos operaciones expresas. No ocurre así en latín, donde la resultante
~e dos negacl~nes es una aflrmacipn, "Nemo non venlt" equivale a
Alguien vlno ; de aquí la formacion de adjetivos y pronombres tales
como "Nonnullus" (Alguno). etc., (N. del T.). Ullus: alguno· Nullus·
ninguno; Non-nullus: alguno.
,
•
'

�Gramática Para Hoy

44

docenas (a couple of dozen)' Good and (bueno y) puede significar very (muy) ("I am good and mad".) (Yo estoy muy
mal) y "a hot cup of coffe" (una taza caliente de café) significa que el café, y no la taza, es el que está caliente. Esto
hace ya que haya un mundo de diferencia para un hombre
sentenciado si su indulto es upbeld o held up.
Hay miles de expresiones semejantes en inglés. Existen
las "irregularidades" que Johns'&gt;n clasifica como "inherentes
a la lengua" y que con su recto criterio cree que no podrían
eliminarse de ella. Verdaderamente, del uso y del reconocimiento de estos modismos depende el hábil uso del inglés.
Muchas palabras cuyo uso ahora es obligatorio, originalmente fueron errores, y muchos de estos errores fueron obligados a entrar dentro de la lengua por apasionados ig~orantes
que estaban determinados a acomodarlos a sus propias concepciones. La s, por ejemplo, se puso en island por una ignorancia completamente pedante. La segunda r no es natural en
trousers, ni la g en arraign ni la t en deviltry ni la n en passenger y messenger. Ni es natural, en lo que concierne profundamente al inglés, la primera e de arctic, pues mucha gente,
cuando la pronuncia, tuerce sus labios tan fuertemente.
Y la gramática está tan "corrompida" como el deletreo
o la pronunciación. "You are" es un solecismo tan craso como
"mo am" . Además, eso es reciente; no se encontrará en la
t raducción autorizada de la Biblia. Lesser, nearer y more están
a la par con gooder. Crowed es equivalente de knowed o growed, y caught y dug (por catched y digged) están tan "corrompidos" como squoze por squeezed o snoze por sneezed.
Afortunadamente para tranquilidad de nuestra mente,
mucha gente está completamente de acuerdo en dejar al inglés
de conformidad con el ingl és y su forma de proceder está
apoyada por los gramáticos y lingüístas actuales.
Los eruditos están de acuerdo con Pnttenham (1598) O&gt;.
en que la lengua es sencillamente el habla "adaptada al entendimiento común y aceptada por concentimiento". Creen que
las únicas "reglas" que se pueden dar para una lengua es la
base de la gramática y no al revés. No creen que cualquier
lengua pueda llegar a "corromperse" por los hábitos lingüísticos de quienes la hablan. No creen que cualquiera que hable
(1) .-Lingüística

(1589).

del Renacimiento inglés, autor de The Arte of En,tllsh

Bergen Evans

4ó

su lengua nativa según las normas corrientes pueda alterarse
a menos que esté confundido por el 'snobismo', la timidez o la
vanidad.
Por supuesto, puede, si su lengua nativa es el inglés.
hablar una forma de inglés que le señale como precedente de
un grupo rural o inculto. Pero si no le importa este tipo de
caracterización, no hay razón por la que tenga que cambiar.
Johnson conservó durante toda su vida la guturalización de
Staffordshire en su forma de hablar. Y posiblemente nadie
negará que el dialecto rústico de Robert Burns era precisamente tan bueno, y en sus labios infinitamente mejor que
otros medios de expresión, que el "corr ecto" inglés hablado
por 10 millones de sus contemporáneos del sur.
La confusión es que la gente ya no quiere ser por más
tiempo rústica o provincial. Todos quieren hablar como gente
educada, aunque no quieran caer en la confusión de convntirse verdaderamente en gente educada. Quieren creer que
una forma especial de lengua aceptable socialmente y ron
aceptación en términos financieros se puede dominar signit&gt;ndo algunas reglas sencillas. Y no faltan pequeños libros que
prometen ciertas reglas y "la corrección" si se siguen e!;ac;;
reglas. Pero, por supuesto, estos ofrecmientos son engañosos
porque no se habla como una persona educada a menos f)Ue
ya sea una persona educada y estos pequeños libros, si se toman en serio, no solamente manifiestan la falta de educación.
sino que expresan ese deseo lamentable y una vul¡raridan
radical en frases tales como "Whom are you talking about?"
(¿De quién está hablando usted?)
Como cosa de hecho, el hombre educado usa, por lo
menos tres lenguas. Con su familia y sus amigos, en las rircunstancias normales e intrascendentes de su vida diaria, durante la mayor parte del t iempo, habla una especie de lengua
monosilábica, taquigráfica. En circunstancias más importantes y cuando trata con extraños en sus relaciones oficiales o
en negocios, usa una lengua más normal, más completa, menos
alusiva, mucho más refinada y sabiamente reticente. En suma
(además), conoce algo del habla literaria de su lengua. La
entiende cuando lee e inmediatamente la disfruta, pero duda
en usarla. En momentos de tensión emocional ciertos aspectos fervientes de esta lengua pueden salir de sus labios como
lava, y en momentos de emoción disimulada, como cuando
inicia una entrega de premios, de su boca salen trozos fríos
y grasientos.

�Bergen Evaus

Gramática Para Hoy

46

El lingüista se diferencia del gramático aficionado al reconocer todas estas variaciones y gradaciones en la lenc,ua.
Y ~e diferencía del 'snob' cuando duda que la lengua de c~alqmer grupo pequeño entre la forma de hablar de más de
trescientos millones de usuarios a diario constituya un modelo para que todo el resto les imite.
Los métodos del lingüísta moderno se pueden ilustrar con
el pro~lem_a, del nú?ler?, gramatical de none. ¡, Es singular o
plural• Dma algmen None of them is ready" o "None of

them are ready?" O&gt;.

Los gramáticos normativos insistirán en que debe ser singular. ~os latinistas señalan que nemo, el equivalente latino, es smgular. Los lógicos apuntan triunfalmente que none
no puede ser más que uno y de aquí que no pueda ser plural.
El linguista se diferencia del gramático aficionado al re-

ready" (Ninguno de ellos está listo) a la gente de todas las
clases sociales, aéreas geográficas y de diferentes grados de
educación. También oye "None is". Además, las obras literarias le informan que ambas formas se usaban en el pasado.
Desde Malory (1450) a Milton (1550) puede comprobar que
none se usó como singular tres veces por cada vez que se usó
como plural. O sea, hasta hace trescientos años se decía
None is. Desde Milton hasta 1917 se usó como plural siete
veces por cada vez que se usó como singular. O sea en los
ú_ltimos trescie~tos años siempre se decía None is, p~ro casi
siempre se decia None are el doble de veces. Desde 1917 sin
embargo, se notó un gran incremento en el uso del piural
hasta el punto de que hoy None are es 1a forma preferida.
Por eso, el gramático desriptivo dice que aunque todav~~ puede usarse None is, va siendo cada vez más una excepc10n. En verd~d, esta forma no será tan usual para una
pe~sona q~e qmere ser culta. e~ un instante de prisa en que
qm~r~ decir una _frase perm1s1ya o una prohibición corta y
enfat1ca. Pero tiene la ventaJa de presentar al inc,lés tal
como se habla ahora y se escribe y no como debe ser hablado
en algún país · imaginario Cloud-Cuckoo-Land &lt;2&gt;.
español "nadie" es singular desde su mismo origen· sin embargo
en constr_ucclones "ad sensum" puede a veces usarse con 'sentido plural:
Ver Azorm, en El artista y el estilo (AguUar, Crisol, p. 115) donde cita
un curioso text9 de José ~orrllla en el que "quien" se refiere al plural. Ver Gramatlca Espanola, vol. I, Salvador Fernández Ramirez
(Revl~ta de Occidente, Madrid, 195) pp 385 gramáticos normativos y
gramaticos descriptivos.

(1) .-En

(2) .-Pais imaginario similar a Laputa de Swift.

47

El gramático descriptivo cree que a un niño se le debería enseñar el inglés, pero le gustaría ver que le enseñan el
inglés que usan actualmente sus contemporáneos cultos, y
no un inglés pedante y teórico, ideado principalmente para
destacar la imaginaria superioridad del que lo pensó (ideó).

'

.

Cree que un niño podrá aprender las partes de la oración, por ejemplo. Pero al niño se le debería decir la verdad -que estas son funciones de uso-, y no algunas cualidades inmutables inherentes a ésta o a otra palabra. Por
ejemplo, cualquiera que le diga a un niño o a otra persona
que like se usa en inglés sólo como preposición lo está mal
informando. Y cualquiera que se queje de que su uso como
conjunción es una corrupción introducida por los cigarrillos Winston, debe, con toda justicia, explicar que Shakespeare y los traductores de la V ~rsión Autorizada de la Biblia
coincidieron en el empleo con la R. J. Reynolds Tobacco Co.
Es dudoso que la gramática formal pueda enseñarse con
cierta ventaja antes del último año de la escuela superior.
La mayor parte de los estudios -y se han hecho muchosindican que no se puede. Pero cuando se enseña, debe ser
la gramática del inglés actual, no la gramática anticuada
de los gramáticos normativos del pasado. Porque para esta
gramática, por ejemplo, plea3e en la frase "Please reply", es
el verbo y reply su complemento. Pero según el significado
moderno reply es el verbo en imperativo y please es sencillamente una palabra de significación calificativa "que no
se tiene la intención de una descortesía", un adverbio que
suaviza de-adverbialmente, o como se quiera, pero no es el
verbo.
Ha llovido mucho desde que se dijo "Anything goes",
que es la acusación que, con toda la repetición idiota de
una aguja clavada en una ranura., han remachado incesantemente los ignorantes contra los gramáticos modernos. Pero
afirmar que el uso es el único determinante en la gramática,
en la pronunciación y en la significación no es decir que
'Algo va". La costumbre es ilógica e irrazonable y es también tiránica. La más pequeña desviación de sus dictados se
castiga generalmente con severidad. Y porque esto es así,
a los niños se les debe enseñar cuáles son las costumbres
locales y comunes en el inglés. No se les debe enseñar que
hablamos un latín bastardo, o una lógica vocalizada. Y se
les debe desengañar, en efecto, de la necia ilusión de que después de que Dios dió a Moisés los Mandamientos, le llamó
aparte y le dió un ejemplar del Ha.ndbook of English Gramar de Wooley.

�48

Gramática Para Hoy

Los gramáticos no creen que sea su tarea "cultivar las
normas" establecidas por Franklin, Lincoln, Melville, Mark
Twain y por cientos de millones de otros americanos. Se contentan con repetir lo que ellos han dicho y lo que se dice.
En cuanto a que el gramático actúa de maestro, su tarea-misión es apuntar los límites de lo permisible, indicar
los límites dentro de los cuales el escritor puede hacet su
elección, e informar qué costumbre y práctica se ha hecho
aceptable. No es asunto del gramático imponer su gusto
personal como única norma del buen inglés, ni poner como
de ejemplo sus prejuicios como una norma ideal que todos
deberían de imitar. Esto sería fatal. Ninguna norma de persona alguna es suficientemente amplia para eso.
(The Atlantic Montly, March, 1960, Vol. 205. Numb. 3
pp. 79-83 ).

Ario Garza Mercado / CONFESI ONES DE UN
DIOS INEPTO

Porque debe llover y es cuipa mía
si en el desierto no se yergue el trigo
como lanzas de aurora que custodien
un mínimo de vida entre los hombres
que adoran a las flores y a los pájaros:
Me siento triste, sumamente triste.

Hacer nacer el sol cada manana
para que todos lean en los libros
o aprendan las lecciones de los ríos,
poner la noche por traer el sueño
a los cansados cuerpos de los hombres:
Requiere un poco más que mis conjuros
y el tembloroso ritmo de mis manos.

Yo soy un dios humi lde, me introduzco
en camisa de cuero entre las chozas.
-40-

.

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Confesiones de un Dios Inepto

Mientras .debo trazar paloma·s de oro

Sé que no existe nunca alguna mina
donde los hombres tengan los pulmo□_es

Ario Garza Mercado

1

1

por contener fa furia encañonada

salvos frente al acecho de su sapgre,

que hace nacer los hon,gos de la guerra:

Que no hay un sólo barco donde un hombre

Alguien en quien las cosas son tan tiernas

no muera de malaria o de nostalgia,

como :un baño en el campo del verano

Sé que no hay una casa donde a un niño
no muerdan las jaurias del invierno

abejea en mis oídos conquistando

a lívidas y fieras dentelladas.
No existe un dique en- qúe· una nube roja
de dinamita y negra de homicidio ·
no se, coma en pedazos a los hombres,

una promesa breve: un pavo real,
un gran'? de mostaza, una estatuilla,
-

para vestir con ' cantos y sonrisas'.
cuando 1~ luna, entre las b~gambilias,
perfuma de gardenias la bahía.

Y que no ,hay una pa.tria donde el mar
et volcán o la guerra no devoren .
vidas que maduraron por centurias,

Soy un dios distraído que me olvido

ciudades construídas por los siglos.

del llanto y la miseria si .me ciega

Y todo ésto es mi culpa y me avergüenza

el resplendor: del pan sobre mi mesa,

mirarlo enseñorearse en mis dominios.

la claridad del sol entre mi huerto
o la am·orosa desnudez del agua

Yo soy un dios soberbio, me ilumino
coronado de cóler~ y de gritos

que nadie más que yo muerde en los labios
-relámpagos de fuego- de mi diosa.

en ciudades malditas por el odio.
Amonesto, legislo, pacifico.

Si a veces me demoro y permanezco

Pero ligero olvido que otros dioses

dormido más del tiempo que debiera,

disimulan en blancas oficinas
·su pitnura de guerra y confabulan

alguien ¡u·nta un revólver a una espalda,

por entregar corderos a los lobos

alguien mancfa un soldado hacia la muerte.
Hay jueces, sin embargo, que construyen

y persuadirlos de su propia muerte.

un paredón de·fuego a I liomicida.

51

�Ario Garza Mercado
52

53

Confesiones de un Dios Inepto

en la huidiza lengua del cobarde
Pero cuando descuido mis labores
y un hombre bueno se convierte en malo

porque un gusano canta ~n su cabeza,
entonces me estremezco y me avergüenzo
y comparto el dolor de su conciencia.
La oreja de Van Gogh en una caja
como una flor que sangra me recuerda
que un dios mortal es casi un pobre diablo.

Y yo no tengo tiempo de busc~r
_
la fuente de la vida que es mi herencia.
Yo soy un pobre dios que no practica

y unas cuantas palabras que no brillan

más que en su corazón como relámpagos".
Como dios ignorado no reclamo
los derechos de autor de estas palabras
pero me duele que la plebe. presa
de un blasfemo furor de fariseo
confunda a mis profetas, los destierre,
los persiga a pedradas, crucifique,
o no entienda a sus quejas y advertencias.
Pido que oigan a Job que me i~terpreta
o lo dejen en paz si no lo entienden.

el arte de partir en dos la muerte.
He dicho demasiado, vivo lejos,
Job, reducido a empleado de Gobierno,

y apenas tengo tiempo de decirte

mayor de edad, soltero, de regreso

un último misterio.

de la escuela nocturna, deprimido,

Después de muchas muertes cotidianas,

frente su antigua Remington y el tedio

desmemoriado y solo me aparezco

del cigarrillo de la sobremesa,

mordiendo la mordaza del destierro,

-sobre todo los lunes- rasurando
mi barba desde el agua de tu espejo.
No te extrañe si vuelves la cabeza
y tienes ojos limpios, que contemples
donde menos esperes, en tu casa,
el júbilo de augurio de una
zarza

un hambre tan pequeña que no honra,

irresistiblemente ardiendo.

corta breve renglones, los empalma
el uno sobre el otro, los enlaza
como cestos de mimbre y sumariza:
"Nada sino la tierra del exilio

una pobre miseria que no indigna
acaso una mediocre blasfemia atemperada

1

24 de noviembre de 1959.

�Ffenrj Dumazeau / NUEVO ROS'IRO DE FRANCIA

MIS

,amigos mexicanos me. pregunta~
a menudo cómo veo su país. Después de los elogios habituales
que traducen de manera, sincera creo yo, las impresiones de
los franceses acogidos en esta Tierra Mexicana, mis interlocutores quieren saber mucho más sobre nuestros pensamientos profundos respecto a su país; sin embargo es todavía
bastante prematuro para un hombre que no lleva más que un
año de estancia aquí por calurosa que sea su simpatía y extensa su información teórica.
En cambio me ha parecido interesante rectificar un cierto
número de ideas que tienen los mexicanos acerca de Francia
y de Europa en general.

UN ROSTRO TRANSFORMADO
Para nuestros amigos extranjeros Francia aparece muy
a menudo con un rostro inmutable: el que guardan sus monumentos desde Nuestra Señora al Arco de Triunfo con esa presencia que parece eterna y que materializa la serie de monumentos representando ocho siglos de Historia. Para unos
Francia aparece como la heredera de la Revolución, la cuna
de ideas de libertad y es perfectamente exacto: para otros
como la hija mayor de la Iglesia, volviendo a· tomar la expresión con la cual ha sido designada recientemente. En fin, es
evidente que para todos Francia aparezca como un fragmento
del Viejo mundo.
Sin embargo, sería un error creer que el desarrollo de esos
colosos como la Unión Soviética, los Estados Unidos o la China, hayan reducido a Europa a una prolongación avanzada
&lt;le Asia. No se trata de dar a conocer aquí presupuestos o
,. stadísticas comerciales, sin embargo sería un error el des-

55 -

�l56

Nuevo Rostro de Francia

cuidar el papel que desempeñan en la vida cotidiana de esos
países la reconstrucción de los países devastados, la creación
de industrias completamente nuevas como la del petróleo o la
del gas, el nacimiento de la industria atómica. La constitución del Mercado Común, por sí sola más importante que los
Estados Unidos de América, el grupo que se encuentra en la
órbita de Inglaterra ya no será más un concurrente sino un
aliado, son realidades económicas que traducen antes que todo
un hecho nuevo: la desaparición de esos odios seculares los
cuales hubieran podido causar la desaparición de la primera
cultura del Siglo XX.

EL SUFRIMIENTO EDUCADOR
Se ha necesitado para hacer brotar esas cosechas inesperadas la labranza profunda del sufrimiento y de la guerra;
millones de muertos, años de destierro para todos, franceses,
alemanes, italianos, ingleses y eslavos, años de privaciones,
han hecho nacer, en fin, una nueva manera de verse, de conocerse, en el fondo salta la pregunta ¿se había uno mirado
r&lt;'almente a los ojos,
La guerra de 1914 había visto combatientes anónimos ignorándose completamente unos a otros y separados en sus
trincheras por el infierno de la artillería, la de 1939 con sus
años de ocupaciones recíprocas, la entrada de los civiles al
sufrimiento y a la muerte, en fin, una penetración profunda
de las naciones han dado al hombre europeo aquello que le
hacía falta, es decir, la experiencia de un sufrimiento común
que los lleva a conclusiones comunes.

DESCUBRIMIENTO DEL INFIERNO
Amigos de América, no duden que el fenómeno más grave del Siglo XX es la existencia de campos de concentración,
evitamos aquí toda clase de política, pero los alemanes mismos y los regímenes totalitarios han reconocido en ellos el
peligro de esos campos. Alemania aceptó pagar a Israel las
indemnizaciones a que tenía derecho a pesar del perjuicio que
esto causara a su política. Este compromiso no pagará jamás
el sufrimiento, pero es simbólico, como la franquicia de daños
e intereses que se otorga en los tribunales a la parte ciYil.
No creo que ningún país europeo haya podido ignorar la presencia de un Eichmann sobre su territorio.
Así pues, sin escudriñar las responsabilidades nacionales
Rino solamente las conciusiones a las que pueda llegar un
critiano o un hombre sin importar sus tendencias, tenemos

Nuevo Rostro de Francia

37

que reconocer, que los hombres de Europa al haber salvado
juntos semejantes precipicios se han unido definitivamente y
prevenido contra nuevas amenazas.

FORMAS NUEVAS DEL PENSAMIENTO
Muy a menudo nuestros mejores amigos se inquietan por
la ausencia de moralidad en nuestras piezas de teatro, películas y sobre todo del sistema filosófico nacido durante los últimos años de la guerra. Quisiera proporcionarles aquí algunas explicaciones que espero les convencerán plenamente:
La Doctrina Existencialista se formó en Francia en algunos medios intelectuales alrededor de Jean-Paul Sartre en
vísperas de la guerra, pero no llegó al público sino hasta
1943-44 en forma leve. Imagínense una Francia ocupada poseyendo un gobierno bajo órdenes del vencedor, instituciones
oficiales y prensa sojuzgada, en suma una moral por oficial,
falsa, un millón quinientos mil hombres prisioneros en Alemania, familias desorganizadas, el mercado negro legaliza negocios sucios, todo se insinúa en la vida cotidiana, los jóvenes
y los estudiantes lo consideran como un medio fácil de ganarse la vida. Cuando el presidente del Consejo Francés dijo
por radio : "deseo la victoria de Alemania" nadie le creyó.
Hipocresía oficial, moral encubierta, ningún ideal verdadero
salvo el que se pueda nutrir en el fondo de sí mismo y que es
la liberación de Francia.
En esta atmósfera sofocante Sartre y su grupo traen una
solución muy simple: el Existencialismo proclama que el hombre es arrojado sobre la Tierra sin guía ni defensa, que no existe ni Dios ni padres ni maestros y que el hombre está plenamente disponible para adoptar la libertad que desee. ¡ Cómo
semejante doctrina no había de ser acogida con entusiasmo
por jóvenes impacientes de vivir y de afirmarse! Cuando faltan barreras, parapetos y faros, no puede reprochárseles la
búsqueda a su modo de su propio camino, en un Universo devastado.
Son las huellas d':' este movimiento las que Yernos aparecer en las películas (!Ue desgraciadamente han obtenido un
éxito mayúsculo en el extranjero sin relación con sus cualidades verdaderas y su falta de sentido profundo, me refiero
a las películas que l:· mayoría del público identifica en la
persona de Brigitte Bardot. Recordemos que América es la
r esponsable del éxito enorme de esta actriz, fenómeno mucho
más americano que francés siendo muy normal que comerciantes astutos se aprovechen al encontrar el camino de éxito fácil. Sin embargo en verdadero semblante del cine fran-

�58

Nuevo Rostro de Francia

cés tiene los mismos trazos que ese genio caracterizado por
André Malraux en una de sus célebres conferencias en la
UNESCO : el afán de claridad y de análisis pero también de
la investigación trágica, de la aventura del espíritu, no hacer
a un lll,dO los problemas, no sátisfacerse jamás con un consuelo moral e intelectual, es lo que ha hecho un hombre como
Alain Resnais en su corto metraje "Nuit et Brouillard" que
evoca de manera alucinante los campos de concentración.
Presentamos a menudo estos fragmentos de una Divina Comedia del Siglo XX en nuestras Alianzas no con una finali..,
dad de polémica ( como ya quedó indicado franceses y alemanes han sobrepasado ese estado) sino por el contrario, con :fines educativos, con el objeto de que la Humanidad no olvide
jamás los precipicios a los que se ha asomado. No nos sorprende el que sea justamente el mismo Resnais el autor de la
sorprendente "Hiroshima Mon Amour", discutida tal vezl,
pero llena de angustia, de ternura y de inquietud.
En "Un Condamné a mort s'est échappé", Bresson, artista
sobrio ha sabido traducir en la pantalla, con el arte de un
Racine el esfuerzo del individuo contra el sistema que le
aplasta. Otras obras como "Le Silence de la Mer", están ahí
para confirmar que no se puede dominar al hombre. Ellas
claman aún con el silencio la perennidad del hombre.

AROS DE REORGANIZAOION
Los siete años consecutivos a la guerra, han sido en todos
los dominios, los de una lenta reconstrucción, pero se hacen
más rápido los puertos, los puentes y las estaciones que las
almas.
Desde 1948 Sartre proclamó en una confer'encia famosa:
"El existencialismo es un humanismo", sin embargo, nada en
su obra ha venido a confirmar que haya sabido crear personajes a la altura de esta ambición. El universo de obsesión
que es el suyo le prohibía crear personajes del tipo de .los de
Malraux y de St. Exupery; por el contrario Camus demueS'tra en La Peste que el hombre puede encontrar en las razones
mismas de su humillación un medio de elevación. El doctor
Rieux, héroe del libro sabe que no se cura jamás de la peste,
es decir, la condición humana, pero no por eso deja de luchar
con todas sus fuerzas al lado de los otros hombres; héroes
admirables, predicadores de la no-violencia como Tarron o
simplemente funcionarios encargados de poner la peste en fichas como Grand, periodistas deportistas como Rambert, todos toman parte en ese concierto, algunas veces discordante
pero siempre rico en emociones y fraternidad. No he citado

Nuev,o Rostro de• Francia

59

aquí más que a las dos célebres cabezas del pensamiento de
la generación que cumplió treinta años durante la guerra.
El conjunto de escritores moralistas y los que forman la
conciencia de una Nación han seguido más o menos estos dos
caminos.
No hemos leído con sorpresa el último libro de Simone
de Beauvoir "l\íemories d' une fille rangée" (Memorias de una
muchacha ordenada) que da el toque a la literatura extensamente desesperada. Así como en "Les Mandarins" no es sólo
una humanidad floja la que nos describe la antigua sacerdotiza del existencialismo, existe también una llama. Estos son
libros en donde puede uno morirse de amor y no de hastío.
No carece de importancia el que el Jurado del Prix Goncourt
haya coronado hace dos años "Les racines du ciel" de R. Gary,
libro de un gran idealismo, así como lo confirma su autobiografía titulada "La promesse dé l'aube". Significativa también es la elección de ese mismo Jurado Goncourt que escogió en diciembre del año pasado "Le dernier des Justes" de
Schwarz-Bart, libro que traduce de manera alucinante la pesadilla de la historia judía durante los años de persecución.
Mirando entonces verdaderamente todos los problemas
que plantean en nuestra conciencia, comenzando por aquellos
que nos conciernen directamente, como la cuestión Argelina o
la Descolonización, · es un hecho bastante característico del
Siglo XX el fin de los Imperios Europeos.
El que la formación de Naciones Independientes conduzca a un porvenir feliz es posible y Francia hace esfuerzos
gastando el 7% de su capital nacional para los países de
ultra-mar que le están asociados. Pero este arrancamiento
de tierras en donde habíamos trabajado a menudo de manera
desinteresada no queda exento de problemas dolorosos. Los
sucesos del Congo, más trágicos aún que aquellos que conocieron Holanda e Indonesia y Francia en Indochina o en
Africa del Norte, están ahí para demostrar que no es suficiente proclamar la Independencia para alcanzar la felicidad
de los pueblos. En todo caso, hay que decir que la conciencia nacional francesa ha guardado una apreciación libre de
los sucesos y de la política llevada a cabo en esos países de
ultra-mar. Los partidos políticos no se han repartido en bloques opuestos sino en grupos en el interior de los mismos
de acuerdo con la conciencia de cada uno.
Sin embargo, nos parece haber sobrepasado el período
más penoso y vemos en Marruecos, en Túnez, El Senegal, en
La Costa de Marfil, el abordaje de la vía de reconstrucción . .

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-

Nuevo Rostro de Francia

Los ocho mil profesores franceses que continúan con la enseñanza en francés en Marruecos, país de lengua árabe y los
tres mil profesores de Túnez son el testimonio de la solidez
de nuestra obra en esos países.

Libros

CONCLUSION
No era nuestra intención presentar un cuadro encantador
de Francia, sería faltar a la calidad de los lectores de esta
brillante Revista, proporcionándoles un relato publicitario de
la realidad francesa. Hemos querido únicamente hacer vivir
ciertos aspectos de nuestro país demasiado mal conocidos en
el extranjero.

La cultura y el hombre de nuestros días, por Leopoldo Zea.
Dirección General de Publicaciones. UNAM. 1959. 171 pp.
(Facultad de Filosofía y Letras)

En este mundo de la ¡.,ost-guerra, frente a las responsabilidades atómicas y frente a la independencia otorgada a
sus antiguos protegidos, Francia define, poco a poco, a través de decisiones contradictorias y a veces infortunadas una
política generosa y una clara filosofía.
En el mundo que se crea no habrá bastantes hombres
libres capaces de resolver los problemas que plantean las rivalidades de los grandes bloques y del nacimiento de pequeñas
naciones.
Con su tradición liberal y su fondo cristiano, Francia nos
parece estar bien armada para participar en esta obra de
vida.

EL GRAN tema de nuestro tiemp~, ya
auscultado por otros autores dedicados a la especulación de
los grandes problemas contemporáneos, cae ahora en manos
de Leopoldo Zea, quien con la claridad discursiva característica en él, lo plantea desde el principio así: "El hombre no
ha logrado en el campo de la moral el mismo desarrollo que
ha alcanzado en la ciencia" (p. 5) y "Es frase común, pero no
por eso menos cierta, la de que el progreso logrado en el campo técnico [de la naturaleza) ha sido en razón inversa al progreso logrado en el campo cultural y moral". [Campo técnico
de lo social). (p. 9-10).
¿En dónde, con más precisión se ve esto ?, ¿en qué relación del hombre de nuestros días se nota más claramente esta
separación, al parecer irreductible, entre la ciencia y la moral y la cultura ? En su modo, de comprender el pasado. El
interés primordial en la actualidad es conocer la "técnica (!.el
hombre presente" y las humanidades, reflejo del contacto del
hombre contemporáneo con su "haber sido", con su pasado,
"son consideradas como un estudio secundario, inactual"
(p 11).
El gran avance de la técnica natural y el raquítico desarrollo de la técnica social ha hecho confundir a ésta con
aquélla y dicha confusión ha provocado el hacer al hombre
-61-

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Libros

Libl'08

objeto de dominio natural, igualar en un todo homogéneo a la
naturaleza y al hombre. .Así dominadores y dominados quieren perfeccionar su técnica para mantener su dominio o para
sacudirse de él e imponer otro. Y esto ocurre también con los
conjuntos de hombres, los pueblos. Este afáh de la deshumanización del hombre en beneficio de otros, produce a su vez
.la .deshumanización por parte de "los otros" de los. hombres
en el poder. "Un círculo vicioso en el q,ue lo humano acaba
por desaparecer". (p .. 20). ·
"La d.espreocupación o desinterés del hombre actual por
las humanidades clásicas no puede ser achacada a las diferencias de- circunstancias, sino pura y simplemente al abandono del interés por el hombre en sí, debido a su afán de convertirlo en su instrumento". (p. 16). Mas no hay que olvidar que el "humanismo" también ha sido instrumento para
justificar actitudes dominadoras del hombre, anti-humanas,
como el griego que negaba la humanidad a los bárbaros para
así sustentar el estado esclavista. En la actualidad la cultura
clásica debe desenbarazarse de nacionalismos y entender
como "el conjunto de grandes experie;ncias del hombre en el
pasado, en las diversas expresiones culturales a que ha dado
origen". (p. 25).
En esta tl).rea (la creación de una ética, nuevo me,nsaje
humanístico de una sociedad que tiene que ponerse a tono con
los resultados técnicos sobre la naturaleza de ,SU propiµ, acción) un papel trascendente corre a cargo de la Universidad.
La Universidad como síntesis di~na de ciencias y humanidades. Sin separar ni unas de las otras, o viceversa. La Universidad no prepara hombres que "únicamente alcancen el
máximo de confort pero olvidan el sentido que tiene su carácter universitario" (p. 30), grave problema sería si así sucede pues volvería a adolecer de los viejos vicios. :Los vicio_s
de la Universidad de "torre de marfil" de la Coloma y los vicios de los institutos positivistas-cientificistas a que, se redujo
la Universidad en el. Siglo XIX. La labor universal, toda
comprensiva que debe ejecutar la Universidad hará que en su
seno tenga lugar la ;objetividad necesaria para analizar tendencias ideológicas contradictorias en un ambiente de altura
universitaria 'que permita; dentro de la libre discusión de las
ideas, la elección adecuada a cada individuo, en el terreno
público". (p. 61).
Ahora bien, el producto más genuino de la Universidad
es el representado por los hombres que han bebido en ella el
conocimiento que tienen y a los que el mundo exterior llama
intelectuales, hombres de cultura. Son las semillas de una

.'

63

fructífera tarea:. "la• de rehacer el mundo de la cultura de
acuerdo con·i la realidad . que ha provocado el desajuste . y la
alteración1' . (p. 69~. Y aquí.se debe poner en práctica el don
por excelencia de la Universidad, que será la más preciada herencia a sus hijos: la comprensión. Los intelectuales no deben
ser unos resentidos, ya que eso significa no ser "objetivos",
concebir su individualidad, su obra como al fin de su vida
en el mundo en que actúan. Y cuando éste no remunera la
.sobreestimación de sí mismos, la aridez y amargura, en vez de
la fecunda comprensión son los "leitJ-motivs" del intelectual,
y así pierde su libertad, .pues es fácil presa de fuerzas mezquinas que le hacen creer en un reconocimiento que satisface su vanidad. Es necesaria una posición heroica en el hombre de cultura para permanecer ajeno a esas fuerzas externas
representantes de "relativos y parciales. intereses" y así ponerse al· servicio de la humanidad toda en los estudios que
emprenda. .Además el mundo infinito a que el hombre en los
últimos años ha tenido posibilidad de, llegar por medio de sus
aparatos interespaciales le da a su afán también infinito, de
~pnquista, un escape digno, abre una .era en que los conflictoie
de la tierra son muy pequeños para tomarse en cuenta. Ahora,
más .que nunca, el hombre debe estar unido para ·emprender la
conquista de oportunidades mil y de horizontes inconmensurables. Ha desaparecido la limitación:. -la' Luna, prim.e ro;
Marte y Venus, después; y así, una lista interminable, para
un también incan~able deseo de cono.cimiento y .conquista humanas. ,
'. El libro de ·Zea es un fresco, conciso y claro, dirigido primordialmente a los estudiantes, como ei mismo autor dice,' pa:r;a inquietarlos sobre un futuro próximo en que serán los
principales protagonistas, en que un nuevo humanismo hará
que el progreso científico deje de ser un peligro, y se convierta en lo únicó que debe ser: "un instrumento al servicio de la
felicidad de todos los hombres".
·

José Manuel Aguilar Mora

Paseo de Mentiras, por Juan de la Cabada. Dirección General
d~ Publicaciones. UN.AM. 1959.)
Contrariamente a Montaigne que afirmaba " ... los otros
forman el hombre; yo lo describo y lo presento pP-ticular-

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Libros

Libros

mente bien o mal formado, porque, de tener que rehacerlo
lo haría distinto de como es ...", Juan de la Cabada, imagen
de sí mismo, desboca en rienda suelta sus frenadas reflexiones,
para abrir la jaula a sus fantasías prisioneras.
Ni manera de escindir al hombre de sus obras; i&gt;" puede
hacerlo cuando se le ignora o nada más se le conoce l;)arcialmente, pero a él es difícil no encontrarlo a la primera vez
que se le mira o se le escucha: se da por e1;1tero_; v~~lca su
contagioso entusiasmo y lleva en alas de la 1magmac1on por
los senderos de una fabulación en la que es experto.
Narrador de fuerza extraordinaria, con la garra y pasión
de quien ama aquellos ª. lo que se entr.ega, J~au_ de la Cabada
-aunque escritor cotidiano que se vierte diariame~t~ en la
conversación- ha dado a las prensas una parte mm1ma de
su producción,' pero ella es suficiente para ubi~arlo en un
sitio de primordial importancia en las letras mexicanas.
A casi dos décadas de distancia, se reedita bajo el signo
de Imprenta Universitaria un libro extraordinario : Paseo ~e
Mentiras. viaje del que sale bien librado porque lo conduJO
a buen fin, porque desde el momento en que e~i~orial Séneca
lo publicó en 1940, ganó para su autor un prestig10 que nunca
más habrá de perder.
Buena palabra la de Juan de la Cabada; fácil y poéticamente sencillas, porque la poesía conforma la parte más
importante de ese medio de comunicación ~ue _es el lengua~e.
sus narra&lt;'iones se deslizan en una prosa 1Imp1da que es fiel
trasunto de la circunstancia mü::ma de la vida de su autor,
poeta que tal vez nunca ha escrito versos p~ro que es dueño
de un lirismo de hondura y raigambre mexicanas, en qup Rfl
advierte también lo universal humano que liga una patria
a la mo;ada toda' del hombre, cabe la superficie de la tierra.
Cada un de las narraciones de Paseo de Mentiras rPsulta
-y en esto no hay exageración ni ditir!~b? alg?i:1?- una pieza maestra• en todas ellas resuma una iromca v1s10n que cumple cabalm~nte con el sentido dramático ~el pe~ueño relato
que es un todo, porque en él ~e _revela la ex1stenci~ de un cosmos que no acabaría de describirse nunca y que, sm embargo,
deja siempre la impresión de estar completo.
Este libro de Juan de la Cabada es un bello instrumento
de revelaciones, que muestra y demuestra la existencia de una
límpida y primigenia condición humana : la bondad, a la
que ni tan siquiera empañan los trasuntos de la enorme Y

65

al mismo tiempo pequeña circunstancia de los elementos negativos que por allí se perfilan.

l.

Algo, por último, que podrá rendir cuenta más cabal de
sus creaciones: leídas hace ya mucho tiempo, al adentrarse
otra vez en ellas, descubre quien lo hace que continúan conservando la frescura de las cosas que al par de hermosas parecen siempre nuevas, porque el placer que proporcionan se
renueva constantemente . . . Ojalá y ese escritor oral que tanto persiste en Juan de la Cabada, agrupe para que no se
pierdan, todas las narraciones que ha concebido su extraordinaria imaginería.

Raúl Villaseñor.

Juego de espejos, por Alberto Bonifaz Nuño. Dirección General de Publicaciones. UNAM. 1959. 152 pp.
La realidad es lo que está -valga la pequeña abundancia- real y auténticamente, aquello que puede comprobarse
con sólo advertir su verificación. Pero, y dentro de una sala
en cuyos cuatro muros existen sendos espejos y multiplican
hasta quién sabe cuántas veces lo que reflejan, ¿dónde está ?,
¿ cuál es en rigor de verdad la imagen verdadera 1
'I'al vez un hombre de ciencia -un físico muy físico, pongámos por caso- diría que nada más pertenecían a la realidad las paredes, el techo y los objetos que dentro de ellos
cabían, abstracción hecha de las repeticiones a que la ubicación de los azogados cristales obliga.
Una persona común y corriente sin más sensibilidad que
la indispensable para distinguir una cosa de otra, nada más
vería que estaba una, otra, otra, y otras veces, incontables veces, pero su contemplación no pasaría de la advertencia de
un hecho que habría de reputar como el lógico e indispensable.
l\Ias si llegase allí uno de esos entes para los cuales la realidad es territorio propicio para la fabulación, miraría que
cada una de las representaciones de la imagen cambiaba en
cada ocasión en que era reflejada, porque para él cada una
de las distancias en que se daban de nuevo las cosas, sin dejar
de haber sido propiciadas por un hecho de suyo explicable
a la luz de la naturaleza, mostraba que existían peculiaridades que distinguían a un plano del otro.

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Libros

Libros

para 1~ comprensión justa que se pretenda, se hace necesario
recurrir a la no siempre odiosa línea de las comparaciones.

Así se antoja que ha ocurrido con Alberto Bonifaz Nuño
-personaje de la tercera categoría de las que están descritas- cuando se van leyendo cada uno de los cuentos de su
último libro, que en fecha muy reciente comenzó a circular
en el mercado respectivo y el cual satisface esa famélica
condición que tan bien distingue a quienes la padecen.

~n Egipto, Mesopotamia, la Helade, Italia, una porción
conside~a~le del nor~e de Africa, etc., etc., existen presencias
ª!·queolog~cas del mas remoto pasado que nada o casi nada
tienell: q?~ ver con los pueblos actuales que allí moran, porque historicamente no se presenta la línea de continuidad que
una el más lejano pretérito con todos los instantes transcurridos hasta llegar a estos tiempos.

Bonifaz Nuño se asomó muchas veces a esa sala de espejos
que es la vida misma; de ella y nada más de ella, extrajo el
asunto de cada una de las once narraciones estupendas que
tan bella y magistralmente nos entrega. Miró lo que estaba
detrás y sin esos egoísmos que de repente son tan limitatorios,
quiso hacer partícipes de sus descubrimientos a los demás y
de allí nació su libro.

,En ~éxico sucede exactamente lo contrario: hay una ligazon evidente entre las cosas sucedidas a lo largo de todo el
acaecer, hasta llegar a esas cosas que apenas van pasando a
pasado. Ocurre esto porque cada instante tiene secuencias
de actuación constante en la hora de ahora. Esto se hace cert~dt~m bre, sobre todo,_ cuando se concreta en la expresión arti_stica, pues como asienta Justino Fernández en la introducción a la Coatlícue, estéti~a. del arte indígena antiguo. (U.N.
A.M.:
I. ~-, 2a. Ed., ~exi?o, 1959. p. ·23) en ellas "se resume y smtetiza toda la histona de lo que hemos sido siendo ..."

No hay pierde para quien lo lea; tal vez éste o aquél relato
permanezca más tiempo en el regusto que resulta -como remanente sedimentario- después de haber probado algo bueno, pero lo cierto del caso es que en todos hay algo que
perdura.
Y ¿qué más~ Ninguna otra cosa que invitar a un festejo
del cual todos los concurrentes guardarán grata memoria : la
lectura de Juego de Espejos de Alberto Bonifaz Nuño.
Raúl Villa.señor

!-

. T~nemos tres instantes perfectamente delimitados en la
historia, ~o~ cuales. se repiten en los grandes temas del arte y
de la estetrca mexicana: el precortesiano, el novohispánico y
moder1:10 y contemporáneo, pero "En cualquiera de nuestras
expresiones actuales, si se aprietan sus análisis y significaciones, se encon!rar~n esos ~iemp?s históricos en uno solo: el presente. Es mas, s1 la existencia es interés fundamental en el
futuro, n~estros pr?,yectos lleva~án siempre en sus entrañas
aquellos tiempos... para repetir, con las debidas licencias
lo _que tan acer_tadamente dice el eininente crítico de arte a
qmen n_os refer1m~s en líneas anteriores y a quien habremos
de co1;1-tmuar mencionando, pues estas notas se hacen posibles
e:1 el mtento de encuadrar el segundo volumen de las suscitac10nes que la estética de l\Iéxico le ha propiciado el cual
recientemente apareció en los escaparates de los establecimientos del ramo.

El retablo de los reyes, estética del arte de la Nueva España,
por Justino Fernández. Dirección General de Publicaciones.
UNAM. 1959. 392 pp., 20 ilustrs. d. f. t. (Instituto de Investigaciones Estéticas).
México es un país en el que todos sus pasados se conjugan para tener vigencia y validez en el presente. Una afirmación tan rotunda y categórica, parece excluir la posibilidad
de que esa circunstancia sea común a otros pueblos de la tierra y para decir verdad, tal cosa es así. Con el sentido lato
de la 'expresión, no se intenta ubicarlo en una especie de apartado estanco en el cual la diferenciación sea absoluta: se restringe a una peculiaridad que es indispensable dejar claramente sentada, a fin de no dar lugar a confusiones y malentendidos.
La referencia que habrá de establecerse se contrae a su
esencia ontológica, o sea a su manera de ser. Sin embargo,

67

,

En el retablo de los reyes, J ustino Fernández encuadra
el i~stante noYo~ispán~~o de; '.1caecer en México, partiendo,
en lmeas de cons1derac10n teorica que se fincan en su Coatlicue partiendo de~ supuest~ de que la comprensión de este país
no es completa s1 se margma su acaecer en la historia y en el
arte.
Sustentándose en el criterio de que hace amplia exposición en el tantas veces mencionado estudio previo, en forma

�Libros

68

cronológica y a través de l as opiniones de unos setenta autores diferentes, las más importantes apreciaciones que el arte
no_vohispánico ha suscitado a partir del moIAento en _q ue
Francisco Cervantes de Salazar, en sus Tres d1alogos latmos
(1554), se hace lenguas, por vez primera, de la. grandeza ,mexicana hasta llegar a las obras del Dr. Octaviano Valdes Y
J oseph
Baird, aparecidas aip~as en 1956, denominadas, :e~pectivamente, El barroco, espintu y forma del arte de MEXlco y The ornamental nicha-plaster in the Hispanic World.

A.

Sustancialmente sostiene que "todo el arte de la Kueva
España es, de hecho, barroco, y puestos a tomar tan sólo una
época significativa, parece más conveniente considerar la del
apogeo final y no otra del inicio o de la parte media porque
en aquélla han de haber quedando resumidos en expresión
sintética todos Jos sentidos que pueden haber tenido etapas
anteriores ..." (p. 314).
Centra después su estudio en el altar de los reyes existente en la Catedral metropolitana; considerando sus signos
formales, señala que por su magnitud y por su fantasioso artificio, esta monumental obi.-a empequeñece a quienes la contemplan, ya que conserva la reminiscencia gótica del sentido
de elevación sobre las circunstancias inmediatas que caracterizó a dicho período constructivo.
La descripción de la magnífica obra es rigurosa y precisa · afirma que el retablo es dinámico por excel encia y que no
existe en él el menor elemento estático, porque obedece a los
cánones barrocos que sustancializan una transfiguración a
través de la metáfora y de la ilusión. Así, concluye asentando: "El crítico, el historiador, el esteta -creyente o no- se
aproximan a la obra y b:acen de ella un objeto de consideración teórica y llegan, por varias vías, que incluyen la sensibilidad y la imaginación, es a estimar la creación artística, a
percibir su belleza formal, his~órica y espiritual, a comprender las significaciones y la verdad expresada en el retablo y
a imaginar lo imaginado por su creador .. ." (p. 349).

Raúl Villaseñor

Libros

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Cuentos mexicanos (con pilón), por Max .A.ub. Dirección General de Publicaciones. U:N"Al\L 1959. 158 pp.
, ~o cab~ duda_: M~x Aub es un escritor, pero no uno comun y corriente smo fiel a su oficio : escribe. Mas no lo hace
al_ acaso como tantos_ otros que detentan al título porque ...
Bien; cabe hacer 0~1osas co~paraciones; lo que importa es
destacar el h~cho, c_ircuns~ancial por cierto, de que usa y no
abusa de los mgred1entes mdispensables para elaborar lo que
s~ propone. "f.!nas veces son invenciones de esas que no caen
smo que se fmcan cual si fueran realidades (La del pintor
Jua1;1 Torres Campalans, por ejemplo); otras, penetra a las
r~ahdades y con ellas imagina e inventa cosas que, ¡ hasta son
c1ert~~ .... !, cual sucede con el ha~ de narraciones que con
ge11hllc10 y toda la cosa corren por allí en uua edición de Imprenta UnniYersitaria.
Puede ser que las cosas que cuenta no sean privativas
nacl_a más de nue~tras latitudes, sino que pudieran haber sucechdo en cualquier rumbo de la tierra, pero las hace mexicanas ese tono qu~ por todas partes se atribuye a lo que aquí
ve la luz: un med10 tono que las hace sombrías. Pero ... ¿cabe acaso r ecargar la mano en los aspectos de una oscura t rabazón que desrumaniza a las gentes ? Tal vez sí• tal vez no•
pero injusto sería decir que M:ax Aub nada más bien un lad¿
de la cuestión, ya que no pocas veces -y lo más probable es
que prop_oniéndose precisamente eso se presenta el toque de
tern_ur_a mesper~da de que está plena la imagen de lo que
aqm tiene su asiento.
De entr e los relatos que integran el volumen -doce en
total- hay un mínimo de tres que son -ni más ni menosque auténticos prototipos del difícil género literario que es el
cuento, mas ~sto no implica, necesariamente, que los demás
d~smerez~an Junto_ a ellos dado que lo único que parece imagmar la mtervenc1ón narratoria es el pilón, que, no obstante,la aparente cisura_ ~ne plante, no sobra, porque recoge algo
as1 como una profes1on de amor a una circunstancia y a un
país al que l\fax Aub siente como suyos.

Y ahora como final: ¿ qué otra cosa que encomendar entusiásticamente, una lectura que no defraudará a nadie y'
Raúl Villa.señor.

�Libros

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Pierre Frederix: MONSIEUR RENE DESCARTES EN SON
TEMPS - Gallimar N .R.F. - Collection "Lers Figures"
París 1959-340 pp.
"El francés tiene el espíritu cartesiano. A lo menos lo
dice, o sea para lisonjearse o sea para quejarse de eso. Los
mismos extranjeros lo repiten después de él: el cartesianismo
es un rasgo típicamente francés. Y ¿ qué es un espíritu cartesiano? Es un espíritu lúcido que usa de un método seguro
para pasar de una verdad a otra verdad. No importa si el
mundo no se conforma con esta bella lógica. Hasta aquí, estamos más o menos de acuerdo. Cesa el acuerdo tan pronto como se sube hasta el inventor del Método ... De Descartés, lo
que se nos enseña, desde la escuela, es el gran maestro del
pensar querido del francés mediano, el técnico de la luz natural en todos los pisos. Descartes es el hombre que, encerrado en su cuarto, descubrió ahí la llave de todos los mecanismos de la naturaleza. Es también ese famoso caballero que
caminaba derecho para salir del bosque. Solos, esos dos "clichés" ilustres, traducen una ambigüedad fundamental; juntos sugieren un movimiento giratorio en el interior de una
máquina cuidadosamente cerrada".
Así empieza el último libro publicado sobre el filósofo
francés del siglo XVII. Ensayo crítico y biográfico, hace justicia de los errores tradicionales que constituyen el retrato
popular de Descartes. La Revolución Francesa quizo Yer en
éste uno de sus precursores, un personaje que "rompiendo las
cadenas del espíritu humano, preparaba de lejos la eterna
destrucción de la servidumbre política". Tal pensamiento
hubo seguramente asustado al Señor Descartés, verdadero defensor de los poderes, la Iglesia y el Rey. :Kadie más que él
fue víctima de esa locura que quiere probar verdades religiosas por álgebra o triangulación. Toda su historia es la
de un hombre que creía haber descubierto un método perfecto para "hacernos dueños y poseedores de la naturaleza" y
que, hasta el fin, fue incapaz de cumplir la menor parte del
magnífico programa que había elaborado. Paso a paso, el
libro nos permite entrar en la vida, en el pensamiento, en las
vacilaciones hasta en las debilidades de un hombre cuya ciencia (física, química, cosmología, fisiología) se reduce por fin
a alO'unas ideas justas en medio de un montón de errores. Esta 1:ctura no disminuye el prestigio del filósofo; restablece
solamente con documentos nuevos o anteriormente mal utilizados un~ fiaura más exacta y mucho más compleja del pen.
sador ' francés.o Una figura sin duda tan mteresante
como 1a
otra.

Serge P. DARMON

Libros

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LITTE,RATURE MEXIOAINE, en la revista EUROPE - No.
367/368 - París. Noviembre-Diciembre de 1959 (publicado con retraso). Entre sus números especiales, la revista EUROPE nos presenta un panorama de literatura me•
xicana al cual se agregan artículos sobre el teatro y el
cine. Ilustrado con fotografías pintorescas o artísticas, la
revista quiere dar a sus lectores y a un público más importante si es posible, una llave para "entrar en familiaridad con ésta muy antigua, con ésta muy joven literatura".
La revista que cuenta con colaboraciones de gran talento
y prestigio, se abre con un artículo de un amigo que seguimos
llorando: Alfonso Reyes, el cual, bajo el título de "Le l\Iexique dans une noix" (México en una nuez), nos da una visión
personal y desgraciadamente corta, de la historia del país.
Como siempre, en uno ele sus últimos escritos, don Alfonso
deja vagar para nosotros su pensamiento, y sus anotaciones
fugaces, sus imágenes desconcertantes, pintan aquí el México
a quien amamos. Es el hispanista francés Jean Camp, el cual
se encargó de presentar "La littérature mexicaine", ofreciéndonos en algunas páginas un compendio bastante completo,
dejando al crítico José Luis Martínez, la presentación de "Les
grands courants littéraires (Las grandes corrientes literarias).
Artículo de gran valor y fiel a la presición erudita del crítico.
"La situación de la poesía mexicana" está presentada por
Ramón Xirau, el cual ''nos trae elementos particularmente
valiosos para un mejor conocimiento de la riqueza poética del
México de ayer y de hoy de su evolución histórica". Este panorama literario se completa con "Vingt siécles d'art mexicain" (Veinte siglos de arte mexicano) por Antonio Castro
Leal, "Entretiens avec Siqueiros et Rivera", evocación de pláticas entre el autor Denis Rieu y los dos pintores, en 1957,
"La peinture contemporaine" de J.M. García Ascot, "Le
Théatre au l\Iexique" por Celestino Gorostiza, "Le Cinéma
11!éxicain" por André Camp, "La Musique contemporaine au
Mexique", por Jesús Bal y Gay, y una "Chronologie mexicaine de 1910 á nos jours" (Cronología mexicana de 1910 hasta
nuestros días).
Este número especial nos ofrece tambin la riqueza de
trozos escogidos (y traducidos al francés) de 1fauricio Magdalena, Juan de la Cabada, Juan Rulfo, Juan José Arreola y
Carlos Fuentes para la novela, de Carlos Pellicer, José Gorostiza, Jaime Torres-Bodet, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo,
Efraín Huerta, Alí Chumacera, Rosario Castellanos, Rubén
Bonifaz Xuño, Jaime García Torres, Jaime Sabines, Marco
Antonio Montes de Oca, para la poesía. A pesar de la ausen-

�Libro,,

Libros

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Y a antes ha presagiado en la soledad certera de los inmóviles muertos, que . . .

cia de textos poéticos de Alfonso Reyes u Oct~vio Paz ( que
participó en la composición del número), 1~ ~ev1sta ~URO:rE
nos da aquí un buen panorama de las actividades li~erarias,
dramáticas y artísticas de México. _9on los defec~os r~1herentes a tal empresa -brevedad, selecc10n tal vez arbitraria-, el
el resultado es sin embargo muy bueno, y no puede hacer
más que estrechar entre México y Francia es~o~ lazos, frutos
de una comprensión mutua en todos los dom1mos.

"Toman la llaga de su madurez
con tiento.",
su propia angustia.
Y mientras la inmovilidad -aun sabiendo que de cierto,
en su cuerpo existe "esta levadura que hace crujir los huesos"- se apodere de ella, en extraña forma de naturaleza
que trata de encerrarla.

Serge P. DARMON

"Su fermento de fuego convierte
en dócil lo rebelde"
ella sigue pensando en la rebeldía, cuerda templada por
el dolor. ¡ Curiosa dualidad de la rebeldía que entraña en sí
un movimiento, o tan sólo un gesto- y de estatismo! Habría
que recurrir al "mundo paralítico", contemplativo e inmóvil,
que Sergio Fernández encaja en Rulfo como signo de inconformismo, para explicarnos los poemas de Dolores Castro.
Este gesto viene a corroborar nuestra afirmación del feminismo de la autora. Sabe que sus movimientos quedan cristalizados y acepta la inmovilidad, pues:

La tierra está sonando (poemas), por Dolores Castro. Dirección General de Publicaciones. UNA1\L
La Imprenta Universitaria nos ofrece este volumen de
poemas de Dolores Castro. De una tersa factura estos catorce
poemas nos descubren una poetisa sobria, d~spr~vist:1 de la
palabrería a que estamos acostumbrados. La, 1magmeria --;-h~blando en sentido retórico- ha quedado solo com~ vesti~10
doloroso de la huella de los muertos, de esta atmosfera mcierta, en reposo, de los niuertos.

"Por si quisiera hablar,
el día encima
y la noche encima
se me han venido,
para que calle.
Y acepta:

Hay que aclarar que ante todo se trata de una mujer
quien escribe, y este cará_cter va de acuerdo con el de la
poesía de Dolores Castro, mcluso en la forma ~e ~u concepción, ésta se relaciona estrechamente a la peculiaridad femenina.

"Para querer moverse es ya muy tarde."

La poetisa, ante el blanco desfilar de lo~ muertos, abre
los brazos para que le atravies~n. Y los mira pasar (a~m
dentro de sí) como a un tren leJano al que no pretende mcorporarse :

Hay un defecto patente en estos versos, y es su extrema-da brevedad: uno se queda esperando que la autora continúe
su fluír de palabras, y contrariamente éstas se quedan incondusas, como frustradas, esbozadas apenas por algunas imágenes. Como el alma de la poetisa:

"Parten el alma
buscando su rincón para quedarse quietos
los muertos".
En al"'ím lugar de su cuerpo, horadado por la necrología, halla de pronto al miedo, y con él la idea de la madurez
que para la autora es símbolo del dolor:
"La madurez abre su pulpa
y desata en su entraña
el llanto".

"Por temor de morir se finge muerta,
o dormida."
J.A.G.
"1

�Libros

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Zamora bajo los astros, por Tomás Segovia. Dirección General
de Publicaciones. UNAM. 1959. 112 pp.
A la muerte de Fernando I, el reino se divide entre sus
hijos. Sancho, el más ambicioso, pronto pretende reintegrar
los territorios paternos. Para ello, guerrea contra sus hermanos: a doña Elvira le arrebata Toro; a García lo despoja de
Galicia • a Alfonso de León· y sitia Zamora (1072) donde'
'
. da d
rema doña
Urraca.' Siendo inminente
la caída de 1a cm
-uno de los sitiadores es Rui Díaz de Vivar- rompe el cerco el zamorano Bellido Delfos, al asesinar a Sancho.
Sobre este episodio, tan rico en posibilidades literarias,
Tomás Segovia erige una tragedia, escrita en verso blanco.
El destino presenta sus dos caras: por un lado, rígido e inex.o•
rable se verificará con toda puntualidad. Por otro, no será
sino ;n cambio constante de hombres, la meta, el cumplimien. to de un desarrollo vital. Todo hará ver en la suerte del
grupo de conjurados que intentan, al matar a Sancho, liberar Zamora que la consecuencia lógica de un modo de vivir,
no sólo cap~cita para la muerte, sino para la libre aceptación
del destino. Creen en tal forma en sus acciones, que no pueden dejar de cometerlas. Sus proyectos magnicidas se arropan bajo la grandeza, falsa o verdadera, de sus fines últimos,
que aunque múltiples, se entrecruzan y funden en el fatalismo de su condición humana. Los personajes -con todo, muy
matizados, desnudos de intención tipificadora- se ven arras- ·
trados por su propia voluntad, aunque paradójicamente sean
incapaces de obrar de distinta manera.
Vermudo el estrellero, al concebir los astros como una
conjunción de existencias, se afirma en una predestinación astrológica, de vasto simbolismo: "porque los astros fijan nuestra historia ; los astros son la trama tejida con los hilos detodas nuestras vidas" ; por eso en él se cumplen el inicio y el
desenlace; por eso, por su fé racionalizada, amañada, sobrevivirá a sus compañeros, entregados totalmente a la renuncia
y a la renuncia y a la aceptación de su libre albedrío. Para
él, la devoción a un valor· supremo excluye o hace innecesaria la realización de los demás: 'La Verdad, importa más quenuestras vidas y que la honestidad de nuestras vidas". Elvira, su sobrina, es la presencia de los sentimientos, en su acepción más física, en un mundo que subordina todo el concepto,
a la idea. Enamorada, funciona vitalmente sólo por la necesidad del amor.
Los otros personajes también participan de una caracterización completa, a la que un amplio juego de pensamientos.

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Libros

y de expres1on filosófica, no resta r ealidad humana. Nuño,
que participa sobre todas las cosas, en el reconocimiento de
su responsabilidad personal frente al problema de la felicidad colectiva. Acepta ser el que haya de aniquilar a Sancho
porque, confiesa, "no conozco otra manera de decir a los
hombres y decirme a mí mismo, y decirle a la vida, que yo no
quiero avergonzarme de mi dicha"; Fernando, a quien guían
la venganza y la necesidad; Rodrigo, romántico defensor
del pueblo; Bellido Delfos, que paulatinamente va haciéndose
de la obscuridad que le rodea, al encarnar al destino, soportar culpa y castigo, pecado y expiación.
Tomás Segovia logra resolver los difíciles escollos que
plantea el uso del verso dramático; la fuerza de esta manera
de expresión teatral -cuyos máximos logros en la actualidad
pertenecen a dos ingleses: T. S. Elliot y Christopher Fryse demuestra en Zamora bajo los astros, al comprobarse que
no porque se aborde una temática complicada ( el hombre
ante la libertad, el conficto del individuo con la sociedad, el
antagonismo y la fusión del hombre con los valores que ha
creado y fijado), se pierde consistencia poética ·o se r eblandece la exposición conceptual. Teatro de ideas, en el mejor
sentido de la palabra. la obra de Srgovia corrobora un prestigio, y augura nuevas etapas del desarrollo teatral en l\Iéxico.
El libro, número cuatro de la Colección de Teatro de la
UNAM, se presenta en una pulcra, decorosa edición.

Carlos Monsivais

Pensamiento y pintura, por 1fanuel Rodríguez Lozano, Dirección General de Publicaciones. "CNAM. 1960. 382 pp.
El pintor Manuel Rodríguez Lozano nos habla en este
volumen de las artes plásticas mexicanas contemporáneas,
sus problemas y su medio, y finca sobre todo -de ahí el título, no por amplio falto de significado: - Pensamiento y pintura,- su posición como hombre y artista.
Es una vista fragmentaria desde que mide el movimiento
pictórico desde su concepción propia, pero en algún momento
se le encuentra desprovisto de interés. Hay un interés, honesto en todos sentidos, por la pintura mexicana, y en general

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Libros

por todo aquello que caiga en_ el ámbito de la cultura,_ que
va además, más allá de partidarismos de los que, por lo mismo,
pone en entredicho a miembros de uno y otro partid0 Y ya
esta sola posición merece crédito.
Componen el ,volumen de 389 páginas, artículos, ensayos
y crónicas publicadas en revistas y periódicos nacionales, además de algunas entrevistas y una interesante carta de Edmundo O' Gorman. El prólogo de Rodolfo Usigli, elogioso
a la figura del pintor, arroja poca o ninguna luz - de acuerdo a la posición en que se le vea- sobre lo que ha de ser el
cometido del libro. El autor bien puede hablarnos sobre sus
ideas y perturbarse con ellas, pero no puede ser así el caso
del prologuista, que ante todo debe cuidar su posición que
es, a todas luces, la de un crítico.
El libro es más una tesis política del autor -que aún
ser apolítico es penetrar en política- que un tratado de su
concepción individual sobre las artes plá~ticas. No debe haber excusas ni reproches: En nuestro med10 cultural las ~osas
han sucedido así: la política ha corrido a la par de las ideas
estéticas son casi indisolubles, a tal punto que ha sido imposible hablar del arte, en este caso la pintura, sin aludir aunque sea de pasada, a la política. Y Rodríguez Lozano tiene
demasiado interés en su país y su futuro; y nos habla por esto de pintura mexicana. Es imprescindible hablar de la
plástica en nuestro país sin tocar algunos -o varios- puntos
de política hemos dicho. Y es imprescindible para una valoración má~ o menos justa de nuestro movimiento pictórico.
Por ende, es válida su razón.
Podremos tal vez no estar completamente de acuerdo con
él en varios puntos, quizá algunas veces nos resulten exager ados sus juicios, pero no porque su posición sea poco honesta, i;ino porque nuestras ideas no concuerdan con las suyas,
y aún así siempre habrá el poderoso aliciente de la sinceridad. Est~remos de acuerdo en la medida que él vocifera e
increpa al medio mexicano tan hostil como despistado, de
los Yerdaderos problemas, aun cuando no lo estemos de sus
afirmaciones puramente estéticas.
Es importante hacer destacar el estilo del autor, como
cualidad para el cometido de este libro, del que no hay
que olvidar su origen periodístico. Se trata de informar, antes que de hacer literatura, ~ en este ~spect~ cumple con
fortuna sus intenciones. Funciona el estilo baJO moldes estrictamente periodísticos como ya dijimos, pero su tono lo
hace ser ágil. Oscila entre la absoluta sobriedad y la plena

11na

Libros

77

ironía. Una especie de mezcla entre Twain y Unamuno. Habla de la estética y de la pintura y su lenguaje se hace fervoroso y lleno de aliento. Habla del medio pictórico y sus palabras adquieren ora un tono enconado, de ardor que reprende,
ora un matiz de burla que caricaturiza.
Es el libro un documento, imprescindibl e para quien
quiera saber de nuestras artes plásticas actuales y su inefable medio, de gran importancia para lo que ha de ser nuestra historia cultural, y un buen comienzo para el joven artista, que es ante todo teórico y especulador de grandes
problemas.
J.A. G.

Obras. Crítica literaria Tomo I, por Manuel Gutiérrez NáJera. Dirección General de Publicaciones. UNAM. 1959. 544
pp. (Nueva Biblioteca Mexicana No. 4.)
Con una excelente edición de sus obras la Universidad
Nacional ha querido r endir tributo de admiración a Manuel
Gutiérrez Nájera con motivo de la celebración que las Letras
Americanas hacen del primer centenario de su nacimiento.
El modernismo preludia su marcha triunfal en nuestro continente con Gutiérrez Nájera. Fue romántico en el fondo,
como lo fue Casal, el vehemente poeta cubano. En voz baja
dijo sus quejas, casi como un murmullo, y sólo en algunas
ocasiones elevó el tono, alejándose de las sombras tutelares
de Musset o de Becquer, para cantar en lenguaje orquestal.
Un refinado ambiente francés se respira en la poesía de
Gutiérrez Nájei:a ("P ensamientos franceses en Yersos españoles" como dijera Justo Sierra), adobado con notas de gracia,
distinción, elegancia y típico "esprit" galo. La misma deliciosa atmósfera que musicalizaría, años después, la orquesta p ictórica de Rubén Darío, en versos sonoros por cuyas
amplias calzadas discurren las más plásticas imágenes. Si
a menudo, Gutiérrez Nájera aparece melancólico, a veces
también sonríe, rehuye los filosofismos y canta con cierta
gracia ligera como en su célebre poema "La duquesa Job"
r evestida de atributos franceses pero enmarcada en un genuino paisaje mexicano. Sobre un pentagrama de palabras
rítmicas, su poesía presiente la virtud sugerente de la mú-

�Libros

78

sica y teje insospechadas melodías. Al leer algunos de sus
poemas, encontramos resonancias y acentos que más tarde
orquestaría maravillosamente Darío.

Y llegando a la faceta espiritual, Gutiérrez Nájera :pasa
de la desesperación al resignado tono de un_a confo:mid~d
cristiana. En Pax Animae expone una admirable f1losof1a
que nos satura de ternura y optimismo. Por las estrofas de
este poema fluye la serenidad de un espíritu que hace un
alto en la marcha para mirar equilibradamente el pro Y _el
contra de la Yida. Y en cuartetas de delicada transparencia
Ya vertiendo sus meditaciones poéticas:
¡ Ni una sola palabra de dolor blasfemo!
Sé altivo, sé gallardo en la caída,
¡ y vé, poeta, con desdén sup~emo
todas las injusticias de la vida!

Pero es nuestra intención en esta ocasión hacer referencia
al primer tomo de sus obras, en ~onde después, ~e la!gas ~n-_
vestigaciones, se ha logrado reunir ~?da su ,~r1tica literaria.
Difícil resultó esta labor ya que Gutierrez ~~Jera durante ~u
carrera periodístira empleó más de 20 seudommos,_ la mayoria
usados ya por escritores de su época. A lo_ anterior ~ay que
a .o reoar la dificultad que planteó el determmar en cuales periódi~os había colaborado con sus estudios. Pero todo se ha
llevado al cabo con el mayor de los éxitos y hoy el le~tor
puede recrearse en el estudio de las obras del gran escritor
Hispanoamericano.

I.R.F.

Humboldt desde México, por Juan A. Ortega y Medina. Dirección General de Publicaciones. UNAM. 1960. 320 pp. I~ustraciones y mapas. (Facultad de Filosofía y Letras. Semmario de Historiografía Mexicana Moderna.)
Un oolpe de belleza fue lo que incitó a Humboldt a cruzar
el mar ; a efectuar el segundo descubrimiento de América.
Para que se decidiera por América_ le b~s~ó el haber v_isto una
flor del Brasil: El buganvil. Quien v1S1te hoy las islas del
Caribe los jardines de Venezuela, de Colombia, de Centro
.Améri~a o de México, quedará siempre deslumbrado por los
mantos de buganvil que en oleadas desbordan sobre los mu•

Libros

79

ros, cubren las casas, visten los árboles. Refiere el escritor
Germán Arciniegas cómo a fines del siglo XVIII nadie sabía
en Europa de estas flores. En París, de regreso de su viaje
por América, el gran viajero Louis Antoine de Bougainville
,se ganó la admiración de todos con las muestras que trajo de
esa planta que habría de llevar su nombre. Humboldt y Aimé
Bonpland planeaban entonces al Africa un viaje en donde se
juntarían con los hombres de ciencia que en Egipto seguían
a los ejércitos de Napoleón. Pero al llegar a París vió la flor
de Bougainville y con sólo este aviso cambió de rumbo y formuló sus deseos de irse al nuevo mundo, mismos que se cumplieron al conceder el ministro español, Urquizo, plenas facilidades para el viaje.

Y no se exagera cuando se dice que Humboldt realizó el
·se~undo descubrimiento. Porque si Colón en el siglo XV elescubrió la nueva ruta para llegar al otro lado del Atlántico y
luego sus exploradores sacaron el relieve del continente, Humboldt descubrió sus partes más íntimas. Y después de hacer
sabios estudios en la Nueva Granada y en el sur de América, llega a México que, de todos los dominios de España, era
1a corona. Al llegar, nuestro país participaba de ese renacimiento que levantaba a toda la América. No sólo eran los
criollos y los españoles quienes hacían la ciencia, sino los mismos indios. Los indios habían estudiado las plantas, la astronomía en tal forma hasta constituir una pieza tan maravillosa como el ·calendario Azteca. Y esto le agradó mucho al
prusiano.
Aquí como en ninguna otra parte, se ocupó del estudio
del origen de nuestros pueblos y si en verdad habíamos sido
descubiertos . .El resultado de sus estudios fue una obra magnífica: "El examen crítico de la historia de los progresos de
la astronomía náutica en los siglos XV y XVI". Pero a la par
de sus investigaciones marchaba la semilla libertaria que en
cada discurso, en cada intervención dejaba. Para los europeos es el hombre que escribió la obra más importante de su
tiempo sobre el nuevo mundo. Para nosotros es algo más: Es
el europeo que dialoga con Bello y con la generación más
ilustre que en cuatro siglos de vida haya tenido nuestra América. í con propiedad en el estudio de Juan A. Ortega y Medina, que ahora comentamos, se habla de la "Humboldtización de l\Iéxico" que si duda se aplica a toda la América Indígena.
Ortega y Medina sin ahorrar esfuerzo nos presenta la
labor del sabio y recopila una serie de documentos y comen-

�80

Libr06

tarios que para el lector resultarán de marcado interés. Después de un siglo su obra continúa gigantesca hasta tal punto
que en justicia se ha dicho en Europa que después de Kapoleón fue el hombre más famoso de su tiempo. Para nosotros
secruirá siendo la figura del segundo descubrimiento y uno
de'° l os mayores alentadores de nuestro movimiento emancipador.

I.R. F.

Libros

1 •

81

, . Despué~ de iniciar las consideraciones acerca del tema
et1?0, de lo malo, de la bon~ad, y de a_centar el principio de
que n~ es lo ,?ueno o el conJ_unto que siempre posee el predi?ªª ~ Bueno , eD:tra a considerar la posición de las valores
mtrmsecos complicados por el diferente valor que puede tener 1;1na sola parte o la suma de los totales. Dos respuestas
encaJa ~ara 1~ pregunta "Qué es bueno en sí" partiendo de
l~s consideraciones hechas por los metafísicos y los naturah,stas. Y _con base en la falacia ?\' aturalista presenta la teoria hedomsta según la cual el placer es lo único bueno . presenta 1;3-s razones alegadas por sus seguidores estimand~ que
la teoria
que nada es deseable sino el placer es totalmente
falsa debido en gran parte a. la confusión que los hedonistas
forman entre la causa y el ob,ieto del deseo.

?e

Principia Ethica, por George Edward Moore. _Dirección Gener al de Publicaciones. UN.AM. 1959. 250 pp. (Centro de Esdios Filosóficos. Colección "Filosofía Contemporánea".)
Fué Kant el primero en fundar una nueva ética, independiente de los dogmas religiosos y las leyes naturales, al concebir la diferencia entre el acontecer y el deber como a una
oposición de categorías irreductibles de nuestro conocimiE;nto. Enseñando que la moral es autónoma, que el hombre solo
está sometido a una legislación propicia y sin embargo, general, Kant y todos sus partidarios, eludieron la dificultad de
definir qué debe hacerse o, qué es bueno. Por su pa~te Sha~tesburg reconoció que el juicio del --valor es de especie propia
no pudiendo en ningún momento derivarse de una amenaza
divina, de una recompensa o castigo, ni tampoc" de leyes
naturales, física o fisiológicas.
Quizá por no ordenar debidamente la materia que pretenden relacionar y considerar, los moralistas de todos los
tiempos no han podido realmente dar una respuesta adecuadapara los pilares que sostienen lo ético. Kant mismo expresaba con relación a la ley moral que quién cumple un
deber moral obedece a una ley que él mismo se ha dado. convencido de su universal validez. En la obra PRINCIPIA
ETHIC.A, del filósofo George Edward Moore el estudioso puede encontrar el piso firme sobre el cual levantar los principios fundamentales del pensamiento ético. Su teoría vertebral al respecto es que el objeto de la ética no es l a conducta
humana u otras cosas buenas sino el bien mismo. Para 1\foore
el interés no radica tanto en obtener conclusiones como en
establecer principios; ha tratado de escribir los prolegómenos
a toda ética futura que reclama el derecho de presentarse
como ciencia.

La parte final está dedicada al análisis de lo que puede
ser estado "ideal" y de lo que él considera como respuesta
acertada a la pregunta "Qué es bueno en sí".
Realmente_ la ob~a de 1foore tendrá que ser tomada en
?uenta por los mvestlgadores del valor principalmente porque
mau_gura una et~pa_ avanzada en el campo axiológico. El sumar10_ ,que al pr1l:1c1p?, aparece ayudará al lector en la comprdens10n Y orgamzac1on de las ideas y conceptos allí expr esa os.

I.R. F.

.'
Exposición documental de Manuel Gutifrr N, .
_
. E
.,
,
ez aJera, 18.:&gt;91959
. ' _por rnesto MeJ1a Sanchez. Dirección General de Pubhcacwnes. UN.Al\.L ~9~9. 56 pp., grabados e ilustraciones.
(Bibhoteca Nacional).
. -~ága~J una en?u~sta entre los que están enterados de la
s:gm icacion de Mex1co y la magnitud de sus valores . reahcese, mas no se propongan incontables cuestiones, si~o _
tal vez- solamente,~na: preguntar cuántos años vivió el ele~antemente melancohco y preciocista Manuel Gutiér •e N' _
Jera.
r z a
i 9uién sabe que porcentaje alcanzaría la llana verdad!
Lo mas seguro es que se le otorgara una existencia mucho
mayo! que la realm_ei:te alcanzada, pues nadie o ·casi nadie
creena que el exqmslto poeta murió en plena juventud: al

�Libros

Libr06

83

82

guro, quienes se honrarían con s
.,
ti_en:Pº para que se transformu poses1on Y. no pa~ará mucho
bibliográfica.
e en una mapreciable pieza

sobrepasar apenas los treinticinco años, pues nació el 22 de
diciembre de 1859 y su óbito tuvo lugar el 3 de febrero de
1895.
Ocurriría lo presupuesto por muy sencillas razones, que se
contraen a los merecimientos intrínsecos de su obra cumplida:
sus prestigios en la anchura ilimitada del vasto campo lite•
rario -en el cual ejerció con maestría en todos los oficios
qne lo circunscriben-, le hacen aparecer como a un hombre
más que maduro y eon la gigantesca grandeza de quien ha
cumplido todas sus tareas.
Con denuedo, bizarramente, ganó con limpieza los galardones máximos que puedan conquistarse en la dura batalla
por la fama, pues ésta no se adquiere como se logra una lotería: por casualidad. Cuando no se sospechaba que la artera
parca segaría su vida en plenitud, la madurez de su obra
indiscutida: por ella le otorgaron pleitesía titanes de la talla
de ~fartí, Pagaza y Darío.
La Universidad Nacional Autónoma de México no pasó
desapercibido el. Centenario de su natalicio y le rindió merecido homenaje. Una porción del mismo se hizo consistir
en una exposición que presentó reliquias y objetos pertenecientes al poeta, la cual se instaló eu vitrinas dentro de uno
de los salones de lectura de la Biblioteca Nacional. Es un
testimonio de ese acto el que propicia estas líneas, ya que él
constituye un recuerdo muy digno de conservación: el catálogo de las piezas que se reunieron, que fue formulado por la
misma persona que hizo el acopio respectivo: el poeta Ernesto Mejía Sánchez.
Cuidadosa, fina y elegantemente realizado, el inventario
se precede con una discreta presentación escrita por el maestro Francisco Monterde. Luego vienen veintinueve copias
de documentos y fotografías referidas al Duque Job, a sus
padres, esposa e hijas incluso la extraordinaria reproducción
a color de un mural de Diego Rivera - "Sueño de tma tarde
dominical en la Alameda Central"-, en que destaca, Beau
Brummel, la atildada figura de Gutiérrez Nájera.
Enseguida vienen once facsímiles de manuscritos del poeta; luego, algunos impresos que le pertenecieron entre los que
destacan los que le fueron dedicados y, por último, la descripción de otros recuerdos y objetos personales con que se complementó la dicha exposición.
De este valioso catálogo se imprimieron 2,000 ejemplares
que, bien visto, no son muchos porque forman legión, de se-

Raúl Villaseñor.

El teatro en México durante el Se undo
.
por Luis Reyes de la Maza D' g., GImpepo, (1862-1867),

'

nes. UNA1'I. 1959. 24
(\ Toteccwn en~ral de Publicacio6
tes del Arte en l\íéxico Pf~stitilt~ ~ d{ la ste_ne ~studios y fuen.
.
'
e uves igac1ones Estéticas) .
La Dirección General de p bl'
•
Kacional Autónoma de M' . u icacion~s de la Universidad
lación el vol X de 1 S ~xicEo, pu~o recientemente en circu]\1' .
·
a ene studios y Fuent d 1 A
, exico, en que su autor L . R
es e
rte en
su tarea de compilación doc~! eyes de la ,1~~za, prosigue
ac:erca de la presencia del te t ental y e} anahsis respectivo
vol. V de la propia serie al h!t:~i:~
ªi~, comen~a~a con el
la Reforma Y el Imperio ( 1858-1861) . ea ro en Mex1co entre

il f

En el compendioso estudi
li ·
comienza diciendo q~e en u o prel. mmar, Reyes de la Maza
más n1;1merosa alta bur ues: amp 10 se~for de la "cada vez
memoria grata y llena
ac~~al ... ' se conserva "una
historia patria se conoc e compa\10n por la época que en la
hecho lo atribuye a la lee e~~o de Segundo Imperio . . .". El
que se ocultan los desio!o d or~d~ ,Y plena de encanto en
poleón el pequeño con °cu s e suJecion auspiciados por Nade Imperio por eÍ que yo . apboyo se estableció el embel ezo
suspira an los cons
d
. ·1·iano de HásburO'o
erva ores de ent onces Y que encabezó Max1mi

J

6

.

El autor efectúa interesant
.
.
de la cuestión y asegura
f' t' es considerac10nes alrededor
hacer entender a los ' en a ic~m:nte, que no hay forma de
da?era naturaleza de e~!e~ft:r~;ocratas . nacio~ales la vergmsa de disculpa señala.
l devemr p~tr10. Luego, a
en distintas époc;s, lado ·amab~os~tr1s, e~tud1_osos del teatro
mentar aún más, sin quererlo fa e a historia, vamos a ci
y mostrando las suntuosas fu '.
dorada leyenda, relatando
en honor de los emperadoresnc10ne~ Yblos elegantes bailes que
a~ hacerlo, seremos culpablf's º~!amza an los afrancesados, Y,
anoranza sentimental se fj
que el recuerdo grato Y la
el espíritu de las señoras\ anee tºn nue~os documentos en
a noble ..."
en e pensamiento del aspirante

"i

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85

Libros
84

Pero a pesar del escrúpulo de Reyes de la 1\laza, no obstante que esas gentes se rindan cuenta del pasado en forma
que les resulta grata, la historia de México no sufrirá mengua alguna, pues lo que menos cuenta en la secuencia del
pretérito es una reconstrucción de la índole que a él le ocupa, porque la importancia de los acaecimientos no se mide
por lo que en un instante parecieron ser, sino por lo que
ellos son en el momento en que se le mire, ya que la historia
no es un mero interrogar el pasado sino una constante de ese
mismo pasado.
La aseveración precedente no empobrece el interés indudable de su estudio; gracias a sus empeños, es factible mirar
la secuencia de sucesos que estuvieron condicionados por las
circunstancias que en aquel entonces vivía el país, los cuales,
a cien años de distancia, sirven para comprender las vicisitudes a que se ha enfrentado la integración nacional de·
México.
De esa índole, es la ahora dolorosa afirmación que Reyes de la Maza formula cuando dice que lo mismo durante el
dominio de los conservadores y de los liberales, que en los
años que con el apoyo de las bayonetas europeas se instaura
el Segundo Imperio, pasan por la escena de los teatros metropolitanos "los mismos actores, las mismas empresas, los mismos dramas y comedias, las mismas óperas y el mismo público espectador ... ", porque, según su opinión, "el teatro debe
ser as1, porque es y está muy independiente de los moYimientos políticos, y mientras cumpla su misión de ilustrar y divertir dignamente al público, no tienen por qué tomar determinado partido ni :fijarse quien ocupa el poder, ya que tanto
liberales como conservadores asisten a él, y con más razón
en el siglo pasado, que era el único espectáculo existente ..."
En enjuiciamiento del quinquenio teatral de la " época
imperial" hecho por Reyes de la Maza se circunscribe a la
ciudad de México, pero éste se explica de manera muy sencilla pues a estas alturas,, a veinte lustros de distancia, no obs,
tante la importancia y el alto nivel cultural de ciudades como
Monterrey, Guadalajara, Veracruz, Morelia, San Luis Potosí, 1\Iérida y cuantas otras más poseen el orgulloso rango de
protectoras de las actividades del espíritu, en pleno 1960, se
repite, la capital continúa siendo el lugar de privilegio a donde se presentan los espectáculos de más alta calidad.
El acoplo de programas y crónicas que el autor proporciona, cumplen sobradamente los propósitos que lo movieron a recopilarlos, como continuarán haciéndolo los que pu-

blique en el futuro pues Re es d
.
go del Ii:stituto de' Investioa~ione: la ~I'.1za tienen el ~ncardad Nacional Autónoma d º M' . Esteticas, de la Umversimente todo lo que al tero/ d 1ef1c~, de agrupar documentalglo XIX.
e ea ro se comprenda en el si-

Raúl Villa.señor.

Cartas sobre México por C C Be

.

.

Publicaciones. UNAM. 1959 244 cher. Direcció~ &lt;;}eneral de
. ·
pp. (Nueva Biblioteca Mexicana. Vol. 3).
Hay un principio que deberí t
.
de que nada surge de la nada
a l ener validez ~niversal: el
De esa manera la existencia yd que o q~e es proviene de algo.
como condición' sine-qua-non- fa cualqme~ cosa supondría tes. La ciencia biolóo1·ca
d
presencia de sus anteceden. , .
º llamad
mo erna proporcion
.
ipotes1s
acerca
de
la
.,
a muy valiosas
h
enfatiza en la circunstancia daq ge~tac1on espontánea, pero
más por que sí u t
e ue e a no se lleva a cabo nada
el azar, que c¿n1r::i~m~~~e a aelia contribu~e la casualidad Y
encuentran sujetos a concat º. que pudiera suponerse, se
precisamente casuales.
enac10nes a reglas que no son

rit

Con lo que se lleva dicho
d ,
precedentes introducen a un po
creerse que las líneas
de las clases. Pero no ha t tma so re la naturaleza física
de una obra escrita para ype:Ú po;que las propician lectura
recién abierto a las ventanas
r os caracteres de un país
ese entonces -1834- llev b e mundo_, no obstante que en
descubierto.
ª ª mucho tiempo de haber sido

t

df

. Aqu_í es pertinente señalar un h h d
.
cia: el libro a que se alude habla de ec o ,e _suma importanera en esos momentos
u
un 1".(exico que fue, que
cuando menos en un? pqo e ~? buena ~ed1da continúa siendo
.
rc10n que bien p d
.
'
com? . esencialmente definitoria L
ue -~ considerarse
admitir condición en co t . .
a aseverac10n parece no
n rar10 y como no s , 1
que se p 1antea en la correcta ub. . , e as1? e problema
se resuelve si se finca en 1
icac10n del mismo, la cual
el me!,º interrogar al pas!d~u)~e:io ~e qn_e la historia no es
ocurrio Ylas especulaciones ' b {11P e busqueda de. lo que
do, sino que se sitúa como un:º re tº que pudo_ haber sucedí
sea por todo aquello que fue Y q~:s ~nte_ del mi!lmo pasado o
.
aun sigue perdurando.

�Libros

87

Libros

86

No está por demás señalar que la concepción de la obra
no se produjo de manera intencionada, como fruto de un
acucioso estudio deliberado para esclarecer aspectos de una
enconada discusión, ya que el libro se posibilitó gracias a que
su autor advirtió que las cartas a su esposa, escritas .con el
limitado propósito de mantenerla al tanto de lo que l e acontecía durante una forzada ausencia, estaban saturadas de un
interés de orden mayor para con su patria, " ... al acrecentar más y más el beneficioso tráfico con los Estados Unidos
de México ... ", vírgenes casi en lo que se refería al intercambio comercial con las naciones del orbe y campo propicio para
inversiones mercantiles e industriales de todo género.
O. C. Becher era un importante servidor de la Compañía
Renana Indooccidental de Elbefeld; la empresa, deseosa de
obtener mayores ganancias para sus asociados, decidió enviarlo con la encomienda de establecer un contacto directo con
la recién nacida nación, para eludir el forzado tributo que
enteraban a las compañías inglesas y francesas que eran sus
intermediarias comerciales.
Del epistolario íntimo se deduce que el viaje era arriesgado y requería de un ánimo osado, porque implicaba encararse a una intrépida aventura. Las Cartas sobre Mé-xico están escritas en un estilo narrativo de fluída sencillez, que proporcionan una lectura plena de placentero encanto sobre las
vicisitudes de lo que hacia entonces -1832 a 1833- era un
viaje hacia otro mundo, porque la nave en que Becher hizo
el trayecto ocupó casi tanto tiempo como el empleado por
Cristóbal Colón en 1492.
Libro delicioso como el que más, su importaI).cia para
quienes se asoman a sus páginas ahora no radica sólo en la
belleza del relato, ya que propicia el conocimiento de un
t estimonio vivo e imparcial, en el cual se informa -es posible
que por vez primera- de una forma peculiar de ser que para
esa época ya tenía plena vigencia: la característicamente mexicana, a cuya formación contribuyeron dos formas opuestas
de cultura y conducta: la amerindia y la europea occidental.
Es necesario anotar la cir cunstancia de que Becher no
tuvo clara conciencia del hecho a que se alude, porque ni tan
siquiera se le ocurrió explicárselo, ya que negando toda vigencia a los aportes precortesianos y dando como supuesto el
hecho de que los españoles lo hicieron todo aqní, se nota que
en forma admirativa se hace lenguas de actitudes que nada
más se propician en México.

El .estudio preliminar y las notas fueron encomendadas
al prop10 traductor de la obra, Juan A. Ortega y Medina,
~m~°: cumple .de maner:1 ampli~ y adec~ada con el encargo
1 ec1b1d~. La importancia del libro es smgular y nadie que
s~, precie de amar lo que 1~ p~rt~nece, puede omitir la poses1on .Y la lectura de ese epistolario que de manera tan diO'na
· pu~hca~ las pre1;1sas de nuestra máxima casa de cultura~ la
Umven¡1dad :N'ac1011al Autónoma de México.

Raúl Villaseñor

Obr.a,s completas, II tomos, por Juan Díaz Covarrubias. Estudio preli~ina:! edición y notas de Clementina Díaz de
Ovando. Direcc10n General de Ppblicaciones. UNAM. 1959.
(350 Y 446 pp.) (Vol. I de la Nueva Biblioteca Mexicana) .
El ro~anticismo, ~1ás bien lo romántico, ha sido objeto
de ,cal_umm~: se le atr1buy.en. tendencias o propensiones que
esta. bien ~eJOS de sus esencialidades. Lo más socorrido de ]as
~quryocac10nes lo identifica con ~º. meloso hasta el empalaºamiento, ? le hace el ~laco se.rvicio de ubicar dentro de él
a lo ra_mplon y a lo cursi. Se piensa que define con exactitud
a lo~ m con~o~mes sin motivo, a quienes se solazan con su
pro_p10 sufrimiento y se hacen dueños de un dolor que no
teman.
. ~s. ,obvi.o ql~e el romanticismo se resista a caber en una
de.fmic10n s1mphsta. Los románticos eludiendo el encajonanuento en los cán_o1;1es preestablecidos, llegaron a la ruptura
con las formas cla~rnas en que forzadamente se querían cont~°:er a toda necesidad de expresión, r echazando las composi.c1011e~ p erfectas Y. acabadas que tendían a lo puramente
d1_scursivo, p~es realizaban sus obras en motivaciones no delimitadas J?;evi_am.e~te, pero sí en concordancia con un criterio
de emoc10n md1v1dual.
Puede d~cirse, en for~a sinténtica, que los románticos
no eran enem:gos de la realidad en sí misma, sino que su actit~d de rebeld1a pugnaba por destruir lo ficticio y no lo factic!o de ella. No e~a el simple intento de escapar a las pres~ones lo qu~ les impulsaba; la congoja que en el romanticismo s.e advierte no ~rata de ha~er ruinas del presente omi1'.os?~ smo de construir una realidad en que no exista disociac1011 alguna con los propósitos de r ealización.

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El romanticismo era un soñador que quería hacer verdad sus sueños y que en la vigilia se aferraba a realizarlo.
Generalmente el romántico fue un inconforme que devino en
revolucionario y, para el caso, nada mejor que encuadrar las
razones que han propiciado breve análisis precedente, ya
qne se trata de hablar de la vida y la obra que un malogrado
romántico mexicano, Juan Díaz Covarrubias, con motivo de la
aparición reciente de dos tomos que contienen toda su producción literaria.
Desde los albores de la independencia del tutelaje español, hasta el momento en que estalla la revolución de Reforma auspiciada por el Plan de Ayutla -1821-185-1-, pasando por la amarga experiencia de la mutilación del territorio
na(•ional a consecuencia de la injusta guerra con EE.UU., lo&lt;indis&lt;.:utidos amos del país eran los partidarios de la inmovilidad conservadora, más, por fortuna el último movimiento
sacudió la conciencia de muchos buenos mexicanos que se propm,ieron liquidar ese pasado de ignominia.
La guerra fue cruenta; de un lado estaban los que no querían perder sus privilegios de casta; del otro, los que aspiraban a que México entrara en los senderos del progreSJ:&gt;. Entre ésto úlimos estaba nn jown estudiante de medicina, cuya
actitud, contraria a las prl'siones ominosas de la realidad, le
llevó a trasladar a la vi!?ilia sus ansias di' concatenación entre lo idealmente aceptable y aqu&lt;'llo que operaba en lo cotidiano.
Como un buen romántico había pospucs~o sus afanes
de realizarión personal, aunque cabe señalar que los iba verifü·ando conforme SI' entregaba en cuerpo y alma a la consecueión de sus propósitos vitales, que no eran otros que los
del engrandecimiento de México. ,Juan Díaz Covarrubias
11ac•ió en ,Jalapa, Ver., el 27 de diciembre de 1837. Murió
fusilado en Tacubaya, D. F., el ] 1 de abril de 1858. Su óbito,
seg-ún expresión de Francisco :\[onterde, es similar a la de
Federico García Lorca, el gran poeta español asesinado por
los rebeldes franquistas, sin otra culpa que la de ser partidario de los anhelos populares. En efecto, un grupo de médi1·os que cumplían con sus deberes humanitarios curando a los
hE&gt;ridos del ej(•rcito liberal, fueron aprehendidos por los conserYador('S quienes, &lt;'ontrariamente a las leyes de la guerra,
los consideraron como sus prisioneros y los llevaron al pelotón de fusilamiento, porque para los retardatarios era un crimen auxiliar a sus enemigos.
Veinte años tenía Juan Díaz Covarrubias al ser asesinado. Es probable que su obra -la poética sobre todo- mues-

Libros

89

tre signos de inmadurez, que el estilo de su composiciones parezca defectuoso y que no logre una gran calidad literaria
mas lo t:ierto del caso es que en ella se muestra lo que podrí~
haber realizado, porque, como de él dijo Francisco ZarC'o,
"sus poesías reYelaban un alma pura, sensible :r ansiosa de
gloria".
·
Su prosa de creación es menos endeble v ·no sólo eso sino
hasta vigorosa y plena de un contenido ;ealmente vaÍioso.
Para_ d_emostrarlo, ali~ _está lo que cuenta en Impresiones y
Sentumentos, La sens1t1va y La azucena y la. violeta a más
d~ las novel~s . Gil Gómez el Insurgente, La clase media. y El
diablo en Mexico, cuya factura es realmente magnífica.
ClPmentina Díaz y de ÜYando es merecedora de los más
cálidos elogios: su estudio preliminar y la edición de las
Obras completas de Díaz Covarrubias, está heeho no sólo con
cuidado sino con un amplio sentido de la responsabilidad del
que sabe ser buen crítico.
Raúl Villaseñor

El origen de las especies, por Charles Darwin traducción de
Antonio Zulueta, estudio preliminar de Juan' Comas. Direcc1011 General de Publicaciones. UN.AM. 1959. XLVIII 280
r :300 pp. ( Colección );'\1estros Clásicos X o. 13, 2 tom~s).

Es probable que a esta~ alturas sean muy pocos los que
aferran a negar una certidumbre: la de la evolución biológica; esos pocos están cercados más que por los prejuicios
-c\ne &lt;.'Uen!an mucho- por una cerrazón a que los conduce
la 1g11orancia, porquE&gt; hace ya muchísimo tiempo que los sostenedores más autorizados de la causa eficiente, quienes alient~n. ~n el supuesto de que el universo está regido por la
dn-mH~ad, a~•a_tan como perfel'tamente compatibles con las
creencias religiosas todo aquello que la ciencia ha ido poniendo al descubierto r&lt;'specto al lugar que el hombre ocupa en la
escuela de la Yida, Q_orque saben que no hay contraproposieión entre la verdad probada y la verdad que se erige por los
caminos de la fé.

l'-C

Lo asentado en las líneas precedentes es tan obvio, que
no se necesita ni siquiera intentar su demostración; Yiene al
easo &lt;·orno simple entrada al tema que se suscita con la lectu-

�90

Libros

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91

desconocen, que en la historia ha operado siempre la casualidad, el sino. ¡ Qué hubiera sido de la humanidad si Napoleón hubiera ven&lt;:ido a Waterloo ~ Si Enrique VIII en yez de
reeibir la Corona Inglesa hubiera asumido la Española? Salta
a la Yista que lógicamente la historia sería otra. Esta es precisamente la falta de los historiadores todos que, con su afán
de sistematizar, dan una idea fría, estática, en donde las épocas producen sus hProes cuando les son necesarios y aparecen pueblos enando los otros entren en decadencia. La historia es el dominio de lo espontáneo. ¡, Quién hubiera previsto la actitud de un Rosseau, de un ::\Iahoma, cuando eran
pequeños? Las cfrcunstancias formaron los hombres y estos
hacen la historia, la Yiven y necesitan comprenderla.

ra de una obra de suma importancia -El origen de las especies-, con cuya edición la UNA11 se asocia al pri~er centenario de su primera aparición. Como mero corolano de lo
dicho en el párrafo inicial de esta nota, cabe repetir lo 9.ue
el autor del estudio preliminar, -el doctor Juan Comas asienta de manera atingente: "Debemos dejar claramente asentado que si bien a través de la historia ha habido períodos
en los cuales existió evidente antagonismo entre religión Y
evolución, y más aún entre los adeptos a una y otra_ d~ctrin~,
en la actualidad se ha llegado a una indudable comc1deuc1a
a ese respecto ...", como lo comprueba con la presentaci~n
de los testimonios de preclaros investigadores, que al prop10
tiempo son altos exponentes de la jerarquía eclesiástica, como son los del Dr. John Cooper, profesor de la Catholic University of America, el padre 'reilhard de Chardin, el abate
Henry Breuil, el cuerpo docente de la rniversidad Pontificia de Comillas, España, y la encíclica Humani Generis, del
Papa Pío XII, de 1950.
La lectura de los dos tomos de El origen de las especies,
se realiza con tanto o más facilidad que la existente para leer
una novela de aventuras, porque en ella se encierra, también
la increíble aventura de una verdad que hubo de demostrarse.

Viene a consideración todo lo anterior con motivo de la
edición que se ha hecho de "La ciencia en la historia", primer
tomo, obra debida a la clara inteligencia del profesor John
D. Bernal. No se trata -como podrían pe11sar muchos- de
una nueva historia de la ciencia, sino de un completo estudio
sobre el significado social que a través del desenvolvimiento
humano ha tf'nido la ciencia. En su trabajo, traducido directamente por Eli de Gortari, el profesor Bernal considera
a la ciencia en el sentido más amplio y dejándola en plena
libertad de definición, haciendo todo lo posible por abarcar
en la brevedad todo lo que se relaciona con la ciencia; su desenvolvimiento, su influencia y sus actitudes respecto al ser
humano y al uniwrso.
I. R. F.

Raúl Villaseñor.

La ciencia en la historia, por John D.

Berna!. Traducción de
Eli de Gortari. Dirección General ele Publicaciones. UNAl\1.
1959. 622 pp. 10 figs., 4 mapas y 5 cuadros. (Colección "Problemas Científicos y Filosóficos". No. 14).

Más humano que divino, por William Spratling, prefacio de
Gordon P. Ekholm. notas arqueológicas jJfonso ::\Iedellín Zenil; fotografías, Manuel Alvarez BraYo. Dirección General
d(' Publicacio11es. rXAl\1. 1960. (30 pp. 20 ilustrs. 64 láms.)

Al hablar ele la historia Oswald Spangler sostiene que
no podemos seguir pensando que la historia universal ha
tenido como escenario a Europa y entre bastidores a algunos
pueblos de Asia y Africa cercanos al Mediterráneo. Pero aún
más -y esto históricamente ahora lo hemos hecho, que la historia o la ciencia, siguiendo una ley ele casualidad, se circunscriban a períodos estrictamente delimitados de un acontecimiento a otro, estabilizándose y haciéndose un tanto más
incomprensibles.
Esta es la historia universal que se nos ha enseñado. Todo
allí ha aparecido necesariamente a sistemas semejantes a los
de la historia natural. Se ha desconocido, y hasta algunos lo

Un buen retrato es siempre la magnífica dC&gt;scripción de
una persona en un intento dado o en una época precisa. Para
el caso, es igual la obra maestra de uno de los genios de la
pintura, que una efigie sin retoque salida de una buena cámara fotográfica: en ambos hay la reYelación de aspectos
individuales que escapan cuando son vistos de otra manera,
porque el artista tiene la virtud de captar lo que acaso nunca
se adYierte con la mirada, común y corriente. •

•

�1)2

Libros

Piénsese en las obras de un Velázquez, de Rafael, de Leonardo, de Boticelli, de Lippi, de José Clemente Orozco o cualquier otro genio del arte pictórico; recuérdense las fotos de
gente conocida o las propias que han sido hechas sin afán
mercantil; habrá de convenirse en que han causado más de
una sorpresa. Pero estas líneas no intentan que nadie realice
comprobaciones sin objeto alguno; se proponen recurrir a la
experiencia de cada quien para concordar un hecho del que
todos han sido testigos, a fin de establecer el lazo comunicante que informe acerca de un grato e interesantísimo encuentro.
lilas primero debe establecerse el punto de acuerdo y éste es por de más muy sencillo; es casi una verdad de perogrullo: que el retrato entrega los caracteres peculiares de un instante y de una persona, o de una persona en un instante determinado. Que gracias a él sábese si se es jovial o adusto;
agrio o dulce; suave o violento; o si se estaba alegre o preocupado; feliz o infeliz; presente o ausente, etc., etc.
·
Salvo en lo que se refiere a los condicionantes de la manera de ser, nadie que de verdad exista se encuentra siempre
con la misma presencia de ánimo. De reperte está de un modo y luego de otro y otros, pues sólo lo inerte no cambia
jamás. Lo humano no se concibe como inalterable porque está sujeto a modificaciones emotivas o sentimentales, no obstante la persistencia de lo que es el carácter. Así, el hombre
fluctúa entre lo bueno y lo malo; el placer y el dolor· la ira
y la mansedumbre; la alegría y la tristeza; etc., etc. '
Eso explica que a lo largo del tiempo -tal vez en todo
tiempo de culturas y no nada más en la occidental-, se
configuren colectivamente instantes de anhelo o nostalgia situados en un más allá espacial o temporal, en los cuales no
hubo ni habrá rencillas, maldad, ira, violencia, odio, rencor,
ni nada susceptible a romper una suave y dulcísima existencia, que reciben el nombre de cielo y de paraíso y perfilan
1a famosísima edad de oro que tanto logra el ilustre don Quijote.
Pero también se han propuesto los lugares de bienaventuranza situados dentro de la propia tierra. Esto se ha hecho
en todas las épocas y sobre todo a partir del Siglo XV, después de que Cristóbal Colón se topó con lo que ahora se llama América y a la que los humanistas, como expresión en
que se vertían los más caros deseos de felicidad, denomi11aron sustantivamente como el Nuevo Mundo.
De una obra de reciente publicación, se desprende que
Utopía -ese lugar que no está, que no es- , hallábase ubi-

93

Libros

' ¡

cado en territorio de México. Los testimonios en que se
sustenta esta afirmación son, documentalmente, de la misma
naturaleza plástica que los retratos pictóricos y fotográficos,
pues se trata de figurillas de cerámica cuyos rostros lleYan a
pensar cómo eran sus poseedores, ya que, probablemente, sus
autores se hallaban plenamente saturados de una realidad
que los condicionaba, porque pertenecían a un pueblo "sencillo, humano, lleno de alegría, con un gran sentido doméstico
dueño de su destino ...", que habitó en la porción centraÍ
de la costa del actual Estado de Veracruz.
Que la vida de esas gentes era feliz es algo menos que inconcuso: sus piezas arqueológicas r epiten invariablemente carillas sonrientes, con una expresión plena de una euforia que
nada más puede darse cuando no existen envidias y carencias
pues el mal no había hecho su aparición entre ellos y eran lo~
moradores de un lugar de deleites y bondad absoluta: la Utopía de los sueños de felicidad humana.
Por eso William Spratling dió rienda suelta a su imao-inación y concibió esta obra con un nombre sino-ular: 'Má.'3
humano que divino; lo hizo, porque es seguro que° piensa que
e~ hombre ~s bueno por naturaleza y que son las preocupa&lt;;1ones ulteriores las que no llevan a no serlo, y también será
esta una gran verdad incontrovertible para quienes tengan
el pla_cer de mirar el libro, si con limpio corazón y mente
despeJad~, _abondonan las presiones de lo cotidiano y compartrn la felicidad que tan generosamente se les brinda.
Raúl Villaseñor

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1960, Segunda Época, Año 3, No 2, Abril-Junio </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Ario Garza Mercado</name>
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        <name>Arte moderno checo</name>
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        <name>Bergen Evans</name>
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        <name>Cuentos japoneses</name>
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        <name>Filosofía de José Vasconcelos</name>
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        <name>Henri Dumazeau</name>
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        <name>Libros</name>
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        <name>Takakuni Minamoto</name>
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                    <text>Revista de la Universidad de Naevo Le6■

Germán Seijas-Román, "Crítica Frente a Utopía" •
Seymour Menton, El ompre der y Apreciar Nove-

las • Juanita Sorian ,

'

de Mutiladas Azuce.
Carácter Específico

del Barroco Checo • J os'
en la Obra de Alfonso R es

Luis Horacio Durán,
elo Botello, De la Fiardenal, Dos Poemas

• Hans Meyerhoff,
Rangel Guerra •

one Weil • Alfonso
.....,__ a Alfonso Reyes •

Libros

A~O 3/Segunda Epoca

JULIO/ SEPTIEMBRE DE 1960

��i\RMASY~
REVISTA DE I1A UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Revista de la Universidad de Nuevo León
Rector:

Revista d&lt;' la Universidad de Nuevo León

ARQ. ,JOAQUlN A. l\fORA
Año 3, No 3

Secretario General:

,Tnlio/ Septiernbr&lt;' dr ]960

Segm1da Epoca

LTC. ROQUE GONZ,\LEZ S~\LAZAR

SUMARIO

Departameno de Extesión Universitaria:
LTC. ROGELTO VILT1ARREAL

Germán Rrijas-Rornán, Crítica Frente a Utopía. ...... ...

Director de la Revista :

5

Seymonr :\frnton, El Comprender y Apreciar Novelas . . . . 13

LIC . .TTJAN ANTONIO AYALA
,Juan ita Soriano, D:trás de Mutiladas Azucenas.. ... .. ..

21

,Jaromín Nenmai1, El Carácter Específico del Barro::o

Checo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
Josr IJUis Martínez, Los Ciclos en la Obra de Alfonso Reyes 35
(Registro en Trámite)

Precio de Suscripción:

Dirección:

UN A1'í0 ( cuatro números)

·washington y Colegio Civil

En México: Veinte Pesos

:\IONTERREY, N.

Otros Países. Dos Dólares

México.

Luis Roracio Durán, Tres Sonetos Marinos . . . . . . . . . . . . . .

41

Consuelo Botello, De la Filosofía Mexicana. . . . . . . . . . . . . .

45

Ernesto C'ardrnal, Dos Poemas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59

L.
Hans l\feyerhoff, Crítica a Simone Weil...... ........ . ..

63

Alfonso Rangel Guerra, Palabras para Alfonso Reyes . . . . .

77

Libro~ ...... , , .............................•..... . . 81

�Germán Se1jas-Román / CRITICA FRENTE A UTOPIA
"La inteligencia analítica produce
efectos corrosivos sobre las creencias".
Salvador de Madariaga.

A Enrique 'rierno Galváu
Catedrático de la Universidad
de Salamanca.

l. LAS UTOPIAS COMO IDEALIDADES

LA

impresión que produce una utopfa,
de acuerdo con sus propia estructura, es la de idealidad.
Idealidad lleva en si varios conceptos que pueden desglosarse. El primero lo haríamos sinónimo de teórico, en
cuanto a construcción que hace abstracción de la realidad.
EL segundo se refiere a su valor ético. Estas dos notas de
teoría y ética, fundamentan, a nuestro entender, cualquier
utopía. Preguntémonos ahora el por qué de una utopía. El
punto de partida suele ser éste : El hombre frente a la realidad. La realidad es algo que el hombre ordena, teoriza,
moraliza, etc. Si esta realidad, que es básicamente realidad
social, no satisface al hombre, éste puede someterse, atacarla
o rebelarse.

'

i

..

Estas tres posturas, (las dos primeras anverso y reverso),
implican disconformidad, producto de una crítica, de una
crisis entre formas. El no-crítico, lo por con-forme o deforme, ( este término adquiere mayor expresividad en el caso
genitivo, es decir, que es de la-forma), y para éste haya poca
posibilidad de &lt;lis-conformidad. Para él, si se me permite
el neologismo, conformidad es con!ort-midad. Para el que ¡;e
somete existe una primera fase de la crítica, porque el que
-5-

�o

Crítica Frente a Utopía,

i:;e somete está versus la realidad, ésta le es ad-versa. Su
crítica está contra la realidad y si ésta es más fuerte, tendrá
que adoptar una posición negativa. El que ataca y no acata
trata de llevar su contra al camino positivo. A éstos se les
ha llamado erróneamente rebeldes. El que se rebela pasa
a una crítica más profunda porque el verdadero rebelde no
está contra la realidad, sino frente a una realidad y a su
routra. Su estructura mental ha dejado de ser aristotélica y
más en consonancia con la lógica de Lukasiewitz, es decir,
la lógica de más valores que la de dos proposiciones contradictorias. El intelectual suele ser un rebelde, está en rebeldía hasta con las contradicciones de la realidad, es una
especie de hom.me revolté a lo Camus. Alcanzar en la posición crítica este estadio de homme revolté no suele ser
muy frecuente. Recordemos que en arte, p.e, se habla de
crítica constructiva y destructiva, para referirse a algo que
no es crítica, sino dos posiciones encontradas, basadas en el
primitivismo de que si no se está con algo se está contra algo.
En el campo de la política este principio aristotélico ha tenido
gran aceptación, sobre todo en los r egímenes totalitarios o
teológicos.
Ante la problemática aquí enunciada, la utopía trata de
responder a una necesidad de re-forma. Aquí está el mícleo
de la utopía como respuesta ideal a una realip.ad. Respuesta
teórica y ética. Hasta ahora nos hemos desentendido de
a ~gunas bases sobre las que podrían colocarse los fundamentos, o esas notas que decíamos ser el núcleo de una utopía,
porque, ¿ qu{&gt; interés tengo yo en criticar la realidad 1 Se
puede calificar tal interés, si existe, de teórico y ético?.
Entendemos que esto sería confundir las características
de la utopía con mi actitud utópica. Mi interés es Yital,
t'l de mi propia vida tal como yo la acepto. Pero no siempre
sucede así, puesto que a wces el hombre no sirve a sus
propios intereses. Existen hipotecas. Por ello se oye decir
que algunos ideales son intereses disfrazados. Hoy cuando
juzgamos las utopías las vemos bajo · un punto de vista estético, sin intereses. Por ello se debería intentar un análisis interesante de las utopías. A este respecto pensemos en
los intereses de la República, De Monarquía, de la Civitas
Dei, El Príncipe, El Contrato Social, El Manifiesto Comunista, Rerum N ovarum, etc.

2. LA UTOPIA COMO PARADOJA.
Por su eticidad la utopía se presenta como deseable, y
aquí radica lo paradójico de las utopías, puesto que una
paradoja es una doble contradicción. La idealidad de la

Gennán Seijas-Uomán

7

utopía, apuutábamos, surgía contra la realidad, contradi~iendo, (primera contradición), pero en cuanto el esquema ideal
se realizase contradiría la idealidad ttne supone toda utopía,
(segunda contradicción). Esto se observa en las realizaciones
de algunas utopías. Recordemos algunas sobre los patrones
de Robert Owen, Charles Fourirr, Karl Marx, etc., en las que
la vida queda regulada y toda idea en contra prohibida y anatemizada, no quedando otra ética que la oficial. Las ideas utópicas cuando se realizan se dogmatizan.
El fenómeno mediante el cual una utopía se contradice
se encuentra en el proceso dialéctico de Hegel y se continúa
en Marx. Así, dada una realidad (tésis), la contra. genera una
utopía (antítesis), pero cuando ésta se realiza (síntesis), se
anula, así eu Hegel el proceso acaba en lo absoluto contra el
cual ya no hay antítesis. Igual sucede en Marx, donde el proceso dialéctico del agregado de clases y su lucha se sintetiza en
una "sociedad sin clases", es decir una sociedad sin dialéctica
de clases, sin antítesis, sin crítica ('1').
Ejemplos de estas situaciones paradójicas en las utopías
las encontramos en la literatura. Stefan Zweig en su libro
"Los Ojos del Hermano Eterno" pone como introducción un
proverbio oriental de carácter paradójico que será desarrollado en su obra. El proverbio dice en términos generales:
¿ Qué es el haber?, ¿ qué es el no-hacer?, a veces en lo más profundo de la no-acción está la esencia del acto. Zweig plantea
el problema de un príncipe indio que trata de ser justo en
su conducta. Obra primero como guerrero por creer que así
hace un bien. La muerte de un hermano suyo es el resultado
de una de las acciones guerreras. Por esto el príncipe decide
abandonar las armas y dedicarse a hacer justicia. En esta
actividad verifica que, aunque trata de ser justo, sus acciones
causan daños. Esto lo hace ir abandonando sólo a sus oraciones y meditaciones. Pero resulta que u11 día Yiene a ser perseguido por las mujeres de. un poblado. Sn buen ejemplo había sido seguido por muhos casados que para purificarse y
entregarse a la meditación a la meditación y a la soledad habían abandonado a sus familias.
Camus sigue una línea similar con estructura paradóji1·a
en "Les Justes". Pensemos en aquel diálogo entre Kaliayew
y Stephan cuando deciden que se ha de matar al Gran Duque
por el bien del pueblo, y he aquí que nuestros personajes riñen más tarde porque al fallar el atentado debido a que había
niños y personas inocentes cerca del Gran Duque que podían
(•) Esta nota sobre el fracaso de la dialéctica esboza una Idea del
Profosor Tierno Galván recogida en una lejana conversación en
Madrid.

�8

Germán Seijas-RomáJJ

C1•ític1t l&lt;'rnntc a Uto¡&gt;ía

mostró bien claramente, que rl orden so('ial y el progreso se
mantuvo cuando se desdivinizó al emperador, y lo que es más,
su respeto como líder del pueblo japonés siguió manteniéndose.

tJer alcanzados por la proyectada bomba, uno de los revolucio-

narios dice que no le importa las muertes que cause con tal
de lograr su objetivo, con lo cual el personaje en cuestión cae
en un modelo de tiranía parecido al del Gran Duque que pensaba destruir.

Pero pasemos a una mayor concreción sobre las utopías
no realizadas. En esta dimensión encontramos bastante producción intelectual. El punto de partida suele S('r el drsear
cierta etiqueta utópica, técnico-ética frrnte a una realidad
que tiene mucho de tragedia. El partir d r una realidad trágica
es bastante objetivo, puesto que las guerras, las injnsticias y
las iunovaciones técnicas han sido de considerable efecto sobre
los patrones de conducta social. Surge la utopía eomo propuesta: y casi como desesperación, porque si la eonducta social ha cambiado, también se ha transformado la actitud
psicología; tragedia, angustia, náusea, suicidio, complejos,
histerias, etc., son las etiquetas de mayor circulación a este
respecto.

Quizás estos dos ejemplos literarios parezcan bastante
teóricos, pero veamos que esta mentalidad se da incluso en
actividades muy diversas. Pienso como ejemplo bien lejano de
la literatura, la Urbanística, mediante la cual se norma la
futura vida de una colectividad por patrones que ahora nos
parecen aceptables, pero que más tarde, ganen o no aceptación, regularán muchas conductas y estilos de vida.
Para resumir, diremos que las utopías valen cuando no
pasan de su idealidad, luego que pierden su carácter teórico,
pierden su ética y por tanto su deseabilidad, pues tratan de
convertir en dogma perpetuo lo que ha sido opinión temporal.
La utopía como paradoja se llama dogma.

3.-LAS UTOPIAS NO REALIZADAS
Nuestro siglo en los 60 años escasos que tiene, está lleno
de mitos, de sangre, de técnica, de hambre y, afortunadamente, de utopías no realizadas. Desgraciadamente, algunas utopías han sido intentadas en la realidad, todas bajo el símbolo
de las dictaduras. El mito ha sido la "working-idea" en la
realización de las utopías. Bajo estas circunstancias, el mito
adquiere carácter de dogma, y 110 se admiten opiniones. Opiniones, en el lenguaje dogmático quiere decir oposiciones. Esta actitud irracional encuentra sirmpre como vehículo lo
emocional, y de estas irracionales premisas, emocionalmente
aceptadas, tras un hábil o rudo proceso de indoctrinación
se puede deducir cualquier conclusión antisocial: siberias,
inquisiciones, cámaras de gas, etc.
La vía irracional, emocionalmente aceptada, corre el peligro de una racionalización posterior, porque cuando una
utopía ha logrado mantener algún mito, este empieza a consolidarse y a convertirse en un uso social más, raramente cuestionable. Así, cuando la esclavitud, se ponía como razón para
continuarla, que la liberaeión de los esclavos sería perjudicial
a la sociedad, que quien iba a trabajar, y que aunque un
trabajo posterior se garantizase, como se iba a pasar, de
repfüte, a tal tambio, etc., etc. Afortunadamente, la realidad
fur bien satisfactoria, frente a toda razón. Un caso relativamente recirnte de desmitización fue el operado en el Japón
con el cambio del status del Sr. Hiro-Hito. La realidad de-

o

.,

En esta sociedad en cr1s1s, (otra etiqueta más), las ntopías son doblemente críticas, son redundancias, porque si la
utopía presentaba un cierto grado crítico, ahora es crítica a la
utopía, algo así como utopía contra utopía, una especie de
Utopía-Vacuna. De este tipo de utopías preventivas son las
de Onvell eu su "Animal Farm", o, "1984", donde no se postula ya la ntopía, como sucedía en las Utopías-Mitos, (realizables o realizadas ), sino que se protesta contra la utopización de una sociedad futura. Y es que estas utopías se prodn_cen, como diría . Ortega y Gasset, radicalmente, desde la
ra1z, que es el prop10 autor. P ensemos en Orwell, luchando en
la ~uerra de España, o en Arthur Koestler a punto de ser
fusilado en las mismas tierras, viviendo su propia "Darkness at Noon".
Si al espectador la utopía se le presenta como deseable, al
radical se le aparece como indeseable. En este grupo de radicales figura Aldous Huxley, vacuuándonos contra las utopías técnico-éticas con su "BraYe N ew World", donde existe
una sociedad en la que los hijos nacen fuera del vientre de sus
madres y se les atiende científicamente, controlando con extremo cuidado la dieta de gestación para que sólo unas minor~as _alcancen un determinado nivel de inteligencia con la
fmabdad de mantener el equilibrio social.
Entre la autopías-vacunas hay una debida a Vasconcelos
titulada "México 1980" que no se caracteriza radicalmente,
ni por una actitud teórico-ética o una crítica a las ideas-dogma
o por un postular construcciones político-sociales que, al corregir, mejorarlas en las situaciones actuales.. La utopía en

�Germán Seijas-Román

CJ'ítica Frente a Utopía

cuestión está rncar~ada de temores y aun más. que de t~mores,
de miedos. Por(Jll(' el temor es duda,. probab1hdad. S1 el temor como probabilidad, amenaza, el miedo atenaza. A nuestro
entrnder parece que Vaf'coneelos tiene miedo d~ todo, una especie de miedo provinciano. Sn visión de México 1980 es un
México sovietizado con una Marx Square y un equema comunista-jndfo, entiendo que de habla inglesa, para completar
más su rolección de miedos.
En la utopía rrferida, a pesar de la intern~lización
existe un Dios una Nacionalidad y hasta una oratoria barroca. Total que 'en tal utopía no hay verdadera crítica.
Como final de este apartado y especialmente como contrapartida al ,resimismo _utópic? de v.asconcelos,. citemos el optimismo critico de Wr-1ght Müls. :M11ls ha realizado ha~e unos
pocos años una crítica sociológica de los Estados Umdos de
América en su libro "The Power Elite". Este libro es una
muestra' dr madurez de los americanos en cua_n to q':1-e se pe~·miten tésis de crítica frente a utopía, es decir de Elite (realidad) frente a Democracia (mito).
Es un libro que trata de criticar una situación, en vez ~e
mitificar ideas. El estudio de Milis viene a ser lo que Zweig
llamaría el derecho a la herejía. Pero lo mismo que toda herejía científica se llama progrE'SO ,la ~e:,ejía intelectual se
llama libertad. Es el triunfo de la op1mon sob~e e~ dogma.
Que buen ejemplo si en to~~s las 1~aciones, orgamzac1~nes polticas y religiosas se pernuheran libros romo el de M1lls.

4.-ZAHATOPOLK
En "Nightrnares of Eminent Persons", Bertrand_ Russell
refiere una utopía de las que podernos sacar c.01;1clus10nes ?e
cómo mantenerse frente a las utopías. Russell s1tua su Uto~ia,
(mejor diríamos su crítica), en Pei:ú donde pr~vc1:lece un ~mperio con su teolJgía, coi:; ~om~leJo de superio~1da~, racial,
etc. Existe ademas una 1 rnwrs1dad de Indoctrmac1on. Las
prácticas religiosas contaban ron sarrifici?s humanos a l~s
dioses. Un día, una de ~as muchachas elegidas para el sacrificio comienza a desindoctrinarse y es encarcelada. Su madre
trata de disuadirla de sus ideas para lo cual le da razones
emocionales, su padre le da razo~es útiles, pu~s. c.omo persona
de élite le dice saber qne en realidad los sacr1f1c1os no se hacen a los dioses sino al orden social. La muchacha se mantiene en sus opiniones y es qurmada en la hoguera. Años más
tarde un compañero de la víctima empieza a dudar Y tras
ciertos preparativos un grupo derroca al régimen Y hacen
saber al pueblo que aquellos dioses eran falsos. Pasa~os
muchos años el populacho toma aquel hombre por un dios.

..

11

Y aquí deja Russell su Zahatopolk. La lección que podemos
obtener de rsto, &lt;'S la de eterna crítica frente a utopía, porque en Zahatopolk se ve el iontraste entre el intelecto y el
sentimiento. En la masa o en el medio sociológico en general
la falta· de educación y de crítica los hace dogmáticos, apasionados. El intelectual, analiza, duda y a veces se libera
&lt;le miedos psicológicos de su ambiente. El hombre-masa es
esc!avo d&lt;' miedos psicológico'&gt; que todo lo más que puede
hacer con ellos es aceptarlos, y en algunos casos ruando los
esquiva uo puede evitar ciertos complejos de culpabilidad, que
rs la supervivencia de sus creencias. A wces se da en dejar
uua utopía, es decir unas creencias, para ser reemp!azadas
por otras, lo cual viene a ser una decisión de hombre-masa.

En todo esto la inteligencia analítica sigue estando ausente, por eso apuntaba no hace mucho J ung en su artículo
"God, the Devil and the Human Soul" ( **) " ... Funnily Pnough, self-eritieism is an idea much in vogue in Marxist countries; but there it is subordinated to ideologi&lt;'al ronsiderations and must serve the state, and not truth and justice iu
men's dealings with one another. Thc mass state has no
i1;1tent~on of promoting mutual understanding and the relationsh1p of man to man; it strives rather for atomización,
for the psychic isolation of the individual". La anterior cita
es un ejemp!o de cómo se puede indoctrinar en el área política a la crítica, (no analítica), de hombre-masa.
Ejemplos de indoctrinación religiosa los tenemos aquí en
México entre la pacífica y trabajadora secta Menonita de
Chihuahua, que debido a que sólo regaban sus campos con
rl agua que Dios les enviaba, estuvieron a punto de perecer
durante las époras de fuerte sequía. Afortunamente, una
pequeña crítica los sa!Yó cuando las autoridades religiosas les
p&lt;'rmitieron profanar la tierra e instalar bombas para riego.
En este caso gracias a la sequía perdieron un grado de indoctrinación en su utopía religiosa, aunque el pensamiento
general sigur siPndo masivo, utópico. Por aquella vez las
ueresidades vencieron a las ideas. Nuestra conclusión en el
momento de terminar, no lleva hacia ninguna doctrina no
deeamos ninguna doctrina, es escuetamente el título de 'este
escrito "Grítica frente a Utopía".

(••) ¡Jiá~~i~. en

"The Atlantic" en el número centenario de su

�Seymour Me11to11 / EL COMPRENDER Y APRECIAR
NOVELAS

EL

LEER novrlas es una ocupación
de señoritas ociosas, según el criterio del siglo XIX y desgraciadamente según el criterio de a1gunas de hoy día, pero
en realidad es todo lo contrario; lrrr novelas es una parte
rsrncial en la formación de nn individuo culto. A pesar de
ser muy agradable, encierra un gran valor pedagógico del
rnal voy a señalarlrs trrs aspectos distintos.

-1-

•

A.-Leyendo novrlas y cuentos, uno tiene la oportunidad de conocer íntimamente a miles de personas. Los buenos
autores penetran en la psicología de sus personajes con una
gran sensibilidad que ayuda al lector a comprender la conducta de sus familiares, de sus amigos y de sí mismo. Nosotros, en nuestro trato diario conocemos profundamente a
muy pocas personas, pero un novelista si presenta cierto número de personajes importantrs, penetra en la psicología de
cada uno, y así es que por medio de esas obras tenemos la
oportunidad de conocer una gran variedad de personas con
distintos prob~emas y con distintas reacciones a los problemas
que pueden surgir en la vida. Es más: por la gran variedad
de personas que en las novelas se nos presentan, logramos
comprender la manera de ser de personas a quienes jamás llegaríamos a tratar, personas de otras naciones, de otras razas
y de otras clases socfales. Los autores más importantes en
este aspecto de la novela, los que se han empeñado mucho
rn analizar la psicología de los personajes son: Stendhal, autor
de Lo rojo y lo negro, el ruso Dostoyrsky rn Crimen y Castigo,
la inglesa Georg Elist en Silas Marner, el español Uuamuno en

Abel Sánchez.
-18-

�El Comprender y Apreciar Novelas

B.-Además el Yalor psicológico, la novela es la mejor
manera de conocer profundamente la geografía humana y _la
historia de un país. Podemos e.studiar muchos libros de lnstoria, de cualquier época sobre cualquier país, y llegamos a
$aber perfe~tamente bien todas las fechas y todos los datos
y la5 causas y los resu~tados de cada guerra, pero captamo:-;
mucho mejor el espíritu de esa gente y de su época leyendo
novelas.
Uno de los acontecimientos más grandes y emocionantes
del siglo XX es la Revolución Mexicana. Sin embargo, no
hay ninguna historia de la Revolución l\[exicana que se acerque al sentido de la revolución que S&lt;&gt; presenta en la novela
Los de abajo de Mariano Azuela. Lo mismo para conocer
bien a los Estados Unidos en el período entre 1898 y 1930,
la novt&gt;la U.S.A. dt&gt; ,Tohn Dos Passos nos da una idea mucl10
mái-; exacta dt&gt; lo qut&gt; fut&gt; la vida en los Estados Unidos durante esos años que eualqui&lt;&gt;r libro dt&gt; histo1·ia.
En Hispanoaméric:a, El mundo es ancho y ajeno de Ciro
Alegría, pr&lt;&gt;senta !os problemas de los indios peruanos, dC'
una manera más prPeisa y más sensible quP un libro de, so &lt;:iología.
C.-El tercer valor de lePr novelas consiste en el placPr
estético qu&lt;&gt; se deriva de contemplar una obra de arte. Leyendo la obra podemos saborear las palabras y las imág-enes
que crPan 1os autorPs. En ese tipo de novela hay también
espP&lt;:ialitas: pl español Valle-Inclán en sus cuatro sonatas:
Primwera, Estío, Otoño e Invierno; el italiano D'Annunzio;
y en Hispanoamérica tal vt&gt;z Pl mejor ejemplo sea Pedro
Prado con su libro Alsino, que es una novela en prosa, pero
de una prosa sumamente poética. Aunque algunas nov&lt;&gt;la1-;
caben netamente Pn las gavetas rotuladas novela psicológica,
novela sociológica y novela artística, la mayor parte de ellas,
c:ombinan elementos de las tres.

-IIAhora, para apreciar una novela, hay que comprenderla
bien y para comprender una novela no basta con leerla
rápidamente. Hay que estudiar la novela, y hay que emplear
un método para estudiarla. Entonces ¡, cómo se aprecia una
novela?
A.-Primero vamos a pensar en el tema de la novela.
Después de leer toda la novela tenemos que pensar ¿cuál es
el propósito del autor? ¿Cuál &lt;&gt;s el tema principal?, y a veces
no es tan obvio como parece.

Seymour 1lenton

1;;

Por ejemplo, hay una noYela norteam&lt;'ricana de Stephen
Crane, The Red Badge of Courage cuya acción se desenvuelve
en la Guerra Civil de 1861-65. Algunas personas que leen
esta novela podrían decir que es una novela histórica, episódica, o de aventuras, pero pstarían equivocadas. El hecho de
que esté colocada la acción en !a Guerra Civil es pura casualidad, lo importante es que el autor presenta los pensamientos
y las emociones de un muchacho antes de entrar en la primera
batalla. Comprendiendo esto, entonces sí la novela tiene sentido, pero si uno insiste en que es una novela histó1·ica, queda
desconcertado ante la falta de datos históricos.
En cambio, si el lector cree que Fortunata y Jacinta de
Pérez Galdós es una novela psicológica, entonces queda defraudado, y prPgunta ¡, por qué metió Galdós a tantos personajes? y ¡, por qué dejó pasar tantos capítulos sin menció~
del protagonista?. Sólo dando ron la clave de la novela -la
presentación de la Madrid de mediados del siglo XIXuno puede comprender y apre&lt;:iarla.
A veces una novPla tienP un solo tema; a veces, dos de
i"'ual valor; a veces, un tema principal y dos o tres secundarios. Por &lt;'jemplo, pn Doña Bárbara, del insigne venezolano
Rómulo Gallegos, el tema principal es la lucha entre la civilización y la barbarie, simbolizada por sus personajes: Doña
Bárbara v Santos Lnzardo. Si ese tema fuera el único del
libro, no· valdría tanto como vale, porque en realidad hay
otros dos sub-temas de mucha importancia, constituídos por
la ludia interior de cada uno de los protagonistas. Dentro
de Doña Bárbara se desata la lucha entre la mujer sensual
que quiere sentirse mujer y la domadora de hombres, qm
quiere vengarse de los abusos que sufrió de joven. Dentro de
Santos luchan el hombre que heredó el carácter violento y
atrevido de sus padres y el hombre culto que estudió en la
Universidad de Caracas.
Partiendo del propósito del autor, hay que pensar cómo
contribuyen todos los otros elementos al cuadro total. Puede
haber muchas descripciones de la naturaleza, cuadros folklóricos y relatos intercalados que parecen no tener na-da
que ver con el tema principal, pero sabiendo cuál es ese tema
principal, podemos explicarnos la función de todos estos elementos secundarios.
B.- Después del tema de una novela. hace falta examinar el arte de la novela, que se puede dividir en estructura y
estilo. Si &lt;:ontemplamos un edificio, sabem.os que el edificio

�16

l~l Compren&lt;le1• y A¡&gt;reciar Novelas

Seymour Menton

bonito .¡wro tambifo sab('mos qne su ('Onstrucción obedeció
a unos planos muy ('Xados drl arquitecto. Lo misn~o! si escuehamos una sinfonía podemos oÍl' con bastante facilidad la
reprtición de ciertas melodías, a veces ident_ificadas con un
instrumento u otro. Si contemplamos una pmtura, podemos
ver ciPrtas líneas que forman la construcción de la pintura.
Pues, ex~ctamente Jo mismo ocurre en la novela. Generalrne11te hay ciPrto NJU ilibrio ('ntre los personajes. En la novela
Doña Bárbara, por rjemplo; casi todos los personajes están
repartidos ('ntrp Doña Bárbara y Santos Luzardo. A veces, la
novela sp divide pn partPs qur pueden tn1er el mismo número
de captítulos pero a veers, no, por ejemplo en el caso de
Los de Abajo las tres partes rorresponden a tres períodos
históricos de extensió11 desigual.

C.-Después de leer una novela tenemos cierta impresión,
pero hay que indagar cómo el autor logra esa impresión. El
estilo para ser bueno tiene que corresponder al tema aunque
cambie dentro del mismo libro. Para darles un ejemplo muy
obvio, Gallegos cambia de estilo, a veces de capítulo en capítulo, para captar la presencia de sus dos protagonistas a.ntagónicos.

&lt;'8

,.

Eduardo Mallea, el argentino, emplea este truco para
Cl'ear el ambiente existencialista de la falta de compr ensión
entre los hombres de hoy día. Luego en el estilo tenemos
que examinar el vocabulario.
3o.-¿Cómo es el vocabulario del autor? ¿ Culto o popular 7 Aquí tienen ustedes el contraste en Costa Rica entre
Ricardo Fernández Guardia y Magón que a veces pueden
tratar el mismo tema con distintos resultados y distintos
puntos de vista. ¿Hasta qué punto · usa el autor términos
extranjeros? Los de 1900 empleaban muchos giros franceses
para lucir su cultura frente a la "barbarie" de sus compatriotas. En cambio, los autores de 1930 se empeñan en cultivar el vocabulario regional.

En Alma llanera, de Edelmira González, el lector queda
desconcertado ante el r&lt;;furrzo de la autora de crear dos protagonistas. El lector queda desconcertado porque la novela
no está bien planeada.

La belleza de una obra nos conduce al último punto de
nuestro análisis: el estndio del estilo.

Entonces cómo se describe el estilo de un autod, ¿qué
cosas hay que examinar? Los párrafos: lo.-¿ Son largos o
breves! En la Argentina, los párrafos casi siempre son largos, en Costa Rica los párrafos son muy breves. Vean ustedes
los libros de García Monge, por ejemplo.
2o.-¿Las oraciones son breves o largas para corresponder al tema t Si son largas, ¿ cómo están construidas- A
veces, se prolongan sólo con la palabra "y", que recuerda el
estilo de la Biblia. El autor puede emplear esta construcción
para crear una impresión épica. Otra manera de prolongar
las oraciones es el punto y coma ( ;) suprimiendo la palabra
"y".

Luego liay que hablar dP los capítulos. Si el autór está
manejando un mundo completo de muchos personajes, generalmente · los alterna. Es decir, en un capítulo puede presentar d trma princ: ipal ron los protagonistas pero entonces
si vr que está ponirndo demasiado énfasis rn el tema principal y quiere dar un p('qurño descanso al lector, presenta un
capítulo folklórico con pprsonajes secundarios. Si el autor
qiere desarrollar la psicología de cierto número de personajes,
no purd(' prrderlos de vista. Pnedc dejar pasar dos o tres
capítulos sin mencionar un personaje, pero tiene que pensar:
"tengo que traer de vnelta a este personaje". Si no, el personaje no resulta y a vrces es señal de una mala novela.

El autor de una buena novela siempre refuerza su estructura con dos tipos de "arboantes" : las alusiones a lo que
pasó en los capítulos anteriores y las insinuaciones de lo que
va a pasar después. Aquí urge hacerles una advertencia, que
el hecho de estar bien construida no quiere decir que la novela
sea buena. Para escribir una buena novela se necesita el genio
espontáneo del autor, el grnio que le permite penetrar con
gran sensibilidad Pn la psicología de sus personajes, el genio que
le permite captar los grandes panoramas sociales, y el genio
que Ir permite crear la belleza.

17

.

"

4o.-Hay que ver qué tipo de palabra usa más el autor.
El español Azorín es "sustantivista". Hombre de poca acción
y de una gran sensibilidad, Azorín describía todos, todos los
objetos que veía en un cuarto . .. En otros autores como Hemingway, predomina el verbo. Otros autores, como Enrique
Larreta prefieren más el adjetivo.
Esto no quiere decir que se pueda escribir un libro sin
sustantivos, sin verbos, o sin adjetivos. No, pero sí quiere decir que algunos autores logran crear su obra de arte mediante
la atenGión especióal dedicada a uno de estos tipos de palabras.

�,.

18

Seymour :\Ienton

El Comprender y Apreciar Novelas

5o.-Una de las cosas más bonitas del estilo es la creación de imágenes que se pueden dividir en símiles y metáforas. Un símil es una comparación en que está presente la
palabra comparativa, "como", "parece", "al igual que", "La
lluvia cayó como una granizada". La metáfora es más atrevida porque suprime la palabra "como". "El cielo comenzó a
disparar balas". Las imágenes, sean símiles o sean metáfo-'
ras, generalmente tienen dos efectos. Uno inmediato, es evocar una imagen que se puede captar en un momento para
ver lo que el autor quiere presentarnos, pero al mismo tiempo
puede tener un valor más trascendente. Por ejemplo, en Los
de abajo, el héroe está trepando por una colina y el autor nos
dice que está trepando como una hormiga. Esa frase sí nos
da una idea precisa del gran esfuerzo que está realizando
ese hombre para llegar a la cumbre, pero al mismo tiempo
dos o tres párrafos después el autor nos lo coloca encima
de la cumbre. Entonces ese símil, esa comparación dé la
hormiga adquiere otro valor, porque el hecho de haber comenzado como una hormiga y de haber terminado encima
de la cumbre, refuerza aún más la estatura heroica de Demetrio Macías.
60.-La repetición es uno de otros . varios recursos estilísticos. La repetición se aplica a frases, palabras, sílabas, y
a veces letras para hacer ciertos sonidos. Dentro de la repetición hay construcciones paralelas, el empleo de sinónimos.
El autor a veces dice: "el hombre está triste y abatido", para
reforzar la idea de la tristeza y también para ayudar al
ritmo de la prosa.

t

(

,.

9o.-El autor, a veces, si está describiendo mucho puede
interrumpir las descripciones con preguntas o exclamaciones
retóricas que rompen el ritmo de la prosa.
100.-El diálogo se emplean en la novela para varios
fines. .Algunos autores emplean mucho diálogo para captar

el espíritu de la situación que están describiendo. Otros lo
emplean _para captar el color regional. Algunos, sobre todo
los del siglo XX usan el diálogo para revelar muchas cosas
acerca de lo_s personajes. En el siglo XIX, la mayor parte
de los ~o.vehstas, al presentar a un personaje, antes de que
le, p_ermitieron actuar, se sentía obligado a darnos dos o tres
pagmas llenas de datos biográficos. Los autores del sie1lo XX
no proceden así porque ellos creen que cuando se c;noce a
una persona no se examina su historia clínica. Primero, llegamos a conocerlo y cada día vamos sabiendo más detalles
de su vida, por. medio del diálogo. Algunas veces, el diálogo
se emplea para mterrumpir descripciones muy largas.
Después de examinar todo eso de analizar una novela
'
ustedes van a decir que yo les he quitado todo el gusto de leer
novelas. No es cierto, es todo lo contrario. Se puede apreciar
una novela en dos o tres planos.
El primer plano es la persona que lee la novela comenzando_con el último párrafo para ver cómo resultó, pero para
apreciar verd~eramente la novela hay que analizarla y me
atrevo a decir que hay que leer la novela tres veces. Si
la novela vale 1~ pe~a, hay que leerla una vez tal vez para
captar toda la ~istorill;, otra vez para analizarla y una tercera
vez para apreciar la novela ya conociendo todos sus secretos.
-III-

7o.-La enumeración se emplea a veces con propósito
artístico. Miguel Angel Astudias describe en El Señor Presidente un montón de basura encima de un idiota que anduvo
vagando por todas partes y cayó ahí rendido. Al enumerar
cada objeto que está en la basura, Asturias no piensa darnos
un inventario sino abrumarnos con todo el peso que siente
ese pobre diablo encima.
80.-La aliteración, la repetición de ciertas letras para
crear ciertos efectos, se emplea para crear cierto efecto. "El
viento silbaba en silenciosa noche", recalca "si" que nos hace
oír el sonido del viento.

19

'

t.

.A pesar de que puede parecerles mucho lo que les he explicad_o sobre el análisis de una novela, todavía falta ·algo
muy importante. Es un acto indispensable el analiar una
novela en un vacío. Para apreciar más la novela, es indispensable conocer al au_tor eu el sentido más amplio. Hay
algunos rezagados del siglo XX, que al estudiar una obra de
arte, examinan profundamente la vida de un autor hasta el
punto de estudiar que cuántos hermanos tenía dó~de estudiaban, con quiénes se casaron y a qué lavandería llevaban
su ropa, per9 eso no vale. Hay que estudiar la vida de un
autor buscando los .datos que puedan ayudarnos a comprender s~1 obra. Por e~emplo l?s cuentos de Horacio Quiroga se
aprecian mucho mas conociendo la vida trágica del autor.
!ºd~s las perS?J?-ª~ que él quería murieron violentamente y
el mismo se smcido tomando cianuro.
Además d~ los datos personales, para conocer a un autor
hay q_ue estud,iar el ambiente literario en que vivió, dentro d~
su mismo pais y dentro de los movimientos literarios del
mundo. Por ejemplo si nos ponemos a estudiar a un nove-

�20

El Comprender y Apreciar Novelas

lista actual de Costa Rica, debemos conocer primero a los
autores anteriores, porque ese autor que está escribiendo hoy
día seguramente como parte de su cultura tiene herencia
novelística de los autores anteriores. No hay ningún autor
costarricense de hoy día que no haya leído las obras de Magón
o García iionge, pero al mismo tiempo el autor costarricense
de hoy día si estudia bien su profesión, lee todas las grandes
novelas del mundo, del pasado y de la actualidad.

fuanita Soriano / DETRAS DE MUTILADAS AZUCENAS
t

En Tres Sonetos

Entonces, para comprender y apreciar el producto final
de este autor, hay que examinar su obra de arte y luego
colocarla dentro de la perspectiva del ambiente costarricense
y dentro del ambiente mundial.

Universidad de Costa Rica, C. A.

Ley de las Olas.
está el mar y la voz de las gaviotas;
Más allá de azucenas mutiladas
palidez de agua y alas en re_motas
esfumaduras de aletear cansadas.
No sé si amor de río o ensenadas
-blancuras grises en fluviales notasceniza desvaída entre las rotas
nubes, alas y espumas agolpadas.

I ,

•

'

.,

Ahora en transparencias repartidas
transcurren en las sílabas de canto
y voz de mis estelas inoídas.
Y vuelven al papel -ley de las olascomo a los ojos el salobre llanto
y a los tallos sus rápidas corolas.
-21-

�Detrás de l\lutifadas Azucenas

22

Juanita Soriano

11

111

Imantado a un recuerdo, todo vuelve ...

El Fantasma del Mar

Es regresar por siempre, con cenizas
y consumidas rosas de dulzura ,

23

'

..

¡Oh fantasma del mar y de la gruta!
fantasma de la playa y el lucero,

el molde del amor que se apresura

fantasma de la flor, el pez, la fruta

a restituir pesares y sonrisas.

y

Visión fantasma en desplazadas brisas

Me retorna en el tiempo verdadero

toca al recuerdo entre la noche oscura,

fantasma del ayer. Mi luz disfruta

el amante que amaba la figura

invocando los duendes de la hirsuta

la evoca clara en líneas imprecisas.

región de olvido en intocado alero.

Así forja el rosal la nueva rosa

De polvo y aire y de calor marino

porque ha visto caer la que ha perdido

vuelve a formarse la remota cara

y conserva su forma misteriosa.

-sol tras la niebla en singular camino-.

Vuelve el color de una ola y otra ola,

Hombre del mar, fantasma sobre arenas,

azul del corazón del mar nacido

me maravilla tu presencia rara

verde en el ramo y rojo en la amapola.

detrás de mutiladas azucenas.

del azul en mar y sol de enero.

�Jaromin Neuman / EL CARACTER ESPECIFICO DEL
i.

.,,

BARROCO CHECO
•

&lt;

i;.-

EN

,

la historia del arte checo, el estilo
barroco y el gótico del siglo XIV son, sin lugar a dudas, las
épocas de mayor desarroll9 artístico, notables, no sólo por la
cantidad, sino también por la calidad de su producción,
plástica. Es más: el barroco queda siempre como un componente vivo de la tradición artística checa. En el arte
contemporáneo checoeslovaco, somos testigos a menuqo de
la tendencia de los pintores y de los escultores a buscar, en
sus obras más características y más típicamente nacionales,
una forma artística y una realización plástica que revelan
sus nexos latentes con el barroco checo. La percepción espontánea del fauvismo, del cubismo y aún de las tendencias
expresionistas de principios del siglo XX y el conocimiento
creador de todos estos estilos, estuvieron esencialmente influídos en Bohemia por una inclinación hacia la emotividad
barroca. Los representantes más originales del arte checo
moderno, el escultor Jan Stursa o, más tarde, el pintor Václav
Spála, no podrían interpretarse sin tener en cuenta el gran
pasado del arte baroco en Bohemia. Esta acción tan extraordi~
nariamente fuerte y pertinaz del barorco residía, ante todo, en
el hecho de que este estilo había adquirido en otro tiempo
una. gran base social en el país checo y había impregnado
completamente con sus principios formales y emotivos los
sentidos estéticos de la nación checa y marcado poderosa~
mente el arte popular. Sin embargo, todas estas indicaciones
no serían suficfontes para ,lar cuenta de la importancia histórica y de las cualidades específicas del barroco checo. Se
puede aclarar la cuestión todavía de otra manera. Cuando la
reciente exposición de arte gótico checoeslovaco en París,
se comprobó varias veces, por la parte francesa, que el arte
gótico checo revelaba de un modo exp~esivo rasgos barrocos.
-25..:....

(

�Jaromín Nemnan
26

27

El Carácter Específico del Barroco Checo

Es posible escuchar juicios análogos por boca de extranjeros
que siempre notan el carácter relativamente constante y localmente específico de las manifestaciones plásticas con mayor fuerza que la forma históricamente determinada. En
este caso, no se trata, en efecto, de opiniones subjetivas y
fortuitas. No es necetario, naturalmente, volver a llevar los
criterios del estilo barroco al arte gótico y de notar en cada
analogía formal una anticipación histórica del estilo siguiente,
Esto podría llevar a un malentendido y a una revalorización
no histórica, más que a una explicación científica correcta.
Lo que une al barroco con el arte gótico checo con rasgos
de otro carácter.
El arte gótico arraigó profundamente en Bohemia y
engendró una producción artística típica, que marcó muy notablemente la evolución ulterior de las artes plásticas. Este
arte influyó, en las medidas estéticas locales y en las ideas
plásticas, mucho más intensamente que el Renacimiento importado y menos acusado. Una importancia especial le tocó
al arte gótico florido, cuya expresión sensual y agitada, lo
mismo que la imaginación decorativa, correspondía muy de
cerca al medio y a la creación artística del país. La tradición
gótica en Bohemia, era, por otra parte, tan persistente,
que duró toda la época del Renacimiento: todavía al final
del siglo XVI y al principio del XVII, se erigieron en Checoeslovaquia, aunque esporádicamente, obras arquitectónicas
de carácter gótico. A.sí, el dinamismo y la insistencia patética
que el barroco italiano implantaba en los países trasalpinos
encontraron en Bohemia el terreno preparado para el avance,
y esos principios pudieron entonces partir de esta concepción
de la forma y de la materia que había nutrido por tan largo
tiempo el arte checo. Y no se puede explicar más que de esta
forma la razón de que un estilo impuesto de pronto en el
medio checo, como parte de la cultura católica extranjera e
importante medio de dominación espiritual del país, arraigara
finalmente y obligara a la operación local a realizar excelentes
obras artísticas. He ahí por qué el barroco checo está caracterizado por una sorprendente tensión dramática y por una
sed de infinito que nosotros no encontraremos, en tal proporción, en el barroco italiano que se había desarrollado a partir
del Renacimiento y que había sido alentado por el ejemplo
de las grandes obras de la antigüedad romana. Desde este
punto de vista, es posible comprender mucho mejor por qué
se logró en Bohemia la formación y el desarrollo de un tipo
especial de carácter histórico el barroco gótico. Este estilo típico crecía en virtud de una nueva concepción en la fantasía
plácida del arte gótico florido; creó, en las arquitecturas de

Giovanni Santini, obras originales a las cuales pertenece, en
.el _arte. ,europe?, un puesto de honor importante. Si la barroqmzac1?n ra~1cal de las iglesias góticas no dió nunca en
.Bohemia, la impresión de_ ser _artificial o forzada, es pre~isament~ porque en ella se smtetiza el resultado de una afinidad
.especial del arte gótico y del barroco entre nosotros.
El nexo de estos dos estilos ofrece, además otro aspecto
que no e~ fácil de cap_t~r históric~mente. Ya en' el arte gótico
:S~ _cumpha la formacion progresiva de una opinión artística
tipicamente checa, en su mentalidad y en su actitud hacia la
v~da. Fue ~uficie~te mostrar el _lirismo subyugante y melodioso que d~feren~ia las obras emmentes del arte gótico checo
•de las mamfe~tac10nes de estilo aparente en los países vecino~. Es precisamente en este sentido, que el barroco continuo desarrolla~do, en otras condiciones históricas y sobre
u.na base ?e. estilo nuevo, el proceso complicado de formación
y de crecimi~nto de. un arte nacional típico. Si los observadores extranJeros dicen que el arte gótico checo lleva un
.ace?to bai:r~co muy notado, esto significa que subrayan el
-caracter tipico de este arte y que indirectamente se dan
,cu:n~a también del colorido específi~o y nacional de '1as artes
:plasticas en conjunto.
Las circunstancias históricas en las cuales se ha formado
-durante el período del barroco el aspecto típico del arte
checo f~eron extremadamente desfavorables y penosas. A prime:ª _vista_, e! ~arro~o aparece en Bohemia como el fenómeno
.artistico h1storico mas paradójico.

,

Los siglos X~II Y. XVIII son, quizá, los períodos más tenebrosos de la historia checa, pues una presión feudal sin
.es~rúpul_os y la ger~fnización brutal amenazaban incluso la
-existencia de la nacion. La derrota de la revolución de los
Estados en ~ª, Montaña Blanca, que sometió los países checos
a la hegemoma de _los Habsburgo, perjudicó profundamente,
por sus consecuencias, a la cultura nacional. La clase diri.gente d~ la cultur~ nacional, en su mayoría no católicos, fue
perseguida y arroJada al exilio, mientras que la nueva cultura, llevada por una aristocracia extranjera decidida a explotar b!~talmente la ~umillación del país, ponía trabas a
l~s ~:adiciones progresistas locales. En lugar de una civihzacion y. una cultura humanistas, que empezaban a florecer
~n Bohemia aun en los medios burgueses, las fuerzas dirigentes de la nueva sociedad tenían necesidad de una cultura
..completament~ &lt;;l!stinta, capaz de reforzar, por medio de los
lazos de la rehg!~n, la nueva situación política y cultural. Se
-:trataba de modificar por completo )a mentalidad del pueblo

�28

,,

El Carácter Es1&gt;ecífico del Barroco Checo

-Y de arrancarle de sus antiguas tradiciones, las cuales parecían entonces heréticas; para uncirlo al carro de sus nuevos
dueños. La igleSia, ay_uoando de una manera eficaz a la Casa de los Habsburgo y a la nueva aristocracia, desarrolló una
vasta actividad de catolicismo1 y el arte barroco se convirtió,
en esta situación, en uno dé los principales instrumentos de
lucha por las almas, y aun a fin de cuentas, por el poder preponderante en el país. La Contrarreforma levantaba un dique ante la evolución nautral, puesto que había expulsado a
los más eminentes cultivadores de la literatura, la historia y
el pensamiento, lo que ilustra, de una manera demostrativa, el
destino del gran exilado checo Jan Amos Komensky ( Comenius). En estas condiciones, se podía esperar que de un momento a otro el arte de importación, extranjero por su ideología a la cultura checa, ahogaría completamente la creación
del país y defendería el proceso, ya iniciado en el pasado, de la liberación progresiva del arte nacional. Sin embargo, esta fue una prueba para las fuerzas creadoras del
medio checo que no pudo demostrar nada. En cambio, durante
ese mismo período se produce un fenómeno notable: las artes
plásticas, a las cuales eran favorables las necesidades y los
deseosos de los clientes ricos, suplían a las otras ramas de la
creación artística y cultural que se encontraban eucadenadas
por la Contrarreforma. En las manifestaciones artísticas se
concentraba toda la energía recogida y se expresaban también las ideas y los sentimientos populares. En este estado
de cosas, reaparecieron las inclinaciones típicas y las predilecciones artísticas que había desarrollado en otro tiempo el
arte gótico pero que el Renacimiento no había podido lograr
plenamente. Y por esto, el barroco no ha llegado a ser en
Bohemia lo que él debía ser originalmente, de acuerdo con
las necesidades de sus introductores: un medio artístico flexible de la Contrarreforma que demostrara la consolidación
ideológica de la supremacía feudal. Cierto es que como arte
dirigido y orientado, ante todo, por la aristocracia y el clero,
al menos en lo que concierne a sus más numerosas e importantes manifestaciones, se hallaba, como es natural, fuertemente influído por la ideología de estas clases, por sus necesidades y sus exigencias Cierto es también que participaba
eficazmente en la lucha de la Contrarreforma. Pero el contenido interior de las grandes obras del barroco era más rico
y más complicado. En este sentido, las artes plásticas diferían
mucho de la literatura que, después de la -pártida de la antigua
generación de escritores, llegó a ser un instrumento mucho
más pasivo de la nueva didáctica y no lo·g ró jamás cualidades
comparables a las de la arquitectura, la pintura y la escultura.

Jaronún Nenman

..
I

r

I

,

..

29

Al examinar la cuestión desde más cerca, se debe reconocer que ~l ~rte barroc~ s_ignificaba, ante todo, un grado más
alto de la imagen artistica de la realidad. Las condiciones
complejas de una época dramática, llena de contradicciones
sociales Y_ espirituales, enriqueció la experiencia artística con
la capacidad de r~present~r de una manera dramática y
penetrante los confhctos sociales y los sentimientos complicad_os de hombres quebrantados por los grandes cambios históricos, En el arte barroco se logró, no solamente una imaofoa0
ción estática en relación con la religiosidad de la época sino
también principios r_ealistas: este arte desarrollaba y ponía
en su punto la capacidad de captar las conmociones espirituale~ de} ~ombre Y_ de_ rep~·esentar, de una manera emotiva y
psicologica, su vida mterior. Durante toda la época barroca
se ~1acen visibles, b~j? la superficie de los rasgos de la época,
b_aJ? las fo:mas religiosas de la cultura feudal, opiniones artisticas y vitales que no eran corrientes en el concepto feudal
del esJ?íritu de las grand~s masas. Así se unieron la gran
potencia creadora del med10 local y un punto de vista característico del destino humano, propios de las experiencias vital~s y de la mental_i?ad del pueblo; y estos principios, adquirieron una expresion condensada en la obra de los artistas
más importantes. Si se . sigue de cerca el trabajo de las fig_uras más grandes del barroco checo, se descubre que, casi
siempre se oponen a la presión de las demandas religiosas convencionales, y, representaban, por el contrario, de una forma
muy notable las situaciones típicas y sin la mentalidad verdadera de las gentes de la época.
Un ejemplo de esta tendencia es, quizá, el fundador de la
pintura checa, Karel Skréta. Este maestro del siglo· XVII,
que estuvo en Italia y se familiarizó con sus centros artísticos
debió hacerse c~tólico para poder regresar a su patria y si:
tuarse -~º~º ~rtista e~ su lugar natal Pero, como pintor, no
r~nunc~o _Jamas a sus ideas, ni tampoco a su naturaleza artíst~ca origmal. . Se formó cuando todavía imperaban las tradic1one~ humam~tas ,Yi en su obra, se mantuvo fiel al aspecto
perspicaz y psicologic_o y al fuerte realismo, que ya estaban
preparados en Bohemia por la cultura anterior a la Montaña
~!anca. El arte italiano y la nueva cultura barroca le ofrec1_eron, ante todo, los medios de poder expresar su punto de
vista :personal sobre el mundo, que iba de acuerdo con el de
la sociedad checa. Por esto imprimió a su obra un carácter
nacional expresivo. Rápidamente influyó Skréta de una forma muf marcada en toda la producción pictórica de Bohemia,
en el ~iglo XVII, y, por la misma 'razón, no perdió su poder
atractivo.

�· Jaromín Neuman
30

31

El Carácter Específico del Barroco Checo

nos y, por otra parte, la corriente principal de una creac10n
artística cuyas ramas se desarrollan en el territorio nacional
del que interpretan las ideas. Esta corriente, muy débil al
principio, que se manifiesta sobre todo en obras aisladas, como las de un Skréta, y se va fortaleciendo cada vez más a
medida que el nuevo arte va arraigándose, reviste un aspecto
típico. A la larga, llegó a influir también en los emigrados
extranjeros que se instalaban en Bohemia, hasta el punto de
transformar el carácter de sus obras, haciendo de estas
últimas un elemento propio de la creación local

En el siglo XIX, favorecido por las nu~vas condiciones
históricas debidas al despertar nacional, el pmtor Karel Purkyne, pudo fundarse en el ejemplo de _Skréta y crear, sin v~nas tendencias historizantes y por encima de todo en el espiritu de la tradición local, un realismo checo moderno. Este
ejemplo ilustra sin duda, con bastante evidenia, que ~n el arte
baroco checo se realizó en verdad, a pesar de la presión de la
Contrarreforma, después de la primera mitad del si~lo XVII,
un proceso gradual de elaboración de un arte nacional. La
situación era naturalmente, muy complicada y todos los dominios del a:te no contribuyeron, ni en la misma medida ni
de una manera uniforme, a esta evolución. Así ocurrió en
la arquitectura, por ejemplo, donde predominaban los r ecién
llegados italianos, en que no aparecen las fuerzas loca~es hasta fines del siglo XVII. Es entonces cuan~o la arqmt~c~ura
comenzó a expresar de una manera convmcente y origmal
ideas artísticas especiales y las exigencias del ambiente local.
Cierto que el barroco checo estaba ligado por infinidad
de formas con el arte de Europa Central, que era parte de
él y que compartía rasgos comunes con el arte de la época
en Austria Alemania del Sur, y, sobre todo, Baviera. En
Bohemia t;abajaba una gran cantidad de artistas alemanes Y
austríacos, los cuales aportaron a las manifestaciones ar_tísticas
locales algunos rasgos importantes que no se pueden ignorar
o desestimar. Algunas obras plásticas barrocas creadas en el
territorio de Checoeslovaquia pertenecen, sin ningún lugar
a dudas al acervo estético alemán o austríaco, M. L. Willmann u{fluyó sensiblemente, con toda seguridad, en la evolución de la pintura en Bohemia, dejando allí numerosos
cuadros y también un sucesor muy notable: J. K. Líska; pero
su obra pertenece esencialmente a la historia del arte alemán.
Lo mismo que los grandes pintores de frescos del siglo XVIII,
como Rottmayer y, sobre todo, Maulpertsch, son, en las obras.
creadas en las tierras checas, representantes típicos de la
pintura austríaca. Esto no significa, en absoluto, como lo
quisieran los nacionalistas alemanes, que el arte barroco checo
sea en su conjunto un vástago o una variante provincial del
arte germánico. El observador libre de prejuicios podrá
comprobar que, a pesar de todas sus conexiones con las esferas limítrofes, el barroco de Bohemia se distingue por un aspecto propio que no se puede confundir con otros, que es inseparable del medio checo y de su carácter nacional. Es necesario, en efecto, tener en cuenta la diferencia entre las personalidades que trabajan entre nosotros de una forma transitoria, arraigados por la influencia y la naturaleza entera de
su obra, en el arte y la tradición cultural de los países veci-

Así, entre otros, el tirolés M. B. Braun nos aportó un
arte con las experiencias adquiridas en Italia, sobre todo con
Bernin, y este arte se desarrolló sobre la base de la gran tradición de los tallistas en madera de Austria y Alemania. Completamente aclimatado en Bohemia, Braun armonizó poco a poco su obra a las ideas y exigencias así como también al material propio del país, la gres. La tradición de la escultura local ya había cristalizado tan notablemente por entonces, que
no podía serle indiferente. Los rasgos de origen tirolés son
siempre perceptibles en él; pero por el carácter de conjunto
de obra, Braun pertenece por completo al barroco checo. El
medio local acogió con agrado su gran aportación al arte del
país, que continuó en este sentido a través de las obras de los
artistas checos que le sucedieron.

j

I

..

La familia de los arquitectos Dienzenhofer era también
de origen extranjero. Había llegado de Franconia ( comarca
de Alemania) y se había radicado en Bohemia, donde se formó
y unió su creación arquitectónica al arte local. Sabemos hoy
que la figura decisiva, que orientó en el barroco culminante a la
tendencia llamada radical, fue Giovanni Santini, hijo de un
italiano naturalizado en Bohemia. Aunque Dienzenhofer adquirió una gran parte de su bagaje en Austria, no se puede
concebir hoy el desarrollo y el carácter típico de su creación
sin la influencia de Santini. El arte de Dienzenhofer es5 por
otra parte, por completo diferente de la arquitectura de Austria, de la esfera bávara o de- la Franconia, y él mismo no
sabría designar mejor su estilo más que por el término tradicional, pero exacto, de barroco de Praga. El arte de Braun
y el de Dienzenhofer prueban muy bien lo que el barroco checo ofrecía ya a principios del siglo XVIII: un carácter específico y también bastante fuerza interior para asimilar las
diversas aportaciones extranjeras y para enriquecer, con su
ayuda, su propia gama de expresiones.
No debemos olvidar que, al lado de los artistas del género de Braun y de Dienzenhofer, decenas de figuras nota-

�82

El Carácter Específico del Barroco Checo

bles del origen local, o de artistas ya desde mucho tiempo
radicados en el país, trabajaban en Bohemia. Se trata sobre
todo de personalidades cómo el escultor F. M. Brokof, intensamente unido al realismo monumental, de la localidad; como
el pintor de cuadros religiosos y retratista Petr Brandl, que
desarrolla, nuevamente y a su manera, el mensaje de la: pintura checa del siglo XVII: o como V. V. Reiner, pintor de
frescos grandiosos, que mucho debía a Brandl y mostró tendencias artísticas parecidas. ¿Qué fuera tenían en esta épóca
los cimientos propios del arte checo ? El mejor testimonio de
esto nos lo da la obra de un contemporáneo de Brandl, el
eélebte retratista Jna Kupecky, que tuvo que expatriarse,
como protestante checo, y trabajar toda su vida en el extranjero: en Italia, en Viena y en Nuremberg. Viendo de cerca
los retratos de Jupecky nos apercibimos de que armonizan,
en sus rasgos principales, en las actitudrs hacia el hombre,
en la agudeza de la percepción realista y aun en la plasticidad del lenguaje pictórico, con la obra de Brandl, y se puede
aun seguir ciertos nexos de sus obras con la pintura checa
del siglo XVII, sobre todo con Karel Skréta. Algo parecido
se había ya presentado en el siglo XVII con la existencia del
magistral grabador Václav Hollar, que salió también del país
para trabajar en Europa Occidental, en Alemania, en Flandes Y sobre todo en Inglaterra. El mismo Hollar no solamente conservó, su conciencia nacional, sino que su obra lleva
rasgos de una observación objetiva y apasionada, que se manifiesta simultáneamente en Bohemia en el arte nacional puro
de Skréta.
Es muy difícil siempre encerrar en pocas palabras el
carácter específico de un arte. Aun es más arduo todavía en
una época tan complicada y tan llena de contradicciones, desde el punto de vista histórico, social y económico ; como fue
la del barroco en Bohemia. Pero si queremos, cuando menos,
hace¡ entrever su fisonomía general, nos es preciso arriesgar bastante en las comparaciones y generalizaciones simpli-.
ficadoras que, sin abrazar todas las facetas del aspecto completo del barroco checo, podrán por lo menos esclarecer sus
inclinaciones propias y sus matices de expresión. El barroco
checo es patético y apasionado, pero no convulsivo o estático
como el barroco alemán. No está fundado en esta medida
en la expresión subetiva, sino que se manifiesta en él un elemento de importante observación objetiva ,a menudo muy penetrante. Este arte agitado conservó siempre una propensión
a la objetividad y una consideración a la realidad cotidiana.
En el barroco checo no encontraremos la ligereza y el encanto del arte austríaco; no es tampoco un arte sentimental,

Jaromín Neuman

33

que no se completa más que en la expresión representativa y
en el ceremonial arreglado que encontramos a cada paso en
Viena. Tiene, sin embargo, una mayor profundidad de ideas,
posee una necesaria meditación y una amarga verdad humana, que hablan hasta ahora al espectador moderno y siempre lo persuaden. A este rasgo de objetividad se une un
rasgo plástico extremadamente emotivo; su sentido desarrollado por una forma en relieve y por un volumen denso en la
transcripción de las materias y en la configuración de los
cuerpos. Estos rasgos diferenciaron, por ejemplo, desde muy
temprano la corriente de la escultura local de las opiniones
diversas de los artistas llegados a Bohemia del extranjero
tanto limítrofe como más alejado. Y lo mismo ocurrió con la
pintura. Brandl insiste siempre en los grandes volúmenes
macizos; su pasión por el juego complicado de las luces y del
colorido sonoro no oculta jamás su gran predilección por las
f?rmas pesadas y expresivas, en cuyos conflictos y referencias se expresa el drama animado de su arte. En todas las
obras características del barroco checo, al lado del acento
fuerte y sensual, está sobre todo la imaginación lírica y melodiosa que nos atrae, diferente del arte de los países vecinos.
Aun en las escenas agitadas de los cuadros religiosos, se
descubren instantes de silencio lírico y también una lentitud
en la acción, cuando el relato se transforma en un canto
ferviente y la ruidosa g~orificación, en una plegaria sencilla
y emotiva. Y ahí percibirnos, al mismo tiempo, las cualdades
que han permitido, ante todo al barroco de Bohemia, influir
también en la imaginación del arte popular, encontrándose
él mismo alimentado y estimulado sin cesar por la evolución
de las ideas del pueblo.
Si hemos subrayado el carácter específico y el colorido
nacional del barroco en Bohemia no es solamente en consideración al acto de hoy. Los nuevos descubrimientos obtenidos
en Jl estudio
arte barroco ~olocan en el primer plano el
caracter espec1f1co de cada territorio de cada corriente y de
cada escuela nacional. No nos podemo; ya contentar con fó~mulas de estilo, de historia o de sociología, que simplificarían a
priori, 1~ ~iversidad del arte general de esa época, por un
modelo muco. El barroco checo, austríaco y alemán, como el
barroco mexicano o el brasileño, por el hecho de haber llegado a ser objeto de nuevos estudios internacionales recla. .
.
'
man con ms1ste1;1cia que sean respetados; no solamente por
sus a~pectos nac1on~les, sino también por la génesis histórica
especial de este estilo en cada país particular, la evolución
aparece completamente distinta en Italia o en España. Las
características artísticas originales del estilo barroco revis-

?~l

�34

El Carácter Especifico del Barroco Checo

tieron en todos estos países una importancia nueva, en la
medida en que llegaban a ser los medios de expr~sión de una
concepción artística específica, arraigada en _l,as 1de!l's _locales
y en el medio nacional, y es a esta co~&lt;;epc10n art1stiea qu_e
prestamos más que nunca nuestra atenc1on y es en este esp1ritu en el que nuestra exposición pretende mostrar aquí la
fuerza del barroco checo.

fosé Luis Martinez / LOS CICLOS EN LA OBRA DE
ALFONSO REYES

S010

esa perspectiva cerrada, definitiva que impone la muerte a la vida y a las empresas de
los hombres me ha permitido comenzar a entender el sentido
total y las variaciones de ritmo que fue sufriendo, en su largo
desarrollo de medio siglo, la obra de nuestro escritor. Cuando
vivía y a pesar de sus dolencias seguía entregado a su laboriosa creación y a la recolección de páginas dispersas, dijérase
que no podía preverse el curso que seguirían sus nuevos trabajos. Pero cuando la muerte detuvo su mano y es posible
saber cuáles son las obras inéditas que dejó su constante
e incansable labor intelectual, principio a entender, decía, la
marcha total de su obra, el paso de su respiración, los períodos
de creación y los de descanso.

l

1

•

Salvo los primeros trabajos en que adiestra sus armas,
la obra literaria y humanista de Alfonso Reyes se desarrolla
en los cincuenta años que van de 1910, el año en que publica
su primer libro importante, Cuestiones estéticas, a los últimos
días de 1959 en que muere A lo largo de este medio siglo
su obra no siguió lo que pudiera llamarse una curva natural
de crecimiento, apogeo y decadencia ni experimentó tampoco
cambios bruscos de derrotero. Siguió una misma línea de
estilo espiritual y de aficiones fundamentales, de hecho ya
manifestada desde su primer libro y sus primeros escritos,
y distribuyó tareas y reposos en los años justos, como si cumpliera un plan previsto y las propicias circunstancias externas sólo colaboraran a su mejor realización. En términos generales, durante estos cincuenta años me parece que hay en su
obra dos períodos de intenso trabajo intelectual, seguidos de
otros tantos de descanso y divagación, en un caso, y de recolección y ordenamiento final en el otro.
-35-

�'José Luis MartÍllez
36

37

Los Ciclos en la Obra de Alfonso Reyes

Convengamos en que aquellos primeros años de su vida
hasta mediados de 1914, transcurridos entre su nativa Monterrey y la ciudad de 1\1éxico, son los de su aprendizaje y los .
de sus primeras armas: concluye entonces su carrera de abogado, participa activamente en la sempresas culturales de la
generación ilustre que unió el Ateneo de la Juventud, casa
con Manuelita, publica su primer libro y dos importantes conferencias hasta que, en 1913, los sucesos políticos y la trágica
muerte de su padre, el general Bernardo Reyes, lo empujan
a Europa a mediados de ese año. Superemos, como él mismo
lo hizo, sus duros años iniciales en París, y luego en Madrid
cuando, además de las penurias materiales, se sentía alejado
del país y lo conturbaban los trágicos recuerdos de la muerte
de su padre, confundido y perdido por la violencia revolucionaria, y veámoslo comenzar valerosamente en Madrid, que
aún lo desconoce, su intrépida carrera.
La década que va de 1914 a 1924, o de sus veinticino a
sus treinta y cinco años, en que permanece en Madrid, será la
de su mejor período de creación y en la que convertirá, al
mismo tiempo, en gran esritor y en un maestro de la investigación literaria. La simple enumeración de las obras que realiza en estos años dan ya una larga idea de la intensidad de su
trabajo de creación y de erudición. Inmediatamente después
de las agudas instantáneas de Cartones de Madrid (1917), que
serían su tarjeta de presentación intelectual ante aquella ciudad a la que iba, como el abuelo Ruiz de Alarcón, a ganarse
la vida, viene esa gran obra maestra que es Visión de Aná.huac
(1917) a la que seguirán muchos otros de los libros de ensayos, de poesía y de cuentos y :fantasías que le dieron justa
:fama: El suicida (1917) , El plano oblícuo (1920), Retratos
reales e imaginarios (1920), Simpatías y diferencias (19211926) ,Et cazador (1921) , Huellas (1922), Calendario (1924) y,
finalmente, Ifigenia cruel (1924), con que cerrará Alfonso
Reyes su década española y acaso también, la angustia de una
herida que nunca cerrará del todo. Quien había llegado a
Madrid con s6lo un li~ro por bagaje intelectual, saldrá de
aquella ciudad en 1924, convertido en un escritor que celebran y encomian con entusiasmo los críticos de varios países.
Los poemas, ensayos, estampas, crónicas, estudios y cuentos
que había publicado daban testimonio de un espíritu singularmente ágil, abierto y sensible a todas las incitaciones y que
se expresaba en un estilo cuya riqueza y :flexibilidad eran las
de un sabio y un artista. Y si uno de sus primeros libros
madrileños, Visión de Anáhuac, era la evocación nostálgica
de la patria lejana a la que se interroga por el sentido de su
existencia, su postrer libro de esta época, Ifigenia cruel será,

f

'

,

.

en palabtas de su autor, "mitología del presente y descarga
q.el sufrimiento personal''; pues quería no sólo alejarse de la
vendetta mexicana sino, sobre todo, quería liquidar esa vendetta dentro de su propio corazón. De ahí el nuevo sentido
y la nueva solución que en su hermoso poema dramático propondrá al viejo mito de Ifigenia. ·
Junto a esta excepcional obra de creación de los años
madrileños deben añadirse sus notables trabajos eruditos de
esta época, surgidos al calor del Centro de Estudios Históricos
de Madrid, que dirigía Ramón Menéndez Pidal, y de la Revista de Filología Española. De entonces son las sabias Cuestiones gongorinas (1927) y los estudios y ediciones de las
Memorias de Fray Servando (1917), de las Páginas escogidas de Quevedo (1917 ) , del Libro de buen amor de Juan Ruiz,
Arcipreste de Hita ( 1917), de las Páginas escogidas de Ruiz
de Alarcón (1918), del Poema del Cid (1919), ele Los pechos
privilegiados de Ruiz de Alarcón (1919) , del Teatro de Lope
de Vega (1919) y de , Las aventuras de Pánfilo del mismo
(1920), de las Obras completas de Amado Nervo (1920-1928)
y de la Fábula de Polifemo y Galatea de Góugora (1923). Y
todavía deben agregarse, para completar el cuadro de la
enorme tarea realizada en esta década madrileña, las traducciones que realiza entonces de obras de Chejov, de Chesterton, de Sterne y de Stevenson.
Podemos, pues, convenir en que en este primer ciclo ele
la obra de Alfonso Reyes no sólo se ha forjado su prestigio
literario e intelectual en el ámbito nacional y europeos sino
que ha realizado en este período obras sin las cuales su figura
literaria no podría ser la que es. El escritor es ya dueño cabal
de su oficio y su maestría, lo mismo_en la poesía que en el
cuento, y en el ensayo de interpretación y de cr eación que en
la investigación erudita. El hombre que deja l\ladrid en 1924
para pasar a París como Enviado Extraordinario y Ministro
Plenipotenciario es ya, además, el gran escritor Alfonso Reyes,
orgullo de las letras mexicanas.
, Los catorce años siguientes, de 1924 a 1938, entre sus
treinta y cinco y sus cuarenta y nueve de edad, parecen sus
años felices, mundanos, un poco despreoéupados. Gran vida
diplomática y social, haciendo respetar, comprender y amar
a México en París y Buenos Aires, en Río de J aneiro y Montevideo. Escribe entonces sobre todo su poesía r efinada y de
cortesía, sus divertimientos de hombre de fino espíritu: Pausa (1929), La saeta (1931), Romances de Río de Enero (1933),
A la memoria de Ricardo Güiraldes (1934), Golfo de Mfaico
(1934), Yerbas del Tarahumara (1934), Minuta (1935) , Infan-

�38

José Luis l\fartínez

Los Ciclos en la Obra de Alfonso Reyes

cia. (1935), Otra. voz (1936) y Canta.ta. en la tumba. de Federico
García. Lorca (1930), que imprime en hermosas J?laqueittes qu,e
van fijando su itinerario y recordando la gracia de su, e~p1ritu • es la poesía culta y serena en que los malos, tra_gicos
reue~dos -los que encienden la Ifigenia- se han atemperado y sosegado. Son también los años de las paciente~ afin~ciones de Mallarmé ' vertido al español; de su correo . hterar10
. .
Monterrey (1930-1937), cruzado de tantos temas e mcitaciones de nutrida correspondencia on amigos dispersos en todo
el ~rnndo y de numerosos discursos, conferencias y contribuciones en homenajes y reuniones culturales.
Pero apresurémonos a no desestimar, sólo por el contraluz
de la perspectiva, la obra de estos años que, ade~ás de las
obras poéticas mencionadas, se enriquece con el Discurso por
Virgilio (1931) con las esclarecedoras páginas de A vuelta. de
correo (1932) en que hace la defensa de lo que pudiera llamarse su economía y precisa los justos términos del nacionalismo literario, con la luminosa Atenea política (1932) en que
los muchachos de mis años aprendimos a amar a Alfonso
Reyes, con aquel vivaz resumen que se llama México ~n una.
nuez (1930), con Tren de ondas (1932), con los mag_i~trales
estudios goethianos de esta época y con la serena Homilía. por
la. cultura (1938). Ciertamente no emprende, Alfonso Reyes
en estos años obras de aliento sostenido, sin duda porque sus
deberes oficiales no se lo consienten, y fiel al gusto de la
época, prefiere ir entregando sus obra~ ~na ~ una. Pero cada
uno de estos breves frutos de su espintu tiene su marca Y,
juntos en los libros de años venideros, formarán esas obras
compendiosas y nutridas que algunos le exigían.
Justamente en el límite entre este período social y refinado de su obra y el siguiente, recibirá Alfonso Reyes una
reconvención llena de perspicacia. Nuestro escritor había vuelto definitivamente a la ciudad de México, a principios de 1939,
y acababa de publicar la primera serie de sus Capítulos de literatura. española (1939) cuando en septiembre del mismo año,
Antonio Castro Leal publica, en la revista Letras de México,
el ensayo a que he aludido : "Alfonso Reyes y una fantasía a
dos voces". Dice Castro Leal que en todo esrcitor hay, por lo
menos, dos escritores: "el malo y el bueno, o el romántico y el
clásico el discreto y el heroico". "En Alfonso Reyes -prosi.
gue- 'hay dos escritores, buenos ambos; el escritor
de sus
.amigos, al que podemos llamar ALFONSO, y el escritor de
sus lectores, al que podemos llamar REYES". Y a continuación imagina una conversación entre el escritor ALFONSO
y el escritor REYES, en que ambos defienden sus puntos de
-vista y sus respectivas preferencias por un arte refinado de

t

•

' '

39

minorías el primero o por un ejercicio literario hecho para
todos "desvergonzadamente público", el último. En fin, entre
sutil;s argumentos, Castro Leal sugiere a Alfonso Reyes que
abandone las pequeñas obras de ALFONSO, el escritor de sus
amigos, y emprenda las obras de gran aliento que puede realizar REYES, el escritor de sus lectores. En todo caso, propone que ambos colaboren en las obras ~uturas. La agudeza
de la observación de Castro Leal es evidente, aunque creo,
sin embargo, que sería desproporcion~do suponer que s~ juicio haya llegado a ser factor determmante en el cambio de
rumbo de la obra de Alfonso Reyes, que de hecho ya estaba
en camino. Considero, por ello, que la "Fantasía a dos voces"
de Castro Leal antes que señalar, registraba oportunamente
aquel cambio d~ rumbo, la entrada a un nuevo ciclo de intenso
y fructífero trabajo intelectual.
En efecto, después de los catorce años anteriores, que podemos llamar mundanos, Alfonso Reyes, al fin asentado definitivamente en su patria y entre sus libros, inicia otro de los
O'randes ciclos de su obra que se extenderá de 1939 a 1950,
:n la cumbre de su madurez intelectual y entre sus cincuenta
y sus sesenta y un años, y éste será, sobre todo, el período de
su trabajo de sabio y humanista. Son de estos años sus magnos estudios de temas clásicos La crítica en la Edad Ateniense
(1941), La antigua. retórica (1942), Junta de sombras ~1949)
y otras monografías menores; sus fundamentales estudios de
teoría literaria : La experiencia literaria (1942), El deslinde
(1944) y Tres puntos de exegétia literaria (1945); sus est?dios
de historia literaria española y mexicana: Capítulos de htery.tura española (939 y 1945) y Letras de la Nueva Espana.
(1948); sus ensayos sob~e te~as americanos: Ultima Tule
( 1942), Tentativas y onentac1ones (1944) y Norte y sur
(1945), a más de otros volúmenes de ensayos y notas. Escribe y publica también en esta época libros de poesía que culminan en las colecciones de La vega y el soto (194-5) y Cortesía. (1948) y en la primera parte de su traslado de La Díada
de Homero (1951) colecciona también, en Verdad y mentira
(1950), sus cuentos y fantasías; inicia la publicación de los
cuadernos de su Archivo; escribe prólogos para numerosos
libros y aun traduce textos de Jules Romains, A. Petrie, C. M.
Bowra, y Gilbert Murray. En resumen, durante este segundo
gran ciclo de su obra intelectual publica treinta y cinco volúmenes de ensayos y estudios de los cuales veintiocho son
libros originales y el resto reediciones ; siete volúmenes de
poesía; dos de novelística; siete cuadernos de su Archivo;
prologa dieciséis libros y hace cuatro traducciones; es decir,
que en estos once años publica cincuenta y un libros de su plu-

�40

Los Ciclos en la Obra de Alfonso Reye,S:

ma dejando aparte prólogos y traducciones. Además, ya lo sabemos, organiza y preside El Colegio de México; sustenta sus
conferencias en El Colegio Nacional donde enseña literatura
y explica temas humanistas y cumple aun con numerosos compromisos académicos y cívicos.
Si el primer gran período de su obra, la década madrileña de 1914 a 1924 había sido el de su más intensa creación
literaria, este segundo período de 1939 a 1950 será el de las
grandes síntesis de sus conocimientos, el de su especulaciones
de teoría literaria y el de sus mayores estudios de temas clásicos Si aquella fue la época de creación del poeta, del poeta
en prosa y en verso, ésta es la del sabio que ha merecido e}
título de humanista.
En 1951 recibe Alfonso Reyes el primer aviso de las dolencias cardíacas que destruirían su vida. Acaso por ello los
últimos años de su vida y de su obra, de 1951 a 1959, de sus
sesenta y dos a sus setenta años, serán los de la cosecha final.
Continúa aún trabajando en sus temas humanistas, de los que
dejará algunos libros inéditos, y proseguirá la redacción de
sus memorias cuya primera parte, Parentelia. Primer libro de
recuerdos (1958), ese libro valiente y conmovido, es para
mí el más hermoso de estos años, pero la preocupación constante será la de engavillar las espigas dispersas a lo largo de
tantos años y de tan incesante trabajo de la pluma. Estos
serán los años de las colecciones de obras sueltas: poesía,
ensayos, artículos y archivo; del ordenamiento de las Obras
completas, iniciadas en 1955 para celebrar los cincuenta años
de su carrera de escritor, y de las cuales alcanzó a cuidar los
primeros diez volúmenes; y de la continuación, como he dicho,
de algunas de las empresas permanentes en toda su vida intelectual: estudios clásicos, resúmenes de literatura mexicana, etc. Pero' no emprende ya nuevas traeas intelectuales;
siente que sus días se acortan y experimenta la necesidad
de ordenar sus papeles, de atar cabos sueltos y de preparar su
legado para la posteridad. En su último año de vida publicó
dos pequeños textos preciosos en su voluntaria humildad· los
resú1;11enes destinados a lectura popular que llevan por título
Cartilla moral (1959) y Nuestra lengua (1959) en que quiso
dejar, ascesible a todos, su cordial sabiduría y su noble humanismo.

Luis Horacio Durán / TRES SONETOS MARINOS

PRIMER SONETO MARINO
Ojo azul que se abre lentamente
de sus párpados blancos en la orilla,
voz de coral, de perla, maravilla
que se renueva y nace de repente.

Agua que se repite solamente
y se revuelve en sí, como semilla

que se siente nacer en cada astilla
cuando se vuelve espuma adolescente.

Agua y blanco y azul en faz sonora
que se extiende en su muerte como abismo
que conserva su sombra protectora.

Mar que en su luz se torna en espejismo,
que muere y que renace hora tras hora
en mar y mar y mar, siempre lo mismo.
-41-

�Tres Sonetos Marinos

42

SEGUNDO SONETO MARINO
Reflejo y luz en un solo latido
o luz que en un reflejo se derrama
sobre sí misma y en su propia flama
encuentra su reflejo sorprendido.

Perla, pez, agua, todo en un sonido,
todo en la inmensa voz con que se inflama
la mirada del sol que te reclama
el color de su luz ya repetido.

Tú volcado en tí mismo, mar adentro,
perla, pez, agua que se avanza

Luis Horacio Duráu

43

TERCER SONETO MARINO
Línea en azul que la distancia arquea,
voz extendida, horizontal sendero,
círculo azul en agua prisionero
q ue circuncida al sol en su marea.

Eco de perla, voz que se golpea
en su mismo color, lento via jero
hundido en un reflejo pasajero
de viento que le cubre y le rodea.

Reflejo de sí mismo reflejado
en agua y agua que regresa y juega
la longitud del viaje encadenado.

a recoger el agua de su encuentro.
Mar que viaja y que viaja y nunca llega
Tú, mar y mar, que vuelve y que no alcanza
a adivinar el agua de su centro

y mar y mar y mar en la esperanza.

y que vuelve a la playa enamorado

en mar y ma~ y mar, siempre en entrega.

�Consuelo Botel!o /

DE LA FILOSOFIA MF,XJCANA
Noticia Previa

EN

obed~encia a costumbres editoriales, pudo muy bien economizarse la antelación de estos renglones. Una cierta peculiaridad de lo que va a repasarse ha
convertido en conveniente, si no en indispensable, el tratamiento inicial de estos pormenores: Va a procurarse un señalamiento, una mostración de la Filosofía y de la mexicana.
Escribir respecto a Filosofía, parece, lo puede intentar con
mejor o con mediano éxito, quien sea. Es sencillo recordar
que Sócratas se educó para escultor; que el grupo antiguo de
los sabios sophoi, lo era nada más que eso, de personas enteradas y estudiosas, no de filósofos en el sentido con que hoy
se conceptualiza anhelar la sabiduría. De Baruch Epinoza se
repite que vivió con su técnica de tallar cristales. Dos monarcas, un emperador romano y un rey de Cirene, filosofaban
asimismo. Parece que lo hicieron con decoro y se recuerda
dignamente. El mismísimo René Descartes alcanza su intuición de la evidencia mientras hacía la guerra. Edmund Husserl fue tan filósofo como matemático. Acaso de esa confluencia le dio declararse neocartesiano al salir exilado.
Nietzsche era filólogo. No tiene ningún mérito mayor seguir
con algo que tal vez pueda llegar a convertirse en prolongación pintoresca y curiosa de las Vitae placitaque de Diógenes
Laercio.

..

El tropiezo que sería incorrecto no evitar al lector, no
radica en que se diga o no -lo que va a tratar de decirsealgo auténticamente filosófico. La dificultad se avizora al
enunciar que va a escribirse sobre filosofía mexicana; porque
ha pretendido objetarse que exista tal realidad. Es curioso.
En parte se intentó una caracterización de lo filosófico-mexicano o mexicanamente filosófico. A poco andar se dijo casi
condenatoriamente que la Filosofía no sufre gentilicios. Hay
-45-

�De la Filosofía l\Iexicana

46

una sola. Se conoce la posición de la perennis. Ello no invalida.
el que haya, el incubrible hecho de que hay, la certidumbre
de que está habiendo ni la documentación de que ha habido
desde hace casi medio milenio, un ejercicio filosófico precisa
temprana y rigurosamente mexicano. Es cuanto va a trata¡
de hacerse ver.

a.-El tema
Se medita sobre filosofía. No hay que confundir: una.
cosa es filosofar acerca de la realidad del tiempo, sobre Política o respecto al conocimiento ; otra tarea es escribir en
torno a la Filosofía. Son posibles referencias a la Filosofía,
en la forma, estilo y con propósitos también filosóficos. Sería la Filosofía de la Filosofía. Estas líneas no se proponen
t~nto, aunque en parte hayan de aproximarse a observaciones.
rigurosamente filosóficas. No va a hacerse Filosofía. Resulta
semejantemente practicable una exposición histórica u otra
sociológica o política o simplemente bibliográfica de la filo-.
sofía mexicana. Tampoco quiere desarrollarse tal tema. Este
se reduce a lo ya indicado: Indicar la presencia irrecusable
de la Filosofía en México o de México en la Filosofía; quizá no resulte reducido sino aparentemente. Tal vez implique
más extensión, el plan de sustentar bien tal dialéctica. Lo queimporta asentar es que no es cuestión filosófica aunque
lo pueda parecer. Con seguridad lleva algo de referencias
históricas pero no se ambiciona que sea Historia de la Filosofía en México. Primeramente, habría que dejar establecido
que sí se da la Filosofía Mexicana. Ya, después, vendría su
historia. De no ser técnico en exceso y con un sí es no es de·
petulancia, podría leerse esto como una fenomelogía de la
Filosofía en México. Habría la necesidad, insatisfactible por·
lo pronto, de presentar "la cosa, toda y exclusivamente la
cuestión" en estudio. Se confía en que la aparentemente humilde intención de mostrar, no de demostrar esa cosa sin
pretender cubrir el programa de una fenomenología estricta,
conceda el reconocimiento de eso que se quiere colocar anteel estudio. Tales condiciones previas para delimitar la temática, exigen siquiera sea breve, unos renglones ya directos
hacia el método a seguir.

b.-El método
Es antiq~ísima esta preocupación. Muchos sesudos pensadores han circunvalado el área de la metódica para estudio.
Probablemente nadie haya obtenido resolución definitiva.
Es lógico: ya Sócrates articulaba una ruta para investigar,.
sólo que para una cierta investigación, no para cualquiera~

Consuelo Botello

47

Por ello una estudiante de Pedagogía, extrañaba ver el esquema metódico completo de Sócrates; porque habitual y ru-.
tinariamente, se habla de mayéutica y nada más. Gomperz
traza el esquema de_ la metódica socrática. Desemboca
en la mayéutica o tocotecnia, como se ha llamado en Monterrey. No se reduce a ella. Principia en la noción de saber
que nada se sabe. Sigue con la interrogación a cuyas respuestas se opone sistemáticamente algún argumento. Este
tercer tiempo constituye la helénquica. Cuando se ha desechado el pretendido conocimiento y no antes, hay que empr~nder
otra serie ordenada de preguntas que llevan al alumbramiento.
Sócratas auxiliaba en el nacimiento de creaturas espirituales,
los conceptos. Próximamente se alcanza la obtención de los
trazos en otras metódicas. Las hay para investigar magnitudes como las geométricas, a partir de postulados y de axiomas. Circulan para indagar lo histórico, desde la compulsa
de fuentes hasta la exposición crítica, rotulación de monografías y demás menesteres tanto teóricos cuanto correlativamente técnicos.
El método para estas páginas no bastaría que fuese ninguno filosófico porque se dijo, no va ~-~acerse filosofía ~in?
a tratar algo concerniente a ella en Mexico. Como no deJara
de haber alusiones históricas, cabría la tentación de aplicaciones de métodos de indagación histórica. Ya antes se
asentó que tampoco puede ofrecerse la certeza_de que vaya
a intentarse ninguna revisión histórica. Ni servll'Ía un aparato crítico para bibliografiar documentación solamente. Es
más peculiar el problema. Quiere indicarse la Filosofía en
México e indicársele como mexicana, nada más. Va a recurrirse a la maniobra metódica más zu Handen, más al alcance
de las manos. Es el procedimiento heiggeriano. Su creador
dice respetuosa y académicamente, que es el tratamiento
de ~u maestro Husserl. El discípulo dice intensificar la exigencia significativa de lo dado. Nuestros estudios de Técnica
de Investigación en Monterrey, N. L., permiten juzgar al de
Heidegger como el cimiento de una neometódica, la existencial. Sobrepasa a la fenomenológica clásica. Esta sile~ció
previamente la conciencia. Suscitaba un ego fenomenológico.
Heidegger acentúa la conciencia. Intercala a quien investiga
en las cotas de su indagación.
La solución neokantiana a la cuestión respecto al método,
optaba el polo contrario. Un método había de obedecer.ª las
solicitudes del objeto en estudio, era la reinheit methodische.
No es que con Heidegger se impurifique. Se precisa más;
no atiende el método tan sólo a lo que se estudia. Urge trazarlo según quien y como estudia lo que trate de saberse.

�48

Consuelo Botello

De la Filosofía Mexicana

49

A la Filosofía en México va a vérsela desde una perspectiva mexicana y por un pensamiento mexicano. No se trata ele nada abstracto, sub specie aeterna. E's quien va escribiendo, en
seguida de pensarlo, quien decida tratar la Filosofía Mexicana: Mutatis mutandis le es permitido seguir el programa
de Friburgo, incluirse en la cogitación. La Filosofía Mexicana absorbe, como problema enunciado, a quien se le formula.
Al contraponer la aparente objetividad neokantiana al talante heideggeriano, para nada se insinúa que éste sea subjetivo. Es existencial: Se da en el mundo mismo de lo dado
a tiempo de proponérselo y de cuestionarse sobre lo mismo.
Es la cosa misma pero ante la propia existencia que la tropieza. Se educe el problema, pensaban los eclécticos de hace
un par de siglos. Ha vuelto a circular el matiz metódico
en Inglaterra. Se extrae el asunto conectado a la intención
que yo va a manejar. La cosa y quien la piensa, antes de cualquier posible adaequatio, en rígida abstención de toda coincidentia opossitorum. Así va a decirse de la Filosofía Mexicana.

manece- tras el acabamiento de todo, nutre un afán de explicaciones registrable en todo ser humano. Aun cuando de
los aborígenes mexicanos, antes de la hispanización, no se
conservasen testimonios de tales meditaciones, ya el que se
los estudie bajo esa lente, incorpora su realidad a la de la
Filosofía. Por ejemplo: De grupos semitas se ha dicho su
renuencia a filosofar o a expresarse artísticamente. Al dictaminarlo así, se los incluye en la consideración f ilosófica o en
ya Historia de la Cultura. De México se guardan pruebas
de que pensó, en rumbo a "la formulación de los problemas
totales de todo, en su orden completo". Talmente se dictamina la Filosofía en Monterrey, hace un decenio. Los grupos
más visibles de cuantos poblaban lo que ahora es nuestra
realidad geográfica, filosofaron . No así, en ba1 buceos; sino
con la grandeza y el esplendor de su época dorada, los españoles que vinieron a incorporar a México a la Cristiandad,
filosofaban igualmente. Ahí están los iniciales escalones del
ascenso a la Filosofía Mexicana.

!.-Tributarios hacia un solo caudal

Para Don Miguel León Portilla, La Filosofía Nahuatl
ha quedado patente en textos sobre lo cambiante, r especto al horizonte de ese cambio -el espacio y el tiempo- y
relativos a quien asiste a la variación, al Hombre. Al intervenir la normación cristiana, los residuos del paganismo indígena quedaron inter dicto. Se consideró algo liquidado; en
calidad de rarezas se dispersaron los pictogramas de una
media docena de conglomerados antecortesianos. Malamente
se ha juzgado a tales documentos jeroglíficos. Son ideopictogramas en su mayoría. La expresión figurativa no parece uniforme. Acrofonía y por lo tanto, aceptable valor de fonemas
o protofonemas, apenas se ha sospechado en algunos dibujos
mayaquichés. Son suposiciones. Nada hay resuelto ni menos
bien esclarecido. Firenze, Roma, Londres, Dresden, París y
otros lugares retienen poco más de una veintena de aquellos
recuerdos. Los hay precolombinos y posteriores a la venida
de los españoles. Estos permiten una.. cercanía más comprensible. Se trazaron a instancias de los misioneros, como el
Padre Sahagún o el Padre Durán.

Demasiado se han fingido lágrimas sobre reliquias prehispánicas. Para que hubiesen sido sinceras, lo menos que
pudo pedirse fue que con certerza se cuente con informaciones
relativamente a los valores de lo arruinado. Pocos los alcanzan. Se cuentan escasísimos quienes con honestidad se han
adentrado en la revisión de lo aborigen mexicano. Quiere,
aquí, aceptarse el que en efecto haya de considerarse como
filosofía a la Nahuatl que hace cuatro años, se presentó con
pórtico de Don Angel María Garibay K. Esto sería una
afluente del caudal que se intenta considerar en estudio.
Otro elemento de vertiente, lo representa el aporte hispánico.
Adviértase que se aceptan ambas participaciones. Ya el dato
de que el Sr. Dr. Garibay apunte el desentendimiento respecto
a lo autóctono, indica que hay ahí problemas necesitados de
tratarse. Que valga lo citado como apoyo a la tesis aquí ofrecida, en torno a que sí puede admitirse una Filosofía Mexicana. Igualmente empieza a convertirse en una manera de
filosofar del chino o del indú. Por cierto que las ideaciones
y formas de estudiar, han de variar. Lo que inquiete al
asiático fácilmente no sea cuestión para el griego. Exposiciones de lo azteca, en puridad se alejan más que acercarse
a lo español. Pudo ensayarse y perdura con valor mexicano,
la versión actual de nuestras antelaciones indígenas. Tibetanos, escandinavos, latinos y mexicanos de antes de Hernán
Cortés y de ahora, hemos pensado en las cosas finales. Lo
que hubiera antes de cuanto hay; lo que quede -si algo per-

..

Durante esos primeros contactos, a par que la doctrina
cristiana, principió el europeo la instrucción- occidental del
indígena americano. Nace México a la Filosofía.

II.-A'.lmá.cigo
Hace docena y media de años, el señor Dr. Don Samuel
Ramos, fallecido hace uno, implanta la cátedra de Historia de
la Filosofía en México. El curso se imprime en la Biblioteca

�50

Consuelo Botello

De la Filosofía Mexicana.

de Filosofía Mexicana, Vol. X. Ocupa las_ prime!as ,P~ginas
en formalizar la pregunta por el pensamiento . filosofico de
los antiguos habitantes de México. Para encamm~rse, el D:·
Ramos somete a los antiguos mexicanos a los reactivo_s doctrinales de Sir James Frazer y de Lévy-Grühl. _Lógicamente
resultan magicistas. Sigue sin saberse. nada _m de aztecas,
ni de mixtecas ni de magia. Se ha improvisado una :'~z
más una fórmula un lugar completamente común. Tambi~n
a la casualidad s~ le puede aplicar el indicador de ~a ma~~ª·
Los resultados son del todo paralelos a la desf~gllil'a_?on
del pasado y del pensamiento aztecas. Para Alo1s Müller
el Weltbild sobrepasa a la Filosofía. De?e ser, para el Maestro de Koln, algo más generoso que el füo~ofar. Ramos permanece al nivel de Wilhelm Dilthey a quien, por e1;1tonc~s,
acababa de traducir. Reúne en exceso cos~oram~ Y Filos~fia.
Todavía recuerda a Bachofen con el matriarcah~Jl!-º· Quiere
el perfilador del Hombre y la Cultura en_ Mé:x.ico, ~n~retrever al aborigen de México en su asentamiento geografico . .
Repasa teorías del modo sedentario de vivir,. de ~onrar a los
antepasados y por ende, de cr-eer en la ammac1on de todo.
La proximidad que señala entre Vasconcelos Y Max ~ch~~er
es en verdad interesante y muy digna de mayor meditac1on.
Ha visto el problema.. Careció de instru~entos concep~uales
y de antecedentes doctrinales para orgamzar datos e informes No sobrepasa a la mediana morfología de Spengle!y s~ explicaría que un cuarto de centuria antes del _tr~baJO
del Dr. Ramos, algún estudiante emular~ aún su cond1sc1pulo
con una recensión "de más de 100 págmas" sobre la Untergang. Y se entiende que alguien más haya tratado las fuentes
de Ramos en "un volumen grueso". No b~sta p~ra , u_na
visión seria de la existencia o falta de pensamiento filosofico
entre aztecas purépaches, el esquema adotado. La pregunta
se queda hecha y sin de~isión para .emprender su cont_estación. Aquí se piensa segun lo recogido del D?cto: ~~ribay.
Debe estudiarse y repasar antes que pronunciar Juicios endebles. Ramos se cuidó o curó en salud.
En el centenar y medio de páginas subsecuent~s, el Dr.
Samuel Ramos articula información aceptable y cuidada. Al
establecimiento de la enseñanza filosófica en_ México, por
profesores europeos, corresponde la resonancia del pen~amiento renacentista. Pasan los ho:Q1bres y las obras de Victoria, Cisneros, Madrid, Vives y Erasmo el Roterodano; Santo
Tomás de .A.quino, la Compaía y Duns Scotuy. Cada etapa
y cada tratadista va levantando ecos en la Nueva Espana.
Surgen colegios y bibliotecas. Miles de indios se doblegan
para alzar nuevas fábricas y cientos de jóvenes nutren las

51

aulas. La Universidad refleja a la de Salamanca. Empiezan
a morder las prensas y a lanzar páginas densadas filosóficamente ya en México. Tras lo dicho por Ramos en su libro
citado, por Rogles en el suyo, por Monseñor Valverde Téllez
a su vez, poco puede agregarse al prestigio de los iniciadores.
Son indiscutibles los nombres del primer Prelado, de Fray
Alonso de la Veracruz pero no son únicos. Queda mucho
por esclarecer. Ya no estaban a solas con el anteproyecto de
filosofar. Filosofaron en México.

..

III.-Primicias
A continuación de Fray Alonso, del Padre Tomás de
Mercado, del S. I. Antonio Rubio que Oswaldo Robles reseña como "el primer estudio monográfico de conjunto,
documentado en las fuentes", tal cual modestamente asienta;.
Ramos evocó conforme a las de Beristáin de Souza y de Monseñor Valverde, al primer grupo de formados filosóficamente
en. México : El Padre Diego Caballero, Fray Diego Basalenque
quien, aunque español todavía "cursó humanidades en México"; Marcos Portu, canónigo y comentador de Aristóteles como Caballero y como Alonso Guerrero. Ofrece el penúltimo
el adelanto de producir su glosa ya en la lengua española
como principiaba a hacerse en otras y no solamente en la
latina como clásicamente. Fray Diego Villarrubia, mexicano
también; Fray Pedro Celi de quien se aclara el origen criollo
~xpreso, es decir, la nacionalidad mexicana con sangre espanola; c?n Fray José ~,alderón y el Padre Antonio Hinojosa,
determman la promoc1on más temprana de la Filosofía Mexica~a. Poco interesa el que las doctrinas expuestas en los escrito~ que de algunos ~~ ellos que~an, o bien que se dice que
seguian, fueran las opmiones de Vazquez, de Aristóteles o de
Soto. Filosofabanen México · y para México. Conformaban
la siguiente en la fila de sillares para alzar el edificio del
pensamiento mexicano. Pronto empezaría un aporte nuevo a
sumarse a la caminata. Subía por el horizonte la modificación
cartesiana. Así como se diagnostica el erasmismo de Fray
Juan de Zumárraga, hay evidencia de la proximidad de Sigüenza y Góngora al influjo cartesiano. Ambos destellan sin
atribuirse méritos de novedad. Antes de sus 30 años, Singüenza
hubo de quedar fuera de la Compañía. Disputó con Francisco
Eus~bio Kino a quien atribuye altanería de europeo frente al
mexicano. Antes_ f~eron aztecas entre bruma de mitos y etiquetados magos. V1meron los graduados mexicanos con triunfos
d~sde Salamanca como Celi ~• para el decenio penúltimo del
S_1gl~ ~II, sobre darse ya hbros en español, la mexicanidad
filosofica se contornea en claros matices de diferenciación.
El europeo pretende seguir pontificando. El mexicano lo re-

�52

De la Filosofía Mexicana;

bate. Ya no es el acarreo pasivo. Ha nacido la conciencia
filosófica mexicana, pese a quienes siguen fingiéndola ajena
y única. Son los herederos insatisfechos de irresponsables ambiciones. Quieren el albergue y envidian la corona de una
Arcadia que aseguran desdeñar. No estudian como los fundadores de nuestra realidad filosófica. Tampoco pueden entender algo que no ostente ser y, por cierto, reiteran caminos
que jamás han tenido disciplina para hacer. Ortega los
los esculpió para siempre y con su enérgica prosa de maestro: "E'n los últimos años se oye por dondequiera un monótono treno sobre la cultura fracasada y concluída. Filisteos
de todas las lenguas y todas las observancias se inclinan ficticiamente compungidos sobre el cadáver de esa cultura, que
ellos no han engendrado ni nutrido". Semejantemente se compusieron las primeras líneas de este ensayo : "Demasiado se
han fingido lágrimas . .. " No sería negable que la exhibición
adecuada al rendimiento monetario, suele serlo de sensiblerías facilonas como calificó Imaz ciertos tartajeos. Son ostentaciones, no Filosofía. Tampoco hay para que contradecir
que a distancia, las polvaredas sugieren ejércitos blindados o
panzer. La donosura vale en la grandeza de Cervantes. Una
declamación ramplona demerita lo más excelso. Oprimirse
la cabeza como una Medea o como una Hécuba; o mesarse
las barbas por no alcanzar realidades sin ser, es suficiencia.
Quiere asegurarse "cuanto es se da y lo sé; soy sabio ... eso
no es, luego no se me da ni accedo a saberlo si no es. Así tan
sabio soy". Y por el estilo se reniega lo mexicano en Filosofía.
Cada quien cuenta con capacidad para sustentar lo que piense. Es requisito pensarlo primeramente. Sin meditar en la
Filosofía :Mexicana no se consolida ningún derecho para negar su realidad. Se la ha empezado a revisar aquí.

IV.-Dubito
El Dr. Adolfo Menéndez Samará enseñó que la empresa
metód~ca se or~aniza a partir de una hipótesis. Sería muy
atractivo exammar cuanto haya de conexión metódica entre
duda e hipótesis. Se atreve la tentativa de conocer. La duda
de culminar en el conocimiento es inmediata y correlativa.
Lo mismo se supone, se acepta hipotéticamente la posibilidad
~e llegar a saber. Hipótesis y duda se entrelazan y acompanan durante toda la hazaña del estudio. Esto significó studium, un esfuerzo: Se forcejea entre incertidumbres y pálidas esperanzas. René Descartes suprimió en parte lo hipotético. El fantasma engañador que supuso no funciona como
hipótesis. Mostró brío bastante para dudar, casi nada más que
para dudar. Su duda fue su primera noción filosófica indemne, limpia de hipótesis. Esta íntima evidencia cartesiana

..

Consuelo Botello

53

navegó hacia América y acá suscitó todas sus consecuencias
y encaminaba en dirección a nuevos pensamientos. Singüenza
y Góngora piensa esas ideas en México. Van a articularse en
los iportantes Elementa del padre Días de Gamarra un siofo
más tarde. La infiltración de la Filosofía recentioris ha sido
examinada en mimeograma difícil de consultar, por Victoria
Junco, ha~e 3 lustros. Los antecedentes en España, prodromos
de lo mexicano, por Olga Victoria Quiroz-Martínez. La composición aproxi~ada del ambiente, por David :Mayagoitia. Bernabé Navarro mtenta esclarecer La Introducción de la Filosofía Moderna en México, tanto como Olga Victoria QuirozMartínez en España. Se transparece una peculiaridad de la
e~apa, 1~ dependencia más o menos acentuada de la Metrópolis. Sena de temer que esa característica no haya variado
~as~ante en l?s. trescientos últimos años. Se dispone de un
mdi~ador suficien~e~ente eficaz, para determinar la importancia de esa sum1s1on 'a lo metropolitano: no va a incurrirse en la rudeza de querer enmendar la grosería. Desahoaos
0
contra lo principesco equivalen a confesión de villanía. La
filosof_ía ~e ocupa ell: lo principal, mira a los principios, hacia
lo I;&gt;rmc1pe~co -piensa_ y asocia Gaos-. A partir de
las mcom?d1dade~ colomales, el inconforme de campanario
o de barnada qmso respaldo de la corte. Tan sólo los eximios y por ello con perdurable va1ís, resignaban todo brillo.
No pidier?n. espaldarazos. Se empeñaban en valer, de ahí
sus merec1m1entos aunque no se propalen en solemne bando.
Han buscado dignamente_ la verdad. Para nada exigían a gritos presea. Enternece smceramente leerle a alguien que se
duele más abandonado que gratificado. Da a entender que
no le interesa estudiar sino lucrar so pretexto de sus tareas.
Las de la cultura no son, no puede reducírselas a trámite de
sueldos. Bien está que de lo que se cante se yante. Aparece
claro, que primero es ,cantar. Heidegger ha regresado al canto.
Garcia Bacca lamento la crueldad de arrancar la Filosofía del
regazo poético. Así amparada gorjeó desde cuando Platón y
desde antes. A todos consta de no excecrar lo helénico su
ópima cosecha e1;1 la Patrística; ni la testamentaría de la Latimdad cuyos refmados dialectos todavía tratamos de hablar.
Repítense el caso del denuesto como los del parlero Tersites; otro expendio de filosofía a medio usar, quiere que se le
crea una disculpa. Nadie se ha querellado. Dice confesar
ins~ficiencia, m~s no por inepto. Se autorretrata como gambusmo de la sabiduría. Insinúa la convicción de haber podido
realizar aigo m3:gistral. No goza de recompensas; por eso
no ~e ha sido posible dar de sí todo cuanto debe admitirse que
es msuperablemente capaz de producir. El Dr. Don José

�-54

Consuelo Botello

De la Filosofía Mexicanai

Gaos ofrece oportuno instrumental comparativo : a los dos
años de haber muerto, repasa a Don Antonio Caso. Con otros
memorables se lanzó Don Antonio a fundar una Universidad
Popular. "Nos obligamos a no recibir subsidios ... " recuerda
•estremecido Alfonso Reyes a quien Gaos cita y le toma el
dato. Por eso con Caso volverá ciertamente ,a despertar
la Filosofía Mexicana. No porque en estas páginas se luzca
el capricho de opinarlo así. Se habla de Filosofía, no de filodoxia. Hay que hurgar con propósitos limpios en busca de
sofía, no de doxas. El fenómeno repercute. Hay duda. Se duda. Xo únicamente se aceptan hipótesis. Samuel Ramos se
acoO'e a la visión obtenida por Irving A. Leonard en lo que
respecta SingüenzQ.. y Góngora, cuya "habilidad para investigar los fenómenos de este mundo, sin entrar en conflicto con
la Iglesia y los dogmas aceptados" se toma como axiognómi_co.
Había que usar de circonloquios, no llamar al pan ni al vmo
con sus nombres. Se corría riesgo. Tampoco importaba en
término primero la Filosofía más que evitar exhortos. tribu1;1alicios. Difícil y mucho se presenta tratar de seguir meJor
a Descartes. En verdad al Descartes que se atiende es el que
disimula. Se prefiere la versión del consorte de una salamandra a quien Anatole France caricaturiza. Al filósofo que se
atrevió a dudar y a convalidar filosóficamente su duda, se lo
acepta aunque se aparente discutirlo y condenar su pensamiento. La actitud la toma inicialmente el propio Descartes. Pidió
indulgencia y comprensión. No se aventuraba a concitar opo-siciones. Era arriesgado. Tal vez habría resultado tan filo.sófico como en el caso de Sócrates, de Platón o de Boecio.
Pero rendía más la cautela. Sin vivir no iba a poder seguirse
filosofando . La peripec'Ía de Galileo estaba ahí para escarmiento.
Así de enérgica fue la resonancia moderna en la Filosofía Mexicana. Desde Europa se ideó el probabilismo. Sirvió
para todo, igual que se utilizaba la Filosofía. Justificadamente
llamará después Kant "maltrecha matrona" a la Metafísica.
Se la acomodó a cualquier cometido: El estudio del Dr. Leopoldo Zea en dos tomos sobre Positivismo, amarga con el espectáculo de los menesteres a que se condenó al pensami~1;1to.
También se quiso que lo fuera filosófico pero ad usum polit1corum. Más que atmósferas de dogma lo fueron de duda, de
titubeos aprensivos. Transcurre en esa. gama la Filosofía Mexicana del siglo XVIII, sin que la del inmediato siguiente se
libere mucho más.
VI-Ultima vaca a.l final del sueño
Cuando Jasón ofendió a Medea con el divorcio ejecutoriado en tribunales para viajeros, dice un académico mexica-

.

'

55

no que ella "todavía alcanzó a decirle cuatro frescas .. " a su
exmarido. Con toda seriedad, a Don José Ortega y Gasset le
quedó bastante tiempo para aplicarle otras tantas a la señora
de Beauvoir con motivo de la l'.ecensión de Deuxiéme ~e. Lo
menos que le pareció la obra de la sexóloga fue o ~. A sí
propio se había dictaminado parturiente de voluminosos tomos. Así lo eran. De la Summa de Alexandro de Halles se
dijo que había menester dos o más mulas para llevarla. Tenían a lujo ser prolijos. Sus vueltas y sus revueltas, uncidos
a la pértiga de la noria, les impresionaban comó una caminata
muy dilatada. Se reducía siempre a muy poco lo que en
rigor adelantaban. No pasaron del mismo círculo por milenios. Lo caminaron durante tantas veces que los escritos debieron afectarse con estilo de muela como para atársela al
cuello. Abrumaron sus producciones. Desfilaban las gruesas
vacas, lúcidas por la caricia del Nilo. Pronto las siguieron
las magras. Habían enflaquecido tanto como la bestia lamentable de la carreta de Selma Lagerloeff. Arrastraban un
gemido tan fúnebre como aquella alegoría sueca. Solamente
del repaso de los centenares de fichas, en el apéndice al libro
citado de Bernabé Navarro agota y deja exámine casi, lo
mismo que la visión de la osamenta o la llegada de las reses
escuálidas. Un estudio de hace un decenio en esta misma publicación que ahora hospeda el mío, enfocó la centuria ilustrada. Concluyó su autor que la tal temporada de luces más
requirió que trajo claridad. Vale la impresión. Se la refuerza
y acentúa con un repaso de Documentos para la Historia de la
Cultura en México: La lectura en la página 98, parte
segunda del volumen, de la introducción que escribe el doctor
Edmundo O'Gorman, descubre otra de las perspectivas de
desajuste filosófico. Se asienta ahí nada menos que "Los filósofos siempre habían tenido a los jesuítas por sus peores y
y más peligrosos enemigos ..." Si tales filósofos se suponen
del corte cartesiano comprobado aquí, no cabe apenas objeción. Cámbiese la clave como se practica en solfeo. Al
transladar una catenaria doscientos años por la abcisa positiva, el Dr. José Gaos repercute: "la publicación de un curso
mío, sin haberme siquiera notificado la intención de hacerlo,
mucho menos pedido permiso para ello, con el fin de acusarme
de un íntimo ateísmo y escepticismo ... ". Si se juzga por
la inobjetable verdad de lo reportado por Gaos y por el argumento extraído del present~ alegato, la conclusión no puede
ser más lastimosa. Por esto saben a melancolía las páginas
apologéticas en Mayagoitia, Robles y Navarro. Pero a par
que la constancia de desórdenes tan actl¡.ales, se ha ganado
una más de la existencia de la Filosofía Mexicana. Es de sentirse por significar con ello, terminante oposición a prédicas:

�...

56

Consuelo Botello

De la Filosofía Mexicana,

de quien vive y responde de su vida. Para G. Robledo y para
Ramos lo original se prestigia y drstaca sobre el decurso
tradicional. Han transcurrido decenios de estudio. El dintorno cambió. Visto ya antes el estaticismo de los capítulos de
Mayagoitia, poco asombra el que reitere lo de Ramos y Ze1t.
Como ellos, sin más, confiesa "La íntima persuación de qur ,..~
mérito del pensamiento colonial no estriba en la originalidad
" Se creería que no S'ea tan íntima tal persuación, ya que
menos de cien páginas despuPs vuelve con "que la nota característica sea precisamente la originalidad o que esto estriba su
mérito principal". Declara no creerlo.

Primero, sobre falta de originalidad y
Segm;1do, respecto a la ausencia de Filosofía Mexicana.
Lo uno inquieta al iniciador de estas meditaciones, al Dr.
Don Manuel Ramos: Desde al prologar su curso apunta "Lo
que hay que investigar en esas ideas filosóficas, no es la orífinalidad (pg.XII). Al rememorar cumplidamente al ~undador del protocolegio en Tiripitío, machaca que "una estricta
ortodoxia que "naturalmente impedía todo movimiento original ... " ( (pg.35). Otras 35 páginas más adelante vuelve con
que "la educación escolástica es responsable también de la
debilidad del sentido empírico en la mente mexicana, de la
pobreza del método científico que ha impedido el conocimiento de nuestro país en su realidad ofiginal ... " Cuando Ramos
juzga que abre sus ojos el pensamiento autóctono, sorprende
con exámenes de baremos axiológicos ajenos que lo llevan a
decir: "Desde este punto de vista, claro está, que no hay en
toda la historia de nuestro pensamiento un solo filósofo que
pueda reputarse original y creador". Es inmisericorde la tajante condenación. El propio Ramos se descalifica. Hallazgos o educciones tan inspiradoras de desconfianza y reserva
como las sidesmosis de valores, esa especie de axiología flabeliforme, admiten ser rechazados así. Y a no aquel psicoanálisis del mexicano, compañero de la Cariátide de Rubén Salazar
Mallen. Deleita el recuerdo de las beaterías, del escándalo y
de la consignación. La misma pigiotropia regiomontana de
H. González cuenta como innegablemente original. Será todo
lo bouta.de que se quiera. Lo es. Hace referencia a la filosofía que el Dr. Antonio Gómez Robledo honra como " . .. producto de la provincia mexicana, y aun en buena parte de
aquella que mayores asperezas ofrece a la vida intelectual". Este mismo estudioso avanza su criterio en lo que
compete a la originalidad que ahora va aquí discutiéndose.
La regimenta e inserta su valor en la continuidad con lo clásico. Palmariamente lo reciente y genuino como inusitado, es y
vale por contraste frente a lo usual manido y a lo anterior ya
sabido y visto. La inferencia de G. Robledo es justa.
Por condescender con el orden cronológico mismo en el
que han venido llegando a la escena filosófica mexicana, se
sigue la revisión de los dos primeros tomos del Dr. Leopoldo
Zea sobre Positivismo en México. Lo mismo que el Dr. Ramos,
Zea principia su exposición y a poco andar establece : "En este
ser nuestro está precisamente expresada una experiencia personal, propia, y por lo mismo, original". Aparece en toda su
instructiva riqueza, el cambio de ángulos de una a la otra
generación. Ya para el joven la originalidad es compentencia

57

La posición más limpia y certera respecto a la discusión
de originalidad filosófica la toma Olga Victoria Quiroz-1\Iartínez. Hace ver que "Se advierte efectivamente el influjo de la
Patrística en esta concepción de la historia de la filosofía. El
rasgo central de estC' cuadro rs la nrgación a los "'rie&lt;YOS
dr la originalidad filosófica. . . En todo esto se manifie;ta
purs, una trudencia a subestimar rl valor original del pensa~
miento griego ..." (ob.ct.pg.57). Rob 1es lucubra como Gómez Robledo. Compartrn posiciones de la misma orientación
doctrinal. Para el uoctor Oswaldo Robl rs ("la ori.,.inalidad
en filosofía no siemprr consiste rn decir cosas nuevas,"sino frecuentementr l'll restaurar verdades olvidadas") ( ob.ct.pg.20).
La contaminación entre decir y el valor verdad deja un sabor
de perplejidad. Snrgr el temor de las logomaquias.
_Mucho más opacamente estima :N"avarro (op.ct.pg.39 ) que
"qmzá es~os estudios podrían servirle para proyectarse a campos snpC'nores c:on más originalidad". Se mutila como Ramos.
G:a_os_, en cam?io, grMros_a~ente pondera lo peculiar del pos1tiv1smo mex1c:ano, lo ongrnal de Caso y en García Maynez
O'Gorman y el mismo Ramos, aun cuando a éste haya de re~
conocerlo empeñado como Ortega y Gasset en el salvamento
de lo circunstancial que nos incluye. En igual prolongación
ha colocado reverentementr, el mismo Ramos a Don José Vasconcelos: "La filosofía tiene para Vasconcelos un sentido religioso que la destina a servir como medio de salvación ...
la filosofía es sólo un peldaño para ascender a Dios ..." ( ob.
et. pg. 146) .

.

'

Así se transita a la disputación del punto se.,.undo respecto a la carencia de una Filosofía 1\Iexicana. Nada de lo
hasta aquí escrito habría podido serlo de no haber tal filosofa. _Ahí está y no etiquetada en cartulinas ni papeletas rutinarias de pares de fechas, ni con nombres de obras y de sus
autores. Van cinco millares de palabras referentes a Filosofía Mexicana y con el comportamiento' metódico anunciado,

�ne fa Filosofía l\lexi&lt;'nna_

existencialmente tratada. No es un anecdotario pseudohistórico. Ha sido noticia de la Filosofía 1\Iexicana. Xuestros días
e inmediatos anteriores siguen nutriendo esa realidad. A falta
de otros evidentes, el ensayo de Zca sobre nurstro positivismo,
por ejemplo, luce el legítimo bril1o de eng.1rz·-tr la figura ele
Don José l\Iaría Yigil a t¡uien casi na&lt;lie nata ni relaciona
con la Filosofía Mexicana. DenmH:ió las falacias llamadas
positivista$. José María Luis Mora argumentó contra el cuartel y la clerecía. Gabino Barreda suprime la divisa liberal.
Planea el positivismo como pedagogía y eomo política. Proclama el orden y desfigura la libertad. García Yigil señala el
dialelo. Los jóvenes del Centenario piden algo más que sesiones de laboratorio y que leye&lt;; deseriptivas de hechos. En
Caso se moderniza Justo Sierra. Ramos añora la exposición
viva de Caso. Le pareee menos convin!·rnte lo que escribió.
Vaseoncelos detona. Reyes platica cómo tenía que irle a la
mano para morigerado. Novísimas generaciones van acudiendo. Entre ellas estamos. Estoy. Reincide la avunculai' España
en su tribulación. ::N"o recibe, dona sangre. Robustece a las
hijas. La Volkewanderung de 1937 entreteje promociones de
Barcelona y 1\Iadrid, de Santiago y Zaragoza con grupos
mexicanos actua!es. Los patriarcas se despiden: Reyes y Caso
y V asconcelos y Ramos y Xirau y Zozaya y Ortega y García
Morente, han ido ya a altrruar, en bienaventurada v ida eidética. Ejemplarmente se dice que Caso lo dijo para morir:
"Ahora VO? a saber". Vivimos y morimos para saber. Sabor eamos, pienza Zubiri. Está cada quien consigo, arpegia en
Gaos la "dosis de soledad'' de Ortega. Algo se sabe sin filosofarse. Quiso saberse, nada más. Se aspira a la inteligencia,
si no a la salvación de lo rxistencial; como Ortega, como
Ramos, lo mismo que Yasconcr1 os. Sin improvisaciones aparatosas, sin falsías se ha ofrecido el empeño de contemplar a la
Filosofía Mexicana. Aquí está y ahí ha estado. "N"o es argumento, balbuce su verdad; se insertó en un pretérito neolítico. Ha peregrinado Se la incensaba en Tiripitío y en las aulas de la Imperial y Pontificia. Padeció denuestos entre sectarios. Se trasmutó en oratoria política y ahora en editorial de
doble fondo. Enmudece o se acongoja pero no se la puede
desconocer. Estos son algunos entre sus documentos de identidad.

Ernesto Cardenal /

DOS POEMAS

NICOYA
... Y una tarde llegamos a una ciudad en mitad de un
valle y rodeada de árboles fruta les,
de habitantes tan quietos que no se oye ningún ruido ni
tumulto,
ni

nnen nunca, ni gritan, sino que se hablan en voz baja
unos a otros,

que parece que nadie la habitara.
Suelen salir de noche a cantar bajo la luna
y bailar al son de sus instrumentos de viento,

y frecuentemente nos pedían que cantáramos y bailáramos con ellos,
y a veces lo hacíamos,
.J '

y reían muy alegres y parecía
que querían comprender las palabras de los cantos.
Las mujeres nos quedaban mirando,
y ·algunas se acercaron a preguntarnos
s1 las mujeres de nuestra tierra son también del color de
nosotros.
-50-

�Dos Po&lt;'mas

61

Ernesto Ca1·dcnal

60

EL BONGO MUDO BOGABA POR EL RIO
El bongo mudo bogaba por el río

y cielo abajo.
Y el agua en medio, no se veía.
Había una casa blanca con varandas verdes

bordeado de nen ufáres y juncos
-del ancho del Sena frente al Louvre-

que resaltaba entre el verde-tierno de los bananales
y una sola vela triangular, sucia y zurcida,

Los pájaros ya no cantaban
y todo era silencio y verdura sin fin y soledades sin eco.

temblaba en espera, inflada ya por la brisa,

A las 6 vino la noche sin crepúsculo.

Una mujer vestida de blanco

Sólo se oía el rumor de los remos en el río ...

cruzó tras la varanda, nos miró un instante

Y mis ideas se fueron llenando de sombras,
y me dormí.
Cuando desperté el bongo estaba inmóvil en la oscuridad.
Estábamos atados al tronco de un árbol.
Miles de luciérnagas en ·el follaje negro
y al fondo del cielo negro
la Cruz del Sur ...
Y hubo un ruido en el aire:
el grito tal vez de un pájaro desconocido,
respondido por otro grito semejante más lejos.
" ¡$arap1qu1.
• 'I"

El agua tan clara
qu~ no se veía
Dos riberas verdes
y las riberas al revés.
Cielo azul arriba

' .

junto a las gradas que bajaban hasta el agua.

y desapareció entre los bananales.

�Hans Meyerhofj /

CRITICA A JJMONE WEIL
Salvación y caos

Los

HECHOS más signifü:atiYOS de
la vida de Simone W eil se han &lt;'.OnYeriido en algo así eomo una
leyenda. Nacida en 1909, era hija de judíos franceses asimilados, de buena situación económica. Las fuentes biográficas
-que se encuentran especialmente en los recuerdos de Gustave
Thibon, amigo íntimo de Simone ,Yeil y su albacea intelectual
_(I) no dicen mucho de sus padres, pero un hermano que fué
brillante matemático parece haber desempeñado un papel decisivo en su vida. Creyó que nunc:a ~legaría a igualar sus
dotes intelectuales, y este sentimiento parece haber causado
dos graves crisis emocionales en su adole!:icencia, y haber profundizado el sentimiento de inferioridad y desasosiego personal que sufrió toda su vida.
Sin embargo, sus propios valores intelectuales eran muy
notables. Mostró extraordinarias dotes en la escuela y ganó
el respeto de maestros como los filósofos Le Senne y Alain.
Combinando una excepcional erudición con un apasionado temperamento religioso, fué capaz de asombrar con sus introspecciones intelectuales. Se convirtió en c:onferenciante y maestra
de filosofía, matemáticas y griego, y a la edad de 20 años
comenzó a publicar artículos. Pero a menudo abandonó la
enseñanza y la investigación por la aceión. Se lanzó a la
política: comunista, sindicalista y anarquista, y durante un
año trabajó en una fábrica. Cuando los nazis oeuparon Francia buscó refugio en la granja de Thibon y trabajó en el
campo.
Su muerte fué la culminación de una vida extremadamente ascética, autodestructiYa. Prácticamente, un suicidio. Ha(1)

Thibon y el padre Perrin, otro amigo, publicaron un libro sobre su
vida y pensamiento: Slmone Weil telle que nous l'avons connue.

-63-

�Hans i\Jeyerhoff

Crítica a Simonc Weil

bajo otro nombre y bajo otro beneficio su dios tribal terrestre
cruel y exclusivista". T. S.- Eliot observó que fué su "rechaz~
de Israel lo que la convirtió en una cristiana sumamente heterodox_a", y que en ~~te terreno Simone '\Yeil cayó "en algo muy
parecido a la hereJia marcionita".

biendo contraído la tuberculosis, se negó, estando en Inglaterra -a donde retornó después de un breve período en los Estados lTnidos- a tomar más alimentos que las famélicas racioues de la poblacióu de Francia ocupada. A lo largo de toda
su vida mostró un desinterés completo -incluso algo de desprecio- por las necesidades físicas y el confor~, y sufr~ó constantemente dolores y enfermedades, en especial de v10lentas
jaquecas crónicas. Estos sufrimientos físicos coincidían con
intensos tormentos espirituales. Cada vez más cerca del catolicismo se ocupó de teología y llegó a sentirse completamente
una cristiana aunque se negó al bautismo. Los escritos por
los cuales es 'más conocida fueron todos publicados en forma
póstuma. Gravedad y Gracia, con una intr~ducción d~ ~hibon, y Esperando a Dios son reg~stros de s~ busqueda rel~g10sa
y su lucha espiritual. La necesidad de r;i,~ces, c?n. una mt~·oducción de T. S. Eliot es un folleto pohtico-rehgioso escrito
para el movimiento degaullista e intenta ser una contribución
a la reconstrucción de la postguerra.

Marción fué un teólogo cristiano de la primera mitad del
siglo _II, cuyo pens~~iento pertenece al fenómeno religioso
conoCJdo como gnosticismo. Cuando fracasó en su intento de
q~e _los c_ristianos de Roma aceptaran sus ideas, fundó su propia iglesia, cuya teología está contenida en su obra Antítesis.
El gnosticismo y Marción se encuentran revividos en los escritos de Simone Weil, y es a este aspecto de su obra al eual
q1:Iiero dedicarme especialmente.
. _E:l gnostic~s~o toma su nombre de la palabra griega que
s1gmfica conocnmento. Pero gnosis quiere decir eonocimiento
en un sentido especial: un tipo de conocimiento aito mistrrios?, esotérico, destinado fundamentalmente a obtene: la salvac1ó~ personal. En el gnosticismo, la fiosofía especulativa s0
f?-siona, C?n la revelación religiosa; las encarnaciones y los
ritos misticos, las ~l~gorías y las numerologías, los dogmaR de
la f~ y las sup~rstJciones se integran en un cuerpo sistemático
de ideas que rntentan representar el conocimiento sobre el
hombre y el universo. El resultado final es generalmente una
mezcla ~iucrética y rclética referida a uua gran variedad de
fuentes mtelectuales y religiosas.

Su breve vida, el estoicismo de sus sufrimientos, la larga
noche negra de su alma, su ascetismo, su m~sticismo 1 re~eldía, su búsqueda apasionada y no comprometida de la llununación espiritual, y las circunstancias ~ramática~ de su m~ierte,
son los aspectos de la vida r personalidad de Snnone W ell que
han llevado a crear la imagen dr un héroe religioso, de un
santo. Según un reciente crítieo inglés (E. W. F. Toml~n)
fué Simonne W eil "uno más y quizás el más grande peregrmo
de lo absoluto de nuestra época". Y su amigo Thibon, reconociendo que a meuudo era una persona difícil, asombrosa y
exasperante, expresa que "en ningún ser humano encontró tal
familiaridad con los misterios re1igiosos; nunca sentí la palabra sobrenatural más cargada de ·realidad que en mi contacto
con ella".
Ahora, los cuadernos privados de Simone Weil (2l de los
cuales han sido excluídas las primeras anotaciones, han sido
publicados en su totalidad. Arrojan nueva luz sobre un aspecto
de su pensamiento y personalidad que han sido dejados de
lado hasta ahora, y que tienen significación especial para el
lector judío. 11e refiero a su extremado antisemitismo religioso. "Su antisemitismo -escribe Thibon- ·era tan violento que la continuidad establecida por la Iglesia entre el
Antiguo y Xuevo Testamento fur uno de los mayores obstáculos en su conversión al catolicismo. Gustaba decir -continúa
Thibon- que Hitler cazaba en el mismo bosque que los judíos, y que únicamente los perseguía con el objeto de resucitar
(2)

Editado por Putnam, Nueva York, 2 volúmenes, 648 págs.

65

~1- gnosticismo es un producto típico del helenismo. Los
movimientos y sectas gnósticos que surgen en Persia Grecia
Roma, Egipto, Siria, y en cualquier otro lugar, se' mezcla~
unos _con otros rn el gran caldero cultural e ideológico del
helemsmo. Las influencias gnósticas también pueden ser encontradas en la historia judía: por ejemplo, en la rebelión de
los macabeos contra la cultura helena, y en la extraordinaria
sínte~is filosófica eclrctiea eiaborada por Filón de Alejandría.
La literatura y el pensamiento cabalísticos representan un
tardío florecimiento del misticismo gnóstico en la vida judía.

•

l

. Sin emba:go, la significación histórica del gnosticismo
deriva de su impacto sobre el cristianismo. Considerándolo
una amenaza para la fe, los primeros Padres de la Iglesia se
lanzaron a un_a l_ucha teol~~ica permanente contra el gnosticisID:º· , Los gnoshcos tamb-ien eran teólogos, pero su teología
diferia de la de los Padres de la Iglesia en que se mostraban
mucho má_s ~adicales ~ indiscrimi~ados al llevar al cuerpo del
do_g ma cristiano las ideas gnósticas, los misterios religiosos
orientales y las fantasías alegóricas. Esta fusión de gran al-

�66

Hans i'1eyerhoff

C1·ítica a Simo11c " 'cil'

&lt;:ristianismo, en parte con el objeto de atomodar más fácilmente al. cristianismo a los cultos e ideas no-judíos, en parte con
el obJeto de establecer el carácter único de la nueva fe de J esús.
El elemento eomún en la knclencia guóstica es la c:onvicción
de que la eseneia ele la nueva fe reside en su rompimiento eon
el muudo de la taída del hombre reprrsentaclo en el Anti"LIO
Testamento, y por su triunfo s.obre el D ios de Israt'l qu/ha
creado este mundo de pecado, sufrimientos y muerte. E"ta
idea llevó a la afirmación, según escribió Adolf Harnack, de
que "los creyentes en Cristo son la única c:omunidad nrdadt•ra
de Dios ... y t1ue la J glesia judía, mauteniéndose en su teno
descreimiento, es la sinagoga de Satáu··.

canee del &lt;:ristiani!:imO con el simbolismo religioso pa~ano encontró la oposi&lt;:ión ele los obispos y Padres de la Iglesia e,i; los
primeros tiempos. El O'Uosticismo fue declarado una hereJrn Y,
después de largas y~ amar~as co1~t~·o;·ersias, _fué ,finalmen,te
superado por Augnstmo, _qu_1e11 cahf1~0 _al marnque1smo, el_ ultimo ele los grandes mov1m1entos gnosticos, como contrario a
la Iglesia.
La mayoría de los pensadores gnósticos, incluso Marci~n,
combinaban su síntesis del &lt;'ristianismo y helenismo con v10lentos ataques a la tradic-ión religiosa del judaísmo. E!:i este
aspecto del gnosticismo el que revive nuevamente en los escritos de Simone W eil.
Los primeros años de la Iglesia están absorbidos por un
dilema que debe haber tenido especial atracción para los conversos judíos. ¿Cómo pueden reconciliar la antigua fe de
sus padres con el nuevo evangelio del Hijo de_ Di~s 1 Co!ll~nzando con Pablo, el más destacado converso Jud10 al cristianismo dos actitudes pueden ser c1istinguidas en este terreno.
La actitud que se impuso en la lucha_ doctrinaria está encerrada en el dogma oficial católico: que las enseñanzas del Antiguo Testamento estáu restauradas y preservadas eu la nuefe. El Dios del Gfoesis, por ej&lt;•mp1o, el Dios de Israel,
es el t'reador del mundo; es el Padre de la humanidad, y Jes~s
es su único hijo. Más aún, Jesús vienr a cumplir, no a abolir,
la vieja ley de Moisrs; las YO('es mesiánicas de los profetas
hebreos lo proclaman, y por lo tanto lo reivindican, como al
salvador. Esta posición fué r('afirmada en 1933, cuando el
Papa Pío XI, en respuesta al nueYo paganismo cristiano y ~
la persecución de los judíos en Alemania, proclamó que "espiritualmente todos somos semitas".

"ª

La otra actitud es la de rcc-hazar y repudiar la autoridad
del Antiguo Testamento, que es lo que han hecho los. g~ósticos.
San Pablo mismo resolvió el dilema personal y rehg1oso que
le planteaba su conversión fundam~n_tándola en una antí!esis
doctrinaria: eutre la carne y el espmtu, entre la Ley antigua
y el nuevo Evangelio, entre el viejo Dios de la ira y el nu~~o
Dios del amor, entre la salvación por las obras y la salvacion
por la fe, entre la desesperación de los enfer~os ante la muerte y la esperanza de una vida eterna ('J1 J esus.
La teología de San Pablo no lleva a un repudio abierto del
Antiguo Testamento, pero constituye un severo ataque contra
éste• y ha sido especialmente bajo la influencia ele las enseñan¡as de San Pablo que los pensadores gnósticos se orientaron hacia un rompimiento radical con los orígenes judíos del

67

.

'

. Marción -que, contrariamente a San Pablo era nn O'('lltil-, desarrolló estas ideas hasta el extremo posib 1 r. Los ~onceptos contenidos en su Antítesis drstaearon los hecho&lt;; má&lt;;
significativos de la rebelión gnóstica ("antítesis") contra el
Antiguo Testamento.
. E! evangelio cristiano revela a un Dios del amor, la misericordia, y la compa~ión; el Dios del Antiguo Testamento es
celoso, &lt;:rue~ y vengat:"º· Por lo tanto, no puede ser una misma
cosa. Habiendo J esus proclamado la redención a través ele
la fe Y ~l amor, no podía ser el hijo del maligno y cruel Dios
d~l Antiguo T~stameuto; por lo tanto es el hijo del nuevo
D1,os "desconocido" que San Pablo r ecogió en el mercado comt~ 11 que es ¿.tenas. Esto es con_firrnado por el mismo Jesús,
qme1_i, ded~r? la .guerra a los Fariseos y constantemente transgredi~ }a v1eJa "!,ey coi: los hechos y las palabras; por lo tanto,
rrpud10 _al autiguo D10s que está tras de esa ley y afirmó
que. el vm,o nuevo 110 debe se~ guardado en odres viejos. El
Antiguo 'l: estamento es el registro de la historia del hombre
cu el estado ~le eaída, pecado, desesperación y muerte. es en
verd~d, el remo de Satán sobre la tierra. Esta histor:ia ~oncluyo cou J~s~s, q~1ien redimió a la humanidad y destruyó el
poder del v1e~o Dios malo. Por lo tanto, la nueva fe y sus
~ag~adas escnturas deben ser expurgadas de toda influencia
Judi_a (tarea que :Marción asumió) para que no resultasen distorsionadas y contamina_d!is por ellas. Finalmente, las revisiones t~xtu~les fueron utilizadas para defender las diferencias
doctr1~arias. Es así que lf.areióu diferemió entr e el espfritu
ele Cnst_o; que es~~ en contacto. con Dios, y el hombre Jesús
q~1~ nacio Y mun? ~obre esta herra; también repudió, como
hicieron otros gnostrnos, el dogma de la resurrección ele la
carne, y la f~ d_e los primeros cristianos en el retorno de Jesús
Y el establecumento de su reino sobre la tierra.
Estas ideas del gnosticismo, como dije, fueron derrotadas
en la lucha por la supremacía oficial eu la Iglesia, pero se

�68

Crítica a Simonc Weil

mantuvieron en corrientes subterráneas en la historia de la
teoría y la herejía cristianas. La lucha religiosa de Simone
Weil representa, tal romo ~u{&gt;, ~rn ;·i.olen~o ·'retorono de lo _r~~
primido". Parece como s1 el Jud10 enfrentado con l_a ~r~s1s
de la conversión al cristianismo rev1vr un ~r~ma h1stor!CJ·
Debe llegar a un acuerdo con su her.edad rehg1osa, Y 9mzas
sólo puede hacerlo en uno de dos cammos: ? ~uede sentir qu_e
la Iglesia Apostólica repre~enta el cumpfomento ':( florecimiento religioso de la fe judía ( ésta parece haber sido la solución adoptada por conversos '.·ontem~oráneos como Alfr:ed
Stern y Edith Stein) o debe radical y v10lentamente repudiar
su fe. Esto fué lo que hizo Simone Weil &lt;3&gt;.
Lo que hace tan dramático su raso es que lanzó sn rebelión gnóstica contra la religión judía en un moip-ento en que
el pueblo judfo estaba sufriendo_las p~ores agomas Y t?r~uras
que experimentara desde la existencia del mundo cristia~o.
Refiriendo toda su vida a la esperanza y la fe cu la ~alvac10n
en Jesús fué llevada a negar la religión de su propio pueblo
en el idi~ma de sus peores enemigos y perseguidores.
Leyendo su acusación, uno simpatiza con el escritor que
protestó por la crónica bibliográfica de The Notebooks aparecida en la edición del 16 de diciembre de 1956 del X ew York
Times.. El comentarista calificó a Simone W eil de "totalmente judía v or(Yullosa de serlo", elogió "todo" lo que escribió como algo ·"deb nuevo contenido, puro oro", y la definió como
"una de las grandes mentalidades de nuestro tiempo". Resulta
incomprensible que comentarios de este tipo puedan aparecer,
pero es más penoso aún _ver cómo S~mone \~T ~il es presenta_da
al público como nada m_as que u1~ heroe espmtual, ~n~, muJer
dueña de una mente brillante e mcansable que escr1b10 sobre
Homero Platón, política, mitología y matemáticas; una mujer
que exploró los misterios del amor divino y ~e tra11:~formó e!1
un "peregrino de lo absoluto". Esta transfiguracion d~ Simone W eil se ha convertido ahora en el retrato convenc10nal
para el público. Quizás fué todas estas cosas, pero también
fué otras: también fué ciega, cruel, y se entregó a orgías de
auto-laceración. ¡,Es que recurrió a la terrible acusación contra la religión de su pueblo para inf~igirse d~lore~ aún n:ás
grandes, y creyó que esta nueva agoma la baria mas querida
a los ojos de su nuevo Dios?
(3)

El caso de los conversos debe ser diferenciado de los individuos que
abandonan la fe Judía, o son excluidos de ella, pero que no se unen a
otro credo. Por lo tanto, Spinoza no pertenece a este grupo. ~u pante!smo racional o místico era tan anti-cristiano como anti-Jud10 Y fué
igualmente atacado con dureza, d~spués de la publicación de su Tratado Político-Teológico por los teologos cristianos como por los rabinos antes de su excomunión.

Hans ~feyel'lto(f

69

En su_ análisis de la Ilíada, Simone W eil percibe, y en
parte admira, una calidad y magnificencia sobrenatural en lo
~u~ano, una violencia que estima es el tema principal en la
epica de Homero. Pero lo sangriento, la violencia y la brutalidad que lee en el Antiguo Testamento, únicamente le inspiran
horror. Para Simane Weil la historia de los antiguos hebreos
es un registro de asesinatos y masacres. "Prácticamente lo
único que hicieron los hebreos fué dedicarse al extermino",' escribe. No deja de notar "la crueldad de Abraham hacia Agar
e Ismael"; el "horrible crimen" cometido por los hijos de
Jacob contra los Hivitas; "la atroz conducta de José hacia
los egipcios"; cuenta el número de muertos causados por las
batallas, las plagas y los terremotos· y recuerda con horror y
disgusto las "bárbaras" acciones co~1°etidas en el Deuteronomio 20 :10-18: 'Antes de todo los destruirás: al Heteo, y al
Amorreo, y al Cruianeo, y al Pereseo, y al Reveo, y al Jebuseo ...", como si los griegon a los que tanto admira no hubieran destruído Troya. O como si, más importante aún todos
estos hechos oscuros registrados en el Antiouo Test~mento
no tuvieran un significado especial en la nat:ral evoución de
la fe y el pueblo judíos hacia una superación de la crueldad
de la época. Para Simone V,teil hay una sola conclusión: Israel es "un pueblo artificial, que se mantiene unido por una
terrible violencia".
. La "mancha" dr lsrael está en su inmortalidad y materiahsmo. En esto,, &lt;le acuerdo con Simone Weil, lo hecho por
Israel es peor aun que aquellas atrocidades cometidas. Y se
basa para sus afirmaciones en las costumbres que regían en
los tiempos bíblicos.
:N'o e~ la prime~·a vez (ni será la última) que acusaciones
d_e _e~te _tipo han sido formuladas contra Israel, como si las
civ1hzacion~s de GrTe~ia, India, Egipto y otros pueblos, entre
los cuales Sllllone "' eil descubl'e hechos de encarnación divina
no r evelaran la misma primitiva naturaleza moral. Y más im~
po:tante aún, como si no estuviéramos aquí (como' en cualqmer otro h e~ho) frente
historias, mitos y recuerdos que
retoman los origenes dramaticos de las transiciones hacia la así
llamada i:nora~ civilizada que aplica en juzgarlos. Para Simone Well existe una sola conclusión: "Los hebreos habiendo
r~chazado la. revelación egipcia, tuvieron el Dios que merecieron, un D10s carnal y colectivo que nunca habla al alma
de ~adíe, hasta el tiempo del exili~"- Sn mentalidad "es demasiado carnal para cualquier otro Dios que no fuera Jehová".

,ª.

Por lo tanto_, Jehová es Satáh; y la misión religiosa de
Israel, en el meJor de los casos, es una advertencia de que

�71

Crítica a Simone Wefli
70

"aquí está el mal'', y en el peor de los casos, un terrible fraude
y engaño. La única tosa buena que puede decirse de Israel
es que "representa un intento para alcanzar una forma sobrenatural de vida socia~", que "ha logrado producir el mejor
ejemplo de su tipo", pero que "el resultado muestra el tipo de
revelación diYina de que es capaz la Gran Bestia". En esta
forma designa Simone W eil e~ mundo de la na tu raleza y el
hombre. Tanto Israel corn o la antigua Roma son encarnaciones de la Gran Bestia. Y la famosa Ley del Antiguo Testamento "es una espede ele maldieión, c·omo dijo San Pablo".
Por lo tanto, en la tradición de San Pablo y ]os gnósticos,
nada bueno, y menos aún la sa~vación, puede venir de la Ley,
o de este intento de infundir en la vida soc:ial un espíritu sobrenatural o divino. "La espiritualidad de Israel es exclusivamente colectiva", y otorgar cualquier misión divina al pueblo judío es una burla considerando su natµraleza carnal y
cruel. Han sido "e~egidos para ser enceguecidos, para ser los
ejecutores de C6sto". ( Quizás también Simone Weil recordaba de su niñez el insulto de que p ertenecía al pueblo de los
asesinos de Cristo.) Roma e 1srael "son, quizás, los dos únicos pueblos que han de ignorar la encarnación" y "es por esta
razón que todo está en Israel c:ontaminado con el pecado, porque nada puro hay sin una participación en la divinidad
encarnada".
La apasionada afirmación gnóstica de que ningún rasgo
de divinidad o espiritualidad hay en las sagradas escrituras
de Israel, causó considerables dificultades a Simone Weil. Después de todo, el Antiguo Testamento predica un innegab~e
monoteísmo puro y contiene ('.iertas afirmaciones específi('.as
contra la idolatría, y es igualmente innegable que los profetas,
al menos, desarrollaron una mentalidad mesiánica". Pero, rep1icó, esta nwntalidad, los "eneegueció para la verdad del
Mesías". Resulta patético ver cómo Simone Weil tuerce y
retuerce al Antiguo Testamento para hacerlo aparecer como
en puro déficit. "La creencia en un único y solo Dios" es
incompatible, por supuesto -al menos para los no cristianoscon los dogmas religiosos como la Santísima Trinidad o con
la fe en un mediador divino. Pero para Simone Weil, esta
fidelidad a un puro monoteísmo fué precisamente "la causa"
de lo que llamó "la ceguera moral" o de "colectivismo tribal''
de Israel.
Las acusaciones específicas llevan a un paroxismo de antisemitismo r eligioso en el terrible anatema que viene a ser la
síntesis de su pensamiento: "No puede sorprender qur un pueblo compuesto por los hijos de esdavos fugitivos, que fueron

11 evados a tomar posesi,
]'.
.
una tierra cuyo dim~ ai~~~:\\tlt1 l~~!~ {"Te de masacres de
parecer un paraíso y ºne
b' Y . er inc ª _natural la hacían
f!orecientes por civ'iliza1 ione: ia sido org:n.1zada sobre bases
tomado parte, Y a las cuales ~-n curo tra aJo ell~s no habían
sorprender que un ueblo ·a~ oced~eron a destrmr, no puede
bueno
Hablar
'D'
s1 sea imapaz de producir nada
···
ios eomo un 0ducador'
l ·,
este pueblo es una broma horribl
.
en re ac1on a
haya tanto mal en una civiliza(•ió~~ ¡, Puede sorprender que
corrompida
,
-la nuestra- que está
en sus ra1ces en su verdad
. . .,
.
e~ta mentira atroz? La m~ldi('.ión d J . efa msp1rac10n, P?r
tiandad. Las atrocidades el
. _e. s1ae pes~ sobre la cm,)'.entes, todo esto fué Tsr;el. exte11:1'.n)~ de be:eJes y de 110 crehtarismo es Israel (más esp~(;·Ctpitahsmo fue Israel ... Totagos)". Existe un solo vrnenoia metr en]tre sus peores enemición de procrreso". " en e, .munc o moderno -"la nootros
º
que C'S N,pec1f1camentc crü;tiano" "L
. vrnenos que se mezclan con 1
d
. : . os .
son de origen judío'' v
b
, a ver ad del cnstiamsmo
O
Marción antes que eJla· def
se1 rxpurgados, como creyrra
n?. ",Jehová, la Jglesi; de la iPº de la _fe Y eI dogma cristiad1oses terrenales" por lo t· t dad Mrd1~, (Hitler), son todos
L
'
an o, encarna(:tones de Satán
eyendo estas terribles pal b. .
.
·
que Simone \Veil hava alc~nzad~ rnsj uno tiende a esperar
canzó en vida: la p~z eue llev en a muerte-~º que no alhaya tomado las voces l de losa c1ª la ~omprension, y que no
~íos .. Pero rstos son t~mas sobr rmomo~ por el silencio de
Jat' nmguna luz. Podemos form~1}ºs cna.es i:o podemos arromodesto, Y precruntarnos sobre m a;nos un mterrogante más
puedrn haber e°ontribuíd~ 'a este / P. ª!1º ¿rnmano,. q_ué
fuentes
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~1rº¡ cªó:~
1
ne e11 c1 eer en un D10s del a 1 , l
. , .
camente convirtiendo al Dio 1 1 · bl 0 ~ º\ Y a grae1a umnación de Satán? The Noteb~o~ pue . Jndio e~ una encarterrible herida a sí mis
~·~fleJai1 gue se rnfli.gió rsta
pueblo como última ; 1:srs c~m110 est~ crimen con su propio
la desesperación total L Pf ra ª. ~edida de defensa contra
fué bautizada) era su ólt' ª e criStiana (en la cual nunca
existencia. Pero este
e?erart e~tre las r~inas de s_u
llamaba la terrible lucha
a r ea I ad ' como S1mone Well
lleva a una total r
., q~e se desarrollaba en su alma la
"
.
a 1:nac1on el mundo, el hombre y Dios. '
El mundo es mhabitable"
t d
debemos volar hacia lo .sio-ui~n'tJ'
rs lel mal. "Por ello
º
, . oEol
i. ore en natnral de las

"le:~:n

(4)

-~t

El caso de Simone Weil no es úni
res, con lmplicancias de antise
Renacimientos gnósticos simllae~ el Estudio de la Historia de~! }~º religioso, pueden encontrarse
neas y psicológicas de nuestra ép~c;, oynbee, y de otras obras histó-

�72

C1•ítica a Simour, Well

cosas, de acuerdo con ella, estaba sometido a una necesidad
inexorable sin significado: la fuerza de "gravedad" Y, la gravedad sólo' producen sufrimiento y dolor, disgusto y desesperación. Es el mundo de Kafka: "Nuestra vido no es otra c?sa
que imposibi!idad, absurdo ... Contra?ic~ión es nuestr~ 1:rnseria • y el sentimiento de nuestra mISeria es el sentimiento
de 'nuestra realidad ... Por ello es que dememos amarla". Es
el mundo de Iván Karamazov: no hay razón "absolutamente
ninguna", con la cual el inte!ecto puede resp?nder ~ la du~a
y desesperación de Iván ante todo el mal sm sentido e n~justificable de este mundo. O una sola: que es una mamfestación inescrutabl~, ininteligible d~l '.'amor ~obrenatur~l;
que es el deseo de Dios. Y por esta ~ltima razon estoy dispuesto a aceptar un mundo que es solo mal y cuyas consecuencias sólo pueden ser el mal".
Por lo tanto el mundo tal como es, es absolutamente oscuridad, y pens~r que un 'Dios. ~~ed~ il?-minarlo o "santi~icarlo", en el idioma de la tradicion JUdia, es una blasfe_m_ia
contra la fe que Simone Weil busca abraza~., Este gnosticismo anuncia una anc,ustiosa protesta y rebehon contra los sufrimientos de la raz~ humana a través de la hist?ria Y ~ont!a
la hipocresía con la cual a menudo intentó cubrir su mi~eria.
Pero cuando la oscura desesperación envuelve al ser mismo,
una rebelión de este tipo está condenada a re~ultar un gesto
impotente, patético, fútil, que entreg~ el _destmo . del hombr_P
totalmente en las manos de poderes m1ster1◊sos e mcomprensibles, responsables del sufrimiento y el mal que atormentan a
la humanidad.
Es la estimación del hombre y de sus poderes respecto del
mundo y de Dios, lo que decide la calidad y el sentido de la
rebelión gnóstica. En Simone W eil, la maldición de "gravedad" o abatimiento que pesa sobre el mundo produce un
doloroso· exceso de automortificación. "Todo lo que está en
mí sin excepción no tiene valor alguno ... Todo lo que apro'
. v_a1or.
pio' para mí se convierte
inmediatamente en algo sm
Ouden eimi: No soy nada". The Notebooks desarro11an mgeniosas variaciones sobre este tema: "Debo amar el ser nada.
Qué horrible sería si fuera algo. Debo amar mi no ser, amar el
ser nada". O en los momentos de mayor deessperación: "Leprosa ... es 1~ que soy. Todo lo que soy es lepra. El 'Yo' como tal es lepra".
La necesidad de raíces -testamento político de Simone
Weil- no encierra actitudes semejantes hacia el mundo y el
yo, ya que éstas no crean genu_inas posibilidade~ en la e~f~r!
de la acción social. Simone W eil, como hemos visto, participo
en los movimientos sociales y en las cuestiones políticas, pero

Hans l\Ieyerhoff

73

lo que le preocupó, según T. S. Eliot, fueron las almas humanas o, más específicamente, la salvación de almas humanas, no
prototipos sociales o expresiones políticas. Porque "lo social
es irremediablemente el dominio del mal". "El hombre es un
animal social, y el elemento social representa el mal . . . Por
lo tanto la vida só!o puede ser una laceración espiritual". La
ét~ca social de Simone W eil eran tan simple y severa como su
ética personal: rendición incondicional al deseo inescrutable
de Dios. "Incluso si uno pudiera ser como Dios, sería preferible ser un montón de barro obediente a Dios".
Para que el espíritu de Dios pueda preva~ecer, el cuerpo ha
ele morir. Simone W eil vivió para morir en su cuerpo. La
mayoría d(' las sectas gnósticas también adhirieron a un extremado ascetismo. La existencia espiritual, especialmente para
el elegido, es incompatible con los deseos de la carne. Los
~arcio_cistas, se dice, exigían_ a los casados que aceptaran ~l
divorcio para poder ser bautizados. En forma a]c,o análo(l'a
Simone W eil creía que la Iglesia era demasiado condescendi;n~
t~ en su actitud respecto de toda relación sexual que no sirviera al propósito de la procreación. De acuerdo con ella uno
debe '\enunciar definitivamente" al acto sexual como t~l, "y
recurrir a él en pocas ocasiones de la vida" que son inevitables
so pena de que la raza se extinga. "De este modo casi no
habría diferencia entre un padre de familia y un mo~je, en lo
que a la castidad se refiere". Una observación casual como
esta sirve para apreciar el tipo de revulsióu que Simone W eil
debe haber sentido al leer los primeros libros del Antigo Testamento, o al contemplar su propia senxualidad.
La lectura ele la realidad al estilo de Simone W eil es el preludio a una religión de lo absurdo. Al igual que Kierkec,aard
el solitario pensador danés del siglo XIX, que tanto ha l~gad~
a signific~r par,a muchas mentalidades de nuestro tiempo, Si~one W ~Il llego a la fe e~ a~~s del absurdo. "Extrema justicia combmada con la apariencia de una extrema injusticia ..."•
"Dios a la vez Uno y tres .. ."; "La hostia tanto asunto de 1~
tie~r~ como cuerpo ele Dios ...", son algunas de las paradojas
rehg1osas que torturaron a Simone W eil. Pero, como ya hemos
visto, la misma existencia humana es absurda: "Contradicción
es nuestra miseria; y el sentimiento de nuestra realidad" o
si no_: "~~ contradicción experimentada hasta lo profundo del
ser sigmfica la laceración espiritual, significa la "Cruz". Los
dos dominios ~el ser, naturaleza y espíritu, cuerpo y alma,
el mundo y D10s, se le aparecían como absolutamenle inconmensurables e irreconciliables. Fiel a la tradición "'nóstica
Simone Weil intentó superar la terrible separación entre esta~

�74

Crítica a Simone Weill

dos dimensiones, que ella no podía reconciliar por medio de
los poderes humanos, por un llamado a misteriosos y sobrenaturales poderes de mediación. Buscó frenéticamente signos
de mediación, y descubrió a la mediación encarnada en todo:
en la religión de los caldeos y los egipcios, en los upanishads
y el Bhagavad-Gita, en la mitología, poesía y drama griegos,
en Platón, Homero y los misterios órficos, en la mitología no
ruega, en el taoísmo y el budismo, en la música y las matemáticas, en todas partes, creyó, había signos e indicaciones que
anticipaban la liberación definitiva del hombre del pecado
y la muerte en la encarnación de Jesús como Cristo. En todos
lados, excepto en Israel y Roma.
Quizás no es difícil comprea4er ahora cómo Israel se
mantuvo como la gran ofensa eu lh desesperada persecución
de la salvación personal. Y quizás la terrible maldición que
Simone W eil lanzó contra la religión de su propio pueblo es
más bien una bendición. Porque, ¡, qué es lo que la aleja con
horror de las tiendas de Jacob y de los tabernáculos de Israel,
según ella misma dijo! La pureza de su monoteísmo gradualmente depurado de toda traza de imaginería mágica o idólatra la simple fe de que la vida ordinaria del hombre, Adán, el
poderoso Leviatán, la gran madre tierra la carne, la sociedad,
la naturaleza, pueden estar infundidas con un espíritu de
humanidad civilizada o, en lenguaje religioso, pueden estar
bendecidas y santificadas; la fe profética de que la paz, el amor
y la justicia pueden transformar al hombre en una criatura
grata a los ojos de Dios; la fe humana de que la palabra divina
es un regalo al hombre en su vida, no una promesa de bendición
en el más allá; que la Schejiná está encerrada en este mundo,
no entronizada en el otro; es decir, la terca fe de que este
mundo no está redimido ; o quizás la más creadora de las ideas
religiosas, la que nace de la tensión entre la fe de que el mundo
no está redimido y de que será redimido por las obras y el
amor del hombre.
Simone W eil prefirió condenar estas "ofensas" en nombre
del amor divino y la gracia en una época en que la fe profética
de Israel era encerrada en cámaras de gases. No estaba conforme con las raíces simples de fe como las de Israel, aunque
queda como un interrogante abierto si ella misma no estaba
más sin raíces que la gente a la cual ofreció su libro La nece-

sidad de raíces.
¡,Por qué el Dios de Israel se convirtió en la encarnación
de Satán? iPor qué eligió Simone Weil condenar solamente
al pueblo judío? Como hemos visto, descubrió encarnaciones

Hans Meyerhoff

¡

75

divinas en gran número de pueblos del mundo antiguo aún
cuando sus trayectori_as_ históricas y r eligiosas (sin hablar
d~ la ~,e los pueblos c~1stian?s) est~ban llenas de odio, incesto,
v1olac10~, cruelda_d,_ ,violencia y crnuen. ¿Por qué debía ser
una ter;1?le mald1C1on entre tantas bendiciones generosas? ¿Y
por que lllC~U~J confundió los .textos de la Biblia judía para
que la maldic1?n fuera 11;1-ás fuerte ? Es así que el cqmbate de
J acob con el angel es visto col)lo otra "impureza orio-inal
de
0
Israel". Lo que la ofende tan profundamente en esta hisforia
es el hec~o q~e Jacob 110 es destruído por el ángel, sino que
emerge v1ctor10so de la lucha. He aquí su acusador interrog~ute: ¿ "No es una gran calamidad que cuando uuo lucha con
D10s, no sea derrotado ?". Lo es ciertamente, cuando el encuentro entre el ser humano y lo divino sólo puede ser contemplado
e~1 términos de la sumisión, obediencia e impotencia incondic!onal por parte del hombre. El relato bíblico es más sutil
s1n em~argo, de lo que Simone Weil puede percibir. Jaeob n¿
st~r_ge s1mp_lemente como el ganador; o su victoria tiene un sigmficado diferente. El episodio concluye con estas palabras:
"Entonces Jacob le preguntó y dijo: Declárame ahora tu nombre. _Y respondió: 1, Por qué preguntas por mi nombre? Y
be1~d~J,olo allí" .. ((!énesis 32 :29) . En otras palabras, J acob
rec1b10 la benchc1on pero.~~ el "non~bre" del áng&lt;&gt;l; por lo
t~11to, el poder de la bend1c10n no der1va de la posesión victor!os~
J acob_- ~el nombre mágico de Dios. El característico
s1gm!1c_a do rehg1oso de este incidente &lt;5&gt; -el conflicto entre
lo, mag1co y ,el monoteísmo- escapa también a Simonc W eil,
as1_c?mo esta totalmente ciega a la descripción que hacen las
E~crituras hebreas de la lenta y dolorosa transformación de las
tribus en un pueblo sagrado que celebra un pacto con Dios.

?e

Es difícil pensar, frente a los hechos que registra la historia contemporánea, que estos puntos oscuros se deban solamente a la teología gnóstica; o evitar la sospecha de que factores
personales han contribuído a este renacimiento del gnosticismo. Los cuadernos de anotaciones de Simone W eil revelan
d_esesperación y o~io a sí misma in extremis; lloran de angustia ante la ausencia de perfección y amor en este mundo. Quizás la fe de sus padres asumió tantas formas monstruosas en la
mente de Simone Weil porque demandó de ellos -de sus padres Y de su. pueblo- un grado de perfección y pureza de
~mor q~1e es inhumano. Porque no son puros y perfectos, su
mcapac1dad para amarlos como son -o su incapacidad de ser
(5)

Un episodio similar es relatado cuando Raquel "roba" las "imágenes"
de su padre: esto implica pata Simone Weil otro ejemplo claro de
robo entre los Judíos.

�76

Crítica a Simone Weil,

amada como era- se convirtió en desesperación y odio. Porque su pueblo fué corrompido con las imperfecciones de nuestra común mortalidad, ella desesperó de superar jamás esas imperfecciones en sí misma. Y es así que maldijo a aquellos que
más pudo haber amado, y a ella misma por el fracaso de la
perfección y el amor de sus vidas y la de ella. Quizás esto
ayude a exp!icar la salvaje "antítesis" gnóstica que se conformó eu su mente :o perfección absoluta y puro amor, o miseria completa y desesperación total; o todo o nada.
"¿ Qué puede importar que nunca haya alegría en mí, si
hay perpetuamente una perfecta alegría en Dios_?". ~ué i~porta, en verdad, si la falta de amor de la propia ex1ste~c1~,
es en definitiva la única condición para creer en el amor mf111ito de Dios. La atenta contemplación de la. miseria, sin comp ensación ni consuelo nos lleva a lo . sobrenatural, y por lo
' otra cosa que amar la f uente de e11a " .
tanto no podemos hacer
No podemos hacer otra cosa porque la única prueba de la
perfección de Dios "es que lo amamos" precisamente por la
miseria qne nos ha traído. Las raíces profundas de esta teología, están alimentadas po~, la ~nd~ferenc!a, el odio, . Y ~a
crueldad hacia el hombre.
La md1ferencia por la miseria
humana es la única fuente de la felicidad sobrenatural". ¿Dónde encontró estas amargas palabras en las prédicas de Jesús?
Quizás debía ser tan cruel e implaca~le _hacia l_os que amaba
porque no podía perdonarse por la md1fere~1c1a Y. crueldad ·
en su propio amor. Y es así que exaltó hacia el n~vel de la
O'racia sobrenatural lo que no pudo resolver en el nivel de la
gravedad humana. La fe es el último refugio de la desesperación ante el fracaso de la vida.
Por lo tanto, Dios se aleja de un mundo que está ~ondenado: se convierte en el "dios ausente", Deus abscond1t_us, a
causa de la total ausencia de amor y esperanza sobre la tierra.
"La vida -de acuerdo con Simone W eil- no es otra cosa que
una forma ersatz de la salvación". Quizás la salvación que ella
buscó no es otra cosa que una forma erhatz de la vida.

Aifomo Rangef Guerra/ PALABRAS PARA A lFONSO
REYES ..

SE

R IXDE hom('uaj&lt;' a un hombre de
letras, a un hombre l¡Ue dedü·ó sn vida. fittfi deswlos y sus preocupaciones, al noble ejercicio d&lt;'l espíritu. Son muchos los
caminos (JUl' conducen al individuo a su propia realización,
dentro de la soeiedad a la que perte1wee, pero el más alto, el
más desinteresado. porque &lt;'ll él se ofrec('ll abiertamente los
mejores dones y la propia riqueza hacia los cuatro puntos
cardinales, para sen-icio de to&lt;los, es el· camino de la inteligencia, en el que se labora silenciosamente y se obtiene un
fruto que al multipli&lt;'arse benefüia más que al creador, al
que se acerea a su obra g&lt;'nerosa y rica.
Al mexieano ilustre que tclebrara sus bodas de oro con la
literatura; al re¡?iomontano que dió a México una voz universal que se dejó escllfhar más allá de sus fronteras; a Alfonso
Reyes el humanista, brinda el más ferviente tributo de admiración y respeto el Ayuntamiento de esta ciudad, el Gobierno
y la Uniwrsidad ele sn Estado. Homenaje de reconocimiento
a sus prendas intelectuales, a sn tiara Yocación, a su obra magnífica que es la mejor herpncia para sus contemporáneos
La Y ida y la obra de 1\ 1fo uso Reyes se hermanan armoniosamente y nos ofrec:en una lección, la mejor lección que puede dar un hombre: en él apreudemos que la bondad y la inteligencia son las que dan al individuo su estatura humana,
su propia dimensión, sostenida en esos valores eternos que
sobreponen d espíritu a la materia. Ejemplo de voluntad
creadora, Alfonso Reyes reprc'senta la dedicación a esa tarea
* Pronunciadas en la Velada Solemne que el Gobierno del Estado, la Uni-

versidad de Nuevo León y el Ayuntamiento de la Ciudad de Monterrey,
dedicaron al insigne hombre de letras, la noche del 17 de mayo de 1960
en el Aula Magna de la Universidad.

-77-

�78

Palabras para Alfonso Reyes

superior, que dignifi~ó y ~levó desde sus años adolescentes
hasta el fin de su existencia.
Sus años adolescentes: un despertar a la vida con el
secreto impulso que lo llevaba, entre inquietudes, hasta el
umbral mismo de la poesía, en cuyo recmto pudo contemplar y recrear las formas esenciales en las que se re~oge l,a
existencia. Poseyó desde entonces el don del lenguaJe J?Oetico fue dueño de un sendero por el que pudo transitar
su propia libertad, inclinada hac~a el hor~zonte _clás~co,_ hacia su cielo y sus montañas nativas, hacia su Jardm mterior. Su universalidad lo condujo a una constante ampliación nunca satisfecha, y es así que lo vemos, desde aquellos lejanos años, en la labor del verdadero hombre de let:·as,
del estudioso que se lanzaba, pluma en mano, a la c~nqmsta
de 1rnevos campos espirituales donde satisfac_er su m~g?table sed. La pluma de Alfonso Reyes trabaJaba metod1camente, s&lt;'renamente, sin más perturbaciones que las que le
imponía su propio trabajo.
Así vivió Alfonso Reyes su vida. En amorosa ~ntrega a
sn vocación, vió crecer la obra comenzad~ ~11; la Juve1!tud.
Una obra que nunca perdió su naturaleza nucial : seremdad,
contacto eon la vida, culto del bien ! .de la belleza_; }a obra
d&lt;' vastas dimensiones y hondura espmtu~l que Jo s~tua para
siempre entre los superiores del pensanuento amencano.
Sabio de amplia sabiduría y de mirada atenta a~, espectáculo de la vida, siempre vigilante de lo que ocurri~ a su
alrededor se mantuvo actual y presente en consonan~1a con
sn propi¡ época. Aquel joven que al iniciarse el s1gl~ no
era ajeno a las literaturas del momento, y que ~-oadyuv? _en
la formación del nuevo pensamiento que desaloJo las vieJas
ideas de la paz porfiriana, sostuvo esa posición de avanzado
y llel7Ó a la cima con la mano firme y el espíritu siempre
3oven~ conocedor de las_ nuevas c?rrien_tes y_ co~umn~ fuerte
en los esforzados trabaJos de la mvestigac10n literaria. Alfonso Reyes se nos muestra, en todas las etapas _de su vida,
como el auténtico trabajador intelectual que se impuso una
tarea y la cumplió con creces.
Si queremos abarcar su obra tenemos que seguir tod,as
las direcciones que la cruzan. Entre la ~rosa Y la poes1a,
grandes vías del escritor, se levanta una inmensa construcción que recoge el fruto de esa tarea. La palabra, lugar de
encuentro entre el hombre y el mundo, tuyo _el!- su mano la
suprema elegancia y la profundida~ d~ s1gruficad~, . que le
permitió transportarse a todos los ambitos del espmtu con

Alfonso R1111gel Guena

79

el dominio que le otorgaba la autenticidad de su actitud. Especialista en universales, como él mismo se llamó cuando
explicó su actitud investigadora, nunca resignada a "estudiar los objetos de la cultura como objetos aislados", sino
por el contrario, con la necesidad de "sumergirlos rn los conjuntos históricos y filosóficos de cada época". lTniversalidad de pensamiento en la que reside su propia grandeza.
Este es el perfil definitivo de Alfonso Reyes. El tiempo se encargará de ahondar aún más sus rasgos, para poder
alcanzar y comprender toda la trascendencia que tiene, para
la cultura nacional, la obra total de este ilustre humanista.
La perspectiva delimitará los contornos precisos de su gran
figura y se podrá aquilatar la magnitud de la labor que
Alfonso Reyes realizó por México y por América. Como todos los grandes creadores, deja una semilla en tierra fértil.
Esa respiración de su alma, que fue el escribir, queda viva
en la obra completa que nos ha legado. En ella lo encontraremos a él, abierto al diálogo generoso, dispuesto a iluminar todas las zonas de su pensamiento para guiarnos por
los muchos caminos que recorrió y en los cuales siempre
veremos la huella de su propio paso. Para la juventud, de
la cual nunca se alejó, tuvo el mensaje de la esperanza. Esta
nunca lo abandonó; vió siempre hacia adelante, seguro de
que en el transcurso de las generaciones -unión de pasado
y futuro en el gran eslabón de la civilización- se cumple
la ley de conservación y por ella el depósito, el intercambio
y el rejuvenecimiento de las ideas.
Este homenaje, que ofrecen a la memoria del esclarecido humanista el Ayuntamiento de Monterrey, el Gobierno
del Estado y la Universidad de Nuevo León, es sólo una muestra de reconocimiento para su hijo más ilustre. Tenemos uua
gran deuda, que sólo podrá cubrise cuando hayamos cumpljdo y comprendido la lección que se desprende de su vida y
de su obra. Sólo entonces tendremos derecho a llamar nu&lt;'stra la herencia que nos deja.
Quiero terminar con unas palabras de Alfonso Reyes.
Las escribió hace ya mucho tiempo y las dedicó al pensador
americano José Enrique Rodó; pero quiero que esta nochf,
en este homenaje, repetirlas y aplicarlas al mismo Alfonso
Reyes: "Era el que escribía mejor y era el más bueno.. Su
obra se desenvuelve sobre aquella zona feliz en que se confunden el bien y la belleza. Y hoy nos volvemos hacia fl como en busca de una arquitectura sagrada que resista al fuego
de la barbarie, mientras le enviamos, arrobados, el vuelo de
nuestras más altas promesas .. ."

�Libros

Los nuevos caminos de la lingüística, por Alfonso Reyes, U.
N. A. M. México, 1960. (Suplementos del Seminario de Problemas Científicos y Filosóficos, 21)

CoN

el nombre de Los nuevos caminos
de la lingüística, el Seminario de Problemas Científicos y
Filosóficos de la l'niversidad acaba de publicar, en su número 21, el discurso pronunciado por Alfonso Reyes al tomar posesión de la Dirección de la Academia Mexicana de la
Lengua. Rinde así la Universidad, por medio del Seminario,
un homenaje más a la memoria del desaparecido escritor y
humanista.
Su prosa se ocupó en este opúsculo del lenguaje y los
nuevos caminos que se han abierto para su estudio, ya que
"los nuevos caminos por donde hoy discurre la lingiHstica
ann no se han abierto al público . .. , y son más bien privilegio
de esperialistas".

J.

Partiendo del siglo XX en que se gesta una verdadera
intención por una forma lingüística histórica y comparada,
el autor repasa someramente su desarr ollo hasta nuestros
días en que, ya en un plano científico, la preocupación filosófica ha venido a darle el espaldarazo como verdadera disciplina. Como tal, surge el primer problema, que es la delimitación de su campo de estudio, seguido en segundo término de la definición de los objetos de su investigación. Esto
dará lugar a destacar los diversos criterios que se siguen para
estudiar el lenguaje, y quedará así dividida la lingüística
en sus diferentes ramas (sintáctica, fonética, · semántica, etc.),
y junto a ellas una "filosofía del lenguaje".

-si-

�Libros

82

Aún hay y habrá más derivaciones; el campo de la lingüística, coi~ el advenimiento de nuevos métodos y aparatos
técnicos, se ha de aclarar mucho más; incluso ya pue~e hablarse de la ayuda que dichos adelantos han proporc10nado
a dicha disciplina. "Examínese, como ejemplo más a la
mano de estas investigaciones, el opúsculo de Yuen Ren Chao
sobre La significación del lenguaje, publicado en 1956 por
el Seminario de Problemas Científicos y Filoi:;óficos de mH'Stra 1Tniversidacl Xacional, y compáraselo con el tratamiento
tradicional que se conredía a estos problemas".
Posteriormente agrega al sentido de la Lingüística una
particularidad del lenguaje que ha sido in~udablem~n~e menospreciada por los estudiosos de la materia: la mn111ca, el
gesto fónico del habla, "pues el 1engnaje parece u_na . n!era
especialización habla de la mímica, sin que esto ~1g111f1que
caer en las extremidades de aquellos que todo qu1&gt;nan sacarlo de la onomatopeya". Pero, "por supuesto que, para ser
completos hay que ~umergir el estudio lingiiístico en rl estudio general de las comunicacionrs humanas, pues ya lanzados
por este camino, unos conocimientos tirnen que rnlazars; con
los otros como cuando Élor Juana halla puentes o metafo_ras
explicati;as rumbo a las verdades teológicas en sus medltaeiones sobrr la música".
J.A.G.

Asesinato en la catedral, por T. S. E 1iot. Traducción de José
Hernánd&lt;'z. Dirrreión General de Publicaciones. U.N.A.:!\I.,

1960.

LA

PRESENCIA de T. S. Eliot en la
poesía del siglo XX ha contr~buído a ~on!i~uar la línea de
la gran literatura inglesa segu1~a por Virgnna -~oolf, J oyce,
v en cierta medida, Shaw, corriente cuya sucesion s~ hallab~
~letenida. Es bien otra, sin embargo, la ruta ~1ue Ehot ~ersigue, comparada con las obras d~ las grandes ~1,guras aludidas;
su inter~s se encamina a otro tipo de expresion.
Ori,,.inalmente
el escritor inglés referido se había preo0
cupado particu1armente por la renovación de la poesía en

Libros

1

')

(

l

83

lengua inglesa, aportando una obra poética de gran valor que
lo llevó a la justa consagración ; en igual medida intenta el
teatro con las mismas inquietudes transformadoras. Su interés en este género era llevar la poesía al teatro, traslado que
no sólo incluía el sentido poético en el lenguaje, sino el uso
del verbo en escena. Esta idea se halla desarrollada plenamente en Asesinato en la catedral, La roca y Cocktail party,
citando sólo sus obras más conocidas.
La Imprenta Universitaria de la Universidad de México
emprendió este año la edición en español de la primera: Asesinato en la catedral, cuya traducción debida a Jorge Heruández Campos conserva la intención del verso del original,
sin llegar a ser una versión en verso; resguarda, así, las líneas versificadas del texto, trasladándolas al español en una
suerte de poesía libre, y conservando los giros y alteraciones de Eliot, cualidad que le permite obtener una pieza que
se halla muy cerca de la exactitud interpretativa.
El experimento de E'liot de llevar al verso la escena, no
estaba exento ele osadía: el teatro había logrado ya el dominio de un lenguaje propio, de una expresión que había abandonado, con Ibsen, por ejemplo, los efectivismos y artificios
que en gran medida el verso significaba ; separado éste del
teatro en el siglo XVII, la vuelta a la costumbre olvidada
bien podía parecer una insolencia cometida a la escena. Pero la concepción dramática de Eliot es otra: el personaje representado, si bien guarda cualidades que lo determinan como un ser individual, es a la vez atributo de símbolos, y estos son los que dan al autor la posibilidad de hacer poesía.
Esto y aprovechar de los personajes los momentos clave en
una escena legitima el uso del verso.
Pero la obra no es sólo un mero juego formal. La dialéctica de las ideas -las ideas políticas, la justicia- hace
de esta obra una pieza de tesis.
El asunto de la obra descubre el dilema entre la obediencia a un sistema gubernamental, o la conformidad a las convicciones religiosas; es decir la opción entre los valores por
sí mismo o la justicia. Thomas Becket habla de su deber
hacia su grey y la religión: en las últimas escenas de la obra,
quienes perpetran el asesinato de Becket revelan la otra
cara del problema: el deber de preservar a la sociedad del
fanatismo y el caos que vendrá con la negación del progreso
alcanzado por el país: su recién adquirida condición de categoría social, la burguesía.

�Libros

84

El problema, que no se resuelve, puesto que la muerte
del arzobispo es sólo una solución inmediata y pasajera del
asunto de mucho mayor alcance, plantea sin embargo, los hechos ayudando a vislumbrar una resolución: la justicia sobre
los demás intereses.
J.A.G.

Introducción a la metafísica, por Henri Bergson. Traducción
de Rafael Moreno. Dirección General de Publicaciones, U. N.
A. M:. 1960. 48 pp. (Cuadernos del Centro de Estudios Filosóficos).

T

AR.EA difícil y extensa sería analizar, someramente, el pensamiento de los principales estudiosos de la ciencia metafísica. En la de Aristóteles -por ejemplo- al primer examen figuran la materia y la forma. En
haber comprendido la esencial unidad con que se presentan
ambas entidades, radica la grandeza de este pensamiento del
estagirita. Y Aristóteles, lejos de entrar en un análisis acerca de la materia, siempre la relaciona con la forma y no es
posible pretender la explicación integral de la una sin la otra.
Es sabido que Sócrates y Platón, concedieron escasa importancia a la materia y al través de- la apreciab1e cantidad de
obras de este último apenas si obtenemos de ella una vaga
e imprecisa definición.
En Platón su anhelo por elevarse hacia planos metafísicos hace que su pensamiento rehuya de fundamentar esa materia con un criterio ligeramente físico; pero su genio idealista nos ofrece otra consideración de esa materia: la forma
sobre toda materia constituída.
Henri Bergson, el gran filósofo francés cuyo centenario
de nacimiento se cumplió el año pasado, escribió en 1903 un
interesante ensayo sobre la Introducción a la metafísica que
ahora en su homenaje ha publieado el Centro de Estudios Filóficos de la Universidad Nacional. Como bien lo anota Bergson, "desde entonces, (1903) nos hemos visto llevados a preci- ·
sar más la significación de los términos metafísica y ciencia.
Cada uno es libre de dar a las palabras el sentido que quiera,

85

Libros

cuando se toma el cuidado de definirlo: nada impediría llamar
"ciencia" o "filosofía", como se ha hecho durante mucho
tiempo, a toda clase de conocimientos. Se podría también tal
como lo dijimos en otro lugar, comprender todo en la rr:etafísica".
Y Bergson, siguiendo un orden preestablecido, va gradualmente presentando sus formulaciones y contemplando al
mismo tiempo, el contorno de sus tesis. Sus planteamientos' en
realidad, presentan un vigoroso pensamiento y al mismo tiempo, entre sus múltiples elementos, encontramos -aun en aquellas. gue nos par~cen secundarias-, una concreta armonía y
positiva coherencia. Para el autor la metafísica presenta, como una c~r~cterí~ti~a sobresaliente, la facilidad con que se
pueden umf1car d1stmtos conceptos y la relativa flexibilidad·
con que pueden equiparse unos con otros.
La variedad de los problemas planteados y la misma diversidad de sus distintas cuestiones, ofrece realmente un material de estudio que hace indiscutiblemente compleja y más
ardua, la tarea de realizar una crítica integral y valorista de
las tesis expuestas por Enrique Bergson .

Iván Restrepo Fernández

Páramo de sueños seguido de imágenes desterradas, por .A.lí
Chumacero. Dirección General de Publicaciones. U. N. A. M.
1960..

A

16 AÑOS de publicación de Páramo
de sueños (1944), primer libro de poesía de Alí Chumacero la
Universidad de México decide reeditarlo, seguido de 1má'.genes Desterradas (1948).
Poesía de_l silencio la de Chumacero. No de la impresión
arrebatada, smo de lo que permanece de ella: su memoria:
serena y segura. La sensación cristalizada por el tiempo. El
recuerdo del sosiego que emb1J,lsama.
"mas el aire es quien fragua, sosegado,
la caricia sombría, el beso amargo ..."

�Libros

Libros

86

87

ca se puede aprehender la intensidad. Chumacero pertenece
a los segundos".

Esta imagen posterior de las cosas si bien "pierde una
estela de su aroma", es más suavemente perceptible, más profunda quizá:

J.A.G.

"deja una huella: pie que no se posa
y yeso que se apaga en el silencio."
Ko hay temas en Chumacero; el amor que pudiera ser
uno de ellos, es demasiado importante, tácito en cada página,
para tomarlo como un simple factor de su poesía; entre líneas
-corriendo como un río subterráneo de aguas tornadizas que
a veces se filtran a la superficie- lo hemos venido leyendo,
intuyendo, como un constante estado, siempre en la misma
actitud del poeta de recuperarlo del olvido. El amor es una
constante paradoja. Amor: platonismo, solidez intacta; amor;
deseo ferviente; amor: recuerdo y tiempo recobrado.

' l

SI

De esta suerte, hablará del tiempo, de la flor inmersa, deshojada en las manos; de la desolación, playa donde la arena
espera la llegada inútil de las olas;; de la pureza, recuerdo
de Narciso adolescente; del olvido, provincia segura de la
nada.
La nada será un concepto plenamente identificado con
el poeta. Comienza por la orilla de sí mismo
"mi playa, la perdida, la solitaria arena
habitada de lágrimas, y el asolado sueño
donde tu ausencia crea la forma de la nada.''
Así, se convierte de vacío espacial en un sentimiento
apagado, nihilista de las cosas:
"No existe sino duelo, oscuridad:
una indeleble noche que se inicia
desde el voraz silencio de tus párpados."
En este mundo de paradojas, no puede faltar la esperanza, aun cuando se haya negado el valor y la ilusión del
mundo.
" ... "El sér es nada",
más el sér es polvo adormecido.''
De la poesía actual en México, la de Alí Chumacero es
probablemente la que ha sabido permanecer más atenta a sí
misma, yendo más seguramente a su lenta consagración. De
él ha dicho Emmanuel Carballo: "Se podría hablar de poetas
posibles e imposibles en el sentido epidémico de la imitación:
de aquéllos se capta la fantasía, el poder verbal; de éstos nun-

Laocoonte, por G. E. Lessing. Introducción de Justino Fernández. Versión de Amalia Raggio. Dirección General de
Publicaciones. U.N.A.M. 1960. 190 pp. (Colección Nuestros
Clásicos No 16).

1

•

P ASAJ\I OS revista a la historia
del arte, observamos que en ella los críticos brillan por su
ausencia. Pese a su verbalismo, propio frecuentemente de
una actividad literaria ambigua, no creativa, la crítica no
logró ocupar un puesto destacado en la historia. Podríamos
indicar difícilmente una media docena de hombres, cuyas intervenciones críticas fueran necesarias para la comprensión
de la obra ,plástica de una época. Es con la historia del arte y no con la crítica o filosofía del arte con la cual se ocupa~ actualmente los investigadores, puesto que cientos de
artistas quedaron consagrados como sillares en la evolución
cultural de la humanidad, no obstante haber sido atacados
y rechazados por la crítica de su época. Aquellos creadores
se perpetuaron mientras que los críticos se esfumaron del e;;cenario histórico.
Por otra parte, no es difícil comprobar que la crítica de
a:rte tuyo una mínima influencia sobre la producción artística. Aun es raro actualmente el caso de un pintor que crea
sus obras obedeciendo a las directivas de la crítica. Si lo
hace, es_ considerado, y con justa razón, como uno de tantos
oportumstas que corren tras de la "moda" y con ella desaparecen. Mucho más que por la crítica coetánea el artista fué
influenciado, en todas las épocas, por las co~diciones socia1.~s en que vivía, por el ambiente que lo rodeaba y las obligac10nes impuestas por sus protectores: los patronos que lo
contrataban: la iglesia, la aristocracia, y posteriormente, la
bu~guesía; o los "Marchands" y coleccionistas, cuando aparecieron en el escenario de las artes plásticas.
A G. E. Lessing lo podemos colocar dentro de la media
docena de hombres que mencionábamos arriba. Su obra Lao-

�Libros

88

coonte, escrita en 1756 y que publicara un añ? después,. resul-

ta un certero análisis de la cultura y la pmtura Gri~ga, !
Romana. Como apunta bien Justino Fernández en s~ ·'.er1t1ca de Laocoonte" no hay que olvidar que_ es un romantico Y
que por eso concibe así la pintura. Es mdudable que abre
-cual precursor- una nueva época por el . concepto q_ue
tiene de la poesía, haciendo a un lado el gu_e tiene de _la prntura, y no olvidando que tomó el arte clasico como s1 f?~ra.
el único posible. Desde que el famoso ~rupo e~cul~?rico
Griego Laocoonte fué llevado al Museo Vaticano, eJerc~o _notable influencia entre los pintores y escultores del ~enacim1ei:i:
to incluyendo en ellos a Miguel Angel. Y Le~smg escog10
co:no título de sus límites entre la poesía y la pmtura e~ del
famoso grupo, por haber sido piedra angula~ de las discusiones con el crítico Winckelmann. Por lo u1;teresante clel
tema -si bien se le ha tachado por lo desorgam¡;ado_- r_esu1ta de elevado interés, más ahora cuando todo ha sido mvadido por una no muy saneada crítica.

I. R.F.

Libros

89

gativo; el delirio en la selva; la furia homicida de un idiota; los amores ilícitos entre finquero e india; la mordedura
de una culebra y la amputación de un brazo; la peregrinación religiosa; la mujer domadora; y el amor incestuoso. Lo
que distingue a Balsells Rivera de sus contemporáneos son
la inesperada falta de dramatismo hasta en los desenlaces
violentos y tanto la individualización de los personajes anónimos como la humanización de los personajes simbólicos. Los
cuentos sin excepción están bien contruídos. El lenguaje es
correcto con una proporción equilibrada de términos guatemaltecos. Las metáforas, a veces demasiado explicadas, concuerdan con el ' tono de cada cuento : "su voz . . serruchaba
las palabras lo mismo que una sierra de cortar metales."
(''Petén") "El camino va trepando por los cerros violeta,,
encariñado con las alturas, y al fin se desploma y cae hasta
el río, lo mismo que un saco de harina abierto de una cuchillada." ("Esquipulas") Aunque ya pasó el auge del criollismo, sería imperdonable dejar en el olvido los cuentos de Balsells Rivera tan bien recogidos, prologados e impresos por
César Brañas y la Universidad de San Carlos.

Seymour Menton,
University of Kansas
Alfredo Balsells Rivera, El venadeado y otros cuentos. Universidad de San Carlos de Guatemala, 1958.

LA

PUBLICACION en 1958 por la
Universidad de San Carlos de Guate1!1ala de El venadeado ,Y
otros cuentos de Alfredo Balsells Rivera (1904-40) todav1a
no ha despertado el interés que merece: Este toii:io i~clu)'.e,
según el prologuista César Brañas, escritor muy fmo el mismo "unos de los mejores y más acabados cuentos que se h~n
esc~ito en Guatemala, de tema nativo." (p. 13). . D~sgraciadamente no se publicó hasta 1958 cuando el criollismo ya
había pasado de moda. Sin embargo, hay ~?e. constatar. que
Balsells Rivera publicó sus cuentos en per10d1cos y revistas
durante la década de 1930-40. No se trata de un rezagado
sino del mejor autor de cuentos criollos de Guatemala.
Los temas no son novedosos. Son los que llegaron a consagrarse en las obras de Horacio Qui_roga, José. E. ~Uvera,
Rómulo Gallegos, Miguel Angel Asturias, Gregori~ Lopez Y
Fuentes y Jorge Icaza: el asesinato pagado; el asesmato ven-

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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1960, Segunda Época, Año 3, No 3, Julio-Septiembre </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Alfonso Reyes</name>
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        <name>Germán Seijas Román</name>
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                    <text>Revista de la Universidad de Naevo Leé■

e Mier y el caso Hogan •
to mexicano reciente •
Agustín Basave F

l Valle, Hacia una filo-

sofía integral del

J oseph H. Greenberg,

Lengua.je y Lingü

cques Charpier, Saint-

John Perse • Alberto

re a Gómez, México ante el

mexicano • Indi

OCTUBRE/DICIEMBRE DE 1960

Al'iO 3/ Segunda Epoca

��J\RMASY~

r

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Revista de la Universidad de Nuevo León

Rector:

Año 3 No. 4

Octubre/Diciembre de 1960

Segunda Epoca

ARQ. JOAQUIN A. MORA

Secretario General :
LIC. ROGELIO VILLARREAL

SUMARIO

Director de la Revista:
LIC. JUAN ANTO~IO AYALA

Bedford K. Hadley, El Padre Mier y el Caso Hogan. . . . .

5

Edmundo Valadés, El Cuento Mexicano Reciente........

19

Agustín Basave Fernández del Valle, Hacia una Filosofía

Integral del Hombre.. . .. .. . . . . .. . . . . . .. .. .. .. . .. . .. 41

(Registro en Trámite)
PRECIO DE SUSCRIPCION

Dirección:

Joseph H. Greenberg, Lenguaje y Lingüística...........

63

Jacques Charpier, Saint-John Perse....................

77

UN" .Al'IO ( cuatro números)

Washington y Colegio Civil

En :México: Veinte pesos

MONTERREY, N .L.

Alberto García Gómez, México Ante el Mexicano. . . . . . .

83

Otros países: Dos dólares

México.

Indices de "Armas y Letra.s". . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

93

�Bedford K Hadley / EL PADRE MIER

Y EL CASO HOGAN

EL

célebre patriota y estadista mexicano, Padre José Servando Terrsa de Jesús dr 11ier Noriega y
Guerra (1763-1827), sostuvo que era Arzobispo de Baltimore.
En 1822 y 1823 se paseó y sr "pavoneó" (ll por las calles de la
ciudad de ~léxico ataviado con su propia versión del atuendo
&lt;'piscopal, afirmando qu&lt;' sus amigos católicos-romanos de los
Estados "Unidos lo habían elegido para ocupar el cargo eclesiástico de mayor catt'goría que eutouces había en ese país &lt;2 J.
Además, en su calidad dt' diputado electo del Primer y Segundo Congreso de México, el Padre l\fier, algunas veces,
firmó su correspondemia oficial como "Servando, Arzobispo
de Baltimore" &lt;3l.
Durante su vida, Servaudo dt' :.\Iier jamás explicó públicamente ni dio detalles sobre su fantástica afirmación. Por
eso, sus enemigos políticos consideraron que sus pretensiones
(1) . -Tomás

Mendirichaga y Cueva, "El Padre Mler contra el Estado de
Nuevo León", Vida Unh·ersltaria, CLXXXVII (Octubre), 1954, (6 por
9); Emillo del Castlllo Negrete, México en el siglo XIX (México: Imprenta del Editor, 1875-188), XV, 474.

(2) .--Servando de Mler, Diez cartas, hasta hoy inéditas de Frny Servando
Teresa de Mier (Monterrey: Se publlcan por lniclatlva del C. Alcalde
Primero, Prof. Manuel Flores, 1940), 3-6, 27; Mier al Ayuntamiento
de Monterrey, 17 de Julio de 1822 y 2 de Abril de 1823, en Eduardo
de Ontañón, Desasosiegos de Fray Senando (México: Xochitl, 1941),
142, 153-155.

(3) .-Servando, Arzobispo de Baltimore a la Diputación Provincial, Ciudad de México, 5 de Julio de 1823, en la obra de David Alberto Cossio,
Historia de Nuevo León (Monterrey : J. Cantú Leal, 1925), V, 889-;
José Eleuterio González, Biografía del Benemérito Mexicano D. Servando Teresa ele l\fier Xorlega y Guerra (Monterrey: José Sáenz, 1876),
245.

5

�6

Bedford K. Hadley

El Padre Mier y el Caso Bogan
4

eran una mentira absurda y sin fundamento alguno &lt; &gt;. El
Emperador Iturbide y las más altas digni~ades e~l~siá~tic_as
de México consideraban a 1\Iier como un fraile domm1co mfiel
y apóstata &lt;5&gt;. Ridiculizaron su extraño vestido morado Y
cuando se referían a él lo calificaban de tramposo en toda
regla &lt;6&gt;.
Incluso sus mismos amigos, los políticos liberales republicanos, nunca pretendieron apoyar la pretensión de ~ier. Aparentemente se contentaban con tolerarle sus extranas pretensiones, mientras lo reconocían como a su jefe político, pues
los discursos ampulosos y las actividades subversivas de éste
contribuían a socavar y aun a derribar, eventualmente, el
Imperio Mexicano de Iturbide&lt;7&gt;.
Los historiadores mexicanos y los biógrafos de 1\1ier consideran este suceso como barrera inviolable. Aunque a ambos
lados del Río Grande se ha escrito mucho referente a · este
famoso ciudadano de 1\Ionterrey, ni el incidente mismo ni siquiera los hechos en que basaba el Padre Mier su pretensión,
han sido revelados por escritor alguno.
Ciertamente, el Padre Mier jamás fue nombrado por el
Papa para desempeñar ese alto puesto eclesiástico en los Estados Unidos &lt;8&gt;. Sin embargo, es posible que un gran sector
de católicos laicos de los Estados Unidos le ofreciera el cargo
de Arzobispo de Baltimore, como él afirmaba. De todos mo(4) . -Domingo Velasco a Mier (México). N.D. 1822, Ms. Mier Papers, LatinAmerican Library, University of Texas, Austln, Texas; se citarán de
aqui en adelante como Mier Papers; Guadalupe de los Remedios, Defensa del P . Mier (México: Imprenta de Dofia Herculana del V~llar Y
Socios, 1822). Es éste un panfleto en cuarto dlstribl;lido en la Ciudad
de México en el cual se defendía el derecho que tema el P. Mler a ser
diputado en el Congreso.
(5) .-Agustín de Iturbide, Mémolres Autographes de Don Agustín lturbide,
exempereur du Mextque (Parls: Bossange fréres, 1824) , 146-182; P.
Mariano Cuevas, S.J., El Llberator, Documentos Selectos de Don Agustín de Iturbide (MéxicQ: Editorial Patria, S.A., 1947), 95.
(6) .-Para lo que se refiere a las críticas de Mier durante este período,
véase Bedford K. Hadlye, The Eulgmatlc Padre Mter, tesis doctoral,
Unlversity of Texas, Texas, Austln, 1955, 243-259.
(7) -Pedro Gallnda a Mier, Ciudad de México, 11 de Agosto de 18221 MS,
· Mier Papers; Francisco Banegas Galván, Historia de México (Mexlco:
Buena Prensa, 1923), II, 149; Hubert Howe Bancroft, History of Mexlco San Francisco: A. L. Bancroft Co., 1883-1885), !V., 782; Lorenzo
de zavala Ensayo histórico de las revoluciones de Mex1co, desde 1808
hasta 1830 (México: Oficina Impresora de Hacienda, 1918), 128-129).
(8).-Donald c. Shearer, Pontificia Americana (Washington, D. C.: The
Cathollc Universlty of America, 1933), 91-143; John Gilmary Shea,
mstory of the Cathollc Church in the United States, 1808-1843 (New
York: John G. Shea 1890); Martin I. J. Griffin, "Life of Bishop Conwell" Records of tbe American Cathollc H is to rica 1 So c te t Y,
XXIV-XXIX (Marzo), 1913 hasta (Diciembre), 1918; Peter Gullday,
The Lite and Times of John England (New York: The American Press,
1927), I, 380-425; Francis E. Tourscher, The Bogan Schism (Philadelphla: Peter Re1lly Co., 1930) XX-XXII, 44.

...

,.

7

dos, la afirmación por parte de l\Iier de que había sido nombrado para ese puesto, era algo más que un a f i c c i ó :o. de
su ~~ginaJión desbocada. Esta pretensión, que así como parec10 mcre1ble a sus contemporáneos ha sido totalmente impenetrable para los historiadores, de hecho, estaba basada en
hechos históricos: el papel que desempeñó en el "caso Ho()'an"
es un episodio muy poco conocido de la vida del Padre l\Iier
pero_ ,constituye el punto de partida para interpretar la afir~
mac10n de que era Arzobispo de Baltimore.
El incident~ Hogan comenzó en abril de 1820, un poco
antes de que ~ier llegara a los Estados Unidos por segunda
vez. En ese tiempo, el obispo interino de Filadelfia, Luis
Barth, aceptó los servicios de un sacerdote irlandés un tal
William Hogan y lo nobró co-pastor de St. 1\Iary la 'catedral
de Filadelfia &lt;9&gt;. Desgraciadamente, el obispo ~10 se había
informado sobre el pasado del Padre Hogau. Sin embargo,
se abrió una investigación en el mes de noviembre de ese mismo año, a instancias del obispo de la diócesis Henry Couwell
que había sido nombrado hacía poco. Esta investi()'¡ción re;-eló que el Padre Hogan había estado en dificultades con sus
superio~·es eclesiásticos de Irlanda antes de llegar a los Estados Umdos(lO)., Se descubrió también que el Arzobispo de
New Y~r~,: habia non:?ra~o al Padre Hogan para un puesto
en l:i, m1s1on de esa d1oces1s, pero Hogan se había ido a Filadelfia, abandonando su puesto sin avisar a sus superiores. Además, el Obispo Com,ell supo que "la conducta y el len()'uaje"
0
de Hogan habían sido criticados severamente por sus cole()'as
católicos de Filadelfia.
º
Después de deliberar, el Obispo Conwell decidió en bien
de su diócesis y, especialmente, por el bienestar de' los feligreses, destituir a Hogan de su cargo de co-pastor de St.
Mary. Anuló el nombramiento hecho por el Obispo Barth y
destituyó a Hogan. En condiciones normales, con esto hubiera terminado todo el asunto, pero entre los feligreses de
St. Mary había una mayoría que estaba cautivada por los
sermones de Hogan. En este grupo estaban muchos católicos seglares de los más ricos e influyentes de los Estados Uni:los, que querían reestructurar la organización de la Iglesia
(9) .-Shea, op cit., 224; Tourscher, op cit., IX-X
(10) .-Ibid., 9
(11) .-Shea, op cit., 229.
(12) .-James Aloysius Farrell, "Thomas Fitzsimmons, Cathollc Slgner of the
American Constitution", Records of the American Catholic Historical
Society, XXXIX, 175-225 (septiembre), 1928, 183; Eugene F J Maier
"Mathew Carey, Publlcist and Polltician", Records of the AÜ1erlcari
Cathollc Hlstorlcal Society, XXXIX, 71-155 (Junio), 1928. 133-149.
0

�Bedford K. Hadley

El Padre l\:lier y el Caso Bogan

8

el caso Hogan, pues este criollo mrxicano, famoso trotamundos, había llegado casualmente a Filadelfia en 1821 &lt;17&gt;.

Católico-Romana de los Estados Unidos con el objeto de lograr
un control mayor en los asuntos eclesiásticos por parte de los
laicos. Este grupo, de manera especial, quería que los laicos
3
participaran en la elección de las autoridades eclesiásticas o &gt;.
El grupo de los cismáticos, llamados Hoganitas, celebró
una reunión en St. 1\Iary, a la cual prohibieron entrar a los
sacerdotes de la diócesis de Filadelfia. En esta reunión, completamente anormal, los laicos eligieron a Hogan pá-rroco de la
J glesia de St. Mary &lt;14&gt;.
El Obispo Conwell comunicó al Padre Hogan que si acep·
taba el nombramiento de los laicos lo excomulgaría, pero el
obstinado sacerdote irlandés ignoró la amonestación del Obispo y predicó un sermón a la congregación cismática. El Obispo replicó inmediatamente : m mayo de 1821 cerró las puertas de St. Mary como lugar de celebración del culto católico,
excomulgó a Hogan, censuró a los que lo apoyaban, los amenazó
también con la excomunión si no dejaban de hablar sobre la libertad en asuntos que no eran de sn competencia o 5&gt;. Sin embargo, nada de esto detuvo a los Hoganitas; presididos por
Hogan continuaron celebrando sus servicios religiosos en St.
1\Iary. Además, apelaron a la opinión pública, desatando una
guerra de panfletos, en los que se quejaban que el Obispo Con·
well había propasado los límiks dr la autoridad ec1esiástica
r que sus acciones contra Hogan no estaban ele ac:uerdo con el
Derrcho canónico.
Los Hoganitas se dieron cuenta de que, para que los Católicos norteamericanos se pusieran de su parte, tenían que lograr
el apoyo de la autoridad ec1esiástica y de los sacerdotes. Naturalmente, esta ayuda no les iba a ser proporcionada por las
6
autoricladrs eclesiásticas de la Iglesia de los Estados l rnidos0 &gt;.
Por eso, los Hoganitas comenzaron a buscar personajes ilustrrs rntrf los sacerdotes católicos extranjeros que estaban de
paso r n los E stados "Cnidos, con la esperanza de qur alguno
de r stos pudiera ayudarlos a mantrnrr su causa. A.sí fue romo
el destino y las cirenustancias envolvirron al Padre l\1ier en
(13) .-Shea, op. cit., 230-240.
(14) .-Ibid., 233; Tourscher, op. cit., 24.
(15) .-Shea, op. t·¡t., 232-234.
(16) .-Los cismáticos tuvieron éxito al persuadir a dos sacerdotes para que
oficiaran en la congregación de St. Mary durante la ausencia de
Hogan. Uno de ellos, Angelo Inglesi, más tarde fue obligado a abandonar los Estados Unidos, y el otro. Thaddeus O'Meally, fue más tarde
a Roma, donde pidió y logró el perdón por haber actuado como ministro de la congregación heterodoxa. Tourscher, op. eit., XXI.

o

,,.

Mier había llegado a los Estados Unidos a bordo del barco "Robrrt Fulton" &lt;18&gt; para huir de la persecución de las
autoridades españolas de !as que se había escapado, hacía muy
poco, en La Habana, Cuba. La fuga del Padre 1\lier había sido
planeada por sus amigos políticos mexicanos y cubanos ( 19 ),
cuando era llevado de México a España p ar a responder
a las am~aciones dé actividades subersivas políticas y religiosas en México &lt;20&gt;.
El asilo que le ofrrcieron en los Estados Unidos rra sólo
una- fútil razón para que llegara a este país. Su verdadero
propósito era conseguir ayuda financirra y simpatías para
la causa más amada de su corazón -la independencia final y
completa de España para su querido 1\léxico &lt;21 &gt;.
El Padre l\iier escogió a Filadelfia como base de operaciones porque sus amigos de Cuba, que le habían ayudado a
preparar su fuga, tenían contactos con las células de revolucio22
narios latinoamericanos que vivían en aquella ciudad &lt; &gt;. Uno
(17) .-Se desconoce la fecha exacta de su llegada. Est aba en La Habana el
dia último de mayo y La Aurora del día 16 de Junio afirma que llegó
pocos días antes de esa fecha. Hadley, op. cit., 201; The Aurora (Philadelphla) , 16 de Junio de 1821, I.

..

(18) .-El "Robert Fulton" fue el primer barco americano de que construyó
para usarlo en el servicio trasaltlántlco. Construido en 1819, el barco
viajaba a New York, La Habana v New Orleans. David Budlong Tyler,
Steam Conquers the Atlantlc (New York: D. Appleton Century Co.
1939), 15-18.
'
(19) .-Entre los papeles de Mler hay cierto número de cartas y escritos que
tratl!,n de los detalles de su fuga. Algunos de éstos son: M1er a Carlos
Mana Bustamante, 15 de enero de 1821; Francisco de Paula Mier
Norlega a Wenceslao Villa Urrutia (sic), Monterrey 7 de octubre de
1820; w. Wenceslao Villaurrutla a Mier, La Habana, N. D.; Rosillo
de Mier a W. Villaurrutla (sic), 5 de Febrero de 1821; Mana Josefa
Algarín de Valles a Mier, Ciudad de México, lo. de Enero de 1821;
Mier al Capitán Gral. J. M. Cagigal, La Habana Febrero, N. D. 1821;
Servando de Mier, La inquisición, 4 folios ; todo está en MSS, Mier
Papers. Véase también Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra,
'"La Persecución", Escritos Inéditos de J,'rav Servando Teresa de l\lier,
introducción, notas y ordenación de textos por J. M. Miauel y Vergés
y Rugo Diaz-Thome (México: Fondo de Cultura Económica, 1944),
470-474.
(20) .-Opinión de las jurisdicción unida de que se destierre del país al
Dr. Mier, 15 de Julio de 1820, MS. cooia. Mier Papers; Servando de
Mler, respuestas y representaciones del Dor. Don Servando Teresa de
Mler Noriega y Guerra, al Sor. Gobernador de Veracruz, al Sor. Vlrey
Apodaca, al Provisor y Vicario gen!. del Arzobdo. de México Alatorre y
a la Junta Provincial con los oficios corespondientes de los susodichos,
32 folios, MS. Mier Papers.
(21) .-Mler llegó a los Estados Unidos como agente especial para la Junta
de la Vera Cruz que, según Mler, fue organizada para lograr la Independencia de México. Era este grupo el que ayudo a preparar la fuga
de Mier de La Habana. Se sabe muy i:,oco acerca de esta Junta, excepto
que el historiador Carlos María Bustamante fue uno de sus miembros.
Para más detalles, véase Mier, La Inquisición, follo 2, MS, Mier Papers.
(22) .-Hadley, op cit., 204-205.

�10

formas de proceder podrían ser decisiYas en la influen~ia que
se quería ejercer sobre los católicos de los Estados Umdos.

de estos contactos era Manuel Torres, encargado de asuntos
colombianos de la Gran Colombia de Bolívar en los Estados
Unidos. Torres había residido en Filadelfia durante Yeinticinco años y, durante todo ese tiempo, había trabajado por la
independencia de las Colonias Españolas en el Hemisferio
Occidental &lt;23&gt;. Por eso, fue natural, que recurriera el Padre
l\Iier a la ayuda de Torres nada más llegar a Filadelfia.
Ambos llegaron a ser íntimos amigos y Mier vivió en la
casa de Torres todo el tiempo que permaneció en los Estados
Unidos &lt;24&gt;. Torres presentó a l\fier al círculo de sus amistades. Entre los amigos íntimos de Torres estaba Richard W.
l\Ieade, rico comerciante y armador de barcos, cuya familia
era una de las más ilustres de Filadielfia y, además, sus
antepasados habían ayudado a fundar, en la época colonial,
la primera parroquia católico-romana de Pennsylvania (25 ) . Las
familias Torres y Meade pertenecía;n a la feligresía de St. l\fary. Richard Meade, fideicomisario laico de la parroquia, era
también uno de los jefes cismáticos de la congregación y partidario de Hogan &lt;26&gt;. El Padre Mier conoció a Meade por
medio de su común amigo Manuel Torres y, casi inmediatamente, su conocimiento se transformó en una amistad tal que
llevó al Padre Mier a aceptar, con mucho gusto por su parte,
el papel de director de la controversia de Hogan. El Padre
Mier aceptó servir como consejero eclesiástico y como experto en derecho canónico de los Hoganitas. A c a m b i o, el
mismo Mier lo da a entender, los rebeldes estuvieron de acuerdo en nombrarlo para el alto cargo de Arzobispo de Baltimore,
si tenían éxito en imponer el Plan Americano de reorganización
de la Iglesia Católico-Romana de los Estados Unidos.

En las primeras páginas de The Aur~ra,_ uno de los principales periódicos de Filadelfia, del 16 de JUID0 de 1821_, apare27
ció a dos columnas un resumen biográfico del Padre Mier ( ).
El'ar t í c u 1 o se ~efería a la participación del Padre l\~ i e r
en muchas batanas políticas y militares para lograr ~a mdependencia de México. También explicaba qu~ había sido pe;se"uido
por los opresores españoles de l\fenco durante mas
0
de dos décadas y que había sido juzgado por la poderosa
Inquisición española a causa .de su idealismo y por sus luchas
contra las "supersticiones religiosas"&lt;28&gt;. Más adelante el
artículo daba cuenta de su estado eclesiástico, afirmando que
el Padre Mier era, de hecho, Obispo católico-romano y amigo
personal de Su Santidad el Papa Pío, VII y que ~ra t~l su
amistad con el Papa que éste le habia dado a l\1~er titul~s
eclesiásticos honoríficos tales como el de Protonotano Apostolico y Prelado Doméstico.

...

Esta campaña para exaltar a Mier fue imp_ulsada por los
Hoganitas por medio de panfletos y otros med10s, en los gue
se llamaba al Padre Mier "Muy Reverendo Serva-!1-do l\fler,
Doctor en Sagrada Teología" y "Nuncio Pa~~l envia_do a los
Estados Unidos por el Papa para regular e mdepend1zar a la
·
I"lesia-Católico-Romana
de. los Estados U m'dos11 (29) .
o

Una vez firmado este pacto entr_e Mier y los Hoganitas,
se inició una campaña para hacer la propaganda y glorificar
al Padre Mier como un personaje distinguido y un sabio católico. El propósito velado de la campaña, fue, en efecto, presentar a Mier como una autoridad, pues así sus a c t o s y
(23) .-Mier a Pedro Gual, ministro de Estado de la República de Colombia.,
Philadelphia, 2 de septiembre de 1921, MS, Mier Papers; Hadley, op.
cit. ,225. Entre los papeles de Mier existe un pasaporte colombiano
con un sello de cera, fechado el dia 31 de octubre de 1821 y firmado
por Manuel Torres en su calidad de Encargado de Negocios de Colom1bia.
(24) .-La casa de Torres estaba situada en 193 West Tenth Street de Phi.16delphla. Mler a Mery (sic) y Charlote Stephenson, Phlladelphia, 20
de junio de 1821¡· Vicente Rocafuerte a Mler, New York, 31 de Julio
de 1821; MSS, M er Papers.

11

Bedford l{. Haclley

El Padre l\Iier y el Caso Hogan

..

..

Hogan dió el siguiente paso. _El cura excomu}gado de
St. l\1ary redactó una lista de queJaS, que se referia~, a las
leyes canónicas tal como se habían empleado ~n _la acc10n que
emprendió contra él el Obispo Conwell al destitmrlo. ~as pre"Untas fueron presentadas oportunamente al Padre Mier, autotitulado "especialista en derecho canónico" ,. para que las
estudiara y diera una respuesta.. En Y~rdad, ~Iier no desaprobó a los católicos rebeldes de Filadelfia, porque en un largo
sermón en latín, el sacerdote mexicano, respondió a t_odas las
preguntas (3º) en tal forma q~e agrado a ~os Hogamtas. J?e
hecho, fue tal la gratitud que estos le m~n~festaron que l\her
recibió públicamente un acto de agradecnmento por parte de
la parroquia de St. l\1a_ry_ a causa_ de sus "doctas" _respu.estas.
Este pliego de agradec1m1entos, firmado por los m1e_m_br_os de
la Junta Directiva del grupo de St. Mary, estaba dmg1do al
(27) .-The Aurora (Phlladelphia), 16 de Junio de 1821, l.
(28) .-Ibid.

•

(25) .-Richard Meade Bache, Llfe of General George Gorclon l\leacle (Philadelphia: Henry T. Coates Co., 1898), 1-13; Farrell, op. cit., 183.

(29) .-Shea, op. cit., fn: 237. Shea cita co_mo su fuente Libro ele Gobierno,
San Antonio. Véase también Ontanón, op. cit., 142.

(26) .-IbJd.; Maier, op. cit., 146-147; Shea, op. cit., 248; Tourscher, op. cit.,
44.

(30) .-El expediente latino original está entre los Mier Papers.

�12

El Padre l\'lier y el Caso Bogan

Bedford K. Hadley

"Muy Reverendo Doctor Don Servando Mier"&lt;31 &gt;. Además,
todo el sermón de Mier fue traducido inmediatamente al inglés,
impreso en forma de panfleto y distribuido ampliamente entre
los católicos de los Estados Unidos.

tos en circulación por la :facción de Hogan. La literatura
ortodoxa criticaba a Meade y a sus ricos amigos por "su total
falta de respeto a la moral, a la verdad y a la decencia" &lt;33 &gt;.
Hogan era condenado por borracho e inmoral. Pero el blanco
del menosprecio, en algunas de las publicaciones de los ortodoxos, era el Padre Mier; ~ra atacado sin cuartel por su carácter, su pasado, por su situación eclesiástica y por sus argumentos. El Obispo Conwell rehusó severamente dignificar la
presencia de Mier en el conflicto o degradarlo y desacreditarlo en un debate público, aunque en conversaciones privadas y en su correspondencia el Obispo se refería a Servando
como un "sacerdote infiel que se llama a sí mismo Obispo" &lt;34 &gt;.
El Padre Harold, un sacerdote de Filadelfia, fustigó públicamente a Mier en un sermón, llamándolo "monstruo, cuyas palabras eran toda una falsedad &lt;35 &gt;.

La primera pregunta de Hogan era: 1, Tiene un Obispo
poder para suspender a un sacerdote sin antes celebrarle un
juicio eclesiástico V En su respuesta, Mier admitía que un
Obispo Católico normalmente suspendía sin celebrar juicio;
tal acción era un procedimiento común en la Iglesia. Sin embargo, el Padre establecía que tal forma de proceder no podía
ser considerada canónicamente correcta, porque, al comienzo
del mundo, el mismo Dios había establecido la norma de que
cualquier acusado podía ser citado para comparacer ante su
juez, norma que se estableció cuando Dios citó a juicio a ..:\.dán
.Y Eva en el Paraíso Terrenal. El Pa1re l\Iier seguía teorizando c:on esa mentalidad teológica y expresando sus puntos de
vista sobre el derecho canónico que se suponía en cada una
d(' las preguntas hechas por Hogan.

En artículos y panfletos distribuidos por los católicos
leales, el pueblo de Filadelfia y Baltimore fue informado que
Mier era un fraile mexicano vagabundo y degradado, que
había sido enjuiciado dos veces por la Inquisición de 1\Iéxico
por sus actitudes irreverentes hacia la religión. Además, los
partidarios del Obispo declararon que todas sus pretensiones
eran completamente falsas : Mier ni era Protonotario Apostólico ni Prelado Doméstico ni Nuncio Papal. Un panfleto anónimo escrito por un erudito católico ortodoxo estaba dedicado todo él a refutar las respuestas que Mier había dado a las
preguntas de Hogan &lt;36&gt;. El autor informaba a sus lectores
que lo que Mier había declarado en su sermón en latín que
era derecho canónico no eran más que ideas y opiniones personales emitidas por un hombre corrompido &lt;37&gt;. Este panfleto
enfureció a Mier en tal forma que escribió un artículo para ,..
vengarse en el que llamaba al autor anónimo una "persona
de ma1a educación o inmoral" &lt;38&gt;.

En cada uno de los casos, el Padre Mier declaró que aun
cuando el Obispo Conwell, al destituir a Hogan podía haber
actuado de acuHdo con las prácticas normales de la Iglesia,
sin ('mbargo dicha actuación no estaba de acuerdo con la letra
el(' la ley ta1 como estaba determinado en los cánones de la
Iglesia. Todo el sermón latino de l\Iier tenía la astucia de
iminuar que durante muchos siglos el brazo clerical de la Iglesia había usurpado la autoridad, autoridad que, según los
argumentos de ~fier, había estado originariamente en las manos del pueblo en lo que se refería a nombramientos de los
eclesiásticos. Afirmaba que de hecho tal método de elección,
aunque no se h&lt;J,bía practicado durante mucho tiempo dentro
de la Iglesia, era, con todo, la forma correcta de ajustarse a
los eánones &lt;32 &gt;.
Mientras los Hoganitas intentaban atraerse a su partido
a los laicos, los católicos leales no estaban de brazos cruzados.
Los "Bishopsitas" (católicos ortodoxos que apoyaban al Obispo Conwell) pagaban en la misma moneda, publicando panfletos para contrarrestar los efectos de los que habían sido pues..
(31) .-El nombramiento original tal como fue dado a Mier por la congre-

gación de St. Mary está en los Mler Papers.

(32) .-Servando de Mler, The Opinions of the Rt. Rev. Servandus A.M. l\flers,

D.S.T. in the Royal all(I Pontifical Unlversity of Mexico, and Chaplain of the Army- on Certain Queries addressecl to him bv Rev. W.
Hogan, Pastor of St. l\lary's (Phlladelphla, 11 de Julio de i821). Los
ejemplares de este panfleto son muy raros. El único que conoce el
autor de este artículo está en la biblioteca de la Historical Societv of
Pennsylvania. La traducción del latin al inglés fue hecha por Juan
Leamy, uno de los jefes cismáticos.

13¡

(33) .-Grlffln, op cit., XXV, 171.
(34) .-Tourscher, op. cit., 34.
1

(35) .-Richard W. Meade, An Address to tlle Roman Catholics of Phila&lt;lelpbia
in reply to !\Ir. Harold's Address (Phlladelphia, 1823), 23.
(36) .-Anonymous, Remarks on the Opinion of the Right Rev. Servandus A.

..

Mier, Doctor of Sacrecl Theotogy, etc., on Certain Queries Proposed to
him by the Rev. Wm. Bogan (Phlladelphia: Bernard Dornin, 102n,
4-5.

(37) .-Ibld ..

(38) .-El panfleto se publicó en agosto de 1821, bajo el título de A Worcl

Relatlve to an Anonymous Pamphlet. Las citas son de uno de los tres
borradores que hizo Mier antes de que el panfleto se imprimiera no
se sabe si fueron impresos privadamente. Véase Servando de Mier
Apología contra las personalidades que se hallan en un papel anonimo acabado de imprimir en Philade1phla intitulado Remarks on the
Opinion of the Right Rev. Servandus A. Mier, Doctor of Sacred Theology, etc., on Certain Querles Proposed to him, MS, Mier Papers.

�14

El Padre Mier y el Caso Hogan

Además de todo lo que dijo en sus discursos sobre el derecho canónico, Mier probablemente aconsejó a los jefes cismáticos sobre la forma en que tenían que procederC39). Como
buen teólogo y como trotamundos Mier tenía un gran conocimiento de los métodos para negociar acuerdos y tratados con
el papado c4oi. Esos conocimientos del Padre Mier podrían
b.aber sido de gran utilidad para los laicos cuyo objetivo final
era obtener la aprobación del Papa para su "Plan Americano".
El activo papel de Padre Mier como consejero y consultor
de los Hoganitas, sólo duró alrededor de cuatro meses- de
junio a septiembre de 1821 C41 ). Pero mucho después de haber
:lejado Filadelfia por México, su nombre y sus acciones eran
un t ó pi c o de discusión en 1 o s círculos católico-romanos de
los Estados Unidos. Todavía en abril de 1825 Richard 1\Ieade
,e dirigió públicamente al pueblo de Filadelfia defendiendo al
Padre Mier contra los contínuos ataques de los católicos ortodoxos. En su defensa Meade informaba al pueblo que en
ese preciso momento el Padre Mier "era un clérigo de gran
respetabilidad en México" y además uno de los jefes políticos
de su patria (42).
A pesar de que durante la controversia circularon aproximadamente setenta panfletos, impresos por ambas partesC43l,
el éxito de la herejía de Hogan y del Plan Americano fracasó.
Muy pocos laicos se convirtieron a la causa de los cismáticos.
Excepto Mier y Hogan, solamente alguno que otro clérigo le
prestaron su apoyo C44). Los defectos del carácter de Hogan
fueron una causa de desconcierto para los que creían que iba a
salir triunfante en su lucha contra el Obispo Oonwell. Por fin, en
1823, los que apoyaban el Plan Americano pidieron a Hogan
que abandonara Filadelfia; por desgracia, abandonó temporal(39) .- Tourscher, op. cit., 44.
(40) .-Ibld. No se ha determinado en qué fuente se informó Tourscher, pero
su suposición es precisa, se cree que desde sus viajes por Europa
Mier tomó parte activa en los asuntos eclesiásticos en Francia, Portugal, y como Vicario General en el ejército español durante las
guerras napoleónicas, como finalmente pueda deducirse por sus memorias.
(41) .-La fecha exacta en aue Mier abandonó Filadelfia es incierta. Una
carta fechada el día 29 de septiembre de 1821, desde New York a Mler
que estaba en Filadelfia, sugiere que Mler aún no estaba en New York
en camino hacia México; sin embargo, Torres escribió desde Filadelfia
a Mler que estaba en Nueva York el 24 de septiembre; MSS, Mier Papers.
(42) .-Meade, op cit., 23 Meade obtuvo esta información de José Torrens.
Encargado de Negocios de México en Filadelfia en 1823.
(43) .-Hadley, op. cit., 222.
(44) .-Este era Juan Rico, un misterioso fraile franciscano errante que pretendía ser ex-Vicario General del Ejército Espafiol y Doctor en Teología, que se ganó la vida en Flladelfla haciendo y vendiendo cigarros. Shea, op. cit., 235.

Bedford K. Hadley

13

mente la Iglesia, se casó y se perdió en el olvido. Hacia 1828
todos los cismáticos se habían retractado y retornado a la ortodoxia. En este grupo estaban Manuel Torres y Richard
Meade, todos los cuales fueron enterrados más tarde en el
cementerio de St. Mary como buenos y piadosos feligreses C45l.
Como se ha insinuado más arriba, el Padre ::\Iier abandonó
Filadelfia en el momento más enconaao de la controversia y
volvió a México. Su salida pudo h a b e r sido motivada, en
parte, por la prisa que tenía en evitar la ira de los católicos
ortodoxos. Sin embargo, la verdadera r a z ó n de su salida .
fue el deseo de volver a su patria que acababa de independizarse, para tratar de establecer en ella un gobierno republic~no. Y, en realidad, esto fue lo que hizo. Durante cierto
tiempo continuó manteniendo correspondencia con algunos
jefes de los Hoganitas.
No puede afirmarse con evidencia si el Padre Mier prometió o no o si intentó volver alguna vez a los Estados Unidos
para tomar posesión del alto puesto de Arzobispo de Baltimore, si es que las circunstancias se lo hubieran permitido. Existe, sin embargo, un documento revelador, una carta fechada
"en la Ciudad de México, el 19 de julio de 1823". Está dirigida
por el Padre 1\1ier al Ayuntamiento de Monterrey y contiene
esta declaración: "He renunciado al Arzobispado de Baltimore porque ya estoy demasiado viejo para :ir a vivir a un
clima tan frío y, además, mi patria me necesita"C46).
Quizás esta declaración de su renuncia, en aquellos momentos estaba dictada por la edad, el clima y la política de
su patria. Pero también se puede haber debido, en parte, a
que comprobó quC' ya eu 1823 el caso Hogan y el Plan Americano habían fügado a &lt;su et:-i.pa final. DP todos modos, el
Padre l\Iier ya nunca más añadió el título de 1\rzobispo a su
firma y a partir de 182::l su rorrespondencia rstá sig11ifir.ativamente dirigida a algunos antiguos amig-os de Filadelfia relacionados con el movimiento cismático&lt;47) .

No se sabe cómo o ruándo los partidarios del Plan Americano propusieron al Padre l\f ier que fuera su Arzobispo -si
es que tal invitación le fue hecha-, como pretendía l\fier.
Por otro lado, el autor de este comentario ha determinado que
no hay ninguna evidencia de que ellos refutaran en ocasión
(45) .-Bache, op. cit., 13

(46) .-Servando de Mier, Diez Cartas, etc., 13-16; Ontañón, op. cit., 162-163.
(47) .-Servando de Mler, Cartas y discursos, 1820-1821, 642 folios; Servando
de Mier, Obras y cartas, 1820-1823, 112 folios; MSS Mler Papers.

�16

El Padre Mier y el Caso Hogau

Bedford K. Hadley

17

alguna las afirmaciones de Mier. Si es verdad que le hicieron
tal ofrecimiento, los que se lo hicieron tenían que ser los fideicomisarios laicos de la congregación de St. l\fary de manera
informal, en secreto y tentativamente. Se debe recordar que
ui el grupo cismático ni l\fier defendían la ruptura con Roma
tlÍ la formación de una nueva Iglesia. Ellos se consideraban
buenos católicos que únicamente buscaban la aprobación papal para lo que creían ser una prerrogativa: ~l derecho a
escoger y a deponer a sus sacerdotes y obispos.

Y había logrado una gran fama. En 1820, la primera edición
del famoso_ libro de William David Robinson lo hacía aparecer
como relac1011ado con la expedición de l\Iina a México &lt;51 &gt;. Por
~edi? de este lib_ro, el pueblo de los Estados Unidos supo, en
termmos encendidos, del papel que había desempeñado el
Padre M:ier en el fallido intento de independizar a l\Iéxico.
Además, en su relato destinado a los americanos Robinson
estableció que "por su talento y por la mbanidad de su
conducta el Padre Mier había llegado a ser faYorito del
Papa"&lt;52&gt;.

Desde que .Ambrosio ~Iaréchal fue nombrado y reconocido por el Papa como Arzobispo· de Baltimore &lt;48&gt;, no es probable que los Hoganitas se hubieran rebelado reconociendo
como antes ( el período en que participó el Padre Mier) a otro
Arzobispo. Es probable que hubieran reemplazado a Maréchal, puesto que él apoyó al Obispo Conwell durante la disputa con Hogan.

También se sabía en los Estados Unidos que l\fier como
Vicario G~neral de la Expedición de ~fina, se había ~rocla~ado enviado del Papa. Además, se sabía, que l\Iier había
dicho que, una vez lograda la independencia de :México el
pueblo elegiría a sus Obispos: esto lo había hecho muy 'popular entre los católicos rebeldes de Filadelfia.

Aunque no se l!Scribió la oferta de su nombramiento, hay,
3in embargo, cierta evidencia circunstancial que apoya la
afirmación del autor de que Mier era el candidato lógico de
los laicos para el puesto de Arzobispo:
:Meade y, posiblemente otros jefes del movimiento hogauita, admiraban a Mier&lt;49&gt; y lo creían bien preparado para el
alto cargo eclesiástico. La probabilidad de qu~ el verdadero
estado eclesiástico de Servando de M:ier era úmcamente el de
fraile dominico regular no tiene relación con el objeto de este
artículo (50). Lo que interesa aquí es que los Hoganitas aceptaron y aparentaron creer que el Padre Mier era un Obispo
Gatólico-Romano legítimo y amigo personal del Papa. Tal
creencia, aunque podía ser falsa, es inexplicable pues el Padre
l\Iier no era un desconocido para los norteamericanos.
En los Estados Unidos y especialmente en el área de Filadelfia-Baltimore, el Padre Mier había tenido gran publicidad
(48) .--Shearer, op cit., 91-93; Shea, op. cit., 25-76.
(49) .-Manuel Torres a Mier, Filadelfia, 24 de septiembre de 1821 MS, Mler
Papers.
(50) .-Este es uno de los más grandes enigmas históricos de la vida del
Padre Mier. Hasta el día de su muerte, pretendió que había sido secularizado y nombrado Prelado Doméstico. Su panegirista y biógrafo,
José Eleuterlo González es uno de los pocos que creyeron en esta
pretensión. Este escritor, habiendo tenido correspondencia con el yatlcano, cree que Mier no tenia fundamentos para tal declaracion,
puesto que una cuidadosa Investigación hecha por los empleados del
Vaticano no descubrió informes ni registros de la secularización de
Mler ni el nombramiento de Prelado Doméstico, Pro-Notario o Nuncio
Papal. Edward L. Heston, C.S.C., Procurador General de la Orden de
la Santa Cruz, a Bedford, K. Hadley, Roma, 23 de mar~o de 1952.
Véase también Hadley, op. cit., 69-77, para un total anal!sis de la
situación religiosa de Mler.

Otra fuente interesante de observación que viene a sumarse a la fama de Mier en los Estados l;uidos procedía
de_ los an~ericano~ de la zona de Filadelfia-Baltimore que
M1er y l\Ima habian reclutado en 1816 para su empresa de
independizar . a l\Iéxico del yugo español. M:ier era respetado y quer1do por estos aventureros voluntarios&lt;53&gt;. ~o
es sorprendente, pues que, cuando volvió a los Estados Unidos en 1818 y 1819, el Padre Mier y todos sus actos se alababan en las conversaciones y en los relatos que trataban
sobre sus aventuras (54) .
En una palabra, considerando todas estas circunstancias
y la gran estima que de él tenían muchas pnsonas, no es

una conjetura ilógica afirmar que el Padre Mier tenía alg_unos fundamentos para decir que era el Arzobispo de Baltimore.
Pocos_ hombres han vivido una vida más llena de aYenturas y d~ e~ageraciones. como la del Padre l\Iier y hay
muchos episodios de su vida que aún no se han explicado
(51) .-Wililam Davls Robinson, Memolrs of tbe l\Iexican Rernlution: inclucllng a Narrative of tbe Expeditlon of General Xavier Mina (Ph!ladelphia: Lydia R. Ba!ley, Printer, 1820).
(52) .-Ibid., 110.
(53) .-Declaración de D. Juan Martinich al Dr. Domingo de Ugarte 17 de
octubre de 1817 e;i J. E. Hernández y_ Dávaios, Colección de documentos para !~ historia de la guerra ele D¡dependencia de México de 1808!
a 1821 (Mexico: Universitaria, 1946), VI, 700.
(54) .-Carta de W!lliam Thompson a un amigo, lo. de mayo de 1818 impresa en Daily Natlonal Jntelllgencer (Washington, D.C.), 18 de junio
de 1818, VI n. 1697. William Thompson fue oficial americano en el
ejército de Mina.

�18

El Padre !Her y el Caso Hogan

desde el punto de vista histórico. Reclamó much~s cosas
que se referían a su persona y que crean un ª1!1bien~e de
duda para los investigadores, porque aun en su m1~:a ept~
eran episodios oscuros y como tales han per~anec1 o a ra
vés del tiempo. Pueden ser verdad o m~nt1ra- como su
derecho a ser llamado Arzobispo de Balt1more.

Edmundo Va/adés / EL CUENTO MEXICANO RECIENTE
lf

Northern Illinois University
DeKalb, Illinois
I'

SI

exploramos en el panorama del
cuento en los últimos doce años, advertimos a primera vista
una inusitada riqueza temática y una consciente depuración
en el estilo, con penetrante intención de vernos a nosotros
mismos, libres de prejuicios o complejos, para discernir facetas ocultas del carácter mexicano, ya frente a sí mismo o
ante el mundo que lo rodea. En esta preocupación es nota
reiterada el afán por recrear el habla popular, para convertirla en expresión estética.

'

Si sobre la moderna literatura mexicana ha influido decisivamente la colosal lección que grandes y audaces titanes
mexicanos de la pintura han dado de tomar la historia, la
naturaleza y el hombre nuestro, para alumbrarlos con la luz
reveladora y genial, en ellos, del muro pictórico -muro que,
en sus manos, es la entraña casi viva de nosotros mismosen el renacimiento del cuento influye también, determinantemente, la confluencia de dos decisivas experiencias literarias:
la de los novelistas de la Revolución, inspirados por el sismo
social que sacudió larga y telúricamente a México y los obligó
a embeberse en la violencia de un pueblo lanzado a liberarse
de injustos oprobios, y la de la curiosidad insaciable de la
generación que, conocida como de Los Contemporáneos, la
empujó al buceo, sorprendente en prodigios y novedades, de
una literatura europea que deslumbra - al abrir caminos insospechados- con las obras de Proust y de J oyce.
Realidad y fantasía, expresionismo e inventiva, saturan
y enriquecen un notable auge cue_utístico que, a su vez, ha
estimulado el de la novela y aun le ha anticipado algunos de
sus actuales temas. Un ansia de expresión nacional, que de-

19 -

�Ednmndo Valadés
20

21

El Cuento ~Iexicano Reciente

sata la Revolución Mexicana, abona la inquietud creativa a
la que confluyen las nuevas generaciones imponiendo la primacía de un descubierto y personal tono en el que aparece,
como elemento nuevo, un afinado aliento poético.

VUELTA A LA TIERRA
Ya acercándonos a los cuentistas de estos últimos años,
¡, qué constante es la que más los distingue 1 Para nosotros,

es la de una vuelta a la tierra mexicana, con ojos y sensibilidad perspicaces, que calan muy hondo en el hombre y el
paisaje mexicanos; una vuelta a la t ierra para extraer de
ella sus misterios y realidades; un adentrarse en la intimidad
del mexicano rural, para ir adivinando, descubriendo y revelando sus hondos secretos de ser; captando y recreando su
forma de hablar, de vivir y morir, con curiosidad inagotable,
ansia sicológica y pasión candente de fijarle su perfil más
exacto.
Pero esa curiosidad, esa ansia, esa pas1on, sometidas a
una objetividad madurada, en el oído y el ojo, aguzados y
alertas, se salvan de la puerilidad del folklorismo y llegan
en ocasiones a tan extraordinarios aciertos, que nos devuelven la realidad mexicana, aunque vista por extraña preferencia en su polo más sombrfo y dramático, no como crónica
ni relato, sino como admirable recreación.
En la obra de varios de estos cuentistas, va formándose
una geografía literaria humana del México rural, del labriego al indígena y que, no por coincidencia, es tal Yez uno de
los problemas más actuales que más nos preocupan y apasionan como, para no ir más lejos, lo demuestra el que esté en
estimulante reconsideración.
En esta geografía puede uno entender la vigencia de ese
grito, cuyo eco se agranda, de "tierra y libertad". Aun sin
premeditaciones políticas, aun sin intención manifiesta, en
estos cuentos no dejan de brotar realidades sociales del campo, a las que los propios campesinos, como en reciente congreso agrario o en las quejas que llegan a la oficina creada
para ese objeto por el Presidente de la República, dan voz,
en ritornelo urgente o angustioso -Y al fin esperanzado, por
lo que significa la convicción agraria del Lic. López 111:ateos,
sustentada en hechos incontrovertibles-, de más agua, más
créditos, más moralidad administrativa en otorgarlos y manejarlos, castigo y supresión de caciques, etcétera.

JOSE REVUELTAS
Y o sitúo también como al más inmediato antecedente de
-e~ta cuentística a José Revueltas. De su libro "Dios en la
Tie~r;i," arranc_a un nuevo estilo, una nueva actitud que sugerira u:1 cammo ,que va a desbrozar, con maestría sorprendente, _ano_s despues, Juan Rulfo. Con prosa sombría, densa,
admomtona, en momentos de escalofriante belleza, los cuentos de Revueltas son como el grito bíblico de un profeta en
-e~ que se entremezclan la crueldad y la desesperada solidandad aplas_tada ante potencias maléficas, divinas y humanas,
que se remegan encarnizadamente.
~a ira, el. terror, el fanatismo, el desahucio humanos y
-el odio, un od10 enterrado más allá de la carne, nos revelan
~m m1:ndo rural en el que ha de pesar una fatalidad maldita
~na~iita. .(¿ Y n,o es ~l producto de injusticias que nos ha~
mdiºnado ?)_ As1 percibe Revueltas el sentimiento de uno de
los personaJes de sus cuentos: "Al verla ahí la odiaba con
un rencor sin pr?iToga, seco y lleno de asco, como se odia
una cosa que lastima y a la cual, de ninguna manera, se concede el derecho de lastimar". O esto: "La población estaba
·eD:cerrada con odio y piedras. . . este odio venía de lo más
leJano Y ~o más bárbaro. Era el odio de Dios. Dios mismo
estaba ahi apretando en su puño la vida, agarrando la tierra
ent~e sus dedo~ gruesos, entre sus descomunales dedos de
enema Y de rabia ... Dios se había acumulado en las entrañas
de l~s. hombres como _sólo pu~de acumularse la sangre, y salía
-en ºritos, en despaciosa, cuidadosa, ordenada crueldad".

LUTO Y MUERTE
Sobre los seres que habitan los cuentos de Revueltas cae
la forma del dolor má~ .E:xtrema: la proscripción, el luto, la
~uerte.. ~e~a la maldicion sobre el hombre, sujeto a expia,:10nes mfimt~mente dolorosas. Una maldición que la prosa
,uya recoge airadamente. Nada objetivo -en contraste con
Rulf?-:-=- el cora~ón del escritor se funde con lo que expresa
,en vis10nes alucmadas o siniestras :
" ... de cualquier manera él era un culpable descomunal ... pasó por su mente toda la tragedia acumulada de
detalles, alusiones y feroces recuerdos ... como un mar
inc~sante y o_bstinado, hecho de lágrimas, de espantos, de
ansias de huir _Y de remordimientos atroces". Nada parece tener sentido en este ca.os: " ... la muerte a su vez
e~ tan absurda y tan inútil como la existencia misma"'.
No .hay esperanza, no hay redención: "La tierra era un
-desierto sin límites, sin vida, sin una sola planta, sin un

�22

El Cuento Mexicano Reciente

solo arroyo, sin un aliento. Y los ojos de ella reflejaban
esa piedra pertinaz y porfiada de la vida rota". Ko hay
clemencia, porque si un personaje "pedía un pedazo de
luz para su corazón, en este mundo cruel, enloquecido,
lleno de insospechadas fatalidades", el escritor mismo
parece dar la sentencia : "De lo que pudo ser un cielo
azul, limpio y lleno de música y claridad, hizo un pantano sombrío, espeso, cargado de remordimientos y condenas", pues, ha de agregar después: " ... el hombre torna
incesantemente sobre las regiones más odiadas y repulsivas de su propio espíritu".

COLERA REVUELTIANA
Y es que el hombre revueltiano está destinado a lo peor:
"Una posesión violenta y destructora de fuerzas imponderables le gritaban al oído toda la negación". Imágenes densas
de negror parecen danzar para cegar toda luz: "Bastaba volver ligeramente las sábanas, y unos muslos marmóreos azules,
impregnaban todo el cuarto de un prestigio seco, extrañamente mezclado de frío, ausencia, inmovilidad y miedo". Y si
se rompe el silencio, no ha de venir tampoco ninguna esperanza: "Un mismo ruido como el de hoy, con rabia, resignado
y seco, que no quería dejarse advertir, silencioso y con la
misma fragancia hiriente. de yerba, de veneno vegetal y animal, de atmósfera limitada entre la vida absoluta y difícil y
la muérte increíbles ... " Revueltas hurga en los más oscuros
abismos del alma humana; desgarra en carne viva lo más
primario de 1as pasiones. Rara vez asoma la ternura y si
ésta aparece, es insólita: "dos espantosos niños, alucinados,
terribles y buenos" o "unas cuantas calles sombrías, de tierra,
a punto de ser feas y que no lo eran por una especie de ternura impiadosa". La cólera revueltiana insiste: "Aquella
era su patria de magueyes, patria colérica, patria espesa, con
su desesperado cielo". En un contrapunto en la que la
sombra pesa sobre la luz, extrema y opone sus comparativos:
"una lóbrega violencia iluminada", o "lleno de sosiego espantoso". Unico testigo a salvo en este mundo terriblemente
doloroso de un indio, un indio yaqui, descrito ajeno a una
fiesta de yoris (blancos) : "No bailó, no habló, no tuvo una
sonrisa, los ojos sin ver a quienes lo rodeaban, hermético y
superior, ni nadie, tampoco, atrevióse a decirle nada, porque
era un dios lejano, corporal, presente, construido por la tierra
como una estatua pura".
·

APARECE RULFO
Este mundo rural revueltiano, en el que no hay más paisaje que una aridez humana extremosa, es el más visible ante-

Edmnndo Valadés

,

23

cedente para la obra de Juan Rulfo -así lo reconoce quien
quizás ha hurgado con más sagacidad en ella :M:alkah Rabel
al afirmar que las fuentes primarias del aut~r de Pedro Pá'.
ra~? e~tán en José Revueltas- y quien, con sorprendente
or1gmahda?, con un poder creativo singularísimo y admira~le maestria, va a hacer una aportación extraordinaria a la
literatura mexicana, al aparecer en 1953 su libro de cuentos
El Llano en Llamas.
:M:alakah Rabel ha definido así la obra de Rulfo y vamos
a oir sus palabras, en tanto oímos las del propio ~scritor:
"Rulfo emplea un lenguaje como surgido de las entrañas de
~a tierra .... con giros arcaicos logra imágenes nuevas, extranas, orozqmanas; con palabras descarnadas, viste un mundo
de fascinante dramatismo, a veces entretejido de un humor
macabro, como de esas calaveras danzantes".
"La literatura de Rulfo es representativa de un mundo
a punto de desintegrarse, como una gran piedra de cal reseca
y sólo el fascinante talento de su autor logra mantenerlo viYo'
con una vida sombría y taciturna, de movimientos lentos
definitivos. . . La sangre, el dolor y la muerte son como una
presencia ~iva. y permanente, una presencia sin quejas, tan
natural e mev1table como la vida misma ... Los personajes
de Rulfo viv~n una existencia sonámbula. Caminan por el
estrecho cammo de su mundo con ojos cie()'os y conciencias
dormidas. No recuerdan o no se dan cuenta, escapan a las
evidencias y reaccionan a desatiempo. . . Hay en sus descripciones como una especie de objetiva indiferencia ("despiadada
perspicacia", señaló muy bien Alí Chumacero). No se sabe
muy bien con quién o contra quién está Rulfo, hacia dónde
van sus simpatías. Sus relatos están desprovistos ele tesis
de filosofía, o de razones sociales; los hechos suceden po;
una especie de lógica secreta; los actos surgen porque sí ...
~i los mismos protagonistas conocen sus motivos: actúan,
viven, matan y mueren porque sí, porque no, quién sabe por
qué. . . es difícil asegurar hasta qué punto Rulfo expresa la
realidad mexicana ... Rulfo refleja no tanto la vida de México como el alma mexicana. en lo más hondo de su atavismo,;
Es la suya una realidad, como la de Orozco, expresionista".

f

PAISAJE RULFIANO
Las transcripciones que haremos de la obra de Rulfo confirmarán exactitudes del juicio crítico de Malakh Rabel.' Escarbemos, pues, en algunas páginas de El Llano en Llamas,
~ara enco~trar que en las manos de Rulfo, el paisaje y la
tierra mexrnanos son como pintura en que están más allá de

�2-1

donde podríamos situarlos. Una geografía seca, sin agua,
desnuda, a veces fantasmal, conforme el ámbito, en que viven
sus héroes: "Después de tantas horas de caminar sin encontrar una sombra de un árbol, ni una semilla de árbol, ni una
raíz ele nada", o, "un camino sin orillas"; una llanura rajada
ele grietas y arroyos secos".

,

LA TIERRA MALA
Y en un ritornelo: "se le resbalan a uno los ojos al no
encontrar cosa que los detenga", o "ni una gota de aire".
Los personajes de Rulfo caminan por veredas infinitas: "la
vereda subía, entre yerbas, llena de espinas y de malas mujeres. Parecía un camino de hormigas, de tan angosto. Subía sin rodeos hacia el cielo. Se perdía allá y luego volvía a
aparecer más lejos, bajo un cielo más lejano". Porque a
veces no hay más que cielo: "Sólo un puro cielo, cenizo, medio quemado por la nublazón de la noche".

TIEMPO INEXISTENTE

.\lgo puebla este paisaje fugazmente: los pájaros. Son
siempre la única señal de vida. Vuelan a través de algunas
de las páginas de El Llano en Llamas : "volaron los tototichilos, esos pájaros colorados que habíamos estado viendo
jugar entre los amoles. . . vio venir las chachalacas. . . ban-

dadas de tordos cruzaron por encima de nosotros hacia los
cerros ... Una bala disparada de allá hizo volar una parvada
de tildíos en la ladera de enfrente ... " De cuando en cuando
brota una flor escasa: "las flores del obelisco. . . las ramas d;
los camichines ... árboles llamados casuarinas y las paraneras". Pero esa vegetación termina por ser áspera como el
.
. .
'
mismo pa1saJe y muere pronto como los hombres pues si hay
hn~zaches, no dejan de ser "trespeleques" y ''~ólo a veces,
alh donde hay un poco de sombra, escondido entre las piedras, florece el chicalote con sus amapolas blancas. Pero el
chicalote pronto se marchita".

NUEVO LENGUAJE

Por eso conmueve, ante tan reiteradas descripciones de
nna tierra sórdida y poco generosa, ese amor que expresa
para ella uno de los labriegos que ha creado Rulfo: "Sus
ojos, que se habían apeñuscado con los años, venían viendo
la tierra, aquí abajo de sus pies, a pesar de la oscuridad.
Allí en la tierra estaba su vida. Sesenta años de vivir sobre
de ella, de encerrarla entre sus manos, de haberla probado
como se prueba el sabor de la carne. Se vino largo rato
desmenuzándola con los ojos, saboreando cada pedazo como
si fuera el último, sabiendo que casi sería el último".

En este paisaje sin límites, silencioso, "del que suben los
sueños", el tiempo parece no existir, no existe. "Perdí la
noción del tiempo desde que las fiebres se me enrevesaron;
pero debió haber sido una eternidad ... Y es que allá el tiempo es muy largo. Nadíe lleva la cuenta de las horas ni a
nadie le preocupa cómo van amo u tonándose los años". Los
personajes rulfianos acaban por 12erder la noáón temporal:
"Estar sentado en el umbral de la puerta mirando la salida
y la puesta del sol, subiendo y bajando la cabeza, hasta que
acaban aflojándose los resortes y entonces todo se queda quieto, sin tiempo como si se viviera siempre en la eternidad".

25

Edmundo Valadés

El Cuento Mexicano Reciente

'

Rulfo es el primero en restituir, en su más recreada pureza, ese lenguaje campirano tan lleno de poesía, imaginación
o crudeza y en el que términos imprevistos, nos suenan a cosa
conocida y nos revelan, mejor que nada, la naturaleza de
quienes lo hablan. Frases y palabras captadas por un oído
de maravillosa sensibilidad, crean juegos de imágenes y metáforas soberbias y que han sido la gran lección para la
nueva generación de la vuelta a la tierra mexicana. Recogeremos unos cuantos ejemplos: "como si se estuviera sacudiendo el coraje. . . Sentíamos las balas pajueleándonos los
talones, como si hubiéramos caído sobre un enjambre de chapulines . . . Como que la Yida que yo tenía estaba muy desperdiciada y no aguantaba más estirones. . . con el susto asornándosele por el ojo ... que va (una muchacha púber), como
palo ele ocote que crece y crece. . . lo entrado en ganas ...
antes de que me agarre la luz del día ... mirando para allá
sin cansarse (los personajes de Ru1fo pasan casi todo el tiempo viendo el horizonte, más allá a lo lejos) como si el lugar
éste las sacudiera sus pensamientos o el mitote de irse a
pasear a Zapotlán ... Yo1teretas como si los chacamotearan ...
Haz que te oiga. Date tus mañas y diles que para sustos ya
ha estado bueno ... " Y esas palabras, erns mod;smos regionales: alpacuachara (aplastara): las ajuareba, rhamucos, engarruñándose, la tracatera, un juilón, como trasijado, dientes
molenques arrejoleándome (arrinconándome). Y van surgiendo también los nombres de los lugares, indeterminados, porque nunca se sabe bien en qué sitio están: Tuzamilpa, Palo
de Venado, Cuesta de la Piedra Cruda, Cuesta de las Comadres, Zezontla.

CARNE Y MUERTE
La carne y la muerte, en reiterada conjunción; el amor
y la violencia, en dualidad funesta, como definió a la suya el

.

�El Cuento Mexicano Reciente

poeta, son el destino que mueve a los hombres que viven en
aquel paisaje : "Yo ya sabía desde antes lo que había dentro
d~ Natalia. Conocía algo de ella. Sabía, por ejemplo, que sus
p1er1;1as, redondas, duras y calientes, como piedras al sol del
med1odia, estaban solas desde hacía tiempo". La entrega física
es un darse sin medida: "Te siento todavía aquí en mis br,azos. Suavecita. Blanda ... Y te arrejuntabas mucho conmigo. Te repegabas tanto que casi te sentía metida en mis hue-1
sos". Seres llenos de deseo: "Felipa antes iba todas las noehes ,al cuarto .donde yo duermo, y se arrimaba conmigo,
acostandose encima de mí o echándose a un ladito". Y una
posesión en la que se da todo: "Siempre sucedía que la tierra donde dormíamos estaba caliente. Y la carne de Natalia,
la esposa de mi hermano Tanilo, se calentaba enseguida con
el calor de la tierra. Luego aquellos dos calores quemaban
y lo hacían a uno despertar del sueño. Entonces mis manos
iban detrás de ella; iban y venían por encima de ese como
rescoldo que era ella; primero suavemente, pero después la
apretaban como si quisieran exprimirle la sangre. Así una y
otra vez, noche tras noche, hasta que llegaba la madrugada y
el viento frío apagaba la lumbre de nuestros cuerpos. Eso hacíamos Natalia y yo a un lado del camino de Talpa, cuando
nevamos a TanilQ para que la Virgen lo aliviara".

EL FIN VIOLENTO
Todo, al fin, es muerte. Muerte casi siempre aceptada,
buscada o dada dentro de un fatalismo inconmovible, "tan
natural e inevitable como la vida misma", según la observación de Malkah Rabel; muerte con indiferente crueldad, a
pesar de los pavorosos procedimientos utilizados: "Luego
supe que lo habían matado a machetazos, clavándole después
una pica de buey en el estómago . . . Por eso, al pasar Remigio Torrico por mi lado, desensarté la aguja y sin esperar
otra cosa se la hundí a él cerquita del ombligo. Se la hundí
hasta donde le cupo. Y allí la dejé ... No debía matarlos a
todos; me hubiera conformado con el que tenía que matar ;
pero estaba oscuro y los bultos eran iguales. Después de todo,
así de a muchos les costará menos el entierro. . . Y, sin embargo, dicen que maté a don Justo. ¿ Con qué dicen que lo
maté? f, Qué diz que con una piedra, verdad? Vaya, meno~
mal, porque si dijeran que había sido con un cuchillo estarían
zafados, porque yo no tengo cuchillo desde que era muchacho
Tiene que caer por aquí, como cayeron esos otros que
eran más viejos y colmilludos. Mi mayor dice que si no viene
de hoy a mañana, acabalamos con el primero que pase y así se
cumplirán sus órdenes ..." Esta vida violenta, sin embargo,
ya que el tiempo en Rulfo no tiene principio ni fin, no se sabe

27

Edmundo Valadés

dónde empieza ni dónde termina, y es, en los héroes rulfianos,
como un recordar algo que no se sabe hasta qué punto es
sueño o realidad; si pasó hace poco o hace mucho.

TOMAS MOJARRO
Como continuador directo de Revueltas y Rulfo, ha surgido un joven cuentista cuyo talento es innegable, pero aunque ese talento peca de congestionada elaboración en su primer libro -Cañón de Juchipila-, por otro lado, tiene aciertos que anuncian a un escritor de gran densidad y poderes
creativos. Se trata de Tomás Mojarro, en quien, como sus
antecesores, la visión del campo o de sus hombres es sombría.
"Seminaristas y braceros" -apunta Rosario Castellanos"que estarán aprisionados por el fanatismo y la miseria" y
que para "evadirse no encuentran más camino que la mariguana, la violencia de las pasiones, el crimen o el destierro"
o cuando "no la muerte". Y agrega: "De los cuentos de Tomás Mojarro parece desprenderse la noción de que el hombre
es una cosa aplastada por las fatalidades". Muy certera esta
observación: de Mojarro podría decirse que es el escritor del
fatalismo. Es el signo que hace vivir a sus personajes: es el
camino inevitable de sus vidas y de sus muertes.
En un diálogo extraordinario, del relato titulado Desde Latidos Ecos, Mojarro nos revela los sentimientos dispares
de dos hombres; uno, que lleva al otro, amarrado, para cum•
plir con él una justicia que nada podrá detener. Uno de los
hombres el que va a morir, se rebela ante su muerte y trata
de pers~adir a su ejecutor de que lo perdone, esgrimiéndole
las más tenaces razones. El otro hombre -todo un símboloacaba por convencerlo de que acepte con resignación su muer•
te; que- no se diga que fue un cobarde.

CONTRAPUNTO
Oigamos el final de su impresionante diálogo :
-Podría irme a Tlaltenango. A Moyahua o a Atolinga
si así tú lo dispusieras. En Guadalajara me escondería. No
te comprometería, Chaveño.
-Encomiéndate a Dios. Ya no esperes nada de nadie,
Delfina. .Ya no tienes el derecho de pedir favores Aentiendes?
-A ver, dime: ¿ Qué ventajas sacas con quitarme la vida?
Chaveño ...
(El aludido, el tal Chaveño·, no da oídos a las súplicas.
Se mantiene inconmovible. Responde como si el diálogo tratara de otras cosas sin importancia).

�28

El Cuento l\lexicano Reciente

-¿Dónde naciste, amigo? Tengo esa curiosidad.

MAS FATALIDAD

-Aquí, allí donde me encerraron. Y o soy nativo de
Jalpa.

La fatalidad, como se ve, acaba de impera~ y gober~ar
en la vida confusa, desesperada, que narra l\IoJarro -quien
loO'ra diáloO'OS de aguda honda sugestión, con hallazgos del
habla popuiar, que man~ja con singular efi_cacia y orig~nalidad- y que confirma que con Rulfo, se aviva en la ~ecie~te
cuentística mexicana un estímulo por aprehender literariamente a un México que está más que en la realidad, dentr~
de una supervivencia íntima, como un algo . que nos quedo
en la conciencia y que no sigue siendo ya el mismo que afuera
vemos transformarse ante nuestros ojos, aunque restos atáYicos
hayan dejado exteriormente huellas Y. sig~os, _destinados.ª desaparecer para siempre, con todas sus 1mphcaciones negativas. .

-¿Ah, sí?
-En Jalpa nací y en Jalpa ...
-Te van a dar tu aplaque. En el mismo municipio, ino?
Saliste poco andariego, poco paseador, ¿no, Delfino?

-¿ Verdad que yo nunca te he perjudicado en nada~
¡, Verdad que tú y yo hemos vivido en sana paz uno con el

otro 9 6Qué beneficio te daría mi muerte, eh? Amigo ...
-Así que eres jalpense ... con razón tienes los dientes
prietos. Y o vengo a Guadalajara. De allá soy, del Guadalajara mentado.

Varios cuentistas' entre los más 'jóvenes, como . Mojarro,
. .,
reciben la influencia de Rul~o y otros, co~ p_rop!~ vlSl_on,
reanudan, superándola en vanos asp~~tos, la mcitac10n abierta por los novelistas de 18: Revoh:'c1on,. ,pero ahora no para
limitarla a aquel suceso, smo enriqu ec1endola coi; toda tuna
nutrida gama de matices del agro de nuestro pa1s Y ex endiéndola hasta la ciudad.

-Amigo Chaveño, compadrito. Yo soy tu prójimo. Compadrito.
-Pero, ¿sabes? Sucede que sucedió un caso, y el muerto
me lo achacaban a mí. Yo dije: "vayan a tal", y me vine a
Jalpa a hacerla de policía. A arrastrar borrahitos de dientes
prietos. Ja-ja. ¿No conoces Guadalajara? Bonita como ella
sola mi Guadalajara . ..

XAVIER VARGAS PARDO
Con dos o tres cuentos publicados, uno de ellos prerniad_o
en el concurso de El Nacional, Xavier Vargas Pardo -michoaC'ano-, será reconocido como otro de los má~ int~r~santes cuentistas de la vida rural, al aparecer su libro medito Los Cuentos de Céfero -título provisional-, que va
'
, .
a editar el Fondo de Cultura Economica.

-Amigo Chaveño, compadrito . . . ·
-Bueno, Delfino, creo que ya estuvo bueno de plática.
¿ Qué horas calculas tú que sea ahorita ? Ya es muy de noche,
o más bien temprano. Y yo tengo que devolverle su yegua al
Presidente.
(El tal Delfino calla, en tanto el Chaveño hace burla
de la cobardía. Uno adivina la lucha interior del hombre
condenado a esa muerte. Acaba de aceptar la fatalidad de su
destino, sin pedir y clemencia. Sólo un favor).
-Y como un último encargo, Chaveño, al ciego Celedonio
me harás el favor de decirle que Delfino el zapatero fue un
hombre como los hombres de Jalpa. ¿:No se te olvidará ?
-:;.\Ii palabra te doy amigo Delfino.
-Dios te pagará este favor. Algún día te lo pagará, amigo
Chaveño ...

29

Ednnmdo Valaclés

,.

Vargas Pardo sigue, de principio, u~a línea y ,un estilo
narrativo que traerán personales aportaciones al genero ennobleciéndolo más, en renovada frescura. para re~re~r ~l
habla popular con gracia notables, _Y habilidades d1st~1~gmdas, para la narración flúida y perspicaz. Col!- amena ag~hdad
Vargas Pardo capta originales aspectos de la vida rural m1choacana.
En la obra de Vargas Pardo, un cuentista de cuerpo e~tero la agudeza y el ingenio populares aletean con toda fidelidad en casi todas sus páginas, en un contrapunto con los
hech~s a veces terriblemente dramáticos. Y en t~nto ellos
suceden ante nuestros ojos se va dibujando una pmtura cabal y ~stupenda de una región de Méx!co, ampliando e~a
geografía a la que nos referíamos y descrita con un leng~aJe
lleno de O'iros y modismos regionales, que son otra partlcu•
laridad e1~ los Cuentos de Céfero. Con justicia, se puede aso-

�30

El Cuento Mexicano Reciente

ciar ya el nombre de Xavier Vargas Pardo al de la más
brillante generación de cuentistas que ha tenido México.

EMMA DOLUJANOFF
De la vida rural, los nuevos cuentistas nos llevan al mundo, indígena. Emma Dolujanoff, en sus Cuentos del Desierto
n~s traslada a la región yaqui, en Sonora, donde razas opri~
midas o explotadas acaban de recibir una ansiada justicia.
Con prosa pulcramente escueta, Emma Dolujanoff irrumpe en la intimidad cerrada al yori. Dice Emmanuel Carballo, un atento joven crítico de la nueva cuentística, sobre este
libro no bien considerado aún en todos sus méritos: " ... relata historias de indios y no los idealiza, plantea el problema
de la injusticia y no desciende a la demagogia, se adentra
en las costumbres y salva el peligroso escollo del folklore,
transita por los dominios de la etnología y no pierde vista
los Yalores literarios. Estamos frente a una auténtica escritora, consciente y responsable .. . Emma Dolujanoff comprende a sus criaturas, las ve -hasta donde su condición de extraña lo permite-, desde dentro".
La transcripción de unas páginas de uno de sus mejores
cuentos. La Cuesta de las Ballenas, vale para apreciar sus
virtudes creativas y para señalar acrecentada curiosidad por
darnos algo más que una ficción del indígena:
"Yo sé que estas cosas debiera callármelas para siempre,
llevarlas pegadas detrás de los ojos y detrás de las palabras,
hasta que un día, quedaran bien guardadas debajo de la misma tierra que ha de taparme con todas mis penas juntas. Así
se lo prometí a la Tanasia. Pero de tanto callarme el sufri.
'
miento se me fue haciendo como una bola grande que me anda
rodand? por todo el cuerpo y me empuja para fuera la piel
Y los OJOS y la voz. Y todo porque le prometí a la Tanasia no
decirle nada a nadie, se lo prometí cuando se estaba muriendo.
Tanto aguantarme para venir a decirlo ora ya de viejo y con
lo poco que falta para que me entierren. Todos por acá dicen
que los muertos oyen cuando no se les cumple la promesa, y
ella me lo va a oír aunque lo diga yo muy quedito, como
cuando_ va uno a confesarse no queriendo que ni el mismo
padrec~to se dé cuenta y habla uno sin voz, moviendo apenas
los lab10s, nomás para que Dios solito oiga los pecados y no
se sientan tau fuertes los empujones del corazón".

31

Edmnndo Valadés

PAISAJE MARINO
Y aquí el paisaje marino de la Sonora yaqui:
" ... Llegamos a Yávaros ya cayendo la tarde y qué
bonito se me hizo mi pueblo visto desde la Cuesta de las
Ballenas, con sus jacales desparramados entre los pitahayos
y los mezquites, como manchas negras puestas sobre la arena.
Adelantito se veía el mar pintado de muchos colores por el
que se iba poniendo, y arriba, en el cie!o las puntas de los
"echos" se metían entre las nubes medio doradas y me d¡i o
blancas. Acercándonos más, pude distinguir los chinchorros
puestos a secar sobre los remos clavados en la arena y también
las canoas, varadas de modo que no se las llevara la marea,
pero así y todo, muchas amanecían flotando. Y el mar, por
que todo lo demás era mar, este mar tan grande y de tantos
colores, que había empujado la costa tantito para adentro, lo
bastante para que Yávaros pudiera ser lo que se llama un
puertito alegre donde todos éramos pescadores. Y digo que
alegre, porque así lo sentí yo esa vez y ya no me cabía .el
gusto adentro cuando comencé a divisarlo desde la Cuesta
de las Ballenas. La Cuesta la nombrábamos así porque había
allí una quijada de ballena, tamaña de grandota, más todavía que un caballo entero. Nadie sabía cómo había ido a
parar tan lejos, pero unos decían que era cosa de Dios y otros,
que antes de los abue1 os y los bisabuelos, todo lo que es Yávaros era agua, que las mareas llegaban hasta la Cuesta y que
una ballena dejó allí su quijada como señal de que Yávaros
pertenecía al mar".
0

ERAOLIO ZEPEDA
Esa ingenuidad indígena -en el mejor sentido-, tiene
distinto tratamiento con Eraclio Zepeda, quien en su primer
libro, Benzulul, que lo coloca desde luego entre los valiosos
exponentes jóvenes del cuento mexicano indigenista, nos da
una bien lograda representación del medio indígena que existe al otro extremo de Sotiora: el de Chiapas.
Zepeda, con mirada aguzada, con un sentido social que
también caracteriza su obra, así no necesite hacerla explícita,
ofrece un testimonio penetrante y lúcido que logra develar
reconditeces, en las que se confunde la magia con la realidad, de una raza expoliada y víctima ancestral del ladino.
Es el suyo un estilo al parec.er inspirado, en sus fuentes primeras, en los viejos textos mayas. En momentos, parece
describir como en oración. Por sus páginas, en que hay una
prosa abierta y limpia, un oficio excelente que no titubea, nos

�32

El Cuento l\Iexicauo Reciente

adentramos en lo soterrado de hombres sometidos a una inferioridad social y humana y que se enfrentan a ella con dramático desconcierto, pero que no los hace perder una recta
dignidad, a pesar de estar atribulada, de ver imperar el mal y
la sinrazón.
En los cuentos de Eraclio Zepeda sentimos que su pluma
ha escrito con no contenida comprensión hacia semejantes
suyos en desgracia, que le provocan una leal solidaridad y
que nos las despierta o nos las afirma. Costumbres, tradiciones, supervivencias totémicas, creencias religiosas frente a
un afán de labrare una vida que los salve de la iniquidad,
completan un cuadro distinto del indio mexicano del sudeste,
porque emerge como un ser dueño también de valores morales
indudables; de una rectitud de conducta que es más admirable,
dadas las condiciones desventajosas que han padecido.
Zepeda, respondiendo a la preocupación de los cuentistas
modernos, traslada con aciertos y eficacias, el habla popular,
y la sabe usar diestramente. Así, oímos las propias palabras
de sus personajes como dichas por ellos mismos y no inventadas por el escritor. En síntesis, Zepeda nos hace ver el mundo injusto que los rodea, desde adentro de los propios indios.
Nos da a conocer su filosofía de la vida. Sus deseos, sus pasiones. Sus problemas. Benzulul resulta, por ello, aparte de
una obra literaria de muchos méritos, un documento importante como estudio antropológico y sociológico.

FRANCISCO SALMERON
Este adentrarse en la reserva india, y del que es notable
ejemplo y guía el Juan Pérez Jolote, de Ricardo Pozas A.,
ha producido una pequeña obra maestra en el género, Velas
Para San Andrés, de Francisco Salmerón, quien en un relato
en el que suena la vieja luz de las crónic~s indias -:-cuyo. conocimiento más acucioso merece la gratitud para rnvestigadores como el Padre Garibay y Miguel León Porti~la-, ha
descendido con sensibilidad admirable, al fondo pnvado de
una comudidad inígena. Y ha sabido sintetizar, con la palabra más bella y justa, una vieja, larga historia que hiere y
hace sangrar la propia historia de :México : el abuso de los
fueranos con los indios. Oigamos, aunque sea, estos breves
párrafos.
"Juan Francisco Trayohual, Padre Principal del Pueblo,
vivía con la noche metida dentro y se fue a echar trago para
alegrar su corazón. A la casa de su compadre se fue a echar
trago, porque vivía con él la noche y no llevaba alegría, por-

Edmundo Valaclés

33

que en la caja de comunidad no había dinero para la fiesta
del Santo San Andrés, y porque iban a venir las desgracias
para los hijos del pueblo por la falta de velas en el altar.
Y fue que su compadre puso a su ahijado a que le sirviera
trago a su padrino y alegrara su corazón. Y su ahijado le
besó la mano y le dijo:
-"Dios guarde a usted, padrino, y el Santo Señor San
Andrés".
Y le besó la mano y se hincó, porque su padrino era Padre
Principal. Esto fue lo que hizo su ahijado, y fue a traer manzana, para que bebiera su padrino.
Y Juan Francisco Trayohual bebió su manzana y dijo a
su compadre que en la palabra de los fueranos no hay verdad.
Que los consejos se llevaron el dinero y que no había velas en
el altar, y que iban a seguir viniendo las desgracias para los
hijos del pueblo. Y su ahijado le trajo más manzana, para
que alegrara su corazón. Pero la noche no se le fue de adentro y siguió siendo negro el corazón de Juan Francisco Trayohual. Y esto dijo al señor y Padre Principal.
-"En ]a palabra de los fueranos no hay verdad. Y en
su boca no vive la palabra primera, y no hay dinero en la
caja de la comunidad . . . Y por eso los abuelitos no quisieron, de antaños, que vinieran los fueranos".
Tal palabra dijo, en su boca, el señor Padre Principal".
Otro cuento suyo, La Espera, anuncian que de recopilar
su obra, se revelará en Francisco Salmerón a uno de los mejores
cuentistas actuales.

MAS VALORES
Reconocido ya su talento poético y novelístic~, Rosario
Castellanos, cuyo primer libro de cuentos está por publicarse,
en una docena de ellos narra incidentes del conflicto de los
indios de Chiapas ante un mundo hostil, cruel, visto con limpios y abiertos ojos. En prosa cristiana, impecable, con una
severidad estilística que confirman una madurez ejemplar,
una sensibilidad de admirable finura e inteligencia, enriquece
al género y gana sitio entre los mejores narradores de la
vida del indígena. Elena Garro, que en el teatro ha producido
una serie de piezas admirables por la fidelidad con que ha
captado la psicología y el habla populares, es autora de
cuentos alucinantes, dignos dll figurar también entre los más
notables en la línea rural. Luis Córdova, en un relato, Genzontle - que Andrés Henestrosa considera uno de los más

�34

El Cuento Mexicano Reciente

hermosos en la literatura popular-, sabe hacer coincidir su
sentimiento de justicia social con una gracia narrativa de
singular frescura, logrando crear certero simbolismo del
pueblo en el principal personaje, aquella canora ave. Raquel
Banda Farfán, a quien Rubén Salazar Mallén le acredita dotes
excepcionales y autora de cuentos -además de novelas- digna de una más cuidadosa atención; Ramón Rubín, el más prolífico y en cuyos cuentos se hallan, como advierte Luis Leal
-magnífico estudioso del cuento mexicano- "rasgos del carác:ter del mexicano muy bien observados".

GASTON GARCIA CANTU
Del campo, del México rural, la inquietud de los nuevos
cuentistas los lleva también a la ciudad provinciana. No es
precisamente imagen romántica la que nos dan de ella. Un
irónico observador de ella, Gastón García Cantú, en Los
Falsos Rumores, se ve tentado a satirizar una hipocresía escondida bajo buenas costumbres, por las clases altas y dirigentes. Con conciencia política, García Cantú usa su p~uma
para zaherir corrupciones, engaños políticos, el pistolerismo,
el abuso, el servilismo que se opone a la llegada de nuevos
tiempos anunciados por la Revolución Mexicana.
Opina así un crítico argentino de esta obra que,nos ~~ce
recordar en la actualidad, las de Azuela y Agustm Y anez,
aunque Ía sensibilidad tiene matices diferentes: " .. . no hay
costumbrismo pictórico ni anecdótico en las páginas. Hay alO'O más intencionado, de profundidad social y política. Hay
la burla y la ironía de una época y de muchos hombre~"Gastón García Cantú tiene cuentos de un tema que, en varios
sentidos llevará más tarde, ampliándolo, a la novela, Carl~s
Fuentes': la resistencia a los cambios sociales. Un P,;rsonaJe
de Las Horas Moradas -un cuento de profunda iroma Y que
es todo un retrato- simboliza esa resistencia y esa hipocresía,
durante un soliloquio:
" ...Mi pluma es de oro. Vale lo que peso. Lo que escribo
es en defensa de las ideas madres : Dios, la religión, el orden
. . . Debemos atacar, como decía el padre Rodrigo, lo que huefa
a nuevo. No permitir ningún cambio. Dan risa sus pretensiones de cambiarlo todo. A través de los siglo~ hemos permanecido nosotros los que creemos y sostenemos el culto. Somos
una familia numerosa, bien organizada . . . Allí va la María
de los Angeles. . . Está guapa todavía. El divorcio le s~ntó
. . . Hembra voluntariosa y soñadora. Anda con la caridad
a cuestas. Se la comerán esos niños a los que auxilia. l\Ie opongo a tales beneficencias. El padre Rodrigo me da la razón.

35

Edmundo Valadés

Si auxiliamos a tanta mujer perdida recogiendo a sus hijos,
dentro de algún tiempo tendremos la casa llena. Esa v otras
más. En ?~auto vean que es posible que otros se haga~ cargo
de sus h i J o s los abandonarán. El pecado nefando . . . El
pecado . . . Yo, yo también soy pecador, sólo que me arrepiento. Es la; diferencia. Hago mis contriciones y rezo. No hay
otro cammo. Vencer las tentaciones es difícil. Algo se consigue con los años . .. "

GUADALUPE DUEAAS
Dos escritores abordarán temas provincianos con miras
opuestas. Guadalupe Dueñas, en original línea del horror,
tendiendo al poema en prosa, en "Tiene la Noche un Arbol",
crea insólitas minucias de original rareza. Buriladora, bordadora de frases, Guadalupe Dueñas prefiere escoger hechos
objetivos, pequeñas escenas suigéneris -como esa de Los
Piojos, premeditadamente repulsiva- para verlas desde fuera
y describirlas con cruel y bella exactitud.
Con un humor particular, con una ironía dolorosa, Guadalu:ge Dueñas, tras el visillo de su ventana, atrapa a su muy
personal manera, desconcertantes, inesperados y mínimos heehos a los que les pone el hilo fino y recamado de su prosa,
con agujas que de pronto nos pinchan.
En contraste, con ánimo cordial, María Lombardo de
Caso restituye breves recuerdos de su infancia y con pincelazos humorísticos de narradora que supo ver con agudeza a
pintorescos seres de su nativa Teziutlán, nos los devuelve en
·l\Iuñecos de Niebla. La autora no pretende -al parecersino deshilvanar sus recuerdos, pero al hacerlo muestra un
travieso espíritu burlón y correctas cualidades prosísticas, al
tiempo que nos ofrece una divertida estampa provinciana.

CARMEN BAEZ Y JORGE LOPEZ PAEZ
Periodista, Carmen B á e z, en La Roba-Pájaros, en estilo
sobrio, es atraída por la provincia, "Los personajes -se dice
en la presentación de sus cuentos- que abundan en aldeas
y poblados pequeños -el loco, el "gritón" de la lotería en
los jardines del pueblo, el campesino ágil para relatar aventuras imaginarias, el maestro de escuela, el médico a la antigua- todos se hallan señalados aquí con un inconfundible
hálito de ingenuidad, aun en aquellos momentos en que ejecutan malas acciones". Si a Carmen Báez la vida infantil le
:hace lograr quizás su más· acabado cuento, El Hijo de la
Tiznada, en el que se narra hábilmente cómo a una niña la
impresiona más el degüello de un buey que el fusilamiento

�36

El Cuento Mexicano Reciente

de un hombre ' Jorge López Páez, en Los Mástiles, sondea
el
.,
mundo de la gente menuda, con conmovida observac1on, recreando el ensueño de mentes tiernas y sensibles, con diáfana
poesía.

RAUL PRIETO
Dotado también para el humor, López Páez es autor de
un cuento de soberbia gracia, Alta Fidelidad, que le señalan
como un bien dotado para esa difícil y poco practicada línea,
en la que sobresale y tiene excepcional dominio, Raúl Prieto,
periodista y agudísimo polifacético escritor. En su libro Hueso y Carne, crea un mundo de incisivas sorpresas y sagaces
observaciones humanas, visto con ojos que reflejan despierta
ironía y agudo ingenio. Observador atento y de oídos abiertos es de quienes, también, recogen y trasladan a sus personajes el habla popular, con sus giros y contracciones, para que
uno distinga claramente el medio social de que proceden. Sus
tema son humanos, variados y juegan en ellos, aunque persevera la ironía, inventiva y realismo, drama y poesía en un
cuadro en que privan escenas de la ciudad.
"Lleva dentro de sí al México de los contrasentidos -ha
dicho de su obra un crítico sudamericano- ese México cálido
y quemante en donde tan pronto estall,a _una lágrima como
una carcajada. Esas dos caras opuestas, umca extrema de una
tierra que se ofrece o rechaza con la misma pasión de sus soles
arrebatados son contemplados descarnadamente, sin afeites,
por la acuciosa inquietud develadora de Raúl Prieto. Seguro
de sus medios expresivos, vibrante por momentos como un
pintor de rebosante paleta, anda desenvueltamente, ora, sonriente, por los dispares caminos del dolor y de la alegria de
su pueblo . . ."
Es también la ciudad quien revela las grandes facultades
de un cuentista esporádico, más conocido como dramaturgo:
Sergio Magaña, autor de un libro que no llegó a circular por
extraño destino : El Angel Roto y en cuyo haber hay relato
maestro, La Mujer Sentada, en que los diálogos y las descripciones parecen bello romance.
Muy celebrados y entre brillantes cuentistas contamos
a Ricardo Garibay y Emilio Carballido, que no han agrupado
aún del todo sus producciones de ese género. Elena Poniatowska, entre ellas, confirma esa ingenuidad incisiva, alternando milicia e inocencia que la ha hecho tan famosa en el
periodismo. Una secreta ternura, aliada a una decidi~a :vocación y a una inquietud por intentar nuevas formas, d1stmgue
a Carmen Rosenzweig.

Edmnndo Valadés

87

AMPARO DAVILA
Un mundo en que aparentemente impera la lógica y que
pronto, por un imprevisto resorte, revela una persistente enajenación de sus principales personajes, que realizan o viven
actos de angustia u horror es el que pinta una nueva cuentista,
Amparo Dávila, dueña de una fecunda imaginación para lo
insólito, en una extraña mezcla poeiana y kafkiana, logrando
una nota p_ropia en la nueva cuentística, con su libro Tiempo
Destrozado. Eglantina Ochoa Sandoval es reconocida por Jesús Arellano, creo, como "dueña de espontánea fluidez que
a veces se torna en graciosísimo desenfado, ricamente dotada
para la creación literaria", como lo hace suponer su bello
relato, Un Angel Llora. Simitrio Queromán, dado a conocer
en ~Ietáfora, apuntó sobresalientes cualidades, que lo perfilaban como cuentista de mucho porvenir, pero que después
ha guardado silencio. Como Emmanuel Carballo -quien con
su Gran Estorbo es la Esperanza- mostró condiciones creativas muy personales, en un tomo imprecacionista que lo diferenciaba. Desde una revista de curioso nombre, Garabato,
y también en el libro, Eugenio Trueba y Armando Olivares,
en provincia, han destacado en el género, que el primero ha
cultivado con loable perseverancia, la cualidad de Ignacio
Helguera, escritor de admirable tesón. Y entre otros varios
nombres, están Rodrigo Mendirichaga y Olivera Unda, autores de sendos volúmenes de relatos, entre quienes en los
últimos años han colaborado a la profusión del cuento.

EL MAESTRO ARREOLA

.

Punto y aparte y sitio especialísimo -se le admira, con
Rulfo, como al más célebre cuentista mexicano contemporáneo-- merece Juan José Arreola, quien a sus excepcionales
méritos de escritor suma los de generoso difusor de las obras
ele nueYos autores; las de maestro que camina con una
academia a su diestra; las de editor de gusto tipográfico impecable y los no menos que adÓrnan su deslumbrante personalidad, una de las más interesantes, lúcidas e inteligentes,
del México contemporáneo y quien, por su incansable imaginación, por su cultura, por las cualidades humanas de que
es dueño, justificarían para él solo, más de una conferencia.
Eminencia de la literatura fantástica, con una extraordinaria gracia inventiva, su ta!ento ha influido en buena parte
de la nueva generación, creando y estimulando una corriente
en la que él siempre queda como el ejemplo maestro. Es, sin
duda, uno de los prosistas en lengua española más elegantes
y hablará mucho mejor que todo lo que yo podría agregar

�38

El Cuento Mexicano Reciente

ahora ... su fulgurante precisión en hacer cuentos y prosas
a base de frases redondas, luminosas, exactas, breves, casi
aforismos metafóricos como "la carne viva y fragante de un
amor que se llena de gusanos sistemáticos" o esa sutil ironía,
deliciosa, con que explica cómo un cornudo llega, de la
"blanda sospecha" a "la certeza puntiaguda", en prosas que
son agua límpida y tintineante, para nuestra admirada lectura
ante la que surgen personajes que son casi siempre un pretexto para forjar los que resultan ingeniosos juegos de humor- hablará mucho mejor, digo, que leamos una de sus
más recientes creaciones: Infierno, V:
"En las altas horas de la noche, desperté de pronto, a la
orilla de un abismo anormal. Al borde de mi cama, una falla
geológica cortada en piedra sombría se desplomó en semicírculos, desdibujada por un tenue vapor nauseabundo y un
revuelo de aves oscuras. De pie sobre su cornisa de escorias,
casi suspendido en el vértigo, un personaje irrisorio y coronado de laurel me tendió la mano invitándome a bajar.
"Yo rehusé amablemente, invadida por el terror nocturno, diciendo que todas las expediciones hombre adentro
acaban siempre en superficial y vana palabrería.
"Preferí encender la luz y me dejé caer otra vez en la
profunda monotonía de los tercetos, allí donde una voz que
habla y llora al mismo tiempo, me repite que no hay mayor
dolor que acordarse del tiempo feliz en la miseria".

LOS MAS NUEVOS
Antes de poner término a este recuento -desgraciadamente quizás con olvidos y con el frustrado propósito, no
logrado, de extendernos más en cada autor, señalaremos,
ya de paso, a Carlos Fuentes, con su Chac Mol, un c 'u en t o
muy celebrado y que con los otros del volumen de aquel
título, anticiparon un talento que ha madurado en la novela;
Carlos Valdés, de quien Henestrosa juzga que usa temas de
intención bastante atrevidos y bien tratados; Salvador Reyes
Nevares, dueño de una dedicación y una sensibilidad que
lo sitúan como un excelente narrador y por ahora entregado
a los afanes de la crítica, en los que sobresale por su capacidad y honradez; Alberto Bonifaz Nuño, de finas condiciones; Jorge Aguilar, cuentista muy interesante y que en Ecce
Horno, supo usar la fantasía para exponer angustiosos problemas del hombre moderno; José de la Colina, a quien se
aplaude como uno de los cuentistas jóvenes más logrados;
Vicente Leñero, muy bien considerado; Alberto Montnde,
cuyas primicias dio a conocer Letras Mexicanas y que apuntó

Edmundo Valadés

39

en ellas valores y condiciones de los que hay que esperar madurados frutos; José Emilio Pacheco, de brillantísimo porvenir, en quien se fragua de seguro una notable figura literaria;
Carlos :M:onsiváis, su compañero, uno de los pocos que han
recreado el caló citadino y dueño de incisivo talento, que
lo ha de llevar muy lejos en el oficio literario; Angel Bassols
Batalla, (Jnien después de incipiente obra, es autor de un
libro recién editado -Mi Teniente Ambrosio- y en el que
se decide por propia autodeterminación por la línea del realismo; Raymundo Ramos Gómez, quien según Reyes :Nevares. "bruñe sus párrafos con minuciosidad y una conciencia
del oficio ejemplares"; Juan García Ponce, encontrando una
veta de excelente narrador; Rafael Ruiz Harrel, Gastón 1\1elo, Alfredo Leal Cortés, Beatriz Espejo, Sergio Pitol, Huberto Bátiz, Clemento Cámara Ochoa, entre otros de los muchos
periodistas que practican el cuento y que inspira su Redactor de Guardia, precisamente en temas de su profesión;. Antonio Prieto, también periodista y de sensibilidad capaz, si
se lo propusiera, de redondear más cuentos como algnnos
muy interesantes que ya ha logrado; Enrique González Rojo,
de inquietudes sociales bien definidas; Carlos Ramos, decidido, bajo el estímulo directo de Rulfo, al monólogo con
tónica popular, y otros varios que hacen del cuento reciente
mexicano una de las expresiones más ricas, más variadas y
más interesantes dentro del cuadro actual de nuestra litera-

tra.
Con él, la vü;ión de México onírica o recreada desde sus
ángulos más dramáticos, se nos revela en un extremo que
no deja de ser nuestro, aunque falte iluminar, y es una tarea
responsable, con la misma fuerza y perspicacia, el otro México nuevo: el de las cr eaciones y el de los esfuerzos por
ajustarlo en todo con la Revolución Mexicana.
(De "México en la Cultura", 27 de Noviembre de 1960) .

�Agustín Basaye Fernández del Valle/ HACIA

UNA FILO-

SOFIA INTEGRAL DEL HOMBRE :f.

LA

.,

filosofía, al fin cosa humana, está,
en última instancia, como todo lo que es humano, al servicio
de la vida, a disposición del hombre. Si suprimimos el carácter de síntesis superior y vital de los conocimientos del hombre, nuestra disciplina pierde todo su valor íntimo y existencial. Una filosofía que no esté al servicio del existir -dicho sea con absoluta sinceridad- no nos interesa. Es mi propia vida, con sus angustias y esperanzas, la que me insta a
filosofar. Se trata de un imprescindible menester de ubica~ión y de autoposesión. Y en ese menester me juego a mí
mismo de manera integral, porque en la búsqueda y descubrimiento de la verdad me identifico con mi filosofía. No ocurre
cosa semejante con ninguna otra ciencia. Todo auténtico
filósofo forja una filosofía y la encarna. Siente el imperativo
de explical.' fundamentalmente la realidad entera, de acercarse a la estructura óntica de los objetos y escrutar su fondo invisible, subyacente, ontológico. Pero a la vez no puede ni
quiere prescindir de una sabiduría vital de los últimos problemas humanos. No se puede vivir sin saber cómo es bueno
vivir. La filosofía como propedéutica de salvación -tal como
la entiendo yo, por lo menos- no sólo es contemplación de lo
eterno (facultad intelectiva), sino también sobre lo temporal,
disposición de las cosas materiales al servicio del hombre ( conocimiento pragmático). Si la filosofía no es filosofía, al servicio del hombre, y, por lo tanto, de su salvación, ¿para qué o
para quien puede estar hecha esa filosofía? Debemos estudiar el ser y la esencia de las cosas por su referencia al hom*

Conferencia pronunciada en la Universidad Internaolonal "Menéndez y
Pelayo". Santander, 23 de Agosto de 1960.

-

41-

�Hacia u.na Filosofía Integral del Hombre

bre y conocer y amar al hombre por su relación a Dios. Nada
pues de "vivir y después filosofar", sino vivir en profundidad
filosofando, y filosofar en profundidad viviendo entusiasmadamente lo que se filosofa. Este es -en el gentil decir de una
voz españo1a- el gran mote heráldico y comprometido de mi
filosofía. (Caba). Un conocer vital que nos lleve al ser y a
nuestro ser, es algo más que una pura ciencia: es un conocer
comunicativo. No es cosa de oficio, sino menester de vocación.
Pero auque se trate de un imperativo existencial de ubicación,
de autoposesión y de comunicación, toda filosofía es especulativa, incluso cuando su objeto es la "praxis", es decir, la
actividad humana en su ejercicio. Hasta aquí, en apretado
resumen, un preámbulo que puede evitar equívocos en las reflexiones subsecuentes.
Tenemos la certeza de que antes de la verdad sobre .el
hombre existe el verdadero hombre; antes de la adecuación
del juicio y de lo real humano, se da la adecuación vivida del
entendimiento mismo con la realidad humana. La percepción
de una existencia que me es dada en sí misma -y no primariamente en orden a mí mismo- está antes que cualquier
otra cosa. El ser es la condición del conocer. No veo razón
alguna para suponer "a priori" que mi pensamiento es condición del ser humano.
Jamás comprenderemos el significado de la existencia
humana estudiando desde fuera -y sólo desde fuera- los datos humanos. Me encuentro a mí mismo más allá del despliegue del objeto y más allá del repliegue egoísta. Para alcanzarme tengo que vivirme, en una experiencia original, como
una creatura que sintiendo su insuficiencia radical se afana,
no obstante, por salvarse, por llegar a la plenitud subsistencia!. En este afán me sobrepaso, me trasciendo. Es en el libre
despliegue de mis marchas y contramarchas donde sorprendo
el sentido de mi ser. Pero, vayamos con cuidado. Sería lamentable sacrificar la estructura racional y la solidez objetiva en aras de los análisis subjetivos, y de la atmq_sfera existencial. Evocación y definición son indispensables para la
vida del espíritu. Quedarse en puras descripciones y postular
la inexistencia de lo indescriptible es negar la reflexión metafísica y es cercenar al espíritu humano su parte más noble. Sumergirse en el drama de la existencia y su destino
podrá ser una experiencia todo lo necesaria e interesante que
se quiera, pero por sí misma no es una filosofía. Sobre las
vivencias, con todo su calor vital, puede operar la mente "a
posteriori" dándoles una explicación racional y derivando de
ellas las conclusiones debidas. El estudio del hombre como
un todo unitario no puede prescindir del procedimiento me:-

Agustín Basave Fernández del Valle

4S

diante el cual conocemos el mundo de lo peculiarmente humano: la "comprensión" -aprehender un sentido, poner un
fenómeno en relación con la conexión total conocida- pero
tampoco puede dejar de utilizar la explicación. Inducción
y deducción, abstracción y determinación, clasificación, analogía y comparación son procedimientos de las ciencias naturales que no puede dejar de utilizar una antropología filosófia. No se trata de métodos incompatibles, sino complementarios.
He aquí un punto de partida para una ontología de la
perso~a: el lenguaje. No hay vida anímica sin lenguaje y no
hay vida humana sin vida anímica. La operación de hablar incluye tres elementos: 1) un yo parlante; 2) una comunicación;
3) un tú que recoge el mensaje. El que me escucha dispone
de un pensamiento y de una atención que puede voluntariamente fijar en mi comunicado. El diálogo presupone un ser
que se posea -un sui-ser-, esto es, la persona. Decir persona es decir autoposesión, ser-para-sí. Porque me transparento
a mí mismo soy persona. Mi obrar es la traducción exterior y
dinámica del hecho de autoinstalarme y de autoafirmarme.
Todas mis acciones personales van sobrecargadas de mismidad, unicidad e insustituibilidad. Pero los hechos que transcurren en mi "psiqué" no subsisten por sí mismos, tienen que
tener un punto de apoyo. Del "yo psicológico" ( o yo conocido) pasamos al "yo ontológico" ( o yo que conoce). EL hecho
de que el yo ontológico tenga historia, no imposibilita su definición. En medio de la alteración constante, se mantiene
nuestra estructura permanente. El yo subsiste fijo no en una
parte o fragmento, sino en el todo. Es el hombre entero quien
se hace más viejo o más sabio. Sin un sostén último de todos
sus cambios, no podrían existir la memoria y la misma vida
humana.
Lo real nos está presente. Porque tenemos existencia de
hombre captamos el sentido de nuestro ser y de nuestro contorno. Tenemos que habérnosla con realidades y con nuestra
realidad misma. Somos una realidad sustantiva en posesión,
no en propiedad, aunque al igual que todas las otras cosas
reales tengamos nuestras propiedades. Somos co-seres que
estamos referidos a las cosas y a los demás hombres, en un
constante "enfrentamiento". Nuestras acciones -preñadas de
sentido y de dirección- no son simples reacciones animales,
sino "sucerns" que suponen decisión y elecció'n. Xuestra vida
es nuestra biografía. Y nuestra biografía está repleta de posibilidades.

�44

Hacia una Filosofía Integral del Hombre

El concepto de "posibilidad" es, quizá, el principal gozne
sobre el que gira la filosofía contemporánea. Viene prendido
e1:1 _la red del historicismo y del existencialismo; hecho que
dificulta, aunque no impide, llevar el problema a su recta dimensión ontológica. Si libertad significa elección y elección
significa posibilidad, la posibilidad es inseparable de la vida
humana. Habría que advertir, no obstante: a) que la vida
humana no puede reducirse a mera posibilidad o proyecto,
porque los proyectos se hacen sobre la base de ser ya algo
quien los formule. Y un proyecto no merecerá nuestra adhes~Ó1:1 _si no concuerda con nuestro peculiar modo de ser; b) la
posibilidad presupone la contingencia, aunque no se identifique con ella. Sólo un ser "ab alio" tiene posibilidades para
ser o n? ser ~lgo; c) toda elección se hace con vistas a pautas
normativas cimentadas inmeditamente en el orden entitativo
Y en último término en la ley eterna que se refleja en la ·ley
moral.
Animal de realidades actuales y de posibilidades, el hombre, aunque inmerso en el mundo, se proyecta supra-mundanamente. Este ser de fronteras, extraña amalgama de natura
y de cultura, de causalidad material y de libertad axiológica,
vive sus internas detonaciones porque antes es ya de por sí,
constitutivamente, un monstruo metafísico. Estrecheces en
nuestro ser y en nuestro conocer ponen de manifiesto nuestra
radical endeblez y nuestro interno conflicto. Esta insuficiencia radical, est¡, desamparo ontológico, nos deja entrever un
vacío interior dejado por alguien. Planeamos redimirnos de
nuestra miseria y colmar nuestra derelicción, por más que a
cada paso constatemos la necesidad de un auxilio superior. Y
en el hallazgo recóndito de nuestro yo, cuando estamos verdaderamente ensimismados, nos percatamos de que el verdadero
ensimismamiento es el verdadero enajenamiento.
Pero el hombre, aunque sea un "centauro ontológico" o
un "monstruo metafísico", no puede ser considerado como una
colección de sustancias específicas distintas. Es -que duda
cabe-- una especie completa, a la vez corpórea, viviente, sensible y racional. El alma, que reúne los elementos bioquími,
cos para que integren el cuerpo, ejerce operaciones fisiológicas y operaciones cognitivas. La razón de ser del cuerpo
debe buscarse en el alma, que le anima y le organiza desde
dentro. Notemos, sin embargo, que hay un sólo existir para
el alma y el cuerpo: el existir del compuesto humano. Compuesto que está sujeto, por cierto, a las leyes cosmológicas de
la materia y a las leyes noológicas del espíritu.

Agustín Basave Fernández del Valle

45

El mundo de los fenómenos se me presenta a través de
mi cuerpo. El color y la luz, los sonidos y los olores, los
sabores y las sensaciones tactiles se nos ofrecen inmediatamente al propio cuerpo que se constituye en un organismo. Pero
todo _este mundo fenomenológico que mi cuerpo constata, no
es mi cuerpo. Yo soy el que experimento o constato el hambre, el frío, el ?olor, !ª sed, el roce, el color, el sonido,, el olor
Y el sabor. Mi función cognoscitiva relacionante unifica los
elemento~ pertenecientes al mundo intuitivo y al mundo de
las esencias. que suponemos o inferimos integrando las realidades experimentadas. Toda mi vida fenoménica está condicionada_ por el ser, por las estructuras y por las funciones de mi
prop10 cuerpo. No puedo eludir esa situación de estar liO'ado
al cuerp~. ¿ Significa acaso este dato originario que no teng~ un
cuerpo smo que soy un cuerpo?
Si hablase del cuerpo como de un instrumento al servicio
de mi yo, le convertiría, a mi cuerpo, en una cosa más entre
las cosas. Pero evidentemente el cuerpo no es una cosa más
entre las cosas, porque es mi existencia temporal, porque no
puedo abandonarlo como abandono un vestido, porque lo asumo desde que yo soy yo. Existe en cuanto estoy encarnado
en . cuanto soy encarnado. Mi conciencia me revela mi ser'.
Existo y sé que existo. Y este mi existir está ubicado en el
mundo, en medio de otras existencias; transcurre fluidamente
en el tiempo. 1\Ii impulso vital se siente detenido o moderado
por un conjunto de presiones y de resistencias. Este sentir
y pensar mi concreta existencia es el punto de partida de una
fenome~ología d~l existir. Siento mi cuerpo en el espacio y
en el tiempo. Siento el fluir de mi vida. TenO'o conciencia
por mi inteligencia reflexiva, de existir y de d~rar. Existo'
y duro, con la armonía solidaria de mis órganos y de mis
células, como un ser para sí. Pero existo cambiando con una
vida corpor~l ~ovie;11-te, co~ u~ flujo de imágenes c~ntinuo y
m?dable. Mi dmam1smo ps1qmco fluye, en tensiones y relajamientos, con un tiempo interior. Asimilo las imágenes afines
a mi ser y a mi proyecto de ser, dentro de un orden temporal
organizado por mi espíritu. La armonía de conjunto que constituyo, actúa según una intención directriz orientada hacia el
propio ser en plenitud. Esta intención inmanente, que reclama
un cumplimiento trascendente, posee su lógica y su coherencia.
Las posibilidades que no responden a mi afán de plenitud subsistencia!, las dejo atrás definitivamente. l\fi personalidad entera se compromete y se afirma en cada una de mis elecciones, empobreciéndose en posibilidades pero enriqueciéndose
en realidades. Para cumplir mi intención directriz requiero, a

�46

Hacia una Filosofía Integral del Hombre

más de inteligencia y sensibilidad, una energía extraordinaria
que supere los momentos de angustia y desesperanza. Es preciso iluminar los varios caminos posibles, para elegir el que
se adapte al itinerario fijado por mi propósito directriz. Esto
supone, claro está, el previo descubrimiento de mí mismo.
Pero de mí mismo en un mundo al cual me tengo que adaptar
aunque en él haga mis elecciones y en él vaya trazando mi historia. ~Ii unidad y mi libertad es fruto de una conquista contínua. Lucho contra la disociación de mi personalidad proveniente del aflujo de imágenes internas y externas. No quiero
dividirme en subpersonalidades divergentes. Ante la amenaza de ruptura que acosa a mi personalidad, me afirmo, lma
y otra vez, con mi propósito directriz de salvarme definitivamente. Sólo que para salvarme necesito tener el comando de
mi vida psíquica y de mi yo corporal.
De mi cuerpo tengo no solamente un simple conocimiento
objetivo, sino una vivencia de su funcionamiento íntimo. La
más elemental comprobación objetiva me indica la existencia
global de mi cuerpo, que distingo del no-yo. La estructura
compleja del cuerpo humano, tal como la presenta la ciencia
contemporánea, posee "una estructura piramidal múltiple. Los
átomos están agrupados en moléculas, las moléculas en células, las células en tejidos, los tejidos en órganos y, por fin,
los órganos en nuestro yo corporal". En su aspecto dinámico,
el cuerpo tiene su peculiar ritmo de vida en los latidos del
corazón, en la respiración de los pulmones y en el a p ar ato
digestivo. En los influjos nerviosos y en los intercambios químicos se da, como en el sueño y la vigilia, un inconfundible
ritmo que es propio del dinamismo corporal. ¡, Cómo no ver en
este haz de fuerzas e:r¡. continua evolución, que conserva, no
obstante, la identidad personal, un orden y una armonía que
me trasciende? Los fisiólogos me darán cuenta de los intercambios internos de mis glándulas, de mi estómago y de mis
intestinos; estudiarán la renovación de mis células -con sus
variaciones eléctricas- y de los átomos que las· componen; pero
no me podrán decir, como fisiólogos, cuál es la causa eficien~
te primera y cuál es la suprema causa final de esa armonía
de conjunto y de ese orden preestablecido, en buena parte.
¿ Se podrá pensar acaso, sensatamente, que la organización
funcional del cuerpo -su estructura y su dinamismo- se ha
logrado por el simple juego de azar? ¿ Cabe suponer que toda
esa compleja coordinación de las partes del cuerpo y de las
fuerzas que manifiesta no obedezca a una intención funcional Y
Al azar no se le puede reconocer ninguna intención. Esto me
parece evidente. ¿Voy acaso a pensar que mi organismo es
previsor?

Agustín Basave Fernández del Valle

47

Por inteligencia se ha entendido siempre una facultad
cognoscitiva de lo abstracto y universal aunque también pueda
ser conocido -directamente o por conversión a las imágeneslo individual y singular. Como facultad cognoscitiva tiene,
también, una función "estimativa" (aprehensión de valores)
y un sentido práctico que planea modificaciones a los objetos
conocidos. .A.hora bien, los procesos orgánicos antes descritos,
nada tienen que ver con la facultad cognoscitiva que intuye
los primeros principios, capta lo abstracto y universal, aprehende valores, y muestra el camino para la acción y para la obra.
Si el cuerpo, considerado como unidad, dirige la adaptación
de los órganos, no es porque se traze una intención directriz
orgánica, sino porque se encuentra sujeto a una ley estructural y dinámica que le ha sido dada por Alguien.
El cuerpo informado y comandado por el espíritu, y el
espíritu en su condición carnal, merecen una consideración
más detenida. Vayamos a ella.
Mi espíritu nada puede hacer sin mi cuerpo, porque no
es un espíritu puro, sino un espíritu encarnado. El mund~
que me rodea es advertido por mis órganos corporales. M1
cuerpo me expresa y me comunica con el mundo circundante.
No puedo, aunque lo quisiera, convertirme en bestia o en angel. "El mundo del espíritu y el mundo del sentido están desposados en este lecho angosto" que es el hombre, apuntó C1audel. Hombre que no se siente colección de partes, sino totalidad indistinta, entidad entera. A este sentimiento peculiar
lo ha denominado Sciacca, con terminología rosminiana, "sentimiento fundamental corpóreo".
En mi "Filoiofía del Hombre" distinguí la situación de la
circunstancia. "Mi circunstancia -decía- es siempre exterior• mi situación es interior. Cuando el hombre mantiene relaci~nes vitales con lo que no es él mismo, estamos ante una
circunstancia; cuando se entabla una relación consigo mismo
se trata de una situación. Tal es por lo menos la tesis que
proponemos nosotros para diferen~iar, el medio q~e, n?s rodea
( circunstancia) de los elementos mtrmsecos y d111am1cos que
nos ponen en situación" (Agustín Basave Fernández del Valle "Filosofía del Hombre", Págs. 74-75, Fondo de Cultura
E;onómica, México-Buenos Aires, 1957) . .A.hora bien, mi espíritu se presenta en una situación, en un estado concre!o,
esencial a mi propio ser: está como sumergido en la materia,
es un espíritu encarnado.
El mismo Sciacca reconoce que la naturaleza humana
("naturalmente trasnatural") está impulsada a trascender el

�48

Agustín Basave Fernández del Yalle

Hacia w1a Filosofía Integral del Hombre

estimativamente la posibilidad que hacemos nuestra. Y la seleccionamos, cuando obramos humanamente, de acuerdo con
la razón, con nuestra razón. Es claro que nuestro libre albedrío puede optar por lo irracional. Pero entonces nos habremos dejado ganar por los factores infrahumanos. Lo específicamente humano es aceptar Yoluntariamente el bien que la
razón propone y disponerse a realizarlo. Por el conocimiento
sabemos lo que hacemos, somos conscientes y responsables.

orden natural en virtud de no haber nada en la naturaleza
que pueda ser el objeto adecuado a esa infinita capacidad de
sentir, de pensar y de querer. Ahora bien, la existencia de una
llamada de parte de Dios -"vocación absoluta"- implica una
naturaleza constituida para llamar y ser llamada. De no ser
así, estaríamos ante un despropósito. Y Dios -admitida su
existencia- no hace despropósitos. Entonces, ¿por qué hablar
de un desequilibrio ontológico en el hombre Y Basta ser fieles
a nuestro ser de creaturas y al Creador por quien somos creaturas, para mantenernos en el equilibrio -si bien precariode nuestro "status viatoris". El equilibrio precario de nuestro
"status viatoris", siempre en riesgo, nos insta, ante todo, a
ser sinceros.

La búsqueda de la verdad requiere, como condición. un
entendimiento libre. El afán de investigación, que es afán
de verdad, supone la libertad. Nadie puede imponernos un
determinado pensamiento y una determinada voluntad. La
verdad no necesita de imposiciones humanas, se impone sola.

El hombre, volviendo la mirada sobre sí mismo, toma
conciencia de su libertad. Libertad que no es tan sólo un dato
psicológico, sino un hecho ontológico .. ~oy mi liberta?. Tengo
que hacerme, haciéndolo todo, excepc10n hecha de m1 naturaleza. Aquí y ahora, en ejercicio conc~eto, pued? ~~r lo que
debo ser. Actuando libremente actualizo m1 pos1b1hdad. ~n
este sentido, la libertad no me pertenece sino que soy yo qui~n
pertenece a la libertad, aunque esa libertad tenga un nerv10
teleológico.
La libertad es una propiedad de la facultad volitiva.
Trátase, en primer término, de un c~erto modo de "indiferencia" activa. El hombre, en cuanto hbre, obra de una manera
intrínseca autodeterminándose. El sujeto que decide lo que
va a hace~, sabe que podía haber determinado otra actuación.
Lo que se quiere, se conoce previamente_ en a~guna forma . . ,Y
no sólo se conoce de antemano lo querido, smo que tambien
le estima y se le prefiere. En la entraña misma de la li?ertad
hay una referencia al valor. Valor que no ~s una cosa, s~o. un
contenido de sentido (Sinngehalt) susceptible de ser ver1ficado en diversos grados como lo a apuntado Fritz J oachim von
Rintelen. Toda la sig;ificación del valor se ilumina en el ámbito de la libertad humana. Pero la libertad está destinada,
avocada al valor.
En la obra de Albert Camus, "La Caída", el protagonista
único exclama: "La libertad no es una recompensa ni una decoración que se festeja con champaña. Al final de toda libertad hay una condena". Olvidémonos del tinte pesimis~a que
tiene la afirmación y destaquemos, tan sólo, ese sentido de
ejercicio concreto, de obrar intrínseco, que está suponiendo la
frase. El ejercicio concreto, el obrar intrínseco que están en
el meollo de toda libertad implican elección y la elección supone multiplicidad de posibilidades elegibles. Seleccionamos

49

Porque soy libre soy, en algún modo, soberano. Aunque
sujeto a la ley de Dios y a las leyes humanas, puedo, si lo
quiero, cumplir o no cumplir mis obligaciones. Cualqui!'ra que
sea la fuerza de las tendencias psicosomáticas, las solicitaciones de los hombres y las obligaciones ante Dios, mi voluntad es
físicamente soberana. No hay -y nunca se ha dado- una
esclavitud de la voluntad. Naturalmente que el libre querer
de mi voluntad se ve disminuido o frustrado por limitaciones
de orden social, psíquico, intelectual, físico, fisiológico ... No
basta que yo quiera pura y libremente una cosa, es preciso que
la circunstancia me sea propicia. La vida, en buena parte, nos
la dan a vivir las situaciones y las circunstancias. Aun así,
mi querer me puede llevar a la felicidad o la desdicha.

I

Que soy libre, pese a todos los obstáculos, se pr~1eba, ante
todo porque mi voluntad sigue el bien aprehendido no de
un ~odo puramente especulativo y abstracto, sino por con~cimiento práctico. Los bienes finfto_s, precisame~teyor ser finitos, son impuros, imperfe_ctos, limitados. _Consi?mentemente,
el conocimiento de estos bienes no determma m1 voluntad de
un modo necesario. Dicho de otra manera: mi volición no está
unívocamente determinada porque ningún conocimiento práctico tiene por objeto el bien cabal y puro.
Mérito y demérito, mandatos y prohibiciones, responsabilidad y sanciones perderían todo su se_ntido .sin la existenci_a
de la libertad. Quien reconozca la existencia de la moralidad - y la reconocen de hecho, prácticamente, sus enel!ligos
más acérrimos- tiene que reconocer, forzosamente, la existencia de la libertad.
También nuestra conciencia da su testímonio acerca de
la libertad. Ya el simple hecho de preguntarse yor la ex\stencia de la libertad, prueba -como lo ha advertido un existen-

�Agustín Basa\'e Fernández del Valle

Hacia una Filosofía Integ1'al del Hombre

los humanos una misteriosa amalgama de nada y de eternidad. Cuan~o se analiza la estructura de la vida humana, hay
que tener s1_empre presente que el hombre, aunque de suyo es
nada,_ (vertiente de la angustia) está sostenido por Alguien
( vertiente de esperanza) .

cialista contemporáneo- esta existencia. Me ?regnnto por 1~
libertad porque quiero ser libre; pero no podr1a querer ser hbre si no lo fuese realmente, porque. mi voluntad no puede,
lóO'icamente, estar enteramente determmada y querer, a la ve~,
1
se; libre. Consecuencia: mi voluntad es fundamental Y 0~ ginariamente libre. En ella radica el origen de nuestros bienrs y de nuPstros males.

El hombre aspira a la p!enitud subsistencial y quiere
protegerse contra su desamparo ontológico. Sin embargo, su
ser-en-el-mundo" transcurre más bien en invisible alianza con
el d~samparo que con la plenitud. La vida humana en su
sentido mtegral, manifiesta la insoslayable dialéctic~ entre
d_esamparo onto,ógi?o y afán de plenitud subsistencia!. La plemtud lograda es siempre relativa y rstá amenazada por el
desamp¿tro. Pero a su vez el desamparo se ve co1-reO'ido
amb
l
paracl o en parte, por el afán de plenitud subsistencia! que se
proyecta c:on toda su intención significatiYa.

Si la idea de un placer o de una felicidad que se impo?en
' ·a fortiori", nos desagrada posi tivamentP y hasta ~1os humill~,
es pol'que contraría la naturaleza de nuesy1:o ser libre¡" Por la
libertad tPnemos acceso al rPino del espmtu. Con e.la nacemos a la vida couseiente y con ella nos salvam?s del_ frac~~o,
porqur es libertad para la rnlvación y? ~or lo m1sm_o, ms~:cion
del vo en lo imperecedero. Por eso 1111 libertad es mdeleºable.
.El poder decir "no" a las solicitaciones del cuer:po, a la
tiranía de pasado y a los engaños del mund_o, constituye el
más insigne título de nobl~za que ostenta la hb~rtad hu:~n:.
Puedo rebelarme contra n:il pasado, por lo que tiene de . P ,
1
com-irtiéndola por este mismo hecho, en verd~d. i :Mara:1 llos~
alquimia que nos recuerda una venerable formula ori~ntal.
1
Confesándome y ('Onfesando mi pasado culpab e,_ p~1edo hbr~rme dr la derrota e imponer un nuev~ sesgo ~ m1 v1~a. La h1s:
to ria de las eonwrsioues y la historia de mis propias ronve1 ~
Riont'S me indican que mi Yida, pese a S~l pasado,.:-tid~ sr
irmpre otra cosa. Sin libertad no cabria la pos1 1 1 .ª
e
8
reaenrrarse. y sin la posibilidad de regenera~·se, esta v1da no
yJdría la pena de ser vivida. _Pero esta Y1da, que mer~c:
.· .· --·e . acaso tiene una determmada estructura y una c1e1, l\ 1l., , (·
dº l' t ·
d l con
ta dialrctica '? ¡ Podría hablarse de una rn ec 1ca e a
·
dü-ión humana?
Yivir -Yengo apuntando desde ,1~57- es sentir ~~- ;ontinO'eueia y la miseria de nuestro esp1ritu. en s~ condic10n :ar;al " 1;re-sentir la plenitud de la subs1st~ncia. . He aqm ~.l
fond·o de mi meta-fí~ica int~gr~l de la ex:1sten~~a: 1_~ P~~~Ja
an,rustia-&lt;'speranza es inesemd1b1e. ~s'.a pareJa ps1colo..,1ca
t:o;.re!-;ponde a e~ta otra pareja ontolog1ca: desamparo ..m:tafísit:o-plrnitud subsiRtencial. Estos momrntos se co!1ne1 ta1~
orO'ánicamrnte en toda Yida humana, en f~rma analoga a
&lt;·o~trapunto que logra la unidad de heterofene os conservando la integridad dr cad::i c·a1ito pero colo~andolos adecuarlamrnte en el concierto. Los vaivenes de la vida se deb,en_ al predominio del sentimiento de nuestro desamparo. 011t?log1co o ~l
prrdominio del pre-sentimiento de nmstra plerntud snbs1stencial. En el "ens eontingens'' que es el_ hombre, hay un desfiladero hacia la nada y una escala hacia lo absoluto. Somos

51

Amamos lo ordenado, lo perfeeto, pese a las diarias dis&lt;·ordancias de nuestro ser y del mundo que nos rodea. Estamos
ordenándonos y ordenando nurstro mundo, porque la vida
nos d&lt;&gt;shace a c:ada rato nuestras construcciolles. Hay un elemento impreYisible, que no podemos eludir, suficiente para
quebrantar todos nuestros cálcu1os. Y sin embargo, IÍuestro
esfuerzo por trascender la incertidumbre nunca es del todo
vencido.
. ::\fientras el animal tiE&gt;ne uu drsamparo ontológico objet!"º y m~n?r, el hombre tiene un desamparo ontológico objetivo, subJetivo -puesto que lo conoce y lo siente- y de mayor_ grado.
animal -al fin pura naturaleza- se deja conducn'. necesanamente por sus instintos. Le es imposible transgredn· el orden natural. El hombre, en cambio, es un ente bifronte, anfibio. Vive rn dos mundos -que en él se encuentran
sin poder vivir bien en ninguno de los dos. Es natura y es
cultura. Está parcia!mente determinado por su animalidad y
es, a la vez, libertad .•\unque no es pura posibilidad, -tiene
dimensiones eonstantes-, c:uenta con infinitas posibilidades.
Mientras el animal viene definido, el hombre viene tau sólo
bosquejado. Su desequilibrio proviene de la tensión constante
rntrr su dernmparo ontológico y su afán de plenitud subsistencia!. Como es un ser que Yive siempre en camino, con una
determinación ilimitada, nunca puede gozar de la comodidad
animal de fijarne y amurallarsP. Por su conciencia, por su
interioridad objetiva está permanentemente abierto al ser. Vive en circunstancias, pero 110 es, como el animal, un esclavo
&lt;l&lt;' su contorno. El uso de la razón da testimonio de su interioridad ilimitada. La intranquilidad de su espíritu tiene su

EJ

,

�52

Hacia una Filosofía Integral del Hombre

ori()'en en la tensión entre carne y alma, en la fluctuación que
su;one el equilibrio inestable de un espíritu encarnado.

t

A veces quisiéramos ser plenamente animales -por ejemplo en el aspecto sexual- y otras ocasiones quisiéramos vencer' el lastre del cuerpo y llegar a espiritualizarnos integralmente. Pero la dialéctica de nuestra situación humana nos
impide proyectarnos hacia cualquiera de es!o~ dos po~o~.
Estamos forzados por naturaleza -cosa ontolog1ca- a vivir
en tensión metafísica. Y esta tensión puede adoptar caracteres trágicos. Ese afán de pleni~u~ ~ub~istenci~l, esa nostalgia hacia Dios, es hondamente _s1gmfic~~1va. Tratase de un
testimonio irrecusable de la egregia vocac1on humana. Cuando
nuestra alma se abre hacia el ser y hacia la verdad, en un
abismo de amor se acaba todo egoísmo y sentimos una simpatía originaria hacia todo lo objetivo. Per_o cabe también u~a
repulsa de la dirección del ideal para aislarse en el prop10
yo, siguiendo la ley del egoísmo. En este último caso, el ser
carece de sentido. Nuestra decisión vital descansa en nuestra
razón moral. Y toda decisión implica peligro. Conscientes
de nuestra más profunda peligrosidad, caemos en _la cuenta,
no obstante, de que la vida nos ha dado, como prec1~so ;e~alo
natural, la esperanza. Nos descubrimos, en el mas mtimo
núcleo de nuestro ser, como desamparados! como carentes, como indigentes, y como plenitud incumphda, pero a la vez,
tenemos la esperanza de llegar a ser la plenitud que no somos.
No se trata, en manera alguna, de un intimismo subjeti~o ~ictatorial frente a la realidad objetiva de la cosa en s1, smo
de una humilde sumisión del hombre integral a su interioridad
abierta al ser.
Si fuésemos ya plenitud nuestra vida no sería peligr_o~a.
Pero como somos un desamparo que puede llegar, por _dec1s10:
nes existenciales a la plenitud que apunta, nuestra vida esta
en constante peligro. La vida es, en ese sentido, milicia. Nunca podremos eludir el peligro de frustración, de fracaso. N~estra situación económica, nuestro saber y nuestro futuro destmo
no están nunca asegurados. Aquí encuentro la razón más
profunda para decir que el burgués es un hombre falsificado
y la vida burguesa es una vida inauténtica.
El "status viatoris" es inherente a toda condición humana. Ningún hombre, en tanto que viva, se puede considerar
logrado, captado, alcanzado. El "status comprehensoris" no
pertenec a esta vida. Somos ante todo una no-plenitud. El
hombre vive en la esperanza de ser más. O el espíritu se dilata
o se contrae. Y en la contracción del ser no puede haber paz
ni complacencia. Alguien nos puso en camino. Pero teniendo

Agustú1 Basave Fernández del Valle

58

una nada prehistórica podemos en cualquier momento hacer,
€n el orden moral, un viraje hacia la nada: el pecado. No
tiene sentido, ni aun desde el punto de vista intratemporal,
considerar tan sólo el camino como si no condujera a parte
alguna. No ver que el camino lleva a un "allende" es la miopía esencial del existencialismo.
El hombre hace su esencia, no "es" su esencia. Pero todas
las variedades históricas de este hacer la esencia -incluyendo
nuestra propia manera de hacernos- puede insertarse dentro
de una estructura permanente del ser humano.
Vivimos siempre en espera. Un futuro anhelado puede
llegar a cumplirse. Por ser posible el logro de un deseo, la
€speranza incluye gozo. Pero es un gozo siempre mezclado
de turbación porque el bien apetecido está ausente y es aún
incierto. Hay, sin embargo, en la esperanza, un esperar confiado que tiene su sostén en Alguien. No confiamos en las
cosas sino en las personas. No cabe fundar la vida en la desesperación. Sólo la esperanza -aventura en curso-- penetra a
través del tiempo y funda la vida. Como virtud, la esperanza
es un justo medio. Su exceso es la presunción y su defecto
la desesperación. Mientras que la presunción es una anticipación antinatural de la plenitud, la desesperación es una anticipación antinatural del fracaso, de la condena. A la vida
como quehacer corresponde la vida como esperanza. Presunción y desesperación congelan el fluir de la existencia hacia
su océano, petrificándola en un imposible o en un castillo
-en el aire.
Sin el amor, la vida no sería digna de ser vivida. Con el
.amor se tiene la clara conciencia de un destino del hombre. El
amor lleva a la plenitud la indigencia. Un recóndito afán de
-entregarse, de expandirse y de gozarse con esta expansión,
caracteriza al amor. Sólo es capaz de verterse el que rebosa.
.El amor ilumina en el ser amado perfecciones virtuales y
latentes, y organiza en unidad jerárquica una pluralidad de
-valores.
Todo hombre se encuentra implantado o puesto en un
mundo dentro del cual ha de actuar y ante el cual ha de ser
responsable. Ni yo ni los otros hacíamos falta. Estamos enviados a la existencia por la amorosa voluntad de Alguien. En
ese sentido nuestra existencia es una dád-iva de amor de ese
Ser que nos hace ser amorosos y que es el Supremo Amor. Y
con su amor nos comprometió a "estar en el mundo" amorosamente. No se trata de una obligación sino de un compromiso.

�54

Agustín Basave Fernández del Valle

Hacia una Filosofía Integral del Hombre

mos ser en plenitud. Estamos a disgusto con nosotros mismos
porque carecemos ele la plenitud anhelada. Nos conocemos
como seres carentes ele perfección, con grandes lagunas de
valor. Nos hacemos en vista de lo que carecemos. En este
preciso sentido podríamos aceptar la fórmula de Ponge: el
hombre es el porvenir del hombre. Nos arrojamos en el mundo para conquistar la presentida plenitud. Los obstáculos
materiales nos hacen asumir nuestra limitación material y
espiritual. Pero son impotentes para acabar con nuestro movimiento hacia el futuro, con nuestro proyecto vital. El hombre, ser ele lejanías, es siempre, según la certera frase de
Heidegger: "infinitamente más que lo que sería si se lo redujese a ser lo que es". Menester es, sin embargo, valorar nuestras
empresas drvrlando su sentido. De otro modo no merecerían
nuestro sacrificio. Nadie decide su destino inocentemente.

El hombre es el único ser que se autoposee en el "logos"
Pero esta autoposesión se da enrolada en un quehacer mundanal. Al recogernos no abandonamos el mundo, simplemente
estamos-en-nosotros. Y esta autoposesión no es estática sino
dinámica. Dinamismo de una mismidad -estructura permanente, yo "matriz"- que conserva siempre una autopresencia.
Aún deviniendo, no podemos dejar de ser lo que somos. Es_te
peso óntico, irrenunciable e intransferibl~, es ":uestra cons1~tencia íntima y nuestra efectividad peculiar. Siendo, nos miramos interiormente con un sentido de responsabilidad. Esta
responsable presencia de sí mismo perdura hasta el supremo
instante de la muerte. La consciencia de responsabilidad polariza nuestro existir. Trascendiendo el momento presente, la
consciencia de responsabilidad se distiende hacia el pasad~ Y
hacia el futuro. El fenómeno envolvente, que sucede aqm Y
ahora no puede aprisionarnos. Vivimos desde dentro tratando de' objetivar nuestra intimidad, en la medida en que nos
parece conveniente.
Momento a momento tenemos que autoafirmarnos. N'o
podemos abandonarnos a nu~stro -~ropio peso de continge1:cia y gratuidad. Esta autoafirmac1011 del ser es ya de por s1,
en un sentido primario, un intento de salvarse de_ l_a n~da.
Amenazados por la nadificación, experime11:tamos orig1_1:ar1a Y
frontalmente nuestro ser como impulso hacia la salvac10n. Toda nuestra energía existencial se polariza, e~, los_ momentos
de mayor consciencia, en torno a una salvac1on mtegral de
nuestro existir de espíritus encargados frente a la muerte
y a la nada. Queremos salvar nuestro espíritu encarnado,
nuestra persona íntegra -que no se identifica con el alma
subsistente-. "A.uuqur una parte intompleta, nuestro esp~ritu pervive más allá de la muerte, -expresa el d&lt;'ctor Lms
Cen~illo-, la persona, en cuanto unidad vital psicosomá~ica
e intramundaua se disuelve, se reduce a nada, y es precisamente la persona -no el alma- lo que trata de autoafirmarse frente a la muerte frente a su nadificación intramundana. De aquí la experie~cia contradictoria y paradójica del
moribundo, del creyente moribundo, que en medio de la ~~peranza -esperanza que triunfa de la angustia de la nad1ficación intramundana por la fe en la glorificación ultramundana- no puede vencer de ordinario un residuo de angustia
frente a su disolución como persona". (Pág. 278, "Experiencia
profunda del ser" "-Bases para una ontología de la relevancia-", Biblioteca Hispánica de Filosofía, Editorial Gredos).
¡Cierto! No podemos vencer un residuo de angustia frente a
nuestra disolución como personas y sin embargo tampoco podemos dejar de autoafirmarnos. No nos basta ser. Anhela-

Alguna importancia o valor le hemos de conceder a nuestro ser, desde el momento en que tratamos de salvarlo. Estamos transidos del sentido del valor, porque nuestra entidad
no es ajena a la valiosidad. Gozamos del bien de ser, porque
nuestra vida no está desprovista de sentido. Sin este gozar
del bien de ser, nuestra vida se petrificaría.
En la historia del universo, mi existencia es única, incanjeable, irrepetible. Frente al resto de los entes, yo me cierro
en mi ser de suceso único, en mi individualidad irreductible.
Mi mismidad y mi destino personal no los puedo compartir. Me
es imposible convertirme en otro. La mismidad no se puede
enajenar. El yo es irreductible. La realidad circundante, el
universo se me dan a través de mis vivencias, bajo el tamiz
de mi individualidad. Pero esta clausura metafísica de la
seidad personal no impide la apertura de mi soledad ontológica que se puebla de compañías. Mi yo hunde sus raíces en el
Ser Trascendente que me fundamenta.
La vocación universal del hombre a la salvación eterna
está ínsita en la esencia concreta de cada ser humano. Soy
yo mismo en función de un quehacer personal de salvación.
Mi vocación a la salvación eterna forma parte de mi realidad
metafísca. Las vocaciones particulares y concretas no pueden
salirse de la órbita de la vocación universal en el ser humano. La llamada al bien verdadero, único que puede salvar
al hombre, justifica a los demás bienes que lo son en la medida que participan de la Bondad suprema. Somos, indeleblemente, un proyecto de salvación que nece~ita realizarse. Por
una parte nos realizamos a nosotros mismos; por otra, somos
ayudados a realizarnos, a superar nuestros límites, a salvarnos. No hay que confundir nuestra salvación con nuestras pre-

..

�56

Hacia una Filosofía Integ1.'al del Hombre

ferencias, aunque nuestra preferencia más profunda deba
conformarse con nuestra salvación; ni el llamado de nuestra
vocación universal de hombres con las sugestiones del instante, aunque el instante nos ofrezca siempre la ocasión de enderezar el itinerario hacia la salvación. Descubrir la misión
que cada uno de nosotros es capaz de cumplir para salvarse,
es verdadera sabiduría.
El hombre es su conducta en función de salvarse de la
muerte total, de la nada. Al sentirse creatura está dando
ya testimonio de una creatividad "poética" de donde proviene.
Para llegar a su cabal desarrollo la antropología filosófica y para dar el sentido último de la interiorización, sería
preciso trazar una metafísica de la creaturalidad. Partamos
de un hecho evidente: no nos hemos creado ni nos hemos puesto en la existencia. Atestiguo mi ser y atestiguo el ser de los
otros, advirtiendo, con ese testimonio, el Ser que nos excede.
La profundidad ontológica buscada hoy en día es nuestro
sentido de la creaturalidad. Y este sentido de la creaturalidad es ya, de por sí, un "testimonio" del Otro. "La coscienza
di se e coscienza e connaturale all nomo", ha dicho magistralmente Sciacca. (L'Uomo, queste 1squilibrato' ", p. 157). Basta
que hablemos de nuestro ser, de todo nuestro ser, para que
estemos hablando de El, del Yerdadero y único Poeta. Provenimos, como palabras vivas, de un libérrimo y amoroso acto
de "creatividad" poética. No tenemos otra armadura espiritual, otra seguridad radical. Al advertir nuestro límite creatural advertimos, a la vez, la incanjeable n ecesidad de salvarnos en Dios. Pero esta salvación no puede darse sin una cierta
actividad moral.
t'na sed insaciable de existir, una sed de vida y más
vida nos plantea, con inaplazable urgencia, el problema de
nuestra vida. ¿Qué será de nosotros ? He aquí la cuestión decisiva. t, Es absurda la existencia del hombre o tiene acaso
un sentido Y Hay que optar. No se da una tercera posibilidad.
¿Por qué vivo y por qué muero? ¿.Por qué me encuentro instalado, desde hace ya algunos años, en esta tierra y no en otro
planeta ? ¡, Cuál es mi razón de ser ? ¿Por qué tengo que vivir
esta vida en que se me ha puesto, sin haberlo pedido? ¿ Cuál
es el término de mi viaje ? Si le pido una respuesta a eso que
llamamos "mundo" o "universo" me encuentro una fuerza
poderosa, tiránica, ciega, que mata a inocentes y culpables,
que azota con la tempestad y el rayo y calma con el esplendor del sol y la tibia noche de luna. Y todo ello con 1a misma
indiferencia .. .

,\gustín Basave Fernández del Yalle

57

.Al cabo de algún tiempo mis cenizas podrían caber en
una cajetilla de cigarros. El mundo seguirá su ruta acostumbrada y yo habré desaparecido. Otras generaciones vendrán
después de mí y transitarán por las calles de las ciudades, por
las playas. de los balnearios, por los centros de esparcimiento y por los trenes que yo no he conocido. Pero yo habré desaparecido. .A.hora mismo se divierten, unos hombres como yo
-que por cierto no conozco- en un centro nocturno de Tokio,
mientras que en Berlín asisten a un concierto de Sinfónica un
grupo de personas y en Madrid se charla alegremente en el
Café. ¿Por qué estoy aquí y no allí ? ¿Por qué no puedo vivir
a la Yez la vida de tantas ciudades agradables que conozco y la
de tantas otras que no he conocido y que probablemente nunca conoceré ? Esta limitación me duele. En China, en Francia
o en Suecia, muchos hombres que nazcan después de que yo
haya muerto pensarán sobre los mismos problemas que yo he
pensado y tendrán Yivencias similares a las mías, sin que tengan_n~ticia de que yo haya existido. Me duele su ignorancia,
su mdiferencia para con mi persona y mi paso por la tierra.
Y me duelen también esas muchedumbres anónimas que han
estad~ afanándose por hacer algo y por ser alguien, que han
trabaJado y proyectado, que han reído y llorado. que han
t~nido decepc~ones y dolores de cabeza como yo. ¿ Qué sentido
tienen estas vidas? Sin los valores espirituales, sin Dios -Valor de los valores-, "no hay nada cierto" como escribe Sartre. El Ui~iver~o material, por más grande' que se le suponga,
carece de mtehgencia y de amor. De ahí ese "terror de estar
viYos'' sentido frente a una naturaleza hostil cieoa incontrolable, tiránica, incomprensible. El hombre ;in Di;s no pasa
de ser esclavo de lo absurdo, juguete del hado arbitrario.

Quisiera ensayar, por mi parte, una nueva vía de acercamiento a Dios: mi afán de plenitud subsistencial que se me
presenta coexistiendo orgánica y dialécticamente 'con mi desamparo ontológico, con mi insuficencia radical, en forma parecida al contrapunto musical, implica la plenitud subsistencial - y esto es un hecho evidente- existió siempre una Plenitud subsistente, porque si no hubiera existido, no se darían
todos nuestros concretos afanes de vida y de más vida. Sin un
fundamento en Dios, inicial y final, mi concreto afán de plenit~~ subsistencial -testimonio irrecusable de la egregia vocac10n humana- no encuentra solución.
Una filosofía del hombre no puede eludir el tema de la
muerte. Porque ustedes y yo necesitamos saber por qué morimos y por qué vivimos si hemos de morir. ¿Cuál es la significación de la muerte ? Permítaseme al menos -ya que otra

�ó8

Hacia una Filosofía Integral del Hombre

cosa no me es posible en el tiempo de que dispongo- apuntar
la estructura ideo-existencial de la muerte:
a) Posibilidad, actualizada en tanto que posibilidad, que
nos está siempre presente, como una amenaza cierta y delimitante.
b) Riesgo inelimínable que condiciona cualquier posibilidad determinada (por ejemplo: ser arrebtado a la familia, a
los amigos y a mí mismo en mi actual situación de espíritu
encarnado) que me incita a la fidelidad conmigo mismo y a la
fidelidad con Dios.
c) Término incierto. Término, porque se trata de un
acontecimiento y de realización cierta. Incierto, por lo que
atañe a la época de su realización.
d) Conclusión única y definitiva -sin posibles adiciones
ni reformas- del yo-programa.
e) Desgarramiento inevitable, y soledad devoradora del
trance.
.A. más de ruptura y disonancia, la muerte tiene un carácter de opresión torturante de la nada.
f) En la muerte nuestro ser adoptará definitivamente su
medida: moriremos con amor, en comunión con los otros y
abiertos a Dios, o con odio, excluyendo a los demás y replegándonos sobre nosotros mismos. En ese sentido, la vida es
preparación para la muerte.
g) La muerte es inherente a la vida. Marca su fin y
configura definitivamente su trayectoria . . Nos revela nuestro límite absoluto y nos muestra lo abierto, puro y simple.
h) La muerte en los hombres, no tiene un sentido unívoco, sino análogo. Hay miles de modos diversos de morir.
Y sin embargo, todos ellos conservan una unidad o conexión
fundamental: son modos de morir humanos. Mientras que
para los animales la muerte es un puro acaecer natural, para
los hombres la muerte es un problema, un drama extraño
'f difícil.
i) La muerte corporal no puede afectar al espíritu. 1\Ii
persona no está, en su propia esencia, avocada a la muerte
sino a su perfección con la eternidad.
La vida humana -apremiada por la muerte- es autoClonstrucción. ética. No podemos vivir, al menos humanamente, sin conducir de algún modo nuestra vida. Cuando obra-

Agustín Basave Fernández del Valle

59

mos -y vivir es obrar-, obramos en vistas a algo. De ahí
la contextura implacablemente moral del hombre.
Desde
q~e tomamos conciencia de las exigencias de nuestra perfecc10n, observamos nuestra naturaleza para ver prefigurada, en
ella, la perfección anhelada. Antes de hablar de "norma"
moral, es preciso percatarse de que nuestra realidad hui.nana
es constitutivamente ética. Si existen preceptos morales, es
porque nuestra vida humana tiene -como lo veremos después con mayor detenimiento- una textura ética.
El hombre, a diferencia del animal, no tiene una vida
puramente instintiva. Las circunstancias v las situacionei::
le fuerzan a conducirse inteligentemente. • No está ensamblado en el medio circundante, respondiendo instintivamente
a los estímulos, como el animal; sino que está domiciliado en
un "mundo", en el cual ha de actuar y ha de ser responsable.
Ante las diversas posibilidades tiene que preferir la suya.
Sus actos han de justificarse por estar realizados en vista
de su salvación. Quiere, cuando quiere de verdad, no porque
quiere o le da la gana, sino porque pre-fiere su salvación.
En tanto en cuanto el hombre prefiere su realización, su salvación, queda justificado. Por encima de sus estructuras
psicobiológicas, el hombre es, ineludiblemente, libre. Precis~mente porque no le es dada por natnraleza su realización,
tiene que hacerla por sí mismo, conforme a determinado sistema de preferencias, hasta el límite de sus fuerzas, impetrando de los otros y del Otro -sobre todo- las fuerzas que le
faltan. Cada situación actual, cada encrucijada en la vida
del ser humano, presenta diversas posibilidades de salida entre las cuales hay que optar. Y nada nos autoriza a pensar
que la opción deba ser gratuita, arbitraria.
Decir que el hombre en cuanto tal se comporta siempre
"sub ratione salvationis", no significa afirmar que sus acciones sean siempre moralmente buenas.
La Antropología filosófica o Antroposofía tiene, en la
Etica, uno de sus capítulos esenciales. La vid4 moral, que
debiera ser el objeto principal de la Etica, debe encontrar
su lugar en el estudio de la vida humana. Por ahora nos
importa destacar el significado del "éthos".
En el transcurrir de nuestra vida vamos adquiriendo un
c~rácter. Y es~e carácter se traduce en actitudes, en expresiones y en acciones. Nuestro quehacer revierte sobre nuestro ser. Las buenas y las malas accio~es las virtudes v los
vicios apropiados, dibujan los rasgos d~ nuestro caricter.
Pero nuestro carácter configurado a través de la vida, está

�Agustín Basave Fernández del Valle
60

61

Hacia una Filosofía Integ1·al del Hombre

montado sobre un determinado temperamento. El temperamento no lo hacemos; lo sufrimos.
La actividad del hombre es actividad heroica de salvación, proceso continuo de liberación, actuación de un ideal
infinito. En esta obra, cada uno de nosotros adquiere conciencia del orden universal que relaciona las finitas posibilidades singulares con la posibilidad trascendental de salvarse.
Precisamente porque se da esta posibilidad trascendental de
salvarse, no es legítimo anonadar todas las posibilidades en
el "ser para la muerte", como lo hace Heidegger, ni establecer
la equivalencia de las posibilidades por su común imposibilidad de ser más que posibilidades, como lo pretende Jaspers.
El hombre, porque es finito, busca un completamiento,
una estabilidad que le falta. La búsqueda de la salvación
ilumina el ser y el quehacer del hombre. En la tendencia
vulgar al placer o en el impulso religioso hacia Dios podemos
descubrir ese anhelo de completamiento, de estabilidad de
salvación en suma. El hombre es la originaria y trascen'dental posibilidad de la búsqueda de la salvación. Resolviéndose a ser él mismo hasta el fondo (in-sistencia en su sentido
etimológico) y apasionándose en su tarea, el hombre elige
su ser para la salvación. La elección de la plenitud subsistencia! y la decisión de salvarse lo constituyen. Comprometido en esa salvación personal, el hombre ve el mundo como
un in~trumento o un obstáculo. Si lo conoce no es por una
gratmta y vana curiosidad sino por un movimiento vital que
busca su propia salvación.
La condición de cualquier posibilidad determinada y la
misma posibilidad trascendental en su naturaleza última no
es la muerte, como lo pretende Abbagnano, sino la posibilidad
de salvarse. Esta posibilidad me empeña en el arte de ser
fiel a mí mismo. Lo que verdaderamente debo hacer es tratar de salvarme. Creo que nos falta una visión primera de
la filosofía como propedéutica de salvación; una concepción
a la vez viva y teorética, que haga posible la edificación sobre
ella, de las diversas disciplinas filosóficas. A esta visión nos
lleva algo más que una actitud científica. Un afán de comunión, un hambre de plenitud, una actitud amorosa levantan en vilo a la simple indagación del saber. El saber, la
sabiduría, se ama, al final de cuentas, por el sabor, por el
paladeo que nos perfecciona y nos estabiliza. Nuestro perímetro espiritual -el yo y su circunstancia- es lo que cuenta.
Gracias a esa gravedad espiritual imponemos nuestro señorío
sobre la materia bruta y sobre la materia conducida por la
vida. Tenemos que enfrentarnos con la naturaleza, a diario,

porque nos disgusta la naturaleza cruda. La vida biográfica
cordial de la Historia, la vida aderezada es nuestro clima
humano más cálido y cordial. Desde nuestro centro creador
se ilumina una intención expresiva. Esta intención expresiva
es una razón para existir. Y esta razón para existir -que
concluye siempre en un afán de plenitud subsistencial-, empieza donde el animal termina. Es vida espiritual excediendo a la naturaleza. Es la persona rebelándose contra la
caducidad.
El hombre es un estar salvándose sin acabar nunca de
salvarse, mientras viva. Precisamente porque no está salvado, el hombre se siente náufrago en el mundo y no tiene
más remedio que nadar para llegar a la otra orilla. De ahí
ese carácter de faena laboriosa, fatigosa y peligrosa que tiene
toda vida humana auténtica. Nuestra salvación está en marcha, en vías de conseguirse. Existir es estar sosteniéndose
dentro de un océano de incertidumbre y riesgo con la posibilidad de naufragar o de salvarse. Todo lo que hay en nuestro ser humano -cuerpo, historia, dimensión social- está al
servicio de un existir que se consume en afanes de salvación.
Sorbiendo la circunstancia como nutrimiento para la salvación, el hombre vive desde su intimidad, pero hacia el mundo
y hacia el más allá del mundo. Para existir hemos de empezar por luchar contra el peligro de perdernos. No podemos, como la piedra o como el animal, abandonarnos inercialmente al ser. No podemos eludir el combate por la salvación en la plenitud subsistencial. Nuestra existencia es dramática por esa inseguridad fundamental. Lo único que nos
es dado es la posibilidad de salvarnos. Es preciso, sin embargo, distanciarnos de nuestro mero ser natural para llegar a
ser lo que debemos ser. Saboreando el zumo ardiente de
nuestro origen espiritual, elevamos nuestra vida a un saber
humanístico y a un saber de salvación. Después de este sabor,
que se hace saber, tomamos conciencia de que estamos lanzados, arrojados, decididos y comprometidos en una existencia
móvil de peregrinos. Elaboramos nuestra entidad para ser
auténticos, es decir, hechos por nosotros mismos de acuerdo
con la vocación. Nos decidimos "desde dentro", como protagonistas de nuestro drama, obligando a la realidad circundante para que sirva a nuestros fines. No podemos -mientras seamos auténticos- dejarnos sobornar por los tópicos
comunes. Necesitamos elaborar nuestro vivir de modo plenario
acatando la propia vocación. Mientras no sea de ese modo
plenario estaremos en deuda con nosobos mismos.
Estamos llamados a salvarnos, sepámoslo o no, realicémoslo o no lo realicemos. Por eso nuestro existir, siempre

�02

Hacia m1a Filosofía futegral del Hombre

que no se encamina a la salvación, es un flotar a la deriva.
Surge entonces un sentimiento de frustración existencial ante
un posible fracaso metafísico. Xos sentimos responsables,
culpables por no haber orientado nuestra vida según radicaks preferencias. Esta congoja nos hace volver sobre nosotros mismos. Y empezarnos a tejer, nuevamente, nuestro propio drama. Continuamos viviendo en peligro, con la clara
conciencia de que nos vamos muriendo en cada momento de
nuestra existencia. Luchamos, no obstante, contra todos los
obstáenlos que se nos oponen para existir. Imposible detener
esta proyrc:ción existrncial. Ante nuestra vista se extienden
cien posibilidades. Hemos de a-divinar la nnrstra para que
nnrstro pre-ser germine y llegue a ser quien está llamado a ser.
Planeamos mH•stro propio programa de salva ·ión. Este
programa es trascelldente, está siempre más allá de 1_1osotros
rnisruoR. En este sentido cabe decir que somos una inmanenc·ia que trasciende. Se trata de un plan de salvación qne
C'Stá (&gt;U la estructura misma del hombre y no de un ornato
suplementario y lujoso que el ser humano añade a su ser.
1

Siempre que el hombre se comporta como hombre, esto es,
inteligente y libremente, se afana por salvarse en la inmortalidad personal, en su descendencia o en la memoria de las
generaciones sucesivas. La estructura escatológica del ser
humano está anclada rn su misma rea1idad de hombre. Y
aunque iucur;:o en el flujo vital e h;stórico de su vida, el
hombre, con su programa o plan de ~alvación supera &lt;'se de&lt;·urso y se rnfrenta con su vida para juzgarla y para enmendar rumbos.

Joseph H. Greenberg / LENGUAJE Y LINGUIITICA ~

EL

lenguaje es privativo del hombre.
Ninguna otra espe&lt;:ie posee un medio realmente simbólico de
comunicación y ninguna sociedad humana por simple que sea
su cultura material, carece de la herencia humana básica de
un lenguaje birn desarrollado. El lenguaje es el prerrequisito de la acumulación y trasmisión de otras características
culturales. Aspectos básicos de la sociedad, como la vida
política organizada, los sistemas legales, la religión y la ciencia, son inconcebibles sin la más fundamental y humana de
las herramientas, un sistema lingüístico de comunicación. El
lenguaje uo es sólo una condición necesaria de la cultura, es
en sí mismo una parte de ella. Como otros tipos de comportamiento comunes, el individuo lo adquiere como miembro
dr un grupo social particular a través dt&gt; un complejo proceso de aprendizaje. Y, como otros aspectos de la cultura
humana, varía característicamente ele un grupo a otro y sufre
importantes modificaciones en el curso de su trasmisión en
el tiempo dentro de la misma sociedad.
Podría considerarse obvio que la lingüística, la ciencia
que trata del rasgo más característico del hombre, haya sido
• Joseph H. Greenberg, Profesor de Antropología en la Universidad de Columbia nació en Brooklyn, Nueva York, en 1915. El Dr. Greenberg, estudiante 'de la Universidad de Columbia se graduó en las Univer~idades de
Yale y del Noroeste y siguió estudios avanzados en antropolog1a que incluían Investigaciones llevadas a cabo en Nigeria como Becaqo de Fields
del Consejo de Investigaciones de Ciencias Sociales. Comenzo su carrera
como profesor e instructor de antropología en la Universidad de Minessota y más adelante ingresó en la Facultad de la Universidad de C_olumbia.
En añcs recientes ha recibido el premio de la facultad de invest1gac10nes
de la Fundación Ford (1951) y un premio Guggenheim (1954-55). Especialista en la etnología del Africa. en clasificación de las lenguas africanas y lingüística general, el Dr. Greenber~ es el autor de "Estudios en
la Clasificación de la Lingüística African1 •. "Enfoque Cuantitativo de
una Tipología Morfológica del Lenguaje" y l'La Influencia del Islam
sobre una Religión Sudanes~".

-63-

�64

Lenguaje y Lingüística

siempre e indiscutiblemente conceptuada como una ciencia
social.
Sin embargo, a mediados del siglo XIX August
Schleicher, un eminente lingüista, declaró (y naturalmente no
era el único en sostenerlo) que la lingüística, era una Naturwissenschaft ( ciencia de la naturaleza) más que una Geisteswissenschaft (ciencia del espíritu).
Más específicamente,
concebía al lenguaje como un organismo y a la lingüística,
por ende, como una ciencia biológica.
Claro está que tal opinión ha sido abandonada hace ya
mucho tiempo. No obstante, vale ~~ pena preg~ntarse por
qué una tesis que para una _generac10n _resulta evidentemente
falsa pudo haber sido considerada seria~ente y en_ algunos
casos adoptada por hombres de gran capacidad, que figuraban
entre los dirigentes de su ciencia. Pues las bases de esta
creencia, algunas afirmadas explícitamente, otras supuestas
implícitamente, deben ser sintomáticas respe~to al estado _de
la ciencia misma y acaso cuenten con capacidad para deJar
rastros en el pensamiento de las generaciones futuras de
estudiosos.
Nos preguntamos entonces por qué la opinión de que la
Lingüística era una ciencia natural y más específicamente una
ciencia biolóo-ica en un sentido literal y no meramente analóo-ico pudo, ~n una época, ejercer tanta atracción. Una brevee ojeada a la historia de la lingüística resultará de extrema
utilidad. Ella es, con la posible excepción de la economía,
la más precoz de las ciencias del comportamiento. La rama
histórica o comparativa de la materia, que fué la primera en
adquirir predominancia, obtuvo notables éxitos en la primera
parte del siglo XIX. El descubrimiento de que la mayoría
de los pueblos de Europa y Asia Occidental hablaban lenguajes afines derivados de una forma ancestral común fué seguido por la feliz reconstrucción de muchas de las características gramaticales y fonéticas de la lengua matriz indoeuropea. Este logro aportó abun&lt;lante información sobre períodos anteriores al comienzo de la historia escrita y estimuló
la imaginación histórica de los hombres cultos del siglo XIX
mucho más allá de los confines de la lingüística profesional.
Un nuevo aspecto incidental de este desarrollo poseyó,
( en opinión de algunos conscientes investigadores), una signüicación esencial, quizás aún mayor que la de los resultados
históricos específicos. Fué el descubrimiento de las llamadas 11leyes de sonido", esto es, de que bajo condiciones fonéticas dadas, un sonido particular se transformaba regularmente en otro. El ejemplo más célebre fué aquél según el
cual ciertos cambios de sonido ocurrieron en el transcurso de

Joseph H. Greenberg

65

la evolución de la lengua ancestral germánica de la anterior
indoeuropea común y se lo conoció con el nombre de Ley de
Grimm. Era por cierto sorprendente que en este aspecto
aparentemente trivial del comportamiento humano, en el que
nadie sospechaba que hubiera algún principio ordenado, existiera tal regularidad. Kroeber, el famoso antropólogo, observó una vez en una conversación que en momentos de desaliento sobre las perspectivas del estudio científico del comportamiento humano se reanimaba pensando en la Ley de
Grimm.
Un rápido examen de algunos aspectos de esta ley demostrará sin embargo por qué, vista bajo cierta luz, ella y
fenómenos similares podrían conducir con naturalidad a una
concepción del lenguaje como estructura absolutamente autónoma, con leyes propias y totalmente independiente de la
consideración de otras facetas del comportamiento de los que
hablan. Por ejemplo, de acuerdo con la Ley de Grimm, una
consonante original t, que no cambiaba en el latín clásico, se
transformaría en th en la lengua germánica, donde en inglés
al menos tal grupo ha permanecido esencialmente intacto hasta el presente. Por ende, la th en la palabra inglesa Three
corresponde a la t latina de tres con igual significado, o, asimismo, el término inglés thunder es afín al vocab]p latino tonare, 'tronar'. En algunos casos parece haber una excepción.
Por ejemplo, el término inglés stand y la palabra alemana
stehen llevan una t, igual que la latina stare, 'estar de pie',
en vez de la th esperada. Sin embargo, tanto en éste como
en otros ejemplos la t está precedida por s y, por consiguiente,
la le~ debe ser condicionada por la afirmación de que la t
protomdoeuropea se transforma en la th germánica cuando no
está precedida por s, pero persiste cuando va precedida por
ella. Nótese que ésta y otras excepciones que se hayan podido mencionar son igualmente formuladas en términos de
sonidos. Los signüicados y funciones gramaticales de las palabras en las que ocurren los cambios parecen ser ajenas a
la acción de la ley.
Es precisamente esta naturaleza aparentemente autónoma del dominio lingüístico lo que origina aun después del
rechazo de la nación del lenguaje como un cuasiorganismo
que evoluciona según sus propias leyes internas, la exigencia
de que éste sea estudiado autónomamente y de que los fenómenos lingüísticos, sean explicados sólo por referencia a otros
fenómenos lingüísticos.
Esta concepción del lenguaje como dominio autónomo con
sus propias leyes inmanentes, tan defendida por los lingüistas,

�66

Lenguaje y Lingüística

ha probado ser hasta el presente una regla metodológica realmente valiosa. Puede considerársela como una exhortación
a cultivar primero el propio jardín y como una constante advertencia contra el fácil empleo de principios de explicaciones
basadas en un conocimiento superficial de otras ciencias como
la psicología, la cual, al parecer de muchos lingüistas, está
menos desarrollada científicamente que la misma lingfüstica
Y, lejos de poder contribuir a la solución de sus problemas,
necesita más bien ayuda para sí.
Es posible, sin embargo, que un observador ajeno, interesado en el lenguaje como fenómeno humano general, por
ejemplo en los contextos más vastos de la psicología del lenguaje, en el papel del lenguaje en la comunicación o en la
relación de aquél con otros aspectos del comportamiento cultural, y que ignore el descollante éxito de la ciencia lingüística en su propio dominio circunscripto, vea los titulares de
un periódico lingüístico profesional y diga, parafraseando la
,conocida observación de Clemenceau sobre los generales Y la
-guerra, que el lenguaje es asunto demasiado importante para
,dejarlo en manos de los lingüistas.
En realidad, en los Estados Unidos como en otras partes
del mundo, la tendencia a considerar los problemas lingüísticos en estos contextos más amplios y variados se ha desarrollado juntamente y como complemento de una continuación del todo legítima de los intereses lingüísticos tradicionales.
En un sentido al menos, una aproximación más amplia a
los problemas lingüísticos está firmemente establecida en la
esrena científica norteamericana.
A raíz del papel básico
que desempeña el lenguaje en cuanto hace posible otros tipos de comportamie~to cultural anteriormen~e citados, y
debido a que es en s1 un aspecto sumamente 1mp?rtante de
la cultura, la lingüística desde cierto punto de vista puede
ser conceptuada no sólo como una ciencia del comportamiento,
sino también como una subciencia especializada dentro de esa
rama de la antropología que estudia los rasgos cultura1es del
hombre a diferencia de los rasgos físicos, esto es, la antropología cultural. Esta concepción se refleja en la organización académica norteamericana. Los principales departamentos de antropología de los Estados Unidos ofrecen cursos sobre lingüística general, la consideran una rama fundamental
de la antropología y generalmente cuentan en su cuerpo de
profesores con un experto lingüista profesional. Históricamente hablando, esta situación obedece principalmente a la
influencia del extinto Franz Boas, que representa sin duda
la figura claYe del desarrollo de la antropología en los E'sta-

Joseph H. Greenberg

dos Unidos. En las vastas investigaciones de los pueblos
indios norteamericanos que él promovió y en parte llevó a
cabo, estimó indispensable incluir el estudio científico de sus
lenguajes. Este campo había sido relativamente descuidado
por los lingüistas de la época de orientación más tradicional,
quienes concentraban su interés en los lenguajes de pueblos
que habían dejado crónicas escritas de valor histórico o una
literatura digna de estudio y de apreciación humanista.
La estrecha integración en los Estados Unidos de la lingi.i.ística con la antropología general no significa naturalmente
que la lingüística no pueda ser encarada desde otros ángulos.
En realidad, la mayoría de los lingüistas norteamericanos no
están afiliados a departamentos de antropología. No obstante, tras la consideración de algunas de las líneas específicas ele esta investigación y las contribuciones substantivas
de los lingüistas norteamericanos, resultará evidente que, en
gran medida, las características más profundas de la ciencia
lingüística en los Estados Unidos deben su origen último a
esta íntima conexión con la antropología.
La Lingüística, de acuerdo con su práctica tradicional,
posee dos ramas principales: la lingüística descriptiva, cuya
tarea consiste en estudiar los idiomas como sistemas que actúan en una cierta comunidad en una época determinada, y
la lingüística histórica, que investiga los lenguajes en su aspecto dinámico de evolución a través del tiempo. Por ende,
una gramática del inglés tal como se hablaba alrededor de
1800 pertenecería al campo de la lingüística descriptiva, mientras que un estudio comparativo de los cambios sufridos por
las diversas lenguas romances durante su evolución del latín
-estaría incluído en la subdivisión histórica de la materia. Sólo
-desde 1920, cuestiones como la naturaleza de las categorías
empleadas en la descripción del lenguaje y los requisitos que
-debe llenar una gramática científicamente adecuada dejaron
de ser dadas más o menos por sentado y se convirtieron en
centro del interés teórico. Aproximadamente en esa época,
surgieron en los Estados Unidos y Europa una variedad de
enfoques que han sido denominados estructurales. Si bien
no se niega la validez e importancia de las consideraciones históricas, todos tienen en común un interés en las relaciones
mutuas dentro ele un lenguaje como estructura que actúa en
un período deterininado. El problema de la descripción de
los lenguajes indios norteamericanos, sumamente variados entre sí y de tipo muy diferente al del indoeuropeo y otras
lenguas de Europa y zonas vecinas; suscitó en forma parti-eularmente aguda el problema de la naturaleza y la validez
universal de las categorías gramaticales. Por e~emplo, las

�08

Lenguaje y Lingüística

partes tradicionales del lenguaje basadas en la gramática latina habían sido empleadas hasta entonces con más o menos
modificaciones en la descripción de la estructura gramatical
de todas las lenguas.
Las dificultades del método tradicional, fundado en definiciones semáticas que se suponía reflejaban las categorías universalmente necesarias del pensamiento, pueden ser ilustradas en el caso de los adjetivos. En la gramática escolar los
adjetivos son definidos como vocablos que designan cualida.
·
1o " verd e" , " grand e" , et c. . Pe_r o
des de sustancias,
por eJemp
en muchos lenguajes del mundo, no sólo en los de los mdios
americanos esos conceptos son expresados frecuentemente por
medios for~ales que, en algunas ocasiones, son idénticos a los
empleados para expresar acciones y otras ideas que son se~áticamente características de lo que comúnmente se denomma
verbos. En un lenguaje semejante, la oración "la hoja es
verde" se traduciría literalmente como "la hoja verde". Ubicar esos miembros de la clase formal que se traducen como
vocablos de acción en nuestra lengua y denominarlos verbos
y ubicar otros que se traducen como adjetivos e!1 otra el.as~
gramatical, es una imposición de categorías ~educidas a ~1;-on ·
a un caso en el que no se aplican. Ello da origen a gramaticas
ineficientes que, desde el punto de vista del lenguaje mismo,
agrupan arbitrariamente cosas que están separadas y separan
otras que están unidas.
El tratamiento de este problema ha tendido por lo tanto
al establecimiento de categorías sobre una base puramente
formal más que semática. Como cuestión de método, no se
consideran los significados, y las formas que desempeñan una
función similar y pueden sustituirse mutuamente y producir una expresión gramaticalmente posible, o que poseen
otras características formales en común, como inflexiones semejantes, son incluídas en la misma categoría. Así, muchacho
y hombre son miembros de la misma clase porque no puede
sustituir al otro sin dejar de producir una oración gramatical,
y no porque, en la terminología tradicional, signifiquen "una
persona, lugar o cosa".
Esta concepción de la gramática origina directamente la
noción del lenguaje como un cálculo, esto es, una estructura
que debe ser descrita por una matemática que atiende a las
categorías o grupos de elementos, a su parentesco y sus relalaciones de ordenamiento y combinación. Esa matemática es
no cuantitativa, pues no se interesa en los números de elementos involucrados sino más bien en su estructura de relación. Desde este punto de vista, la lingüística podría ser con-

Joseph H. Greenberg

69

siderada parte de una materia más vasta, la semiótica o estudio de sistemas de signos en general. Por ejemplo, las fórmulas de la lógica matemática o simbólica parecen presentar cierta analogía con el lenguaje. A partir de un número
limitado de símbolos elementales se construyen series de longitud finita de acuerdo con determinadas reglas que podrían
llamarse la "gramática" del sistema. Así, es parte de la gramática de la matemática que un paréntesis abierto sea seguido tarde o temprano por un paréntesis cerrado, así como
es parte de la gramática inglesa que un adjetivo precedido
por el artículo sea seguido por un sustantivo.
La semiótica, o sea el estudio general de esos sistemas,
no constituye una materia o disciplina en el sentido académico sino un interés común aun en su primera infancia, que
atrae a lógicos, lingüistas e ingenieros de comunicación, entre
otros. Esta práctica, que en el caso de la lingüística ha llegado
quizá mucho más lejos en los Estados Unidos que en cualquier
otro país del mundo, es notablemente paralela a la formalización de la lógica si bien, muy probablemente, carece de toda
conexión histórica con ella. Pues en la lógica, la noción de
inferencia, esto es, de que una proposición deriva o es la consecuencia lógica de otra, ha dejado de ser considerada por
algunos lógicos como consecuencia principal del significado
de las proposiciones. Las reglas de la deducción lógica son
formuladas, por lo tanto, como un grupo de transformaciones
que siguen ciertás reglas que, a su vez, operan sobre una
serie de símbolos con prescindencia de su significado.
Esta tendencia a la formalización, que posee la doble ventaja de superar la parcialidad inherente a una clasificación
semántica a priori y de permitir la aplicación de métodos matemáticos no métricos, requiere algunas otras observaciones generales. Volviendo al ejemplo especfüco de las partes tradicionales del lenguaje anteriormente tratadas, vemos que para
el desarrollo más amplio de la lingüística es necesario trascender su status de ciencia meramente descriptiva que produce gramáticas adecuadas a la estructura idiosincrásica de
cada lenguaje descrito. Pues ese método, cuya validez como
técnica de la descripción de los lenguajes individuales no está
aquí en discusión, tendería a descuidar las grandes semejanzas que en ralidad existen entre todos los lenguajes. E~as
semejanzas son un reflejo de la unidad biológica básica del
hombre como animal de comportamiento y de la analogía
fundamental de la labor funcional que un sistema comunicativo debe cumplir en cualquier sociedad. Por ende, si siguiéramos la lógica de la aproximación formal hasta sus últimas
consecuencias, nos divorciaríamos completamente de la termi-

�70

Lenguaje y Lingüística

nología tradicional del análisis gramatical, y en vez de sustantivos, verbos, adjetivos, hablaríamos de categorías A, B,
C., etc., para cada lengua individual. Puesto que esas designaciones serían bastante arbitrarias, la adjudicación del mismo rótulo A a categorías gramaticales de diferentes lenguajes
nos las igualaría como tácitamente lo hacemos con el enfoque
tradicional cuando, por ejemplo, denominamos sustantivos a
cierta clase de vocablos tanto en inglés como en turco. La
falta de compatibilidad velaría el hecho de que existen entre
los lenguajes importantes correlaciones y semejanzas que reflejan los factores comunes antes mencionados. Por ende, si
bien determinaríamos correctamente la clasificación específica
Y el número de categorías mediante rigurosos métodos de combinación, debemos no obstante observar que una categoría
particular de palabras involucra nociones que, desde el punto
de vista semático, presentan una ánalogía general con categorías de otros lenguajes. Esas semejanzas poseen en algunos
casos alcance universal y existen en todos los idiomas. .A.sí,
si bien diferirán los detalles, en todas partes encontramos
una clase que corresponde a los sustantivos, otra distinta que
corresponde a los verbos y su combinación para expresar una
proposión; como ocurre tan frecuentemente, retornamos a un
nivel más alto, a un punto de vista aparentemente desechado,
esto es, el de un grupo universalmente válido de conceptos
generales incluídos en el lenguaje, que reflejan los requisitos
universales del pensamiento humano. Pero ahora, en vez de
imponer un sistema a priori basado en el patrón exclusivo y
arbitrariamente seleccionado de la gramática latina, llegamos
a él por comparaciones inductivas de resultados obtenidos de
los diversos lenguajes y pór una rigurosa metodología. Debe
advertirse, sin embargo, que lo que aquí se reseña como último
paso es en la actualidad un programa y una dirección de
trabajo antes que, en cualquier sentido, una serie cabalmente
formulada de conclusiones. Resulta obvio no obstante que la
promesa de esos resultados posee una máxima importancia
para la psicología general, pues revelan qué características
del pensamiento humano son universales y necesarias y cuáles
son transitorias y accidentales.
Lo que podría denominarse como enfoque del lenguaje
desde el punto de vista de cálculo exige, quizá, un último comentario. El papel que desempeña el significado en la lingüística contemporánea ha sido tema de múltiples discusiones y controversias. Debe subrayarse que están en juego varios problemas distintos. La exclusión del criterio semántico en la definición de propiedades para las categorías gramaticales nó implica necesariamente la exclusión del sigui-

Joseph H. Greeuberg

71

ficado como tema de la ciencia lingüística; en realidad, no
puede eliminársele si se desea que las descripciones lingüísticas de los lenguajes individuales tengan alguna utilidad
práctica o científica. El predominio de métodos formales en el
análisis gramatical que actualmente se observa en los Estados
~nidos no debe originar, como a veces lo ha hecho, la creencia errónea de que se está excluyendo el aspecto semánticQ
del lenguaje como parte de la ciencia lingüística.
Con respecto a la rama histórica, su logro más distiutivO'
es, como ya se ha afirmado, la reconstrucción, en gran medida aceptable, de numerosas características de lenguas muertas mediante la comparación intensiva y cuidadosa de los
idiomas descendientes. Se ha creído durante mucho tiempo
que el xito de esta empresa sólo es posible cuando, como en
el caso de las lenguas indoeuropeas y semíticas, existen documentos escritos que pueden aportar pruebas directas de los
períodos anteriores de los lenguajes que se comparan. Sin
embargo, se ha aplicado con éxito un método precisamente
similar· a la comparación de lenguas que carecen de crónicas
escritas antiguas, como por ejemplo las lenguas bantu de
Africa y las malayo-polinesias del Pacífico. Una vez más en
los Estados Unidos, se hace sentir el estrecho vínculo con la
antropología.
El arqueólogo y el etnóloao
históricamente
.
o
orientado tratan de integrar los resultados de su labor con los
de los lingüistas comparativos en el campo de los indios norteamericanos y otros temas, y procuran beneficiarse con las
contribuciones que los lingüistas pueden realizar en este
sector, contribuciones que resultan tanto más valiosas puesto
que casi no existen crónicas escritas.
El anhelo fundamental respecto a la coordinación de
esos resultados ha sido el desarrollo de un medio que permita fechar el período en el cual se han hablado las lenguas
muertas mediante una cronológica absoluta y no meramente
relativa. En los últimos años ha surgido en los Estados Unidos, un método asociado principalmente a los nombres de
Swadesh y Leese, que promete brindar por primera vez una
escala de tiempo absoluta para las reconstrucciones lingüísticas. Si bien aún faltan resolver importantes dificultades, el
método ya ha sido aplicado a problemas de la prehistoria con
bastante éxito.
La noción básica es la de que, si comparamos idiomas
afines, ciertos elementos del vocabulario son en extremo estables, pues no resultan fácilmente reemplazables por vocablos de un lenguaje extranjero, como los términos que designan los números básicos, las partes del cuerpo humano, el

�72

Lengu.'lje y Lingüística

fuego, el agua, etc. Cuanto más íntima es la relación entre
estos idiomas, mayor es el número de elementos afines que
poseen en común. El inglés y el alemán, por ejemplo, que
mantienen entre sí una relación más estrecha que con el francés, poseen más términos en común. Así, en ambos idiomas el
término utilizado para designar el brazo es "arm" mientras
que en francs es "bras". El porcentaje de vocablos comunes
entre dos idiomas constituye por ende una medida de la antigürdad de su relación, esto es, del período de tiempo transcurrido desde que ambos fueron una misma lengua. La hipótesis consiste rn que durante un período dado una cierta proporción de una lista de 100 términos serán reemplazados. Esta
rs aún una cronología relativa. Sin embargo, la proporción
de reemplazo en términos de tiempo absoluto ha sido establecida empíricamente mediante el estudio de lenguas de las que
existen documntos escritos que cubren un lapso· bastante extenso. La determinación más reciente de esta proporción rev~la que en el curso de mil años una lengua conservará aproximadamente el 86% de los términos de esta lista, teniendo
en cuenta en tal cálculo uu error de 6 1/ 2% en un nivel de
eonfianza del 5%.
Puede considerarse que la glotocronología ha evolucionado en cierta medida como un método de interés interdisciplinario ya que incumbe igualmente a arqueólogos, historiadores
culturales y lingüistas. Este aspecto interdisciplinario posee
gran importancia en una variedad de otros desarrollos relativamente recientes de la lingüística, pero el tiempo de que
dispongo sólo me permitirá mencionarlos brevemente.
El estudio de la acústica de sonidos del lenguaje, que
puede ser considerada un área limítrofe entre la lingfüstica
y la física, ha realizado grandes progresos durante la última
década, principalmente gracias a la invención del espectógrafo de sonido que permite una gran exactitud. Esta invención
fue lograda en los laboratorios Bell en respuesta a un interés general por las comunicaciones y, específicamente, como
instrumento para la enseñanza de sordomudos. La posterior
invención de un sintetizador de lenguaje, mediante el cual se
producen sonidos de espectogramas pintados a mano, hace
posible la manipulación de características de las ondas de
sonido y, por consiguiente, su estudio sistemático. Esta línea
de experimentación, que evidentemente es de suma importancia para la psicología general de la percepción, ya ha
producido interesantes y significativos resultados. Se ha descubierto, por ejemplo, que una clave básica pada distinguir
una conosonante de detención de otra es la dirección v medida de transición de o a las principales frecuencias de reso-

Joseph H. Greenberg

78

nancia de la vocal que la precede o la sigue, más que la
consonante misma.
Finalmente, para mencionar otro característico sector de
interés en el campo relativamente inexplorado entre el lenguaje y otros aspectos de la cultura, conocido como etnolingüística, las controversias más violentas se han suscitado
como consecuencia de la atracción, en su mayor parte póstuma, ejercida por la obra de Benjamín Lee Whorf. El punto de
vista básico de este autor, a menudo llamado Whorfianismo o
relatividad lingüística, presenta grandes semejanzas con el
de algunos escritos europeos sobre el tema. La idea !!eneral
es_ la de que las categorías gramaticales de un lenguaje determman o al menos marcan profundamente la concepción del
mundo de las personas que lo hablan. Esta tesis ha dado origen a numerosas discusiones teóricas. En 1954 se inició un
ext~ns~ programa de investigación que abarca hablantes monolmgues y políglotas de hopi, navajo zuni español e inglés
en la zona sudoccidental de los Estad~s udidos. El objetivo
básico de los estudios ha sido probar aspectos limitados y
específicamente de la tesis general whorfiana mediante la
aplicación de los mismas pruebas psicolingüísticas a hablantes
de diferentes lenguas, tratando de que el idioma sea la única
variable independiente. Hasta la fecha sólo se han publicado
resultados parciales. Un examen de estos datos así como de
materiales del proyecto, aún no dados a conocer públicamente, insinúa la conclusión general de que la concordancia en
fundamentos del comportamiento humano entre hablantes de
lenguas radicalmente distintas sobrepasa en alto grado las diferencias idiosincrásicas que eran de esperar de una teoría
radical de relatividad lingüística.
En los Estados Unidos, la lingüística se halla actuamente
en una fase de vigorosa expansión. Gradualmente está ganando terreno la idea de que la lingüística es una ciencia del comportamiento y de que, además posee, fundamental importancia. Aparte del estudio de las lenguas especüicas como instrumentos de investigación y comunicación, está la ciencia
del lenguaje en general, que estudia un fenómeno tan básico
del comportamiento individual, social y cultural del hombre
que no podrá constituirse ninguna teoría adecuada del comportamiento en general que no tenga en consideración el papel
clave que desempeña el lenguaje en sus rlaciones mutuas con
otros aspectos de dicho comportamiento.

�Juanita Soriano/ DETRAS DE

MUTILADAS AZUCENAS

LEY DE LAS.OLAS
Más allá de azucenas mutiladas
está el mar y la voz de las gaviotas;
palidez de agua y alas en remotas
esfumaduras de aletear cansadas.
No sé si .amor de río o ensenadas
-blancuras grises en fluviales notasceniza desvaída entre las rotas
nubes, alas y espumas agolpadas.
Ahora en transparencias repartidas
transcurren en las sílabas de canto
y voz de mis estelas inoídas.

Y vuelven al papel -ley de las olascomo a los ojos el salobre llanto
y a los tal los sus rápidas corolas.
NOTA.-Por haber salido equivocado el presente soneto en nuestro número

anterior, queremos presentar a nuestros lectores su versión exacta
al mismo tiempo que les pedimos disculpas por este error.
(La Redacción).

-75-

�/acques Charpier /

SAINT-JOHN PERSB

"

..

SEXTO acontecimiento de una gran
carrera poética -despus de Eloges, Anabase, Exil, Vents y
Amers- aparece esta semana Chronique/ de Saint-John
Perse, poema único de unas treinta páginas consagrado a la
"gran edad", a la que llega su autor. Enteramente entre comillas, este poema es como la última réplica de un diálogo
con el Tiempo. Pero de este interlocutor interpelado de estrofa en estrofa jamás escuchamos la voz. La vejez está
allí, presente en todas partes, y a ella se dirige el discurso;
pero no es ella la que lo conduce. El poeta tendrá la última
palabra.
Este canto no participa, como su título podría hacer creer,
de una inflación del recuerdo. El tiempo de Saint-John Perse
no es el de Proust: la memoria afectiva no expone, aquí, su
botín. La edad de que se trata es menos la de un hombre
que la Edad por excelencia. Y a este personaje alegórico, el
poeta se dirige con un "nosotros" de majestad que contribuye
a despersonalizar su discurso. Chronique, como casi todos los
poemas de de Saint-John Perse, es semejante a un himno de
una misteriosa liturgia en la que el cantor se disimula detrás
de su propia voz.

La obra y la vida de Saint-John Perse ofrecen la imagen
de un curioso destino, largo tiempo retenido y como retardado, que de pronto, se precipita y se confirma.
• Este articulo se publicó en L'Ex:press, de Paris, en el No. 485 del 20 de
Septiembre de 1960, a propósito de la. aparición de Chronique en las Ed.
Galllmard, semanas antes de que se le otorgara el Premio Nobel.

-7'1-

�78

Saint-Jobn Perse

El mM grande.
De 1911 a 1924, casi clandestinamente, aparecen Elog~s,
Amitié du Prince, Anabase, colecciones firmadas Saintléger
Léger, después St. J. Perse, y por fin Saint-John Perse, que
la crítica acoge sin estrépito. Apenas se sabe que, bajo ese
seudónimo extraño y un poco enfático, se esconde un gran
empleado de la Tercera República, Alexis Léger, que fue secretario de embajada en Pekín y que ha llegado a ser un
experto político en asuntos del Extremo Oriente.
De pronto, a partir de 1925, es el silencio. Director del
gabinete de Aristides Briand, Alexis Léger prohibe toda reedición de su obra poética, ya medianamente oculta, y se abstiene desde entonces de publicar el menor poema.
Pero al sueño del poeta corresponde la elevación del diplomático. Este es nombrado director político de Asuntos
Extranjeros, alcanza la dignidad de embajador y llega a ser
al fin secretario general del Quai l'Orsay. En 1940, después
de los ataques de la derecha, es destituído de sus funciones
por Paul Reynaud, rehusa el puesto de embajador en Washington, termina por exiliarse en los Estados Unidos, a donde
llega el 14 de julio, y se ve desposeído por Vichy de la na-cionalidad francesa.
Dos años más tarde, la revista Poetry de Ohicago publica
Exil, con la firma de Saint-John Perse'. El silencio impuesto
al poeta se ha roto. Publicado en Francia, en Argentina, en
Suiza, Exil aparece como de las primeras y de las más altas
manifestaciones de la Resistencia literaria a las desgracias
y las humillaciones de Francia.
Pronto seguirán Poéme á l'Etranger, Pluies y Neiges,
otros poemas del exilio y de la guerra. Terminada ésta, Vents
en 1946, después Amers en 1958, aparecen en París.
Saint-John Perse, siempre resuelto a su soledad americana, ve sin embargo a ésta reducirse poco a poco. Su obra
en adelante es traducida al inglés, al alemán, al español, italiano, holandés, sueco ... En 1950, un homenaje le fue dedicado por los Cahiers de la. Pléfade que contienen los nombres de
Bide, T. S. Eliot, Valery Larbaud, Ungaretti y al cual los
testimonios conjuntos de Paul Olaudel y André Breton dan
un carácter de unanimidad muy rara en la materia.
Maurice Saillet, en Mercure, en 1952; Roger Oaillois,
en Gallimard, en 1954, le han consagrado un libro. El primer
tomo de su Oeuvre, poétique es editado . . . Al comienzo de
1959, Saint-John Perse vuelve a Francia para radicarse.

Jacques Charpier

79

Han sido necesarios a este poeta más de cincuenta años
para imponerse a sus contemporáneos. Pero ahora, no es exagerado decir que es reconocido, por la opinión literaria mundial, como el más grande poeta francés viviente.
Este poeta discreto y distante supo siempre mantener
separados el hombre público y el hombre interior, no confundir biografía y poesía.
Los poemas de Eloges nos hablan de su infancia antillana,
pero expresan menos la intimidad de un ser consigo mismo
que con un mundo exterior lleno de prodigios y de lujuria.
Perse celebra aquí la Naturaleza como ese "templo de pilares
vivientes" de que nos habla Baudelaire, pero sin querer jamás
extraer de aquí "Símbolos".

"Cólera pura"
Ningún exotismo, en esta poesía, sino más bien un solemne realismo.
Con Anabase, sin embargo, misterio y conjeturas aparecen. Por la boca del poeta, un conquistador nos relata su
epopeya. Los paisajes en los cuales ésta se desenvuelve, sus
actores y sus peripecias parecen más bien dirigidas a lo real
-pero una realidad en la que el estatuto histórico y geográfico permanece desconocido.
¡, Ese conquistador es Alejandro, Oiro o Gengis Kan?
¿Esas "tierras amarillas", en qué región del globo situarlas?
Vanamente se harían preguntas sobre ésto. Ese héroe no
tiene un modelo único en la historia, ni ese país en el cual cabalga tiene un cuadro geográfico determinado, ni nombre
esta villa que él funda.
Pero si alguna abstracción impregna al poema, es que
tiende a una significación universal, y el realismo continúa
aquí manifestándose. Esos países desérticos, esos ritos y esas
costumbres, esas alusiones a oficios y a funciones sociales dadas ... todo esto, que puede ser tomado de una historia, o una
antología, o una geografía reales es recompuesto por la imaginación, armonizado por los medios de la poesía, sin perder
su carácter humano, plausible y concreto.
Con Exil, Poéme á }'Etranger, Pluies y Neiges, la poesía
de Perse vuelve a un contenido más explícito, o más bien le
impone entonces su perspectiva: la ele la guerra, de los mañanas que los hombres se preparan, del pasado del cual deben
desprenderse.

�80

Saint-John Perse

El autor de Anabase, este hombre siempre errante, siempre un poco extranjero entre los otros hombres, soñando en
otro tiempo y otro espacio, helo aquí ahora exilado sobre una
tierra efectivamente extranjera, expulsado de una Europa
arrojada al Apocalipsis que los sentidos del diplomát ico no
han podido salvar del mal que desde entonces le persigue.
Del fondo de esa nada donde lo ha arrojado 1940, el poeta
se r econcilia con el hombre público y se levanta, para entregar a los hombres comprometidos en el conflicto, este mensaje:

Velad el rostro de nuestras mujeres; levantad la f a.z
de nuestros hijos; y la consigna es de lavar la piedra
de vuestros umbrales . . . Os diré calladamente el nombre de las fuentes, donde, mañana, bañaremos una ,
pura cólera.
Un veredicto de vida
Pluies será el himno de esta acción de la purificación Y
de la fundación de un mundo nuevo, del eterno recomenzar
empresas humanas después de la desesperanza, tal es el
"deseo aun el seno de las jóvenes viudas . . ." ; Neiges será el
canto de la ausencia y de la tristeza pero también de esta
gracia de la acción que llena toda ausencia y expulsa toda
tristeza.
En Vents, inmenso poema que canta el principio mismo
del Ser en perpetuo estado de transformación, la historia es
vista más particularmente y la cosmogonía se hace pronto
epopeya. Se ve cumplirse, en un gran despliegue de imágenes v una multiplicación de alusiones históricas, todo el destino · de Occidente, hasta la marcha obstinada hacia el Oeste
y sus tierras desconocidas así como hacia las nuevas realidades científicas, hasta ese punto donde el hombre sueña de
pronto r egresar al hombre, inquieto del sentido que habría
tomado su camino.
Frente al Apocalipsis engendrado por sus propios deseos
y las consecuencias peligrosas de sus conquistas, el poeta se
hace entonces como el consej ero supremo de los hombres.
Al horror y a la angustia, responde con un ver edicto de
vida, un llamado a la más larga conciencia de las cosas, a
perseguir las investigaciones de lo oscuro, a cel ebrar t odo
nacimiento ...

Amers, sucediendo a Vents, es una obr a apaciguada que
par ece nacer del puro placer, ser canto de amor y no más

J acques Char¡&gt;ier

81

epopeya, "un gran poema fuera de la razón", largamente contenido, que a menudo estalla a la luz del día y cuya sola
mora, probablemente, r eside en esta delectación que su autor
confiesa, como un desafío, sentir al escribirlo.

La cabeza épica
Toda la obra de Saint-J ohn Per se descansa sobre un prodigio de lenguaje. Abriéndose al "mundo entero de las cosas", a todos los horizontes de la cultura y de la histor ia,
pone en movimiento el conjunto de vocales, de las más rar as
a las menos predestinadas al uso poético. Las organiza según una r etórica fastuosa y hechizante, las reparte en ver sículos o en lar gas prosas sinfónicas, perfectamente acompasadas,
las agrupa en imágenes radiantes.
En el mismo tiempo que el modernismo extremo de rsta
poesía se impone, par eciera que contiene también mucha tradición. De igual modo que los elementos que la componen
hacen un monumen to enciclopédico, donde circulan, electrizados a favor de mil oper aciones poéticas, vocablos tomados a
la historia y a la ento1ogía, como a la botánica o la geología,
se abre a todas las cor rientes de la literatura.
E s por haber despreciado la preocupación de loca originalidad de las diversas vanguardias aparecidas en esta primera mitad del siglo XX, y tomado sus elementos con toda
libertad, ahí donde los encontraba, aunque fuera en los antípodas de la literatura en lo que esta literatur a tiene de más
clásica, que Saint-J olm P erse ha conquistado entera autonomía.
Poniendo en juego &lt;'l pasado históri&lt;'o del hombre ). sus
aventuras presentes, forjando una r ealidad humana superior
qu e es una síntesis de la Cultura y de la naturaleza, SaintJ ohn P erse llegó ahí donde Ronsard, Voltair e y R ugo han
fracasado y puesto fin a la opinión que quería, hasta él. que
los franceses no tuvieran la cabeza épica.

Chronique no tiene el carácter personal rsperado de su
asunto y no r efleja la imaginería usual sobre la fuga del
t iempo y la cer canía de la tumba. La muer te, "adornada con
la manopla de marfil", no hace aquí sino una breve aparición.
Nada de desolado, de funerario¡ de aprensivo. Al contrario,
Hay esta altur a del poeta a la mirada de la -vejez: si esta
edad es gr ande, el que la lleYa es tan grande como ella. N"o
es encorvado, sino de pie, como entra en su propio cr epúsculo.

�Saint-Jobn Perse

82

La almendra del poema

Volviéndose sobre el camino recorrido, no ve nada que
haya limitado su destino. En el ocaso de su vida, se encuentra tan desnudo y disponibe como al comienzo. Es que
hoy como ayer, él no vivió en las brumas y los sueños sino
en intimidad con lo real, ocupado solamente de "toda esta
inmensidad de ser y esta extensión de ser, toda esta pasión
de ser y todo este poder de ser" .
.Admirable lección de Saint-John Perse: la nada no es
asunto del poeta ya que "de aquellos que fueron a las cosas
no dicen nada ni la usura ni la ceniza, sino ese alto vivir en
marcha sobre la tierra de los muertos".

1

1 .

l

Chronique es la confirmación de la unidad de una existencia y de una obra que las proximidades de la muerte no
solamente no pueden romper sino que fortifican. Esta obra
conserva la memoria de su propio pasado. He aquí de nuevo
estos "vastos circos", estos "fondos de abismo", estas "grandes
tormentas rondantes", este "criado de armas ataviado de huesos", estos "hombres de alto sitio" que hemos visto en colecciones anteriores.
Quien desee que un poeta, a cada libro, cambie de voz,
se decepcionará. Saint-John Perse, mejor que ninguno, ha
sabido crear un lenguaje. Es su gran mérito; es también su
talón de Aquiles. Y no puede leérsele sin estremecimientos,
con ese "gran viento de lejos a nuestro encuentro" que aporta
bocanadas de frases ya leídas, imágenes con las que ya uno
se ha maravillado. Pero en fin, estas semejanzas, estas repeticiones, aún no recubren nada. ~i la cáscara está un poco
usada, la almendr a del poema es siempre nueva.
Saint-John Perse es un poeta que es necesario tratar de
olvidar antes de leerlo, al que es necesario rodear de bellezas
interiores para encontrar las bellezas inéditas. Es el rescate
de nna poesía que es la más original, la más sólida de este
siglo, y no toma modelo sino en ella misma.
(Traducción de Alfonso Rangel Guerra)

Alberto García Gómez / MEXICO ANTE EL MEXICANO~

.

LA

actitud de un mexicano ante esa
reahdad que_ es ~éxico, presenta, como es natural, diversos
puntos de y1sta, s1 aten~emos a la complejidad que encierra
el ser precisamente mexicano.
A últim~s fechas se ha observado una cierta disposición
-muy ?lausible, por cierto- para estudiar y adentrarse en
esa realidad nu~stra. Sin embargo, dado el innegable adelanto
q?e nuestro pais ha alcanzado, para el mexicano de nuestros
dias_ resulta d~ la mayor importancia la formulación de vitales . i~terrog~c10nes acerca de sí mismo, ya que han pasado
suficien~e~ an?s c~mo para que éste haga un alto en el camino
~e su _v1v1~· h1st?r1co y sociológico y medite acerca del lógico
evemr, sm o!v1dar la experiencia de un pasado cargado de
amargas ensenanzas.
. Es perfectamen!e natur~l la actitud del mexicano que
se mter~oga por que es mexicano y en qué consiste el serlo.
Desgraciadam~nte, éste no se conoce suficientemente a sí mismo en la medid~ que ~uera de desearse y lo que pudiere aparecer como u~ Juego_mtrascendente de palabras, es, sin embargo,_ una tr1s~e reahdad j I_&gt;Orque si bien es cierto el progreso
material obte~:u_do por ~fex1co ~~ algunos importantes aspectos, en lo espmtual, la mtegrac10n real de los mexicanos está
todavía en sus fases primarias.
Es un síntoma feliz el que el planteamiento de la cuestión
"::\léxico", empiece a atraer el interés y el deseo de hacer
esfuerzos en favor de su conocimiento, despojado de los tra• Conferencia. pronunciada el die. 21 de· octubre de 1960 en el aula "Profesor
Francisco M. Zertuche" de la Universidad de Nuevo León.

- 83 -

�84

México Ante el Mexicano

dicionales nubarrones de apasionamiento y así cabe preguntarse ¿ qué camino o qué método debe seguirse para tratar
de alcanzar conclusiones que nos permitan explicar esa compleja realidad? Como fuente inmediata, es en la historia en
donde es posibe abrevar acerca de tan interesante problema,
ya que otras fuentes como la jurídica, por ejemplo, encierra
la solución, sobre todo en el aspecto constitucional para entender el complejo más íntimo de nuestro ser nacional.
En la época contemporánea, es por demás curioso el observar cómo dos valores mexicanos -exponentes de una sensibilidad innegablemente mexicana, cada uno en sus respectivos campos- han coincidido en el marco de su inspiración
estética inspirada en la realidad de México y de su origen:
Ellos son Diego Rivera, a quien consideramos puramente_ en
su aspecto pictórico y a Alfonso Reyes, ·el notable _escritor
regiomontano cuya lamentable muerte habría de deJaI' profundo vacío en las Letras Hispanas.
En su conocido mural del Anáhuac, Diego Rivera logró
plasmar la indudable belleza de un~ ciudad, q~e según la
descripción histórica, a través del tiempo llegar1a a ser la
capital de México.
Por su parte, Alfonso Reye~, pintor espiritual, t,~e~1_e .
misma sensación, como así es posible observarlo en su . "\ 1~10n
de Anáhuac" obra que se inicia con estas frases lap1da~ias:

:ª

"Viajero: h~ llegado a la región más trans~arente "del arre",
Para después con su singular galanura decirnos: En aquel
paisaje, (Aná'.huac) no desprovisto de cierta. arist?cr_ática esterilidad, por donde los ojos yer:~n con d1scernrn!~ento, ~a
mente descifra cada línea y acaricia cada ondulac10n; ~aJo
aquel fulgurar del aire y en su general fr~scura y placidez,
pasearon aquellos hombre_s ignotos la amplia Y 11;ed~tabunda
mirada espiritual. Extáticos ante el nopal del agmla Y de
la serpiente - compendio feliz de ~uestro caml?o- oyeron la
voz del ave agorera que les prometia seguro asilo so?re aqu:llos lagos hospitalarios. :Más tarde, de aquel palafito hab1~
brotado una ciudad, repoblada con las inc:ursiones de los m1tolóO'icos caballeros que llegaban de las Siete Cuevas -cuna
de las siete familias derramadas por nuestro suelo. Más
tarde la ciudad se había dilatado en imperio, y el ruido de
una ~ivilización ciclópea, como la de Babilonia y Egipto, se
prolongaba, fatigado, hasta los infaustos días_ ~e :M:octezuma
el doliente. Y fué entonces cuando, en env1d1able hora de
asombro, traspuestos los volcanes nevados, los hombres de
Cortés ("polvo, sudor y hierro") se asomaron sobre aquel
orbe de sonoridad y fulgores -espacioso circo de montañas.

Alberto Ga1•cía Gómez

85

A sus J?ies, en un espejismo de cristales, se extendía la pintoresca. cm dad, .emanada toda ella del templo, por manera que
sus calles radiantes prolongaban las aristas de la pirámide ... "
Y Bernal Díaz del Castillo, el cronista fiel no dejó de
señalar que. "parecía a las casas de encantamie~to que cuentan en el hbro de A.madís . . . " Con el preámbulo anterior
procederemos a localizar la actitud del mexicano ante su
propia Patria. Una vez que hemos establecido que es entre
otra parte en la historia en donde es posible encontrar los
datos que nos permiten la elaboración de una tesis provisional.
Sin embargo ya en el plano estrictamente histórico el
.
'
mexicano
ha encontrado diversos problemas naturales congénitos a toda organización social. Entre otros de estos problemas, e~tá, la existencia de dos corrientes ideológicas, que
han constltmdo dos formas totalmente distintas para enfocar
p~ra estudiar y para resolver e interpretar los problemas na~
c~onales. T~le~ corrientes son, en primer término, el hispamsmo y el md1genismo.
La primera, es una doctrina que interpreta el acontecer
histórico de acuerdo con ciertos postulados; por ejemplo, la
consideración de que todos los pueblos hispanoparlantes constituyen una comunidad de naciones cuyo centro, espiritualmente hablando, es España.
Esta teoría o posición ideológica, o actitud interpretativa,
a su vez, enmarca tanto a los hechos como a los personajes
que en ellos intervinieron de acuerdo con sus propios postulados.
Esta teoría tiene la ventaja de no caer en un apasionamiento anticientífico, por el contrario, reconoce con sencillez
los naturales excesos humanos realizados en una empresa
como la de conquista.
La labor realizada a través del tiempo por pacientes investigadores ha venido 'a poner algunos hechos en el lugar
debido, y no ha sido posible negar la trascendental tarea realizada por España, en una obra evangelizadora sin paralelos
en la historia de la humanidad; obra evangelizadora que tuvo
múltiples actividades, pues amén de la enseñanza del idioma
castellano, amén de la enseñanza de oficios varios y de la
preparación espiritual que llevaron a cabo, fueron los más
notables defensores de los naturales.
Al tocar este punto y como vía ilustrativa, podríamos
recordar un caso en donde las corrientes hispanistas e indigenistas han tenido uno de sus más significativos desacuer-

�86

México Ante el Mexicano

dos: tal es el caso de Fray Bartolomé de las Casas, cuya vibrante actitud en pro de los indígenas, habría de dar pie nada
menos que a una legislación especial hecha en beneficio de
ellos y, como algunos autores opinan, la portentosa obra realizada por el teólogo-jurista, Francisco de Vitoria, debió haber tenido algunas influencias de su compañero en religión,
y no es poco mérito la admisión y reconocimiento d~ que
Francisco.de Vitoria sea el creador del Derecho Internac10nal.
En el otro aspecto, la posición o actitud indigenista desconoce y rechaza el valor de la propia conquista. y la J?º~·tentosa obra de España hecha en América, pretendiendo v1v1r
un pasado que si fué glorioso está muerto. Natural e~ admirar la obra dejada por nuestros antepasados y que se pierd_e
en la noche de los tiempos. Grata emoción puede experimentarse como aquella sentida al visitar,· digamos por caso,
la Ciudad Sagrada de Teotihuacán, la serena belleza de esas
piedras que son un mudo testimonio no solamente de belleza
sino de recuerdo imperecedero.
La posición indigenista, considerada desde este .ángulo,
no ha pasado de ser, en la mayoría de los casos smo una
actitud demagógica, utilizada por inte~esa,dos más en o~tener
beneficios para sí que para la masa md1gena. Todavia, en
el momento presente, en los periódicos mencionaban el hecho
de que más de alguna tribu indígena está a punto de desa•
parecer. Se han hecho algunos ~sfu~rz?s de tipo ofic~al que
no han llegado jamás a los propios rnd1genas; de aqm podemos establecer la comparación de la obra llevada a cabo por
aquellos hombres que además de su ~ropia lengua, manejab~1;
los latines amén de las lenguas abor1genes y cuya huella deJO
una estela' luminosa no solamente en los corazones de millones
de naturales sino en los caminos, que partiendo de la muy
noble y leal' Ciudad de los Palacios, a semejanza de la rosa
de los vientos se esparcieron por este continente salvaje Y
bravío y así se abrieron las rutas de California, de San Antonio de Béjar, de Nuevo México, etc., etc.
Ahora bien, ¡, qué actitud debe observar el mexicano para
el conocimiento de su ser ontológico y social?
En líneas anterio;es dijimos, que el mexicano para entender a su país debe adoptar una actitud de serenidad y
mesura, porque el tema que nos ocupa es de por sí apasionado
y apasionante y proceder a seguir un camino científico de
estudio comparativo de nuestro pasado histórico.
Sirva como vía de iniciación al estudio del problema,
para estos intérpretes de un bando como de otro, la conqtústa

Alberto García Gómez

87

en sí misma.
Para los primeros o sea los hispanistas, la
conquista es un hecho natural, alcanzado y logrado por hombres de condición recia, que intrépidos visionarios, irrumpieron por los caminos conocidos y por los 'desconocidos, para
crear nuevas naciones, "semillero de Naciones", dijo algún
escritor.
Para los indigenistas la conquista significa un desastre
que vino a poner término a una supuesta y floreciente cultura.
Los actos humanos realizados por los conquistadores, vistos
con el apasionamiento y la fobia, presentan verdaderos hombres desalmados, inescrupulosos y rapaces, imposibilitados a
concebir cualquier elevada empresa, menos una de las magnitudes y proporciones de la que llevaban a cabo. Para los
indigenistas, los españoles realizaron la conquista con un solo
móvil: Sed de riquezas; de riquezas conseguidas a cualquier
precio y sacrificio.
Como es natural, tanto hispanistas como indigenistas han
tenido, en todas las épocas, brillantes y destacados expositores,
pero desgraciadamente la unificación tan anhelada de la familia mexicana todavía no se ha realizado en la plenitud y
alcances que fueran de desearse. Esos "ismos" han contribuido en gran parte a sembrar el desconcierto y el separatismo, en donde sólo debía haber paz y concordia.
Obtener el conocimiento para el mexicano dé su México
es difícil, por las circunstancias que le rodean y que comprenden aspectos educativos, aspectos jurídicos, aspectos políticos, etc.
Para llegar a obtener una visión profunda y más apegada
a la realidad, el mexicano tiene que lanzarse a la ardua tarea
de la investigación histórica, ya que los primeros textos es•
colares le deformaron la imagen de los acontecimientos y de
los personajes; en otras palabras, "La historia oficial", ha prefabricado algunos hechos que son básicos en la historia de
México, cuya veracidad es dudosa. Esa historia derrama incienso y alabanzas para algunos de nuestros prohombres, que
en realidad no alcanzaron las proporciones que tales halagos
afirman tener.
Existen otros poderosos factores que han complicado la
clara percepción de México ante el Mexicano; una muy importante es la derivada de la adecuación política de México.
Sobre este particular el Lic. Alfonso Trueba Olivares, al referirse al caso específico de la Gonstitución de 1857, cuando este
autor cita el valioso juicio del maestro Emilio Rabasa, juicio
que nos permite percatarnos de la realidad por enmedio de

�México Ante el J\Iexicano

88

la demagogia y de la mentira. El maestro Rabasa opinó: "Lo
que no se encuentra en ninguna discusión, ni en el espíritu de
precepto alguno de la Ley fundamental, es el estudio del pueblo para quien iba a dictarse ésta; en vez ele hacer la armadura ajustándola al cuerpo que debía guarecer se cuidaba de
la armonía de sus partes, de la gallardía de las proporciones
del trabajo del cincel, como si se tratase de una- obra de arte
puro, sin más destino que la realización de la belleza".
Xo menos interesante es asomarse a las actas que dan fe
de aquellas jornadas constitucionales tan importantes para la
vida de :&amp;léxico.
Con objeto de no separarnos de la misma Constitución
de 1857, permítaseme señalar algunas de las circunstancias y
los juicios que les merecieron a muy destacados intelectuales
mexicanos. En las consideraciones de carácter histórico sobre
la Constitución de 1857, el Lic. Desiderio Graue Díaz ha escrito: "Así si bien casi todos los historiadores imparciales
están de a~uerdo en que el constituyente de 1856, reunió a
los más destacados miembros de la pequeña burguesía liberal,
que como clase dirigente y dominante se estimaban como los
auténticos representantes del pueblo. Algunos escritores, como Pereyra, niegan la legalidad de tales nombramientos, a
virtud de la imposición que hacen al sistema de elección ya
citado. Otros, como Molina Enríquez, entusiasta panegirista
de todo lo indígena afirma que el Congreso estuvo muy distante de ser electo realmente por el pueblo. Molina sostiene,
que cada Congreso ha venido a hacer una junta de las personalidades más notables del partido que convoca y que éste de
1856, no era sino el Congreso del elemento mestizo, muy débilmente contrapesado por contadísimas un i d a d e s de elemento
criollo tesis que comparte también Arragnoiz, cuando irónicamente' explicaba que esa era la manera mexicana de legalizar
un movimiento. Pero quizá el juicio más extremista, lo emite
don Francisco Bulnes, pues dice que en el Congreso no había,
más que por excepción propietarios territoriales, no había industriales ni comerciantes ni representantes de asociaciones
obreras;
realidad, afirma, representaba a la burocracia, a
la literatura y al apostolado político, a intereses políticos más
que sociales, abstractos y de ningún modo económicos. Justo
Sierra, asienta que si bien legalmente el Congreso era la representación oficial de la nación, la realidad era otra, pues la
nación rural no votaba, la urbana e industrial obedecía la consigna de sus capataces o se abstenía también y el partido conservador tampoco fué a los comicios, por todo lo cual la nueva
asamblea, sostiene don Justo, representaba en realidad una minoría, no sólo de los ciudadanos capaces de tener interés en los

;u

Albe1·to García Gómez

89

asuntos políticos, sino de la op1n1on, y la opinión del grupo
pensante se dividía entre los moderadores, los militares y los
clérigos, pues las nuevas generaciones eran por lo general apasionadas de la Reforma y como ellas y los veteranos del federalismo puro, formaban la parte más activa de la sociedad, esta
fué la reforma al Congreso. Pero don Justo Sierra termina confesando que el Congreso representó "Una selección, como todas
las grandes asambleas revolucionarias; era una minoría como
todas las asambleas reformistas; llamados a definir dogmas,
si son eclesiásticas, o a definir ideales si son laicos".

Así pues, nuestra maquinaria constitucional, además, no
era nuestra, ya que se copió con mayor o menor exactitud de ]a
norteamericana rompiéndose con esto la proyección de una nación, que a la usanza española, podía haber evitado el recorrer
el calvario histórico que México recorrió. Al romperse la tradición, las consecue11cias no hubieron de esperarse. En la "Declaración de Independencia de los Estados Unidos", de Tomás
Jefferson, de acuerdo con las ideas de Juan Jacobo Rousseau,
se hacía un reconocimiento en el sentido de que: "todos los hombres son por su naturaeza libres e independientes y tienen derechos de los que no se pueden privar a las generaciones sucesivas al constituirse en sociedad. Tales derechos son: el goce
de la vida y la libertad, el de adquirir y poseer bienes, así
como el deseo de seguridad y felicidad".
Sin embargo, había otros inconvenientes, ya que las Constit_uciones llamadas liberales de nuestro :&amp;léxico tenían, la inevitable y necesaria relación con las Constituciones españolas de
Cádiz, como sucedió al pretender restaurarse en marzo de 1820,
a ]a de 1812.
La influencia gaditana (Constitución de Cádiz) es respon•
sable de dos proposiciones que, aunque parezcan irrelevantes,
acusan una transformación importante en el sentido de la8
ideas que se manejan. Primero: La equiparación ele la lucha de
independencia con la pugna general que sostienen los pueblos
con el despotismo y en favor de las libertades individuales. Segundo: la atribución de soberanía, en ausencia del monarca, a
la voluntad general ele los ciudadanos. Ninguna de estas dos
proposiciones concuerda con la concepción política hasta ahora
sostenida por el partido criollo . .Aparentemente se trata de un
cambio trivial en la terminología, pero ese cambio es signo de
una variación más grave. Ante todo, la Revolución .Americana
queda ligada a un movimie~to europeo que antes le era ajeno
y del cual le será difícil desde ahora desprenderse. Además los
nuevos términos no son inofensivos. Bien ha dicho el escritor
Luis Villoro en el sentido de que el "despotismo" está ligado a

�90

México Ante el Mexicano

todas las instituciones políticas, de reino, a toda la máquina
jurídica tradicional; "déspota", es una máscara que encubre el
verdadero nombre: rey absoluto, frente a él no se encuentran
ya los españoles celosos de las leyes fundamentales de la nación, sino el conjunto de los ciudadanos que defienden sus libertades individuales; los términos que se enfrentan son enteramente distintos por otra parte, el llamado "voluntad general" en lugar de los "cuerpos" constituidos implican el desconocimiento de las instituciones tradicionales y la pretensión
de constituir a la nación nuevamente. Pronto el "déspota"
rechaza al ofensor arbitrario, el Congreso representativo constituyente al "Cabildo abierto", la Constitución liberal de Cádiz
a la vieja constitución americana y así sucesivamente hasta
encontrarnos con una concepción política distinta.

• 11
1

Í·

John J. Jay, uno de los más destacados escritores constitucionalistas norteamericanos que con Madison y Hamilton, alcanzaron gran renombre en su país, al hablar de la Independencia en los Estados Unidos dijo: "He observado a menudo y con
gusto que la independiente América no se compone de territorios separados entre sí y distantes unos de otros, sino que
un país unido fértil y vasto fue el patrimonio de los hijos occidentales de la libertad. La providencia lo ha bendecido, legando con innumerables corrientes para delicia y comodidad
de sus habitantes. . . con igual placer he visto también que la
providencia se ha dignado conceder a este país continuo, a un solo pueblo unido-un pueblo que desciende de los mismos antepasados, habla el mismo idioma, profesa la misma religión, apegado a los mismos principios de gobierno, muy semejante en sus
modales y costumbres, y que uniendo su prudencia, sus armas,
y sus esfuerzos, lucharon juntos durante una larga y sangrienta guerra, que estableció notablemente la libertad común y la
independencia".
No es mi ánimo cansar la atención de ustedes sobre este
punto tan interesante, porque hay tanto material que resultaría prolijo, su simple ennunciación, bástenos comprender como lo que para otras naciones fue motivo de preocupación el
obtener y lograr la unidad de sus elementos constitutivos propios y tradicionales; nosotros, los mexicanos hubimos de dividirnos en b a n d o s opuestos, de convertirnos de hermanos en
odiados rivales y sobre todo, y lo más grave, haber destruido
la tradición nuestra obtenida al paso de varios años.
Nuestro México no es ni con mucho la figura del -indio que
a la sombra de un árbol dormita perennemente, imagen absurda que le ha dado la vuelta al mundo de la misma manera que
la tan llevada y traída pandereta española, ni tampoco es el

Alberto García Gómez

91

c~arro de candilejas, ni tampoco lo son esas producciones musicales q~e han envenenado el espíritu de nuestra niñez y de
nue,stra Juventud; para contemplar a México, el mexicano deberia buscar de entre sus tradiciones, las que le han permitido
llegar a ser ~o !J.Ue es en la actualidad ; le sería más conveniente
buscar a M~x1co no s?lamente en los bellos paisajes, en las
costas que :~untan los ~Jos de azul como dijera un bardo regio11:ontano, ~1 en la maJestuosidad de las elevadas sierras; más
bien, r~petimos, debe buscar en esas tradiciones que nos hablan
d~ la Vll'tud Y de la paz, de un hogar en donde bajo la amorosa
mirada de nue~tras. madres mexicanas los capullos crecen para
engalanar los Jardmes de la Patria.

�.

'

w

I

INDICES DE '~RMAS Y LETRAS"
1958-1960

.

'

�Indices de "Armas y Letras"

I)
I

95

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(4), pp. 30-39.
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1958 (2), pp. 57-75.
AYALA, Juan Antonio, La querella de las Humanidades, 1959
(2), pp. 59-73.
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AYALA, Juan Antonio, El pensamiento clásico en la obra.
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BASAVE, Fernández del Valle Agustín, El Emtencialismo:
exposición y crítica, 1958 (1), pp. 53-72.
BASAVE, Fernández del Valle, Agustín, Fundamento y esencia de la verdad, 1958 (4), pp. 51-63.

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1

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integral del hombre, 1960 (4) pp. 41-62.
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BRAVO, Villarroel, Roberto, Notas mexicanas en un poema.
teológico, 1958 (1), pp. 16-25.
BRAVO, Villarroel, Roberto, El dulce lamentar de Garcilaso
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BRUNET, Christian, Sputnik y sentido del humor, 1958 (1),
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�96

Indices de "Armas y Letras"

Indices de "Armas y Letras"

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8-9.

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CORRE.A, Gustavo, El simbolismo religioso en la poesía de
Federico García Lorca, 1959 (3), pp. 19-30.
D.ARMON, Serge P., Literatura de anticipación, 1958 (1), pp.
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LICHTBL.AU, Myron I., El tema de Lucía Miranda en la novela argentina, 1959 (1), pp. 23-31.
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SEIJAS ROMAN
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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1960, Segunda Época, Año 3, No 4, Octubre-Diciembre </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Alberto García Gómez</name>
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        <name>Cuento mexicano</name>
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        <name>Filosofía integral del hombre</name>
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                    <text>Revl•t• de la IJ■lvenldad de N■ev• Le6■

Arturo Salinas Mart'

, · toine de Saint-hupéry •

Barroco en Bohemia. •
Itzhak Bar- Lewaw,

· mo e Impresionismo •

esencia de Humo" •
Robert Brécho

ENERO/MARZO DE 1961

A¡qo 4/ Segunda Epoca

��l
REVJ8TA DE JJ,\ UXIVERSTDAD DE NUEVO LEON

Revista de la Universidad de Nuevo IM■
Revista de la Universidad de Nuevo León

Recto r:
ARQ. ,TOAQUIN A. l\fORA

Año 4, No. 1

Secretario General :

Enero-Marzo de 1961

Segunda Epoca

SUMARIO

LTC. ROGELTO VILLARREAL
Arturo Salinas Martínez, Antoine de Saint-Exupéry ____

5

Jaromír Neumann, El Arte Barroco en Bohemia _______ 19

Director de la Revista :
LTC. JUAN ANTONIO AYALA

ltzbak Bar-Lewaw, Modernismo e Impresionismo _______

41

J uanita Soriano, Testimonio Personal sobre Raúl Contreras
(Registro en Trámite)
PRECIO DE SUSCRIPCION :

Dirección

UN A~ O (cuatro números)

Washington y Colegio Civil

En México : Veinte Pesos

MONTERREY. N .L.

Otros Países: Dos Dólares

y su Libro "Presencia de Humo"(l) _______________ 53

México.

•

•

f

Robert Bréchon, Los Ensayos _________________________

75

L i bro s__________________________________________ 87

�Arturo Salinas Jvfartínez / .4NTOINE DE SAINT-EXUPER Y '~

M E CORRESPONDE hacer ante ustedes la presentación de Antoine de Saint-Exupéry, su vida y
su obra.
Me parece que en raras ocasiones se presenta la obra de
un escritor tan íntimamente ligada a su vida como en el caso
de Saint-Exupéry. A un grado tal que no es posible concebir
una obra como la suya sin el tipo y el caudal de experiencias
que constituyeron su vida. El autor y el hombre se identifican
plenamente.
Saint-Exupéry no se acomoda a la figura del hombre de
letras que podríamos llamar clásica ; con una gran cultura
libresca, retraído del mundo y creando sus personajes y el
universo de sus obras con una dosis considerable de imaginación.
Saint-Exupéry fue un hombre de acción, un piloto aviador
para quien "escribir" -como dijo él en alguna ocasión- era
una consecuencia. Sus libros no son la versión transfigurada
de los acontecimientos y experiencias de su vida y acción.

..

.Antoine de Saint-Exupéry nació en Lyon, Francia, en
1900. Desde la edad de seis años escribía versos, contaba cuentos, hacía dibujos y se apasionaba por la mecánica. Vivió la
mayor parte de su infancia en un castillo de Provenza. Fué
para él, con su "parque de pinos negros y de tilos", "un reino
sin límites".
•

Conferencia pronunciada el d!a 26 de octubre de 1960 en el programa
''Poesía en el Mundo" organizado por la Asociación de Estudiantes
de Arquitectura del I.T.E.S.M.

-

5-

�6

Arturo Salinas Martinez

Antoine de Saint-E:\.upéry

Lo maravilloso de una casa escribió después- es "que
haya lentamente depositado en nosotros provisiones de dulzura; que haya formado en el fondo del corazón ese macizo
obscuro de donde nacen, como de un manantial, los sueños ...
(p. 179, T. de H). La infancia de Saint-Exupéry dejó una
profunda huella en su vida y en su obra. "Soy de mi infancia
como de un país" -llegó a decir-. Y hay que consignar
que siempre le guardó la debida fidelidad.
A los 12 años recibe el bautismo del aire -vuela por primera vez-. Termina su liceo. Inicia estudios técnicos y de
arquitectura.
En 1926 entra a trabajar en la compañía de aviación
Latécoére y a partir de la primavera de 1927 es ya piloto de la
línea Tolosa-Casablanca-Dakar. Por año y medio permanece
como jefe de escala en Cap Juby en pleno desierto del Sabara.
Desde su primer contacto Saint-Exupéry amó el desierto;
fué para él una verdadera revelación. El Sabara mostró al
hombre. Al interrogarse ¿ qué era el desierto para nosotros,
Saint-Exupéry responde: "Era lo que nacía en nosotros. Lo
que aprendíamos sobre nosotros mismos ..." (p. 190 T. del
Il). "Abordarlo no es visitar el oasis, es hacer de una fuente
nuestra religión". (p. 187, T. del H). En lo sucesivo el desierto
fué uno de los polos permanentes de su vida. En Cap Juby
escribió Saint-Exupéry "Correo Sur" su primer libro y el único
que podría considerarse una novela. Aparece publicado en
París en 1928.
A fines de 1929 se -va a Buenos Aires como director de
explotación de la Aéreo-Posta Argentina, filial de la Compañía
Francesa. Ese año su compañero Mermoz cruzó por primera
-vez en avión comercial la cordillera de los Andes. SaintExupéry inició por su parte la línea de la PataO'onia de
Buenos Aires a Punta Arenas en el extremo del C~ntin¿nte.
En 1930 su amigo Guillaumet al atravesar los Andes de Santiago a Buenos Aires sufrió un accidente y vivió Ía odisea
que Saint-Exupéry relata en "Tierra de Hombres".
En 1931 publica su segundo libro "Vuelo de Noche" con
prólogo _de. ~dré Gide. En relación a esa nueva conquista
de la av1ac10n, en aquella su época heroica, se plantea Saint~xupéry el problema del sentido de la acción y destaca la
figura del Jefe, que André Gide califica de "admirable" representada por Riviére, el director general de explotación de
la compañía.

!I

•

'1

Ese mismo año se casa con Consuelo Suncin, viuda del periodista Gómez Carrillo.
En 1935 en un vuelo París-Saigon sufre un accidente en
medio del desierto, a 200 kilómetros del Cairo, que recordará
en "Tierra de Hombres".
Incursiona en el periodismo y es enviado como corresponsal a Rusia y a España, iniciada ya en ésta la guerra civil.
En 1939 publica "Tierra de Hombres", obra coronada por
la Academia Francesa y "best seller" en los Estados Unidos y
que constituye un verdadero breviario de humanismo.
De 1936 a 1940 obtiene doce patentes de invención relativas a instrumentos o a aparatos susceptibles de ser utilizados
en la aviación.
Al declararse la guerra el Capitán de Saint-Exupéry rechaza el ofrecimiento de una posición confortable en el Servicio
de Información y a pesar de los dictámenes médicos que lo
declaran no apto, logra su incorporación al grupo de reconocimiento aéreo estratégico 2/33. Lleva a cabo varias misiones
sumamente arriesgadas, es citado en la Orden del Ejército
como "modelo de deber y de espíritu de sacrificio" y se le
otorga la Cruz de Guerra.
En 1942 habiendo emigrado a los Estados Unidos, publica
su cuarto libro "Piloto de Guerra" en el que la descripción
de la misión sobre la ciudad de Arras, se une a una reflexión
sobre la derrota de su país y sobre los principios y los valores
que estaban en juego en la guerra y que era preciso salvaguardar. La obra circuló en Francia en forma clandestina ya que
fué prohibida por la censura alemana. "Piloto de Guerra" f ué
considerado por muchos años como el más grande servicio a
la causa francesa en los Estados Unidos.
En 1943 aparece su "Carta a un Rehén" destinada especialmente a su amigo Leon Werth, pero a través de él a los 40
millones de rehenes que vivían bajo la ocupación alemana.
El mismo año se publica en Nueva York "El Principito" ilustrado con dibujos de su autor. Inmediatamente después del
desembarco aliado en Africa del Norte -noviembre de 1942dirigió desde Nueva York un mensaje a todos los franceses
exhortándolos a la unión y a la reconciliación y a fin de rubricar dicho mensaje con su ejemplo se embarcó para el Africa
del Norte con el propósito de participar en ]a liberación de
su país. Después de innumerables gestiones logra autorización, a pesar de su edad, para reincorporarse a su grupo 2/33
y para realizar algunas misiones de reconocimiento aéreo. En
una de ellas, el 31 de Julio de 1944, Saint-Exupéry desapa-

�Arturo Salinas Martinez

Antoine de Saint-Exupéry

8

Vista así a grandes rasgos la vida y la obra de Saint-Exupéry, aproximémonos ahora a su mensaje, a algunos de los temas permanentes que circulan en su obra y que le dan su
sustancia y su dimensión humanas.

rece, habiéndose p.odido precisar años después que su avión
fue derribado por un caza alemán no lejos de Córcega. El
había escrito: "Se muere por una casa, no por objetos o por
l)aredes. Se muere por una catedral, no por piedras. Se mueré por un pueblo, no por una muchedumbre. Se muere por
amor del hombre si el hombre es la clave de la comunidad. Se
muere sólo por aquello por lo que se puede vivir". (p. 330, P.
de G.).

Conviene quizás para ello partir del episodio, ver su transfiguración en la obra literaria y las sensaciones y reflexiones
que suscita en Saint-Exupéry. Me parece que en esa forma
seremos fieles a la técnica y al espíritu de Saint-Exupéry de
ligar la vida y el pensamiento, la acción y la reflexión.

Al morir dejó un manuscrito que apareció publicado en
1948 bajo el título de "Ciudadela". El total de su obra consta
de aproximadamente 1,000 páginas de las cuales la mitad
répresentan lo~ seis libros que publicó en vida y las 500 pági-

Pero como su obra no es sino "una meditación del vuelo"
hagamos antes una breve r eferencia a lo que representa el
avión para Saint-Exupéry. Recordemos el primer párrafo
de "Tiei·ra de Hombres" :

nas restantes forman "Ciudadela", sobre cuyo manuscrito
Saint-Exupéry, según testimonio de Leon Werth, tenía la intención de 11trábajar todavía diez años más. Hay base para
afirmar qHe su. éxtensión se hubiera reducido considerablemente, quizás hasta ,la mitad, si recordamos que el manuscrito, de "Vuelo de Noche", que originalmente constaba de 400
páginas, sólo tenía 181 cuando al fin fué entregado a la
imprenta.

"La tierra nos enseña más sobre nosotros mismos
que todos los libros. El hombre se descubre cuando se
mide un obstáculo. Pero para hacerle frente se necesita
tm instrumento. Necesita una garlopa o un arado. El
campesino en su trabajo arranca poco a poco a la naturaleza algunos secretos y la verdad a que llega es universal. Así el avión, instrumento de las líneas aéreas,
mezcla al hombre en todos los viejos problemas". (p. 139,
T. del H. ).

La obra de Saint-Exupéry no es extensa, pero por su densidad, su madurez humana, su elevación moral y su aliento poético ocupa un lugar eminente en la literatura de nuestro siglo.
Su obra es típica y representativa de la literatura francesa,
ya que ésta, al decir del alemáll Ernst-Robert Curtius, no ha
sido sino un discurso continuo sobre el hombre. Su influencia
no ha cesado de aumentar con los años. Varios de sus libros
han sido traducidos a más de doce idiomas.

"El avión -dice en otra parte- es sin duda una
máquina : ¡ Pero qué instrumento de análisis! Nos ha hecho descubrir el verdadero rostro de la tierra (p. 172, T.
de H). Más allá del instrumento y a través de él encontramos la vieja naturaleza, la del jardinero, la del navegante, la del poeta" (p. 170, T. de H.).

Del hombre, recordemos el retrato del poeta Leon Paul
Fargue: "Su rostro era completo: a la vez sonrisa infantil y
seriedad de sabio; heroismo discreto y fantasía espontánea;
belleza en los ojos y agilidad en el cuerpo; competencia en técnica, en depo'r tes, en poesía, en política, en moral, en camaradería y en ele'g~'néÍa de alma".

El avión no lo utiliza Saint-Exupéry como un medio de
evasión para alejarse y apartarse de la tierra y de sus problemas, sino al contrario para entrar realmente en contacto con
la naturaleza : con el desierto, el mar, la montaña, la tormenta
y las estrellas.

'·

....,.: Su vida, aunq¡¡e breve, fué de una gran intensidad. Vivió
}a,ingustia de, nuestra época y como la posición de espectador
1~ 'horrorizaba\ se compropietió de lleno en la acción. De la
acbón se elevó a la contemplación. Supo dar a su experiencia
p~rson,al ui;i.a •significación universal, crear un humanismo con
matices propios .y sp_po además morir, siguiendo su propia fórmula, por aquello por. lo que vivió.

9

.,

..

El avión para Saint-Exupéry, no es un fin sino un medio.
"No se arriesga la vida por el avión. Tampoco el campesino
labra la tierra por su arado". Hay fines superiores. Pero a
veces esa verdad se olvida y entonces somos como "jóvenes
bárbaros maravillados todavía con nuestros juguetes nuevos.
Nuestras carreras de aviones no tienen otro sentido. Este sube
más alto, aquél vuela más rápido. Olvidamos por qué los hacemos volar". (p. 169, T. de H. ).

�10

Antoine de Saint-Exupér)'

En definitiva, Saint-Exupéry considera que el avión es un
medio, como otros muchos, aunque éste especialmente eficaz,
de conocer el mundo y de conocerse, de adquirir conciencia de
nosotros mismos y del universo.
llagamos referencia ahora al episodio de Guillaumet, compañero de oficio y amigo de Saint-Exupéry, a quien por cierto
le dedica el libro "Tierra de IIombres". El día 13 de Junio
de 1930 en una de sus frecuentes travesías de los Andes, Guillaumet fué sorprendido por una gran tormenta de nieve. El
torbellino le hizo perder altura y descender más de 3,000 metros. El avión no obedecía al piloto. Al fin habiendo divisado
la Laguna Diamante aterrizó a su lado. La tormenta de nieve
duró cuarenta y ocho horas. Guillamnet caminó cinco días
y cuatro noches sangrando de los pies, de las rodillas, de las
manos, con un frío de 40 grados bajo cero. Después de tres o
cuatro días de marcha, confPsó Guillaumet, no anhelaba sino el
reposo, pero pensaba : "mi mujn si cree que vivo cree que
sigo caminando. Mis compañeros creen que sigo caminando. Todos tienen confianza en mí .. " Y él no podía defraudar esa
confianza. Después de una caída pensaba que bastaba cerrar
los ojos para hacer la paz en el mundo, pero surgían entonces
del fondo de su conciencia los escrúpulos: pensaba en su mujer, que no podría cobrar el seguro de inmediato si no encontraban su cadáver, ya que, en caso de desaparición, la muerte
es declarada años después. Había que subir a aquella roca para
que su cadáver fuese localizado. Una vez de pie caminó dos
noches más y tres días". Lo que salva -comentaba despuéses dar un paso. -Un paso más. Es siempre el mismo paso el que
se repite ... " (p. 165, T. de ll.).
Saint-Exupéry, cuando supo la desaparición de su amigo,
se fue a explorar la cordillera en su búsqueda durante cinco
días consecutivos. Las gentes le decían: "Los Andes en invierno no devuelven a los hombres". Y escribe Saint-Exupéry:
"Cuando me deslizaba entre los muros y los pilares gigantescos de los Andes me parecía estar ya no buscándote sino velando en silencio tu cuerpo en una catedral de nieve". Al fin
Guillaumet se encontró con unos campesinos . . . Al enterarse
Saint-Exupéry fué a su encuentro y lo llevó a un hospital en
Mendoza. En "Tierra de Hombres" Saint-Exupéry le ofrece
a Guillaumet el testimonio de sus recuerdos. "En tu primera
frase inteligible expresaste un admirable orgullo de hombre.
Me dijiste: "Te juro que lo que hice ningún animal lo hubiera
hecho". Esa frase, la más noble que yo conozca ... sitúa al
hombre, lo honra y restablece las verdaderas jerarquías" (p.
165, T. de H.).

Arturo Salinas Martínez

11

"El valor de Guillaumet -nos dice Saint-Exupéryes ante todo efecto de su rectitud . . . Su grandeza consiste en sentirse responsable. Responsable de sí mismo,
del correo y de los compañPros que lo esperaban. En sus
mano tiene su pena o su alegría. Responsable de lo que
se construye de nuevo, allá entre los vivos, y en lo cual
debe participar. Responsable un poco del destino de los
hombres en la medida de su trabajo .. . Ser hombre es
precisamente ser responsable. Es sentir vergüenza ante
una miseria que no parece depender de uno. Es estar
orgulloso de una victoria alcanzada por los compañeros.
Es darse cuenta que al colocar uno su piedra está contribuyendo a edificar el mundo ..." (p. 166, T. de H.).
El tema de la responsabilidad ocupa un lugar muy importante en el pensamiento de Saint-Exupéry. Es uno de sus
conceptos clave y tiene resonancia en toda su obra.
Detengámonos un momento a considerar la amplitud que
tiene en Saint-Exupéry esa noción de responsabilidad y tratemos de precisar ante quienes existe, es decir quienes son los
beneficiarios de esa responsabilidad.
En primer lugar el hombre es responsable de sí mismo.
Según Saint-Exupéry el hombre se forja v se construye
poco a poco, va naciendo lentamente y en nom.bre de eso q~e
ha llegado a ser, en nombre de su creación debe luchar contra
la muerte. Por eso Saint-Exupéry afirmaba: si el desprecio
de la muerte "no extrae sus raíces de una responsabilidad
aceptada es sólo signo de pobreza o de exceso de juventud"
(p. 167, T. de H.), y por eso consideraba que el suicidio no era
una verdadera muerte de hombre.
En segundo lugar, el hombre es responsable de las personas qu_e lo esperan: de sus familiares, de sus amigos, de su
companeros.
¿Por qué Y Porque de él depende su pena o su alegría.
Esa verdad la descubrió, es decir, la experimentó Saint-Exupéry en medio del desierto cuando sufrió el accidente a 200 kilómetros del Cairo. Cayó en la cuenta de que él no era el náufrago, de que los náufragos son los que esperan, los que están
a~enaz~dos con su silencio, que él era el salvador y que correria hacia ellos, porque cada segundo de silencio asesinaba un
poco a los que amaba ...

En tercer lugar, el hombre es responsable en la medida
de su trabajo, del destino de los hombres, es decir por el cum-

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Antoine de Saint-Exupéry

Arturo Salinas M:artínez

plimiento consciente de los deberes de su oficio, el hombre
participa en la obra colectiva de civilización y en la continuación del Génesis. ".Al colocar uno su piedra está contribuyendo a construir el mundo".

"En cuanto a ti Beduino de Libia que nos salvaste, te
borrarás sin embargo para siempre de mi memoria. Nunca
recordaré tu rostro. Tu eres el Hombre y te me apareces
con el rostro de todos los hombres. Jamás nos habías
visto y en el acto nos reconociste. Eres el hermano bien
amado. Yo a mi vez te reconoceré en todos los hombres.

Saint-Exupéry a lo largo de sus libros hizo repetidas referencias a esa vinculación de un oficio particular a lo universal. Así hablando de un pastor dice: "Porque el que vigila modestamente algunas ovejas bajo las estrellas, si adquiere conciencia de su función se descubre como algo más que un mero
servidor. Es un centinela. Y cada centinela es responsable
de todo el imperio". (p. 256, T. de H.). En otra de sus obras
alude a un zapatero que al poner clavos está forjando el
mundo. (p. 330, P. de G.).

Te me presentas envuelto de nobleza y de benevolencia
gran Señor que posees el poder de dar de beber. Todos
mis amigos, todos mis enemigos vienen en ti hacia mí y
ya no tengo ni un solo enemigo en el mundo".

Veamos ahora otro episodio. Saint-Exupéry lo relata en
"Carta a un Rehén". Estando en Barcelona durante la guerra
civil en calidad de periodista, cometió la imprudencia de -asistir
a las tres de la mañana, en forma clandestina, a un embarque
de material secreto. Milicianos anarquistas lo sorprendieron
y lo llevaron a un cuartel subterráneo.
Protestó alegando
que era periodista, pero todas las protestas cayeron en el vacío. Lo veían como si estuviesen viendo "un pez chino en un
acuario". No le miraban la cara sino la corbata. Todo era
absurdo. Y temía que los anarquistas al reaccionar, lo mataran, ya que sabía que fusilaban sin grandes debates de
ron ciencia.

En general, Saint-Exupéry, proclama en su obra, en muy
diYersas formas, el poder creador del hombre.
En cuarto lugar cada uno es responsable de todos y todos
son responsables de cada uno.
Esa solidaridad total la vino a sentir en forma cabal SaintExnpéry con la experiencia de la guerra: iluminado por aquella "misión sacrificada" sobre Arras se abstiene de imputar la
responsabilidad del desastre a aquéllos de los suyos que no
pensaban como él o a quienes no habían estado a la altura de
su deber, se solidariza plenamente con la derrota de su país,
acepta la humillación y comprende el sentido de la humildad,
que es -dice- el principio mismo de la acción, siente el calor
de sus vínculos, se incorpora a su comunidad y luego la amplía ya que "el amor una vez que ha germinado echa raíces
que no cesan de crecer".

"Fur entonces, -dice Saint-Exupéry- cuando tuvo lugar
el milagro. Un milagro por cierto muy discreto. No tenía
cigarros. Como uno de los milicianos fumaba le pedí de
un gesto que me obsequiara uno y esbocé una vaga sonrisa.
El hombre se estiró primero, pasó después lentamente la
mano sobre su frente y levantó los ojos en dirección ya
no de mi corbata sino de mi cara y ante mi gran estupefacción esbozó él también una sonrisa. Aquello fué como
una aurora".

Reconoce Saint-Exupéry que por primera vez comprende
uno de los misterios de la religión de donde ha surgido la
civilización que reinvindica como suya : "cargar con los pecados de los hombres ... " - "y cada uno carga con todos los
pecados de todos los hombres".
"La grandeza de mi civilización -dice también- estriba
en que cien mineros deben arriesgar su vida para salvar a
un minero enterrado" (p. 376 ,P. de G.).
Xo resisto a la tentación de mencionar en conexión con
este sentido de solidaridad las palabras que le dedica al beduino que lo salvó a él y a su compañero Prevost de una
muerte segura por la sed, cuando sufrieron el accidente en
medio del desierto.

13

4

..

"Este milagro ... simplemente borró el drama ... )fo modificaba nada visible. La vieja lámpara de petróleo, la
'mesa con los papeles dispersos, los hombres junto a la
pared, el color de los objetos, el olor, todo persistió. Pero
todas las cosas se transformaron en su propia substancia.
Esa sonrisa me liberaba. Era un signo tan definitivo,
tan evidente en sus consecuencias próximas, tan irreversible como la aparición del sol. . . nada había cambiado
y todo era distinto ... "
... "Era como si una sangre invisible hubiera vuelto a
circular uniendo todas las partes en un mismo cuerpo y

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Antoine de Saint-Empéry

devolviéndoles su significación. Los hombres no se habían movido pero mientras que unos segundos antes me
parecían alejados de mí como una especie antidiluviana,
he aquí que nacían a una vida próxima. Sentía una
extraordinaria sensación de presencia. Sí, reconocía mi
linaje ... " (p. 401, C. R.).
"Nada se había dicho todavía y sin embargo todo estaba
resuelto. Cuando me tendió el cigarro puse mi mano en
su hombro en señal de agradecimiento y como una vez
roto el hielo, los demás milicianos volvían también a ser
hombres, entré en sus sonrisas como en un país nuevo
y libre ...
"Nos unimos en la sonrisa por encima de los idiomas, las
castas y los partidos" (p. 402, C. R.).

Arturo Salinas :\Iartínez

15

El hombre para Saint-Exupéry no es sino un nudo de
relaciones (p. 311, y 345 P. de G.). Para él sólo existe un
lujo verdadero: el de las relaciones humanas (p. 158, T. de H).
La grandeza de los oficios, de las profesiones, consiste
antes que nada para Saint-Exupéry, en unir a los hombres
(p. 158, T. de H.).
La amistad es una riqueza que no puede adquirirse con
nuestra "moneda de ceniza". Los amigos son polos imantados
que dan sentido y orientación a una vida.
"Hemos gustado en horas de milagro -nos dice en Carta
a un Rehén- una cierta calidad de relaciones humanas: ahí
está para nosotros la verdad". (p. 403, C. R.).

"¡ Que son sencillos los acontecimientos esenciales !" . . .

"Lo esencial muy a menudo no tiene peso. Lo esencial
aquí en apariencia no fué sino una sonrisa. Una sonrisa
es frecuentemente lo esencial. Se paga con una sonrisa,
se recompensa con una sonrisa, ___ y la calidad de una
sonrisa puede hacer que por ella se muera". (p. 348, C. R.&gt;.
Para Saint-Exupéry la sonrisa es la forma de mostrar la
amistad a los hombres, de entrar en relaciones con los demás,
de comunicarse.
"Por mucho tiempo caminamos lado a lado -dice en
Tierra de Hombres- reducido cada uno en su propio
silencio o cambiando palabras sin sentido. Pero. . . descubrimos que pertenecemos a la misma comunidad. Nos
ensanchamos al descubrir otras conciencias. Cambiamos
sonrisas. Y uno se siente semejante al prisionero liberado
que se maravilla ante la inmensidad del mar". (p. 159,
T. de H.).
Saint-Exupéry ofrece en su vida y en su obra una solución
muy equilibrada frente al conflicto y a la doble tentación de
la soledad por un lado y de la vida colectiva por otro. La
vida interior y la soledad deben cultivarse porque sólo ellas
permiten descubrirse, pero el hombre debe también tender
puentes, crear vínculos, comunicarse, solidarizarse, ya que en
esa red de relaciones se aprende a dar y a recibir, se ejercita
el amor y se crean en esa forma verdaderas comunidades humanas muy distintas del mero vivir en muchedumbre, de esa
existencia gregaria sin color que Saint-Exupéry equipara a
un desierto humano.

Hay otro incidente en la vida de Saint-Exupéry, en el
que por último, quiero también detenerme porque viene a
constituir la motivación esencial de su mensaje y porque el
tema tiene también resonancia en toda su obra.
Se sitúa el día de su bautizo profesional cuando iba a
iniciar su primer vuelo como piloto responsable del correo de
Africa. El autobús que lo lleva al aeropuerto aquella madrugada va ocupado sobretodo por vistas aduanales y por empleados de oficina envejecidos. Al sorprender algunas confidencias sobre dinero, achaques y otras preocupaciones domésticas,
brotó en su interior bruscamente, este vehemente discurso:
"Viejo burócrata, compañero mío aquí presente, nadie ha
hecho nunca que tu te salgas de ti mismo y tú no eres
responsable. Has construído tu paz cegando con cemento
todas las aberturas hacia la luz, como las termitas. Te
has envuelto en tu seguridad burguesa, en tu rutina, en
los ritos asfixiantes de tu vida provinciana; has levantado
ese humilde baluarte contra los vientos, las mareas y las
estrellas. No quieres inquietarte por los grandes problemas. Bastante te ha costado olvidar tu condición de
hombre. Tu no habitas un planeta errante, no te planteas
preguntas sin respuesta: eres un pequeño burgués de
Tolosa. Nadie te sacudió por los hombros cuando era
tiempo todavía. · Ahora, la arcilla de que estás hecho ha
secado y se ha endurecido y ya nadie podría despertar
en ti al músico dormido, al astróomo o al poeta que
acaso te habitaban". (p. 148, T. de H.).

�17

Arturo Salinas :Ua1·tine-.i
Antoine de Saint-Exupéry

16

Hay que dar antes de recibir. Hay que comenzar por el
sacrüicio para fundar el amor. (p. 382, P. de G.).

Quiero observar que Saint-Exupéry no apostrofa al viejo
burócrata con desdén o con desprecio, con afán de rebajarlo,
sino con un fraternal calor humano -compañero mío, le dice-.
No sólo se siente solidario sino que incluso lo releva a él de
responsabilidad, -tú no eres responsable-. Y es que nadie
le ayudó a evadirse de esa prisión en que estaba encerrado.

"Respeto del hombre! Respeto del hombre! Ahí está la
piedra de toque". (p. 402, C. R.). Si el respeto del hombre
es fundado en el corazón de los hombres, éstos terminarán
por fundar a su vez el sistema social, político o económico,
que consagre ese respeto. (p. 404, C. R ). "Ciudadela te construiré en el corazón del hombre".
'

Saint-Exupéry siente esa responsabilidad. Le atormentaba por ejemplo que un niño con rostro de músico que era
una bella promesa de la vida -"un Mozart niño"-, como
aquél que vió en su viaje a Rusia en un carro de tercera
ate&lt;,tado de obreros polacos que regresaban a su patria, fuese
deformado y que terminara deleitándose con la "música podrida de los cafés concierto". . . Siempre le atormentaron esos
"Mozarts asesinados".
Saint-Exupéry quería despertar en
los hombres todas sus potencias y virtualidades, estimularlos
a que dieran toda f;U medida, deseaba también que surgieran
los "jardineros de hombres" para que los cultivaran y favorecieran su desarrollo. Por eso Saint-Exupéry en la Carta
al General X que escribió en vísperas de su muerte v que es
considerada como una especie de testamento espirituál, decía:

"Ah, General -dice Saint-Exupéry en la carta antes
citada-, no hay sino un problema, un solo problema en el
~un?o: restitui_r. a los hombres una significación espiritual,
rnqmetudes espirituales ... Redescubrir que existe una vida
del espírit~u _más alta todavía que la de la inteligencia y que
ella es la umca capaz de satisfacer al hombre" ...

"Sólo el Espíritu si sopla sobre la arcilla puede crear al
hombre". (p. 261, T. de H ).
Las citas de las páginas hacen referencia a las obras completas editadas por la Libralrie Galllmard en la Biblloteque de la Pléiade, Paris, 1953
Y van seguidas de las iniciales que corresponden a los distintos libros:

"Es absolutamente necesario hablar a los hombres". Y SaintExupéry habló a los hombres: ahí está el testimonio de su obra.
Recojamos para concluír algunos breves fragmentos de
su mensaje: "Las vocaciones seguramente ayudan al hombre
a revelarse ; pero es igualmente necesario ayudar a que las
vocacioms se revelen". (p. 245, T. de H.). Es preciso encontrar
las condiciones que nos fertilizan, aquéllas que favorecen en
el hombre su plenitud; hacer que quienes ignoran que tienen
sed de plenitud adquieran conciencia.
"Liberar al hombre
sería enseñarle la sed y trazarle un camino hacia la fuente".
p. 373, P. de G.).
Necesitamos "ligarnos a nuestros hermanos en un propósito común que se sitúe fuera de nosotros. . . la experiencia
nos demue¡¡tra que amar no es verse uno al otro sino mirar
juntos en la misma dirección" ... (p. 252, T. de H.).
1 '

"La inteligencia sólo vale al servicio del amor ... Por dema~iad~ tien:ipo hemos estado_ equivocados sobre el papel de
la mtehgencia. Hemos descmdado la substancia del hombre.
Hemos creído que el virtuosismo de las almas bajas podía
ayudar al triunfo de 1as causas no'bles; que el egoísmo hábil
podría exaltar el espíritu de sacrificio, que la sequedad de
corazón podía, por medio de discursos, fundar la fraternidad
o el amor. Hemos descuidado el ser ... " (p. 365, P. de G.).

C.
V.
T.
P.
P.

c.

S.
de N.
de H.
de G.

Correo Sur (Courrler Sud)
Vuelo de Noche (Vol de Nult)
Tierra de Hombres (Terre des Hommes)
Piloto de Guerra (Pilote de Guerre)
El Princlplto (Le Petlt Prlnce)
Ciudadela (Citadelle) .

Monterrey, N. L., Octubre de 1960.

1

�faromír Neuman11 / El ARTE BARROCO EN BOHEMIA

EL

BARROCO representa, junto con
el arte gótico del siglo XIV, una de las épocas más importantes
en el desarrollo del arte checo, tanto por su calidad y personalidad como por la riqueza de su producción plástica. Los
países de Bohemia supieron transformar, durante los siglos
XVII y XVIII, muchos impulsos extraños en una creación
que tenía un carácter específicamente nacional, distinto al del
arte de los países vecinos. El barroco checo participó con
iniciativa en el desarrollo del arte europeo, resolviendo independientemente, a principios del siglo XVIII, algunos problemas importantes, como por ejemplo la organización del
espacio en la radical arquitectura barroca. Obras no menos
originales se encuentran también en las esculturas de Braun
y en las pinturas de Kupecky, Brandl y Reiner.
Pero, además, la historia del barroco checo figura, al
mi5mo tiempo, entre los capítulos más dramáticos del arte y
la cultura checos. La cultura plástica del barroco habría de
sufrir en Bohemia, desde sus comienzos hasta finales del
siglo XVIII, multitud de cambios, al tomar contacto con el
medio local, al aclimatarse después y al adquirir distintas
formas en las obras de cada uno de los artistas nacionales.
El barroco, aunque expresaba conceptos de la estética aristocrática e ideas de la nobleza y de la iglesia, no dependía pasivamente de la ideología social del feudalismo ni tampoco del
movimiento de la Contrarreforma. En las complicadas circunstancias de ese dramático período, lleno de profundas
contradicciones sociales y espirituales, el arte barroco vino
a dar un gran impulso al conocimiento artístico, enriqueciéndolo con la facultad de expresar plásticamente los conflictos
dramáticos y los sentimientos de las gentes, sacudidas por los
grandes cambios históricos.
-10-

�20

El Arte Ba1·1•oco en Bohemia

En Bohemia, el arte barroco representó también una evolución en el desarrollo de las tradiciones realistas locales y,
sobre todo, desde el punto de vista histórico, un grado más
elevado del reflejo estético de la realidad. A este respecto,
eran característicos el desarrollo extremadamente desigual
del realismo y la valoración contradictoria de los elementos
realistas y no realistas, progresivos y regresivos.
En el arte barroco se encontraron dos t endencias estéticas :
una imaginativa y excitable y estática la otra, que lo unían
tanto a conceptos r eligiosos como a principios realistas, pero
que le daban la posibilidad de percibir con más fuerza el
drama interior del ser humano y de representar su vida con
emoción y penetración psicológica. Ese mismo fenómeno se
produjo en la arquitectura, la cual iniciaba precisamente en
aquel período, en Bohemia y en la Europa central, una nueva
era en el desarrollo del arte, al crear, aprovechando los con•
ceptos del Renacimiento, grandiosos y formidables conjuntos
arquitectónicos y al unir las diversas expresiones plásticas
en un todo unido y expresivo. En las obras de los artistas
surgidos del ambiente nacional y de los extranjeros que se
familiarizaron con él fue fortaleciéndose la facultad de dar
una justa expresión a las ideas y a las cualidades del pueblo :
la objetividad, la precisión de observación y la aceptación
materialista del mundo. Es cierto que la aptitud para representar lo real, basada en el formidable dominio de los medios
de expresión de la época y en el alto nivel técnico-artesanal,
no pudieron alcanzar los resultados esperados en obras ideológicamente unidas y armónicas, debido a las condiciones sociales reinantes y a las restricciones impuestas a la creación
artística por el régimen feudal. La clase gobernante trazaba
la orientación general y determinaba el camino de su desarrollo a la creación artística. Pero durante esa época se hicieron valer, bajo la superficie de las distintas formas de la
c1:1ltura eclesiástico-feudal, teorías artísticas y de la vida muy
diferentes a las de la mentalidad feudal. Y ese sentimiento
realista condujo, en las obras de los artistas más importantes
-Skreta, Brokof, Braun, Brandl, Reiner- hacia una expresión
condensada, colocándolos en la gran tradición artística nacional. No es casual el hecho de que las mejores creaciones
de esos artistas se realizaran allí donde se había relajado la
ideología de la Contrarreforma y donde les era permitida una
cierta libertad y autonomía.

I
La lucha entre ambas tendencias transcurrió en Bohemia
de una manera dramática, pareciendo muchas veces que la

Jaromír Nenmann

21

influencia del arte extranjero y la pomposidad de la Contrarreforma llegaría a ahogar las fuentes de la creación nacional.
Poco después de la derrota checa en la Montaña Blanca
llegaron a Bohemia, sobre todo de Italia, numerosos arqui'.
tectos, a los que más tarde se unieron muchos escultores y
pintores provenientes de las zonas limítrofes de Alemania
aunque entre ellos también figuraban italianos y artistas de'
países lejanos. La penosa situación política creada por la
guerra de Treinta Años, los cambios de propiedad y también
las violentas sacudidas sociales frenaban el desarrollo de la
construcción en gran escala. Tan sólo los aristócratas más
ricos y las poderosas órdenes reÜgiosas de la Contrarreforma
pudieron iniciar la construcción de edificios y obras de O'ran
envergadura, facilitada por las confiscaciones de biene; inmobiliarios de los checos efectuadas después de la batalla de
la Montaña Blanca, por los beneficios obtenidos en la guerra
y por la explotación creciente.
Entre las personas que más impulso dieron a esta actividad figuraba Pavel Michna de Vacinov, nuevo rico que había logrado una gran fortuna con los suministros a las tropas
imperiales. Este comenzó a reconstruir, en la década del
veinte, el antiguo castilo de Mala Strana para convertirlo en
un palacio de estilo Renacimient o (hoy Casa de Tyrs) . Inmediatamente, el generalísimo imperial Albrecht de Valdstein, aprovechando las circunstancias especiales creadas por
la guerra, hizo construir un vasto palacio en Mala Strana y
una suntuosa residencia en Jicin, no dudando en imponer en
su ducado contribuciones especiales para elevar el ritmo de
la, construcción. Entre las órdenes religiosas, fueron los jesm~as 1~s que más ráp~da_mente multiplicaron sus colegios y
residencias en la provmc1a checa, restablecida en 1623. Si
la pro~incia checa de los jesuítas tenía al principio de su
f~dación 6, colegios y 2 residencias, diez años después su
numero ~abia ~ume~tado a 10 colegios y 6 residencias, para
ltledgar_ vemte anos mas tarde, en 1653, a 23 colegios, cifra que
o avia se elevó a finales de siglo XVII y principios del
XVIII. Tras el regreso de los jesuítas se fundaron nuevas
órde;11es religios~s de la Contrarreforma: que afluyeron a Bohe~ia en el periodo posterior a 1653 para establecerse en los
antig~os_ c_onventos o igles~~ o edificar otros nuevos. Aunque,
al prm:1p10, la~ c?nstrucciones de las órdenes religiosas eran
de caracter practico, las obras de Valdstein d,estacaron por
su valor artístico ( palacio de Malá Strana, 1623-1630).
El ca:ácter y 1~ orientación artística que predominaron
en Bohemia hasta fmales del siglo XVII ofrecen un cuadro
de la personalidad de los arquitectos y constructores de Vlads-

�22

tein (Andrea Spezza, Nicollo Sebregondi, Giovanni Marini,
Giovanni Pieroni, y todavía más de los arquitectos de las
iglesias y residencias de los jesuitas (Garlo Lurago, Domenico
Orsi, etc.). Estos artistas, oriundos de la Italia del Norte,
llevaron a Bohemia principios y tipos arquitectónicos del barroco temprano, mezclados con tradiciones del Renacimiento.
Pertenecían, por lo general a esas familias de arquitectos
italianos que dieron continuidad a las tradiciones de sus antepasados del Renacimiento y que llevaron a Bohemia de los
distintos centros de la Italia del :N'orte, especialment~ de Génova y Milán, una arquitectura tradicional, apoyada en costumbres ya probadas. Esos italianos eran casi todos contratistas que unían en su persona la labor del arquitecto, del
D?-aestro de obras y del jefe de canteras y que llevaban consigo, a su nuevo lugar de trabajo, a talladores de piedra, marmolistas, albañiles y estuquistas con grandes experiencias.
Los conceptos arquitectónicos que dominaban bastaban para
satic;facer las exigencias de quienes encargaban las construcciones. Aparte del excepcional intento de realizar una arquitectura central, todavía del tipo Renacimiento, como eis la
de 1~ igl~sia no concluída de San J acobo, en Jicín, era el tipo
longltudmal - que generalmente se halla unido al nombre del
arquitecto italiano Vignola, del siglo XVI- el que tenía mayor
importancia en la evolución artística de ]a época. Este tipo
longitudinal tiene un antecedente en Bohemia en la iglesia
luterana de Santa Trinidad, en Malá Strana (1611-1613), que
fue más tarde consagrada, en memoria de la victoria obtenida
en la Montaña Blanca, a la Virgen María Vencedora. Este
tipo de iglesia, de una vasta nave y dos capillas a los lados
adaptada a las exigencias de un nuevo sentimiento relio-ioso'
se aclimató en Bohemia y, durante todo el siglo xvJ°r, s~
mantuvo, en forma reducida, en los templos jesnítas que se
ronstruían junto a los colegios de esa orden. Incluso el estilo
y d efecto estético de la nueva arquitectura se ajustaron muy
pronto a la meutalidad y al gusto artístico de la nueva arislocraC'ia, llr la que nos ofrece un testimonio elocuente eu
nuestros días.
l'no de los rasgos característicos de aquel período, en las
obrac; concebidas con la mayor exigencia artística, era el esfuerzo por lograr una impresión fuerte, a fin de que el edificio, de gran dirnrnsión, contrastase por su majestuosidad
sobre el medio ambiente. Esas tendenrias fueron ürnalmente
típicas en las obras de los aristócratas, de los r epr;sentante~
mundanos del feudalismo -Valdstein, Humprecht Gernínque. en ,las de las órdenes religiosas ricas, especialnwnte de
los Jest11tas, los cuales, en el Glementinum y en otros colegios

23·

Jaromír Nemnann

El Arte Barroco en Bohemia

..

suyos, hicieron levantar, con propósitos obvios en lo que a la
población se refiere, un asombroso cuadro de su poder. A
esas tendencias se subordinaba la severa disposición geomé~
trica, que destacaba por el peso de la materia y por el ritmo
regular de sus elementos. La morfología conservadora heredada del Renacimiento, exagerada en la masa y en la medida,
adquiría un nuevo sentido y reforzaba la expresión del edificio. Paulatinamente, se fueron acercando las distintas expre,
siones de estilos y , como consecuencia de la intervención de
los arquitectos y de la adaptación de los extranjeros al ambiente local al que prestaban sus experiencias, ampliándose la
corriente de actividades en la construcción.
A mediados del siglo XVII, cuando, como consecuencia
de una situación más estable, aumentó la construcción y se
acrecentaron las exigencias artísticas, Garlo Lurago, creador
del Clementinum (1653) y de numerosas iglesias y colegios
de los jesuítas, se convierte en el representante más típico
de la arquitectura del barroco temprano en el sector eclesiástico. La arquitectura profana alcanzó en ese período su apogeo con la obra de Francisco Garrati. Entre sus creaciones·
más destacadas se encuentra el Palacio de Cernín, en IIradcany, en cuya construcción fueron usados, de acuerdo con los
afanes de la época de causar efectos asombrosos, pilares monumentales empotrados, que recuerdan el clasicismo r enacen •
tista del arquitecto italiano Andrea Palladio.

II
Si en la arquitectura ~parecen muchos rasgos del Renacimiento, aunque adaptados a las nuevas exigencias estéticas,
es en la escultura donde se encuentra, más manifiesta, la continuidad con el pasado y la lenta transformación ele los tipos
artísticos. La técnica de fundición del Renacimiento avanzado fue proseguida en Praga por el escultor Adriaen de Vries,
de la época rodolfina, quien proyectó la fontana de Neptuno
para el jardín del Palacio de Valdstein, cuyas estatuas fueron
elaboradas en Drottingholm, Suecia (1626) y colocadas en
Praga. Pero esa técnica no encontró continuación orgánica
en el siglo XVII, a pesar de que la escultura de madera, apoyada en las costumbres del Renacimiento y del gótico tardío,
se fue desarrollando e influyó considerablemente, hasta el
siglo XVIII, en el carácter de la escultura en piedra.
L_a metamorfosis de la expresión hacia una forma patética
se realizó bajo la influencia de los nuevos programas iconog-ráficos y de las nuevas tareas. En oposición a la escultura
decorativa en estuco, cultivada casi excusiva'm ente por los

�24

Jaromfr Nenmnnn

El Arte Barroco en Bohemia

italianos que trabajaban unidos a las compañías italianas de
construcción -el mismo Cado Lurago era estuquista-, los
artistas de las region~s alemanes, así como los naturalizados
y oriundos del país, ocuparon un lugar importante, desde el
principio, ('n la escultura de piedra y madera. Entre ellos,
la personalidad más importante era Jan Jirí Bendl (1619 ó
2:5-1652), hijo de un escultor de Praga y autor de la columna
de la Virgen para la Plaza de la Ciudad Vieja (1650-1652),
que se conserva hoy en Pl Museo Nacional de Praga, ~' de la
decoración del templo jesuíta de San Salvador de Praga. En
el arte de Bendl, no equilibrado todavía por entonces, podemos
encontrar ya los trazos r &lt;'alistas que recuerdan el arte de su
gran contemporáneo, el pintor Karel Skréta.
Con una facilidad relativa podemos seguir, en la pintura,
los lazos de contacto entre la producción nacional y el arte
renacentista. Junto a la pintura orientada por la Contrarreforma y divulgada por las órdenes jesuítas, los antiguos principios del Renacimiento se manifestaron sobre todo en las
obras encargadas por la burguesía de las ciudades provinciales ( como la de Chrudim) y especialmente entre los epitafios,
muy en boga, y en los retratos familiares. La convicción renacentista, que era en la pintura una herencia del arte rodolfino, fortaleció en Bohemia, durante el siglo XVIII, la in~linación hacia el realismo e influyó en el arte del retrato, así
como en la pintura de paisajes, a través de las artes gráficas.
Ligada estrechamente al nuevo arte importado al país,
la pintura al fresco, gue formaba parte de las obras arquitectónicas, fue cultivada sobre todo por artistas italianos. Uno
de ellos, Baccio Bianco, pintó en la sala del Palacio de V oldsteni a este noble orgulloso bajo la imagen del dios Marte en
el carro de la guerra, y decoró con numerosos frescos otras
partes de ese palacio. Aparte de los italianos, había también
un artista nacional, Fa b i á n Ifarovník /aproximadamente
1637-1683), para quien era muy difícil defender su posición
de pintor de frescos, ya que su punto de partida era la composición aditiva del Renacimiento, adoptando en forma ecléetica los esquemas plásticos más recientes.
El arte de Jan
Jirí Ilering, oriundo de Hesse, se apoyaba también en los modelos del Renacimiento; para las órdenes ricas de los premonstratenses y de los jesuítas pintó cuadros de altar y ciclos
en los cuales trató de satisfacer las necesidades de un arte
que quería convertire en ideas religiosas.
La corriente subterránea, con carácter renacentista, que
vivía bajo la superficie de la pintura de entonces, fue revalidada en la obra de Karel Skréta (1610-1674), que superó

'

25

grandemente, por su realismo robusto y sobre todo por su
car ácter narional, a toda la producción pictórica de aquel
período. Karel Skréta, pintor de origen checo y miembro de
una familia patricia, tuvo que abandonar Bohemia con su
madre, en 1628, por ser protestante. Marchó a Friburgo y
vivió cinco años en Italia (1630-1635), donde adquirió en
centros artísticos importantes -Venecia, Boloña, Florencia y
Roma- una amplia educación artística.
Este pintor, que
recibió en su juventud una formación humanista y que vivió
los años más importantes de su vida en Bohemia, en la atmósfera del arte renacentista, comprendió en Italia, mejor que
ningún otro artista checo, la fuerza del Renacimiento italiano
y de las corrientes realistas de la pintura italiana de la época.
El sentido realista, que se manifiesta en la comprensión psicológica y profunda del hombre y en la objetividad con la que
es presentado el mundo imaginativo, se convirtió en el denominador común que vino a unificar en la obr a de Skréta la
lección heterogénea de Italia -el colorido veneciano y el
realismo romano, surgido del ejemplo de Caravaggio- en una
manifestación pictórica personal. Cuando Skréta volvió en
1638 a Praga, ya convertido al catolicismo, estableció un taller
y vióse atraído al proceso evolutivo del nuevo arte. Pero supo
rechazar la apariencia teatral y conservar una visión penetrante y realista, que se manifiesta de diversas maneras en el
vasto campo de su producción, y especialmente en sus magistrales retrat os -el tallador de piedras Dionysios Miseroni y
su familia en el taller (hacia 1653) ; r etrato de Ignac Vinanovsky de Vlkovice (hacia 1669)- , en los cuadros del ciclo
r eligioso -San Wenceslao (1641-1643), aproximadamente-,
en los retrablos encargados por las iglesias urbanas -la Asunción, para la iglesia de Tyn (1649)- y para las capillas de
los conventos -la Asunción de Plasi- y, finalmente en el
campo de la pintura mundana, hacia la qu e se sentía fuertemente atraído, como prueban también sus pinturas religiosas
y de la manera particular su interpretación de El nacimiento
del Santo. Sus obras, de un colorido original, están llenas
de tipos sencillos de la vida; acerca el tema religioso a la vida
real y evita el misticismo. Sus obras barrocas recuerdan en
algunos r asgos el gran arte de Rembrandt.
En el mismo suelo que el arte de Srkéta empezó a brotar
también la obra del pintor gráfico Vácav Hollar (1607-1677),
que alcanzó en vida una fama mundial. Provenía de una familia patricia checa y creció en el mismo ambiente que Srkéta.
También él emigró de Bohemia, en 1627, impulsado por la nueva situación que se había producido en su país después de la
batalla de la Montaña Blanca. Pero permaneció en el extran-

�26

El Arte Barroco en Bohemia

jero, primero en Francfort, donde amplió su formación, y después en Inglaterra, donde finalmente fijó su residencia. Dibujante eminente, con un gran sentido realista, e influído por el
medio renacentista bohemio, mantuvo con orgullo durante toda la vida su nacionalidad. Dominó con gran maestría todas
las ramas del dibujo gráfico de aquel entonces, alcanzando
renombre mundial sobre todo por sus vistas de ciudades europeas, fieles, documentadas y muy sensitivas desde el punto de
vista plástico, entre las cuales figuraban también algunas checas. Con gran habilidad para la reproducción, supo interpretar fielmente, con ayuda de la técnicl!, del grabado, las
obras maestras de la pintura. Su objetividad y su don de observación le llevaron a la creación de miniaturas al estilo
"holandés" de naturalezas muertas y escenas de la naturaleza
(mariposas, conchas) admiradas, según se dice, por el propio
Rembrandt. Hollar representaba, en el arte gráfico europeo,
la corriente democrática realista, que participaba en el desarrollo del conocimiento científico, es decir, la tendencia artístia en opuesta contradicción al barroco feudal aristocrático.
En los países económica y socialmente evolucionados, y especialmente en Inglaterra, Hollar desarrolló ciertos rasgos e inclinaciones artísticas que aparecen en las obras de Karel Skréta
y otros artistas checos aunque de una manera un tanto limitada, a causa de la situación política imperante en Bohemia después de la Montaña Blanca.

III
A mediados del siglo XVII, las diversas corrientes artísticas adquirieron una expresión más unitaria. El movimiento
de la Contrarreforma daba al arte el carácter de un patetismo
agresivo. Ni la aristocracia ni la iglesia se contentaban con una
arquitectura de simple composición, cuyos efectos consistían
especialmente en las dimensiones y en el rigor de su disposición. Por consiguiente, buscaron artistas más audaces, que
fuesen capaces de lograr una expresi~n arquitectónica más rica
y sobre todo, de dar a la obra una forma más representativa
y más interesante desde el punto de vista artístico. De acuerdo
con las mayores exigencias estéticas para la construcción de
palacetes rurales, palacios urbanos e iglesias, elevóse el interés para unir la obra arquitectónica con la naturaleza o con
el ambiente urbano, según el caso, y aumentó la habilidad
para crear grupos arquitectónicos interesantes, respetando y
aprovechando las particularidades locales. Las tendencias hacia la intervención rigurosa en el organismo urbano no habían
desaparecido, ciertamente, pero adquirieron una nueva forma
artística a medida que se desarrollaba el esfuerzo para dar un
ritmo a la materia, para elevar las partes dominantes y los

Jaromir Neumann

27

ejes panorámicos y para formar una unidad plástica con las
construcciones antiguas y nuevas.
La_ ,corrient~ de artistas extranjeros, que era parte de la
expans10n colomal y que debía recompensar el catastrófico
descenso de la población y la mano de obra continuó hasta
fi~ales del siglo XVII. Jan Baptista Mathey (1630-1695)
ormndo de ~orgoña, que se formó como pintor y arquitect~
e°: Roma e implantó en Bohemia un estilo arquitectónico dommado por_ el clasicismo romano, fue el representante de esa
nueva arquitectura de grandes exigencias artísticas. Desarrolló lo~ princpios romanos en todos los tipos de arquitectura
de la epoca -palacetes, palacios e iglesias-, como demuestran
el palacete de Sternbert en Troja, cerca de Praga, y la basílica
central de S~1;1 Francisco de Praga (1679-1688) en las cuales
~athey mamfiest3: un arte magistral en la concepción del espacio y un ?'ran sentido de la composición, que le ayudan a situar
esa arqmtectu:a monum~ntal en el ambiente praguense. Mathey fue ~l 12r1mer arqmtecto que supo, merced a su elevada
cultur~,, dise~rn: sus propios proyectos y desarrollar su propia
expres10n plastica. Desde ese momento se distinO'uen en PraO'a
1a arqu~tectura
·
º
º
y ~l arte de diseñar los planes arquitectónicos,
que a _finales de siglo XVII implicaba el dominio de todos los
com?hcados medios de construcción, así como de todos los
n:ed10s de. expresión subjetiva, muy eficaz desde el pmito de
vista emotivo. 9?n _su creación, que unió los principios nacionales }_' el eqm~ibno del. Renacimiento, Mathey refuerza en
Bohemia el sentido del ongen y de la lógica arquitectónica.
Las transformaciones que tuvieron luaar a finales del siO'lo
XVII se vieron frenadas al principio po; opiniones conser~ad_ora~, típicas par~ la escultura di' madera, y por las insuficiencias de los artistas a causa de su conocimiento limitado de
la a~a!mnía y de las pocas posibilidades para reproducir el
mov1mient? d_i'l cuerpo. .J nomyne Kohl (1632-1709), que hizo
su aprendizaJe i'n Praga y adquirió conocimientos sobre el
cuerpo humano, supo unir con efectos decorativos una estatua
de piedra a la forma arquitectónica (fontana del seO'undo patio del Castillo d~ ~raga, 1686). La escultura, ~ue hasta
to~ces acep_taba prmc1palmentc las partes tectónicas, haciendo
mas expresiva la masa entera de la construcción, adquiría, con
res?ecto a la_ nuev~ concepción arquitectónica, un papel más
activo y al m1s11;1O tiempo un,!t relación más íntima con los proy_ectos del arqmte_c_to .. E_n las fachadas de las iglesias aparec!eron 0statutas a_ue md1caban la unión del ¡,dificio con el
&lt;·1elo. ~n )ns gestos y en las posturas apasionadas se indicaba
la rontmmdad del movimiento, con el cual se elevaba la masa
de la construcción, para provocar así la impr0sión de qne la

�29

Jaromir Xeumann
28

El Arte Barroco en Bohemia

pesadez había sido vencida . .Al ~ismo ti~ip-po, al exagerar ~l
movimiento y acentuar la expres10n, surgio en el arte esculk 1rico la necesidad del efecto ilusionista.
Nuevas opiniones, en muchos sentidos ajenas a la densid~d
plástica nacional, fueron continuamente llevadas a_ Bohemia
por extranjeJos. como Jan Jirí Hermano y su sobrrno Pavel,
de Dresden, at{tores lC\'&gt; dos de la gran ~scena teatral "La
caída de los gigantes", en la escalera del Jardín del palacete
de Troja (1685-1703 ó 1705). La victoria de los dio~es del
Olimpo sobre los Gigantes era el tema que correspondia a la
mentalidad aristocrática, en el período inmeditamente posterior a la derrota del g1;an levantamiento campesino de 1680,
en el cual se interpretaba la estética de los nobles de aquel ti~1;1po, y especiamente su deseo creciente de lograr una expresion
plástica para su orgullo de casta.
A ese cambio de opiniones contribuyó en forma importante M. Y. Jackel (1655-1738), oriundo de Horní L:1zice, ~ui_en
se estableció definitivamente en Praga y propago con exito
el arte escultóricQ que utilizaba los medios. de ilusión de
escultura barroca italiana del siglo XYII, tal y como los habia
conocido durante los años de su formación en Italia.

!ª

Las jerarquías eclesiásticas y la nobleza respondieron a la
insurrección campesina de 1680, que impresionó fuertemente
a las clases explotacoras, con el esfuerzo pai:a utilizar l~s ~bras
plásticas de una manera más intensa, y sobre t~~o mas mgeniosa, como medio de propaganda y de educacion. La cl~se
media, que había sido en el arte la portadora de las tendencias
nuevas y ayudado a la corriente realista, ya no habría de d~sempeñar un papel cultural tan intenso, puesto que su res!stencia disminuía considerablemente y mo$traba, cada vez mas,
una obediencia servil para con los nobles y la igles_ia, que st~pieron aprovechar formidablemente las f-t~e~zas sociales d~~inantes. Fueron los jesuítas los que más facilmente se familiarizaron con el estado de ánimo de las masas, por un lado, Y
ron el carácter del arte contemporáneo, por otro, así como
también con la orientación de los diferentes artistas. Es característico el hecho de que en aquella situación histórica los jesuítas ayudaran al arte que se guiaba por el realismo, y m~y
próximo a las opini,ones de las ai~plias masas, para poder mfluír con mayor intensidad en sus ideas. Paralelamente, con la
naturaleza de sus encargos y de sus requisitos, daban m~yor
fuerza al arte realista, creando así un instrumento ~uy efi~az
de propaganda. En las ilustraciones de sus obras se hacian
pasar muy frecuentemen~e como mártires y defens?r~s del
pueblo en caso de epidemias de peste y de otros sufrimientos

r

humanos. Con frecuencia, esos temas fueron elegidos en Bohemia por los jesuítas, incluso para cuadros religiosos, en los que
aparecen los santos somo defensores y guardianes del pueblo.
De ese género son los cuadros pintados particularmente por
,Jan Jirí Heinsch (1647-1712) oriundo de Silesia, cuyo arte
realista, influído por el ejemplo de Skréta, era aprovechado
por los jesuítas a través de sus programas iconográficos y
de su hábil política artística.
Toda la dirección que seguía la corriente principal del arte
plástico condujo, a finales del siglo XYII, a la acentuación de
los medios de expresión, mediante los cuales los artistas de esa
tendencia ejercían presión sobre los sentidos del espectador,
a veces con imágenes dramáticas, otras con figuras delicadas,
para provocar siempre la fantasía subjetiva hasta el extremo
y crear estados de embriaguez emocional. El arte expresivc
de M. L. Willmann (1630-1706), alemán de Silesia, que en el
período del r ealismo equilibrado no había sido comprendido
en Praga, empezó a llamar la atención hacia finales del siglo
X-VII, hasta el extremo de que muchos conventos encargaban
cuadros a su taller. Este artista, muy bien familiarizado con
la pintura flamenca y holandesa, supo unir un naturalismo draconiano con un entusiasmo enfático, la belleza física, material, con el éxtasis religioso, lo que dio por resultado unas
obras de una cultura pictórica magnífica (Los mártires mundanos, y especialmente la muerte por torturas de San Felipe
y San Jacobo, en Sedlc, junto a Kutná Hora, año 1705).
El arte dramático de Willmann, producto de un gran talento,
tuvo continuidad en Bohemia en la obra de su hijastro y alumno Jan Krystof Liska (1712), cuyas pinturas, que a veces no
se pueden distinguir de las del maestro, son, en su mayoría,
más frágiles en la expresión, más decorativas, menos explosivas.

IY
En el período de la creciente explotación de los países
checos, caracterizado por un brusco aumento de las contribuciones e impuestos y por la amplitud del descontento popular, al mismo tiempo que por una intensa actividad para catolizar al pueblo, realizada muchas veces sin escrúpulo alguno,
y conocido con el nombre de "época de las tinieblas", surgieron
en la arquitectura condiciones propicias para el desarrollo de
las llamadas tendencias radicales barrocas. El apogeo de ese
proceso de la arquitectura barroca se hallaba basado en el
hecho de que las formaciones geométricas y espaciales simples
dejaron de ser la base del proyecto arquitectónico y se construyeron obras formadas a base de cuerpos estereométricos

�30

El Arte Barroco en Bohemia

mucho más complicados, que creaban formaciones espaciales
insólitas hasta ese momento y difíciles de comprender por lo
mismo. Su eficacia sensorial, subjetiva y emotiva, era secundada por el recorte de la perspectiva de las curvas, explotadas
con intención, y por toda una complicada combinación de
formas. Esas tendencias nacieron en la arquitectura italiana,
donde sus más célebres intérpretes fueron Francesco Barromini y, especialmente, Quarino Quarini, el artista que más contribuyó a su desarrollo teórico. Su ejemplo influye en Austria
y, por su intermedio, en los países checos. Se pone una especial
importancia en la bóveda, cuya forma, enriquecida en Bohemia desde principios del siglo XVIII por nuevos tipos y nuevos
elementos de construcción, viene a determinar el aspecto general del edificio. Las iglesias construídas según ese estilo
resultaron muy atrayentes y en ellas culminaron las exigencias de las autoridades eclesiásticas, para quienes, según había
formulado el jesuíta Molan, la iglesia debe ser la imagen del
cielo sobre la tierra.
El desarrollo de la arquitectura de ese estilo suponía una
l'aloración extrema de la concepción subjetiva del espacio,
que fue liberada de su clásica dependencia con respecto a la
construcción clásica y ele su dependencia de las exigencias de
la expresión racional subordinada a las leyes de la naturaleza.
Su desarrollo fue posible allí donde no existían condiciones
para el conocimiento racional del mundo y donde el movimiento de Contrarreforma destacaba unilateralmente los medios
emotivos, subjetivos e irracionales. Este arte, que se extendía
por toda la Europa Central, influyó, con las iniciativas llegadas de Viena y de Alemania del Sur, en los países checos,
ligado en su primera etapa el nombre de Kristof Diezenhofer
(1655-1722), originario de Bavaria y establecido en Praga desde la década del 80 del siglo XVII. Algunos especialistas niegan que Diezenhofer haya sido el creador de las magníficas
iglesias de Praga y de otros lugares de Bohemia, y afirman
que son obras de un arquitecto desconocido, cuyos proyectos
realizó Diezenhofer. Cuando se demostró con certeza que el
autor del proyecto de la capilla de Smirice, que pertenece también a la arquitectura de esa tendencia, había sido Giovanni
Santini, representante del gótico barroco en Bohemia, volvió a
resurgir el problema desde un nuevo punto de vista. Parece
que Santini pudo haber sido también el creador de las naves
de San Nicolás y Santa Margarita, con lo que en él habría que
fijar la personalidad del artista que, a principios del siglo
XVIII, transformó el estilo de la arquitectura checa.
Un continuador original del concepto artístico aplicado en
el grupo de obras mencionadas fue el hijo de Kristof, Kilian

Ja,·omír Nemnanu

31

Io-nac DiezE'nhower (1690-1751), en cuya creación culmina la
a;quitectura radical del barroco. Diezenhofer hijo ere!" un
estilo característico para la ciudad de Praga ( coro y cupula
de las iglesias de San Nicolás y de San Juan de la Roca, ambas en Praga) y su múltiple actividad, cuyo centro de _gravedad era la arquitectura religiosa, se destaca por una imaginación considerabe, no respaldada por p~incipios tectó~icos,
como ocurría con la arquitectura decorativa de las reg10nes
limítrofes Diezenhofer aprovecha en sus construcciones de
iglesias f¿rmas de bóvedas que son típicas para el ambiente
checo. El apogeo del efecto dramático es alcanzado en las
obras construídas en Karlovy Vary (1627-1636 ) y en Vodolka
(1732-1735), todas ellas correspondientes al período que es posible considerar incluso en otras esferas artísticas, como la
fase sublime dei' barroco. Más tarde, Diezenhofer se reconcilió
cada vez más con las tendencias clásicas en la disposición dei
espacio y las formas más tranquilas y sosegadas.
Los formidables efectos subjetivos e irracionales del barroco sublime se apoyan en el gran desarrollo de la técnica de
la obra y en el alto nivel de los albañiles y talladores de
piedra. Estos artesanos enriquecieron ese arte con un trabajo
que tuvo por resultado un estilo típico y decorativo, ligado
cada vez más al ambiente nacional. La fuerza de esa corriente
arquitectónica r esidía en el sentido refinado de la. medida, qu_e
permitía unir orgánicamente la arquitectura al medio citad1no e incluso al medio rural y crear grupos artísticamente armónicos, que contribuyen eficazmente a formar la impresión
artística de Praga (iglesia de San Nicolás en el panorama de
la ciudad/ y a fijar la imagen general del paisaje checo.
El subjetivismo de la arquitectura barroca alcanza una
expresión típica para el medio checo en el gótico barroco que
utiliza los elementos y las formas góticas para producir un
gran efecto óptico. El gótico barroc? era parte inte_grant~ del
tradicionalismo conservador, determmado por la resistencia de
los monasterios a las imitaciones impuestas por el Estado. Las
órdenE's monásticas establecidas desde mucho tiempo en el país,
v espreialmente los benedictinos y cister cienses, al insistir en
ios antiguos priviegios que les habían concedido los monarcas
checos, empezaron a reconstruir las antiguas iglesias en sus
formas góticas. Mediante estas manifestaciones plásticas, las
antiguas órdenes subrayaban su prestigio y su importancia
espiritual con relación a las órdenes nuevas, aprovechando al
mismo tiempo las ideas de cierto patriotismo conservador del
país. El principal representante del gótico barroco, que se
expresa en las formas del mobiliario de las iglesias y altares,
fue el itaiano naturalizado Giovanni Santini, llamado Aichl

�El Arte Barroco en Bohemia

32

(1677-1723), que reconstruyó en ese estilo la iglesia monástica
cistercense de Sedlc (1703-1707) y especialmente la iglesia
monástica de Kladruby (1712-1723 ), originalmente de estilo
románico, la cual es una de las obras cumbres de ese período.
Al reconstruir las iglesias y catedrales en el estilo gótico, las
órdenes querían recordar los antiguos tiempos del florecimiento de los monasterios, el período de San Juan Nepomuceno, cuyo culto aparece significativamente, en un plano simbólico, en la iglesia gótico-barroca de San Juan Nepomuceno
en Zelená Hora, cerca de Zdár, construída por Santini. Puede
decirsr que el gótico barroco actualizó en Bohemia las conexiones del arte gótico con el barroco, aportando algunas nuevas
y pintorescas formas arquitectónicas, de gran valor plástico,
que se hallaban enmarcadas rn la tradición nacional y que
influyeron en la arquitectura barroca del siglo XVIII.
V

Una gran actividad en la construcción hizo que se distinguieran algunos nuevos arquitectos a principios del si~lo
XVIII, como por ejemplo Frantisek Maximilián Kanka (167417?0), de origen checo, Giovanni Baptista Alliprandi (16701720) y Ottavio Broggio (1668-1742), ambos italianos. El último, en el nordeste dr Bohemia, dio paso a una creciente
necesidad de obras escultóricas y pictóricas. Esas obras realizaron. tanto en los interiores como en los espacios libres de
la ciudad o de campo, pero siempr e de acuerdo con los conceptos arquitectónicos, la síntrsis artística del barroco sublime. Como consecuencia de la fuerte influencia del rPalismo,
arraigado e11 el ambiente nacional checo y en las tradiciones
de su arte, las estatutas y las obras pictóricas que r eflejan
el patetismo religioso encierran también, en gran medida, un
sentido realista muy expresivo. En la escultura, la corriente
realista ofrece obras eminentes en el arte de Ferdinan Maximiliiín Brokof (1688-1731), hijo del escultor Jan Brokof, que
llegó a Praga procedente del poblado eslovaco de Spís. En las
creaciones de Brokof, que absorbió los motivos de la tradición
escultórica checa, fueron revalidados principios estéticos cercanos al Renacimiento, que aparecen en las obras de los mejores artistas nacionales del siglo XVIII, como Karel Skréta.
En resumen: Brokof concibió sus figuras a la manera de seres
terrestres, con los gestos y movimientos de personajes auténticos, · inspirados por sus pensamientos e ideas y no por fuerzas
celestes y sobrenaturales. Sólidamente ligado al mundo, tenía
un gran sentido del peso de la materia y de su estruc.tura y
sabía interpretar la acción psicológica de una manera simple y
sólida, como demuestran sus figuras del puente de Carlos
(Francisco Borgia, 1710; Francisco Javier, 1711, y el grupo de

Jaromír Neumann

33

Vicente Ferrari, de San Procopio). Cuando le frenaba el motivo religioso, se servía del tipo vivo de un ser humano, como
aparece en las figuras de los negros y de los Atlantes en el
Palacio de Morzinsky, en l\falá Strna (1714) . Fue un gran
virtuoso de la piedra y supo aprovechar formidablemente el
asperón del país; compuso con maestría grupos de estatuarios
uniendo el pedestal con las figuras y formando un encadenamiento en la acción que sigue siendo ejemplar para la plástica
moderna. La sensibilidad de Brokof le permitió penetrar en
lo más recóndito de la faz humana. La caracterización personal de sus figuras y, especialmente, el sentido humano de la
expresión coinciden con la tradición plástica checa y pertenecen sin duda alguna a los rasgos nacionales más característicos
del arte barroco.
Por el contrario, Matyas Bernard Braun (1634-1728), su
contemporáneo más grande, originario del Tirol, lleYó a Bohemia un arte que correspondía más a las demandas de la
época. En comparación con la plasticidad concentrada de
Brokof, Braun expresaba efectos irracionales e imaginativos,
como puede verse en su primera obra praguense, la estatuta de
Santa Lugarda en el puente de Carlos (1710). P ero su arte
no es teatral y por eso, incluso cuando recoge al máximo las
exigencias de la Contrarreforma en su presión sobre los sentidos y las emociones -como por ejemplo en los adornos escultóricos de la iglesia jesuíta de San Clemente de Praga (17161721)- aparecen verdaderas maravillas de expresión y penetrantes matices psicológicos. Cuando Braun consiguió desembarazarse de la atmósfera jesuíta, entrando al servicio del
conde F. A. Spork, de opiniones liberales, se desarrollaron sus
aptitudes realistas, que resultaron formidables en el adorno
de la r esidencia de Spork y del balneario de Kuks, donde se
sirvió de temas más unidos a la realidad de la vida. El gran
arte de Braun surge en todo su esplendor en las estatutas de
las Virtudes y los Vicios, situadas ante el edificio del hospital
(alrededor de 1719) y especialmente en las esculturas que creó
con sus ayudantes en las rocas del bosque de Belén, en los alrededores de Kuks (1726-1729, 1731-1734) . Sobre todo en las
estatua de los anacoretas Garino y Onofre (1726-1729), aproximadamente) encontró nuevas relaciones entre la naturaleza, el ser humano y su arte para expresar el drama interno
del hombre y superar el carácter del barroco r eligioso. Los
alumnos de Braun, particularmente Pacak y Theni, extendieron el arte del maestro por el este de Bohemia, fundando allí
una tradición escultórica regional que se conserva en nuestros
días.

�34

El Arte Buuoco en Bohemia

La corriente del realismo nacional es altamente expresiva
en las pinturas de Petr Brandl (1668-1835 ), hijo de madre
checa, cuyo nombre se convirtió para el pueblo de Bohemia
en un verdadero símbolo del arte pictórico y cuyas obras están
consideradas hoy, con justicia, como uno de los más altos valores del arte plástico checo. A Brandl le sirvieron de modelo
las obras del artista austríaco Michael L. Ilalbax, domiciliado
en Bohemia, que conocía la pintura italiana, su claroscuro y su
colorido, así como la expresiva creación de Willmann. Pero
Brandl no era un simple intérprete de las tendencias patéticas de la iglesia. En sus obras se permitía una gran libertad
de expresión, con lo que se colocó en contra de las estrictas
orientaciones religiosas. En 1709 algunos artistas de Praga
intentaron crear una academia de artes. Pero la petición.
dirigida a las autoridades y firmada por el pintor Halbax, el
escultor Preiss ~- el arquitecto Kañak, fue rechazada. Se
quería liberar al arte de las restrucciones de la época para
darle una base ideológicamente más libre. Brandl, buen amigo
de Halbax, simpatizó seguramente con ese esfuerzo v lo recogió en su obra, de una manera clara y personal. • Su vida
bohemia y agitada fue el resultado de sus anhelos de independencia y de su aversión a la opresión ideológica y espiritual, a la hipocresía moral.
Esas tendencia~ aparecen
también en su artr (autorretratos de Brand] ). que ofrece
una prueba ele sus icleas sobre el valor artístico. En sus
grandes cuadros, realizados para las iglesias y monasterios
de Praga &gt;' la zona rural, mantuvo la fantasía estrechamente
unida a la realidad, por lo que las composiciones convencionales de tipo religioso se transformaban en temas de un contenido humano -Adoración de los Reyes Magos, de Smirice
(17'.?i )-. Cuando pudo abandonar el esquema del cuadro
religioso desarrolló con más éxito sus aptitudes -José el
Egipciaco, de ,Jindriclrnúv Hradec (1721)-, pero en todas
sus obras hizo valer la fuerza r obusta y sana de su expresión,
emancipada de la exaltación mística y de las inclinaciones
hatia el naturalismo. Como pintor, logró adquirir, merced
a su talento, sin influencias extrañas marcadas, pero apo~·á11dose principalmente en la tradición nacional, una expresión personal que se halla caracterizada por el colorido denso
y el claroscnro. como elemento de la tensión dramática. El
'.,;;enticlo de los efectos luminosos le permitió, en algunas obras,
sumergir la composición en una luz difusa, casi natural, del
día, muy similar a la pintura veneciana de la época -Joaquín
y Ana, en la iglesia de la Virgen María Vencedora, de Praga-.
El hecho de que Brandl siguiera en sus obras la trayectoria
del realismo representado en el siglo XVH por Skréta y desarrollara ese realismo hacia un grado histórieo más elevado

Juromír Nemnann

35

se halla demostrado por sus retratos, en los cuales aparece su
penetrante sentido de la individualidad, su don psicológico
y la capacidad de penetrar en el carácter del personaje
-retrato de un empleado de minas- dejando de lado toda
la representación oficial exterior. En esta actividad de retratista, el arte de Brandl entra en nuevo contacto con la
burguesía. en contraste con las creaciones anteriores, ligadas
únicamente a la iglesia.
El realismo nacional se refleja también en el arte de su
contemporáneo y gran retratista Jan Kupecky (1667-1740),
exilado checo, cuyo realismo tiene, con r especto al arte de
Brandl, parecidas relaciones a las que tenía en el siglo XVH
el realismo de Hollar con el arte de Karel Skréta. Kupecky
pasó su juventud en Eslovaquia, adonde tuvo que trasladarse
desde Bohemia por razones religiosas, ya que sus padres pertenecían a la secta de los Hermanos Checos. Estudia en Viena
y se traslada después a Italia, donde pasa veinte años que
son de gran provecho para su cultura artística. Aproximadamente en 1708 retorna a Viena, pero la situación política
reinante le obliga a buscar refugio en Nuremberrr0 (1723)
donde termina su vida. Este pintor fue siempre fiel a 1~
secta religiosa dt&gt; los Hermanos Checos, que era su nexo de
unión con la patria. Como Hollar, Kupecky se sentía oretulloso
de su nacionalidad checa y en su arte se hallaba profundamente relacionado con la tradición checa del realismo. No
fue pues ninguna casualidad que el retratista ,Tan Kupecky
que había pintado a monarcas como el zar de Rusia Pedro· Í
el Grande, a señores feudales, a burgueses, a personalidades
rélebres y a amigos íntimos y miembros de la familia (retrato
de la familia en Buclapest), llegara en sus obras posteriores
a una expresión artística próxima a la de Rembrandt, a quien
le unía la necesidad del examen psicológico de su propia faz,
en la cual buscaba la fuente de la alegría y de la pena en
los seres humanos.
l Tna orientación hacia el realismo se encuentra asimismo
en el arte de Václav Yarines Reiner (1689-1743) . retratista
que adornaba cpn sus frescos, de un efecto decorativo monumental. las paredes y bóvedas ele las catedrales y palacios
barrocos. especialmente los edificios de Diezenhofer.
En
ellos desarrolló la grandeza de composición de Brandl v las
influencias extranjeras -frescos de la iglesia de Santá Calatina ele Praga (1741) . Reiner, cuyas obras se acercaban
nrneho a la pintura veneciana al fresco sirruió siendo lo
.
' º representantes
'
nu--mo
que Rran dl. uno de los más destacados
de la creación realista nacio11al y su obra no carece de rasgos
típicos del país. Ko sucumbió a la tentación de lograr efectos

�36

El .-\rte Barroco en Bohemia

ilusionistas simples, y mantuvo, en sus expresiones pictóricas
y en sus figuras, una fuerza vital terrestre y un gran sentido

para la materia. Su capacidad realista se refleja en los cuadros
de altar y, sobre todo, en los temas mundanos, en los dibujos
de animales y en los retratos de personajes.
Con los p~tores de la primer mitad del siglo XVIII, el
arte barroco llega en Bohemia a su punto culminante, tanto
por lo que se refiere a la cantidad como a la calidad. En
aquel período se fortalecieron las relaciones con la Yida. Una
de las manifestaciones de esa corriente en Bohemia fueron
las pinturas de paisajes, representadas en primer término por
Jan Jakub Hartmann, oriundo de Kutná Hora (1658 ó 1660
1728). Paralelamente, surgió la pintura de naturalezas
muertas, cuyos más destacados representantes fueron J. V.
Augermaier (1674-1740) y su alumno Kaspar J. Hirschely
(1695-1743). De la misma época datan los cuadros de la
vida común.
Después de las disposiciones de centralización adoptadas
por Viena, los aristócratas checos trahron de compensar las
ventajas perdidas de la vida en la corte mediante la creación
de múltiples y pequeñas cortes en sus palacios de Praga y en
sus residencias rurales, rodeadas por un lujo majestuoso. En
ese ambiente, en el que la religión católica sirve a los nobles
tan sólo como signo de etiqueta aristocrática, adquiere el arte,
liberado de la presión eclesiástica. nuevos rasgos: un gracioso
encanto y una elegancia casi de danza, que caracterizan al
rococó, la nueva época en el desarrollo de la cultura barroca.
El rococó se distingue en Bohemia por la acentuación de los
efectos decorativos y la unión ornamental de las composiciones, al principio bastante simétricas y posteriormente cada
vez más refinadas en su asimetría. En la expresión se hizo
valer nuevamente la sensibilidad íntima, el deseo sensual y
el encanto de la sonrisa, que hicieron al rococó muy atrayente
en Bohemia. Las transformaciones en la sociedad se revelaron
de dos maneras: cierto sentido mundanal, posibilitado por el
debilitamiento de la presión eclesiástica, que acercó más el
arte plástico al ambiente nacional y facilitó la creciente participación de las amplias capas de la creación artística; y un
brillo exterior de corte y una elegancia desenvuelta, con que
los elementos de la estética aristocrática impregnaban la producción oficial. De ahí provienen las dos caras de la cultura
del rococó en Bohemia: el dulce encanto y la superficialidad
aristocrática, al mismo tiempo que el vigor y la belleza popular,
que acercaron también a nuestros clásicos del siglo XIX (J
~avráit, J. Mánes) al pasado del rococó.

Ja1·omÍI' Nerunann

37

La arquitectura de ese período ofrece igualmente dos
aspectos: junto a la corriente representativa, ligada muy a
menudo a los artistas extranjeros o a los italianos naturalizados, como Anselmo Laurago (1702-1765), constructor del
Palacio de Kinsky en la Plaza Vieja de Praga, se imponían
cada vez más los arquitectos y constructores de origen checo,
que creaban en las ciudades y en el campo obras sencillas,
respaldadas por el buen gusto, el sentido decorativo y el tacto
plástico de los artesanos populares. En aquel tiempo empezó
a surgir, aparte del barroco aristocrático y eclesiástico, el barroco burgués, de formas más serias y tranquilas.
En la
construcción de los palacios se puede apreciar el retroceso de
las formas dinámicas en beneficio de una composición simétrica clara y de una decoración más ligera y sutil, que hacía
más pequeño e íntimo el aspecto general del edificio, especialmente en su interior.
También en la escultura se deja sentir la predilección por
la elegancia y la nobleza mundanas, como requisito para
aceptar las iniciativas del clasicismo r epresentativo vienés,
el cual había encontrado grandes facilidades en Bohemia porque la aristocracia checa quería igualar su ambiente al ambiente de la corte de Viena. Un representante característico
de ese período fue Ignac Platzer (1717-1787), la figura más
destacada de la familia de escultores que trabajó en Bohemia
hasta el siglo XIX. Platzer unió la tradición del barroco
nacional con el clasicismo vienés.
El barroco y el clasicismo vieneses se infiltraron después
con gran fuerza en Moravia, estrechamente ligada a Viena y
Austria. Aquí influye en todos los campos del arte local, en
mayor amplitud que en Bohemia. En Moravia, mientras que
hasta finales del siglo XVII trabajaron artistas en su mayoría
procedentes del extranjero, en el siglo XVIII se formó una
serie de talleres locales, dependientes, como es natural, de
Viena. Entre los escultores extranjeros que se aclimataron
en Moravia destaca J. A. Winterhalter (1702-1766) y J. A.
Fritsch, que tuvo un contacto estrecho con el clasicismo de
Donner. De las obras de este último, la más interesante es
el adorno escultórico del cementerio de Strilky. El movimiento de orientación clásica fue propagado también en Brno
por Ondrej Schweigel (1725-1812), escultor en piedra y en
madera.
En la pintura de frescos y cuadros adquiere gran relieve
Frantisek Xaver Palko (1724-1767), oriundo de Silesia y representante de la orientación artística veneciana. La pintura
al fresco tenía en el arte pictórico de Moravia un significado

�Jaromír Neumann
38

39

El .Al'te Barroco en B ohemia

especial, y durante mucho tiempv fue interpretada allí por
italianos. Entre los pintores naciouales desempeñó uu papel
importante Jan ,Jirí Etgens (1713-1767), alumno del artista
italiano S. Concy. Gran influencia ejerció en l\Ioravia el
ilusionismo pictórico de origen veneciano, con tendencias características del medio austríaco y de la Alemauia del sur.
A este respecto, es importante el ejemplo del austríaco A. F.
Maulpertsch, que tuvo gran repercusión en Moravia por intermedio de su alumno Jan Josef Winterhalttr.
Los motivos sociales se destacan de un modo claro en las
obras de Xorbert Grund (1717-1767), pintor con una temática
tipica del rococó, que pasó del género de ambiente holandés
a las escenas galan~es, interpretadas de un modo muy Yivo.
Este pintor, de una gran producción que se hallaba respaldada
por la enseñanza veneciana, por los modelos franceses y por
las experiencias de los pintores de las regiones limítrofes, ueó
&lt;'n Dohemia una pintura menuda e íntima, orientada por su
carácter hacia la burguesía. 1 n hecho típico para el arte el&lt;'
aqiwl entonces reside en la circunstancia de que este pintor
producía sus cuadros en gran cantidad y los Yendía por condudo clE' sus hijos, según una Yieja tradición, en los escalonrs
dr las iglesias. La pintura burguesa, destinada a alegrar el
ambiente de las viviendas, se hallaba ejecutada, naturalmente,
según las medidas estéticas ~, el ~usto ele la cultura aristoenítica, precisamente por la debilidad ideológica de la nuern
clase. Sin embargo, la escuela ele Grnnd influyó Yigor osamente en el arte nuevo del siglo X[X.
A mediados del siglo :1..rv1n, cuando empezaron a manifestarse las consecuencias ele las disposiciones centralizadoras
del E stado -reformas teresianas de 17±4--, la aristocra&lt;:ia
perdía cada vez más su influencia en l a administración &lt;lel
país y, al mismo tiempo, ya no tenía la fuerza suficiente para
dar al arte pli1stico una orientación ideológica firme. En
ese período, en que crecían simultáneamente la actividad ele
la población rural y su afluencia a las ciudades, la plástica
adquiría cada vez más los rasgos de la interpretaéión popular,
como se manifiesta, por ejemplo, en la acentuada tendencia
hacia la ornamentación de la forma y en la p ercepción realista.
Esta activa participación popular en la "alta" creación
profesional es la base sobre la que se desarrolla en el siglo
XVIH el arte popular. La situación económica del pueblo
en las distintas r egion es rurales, los materiales y medios localrs, el carácter de las comunicaciones y las posibilidades de
relación con otras regiones iufluyrron en la forma característica de la creación plástica d e cada zona. E sas circunstancias

determinaron la manera en que habrían ele ser decorados los
ayuntamientos, las granjas, las pequeñas fincas, las barracas
y las fondas, la manera en que habrían de desarrollarse las
artes _Y oficios. En todo ello se r eveló la fantasía y el sentido
col~nsta del puebl_o ch eco, en lo que concierne a los trajes
r~g10_nales, los c?nJtmtos ~e la creación plástica popular. los
d1buJos sobre crista!, la pmtura sobr e madera, la cerámica y
el ~d_orno de }os obJetos de uso diario. También la temíitica
rehg10sa gano un nuevo sentido en las imágenes de colores
a legr es, donde. los santos s~ transformaban en campesinos
lab_o:r:ando las tierras -por eJemplo San Isidro- v las escenas
r~hg1osas_ con la Virgen María en acontecimicntÓs familiares,
sin patrhsmo, pero llenos ele emoción y de interés -rividos
por el pueblo.
·
'
. Especial!nente las órdenes, religiosas, que también a mediados del siglo XVTll se sentian a 0"'USio con las manifestac\ones artísticamente ostentosas, com0 demuestra la enorme
p111t1~ra al fresco de Jau Lukás !Cracker (1717-1779) en la
1g\csia_de, Sau Nicolás de Malá Strana, Praga, perteneci&lt;'nte
a , os_ JN;mtas, trataron de prolongar la vida de la expresión
plastica barroca. Pero en el mismo arte de las órdenes religiosas se manifiesta cada vez mác; el dulce sentimrntalisrno y
la suave languidez que eran testimonio del declinar ele la
cultura barroca.
En la segund_a mitad del sigl o XVJU alcanzaron más
fuerza en Bohenna las tendencias clasicistas -el llamado
estilo Luis XVI-, aceptadas por los aristócratas más bien
como 1~n~ moda injertada en la plástica del barroco y el roc:ocó
sobrev1.vwntes. El clasicismo adquiría llUeYas y más simples
formas, sob:e todo don~e _entraba en contacto con la burguesía.
para anunciar, la p_roxumdad de una época en la que el arte
b_arroco se_ ;•eria J?r_1vH.do de f;ll sostén, no :;ola.mente económico.
smo tambien e&lt;;pmtual.
·

�ftzhak Bar-Lewaw / MODERNISMO E IMPRESIONISMO

lQuE
ES el modernismo1 Sería muy
difícil definirlo de manera muy concreta. Según Manuel Díaz
Rodríguez, &lt;1&gt; no significa ninguna determinada Escuela de
arte o literatura. Es más una revolución literaria y espiritual
que surgió como una negación del Romanticismo. Pero M.
Henríquez Ureña afirma que en el movimiento modernista se
encuentran ecos del mismo Romanticismo "cuyos excesos combatía". &lt;2&gt;
El Modernismo nunca ha sido una Escuela, y no fué sino
un grupo de tendencias espirituales y literarias de diferentes
escritores, poetas, pintores y compositores. En términos generales, se puede afirmar que el Modernismo era una corriente
con inclinaciones para abarcar todo. "Il faut étre absolument
moderne", dijo Rimbaud. El movimiento modernista alcanzó
a pintores y músicos, escultores y arquitectos, universitarios
y pedagogos, escritores y poetas. Se tenía la firme convicción
de que el Modernismo representa en sí un movimiento de libertad. Mas, para conquistar la libertad de expresión nueva,
es menester destruir las formas y corrientes existentes, o, las
del pasado inmediato. Así, generalmente, se comportan r evolucionarios, sea en el campo político, sea en el del arte. Las
dos víctimas, en nuestro caso, eran, el Romanticismo con su
exuberancia formal, y el Realismo con su carencia imaginativa
Las dos mencionadas corrientes tienen que desaparecer, para
• dar lugar a la brillantez de la forma y libertad de expresión,
dos principales características del movimiento modernista.
(1)

Manuel Díaz Rodríguez, Camino ele Perfección, Paris, Ollendorf, 1909.

(2)

Max Henríquez Ureña, Breve Historia clel l\loclernismo, primera edición,
México - Buenos Aires, 1954, pág. 10.

-41-

�42

-'Code1·11ismo e Impresionismo

Itzhnk Bar-Lewaw

Para los modernistas la palabra tiene un valor de color
v de sonido. Xo nombrar las cosas, sino sugerirlas, he aquí
ideal nuevo. Los modernistas se empeñan en expresar
más sensaciones que ideas. Pero cada uno de ellos tiene un
fuerte anhelo de personalidad, "se está busrando"' y hace todo
lo posible para llegar a un estilo propio. ~íartí, Del Casal,
Silva y Darío, son los que inician la marcha del ifodernismo;
mas, aunque la misma corriente los une, hay diferencia notable entre una página de 1\Iartí y DarÍo, etc.

Rubén Darío es el primero quien introduce la palabra
"modernismo", para definir Ja nueva corriente en las leti:as
de América Latina. En su artículo Fotograbado, &lt;4 &gt; Darto,
al comentar sn visita a Ricardo Palma en Lima en 1888, escribe : "El (R. Palma) es afiliado a la corrección clásica, y
respeta a la academia. Pero, compr ende y admira el espíri~u
nuevo que hoy anima a un p equeií.o, pero triunfante y soberbio
!!'l'llPO de escritores y poetas de la América española: el modernismo". Se encuentra, aquí, una alusión directa al movimiento módernista en la literatura iberoamericana.

el

El 1\fodrrnismo tiene sus raíces rspirituales en Francia.
La corriente pamasiana con la poesía impersonal y objetiYa,
tomo también, con su precisión plástica y famosa '"impasibilidad", y el Simbolismo, con su "música ante todo" y la tende1wia· hacia lo extravagante, constituyen la base del movimiento, que en América Latina, y dC'spués en España, tomarán el nombre de ~fodernismo.

Propiamente dicho es una
6Qué es el Impresionismo?
tC'nclencia a reducir todo valor artístico, sea poético, sea pictórico a pura sensación y a su descripción con integri~ad y
fuerza. R efinir las sern,aciones, aumentarlas en el numero
y profundizarlas, he aquí el propósito del Impresionismo, que
también tiene sus raíces y origen en Francia.

Los siguirntes versos de Paul V rrlaine tuvieron una influencia primordial sobre los del lllll'YO movimiento:

n-fenester es subrayar un punto de suma importancia: los
movimientos impresionistas pictórico y literario no son, sino
la misma expresión artística, manifestados en distintos campoE
del arte hnmano. &lt;5&gt;

De la musique aYant toute chose,
Et ponr tela préfére l'Jmpair
Plus ntgue et plus soluble dans l'air
Sans rien en lui qui pésc ou qui pose.
II faut aussi que tu n 'ailles point
Choisir tes mots sans quelque méprise :
Rieu de plus cher que la chanson grise
Oú l'Tndécis au Précis se joint.
... De la musique encobre et tonjours !
Que ton ven, soit la chosr e1n"olée
Qu'on sent qui fuit d'unr áme en allér
Vers d'autres cieux á d'autres amours.
Que ton vrrs soit la bonne aventure
Eparsr au vent crispé du matin
Qui va fleuraut la menthr et le thym ...
Et tout le reste est littérature. &lt;3 &gt;

¿ De dónde surge el nombre del nue,o movimiento? La
Real Academia Española, en su clécimatercera edición de 1899,
explica el modernismo como "la afición excesiva a las cosas
modnnas, con menosprecio de las antiguas, especialmente en
arte y literatura" .
(3)

Art poétlque en Cholx &lt;le poésles de Paul Verlaine, Fasquelle Ed.,
Parls, 1958, págs. 248-9.

43

,,

Clauclio 1\fonet, el pintor impr esionista francés, hizo del
espectro solar su prisma familiar. El pasó su vida en una
unión perfeeta e indisoluble con la luz, y con ella construía
sus "eateclrales" y "los puente&lt;; de Londres". Acaba 1\fonet
rn rvaporar forma&lt;; y líneas como si todo lo mirara desde el
fondo de los estanques de sns plantas acuíitieas, de hojás redondac; v anl'has ,. f lorrs bla ncas o amarillas. Según E. Degas,
el piutor tristr, . amargado y 1·encoroso, el ojo debe aC'tnar
anrnac; en función de cPrebro disciplinante y dirigente, y que
vista una cosa, sólo mE&gt; rece pintarse como ratificación sellada
por una inteligencia crítica. Para él, como para A. de Yigny,
el Arte es la Yerdad escogida. Claro está qu&lt;' el pintor Dega,;
tenía su peculiar verdad, la de amargura y de desengaño, en
fogosidad permanente de condena o de sarcasmo.
Ednardo 1\i[anet, el iunoYaclor Yil ipendiado, es un pintor
impresionista prodigioso, sutil y grácil, quirH ante el fugaz
brillo clr una rosa, de una mirada o de un follaje hubiera poclido decir al igual que Fausto: "Deténte: eres tan bello". A.
(4)

Publicado en el Diario ele Centro América, Guatemala, 1890.

(5)

Véase: R. Hammannn, Oer Im1iresslonlsmus, Koln, 1907.
C. Mauclalr, L'lmpresslonlsme, son hlstolre, son esthétlque,
ses ma I tres, Parls, 1904.

�l\Ioder1úsmo e hnpresiorusmo

44

Renoir demostró que para el Arte no basta el mero oficio; que
para ser gran pintor se necesitan otros ingredientes, para cuyo
secreto no hay maestros ni academias que valgan, y cuya finura y encanto se llevan consigo íntimo.
Estos cuatro grandes del movimiento pictórico impresionista, Manet, Degas, Monet y Renoir como otros representantes del mismo grupo, afirman que la forma y el color son nociones inseparables, y que cada color tiene su eficiencia peculiar. Mientras que A. Rimbaud, el precursor del simbolismo,
intenta expresar las secretas afinidades de las cosas con nuestra alma, manteniendo la creencia de que las vocales tienen
un color:
A noir, E blanc, I rouge, U vert, O bleu: voyelles,
Je dirai quelque jour vos naissances latentes:
A, noir corset velu des mouches éclatantes
... E, candeurs des vapeurs et des tentes,
... I , pourpres, sang craché, rire des lévres belles,
... U, cycles, vibrements divins des mers ...
. . . O, supréme Clairon plein de strideurs étranges ... &lt;6&gt;
Según Mallarmé, el pensamiento dentro del verso no tiene
importancia, sino las sensaciones del color y del sonido.
Max Henríquez Ureña afirma en su Breve Historia del
Modernismo&lt;7&gt; que los afiliados al movimiento modernista
en América Latina, "presentaban las impresiones que las cosas
producen, en vez de las cosas mismas".
El Impresionismo pictórico recibió la influencia de los artistas japoneses. Lo mismo sucede en el campo de letras, donde temas del Japón ocupan un lugar importante en las obras
de Gautier y Loti. En el poeta cubano del Casal hay un brote
de exotismo japonés cuando escribe Kakemono.

En Francia, Jules Edmond Goncourt, son impresionistas
en pleno sentido de la palabra. He aquí una página impresionista por excelencia de los dos hermanos. Al descubrir a la
mujer del siglo 18, la pintan de esta manera: ... "Sobre todas
las cosas flotaba una mentira amable, como el firmamento fin(6)

Arthur Rimbaud, Voyelles en Poésies, Paris, Mercure de France,
MCMLVII, pág. 96.

(7)

Op. cit. pág. 15.

(8)

E. y J . Goncourt, La MuJer en el Siglo xvm, versión castellana de
A. Insúa, Buenos Aires, 1946, pág. 41.

Itzhak Bill'-Lewaw

43

gido de los cielos rasos de los salones. Entre las paredes tendidas de sedas azules o floreadas que mil espejos r eproducían
sobre aquellos sillones que evocaban con sus dibujos escenas
de amor, sobre la marquetería del entarimado, a través de tantas piezas de museo, joyas y adornos fantásticos como poblaban las habitaciones; en el campo, en aquellos jardines con sus
terrazas, escalinatas, temples, ~enadores y bosquecillos, la
mujer hubiese desentonado si no se resolvía a desprenderse
de cuanto fuera simple y espontáneo . . . Era preciso que adquiriese todos los tonos de esta época y de esta sociedad ... De
allí toda la encantadora farsa del semblante. y el cuerpo femenino: las inclinaciones de cabeza, las sonrisas displicentes,
los gestecillos arrogantes, las ojeadas, las mordiditas en los
labios, los arrumacos, los guiños picarecos y, sobre todo, ese
modo de jugar con el abanico . . . El abanico que vemos pasar
de la mejilla. a la garganta con una gracia tan ligera, cuyo
clic-clic traduce el enojo o la cólera, cuyo ir y venir hace
pensar en alas de paloma y revela el placer y la alegría, y
cuyo golpe finamente acompañado por un: ¡ Terminemos !,
puede sugerir tantas cosas" ...
Esta página es un trozo típico del Impresionismo literario. La descripción está hecha con fuerza e integridad, pero
las palabras sugieren más que dicen. Los colores, corno sedas
azules, los dibujos, las piezas raras, los jardines con sus terrazas, escalinatas, son ingredientes que sirven para pintar
a la mujer de aquel siglo, con su falsedad, su mentira y su
eterna lucha para cazar a un hombre. Los autores su¡ú eren
al lector cosas y situaciones no mencionadas, y cada uno puede,
a su manera, dar libre curso a su fantasía.
Para Verlaine y otros impresionistas, la poesía es una música incesante, y por eso escogen palabras sonoras y fuertes
"que font image". No describen la realidad, sino sugieren,
por medio de una serie de sensaciones, la descripción subjetiva; no ven con ojos físicos, sino con los de su alma. Darío. ( 8)
al hablar de Catulle Mendés, demuestra su tendencia a "pintar el color de un sonido, el perfume de un astro, algo así como aprisionar el alma de las cosas".
El siguiente poema de Verlaine Crepúsculo de la Tarde
Mística&lt;10&gt; es también un típico trozo impresionista:
(9)

Max Henrfquez Ureña, Breve Historia del Modernismo lra. ed., México - Buenos Aires, 1954, pág. 14.

00) P. Verlaine, Crepúsculo ele la tarde Mística, trad. de Em111o Carrere,
Buenos Aires, Edición Claridad, 1944, págs. 422-3.

�46

Mo&lt;lernismo e Impresionismo

El Recuerdo a la luz crepuscular
1'iembla en el horizonte flameante
de la EspC'ranza que se va alejando
como una espesa sombra alucinante
Floración misteriosa - dalia, lirio flor d&lt;' la maravilla y tulipán que con exhalaciones enfermizas
de sus perfumes el veneno dan.
- Tulipán, dalia y lirio - que anegando
mis sentidos, mi alma y mi razón
funde con el Crepúscu·lo el Recuerdo
en un arrobo inmenso de emoción.
Todo, aquí, es imágenes, flores y perfumes, mezclado con cierto
encantamiento de un mundo lejano, maravilloso y desconocido.
El título del poema explica su significado. El Crepúsculo de
la tarde nos sustrae de la realidad, del presente de la vida
eotidiana y de aquello que nos enoja constantemente. El
Recuerdo y el Crepúsculo. constituyen dos elementos d e sueño
qur evocan rn las almas lo indeterminado, "le vague" y el
asombro de la luz que sr clrsvanece. Cada palabra del poema
tienr un propósito particular, ~· está para sugerir imágenes
e-orno: tirmbla en el horizonte f lameante, sombra alucinante.
exhalarionrs enfermizas, etc. Las flores dalias, lirios y tulipa.
11es, reprtic]a&lt;; dos Yerrs, tie nen un sentido de veneno, de algo
insano y ele hechirería.

En la obra de los cuatro iniciadores del l\fodernismo iberoamC'rican o, 1\Iartí, Darío, SilYa y del Casal, se encuentran
Yarios y numrrosos rasgos impresionistas. Srñafar en detalle
c·ada uno de rstos rasg-os, requier e un estudio más amplio,
con espario ilimitado. Sin embargo, sí indicaremos los elenwntos típitos del Tmpr&lt;'sionismo literario r n tres de los cuatro modernistas: 1\1:artí.Silva y drl Casal, ya que Darío es de
por ,:í, un rapítnlo singular en el movimiento entero. En los
trrs en contrarnos el uso de cuadros impresionistas, er.;cultura~.
piC'dr11s preciosas, objetos de lujo, y también d&lt;' la melancolía
~- ele la tristeza ( en la obra de SilYa y del Casal).
El credo de la nueva corriente se encuentra en las Notas
en cuaderno de trabajo de José I\'Iartí &lt;11 &gt; : "La prosa que llega
más aprisa es la prosa poétic·a. Se lee de los prosistas, no los
prosistas... N'o qniero para la poesía l a lengua d ébil de
(11)

Obras C'ompletas, Vol. 2, Editorial Lex, La Habana, 1953.

Itzhnk Jlnr-Lewaw

47

Séneca -ni aquella floja, sobrada, vacilante, copiosa, exuberante de Lucano-, P láceme, como en Sondraka, la abundancia
legítima. Y d1, no haberla, por las condiciones ásperas de la
naturaleza en que se cría, pláceme la rugosa y troncal lengua
del génrsis ..... (pá g. 1708) ... "La palabra, para no caer en
descrédito ba de conservar su majestad" y más adelante: "Escribir, no es cosa del azar, que sale hecha de la comezón
d e la mano, sino arte que requiere a la vez martillo de herrero. y buril de joyería" (pág. 1856).
Martí está pintando cuadros impresionistas y es riquísimo c·n la variedad melódica de su prosa, la cual es rítmica,
deslumbrante, y florecida de imágenes. En ella se encuentran
ricos rasgos impresionistas con nn vasto juego de flores y colores, con piedras preciosas y varios objetos de lujo. Varios
trozos de la novela martiana Amistad Funesta, y los cuentos
para los nilios La Edad de Oro, demuestran la firmeza d e su
estilo impresionista. El uso de cuadros en la Amistad Funesta es frecuente: 0 2 &gt; "Una frondosa magnolia, podada por
C'l jardinero de la casa con manos demasiado académicas, cubría aqu&lt;'l domingo por la mañana con su sombra, a los familiares de la casa de Lucía J érez. Las grandes flores blancas de
la magnolia, pleuanl('nte abiertas en sus ramas de hojas delgadas y puntiagudas . . . ¡ E sas flores inmensas e inmacula das
que se imaginan cuando se ama mucho! E l alma humana tiene
una gran necesidad de blancura. Desde que lo blanco se os.
curece, la desdicha empieza ... Eran hermosas de ver en aquel
domingo en el cielo fulgente, la luz azul y por entre los corr edores de columnas ele mármol, la magnolia elegante, entre las
ramas vC'rdes, las grandes flores blancas .. . '' Al notar la impresión dr la blancura de las magnolias, y lo qne ello produce
en la mente del autor, al reflejar sobr e la 11C'cesidad de la
blancura para las almas humanaR. ya que "desde qne lo blanco
se oscurN·e, la desdicha empieza".
Otra imprc&gt;sión que la cosa produce, en vez ele la cosa
misma : &lt;13&gt; "Dice mu cho y cosas muy travi&lt;'sas, un sombrero
que ha estado una hora en la cabeza de una señorita. . . El
de Lucía era un sombrero arrogante y amenazador... del
fondo de ¡;;eda negra, por los reflejos de un rayo de sol que
(12)

Op. cit. págs. 1585-6

(13)

Op. cit. pág. 1587

�Modernismo e Impresionismo

48

filtraba, oscilando por una rama de la magnolia, parecían salir
llamas ..." No es el sombrero que interesa al autor, sino lo
que él expresa, "cosas muy traviesas", y lo que representa :
"arrogante y amenazador".

49

ltzhak Bar-Lewaw
POST UMBRA de Casal 116)
Cuando yo duerma, solo y olvidado
denfro de oscuro foso

He aquí la pintura de la bella ciudad de Tenochtitlán: "Y
qué hermosa era Tenochtitlán, la ciudad capital de los aztecas,
cuando llegó a México Cortés . . . Las casas eran de adobe, que
es el ladrillo sin cocer, y de calicanto, si el dueño era rico.
Y en su pirámide de cinco terrazas se levantaba por sobre toda
la ciudad, con sus cuarenta templos, menores a los pies, el
templo magno de Huitzilopochtli, de ébano y jaspes, con mármol como nubes y con cedros de color, sin apagar jamás allá
fü el tope, las llamas sagradas de sus seiscientos braseros" ... &lt;15&gt;
J ulián del Casal, el enamorado del paganismo y del
mundo exótico, admiraba a todo lo que procedía de los países
del sándalo, de la crisantema y del marfil. Ya mordido por la
tisis, y a medida que la enfermedad avanza más y más, para
acabar con su joven existencia, una sutil melancolía envuelve
la elegante estructura de sus versos. Y a se mencionó que su
Kakemono contiene temas japoneses. Una influencia netamente impresionista se halla en las poesías Post Umbra, La
Canción de la morfina, Horidum Somnium, y Cuerpo y Alma.
En la poesía Post Umbra, la evidencia de la inspiración en
ciertos poemas de Baudelaire es a la vez clara y cierta:
(14)
(15)

Op. cit. pág. 1254
Op. cit. pág. 1256

oclomorán, con himnos estruendosos
lo dioso de lo orgía.

por haber en tu lecho malgastado
mi vida vigoroso;

El mismo método de descripción con integridad. fuerza y
belleza se encuentra en los cuentos de Martí para los niños.
Impresionista es el cuadro del quetzal, ave trepadora de América tropical, que figura en las armas de Guatemala: "El quetzal es el pájaro hermoso de Guatemala, el pájaro verde brillante con la larga pluma, que se muere de dolor cuando sea
cautivo, o cuando se le rompe la pluma de la cola. Es un pájaro
que brilla a la luz, como las cabezas de los colibríes que parecen piedras preciosas o joyas de tornasol, que de un lado
fueran topacios, y de otro ópalo, y de otro amatista" ... &lt;14&gt;

le

Quizá alguna ¡ 0/, bella pecadora/
mirando lus encanlos

Cuando en mi corazón, que t1.1yo ha sido
se muevan tos gusanos,

te repito, con voz arrulladora
mis armoniosos cantos; ..•

lo mismo que en fu tiempo se han movido
los off?ctos humanos ...

Pero yo, resignado a tu falsía,
soportar~ el martirio.

Al verte mis amigos licenciosos

tan bella todavía

¿Quien pretende que duró más de un dio
el aromo de un lirio?

REMORDIMIÉNTO POSTUMO de Baudelai;e [17)
Cuando duermas inmóvil, mi bella l.eflebro~a

en la noche sin ~eños la tumbo, mi secreto

bajo el .mármol de n~gro monume,,10 encerado;

confidente, las lum.bos comprenden o l poeta}

cuando seo lu o/coba tu única morada
la húmeda cavidad del hueso de tu losa;
Cuando tu pecho pávido, oprimo duro loso
y tus flacos vencidos frío quietud invadó

que al corazón impido latir y querer no~o·

dirá- ¿De qué le sirve, enterrado tormento,
"Cortesano imperlecto, el no haber conocido
lo que lloran ·/os muertos?"- Y o tu piet

(adherido
te roerá el gusano como un remordimiento.

y o tus pies su carrero rápido y caprichoso.

La poesía de Casal es más larga que el soneto de Baudelaire; mas ambos, cuyas frases, pulidas como piedra de lujo, brillan por su elegancia, contienen en SÍ la misma nota primordial del sentimiento y pesimismo, reducidos a la pura sensación,
y descritos con fuerza plástica e integridad.
Son una fiel
expresión de infinita tristeza y sufrimiento de hombres que
aman; reflejan también amargura, mezclada con acusaciones
y maldiciones impotentes. Baudelaire es frío -Y satánico y sus
versos penetran en el corazón del lector como un estilete
mientras Casal es más estoico , en su
'
. dolor.
En José Asunción Silva es el estilo impresionista adquiere un sentido de suprema aristocracia. El colombiano se r evela .como un artista . qu~ ~ugiere suavemente. y con extraordinaria sencillez. La influencia de los románticos, como Béc(16)
(17)

J. del Casal, Poesías completas, La Habana, Dirección de Cultura .
. 1945, pág. 133. ' ' · '

Ch. Baudela!re, Las Flores lle! Mal, Trad. de G. de Montagú, La
Habana, Editorial Lex, 1949, pág. 35.

�;;o

l\Ioderuismo e Impresionismo

quer, PoP, Ilugo y Béranger está fuera de duda, pero es también eirl'to que Silva es modernista, ya por sus imágenes y
sonidos, ya por sus palabras refinadas y expresivas. Su drama
es iuterior y le lleva al suicidio; empero, exteriormente, su
verso superelegante tiene mucho que ver con su afición a las
bellas apariencias. Es en Silva donde el Modernismo· y el estilo
impresionista se manifiestan con mayor claridad que en ningún
otro de los poetas y escritores iberoamericanos, antes de la apa.
rición de Rubén Darío. Su poesía Ars0 8&gt; ha sido señalada: como una imitación a Teófilo Gautier:

El verso es vaso santo; poned en él tan sólo
un pensamiento puro
en cuyo fondo bullan hirvientes las imágenes
como burbujas ele oro de un viejo vino oscuro.

Itzhak Bar-Lewaw

51

ante mí, sobre el vidrio del mostrador por las manos del aristocrático joyero . . . ¡ Oh piedras rutilantes, espléndidas e invulnerables, vívidas gemas que clormistéis por siglos enteros
en las entrañas del planeta, delicia del ojo, símbolo y resumen
de las riquezas humanas! Los diamantes se irisan y brillan
como gotas de luz; semejan pedazos del cielo del trópico en las
noches consteladas los oscmos záfiros; tú, rubí, ardes como
una cristalización de sangre; las esmeraldas ostentan en sus
cristales luminosos, los verdes diáfanos de los bosques de mi
tierra . . . ¡ Oh perlas! Más discretas en vuestro brillo que las
gemas radiantes, perlas que os formaís en el fondo glauco de
los mares, perlas blancas de suavísimo oriente . . . que adornaís las coronas de los reyes, que temblaís en los lóbulos de las
orejas sonrosadas y pequeñuelas de las mujeres, y os posaís
como un beso sobre la frescura palpitante de los sen.os desnudos!"

Allí verted las flores que en la continua lucha
ajó del mundo el frío,
rrcundos deliciosos de tiempos que no vuelven
y nardos empapados en gotas de rocío.

El Modernismo en la obra de J. Asunción Silva no es
solamente una revolución literaria, sino también una actitud
que se puede comparar a la de un jardinero, aficionado a su
profesión, que cultiva con celo el secreto de la ciencia como
mantener la belleza de sus flores.

Para que la existencia mísera se embalsame,
cual de una esencia ignota,
quemándose en el fuego del alma enternecida,
de aquel supremo bálsamo, basta una sola gota.

Silva presagia lo que vendrá después en exguisitices del
lenguaje, cuando el Modernismo, al aparecer Rubén Darío,
sr transforma en un movimiento avasallador en todos los paí.
ses de habla castellana.
The University of Kansas

Apartr de Ars, otras poesías como, por ejemplo, A veces
en alta noche tranquila y el famoso Nocturno, acusan notablr inflnrncia impresionista. En las romposiciones r11 prosa,
cabe sriialar a Trasposiciones (Al carbón) , Paisajes y Piedras
Preciosas. El títuJo de la última, manifiesta claramente la intenc-ión del autor. Citemos aquí varios pasajes de ella &lt;19) : "Ahí
estaban en la tiendecita Bassot, situada en la calle de la Paz,
deleitando los ojos con el brillo de las piedras aglomeradas
(18)

José Asunción Silva, Prosas y Yersos, Notas por Carlos García Prado,
Ed. Cultura, México, D. F., 1942, pág. 129.

(19)

Op. cit. pág. 39.

�Juanita Soriano/ TESTIMONIO PERSONAL SOBRE RAUL
CONTRERAS Y SU LIBRO "PRESENCIA DE HUMO'~

Ol

E STOS Poemas, que primeramente se
llamaron "Sonetos de Otoño", los conocí inéditos cuando Raúl
Contreras los leía en mi casa de San Salvador, junto a las
palmeras en macetas, donde arriba, en la noche, las estrellas
se asoman sobre el patio .
.Ahora vienen a romper el misterio creado alrededor de un
nombre : Lydia No gales.
Tuve parte en este se&lt;treto desde los primeros días, cuando
Raúl, obedeciendo a profundas causas psicológicas, quiso no
sólo firmar sus sonetos con el seudónimo femenino de Lydia
No gales sino darles también un alma y modalidad femeninas.
Hay una historia sobre este acontecimiento poético que,
dicho en breves palabras consistió en no conocer a la persona
física de la mujer poeta que escribía poemas impregnados de
sensibilidad, dentro de las formas clásicas del verso, expresado
por ella con tierna perfección. Estos primeros poemas se publicaron en periódicos a donde eran enviados con el mencionado
seudónimo, y, años más tarde, Juan .Antonio .Ayala recoge toda
la producción y la estudia y comenta en un libro &lt;2&gt;, dentro del
cual se incluye el poemario titulado Niebla.
En est_e poemario, Raúl Contreras permanece aún escondido tras la niebla, y el nombre de Lydia Nogales da vida
a sus palabras. .Ahora, en un libro recién editado, Presencia de
(1)

Raúl Contreras, Presencia de Humo, Departamento Editorial del Ministerio de Cultura, San Salvador, El Salvador, C. A., 1960.

(2)

Juan Antonio Ayala, Lydla Nogales, Un Suceso en la Historia Literaria 1le El Salva1lor, Departamento Editorial, Ministerio de Cultura,
San Salvador, El Salvador, C. A., 1956.
-53-

�54

Juanita Soriano

Humo, que parece la continuación d~ aquél, ~aúl Contreras
continúa su interrumpido diálogo casi en el mismo punto en
que lo cierra en Niebla. Pero aquí el poeta sale a luz, quizá un
poco deslumbrado por la claridad, sin la protecci?n que el antifaz de la Poetisa prestó a su rostro. Y fmna, qmere uno pensar que tímidamente, aquellos mismos y continuados coloquios, con el :1spero nombre de Raúl Contreras.
La sensación de aspereza que produce el nombre por contraste con el seudónimo, la da también en aquellos versos e11
que por primera vez se oye dentro de la voz de Lydia Nogales,
tm autonombrarse como ser masculino, como cuando R.C. se llama a sí mismo "Yo, molinero", en lugar del "Yo molinera ..."
que habría dicho Lydia. Siendo la misma poe_sía es rudo_ el
salto desde el sentir femenino en Niebla a la entidad masculma
que anima el recorrido en Presencia de Humo.
Para quienes desconocen la poesía de Raúl Contreras y su
identificación dentro de la imagen femenina que forjó y a
quien cedió sus versos, creo tene: alguna autoridad al i~ü~!ltar comentarlos, pues fuí cómplice de su secreto a pet;c!ou
de fl mismo, y le oí en varias ocasiones ~fpresar su. proposito.
Deduzco, en consecuencia, que la creac10u de _Lydia Nogales
S(' debió, con apariencia de juego, a una especie ~e pudor de
mostrar en público un caudal de ternura que nadie sospechaba en el autor y que muchos habrían negado.
Quiso también revivir en su tierra natal, El Salvador, ~l
perdido gusto por la poesía verdadera, prom?ver un re~ac1miento, pues por esos días est~b_a en bog~ un !1po de poe:&lt;;1a que no lo era- más. bien pohti~a,. que el qmso . ~ombah: por
considerarla tendenciosa, pedagogica y de ocas1on, alusiva a
al"'unos acontecimientos de la política local, que amenazaba
culminar con "Romances al Banco Hipotecario" ( en entredicho
por ese entonces) y otros temas de combate sobre intereses
creados de similar mal gusto. Usó seudónimo femenino quizá para' ocultar mejor su per~?nalidad. qant~ temas eter~_os.
y esa fue su respuesta o reaccion ante la tirama de lo prosaico
que imperaba, y la_ ausencia de poesía. _Mostró 1~ lu~ para
terminar con la boJarasca, cosa que logro por algun tiempo,
y probó su tesis: que había sed ?e _agua clara y que la ~oesía
no se puede adulterar para servir mtereses que le son aJenos.
Sus poemas por encima del oleaje, estaban destinados a provocar una te~pestad entre quienes aprecian sólo el aspecto utilitario del arte para fines de propaganda, etc. Tempestad debida a una obra de calidad esencialmente abstracta, infinitamente poética como diciendo : esto es poesía. Por su sostenerse.
vertical en el ' aire, como una luz, un aseender y por sn mten-

Testimonio Pe1·so11Hl

55

ción de ser luz. Por la indescriptible alegría de desplazarse
hacia las cumbres, por su amistad con las nubes y todo lo que
vuela, por su nostalgia de alas, su comarca de árboles y rocas
y de todo cuanto tiende a crecer, a perfilarse como un reto
rN:ortado en el espacio. Por su vértigo de abismos -que son
espacios inwrtidos- , por su invitación a un viaje más amplio
que el pequeño panorama que ofrece la poesía ele encargo o
ele compromiso. No hizo más que cantar sus paisaj es interiores y su canto se tornó como una crítica severa a lo que por el
momento se hacía, porque sus sonetos los escribió con luz.
. Y ~sí nació la figura a~r~a, inmaterial, una sombra, que
viene siendo como el alma v1S1ble de R. C., capaz de adquirir
vida propia, tanto que aun aquellos que conocimos la verdad
desde el principio no podemos renunciar al ensueño y vemos
siempre en ella la figura ideal que no existió más que en la
imaginación de su autor y de quienes la vivimos con él. Su
poesía es femenina, sin que signifique por esto que se parezca
a ningún tipo de poesía femenina escrita por mujeres, sin duda
porque fue escrita por un hombre que quiso figurarse la manera de sentir de una mujer joven. Fue un evocar su juventud
o la de la mu_jer que amó y que lo amó. Una poesía· espiritual,
c?mo tran¡;;crita por su alma, o por la mente pura, sin influencia del sexo. Asexual, aunque con reminiscencias amorosas.
Neutra. Andrógina. Puede ser considerada de hombre o de
mujer. Aunque a mí me parece femenina, con esa clase de
femineidad exquisita a la manera, a veces, de la escritora venezolana Teresa de la Parra.. El asunto en sí es secundario.
Es sólo Poesía.
Aclarado lo anterior y repitiendo el ya expresado concepto de que tales circunstancias externas no poseen import~ncia en cuanto a la valoración de la obra en sí, sea ésta
fmnada con el nombre de Lydia Nogales o de Raúl Contreras, obedezco al impulso que me obliga a comentar de nuevo
la modalidad, para mí única, de Raúl-Lydia el modo de sentir
-:[ _decir las cosas que siempre encontró ;epercusión en mi
ammo.
Para c1 ue el lect_or aprecie :onmigo lo que hasta aquí he
expuesto oigamos primero a Raul Contreras en al"'unos ele sus
más significativos poemas, de sus aladas expre: iones :
Era un hondón de niebla en los suburbios
del espacio ... Sin ver, yo lo veía.
Era el Verbo sin Verbo. . . Mas se oía
clamar su voz en los celajes turbios.
Sin escuchar, yo lo escuché aquel día ...

�56

Jnanita Soriano

En este poema "Senda de Luz" se advierte otra característica de su poesía abstracta: "Sin escuchar, yo lo escuché
aquel día ... ", nos habla de sentidos internos donde no es el
oído físico el que escucha.
Pasa la nube . . . :M:uéstrase la estrella
sin mácula. La hierba y el guijarro
perciben, en la sombra, algo que sella
la luz . . . ¿Y quién atisba sobre el barro
el pie sin nombre que marcó una huella ?
Y luego continúa en este poema de largo aliento:
En la piedra dormida
qué temblor de luciérnagas ... Las cosas
sienten lo mismo que los seres: vida
profunda. Las pupilas misteriosas
de los astros acechan. . . Una herida
puede el polvo sutil dar a las rosas.
&amp;Panteísmo ? Quizá. La mirada del Poeta descubre el
eterno fluír de la vida úniversal y una Presencia vital sobre
toda materia.

No hay azolve que en luz no se resuelva;
ni cáminante que, al partir, no vuelva
a transitar por el camino andado. ·
Romero alucinado
tú, como Aquél y como yo, en la selva
oscura . . . ¿Y la señal ?
Espera el trino
romero alucinado . . . ¡ Peregrino
con una llaga azul en el costado!
La voz sin voz me obsesionó el camino ...
.
Por estas estrofas aisladas del poema "Senda de Luz", se
advierte la tendencia a que me refiero: nubes, luz, alas. Los
motivos que capta su vista: niebla, espacio, celajes. La misma
voz, a la que tenazmente canta en toda su obra, es un elemento
inmaterial que participa del aire. Y esta Voz, es una "voz sin
voz", todavía más inmaterial que la voz humana, es una voz
inconcebible, nacida en las profundidades de la conciencia,
como un adivinar de lo que podría ser una voz extrahumana
o, en el caso concreto de él, un saber, debido a su familiaridad
con las sombras y la niebla.
Al pie del monte, que medita y sueña,
hay dos caminos blancos que se juntan.

Testimonio Personal

57

No vienen y no van. Los dos apuntan
hacia mi triste claridad pequeña.
Las cimas donde el alba se despeña,
sabiendo sin saber, nada preguntan.
Esos caminos blancos no despuntan
los pasos, ya sin paso, de su dueña.
Por ese rumbo han de llegar los trinos ...
Como la altura que perdió su centro
me muevo sin moverme entre los pinos.
Y al pie del monte arribaré al encuentro
viajando sin viajar. . . ¡ Esos caminos
de mi salieron y los llevo dentro !
Caminos. Viajes. Caminantes. Cimas. Albas que se despeñan.
Y "al pie de la montaña". Todo cosa del aire, o en el aire.
Ya Juan Antonio Ayala en su libro "Lydia Nogales, Un
Suceso en la Historia Literaria de El Salvador", se refiere a
casi todos los aspectos de una poesía que tan profundamente
se abrió paso hacia el corazón de sus lectores. Estudia la obsesión de la: Muerte que parece ser punto central en su temática, el Tiempo, el Espacio, el Amor y la Espera como elementos fundamentales de su expresión.
Por eso sería repetir lo ya analizado por él, referirme a
estas fases, cosa que, por otra parte, curiosamente han hecho
todos los que, en una u otra forma, han comentado últimamente la poesía ele R. C. (Lydia Nogales), llegando, incluso, a tomar frases textuales de Ayala, omitiendo las obligatorias comillas o mencionar que es de su libro de donde las tomaron. Lo
cual añade un fenómeno más a lo relacionado con Raúl Contreras en su aspecto de Lydia Nogales, porque todo lo relativo a
este autor y su poesía fue extraño desde el principio y obligó a
los que del asunto se ocuparon y a quienes se ocupan todavía a
adoptar una conducta peculiar. Ignoro si esta anomalía será
inducida en cierto modo por el carácter personal del poeta y
a su habilidad de mover los hilos tras el escenario. Pero los
poemas son tan grandes en sí, tan tristes, tan luminosos ...,
y contienen tanto y tan hondo genio poético que los incidentes
a veces divertidos a su alrededor, en relación al autor, a sus
críticos, admiradores o adversarios; a los resentimientos y cierta hostilidad que levantó a su paso; a las injusticias que toda.
vía provoca, sean éstas contra Raúl Contreras o contra quienes sobre él escriben, o del mismo Raúl hacia sus comentaristas, pierden importancia en cuanto uno se pone en contacto
directo con esa Yoz dolida, esperanzada, sin esperanzas, em-

�Juanita Soriano

58

'restimonio Personal

59

briagada de un ideal mortal, siempre cerca de alcanzar las
estrellas, pero tan lejos!

pierta la iuigualable voz de un canto aéreo, de quien siempre
se encuentra entre la niebla y el humo.

Quizá la muerte de uua mujer amada lo convirtió a él
mismo en Amigo de la Muerte y busca su YCtindad, donde
espera encontrar lo perdido; y, de tanto acercarse adquiere
una comprensión extraordinaria de esa Realidad. El estado de
su salud física influye también en ese presentimiento o certeza
de su prematuro Encuentro, y al considerarlo inminente, aunque no lo desea, el esperar se hace largo y expresa la tristeza
de la partida a la que ya se ha resignado, y el sobr esalto ante
lo inevitable, ante lo que él imagiua como confuso vagar
extraviado en la Niebla. Se adelanta a su propio tránsito
y lo prefigura en vida.

Me referiré como a algo nuevo, no enteramente nueYo
porque ya Juan Autonio Ayala lo dice, en parte, cuando toca
los trrnaf. del Espae;io y el 'riempo en la poesía dr L. X; me
referiré más bien al elemento del Aire en esta poesía, del cual
el Espacio es parte, tan íntima que casi sr confunde con él
rni.;;mo, y el Tirmpo uo se puede concebir sin situarlo dentro
del Aire o el Espacio.
Voy a referirme, pues, por ahora, exclusivamente al Aire,
en la poesía de Raúl Contreras. Algo nuevo, que más bien lo
es para mí, porque hasta hoy mis ojos no penetraron el espacio para captar en él la huella de unas alas, y ahora que me
parece ver, esta visión es una experiencia nueva y singular.

La Dama gris, la de las
y ojos color del tiempo,
En mi sed de ascensión,
qué cansancio de luz en

manos finas
me acompaña ...
qué fiebre extraña,
mis retinas.

Aquí, soñando al pie de la montaña,
la Dama gris me envuelve en sus neblinas.
Ayer, un vuelo azul de golondrinas ...
Hoy, un leve temblor de telaraña.
¡, Y después ? . . . Sólo sé que cuando el monte
se ensanche más allá del horizonte,
mi sueño inútil rodará en pedazos.

Y entonces muda, resignada, inerme,
igual que un niño triste que se duerme,
la Dama gris me tomará en sus brazos ...
La Dama Gris,
(Del poemario "Niebla", Lydia Nogales).

El signo de partida ... pero ¿cuándo ?
El vuelo inexorable ... pero ¿cómo ?
Todavía mis alas son de plomo
y el que espera mi arribo está esperando ...

Y así, constantemente.
Intentaré expresar en palabras, ¡ son tan poca cosa las
palabras!, la nueva impresión que con su nuevo libro me des-

Lo que no supe anteriormente y viene a ser la clave del
por qué la expresión poética de R. C. me conmovió, es el
hecho de encontrarme ante un cantor del aire, uua especie de
silfo, habitante natural del espacio. Había leído y r el eído sus
poemas; siempre me perturbaron; encontraron eco y resonancia en mí. Penetraba y buscaba, volvía a buscar y no podía
descubrir lo que era. Esa comprensión subjetiva no me complacía, y ahora que creo haber obtenido también una comprensión intelectual me será grato dejar testimonio de lo que,
para mí, fue un descubrinliento.
··
·
No era, desde luego, el t ema de su insinuado o entrevisto
Amor lo que me cautivaba. ¡ Tanto poema de amor se ha escrito ya, en todos los tonos, n~agistrales o no, que no podía
r esidir ahí el 'Secreto! Al fin, no decía más que cosas ingenuas
con palabras sencillas. No era tampoco su insistente atracción hacia la Muerte, aunque ese sentimiento sea impresionante en sí, pero de cualquier manera no era algo nuevo ni
algo que yo no conociera a través de otros y de mí misma. Xi
la espera angustiosa, ni la forma de r eferirse a ella; el sonrto
me ha sido y me es familiar, prácticamente es el clima en que
respiro, por lo que eso que se me escapaba, eso huidizo, que no
sabía yo dónde fijar, no era el estilo ni la forma de metro empleada. El soneto es un o de los más clásicos modos del verso
castellano y difícilmente podría ser símbolo de innovación
revolucionaria o novedad poética, como se quiso considerar
en un principio la recién aparecida poesía de Lydia Nogales.
Y sin embargo alcanzaba a adivinar que sí había algo nuevo
en esa voz, aunque aparentemente todo me fuera familiar, eso
nuevo que intuía, no lograba apresarlo. Y, naturalmente, uo
podía, porque participaba de un elemento iuapresable: el aire
mismo.

�60

Juanitn Soriano

Testimonio Pe1•sonal

Esto es lo. que vine a descubrir en la segunda lectura de
"Presencia de Humo".
Lo que la vista frágil no percibe
lo Ye la oscuridad. En el trasfondo
de mi retina, este mirar tan hondo
devuelve la luz negra que recibe.

Y en vértigos de abismos y de altura,
se me quema el dolor, sellando el pacto
de la ceniza con la brasa pura ...

.

.,

Un cielo vertical, un mar redondo
y un ancla que se eleva en el declive.
¿La imagen de la línea sólo vive
en el espejo que curvó su fondo ?

del hilo que se suelta de la aguja ...
¿ Veré, con el presagio de la ausencia,

la imagen de la línea en mi burbuja 7
("Burbuja", del libro "Presencia de Humo",
Raúl Contreras).

La línea, el horizonte ..., la búsqueda sin fin.
Es extraordinario que no lo notara antes, es decir, en forma
consciente, puesto que subconscientemente. fue lo primero que
advertí y sufrí como partícipe de una especie de locura aérea,
de embriaguez de vuelo, éxtasis inefable, inefable felicidad en
Yértigo de cumbres y anhelo de ascender.
¡ .Alas de la ilusión llenas de herrumbre !
Un día azul casi toqué la cumbre .. .
Y, enferma de horizontes y espejismo,

("Vértigo", del libro "Niebla",
Lydia Nogales).

Ardiente en la raíz; mi son intacto
filtra un claror de lámpara futura
en cada espina del rosal abstracto.

(Del soneto "Holocausto", del libro "Xiebla",
Lydia Nogales).

No hubiera podido yo escribir en años anteriores ningún
comentario a sus poemas, porque ignoraba lo que me atraía
en ellos o lo que ellos significaban. Ahora que lo sé, quiero
dejar testimonio también de mi gratitud hacia el Poeta que
los escribió, por el sólo hecho de haberlos escrito, de abrir
con sus manos, o con sus alas dentro del aire, espacios infinitos
a la imaginación de quien lo comprende y sigue en sus caminos
hacia el cielo. Una poesía que se independiza de su autor.
Basta leer lo que escribió para olvidar su personalidad humana y no ver en él más que lo que· él quiso que se vea: el paso
de su alma. Un alma ligera, aérea, danzarina: Lydia Nogales,
en fin . .Algo infinitamente distante y opuesto a la figura física de Raúl Contreras. Un ser del aire, con vida indepediente
y propia, diferente aun de las características mentales de su
autor cuando se le trata en su carácter humano, fuera de la
poesía. Y este es un milagro de creación perfecta, realizado
por un poeta. Una especie de desdoblamiento creador, dar vida
a una imagen mental, que, indudablemente habita dentro de
él aunque uno no sepa cómo, o la ha conoci~o en sueños.

Burbuja que rompió su transparencia,
detrás de mi retina se dibuja
la trama sin final. Esta presencia

resbala en mis silencios la congoja
del guía alucinado que se arroja,
por vértigo de altura, en el abismo.

61

(

"

Sé que no trato el tema en forma erudita, porque aún
ahora lo desconozco y me parece tratarlo entre nieblas, como
un juego a las adivinanzas o al escondite, un ver aparecer y
desaparecer el núcleo central, casi obligada a ser ·una segunda
Lydia. Ella en pos de lo que busca o se le ha perdido por el
aire, y yo en pos de Lydia. · Además, nada podría tratar yo
desde un conocimiento objetivo, porque no lo poseo, sino desde el muy oscuro, también muy nublado, sentir de un poeta
hacia otro.
'ruvieron que pasar trece años, pasar gran parte de la
vida para que, al cabo del tiempo, ya·Raúl Contreras de nuevo
en España, viniera yo a encontrar la raíz aérea de aquellas
palabras de poesía", que, en 1947, me parecieron misteriosas, extraordinarias1 sin saber a ciencia cierta por qué, pues, me
decía a mí misma, rio' tenían nada de extraordinario.
Lo extraordinario que contienen, que contenían desde entonces, está en fo tima relación con esa aspiración perenne,

�62

63

Testimonio Personal

Juanitli Soriano

¿ Cómo podré saber en cuál sendero
se p erdió mi ascensión ? La voz cautiva
sigu e jugando con el eco. Pero ...

anhelo con que se nace quizá, y del cual si11 duda particil?a
todo el O'énero humano aspiración a la que nunca se renuncia
totalme1~te de subir ¡scender, vivir en el aire o en el cielo,
sufrir sed de aurora{ o de retorno a una patria original, celeste de la cual hemos perdido la memoria pero conservamos la
n¿stal o-ia una especie de raíz invisible que nos une a todo
cuant; st~be y todo cuanto vuela, y una intuición de que en el
vuelo se exprrimentará goce profundo. Y , para volar, indudablernentE', nadie como Lydia-Raúl.

i y el rnmbo fiel ? ¿Y la señal furtiva !
...En esta noche apagaré un lucero
porque otro rodará, peñas arriba.

("Peñas Arriba",
del libro "Presencia. de Ilumo",
Raúl Contreras).

Ella ( o él) , nos recuerda una función perdida, soñad~ o
anhelada, experimentada en sueños de los que uno_ ~e olvida
al despertar y por eso remueve tau profundas afimda?es o
recuerdos en lo más solo de nuestro ser, en aquel espacio cerrado de nuE'stra alma, tal yez contraparte de los espacios
abiertos en el aire, donde reside, eternamente, un doloroso
anhelo de libertad, de un vuelo jubiloso y libre junto a la
luz. de un ascender jugueteando, sin el peso de nuestro cuerpo 'triste, en aquell~s recintos intuídos, donde sólo ~abita la
luz, la levedad, la ligereza alegre de una embriagadora
libertad.
Así como quien ríe, así cantando
la parte inútil de la vida tomo.
Si algunas veces al jardín me asomo.
mi savia dulce a los rosales mando.

Poesía que abarca, asimismo, un natural ideal de p erfección, limpio y libre dE' sentido religioso, o con cierta religiosidad pprsonal, algo alegremente moral, sin lo agobiador y
deprimente de las rPligiones. Algo que comtmica libertad y
una E'Specie de virtud o pureza en su más jubilosa acepción,
por el puro placer de disfrutarla en sí, sin contaminarse con
las mediocridades de la moral religiosa o de otro tipo. Sin
contaminarse tampoco de las mentiras de la religión moderna,
que rinde culto a nuevos dioses, - líderes-, que traicionan
a su i·ebaño.

Porque sé que la hora es oportuna
te11dida al sol, al viento y a la luna,
aguardo las señales milagrosas ...
Y ante el frágil temor d e la partida,
entretengo el engaño de la vida.
sembrando estrellas y tejiendo rosas.
(Del tríptico de la "Danza de las
lloras", del libro "Niebla",
Lydia NogalPs).

'"

Ya Juan Antonio Ayala señalaba con palabras que daban
luz sobre este aspecto de su clave, incluso hasta mencionando
el Espacio como una de sus claves, la insistencia en cumbres,
luz y montaifas; pE'ro entonces yo estaba ciega para comprender, E'ste secrPto, que hay mentes que mediante un desdoblamie11to espiritual , anímico, rompPn con todo JH"XO de la tierra
y se trasladan al espacio, haciendo ele las Hubes su patria
natural. De modo qup psas palabras de Ayala no me dijeron
nada, carrcfan de srntido, eran tau sólo una expresión líricointrlPctual. Hoy veo qur, más allá de la poesía, esas palabras
1irnrn un signific1-1do positivo. de vrrdadero clima mrutal, de
vndadero lu _g-ar en que se habita ~' del que, fü, vez en cuando,
se regresa a la tierra para estar entre las gentes. Una positiva
em briaguE'z del airr.

Peñas arriba, el eco se distrae
jugando con mi voz. ¡, Quién me conduce
peñas arriba ? La señal que luce
es mi señal. Y la ascensión me atrae.

Más allií de la línea, donde avanza
la oscuridad, brilla el oculto fuego.
Un áspero subir y un rumbo ciego ...
f. A qué delirio la obsesión me lanza ?

Sin saber cómo, me quedé en el cruce
de una canción. Y la tiniebla cae ...
X o sé si la distancia se contrae
o si PS el eco el que mi voz r educe.

El valle, ¡ siempre el Yall e!, en lontananza
refleja mi espejismo. Qué sosiego
para esta fe de elrvación. Qué riego
de estrellas fijas en la luz que danza.

�Testimonio Personal

Juanita Soriano

64

La altura corre hacia el abismo. ¿Y luego?
Más allá de la línea, en la bonanza
de la quietud, ¿qué alcanzaré si llego?
Tal vez, desde mi pozo de esperanza,
el áspero subir baje a mi ruego.
Que sólo brilla lo que no se alcanza . ..
("El oculto fuego", del libro de
poemas "Presencia de Humo",
Raúl Contreras).

Golondrina que huiste de mi mano
¿volverás otra vez al viejo nido!

En este otoño negro, he presentido
cerca tu vuelo cuanto más lejano.
Apenas la caricia del verano
fue brisa entre los dos. Quieto el sonido,
siguió tu rastro de ilusión vestido.
Lejos tu vuelo cuanto más cercano ...
Eras del aire y como el aire fuiste
peso en la luz. Cuando mi voz se mueve
en mí tu vuelo está y en mí persiste.
Tú, mi calor, mi golondrina breve,
en este otoño, porque sé que huiste,
sé que eres tú la que en mis ojos llueve . ..
( "Lluvia" del libro
"Presencia de Humo",
Raúl Contreras).

Tal vez porque he sido terrestre, opuesta a lo que me
cautivó en Lydia-Raúl, amiga de cantar el agua y las cosas
de la Tierra, es por lo que no pude penetrar, en tanto tiempo!,
lo que él mismo decía. en cada verso de sus poemas, y vengo
ahora, como en las religiones antiguas, a levantar el velo y
contemplar la divinidad oculta, y esta revelación me da placer.
Primeram~nte escribí sobre lo que me gustaba sin saber
por qué me gustaba, en mi primer comentario a estos poemas,
hace ya m1os trece años. En este momento me parece que
los otros temas tratados en "Niebla" y en "Presencia de Humo"
no son más que un pretexto para disfrutar del alucinante goce

r
1

.

'

65

de sentirse flotar en y dentro del aire, ser arrastrado, llevado
y sostenido por él. De ahí el amor a la Muerte, que es otra
manera de ascender, desprenderse de lo pesado, de la memoria
del Ayer, de todo lo que arrastra hacia la Tierra, de todo
lastre, dudas y tristezas y hasta del cuerpo mismo ... , y flotar,
subir. Renacer o renovarse. De ahí esos paisajes que no se
ven por fuera, porque casi no tienen color, ni olor, ni forma,
porque son informes, un puro sentir, un desplazarse desde un
espacio interior, e&lt;;piritual o mental, hasta el vasto universo de
la luz. De ahí la angustiosa espera, porque el cuerpo pesa, y no
se puede volar totalmente limitado dentro de uno mismo, o sólo
con la vista, midiendo el espacio que va de estrella a estrella,
soñando adentrarse en la niebla o en la luz, deseando solamente, experimentando el vuelo en la imaginación, durante el sueño
o en la Poesía. Llegará un momento en que eso no baste ya.
Para quien tanto lo ha ensayado necesita vivirlo, llegar a un
rralismo vital, y la espera lo enerva.
Como expuse con anterioridad, busqué sin encontrar, en
qué ángulo de esta poesía se halla lo maravilloso; llegué a
pensar que la clave estaba en cierto deje filosófico y triste,
como desencantado, de quien, con profunda experiencia de la
vida, conocedor de sui, misterios, ya sabe lo que puede esperar
y no abriga muchas esperanzas. Pero este tipo de filosofía
hubiera sido muy poca cosa en sí, y más o menos, con otras
o parecidas ~alabras, lo han dicho muchos. Aunque aquí la
esperanza brilla a cada paso, como un asombro, en el camino
oue recorre, lleno de muros por salvar y de obstáculos entrr
fl y su paso hacia la cumbre.
Todo: el Amor, la Muerte, el Viaje, la Espera, el conocimiento que la experiencia le ha dado de la vida, todo, no es
más que un medio, un pretexto, un fondo, un telón para realizar única y exclusivamente el Vuelo. Esta es la gran temática de su canto. En esto sólo reside su necesidad, su ansia,
su afán y su inefable júbilo que se trasluce en muchas de sus
rstrofas, pues al escogrr el aire y el vuelo como su elemento,
conocr en él una intensa alegría, y espera conocer otra más
grande aún, cuando llegue la hora del vuelo total. Esto es
lo que dramáticamente se comunica en el lector afín, lo que
despierta las desconocidas ansias de no se sabe qué perdidos
paraísos, lo que contagia inquietud, inconformidad, prisa por
llegar y. al mismo tiempo una especie de serenidad alada,
encontrada en los remansos de la luz, cuando, mientras se
espera el día del gran vuelo, del definitivo, se distrae la espera
en la contemplación de los motivos cercanos, de la tierra, se
juega fa] vez con una brizna dr yerba, se contempla el río ver-

�66

Juanita Soriano

de del sendero, mientras lejos, en lo alto, la inaccesible Fuente
sigue haciendo señales, promesas y llamadas.
Lancé mi sonda de ilusión al cielo
cuando sobre mi sed pasó una nube.
Y un engaño de luz quemó su vuelo.

El viaje inmóvil de la arcilla. . . ¿Dónde
signará mi canción la última huella T
A mi largo llamar ¿ qué voz responde T
El desamparo de mis ojos sella
la hora en fuga. ¡ Y mi visión cobarde
no atisba la caída de una estrella!

Tras el muro de carne que me espía
juega la luz. Pero en la luz cerrada
¿ qué alondra me dirá que aún es de día?
(Del poema "Sed", del libro
"Niebla", Lydia Nogales).

67

Testimonio Personal

de estar en mí. Pero la esencia sube ...
Como la nube, volveré a la nube.
¿ Qué estrella ignota seguirá mi rastro?
(Soneto III de los seis sonetos
de "Aleluya", del libro
"Niebla", Lydia Nogales).
Y queda aclarado también otro de sus misterios. El por
qué, en medio de este arrastrar una desilusión, surge por instantes el optimismo. Un optimismo que sabe que la meta
está segura, que aquello que se persigue y busca casi sin esperanzas de alcanzar, nos sorprenderá de pronto en nna de las
vueltas del camino. Porque el objetivo es ·seguro. No puede
fallar. El gran viaje, el Salto, el traspasar el Muro, sólo sérá
una cuestión de tiempo. Repentinamente se encontrará en
el otro margen. En multitud de poemas R. C. se anticipa a
esta Realidad y se ve ya en la Nave, ya en el Río, ya iniciado
el misterioso Viaje, que tanto atrae precisamente por eso, por
misterioso, y al que se teme por inevitable. Y esta seguridad
de su realización y arribo es lo que se traduce en esperanza,
serenidad y optimismo. Imágenes de la Muerte en donde tiene
su presencia natural el aire o el espacio que entra en toda su
poesía: parado en la nave ( vertical hacia el cielo). El viaje
inmóvil, "el paso inmóvil y las manos juntas", o sea el viaje
o el paso de la estatua, o la estatua r ecortándose en la luz.

Así como la nube, así mi traje
sangraba con el sol. Así en la aurora
yo era un ala de lumbre y, en la hora
del véspero, una huída de celaje.

Cada cual ccn su lámpara, se aferra
a su puesto en la nave; mas ninguno
conoce adónde va. Y un importuno
golpe sin golpe los oídos cierra.

Así como la nube, mi hospedaje
era claro y movible. Ni la espora,
ni el barrq, ni la cal: esto que ahora
me oprime con su sórdido ropaje.

¿Vuelven los que se van Y Mi paso yerra

Baja la nube, me envolvió la yedra ...
Así, con esta vocación de piedra,
piedra yo soy y el cautiverio arrastro

en la nave sin fin. Uno por uno
los voy contando a todos. Falta alguno:
el capitán que se ha quedado en tierra.
Cada cual con su lámpara ... - ¡Yo iba
con un girón del alba en otra nave!¿Adónde va este barco a la deriva?

�68

Juanita Soriano
Testimonio Personal

¡ Toda la niebla en mis pupilas cabe!

Cuando pregunto al timonel de arriba
no me responde. El capitán lo sabe ...
(Soneto titulado "Niebla", del
libro "Presencia de Humo",
de Raúl Contreras).

Y así interminablemente. "En este mar sin nave ni argonauta", y en otro de sus sonetos dice:
Estoy donde ya estoy. Pero me embarga
la angustia del vacío que se queda.
¡, Alguien que pase tomará mi carga?
( "Montaña .Abajo", del libro
"Presencia de Humo",
Raúl Contreras).

Mi comentario a esta poesía no es técnico, ni siquiera se
refiere a la poesía en sí y sus recursos poéticos, sino exclusivamente a sus motivos. El estudio autorizado está ya hecho
con más conocimiento del que yo podría tener, y en estos
comentarios personales he querido destacar otra calidad u
otro mérito, aparte del estilo poético, aunque éste sea perfecto,
mérito que, a la postre, también viene a resultar condición de
la poesía, y es lo que induce -alejado de formas literarias, lo
que induce como un bien apetecible, adquirir esa libertad exnresada en ella. Ese aspecto iguala o trasciende al intelectuallírico y es impalpable como su poesía misma. Hablo del impulso de ascensión, elevación, nostalgia de luz, vocación de
alas, a todo lo que, sin forma, ti.ende a fundirse y confundirse
dentro del océano de la luz

Nadé, mas sin nadar, en la corriente ...
Y, en este viaje puro, se ha quedado
atrás el río. Y la montaña enfrente.
La nieve ha de bajar hasta el collado ...
Pero, por miedo de cruzar el puente,
me iré, saltando estrellas, por el vado.
("Otoño", del libro "Presencia
de Humo", Raúl Contreras).

69

Es curioso cómo aun en aquellos conceptos de Raúl que
expresan inmovilidad, como el "viaje inmóvil", se ve transcurrir por dentro, en alguna forma, el Tiempo o algún otro
elemento que se desplaza, una especie de vuelo sin ayuda de
alas, como será tal vez el vuelo humano en algún remoto porvenir, a un solo golpe de voluntad, obedeciendo a impulsos
interiores, vitales.
Seguramente no conocí antes una poesía aérea, de ahí
que para mí la de Raúl Contreras constituya una novedad que
vino a remover fuerzas latentes en afinidad con quien ama las
cumbres y se va tan alto que no se le puede seguir : se me
pierde en la luz.
Suelta ya como el aire ... Pero el muro
estaba allí para cerrarme el paso.
Como lo eterno, inconmovible y duro,
y desalentador como el fracaso.
El muro . ..
Del poema ("El Muro", de Niebla",
Lydia Nogales).

Antes la sombra y al final la sombra.
Nada más. ¿Y el minuto de la vida ?
Este peldaño de la luz caída
¿qué rumbo marca o qué camino escombra ?
Un círculo de huellas en la alfombra
del mar, cierra mis pasos sin salida.
¿La noche es como un alba introvertida
en el umbral de Lo Que No Se Nombra ?
Niebla en la niebla. Cuando baja y sube
mi lámpara interior, palpo la nube
que atisba el horizonte. Pero tarda
la aurora fija en el reloj de hielo ...
Y aguarda como un trino mi desvelo
sin saber todavía lo que aguarda.
("Nada", del libro "Niebla",
Lydia No gales).

Entre mis compatriotas salvadoreños, los poetas están con
la cara vuelta hacia la tierra, sembrando, arrancando arañando, metiéndose como topos dentro de ella, o sumergidos bajo

�70

Juanita Soriano

el mar, el río o el légamo. Otros, cantando furiosamente a
las espigas, no por su ondulación dorada y aérea, ni por representar mares de sol para la vista, sino por su significado
de pan, de derecho social, algo relacionado con el hambre y
con la harina, que hace pensar en el olor de las panaderías,
el sudor de los obreros y manifestaciones de protesta por las
calles. Y esto aunque valioso, -y yo comulgo con el ideal
que encierra de forjar un mundo mejor y más justo-, se sale
de la poesía y más parecen artículos exponiendo conceptos
políticos, y es ya tan conocido que no puede arrebatar el alma
en delirios de contagio. (A menos, desde luego, que tal tipo
de poesía fu era espontánea, nacida de un genuino amor e interés por la humanidad, no por una idea política a la que se
le hace propaganda, donde se aprovecha el dolor y el hambre,
sin que éstos importen gran cosa al que los menciona). Un
tipo de arte así, supeditado a la opinión de las masas, masas
a la vez engañadas por esta clase de artistas y por sus líderes,
lleva un mensaje deformado al pueblo, porque es insincero;
un anzuelo donde los que caen obtienen cadenas más duras
que las que pretendían sacudirse. Otros poetas salvadoreños
se entretienen en paisajes tropicales, como lo hago yo misma,
o en lamentar el tiempo ido con los amores que arrastró, como
lo hacemos la mayor parte de las mujeres poetas de América
Latina. Supongo que deben existir por el mundo y existieron
entre los poetas ya muertos, otros cantores de la luz esencial,
sin tomarla como símbolo metafísico, sino por el puro placer
de embriagarse y envolverse en ella, llegando a la postre, a
constituir un símbolo, pero que no fue buscado cerebral o
artificialmente. Han de existir y sin duda existieron, mas
como no tuve la suerte de leerlos, este conocimiento me vino a
través de Lydia Nogales-Raúl Contreras.
Y creo que voy llegando a la raíz de otro de los fenómenos
externos que despertó esta producción en la época en que se
inició y años después. Y es el por qué del odio que inspiró
su bandera entre los que la ad-versaron, odio incomprensible
si se toma en cuenta que no exponía temas sociales o políticos
( o sería precisamente por eso) ni ideas, ni algo que despertara
reacción o se pudiera combatir, ni siquiera revolucionaba el
verso y daba rutas nuevas; era simplemente una actividad
creadora, y el ser creador parece despertar una especie de
odio en personas que, no pudiendo crear, exigen que se considere como obra de creación los malos versos escritos por ellos
o por otros, versos ,escritos en plan de secuaces o imitadores
de ideas ya enunciadas por líderes sociales, donde nada es
nuevo y personal, ni siquiera la manera de escribirlos. La
poesía que comento no contenía más que belleza pura y la

Testimonio Personal

71

belleza pura cuando no conmueve no provoca rencor a lo más
se la desprecia por considerarla sin valor en esta 'época de
lucha. ~l por qué. de tal odio estaba en· otra parte. Era ese
vuelo altivo, ese deJarnos muy por debajo de su mansión aérea
ese no poder asirla ni alcanzarla porque las raíces humana~
n~s encaden~n a la_ ~ierra con todo su peso de lastre y de
tristeza. Man de imitar el vuelo y convicción de no saber
hacerlo. Era verla pasar sobre nuestras cabezas sin saber
cómo había realizado el milagro. Era algo del sino adverso
q_ue cono_cen los grandes dadores de luz, a quienes los pueblos
siguen ciegamente o crucifican. A quienes se sigue con la
e_speranza de que nos abran las puertas a toda felicidad y
libertad extra-humanas, que nos liberten del peso de cadenas
y nos revelen el secreto que intuimos en nuestros corazones
que nos hagan partícipes de su experiencia del vuelo. Y eÍ
odio v~ene de quienes, reconociendo el milagro, lo consideran
u~ peligro, algo que afecta a sus fines o planes políticos de
vida que se escapa, y tienen miedo de que arrastre a otro~ en
su jubi~osa ascención, anhelo de ascender, fuga ... , y los aparte
de los rntereses terrestres, revolucionarios doctrinarios socialistas, en el id_eal de construir un mundo q~ie creen será' mejor.
Hasta aquí 1!11 ~omentario pe~~onalísimo. Quiero, sin embarg~,
agregar la s1gmente observac1on, de carácter distinto a lo ya
expresado.
. Hay similitud entre Raúl Contreras y · otros poetas, es
decir, alguna similitud, especialmente con el mexicano González Martínez, y con algunos poemas de la también mexicana
Concha Urquiza, que sin duda escondió en su poesía alguna
vena mística. La similitud está en alguno de los temas: en
autonombrarse Huésped, o recibir ( en Raúl Contreras más
bien esperar) a un Huésped, ( quemáronse las brasas en el
horno, y el huésped sin venir; huésped extraño, presente y sin
presenci~. Como antaño mi mesa está esperando su retorno") ;
en mencionar alguna oveja, un pastor y filosofar suavemente
sobre la vida. "Pastor que pastoreas en la altura - la rosa
de los vientos", dice Raúl, y se comprende que su rebaño y
sus ovejas no son terrestres. Serán de nubes.

Me sorprendió la tarde entre la albura
de un éxodo de ovejas. Del rebaño
tomé la mía sin hacerle daño.
No ví su piel. Y era la oveja oscura ...

�Juanita So1•iano

72

Pastor que pastoreas en la altura
la rosa de los vientos. No hay engaño
en el color, que hasta el oscuro paño
se cristaliza con la llama pura.
Igual que no se ve desde la orilla
la imagen interior, la noche estanca
la luz en la mirada que no brilla.
Pastor que buscas una oveja blanca,
toma la negra que tiñó la arcilla
y arráncale el color que no se arranca ...
("Exodo", del libro "Presencia
de Humo", Raúl Contreras).

Pero mientras los poetas mencionados se quedan ahí, dentro del paisaje que pintan o la descripción que nos hacen, la
poesía de Raúl acus~ una diferenci_a esen_c~al, es un ~lemen~o
interior que dice mas que los motivos vmbles, la diferencia
está en su intención de vuelo. Esta será la diferencia permanente con los dos ya mencionados y con otro~ con lo~ que
pueda tener puntos de contacto. Y es que mientras estos,
dentro de la belleza y perfección que posean se quedarán siempre por aquí, el alma de Raúl (Lydia Nogales) emplea_ las
mismas palabras o motivos para dar un salto, y esos motivos
no son el fin en sí, sino un medio para alcanzar su verdadero
clima, su altura. Si no se descubre esta raíz aérea sólo se
tiene noción de una diferencia fundamental dentro del parecido, sin saber en qué consiste. Es, hablando a la manera de
Raúl Contreras, el cuerpo sin cuerpo de esta poesía lo que
emociona, una poesía metafísica, abstracta :
Buen pescador que pescas la fortuna
y no sabes qué pescas. Tu desvelo
¿cansó la playa que limita el hielo V
Y yo, pescando sombras, en la duna.
Buen pescador, porque tu red me acuna,
lo mismo que me velas yo te velo.
La pesca en el vacío . . . Y el anzuelo
soldado entre los garfios de la luna.
Buen pescador, para la red visible
abre tu hielo, si tu hielo esconde
agua de sol en el cristal movible.

73

Testimonio Personal

Desde la luna, aunque tu red se ahonde,
buen pescador, la pesca es imposible.
Cerrado está el enigma. Y no responde . . .
("La P esca Inútil", del libro
"Presencia de Humo";
Raúl Contreras).

Hay similitud entre este soneto, y uno mío, anterior a
éste, titulado "A Una Olvidada Red Después de La Muerte
del Pescador", donde el reflejo de la luz y la sombra fingen
un agua y una red inexistentes. Pero, como en el caso de
los poetas mexicanos, mi soneto se quedó por aquí, humildemente terrestre, y el de Raúl remontó el vuelo que es la esencia
natural de toda su obra. Ya él mismo lo dice, cuando habla
con la voz de Lydia :
La lumbre a mí. Que si soñé despierta,
dormida sueño una ventana abierta.
¡Aleluya! ¡Aleluya! Y sin embargo . ..
Recientemente leí a un escritor francés, Maurice de Guérin, con el que encuentro también alguna similitud entre él
y Raúl, siempre en la forma externa, alguna frase en común
pero que suena distinta y adquiere otro significado dentro del
textó de cada uno. Las palabras, en manos de Raúl, vuelan.
En poder de los otros tienen raíces terrestres.
Poesía que contiene esa armoniosa musicalidad que, como
la música, produce paz. Acusa el debido contraste entre vocales fuertes y débiles en la rima consonante, y los acentos y
ritmo guardan un equilibrio que, en conjunto, se adaptan a
la suave música de las ideas de vuelo y danza en el aire e
imagen de la tierra vista desde las alturas.
Quise hacer esta referencia para mostrar hasta qué punto
maneja en su obra el elemento que ama: el aire. El elemento
invisible al que se siente correr o transcurrir interiormente, al
que creyéndolo ver, no se mira. Así es el aire y así lo incorporó Raúl Contreras a su poesía inmaterial, hecha de niebla,
luz y humo.

Monterrey, enero de 1961.

�Robert Bréchon

LOS ENSAYOS

Yo

QUISIERA este hermoso título
para los libros que me gustaría escribir. Siempre hay temeridad al querer hacer un poema o una novela: esto supone la
dominación soberana de una materia mueble, como el modelado
o la escultura. El ensayista es semejante al animal que se
cava una madriguera a la medida de su ser. No hay necesi-dad de estar inspirado ni de construir; el ensayo es la huella
que deja en su camino, por la escritur a, un pensamiento que
avanza, que rasca y excava delante de él mismo.
Se confunde a veces a los ensayistas y a los filósofos, aun
cuando se encuentran en oposición. Toda filosofía es sistemática, es perspectiva única. Una obra filosófica es un paisaje; todos los detalles siguen una línea de fuga. Es también
un itinerario, un progreso; cada etapa del pensamiento acerca
al filósofo al momento en el que abarcará con la mirada la
totalidad. El pensamiento está comprometido a esto en un
movimiento irreversible. (ll
El ensayo, al contrario, es aventur a. Ensayo : aproximación, tanteo, acercamiento. Nada presupuesto, sino tentativas
al azar, para ver: y el ensayista, no sabiendo adonde va, no
teniendo porvenir ( como el poeta), está totalmente presente
en cada pensamiento, es, a cada instante, su horizonte nuevo.
Al mismo tiempo, y es por esto por lo que es probablemente un arte, el ensayo no se reduce a su significación litera• Traducido y publicado con autorización de Les lettres nouvelles, en cuyo
número 7, del mes de octubre de 1960, apareció este trabajo.
(1) .-Esto

es verdad de los tratados, pero también de las obras divididas,
que son en apariencia ensayos. Los fragmentos no son aqui sino la.
moneda de un pensamiento que tiende hacia su objeto, como el alpi•
nista hacia la cima de la montaña.

-75-

�76

Los Ensayos
Bobert Bréchon

ria. Una obra filosófica, como una obra técnica, quiere decir
lo que dice, o no dice nada. El pensamiento está aquí "explicado" como el hilo de una bobina. Las palabras son aquí
instrumentos de revelación o de expresión del pensamiento.
Mientras que el ensayista, como el poeta, utiliza el lenguaje
como una sonda; lo que alcanza, no lo sabe exactamente. El
ensayo no vale sino por una significación que lo excede. Es el
aliciente de un movimiento que enseguida se propaga a profundidades insospechadas.
¡ Qué oscuridad en el cerebro! Durante la vida diurna,
¿ es el rumor del mundo, o mi propio rumor ( el latir de mi

sangre), o el desorden de innumerables cambios entre el mundo y yo? no estoy ya en comunicación con mi espíritu. El está
allá, en alguna parte, en la sombra, fuera de circuito, inaccesible, agazapado, como una bestia en una madriguera. Si, al
llegar la noche, me acuesto, desde que apago la luz las ideas
comienzan a rascar en la puerta. Trato de alejarlas o de
olvidarlas; imposible. Enciendo de nuevo, tomo papel y lápiz ;
pero es tan difícil encontrar una idea en una cabeza como
una pulga en una cama. Cuando estoy completamente despierto, se mantienen distantes. Mis ideas y yo (las considero
de todas formas como mías), no vivimos juntos, como en esas
familias en las que el marido y la mujer, trabajando en horas
diferentes, casi nunca se encuentran.
Estas ideas, así entrevistas en un duerme-vela, son fantasmas de ideas. · Después de todo, no estoy absolutamente
seguro de haberlas tenido. Es justamente por esto que yo
quisiera, para la escritura, constreñirlas a hacer la prueba de
su existencia y a vertirme sus claridades.
Cuando escribo, no es para fijar o comunicar un pensamiento, sino más bien para poner en pista un pensamiento
futuro. Mi pensamiento es esfuerzo hacia el pensamiento,
cohetes que suben hacia el cielo de los pensamientos.

77

He aquí el paso desesperante del ensayo. A veces, creo
percibir una luz; me dirijo hacia ella tan obstinadamente
como puedo (no soy obstinado) ; el pensamiento choca con un
obstáculo, quiere rodearlo y se encuentra en su punto de
partida. Por lo menos, en el curso de la operación, ha habido
a veces "desprendimiento" del pensamiento.
Desde que encuentro el obstáculo, o mejor dicho desde
que me percato de mi paso, me regreso, cuando debería sin
duda insistir, profundizar, como se dice, o mejor, tantear pacientemente, como cuando se deshace un nudo: tratar de sostener el cabo bueno.
Los hombres que verdaderamente piensan, que piensan
para nosotros y nos ayudan así a recoll&lt;;&gt;eer nuestro dominio
y a instalarnos en él, son de dos clases: unos cortan los; nudos,
élestruyen o desplazan los problemas, crean nuevas relaciones,
abren nuevas perspectivas al pensamiento; los otros deshacen
los nudos, explican el mundo, resuelven los problemas, vuelven
a encontrar los caminos oscuros y los aclaran. Unos se proyectan hacia lo desconocido; los otros traen a lo conocido lo
que estaba en su frontera.
Durante mucho tiempo he querido escribir para hacer un
corto-circuito. Escribiendo poemas o cuentos, tenía la ambición de crear seres nuevos; aunque se desvaneciera enseguida
en la indiferencia o en el olvido, el lenguaje del poema o del
cuento (las ideas, las imágenes, los efectos, las relaciones
que constituyen) pueden hacer brotar una nueva verdad del
mundo y de mí mismo.
He fracasado : mis poemas y mis escritos no reinventaban el mundo, lo adornaban; y yo me reinventaba a mí mismo,
yo me relataba.

Ser hombres, es también esto: probar las llaves del llavero,
tocar a las puertas, caminar sin luz. Más acá de la impostura
de las filosofías, de las ideologías, de las ideas recibidas, esta
marcha a tientas, este trabajo de ciego, es lo que transforma
al mundo en un dominio humano.

Entonces, ya no he querido inventarme, sino más bien
explicarme, deshacer ese nudo embrollado que lentamente han
anudado las determinaciones, las circunstancias, mis actos, mis
elecciones o mis negativas de elegir, y explicándome al mismo
tiempo el mundo en que vivo, tal como lo vivo, ese mundo
que se curva alrededor de mí justamente porque lo vivo.

(Y sin embargo no. Mi pensamiento, aunque a tientas, se
calla sobre el horizonte de una ideología. Callando la ideología, cuya expresión es pensamiento, sin quererlo o sin saberlo,
el pensamiento llega a su vez a ser una impostura).

Pero para deshacer los nudos, para sostener el buen cabo
del hilo y seguirlo remontando hacia las causas, se necesita
mucha paciencia y energía; es decir que es necesario olvidarse en la búsqueda de un fin, aun cuando se trate en resu-

�Robert Bréchon

78

midas cuentas de alcanzarse a sí mismo. Es lo que hace Montai c,ne: se desprende de él para circular en él mismo, mientr~ que la mayor parte de los autores de diario íntimos permanecen hundidos en ellos: nada se pega tanto como el yo.
Jamás he podido tomar conmigo esta justa distancia. La
mayor parte de los hombres (y más todavía las mujeres_) que
escriben por compensación son así: bloqueados en sí mismos,
clavados en sí mismos, incapaces de salir de _sí en la cólera, la
pasión, el entusiasmo, la acción o el pensamiento. No se trata
de Narcisos, al contrario, a menudo se odian, pero no pu~den
distraerse de sí mismos, y por esto no pueden ya cumplirse,
desplegarse en el mundo con todas sus riquezas, llegar a ser
plenamente en sí.
Una tal disposición vuelve impropia la reflexión tanto
como la acción. Es favorable al ensueño, que no exige distancia ni salto, que es inmanencia. El soñador acoge i_mágenes
o fantasmas de pensamientos en los que la sustancia no se
distingue de la suya propia. La conciencia soñadora está,
como un teatro, cerrada a todo que lo viene de fuera, parece
abierta sobre un abismo, pero está en el interior; no comunica sino con ella misma. El soñador, es el indiferente. Mfontras que el pensamiento es siempre_ ac~fvo, cread3r; es un
impulso hacia otra cosa. En la ensonac1?n, me bano! m~ revuelco en mí; por el pensamiento me dana a luz a mi_ ,mismo,
a mi verdad : la verdad de un hombre es su vocac10n realizada.

*

*

*

En el fondo, lo que trato de definir por mi cuen~a bajo el
nombre de ensayo: un compromiso entre el pensamiento fulgurante de los poetas o de los filósofos-poetas (Nietszche) y el
pensamiento paciente de la mayor parte de los filósofos o de
aquellos que habitualmente se llama ensayistas. Igualmente
incapaz de hundirme en lo más profundo de la verdad y de
bordear hacia ella, chapoteando desesperadamente en 13: ign0
rancia, sofocado a veces, ciego casi siempre, teniendo sm embar.c,o la impresión de avanzar un poco, creyendo o tratando
de ~reer que todo esto no es ente!ll:1!1ente vano y que u~ día
veré más claro, y que toda la amb1c10n del hom~re que piensa
no puede ser sino ese pequeño aumento de claridad que hace
brotar a veces y que rechaza las paredes de su condición.
Sin duda por la lectura puedo proyectar en mí una lu:;;
que me prest~n los otros; pero sólo Y:º puedo desce~der en
mí. No se trata solamente de conocer smo de poseer. Lo que
no hemos tenido que descifrar, que esclarecer por nuestro es-

Los Ensayos

79

fuerzo personal, no es de nosotros. No vive en nosotros. No
viene de nosotros mismos sino lo que sacamos de la oscuridad
que está entre nosotros y que los otros no conocen."&lt;2&gt; No se
trata solamente de conocerme, sino de hacerme habitable a
.
m1' nusmo
; y pro ba bl ement e aun antJS d e " ent rar en_mi,,, , . co mo se dice : estoy a la puerta de m1 mismo, como s1 hubiera
perdido la llave. Escribir, pensar (es lo mismo), significa para
mí tratar de reintegrar mi lugar verdadero. Todo pensamiento, toda palabra encontrada y seguida como un guía, tomada como un hilo, no tiene otro valor que el de una aproximación.
La poesía es una presencia, es al menos una tentativa para
instituir una presencia; el ensayo no es sino una aproximación
sin fin. El ensayista sabe bien que no penetrará en el corazón
de lo real; cubre pacientemente la realidad, teje alrededor de
ella el tejido de sus pasos, de sus pensamientos y de sus palabras. No se consume con sus palabras en lo inefable, como el
poeta; él vela. El vela para que el mundo no se absorba en la
indiferencia, para que no vuelva al caos; para que el mundo,
en él, tenga un smtido y un valor.
*

* *

La tentación de escribir toma en mí dos formas diferentes,
a las cuales corresponden dos vocaciones -fallidas- del poeta y del ensayista. Escribir, sería desarrollar dos proyectos: en el orden poético, quisiera escribir para apoderarme
de mi fuente, para alcanzar un más acá de mi ser, para probar
en mí al hombre todavía no situado, todavía no objetivado,
nara establecerme un instante en ese lugar puro donde angustia y admiración se confunden en una misma experiencia de
misterio. En el orden del ensayo, si escribo, es más bien para
aooderarme en mi totalidad, para experimentar toda la parte
de ser que me es dada; quisiera a la vez atrapar sólidamente
el hombre que he llegado a ser, producto del tiempo, de la
sociedad, de la necesidad y de la contingencia, y abarcar todas
mis posibilidades, mis tentaciones, mis vocaciones, probar mis
límites, despertar las fuerzas que duermen en mis fronteras:
en suma, reunir en un solo haz todos los elementos que componen mi ser real (histórico) y posible ( proyectado o solamente
soñado) .
Este deseo de alcanzar un Yo total, que es una de las más
fuertes motivaciones de la escritura, normalmente habría debido conducirme a hacer escritos o memorias. Mis virtualidades, las proyecto y las encarno espontáneamente en algunos
(2) .-Proust,

Le temps retrouvé.

�R-Obert Bréchon

80

que he conocido y de los que cada uno me parece simbolizar
perfectamente una de mis tentaciones. Cada uno de ellos es
representativo de una cierta actitud humana de la cual me
siento participar, de un cierto estilo, en el conocimiento, la
acción, el amor, etc. En un sentido, me r econozco en ellos,
pero tienen todo eso que más me falta: una exigencia auténtica, dinamismo, un poder de creación. Contemplo en ellos mi
verdad, a la vez íntima e inaccesible. Estos hombres tienen
una unidad (en el sentido en el que decía Diderot: un todo es
bello cuando es uno), mientras que yo estoy dividido precisamente entre esos posibles yos. Soy un amateur y un dilettante, y la única manera de vivir sin mala fe sería sin duda
asumir ese carácter: de ahí mi predilección por los temas del
"hombre honesto", del hombre "polivalente" de las disciplinas
operantes y de los encuentros: no siendo nadie, no habiéndome
escogido verdaderamente, me queda por asegurar la pluralidad de modos de vida y de pensamiento, tratando de situarme
en su encrucijada. Una manera creadora de asumir mi cará.cter de dilettante sería hacer vivir personajes, como han
hecho tantos escritores que han podido así compensar lo que
su vida tenía de inacabado; pero esto es un círculo vicioso, ya
que esto supone el poder de creación.

*

*

Por otra parte, el solo pensamiento de escribir una narración novelesca me da náuseas. Es por rutina que la mayoría
de los escritores insisten en presentar bajo forma de novelas
su experiencia del mundo. De Ba.lzac a Proust, los escritores
han sido esencialmente novelistas. En ellos, la forma novelesca
tenía una verdad. Vivían en un universo r elativamente preservado, donde lo que contaba eran los acontecimientos de la
vida privada (las relaciones familiares, amorosas, mundanas).
La epopeya había llegado a ser inconcebible en un mundo
donde los dioses, los héroes, los mitos, la jerarquía feudal, el
espíritu caballeresco y la gracia habían desaparecido. La tragedia también era inconcebible en un mundo sin Fatalidad.
La novela, tal como se encuentra constituída en el siglo xviii
y principios del xix, traducía la creencia en la autonomía del
individuo. Era la narración de una libertad que se desplegaba
en el espacio social. A su vez, llegó a ser inconcebible en un
mundo en el que el individuo es aniquilado, en el que la vida
privada tiende a desaparecer bajo la presión de la historia,
en el que el hombre se interroga menos por los acontecimientos
de su vida que por su condición misma. La literatura del siglo
xix era una literatura del desti, ,• la de hoy es una literatura
dP la condición humana.

Los Ensayos

81

Balzac, Tolstoi, Flaubert, el mismo Proust alcanzan naturalmente su verdad a través de sus personajes. En sus sucesores ( de Kafka a Robbe-Grillet), los personajes no solamente
pierden el atributo que en Balzac era esencial: su estado civil,
sino también toda consistencia, toda individualidad, toda historicidad, es decir todo eso que precisamente hacía de ellos
personajes. O bien si existen como personajes ( en Butor, por
ejemplo), parecen reabsorbidos : no revelan la verdad del
autor, más bien la disfrazan.
La novela tradicional ha llegado a ser imposible. El novelista de hoy se encuentra colocado entre dos soluciones extremas: o bien renuncia a toda forma dada desde fuera como
hace prácticamente Beckett, y entonces es el movimiento mismo del pensamiento que crea una forma nueva, innombrablé,
pero también híbrida, inconsistente, hundiza, engañosa; o bíen
entrar de lleno en el juego y reducir la novela a su forma
como hacen Butor y Robbe-Grillet. Novelas en apariencia
vacías de contenido, pero ricas en relaciones intelectuales,
obras de pura técnica, donde la técnica no se aplica para nada.
Se encontrarían aquí las dos tendencias de la pintura abstracta : de un lado una pura Presencia ( en la novela: una
pura voz); del otro, una pura Forma.
·
Sin duda sólo las novelas puramente formales merecen todavía el nombre de novelas. Pero a pesar de su apariencia
de obras de vanguardia, van a contra-corriente. Cualquier
cosa en ellas suena falsa. Se encuentran en un retardo de
cuarenta o cincuenta años. Piénsese en las tentativas para
renovar la tragedia a fines del xviii y princpios del siglo xix.
La literatura de hoy se encamina hacia lo informal. Como
en la pintura, es una especie de grado cero de la creación.
Bien entendido, el arte informal no existe. Si es arte ( o literatura), esto significa que es una tentativa del espíritu creador para "tomar forma en lo informe" (en lugar de amoldarse e_n una ~orma). Fatalmente (y es a esto a lo que tiende),
de aqm naceran nuevas formas. En literatura, se puede imaginar una forma que participará del diario íntimo, del ensayo,
de la novela y del poema. O probablemente otra cosa distinta.
De todas maneras la novela no es sino un momento de las formas literarias -aunque la poesía, que no es una forma es
consubstancial a la literatura.
'

.
No pudiend~ crear, responder al desafío del mundo, yo
mterrogo. Me mterrogo. Sw~ quiero ser una pregunta
hecha a mi noche. Sin duda no pasa un instante sin que aflo-

�82

Los Ensayos

Robert Bréchon

No puedo imaginar un ensayo logrado ni un ensayista feliz.
Pero no importa quien pueda ser ensayista, ya que no se trata
en ningún caso de producir cualquier cosa, de realizar una
obra• solamente de emprender, por la escritura, una marcha
ment~l. Una idea de novela o de poema no es en ningún grado
una novela o un poema, mientras que una idea de ensayo, si
se le expresa, es ya un ensayo. El talento aquí no cuenta ( quiero decir que no es necesario ni suficiente, pero bien entendido
no es inútil) ; el talento, tal como se ve en nuestros jóvenes
novelistas de hoy, es la recompensa de la desenvoltura. Me
gusta el paso de la yunta: si los bueyes galoparan, no habría
surco.

ren a mi conciencia las eternas preguntas de todos los hombres, pan cotidiano de nuestro pensamiento, nodrizas de nuestra angustia y de nuestra dignidad. Todas las preguntas
de todos los hombres no f\On sino un viento ligero en la inmensidad del ser, pero ese aliento es todo lo que en nosotros
manifiesta al hombre. Y sin duda es doloroso no saber, no
tener, y aspiramos más o menos confusamente a un estado
realizado del hombre, que sería en nuestro estado real a la vez
eso que la salud es a la enfermedad y lo que la madurez es a
la infancia o a la vejez. Sin embargo ya no imagino un hombre
realizado sino un árbol perfectamente geométrico : el desequilibrio es nuestra condición, y la condición de todo el que vive.
Estamos huecos, tronchados, divididos, y es sólo por esas desgarraduras y esas llagas que puede manifestarse el espíritu.
Lejos, arriba de nosotros, alrededor de nosotros, en lo más
vasto del Universo que nos comprende, &gt;' lejos también en el
interior de nosotros, en lo más pequeño de nosotros, en lo
más granado de la materia que nos forma, más allá o más
acá de nuestro espacio y de nuestro tiempo, reina probablemente la eterna armonía. Estamos, nosotros, con todos los
seres, en la zona de la tempestad biológica y, solos en la zona
de la tempestad espiritual; doblemente abiertos, doblemente
ofrecidos a las heridas y a la muerte.

No obstante, suelo sorprenderme por la ineficacia de lo
que llamo mi pensamiento. Este "pensamiento" ( el mío, el
de los "literatos", sean poetas, ensayistas o filósofos), ¡ qué
anacrónico es! El de los lingüistas, en un grado menor, el de
los etnólogos y psicólogos, tiene ya un rigor comparable al de
los físicos o químicos. Nosotros no tenemos método. Cuando
un literato pretende crearse uno, es irrisorio (hasta en Paul- .
han o Valéry). Hay días en los que estoy tentado de creer
que la posesión de una técnica científica cualquiera es en
nuestra época la condición de todo pensamiento serio y que,
como me decía un día un físico que se pretendió también un
pensador (Marcel Boll), yo soy irrecuperable para el mundo
moderno.

La escritura es una manera entre otras de v1vu· esta
herida de nuestra condición, de vivir con ella y por ella para
negarla ( en lugar de olvidarla); y particularmente el ensayo,
en la medida en que, por su abertura, por su paso aventurado
y desesperado, traduce nuestra situación en el mundo. &lt;3&gt;
(3) .-No pretende desconocer que esta concepción de la literatura (y esta
visión de la condición humana) lleva la marca de la época. En un
artículo que tengo a la vista (Critique, febrero de 1960). Henry Birault
nota en la filosofía moderna "la dislocación del estilo y las reglas
de la composición filosófica, la substitución de los misterios a los
problemas . . . el culto de la interrogación, y la desconfianza a la vista
de las respuestas y los resultados, el gusto de las "migajas" o de los
"residuos" filosóficos, la atención a la heridas del ser, la valorización
de los fracasos de la Existencia, y esta extrafia predilección, en fin,
por las situaciones-límites, las síntesis abiertas, las totalidades destotalizadas y los conjuntos desintegrados ..."
Esta nota parece, por otra parte, Invalidar la que yo hacía al comienzo
(nota 1). Probablemente en efecto, los filósofos llegan hoy a ser
ensayistas; pero entonces dejan de ser filósofos, es decir especialistas,
ya que el ensayo, tal como ha sido definido en estas páginas, es, se ha
visto, lo contrario de una técnica especializada: el esfuerzo de un
pensamiento a la vez ingenuo y lúcido, aquel, si se quiere, del "hombre honesto" tratando de "tirar su razón"; o aún más, si se quiere
emplear el lenguaje del filósofo, el ensayo representa un esfuerzo
de pensamiento que no maneja sino los útiles conceptuales y lingüísticos ligados a la praxis cotidiana.

83

...

Probablemente esto sea cierto. Pero el pensamiento del
ensayista, tal como trato de definirlo, es de otro orden que el
del sabio, y no tiene porque pedirle prestados sus métodos ni
porque ser comparado con él El pensamiento científico está
en cierto sentido limitado, ya que se asigna un fin que es el
conocimiento. Donde hay una pregunta se mantiene abierto.
Es del orden, no del conocimiento, sino del ser. No se trata
para nosotros de dominar o de poseer la realidad, sino adherirnos a ella, de ajustar nuestras relaciones con ella, de encontrar aquí nuestro lugar. Me parece, casi desde siempre
(sin duda desde el despertar en mí de una conciencia) que
los objetos (las cosas, los signos, los seres, las palabras, los
conceptos) están en mí ( es decir, alrededor de mí), ligeros,
movientes, mal ajustados, como piezas destornilladas de un
mecanismo y que, si yo pudiera cerrar a su alrededor la tuerca
de mi pensamiento, tomaría naturalmente entre ellos mi lugar
normal, no jugaría ya en el mundo, lo sentiría pleno, ordenado,
próximo, y cada instante de mi vida llegaría a ser necesario, y
mi vida llegaría a ser un inmenso instante. Ciertamente hay

�84

Robert Bt•échon

un más acá de la conciencia en el que el mundo está presente
( en la inocencia, la poesía, el éxtasis; 1, qué sé yo?). Sin duda
hay también un punto, en el límite de la extrema conciencia,
en el que esta presencia puede sernos devuelta. Es de la infinidad de nuestro pensamiento de donde viene nuestra inquietud: en el sentido propio, la imposibilidad para el espíritu
de estar en reposo en el mundo.
Cuando se tiene una idea en la cabeza, cuando se busca,
se encuentra en todas partes. Uno se siente relacionado por
todo. Cuando mi pensamiento está "ocupado", encuentro
en todas partes respuestas a mis preguntas, o al menos su eco :
en novelas o ensayos, en libros de ciencia o poemas. Imagino
entonces lo que puede ser el universo de un investigador científico; un universo que se curva alrededor de él, que lo contiene verdaderamente, en el que no está perdido, porque tiene
una unidad de mira.
Todo trabajo intelectual creador (es decir, que no es una
simple gimnasia) da la sensación de una densidad aumentada.
El espíritu ya no flota en la superficie del mundo. Se hunde
en él, se instala, tiene una prueba de él mismo. Esta experiencia común permite imaginar un estado extr emo del pensamiento en el que el espíritu habilitaría el mundo y en el
que el mundo sería dirigido por el espíritu. En esos raros
momentos de felicidad intelectual, jefe de un imperio subterráneo, de pronto jefe de sí mismo, ?ª no me reconozco en este
hombre denso que he llegado a ser. Una fuerza más fuerte que
la voluntad que empuja mi ser a resquebrajarlo, y comprendo
que no sea fácil para ciertos hombres resignarse a ser menos
grandes y menos pesados que el universo.

En todas estas pagmas, he podido parecer enteramente
cercado por mí, replegado sobre mí. Mis "ensayos" sin embargo son, ante todo, problablemente tentativas de comunicación. Se trata de emitir palabras que podrán ser acogidas por
conciencias receptoras tendidas en la noche, como acojo yo
mismo las palabras que me llegan por los libros. No puedo
desconocer mis palabras, mi pensamiento, del de los otros.
Después de todo, es sin duda en la lectura que, todo a lo largo
de mi vida, habré asumido de la manera más eficaz mi condición.
M:i pensamiento es, por naturaleza, o por vocación, parásito : para desenvolverse tiene necesidad del soporte de un
pensamiento ya formulado. Crece sobre las ramas de un libro

Los Ensayos

85

y se nutre de su substancia. No modifica la economía de la
creación, no tiene autonomía, no produce nada. Existe.
Después de años de silencio, siento la necesidad de manifestarlos. La necesidad de responder. De hacer escuchar el
sonido de mi ser como oigo el de los demás. De tomar parte en
el concierto.
Lo que quisieran ser mis palabras: grandes imágenes fraternales. El apretón de manos a los desconocidos en la desgracia; los hará tomar conciencia de ella, pero introduce una
ternura que reconforta.
(Traducción de Alfonso Rangel Guerra) .

�' '

LIBROS

El significado del Derecho Romano dentro de la enseñanza
jurídica contemporánea, por Guillermo Floris Margadant S.
Dirección General de Publicaciones. UNA:l\L 1960. 158. pp.

SE

HA afirmado, no sin razón, que
Roma fue la cuna del Derecho, así como Grecia la fuente primaria de toda investigación filosófica, por la inclinación de
estos pueblos hacia dichas ramas del conocimiento humano.
Después de mucho siglos la necesidad y utilidad del estudio e
investigación del derecho romano siguen siendo tema de permanente actualidad y apasionada discusión. Ese conjunto
de instituciones, principios y reglas de naturaleza jurídica que
nacieron, evolucionron y tuvieron plena vigencia en el imperio
romano, tienen en su estudio una gran importancia. Decisiva
es la influencia de este derecho en la integración de las instituciones jurídicas de los pueblos centroeuropeos, desde su recepción en el siglo dieciséis. Los derechos alemán, italiano y
francés, han r ecibido una honda influencia del derecho romano.
En la España franquista la legislación ha sido el r esultado
de la conjunción del derecho romano y el canónico. Sobra
decir que los países antes citados influyeron poderosamente
en la integración jurídica de otras naciones, en epecial las
de América Latina.
•
Y si tomáramos en consideración la aplicación práctica de
las normas jurídicas, el derecho romano presenta ejemplos
notables por su lógica y amplio espíritu de comprensión y
equidad, de interpretación. Igual caso tendríamos si desde el
campo científico o el meramente didáctico mirásemos el significado del derecho romano dentro de la enseñanza jmídica contemporánea.

�88

Libros

Guillermo Floris Margadant S., profesor distinguido de
romano en la Facultad de Derecho de la UNAM ha escrito un
interesante ensayo bajo el título El derecho romano dentro de
la enseñanza jurídica contemporánea. En él analiza la formación del derecho romano y sus sucesivas reinterpretaciones;
dedica el segundo capítulo a considerar la utilidad del estudio
jusromanista para la formación del jurista actual, haciendo al
final consideraciones en torno al neopandectismo y a la organización de los cursos dr derecho romano.
Para los estudiosos del Derecho, gustadores de la investigación de las antiguas instituciones romanas, será de mucho
provecho la obra de Floris lVIargadant S., sólido escalón para
quien aspire a lograr una firme y bien fundada cultura
jurídica.
Iván Restrepo Fernández.

89

Libt'OS

gran canto a la naturaleza, al trabajo y a la dignidad del
hombre. Es una gran obra simbólica de la condición humana.
Es una profecía inclinada sobre las inminencias de nuestro
tiempo. Es un corte profundo de la textura espiritual y política de los Estados Unidos de América", agregando que Moby
Dick, obra de arte perdurable y transmisible, posee validez
dentro de una proyección infinita de niveles de comprensión.
Hoy, para nosotros, tiene una pluralidad de significados que
no fueron, o serán idénticos a los que hombres pasados o futuros habráu visto o verán en la novela".
La universidad, en su acreditada y bien recibida colección
de Nuestros Clásicos ha lanzado al público la más extraordinaria obra creada por la literatura norteamerciana del siglo
diecinueve y debida a la pluma de Herman Melville. Oportunidad que tenemos de vivir, con los personajes de la novela,
en un sentido más arbitrario por lo rigurosamente individual y pleno, el pasado que nos impulsa y justifica.
I ván Restrepo F ernández.

Moby Dick, por Herman l\1elvfüe. Introducción de Carlos
Fuentes. Dirección General de Publicaciones. UNAM. 1960
(Col. Nuestros Clásicos No. 18, dos tomos).

En una ciudad llamada San Juan, por René Marqués. DirecF enómeno táctil es la historia. Resulta necesario que el
acontecimiento -pretérito y abstracto- se torne familiar, inmediato, manejable. Esto explica el fervor por la epístola,
por el traje, por los utensilios testimoniales de un personaje
o de una época. Nos gusta comprobar que, en el flujo de
múltiples sucesos evaporados por la cotidianidad, el suceso
notable no sólo no desaparece sino que el tiempo contribuye
a comunicarle una frescura y una apetencia inmarchitables.
Nos gusta, por ello mismo, cristalizarlo en un aquí que se introduzca y opere en nuestro distorno. Nos parecr, es este, el
principal atractivo de un sitio donde se ha detenido la historia.
Recorriendo sus estancias, examinando sus reliquias o respirando en su silencio, sentimos que nuestra presencia es una
intromisión participante. Que sin movernos -por el solo hecho
de estar en él, de coincidir con la oculta vida que emana de
sus objetos y sus muros- hemos realizado un viaje a un lugar
sagrado de nosotros mismos. Podríamos preguntarnos, conc_ertamente, que es Moby Dick, la historia de la lucha entre el
capitán Ahab y la ballena blanca. Carlos Fuentes, en el interesante ensayo que escribió para esta obra nos lo dice. "Es un

ción General de Publicaciones. UNAl\'.l. 1960. 136 pp.
Un uuevo título aumenta la serie de obras que edita la
Universidad y a la cual pertenecen, entre las que recordamos
Obras completas (y otros cuentos) de Monterroso; Cuentos
mexicanos, de Max Aub; Los hombres que dispersó la danza,
de Andrés H enestrosa, y La plaga del crisantemo, de Souto
Alabarce. Se trata de la selección de cuentos que escribiera
René Marqués bajo el título de En una ciudad llamada San
Juan. A Marqués podría considerársele insular en el territorio lírico de México. Y su mensaje hecho a punta de vocablos
inarmónicos y duros, nos está indicaudo la extracción de un
estilo múscula y sin melindres. Hace unos pocos años el escritor
y poeta Jorge Zalamea, en un famoso Alegato sobre la prosa,
enjuició a esos poetas y escritores sin formación, un poco
desorientados e inútiles en países subdesarrollados en donde
no es posible vivir solamente abismados, auscultando las respiraciones del universo y de la vida. Marqués, en cierto modo,
hace parte de esa falange de empedernidos labradores de la
prosa que deambulan por las calles sin otro oficio conocido

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Libros

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Libros

El don de poetizar lo más rudo y lo más corriente y moliente la naturalidad con que nos presenta la vivencia y emoción de cada personaje, los decires y sentires del trajín cotidiano, hacen de La plaga del crisantemo un bien descrito mosaico de vidas en donde el autor hace interesantes pausas para
consignar las más asoladoras verdades, sin ningún afeite, sin
artificio ninguno Souto .A.labarce es un cuentista con atrevidos
arranques de autor inconfundible, con miras a la expresión y
valores universales, que no deja de cercar por lo autóctono y
lugareño.

que los esfuerzos inmolados al oficio del canto. De esa manera,
proliferan en el seno de la sociedad a la zaga de los demás, de
espaldas a esa lucha por la vida que templa los nervios y acrisola la inteligencia. Lo importante no es estarse quedo ante
los duros golpes de la vida sino tratar de aquenciarla a nuestros apetitos y dolores. Y, a la postre, triunfar sobre ella. Está
bien que orillemos estos problemas, en todo caso atingentes a
la cultura. . . y a propósito del breve comentario que queremos hacer a este libro de cuentos.
No se crea que sólo la poesía está en crisis, de capa caída.
Ella se proyecta en el campo todo de las letras. Los jóvenes
de ahora ya no quieren cantar ni escribir sino estudiar cuestiones técnicas y prácticas que les permitan una pronta holgura económica. Y René Marqués, con su prosa vital, hormonada de arriba hacia abajo y en todos sus cuentos, debe seguir
su itinerario trazado en Una ciudad llamada San Juan, con
rasgos bien firmes y fuertes.

Dividido el libro en siete cuentos, encierra su estilo una
gran plasticidad, aparte su pura desnudez, para expresar las
infinitas variaciones de la naturaleza humana. Es un autor
con los bríos literarios refrendados ya, en quien las palabras
no son sino un medio, harto deleznable por cierto, para decir
su verdad de artista.
I ván Restrepo Fernández.

Iván Restrepo Fernández.

Literatura hispanoamericana. Antología e introducción históric~, por Enrique Anderson Imbert y .Eugenio Florit. Holt,

La plaga del crisantemo, por Arturo Souto .A.labarce. UNA~I.

Rinehart y Winston, N. Y. 1960. 780 pp.

Dirección General de Publicaciones. México. 1960. 92 pp. (Serie de Cuento y Relato ).
La plaga del crisantemo es un libro de cuentos quemantes que trasuntan las puras cosas de la vida y en donde el
joven escritor Arturo Souto .A.labarce demuestra que sabe gustar los mil fenómenos humanos. El cuento, junto con el teatro
y la novela, es el molde literario preciso para llevar las inquietudes de todo lo humano a la más alta perfección. Sobre
todo cuando se tiene dotes de filmador implacable como en el
caso que nos ocupa. Y no sólo filmador. Véase cómo el don
de la observación del habla popular aparece aquí con toda su
fuerza. Los más nimios detalles de la vida de cualquier persona, maravillosamente cogidos, contados, sin analizarlos, es lo
que en puridad hacen gustar los cuentos de Souto .A.labarce.
Sorprender la vida en su muecas trágicas, en sus irisadas
variedades. Andarse por todos los andurriales, exprimiendo la
esencia de lo humano, de lo maravilloso cotidiano, nos lleva
directamente a la verdadera ambición del cuento.

,, (&gt;

De cuando en cuando sale a luz una antología literaria
que va más allá de su función de texto universitario o compilación general, y entra en la categoría de una verdad~ra
obra de arte en sí, un libro original de crítica de gran mérito.
En tal clasificación debe cuadrarse esta nueva antología editada por Enrique Anderson Imbert y Eugenio Florit, autores
los dos que por sus propios esfuerzos creadores merecen figurar en el más selecto florilegio de escritores contemporáneos.
La tarea que se presenta a todo antologista es bien difícil,
pero al que procura juntar una antología de la literatura
hispanoamericana tropieza con un mar de dificultades casi
insuperable&lt;; por la cantidad y variedad de autores y países
que se ve obligado a tratar. Sin fin es la lista de escritores
y obras que deben figurar, amén de una red de corrientes literarias y tendencias artísticas que abarcan más de cuatro
· siglos. Cualquier elección que decida el compilador sufre la
censura de algun0s y deja insatisfechos a otros ; pero por su
fino discernimiento literario y sensible gusto artístico, Ander•

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Libros

son Imbert y Florit deben ganar la aprobación de la gran
mayoría de lectores.
La antología está bien representada por regiones geográficas y por países, y se nota además la cordura de los editores en la selección de obras o trozos de cada autor. Comienza
la antología, y con razón, con las llamadas literaturas indígenas, un poco olvidadas o pasadas por alto hoy en día,
aunque en efecto deben contarse entre los primeros brotes
de la voz literaria en suelo americano. El período colonial
cuenta primero con un trozo sacado del diario de viaje de
Colón, documento importante y de gran interés, y termina
con fragmentos del famoso poema de Esteban de Terralla y
Landa intitulado Lima por dentro y fuera (1797). Siguen en
orden cronológico la literatura de la independencia, el neoclasicismo, el romanticismo, el realismo, hasta llegar a los precursores del modernismo y el movimiento modernista en
pleno desarrollo a fines del siglo pasado y principios de éste.
Se divide en dos secciones más la literatura desde 1910 hasta
estos días - una abarca el período 1910-1925 y se incluyen
autores como Ramón López Velarde, César Vallejo, y Alfonso
Reyes; la otra, comprende los años desde 1925 y figuran, entre
otros muchos, Octavio Paz, Jorgr Luis Borges y Germán Arciniegas.
Dentro de este marco cronológico hay una riqueza de
autores, temas, y estilos. Y es precisamente esta cualidad de
representación completa y sensata que confiere a esta antología uno de sus méritos principales. A los autores de primera
categoría que dignamente llenan las páginas del libro, se agregan otros menos célebres y de menor enjundia literaria, quienes valen por su posición histórica o circunstancial, o por el
sitio que les corresponde en virtud de ser representativos de
una época. Pero lo que es verdaderamente notable en la antología es la parte crítica que va ligada a las selecciones y que
forma un telón de fondo de valor imprescindible. Comienza
cada una de las once secciones con una vista panorámica de
las condiciones históricas, sociales, y culturales en que se desarrolla la literatura del período; y cada escritor tratado va
precedido de comentarios juiciosos que funden autor y obra
en un cuadro tan conciso como significativo. Llama la atención en estos comenta_rios una habilidad admirable de síntesis,
en que los editores han logrado descubrir toda la evolución
de la literatura iberoamericana en sus rasgos más esenciales.
Estos comentarios son más que un grupo inconexo de datos
biográficos, noticias histórico-literarias, o juicios trillados y
sumarios. Más bien son comentarios sensibles y, perceptivos
que revelan la comprensión total de la materia y la madurez

Libros

93

del criterio. Y para aumentar el valor del libro son excelentes
las notas que explican ciertas dificultades lexicográficas y
sintácticas o aclaran referencias históricas y sociales.
Sin querer restar mérito a la obra, debo apuntar aquí una
observación que me inquieta un poco. Se excluyen por completo de la antología la novela y el teatro. Los editores reconocen esta falta y para compensarla en parte han agreO'ado doR
listas agrupadas cada una por países -una de novell~s y otra
de piezas teatrales-. Pero me parece que tal vez hubiera sido
más provechoso incluir por lo menos selecciones de estos dos
géneros: episodios de unas novelas representativas como Los de
abajo, La vorágine, o Don Segundo Sombra; y unas escenas
dramáticas sacadas, digamos, de Sobre las ruinas o M'hijo el
dotor. Soy el primero en admitir la frustración literaria del
lector que lee estos fragmentos artísticos, y reconozco la imposibilidad de comprender a fondo o tasar cabalmente una obra
presentada en tal forma fragmentada. Pero prefiero este breve encuentro a la omisión completa.
Excusado afirmar de nuevo, en vista de los comentarios
expresados en los párrafos anteriores, mi reacción sumamente
favorable a _esta nueva antología. Es sin duda la mejor que
haya aparecido hasta la fecha sobre la materia. Su utilidad es
innegable; y los editores merecen nuestro agradecimiento por
haber realizado con tanta eficacia esta labor de poner al alcance de todos el gran itinerario literario de un Nuevo Mundo.
Myron l. Lichtblau
Universidad de Syracuse

Jorge Amado, Grabiela, Cravo e Canela, Sao Paulo, Livraria
Martins, 1958.
Além do grande sucesso comercial -dezesseis edieoes em
dois anos-, Gabriela, Cravo e Canela de Jorge Amado está
recebendo a aclamacao dos críticos professionais. Os mais reservados o citam, junto com Terras do Sem Fim, como obra prima do autor. Por outra parte, alguns o julgam nao só o melhor
romance de Jorge Amado mas a obra que representa a maturidae do romance brasileiro.
Romance muito bem feito, Gabriela ... combina a história
engracada do amor de Gabriela e o árabe Nacib com urna vista

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Libros

panorámica da _evolucao de urna pequeña cidade brasileira.
Apesar de serem fixos o lugar e o tempo -Ilhéus no estado de
Bahía em 1925- Jorge Amado infunde no livro um interesse
universal. A luta entre as forcas velhas e novas que constitui o
conflito principal do romance poderia ter acontecido em qualquer cidade do mundo. Em Gabriela . . . ' os antagonistas_ sao. os
velhos coronéis fazendeiros de cacau, e os novos' profess1ona1s:
advoc,ados do~tores e engenheiros educados nas grandes cida-des. 'be p~imera importancia para a evolucao de Ilhéus é o
transporte. O romance comeca com a inauguracao de urna linha
de marinetes que vai ligar Ilhéus a It~buna pela nova estra~a
e termina com a ei+trada na bahia recem dragada de un nav10
sueco.
Mas é sobretudo o tom que dá ao livro um sentido universal. Em contraste com os romances anteriores de Jorge
Amado, Gabriela . .. nem é épico nem é poético. Embora o autor
crie urna tela panorámica da sociedade ilheense destacando a
derrota dos velhos coronéis, o tom do livro é picaresco e antitrágico conforme a história de" Gabriela e Nacib. Dono do bar,
éste procura una cozinheira no início e no fim do livro. Gabriela, flagelada emigrada do Ceará, é empregnada a chega a
ser nao só coziuheira mas também sua amante e despois esposa.
Mesmo assim ela nao pode resistir os autros mocos bonitos.
Quando Nacib a desMbre com Tonico Bastos, éle contraria o
velho costume ilheense nao matando ninguém. Tonico escapa
com uma bofetada e Gabriela com urna surra. Sem cozinheira
mais urna vez, Nacib procura outra embalde. Entao ele acaba
por aceitar de novo Gabriela, já, "descasada", primeiro como
cozinheira e nas últimas páginas do livro como amante.
Reforcando a tom anti-épico, há várias cenas dramáticas
que se resolvem de una maneira feliz. O preto Fagundes,
caca.do no morro pelos jaguncos após a.tirar no coronel Aristóteles Pires, sem o matar, se salva pulando dentro de quintal
de Gabriela coro quem inícia um diálogo engracado. A ameaca
de violencia nas eleicoes se elimina com a morte natural do
idoso coronel Ramiro Bastos. As mulheres contribuem muito
para acabar com a violencia dos coronéis. Malvina desafía seu
pai tiránico escapando do colégio de freiras em Salvador e
conseguido trabalho em Sao Paulo. A funcao literária de Jerusa
é reduzir a tensao entre seu avo e o inimigo político Mundinho
Falcao pelo interesse amoroso que desperta neste. Glória, após
enganar o coronel Coriolano Ribeiro, nao sofre a sorte violenta
que sofreram as suas concubinas anteriores.
No processo de entrelacar a vida dos ilheenses, o autor se
detém demais no pessado de cada um. Isto prolonga muito o

Libros

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fü•ro sem lograr a identificacao íntima entre leitor e personagem. O fato de o autor cair as vezes no óbvio também milita
contra os panegíricos excessivos de alguns críticos. Gabriela ...
é sem dúvida uro dos melhores romances de Jorge Amado, mas
nao se pode considerar a obra fundamental do romance brasileiro contemporáneo.
Seymour Menton
üniversity of Kansas

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        <name>Robert Bréchon</name>
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                    <text>Bevl•ta de la Universidad de Naeve Le6■

Edmundo Alvarado,

rt y el Hombre y otros
t au, La Representación

ABRIL/ JUNIO DE 1961

AÑO 4/ Segunda Epocél;_

��REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Revista de la Universidad de Nuevo León

Rector:
ARQ. JOAQUIN A. MORA

Año 4, No. 2

Secretario General:

Abril-Julio de 1961

Segunda Epoca

SUMAR IO

LIC. ROGELIO VILLARREAL

Pág.

Director de la Revista :

Edmundo Alvarado, El Arte y el Hombre, y otros Ensayos

5

LIC. JUAN ANTONIO AYALA
Myron I. Lichtblau, La Representación Novelística de la
Epoca de Perón__________________________________ 77
(Registro en Trámite)
Aragón, La Recámara de Elsa________________________ 87
PRECIO DE SUSCRIPCION:
UN AÑO (cuatro números)
En México: Veinte Pesos
Otros Países: Dos Dólares

\

Dirección:

washington y

Jaromir Neuwman, Matyas Bernard y sus Esculturas de

Colegio Civil

l\f ON TERREY, N. L.
México.

Kuks ·------ ---- -------------- -------------------

93

��EDMUNDO AL VARADO

EL ARTE Y EL HOMBRE
y otros ensayos

•
Departamento de Extensión Universitaria
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Monterrey, 1961

�SUMARIO
Pág.

Presentación, por Alfonso Rangel Guerra_______________ 11
I
Sócrates y Platón_____ _______________ ______ __________ 15
La CuJtura Griega en Nuestros Días___________________ 19

II
El Arte y el Hombre__________________________________ 25
Realidad y .Apariencia en el Arte_______________________ 29
Lo Falso y lo Verdadero en el Arte__________________ 33
El Cine ----------- ---------------------------------- 37

111
La Palabra y la Poesía______________________________ ___ 41
Paue Valéry ---------------------------------------- 45
Sobre la Teoría Literaria______________________________ 49
Vida y :N"ovela, dos Formas de Verdad________________ 51

IV
Teoría de la Universidad__ _______ ___________ __________ 57
Justo Sierra y el Pensamiento Mexicano______________ 61
La Crítica de la Revolución Mexicana_________________ 65
Discurso en el Segundo .Aniversario de la Muerte de Angel
Martínez Villarreal ------------------------------ 69

•
Gerardo Cuéllar, Edmundo Debiera estar aquí, Respirando 71

�PRESENT ACION
ALFONSO RANGEL GUERRA
LOS ENSAYOS y escritos que aquí se publican aparecieron originalmente entre los años de 1944 y 1948, en el Boletín
Mensual "Armas y Letras" de la Universidad de Nuevo León,
ahora convertido en revista trimestral. Su autor, Edmundo
Alvarado, formó parte del grupo de colaboradores del Boletín,
animadores del Departamento de Acción Social Universitaria,
de la Revista "Universidad" y de las primeras conferencias
de profesores huéspedes que después darían vida a la Escuela
de Verano.
Estos textos, limitados a veces por la brevedad del espacio periodístico, o escritos de prisa, recogen algunos de los
problemas que siempre interesaron a su autor, atento a todas
las expresiones del pensamiento, pero inclinado al estudio de
la filosofía griega, de la estética y de la teoría literaria. Más
que una obra terminada, lo que ahora se reúne es un conjunto
de apuntes para una obra futura, que la muerte impidió realizar. Pero no obstante, aunque en estos escritos se puede
percibir la condición periodística en que nacieron, se deja

�ver también con claridad que en ellos se iban depositando los
frutos de insistentes lecturas y la nota diaria de un pensamiento ágil e inquieto; en una palabra, el balance previo para
esa obra futura que desgraciadamente no pudo cumplirse.
Se ha alterado el orden de las publicaciones originales,
atendiendo al contenido de los escritos. Así el primer apartado incluye dos trabajos sobre filosofía griega; el segundo,
cuatro ensayos sobre arte; el tercero comprende también
cuatro ensayos en torno a los problemas de la teoría literaria,
y el último recoge escritos sobre temas mexicanos. Al final
de cada uno de ellos se señala año y número de ejemplar,
con la fecha correspondiente.
El texto final, titulado "Edmundo debiera estar aquí,
respirando ...", es de Gerardo Cuéllar. Fué publicado hace
algún tiempo en el semanario "Vida Universitaria", y se
incluye para cerrar estas páginas que se dedican como un
pequeño homenaje a Edmundo Alvarado, al cumplirse doce
años de su fallecimiento.

I
✓

SOCRA TES Y PLA T ON
LA CULTURA GRIEGA EN NUESTROS DIAS

Monterrey, N. L. 1 mayo de 1961

�SOCRATES Y PLATON

ExISTE:N, en él estudio de la Filosofía Griega, dos épocas perfectamente determinadas en
cuanto a su propósito. Ambas, como veremos, significan el
conocimiento del mundo divino en dos aspectos: El conocimiento del mundo dividido en dos aspectos: El conocimiento
del mundo material y el del universo moral. La primera corresponde a los filósofos presocráticos y la segunda a los grandes desarrollos filosóficos iniciados por Sócrates. La característica de los presocráticos es la inquietud por el conocimiento
de los elementos de la materia y de la ley que gobierna el
devenir material del mundo. Conocidas son ya las hipótesis
de la formación de la materia, en los que siempre se incluye
un elemento primordial que a veces es el fuego y a veces el
agua. Finalmente Heráclito completa la incipiente cosmogonía
antigua con el conocimiento de los principios que rigen la evolución y el cambio de la materia. En Heráclito y Demócrito
se inician las dialécticas.
Una crisis parece observarse después de estos filósofos
con la aparición de los sofistas, que a manera de los retóricos
posteriores, hacían y deshacían las doctrinas de los antiguos
más como alarde oratorio que como crítica doctrinal. El fin
de esta crisis lo marca Sócrates.
Hasta él nadie se había preocupado del universo moral.
Satisfecha la inquietud del conocimiento de la naturaleza, con
una doctrina que llenaba su inquietud sobre la explicación
de los fenómenos naturales, hecha por toda la antiguedad,
-15-

�16

Sóc..ates y Platón

Edmundo Alvarado Santos

integral y constituyó la primera doctrina filosófica completa.
En Platón se encuentran ya todas las inquietudes posteriores
de los filósofos, se encuentra también ya sentido político en
la Filosofía.
·

los griegos daban por completo su ciclo del conocimiento de
los problemas del mundo.
Sócrates, al revés de los antiguos, dedicó toda su vida a
los problemas del espíritu. Partiendo de aquella inscripción
del oráculo de Delfos : Conócete a ti mismo, inició el estudio
del conocimiento del hombre. De la misma manera que lo
había de hacer San Agustín siglos más tarde, Sócrates sostenía
que el único indicio hacia la verdad lo constituía la misma
persona que se inquietaba por ella. Propiamente Sócrates no
tuvo ninguna doctrina particular fuera de que nacía de este
principio. Su gran mérito en la Filosofía consistió en el descubrimiento de los procedimientos y métodos del conocimiento. Para llegar al conocimiento de una cosa, decía, hay que
hacerse una idea general, hay que conocer las características
de su esencia. La mayéutica bien puede ser el primer método
crítico del conocimiento. Partiendo del conocimiento superficial, llegaba Sócratas hasta el deslinde más claro de la esencia de las cosas mediante la superación de su sempiterna pregunta.
Difícil es, en verdad, conocer la pureza de su filosofía.
Si sus discípulos hubiesen sido solamente ingeniosos en vez
de geniales conoceríamos mejor a Sócrates, pues sólo al través
de ellos lo conocemos. Jenofonte no poseía una inteligencia
filosófica y el relato que hace de la vida del maestro tiene
un valor histórico solamente, en cambio Platón deformaba
con su genio la doctrina del maestro. Los investigadores de
la Filosofía han llegado a distinguir en la obra de Platón una
parte que consideran como la ortodoxia de la filosofía socrática; sin embargo no es posible considerarla así de un modo
absoluto. Puede afirmarse que de Sócrates se conoce lo que
de él dijeron los demás. Si su doctrina no fuera de por sí
decisiva en el conocimiento de los problemas del hombre, lo
sería por el afecto y la fidelidad que a ella dedicaron sus
discípulos. Nunca han faltado tratadistas e historiógrafos de
la Filosofía que hayan dicho que Platón, a la vez que fué el
mejor, fué el más infiel de sus discípulos. Pero es imposible
comprender de qué manera, sin la doctrina de Sócrates, sería
posible la filosofía platónica. Sócrates es en Platón el mejor
supuesto de su magistral desarrollo.
Sócrates, como se Ye, causó en la Filosofía el gran viraje
que va de la preocupación por los problemas del cosmos, a
la preocupación por los problemas del hombre. Platón fué
el encargado de llevar al hombre descubierto por Sócrates otra
vez al conocimiento total de los principios que rigen el universo, solamente que la vuelta conducía ya al conocimiento

17

El dualismo en el conocimiento y en el ser, característico
de la Filosofía cristiana, tiene su raíz en Platón. Su doctrina
del ser auténtico de las ideas, y de que la realidad es sólo
un reflejo especial de este ser, es el tema a debate por muchos
siglos hasta la filosofía contemporánea. Antes de que el mundo occidental conociera el pensamiento hebreo, y su expresión
en parábolas, ya Platón se valía de los mitos como una explicación de las verdades a cuyo conocimiento no podía llegarse
totalmente por la razón. Había para Platón, convienén los
filósofos, dos especies de verdades: aquellas que surgían de
la búsqueda racional, y aquellas otras cuyo sentido máximo
sólo se lograba mediante la confluencia de la razón y algo
más que los antiguos no habían de_limitado total~~nte ~o~o
método del conocimiento; esa especie de comprens10n poetica
de las cosas que posteriormente ha sido la base de la filosofía
de la intuición. Esta clase de verdades eran las reveladas
por la comprensión de aquellos mitos que tan magníficamente
explicaban la doctrina del ser de las ideas. Una sola cosa
hay que decir. El mito y la parábol~ te1;1ían finalidades. distintas. En Platón el poema era exphcat1vo, en la Escritura
la parábola era también demostrativa. La dialéctica cristiana
era más evolucionada que la griega.

t

Un análisis del pensamiento de los griegos conduciría a
este resumen: Los pre-socráticos dieron las bases para el conocimiento del cosmos y de sus leyes. Sócrates descubrió la
realidad del hombre como hombre y Platón logró el conocimiento integral del Universo y halló el camino que por mucho
tiempo todavía debe seguir la inquietud filosófica. ¡,Han hecho
los otros pueblos, de todos los tiempos, algo semejante a lo
que hicieron los griegos Y Sólo una respuesta puede encontrase
que, si no es respuesta para la pregunta, si es disculpa para
la inteligencia posterior de la humanidad: Fueron los primeros. Por eso quien se interesa por el conocimiento de la humanidad, si no parte de ellos, tendrá que detenerse en ellos o
un momento, o toda la vida.
Año III - Núm. 12, Diciembre 31 de 1946.

�LA CULTURA GRIEGA EN NUESTROS DIAS

., .

ExrsTE un hecho en el pensamiento
de la humanidad que los estudiosos de la Filosofía de la
Historia han observado ya, y cuya regularidad va estableciendo ya una norma en la vida universal. Cada vez que la magnitud de un conflicto revuelve lo humano desequilibrando los
valores establecidos, una misma inquietud conmueve el pensamiento de los pueblos. De la misma 11).anera que al final
de la Edad Media la humanidad fué conducida a la antiguedad en la búsqueda de la certidumbre más firme, en nuéstro
tiempo es posible observar el mismo fenómeno.
No es casual que las dos épocas señaladas signifiquen una
crisis grave de los valores humanos; una crisis característica
de un cambio de rumbo en el pensamiento de los hombres.
Aunque las causas determinantes de estos hechos no sean sino
remotamente parecidas, el fenómeno es evidente. Igual que
como en los casos señalados debió haberse presentado por primera vez a la conciencia de quienes tuvieron la primera visión
más o menos completa del universo, de la naturaleza y del
hombre; sólo que en esta vez el pensamiento fué creador en
el sentido de que antes de él nada había de cierto en la conciencia ele la humanidad y la fe del hombre se encontraba a
merc&lt;'d de las circunstancias. Esta primera iluminación de
la conciencia produjo la Cultura Griega. Para el pensamiento
occidental la historia nace allí.
Entonces el hombre tuvo que comenzar por el principio,
tuvo que aprender a pensar y a observar el mundo sin el menor
-19-

�Edmundo Alvarado Santos
20

21

La Cultura Griega en Nuestros Dias

indicio de certeza. No en vano ha dicho Jaeger que los griegos
han educado a la humanidad. Ellos descubrieron los fundamentos de la ciencia, practicaron las artes y ejercitaron el
pensamiento como ningún pueblo lo ha logrado hasta nuestros
días; pero lo maravilloso de su obra no consistió en la experiencia científica, sino en el pensamiento que ésta fue capaz
de producir. No sólo descubrieron el mundo e investigaron
su pasado, sino que pusieron al hombre, para siempre, en la
inquietud de conocer el principio.
Al final de la Edad Media y en nuestros días el panorama
es distinto. El hombre puede referir su pensamiento a la experiencia del pasado, como lo hizo el hombre del Renacimiento, pero entonces, como ahora, no fué el afán de la simple
curiosidad científica o histórica la causa determinante de
este hecho. Las épocas tienen alguna similitud y una gran
diferencia. La humanidad afronta una grave crisis. Los valores en que fincaba el pensamiento ya no son suficientes, las
creencias palidecen y el temor domina la conciencia planteándole la gran interrogante del futuro. Cualquier referencia
inmediata deja de tener valor y entonces la conciencia humana
no tiene más que volver al principio, a construir de nuevo.
En el Renacimiento fueron los descubrimientos de las tierras nuevas de la antiguedad y de su espíritu, los que determinaron el viraje, los que decidieron el camino.
Ahora nada queda por descubrir, o por desenterrar, ni es
necesario ya. La vuelta se ha impuesto por la propia experiencia. El propósito de la humanidad no es retroceder en
derrota, sino volver a encontrar el camino, devolverse hasta
el principio y volver a recorrer lo andado hasta el lugar en
que se perdió. Todas las crisis traen consigo una reYisión de
los valores y eso es lo que comienza a hacerse después de que
la guerra lo revolvió todo, hasta la dignidad humana. Esa es
la explicación de los estudios de la antiguedad clásica que
vue\ven a ser actuales. No es por mera coincidencia que los
filósofos, los políticos y los artistas se hayan puesto a revisar
la experiencia del pasado. Es más bien el afán de encontrar
nuevos propósitos, nuevos valores y nuevos móviles para la
vocación del hombre.
Es indudable que esta crisis va a resolverse en una etapa
nueva, mejor que la anterior, con mejores prevenciones para
los males de la convivencia humana, y con un conocimiento
insospechado y utilísimo del mecanismo de los hechos sociales;
pero no puede dudarse tampoco de que gran parte t endrá en
ello el conocimiento de la Historia y de la Filosofía antiguas.

Los g~iegos fue1:on lo~ autores del pensamiento político. Ellos
c?,noc1eron 1~ Filosofia de la Historia no como una especulac10~ co~venc1onal de los hechos, sino como lección de la Historia e mterpretación de la humanidad.
_Las investigaciones de J aeger y de Alfonso Reyes, la actualidad _de Burckha~dt y de Winkelman y las reediciones de
los estudios ~e la antiguedad y ~e los clásicos, son reveladores
de la gran, busqueda en que esta empeñado ya el pensamiento
contemp?rane_~· No vaya a pensarse que es el miedo al futuro
o la _res1gnac10n ~el_ romanticismo, lo que embarga la inteligencia. Es. el optimismo y la seguridad de que aún hay que
es:p~rar meJores f:utos de la convivencia humana. Habría que
utilizar ~l lenguaJe, no la lengua, de Kant, para decir que el
mundo siempre marcha "hacia mejor".
·
Año III; Núm. 10, Octubre 31 de 1946.

�11

EL AR TE Y EL HOMBRE
REALIDAD Y APARIENCIA EN EL ARTE
LO FALSO Y LO VERDADERO EN EL ARTE
EL CINE

�EL ARTE Y EL HOMBRE

U

NO de los fenómenos que encuentra
a su paso el estudioso de • las cuestiones estéticas es el que
se refiere a las diversas maneras que el Arte tiene para producirse. Suele hablarse con frecuencia de los géneros artísticos producto de estas especiales formas en que se vierte la
capacidad creadora del hombre, y suelen ser, también, estos
géneros, objeto de una confusión que oscurece el conocimiento
de sus orígenes y de sus causas.

r

Los tratadistas de la Literatura, por ejemplo, acostumbran atribuir su existencia a razones didácticas de clasificación, y suelen definirlos ·así: lírico es aquel género literario
en el que el autor se vierte atendido al paisaje que le ofrece
su propia humanidad; épico es el género en que el autor
refiere situaciones ajenas a su personalidad, y dramático, aquel
otro que se refiere en abstracto a los problemas fundamentales
de la vida.
En realidad los géneros son mucho más que una simple
división de carácter didáctico, o que una fácil diferencia entre
lo subjetivo y lo objetivo. La explicación de sus orígenes
enlaza de manera importante con el desarrollo y evolución de
la vida humana. Su raíz se encuentra en la evolución de los
períodos más importantes de la vida social. Si examináramos
las obras literarias de los períodos históricos más antiguos,
encontraríamos que la producción artística es uniforme, que
no existen los géneros, y que las obras pueden considerarse
dentro de lo que hoy se conoce como el género épico. Observando, en cambio, la producción artística de los períodos más
evolucionados de la vida social, encontramos en ellos formas
heterogéneas del arte en sus diversos campos, que no corresponden a una concepción uniforme.
-25-

�26

El Arte y el Hombre

Este fenómeno de la multiplicidad de las concepciones
artísticas, es el que ha dado lugar al problema de los géneros.
El fenómeno ha sido explicado de muy diversas maneras. Hay
quienes lo atribuyen a la simple evolución de la vida social
y a la superación de formas de vida primitiva. Otros lo atribuyen, en cambio, a una causa puramente psicológica, o sea
a las diversas maneras, que según las circunstancias influyentes, tiene para producirse el motivo creador, o el estado
emotivo generador de la voluntad artística. Por último hay
quienes atribuyen el fenómeno a una dualidad de las concepciones del mundo y de la vida, producidas por las circunstancias de la vida social.
Las tres explicacioúes son ciertas, sólo que las primeras
encuentran en la última la razón fundamental. Quien estudie
la evolución de las sociedades humanas encontrará que las
formas de vida comunales producen en los individuos idénticas formas mentales, en las que los prGcesos de la naturaleza
y las explicaciones a que obliga la inquietud humana se presentan igual. La consideración de los problemas comunes, y
de las inquietudes que acometen por igual a las personas, hacen
posible el desarrollo del pensamiento individual en función
del grupo; de donde resulta una concepción uniforme del
mundo y de la vida de la que depende toda la actividad
creadora del hombre. El Arte es aquí la solución de los problemas de la vida común, la búsqueda de la verdad que satisface a todos, la expresión de una obra objetiva de valor
universal ; el género épico por excelencia.
Pero el crecimiento de las comunidades humanas obliga
a la relación intercomunal y entonces la complicación de diversas estructuras sociales, de distintas concepciones del mundo y, principalmente, la lucha de dos entidades que pretenden
el dominio total en todos los órdenes de la vida social, producen el desquiciamiento de la unidad primitiva de la conciencia y la crisis de la ideología común. Invalidadas las viejas
explicaciones, rotas todas las formas del pensamiento, desquiciada la estructura social, el hombre se vuelve a sí mismo
para rehacer la conformación de su ideología, abandona la
preocupación por los problemas comunes que no entiende, y
singulariza su angustia por el conocimiento del mundo y por
la explicación de la vida. El Arte es aquí la expresión de la
vida individual, la solución de la angustia personal, y el vertimiento de una obra subjetiva que sólo adquiere universalidad a condición de que logre ser un arquetipo, una solución
individual que sirva a todos, porque sólo la verdad de todos
es universal.

Edmundo Alvarado Santos

27

Entendido así el fenómeno, encontramos que, efectivamente, la diversidad de concepciones obedece a la evolución
de la vida social, y esta vida nueva, en la que alternan la
sociedad y el individuo no uniformemente, sino empeñados
en una lucha por el dominio del espíritu, es la que determina
las circunstancias complejas que influyen emotivamente en la
producción de las obras. A la mística colectiva, sucede la
mística individualista que un día habrá de superar la vida.
Así vemos que los géneros artísticos obedecen fundamentalmente a las características de la vida humana, y que todos
los fenómenos artísticos tienen su relación con el hombre.
Es inútil entonces tratar de sustraer el Arte a lo humano para
vertirlo fraudulentamente en la inversión de la verdad.
Año III - Núm. 4, Abril 30 de 1946.

�REALIDAD Y APARIENCIA EN EL ARTE

......

LAS

complicaciones del arte moderno,
el pictórico particularmente, traen con frecuencia a colación
una disputa cuya explicación pretende llegar a la esencia
misma del Arte como fenómeno humano.

I

Pueden encontrarse, a primera vista, dos especies de Arte:
el universalmente comprendido por la sola penetración de los
sentidos, y aquel otro cuya inteligencia es discutida, porque
sólo una simpatía especial lo entiende y, a veces, lo explica.
Para los que gustan disfrutar ese goce que proporciona la
contemplación artística, existe una primitiva explicación de esta índole de las obras: se trata, suele decirse, de lo objetivo y
lo subjetivo: entendiéndose por lo primero lo relativo al arte
de fácil entrega, penetrable universalmente, y por lo segundo,
lo relativo a aquel otro arte en donde el autor excedió la experiencia convencional de comprensión y significado.
Hay quienes llevan la sutileza de la reflexión sobre lo
objetivo y lo subjetivo, hasta identificar los términos de la
polémica con los de aquella otra de lo social y lo individual
como formas productoras del arte; para llegar a explicar, conforme a uno y otro criterio, la naturaleza del mismo. El propósito de quienes tal hacen no es difícil de encontrar. Se
sabe que el arte, para ser tal, debe ser verdadero, es decir,
debe responder a la explicación fundamental de su carácter
humano. Si se acepta la probidad de cualquiera de los términos, y se niega el otro, el arte mismo puede ser negado; pero
debe reconocerse, ante todo, que en la polémica de lo social
y lo individual, no se trata de la definición del arte como
-29--

�Edmundo Alvaraclo Santos

Realidad y Apariencia en el Arte

30

~e ~a _técnica! ~el género: ¡, Existe una verdad, o una creación
mdividual, distm!a
la colectiva? Apresuradamente puede
respon?er~e que si, solo que desde el punto de vista del método
Y la tecmca, o sea del aspecto formal y enunciativo de la
verdad; pero en cuanto a ésta debe responderse que no.

fenómeno social, perfectamente determinada ya, sino que hay
una intención ideológica más profunda.
Por sobre las anteriores justificaciones de las dos actitudes del arte está otra, más simple en apariencia, pero que
puede ser un camino mejor hacia la explicación del fenómeno.
Ante cualquier desarrollo artístico se puede distinguir, desde
luego, entre lo real y lo aparente, entendiéndose por esto último aquella· primera representación del objeto. A veces, realidad y apariencia son una y la misma cosa; es entonces cuando se logra esa comprensión universal de los sentidos para
la obra. Pero esto sólo sucede hasta que el artista usa valores
entendidos en la técnica y el desarrollo de su tema. Cuando
la necesidad de expresar un tema exc,ede a las posibilidades
de estos valores convencionales de la técnica, es cuando se
echa mano de esos recursos complicados que destruyen la
posibilidad de comprensión común. Es necesario observar que,
en este caso, la realidad de la obra se vierte igualmente, pero
la apariencia queda burlada, sacrificada mejor dicho, en los
matices de la verdad del arte.
1

En esta complicación obran varios factores, el primero
de los cuales es el abandono del convencionalismo. El autor
da a los usos de su arte una significación distinta que hace
variar su desarrollo de lo convencional a lo simbólico. Contra lo que objetarían los subjetivistas del arte, este simbolismo no ent,raña una singularidad absoluta; su naturaleza se
encuentra en otro convencionalismo de tipo especial que no
es accesible sino bajo ciertas condiciones.
Otro de los factores lo constituye la intención del autor,
que puede :variar las proyecciones para que éstas sirvan mejor
para demostrar, o dar énfasis, a su verdad. En realidad, esta
disloca(lión de las proyecciones no es sino una alteración de
la apariencia que puede resistir la comprensión de un ingenuo,
porque conserva su valor convencional.
Suele, finalmente, existir un tercer factor de alteración,
que consiste en el disloque de la realidad inmediata, y de la
apariencia coincidente, obtenido por la separación del objeto
representado de su circunstancia habitual, y que es usado
muchas veces, no ya para la revelación de una verdad, sino
para darle a ésta un sentido humano. La expresión de lo
trágico y lo cómico, por ejemplo.
Estas son las tres actitudes fundamentales en que se presenta la obra a la espectativa humana. Analizada así, la explicación es consecuente, pero sigue el problema planteado fuera

31

?e

.....

Y

aquí vuelve a tocarse el punto ideológico que quedó
pendiente. El hombre posee, indudablemente una verdad un
camino expedito hacia ella y una definició~ general co'nsecuente con. esta verdad; pero no puede impedir que quien
p~sea la misma verdad, conseguida aunque sea por otro cammo, y que por haber llegado a ella conoce todos los caminos
que le son acce~ible, la revele. Porque la verdad podrá ser
absoluta o relativa, pero no es exclusiva. Y esto signifca en
el arte com~ en todo l_o ~un_iano, que lo subjetivo es sim~lemente _una forma, y m siquiera la fórmula convencional del
f~rmahsmo. Lo único subjetivo y propio es el camino, la técmca, lo que la verdad en el sentido filosófico tiene de más
endeble; pero también lo fundamental y decisivo tratándose
de la vocación.
El. autén~ico problema del arte estriba en saber si tras
e~tas di~locac10nes del paisaje, de la perspectiva y de la técmca, existe la verdad como una revelación del artista; porque
suele suceder q~1e tras ellas se encuentra la falsificación del
arte, o la mentira de aquel que cree· verdadero y auténtico
lo que no es. Hay veces que tras un alarde de técnica transgresor del convencionalismo, se encuentra la ausenci~ de la
palabra cr~adora, y es que sólo el artista es dada la posibilidad marav1llante de descubrir esa verdad que, una vez formulada, aparece como conocida desde siempre por todos pero
que no todos pueden formular.
'
Realidad y apariencia. Presencia y apariencia presencia
de la v~rdad, estos son los términos de toda obra,' y no hay
que o~v1dar que la verdad evade todo aquello que no conduce·
a su fm pr?PlO: el descubrimiento del hombre por el más bello
de l?s sentidos _humanos; aquél que no todos entienden y denomrnan del mismo modo.
Año IV - Núm. 4, Abril 30 de 1947

�LO FALSO Y LO VERDADERO EN EL ARTE

LA

evolución de la conciencia moderna ha dado lugar a la revisión de uu sinnúmero de ideas
acerca de los problemas del espíritu, y entre ellos muy particularmente, a aquéllos que se refieren al Arte. Obedece esta
actitud crítica a la intención de buscar para toda elaboración
humana una acercamiento con la vida, que haga de ésta un
desarrollo uniforme, en el que las posibilidades de la inteligencia no se diluyan en especulaciones peligrosas que pueden
perder al hombre y hacerle olvidar su propio sentido.
Esta revisión, notable en la inteligencia contemporánea,
no es propia de nuestro tiempo. Se la encuentra muchas veces
en la historia viviendo a través de polémicas filosóficas olvidadas que se refieren a la esencia del hombre y al sentido
de sus acciones, y que se plantean en los momentos de crisis
que determinan casi siempre el nacimiento de una nueva época.
En lo que respecta al Arte, estas polémicas se han referido siempre a la naturaleza de sus valores fundamentales y
al sentido propio de las obras artísticas. Así suelen considerarse en el arte dos especies de valores: aquéllos que se refieren
' a la belleza, y aquellos otros que se refieren a la verdad.
Clásicamente toda obra de arte debía quedar comprendida
· dentro de un cierto ámbito, definido en sus extremos por la
belleza, o sea el valor estético fundamental, y por la negación
de ese valor. Su intención no podía trascender a la realización del valor estético fundamental que resultaba, en esta
concepción, de una inspiración superior y emanada de la divi-33-

�34

Lo Falso y lo Verdadero en el Arte

Edmundo Alvarado Santos

35

nidad, o humana, y emanada de razones subjetivas sentimentales. La primera daba lugar a las obras eternas y la segunda
a las temporales. Unas perduraban sobre el tiempo, las otras
eran superadas según la evolución de la sensibilidad humana.

acomoda1:llien~o de una posibilidad humana dentro el sentid
~e tda m9me~ud espiritual. El Arte es una exteriorizació~
e a conciencia,
Y como tal
.
humano
q b
. ? es una forma d e1 pensamiento
ue usca e1 conocimi~nto del hombre y de su sentido.

Esta concepción nació de aquella tendencia sociológica
que explicaba el fenómeno del Arte como el derramamiento
de un excedente de energía humana que se vertía en una imitación de la vida, o en una fantasía. Así, el arte venía a ser
un juego del espíritu, un desinteresado divertimiento en el
que el hombre se solazaba, tanto en su factura, como en su
contemplación. El artista según esta idea, era mi ser desintenrsado, sustraído a su propia humanidad, que trabajaba sin
intención determinada en una obra cuyo sentido debía
surgir espontáneo y ajeno a toda otra idea que no fuese la
realización de la belleza como cualidad objetiva, o como cualidad moral. Con esta idea no se lograba otra cosa que una
explicación individual del fenómeno artístico que conducía a
una concepción subjetiva del arte, tan subjetiva, que el artista
podía olvidar en su obra al espectador.
Pero esta idea tomada de la sociología es incompleta, porque si bien considera al Arte como una actividad humana
olvida su concepción eminentemente social. El Arte sólo es
válido si se refiere a la sociedad de que emana; y el artista
debe tener siempre presente esta circunstancia. Resulta así
que al Arte tiene que referirse siempre a las vicisitudes de la
sociedad en que se da. Su espontaneidad tiene que reflejar
naturalmente la angustia social del momento, y entonces la
necesidad del artista de darse, de ser espontáneo, es siempre
la necesidad de reflejar el momento que vive, de retratar su
circunstancia, de que su inquietud sea la de su grupo social.
Un arte así es no sólo un arte bello, es un arte verdadero que,
además de tomar en cuenta el valor estético, realiza el valor
humano fundamental: la verdad.
Los que sostienen que el Arte debe ser desinteresado y
que debe ser la oportunidad humana de desahogar una angustia individual de escapar a la sociedad, a la vida y a los
problemas humanos, quedan en una actitud medieval y antihumana. Olvidan que el Arte, como todas las posibilidades
intelectuales del hombre, no es sino un camino de explicación
de la vida y de lo humano, y que si bien tiene una forma
distinta de objetivarse, no es porque obedezca a un valor
diferente, sino porque es un camino distinto de llegar a la
explicación de la verdad. El Arte, como obra del espíritu
humano, no puede escapar a la consideración de la inquietud
fundamental del hombre. La Estética no es otra cosa que el

. Nace así una nueva concepción del arte ue n
desi~teresado divertimiento ni el desaho()'o
o e~ ya el
tancia individual S • 1 A' t
o . , e una circuns'd d d b
. i e re es una expres10n de la huma
~~O':sti e _e plantear todos sus pr?bl~mas y mostrar todas su~
bu:car :~bili~:au~~l!~rz:t º~rtivt de lda bconcienci_a debe
hombre po 1
t •
·
ar e no e e ser aJeno al
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r e con rano debe llegar a ser un arte útil posi
ivo Y umano. Con relación a est fi d 1
d ' 1 t~arse el dilema de la entidad y de
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;;e:~j:ti~:~it!í, d~ rtt que realiza de manera más· perfecta
O
r
umano ; Y temporal aquel otr
~~\iza bu~a bÓlleza cir?;mstancial, referida a' un motivo ºaj~!~
men~~ ~e~l a~n rttc10nla este problem'.: del objetivo funda, .
e e e p antearse tambien el dilema de lo
autentico
y
lo
falso
en la obra artística· Falso viene
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a ser
q~e ar .e que rehuye lo humano por evitar la angustia ue
~l,h patit~; verdadero aquel que encuentra la belleza enq la
usque a e la verdad y en la realización de las aspiraciones
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EneselunArte
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r ~mien o, una naturaleza muerta un am ramiento de los, nt~1os, un juego en las palabras' un in :fo
Jue sed goza a si mismo desp_erdic~ando su energí~ y olvYdánose e1 hombre, una mentira divertida e in .
sada A1ªrrill~samente. Son los artistas los q;eem;::1i:::r[¡
c1on el ombre, los que muestran su angustia los que
. an por º~, que no pueden hablar, o los que dan 'a la ro,
s1ca la expres10n de un se~timiento humano vivo, noble y tot~i
Xºr sobf1e los amaneramientos sensibleros e individualistas
h~:ir~:. os que se expresan como si se arrepintieran de se;

;~~f

Año III - Núm. 2, Febrero 28 de 1946

�EL CINE

HACE

tiempo que latía en la intención de los editores de "Armas y Letras", la idea de agregar
al material de este periódico una serie de comentarios sobre
el Cine. El propósito ha tomado forma, al fin, animado por
el afán de modernidad que debe caracterizar toda legítima
inquietud por los temas del hombre.
Iniciamos, pues, esta aventura en la que no vamos solos
ni en cuanto a la problemática estética, ni en cuanto al propósito de encuadrar el desarrollo del tema, como uno de los
esquemas sociológicos de influencia recíproca entre el hombre
y la sociedad, dentro del panorama de la vida contemporánea.
Y aquí nomás, ,al empezar, encontramos el primer problema
¿Será el Cine un Arte ? ¿Qué clase de Arte puede sed 1,A qué
sentido y a qué inteligencia puede considerarse dirigida su
intención 7 ¿De qué manera puede el cine influir en la conciencia, y cuál es la relación, o diferencia, que puede encontrar, en este sentido, con las demás formas del Arte y con
los otros estímulos anímicos 1 ¿En qué lugar y conforme a qué
jerarquía podría clasificarse este arte? He aquí un esbozo
de la problemática del cine que habría que estudiar con la
misma seriedad que cualquier otro problema de alta cultura.
Podría objetarse a este propósito el hecho de preocuparse
de un acontecimiento de la vida cotidiana que se considera
como una mera división, pero ¿no ha formulado Simmel,
acaso, una Filosofía de la Moda 1; ¡, No ha especulado José
Gaos, con tomo doctoral, sobre la fenomenología de la Caricia V
Indudablemente que en medio de estos ternos el nuestro es
el más serio e importante ; y su Í.1.ltención estética está más
-37-

�El Cine

dentro de la inquietud del hombre por los problemas generales de su propia definición.

•

Por otra parte, es innegable que una literatura y una
crítica nuevas han nacido ya, de manera ancilar, en torno al
Cine, a la vez que éste ha originado un cambio fundamental
en los demás territorios artísticos urgiéndolcs a la modernidad. Una serie de influjos recíprocos existen entre el Cine
y la Literatura; entre el Cine, figurador de todas las dimensiones, y el Teatro, realizador de las indispensables y, por si
esto fuera poco, el cine ha venido a modificar el influjo del
Arte sobr&lt;' el hombre en el plano de lo sociológico.
Vemos casi cumplida ya la profecía que formulara don
.Alfonso Reyes en 1915: "cada gesto humano, cada perfil de
la civilización moderna, está destinado a vibrar en la pantalla". De manera que el cinc llegará a ser, seguram&lt;'nte, el
mejor documento sobre nuestra época. Es necesario, por ello,
estudiar este documento sui-géneris, que tenemos la fortuna
de escribir nosotros mismos, y que va a ser la contribución
más original de nuestro tiempo al arte universal.
Año lY - ~Ílln.

-:1-.

Abril 30 ele 19-17

....

111

LA PALABRA Y LA POESJA
PAUL VALERY
SOBRE LA TEORIA LITERARIA
VIDA Y NOVELA) DOS FORMAS DE VERDAD

�LA PALABRA Y LA POESIA

UNA

de las preocupaciones fundamentales de la Teoría Literaria es el estudio del lenguaje.
Al hablar del lenguaje nos vienen a la cabeza muy diversas
formas de considerarlo: El estudio gramatical de las palabras
y las frases, la técnica de clasificación y uso de las primeras
y el arte de construir las segundas; el estudio de los accidentes y los tiempos en los verbos y el de la prosodia y la ortografía. El estudio de las funciones sociológicas del lenguaje
desde su formación hasta su transformación en la más importante de las funciones mentales colectivas, cuyo desarrollo
abarca en su aspecto histórico el maravilloso espectáculo del
desenvolvimiento de las sociedades humanas. El estudio de
la Filología considerada como el conocimiento erudito del lenguaje como materia poética.
El lenguaje es una materia común de expresión del pensamiento universal y de todos los grupos humanos. En cada
rama del pensamiento el lenguaje pierde algunos de sus caracteres comunes y se especializa para servir al objeto de la
ciencia que lo utiliza, formando una terminología distinta del
lenguaje com(m y corriente. La Filosofía es un ejemplo magnífico para evidenciar esta especialización; cada escuela filosófica, cada pensador, usan su propia terminología diferente
a la de los demás en la expresión de sus ideas. También el
fenómeno sociológico de la división del trabajo proporciona
diversas especializaciones del lenguaje según las actividades
y los grupos sociales. Mediante estas especializaciones, diferentes del lenguaje indispensable de la vida en común, es
posible que éste sea útil a las necesidades de la convivencia
humana.
-41-

�42

La Palabra y la Poesía.

En lo literario el lenguaje también se especializa para
servir a los fines de la poesía, sólo que esta especialización
del lenguaje en la poesía es mucho más sutil. Generalmente
la especialización lingüística en las esferas del pensamiento
distintas de lo literario obedece al afán de precisión en las
ideas y a la necesidad de fabricar conceptos típicos invariables para designar sus objetos y sus desarrollos. Esto conduce a la valoración etimológica de las palabras que proporciona el más firme criterio de precisión, y conforme a este
conocimiento de las raíces originales va creándose la terminología especial, convencional para el pensamiento que se sirve
de ella. En lo literario la especialización del idioma rara vez
toma ese camino ya que las cuestiones literarias no tienen
temas especiales, su materia está constituída por la más general de las experiencias humanas: la experiencia de la vida
de los hombres. La especialización del lenguaje en lo literario
se logra mediante una valoración semántica de las palabras
y una valoración subjetiva íntimamente ligada al estado emocional generador de la obra poética. Dentro de esta valoración subjetiva entra la consideración del valor fonético de la
palabra y de la musicalidad de la frase, consideración indispensable para lograr la unidad armónica del lenguaje poético
como expresión de un doble sentido creador del artista.
En esta especialización del lenguaje en la poesía las palabras se exceden a su utilidad de meros instrumentos de
comunicación de las ideas hasta llegar a ser instrumentos de
revelación. En esta función poética de las palabras los significados son destilados doblemente, primero desde la indispensable necesidad de servir de instrumentos de expresión, y
8.espués desde esa revelación creadora que es el desahogo del
estado emocional general de la obra poética.
Esta sublimación de las palabras hace que éstas dejen de
ser meros signos convencionales de intercomunicación humana
para transformarse en un lenguaje superior, distinto, apto
para ser un material artístico. Su función en la frase rebasa
entonces los términos de la gramática y se convierte en instrumento de expresión de un orden de fenómenos cuyo origen
y desarrollo se substrae a la lógica racional. Por eso no es
posible exigir una sintaxis simplemente gramatical en la frase
literaria o poética. La construcción obedece aquí a las necesidades de una expresión acertada a la coucepción creadora
del poeta; y a veces se sacrifica la lógica de la frase a un
simple ritmo, a una musicalidad que hacen posible la reproducción de aquel clima emocional que produjo la obra y

Edruundo Alvara&lt;lo Santos

43

logran con, ello una comprensión de ésta que el lenguaje simple no seria nunca capaz de proporcionar.
_Esta ,s~tuación en que queda en última instancia el len~uaJe _poehco es el que produce esa sensación de simpatía
me~phca?~e a veces, con el poema. Es inútil entonces busca:
la 11;tenc1on de _la obra_ con un criterio lógico simple. En
poe~ia no es posible ser mgenuo, mucho menos cuando el lenguaJe de ésta _es _e~aborado por el poeta, tanto en la forma
como e~ los s1gm~1cados, en esa forma extraordinariamente
convenc10nal qu~ solo en la poesía es permitida. De aquí parte
una d~ las semrJanza~, de la poesía con la música, de la que se
tratara en otra ocas10n. En este lenguaje es en el que las
palabr~s, como ~n. la frase bíblica, se hacen carne y adquieren
el sentido dramatico que las hace sobrevivir a los hombres y
a las edades.
Año II - Núm. 3, Marzo 30 de 1945

�PAUL VALERY

TODAS las_épocas críticas de la humanidad terminan en una larga angustia a la que no convencen
ni las cosas más ciertas, ni los viejos remedios, ni la vista a
la historia. La crisis es siempre un desquiciamiento en la fe
y una incredulidad para toda esperanza.
En el principio de la Filosofía moderna un hombre deshizo en su conciencia las ruinas del pasado para sacar de la
nada restante un principio de fe. Este hombre fué Descartes:
el iniciador del pensamiento contemporáneo.
Cuando el positivismo perdía a principios de nuestro siglo
su certidumbre filosófica y no era sino ese palo del que todas
las metafísicas querían hacer leña, surgió en el panorama del
espíritu francés la sencilla y dominante figura de Paul Valéry.
Valéry es en la época presente y en la poesía nueva lo que
Descartes fué en su época.
La universalidad del pensamiento de este gran poeta francés es tan vasta que no es posible catalogarla en alguno de los
aspectos especiales de la cultura. No fué solamente un filósofo, o un sociólogo, o un poeta. Fué . más bien esa magna
síntesis del genio que no diferencia en su pensamiento ninguno de los caminos hacia la verdad. Donde quiera que entró
con su pensamiento fué para encontrar rutas nuevas hacia
esa ve11dad perdida en un mundo de enmarañados prejuicios
científicos y filosóficos, en una época. en que todos se creían
con derecho a decir una verdad y en que cada país se apropiaba lila teoría y uua idea particular del mundo.
-45-

�46

Palll Valéry

Valéry puede decirse que fué una víctima de su gran
destino que le hizo ser poeta queriendo ser marino y que
huyendo de la poesía se convirtió en filósofo y puesto en el
camino de la verdad aportó interesantes estudios a la teoría
de los hechos sociales
Víctima también de un ansia extremada de rigor se encerró, como Descartes, 20 años a hacer, dice Maurois, tabla
rasa con la cultura de su tiempo para rehacerla desde el
principio como propia, como el método de su vida y de su
pensamiento. Metido en la casa que habitara en París Augusto Comte, escribía c:uadernos y más cuadernos de notas, y ensayos que nunca hubiéramos conocido a no ser porque Gide
le convenció de publicar sus poemas y Marcel Sch11·ob y
Daudet sus escritos.
Comenzó a escribir sus poemas en la adolescencia, para
reunirlos como obra suya 20 años después. Entre tanto hacía
sn método poético en silencio, ignorante e ignorado de todos.
El poema -decía- no se hace con sentimientos, ni con ideas,
Rino con palabras. Las palabras son las convenciones huma11as más arbitrarias, que de mera ficción que eran se han conYertido en eso que han dado en llamar verdades objetivas.
El poeta tiene que encontrar ese misterio de la ficción, ese
auténtico sentido de la palabra perdido en la historia; y a
propósito de una teoría poética se mete en la filosofía de la
historia y con la problemática filosófica, hasta llegar al principio sin reconocer verdades absolutas. Hay en el pensamiento
de Valéry un gran momento que puede colocarse en el principio de toda Filosofía: "¿De qué modo, se pregunta, es posible adquirir el concepto de lo que no se opone a nada, no
repele a nada, no se parece a nada Y Si se pareciese a algo
no sería todo."
Encuentra el poeta la realidad primaria, anterior a toda
ficción, en la obra de arte. En ese poema escrito con palabras
dueñas de su significado y de su música, hecho en un clima
emocional especial en el que la inspiración no es sólo una
observación penetrante.
Lle~ado a la Academia y al Colegio de Francia formula
el principio de una nueva consideración sobre la literatura
que va a ser la Teoría Literaria de nuestros días, en la que
no caben las demagogias y las extravagancias poéticas.
A propósito de un escrito suyo publicado en el prólogo
del libro de un joven poeta, en el que hablaba de la "poesía
pura", surgió en Francia la grave polémica sobre estas dos

Edmundo Alvarado Santos

47

palabras sobre las cuales no hay un completo acuerdo en la
literatura moderna. Valéry termina con esta polémica reconociendo que la llamada poesía pura es imp?sible, pero que
esta designación puede servir para nombrar ese ideal de perfección en la poesía que desde luego no tiene que ver con 1a
corriente estética que habla del "arte por el arte".
Sin temor a eg_uivocarnos podemos decir que Valéry ha
influído de manera preponderante en el pensamiento de toda
la poesía actual, y aunque discutida su grandeza poética ha
venido a constituirse en la corriente más vigorosa de la lírica
moderna.
Este genio del pensamiento francés acaba de morir en un
momento crucial para la vida de la humanidad, pero no sin
haber visto el amanecer del nuevo día francés en el que siempre tuvo fe, aun en los días en que muchos de los grandes
pensadores franceses renegaron de la libertad de su patria.
Su muerte ha ocasionado una gran pérdida entre los que
piensan por la humanidad.
Año II - Núm. 8, Agosto 30 de 1945.

�SOBRE LA TEORIA LITERARIA
'1

HASTA hace muy pocos años ha v·e~
nido a dar fruto la vieja preocupación de la Literatura orígis
nada en torno al problema de constituir una cienciaunive:rs~l
con todos los aspectos de cultura que de alguna manera tie.ne1f
que ver con la poesía. En los años anteriores a la presente·
guerra, Paul Valéry inició en el Colegio de Francia una explicación novedosa del sentido de la Literatura. Concurrían en
esta explicación las experiencias de la antigua retórica y las
exploraciones de los poetas contemporáneos en otros campos
artísticos en busca de lo que la retórica no era capaz de proporcionar. Pero había en aquellas exposiciones de Valéry cosas.
nuevas, elementos tomados de la experiencia poética cuyo
análisis correspondía a otras ciencias pero sin los cuales era.
imposible llegar al conocimiento de la meta de aquel curso. •
Hasta entonces se definía la Literatura como la búsqueda
de la belleza en las letras, de una belleza desinteresada paralela a los valores fundamentales del arte en las artes plásticas y la música, como aquella nota lingüística capaz de
conmover. Servían a este propósito la retórica como sistematización de las formas del bien decir y el tratado de las formas
y los metros que era la Poética en su viejo sentido.
·
Todo esto conducía sólo a una cosa: el descubrimiento de
una técnica de desvulgarización del lenguaje que servía para
dar a las palabras un sentido poético diferente del que les
era usual en el habla común; pero el problema ~e la poesía
escapa a una consideración de esta especie. Nadie podía encontrar con estos elementos el sentido de la poesía, ni estudiar.
el acto creador de la misma y las vivencias a que daba origen
el poema en el ánimo de los extraños a que estaba destinado,
-49-

�Sobre la Teoría Literaria
50

ni el criterio para una actitud valorativa de la creación artís-

VIDA y NOVELA, DOS FORMAS DE LA VERDAD

tica.
La consideración de esta serie de posibilidades nuevas
para la elaboración de una ciencia que tuviera por objeto
llegar al conocimiento de las notas esenciales de la poesía,
estudiadas por Valéry en aquella ocasión a propósito del
desarrollo de una teoría poética que partiera del significado
etimológico de la palabra poesía, que en griego significa crear,
cuya meta fuera obtener una filosofía de la poesía, dió origen
a lo que hoy es la Teoría Literaria.
Servían a los fines de la Teoría Literaria casi todas las
ciencias culturales: la retórica y la preceptiva como estudio
de la materia de la poesía, la psicología como investigadora
de las emociones y los estímulos tanto creadores como contemplativos, la sociología como estudio del hombre como entidad social indivisible de• la comunidad y como consideración
de la obra en cuanto es reflejo de la comunidad en que vive
el artista y por último la filosofía con sus consideraciones universales sobre el arte, materia de la estética.
Todas estas ciencias resolvían en común las grandes cuestiones de la Literatura que antes no habían sido planteadas:
la esencia de la poesía, el análisis y estudio del acto generador
&lt;le la misma en su aspecto emocional y en su aspecto técnico,
~l estudio del estado emocional que origina la intención poética, la consideración de las dos actitudes posibles ante el
poema : la generadora del poema que termina en él y la valorativa, que comienza con él, pasando por los desarrollos y
formas de producción en la primera de ellas, y estudiando en
la segunda la apreciación objetiva y la comprensiva en la
contemplación de la obra de arte, y la consideración de la
intención como generadora de valores poéticos involuntarios
para el autor; con el auxilio de estas investigaciones la Teoría
Literaria supone a la elaboración de una lógica imaginativa,
distinta de la racional, con cuyas luces se pueda llegar al conocimiento de la poesía y de su enlace con la teoría universal
del Arte sin profanar el misterio mismo de la poesía como
expresión más pura de la idea, como explicación más comprensible, aunque menos explicable del universo y de la vida.
La resolución y explicación de estos problemas es la tarea
de la Teoría Literaria, el mejor equipaje del hombre en el
camino del Arte a la búsqueda de la verdad.

.

A

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.

considerar como vida exclus1vamente
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de vez en vez un remord. . t ' os asombra y nos produce
¡, En dónde estamos vivien1dmoien o tde gran sentido filosófico.
nues ra verdad ~
·

,ª

~quello es novela, lo nuestro e .
.
.
sabe~ que una es nuestra vida u s vida, suele _dec1rse, sin
destmo, y la otra es aquélla tq \P,ºr ser gregana olvida su
d~rse, .ª veces, de su destino '10 ~~ ien nue_st,ra, que sin acorvivenc1a social, novela le llamam mple .. Vida es nuestra conabsoluta con nosotros mismos o ~s
miedo ,de la convivencia
do con nuestra conciencia 'Todon os demas, pero de acuer.no_vela; unos la vivimos oiro 1 os te~emos nuestra propia
mas aproximado que la frase 1e ª¡.~~nben, adern~s. Esto es
i e; unos escnben la no-

ªl

Año I .- Núm. 11, Noviembre 30 de 1944
-51-

�52

\'ida y Novela, dos Formas de la \'erdad

vela que no pueden vivir y otros viven la novela que no pueden escribir. Hacer nuestras las incidencias que no son autobiográficas, es también vivir en rebeldía con un destino que,
en algún sentido, se ha negado a ser heróico y que hay que
superar.
Los filósofos dicen que la vida es una oscilación entre el
ser y un deber ser identificado con un querer ser. La vida
es pues el trayecto, y cuando éste es más rico en posibilidades
que en realizaciones, la fuerza de la vocación se vierte por el
camino de este intencionado deber ser. Así resulta el arte de
verdad, la novela que hace vida de lo que no es, que llega a
la verdad por la mentira, por este deber ser intencionado que
resulta una más humana, aunque no siempre amable realidad.
Esto, podrá objetársenos, no es la verdad; pero el ser y el
deber ser sí lo son. Todo lo que es ser, en realidad o en posibilidad -en verdad dinámica que está haciéndose, en verdad
de tiempo hacia el futuro y no de espacio y del presente únicamente- es la verdad madre del escepticismo egregio o del
optimismo endeble.
La novela, como forma de vida, es por sí sola un camino
a la verdad que, cuando se agota, agota también la curiosidad
por ella. Humana al fin, como verdad del hombre, mue1·e con
éste. Se realiza en su propia búsqueda para que el hombre
pueda realizar su vocación y cumplir su destino. La novela
es la vida, dijÜnos, pero novela es también historia, la historia
de las posibilidades negadas, a veces, a todos los hombres.
Una historia que, paradójicamente encuentra su filosofía en
la negación de las realizaciones, que también tiene sus índices
de progreso con respecto al tiempo y que hace posible el conocimiento de una vida que al hombre es tan propia como la
que hace en sociedad, aunque no sea sino verdad íntima y
propia de la que en realidad no hacemos uso nunca, pero a
la que guardamos la mejor fe.
Crítica es la época en que el hombre tiene que abandonar
su fe en la solidaridad social para hurgar dentro de sí en
los estratos insospechados de su manera de ser. Esto sucede
cuando el fruto de la conveniencia social el desengaño de
todas las creencias y de todas las promesas, en una angustia
por reconocer la auténtica. No es casual que sea entonces que
la religión, que proporciona un proyecto de salvación individual, gane adeptos; y los que en medio de la religión dudan
alguna vez, que son todos, van con los demás a un escepticismo
negativo que conduce a la resignación y a la desesperación.

Edmundo Alvarado Santos

[

53

~~rse cuuenta ~e q~e en la solución al problema de la
vocac1on Y d~l dest~o _tienen r esponsabilidades importantes
tanto la prop!a _conciencia, como la entidad social, es la clave
en el descubrimiento de una solución a los problemas del hombre ; pero hay que comenzar por tomar de nosotros mismos
aquell? qu~ no e~ d,a~le quitar a la sociedad so pretexto de
un obJetiv1smo h1storico.
Esto sucede en la novela -en el arte, para decirlo de una
vez- c_o1:10 ~n toda manera de vida posterior a la guerra : un
desqmc1_am1ento del espíritu, una crisis que como actitud vital
proporc10na desesp~r~das soluciones provisionales que cuando
c?ndu~en al escept1c1smo negativo pueden llamarse existenc10nahsmo, o de cualquier otro modo.
Año V - Núm. 10, Octubre 31 de 1948

�IV
TEORIA DE LA UNIVERSIDAD
JUSTO SIERRA Y EL PENSAMIENTO
MEXICANO
LA CRITICA DE LA REVOLUCIONMEXICANA
DISCURSO EN EL SEGUNDO ANIVERSARIO
DE LA MUERTE DE ANGEL MARTINEZ V

�TEORIA DE LA UNIVERSIDAD

CUANDO la Universidad constituía
un acc~dente de la vida social, cuya existencia trascendía a los
propósitos fundamentales del grupo en que vivía, estaba de
moda hacer toda especie de justificaciones teóricas para su
existencia. Dada como un fenómeno aislado en determinados
pueblos en la que, como en los monasterios, alentaba la cultura, defendida de la barbarie por unos muros que si bien
la preservaban de ella, la preservaban también lamentablemente, de la vida normal de la humanidad.
'·

Ante la existencia medieval, la Universidad tuvo que ser
un foco aislado de las luces humanas, viviendo de su propia
just~ficación que la hacía intocable, y ajena a toda concepción
que no fuera la de su propia tradición y la de la tradición de
la Cultura Universal, abstracta e impersonal; enclaustrada de
tal manera que sus alientos apenas servían para darle la satisfaccign de gozarse en sí misma.
El advenimiento de la época moderna, a la vez que la
constitución de las naciones, trajo consigo la primera gran
transformación de la cultura. Fincándose en las tradiciones
locales, la Universidad amplió su acción a la comunidad, nacional unciéndola con sus graves e inusitados desarrollos científicometafísicos, que en realidad nada hacían por la vida social. Ella seguía siendo aún, por encima de la sociedad. el
encastillamiento de una cultura que era patrimonio exclusivo
de los elegidos del poder o de la fortuna.
Sólo el advenimiento de la mecánica y de su gran influencia en las tr;ansformaciones sociales, que logró que la cultura
se transformara, si no en el arma de la defensa, sí en el arma
-57- .

�58

Teoría de la Universidad

del progreso, hizo que la UniYersidad se reprodujera en el
mundo y abriera sus puertas a la clase optimista que llegaba
por la democracia liberalista hasta el poder. Su primera acción desde el punto de vista social fué, a la vez que el conocimiento de la ciencia aplicada, la enseñanza de la teoría social
acorde con la ideología egoísta que patrocinaba las conquistas
del poder y el avasallamiento de los demás grupos.
Después de la primera guerra mundial una crisis grave
y alarmante se apoderó de la Filosofía e influyó todos los
dominios de la cultura. Los pensamientos que presidían el
conocimiento universal cayeron estrepitosamente sin dejar un
indicio de certeza sobre el que pudiera fincarse una nueva
idea fundamental que permitiera dar un sentido a la ciencia·
y a la conciencia. En la Universidad, esta crisis originó la
gran revolución. Hubieron de abandonarse viejos caminos y
prestigiosas tradiciones. La necesidad de sobrevivir al cataclismo hizo que la Universidad se ligara a su tiempo en busca
de su camino ; y cuando aún no recuperaba su estabilidad fue
ya el clima que desde entonces, a su pesar posiblemente, y
para siempre, alimentó el gérmen constante de la evolución
y la revolución de las comunidades humanas. Si antes como
fenómeno esporádico, la Universidad fué la cuna de alguna
transformación de la sociedad, desde entonces su destino se
ligó de tal modo a la sociedad que el retorno es imposible.
En Hispanoamérica, la Universidad presidió la transformación de la conciencia política de las naciones y conquistó
para sí un lugar eminente en la existencia social, y en Europa,
donde las tradiciones tenían demasiada fuerza, se vió penetrada por las inquietudes sociales que la encaminaron hacia
una participación importante en la conducta de las naciones.

59

Edmnndo Alvarado Santos

en la época moderna con los grandes descubrimientos de la
mecánica aplicada que apresuraron la marcha del progreso
de los pueblos. Finalmente la crisis de la primera "'Uerra y
la angustia del clima bélico que vivimos han hecho 1: indisoluble liga de la Univer1:,idad y de la Sociedad.
Si antes, en la história la Universidad vivió fuera de su
tiempo y alejada del leit-_motiv del progreso universal que es
la vida humana, ahora vive su momento con las inquietudes
humanas, compenetrada de la angustia fundamental de la vida
social de nuestro tiempo.
Pasó el tiempo en que se creía que la cultura podía i(J'norar
el desarrollo de las ideas políticas, y que la Universidad° podía
sustraerse a las aventuras de la historia. Si al(J'una vez se
pensó en limitar cómodamente la misión de la Universidad
a la formación de la conciencia y a la guarda y conocimiento
de la cultura, esta idea habrá de abandonarse definitivamente.
Si la cultura tiene que mantener los frutos de la inteligencia
del ho_mbre, ~ entre ell?s h~ de considerarse su inquietud por
una vida meJor, la Uruversidad tendrá que contribuir decisiv~men~e en la solución de los graves problemas de la existencia social y superar en sus desarrollos las limitaciones de los
nacionalismos absurdos que deberán sacrificarse siempre en
aras de la universalidad y de la vigencia de mejore~ principios
sobre los cuales la humanidad pueda fincar su época un mundo
y una vida más felices.
'
0

Año III - Núm. 8, Agosto 31 de 1946

Con el nuevo sentido adquirido por la cultura, que abandonaba la investigación y la creación como fines autónomos,
para transformarse en un generoso medio propiciador de una
vida mejor, la Universidad examinó su vida hacia la consecución de los más preciosos fines de la existencia social.
Tres etapas importantes ha vivido la Universidad hasta
nuestros días. Estudiando primero la organización del conocimiento y el conocimiento de la realidad material en la Edad
Media. Interesándose por la vida y por la conciencia de los
hombres, la Universidad finiquitó sn primera etapa.
Con el conocimiento moral del individuo y de las grandes
explicaciones del mundo y de la vida incia en abstracto el
conocimiento de la humanidad que viene a ser interrumpido

1
1

1

�JUSTO SIERRA Y EL PENSAMIENTO ME,XICANO

POCOS hombres conocen la historia
de la inteligencia mexicana cuyo pensamiento sea de las proporciones del de Don Justo Sierra. La universalidad de su
inquietud intelectual alcanza, como muy pocas, un horizonte
al que no escapan siquiera los espejismos que van a constituir
el México posterior a su tiempo.
Se dice que es humanista aquél al que ninguna de las
inquietudes del hombre es extraña; y para el que cualquiera
perspectiva de desarrollo humano debe ser acogida con amor
y con fe. Los humanistas fueron, en principio, aquellos hombres que al borde del Renacimiento descubrieron, con la cultura de los antiguos greco-latinos, la libertad del hombre para
su total desarrollo hasta úna meta diferible eternamente en
la historia1, porque el hombre es el único responsable de su
propio destino : y con este descubrimiento, encontraron, en
el hombre mismo y en su desenvolvimiento integral, el máximo sentido de la cultura.
Desde este encuentro del hombre con el hombre, el humanismo representa un largo martirologio cuyos momentos más
lúcidos son el Enciclopedismo, la Ilustración y otras culminaciones del espíritu que reiteran siempre la fe en el hombre y
en sus posibilidades. Por eso, después del principio, los humanistas fueron quienes siempre buscaron, en cualquiera de los
planos, aun en el de la convivencia social, la mayor posibilidad
de salvación para el hombre. Al amor por la cultura, como
residuo de la inteligencia. activa de la humanidad, del primer
humanismo, se agregó el amor al hombre, como autor de una
obra de la que él mismo es culminación. Un hombre que resumía estas dos categorías del hmanismo fué don Justo Sierra.

�62

Justo Sierra y el Pensamiento Mexicano

No es exagerado decir de él, que vivía en el entusiasmo de las
cosas humanas. Por él se hizo educador y llegó a ser, en el
ejercicio de un magisterio genial, que excedía a la cátedra,
el hombre que vibraba en el pensamiento joven de toda la
América próxima a 1910.
Como los auténticos maestros, Justo Sierra comprendió
que era necesario el estudio de la experiencia total de la humanidad para el conocimiento de los hechos y de los hombres.
Supo, puesto ya en este camino, que los valores que determinan este conocimiento son inmutables cuando señalan acontecimientos y son variables cuando estos acontecimientos son
a su vez determinados por la conciencia de los hombres. La
Filosofía de la Historia ha declarado ya que aun los hechos
históricos obedecen a una regularidad condicionada por la
temperatura de las inquietudes humanas. En esta virtud, los
valores varían según la idea del mundo que determina la conciencia social de una época. Así, lo que en un tiempo determinado es bueno y justo, deja de serlo si en el concepto de
la ideología social es otra aspiración lo que dá contenido al
valor. Este cambio esencial en el contenido del valor influye
de tal modo en su apreciación que le hace variar de lugar en
la jerarquía de las consideraciones humanas. Así, hubo épocas
en que la virtud fundamental er&amp; el bien, hubo otras en que
se estimó la belleza y la sensualidad y otras en que la justicia
social determinó las aciones de los hombresc y de los pueblos.
El aprendizaje de esta relatividad de las jerarquías conduce
a la idea de que los valores no pueden entenderse en una
pureza abstracta, y que deben siempre referirse unos a otros
hasta lograr unidades de conciencia. Estilan muchos filósofos, en sus explicaciones, decir que no importa que lo bello
sea útil si es realmente bello, o que lo bueno sea justo, si es
bueno; dan con esto a entender que el valor es valioso por sí
mismo. La historia, maestra de la vida desde los tiempos de
Cicerón, demuestra que lo que hace valioso un determinado
valor, es la unidad de conciencia que proporciona un todo
armónico en el cual las partes pueden destacarse sólo en función del todo sin el cual no es posible concebirlas, y este todo
es el hombre, la residencia del valor, la razón de ser el valor
el ser único en función del cual el valor es valioso. Armad~
de estas reflexiones, Justo Sierra explicó la Historia Universal
y escribió la historia mexicana como auténticas lecciones del
hombre para el hombre. Hizo sentir que lo fundamental era
la inteligencia humana, gestadora de todos los acontecimientos históricos y responsable de los mismos, por eso en Justo
Sierra la Historia era el estudio de la experiencia de la humanidad que él completaba con el doble análisis del marco de

Ednmndo Alvarado Santos

63

los acontecimientos y de la época que vivía el mundo cuando
él ejercía su cátedra; por eso vivió con toda la plenitud de
su humanidad el momento político del México de sus días, y
como tuvo, como todo maestro, la virtud de la serenidad, al
juzgar a su patria escribió una historia que al decir de_ Alfonso Reyes, no se dolía ni del resquemor para los vencidos,
ni de la vanidad de los vencedores. Nadie mejor que él, que
vivió todas las inquietudes del espíritu y ensayó todos los caminos de la verdad, desde el de la ciencia hasta el de la
poesía, para explicar a los mexicanos el sentido de la vida
de los hombres.
Dn hombre que llega a estas alturas, irrumpe en la Filosofía como conquistador. Justo Sierra no fué un ejercitante
asiduo de las inquietudes generales del hombre, pero, en su
humanismo, penetró en las disquisiciones del pensamiento filosófico en busca de esa explicación que responde con la voz
de Edipo
todas las preguntas. Así el maestro se internó
en el mar proceloso de la Filosofía siguien~o el ca~i~~ de
la historia. Conocedor del mundo de los griegos revivio en
su espíritu las inquietudes de Parmenides, de Sócrates, _de
Platón. Así desbubrió los dos Aristóteles, el de la escolástica
y el auténtico, y siguiendo el camino de las _Peripecias del
pensamiento, atraviesa edades e i_deas y reflex~ona sob~e las
modernas inquietudes del pensamiento que se siente obligado
a inyectar en el escloro~ado ambiente del positivismo mexicano convertido en instituciones corrompidas, en pensadores
egoí~tas y en ciencia equivocada, por haberse pasado de su
tiempo.

a

La angustia de Justo Sierra, se veía ya, por los años próximos al Centenario de la Independencia Mexicana, a punto
de encontrar camino. Las letras buscaban desahogo en la independencia de toda paternidad, apoyándo_se e1: la inspi~a~ión
francesa que cautivaba al decadente refmam1ento porfmsta.
Al amparo de un entonces extraordinario joven: Antonio Caso, reuníanse en modesto cenáculo : Alfonso Reyes, Pedro y
Max Henríquez Ureña, José '\Tasconcelos y tantos otros, a pensar o repensar, mejor dicho, el pensamiento de la _humanidad,
a informarse, por debajo de las formas convenc1onale~ _Y el
r ecato silencioso -que no había de mover- del mundo espmtual
de aquellos días. Qué gozo debe haber sentido entonces aquel
atleta del pensamiento mexicano, qué temblor debe haber recorrido emocionado su cuerpo al ver en el mortero del pensamiento nacional la materia de su gran obra. Justo Sierra, sin
embargo, se mantuvo apartado del grupo, él vivía ya la soledad que presagiaba su gran obra.

�64

Justo Sien-a y el Pensamiento l\Ie~icano

En 1905 llega el maestro al Ministerio de Instrucción Pública. Encuentra el panorama cultural de México destrozado
en experiencias y en el anquilosamiento de las viejas formas
pedagógicas. Reorganiza la instrucción primaria, impulsa la
educación de los maestros, y al cabo de poco tiempo, Miguel
F. l\Iartínez, Enrique Robsamen, Leopoldo Kiel y más tarde
Pablo Livas, maestros de banco de distintos rumbos de la República, distinguidos a cual más polemizan sobre las reformas
a la educación mexicana, bajo el patrocinio de un Justo Sierra
cuyo nombre ya excedía fronteras y océanos. Fue uno de los
más grandes educadores mexicanos, si no el mayor.
La soledad, decíamos, rodeaba ya al maestro. Soledad
de aquél que viendo má5 que los demás los excede, del que
comprende demasiado, del que se adelanta a su tiempo, de la
inteligencia extraordinaria. En ella concibió el proyecto máximo : dar vida a aquel viejo instrumento olvidado del régimen, fragmentado y mediatizado en prácticas rutinarias que
olvidan los progresos de la técnica y la inteligencia; la Universidad de México. Así, y aprovechando las conmemoraciones del centenario, un día de gloria, y apadrinada por eminentes y vetustas instituciones, vuelve a la vida, con un mejor
sentido, aquella vieja e inútil Real y Pontificia Universidad.
En el discurso inaugural, Justo Sierra clausura definitivamente
una época de la educación mexicana y se adelanta, casi en
minutos, a la aspiración, vertida ya de muchos modos en el
país, a un ambiente mejor. Ese era el fin de su obra de educador: la restauración de la casa del pensamiento y la institución en ella de la Filosofía que tras el traspiés del siglo
XIX, volvía a instaurar la fe en el hombre y en la búsqueda
de la verdad.
Dicen muchos que Justo Sierra terminó por ser un escéptico; en realidad no lo fué. Fue aquella soledad de su inteligencia magna, la que le hizo aparecer así, después de entender
y vivir un poco todos los caminos del pensamiento. Fue que
disolvió en el amor de su obra, que ya caminaba sola, todo
el amor que un hombre tiene para dar a las cosas humanas,
fue que ya les iba tocando hablar a otros que habían, de alguna
manera, vivido a su amparo. Justo Sierra fué una estrella
indispensable en el horizonte del pensamiento de América, todos los mexicanos le debemos, aunque sea remotamente, un
poco, por eso, como dice Alfonso Reyes, todos los mexicanos
aman y veneran a don Justo Sierra.
Año V - Núm. 1, Enero 31 de 1948

LA CRITICA DE LA REVOLUCJON MEXICANA

r

U

NA nueva inquietud hacia los grandes problemas nacionales que late en la conciencia de los
mexicanos desde hace algún tiempo apremiándoles a adoptar
una actitud crítica hacia la última y más importante etapa
del desarrollo histórico de México, la Revolución Mexicana,
ha hecho que los hombres de las más diversas edades y tendencias se reúnan a considerar las realizaciones del movimiento social que aún nos envuelve y a buscar, con gran fe en el
porvenir, nuevos cauces al progreso del pueblo mexicano.
Los universitarios primero y luego los intelectuales, se
han constituído ya en revisores de la doctrina política de la
Revolución, no por considerar que ésta haya cumplido sus
objetivos, o haya fracasado, sino porque han encontrado en
la trayectoria social del país la necesidad de uniformar la
actitud que ésta ha de adoptar hacia el nuevo panorama internacional surgido de la terminación de la guerra, las influencias de éste en la corriente progresista mexicana y la traye·ctoria que con estos motivos ha de seguir la Revolución en el
próximo momento. Esta consideración de los problemas nacionales no es original de nuestro país. Todos los pueblos de l'a
tierra viven esta crisis política de la que ha de resultar una
estructuración mejor del mundo que todos ansiamos y UÍl
reflorecimiento de los valores humanos que el desencadenamiento de la bestialidad imperialista en la más tremenda de
su formas ha puesto en crisis.
Contra el pesimismo conservador que piensa que este juicio sobre la revolución es prematuro, es necesario pensar que
el tiempo no sé detiene y que si hoy los mexicanos se decide;n
a intentarlo es porque la urgencia de nuevos problemas y d'é
'· 11 ··

-65-

�Ellmundo Alvarado Santos

La Crítica de fa Revolución Mexicana

una Yida más acorde con las circunstancias nuevas, obliga a
apresurarnos para no ser barridos por las circunstan~ias que
están va encima de nosotros y a las que es necesario hacer
frente· para poder ser los autores de nuestro propio porvenir.
Esta actitud crítica hacia nuestros propios actos impone
un yalor a toda prueba para reconocer que en los mejores de
sus aspectos la Revolución se ha hecho muchas, -y_eces ~ pesar
de los revolucionarios. Esto que parece paradoJico, tiene su
justa explicación en el hecho de que ~a Revolución re?asó las
preYisiones de los autores de su doctrma y de sus realizadores
por haber tenido su origen en los más remotos períodos ~e
nuestra historia y por la heterogeneidad de los factores sociales que en ella intervinieron. Ellos son el motivo de la marcha
actual de la Revolución.
' .' ' )Iucho se ha dicho del agrarismo y de la legislación del
.tr:~bajo, pero mucho, más puede dec_irse a:11n si se piensa que
a,un el programa mmimo del Partido Liberal elabor~do . ~n
i~06 no se cumple todavía, y que el proc~so de su ~eahzacion
ha de wrse complicado con las nuevas circunstancias que la
época nos obliga a vivir. Cierto es que el prograi1;1a d~ la
~evolución se ha ido improvisando porque no ha habido ~iempo de hacerlo de una vez y porque,_co~s~derad_a s revolucionarias las aspiraciones populares de JU_sticia socia~, 9-ue surgen
merced a nuevas circunstancias, ha sido necesario mcorporarlas en el ideario del movimiento progresista mexicano.
, La guerra ha proporcionado, a ~a vez, que una esp~cie de
tregua en la lucha popular, un motivo mas para . ampliar los
horizontes de las aspiraciones sociales de los mexicanos; pero
es tal el caudal que la liberación del fascismo proporc1on~,
qiie es menester meditar, sin abandonar la lucha, en una actit~d única que ante lo~ acontecimientos presente y futuros los
mexicanos podamos asumir una ideología ac~rde a la vez con
nuestra calidad de mexicanos y con esa calidad de hombres
que aspiran a hacer del mundo una morada mejor, en d~nde
~l hombre pueda desarrollar libre de temores y del peligro
del hombre los mejores atributos de su personalidad.
La crítica de los hechos sociales lleva siempre consigo el
propósito de superar el momento que _se vive, sea porque _n1;1~vas circunstancias hagan esto necesario, o porque las posibilidades humanas facilitan una oportunidad para dar un paso
adelante en la vida de los pueblos. Lo primero es la urgencia
de°'ia Yida y lo segundo es la abundancia de la mi~ma. En
nuestro país, en donde todas las cosas toman ese giro paradójico, característico de su manera de ser, suceden las dos

'

.

67

cosas : por una parte la circunstancia histórica nos obliga a
vivir y por otra vivimos un momento especial de integración
y realización de nuestra nacionalidad que da al pueblo mexicano una vitalidad y una madurez nunca antes alcanzadas,
dentro de su evolución histórica. Si por una parte debemos
vivir el pr~x~mo momento social como éste sea, por la otra
queremos v1v1rlo y hacerlo a nuestro gusto y para nuestra
satisfacción.
La crítica de la Revolución :Mexicana y lo que de ella
salga nos proporciona esta gran oportunidad. Por lo pronto
estaremos a salvo de los errores del pasado, conocemos el movimiento social en todos sus factores, sabemos que la doctrina
de la Revolución, improvisada al principio y sobre la marcha
de los acontecimientos, ha adquirido caracteres de solidez que
la hacen sobreponerse por sí misma al pasado, sabemos lo que
de ella se ha cumplido y lo que está por cumplirse aún, hemos
logrado explicar las complicaciones que han sobrevenido en
ella por la evolución social de nuestro pueblo y confiamos en
que somos capaces de salvar todos los obstáculos en el camino.
Este suceso sin precedente en el pensamiento nacional; en
el que todos los mexicanos participan, abre la puerta de una
nueva época. Es como si en una posada de su gran camino
el pueblo de México se hubiera detenido a cambiar cabalgadura. Si vivimos momentos críticos es porque nos hemos dado
cuenta de que es necesario superarlos. Si somos capaces de
enjuiciar nuestros actos, aun a costa de encontrar en ellos los
errores más criticables, es porque somos capaces de vivir mejor
y porque estamos en posibilidad de participar en la hechura
de nuestro propio destino.
Superada toda actitud dogmática y reconociendo que si
el hombre está en el camino de la vida es para vivir suro-e
por sobre cualquier fe, la fe en el hombre. Este es el m~mento
que vive el pueblo mexicano de frente al porvenir.
Año II - Núm. 11, Noviembre 30 de 1945

�DISCURSO EN EL SEGUNDO ANIVERSARIO DE LA MUERTE
DE ANGEL MARTINEZ VILLARREAL

VOY

a tratar de hablar de Angel Martínez Villarreal, un hombre que en vida fué muchas cosas:
Un Universitario, el más distinguido que ha producido la Universidad de Nuevo León; un médico eminente y, sobre todo,
un hombre de su tiempo. Los hombres como él es difícil definirlos y lo mejor que podemos hacer para lograr dar una
idea de ellos es, a veces, decir sólo su nombre. Angel Martínez
Villarreal fué eso: Angel Martínez Villarreal.
El estudio de los hechos sociales y de la historia como
conocimiento de la experiencia de la humanidad tendría que
concluir, al referirse a la influencia de los hombres en las
transformaciones de la sociedad, con un juicio como éste : el
hombre vale en la Historia cuando su acción o su pensamiento
deciden la conducta de sus contemporáneos. La personalidad,
desde este punto de vista, no viene a ser otra cosa que la medida en que la acción y el pensamiento del hombre influyen
en los acontecimientos sociales. Sólo los hombres que son
capaces de esto tienen el derecho a la Historia como inventario positivo del progreso humano.
Los héroes no son otra cosa que los convencidos de que
la vida tiene sentido solamente en relación con lo que ella
significa para la sociedad en que viven. Si no es verdad absoluta que, como dicen algunos pensadores, la historia de la
humanidad se encuentra en la vida de los hombres ilustres,
sí lo es a veces, cuando el hombre no tiene otra preocupación
que la sociedad en que vive, y cuando su manera de vivir
importa a los demás.• Pues bien, todas estas cualidades del
-69-

�70

Discurso en :\Iemoria de Angel :\lartínez \'illarreal

hombre de la Historia las poseyó Angel :Martínez Villarreal.
Su vida es el único ejemplo de que se dispone lo que debe
ser un hombre de esta especie.
En el sentido filosófico habría que agregar al héroe otra
cualidad necesaria: El hombre vale en la Historia por el valor
que su memoria tenga para la sociedad en que vivió. Sabemos de Sócrates por la memoria de sus discípulos; sabemos de
Angel Martínez Villarreal por la responsabilidad que nos dejó
y por el ejemplo que su vida significa para los que, sedientos
de Justicia Social, se sienten deudores de su pueblo.
Pero hay más: Nada valdría la vida positiva de un hombre si no dejase vivos, en la sociedad, su obra y su pensamiento. Perdería su sentido toda entrega, por generosa que
fuera, si no lograra un fruto. La entrega de Angel :;\fartínez
Villarreal a su tiempo está fructificando. El fué el organizador y el maestro de varias generaciones. Su escuela fué más
fecunda porque no fué ejercida exclusivamente en las aulas;
su fruto tiene mayores posibilidades porque aquél que lo quiso
escuchó su palabra y participó en su obra.
Lo difícil del retrato de los hombres cuya vida da sentido
a una época, consiste en que, aun estudiando la fisiología del
héroe, no es posible desentrañar totalmente el significado que
para él tuvieron su pensamiento y su acción. Nunca el lenguaje es más inútil que cuando pretende servir para un retra- .
to. Sólo en los poetas es dada la facultad, si no de decir, sí
de hacer sentir lo que una cosa tan grande, como la vida, el
pensamiento y la obra de Angel Martínez Villarreal significan. Y el poeta vendrá un día. Mantengamos nosotros mientras tanto la herencia del maestro, y asumamos la responsabilidad que ella pone sobre nosotros.
Inútilmente he tratado de decir quien fué, y que es, Angel
Martínez. Conocemos su vida y su obra, pero su personalidad
es más que eso. A los hombres así, sólo se les conoce en la
medida en que se participa de su obra, y a los que pensamos
• como él nos falta mucho por hacer.
Los universitarios de Nuevo León tenemos una deuda
para con él qué pagaremos sólo cuando hagamos de la Universidad aquella casa que mantiene el espíritu del pueblo el
deseo constante de realizar su destino. Tal es la tarea que
nos dejó el maestro.
Hoy, en el segundo aniversario de su muerte, invoquémosle con las palabras de Jesús: hombre, hombre, hombre eso
fué en el absoluto sentido de la palabra Angel Martínez Villarreal.
.Año IV. - Núm. 4, Abril 30 de 1947

Gerardo Cuél!ar / EDMUNDO DEBIERA ESTAR AQUL
f ,

~ ,

RESPIRANDO...

.

' ..

, .
AQUEL verano pensé que los melones
er~n mas J,ugosos,. más aromáticos y más sabrosos. Una chiquilla. e~tro de prisa y pidió la mitad de un melón con nieve
de ~a1mlla. El hombre de la barra partió el melón y todos
pudlDlos. olerlo. Y _cuando la muchachita salió, todos estábamos C?m1endo lo. ~1smo. Así se puso de moda, creo el melón
con meve de vam11la.
'
Es una cosa maravillosa estar en el mundo, sin pensar
qu_e algo, en algun~ parte de nosotros, ha comenzado a pu~rirsN Y ª11:1 pens~ndolo, es maravilloso estar aquí, respiranº· o sabr1a decir si es más grato el sabor de un melón
que e~ recuerdo que me trae de épocas idas. Eran buenos aque~
llos tiempos, mas.los actuales no_lo son menos. No estamos ya:
todos Y eso es t~1ste; pero la _tristeza y la alegría, la maldad
Y la bon?ad, la mgratitud y cien, mil, cien mil O un millón de
cosas mas, son las que hacen a este mundo maravilloso. y 0
e~toy muy contento porque todavía respiro en el mundo y
porque puedo estar triste cuando recuerdo a los que deJ· aron
de hacerlo .
lt

. ~~ amigo Edmundo murió antes, años antes de su muerte
defl:mtiva. Y o c::,eo qu~ lo conocí ya muerto. Y creo que siguió•
naciendo Y muriendo Junto con nosotros iaual que nosotros
en cada sístole y en cada diástole, hasta qu~ hubo un instant;
e1;1 que no pudo nacer ya más, fue hasta entonces que lo per
dimos.
.,
. Recuerdo que caminábamos mucho. Una noche nos detuvimos en una esquina y él me dijo:
-71-

�72

Gerardo Cnéllar

Edmnudo Debiera Estar Aquí

Su ropa indicaba que venía de algún lugar donde hacía frío
y Edmundo me dijo:

-Estas tres cuadras que siguen, son las más feas que tiene
l\Ionterrey. Si rodeamos por la otra calle, te digo el "Prometeo
Süilítico'.
Y lo dijo. Así conocí los primeros versos de Renato Led~c.
También le escuché silbar una sinfonía y declamar el meJor
de sus sonetos que cada vez era uno distinto. Los escribía
en la mesa 19 del Café "La Superior", en servilletas que luego
rompía en mil pedazos. Creo que todos sus sonetos se fueron
con él. Tal vez los recuerden las calles que muchas veces los
oyeron. Y o no los recuerdo.

-Sabes quién es ese hombre 1
-:No sé -le dije.
-Es mi hermano José -me contestó-. El no es abogado,
ni juez, ni maestro universitario, pero es mejor que yo. Un
día me voy a ir a México como él.
- ¿Pues qué quieres ser tú? -le pregunté.
-Un "fregononón", -me dijo.

En ese tiempo me hubiera hecho comunista, si a Samuelillo no le hubieran apestado los pies; si no hubiera visto a
Rosita haciendo del excusado en aquella letrina y, sobre todo,
si no hubiera conocido a Edmundo. Era una cosa desesperante. Era el tiempo en que la astilla comenzaba a entrar
en· la carne.
Sin embargo todo se fue haciendo más claro. Aquella
noche Edmundo habló mucho y nosotros callamos. Y o le entendí todo, cuando él habló de todo y esa noche me convencí
de que estaba muerto. Pero tuve miedo de decírselo a alguien.
Desde entonces él fue el guía.

Pasó el tiempo. Un día, un hombre llamó a una puerta y
otro hombre salió. Este último era el hermano de Edmundo,
que se vio frente a un fornido hombre de campo, blanco, rubio,
quemado por el sol, vestido con ropa de trabajo, con las mangas de la camisa remangadas, que le habló de esta manera:
-Sé que el abogado está muy malo. Y o quiero darle toda
la sangre que necesite y que a mí no me haga falta. No me
pregunte por qué.
El que llamó a la puerta cerró los puños y mostró las
venas de sus antebrazos al hombre que salió a recibirlo. Entonces éste rompió a llorar y no pudo pronunciar palabra.
Su corazón, tan grande como su cerebro, lo ahogaba con sus
latidos. Nada quedaba ya por hacer y el otro lo entendió.
Sin decir una palabra, se alejó y dejó a aquel hombre llorando como eso: como un hombre.

Es una cosa que sucede en menos tiempo del que se empiea para pensar que va a ocurrir. Todo pasa apenas un
instante antes de la muerte definitiva. El hombre se va hasta
él' principio de la vida y comienza a ser su manifestación primaria, para terminar siendo el hombre. Es como una, casca~a
que tiene fin y el fin es aquella muerte. Por eso tema razon
aquel hombre que dijo antes de morir: "ahora -yoy a saberlo
todo". Porque lo supo todo, antes de convertirse e.n nada.
El error de él fue pensar que lo sabría después de muerto.
P ero eso no tiene nada de notable, porque nos ocurrirá
a todos. Sin embargo hay hombres a los que los asalta la
muerte y ello puede ocurrir en cualquier pueblo. Hon:bres que
e¡1 ese instante comienzan a ser células, son protozoarios luego,
sQn batracios después y finalmente siguell: siendo h?mbres.
Yu.elven a nacer en ese instante y luego siguen muriendo Y
naciendo cuando ya lo han sido y lo han sabido todo. Esto
debe haberle pasado a Edmundo, años antes de que yo lo
conociera, en cualquier lugar.
Una vez llegó un hombre peludo de las cejas, de tez blanca, bigote menos peludo que las cejas, que caminab~ con _el
estómago echado hacia adelante y los hombros hacia atras.

73

Yo quisiera que Edmundo hubiera estado con nosotros
aquel verano en que la niña aquella pidió en el Café "La
Superior" un medio melón con nieve de vainilla. Y o quisiera
que Edmundo viviera todavía. Es una cosa maravillosa estar
en el mundo. Es maravilloso estar aquí, respirando.

q

�ES'rA EDICION CONSTA DE 300
EJEMPLARES Y SE TERMINO DE
IMPRIMIR EN EL MES DE JULIO
DE 1961, AL CUIDADO DE JUAN
ANTONIO AYALA Y ALFONSO
RANGEL GUERRA.

�Myron J Lichtb!au /

LA REPRESENTACION NOVELISTICA DE LA EPOCA DE PERON

LA

ignominia del reg1men peronista
tenía que encontrar voz literaria. Por razones bien obvias
no podía tenerla mientras durara la dictadura; pero una vez
derrocada, el encono y :furia contra la tiranía se encauzaron
en expresión artística. La novela en particular, con su gran
adaptabilidad para la protesta social, ha sido utilizada por
algunos escritores para pintar ciertos aspectos de esta década
entre 1946 - 1955. Juan Goyanarte, de origen español, autor
de muchas obras de ficción 1 que captan la escena contemporánea de su país adoptivo, publicó en 1956 Tres mujeres,2
la primera novela que versa sobre el período peronista. En el
mismo año, unos meses después, Manuel Gálvez sacó a luz
Tránsito Guzmá.n.3 Y en menor escala hay que agregar Las
leyes de la noche de H . .A. Murena,4 novela que contiene, pero
sólo de paso, unas referencias interesantes a Perón y su gobierno. Mi propósito aquí es examinar las novelas de Goyanarte y Gálvez en su doble papel de obras literarias y documentos sociales.
Pero primero unas observaciones preliminares. La década
de Perón recuerda invariablemente a la época de Juan Manuel de Rosas un siglo atrás. En efecto, toda dictadura: tiene
lm denominador común: La destrucción de la libertad y la dignidad humana en pago de un falso beneficio económico y de
una nacionalismo mal orientado. Las atrocidades de la tiranía
rosista animaron la creación del primer cuento argentino y
la primera novela también El matadero y Amalia. Pero en los
dos casos había graves problemas de publicación mientras gobernaba Rosas.5 Por lo que respecta a la dictadura de Perón,
-77-

�78

La Representación Nov_elistica de la Epoca de Perón

parece que ninguna novela de las que quizás fueron escritas
llegó a publicarse ni siquiera clandestinamente durante su
mando, ni tampoco se ha publicado en los últimos años postPeronistas. Las dos novelas tratadas aquí fueron escritas ----y
esto se ve por los hechos históricos narrados en ellas---- durante
los meses de reorganización política y económica que siguieron a la Dictadura.
Aunque la era peronista ya pertenece a la historia pasada, T:r;es mujeres y Tránsito Guzmán no pueden ser consideradas novelas históricas en el sentido propio del término.
Más bien son novelas contemporáneas que narran los sucesos
muy de cerca y sin ninguna perspectiva histórica. Más que
pintores o retratistas del período, más que intérpretes que
reconstruyen una época pretérita, Goyanarte y Gálvez son
observadores que reaccionan íntimamente a lo que acaba de
pasar ante sus ojos. Lo mismo sucedió con Amalia, que tampoco pnede clasificarse como novela histórica. Como Mármol,
aunque de un modo menos extremo, Gálvez y Goyanarte también se encontraban vejados y afligidos por la sombra de una
dictadura. Pero no deseo alargar el punto ni precisar más el
muy eYidente paralelo entre Amalia y estas dos obras recientes, pues carecen éstas del valor histórico-lite:ario de la_ novela de i\'Iármol. Baste con señalar que ellos siguen la misma
pauta trazada por Mármol hac~ un siglo~---es decir, captan un
momento histórico de suma importancia y procuran darle
sello artístico.
¿ Cuál fue la posición de estos dos escritores frente_ al
peronismo 1 Goyanarte, español de nacimiento, se opuso firmemente a la política restringida de Perón, pero su suerte no
fue peor que la de otros millares de argentinos que se veían
obligados a tolerar los abusos de la Dictadura. Pero el caso
de Gálvez es un poco más complejo y obedece a motivos más
arraigados. Ante todo Gálvez es un hombre apasionado: lo
que ama, lo ama con gran sentimiento y vigor: lo que odia,
lo odia con igual intensidad de emoción. Defiende con tenacidad inexorable sus creencias políticas y literarias y las justifica con razonamientos bien pensados. Gálvez es rosista, defensor irrevocable de aquel tirano. Veintitantos años atrás,
impulsado por el deseo de borrar la mancha que rodea el
nombre de Rosas y de aclarar los hechos históricos, se puso
a escribir un libro sobre la vida del tirano y el período en
que viYió. La justificación de su régimen dictatorial, según
Gálvez, se halla en el hecho de que gobernó en una época anormal, de disensión civil e inestabilidad política. Además, afirma Gálvez, si no fuera por la mano de hierro de Rosas. el país

l\Iyron l. Lichtblau

79

hubiera perdido su soberanía econo1mca y hubiera caído en
manos de potencias extranjeras. Mas Perón es de otra calaña
y Gálvez lo condena sin reserva, no admitiendo ninguna vindicación de su mando cruel. Como sabemos, al retornar Gálvez a la fe católica que había renunciado en su juventud, se
mostró sumamente devoto y defendió su r elic,ión
contra todo
0
ataque político y moral. Por tanto, cuando P erón lanzó el
asalto brutal contra la Iglesia, Gálvez reaccionó con una indignación furibunda, como si con estos actos blasfemos el Dictador hubiera llegado al nadir de la iniquidad. Dijéramos
que Gálvez casi no podía aguantar sus otras maldades, pero
e~ bomb~r~eo de templos y la afrenta a la dignidad eclelliástica le lucieron reventar de ira y despecho.6 Y el frut o liter~rio de esta indignación es la novela Tránsito Guzmán, que
tiene_ como tema principal precisamente esta lucha que la
Iglesia sostuvo contra el régimen peronista una lucha que
culminó con el incendio y saqueo de muchos lugares sagrados.
Entre éstos, el Templo de San Francisco se realza en la novela
como símbolo del extremo que alcanzaron los bárbaros ultrajes de Perón. Para Gálvez, este Templo representa algo muy
querido, pues de niño había sido alumno de la escuela franciscana y años ?JáS tarde le impresionó tanto la '7ida ejemplar
del gran franciscano Fray Mamerto Esquiú que se dedicó a
estudiarlo. Y en 1931 publicó una biografía muy perceptiva
de este fraile.
De manera que la novela de GálYez se apunta principalmente a un blanco muy específico y definido---la censura de
los crímenes contra la sagrada inviolabilidad de la Iglesia.
En esto GálYez desahoga su furia. En cambio, la obra de
Goyanarte lanza un ataque más general que alude brevemente
a una Yariedad de aspectos reprensibles del régimen peronista.
Precisamente por esta restricción Tránsito Guzmán adquiere
una intensidad emocional y fuerza dramática que no logra
la novela de Goyanarte. La figura de Tránsito Guzmán la creó
Gálvez para dar vida a su denuncia, y su presencia domina
la obra y la funde en unidad artística. En Tres mujeres no
hay ningún personaje heróico de esta índole: la figura principal es ex-peronista, y una de las tres mujeres a que se refiere
el título, aunque odia de muerte a Perón, es una figura pobremente retratada y sin mucho vigor novelesco. Además
el enfoque general es bien distinto en las dos obras. Goya~
narte prefiere situar la acción central un poco después de la
caída de Perón, y nos hace percibir los años precedentes en
forma retrospectiva; es decir, el protagonista recuerda su vida
ª?terior en el servicio de Perón, y en particular su participación en la vergonzosa contienda civil hacia fines del régimen.

�80

La Representación Xovelística de la Epoca de Perón

Myron l. Lichtblau

81

obra literaria de valor, y no un documento social en forma
novelada. En Tránsito Guzmán Gálvez logró escribir una novela bien construída, artísticamente desenvuelta, y de atractivo
novelesco por encima del interés sostenido por la autenticidad
histórica y retrato vívido de algunos aspectos de la Dictadura.
Recordamos que el valor de Gálvez estriba no sólo en sus
novelas realistas y naturalistas sino también en ,sus novelas
históricas, sobre todo en la trilogía sobre la Guerra de Paraguay. Y aunque no considero a Tránsito Guzmán como novela
histórica propiamente dicha, creo que muestra la misma facul~ad crea~o_ra de combinar hábilmente lo real con lo imagi~ar~o? de utilizar un fondo histórico para encerrar una trama
fic!ici~. Hasta :n una obra de tanta veracidad histórica como
Tr~ns1to Guzm~n, Gálvez novelista impera sobre Gálvez historiador o cromsta. Raras veces pierde Gálvez el sentido de
su, misión artística, y a este fin logra supeditar todos los demas elementos de la novela.

En cambio Gálvez fija la acción unos meses antes de la derrota del Dictador, en aquél período borrascoso desde junio
hasta septiembre de 1955, dando una visión directa de los
sucesos desde el punto de vista de las fuerzas rebeldes, sobre
todo por los ojos de Tránsito Guzmán y su sobrino, el padre
Emilio. Es de notar que Mármol se valió de esta misma
perspectiva en Amalia, en que la época rosista se retrata principalmente desde el campo rebelde, o sea con la mirada vuelta
a los unitarios.
Por ser las dos obras bastante desconocidas, conviene dar
a continuación algunos detalles del argumento para mejor
presentar la crítica. La armazón ,de Tres muj~res es. un proceso legal en que se acusa a Anton Zako de ciertas irregularidades financieras en los fondos públicos cuando sirYió de
enfermero en la jerarquía peronista. La fortuna que así adquirió ilegalmente se la remitió a su madre para poder utilizarla en ocasiones más convenientes sin despertar sospecha.
Surge el conflicto amoroso e ideológico con la figura de
resa, quien se negó rotundamente a tomar p~r~e en la :7ida
privilegiada de que disfrutó Antón como oficial peromsta.
Por despecho Antón contrajo matrimonio con otra. Al prever
la caída de Perón, huyo temeroso de Buenos Aires. Pero a
instancia de Teresa, quien todavía tenía por él gran simpatía,
Antón regresó a la capital para hacer frente a la justicia. Hay
otros enredos del argumento, pero no vale la pena relatarlos
aquí. Baste con anotar que al final Antón se arrepiente ~e
sus fechorías cometidas en nombre de Perón y por su propia
cuenta también. Resuelve renunciar a todos sus bienes y donar su rico caudal de piedras preciosas, y, en una nota de
suave ironía, anhela ser "el primero en la lista de los que
contribuyen a la recuperación nacional". (p. 139).

Rasgos esenciales en el carácter de Tránsito son un bello
fervor religioso y una dedicación sincera y activa a su fe. Su
odio. a ~erón es absoluto, pero se ve obligada a reñir con su
conciencia por hallarse enamorada de un joven Donato Perales, miembro de la policía peronista. Este odi~ se intensifica
con el encarcelamiento del padre Emilio, sobrino suyo. Debido al gran amor que siente por Tránsito y a su propio carácter
fundamentalmen_te recto, Donato anhela romper los lazos que
lo atan a~ peromsmo y apoyar la acción de los rebeldes. Pero
es demasiado tarde ; pues muere víctima de un bombardeo de
Buenos Aires. Y en un rapto de fervor espiritual, Tránsito
logra sacar del Templo de San Francisco, a punto de ser devorado por las llamas despiadadas de un horrible quemazón el
crucifijo que tanto adora.
'

La trama de Tres mujeres es floja, desorientada, inconexa,
y para no decir más, muy .mala. No tiene mucho interés novelesco, ni se desarrolla artísticamente. Flaquea a cada momento y parece algo desligada de aquellas ·secciones de la
novela que describen las refriegas en las calle porteñas, las
cuales constituyen cabalmente el mejor mérito de la obra.
No son menos débiles otros aspectos literarios de la obra: el
retrato 'de personajes, el planteamiento y solución de conflictos, y la estructura misma 'revelan graves deficiencias en el
arte de novelar y un descuido de lo artístico en favor de una
desmesurada preocupación por la pintura condenatoriá del
régimen peronista. En manos de un escritor de mayor sensibilidad artística y habilidad novelesca, los elementos históricos y ficticios se podrían fundir con acierto para crear una

En ambas novelas la desunión civil se concreta mediante la yuxtaposición de creencias opuestas dentro de la misma
familia o entre personas que llevan entre sí alguna relación
estrecha. Es un buen recurso novelesco, pero puede resultar
forzado y artificial si no se maneja con habilidad. Goyanarte,
menos artista que Gálvez, plantea la dicotomía política y moral entre Antón y Teresa, pero no tiene mucho acierto en
da~le forma fic~icia. L_a mad_re de Antón, por .ejemplo, quien
r ecibe con toda mocencia el dmero estafado por su hijo podría
haber sido utilizada con mayor provecho novelesco por otro
autor; pero en manos de Goyanarte se convierte en una creación completamente pasiva, sin substancia real. En cambio,
por la des!reza novelístic~ de Gálvez estas discordias personales adquieren un papel importante a través de toda la obra

!e-

�J\Iyron l. Lichtblau
82

La Representación Novelística de la Epoca de Perón

y contribuyen a mantener el interés de la narración. Gálvez
muestra aquí su habilidad al crear una serie de enredos y
circunstancias fortuitas, un torbellino de conflictos emocionales que provienen de estas discordias. Entre éstos, el más fundamental para el desenvolvimiento novelesco de la obra gira
alrededor de Tránsito Guzmán y Donato Perales. El amor que
nace entre ellos no se puede realizar por la impenetrable muralla de adhesión política e ideología. Pero Donato es peronista sólo por imposición; en el fondo es un joven débil e
inseguro que se deja llevar por fuerzas corruptivas. Esta circunstancia de lealtad forzada la emplea Gálvez con marcada
intención para conseguir el máximo efecto novelesco, pues Donato lucha interiormente contra el peronismo y al mismo
tiempo contempla des~onsoladamente el empeoramiento de su
relación con Tránsito. Prototipo del peronista inveterado y
empedernido es otra figura, Martín Orihuela, jefe de la banda
de malhechores que atacó el Templo de San Francisco. Con él,
Gálvez añade una nota individualista a las hordas anónimas
que representan el séquito de Perón y la barbarie del régimen.
¡ Pobre de Tránsito que tiene por sobrino a este desalmado, y
a otro tal vez peor en un hermano suyo, funcionario peronista
de segunda categoría! Pero en su sobrino Emilio, el sacerdote encarcelado por los peronistas, Tránsito encuentra un espíritu emparentado al suyo. En una ocasión, mientras Emilio
socorre espiritualmente a los moribundos en las calles de Buenos Aires, tropieza con Donato, quien reconoce al sacerdote
y le recuerda que él mismo fué quien lo llevó preso y lo maltrató. La escena, trazada sencillamente con segura técnica
· novelesca, va creciendo en intensidad a medida que presenciamos por un lado el arrepentimiento y angustia de Donato, y
por otro la sincera humildad y generosidad heroica del padre.
En los últimos meses de la Dictadura la situación política
y moral llegó a ser tan tirante y belicosa que las dos bandas
no vacilaron en recurrir a la fuerza armada, al incendió, y
a otros modos de destrucción. Coinciden las dos obras en
captar la tragedia de aquellos días. Goyanarte fué testigo
ocular de las escenas que describe en Tres mujeres, y pinta con
gran fidelidad y muy evidente emoción personal la confusión
y terror en las calles de Buenos Aires - - - los bombardeos e
incendios, los tiroteos y gritos frenéticos, y hasta el refugio
cobarde de Perón en una cañonera el veinte de septiembre de
1955. E;ay cierta energía en esas descripciones, cierto vigor
derivado en gran parte de la profunda huella que en el espíritu del autor han dejado los sucesos que él relata. Si Goyanarte presenció personalmente gran parte de lo que describe,
Gálvez en cambio, tuvo que valerse de r.ecursos intermedios.

83

. y revistas y
e"Me he
1 t documentado"
. ! die e G'l
a vez, " en d'iar10s
u re a os que me hicieron a mi p d'd
h
.
1
los sucesos" (p 8) M
'
e ~• mue os testigos de
t
. · · · as no por esto deJan de ser convince
. es Y vigorosas las descripciones de Gálvez pues a
d nmnato de narrar se junta
, ·t
'
su on
atrocidades d 1 , ·
un espm u encolerizado por las
e reg1men y un deseo de exponer lo que ar 'l
e;a:~~~~fedtl:nf¡1:s~i~.esenta un ataque inexcusable pco!trea

ia

Record~mos -en Amalia la presencia directa en carne
hueso, del tirano Rosas, a quien Mármol retrató' tan b.
y
r:~::~as dde ¡ra;1 colorido, aunque un tanto exage~~::
0
1
Tres mujeres 1a f:gu:: :eq~:r~=c~~ !º;:na:~~::m!~;:~0 ~n
una escena breve, en que Goyanarte relata cómo An ,
n
Y entrega al Dictador un cigarrillo que se cayó al s~:~o re;oge
pagarle el favor, Perón le habla así. "· Gr .
. - ara
tántas gracias! y o sé cumplir c 1 . ' acias, companero,
cha:da Vos
on os que me hacen una gau.
me alcanzaste esto Y yo te voy a pagar bien V ,
ª. verme ~añana temprano a mi despacho" (p 23) E · T ~m
sito Guzman 1 D' d
· ·
• n ran,
e icta or no aparece nunca directament
~ hay algunas referencias hechas con evidente r f
e, _pero
verbal. .Artista ante todo Gál
.
,
e renam1ento
tamente. Pero Goyanart'
vf~z sugiere. mas que ataca abier. . .
e pre iere segmr un rumbo má d.
~i:~:Jo/erRJud1cial para hacer hincapié en su gran od;o
. -ecurre con frecuencia a
til d
que raya casi en la sátira 1
. un es o e narración
privada de Perón
. ,Y ª caricatur_a. .A.soma a la vida
anotand
- y tambien ~ la de Evita con ojos agudos
d
o pe.quenos rasgos enoJosos y a veces chocantes a f'1 ,.
e rep:e~ent~rlos como figuras odiosas no sól
'
?dad oficial smo también como ciudada
.º en su capac1descripciones casi se hacen con efecto :~:i:~~1vados. y est.as.
como se ve en el párrafo que sigue :
o, con escarmo►

:~u:e~s

;¡

Le gustaba al "leader" subir anchas escaleras co~?cad!s fr~nte a anchos espacios de recepción para
irar_ as piernas y mostrar a la vez los meneos ca
den?osos de sus bien formados muslos por la . razon que gozaba también hondamente viajan~~s~!
~otoneta; Y al~~que fumara poco, su gusto ex uis1t en la elecc10n de cigarreras, de las que poieía
oc enta Y tres......... ' era debido de la misma
manera a .su ~mo:, a los movimientos graciosos a
su fuerte mchnac10n a repetir el ademán co 't
de ~Jrecer un cigarrillo al interlocutor alarg\~d~
gen mente el brazo con el acompañamiento de un.

�84

La Representación Novelística de la Epoca de Perón

suave redondeamiento de la cadera derecha. (pp.
21-22).7
Para describir la famosa pareja, Goyitnarte se vale de
una sarta de palabras y giros que son expre::,! ,os por su candidez y cierto tono malicioso. A Perón le couflere apelaciones
como ''primer mandatario", "bobo megalómano", "loco siniestro", "caudillo", "megalómano en bruto"; y a su esposa la
designa con voces igualmente insultantes o mordaces, como por
ejemplo "su frágil, su histérica consorte", "la boba enferma'',
"la santa", la jefa espiritual de la nación". Hasta en una
ocasión Goyanarte da con esta frase feliz para clasificarlos
juutamente - - - "los dos bobos trágicos".8 Como si todo este
abuso verbal no fuera bastante para desacreditar y ridiculizar
a Perón, a veces parece mostrar cierto deleite lingüístico al
compararle despectivamente con uno u otro animal. De manera que al describir sus últimas horas en suelo argentino,
compara sus temblores, balbuceos, y tartamudeos con "el poderoso vozarrón de carnero acatarrado" (p. 98); y en sus
recorridos nerviosos por sus habitaciones el autor ve los pasos
de un "bicho enjaulado". (p. 98). En otra ocasión Goyanarte
compara la codicia material de Perón con la de "una ave de
rapiña". (p. 99).
Para concluir.... . .Goyanarte y Gálvez han dado los primeros pasos hacia la representación literaria de una época
triste en la historia argentina. Las dos obras lanzan de.nuncias
fuertes, si no francamente insultantes; pero la acusación de
Gálvez se confecciona con arte y técnica literaria, mientras
que la de Goyanarte se hace sólo con vehemencia, sin fórmula
artística, sin mucha conciencia estética. Pero ni la mejor de
estas dos obras capta la esencia total del drama de aquellos
años de la Dictadura. En ambas obras falta la visión comprehensiva para reproducir fielmente, sin tendencias melodramáticas ni emocionales, cuanto concierne a la vida diaria,
la política, la economía, y la cultura durante aquel fü,mpo.
Tal vez la contemporaneidad de los hechos referidos y la
fuerte reacción personal a todo lo ocurrido les hayan impedido a Goyanarte y a Gálvez escribir sus obras en forma más
razonada y templada, más objetiva, con menos empeño de
señalar la brutalidad y fatuosidad del régimen y más esmero
en crear unas situaciones y personajes novelescos que pueden
proporcionar un cuadro cumplido y representativo de la década. Gálvez y Goyanarte sólo han preparado el terreno, sólo
han presentado algunos aspectos bastante tempestuosos y
obvios y tal vez demasiado superficiales. Hay que cavar un
poco más debajo de la superficie política. Si la literatura es

Myron l. Lichtblau

85

NOTAS

otrasLa
novelas
.
1 Entre
viento las
(1940)
semillad eeno º{anarte figuran
La semilla que trae el
Y Campo de l;ierros (19Sl).
ª tierra 0 941 &gt;, Lago argentino (1946),
2 Tres
, . mujeres (Buenos Aires: Editorial Goyanarte, junio de 1956).
3 'Iranslto
Guzmán (Buenos Alres: Ediciones Theorla, noviembre de 1956) .
,
4 qu~
Las •é~•es
la noche
Ai
versa ele
sobre
la vida(Buenos
miserable
res.. Editorial Sur, 1958). Esta novela,
abarca dos periouos: los últimos fñ~!o~mentada de una muj~r disoluta,
mente subsecuentes a su caída
e Perón Y los meses mmedlatavamente sobre la narración de· Pero el enfoque estriba casi exclusl1
puramente accesorias las referenc1~s ª:º;:só de la protago~lsta, y son
estas referencias figuran uno que otr
r nt Y a su régrmen. Entre
mismo, una que otra mención
o comen ario respecto al Dictador
sadas sobre la vida bajo Perón d; prere¡enclas políticas, frases dlsperconfuslón en Buenos Aires al' te un P rrafo que pinta la agitación y
todo esto tiene que ver muy oco /m1narse el mando peronista. Pero
ni sirve tampoco para crear pel fon~~ e; !~~!~to o tema de la novela,
acción. En fin, son elementos sin verdadera f une!
e eónn que
en se
la verifica
novela. la
5 Recuérdense
. aunque escrito
alrededor de que
1838 Elnomataclero
se sacó ad fuzEs t ebstan Echever:1a,
Amalia algunos afios antes de la caídahi ~lS?l. Marmol h~brá escrito
la primera parte hasta 1851, en Monte ~d ~a:, pero no llego a publicar
ció en Buenos Aires en
_
v eo, a novela completa apare1855
6 Afirma Gálvez en una nota preliml
9 ..
cargo de unilateralidad que algunas ~:;sci~ : Q~lero defenderme del
la certeza de que nad1ie en todo e
. as me an de hacer. Tengo
fué el incendio de los te~plos el 16 ~/j~~i ha aprobado la barbarie que
que ninguna persona culta apaludló el 1ici~d1~5~ ~ºfº :reo también
que se perdieron cuadros de Goya• de An gla da Camarasa
e oc ey Club, "en
7 También estas palabras. p 22 . "En
·· ········
t
la pomada que disfraz~b~ la~ man:Juel roS ro ~echo reluciente por
tomaba ambigüedades bobas que le da:! del acne rebelde, la sonrisa
de la mueca de un tarado". y un
n por momentos los contornos
O
describe así. p. 41: "El "leader" era exireco más adelante, Goyanarte lo
nencias. Consideraba los objetos usad madamente celoso de sus perteque nadie ya tenía el derecho de pro!anar
os por
cosas sagradas
conélsucomo
contacto".
8 Goyanarte se burla también de su manía
u ostentación, artículos como ..900 are ~e acumular, por mero lujo
P;~ndas Interiores, docenas de autonfoto
ie :iapatos, 4.300 vestidos y
s1srmos, joyas en amontonamientos n ausea
r s bn
viduales,
valioundos".
(p. marfiles
42).

!

SYRACUSE UNIVERSITY
Syracuse, N. Y. u.s.A.

�Aragón /

LA RECAMARA DE ELSA

(Pieza en un acto y en prosa)
PERSONAJES
Ella
El
El Radio
La acción pasa en nuestros días en la recámara de Elsa,
donde, siguiendo una expresión de Henri Matisse, E, 1, es
Ella y él, E por Elsa, e por él.
La recámara. Tal como se imagina. Y muy diferente a
la vez. En seguida se representa el lecho que ocupa aquí el
mayor lugar como un navío en las aguas tranquilas, una balsa
amarrada, o un trineo abandonado en las nieves. El cuarto
es visto en pleno día, iluminado por sus dos grandes ventanas
opuestas ; la primera da a una parvada ele pichones, la otra
a los grandes sauces, o a la luz de los candiles de cristal veneciano, puramente hipotéticos, pues en realidad basta con dos
lámparas de wagon-lit a uno y otro lado del espejo, sobre la
chimenea. La recámara tiene la forma de un paréntesis, el
nrnbiliario 'de una digresión. Ella es verde, azul o malva, según las gentes. Hubo también alguno que la vió de color
amarillo paja, éste debe haber sido un espíritu complicado.
Hay un gran sillón frente al peinador, y un espejo. Además
de ésto, maderas sombrías llenas de reflejos, de telas. El estilo
importa poco, siempre que no choque con la actriz que desempeña el papel principia!. Es decir, Ella. Perfectamente indescriptible. Con un vestido ligero, con grandes pliegues en
forma de remolino, con una pieza colgante a la espalda, un
poco rojiza, un poco pálida. Como si ella caminara en un
-87-

�88

La Recámara de Elsa

bosque, entre helechos y animales que _le son ~amiliares. El,
está sentado al pie del lecho y la mira ir y vemr. Es grande,
flaco, algo feo, vestido no importa cómo, y si es necesario, en
pijama. Es un hombre viejo que no tiene ojos más que para
Ella. Está colocado como si él fuera el pasado. Un pasado
que se sobrevive siempre algunos minutos. El radio toca quedamente desde hace un rato, de tiempo en tiempo murmura
algunas palabras inasible y después vuelve a tomar una musiquita como un papel floreado.
Durante los primeros veinte minutos del acto, no pasa
otra cosa que esa mirada de El sobre Ella, ligeramente desplazada para seguirla. Un poco como la del espectador de un
partido de tennis, salvo que, en este partido, nadie conoce la
regla, ni hay rt'd, ni pelota, ni jugadores. De pronto la atención se fija en un objeto de belleza singular: es una mano
de ella, con los pétalos rosas de sus uñas, que ha abierto el
gran armario en donde están los vestidos; después se ven los
vrstidos en los ganchos, una especie de sombra, se creería que
alguno va a salir, a hablar. La mano cierra el armario. Se
oye un poco más claramente el radio.
Faltaba decir que hay dos variantes: una de invierno,
otra de verano. Si la pieza se representa en invierno, el color
es un poco diferente por los vidrios cerrados. Si se escoge el
verano, se podrá abrir una u otra de las ventanas. Enton~es
se podrá también oir el río bajo los sauces, y cuando caiga
la noche, habrá en el aire insectos brillantes. Pero nosotros
no estamos todavía allá.
¡Ah!, se me olvidaba: el hombre puede también no ser
muy grande, si no hay el actor que lo represente, y cuando
él incline la cabeza se verá la piel de su cráneo entre los
cabellos blancos que él usa cortos. Para el tipo, es preferible
escoger un acto~ del género de Jean-Louis Barrault más bien
que del de Harry Baur. Recomendación al maquillista: no
olvide usted las arrugas.
En todo caso es claro que Ella piensa en cosas de las
que El está ausente. El está acostumbrado. No protesta. No
sufre por esto verdaderamente. Ha mucho tiempo que ha dejado de creer que un hombre puede poseer el espíritu de una
mujer. La época en la que él no podía resolver esto está muy
lejos ahora. Como una barca en el mar cuando ha plegado
sus velas. Es ya feliz con poder permanecer viéndola en silencio y que ella no se cuide. Que ell~ no p~oteste m~s con~ra
esa mirada, como antes. Ella ha debido habituarse a el, o bien
es una verdadera gentileza de su parte. El quiere decírselo.

Aragón

89

~ero se contiene, ¿ Qué parecería t Y además teme no decir
smo palabras, banales . .. no es que Ella sea exigente, no. Es
por ~l. Hoy el no s_e lo perdonaría. Es estúpido: durante años
se dicen a ~!1ª muJer las p~labras más comunes, sin prestarle
a ello a tencion, y l~ego un dia ( ¡ por qué precisamente ese día!)
eso des~lla los lab10s; se querría, ¡oh! yo no digo ser inteligente, smo al menos parecerlo.
Es decir que en otra parte, cuando es necesario, se encuent:an los cosas que deben decirse. Pero aquí, ¿será la influenc~a d~l dec~rado?. Precisamente hoy, todo pasa como si se
viera por primera v~z..... ~mo _se siente torpe, se siente miedo
de estar por debaJo de si mismo. Es curioso. Todo pasa
como cuando yo estaba en la preparatoria y que hacía todo
un mundo para ab~rdar a un~ mujer en la calle, las primeras
palabras que se le iban a decir, que uno se repite :
EL.-Me parece que nos hemos visto en alguna parte . ...
ELLA.-¿Qué es lo que dices?

.A decir _verdad, ella lo pregunta porque es lo que se hace
cuando algmen nos habla y no le hemos entendido muy claramente sus palabras. Pero ni El ni Ella han tomado realmente
es~o por una pregunta.. Por otra parte, si fuera necesario explicar todo lo que se dice, no se terminaría nunca. Y luego,
en el fondo, a _ella eso no le interesa. ¿Están haciendo pregunta~ por radio? Justamente, sin que nadie lo haya tocado
el radio sube la voz :
'
EL RADIO.-Te orno como o la bóveda nocturna ... .
• i Vaya!: esto es ~ablar. Si yo pudiera, como el respirar.
dec~~/rases de e~te tipo, probablemente la conversación seríá
~osi e.:; . Es c_ierto que no. se ha sabido nunca lo que le
1espondio la muJer a Baudelaire. Cualquier cosa que no destruyera la mentada bóyeda. Tal vez nada. Es en esto en lo
que _son fuertes las muJeres: en el silencio. Porque si se calla
se tiene un aire fino.. Si yo pudiera al menos encontrar la~palabras para su vestido y para decir cómo luce con él Pero
todo pa:ece tan _estúpido .... De repente Baudelaire le· altera
los nervi~s, y estira la mano y baja el volumen del radio. ¡ Qué
descanso. Y Ella, se ?ª sentado ante el peinador. Su mirada
ha ~ntrado en el espeJo. No es seguro que ella se esté viendo
en el, tal yez sea una estratagema para salir de la obra, para
~anar reg10nes ~ue le. están vedadas al hombre, que escapan
a sus comentarios. Si se representa la variante de día se
establecerá_ una con~usión entre los sauces de afuera y' los
cabellos pemados. Si es la de noche, entonces será necesario

�La Recámara de Eisa

Aragón

il

90

que los pequeños candelabros de la mesa del peinador hayan
sido encendidos desde el principio de la obra. Sus pantallas
son de color rojo amaranto. O amarillas. O se les tendrá
suspendidas de las bombillas. Según el gusto del director ele
escena, quien es un hombre colérico, sujeto a decisiones imprevistas, las cuales le clan la impresión de tener genio. ¡, Aquél,
qué viene a hacer aquH Echadlo.... No hay aquí lugar más
que para Ella. En su recámara. Hay que recordarlo. Es ya
mucha belleza ser aquí tolerado.
El iba a decir alguna cosa, cuando se dió cuenta que ese
silencio, que iba a romper, estaba lleno de cigarras. ¿Serán
mis oídos 1 Los oprime un poco, sin que nada cambie. Ese
ligero rechinido que llena todo el espacio, por supuesto que
no existe de veras. Es simplemente como el agua profunda
que tiene reflejos y que sin embargo ningún objeto es reflejado en ella. La intensidad del silencio tiene reflejos de
cigarra, ésto es. En fin, si usted puede conformatse con esta
explicación.
Porque es probable que sea el peine en los cabellos de
Ella. La electricidad. O lo que ella piensa. El peine que
pasa sobre lo que ella piensa. Su pensamiento es una cigarra.
Frota sus alas como cuchillos. Ella afila un grito retenido,
en las piedras del silencio. Un canto de llamas. De pequeñas
llamas cerradas. Una especie de heridas del alma. Alguien
que camina entre el bosque sin ser visto. En todo caso, Ella
no está ya en su recámara. Esto pasa afuera. Donde yo no sé.
Donde tal vez ella encuentra a un desconocido, un joven, en
fin alguien ágil, contra quien yo vivo sin poder.... alguien
de antes.... una complicidad que no se ha roto. Yo podría
romperla, si yo alzara la voz. ¿Para decir qué1 No importa,
romper este entendimiento entre ellos. Si yo supiera de qué
hablan .... porque, por ingeniosas que sean las palabras que
invente, si ignoro contra cuáles deben rivalizar.... No. Mejor
dejar el silencio a las cigarras.
El.-¿Es una idea mía, o es que hay algo como un ruido en e/
fonde del aire?

Ella se vuelve y lo mira. Sus cabellos están llenos de
cigarras. Tiene el aspecto de venir de no sé qué Africa, de
una especie de desierto vigilado por moros de túnicas blancas.
Ella va a decir algo, algo irremediable:
ELLA.-¿Un ruido?

El está tan espantado de haber provocado estas dos pequeñas palabras, que no insiste, y la deja, sin esperar una

improbable respuesta girar lentam
.
.
sus follajes sombrío;. y la deja ent~. ha~ia. su espeJo, hacia
sumergirse en el condierto de 1as cigarras.
p~r ir acia
a
. . . . el silencio,
·
Podría decirle, sin embargo t . 1 .
esta sinfonía bárbara esto
' es ª VIO encia que él habita
rante de su propio ahmen1oce1é1s q1e ,semej~n al hambre igno~
de matar las orquestas . de ' / º ria decirle frases Clltpaces
per los espejos. Podría' habfu~r: izar todos. los cantos, de romy como de huracán. Podría desaft l1nguaJe_ como de violación
frente a los perfumes del
ar os suenos de ella, hacerle
los que ·se aleja de él hac!ª!!df' desconcertar los pasos por
su garganta algo infinitame t u~uro. ¿No sientes acaso en
lines ? ¿No tiene en su b n e .mas e~candaloso que los vioEl va a hablar, mueve susºf:b~a iren~ble fuerza del engaño?
él va a hablar. . . .
ws, os a re, su lengua se hincha,
EL.-Mi amor....
i Vaya !. Es todo lo que h l
d
.
vientre y en los brazos tal
~- ogra o d~c1r. Siente en el
b •
verguenza qu
f f
aJado la voz . tan bien la h b . d ' e ms m ivamente ha
Porque hay cigarras sin dudt l aJa o qdue Ella no. oyó nada.
E .
.' .
' as ensor ecedoras cigarras....
1 piso es roJo sombrío se m h b'
.
Un hermoso enlosado de m ' .
e a ia olvidado decirlo.
bras se oc:ultan como flama osaicos exagon~les donde las somza de un hombre que no s!bne~ra~. Es roJo como la vergüenMi amor.
e ecir a su amor otra cosa que
Aquí, se precipita a la concha d I
autor ol~idó poner al principio en la 1:taa~untador el_ Epílogo que el
ha previsto cómo irá vestido n. ., I
e persona¡es. Tampoco se
unos zancos ni si revivirá ~n I quien .º representará, ni si irá sobre
del circo gri~go o uno de los bpfersona¡he kde los teatros orientales o
u ones s a espeariano E
· • ',
se trata d e un simple emple d 0
s. n mi opmion
d'f' .
ª como todos nosotros, con Ios fines
•
'
mes . , ,c,les, y para quien todo su ideal
de
televisor. Lanza sus brazos al arre
. y grita,
. es llegar a tener un día un

EL ~PILOGO.- Telón telón

BaJad el telón antes de la r
La risa los silbidos
evue1ta en la sala
Telón
Pa:a que se pueda reanimar
BaJad el telón
Que se pueda reanimar y los actor
La
Q obra que acabamos de tener eI honores avancen
ue se pueda aplaudir sin que esto sin emb
Tenga el menor significado de verosimilit:Jgo

�La Recámara de Elsa
92
~º~

.

.

Ba ·ad bajad el telón enrollado alla
El Jautor que acababa de saludar el ingenuo barrer d(d~t

.

~!it:

]aromír Newman / MATYAS BERNARD BRAUN Y SUS
ESCULTURAS DE KUKS
•

1

Telón os digo Telón
.,
.
Nadie para anunciar de quien son los vestidos.
,
uanto
al
decorado
no
hay
aquí
verdaderamente
de
que
E ne
(~~
Nadie que vaya a los camerinos con flores y ditirambos
Los protagonistas permanecerán solos con sus ro(stros ·11 d
maqm a os
Solos con la obra que no han repres~ntado
Como postes de telégrafo donde _el viento canta
Solos con el texto que no han dicho
.
y detrás de ellos como un largo vestido toda esta vida suya
Interminablemente derrochada
b
No les falta ahora más que representar verdaderamente 1a o ra
Telón telón
··
Esta obra no está hecha para los ojos del próJimo.
(Traducción de Roque González Salazar).

A

FINES del siglo XVII, en el N ordeste de Bohemia, se construyeron en el lugar denominado
Kuks unos nuevos balnearios que compitieron, durante algún
tiempo, aun con las célebres aguas de Karlovy Vary. Fué su
fundador el propietario del dominio, Frantisek Antonín Spork
(1662-1738), hijo de un riéo soldado de Westfalia. Este aristócrata, instruídó y amante del arte, influído por el jansenismo, creó en Kuks un medio cultural y artístico notable. Con
el deseo de convertir a Kuks en un lugar ae esparcimiento social, prestó mucha atención a su grandioso decorado plástico;
invitó a compañías de teatro y a la Opera italiana, organizó costosas partidas de caza y brillantes fiestas. Difundió las excelencias de la nueva estación termal por medio de grabados, descripciones, composiciones literarias y musicales. En las dos orillas
del Elba, en el valle poco profundo, surgió un interesante
conjunto de edificios. Sólo fragmentos insignificantes han
subsistido del antiguo palacio y de los baños, así como de los
edificios vecinos. Por el contrario, el convento-hospital, situado simétricamente al otro lado del valle y construído para los
antiguos vasallos del dominio y los veteranos de las guerras
turcas, ha llegado hasta nuestros días, sin grandes cambios
en su estado primitivo. En medio de un sólo edificio, un arquitecto de origen italiano, Giovanni Battista Alliprandi, construyó, durante los años de 1707 al 1710, la iglesia de Santa
Trinidad, que es de un raro equilibrio y majestad. El buen
aprovechamiento del espacio, debido visiblemente al mismo
Alliprandi, lleva el sello de la influencia de los grandes palacios y residencias franceses.
El notable parecido del palacio con el hospital del lado
opuesto, donde se encuentra una cripta familiar, visible desde
-93-

�94

Matyas Bernard Braun y sus Esculturas de Kuks

las ventanas de esta ~ansión señorial por su concepción ideológica, no deja de recordarnos a España. No es casualidad
que las cróniéas de la época comparen el hospital de Kuks
con el famoso Monasterio de E~ Escorial.
Sin embargo, las esculturas que decoran Kuks son mucho
más artísticas que la arquitectura. La llegada de Matyáa
Bernard Braun (1684-1738), debía aumentar el número y elevar la calidad de las estatuas. Braun era originario del Tirol,
pero educado en Salzburgo y en Italia, donde se sabe con cer•
teza que estuvo en Venecia, Florencia y Roma. Se inspiró en
la expresión y dinamismo del concepto de la escultura de
Bernini; pero supo también obtener preciosas enseñanzas de
las grandes obras de Miguel Angel. Estas enseñanzas las
adquirió, naturalmente, sobre la base tradicional de la escultura en madera, típica del medio trasalpino; de aquí los rasgos característicos que distinguen su obra desde el principio.
Llegado a Bohemia hacia 1710, se casó y fijó allí su residencia. El ambiente checo influyó grandemente en el carácter
de sus obras, y, es precisamente en Kuks donde se desarrolla
la parte más importante de su metamorfosis interior y de su
formación completa. Es allí donde él creó también sus mejores esculturas, al lado de las exigencias y de los conceptos
artfaticos locales, que modificaron el concepto propio del artista; el material de la escultura barroca checa típica, la piedra,
que debía trabajarse de una manera diferente a la del mármol,
influyó en su estilo. Este material no permite siempre dar
la forma, y, sobre todo, el brillo de las superficies pulidas y
los detalles delicados no se pueden obtener en él. Por el contrario, este material exigía una forma monumental y seria,
cualidades características de la producción local.
Braun se presenta en Praga, en 1710, con la Visión de
Santa Lugarda en el Puente de Carlos IV. Mostró allí, en una
composición asimétrica de concepto pictórico, un movimiento
suave, flexible, lleno de extraña ternura y de dulce éxtasis.
Las enseñanzas adquiridas con Bernini, se vieron transformadas por un talento original. La disgregación del volumen continuo cambia los grupos de personajes en una visión vacilante
a la luz, que se separa del pedestal como la imagen de un
nuevo mundo. Braun logró captar en ello fugaces estados de
ánimo, raudos afectos, momentos de éxtasis y de pasiones agitadas; y colmó sus estatuas de matices emotivos, que antes
no tenía la escultura. Su arte, que hería sugestivamente la
imaginación apasionada del hombre de la época de la Contrareforma, fué aceptado y comprendido en Bohemia ; y fue rápidamente apreciado en todo su gran valor desde su presenta-

Jaromír Nemnann

95

ción. La estatua de Judas Tadeo, hacia 1712, que se conserva
hoy en la Galeda Nacional de Praga, muestra que la eiscultura
eh madera había llevado a Braun hacia efectos refinados de
ilusión y hacia una descomposición radical de la materia. La
medida insólita de la participación subjetiva y de la pasión
patética se manifiesta en grado sumo en el decorado de la
iglesia de San _Clemente de Praga. Las formas inquietas, pe,rpetuamente agitadas, logran la cima de la descomposición del
volumen por la luz. Los fuertes contrastes de luz y sombra
acentúan los gestos y las sensaciones de los santos arrastradas
por un hálito misterioso en un estado de loca embriaO'uez. El
Hijo Pródigo, sobre uno de los confesionarios, paree: ser ·en
su verosimilitud psicológica, como la confesión humana d¡ un
artista que comprende la humillación del hombre al cual ha
sorprendido el destino.
En comparación con las estatuas de San Clemente, influídas sobre todo por la religiosidad de la época y el esfuerzo
didáctico de la vuelta al catolicismo, la decoración de las esculturas de Kuks es de una concepción diferente ideolóO'ica
y plásti~a. Spork, representante de ideas liberales; prepar~ba
los cammos de la independencia del espíritu• era adversario
de los jesuitas, esos apóstoles de lo más beli~oso de la Contrarreforma y, al mismo tiempo, del irracionalismo religioso.
Spork estaba descontento de los muchos abusos de la sociedad
feudal de Bohemia y los denunciaba abiertamente. Las artes
plásticas y la literatura llegaron a ser, para él, medios adecuados para expresar sus opiniones y su crítica moralista de
los excesos de la época. Así, por ejemplo, un proceso perdido
contra un abogado de Praga le incitó a encargar un monumento en el cual figuraban de una manera satírica las malas
cualidades, la corruptibilidad y la perfidia de los abogados.
La estatua llamada Herkomanus debía ser más tarde cuando
Spork fué culpado de herejía, transformada en el Goliat bíblico con su compañero, el pequeño David. Los casos nuevos
las intenciones concretas de las obras encargadas por Spork
libraban al artista de la opresión unilateral de las ideas clericales y de la representación aristocrática convencional. Los
encargos de Spork reforzaban en Braun el conocimiento realista y le autorizaban a expresar su propia actitud hacia la
vida. Por eso, en sus mejores obras de Kuks, pudo exteriorizar en una cierta medida, fuera de la restricción de las ideas
clericales, su visión dramática del destino humano y los anhelos trágicos de los seres.
La extensa actividad de M. B. Braun, que enviaba hacia
1718 numerosos conjuntos e~cultóricos a diferentes lugares a

�06

Matyas Bemard Braun y sus Esculturas de Kuks

rn vez testimonia la existencia de un taller en el que las
maquetas y los proyectos del maestro se realiza,ban. en piedra
y en madera, por varios ayudantes. Braun tema cie:tamente
un aran talento de organizador y por lo tanto sabia, como
· mae:tro de taller, inculcar sus puntos de vista a los dis~ípt~l~s
y a sus compañeros; y al tiempo, aplicar los aportes mdividuales a sus propias concepciones. Conocemos a alg~~os de
los colaboradores por sus nombre: s~ hermano Domllll~ ;_ su
sobrino Antonín Braun · y Rehor Theny, todos ellos or1gmarios deÍ 'l'irol. Los almn'nos y los compañeros del país tenían
todavía más importancia: tales como Jirí Frantisek Pacá~,
de Zírec aldea vecina el cual llegó a ser más tarde el continuador ~ás célebre d~ Braun en la Bohemia oriental.

Sin embargo, fue preciso mucho tiempo para que Braun
lograra por completo la iniciación de sus compañeros. Las
estatuas de los Enanos situadas en el campo de carteras delante del Palacio, fueron dreadas por manos que todavía no h1:bí_an
asimilado el estilo del maestro. Pero el tema era ya tipico
del espíritu crítico de Spork. Estos personajes. q1;1e nos hacen
pensar en Callot, encarnaban con gran humor, ba~o unas f~ces
caricaturescas y exageradas grotescamente, los diversos tipos
y representantes de la sociedad c~ntempo;·ánea. De~ gran conjunto de cuarenta estatt~~s que fue destrmdo e1: el siglo XVIII
por una gran inundac10n no ~os quedan ~as que algunos
pequeños fragment?s. Las Bea~1tudes, que estan en la terraza,
delante de la iglesia del Hospital, (17~~-1715)! son de un carácter plástico parecido y fueron tambien reah~adas por co~pañeros todavía poco experimentados. Las actitudes expr:esivas que aparecen, sobre todo, en las ~s.tatuas llamadas los Bienaventurados del corazón puro, testifican que estaban hechas
según los modelos de Braun, como lo indican las antiguas
crónicas.
La estatua de la Religión, hacia 1718, llama la atención
por su concepción audaz y original. La mano del maestro
se ve de una manera palmaria. Esta estatura, situada en el
centro de la terraza ha sido concebida, en su desarrollo, para
poderse contemp.J.ar 'desde diferentes ángulos! incluso desde la
parte posterior. La eficacia de las c~rvas hger~mente ascendentes se multiplica por la perforac10n de la silueta. Braun
abre así el camino para la luz y hace más le~e esta c~mpleja
formación de piedra por medio de los refleJOS y la libra de
su pesadez. El movimiento une todos ~os motivos que la acompañan. El contraste del esqueleto, s1mbolo de la l\foer:te, Y
del bello cuerpo de la mujer joven, encarnació!1. de la Vida y
de su fuerza, es impresionante. Y es en el espintu de la con-

Jaromír Neumann

97

cepción paradógica del barroco, que la fe y la abnegación,
elevándose a las cimas de la vida eterna, se encuentran allí
ensalzadas con insistencia.

"

Poco tiempo después, hacia 1719, se erigieron, delante del
Hospital, las dos filas de los Vicios y las Virtudes. La critica
moralista de Spork, observando a la aristocacia y a la alta
sociedad, encontró allí su expresión. En el tiempo en que
Braun comenzó a crear esas estatuas, Spork distribuyó a los
alcaldes de los pueblos vasallos libros moralizadores: La Escuela de las Virtudes yLa Moral, ordenándoles que los leyeran
a sus vecinos, a fin de conducirlos así a los verdaderos principios cristianos. La participación personal de Spork en el
decorado de las esculturas de Kuks es indudable. Desde el
punto de vista iconográfico, Braun se inspiró en la Iconología
de Ripa y después en la de Callct; pero supo transformar
estos impulsos en conjuntos llenor, de un vivo sentimiento y
de una experiencia patética. Su imaginación expresaba diversas inclinaciones de alma. El espectador de hoy llega a preguntar.se por qué estas obras son todavía tan atrayentes. No
se trata solamente de ideas universales o de simples ilustraciones; sino que, infundiendo en estas estatuas un conocimiento penetrante de las cualidades humanas eternas y una clasificación real de los diferentes caracteres, el escultor ha logrado una expresión ínterna. Braun supo escoger, para cada
una de sus alegorías, un tipo apropiado, unificando el aspecto
físico, los gestos y la mímica. Captó las sensaciones complicadas y ~u'bjetivas y actualizó los efectos con una insistencia
espontáN·,i y sensible.
Lo.; ~ uerpos están expresivamente vueltos sobre las caderas; Br1mn utilizó grandes espirales que se arrollan en el
espacie, brillando como llamas; los cuerpos se inclinan de costado y se aproximan o se alejan del espectador, Frecuentemente, el personaje se apoya sobre un soporte bajo, para que el '
artista pueda motivar la curva en arco de las caderas y las
ftctitudes diversas, así como el cruce y la separación de las
vestiduras, que utiliza como medio de expresión del carácter.
8011 agitadas en curvas extrañas eu la Desesperación; se usan
uotabl..:meu te en el Orgullo; se hacrn caprichosas en la Ligereza; torcidas violentamente en nud:· en el Aburrimiento. En
la Calumnia, se levantan para hacer r~saltar la pierna de madera que no la podrá llevar lejos y 1,ara acentuar el movimiento de las llamas que queman su cabello. La Avaricia se caracteriza por los pesados pliegues del hábito, por la piel arrugada en la cara pálida y por los sacos de dinero en las manos
y en los pies de la anciana. Por la composición ingeniosa, la

�98

Jaromír Neumann

J\Iatyas Bernard Braun y sus Esculturas de Kuks

capacidad de expresión de un elemento es transferido a otro.
Braun supo aprovechar también la refinada tensión de la tela
y de la calidad representada, a fin de explicar así, por una
imagen paradógica, la doble faz ~el fenómeno. El fino vestido·que cubre el cuerpo de la Castidad la envuelve por entero,
incluyendo la cabeza, y destaca al mismo tiempo la atracción
sexual de una desconocida belleza, solamente presentida. La
cabeza de un modelo delicado, con una sombra que deja adivinar la boca, pertenece a los más bellos motivos del ciclo
completo. Aun los menores detalles de las vestiduras tienen
su importancia. En la alegoría del Amor, el niño coge la túni,ca
de su madre y con el tejido fino sujeta también la pierna de
la misma. De esta manera, el escultor expresa la íntima proximidad física de la madre y de su hijo.
Braun sabía unir con maestría los detalles al conjunto y
llevar, a un motivo accesorio, la tensión profunda de la plástica dominante. Extendía la expresión a todos los elementos
de la obra y aun a los atributos. Símbolos y atributos no son
ya tan sólo un complemento exterior: sino que se encuentran
integrados en la acción. Las obras iconográficas reciben todavía una vida nueva cuando Braun pone de manifiesto la
fisonomía de los hombres y de los animales. Las expresiones
y los movimientos de éstas lanzan a menudo una luz satírica
y penetrante sobre los caracteres humanos. El perro que ladra
furiosamente imprime al rostro de la Envidia una expresión
bestial; así como la cabeza del zorro recuerda, por el movimiento analógico, por el parecido y por el perfil agudo, la
imagen de la Astucia. Encontraremos entre las esculturas de
Braun muchos otros paralelos de las cualidades de los hombres y de los animales. En el Orgullo, la actitud altanera se
compara al pavo· real. Algunas veces, el atributo ayuda al movimiento de la estatua. Ejemplo de esto es la mujer somñolienta inclinada sobre un asno, en la que la sola curva del
cuerpo es suficiente para sugerir la indiferencia y la sensual
beatitud de la Pereza.
Braun logra el efecto buscado en las fisonomías severamente tratadas, donde expresa las cualidades humanas, muchas veces por la interpretación de un acuerdo complicado de
sentimientos. La mirada feliz y la ternura maternal se encuentran reflejadas de una manera emocionante en el rostro
del Amor. En las estatuas de los Vicios, contrastes e hipérboles drásticas hacen maravillas. Lo mismo que la Envidia, enflaquecida, con los senos caídos y con la expresión insatisfecha
en su rostro que los malos deseos han estragado. De una manera igualmente sugestiva, representa la bajeza de la Embria-

99

guez y la falta dolorosa de esperanza en la estatua de la Desesperación. Una sonrisa fatigada caracteriza a la Malicia. y bajo
la máscara de arlequín brilla"' los deseos perversos de los ojos
entornados.

.'

-

No todas las estatuas son de la misma calidad. Las oscilaciones del valor plástico, condicionadas por el trabajo del
taller, acompañan también a las diferencias en la concepción
del estilo. Estas diferencias descubren la participación de los
ayudantes. El proceso de la creación de sus esculturas es
evidente en el boceto en arcilla de la Fe, en la Galería Nacional de Praga, hecho por la mano de Braun. Tal boceto sirvió
también, sin duda, de modelo a los discípulos. En él, Braun
había querido indicar ante todo el movimiento, la actitud, la
distribución de las vestiduras y la expresión general. Imaginar la relación del cuerpo y del vestido, la relación de las
masas y el papel r epresentado por los detalles: en eso consistía la tarea perso~al del tallista en piedra. Este fue, probablemente, el mismo método en los otros casos.
Al decorado del hospital pertenece también un Crucifijo
bellamente esculpido, que Bralm realizó hacia 1726, para la
cripta de la iglesia. El fino cuerpo del Cruficica.do está logrado con mucho sentido y con gran apreciación de la medida:
los músculos y las venas se destacan y todos los detalles están
subordinados a la expresión conmovedora.
En la misma época, cuando el decorado de la residencia
se terminó, los alrededores de Kuks se convirtieron en un centro de interés. Spork hizo entonces transformar el "Bosque
Nuevo" en un cuadro maravilloso, decorado de estatuas que
brotaban de las piedras y de las rocas de gres. La reacción
de estas obras, situadas en la soledad de los bosques, fue precedida de la instalación de ermitas, con el objeto de hacer
de Kuks un lugar atrayente de peregrinación. Spork quiso
influir ciertamente en los aldeanos y perpetuar su renombre
y su sabiduría. Los motivos didácticos y religiosos se mezclaban con las consideraciones de prestigio y de mundanalidad. Por ello, Spork se preocupó por la decoración de las cabañas a donde él llevaba a sus invitados. Hizo esculpir en las
viejas hayas del bosque, dedicado a San Huberto, patrón de
los cazadores, al principio de los años treinta, numerosas figuras de santos, profetas y sabios de Grecia. Estas esculturas
fueron enseguida policromadas con vivos colores. El conjunto
que tiene mayor valor artístico es el que se encuentra en el
sitio denominado, según un gran relieve, Belén.

�100

Jl\1·omír Xeumtum

)lat.yas Bernard Braun y sus Esculturas de Kuks

Los conflictos de Spork con la residencia vecina de los
,Jesuitas dan un impulso di.recto a la creación de estas esculturas. Los jesuitas quisieron entonces erigir un calvario eu
el límite de los dominios de Spork y le pidieron permiso para
construir una carretera que atravesara las tierras del conde.
Sin embargo, no construyeron este calvario; y ésta fue la
señal de los ataques satíricos por parte de Spork en contra de
sus adversarios, a los cuales odiaba. Hizo poner cerca de estos
lugares una estatua de Cristo tentado por el Diablo y mandó
colocar en un abeto el cuerpo del Cristo sin la cruz, lo que era
una alusión a las estériles promesas de.los jesuitas. Otra réplica consistía en un grupo de grandes estatuas, que Braun
esculpió según las instrucciones de Spork, en las grandes piedras y rocas situadas eti los límites de los dominios de los
jesuitas y de Spork. Estas estatuas constituían una protesta
belicosa, al mismo tiempo que una proclamación de la actitud
personal del conde. Se les atribuía a sus bocas sentencias de
actualidad y ataques virulentos contra otros vecinos. Una
Maria Magdalena, tallada en una enorme bloque de piedra, se
lamentaba en nn verso de la perfidia de los jesuitas que no
habían cumplido su palabra. Estas bromas fueron impresas
y distribuídas por ~a rt&gt;gión. Todavía en 1927, las cancioMs
combativas de esta época !,(' cantaban rn el mnca&lt;lo ele
Dvúr Králové, no lejos de Kuks.
Las obras cumbres se crearon desde los principios del
decorado de Belén, en 1726. Son, sobre todo, los gigantescos
anacoretas Onofre, ermitaño egipcio, y Garino, penitente y
ermitaño español. La idea de estos eremitas, que pasaban su
vida en el desierto, como si fueran animales, había llamado
mucho la atención de Braun. El mismo, cincel en mano, descubrió en estos personajes una nueva comunión del hombre
y la naturaleza, una vida que nacía de la materia. Descubrió
en ello el dolor humano y el deseo subyugante de una vida
penosa en la miseria. Se confió la expresión a los cuerpos
desnudos, se parecen a montes surcados por ríos, trabajados
por los elementos y grabados por el tiempo. Las rocas unen
las estatuas a la naturaleza, dando la impresión de que se
infiltra en estos enormes cuerpos una antigua fuerza primitiva. El escultor concedió a la materia los derechos que le
habían sido negados hasta entonces. Todavía hoy nos damos
cuenta de la alegría que él experimentó ante un gran bloque
de piedra y que se manifiesta en una composición ingeniosa.
La línea de la espalda, la inclinación de los hombros, la mi.rada
perdida crean una acción dramática que relata la historia, la
fe patética y la carga del destino humano.

.

'

'

.

.'

101

Braun recurrió a su grau experieucia y a todo su trabajo
para realizar estas esculturas. Tuvo en cueuta también los
conocimientos adquiridos en Italia, su antigua adoración consagrada a Miguel Angel. Los cuerpos nos recuerdan a los
esclavos de Buonarr.oti, que Braun había -visto en el grupo de
Giardino Boboli. Braun había notado la forma con que el
ilustre maestro volvía los cuerpos y cómo unía el torso a las
caderas; el Tirolés había sin duda observado el interesante
juego de los músculos sobre las espaldas de las esculturas de
la Capilla de Médicis. En Toscana debió examinar la escultura decorativa del jardín de la villa de los Médicis, como atestigua la estatua gigante de los A.peninos del taller de Giambologna, en el jardín de la antigua villa de los Médicis en
Pratolino, cerca de Florencia. Este gigante que se yergue de
la roca está animado de un movimiento que nos recuerda mucho
a la estatua de Onofre y está unido al paisaje de la misma
forma que los dos eremitas de Belén.
Braun esculpió a Garino dentro de una gruta artificial, cavada en una tremenda roca, y lo representó en el momento en
que sale de la boca de la cueva y se vuelve con miedo. Queriendo ilustrar la leyenda escrita en las paredes de la gruta
escogió el momento oportuno en que la situación toma ~
nuevo viso. Durante toda su vida, el eremita tuvo que arrast~·arse por el sue~o ~~n poder levantar la cabeza para ver el
cielo para la expiac1on de su falta. Es descubierto por unos
perros de caza, en ese momento. Estos pertenecen al conde
cuya hija había sido violada y muerta por Garino. El extraño
gigante, considerado como un animal, fue transportado rápidamente a Barcelona, donde durante un festín un niño inocente
1~ anuncia que su falta ha sido perdonada. Braun se ha apas10nado por el contraste de un ser humano con su existencia
animal: contraste que ha representado por un terror mitad
humano y mitad feroz. El gigante quiere correr de ·rodillas
sujeta maquinalmente la luenga barba con la mano derech;
mientras que la izquierda busca un apoyo en el instante en
que vuelve la cabeza para mirar a sus perseguidores. El movimiento está inacabado y lleva al e~pcctador a volverse para
darse cuenta de quién persigue a Gariuo. El minúsculo perro
q tie se pierde a la entrada de la gruta hace resaltar más
todavía la altura del eremita y su timidez. La escultura, detrás
d~ la que se encuentra la gruta artificial, se concibió para ser
nsta de frente. Sin embargo, las vistas de costado no son
por ello menos interesantes. El modelo del conjunto, los nudos
de los músculos sarmentosos y rígidos, atestiguan la madurez
de la concepción, así como la seguridad de la mano que creó
esta estatua.

�102

Ja1·omír Nemnann

Matyas Bernard Braun y sus Esculturas de l{uks

Onofre es una estatua todavía más concentrada. El escultor desarrolló en ella con mucho detenimiento el caso de un
personaje que se arras~ra. Esta. escul~ur~ tiene, eu verd~d,
tres dimensiones. Ademas de la vista prmcipal desde el cammo
donde se percibe a Onofre lateralment~, 1~ vis!a _de frente_ Y
la del otro lado conservan una gran eficacia plastica., La piedra está perforada económicamente, pues Braun quena expfesar una relación orgánica de los formas redonda~. La prop_~rción de la pierna levantada y apoyada, y despues la relac1on
entre los dos brazos indican que sería posi~le levant~r todo
el cuerpo. Esta idea está evocada por los m1s~~s med10s que
en otro tiempo utilizó Miguel Angel en su Mo1ses. El cuerpo
delgado pero musculoso está modelado de forma que permite
ver el juego de los músculos, tendones y huesos, Y, a e~presa~·
el drama interno del anciano. Su rostro, co~ la n~r1z lastimada se vuelve hacia el cielo en una plegaria doliente, con
una ~moción dolorosa y al mismo tiempo con un gesto de
amargo reproche. El esculto_r todavía rev~la en ello algo más
que los sentimientos convencionales d~ la piedad de que ~ablan
las vidas de los santos: involuntariamente transformo este
santo en parábola de la fuerza humana aplastada contr~ la
tierra, en símbolo del sufrimiento que evocaba el deseo ~rdiente y la rebelión insatisfecha. En lugar de un ~anto apasionado
de éxtasis -y arrastrado por la fuerza del huracan celeste, Braun
representó en este asceta el d_ifícil despertar de un hombre
a la verdadera vida sobre la tierra.
Los otros dos eremitas están, desgraciadamente, muy destruídos. El gran Juan Bautista no es más que un fragmen!o
sin cabeza y sin brazos. De la parte posterior ~e puede to~avia
admirar hoy un modelo de los músculos, P~,r~1do al de Miguel
Angel, lo que indica que esta 0~1:a es tambien de las que Braun
esculpió por sí mismo. La umon monumental de las formas
aparece también en María Magdalena, estatua yacente. Aun en
el fragmento, muy estropeaQo, de lo que nos queda en nues~ros
días, podemos deducir la manera per~ecta con la que el a5tista
ha sabido colocar en el rostro sonriente el eterno ,sueno ~n
que está sumida la santa de piedra. El efecto ~sta todavia
más acentuado por la postura natural, tan femenma, y hasta
por la disposición del hábito que une el cuerpo al duro lecho
de piedra.
La crónica de 1726, que habla de San Huberto, dice que
esta escultura ya se había terminado en esa época., Se trata
de un gran relieve tallado en la roca al lado de Man_a .:~fagda,lena. La súbita aparición del ciervo· con el cruc1fiJo esta
acompañada por la acción del asombrado caballero y por el

.

,

••

103

lllovimiento de la cabeza de su caballo, que se vuelve, asustado
hacia el raro fenómeno. A pesar de la presentación llena d~
efectos, el modelo aparece en calma, pues las formas se simplifican y la descripción, objetiva y más fría, es evidente aún
en los detalles, particularidades que indican que se trata de
la colaboración de un escultor más joven.
No lejos de allí, Braun esculpió en una gran roca El Cristo y la Samaritana junto al pozo de Jacob. La configuración
del bloque de piedra y la estructura de la roca, como en los
casos anteriores, inspiraron la fantasía de Braun y excitaron
su imaginación. Dispuso libremente las figuras alrededor del
estanque de forma oblonga. La escena• está preparada en escalones, con el fin de poder sentar al Cristo más alto que los
otros personajes y unir su rosto ( que ya no existe), con la
diagonal de la mujer de Samaria que llega a sacar agua. El
relato del pozo de Jacob, la parábola del Evangelio del agua
que brota para la vida eterna; todo esto, ha sido metamorfoseado por Braun en una escena humana y verdadera. El cuerpo de Cristo, ligeramente vuelto hacia la Samaritana tiene el
v_olumen más bien . en anchura, para hacer resaltar' la gran
silueta que se termma por la mano elevada. La vestidura de
ricos pliegues ahora en calma, sostiene éstos diagonalmente
graduados por el movimiento en la dirección de la cabeza pero
no oculta la estructura anatómica por completo. El codtorno
del cuerpo de la mujer está mucho más revelado bajo la vestidura. El paso hacia adelante y la inclinación enérgica encima del pozo motivan el acuerdo armonioso de la ampia cadera, del vientre y de los muslos con el tronco, de los cuales
presentimos las formas. La composición clara, la elección
sensible de las forn1.as arquitectónicas y, en fin, las distancias
precisas entre las figuras aumentan el efecto de conjunto.
Si subrayamos la diferencia de las estatuas de Belén y de
las obras anteriores de Braun, no es necesario olvidar que el
cambio de opinión estética estaba también probado por la situación especial de los materiales con los que el artista tenía
que contar en Belén. La libre disposición de las esculturas
en plena naturaleza, y su 3:islainiento l'elativo entre los árbo~
les, exigía mucha más expresión de cada estatua en sí. Al
mismo tiempo, el principio decorativo no era tan primordial
como cuando se trata de uua estatua situada en un parque
o en la vecindad de un edificio. Las esculturas que se erigen
directamente de la tierra, sin pedestal, y aparecen sin fondo
estrictamente delimitado, nec.esitan más desarrollo plástico y
más diversidad· de v_istas. que las estatuas colocadas delante del
hospital. Las diferentes formas de las piedras, incitaban a
crear obras muy variadas también por su volumen y esto debía

�104

Mat.y as Bernard Braun y sus Esculturas de J{uks

igualmente influir en los procesos de realización: el e~ mltor
tenía que trabajar el material desde diferentes farios.
Las esculturas de Braun en Belén son, de toda su obra,
las que expresan más las tradiciones típicamente checas. El
paralelo de su obra con la del pintor barroco checo Petr Brandl,
que trabajó con él en el decorado de Belén, y que estaba en
contacto personal con Braun, salta a la vista. Los dos artistas
tienen la misma pasión sensorial de los grandes cuerpos, la
misma inteligencia por la gran forma plástica y patética.
Ambos partieron de los trabajos de la época, para marchar
hacia un conocimiento más profundo de la vida y de los deseos
humanos. Ambos des~ubrieron en los conflictos dramáticos
nuevos sentimientos y nuevas regiones y transformaron las
escenas bíblicas en aventuras emotivas que seducen siempre
nuestra imaginación. Si nosotros quisiéramos citar un ejemplo de este parentesco, nos sería suficiente recordar a Santa
Elia (1724), por Brandl, donde el gran cuerpo de la santa, que
reposa en el seno de la naturaleza, se expresa de la misma
manera que en los anacoretas de Braun en Belén.
La decoración escultórica de Belén fue interrumpida en
1729 por una brutal intervención. Los jesuitas lograron culpar de herejía a su antiguo enemigo, el conde Spork. Tomaron
represalias, le amenazaron personalmente, le forzaron a quitar
las representaciones infamantes y le embargaron su biblioteca.
Y no fue sino hasta 1731 en que se restableció la situación del
conde, naturalmente a un precio de humillaciones personales
y de concesiones de principios a los jesuitas, cuando la decoración de Belén pudo continuar. Durante esta segunda fase,
Braun se dedicó a terminar el relieve ya comenzado, El Nacimiento de Cristo, y se dedicó a crear La llegada de los Reyes
Magos. En 1731, estas dos obras fueron terminadas. Los dos
grandes relieves que han sufrido mucho los ultrajes del tiempo
son, a diferencia de las esculturas anteriores, épicos y tranquilos a la vez,, más sobrios y equilibrados en sus volúmenes. El
Nacimiento pasa de las figuras poco convexas a figuras de
volumen más marcado, y aun, a algunas figuras más plásticas
que están dispuestas libremente en el primer plano. El motivo está tratado de una manera teatral, recurriendo a la
presentación ilusionista y complicada del barroco; pero la
concepción del conjunto ha cambiado bastante. Ciertos personajes de primer plano, los pastores, se aproximan a la obra
anterior de Braun, mientras que las figuras del bajorrelieve,
dibujadas de una manera más tajante, descubren una nueva
concepción plástica. En la composición de conjunto aparece
un orden lineal más severo, así como una construcción de for-

Jaromír Neumann

mas desnudas, más netas. Los grandes volúmenes densos de
los dos animales y las lí1:1~as rectas de los miembros y de los
cuerpos llaman la atenc10n desde este punto de vista. Las
vestiduras son más severas, siguen de una manera más esbelta
lo~ cuerpos y sus curvas, caen a menudo hacia abajo con pocos
I_&gt;hegues, dest~cando el carácter alargado de ciertos personaJes. Col?- la mism~~ fuerza de expresión, los rostos de los past~res m1ran al nmo con emoción. Todos los detalles están
eJecutados con maestría.
, La tranquilidad de _formas y la lógica constructiva más
fria resaltan sobre el relieve L~ Llegada de los Reyes Magos,
el ~ual fue c;eado ~n poco mas_ tarde tan sólo, en una roca
v~Jma. Detras del angulo deteriorado de la roca, Braun volv10 a colocar el nuevo relieve del Nacimiento. Describió, en
los ~os muros _de la roca, la famosa procesión de los soberanos
ve:n~os de Oriente con sus escuderos y sus criados de aspecto
exotico. Estos dos muros, casi perpendiculares están unidos
el un_o al otro ,Pº~ una diagonal que atraviesa ei espacio. Son
l~s. figuras plasticas las que la crean, ocultando una superficie muerta de la roca. En su improvisión acertada, el escultor no ha logrado, sin embargo, llegar a volver a colocar sin
d_efecto a las figuras ~n relieve del primer plano y el bajorrelieve del p_lano poster10r. La unión mutua de los dos relieves
&lt;lcs~_nb~·e ciertam~~te un gra~ talento y un esfuerzo de adap~acio~ .ª las condicio.1:~s P.~rhculares. Desempeñaban un papel
importante en la umficacion de las formas el servidor arrodillado .Y el mendig_o inválido, tratado de una manera realista.
~l cnado con traJes reales recuerda sin duda las obras antenores,_pero la_ forma d_e expresar el volumen es bastante plana,
con pliegues h~eales finos y agudos que atestiguan un cambio
?e p~nto de vista y revela la colaboración de otra mano. El
lllvahdo que representa un mendigo, medio acostado sobre los
escalones de la igles~a, como un leproso italiano, es interesante
en cuanto al contem~? y al est~dio. Esta figura estaba prob~blemente en conexion con la idea de la fundación del hospital, que debía ser al mismo tiempo lazareto y hospicio para
l?s Yetcranos de las guerras turcas. La realización de esta
figuré:, 110s recuerda l~s obras helénicas. Eu la composición
en triangulo, ~n los :-w,_tc;111as de los pliegues y en los volúmenes, de~~ubnmos r emnnscencias antiguas evidentes. Los caballos cshhzados, lineales, rítmicos en sus actitudes y la fila
de cabezas de ca!11ellos recuerdan ~os frisos antiguos. Bajo
esta _luz, los volumenes de los ammales del relieve vecino
adqmeren una nueva significación.
Bra~n _agotó ciertamente las fuentes de la escultura
barroca italiana-encontraremos paralelos con el arte antiguo.

�106

Jaromír Neumann

l\latyas Bei·nard Bratm y sus Escult11ras ele Kuks

Durante su estancia en Roma, Braun tuvo bastántes ocasiones
para estudiar los relieves de tipo romano que eran los que
estaban más cerca de su propio punto de vista plástico. Sus
colegas italianos, que restauraban frecuentemente obras antiguas, también lo hacían así. Y, en efecto, casi todos los elementos de forma y de contenido que recuerdan lo antiguo de su
obra pueden volverse a encontrar en los relieves de Tito y de
Constantino. Por ejemplo, las filas de caballos yendo al mismo
paso en el triunfo de Tito; el triángulo del personaje acostado,
de rodillas y de pie sobre el relieve del emperador victorioso
Trajano en el arco de Constantino; el motivo del escudero que
se vuelve para ver a su compañero en el medallón de la Caza
del Oso, que pasa del monumento de caza de Adriano al arco
de Constantino. Es probablemente en Roma, donde todos los
escultores barrocos prestaban una gran atención a la escultura
antigua, de donde Braun ha sacado bocetos y quizás aún otros
accesorios sobre los cuales podían apoyarse cuando él esculpía
sus personajes y sus vestiduras.
Los antiguos conocimientos pudieron también ser renovados cuando el artista hizo, en 1727, una corta visita a Viena,
donde pudo notar las tendencias nacientes del clasicismo. Los
rasgos arcaicos en la obra tardía de Braun demuestran su paso
cumplido de la materia descompuesta al volumen sólido, en el
mismo espíritu de la gran desviación histórica del barroco
culminante que iba a prepararse en Europa. Pero estos rasgos
indican también un cambio importante en el taller de Braun.
Sabemos, por los documentos de los archivos, que Braun esbozó la concepción de conjunto del relieve, y que la obra fue
realizada por su amigo Domiuik. Pero existía, evidentemente,
otro personaje, aún más importante, que es en gran medida
responsable del nuevo carácter de las obras; Antonín, el sobrino, quien volvió a tomar bien pronto la dirección del taller
y fue el heredero. y el sucesor de Braun. Braun estaba por
entonces bastante enfermo, sufría la enfermedad de los escultores, la tuberculosis, y por eso debía descansar más en los
miembros de su taller, sobre todo en los más próximos. La
concatenación del estilo de sus obras con las de Antonín es
manifiesta.
En el relieve del Nacimiento, se había añadido, en la
parte superior la estatua de un ángel de grandes dimensiones,
trasladado más tarde al jardín del hospital de Kuks. Los volúmenes muy en relieve muestran una gran capacidad de moderación, que aparece también en el detalle de los angelitos
que juguetean. Las otras estatuas de Belén provienen del taller de Braun no tienen ya las mismas cualidades plásticas,

,.,

107

como se puede ver, sobre todo, en los dos soldados cristianos
que atestiguan la lucha de Spork por una nueva fe y las virtudes cristianas. Después del año de 1731 fue creado El Pequeño Miles Cristiano y bien pronto en 1732, el Gran Miles
Cristiano blandiendo su espada. Estaba situado cerca de la
gruta de Garino, en los límites del dominio de Spork, como
símbolo de la lucha de Spork por un mundo mejor y quizá
también como una amenaza silenciosa dirigida a sus adversarios. Entre las obras tardías que provienen del taller de
Braun hay que citar todavía la estatuita de San Jerónimo con
un cráneo y un león (hacia 1733), situada también ahora en
el jardín del hospital. La participación de Braun no existe ya
para nada. Es casi el desnudo de un anciano; pero delicadamente tratado, con el sentido de las más pequeñas arrugas de
la piel, el cual conserva, hasta cierto punto, la estructura de
la elaboración de la superficie y aun los restos de la antigua
policromía.
Los colores participan en el aspecto general del bosque,
pues en Kuks todas las estatuas que eran hechas de piedra
estaban policromadas. Volvemos a encontrar aun en nuestros
días las huellas de los colores sobre las figuras alegóricas de
las Virtudes y de los Vicios. Un estudio más atento nos permitirá reconstruir, cuando menos parcialmente, el aspecto cromático de Belén. Esta debía ser una impresión muy rara y,
para nuestro sentimiento estético, bastante extraña, puesto que
los cuerpos de Onofre y de Garino poseían los tonos de la
carne, los cabellos y barbas grises, y el blanco de los ojos
brillaba en los rostros. La estatua de San Jerónimo nos enseña
que el color no era uniforme y que variaba de acuerdo con
su lugar. Las rodillas eran mas bien rojas, las manos eran de
color castaño y los párpados y las orejas eran de un color
verdoso. Las vestiduras eran multicolores y armoniosas como
en un cuadro.
Las estatuas expuestas a la intemperie bien pronto perdieron sus colores. El cuadro de Brandl, La Fuga a Egipto,
pintado sobre la pared pulida en una roca, no lejos de la estatua de Garino, desapareció también, pues las pinturas se cuarteaban y la lluvia las borraba. La piedra de Gres, dura y fina,
fue bastante resistente al mal tiempo, y de no haber sido por
la nefasta intervención de las manos humanas, las esculturas
de Braun hubieran podido conservarse sin grandes deteriores.
Pero la construcción de una ciudad vecina, Josefov, a fines
del siglo XVIII, época en que no había ninguna comprensión
por el arte barroco, les dió el golpe fatal: se usaron las piedras de Belén como material de construcción. Y sólo en el

�108

Matyas Bemard Braun y isu11 Escultm•as de Kuks

siglo XIX, con el Romanticismo, se descubrió el gran valor
de las esculturas de Braun: un escultor romántico, Václav
Levy, encontró en ellas hasta una fuente de inspiración para
su obra. Por su parte, el poeta checo Karel Jaromín Erben
se sintió atraído por la contemplación de la estatua de Garino
y compuso uno de sus célebres poemas inspirado en ella. Pero,
con el tiempo, se mejoró la comprensión del arte, y las estatuas de Braun en Kuks son tenidas hoy por uno de los conjuntos más prestigiosos de la escultura barroca en Bohemia.
Todos los años ve Kuks acrecentar su poder de atracción
como corresponde a este precioso testimonio de la cultura barroca europea.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Revista de la Universidad de Nuevo León

Alain Michel, Ciceró

y

umanismo Romano •
r ncisco de Asís • Otto

Duchacek , Los Campos

r Edgar Allan Poe •
gipto a Través de su
Literatura •

' lfonso Reyes".

JULlO/SEP'l'IEMBRE DE 1961

A.&amp;O 4/Segunda Epoca

��MYlEfRAS

Revista de la Universidad de Nuevo León

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Año 4, No. 3

Julio-Septiembre de 1961

Segunda Epoca

Rector :
ARQ. JOAQUIN A. MORA

SUMA RIO
Secretario General :
LIC. ROGELIO VILLARREAL

Pág.
..Alain Michel, Cicerón y el Humanismo Romano__________

5

Director de la Revista:
LIC. JUAN ANTONIO AYALA

•Giancarlo von Nacher, San Francisco de Asís____________ 17
Otto Duchacek, Los Campos Lingüísticos________________ 34

:H. F. Peters, El Interés de Ernest Jünger por Edgar Allan
(Registro en Trámite)

Poe ----------------------- ---------------------- 53
PRECIO DE SUSCRIPCION:

Dirección:

UN AKO (cuatro número:s)

Washington y Colegio Civil

En México:

MONTERREY, N. L.

Veinte Pesos

Otros Países : Dos Dólares

l\'[

'Teresa E. Rohde, El Antiguo Egipto a Través de su Literatura

---------------------------- 63

é Xi C O.
:Medalla "Alfonso Reyes" __ __ __ ___ _________ _________ __ 75

�Afain Mt'chel / CICERON Y EL HUMANISMO ROMANO

\ I'

1 •

LA

personalidad de Cicerón, por su
mismo esplendor, ilumina ciertos aspectos importantes de la
grandeza romana. Pero, al mismo tiempo, también nos des- '
concierta con sus ambigüedades. A Cicerón se le considera,
y con razón, como a uno de los maestros del humanismo. La
obra teórica tan grande que dejó constituye una de las maravillosas fuentes para conocer la filosofía antigua. Pero se
trata de la filosofía griega. Y he aquí que, en su espíritu,
los Diálogos de Cicerón dan la impresión de que muy a menudo se apartan de la tradición romana. No se parece ni a
Catón el viejo ni a César. Da la impresión de que el maestro
del humanismo romano se evade, con demasiada frecuencia
del espíritu romano(l).
Por esto es oportuno reflexionar sobre la significación
de su doctrina. No nos vamos a referir a los detalles de su
contenido. El Cicerón filósofo no siempre es original. Se
inspira, con mucha frecuencia en las obras de sus maestros
griegos. Quizá sus intenciones, en muchas ocasiones, no eran
otras que dar a conocer a grandes rasgos el pensamiento de
los griegos. Pero, en el instante en que redactó sus tratados,
se dejó llevar por determinadas preferencias, obedeció a ciertas tendencias generales, que deben discutirse. Porque
se advierte que todo esto está relacionado con su vida y con
la situación en que se encontraba. Por medio de sus elecciones y preferencias filosóficas, Cicerón aporta ciertas respuestas a los problemas de Roma. Contribuyó en esta forma a
engrandecer el destino de la ciudad y, simultáneamente, a
transformar la filosofía griega, a la que marca con la influencia romana.
Hemos mencionado a César y a Catón el Viejo. Hasta
que Cicerón comenzó a escribir sus tratados teóricos, hacia el
año 55 a. de C., estos dos personajes encarnaban las dos ten--5-

�6

Alain Michel

Cicerón y el Humanismo Romano

dencias dominantes del pensamiento político de Roma: el estoicismo y el empirismo &lt;2&gt;.
El estoicismo respondía a las aspiraciones espirituales de
los mejores entre los nobles tradicionalistas. Satisfacía el
gusto por el rigor y la severidad que había expresado Catón
el Censor en el siglo II &lt;3&gt;• En el círculo de Escipión Emiliano
y de sus amigos, Lelio, Polibio, Terencio, se origina una ideología y una ética del arte de la amistad y la dignidad. Este
círculo estaba dominado por uno de los filósofos estoicos más
grandes: Panetio de Rodas. Se trató de un momento decisivo
del pensamiento romano. Los mejores hombres de Estado de
la ciudad se interrogaban sobre valor de sus instituciones.
Se dieron cuenta de su perfección en el momento en que pudieron triunfar sobre Cartago. Pero Escipión Emiliano, al
contemplar el incendio de la ciudad a la que había vencido,
estaba demasiado despierto para no imaginar que algo parecido podría suceder en un día, lejano o no, a su patria. Precisamente, el desorden político y social amenazaba a Italia.
Los Gracos representaban, en contra de los Senadores, la reivindicación de la clase media y del pueblo y se habían inspirado en ciertas enseñanzas de la filosofía griega. Pero corrían el peligro de llevar a la ciudad a la agitación y la discordia. Escipión y sus amigos buscaban en el estoicismo el
rigor, la constancia, la razón, que era lo que podría preservar
a la ciudad de los cambios y de la decadencia. En el año
129 fue asesinado el segundo Africano. Los Gracos corrieron
la misma suerte, a pesar de su cultura y de su genio. Las
guerras civiles habían impuesto como jefes a personas como
Mario y Sila que, apoyándose totalmente en las grandes fuerzas políticas, no tenían ningún freno en teorías morales. Querían reinar y supeditaban a este propósito su audacia o su
inteligencia. En la época de Cicerón, un hombre iba a lograr
aquello que ellos no habían podido alcanzar. Este era César.
Allí mismo donde Catón, Escipión, los Gracos habían expresado el antiguo ideal republicano, él iba a estructurar el
Imperio. El también tenía una ideología que procedía del
mundo helenístico, de la filosofía e, incluso, de su tradición
familiar. Este hijo de Venus, este descendiente de los dioses
sólo podía reinar sobre los hombres, que no eran completamente de su misma raza. Para ellos sería, como antes lo fue
Alejandro, un jefe enviado por el cielo para llevarlos a las
grandes conquistas. Y se podía celebrar en él, como antes
lo había hecho Aristóteles con su alumno, esa "magnanimidad"
que le ponía por encima de los peligros e incluso de las leyes &lt;4&gt;.

1 "

'1

Ta~~s eran, ~n. 1~ época de, ~icerón, las dos tendencias
c?n.t rarias que d1v1dian los espmtus de Roma. Se concibe
~ac1h~1e?-te ~ue Roma se encontraba ante una grave crisis
1de?l?g1ca si s~ comprueba que estaban unidas a las luchas
pohticas y sociales, que las instituciones parecían demasiado
débiles para _u?a ciudad que había llegado a ser tan poderosa,
que los amb1c10sos, los pobres y los jóvenes criticaban vehementemente y calificaban de hipócrita el ideal de virtud propuesto por la nobleza senatorial. Cicerón iba a intentar dar
algunas respuestas a los problemas planteados en esta forma.
Desde su juventud, en la época de Mario y de Sila había
recibido _una intensa educación filosófica en Roma y después
en Grecia. Además había publicado sus discursos y había
escalado los puestos políticos más elevados y peligrosos. Así
sufrió dos decepciones muy grandes. Después de su victoria
sobre Catilina, lo_s enemigos políticos que se había ganado en
esa lucha, le obligaron a marchar al destierro. Después en
el año 49 a. de C., César abolió l a República. Despué; de
estos dos reveses fue cuando Cicerón redactó su obra filo!-;Ófica. El semirretiro en que se encontraba le oblioó al ocio•
pero, sobre todo, tenía necesidad de reanimarse, d: hacer re~
nacer lA esperanza de _sus partid~rios y de .sí mismo. La simple
evocac10n de estas cucunstancias demuestra que intentaba
no copiar por distracción las obras griegas, sino encontrar e~
ellas una respue;sta a las inquietudes más urgentes y amargas.

"'

La estructura misma de su obra muestra su sentido oener~l. Está integrada por tres clases de diálogos. Unos s~ refieren a los preceptos del arte de la oratoria. Otros De re
public~, De, legibus, constituyen tratados de filosofía política_
La serie mas larga expone los problemas li 0 ados a la teoría
del conocimiento, a la moral y a la interve~ción de la divinidad en la vida lmmana. Claramente se ve que estas tres
clases de diálogos se complementan entre sí. Sus últinlas
obras prop~rcionan los principios generales de las primeras,
que ya teman en cuenta, en forma explícita estas exioencias
pero que están relacionadas más de cerca co~ la praxi:. Por
sus .~rgumentoo, los diálogos de Cicerón constituyen una reflex1on profunda sobre las leyes filosóficas de la acción en
la que estaba profundamente interesado.

L~ obra filosófica d~l .orador nos enseña, en primer lugar,
su actitud contra el empmsmo de César. Esto puede sorprender en un político que, con mucha frecuencia en sus cartas
elogia el oportunismo. Sin embargo, nuestr~ autor insiste

�8

Alain Michel

Cicerón y el Humanismo Romano

aún con más frecuencia en el hecho de que la acción debe
g11iarse por principios que impliquen una reflexión racional.
Para César, el gobierno debería ser confiado a personas selectas, a los héroes: Salustio saludaba en él al más grande
de los romanos. Cicerón pretendía ser más razonable. Sus
obras teóricas nos lo muestran tal como era en el campo de
la retórica, la política y la moral.
Cicerón quiso gobernar valiéndose de la razón. Por esto
redactó, a partir del año 55 a. de C., s~ gran tratado D~ oratore.
La elocuencia es el único poder que siempre ha florecido sobre
todos en los pueblos libres y, en particular, en las ciudades
pacíficas y tranquilas ... &lt;5&gt;. Por medio de la palabra, se
gobiernan los estados donde no existe la violencia. Ella,
por tanto, asegura el poder de la razón y del espíritu. Is?crates lo dijo cuando unía la grandeza de_ s~, arte al. elogio
del logos &lt;6&gt;. Aquí se puede hacer una obJecion: no siemp:e
la elocuencia está unida a la sabiduría. Se une a la astucia
o al simple don de la oratoria. Frecuentemente el buen orador es un buen comerciante. Pero Cicerón escribe sus tratados de retórica para protestar contra esta idea. Es cierto
que un orador hábil gana un~ causa o conv~nce a ~u auditori?
sin haber estudiado el expediente, por med10 de simples habilidades en el detalle. Pero se puede, con bastante habilidad,
intentar al mismo tiempo, tratar el problema a fondo. Así
la argu~entación es más sólida, seria y honesta. Aristóteles
y Platón decían que verdaderamente no se puede convencer
sin buscar la verdad en sí misma. Entonces la elocuencia
se confunde con esta búsqueda de la verdad. Esto implica,
a su vez, ciertos métodos de pensar, el rigor lógico, la ciencia
y el gusto por la reflexión general. Es por esto que Cicerón
desarrolla en el De oratore una teoría de extrema importancia:
según él, cada proceso, cada deliberación puede reducirse a
un debate de ideas generales, cosa que él llama una "tesis".
Si, por ejemplo, se juzga el asesinato de Gayo Graco, no se
limitará a discutir sobre sus virtudes y sobre su carácter, sino
que aprovechándose de su muerte se evocarán los problemas
del orden público.
Se dirá que esto es ir demasiado lejos. Sin duda alguna:
las digresiones de los discursos de Cicerón siempre son algo
exageradas. Pero el principio de su método es de gran fecundidad. Gracias a este principio se pueden desarrollar las
ideas generales y discutir sobre ellas. La elocuencia, tal
como la concibe Cicerón, por su misma técnica da principio
a la sabiduría. Al mismo tiempo propone los problemas originales a todos los teóricos. El público del filósofo está

. ..
r

9

constituido por sus discípulos, sus estudiantes reunidos en
la escuela y que no tienen ni las inquietudes ni la forma de
ser del auditorio de un orador. Este debe hablar de todo
y a todo el mundo. Está obligado a ser siempre claro y como
siempre le urge el tiempo, debe ir a lo esencial sin perderse
en los largos caminos de la dialéctica. Todo esto le obliga a
dominar los problemas, a dejar de lado los detalles; no solamente debe tratar los asuntos generales sino también tratarlos
en forma general. Así es como, del arte oratoria, se deriva
toda una teoría de la cultura general &lt;7&gt;, de la que aún somos
deudores. Cicerón, en este punto, es nuestro maestro. El
fue el primero que definió, el doble problema fundamental
de la educación: ésta debe formar técnicos que apliquen soluciones racionales a problemas concretos. Pero estas soluciones, para ser racionales, deben estar unidas a la reflexión
general y al ejercicio desinteresado del juicio. De Montaigne
a Rousseau y Alain, ninguno de los grandes educadores clásicos ha descuidado esta doble necesidad.
Este esfuerzo para fundamentar la acción en la razón
tiene aplicaciones especialmente importantes en el derecho y
en la moral.

,.

,...

En primer lugar, permite a Ciecrón abordar con excepcional vigor el problema de la interpretación de las leyes. El
orador, gracias a su cultura, e.stá muy bien armado para
distinguir la letra y el espíritu y para meditar sobre la intencionalidad de los textos. Saca de ella, igual que los filósofos, el sentido general y la aplicación particular. Busca la
deducción de principios absolutos y distingue en estos últimos
las grandes contradicciones que la historia del hombre ha impuesto con sus violencias. La ley, dice Cicerón, se confunde
con la prudencia divina&lt;8&gt;. Esto es afirmar que en última
instancia ella no debe su autoridad más que a su carácter
racional y sabio.
El esfuerzo del orador para desarrollar su cultura le lleva
también a los juicios originales sobre la acción.Esta determina
el carácter de su "compromiso" político. Se encuentra Cicerón
entre dos tendencias. Por una parte, junto con los discípulos
de Aristóteles, pone por encima de todo el conocimiento. Esto
es lo que da su plena grandeza al alma humana, revelándole el
sentido de los seres y dándole una especie de infalibilidad de
la que podrá hacer uso al entrar en acción &lt;9&gt;. Pero, por otra
parte, el estoicismo equipara el conocimiento y la praxis. El
sabio está tan seguro de sus actos como de sus pensamientos.
Es tan libre como lúcido. En él, la acción se confunde con
el saber. No hay, por tanto, ninguna razón para buscar el

�10

Cice1·ón y el Humanismo Romano

reposo. Además, hay un sentimiento muy fuerte en la comunidad humana, se siente, en cualquier forma, ante todos los
que están menos iluminados que él. Por eso tiene obligación
de atender a su salud todo lo que le sea posible &lt;10&gt;. Esta
segunda concepción de los deberes del hombre de Estado habría
seducido a Escipión Emiliano. También Cicerón se inspira
en ella, hasta el punto de que llega a afirmar que el principal
deber de los hombres es sacrificarse por sus semejantes. Pero,
al mismo tiempo, recuerda que la función más elevada del
alma es la contemplativa. En el último libro de su República &lt;11&gt;, llega a esta solución: el alma, para elevarse hasta Dios,
tiene necesidad de desasirse de sus propios intereses, de salir
del mundo. Tiene que apoyarse en el espíritu de sacrificio,
Por eso debe consagrarse al bien público.
Así es como se reconcilian la cultura y la acción, en una
hermosa síntesis del pensamiento antiguo. El conocimiento
es el deber supremo, el sacrificio es el primero de todos los
deberes. Cuanto más se quiere conocer tanto más se debe
sacrificar y la salud individual del alma está unida a la salud
colectiva de la ciudad.

Cuando César cruzó el Rubicón, Cicerón, indignado, le
reprochó que jamás había contemplado ni siquiera la sombra
de la belleza moral 0 2&gt;. Todo lo anterior nos ha demostrado
que lo que el orador buscaba era fundamentar su acción sobre
principios racionales y filosóficos. ¿Pero es esto decir que él
mismo sabía exactamente lo que es la Belleza moral? Si hubiera
tenido alguna certeza sobre este punto, se hubiera parecido
mucho a aquellos estoicos de los que hemos hablado, que integraban una 'élite' dentro de los Senadores y que, hasta Bruto
y Catón, defendieron agriamente aquellos valores con los
que estaban relacionados.
Cicerón sintió el respeto más grande por aquellos pensadores. Con frecuencia le habían ayudado contra Catilina
y contra César. Sin embargo, el orador no se puso por entero
de parte del estoicismo. Es que él no tenía certeza de ninguna
clase en aquel mundo. Desde el siglo II, los argumentos de
Carneades, filósofo escéptico, habían echado abajo la hermosa
seguridad del Pórtico. No, la verdad no llevaba en sí misma
su propia evidencia. Todo conocimiento era asunto de la experiencia. Esto significaba que en el pensamiento siempre
quedaba algo de tanteo y de hipótesis. Es cierto que muchas
comprobaciones y coincidencias podían establecer ciertas semejanzas para deducir posibilidades. Esta doctrina, que ya

Ala.in Michel

..

11

había estremecido a los pensadores del círculo de Escipión
Emiliano, podía seducir a Cicerón puesto que era inteligente
y además abogado. Sus razones de abogado están en sus tratados de elocuencia. Comprueba que se pueden defender todas las causas y engañar a todos los jueces. Sobre todo, deja
entender que nunca se está seguro de la inocencia de un cliente, aun cuando ée argumente en favor de él, aun cuando se le
llegue a creer; es necesario convencerse a sí mismo. Por esto
es por lo que un orador con frecuencia duda de la verdad, aun
cuando desee que exista &lt;13&gt;. Por su misma actividad va en
su búsqueda y se dispone a discutirla. Tal es el espíritu de
la investigación ciceroniana. Nuestro abogado es, al mismo
tiempo, amigo de los filósofos que detestan la mentira, e imitador de los sofistas que dudan de la verdad.
De aquí se derivan sin duda alguna sus discursos donde
la astucia entra en pugna con la profundidad. De aquí también la forma literaria que escoge para sus tratados teóricos :
el diálogo. Así se inspira en Platón, en Aristóteles y en otros
filósofos. Pero al adoptar la misma forma literaria que ellos,
dosificando sabiamente los matices de estilo, obedece a una de
las tendencias dominantes de su pensamiento: la amplitud de
espíritu. El que duda y busca tiene cierto gusto por la conversación. El escepticismo de Cicerón lo lleva al amor de los
cambios; le lleva a cierta cualidad que falta con frecuencia en
el diálogo filosófico de la antigüedad: la corte.sía &lt;14&gt;. Sócrates tenía que aguantar muchas ofensas de sus interlocutores. El mismo, a pesar de su exquisita benevolencia, muchas
veces se veía obligado a ridiculizarlos. Cicerón, por el contrario buscaba en todo la objetividad. Los defensores del
epicu;eísmo, al cual condena, son, en sus diálogos, tan estimables como sus adversarios. Los caracteres de los interlocutores
no se mezclan con su filosofía o 5&gt;. Sin duda Cicerón imita
quizá a los autores griegos. Pero lo hace a conciencia, pues
en su tratado De legibus U6&gt; nos indica cuál es su concepción
de la discusión filosófica. El jurista deja adivinar aquí su
estado de ánimo : quisiera hacer del diálogo una reunión conciliatoria. El divorcio de las sectas le afligió. Su concepción
de la cultura, fundada en la unidad de la Razón, le hace creer
en la unidad de la Sabiduría. Por tanto, piensa que los filósofos podrían entenderse si tuvieran menos amor propio y les
aconseja que tomen como árbitro a cualquier magistrado romano como él, que sea un poco escéptico y que te~ga cierta
práctica de los negocios en el arte de los compromisos.
Este método se puede criticar. Tiene el gran defecto de
transformar a los filósofos en abogados. Porque cada filósofo

�12

Alain Michel

Cicerón y el Humanismo Romano

riqueza verbal ... Incluso en la duda, no es imposible hallar
el Ideal. Los escépticos a quienes Cicerón imitaba eran
platónicos

se convertirá en defensor de su propia doctrina ante un juez
que muchas veces no tendrá la competencia necesaria. Esto
es lo que frecuentemente ocurre en loo Diálogos de Cicerón,
en los que las exhortaciones reemplazan al razonamiento. Pero
es preciso señalar dos cosas. Primero, las razones tienen que
ser presentadas como "seIIJSibles al corazón" para usar la expresión de Pascal. La elocuencia se encarga de esto. Su
papel es, tal como se explica en las Tusculanas, hacer que la
verdad sea lo más importante y que penetre en los espíritus.
La filosofía no es únicamente la docta explicación de algunas
lecciones; también debe modelar las almas para volverlas afables: es una dirección de conciencia. Para esto echa mano
de la fuerza persuasiva. Cicerón intentó crear un estilo, con
más o menos suerte. Recordemos, sin embargo, que su mejor
imitador fue San Agustín, convertido a la sabiduría al l eer
el Hortensio o 7&gt;.

La búsqueda del ideal no es suficiente. Es preciso partir
de una experiencia. Cicerón la describe, según el estoico
Panecio, maestro y amigo· de Escipión Emiliano : es la experiencia del decorum o conveniencia &lt;20&gt;. ~osotros naturalmente· tenemos el sentimiento de la armonía. Ciertos seres
se acoplan espontáneamente unos a otros, ciertos gestos se
adaptan con gracia y libertad a las circunstancias. Los buenos
actores saben descubrir lo que se acomoda a su papel. Ahora
bien, el papel de los hombres es amar la sabiduría. En definitiva, es suficiente actuar como hombre. Hay que asegurarse
de que en toda circunstancia se actúe de acuerdo con la sabiduría. Pero ¿ cómo asegurarse de ser un buen actor en este
asunto ? La respuesta se encuentra en un verso de Terencio
que Cicerón adopta antes que Séneca: Yo soy hombre y nada
humano mé es extraño &lt;21 &gt;.

En segundo lugar, se puede perdonar a Cicerón que reduzca un poco el aspecto de rigor, puesto que trata bien a sus
adversarios. El gusto que muestra un pensador en el diálogo
nos parece que es suficiente para perdonarle todos los defectos,
que serían condenables en un fanático &lt;18&gt;.

Cicerón, al final de su vida, aprendió a respetar lo humano en nombre de la armonía y de la belleza. Esto constituye, primero, una razón suplementaria para iniciar el diálogo
con sus semejantes. Que las armas se rindan ante la toga,
no es únicamente una fórmula contra César o Catilina, sino
la afirmación de que sólo el verdadero poder está en el logos
común a todas las almas

Por eso, Cicerón critica dentro del pensamiento de su
tiempo el espíritu dogmático que muchas veces conduce al
fanatismo y al empirismo que se atreve a desembocar en la
violencia ciega. Pero él mismo, al elogiar a la Razón, cae
en el error del escepticismo. Da la impresión de que no
encuentra la certeza en la enseñanza de los filósofos. ¿ Quiere
esto decir que se encuentra sin recursos para penetrar en
ellos? La respuesta la tenemos en sus tratadoo de retórica,
porque este gran artista, este maestro del clasicismo, por lo
menos conocía la Belleza.
Primero, conocía la Belleza ideal. Esto forma parte de
la experiencia de un artista creador. Cuando Fidias bosquejaba su Minerva tenía presente en su espíritu la imagen de
una Minerva perfecta, más bella que todas las estatuas materiales, que únicamente podían participar de su esplendor.
Cicerón, echando mano del vocabulario platónico, dice que
esto era la Idea de la estatua o 9 &gt;. Asimismo, el orador que
prepara su discurso, siempre intenta concebir lo que haría
en su lugar el orador ideal. En este mundo no dispone de
certeza alguna. Pero no tiene ningún impedimento para
imaginar esa perfección e intentar reconstruirla echando
mano de todo lo mejor de la experiencia: si se trata de un
orador, ésta será la razón, la cultura, la generosidad, la

18

...
..

1

;

Este humanismo conduce también al que· se inspira en
él a una alta concepción de la libertad de espíritu. La noción
de conveniencia le permite descubrir que existen ciertas relaciones entre los diferentes elementos de la cultura. Se completan armoniosamente cuando se l es sabe estudiar en el
momento oportuno. Los niños están dispuestos a la amistad;
ella les despierta el espíritu y ayuda sus estudios teóricos;
éstos, a su vez, convierten al adulto en un ser capaz de actuar
en la vida de la ciudad; pero esta acción se vuelve hacia la
contemplación cuando llega la madurez &lt;22&gt;. Es preciso respetar este proceso de maduración de los pensamientos. Platón
decía en el Fedro que la única enseñanza fecunda es la que
germina en el alma y se desarrolla por su fuerza propia &lt;23&gt;.
Cicerón, por medio de la sabiduría griega, y también, gracias
a su experiencia como orador y como conductor de hombres,
podía apreciar el valor de esta concepción: decía que la razón
es una semilla de verdad que se desarrolla en cada uno y
que lleva la naturaleza hacia el Ideal &lt;24&gt;.

�14

Cicerón y el Humanismo Romano

I'i

Estas son las respuestas que el orador dio a la Roma
del siglo I, inquieta y dividida. La ayudaron a conocerse y
a destacarse.
La ayudaron a conocerse porque le revelaron su vocación, en toda su extensión y en toda su fuerza. Roma no
era Macedonia. No tenía que dominar por medio de la fuerza.
Su grandeza estaba en el logos. Jamás lo ·podía olvidar. Su
herencia más bella es quizá el Derecho. Ahora bien, Cicerón,
al poner de acuerdo el escepticismo con el Ideal, había demostrado cómo se podía encontrar el espíritu de las leyes.
Con frecuencia, sirvió de modelo a Quintiliano, Plinio, Tácito,
que fueron, en el apogeo del Imperio, los servidores más grandes del pensamiento romano. Octavio, que permitió su muerte,
lo citó más tarde como un modelo de amor a la patria.
En Roma, Cicerón reveló también su propia diversidad.
Porque simultáneamente fue el maestro de Rabelais y de
Montaigne, de San Agustín y de Erasmo, de Corneille y de
Horacio, que le debe parte de su serenidad. El arpinate es
uno de esos espíritus que no se dejan asir porque concilian
dentro de sí la duda y el Ideal, la inquietud y el cuidado de
guardar un equilibrio, porque ven el doble aspecto de las cosas.
Pero al mismo tiempo, la obra teórica de Cicerón, con todas
sus imperfecciones y equivocaciones, nos da una lección fundamental: el humanismo no se confunde ni con el dogmatismo ni con la buena conciencia. Favorece al esfuerzo y a
la esperanza.- La ciudad humana no es la única; existe también la ciudad de los dioses y es allí donde se debe vivir&lt;25&gt;.
La madurez del pensamiento en nuestra alma nos lleva más
allá del mundo, por su orden, hacia la Belleza. ¿Cuál es el
papel del hombre , Oir su voz. Ir de la tierra a los dioses.
Cumplir la mediación entre estas dos ciudades.
Más allá del dogmatismo y de la violencia, Cicerón busca,
por medio del Pensamiento, unir a los hombres entre sí y con
los dioses.
(Traducción de J.A.A.)

13

Alain ::\lichel

O T A S

1.- No es posible detallar la bibliografía de estos problemas. Remitimos
a P. BOYANCE, Rapport sur les études cicéroniennes, presentado al
Congreso de la Asociación Guillaume Budé, Lyon, 1958: Actes du
Congrés, pp. 254-291; véase también: A. MICHEL y C. NICOLET,
Cicerón, Ed. du Seuil, coll. "Ecrivains de toujours", París, 1961.
2.- Existían, además otras corrientes tales como el epicureísmo, pero nada
más citamos las principales tendencias en Cicerón.
1 'f'

3.- Catón mismo no parece que se adhiriera a ninguna escuela filosófica.
Pero su ejemplo debla seducir a muchos estoicos.
4.- Cfr. u. KNOCHE, l\fagnltuclo animi, Phllologus, suppl. XXVII, 3, 1935.
Sobre Emiliano véase P. GRIMAL, Le Siécle eles Scipions.
5.- CICERON, De oratore, I , 8, 30.
6.- ISOCRATES, Nicoclés, 5-9.
7.- Véase especialmente, De oratore, III, 14, 54 sqq.
8.- Cfr. De legibus, I, 6, 19.
9.- Añadimos, es verdad, que entre las ciencias tiene la política un papel
destacado.
10. - Véase, por ejemplo, SENECA, De tranqulllitate animl, De otio.
11.-De re publica, VI, 26, 29 (Sueíi.o de Escipión).
12.- Ad Atticum, VII, u, i.
13.- Cfr. De oratore, II, 7, 29 sqq.
14.- Cfr. P. GRIMAL, Caractéres généraux clu clialogue romain. De Lucilus
á Clcéron, Information litteraire, VII, 1955, pp. 192-198; M. RUCH,
Le Proemium philosophique cllez Clcéron.
15.-Muchas veces ataca a la misma filosofía con vehemencia.
16.- De Iegibus, I, 20, 53.
17.-SAN AGUSTIN, Confesiones, III, 4, 7 sq.
18.- El mismo espíritu de conciliación animó sin duda la acción política
de Cicerón.
19.- Orator, 2, 7 sqq.
20.- De officlis, I, 27,94, sqq.
21.-TERENCIO, Heautontimouroumenos, I_, 25; CICERON, De officiis, I ,
9, 30; SENECA, Acl Lucilum, 75.
22.- Cfr. De flJ1ibus, V. Aíi.adimos que esta noción del orden inspiró a
San Agustín su obra de ordine.
23.- PLATON, Fedro, 276e.
24.- De finibus, V, 15, 43.

�16

Cicerón y el Humanismo Romano

25.- Esta es una de las grandes lecciones del Sueño lle Escipión (De re
pública, VI, Cfr. especialmnte 18, 19 sqq.).

Giancarfo von Nacher /

SAN FRANCISCO DE ASIS

NOTA DEL TRADUCTOR

Consideramos que puede ser útil para nuestros lectores una bibliografía breve, comprensiva y actual sobre Cicerón y su época. Desgraciadamente la bibliografía española original es paupérrima y superficial.
COWELL, F.R., Cicero and the Roman Republic, A Pelikan Book, A320,
London, 1956.
WIRSZUBSKI, CH., Libertas as a Political Idea at Rome, Cambridge University Press, 1950.

Entre el Topino y el agua que desciende
de la elegida loma por San Ubaldo,
fértil cuesta de alta montaña pende,

RICHARDS, G.C., Clcero, Chatto &amp; Windus, 1935.
PETERSON, J. Cicero, a biography, University of California Press, 1920.

Pero quien de ese lugar palabra mueve,
no diga Asís, pues diría bien poco,
sino Oriente, si nombrarlo quiere.

HOMO, L., Roman Political Institutlons (trad. de M. R. Doble), Kegan
Paul, 1929.
KASKELL, H.J., Thls was Cícero, Secker &amp; Warburg, 1942.
FRISCH, H., Cicero's Fight for the Republlc. Gyldenhal, Copenhaguen, 1946.

Mas para que yo no siga demasiado oscuro,

CLARKE, M.L., Rethorlc at Rome. Cohen and West, 1953.
GRANT, M., Roman Literature, A Pelikan Book, A427, London, 1958.

Francisco y ia Pobreza, los dos amantes,
en adelante reconoced en mis palabras.

MICHEL A.-NICOLET, C., Cicéron, E. du Seuil, 1961.

(Paraíso: canto XI, versos 43-45/ 52-54/73-75)

EN

las cercanías del monte Subasio,
que domina los fértiles valles de los ríos Chiascio y Topino, se
yergue la villa de Asís, en el corazón de la verde Umbría.

..
,

..

Las ruinas de la fortaleza de los duques de Espoleto se
destacan todavía sobre la catedral románica de San Rufino,
los palacios y casitas apiñonadas las unas a las otras, y las
callejuelas torcidas y escarpadas. Más lejana, fuera del poblado, la capilla de Sau Damián y, valle abajo, la de la Porciúncula, que tanto tuvieron que ver en la vida del Santo
Francisco.
En esta silente ciudad vivía el rico mercader de paños
Pedro Bernardone, descendiente tal vez de los Moriconi de
Lucca. Se había casado con doña Pica, de muy dudoso origeü
provenzal, la cual le dió un hijo en septiembre de 1182 de
nombre Juan; pero que el padre, al regreso de uno de sus
viajes a Francia, quiso cambiar por el de Francisco ( que entonces significaba: francés ).
-17-

�18

San Francisco de Asis

La leyenda se posesionó ?e tal su~eso y,.~ semejanza ~el
nacimiento de Cristo, apareciron aqm tambien coros de an1
geles, el pesebre y la humilde cabaña. &lt; &gt;
Pasaron los años y un día sonaron las campanas a rebato,
tocaron los clarines de ouerra y los jóvenes de Asís corrieron
a las armas, y con ello; Francisco, quien abandonó fi~stas Y
juergas y las compañías de amigos despreo?u?ados, ~s1 como
su oficio de comerciante que desempeñaba habil y activamente
Desde 1177 Federico Barbarroja había sofocado las libertades ciudadanas, instalando en la fortaleza a sus alen:ian~s.
Otra vez en 1197 se levantaron en armas las comunas italianas a la ~uerte d~ Enrique VI; y en Asís el j~fe de ,los imperiales Conrado de Lützen traicionó al Imperio pasandose al
partido del papa Inocencio' 111; esto no impidió a los bur~ueses
atacar y derrotar a los alemanes y echa:los fuera de 1~ ciudad,
junto con todos los nobles locales quienes se refugiaron en
Perusa.
Era, en efecto, el ejército de la ve_c~na y riva! P~rusa ~l que
en 1202, uniéndose a la nobleza exiliada, hab1a mvad1do el
territorio. de la Comuna.
Un día entero se peleó bravamente. contr~ el inv~sor, en
las orillas del río Tíber en Ponte San. G10_vanni, pero _mexor~ble llegó la derrota y empezó el. ~autiver20 de Fr~ncisco, prisionero de los perusinos. V olv10 un ano despues lleno de
espíritu guerrero, fantaseando heroicas hazañ,as caballeresc_as
que lo llevaron a unirse a unos nobles que partian para ~puha,
en el sur de Italia, donde los soldados _del Papa defendian ~os
,derechos al trono del aún niño Federico, 11, contra, los ~rrncipes alemanes. Pero Francisco no llego nunc~, mas alla, de
Espoleto, a 73 kms. de Asís. Di?s se le ap~:ec10, le hablo !
exhortó a que regresara. Francisco obedec_io y luego s~ dirio-ió hacia Roma. En la ciudad eterna dio todo el dm~ro
b
. a un roend1bO'Q
que
llevaba consigo a la _Igl~sia, regal'o su traJe
y él mismo se puso a ped1:,limosna en las gradas de San Pedro
y, por primera vez, sufr10 hambre.
Otra vez en Asís rezando en la capilla de San Damián,
entre los esbeltos ciJreses, oyó al icono b~zantino del al~ar
incitarlo a que restaurara la iglesia en peh~:º· En segm~a
se puso a la obra, corrió a su casa, escog10 las t~las mas
valiosas y montando a caballo se fue a la cercan~, cmda_d de
Foligno, vendió mercancía y caballo y luego ofrec10 el dm~r~
al cura de San Damián. El pobre sacerdote, temer?~º' aviso
a Pedro Bernardone, quien encolerizado contra su h1Jo lo fue

Giancarlo von Nacber

19

a buscar. Francisco, lleno de miedo, se escondió en una
cueva donde vivió más de un mes en constante plegaria y
casi sin comer.
Por fin decidió afrontar a su padre y apareció en las
calles de Asís; Bernardone, oyendo los escarnios y los in.sultos
que los muchachos le dirigían, lo tomó por loco a causa de
'3U piadoso estado, y, lleno de ira lo agarró y lo ;ncerró
en el sótano de su casa.
Doña Pica, aprovechando una ausencia del esposo, lo
lib~rtó. Bernardone a_ su regreso lo denunció al Obispo
Guido y en su presencia Francisco renunció a la herencia y
se despojó de sus ropas devolviéndolas al padre. Con un
tos_co manto, r~galo del Obispo, se dirigió entonces hacia Gubb10 para servir en un leprosario.
Ya había definitivamente escogido ser soldado de Cristo
ya su mística vocación se venía revelando paulatinament;
de.spués de haber sufrido una grave enfermedad. Las vís~ones se hicieron frecuentes, constantes pruebas santas. Pidió
limosna para vivir, besó y limpió las llagas de los leprosos
convirtió a feroces animales . . .
'
"Morando San Francisco en la ciudad de Gubbio del condado del mismo nombre, apareció un lobo grandísi~o feroz
terrible que no sólo &lt;levo.r aba los animales, sino también lo~
hombres, de suerte que todos los ciudadanos estaban amedrentados, porque muchas veces se acercaba a la ciudad. Y
todos iban armados, cuando salían, como si fueran a la
guerra; y aún así no podía defenderse quien se encontraba
solo con él, y llegó a tanto el miedo a este lobo que nadie
se atrevía a salir del pueblo.
'
San Francisco compadecido de aquellos hombres, determinó ir en busca de dicho lobo, contra el parecer de los ciudadanos, que enteramente le disuadían de ello ...
Cuando he aquí que muchos hombres que habían salido
para ver el suceso, vieron cómo venía el lobo con la boca
abierta hacia San Francisco. El Santo se le acercó, le hizo
la señal de la cruz y le llamó diciéndole: "Ven aquí, hermano
lobo; yo te mando de parte de Cristo que no me hagas daño
ni a mí ni a nadie".
¡ ~osa ad~irable ~ En el mismo instante en que San
Francisco hacia la senal de la cruz, el terrible lobo cerró la
boca y paró de comer; y oído el mandato, vino mansamente,

�-Oiancarlo vou Nacher
20

21

San Francisco de Asis-

"Id y predicad diciendo que el reino ele los cielos se
.acerca; sanad a los enfermos, resucitad a los muertos curad
.a. lo~ leprosos, lanzad a los demonios. No tengáis or~, plata
.n~ dmero alg~m? ~n vuestras b?lsas, ni alforja para el viaje,
.m calzado, m turnca, porque digno es el operario de su suste1:1to. En ~~alqui,er ciu~ad o aldea a que entréis, preguntad
:prnnero qmeu alh es digno de recibiros y permaneced en
su casa hasta la partida. Al entrar a la casa saludadla di•Ciendo : ¡ La paz sea en esta casa!"

como un cordero, y se echó por tierra a los pies de San.
Francisco. Entonces díjole el Santo:
"Hermano lobo, tú has causado muchos daños en esta.
tierra y has hecho grandísimos males, devastando y matando•
las criaturas de Dios sin su licencia; y no sólo has matado y
devorado a las bestias, sino que has tenido el atrevimiento
de matar y despedazar a los hombres, hechos a imagen de
Dios ; por lo cual mereces la horca, como ladrón y homicida
pésimo, y toda la gente se queja y murmura de ti, y toda
esta tierra te es enemiga; pero ahora, hermano lobo, yo
quiero hacer la paz entre tú y ellos, de modo que no les hagas.
más daño, y ellos te perdonen todas las ofensas pasadas y ni
los hombres ni los perros te persigan más."
Al oir esto el lobo, con el movimiento del cuerpo, cola
y orejas, y bajando la cabeza, mostraba aceptar y querer
cumplir lo que proponía San Francisco. Díjole entonces el
Santo:
"Hermano lobo, ya que tú quieres hacer y guardar esta.
paz, te prometo hacer que los hombres de esta ciudad te den
el sustento mientras vivas, para que nunca pases hambre;
pues bien sé que forzado por el hambre has hecho tantos
daños, pero, en cambio, quiero que tú prometas que jamás
has de hacer daño a ningún hombre ni animal, ¿me lo prometes 1'
El lobo bajando la cabeza, dió señal clara de que lo prometía. Y San Francisco le dijo:
"Hermano lobo, quiero que me hagas fe de esta promesa.
para que yo pueda fiarme de ti."

Y alargando San Francisco la mano para recibir el testimonio de la promesa, el lobo levantó una pata delantera y
la puso mansamente sobre. la mano del Santo, dándole la
señal de fe que pedía". (Florecillas : cap. XX).
Pero e.l Crucifijo bizantino se le aparecía continuamente
y lo obligó a regresar a Asís para terminar las r eparaciones
de San Damián y las de la Porciúncula, construída sobre una
pequeña porción de terreno que pertenecía a los benedic~inos
del convento del monte Subasio, entre los bosques de Santa
María de los Angeles.
Fué allí en esta última iglesia, donde el 24 de febrero
de 1208 oyó' leer, durante la misa, las palabras del libro de
San Mateo:

(

,

.
"¡ Gracias Jesús, que me enseñaste el camino ! ¡ Iré entre
la gente y seré Tu siervo y apóstol!" -O'ritó San Francisco
.arr?jando los zapatos y el hábito de er~itaño, regalo de u~
amigo de Gubbio. y se revistió con una ruda tela del color
de la tierra, que se apretó a la cintura con un cordón blanco
.símbolo del pecado que ciñe al hombre.
·

"Señor, haced de mí un instrumento de vuestra paz. Que
.allí donde haya odio ponga yo amor; que allí donde haya
ofensa, ponga yo perdón; que allí donde haya discordia ponga
.Yo arm,onía; que allí donde haya error, ponga yo ~erdad;
que alli donde haya duda, ponga yo la fe ; que allí donde
haya ~e~esperación, ponga yo la esperanza; que allí donde
.haya timeblas, ponga yo la luz; que allí donde haya tristeza.
ponga yo alegría. Oh Maestro, que nv me empeñe tanto en
-ser consolado, como en consolar; en ser comprendido como
-en comprender; en ser amado, como en amar· pues dando se
reci?e; olvidando ~e encuentra, perdonando s~ es perdonado,
·muriendo se resucita a la vida eterna."
El juglar de Dios había nacido, nacía el "Poverello' men-dicante, esposo de la Pobreza, de la Humildad, de la Obediencia; iniciaba el movimiento franciscano, empezaba la re-volución pacífica de amor y de caridad, de fe y de esperanza
que hizo estremecer el mundo medieval y contribuyó al despertar ele Italia.
"Reposado en el obrar, obsequioso por naturaleza, afable
-en la conversación, comedido en los avisos, fidelísimo en los
&lt;Compromisos, previsor en los consejos, constante en las obligaciones y en todo lleno de gracia. Sereno en la inteligencia,
dulce en el ánimo, sobrio en el espíritu, absorto en la contemplación, asiduo en las oraciones y siempre fervoroso. Cons·tante en el buen propósito, firme en la virtud, perseverante
en la gracia y en todas las ocasiones siempre el mismo. Prontí.simo en el perdonar, tardío en el airarse, de ingenio elevado
,de privilegiada memoria, sutil en la discusión, circunspect¿
,en la elección y en todo sencillísimo. Riguroso consigo mis-

�22

Giancarlo von Nacher

San Francisco de Asis

mo, compasivo con los demás y siempre discreto. Sumamente
expresivo, rostro alegre, aspecto benigno, diligente e incapaz
de arrogancia. De mediana estatura, más bien pequeño que
alto; cabeza redonda y bien proporcionada, cara un tanto
alargada en óvalo, frente llana y pequeña; ojo.s ni grandes
ni pequeños, negros y de sencilla mirada; cabellos de color
obscuro, cejas rectas, nariz bien perfilada, enjuta y recta;
orejas levantadas, pero pequeñas; sien aplanada, lengua insinuante, fogosa y aguda; voz vehemente, dulce, clara y sonora; dientes apretados, iguales y blancos; labios pequeños
y delgados; barba negra, algo rala ; cuello delgado, espalda
recta, brazos cortos, manos delicadas, dedos largos, uñas finas,
piernas delgadas, pie reducido, piel suave y enjuto de carnes;
vestido áspero, cuello brevísimo, trabajo continuo." (Celano:
Vida primera, cap. XXIX par. 83).
Así lo vió Tomás de Celano, que a los quince años de
edad siguió al Santo; con igual amor, celo y exaltación lo
habrán visto los primeros discípulos y los demás que aumentaron su rebaño. Bernardo de Quintavalle fue el primero en
acompañar al Santo, luego otros doce apóstoles, entre los
cuales, según la leyenda, no faltó un Judas: Juan de la Cappella que habiendo apostatado, se ahorcó.
Fueron campesinos, obreros, soldados, curas y todos pertenecían o se convertían en "menores" ; así se le llamaba a
la gente del pueblo en Asís, como Pedro Cattani, Fray Silvestre, Egidio, Elías, León, Rufino, Gil, 1\fasseo, Valerin de
Narni, Rinieri, Bernardo, Felipe Lungo de Ancona, etc.
"Tened buen ánimo, carísimos, y alegráos en el Señor,
y no os entristezcáis al reparar en vuestro pequeño número.
No os desanime tampoco mi simplicidad y la vuestra, porque
según acaba de revelarme con toda certeza el Señor, Dios nos
hará crecer en gran multitud y nos llevará hasta los confines de la tierra . .. Ví una gran multitud de hombres que
venían hacia nosotros, deseosos de abrazar nuestro género
de vida y nuestro Instituto, y me parece oir todavía el leve
murmullo de los que iban y venían por los preceptos de la
obediencia santa. Ví que todos los caminos que conducen a
nosotros estaban repletos de gente de todas las naciones.
Llegan los franceses, se apresuran los españoles, corren los
alemanes y los ingleses y adelántase gran multitud de otros
de diversas lenguas." ( Celano: Cap. XI).
Todavía no serán tan numerosos los franciscanos, pero
sí ya se necesitaba una regla escrita para unir y disciplinar
a los hermanos. Esta, hoy perdida, brotó del Evangelio, en

23

las soledades de Rivotorto, localidad cerca de Asís. Francisco
est~~a listo para i~~e a Roma, ~~ora, quería recibir la apro;
bac10n,_ la protecc10n de! Pont1fice. Inocencio III, después
de vanos titubeos, aprobo la Orden de los Frailes Menores o
Mendicantes (no sin haber aportado varias modificaciones a
la misma), después de haber intuído, por fin, la importancia
de tal acto, en una época de luchas político-reli 0 'iosas que revolvían conciencias e imperios.
º
(

,

Podía ya encomendar a sus frailes : .
. "Id, carí~imos, de do.s en dos, a todas las partes de la
tierr~; anunciad a los hombres la paz y la penitencia para
perd?n de los p~cados; se_d pacientes en la tribulación y
confiad que el Senor cumplirá su promesa y su palabra. Preg~ntados, responded con ~umildad y calumniados, dad grac1~s, pues por estos medios se obtiene gran recompensa".
( Celano: Vida de San Francisco, Cap. XII) .
Y de valle en valle, de colina en colina, la palabra del
Santo se extendió en toda Umbría, arriba hasta Toscana,
abajo, siguiendo el Tíber, hasta el Lacio, y, al oriente, sorteando los Apeninos, llegó y penetró en las Marcas C2&gt;.
En San Rufino, Clara Offreducci tomó el hábito de manos del Santo: nacía la Orden de las Clarisas; mientras cientos de hombres dejaban sus casas, sus familias, sus propiedades para seguirlo, imitarlo, para convertirse en apóstoles de
Dios. El verbo franciscano hacía resurgir a Cristo triunfante, en medio de la corrupción del clero y de los laicos así
rejuvenecido y renovado renacía y se fortalecía el Cristianismo. c3&gt;
Bien sabemos cómo las cruzadas fueron un fracaso desde
el punto de vista militar y cómo· resultaron excelente negocio
en lo comercial: este espíritu de conquista, de r_apiña, había
sofocado al religioso. En 1212 cuatro cruzadas se habían
subseguido e inútilmente el Papa excomulgaba a los cristianos de Tierra Santa y lanzaba anatemas contra los que habían quedado en la patria, después de haberlos en vano llamado
al cumplimiento de la sagrada misión de la liberación del
Santo Sepulcro. En esta atmósfera candente germinó uno
de los .más piadosos casos de fanatismo que la historia registra: haciendo eco de las predicaciones de unos monjes exaltados que estimulaban a las "almas puras" de los niños a
partir para Palestina, sin armas ni medios, dado que afirmaban que el mar se abriría a su paso y ·los musulmanes se rendirían frente a ellos, por milagro divino, treinta mil niños

�24

Giaucarlo vou Nacher

San Francisco de Asís

franceses salieron de Borgoña dirigiéndose hacia Marsella.
Otros veinte mil partían de Alemania, cruzaban los Alpes y
bajaban a Italia. Una tropa de frailes acompañaba a los
niños; miles de aventureros, ladrones, prostitutas los siguieron con el fin de saquear las campiñas. Donde pasaba esta
piadosa marcha, la gente huía; los niños caían abandonados,
morían de hambre, de frío, eran devorados por los perros.
Los fra11eeses lograron llegar al mar, las aguas no se abrieron,
pero cayeron en manos de unos "buenos hombres" que les
pagaron el viaje. Dos barcos se hundieron con su carga humana cerca de la Cerdeña y cinco llegaron a su destino. Al
desembarcar los niño.s se encontraron encadenados y vendidos todos como esclavos.

Como afirman las "Florecillas" en la V erna el Santo
pensó en fundar otra orden franciscana, una orden de hermanos laicos entre los que lo seguían: los terciarios.
Dejando las verdes y aéreas montañas, el Santo se dirigió
hacia Roma donde en Noviembre de 1215 se abrió el cuarto
Concilio de Letrán.

.

;

"Al separarse los dos patriarcas, rogó Domingo al bienaventurado Francisco que se dignase darle el cordón con
que se ceñía . .. por último, el uno estrechó la mano del otro,
recomendándose mutuamente con las más tiernas expresiones.
Y Domingo dijo a Francisco: "Quisiera, hermano mío Francisco, que de tu orden y de la mía resultase '\lna sola y que
unos y otros viviésemos en la Iglesia perfectamente unidos."
Y luego añadió dirigiéndose a los que allí se encontraban:
"Os aseguro, en verdad, que todos lo.s religiosos deberían
imitar a este varón santo. ¡ Tanta es la perfección de su
santidad !"

San Francisco sintió despertar en su corazón el viejo espíritu adormecido de las hazañas caballerescas y quiso él
también partir con un compañero uara Palestina, pensaba
hacer renacer en los cruzados la fe en la religión. Se embarcó en Ancona, mas lo sorprendió una violenta tempestad,
su barco fue lanzado contra la costa de Dalmacia. Regresó
lo más pronto que pudo a Ancona y de allí a Asís. No más
afortunada resultó su segunda tentativa, dos años después, en
1214; queriendo llegar a Marruecos, se fue a España, enfermó
y fué obligado a volver.
Antes de salir para España había conocido en Toscana
al Conde Orlando de Chiusi, el cual le había · donado un lugar
solitario entre las montañas de Casentino, la V erna ( o Alvernia). Y allí, en su "beata solitudo, sola beatitudo", pronunció el hermoso sermón de los pájaros
"Pájaros, hermanos míos, vosotros debéis mucho a Dios,
vuestro hacedor, y siempre y en todo lugar lo debéis alabar,
porque El os ha dado libertad de volar dondequiera, os ha
dado doble y triple vestido; porque os permitió sobrevivir en
el Arca de Noé, por el aire donde voláis; además vosotros no
trabajáis y Dios os alimenta igualmente y os da ríos y fuentes para beber sus aguas, os da montañas y valles para vuestro r efugio, y los altos árboles para vuestros nidos; y a pesar
de que vosotros no sabéis coser, Dios os viste a vosotros y a
vuestros hijos : Dios os ama mucho, dado que os da muchos
beneficios; por eso cuidaos, hermano.s míos, del pecado de
la ingratitud, y pensad siempre en alabar a Dios". Oyendo
estas palabras los pájaros todos empezaron a abrir los picos,
tendían los cuellos, abrían las alas y con reverencia doblaban las cabecitas hasta el suelo y con actos y cantos demostraron que las palabras del padre santo les daban mucha
.alegría." (Florecillas, Cap. XVI) .

¿ Se encontró en esta ocasión con Santo Domingo de
Guzmán 1 Parece que sí; escuchemos el relato del anónimo
escritor de "El Espejo de la Perfección":

Santo Domingo, en efecto, había oído a Francisco decir
al Cardenal Hugolino de Ostia: "Señor, mis frailes se llaman
"menores" para que nunca aspiren a ser "mayores". Su misma
vocación les obliga a estar siempre en el grado inferior y a
seguir las huellas y la humildad de Cristo a fin de que de este
modo sean más exaltados por la congregación de los santo'&gt;.
Por tanto, si queréis que produzcan gran fruto en la Iglesia
de Dios, dignaos tenerlos y conservarlos en el estado de vocación, y, si por ventura alguno de ellos fuese elevado al
grado más alto, reducidlo al momento a su primitivo estado.
Jamás permitáis que sean eleyados a las prelacías". (Espejo
de la Perfección, cap. XLII [) .

.' ..

....

La orden franciscana aumentaba, parece que ya eran
seis mil en 1217 ; sabemos que de 1216 a 1219 penetraron en
Portugal, España, Francia, Alemania, Hungría, P olonia, N" oruega e Inglaterra, donde fundaron conventos y conquistaron
afiliados no sin haber encontrado, por lo menos al principio,
hostilidad, incomprensión, insultos y hasta torturas. Fue
entonces cuando se perfiló una vuelta decisiva en la orden,
San Francisco y su ideal no pudieron ser más condivididos
y seguidos por todos. Habían entrado en las órdenes tantos
hombres y mujeres que muchos no conocían siquiera al Santo,
otros bastante cultos creíanse superiores al ingenuo e igno-

�San Francisco de Asís

rante Francisco, otros juzgaban demasiado rigurosa la regla
franciscana: sobre todo la pobreza absoluta, los ayunos, las
penitencias, no gustaban a los nuevos allegados ni a varios
de los antiguos.
La iglesia había siempre inte.µ.tado humanizar la regla,
permitirles tener propiedades para que pudieran sustentarse,
pero siempre se había estrellado frente a la terquedad del
Santo.
Ancona vió embarcarse a Francisco nuevamente hacia
Palestina. ¿Fue aún el ardor caballeresco, el deseo de dar
su vida por la fe, o fueron las discordias con la orden que
lo empujaron a partir ? Sabemos sólo que esta vez, logró
tocar la Tierra Santa: Damieta, San Juan de Acre, Belén,
Jerusalén, recibieron al Santo y sus compañeros, desde 1219
hasta 1221. Y son años de desaliento, de dolor frente a los
estragos, las rapiñas cometidas por los cruzados, frente a la
imposibilidad de convertir al cristianismo a su amigo Malekel-Kamel y a los suyos. Como si no bastara, otras dos terribles noticias sacudieron al Santo: En Marruecos cinco franciscanos, siguiendo el ejemplo de los primeros mártires cristianos, habían "logrado" perder la cabeza después de horribles torturas, llegando así al holocausto. Además un hermano, que había escapado de escondidas, llegó de Italia anunciando que la mayoría de los franciscanos aprovechando la
ausencia del Santo había modificado la regla y dirigía la
orden con puño de fierro.
Francisco regresó, para enfrentarse a una situación mucho peor de la que había dejado ; empezó a comprender que
ya no había gran cosa que hacer. Prefirió seguir su modo
de vida, solo o con los que querían seguirlo. Renunció a la
dirección de la orden, que pasó a Fray Cattaneo, y a su muerte
a Fray Elías, bajo la protección del Cardenal Hugolino.
El Santo de los Santos se aisló para dictar una nueva
regla; que siguió conservando las obligaciones y lo,s deberes
que no gustaban a los nuevos acólitos. Francisco no podía
cambiar o aprobar que aportaran cambios al ideal sublime
de toda su existencia. Luchó contra la delegación franciscana que le declaraba abiertamente que no habría aceptado
una regla igual a la anterior, e inflexible la entregó a Fray
Elías, quien se encargó ... de perderla. Francisco volvió a
escribir otra. Esta vez fue el Cardenal Hugolino y luego
el Papa Honorio III quienes la modificaron y aprobaron por
fin los doce capítulos el 29 de noviembre de 1223. Dos años
antes había sido constituída la orden tercera.

Giancarlo von Nacher

27

Amargado, enfermo y abandonado se retiró con Fray
León, a la soledad de Verna, encerrado en su ingenuo
sueño de hacer vivir a miles de hombres una vida que Dios
sólo había reservado para él, y que nadie jamás pudo seguir
ni soportar.
Allá continuó, a pesar de tantas desilusiones, su maravillosa y utópica obra de amor fraternal, de pobreza, de humildad, de alabanza al Señor :
"Altísimo, Omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda
(bendición.
A Tí, sólo, Altísimo, se dirigen,
y ningún hombre es digno de nombrarte.
En 1223 hizo por vez primera la evocación del Nacimiento; en 1224, allá arriba sobre la montaña de la Vernia,
recibió del Señor los estigmas y poco después compuso la
magnífica laude: "El Canto del Hermano Sol", o de las
criaturas.
Allá siguió amando y dirigiendo sermones a los pájaros,
les habló a los gorriones, a las tórtolas, a los gusanos; para
con ellos su palabra foé más atrevida que la misma· de Cristo:
todos los animales son hermanos nuestros, cada cosa de la
naturaleza, la naturaleza toda nos es hermana.
"Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
el cual da el día, y nos alumbras por él;
y él es hermoso y radiante, con gran esplendor;
de Ti, Altísimo, trae significación.
Alabado sea, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas;
que en el cielo las has formado claras y preciosas y bellas,
Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y la nube y el sereno y por todos los tiempos,
por el cual a tus criaturas das sustento.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil y humilde, y preciosa y casta.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
con el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y robusto y fuerte.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana madre tierra,
la cual nos sustenta y gobierna, y produce distintos frutos,
con coloreadas flores y hierba.

�San Fra11cisco de Asís

Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por
(Tu amor,
·y soportan enfermedades y tribulaciones.

Bienaventurados aquellos que cumplan Tu Santísima
(Voluntad,
porque la muerte justa, no les hará daño.
Alabad y bendecid a mi Señor
y agradecedlo y servidlo con gran humildad."

iBenaventurados aquellos que soportarán en paz
porque por Ti, Altísimo, serán coronados!
Los bosques y los animales de la Verna fueron testigos
del más glorioso y gozoso día del Santo:
" ... vió bajar del cielo un serafín que tenía seis alas
tan resplandecientes, el cual se acercó al punto donde estaba
el sierv? de Dios, con vuelo rápido, representaba entre las
alas la imagen de hombre crucificado, ... Era grande su admiración ante una visión semejante, pues no ignoraba que los
sufrimientos de la pasión eran incompatibles con la inmortalidad de los espíritus celestiales. De aquí vino a conocer,
p_or revelación divina que esta visión le había sido provideneialmente presentada para que, como amante de Cristo comprendiera que debía transformarte totalmente en El no' tanto
por el martirio corporal, cuanto por los amorosos' incendios
de su espíritu. Al desaparecer aquella visión dejó en el corazón de Francisco un ardor admirable e imprimió en su
euerpo una efigie no menos maravillosa, pues al momento comenzaron a aparecer en sus manos y en sus pies las señales
d e los clavos, iguales en todo a las que poco antes había visto
en la imagen del serafín crucificado. Y así era en verdad
. veianse
,.
porque sus manos y sus pies
atravesados 'en el centro'
por gruesos clavos, cuyas cabezas aparecían en la parte interior de las manos y superior de los pies. La cabeza era
redonda y negra, y las puntas largas y afiladas y con evidentes señales de haber sido retorcidas, y así los clavos sobresalían del resto de la carne. De igual modo, en el lado
derecho del cuerpo del Santo aparecía, como formada por
una lanza, una cicatriz roja, de la que a veces brotaba tanta
sangre, que llegaba a humedecer la túnica y los paños menor es." (San Buenaventura, "Leyenda de San Francisco", Cap.
XIII, pr. 3)
Regresó pronto a Asís, donde compuso el cántico del
Ilermano Sol, y allí e.speró la muerte. Cuando la sintió acercarse, se hizo transportar a la Porciúncula y la recibió cantando: era el tres de octubre de 1226:
"Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra muerte
(corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
Ay de los que mueren en pecado mortal;

20

Giancarlo von Nacher

..

El cuerpo fue llevado a San Jorge, cerca de las aulas
donde de niño había hecho sus escasos estudios; después de
su canonización, en 1228, se transportó a la Basílica de San
Francisco, donde más tarde pintaron Cimabue, Giotto, los
hermanos Lorenzetti, Andrés de Bartolo, Simón Martini y
otros.
De dos en dos los hermanos menores, como las golondrinas que volaron en guirnaldas a la muerte del Santo, se
desparramaron en cruz al "occidente, oriente, septentrión y
mediodía", pasaron los Alpes, cruzaron los mares, y el mundo despertó de un prolongado letargo, volvió a tomar forma
y vida; la naturr.leza se vistió de gala, reapareció en todos
sus más fulgurantes colores, en toda su belleza, sensible al
amor y al canto del juglar de Dios, "Santo Francesco", se
abrió en una euforia de luz y de alegría que entró en las
venas, en los espíritus, en los corazones de los hombres. Las
multitudes fueron arrastradas por el recuerdo del Artista
quien antes que Giotto &lt;lió vida y alma a las cosas, del Poeta
quien antes que Dante habló la lengua vulgar, del Santo que
intentó reformar a la Iglesia sin pensar en destruirla, quien
supo crear un movimiento laico-religioso al margen de los
odios y de las luchas de partido. La religión, por lo menos al
comienzo, salió transformada y renovada. &lt;4&gt;
N

O T A S

l . - "Hoc

oratorium fuit bovis et asín! stabulum, in quo na tus est Franciscus mundi speculum". (Inscripción en la capilla del Santo en Asís).

2.- "La provincia de la Marca de Ancona (donde nacieron "Las Floreci-

llas" y se conservó más que en ningún otro lado el franciscanismo),
fué antiguamente, como el cielo de estrellas, adornada de santos Y
ejemplares frailes, los cuales, como luces del cielo han alumbrado y
adornado la orden de San Francisco y el mundo con ejemplos y con
doctrina. Entre otros, fueron primero Fray Lúcido Antico, el cual
fué luciente en santidad y ardiente por caridad divina, su gloriosa lengua inspirada por el Espiritu Santo, hacía maravillosos frutos en sus
predicaciones. Otro fué Fray Bentivogllo de San Severino y Pedro de
Mont icello y luego Servodeo de Urbino ... " (Las Florec1llas : Cap.
XLII) y Conrado de Offida, Beato Francisco de Fabriano, el confesor
del Santo, Fray Raniero de Fabriano, etc.
3.- "En cuanto a las sectas religiosas, demuestran que esta renovación

es indispensable el ejemplo de nuestra religión, que se hubiera extinguido completamente si San Francisco y Santo Domingo

�30

San Francisco de Asis
no la hubiesen hecho retroceder hacia sus principios. Estos santos,
con la pobreza y con el ejemplo de la vida de Cristo, la resucitaron
en la mente de los hombres, donde había muerto. (Maqulavelo: Discursos sobre la primera década de Tito Llvlo, libro III - cap. I).

Otto Duchacek í

4.-Sln el apoyo del Santo, siempre más se recrudecieron las divergencias
entre los frailes, sobre todo laicos, que consideraban traición el abandonar los ideales de la santa pobreza y los que luchaban para mitigar las reglas de la orden. Los primeros se llamaron espirituales, y
más tarde "fratlcelll" (frailecillos); los segundos, conventuales. Entre
los espirituales se contaron hombres como San Antonio de Padua,
Papa Nicolás IV, Papa Celestino V, Jacopon de Todl, Angel Clareno,
etc.; entre los conventuales a Fray Elias, quien logró enriquecerse, mandó construir _la lujosa Iglesia de San Francisco en Asís, y persiguió
a los espirituales hasta que el Papa le quitó el mando de la Orden.
Entonces, E!fas se refugió en la corte de Federico II en Sicilia, ali!
lo alcanzó la excomunión que le fué quitada sólo al borde de la
muerte.

'

.

LOS CAMPOS LINGUISTICOS'

EL

léxico de cualquier lengua no consiste en la mera suma de las palabras de dicha lengua, sino
que es un sistema en el que cada palabra ocupa su lugar, de
acuerdo con sus acepciones y relaciones con otras palabras.
Y es en virtud de esas relaciones que los significados de las
palabras se precisan o modifican. Como la mayor parte de
las palabras son 'polisémicas', sus .sentidos precisos y exactos
no aparecen nada más que en el contexto establecido por la
unidad y el sentido de la frase en que se utilizan; por
ejemplo, la palabra operación tiene muchos sentidos virtuales, pero no tiene más que un sentido (contextual) en la
frase : prosiguen las operaciones en la montaña. Sin embargo,
es necesario conocer la situación para saber lo que significa
la frase : era una operación difícil, porque la palabra operación y, consiguientemente toda la frase, pueden tener distintos sentidos según sea la situación en que se la pronuncie
o según la persona que la enuncie (médico, militar, banquero, obrero, agricultor, etc.). Otro ejemplo : el sentido de
joli es 'bonito', opuesto a laid 'feo', pero no lo es en comparación con beau, splendide, vénuste, magnifique, etc.

Desde 1312 se agravó la situación, tanto que los espirituales se
mezclaron con una secta hereje: los flagelantes de Juan Borelll de
Parma, colocándose en abierto conflicto con la Iglesia. De ciudad en
ciudad iban predicando, sublevando a la gente sedienta de paz y de
fanatismo; de sus plegarias cantadas nace la "balada" dirigida a
Dios: la Laude.
Como cayeron bajo la excomunión papal, los franciscanos de las
Marcas, más fieles a la regla, fueron los primeros en sufrir las consecuencias. Luego la Inquisición se ocupó de ellos en Italia (varios
fueron quemados en Fabriano), en Provenza, España, Grecia. En
1466 los últimos espirituales desaparecían.
BIBLIOGRAFIA

Velázquez "San Francisco de Asís" México 1940.
Bargellini "San Francisco de Asís" Buenos Aires 1946.
Quaglia "L'originautá della regola francescana" Sassoferrato 1943.
Englebert "Vida de San Francisco de Asís".

Dion ys ios de Tra cia (170-90 a.O.) comprobó
ya en su Techne grammatike que hay relaciones contextuales,
sintácticas y semánticas entre las palabras. Llamó la atención, no solamente sobre los sinónimos, sino también sobre
las parejas de palabras, tales como :

De Sanctls "Storia della Letteratura Italiana" Bar! 1944.

Merejokwsky "Saint Francols d'Asslse" París 1941.
Chesterton "San Francisco de Asís" México 1956.
"San Francesco d'Assisl-I Fioretti e le conslderazloni delle Stlmmate"
Milán 1949.

ni.ix 'noche'- eméra 'día'; zánatos 'muerte'- Zoé 'vida'; patér
'padre'- niós 'hijo'; fílos 'agradable', 'amable', 'amante'oP:¡¡_ÍOs 'verdadero', 'favorable', 'sabio'&lt;1&gt;

Gebhart "La Italia Mística" Buenos Aires.
Fray Juan R. de Legíslma y fray Lino Gómez Canedo "S. Francisco de
Asís" Madrid 1961.
incluye: opúsculos del Santo
escritos líricos
Florecillas
Celano: Vida de S. Francisco
S. Buenaventura: Leyenda de S. Francisco
Espejo de perfección
Leyenda de los tres compañeros.

Durante siglos, los gramáticos no. se ocuparon, desde el
punto de vista teórico, de este problema, pero, como ya se
ha probado, durante la Edad Media se le dió extraordinaria
-31-

\

�32

Los Campos Lingüísticos

importancia, por la moda en que se pusieron los 'nomenclatores', es decir, diccionarios en los que las palabras no estaban ordenadas alfabéticamente, sino de acuerdo con sus conexiones semánticas.
Sin embaroo
fue en el siglo XIX cuando comenzaron
O
a aparecer los ;rimeros ensayos cientí~icos ]?ara_, descu?r~:
un sistema en el léxico. Esta clase de mvestigac10n rec1b10
un gran impulso por los resultados &lt;;Ie las nuevas cienci~s
lingüísticas (la semántica y, algo mas tarde,_ la geografia
lingüística) y se inspiró en el método de Ferdmand de Saussure ( estudio sincrónico de la lengua) . Su alumno y sucesor Charles Bally, se ocupó de estos mismos problemas en
su e~celente Traité de Stylistique francaise.
Han intentado sistematizar el léxico sobre una base
científica: W . Humbolt, Fer. Becker, C. .A.bel, G. von Gabelentz y, sobre todo, P. M. Roget (Thesaurus of English Words
and Phrases, London, 1852), F. Dornseiff (Der deutsc~e
Wortschatz nach Sachgruppen, Berlin 1934), Casares (Diccionario ideológico, Madrid, 1942), R. H~~hg co_n W. "?n
W artburg (Begriffssystem als Grundlag~ fur Lexiko_graph1e.
Versuch eines Ordnungsschemas, Berlm, .Akademieverlag,
1952) . Para más detalles cfr. K. Baldinger (Die Gestaltung des
wis'3enschaftlichen Worterbuchs. Romanistiches J ahrbuch
1952, 65-94).

r

Sin duda alouna se tr ata de importantes tr abajos, pero
está comprobad; qu~ los trabaj os lexicológi~os, semánticos
y onomasiológicos aún no son tan numerosos 111 han ayanzado
tanto como para llegar a una solución definitiva de este
problema extremadamente difícil. . Sin e~bargo, los ,e.~1Sayos
mencionados y otros que no he citado, tienen el me1 lto
llamar la atención hacia ' diferentes problemas Y, adema-;,
proponen diferentes f~rinas d_e proced_er en la inve~tiga~ióa_;
sus adelantos, ventaJas e mconvementes so11 di~cut1bl~s.
.Antes de poder abord~r el problem3: propuesto, s~ra preciso
multiplicar y profundizar los estudios sobre la mt~rdependencia de las palabras y, especialmente, sobre los diferente'&gt;
campos lingüísticos.

?e

Intentaré presentar un br eve esquema histórico de la
génesis y del desarrollo de los estudios que se han hecho
sobre los campos lingüísticos
F. de S a u s sur e fue el primero que se consagr~ al
estudio de estos problemas en forma verdaderamente cientüica (cfr. Cours de linguistique générale, Par ís, Payot 1922

Otto Duchacek

33

ó 1949, 170-175) .&lt;2&gt; Estableció que toda palabra puede servir
de punto de partida a tantas series asociativas como r elaciones
existan; dice: "así en enseignement, enseigner, enseignons,
etc. (enseñanza, enseñar, enseñemos) hay un elemento común
a todos los términos, el radical ; pero la palabra enseignement
(enseñanza) se puede hallar implicada en una serie basada en
otro elemento común, el sufijo ( cfr. enseignement, armement,
changement, etc., enseñanza, templanza, esperanza, tardanza,
etc.) ; la asociación puede basarse también en la mera analogía
de los significados ( enseñanza, instrucción, aprendizaje, educación, etc.), o, por el contrario, en la simple comunidad de
las imágenes acústicas (por ejemplo, enseignement y justement, o bien enseñanza y lanza) (loe. cit. p. 173-174). La
primera serie asociativa se basa eri la etimología, por tanto,
en la semejanza de la forma y del sentido, al mismo tiempo;
la segunda, en la unidad del sufijo; la tercera, en la afinidad
del sentido; la cuarta, en la semejanza de la imagen acústica.
F. de SaUBsure afirma, además que "los términos de una
familia asociativa no se presentan ni en un número definido
ni en un orden determinado" (cfr. le. p. 174) y que "un
término dado es como el centro de una costelación, el punto
donde conver gen otros términos coordinados cuya suma es
indefinida" (le. p. 174) y lo demuestra por medio de la figur a
siguiente:
ENSEÑANZA
V

enseñar
enseñemos
etc.

V

aprendizaje
educación
etc.

V

templanza
esperanza
etc.

V

lanza
balanza
etc.

Cr eo que se trata, en este caso, únicamente de tres clases
de asociaciones: la primera está basada en la afinidad doble
de la forma y del sentido (palabras emparentadas etimológicamente) ; la segunda, únicamente en la del sentido ; la tercera en la semejanza parcial de la forma ( en el caso citado,
la identidad del sufijo o de la terminación de la palabraidentidad de la forma, no del origen).
Ch ar l e s B a 11 y ha continuado y elaborado la idea
de su maestro F. de Saussure (cfr. principalment e 'La arbitrariedad del signo', FM 1940, p. 195 y ss. ). Según él, el
campo asociativo de una palabra está formado por las palabras cuyo valor se determina especialmente al asociarse en
la memoria: "noción totalmente relativa, puesto que todo, en
la lengua, está, al menos indirectamente, asociado al todo ...

�34

Los Campos Lingü.í sticos

El campo asociativo es un halo que circunda al. signo y cuyas
franjas exteriores se confunden con su ambiente".
Bally observa que "el campo asociativo presenta difewucias de un individuo a otro, pues cada uno modifica, en
:alguna forma, la lengua común ... ; la diversidad de profusiones crea una diversidad paralela en la elección de las
asociaciones del primer plano: la palabra arbre (árbol) no la
·conciben en la misma forma un botánico, un leñador, un
-carpintero, un pintor". Por tanto, "cada comunidad lingüíst ica, en su totalidad, agrega a los signos de la lengua ciertos
-valores que tienen este triple carácter : existen en estado
latente en todos los sujetos, no corresponden exactamente .a
los datos de la realidad ( es decir, a la significación) y final:me.11.te, y como consecuencia, difieren en alguna forma de un
idioma a otro para designar nociones objetivas idénticas".
Para demostrarlo pone un ejemplo: 'la palabra Boeuf
('buey') hace pensar : lo. en v~ch~ 'va.ca'; 'taureau, 'to~o'.,
veau 'ternero' corne 'cuerno', runner rumiar, beugler mugir,
etc.• o en l~bour 'labor', charrue 'arado', joug 'yugo', etc.
en ~ia~de 'alimento' abattoir 'matadero', boucherie 'carnicería etc. y 3o. puede' desempeñar, y desempeña, ideas de fuerza,' de resistencia, de trabajo paciente, pe~o tambié~ de l~ntitud, de pesadez, de pasividad". En la ~mmera. sene ~ociativa se han citado palabras que enuncian noc10nes ligadas
excl~sivamente a la de boeuf ('buey'). En la segunda, se han
clasificado las palabras que expresan el punto de vista del
hombre cómo éste considera los trabajos que hace el buey
y el pr~vecho que saca despué~ de matarlo (y también todo
lo que está ligado con la idea de m_at~rlo). Verdaderamente
se trata de dos series claramente d1stmtas. Las palabras de
la tercera serie expresan las cualidade.s del buey o bien las
que el hombre le atribuye.
Bally menciona después cómo , se refleja todo esto e1;1 el
lenguaje figurado: lo. un vent a decorner les boeufs, 1:11111ner
une idée ; 2o. mettre la charrue devant les boeufs, la piece de
boeuf ('la chose essentielle') ; 3o. fort comme un boeuf, c'est
un boeuf pour le travail, un gros boeuf. Bally comprueba
que las asociaciones no son idénticas en todas las lengt~as.
.Añadiré que este es el caso, sobre todo, en la tercera sene.
La idea del campo asociativo, lanzada por Saussure, bien
meditada y perfeccionada por Bally, es muy fecunda. Sin
embargo, es preciso confesar que la concepcio' n de B~lly no
,es suficiente por sí misma para captar todas 1as re1aciones y
conexiones entre palabras más o menos próximas por su

{)tto Dnchacek

35

sentido. Intentaré identificar, completar y clasificar estas
,conexiones. Me parece más exacto e instructivo repartirlas
en dos grupos principales: l o. relaciones que resultan de la
.situación o del contexto de una frase. 2o. relaciones que
.resultan de la conexión de sentido o de la forma, o bien, de
la conexión del sentido y de la forma simultáneamente.
En cuanto a la relación contextual, se puede observar que,
en una frase, el sujeto puede formar una unidad estructural
con su epíteto, con el verbo y, por medio del verbo, con el
atributo; el verbo puede formar una unidad estructural con
-el sujeto, con el complemento, con el atributo o con el complemento circunstancial, etc.
Otra clase de conexión contextual es de la que se ocupa
B e 11 i n - M i 11 e r o n en La réforme de la connaissance
(París, Arrault et Cie. 1942), donde estudia la influencia de
1as asociaciones que se crean en virtud de correlaciones lingüísticas privilegiadas, de uniones frecuentes de ciertas palabras ( en los textos revolucionarios, por ejemplo, Ley o
·patria) con otras palabras (tales como Bien Común, Pueblo,
·unión, Felicidad, Virtud, Lib.ertad, Sacrificio) ; se acaba por
identificar las palabras empleadas en idénticas situaciones y
.asocaciadas ordinariamente a las mismas palabras.
Las relaciones que se establecen por la conexión del
.sentido y de la forma son múltiples y se las puede ordenar
-como sigue
lo. Las palabras emparentadas etimológicamente están
generalmente unidas por afinidades de la for ma y del sentido,
a la vez. Evidentemente, puede ocurrir que se deje de sentir
.su conexión ya sea que, como resultado de la evolución semántica, las palabras acaben por tener acepciones completamente diferentes o que ya no se perciba su parentesco etimológico como resultado de una evolución fonética muy rápida.
2o. En lo que concierne a la forma, se pueden agrupar
las palabras :
a ) según una clasificación gramatical, es decir, según las
categorías de las palabras, las terminaciones, los modelos de
las conjugaciones, etc. por ejemplo los verbos del tipo finir,
·1os sustentativos en - erie, etc.
b) en forma puramente mecánica, por ejemplo, según la
identidad de la sílaba final de ciertas palabras; por ejemplo
- ment en los adverbios (lentement, prudemment . .. ) y en
los sustantivos ( enchantement, changement . .. ) ; los paróni-

�Los Campos Lingüísticos

36

mos presentan una semejanza de grado superior (tache-tache,
mourir-nourir bnm-brin) •1 en cuanto a los homónimos se
puede observ~r incluso la identidad de la forma, sea fónica
únicamente (homófonos: cent-sang-sans, verre,ver-vers), sea,
simultáneamente, fónica y gráfica (homógrafos: le page-la
page, el adjetivo tendre y el infinitivo tendre.
3o. Según la relación de sentidos son conexos :
a) los sinónimos, palabras de sentido semejante o incluso
idéntico, p. e. : vénuste, beau, joli, splendide, etc.
b) los antónimos, palabras de sentidos opuestos: amour-

haine, long-court, lentement-vite, etc.
Considerada la extensión semántica, ciertas palabras
pueden ser:
a) subordinadas a otras, por ejemplo carpe a poisson,

peuplier a arbre, violette a fleur.
b) coordinadas entre sí, por ejemplo carpe, broche~, saumon, anguille, hareng, et~. · (todas ellas es!!n sub~rd~nadas
en el mismo grado a po1sson cuya extension semantica es
mucho más amplia).
Existe una conexión evidente no sólo entre la especie Y
el individuo (poisson-carpe, blé-froment) sino también entre
el colectivo y el individuo (armée-soldat, foret-arbre), entre
el todo y la parte (maison-toit), entre el productor Y el
producto (b?ulanger-pain), .e~tre la materia f el prod~cto
(crayon-dessm), entre e~ recipiente y el contemdo (bouteillevin), etc. Estas conexiones son tan estrechas que ~uchas
veces se desir,na el producto por el nombre de la materia con
que está he~ho (marble 'estatua de mármol'), por el del
instrumento ( crayon 'dibujo con crayón'), _con. el del productor (stradivarius 'violín hecho por Stradivarrns') o con el
del lugar donde se ha producido la cosa u objeto, roquefort
('queso fabricado originariamente en Roquefort'), etc.
El número y la heterogeneidad de las relaciones semánticas se ven aumentados porque los sentidos de las palabras
no son constantes
En mi opinión, sería mucho más razonable definir el
sentido de la palabra como la realización t?tal de tod?s _sus
elementos semánticos, es decir, de la do_mmante semantica,
de los elementos nocionales complementarios y de los valores
extranocionales (afectivos, expresivos, estéticoi,, morales).
Suele ocurrir que éstos no son los mismos en el sujeto ha-

Otto Dnchacek

37

blante y en el interlocutor. En uno y en otro, pueden, por
otra parte, ser muy diferentes según su edad, catácter, etc.
y, sobre todo, según las circunstancias.
A título de ejemplo tomemos la palabra institutor. El
dominante semántico es indiscutible ('persona encargada de
instruir a los niños'), pero sus elementos complementarios
difieren mucho en los distintos individuos. Se pueden comprobar ciertas diferencias en lo que se refiere a los elementos
nocionales y diferencias mucho más considerables en cuanto
a los elementos afectivos. Ni los unos ni los otros son los
mismos en el instructor y en los alumnos ; en lo que se refiere
a éstos, son, sobre todo, los valores extranocionales los que
más se diferencian según su edad, inteligencia, cualidades y
defectos. Dependen igualmente del carácter del instructor,
de su severidad, de su tacto pedagógico y de otros mil factores.
La opinión de muchos alumnos cambia después de haber
abandonado la escuela, sobre todo años después, cuando han
adquirido cierta experiencia de la vida. Sin embargo, las
opiniones de los padres de los alumnos son diferentes. Dependen de su carácter personal, del de sus hijos, del de los
maestros encargados de la instrucción, etc. Las resonancias
afectivas de la palabra institutor pueden, por lo tanto, ser,
según los individuos y las circunstancias, muy vivas o casi
nulas.
Creo haber demostrado que el sentido de la palabra, aun
cuando el dominante semántico permanezca estable, quizá
como consecuencia de su complejidad, es variable en sumo
grado según las circunstancias, el medio ambiente, la edad y
el carácter del sujeto hablante o del interlocutor y aún quizá
de la persona designada.
El cambio semántico es, evidentemente, mucho más grande si es el dominante el que cambia. Esto sucede no solamente en la lengua poética (metáforas, metonimias, etc. que,
por otra parte, pueden lexicalizarse) sino también en el lenguaje ordinario y, sobre todo, en las lenguas especiales.
H . S p e r b e r (Einführung in die Bedeutungslehre, p.
45-49) ha demostrado que la esfera del interés individual y,
sobre todo, la de un grupo posee una fuerza expansiva (por
las expresiones especiales, los miembros de cierto grupo designan las cosas, los fenómenos y las acciones que pertenecen
a la esfera de la lengua común y que nada tienen que ver
con su profesión, como por ejemplo los soldados) y, al mismo
tiempo, una fuerza atractiva, es decir, que se pueden emplear
expresiones que pertenecen a la lengua común para designar,

�38

Otto Duchacek

Los Campos Lingüisticos

por ejemplo, las máquinas y los instrumentos de los que se
sfrven únicamente para el ejercicio de su ·profesión.
El estudio del conjunto de relaciones de una palabra en
toda su complejidad y en toda su hetereogeneidad puede, sin
duda alguna, dar resultados muy fecundos, pero no sirve para
establecer el .sistema del léxico. Y es por eso por lo que se
ha intentado limitar el estudio a las relaciones susceptibles
de ofrecer cierto interés. Para lograr encontrar la estructura
del léxico, se han comenzado a estudiar los campos semánticos.
A . S t o h r ha sido el primero que ha utilizado esta expresión en su Lehrbuch der Logik in psychogisierender Darstellung (Leipzig. Wien, 1910, passim) .
G . I p s en introduce esta expresión por vez primera
en los estudios lingüísticos en su artículo 'Der alte Orient
und die Indogermanen' en Stand und Aufgaben der Sprachmissenschaft. Frestschrift für Streitberg (Heidelberg. 1924).
En la página 225 afirma: 'Además, la~ palabras ~ropias nunca
se encuentran solas en una lengua smo que estan ordenadas
en grupos significativos; esto no quiere decir 'grupo etimológico' y menos aún palabras 'encadenada~' al~ed~~or .de
raíces quiméricas, sino aquéllas cuyo. conte~nd? . sig~ificativo
objetivo está ligado a otros contemdos sigmf~catr\'os. ~ o
se entiende esta unión como una cadena en un hilo de asociación sino en tal forma que todo el grupo comprende un campo
de significados que forman un esquema entre sí; como en un
mosaico, se unen las palabras con las palabra~, que son _de
forma diferente, pero de tal manera que las Junturas ~omciden entre sí y todas las palabras juntas forman una umdad
de significado de grado superior y no una vaga abstracción".
Por tanto Ipsen intenta ordenar las palabras no de
acuerdo con ~u afinidad etimológica ni con su conexión
asociativa, sino segím su contenido semántico, de manera que
una se encuentra colocada inmediatamente después de la otra
como las diferentes piezas de un mosaico. El conjunto de
palabras dispuestas de esta manera, según Ipsen, forma una
unidad de orden superior. En su artículo Der neue Sprachbegriff (Zeitschrift für Deutschkunde 46, 1932, p. 14) repite
la misma idea pero en forma más meditada: El campo semántico es uda unidad mental de un orden superior en el
que las palabras están colocadas u~as al lado de }as_ ot~as,
precisamente de acuerdo con sus contornos semanticos . , Y
cubren así completamnte y sin lagunas, la esfera en cuest10n
que ellos ~eproducen en cierta forma, lo interpretan por sí
mismos y constituyen así el concepto concreto.

'

-·

39

W • _P ~ r z ~ g ~n su libro Aischylos (Leipzig, Wiegand,
9
19-_6,
p. v5-::&gt;6), rnspirado en la concepción de Ipsen trata de
aplicarla al sistema de la lengua y de esclarece~ con la
ayuda de J?s campo_s ~emánticos, la organización d;l mundo
Y del e~pirit_?- ~e di:,tmtas épocas. La influencia fastidiosa
d_e la filosofia idealista alemana se siente en su obra q
sm emb~rgo~, contiene algunas ideas fecundas. Entre 'ot~:~
cosas, dice: Las palabras remiten a las cosas que designan
Pei:o a pesar de, esta relación de las palabras al mundo ex~
tenor, que las aisla, hay, al mismo tiempo, conexiones recípr?cas ent~e las palabras. De la misma manera que los
obJetos designados están juntos en un todo ( el mundo ) 1
palabras forman también una unidad- el sistema d' fs
lengua. To~~ lengua tiene su sistema semántico partic~la:
cuya_ repartición ~s característica de ella. En el interior d¡
un ~ist~ma, las diferentes palabras se juntan en los campos
se~antico~ que son, ~ su vez, miembros de campos semánticos
mas ª1:1;Pho~. Lo_s dif~rentes campos no tienen ni la misma
e~tens101: m Ia misma import_ancia en el sistema de la lengua.
Ciertos campos forman los pilares del sistema y alrededor de
:llos. se agrupan los demás. Sus conexioues mutuas y sus
1elac1011es en el e~tado real de las cosas constituyen el espíritu
de la le~g?-~- ~,1empre que nace una nueva época creadora
en u~a civih~aci_on, la posición mutua y los contenidos de los
camb10s semanti:~s fundamentales y r ectores se establecen
de nue,vo. El e.sp;,ntu de la nueva época se puede comprender
a trayes ..~e _ellos . Todo lo que sigue es más bien misticismo
que lmgmstica. No creo que sea útil detenerse en esto.
En, un ~rtículo posterior 'Wesenhafte Bedeutungsbeziehungen (Be1trage z_ur deutschen Sprache und Literatur. 58,
(1934], 70-97) se refiere a_ los materiales concretos, lo que le
lleva a abandonar las noc10nes problemáticas del espíritu de
la lengu~, del espíritu de la época, etc. Estudia esta vez
las rela~ione~ reciprocas de las palabras en los contextos y
en las situaciones dada~ .. En su opinión, el campo semántico
elemental_ se compone umcamente de dos palabras, por ejemplo aller-Jambe, aboyer-chien, fleurir-plant, abattre-arbre.
Sin embargo, se puede ampliar el campo semántico ele•
mental añadien_do otras palabras que, en una frase, podrían
llegar a ser ~uJetos o complementos de los verbos de que se
trate, por eJemplo: abattre-chene, hetre • aller-chval ane
chameau; lo que está conectado con la ac~ión de escribir e~
el h~mb~e, la mano, el escritorio, la escritura. Además, dice
Porzig, mcluso las palabras emparentadas etimológicamente
pueden formar campos semánticos, porque "no se puede

�40

Otto Duchacek

Los Campos Lingüísticos

martillar más que con un martillo, sólo un juez puede juzgar".
Añade también que los dos miembros de un grupo semántico
pueden unirse, por ejemplo en latín, en lugar de equo vehi
se puede decir equitare.

En total desacuerdo con su concepción del campo semántico, afirina que todas las acepciones de una palabra se
corresponden. Lo que él llama campo semántico sería mejor
llamarlo 'campo sintáctico'.
Consecuentemente, se acerca a la concepción de G .
.Ipsen en su Das Wunder der Sprache (Bern, Francke 1950).
En la página 71-74 dice que toda palabra forma parte de
cierto encadenamiento de ideas y que el reconocimiento de
estas conexiones permite clasificar todo el léxico en campos
semánticos, independientemente de su etimología. Distingue
dos grupos de campos semánticos : "aufteilend", que contiene
conceptos abstractos y cuyos límites son muy vagos, y "eingreifend" cuyos límites son muy precisos aun cuando no se
trate de campos elementales. A.l mismo campo que la expresión de una acción pertenecen las expresiones que designan al que las ejecuta, los objetos de los que se sirve y los
efectos del trabajo, por ejemplo: cuire, boulanger, pate, pétrin, poele, pain, gateau.
Es necesario esperar a J o s t T r i e r para tener el
estudio sistemático y bien pensado de un campo lingüístico.
Reemplaza el término "Bedeutungsfeld" ( campo semántico)
por "sprachliches Feld" ( campo lingüístico) y emplea, además, los términos "W ortfeld" ( campo de una palabra),
"Zeichenfeld" ( campo de un signo), "Wortzeichenfeld"
( campo de una palabra-signo) y "Begriffsfeld" ( campo conceptual o nocional).
En su libro t itulado Der deutsche Wortschatz im Bezirke des Verstandes. Die Geschichte eines sprachlichen Feldes
(Heidelberg, Winter 1931), examina las palabras que pertenecen al dominio del entendimiento. Para esto, analiza muchos textos del antiguo alto alemán y del alto alemán medio,
agrupados según la época de su origen y según el género
literario al qne pertenecen. Cita frases que encierran las
palabras estudiadas, da sus significados y acaba analizándolas.
Comprueba que las palabras más importantes y las que
se emplean con más frecuencia en el dominio del entendimiento
son kunst, list, wisheit, wizzen, sin, witze y sus derivados;
que hay, entre estas palabras, diferencias de sentido (tanto
en su contenido nocional como en su valor afectivo ) ; que sus
conexiones mutuas y su frecuencia varían no solamente según

'

.

41

la época del origen de los textos, sino también según el género
literario y según la individualidad de sus autores. Trier
tiene la convicción de que las palabras que pertenecen a un
campo lingüístico dependen la una de la otra y que su significado está precisado por palabras semánticamente vecinas
(sinónimos, antónimos, etc.), así como por la estructura del
campo de que se trata. Demuestra a continuaeión que la
estructura y los límites de los campos lingüísticos cambian.
Una modificación semántica de una sola palabra puede desequilibrar todo un grupo de palabras contiguas hasta el
momento en que, por una serie de otras modificaciones, se
establece un nuevo equilibrio en el campo lingüístico. De
acuerdo con Porzig, Trier cree que el estudio de los campos
lingüí.sticos facilita la comprensión del "espíritu" de las
lenguas y de los pueblos.
Trier continuó su escrupulosa investigación de todo el
conjunto de problemas de los campos lingüísticos en los
artículos "Die Worte des Wissens" (Mitteilungen des Universitatsbundes Marburg 1931, p. 33-40), "Die Idee der Klugheit in ihrer sprachlichen Entfaltung" (Zeitschrüt für Deutschkunde 46, 1932, p. 625-635), "Sprachliche Felder" (Zeitschrüt für deutsche Bildung 8, 1932, 417-427), "Deutsche Bedeutungsforschung (Germanische Philologie, Festschrüt für
Behagel, Heidelberg 1934, p. 73-200, cf. sobre todo p. 175 y
189-196) y "Das sprachliche Feld" (Neue Jahrbücher für
Wissenschaft und Jubendbildung 10, 1934, 428-449).
En este último artículo, Trier afirma que el léxico no se
divide en palabras, sino en grandes entidades que se fraccionan a su vez en entidades más pequeñas y así sucesivamente. A.sí por ejemplo la palabra gescheit es uno de los
miembros de un todo al cual pertenecen también weise, klug,
schlau, gerissen, gelehrt, erfahren y gebildet; el todo formado
por estas palabras forma parte de un todo más amplio al que
también pertenecen las expresiones de las cualidades éticas,
estéticas y .sociológicas, etc. ( cf. p. 430). En oposición a
sus predecesores, que proclaman que las palabras se unen en
entidades semánticas más altas (campos), Trier toma como
punto de partida el léxico como entidad de la que, por una
escisión progre.siYa, se puede llegar primero a campos lingüísticos más o menos amplios que a su vez, también, se dividen.
Se llega así hasta unidades léxicas que él concibe como
partículas de campos lingüísticos, formados por palabras
semánticamente emparentadas.

�42

Los Campos Lingüísticos

. ?ri~r está pe!suadido de que la estructura de los campos
lmgmsticos, lo mismo que los cambios de esta estructura la
evolución semántica de los distintos miembros de un ca~po
y l os cambios de sus relaciones mutuas, están influenciados
por h echos históricos y maneras de ver que dependen frecuentemente de estos mismos hechos.
Para demostrarlo, compara la estructura del campo lingüístico del saber (sabiduría, ciencias, artes, modo de vivir,
etc.) en el período cortesano del siglo XII con la estructura
del mismo campo hacia 1300 con lo que se anticipa a la tesis
Der intellektuelle Wortschatz Meister Eckehardts (M:ünster
1934) cuyo autor es H. Se h ne i d e r.
Hacia 1200, la estructura del campo lingi.Üstico de que
se trata se presenta en la conexión mutua de tres palabras
principales: wisheit, kunst, list &lt;3&gt;. Kunst implica el conocimiento y la maestría de las costumbres caballerescas, la disciplina perfecta del espíritu así como la del cuerpo, la manera
de pensar y de obrar de un caballero y, circunstancialmente,
el arte de un poeta cortesano. Künste es una expresión que
designa a cier tas partes de las "septem artes" que eran propias de la corte: la poesía, la música, la pintura, y, en cierta
medida, l a arquitectura y aun el conocimiento de las lenguas.
Por el contrario, la habilidad en el combate de los que no
eran nobles, toda la producción de la artesanía e incluso
ciertas ciencias, como la astronomía y la medicina, se designan superficialmente por medio de la palabra list que
señala también a la magia y a la educación y que, consecuentemente, puede comportar un matiz peyorativo. Kunst designa, por tanto, un grado superior, list un grado inferior
del dominio del saber, de la sabiduría, de la ciencia, del arte,
de la cultura. Es el punto de vista ético y estético de la
sociedad feudal de la corte el que da el criterio de la superioridad o inferioridad de una ciencia, arte, etc.
En la obra de Eckehardt, las palabras fundamentales
para designar conceptos intelectuales son wisheit, kunst y
wizzen. Pero las r elaciones entre kunst y wizzen son muy
distintas de las que existían entre kunst y list un siglo antes.
Por tanto, no se trata de una suplantación de list por wizzen.
Incluso las relaciones entre wisheit, por una parte y wizzen
por otra, no son las mismas que se han podido comprobar
entre wisheit y kunst o list. Wisheit ya no designa las ciencias
ni las artes particulares, ni aun en su totalidad ( que se expresa por medio de wizzen y kunst). Como compensación,
llega paulatinamente a convertirse en la designación de la

Otto Duchacek

43

sabiduría personal ( en Eckehardt, en una concep~ión_ místi~a
y religiosa). El campo de las artes y de las ciencias deJa
de ser contemplado desde el punto de vista de la nobleza
feudal ( es decir, los conocimientos y las habilidades propias
de la corte, y se comienza a distinguir la ciencia de las artes.
Como los cambios se efectúan en la época en que la.
burguesía comienza a apoderarse de posiciones importantes
dentro del E stado, está claro que el punto de vista feudal
se borra por influencia de las realidades históricas, políticas
y sociales que han hecho cambiar la forma de pensar. Esto
se refleja en las nuevas acepciones de las palabras que se
influencian recíprocamente (unidad dialéctica ) . Los cambios
semánticos nos permiten, por tanto, seguir la · evolución de
las for mas de ver. Es muy instructivo y muy interesante
comparar el mismo campo lingüístico en las diferentes etapas
de una misma lengua.
L. W e is~ e r be r (Vom Weltbild der deutschen
Sprache, Düsseldorf, Schwann 1950) adopta, en principio, la
concepción de Trier, pero mo?_ificán~ola. S~g_ún él, lo_s caD;pos lin~üísticos cuya formacion esta condic10nada snnultaneamente por factores lingüísticos y extralingüísticos (64),
representan verdaderas unidades de la lengua ( 65) . Las
palabras pueden constituir simple~ _series (la gama de las
notas las series de cifras), superficies (los nombres de los
color;s) y capas o "unidades de creencia" (Wachstumganzheit - cf. Le. p. 69) .
G . M: a t O r é {La méthode en lexicologie. Domaine
francais, P aris, Didier, 1953) se inspira, también, en la º?ra
de Trier, pero su concepción es, sin embargo, bastante diferente, puesto que l a filosofía idealista vossleriana le es completamente extraña. Es uno de los ~·e?resentantes de ~~ concepción sociológica. Según él, el lexico es la exp~es1,o~ de
la sociedad (Le. 62) y e'l reflejo de los hechos sociologicos.
Pretende descubrir un principio que permita "determinar
las r elaciones entre la palabra y el concepto en la conciencia,
por una parte, y en la sociedad, por otra", l o que . "p~d!ía
resolver el problema de la naturaleza del hecho lex1colog1co
y, consecuentemente, el de la naturaleza del hecho soceial"
(l.c. p. 92) .
Según él, es necesario buscar "en cada época, el o los
factores dominantes, en función de los cuales los hech?s
sociales y lexicológicos se coordinan" (93). Por eso, se aleJa
del punto de vista puramente lingüístico, aunque su concep-

�44

Otto Duchacek

Los Campos Lingüísticos

El campo morfo-semántico de una palabra comprende,
según él, todas las palabras que pueden relacionarse, sea por
su forma, sea por su sentido (a la palabra chat, se pueden
referir 2,000 palabras). A continuación, excluye todas las
palabras que están en contradicción con "los criterios históricos" o "que se resisten a ser integradas en algunas de las
leyes que estructuran el campo". .Así, se restringe el campo
de la palabra chat a 300 palabras (cf. l.c. p. 286) . Guiraud
define el campo lexicológico como el conjunto de conexiones
que motivan el término de que se trata; sin embargo, .es necesario advertir que la estructura del campo no se puede
comparar con el sistema fonológico.

r.ión d_ifiere, de la de 1~ escuela idea~is~a !11emana : seguu él,
. I~_,1e~1cologia no e~ mas que una d1Sc1plrna puramente ling~tica, pero al mismo tiempo sociológica, psicológica e histor1ca (51), i _no, ~fmo a_f,irma en la página a11terior, puramente soc1ol?g~ca_: Tam~ie? _podremos ?~finir la lexi~ología
como una d1sc1phna soc10log1ca que utiliza el material lingüístico, que son las palabras".
Matoré opina que la palabra no puede disociarse del
grup? al que pertenece y que las palabras de cada grupo
coE'8tituyen una estructura jerarquizada que puede variar.
.Anade que el vocabulario forma un todo como la época que
representa (62). Esta afirmación, que sería tan difícil de
ne~ar 1;07:110 de demostrar, es el punto de partida de la teoría
lex1colog1ca de Matoré. Deduce que conviene estudiar el
léxico limitándose a los períodos que representan la vida de
una generación (alrededor de 33 años). Esta periodización
es muy problemática y discutible.
Matoré pretende que cada uno de los períodos está
car~cterizado p-0r ciertas palabras-testigo, es decir, por neologismos, cuyo nacimiento en dicho período y en la comunidad
lingüística de que se trata, está determinado por una nueva
situ~ción social, económica, etc. (cf. l.c. p. 65-67) Las palabrastestigo son muy numerosas y por eso es preciso elegir las
palabras-claves que caractericen al período estudiado (6770) . Par'.11~ época que com,ienza a partir de 1827, la palabraclave prmc1pal es el hurgues y las palabras-clave secundarias
son el proletario y el artista.
Las palabras-clave constituyen el centro del campo nocional que caracteriza a la sociedad contemporánea. Los
campos nocionales concebidos de esta forma son, por supuesto,
muy amplios y heterogéneos ; encierran palabras entre las
que casi no se podría encontrar conexión alguna. Matoré lo
admite: " ... un campo lexicológico puede comportar palabras que, a primera vista, parece que no tienen nada de
común" (65).
Es preciso, finalmente, señalar la más reciente concepción
de los campos lingüísticos, llamados morfo-semánticos. Se
trata de la concepción de P. G u ir a u d ("Les champs
morpho-semantiques", BSL 1956, I , 265-288). Se trata de la
conexión (sobre todo etimológica) de las palabras que se
parecen por su forma y por el sentido, de la atracción paronímica, de la colusión homonímica y de la influencia de la
sinonimia. El autor reconoce que, teóricamente su concepción aún no es perfecta.
'

45

,

.

Todos los lingüistas que se han ocupado de las relaciones
entre las palabras y los diferentes tipos de campos lingüísticos, están de acuerdo en que la palabra debe tomarse como
elemento de un grupo semántico. Sin embargo, se pueden
señalar diferencias, má.s o menos grandes, en sus concepciones
de los campos, de su extensión y estructura. Difieren mucho
sus opiniones acerca de la importancia de las distintas conexiones semánticas, sobre su papel en la estructura del campo
lingüístico, sobre la forma en que se realiza la estructuración
de los campos; para unos, los campos elementales son primarios y los campos complejos se forman por medio de la composición; para otros la estructuración se opera en sentido
inverso, es decir, los campos elementales provienen de la
descomposición de los campos complejos.
No se puede valorar seriamente la concepción de J olles
quien afirma que el campo se compone únicamente de dos
palabras. Se puede encontrar en Porzig una idea similar,
pero éste admite el alargamiento o prolongación de cierto
"campo elemental". Según mi opinión, en tales casos, sólo
se puede hablar de relaciones semánticas ( o sintácticas ). Prefiero hablar de conexiones y relaciones semánticas conceptuales
y no de campos lingüísticos al estudiar todos los cruces lingüísticos (Bellin-Mileron) o la fuerza expansiva y atractiva
de las "esferas de interés" (Sperber).
En lo que se refiere a los verdaderos campos lingüísticos,
pueden ser de muchas clases:
El campo asociativo de Saussure, en la concepción más
profunda de Bally, destacó las relaciones entre las palabras
(ya dejamos demostrado que el mismo Bally no las entendió
por completo). Como estas !"elaciones son muy numerosas
y complejas, la exploración del campo asociativo acabaría
por llegar lógicamente a ser una continuación demasiado

�Los Campos Lingüísticos

heterogénea de los estudios etimológicos, semánticos, morfosemánticos (formación de palabras) y otros, más o menos
independientes.
Según mi opinión, la mejor concepc10n es la de Ipsen,
modificada por Trier, que en su artículo "Die Idee der Klugheit in ihrer sprachlichen Entfaltung" (Zeitschrift für
Deutschkunde· 1932) define el campo lingüístico como el conjunto de todas las palabras que pertenecen a la misma esfera
de pensamiento. Pero no podemos aceptar su afirmación de
que se podría clasificar orgánicamente todo su léxico, sin
lagunas ni elementos sobrantes, en un sistema de campos
lingüísticos, gradualmente divisibles en campos siempre más
pequeños. Es imposible determinar con precisión los límites
entre los diferentes campos lingüísticos, lo mismo que las
diferencias entre los distintos conceptos y las distintas palabras por medio de las que se expresan estos conceptos. Los
límites de los campos y de los significados de las palabras
en el interior de los campos son muchas veces indefinidos,
eambian en el curso de la evolución histórica de la lengua
y se diferencian, incluso en determinada época, según la instrucción, la profesión, la edad, etc. Estoy de acuerdo con
W . v . W a r t b u r g ["Betrachtungen über die Gliederung
des Wortschatzes und die Gestaltung des Worterbuchs",
ZRPh 57 (1937), p. 304] en cuanto cree que las fronteras de
ciertos grupos son muy precisas y permanecen más o menos
constantes (partes del cuerpo, grados de parentesco, fenómenos atmosféricos), mientras que otras cambian, más o menos, a través de los siglos (vestidos, estructura de la sociedad,
régimen, administración, vehículos, etc., en una palabra todo
.aquello que se deriva de las acciones humanas).

Otto Duchacek

4'7

Campos lingüísticos:
morfológicos
a) de ideas
sintagmáticos
(sintácticos)-----:asociativos
conceptuales
b) de palabras
semáticos
En consecuencia, distingo dos tipos principales de campos lingüísticos : los de las palabras y los de las ideas.
En los campos del primer tipo, todas las palabras están
unidas a una sola palabra que forma el núcleo del campo.
Según el carácter de sus relaciones, se les puede distribuir en:
1o. campos morfológicos cuyos miembros se agrupan alrededor de una palabra central según las semejanzas de la
forma (homógrafos, homófonos, parónimos, palabras que
tienen el mismo radical o el mismo prefijo o el mismo sufijo
o la misma terminación, etc.) ;
2o. campos sintagmáticos en los que las palabras están
unidas por las relaciones que se pueden establecer entre ellas
dentro de una frase;
3o. campos asociativos, cada uno de los cuales encierra
todas las palabras que pueden entrar en relación con la que
constituye el núcleo, y esto por vía de asociación, es decir,
bajo la influencia de la conexión de la forma o del sentido
de las palabras de que se trate o bien de la forma y del
sentido simultáneamente. Al estudiarlos, es preciso ocuparse no sólo de las conexiones que son propias de los miembros de los campos morfológicos y sintácticos, sino también
de las que unen a los miembros de las dos categorías de los
campos de ideas.

Al estudiar los campos lingüísticos de las clases más di·versas, nos hemos encontrado con una gran cantidad de
problemas muy complejos, sutiles y delicados. Para resol-verlos es preciso, en primer lugar, tener una idea completamente clara de las diferentes categorías de campos lingüísticos que es preciso tener en cuenta para solucionar estos
problemas.

Los campos lingüísticos de palabras pueden dividirse, a
su vez, en :

Propongo, a continuación, una nueva solución y, simultáneamente, una terminología que creo es adecuada. Según
·m i opinión los campos lingüísticos se deben dividir así:

2o. campos semánticos, más complejos, de más amplia
extensión y que reúnen, clasificando, las palabras emparentadas desde el punto de Yista de su sentido.

lo. campos conceptuales cuya unidad está formada por
el concepto común a los contenidos semánticos de todas las
palabras que los constituyen.

�48

Los Campos Lingüísticos

La exploración de los campos morfológicos no nos parece
de gran importancia.
El fin de la exploración de los campos sintagmáticos
será encontrar las relaciones contextuales virtuales de una
palabra estudiada junto con otras palabras. Por · ejemplo,
al examinar un sustantivo, se averiguará qué verbos pueden
depender de él, si es sujeto de una proposición (ses yeux brillaient) y, por el contrario, de qué verbos podrá ser complemento directo (il a regardé ses yeux) o complemento circunstancial (Elle marche les yeux baissées); qué sus1!0.ntivos o qué
adjetivos podrían operar como atributos suyos (Ses yeux sont
beaux) o de qué sustantivo podrá ser atributo; qué adjetivos
podrían ser epítetos (Il avait les yeux bleus) o si podría
desempeñar la función de atributo del nombre (Trois paires
d'yeux le guettaient), etc.
La exploración de los campos sintagmáticos contribuirá
al perfeccionamiento de los diccionarios fraseológicos, estilísticos y analógicos y quizá, permitirá ver, desde otro punto
de vista, ciertos problemas sintácticos, estilísticos y semánticos.
La exploración de los campos asociativos puede ayudar
mucho, no sólo a la lingüística, sino también a la psicología
y, consecuentemente, a la psiquiatría.
Los campos conceptuales comprenden dentro de sus límites a todas las palabras que implican cierto concepto
(arbre, montagne; beauté, courage), aunque dicho concepto
sea el dominante semántico o únicamente uno de los elementos
nocionales complementarios. Por eso los llamo campos conceptuales. Su estudio nos permitirá conocer las conexiones
y las relaciones recíprocas de las palabras que están dentro
de ellos, comprobar qué palabras, al formar grupos separados, están más íntimamente ligadas, establecer las relaciones
entre estos grupos, identificar la penetración de las palabras
en el interior de los grupos dados o los límites del campo,
así como el paso de palabras de un campo a otros, hacer que
se vea la cantidad y la variedad de conexiones que existen
entre las .palabras, descubrir el papel de la polisemia en la
estructuración del léxico, etc. Nadie duda que el estudio
de los campos conceptuales nos llevará a profundizar mucho
en nuestros conocimientos de la estructura del léxico en
todos sus aspectos.
Los campos semánticos se diferencian de los campos conceptuales en un grado más pequeño de homogeneidad, en

Otto Duchacek

49

una complejidad mayor y en una may?r extensión, que ~ne
a las palabras a que se refieren, por eJemplo, a los trabaJos
aorícolas o a la administración o a la edad del hombre o a los
o;ados de parentesco, etc. Es evidente que ciertos campos
:emánticos (elementales: escultura, pintura, músic~, etc.) .se
pueden concebir en cuanto partes de campos mas amplios
(complejos: artes).
El estudio de los campos semánticos, lo mismo que el de
los campos conceptuales, es de gran importancia para la
lexicología y para la lexicografía ( concepción más profunda
y más científica de los dicci_onarios ideo~ógic~s~. ~~ también
muy importante este estud10 para la 1dentifi?ac1on de la
estructura del léxico de nuestra época, lo mismo que de
cualquier otra época literaria. Al estudiar una época ya
pasada de la lengua, será preciso ecsoger cuidadosamente,
para explorar los campos que reflejen la situación P?lítica,
las condiciones económicas, las relaciones de producción, el
nivel cultural, etc. y que proporcionan testimonios mu:v importantes para la historia, sobre todo económica y cultural.
La exploración de los campos semánticos está muy maleada porque éstos incluyen muchos . miles de palabras que
hay que identificar y todas la.s co~ex10nes m~tuas que deben
precisarse ( una sola palabra esta en relac10n con muchas
otras palabras, sobre todo como consecuencia de la polisemia
de las palabras y de la riqueza de elementos nocionales Y. de
los valores extranocionales que constituyen el conteu~do
semántico de muchas palabras) y, por otra parte, cambian
durante la evolución de la lengua y se diferencian según
los dialectos y según las zonas de la lengua (literaria, familiar,
popular, vulgar, argot, etc.).
No hay que olvidar el hecho, muy descuidado hasta
ahora, de que, generalmente, las fronter~s !1º son muy ptrecisas ni entre los diferentes campos semanticos y concep uales ni entre las acepciones de las palabras de un solo ca_mpo ;
esto ocurre incluso en una misma época y en un determrnado
género literario y también entre las pe:sona~ d~ ~na colectividad determinada e incluso en un mismo md1v1duo. _Las
palabras, lo mismo que los campos semánticamente ncrnos
están en competencia, rivalizan, unas toman los lugar~s de
otras, mientras hay concptos, o al menos matices de ciertos
conceptos, que quedan sin ser traducidos o expresados. Suele
ocurrir que no se encuentra en la lengua materna, que se
conoce íntimamente, el equivalente perfecto de una pa~abra
extranjera, aunque su concepto lo percibamos con claridad.

�50

Los Campos Lingüísticos

Otto Dnchacek

En cuanto a la estructura interior de los campos lingüísticos es muy importante estudiar las reparticiones conceptuales, semánticas, estilísticas y las que se refieren a las
categorías, los modos y la formación de las palabras. Esto
puede llevarse a cabo muchas veces, aunque sea con gran
esfuerzo, dentro de un campo conceptual, pero es casi imposible realizarlo en el estudio de un campo semántico, que es
muy amplio y heterogéneo.

bién su dependencia de factores extralingüísticos, ya se trate
de la evolución material, intelectual, socio-psicológica o estética o ya se trate de cambios económicos, políticos, sociales
o ideológicos. El que tales conclusiones sean posibles o no,
depende del campo que se haya elegido.
Finalmente se pueden
semejantes de dos o más
tivos, bien realizados, nos
sobre la psicología de los
vida intelectual, material,

Sin embargo, la exploración de los campos semánticos
es, sin duda alguna, importantísima. Permitirá comprender,
sobre todo la formación, la evolución y la estructuración
por lo menos, la historia y el estado actual de la lengua y,
del léxico, así como su estructura actual o la de una época
determinada.

.Asimismo, es muy instructiYa explorar muchas etapas
históricas de un mismo campo, compararlas entre sí y con
el estado actual en que se encuentre la lengua. Pueden ser
muy importantes estas comparaciones porque permiten no
sólo conocer la evolución de una parte del léxico, sino taro-

comparar los campos conceptuales
lenguas. Tales estudios comparapodrán dar conocimientos valiosos
pueblos de que se trate, sobre su
etc.

(Traducción de Juan .Antonio .Ayala).
N O T A S
1.- Cfr. A. Jolles, 'Antlke Bedeutungsfelder' (Beitrage zur Geschlchte der
deutschen Sprache und Literatur, 58, 1934. 97-109).

.Asimismo, sería más útil ocuparse primero de los campos
conceptuales, que son más simples y que no son aptos para
evitar los problemas lingüísticos, filosóficos o sociológicos.
Es bien sabido que no es necesario- al estudiar los camposolvidar la sociología, la historia, la psicología ni la lógica,
pero si se quiere estudiar los campos desde el punto de vista
de la lingüística, es preciso enfocar los problmas lingüísticos
que deben estar siempre en el primer plano de la investigación.
La exploración del campo conceptual puede ser puramente sincrónica. Puede tener por objeto el conocimiento
de la estructura de cierto campo en un estado dado de la
lengua (actual o pasado). 'En este caso, es muy importante
observar cómo las palabras semánticas emparentadas se influyen las unas a las otras, ya sea restringiendo su sentido,
lo que puede llevar a una precisión mayor de la lengua, ya
sea produciendo competencias, lo que se soluciona cuando
algunas de las palabras desaparecen del hecho de la lengua.
También es preciso estudiar las consecuencias de las especializaciones de las palabras, los cambios de sus acepciones,
su desaparición,· así como la influencia por la aparición de
un nuevo miembro dentro del campo mismo, por composición
o por derivación de una palabra que ha procedido de otro
cambio por un cambio de .sentido o por una palabra tomada
de una lengua extranjera.

51

2.- Hay traducción española de Amado Alonso; Curso ele lingüística.
general, 3a. ed. 1959. Editorial Losada, S. A., Bunos Aires (N.delT.).
3.-En el mismo articulo ("Sprachliche Felder" Zeitschrlft für deutsche
Blldung 8, 1932, 427), Trler Insiste sobre la importancia de la comparación en el estudio de los campos lingüísticos y demuestra que
wlse es la palabra que constituía en el siglo XII el centro de dicho
campo. Esta palabra se empleaba no solamente en el sentido Intelectual, sino también en los dominios religiosos, éticos, sociales y
estéticos. Expresaba la madurez, la perfección intelectual lo mismo que
la ética de un gentilhombre sabio, elocuente, piadoso, experimentado,
culto y educado (wise está semánticamente próximo al griego sophós).

. ..

�H F. Peters / EL INTERES DE ERNEST JUNGER POR
EDGAR ALLAN POE

1

'

,

*

•

.

.

L.A.s

frecuentes referencias a E . .A..
.Poe en los trabajos de Ernst Jünger, particularmente en
.aquellos escritos durante y después de la segunda guerra
·mundial, suscitan dos preguntas: primera, ¿ qué es lo que
.atrae la atención de Jünger y de Poe? y, segunda, el interés
-de Jünger por Poe, ha influído en sus propios escritos Y Este
artículo está dedicado a la primera pregunta. Respecto a
Ja segunda, permítaseme decir, simplemente, que no pienso
-que sea posible señalar ninguna influencia directa de Poe en
.Jünger. La relación entre los dos autores es más de afinidad
que de dependencia, de una afinidad enraizada en su interés
-común por uno de los principales temas literarios -el tema
-del terror.
El terror, como tema literario, es tan viejo como la lite--ratura misma. Los griegos lo consideraron como un elemento
--esencial de la tragedia. En la literatura alemana, los poetas
-románticos, particularmente E. T. .A.. Hoffmann, fueron maes·tros en eso -tanto que cuando el tema comenzó a aparecer
en los escritos de Poe, éste fue acusado de plagiar a los ale·manes. Poe mismo se defendió de ese cargo, aduciendo que:
"si bien en muchos de mis trabajos el terror ha sido la tesis,
·sostengo que el terror no es privativo de Alemania, sino del
.alma"1.
Seguramente no es accidental que el terror del alma, del
-que habla Poe, encuentre eco entre los escritores contempo•.-Conservamos las citas en alemán en la trad. española de este trabajo, tal como aparecen en el texto inglés. Sin embargo, como un
servicio al lector, nos ocupamos en vertlrlas al español, y aparecen
a pie de página (N.T.).
:1.-The Complete Works of Edgar Allan Poe, ed. J. Harrlson (New York,
1902), I, 150-151.

-53-

�54

El Interés de Ernst Jünger por Edgar Allan Poe

H. F. Peters

La moraleja del cuento de Poe es que sucumbir al pánico es fatal frente al rostro de la muerte. El terror es una
prueba del carácter. Si se sucumbe a él, se está perdido.
Esta es una lección que Jünger aprendió en dos guerras
mundiales. El cree que eso tiene un especial significado en
nuestra época. ¿No estamos todos al borde de un Maelstrom
que puede destruirnos si perdemos el coraje ? Eso es lo que
me dice en una carta fechada en enero 9 de 1957 : "Der
Malstrom erschien und erscheint mir noch als eine besonders
gelungene Diagnose und Prognose unserer Zeit. Ihre Tendenz ist auf die knappste Formel gebracht"4 .

ráneos. Las complejidades constantemente crecientes de
nuestra civilización tecnificada, la amenaza de destrucción
total que pende sobre nosotros en la figura de nubes fungiformes, dan pábulo a terrores hondamente asentados. Podemos
alejar tales temores y rehusarnos a hablar de ellos; no obstante, están presentes. Porque, como dice Jünger: ... was
uns im lnnersten beschhaeftigt, entzieht sich der Mitteilung,
ja fast der eigenen Wahrnehmung. Da gibt es Themen, die
sich geheimnisvoll durch die Jahre hindurch fortspinnen, wie
etwa. das der Auswegslosigkeit, die unsere Zeit erfüllt. Sie
erinnert a.n das grossartige Bild der Lebenswoge der asiatischen Malerei, auch an den Malstrom von E. A. Poe.2
Esta anotación en el diario de guerra de Jünger, Strahlungen, (Irradiaciones), está fechada en París, el 18 de noviembre de 1941. La referencia al "Descenso al Maelstrom"
de Poe, es instructiva. Para entender su significación el lector
debe recordar los sucesos ocurridos en el invierno de 1941.
Fueron los meses en los cuales los ejércitos de Hitler sufrieron
los primeros serios reveses en Rusia. Bajo eJ.. impacto de un
invierno excepcionalmente severo, se replegaron frente a
Moscú. Para Jünger, autor de la novela anti-nazi clandestina
Auf den Marmorklippen, (En los escollos Marmóreos), eso
significó que el final estaba a la vista, que la revolución del
nihilismo se aproximaba a su término. "Wir haben in diesen
W ochen den Nullpunkt passiert", anotó en su diario. "Dennoch
ist es merkwürdig, dass mich im tiefsten Grunde Zuversicht
belebt"3 •
El narrador, en el cuento de Poe, pasa también por el
"punto cero" y se salva. El salvarse de las fauces de la muerte
es un aspecto del tema del terror. La imagen de Jünger de
las olas de vida que transportan al hombre más allá de la
destrucción, es ejemplificada por la manera en la que el héroe
de Poe es transportado a través del Maelstrom y regresado a
la vida. Su hermano se ahoga porque pierde la fe en el
poder sustentante de las olas. Paralizado por el terror se
abandona al torbellino y es sorbido hacia el abismo.
2.- Ernst Jünger, Strablungen (Tübingen, 1949), pp. 65s. " ... lo que
nos ocupa en lo más interno se sustrae a la comunicación, si casi
a la propia percepción. Ah! hay temas que se traman misteriosamente a través de los años, como el de la pérdida de salida que
llena nuestro tiempo. Ese tema nos recuerda el grandioso cuadro
de la ola de vida de la pintura asiática, pero también el Maelstrom
de E. A. Poe".

3.- Ibid., p. 66. "En estas semanas hemos pasado el punto cero. Sin
embargo, es notable que, en el más profundo fondo, me haya animado la confianza".

55

•

•

Una anotación en un diario anterior, Garten und Strassen
(Jardines y calles), de agosto 19 de 1939, da una clave de
la naturaleza del diagnóstico de Poe, tal como Jünger lo·
interpreta: "Die beste Schilderung des voll automatisierten
Zustandes enthalt die Erzahlung 'Hinab in den Maeltrom'
von E. A. Poe"5• El destino del hombre dentro de un mundo
de enormes y terribles fuerzas mecánicas, que parecen estar
más allá del control humano, es uno de los intereses principales de Jünger. Piensa que Poe anticipó tal situación, y
por tanto, lo cree merecedor del epíteto de "der erste Autor
des zwanzigsten Jahrhunderts"6, que los Goncourts le habían
adjudicado. La imagen del Maelstrom de Poe es para Jünger
el símbolo de nuestra época.
El da iina interpretación simbólica similar a la del cuento
de Poe, "el foso y el péndulo".
·
Die Wassergrube gibt uns das Bild des Kessels, der immer dichteren Umkreisung, der Raum wird enger und drangt
auf die Ra.tten zu. Das Pendel ist das Sinnbild der toten,
messba.ren Zeit. Es ist die scharfe Sichel des Chronos, die
an ihm schwingt und den Gefesselten bedroht, doeh ihn zugleich befreit, wenn er sich ihrer zu bedienen weiss7.

,

.

4.- "El Maelstrom me pareció y todavía me parece como un diagnóstico
y pronóstico especialmente acertado de nuestro tiempo. Su tendencia
se ha reducido a la fórmula más concisa".
5.- Ernst Jünger, Garten und Strassen (Berlin, 1942), p. 48. "El cuento
de E. A. Poe, 'Descenso al Maelstrom', contiene el mejor retrato de
la situación plenamente automatizada".
6.- Ibid., p. 48. "el primer autor del siglo veinte".
7.- Ernst Jünger, Der Waldgang (El paseo por el bosque) (Frank.furt,
1950), p. 43. "El foso de agua nos proporciona la imagen d~l caldero, de lo envolvente que oprime cada vez más; el espacio se estrecha y oprime a las ratas. El péndulo es el símbolo del tiempo
muerto y mesura.ble. Es la afilada guadafia de Cronos que oscila
en él y amenaza al encadenado, y, no obstante, lo libera a la vez,
si sabe servirse de ella".

�56

El Inte1·és de Em st Jünger por E&lt;lgar Allan Poe

"Kessel" (caldero) se refiere aquí a las grandes batallas
de envolvimiento, las Kesselschlachten (Batallas del caldero)
de la guerra en Rusia, el ejemplo clásico de las cuale.s es la
de Stalingrado. Jünger, autor de In Stahlgewittern (En la
tormenta de acero), continúa pensando con imágenes militares. Pero hay esta diferencia : mientras que Jünger en sus
primeros libros glorificó la guer ra, en sus últimos libros su
interés es por el individuo aislado y amenazado de destruceión total por fuerzas técnicas impersonales.
Die immer künstlicheren Staedte, die automatischen
:Bezüge, die Kriege und Bürgerkriege, die Maschinenhollen,
die grauen Despotien, Gefaengnisse und raffinierten Nachtellungen das alles sind Dinge, die Namen bekommen haben
und die den Menschen Tag und Nacht beschaeftigen8 .

H. F. Peters

•

sind wir verpflichtet, mit der Katastrophe zu r echnen und
mit ihr schlafen zu gehen, damit sie uns nicht zur Nacht
überrascht"12. Como Holderlin ("wo aber die Gefahr ist,
waechst das Rettende auch") 13 Jünger cree que el más grande
de los peligros es la más grande de las oportunidades de salvación. "Bei grossen Gefahren wird das Rettende tief er
gesucht werden, und zwar bei den Müttern, und in dieser
Berührung wir d Urkraft befreit. 1hr koennen die reinen Zeitmaechte nicht standhalten"14.

• •

..

Estos temas también ocuparon a Poe. El anticipó muchos
de los horr ores mecánicos que han llegado a ser realidad en
nuestro tiempo. Pero la importancia real de las visiones de
pesadilla de Poe es que él las analizó y descubrió la extraña
ambivalencia del alma, la que puede ser fascinada por aquello
que la aterroriza. En "El duende de lo perverso" pone al
desnudo la condición que en el hombre lo hace buscar los
peligros que amenazan con destruirlo. "No hay pasión tan
demoníacamente impaciente como la de aquel que estremeciéndose al bor de de un precipicio piensa en una c,áda" 9 .

12.- lbl(l., p. 68. "En nuestra situación estamos obligados a contar con
la catástrofe. y a ir con e!la a dormir para que no nos sorprenda
de noche".

8.- I bi(l., p. 43. "Las ciudades crecientemente artificiales, las compras
automatizadas, las guerras y las guerras civiles, lo infernal de las
máquinas, los déspotas grises, cárceles y persecuciones astutastodas estas son cosas que han ganado nombre y que ocupan a los
hombres día y noche".

13.- Hoelderlln, Saemtliche Werke (Obras completas) (Stuttgart, 1951),
n ,, 165. "donde hay peligro. empero, crece también lo salvador" .

9.- Tlle Best Tales of E. A. Poe, ed. Mod. Llbr., p. 111.

11.- Der Waltlgang, p. 67. "¿Se debe, aunque sólo sea espiritualmente,
buscar las aguas más remotas, las cataratas, el remolino del Maelstrom, los grandes abismos?"

La diferencia entre Jünger y Poe estriba en su actitud
hacia "das Rettende", ("Lo salvador"), que puede, quizá, ser
interpretado como la providencia. En los cuentos de Poe la
salvación es comunmente el resultado de un acto racional
por parte del amenazado. El dejarse azotar por el agua fue
el acto racional que salvó al narrador del "Descenso al Maelstrom". J ünger también cree en el poder .salvador de la acción
con coraj e, pero el coraje solo no es suficiente. Es necesario
algo más, el soporte de una fuerza trascendental, una fuerza
de salvación totalmente irracional. Mientras que Poe es fundamentalmente un racionalista que conoce el anhelo ir racional
del alma, Jünger ha tendido cada vez más al misticismo. El
racionalismo, piensa, conduce al mecanismo y el mecanismo
conduce a la tortura.
Zahllose leben heute, welche die Zentren des nihilistischen
Vorganges, die Tiefpunkte des Malstromes passiert haben.
Sie wissen, dass dort die Mechanik sich immer drohender
enthüllt; der Mensch befindet sich im Inneren einer grossen
Maschine, die zu seiner Vernichtung ersonnen ist. Sie mussten auch erfahren, dass jeder Rationalismus zum Mechanismus, und jeder Mechanismus zur Folter führt, als seiner
logischen Konsequenz. Das hat man im 19. J ahrhunderet
noch nicht gesehen15.

Los psicólogos modernos han llamado a esta fascinación aunada a terror, el deseo de muerte del alma. Este es un tema
que frecuentemente aparece en Jünger. "Der Schwindel vor
dem kosmischen Abgnmd ist ein nihilistischer Aspekt" 1º,
escribe con respecto al ensayo de Poe, "Eureka", y pregunta :
"soll man, und sei es auch nur geitstig, die au.ssersten Gewaesser aufsuchen, die Karatakte, den Malstromwirbel, die
grossen Abgründe ?" 11 Contesta que sí. "In unserer Lage

10.-Ernst Jünger, Ueber die Linie (Sobre la línea) (Frankfurt, 1950) ,
p. 23. "El vértigo que se siente frente al abismo cósmico, es un
aspecto nihilista".

57

••

14.- Der Walgang, p. 55. "En los grandes peligros será buscado lo salvador más profundamente, y, ciertamente. en las madres; y en este
contacto es iiberada la fuerza originaria. A esta fuerza originaria
no pueden resistir las fuerzas puras del tiempo".
15.- Ibicl., pp. 121s. "Viven ahora un. sinnúmero de aquellos que han pasado el centro del suceso nihilista, que han pasado los puntos pro•
fundos del Maelstrom. Ellos saben que ahí la mecánica se revela
cada vez más amenazante; el hombre se encuentra en el Interior

�H. F. Peters

El Interés de Emst Jünger por Edgar Allan Poe

ó8

Tampoco, debemos añadir, vió Jünger esto en sus primeros escritos. Esta diferencia de actitud hacia la salvación,
en Jünger y Poe, tiene importancia para el diferente énfasis
en su tratamiento del terror. Para Poe es la fascinación
aunada al terror lo que hace volver frecuentemente al mismo
tema. El énfasis de Jünger recae sobre el salvarse del terror.
Mientras que en los cuentos de Poe frecuentemente prevalece
el terror no aliviado, que produce un efecto melodramático,
Jünger comunica a sus lectores una sensación de conquista
de las fuerzas de la oscuridad por el hombre. En una anotación algo mistificada, en Strahlungen, fechada en París el
15 de enero de 1942, Jünger marca esta distinción entre él
mismo y Poe. Cita una carta recibida de un amigo respecto
a su "schwarze Fürstin": "Ich meine, dass Ihre Fürstin etwas
vom 'Untergang des Hauses Usher' beeinflusst ist. Doch wird
hier der W eg zur Heilung gezeigt. Das ist gut. Poe zeigte
nur den Untergang"16.

. ..

.'

16.- Strahlungen,

p. 82. "Creo que su princesa ha sido influenciada por
'El fracaso de la casa Usher'. Sin embargo, se sefiala aqui el camino de la curación. Esto es bueno. Poe sólo sefialó el fracaso".

Los elementos científicos y mágicos también se entremezclan en los trabajos de Poe. Pero, Poe ve en la magia
principalmente una fuerza destructora, un oscuro poder demoníaco que, a la vez, aterroriza y fascina el alma. Para
Jünger, las fuerzas mágicas son aquellas que sostienen al
hombre, transportándolo más allá de la destrucción. La distinción medieval entre magia blanca y magia negra puede,
quizá, ser aplicada a Poe y a Jünger. El interés de este
último es por el ascenso del hombre desde el reino de los
demonios. En junio de 1943, escribió a su mujer, que vivía
en el terror de los bombardeos aéreos : "Was Dich betrifft,
so fühle ich mit Gewissheit, dass Du unbeschadet dem grossen l\falstrom entrinnen wirst; verliere das Vertrauen zu
Deiner eigentlichen Bestimmung nicht" 17. Poe no tuvo tal
fe para contrabalancear el terror de su alma.
Jünger está interesado por el mundo de Poe, porque le
proporciona vislumbres de la ''oscura matemática" del destino.

Im Malstrom Edgar Allan Poes besitzen wir eine der
grossen Visionen, die unsere Katastrophe vorausschauten,
und von allen die bildhafteste. Wir sind nun in jenen Teil
des Wirbels abgesunken, in dem die Verhaltnisse in ihrer
dunklen Mathematik, zugleich einfacher und faszinierender,
sichtbar werden1s.

En una carta dirigida a mí, de enero 9 de 1957, Jünger
explica que esta anotación se refiere al cuento "Der Hippopotamus", publicado en Das abenteuerliche Herz (El corazón
a.venturero) (2a. ed., 1938). La heroína de este capriccio,
como él lo llama, es la desventurada princesa Brunswick,
que fué reina de Inglaterra en tiempos de Napoleón. Ella
era víctima de fuertes depresiones mentales, y el cuento versa
sobre un método de tratamiento. Como en "El fracaso de
la casa Usher", de Poe, el narrador en el cuento de Jünger
encara una situación extraña y amenazadora. Se encuentra
en presencia y a merced de una persona que patentemente
se está volviendo loca. Pero, mientras que en el cuento de
Poe finalmente la locura lo abruma todo, y el espectador
huye aterrorizado de una escena de horror que ha sido incapaz
de aliviar Jünger presenta una cura. Esta combina elementos científicos mágicos. Científicas son las prescripciones
de drogas para dormir; mágicos, los encantamientos que la
princesa tiene por costumbre cuando siente que se aproxima
su enfermedad. Esta combinación de elementos científicos
y mágicos es un rasgo distintivo de la prosa de Jünger. Ha
dado pábulo a la expresión "realismo mágico".
de una gran máquina que ha sido inventada para su aniquilación.
Deberian también experimentar que todo racionalismo conduce al
mecanismo, y que todo mecanismo conduce a la tortura, como su
consecuencia lógica. Esto no se había visto todavia en el siglo
XIX''.

59

,

.

Ambos, Poe -Y Jünger, saben que hay fuerzas poderosas
e irracionales que impelen al hombre a buscar su propia destrucción. Este conocimiento aterrorizó a Poe, y él comunica
a su lector un sentimiento de condena: "y mi alma, de esa
sombra que allí tiembla pertinaz/ no ha de alzarse, ¡ nunca
más!". Jünger ve surgir un reto sobre ello, no meramente
debido a una acción resuelta, sino por la fe en la gracia salvadora de Dios. Al final de Auf den Marmorklippen, cuando
después de una noche de terror las fuerzas de la oscuridad
parecen establecidas firmemente, se escucha el sonido de un
órgano, y las palabras :
Weil denn kein Mensch uns helfen ka.nn
Rufen wir Gott um Hilfe an19.
17.- lbid., p. 349. "Siento con certeza lo que a ti te atañe, que tú escaparás ilesa a pesar del gran Maelstrom; no pierdas la. confianza en
tu propio destino".
18.- lbfd. "En el Maelstrom de Edgar Allan Poe poseemos una de las
visiones que previeron nuestra catástrofe, y, ella es, de todas, la
más plástica. Ahora estamos sumergidos en aquella. parte del remolino en la que son visibles las relaciones en su oscura matemática, a la vez más simples y más fascinantes".
19.- "Porque no nos puede ayudar ningún hombre,/llama.mos a Dios
para que ayude".

�60

En conclusión, debería ser señalado que la posición religiosa de Jünger, tal como se refleja en los escritos citados
en este ensayo, ha puesto en aprieto a muchos lectores de
sus primeros trabajos. Ellos no se convencen de que el
antiguo campeón de la "movilización total", el heraldo del
soldado en el frente, el autor de Der Arbeiter (El trabajador)
haya sufrido una conversión genuina. Ellos sienten que sus
especulaciones metafísicas son forzadas, que sus sueños son
visiones y su creencia en la magia es, a lo mejor, un sustituto
de la religión. Jünger mismo ha notado que una época de
terror da pie, inevitablemente, al surgimiento de "Ersatzreligionen von unabsehbarer Zahl"2º.
Yo sugeriría que esos críticos ponderaran la importancia
de la imagen del Maelstrom, la cual ocupa un lugar tan importante en los últimos libros de Jünger. En su doble aspecto
de la muerte y el renacimiento, simboliza la condición humana
tal como los grandes maestros de la religión la han enseñado.
Como muchos escritores de su generación, en .Alemania y en
otras partes -T. S. Eliot, por ejemplo-, Jünger descendió
al l\faeltrom, abrazó el nihilismo o, como lo dijo, fué por un
tiempo compañero de viaje de los "mauritanos". Pero no se
quedó ahí.
Tatsaechlich war, als ich diese Fabel ("Der Hippopotamus") vor einem Besuch bei Kubin konzipierte, die Sehnsucht nach dem Aufstieg aus den dunklen Damonenreichen
des Malstroms in mir besonders stark. Man muss derartiges
auch als Prognostikon betrachten, denn die erfundenen Figuren eroeffnen den Schicksalsreigen, sie tanzen ihm bald
lachelnd, bald schauerlich voran, und Dichtung ist unsichtbare, noch ungelebte Historie21 .
20.- Ueber die Llnie, p. 24. "Religiones compensatorias en inmenso número".
21.- Strahlw1gen, p. 82. "De hecho, cuando yo había concebido esta

fábula ('El hipopótamo'), con anterioridad a una visita de Kubin,
el anhelo por ascender de los oscuros reinos demoníacos del Maelstrom era especialmente fuerte en mí. Se debe también considerar
aquello como pronóstico; pues las figuras imaginadas inauguran el
corro del destino, bailan delante de él, tan pronto sonriendo, tan
pronto atemorizantes, y la poesía es invisible, es todavía historia
no vivida".

61

H. F. Peters

El Interés de Ernst Jünger por Edgar Allan Poe

En medio del terror de un mundo caótico, Jünger encontró "Das Rettende". Esto, me parece, es el meollo del
asunto.
Reed College
(Tomado de la Rev. "Comparative Literature")
Trad. de Hugo Padilla.
• . 1

..

�Teresa E. Rohde / EL
SU LITERATURA

ANTIGUO EGIPTO A TRAVES DE

*

• •

.

•

'

l

CUANDO el hombre perece, su cuerpo
se convierte en polvo, pero sus escritos hacen que reviva en
los labios del recitador y en los oídos atentos" ... nos dice
un viejo texto, y es que lo que nos revela la literatura de
una sociedad en un tiempo es la sensibilidad de la época en
que se produjo.
Yo no creo que la historia antigua sea un simple objeto
de erudición separada de nuestra realidad actual. La historia es como un espejo intangible en el que vemos reflejadas
nuestras propias angustias modernas, y en este espejo se nos
muestra cómo es que aquellos nuestros antepasados solucionaron o llevaron al fracaso las mismas crisis que ahora encontramos agudizadas en nuestro presente. .Al tratar de
Egipto, voy a tratar de nosotros mismos porque bajo nuestra
piel está dormido Espartaco y la mano que estrechamos ha
tal vez formado parte en otro tiempo ya y en otro lugar, del
corazón de un antiguo filósofo, y así vemos que las reformas
agrarias de los Gracos son todavía válidas para la Italia de
nuestros días y que el gran problema de desempleo que se
plantea en los países imperialistas actuales, era un problema
vivísimo durante Diocleciano. La historia, naturalmente, no
se repite, pero veremos cómo los egipcios de hace cuarenta
siglos, batallaban ya contra los conflictos que más nos preocupan en la actualidad .

1•

El egipcio compartía con el babilonio su afán de comunicación, de memoria y de perpetuación. Escribía porque
deseaba que otras gentes supieran de él y de sus actos. Era
tal vez, un poco la tendencia que incita a los niños a grabar

*

Conferencia leída en el Paraninfo de la Facultad de Filosofía y Letras de
la Universidad Veracruzana.

-63-

�64

Teresa E. Rohcle

El Antiguo Egipto a Través ele su Literatura

65

su nombre en los árboles. Afortunadamente los egipcios escribieron mucho. Sabemos que ya en el año 2000 A. C.
existían bibliotecas, (rollM de papiros que eran guardados
en jarras selladas que luego se acomodaban en estantes, y
que estos libros eran ya muy preciados). La Historiografía
en Egipto es vieja. Cronistas oficiales acompañaban a los
faraones a las conquistas y sus escritos eran celosamente
guardados. Y a un escritor del año 2150 A. C. se quejaba
de que todo ya había sido dicho y de que sus palabras sonaban viejas.

de poemas líricos llenos de sensualidad y sentimiento· que
preludian el Cantar de los Cantares. Ese amor romántico
que Nietzche pensaba era invento de los trovadores medievales, lo encontramos ya durante el tercer milenio A. C. Veamos algunos ejemplos:

Gran parte de esta estupenda literatura se ha perdido,
pero los fragmentos que hasta nosotros han llegado, procedentes de los basureros de Heliópolis, el barrio nuevo del
Cairo, nos hablan de la existencia de esta vigorosa expres10n artística de un pueblo desaparecido. Se han hallado
fragmentos de papiros con fábulas de animales ilustrando
defectos y pasiones humanas, fábulas premonitoras ya de
Esopo y de La Fontaine.

¡ Oh, quien fuera la negra que la acompaña, para ver el
color de todos sus miembros!"

"Cuando la beso en los labios abiertos,
estoy gozoso, aunque no tenga cerveza.
Le digo a mi criado: Adorna la cama y
perfúmala con óleo de Chipre.

¡ Oh, quien fuera el lavadero, para lavar los ungüentos
perfumados de sus vestidos!"

¡ Oh, quien fuera la sortija de tu dedo!"

Pero también la muchacha sabía expresar su amor:
"El amado ha despertado a mi corazón con su voz y ha
hecho que caiga yo enferma. Me miró al pasar y me
regocijé a solas.

Conocemos así las primeras historias de espantos, los
primeros relatos de milagros: nos asomamos a ver &lt;;Ólno un
egipcio separaba las aguas con el galante objetivo de r ecobrar
una alhaja de malaquita para una muchacha ... y todo esto,
mil años antes de que Moisés abriera las aguas del mar Rojo.

Me ha capturado en su abrazo y sus labios son mejores
que el oro.
Su pelo está hecho de zafiros y sus dedos son como capullos de loto".

Tenemos en Egipto también los primeros relatos que
Frazer ha llamado "del alma externada". Por ejemplo, se
nos cuenta la famosa historia de la mujer de Putifar y se nos
dice que cuando el hermano casado cree que su hermano
menor, Anpu, ha violado a su mujer, lo persigue y Anpu
solo logra escapar guardando su corazón en la flor de una
acacia. El hermano mayor llega y viendo que Anpu yace
dormido al pie del árbol, se da cuenta de que es invulnerable
mientras su alma está fuera de su cuerpo, y tras de mucho
buscar, encuentra el corazón del joven en la flor, la corta
y en ese momento Anpu muer e.
La literatura egipcia nos ofrece entre otras cosas, la primera novela autobiográfica: La historia de Sinuhé, uu egipcio que habiéndose visto envuelto inocentemente en el asesinato del faraón, tiene que huir al Asia, en donde se hace
rico y tras de narrarnos sus aventuras, muchos años después
regresa a morir a su patria.
Desde la época del Reino Medio, nos encontramos con
gran profusión de escritos profanos. La pereza de un escriba
que no quiso borrar bien un papiro, nos ha dejado una serie

.A.sí, mientras que un escriba egipcio copiaba las palabras de esta joven enamorada, Agamenón reunía sus huestes
para el saqueo de Troya. Tres siglos habían de transcurrir
antes de que se empezaran a escribir las historias bíblicas y
más habían de pasar para que Homero cantara el amor de
París y Helena. Por el tiempo de la guerra de Troya, la
literatura egipcia era ya arcaica.

•

Como he dicho, todo nos habla de un fabuloso cuerpo de
literatura perdido, destruido o todavía no descubierto. Tal
vez, en estos momentos, la pala de algún arqueólogo está
descubriendo en alguna tumba olvidada los papiros que nos
revelarán un Shakespeare o un Homero egipcio.
Cerca de la escuela sacerdotal en Tebas, se descubrieron
grandes cantidades de ostraka, de pedacería, inscritos con
las lecciones de antiguas generaciones de estudiantes que
repetían los antiguos preceptos de sabiduría y los consejos
tradicionales. El muchacho era obligado a repetir una y

�66

El Antiguo Egipto a Través de su Literatura

Teresa E. Rohde

otra vez frases como éstas: "Te pongo en la escuela con los
muchachos de los nobles para instruirte, a fin de que puedas
ocupar un cargo que adelante tu carrera." "Coge tu tema
del día, no seas perezoso y lee con aplicación. Cuando hagas
cuentas de cabeza, que no se te oiga ni una palabra". "¡ Oh
estudiante, no seas holgazán, si no te castigarán duramente!
No pongas en las diversiones tu corazón, pues de lo contrario
caminas a tu ruina. Por la noche te enseñan y por el día
te educan, pero tú no escuchas ninguna explicación y haces
lo que se te viene al pensamiento: Verdaderamente, el oído
de los jóvenes está a su espalda y sólo oyen cuando se les
pega!".
Pero también encontramos otros fragmentos que nos ha-

61

gentes según nos dicen los textos, v1vian en "un carnaval
&lt;le -de;trucción". Sabemos que durante casi cuatrocientos
.años no existió un gobierno centralizado y que la,s luchas
de clases no eran nada novedoso para los antiguos habitantes
-del Valle del Nilo. (A) En un documento se nos cuenta por
ejemplo, que toda la tierra está revuelta y que los hombres hacen flechas de cobre para pedir el pan con sangre.
Y nos dicen: "Te muestro al hermano como a un enemigo,
.al hombre convirtiéndose en parricida. No se tolera la libertad de palabra y mientras tanto la tierra se encuentra
.agotada y los gobernantes se multiplican. Poco es el grano
:y grande es la medida del cobrador de impuestos."

No tengas amigos, ni intimes con nadie innecesariamente.
Guarda tu corazón para ti solo, porque el hombre en la desgracia no tiene amigos."

Tenemos el relato de una revolución durante el Reino
Medio. Ipuwer, el egipcio que aparentemente escribió la
:relación, pertenecía sin duda a una clase conservadora. Se
-trataba de un antiguo "siquitrillado", (como se les llama en
&lt;Juba) pues se lamenta profundamente de que la repartición
tradicional de la riqueza ha variado y afirma amargamente
,que el que antes poseía bienes, no tiene ahora ni un techo
-donde cobijarse, y que aquel que antes mendigaba las heces
de la copa, poseía ahora botas de vino. Continúa diciendo
,que aquel que portaba ricos ropajes, no vestía ahora sino
.andrajos, pero que el "que no tejía para sí mismo, tenía
.ahora delicados linos, que quien no sabía pulsar la lira,
-poseía ahora un arpa, y aquella que antes sólo contemplaba
-su rostro reflejado en el agua, tenía ahora un espejo, mientras que las damas nobles padecían hambre y los hijos de
los príncipes eran azotados contra las paredes". Y el papiro
,continúa diciendo: "Los nobles están de duelo; los plebeyos
-se regocijan; cada ciudad dice: ¡Vamos!, suprimamos a los
poderosos de entre nosotros. El país se encuentra en re_volución como el torno del alfarero. Los ladrones se convierten en propietarios y los ricos son robados. El hombre que
,ra a cultivar el campo lleva un escudo. Hay gentes que se
instalan en los matorrales hasta que llega el labrador que
r egresa por la noche, para tomarle su carga, golpeado a
bastonazos es muerto ignominiosamente. Grandes y pequeños
dicen: "Quisiera morir". Los niños pequeños dicen: "Mi
padre no debiera haberme hecho vivir jamás". Se huye de
]as ciudades. Lo que construyen los hombres son tiendas.
Las puertas, los muros, las columnas, son incendiadas. Sin
embargo, el palacio del rey subsiste todavía y permanece
:sóildo. Pero, ¿ de qué sirve un tesoro que ya no tiene ingresos?"

Sí. La literatura egipcia también nos habla de tiempos
duros, de crisis económicas y sociales, de épocas en que las

-ción popular 23 siglo~ antes de Cristo.

blan de las enseñanzas que debe seguir todo buen político:
Si eres líder -nos dicen-, procura estar lleno de excelencias

• •

y que tu conducta sea irreprochable. La rectitud es buena
y necesaria en tu puesto. La maldad y el engaño jamás han
traído una nave al" puerto de la felicidad."
Y como contestación a este pequeño sermón político, encontramos la declaración de un gobernante que nos dice:
"Dí pan al hambriento y vestí al desnudo. Nunca
robé la propiedad de otro hombre. Nadie tiene queja
contra mí y jamás he mentido".
¡ Guántos de nuestros políticos actuales quisieran poder
decir lo mismo!
·
El egipcio desea aprender, porque el Saber confiere poder. Miles de años antes de Maquiavelo, los egipcios nos
hablan ya de este saber pragmático:
"Pon atención a lo que te digo para que puedas un día
ser rey de toda la tierra" . . . se nos dice, y a continuación
nos hablan de las durezas que trae aparejadas el poder. El
cetro de oro generalmente trae consigo una lúgubre corona
de soledad y desconfianza:
· "Endurécete en contra de tus subordinados porque la
gente escucha sólo a aquel que los aterroriza. Pero guárdate
mucho de acercarte a tu pueblo solo.

. ..

H e aquí pues, el relato de un movimiento de reivindica-

�68

El Antiguo Egipto a Través de su Literatura

Teresa E. Rohde

De estas duras épocas nos llega también una añoranza
por -µna tierra mística en donde por fin haya paz y tranquilidad, aunque crea el poeta que esto sólo se encontrará en
el reino del más allá. He aquí a mi juicio, una de las más
bellas poesías que ha escrito la humanidad.
"Hoy está ante mí la muerte como un enfermo que
ha sanado, como un enfermo que sale de la enfermedad.

..

Hoy está ante mí la muerte, como perfume de mirra,
como romero que descansa poniendo el barco a la vela.
Hoy está ante mí la muerte, como perfume de flor
de loto,
como el que descansa en la orilla fresca.

del gineceo trató de imponer a su hijo en el trono, pasando
sobre el cadáver del viejo gobernante, pero la conjura fué
descubierta y Ramsés ordenó se les enjuiciara en secreto. Han
llegado hasta nosotros los legajos de este juicio y encontramos que en él estuvieron complicados un mago que hacía
figuras de cera para debilitar al faraón, uno de los tesoreros,
tres escribas reales, un comandante del ejército y varias mujeres del gineceo.
La conjuración abortada, había de arrojar un fruto de
38 muertos en total. La mayoría se mataron por propia mano,
como había dispuesto el faraón:
"Haz que mueran por su propia mano", había dicho,
"sin que yo me entere".

Hoy está ante mí la muerte como un sendero pisado,
como el regreso a casa después de la guerra,
como un cielo despejado,
como uno a quien enseñan lo que no sabe.

Pero sabemos por los legajos que al terminar el juicio
se tuvo que entablar otro más en contra de dos miembros
venales del jurado mismo, ya que salió a la luz durante los
interrogatorios, el hecho de que estos 2 jueces h!bían recibido
a dos de las mujeres acusadas y que las habian llevado a
embriagarse a su casa. Las mujeres naturalmente habían
accedido con tal de variar el veredicto de los jueces a su
favor, pero al ser descubiertas, el faraón ordenó que les fueran cortadas la nariz y las orejas a los cuatro culpables.
Uno de ellos no soportó la desgracia y se suicidó en la presencia misma del jurado.

Hoy está ante mí la muerte como el que desea volver
a casa, tras largos años de prisión."
Pero se nos habla también de la primera gran guerra
nacionalista de liberación. Los Hyksos, reyes asiáticos, habían gobernado a Egipto durante muc~os año~, desde su capital de .A.varis en el Delta, pero por frn surgieron en el sur
los primeros síntomas de rebelión. La historia se nos cuenta
chuscamente así: Sekenunre, príncipe de Tebas, tenía una
alberca llena de sus hipopótamos consentidos, pero un día
recibió un atento recado del señor de los hicsos, quien desde
el Delta se quejaba de que los bramidos de los animales sagrados le impedían conciliar el sueño.

Durante el reinado de Ramsés III también acaeció algo
de mucha mayor importancia, pues a mi modo de ver, el
papiro que nos relata lo siguiente, es el documento histórico
que nos habla de la primera huelga en el mundo. Esta primer~
relación de las luchas de unos obreros puede datarse por ah1
del año 1170, pero unas décadas después, bajo Ramsés IX,
volvemos a encontrarnos con otra situación similar. Escuchemos cómo .se llevó a cabo este primer movimiento obrero mil
años antes de Espartaco y tres mil años antes de Río Blanco.

Sekenunre sin duda apreciaba sobremanera a sus bestias, porque este incidente diplomático_ marcó el ~cio de la
que había de ser una gran guerra de mdependenc1a. En vez
de matar a sus hipopótamos, el príncipe tebano decidió mejor
ir a matar hicsos. Sekenunre murió en batalla, pero logró
su objetivo.
Es asombroso ver cuán variados son los fragmentos que
poseemos: Cartas, documentos legales, tratados internacionales, fórmulas mágicas, himnos, dramas antifonales, recetas
médicas e incluso relatos de conspiraciones políticas.
Sabemos, por ejemplo, que durante el reinado de Ramsés
III, tuvo lugar una importante conjura contra el viejo rey,
una conspiración en el harem. Sucedió que una de las reinas

69

..

-

"En el otoño la inundación bajó, pero los obreros de la
necrópolis estaban flacos y hambrientos. No habían recibido
la paga en grano de ese mes. Hacia mediados de noviembre
llevaban ya do.s meses de atrasos en sus salarios y las privaciones los empujaron a una protesta organizada.
".A.ño 29, segundo mes de la segunda estación, día 10.
Este día el bando cruzó las cinco paredes de la necrópolis
gritando: ¡ Tenemos hambre! . . . y se sentaron dando la
espalda al templo de Tutmosis III, en el límite de los campos
cultivados. Los tres interventores y sus ayudantes fueron

�70

Teresa E . Rohde

El Antiguo Egipto a Través de su Literatura

El caso acontecido durante el reinado de Ramsés IX es
más completo pues nos dice el desenlace:

a instarles que volviesen al recinto de la necrópolis y nos

dicen que "hicieron grandes promesas .. . ¡ Podéis venir, porque tenemos la promesa del Faraón!" Sin embargo, no era
bastante una promesa en nombre del rey, pues los huelguistas pasaron el día acampados detrás del templo y no volvieron
a sus habitaciones de la necrópolis hasta que se hizo noche.
Volvieron a salir el segundo día y en el tercero se atrevieron a invadir el Rameseum, recinto sagrado que rodeaba
el templo funerario de Ramsés II. Posteriormente huyeron
los contadores, los porteros y los policías. Un jefe de éstos
prometió enviar por el Alcalde de Tebas, que discretamente,
no se había dejado ver. La turbamulta estaba resuelta, pero
en orden, y la invasión del recinto sagrado parece que fue
más eficaz que la pacífica actitud anterior. Los funcionarios
dieron oídos a su protesta: "Hemos llegado .a este lugar por
causa del hambre y de la sed, por la falta de ropa, de pescado,
de hortalizas. Escribídselo al Faraón y al Visir, nuestro superior. ¡ Haced de modo que podamos vivir! El tesoro real
se abrió y se les entregaron las raciones del mes anterior. Los
trabajadores se ablandaron un tanto con la paga, pero la dura
experiencia les había decidido a no contentarse con una satisfacción parcial: pidieron también la paga del mes corri:ente.

Los obreros habían presentado humildemente sus quejas: "Estamos débiles y hambrientos, porque no hemos recibido los salarios que el Faraón dio para nosotros!" Y el Visir,
el Gran Sacerdote y el Tesorero, dijeron: "Los hombres de
la necrópolis tienen razón." Si alguien podía haber r emediado
la situación eran aquellos altos funcionarios, pero prefirieron pagar a los trabajadores con indignación justiciera más
que con sacos de cebada y de trigo.

"

.

Dos semanas más tarde, aJ ~o recibir la paga el día primero del nuevo mes, volvieron a salir. Sus demandas envolvían ahora la amenaza velada contra los interventores, de
que estaban engañando al faraón: "¡No nos iremos! Decid a
vuestros superiores cuando · estén con sus acompañantes, qu~
ciertamente no hemos cruzado el río solamente a causa del
hambre, sino que tenemos que hacer una acusación importante, porque ciertamente se están cometiendo crímenes en este
lugar del Faraón".
No conocemos el resultado de la acusac10n, pero el desorden continuó. Dos meses después, el Visir estaba en Tebas
por asuntos oficiales, pero tuvo buen cuidado de no pasar el
río y presentarse a los huelguistas. En vez de esto, envió a
un oficial de policía con suaves promesas para los interven_tores de la necrópolis: "Cuando haga falta algo, no dejaré
de traéroslo. .Ahora bien, acerca de lo que decís ''¡No te lleves
nuestras raciones! ¡cómo! Yo soy el Visir, que da y no
quita ... Si ocurriese que no hubiera nada en el granero
mismo, os daré lo que pueda encontrar. No obstant e esta
promesa, sabemos que once días después, el bando volvió
a cruzar las murallas gritando: "¡ Tenem_os hambre !"

71

•

t

Entonces los obreros que estaban ociosos cruzaron el
,
' Sacerdote.
no
para volver a pedir, esta vez solamente al Gran
Este alegó que sería técnicamente incorrecto por su parte
suministrar provisiones para aliviarles el hambre, ya que lo
correcto era que las raciones les fuesen entregadas por sus
superiores inmediatos. Pero los obreros pasaron la noche en
las oficinas del Gran Sacerdote, para reanudar su petición
en la mañana siguiente. Entonces los altos funcionarios
convocaron a un gobernador diputado del r eal granero y le
ordenaron: "Buscad el grano del Visir y dad de él provisiones a los hombres de la necrópolis." Sabemos que después
de esto, los trabajadores, agradecidos, regalaron a los funcionarios 2 buey_es y un cofre con inscripciones . . . ¡ en pago
.de haber cumplido su deber burocrático !
.Así pues, vemos reflejados nuestros mismos problemas
contemporáneos en las voces lejanas y olvidadas de estos
primeros pueblos del mundo. Y me pregunto yo: 6Las lágrimas y la sangre derramada, las canciones antiguas no nos
han de enseñar nada ? .Aunque la historia no se repita, ¿no
podremos ser capaces de aprender algo de estos paralelismos
históricos, de estas experiencias pasadas de que inconsciente
pero inevitablemente participamos por el solo hecho de vivir?
¡, No nos dicen .nada los relatos azarosos de estas huelgas, de
esta corrupción gubernamental ? ¿Los consejos de estos antiguos políticos, los relatos deshilachados de la estultez burocrática Y ¿Nada seremos capaces de aprender de estas revoluciones olvidadas, de estas perdidas palabras de una sociedad
que como la nuestra, tenía problemas inflacionarios, de desempleo, de luchas de clases? Este es nuestro propio pasado y
no podemos negarnos a recibir tan amarga herencia. (B)
¿Podremos hacer buen uso de estas antiguas experiencias 1
Nosotros tenemos la palabra.

�MEDALLA
"ALFONSO REYES"

�PALABRAS DEL SR. ARQ. JOAQUIN A. MORAt.'
Sr. Licenciado Raúl Rangel Frías:

t

•

.,

Embargado de la más profunda emoción, cumplo
esta noche el mandato del Honorable Consejo Universitario, máximo órgano representativo de nuestra Universidad, haciendo entrega, de conformidad con el acuerdo
expresado en la fracción del Acta a que se acaba de
dar lectura, de un Testimonio de otorgamiento de la Medalla "Alfonso Reyes", correspondiente al año próximo,
a la cual usted se ha hecho acreedor en virtud de sus
reconocidos méritos académicos como maestro y Rector
magnífico que fue de nuestra Máxima Casa de Estudios
y por su altamente significativo esfuerzo, fuera de ella, en
pro del desenvolvimiento espiritual y material de la Universidad de Nuevo León y que le será impuesta, en Acto
Solemne, el día 27 de .abril de 1962, en este mismo
Claustro Universitario.
Señor Licenciado, la Universidad de Nuevo León, al
otorgarle la Presea que simboliza al ilustre regiomontano
Alfonso Reyes, de quien usted dijo en una ocasión que
" ... representa en Méxic·o una de aquellas almas selectas
que pertenece a toda la humanidad, porque ilumina los
afanes .históricos con los más puros bienes del espíritu,
como son la perfección del lenguaje, la precisión de las
ideas, el culto de la belleza ... ", quiere honrar én su
persona, al maestro y al ex-Rector, quien con el más claro
concepto de la comunidad universitaria, con la más profunda fe en nuestra Máxima Casa de Estudios, con los

.'

• Pronunciadas por el Rector de la Universidad de Nueyo León en
la Sesión Solemne del H. Consejo Universitario, el día 28 de Septiembre de 1961, con motivo de la imposición de la Medalla "Alfonso Reyes" al Sr. Lic. Raúl Rangel Frias, Gobernador Constitucional del Estado.
-75-

�76

l\Iedalla "Alfonso Reyes"

hechos, con las palabras y con el ejemplo, supo dar a
nuestras juventudes estudiosas la más alta lección de
lealtad y de pureza de pensamiento, conduciéndolas con
~mor Y con acierto en la lucha por los más elevados
ideales del hombre: por el bien, por la justicia, por la
libertad, por la verdad.
Quiere también rendir justo homenaje al gobernante
que, siéndolo, colocó en el primer término de sus preocupaciones administrativas, el bienestar y el desenvolvimiento material de nuestra Casa de Estudios; menos como
una obligación de su gobierno, más por respeto al maestro
que es merecedor del mejor ambiente material para impartir su sabiduría y prodigar sus conocimientos; menos
por consideraciones personales, más por amor a la juventud mexicana, que tiene todo el derecho del mundo a
desarrollarse, tanto en las disciplinas del espíritu como
e~ las físicas, dentro de los medios materiales más propicios de engendrar la dignidad, el honor y el amor propio
del estudiante universitario.
Señor ex-Rector, cuando reqrese a la vida privada,
la presea que la Universidad le ha otorgado tendrá
para usted el más alto siqnificativo, porque alumnos,
maestros y este Honorable Consejo, al conferirle el más
alto símbolo de su reconcimiento vieron, más allá del
gobernante probo y ejemplar, al universitario, al ex-Rector, al maestro en quien, en lo más profundo de su corazón campea eternamente, inexorablemente, el noble lema
de nuestra Universidad: ALENTANDO LA LLAMA DE
LA VERDAD.
Entrego a usted señor Licenciado, a nombre de la
Universidad de Nuevo León, este Testimonio que representa el mejor homenaje a sus altos méritos como universitario y como hombre, y a su desinteresada precupación
en pro de la Educación Superior nuevoleonesa. Recíbala
con los más fervientes votos de nuestra Máxima Casa de
E:tudios P?rq~e s_iqa siendo usted el mejor guía y el
e¡emplo mas limpio y claro para la juventud estudiosa
que anhela hoy, servir mañana, mejor a la patria.

DISCURSO FINAL

Honorable Claustro de nuestra Universidad,:,
e •

' '

No es la primera vez que me encuentro inserto en
el mundo de nuestra Casa Mayor; pero todo parece nuevo
una vez más; una vez más parece que acaba de amanecer
en las aulas del Colegio Civil y que aquellos viejos árboles de su plaza están apenas retoñando.
Es la primavera que acude a mi memoria y son de
nuevo los años adolescentes los que vienen a mi encuentro.
"Todo es diverso y lo mismo en el gran río del devenir;
decía Heráclito: "jamás podrá el hombre bañarse dos veces en las mismas aguas". Ha corrido el tiempo y otra
vez estoy aquí, quizás ahora para no irme jamás. En
una noche cuyo firmamento estrellado fué testigo de mi
palabra hice la afirmación de que jamás me podría despedir de la Universidad; que ella me acompañaría, que
seguiría conmigo y que algún día habría de reclamar de
nuevo el derecho a pasar por sus muros, bajo sus arcos
y bóvedas antiguas. Y de nuevo, con la misma emoción
del estudiante que ingresó al Colegio Civil, vengo tras
duro bregar nuevamente a vosotros, mis jóvenes amigos,
mis viejos maestros, mis compañeros.
¿Quiénes son mis maestros, sino los jóvenes? ¿Quiénes son mis discípulos, sino los que ya no viven? ¿Quiénes
son mis compañeros sino los que trabajan a diario por
engrandecer los muros, por hacer más altas, más profundas las bóvedas de esta Casa?
• Discurso pronunciado por el Licenciado Raúl Rangel Frias,
Gobernador Constitucional del Estado, en la sesión solemne del
Consejo de la Universidad de Nuevo León, con motivo de la imposición que le hizo esta Institución de la Medalla "Alfonso Reyes",
el veintiocho de Septiembre de mil novecientos sesenta y uno.
-77-

�•

78

Medalla "Alfonso Reyes"

:\Iedalla "Alfonso Reyes"

Vengo aquí y me sorprende una atmósfera tan diáfana y tan pura como la de mis años de adolescente: me
encuentro como si me hubiera soñado a mí mismo, más
antiguo, no más grande; más crecido en edad, no más
sabio; más trabajado en la emoción, no más generoso. Y
entonces pienso que mi verdadero maestro fué aquel joven
estudiante que fuí yo mismo; aquél que cargado de ensueños, titubeante y con ideas que apenas balbuceaba,
acudió a tomar lección y a aprender la lengua de la vida
en la escala de la emoción; a entender el mundo, su contorno y su tiempo.
Han pasado los años y quizá no han transcurrido en
vano; lo viejo nuevo está y lo nuevo se parece a lo eterno;
estamos aquí; recibo de manos del Rector de esta Universidad una presea que me trae el recuerdo del hombre
más bondadoso, más sabio, más luminoso de pensamiento
y de lengua que haya conocido jamás, Alfonso Reyes,
santo patrón laico de las humanidades de mi tierra, a la
cual brindó desde lo más puro de su corazón y de su ·recuerdo, versos, oraciones del pensamiento, qué sé yo, unas
palabras transparentes y cálidas, para su ciudad de fierro,
apretada en muros de cemento, coronada de montañas.
Aquel que fué chorro de inteligencia cordial, de simpatía universal por todo lo que vibra con ese aliento de
hombre puesto a trascender los límites de la zoología,
alzar su pensamiento con una bandera de esperanza sobre
la entrega y la traición de los hombre·s, lengua de pasión
humana contra la desesperación y el tedio; que fué todo
claridad, diafanidad y pureza como su propia atmósfera
del Anáhuac, como el aire más transparente de su propia
visión: Maestro, amigo y 'Rector, ·hombre Alfonso Reyes;
al que hoy recojo en esta presea de la Universidad con el
.derecho a llevarlo sobre mi propio pecho.
De su vida y de su lección aprendí que la palabra
,es un vaso sagrado de la inteliqencia, que el ideal es un
pan que debemos engrandecer todos los días los universitarios, que la justicia no es forcejeo sino problema de
Ja inteligencia, de la cordialidad y de la capacidad para

79

comunicarse los hombres entre sí; de ese hombre recogí
la mayor esencia, pureza y verdad de mi propia Universidad y hoy la llevo sobre mí.
,.1

Quiero recibirlo con honor para poder compartir con
él un resto del camino que todavía me queda por andar;
quisiera que quedase dentro de mí mismo como su propio
espíritu, alentador de un programa de la inteligencia, de
la alegría y de la esperanza, que se anuncia en todas
partes para México y para todos los pueblos.
Lo quiero llevar en· el corazón, como representación
y como imagen, sea dicho en las palabras del Rector de
esta Universidad, con el lema de la misma: "Alentando
siempre la llama de la verdad".
No podría yo juzgar si merezco el homenaje que me
brinda mi propia Casa. Absolvédme por haberme atrevido
a aceptar este tributo; pero pienso ante todo en las obligaciones que otorgan las cosas nobles y honradas como
ésta: son prendas para obligar an+es que premios para
saldar deudas y yo no tengo con la Universidad ninguna
deuda, ningún saldo.
Con esta insignia se me ha entregado una espiga de
trigo para hacer un pan, una herramienta para trabajar,
un libro para enseñar. Tengo una vez más el honor y el
peso de una responsabilidad, la de llevar la más alta
condecoración que puede otorgar esta Casa a uno de
sus hijos, que ya antes otorgó a un hombre ejemplar, a
un hombre diqno, a un patriota. Tras de todo ello, ¡_qué
puedo hacer? Rehusar el honor significaría negar la
obligación que tengo uha vez más de servir y de pagar.
Mi vieja sanqre, que me llevó por todas las aulas
del Colegio, que me siguió por mi Casa Mayor de México, que me trajo de nuevo a servir al pueblo de Nuevo
León; mi sangre, la voz y mi espíritu que hoy acuden de
nuevo a este recinto, me exigen obediencia, cumpimiento
y conformidad. Acepto pues, señor Rector, Honorable
Claustro, con rendida humildad, con la pura y simple
humildad de un hijo del Colegio Civil, esta distinción,

�l\Iedalla "Alfonso Reyes"

80

como un camino, como un deber, como un instrumento
de trabajo, de verdad y de vida. Y al recogerla, pienso
de nuevo en la suerte que espera en estos días a la libertad
y a la inteliqencia, a la alegría y a la esperanza de los
hombres.
La calidad del ser universitario nos impone una clarividencia que debemos exigirnos a nosotros mismos en
las horas de angustia. Ningún universitario de hoy puede
menos que contemplar con angustia el ámbito de la cultura y las crecientes sombras que amenazan al hombre.
La inteligencia que ha sido el esfuerzo y el fruto de
una historia milenaria, que ha edificado la cultura para
seguir llevando en pos de sí al ser humano en un trabaio
de perfección, de claridad, de comprensión y de comunicación universal, está a punto de ser víctima de sus
propios engendros, de sus criaturas, de los resultados más
preciosos de la Ciencia y de la Técnica. En esta hora
cargada de amenazas, en un mundo cada vez má_s solidariamente ligado entre sí en las partículas materiales y
cada vez más dividido en las fuerzas espirituales, la voz
de la inteligencia representa nuestra esperanza y la verdad del hombre.
Entre tanto, la suerte de las Universidades está en
el más profundo de los abismos. Todos los que tenemos una
obligación y una responsabilidad que cumplir, debemos
concentrar nuestro espíritu en esta hora y multiplicar el
esfuerzo de nuestra palabra, de nuestra emoción, para
hacer que el hombre no se traicione a sí mismo, para
evitar que la cultura se derrumbe sobre sus propios pasos,
para que el fruto que brota del árbol de la vida no caiga
sobre las raíces y devore su propio ser.
Hoy por hoy tenemos los universitarios, la obligación imprescindible de comprender nuestra misión. No
se agota en el conocimiento y en la transmisión cultural;
no se vuelve nuestra última obligación la enseñanza dentro del aula sino que en torno de la propia vida, del libro,
del laboratorio y del Instituto, hay un punto en el cual
la palabra, la emoción, el esfuerzo, deben rendir la mayor

...

l\ledalla "Alfonso Reyes''

81

aportación jamás pedida al ser humano: la de salvarse a
sí mismo como criatura superior y la de evitar su propia
destrucción cargado de los frutos más preciosos de la
Ciencia y de la Técnica. Y ésto que constituye lo que
podría denominar la obligación moral de las Universidades contemporáneas, es a la vez la raíz de una actitud
política y el principio de un nuevo esfuerzo para reagrupar
a los hombres de todos los ámbitos del mundo, en torno
a la verdad, en torno a la emoción y a la alegría.
Los universitarios no hemos concluído nuestra jornada. Cuando hemos rendido el quehacer de cada día,
en el aula, en el despacho público, en el laboratorio o
en la sala médica, apenas empieza para nosotros la verdad de otro amanecer. Cuando cae la tarde-la sabiduría, decía Hegel, es como el ave del crepúsculo-Grecia
IQ representaba con el buho; como esas aves del crepúsculo que emprenden el vuelo a la hora en que el sol
' se acuesta.
De igual manera, la inteligencia del mundo de hoy,
representada más que nunca en su esencia más pura por
la palabra y por la Universidad, debe estar alerta ante
estas sombras para distinguir, para aclarar, para precisar.
Y no basta entender, no importa tan sólo enseñar, es necesario guiar. En estas horas de zozobra, de angustia y de
amenazas, se reclama generosidad, alegría profunda y
amor, un amor, como en el que cifraba el platónico la
inteligencia '''nuevo amor trae nuevo conocimiento" dice
el epígrafe de la Academia Platónica. De igual modo,
necesitamos nosotros renovar la emoción maravillada que
consiste en amar a la vida, lo mismo la del árbol, la del
pájaro que la de la montaña o la de otro ser humano;
porque esto es lo' que va cegando por temor del futuro
la vida de hoy, las fuentes de la generosidad, de nuestra
comunicación con el prójimo, la capacidad para entendernos y la vocación del hombre a su destino universal.
Alguna vez hemos pensado en la línea en la cual
está situada la inteligencia de hoy. No es ya el plano
original del primitivo, ni el giro circular de los astros del

�82

Medalla 11Aifonso Reyes1♦

l\Iedalla "Alfonso Reyesu

renacimiento. Es hoy la estrella más alta desde cuya
órbita se puede percibir toda la escena del mundo, sus
continentes y sus· mares, sus bosques y ciudades; desde
esa visión, como la de un ave, apreciar las limitaciones
en que estamos encerrados, nuestras querellas frívolas
y estériles.
En el mundo de nuestros días las Universidades son
los representantes de esa ciencia que hoy desemboca en
la maravillosa capacidad del hombre de circular por el
espac!o cósmico ¡No lo vayamos a negar con ruindades
del corazón, con insens_ateces y mutilaciones! Tengamos
dentro de nosotros m·ismos la capacidad, el amor, la generosidad bastante para hacer que la inteliqencia sea tan
ancha, tan honda, tan alta, como el vuelo de la luz y la
sutil envoltura del universo.

•

Es a nosotros los universitarios a los que nos toca
hacer lo necesario para conducir y no sólo pa·ra entender,
ni · sólo enseñar. En la comedia del Dante es el poeta
filósofo de la antigüedad, Virgilio, el que hace trasponer
al poeta de un sitio a otro, descender sin extravío los escalones de las sórdidas estancias del infierno. Hagamos
nuestra fuerza con todas las capacidades y los elementos
de la Ciencia y de la Técnica de hoy, pero volvamos
siempre ~obre nuestros pasos-todo es' tan antiguo y tan
moderno-volvamos a decir a la inteligencia y a la poesía
como Dante: "tú guía, tú conduce, poeta y maestro".
Nuestra Universidad me hace volver al ámbito de su
claustro. Aquí nada ha pasado, el antiguo Rect~r, el
incipiente Maestro, el estudiante alucinado, es el mismo
de hoy. Nada ha pasado; la vida nos espera: lo hecho, hecho está y ahora vamos a cont_inuar el camino una vez más.
La estrella de la tarde es la misma del amanecer: La vida
está a las puertas en miles de corazones jóvenes; vayamos

•
.t

83

hacia ellos, volvamos al aula, reqresemos de nuevo al
espíritu de esta Casa y devotamente recojamos en esta
hora solemne, afectuosa, que me hunde y me deja exhausto, recojamos una vez más la palabra emocionada, grabada en su escudo y viva en el rostro de Alfonso Reyes.
Una vez más, prosigamos, "alentando la llama de la
verdad".

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                <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1961, Segunda Época, Año 4, No 3, Julio-Septiembre </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BeTl■ta de la IJnlvenldad de Nueve LÑ■

Alfonso Reyes,· Diario
Robb, En el camino

: José Vasconcelos y

Alfonso Reyes • R

os, Luz en las Se-

govias • Robert S

roblema central de

la crítica literaria • Vi

niversitaria • Libros

OCTUBRE/DICIE11IBRE DE 1961

.AÑO 4/Scguuda Epoca

��REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

•

Revista de la Universidad de Nuevo León

Año 4,

~ o.

4

Octubre/ Diciembre de 1961

Segunda Epoca

'

Rector:
LIC. JOSE ALVARADO SANTOS

SUMARIO
Secretario General :

Pág.

ING. LAURO MARTINEZ CARRANZA

.Alfonso Reyes, Diario de Monterrey___________________

5

James Willis Robb, En .el camino de Topilejo: José Vas-

concelos y Alfonso Reyes -------------------------

7

Raymundo Ramos, Luz en las Segovias________________ 25
(Registro en Trámite)
PRECIO DE SUSCRIPCION:

Robert Salmón, El problema central de la crítica literaria 47
Dirección:

UN A~O (cuatro números)

Departamento de Extensión

En México : Veinte Pesos

Universitaria

Otros Países : Dos Dólares

Torre de la Rectoría
Ciudad Universitaria.

•

�Alfonso Reyes/ DIARIO DE MONTERREY
I
Plácida siesta.

CoN

el bochorno de la siesta, la vida
de la ciudad se suspende. El sol reina en el aire y se enseñorea de las calles. Los hombres desaparecen por una hora,
y hasta le cerro empieza a esconderse en brumas de sudor.
Sólo las urracas siguen, desde los árboles de la Plaza, desenredando el hilo del tiempo, entre los chirridos metálicos de
esa ruequecilla de canciones que llevan en el "buche".
Por primera vez me quedo solo, y dispongo mi ánimo
-no sé si como quien se amuralla o como quien de antemano
:se rinde- para recibir el amago de las emociones, de los
recuerdos, que suelen atacarnos siempre entre saetazos de
1ágrimas.
He aquí que los efluvios profundos de mi influencia van

•

••

.a subir hasta la superficie de mi conciencia, - hasta la super-

ficie, como diría Dante, del "lago del corazón". Las memorias,
.al saberme solo, van a cerrar sobre mí en ejército compacto.
Pronto sentiré, sobre las puertas del pecho, los puños de los
.asaltantes. Pronto -en esta lucha sentimental- seré vencido...
Pero ¿ qué nueva paz, qué embriaguez radiosa va entran-do en mí, sin que sepa yo de donde viene f ¡, Cómo es que la
.alegría estaba en mí, y los sentidos no lo sabían Y ¿Por qué,
en lugar de soportar el temido ataque de los recuerdos, resbalo lentamente hacia una zona de regocijo casi infantil Y
JQué hados, qué ángeles guardianes -olvidados entre los
-5-

�6

Diario de l\Ionterrey

árboles del jardín paterno- me estaban esperando aquí, desde
hace años, para suscitar, al toque de sus alas, cuanto hay·,
mí todavía de niño?

en

[ames .:_Wrllif Robb: /-EN EL

CAMI!-1O D_E_ TOP
]OSE . VASCONCELOS Y ALFONSO REYES

¡ Oh, plácida siesta! ¡ Oh, soledad poblada de contenta-

mientos inexplicables! t Qué pudo adormecerme así, alucinarme así con la sensación de una plenitud, de una reintegración
en la atmósfera nativa, de una continuidad biológica superior
a las vicisitudes de la conducta y a los sobresaltos del recuerdo 1 Acaso la Sombra del que apenas debo nombrar gusta
de vagar todavía por la tierra a la que dio su aliento. Acaso.
su compañía más que humana se insinúa en mí y me conforma,.
a manera de inefable vino.

•

~f.'lff?,:
'.
:•1:.i i:

.,
·., •,.

Y gozo -sin entenderlo yo mismo, y más allá de los permisos de la razón- de aquel sentimiento de los primitiivos
que se imaginan asimiliar poco a poco, al paso de los años
las virtudes y la electricidad vital de sus antecesores muer:
tos.- Honda comunión del alma en el alma, un amor más alt&lt;&gt;
que la vida, más alto que la muerte, ha tocado por un intante
mis sienes fatigadas.
·
'
~

:

;.•

•:.' DEJANDO el centro de la ciudad d.e
México con rumbo a Xochimilco, alcanza el viajero las afoe-:
ras de la capital y llega a una encrucijada. lJna seña~ indicadora dice: a la izquierda "Xochimilco", a la derecha
"Toprlej o".
·

Si se toma la segunda de estas dhecciones, el camino
sub.e por la falda ge la serranía y poco. antes de topar · coh
la antigua carretera México-Cuernavaca da con Topilejo, tí•
pico pueblo humilde y ordinario pero rodeado del pintoresco
paisaje de las alturas. Desde allí se divisan lindos pnados
a orillas de la antigua carretera que los domingos Y:· días
feriaáos se pueblan por grupos capitalinos que hoy día vienen
en sus automóviles en busca de quietud y esparcimiento.

:Monterrey, 10 de mayo de 1927. (Inédito ).

s~

..

Este pueblecito aparente~ente insignificante tiene
prq~
pio encanto e interés para el lector de Alfonso Reyes· y de
José Vasconcelos, pues por una curiosa coincidencia resulta
ser el escenario de dos,distintos relatos, El testimonio de Jµan
Peña de Reyes, fechado 1923,1 y Topilejo de Vasconce\os,
fechado 1930.2 Reyes y Vasconcelos son miembros de la .mis•
ma' Generación mexicana del Centenario, cuya historia &lt;ruenta
Reyes en su Pasado inmediato: Vasconcelos el más apasio;
nado. o "romántico" del grupo, como se ha dicho, y }wyes
más "clásico" o sereno. También notamos que de lQs. dq~,
Vasconcelos es el más preocupado por lo político Y.. socio:
lpgico, y Reyes es de temperamento más diplomático;, ?
humanista.
, ,::•: , ,
Estos dos relatos ubicados en Topilejo tienen . ciértos
rasgos generales en común: ambas son narraciones m~ii ~'-•.m~nos· noveladas o poetizadas de ~ucesos reales conoc1dq,; ·p_"O,i:
los ·respectivos autores: dil-ectainente autobiográfico, '. 'e.u_· el
1

'1

:

• p -~ .

1~ . •

�8

James Wlllis Robb

En el Camino de Topllejo: José Vasconcelos y Allonso Reyes

inefables de combate y de asalto". El relato termina aquí,
sin resolverse más definitivamente el asunto.

caso de Reyes; íntimamente relacionado con su autobiografía,
en el caso de Vasconcelos.2ª Ambos relatos empiezan en la
ciudad de México, siguen narrando un breve viaje hasta el
pueblo de Topilejo y culminan con un incidente que se desarrolla en Topilejo. Los dos incidentes ponen de relieve un
caso de injusticia social. Creemos interesante seguir este
paralelismo para explorar las "simpatías y diferencias", que
diría Reyes, entre los dos relatos, en lo que se refire especialmente al arte literario de nuestros dos escritores.

Primero precisemos el tono y carácter general de cada
relato. El caso contado por Vasconcelos es un asesinato político colectivo, caracterizado por su bárbara violencia criminal. El relato de Reyes cuenta simplemente un caso de
investigación jurídica informal, en una situación de injusticia social que es moralmente criminal pero que no tiene
violencia directamente expresada. Se sobreentienden injusticias acompañadas de alguna violencia menor o vista indirectamente - " - Nos pegan, jefecito ; nos roban; nos quieren
matar de hambre ..." - y el paisaje final sugiere poéticamente
el elemento combativo en el temperamento mexicano. Vasconcelos nos hace testigos directos de un acto de violencia
bárbara, objeto de su denuncia, presentado con fuerte dramatismo. Reyes nos da una ojeada indirecta, aunque íntimamente penetrante, con patetismo más que dramatismo, y
la posible violencia está atenuada por la alusión, la reflexión
y la poetización.

Después de resumir brevemente los dos relatos, los interrelacionaremos en su tratamiento de varios elementos temáticos : (1) la ciudad de México, y la ciudad contrapuesta al
campo, (2) el aire y el cielo del valle mexicano, (3) el
pueblo de 'fopilejo, (4) el campo y paisaje que rodea a
Topilejo, (5) el tema de la justicia e injusticia humanas.
En el relato de Vasconcelos, cuarenta presos políticos inclusive un italiano, Fortunato, y el joven ingeniero González
- vasconcelistas castigados por los vencedores de Vasconcelos
en su candidatura presidencial - después de una temporada
de encarcelamiento en la capital son llevados a Topilejo, donde se los mata brutalmente a bayonetazos y los cuerpos son
descuartizados y enterrados. Un indio una semana después
descubre el caso, viendo un dedo que sale de la tierra, pero
las autoridades suprimen los rumores e incipientes denuncias.
El italiano se había escapado porque uno de los verdugos,
cansándose de matar, le había dicho "mata tú a ése y te
perdono la vida", y se vuelve fantasma errabundo, "el loco
de Topilejo". "Los sucesos de Topilejo" quedan silenciados.
En el relato de Reyes, el joven abogado aprendiz Alfonso
Reyes es llamado al pueblo de Topilejo para aconsejar a una
pobre mujer, "una pobre indita descalza" que ha sido desposeída de su pedazo de tierra por el alcalde, el Sr. Atienzo.
El comisario Morales, enemigo del alcalde y defensor de la
indita, le manda inspeccionar el terreno. En el camino le
salen al paso numerosos indios que patéticamente le expresan
sus quejas contra el hombre blanco. Al llegar al terreno,
le presentan al indio viejo, Juan Peña, quien "ha visto más
que nosotros. El le contará todo.": y él dramática y emocionalmente les cuenta a Reyes y a sus compañeros "mil abusos
e infamias del mal hombre que había en el pueblo", pidiendo
su protección. El joven Reyes le contesta con un pequeño
discurso, tratando de asegurarle que confiando en la justicia
todo ha de salir bien. Acaban despidiéndose del comisario,
dándole a él también seguridades. Meditan sobre el caso en
el viaje a México, y el paisaje nocturno sugiere "tentaciones

9

Pasemos a los motiYos temáticos específicos.
Ciudad versus campo:
En ambos relatos, la ciudad de México está pintada o
aludida subjetivamente y en cierto modo contrastada con
-el campo.
Para Vasconcelos, la ciudad es un gran símbolo de la
vergonzosa corrupción y criminalidad oficiales:

•

Las calles desiertas, lóbregas, recordaban el espanto de todos los años recientes, deshonrados con el
continuo atentado oficial. Desde las nueve de la noche los vecinos se encierran, temerosos de la policía,
escarmentados de una oficialidad que, a guisa de tributo perenne, toma a su cargo cafés, restaurantes,
centros de diversión y de vicio. Nada bueno ocurre
por aquellas avenidas suntuosas, convertidas poco a
poco en la encrucijada de la mala pasión y el despotismo. Unicamente cortejos como aquel en que ahora
iban el ingeniero González y sus amigos, cortejos de
víctimas, resurrección de sacrificios humanos peores
que los aztecas, que, por lo menos, mataban a plena luz.
:Es decir, que sirve de fondo para pintar con fuertes tintes
dramáticos el ambiente psicológico de miedo, de crueldad

�'10

En el Camino de Topilejo: José Vasconcelos y Alfonso Reyes.

y de injusticia, un ambiente de total reino· de terror que
desde el principio envolYerá este relato.
Asociado con el aspecto de corrupción y decadencia que
caracteriza la capital mexicana vista en este momento de
su historia por los 'Ojos vasconcelianos (a través del personaje medio novelesco del ingeniero González) está el elemento de "norteamericanización" de la moderna cosmópolis,
elemento ausente de la descripción de Alfonso Reyes que
veremos más adelante :
El ingeniero supuso que era la última vez
que veía aquel hacinamiento de ·casas sin gusto,
de los barrios nuevos. Los hermosos palacios,
las torres y cúpulas de la arquitectura colonial
no habían logrado impedir, con su ejemplo de
belleza perfecta, todo aquel brote morboso de
construcciones norteamericanizantes, pueriles y
sórdidas como el alma de los contemporáneos.
. A medida que se aleja la "caravana de la muerte", la
ciudad evoca para el ingeniero González una gran visión de
su vergüenza y de loca injusticia de las masas ciegas:
En el primer alto, el camino dió una vuelta
y se perdió de vista la ciudad maldita, amortajada en aquella hora en el sueño pesado de su
deshonra. Por uno de esos contrastes certeros de
las horas lúcidas, González tuvo otra visión inno ble: la misma ciudad humillada, pero en fiesta.
Un sol pleno hace relumbrar los aceros, los entorchados en el desfile militar, y una multitud
alcohólica, subconsciente, aplaude, aplaude a
aquellos mismos héroes que de noche acuchillan
en la sombra y a mansalva y entre coros de risotadas.
La ciudad es una figuración simbólica de la horrible
muerte traída por la tiranía, envuelta como está en la "mortaja" de su deshonra. Es una visión nocturna de la ciudad,
pues "noche" y "muerte" poéticamente están asociadas: se
trata de muertes "negras" y secretas, asesinatos cometidos
de noche. Entonces los vivos poderes de visualización de Vasconcelos pintan un contraste de luz y sombra, un sueño de
la ebria locura colectiva que aplaude en la luz fantasma"órica
a los héroes asesinados ocultamente en la oscuridad. e
FreQuentemente, al trasponer una cumbre,
vuelve a aparecer· el panorama de la ciudad,
constelación caída en el abismo del valle.

James ,Willis: Robb

u

- La última v1s1on de la ciudad la reduce a un puro
símbolo poético de su degeneración moral: "constelación
caída" en el' abismo del valle, o sea como en el '(valle de
la sombra de la muerte".
En el relato de Alfonso Reyes, la visión de la ciudad
propiamente dicha está menos elaborada, pues las injusticias
que serán, ~etalla~as por él no tienen allí su punto de enfoque dramat1co. Sm embargo, como en el caso vasconceliano
~a ciudad representa cierto elemento negativo - aquí de flo~
Jedad, y hasta también de decadencia cosmopolita. El testimonio de Juan Peña es el íntimo drama personal del intelectual urbano - en la persona del joven Don Alfonso - que
s~ pone en_ contacto con el campesino indio - de modo de
vida tan diferente - y con el drama íntimo de éste en conflicto en ~l opresor blanco. La ciudad vista por el joven
abogado dispuesto a hacer su propio examen de conciencia
es una. !ep~esentación de su vida privilegiada de refinamiento y frivolidad urbanos que no conoce nada de la vida de
asperezas y de dolores del campesino :
¿ Quién soy yo, hijo privilegiado de la ciudad,
an:opado entre lecturas y amigos refinados, para
qmen todavía la vida no tiene más estímulos que
las paradojas y los amores, qué valgo yo para
confesor de este hombre del campo, cargado de
sol y de venenos silvestres, emisario de pasiones
que yo no conozco ni apetezco Y •••

A dos pasos de nuestra frivolidad ciudadana,
el campo nos estaba esperando, lleno de dolores y
anhelos ...
A dos pasos de la capital, nuestra vaga literatura, nuestro europeísmo decadente, daban de súbito
con un pueblecito de hombres morenos y descalzos.
Curiosamente, Reyes como Vasconcelos asocia algún elemento extrajerizante con la decadencia urbana, pero donde
en Vasconcelos es lo "norteamericanizante" visible en la
arquitectura nueva y presente en las almas, en Reyes se trata
de "europeísmo decadente," que venía de la cultura estancada del régimen porfirista,3 marcada de atrasadas influencias europeas - congelado positivismo (francés e inalés) y
"modernismo" sin ímpetu ya. Era un ambiente de aislamiento, que no sólo aislaba a México de las nuevas corrientes
mundiales sino que aeentuaba el abismo entre el campesino
y el intelectual urbano.

�James Willis Robb
12

13

En el Camino de Topilejo: José Vasconcelos y Alfonso Reyes

Aire y cielo :
Al pasar a delinear el paisaje entre la ciudad y campo,
los dos escritores dedican cierta atención al aire y cielo del
valle mexicano. Para ambos, el aire y el cielo representan
un elemento de pureza, frescura e inspiración. Aquí es donde
más se estrecha la afinidad entre los estilos de Vasconcelos
y de Reyes.
La descripción que hace Vasconcelos es más breve, pero
casi parece una alusión a la famosa "región más transparente del aire" poetizada por Reyes en su "Visión de Aná.huac." Aquí Vasconcelos :
El ambiente sin nieblas da impresión de proximidad, anula las distancias, acerca las estrellas
cintillantes, las confunde con los puntos luminosos
de los poblados perdidos en la serranía. Era por
abajo un océano de sombras y por arriba la inmensidad de su plenitud.
Recordaremos inevitablemente las pinceladas trazadas
anteriormente por Reyes, notablemente las siguientes:
. . . allí la vegetación arisca y heráldica, ...
la atmósfera de extremada nitidez, en que los colores mismos se ahogan - compensándolo la armonía general del dibujo; el éter luminoso en que
se adelantan las cosas con un resalte individual. ..
En aquel paisaje... por donde los ojos yerran
con discernimiento, la mente descifra cada línea
y acaricia cada ondulación...4
El concepto de Reyes de la "extremada nitidez" del aire
y del "éter luminoso en que se adelantan las co~as con un
resalte individual" parece tener su eco vasconcehano en las
palabras "El ambiente sin nieblas da impresión de proximidad anula las distancias." Vasconcelos pasa entonces a
desarr~llar su propia imagen poética de tipo impresioni~ta
en que visualmente se confunden pueblos y estrellas: el aire
parece un elemento de mágica potencialidad transformadora
y de vinculación espiritual entre pueblos e "inmesida~" ?~l
más allá, aunque quedan aquéllos por el momento simbohcamente sumergidos en el "océano de sombras," "constelaciones caídas" como dijo antes de la ciudad. En Vasconcelos
como en el Reyes de la Visión de Anáhuac está presente el
elemento de extremada luminosidad - diurna en Reyes, ere-

puscular en Vasconcelos - de luz o de luces que brillan _dando
realce al sentido poético de la "mágica" calidad del aire.
En El testimonio de Juan Peña, Reyes vuelve a acentuar
la luminosidad, la transparencia y la pureza o limpieza del
aire:
Aquella mañana me sonreía con la placidez
que sólo tiene el cielo de México. Allí el sol madruga a hacer su oficio, y dura en él lo más que
puede.
Cielo diligente, cielo laborioso el de México ;
cielo municipal, urbanizado y perfecto, que cumple puntualmente con sus auroras, no escatima
nunca sus crepúsculos, pasa revista todas las noches a todas sus estrellas y jamás olvida que las
lluvias se han hecho para refrescar las tardes del
verano, y no para encharcar las de invierno...
Media hora larga de trote, y en el aire diáfano, ya purificado por la nieve del volcán vecino ...
Las cumbres nevadas asean y lustran el aire.
El campo se abre en derredor, ...
. ..resaltando sobre el cielo neutro, vimos la
silueta de un hombre. . . envuelto en un sarape
índigo que casi temblaba de luz...
En Reyes como en Vasconcelos, el aire parece una presencia cósmicamente englobadora que abarca y liga a ciudad
y campo, pues en el relato de Reyes el cielo empieza como
"cielo municipal, urbanizado y perfecto, que cumple puntualmente con sus auroras..." y se prolonga mediante el viaje
por "el aire diáfano, ya purificado por la nieve del volcán
vecino." Como las lluvias refrescan y limpian la ciudad, las
nieves parecen limpiar o purificar los volcanes, y "las cumbres nevadas asean y lustran el aire." Todo es~e a~bie~Je
atmosférico en el caso de Reyes va ser, con su s1mbohzacion
de limpieza y purificación, un elemento .de .contraste ~~tre
el cosmos y el hombre : el cosmos ~ -se limpia y se purif1~a,
y el hombre teóricame~te parte de ese cos~~s q1:1! contr~~ce
esa limpieza o no qmere aceptar esa purif1cac1on. Poetlcamente el cielo está presentado como tela de fondo contra cuya
nitidez se va a destacar en contraste el perfil del hombre,
actor en su propio drama de persecución y de sufrimiento:

�l4

En el Camino de Topilejo: José Vasconcelos y Alfonso Reyes

resaltando sobre· el cielo neutro, vimos la . silueta de ·un hombre . . . envuelto en un sarape
índigo que casi temblaba de luz... Era Juan
Peña. el vagabundo.

,;

El pueblo:
Pasamos a la primer!J, vista del pueblo de Topilejo, deserita por los dos autores.
Vasconcelos lÓ presenta siempre a través de los ojos de
su personaje el ingeniero González, y con las reflexiones de
,éste:
Topilejo es un menguado caser,ío. El nombre
estrambótico le trajo a la mente otros de parecido
linaje : Zihuatanejo, Tepozotlán. Raíces indígenas
cuyo_ significado nadie recuerda pero dan matiz
pin~oresco al habla de los contemporáneos y conserva algo de la fatídica tradición que nos somete
al pecado de Caín: ' Habría que lavar espiritualmente estos sitios, pensó el ingeniero; sería menester bendecirlos, libertalos de la maldición.
¿ Sólo aquellos sitios, o más bien, la patria entera?
Topilejo está identificado con la raíz indígena de los
mexicanos por el ingeníero que no se identifica fácilmente
-con esa raíz indígena. Esos indios de los pueblos quedan bajo
la maldición atávica de su, raza,. la del "pecado de .Caín," y
necesitan ser limpiados, librados. . Sin eµibargo, por s~gunda
.reflexión, el ingeniero se dice que no se trata sóló de los
indios, sino de todo México, ''la patria entera.?' Esa mal,dicjón "nos somete," exclama, a todqs los mexicanos; y ese
elemento , índígena · es parte inseparable de .toda alma mexi-Gana. Hay que l,impiar espiri~ualmente no sólo esos pueblecitos de indios ,sino.·a·la patria ent.era: limpiarla de los ·asesi.n_at.os, de los odios, de las, tiranías y _crueldades epitomizados
todo~. por .el crime~ aquí . ref~rido. .
: -'.:. Cri;io.samente; :el ·elem¡nio áe "li~pieza" espirituai" q~e
~i;tab_a-ir~.1?,ente c¿~o fina suger~nci~ poética en
descrip~
-ei9» del cielo por: Reyes apare~e aquí _en la descripción quel;lace Vasconc_elos del , pueblo de. Topilejo; formulado · en expliliita ,crítiea .pólítico-sociaL Ah·ora a ver ·lo que hará Reyes
al describir ,a ,-Topll~jo :•· · - : · . '
·:

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~, ·~.. : .

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,~ ~ • ..;, ::! y,. en .~l. aire ,diáfa1¡.~; ,ya -pm;ifiqad(i por . la , : ..:
., lÚéY.e'.·.del volc~n·vecino;rbajo :el:cobijo de .uµa.s, , i•, r1 , 1, .:

.J:ames Willis Robb.

15

colinas pa1~das y yerdes, aparec10 el pueblecito
como un tablero 9-~ casitas y jacales blancos, to. dos _iguales. l_)ronto notamos una añimación que
. , _.parecía_ desusada. Los indios, vestidos de blan-: _ . co, formaban grupos expectantes.
Re~s también enseguida identifica a Topilejo con su
,elemento· indígena, o más específica y personalmente con sus
habitantes indios, qu~ ya se ponen a actuar en el drama patético de la queja del indio contra el blanco. En el relato
de Reyes, los i.Íldios van a ser personajes de primer plano
,en el conflicto ·indios-blancos; mientras en el de Vasconcelos
,este pueblecito indio va a ser simplemente escenario para el
-crimen cometido por mexicanos contra _sus semejantes.
Aqúí, y un poco adelante, Reyes dos veces acentúa el
,contraste··ciudad-campo:
·
·
· A dos pasos de nuestra frivolidad ciudadana,
el campo nos ·estaba esperando, lleno de dolores
y anhelos. . .
··
·
A dos pasos de la capital, nÚestra vaga literatura,, nuestro· europeísmo decadente, daban de
súbito con un pueb~ecito de hombres moren,os y
pescalzos. ·
·~
:._ , Y ·entonces esta'.' _referencia al pue.blo en el marco del
p'lti§&gt;_a je : ,
,

···

Las colinas, pardas y verdes, prometen manantiales de agua que nunca pueden:.llegar al pueblo, porque el trabajo de ~añerías perturba quién
s~be qué Sór'tl.idos neg9cio~ &gt;-de un alcale tiránico.

a:~

:;: :: .. La ,suge~e.~cia :.;~ét.ica .
"limpieza" ppr ~l agua en el
ip.aisaje ahora Uega, a ·qoncretar$e en. :el nivel prá.ctico, ~onvertida por el propio Reyes en una nota de explícita. crítica
~oJítica y social, aunque .. ~enos vehemente que la de Vas•~oricelos.
' ..·
· ."
,;.
..
.,
.
'

~

:El caqipo alrededo:r: . · · :• ,.
~.

-;

: . l ~;,

Aunque Vasconcelos mueliits ·vecés -·1~n sus libros de viaje·
,especial:r:nente - se ha most,.raqo aptq, ,co,mc;,.• pai$ajist.a literario
(y en esté relato suyo ya hemo:s ·vislo· ··algunos. 'toq~es de
finura poética en relación ·c·on el paisaje), este elemento de:sempeña . nn '.p apel rnénos · prnmin.erlte ·:qlle!'·en el · de Reyes
.con que· ,lo ·".el!i~-0~ ~ooin:p_a.r,anqq, ,Al:- Pl!il!~ipio, s~ &amp;9rt~entra

�16

En el Camino de Topilejo: José Vasconcelos y Alfonso Reyes
James Willis Robb

más en la ciudad, inclusive el ambiente de la cárcel en que
están los presos. Después de la llegada a Topilejo, todo se
enfoca en la climáctica escena de sangriento horror. Fuera
de lo visto ya bajo "aire y cielo" y en la primera sección de
este análisis, los detalles paisajísticos se reducen a generalidades como "A pesar de la obscuridad, se sentía la belleza
de la ruta serpeando entre montañas..." o "A campo traviesa, sin consideración de espinos y peñascos, se avanzaba..."
Sin embargo, en el último párrafo, que desarrolla un segundo
clímax psicológico, la escena del italiano enloquecido y vuelto
fantasma está realzada por los detalles vagos del paisaje
nocturno que le rodea :

órganos, echó sobre nosotros la caballería ligera
de magueyes con púas, y alargó, con exasperación
elocuente, las manos de la nopalera que fingían las
contorsiones de alguna divinidad azteca de múltiples brazos.
. Enmarcada por aquella vegetación sedienta y
g_ritante, resaltando sobre el cielo neutro, vimos la
silueta de un hombre... [Juan Peña] .. . un matorral negro, despeinado de viento, se le mecía en la
frente y a un poco le invadía las cejas . ..
Y... Juan Peña se puso a llorar... y a pedirnos protección a los blancos, como si fuéramos los
verdaderos hijos del sol.

Pero el italiano, atraído por misteriosa lealtad de ultratumba, se escapa periódicamente de
la ciudad para recorrer de noche los sitios nefandos. Cada vez que la luna inicia el creciente, se
le ve bajar del camino que conduce a la ciudad;
luego se pierde en las hondonadas rellenas de
sombra, y unas veces solloza y otras canta bajo
la lúgubre claridad. Los chicos a veces lo siguen
por el atardecer, le avientan guijarros o se divierten gritándole "¡ Loco. .. , el loco de Topilejo... !"

La naturaleza, heráldicamente simbólica de los dioses
indígenas y de su mundo mítico, se pone a vivir medio humanamente en un nivel mitológico-poético, creando un drama
fantástico en que las divinidades aztecas combaten y protestan y amenazan al hombre blanco. Juan Peña surO'e de
esa n~turaleza viva como parte de ella, para vocali:ar y
actualizar ei:, el plano de hoy la queja de los indios. Reyes.
y sus companeros entonces se vuelven actores en una recreación del drama del encuentro de Cortés con los aztecas entrando _los_ hombres bla~~os a formar parte de la mitoÍogía.
de los md10s al ser recibidos como "hijos del sol."

La fúnebre y fantásíica luminosidad lunar contrasta con
la luminosidad anterior de las estrellas y del cielo a la hora
del crepúsculo. La lúgubre escena final contrasta, a su vez.
paradójica e irónicamente con la horrorosa violencia del múltiple asesinato que la precedió.

La visión poética del campo vuelve a aparecer al fin
del relato, como el telón final para este pequeño drama en
sordina. El leve dramatismo del incidente se había disuelto
en la meditación, y ésta a su vez se resuelve en las sugerencias si.mbolizantes del paisaje :

En el caso de Reyes, hay toda una dimensión adicional
en la poetización del paisaje, incluso a través de lo que
hemos dado en llamar estilización heráldica,6 de acuerdo con
las propias palabras de la Visión de Anáhuac: "todo ello nos
aparece como una flora emblemática, y todo como concebido
para blasonar un escudo . .. allí la vegetación arisca y heráldica, ..."
La leve alusión por Vasconcelos a la aspereza del terreno
"A campo traviesa, sin consideración de espinos y peñascos,"
tiene su contraparte mucho más desarrollada estilísticamente
por Reyes en esta descripción poética del terreno árido con
sus plantas típicas de la región:
El campo se abre en derredor, con sus hileras
de magueyes como estrellas. . . ·
Al acercarnos al terreno en disputa, la naturaleza se encabritó de pronto ; alzó sus ejércitos de

Nos envuelve la quietud del campo, cortada por
cantos distantes, agudos y en falsete, y coreada de
cerca por la sinfonía de las ranas ...

..

Con la noche que se avecina, el campo va echando
del seno tentaciones inefables de combate y de asalto.
Caemos sobre la estación como en asonada. ¿ Quién que
ha cabalgado la tierra mexicana no sintió la sed de
pelead Oscuros dioses combativos fraguan emboscadas
de sombra, y tras de los bultos del monte, parece que
acechan todavía al hombre blanco las huestes errantes
del joven Jicoténcatl. ¡Hondo rumoreo del campo, latiente de pezuñas de potro, que se acompaña y puntúa
tan bien con el reventar de los balazos!

�18

En el Camino de Topilejo: José Vasconcelos y Alfonso Reyes

La tranquilidad del campo por la tarde - con su aspecto
de "sinfonía musical, iniciativa a la meditación, cede lugar
a un "nocturno" de misterio y de inquietud, con potencialidades dramáticas esbozadas por la imaginación del poeta.
Reaparece el drama mitológico del combate entre dioses indígenas y el hombre blanco. La violencia explícita del episodio
vasconceliano tiene su paralelo alfonsino en términos de pura
sugerencia poética. Donde en Vasconcelos el pueblo y el
campo son un escenario para una verdadera atrocidad denunciada por él, para Reyes el paisaje sugiere simbólicamente tentaciones de combatividad comunes de todos los mexicanos, inclusive él mismo que se identifica con ellos.

Justicia e injustfoia humanas:
Tanto en el Topilejo de Vasconcelos como en el Juan
;P.ei¡a d(l Reyes, está omnipotente el tema de la injusticia
M.ri:iana: · en Vasconcelos, injusticia y bárbara crueldad de
m'exicanos contra mexicanos por salvajismo político; en Reyes'¡ injusticia del hombre blanco mexicano contra el indio
IJ}.exicano,
a quien priva de sus derechos sociales básicos.
.. ,
'

1. ,-Hay una diferencia fundamental entre Vasconcelos y
,Reyes en su manera de enfocar el mismo tema; una diferencia : de perspectiva y de actitud. En Vasconcelos predomina
la·, actitud de denuncia, en Reyes la de interrogación.

·' · 'vasconcelos está denunciando injusticias, abusos, crueldades que para él son obvias y flagrantes: sólo han quedado
escondidas debido al poder de intimidación de los bestiales
or-iminales, y al miedo y debilidad moral, la cobardía servil
de las -masas. La verdad necesita ser descubierta y el escándalo denunciado a las posibles gentes de bien. El tono es
polémico y dramático, y refleja la apasionada indignación
del justo ultrajado. De principio a fin, sigue el catálogo de
las atrocidades - dramático e irónico - sarcásticamente presentadas:
Los oficiales de la policía militar los habían
'increpado soezmente, acusándolos de conspiración.
Xingún jriez lo llamó a Tribunal. . . Las masas agitadas. . . seguían inertes, mientras todos sus caudillos. . . eran encarcelados. . . "Ya verán, todavía
:,van a ver lo que les cuesta su democracia ..."
Los soldados marihuanos o alcohólicos destazaban ·
lo mismo una res que el cadáver de un prójimo...
."Antes de rematarlos hay -que cortales la lengua
. por habladores," decía algún jetón (bocón) marcial,
entre las risas jocundas de sus colegas .. .

James Willis Robb

19

. . .resurrección de sacrificios humanos peores
que los aztecas, que, por lo menos, mataban a plena luz.
- y así en adelante, hasta la matanza final. Vasconcelos es mentalmente un participante comprometido para quien
todo es blanco o negro, es decir casi enteramente negro.

..

. Reyes, en cambio, es un observador menos comprometido, pero humanamente sensible e imbuído de simpatía hacía
su prójimo de otro medio social. Su actitud es la del interrogador que quiere descubrir la profunda verdad humana
la cual, sin embargo, no se entrega tan fácilmuente en término~
&lt;le blanco y negro.
. . Está . colorida de simpatía la presentación inicial de la
md1a, eYJ~ente ".íct~ma de la "justicia" del blanco, aunque
se hace primero mdirectamente por las palabras del Sr. Morales, traducidas luego en estereotipo turístico en la mente
&lt;le Reyes :
Esa señorita. . . se ha dejado desposeer de la
manera más inicua, y tenemos ahora el deber de
protegerla. Yo le aseguro que Atienzo el alcalde
. entrañas...
'
'
es un h ombre sm
Y, por el campo de mi cinematógrafo anterior
veo pas~r a una pobre india descalza, trotando po;
un cammo polvoso, con este trotecito paciente que
es un lugar común de la sociología mexicana .. .
Al aparecer la propia india, sigue en Reyes la actitud de
-simpatía interrogadora, que encuentra sin embargo cierta
-dificultad de comunicación:
La indita se nos acercó, azorada ...
Prefirió dejar hablar a Morales, y se limitó a
subrayar las declaraciones de éste con frecuentes
signos afirmativos y aquella irrestañable gotita:
"si-siñor, si-siñor,'' que caía de tiempo en tiempo,
aguda y melosa.
Hice esfuerzos por interrogarla directamente,
pero ella se replegó en esa fórmula estoica, dura,
peor que el mutismo, a que acuden siempre los
indios ante las preguntas del juez:
-

Y o, ya dije .

Más adelante, los indios colectivamente le despiertan una
,emoción de piedad:

�J'ames Willis Robb
20

21

En el Camino de Topilejo: José Vasconcelos y Alfonso Reyes:

Nunca olvidaré las emociones con que recorrí
aquella calle ... Por todo el camino nos fueron saliendo al paso los indios, los indios en masa. Se
arrancaban precipitadamente los sombreros de palma y casi se arrojaban a nuestros pies, gritando:
-Nos pegan, jefecito; nos roban, nos quieren
matar de hambre, jefecito. No tenemos ni dónde
enterrar a nuestros muertos.
En el plano mitológico, vemos las divinidades aztecas como defensores de los indios oprimidos; pero en el plano real
y actual su vocero es el viejo Juan Peña:
Y, con una agilidad de danzante, como si representara de memoria un papel, Juan Peña se arrodilló ante nosotros, se puso a llorar, a besuquearnos
las manos, a contarnos mil abusos e infamias del
mal hombre, que había en el pueblo y a pedirnos
protección a los blancos, como si fuéramos los verdaderos hijos del sol.
Pero aquí es donde se empieza a sentir algo falso en
toda la situación. Ni todo es verdad, ni todo es mentira.
¡, Quién es sincero y quién no lo es 1 Por un lado, los gestos.
de Juan Peña parecen tener algo de artificialidad teatral:
Nuestro gusto literario no nos permitía engañarnos. Conmovidos, sí; pero no para perder las
medidas. Aquello bien podría ser una farsa. Juan
Peña había pasado de la inmovilidad hierática al
temblor epiléptico con la exactitud del venado
sorprendido que, de pronto, dispara el galope.
En cambio, los visitantes tal vez también estén haciend()
papeles en una farsa, engañándose a sí mismos sobre su sinceridad y su capacidad para dispensar justicia a hombres deotra condición:
Comedia por comedia, nosotros no teníamos derecho a quejarnos. ¡,No hacíamos, a nuestra vez, de
dispensadores del buen tiempo y la lluvia ? Todos
íbamos desempeñando el papel a nuestro modo ...
Las cosas habían llegado a tal término de teatralidad, que no pude menos de tomar la. palabra..
Improvisé un pequeño discurso, con algunas vaguedades y consejos prudentes, y acabé con la célebre

frase - no comprometedora - de Porfirio Díaz : "Hay
que tener fe en la justicia."
Pero, en mi interior, yo procuraba sacar en limpio el tanto de la sinceridad de Juan Peña, y me
decía:
"¿ Qué derecho tengo yo para aplicar a estos
bombres las convenciones mímicas de mi sociedad 1
Todos, en cierta medida, hacemos la farsa, la tratrucción, la falsificación de lo que llevamos dentro,
al tratar de comunicarlo. Los procedimientos pueden
-variar, eso es todo. Los indios tienen, para nuestro
gusto, un alambicamiento exagerado. O nos parecen
demasiado impasibles, o demasiado expresivos. Este
atropellado discurso de circunloquios, frases de cortesía y diminutivos que parecen disimular la fuerza
o la grosería de las acusaciones, ¿no responde, tal vez,
a los cánones de un retórica social que yo ignoro ?
¿No es, al parecer, la expresión más aguda de lo que
todo el pueblo me viene diciendo hace rato ?..."

Reyes, a diferencia de V asconcelos que - claro está - consideraba otro caso de injusticia para él más obvio, ve que la
-cuestión puede tener varios lados, y va hasta someterse a
sí mismo a un examen de conciencia. Se ve a sí mismo hadendo un papel, diciendo palabras vacías, y en parte víctima
,del sistema de fórmulas huecas del régimen porfirista. Per·siste al fin en su actitud interrogadora, interrogadora de la
·sinceridad de Juan Peña y a la vez de la suya propia. Sólo
puede llegar, entonces, a una media conclusión. - media ne-gación y media interrogación: Yo no puedo juzgar y no tengo
el derecho de juzgar a hombres de otra condición. Además,
todos falsificamos: eso está en la condición humana, y las
diferencias sociales forman una barrera de comunicación entre los de un grupo y los de otro : las convenciones de nuestra
.sociedad nos impiden comprender a los de otro medio social
que tiene convenciones distintas. La justicia es difícil de
realizar porque es difícil acertar la verdad completa y porque es difícil - a través de las sutiles barreras sociales y psi-cológicas - comunicarse profundamente con la sinceridad de
las almas.
Pero, en fin, ,¡a.dónde va a llegar esta meditación ?:

�22

En el Camino de Topilejo: José Vasconcelos y Alfonso Reyes

Hora de exprimir la lección del día y sacar
el fruto de la meditación, como San Ignacio lo
aconseja...
Con la noche, que · se avecina, el campo ya
echando del seno tentaciones inefables de combate y de asalto. . . ¡, Quién que ha cabalgado
la tierra mexicana no sintió la sed de pelead
Llega a disolverse - como ya lo vimos - en la sugerencia.
poética, donde intuimos que hay cierta tendencia fatal a la
violencia y a la lucha, inherente en el contacto con el suelo
mexicano. Todos, entonces, son víctimas de esa fatal tentación. En el plano mitológico, desde la remota antigüedad
indio y hombre blanco parecen destinados a estar en lucha:
Oscuros dioses combativos fraguan emboscadas de sombra, y tras de los bultos del monte
parece que acechan todavía al hombre blanco
las huestes errantes del joven Jicoténcatl. ..
Hemos acentuado aquí la aparente diferencia entre la
tolerancia y "mente abierta" de Reyes y la vista más unilateral de Vasconcelos, pero recordemos ahora de nuevo un
momento en. que Vasconcelos también veía tanto a indios como a blancos - a todos los mexicanos de cualquier condición como necesitados de ''limpieza espiritual":
Habría que lavar espiritualmente estos sitios,
pensó el ingeniero; sería menester bendecirlos,
libertalos de la maldición. ¿Sólo aquellos sitios,
o más bien, la patria entera?
Entonces como Reyes sentía el suelo mexicano bajo el peso
de una fatalidad, Vasconcelos por implicación ve a todo México bajo una "maldición" de que hay que librarlo.

Simpatía y diferencia:
Resumamos ahora las afinidades (o "simpatías") y las
diferencias entre Vasconcelos y Reyes, reflejadas en los
relatos Topilejo y Juan Peña.
La básica afinidad entre los dos escritores es un preocupación presente en ambos por un caso de injusticia humana
cometida por mexicanos contra mexicanos. Ambos refieren
un incidente que se desarrolla en el mismo escenario de la
ciudad de México, el cercano pueblo de Topilejo y el campo
alrededor. Ambos sienten cierta oposición entre ciudad y
campo: para v a·sconcelos la ciudad simbólicamente es tiranía,

James Willis Robb

28

refinamiento y frivolidad, con algo también de europeísmo
decadente. Ambos reaccionan como poetas ante el paisaje,
y en el aire y en el cielo encuentran ,inspiraci?ne~ ,de pur~za
y limpieza: Reyes desarrolla con mas comp~ic~c1on el simbolismo mitológico de otros elementos del pa1saJe. Para ambos el pueblo de Topilejo representa la raíz indígena mexicana, aunque el indio aparece más incidentalmente en el
relato de Vasconcelos.
La gran diferencia entre Vasconcelos y Reyes está en
su actitud hacia el caso de injusticia: en Vasconcelos la de0
nuncia rotunda, que lo ve en términos de blanco y negro;
en Reyes, actitud interrogadora y conciliadora. Resulta con
Vasconcelos un relato melodramático de atrocidades que
recuerda los de la novelística de la Revolución Mexicana,
aunque aquí se trata de tiempos postrevolucionarios; en Reyes, en cambio, tenemos unas íntimas memorias poetizadas.
Esta diferencia es un típico reflejo de la diferencia entre
dos grandes personalidades literarias : Vasconcelos el "romántico" apasionado y comprometido, Reyes el "clásico" humanista ecuánime, escéptico y sonriente. La misma diferencia
fundamental se siente al leer las memorias en cuatro gruesos
tomos de Vasconcelos y las más parcas y sobrias de Reyes :6·
las de Don José rebosantes de vehemencia polémica, las de
Don Alfonso con su dulce ironía y su tono de charla amistosa. Vasconcelos y Reyes: vehemencia e intimidad, águila
y sol, reverso e inverso de la medalla mexicana.
·

�2-l

En el Camino de Topilejo: José Vasconcelos y Alfonso Reyes

RAYMUNDO

RAMOS

XOTAS
l.

Alfonso Reyes, El testimonio de Juan Peña, Madrid, 1923; Río de Janelro: Villas Boas, 1930; también en Verdad y mentira, Madrid: Agullar, 1950, pp. 229-254; y en Quince presencias, México: Obregón, 1955,
pp. 53-66.

2.

José Vasconcelos, Topllejo, relato - 1930, en La sonata mágica, Buenos
Aires-México; Espasa-Calpe, Col. Austral, 1950, pp. 114-121; también
en Obras completas, II, México: Libreros Mexicanos Unidos, Col. Laurel, 1958, pp. 727-733 .

.2a. Vasconcelos también expone y comenta polémicamente el caso en el
cuarto t omo de sus memorias, El proconsulado ("Topilejo," El procunlado, Obras completas, II, pp. 314-316). Véase también la historia del
-vasconcellsmo por Mauricio Magdaleno, México: Fondo de Cultura Eco:nómica, 1956, que contiene una foto, "Los cadáveres de los asesinados
-en Topilejo."
·
'3.

LUZ EN LAS SEGOVIAS

Descrita por Reyes en la sección IV de El testimonio de Juan Peña,
y más extensamente en su Pasado inmediato (Obras completas, XII,
México: Fondo de Cultura Económica, 1960, pp. 182-216).

4. , Alfonso Reyes, Visión de Anáhuac, 1915 (pub. 1917), en Obras completas, II, México: Fondo de Cultura Económica, 1956, pp. 16-17.
5.

"El modo 'heráldico' de Alfonso Reyes," articulo escrito para La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, México, y actualmente en prensa.

6.

Las de Reyes incluyen los dos tomltos preliminares Parentalla y Albores, el ensayo Pasado inmediato, la Historia documental de mis libros,
y otras páginas dispersas a través de su obra.

The George Washington University
Washington, D. C., U. S. A.

•

Monterrey, N. L.

�Homenaje a Sandino en el XXVIII
aniversario de su sacrificio, el 21
de febrero de 1962, y al pueblo
de Nicaragua.

�" El hombre que de su patria no exige un palmo de
tierra para su sepultura, merece ser oído, y no sólo ser
oído sino también creído. Soy nicaragüense y me siento·
orgulloso de que en mis venas circule, más que cual'quiera, la sangre india americana."
A. C. Sandino
"El tiempo y la historia se encargarán de decir si'
los bandidos están allá (en Wall Street), o en las Segov1as n1caraguenses.
A. C. Sandino
•

•

••

11

�30

Ra.ymundo Ramos

Luz en las Segovias

81

Sandino por
mis recuerdos
Sandino
está fumando
Sandino está fumando
en la manigua
y el humo de su cigarro ahuyenta
los escuadrones de mosquitos;
su sombrero (que ha resistido
miles de tempestades centroamericanas)
parece un hongo desolado,
las botas se le hunden en el piélago verde
y son mordidas por hormigas metálicas.
Bajo un cielo de loros
se pudren los pantanos de dólares;
bayonetas de pájaros manzanos
acuchillan el aire,
la selva es una caja fuerte
un signo de pesos en el billete de la selva.
Sobre el párpado fino de las hojas
refresca la quinina del llanto.
Sandino fuma tabaco de oro
que derriba mosquitos como aviones,
y pulsa el rayo palúdico de su machete
que a las veces parece
ciego anfibio de plata
con su cola de animal prehistórico.
En el agua estancada
sueñan los· reptiles del légamo
y los pequeños
y los grandes saurios petrificados,
los troncos se pudren entre los lodazales
mientras el tanino libra su batalla definitiva
contra los líquenes azules.
En el silencio monacal
se puede oír
todo lo que la selva devora.

.,

Sandino anda por mis recuerdos no a caballo
sino a pie, recorriendo la geografía lodosa
de la manigua americana.
Washington también lo recuerda,
(principalmente el Capitolio
y la Casa Blanca);
lo recuerdan como a un pequeño demonio
-acribillando aviones
desde su e$condri jo _vegetal de la montaña.
Stimson gritaba con su voz atiplada:
"hay que coger al bandido, hay que colgarlo",
pero Sandino se reía
viendo pastar las vacas
desde su Cerro del Chipote,
y sus dientes tenían una fe roz blancura
,cuando comía elotes calientes
y cuajada de leche.
Después de todo este Sandino era un dandy del trópico
-con su pistolón antiyanqui
y sus polainas de lona inseparables.
Hubiera querido introducir
·una carta inédita , suya,
•que dijera:
Míster Cooldige y Míster Kellog,
Míster Herbert Clark Hoover y Míster Bliss.
Presidentes y secretarios del exterminio
con residencia en Washington.
"Aquí les envío mi convicción americana
y un bofetón de bananos ... "
Míster David F. Seller, Representante
del Imperialismo en Nicaragua. ·

�32

Luz en las Segovias

"Le remito los despojos de los blue-jackets
que han venido a asesinar a los hombres de mi patria,
llevan un balazo en la sien
y una zopilotera en el pecho;
otros de sus "pobres muchachos"
están siendo acarreados
por los insectos de la selva
que no perdonan ni la carne rubia
ni la sangre dorada."
Al oír las misivas
Martiamérica sonrió desde la perla niña de Guatemala,
Juárez y Bolívar gozaron con este estruendoso bofetóll
que le ensombreció la cara al Coloso del Norte.

Los nombres
de los asesinos
modernos
Los asesinos modernos tienen nombres de cereales
para el desayuno y de lavadoras eléctricas.
Míster Calvin Cooldiggers: "el cavador de frescas" fosas
con su frialdad y estolidez
verdaderamente presidenciales;
el más grande de los grandes asesinos del hombre
americano, pero sobre todo del que vivía
en The Brown Brothers Republic: (Nicaragua),
"el mediocre puritano" que luchaba

Raymundo Ramos

por las cosas "aquellos que no se ven",
como Dios o un tiro en las entrañas.
"El secretario incapaz", Bil ling Kellog,
que obtuvo (en 1929) el premio Nobel de la Paz
por meter sus criminales
manos en el Caribe:
(dulce perla dormida en su concha de espumas).
El infatigable explotador de las riquezas
incásicas, Hira, Brigham, senador republicano,
que llevaba en sus dedos enjoyados
las cabelleras rojas de la caoba
y del palo de rosa.
El corrupto periodista Walter Lippmann,
"la maravilla de Harvard."
Stimson, el asesino de los guantes blancos
y su "bellaco librejo."
El juez Webster Thayer, nadando en la sangre
de Sacco y de Vanzetti.
El representante Eaton, antiguo pastor de Cleveland
financiado por la Rockefeller.
y Bliss Lane, "el bobo de las cal lejuelas".
Y Sel lers,
y Latimer,
y Hathfiel,
y Lejune,
y Logan Felan,
y Richardson ,
y Wilbur,
y Eberhardt,
y Rowell ,
y Mac Coy,
y toda esa mierda de los blue-jackets
y de la fuerza aérea, condecorados
y morfimómanos, paseando su arrogancia
por puerto Corinto - mar de sandre y por Puerto Cabezas - mar de ignominia - ;
comerciantes de la muerte lenta
y cobradores de la oscura miseria.
"Es asunto muy sucio enviar soldados

33

�84

Luz en las Segovias

para cobrar deudas." "¿Es que v~mos a emplear
a los marinos para proteger los charcos de
petróleo de Sinclair, de Doheny
y de la Standar Oil?
Eso dijeron algunos senadores demócratas.
Y después, galopando en ricos palanquines
sobre las espaldas flageladas del pueblo
y navegando en su cólera fría
y en su baba furiosa,
los hijos bastardos del trópico:
Chamorro y Adolfo Díaz, Sacasa,
"la nulidad sonriente" que dijera Darío,
Cuadra Pasos, Moneada y los Somoza:
" ocas de I cenega I."
Cuando Lindbergh volaba sobre Puerto Príncipe
pudo leer en las hojas de las palmeras haitianas,
y en los troncos de los árboles,
y en los faroles del alumbrado público:
¡Viva Sandino.,
¡fuera manos sangrientas de Nicaragua!

La lucha
de Sandino
Sandino luchó con escudos de caguama
y con granadas construidas con tuercas

Raymundo Rl\mos

35

y bulones de máquinas, con trozos de vidrio y piedras
encerradas con dinamita en latas de sardinas
y bombas de mano forradas en cuero crudo;
los pararrayos antiaéreos eran peleles de paja
y los zapatos huellas digitales de sangre
impresas sobre la roca viva;
vivió en los tremedales del infierno
con las botas hundidas hasta el alma,
su sombrero eclipsaba una ll uvia de dólares
desde las calles 'de Wall Street
hasta la podredumbre de la Casa Blanca.
Sellers le enviaba recaditos, mient ras por otra parte
mandaba incendiar los pueblos a los infantes de marina.
Quilalí,
Jabalí,
Plan Grande,
Buena Vista,
Ciudad Vieja,
San Lucas,
Camino Real,
San Bartolo,
Ula,
Esquinay,
fueron incendiados por los infantes de marina.
En Bramaderos Sandino mató tantos yanquis
que las ametralladoras, como potros calientes,
de tanto disparar se fundían,
y en el combate de Las Cruces vaciaron 20,000 cartuchos
como 20,00 esperanzas de libertad.
Cuando llegó Moneada a presidente,
o sea cuando se ahorcó a Nicaragua
en el Espino Negro de Tipitapa,
los cobardes iban entregando los fusiles
cada uno por diez córdovas;
"Moneada -dijo Sandino- es un desertor
(pero ahí se quedaron).
que se pasó al enemigo con todo y cartucheras."
(Pero ahí estaban listos al combate):

�Luz en las Segovias

36

Pedro Altamirano y Carlos Salgado,
Abraham Rivera y Pedro Antonio Irías,
Ismael Peralta y Pedro Colindres,
José León Díaz y Juan Pablo Umanzor,
Simón Cantarero y Sócrates Sandino,

31

lfaymundo !tamos

Sandino libró su primera batalla en Jícaro,
llevaba todavía las manos nevadas de azahares
cuando empezó el largo deshielo de la sangre.
El Daily Worker decía: "Todo marcha bien para
Wall Street,

y Augusto César firmaba manifiestos
desde el río Prinzapolka: "Ni yo ni mis soldados aceptamos
dinero alguno por la entrega de nuestras armas."
Un grupo de muchachas, las pobres prostitutas del puerto,
habían rescatado 40 fusiles
para el ejército de la dignidad;
al principio eran treinta hombres, y con ellos
la soledad de treinta corazones desafiando a la muerte.

Nieve nupcial

Sandino atravesó los llanos de Yacapuca
arrasados de lumbre y de invierno
para conocer a su esposa, un corazón indomable
de sea y de pela: (Blanca de Sandino),
telegrafista;
un redoble de fusiles en el viento helado
sería su música nupcial,
un repique de tiros sus campanas de bodas.
Y en la desolación de la montaña,
muro de roca sobre muro de ideas:
el retrato (flamenado entre las sombras) de Bolívar.
San Rafael del Norte cruzado de amores inalámbricos
y altos.
Se habían quedado atrás los días
de la Petroleum Company de Tampico, y de Cerro Azul,
y de las Minas de Oro de San Albino,
y de los Chontales de Oro;
con las primeras luces del alba

menos las fuerzas de Sandino ... "

Sálvese
quien pueda

Así peleó Sandino,
contra todos los presagios
de los hombres omnipotentes que monopolizaban
las guardias del hierro,
y los nidos del nitrato que mueren de pie,
y las eras geológicas del carbón,
y los bastos cementerios de la paloma negra del petróleo;
pero no pudieron los carceleros del estaño
·
apagar la sonrisa de este fiero domador de fieras
que pasó por los ríos de la noche deshojando traidores.
La diplomacia del buitre
fue desorejada por su machete sin casaca
dejó sus plumas de papel con la efigie de Jefferson
en su precipitada huída,
corrían por Honduras las ratas militares,
los dorados lacayos abandonaban el barco de la fruta
a I grito de "sá !vese quien pueda",
porque .está probado que no hay caballero
(por muy poderoso que sea) que resista la insidia
del insecto nocturno
y la embestida de un machete en la selva;
los panales de dólares fueron abandonados
como forraje para las bestias de carga,

�38

Luz en las Segovia.s

y por muchas noches se respiró tranquilidad
en el verde pulmón de la sabana,
desde el río Coco hasta Granada:
(los lagos de plata durmieron apacibles
y las minas de silencio y los volcanes de ámbar)
Sandino medía a grandes pasos el territorio,
libre de esos son of a bich
que consultaban en el Norte
los puntos de la doctrina Monroe.
Se celebraba en la Habana, Cuba,
(pobre isla hipotecada con melaza)
la VI Conferencia Panamericana,
cuando empezó a pudrirse el aire
con los cadáveres de los filibusteros
y los traidores, devorados lentamente
por hormigas de sangre
y cantáridas de oro azul;
pero no hubo paz en las Segovias
hasta que quedaron los huesos blancos y pulidos
como sistema de calcio corrompido;
esqueletos putrefactos: níquel y veneno
levantándose en la doliente cintura antillana.

Se inici6 la
traici6n de

los cabi1dos
Y se inició la trakión de fos . cabildos,
de los embajadores que olían a lavanda inglesa
y a cosméticos.· Ellos (¡-otos de nalgas biancas

lfaymtmdo Ramos

3U

y de pelucas empolvadas de la Guerra Civil)
armaron el brazo del gordo carnicero de pueblos;
a Sandino no lo pudo vencer la epidemia de muertes,
ni los aeroplanos incendiarios que arrojaban
bombas atadas con cintas de colores
como funestos huevos de Pascua,
y entonces fue preciso alquilar
un ganster de la piara criolla
que pudiera sacrificar un héroe sin alterar su digestión,
y hallaron a Somoza.
Somoza era un policía y un Político,
le decían Ta cho
y llegó a ser presidente por veinte años.
(Ahora nadie piensa que llegar a ser presidente
es una gran cosa,
no por lo menos en las satrapías saxoamericanas)
La noche que planearon el crimen
Somoza tenía al embajador Bliss
como un tábano pegado a las orejas,
que en el Palacio del Jefe-Director
de la Guardia Nacional, y los hijos de perra
amontonaron rifles con cerrojos engrasados
marca made in USA.
Hubo junta para oír los consejos
de los "técnicos en torturas",
y en el rancho de Managua
se jugó la suerte y la dignidad de América.
Todos los reyecitos y sus cortes
de púrpura homicida y de armiño
venereo y de heroína, asistieron
a la conjura. La consigna era
precisa: "death, death, hay que matar
a ese jodido perturbador de las conciencias,
a ese que se interpone entre nuestras manos
y un canal de Nicaragua."
(Se. les besó el culQ
a los Bryan-Chamorro ·
y a los pinches Sacasas)
De su parte Sandino sólo tenía

�40

Luz en las Segovias

a la seráfica Gabriela
abogando por "el pequeño ejército loco",
y a Baldomero Sanin Cano
y al iluminado Mariátegui
y a otros ilusionados ilusos
soñando en la libertad humana
y, por supuesto, al pueblo traicionado.

La tela de
araña

Mientras tanto, Sornoz.a iba tejiendo su tela de araña
sobre la cabeza del caudillo segoviano.
Del Campo de Marte se cambió a Tiscapa
(trópodes de ametralladoras, altos muros de piedra
y prefabricado acero y dolor prefabricado)
Somoza se encaramó hasta la silla presidencial
en un pedestal de sangre.
Hubo un pueblo norteño que se llamó Wiwilí;"
y a la noche sólo rondaba el egutí y la guardatinaja
entre un intenso hedor de cadáveres.
¡ Pobre Moctezuma con su corte de enanos
y su jardín zoológico!
De las impenetrables selvas brasileras
Getulio Vargas le mandó un par de lapas azúles,
(trepadoras de fuertes picos y ojos puros de ámbar);
Castillo Armas -la fiera de Guatempla·1 una pantera negra , sedosa como las noches de Guatemala,
y de Juba, árida nodriza de leones,
dos leones africanos;
otros monarcas de la selva centroamericana

Ra,ymundo Ramos

41

le enviaron tigrillos y mapaches astutos
y palomas torcazas,
y un ex-presidente de Costa Rica, a su hijo,
Teodoro Picado, más feroz que los grandes gatos
carnívoros y más frío que las serpientes pitones
y que la Real Anaconda del légamo enroscada.
Cuando murió de rayo,
por un plomo con alas y sin alma,
le dejó como herencia a sus dos vástagos
su cuarto de torturas, en Tiscapa:
a Luis Debayle el cetro venenoso,
y a Tachito, el de las charreteras de excremento y oro,
el saurio de su látigo verde de esmeraldas
y el bastón de West Point, ensangrentado.
-Decí hombre, decí algo ...
-Pero si yo no sé nada. Nada. Nadaaa ...
(Y otra vez el pozo con su agua violeta)
Todavía hoy se cambia -el barbilindo hijo del tiranotodos los días de camisa blanca
manchada de la sangre soñada.
Pero antes, Somoza iría tejiendo
sus telares de araña
sobre la noble cabeza del héroe segoviano.

Pequeña

elegía de
Niquinohomo

Mataron al pequeño demonio de Niquinohomo
en una emboscada y mientras los perros lanzaban

�Luz en las 8cgol'ias

ltaynumdo Uamos

dentelladas al aire funeral.
La paz se había firmado
a la luz de las estrellas segovianas;
esa noche de arena fría y de limpia y vertida lágrima,
Sandino había cenado -¡ buena cena de muerte.con el presidente de Nicaragua.
La quina roja inundada la tierra con su agua de sangre
y las hojas del eucalipto plateaban el párpado del agua.
Con la barba crecida y enmarañada de raíces
corrió un ex-capitán de Sandino
a dar la triste nueva a los soldados
que todavía se apretujaban en las 'hogueras de la sierra.
(No fue Umanzor -descendiente de indígenas y negrosporque Umanzor cayó con Sandino en las tinieblas,
ni Estrada tampoco, porque Estrada estaba con Sandino
cuando recibieron la descarga desde la oscuridad);
fue un capitán del pueblo el que atravesó villas y aldeas,
entre los pastizales quemados por la helada
gritando de casa en casa, de silencio en silencio:
"Sandino ha sido asesinado."
Le respondían el llanto y el aullido del viento
y el muqido de las vacas de ubres estrujadas
y el perfume encadenado de las rosas silvestres.

En el cielo se· oían las ametralladoras
tamborileando en las ramas de los sauces
como caballos herrados con espumas metálicas
y la lejana música de los burdeles de Managua ...

Los soldados -pueblo y más pueblo de encendidas
palomastenían los hojos enrojecidos y violentos
y la voz aguardentosa como pasta de hierro,
el campo era un barrizal de estrellas congeladas
y la luna una calavera de caballo, sonriente y amarilla.

Una luz en

Los hombres, con sus greñas tiesas de mugre,
se arrebujaban en las cobijas macilentas de la noche
y nadie dijo esta boca es mía, ni una queja ni nada,
pero una densa humareda de insultos y de puños
se levantó en los escondrijos de la sangre: · · ·
coral golpeado por amargos martillos
y el delicado vómito cortando como una aleta de tiburón
el ojo verde del mar· y- sus constelaciones.

43

Un teléfono estuvo llamando toda la noche en el silencio,
sin respuesta, lo mismo que una vena rota desangrándose
en la oscuridad. . .
.
Yo sólo sé que ese fue el febrero más perro
de todas las Segovias nicaragüenses.

las Segovias
El ángel medía exactamente
la dimensión de Centroamérica
y las plumas de sangre de sus alas
quedaron repartidas en el pueblo
como reliquias álgidas y vivas.
Los mineros las llevan aún colgadas
al cuello cuando descienden a los
laberintos geológicos del fuego.
Sandino fue minero ..
Los pescadores santiguan con ellas
el pan y las depositan como una

�44

Luz en las 8ego\'ias

llama de amor entre las sombras bíblicas.
Sandino fue marino.
Los mecánicos las utilizan para
ajustar la mira (pólvora y nieve)
de las pistolas y las carabinas.
Sandino fue mecánico.
Los soldados las depositan junto
al retrato en flor del avellano,
de la madre mantelez y de la novia amada.
Sandino fue soldado.
Los cadáveres están envueltos
con ese fino sudario de laurel
y de sangre derramada y partida.
Sandino fue cadáver.
Los macheteros del Sur est~n bajo la tierra,
los rifleros del Norte están bajo la tierra,
los campesinos de las perlas están bajo la tierra,
atlánticos obreros del cobre están bajo la tierra.
De la Curva Sandina, en matemáticas,
se desprenden bandadas de caballos salvajes.
Canta un campamento de héroes en la noche
bajo un rebaño de estrellas macilentas,
la sombra de Sandino les reparte
palabras y destinos y cobijas,
cada bala palpita como un capullo de sangre;
todos toman café sin azúcar y fuman lentamente,
piensan en el día de mañana, y uno a otro se dicen
que el día de mañana debe estar en alguna parte.
Mientras cae la leve calavera del llanto
y el rocío abre las rosas nuevas,
ellos remueven los rescoldos del carbón
y platican de sus cosas lejanas.

Raymundo Ramos

Pero todos reciben el pan y la consigna de Sandino:
¡Patria y Libertad!
En el cerro del Chipote hay estrellas ...
y en las Segovias brilla una luz
como una lámpara votiva.

45

�,.

Robert Salmón /

EL PROBLEMA CENTRAL DE LA

*

CRITICA LITERARIA

...

1 tNo es, por ventura, paradójico y molesto para el
crítico literario que el arte culinario sea mejor conocido que
el arte literario ? Sin embargo cualquiera puede comprobarlo,
pues se sabe fácilmente lo que da a la sopa ese sabor particular; será el apio o el tomate. ¿Pero qué es, exactamente,
lo que da sabor a las Nourritures terrestres de Gide o a los
sonetos de Migurl Angel ? Desde luego hay quien ha pretendido contestar, pero cuando esto se ha hecho se ha respondido fuera de lugar. Se dice, por ejemplo, que Moliére
]mee reír extremando los caracterrs. ¡ Como si bastase extremar los caracteres para hacer reír! Muchos más son los que
huyen de la dificultad, que fingen ignorarla o que se refugian en la biografía y en la Historia Literaria.
ªNo hay nada qne no vayan a buscar para apartarme
de to divino, escribe Valéry (Variété, III, p. 47). Me enseñan
fechas, biografías, me hablan de disputas doctrinales, que
nada me importan, cuando se trata de canto y del arte sutil
de la voz portadora de ideas."
En crítica literaria, purs, y a pesar ele los trabajos de
Valéry, Uytier, Richarcls, Murray, Spitzer, rte. - o quizá
alentados por esos autores, qnr han barrido con las primeras
dificultades - no será inútil tratar de comenzar de nuevo y
desde el principio. Sin desdeñar los trabajos, estimables en
su mayoría, de la antigua escuela, es necesario provisionalmente dejarlos de lado hasta que se elabore otro método que
permita utilizarlos haciéndolos servir para trabajos de carácter más decididamente estético, y tendiendo a poner de
relieve lo esencial, es decir, lo poético en poesía, lo cómico
en las comedias, etc.
-

47-

�48

1&lt;--:1 Problema Central de la Crítica Literaria

A la elaboración de ese método quisiera contribuir según
mis medios, sin pretender más, de momento, que indicar direcciones a la investigación y aportar una o dos observaciones
nuevas.

2 Se me dirá: Por mucho que hagas, nunca llegarás a
saber exactamente, por ejemplo, qué es la poesía. La poesía
no es analizable.

Y de hecho, muchos críticos sostienen esa opinión. Th.
Meaulnier, entre otros, escribe en su Introduction a la poésie
francaise (p. 8) : "Siendo precisamente la poesía esa otra
cualidad del lenguaje que va más allá, por naturaleza, que
el poder de explicación, no se ve cómo podría dejarse reducir a términos de explicación". Pero esa tesis se origina en la
confusión de ideas del que se niega a distinguir entre lo que
corresponde a la obra, al autor, y al l ector.
Admito que sea difícil, acaso imposible, saber cómo el
autor fabrica lo poético. Admito, por otra parte, que sea imposible saber en qué consiste, en el espíritu del lector, la
impresión poética, pues siendo esa impresión de naturaleza
afectiva, no hay que esperar reducirla a términos de conocimiento intelectual. Mas no es esto lo que estoy buscando.
Lo que pretendo conocer es la composción de la obra., que
produce en el lector esa impresión poética analizable. Si se
me permite utilizar una vez más mi ejemplo anterior, diré
que no trato de analizar el sabor de la sopa, sino la sopa
misma, preparada con arreglo a ciertas proporciones y con
ciertos ingredientes que se pueden descubrir.
Y ya sería mucho, en el estado actual de la crítica, poder
decir: la impresión poética ( en el espíritu del lector) se produce por obras que ofrecen tales caracteres; la obra percibida como clásica es percibida así a causa de tal o cual
particularidad de su composición; el sabor especial de tal
obra o de tal autor proviene. . . etc.
bCómo IJegar a ello? Evidentemente bastaría con:

1) Analizar las obras en todos sus elementos constitutivos.
2) Determinar con arreglo a qué estructura se combinan
esos elementos ; y
3) Utilizar el método comparativo, investigando lo que
diferencia un texto poético de uno no poético, un texto clásico de uno no clásico, etc., de tal manera que si el misterio
de la naturaleza de lo poético, etc., no se dilucida, quede al
menos bien localiiado.

49

Robel't Salmón

I.-Los elementos de la obra
3 Lo difícil en todo esto es, evidentemente, el análisis
previo de los textos. ¿Es siquiera posible? ~a ve~dad es
que nunca se intentó seriamente. Las obras hteranas han
sido estudiadas hasta el presente por gramáticos y estetas.
Pero los gramáticos no se preocupan sino de la forma verbal,
los estetas no se toman la molestia de descender hasta los
casos particulares y los detalles técnicos, y los críticos, cuando se han limitado a hacer historia literaria, es decir, historia,
no se han ajustado nunca a un método riguroso. Pero de
que el análisis no haya sido hecho no se puede inferir que
sea imposible de efectuar. Y algunos autores, como. l?s ya
citados, lo han demostrado, como se demuestra el movimiento,
andando, poniendo manos a la obra.
¡, Cuáles son esos elementos constitutivos de la obra?

A) LA FORMA VERBAL
Es tradicional, cuando se analiza un texto, distingúir
entre el fondo y la forma. Pero nadie es capaz de decir
exactamente qué es ]a forma y el fondo.
8r ha el ic:ho que ]a forma es :

a) La estructura de los acentos, pausas, metros y rimas.
Pero, ¿ por qué separar esto de la melodía de los sonidos y
del valor afectivo de las palabras, elementos todos de la
forma verbal?
b) La expresión por oposición a ]a
cuanto a los sentimientos, el lector no
.
., d e manera que
smo
por 1a expres10n,
son una misma cosa.

concepción. Pero, en
conoce la concepción
" ser" y " expresarse"

e) Quedaría por decir que las ideas pueden expresarse
exactamente pero con más o menos elegancia, color, persuasión, etc. E~tonces se llamaría fondo a la parte intelectual
de la obra, y forma a la expresión elegante, concreta, afe~tiva, etcétera, que adquiere aquélla. Pero nada es más arbitrario que tal división, que pone, por ejemplo, las imágenes
(es decir, algo que existe en la mente del autor antes de tomar
la pluma) en la misma categoría que el ritmo (es decir, algo
que no existe fuera de la forma verbal).
Creo más lógico dividir los elementos de la obra en dos
categorías según que puedan o no ser concebidos fuera del
lenguaje. Así nos vemos conducidos a distinguir el signo y

�50

El Problema Central de la Critica Literaria

el significado, la forma verbal y el mensaje transmitido por
el lenguaj e.
La forma verbal, es decir, el lenguaje, prescindiendo del
sentido que trasmite, ya ha sido analizada suficien~e;111ente
por los gramáticos. Antes que hacer un nuevo análisis, superfluo y más breve, prefiero mostrar cómo los elementos
estéticos de la forma verbal pueden clasificarse en tres categorías : cualidades funcionales, cualidades formales y cualidades adquiridas por asociación de ideas.

4. a) Las cualidades funcionales son todas las cualidades
de los elementos del lenguaje que ayudan o estorban para su
valor como instrumento de significación; es todo aquello que
facilita o dificulta el funcionamiento del lenguaje en cuanto
sistema de signos destinado a trasmitir un significado.
Por ejemplo, las cualidades funcionales de los sonidos,
tomados aisladamente o agrupados en el cuerpo de las palabras o frases, son:
Ser más o me11os fáciles de pronunciar o agradables de
oíe (un francés objetará al ruso sus chicheantes, al inglés
su,; vocales indecisas, al alemán sus guturales).
Ser más o menos fáciles de distinguir (cf. francés: "la
hauteur de vue de l'auteur"; "je suis romaine hélas", que se
confunde con "Ménélas"; inglés: bin y been) . De ese aspecto
trata la recién creada Fonología.
Caben igualmente dentro de las cualidades funcionales:
La ausencia de barbarismos, la propiedad de los términos,
la abundancia de vocabulario, la ausencia de solecismos, la
claridad del giro sintáctico, la fluidez de la frase, etc.
Los clásicos tenían especial cuidado de realizarlas en sus
obras. Se encuentran hasta en autores por otra parte insignificantes, como el padre Bouhours. Son ellas las que aún
hoy hacen decir a los profesores que un trabajo de clase está
"bien escrito". Por otra parte no son necesariamente deseables. No encontramos bien en el teatro que un criado se
exprese con demasiada fluidez y difícilmente daríamos crédito a la timidez o a la profunda emoción de un personaje
que se expresa en frases equilibradas con maestría. Vayamos
más lejos: a veces cierta torpeza es expresiva y como tal
cobra un valor estético. Los autores modernos han sido seguramente los primeros en utilizar sistemáticamente la torpeza
de expresión, no sólo cuando hacen hablar a un personaje
sino cuando hablan ellos mismos en nombre propio, como

Robert Sabnón

51

medio para emocionar al lector. Un poeta como F. Jammes,
sacó resultados extraordinarios de esta torpeza, de una torpeza que poco tiene que ver con las "rupturas de construcción" y las frases cortas o interrumpidas de los líricos de
la antigüedad.
Los detalles de la técnica del lenguaje nos interesan aún
por los matices de sentido que involucran. Pero nos haría
pasar de la forma verbal, tomada en sí misma, al mensaj e que
ella transmite. Lo cual veremos luego.
5. b) .-Las cualidades formales.
Son, en cuanto a los acentos y las pausas, su agrupamiento
o, mejor, su sucesión, bien desordenada, bien sometida a cierto
orden ( el ritmo). Los sonidos igualmente forman o no una
melodía. Los procedimientos sintácticos o bien se suceden
ignorándose como en Stendhal o se mezclan profusamente como en Montaigne. Las palabras, en fin, repetidas o de una
misma familia, puedrn, como los ecos, responderse de período
en período o afectar simetríafl o arabrscos diversos. Además
una palabra puedr hacnse esperar ("sur l'herbe, prés des
sources, nous assímes"), y si es una palabra esencial, si es una
pieza necesaria para entender la frase, entonces el sentido
global no será percibido sino con esa palabra, pero en cambio
srrá intuído de pronto y no en fracciones sucesivas. Puede
ocupar un lugar poco usual en relación con otras palabras,
estar en un lugar importante (al principio de la frase o del
verso, en la cesura, en la rima, "en rejet"). Toda esta cuestión es bien conocida.

6. c) La forma verbal actúa igualmente sobre el lector
gracias a caracteres adquiridos por asociación de ideas, o mejor dicho por una tram;ferencia afectiva.
Por ejemplo, una palabra toma cierto carácter, cierto
color para el lector que sabe qué autores han empleado esa
palabra como predilección, o los ambientes sociales que la
utilizan corrientemente. Es así como el adjetivo fauve, el
el sustantivo gueux, no son exactamente los mismos desde
Víctor Hugo, en lo que respecta a su valor afectivo. Ni tampoco el nombre propio Pasiphaé desde la disputa sobre la poesía pura.
Pero los ambientes sociales y los autores no son los únicos que pueden conferir por transferencia caracteres a las pa•
labras. En realidad todo rasgo de la historia de una palabra
puede conferirle cierto color.

�El Problema Central de la Crítica. Literaria

52

Y lo que acabarnos de decir de la palabra1 también es
verdad de todos los demás elementos del lenguaJe.
He aquí los concernientes a
J ) Lo:-; morfemas:
Rotopol is é'.oit bloquée

(LA FONTAINE)

Ratapolis es una palabra caricaturesca a causa del carácter noble del sufijo polis, sufijo que recuerda la epopeya y se
opone al radical de significación muy humilde rata.
2) La sonoridad, el ritmo, los procedimientos de estilo:
Des que l'ourore, dis-je, en son char remontoit

Roberl Salm6n

53

8. E-~a distinción ('lltre cualidades formal('s, funcionales
y asociativas, será útil para definil' y clasificar las diferentes
formas del arte: prosa corriente, prosa literaria, prosa artística, poesía ( en verso o en prosa).
La experiencia demostraría, creo, que si bien las cualidades formales ? asociafo·as no bastan para dar a un texto
carácter de poético, en cambio son uno de los elementos constitutivos de la poesía.
Por otra parte no hay prosa literaria, ni prosa artística
sin perfección funcional, pero las cualidades formales y asociativas no le son esenciales.
En cuanto a la distinción entre prosa artística y prosa
literaria, no dependen de la forma verbal. Lo veremos más
adelante (29, nota).

(LA FONTAINE)

B ) LO SIG:t'\IFICADO

Este verso imita el estilo épico, en parte gracias al carácter "noble que :-;e adjudica, por convenci~n o tradición1 a su
ritmo muy acentuado 6/6, a la frecuencia de los somdoJ _r
(aurore, char, remontait), de uso pred}lecto en lo~ poe_ta~ epiros d(' la antigüedad, y al giro de caracter orator10, d1s-Je.
!-l)

Rl giro sint:ictico:
... comme on voit le gloneur
cheminont pos o pos recueillir les reliques
de ce qui va tombant opres le moissonneur

(DU BELLAY)

El giro ce qui va tombant tiene hoy en francés un carácter
arcaico.

7. Entre la:-; propiedades que el lenguaj e adquiere por
asociación de ideas, es necesario destacar el poder evocador.
Sabido es que, normalmente, la palabra provo~a en el lector un débil despertar de las tendencias de toda mdole a las
que despertaría la percepción directa de los objetos designados por ella. Es decir, que hay en particular una transferencia afectiva desde el objeto de:-;ignado hacia la palabra que lo
designa.
Pero esa transferencia está ora favorecida ora trabada por
las circunstancias de la vida de la palabra1, de modo que
no basta que un obj eto tenga un carácter afectivo determinado para que el vocablo que lo designa presente el mismo
carácter2•

9. Si pasamos ahora del lenguaje tomado en sí mismo al
significado que transmite, encontramos comportamientos, "saberes" y datos diversos.

Los comportamientos son, en principio, la materia misma
&lt;le las obras teatrales. Son, por ejemplo, los esfuerzos de los
héroes de la tragedia para salirse del dilema frente al que
han sido colocados, las angustias de su lucha contra el destino. Es la r esistencia que opone Fedra a su amor criminal,
resistencia que irá debilitándose de un acto a otro, hasta la
confesión, la denuncia y el suicidio. Es la violencia que se
hace Rodrigo al ir a provocar al conde a pesar de su amor
por Jimena. Es el esfuerzo generoso de Augusto que perdona
a Cinna la traición.
Hay comportamiento cada vez que captamos desde el
interior una actitud, un gesto, una acción, cada vez que discemimos la continuidad viva de una acción, que percibimos,
al mismo tiempo que su realización externa, su surgir íntimo,
su r elación con las fuerzas psíquicas que la provocan. En
suma hay comportamiento cada vez que vivimos una acción
(por ' simpatía) en lugar de observarla simplemente desde
afuera.
En alguno:; casos se puede distinguir comportamientosefusión, comportamientos-conocimientos y comportamientos-acción. Está claro, en efecto, que al que presencia una acusación calumniosa puede llevarle su temperamento, sea a exhalar
su indignación, sea a investigar lo que pudo mover al acu-

�El P1·oblema Central de la Crítica Literaria

sador, y reconstruir el encadenamiento de circunstancias, sea
a actuar, es decir, a pronunciar palabras favorables para el
acusado; pero ejemplos tan claros se encuentran raramente.
10. Pasemos ahora a los datos.
He tomado esa palabra, un poco vaga, en primer lugar
porque 110 encontré otra y luego porque lo que se trata de
designar tiene analogía con los datos de un problema matemático. En arte los datos son todo l o que nos proporciona
el universo, los elementos extraídos a éste por el artista, es
decir, todos los objetos, paisajes, personajes, situaciones y
acontecimientos mencionados en la obra, que sirvan de pretexto, de móvil, de medio o de telón de fondo a los comportamientos.
Los ejemplos abundan. lle aquí uno de Víctor Rugo:
Oh! regardez le ciel! cent nuages mouvants
amoncelés la-haut sous le souffle des vents
groupenl /eurs formes inconnues,
sous leurs f/ots, par moments, flamboie un po/e éc/air

Le soleil

a travers

/eurs

ombres, brille encor

etc.

Cuando una acción es captada sólo desde el anterior, entonces se reduce a no ser más que uu acontecimieuto entre
otr os acontecimientos, se r educe a un dato. Por ejemplo, en
lo'i versos siguientes de La FontaÍlle hay un comportamiento
( el del autor, que desea que tal cosa suceda), y un dato, la
acción de correr y danzar sobre la hierba, vista desde el
exterior.
O Paix ...
Fais qu'avecque le berger
on puisse voir la bergere
qui coure d'un pied léger
qui danse sur la fougere

Los datos contribuyen eficazmente al efecto de conjunto
producido por un texto. Por rjernplo en los versos de Racine:
Arione, ma soeur, de quelle amour blessée,
vous mourutes aux bords ou vous fOtes laissée?

piénsese si el efecto habría sido el mismo si se tratara de Sofía
( en lugar de Phédre) evocando la desgracia de su hermana
l\farta ( en lugar de Ariane). Habría dos presencias menos.

Hobert 8alm6n

Vemos aquí por diferencia la importancia de los personajes y de las asociaciones más o menos conscientes que t raen
apar ejadas. ¡,No se va a menudo al cine o al teatro, tanto
por el actor corno por la acción? Y no olvidemos que los
héroe~ de la t:a_gedia clásica_ debían ser reyes o príncipes.
Cornei~le se fel!cita, en el "aviso al lector" de Nicoméde, por
haber mtroducido en su obra el nombre de Aníbal el cual
.
" no es pequeno
- ornato para mi obr a". Y tampoco
'
d ice,
olvi-'
d~mos qu_e ~oileau prohibía los temas cristianos. E s que los
heroes cnstianos y todos los datos necesarios para un drama
cristiano no habían sido todavía poetizados por una tradición
literaria com~ había suc_edido con los acesorios griegos y
romanos. Sabido es, en fm, el valor que tenían para los románticos las ruinas, los lagos, los claros de luna y las tumbas.
11. Quedan por definir los saber es. Son puntos de vista
:sobre los datos definidos en el 10.
He aquí un ejemplo de J. J. Rousseau:
En entran! sur le territoire de Berne, je lis arreter, je
je descendis, je me prosternoi; j'embrassai, je boisai la terre,
et m'écriai dans mon transport: "Ciel protecteur de la vertu,
je te loue, je touche une terre de liberté!". C'est ainsi qu'aveugle et confiant dans mes espérances ¡e me suis tou;ours passionné
pour ce qui devait /aire mon malheur.
(Confessions, livre XI).

Otro ejemplo, tomado de V. Ilugo:
Je vous aime, 6 sainte nature, ....
mais dans ce siec/e d'aventure,

chacun ... se doit a tous.
Toufe pensée es/ une force.
Dieu fil la seve pour /'écorce,
pour /'oiseau les rameaux fleuris,
le ruisseau por /' herbe des p/aines, . ...
et le penseur pour les esprifs.
. .. (Les reves du poete} . ..
Sont faits des ombres que lui jettent
/es choses qui seront un ;our.

Se dirá que hay poca diferencia entre un comportamiento
y un "saber" ya qne se pueden considerar los versas prece-

dentes como expresión del comportamiento del autor, que
sabe que ... P ero tengamos presente que aquí la importancia
estriba en lo que está en la mente del autor y no en el hecho
de conocer.

�Ei P1·oblema Central de !a, Crític1t Lilera1fa

Lo que está en la mente del autor lo llamamos "saber";
el hecho de conocer es un comportamiento (cf. 9, donde se
habla de comportamientos-efusión, comportamiento-acción y
comportamientos-conocimiento).
Se dirá también que "dieu fit la séve... , etc." es un dato.
Pero una vez más, fijémonos en lo que es solicitado por el
sentido general del poema no es la acción de Dios sino la
relación de destino de la saYia con la corteza, del arroyo con
la hierba, etc., en suma, el "saber" 3•
Cierto es que todo "saber" implica una acción de conocer
(un comportamiento), y una realidad exterior (dato) que ha
dado origen al mismo. Pero esto no quiere decir que los tres
elementos desempeñen un papel en la obra. Solamente lo
hacen los que tienen un valor expresivo. No olvidemos que
en crítica literaria el gusto forma parte del método4 •
12. La distinción entre saberes, comportanüentos y datos
puede servir para caracterizar un texto según que predominen en él unos u otros.
Los versos siguientes que pronuncia Agripina en el Británico de Racine exponen solamente un comportamiento:
Cependont vou lez-vous qu'ovec moins de controinte
L'un et l'outre une fois nous porlions sons feinte?
Prétendez-vous longtemps me cocher l'empereur?
Ne le verroi-je plus qu'a litre d'importune?
Ai-je done élevé si hout votre fortune
Pour mettre une barriere entre mon fils et moi?

ltobert Salmón

G7

Las estrofas siguientes de Musset no contienen más que
datos:
Oh! Sous le vert platone,
sous les frais coudriers,
Diane
et ses grands lévriersl
Le chevreau noir, qui doute,
pendu sur un rocher,
l'écoute,
l'écoute s'approcher
Et suivont leurs curées,
por les voux, por les blés,
les prées,
ses chiens s' en son! allés.
(Ballade a la Lune)

lo .mismo que en este pasaJe de André Gide, tomado de sus
"Nourritures":
Promenades - landes, mais sans apreté - falaises - forets
- ruisseau remon té. Repos a l'ombre; causeries .• Fougeres
rousses.

(Le voyage en diligence)

Por el contrario, hay a la vez datos, saberes y comportamientos en la canción siguiente:
Chanson de Borberine

Vous l'oi-je confié pur en foire un ingrot
Pour etre sous son nom les moitres de l'étot?
etc.

Hay saberes y datos pero ningún comportamiento en el
soneto famoso de Baudelaire :
Lo no:ure es! un temple ou de vivonts piliers
Loissent porfois sortir de confuses paroles;
L'homme y posse a travers des forets de symboles
Q ui l'observent ovec des regords familiers.
Comme de longs échos qui de loin se confondent,
Dans une ténébreuse et profonde unité,
Voste comme lo nuit el comme lo clorté,
Les parfums, les couleurs et les sons se répondent
etc.

Beau chevalier qui partez pour la guerre,
qu'allez-vous foire
si loin d'ici?
Voyez-vous pos que lo nuit est profonde
et que le monde
n'est que souci?
Vous qui croyez qu'une omour délaissée
de lo pensée
s'enfuit oinsi.
Hélas, hélas, chercheurs de renommée,
votre fumée
s'envole oussi!
Beau chevalier qui portez pour la guerre,
qu'allez-vous faire
si loin de nous?

�\

El Problema Centml de la Cl'Ítica J,ilcrnl'ia

J'en vais pleurer, moi qui me laissais dire
que mon sourire
était si doux.

(A. de Musset)

Si se intenta. analizar esta poesía se podrán aislar algunos datos ("Beau chevalier qui partez pour la guerre", "chercheurs de renomée") y algunos comportamientos ("hélas,
hélas", "qu'allez vous faire si loin d'ici"). Pero se verá también, que a veces, comportamientos, saberes y datos constituyen conjuntos indivisibles. Por ejemplo en los versos 7 a
9 la presencia de una "amour délaissée" no es indiferente.
Hay aquí, pues, un dato expresivo. P or otra parte que este
amor huya del pensamiento, "de la pensée s'enfuit ainsi",
tampoco es indiferente. Hay aquí, un "saber" expresivo.
Finalmente asistimos al comportamiento de Barberine que
reprocha al caballero su creencia. En esos versos hay, pues,
un comportamiento, un saber y un dato que forman un todo
indivisible.
13. Quisiera indicar ahora algo que de momento es sólo
una hipótesis.
Si se quisiera considerar en cada género lo que es pura
esencia, prescindir de los elementos accidentales o añadidos,
si se quisiera considerar lo dramático puro, la literatura narrativa pura, y lo poético en sí ( de una poesía que no fuese
dramática, ni épica ni lírica) se podría pensar que a cada
género corresponde uno de los elementos que he distinguido.
Los comportamientos dominarían en la literatura de carácter dramático ( que sea obra teatral o novela) y lírico.
Los saberes, en la literatura narrativa.
Las datos, en la literatura poética..
Cierto es que hay aquí una cuestión que requeriría una
averiguación minuciosa. Esa averiguación me propongo llevarla a cabo más adelante, pero he querido, desde ahora,
plantear la hipótesis, con el sólo fin de demostrar que la
distinción entre datos, saberes y comportamientos puede ser

útil.
14. Un caso particular de comportamiento es el comportamiento del autor mismo5. Debe entenderse por esto :
1) Las intenciones del autor, cuando más o menos voluntariamente las deja traslucir en su obra. (Es así como en

Robe1·t Salmón

50

pintura, en los pequeños maestros holandeses, el deseo de
respetar el detalle, de reproducirlo fielmente, impresiona tanto
como la reproducción misma). La hostilidad hacia la Iglesia,
por ejemplo, es un elemento de gran parte de la obra de
Michelet, de casi toda la obra de Voltaire; la mala intención
ele Racine hacia Corneille es elemento de algunos de sus prefacios; la intención de ser agradable a su héroe Nathanael
constituye como el telón de fondo de las Nourritures de Gide,
y la búsqueda ele lo trivial desempeña el mismo papel en más
ele un libro de Zola. ¿Y no sucede a menudo que en las malas
obras una frase, aunque bien lograda, moleste al lector, precisamente porque uno nota que se ha deseado hacerla bien?
15. 2) Actitud del autor a su creación y su público.
El Creador que concibe, por ejemplo, un héroe de novela,
no es el mismo hombre, que el autor que firma la novela,
y aun con mayor razón cuando la novela es autobiográfica.
Siempre algún pudor, alguna afectación o desprecio, o simplemente el deseo de no chocar con el público, se interpone
entre lo que ha siclo concebido y lo que se escribe; a veces
también el deseo de desligarse del héroe, de diferenciarse de
él, de sentirse más complejo que él, destacarlo más, etc.
lle aquí algunos tipos de comportamientos del autor ante
su público:
- La afirmación que se impone, la iuterrogación que deja
al lector en aparente libertad de sacar la conclusión que le
convenga de lo que se le iusinúa, la lítot~, afirmación atenuada que ofrece un margen de indeterminación.
-La preocupación ele escudarse tras autoridades reconocidas o admitidas por el lector.
-Las concesiones al lector, las reticencias, los circunloquios, los términos alusivos o simbólicos.
-Planteamiento de la tesis desde comienzo, ex abrupto,
o insinuación de la misma luego de ciertos rodeos. (La terminología de los antiguos tratados de retórica sería en estas
ocasiones de suma utilidad).
Los psicoanalista:-; nos proporcionarán dos términos para
designar casos particulares de la actitud del autor: desplazamiento y elaboración secundaria.
El desplazamiento se observa, por ejemplo, en Voltaire,
cuando escribe una tragedia de "Mahomet", pensando en realidad en el cristianismo.

�60

El P1·oblema Centl'al d&lt;' la Crítica Literaria

La elaboración secundaria es un homenaje a la lógica
del lector o del auditor. Un enfermo, escribe el doctor Garma,
narra su sueño: "Había ido a su casa, y Ud. abría mi biblioteca, - o mejor dicho: Ud. había venido a mi casa". El enfermo ha modificado su expresión para tornarla lógica; es
la elaboración secundaria del sueño.
En literatura, el autor, que ha concebido episodios distiutos e independientes, querrá relacionarlos en una intriga
única: es lo que sucede en la "Princesse de Babylone", de
Voltaire; es también el caso de casi todas las poesías de
Ohénier. Las correcciones que los autores introducen en sus
obras de edición en edición y que a menudo tienden a suprimir contradicciones, son igualmente casos de elaboración secundaria.
Una de las actitudes adoptadas por el autor ante su concepción, es la ironía. Los ejemplos abundan; he aquí uno
de La Fontaine: Ratapolis était bloquée. El verso significa
por una parte: "la ciudad de los ratones estaba bloqueada",
y por otra parte : "ver como no tomo en serio el tema".
Es también conocido el procedimiento del discurso indirecto, por el cual un autor cita las palabras o pensamientos
de su héroe, sin asumir la responsabilidad de ellos. Ejemplo :
Si quelque chat faisoit du bruit, le chal prenoit !'argent
(Lo Fontoine)

16. 3) Cómo expone el autor lo que ha concebido.
Se trata ahora, por el literato, de formular con el lenguaje el conjunto de los datos que ha utilizado, los comportamientos y los saberes que ha concebido u observado, y sus
propias reacciones ante sus héroes y el público. (Sería quizá
cómodo distinguir en el literato tres personajes: el creador,
aquél que ha concebido una acción dramática, un personaje
de novela, etc. ; el autor, aquél que toma la responsabilidad
de estas concepciones ante un público determinado, y el escritor, el que expresa y formula las concepciones del primero
y las reacciones del segundo, por intermedio del lenguaje, de
uu método de exposición, y teniendo en cuenta necesidades
técnicas diversas, como por ejemplo: no rebasar la extensión
de un artículo de diario, el número de páginas más allá del
cual el editor tendría que aumentar el precio de venta, etc.) 6•
.A.hora bien, esa formulación no es fácil. Requiere cualidades muy distintas de las que son necesarias al "creador"
y al "autor". Requiere paciencia (yo conozco personalmente

Robert Salmón

61

estudiantes qu e a pesar de saber todo el programa de una
materia determinada, no aprobaron sus pruebas escritas por
haber sido demasiado concisos en su exposición, por falta de
la paciencia necesaria para explicar, con detalle, algunos de
los tema&lt;;.) Requiere el conocimiento objetivo del poder de
las palabras, requiere que el escritor sepa qué valor tiene
una palabra para el lector. Y aun antes de recurrir a las
palabras, requiere el fraccionamiento de lo concebido en pequeñas unidades que se pueden traducir sucesivamente en
distintas frases. , En suma, el creador se da cuenta en el momento de tomar la pluma de lo que ha concebido, aun lo
más íntimo, corre el riesgo de perderse en el camino, de
deformarse en el curso de todas las transposiciones que debe
sufrir antes de llegar al público.
Puede ocurrir que el escritor no consiga comunicar lo
que ha concebido, y quizá varias obras maestras se hayan
perdido de este modo. Pero sin deternos en casos extremos
(y por lo demás imposibles de reconocer ), es necesario notar
que .ª menudo el autor, conscientemente o no, se niega a
confiar al lector la totalidad de su concepción. He aquí un
ejemplo de Mallarmé:
Surgí de lo croupe et du bond
d'une verrerie éphémere,
sons fleurir lo veillée amere
le col ignoré s'interrompt

Es obsolutamente cierto y evidente que, en el espíritu
del autor, se registraba empíricamente este hecho : "no se
han cuidado de poner una flor en el florero de largo cuello".
El fragmento, puede decirse, no está constituído (aparte de
la forma verbal) sino por la percepción del florero vacío.
Pero de esta percepción Mallarmé no comunica sino el último
momento. Comunica un percepto elaborado y se abstiene voluntariamente de comunicar el punto de partida de esa elaboración, es decir el percepto empírico de florero sin flor (por
juzgarlo sin interés). Otros autores, por el contrario, se explican largamente, irn;;isten, se repiten. Es el caso de Diderot,
también el de Montaigne y generalmente de los autores del
siglo XVI, mientras que los del siglo XIX y sobre todo de
la época simbolista suelen no expresarse enteramente.
Por otra parte sería preciso estudiar las transposiciones
a que el autor ha recurrido; cómo expresa por toques sucesivos lo que concibió en un mismo acto de espíritu, el orden
que observa en esa sucesión, si va del todo a las partes o
viceversa, cómo maneja sus transiciones, etc., y si todo eso

�62

El Problema Central ele fa Críticít Literaria

Robert Salmón

63

se hace con fluidez o no. (Se ha comprobado que F. Jammes
lograba efectos poéticos de su misma torpeza, ya en el manejo de las palabras, ya en la presentación de sus concepciones.) Mucho queda por hacer en este terreno.

espectador de tres maneras distintas, igual que los elementos
de la forma verbal: por sus caracteres intrínsecos por sus
caracteres adquiridos y por sus caracteres formales'.

En fin, cuando el escritor maneja el lenguaje como instrumento de significación, no es posible que no se de cuenta
de que maneja ipso facto cierta materia susceptible de cobrar
cualidades formales y asociativas (5 y 6) ni que no se sienta
impulsado a cuidar ese aspecto tanto como el primero. Pero
el manejo de la forma verbal desde este punto de vista no
coincide necesariamente con lo que exige la transmisión del
sentido. A veces puede ayudar a la transmisión del sentido,
ya lo hemos visto a propósito del verso de La Fontaine:
"Ratapolis était bloquée". Más frecuente es que la estorbe,
y el autor se ve solicitado desde direcciones opuestas, dando
la prioridad ora a una ora a otra. De ahí los ripios poéticos,
o sea las palabras inútiles pára la transmisión del sentido,
y de ahí ciertas oscuridades originadas por la falta de palabras útiles7 .

En la mayoría de los casos los elementos actúan directamente por sus caracteres intrínsecos. Bastará con retomar
como ejemplo el texto ya citado de Gide :

17. Salvo algunos casos, los comportamientos de autor
permanecen en la sombra y actúan sobre el ánimo del lector
sin ser advertidos. El mismo autor no siempre tiene conciencia de ellos. Toca al crítico buscarlos donde se esconden,
entre líneas, y señalarlos al lector y al autor.
De ahí - del hecho de que se inscriban en la obra sin
que muchas veces lo haya querido el autor -, surge tal vez
el que sean particularmente ricos en resonancia humana. Son
ellos, con frecuencia, los que encuentran eco más profundo
en el lector.
En todo caso, vengan o no de las profundidas de lo inconsciente, son seguramente los comportamientos del autor los
que contribuyen con mayor eficacia a la creación del "tono"
particular de un escritor, a lo que permanece constante en
el curso de varias páginas y aun en varias obras, pese al
cambio de tema.
18. ¿lle sido completo ~ No, desde luego8 • Pero ello no
tiene grande importancia. Los químicos no esperaron, para
constituir su ciencia, hasta conocer todos los cuerpos simples, y fué una suerte, pues en este caso hubieran esperado
infinitamente... Los críticos hacen como ellos. Otros elementos se descubrirán poco a poco, veremos con qué método (30).
Pero, cualesquiera que sean, quisiera mostrar ahora que
los el ementos transmitidos por el lenguaje actúan sobre el

T. Caracteres intrínsecos :

Promenodes - landes, mais sans ópreté - falaises - forets
- ruisseau remonté. Repos a l'ombre, causeries. - Fougeres
rousses.

II. Caracteres adquiridos:
.P::- . veces los elementos impresionan por sus caracteres
adqumdos. ~uando en "A quoi revent les jeunes filles",
Laerte comumca a su futuro yerno la pequeña conspiración
que ha tramado, y cuando agrega

Vous caressezz le chien, vous séduisez la fil ie,

. .. ' ................................. ..... ... .
................... C'est alors que le pere,
Semblable au Commondeur dans le festín de pierre,
Dans sa robe de chambra appara7tra soudain:
11 vous provoquera, so chandelle a la main

la aparición del padre y la provocación no podrán conmovernos ya que sabemos que todo ha sido convenido de antemano ( el factor intrínseco no actúa) . Valen por su color
novelesco, sobre el cual, por otra parte, insiste Laerte: esto
ocurrirá, como en una pieza de teatro -una pieza cuyo héroe
es don Juan-. En cuanto a robe de chambre y chandelle,
esos objetos no valen, estilísticamente, sino por el carácter
que les atribuímos : burgués y prosaico. En esto y sólo en
esto se oponen a la provocación y hacen reir.
Otro ejemplo: En Don Juan, Sganarelle trata de convencer a su amo de la existencia de Dios:
Pouvez-vous voir toutes les inventions dont la
de l'homme est composée sans admirer de quelle
est agencé l'un dans l'autre, ces nerfs, ces os, ces
arteres... ce poumon, ce coeur, ce foie et tuos
ingrédientes qui sont la et qui ...

machine
fac;on cela
veines, ces
ces autres

El pobre Sganarelle malgasta todo el efecto. Le era preciso limitarse, como Pascal, a enumerar órganos nobles. Pero
se desvía hacia el hígado y los otros ingredientes . .. y he aquí

�Robert Salmón
64

65

El Problema Central ele la Critica Literaria

que hemos descendido de la Metafísica a una enumeración de
las "entrañas", de cuestiones consideradas como distinguidp.s
a órganos considerados innobles, y la risa surge.

III. Elementos que deben su poder expresivo a caracteres formales :
El efecto global producido por una obra está compuesto
sin duda por el efecto de cada uno de sus elementos. Pero
no es menos cierto que el efecto de cada uno de sus elementos
depende íntimamente del total.
Tomemos otra vez los dos versos de Racine:
Ariane, man soeur, de quelle amour blessée
Vous mourOtes zux bords o0 vous fOtes laissée?

Su encanto proviene, en parte, de la dulzura del sonido.
Pero nadie dudará de que el efecto de esas sonoridades se
ha enriquecido con mil matices sugeridos por el sentido. Recíprocamente, el sentido de blessé no tendría el mismo valor si
el vocablo no estuviera colocado en un lugar importante - al
final del verso -, si el lector no se viera obligado por el ritmo
a detenerse un momento como para recogerse.
Por otra parte, ¿no toman los versos un valor nuevo al
ser pronunciados por una mujer que también se muere de
amor? Y el dolor de este abandono, ¿no es más sereno y más
poético, por su alejamiento en el tiempo, por su proximidad
a otras leyendas, en suma, por ser Ariadna y no otra la que
es abandonada?
En fin, ese sufrimiento común a Fedra y a Ariadna su

hermana, ¿no daría la impresión de que una fatalidad pesa
sobre esa familia, si no contribuyera a sugerírnoslo el desarrollo de la obra? La palabra soeur, ¿produciría el mismo
efecto si no integrase esa tragedia, que ha sido llamada jansenista?

ciel palit. Pars sans bruit. Allons, embrasse-moi, mon jeune
frere: tu emportes tous mens espoirs. Sois fort, oublie-nous;
oublie-moi. Puisses-tu ne pos revenir. Descends doucement
Je tiens la lampe.
-Ah, donne moi la main jusqu'a la porte.
-Prends garde aux marches du perron.

Cada uno de los elementos que hemos separado, pues, no
.conserva plenamente sus cualidades, sino al reponerlo en el
conjunto de que forma parte · y esto debe incitarnos a buscar según qué proceso los elementos se agrupan en la obra.

II.-La Agrupación de los Elementos
19. Los filósofos de la "Gestalttheorie" han llamado la
atención sobre el hecho de que existen dos clases de agrupamientos : los agrupamientos "aditivos" o amorfos, compuestos
de elementos simplemente yuxtapuestos, sin relación bien definida entre sí (fig. a) y agrupamientos estructurados o "formas" cuyos elementos mantienen entre sí, exclusivamente
entre sí, relaciones bien claras (fig. b).

• • •
• • •'
•
• •

.

fig. a

•
• • •
•
fig. b

Han demostrado fácilmente que un elemento de una
forma determinada no permanece igual cuando pasa a integrar otra forma. Así, en la figura c, el segmento Y se percibe como la continuación del segmento X, mientras que en
la figura d, se convierte en la prolongación del segemento Z.

Y he aquí, como segundo y último ejemplo, el final del

Enfant prodigue de Gide. Nótese hasta qué punto el simple
consejo "prends garde aux marches de perron", cobra valor
cuando se encuentra sobre el fondo del párrafo precedente
(y sin duda no lo cobra enteramente sino colocándolo en
la obra completa). Ya no es un consejo práctico, es la
expresión deliciosamente inhábil de una profunda ternura
fraterna.

a

Laisse-moi! laisse-moi! Je reste
consoler notre mere.
Sans moi tu seras plus vaillant. 11 est temps
présent. Le

a

fig. c

fig. d

�66

El Problema Central de la Critica Literaria

Los componentes de una forma dependen, pues, unos de
otros.
20. Bastaría, para demostrar que existen tales formas en
literatura, con los ejemplos citados anteriormente, de Gide
y Racine. He aquí un tercer ejemplo, quizás aún más claro.
En el Bayaceto de Racine, en cierto momento, Roxana ordena
a Bayaceto que salga. Acción adocenada entre todas las de
la vida corriente. Sin embargo los espectadores experimentan
una fuerte emoción. Es que han sabido en una escena anterior, que esa orden significaba la condenación a muerte del
héroe.
Paul Valéry nunca escribirá novela, dice, porque nunca
podrá resignarse a escribir algo como "La señora marquesa
&lt;lijo: que pase". Sin embargo es de suponer que no renegaría
el "salga" de Racine. . . Es que un elemento estético no se
eonserva igual cuando pasa a integrar un conjunto estructurado, una forma.
Pero sería tal vez simplificar demasiado la cuestión decir: la obra de arte es una forma. En realidad en toda obra
se pueden descubrir varios tipos de forma, ya sea por los
elementos que se estructuran, ya sea por los principios de
las estructuraciones.
21. Indicaremos, en primer lugar, que todos los elementos de la obra pueden integrar formas.

Robert Salmón

22. B) Estructuración del ritmo con el significado.
Sabido es que los ritmos producen efecto distinto, según
:sean más o menos rápidos, más o menos marcados, pares o
impares, etc., y también según los caracteres que les sean
-eonferidos por la asociación de ideas. Pero por otra parte,
esas particularidades pueden encontrarse, ya sea sin relación
,directa ( es decir de concordancia u oposición con los demás
elementos de la obra y especialmente con el significado y
-en este caso el agrupamiento significado-ritmo es un simple
.agrupamiento aditivo), ya sea en íntima relación con los demás elementos, y en este caso el agrupamiento constituído
-es una forma.
Entonces el ritmo se beneficia con el valor de los elemen-

tos a que está asociado y recíprocamente, como se ve en este
J)asaje de La Fontaine:
Des que Téthys chassait Phébus aux crins dorés,
tourets entraient en jue, fuseaux étaient tirés,
dec;;o, delo, vous en ourez,
point de cesse, point de reláche.
Des que l'aurore, dis-je, en son char remontait ...

El ritmo del pasaje se puede esquematizar así:
___________ ACCIONES NOBLES ----------24 sil., 6 acentos y 2 pausas

A ) Estructuración de acentos y pausas: el ritmo.

En la prosa corriente los acentos y pausas no desempeñan otro papel que contribuir a la significación, a la transmisión del sentido. Son intermediarios necesarios. Nada más.
Al estudiar su distribución en la trama del lenguaje se ve
que constituyen agrupamientos aditivos.
Pero puede ocurrir que, por voluntad del literato, acentos
y pausas constituyan formas estructuradas, se sucedan con
arreglo a cierto orden, en suma, que el lenguaje tenga un
ritmo. He aquí lo que ocurre entonces: por una parte, el
ritmo en sí mismo proporciona un placer sensual ( que en
la danza puede llegar hasta una especie de embriaguez). Por
otra parte, convierte en necesaria cada una de las palabras
del verso ( o en la frase rítmica). Cada palabra se hace preciosa, pues la ausencia de una sola de ellas destruye el conjunto, se hace digna de detener sobre sí la atención, de darle
su máximo valor (sonoridad, asociaciones, significado). Como alguien que ingresa a la Academia, la palabra que integra
un verso, llama la atención. Su valor o su insuficiencia aparecen a plena luz.

67

ACCIONES FAMILIARES
28 sil., 11 acentos y 7 pausas
I
-----

I

I

ler. verso

I
I I
. ------ ' .

•

LL !__!

__ _1__ _1 __ _1

4~ verso
2do. verso · 3er. verso
• 8 sil.
· 8 sil.
: 3 acentos • 4 acentos
• 2 pausas
3 pausas

· 12 sil.
• 1 (al final)

I

I

I

• 12 sil.
3 acentos
• 4 acentos
2 pausas
1 sola. pausa.
1 (al final)

12 sil.

23.

5~ verso
3 acentos
(al final)

C) Estructuración de las sonoridades.

Lo mismo que los acentos y las pausas, los sonidos no
:sirven ordinariamente sino como instrumentos de significación y sólo forman agrupamientos aditivos. Pero pueden constituir asimismo estructuras, más o menos fuertes según los
casos. Entonces, en lugar de pasar inadvertidos, llaman la
.atención por su estructura misma. (Pues lo que llama la
.atención es, en una representación dada, la figura y no el

�68

El Problema Central de la Crítica Literaria,

fondo, y los filósofos de la "Gestalttheorie" han demostradoque la figura era siempre más organizada que el fondo).
Ahora bien, las sonoridades tienen, por sí mismas, ciertas.
cualidades para el oído y el aparato fonador. Son agradables o desagradables de pronunciar o de oír. Por otra parteimplican un significado, que se beneficia por estar involucrado en una forma estructurada. En fin, puede ocurrir,
como lo hemos visto en cuanto al ritmo, que la forma sonora
se encuentre en una relación simple con el significado. En
este caso los dos elementos integrantes de una misma forma
participan. ca?a uno del valor del otro. Sea, por ejemplo,.
el verso siguiente de Mallarmé :
oboli bibelot d'inonité sonore

Jtobert Salmón

69

24. D) Los caracteres asociativos
Cuando las asociaciones que se adhieren, por ejemplo, a
una_ palabra, se encuentran aisladas, sin relación fuerte ( es
•dec1r de concordancia o discordancia neta) con otros elementos ( como el sentido, la sonoridad, el ritmo u otras cuali&lt;lades asociadas), no son percibidas· la atención del lector
se dirige enteramente hacia los ele~entos agrupados en es~ructuras orgánicas. En el caso contrario su papel puede ser
1.mportante.
Los ejemplo son numerosos en La Fontaine. Tomemos
&lt;0tra vez, para más comodidad, el mismo pasaje:
Des que Téthys chossoit Phébus aux crins dorés
Tourets entraient en jue, fuseaux étaient tirés '

El grupo bl está repetido: "bolibibelo"
Las vocales constituyen estructuras:

Des que /'aurore, dis-je, en son char remontait,
un miséroble coq
point nommé chontait

a

a-o-i-i-e-o (esquema: O O o o OO)
i-a-i
(
"
o O o)
Esas estructuraciones llaman la atención sobre los sonidos. Y como sus caracteres (todos breves, claros, repetidos.
en simetrías curiosas) concuerdan con el sentido (bibelot, objeto ~e pequeño volumen, a menudo de porcelana o de metal,.
trabaJado o raro) resulta que el sonido se encuentra como
penetrado por el sentido, que las distintas sílabas parece,
por decirlo así, como que participen de la naturaleza de los
bibelots sonoros, lo cual se agrega a su valor intrínseco la
orienta, la matiza con todas las asociaciones que entrañ~ la
palabra bibelot.

Consideremos en primer lugar el primero y el tercer
versos. Todos sus elementos ofrecen un carácter noble: no
hay _más qu_e figuras mitológicas (Thétys, Phébus) palabras
arcaicas ( cnns, en lugar de cheveux, cabellos), imágenes nobles (el carro de _la aurora), giros _oratorios (dis-je), y el
desarrollo del conJmito al ritmo maJestuoso del alejandrino
clásico.
Y ese grupo, ya coherente de por sí, se encuentra aún
reforzado por oposición al grupo de los versos 29 y 49. En
efecto, estos versos no presentan sino elementos de carácter
familiar o técnico (esquema de la fig. e) .

. Examin~mos · ahora. otro verso, en el cual ·el efecto pro-duc1do va contra las intenciones del autor traba la comunicación de sus concepciones.
'

oooooo ooooooo ooooooooo ooo

Mois il n'est rien que Nonine n'honore

ooooooooooo oooooo ooo ooo oo

(Voltaire)
Hay repetición del sonido n : naninenono, lo que llama.
sobre él la atención. Pero, por una parte, el sonido n no es
de los de pronunciación o audición más agradable, y por otra
parte, el grupo fonético final, nonor presenta un parecido con
grupos como Totor, Bebert, sessoeur, bébete, que forman parte de la jerga cariñosa y un poco ridícula que los adultos.
enseñan a los niños. Y ese carácter se opone al resto del
verso, especialmente al sentido. De ahí surge un efecto cómico que por cierto no había buscado Voltaire.

fig. e
La sucesión de los dos grupos contrastantes produce un
efecto ligeramente cómico, evidentemente buscado por La
Fontai11e y prolongado en el curso de la fábula.
E) Comportamientos, saberes y datos de la ficción.
Creemos evidente, por los tres ejemplos que hemos citado
( de Racine, de Gide y otro de Racine), que los elementos
•concebidos por el creador y expresados en el lenguaje son
:susceptibles de estructuración. Sería ocioso insistir en ello.

�El Problema Central de la Crítica Literaria..

70

25. Pasemos ahora a los principios de estructúración.
I) El principio de estructuración más simple es la proximidad (a menudo acompañada de cierta simetría) de elementos semejantes o idénticos.
Ejemplos:
P/eurez doux alcyons, 6 vous, oiseaux sacrés,
a Thétis, doux alcyons p/eurez

oiseaux chers

(Chénier)
¡o,es de la chair et joies des sens,
qu'un autre s'il lui plait vous condamne;
ameres joies de la chair et des sens,
qu'il vous condamne, moi je n'ose
(Gide)

He aquí otro ejemplo concerniente en especial a los sonidos:
L'insecte net gratte la sécheresse
(Valery)

La simple proximidad es aquí el principio de la forma~
tenemos una sucesión de tres grupos de consonantes: inseCTe,
neTGRaTTe, que originan tres sílabas cerradas vecinas o consecutivas: inSECte NET GRATte. (Es sabido que en francés.
las sílabas cerradas son raras) .
En cambio había una simetría en el ejemplo de Mallarmé más arriba citado: Abolí bibelot (a-o-i-i-e-o, esquema.
O O o o O O).
JI) En lugar de la semejanza de elementos aproximados~
la semejanza de las relaciones entre elementos correspondientes es lo que liga los versos siguientes de Rimbaud:
L'étoile a pleuré rose au coeur de tes oreilles,
l'infini roulé blanc de ta nuque
tes reins,
la mer a perlé rousse
tes mammes vermeilles
et l'homme saigné noir
ton flanc souverain

a
a

a

. y de éstos, de Chénier :
Tu n'as point revetu ta robe d'hyménée,
l'or autour de tes bras n'a point serré de noeuds,
les doux parfums n'ont point coulé sur tes cheveux:

Robert Sabnón

71

Ill) Más delicadas son las formas en las que los elementos semejantes o idénticos se repiten solamente como "leitmotiv". Ejemplos: Las baladas; la "Harmonie du soir" o la
"Invitatiou au voyage" de Baudelaire, etc.
IV) En los textos cómicos se observa una estructuración
con lazo simultáneo de oposición y unión. He aquí un ejemplo
tomado de Musset:
C'était dans la nuit brune,
Sur le clocher jauni,
La Lune,
Comme un point sur un i

Encontramos aquí dos elementos. Se oponen en que mientras uno es un paisaje de tipo romántico, el otro es una
imagen de tipo escolar y familiar; y se unen por la semejanza que el autor ha percibido entre ellos.
Del mismo modo, cuando uno de los personajes de Fantasio declara: "el bufón del rey ha muerto, ¿ quién lo ha
reemplazado 1 ¿El ministro de Justicia ?", los dos elementos,
es decir, el ministro de Justicia y el bufón, están a la vez
opuestos (intrínsecamente) y unidos, pues el personaje deja.
entender que la justicia real no es sino una bufonada.
Todos los textos cómicos presentan esa estructura con
dos elementos unidos y opuestos.
26. Los tipos precedentes saben dentro de lo que Etienne Souriau llama formas pitagóricas ( en L'avenir de l'esthéti,que), es decir, geométricas. En estas formas, en efecto, las
relaciones entre los elementos son relaciones de número y tamaño, aproximación o alejamiento en la obra, oposición o
semejanza, etc.
Viene luego un tipo de forma que Souriau llama dinámico. Su principio es la variación en el tiempo (acrecentamiento y decrecimiento).
En la elegía contra los leñadores de la floresta de Gastine de Ronsard, el comportamiento de Ronsard presenta una
estr~ctura de ese tipo: Ronsard empieza, impulsado por una
emoción fuerte, real o fingida, con palabras de amenaza:
Sacrilege meurtrier, si on pend un voleur
pour piller un butin de bien peu de valeur,
cambien de feux, de fers, de morts et de détresses
mérites-tu méchant, pour tuer nos désses?

�72

El Problema Central de la Crítica Literaria

Luego, dirigiéndose a la floresta, evoca escenas del pasado y del futuro. El tono ya ha variado. Aún conmovido,
el poeta va calmándose progresivamente. Y al final ha
encontrado bastante tranquilidad de ánimo para dedicarse a
reflexiones filosóficas:
(Tu deviendras campagnel
6 dieux, que véritable est la philosophie,
qui dit que toute chose a la fin périra
et qu'en changeant de forme une autre vetira
la ma1iere demeure et la forme se perd.

Forma dinámica igualmente la de la evolución de las
situaciones en la tragedia clásica, tal como la define Boileau:
que le trouble, toujours croissant de scene en scene,
a son cambie arrivé, se débrouille sans peine

. y tal como Corneille ya se empeñaba en construirla. Escribe en cierto lugar que Rodogune es acaso su mejor obra
porque además de estar provista de buenas cualidades sucede
que, dice, "este feliz conjunto se presenta de modo que ella
(su obra) se eleva de acto en acto. El segundo supera al
primero, el tercero al segundo y el último a todos los demás".
27. Las formas psicológicas. Son agrupamientos estructurados según los mismos principios (no siempre bien conocidos) que rigen nuestros estados psíquicos. Por ejemplo,
relatos que son incoherentes desde el punto de vista emotivo.
Los comportamientos y los elementos en general, manej;tdos en una poesía lírica, cuando no adquieren una estructura pitagórica o dinámica, suelen constituir formas psicológicas. Ello explica por qué Boileau, que no podía comprender que tales forll\as existieran, deducía la ausencia total
de forma en la oda y escribía:
Chez elle un beau désordre est un effet de l'art

El lector distinguirá fácilmente en la canción de Musset
que damos a continuación, junto a la forma pitagórica de las
palabras repetidas, el lazo psicológico que une las distintas
frases.
A Saint Blaise a la Zuecca
vous étiez, vous étiez bien aise
A Saint Blaise

Robert Salmón

73

A Saint Blaise a la Zuecca
Nous étions bien la
Mais de vous en souvenir
prendrez-vous la peine?
Mais de vous en souvenir,
et d'y revenir?
A Saint-Blaise a la Zuecca
dans les prés fleuris cueill ir la verveine.
A Saint-Blaise a la Zuecca
vivre et mourir la!

Gracias a que esos lazos psicológicos son fácilmente reéonocible.s por el lector ( aunque inconscientemente) y a que corresponden a un estado psíquico que éste ha conocido ya en
cierto grado, tienen ellas un valor expresivo y le interesa
la poesía.
Pero se concibe cuál debe ser la intuición del poeta para
que pueda discernir qué elementos constituyen verdaderamente una estructura psíquica, cuando las relaciones entre
elementos están en la mayoría de los casos, disimuladas en
el inconsciente9 . Y si se equivoca, si yuxtapone elementos
heterogéneos, ninguna actitud mental podrá ser sugerida
(puesto que los elementos de la obra no corresponderán a
ninguna estructura psíquica). Los elementos empleados se
verán reducidos a sí mismos, es decir, a casi nada, pues no
importa nada al lector que la señora X o Y se acuerde de
haber ido a la Zuecca...
Existiendo infinito número de formas psíquicas no es de
esperar que la Psicología pueda catalogarlas. Pero se las
puede relacionar cada una con una o más tendencias - las
cuales están clasificadas - y sobre todo, los psicólogos han
indicado algunos de los caracteres que pueden ofrecer. Por
ejemplo, el conocimiento puede ser autístico, egocéntrico, o
estar adaptado a la realidad; toda estructura de comportamiento puede involucrar una dosis más o menos fuerte de
automatismo, etc.

28. Las formas escevológicas.
Souriau llama así ("skeuologiques") los conjuntos ya
constituídos que nos ofrece el universo. Por ejemplo, un
paisaje típicamente mediterráneo o andino, una ceremonia de
casamiento, una batalla, son formas bien determinadas, reconocibles, con rasgos fijados por la naturaleza misma o por
tradiciones diYersas.

�74

El Problema Central de la Crítica Literaria

Huelga decir que las formas escevológicas son particularmente frecuentes en literatura. Esto es lo que hizo decir a
Taine que la literatura es un arte de imitación (por oposición
a la arquitectura y a la música, que serían artes de invención). Pero Taine estaba equivocado cuando pensaba que la.
literatura era únicamente un arte de imitación, puesto que
una parte solamente de las estructuras literarias son limitadas.
No es posible, naturalmente, clasificar las formas escevológicas, pero se pueden distinguir algunos de los puntos de·
vista desde los cuales es posible caracterizarlas. Seguiremos
aquí el vocabulario de R. Caillois, Clasificación de la novela.
("La Nación", 26-I-41).

La amplitud: es el número de personajes, o mejor dicho
de centros de interés ( véase la diferencia entre una tragedia
clásica o la Princesse de Cléves, y la Comedia Humana, de
Balzac).
La densidad: es aquí, igual que para las formas psicológicas, la riqueza en matices, en detalles, en determinaciones
diversas.
La extensión especial: piénsese en la diferencia entre una
tragedia clásica, cuya acción se desarrolla enteramente en
una sola ciudad o en un solo palacio, y una novela como Jean
Christophe o Los hombres de buena voluntad.
La extensión temporal: también ahí, diferencia entre una
t ragedia clásica, que dura veinticuatro horas, y una novela
como las arriba citadas.

La extensión social: varía según que la obra no introduzca en medios sociales diversos o por el contrario prescinda en lo posible de ese elemento social. (En esto también
los clásicos se caracterizan por la poca extensión).
29. Tales son, según mi concepto, los varios tipos de forma. Quisiera ahora destacar un hecho que creo de importancia capital para el porvenir de la crítica literaria. Es el
siguiente: un elemento que no forma parte de una estructura es prácticamente inexistente.
Sea la palabra noche, o mejor ese conjunto de fenómenos
que designa la palabra noche : la oscuridad, el sueño, la interrupción de las relaciones sociales, el replegarse sobre sí
mismo. Esos fenómenos son percibidos, retenidos por el
lector y por consiguiente expresivos, eficaces, en el verso
siguiente de Corneille :

Robert Salmón

75

Je cherche le silence et la nuit pour pleurer

Por el contrario no son retenidos en las frases siguientes~
Los nobles renunciaron a sus privilegios en lo noche del 4
de agosto ...
En invierno las noches son más largos que en verano

Es evidente que en el verso de Corneille los caracteres
de la noche forman parte de una estructura: la estructura
deseo-objeto-deseado. Por el contrario en las dos frases quele siguien los caracteres distintivos de la noche nada tienew
que ver con el sentido general, por lo tanto no son percibidos.
La noche no interesa sino por su carácter de unidad de tiempo..
Otro ejemplo : En los versos siguientes, donde se tratai
de soledad, experimentamos realmente una impresión de soledad. No se trata simplemente de un concepto apto para inte. grar un razonamiento, sino verdaderamente de la soledad'.
con todos sus caracteres afectivos:
Certain rol, las des soins d'ici-bas,
dans un fromage de Hollande
se retira, loin du tracas.
La solitude était profonde,
s'étendant partout o la ronde.
(Lo Fontaine)

Por el contrario en la frase "hay personas a quienes la,
soledad pone enfermas", no nos detenemos sobre la impresión
de soledad, nos interesamos en la relación que puede existirentre la soledad y la enfermedad.
Quizá comprendamos aquí una de las diferencias fundamentales entre lo prosaico y lo poético (términos que no.
debemos confundir con prosa y verso). Un texto poético,
ofrece estructuras de palabras concretas o no, pero dotadas
de poder afectivo, mientras que un texto que no lo es, ofrecetérminos sin valor afectivo 10.
Pero no anticipemos. De momento se trata sólo de demostrar que un elemento no integrado en una estructura es
estéticamente inexistente.
He aquí tma última prueba : la sacamos de la fábula deLa Fontaine intitulada "La muerte y el leñador":
Un pouvre bGcheron tout couvert de romée,
sous le foix du fardeau aussi bien que des ans

�Robert Salmón

77

El Problema Central de fa Crítica Literaria

76

a

gémissant et courbé, marchait
pos pesants
et tóchait de gagner so chaumine enfumée.
Enfin, n'en pouvant plus d'effort et de douleur,
il met bas son fardeau, et songe
son malheur.
Quel plaisir a-t-il eu depuis qu'il est au monde?
En es:-il un plus pauvre en la machine ronde?
Point de pain quelquefois, et jamais de repos:
so femme, ses enfants, les soldats, les impots,
le créancier et la corvée.
lui font d'un malheureux la peinture achevée.
11 apelle la mort. Elle vient sans tarder,
lui demande ce qu'il faut !aire.
C'est, dit-il, afin de m'aider
recharger ce bois; tu ne larderas guere.

a

a

Le trépas vient tout guérir:
mais ne bougeons d'ou nous sommes:
plut6t souffrir que mourir
c'est la devise des hommes.

La muerte, que tiene un papel en esta fábula, ies realmente percibida? ¿Experimentamos al leer la fábula esos terrores que inspiraba a Yillon, a Bossuet ? De ningún modo.
Al menos, ¿nos llama la atención, nos invita a meditar sobre
nuestro destino, en suma, es ella esa cosa grave e importante
que todos tememos ? De ninguna manera. Es que esos caracteres no forman parte de una estructura; nada en el
resto de la fábula los solicita. La Fontaine no ha querido
hablar de la muerte, sino de los hombres. La muerte no tiene
aquí otro fin que el de formular una pregunta y sobre todo,
suscitar una respuesta por parte del leñador. Es lo que se
llama en el lenguaje teatral francés una "utilité".
Sería inútil, sin duda, insistir más. El lector admitirá
que un elemento no integrado en ninguna estructura es estéticamente inexistente. Pero debemos destacar las importantes
consecuencias que fluyen de ello. En primer lugar consecuencias negativas: la mayoría de las estadísticas intentadas hasta
la f echa sobre materiales literarios fallan por su base. Se
han confeccionado, por ejemplo, listas de imágenes empleadas por los poetas; estos trabajos, a pesar de su aspecto
experimental, son inutilizables porque colocan en un mismo
plano elementos que tienen valor pleno y elementos que, estéticamente hablando, son inexistentes.
En segundo término, consecuencias positivas: Como en
adelante será posible evitar los errores que acabamos de señalar, se podrá intentar, sin riesgos excesivos, analizar una

obra en sus elementos estéticos constituyentes. Y de ahí surgirá sin duda la crítica del porvenir.
III.-Empleo del Método Comparativo

30. Es evidente, en efecto, que todas las cualidades estéticas de una obra, lo que se llama bello sublime cómico
frío, apasionante, clásico, poét ico pretendioso pes~do etc'.
( damos esos calificativos sin ord~n, pues com~ no sabemos
tod~v_ía a qué caracteres de la obra corresponden, no podemos
clasificarlos), no pueden provenir sino de las formas y de
los elementos estructurados que constituyen la obra.
Y entonces, p~ra saber qué elementos o qué formas engendran una cualidad dada, el crítico empleará el método
exper~mental o, más exactamente, el comparativo. Elegirá,
por ~Jemplo, una docena de textos que produzcan un efecto
semeJante e investigará, analizándolos, qué elementos o qué
for~as son comu~es a los doce textos; o bien procederá a
la mversa, es decir por diferenciación, comparando doce textos, poé~icos con doce que no lo son y buscará qué elementos
estan siempre ~resentes en los primeros y ausentes en los
se~u?dos. O bien comparará varios textos desigualmente
poet1c~s,. etc. (El lector hab_rá r~conocido de paso, los métodos _clas1cos por concordancia, diferencia y variaciones concomitantes).
f

En cuant_o a~ método. de los residuos, se utilizará, aquí
como en las ciencias experimentales, para descubrir elementos
nuevos, cuando ocurra que dos textos, aparentemente compuestos por elementos idénticos, producen efectos diferentes.

. ~1 Naturalmente estas comparaciones podrán servir para
verificar varias hipótesis. Ya he formulado algunas en los
párrafos precedentes. He aquí otra: lo que da a una obra
un sabor clásico, ¿no será el que sus estructuras son fuertes
( ~egúr_i. la terminología de la "Gestalttheorie"), es decir, las
situac10nes claras, los conflictos llevados a su máximo de
ir_i.tensidad, las proporciones de la obra bien definidas (los
Cinco actos de la tragedia), en suma, todas las formas llevadas a su máximo de estilización? Corneille se felicita en
el examen de Rodogune de que la acción de esa obra sea
"una, grande, completa". Sería preciso comparar, justamente, la acción de una tragedia con la de una novela de Proust •
las vacilaciones de un héroe trágico - en quien pocos motivo~
muy fuertes se equilibran - con las de un héroe de novela
contemporánea, en quien mil pequeñeces influyen.

�'78

'

El Problema Central de la Crítica Literaria

32. Otras hipótesis:
Un texto poético, ¿puede involucrar elementos desprovistos de interés, quiero decir que no aporten sino una simple
información sin valor afectivo? Me parece que no 11 ; pero
,ésta es una pregunta que debemos hacer a la experiencia.
·Quizá ésta respondiera que no sólo todas las frases de una
,poesía deben ser interesantes sino que deben serlo, además,
todas las palabras y todos los elementos en general (sonidos,
.asociaciones, ritmo, etcétera) 12 •
Y como para tener un valor un elemento debe previamente existir, es decir, integrar una estructura, ¿la poesía
no será, de todos los géneros literarios, el que involucre el
número más grande y diverso de estructuras? ¿Cada elemento no formará parte de varias estructuras? (por ejemplo una
misma palabra al participar a la vez en una · estructura de
:sonidos, de ritmos, de saberes, datos, comportamientos). ¿Lo
poético no r equerirá acaso ese tejido de estructuras, de las
,cuales cada una contribuye a enriquecer el elemento común
.solicitando la atención del lector ? ¿El éxtasis poético no
provendrá de esa abundancia y del titubeo del lector atraído
.a la vez por diversas estructuras? "La poesía, escribía Paul
Valéry a uno de sus amigos, es una prolongada vacilación
,entre el sonido y el sentido" 13 .
En realidad es infinito el número de preguntas que se
pueden plantear a la experiencia, y que la experiencia responda sí o no, poco importa; de todos modos nuestro saber
positivo se verá acrecentado. Además, por el mismo trabajo
-de experimentación el investigador concebirá otras pregun-tas, descubrirá otros elementos. El campo que así se abre
,es ilimitado.
Y no es una actividad vana ésta, pues, aparte de contribuir al mejor conocimiento de las obras, es evidente que
permitirá, indirectamente, profundizar la psicología del crea•dor, y también la del lector, según el bien conocido aforismo:
·"dime lo que lees y te diré quien eres".
En todo caso, le permitirá afinar su gusto, apreciar mejor
las obras, saborearlas en toda su compleja riqueza, gozar de
,ellas con conocimiento de causa.

Robert Salmón

79

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�El Problema Central de la Crítica Literaria

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1.-Veremos luego (29) que el carácter afectivo del objeto (o del proceso) designado por la palabra, no es siempre percibido por el lector;
queda inadvertido cada vez que no está evocado por otros elementos de
la frase o por el sentido general.
En ese caso, que frecuentemente ocurre, el poder afectivo de la palabra se desgasta por estar ella asociada a un sentido muy carente de valor
afectivo.
2.-Ciertos estilos deben en gran parte su originalidad y su valor
sugestivo a la frecuencia de las palabras evocadoras. En el caso, por
ejemplo, de Rabelais.
3.-Las imágenes, metáforas y comparaciones, de las cuales se ha
hablado tanto, por ser fáciles de notar y aislar, no son sino casos particulares de saberes y datos.
La imagen-explicación es un "saber", la imagen expresiva es un dato.
la imagen expresiva y explicativa es a la vez dato y "saber".
Lo que diferencia una imagen de una comparación es el lazo que las.
une a la obra. La imagen está integrada directamente como elemento de
la estructura global de la obra (como en el ejemplo de arriba "les reves
du poéte son faits ... "). La comparación forma una estructura de detallecon uno de los elementos de la estructura global.
En cuanto a la metáfora, se diferencia de la comparación en que el
autor no expres.a qué lazo estructural existe entre el objeto real y el
objeto con el que se le compara (cf. 16).
4.-La necesidad en que se encuentra el literato de us.ar del lenguaje
como intermediario entre sus concepciones y el lector, es la caus.a de que
haya en la obra gran número de Juicios que no tienen otro papel más
que el de expresar un dato o un comportamiento, y que valen, estilísticamente, como dato o comportamiento. Escuchemos a Anatole France cuando
describe el vestido de la pequeña hada que aparece ante Silvestre Bonnard:

a

Son costume, approprié
so physionomie, était d'une
extreme magnificence; il consistait en una robe de brocart,
d'or et d'argent, et en un mantea u de velours... etc.
Si nos atenemos a la letra, encontramos ahí una serie de Juicios; es
decir, saberes. Pero esos juicios no son más que instrumentos; no tienen
valor estilístico por sí mismos. Se les olvida tan pronto como han cumplido con su misión, la que consiste en presentar un vestido ante el
lector. Es éste quien produce una impresión, quien tiene valor estilístico,
de manera que el pasaje no contiene saberes, sino datos.
El crítico deberá tener en cuenta esa dependencia del arte literario
y no considerar como saberes a los Juicios cuyo papel es únicamente
transmitir un dato o un comportamiento.
5.-Comportamiento, o dato según que el lector simpatice o no con
él. (Véase 10, apartado 3~, con el ejemplo de La Fontaine).
6.-Sucede a veces, sin embargo, que escritor y creador (o autor) se
confunden.

�Robert Salmón
82

83

El Problema Central de la Crítica Literaria

Por ejemplo hay comportamientos que consisten en lenguaje, que son
lenguaje: expresiones de amenaza, de seducción, etc. Claro está que la
concepción de semejante comportamiento se confunde con su expresión.
Esto es seguramente lo que llevó a Leonardo de Vinci a decir que la única
materia realmente propia de la literatura eran las palabras. Del mismo
modo, si el poeta elabora, no imágenes o pensamientos, sino palabras (con
su sonoridad, su historia, su valor mágico) la Invención y la expresión
se confunden.
7.-Se dirá que todo eso poco tiene que ver con el autor; que un
ripio, una frase armoniosa, un percepto insuficiente comunicado, etc.,
agradan o desagran por sí mismos; aun resultando de la acción creadora
son independientes de la misma.
Pero fijémonos en que, según decíamos en el 11, todo saber representa la vez la acción de saber y el objeto del saber, y que de entre esos
tres elementos se pueden pasar por alto sólo los que no ofrecen valor
expresivo, y no afectan al lector.
Lo mismo aquí: no debemos olvidar que todo fragmento de obra corresponde a una acción creadora. Que esa acción creadora sea o no perceptible en la creación (ya sea como comportamiento ya sea como dato,
cf. 14, n. 1) es lo que no podemos saber a priori, es lo que solamente
puede decidir el gusto del lector y del crítico. Pero en un cuadro teórico
como éste, hay que reservar un lugar a todo elemento eventual de la obra.
8.-Han transcurrido varios meses entre la redacción y la impresión
de este trabajo y descubro en él dos lagunas, que por falta de espacio no
llenar' en esta ocasión, pero que deseo señalar, al menor. La primera:
sería preciso indicar que los elementos, como no existen en la obra sino
a través del creador, son tomados del mundo de su experiencia, y por otra
parte seleccionados conforme a su temperamento, y en fin, conocidos en
la forma misma como fueron concebidos, vecinos de la sensación inmediata o elaborados y abstractos. Por otra parte hay varias maneras de
orientar el proceso de abstracción, y en cuanto a las sensaciones e imágenes, sabido es que es preciso distinguir, no cinco categorías, sino unas diez.
La segunda: que cada -elemento reclama del lector que asuma una de las
posible actitudes frente a la vida: práctica, moral, religiosa, sentimental,
intelectual, (Cf. V. Basch: Le maitre probleme de l'Esthét111ue).
9.-El crítico, Justamente, tiene por misión explicar, como dos y dos
son cuatro, los resultados que ha logrado el poeta directamente por Intuición. Es decir, que en lo que concierne a las formas psíquicas cuyo principio de estructura es Inconsciente, se encuentra casi desarmado. Espera
que la Psicología haya progresado y proyecte alguna luz sobre el inconsclente. Los trabajos de Freud, por este motivo, no pueaen encontrarle
indiferente.
10.-En realidad el poder afectivo de las palabra.s o de los objetos o
procesos designados por ellas, no bastan para definir la poesía. Me propongo mostrar en otro trabajo que es preciso distinguir entre:
19) La prosa literaria, caracterizada por su perfección funcional (véanse 4 y 8), pero en la cual los caracteres asociados y formales de la forma
verbal no son esenciales como t!1mpoco el valor afectivo del sentido.
29) La prosa artistica se distingue de la precedente por el gran número de sentidos de valor afectivo (véase Pascal) pero notamos que las imágenes no le son esenciales, como lo cree erróneamente Lanson.
39) La poesía (en verso o en prosa) se distingue de la prosa artística
por el trabajo de la forma verbal (cualidades asoclativas y formales) .
No hay, pues, poesía sin proporción notable de términos de valor afectivo, pero hay textos que no son poesía y poseen sin embargo ese carácter.
Cf. también 8 y 32.

11.-Así la poesía sería la manifestación más pura del arte literario;
1a menos recargada de elementos sin valor afectivo.
Este concepto de pureza en la poesía es por lo demás formal rm uc
~uedlos eiergentos tienen un valor afectivo: es decir una' relació~ cog la:
1
d~~c!~sc :ás e~I~~~~!~
€!etotengan es~ relación con las te~1
pura: sabemos que las Chansons de Billti pornográfico puede ser1 poes1a
.ser pornográficas, por cierto, no tienen a1:U: ~~:le n~¿¡,~t:~~ ~~ª;u~
~eza poética), ni más esenciales (una charla artificiosa puede al menos
urante algunos años, ofrecer un interés afectivo para el lect~r) ni má"s
·orlglnales (Vic_tor Hugo es muy a menudo un poeta puro, pero lo~ valores
afectivos por el creados rara vez son originales o refinados).

PJ!f ~~~z:1Pl~C:

12.-La poesía serla entre el género literario no solamente má
:sino también el más rico y complejo, el que di~pondría de más resc!':i~'.
13.-Se podría comparar el estado poético, con clertos estad
~uforia logrados en circunstancias privilegiadas. Por ejemplo · en u':: dC::,
te Navidad, cuando nos encontramos en famUla al calor d~ la 1 b
ranquilamente sentados en un buen s1llón con'tem land
um re,
"los niños, cuando hemos recibido buenas ~oticlas, ~ noo s~te~~griai d~
-~~~~niuedexpberimentamos pr~viene de los bombones que se sabore:n~ d:l
e e enevolencia reciproca, de los éxitos logrados en el dla 0
de ot ras cosas.
,

�VIDA UNIVERSITARIA

-85-

�MENSAJE A LOS UNIVERSITARIOS DE NUEVO LEON

EL

nuevo Rector de la Universidad de
Nuevo León, Lic. José Alvarado Santos, nombrado el día 4 de
octubre por el H. C. Gobernador, Lic. Enrique Livas Villarreal~
dirigió a los universitarios neoleoneses el siguiente mensaje
desde la Ciudad de México, mensaje que, en esencia, encierra
toda una teoría de la Universidad y un futuro programa de
acción:
"Quien llega a la rectoría de la Universidad de Nuevo León,
obtiene un honor y adquiere una responsabilidad. El primero
es muy superior a mis merecimientos y lo recibo con modestia.
Asumo la segunda con pleno conocimiento de sus dimensiones y
sus riesgos.

.'

Mis primeras palabras son para los estudiantes. Constituyen la porción más sensible del pueblo universitario y la
Universidad ha sido hecha para' ellos. Comienzan su camino
en horas difíciles, cuando muchas hipótesis aceptadas largo
tiempo como ciertas y hasta convertidas en dogmas, pierden
todo su valor. En todas las universidades de la Tierra se
oyen ecos del debate sobre los destinos del mundo, donde
algunos parecen empeñados en condenar al suicidio a todos
los hombres y al planeta a la desintegración inexorable. Ha
sido contrariada la misión de la ciencia, instrumento de creación degradado a medio de aniquilamiento; las Humanidades
degeneran, empleadas como propaganda de un oscuro pasado o
de lo caduco y negativo del presente. Hay un rito farisáico
de la cultura y mucha tinta envenena las páginas con el miedo
y el odio .
Pero no es lícito aceptar el pesimismo como signo de nuestro tiempo, ni resignarse a la confusión. Frente a los hechos
sombríos y los anuncios funestos, hay otros con profundo
sentido afirmativo. Millones de seres sometidos durante siglos
han alcanzado su libertad e irrumpen vigorosamente en la his-

87 -

�88

Vida Unive1-sitaria

toria. Hoy es mayor el núll:1er~ de homb:e_s, libres ~ más en~rO'ico el impulso contra la miseria, la sum1s10n y la 1gnoranc1a.
En todos los idiomas hay palabras nuevas para señalar a los
mortales la conquista de una ;'ida redimida y _r~s_ucita la vieja
voz que un día postuló en el agora la perfectibilidad humana.
En México hay un dilatado horizonte para el anhelo y
la voluntad. Millones de seres aspiran a la redención y zonas
,enteras de la sustancia nacional requieren a la intelige!lcia
para transformar el caos. Lo disperso en nuestra r ~ah~~d
-espera todavía la unidad y el orden y falta llevar la Justicia
.a quienes aún padecen hambre y _sed de ell~. La obra aguar-da. Los jóvenes mexicanos no tienen motivo para pasar por
la vida como una generación desesperada.
A la proverbial misión de la universidad D:1oder~a: ~1;1partir la enseñanza profesional, establecer la rnvestigac10n
científica y organizar la expresión de la cultura, se añade
hoy la tarea de rescatar la dignidad de la ciencia y de las
Humanidades. La primera, pervertida y cómplice de la muerte debe tornar al servicio de la vida. Las segundas, emplead~s en una liturgia capciosa, han de recuperar su calidad
como instrumentos de la soberanía del espíritu.
Debo decir a los jóvenes que la Universidad fue hecha
para ellos, mas no para el paso :por las a~l~s con indolencia,
frivolidad o afán de tumulto, m la precipitada y desaprensiva búsqueda de títulos para amparar el ejercicio mediocre,
incompetente y simulado de profesiones respe~ables.. N1:estras escuelas no han sido establecidas para cubnr apanencias,
ni proporcionar el nombre de médicos a curanderos s_in capacidad ni sentido moral o el de abogados a rábulas sm honor
ni r espeto a sí mismos. La Universidad de Nuevo León aspira a dar al pueblo cirujanos efi~ientes, ingeni_eros capaces,
químicos preparados, buenos arqmtectos; pro~es1o~ale~ aptos,
en suma. Pretende, además, que todos los unrversitarios !luevoleoneses posean una concepción clara del _mundo que habitan,
la época en que viven y las grandes cuest10nes hu~a1;1~s. La
inscripción en cada uno de los planteles . de_be si¡~mficar el
compromiso irrevocable de alcanzar, la_ digmdad mtelec~~al
y la competencia técnica para la practica de una profes10n.
El sentido ético es un elemento de la c~ltu_ra y un~ co~dición inseperable de 1~ activida_d universitaria. La mtehgencia 110 puede divormarse del ideal de la conducta. Mas
no se trata del acatamiento pasivo y _exter~o a formas de
escaso o nulo contenido, sino de una actitud vital permanent~,
producto de las decisiones entrañables y resultado de un eqm-

Vida Universitaria

89

librio interior. El ingreso en los salones de clase debe constituir también un pacto de los jóvenes con la Universidad:
defender cada uno su dignidad moral.
En toda Universidad viva y con aliento verdadero, se
desarrolla un debate inextinguible entre la tradición y el impulso renovador. Así sucede, por fortuna, en la nuestra. Si
así no fuera, sería una asamblea de fantasmas bizantinos y yo
el primero en invitar a los jóvenes a dispersar las sombras.
Seamos devotos de las lecciones perdurables de los clásicos;
pero intransigentes con quienes pretenden conservar fórmulas
marchitas, por inepcia, pereza o cobardía. Hay espectros de
hipótesis difuntas y algunos porfían en imponerlas al espíritu
como si se tratara de verdades vivas o resucitadas. Hay técnicas obsoletas y afirmaciones rectificadas por la ciencia. Pero el hombre contemporáneo pide a la Universidad la ciencia
y la técnica de hoy, no las de ayer o antes de ayer y necesita
la cultura de nuestro tiempo, no de la Edad Media, ni del
Siglo XVIII. En la Universidad de Nuevo León no debe
haber altares para los !dolos del Foro. No es un claustro para
supervivientes adormecidos por la nostalgia, sino una morada
para seres de hoy, con las cifras vivas de la técnica, la ciencia
y la cultura.
Pero si la Universidad aspira a que cada uno de sus
:?1iembros posea en alto grado dignidad moral y dignidad
mtelectual, no pretende formar una casta de sabios alojados
en una torre de marfil, ni sacerdotes de secretos esotéricos.
No podemos olvidar que una gran masa de mexicanos carece
todavía de los bienes materiales y espirituales necesarios para
el mínimo nivel de vida civilizada.
La suerte de la Universidad de Nuevo León está ligada al
•destino de México. Su nacimiento y su desarrollo obedecen
.al progreso económico y político del país; la libertad que existe en sus aulas es hija de los grandes movimiento, populares
y la reforma universitaria de 1929. El futuro de la nación es
nuestro futuro.
Hace apenas unos cuantos lustros, esta Universidad era só1o nn proyecto en las mentes de unos jóvenes inquietos. A su
fundación y crecimiento han contribuído las virtudes más altas
de la comunidad regiomontana. En los muros de nuestra
casa quedan las huellas de la audacia creadora y la sobria
energía de varones infatigables y generosos. El sueño de ayer
es ahora presencia viva. Monterrey impone a sus universita:rios la norma de trabajar con fidelidad y sin reposo.

�90

Vid11, Universitaria

Universitarios de Nuevo León: l~ego a la ,rector~a m~y
escaso de méritos y muy pobre de aptitudes. Solo traigo smceridad y fe . el empeño de servir lealmente y la ya larga, pero
nunca fatigada devoción a mi tierra nuevoleonesa ! a las aulas
de mi juventud. Conozco, eso sí y en alma propia las angustias del estudiante y las zozobras del maestro.
No iO'noro la gravedad de los problemas. Destaco uno q.~e
ofrece do"'s aspectos por igual inquietantes: la sobrep,oblacion
escolar de un lado y la deserción del otro. Pero se que l_a
solución puede encontrarse con el concurso de todos los umversitarios.
He aceptado tan grave responsabilidad porqu~ considero
que hay llamados que nadie tiene derecho a eludir.
Mis propósitos son claros y su enunciado es breve: conservar el decoro de la Universidad nuevoleonesa, J?antener en
sus aulas la dignidad de la conducta y el pensam~~nto, proseO'Uir la Obra de mis antecesores. Pido la colaborac10n de todos
E,
para ello.
Envío a todos los maestros de ~a Unive~sidad up. saludo
cordial y me inclino ante la memoria de quienes fui alumno
y ya han partido para siempre.
Protesto servir a la Universidad de Nuevo León.

EL LATIN VIVO

EL Primer Congreso Internacional de
Latín Vivo tuvo lugar en septiembre de 1956, en Avignon.
De él dio cuenta la prensa bogotana con una nota de Luis
de Zulueta y otra sin firma, publicadas en Intermedio (13 de
octubre de 1956) . Aquel congreso alcanzó un éxito notable,
por el número de congresistas -cerca de 200 personas, representantes de 22 países- y por el vigor con el cual hombres de
formación diferente, literatos y científicos, afirmaron de común acuerdo que la lengua latina, sin pretender imponer ninguna hegemonía, continúa al servicio de un mundo que se
caracteriza por el desarrollo extraordinario de las ciencias y
de la técnica, como instrumento &lt;le cultura y medio de comunicación.
El Congreso de Avignon estudió los temas siguientes:
l .- ¿Cómo simplificar la gramática latina 1
2.-¿Cómo unificar la pronunciación del latín,
3.-¡, Cómo aplicar a la enseñanza del latín los métodos
activos que se usan en las lenguas modernas ?
4.-¿Cómo introducir en la lengua latina, posible vehículo
de la ciencia moderna, los neologismos necesarios Y
Las Actas de este Primer Congreso Internacional de Latín
Vivo, publicadas en diciembre de 1956, en un volumen de 173
páginas, recorren las ponencias y comunicaciones presentadas.
Desde entonces se han intentado experimentos, se han
realizado trabajos y se ha creado una revista, Vita Latina, cuyo
objeto es prolongar los contactos establecidos en Avignon y
ofrecer un órgano de expresión a los amigos del latín vivo,
agrupados en la asociación Vita Latina. La mencionada revista cuenta ya siete entregas, en la primera de las cuales

�:se publícó un artículo sobre Necesidad de unificar la pronun•ciación de la lengua latina, del Padre colombíano Efrén María
Beltrán, fundador y director de la por _ahora interrumpida
:revista latína Gymnasium, que venía editándose desde 1950
en Bosa ( Cundinamarca).
La necesidad de establecer un balance de las realizaciones conseguidas y de definir un programa preciso, sin pretensiones inútiles, condujo a los promotores del congreso de Avignon a organízar un Segundo Congreso Internacional del Latín
Vivo, esta vez en Lyón, del 8 al 10 de septíembre de 1959.
El Segundo Congreso Internacional de Latín Vivo se inau:guró con la participación de las autoridades de Lyón. En él
tomaron parte unos 200 congresistas, muchos de ellos profe.sores de universidad, como Boyacé (Sor bona), Bruhl, Thomas,
Rambaud (Lyón), Hury (Burdeos), Schilling (Estrasburgo),
:Malcovati (Pavía), Paladini (Bari), Pacittí (Roma), Huxley
(Manchester), Bornemann (Frankfurt) , Fohalle (Lieja ), Réntenaar (Amsterdam), Springhetti (Gregoriana de Roma),
"Beach (American Classical League), Nobrega (Río de Janeiro), Oerberg (Copenhague), Green (California), Révesz (Bu-0.apest), Pastorirro (Génova), Zewen (Luxemburgo), Ramalho
( Coimbra) Max Adam (Basilea), Oliver ( Car·acas), De España asisderon José Mir, Sánchez Vallejo, José Guillén y José
Jiménez Delgado; este último presentó una ponencia sobre
el latín como vehículo de comunicación entre los hombres de
1etras.
El ponente Jiménez Delgado recalca la importancia del
tema y expone las dificultades que ahora existen para la rea1ización de su proyecto: dificultades de parte del latín, que
no es lengua fácil, q_ue se resiste a la terminología moderna y
,cuya enseñanza está en crisis en casi todas las naciones. Con
todo, insiste en la factibilidad de sus ideas, y en el interés de
·su cumplimiento. Un recorrido por la historia del latín hasta
,el siglo XIX, basta para convencerse de su posibilidad. La
proliferación d~ lenguas en el terreno cient~ic? y la inefica•cia de los medios empleados hoy para la rap1da y perfecta
inteligencia entre los sabios, prueba su conveniencia. El ejemplo de la Iglesia, que sin interrupción sigue usando el latín
•como lengua viva, es una demostración clara de que el latín
puede y debe ser vehículo de comunicación e~tre los hombres
,de letras. El testimonio de los sabios lo confirma. Como los
medios más eficaces para la revitalización del latín recomien•da el ponente la modernización de los métodos de enseñanza y
la fundación de escuelas especiales donde se formen los maestros en el manej0 -vivo n.ei latín.

El Congreso terminó sus tareas formulando una serie devotos, que a continuación publicamos:
,

.

VOTA CONGRESSUS
. Congressus seu Conventus Lugdunensis probat atque confirmat vota ea quae in Avennico Conventu elata sunt.
De argum~nto _vero quo~ in Lugdunensi Conventu actum
est, hfc est, de hngua latma, cornmune vinculum humani
cultus haec quae sequuntur vota proponit :

. I. U~ li~g~a latina adhibeatur quasi vinculum inter eosqu1 res sc1entif1cas tractant, Conventus hortatur:
. _l) Ut ~um~1~~ia ~eu co~pendia quae scientíficis scriptishbns seu_ d1sqms1tiombus - hngua vernacula exaratis apponuntur, lmgua paecipue latina fiant.
2) Ut scriptís scientificís rerum index latine scriptum
addatur.
. 3) Consociati?nem UNESCO et alías Societates Internat101~ales ro~at, u~ m cornmentariis et conventuurn ínternationah~m actis latma quoque lingua in cornpendiis exarandis.
adh1beautur.
. -!) Con~ociationern UNESCO etiam ro"'at ut biblío"'raph~a~. edat m. qu~ ~revissima prodeant sum~aria latina disqmslt10num sc1entificrum.

. II. Ut lingua latina in humanioribus litteris excolendis.
vmculum sit inter doctos viros, Conventus hortatur .
. 1) Ut _antiq?a e,t. accepta docendi ratio, nova et activa.
rat10~e et via latma lmg~1a' tradendae innovetur et vivificetur, lt~ ut ~cholarum latmarum deminutio vividiore ratione
docend1 sat1sfieri liceat, ideoque et acceptas methodos alía
adantur exercitia, quíbus lingua latína adulescentulis iucudior·
evadat, ut sunt, colloquia et sermones ínter alumnos scríptorum
compendia, scriptiones latinae, cet.
'
2) Ut vocabularium fundamentale pedetentim et quasi
per gradus in ipsis scriptoribus legendis adípiscatur.
. 3) Ut adulescentes assuescant scriptorum libros cursim
et mtegr~te, non tantum fragmentarie legere. Ad quod professores hbellos component facilíores lepidosque praessertim
discipulis iuveníoribus legendos.

�4) Ut in superioribus scholis varii autore~ le~11;n~ur a~tiqui et recentiores ii quoque qui de rebus scient1fic1s latme
scripserunt.
5) Ut consessus seu stationes etiam inter di:ver~arum. n~tionum doctos viros instituantur, in quibus mag1str_1 et d~s~1puli ad mutuum linguae usum apti_ fi~nt, immo s1 poss1bile
sit, scholae speciales ad hanc rem mst1tuantur.

III Ut lingua latina vinculum sit ínter adulescentes,
Congressus optat:
1) Ut adulescentes_ eorumque par~ntes de praecipu~ ~tilitate edoceantur quae m excolenda lmgua latma perc1pitur
cum ad animum conformandum tum ad ipsum rerum usuro.

2) Ut adulescentes diversarum 1:1ationum, q~ibus alia _forsitan sint animi indoles et conformatio, mutuum mter se htterarum latinarum commercium constituant et foveant, unde
magis alumnos alios cognosca1:1t eosque altiore _amore pr?sequantur; ita fiet ut sermo latm~s ad mutuum mter ~mm~
gentium consuetudinem et humamtatem fovendam max1me utllis sit.
Demum Conventus Lugdunensis socii maxi~e lau~ant e~
commendant commentarios, quib?s titu~us est Vit~ Lat1~a, q~1
erunt ut pridem ante fuerant, mter lmguae latmae v1ventis
culto;es vinculum et ipsius linguae praeconium.
Jorge Páramo Pomareda.
Instituto Caro y Cuervo, Bogotá.

EL LATIN EN DISCOS
En una r eunión internacional de lingüistas celebrada no
hace mucho en Roma y de la que informaba a sus lectores
L'Osservatore Romano (25 de octubre de 1959), sus c?mponeutes -personas de relieve mundial, como Devoto, LeJe~n:,
Paratore, Schilling- abogaban por una urgente modernización en la enseñanza del latín.
También en el Con(}'reso
de Latín Vivo celebrado en sep0
tiembre de 1959 en Lyón, se manifestó cla_ramente el, deseo
reiterado de sus miembros de r emozar el_ latm en sus metodos
didácticos. Entre los comunicantes, varios de ellos -recuerdo concretamente al profesor Bornemann, de Frankfurt, Y al
benedictino Dom Basilio Hypeau- r eclamaban la prepara-

c1on de discos latinos al servicio de los profesores de esta
vieja disciplina.
El latín en discos parecerá sin duda a muchos una pura
utopía, y no lo es.
Desde hace bastantes años la acreditada casa Linguaphone
(London W. 1,207-209, Regent Sttte) dispone de una colección de discos con su correspondiente libro para iniciar a los
niños en el aprendizaje del latín. No tengo datos sobre la
difusión de este método de enseñanza ni sobre su eficacia. Yo
entiendo que, unido al método tradicional 'del P. Menchaca',
puede dar buenos resultados. De hecho se va extendiendo
este método para la enseñanza de idiomas. Conocidos son los
éxitos del método. 'Asimil', del método "Mangold" con discos y filminas, del Polyglophone CCC de San Sebastián que
tanta aceptación va teniendo en los centros docentes.
'
Precisamente esta Casa de San Sebastián acaba de lanzar
al mercado el Primer Curso de Latín, preparado por los redactores de Palaestra Latina bajo la dirección del R. P. José
lVIa. Mir, C.M.F . Pueblo hablar del mismo con conocimiento
de causa, pues, requerido personalmente para su revisión
pronto me convencí del 8vance que este método representa'
para enseñar latín en los primeros cursos, siempre que uno s~
son~eta pacientemente a seguir paso a paso dicho método sin
olvidar los ej er cicios señalados para cada momento.
'
Este primer curso se compone de seis discos dobles y trece
cuadernos. Su objetivo principal es llegar con ellos al dominio de la pronunciación, de la declinación y de la conjugación
r egulares latinas. Contiene también una sabia preparación
a la traducción, junto con una iniciación en la cultura e instituciones romanas y en el adiestramiento de la gramática y
del vocabulario latino, antiguo y moderno. A esto se añade
un tratadito de historia romana y otro de mitología clásica, y
un buen número de entretenidas e instructivas historietas y
avisos pedagógicos. Uno de los cuadernos -el más denso y
voluminoso- está dedicado por entero al tema de la conjugación latina, como se hace en los cursos de otras l enguas del
método CCC. El vocabulario está especialmente seleccionado, teniendo en cuenta las varias experiencias y encuestas del
vocabulario básico. En los discos se ha obtenido una audición
perfecta. El diálogo entablado entre los varios personajes
cautiva la atención del alumno. La graduación de los temas
y la variedad de los mismos están bien logradas. Y nada se
diga de los r ecursos pictóricos y de la sabia disposición de
las lecciones. Aunque el método va especialmente destinado
a los autodidactas y a los muchachos que comienzan el latín,

�yo he hecho la experiencia con alumnos universitarios, y han
encontrado su audición interesante, instructiva y amena. Sinceramente creo que este método representa una aportación
valiosa a la didáctica del latín y está llamado a tener gran
difusión en España y en Iberoamérica y a obrar 'el milagro' de
enseñar latín como por juego.
Naturalmente que, para profundizar en el conocimiento
del latín y de sus grandes representantes clásicos, será preciso continuar rompiéndose los codos y quemándose las cejas
en la lectura y paciente penetración analítica de las obras
maestras. Pero esto no quita que el trabajo de roturación de
los primeros años, que, por el viejo 'sistema de domine', se hace a muchos tan duro y fatigoso, se facilite ahora y se suavice,
hasta constituir un verdadero solaz, con el nuevo método Polyglophone CCC.

alemán muchas obras griegas, concretamente a Esquilo Sófocles y Aristófanes, y está acostumbrado a leer el grieg¿ con
la misma soltura que su lengua madre. La realización está
lograda con justeza, delicada elegancia v moderación. No es
posible dar en nn disco todo un canto ·de Homero completo.
Schadewalt ha recogido en él los 87 primeros versos del primer canto de la Odisea y luego los versos 29 al 227 del canto
5o., es decir, el consejo de los dioses, el mensaje de Hermes y
por último el episodio encantador de Ulises y Calipso.
Para el disco de Platón pensó Schadewalt en la Apología
de Sócrates. Dentro de lo que permite un disco el autor ha
seleccionado los pasajes, de suerte que al final d~ la audición
p_ueda_ uno formarse una idea, lo más acertada posible, de la
smcendad, nobleza y finura d.e sentimientos que animaban en
el mo~nento más i~presionante de su vida, y, junto con esto,
la calidad de escritor de primera talla que revela Platón con
rstr diálogo.

Abonan este feliz augurio los ensayos que se van miciando, dentro y fuera de España, para la enseñanza de los clásicos latinos por medio de discos. Sólo quiero referirme a dos
experiencias recientes.

No he visto aún publicados en esta colección discos de
autores lat~nos, pero supongo que no tardarán rn aparecer los
correspondientes a Cicerón y a Virgilio.

En España la FERE ( =Federación Española de Religiosos
de la Enseñanza) anuncia la publicación de la colección ESDE
(=Enciclopedia Sonora de la Enseñanza), destinada a los
alumnos de preuniversitario. Hasta el presente se han anunciado los siguientes discos microsurco de 30 cms.:

No faltan, pues, recursos abundantes para modernizar
y hacrr más lkvadera y eficaz la enseñanza del latín. Lo que
falta es, a veces, medios económicos para hacerse de ellos
y ¿ quién sabe si también falta en ocasiones el deseo sincero
de utilizarlos por miedo a romper, con los viejos métodos una
postura docente rutinaria~ En este caso, no hay más re~1edio
que vencer la apatía profesional o abandonar la enseñanza.

lo. Cervantes y el Quijote Comentarios didácticos, textos y dramatizaciones, por el profesor don Manuel Muñoz Cortés, catedrático de Literatura Española de la Universidad de
Murcia.
2o. Fedón, de Platón. Comentarios, textos bilingües y
representaciones dialogadas, por don Manuel Fernández Galindo, catedrático de Lengua y Literatura Griegas de la Universidad de Madrid.
3o. Catilinarias, de Cicerón. Comentarios, textos y recitaciones bilingües, por don Antonio Magariños, catedrático de
Lengua Latina del Instituto Ramiro de Maeztu, de Madrid.
También la casa suiza Artemis Verlang-Zürich ha comenzado a publicar discos de clásicos griegos y latinos. De momento sólo he visto uno dedicado a Homero y otro a Platón,
ejecutados por el alemán Schadewalt, uno de los mejores lectores de los autores clásicos grecorromanos. Discípulo de Willamowitz-Moelendorff y de W. Jaeger, ha enseñado sucesivamente en Koenigsberg, Leipzig y Berlín. Ha traducido al

José Jiménez Delgado.

�Libros

IVO ANDRIC, PREMIO NOBEL

'\

Este año el Premio Nóbel ha correspondido a un extraño autor de un país no menos extraño. Para que todo
sea inusual el nombre del escritor termina en una C acentuada, lo que representa un problema para la mayor parte
de los linotipos, que carecen en sus matrices de una consonante con acento. Sin embargo, Ivo Andric era un escritor
importante desde los años inmediatamente siguientes a la primera guerra mundial. Gomo sucede con todos los escritores
de alguna valía, por raros que sean, siempre hay algo de
ellos traducido al inglés. Y o no había leído nada de Andric
hasta después de la noticia del Premio Nóbel. Pero -milagros de la vida periodística- conocí al autor personalmente,
en l\Iadrid.
El milagro sucedió en 1927 ó 19:28 y en un banquete de
la Liga de Naciones en los claustros altos del monasterio
gótico de San Juan de los Reyes, en 'l'oledo. Acompañaba
Andric al embajador yugoeslavo eu París, hombre locuaz y
sociable que estaba sentado a mi lado y que al referirse a
los idiomas que hablaba dijo :
-Sé también un poco de español.
Y ante la sorpresa de todos, recitó exactamente y con un
acento castellano perfecto el siguiente refrán:

Los dineros del sacristán
cantando se vienen, cantando se van.
Uomo los españoles que c:-itábamo:-i cerca reíamos, Andric,
intriga.do, quiso saber lo que aquello quería decir, y fui yo
quien se lo tradujo al francés.
Andric rió de buena gana, como los demás, y lo tradujo
a su vez a otros idiomas. Porque Andric hablaba, además
de media docena de dialectos eslavos, inglés, alemán y francés.

�Por otra parte, ese género de folklore español iba muy
bien con sus gustos literarios.
No hay probablemente en toda Eurol!a un país más _pintoresco que Bosnia, patria natal de An~nc. 9ua~do decimos
"pintoresco" no queremos d~cir plausible m eJe~plar. Se
puede ser interesante y abommable. En 1918, _al final ~e ~a
guerra europea, existía en Bosn_ia y IIe_1:zegovma , (provrncia
del imperio autrohúngaro en desmtegraCio~~ todavia la esclavitud. En aquel año fue abolida. Fué tambien en 19_1,8 cuando
se formó el Consejo Nacional que proclamó la umon de los
croatas y los servios }'. decidió _la fo1:1;1ación de, la nueva nacionalidad: Yugoeslavia. Andnc sah~ de la carcel -donde
las autoridades austrohúngaras lo tuvieron durante la mayor
parte de la primera guerra mundial- para oc1;1par el puesto
de secr etario de ese consejo. Así, pues, Andnc fue uno de
los promotores y padrinos de la nueva nación. Una figura
histórica.
no tenía ambiciones políticas. Buen signo
Sn embarO'O
b '
.
~
para un alma de poeta y novelista. Desde que se constituyo
ta nueva nacionalidad tuvo, eso sí, cargos diplomáticos en el
exterior. Y estaba en Ginebra cuando fue a Madrid convoc:ado por el infatigable pacifista Lord Cecil que era entonces,
si no me equivoco, presidente de la Liga de Naciones.
Recuerdo que el dictador 1-'rirno de Rivera y el r ey mismo
quisieron mostrar a los internacionalista~ ~u d~sdén ?e espíritus castrenses y se burlaron de los d1stmgmdos miembros
de la Liga mientras est_uviero_n en Madrid. Un~ ~; las . tr~vesuras de aquella pareJa de irresponsables cons1st10 en mv1tar a los delegados a una función de gala que se cele~ró en
un teatro de barrio de tercer orden -el Teatro del 9isnecon "Las Musas Latinas", una zarzuela donde ªI!arec1~n caracteres típicos de todos los paíseJ europeos can catunzados
hasta la grosería. No es de extranar que ~lgunos delegados
-entre otros el de Italia que era un conoc~do_ y notable fascista- se levantaron y salieron de la sala, md1gnados. Naturalmente, ni el rey ni Primo asistían.
Por cierto que ese diplomátic:o italiano Pstaba con el
resto de s11 delegación - muy puestos todos ele frac- en el
palco inmediato al que tení~ ~º· P~:de gozar,_ por lo tanto,
ele todos los matices de su md1gnac1on. En m1 palco estaba
el que era entonces secretar~o pr~n~ro de la leg.ac~ón del _Perú
y es aún notable P?,eta y di~loma,t1c~, Pablo_ Aonl de Vivero,
hermano del tambien conocido Xav1er Abril.

,

En fin, con l~•o Andric sólo cambié algunas palabras en

'l oledo. El embaJado1: yug?eslavo en París, que sabía que

yo andaba ~n cosas hteranas, me dijo que Andric era un
~atable escntor. Y recuerdo todo aquello muy bien con motn_,o ?-el sorprendente refrán rimado sobre los dineros del sacr1stan. De otra forma lo habría olvidado.
Vol~iendo a An?-ric, nació e1: 1892 en 'l'ravnik (Bosnia).
Se edu?o en la ~api~al, en la tristemente famosa ciudad de
SaraveJo. Estudió filosofía en Zagreb, Viena y Cracovia.
. Desp1;és de la _fundac~ón d; ~a nueva nación yugoeslava
r el?resento_ a su gobierno d1plomaticamente en Roma, Bucarest
Tneste, Gme~r~, Madrid y Berlín. Esta última misión en mo~
mentos dramaticos.
, Fue _d1;1ra_nte los días tri1;tes de su prisión cuando comenzo a escnb1r fragmentos líricos y filosóficos que lueO'o public,
(1918) c?n el título "Ex-P?~to". Este libro, de tít~lo latino~
fue segmdo por una eolecc1011 de novelas cortas con el título
esla".o de "P~lt Alije Djerzeleza". Parte de este libro fue
publicada en mglés en Slavonic Review. Yo he leído dos de
~us ~uentos. Son los Úl~icos ejemplos de prosa de Andric
accesibles al mundo ~~ci~ental. En 1921, publicó "Nemiri"
(Zozob~·a). En 192:1:, Pnpovetke I y II" (Novelas cortas) .
Es decir, el segundo volumen no apareció hasta 1931.
, Otras ?bras ha esc1·it?, pero siempre alrededor de los
mo,d~1los :\: fo:n:as de su primera época que consisten en prosa
poetica - f1losofica ( algo como el "Juan de l\i[airena" de Mac~ado, au:1que más sombrío y grave sin llegar a ser pesimista
111 angustioso) . ;En la poesía como en la prosa se caracteriza
por una tende~eia ~l análisis psicológico de sus propias y más
profundas m?bvac1011es, tratando de hacer luz en los problemas de la vida, la naturaleza, la eternidad.
Ultirnarnente Andric se dedicó exclusivamente a la novela
corta y a mostrar los aspectos diversos, originales, raros y
f~ecuentemente absurdos, pero llenos de sentido lírico de la
vida popular de su patria. Bosnia es uno de esos luga~es del
planeta donde parecen haberse mezclado todas las culturas
no sólo en su forma escrita y culta, sino en la de las costum~
bres, vpstidos, formas pasionales, creencias religiosas y superstieioues. Excelente muestrario para un observador y maravilloso laboratorio para un poeta. Ahora, estimulados los editore~ por el Premio Nóbel, t_odas esas ~arraciones de las que
yo solo conozco dos breves eJemplos seran traducidas y divulgadas por el mu~do. En ell~s hay derviches, frailes, popes
ortodoxos, comerciantes, muezmes, artesanos, señores feudales

�otomanes favoritas de pachás, aventureros, bellezas de ~abaret, á~ab~s, gita:nos, todos ~o~ instin~os ~iniestros, pasio~es
explosivas -o smuosas y perfidas-. mtenorment~ exasperados pero forzados por las circunstancias de un ,ambiente est_recho que les obliga a_ contene~se, en una atmosfera parecida
a la del finado Panait Istrat1.

Rafael Arévalo Martínez, / EL

EMBAJADOR DE

TORLANJA , 1960.

Un módulo frecuente en estas narraciones es el conflicto
entre una sensualidad todopoderosa y las limitaciones de los
respectivos dogmas católi_cos, judíos, m?sulmanes, etc. Los matices son de una gran riqueza. Andric es el maestro de las
letras yugoeslavas modernas y un_ psicó~ogo familiarizad,o con
la humanidad oriental de su Bosma nativa y con la atmosfera
europea de occidente. Es decir con el primitivi_~mo colorista
bizantino, turco, árabe, gri~go y con 1~ compleJidad y tonos
fríos y grises de la humamdad de occidente a la cual tenemos el dudoso gusto de pertenecer, lector,

En 1939, Rafael Arévalo Martínez publicó El mundo de
los maharachías y Viaje a !panda en las cuales describió un
mundo utópico org-anizado en nna Sociedad de Naciones. En
diciembre de 1%0, ante la presencia continua de la guerra
fría entre la U11ión Soviética y los Estado.- Unidos, el mismo
autor guat~rnalteco, nacido en 1884, publicó El embajador
de Torland1a. En contraste con las obras anteriores1 El embabajador de Torlandia es muy breve -unas cuarenta y tres página~-; . tiene menos acción novelesca; y la que hay es menos
fantastica.

RAMON SENDER.

La tesis del autor es que "la necesidad del Estado Universal como teoría, es de una lógica aplastante." (p. 88) En
el Estado Universal, habría: un desarme nacional; el trabajo
manual obligatorio entre los quince y los veinte años; y la
propiedad restringida pero no destruida. Aunque Arévalo
Martínez se da cuenta de que la creación del Estado Universal es imposible por ahora, no desespera. Cree que los hombres persistirán sobre la tierra a pesar de todo.

r

El marco novelesco de este ensayo es el amor adulterino
entre Rolando Decio, embajador de Torlandia (un estado soviético) y Mrs. Ferguson, esposa de un diplomático de habla
inglesa. El narrador, diplomático de un país hispánico, discute amistosamente con el embajador de Torlandia. Cuando
éste se deja convencer por las ideas del narrador, se le derrumba su fe comunista. Con las dudas, se le va para siempre la juventud. Los agentes soviéticos ya no lo protegen
y muere apuñalado por Mr. Ferguson. Aunque el embajador
de Torlandia se humaniza un poco hacia el final, esta obra
no puede considerarse una verdadera creación novelesca. Es
sólo un pretexto para la presentación de las ideas del autor.
Como para reforzar la clasificación de esta obrita como ensayo, Arévalo Martínez intercaló, posterior a la publicación
del libro, tres páginas sobre sucesos recientes. Critica a Fidel
Castro, sin mencionarlo de nombre, pero se opone a una intervención norteamericana. También se opone a cualquier intervención en el Congo. .A los congoleses quiere condenarlos a

�matarse hasta que se establezca cierta clase predominante.
Entonces el Congo podrá salir ele la barbarie.
Aunque no estemos de acuerdo con todas las ideas expresadas en este libro, no podemos menos de admirarnos ante
la contemporaneidad de ideas y de sensibilidad del insigne
autor que inició su carrera literaria en la Guatemala de Estrada Cabrera bajo la influencia de Rubén Darío.

b{'ie~~o a la casa;~ Y mientras su mamá duerme la borrachera
e mno. muere
sonando
con los zapatos• . Con su sens1'b'l'd
l'
.
1 1 ad'
! .s~ mte igencia Fernando Durán tiene la capacidad para
l~~ciar una nueva etapa en el desarrollo del cuento costarncense
.
e C ·l que
S 1ha quedado estancado desde las· cont ri'b uc10nes
d
ar os a azar Herrera Y Fabián Dobles.

Scymour Menton
Seymour Menton
University of Kansas
Fernando Durán, Dosreales y Otros Cuentos
Desde 1952 cuando el periódico "La República" celebró
un concurso del cuento, han aparecido pocos nuevos autores
en Costa Rica. Por eso, llama la atención la publicación de
un tomito de ocho cuentos por Fernándo Durán Ayanegui.
(1939). Llamado Dosreales y otros cuentos (1961), este tomito ·c1e sesenta páginas reúne los cuentos publicados en los
números dominicales, de "La República" a partir del 29 de
mayo ele 1960.
Divididos entre temas urbanos y rurales, los cuentos reflejan la sinceridad y la perspicacia con que el autor penetra
en la vidá de los pobres. Con un mínimo de trama, el autor
reviste sus temas de una experimentación estilística que a
veces llega a ser excesiva, pero sin perjudicar la sinceridad.
Inventa palabras, emplea la repetición y busca constantemente nuevos símiles y metáforas. Aunque el autor revela
_un talento genial en la creación de nuevas imágenes, en este
su primer volumen cae en el rebuscamiento con su tendencia de
juntar demasiadas imágenes en los párrafos iniciales ele cada
cuento. "El día se abrió como una anona madura, y la boca
del trabajo se puso a tragar gente. De cada casa, por las
puertas entreabiertas de miedo al sol y a la levantada, salieron como escupidos un hombre y una herramienta." ("Pocotón, ton, ton," p. 20). Donde mejor se adapta el estilo experimental al tema es en "Zapatos," publicado originalmente
bajo el seudónimo de F. R. San Martín. Narrado casi como
un cuento de hadas, "Zapatos" es la tragedia de un niño descalzo que asiste a la escuela de día y de tarde trabaja de
limpiabotas. Se corta el pie en un vidrio roto; regresa ham-

University of Kansas

�</text>
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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1961, Segunda Época, Año 4, No 4, Octubre-Diciembre </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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ARMAS yLETRAS
Revista de la Universidad de Nuevo León

Leticia Algaba Martínez, Notas sobre la not1ela mexicana en los últimos quina años • Celia Elvira Robledo Esparza, Expresi6n de la realidad mexicana en
las obras de Mariano Azuela • Rosaura Barahona
Aguayo, Las ruinas circulares • Eduardo Guerra
Castellanos, Un análisis de tiempo y espacio en la
producá6n de !orge Luis Borges • Frédéric Mauro,
A propósito de la lntert1ención Francesa.
ANTOLOGIA POETICA
Alí Chumacero • Jaime García Terrés • José Gorostiza • Marco Antonio Montes de Oca • Octavio Paz
• Carlos Pellicer • Jaime Torres Bodet • Xavier Villaurrutia.

ENERO - JUNIO DE

Al'lO 5 - Segunda Epoca

157'5

1~2

Número

1-2

��BIBLIOT ECA CENTR~L

-------------

1

U.A.N.L

\

�11:

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

ARMAS YtETRAS
Revista de la Universidad de Nuevo León
Año 5

Rector
JOSE ALVARADO

/l

No. r - 2

Enero - Junio de 1962

Segunda Epoca

...

•

SUMARIO
Secretario General
LIC. ALFONSO RANGEL GUERRA

Leticia Algaba Martínez, Notas sobre la novela mexicana
en los últimos quince años_·········-··-- ·- - - -

•

5

Celia Elvira Robledo Esparza, Expresión de la realidad
mexicana en las obras de Mariano Azuela ····-···-············· 25
Rosaura Barahona Aguayo, !.As ruinas circulares -·····-····· 46

- -

Eduardo Guerra Castellanos, Un análisis de tiempo y espacio en la producción de Jorge Luis Borges ····-···········-· 56
Frédéric Mauro, A propósito de la Intervención Francesa 63

Departamento de Extensión Universitaria

Coordinador
HUGO PADILLA
Torre de la Rectoría

•

Ciudad Universitaria

-

Quinto Piso

Antología poética ········-············•··•········-····························-···-· 75

�'&gt;&lt;V-1-7

NOTAS SOBRE LA NOVELA MEXICANA
EN LOS ULTIMOS QUINCE AÑOS

Leticia Algaba M artínez

La novela moderna o llamada también "nueva" novela.
con sus características tan especiales, que han revolucionado
las formas tradicionales, parece haber influído notablemente
en las Literaturas del mundo en este siglo XX.
Esta novela que cuenta entre sus iniciadores más notables
a literatos de tan grande talla como lo son Marcel Proust, James
Joyce, William Faulkner, Thomas Mann y otros; posee una
técnica tan admirable, como a menudo desconcertante.

En esta nueva técnica la función del narrador es casi nula;
carece de secuencia lógica y se rompe, a veces, el plano de lo
temporal. El autor de novelas modernas no hace descripciones
de cosas externas sino que se adentra en los personajes y lo
único que nos dá a conocer es su vida interna, esto es a lo que
se ha llamado corriente interiorizada.
Por otra parte, ya no es muy necesario el protagonista en
la novela moderna, todos los personajes son protagonistas y si
lo hay nos lo esconden trás los demás, de tal modo, que es
difícil percibirlo.
Tal vez, una de las armas más valiosas para el autor de
novela moderna sea la de expresión, la del lenguaje, ya que
de este factor depende en gran parte la comprensión de la
trama, de ese cuadro que a veces, más bien parece un rompecabezas que hay que juntar, en estos casos, la segunda leída de
la novela es inminente. La función del lector se activa a fuerza
de retener hechos separados, cosa que en novela de formas
tradicionales más bien es pasivo.
La novela de nuestro país también ha sido influída por la
nueva novela; aunque todavía no en un grado supremo, sí
5

C.37/

�notablemente. Nos referimos especialmente al ciclo de novela
mexicana en los últimos 15 años.
México, como país que se encamina a un destino mejor,
se enfrenta a problemas sociales graves, que su Revolución aún
no resuelve. El clima de la novela mexicana se ve afectado,
como es natural, por todos esos problemas; además notamos
un cierto sentido de frustración, tal vez, porque los ideales
revolucionarios no han sido del todo satisfactorios y porque
muchos de ellos todavía no se cumplen.
En estos 15 años de Novela Mexicana se han destacado
escritores, los cuales, unos ya tienen un perfil bien definido en
el ámbito de la literatura mexicana, y otros se perfilan como
una promesa para ella.
Al tratar este ciclo de la vida literaria de México, hablaremos de algunas novelas y separaremos por temas fundamentales que imperen en ellas; esta separación, claro, no es muy
estricta.
NOVELAS DE TEMA SOCIAL
En 1947, Agustín Yáñez con su novela Al filo del agua,
cuyo título significa al filo o a la orilla de la Revolución, parece
ser, que deslinda una etapa de la novela mexicana, entre la llamada novela de la Revolución y las nuevas tendencias.
Esta novela de tan grandes dimensiones, se desarrolla en
un pueblo que ni siquiera sabemos su nombre, un pueblo de
vida lenta, consumida, llena sólo de murmullos, de ecos; "Pueblo de mujeres enlutadas. Aquí, allá, en la noche, al trajín
del amanecer, en todo el santo río de la mañana, bajo la lumbre
del sol a lo alto ... " 1 de tradiciones hondamente cristianas,
pero que han sido llevadas al fanatismo, donde la campana de
la iglesia regula sus movimientos, donde las muertes y los velorios son los acontecimientos más relevantes, donde las festividades religiosas son las únicas, las mejores.

acallados se hacen morbosos. La amistad, el amor entre hombres y mujeres jóvenes, está si no vedado sí condenado a las
murmuraciones. Todos los habitantes del pueblo se dejan arrastrar por su destino sin hacer nada. Ya en este tiempo en que
transcurre la novela, se perfila una lucha en México, el malestar nacional llega a un límite imposible, sin embargo, a este
pueblo llegan rumores, que parecen escandalosos, inútiles, que
perturban un poco su vida diaria, pero que no tienen trascendencia: "Entre mujeres enlutadas pasa la vida. Llega la muerte. O el amor. El amor, que es la más extraña, la más extrema forma de morir; la más peligrosa y temida forma de
vivir el morir" 2•
Dos personajes son notables en la novela, María la sobrina
del Cura del pueblo y Gabriel, el adolescente que toca las
campanas de la Iglesia, ambos viven en la casa del Curato.
~stos dos personajes se salvan de sus destinos. María, que leía
hbros clandestinamente y cuyo novio le había informado de los
sucesos revolucionarios marcha a la lucha con él, así surge uno
d~ los escándalos más señalados de aquel pueblo: "¡Qué verguenza para todo el pueblo! ¡Irse de revolucionaria! -¡ Malvada! -¡ En perdida tenía que parar! Así los comentarios toda
la noche, todo el día, todos los días siguientes, implacables" 3 •
Gabriel, que habí~ impresionado grandemente, al tocar las
ca~panas de la Igle_s1~ a una señora que visitaba el pueblo,
recibe de ella propos1c1ones para que fuese a estudiar música a
Europa, vacila en aceptar, pero antes de hacerlo, es mandado
a un seminario, de donde escapa y va en busca de su destino.
" 'He huído de los Salesianos, negándome a que ella arreglara
las cosas, y hoy mismo me iré a Veracruz, para embarcarme
rumbo a España.. Es inútil hacerme cambiar' " 4• Repetimos,
estos dos persona1es representan la salvación de sus destinos
c_osa notab;e en e~e ~u~blo, con ellos la libertad y la persona~
hdad propias del md1V1duo se reafirman. Ellos son los únicos
que se liberan de prejuicios y buscan su propio destino.
En es~ _novela, Yáñez demuestra una capacidad creadora

Sus habitantes están llenos de prejuicios que traen en la
sangre, cuyos sentimientos de toda naturaleza, a fuerza de ser

Y una habilidad en el terreno de la novela admirables. Su

técnica todavía no está muy influenciada po/ la nueva corrien-

6
41¡

7

4(1.!'

�te, como en sus obras posteriores, pero ya notamos la corriente
interiorizada en sus personajes. Sin embargo la presencia del
autor en el relato de manera más directa, se hace notar.
En 1959 Yáñez escribe La creación, en la que nos presenta
el ambiente en que se mueven los artistas, músicos, pintores
y en especial es la lucha por su creación artística en el músico
Gabriel Martínez, personaje cuyos perfiles conocimos en la novela Al filo del agua. Gabriel regresa de Europa de estudiar
música y se encuentra con un México en vías de reconstruír
sus principios sociales por las ideas emanadas de la Revolución.
Después de viscicitudes, que las tiene, por no querer aceptar
ayuda de dos mujeres que se han disputado su preferencia,
una es María, su amiga, la que salió también de su pueblo para
ir a la Revolución y ahora está casada con el que fue su novio,
que es un político importante; la segunda mujer es Victoria,
la señora que lo manda a estudiar a Europa. El lucha por
labrarse su carrera artística solo y se dispone a hacerlo, "No,
nada le impediría la realización de sus proyectos. U na vida
nueva. El viejo estado de ánimo es pasajero ( ... ) La tercera
vida definitiva. En la primera ¡No más recuerdos! . .. " 5 Así,
vaga de un lugar a otro y compone sus principales obras, casi
todas con sentido hondamente nacional, que es lo que el país
necesitaba y triunfa de manera definitiva, "Tornaban vencedores los recuerdos culpables ahuyentando el espectro deslumbrante de la Belleza. Sí, sería feliz. La carrera de aplausos
no tendría fin . . . 'Mi dimensión es la grandeza' - puso por
epígrafe" 6 •

pio de estas regiones, la suya, es una lucha casi salvaje. Pero
su ambición es detenida un poco por el gobierno, que planea,
para dar vida a las regiones costeras, la marcha al mar: "El
pleito es con un fantasma que todos mientan y nadie conoce
bien a bien, se la sacan con él, con él se limpian: ora le dicen
'la institución', luego, que 'la marcha', o 'el plan', o 'el consejo' ... " 7 • Esta obra está llena de matices poéticos, el autor
explota hondamente la corriente interiorizada, los monólogos
de sus personajes son intensos: "(Ingeniero Pascual Medellín:
Conquistadores caciques forajidos R ueda de fieras En otro sitio
en otra ocasión se hubieran agarrado a balazos Quietecitos por
el interés por el puro interés de obtener ventajas cada uno a
costa de los demás ..." 8 • Con esto se nos hace más comprensible el hilo de sus pensamientos.
Agustín Yáñez, con estas novelas enriquece un ciclo de
novelas, cuyo propósito ha sido crear un retrato de México,
por eso ha explorado distintos temas, todos ellos de honda significación nacional; por lo cual, es uno de los novelistas mexicanos contemporáneos que ya tienen un perfil bien definido
en la novela mexicana más reciente.

Y en 1900, Yáñez enriquece su ciclo de novelas presentando en !.A tierra pródiga la vida de las regiones de las costas,
sus riquezas vírgenes sólo poseídas por unos cuantos caciques
ambiciosos que luchan entre sí; debido a su temperamento, pro-

Otro novelista, plenamente identificado en el ambiente
literario de este siglo lo es Mariano Azuela, a quien se ha llamado el primer novelista de la Revolución. Pero algunas
novelas, como lo son Esa sangre y !.A maldición, a las que vamos a referirnos, entran dentro del ciclo que estamos estudiando. Esa sangre, que apareció al público en 1956, presenta los
problemas de un hombre que habiéndose ido de México en la
época de la Revolución, regresa sin dinero y sin propiedades,
las que trata de recuperar, cosa que no logra por falta de recursos y aún más por su edad avanzada. En su afán de hacer
pericias que hacía cuando joven, cae en ridiculeces; finalmente
muere en un pleito, pero hasta el fin, nunca se convence que
los tiempos cambiaron y que los antiguos hacendados ya no
tienen mucha influencia en las gentes y en el gobierno. "Dice
Refugito que ya nuestros tiempos pasaron para siempre y yo
digo que no, porque mientras tengamos alma en el cuerpo .. ." 9
En La maldición, nos presenta Azuela a una madre y dos hijos,
que perdida su posición económica y social a la muerte de su

8

·9

De nuevo, Yáñez nos muestra su capacidad creadora y su
conocimiento de los distintos ambientes en que se mueven sus
personajes; notamos más deshilado el relato, es decir, su técnica
literaria está más afectada por las nuevas corrientes literarias.
En esta obra, el autor señala la importancia que tiene la libertad
para el artista y su creación.

�esposo, se van a México a probar fortuna. Su hijo Rodulfo se
ensaya en muchos trabajos hasta ser burócrata, por lo que mejora su posición económica pero donde se lía en asuntos sucios
y para en la cárcel. Su hermana, a la que Rodulfo, usa para
sus fines ambiciosos; después de caer de una posición falsa que
se había creado, termina estableciéndose en una pequeña tienda. La madre muere en su pueblo, al que había regresado y
siempre creyó en una absurda suposición: "Emilia salió aterrada. Vulgar y superticiosa se llevó en la mente la imagen de
un anciano descarnado, lívido, de ojos apagados y piel adherida
a los huesos. -¿ Lo oíste, Rodulfo? ¡Nos echó la maldición!
-Maldición de perro viejo no alcanza, madre" 10 •
En estas dos novelas notamos en su autor, su desprecio,
más bien su crítica a los que suben de nivel social a base de
injusticias de toda naturaleza. Lo que hace admirable las novelas de Azuela es su capacidad para expresar las diferentes
situaciones, su lenguaje adecuado siempre; tiende siempre a
expresar temas cuyo fondo es, en estos casos, problemas nacidos
después de la Revolución, pero siempre en torno a sus problemas sociales, lo que hace de Azuela un escritor auténticamente
mexicanista. Su técnica literaria está levemente afectada por
las formas de la nueva novela.

mortal hacia mañana" 11• Esta novela tiene multitud de personajes que se relacionan entre sí, pero el tema de fondo es el
drama del pobre, con el que se cometen toda clase de injusticias y el de la alta sociedad llena de nuevos ricos, entre los cuales se encuentran muchos que tomaron parte en la Revolución
y que se enriquecieron en ella, que saben que hay muchas injusticias pero que creen en ella: "Las revoluciones las hacen
hombres de carne y hueso, no santos, y todos, terminan por
crear una nueva casta privilegiada" 12 • Estas dos clases sociales
sufren un gran contraste, en el humilde priva una conformidad
desesperante y resignación ante todo; en el rico una ambición
desmedida. La única clase social balanceada es la clase media,
por lo que uno de los personajes de la novela dice: " ' ... México tiene ahora una clase media. La clase media es el elemento
activo de la sociedad. Aquí y en todas partes' . . . " 13•

En r958 aparece una novela que ha sido muy discutida en
los últimos años, se trata de La regi6n más transparente, cuyo
autor es Carlos Fuentes. Con ella, el autor pretende hacer un
retrato de la ciudad de México, las angustias, alegrías y la continua lucha entre sus habitantes, miembros de las diferentes
clases sociales, pero que directa o indirectamente tienen, en esta
novela, por coincidencia algo que ver entre sí. El México de
Carlos Fuentes es el México que a distancia de 4r años de la
Revolución Mexicana, aún busca su verdadero perfil; ya que
la Revolución aún no dá el fruto esperado, aún no se cumplen,
íntegramente sus postulados y los hombres que participaron en
dicho movimiento se olvidaron ya, -por sus ambiciones- de
cumplir la meta prometida. El nos dice: "En México no hay
tragedia: todo se vuelve afrenta. Afrenta, esta sangre que me
punza como filo de maguey. Afrenta mi parálisis desenfrenada que todas las auroras tiñe de coágulos. Y mi eterno salto

En general, la novela está dividida en tres grandes partes
que agrupan los distintos personajes. El narrador o más bien
el introductor a dichos asuntos, que se puede decir, está en
función del narrador es Ixca Cienfuegos, que entrevistándose
y conversando con casi todos los personajes, nos los descubre
en su vida íntima. La secuencia lógica del relato, -como hay
multitud de personajes- se interrumpe constantemente. La
acción sucede en r95r, pero alcanza multitud de tiempos de la
vida de México, inclusive escenas de la Revolución. El autor
usa con preferencia el período largo, la novela está llena de
monólogos interiores muy largos de los personajes, así conocemos más claramente su vida. Se nota en el autor, un tono
inquieto, nervioso. El lenguaje usado por el autor, está apegado completamente a las diferentes circunstancias con que
tropieza, se puede decir, que para la tarea que se propuso de
dar un retrato de la ciudad de México, con ésto lo logra plenamente. La última parte de la novela es admirable, Fuentes
sintetiza los problemas históricos de México, en todos los tiempos, hasta llegar a los de la ciudad de México. El título de la
novela resulta, pues, irónico, porque el paisaje está lleno de
nebulosidades, de problemas sociales que lo enturbian. "Aguila
sin alas. Serpiente sin estrellas. Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire" 14

ro

II

•

�En 1959 aparece otra novela de Fuentes, ~~ bue~as conciencias, que contrasta fuertemente con La regton mas transparente. En esta segunda novela de Fuentes_, tra~a la ad~lescencia de Jaime Ceballos, con sus problemas propios de dicha
etapa de la vida, del joven que busca su perfil definitivo. El
personaje lucha entre su conciencia, que le han arrai~ado desde
pequeño a normas cristianas y que en la ad~lescencia, com~ es
propio, se desvía un poco de ellas. Influenciado po~ ~u. amigo
Juan Manuel, se dá cuenta que muchos_ ?e los preJmcios qu_e
le han inculcado son exagerados. Tambien se destaca la admiración que siente por los ideales, &lt;:lue un perseguido_ de la justicia que aloja en su casa a escondidas, le cuenta. Fmalmente,
lucha por su libertad personal y parece salvarse en su proyección hacia el futuro. "Supo entonces que sería un brillante
alumno de Derecho, que pronunciaría discursos oficiales, que
sería el joven mimado del Partido de la Revol'!~ión en el estado que se recibiría con honores, que las familias decentes lo
po~drían como ejemplo, que se cas~r~, con una muchacha
rica, que fundaría un hogar: que v1vma con la conciencia
tranquila" 15.
Como dijimos, esta novela es completamente opuesta a la
anterior de Fuentes el tono del autor es más apacible, más lento,
de aquel cuadro lleno de personajes y de asuntos, nos encontramos ahora con un asunto más definido. La secuencia lógica
existe, todo el asunto sucede en un sólo plano. Asimismo hay
menos ruptura con lo temporal, porque aunque el autor -que
en esta obra "sentimos" de manera más directa al narrar- dá
a conocer tiempos pasados en la vida de los personajes, esto no
es un cambio brusco sino pausado, lógico al ritmo del relato.
Por todo lo que hemos dicho de Carlos Fuentes, sabemo_s que
ya es un autor de dimensiones trazadas en la novela mexicana.
Otro novelista mexicano, perteneciente a la nueva corriente lo es sin duda, Juan Rulfo, que con su novela Pedro Páramo,
e;crita en 1955, se identifica plenamente en el ámbito de la
nueva novela. El tema de fondo de la novela es la realidad
de un pueblo, como quizá haya muchos en México, sin trascendencia, sin historia hacia afuera, donde sus habitantes en
realidad no sabemos si están vivos o muertos: "Hay pueblos
12

que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de su
aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo. Este
es uno de esos pueblos ... " 10 El personaje principal, después
del pueblo de Comala, es Pedro Páramo, el cacique cuya inffoencia en Comala es muy grande, casi todas las cosas y todas
las personas se mueven por él. Se puede decir que la única
persona que se opone a su presencia es Susana San Juan, la
única mujer que amó verdaderamente y la cual nunca le correspondi_ó, este amor de Pe_dro Páramo, se puede decir, es lo
único de bueno que hay en su vida, el que representó su más
caro anhelo: "A centenares de metros, encima de todas las
nubes, mucho más allá de todo, estás escondida tú Susana. Escondida en la inmensidad de Dios, detrás de su Divina Providencia, donde yo no puedo alcanzarte ni verte y a donde no
llegan mis palabras" 17•
·
Rulfo es en ocasiones pesimista y también se nota en él
cierto sentido de frustración. La novela es en general, un
trozo de acontecimientos separados, que al final de la lectura
necesitamos juntar mentalmente para darles coherencia, esto es,
no hay secuencia lógica en el relato, ni mucho menos secuenci,i
temporal. Rulfo recurre a recursos muy audaces como lo son
los diálogos entre muertos.
En 1959, Sergio Galindo, se inicia en el terreno de la novela con La justicia de enero, en la que toma como tema central
los problemas y viscicitudes de los agentes de migración en su
persecución a extranjeros que infringen las leyes y que tienen
que ser deportados algunas veces y otras hasta condenados a
muerte. Pero entre el relato conocemos la vida íntima de los
agentes de migración, los que deben hacer justicia sin preguntarse si esta es buena o no; algunos se preguntan qué es y la
definen así: "Hay un viejo refrán que tal vez usaron nuestros
tatarabuelos: 'La justicia de Enero'. Dá a entender que no
hay jurado o juez o gobernante que sea igualmente justo al
iniciar que al terminar su período. Empiezan muy estrictos y
terminan magnánimos, o al contrario. Enero es el mes que
más cambia. Así es la justicia, quizá así deba ser, una especie
de d;uda o de zozobra. La justicia de Enero" 18•
La novela está dividida en dos partes, con sus subdivisiones

�enumeradas. Galindo usa mucho el período corto entre puntos seguidos.
En 1900, el mismo autor escribe otra novela, El bordo,
cuyo contenido social apenas se percibe, en alusiones no muy
precisas de la Revolución y sobre todo de la persecución religiosa, cuya educación escolar, influyó en uno de los personajes,
que recuerda cosas que su maestra de primaria les dijo: "Ustedes son los que florecerán en la era socialista. Reinará la verdad, la equidad: Hijos míos ( en gran súplica), no crean nunca
en sus padres" 19.
Los sentimientos de amor y de orgullo en una familia son
los que imperan en el tema de la novela. Galindo, cuyos libros,
como hemos visto, son muy recientes, resuelve los problemas
de sus novelas con armas literarias, más que con soluciones
basadas en situaciones sociales prevalecientes. Lo más significativo en su obra es el manejo del lenguaje, en El bordo, asume, en ocasiones, tonos poéticos muy bellos. Creemos que
Sergio Galindo es una de las promesas más constantes para la
literatura mexicana.
En el año de 1959 otro autor hace su debut en el campo
de la novela, él es Rafael Solana y la novela se llama El sol de
octubre, en ella encontramos nuevamente una novela cuya intención es dar a conocer la vida de la ciudad de México, sobre
todo de la clase social alta y más específicamente de la juventud
de dicha clase. Sin embargo no es una novela a lo Fuentes,
pues no toca directamente los problemas sociales desde el punto
de vista nacional y político. Esto es un relato de la vida de
diferentes personajes que se relacionan por amistad o por parentesco. Solana posée valores expresivos notables y habilidad
para tratar los diferentes problemas que atañen a sus personajes. Es notable encontrar un personaje, un joven que tiene
intenciones de ser escritor. Todas sus dudas y sus viscicitudes
internas para hacer su novela, se nos antoja que se refleja el
autor directamente en su personaje. Ese joven desea hacer una
novela, pero no cualquier novela, para hacerla se plantea todos
los problemas que suscita dicha creación; desde la técnica literaria que va a usar, en cuanto al asunto, quiere apartarse un
poco de esos que prevalecen en la novela mexicana, " ... La

escribiría; se complacería en ello; y sería una magnífica novela·
algo distinto, ¡por fin! de tantas novelas de la Revolución toda~
parecidas entre sí como las huerfanitas de un asilo, con ~1 mis, d e 1a obra como va
mo uniforme . . . " 2 º L eemos a traves
creando su novela, la termina, pero se suicida por un amor imposible y deja a su amada todo lo que ha escrito, la cual, piensa publicarla; él mismo se expresa así de su novela: "Siento
que esta es mi obra, mi única ·obra, no la mejor, no la más importante, sino la única de verdad . . . que si esta novela vale
algo, eso habré valido yo .. . " 21 •
En Rafael Solana se nota a un autor preocupado por el
acogimiento que el público brinde a su novela. En ella hay
una secuencia temporal que se cumple, no hay saltos a otras
épocas; en la secuencia del relato si encontramos saltos pero
nós parecen naturales, debido a la multitud de personajes.
Creemos que Rafael Solana cumple sus propósitos y resuelve
los problemas en su novela con armas literarias.
También en el año de 1959, Fernando Benítez escribe El
rey viejo, en donde mezcla la ficción con oasajes lústóricos, en
particular, relata los últimos días del Presidente Carranza.
!oda· la novela está relatada por uno de sus ayudantes, un
intelectual del que conocemos algunos pasajes de su vida. Conocemos en general la política de esa época en que México
atravesaba por momentos cruciales en su historia. A través
de la novela notamos la gran admiración del que relata p¿r
Carranza, a quien llama el rey viejo; específicamente narra
desde la huída de Carranza hasta su asesinato en Tlaxcalantongo. Su muerte es evocada así: "Continuaba el sueño del
Rey Viejo. Se negó a suicidarse y lo habían asesinado. Eso
era todo. Un pequeño drama nacional repetido muchas veces
pero había que vivirlo, sentir que las balas entraban en la carn:
del Presidente, oír su estertor y verlo en el ataúd que se deslizaba entre la niebla, fuera del espacio y del tiempo . .. " 22•
Aunque esta novela es de tema histórico, el autor combina
muy bien la ficción por lo que la hace merecedora de entrar
a la novela mexicana.

�NOVELAS DE TEMA INDIGENA
El tema indígena también se hace presente en este ciclo
de novela mexicana; en 1952 Ricardo Pozas escribe luan Pérez
¡olote, que es la biografía de un indio de la región de _Chamula,
estado de Chiapas. En realidad, el autor trata la vida de los
indígenas en todos sus aspectos y para comprenderla, enfoca
en particular en la vida del personaje central de la novela, la
cual está relatada por él mismo: "Me llamo Juan Pérez Jolote,
lo de Juan, porque mi madre me parió el día de la fiesta, de
San Juan, patrono del pueblo. Soy pérez Jolote, porque as1 se
nombraba a mi padre. Yo no sé cómo hicieron los antiguos,
2
nuestros 'tatas', para ponerle a la gente nombres de animales" \
A pesar de ser una biografía, tiene valor literario porque las
alusiones a las costumbres y acontecimientos tienen un cierto
matiz ficticio, es decir, hay partes que no están muy apegadas
a la realidad. El relato es vivo y está lleno de aciertos de
expresión.

25

dre" • Pero al mismo tiempo una enorme tristeza porque el
cacique se ríe y no le importa que el sea o no "ladino"; Limbano trata de matarlo y éste lo envía a trabajar a un lugar lejano,
donde trata de escapar y muere, lo que demuestra que tuvo el
mismo destino de su padre.
La obra está dividida en personajes, la secuencia del relato
se nos interrumpe constantemente, por lo que está influenciado
por la nueva corriente.

En 1954 aparece otra novela de tema indígena, se trata de
La cruz del sureste. de Alberto Bonifaz Nuño; el tema de fondo
es la vida en un pequeño pueblo, donde el cacique con sus
injusticias, trata de acumular más riquezas a costa del trabajo
mal remunerado de los indios, a los que engaña y explota; en
especial se trata del drama del indio Limbano, que trabaja con
el cacique, pero al que odia porque mató a su padre, pero se
propone librarse de las injusticias del cacique: "'Conmigo no
harán lo que con mi padre'. Limbano no sabía cuando había,
por primera vez, formulado esta resolución en términos precisos, pero empezó a tomar forma en su conciencia a partir
de una ocasión en que se sintió definitivamente perdido. Esto
si lo sabía" 2 -i. Limbano trata de introducirse en el mundo
vedado para el indígena, el de los "ladinos" y trata de granjearse la amistad del cacique; y cuando su madre le revela que
él no es indio, su alegría no tiene límites, pues el mundo con
el que había soñado es su mundo: "Limbano, enajenado, miraba el cielo negro y la negrura más espesa que se levan~aba
de la tierra. Un sólo pensamiento embriagador: '¡ Soy «ladino»!' Un sentimiento de arrebatadora gratitud hacia su ma-

Y en 1957, Rosario Castellanos, escribe Balún Canán, cuyo
tema es la vida del indígena también de la región de Chiapas,
su mismo nombre Balún Canán, se refiere a como se llamaba
antiguamente a lo que hoy es Comitán, Chiapas. Apreciamos
el drama del indio oprimido que el patrón quiere sumir en la
ignorancia y que se aterra cuando vé que el Gobierno quiere
redimirlos y darles facilidades y obligar que se les pague bien
por su trabajo. En la autora se nota un conocimiento profundo
de estos lugares y de las costumbres de dicha región indígena.
La novela está dividida en tres partes, la primera y la tercera
narrada en monólogo de una niña, hija de un hacendado y la
segunda parte por el hacendado mismo. Con los monólogos
de la niña surge un segundo aspecto en la novela, pues conoce~os_ desd~ el ni~el infantil, experiencia y hechos con la típica
curiosidad mfanttl, recurso con que la autora da un matiz
diferente: "Soy una niña y tengo siete años. Los cinco dedos
de la m~o derecha y dos de la izquierda. Y cuando me yergo
puedo
mirar de frente las rodillas de mi padre. Más arriba
2
. ' de la segunda parte, desde
no" ª. En cuanto a 1a narrac10n
la altura de un personaje mayor resulta un efecto muy distinto:
"Después del copioso desayuno, en esta hora fresca, nueve de
la maña:1a, cuando todos, cada uno en su puesto, comenzaban
a cumplir sus quehaceres con una precisión perfecta, César era
27
feliz" • El relato es en general, con orden cronológico, exc~pto en algunas reminiscencias de los personajes, respecto a su
vida pasada. Un hecho impresiona mucho a la niña que relata,
es la muerte de su hermano, con quien compartía todos sus
estados de ánimo. "Cuando llegué a la casa busqué un lápiz
y con mi letra inhábil, torpe, fui escribiendo el nombre de
Mario. Mario en los ladrillos del jardín. Mario en las pare-

16

17

�des del corredor, Mario en las páginas de mis cuadernos. Por28
que Mario está lejos. Y yo quisiera pedirle perdón" •
OTROS TEMAS EN LA NOVELA MEXICANA
Temas muy diversos aparte de los que hemos mencionado,
entran en la producción literaria mexicana. Casi todos ellos
son muy originales, como es el caso de Memorias de un espejo,
escrita en 1953 y cuyo autor es José Alvarado; esta novela es
un monólogo de un espejo que al reflejarse en otro se dá
cuenta de que: "Estoy viejo y abandonado.. Sólo asoman a
mi triste superficie los ojos apagados de un rostro marchito, en
cuyas pupilas hay una niebla de amargura y resentimiento y
unas cenizas de ambiciones rotas" 29• Sin embargo en otro
tiempo fue joven y empieza a narrarnos desde que tuvo conciencia de sí mismo. Esta novela en que una cosa inanimada
nos relata sus memorias se nota la ficción literaria en su grado
máximo, pero al desarrollar esta ficción, como es natural nos
encontramos con hechos de la vida real, pues la ficción siempre
pende de la realidad, pero en este caso es en grado mínimo.
El monólogo es muy ameno, nunca perdemos interés en su
lectura.
El mismo autor en 1955, escribe El personaje, donde nuevamente se trata un tema original, el de un hombre que se
encuentra solo en un pueblo abandonado cuando es arrojado
de un tren; se encuentra con que el pueblo carece de gentes
y se dedica a recorrerlo "sintiéndose" el hombre más rico, el
único poseedor de todas las cosas y de los lugares, asimismo va
recordando pasajes de su vida. Alvarado nos advierte que el
personaje de la novela es quizá un "personaje" sacado de una
novela: "Era Nicolás, mas bien, algo así como el personaje escapado de una novela, lo malo que no podría decirse de cual
novela ... " 80• Pero Nicolás no sabe que puede serlo, porque
si lo supiera, podía fingir y aparecer mejor, cosa que un personaje de una buena novela no debe hacer. " ... sólo que, o
ningún novelista había acertado a encontrarlo, o la novela de
que fue héroe se perdió inédita entre los papeles incinerados
de un escritor sin fortuna o ninguno de los lectores de la tierra

recordaba la novela por cuyas líneas transitó Nicolás" ª1. En
esta novela, el autor dibuja de manera fiel a su personaje y nos
lleva con él, a través de la novela para conocer todo lo que él
también trata de conocer.
José Alvarado sale de la generalidad en que otros autores
-que aunque no se les niegan elogios- escogen temas de contenidos muy conocidos en México. Es decir, que sus novelas
contienen mucha ficción literaria, que siempre es interesante
leer.
En 1954 aparece otra novela cuyo tema es original, se trata
de Primavera muda, cuyo autor es Tomás Segovia, que nos
refiere un día de la vida de un joven que acaba de ser estudiante; pero en este tiempo tan corto, conocemos los problemas que
se debaten en su mente, sobre todo su conocimiento de que el
ambiente que le rodea está lleno de mentira y de que él mismo,
con sus amigos ha llevado una vida falsa, llena de cosas vanas;
pero comprende, con la ayuda de una muchacha que conoce,
que siempre existirá la esperanza y decide cambiar su vida,
sobre todo hacerla que renazca, que tenga un sentido y un fin
mejor trazado. "Se preguntó si verdaderamente existiría un
mundo diferente, donde las personas pudieran verse sin reflejos
espectrales, y soportar esa visión. Les sorprendió que el recuerdo de su tesis proyectada le emocionara; era infantil que pudiera esperar algo verdadero de una acción tan circunstancial" 32•
En 1957 Sara García Iglesias, escribe Exilio en el que trata
un tema interesante, el de los extranjeros refugiados en México,
en particular de los refugiados españoles. Conocemos sus problemas de adaptación a la patria nueva; el choque de sus ideas
con las de los mexicanos, sus diferentes puntos de vista, y muchas veces, su antipatía a México, pero un personaje nos dice:
"-Todos vivimos en exilio- dijo la voz de Montagu, lentamente, como continuando un monólogo interior-. Desde
Heráclito, el sentimiento del reino perdido pesa sobre todos los
hombres provistos de imaginación sean o no desterrados. La
patria perdida, dejada atrás en la confusión del tiempo ... " 38 •
La autora saca de este tema central la trama, relacionando a
los personajes agrupados en familias.

19

f

�La corriente interiorizada en los personajes está presente.
Las escenas de la novela, sobre todo las de las discusiones de
puntos de vista entre exiliados y mexicanos demuestran el conocimiento profundo de la autora en estos problemas.
En 1958 aparece una novela que por su tema original ha
llamado mucho la atención, se trata de El solitario atlántico,
cuyo autor es Jorge López Páez, en la que trata el mundo
infantil centrándolo en el personaje principal.
El autor describe de manera admirable el mundo de un
niño que todos los días y en cada instante percibe algo nuevo
y pregunta el porqué de cosas que no conoce, sobre todo las
acciones de las personas mayores, nada escapa a su imaginación
infantil; todas las cosas que ve y oye, las pasa al mundo ideal,
al estrato de la fantasía: "No podía dormir; pensaba en el mar,
en cómo sería el mar. Veía aquella agua, que según mi Tía
Raquel jamás terminaba. ¿Verde, azul, azul verde, verde azul,
rojo azul, violeta azul?" 34• Descubre la desconfianza, la ilusión, la ternura. Todas sus actitudes, sus recelos, sus preguntas,
tienden a explicar su mundo interno y explicarse un poco, el
de los demás.
La naturaleza vista por el niño, flores, árboles, está expresada en un lenguaje adecuado, cosa que es difícil, ya que esas
experiencias infantiles, tal vez, sólo en esa edad se comprende
perfectamente. Toda la novela es un monólogo de Andrés, el
niño cuyas experiencias hemos citado. La novela termina con
este párrafo: "De repente, subí a mi barca. Miré a la popa;
no había nadie. A pesar del cielo azul todo el mar estaba encrespado y 'ciegamente me lancé como destino en el solitario
Atlántico'" 85•
En 1959 Luisa Josefina Hernández hace su aparición en el
ámbito de la novela con El lugar donde crece la hierba, en la
que nos hace sumergir en el mundo destrozado, vacío y perverso de una mujer que ha robado. Conocemos su interminable cadena de desgracias, en un sólo monólogo de la protagonista, un monólogo lleno de reflexiones, sumidas en una atmósfera que nos parece inaguantable, en el que ella misma
dice: "Ambulo para encontrar ese recóndito lugar de musgo
20

en que sin lugar a dudas ha crecido la hierba. Ese es el sitio
que yo busco para estar el minuto de calma, la tregua entre el
castigo y el castigo" 36 •
El mérito de la autora radica en su habilidad para mantenernos en constante interés en la lectura, uno de sus recursos
para lograrlo es el lenguaje y el estilo en la obra. A través de
las páginas de la novela asoman sentimientos de culpabilidad
en grado máximo y también de frustración y de desesperación:
"Soy el instrumento hecho por morbo y sin finalidad. Soy el
objeto perverso que no encuentra lugar en el mundo ... " 87
En el año de 196!, nuevamente Luisa Josefina Hernández
nos brinda otra novela, se trata de La plaza de Puerto Santo,
en ella nos relata la vida de un pueblo, cuyas gentes, desde su
fundación tomaron alto rango y se llenaron de prejuicios. Un
pueblo que no cambia mucho, precisamente esta novela trata
el escándalo suscitado por unos caballeros que se reunían en la
plaza del pueblo y de ahí se dirigían a espiar por las ventanas
a las mujeres.
Esto es debido al vacío de sus vidas, a la ociosidad. "Aquella plaza, a partir de las nueve de la noche, había dejado de
ser el lugar de las pláticas de algunos varones de Puerto Santo
para convertirse en sitio de fantasmas innombrables y femeninos, que como proyecciones surgían de la mente de cada uno
de ellos y ambulaban entre los jazmines y los tulipanes, todas
en traje de dormir y con el cabello suelto" 88•
La autora analiza y retrata a sus personajes de manera
veraz ; encontramos en sus narraciones, en sus diálogos, a veces
motivos poéticos. La acción sucede con lógica y continuidad ;
asimismo las anécdotas de los personajes están muy bien logrados, nos hacen mantener constante nuestro interés. Esta novela, como se ve, resulta un gran constraste con la anterior.
Finalmente en 1961, Emma Dolujanoff, joven escritora
escribe Adiós, Job, en la que explota un tema muy original. Su
personaje principal es un médico joven, especializado en Psicología, que es en cierta forma inadaptado al ambiente en que
tiene que desarrollar el campo de su profesión. Cuando es
21

�despedido de la oficina donde trabaja se encuentra sin saber
qué hacer, pues se nota en él, inseguridad e inestabilidad tanto
económica como quizá también psíquica.
La mayor parte de la novela está compuesta por monólogos
del personaje central, conocemos su lucha interna, inclusive él
mismo se autoanaliza. Todos sus problemas morales y psíquicos los ha resuelto atendiendo las enseñanzas del santo Job, del
que su padre le empezó a hablar desde que era un niño: "Mi
padre ha leído mucho y de todo, pero parece ser que el Libro
de Job le satisface. No sé que puede encontrar de especialmente atractivo en esa paciencia cobarde, infrahumana" 39 •
Como vemos al principio detestaba las enseñanzas de Job,
no les hallaba sentido, pero posteriormente Job le enseña que
para resolver los problemas tiene que imperar la paciencia.
Así, se reconcilia con él y cuando tiene problemas dialoga,
monologando con el santo. Parece ser que Job, siempre lo
salva de las situaciones difíciles. "Ven, Job, y pon tu verdad
junto a la mía, ponla aquí, cerca de esta mano que tengo sobre
su cabeza. Apúrate por favor, que una niña no es como estatua, y puede moverse y también irse ( .. . ) Mira, ella está
muy chiquita todavía, puede impacientarse fácilmente. Ni
siquiera tú, Job, puedes decir que hayas tenido esa misma paciencia desde siempre. Se sabe que tardaste mucho para tenerla. Pero de pequeño .. . ¡acuérdate, Job! No seas hipócrita
y dí: de pequeño, te movías, ¿verdad? ( . . . ) Como siempre,
huyes de mi alegría maldito. ( ... ) Ven y perdóname ( . . . )
Te juro que esta alegría si es verdad -ayúdame ... " 40• En
este caso su problema es la falta de comprensión hacia su hija,
debido a que casi no la conoce, pues al divorciarse, se la llevaron de su lado.
Cuando queda sin trabajo su Tía y su Primo le ofrecen
trabajo y éxito fácil, cosa que no quiere aceptar, pero después
de luchar con su "yo" interno, se decide ser un hombre importante. La autora recurre mucho al diálogo, recurso que nos
permite comprender situaciones difíciles como son, las que suceden cuando un personaje trata de encontrar su propia personalidad. Asimismo encontramos monólogos con lenguaje, a
22

menudo, poético. Emma Dolujanoff se perfila como un verdadero valor artístico en el campo de la novela.
Hemos expuesto aspectos en algunas novelas mexicanas escritas en los últimos 15 años, como hemos visto, casi todos los
escritores mencionados pertenecen a la llamada nueva novela.
Su fecundidad creadora enriquece la novela mexicana, que tal
vez, está en vías de encontrar un porvenir brillante dentro de
las literaturas mundiales.
•
N O T A S

•

1.-Agustín Yáñez, Al filo del agua, Editorial Porrúa, S. A., México,
1947, p. 9.
2.-lbid., p. 19.
3.-Ibid., p. 395.
4.-lbid., p. 385.
5.-Agustín Y~ñez, La creaci6n, (Col. Letras mexicanas, Núm. 51),
Fondo de Cultura Econ6mica, México, 1959, p. 11.
6.-Ibid., p. 309.
7.-Agustín Yáñez, La tierra pr6diga, (Col. Popular, Núm. 19), Fondo de Cultura Econ6mica, México, 1960, p. 309.
8.-Ibid., p. 14.
9.-Mariano Azuela, Esa sangre, (Col. Letras mexicanas, Núm. 24),
Fondo de Cultura Econ6mica, México, 1956, p. 171.
10.-Mariano Azuela, La maldici6n, (Obras completas, tomo II), Fondo de Cultura Econ6mica, México, 1958, p. 468.
11.-Carlos Fuentes, La regi6n más. transparente, (Col. Letras mexicanas, Núm. 38), Fondo de Cultura Econ6mica, México, 1958, p. 9.
12.-lbid., p. 110.
13.-lbid., p. 112.
14.-lbid., p. 11
15.-Carlos Fuentes, Las buenas conciencias, (Col. Letras mexicanas,
Núm. 53), Fondo de Cultura Econ6mica, México, 1959, p. 190.
16.-Juan Rulfo, Pedro Páramo, (Col. Letras mexicanas, Núm. 19),
Fondo de Cultura Econ6mica, México, 1961, p. 102.
17.-Ibid., p. 19.
18.-Sergio Galindo, La justicia de enero, (Col. Letras mexicanas, Núm.
45), Fondo de Cultura Econ6mica, México, 1959, p. 189.
19.-Sergio Galindo, El bordo, (Col.. Letras mexicanas, núm. 59),
Fondo de Cultura Económica, México, 1960, p. 79.
20.-Rafael Solana, El sol de octubre, (Col. Letras mexicanas, Núm.
48), Fondo de Cultura Económica, México, 1959, p. 87.

•

�21.-lbid., p. 556.
22.-Fernando Benítez, El rey viejo, (Col. Letras mexicanas, núm. 52),
Fondo de Cultura Económica, México, 1959, p. 155.
23.-Ricardo Pozas A., [uan Pérez /olote, (Col. Letras mexicanas, Núm.
6), Fondo de Cultura Económica, México, 1952, p. 15
24.-Alberto Bonifaz Nuño, La cruz del sureste, (Col. Letras mexicanas, Núm. 14), Fondo de Cultura Económica, México, 1954, p. 11.
25.-lbid., p. 146.
26.-Rosario Castellanos, Balún Canán, (Col. Letras mexicanas, Núm.
36), Fondo de Cultura Económica, México, 1957, p. 9.
27.-lbid., p. 76.
28.-Jbid., p. 292.
29.-José Alvarado, Memorias de un espejo, Chimalistac, México, 1953,
p. 9.
30.-José Alvarado, El personaje, (Col. Los presentes, Núm. 16). México, 1955, p. 9.
31.-lbid., p. 11.
32.-Tomás Segovia, Primavera muda, (Col. Los presentes), México,
1954, p. 37.
33.-Sara García Iglesias, Erilio, (Col. Letras mexicanas, Núm. 33),
Fondo de Cultura Económica, México, 1957, p. 206.
34.-Jorge L6pez Páez, El solitario Atlántico, (Col. Letras mexicanas,
Núm. 43), Fondo de Cultura Económica, México, 1958, p. 34
35.-Jbid., p. 110.
36.-Luisa Josefina Hernández, El lugar donde crece la hierba, (Col.
Ficción), Universidad Veracruzana, Jalapa, Veracruz, 1959, p. 42.
37.-lbid., p. 69.
38.-Luisa Josefina H ernández, La plaza de Puerto Santo, (Col. Letras
mexicanas, Núm. 65), Fondo de Cultura Económica, México, 1961,
p. 87.
39.-Emma Dolunajoff, Adi6s / ob, (Col. Letras mexicanas, Núm. 68),
Fondo de Cultura Económica, México, 1961, p. 94.
40.-1bid., p. 107.

EXPRESION DE LA REALIDAD MEXICANA
EN LAS OBRAS DE MARIANO AZUELA

Celia E/vira Robledo Esparza

En todos los pueblos la literatura, y en especial el género
novelístico, refleja los pensamientos y los sucesos que afectan
a los hombres de cada época. Ocurre esto en la Literatura
Mexicana, pues por medio de las obras literarias puede seguirse
la evolución de la sociedad mexicana desde puntos de vista más
humanos que la historia no registra.
Existe dentro de la producción literaria del país un ciclo
de Novelas de la Revolución, llamadas así porque en ellas los
autores tratan temas relacionados con esa época de luchas internas que da lugar a grandes cambios que afectan a todas las
clases sociales del país.
Las profundas transformaciones sociales, la anarquía reinante, los penosos esfuerzos de las gentes por sobrevivir y orientar su vida conforme a las nuevas circunstancias, ofrecen un
vasto campo de trabajo a la observación e imaginación de los
escritores, tanto, que se desarrolla un afán extraordinario por
tratar esos temas y se escriben muchísimas novelas con asuntos
de la Revolución. Sin embargo sólo unas pocas de ellas tienen
valor tanto social como literario y algunas han sido traducidas
a otros idiomas.
Es considerado como iniciador de este género de novelas,
muy propio de nuestro país, el Dr. Mariano Azuela. Es uno
de los autores que mejor saben expresar la realidad del pueblo
que hizo la Revolución, mostrándolo en su propio ambiente y
utilizando al escribir su mismo lenguaje y expresiones. La
mayor parte de las obras que escribió están dedicadas a temas
sobre el pueblo
humilde, por el que siempre sintió gran cariño
.,
y compas1on.
Radica su mérito no solamente en la fidelidad con que en

25

�sus novelas se refleja la vida de los mexicanos de toda una época sino también en sus cualidades como escritor. Al igual
q~e en todos los escritores, la técnica novelística del Dr; Azuela
va evolucionando desde los apuntes y cuentos de su epoca de
estudiante hasta las bien logradas novelas de su madurez artística. Sin embargo a través de todas sus obras conserva su lenguaje preciso y sobrio que en lugar de restar, le da más fuerza
a la expresión.
La primera de ellas es María Luisa, una novela corta en
la que narra la ~storia de ~a hermosa, muc~acha cuya madre
tiene una pension de estudiantes. Mana Luisa, enamorada de
uno de ellos abandona la tranquilidad de su vida al ceder ante
sus promesas e insistencias, para verse más tarde ~bandon~da
y sufriendo las más amargas penalid~des hasta ter1:1lllar su vida
en un hospital. Novela de forma simple y accesible, pues l~s
situaciones se van sucediendo de manera natural: presenta primero los caracteres de los personajes y luego va desarrollando
los acontecimientos en que éstos participan, dejando entrever
en cierto modo el desenlace final: "¿ Quién era María Luisa?
U na de tantas flores abiertas en el estercolero que se levantan
esbeltas, húmedas y perfumadas, que parecen lanzarse al cielo
y que en breve, muy en breve, se tuercen a los ardorosos rayos
del sol eterno de la vida, desprendiendo sus mustios pétalos y
derramando su semilla sobre el mismo estercolero que la vio
nacer" 1.
Desde aquí puede notarse la preferencia de Azuela por los
temas que se refieren a seres débiles o víctimas de la sociedad.
Sus experiencias como médico y sus cualidades como observador le dieron conocimiento de todas las miserias morales que
ocultan los hombres de todas las clases sociales.
Es de mayores alcances y está mejor lograda Los fracasados,
una novela que refleja la vida de la sociedad de una pequeña
ciudad de provincia. En ésta los personajes tienen ya. caracteres más definidos como los del cura Cabezudo y el Lic. Resendez, dos idealistas qu~ tratan de que los habitantes del pueblo comprendan sus ideales de superación y de justicia, pero
tropiezan con la realidad de un grupo de gentes que viven en
un medio de envidias, intrigas y ambiciones. Pero señala una

diferencia entre ambos personajes: el cura, a pesar de la incomprensión de que es objeto se siente llamado a luchar hasta
el fin por su ideal y lo hace sufriendo las consecuencias que
ello le acarrea. En cambio el Lic. Resendez, lleno de amargura
y desilusión ante la imposibilidad de cambiar las condiciones de
corrupción e injusticia que privan en el pueblo, se declara vencido y huye de todo para refugiarse en Consuelo, buscando la
tranquilidad en el hogar.
Describe también los miembros de una sociedad que son
capaces de todos los sacrificios por cumplir con los convencionalismos sociales. Y nunca se olvida de la naturaleza, pues le
gusta describir los paisajes y los rincones pintorescos de los
pueblos donde hace vivir sus personajes.
Habiendo nacido y pasado gran parte de su vida en la
provincia, dedica a los temas con ella relacionados casi la totalidad de sus obras, sobre todo a la vida de las gentes de la clase
humilde y de la clase media que fueron quienes más sufrieron
durante la Revolución encontrando en ellas material inagotable: los nuevos ricos que por causa de la anarquía que impera
se ven dueños de enormes fortunas, las familias de medianos
recursos que de la noche a la mañana quedan en la miseria,
etc., situaciones que con gran realismo va señalando en sus
novelas.
Con un tema de la clase media está escrita Sin amor, la
historia de Ana María la muchacha humilde, cuya madre llevada por la ambición del dinero logra casarla con el mejor
partido del pueblo dándole así una vida llena de comodidades
materiales, pero de un gran vacío espiritual que amarga toda
su existencia.
En ésta como en las anteriores puede advertirse un cierto
tono de amargura y desilusión que se encuentra en la mayoría
de sus novelas, tal vez porque siempre trata temas de la vida
real, la cual muestra con todas sus mezquinidades y su fealdad.
Sin embargo cuando trata temas sobre el campo, su ensiasmo se desborda y su predilección por la naturaleza se hace
manifiesta en la descripción tan expresiva del paisaje rural:

�"Aquella fresca mañana de Agosto, en ~l verde afelpado d~ los
milpales tremolaban millarada~ de espiga~ de pla;ª' movibl~s
cual bayonetas de apretada e incontable infantena; • . . Ba10
las estalactitas de esmeralda de los pirúes y sauces correteaba
dulcemente el arroyo de aguas límpi?~s y arenas de oro • • •
ensueños de cenzontles, ternuras de chirinas, solloz:os ?e torcaces burlas de huitlacoches; millares y millares de piqmtos ~ueltos' al sol naciente, pidiendo un beso de l~z al prorrumpir de
toda una pubertad fecunda ya" 2 • Del mismo modo que ~or
el paisaje siente preferencia por los temas referentes a la vida
de los ca~pesinos y en las obras que escribe sobre ellos llega
a la plenitud en la expresión.
En medio de esa naturaleza fielmente desc~ita, hace vivir
sus personajes de bien definidos caracteres: domm~dores ,como
Julián Andrade el amo de San Pedro de las Gall1?as, despota
y cobarde que tiene bajo su poder a todos los habitantes de la
hacienda• Marcela la hermosa ranchera, sabedora del poder
de su beÚeza que 'gusta de provocar conflictos en~e sus adoradores pero llevada al parecer por un fat~l destino a ceder
ante el amo dominador y fuerte; los campesinos que temerosos
del amo a ~uien aborrecen,. viven ~umillados ante él acumulando en su interior desprecio y odio.
Los diálogos con el lenguaje mismo de l~s campesinos, el
dramatismo que logra en las situaciones culminantes, el marco
tan real del paisaje mexicano hacen de Mala yerba una de sus
mejores obras. Logra en ella una descripción verdadera de los
hombres del campo tantas veces intentada por otros autores que
no han sabido entenderlos verdaderamente.
Puede considerarse como una continuación de Mala yerba
la novela Esa sangre, en la cual aparece Juli~ Andrade t:~nsformado y :viejo. Después de que la revolucion lo despo10 _de
sus tierras en lugar de intentar rehacer su fortuna, se dedica
a cometer' actos fuera de la ley que lo llevan al destierro del
que regresa muchos años despu~s con el deseo ~e vo~ver a ser
el amo, sin pensar que en tanto ti&lt;:mpo todas las situaciones han
cambiado completamente. Empieza a darse_ ~uenta
esto al
encontrar a la única sobreviviente de su familia: la nma Refu-

1.:

gito convertida en la humilde doña Cuca la pollera: "Se miraron: iguales de tendinosos sus cuellos, de sarmentosos sus
largos brazos.
"Y también encorvada la espalda. ¡Los años! . . . Y fue
como si hubiera llovido ceniza sobre su corazón ... " 3 •

~ero si físicamente había cambiado Julián, en el fondo era
el rmsmo orgulloso Andrade que se dedica a buscar la forma
de recuperar su antiguo poderío logrando con sus ridículos intentos convertirse en el hazmem;ír del pueblo. Y al igual que
su hermana, a pesar de intentarlo durante muchos años no
lo~a. dominar el orgullo de "esa sangre" que en los mom;ntos
mas mesperados les sube a la cabeza, ofusca sus pensamientos
y los conduce a actuar con la violencia característica de su
familia.
Estas novelas, a pesar de estar muy bien realizadas han
sido poco conocidas. Hay otras en cambio, como Los de abajo
que es muy conocida, aún en el extranjero por las traducciones
que de ella se han hecho a varios idiomas. Se debe esto al
tema de la novela, de tanto interés y que no había sido presentado antes en forma tan veraz y de tan impresionante realismo.
Demetrio Macías con el grupo de hombres que le seguían
representan a los que verdaderamente hicieron la revolución
los q~e supier~n de l~s penalidades y los sacrificios y que n~
obtuvieron al final mas que una muerte cruel en medio de las
balas de una guerrilla.
Es un fiel reflejo de la forma de pensar y de ser de los
campesinos mexicanos, que están siempre dispuestos a luchar
aunque e~ ?casiones no tengan un ideal fijo, llevados por impulsos atavicos, resultado de tantos años de ser oprimidos y
explotados. De esto se da cuenta Luis Cervantes el estudiante
de medicina que se une a la pequeña tropa de Demetrio Macías
para luchar por sus ideales revolucionarios. Encuentra un
puñado de hombres que teniendo cuentas pendientes con la
ju~ticia son buscados por la fuerza federal, huyen a las montanas y se lanzan a la "bola" sin más aspiración que la de matar
"mochos" y encontrar abundante comida y diversión en los
pueblos a los que llegan.

�Luchar contra el más fuerte, contra el opresor, es el único
deseo que impulsa a esos hombres vigorosos y recios teniendo
como escenario de sus hazañas las áridas tierras del norte.
Venancio, Anastasia Montañés, el güero Margarita y el resto
de los compañeros de Macías desconocen los movimientos de
la política revolucionaria y al igual que otros muchos son utilizados por altos militares y personajes de la revolución para
sus fines personales y luego son abandonados a su suerte sin
obtener la mínima compensación por los sacrificios de ellos
y de los suyos.
Las mujeres aparecen también, acompañando siempre a
sus hombres: la Pintada, apasionada y violenta; Camila y la
mujer de Demetrio sumisas y obedientes.
Puso Azuela todo su empeño en dar a esta obra naturaEdad y fuerza lográndolo plenamente con su peculiar lenguaje:
carente de rebuscamientos que va dando el matiz adecuado a
las diferentes situaciones algunas de hondo dramatismo come
el momento en que la esposa de Demetrio, presintiendo el
final de éste le pide que abandone la lucha:
-¡Demetrio, por Dios! ... ¡Ya no te vayas! ... ¡El coraz6n me avisa que ahora te va a suceder algo! ...
Y se deja sacudir de nuevo por el llanto.

( ... )
La lluvia va cesando; una golondrina de plateado vientre y alas angulosas cruza oblicuamente los hilos de cristal, de repente iluminados por el sol vespertino.

·-¿Por qué pelean ya, Demetrio?
Demetrio, las cejas muy juntas, toma distraído una picdrecita y la arroja al fondo del cañón. Se mantiene pensativo viendo el desfiladero y dice:
-Mira esa piedra cómo ya no se para ... \

As~ Demetrio con el resto de sus compañeros seguidn

en la lucha sin poder deternerse ya hasta el final.
Insiste en el tema de los campesinos explotados en otras
de sus novelas. En Andrés Pérez, maderista trata con cierta
ironía el caso de un periodista que por circunstancias ajenas
a su voluntad se ve envuelto en el movimiento maderista y es
nombrado jefe de un grupo de revolucionarios que están llenos de entusiasmo por defender los ideales de justicia y reivindicación social para los campesinos. Creen éstos que el periodista comparte sus aspiraciones y él tan solo aprovecha la situación para provecho personal y los que sufren las consecuencias del fracaso de la revuelta son como siempre, los que luchan con verdadera fe por un ideal que nunca ven realizado:
"Vicente cayó desplomado con los ojos abiertos, asombrado sin
duda de ver a los que nacieron esclavos ... , esclavos todavía,
esclavos hasta morir . . . ¡eternamente esclavos !"5 • Y como
siempre, el dirigente a salvo y en mejores condiciones que antes.
Después del fracaso del movimiento maderista tiene gran
desarrollo el caciquismo en todo el país, y Azuela muestra
esta situación en Los caciques; Del Llano, S. en C. una novela que describe esa clase de hombres mezquinos y ambiciosos
que poco a poco y con gran cinismo van .adueñándose de todas la5 fortunas y acaban por controlar a su antojo las vidas
y las actividades de los habitantes del' pueblo que ha tenido
la desgracia de caer en su poder. Están personifaados aquí
por los hermanos Del Llano, acaudalados comerciantes que
son odiado5 y despreciados a causa de los abusos que cometen. Rodríguez, el personaje que se atreve a señalar todas
las injusticias paga con su vida tal osadía, pero es vengado
por un niño, miembro de una familia arruinada por los caciques, quien en la confusión que reina en el pueblo durante
un ataque n:volucionario incendia las propiedades de los
odiados explotadores.
Novela corta es Precursores, obra en la que relata las andanzas de tres de los más notables bandoleros del sur del país
como Ma,,,,d Lazada, el terrible Tigre de l::i •;erra de Alica

�en tierras de Nayarit quien con un gran número de indios
se dedica al pillaje primero y luego, en la época de las luchas
religiosas, logra reunir un ejército bastante grande y es solicitado por los dos partidos en pugna. Se une a los reaccionarios y participa en muchos combates, pero cuando ya sus
tropas han sido exterminadas, se ve abandonado por todos,
aún por los que usaron de su ejército para el triunfo de su
Gausa y es asesinado por ellos mismos. Y así se cumplen para
el indio las palabras que un día le dijera su anciano padre sobre el destino de su raza condenada a ser siempre explotada
y envilecida, que al librarse de un explotador es para caer
bajo el dominio de otro. Nuevamente el sentir de todos los
que como ellos, han sido humillados y explotados durante
siglos y que 1lenos de fatalismo parecen resignarse y aceptar
su destino.
Personifica en Lozada, junto con el Amito Andrés y Antonio Rojas a los bandoleros que lucharon sin traicionarse
nunca y que tuvieron un trágico final, haciendo notar irónicamente la diferencia entre éstos y los que amparados por
los puestos de gobierno explotan al pueblo y en lugar de la
horca obtienen riquezas y honores.
Todos los aspectos de la vida del país desfilan en las páginas de las obras de Azuela. En otras de sus novelas trata
el problema agrario, que también afectó grandemente a los
humildes y a los campesinos quienes son el tema favorito del
escritor.
De este tipo de novela es San Gabriel de V aldivias, co.J
munidad indígena. En ella vemos como Ciriaco Campos,
desde pequeño afectado por las actividades despóticas del jefe
de la comunidad, cuando es ya hombre se decide, junto con
un militar, a luchar contra las injusticias que se cometen y
lograr la equitativa repartición de las tierras. Con todo el
entusiasmo de su juventud se lanza a la lucha, que es dura y
amarga cuando pierde algunos miembros de su familia.
Triunfan por fin derrotando al tiránico superior, pero el resultado es el mismo de siempre: el alto militar queda como

32

t
r

nuevo Jefe y olvida las promesas de justicia que hiciera a los
que con él lucharon y quienes quedan en las mismas condiciones en que antes se encontraban, lo comprenden así y solamente pueden lamentarse con amargura: " ... el viejo don
Marto, doblegando el cuello sobre su pecho retraído y seco,
abrumado por esa tos que no lo abandona un momento, menea la cabeza con infinita desesperanza y rumorea :
-

"·Ah
¡
, que' tanteada,

c·maco..
· 1 . . " 6.

El mismo problema, pero visto desde un punto de vista
diferente es el que plantea en Avanzada. Adolfo es el joven
que llega del extranjero con grandes proyectos para el mejoramiento de sus tierras con el objeto de lograr mejores cosechas y aplicar en todo los avances de la moderna técnica
agrícola. La prosperidad lograda con muchos esfuerzos se
viene abajo al efectuarse la repartición de tierras y la familia
pierde su pequeño capital. En la segunda parte que se desarrolla en el sur de la República, en Veracruz, Adolfo, incorregible soñador, encuentra la felicidad en un modesto trabajo y sigue alimentando sueños de justicia social y en la
lucha por ellos encuentra la muerte.
En ésta como en las anteriores se encuentran la naturaleza y el paisaje como parte imprescindible y muy importante de sus obras. Con temas que se refieren al campo escribe
sus mejores novelas y siente por ellas particular predilección.
Es para este tipo de novelas para el que parece ser más adecuado su lenguaje y su estilo tan particulares. Pocos autores
pueden dar la impresión de veracidad y realismo que Azuela
logra en las descripciones y los diálogos. La mayoría de
quienes escriben sobre estos temas de la Revolución y los campesinos, falsearon en forma ridícula las actitudes y expresiones de éstos. Solamente unos pocos, entre ellos el Dr. Azuela que convivió con ellos y conoció su vida, pueden describirlos con naturalidad que es tan difícil de lograr. El mismo expresa su preferencia "por lo que palpita y se remueve
en torno nuestro: la vida. La vida sin deformaciones ni estilizaciones, la vida íntegra y total.

�( ... )
"Quizás tal sea la razón por la que el arte realista de hoy,
y de ayer, y de todos los tiempos me fascina y me arrebata. No
es materia de educación ni de disciplina, sino algo que arranca
de lo más íntimo de mi alma" 7 •
Sin embargo abandona con frecuencia esos temas para
dedicar su atención a los problemas de la burguesía tanto de
la capital como de la provincia, esa parte de la población que
fue la que más de cerca sintió las consecuencias de la anarquía y el desorden que provocó la revolución. Son varias las
novelas en las cuales trata estos temas, entre ellas Las tribu-laciones de una familia decente; el drama de la familia de
provincia que pierde todos sus bienes y llega a la capital donde encuentra condiciones adversas y poco a poco va quedando
en la miseria. Procopio es . el padre incomprendido por la
familia, Lulú frívola y despreocupada y Pascual, esposo de
otra de las hijas que aparece como el salvador de la familia
en los momentos difíciles; Agustinita la incomprensiva esposa, todos ellos luchando por adaptarse a unas costumbres
tan diferentes a las de su pueblo. Con ironía señala las actitudes de Agustinita quien se muestra simpatizadora de cualquier corriente política con tal de obtener ventajas y mejorar
su situación. En la segunda parte revela las verdaderas personalidades de los miembros de la familia y aparece Pascual
como en realidad es: el político oportunista que se vale de
todas las vilezas para enriquecerse y ascender en los puestos
p{1blicos, despojando a la familia de su esposa de los escasos
bienes que aún le quedaban. Berta, la esposa en un principio deslumbrada por las riquezas que ahora posee, se va ~ando cuenta poco a poco de la realidad de su situación y comprende que para que ella goce de tantas comodidades millares de personas han quedado en la indigencia y se impresiona
con la miseria que observa durante su viaje a la capital: "Caras terrosas y demacradas escondiendo su dolor como se es-conde una vergüenza; cabelleras revueltas, rostros airados,
miradas angustiosas, bocas maldicientes . . . la clase media
condenada a una doble tortura, en Íntimo contacto con la

34

,.

plebe vil y canalla, a quien nunca le fue ni mejor ni peor,
y que ahora, ensoberbecida, le escupía a la cara su insolente
baba" 8 ; descubre también la gran corrupción moral de su
esposo y sus amigos. Procopio y Lulú encuentran en el trabajo honrado una salvación de ese medio de bajas ambiciones
y de pobreza moral.
El mismo asunto sirve de tema para una de sus obras más
modernas, La maldici6n. En ésta, el tío Carlos augura a la familia que marcha a la capital las más tristes predicciones qt.Je
van cumpliéndose fatalmente: Rodulfo el ambicioso tan semejante a Pascual de Las tribulaciones de una familia decente,
que no vacila en utilizar a su propia hermana como medio
para conseguir puestos políticos. Ella va descendiendo moralmente poco a poco y al igual que su hermano termina su vida
trágicamente. La madre muere en la miseria.
Por medio de estas obras trata de dar una idea real de lo
que ocurre a todos los provincianos que llegan a la capital,
quienes obligados casi siempre a vivir en humildes condiciones, tropiezan con la hostilidad de las gentes y son víctimas
fáciles de estafas y engaños.
No queda un solo aspecto de la sociedad que escape a la
pluma de Azuela. En todas las gentes, de todas las situaciones sociales y políticas sabe encontrar rasgos interesantes y humanos. En Nueva burguesía aparecen los moradores de una
casa de vecindad, personas tan diferentes reunidas por 'la casualidad: Emmita la soltera a caza de marido, Zeta López el
ferrocarrilero rehacio a toda insinuación de aquella, el humilde zapatero dedicado solamente al bienestar de sus hijos, la
pretenciosa familia Amézquita, etc.

Sendas perdidas, Regina Landa, La marchanta, son novelas del mismo tipo que las anteriores. Regina Landa es la muchacha huérfana. que se ve obligada a trabajar en una oficina
de Gobierno. De elevados ideales se siente extraña entre las
intrigas de los demás empleados y el servilismo hacia los jefes;
huye de todo esto para realizar su vida sola, pero con mayor
tranquilidad espiritual.

35

�En la capital vive también la marchanta y Santiago llamado Juan Cocoliso el muchacho de padres desconocidos que
une sus esfuerzos a los de la marchanta y llegan a reunir un
pequeño capital, pero como acontece a muchos acostumbrados
a la pobreza y a la lucha, el día que poseen alguna riqueza se
dedican a usarla desordenadamente y terminan por perder t~
do de nuevo. Y la esposa de Juan Coc9liso, hija de la marchanta, seguirá luchando por la vida en su puesto de refrescos,
al igual que su madre y que todas las marchantas de su familia.
El tema de la política de provincia aparece en la novela
corta Domitilo quiere ser diputado: las maniobras de los políticos pueblerinos que apoyados en las "influencias" hacen y
deshacen a su antojo en el pueblo .
En El camarada Pantoja también trata un asunto de p~
lítica: Catarino Pantoja el humilde trabajador de inteligencia
no muy despierta, casualmente salva a un político de una situaci6n comprometida quedando así como protegido de éste.
Aprovecha esta circunstancia para salir de su humilde situaci6n, pero siempre guiado por la Chata su esposa. Luego que
llega a tener buenos puestos, lleno de fatuidad y orgullo se olvida de su humilde origen y falta de méritos y abandona a su
esposa y a sus antiguos amigos.
Insiste el escritor en estos temas porque reflejan situaci~
nes muy comunes durante la revoluci6n y la época siguiente.
La anarquía y las luchas favorecen el pillaje, los abusos y toda
clase de arbitrariedades.
Hemos visto que para expresar la realidad del país y de
sus gentes, tiene D. Mariano Azuela un estilo muy peculiar de
escribir: directo, sin rebuscamientos y siempre adecuado a los
asuntos que trata. Pero como todos los escritores, está al tanto de las innovaciones que se van introduciendo en la novela,
de las nuevas corrientes literarias, etc. Trata entonces de adaptar a sus obras las nuevas formas de escribir. Así lo hace en
La luciérnaga, novela no muy conocida pero que es de las mejores que él ha escrito, tanto por el tema como por la nueva

técnica novelística que en ella emplea muy acertadamente.
Trata en ella, con crudeza, un tema ya presentado en otras
novelas como Las tribulaciones de una familia decente, La
~al~ición y otra_s. Dionisio es el jefe de una familia de provmcia que, arrumada, se traslada a la ciudad de México en
busca de fortuna. Como todos los provincianos que a ella
llegan, cree Dionisia que con el escaso capital que tiene va a
obte~er en ~oco tie~po u~ b~ena posi~i6n para su familia, y
con J.rreflex1vo entusiasmo mvierte su dmero en negocios que
le proponen sus amigos allá establecidos y que tienen ya toda
1~ malicia p~opia de los capitalinos, viendo en él una presa fácil para ennquecerse, y empiezan las tribulaciones y las miserias para la familia. Cristina, la joven hija de Dionisio en
la pl~ni~ud de su ?elleza, pierde en poco tiempo su candidez
provmciana y empieza a gustar de las diversiones que tan fácilmente proporciona la ciudad y conforme aumentan las miserias de la familia se va hundiendo más y más hasta que ter~ina trágica~e~te su joven existencia. El hijo pequeño, debido a las pnvac1ones y a la falta de atenciones muere tuberculoso aumentando el infortunio de la familia. Y destaca la figur_a de Conchita, la ~adre que sufre en silencio todas las penalidades y la tragedia de sus seres queridos sin poder remediarlas.
Expresa este asunto con un estilo impresionista. Muestra
el. m~~do interi~r de los per~onajes, como los pensamientos de
D10~~sio, aterronza?o. despues del ~ccidente, en que pierde el
carruon que era su umca pertenencia, cuando entra a una iglesia: " ... Al vol ver la faz lívida hacia el coro, uno de los ángeles que lo sostienen en sus divinos lomos sac6 levemente la
c~beza Y leve~ente levant6 los hombros: los ojos sin Íuz le hicieron un gumo y la lengua de piedra una mueca.

( ... )
"¿Qué? ¿Los santos de mármol también? El de las llaves de or? se. ha re~ovido de su pedestal y los Evangelistas le
hacen senas rmpropias de un lugar sagrado. Cierra los ojos
con fuerza; uno de dalmática morada y oro viene recto. Un

�sudor pegajoso y helado moja su nuca rígida y sus sienes a reventar"9.
Emplea todos los recursos utilizados p~r los nuevo~ ~oveEstas: substituye a su manera dar.a y sencilla de escribir, el
lenguaje más confuso, las alteraciones en el tiempo, etc. Si
en sus anteriores novelas prefirió describir la conducta exterior, penetra ahora en el interior de cada perso~aje par.a descubrir sus más íntimos pensamientos, sus reacciones ante los
problemas de la vida y de los s~ntirnientos. En luga~ ~el diálogo hace predominar los monologos. En un.a sola pagma, en
un monólogo, pasa inesperadamente del presente al pasado y
viceversa, como puede observarse en é_ste en el que Dionisio
ebrio, recuerda una escena que sucedió entre él y su hermano
José María antes de marcharse del pueblo:
Cinco mil pesos en plata menos, y, en cambio, tres petaquillas reventando de infalsificable y el derecho de pavonearme el resto de mis días: "Yo fuí millonario; pero la
'6 . il a ... .• 1ª
. .. . , 1ª·
·, • · · "•
revolución me arruzn
-Conchita hija, otro parritas, favor. Y vente a bailar ...
¡Ah, a bailar no! ... Bueno, bueno, ya estarás araña brava ... Sí, lo que tu digas, mamasita. Y a sabes: yo soy la
carne, tú eres el cuchillo . .. ¡fa . .. , ja . . . , ja! . ..
Bueno, pues fosé María vino todavía a destilar el bálsamo
de sus consuelos:
-No pongas esa cara, Dionisia, que la aflicci6n es a veces pecado mortal. ¡Dios te lo dio, Dios te lo quitó!
¡Qué se haga su Santísima voluntad!
-Sí, hermano fosé María, que se haga la voluntad de
Dios en los bueyes de mi compadre. ¡Ay/1 º.

dio de monólogos descubre las mezquinid.ades del alma del
hermano de Dionisio quien tiene una pequeña fortuna, herencia de su padre, se niega a prestar ayuda a la familia de su
hermano, no se decide a entregarlo al cura del lugar para obras
benéficas, y luego arrepentido, se ve preso de terribles luchas
interiores.
La malhora es una novela corta cuya acción se desarrolla
en el ambiente de los arrabales. Altagracia la Malhora es
una muchacha que se encuentra sin ningún apoyo moral, perdida en la sórdida existencia de los barrios bajos. Desde que
presencia el asesinato de su padre, alimenta un odio cada vez
más grande hacia los responsables: Marcelo y su cómplice la
Pintada, quien intenta asesinar a la indefensa muchacha. Cuando Altagracia abandona el hospital donde fue atendida, el médico que la asistió la lleva a servir a su casa. Después de ·algún tiempo, vuelve a su antiguo barrio para vengarse de los
asesinos de su padre. En esta obra continúa utilizando la
técnica moderna: los monólogos, las alteraciones en el tiempo y sobre todo el lenguaje impresionista que va sugiriendo
las situaciones en lugar de describirlas, como en esta escena
que ocurre cuando Altagracia está en el hospital:
Ella también; sí, ella con sus dientes de porcelana y su risa de loba. ¡Ella! . .. Y no poder estrangularla siquiera ...

( ... )
- ¡No, ya no!... ¡Piedad!. . . ¡Que no quiero ya! ...
Y esa, la de los dientes de loba que no le quita su risa de
berbiquí de enmedio del corazón.
-Que no quiero... ¡Que mejor me dejen morir! . . .

Interrumpe los recuerdos del pasado para hablar con Conchita su esposa que se encuentra a su lado, y en el tercer párrafo continúa su monólogo en tiempo anterior, que al mismo
tiempo está formado por un diálogo.

Un momento o una eternidad de tregua. Oscuridad y silencio de un cerebro apagado.

El subjetivismo domina en toda la obra. También por me-

Después se repite el mismo film : una, dos, diez, cien, mil
miles de veces.
•
39

�-¡Animo, ánimo ... ya vuelve en sí ... un traguiUJ
más ...
-¡Que no quiero!
Los muros mismos deberían retemblar a los gritos.
En realidad no hay más que unos labios que se remueven en vago e ininteligible murmullo.

( ... )

..

-¡Que no quiero vino, que no! ... Madre mía de_ la
Conchita, te juro que no he de probar una gota mientras ...

Y cae agotada otra vez.
Por lo demás, Altagracia la Malhora se ha salvado11 •

Que Azuela ha sido influenciado por algunos autores modernos, puede observarse en el monólogo del médico demente
que recoge a la Malhora, pues tiene gran semejanza con los
.
'
que utiliza James Joyce
en a1gunas d e sus nove1as12. Ademas,
él mismo admite ser admirador y asiduo lector de varios autores modernos entre ellos Ma_rcel Proust.
La novela corta El desquite y el cuento "Y ultimadamente ..." están también escritos con la nueva forma. ' Es muy
notable la diferencia entre esas obras y las primeras que escribió. Características de sus primeros trabajos son la naturalidad y el desarrollo simple de los acontecimientos. En cambio,
en las del período modernista se pierde ese orden a causa de
las variaciones en el tiempo, de las constantes interrupciones
de los monólogos. Hay confusiones y es necesario leer la mayor parte de la novela para empezar a comprender las situaciones apuntadas antes, en apariencia sin ningún orden, pero
que en realidad están cuidadosamente estudiadas para producir en el lector la impresión que el autor desea.
A pesar de que estas novelas tienen una favorable acogida
de la crítica, Azuela nó se muestra muy satisfecho de ellas. Le

parece artificial y falsa esa forma de escribir que no está de
acuerdo con su personalidad ni con su preferencia por todo lo
natural por las manifestaciones exteriores de la vida. Lo ex' en una de sus notas personales: "Tuve una sensapresa así
ción de vergiienza de haber incurrido en ese tema tan sobado
ahora de martirizar las palahras, para dárselas de inteligente,
ingenioso y agudo. Reconozco que decir las cosas con claridad es exponerse a que lo califiquen a uno cuando menos de
'decente, mas
'honrad'llS
tonto, pero es mas
o .
En uno de sus Ensayos se muestra como un admirador de
grandes autores como Zolá, Balzac y especialmente de Marce!
Proust, pues gusta tanto de la técnica de sus obras, como de los
temas y la forma de tratarlos. Y encuentra en estos tres autores tan diferentes entre sí un rasgo común: el de la audacia
para expresar siempre la verdad y señalar los aspectos negativos
de la sociedad. En la misma forma demostró Azuela su preferencia por lo verdadero y trató en toda su producción literaria las lacras de la sociedad mexicana de su época.
Después de haber incursionado en las nuevas formas y no
estando satisfecho con los resultados, vuelve en su última etapa de escritor a su primer estilo directo y natural, y con él escribe el resto de sus obras.
Pueden observarse entonces tres etapas muy bien definidas en su producción literaria: La primera comprende sus primeros artículos periodísticos, algunos cuentos y las novelas M aría Luisa, Los fracasados, Mala yerba, Los de abajo, Domitilo
quiere. ser diputado, Las tribulaciones de una familia decente
y Las mosc,u, en la que quiere dar a conocer las andanzas de
los burócratas que a causa de la inestabilidad de los gobiernos
que se van sucediendo en el país se ven obligados a seguir, en
compañía de sus familias a los jefes d~ la f~cc_ión polí~c~ que
en apariencia será la triunfadora, y s1 un mc1dente m1htar o
político cambia la situación y el partido contrario queda en el
poder, prontamente adoptan las nuevas condiciones para no
perder su puesto. No pueden ser fieles a ningún partido, pues
necesitan de su trabajo para vivir, y en esos días de completo

�Escribe también obras para el teatro, entre ellas: Los de
abajo, Del llano Hermanos, S. en C. y El buho en la noche,
en la que aclara algunas situaciones de la novela El desquite.
Cuando la primera es presentada en un concurso de Teatro,
gana el primer premio, pero no ocurre así con la adaptación
para ser representada que hace de Pedro Moreno, el insurgente.

desorden los mejores puestos son para los amigos y aduladores
de quienes están en el poder.
Son éstas las que forman propiamente el ciclo de Novelas de la Revolución, pues muestran los acontecimientos sucedidos durante la lucha. Están escritas con la forma natural
propia de Azuela.

Accede Azuela a que sea utilizado como base para el guión
de una película el tema de Mala yerba, y se decepciona porque
se falsean las escenas, los personajes y los caracteres de éstos.
Sin embargo, la filmación de Los de abajo resulta un éxito
completo. Entonces ya por iniciativa propia Azuela propone
un tema a los productores y éstos lo rechazan. Más tarde lo
publica con el nombre de Sendas perdidas y constituye un éxito literario. También es utilizado para el cine, aunque con
poco éxito el argumento de La mai·chanta.

Viene en seguida una segunda etapa de ensayo con las
nuevas técnicas de expresión con los cuentos "De cómo al fin
lloró Juan Pablo". " . . . Y ultimadamente ... " y las novelas El
desquite y La luciérnaga. Abandona este estilo poco natural
porque no le satisface completamente, y en la tercera y última
etapa, vuelve a escribir en la forma que le es propia.
Son de este último período El camarada Pantoja, Esa sangre, Regina Landa, Nueva burguesía, Sendas perdidas, La
marchanta, San Gabriel de Valdivias, comunidad indígena,
Avanzada, La maldición, que es la última de las novelas y La
mujer domada, con tema muy original, que se desarrolla en
la Capital y en la provincia; el retrato de los que creen que la
provincia no ofrece oportunidades para triunfar. Pinita la
protagonista es la estudiante humilde que se cree poseedora de
grandes dotes y extraordinaria inteligencia. Marcha a la Capital deseosa de alcanzar fama y dinero, pero que después de
varios años de infructuosa lucha en un medio que no es como
ella creía, vuelve derrotada a su provincia, abandona sus pretensiones de grandeza y termina por casarse con un modesto
comerciante.

Igual calidad literaria que en las novelas se encuentra en
sus cuentos, algunos de los cuales son pequeños relatos de escena que le impresionan y que más tarde desarrolla extensamente en sus novelas. Por ejemplo en las "impresiones de un
estudiante" esta la narración que le dió tema para escribir después María Luisa. Otros son nostálgicas descripciones de la
provincia como "Nochistongo", "Brochazos", "Paisajes de mi
barrio". Románticos como "La Florista"; irónicos como "Un
rebelde", "Era un hombre honrado", "Petro".

Inquieto siempre, ensaya una variación dentro de la no-

"El caso López Romero", "De cómo al fin lloró Juan Pablo" y "El jurado", son narraciones muy bien logradas sobre
su tema favorito: las injusticias que se cometen en nombre
de la revolución.

vela: la biografía novelada, y escribe Madero y Pedro Moreno,
el insttrgente con gran veracidad histórica, pues se trasladó a
muchos de los sitios donde ocurrieron los hechos que narra y
procuró informarse en las mejores fuentes. Pero además trató
de captar el verdadero carácter de los personajes. El padre
don Agustín Rivera es una obra diferente, pues se trata simplemente de una biografía sin las ampliaciones que tienen las
dos primeras.

Otro de los aspectos desconocidos de la obra de Azuela es
su calidad como ensayista y crítico literario. Dedica muchos
de sus Conferencias y Ensayos a comentar la novela mexicana
y en especial a algunos autores como Vicente Riva Palacio,
José López Portillo, Emilio Rabasa: entre los contemporáneos
a Guillermo Prieto, Amado Nervo, Manuel Gutiérrez Nájera
y otros. Tiene también extensos comentarios sobre grandes
escritores modernos como Emilio Zolá, Honorato de Balzac,

42

43

F,

�Marcel Proust y Benito Pérez Galdós.
Muy interesantes son los comentarios que hace sobre sus
propias novelas y sobre los personajes que le proporcionaron
material para crear tan diversos caracteres. Explica también
cómo redacta sus escritos.
Escribe algunas notas autobiográficas que aunque no tie- ·
nen ningún orden, dan idea sobre algunos aspectos de su personalidad. En ellas explica que fueron Fiaubert, Zolá, Balzac, Daudet y los Goncourt, los autores que leyó con más
gusto durante su juventud y que influyeron en él de forma
decisiva. También narra algunas escenas de su juventud en
el campo y de sus días de estudiante de medicina.
En los Apuntes y Notas hay algunos escritos que habían
permanecido inéditos antes de que se publicaran las Obras
Completas. En "Páginas íntimas" expresa lós sentimientos
que le causa la muerte de su esposa. Tiene también otros comentarios sobre don Pedro Moreno, personaje de la vida real
por quien sintió gran preferencia siempre, ya que como él era
originario de Lagos. Hay también algunos comentarios sobre
Iturbide y otros personajes de la historia de México.
Solamente conociendo la totalidad de la producción literaria del Dr. Azuela, puede apreciarse justamente la calidad
de ella y el mérito de su autor que logra plenamente dos finalidades: recoger en sus páginas la realidad de México durante
toda una época, y enriquecer, con su calidad como escritor, las
letras del país.
NOTAS
Todas las citas de libros de Mariano Azuela están contenidas en:
Mariano Azuela, Obras completas, T. I y T.11 (1958) T. III (1960),
Letras mexicanas, Fondo de cultura económica, México, D. F. En las
notas se suprime el nombre de este autor,
1.-María Luisa, T. II, p. 713.
2.-Mala yerba, T. I, pp. 137 y 138.
3.-Esa sangre, T. II, pp. 612 y 613.

44

4.-Los de abajo, T. I, p. 416.
5.-Andrés Pérez, maderista, T. II, p. 800.
6.-San Gabriel de Valdivias, comunidad indígena, T. l, p. 861.
7.-Conferencias y ensayos, T. III, p. 1056.
8.-Las tribulaciones de una familia decente, T. I, p. 492.
9.-La luciérnaga, T. I, p. 568.
10.-lbid., p. 570.
11.-La malhora, T. II, pp. 962 y 963.
12.-James Joyce, Retrato del artista adolescente, Santiago Rueda-editor,
Buenos Aires, 1956, pp. 256.y sig.
13.-Conferencias y Ensayos, T. III, p. ll 18.

�LAS RUINAS CIRCULARES

Rosaura Barahona Aguayo

NOTA BIOGRAFICA
Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires el 24 de Agosto
de 1899. Ahí mismo pasó su infancia e hizo sus estudios primarios. En 1912 ya estaba en Suiza, donde hizo sus estudios
secundarios, hasta graduarse de Bachiller en el Colegio de Ginebra. Después viajó por Francia, Alemania y Mallorca. En
1919 figura ya en Madrid, como amigo de Rafael CansinosAssenés y junto al grupo literario que alentó la renovación poética del ultraísmo. Entre otros, fueron sus amigos Gerardo
Diego, Ramón Gómez de la Serna y Guillermo de Torre. Este grupo literario ultraísta difundía sus propósitos por medio
de varias revistas dispersas en distintas ciudades de España. En
una de estas revistas, Grecia, Borges publicó su primer poema,
titulado "Canción del Mar".
En 1921 vuelve a Buenos Aires y se convierte en el abanderado del ultraísmo en esa capital. Mantiene amistad con otro
grupo de escritores y poetas sudamericanos y junto con ellos
funda una revista mural, Prismas, "cartelón que ni las paredes
leyeron y que fue una disconformidad hermosa y chambona",
según palabras del propio Borges.

En el mismo 1921 la revista más prestigiosa de Buenos
Aires era Nosotros, a la que Borges se incorporó como colaborador ese mismo año, con un artículo teorizante y antológico
titulado "Ultraísmo". Pero Borges siguió con su grupo y no
se apartó de su plan de renovar la poesía argentina.

revista de importancia en Buenos Aires que no lo invitara a colaborar. La vida de Borges desde esos días va a ser la vida
de los movimientos literarios de Buenos Aires. Seguirlo en las
revistas es, en verdad, hacer su única y verdadera biografía.
Se explica que ante la negativa del Gran Premio Nacional
- el gran escándalo literario de 1942 - Sur se aprestara a organizarle el más ruidoso desagravio en las literaturas hispanoamericanas.
Aparte de todo este brillo de primera figura del Plata, la
vida cotidiana de Borges transcurre como la de cualquier otro
empleado de la Municipalidad de Buenos Aires, hasta que la
últíma dictadura lo convirtió en una de las víctimas más notorias, vejándolo con tareas ridículas hasta obligarlo a dejar su
puesto. Durante este período ( 1944-1955), Borges debe ganarse el sustento dando cursillos, conferencias, publicando, traduciendo, y asesorando editoriales. La Sociedad Argentina de
Escritores lo nombró vicepresidente en 1944 y presidente en
1950. Desde 1946 ha sido productor y argumentista de "Alfar"
empresa productora de películas. Desde 1948 es presidente del
Club de Cuentistas, y desde 1950, vice presidente segundo de la
Asociación de Amigos de la Literatura Inglesa de Buenos Aires.
En 1942 fue incorporado, con otros intelectuales distinguidos
de Buenos Aires, a la Academia Goetheana de San Pablo
(Brasil).
Con Adolfo Bioy Casares dirige una colección de clásicos
y otra de novelas policiales en la editorial EMECE de Buenos
Aires, puestos que conserva desde 1955 hasta la fecha.
En 1928 obtuvo el segundo premio de la Municipalidad de
Buenos Aires con su libro El idioma de los argentinos y, en
1957 se le otorgó el Premio Nacional por su cuento El Aleph,
correspondiente a la producción literaria en prosa en el período
1954-1956, la Sociedad Argentina de Escritores le concedió el
Gran Premio de Honor en 1945, El 28 de Diciembre de 1955
fue elegido miembro de la Academia Argentina de Letras.

Continuó colaborando con diferentes revistas en Argentina
y a la vez trabajando con su grupo literario. Tomando el año

de 1925 como base, puede decirse que desde entonces no hubo

ESTRUCTURA INTERNA DEL CUENTO
"LAS RUINAS CIRCULARES"

47

�"En la India milenaria, en el México cruel de la conquista,
e~ su Buenos Aires, Borges construye fantasías poéticas y alucmantes que renuevan la literatura de imaginación de nuestra
lengua, para expresar la condición del hombre perdido en el
universo caótico y angustiado por el fluir del tiempo. Se ha
destacado su capacidad de asombrarse ante el misterio de vivir
pero driríamos que lo fundamental es su capacidad de mara~
villarse ante las teorías de los hombres que intentan interpretar
un mundo y un destino definitivamente impenetrable. La invención de Dios, de la Trinidad, del cielo y del infierno, de
los arquetipos platónicos, del panteísmo y de tantas otras construcciones religiosas o filosóficas que sus creadores consideran
1a justa explicación de la realidad o que el creyente recibe co~o una revelación, entusiasman a Borges por su magia extrana. Por eso busca aquellas que le ofrecen mayores posibilidades estéticas y una sugestión sobrenatural, para crear sus propias fábulas en un orbe afantasmado donde se han borrado los
límites entre la vida y la ficción"1.
En ese ambiente crean seres que constantemente se mueven de uno a otro lado. Unos actúan dentro de lo concreto de
la realidad humana, y sólo después de mucho ir y venir, ai final, descubren su condición de seres irreales, de fantasmas.
Este es el caso del protagonista de "Las ruinas circulares"
que se consideraba un hombre real y descubrió, para su humillación, que no era sino el sueño de otro hombre. Pero Borges no se conforma con estructurar sus cuentos de tal forma
que sólo el protagonista dude de su realidad de Ser; además,
pre~e?~ª al lector esa misma situación, es decir, nos presenta la
pos1b1hdad de que seamos entes imaginarios sin nosotros sa-

berlo.

Para socavar nuestra existencia en un existir concreto, Borges da un sentido propio a conceptos fundamentales y así tenemos que el universo se convierte en un caos sin sentido o tal
vez, ~on un sentido que no somos capaces de entender; l; pe,·s~n~ltd~d queda anulada para liberarnos de la realidad y de las
hm1tac1ones del mundo; y el tiempo, con todo su angustioso

fluir, es como la esencia de nuestra vida.
Todo esto -que veremos con más detalle- forma parte
de la estructura interna de los cuentos de Borges. En nuestro
caso trataremos de presentar diferentes aspectos de su obra tomando como ejemplo "Las ruinas Circulares".
Borges ha sido criticado por su llamado excesivo intelectualismo, aparte de que como autor escribe sus relatos casi matemáticamente. Es verdad que existe cierta rigidez en cuanto
a su vocabulario porque muchas veces se sale de lo común; sin
embargo, junto a esa rigidez existe una presentación apasionada e imaginativa de alg{m problema que hace pensar en
cuestiones metafísicas y olvidarse de la forma en que el asunto
fue introducido.
Los horizontes borrosos y las metas inalcanzables contribuyen a crear una atmósfera de inquietud y hasta cierto punto de
ensoñación que envuelve sus cuentos.
La estructura misma de sus relatos puede aludir a la multiplicidad ( incluyendo un relato dentro de otro) de los reflejos y de la "bifurcación", complicada algunas veces con la repetición cíclica. Hay repeticiones en algunos de sus cuentos
que llenan sus relatos.
En Borges muchas veces una idea se refleja en la estru~
tura literaria de sus cuentos y aparecen estas ideas en forma de
símbolos. La importancia de los símbolos es tan grande, que
todo el relato queda subordinado a su existencia. Muchas veces los símbolos son meras insinuaciones que si no se captan,
harán que el lector sienta que falta algo para entender. Como
ejemplo podemos tomar los laberintos que tan seguido menciona Borges. Para algunos el laberinto no es más que un obstáculo físico que el protagonista tiene que vencer. Muchos lo
tomarán como un elemento del que se vale el autor para poner
un poco de suspenso o de emoción en 1a obra. Sin embargo,
los laberintos que describe, por más físicos y concretos que estos sean ( casas, ciudades, selva, ruinas, etc.) aluden a concepciones filosóficas, matemáticas, literarias o temporales.

49

•

'

�Las metáforas preferidas de Borges acentúan lo simbólico
con cuestiones religiosas y mágicas. Tomemos el mismo "laberinto" como metáfora. "Laberinto" usado junto a distintas
palabras, nos habla ya, de lo complicado de los caminos humanos; intrincado, tortuoso, sinuoso, urdir, tejer, inextricable, etc.

tes tratan de descifrar y que él mismo también interpreta
Existe pues, para manifestarlo, todo un ámbito de la conjetura que se expone con su carácter de problematismo y con una
especie de pudor por imponer a los demás las propias imaginaciones"ª.

Otro aspecto sobresaliente de sus cuentos es la constante
manifestación de dudas, vacilaciones y correcciones. El relato
puede mencionar un olvido total o parcial de los hechos, datos
que el autor no los quiere dar, aspectos que el narrador no recuerda o no quiere recordar. Algunas veces las dudas no se
reflejan en las mentes de los personajes ( ya sea que estén o que
no estén relatando su historia) sino en el escritor quien a veces
es el narrador.

En cuanto a la forma de usar el vocabulario, Borges gusta de intercalar paréntesis y adverbios para dar un tono especial a su prosa. Con los adverbios pone una leve nota de inseguridad en lo que afirma. Son la expresión de alguien que
rehuye a dar opiniones propias. Cuando usa los paréntesis o
las comas, casi siempre es para dar a la oración principal el
comentario de la subjetividad de toda afirmación humana. En
sus relatos, a Borges no le importa que se hable en primera o
en tercera persona, lo que le interesa es demostrar que todo lo
que se dice es la versión de un individuo; y por lo tanto, no
es infalible.

Con todos estos detalles y algunos otros que trataremos
más adelante, podemos apreciar con claridad como la mismísima estructura interna de sus relatos sirve para entregarnos
-por lo menos para ayudarnos a ver y a entender- un Borges canvencido de que nada tiene sentido en el destino del
hombre. Esta incredulidad lo hace crear una literatura mezclada con filosofía, en donde la discusión metafísica o los problemas artísticos forman el argumento del cuento.
"Su arte de escritor vitaliza lo que a priori aparecería abstracto, y es capaz de dramatizar y de dar los vaivenes de la
aventura a pensamientos que carecen de sustancia narrativa"2 •
ESTUDIO DEL LENGUAJE EN BORGES
"La prosa de Borge~ es dubitativa, llena de aclaraciones, de
adverb~os de dudas, de subjuntivos que muestran desde una ignorancia total hasta una seguridad que siempre advierte lo que
la seguridad humana tiene de falaz. Así queda tras las palabras un mundo en el que nada es certero y donde nada ofrece
una base en la cual apoyarse. Sobre todo, queda el autor conve~~ido de la na~r_aleza incierta del universo y de lo problemat1co del conoclffilento humano. Ya mencionamos que Borges presenta un orbe con una posible clave secreta que las gen50

Los paréntesis, al cortar el ritmo del relato para dar paso
a un comentario, llaman la atención del lector y parece que lo
que se hace es subrayar ese comentario. El autor expresa con
ellos la dificultad de interpretar una realidad que se escapa y
el deseo de demostrar con humildad y con todo rigor, lo precario de nuestro conocer.
En "Las ruinas circulares" encontramos el uso continuo de
palabras que comienzan con "in". Sin ser un cuento muy
largo, el número de palabras es extenso, relativamente. Estamos seguros de que Borges usó estas palabras con toda conciencia ya que muchas de ellas podían haber sido substituídas
por vocablos o expresiones más comunes. A continuación
mencionaremos algunas : infinitas, infrecuentes, incendio, invencible, incesante, inmediata, inconsolable, integridad, inhabitado, interpolaría, inteligencia&gt; individuos, intolerables,
inservible, incoherente, inferior, inevitable, invento, íntegro,
incorporaba, inhábil, íntimamente, inextricable, infundió, incomparable, interesan, instante, inundaron.
Hay que hacer notar que la mayoría de las palabras son
adjetivos. Casi siempre están usadas dos o tres en el mismo

�párrafo y a veces en la misma oración.
Vocablos sudamericanos casi no encontramos en este
cuento ya que más que ambiente americano tiene ambiente
clásico. Podrían ser argentinismos: repechar y cortaderas,
aunque son palabras que sí se usan en otros lugares.
Entre los cultismos podemos mencionar: dilapidar, preexistir, cosmogonías gnósticas, demiurgos, númenes y concéntrico.
En todos los casos, Borges usa los diferentes vocablos tratando de dar precisión.
IMPORTANCIA DEL ELEMENTO
FANTASTICO EN EL CUENTO
El protagonista de nuestro cuento, tal vez acosado por un
mundo demasiado real, pero que al mismo tiempo carece de
sentido, busca liberarse de su obsesión creando otro mundo de
fantasías tan coherente, que nos hace dudar, de la misma realidad en que nos apoyábamos.
En "Las ruinas circulares" los sueños, buscados, de nuestro personaje central son la parte fundamental del argumento
ya que es en sueños en donde forma ese nuevo ser soñado, ese
hijo de su propio esfuerzo mental y de su fantasía. Crea ese
otro yo irreal, forzándose a soñar noche tras noche, y aún día
tras día, hasta lograr una imagen real del Ser. La vida le fue
concedida por el dios Fuego, que habló detenidamente con
el soñador. Así, comprendió que todos los demás seres humanos considerarían al soñado como otro de ellos. Nadie,
ni el mismo ser soñado, sabría que era irreal. El secreto quedaría entre el soñador y el dios Fuego.
Los sueños, en este caso, cumplen su papel de borrar los
límites de la realidad y de crear una atmósfera de angustia.

La forma en ciertos casos nos lleva a una serie de metáforas que acentúan la sensación de irrealidad: sombra, sueño,
reflejo, copia, simulacro, imagen, etc.

Borges está e~peñado en liberarnos de la realidad y de
las limitaciones de este mundo, y disuelve la conciencia de la
personalidad para lograrlo.
La sensación de lo irreal se puede encontrar en las cosas
más simples: un color, un objeto, en la percepción del "vertiginoso" silencio, etc. Con estos detalles y algunos más, Jorge
Luis Borges nos hace huir, salir precipitadamente del mundo
en que estamos, porque muchas de las cosas que menciona simplemente no pertenecen a él; nos hace buscarlas en el más allá
de nuestra imaginación... de nuestra propia irrealidad.
"Las ruinas circulares" se desenvuelve en un ámbito de vaguedad y de poesía -la lejanía de las regiones persas, la soledad, la selva, el río, el dios fuego con sus intrincadas ·y suntuosas transformaciones. Es el dramático proceso de crear un ser
por medio del sueño, de soportar fracasos y de dedicarse minuciosamente a su creación. Es también, la importancia del hombre y la ayuda divina ( en este caso, el dios Fuego). Pero al final,
vierte sobre el soñador la tragedia que él mismo había querido
evitar a su hijo -el saberse soñado.
Las últimas líneas del cuento dicen así:
Caminó (el soñador) contra los girones del fuego. Estos no mordieron su carné, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con
alivio, con humillación, con terror, comprendió que
él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo. 4

LAS CONCEPCIONES ESPACIALES
Y TEMPORALES EN BORGES

En la obra de Borges se nos presenta una característica
constante: la unión de la inmensidad espacial y temporal en
ricas implicaciones. Esta puede manifestarse enlazando en un
mismo plano tiempo y espacio.
Tal vez la más importante de las preocupaciones de Borges sea la convicción de que el mundo es un caos imposible
53

�de reducir a ninguna ley humana. Pero dentro de ese caos,
para él son importantísimos dos conceptos: los espaciales y los
temporales.
"Borges considera -como ya vimos- que el hombre cree
en la existencia porque tiene conciencia de su yo, porque palpa la realidad del mundo que lo rodea y porque siente la angustiosa noción del tiempo que es como la propia sustancia de la
vida. El tiempo está entrelazado a sus obras desde las primeras
manifestaciones poéticas en la visión de Buenos Aires de casas
bajas, de calles que se prolongan y se disuelven en la llanura
(alusión a la infinitud espacial y temporal trabadas), iluminados por ocasos que con sus reflejos están sugiriendo constantemente lo transitorio y huidizo, al correr irrestañable de las
horas." 5
El tiempo todo lo cambia y lo trasfigura, nada queda de
lo que vieron, gozaron y sufrieron los seres de otras épocas de
las que no fuimos espectadores. Leyendo su obra nos da la
impresión de que Borges considera que cualquier constitución
del pasado está condenada al fracaso. En nuestro cuento, enfatiza que si se volvieran a construir los templos redondos en
donde se rindiera culto al dios Fuego, todos acabarían incendiados una vez más.
Tal vez el aspecto más importante del Tiempo en Borges,
es que lo destaca como un proceso mental.
En cuanto al tiempo de sus versos, usa en el mismo relato,
presente, pasado y futuro. Dadas las tres divisiones del tiempo
es posible realizar un número fijo de combinaciones y cualquiera resulta válida: existen los tres, o solo dos, o sólo uno o a veces ninguno ( cuando Borges detiene el tiempo.) La idea del
pasado ilusorio o la suposición de que todo es pasado tienen
mayor fuerza inventiva en su obra y resultan igualmente eficaces en la desintegración, porque si lo que recordamos haber
vivido es sólo una creación de la mente, nada nos asegura que
no lo sea también lo que vivimos ahora.

la identidad de dos momentos de la llamada serie temporal.
Lo cotidiano y reiterado es para él garantía de eternidad, porque si ahora vivimos un instante idéntico a otro pasado, queda
anulado al fluir de las horas." 0
Borges ha dicho: "El tiempo es un problema para nosotros, un tembloroso y exigente problema, acaso el más vital de
la metafísica: la eternidad .u n juego o una fatigada esperanza"
"Borges es radicalmente escéptico pero cree en la belleza
de todas las teorías, las colecciona y al estirarlas hasta sus últimas consecuencias las reduce al absurdo. Los dogmáticos que creen gue sus personales ideas metafísicas o sus mitos son
universalmente verdaderos- suelen sentirse molestos ante la
agilidad con que Borges salta de hipótesis en hipótesis. La
agnóstica visión de Borges se expresa en una dialéctica de buen
humor. Encierra en un laberinto lingüístico al lector y juega
con él hasta derrotarlo. En su fruición estética se persiguen,
sin embargo, sobretonos de angustia que dimana de saberse
7
único, solitario, delirante, perdido y perplejo en un Ser ciego.
N

O T

A S

1.-Ana María Barrenechea, La expresi6n de la irrealidad en la obra
de f. Borges, El Colegio de México, México, 1957.
2.-0p. Cit., p. 143.
3.-0p. Cit., p. 136.
4.-Jorge Luis Borges, Ficciones, (Obras completas). Editorial Emecé, Buenos Aires, 1956.
5.-Ana María Barrenechea, Op. Cit., p. 96.
6.-0p. Cit., p. 116.
7.-E. Anderson lmbert, Hi~toria de la literatura hispanoamericana,
Fondo de Cultura Econ6mica, (Colecci6n Breviarios), México,
1961.

"Borges ha expresado en diversas circunstancias y bajo diversos símbolos una negación del tiempo que fundamenta en
54

55

�UN ANALISIS DE TIEMPO Y ESPACIO EN LA
PRODUCCION DE JORGE LUIS BORGES

Eduardo Guerra Castellanos

INTRODUCCION
El movimiento superrealista se desprende del Ultraísmo.
Se puede decir que es una evolución de las. artes plásticas. 'Ya
que en cierta forma se despren~e de~ Cubismo. ~1 evolucionar -dentro de las corrientes hteranas- se convierte en una
astracción de los objetos exteriores, o al menos, del orden que
la costumbre del espíritu confiere a la percepción _de eso~ ~bjetos, y en yuxtaposición, sin buscar entre ellos rel~c1?nes lo~icas,
recuerdos, sensaciones, citas e ideas de muy dist~nto on_gen.
Se puede decir que se ~lcan~a una realid~d s~penor gracias a
esa liberación -por asi decirlo- de los mstmtos.
A esta corriente precisamente pertenece Jorge Luis Borges.
Sabemos que junto con Gerardo Diego J Guillermo de T~~ri
1
lanzaron el manifiesto ultraista
en Espana. Sabemos tambien
que ese ultraísmo evolucionó hasta el superrealismo. Y sobre
todo sabemos que es Jorge Luis Borges el principal -por no
dec~ único- representante de este movimiento en América.
Este superrealismo atenuado de Borges se ve perfectamente en su producción literaria.

decirlo- vida y ~ovimiento temporal propio.
LA ESTRUCTURA INTERNA DE
"EL MILAGRO SECRETO"
En casi todos los cuentos del libro titulado Ficciones nos
encontramos una misma característica de hombre. El Hombre -con mayúscula, si se quiere- terreno, corporizado con
sentido propio. Con vida propia. No prestada. No donada. Vive su propio vivir.
En "El milagro secreto" nos encontramos a ese Hombre
personificado por Jaromir Hladík "autor de la inconclusa tragedia Los enemigos, de una 'Vindicación de la eternidad' y de
un examen de las indirectas fuentes judías de Jakob Boheme ... " 1 . Un hombre que vive su propio existir, sueña lo que
debe soñar. Un hombre común. -Así lo parece en un principio.

Este hombre se encuentra en Praga. Es el 14 de marzo
de 1939. Plena guerra.
La realidad histórica parece ser de lo más real. Los datos
son exactos -en el buen decir,- las fechas son ciertas. Los
acontecimientos podrían haber sucedido. Pero ...
, El ~ía. 15 entraron las t:opas del tercer Reich. El día 19
estas recibieron una denuncia, y al atardecer Jaromir Hladík
fue arrestado.
·

Notaremos perfectamente ese manejo majestuoso de los
elementos de la lengua que pronto se convierten en seres de
propio existir en Borges. Se hacen unidades aisladas, con significación propia, única.

Era Judío. Este hombre en los primeros momentos sintió
-todos los hombres sienten- terror. Pensaba que el acto de
morir era lo terrible. Sin embargo, en cierta forma se atormentaba pensando -inventando- las distintas maneras de cÓmo P;xlía morir. "Antes del día prefijado por Julius Rothe,
~uno cent~nares de muerte~, en patios cuyas formas y cuyos
angulas fatigaban la geometna, ametrallado por soldados variables, en nú_mero cambiante, que a veces lo ultimaban desde lejos; otras, desde muy cerca." 2

En la producción de Borges las palabras tienen -por así

Poco a poco el tormento -autotormento- surtió un efec-

De est_a producción literaria hemos tomado nosotros dos
o tres cuentos que nos servirán de apoyo en nuestro trabajo.

57

�to. Las reflecciones lo hicieron llegar a otras conclusiones.
"Con lógic;i perversa infirió que pr:ver un det~ll~ circ~st~ncial es impedir que éste suceda. Fiel a esta debil magia, mventaba para que no sucedieran, rasgos atroces; naturalmen. " s Llete, acabó' por temer que esos rasgos fu eran prof'eucos.
gó a anhelar la descarga ...
Pero un día antes de su ya prometida muerte, su pensamiento se· transformó. Olvidó sus abyecciones y se puso a razonar sobre su obra. Su drama Los enemigos.
Borges, aquí empieza el segundo relato -por llamarle
así-. Nos presenta a Hladík tal cual era. Nos hace ver que
el ejercicio de la litera~ura era, lo qll:e ~onstituía la _vida de éste.
En cierta forma Hladík quena redimirse -nos dice Borgesde su anterior vida por medio de su drama. Que estaba inconcluso.
Borges entra en una digresión del tema para narra:nos
en pocas palabras la trama de esta obra. ¡Rasgo superrealista!
Había Hladík terminado el primer acto. Su obra era en
verso. Pensó en ese momento -cerca de su muerte- que
pronto iba a morir y que su obra no estaba terminada. Así
pues, habló con Dios en la osc~idad. "Si de al~n modo existo, si no soy una de tus repetic10nes y erratas, existo como autor del drama Los enemigos. Para llevar a término ese drama, que puede justificarme y justificarte, requiero un año más.4
Otórgame esos días, Tú de quien son los siglos y el tiempo."

braciones "un laberinto de galerías, escaleras y pabellones."
Pero la realidad fue menos rica. "Bajaron al traspatio por una
escalera de fierro." 6
En el momento de irlo a fusilar, dice Borges, "el universo
físico se detuvo." 7 Todo se había paralizado. Los soldados,
las cosas, el cigarrillo tirado, todo. Absolutamente todo. Sólo una cosa. Podía pensar . . . Su obra pues, por milagro de
ese dios desconocido, podía completarse.
La trama interior del cuento, por lo que acabamos de ver
está muy bien urdida. Los momentos psicológicos del personaje están perfectos. Las evoluciones son sorprendentes. Y
la ficción ...

El cuento por sí sólo constituye unidad. El relato no saca
de la realidad ficticia que estamos viviendo. Las palabras de
Borges están bien condicionadas al espíritu del lector. El escape de la realidad sensórea está palpable. Se entra a un nuevo
mundo. El de la mente. ¿Un mundo ideal o ficticio?
Podemos verlo muy bien. · El final del cuento nos da -en
cierta forma- la explicación necesaria. ¿El año transcurrido
por Hladík fue el año que transcurrió verdaderamente en el
tiempo? -Posiblemente no. Posiblemente sí. ¿El tiempo fue
de su imaginación?. -Es seguro, pero ...
EL LENGUAJE EN BORGES

El día esperado había llegado. El día de su muerte. Dos
soldados entraron en la celda y le ordenaron que los siguiera.
Borges nos narra que Hladík se había imaginado en sus elucu-

El lenguaje de Borges, decíamos anteriormente, tiene vida
propia y precisamente la toma de ese uso casi exclusivo -diría
yer- del adjetivo. Los sustantivos, los nombres en Borges tienen su adjetivo que les cae perfectamente. Las cosas se nos
presentan más reales.
En "El milagro secreto" nos dice Borges: "soñó con un
largo ajedrez." 8 Se nos indica la largura del ajedrez, nos da
idea de tiempo, de longevidad, de edad. Es un ajedrez viejo
el que soñaba Hladik. Luego nos dice, en ese mismo párrafo:
"el soñador corría por las arenas de un desierto lluvioso." 9 Lo
que llueve posiblemente no sea agua, sino angustia. Es un de-

58

59

Esa noche durmió Hladík.
Entra una nueva digresión. Borges nos narra un sueño
de Hladík. Sueño de simbolismo puro. El Hombre a la búsqueda de Dios. ¡Y no lo encuentra! En ese sueño que soñó
Hladík "una voz oblicua le dijo: El tiempo de tu labor ha
sido otorgado." 5 Hladík despertó.

�sierto, no hay que olvidarlo. Casi al f~al se nos dice: "Inició un grito enloquecido." 10 La angustia de encontr~rse frente a frente con la muerte no era para menos. El gnto, claro
está, no es el enloquecido. Es Hladík. Es el grit~ de una
angustia incontrolable ante la muerte. El enloquecido es el
que la sufre. El que la lleva.
Los cultismos en el lenguaje de Borges son frecuentes. A
cada momento los encontramos. Y es claro. Ya desde los
tiempos de la poesía gauchesca se había establecido el precedente de que el poeta -escritor- era culto. Era un hombre de
la ciudad cantando las glorias de la Pampa.
Borges no se queda atrás. Basta ver una lista pequeña tomada de dos o tres cuentos.
Omnipotencia, oprobio, ,s~bolo, . c;epúscul~, . :ámara d,e
bronce, Pirro, Euforbo, Heraclides, Pita~oras, vic1S1tudes analogas, atroz, impostu_ra, imperfecto, ~?nJetur~s blasfemas, carácter plebeyo, agraciados, mterpolacion, rectangulos, elementos no pecuniarios, simetría, carmesí;letrina sagrada, acue?~cto,
apoteosis, mutilación, he~ágono, líneas_ caóticas, s,up~rsticios~,
bibliotecarios, dictamen, malterables, dialectal, anal1S1s combinatorio, etc.
Y estos son pocos. Hay cantidades. Cada paso en sus
cuentos constituye un sendero de cultismos.
En algunas ocasiones gusta de ut~lizar alguno~ argentin~smos: como trenzador, mate, cimarron, compadrito, estanc!a,
planchadora, catre, larga payada de contrapunto, pulpena,
chambergo, palenque, una caña (bebida), facón (daga), etc.
Estas últimas, usadas en poca proporción, nos dan la idea
que el autor quiere darnos. No es _abuso ?e regionalismos, es
únicamente la sección, el corte propio de cierto lu ar. Bor,ges
tiene mucho cuidado al usarlos. Como vemos so71o para esto
y nada más. Porque ya hemos visto que sus personajes viv~n
por sí solos. El habla de cada región es un símbolo de pmtoresquismo.

60

LAS CONCEPCIONES TEMPORALES
Y EL ELEMENTO FANTASTICO
El cuento que acabamos de considerar nos da una idea
del manejo del tiempo en Borges. Para él, el tiempo no es el
que transcurre aquí, sino el que es en cada uno de nosotros.
El tiempo es una de las circunstancias de nuestro vivir. Por
eso Hladík vive su tiempo de justificación. Las acciones -circunstancias que lo rodean- se suspenden. El universo físico
de Hladík se paraliza. El tiempo que transcurre es el de él
y no el de otro. Es su propio tiempo.
Hladík murió en efecto a la hora en que debía morir para
los demás. Pero esos instantes, esas décimas de segundo de
nuestro tiempo, antes de su muerte, se convirtieron en días, en
meses, en años. Su mente trabajó lo que podría haber trabajado en un año. Su obra concluyó. ¿Pero pasó ese verdadero año? No. Nunca pasó más de un segundo.
El tiempo en Borges, además, se convierte en escape hacia
una irrealidad, hacia el ideal, hacia lo fantástico . . . Es pues
una puerta, una salida de nuestro propio yo hacia esa realidad
irreal que nos quiere comunicar Borges.
El tiempo sigue transcurriendo. Pero, por ser salida y por
ser circunstancia de nuestro yo, se convierte en un ser dentro
de nuestro ser. En un yo que hace juego con nuestro yo. El
tiempo se convierte pues, en algo de nosotros mismos. Ya no
es el tiempo para los demás, sino para mí mismo.
El elemento fantástico tiene pues esa salida: el tiempo.
Y así se convierte en parte de nuestra imaginación.
Si el fin -o uno de los fines- de la literatura es divertir,
sacar de nuestro mundo a nuestra imaginación, el elemento
fantástico lo logra. Y lo logra a través del Tiempo en Borges.
LAS CONCEPCIONES ESPACIALES
En Borges podemos notar una influencia muy marcada de
la tradición Argentina. La pampa, la llanura, el llano, son te-

61

�mas muy tratados por las literaturas iberoamericanas. Pero sucede -como en todas las cosas- que cada país, cada región
tiene su forma de ver Las cosas.
La pampa, la gran extensión de las tierras argentinas se
convierte en la obsesión -por decirlo así- nacional. Desde
la aparición del Romanticismo, la pampa se empezaba a cantar. No lo digamos con la aparición de la poesía gauchesca!
Borges, tomando pie en esta tradición, toma a La pampa
en algunos de sus cuentos, no en todos, y la hace vibrar.
"La pampa ya no es esa extensión, puede ser el patio de
una casa en Buenos Aires o en Río de la Plata. La11pampa es
el argentino mismo. No es la extensión espacial." •

__A

PROPOSITO DE LA INTERVENCION FRANCESA_

Frédéric MAURO
Este corto artículo no es un verdadero artículo de historia porque no
ha sido ucrit?. p&lt;&gt;t uo espe~ialista ~e histor!a diplomática y política. Es solamente _la rev1s1on de trabaJos. eruditos realizados en el Siglo XX sobre una
de:sgtaciada aventura de Francta. Esta relaci6n ha sido escrita por un francés
gue . en nueve meses de estancia en J.l&amp;.ico aprendió a amar al pais, a vi•it
al ntmo de su coraz6n. En el momento en que se celebran los acontecimient~s de !862, se deja con_stancia de que esta lamentable historia no es mis que
un medio para que mexicanos y franceses se conozcan mejor y se amen más.
_Q1;1e estas páginas pue~n. aportar su pequeña contribaci6n a un mejor e~
noc1m1ento, y al eng:randec1m1ento de ese amor.
F. M.

¿Por qué de ésto? Es sencillo. La pampa se va terminando cada vez más. Los cercos se multiplican. Ya no
es la gran extensión. Ahora son las pequeñas extensiones.
Luego vienen las ciudades que van robando -por así decirlo-el terreno a la pampa. Ya no son ni siquiera pequeñas extensiones, ahora son plazas y patios. La pampa pues ya .no es la
extensión, es el alma argentina.
Esa limitación que da la pampa en otros cuentos de Borges no se encuentra. Los otros cuentos son sin espacio. Porque las ciudades pueden ser reales o ficticias. Ya no importa
el espacio, sino el desarrollo de un tiempo.
N O T

A S

] .-Jorge Luis Borges, Ficciones, Emecé, Buenos Aires, p. 159. (El
Milagro Secreto).
2.-0p. Cit., p. 160-161.
3.-0p. Cit., p. 161.
4.-0p. Cit., p. 164.
5.-0p. Cit., p. 164.
6.-0p. Cit., p. 165.
7.-0p. Cit., p. 165.
8.-0p. Cit., p. 159.
9.-0p. Cit., p. 159
10.-0p. Cit., p. 167.

62

Retrospectivamente, la intervención francesa en México
pa_rece tan_absurda que uno puede preguntarse cómo pudo germmar su idea en los cerebros que gobernaban Francia hacia
~860. 1 , Nap_ole~i:1 III era un soñador, presto a adoptar las
ideas mas quimencas y a tratar de hacerlas triunfar. Pero sus
ministro~ eran hombres_ prudentes. Aquellos de entre los que
se sucedieron en Affaires Etrangeres, Walewski Thouvenal
ha~ían vuelto a _las tradiciones más puras de la "'carrera", n~
se mteresaban smo en Europa y se burlaban de los intereses
econó~ico_s defendidos por una clase que despreciaban, la de
los capitalistas y la de los comerciantes. ¿ Cómo este soñador
y estos prudentes se dejaron arrastrar en la aventura mexicana, cómo vieron ellos esta aventura?, tales son los problemas
que sería necesario aclarar aquí, dejando a los mexicanos el
trabajo de estudiar las repercusiones funestas en su historia
nacional.
Napoleón III estaba interesado en América Central desde
h~cía mucho tiempo. Cuando era todavía prisionero en la
Cmdadela de Fiam, el Gobierno de Nicaragua le ofreció llevar
a cabo la construcción de un canal interoceánico, llamado "Canal ~apoleói:1", sobre el territorio de esta pequeña República.
Habia reflexionado en el asunto; luego, inmediatamente des-

�pués de s_u evasión, publicó en Lon?res ~ foll~to destinado a
preparar la constitución de una sociedad ÍJ?~nciera. E:n 184~,
convertido en el Príncipe-Presidente, autoriz~, a la Revista Británica la publicación en París de una traducci~~ de este folleto,
y ocho años más tarde, cuando Belly establecio el proye~to de
un canal de Nicaragua, se le hace saber que su empresa mter~sa vivamente al Emperador. Este piensa '!u~ el canal permitirá la superación de los Est_ados _de _la America ~entral, Y como imaginó y realizó la umdad italiana y la umdad al~mana,
quizá pensó federar los pequeños Esta,dos que se . extienden
entre Colombia y México. Todo est~ s?lo para decir que Naoleón III no tiene los ojos puestos umcame?te sobre Europa
~ que México no está lejos de sus preocupaciones.
Son los mexicanos mismos los que van, antes que nadie, a
incitar a Napoleón p~ra que se ?cupe de ~é:nco. Gutiérre~
era Ministro de Relaciones Exteriores en M,ex1co ~u~;ido, fatigado por la anarquía que reinaba en su ~a1s, escrib10 ~~ 1840
al Presidente Bustamante una carta ab1ert~, prop~n~e?d?le
reemplazar la república por una mon_ar':l':11a. La ~mc1auv,a
causó escándalo. Gutiérrez tuvo que d1m1tir, y poco despues
se fue a Europa, esperando encontrar aquí un pretendiente para el trono. .Por lo demás en ninguna parte logró que se le
tomara en serio. Mientras tanto, el General Santa Anna _que
había vuelto a tomar en 1853 la Presidencia de México, se puso
a preparar el regreso de la realeza. Confió a Gutiérrez el encargo de encontrar en Europa el Soberano idea_l; Gutiérrez
se dirigió a la Corte de Madrid, donde permanec1~ y tuvo po~
colaborador al que no debió tarda;. _mucho en echpsa~l~; Jose
Manuel Hidalgo y Esnaurrizar. Sm embargo, la mmon_ de
los dos diplomáticos fracasó por muchas razones y en particular por el abandono del poder por Santa Anna.
Era la época de la guerra de Cri~ea. Los dos hom~res,
desde entonces sin poder, esperaban sm embargo hacer triunfar sus ideas después de que había vue~to la P.ª~· Para e~t~nces surgió un competidor: Murphy, antiguo Mm1stro de Mexic?
en Londres había en efecto desde el 31 de marzo de 1856, dirigido una ietra suplicante ; Napoleón III. Proponía arrancar

a su patria de la anarquía que la ponía a merced de los Estados Unidos, estableciendo una monarquía sostenida bajo la garantía colectiva de Francia, Inglaterra y España.
Algunos meses más tarde surge otra intervención, mucho
más curiosa. El Ministro de Francia en México, Visconde de
Gabriac, señala una recrudescencia de las ideas monárquicas.
Aun los miembros del" Gobierno Mexicano, como el Ministro
de Relaciones, Luis de la Rosa, por ejemplo, no veían otra solución que la llegada de un soberano europeo. Un verdadero
complot se organiza casi con el consentimiento de los Ministros de Francia e Inglaterra. Se manda a Europa un francés,
el marqués de Radepont, quien enviado a América Central por
la Monarquía de Julio y después movilizado por la Segunda
República, había permanecido en México, donde administraba
una propiedad agrícola.
Radepont llegó a París en octubre de 1856. Fue recibido
por Walewski y le entregó un memorandum precisando que la
monarquía sería constitucional y el soberano designado por d
Emperador de los franceses. Francia e Inglaterra debían prestar su "apoyo moral." Radepont se decía también encargado
de solicitar al Duque de Aumale llevara la nueva corona. Walewski, desconfiando sin duda, no respondió y probablemente
no advirtió a Napoleón III. Pero Hidalgo, que había sido
compañero de juventud de la Emperatriz Eugenia, logró acercarse al Emperador. Este, según su costumbre, escuchó sin responder. Por otra parte, estaba demasiado ocupado en los asuntos de Italia para ocuparse de México.
·
Sin embargo tres proyectos de intervención en México verían la luz entre 1858 y 186o. El 4 de agosto de 1858, Walewski recibió un despacho del Visconde de Gabriac comunicándole una confidencia del Presidente Zuloaga. Este, queriendo establecer el orden en su país, contaba con aplicar el
producto de un nuevo empréstito en la organización de un
cuerpo de tropa, compuesto por franceses y mandado por un
General que designaría Napoleón III. Walewski contestó que
no. Pero antes que su despacho llegara a México, recibió el
7 de septiembre una carta confidencial de Gabriac. Este le

�informaba que "Zuloaga, un buen día, le había llevado bruscamente a una habitación solitaria de su residencia y ahí, lejos
de cualquier oído indiscreto, había comenzado por pintar un
cuadro muy sombrío de la situación de México, y de su situación personal. Si las cosas continuaban por el mismo camino,
él se mantendría -decía- un año más, quizá dieciocho meses, después sus adversarios radicales triunfarían. Sólo por un
tiempo Juárez y sus amigos lograrían consolidarse en el poder.
Los conservadores se lo quitarían pronto, sin que por otra parte pudieran .mantenerlo y México se mantendría así 'en un
círculo de anarquía' hasta el día en que los Estados Unidos
enfilaran su proa. Esta catástrofe, Zuloaga declaraba querer
evitarla rompiendo el 'círculo' maldito por el medio al cual
había antes hecho alusión y del cual precisaba ahora los diversos aspectos. Un préstamo sobre los bienes del clero proporcionaría de inmediato el dinero que permitiría mantener cinco
o seis empresas d~ guerra y un cuerpo de diez mil franceses;
por último, como era indispensable una autoridad fuerte y ningún mexicano había probado ser capaz de ejercerla, vendría
un general francés, que pondría a 'todo el mundo en ·paz': 'yo
el primero', había agregado Zuloaga." 2
Walewski no quería saber nada. Almonte, representante
de México en París y convertido a las ideas de Zuloaga, pidió
por su causa ante la Corte. Hidalgo también, de nuevo, pero
el Emperador no prometió nada. Además Zuloaga fue despojado del poder. Miramón, su sucesor, abandonó sus proyectos. Sin embargo en España había madurado un gran proyecto en el cerebro de Calderón Collantes, Ministro de Asuntos Extranjeros. Se necesitaba proteger a la América Española de la influencia de los Estados Unidos, creando una vasta
coalición, ayudada por España. Esta veía con malos ojos a
Francia, que daba un paso conminatorio en México para proteger los intereses franceses cada vez más compromteidos por
el atolladero político. Finalmente, en febrero de 1859 el Gobierno de Madrid se acogió a la idea de una intervenci6n conjunta Francia-Inglaterra-España en México para proteger a
éste de los Estados Unidos. España debía jugar el primer papel en la intervención.

66

España logró hacer que Francia compartiera su desconfianza ante los Estados Unidos cuando se supo que estos habían roto con el Gobierno de México, que rehusaba someterse
a sus exigencias y había reconocido oficialmente a su rival, el
gobierno establecido en Veracruz presidido por Juárez. Inmediatamente después, su representante había firmado con éste
un tratado que les concedía el monopolio de los transportes
por el Itsmo de Tehuantepec, autorizaba el paso libre de tropas
federales y les acordaba ciertos derechos de policía: un conjunto de cláusulas tales que, si eran ratificadas y si Juárez triunfaba sobre el Presidente de México, los Estados Unidos se convertirían prácticamente en los amos de México.
Pero esta desconfianza francesa no se tradujo en los actos.
Francia estaba muy ocupada por el embrollo italiano. El Emperador no se sentía en condiciones de intervenir también en
México y apenas sabía cómo hacerlo. Fue entonces cuando
Inglaterra formuló las proposiciones de intervención (febrero
de 1860). Lord Russell estimaba que Francia e Inglaterra debían presentarse conjuntamente como mediadores e intimar
a los gobiernos de Miramón y de Juárez a una tregua. "Esto
permitiría elecciones generales y la reunión de una asamblea
constituyente que estableciera un gobierno único con el que
las potencias pudieran concluir, en condiciones normales, nuevos acuerdos con posibilidad de ser ejecutados" 8 • Napoleón III
se dejó seducir. Estaba decidido a intervenir e Inglaterra le
proponía un plan preciso que él mismo no tenía. Aceptó. Y
habiendo España reclamado su parte, la intervención tripartita
se decidió.
Esta debía ser una mediación pacífica. Por otra parte, los
dos gobiernos mexicanos eran puestos en un mismo plano. La
Emperatriz Eugenia debió disgustarse, pues consideraba a Juárez como el enemigo de los católicos mexicanos que ella sostenía. Francia envió a su antiguo Ministro en Texas, Saligny.
Como el enviado inglés estaba enfermo, Saligny partió solo.
Pero cuando llegó se había hundido el régimen de Miramón y
Juárez entraba en México. Toda la diplomacia debía comenzar de nuevo.

�El triunfo de Juárez pasó desapercibido en Francia. Pero
los diplomáticos franceses y los componentes mexicanos de la
monarquía reaccionaron. Su reacción debió influir en la actitud del Emperador.
Entre los diplomáticos estaba primeramente Saligny que
en México, frente a una situación que no había previsto el Ministerio, hacia un poco lo que quería, protestando contra las
brutalidades antirreligiosas del nuevo régimen y al mismo tiempo arreglando un conflicto entre este mismo régimen y España. Su misión especial consistía en exigir el pago de los créditos que los franceses tenían en México. Obtuvo su reconocimiento íntegro en principio, moderando en la práctica las reclamaciones de los acreedores. En Mayo de 1861 un acuerdo
p..rreció arreglar el famoso asunto de los bonos Jecker. Pero
Juárez no era el amo en todo el país. La anarquía reinaba
en muchas partes. Saligny previno al gobierno francés que
bastaría un día para intervenir y proteger la vida y los bienes
de sus súbditos.
La conducta de Saligny en el asunto de los bonos Jecker
debía ser aprobada por el Ministerio de Asuntos Extranjeros.
Pero éste criticó sus intervenciones incoherentes en la política
religiosa y en la política española de México. Su preocupación consistía en proteger los intereses franceses, nada más.
El Ministerio no pensaba entonces en intervenir verdaderamente en la política mexicana.
Pero los mexicanos de París se agitaban. Pronto formularon un "comité" y Gutiérrez logró convencer al Emperador
y a la Emperatriz de que, puesto que ninguna casa real podía
proporcionar un pretendiente a la herencia de Moctezuma,
correspondía esto a la casa de Austria. Todos se pusieron de
acuerdo ante el nombre de Maximiliano; y Eugenia habló con
el príncipe de Metternich en una recepción de Walewski. En
esto ella sobrepasó el pensamiento de Napoleón III, quien no
pretendía haber expresado sino una simple opinión. Sin embargo él recibió en Vichy al general español Prim quien, quizá de acuerdo con su gobierno, le proponía una intervencion

conjunta en México. Por otra parte los créditos franceses no
eran respetados por México donde el orden no reinaba. Así,
cuál no fue el asombro de La Fuente, el sucesor de Almonte
nombrado por Juárez, cuando presentando cartas de crédito
con algún retardo a causa de las dificultades protocolarias y
esperando un recibimiento muy frío de parte del Emperador,
fue recibido de la manera más amable del mundo, como si ninguna dificultad existiera entre los dos países. Las noticias de
México eran sin embargo alarmantes. Saligny, como su colega inglés Wyke, pensaba que los medios pacíficos no serían
suficientes para obtener una satisfacción. Y casi en el momento en que se admitía a La Fuente presentar sus cartas de crédito, el Quai d'Orsay recibía un despacho en el que el Ministro
de Francia preconizaba, como su colega británico, la ocupación
inmediata de Tampico y de Veracruz. Pero el Quai d'Orsay
no se apresuraba a trasmitir estos informes al Ministro de la
Marina, aunque éste señalaba al comandante de la estación naval de las Antillas Francesas que las relaciones con México "se
mejoraban". 5 Si autorizaba al almirante a prestar eventualmente ayuda al Ministro de Francia, le prescribía hacerlo solamente "en los justos límites". Así el Ministro y el Emperador
practicaban la misma política pero por razones diferentes: el
primero porque consideraba los asuntos extra europeos como
insignificantes y las convulsiones de América Latina como fenómenos naturales; el segundo, porque estaba demasiado ocupado por los problemas italianos y polacos.
Los monarquistas mexicanos no habrían pues podido modificar la pasividad francesa si un incidente no hubiera venido
a cambiar el curso de los acontecimientos. El 29 de agosto de
1861, el Quai d'Orsay registró un despacho del 27 de julio en el
que Saligny informaba sobre la Ley del 17 de julio, por la cual
Juárez hacía suspender por el Congreso la ejecución de las
"convenciones extranjeras." Pero como su colega inglés protestó y no obtuvo sino promesas ilusorias, los dos rompiéron
relaciones diplomáticas con México. España había ya roto desde hacía algún tiempo. Era necesario pues que el Gobierno
francés aprobara o rechazara esta ruptura. Helo aquí puesto

l

�contra la pared. El Emperador no podía ya escaparse.
Los acontecimientos no se precipitaron ya que la expedición francesa data de junio de 1862. Francia se alió con Inglaterra para obtener por la fuerza el pago de la deuda mexicana: se pensaba en la ocupación de Veracruz y Tampico y pagarse con los ingresos aduanales de los dos puertos. Con España el acuerdo fue más lejos: se trataba de reestablecer el orden y de imponer la monarquía con un príncipe europeo. P;!ro si Inglaterra no quería ir tan lejos, España pretendía imponer su pretendiente, mientras que Francia tenía a Maximiliano. Este aceptó por fin la misión que se le quería confiar.
Inglaterra, temiendo una alianza París-Madrid, quizo mediar
como tercero. Es entonces cuando los tres países envían fuerzas armadas. Las instrucciones dadas al Almirante francés
Surien, admitían la necesidad de ocupar México si los puertos
de la costa eran evacuados por J uárez, no proporcionando
su
0
ocupación "un medio de acción directo e inmediato."
Muchos acontecimientos debían todavía señalar la política de las
tres p,otencias antes que las tropas francesas entraran en México. En particular, Francia se vería abandonada por Inglaterra
y España y obligada a hacer del problema mexicano su asunto
propio. Pero las decisiones irremediables estaban ya tomadas
y los actos irreversibles realizados.

¿Realizados por quién? Nada parece menos claro que las
razones del Emperador.

¿Ra:zones religiosas? No parece que la indignación de
los católicos ante la política de Juárez, indignación defendida
y sostenida ante Napoleón III por la Emperatriz, haya tenido
una influencia determinante sobre su espíritu, a pesar de su
deseo de calmar a los católicos después de los acontecimientos
de Italia.

¿Intereses franceses en México? Sin duda los "bonos Jecker", el famoso crédito suizo, jugaron un papel, pero es imposible apreciar en qué medida.
¿Razones económicas? Estas parecen preponderantes: Mé-

70

xico parece llamado a desarrollarse: el canal interoceánico y la
explotación de los recursos minerales lo ayudarán en esto. El
algodón mexicano reemplazará al algodón americano agotado por la guerra de Secesión. Por esto las presiones francesas
son necesarias. Y exigen la estabilidad política. En el fondo
es una idea saintsimoniana.

¿Pero ha sido determinante esta idea ? Las decisiones fi1:~les vuelv~n al Empe~dor. Parece que éste vió en la expedic1on a México un medio de realizar uno de sus sueños, generosos como la unidad italiana o el desarrollo de la industria francesa. Pero él no conocía México. No veía sus problemas. Y
además se dejó conducir dulcemente en su decisión por la influencia de los que lo rodeaban. Intereses religiosos o económicos, todo esto era esencial para ellos. Se sirvieron del Emperador para realizar sus ambiciones. El Emperador se sirvió
de ellos para realizar sus sueños. Pero los hombres de Estado
tienen el deber de ser lúcidos.
Y el equívoco fue trágico.

Traducci6n de A. R. G.
N O T

A S

1.-Para este estudio hemos utilizado, fundamentalmente. el libro de
Christian SCHEFFER. La Grande PenJée de Napoleón 111, Les
origines de fe:rpedition drt Me:rique (1858-1862). París, 1939,
275 pp.
2.-0p. cit. pp. 38-39.
3.-0p. cit. p. 54.
4.-Asunto muy conocido para que aquí insistamos en él.
5.- 0p. cit. p. 102.
6.-0p. cit. p. 153.

�Edgar Quinet no hubiera sonreído al leer los renglones anteriores; se habría indignado. Y Georges Clemenceau, el vencedor de 1918, habría dado un puñetazo significativo sobre la mesa. La mayor parte de los historirzdores franceses y hasta los residentes, galos en el México
de 1862, sabían y saben que lo que ellos llaman la Expedición de México y nosotros, con mayor propiedad, la Intervención Francesa, tuvo como origen la sucia complicidad entre el agiotista !ecquer y el Duque de Morny, medio
lie1'mano adulterino de Napoleón el Pequeño y nieto natural de Talleyrand: un feo negocio amenizado con la ambición de Eugenia de Montijo y su afán de entt·ometerse
donde no la llamaban sino su delirio de intolerancia y la
esperanza de pagar un precio bélico por la salvación de
su alma. Dijo Edgar Quinet hace cien años en el parla- .
mento francés: "Decíase al principio que era necesario invadir a México porque nos llamaba; ahora es necesario
invadirlo para castigarlo por no habernos llamado" ...
"Háblase de un crédito de rres millones convertido fraudulentamente en tm crédito de s&gt;etenta y cinco".. . "La
Expedición a México es el preludio _de un golpe de Estado contt·a las libertades del género humano". Y hay infinidad de testimonios de la época, precisamente f,·anceses;
pero Eugenia de Montijo, la española de la Contrareforma, se había sentado de niña en las rodillas de Sthendal
y . ..

Por ot1·a parte en las líneas del
entre otros, dos graves errores: 1: No
mismos a incitar a Napoleón; fueron
vocados. 2: !uárez era el gobernante
no el rival de Miramón ... Helas.

profesor Mauro hay,
fueron los mexicanos
sólo dos o tres equilegítimo de México,

La Redacción.

..

ANTOLOGIA POETICA
LOS POETAS MEXICANOS Y LA PALABRA
Alí Chumacero • Jaime García Terrés • José
Gorostiza • Marco Antonio Montes de Oca •
Octavio Paz • Carlos Pelicer • Jaime Torres
Bodet • Xavier Villaurrutia.

�ALI CHUMACERO

PERSISTEN implacables
fílabas, frases: s6lo palabras
al asombro del mar dichas en tiempo aciago,
cuando los aires eran arena,
o en hoteles vacíos de sucios corredores,
mientras se oítm gallos lejanos
y en aliento calmaba la arcilla su delirio.
Del húmedo mirar
nada recuerdo, porque el amante
en orfandad consume despojos de sí mismo,
cubre de polvo ávidas áreas
de hermosas dilaciones, y corrompida furia
arde celosa junto al leopardo
del alma que en desdén amores desafía.

JAIME GARCIA TERRES

UNA PALABRA MAS
Esa palabra
yo la diría con los ojos cerrados.
Hundido en las últimas sombras.
Quieto
como una ola maravillosamente
suspendida.

75

�JOSE GOROSTIZA

Los muros del paisaje
se cubrirían de hiedra. El aire
tendría espejos dentados
y amorosos.
Todo callaría después de escucharla.
Y ante el silencio grave de las cosas
yo sentiría que mil ojos
me estarían hiriendo
y que muchos millones de cuerpos
y cuerpos y cuerpos
me estarían tocando.

•

MUERTE SIN FIN
(Fragmentos)

-

La diría como digo
el nombre de mi casa.
Con la misma tristeza
peculiar. Con la misma
exacta mansedumbre.
Y el eco, en otros mundos,
dispersaría sus silabas
en una cauda infinita de menudas estrellas.

La diría. Pero temo
perderla. Esa palabra es
mi única fortuna. Mi solo sustento.
Nada me quedaría una vez que mis labios
hubiesen liberado sus voces de plata.
Nada
qu·e no fuera una ausencia de terribles contornos,
y la tenue fatiga del olvido que aguarda,
y un rastro de canciones
deshechas por el tiempo.

¿También -mejor que un lecho- para el agua
no es un vaso el minuto incandescente
de su maduración?
Es el tiempo de Dios que aflora un día,
que cae, nada más, madura, ocurre,
para tornar mañana por sorpresa
en un estéril repetirse inédito,
como el de esas eléctricas palabras
-nunca aprehendidas,
siempre nuestrasque eluden el amor de la memoria,
pero que a cada instante nos sonríen
desde sus claros huecos
en nuestras propias frases despobladas.

( ... )
PORQUE el tambor rotundo
y las ricas bengalas que los címbalos
tremolan en la altura de los cantos,
se aniegan, ay, en un sabor de tierra amarga,
cuando el hombre descubre en sus silencios
que su hermoso lenguaje se le agosta,
se le quema -confuso- en la garganta,
exhausto de sentido;
ay, su aéreo lenguaje de colores,
que así se jacta del matiz estricto
en el humo aterrado de sus sienas
o en el sol de sus tibios bermellones;
él, que discurre en la ansiedad del labio

�como ima lenta rosa enamorada;
él, que cincela sus celos de paloma
y modula sus látigos feroces;
que salta en sus caídas
con un ruidoso síncope de espumas;
que prolonga el insomnio de su brasa
en las mustias cenizas del oído;
que oscuramente repta
e hinca enfurecido la palabra
de hiel, la tuerta frase de ponzoña;
él, que labra el amor del sacrificio
en columnas de ritmos espirales,
sí, todo él, lenguaje audaz del hombre,
se le ahoga -confuso- en la garganta
y de su gracia original no queda
sino el horror de tm pozo desecado
que sostiene su mueca de agonía.

MARCO ANTONIO MONTES DE OCA

MI VOZ
CANTO hasta donde me alcanza la voz,
sigo cantando hasta que mi largo perjurio
acierta a ser otra vez un juramento.
La tempestad ha partido
y el aire azuloso de las cuevas se acomoda para dormir
junto a mi voz de antaño, la sonámbula
que encerraba cajas de mt1sica en los pulidos osarios
y resonaba en las plazas desiertas con un disparo
inteligible y doloroso.
¡Ah mi voz, mi voz de todos los días,
de un modo u otro siempre recordándome

su crianza bulliciosa en la redoma solar,
su comercio infinito con las gaviotas más blancas
y esa alegria suya, recién ganada,
tendida como un puente entre la aniquilación y la gloria!
Ella gira en el remolino de barro de los alfareros
y estalla en la soledad como el ardiente mercurio
en su torre de vidrio.
Tal un río entrando a saco en las vedadas galerías,
tal un río y una fluida navaja a/, cortar harapientas
(telarañas,
rabiosamente entronizadas en las habitaciones y los pechos.

OCTAVIO PAZ

PALABRA, voz exacta
y sin embargo equívoca;
oscura y luminosa;
herida y fuente: espejo;
espejo y resplandor;
resplandor y puñal,
vivo pufial amado,
ya no puñal, sí mano suave: fruto.
Uama que me provoca;
cruel pupila quieta
en la cima del vértigo;
invisible luz fría
cavando en mis abismos,
llen'ánaome de nada, de palabras,
cristales fugitivos
qtte a stt prisa someten mi destino.

79

�Palabra ya sin mí, pero de mí,
como el hueso postrero,
an6nimo y esbelto, de mi cuerpo;
sabrosa sal, diamante congelado
de mi lágrima oscura.
Palabra, una palabra, abandonada,
riente y pura, libre,
como la nube, el agua,
como el aire y la luz,
como el oio vagando por la tierra,
como yo, si me olvido.

y el canto estará abierto en medio de la selva.
Trágicas madrugadas y espesas lejanías.
¡Tristes almas gloriosas!
¡Pintando, borraría!
Todo, con una sola palabra luminosa.

JAIME TORRES BODET

POESIA

MIENTRAS callas, escucho
lo que ¡amás tu voz podrá decirme,
porque entre tu palabra y tu silencio
hay la misma distancia
que entre la idea que se forma un ciego
de la luz y la luz, la nunca oída.

Palabra, tma palabra,
la última y primera,
la que callamos siempre,
la que siempre decimos,
sacramento y ceniza.
Palabra, tu palabra, la indecible,
hermosura furiosa,
espada azul, eléctrica,
que me toca en el pecho y me aniquila.

CARLOS PELLICER

¡SABER UNA PALABRA!
¡SABER una palabra!
Una palabra sola, y elevaré la Luna
tras las ruinas fantásticas de esta náufraga duda.
De cada ciudad fúnebre haré una dulce aldea.
Los montes se abrirán nuevas gargantas

8o

Hablas sin velos, manifiestas todo
lo que de ti conoce el pensamiento,
pero callas con todo lo que eres
y con lo que ya fuiste y con la aurora
de lo que, sin saberlo, vas a ser.
Más aún . . . Cuando callas
un pueblo calla en tí, calla una raza;
ptJ.eS en tu voz se expresan los instantes,
pero -en lo que no dices- está hablando
una patria sin tiempo ni fronteras.
Ahora que padezco, deja que oiga
lo que, a través de tí, me promete aún la vida.
Toda la eternidad está presente
en esta hora muda
¡porque si tus palabras son a veces poemas,
tu silencio, sin más, es poesía!

81

�XAVIER VILLAURRUTIA

NOCfURNO MUERTO
CUANDO los hombres alzan los hombros y pasan
o cuando dejan caer sus nombres
hasta que la sombra se asombra
cuando un polvo más fino aún que el humo
se adhiere a los cristales de la voz
y a la piel de los rostros y las cosas
cuando los ojos cierran sus ventanas
al rayo del sol pródigo y prefieren
la ceguera al perdón y el silencio al sollozo
cuando la vida o lo que así llamamos inútilmente
y que no llega sino con un nombre innombrable
se desnuda para saltar al lecho
y ahogarse en el alcohol o quemarse en la nieve
cuando la tlÍ cuando la vid cuando la vida
quiere entregarse cobardemente y a oscuras
sin decirnos siquiera el precio de su nombre
cuando en la soledad de un cielo mtJerto
brillan unas estrellas olvidadas
y es tan grande el silencio del silencio
que de pronto quisiéramos que hablara
o cuando de una boca que no existe
sale un grito inaudito
que nos echa a la cara su luz viva
y se apaga y nos deja una ciega sordera
o cuando todo ha muerto
tan dura y lentamente que da miedo
alzar la voz y preguntar "quién vive"
dudo si responder
a la muda pregunta con un grito
por temor de saber que ya no existo
porque acaso la voz tampoco t1tve

sino como un recuerdo en la garganta
y no es la noche sino la ceguera
lo que llena de sombra nuestros ojos
y porque acaso el grito es la presencia
de una palabra antigua
opaca y muda que de pronto grita
porque vida silencio piel y boca
y soledad recuerdo cielo y humo
nada son sino sombras de palabras
que nos salen al paso de la noche.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Rosaura Barahona Aguayo</name>
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                    <text>SUMARIO
.A.ar6n Sáenz Gan:a, Pablo IJ.ftl y el Ka¡tneria nuevo-

leonés ------------------------------------------

5

Gonzalo Hemández de Alba, 1'otu en torno a Toynbee _ 17
Hugo Padilla, 1'otu aobre el Tiempo en Deteartea ______ 29
Prosa bilpanoamericana, htologfa de la Violencia______ 39

Enrique Amorim, Miguel Angel Asturias, Mariano
.A.zuela, Jorge Luis Borges, Alejo Oarpentier, Rubén
Darío, R6mulo Gallegos, Ricardo Güiraldes, Martín
Luis Guzmán, Leopoldo Lugones, Octavio Paz, Roracío Quitoga, José Eustasio Rivera, José Vasconcelos.

No. 1 Año 6

MARZO DE 1963

Segunda Epoca

���BIBLIOTECA CENTRAL

U.A.N.L

'

~YLETRAS
REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

R evista de la Universidad de N uevo León

No. 1 .Año 6

R ec to r:

MARZO DE 1963

Segunda Epoca

LIC. ALFONSO RANGEL GUERRA

Secretario General :

SUMARIO

LIC. VIRGILIO ACOSTA

Departamento de Extensión Universitaria:
RUGO PADILLA

Aarón Sáenz Garza, Pablo Livas y el Magisterio nuevo-

leonés

Sección Editorial
JOSE .A.i~GEL RENDON

5

Gonzalo H ernández de Alba, Notas en torno a Toynbee _ 17
Rugo Padilla, Notas sobre el Tiempo en Descartes ___ __ _ 29

(Regist ro en Trámite)

Prosa hispanoamericana, Antologia de la Violencia __ ___ _ 39
Enrique Amorim, Miguel Angel Asturias, Mariano

Dirección

Azuela, Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, Rubén

Ciudad Universitaria

Darío, Rómulo Gallegos, Ricardo Güiraldes, Mar tín

En México : Veinte pesos

Quinto Piso

Luis Guzmán, L eopoldo Lugones, Octavio Paz, IIora-

Otros países : Dos dólares

Monterrey, N. L., México

cio Quiroga, José Eustasio River a, José Vasconcelos.

PRECIO DE SUSCRIPC10N
UN .AÑO (cuatro números)

�XV-l-..5

PABLO LIVAS
Y EL MAGISTERIO NUEVOLEONES *

Como quiera que la educación modela el espíritu de las
nuevas generaciones, está r econocido que muy pocas actividades en la v ida adquieren un rango mayor y más humano
que la del educador. Se la tiene como apostolado y así lo
ha sido en verdad en al gunas épocas de nuestra historia. De
donde rendir homenaje a un maestro y unir su nombre al de
una escuela, benemérita por numerosos conceptos, me parece
que constituye la fiesta de la gratitud. Bien puede decirse
que en esta ocasión quedan unidos en los altos planos de espíritu, el nombre de un profesor, la historia de un plantel y
el reconocimient o de las generaciones actuales.
El nombre del profesor es el del insigne educador, don
Pablo Livas, el plantel de que se trata, la Escuela Industrial
Femenil que se fundó bajo la advocación del profesor Livas,
ahora con edificio nuevo. El reconocimiento qu e se rinde,
tiene relación c&lt;;&gt;n el esfuérzo de apostolado que en circunstancias difíciles modeló a párbulos y adolescentes de entonces; mismos que, cuando llegaron a le edad madura de las
responsabilidades, han dado fisonomía a la vida de Nu evo
León, con lo que de ejemplar se aprecia y estima de nuestra
entidad en toda la, República.
Pero junto con el recuerdo del maestro Livas es pertinente rozar los distintos métodos pedagógicos, registrar siquiera algunos de los nombres más esclarecidos de la educación en Nuevo León, pues el tiempo disponible para retener
la atención de ustedes no permite sino l os grandes trazos, la
somera perspectiva, que poco atiende al análisis de los por -

*

Discurso pronuncfado por el sefior licenciado Aarón Sáen z Garza en la
Inauguración del niievó edificio de la Escuela Femenil '~ablo Llvas" y
del descubrimiento del busto del enúnente maestro Pablo Llvas.

-

5 -

e 3 7.3

�'1

6

menores o al sondeo de la profundidad. Y a grandes trazos
se han de limitar mis palabras, referidas dJsde los pl~uteles Jancasterianos, hasta la escuela de los d1as que v1vunos.
En efecto nuestro rudo y difícil medio físico, agravado
por la lejanía' del centro de la Rep~blica y por las . deficientes comunicaciones exigió su conquista y la conqmsta para
la nación de las nuevas generaciones. Más como imperativa contestación al reto de la naturaleza, industriales, ganaderos, agricultores de una . incipiente ag~icultura, se. atrevieron a la conquista del desierto y el des1erto se ha ido venciendo. Al lado de ellos, también surgieron los profesores,
vocación heróica en cualquier latitud, pero con mayor reconocimiento en Nuevo León.
Se sabe que la enseñanza de los niños quedó a cargo de
los maestros lancasterianos que, como autodidactas, aprovechaban la cooperación de alumnos aventajados para cumplir
con su magisterio; con deficiencias en la técnica, especialmente la de obligar a memorizar los textos, estrangul ando
así la personalidad del alumno ; y la de reunir en un solo local a escolares que comenzaban los primeros grados, con escolares que alcazaban años superiores. Por supuesto que
esas técnicas se fueron corrigiendo al paso del tiempo.
Por lo pronto, en 1845 la Escuela Normal inició sus cursos, bajo la dirección de don Antonio Tamez Martínez. Pese a la carencia de constancias oficiales, sabemos que fueron
graduados Manuel Cantú, Pomposo Oisneros y Rafael Lechón dentro de ese sistema, por lo que es factible considerar
a esos tres, como los primeros maestros titulados en Nuevo
León.
Substituyó al lancasteriano, el sistema simultáneo, y en
la nueva etapa correspondió al gobernador José Eleuterio
González, expedir la ley que creo la Escuela Normal del Estado y que, en este aspecto de la educación, iba a rendir óptimos frutos. Debo detenerme ante el recuerdo de este gobernante ejemplar, "Gonzalitos", como con cariño se le llamaba, benefactor ilustre que compartió con la política la
preocupación por la cultura, de lo que son buena prueba sus
libros: la Biografía. del Padre Mier, la Colección de Documentos para la Historia de Nuevo León y su Colección de Discursos sobre Instrucción Pública; este último revelador de que
fue gobernante y maestro.
AJ empirismo lancasteriano, sucedió l a escuela nuevoleonesa, preconizada en la reforma educativa de 1892, cuyo

promotor principal fue el maestro Miguel F. Martínez, que
constituyó el primer sistema oficial de enseñanza popular y,
por ende, laica, gratuita, obligatoria, difundida con la responsabilidad del Gobierno del Estado y de los municipios
nuevoleoneses. Por lo demás, faltaba el número apropiado
de profesores que realizara la tarea y en esto consistió la acción del maestro Miguel F. Martínez que, con su reforma
escolar, realizó : primero, la atracción de personas que quisieran dedicarse al magisterio ; segundo, la preparación conducente para el ejercicio pedagógico ; y, tercero, la oportunidad de practicar la enseñanza con objeto de suplir la falta
de personal. Esto es, los profesores de entonces eran al mismo tiempo maestros y alumnos, hombres que se preparaban
para la instrucción pedagógica y que, horas más tarde, tenían la oportunidad de dar las lecciones que dicta el profesor de banquillo. Así se comenzó la conquista de los espíritus, que fue isócrona a la conquista del desierto. Así comenzaron el ingeniero Martínez y don Serafín Peña a poner
la semilla fecunda que iba a transformar a Nuevo León.

Y puesto que he escogido el símil de la semilla que fructüica, me parece pertinente hablar del roble, que débil en
sus comienzos, conforme pasan los años, se convierte en -á rbol potente y frondoso. De esta manera entiendo la aparición en nuestro medio educativo, de los profesores Antonio
Moreno, de mi dilecto amigo Andrés Osuna, de Arcadio Espinosa Escobedo, de Rodolfo Z. González, del matemático
Félix Escamilla, de Ad6n Villarreal, de J esús Leal Garza, de
Delfina Flores, de Benigno Amaro Domínguez, de Joel Rocha,
joven elocuente 'Y fecundo que de las labores magisteriales
derivó a la industria mueblera y más tarde, hasta su sentida
muerte, presidió el Patronato de nuestra Universidad dando un fuerte impulso creador, que ha continuado en n~estros
días; de Julita Garza Almaguer, del profesor José Alvarado, de Emigdio Villarreal González, de Francisco M. Zertuche, de Celso Flores Zamora y de Juan Guzmán, este último
escenüicador de hechos destacados en la historia de México.
La referencia que antecede está hecha para los educadores que rindieron ya el ineludible tributo. Pero contemporáneos como fueron de varios de ellos y que todavía conservan la existencia, claro está, cargada de r ecuerdos, po1·que e~ el alma de los ;11-filOS modelaron buena arcilla, se puede senalar al benemérito profesor nuevoleonés Plinio D. Ordóñez, respetable por todos conceptos y fundador junto con
el maestro Luis Tijerina Almaguer, de la escuel¡ Industrial
Femenina ''Pablo Livas". Hombre de libros, el profesor Or-

�9

~

dóñez ha escrito obras entre las que destaca su ~toria de
la Educación Pública en el• Estado de Nueo Leon.
Asimismo rindo ho~~naje · al profesor J onás García,
'
. "More1"
maestro de banquillo
y fundad?r del 0 o1eg10
os, , pues
como los hombres ilustres ya citados, el maestr~ Garcia. también. ha cumplido con su deber en gr3:~o heroico, ha~iendo
sido factor importante para la celebrac10n anual del día del
maestro. Por mi parte asocio al nombre del profesor García con los nombres que se perdieron paTa el recuerdo . de
los' hombres con los que tengo que omitir en gracia a la
brevedad; p~ro que, citados o nó, al prepara! a los párv_ulos
que asistían a sus clases, sembraron las inquietud.es que iban
a estallar con motivo de nuestra Revolución.
Tomo .del profesor J onás García el símbolo del maestro
que en nuestro Estado preparó el advenimiento de nuevas
conciencias, como la que andando los años, iba a ser el General Antonio I. Villarreal, precursor de la. Rev~lución, hombre de firmes convicciones sociales, o el muy activo y renombraao don Fortunato Lozano, que todavía vive, después de
haber consagrado lo mejo.r de su vida al magisterio, o como
resultó con el desaparecido profesor Modesto Torres Porras,
que, pese a su juventud, destacó como lucha~or ~n la conquista de prestaciones y derechos para el mag1Sterio de Nuevo · León. Sencillamente, este tipo de la misión del magisterio·Nuevoleonés, .merece el bien de la patria y de Nuevo León,
pues revela los valimientos de sus enseñanzas, al crear las
inquietudes que iban a transformar al país.
No puedo dejar en silencio un caso que me llena de orgullo como hombre y como originario de esta entidad. Es
el caso de Moisés Sáenz, entrañable hermano mío. maestro
nuevoleonés, cuya acción educativa desbordó sus beneficios
por toda la república, pues se preocupó por mejorar y extender la acción de la escuela rural; fue creador e impulsor de
la escuela secundaria, reforma trascendental en la organización educativa de México, ya que la secundaria atiende
a grandes mayorías de educandos, según ha podido ap.reciarse en Nuevo León, que fue, después de la ciudad capital, la
entidad que siguió en la adopción de ese tipo de escuela; y,
asimismo, fue uno de los adalides de la educación del indio.
Lo cito por ser de justicia, aunque con delicadeza fraternal.
Señaló su caso porque como maestro, Moisés Sáenz, honró a
Nuevo León y a la noble profesión del magisterio.
Ahora bien, el perfeccionamiento no podía detenerse y
no se detuvo ; alcancé el honor de haber sido designado por

la ciudadanía, Gobernador Constitucional del Estado de Nuevo León, de 1927 a 1931, período en el cual fue posible que
surgiera la escuela de la· acción brillantemente organiz.a da y
fomentada por el licenciado José Benítez, uno de los más
-preclaros profesionistas que haya nacido en Nuevo León,
Secretario de Gobierno y varias veces en funciones de Go.lJernador, supliéndome en ocasiones, especialmente cuandó
.fuí honrado por el Presidente de la República ingeniero y
-general don Pascual 0rtiz Rubio, para desempeñar sucesivámente la Secretaría de Educación Pública y la de Industria, Comercio y Trabajo, en aquel período presidencial. Ante el recuerdo del ciudadano nuevoleonés José Benítez me
inclino con honda y sentida emoción. Pues bien la es¿uela
activa fue ideada por el ilustre maestro .Andrés Osuna, en su
carácter de Director de Educación del Estado, teniendo como señalados antecedentes haber sido Direetor de Educació~ de la Federación y antes, Director de Educación en el
vecmo Estado de Coahuila, destacándóse como fundador de
la escuela Normal de Saltillo. Del sistema nuevoleonés, el
g!an educador Osuna conservó el método intuitivo pedagóg!co y los principi?s biológicos sociales y políticos; pero trato de hacer par tícipe al alumno, más que en recibir leccio-nes, _en aprender y ejecutar, en ser activo para adquirir su
propio saber.
Para la implantación de esta escuela, hubo necesidad de
perfeccionar a los maestros en ejercicio y los maestros respondieron con elogiable constancia e interés. Por lo demás
la instauración de esta técnica de la enseñanza correspon~
dió a la etapa de mi gobierno de Nuevo· León y por eso enumero con reconocimiento a los maestros Plinio D. 0rdóñez,
Celso Flores Zamora, Salvador Villarreal, Juan F. Escamilla, Giro R. Cantú, José G. García, Enrique Westrup, en suma, a todo el magisterio nuevoleonés de la época que colaboraron empeñosamente en tan interesante cruzada. Y por
e~o! t3:mbién he rec?gido con emoción el informe de que contmua. ~ta~ta co~o mstrumento pedagógico principal de nuestra didactica reg10nal, ya que su persistencia prueba la bondad de la organización ideada por el maestro Andrés Osuna.
La escuela socialista fue preconizada en los días en que
se sostenía en México un debate ideológico. Como toda noved3:d_ agresiva, fue acompañada del escándalo y de las admomciones de los elementos retardatarios. Pero bien vista
la escuela socialista respondía a los términos del artículo
tercero constitucional y a una realidad. E sta consistía en
que la nación ya se había apoderado y debía apoderarse de

�11

10

las conciencias de la niñez y de la juventud mexicanas, porque también ellas son y deben pertenecer a la revolución en
movimiento. De donde la educación debe ser una función
social tendiente a recoger los datos de la sociología a efecto
de que la escuela sea el vehículo encargado de la transformación de nuestra fisonomía económica, política y social.
Negar a la nación ese derecho, es plantear un problema contra la nación, como entidad independiente, dueña de sus destinos y con la indeclinable obligación de conservar esa independencia. También en este caso la lista de los principales
colaboradores se impone, para citar a los maestros Plinio
Ordóñez, Ciro Cantú, Juan F. Escamilla, Oziel Hinojosa,
Rebeca Cantú Ayala, etc., etc.
Desde entonces emergía el anhelo de la unificación con
sentido y amplitud nacionales y vaciar en los libros de texto el pensamiento de México, idea esta que en nuestros días
ha c:istalizado generosamente en el texto único, que si se le
considera como vehículo de integración nacional, por cuanto a los conocimientos universales deben ser aprovecqados
para beneficio del país, y los particulares son unos Inismos,
pues es una la geografía mexicana que deben aprender los
educandos de Nuevo León, como la aprenden los de Yucatán, Chiapas o Sonora, y héroes tienen que ser Hidalgo, Mor~los, Juárez, Madero, Carranza y Obregón en todos los ámbitos de la República y si se comprende así entonces el mal
entendimiento debe y tiene que desaparece;, ya que en ello
va la formación y conservación de la conciencia nacional.
Del manantial del pueblo surgió el profesor Pablo Livas. Fue excelente colegial desde los primeros grados hasta la escuela normal. Como su padre contaba con pocos recur sos, cuando vivió en Villa de Marín hubo necesidad de
que e} j_oven L~vas .alternara estudios
trabajo. Comenzó
su pr1:ctica ma~1sterial a la manera lancasteriana, que le iba
a _abrll" los horizontes de su vocación y ha ayudarlo econó~1c_amente p~ra hacer frente a la situación precaria en que
vivia. En Villa Dr. González se hizo cargo de la dirección
d? _la escuela pública, al mismo tiempo que prestaba sus serV1c1os como ayudante. Nació el 15 de diciembre de 1872 el
señor Livas. Y como maestro lo consideró don Euloaio Flor~s!, quien descubrió en el joven ilustrado y talentoso~ dispos1c10n para el profesorado. Como quiera que en aquellos
momentos c_omenzaba el desarrollo de la reforma escolar.
~ P'.1blo L1_vas se operó la primera parte del programa del
mgen1ero Miguel F. Martínez, esto es, la de la atracción de
los que quisieran dedicarse al magisterio, y de este modo se

y

le dieron facilidades para que llegara a Monterrey a matricularse en la Escuela Normal del Estado.
. Como siempre, alternó trabajo con estudios a fin de satISfacer sus necesidades. El joven Livas, no bien cursaba
el segundo año de la carrera, recibió el nombramiento de profesor_ d~, Metodología ~:neral y Aplicada, materia que siempre sirv10 hasta que deJo' las labores docentes en nuestra entidad. Siendo alumno todavía, se le otorgó nombramiento en
1~ escuela el~ment~l, s_ituada en la "Garita del Sur" ; poco
tiempo despues, fue Director de la Escuela Superior No. l.
En el año de 1897, presentó exámen profesional en la Esc1;1el~ Nor~al de Pr~fesores . de Nuevo León. Togado ya,
dicto su .catedra no solo destmada a los educandos, sino para capacitar a profesores ayudantes, con un destinterés ejemplar. Fue profesor en el Colegio "Hidalgo" ; sirvió sus cátedras en las escuelas normales. En la Academia Profesional para señoritas, substituyó en la dirección al insigne educador ~iguel F. Martínez, cuando éste fue llamado por don
Justo_ S1~rra a la Secretaría de Instrucción y fué Inspector
~e Distrito Escolar, en lugar del ilustre maestro Serafín Pena, c~1; todo lo_ cual definitivamente entró a formar parte
del triangulo ~1guel F. Martínez, Serafín Peña y Pablo Livas, que constituyen los beneméritos y principales educadores de Nuevo León.
. Pues en cátedras, en conferencias, en artículos periodísticos y en los libros que escribió para la enseñanza primaria
normal, quedó acreditada su personalidad de maestro en toda la ex~~nsión de la_ palabra. _E~ de rigor recordar que la
propagac1on de doctrmas pedagog1cas que realizara el maestro Livas, se extendieron a todos los rincones de nuestra entidad y aún a otras partes de la República conociinientos
útiles que se originaban en una práctica constante en la experiencia adquirida desde los años juveniles hast~ la plenitud del maestro, con lo cual la entrega del educador hacia
los escolares y los maestros se hizo completa. Las contingen:ci~s de la gue~r:i, civil lo apartaron de nuestra entidad y
obhgaronlo a residir en los Estados Unidos en donde el 8
de febrero de 1915 en~ontró la muerte; y' desde entonces
come~aron los homenaJes a su memoria, homenajes que se
han ido prolongando hasta nuestros días, hasta este en que
tomamos parte para demostrar la gratitud de las generaciones que le sucedieron.

N? está. fuera de sitio r endir también homenaje a doña
Francisca Villarreal, dignísima y ejemplar esposa del profe-

�12

13

sor Livas, pues a la muerte del compañero de su hogar, abnegadamente afrontó la formación de todos sus hijos, que
han destacado en la vida cultural, social y política de Nuevo
León.

formación y prosperidad, tanto material como educativa, del
Instituto Tecnológico de Monterrey, igualmente, orgullo de
nuestra entidad y bello ejemplo del esfuerzo pedagógico realizado entre nosotros.
·

¡ Qué gran ejemplo para todos los hogares de nuestra
entidad! ¡ y qué cosecha tan meritoria!

Ahora bien, cuando tuve el honor de dirigir los destinos de Nuevo León, desde la iniciación del período antes
mencionado, entre otras obras educativas complementé la
-educación técnica con la instauración de la Escuela Industrial "Alvaro Obregón" . En este punto, mi referencia también es emocionada, pues el maestro don Andrés Osuna, colaboró conmigo en la desinteresada empresa de la educación
de nuestro Estado. Ahora bien, puesto que Monterrey era
ya desde entonces un gran centro industrial, había surgido
la necesidad de establecer una escuela para varones, en
donde se preparan debidamente los futuros obreros de las
diversas indust rias de la ciudad. Por esta razón se instalaron amplios talleres industriales, fundición, carpintería,
modelado, impr enta y encuadernación, automotriz, eléctrico, con todos los departamentos que una escuela de esta clase requiere.

Es singular el honor que se alcanza cuando el nombre
de un maestro se le otorga a una escuela. Este honor se le
ha dado a don Pablo Livas. La fundación del plantel se
debió a los profesores Anastasio Treviño Martínez y Plinio
Ordóñez, creándose primero un séptimo año para las educandas y después la Escuela Industrial, que desde entonces
ha fomentado la cultura de la mujer nuevoleonesa, dotándola de los conocimientos esenciales y prácticos para habilitarla, a efecto de cumplir debida y eficazmente con su misión
en la existencia.
En estricto sentido de la palabra, la escuela "Pablo Livas" es una institución en Monterrey, en Nuevo León, en el
noreste de la República. La idea de su fundación vino a
complementar el cuadro educativo que existía en nuestra entidad. Pues si era cierto que había aumentado el número
de las escuelas primarias, y funcionaban las escuelas "Acero", instaladas por la Fundidora de Monterrey y si, además,
podía contarse a la benemérita Academia Comercial Zaragoza, fundada por los profesores Anastasio Treviño Martínez
y Plinio Ordóñez, el primero más tarde Gobernador del Estado, al~ácigo ele donde egresaron los cientos de trabajadores auxiliares, que requerían los escritorios del comercio la
industria y las oficinas públicas ; también es lo cierto que
el aspecto técnico de la educación no había recibido hasta
esos momentos, adecuada atención. Considérese entonces que
se daba entrada a planos superiores de la educación a la mujer; y por eso la mujer fue bien recibida en la. "Pablo Livas" •
a la vez que la mujer nuevoleonesa hacía honor a su escuel~
y a su misión en la vid~. Desde entonces, los trabajos salidos de las manos fememnas del plantel, han sido el orgullo
de la escue_l3l' y ~e. quienes los hicieron, ornato de Monterrey,
Y. cooperacion e~ici_ente en la economía familiar; que fue precisamente el obJetivo que se persiguió al fundar el plantel.
~o está fuera de lugar que haga una encomiástica refe1;encia al esfuerzo de la iniciativa privada nuevoleonesa que
Junto con los. planteles oficia~es, se ha preocupado por aten~
d!!,r las necesidades de estudiantes que requerían otra atencion. Un esfuerzo que venturosamente ha culminado con la

Pero al mismo tiempo comisioné a la maestra Belem
Garza Chavarría, con objeto de que se trasladara a la ciudad
de México, a estudiar la organización del plantel de la "Corregidora de Querétaro", y después viniera a mejorar el funcionainiento de la "Pablo Livas". En suma, con el plantel
"Pablo Livas" y con la Escuela Industrial "Alvaro Obregón",
se operó un ciclo muy importante en la vida industrial de la
capital regiomontana, ya que la preparación de ocupaciones
técnicas fue iniciada con el fin de satisfacer el creciiniento
industrial de la Entidad, dotando a varones y señoritas, de
armas más eficientes en la lucha por la existencia. Por l o
demás, los casos de planteles como esos, antecedieron a la
preocupación de que ahora muy encomiásticamente han dado
muestras nuestro Presidente López Mateos y su eminente Secretario de Educación el doctor don Jaime Torres Bodet, al
impulsar en el ámbito nacional la capacitación media de las
grandes mayorías.

En este orden de ideas no puedo menos que aludir a las
que, con entendimiento del asunto, ha expresado el profesor
Humberto Ramos Lozano, otro de los educadores de nuestros
días, cuya competencia profesional se reconoce e11t Monterrey y se reconoce en la Federación. Dice el mencionado
maes~ro que la enseñanza -media es ¡¡, veces transitoria y otras
termmal. La transitoria, básicamente, t iende a la forma-

�1lS

14

Sólo el prestigio de maestros Y. alumnos que se fue adquiriendo con el tiempo, con el lento suceder que se ~per3: desde
la adquisición de l as primeras letras hasta las mqmetudes
que producen las altas especulaciones ~el espíritu, puede e~plicar la floración admirable que ha ido de ~a . escuela primaria a las escuelas técnicas y a los establecimiento~ profe:
sional~s, y a esta floración dedico mis palabras emotivas, m1
admiración íntima.

ción de la personalidad del adolescente y constituye el escalón para el arribo a los estudios superiores de la Universidad,
o de las escuelas técnicas profesionales. El mismo profesor
sigue diciendo : El otro aspecto de la enseñanza media, el
terminal, está formado por una serie de escuelas para los
adolescentes que por razones de capacidad tanto económica, como intelectual, no pueden aspirar a ser universitarios.
Para ellos es necesario tener escuelas de enseñanza media
que en plazos cortos, no mayores de tres o cuatro años, puedan capacitarlos para el ejercicio de una subprofesión.

Pues la cultura nuevoleonesa se ha engalanado con nombres de gran valimiento, que forman pléyade, _Pero . de ~os
cuales me limito a citar al doctor Atanasio Carrillo, licenciado Pedro Benítez Leal, directores muy destacados de nuestro
Colegio Civil, y a los maestros in~enie:i:o Francis~? R. Be!•
trán, matemático y profesor de filosofía; a , Emili~ Rodnguez, J oel Rocha, Andrés Osuna, Angel Martmez V~arreal,
médico y significado luchador social ; al po,eta Fra~cisc? M.
Zertuche • y cuando el Colegio se transformo en Umvers1dad,
los casos' de Pedro de Alba, que llegó hasta nosotros, como
antes habíalo hecho el Ingeniero Beltrán, a dejar el legado
de su humanismo ; y el de Héctor González, R ector de la Casa de Estudios que, además de sus labores docentes, nos ha
entregado el libro Siglo y Medio de Cultura. Nuevoleonesa,
registro de fastos y hombres que han honrado a nuestra Entidad• y aún, a modo de preparación, diría yo, de campo de
entre~amiento, que fue la rectoría para el licenciado Raúl
Rangel Frías, que de la benemérita Institución pasó al Gobierno del Estado y se esmeró por hacer honor a sus antecedentes universitarios.

Y agrega brillantemente: "En un ejército, no solamente
deberá haber generales y soldados rasos, sino también los
comandos intermedios. En un ejército de trabajadores que
busca la industrialización de México, se hacen necesarios los
cuadros medios. Estos cuadros son planteles de enseñanza
media terminales". Y de este tipo de escuelas se pueden
ej emplificar los casos de la femenil "Pablo Livas", sólo comparable en la ciudad de México, con la "Corregidora de Querétaro" y la "Alvaro Obregón" para varones. Además, como México registra la necesidad de preparar a su juventud,
más que para las carreras universitarias, para las carreras
técnicas, y la necesidad de la industrialización en el país es
evidE:nte, entonces no sólo habrá de buscarse que haya más
candidatos para las carreras técnicas profesionales, sino
que igualmente haya oportunidad para la formación subprofesional. Insisto, esta es la función que en Nuevo León llenan las escuelas "Pablo Livas" y "Alvaro Obregón" con fecunda vida, la primera desde hace cerca de 40 aiios, y la
segunda, con más de 30 años. Nuevo León destaca señaladamente desde entonces dos escuelas y dos programas.
Ahora, permitan ustedes que aluda al Colegio Civil ante~edente directo de la Universidad de Nuevo León, p;rque
asi completo la perspectiva de la educación en nuestro Estado. Fue el mencionado Colegio, venero de ilustres y competentes profesionistas, que dieron lustre a la cultura nuevol~onesa. Lo ~icieron en el ejercicio de su respectivas profesiones; lo realizaron en la ocupación magisterial a que numerosos de ellos se dedicaron• lo cumplieron asimismo en
la~ múltiples labores q~e requ~ría Nuevo Leó~; y form~ron
pleyade en la R,evolución, los que a la Revolución se unieron.
Deseo patentizar que con los frutos del Colegio Civil se
coronó la acción heróica y modesta del maestro de banquillo
Y. que por_ su limpia ac~ión llegó de pleno derecho a adquirir las calidades requeridas para convertirse en Universidad.

1

Por eso, después de la revista somera que he h ec~o de
maestros y tendencias educativas, debo cerr ar el elogio al
maestro Pablo Livas, ya que la nueva escuela y la estatua
que desde ahora va a presidir las tareas docentes, significan
homenajes merecidos al esfuerzo de un hombre. Es estimulante que estos actos cívicos tengan lugar. Por eso hay que
subrayar que entre nosotros haya personas que, como don
Jesús M. Montemayor generosamente haya donado tan importante suma para la construcción de este nuevo edificio
escolar, que hoy vuelve al sitio original que le dió _vida_ ~n
este mismo acogedor solar de nuestro amado Colegio Civil.
El que sembró, como lo hizo el profesor Livas, vive en el recuerdo de los que lo conocieron, y se ha de proyector a los
adolescentes que renueven los cuadros escolares del plantel.
Sabemos que Pablo Livas cumplió con la alta misión de educar ; de conquistar las conciencias. Los que vengan después
de nosotros, tendrán que recibir la lección de lo que fue Pa-

�16

blo Livas, pues será una cadena la que se forme con los eslabones de la gratitud. Y por eso, igualmente, hay que hacer hincapié en el esfuerzo del señor Gobernador, licenciado Eduardo Livas Villarreal, que al hacr honor a su estirpe
de educadores, desde su alta responsabilidad esforzadamente labora a favor de los maestros de las escuelas, de la educación nuevoleonesa. Cumple así con el deber más fructífero que pueda tener un mandatario de sus calidades, señalando en su período de gobierno un paso firme y alentador en el desarrollo de esta entidad fronteriza, ejemplo y
guía en el norte de México.
Personal docente del Estado de Nuevo León: debo señalar el ejemplo de Pablo Livas, que hizo de su profesión un
apostolado, porque es de esperarse que todos y cada uno de
ustedes, también lo haga. Alumnos todos de las escuelas
nor~ales1 que ahora aspiran a seguir la noble profesión del
mag1ster10, ~ebo destacar ~n Pablo Livas el ejemplo a seguir,
porque su vida fue de desmterés y lucha; y debo exhortados
a conservar la limpieza espiritual que requiere el contacto
con los niños y los adolescentes, ya que sólo así podrán ustedes conqui~tar el reconocimiento por una tarea que sólo se
cumple con mcansable esfuerzo y renunciación.
Rindamos así nuestro sentido homenaje, emocionado, a
todos los maestros, guías y ejemplo de una tarea continuada
y realizada, de los que triunfaron y ya han pagado el tributo
Y a los que tienen la satisfacción y oportunidad de engrandecer y dignificar a Nuevo León, dignificando así a México.
Monterrey, N. L., 21 de marzo de 1963.

NOTAS EN TORNO A TOYNBEE
Gonzalo Herndndez de Alba
Desde hace ya unos días volvemos a encontrar en revistas
y periódicos notas y noticias que tienen como punto central
alguna núeva faceta del pensamiento de Arnold J . Toyll:bee,
de ese discutido, aunque ya un tanto pasado de moda, historiador y comentador de la historia. Del autor de ese monumental intento de síntesis histórica que es El Estudio de la
Historia, que tanta resonancia y polémica despertara en la
década de los cuarenta y que, entre nosotros, continúa influyendo en más de un historiador y en más de un pensador de
la historia. Que, por la simplicidad de fa fórmula que presenta
para la interpretación de la historia global de la humanidad,
fin que se autopropuso, continúa apareciendo como la gran
interpretación que restituye y sitúa las verdaderas dimensiones de la historia y señala las verdaderas entidades, mejor,
la verdadera entidad, del estudio de la historia : la totalidad
cíclica del devenir visto como una auténtica y real tmidad.
No es nuestrO" propósito terciar en la ya vieja discusión
toynbeeana, ni tratar de refutar algunos de sus análisis, ni
señalar las incongruencias que puedan darse en su pensamiento, ni anotar las deficiencias de sus encuadres históricos.
Sobre todo esto ya se han escrito muchas cuartillas. Sino el
tratar de elucidar algunos de los interrogantes que pueden
surgir durante la lectura de su vasto y monumental intento,
atentado para muchos, de explicitación de lo histórico y la
historia.

1
Toynbee sostiene que son "los individuos humanos y no
las sociedades humanas las que hacen la historia humana".
Los raros individuos que realizan el milagro de la creación
social son algo más que hombres, puesto que "pueden hacer
lo que a los hombres les parece milagro, porque ellos mismos
son superhombres en sentido no simplemente metafísico sino
-17-

�18

literal"1. 6Por medio de qué factor logran alcanzar este pri~~giado sitio y lugar estos superhombres?. Toynbee contesta
d1c1endo que ese nuevo factor es la personalidad. Pero no es
ésta una personalidad cualquiera, es la místicamente iluminada
Cuya relación con la masa de la_ humanidad es la misma qu~
se encuentra, guardadas proporciones, entre las civilizaciones
Y las sociedades hll;Ilanas primitivas, -la mentada proporción
de elefante a coneJos, y que como ellas responden a las mismas leyes de "Incitación-y-Respuesta" y de "Retiro-y-Resp~e~ta". Estos superhombres místicos son esclavos de una
misión que no se han impuestó: "se encuentran de inmediato
conque no pueden morir ni vivir por sí mismo; ; que, habién:
dos~ elevado, no pueden descansar en tanto no hayan atraído
hac~a ellas a todos los hombres, porque es para eso que han
vemdo al mundo"2 •
La aparición en el seno de una sociedad de alguno de
estos seres privilegiados "precipita inevitablemente un conf~icto social; la estabilidad que han roto, con su sola presencia, ~o puede producir sino su triunfo o su fracaso, y con él
el trmnfo o el fracaso de esa determinada sociedad"ª. Toynbee recono~~ que 1?-º es siempre _un único individuo el promotor
de la_ creac1on social. En el meJor de los casos ésta se produce
por influencia de una "minoría creadora" a la que da el
sugestivo nombre de "pioner's". Frente a 'los cuales la mayoría de la sociedad queda rezagada salvo que estos ' 1pioner's" escogiten algún procedimiento' para lograr arrastrar
con ellos, en su empeñoso avance, a esa retaguardia social
a ese lastre social, pasivo y remiso.
'
La ley histórica que, según Toynbee cobija el surgimiento
de los héroes es la de "Retiro-y-Respu~sta". Que inevitable~ent_e suele manifestarse de la siguiente manera: a ) Distanciamiento del héroe en ciernes de la vida común de la socíedad a la cual pertenece. b) Fase de aislamiento, durante la
cual se des3:r~olla una labor formadora y creadora. Esta
fase se subdivide en una primera originadora y en una segun~a co;11~t:uctiva. La primera "es una época juvenil de
poes1~ e idilio .. : de fermentación intelectual; la segunda es
una, epoca_ relati~am~nte madura y reposada ... de sentido
comun Y s1stematízac1ón"4 • c) La tercera y última etapa es
1.-El Estudio de la Hlstorla, trad. Lws Grasset. ed. Emecé, Buenos Aires
1951, vol. Ill pp. 250-251.
'
2.-op. cit., vol. m, p. 264.
3.-op_ cit., vol. m, p . 256.
4.-op. cit., vol. m, pp. 387-389.

19

la vuelta a la sociedad de la cual se apartó el héroe para
cumplir con su sino fatídico y creador.
Como claramente se puede observar, no es poco el papel
que asigna nuestro autor a los héroes de la historia. Y a que
aún cuando considera a una minorÍa creadora lo hace no
como si ésta fuera una colectividad social, sino como una
fuerza única y por lo general personalizada. Prevalece en él
el punto de vista carlyleino de que la historia es el resultado
de la acción inmediata de los héroes, llámense éstos caudillos,
conquistadores, reformadores sociales o científicos. Convirtiéndose el resto de la sociedad, porque así lo quieren Carlyle
y Toynbee, en una masa pasiva a la que se debe guiar o,
mejor, empujar.
Desde luego no sólo sería inexacto sino atrevido rechazar
definitiva y totalmente la importancia del papel de las personalidades, los héroes, en el desarrollo de la vida de las
sociedades. Pero afirmar que son los únicos modeladores de
la historia significa, en última instancia, convertirla en una
aventura arbitraria, a lo menos en lo que tiene que hacer
con un punto de vista humano. Así como el admitir que la
persona no desempeña papel alguno en el desarrollo de la
historia implica el concebirla como un proceso automático y
sin mayor sentido. Posiblemente sería más acertado sostener
que es la historia la que modela a los héroes y que es el
pueblo, la masa, la sociedad, la q_ue los crea y los sostiene.
El propio desarrollo histórico, si bien es obra de los hombres,
no lo es de una manera caprichosa. No se encuentra sujeto
al azar de las circunstsancias, sino que está sometido a leyes,
que no dependen de la voluntad de ningún individuo personal,
por más místicamente influido que se encuentre. El transcurso de la historia, en su evolución, va creando nuevos problemas ·y nuevas situaciones que deben ser enfrentados y
resueltos de una nueva manera y por nuevas personas aparentemente más capacitadas que el resto de sus conciudadanos para resolverlos. Estos serían los héroes. Pero héroes
producto de su medio, de sus circunstancias, de su sociedaá
en un momento histórico concreto d e desarrollo. Héroes que
se encuentran sometidos de tal manera a estas mismas condiciones que se ven imposibilitados de dejar de acatarlas si
desean que sean fértiles todos los momentos de su trayectoria.
Ni el héroe ni la sociedad se encuentran separados, existe
una poderosa interacción que hace de ellos un sólo y único
cuerpo, con ideales, metas y ambiciones compartidas. Que
encuentra más acabada y definida expresión en el primero

�21

20

que en la segunda, ya que es éste un ilidividuo que generalmente se encuentra por encima del nivel medio .de su sociedad
.
- ser Jamás
.
es cierto,
pero sm
un superhombre y mucho menos'
algo así .como un profeta_iluminado mística~ente que guía:
~on su _eJemp~o, a un reba?o de h?~bres hacia las metas que
e~ considera Justas. El heroe es umca y solamente la, expresi?n y la realizaci~n, en el mejor de los casos, de un determmado grupo de ideas y de ambiciones que se encuentran
latentes en el s~no de su colectividad. La historia puede
aparecer ?Orno siendo en gran medida el resultado de los
-e~uerz?s -mseparables de ese binomio real que es el puebloher_oe, rnmerso en la realidad histórica pasada y en la verdad
soci_al prese.nte. El tratar ~e explicar de otra manera esté
fenom_eno bien p~e~e conducir _a una peligrosa interpretación
moralista y mes1amca de la historia.
T?ynbee 1:).ega a esta interpretación dada la fuerte influencia que eJerce en él las ideas expuestas por Henri Bergson. ~obre todo por el Bergson de Las dos Fuentes de la
Moralidad Y la Religi6n. Quien en · su personal doctrina sobre
el ~e~arrollo de la humanidad da gran importancia y destacadíslillo lugar al genio. Al que concibe como no siendo ni
el con~uctor político, ni el conquistador ni el científico sino
el ~tic~ _que co~ _s u vida y ejemplo es ~apaz de transformar
una relig1on estatlca" en una "religión dinámica". El hombre
que_ es capaz de convertir una "sociedad cerrada" en una
"ab1ez:t a " : "Es mu~
· ' i1. mantener que ( el progreso) tiene lugar
por ~1 mismo, enfati~a:1;1ente _e~cribe Bergson, poco a poco,
en yrrtnd de la. con~c1on espiritual de la sociedad en eierto
penodo de su h1Ston31- ... la sociedad tiene que haberse dejado
conven~~r, o de_ algun modo haberse dejado conmover; y la
c?nmoc1on es siempre dada por alguien"s. "No es menos
cierto, que las alm~s !llisticas son las que han llevado y llevan
todavia en su movim1ento a las sociedades civilizadas, -apunta Bergson. El recuerdo d~ lo que han sido, de lo que han
hecho se queda ~n. la memoria de la humanidad ... La eficacia
de la llamada tiene el poderío de la emoción que fue antes
provocada y que puede serlo aún"6.
. Bergson al. estudia-r la importancia del genio enfrente al
resto d~ la sociedad se expresa de la siguiente manera. "es
nec~sario un doble_ esfuerzo: un esfuerzo por parte de alguna
persona para realizar una nueva invención y otro esfuerzo
por parte del resto para adoptarla y adaptarse a ella. Una
5. -H¿nrl Bergson, Les Denx Sources de la l\lorale et de Ja Religlon 17
e ., ed. Félix Alean, París, 1937, pp. 333-337.
'
6.-Bergson, op. cit., p. 84.

sociedad puede llamarse civilización tan pronto como se encuentran r eunidos estos actos de iniciativa y esta actitud de
docilidad: El factor indispensaQle que no ha estado en las
manos de. las sociedades incivilizadas no es, según toda posibilidad la personalidad superior .. . Es más probable que ~l
factor que falta haya sido la oportunida~, ~ara los indi~iduo_s
de este carácter, de desplegar su superioridad, y la d1Spos1ción de los demás individuos para seguirlo~"7 • Toynbee al
e~tudiar el mismo punto se expresa de la siguiente µlanera:
"Podríamos decir con más exactitud que las civilizaciones en
crecimiento difieren de las sociedades ·p rimitivas estáticas en
vmtud del movimiento dinámico, y en sus cuerpos sociales, de
personalidades individuales creadoras ; y deberíamos añadir
que estas personalidades creadoras, aún en su mayor grado
numérico, nunca constituyen más que una. pequeña minorí.a ...
Las personalidades superiores, genios, místicos o superhombres
-llámeseles como se quiera-- no son más que una levadura
en la masa de la humanidad ordinaria"8 .
Si se aceptaran las tesis Toynbee-Bergson sobre la importancia del héroe en el desenvolvimiento de la historia
c6mo podríamos dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿ Si
no hubiera nacido un Hidalgo, un Bolívar, un San Martín, un
Martí, se hubieran independizado de la metrópoli las colonias
hispanas t ¿Europa tendría noticias de América si Colón hubiera fracasado!. ¿Si Newton se hubiera dedicado a la explotación de la granja familiar, como quería su madre, se hubiera
podido formular la ley de la gravitación universal r

2
¡,Es lícito llevar la ficción, la mitología, como método a
las ciencias de la historia T
Es cierto e incuestionable que existen unos determinados
problemas que no se pueden explicar a cabalidad sino es tejiendo en torno de ellos mitos, sino .es viéndolos por intermedio de una ficción. Este procedimiento es de lícito empleo
cuando se trata de hacer metafísica, empleando esta palabra
en su sentido más vulgar y ordinario, o cualquier otra actividad que no se encuentre sometida para nada a las leyes y
procedimientos científicos. Puede servir en literatura o para
adornar sermones, pero no creemos que para explicitar
el suceder histórico de las sociedades y de la humanidad.
Toynbee se da clara cuenta de los peligros que entraña este
procedimiento que tantas veces encuentra empleo en su obra,
7.-Bergson, op. cit., p. 181.
8.-Toynbee, op. cit., vol. m. p. 227.

�22

23

y advierte al lector cuando va a dejar de lado la historia por
el mito: "cerremos los ojos, por ahora ante las fórmulas de
la ciencia, para abrir los oídos al leng~aje de la mitología"9.
Parece que sólo hace empleo de él cuando trata de encarar y
comprender mejor alguna rea~dad histórica que se le escapa
p~r el momento, o cuando quiere obtener la efectiva realizac~ón ~e alguna; de las leyes históricas que nos propone. La
hISto~ia, .nos dice muy claram~nte Toynbee, nunca ha podido
prescmdtr de elementos semeJantes a los de la ficción • que
form~ parte de su pec~liar manera de expresión y de aná.lisis.
Y qmere, para aventaJar al resto de los historiadores hacer
uso de ella de una manera abierta y franca a sabiendas sin
temores ni fa~os orgullos cientificistas. fududablement~ es
est~ un proceduniento bien cómodo para trabajar con el ma~er1al que se tenga a la mano, sobre todo cuando se ha baraJado Y se le busca una ordenación a-histórica. P ero no es por
e!l? menos aberrante y paralizante o definitivamente anticientífico.
En las primeras páginas de su obra previene Toynbee a
sus lec~~res _contra lo que llama la falacia patética: contra la
persomficac1ón de factores y fenómenos históricos. Pero
parece que no se da cuenta que él mismo cae en ella cuando
mtenta dar vida y personifica a ciertas fuerzas leyes que
se~ .é~ m~smo, actúan constantemente sobre 1~ vida' y d~
las civilizaciones y las sociedades que en ella se puedan enc?~trar. Toynbee explica la evolución y los fenómenos hist&lt;?ncos c_om? .consecuencia del pecado, de una influencia divma o diab~lica, como resultado del amor o del odio. Cuando
en si! ~~tu~o se enfrenta al espinoso tema de la génesis de
las civilizacio7:1es se expresa de la siguiente manera : "Cuando
una de las cr1at~ras de D~os es tentada por el Diablo, se da
con ello oport~mdad a Dios mismo para recrear el mundo.
El golpe del tridente de~ Adversa:io hace que se abra todas
las fuentes de la gran sima. La mtervención del Diablo ha
llev11;d~ cabo la t:ansición de Yin a Yang, de lo estático a
lo dmamico, que Dios ha estado anhelando siempre desde el
mo~ento _en que . Su estado Yin devino completo, pero que
era un~osible a D1~s lograr por Sí mismo, debido a Su propia
perfección. Y el D~ablo ha hecho por Dios más que esto; ya
q~e una vez q~e Y~ ha pasado a Yang, ni siquiera el Diablo
0 piede imp~dir a Dios que complete Su acto de creao
• e un pruner golpe de vista se puede concluir que
este enfoque es preponderantemente religioso y con un fuerte

ª.

ci;i:,~

9.--op. cit., vol. 1, p. 301.
10.--op. cit., vol . 1, p. 815.

acento moralizante. Más propio de una homilía que de Ull
estudio científico. Tras las fórmulas Dios, Diablo, Yin, Yang
se escudan una serie de leyes propuestas por este autor y que
el mismo difícilmente puede aplicar y deducir. Toynbee ca&amp;,
porque así lo quiere y requiere su propio planteamiento, en
aquello que bien se pudiera llamar la ficción histórica. Quiere
con ello hacer más claro y evidente su pensamiento, pero no
parece darse cuenta de que lo que hace es complicarlo y
obscurecerlo mucho más. Pero no es sólo este el motivo por
el cual se ve obligado a presentarnos conclusiones y explicaciones francamente mitológicas. También lo hace cuando tropieza con algún escollo teórico al que no encuentra ninguna
explicación histórica, antropológica o geográfica plausible o
valedera. Por ejemplo, cuando se da cuenta que la génesis
de las civilizaciones no es un hecho simple sino múltiple, que
debe ser visto como una r elación de factores. En ese momento
Toynbee personaliza las fuerzas y los elementos de la relación,
hace como el primitivo que dota las fuerzas, leyes, de la naturaleza de una alma sobrehumana. Tesis que Toynbee encuentra reflejada en todos los grandes dramas o mitos de la
humanidad, y que de ellos toma los nombres. Así, en el Libro
de J oh se cuenta el encuentro de Dios y el Diablo ; en el
Fausto se r elatan los encuentros de Mefistófeles y Dios. P ero
no sólo de ellos toma los nombres, sino que encuentra que las
pruebas y vicisitudes a que se ven sometidos los personajes
centrales de obras como las anteriores reflejan bajo una forma
mitológica las constantes pruebas que encuentran los hombres
en la historia y las sociedades en su deseo de formar y forjar
culturas.
Los argumentos que de este tipo emplea Toynbee son de
hecho y no de razón, son argumentos teológicos y no lógicos.
Que hacen que se r echacen o desdeñen las explicaciones cientüicas para caer en una interpretación si no arbitraria, a lo
menos forzada de los fenómenos y los datos históricos. Si se
considera que la historia es una ciencia, como en realidad lo
es, los mejores procedimientos a seguir, tal vez los únicos, son
los de las ciencias sociales y no otros. Que con su empleo se
puedan producir limitaciones tal vez sea cierto, pero son las
mismas que se puedan encontrar en las ciencias de fundamento matemático o en las sociales. No podemos creer que
en un análisis científico de la historia, es decir, en un análisis
histórico se requieran otros instrumentos diferentes a los cientüicos. El decir que la ficción es la r ecreación artística de
los hechos del pasado, no es dar nn argumento medianamente
valedero para su interpolación en la ciencia de la historia.
Pero en el caso de los análisis toynbeeanos tiene gran impor-

�25

24

tancia, y.a q.ue permite "el paso del tiempo sin la aniquilación él.el ·.tegmtro'1 11•

3

.,

Nos dice Toynbee. que ·el lapso de apenas más de 6,000
años que cubre el intervalo' é'ritre el surgimiento de las civilizaciones más antiguas, (Egipciaca, Sumérica y Minoica, según
su propia y discutible terminología), y nuestros días debe ser
medido -én u.Iia escala· temporal pertinente, es decir, en términos de las sociedades mismas. Coino. en cada una · de las diferentes civilizaciones no encuentra· Toynliee un número de
generacion·e s sucesivas mayor de tres y si a ello· se agrega
el h echo de no existir sino· veintiun representantes de la
especie civilización12 , se encu entra que la historia es muy
joven, aun e'n términos de su propia escala temporal. Es un
hecho reconocido hoy en día el que la raza humana ha e~stido
•d urante varios centenares de miles de años y que las s·ociedades primitivas son contemporáneas a la existencia del hombre
o anteriores· a él, dado que la vida social es una condición d e
la evoluéión del hombre a partir del subhombre que presupone y sin la cual esa evolución no hubiera podido haber
ocurrido.
Para 'nuestro autor el tiempo histórico es sinónimo del
tiempo que ha transcurrido desde la primera edad de la que
se sabe que ·hayan existido en ella representantes de la especie
civilización: "Las medidas cronológicas significativas son, nos
dice, primero, la razón entre· el tiempo durante el oual la
especie ha existido hasta la fecha y la duración de sus representantes en cuanto indicada por el número más elevado de
gener11cíones que podemos haUar; y, segundo, la razón entre
el tiempo durante el cual' han existido las sociedades primitivas, y desde la data en que, bajo su égida, el subhombre se
transformó en hombre. Si asignamos a la antigüedad del
hombre cer ca de 300,000 afios, se hallará que la antigüedad
de las civilizaciones, muy lejos de ser coetánea con la historia
humana, cubrirá menos del 2% de sn lapso actual : menos de
11,-C(., op. cit., vol. 1, p. 498 y ss.
12.-Estas son: La Sociedad Islámica, formada por la lránica y la Aráblca,
productos de la desaparecida Siriaca. La sociedad Indú, filial de la
Indica. La del Lejano Oriente, engendró de la. Siriaca. La. Indica filia.! de la Sumér!ca, la. Hitita y la. Babilónica.. La. Helénica., heredera
de la Mlnolca. En América se encuentran cuatro sociedades identl!lca.das: la Andina, la Yucateca, la Metica.na. y la. Maya. La. sociedad

Crlstlapa Ortodox:a. con sus divisiones en Ortodoxa-Bizantina y Ortodoxa-Rusa. La del Leja.no Oriente, subdividida en China. y . Japo• .. ' neaa.-Coreana.. Finalmente 11\ Eglpclaca, que no tuvo sucesores nl ft'liaclón alguna.

6-000 , años e¡¡tre 300,000. En esta escala temporal, la vida de
n~estras veintiuna civilizaciones -distribuídas sobre más de
tres generaciones de sociedades y concentradas. e!1 :menos de
una quincuagésima parte de la vi?a ~e. la humamdad- de~e
ser considerada, en su enfoque filosof1co, como contempoTaneas entré sí"13.
Es un hecho cierto qu e; el tiempo histórico por excelencia
es el que tiene. como principio la existen~ia de ~a. primera
sociedad humana evolucionada de que se tiene noticia por, la
exístencia de r egistros u otras fuentes fide?ignas. Es t~mb~~n
uñ heeho vetidico e inobjetable que la primera orgamza~non
de este tipo surgió- hace más .de 6,000 años. Pero lo_qu~ ~o
está tan-comprobado es el limitar el campo del estudio h1storico a estos pocos milenios. La Histor~a, entendida en _su
s.entido más amplio y pleno, no puede n_1 d_ebe _verse r estrrngida a un tan reducido período. Como ciencia que es del
desarrollo humano en el sentid() &lt;temporal, debe e&amp;tudiar todos
los factores que hicieron posible los diferentes ~s.tadios so_ei~les de la humanidad. Está en su campo el .estudiar la,prurutiva ha.cha de sílex y la bomba· atómica, los dólmenes y los
rasca-cielos, la pietografía rupei,tr e y el moderno a1J:a1?eto.
En fin todas las manifestaeiones humanas tanto materiales
como e'spirituales. Si bien es cierto, que al hacer esto invadirá campos de otras ciencias, sociales y natu_rale~, no h8:Y:,que
olvidar que por algo suelen ser llamadas c1enc1as auxiliares
de la Historia. De la Historia e&amp;n mayúscula, no de la mera
acumulación de datos y su descubrimiento, para ésto basta
con· la historiografía.
•:Un fenómeno, según nuestro historiador, puede ser único
y en consecueneia incomparable en algunos aspeetos, en tanto

que en otros. puede ser miembro de una clase y, en consecuencia, comparable con. otros fenó';Ilenos de su misma es:pecie Y
naturaleza. "La zoología, escribe Toynbee en una cita por
demás interesante y sintomática, incluye en su campo de estudio comparativo al animal llamado hombre; pero domo este
animal fue gregario antes de tornarse humano, de modo qne
la humanidad no pudo existir ni puede ser estudiada excepto
en su contorno oficial, queda lugar además, evidentemente,
para un estudio comparativo de las sociedades humana~, que,
sin ser creaturas vivientes, son manifestaciones de la vida ...
Además si llevamos a cabo una investigación empírica de l os
nechos de la vida humana tal como se manifiesta en las civilizaciones damos efectivamente con un elemento de regula-

'

13.--0p. cit., vol. 1, p. 202.

�26

27

ridad y recurrencia, es decir, un aspecto al que se puede
aplicar el método comparativo de estudio. Este elemento es
particularmente importante en el tiempo presente de la vida
de aquella civilización que nos toca ser miembros a nosotros
mismos. En tanto que nuestros historiadores de occidente
están discutiendo la posibilidad de llevar a cabo un estudio
comparativo de los hechos históricos, nuestros hombres de
negocio de occidente están ganándose la vida constantemente
mediante un estudio comparativo de los hechos de la vida que
los rodea. El ejemplo perfecto de tales estudios comparativos
con fines prácticos es la compilación y el análisis de las
estadísticas sobre las que s-e basan las operaciones comerciales de las compañías de seguro ... Ahora bien: si, en la práctica,
un estudio comparativo de los hechos de una civilización determinada está siendo llevado a cabo con efectos tales que
operaciones comerciales basadas en. él rinden provecho, mientras que operaciones del mismo tipo que pasen por alto llevarlo a cabo resultarán probablemente en pérdidas, esta es
seguramente una prueba concluyente, y a decir verdad superabundante, de que es teóricamente posible un estudio compar~tivo de estos hechos. Así, los hombres de negocios de
occidente avanzan por donde los sabios occidentales temen
p_isar; y en esta ave1;1tura al menos, no tenemos por qué vacilar en marchar guiados por nuestros amos de los últimos
tiempos"14•
. . !'o~bee expre~a claramente que el hecho de que una
civ1hzaeion tenga vida propia, como los organismos vivientes
no solamente no impide sino que hace posible el efectuar entr:
esta y ot~as civilizaciones todas las series de comparaciones
que se qmeran. En todos los organismos vivos se encuentran
una~ ~eries de hechos, situaciones y circunstancias, como el
nf:CIIDiento, en el que puede variar su causa, por reproducc1on sexuada o no, su fecha, y como éstos otros múltiples factores. Al estudiar un determinado número de ellos se puede
ll~gar a formular . algunos rasgos semejantes para los individuos de una misma especie, que pueden ser extensibles
para miembros de otras especies totalmente diferentes. Pudiéndose llegar por este camino a predecir acontecimientos
que muestren alguna relación con los casos estudiados anteriormente. ':('al es el caso, _por ejemplo, de las llamadas leyes
de la herencia, que por prIIDera vez fueron estudiadas en vegetales y hoy en día se aplican indistintamente a todos los
seres vivos. No olvidemos que los "organismos históricos"
las sociedades y las culturas pasadas, difícilmente pueden se;
14.-op. cit., vol. l , pp. 205-208.

vistas como viviendo plenamente. Lo que de vida teng~n,
propiamente no les pertenece, no les es plenamente propia :
se las estamos constantemente otorgando al buscar, en nu~stro presente sus reminiscencias en nuestra cultura y sociedad. Por : no es bien difícil que una noción biológica . t~n
especializada como la que propone Toynbee pueda sumllllStrar la clave para una correcta comprensión del desarrollo
de la historia. En este último planteamiento es posible volver a encontrar una fuerte influencia del pensamiento de
Bergson en la concepción de Toynbee. Especialmente del
Bergson de la Evolución Creadora.. Influencia__que se . n~s
vuelve a hacer patente cuando estudia la relac1on del md1viduo y la sociedad y cuando expone sus predicciones sobre
el futuro de la humanidad y de la cultura de Occidente.
Si bien es cierto, la historia es el resultado de la vida
pasada, muerta, de la humanidad y que, por, t3:nto, _existe ~n
ella una gran cantidad de datos que, en última 1DStancia,
corresponderían al número de los individuos que han formado parte de ella. Apareciendo como necesario el empleo
de un método estadístico y de muestreo para no perderse en
una maraña de hechos de mayor o menor validez. Estudio
que permitiría la formulación de l eyes estadísticas probables,
valederas para conglomerados de individuos pasados, presentes y futuros, así como para la predicción de acontecimientos
Pero sobre qué versarían esas leyes: sobre los hechos constantes de la vida de los hombres pasados y presentes. Sobre la
posibilidad de su nacimiento y la seguridad de su muerte y
otros datos semejantes que, francamente, no aclaran el hecho
histórico. Además, en el estudio que hace Toynbee, y como
él mismo lo ha expresado, los individuos son las civilizaciones, cuyo número, veintiuno, no es lo suficientemente amplio
y variado como para. poder ser tratado de esta manera y
según este método. No es posible con sólo veintiun casos
formular conclusiones semejantes a las logradas por "nuestros hombres de negocios de Occidente". El margen de error
sería demasiado grande y, por tanto, muy peligrosa su aplicación práctica. Ninguno de nuestros "modernos amos" arriesgaría un centavo en una especulación basada en tan pocos y
escasos datos estadísticos. La afirmación que hace Toynbee de
que "todas las civilizaciones son fundamentalmente contemporáneas" significa, en última instancia y término, que no
existen diferencias radicales entre ellas. ¡,Negación de la
historia t Así lo parece. Lo que es mucho más seguro, es
que este concepto "filosófico" fácilmente puede llevar hacia
una visión definitivamente pesimista de la historia, y a la
Spengler, y negativo frente al futuro desarrollo de la huma-

�28

f_iera
dad. Pesimismo: del que se salva Toynbee por 1 que se pullamar ·un acto de f~ con respecto al porvenir de Oc0·

cidente Y su futura expansión y predominio sobre el resto de
las culturas que aún se dan en nuestro mundo.
.Así. pues, encontramos en el trasfondo de Toynbee dos
concepciones, dos puntos de vista y dos actitudes no completame?-te separadas. En él se conjugan un científi
P:,ed1~ador moral. Un científico, en el ensayo de in~~rffre:
cion e l?s hechos. Un predicador, en sus conclusiones y en
la mayor1a de sus planteamientos y en la esperanza mítica
que trata de presentarse y presentar al hombre actual p _
ro, i cual d~ la~ _dos actitudes prima y En todo caso no p e_
ce ser la c1ent1f1ca.
are

'.'I

NOTAS SOBRE EL TIEMPO EN DESCARTES
Hugo Padillfl
1. El tiempo en general.
.Abre Descartes su Meditación Primer.a con una . alusión,
bien conocida, al tiempo. Habla del tiempo que ha transcurrido desde que se percató de cuántas opiniones falsas había
admitido como verdaderas en la primera edad de su vida, y
de cuántas ideas dudosas había construído sobre .aquellas.
Señalamos ~sta expresión porque ella ejemplíiica· la- especie
de otras muchas que aparecen a lo largo de los iextos cartesianos. La alusión al tiempo, en muchos de ellos, ni siquiera en directa ("hasta hoy", "la meditación q\le l\ice ayer"),
aunque no puede negarse, a más de ser obvia, su relaeión
con el tiempo. La comprensión de esta especie, por otra
parte, no entraña nin~ tipo especial de dificultad. Per•
tenece al dominio de todo mundo. El modo en. que se alude
al tiempo en estas expresiones pertenece a la esfera del habla_cotidiana. Bien se puede .d ecir que es un hablar con el
concepto del tiempo, pero no un hablar del tiempo o acerca
de él. Apuntamos lo anterior para hacer una delimitación
entre dos campos: er del uso del concepto tiempo y el de la
investigación sobre el inismo. En este trabajo, nos circunscribiremós a aquellos pasajes en donde 1as ideas de Descartes atañan no al tiempo vivido por el filósofo, sino· 'a su pensar teorético sobre la naturaleza o el concepto d el tiempo
mismo.
·
' Dentro de este último• marco, es necesario hacer una primera distinción. Aparece ésta en cuanto nos percatamos de
que Descartes distingue el tiempo como modo de pensar y
el tiempo como modo de una sustancia. Para Descartes, modo significa cualidad o atributo1 . Cualidades y modos, en
1.-Prlnc., I, LVI.- Dice: "Y aquf en verdad entendemos por modos lo
lo que en otra parte por atributos o cualidades".

-20-

�30

81

tanto que "ínsitos" en una sustancia son llamados atributos2.
Esto parece querer decir que el modo como atributo no equivale, sin más, a accidente. . Antes bien el término "ínsito"
que uti!iza Desca!tes cuando- cualidades' y modos pasan a la
caJe~or~a de atributos, revela una conexión más estrecha,
mas m~a, entre la sustancia y algunos de sus modos. Por
esto nusmo, se les prefiere llamar atributos. El atributo
aparee~, dijéramo , como un modo escencial de la sustancia~
El atributo, en tanto que ínsito acompaña a la sustancia
co~tantemente. L~- existencia acompaña a la cosa (res)
existe~te; la durac1on, a la cosa durante: la existencia y la
duracion a las cosas existentes y durantes. De esta manera
puede d_ecir Descartes que "la existencia y la duración en l~
cosa existente y durante, no debe ser llamada cualidad o
modo, s":10 atributo"3 • • La duración y el tiempo aparecen
como atributos correlativos. El tiempo de las sustancias es
su d~ación. En este sentido, el tiempo es un modo ínsito
º. atributo de las sustancias que duran. Tan ínsito está el
tiempo en la ~fstancia, q~e la relación entre el uno y la otr a
e~ 1:1118:, relacion ontológica. Sólo se puede establecer una
distmc1on entre ellos por la vía de la razón4 . considerados
en sí, apar ecen siempre unidos. El pensar 'sería también
para Desc~rtes ~ _atributo del yo, tan ínsito que el filósofo
pued!'l d~cu- que s1. ce_s~se por completo de pensar cesará al
propio tiempo de existir 1 (la esencialidad del pensar con respe_cto al yo es contravertida posteriormente por Locke quien
afirma que el_ pensar no es una esencia, sino únicamente una
de las oper8:c1ones del alma - Ensayo sobre el entendimiento
humano. Libro Segundo, Capítulo Primero,10).
Pero hay otra manera de concebir el tiempo en Descartes .. Esta es: en tanto que medida de la duración. En este
~en~ido el tiempo vers~ sobre 18: duración (o el tiempo) que
inluere en las sustancias. Es simplemente una medida una
11!,anera _de. cuantificar, un patrón, un metro. Para medir el
!ie~po msi~o se echa mano del tiempo, en última instancia
msito también de los movimientos "máximos y más regulares"5 .. Se hecha mano de la duración de los años, los días,
los minutos. Esto nos muestra claramente al tiempo en el
2.-Ibfdem.
3.-Ibldem.
4. -Ibld., I , LXII. Dice: "Como t&lt;X:la sustancia deja de ser si deja de
durar, solo por la razón se dlatlngue de su duración". Ea bueno
observar, ahora, que Descartes habla de toda sustancia Eato como
se verá, conec_ta con la ldea de la temporalidad en · Dios que se
tratará en el ultimo Inciso de este trabajo.
5.- Iblil., I, LVU.

segundo de sus sentidos, esto es, en. cuanto modo del pensar.
Se ve así que este tiempo n o modifica en nada ª. _aqu~l otr o
ínsito en las sustancias, nada añade a la durac1on, mcluso
a la duración ínsita en los movimientos máximos y más r egulares. Nada, excepto un modo de pensarla6 •• Revela, s~
embargo que el tiempo inherente a las sustancias es _cuantificable.
Dada esta última car acterística, el tiempo se le aparece a Descartes como un dato que no puede ser pue~to ~n
crisis con la hipótesis del sueño empleado en las Meditaciones. Se debe recordar que, por cuantificable, el mundo de
la Geometría de la Matemática7 , sólo podrá ser desconectado por mea'io de la radical hipótesis, metafísica de un "Genio Maligno".

2. El Instante y la. Casualidad.
Según la concepción cartesiana, el tiempo es algo fragmentado. E s una descontinuidad, no un todo. No fluye
de manera continua, sino por instantes. Para lograr una
noción de lo que es el instante en la . filosofía de Descar tes,
es conveniente observar dos referencias en donde se alude
a ello:
a)". ..punto mínimo del t iempo que llamamos instante . .." 8 .

'
. t ant e.. ."9 .
b)"...en muy breve tiempo,
y como en un ms
El instante, pues, se determina como un punto mínimo
del tiempo, es un breve tiempo. Pero, cabe la pregunta acerca de esa magnitud mínima que presentan los puntos temporales acerca de la brevedad de ese tiempo que Descartes
llam~ instante. Es claro que el filósofo no puede haber cometido el burdo pecado de caracterizar .ese breve ti~~po,
o punto mínimo, por medio de una ~edida que admit~era,
a su vez subdivisiones. En rigor, el mstante es la unidad
ontoló&lt;&gt;ic~ del tiempo, ella misma sólo captable por medio
de un: intuición. Principalmente por la intuición privilegiada que revela la apodicticidad del ego cogitans en el mo6. -Ibí dem.

7.-l\Jeillt. la. Entre las cosas simples que aparecen como indubitables,
se está sofiando o no, Descartes cuenta el tiempo
8. -Prlnc., Ill, LX.lll.

9. -lbhl., m, CXI.

�S2

mento de captarse a sí mismo 10. No parece haber otro modo de aproximarse a la comprensión del concepto del instante. Descartes, por otra parte, sin duda juzga que la noción
de instante es lo suficientemente clara y distanta como para
no requerir un tratamiento específico. Tal vez podría decirse
que el instante es el momento del intuitus en general,
y no sólo del intuitus de si mismo. El instante de la captación clara y distinta de cualquier cosa, no parece diferir, en
cuanto momento temporal, del in stante de la captación del
propio ego. Habría, ciertamente, diferencia por el objeto,
no por el tiempo.
'Cada uno de l os momentos o instantes del tiempo es absolutamente independiente respecto a los demás. Esto hace que no sea posible establecer una casualidad entre ellos.
Y si funcionase algún tipo de casualidad, esta tendría que
ser por fuerza de carácter trascendente en cuanto a la serie
de puntos temporales. En efecto, existe una conexión ent re .los instantes de la durallión de una cosa. Pero la causa
de esto no es inmanente. No obstante, hay que notar que como cada una de las partes del tiempo es independiente, es
decir, que como entre ellas no hay dependencia r ecíproca11
ne opera el concepto tradicional de potencia. En el insta.nte
A. no está encerrando en potencia el instante B. Ni el instante B es la actualización de una potencia que hubiera estado radicada en el instante A.. Cada instante es autónomo:
es un hecho que no depende de la cauda temporal de tiempo
pasado a la cual se añade. Pero también vale la pena observar que si un instante no es causa del instante posterior
ni efecto del anterior tampoco entraña en si la posibilidad
de su desaparición. Surge de hecho y de hecho pasa; de
hecho aparece y de hecho cede su lugar al instante siguiente. La causa de todo esto, como veremos más adelante, tiene su origen en algo trascendente al tiempo mismo.
P ero lo que la tesis instantanefata de D escartes postula,
vale no sólo para los momentos de la duración de las cosas
extensas o del mundo material, sino también para la res
cogitans. Y , últimamente, para la verdad.

A. A.rnauld no parece haberle gustado mucho que tal
concepción de la naturaleza del tiempo tuviera validez para
10.-lbld., I, vn. " ... Repugna Juzgar que lo que piensa, en ese mtsmo
instante que piensa, no existe .. . "
11.-Ibid., I. XXI. Dice: "La naturaleza del tiempo o de la duración de
las cosas ... es tal, que sus partes no dependen rec(procamente de si
y nunca existen al mismo tiempo".

33

el mundo del espíritu. Aceptaría, acaso, que funcionara
dentro del ámbito de las cosas extensas. A.sí se lo hace saber a Descartes en una comunicación12• Este le responde, sin
embargo, que en cuanto a la cuestión de la temporalidad, no
hay privilegios del espíritu sobre las cosas materiales13 . En
verdad, con esto, Descartes sostiene con ver dadera coherencia su propia postula.ció~.

3. El Tiempo en el Cogito
La res cogitans, como toda sustancia, implica una duración o una per manencia en el tiempo14. Esto quiere decir
que el ego como sustancia (res) transcurre a lo largo de y
por cada uno de los momentos temporales. Evidentemente,
también los pensamientos, las cogita.tiones del yo, tienen
una manifestación temporal ya que el pensamiento es el
atributo de la sustancia p ensante15. La distinción que se
hace entre sustancia pensante y p ensamiento, no impide ver,
sin embargo, que el enlace entre ambos es tan estrecho que la
sustancia sólo se revela por su atributo. Es de notar, con
respecto a esto, que Descartes no llama accidente o modo o
cualidad al pensamiento, sino precisamente, atributo. Esto
es, el pensamiento está ínsito, inhiere en la res pensante. Por
esto, el p ensamiento hace patente la existencia de la sustancia,
de la cosa que piensa. El pensar como atributo y el existir
del ego, como sustancia, se manifiestan pareja.mente a lo largo de la temporalidad. Duro. dice Descartes, "todo el tiempo que dure mi pensar" 16. El tiempo de la sustancia es el
mismo tiempo del atributo.
Pero,· ¿ de dónde surge, o cómo, la idea misma de duración f Ante todo se debe recordar que duración y sustancia
durante sólo pueden ser distinguidas por la razón. Y al
ser el espíritu, la sustancia p ensante, más fácilmente cognocible que cualquier otra cosa o sustancia17 , es de esperarse
que la duración sea captada en ella más originariamente que
en cualquier otra sustancia o cosa. En efecto, así lo afir12.-Carta del 3 de Junto de 1648, v. 18817 - 1895.-Tomado de Hamel!n,
El sistema de Descartes, Losada, Buenos Aires, p. 233.
13.-Carta del 4 de Junto de 1648, V, 1939 - 21.-Ibldem.
14.-Cfr. la nota 4.
15.-Medit. 2a. Dice: " .. .Encuentro que el pensamiento es un atributo
que me pertenece ... ".
16. -Ibldem .
17.-Tesls de la l\ledlt. 2a., passlm.

11

�3ó

34

ma Descartes18• La idea de duración, pues, brota primariamente del hecho de que el propio yo dura. Al mismo tiempo, como la duración conviene a toda sustancia su idea puede transferirse a toda otra cosal9.
'
Se ha apuntado que la concepción cartesiana de la temporalida~ . es ?JlStantaneísta. Y también que el espíritu no tien_e pr1vileg1os, en cuanto al tiempo, frente a las cosas materiales. Esto hace ver que los intantes de la vid¡1. del yo no
están en. rela_ción de dependencia unos con respecto a los
otros. Cada mstante es independiente en relación a los demás y aparece de hecho. El ser entero es un hecho en todos
Y cada uno de sus momentos. Ninguna porción del ser extenso o pensante escapa a esta condición. No hay causalidad inmanente ni en la esfera de las cosas extensas ni en la
esfera del espíritu20. La existencia de la sustancia pensante
no ~s c~usa de sí misma, ni respecto a su surgimiento originario n1 respecto a su permanencia en el tiempo.
. Hay una absoluta autonomía en los instantes que con~tltuyen su duración : "el tiempo de mi vida -dice Descartespuede dividirse en una infinidad de partes, cada una de las
cuales no depende en modo alguno de las demás"21 . Si la
vida del ego no depende de sí y sin embargo, se presenta como una y la misma vida - y la duración de una sustancia
no deI_&gt;e~de tampoco de sí- entonces la causa que engendra
el nacimiento y la permanencia dentro del tiempo de las sustancias tendrá que ser trascendente a las mismas.

4. Permanencia en el Tiempo y Creación Continua.
Digamos de una vez qué es lo que conserva a las sustancias en el tiempo: el concurso efectivo de Dios. Esta conservación, para Descartes, equivale en verdad a una creación
contínua. La distinción que pudiera establecerse entre crea18.-Medit. 3a. Dice: " ... Cuando pienso que ahora existo y recuerdo
a~emb, haber existido antes y concibo varios pensamientos, cuyo
numero conozco, adquiero las ideas de duración y de número, las
cuales puedo transferir a las demás cosas que desee".
19.-Cfr. la nota anterior.
20.-Prlnc., I , XXI. Dice: " . . . Del hecho de que ya somos no se si sigue
que también seremos un instante después .. . ". En las Meditaciones
(Jlledlt. 3a.) dice: " .. . Porque yo haya existido un poco antes, no es
necesario que deba existir ahora ... ".
21.-Medlt. 3a.

ción y conservación, sólo es un modo de pensar22 -igual que,
como vimos antes, la diferencia entre sustancia y duración
solo era establecida por la razón. Esto sucede con respecto
a todo sustancia23 ; por ello, vale también para la propia res
cogitansZ4. Conservación es reproducción, re-producción, recreac10n. En una palabra, la permanencia de una sustancia
en el tiempo requiere un proceso de creación contínua.
La idea de la creación contínua, por otra parte, es fortalecida con el apoyo de la autoridad de metafüdcos y teólogos25_ Es decir, Descartes trata de hacer ver que su idea
no entraña, en rigor, una aportación innovadora, sino que se
garantiza dentro del pensamiento tradicional mismo.
Pero no sólo la sustancia creada -ya podemos adjetivar
así- es sostenida fuera del seno de la nada por la creación
contínua de Dios. Todo depende de El para Descartes; todo
permanece y dura en el ámbito del ser por obra de la acción
divina de conservación. ERte todo engloba a la verdad como una de sus partes. Por tanto, la verdad depende de la
divinidad26_ Y, además entre el ser y la verdad no existe
en el fondo una gran diferencia27 •
Dice: " ... La luz natural nos hace ver claramente que la
conservación y la creación no difieren sino en nuestro modo de pensar y no efectivamente".

22.-lbídem.

23.-lbidem. Dice: " ... Una sustancia para conservarse en todos los momentos de su duración, necesita del mismo poder y la misma acción
que sería precisa. para producirla y crearla de nuevo, si no lo estuviese ya ... ".
Dice: " ... Del hecho de que ya somos no se sigue
que también seremos un Instante después, no ser que algo, precisamente lo mismo que nos produjo, no nos reproduzca en cierto
modo, es decir, nos conserve".

24.-Prtnc., I, XXI.

25.-Dtsc. del método, 5a. parte. Dice: " ... Es cierto - y esta opinión la
apoyan generalmente los teólogos-- que la acción por la cual Dios
conserva al mundo es la misma. por la cual lo creó...". Otra referencia la encontramos en Rep. aux Ses. ObJ., C. II, 272s. -Tomado
de Hamelln, op. cit., p. 316N; dice: "Cuando negáis que para conservarnos no necesitamos del concurso y del ln!lujo continuo de la causa. primera, negáis algo que todos los metafísicos aceptan como muy
manifiesto .. . ".
26.-Rep. aux Ges. obJ., c. U, 353. -Tomado de Tamelln, op. cit., p. 241.
Dice: " ...No hay orden, ni ley, ni razón de la bondad o de la verdad que· de El no dependa".
27.-MedJt. 5a. Dice: " . . . Es bien evidente que todo lo que es verdadero
es algo, siendo la verdad y el ser u~ mtsma cosa ... ".

�3'7

86

Implanta Dios el ser ·y también las leyes del ser "como
un monarca implanta leyes en su :reino"28. . Dios crea la
verdad y 1a sostiene a lo largo del tiempo en cuanto tal.
En tanto que originada en Dios, la verdad e.s una verdad. dependiente, porqu~ no implanta Dios lo que i:m,planta porque
sea verdadero, smo que . es verdadero porque lo implanta29.
Vemos, co_n .esto! cómo 1~ idea car~e~iana de Dios lo postula
como lo un1co mdepend1ente, lo umco absolutamente libre:
orige:Q. del ser y la verdad, causa de las sustancias y conservador de ellas.
•
: · Sin em~argo, convendrfa también hacer hincapié : en
ciertas cuestione¡; relativas · al problema gnoseológico en Descartes. Es sabido que el criterio de verdad radica en la
filosofía cartesiana, en la claridad y la distinció~ao_'· Es
verdadero aquello que se presenta a la conciencia al yo
com_o . c 1 a ro y d is ti n t o.
Por otra parte, io clar~
Y. distmto se presenta al yo, en la intuición, no por partes,
SlllO de golpe, "a la vez", dice Descartes3 i. Pero la intuición
aparece en contraposición a la deducción. En esta últi~a el
espíritu req~iere de un cierto movimiento· y; 'justamente por
e~lo, se la (hstingue de la intuición32 . En _los procesos deductivos ~e h~cha mano de la ,memoria, pues el que ·sean procesos_ unpl~ca un mov~ie~~~ de la conciencia y, por ende,
un distanciarse de la mtwc1on dada en un determinado instante. La·_ memoria adolece, por su parte, de un defecto~
es "fugaz y débil"33 . En vittud de estiY le parece necesario
a Descartes que, una vez concluída la deducción · sea recorrida ella en todas sus pa~es, otta vez y "de prisai'34. ~-e pue2s.~carta a Merse'nne del 15\1e Abril de 1630, I, 1455. -Tomado· de Hamelln, op. cit., p . 242. Dice: "No temáis, os ruego, asegurar y proclama_ en todas _partes que Dios fué quien implantó, esas leyes (las
verdades eternas) en la naturaleza, asi como u_n monárca implanta
leyes en su reino".
29.-Carta a J\lersenne del 6 de Marzo de 1630, I, 14_¡121s. ~ Tomádo de
Hamelln, op. cit., pp. 241-242N. Dice: " ... En cuanto a las 'verdades
eternas vuelve a repetir : solo son verda!lera~ . o posibles porque Dios
~ conoce como verdaderas o posibles; y no que Dlós las conoce como
verdaderas, como si f,uesen verdaderas ludependlehtemente de "El. ..
por eso no hay que. decir que aunque Dios no existiera, ·e sas verdades existirían "
·,
30.-Cfr. ·Prlnc., I, XLIIl, XLIV y XLV.
31.-Reglas, XI. Dice: " .. '. ~,qgimos dos cqndlclonés par'a. IÍ~r lñtulélón de
la mente, a saber: que la proposición sea entendida. ciará-y· distintamente Y, a.demás, toda a la vez y no sucesivamente".
·
·
32.-Ibidem. Dice: "Pero la deducción. . . no parece que se haga toda ,a
la v:ez, sino que Implica cl1:rto movimiento de nuestro espiritu que infiere una cosa de otra, y, por eso, alU, con razón la distinguimos de la
intuición"
·
'
33.-Ibidem. .
34.-Ibi&lt;lem.

de ·observar.;,así, que se trata de tener del todo .del proceso igual
modo .de captación que,. el · ténido . para cada uno de sus pasos. ' N-o .se trata de intui.t: cada, ·paso y conservarlo en 1~ memoria. Antes bien se -trata de .u n·'1intuyo todo a la. 'Vez"35• Pero
la v;er..dad obtenida por. medio ·de.la intuición -u obtenida de
la deducción, en el modo .descrito-, ¿J10 tendría que pasar
a· la .memotia, .forzoslitnente ,dada la •_constitución tempor~l
misma. de la res cogita:os?· Es evidente que sí. Pero, , ·.entonces ·¿ qué. es lo que puede ·garantizar .que lo una'•vez . captado ~omo verdadero ·:vaya a seguir siéndolo . en el futurp?
La respuesta se adivina ya: .Dios. Dios es la garántía tde
la. permanencia de la verdad en el tieml?º· Per_man~:qcia •,ó
dmación en el seno· del ser, no debe olvidarse, llllphca una
creación contínua. En ·última instancia, debido a la ·r.elación que establece Descartes entre la verdad .Y la perm~n~?-cia de- la misma en el tiempo, resulta ser Dios la cond1c1on
de posibilidad de la ciencia misma36.
Es claro por lo anterior que la 'idea de , creación contíriúa_áesempeffa, pues, un alto papel no sólo en cuanto a la~
sustancías creadas, sino también el!:. cuanto a la v.erdad, s1
no' ~ust.ancia, si' creatura.
.
5. . l!l · Tiempo e.i l Dios.

. ;La brev~ exposición de lo .,ant1:n·ior . casi obliga a la. c-~riosidad a preguntarse por la te.mporalida~ de 1~ sustan¡l1a
por_ excelencia, por la temporalidad de Dios ?1~1&gt;mo. ~sta
sustancia . por otra parte, sólo 'puede ser entendida, afirma
Descarte; ·de un modo analógico.
- . El -adjetivo , temporal que conviene a DÍQfi es, evid_eµtementé, . el de eterno. Dos citas de textos car_tesianos serán
suficientes al respecto :
•a ) ;" ...consi:deran·do su idea (la de Dios), ingénita, eh
, nosotros, vemos que es eterno. . ." 38.
b) " ... realmente existe (Dios) ...y ha sido des~e toda
la eternidad• porque la luz natural hace ver bum.. cla' ro que lo q~e puede existir por sus propias fuerzas
existe siempre"39.
35.-Ibidem.
86.-Medlt. 5a.

Dice: " ... SI no supiese que hay un Dios nunca buscaría
una ciencia verdadera y cierta, sino sólo opiniones p~o concretas e
inconstantes".
37,....:...Cfl'. Prlnc., I , LI.
38.-Prlnc., I, XXII.
39.-Rep. aux l.ers. obJ.; e, I , 394. -Tomado , de "Hamelln, op. clt.,-·p. 234\

�38

Dios, o lo que conserva sustancias y verdades creadas,
se conserva a si mismo. Su ubicación temporal es la eternidad. Pero, ¿ qué quiere decir, aquí, eterno o eternidad 1
Tradicionalmente por eternidad divina se entiende estar
fuera del tiempo. Un ser sin durar: un estar sin transcurrir.
Así, ¿ está fuera del tiempo, de la duración, del transcurrir,
el Dios pensado por Descartes T Bien que la sustancia
divina no pueda ser entendida a la manera de la sustancia creada; de todos modos, parece que la expresión cartesiana acerca de que "toda sustancia deja d e ser si deja de
durar" 4º es válida también para Dios mismo. Esto equivale a afirmar que Dios dura, que transcurre, que es temporal,
que se conserva dentro del tiempo que fluye, aunque la causa de su conservación sea El mismo41 .

A primera vista parecería que la divisibilidad de una
duración temporal no sería propia de Dios. Descartes sólo
parece decir que la divisibilidad que no le sería adecuada
es la que atañe a la extensión. El tiempo de Dios es también divisible, al igual que el humano, al igual que el de las
cosas extensas: transcurre, fluye, se da en instantes . Para
justificar este aserto, consideremos, aunque peque un tanto
de abundante, un texto d e Descartes. El pensamiento "es,
si, extenso y divisible por lo tocante a su duración, puesto
que puede dividirse en partes ; pero no es extenso y divisible por lo tocante a su naturaleza, por permanecer esta inextensa : no de otra suerte podemos dividir la duración de Dios
en infinitas partes sino que por ello Dios sea divisible. -Pero la eternidad se da al mismo tiempo y de una vez- nada
más falso. Se da, sí, al mismo tiempo y de una vez en cuanto no se le añade nunca nada a la naturaleza de Dios ; pero
no se da al mismo tiempo y de una vez en cuanto existe al
mismo tiempo; pudiendo distinguirse en ella partes después
de la creación, ¿Por qué no habríamos de poder hacerlo antes
de ésta, dado que se trata de la misma duración Y Ella ha
sido coextensa con las criaturas durante cinco mil años -para citar una cifra- habiendo durado cuando éstas; y lo
mismo hubiese podido ocurrir antes de la creación, si antes
de ésta hubiésemos dispuesto de un patrón de medida"42_
Respecto a estas ideas, todo comentario peca de ocioso.

PROSA HISPANOAMERICANA
Antología de la Violencia

Enrique Amorim • Miguel Angel Asturias • Mariano Azuela
• Jorge Luis Borges • Alejo Carpentier • Rubén Darío •
Rómulo Gallegos • Ricardo Güiraldes • Martín Luis Guzmán
• Leopoldo Lugones • Octavio Paz • Horacio Quiroga •
José Eustasio Rivera • José Vasconcelos.

40.-Cfr. la nota 4.
41.-Prtnc., I , XXI.

Dice : " ... Aquel que tiene el poder de conservarnos,
tan diversos de El, se conserva a si mlsm.o o más bien no necesita
que nadie lo conserve ... ".

42.-Ms. de Gottlngen, V,

14823s.

-Tomado de Hamelln, op. cit., p.

234.
-39-

�ENRIQUE AMOR1M

..

El automóvil daba bandazos en las huellas del callejón
como una chalana azotada por el viento. Oleadas barrosas
obscurecían los faros, nublando el parabrisas. Marchaban a
tientas. Ya guiados por la sucesión de los postes o por el borde las zanjas. Arreciaba la lluvia. Violentas ráfagas sacudían la capota, por donde corría el agua, derramada a veces como si la barriesen con una escoba. Al cruzar los charcos,
abríanse cortinas de agua turbia. A la luz de los relámpagos,
una lámina plateada se iba extendiendo a lo largo del camino.
Los novillos recostados al alambrado. Los faros herían el fondo de sus pupilas azoradas.
-No va a haber más remedio que cortar y meterse en el
campo.
Esto dijo Juan mientras buscaba un "principal" para
desprender los hilos sin dañar la divisa.
Toribio Rossi sólo sabía de surcos, no entendía de cosas
camperas. Miraba a su "bambino", metido en la falda de
su madre, tan arrebujado, tan empequeñecido y cubierto de
ropas que aparecía como vuelto a la entraña que lo engendrara. Apenas podía divisar su frente y los rulos rubios.
Palpaba sus manos, tímidamente.
- Va dormido- aseguró la madre. Ella no había hablado, no podía hablar desde que arrancaron de la chacra.
La lluvia se filtraba por las rendijas. La humedad de
la capota ponía una venda fría en las cabezas de los tres.
La madre, con las sienes palpitantes. Rossi, prendido a los
hierros d e la capota, "gringo" poco baquiano en zangoloteos
y pantanos. Regules, observando los postes del alambrado.
Boffman al volante, con E&gt;l oído atento a las explosiones del
motor, t emiendo que se le humedeciese alguna de las bujías.
La marcha podría hacerse más lenta, dificultosa. Creyó oír
un leve rateo del motor, pero lo aceleró desconfiado. El
mecanismo volvió a r esponderle. Diálogo del hombre con la
-41-

�,i3

42

máquina, dilatado a lo largo de las leguas. Marcha conversada, a saltos. El pie consulta, nervioso. El acelerador cede a la presión y el ronco fragor de las explosiones responde a las preguntas. Se muda de velocidad, y el cambio, categórico, vuelve a responder con un arranque violento, con
un rezongo rabioso. Las ruedas traseras giran en vano, y las
de adelante, como a merced del viento, forcejean en los puños del conductor. Una rápida ojeada a los niveles del aceite y la nafta. El motor no altera su ritmo. Pica, padece,
ruge, se estira inútilmente.
-Si pudieses parar, Guillermo. . . En un momento yo...
- ¡ Qué parar ! Si paramos -cortó el austríaco- nos enterramos basta el eje!.. . ¡ E s muy honda la huella!

No podían detenerse hasta hallar un terreno más firme.
Al hablar de los accidentes del camino, de las irregularidades del motor, de un posible corte de alambrado para evitar
las trajinadas huellas que amenazaban con detener el auto, parándolo en el cárter, Toribio y Clara sentíanse como abandonados, ajenos al viaje. Y ellos olvidaban al matrimonio
y al niño enfermo.
Eran los pilotos, nada más, identificados con la vida del motor.

Avanzaron dando barquinazos por afuera de la huella,
sobre montículos de pasto fuerte. De vez en cuando una
piedra, unas raíces duras, una mata de míomío...
Los postes d el alambrado desfilaban uno a uno, todos
de un mismo tamaño. Y las trabas de alambre y los hilos
plateados, por donde se escurrían gotas de agua.
Unas vacas se espantaron luego de evitar los focos, escandiladas, con las pupilas fosforescentes. Regules buscaba
un "principal" con sus riendas rematadas. Grueso mojón en
el comienzo del pantano. Desde ese punto, el alambrado seguía, para no ser arrastrado por las aguas.
-¡ Aquí, pará. . . pará !

Y volvieron a detener la marcha.
- ¿Qué van a haced .. . -preguntó Rossi.
-Cortar el alambrado ... Nos meteremos por adentro
del campo. . . Es la única manera de seguir adelante. ..

Contra uno de los guardabarros de atrás, martillaba la
cadena pantanera.
De pronto, Juan puso una mano sobre el volante.

Pidió la llave inglesa, se levantó las solapas del saco y
lanzóse al barro como quien se arroja a nadar. Los faros
iluminaron su borrosa silueta. Daba elásticos saltos en los
charcos. Guillermo bajó sin apuros, provisto, de un trozo
de arpillera, y se puso a limpiar los cristales, haciendo caso
omiso de la lluvia. La luz de los faros abrió un campo visual más amplio. La figura de Regules y el alambrado aparecieron menos confusos. Los hilos de la recia garúa eran
como alfileres que se introducían en el pasto abundante. Las
explosiones del motor no mataban el coro pedigüeño de las
ranas, el croar de los sapos y las gárgaras de los barrancos.

-¡ Aquí, aquí!. . . ¡ Frená, frená ! -insistió decidido-.
Aquí podemos cortar y buscar el desvío. . . ¡ El pantano no
nos va a dar paso !

En pocos minutos desataron los hilos. El auto avanzó. Debía cruzar despacio. El último hilo quedaba tendido, para no provocar la caída total del alambrado.

El auto se detuvo. Chirriaron los frenos. Del ra,diador se alzó una nube d e vapor. El motor entró en un compás de cansancio, en un jadeo semejante al de los atletas después de una carrera. El abanico del limpiaparabrisas, su
rítmico tictac, fué el único ruido que se oyó. Aclaraba los
cristales y los ojos ansiosos de los tres hombres.

Toribio Rossi, maturrango y asustadizo, desconocía semejantes recursos. Nunca había necesitado salir de viaje en
tan desventajosas condiciones. Poco sabía de cortar divisas, de atravesar campos, de evitar pantanos y despuntar
arroyos. Para él, la contemplación de los surcos y las sementeras, o el consultar el cielo, buscando las nubes de agua
necesarias ; o el divisar la manga de langosta que cruza veloz, impulsada por el viento salvador. Bien pocas cosas, tan
sólo las cosas atañaderas a la tierra cultivada. Y allá lejos,
muy de tarde en tarde, ocupaba el fondo de su memoria el

-Empezó a chicotear una de las cadenas. . . -observó
Guillermo.
-No es nada -aseguró Juan Regules-; es un eslabón
que se saltó. . . Lo había atado con alambre ...

-No, aquí no, un poco más adelante -dijo Regules.
Y Guillermo aceleró el motor con prudencia, lo fué largando despacio, para no empantanar las ruedas.

�45

44

recuerdo de la guerra, cuando en 1915 arrojaba granadas, o
empuñaba el fusil, entre el tableteo de las ametralladoras.
El alambrado que acababan de voltear le hizo pensar en
los cercos de las trincheras, en aquellas crespas trampas de
acero, ya casi olvidadas. Las había vivido en una noche lluviosa, también. de presagios sin.iestros. Estuvo enterrado en
una profunda zanja, después de una batalla. Y, como en el
trance guerrero, esa noche cortaban un cerco para poder seguir adelante. Tenían que salvar al "bambino". La voz del
médico aún se oía: "Es difteria. No tenemos suero... Mejor
que lo lleven al pueblo. . . Porque entre ir a buscar recursos y
volver con ellos..."
Toribio Rossi se sorprendió de recordar las alambradas
de la guerra. La noche y las penurias lo precipitaron sobre
el lejano pasado.
Cuando el automóvil traspasó el eerco, vió los seis hilos
arrollados junto al primer poste, como ateridos de frío. Eran
más lisas las alambradas de América, con lm solo hilo de
púas. Pero se parecían, en aquel momento, a las trágicas
de las trincheras.
Avanzaron más seguros y veloces por la invernada de
"El Palenque". Campo sin huellas, firme, de pasto compacto,
de rica gramilla. Renombrada invernada, de pastura conocida por cuanto tropero recorría el n.orte de la República.
"Novillada del puesto cinco -decían los troperos-, res de
gran rendimiento". Pero Rossi de tales mentas no sabía
nada. Regules sí, y por eso comentaba.
-Vamos como sobre un colchón de pasto ... ¡ Qué campo
flor!
-¿ Va bien doña Clara V -preguntó el austríaco.

No esperó la respuesta. Su intención era la de hacerse
presente, alentar a la madre. Guillermo prosiguió :
-A.hora estamos más seguros de llegar . . . Con menos
barquinazos . . . Y sin barro ...
El auto avanzaba apenas sacudido de tanto en tanto por
las altas matas o el blando hormiguero que apenas levantaba
su lomo de las hierbas viciosas.
Seguía lloviendo. Iban bajando por una ladera que Juan
Regules conocía muy bien.
-¡ A la izquierda, a la izquierda! .•. - guiaba Juan.

Hoffmann obedecía. A campo traviesa, no es fácil orientarse. Pero Regules tenía aguzado ese instinto criollo que los
hace a todos medio baquianos.
No se equivocaba. Bajaron la cuesta, lentamente. Buscaban la$ puntas d e la cañada, para $alvarse de otros pantanos, tan intransitables como el del callejón que acababan de
evitar.
Bordearon los cañadones. Dieron por fin con las nacientes del pequeño arroyo, allí donde se juntaban las aguas de
las laderas, para lanzarse como un alud en las temporadas
de violenta precipitación pluvial.
-¡ Aquí es!. . .

¡ Estoy seguro! ... ¡ Toreé a la izquierda!

Guillermo obedeció. Traspasaron un agua barrosa, encajonada, y treparon por un barranco. Los faros iluminaron
los accidentes del terreno. Y cuando ya se creían libres para rodar por la llanura en dirección al camino toparon con
una amplia zona de terreno partido por la reja del arado.
-¡ Canejo ! -gritó Juan-.
la/ arada!

¡ Conque era cierto lo de

Guillermo frenó el coche y dejó sus manos inmóviles sobre_el volante.
-¡ Qué porquería! -volvió a blasfemar Regules-. ¡ Ha
mandado arar este pedazo para que la gente caiga en la trampa! ¡Si será cochino!

La tierra partida, en encrespados surcos estériles, hacía materialmente impracticable el terreno. A la luz de los
relámpagos, ondulaba la falsa chacra de los Azara, amenazante para los viajeros. Surcos inútiles, entraña negra de
la tierra tendida como una celada. Tierra movediza, cruel.
-¿ Qué pasa? -interrogó Rossi.
- ¡ Casi nada! -contestó con rabia Juan Regules-;-.,

i Por aquí es imposible seguir!

¡ No era cuento lo de arar ia

tierra!
Una sepultura, a fin de cuentas; una larga fosa empapada. Se perdía en la obscuridad de la noche la boca de lobo que mandaran abrir los de "El Palenque". Negro sudario. tendido en el potrero, impresionante pantano para escarmiento de los que cortaran el alambrado del camino.

�4'7

Guillermo quería avanzar. Y avanzó. Hundió las ruedas en los surcos con el motor en primera. Y corrieron
trecho. La tierra se mostró dócil, 1&gt;racticable. Pero no bien
se adelantaron cincuenta metros, las ruedas se enterraron
y el coche, de pronto, se hundió. Rabioso rechinar de las
cadenas, verti~inosa marcha del motor, de trepidante fuerza.
Aceleraban sm parar. El esfuerzo resultaba inútil. Guillermo miró a Regules en demanda de una solución.

un

-Da marcha atrás. . . -ordenó el muchacho.
Encajó la palanca y fué acelerando con prudencia.
Pero de allí ya no podían avanzar ni un metro. Estaban
atrapados por la tierra, agarrados por los surcos tentaculares.
-¿ Y ahora? -preguntó Guillermo.
-¡ Espera !. . .

¡ Y o bajo a empujar !

Rossi lo miró sin atinar a moverse.
Marcha hacia adelante. Marcha hacia atrás. Cavaban
una zanja. Se iban enterrando en aquel imprevisto tembladeraL
~egules se acercó, todo cubierto de lodo. Rossi bajó a
empuJar. Nada. El automóvil se hundía como un bote que
hace agua. Inútil torcer l as ruedas delanteras. Inútil el
ir Y venir. Siniestro movimiento de cuna. Vaivén rabioso
que empeoraba el trance. Por fin, desistieron.
Apagaron el motor. La lluvia disminuía. Se oyeron
l~s r11;nas en la cuenca del arroyo próximo. Y el inmenso
silencio de la noche vino a visitarles. Una noche sin nadie
emb?scada en el horizonte. Una noche, que ya no cabía e~
el cielo. El coro de las ranas, el murmullo de las aguas ...
- ¡ Cómo va el "bambino" 1 -preguntó Guillermo.

. -Duerme -respondió la madre-. Duerme... No respira con tanta dificultad ...
El austríaco se acercó.
_- Vamos a tener 9.~1e esperar a que aclare -dijo-. Y
cam_mar hasta el calleJon para parar al primero que pase y
pedirle ayuda. ¡No hay más remedio!. ..
Toribio Rossi _miró est~pidamente la noche. Era la primera vez que odiaba la tierra de América. Ese barro se

asemejaba mucho al de las trincheras. Un pantano igual al
que obstaculizaba el avance de los primeros tanques cuando morían sus conductores o se les acababa la nafta en plena
batalla. En tierra de paz, por vez primera veía el rostro
torturante de la guerra salir del lodo empapado de sangre.
-No hay más remedio que esperar -dijo Juan-. Ya
no llueve.
Encendió su charuto apagado. El humo se alzaba, pequeño insignificante. Y la brasita, una movediza presencia
entre los cuatro. Las sombras poco a poco lo absorbían. El
diminuto fantasma del humo cruzaba por la luz de los reflectores, que permanecían inmóviles, como pupilas penetrando en las fauces de l os surcos.
Juan Regules se acercó a Clara.
-Hay que tener paciencia. . . ¡ Abríguelo bien!
Y metió sus manos entre las mantas que cubrían al enfermito. Le saltó una repentina idea que le hizo aflojar
las piernas. Con sus manos trémulas, dejándose llevar por
el pensamiento siniestro, buscó las manos del "bambino". Las
encontró unidas como si aprisionasen un juguete. Manos heladas últimas manos del niño muerto, muerto contra el vientre tibio de la madre.
-¡ Duerme ! -Dijo Clara-. Lo siento dormir...
-No dice la verdad... no se anima a decir que ha muerto -pensó Regules.
La madre abría los ojos, unos ojos pavorosos. No podía creer en la muerte.
Juan no se animó a hablarle. Se separó del coche, sin
atreverse a articular palabra. Y después, como una solución:
-Che, Guillermo, vamos a ver a qué distancia estamos
de la zanja -dijo, invitándolo a alejarse del vehículo.
Caminaron chapoteando barro. Se perdieron en las sombras. Los relámpagos los iluminaban, a trechos. Iban callados, hasta que Regules habló como en secreto:
-El "bambino" está muerto.
Hoffman se paró de golpe.
-&amp;Muerto Y

�49

48

- ¡ Sí muerto ! Está frío ... Tiene las manos frías. ¡ Muerto, muerto!. . . No sé si Clara lo quiere ocultar. -Y sintió
las manos velludas del pocero que crispábanse en su antebrazo.
-Yo pensé lo mismo -agregó Guillermo- cuando pa- ,
ré el motor y no oí su respiración.

-¿ Qué hacemos? - preguntó Juan Regules.

-Esperemos, espremos que se den cuenta.
Escendieron sendos cigarrillos.
anticipaban el nuevo chaparón.

Unas gotas de agua les

-¡ Qué malvado! -gritó Regules, mirando en dirección
a la estancia de los Azara.

.Allá en el este, por donde debía salir el sol dentro de unas
horas, iba a ergufrse el penacho de árboles de "El Palenque", las_ copas redond~s de las acacias, las puntiagudas de
los eucaliptos. .A media legua nomás en la cima de la cuchilla.
'
No se atrevían a regresar al coche. Los faros encendidos seguían perforando las tinieblas, fijos sobre los surcos
de la muerte.
De pronto se oyó un grito desgarrador, el alarido de
Toribio Rossi. El piamontés chacarero aullaba sus nombres:
¡Juan! ¡ Guillermo 1
Los dos hombres, hundidos en el barro giraron sus pies
Ya
sabían qué raíz de muerte c;ecía én el Üamado.
·
Y volvieron sobre sus huellas resbalando tambaleantes

-¡ Juan ! ¡ Guillermo !

Chapotearon sus botas en el lodo. Pasos confusos.
irregul3:re~, como los de dos soldados que avanzan en un
reconoc_uruento nocturno. Así los oía el piamontés, en su
desolación. Patrulla guerrera que vuelve ...
Tirada sobre el cuerpo inerte de su hijo, sollozaba la
madre. El padre, clavado en el suelo, con las botas hundidas en el barro y los temblorosos brazos a biertos como los
alones de un pájaro r ecién alcanzado por las municiones.
Juan Y Guillermo se acercaron. Los pasos sonaron netos. Caía una lenta llovizna helada. Los empujaba un ráfaga de viento.

-· Se murió se murió! -dijo Rossi, tartamudeando, con
los cabellos sob;e la cara, mordiéndose los labios.
Un relámpago iluminó sus facciones.
horizonte, escrutaba las tinieblas.

Miraba hacia el

-¡ Se murió .. . está muerto! ·; . 1, Y. ahora i -tomaba al
austríaco por los hombros, sacudialo, sm atre-verse a posar
su cabeza vencida sobre aquel pecho fraterno.

Y se dejó caer como un fardo en el estribo del automóvil.
Guillermo y Re"'ules dijeron algunas palabras. Las de
siempre. Pero Hoffm~nn pud~ más. E~tiró sus manos Y. a~ag?
los faros. Con aquel pequeno ademan, con aqu ella ms1gmficante determinación de unirlos a todos en la esp esa obscuridad empezó el velorio del "bambino". Menudeaban los
relám'pagos. Un llanto desgarra~or en_ m~dio del campo; sobre
surcos donde no caería nunca mas la s1m1ente que, lleva el pan
a la mesa de todos. .Allí, en un pantano, una madre -~urco
fecundo- y tres hombres sin palabras, atrapados por la tierra,
cercados por el lodo.
Toribio Rossi se puso de pie. Se movía tambaleante. S_us
brazos en alones volvían a recordarles el cariñoso apodo cnollo de " Desplumado".
Se alejó unos pasos. El barro marcó sus movimientos.
Caminó, paso a paso, titu?e,ante. Sus amigos. lo dejaron ¡¡.lejarse. Así, solo, consegmria la_ yaz necesaria para hacerse
cargo de la muerte. J uan le diJo. a Clara unas pocas palabras. El iba a correrse hasta el cammo, a detene~, _el!- deman_da
de auxilio, al primer jinete que pasara. ,.A Tor_ibio era meJ~r
dejarlo estar. E l eco de sus p~os se fue perdiendo 3: _la distancia. Clara llamó a su marido. Hoffmann le d1Jo que
andaba por ahí . . . caminando, que era mejor dejarlo solo con
su pena, hasta que se calmase.
-&amp; Qué va a hacer, desesperado, por el campo Y -preguntó ella con pausas y sollozos.
-Le hará bien ... Se tranquilizará . . . No podemos hacer
otra cosa -dijo Guillermo.
El rumbo de Toribio Rossi nadie lo sabía. Sus pasos y-a
sonaban en el barro. Primero, caminó como en sus propias
sementeras cuando inspeccionaba los estragos del agua, canalizando ~on una azada el turbión pluvial. Movimientos de
labrador cauteloso y segm·o. Tomó la línea de un surco y
se dejó llevar por la curva practicable.

�ó1

50

Oía sus pasos en el terreno anegado. Cada pisada le sonabl'.I- _en los oídos con un timbre distinto. Primero, al choque
faiíl.ilia; de la bota en el barro. Luego, fueron adquiriendo
solemmdad. Cada vez que hundía la bota, un eco inolvidable
le repercutía en los tímpanos. De pronto, oyó en sus propios
pasos los de un soldado que marcha. Su andar dejó de parecerse al de los paisanos, al de los chacareros. Por aquel
potrero jamás había cruzado un hombre con ese paso rítmico,
acompasado, como de tropa guerrera. Paso militar. ¡ Un, dos!
¡ Un, dos! Nunca aquella tierra virgen había sido hollada por
un compás tan enérgico. Marchaba a pasos militares exactos.
Sobre tierras que sólo sabían del tranco caballar 'ael trote
del jinete, del l~nto transitar de las reses gordas. ' Y, en ese
momento, las hierbas eran quebradas por las botas sin espuelas de un hombre que reavivaba las jornadas con fusil al
hombro, mochila y duro uniforme bélico. Machacar de talones.
¡ Un, dos! ¡ Un, dos! Toribio Rossi se volvía soldado. Otra vez
soldado. Una vez más. Sobre el eco de sus pasos se superponían
centenares de pasos. No avanzaba solo. Iba en patrulla. Cientos
de pasos ... Era la tropa, sí, la división guerrera la patrulla
que se adelantaba en la noche hacia un punto determinado.
~n sus oídos aumen~aba el tropel de botas guerreras. Por la
tierra empapada y sm huellas, hacia el naciente, con los brazos
separados del cuerpo como si las correas del uniforme le
molestaran. En la diestra, el imaginario fusil, con la bayoneta calada, perforand~ la tiniebla. Un regimiento que avanzaba por el campo. Cientos de pasos, rítmicos, militares.
. La claridad in?ecisa del amanecer marca perfiles en el
horizonte. La cuchilla, los árboles lejanos, la línea perfecta
de los alambrados. Y más destacado a medida que avanza
"El. P. a1enque" , co~ sus techos, blanqueando
'
en el lechoso.
Pª1:lªJe. La es~nc1a y sus galpones venían con la aurora
moJada, en sentido opuesto, adelantándose a su encuentro.
~o necesita record~r la noche del pantano. Su mujer,
su hiJo muerto, sus amigos, el rancho y la chacra apacible
que más de una vez juzgó un sueño, algo irreal, después d~
tanta lucha y tanta guerra en el Viejo Continente.
Trepó la cuchilla. Cuando enfrentó la estancia el sol
aparecía tras los galpones y alejábanse de las casas Íos primeros jinetes de la madrugada.
·
Uno, un? de ellos, montaba en un brioso flete. Brillante
apero con luJo de plata. Los cabezazos del animal rayaban la
cerrazón m~ñaner3:. Caballo de jefe, trote del que se adelanta
en el peloton, haciendo sonar sus metales.

Toribio Rossi corrió al encuentro del j~ete. ~ el jinete
-que todo lo divisa en la llanura- torCio su pmgo pa~a
acortar distancias. Resultaba sospechoso un hombre de_ ~ pie
y al amanecer. Los primeros albores lo ponían de mamfiesto.
Se enfrentaron en el tajamar. Junto a un m~mtón de
tierra que formaba un semicírculo, disminuíase la figura ~el
forastero. En cambio el jinete se erguía, espectacular,, afirmadas las patas delanteras de su caballo en un monton_ de
tierra. Desde aquella altura, el jefe -patrón o caudil_lo, ·
hombre de a caballo- levantó la voz por entre las oreJaS
alertas del animal.
- ¿ Qué anda haciendo por aquí a estas ho~as, - preguntó
golpeando con las riendas en el freno de su pmgo.
-Busco a Nicolás Azara -respondió Toribio Rossi, con
el acento más marcado que habitualmente.
-Soy yo . . . ¿ Qué se le ofrece ?
El piamontés extrajo de sus ropas un revólver Y, como
respuesta a la apremiante pregunta, apuntó y descargó su
arma sobre Nicolás Azara.
-¡ Ah, cobarde! -gritó éste, trat~nd? de sujetar a "Don
Juan" a tiempo que manoteaba su 'lfevolver. Sonaron dos
dispa/os. El padrillo se encabritó parándose de mano~. Azara
no pudo contenerlo. Aprovech? para desmon~ar a vemte metros del montículo de tierra sin soltar las riendas, como el
más diestro de los domador:s. No quería perder su caballo,
quedar de a pie. El desconocido_ l~ esperl'.l-ba parapetado en
la barranca, cuerpo a tierra. Tonb10 Ross1, otra vez soldado
en la trinchera, como antaño.
El alazán cabos blancos mostrábase dócil a 1a rienda q_ue
tanteaba el patrón. Con las orejas alertas, busc3:ba en el aire
diáfano las voces extrañas el eco de las detonac10nes. En ese
instante "Don Juan" tenia apariencias de perro, fidel~dad
canina. Las riendas se deslizaban por el antebrazo del cnollo
y bastaba esta débil unión, ese tramo inde:iso, par~ guiar. al
equino tan compenetrado d el trance como el. Alazan de OJOS
tan vivos, duros de espanto y negros de ~larroa. O~f3:teaba
los últimos residuos de la pólvora y segma los movimientos
del jinete, su paso incierto y titubeante.
Estaba en el escenario de sus fechorías juveniles. "En
el bajo", en el tradicional ba_jo de la . estan~ia . . . Cuan~o
Azara empuñó el revólver e h1zo su prrmer disparo, el p1a-

�53

montés comprendió que no debía demorar su acción. Dos
detonaciones más silbaron en la calma mañanera del tajamar.
.A~_primer disparo, "Don Juan" avanzó buscando el cuerpo
de su Jmete. El pecho del animal se adelantaba como cubriéndole . .Azara acortó las riendas hasta sentir en la epidermis de
su mano izquierda el cá~do aliento del caballo. .Alzó la vista y,
en un segu_ndo, pu_do mu-ar, aquella cabeza erguida, espectacular. . Busco sus OJos, busco el morro surcado de alarmantes
nervios. Necesitaba el impulso animal, la noble vitalidad del
caballo. Y halló en "Don Juan" lo que necesitaba para ser
valiente.
. , .Al segundo disparo, cua_ndo el eco de la primera detonacion da~a salt~s ~n la cuchilla, el alazán se interpuso entre
los .~uehstas,_ sirviendo a su dueño de parapeto. Y la bala
abrio una roJa flor en el pescuezo del padrillo. Un relincho
un sal:to Y, libre de las riendas, pisándoselas y cortándolas co~
un ~rmco, "Don Juan" emprendió veloz carrera hacia la estancia. Sus cascos sonaron en el duro terreno de la cerrillada.
Empenachado de relinchos, galopó derramando sangre hacia
la querencia.

.Azara, cuerpo a tierra, adelantó el arma a la altura de
los cardos.
Rossi martilló su r~v~lver una vez: Esp_eraba la descarga
para responder con su última bala. N1co disparó afinando ]a
puntería. El tiro hizo un seco impacto en el montículo a
pocos palmos del agresor.
'
.En las casas se oyeron las detonaciones, pero no fueron
motivo de alarma. Frecuentemente el patrón disparaba contra alguna alimaña. Mas la llegada de "Don Juan" herido
en el p~scuezo, lle~? de pavor los grandes galpones. Alarmado~, salieron tres J_metes a galope tendido para el lado del
taJamar. .Algo serio pasaba "en el bajo".
. .Al despuntar,la. cuchilla, divisaron al patrón. De bruces,
disparaba su penultuna bala al desconocido. Porque Nicolás
.Azara,reservaba ~a última, segura en el tambor del revólver.
Espero que estuviesen próximos para gritarles:
-¡ No se acerquen! .. . Déjenme arreglar esta cuenta
mano a mano. ¡ .Alto ahí!
Los peones respetaron la orden.
- ¿ Qué pasa, patrón Y -preguntó el capataz.

-Es asunto mío .. . Ustedes se quedan quietos allí . ..

Se hizo un silencio de expectativa. Nico ignoraba que
el agresor ya no tenía balas. Los separaba un brazo _del
tajamar. Los peones. miraban al extraño, embarrado, trágico,
como se mira a una alimaña acosada por los perros.
El extranJ· ero desafiante, arrojó el revólver a un lado y
, e1 3:rma
sacó de su cintura' un puñal. Y a de nada le servia
de fuego. O lo mataba en el acto o le daban la oporturudad
de defenderse hasta el final.
Nicolás .Azara se hizo cargo del desafío. Del fondo de
sus días criollos ásperos y valientes, una voz le precipitó la
sangre. Recoge~ el reto era gesto de hombría. No llevaba
cuchillo. En "El Palenque" usaba revólver. El arma blanca
era para el paisanaje. Dió unos pasos atrás, acercándose a
los jinetes.
-¡Fructuoso! -llamó al capataz-. Tírame tu cuchillo.
¡Vamos! . ..
Lo tuteaba, para estar a su altura, para aproxi.r_narlo en
aquella mañana que se iba agrandando co~o su co;aJe. Val?T
a campo abierto, que apetecían los de su estirpe, alli en el baJO
donde aprendió a ser hombre.
-Patrón . . . ¡No vale la pena! -le contestó Fructuoso,
irresoluto echando mano a su facón de cabo de plata. .Acero
de capata~, de palmo y medio, que bien conocía Nicolás .Azara.
-¡ Dame tu cuchillo! -gritó Nico, revólver su mano-:
¡El plomo que me sobra es para guardarme de ustedes! ¡ Ni
un paso adelante! ¡ .Al que cruce, lo baleo! ¡ .A ver esa arma!
El piamontés, con el frío puñal aferrado en la ~iestra,
vió relucir por el aire el mango de. plata, con su vama _de
puntera plateada. Y esperó al enemigo que acababa de deJar
el revólver sobre una piedra. Lo esperó midiendo las dimensiones de la hoja, calculando la medida de la muerte.
Se le apretaron los cinco dedos contra la reci_a e~puñadura. El estanciero avanzó en su busca. Ross1 dio tres
pasos adelante.
-¡ Te voy a enseñar quién soy! ... -dijo Nfoo precipitándose-. .Ahora sí que vas a sabeT quién es Nicolás .Azara.
Su coraje venía en oleadas de sangre a golpearle en el
pecho. 'remple de criollo que le calentaba la boca y le templaba el corazón. Y a pocos metros, a una dista_ncia qu~ ~e
acortaba con pasos silenciosos por el pasto crecido, Torib10
Rossi, ex-soldado de la guerra, hijo de las trincheras, ,renacido

�5ó

54

para la lucha cuerpo a cuerpo. Borraba en un instante el
ancho espacio americano, con chacras, con surcos y con hijos.
Volvía atrás. No había vivido ninguna vida, después de las
últimas batallas del año 18. Sentíase otra vez sobre la ensangrentada tierra europea. En sus oídos, el tableteo de las
ametralladoras, el silbar de la fusilería, el estruendo de los
obuses.
Lenta venía la alborada, luchando con las nubes.
Encuentro sin blasfemias, con los golpes rápidos de las
hojas m~tálicas. Fintas v~loces. Tajos en la ropa, puñaladas
en ~l . ;3-ire. Las arremetidas de uno y otro iban ganando
prec1s1on.
Nico lo sacó estratégicamente hacia el terreno llano.
Peleaban separados de su gente por un brazo del tajamar
que los peones no debían traspasar. Chocaban los aceros. Se
tanteaban en cálculos personales.
Un audaz cuerpo a cuerpo juntó a los dos hombres. La
rápida mirada de Nico descubrió un tajo que sangraba en el
hombro del desconocido. Antes de darle un empellón para
yolver a guardar la distancia adecuada, vió que sus peones
mtentaban vadear la zanja. Y les gritó:
-¡ Quietos ahí! ¡ Si se adelantan los baleo !

La voz del patrón detenía la tentativa de auxilio. Rossi
respiró hondo.
Las patas de los caballos se sacudieron en la orilla del
vado, y volvieron los tres paisanos a ser pasivos espectadores
del duelo criollo.
El italiano consiguió tajear la mano derecha de Azara.
~a1;1graba al agitarla. Le salpicó el rostro. Y aquel toque
tib10 sob!J su cara encendida, el contacto con la sangre, lo
enceguec10. ¡ La guerra! Ya había sido tocado muchas veces
con la tibieza de otras manchas rojas. Arre~etió violenta~
mente, obligando a su contrincante a retroceder desconcertado con el repentino ataque.
'
, Un golpe rápido de Rossi, en dirección al pecho de Nico,
fue _parad? por éste c&lt;;m el canto de la hoja. Silbó en el aire,
hacia abaJo. Y , no bien levantó el arma, Nico lo alcanzó con
un p'Untazo en el costado izquierdo. Al percatarse de su éxito
!ª se,guro de vencer, Azara empezó a contar las heridas qu~
mfer1a a su enemigo. Lo tenía cerca, tanteándolo con la punta,
buscando el blanco certero.

-¡Cinco! -gritó como para que lo oyeran sus peones-.
¡Cinco!
El choque de las armas hacía vibrar las avispadas_orejas
de.los caballos. El capataz se afirmó en los estribos, irguiendo con gallardía su figura gaucha. Las puñaladas del patrón
tocaban su orgullo.
-¡Seis! -contó, otra vez, con una sonrisa macabra en
los rígidos labios . Volvía a herirlo y a desconcertarlo con
su atrevimiento.
La cuenta le animaba. La compadrada criollo agrandaba
su valor.
-¡ Oigalé, oigalé ! -exclamó Fructuoso para animarlo.
-¡Siete! ¡ Ocho !
Las heridas no aminoraban el espíritu combativo de Rossi.
¡Heridas! . . . Apenas rasguños, comparadas con la ex tensa
cicatriz que, como un cordel blancuzco, parecía sostenerle el
omoplato izquierdo. Bien poco significaban los golpes de
Azara, tan minuciosamente contados, ante tamaña huella
guerrera.
-¡Nueve! ... ¡ Te voy a dar, gringo miserable! ¡Diez} ...
¡Once! ... -Lo dominaba con su jactanciosa cuenta, haciéndolo recular, en derrota.
Los tajos d esgarraban las ropas del piamontés, teñían de
sangre su ropa empapada por la lluvia nocturna. Y el extranjero fué estudiando, a la propicia luz del sol, que ya
acentuaba la mañana, los movimientos del enemigo. Golpes
repetidos, iguales para él, fáciles de dominar. Hast a que en
una de esas, cuando los envalentonados labios iban a decir
¡doce!, se abrieron en un tremendo grito de dolor.
Nico cayó al suelo, más que tocado por la puñalada, tumbado por su propia voz de derrota.
Los peones atravesaron la zanja a todo galope. El heridor se vió rodead0i por los peones. Arrojó el arma a sus pies
y se echó a llorar, con las manos tajeadas, sanguinolentas.
El capataz acudió a socorrer a Nico, todavía con vida.
El lo miraba como a través de una cortina de sangre. Un
vómito le bañó el pecho velludo, con la camisa abierta pór
la certera puñalada.
-¡ Si a ustedes se les hubiera .tnuerto un hijo por culpa
de ése . . . habrían hecho lo mismo! ~dijo 'foribio, con voz

�56

57

transida-. Ahora, hagan de mí lo que quieran . . . ¡ Me entrego! -concluyó resuelto a no resistir.
-¡ Cuando se pelea en su ley -se oyó decir a uno de los
tres paisanos--, es de criollo respetar al que gana ... y al que
pierde!
Era una voz criolla, eran palabras de hombre, tendidas
al sol de la mañana. Las había pronunciado uno de ellos
pero el pensamiento sonaba parejo en las tres cabezas gauchas'.
-¡No le hagan nada! ¡No le hagan nada! ... -pudo
decir Nicolás Azara. La sangre que brotaba de su boca le
impedía hablar. Pero sus peones, los paisanos de "El ·Palenque", conocen muy bien las leyes el campo abierto las del
bajo .. . Y las saben cumplir.
'
Tomado de
l l cabaUo y su sombra.

de los proyectiles, porque no se retiraban los combatientes
mientras quedaban piedras en la calle. La madre de la novia,
con su presencia, ponía fin a las escenas amorosas haciendo
correr al novio, sombrero· en mano, como si se le hubiera
aparecido el Diablo. Y la patrulla, por cambiar de paso, la
tomaba de primas a primeras contra un paseante cualquiera,
registrándole de pies a cabeza y cargando con él a la cárcel,
cuando no tenía armas, por sospechoso, vago, conspirador, o,
como decía el jefe, porque me cae mal ...
La impresión de los barrios pobres a estas horas de la
noche era de infinita soledad, de miseria sucia con restos de
abandono oriental, sellada por el fatalismo religioso que la·
hacía voluntad de Dios. Los desagües iban llevándose la luna
a flor de tierra, y el agua de beber contaba, en las alcantarillas, las horas sin fin de un pueblo que se creía condenado
a la esclavitud y al vicio.
En uno de estos barrios se despidieron Lucio Vázquez y
su amigo.

MIGUEL ANGEL ASTURIAS

IX

OJO DE VIDRIO
El p~queño comercio de la ciudad cerraba sus puertas
en las prIIDeras horas de la noche, después de hacer cuentas
recibir el periódicO\ y despachar a los últimos clientes. Grupo~
de muchachos se divertían en las esquinas con los ronrones
que atraídos por la luz revoloteaban alrededor de los focos
eléctricos. Insecto cazado era sometido a una serie de torturas
que p~olongaba~ los más belitres a falta de un piadoso que
le pusiera el pie para acabar de una vez. Se veían en las
ventanas parejas de novios entregados a la pena de sus amores
Y patrullas arm3:das de bayonetas y rondas armadas de palo~
que al yaso del Jefe, hombre tras hombre, recorrían las calles
tranquil!l-~· Alg~a~ noches, sin embargo, cambiaba todo.
Los P:tc,1ficos sacrif1c3:dores de ronrones jugaban a la guerra
orgamzandose para librar batallas cuya duración dependía

-¡ Adiós Genaro ! . . . -dijo aquél requiriéndole con los
ojos para que guardara el secreto-, me voy volado porque
voy a ver si todavía es tiempo de darle una manita al traído
de la hija del general.
Genaro se detuvo un momento con el gesto indeciso del
que se arrepiente de decir algo al amigo que se va; luego
acercóse a una casa -vivía en una tienda- y llamó con el
dedo.
-¡,Quién? ¿ Quién es Y -reclamaron adentro.
-Yo ... - respondió Genaro, inclinando la cabeza sobre
la puerta, como el que habla al oído de una persona bajita.
- ¿Quién yo ? -dijo al abrir una mujer.
En camisón y despeinada, su esposa, Fedina de Rodas,
alzó el bi:azo levantando la candela a la altura de la cabeza,
para verle la cara.
Al entrar Genaro, bajó la candela, dejó caer los aldabones
con gran estrépito y encaminóse a su cama, sin decir palabra.
Frente al reloj plantó la luz para que viera el resinvergüenza
a qué horas llegaba. Este se detuvo a acariciar al gato que
dormía sobre la tilichera, ensayando a silbar un aire alegre.
-1, Qué hay de nuevo que tan contento Y -gritó Fedina
sobándose los pies para meterse en la cama.

�59

58

-¡Nada! -se apresuró a contestar Genaro, perdido como
una sombra en la oscuridad de la tienda, temeroso de que su
mujer le conociera en la voz la pena que traía.
- ¡ Cada vez más amigo de ese policía que habla como
mujer!
-¡No! -cortó Genaro, pasando a la trastienda que les
servía de dormitorio con los ojos ocultos en el sombrero gacho.
-¡ Mentiroso, aquí se acaban de despedir! ¡Ah!, yo sé
lo que te digo; nada buenos son esos hombres que hablan,
como tu amigote, con vocecita de gallogallina. Tus idas y
venidas con ése es porque andarán viendo cómo te "hacés"
policía secreto. ¡ Oficio de vagos, cómo no les da vergüenza!
-¿ Y esto 1 -preguntó Genaro, para dar otro rumbo a
la conversación, sacando un faldoncito de una caja.

Fedina tomó el faldón de las manos de su marido, como
una bandera de paz, y sentóse en la cama muy animada a
contarle que era obsequio de la hija del general Canales a
quien tenía hablada como madrina de su primogénito. Rodas
escondió la cara en 1~ soip.bra que bañaba la cuna de su hijo,
Y, de m'.11 humor, s~ 01r lo que hablaba su mujer de los
preparativos del bautizo, interpuso la mano entre la candela
Y sus ojos para apartar la luz, mas al instante la retiró
sacudiéndola para limpiarse el reflejo de sangre que le pegaba
los dedos. El fantasma de la muerte se alzaba de la cuna
de su hijo, como de un ataúd. A los muertos se les debía
mecer como a los niños. Era un fantasma color de clara de
huevo, con nube en los ojos, sin pelo, sin cejas, sin dientes,
que se retorcía en espiral como los intestinos de los incensarios en el Oficio de Difuntos. A lo lejos escuchaba Genaro
la voz de su mujer. Hablaba de su hijo, del bautizo de la
hija d~l general, de invitar a la vecina de pegado a 1~ casa,
al vecmo gordo de enfrente, a la vecina de a la vuelta al
vecino de la esquina, al de la fonda, al de la carnicería' al
de la panadería. - ¡ Qué alegres vamos a estar ! . . .
'
Y cortando bruscamente:
-Genaro : ¿ qué te pasa ?

rincón el esqueleto. Era un esqueleto de mujer, pero de
mujer no tenía sino los senos caídos, flácidos y velludos como
ratas colgando sobre la trampa de las costillas.
-Gen aro : ¿ qué te pasa 1
-¡ A mí no me pasa nada !
-Para eso, para volveT como so~ámbulo, con la cola entre
las piernas, te vas a la calle. ¡ Diablo de hombre, que no
puede estarse en su casa !
La voz de su esposa arropó el esqueleto.
-No, si a mí no me pasa nada.
Un ojo se le paseaba por los dedos de la mano derecha
como una luz de lamparita eléctrica. Del meñique al mediano,
del mediano al anular, del anular al índice, del índice al pulgar.
Un ojo ... Un solo ojo ... Se le tasajeaban las palpitaciones.
Apretó la mano para destriparlo, duro, hasta enterrarse las
uñas en la carne. Pero, imposible; al abrir la mano, reapareció
en sus dedos, no más grande que el corazón de un pájaro y
más horroroso que el infierno. Una rociada de caldo de r es
hirviente l e empapaba las sienes. ¿ Quién le miraba con el
ojo que tenía en los dedos y que saltaba como la bolita de
una ruleta, al compás de un doble de difuntos Y
F edina le retiró del canasto donde dormía su hijo.
-Genaro : ¡, qué te pasa V
-¡Nada!
Y . . . unos suspiros más tarde :
-¡Nada, es un ojo que me persigue, es un ojo que me
peJ"~igue ! Es que me veo las manos . . . ¡No, no puede ser !
Son mis ojos, es un ojo ...
-"Encomiéndate" a Dios! -zanjó ella entre dientes, sin
entender bien aquellas jerigonzas.
-¡ Un ojo ... , sí, un ojo redondo, negro, pestañudo, como
de vidrio!
•
-¡ Lo que es, es que estás borracho !

Este· saltó :

- ¡ Cómo va a seT eso, si no he bebido nada!

-¡ A mí no me pasa nada!

-Nada, y se te siente la boca hedionda a trago!

El grito de su esposa bañó de puntitos n egros el fantasma
de la muerte, puntitos que m_arcaron . sobre la sombra de un

En la mitad de la habitación que ocupaba el dormitorio
-la otra mitad de la pieza la ocupaba la tienda-, Rodas se

�61

60

sentía perdido en un subterráneo, lejos de todo consuelo,
entre murciélagos y arañas, serpientes y cangrejos.
-¡ Algo hiciste -añadió Fedina, cortada la frase por un
bostezo-; es el ojo de Dios que te está mirando!

Genaro se plantó de un salto en la cama y con zapatos
y todo, vestido, se metió bajo las sábanas. Junto al cuerpo
de su mujer, un bello cuerpo de mujer joven, saltaba el ojo.
Fedina' apagó la luz, más fué peor; el ojo creció en la sombr&amp;
con tanta rapidez, que en un segundo abarcó las paredes, el
piso, el techo, las casas, su vida, su hijo ...
- No -repuso Genaro a una lejana afirmación de su
mujer que, a sus gritos d e espanto, había vuelto a encender
la luz y le enjuagaba con un pañal el sudor helado que le
corría por la frente-, no es el ojo de Dios, es el ojo del
Diablo ...

rodillas, abrazándola por las piernas, le contó lo que había
visto.
-Sobre las gradas, si, para abajo, rodó c~orreand? sangre al primer disparo, y no ce~ó los oj?s. Las ~iernas ab1:rtasj
la mirada inmóvil ... ¡ Una mirada fria, pega~osa, no se .. :. ;
¡ Una pupila que como un relámpago lo abarco to~o y se f1J?
en nosotros! ¡ Un ojo pestañudo que no se me quita de aqm,
' n·10s mio,
' d e aqm, 1.. • •
de aquí de los dedos, de aqm,
Le hizo callar un sollozo del crío. Ella levantó del canasto
al niño envuelto en sus ropillas de franela y le dió el pecho,
sin 'poder alejarse del marido 9-ue l e infundía asco y que
arrodillado se apretaba a sus piernas, gemebundo.
-Lo más grave es que Lucio .. .
- ¿Ese que habla como mujer se llama Lucio Y
-Sí, Lucio Vázquez ...

Fedina se santiguó. Genaro le dijo que volviera a apagar
la luz. El ojo se hizo un ocho al pasar de la claridad a la
tiniebla, luego tronó, parecía que se iba a estrellar con algo,
y no tardó en estrellarse contra unos pasos que resonaban en
la calle ...
_:_¡ El Portal ! ¡ El Portal! -gritó Genaro-. ¡ Sí! ¡ Sí!
¡ Luz l ¡Fósforos! ¡Luz! ¡ Por vida tuya, por vida tuya!

Ella le pasó el brazo encima para alcanzar la caja de
fósforos. A lo lejos se oyeron las ruedas de un carruaje.
Genaro, con los dedos metidos en la boca, hablaba como si
se estuviera ahogando: no quería quedarse solo y llamaba a
su mujer que, para calmarle, se había echado la enagua e
iba a salir a calentarle un trago de café.

A los gritos de su marido, F edina volvió a la cama presa
de miedo. -6 Estará engasado o ... qué? -se decía, siguiendo
con sus hermosas pupilas negras las palpitaciones de la llama.
Pensaba en los gusanos que le sacaron !1-el estómago a la Niña
Enriqueta, la del Mesón del Teatro ; en el paxte que en lugar
de sesos le ·encontraron a un indio en el hospital; en el Cadejo
que no dejaba dormir. Como la gallina que abre las alas y
llama a los polluelos en viendo pasar el gavilán, se levantó
a poner sobre el pechito de su recién nacido una medalla de
San Bias, r ezando el Trisagio en alta voz.
Pero el Trisagio sacudió 'a Genaro como si le estuvieran
pegando. Con los ojos cerrados tiróse de la cama para alcanzar a su mujer, que estaba a unos pasos de la cuna, y de

-1, Es

al que le dicen "Terci~pelo" Y

-Sí. ..
-¿ Y a santo de qué lo mató Y

-Estaba mandado, tenía rabia. Pero no es eso lo más
grave • lo más grave es que Lucio me contó que 'hay orden
de captura contra el general Canales, y que un t ipo que él
conoce se va a robar a la señorita su hija hoy en la noche.
-

1, A

la señorita Camila f ¿ A mi comadre?

-Sí.
.Al oír lo que no era creíble. F edina lloró con la facilidad
y abundancia con que lloran las gentes del pueblo por las
desgracias ajenas. Sobre la cabecita de su hijo que arrullaba
caía el agua de sus lágrimas, calientita como el agua que las
abuelas llevan a la iglesia para agregar al agua frí3: y bendita
de la pila bautismal. L a criatura se adormeció. H abía pasado
la noche y estaban bajo una especie de ensalmo, cuando la
aurora pintó bajo la puerta su renglón de oro y se quebraron
en el silencio de la tienda los toquidos de la acarreadora
del pan.

¡Pan! ¡Pan! ¡Pan!
Tomado de
selior presidente.

n

�63

{12

Desmorecida de risa, la Pintada, con mucha habilidad,
galopó a detener la yegua desbocada.
- · .Andale curro ya te cayó trabajo ! -dijo Pancracio
¡
'
.
.
luego que
vió a' Cam.ila
en la misma. silla
de Demetr10,
con 1a
cara mojada de sangre.

MARIANO AZUELA

XII
Jban llegando ya a Cuquío, cuando Anastasio Montañés
se acercó a Demetrio y le dijo :
-Ande, compadre, ni le he contado . . . ¡ Qué travieso es
de veras el güero Margarito ! ¿ Sabe lo que hizo ayer con ese
hombre que vino a darle la queja de que la habíamos sacado
su maíz para nuestros caballos 1 Bueno, pos con la orden que
usté le dio fue al cuartel. "Sí, amigo, le dijo el güero ; entra
para acá; es muy justo devolverte lo tuyo. Entra, entra ...
¿ Cuántas fanegas te robamos ? . . . ¿Diez ? &amp;Pero estás seguro
de¡ que no son más que diez? ... Sí, eso es; como quince, poco
más o menos ... ¿No serían veinte? ... Acuérdate bien ...
Eres muy pobre, tienes muchos h ijos que mantener. Sí, es
lo que digo, como veinte; ésas deben haber sido ... Pasa por
acá; no te voy a dar quince, ni veinte. Tú no más vas
contando ... Una, dos, tTeS ... Y luego que ya no quieTas, me
dices: ya". Y saca el sable y le ha dado una cintareada que
Jo hizo pedir misericordia.
La Pintada se caía de risa.
Y Camila, sin poderse contener, dijo:
- ¡ Viejo condenado, tan mala entraña! . . . ¡ Con razón
no lo puedo ver!

Luis Cervantes, presuntuoso, acudió con sus materiales
de cura-ción; pero Cam.ila, dejando de sollozar, se limpió los
los ojos y dijo con voz apagada:
- t De usté? ... ¡ Aunque me estuviera muriendo! . . . ¡ Ni
agua! ...
En Cuquío recibió Demetrio un propio.
-Otra vez a Tepatitlán, mi general -dijo Luis Cervantes
pasando rápidamente sus ojos por el oficio-. Tendrá que.
dejar allí la gente, y usted a Lagos, a tomaT el tren de
Aguascalientes.
Hubo protestas calurosas· algunos serranos juraron que
ellos no seguirían ya en la c~lumna, entre gruñidos, quejas
y rezongos.
Camila lloró toda la noche1 y otro día, por la mañana,
dijo a. Demetrio que ya le dieTa licencia de volverse a sn, casa.
-¡ Si le falta voluntá ! ... -contestó Demetrio hosco.

-No es eso, don Demetrio; vohmtá se la tengo y mucha ...,
pero ya lo ha estado viendo ... ¡ Esa mujer! .. .
-No se apure, hoy µiismo la despacho a ... Ya lo tengo
bien pensado.
Camila dejó de llorar.
Todos estaban ensillando ya. Demetrio se acercó a 1a
Pintada y le dijo en voz muy baja:

Instantáneamente se demudó el rostro de la Pintada.

-Tú ya no te vas con nosotros.

-¿Y a ti te da tos por eso?

-

Camila tuvo miedo y ade.lantó su yegua.
La Pintada disparó la suya y rapidísima, al pasar atropellando a Camila, la cogió de la cabeza y le deshizo la trenza.
Al empellón, la yegua ae Camila se encabritó y la
muchacha abandonó las riendas por quitarse los cabellos de
la cara; vaciló, perdió el equilibrio y cayó en un pedregal,
rompiéndose la frente.

l, Qué

dices ? -inquirió ella sin comprender.

-Que te quedas aquí o t e largas adonde te dé la gana,
pero no con nosotros.
- t, Qné estás diciendo ? -ex~la11;1ó ella con aso~bro-.
Es decir que tú me corres 1 ¡ J a, Ja, Ja ! .. . ¡,Pues que ... tal
serás tú 'si te andas creyendo de los chismes de ésa .. . !
Y la Pintada insultó a Camila, a Demetrio, a Luis Cervantes y a cuantos le vinieron a las mientes, con tal energía

�64

y novedad, que la t ropa oyó injurias e insolencias que no había
sospechado siquiera.
p emetrio esperó largo rato con paciencia; pero como ella
no diera trazas de acabar, con mucha calma dijo a un soldado :
-Echa fuera esa borracha.
-Güero Margarito! ¡ Güero de mi vida! ¡Ven a defenderme de éstos . . . ! ¡ .Anda, giierito de mi corazón! . . . ¡Ven
a enseñarles que tú eres hombre de veras y ellos no son más
que unos hijos de . . . !
Y gesticulaba, pateaba y daba de gritos.
El güero Margarito apareció. Acababa de levantarse •
sus ojos azules se perdían bajo unos párpados hinchados
su voz estaba ronca. Se informó del sucedido y acercándose
a la Pintada, le dijo con mucha gravedad:
'

y

-Sí, me parece muy bien que ya te largues mucho a
la . . . ¡ A todos nos tienes hartos !
El rostro de la Pintada se granitificó.
sus músculos estaban rígidos.

Quiso hablar pero
'

Los soldados reían divertidísimos; Camila muy asustada
contenía la respiración.
'
'
La Pintada paseó sus ojos en torno. Y todo fue en un
abrir y cerrar de ojos'. se inc~ó, sacó una hoja aguda y brillante de entre la media y la pierna y se lanzó sobre Camila.
Un grito estridente y un cuerpo que se desploma arrojando sangre a borbotones.
-Mátenla -gritó Demetrio fuera de sí.
Dos soldados se arrojaron sobre la Pintada que, esgrimiendo el puñal, no les permitió tocarla.
- ¡ Ustedes no, infelices!. .. Mátame tú, Demetrio - se
adelantó, entregó su arma, irguió el pecho y dejó caer los brazos.

.
OJOS

65

I
Se alejó muda y sombría, paso a paso.

y el silencio y la estupefacción lo rompió la voz aguda y
gutural del güero Margarito :
-¡ Ah, qué bueno !. . . ¡ Hasta que se me despegó esta
chinche!. . .

XIII
En la medianía del cuerpo
una daga me metió,
sin saber por qué
ni por qué sé yo . . .
El sí lo sabía,
pero yo no ...
Y de aquella herida mortal
mucha sangre me salió,
sin saber por qué
ni por qué sé yo. ..
El sí lo sabía,
pero yo no...
Caída la cabeza las manos cruzadas sobre la montura,
Demetrio tarareaba ~on melancólico acento la tonadilla obsesionante.
Luego callaba ; largos minutos se mantenía en silencio y
pesaroso.
-Ya verá cómo llegando a Lagos le quito esa murria,
mi general. Allí hay muchachas bonitas para darnos gusto
-dijo el güero Margarito.
-Ahora sólo tengo ganas de ponerme una borrachera
-contestó- D emetrio.
'. Y se alejó otra vez de ellos, espolea!ldo su caballo, c-0mo si quisiera abandonarse todo a su tristeza.

D emetrio puso en alto el puñal tinto en sangre ; pero sus
se nublaron, vaciló, dio un paso atrás.

Despu é¡; d e muchas horas de caminar , hizo venir a Luis
Cervantes: .

Luego, con voz apagada y ronca, gritó :

- ¿ Oiga, curro, ahora que lo estoy pensando, yo qué pitos voy a tocar a Aguascalientes T

- ¡ Lárgate !. . . ¡ Pero luego !. . .

Nadie se atrevió a detenerla.

-A dar su voto, mi general, para Presidente provisional
de la República.

�67

66

-¿ Presidente provisional?. . . Pos entonces, i qué tal es,
pues, Carranza 'l. . . La verdad, yo no entiendo el;ltas políticas...

Llegaron a Lagos. El güero apostó a que esa noche haría reir a Demetrio a carcajadas.
Arrastrando las espuelas, las chivarras caídas abajo de
la cintura, entró Demetrio a "El Cosmopolita", con Luis
Cervantes, el güero 1\fargarito y sus asistentes.
-¿ Por qué corren, éurros?. .. ¡ No sabemos comer gente! -exclamó el güero.
,

Los paisanos, sorprendidos en el mismo momento de escapar, se det_nviero_n; unos, con disimulo, regresaron a sus
mesas a segmr bebiendo y charlando, y otros, vacilantes, se
adelantaron a ofrecer sus r esp etos a los jefes.
- ¡ Mi general!. . . ¡ Mucho gusto!. . . ¡ Señor mayor!. ..

- ¡ E so es!. .. Así me gustan los amigos finos y decentes
- dijo el güero Margarito.
'

-Vamos, muchachos -agregó sacando su pistola jovialmente-; ahí les va un buscapiés para que lo toreen.
Una bala r ebot~ en el cemento, pasando entre las patas
de las mesas y las piernas de los señoritos, que saltaron asust ados como dama a quien se le ha metido un ratón bajo la
falda.
Pálidos, sonríen, para festejar debidamente al señor
mayor. D~me!rio despliega apenas sus labios, mientras que
el acompanam1ento lanza carcajadas a pierna tendida.
-G~~ro -o~serva la Codorniz-, a ése que va saliendo
le prend10 la avispa; mira como cojea.
El güero, sin parar mientes ni volver siquiera la cara
haci~ el h_erido, afirma ~on entusiasmo que a treinta pasos
de d1stanc1a y al descubr1r le pega a un cartucho de tequila.
- A ver, · amigo, párese -dice al mozo de la cantina.
Luego, de la mano lo lleva a la cabecera del patio del hotel
Y le pone un cartucho lleno d e tequila en la cabeza.
.. El pobre diabl? resiste, quiere huir, espantado, pero el
guero prepara su pistola y apunta.
tita.

- ¡ A tu lugar... tasajo! O de veras te meto una calien-

El güero se vuelve a la pared opuesta, levanta su arma
y hace puntería.
El cartucho se estrella . en pedazos, bañando de tequila
-la cara del muchacho, descolorido como un muerto.
-¡ Ahora va de veras! -clama, corriendo a la cantina
por un nuevo cartucho, que vuelve a colocar sobre la cabeza
del mancebo.
Torna a su sitio, da. una vuelta vertiginosa sobre los pies,
y al descubrir, dispara.
Sólo que ahora se ha lleva.d o una oreja - en vez del cartucho.
Y apretándose el estómago de tanto reír1 dice al muchacho:
- Toma, chico, esos billetes. ¡ Es cualquier cosa! E so
se quita con tantita árnica y aguardiente ...

Después de beber mucho alcohol y cerveza, habla -Demetrio:
-Pague, güero .. . Ya me voy . ..
-No traigo ya nada, mi general; pero no hay cuidado
por eso. . . ¿ Qué tanto se te debe, amigo 1
-Ciento ocnenta pesos, mi jefe -responde amablemente el cantinero.
El "'üero salta prontamente el mostrador, y en dos manotadas"'derriba todos los frascos, botellas y cristalería.
-Ai le pasas la cuenta a tu padre Villa, ¿sabes 1
-Oi"'a ami"'o ¡, dónde queda el barrio de las muchaehas y -;r~gunt; 'tambaleándose de borracho, a un sujeto
pequeño, correctamente vestido, que está cerrando la puer:ta de u.na sastrería.
- Oiga, amigo, ¡ qué chiquito y qué bon_ito es usted!. ..
¿ Cómo que no 1. . .
¿Entonces yo soy mentiroso t .. Bueno,
así me gusta... ¿Usted sabe bailar los enanosl ... _¿Qué no
sabe t . . ¡Resabe!. .. ¡ yo lo conocí a u sted en un c1rco ! i L e
juro que sí sabe y muy r ebién !. .. ¡ Ahora lo verá! ...
El güero saca su pistola y comienza a disparar hacia ~os
pies del sastre, que, muy gordo y muy pequeno, a cada tiro
da un saltito.

�69

68

- , Ya ve cómo sí sabe bailar los enanos,
Y echando los brazos a espaldas de sus amigos, se hace
conducir hacia el arrabal de gente alegre, marcando su paso a balazos en los focos de las esquinas, en las puertas y
en las casas del poblado. Demetrio lo deja y regresa al hotel, tarareando entre los dientes :
En la medianía del cuerpo
una daga me metió,
sin saber por qué
ni por qué sé yo. ..
Tomado de
Los de abajo.

JORGE LUIS BORGES

HISTORIA DEL
GUERRERO Y DE LA CAUTIVA
~ la página 278 del libro La poesía (Bari, 1942), Croce,
abreviando un texto latino del historiador Pablo el Diácono
narra la suerte y cita el epitafio de Droctulft • estos me con~
movieron sigularmente, luego entendí por q~é. Fué Droctulft un guerrero lombardo· que en el asedio de Ravena abandon? a los suyos y murió defendiendo la ciudad que ante.s
habia atacado. Los raveneses le dieron sepultura en un
templo y compusieron un epitafio en el que manifestaron su
gratitud (_"contespsit caros, dum nos amat ille, parentes")
Y el peculiar contraste que se advertía entre la figura atroz
de aquel bárbaro y su simplicidad y bondad:

Terribilis visu facies, sed mente benignus,
Longaque robusto pectores barba fuit 11
1

También Glbbson (Decline and fall, XLV) transcribe estos versos.

Tal es la historia del destino de Droctulft, bárbaro que
murió defendiendo a Roma, o tal es el fragmento de su historia que pudo rescatar Pablo el Diácono. Ni siquiera sé
en qué tiempo ocurrió: si al pr!)mediar el siglo VI, cuando
los longobardos desolaron las llanuras de Italia; si en el
VIII, antes de la rendición de Ravena. Imaginemos (éste
no es un trabajo histórico) lo primero.
Imaginemos, sub specie aeternitatis, a Droctulft no al
individuo Droctulft, que sin duda fué único e insondable (todos los individuos lo son), sino al tipo genérico que de él
y de otros muchos como él ha hecho de una oscura geografía
de selvas y de ciénegas, las guerras lo trajeron a Italia, desde las márgenes del Danubio y del Elba, y tal vez no sabía
que iba al Sur y tal vez no sabía que guerreaba contra el
nombre romano. Quizá profesaba el arrianismo, que mantiene que la gloria del Hijo es reflejo de la gloria del Padre,
pero más congruente es imaginarlo devoto de la Tierra, de
Hertha, cuyo ídolo tapado iba de cabaña en cabaña en un
carro tirado por vacas, o de los dioses de la guerra y del trueno que eran torpes figuras de madera, envueltas en ropa tejida y recargadas de monedas y ajorcas. Venía de l~s selvas inextricables del jabalí y del uro; era blanco, ammoso,
inocente cruel leal a su capitán y a su tribu, no al univer' lo traen a Rayena y ah1, ve algo que no h a
so. Las' guerras
visto jamás, o que no ha visto con _Plenitud. V e el, ~a y l?s
cipreses y el mármol. Ve un conJunto que es multiple sm
desorden • ve una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de
templos, de jardines, de habitaciones, de ~radas, d~ jarrones,
de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Nmguna de
esas fábricas (lo sé) lo impresiona por bella; lo tocan como
ahora nos tocaría una maquinaria compleja, cuyo fin ignoráramos, pero en cuyo diseño se adivinara una inteligen~ia inmortal. Quizá le basta ver un solo arco, con una mcomprensible inscripción en eternas letras romanas. Bruscamente lo ciega y lo renueva esa revelación, la Ciudad. Sabe
que en ella será un perro, o un niño, y que no empezará siquiera a entenderla, pero sabe también que ella vale más que
sus dioses y que la fe jurada y que todas las ciénegas de
Alemania. Droctulft abandona a los suyos y pelea por Ravena. Muere, y en la sepultura graban palabras que él no
hubiera entendido:
Contempsit caros, dum nos ama.t ille, pa.rentes,
Ha.ne pa.triam reputa.ns esse, Ravenna, suam.
No fné un traidor (los traidores no suelen inspirar epitafios piadosos); fué un iluminado, un converso. Al .cabo

�70

de unas cuantas generaciones, los longobardos, que culparon
al tránsfugo, procedieron como él; se hicieron italianos, lombardos y acaso algunos de su sangre -Aldíger- pudo engendrar a quienes engendaron al Alighieri ... Muchas conjeturas cabe aplicar al acto de Droctulft; la mía es la más
económica; si no es verdadera como hecho, lo será como
símbolo.
Cuando leí en el libro de Croce la Historia del guerrero,
ésta me conmovió de manera insólita y tuve la impresión
de recuperar, bajo forma diversa, algo que había sido mío.
Fugazmente pensé en los jinetes mogoles que querían hacer
de la China UJ1 infinito campo de pastoreo y luego envejecieron en las ciudades que habían anhelado destruir; no era
ésa la memoria que yo buscaba. La encoutré al fin; era un
relato que le oí alguna vez a mi abuela inglesa, que ha muerto.
En 1872 mi abuelo Borges era jefe de las fronteras Norte y Oeste de Buenos Aires y Sur de Santa Fe. La comandancia estaba en J unín; más allá, a cuatro o cinco leguas
uno de otro, la cadena de los fortines; más allá, lo que se
denominaba entonces la Pampa y también Tierra Adentro.
Alguna vez, entre maravillada y burlona, mi abuela comentó
su destino de inglesa desterrada a ese fin del mundo; le dijeron que no era la única y le señalaron, meses después una
muchacha india que atravezaba lentamente la plaza. Vestía
dos mantas coloradas e iba descalza; sus crenchas eran rubias. Un soldado le dijo que otra inglesa quería hablar con
ella. La mujer asintió; entró en la comandancia sin temor,
pero no sin recelo. En la cobriza cara, pintarrajeada de colores feroces, los ojos eran de ese azul desganado que los
ingleses llaman gris. El cuerpo era ligero, como de cierva;
las manos, fuertes y huesudas. Venía del desierto, de Tierra Adentro, y todo parecía quedarle chico: las puertas, las
paredes, los muebles.
Quizá las dos mujeres por un instante se sintieron hermanas; estaban lejos de su isla querida y en un increíble
país. Mi abuela enunció alguna pregunta ; la otra le respondió con dificultad, buscando las palabras y repitiéndolas, como asombrada de un antiguo sabor. Haría quince años que
no hablaba el idioma natal y no le era fácil recuperarlo. Dijo que era de Yorkshire, que sus padres emigraron a Buenos
Aires, que los había perdido en un malón, que la habían llevado los indios y que ahora era mujer de un capitanejo,
a quien ya había dado dos hijos y que era muy valiente. Eso
Jo fué diciendo en un inglés rústico, entreverado de arauca-

71

no O de pampa, y detrás del relato se vislumbraba una v~?~
feral. los toldos de cuero de caballo, las hogu_eras de est1e~
col Íos festines de carne chamuscada o de v1sceras cruda\
las' sigilosas marchas al alba; el asalto de los corrales, e
alarido y el saqueo, la guerra, el cau_dalo~o arreo d~ las _haciendas por jinetes desñudos, la P?hgam1~, la hed1o?d;z Y
la magia A esa barbarie se habia rebaJado una mg esa;
Movida por la lástima y el escándalo, mi abuela la__exhorto
no volver. Juró ampararla, juró rescatar a sus h1J0S._ La
~tra le contestó que era feliz y volvió, esa noche, al d~~1erto.
Francisco Borges moriría poco después,. e~t la revoluc1on _del
74. quizá mi abuela, entonces, pudo perc1b1r en la o~ra mu~er,
ta~bién arrebatada y transformada por e~te contmente nnplacable, un espejo monstruoso de su de tmo.
Todos los años, la india rubia olía llegar a los pul~erías
de Junín, o del Fuerte Lavalle, en proc1;1;a de ba~atiJas Y
"vicios"; no apareció, desde la conY~rsac1on con ,m1 a~nela.
Sin embar"'O se vieron otra vez. M1 abuela babia salido a
cazar; en ~• rancho, cerca de los bañad~s, u~ h?mbre degollaba una oveja. Como en un sueño, paso la md1~ ª. cabal_lo.
Se tiró al suelo y bebió la sangre caliente. No se s1 lo b1~0
porque ya 110 podía obrar de otro modo, o como un desafio
y un signo.
1
Mil trescientos años y el mar median entre el destino de
la cautiva y el destino de Dro~tulft. Los, dos, ahora, son
igualmente irrecuperables. La figura del ba!baro que abraza la causa de Ravena, la figura de la m,UJ~r eu~opea que
opta por el desierto, pueden parecer antagomcos,, sm emba:go, a los dos los arrebató un ímpetu secreto, ~ impetu mas
hondo que la razón, y los dos acataron_ ese_ 1mpetu que no
hubieran sabido justificar. Acaso las historias que he referido son una sola historia. El anverso y el reverso de esta
moneda son, para Dios, iguales.

A Ulrike von Küblmann.
Tomado de
El a teph.

�73

ALE/O CARPENTIER

n
EL PACTO MAYOR

LOS irtH•nos parecían romperse en aludes sobre los riscosos perfiles del ~forne Rouge, rodando largamente al fondo dt• las barrancas, cuando los delegados de la dotaciones
df' la Llanura del Norte llegaron a las espesuras de Bois Caimau, enlodados hasta la cintura. temblando bajo sus camisas mojadas. Para eolmo, aquella lluvia de agosto, que pasaba de tibia a fría según girara el viento, estaba apretando
c·ada vez más desde la hora de la queda de, esclavos. Con el
pantalón pe~aclo a las ingles, 'l'i ~oel trataba clP cobijar su
(•abeza bajo un saco de yute, doblado a modo de capellina.
A pe ·ar de la obscuridad, era seguro que ningún espía se
hu bies¡, des] izado en la reunión. Los ayisos habían sido dados. muy a última hora, por hombrrs probados. Aunque se
habla rn rn voz baja, el rumor de las conversaciones llenaba
todo el bosque, eonfundiéndose con la con. taute pre encia
&lt;lP] ag11acero en las frondas estremec:idas.
Dt' pronto, una voz potente se alzó en medio del congreso ele sombras. rna voz, cuyo poder de pasar sin trausic:ióu del registro grave al agudo daba un raro énfasis a las
palabras. Había mucho de invocación y de en. almo en aqu(']
discurso lleno de inflexion('s coléricas y de gritos. Era Bout· b.,na11 el jamaiquino qui('n hablaba de esta manera. Aunque el trueno apagitra fruses enteras, Ti ~oel creyó compr('nde,· que algo había ocurrido en Francia y que unos S&lt;'ñores muy influyentes habían drclarado que debía darsr la
libertad a los negro., p('ro que lo~ ricos propietarios del Cabo, que eran todos unos hideputas monárquicos, se uegaban
a obedecer. Llegado a este punto, Bonckman dejó caer la
lluvia sobre los árboles durante algunos segundos, c:omo para esperar un rayo que se abrió sobrc&gt; pf mar. Entonces
1·uando hubo pasado el retumbo, declaró que un Pacto . e había sellado entre lo· iniciados dc&gt; acá y los grandes Loas del
Africa, para &lt;¡ue la guerra S(' init·iara bajo los signos propi&lt;' ios. Y de las aclamaciones quc&gt; ahora lo rodeaban brotó la
ndmonic·ión final:

de los blanc:os ordena el crimen. ~ucstros
El D .
- no piden
ios
·
· ' nuest 10s
· · n·
bra diose&amp;
vf'nganza.
Ellos con d uc1r~n
zos v nos darán la asistencia. ¡ Rompan la, m~agen del ~os
d; los blancos, que tiene sed de nuestras ~agrnnas; escuc ('mos e11 nosotros mismo la llamada de la hbertad.1
Los delegados habíau olvidado la lluvia que les. corría
de la barba al vientre endureciendo el cuero d_e los cmturos l-n alarido se había le-vantado en medio de la tor:e~ta. ,Junto a Bouckman, u?a negra huesuda, de li:rgos
miembros, estaba haciendo mohnctes con un machete ntual.

Fai Ogún, Fai Ogún,
Damballah m'ap
Fai Ogún, Fai Ogún,
Damballah m'ap

Fai
tiré
Fai
tiré

Ogún, oh!
canon
Ogún, oh!
canon

Ogún de los hierros, Ogíw el guerrero, Ogún ~(' las fn!"'Uas, Ogún mariscal, Ogún de las _lanzas, ~gun-C~ango,
O"'ún-Kankanikán. Ogún-Batala. Ogun-P~nama, Ogu1;-Bak~é eran invocados ahora por la sacerdotista del Rada, en
medio de la grita de sombras:

Ogún Badagri,
General sa.nglant,
Sa.izi .z'orage
Ou scell'orage
Ou fait Kataoun z'eclai !
El machete se hundió úbitamente en el viente de u~
cerdo negro que largó las tripas y los pulmones en tres aulhd
Enton~es llamados por los nombres de sus amo . ya
4 no tenían ·~ás apellido, los delegados desfilaron de ~no en
uno para untarse los labios con la sangre espumosa del cer o,
cogida en un gran cuenco de madera. Luego, cayer?n . e
bruces sobre el suelo mojado. Ti Xoel, como los _dem~s, )Uró ue obedecería siempre a B&lt;Yllckman. El Jama1q,u!ºº
abraió a Jean Francois a Biassou, a Jeannot, que no babr1a11
de volver aquella noch'e a sus haciendas. _El Estado_ mayor
de la sublevación estaba formado. La senal se &lt;lana ocho
días después. Era muy probable que se logr8:ra alguna ~yu;
da de los colonos españole de la otra v~rt1ente. enem •g~s
irreconciliables de los franceses. Y en. V1Sta, de qu~b- ser~a
necesario redactar una proclama y nád1e sabia escr1 ir, ~e
penRó en la flexible pluma de oca del abate de la Haye, pa-

~!·

i;:-

�75
74

rroc_o del, Dondó.t?-, sacerdote volteriano que daba muestras
de meqmvoc~s . sunpatías por los negros desde que había
tomado conocuruento de la Declaración de Derechos del Hombre.
Como la lluvia había hinchado los ríos Ti Noel tuvo que
l~nzarse a nado en la cañada verde, para ~star en la caballeriza ante~, del despertar del mayoral. La campana del alba lo
sorprend~o sentado y cantando, metido hasta la cintura en
un monton de esparto fresco, oliendo a sol.

III
LA LLAMADA DE LOS CARACOLES

MONSIEUR Lenormand de Mezy estaba de pésimo humor desde su, últi!lla vi,;ita al Cabo. El gobernador Blanchelande, ~ona~qmco _como él, se mostraba muy agriado or
las_ molestias divagaciones de los idiotas utopistas que p se
apiadaban, e~ París, del destino de los negros esclavos ¡ Oh 1
Era _muy fácil, en el Café de la Regence en las arcadas deÍ
Pala1s Royal, soñar con l_a igualdad de l~s hombres de todas
las razas, entre dos _Partidas de faraón. A través de vistas
de puertos, _embe~ec1das por rosas de los vientos y tritones
con ~os carrillos hinchados; a través. de los cuadros de mulatas mdolentes, de lavanderas desnudas, de siestas en platan~les, grabados por Abraham Brunias y exhibidos en Franc~ entre los versos de Du Parny y profesión de fe del vicario saboyano,, era muy fácil imaginarse a Santo Dominao
forno el paraISo vegetal de Pablo y Virginia, donde los ;eones no_ colgaban de las ramas de los árboles, tan sólo por¡ue hubieran matado a los transeúntes al caer de tan alto
: en m~yo, la_ Asamblea Constituyente, integrada por un~
c usm~ liberaloide y enciclopedista había acordado ue s
c~nced1eran derechos políticos a lo~ negros, hijos de inanu~
misos. Y ahora, a_nte ~l fantasma de una guerra civil, involos prop~etario~, esos ideólogos a la Estanislao de
~1? .en respondian: Perezcan las colonias antes que un
prmcip10".

;?º 1t

Serían las diez de la noche cuando Monsieur Lenormand
de Mezy, a~argado
sus meditaciones, salió al batey de
la tabaquena con el arumo de forzar a algmia de las adolescentes que a esa hora robaban bojas en los secaderos para
€~~las mascaran sus padres. Muy lejos, había sonado una
pa de caracol. Lo que resultaba sorprendente ahora
era que al lento mugido de esa concha respondían ~tros e~

~º:

los montes y en las selvas. Y otros, rastreantes, _más hacia
el mar hacia las alquerías de Millot. Era como s1 todas las
porcel~nas de la costa, todos los lambíes indios, todos los
abrojines que servían para sujetar las puertas, todos los caracoles que yacían, solitarios y petrificados, en el, t_ope de
los Moles se hubieran puesto a cantar en coro. Subitamente, otro g~amo alzó la voz en el barracó~ principal de la
cienda. Otros, más aflautados, respondieron desde la amlería desde el secadero de tabaco, desde el establo. Monsieu; Lenormand de Mezy, alarmado, se ocultó detrás de
un macizo de buganvilias.

1:~-

Todas las puertas de los barracones cayeron a la vez,
derribadas desde adentro. Armados de estacas, los esclavos
rodearon las casas de los mayorales apoderándose de las herramientas. El contador, que había aparecido con una pistola en la mano, fue el primero en caer, con la garganta
abierta, de arriba a abajo, por una cuchara de albañil. Luego de mojarse los brazos en la sangre del blanco, los negros
corrieron hacia la vivienda principal, dando mueras a los
amos, al gobernador, al Buen Dios y a todos los fr~nceses
del mundo. Pero, impulsados por muy largas apetencias, los
más se arrojaron al sótano en busca de licor. A golpes de
pico se destriparon los barriles de escabeche. Abiertos de
duelas, los toneles largaron el morapio a borbotones, enrojeciendo las faldas de las mujeres. Arrebatadas entre gritos y empellones, las damajuanas de aguardientes, las bombonas de ron se estrellaban en las paredes. Riendo y peleando, los n¿gros resbalaban sobre un jaboncillo de orégano tomates adobados, alcaparras y huevas de arenque que
cl~reaba sobre el suelo de ladrillo, el chorrear de un odrecillo de aceite rancio. Un negro desnudo se había metido,
por broma, dentro de un tinajón lleno de manteca de cerdo.
Dos viejas peleaban, en congo, por una olla de barro. Del
techo se desprendian jamones y colas de abadejo. Sin meterse en la turbamulta, Ti Noel pegó la boca, largamente, con
muchas bajadas de la nuez, a la canilla de un barril de vino español. Luego subió al primer piso de la vivienda, seguido de sus hijos mayores, pues hacía mucho tiempo ya que
soñaba con violar a Mademoiselle Floridor, quien, en sus noches de tragedia, lucía aún, bajo la túnica ornada de meandros, unos senos nada dañados por el irreparable ultraje de
los años.
Tomado de
El reino de este mundo.

�77

76

RUBEN DARIO

EL FARDOl

Allá lejos, en la línea, como trazada por un lápiz azul,
que separa las aguas y los cielos, se iba hundiendo el sol, con
sus polvos de oro y sus torbellinos de chispas purpuradas, como un gran disco de hierro candente. Ya el muelle fiscal
iba quedando en quietud; los guardan pasaban de un punto
a otro, las gorras metidas hasta las cejas, dando aquí y allá.sus
vistazos. Inmóvil el enorme brazo de los pescantes, los jorna1eros se encaminaban a las casas. El agua murmuraba debajo
del muelle, y el húmedo viento salado, que sopla de mar afuera en que la noche sube, mantenía las lanchas cercanas en un
continuo cabeceo.
Todos los lancheros se habían ido ya; solamente el vieJo
tío Lucas, que por la mañana se estropeara un pie al subir una
banica a un carretón, y que, aunque cojín cojeando,2 había
trabajado todo el dia, estaba sentado en una piedra, y con la
pipa en la boca, veía triste el mar.
-¡ Eh, tío Lucas !

¿ Se descansa ?

1.-Apareció en la Revista ele Artes y Letras, Santiago, 15 de abril
de 1887, tomo IX, pp. 113-119. Llevaba entonces la siguiente dedicatoria,
luego suprJ.mida: "A Luis Orrego Luco. Has murmurado, LuiS, de la
prosa de la Aduana. y has hecho mal. ¡ Si vieras cuántas cosas se
miran, además de las aes en triángulo y de los enigmas de las pólizas!
Yo pensaba como tú, al frente de tan claras avideces, y, mira lo que
he encontrado ayer, al salir del galpón de avalúes, a los dos días de
mi empleo''. Fué reproducido en La Epoca el 30 de ese mismo lnes y
afio, e Incluido en las ediciones de Azul. .. En la nota XI a la guatemalteca Darlo aclaró: "Este es un episodio verdadero, que me !ué
narrado por un viejo lanchero en el muelle fiscal de Valparaiso. en
el tiempo de mi empleo en la Aduana de aquel puerto. No ¡be hecho
sino darle una terma conveniente". En la nota IV de esa misma
edición Darlo nos retlere su permanencia en Valparalso y su -•empleo
en la Aduana motivados por la llegada del cólera a Santiago. . "En
El fardo -dice Darío en la Historia ele mis Ubros-- triunfa laº entpnces
en auge escuela naturalista. Acababa de conocer algunas obras de
Zola, y el reflejo fué inmediato; mas no correspondiendo tal modo a
mi temperamento nl a mi fantasla. no volví a Incurrir en tales desvios".
Una versión Inglesa aparece en las Short Storles from the Spanish
editadas por Charles Barnsley McMichael (New York, Bonl and .L!verlght, 1920, y Girar, Kansas, Haldeman-Julius Co., 1923).
2.-Del francés clopln-clopant, como observa Saavedra Molina (Obras
escogidas, I , p. 236) . El doctor Alfonso Méndez Plancarte me comunica
que coJln cojeando ya aparece en Montalvo, lectura predilecta de
Darío desde 1881.

-Sí, pues, patroncito.
y empezó la charla, ei-;a charla agradable y sue,l_t~1 qtie 11;.e
1lace entablar cOn los bravos hombres toscos q11e \ n ~n a ~ 11a del trabajo fortificante, la que da la buena sal~d Y la fue~za
del múscnlo, -y se nutre eon el µ:rano cl el poroto y la san.,,re
hirviente de la ,iña.
Yo veía con canno a aquel mdo viejo, y le oía con inte,, s us relaciones1 así todas cortadas, todas como_ ~e ho11C1bre
res·
'
Ah
fu' nul1ta r 1 • onbasto, pero de p~cho ingent· Bl~lne; ~on:c~nq~e todaví~I tuvo
01

i~~1sf:n~~~:;!~~: ~ c~~1d~ifl! hasta 1.1.iraflores !5 Y es casado,
y tuvo un hijo, y ...
y aquí el tío Lucar;:
- ¡ Sí, patrón, hace d os ano8
que "e
" 1:n", murió!
.
·
l
AquPllos ojos, chi~os y relumbr~ntes b aJo as ceJas !!rises
~Y peludas, se humedecierou eutone:es.
- 1, Qué cómo se murió 1 en el oficio, l!ºr d a:nos de comer
a t odos: a mi mujer, a los chiquitos y a nn, patron. que entonces me hallaba enfermo.
y todo me lo refirió, al comenzar aquella noc?e, mi1ntra_s
b 1,
d b roas y la ciudad encPndia sus uces;
8
e~ªi8a s;i~~r: ~~e 1: s!~vía· rie asiento, después _de apagar su
'"
..
de colocársela en la oreja, y de J.'shrar_ y cruza:r
:~;;e~~a: f1acas y musculosas, ~ubiertas por los sucios pantalones arremangados hasta el tob1 llo.
El muchaeho era muy ho~rado y muy de trabajo . . Se quionerlo a la escuela desde grandecito; pero i los nuserables
pdeb en apre1,1der a leer cuando se llora de hambre en el
cuartucho!
El tfo Lucas era casado, tenía muchos hijos.

1~

:1~

Su mujer llevaba la maldición d el vien~re de las pob,res: la
.,
Había pues mucha boca abierta qu~ pedia pan,
f ecnnd ac1?n.
.
,
' 1 b
la basura mucho cuerpo
mucho ch1co sucio que se r evo ca a en. .
,
, ,
.
.
ba
d
e
frío.
era
p
reciso
1r a llevar que come1,
magro q ne t em bl a
,
3.- Poroto, 'frijo l'.

\cr

1 h 'J no que combat!ó con tra la
4..-Don Manuel Bulnes, genera ; 1
Saavedra Melina, Obras
confederación peruano-bolivia na en 1 38
·
escog!clas. 1, · p. 236).
1
en 1881 y a brió las puertas
• 5 La batalla de Miraflores tuvo ugar
' Obrall escogidas, I .
de ' Lima al ejército chileno (Cf. Saavedra Melina,
p . 237).

�79
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a buscar harapos, y para eso, quedar sin alientos y trabajar
como un buey.
c.uand~ el hij~ creció,. ayudó al padre. Un vecino, el
herre1:o,_ qU1so_ ensenarle su mdustria; pero como entonces era
tan debil, casi un armazón de huesos, y en el fuelle tenía ue
echar el bofe, se puso enfermo y volvió al conventillo.6. ¡ Áh,
estuv? _muy enfermo! Pero no murió. ¡ No murió! y eso
que vivian en uno de esos hacinamientos humanos entre cuatro
paredes d_estartalad_as, viejas, feas, en la callej~ela inmunda
!e las muJeres perdidas, hedionda a todas horas, alumbrada de
oche por escasos faroles, y en donde resuenan en perpetua llamada. a_ las zambras d~ echacorvería, las arpas y los acordeones
Y el rllldo ~e los marmeros que llegan al burdel, desesperado~
con la cast1d~d de las largas travesías, a emborracharse como
cubas Y a gritar Y p~t~lear como _condenados. ¡Sí! entre la
P?~1;:edumbre, al estrepito de las fiestas tunantescas, el éhico
v1v10, y pronto estuvo sano y en pie.
Luego llegaron sus quince años.
El tío Lucas había logrado, tras mil privaciones , comprar
una canoa. S e hizo pescador.
Al venir el alba, iba con su mocetón al agua, llevando los
enstes de la pesca. El uno remaba, el otro ponía en los anzue os la carnada. Volvían a la costa con buena esperanza
de v~nder lo hallado, entre la brisa fría y las opacidades de la
neblina,_ cantando en baja voz alguna "triste"7 y enhiesto el
r emo trmnfante que chorreaba espuma.

¡ Sí! lancheros; sobre las grandes embarcaciones chatas
y negras ; colgándose de la cadena que rechina pendiente
como una sierpre de hierro del macizo pescante que semeja una horca ; remando de pie y a compás; yendo con la
lancha del muelle al vapor y del vapor al muelle; gritando:
¡ hiiooeep ! cuando se empujan los pesados bultos para engancharlos en la uña potente que los levanta balanceándolos como un pendulo. ¡Sí! lancheros; el viejo y el muchacho, el padre y el hijo ; ambos a horcajadas sobre un cajón,
ambos forcejando, ambos ganando su jornal, para ellos y
para sus queridas sanguijuelas del conventillo.
Ibanse todos los días al trabajo, vestidos de viejo, fajadas las cinturas con sendas bandas coloradas, y haciendo
sonar a una sus zapatos groseros y pesados que se quitaban
al comenzar la tarea, tirándolos en un rincón de la lancha.
Empezaba el trajín, el cargar y descargar. El padre
era cuidadoso: -¡ Muchacho, que te rompes la cabeza! ¡ Que
te coge la mano el chicote! ¡ Que vas a perder una canilla!-. Y enseñaba, adiestraba, dirigía al hijo, con su modo, con sus bruscas palabras de obrero viejo y de padre encariñado.
Hasta que un día el tío Lucas no pudo moverse de la
cama, porque el reumatismo le hinchaba las coyonturas y le
taladraba los huesos.
¡Oh! Y había que comprar medicinas y alimentos; eso

sí.
-Hijo, al trabajo, a buscar plata; hoy es sábado.

Si había buena venta, otra salida por la tarde.

Y se fué el hijo, solo, casi corriendo, sin desayunarse,

U~a de invie:110 había temporal. Padre e hijo en la
pe~~na. embarcac!ó:1? sufrían en el mar la locura d; la ola
Y
, viento. Dificil era llegar a tierra. Pesca
todo
se fue al agua, y se pensó en librar el pellejo. Lu~haban
como desesperados por ganar la playa. Cerca d
11
t
ban; pero una _racha J?aldita les empujó contra
es ala ca_noa se hizo astillas. Ellos salieron sólo ma ~c¿ Y
i g~acias a Dios ! como decía el tío Lucas al narrarfo~
pues, ya son ambos lancheros.

!i! :

ªD~!~

6.-Conventlllo, 'ca$a de vecindad'.
7.-"Las tristes son unas
Y aún
en Chile. y en verdad canc¡ ones populares en el Perú, Bolivia
la melancolia de su ritmo al oqu;o merecen el nombre que tienen, por
letra, que casl siempre exp~esag peni::ºy ':in!j doltosa melopea, y por la
son los yaravies" (nota XII de Dario a fa a.sdl 1e. amor. Algo semejante
mala, 1890).
·
e e on de Azul de Guate-

a la faena diaria.
Era un bello día de luz clara, de sol de oro. En el muelle rodaban los carros sobre sus rieles, crujían las poleas, chocaban las cadenas. Era la gran confusión del trabajo que
da vértigo : el son del hierro, traqueteos por doquiera, y el
viento pasando por el bosque de árboles y jarcias de los navíos en grupo.
Debajo de uno de los pescantes del muelle estaba el hijo del tío Lucas con otros lancheros, descargando a toda prisa. Había que vaciar la lancha repleta de fardos. De tiempo
en tiempo bajaba la larga cadena que remata en un garfio, sonando como una matraca al correr con la roldana; los mozos
amarraban los bultos con una cuerda doblada en dos, los enganchaban en el garfio, y entonces éstos subían a la manera

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80

de un pez E&gt;n un anzuelo, o del plomo de uua sonda, ya quietos,
ya agüándose de un lado a. otro, como nn badajo, en el va,cío.
La carga estaba amontonada. La ola movía pausadamente de cuando en cuando la embarcación cobnada de fardos. Estos formaban una a modo de pirámide en el centro.
Había uno muy pesado, muy pesado. Era el más grande de
todos, ancho, gordo y oloroso a brE&gt;a. Venía en el fondo de
la lancha. -Un hombre de pie sobre él, era pequeña fig ura
para el grueso zócalo.
Era algo como todos los prosaísmos de la importación
envueltos en lona y fajados con correas de hierro. Sobre
sus costados, en medio de líneas y de triángulos uegroF;,
había letras que miraban como ojos. -Letras en ·'diamante"- decía el tío Lucas. Sus cintas de hierro e.t,taban
apretadas con clavos cabezudos y ásperos; y en las entrañas
tendría el monstruo, cuando menos, linones y peTcales.
Sólo él faltaba.
-¡ Se va E&gt;l bruto ! -dijo u no de los lancheros.
- ¡ El barrigón! -agr egó otro.

Y el hijo del tío Lucas, que estaba ansioso de acabar
_pronto, se alistaba para ir a cobrar y desayunarse, anudándose el pañuelo a cuadros al pescuezo.
Bajó la cadena danzando
gran lazo al fardo, se probó
gritó: - ¡Iza!mientras la
chirriando y levantándola en

en el aire. Se amarró un
si estaba bien seguro, y se
cadena tiraba de la masa
vilo.

Los lancheros, de pie, miraban subir el e~15&gt;rme peso,
y se preparaban para ir a tierra, cuando se vio una cosa
horrible. El fardo, el grueso fardo, se zafó del lazo, &lt;,'"QmO
de un collar holgado saca un perro la cabeza; y cayó sobre
el hijo del tío Lueas, que entre el filo de la l a11cha y el
gran bulto quedó con los riñones rotos, el espinazo desencajado y echando sangre negra por la boca.
Aquel día no hubo pan ni medicinas en casa del tío
Lucas, sino el muchacho destrozado, al que se abrazaba
lloran~o el reillllático, entre la gritería de la mujer y de
los chicos, cuando llevaban el cadáver al cementério.
Me d esp edí d el viejo fanchero, y a pasos elásticos dejé
el inuelle, tomando el camino de la casa, y haciendo filo-

de un poeta, en ta_nto que mm
sofía con t oda la c:achaza
venfa
de
mar afuera, pellizcaba tenazbrisa g lacial, que
mente las üarices y las orejas.
Tomado de

cuentos completos.

ROMULO GALLEGOS

UNAS MANCHAS DE SANGRE
En la balsa del paso crnzaro:i. el Caroni y cuando saltaron a tierra Manuel Ladera d1JO :
.
.B
Marcos Vara
as
!
Ya
está
en
e
1
y
aruan
y
0
- 1 ueno,
·
•
d
de los hombres
que le sea de provecho. En la,tierra e1 oro y
machos, como dicen por aqm.
-Y de las mujer es bonitas -completó Marcos.
si se enamora
- También dicen Y no es mentira. A ver
de alguna y se queda entre nosotros.
diligencia como
-Si usted supiera, don Manuel. Ya esa
que está hecha.
. ,~
a vo viendo que m;ted es de los que,
-d &amp;81. Pues yen ca~üno todo lo llevan eu la magaya.
cuan o se ponen
'
• .n·b ereno
- y al dcaer a unas
Atravesaron el boscaJe
r , calsetas por donde pacían algunas r eses, La era exp ico:
"T
uén" y está a su disposición, como
- Ya esto es
upuq
, 11
una hierba
todo lo que me pert enece. Tupuq~:nel
mismo para
brava, más eficaz que el ~acha y q donde ella se mete ya
acabar con el monte tup1d,o, ~ues
nchas de donde
no cr ece otra cosa. ~or aqm rem3:ba ª· s;su~ted l~s trabajos
denominé así esta finca Y n~ se ~~apgt]a
Otro. tupuquén
el dinero que me ha costa o ex ir r . . .
.
del
Y .
t b", por estas tierras: las llamadas nquezas
;¡ma ~met;ur"UO Y el oro que quitan los brazos de la
a:r\~:r:~.ua. Los °braz.os y el capital , que ya tampoco quiere

;:!~

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82

invertirse en ella. Al purguo y al oro los laman la bendición
de esta tierra, pero yo creo que son la maldición. Despueblan
los campos y no civilizan la selva, dejan las tierras sin
brazos y las familias sin apoyo y corrompen al hombre,
desacostumbrándolo del trabajo metódico, pues todos nuestros campesinos ambicionan hacerse ricos en tres meses de
montaña purgüera y ya no quieren ocuparse de la agricultura. Lo . desmoralizan profundamente, pues la tragedia del
purguo -aquí, como el caucho en Rionegro y la sarrapia
en el Caura- no consiste sólo en que empresarios sin conciencia exploten al peón por medio del sistema del avance
-dinero y bastimentos a cuenta de la goma que saquenque casi equivale a comprar un hombre por cuatro r eales
y para toda la vida, sino también en que el peón le toma
el gusto al venderse de ese modo y cuando coge el dinero
del avance no le importa malgastarlo, pues ya está pensando
en el fraude de la piedra dentro de la plancha de goma y
en fugarse de la montaña debiendo lo que se ha comido
En picurearse, como ellos dicen. Que naturalmente la peo;
parte la lleva el peón, pues vaya usted a ver lo que encuentra
en la montaña: un plato de "paloapique" que no lo alimenta
de donde _adquiere el ber~beri que lo mata o lo inutiliza par~
t?da la vida, y la esclavitud, casi, por la deuda del avance,
sm modo de zafarse ya del empresario, ni autoridad que
contra él lo ampare, porque generalmente lleva parte en el
negocio y en todo caso se inclina del lado del fuerte contra
el débil. La esclavitud que a veces la heredan los hijos con
la deuda. Eso de la riqueza que producen el oro y el caucho
sólo es verdad para los privilegiados.
Marcos Vargas no estaba de acuerdo. Era posible que
desde un punto de vista práctico Ladera tuviese razón • pero
la aventura del_ cancho y del oro tenía otro aspecto, 'el de
la ~ventura misma, que era algo apasionante: el riesgo
cor~1do, el t~mor superado y aquello mismo de ir y volver
a tirar el dmero, con que el hombre desafiaba al destino.
i Una fiera medida de hombría! . . . Pero se abstuvo de manifestar su opinión.
Por otra parte, ya Ladera abandonaba el tema refiriéndose a una casa internada entre boscaje:
'
-Eso es Guaricoto, a donde traigo la familia a temperar, todos los años por la Cuaresma, que es cuando son
más sanos estos lugares. Menos esta pasada, que tuvimos
que quedarnos en Upata por enfermedad de una de las
muchachas.

Y Marcos saliendo de su mutismo por las bromas a
que lo inclinaba la simpatía que le inspiraba Ladera:
-¿ Tiene muchas, don Manuel?

-Algunas y para varios gustos, pues son tres, que ya
es bastante. O dos, para el interés a que pueda obedecer
esa pregunta suya, porque Maigualida; l a mayor ... Y_ ya
que al caso viene, voy a explic_arle cuales s_on esos ~otivos
íntimos que, según ya le he _dicho, me _obligan a evitarme
rozamientos con José Francisco Ardavm.
Este hombre,
que es la suma de todos los defectos posibles, le dió por
enamorarse de mi hija Maigualida, y como ella no lo aceptó
-piensa él que por consejos míos- le juró que mataría
a todo el que la pretendiera.
-Y cumplió su promesa -agregó Marcos-. Algo de
eso r ecuerdo haber oído en casa.
-Sí. Un forastero, mozo muy estimable, que gustaba
de mi muchacha y empezaba a decirle. Ardavín lo sorprendió una tarde ante la ventana de casa conversando con
ella y en su presencia lo asesinó cobardemente. Desde
entonces mi pobre hija vive quitada del mundo.
Hace una pausa y volviendo al tono chancero, agrega:
-Por eso le digo que son dos las que componen la
mercancía realizable que tengo en casa. Ya se las presentaré.
Son unas pollitas todavía, pero como usted dice que su
diligencia está hecha, no hay peligro de que me las enamore.
- ¡Hum! -hizo Marcos, comprendiendo que Ladera
quel'ía mantenerse en este terreno-. No se fíe de forasteros,
don Manuel.
-¿Así es la cosa? ¡ Ah, Marcos Vargas! Usted va a
caer muy bien por estas tierras, donde el buen humor, a
pesar de todo, es un salvoconducto que abre todas las
puertas.
-Pues para usted no habrá ninguna cerrada y como no
le falte el aceite que afloja todo tornillo, porque el ganadito
que voy viendo es bastante ...
-Y ya verá más. Pero estas sabanas dan mucha brega,
porque los bichos se recuestan contra el monte y hay que
trabajarlo a pecho de caballo. Allá en &lt;'La Hondonada",
donde pernoctaremos, ya son saban~s más fáciles, am;que
durante el verano al ganado lo castiga mucho la sequ1a.

�\

8:5

84

Y pasando de lo particular y propio a lo general, donde
ya era francamente pesimista:
-Eso es Guayana. 1\1.ucho río, agua como para abastecer a todo el país, y, sin embargo, tierras secas que dan
tristeza.
Y por aquí continuó durante uu buen rato habl&amp;,ndo de
las calamidades de su tierra, donde todo lo que fuese obra
del horn bre corrigiendo la naturaleza estaba todavía por
hacerse.
-Mire -dijo, de pronto, interrumpiéndose y deteniendo la bestia-: ésa es la Laja de los Frailes, donde según
la tradición fueron fusilados los de las misiones del Oaroni
por órdenes de General Piar, cuando la guerra de la independencia. Por ahí, más adentro, estaban las ruinas del
convento, pero ya no queda nada. Todas estas casas ele
por aquí están pavimentadas con ladrillos sacados de esas
minas, ~ue por eso los llaman fraileros. Unos ladrillos que
duran siglos, que ya no saben fabricarlos nuestro salrareros.
Como todo lo bueno de antes, que se ha perdido.
-Se llevarían los frailes la receta - dijo Marcos, sin
tomar la cosa en serio.
-¡ Si fuera eso sólo! Pero es que la gente de esos tiempos tenía la conciencia de que estaba fundando un paí:s
y todo lo hacía con vistas al porvenir, mientras que los
hombres de al!ora sentimos que este país se está acabando
:va y no nos preocupamos porque las cosas duren. Por el
contrario, queremos destruirlas cuanto antes.
• Esta v~sión pesimista era totalmente nueva para Marcos
, argas. qmen se lanzaba a aquel mundo con la o-enerosidad
de sus años mozos como al mejor de todos lo~&lt;; posibles;
pero al oír a Manuel Ladei:a se c-omprendía que hablaba
con el corazón lleno de amor a su tierra, amor doloroso
de cal idad más noble que el simple apego que hace entona;
el canto, y escuchando al hombre maduro entraron en E'l
alma dE&gt;l joven aires que luego harían borrascas.
Y en esto dijo Ladera:
-Pero

110

hablemos más.

1\1.ire lo que viene allí.

' _Lo que venía -:Y a menudo suele encontrarse por los
cafnmos del Yuruar1-. era una res destinada · al consumo
de algún caserío vecino, atada a la cola de un burrito por
un cabo fü, soga que le traspasaba la nariz perforada..y

sangrante y con la cabeza enfundada, salvo los c~1ernos, en
un trozo de coleta. La conducía un hombre a pie, aunque
en realidad el conductor era el burrito que, adiestrado para
este oficio, trotaba por delante ele ella ~ig~agueando, para
qui"tarle con e1 aturdimiento del rumbo rnc1erto toda gana
de cornearlo que pudiese traer.
Y 1\1:anuel Ladera explicó por qué había dicho que no
había que hablar más:
-Ahí tiene la historia de Venezuela: un toro bravo,
tapaojeado y nariceado, conducido al matadero por un
burrito bellaco.
A Jo que replicó Marcos:
-¡Ya ve, don Manuel! Eso es l_o que yo pamo c~l~arse
a la medida. En el colegio de Cmdad Bohvar qms1eron
meterme en la cabeza la historia escrita de Venezuela Y
nunca logré entenderla, mientras que ya me la explicó toda.
-Por algo se ha dicho que el viajar ilustra.
sea por estos caminos.
Y entretenidos con estos tópicos cabalgaron

Aunque
llll

rato.

-¡ Mire ! -volvió a interrumpu-se Ladera-. ¿Ve esas
manchas de sangre en esa laja?
-No serán de los frailes de las Misiones, supongo.
-De w1 pobre negro de las minas de El Callao a quien
asesinaron ahí anteayer. Lo traían preso, codo con codo.
Un comisario de nombre Pantoja lo conducía a Ciudad Bolívar y al llegar a este sitio lo baleó. Dice que el. negro
lo atacó, p ero no me explico cón:o,_ pues estaba.,mamatado.
y así lo ví después de muerto, vrn1e;1do yo_ de La Honclo11ada". Detrás de aquella vuelta 01 los tiros.
- Quiere dE&gt;cü· - observó Marcos- que lo del burrito
:v el toro sucede a veces al revés.
- Justamente. Aquí el toro, a toda punta, fu~ _el Comisario. Un hombre que debiera estar en un pres1d10 el tal
Pantoja. O mejor dicho: Cholo Parima, pues según algunos
que han estado por el Atabapo ése es el verdadero nombre
cl°el : comisario.
·
- ¡ Cholo Parima ! -exclamó Marcos. refrenando ta
bestia con brusco movimiento maquinal.
-1, Lo

conoce ?

�87

86

-De nombre solamente. Ese fué quien asesinó a mi
hermano Enrique, hace dos años, la noche en que los machetes alumbraron el Vichada.
Había empleado la frase acostumbrada por allí para
designar la espantosa degollina, una de tantas jornadas
sangrientas de la época cauchera, y Manuel Ladera no halló
qué decir.
Cabalgaron durante un buen rato en silencio, Marcos
Vargas con una sonrisa sombría inmovilizada en el rostro
y Ladera observándolo de soslayo.
- ¡ Lo que son las cosas! -murmuró por fin el joven-.

Y o tiraba hacia Rionegro, quería dedicarme al caucho que
enriquece en obra de meses, y últimaménte hasta se me presentó una magnífica oportunidad, pero no podía manifestar
ese deseo sin que mi madre se echara a llorar, y en cambio
fué ella misma quien me dió la primera noticia de que usted
vendía sus carros, y cuando le comunicé mi propósito de
venirme al Yuruari se alegró mucho. Vió un negocio estable
-si a dárseme llegaba- que me quitaría de la cabeza la
idea de internarme en las selvas caucheras donde sucumbió
mi hermano, y para allanarme este camino aceptó el sacrificio de mi separación de su lado y convino en vivir arrimada en casa d e uno de mis cuñados mientras yo pudiera
traérmela a U pata. ¡ Lo que son las cosas, don Manuel!
-¿ Qué está usted pensando, joven Y

-Nada. Hablando es lo que estoy. Contándole cosas
de mi vida pasada, así como ya le referí otras para que
fuera conociéndome bien.
-¡ Oiga, Marcos Vargas!
de comprarme los carros?

¿No será mejor que desista

-¡ Es que usted se arrepiente de habérmelos vendido
en las condiciones . . . !

-No diga tonterías. Usted me entiende. Ya le he dicho
que me ha caído a gusto y no quiero que por causa mía,
hasta cierto punto, vaya a tener un mal resultado su venida
al Yuruari. Estoy dispuesto a ayudarlo en lo que sea men~ster ; estudie un negocio que le agrade y le convenga en
Cmdad Bolívar y cuente conmigo para el capital que necesite.
- Muchas gracias, don Manuel. Ya veo que usted cuando empieza a ser buen amigo no tiene cuándo acabar. Pero

no se preocupe. .A buscar malos encuentros no he venido
al Yuruari, ni me pasaba por la cabeza la idea de que Cholo
Parima anduviera por aquí: por muerto lo tenía ya; pero
de la casa hay que saJir, tarde o temprano . . . .Además, eso
de los malos encuentros es muy relativo : el mundo está
sembrado de ellos.
Manuel Ladera se quedó unos momentos mirándolo y
luego repuso :
-Prométame, por lo menos, que los evitará.
-Prometido, don Manuel.

Y en silencio continuaron el viaje.
Tom.a.do de
Canalma.

RICARDO GUJRALDES

XIII
Después de dos días de marcha sin peripecias, llegamos
al pueblo de Navarro, un domingo por la mañana.
Tomando una calle poblada, pasamos por la plaza frente
a la iglesia petiza y nos bajamos en un almacén a hacer
la mañana.
Por ser día festivo había gente a porrillo, y un antiguo
amigo de mi padrino se acercó a saludarlo, con muchos
agasajos y recuerdos.
Nunca me gustaron amontonamientos y menos cuando
el alcohol menudea, de suerte que me apreté la barriga
contra el mostrador, a fin de ocupar poco sitio, y espié lo
que sucedía en torno, sin entreverarme.
Oí que el desconocido amigo de don Segundo le hablaba de riñas de gallos, instándolo a que fuera esa tarde

�·s s

89

testigo de una casi segura victoria suya sobre un forastero del Tandil.
Una hora pasó para mi sin diversión, viendo entrar y
salir al paisanaje endomingado que nos miraba d e soslayo,
observando con disimulo el porte salvaje y rudo de .mi
padrino.
Para mí todos los pueblos eran iguales, toda la gente
más o menos de la misma laya, y los recuerdos que tenia
de aquellos ambientes, presurosos e inútiles, me causaban
antipatía.
Marcó el reloj el mediodia y, por un pasadizo angosto,
pasamos del despacho de bebidas al comedor, más tranquilo.
En un lugar sombreado nos sentamos a comer.

Tratando de hacerse olvidar un momento, un hombre
grande y gordo, solitario frente a su mantel cargado de manjares, callaba, comía y bebía. Sólo levantaba de vez en cuando
la cabeza del plato, y parecía entonces llenarse de satisfacción el comedor aburrido.
Una vez se interrumpió para llamar al mozo, decirle quién
sabe qué, a propósito de una botella, y palmearle el lomo con
protección cariñosa.
En el rincón opuesto al nuestro, como empujados por el
ruido, una yunta de criollos miraba en silencio. Uno de ellos
tenía µna hosca onda volcada sobre el ojo izquierdo y los dos
estaban tostados de gran aire.
Comieron apurados. A los postres rieron sin voces, las
bocas sumidas en sus servilletas.

Habría en todo unas veinte mesas con manteles manchados por violáceos recuerdos de vino. Los cubiertos eran
de un metal dudoso y los tenedores tenían torcidas las puntas, de tanto pegar contra las lozas rudas en busca de algún
bocado esquivo. Los vasos eran de vidrio espeso y turbio.
En el vasto recinto bostezaba una desesperante atonía.

-Vino de una farra, se sentó al borde de la cama en que
su mujer dormía, tomó el revólver y d elante de ella: ¡ paff !

El mozo nos saludó con una sonrisa de compli~idad,
que no alcanzamos a comprender. Tal vez le pareciera una
excesiva calaverada para dos paisanos, eso de almorzar en
la "Fonda del Polo".

y salimos al sol de la calle.

-Sírvanos de lo que haya -ordenó don Segundo.
Yo miraba a mi alrededor.
En un lugar central, tres españoles hablaban fuerte y
duro, llamando la atención sobre sus caras de baturros o
dependientes de tienda. Vecino a la entrada, un matrimonio irlandés esgrimía los cubiertos como lapiceras; ella tenia
pecudas las manos y la cara, como huevo de tero. El hombre
miraba con ojos de pescado y su cara estaba llena de venas
r eventonas, como la panza de una oveja recién cuereada.

Pero uno de los españoles relataba el suicidio de un amigo:

El de las romerías seguía pesadamente sus comparaciones
con Giles.
Con gran contento pagamos nuestra comida, aunque cara,
Al tranco fuimos para el reñidero, que don Segundo conocía, y metimos los caballos a un corralón, donde l es aflojamos la cincha.
En el mismo corralón había unas jaulas llenas de cacareos,
y el público, que como nosotros llegó temprano, comentaba la
sangre y el estado de los animales.
Nos acomodamos en el r edondel, como patos alrededor del
bañadero.

Detrás nuestro, un joven rosado, con párpados y lacrimales lagañosos de "mancarrón palomo", debía ser, por su
traje y su actitud, el representante de alguna casa cerealista.

Llegó el juez, que se sentó frente a una balanza colgada
sobre la cancha. Vinieron los dueños con sus r espectivos gallos,
que se pesaron colgándose envueltos en un pañuelo. Después
se eligieron las púas, se hizo el depósito de los quinientos pesos
jugados, y cada cual salió a calzar su campeón.

-Yo he visto las romerías de Giles -decía uno de los
españoles-- y no se diferencian en nada de l as de aquí.

Don Segundo me explicó en cortas palabras, las condiciones de la pelea.

Otro, de la misma mesa, dialogaba con un vecino sobre
el precio de los cerdos, y el cerealista intervenía, opinando
con gruesas erres alemanas.

Esperamos.
Un poco aturdido por el movimiento y las voces, miraba
yo el redondel vacío, limitado por su cerco de paño rojo, y los

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00

cinco anillos de gente colocados en gradería formando embudo abierto hacia arriba.
En el intervalo de espera, se discutieron las probabilidades
en favor de ambos animales. Sería la riña, al parecer, un
combate rudo y parejo. Los gallos eran de igual peso, de igual
talla. Cada uno había pisado por tres veces la arena para
salir vencedor.
El público enumeraba los detalles de la pesada, buscando
algún indicio de superioridad. El bataraz fallaba en el pico,
levemente quebrado hacia la punta, del lado izquierdo, pero
tenía no sé que tranquilidad que el giro no compensaba con
su mayor viveza.
La expectativa se hizo más tensa CU!J.ndo los combatientes
fueron depositados en postura conveniente, por los dueños,
en el circo.
Sonó la campanilla.
El giro había caído livianamente al suelo, ladeadas las
alas como un chambergo de matón, medio encogido el pescuezo
en arqueo interrogante, firme en el enemigo la pupila de azabache engarzada en un anillo de oro.
El bataraz, más burdo en alardes, se acercaba a pasos
cortos, alta la cabeza, agitada en p equeñas sacudidas de llama.
Se cerraron tres o cuatro apuestas sin importancia. La
plata estaba al giro.
En un brusco arranque, los gallos acortaron distancias.
A dos centímetros, los picos se trabaron en un rápido juego
de fintas. Las cabezas temblequeaban, subiendo, bajando.
Y el primer tope sonó como guascazo en las caronas.

Aprovechando los revuelos, que desnudan al combatiente,
juzgamos los cuerpos, los muslos, la r espectiva capacidad de
violencia o ligereza. Luego miramos en silencio, para traducir
nuestra opinión en apuesta.
-¡ Treinta pesos al giro!
-¡ Doy cincuenta a cuarenta con el giro!
La, usura me pareció un insulto de compadre logrero, que
aprovecha una tara para envalentonarse. El bataraz sentía
su defecto del pico. Espié minuciosamente.
El giro cargaba de firme, el buche pegado a su contrario,
que le daba un poco el flanco cruzando el pescuezo. P ero el

bata.raz, cuando se sentía picado en las plumas del cogote,
zafaba. el encontrón echando casi al suelo la cabeza, de modo
que los púazos pasaran por encima sin herirlo. Maldije d~l
dueño que largaba al r eñidero un animal tan noble en cond1ciones desventajosas.
Brillaban las cabezas barnizadas de sangre. Afanosos ios
picos buscaban l os verrugones de las crestas o un desgarrón
de pellejo para asegurar el bote.
Las apuestas, dando usura, caían con persistencia de
gotera.
Veinte treinta minutos pasaron angustiosamente, sin que
variara el ~specto del combate. Mis simpatías estaba':1 ~or el
bata.raz, que, no habiéndos~ empleado a fo~do, r es1st1a las
cargas del giro, incapaz de mfenrle una henda grave. P ero
¡sabría mi favorito emplear su vigor en caso de tomar la
ofensiva 1
Mi atención se había hecho sutil. Mis ojos, como mis
oídos, percibían, basta las fibras íntimas, las dos vidas que
a unos pasos de mi asiento, batallaban a muerte.
P ertinazmente el giro seguía empujando con el buche,
agravando así el silbido de su respiración penosa, y noté que
aflojaba en su juego de pico.
-¡ Quince a diez da el giro !

Nuevamente la. usura me daba en el rostro su cachetada.
-¡Pago! -respondi
-¡Veinte a quince al giro !
-¡Pago !
Y así no sé cuántas veces, tomé posturas en que arriesgaba plat~ penosa.mente ganada. en mis rudas andanzas. Algunos del público me mi:aron coro~ se ~ira. a u!l l_oc? o a un
zonzo. Para ellos, el giro no t ema mas que ms1st1r en su
trabajo, acentuando su victoria hasta el anonadamient_o ~el
ba.ta.raz. Herido por esas miradas que me trataban de bisono,
y excitado por el empeño de mi dinero, me . concen~ré en l a
pelea hasta identificarme con el gallo en q men babia puesto
mi cariño y mi interés.
Hice mi plan. Era necesario permanecer en _la defensiva, evitando el golpe decisiYo, salvando. en media hora ?&lt;'
resistencia, y tirar hacia abajo a cada picada del contrario.

�92

03

El bataraz parecía haberme entendido.
De pronto un murmullo de sorpresa sofocó al público.
El giro se había despicado. Un triangulito rojo yacía en la
tierra barrida del reñidero.

- Faltan dos minutos- pronunció el .juez.
Comprendí que el reloj se· convertía en m~ p~or enemigo.

¡ Voy treinta pesos derecho a]

Mi gallo se agotaba, enredándose en las alas y .la cola
del giro. E inesperadamente éste se rehizo, situó a su adversario por el tacto y le dió un encontronazo que lo echó al
suelo.

Pero la plaza se había dado vuelta como guayaca va-

-¡ Cincuenta pesos a mi gallo giro ! -vociferó el dueño

-¡ Se igualaron los picos! -no pude dejar de gritar,

agregando con insolencia-:

bata.raz!
cía.

1

-¡Pago! -respondía, olvidado de mi lástima reciente.
-Treinta a veinticinco contra el despicao -decía otro.

Me reproché con rabia no haber aprovechado la usura
para jugar más. Desde ese momento, los partidiarios del
giro se harían ariscos.
Extenuados por cuarenta minutos de lucha, los gallos
descansaban apuntalándose en el peso del enemigo.
Oon seguridad, el b!l,taraz tomó la iniciativa, se af erró
a una picaqa de plumas sanguinolentas, golpeó dos veces,
reciamente sin largar.
El giro cloqueó como una gallina cascoteada y comenzó
a dar vueltas de derecha a izquierda, el cuello lastimosamente estirado, la respiración atrancada en un ronquido de coágulos. En su cabeza carmínea y como verrugosa, había desaparecido el pequeño lente hostil de su mirada.
-¡ 'Stá ciego y loco! -sentenció alguien.
En efecto, el animal herido, después de repetir sus círculos maquinales, como en busca de una mosca imaginaria,
picoteaba el paño del redondel, dando la espalda al combate.
En su cabeza, como vaciada, sólo vivía un quemante bordoneo, cruzado de dolores agudos como puñaladas.
Pero ningún cristiano
saña de un gallo de riña.
ro continuaba batiéndose
bataraz, paciente, buscaba

o salvaje es capaz de imaginar la
Ciego, privado de sentidos, el gicontra un fantasma, mientras el
concluirlo en un golpe decisivo.

Sin embargo, el cansancio, fuerza incontrastable cuyo
coma sentíamos caer en el reñidero, hacíase casi perceptible
al tacto. Era algo que se enredaba en las patas de los combatientes, sujetaba sus botes, 'nos oprimía las sienes.
- ¿La hora 1 -preguntó alguien.

Y el bataraz volvió sobre el golpe, f~rtalecido de rabia
tomó una picada y clavó las espuelas certeras en el cráneo
ciego y deforme.
El giro se acostó lentamente en un entumecimiento de
muerte, cloqueó apenas, estiró el cuello, clavó el pico roto.
Sonó la campanilla.

· '-

Dos hombres enormes entraban al redondel.
El dueño del giro alzó una masa sangrienta y blanda.
El otro acariciaba
tes de rabia.

un bÜito .-áe músculos aún hirvien-

;Hacía mí se estiraban manos cargadas . _de 1:Jilletes, también como cansados. Hice un roll~ voluminoso· _tj_ue guardé
en ' mi tirador y salí al corralón.
.
.
¡
.Allí encontré a mi ba.taraz, asentado todavía en la mano
de · su dueño, que lo acariciaba distraídamente, alegando con
un grupo sobre las vicisitudes -de la pelea.

Y vi que el gallo miraba· 6uriosame~te e~ de~edor, volviendo a nacer a la calma de . .la vida. ordinaria, después de
un delirio que lo había poseído, tal vez a pesar suyo, como
un irresistible mandato de raza.
Don Segundo me tomó el brazo y lo seguí para la calle,
a la cola de la gente que se retir{l.ba.
Una vez a caballo, nos dirigimos, al caer · de la tarde
dorada, hacia un puesto de estancia en que don Segundo había parado en ocasión de algunos arreos.
Mi padrino me hacía burla por mi audacia en· el juego,
pretendiendo que en caso de pérdida no hubiera podido pagar las apuestas.

�95

Saqué con orgullo el pague.te de pesos de mi tirador y
conté, apretándolos bien en 1ma esquina para que no me los
llevara el viento.
- ¡, Sabe cuántos, don Segundo ?
-Vos dirás.
-Cientos noventa y cinco pesos.
-Ya tenés pa comprarte una estancita.
-Unos potros, sí.
Tomado de

Don Seguntlo Sombra.

MARTIN LUIS GUZMAN

LA FIESTA DE LAS BALAS
~tento ~ cuanto se decía de Villa y el villismo, y a cuanto veia a nu alrededor, a menudo me preguntaba en Ciudad
Juárez qué hazañas serían las que pintaban más a fondo a
la División del Norte: si las que se suponían estrictamente
históricas, o las que se ca_lificaban de legendarias ; si las que
se contaban como algo visto dentro de la más escueta realidad, o las que traían ya tangibles con el toque de la exaltación poética, las revelaciones es~nciales. Y siempre eran
la~ proe:3:s de este segund? .º:~en las que se me antojaban
mas vend1cas, las que, a m1 JUICIO, eran más dignas de hacer
Historia.
Porqu~ ¿dónde hallar, pongo por caso, mejor pintura de
Rodolfo Fierro - y Fierro y el villismo eran espejos contrap~estos, modos de ser que se reflejaban infinitamente en·
tre s1 - que en el relato que ponía a aquél ante mis ojos
después de una de las últimas batallas, entregado a consu~
mar, con fantasía tan cruel como creadora de escenas de
mlierte, las teribles órdenes de Villa? Verlo así era como
sentir en el alma el roce de u.na tremenda realidad cuya huella se conserva para siempre.

Aquella batalla, fecunda en todo, h~~ía term~~do dejando en manos de Villa no menos de qmmentos pr1s10neros.
Villa mandó separarlos en dos grupos : de una parte los vo•
luntatrios orozquistas a quienes llamaban "colorados"; de
la otra los federales. Y como se sentía ya basta~te fuerte
para a~tos de grandeza, resolvió ha?er un escarmiento con
los prisioneros del primer grupo, mientras se mos,traba generoso hacia los otros. A los colorados se les pasar1a por l~s
armas antes de que oscureciese; a los ~eder'.1-les se. les . dar1a
elegir entre unirse a las tropas revolucionarias o bien rrse a
sus casas mediante la promesa de no volver a hacer armas
contra la causa constitucionalista.
Fierro como era de esperar, fue el encargado de la ejecución a ia cual dedicó desde luego la eficaz diligencia que
tan b;en camino le auguraba ya en el ánimo de Villa, o, según decía él: de "su jefe".
Declinaba la tarde. La gente revolucionaria, tras de le·
vantar el campo, iba reconcentrán~ose l~nt'.1-mente en to_r;10
del humilde pueblecito que había sido ?bJet1vo de la acc10n.
Frío y tenaz, el viento de la llanura ch1huahe':1_se empezab3: a
despegar del suelo y apretaba los grupos de Jmetes y de lll·
fantes: unos y otros se acogían al socair~ de l~s casas. _Pero
Fierro - a quien nunca detuvo nada m nadie - no 1ba a
rehuír un airecillo fresco que a lo sumo barruntaba la helada de la noche. Cabalgó en su caballo de anca corta, contra cuyo pelo oscuro, sucio por el polvo de la b~talla, rozaba el borde del sarape gris. Iba al paso. El vie':1to le daba de lleno en la cara, más él no trataba de ev~tarlo clavando la barbilla en el pecho ni levantando los pliegues del
embozo. Llevaba enhiesta la cabeza, arrogante el busto,
bien puestos los pies en los estribos y eleg!ntem~nte dobladas las piernas entre los ª!reos dJ campana SUJetos_, a los
tientos de la montura. Nadie lo ve1a, salvo la desolacion del
llano y uno qué otro soldado que pasaba a distancia. ):.'ero
él, acaso inconscientemente arre;11daba de modo que e~ ammal
hiciera piernas como para lucirse en un p~seo.. Fierro se
sentía feliz: lo embargaba el placer de la victoria - de la
victoria, en que nun~a creía hasta no ,co~sum~rse la completa derrota del enenngo-, y su alegria mtenor le afloraba
en sensaciones ñsicas que tornaban grato el hostigo del viento
y el andar del caballo después de quince horas de, no apearse.
Sentía como caricia la luz del sol un tanto desva1do, sol prematuramente envuelto en tormentosos y encendidos fulgores.
Llegó al corral donde tenía encerrados, como rebaño d e
reses, a los trescientos prisioneros colorados condenados a

�07

06

morir, y se detuvo un instante a mirar por sobre las tablas
de la cerca. Por su aspecto, aquellos trescientos huertistas
hubieran podido pasar por otros tantos revolucionarios. Eran
de la fina raza de Chihuahua: altos los cuerpos, sobrias las
carnes, robustos los cuellos, bien conformados los hombros
sobre espaldas vigorosas y flexibles. Fierro consideró de
una ojeada el pequeño ejército preso, lo apreció en su valor
militar - y en su valer- y sintió una pulsación rara un estremecimiento que le bajaba desde el corazón o desde la
frente, hasta el índice de la mano derecha. S~ quererlo, la
palma de esa mano fue a posarse -en las cachas de la pistola.
-Batalla, ésta -

pensó.

Indüerente~ a todo, los soldados de c~ballería que vigilaban a los prisioneros no se fijaban en él. A ellos no l es
P:eocul?aba más que ~a molestia de estar montando una guardia fatigosa- guardia incomprens"ible después de la excitación del combate que les exigía tener lista la carabina, cuya
culata apoyaban en el muslo. De cuando en cuando si al' ·
. .
,,
'
gun prisionero parecia apartarse, los soldados apuntaban
c?n aire resuelto y, de ser preciso, hacían fuego. Una onda
r!zaba entonces el perínietro informe de la masa de los pris10neros, los cuales se replegaban para evitar el tiro. La
bala pasaba de largo o derribada a alguno.
Fierro av~nzó hasta la puerta del . corral; gritó a un
soldado que vmo a descorrer las trancas, y entró. Sin quitarse el saral?e de sobre los hombros echó p ie a tierra. El
salto le d~sh1zo el embozo. Tenía las piernas entumecidas
de cansancio y de frío : las estiró. Se acomodó las dos pistolas. Se puso luego a observar despacio la disposición de los
corrales y sus diversas divisiones. Dio varios pasos hasta
lm~ de las cercas, sin soltar la brida. Pasó ésta, para dejar
SUJeto el caballo, por entre la juntura de dos tablas. Sacó
de las cantinas de la silla algo que se metió en los bolsillos
de la chaqueta, y atravesó el corral a poca distancia de los
prisioneros.
:i,os _corrales era~ tres, comunicados entre sí por puertas mter10res y calleJones angostos. Del que ocupaban los
colorados, Fierro pasó, qeslizando el cuerpo entre las trancas d e la puerta, al de en medio; en seguida, al otro. Allí
se detuvo. Su figura, grande y hermosa irradiaba un aura
extra_ña, algo superior, algo prestigioso ; a la vez adecuado
al !1"1ste abandono del corral. El sarape había venido resbalandole del cuerpo _hasta quedar pendiente apenas de los
hombros: los cordoncillos de las puntas arrastraban por el

suelo. Su sombrero, gris y a~cho de ala, se teñía de rosa al
recibir de soslayo la luz pomente del sol. Vuelto de espaldas, los prisioneros lo veían desde, lejos, 1: través de las cercas. Sus piernas formaban compas hercúleo y destellaban;
el cuero de sus mitasas brillaba en la luz del atardecer.
A unos cien metros, por la parte exterior . 3: los corral~s,
estaba el jefe de la tropa encargada de los pris10ner~s._ Fierro lo vió y le indicó a señas que se acercara. El oficial . cabalgó hasta el punto de la cerca. más próximo a Fierro. Este
caminó hacia él. Hablaron. Por momentos, conforme hablaban Fierro fue señalando diversos puntos del corral donde se ~ncontraba y del corral contiguo. . Después des~~~bió,
moviendo la mano, una serie de evoluc1?nes q1;1e re~it1? ~}
oficial como con ánimo de entender meJor. Fierro ms1stio
dos o tres veces en una maniobra al parecer muy importante, y el oficial, seguro de las órdenes, partió al galope hacia
donde estaban los prisioneros.
Entonces tornó Fierro al centro del corral, atento otra
vez al estudio de Ía disposición de las cercas y demás detalles. Aquel corral era el más ampl~o ?,e los tres Yi ,según parecía el primero en orden - el primero con r elam&lt;?n al pueblo. Tenía en dos de sús lados sendas puertas hacia el campo : puertas de trancas más estropeadas - por mayor u~o
_ que las de los corrales posteriores, pero de maderos mas
fuertes. En otro lado se abría la puerta que daba al corral
inmediato, y el lado último no era una simple cerca de tablas, sino tapia de adobes, de no menos de tres metros de altura. La tapia mediría como sesenta metros de largo, de
los cuales veinte servían de fondo a un cobertizo o pesebre,
cuyo tejado bajaba de la barda y se asentaba, de una pa~te, en los postes, prolongados, del extremo de una de las
cercas que lindaban con el campo, y de la otra, en una pared, también de adobe, que salía perpendi~ularmente. de la
tapia y avanzaba cosa de quince metros, hacia l os med10s del
corral. De esta suerte, entre el cobertizo y la cerca del corral
próximo venía a quedar un espacio cel!l:ad? en do~ de sus lados por paredes macizas. En aqu~l rmcon el v1~nto de ,la
tarde amontonaba la basura y hacia: sonar con ritmo anarquico, golpeándolo contra el brocal de un pozo, un cubo de
hierro. Del brocal del pozo se elevaban dos palos tos.co.s,
t erminados en horqueta, sobre los cuales se atravesaba otro
más y desde éste pendía una garrucha con cadena, que sonab~ también movida por el viento. En lo más alto de una
d e las horquetas un pájaro grande, inmóvil, blanquecino, se
confundía con las puntas torcidas d el palo seco.

�00

08

Fierro se h~llaba a cincuenta pasos del pozo. Detuvo
un s~gundo la VISta sobre la quieta figura del pájaro y
U?º SI la presencia de ~!te e~cajara a pelo en sus refl~xi¿n~~si_n cambiar de expres1on, ni de postura ni de gesto
, 1'
pistola lentamente. El cañón del arm~, largo y
s!
transformó en dedo de rosa a la luz poniente del ; 01 Poco
a P~~o el graA dedo fue enderezándose hasta señalar· en direc_cion d~l paJaro. Sonó el disparo _ seco y diminuto en
la mme~~idad ?e la tarde - y el animal cayó al suelo Fº _
rro volv10 la pistola a la funda.
·
ie

:U!~º

d

¡1

tEn
uel momento un soldado, escalando la cerca saltó
en r? e corral. Era el asistente de Fierro. Rabí¡ dado
el b~mco desde tan alto que necesitó varios segundos para
erguirse otra ve~. .Al fin lo hizo y caminó hacia donde estaba su amo. Fierro le preguntó, sin volver la cara:
-¿ Qué hubo con ésos?

Sino vienen pronto, se hará tar-

de.
-Parece que ya vienen ay -contestó el asistente.
-Entonces, tú ponte allí. .A ver, ¿ qué pistola traes T
-La que usted me dió, mi jefe. La " mitigüeson".

-:-i Dá~ala

pues, y toma estas cajas d e parque.
tos tiros dices que tienes !

6Cuán-

. _-Unas quince docenas, con los que h e arrejuntado hoy
mi Jefe. Otros hallaron hartos, yo no.
'
, -¿ Qu~ce docenas ?... Te dije el otro día que si scgmas vendiendo el ~arque para emborracharte iba a met e;te
una bala en la barriga . . .

-No, mi jefe.
-No mi jefe, qué.
- Que me embriago, mi j efe, pero no vendo el parque.
. - Pues cuidadito, porque me conoces. y ahora
vivo para q~e me salga bien esta ancheta. y O disparo pon;?
cargas las p1Stolas. y oye bien esto que te voy a deci;. ~:
iit~e!~o cc~!ªe1!~/1e escapa uno siquiera de los ·colorados," t e
- ¡ .Ah, qué mi jefe!

- Como lo oyes.

El asistente extendió su frazada sobre el suelo y vació
en ella las cajas de cartuchos que Fierro acababa de darle.
Luego se puso a extraer uno a uno los tiros que traía en las
cananas de la cintura. Quería hacerlo tan de prisa, que se
tardaba más de la cuenta. Estaba nervioso, los dedo: se le
embrollaban.
- ¡ .Ah, que mi j efe! - seguía pensando para sí.
Mientras tanto, tras de la cerca que limitaba el segundo
corral fueron apareciendo algunos soldados d e la escolta.
Montados a caballo, medio busto les sobresalía del borde de
las tablas. Muchos otros se distribuyeron a lo largo de las dos
cercas restan tes.
Fierro y su asistente eran los únicos 4ue estaban dentro
del corral: Fierro, con una pistola en la mano y el sarape
caído a los pies ;el asistente, en cuclillas, ordenando sobre
su frazada las filas de cartuchos.
El jefe de la escolta entró a caballo por la puerta que
comunicaba con el corral contiguo y dijo :
- Ya tengo listo. los primeros diez. i Te los suelto!
R espondió Fierro :
-Sí, pero antes entéralos bien del asunto: en cuanto
asomen por la puerta yo empezaré a dispararles; los que lleguen a la barda y la salten quedan libres. Si alguno no
quiere entrar, t ú métele bala.
Volvióse el oficial por donde había venido, y Fierro, pistola en mano, se mantuvo alerta, fijos los ojos en el estrecho
espacio por donde los prisioneros iban a irrumpir. Se había
situado bastante próximo a la valla divisoria para que, al hacer fuego, las balas no alcanzaran a los colorados que todavía estuviesen del lado de allá : quería cumplir lealmente lo
prometido. P ero su proximidad a las tablas no era t anta que
los prisioneros, así que empezase la ejecución, no descubriesen,
en el acto mismo d e trasponer la puerta, la pistola que les
apuntaría a veinte pasos. .A espaldas de Fierro el sol ponient e convertía el cielo en luminaria roja. El v iento seguía
soplando.
En el corral donde estaban los prisioneros cr eció el rumor de voces - voces que los silbos del viento d estrozaban,
voces como de vaqueros que arrearan ganado. Era difícil
la maniobra de hacer pasar del corral último al corral d e en
medio a los trescientos hombres condenados a morir en ma-

�101
100

sa; el suplicio que los_ amenazaba hacía encresparse su much~dumbre con sacudidas de organismo histérico. Se oía
g 7itar a la gente de la escolta, y, de minuto en minuto los
disparos de carabina recogían las voces, que sonaban e~ la
oq':ledad de la tarde como chasquido en la punta de un
latigazo.
~e los primeros prisioneros que llegaron al corral intermedio un grupo de soldados segregó diez. Los soldados no
bajaban de ".einticinco. Echaban los caballos sobre los presos para obligarlos a andar; le. apoyaban contra la carne
las bocas de las carabinas.
-¡Traidores! ¡ Jijos de la rejija ! ¡ Ora vamos a ver
qué tal corren y brincan! ¡ Eche usté p'allá, traidor!
Y así los ~icieron avan~ar hasta la puerta de cuyo otro
lado estaban Fierro y su asistente. Allí la resistencia de los
colorados se _acentuó; pero e! golpe de los caballos y el cañón
de las car~bmas los_ persuadieron a optar por el otro peligro,
p_or e~ peligro. de Fierro, que no estaba a un dedo de distancia, smo a vemte pasos.
Tan pronto como aparecieron dentro de su visual Fierro
los saludó con extraña frase - frase a un tiempo ~ariñosa
y cruel, de ironía y de esperanza:
-¡ Andenles, hijos: que nomás yo tiro y soy mal tira~

dor!
Ellos brinca~an como cabras. El primero intentó abalanz,arse _s~bre Fier~o, pero no había dado tres saltos cuando
cayo acribillado a tiros por_los soldados dispuestos a lo largo
de la cerca. Los otros corrieron a escape hacia la tapia _ loca carrera, que a ellos les parecería como de sueño. Al ver el
brocal _del poz?, uno quiso refugiarse allí: la bala de Fierro lo
alcanzo el prunero. Los demás siguieron alejándose. pero
uno ª. ~no _fueron cayendo - en,m~nos de diez segund¿s Fierro d1sparo ocho veces-, y el nltimo cayó al tocar con los
dedos los adobes q~~ por un ~xtraño capricho separaban en
ese momento la reg_10n de ~a vida de la región de la muerte.
Algunos C?~rpo~ dieron aun señales de vida; los soldados,
desde su sitio, tiraron sobre ellos para rematarlos.
Y vin~ otro grup~ de diez, y luego otro, y otro, y otro.
Las tres pistolas de Fierro - dos suyas, la otra de su asistente - se turn~ban en la _mano homicida con ritmo perfecto: . Cada tma dlspax:aba selS VJces - seis veces sin apuntar,
seis veces al descubrir - y ca1a después encima de la fraza-

da. El asistente hacía saltar los casquillos quemados y ponía otros nuevos. Luego, sin cambiar de postura, tendía
hacia Fierro la pistola, el cual la tomaba casi al soltar la
otra. Los dedos del asistente tocaban las balas que segundos después tenderían sin vida a los pr~ioneros; pero él_ no
levantaba los ojos para ver a los que caian: toda su conciencia parecía concentrarse en la pistola que tení_a en las manos,
y en los tiros, de reflejos de.oro y plata, esparcidos en el suelo.
Dos sensaciones lo ocupaban en lo hondo de su ser : el peso
frío de los cartuchos que iba metiendo en los orificios del
cilindro y el contacto de la epidermi~ lisa y c_álida del arma.
Arriba, por sobre su cabeza,. se suced1an los disparos con que
su j efe se entregaba al deleite de hacer blanco.
El an.,.ustioso huír de los prisioneros en busca de la
tapia salva"dora - fuga de la muer te e~ ~na sinfonia es~a1;1tosa donde la pasión de matar y el ansia inagotable de vw1r
luchaban como temas r eales - duró cerca d e dos horas,
irreal, engañoso, implacable. Ni un instante pe,r~ió Fierro
el pulso o la serenidad. Tiraba sobre blancos moviles y humanos sobre blancos que daban brincos y traspiés entre
charco's de sangre y cadáveres en posturas inverosímiles, pero tiraba sin más emoción que la de errar o acertar. Calculaba basta la desviación de la trayectoria por efecto del viento, y de un disparo a otro la corregía.
Algunos prisioneros poseídos de terror, caían de rodillas al trasponer la pue~ta: la bala los doblaba. Otros bailaban danza grotesca al abrigo del brocal del pozo hasta
que la bala los curaba de su frenesí o los bacía caer heridos
por la boca del hoyo. Casi todos se precipitaban hacia la
pared de adobes y trataban de escalarla trepando por los
montones de cuerpos entrelazados, calientes, húmedos, humeantes: la bala los paralizaba también. Algunos lograban
clavar las uñas en la barda d e tierra; pero sus manos, agitadas por intensa ansiedad de vida, se tornaban de pronto en
manos moribundas.
Hubo un momento en que la ejecución en masa se envolvió en un clamor tumultoso donde descollaban los chasquidos secos de los disparos, opacados por la inmensa voz
del viento. De un lado de la cerca gritaban l os que huían
de morir y morían al cabo; d e otro, los que se defendían del
empuje de los jinetes y hacían por romper el cerco que los
estrechaba hasta la puerta terrible. Y al griterío de unos
y otros se sumaban las voces de los soldados distribuídos en
el contorno de las cercas. Ellos habían ido enardeciéndose
con el alboroto de los disparos, con la destreza de Fierro y

�103

con los lamentos y el accionar frenético de los que morían.
Saludaban con exclamaciones de regocijo la voltereta de
los cuerpos al caer; vociferaban, gesticulaban, reían a carcajadas al hacer fuego sobre los montones de carne humana
donde advertían el menor indicio de vida.
El postrer pelotón de los ajusticiados no fue de diez
víctimas, sino de doce. Los doce salieron al corral de la
muerte a"tropellándose entre sí, procurando cada uno cubrirse con el grupo de los demás, a quien trataban de adelantarse en la horrible carrera. Para avanzar hacían corcovos sobre l os cadáveres hacinados; pero la bala 110 erraba por eso:
con precisión siniestra iba tocando uno tras otro y los dejaba a medio camino de la tapia - abiertos brazos y piernas abrazados al montón de sus hermanos inmóviles. Uno de
ellos, sin embargo, el último que quedaba con vida, logró
llegar hasta la barda misma y salvarla . . . El fuego cesó de
repente y el tropel de soldados se agolpó en el ángulo del
corral inmediato para ver al fugitivo.
Pardeaba la tarde. La mirada de los soldados tardó en
acostumbrarse al parpadeo interferente de las dos luces. De
pronto no vieron nada. Luego, allá lejos, en la inmensidad
de la llanura medio en la sombra, fue cobrando precisión un
punto móvil, un cuerpo que corría. Tanto se doblaba el cuerpo
al correr, que por momentos se le hubiera confundido con
algo rastreante a flor de suelo.
Un soldado apuntó:
-Se ve mal ... -dijo, y disparó.
La detonación se perdió en el viento del crepúsculo. El
punto siguió su carrera ...
Fierro no se había movido de su sitio. Rendido el brazo
lo tuvo largo tiempo suelto hacia el suelo. Luego notó que 1~
dolía. el índice y levantó la mano hasta los ojos: en la semioscuridad comprobó que el dedo se le había hinchado ligeramente. Lo oprimió con blandura entre los dedos y la palma
de la otra mano, y así estuvo, durante buen espacio de tiempo,
entregado todo él a la dulzura de un masaje moroso. Por
fin se inclinó para recoger del suelo el sarape, del cual se
había desembarazado desde los preliminares de la ejecución.
Se lo echó_sobre los hombros y caminó para acogerse al socaire
del cobertizo. A los pocos pasos se detuvo y dijo al asistente:
-Así que acabes, tráete los caballos.
Y siguió andando.

El asistente juntaba los cartuchos quemados. En el corral
contiguo los soldados de la escolta desmontab~n, h_ablaba~,
canturreaban. El asistente los esc~chaba en ~ilenc10 ~, sm
levantar la cabeza. Después se irguió con lentitud. Cog10 la
frazada por las cuatro puntas y se la echó a la espalda : los
casquillos vacíos sonaron dentro con sordo cascabeleo.
Había anochecido. Brillaban algunas estrellas. Brillaban
las lucecitas de los cigarros al otro lado de las _tablas ?,e la
cerca. El asistente rompió a andar con paso débil, y as1 fue:
medio a tientas, basta el último _de los corrales, y de alla
regresó a poco trayendo de la brida los caballos -el de _su
amo y el suyo-, y, sobre uno de los hombros, la mochila
de campaña.
Se acercó al pesebre. Sentado sobre una piedra, ~erro
fumaba en la oscuridad. En las juntas de las tablas silbaba
el viento.
-Desensilla y tiéndeme la cama -ordenó Fierro-; no
aguanto el cansancio.
-&amp;Aquí en este corral, mi jefe Y ••• &amp;Aqui7 • •.
-Sí, aquí.
Hizo el asistente como le ordenaban. Desensilló y tendió
las mantas sobre la paja, arreglando con el maletín y la montura una especie de cabezal. Minutos después de tenderse
allí, Fierro se quedó dormido.
E l asistente encendió su linterna, dio grano. a los animales y dispuso lo necesario par~ que pasaran bien la noche;
Luego apagó la luz, se envolvió en su fraza~a y ~e acost~
a los pies de su amo. Pero un momento de~PUJS se mcorp?ro
de nuevo se hincó de rodillas y se persigno. En segmda
volvió a tenderse en la paja.
Pasaron seis, siete horas. Había caído el viento. El silencio
de la noche se empapaba en luz de l,una. De tarde ~n tarde
sonaba próximo el estornudo de algun caballo. Brillaba el
claro lunar en la abollada superficie del cubo del J?OZO y
bacía sombras precisas al tropezar con todos los obJetoscon todos, menos con los ~ontones de ca?-áveres. Estos se
hacinaban, enormes en medio de tanta _qmetud, co_mo cerros
fantásticos, cerros de formas confusas, mcomprensJbles.
El azul plata de la noche se derramaba sobre los muertos
como la más pura luz. Pero insensible~~m~e aquella luz de
noche fue convirtiéndose en voz, voz tambien irreal y nocturna.

�104-

105

La voz se hizo distinta: era una voz apenas perceptible
apagada, doliente, moribunda, pero clara en su tenue contorn¿
como las sombras que la luna dibujaba sobre las cosas. Desde
el fondo de uno de los montones de cadáveres la voz parecía
susurrar :
-Ay ...
Luego calló, y el azul de plata de la noche volvió a ser
sólo luz. Mas la voz se oyó de nuevo :
-Ay ... Ay ...
Fríos e inertes desde hacía horas, los cuerpos apilados
en el corral seguían inmóviles. Los rayos lunares se hundían
en ellos como en una masa eterna. Pero la voz tornó:

El asistente tomó la pistola de debajo de la montura Y,
empuñándola se levantó y salió del pesebre en busca de los
cadáveres. Temblaba de miedo y de frío. Uno como mareo
del alma lo embargaba.
A la luz de la luna buscó. Cuantos cuerpos tocaba estaban
yertos. Se detuvo sin saber qué hacer. Luego disparó sobre el
punto de donde parecía venir la voz: la voz se oyó de nuevo.
El asistente tornó a disparar : se apagó la voz.
La luna navegaba en el mar sin límites de su luz azul.
Bajo el techo del pesebre Fierro dormía.
Tomado de
El ágn:lll\ y la serpiente.

-Ay ... Ay ... Ay ...

Y este último ay llegó hasta el sitio donde Fierro dormía
e hizo que la conciencia del asistente pasara del olvido del
sueño a la sensación de oír. El asistente recordó entonces la
ejecución de los trescientos prisioneros, y el solo recuerdo
lo de_jó quieto sobre la paja, entreabiertos los ojos y todo él
pendiente del lamento de la voz, pendiente con· las potencias
íntegras de su alma . . .

LEOPOLDO LUGONES

LOS CABALLOS DE ABDERA

-Ay ... Por favor ...
Fierro se agitó en su cama ...
-Por favor ... , agua ...
Fierro despertó y prestó oído .. .
- Por favor ... , agua ...
Entonces Fierro alargó un pie hasta su asistente.
-¡ Eh, tú! ¿No oyes? Uno de los muertos está pidiendo

agua.

-¿Mi jefe?
. ¡ Que te l evantes y vayas a darle un tiro a ese jijo de
la tiznada que se está quejando! ¡ A ver si me deja dormir!
-¿ Un tiro a quién, mi jefe?

-A ese que pide agua, ¡Imbécil! ¿No entiendes?
-Agua, por favor -repetía la voz.

Abdera, la ciudad tracia del Egeo, que actualmen!e. es
Balastra y que no debe ser confundida con su tocaya betica,
era célebre por sus caballos.
Descollar en Tracia por sus caballos, no era poco; y ella
descollaba hasta ser única. Los habitantes todos tenían a
gala la educación de tan noble animal, y esta pasión cultivad~
a porfía durante largos años, hasta f?rmar parte de las_ tradiciones fundamentales, había producido efectos . maravillosos.
Los caballos de Abdera gozaban de fama excepcional, Y. todas
las poblaciones tracias, desde l?s cicones hasta los bJ.Saltos,
eran tributarios en esto de los bIStones, pobladores de la mencionada ciudad. Debe añadirse que semejante industria,
uniendo el provecho a la satisfacción, ocupaba desde el rey
hasta el último ciudadano.
Estas circunstancias habían contribuido también a intimar las relaciones entre el bruto y sus dueños, much~ más
de lo que era y es habitual para . el resto de las naciones;
llegando a considerarse las caballerizas como un ensanche del

�106

hogar, y extremándose las naturales exageraciones de toda
pasión, hasta admitir caballos en la mesa.
. Eran verdad_eramente notables corceles, pero bestias al
fm., Otros dorm1a~ en cobertores de biso; algunos pesebres
teman frescos sencillos, pues no pocos veterinarios sostenían
el gusto artístico de la raza caballar, y el cementerio equino
ostentaba entre pompas burguesas, ciertamente recargadas,
d_os o tres obras maestras. El templo más hermoso de la
c~udad _estaba c?nsagrado a Arión, el caballo que Neptuno
hizo salir de la tierra con un golpe de su tridente; y creo que
!a moda de reD?-atar. las proas en cabezas de caballo, tenga
1g~al prov:11:enc1a; siendo seguro, en todo caso, que los bajos
relieves h1p1cos fueron el ornamento más común de toda
aquella arquitectura. El monarca era quien se mostraba más
decidido por los corceles, llegando hasta tolerar a los suyos
verdaderos crímenes que los volvieron singularmente bravíos•
d_e tal modo q;1e los nombyes de Podargos y de Lampo~
figuraban en fabulas sombnas ; pues es del caso decir que
los caballos tenían nombres como personas.
Tan a_maestra?os estaban, aquellos animales, que las bridas eran mecesanas, conservandolas únicamente como adornos, muy apreciadas desde luego por los mismos caballos.
La palabra era el medio usual de comunicación con ellos.
observándose que la libertad favorecía el desarrollo de su~
buenas condiciones; dejábanlos todo el tiempo no requerido
por la al~a:rda o el arnés, en libertad de cruzar a sus anchas
las magníficas praderas formadas en el suburbio a la orilla
del Kossínites, para su recreo y alimentación. '
, A son de tro~pa los convocaban cuando era menester, y
as1 para el trabaJo como para el "Rienso eran exactísimos.
Raya:ba CJ1 lo increíble su habilidad para toda clase de juegos
d~ c1rc_~ y hasta de saló1;1-, su bravura en los combates, su
d1screc10n en las ceremomas solemnes. Así, el hipódromo de
Abdera tanto como sus compañías de volatines; su caballería
acorazada de bronce y sus sepelios, habían alcanzado tal
re~~mbre, que _de todas partes acudía gente a admirarlos :
merito compartido por igual entre domadores y corceles.
Aquella educación persistente, aquel forzado despliegue
de condiciones, y, para decirlo todo en una palabra aquella
"hu!°anización" de _la raza equina, iban engendr~ndo un ,
fenomeno que los b1stones festejaban como otra gloria nacional. La inteligencia de los caballos comenzaba a desarrollarse pareja con su conciencia, produciendo cosas anormales
que daban pábulo al comentario general.

107

Una yegua había exigido espejos en su pesebre, arrancándolos con los dientes de la propia alcoba patronal y destruyendo a coces los de tres paineles cuando no le hicieron
el gusto. Concedido el capricho, daba muestras de coquetería
perfectamente visible.
Balios, el más bello potro de la comarca, un blanco, elegante y sentimental que tenía dos campañas militares y _manifestaba regocijo ante el recitado de exámetros heroicos,
acababa de morir de amor por una dama. Era la mujer de
un general, dueño del enamorado bruto, y por cierto no
ocultaba el suceso. Hasta se creía que halagaba su vanidad,
siendo esto muy natural, por otra parte, en la ecuestre metrópoli.
Señalábase igualmente casos de infanticidio, que, aumentando en forma alarmante, fué necesario corregir con la presencia de viejas mulas adoptivas; un gusto creciente por el
pescado y por el cáñamo, cuyas plantaciones saqueaban los
animales; y varias rebeliones aisladas que hubo de corregirse,
siendo insuficiente el látigo, por medio del hierro candente.
Esto último fué en aumento, pues el instinto de rebelión progresaba, a pesar de todo.
Los bistones, más encantados cada vez con sus caballos,
no paraban mientes en eso. Otros hechos más significativos
produjéronse de allí a poco. Dos o tres atalajes habían hecho
causa común contra un carretero que azotaba su yegua rebelde.
Los caballos resistíanse cada vez más el enganche y al yugo,
de tal modo que empezó a preferirse el asno. Había animales
que no aceptaban determinado apero ; mas como pertenecían
a los ricos, se defería a su rebelión, comentándola mimosamente a título de capricho.
Un día los caballos no vrmeron al son de la trompa, y
fué menester constreñirlos por la fuerza; pero los subsiguientes, no se reprodujo la rebelión.
Al fin ésta tuvo lugar cierta vez que la marea cubrió la
playa de pescado muerto, como solía suceder. Los caballos se
hartaron de eso y se los vió regresar al campo suburbano
con lentitud sombría.
Media noche era cuando estalló el singular conflicto.
De pronto un trueno sordo y persistente conmovió el
ámbito de la ciudad. Era que todos los caballos se habían
_puesto en movimiento a la vez para asaltarla ; pero esto se
supo luego, inadvertido al principio en la sombra de la noche
y la sorpresa de lo inesperado.

�108

Como las praderas de pastoreo quedaban entre las murallas, nada pudo contener la agresión ; y añadido a esto el
conocimiento minucioso que los animales tenían de los domicilios, ambas cosas acrecentaron la catástrofe.
Noche memorable entre todas, sus horrores sólo aparecieron cuando el día vino a ponerlos en evidencia, multiplicándolos aún.
Las puertas reventadas a coces yacían por el suelo, dando
paso a. feroces manadas que se sucedían casi sin interrupción.
Había corrido sangre, pues no pocos vecinos cayeron aplastados bajo el casco y los dientes de la banda, en cuyas filas
causaron estragos también las armas humanas.
Conmovida, de tropeles, la ciudad obscurecíase con la polvareda que engendraban; y un extraño tumulto formado por
gritos de cólera o de dolor, relinchos variados como palabras
a los cuales mezclábase uno que otro doloroso rebuzno, y
estampidos de coces sobre las puertas atacadas, unía su espanto
al pavor visible de la catástrofe. Una especie de terremoto
incesante hacía vibrar el suelo con el trote de la masa rebelde,
exaltado a ratos como en ráfaga huracanada por frenéticos
tropeles sin dirección y sin objeto; pues habiendo saqueado
tod?s. los plantíos de cáñamo, y hasta algunas bodegas que
codiciaban aquellos corceles pervertidos por los refinamientos
de la mesa, grupos de animales ebrios aceleraban la obra de
destrucción. Y por el lado del mar era imposible huir. Los
caballos, conociendo la misión de las naves, cenaban el acceso
del puerto.

109

enseñando su dentadura asquerosa; su grito ele pavor ante
aquella bestia convertida en fieta, con el resplandor humano
y malévolo de sus ojos incendiados de lubricidad ; el mar de
sangre con que la inundara al caer atravesado por la espada
de un servidor ...
Mencionábase varios asesinatos en que las yeguas se habían divertido con saña femenil, despachurrando a mordiscos
las víctimas. Los asnos habían sido exterminados, y las mulas
subleváronse también, pero con torpeza inconsciente, destruyendo, por destruir, y particularmente encarnizadas contra
los perros.
El tronar de las carreras locas seguía estremeciendo la
ciudad, y el fragor d e los derrumbes iba aumentando. Era
urgente organizar una salida, por más que el número y la
fuerza de los asaltantes la hiciera singularmente peligrosa, si
no se quería abandonar la ciudad a la más insensata destrucción.
Los hombres empezaron a armarse; mas pasado el primer
momento de licencia, los caballos habíanse decidido a atacar
también.
Un brusco silencio precedió al asalto. Desde la fortaleza
distinguían el terrible ejér cito que se congregaba, no sin trabajo, en el hipódromo. Aquello tardó varias horas, P?es cuan~o
todo parecía dispuesto, súbitos corcovos y agudísimos relmchos cuya causa era imposible discernir, desordenaban profundamente las filas.

Sólo la fortaleza permanecía incólume y empezábase a
organizar en ella la resistencia. Por lo pronto, se cubría de
dardos a todo caballo que cruzaba por allí, y cuando caía
cerca, era arrastrado al interior como vitualla.

El sol declinaba ya, cuando se produjo la primera carga.
No fué, si se permite la frase, más que una demostración, pues
los animales se limitaron a pasar corriendo frente a la f9rtaleza. En cambio, quedaron acribillados por las saetas de los
defensores.
·

Entre los vecinos refugiados circulaban los más extraños
rumores. El primer ataque no fué sino un saqueo. Derribadas
las puertas, las manadas introducíanse en las habitaciones
atentas sólo a las colgaduras suntuosas con que intentaba~
revestirse, a las joyas y objetos brillantes. La oposición a
sus designios fué lo que suscitó su furia.

Desde el más remoto extremo de la ciudad, lanzáronse
otra vez, y su choque contra las defensas fué formidable. La
fortaleza retumbó entera bajo aquella tempestad de cascos, y
sus recias murallas dóricas quedaron, a decir verdad, profundamente trabajadas.

Otros hablaban de monstruosos amores, de mujeres asaltadas y aplastadas en sus propios lechos con ímpetu bestial •
y hasta se señalaba una noble doncella que, sollozando na:
rraba entre dos crisis su percance : el despertar en la al~oba
a la media luz de la lámpara, rozados sus labios por la innobl~
geta de un potro negro que respingaba de placer el belfo,

Sobrevino un rechazo, al cu~l sucedió muy luego un nuevo
ataque.
Los que demolían eran caballos y mulos heuados que
caían a docenas • pero sus filas cerrábanse con encarnizamiento furioso shl que la masa pareciera disminuir. Lo peor
era que algun¿s habían conseguido vestir sus bardas de coro-

�111

110

bate en cuya malla de acero se embotaban los dardos. Otros
llevaban jirones de tela vistosa, otros collares; y pueriles en
su mismo furor, ensayaban inesperados retozos.

En la frotaleza reinaba el pánico. ¡ Qué podrían contra
semejante enemigo Y ¿ Qué gozne de bronce resistiría a sus
mandíbulas? ¿ Qué muro a sus garras 7 ...

De las murallas los conocían. ¡ Dinos, Aethon, Ameteo,
Xanthos ! Y ellos saludaban, relinchaban gozosamente, enarcaban la cola, cargando en seguida con fogosos respingos.
Uno, un jefe ciertamente, irguióse sobre sus corvejones, caminó
así un trecho, manoteando gallardamente al aire, como' si danzara un marcial balisteo, contorneando el cuello con serpentina
elegancia, hasta que un dardo se le clavó en medio del pecho...

Comenzaban ya a preferir el pasado riesgo ( al fin era
una lucha contra bestias civilizadas) sin alientos ni para enflechar sus arcos, cuando el monstruo salió de la alameda.

Entretanto, el ataque iba triunfando.
pezaban a ceder.

Las murallas em-

Súbitamente una alarma paralizó a las bestias. Unas sobre
otras, apoyándose en ancas y lomos, alargaron sus cuellos
hacia la alameda que bordeaba la margen del Kossínites; y los
defensores, volviéndose hacia la misma dirección, contemplaron un tremendo espectáculo.
Dominando la arboleda negra, espantosa sobre el cielo
de la tarde, una colosal cabeza de león miraba hacia la ciudad.
Era una de esas fieras antediluvianas cuyos ejemplares, cada
vez más raros, devastaban de tiempo en tiempo, los montes
Ródopes. Mas nunca se había visto nada tan monstruoso, pues
aquella cabeza dominaba los más altos árboles, mezclando a
las hojas teñidas de crepúsculo las greñas de su melena.
Brillaban claramente sus enormes colmillos, percibíase sus
ojos fruncidos ante la luz, llegaba en el hálito de la brisa su
olor bravío. Inmóvil entre la palpitación del follaje, herrumbrada por el sol casi hasta dorarse su gigantesca crin, alzábase ante el horizonte como uno de esos bloques en que el
pelasgo, contemporáneo de las montañas, esculpió sus bárbaras divinidades.
Y de repente empezó a andar, lento como el océano. Oíase
el rumor de la fronda que su pecho apartaba~ su aliento de
fragua que iba sin duda a estremecer la ciudad cambiándose
en rugido.

A pesar de su fuerza prodigiosa y de su número, los
caballos sublevados no resistieron semejante aproximación.
Un sólo ímpetu los arrastró por la playa, en dirección a la
Macedonia, levantando un verdadero huracán de arena y de
espuma, pues no pocos disparábanse a través de las olas.

No fué un rugido lo que brotó de sus fauces, sino un grito
de guerra humano-el bélico "¡ alalé !" de los combates, al que
respondieron con regocijo triunfal los "hoyohei" y los "hoyotoho" de la fortaleza.
¡ Glorioso prodigio !

Bajo la cabeza del felino irradiaba luz superior el rostro
de un numen; y mezclados soberbiamente con la flava piel,
resaltaban su pecho marmóreo, sus brazos de encina, sus
muslos estupendos.
Y un grito, un solo grito de libertad, de reconocimiento,
de orgullo, llenó la tarde :
-¡ Hércules, es Hércules que llega!
Toma.do de

Los caballos de Abdera.

OCTAVIO PAZ

EL RAMO AZUL

Desperté, cubierto de sudor. Del piso de ladrillos rojos,
r ecién regado, subía un vapor caliente. Una mariposa de alas
grisáceas revoloteaba encandilada alrededor del foco amarillento. Salté de la hamaca y descalzo atravesé el cuarto,
cuidando no pisar algún alacrán salido de su escondrijo a
tomar el fresco. Me acerqué al ventanillo y aspiré el aire
del campo. Se oía la respiración de la noche, enorme, femenina.
Regresé al centro de la habitación, vacié el agua de la jarra
en la palangana de peltre y humedecí la toalla. Me froté el

'

�113

112

torso y las piernas con el trapo empapado, me sequé un poco
y, tras de cerciorarme que ningún bicho estaba escondido
entre los pliegues de mi ropa, me vestí y calcé. Bajé saltando
la escalera pintada de verde. En la puerta del mes6n tropecé
con el dueño, sujeto tuerto y reticente. Sentado en una sillita
de tule, fumaba con los ojos entrecerrAdos. Con voz ronca me
pregunt6:
-¿ Onde va, señorT

-.A. dar una vuelta. Hace mucho calor.
-Hum, todo está ya cerrado. Y no hay alumbrado aquí.
Más le valiera quedarse.
Alcé los hombros, musité "ahora vuelvo" y me metí en lo
obscuro. Al principio no veía nada. Caminé a tientas por la
calle empedrada. Encendí un cigarrillo. De pronto salió la
luna de una nube negra, iluminando un muro blanco, desmoronado a, trechos. Me detuve, ciego ante tanta blancura. Sopl6
un poco de viento. Respiré el aire de los tamarindos. Vibraba
la noche, llena de hojas e insectos. Los grillos vivaqueaban
entre las hierbas altas. Alcé la cara: arriba también habían
establecido campamento las estrellas. Pensé que el universo
era un vasto sistema de señales, una conversación entre seres
inmensos. Mis actos, el serrucho del grillo, el parpadeo de
la estrella, no eran sino pausas y sílabas, frases dispersas de
aquel diálogo. ¿ Cuál sería esa palabra de la cual yo era una
sílaba Y ¿ Quién dice esa palabra y a quién se la dice 1 Tiré
el cigarrillo sobre la banqueta. Al caer, describió una curva
luminosa, arrojando breves chispas, como un cometa minúsculo.
Caminé largo rato, despacio. Me sentía libre, seguro entre
los labios que en ese momento me pronunciaban con tanta
felicidad. La noche era un jardín de ojos. Al cruzar una calle,
sentí que alguien se desprendía de una puerta. Me volví, pero
no acerté a distinguir nada. Apreté el paso. Unos instantes
percibí el apagado rumor de unos huaraches sobre las piedras
calientes. No quise volverme, aunque sentía que la sombra se
acercaba cada vez más. Intenté correr. No pude. Me detuve
en seco, bruscamente. Antes de que pudiese defenderme, sentí
la punta de un cuchillo en mi espalda y una voz dulce:
-No se mueva, señor, o se lo entierro.
Sin volver la cara, pregunté:
- ¡ Qué quieres 7

-Sus ojos, señor --eontest6 la voz, suave, casi apenada.

-¿Mis ojosY ¿Para qué te servirán mis ojos? Mira, aqu~
tenao un poco de dinero. No es mucho, pero es algo. Te dare
tod~ lo que tengo, si me d ejas. No vayas a matarme.
-No tenga miedo, señor. No lo mataré. ~ada más voy
a sacarle los ojos.
Volví a preguntar :
-Pero, 6para qué quieres mis ojos?
-Es un capricho de mi novia. Quiere un ramito de ojos
azules. Y por aquí hay pocos que los tengan.
-Mis ojos no te sirven. No son aztlles, sino amarillos.
- .A.y, señor, no quiera engañarme. Bien sé que los tiene
azules.
-No se le sacan a un cristiano los ojos así. 'r e daré
otra cosa.
-No se haga el remilgoso -me dijo con dmeza-. Dé
la vuelta.
Me volví. Era pequeño y frágil. El sombrero de palma
le cubría medio rostro. Sostenía con el brazo derecho un
machete de campo, que brillaba con la luz de la luna.
-Alúmbrese la cara.
Encendí y me acerqué_ la llama al ro,stro: E! r esplandor
me hizo entrecerrar los oJOS. El aparto m1s parpados con
mano firme. No podía ver bien. Se alzó sobre las puntas de
los pies y me contempl6 intensam_ente. ~a llama 1;11e q~rnmaba
los dedos. La arrojé. P ermaneció un mstante sllenc10so.
-¿ Ya te convenciste Y No los tengo azules.

- .Ah, qué mañoso es usted -me dijo-. A ver, encienda
otra vez.
Froté otro fósforo y lo acerqué a mis ojos. Tirándome
de la manga, me ordenó :

-Arrodíllese.
Me hinqué. Con una mano me cogió por los cabellos,
echándome la cabeza hacia atrás. Se inclin6 sobre mí, curioso
y tenso, mientras el 1!1ache~ descendía lentamente hasta rozar
mis párpados. Cerre los OJOS.
- Abralos bien -me dijo.

�114

1HS

.Abrí los ojos. La llamita me quemaba las pestañas. Me
soltó de improviso.
-Pues no son azules, señor. Dispense.
Y desapareció. Me acodé junto al muro con la cabeza
entre la~ manos. Lu~go me incorporé. .A trop~zones, cayendo
Y levantandome, corn durante una hora por el pueblo desierto.
Cuando llegué a la plaza, vi al dueño del mesón sentado aún
fre_nte a la puerta. Entré sin decir palabra. .Al' día siguiente
hui de aquel pueblo.
Tomado de
¡,Aguna o sol?

HORACIO QUJROGA

LA GALLINA DEGOLLADA

Todo e~. día! ~entados en el patio, en un banco estaban
los cuatro h1Jos 1d10tas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían
la lengua entre los labios, los ojos estúpidos, y volvían la
cabeza con toda la boca abierta.
_El patio era de tierra, cerrado al Oeste por un cerco de
la~rillos. El b3:_nco .que~3:ba Pª:.alelo a él, a cinco metros, y
allí se manteman mmov1les, ÍlJOs los ojos en los ladrillos.
001;10 el. sol se ocultaba tras el cerro al declinar, los idiotas
te1;11a1;1 fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al
prmcrp10; poco a poco s~ ojos se animaban; se reían al fin
e~treplt~samente, congestionados por la misma hilaridad ans10sa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.
O~r~s veces, alineados en el banco, zumbaban horas ent~ras 1~1t~do al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudía~ as1m1s~o su inercia, y corrían entonces alrededor del
patio, mordiendose la lengua y mugiendo. Pero casi siempre
estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban ~odo el día sentados en su banco, con las piernas colgantes
:Y qmetas, empapando de glutinosa saliva el pantalón.

El mayor tenía doce años y el menor, ocho, en todo su
aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un
poco de cuidado maternal.
Esos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido un día el
encanto de sus padres. .A los tres meses de casados, Mazzini
y Berta orientaron su estrecho amor de marido y mujer y
mujer y marido hacia un porvenir mucho más vital: un hijo.
¿ Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagración de su cariño, libertado ya del vil egoísmo de un
mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor
mismo, sin esperanzas posibles de renovación ?
.Así lo sintieron Mazzini y Berta, y cuando el hijo llegó,
a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. La criatura creció bella y radiante hast a que tuvo
año y medio. Pero en el vigésimo mes sacudiéronlo una noche
convulsiones terribles y a la mañana siguiente no conocía más
a sus padres. El médico lo examinó con esa atención profesional que está visiblemente buscando la causa del mal en las
enfermedades de los padres.
Después de algunos días los miembros paralizados de la
criatura recobraron el movimiento; pero la inteligencia, el
alma, aun el instinto, se habían ido del todo. Había quedado
profundamente idiota, baboso, colgante, muerto para siempre
sobre las rodillas de su madre.
-¡ Hijo, mi hijo querido ! -sollozaba ésta sobre aquella
espantosa ruina de su primogénito.

El padre, desolado, acompañó al médico afuera.
-.A usted se le puede decir: creo que es un caso perdido.
Podrá mejorar, educarse en todo lo que le permita su idiotismo,
pero no más allá.
-¡ Sí! . . . , ¡ sí! . . . -asentía Mazzini-. P ero dígame :
¿ Usted cree que es herencia, que . . . ?
-En cuanto a la herencia paterna, ya le dije lo que creí
cuando vi a su hijo. Respecto a la madre, hay allí un pulmón
que no sopla bien. No veo nada más pero hay un soplo un
poco rudo. Hágala examinar detenidamente.
Con el alma destrozada de r emordimiento, Mazzini redobló
el amor a su hijo, el pequeño idiota que pagaba los excesos
d el abuelo. Tuvo asimismo que consolar, sost ener sin tregua
a Berta, herida en lo más profundo por aquel fracaso de su
joven maternidad.

�116

117

Como es natural, el matrimonio puso todo su amor en la
esperanza de otro hijo. Nació éste, y su salud y limpidez de
risa reencendieron el porvenir extinguido. Pero a los dieciocho meses las convulsiones del primogénito se repetían y
al día siguiente el segundo hijo amanecía idiota.
'

-Me parece -díjole una noche Mazzini, que acababa de
entrar y se lavaba las manos-- que podrías tener más limpios
a los muchachos.

Esta vez los padres cayeron en honda desesperación.

-Es la primera vez -repuso al rato- que te veo inquietarte por el estado de tus hijos.

¡ Luego su sangre, su amor estaban malditos! ¡ Su amor sobre

Berta continuó leyendo como si no hubiera oído.

todo! Veintiocho años él, veintidós ella; y toda su apasionada
ternura no alcanzaba a cr ear un átomo de vida normal. Y a
no pedían más belleza e inteligencia, como en el primogénito •
¡ pero un hijo, un hijo como todos !
'

Mazzini volvió un poco la cara a ella con una sonrisa
forzada.

Del nuevo desastre brotaron nuevas llamaradas de dolorido a~or, un loco anhelo de redimir de una vez para siempr e
la sa_nbdad de_ ~~ ternura. Sobrevinieron mellizos, y punto
por punto repit1ose el proceso de los dos mayores.

-Bueno, de nuestros hijos. ¡, Te gusta así Y -alzó ella
los ojos.

~3:s por encima de su _inmensa amargura quedaba a
Mazzrm y Berta ~an compasión por sus cuatro hijos. Hubo
que arranc3:r del _linl~o de _la más honda animalidad no ya
sus a~as, s~o. el ~stmtoi mismo, abolido. No sabían deglutir,
cambiar de sitio, m aun sentarse . .A.prendieron al fin a caminar, ,Pero chocaban contra todo, por no darse cuenta de los
obstáculos. Cuando _los, lavaban, mugían hasta inyectarse de
sangre el rostro. .A.mmabanse solo al comer o cuando veían
colores brillantes u oían truenos. Se reían entonces echando
afu~ra lengua y ríos de baba, radiantes de frene~í bestial.
Teman, en cambio, cierta facultad imitativa; pero no se pudo
obtener nada más.

- -Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, ¿noY

Con los mellizos pareció haber concluído la aterradora
descendencia. Pero pasados tres años, Mazzini y Berta desearon de. nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que el
largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad.
No satisfacían sus esperanzas. Y en ese ardiente anhelo
que se exasperaba en razón de su infructuosidad, se agriaron.
Hasta ese momento cada cual había tomado sobre sí la parte
que le correspondía en la miseria de sus hijos; pero la
des~speranza de redención ante las cuatro bestias que habían
~ac1do de ellos echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar
a los otros, que es patrimonio especüico de los corazones
inferiores.
Iniciáronse con el cambio de pronombres: tus hijos. Y
como a más del insulto había la insidia, la atmósfera se cargaba.

-De nuestros hijos, me parece .. .

Esta vez Mazzini se expresó claramente :
- ¡ .A.h, no ! -se sonrió Berta, muy pálida-; pero yo
tampoco, supongo ... ¡ No faltaba más! .. . -murmuró.

-¿ Que no faltaba más Y

-¡ Que si alguien tiene la culpa no soy yo, entiéndelo
bien! Eso es lo que te quería decir.
Su marido la miró un momento, con brutal deseo de
insultarla.
-¡Dejemos! -articuló al fin, secándose las manos.
- Como quieras ; pero si quieres decir ...
-¡Berta!
-¡ Como quieras !
Este fué el primer choque, y le sucedieron otros. Pero
en las inevitables reconciliaciones sus almas se unían con doble
arrebato y ansia por otro hijo.
Nació así una niña. Vivieron dos años co.n la angustia
a flor de alma, esperando siempre otro desastre.
Nada acaeció, sin embargo, y los padres pusieron en su
hija toda su complacencia, que la pequeña llevaba a los más
extremos límites del mimo y la mala crianza.
Si aun en los últimos tiempos B erta cuidaba siempre d e
sus hijos, al nacer Bertita olvidóse casi del todo de los otros.

�119

118

Su solo recuerdo la horrorizaba como algo atroz que la hubieran obligado a cometer. A Mazz:ini, bien que en menor grado,
pasábale lo mismo.
No por eso la paz había llegado a sus almas. La menor
indisposici6n de su hija echaba ahora afuera, con el terror de
perderla, los rencores de su descendencia podrida. Habían
acumulado hiel sobrado tiempo para que el vaso no quedara
distendido, y al menor contacto el veneno se vertía afuera.
Desde el primer disgusto emponzoñado h abíanse perdido el
respeto y hay algo a que el hombre se siente arrastrado
con cruel fruición es, cuando ya se comenzó, a humillar del
todo a una persona. Antes se contenían por la mutua falta
de éxito; ahora que éste había llegado, cada cual, atribuyéndolo a sí mismo, sentía mayor la infamia de los cuatro engendros que el otro habíale forzado a crear.
Con estos sentimientos, no hubo ya para los cuatro hijos
mayor afecto posible. La sirvienta los vestía, les daba de
comer, los acostaba, con visibl e brutalidad. No los lavaba casi
nunca. P asaban casi todo el día sentados frente al cerco,
abandonados de toda remota caricia.
De ese modo Bertita cumpli6 cuatro años, y esa noche,
resultado de las golosinas que sus padres eran incapaces de
n egarle, la criatura tuvo algún escalofrío y fiebre. Y el temor
a verla morir o quedar idiota tornó a reabrir la eterna llaga.
. ~acía tres horas, que no hablaban, y el motivo fué, como
casi siempre, los fuertes pasos de Mazzini.
-¡Mi Dios! ¿No puedes caminar más despacio ! ¡ Cuántas veces ... Y

-Bueno, es que me olvido; ¡ se acabó!
propósito.

No lo hago a

Ella se sonrió, desdeñosa :
-¡ No, no te creo tanto 1
-Ni yo jamás te hubiera creído tanto a ti ... ¡ tisiquilla !
-¡ Qué ! ¡ qué dijiste T ...

-¡Nada!
-¡ Sí, te oí algo! Mira: ¡ no sé lo que dijiste • pero te
juro que prefiero cualquier cosa a tener un padre' como el
que has tenido tú !

Mazzini se puso pálido.

- ¡ Al fin! -murmuró con los dientes apretados-.
fin, víbora, has dicho lo que querías!

¡ .Al

-¡ Sí, víbora, sí! ¡P ero yo be tenido padres sanos, 6oyes 1
¡sanos! ¡ Mi padre no ha muerto de delirio ! ¡ Yo hubiera tenido
hijos como los de todo el mundo ! ¡ E sos son hijos tuyos, los
cuatro tuyos!
Mazzini explotó a su vez.
-¡ Víbora tísica! ¡ Eso es lo que te dije, lo que te quiero
decir! ¡ Pregúntale, pregúntale al médico quién tiene la mayor
culpa de la meningitis de tus hijos; mi padre o tu pulmón
picado, víbora !

Continuaron cada vez con mayor violencia, hasta que un
gemido de Bertita selló instantáneamente sus bocas. A la una
de la mañana la ligera indigestión había desaparecido y, como
pasa fatalmente con todos los matrimonios jóvenes que se han
amado intensamente una vez siquiera, la reconciliación llegó,
tanto más efusiva cuanto infames fueran los agravios.
Amaneció un espléndido día, y mientras Berta se levantaba escupió sangre. Las emociones y mala noche pasada
tenían, sin duda, gran culpa. Mazzini la retuvo abrazada largo
rato y ella lloró desesperadamente, pero sin que ninguno se
atreviera a decir una palabra.
A las diez decidieron salir, después de almorzar. Como
apenas tenían tiempo, ordenaron a la sirvienta que matara
una gallina.
El día, radiante, había arrancado a los idiotas de su
banco. De modo que mientras la sirvienta degollaba en la
cocina al animal, desangrándolo con parsimonia (Berta había
aprendido de su madre este buen modo de conservar la frescura de la carne), creyó sentir algo como respiración tras
ella. Volvióse, y vio a los cuatro idiotas, con los hombros
pegados uno a otro, mirando estupefactos la operación.
Rojo ... rojo ...
-¡ Señora! Los niños están aquí en la cocina.
Berta llegó ; no quería que jamás pisaran allí. ¡ Y ni aun
en estas horas de pleno perdón, olvido y felicidad reconquistada podía evitarse esa horrible visión! Porque, nat uralmente,
cuanto más intensos eran los raptos de amor a su marido e
hija, más irritado era su humor con los monstruos.
-¡ Que salgan, María ! ¡ E chelos ! ¡ E chelos, le digo 1

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IÚI de "Presenfa:' ! Fernan_&lt;lo Guiina-./;j;

racs, ,pe.Presef!~

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"' Poes4 • Pierre ~8urcade, ., D,tscu"'?~
, rp,kntf&gt; tlt Firna;,aó P~stoa • Annand
Guil,}ert, lfter/denda}¿anglosajona1 en
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• Hugo Fadiila:. La 1ntimetdflslct1 .d t
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JUNIO DE 1963

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ARMAS yLhlRAS
REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

BIBLI OTECA CENTRAL

ARMlíllfir
Revista de la Universidad de Nuevo León
No.

2

Año 6

Junio de 19li3

Segunda Epoca

Rector Interino
LIC. ALFONSO RANGEL GUERRA
SUMARIO
Secretario General

Adolfo Casais Monteiro, La Generación de Orpheu -----·-•·

7

Jorge de Sena, 1A poesía de "Presenca" -·····--·----·-··-----·---·-

20

Fernando Guimaraes, De Fresen~ a los Cadernos
de Poesía _ _ _ _
- ------------··--·----·-----···-·----····

~

LIC. VIRGILIO ACOSTA

-L:

Pierre Rourcade, Descubrimiento de Fernado Pessoa - -···-- 37
Departamento de Extensión Universitaria

Armand Guibert, Interferencias anglosajonas en la vida
y en la obra de Fernando Pessoa ------------····------- 57

Coordinador

Rugo Padilla, 1A antimetafísica de Alberto Caeiro __________ 64

RUGO PADILLA

Arturo Cantú, "Tabaquería" de Fernando Pessoa __________ 70
Antología poética de Fernando Pessoa

Jefe de la Sección Editorial
JOSE ANGEL RENDON

Torre de la Rectoría
Ciudad Universitaria

Poemas de Fernando Pessoa
------·····----··-·-···--·-···-·· g1
Poemas de Alberto Caeiro ___
.. ________
9()

Quinto Piso

Odas de Ricardo Reis -----------······---- ____ 94
Poemas de Álvaro de Campos _________________ ... _______ 95

�ESTE año se cumplen 75 del nacimiento del poeta portugués
Fernando Pessoa. Desconocido en su tiempo, Pessoa tiene
ahora la fama que merece su obra, gracias a los trabajos de
traductores y críticos que se empeñaron en difundir esta producción literaria -una de las más altas del siglo XX- en
todos los ámbitos.

Armas y Letras, con el deseo de participar en estos trabajos,
y como homenaje al gran poeta, le dedica las páginas de esta
entrega, lo cual se pudo realizar con la valiosa colaboración de
distinguidos escritores. Agradecemos al Sr. Fernand Verhesen,
del Centre International d'Etudes Poétiques, de Bruselas, Bélgica, su amabilidad al permitirnos traducir al español, y publicar aquí, los trabajos de Adolfo Casais Monteiro, Jorge de Sena
y Fernando Guimaraes, editados originalmente en el Courrier
du Centre lnternational d'Etudes Poétiques (Nos. 35-36). Testimoniamos igualmente nuestro reconocimiento al Sr. Armand
Guibert, traductor de Pessoa en lengua francesa, por el trabajo
que escribió especialmente para este número, así como al Sr.
Dr. Pierre Hourcade, Director del Instituto Francés de la
América Latina, por su valiosa y decidida colaboración en este
homenaje. Las gracias, también, a los miares Rugo Padilla
y Arturo Cantú de la Universidad de Nuevo León, por sendos
trabajos sobre Fernando Pessoa; de la misma manera agradecemos al Director general de publicaciones de la U.N.A.M.
y a la Editorial Rialp, de Madrid, y a don Angel Crespo, el
permitirnos utilizar las traducciones de Fernando Pessoa, aparecidas en los libros Antología y Poemas de Alberto Caeiro.

5

�LA GENERACION DE ORPHEU

ADOLFO CASAIS MONTEIRO
Una cosa me parece esencial en el poeta moderrio: que
reconozca en el presente su verdadera raíz, en lugar de buscarla
por vía literaria en los maestros del pasado; le gusten o no.
La modernidad, si la palabra puede tener un sentidó positivo,
es el deseo de estar en el mundo, es reconocerse "de aquí", es
no rehusar la tierra: A causa de &lt;;sto, pues, surgirá la rebeldía,
el poeta convir.tiéndose en "persona desplazada" como premio
a su rechazo de los acomodos -con el cielo, y todos fos demás.
. El que se acuse habitualmente a la poesía de haber divorciado al público de la lengua corriente, de la reaJidad, señala
paradojalrriente la poca realidad de la vida, la traición. de lo
cotidiano vivido según los profundos deseos .del hombre ; lo
cotidiano y esa vida, sin duda, el poeta moderno no puede sino
rehusarlos, porque no tiene ya refugio. ideal. . No es que esté
adelantado a su época, es la sociedad misma la que se retrasa
sobre el progreso de la conciencia, son las formas del compor~amiento las que han falseado la armonía del individuo y de
la sociedad tomadas como las dos caras de una sola realidad.
Es verdad que grandes poetas modernos han cantado amorosamente las más diversas expresiones de la vida, como Apollinaire, o mejor aún, Withman, el primero en tiempos modernos. De hecho, cantaron una esperanza y una creencia, el
amor no engañado aún. Esto es igualmente válido para Maiakovski. Pero el amor, en los demás, sólo pudo mudarse en
rebeldía, la rebeldía del hombre frustrado en sus esperanzas y
en su lugar en el mundo: negación del mundo por amor de la
vida y del hombre.
Nada más irreal que la vida portuguesa en 1915. Ei;a de
Queiroz hasta hubiera podido reconocer sus personajes. La

7

�vida literaria demostraría que la literatura "refleja" la sociedad . . . Pero sólo porque era tan poco viviente como lo cotidiano. Un falso simbolismo, un tradicionalismo (no "nacional"), más bien una fijación obstinada sobre las tradiciones
de la vida de provincia, ecos parnasianos y naturalistas, y todo
esto coloreado de mundaneidad, sombría llanura sobre la que
sólo se destacaban dos grandes voces místicas, Teixeira de
Pascoaes y Raul Brandáo. Excepto estos últimos, sólo quedaban los "decadentes", como ese ~isterioso Camilo Pessanha,
conocido de algunos jóvenes; António Patrício, Teixeira Gomes, todos indiferentes a la comedia literaria, teniendo conciencia del vacío y de la falsedad generales, pe:ro faltándoles la
fuerza creadora que trastorna todos los valores. Ninguno de
ellos, sin embargo, hubiera podido comprender la nueva literatura que hacía su entrada a escena con el primer número
de Orpheu.
Nada parecía presagiar la explosión de lo que, para la
época, no era sino anti-literatura. O bien obra de locos, como
toda la prensa la consideró. De hecho en sus líneas generales,
el movimiento era mucho menos escandaloso que sus precursores europeos. Orpheu, evidentemente, heredó de ellos alguna
cosa, pero hoy se puede ver que su inf_luencia fue sólo el detonador del explosivo. Los dos únicos números que aparecieron
de Orpheu, el único número de Portugal Futurista, y algunas
otras revistas, todas más o menos efímeras, que aseguraron la
continuidad del movimiento, dejan percibir elementos propios
del "modernismo" ( como se le designa en general) portugués.
Porque esta revolución formal no tenía la superstición formal,
y el fondo de las cosas le preocupó más que los problemas
técnicos. Esto se debió sin duda a las dos personalidades que,
desde el principio, marcaron el modernismo portugués: Fernando Pessoa y Mário de Sá-Carneiro.
Si desde el punto de vista de la evolución de las formas se
pueden (y se deben) reconocer los hilos que ligan al pasado
la obra de estos poetas -y poetas solamente: el modernismo,
aún en sus expresiones en prosa, es esencialmente creación
poética- señalando sus ascendientes directos del fin del siglo

8

XIX ( Gomes Leal, Cesário Verde, António Nobre y su casi
contemporáneo Camilo Pessenha), se corre el riesgo de no comprender nada si no se atiende al público que tan profundamente
transformaron en 1915; el escándalo se justificaba, porque cada
uno a su modo, Pessoa y Sá-Carneiro, igual que Almada Negreiros, habían alcanzado zonas prohibidas, planteado ideas
"intocables", empleado un nuevo lenguaje, aún a veces en sus
antiguos versos (no eran, ya lo hemos dicho, formalistas, y no
tenían la superstición del trastorno).
El mismo nombre de Orpheu dado a la revista, basta para
hacernos comprender que la intención inicial sólo era muy
vagamente moderna. Era más bien el título de una revista
simbolista. De hecho, Luiz de Montalvor se expresa cc_&gt;mo
simbolista en la presentación del primer número. Digamos
pues que el "modernismo" entró casi de contrabando en la
revista, y que se convirtió en dueño de la plaza por el solo peso
de personalidades como las de Pessoa, Sá-Carneiro y Almada
Negreiros; en el segundo (y último) número de Orpheu, los
dos primeros figuran ya como directores. Revolución sin manifiesto ni conflicto (Luiz de Montalvor fue siempre uno de
los pilares del grupo y será, 28 años más tarde, el editor de las
obras completas de sus dos amigos), y cuyo movimiento prueba
la ausencia total de estrechez teórica.
En verdad, la generación de Orpheu no tiene programa,
no quiere imponer una estética nueva. Es una lección de
libertad la que se le debe, y sus representantes fueron, como
Jorge de Sena dijo de Fernando Pessoa "indisciplinadores de
almas" -maestros de rebeldía y no jefes de escuela. Sin duda,
la influencia formal de Pessoa y de Sá-Carneiro ha sido enorme; sin embargo, a veces pasa a segundo plano si se ve su
papel en el nacimiento de un nuevo espíritu, de una nueva
dimensión de la literatura, por oposición a la época y a su
mundo superficial, académico, enemigo de toda auténtica profundidad y de toda renovación.
Los mejores escritores de la segunda mitad del siglo XIX
habían muerto descorazonados, después de un magnífico es-

9

�fuerzo por rehacer un Portugal europeo; por otros medios. en
el silencio y no en una plaza pública, Pessoa y Sá-Carneiro
prosiguen este trabajo de refundición; Pessoa sobre todo, ya que
la obra de Sá-Carneiro no fue sino una admirable pero efímera
iluminación. Lo que aparece en 1915 es, además de la subida
de una nueva generación, la revelación de un puñado de nuevos poetas, una nueva idea de la literatura y del papel del
escritor en la sociedad.
El naturalismo no había logrado dar cuerpo a su voluntad
de poner al hombre al desnudo, después de perder pie en
medio de sus ilusiones científicas. Lo que reveló, sobre todo
en las novelas de E~a de Queiroz, fue la sociedad -pero no el
hombre de carne y hueso. Y bien, es justamente el hombre de
carne y hueso lo que nos dan Sá-Carneiro y Pessoa. Hecho
curioso, un crítico que se dice marxista, en una época reciente
en la que los dogmatismos stalinistas se propusieron procesar .
a Fernando Pessoa, lo acusó de "haber dejado la vida tripas
afuera", encontrando que no había "construído" nada. Magnífico, aunque ·involuntario elogio. Lo que era necesario, en
una época poblada de fantasmas, era justamente el despedazamiento, la demistificación del hombre. Darse por lo que se
es, rehusarse toda ilusión, no aceptar los optimismos sin fundamento rCill -era justamente la tarea indispensable para crear
una literatura anti-romántica rebelde a los espiritualismos cÓmodos y ,a las falsas apariencias del esteticismo. El "caso"
psicológico de dos poetas perturbó el juicio de estos críticos,
que no comprendieron que er.a la actitud ante la vida y la
literatura, y no sus "problemas" propi&lt;;&gt;s lo que definían las
personalidades de Sá-Carneiro y de Pessoa como poetas y como
creadores de una nueva literatura.

reintegrarse al curso de la historia europea. A causa de este
tiempo muerto su obra pasó casi desapercibida durante todos
esos años; consciente de esta vacuidad, Pessoa juzgó inútil
publicar su obra, de la que .a su muerte casi nada había sido
reunido en volumen, excepto una parte aparecida en revistas.
Esta conciencia de la inutilidad, considerada a menudo como
prueba de alto desprecio, es sin embargo común a e.a.si todos
los poetas de esta generación; todavía hoy es imposible leer,
fuera de algunas revistas inencontrables, la mayor parte de los
poemas de Almada Negreiros.

La profunda riqueza y la gran diversidad de la obra de
Fernando Pessoa no permiten sintetizar, aunque sea brevemente, sus rasgos esenciales. Se corre el riesgo de hacer creer
al lector que se encuentra ante una creación de la pura inteligencia, lo que sería un gran error. Se olvidaría, en primer lugar, "la música que le es propia" ( como él mismo decía de la
poesía de una de sus masques), la voz inolvidable (o las voces
inolvidables, mejor), la resonancia sin paralelo de sus versos, lo
que traté un día de definir diciendo que él volvía emocionante
a la inteligencia y racional a la emoción. Este indefinible poder
de integrar a lo universal, lo _que se podría creer una experiencia metafísica incomunicable, o un "caso psicológico" (la despersonalización por la creación de lo que él nombró sus heterónimos ), explica el lugar que después de su muerte (pero ya
mucho antes, para algunos) ocupa Pessoa en nuestra poesía,
y el que está ganando en la poesía universal, por l.as traducciones (francesas, sobretodo, gracias a Pierre Hourcade y Armand Guibert) que ya lo han hecho conocer fuera de nuestras
fronteras.

La lentitud con la que la obra de los dos poetas llegó a
imponerse, aún a un público restringido, nos muestra hasta qué
punto se adelantaban a su momento histórico. Es que, justamente, no era digamos un m9mento histórico, sino una situación ahistórica. Los diez años que pasaron antes de que surgiera una nueva generación capaz de comprenderlos y de sacarles partido, es el tiempo que nuestra literatura necesitó para

De hecho, después de la obra lírica de Camoens, jamás la
poesía portuguesa había conocido una alianza tan perfecta de
los más altos poderes de comunicación con la riqueza y la
profundidad del pensamiento; el mismo Antero de Quental no
puede comparársele, porque justamente le falta ( como a Leopardi, al que se asemeja) la proximidad tan emotiva con cada
uno de nosotros, la inmediata comunicación que nos permite
reconocer en los poemas de Camoens y de Pessoa, nuestra pro-

10

11

•

�pía y cotidiana experiencia.
Fernando Pessoa nació en Lisboa el 13 de junio de 1888.
Casi toda su existencia transcurre en su ciudad natal, con excepción de u~a partida -decisiva, es .ve~dad- _de su. i~;1nci~
y su adolescencia: entre sus ocho y d1ec1ocho anos, v1vua casi
sin interrupción en Durban, en Africa del Sur, donde s?
padrastro era cónsul de Portugal. Aunque debe tomarse cuidado de las explicaciones demasiado cómodas, no puede dejar
de considerarse el desarrollo de su obra a la luz de este período,
y de la doble educación, portuguesa en la casa, inglesa en la
1
escuela, que explica al poeta de lengua inglesa que fue •
En notas que quedaron en poder de uno de sus compañeros
de Orpheu, Córtes-Rodrigues, se encuentra una lista de influencias; las que él señala en el período entre sus dieciséis y
sus veinte años concuerdan en buena parte con los poetas y
prosistas ingleses: los poetas portugueses vienen en segundo
lugar, como los franceses, Baudelaire a la cabeza, y los simbolistas; la influencia de estos últimos no se hizo sentir sino
posteriormente, al mismo tiempo que la de la literatura portuguesa, cuando Pessoa vuelve definitivamente a su país. La
influencia de Edgar Poe también se señala, por diversos períodos. Haciendo referencia a estas indicaciones que son de la
propia mano de Pessoa, quiero simplemente mostrar 9;1e .ª su
regreso a Portugal, en 1900, Pessoa tiene una formac1on mtelectual y un gusto muy diferente de los de sus contemporáneos,
sobre los que no había hecho presa la cultura inglesa.
Por otra parte, no se trata de influencia literaria, en primer
lugar, sino de la libertad adquirida gracias a ese alejamiento
l. Tres plaquettes, publicadas en Lisboa respectivamente en 1918 y
1921: 35 sonnets, English Poems 1-II, English Poems III. English Poems
III contiene una nueva versi6n del poema Antinous, publicado primero
aparte, en 1918. Para una bibliografía completa de la obra de Pessoa,
ver mi libro Estudos sobre a Poesía de Fernando Pessoa, Librería Agir
Editora, Río de Janeiro, 1958; para la bibliografía en francés, cf. el
Fernando Pessoa de Armand Guibert, (ed. Seghers, Coll, "Poetes d'
Aujourd'hui").

12

cultural, libertad que será decisiva cuando Pessoa llegue a ser
un escritor de verdad ( desde la edad de trece años escribía
versos en inglés y es sólo hacia los veinte años cuando comenzará a escribir en su lengua materna) ; va a sentirse libre frente
a la tradición literaria portuguesa, porque su espíritu y su alma
poseen ambas. Tal cosa no sería muy importante, si no fuera
Justamente esta falta de horizontes, esta estrechez de la tradición portuguesa a la que hice alusión antes. Pessoa tomó un
punto de partida "diferente", lo que, para un espíritu de excepción como el suyo, significaba volverse dueño de medios
de expresión y de formas de pensamiento a los que se debe la
"extrañeza" aparente de sus ideas y muchos de los rasgos de
su estilo.
Su "invención" de heterónimos ha despistado a casi todo
el mundo y dado lugar a numerosas interpretaciones falsas, y
aún malévolas. El hecho es que, bajo el triple disfraz del
ingeniero Alvaro de Campos, que introdujo el futurismo en la
poesía portuguesa, y firma los más escandalosos manifiestos de
vanguardia; de Ricardo Reís, latinista y monárquico, especie
de Horacio del siglo XX en sus odas desengañadas; de Alberto
Caeiro, el materialista puro, especie de "inocente" que encuentra su acuerdo con la naturaleza en un total despojamiento de
todo lo que se le ha enseñado y descubre que "las cosas no
tienen secretos"2 , él inventó tres personalidades bien definidas
-al lado de las cuales no debe olvidarse la que da como suya
propia, la más en concordancia con la tradición lírica portuguesa, y que no es la menos rica en bellas y profundas creaciones, tanto en poesía como en prosa.
2. Ya tuve la ocasión de referirme a la impresionante semejanza entre
la poesía de Alberto Caeiro y ciertos puntos de vista de los teóricos de la
"nueva novela". En dos artículos del diario Estado de S. Paulo, del
17 y 27 de enero de 1959, traté de mostrar cómo las ideas expuestas por
Robbe-Grillet en la NRF de octubre de 1959, bajo el título Nature,
Humanisme, Tragédie eran, bajo m_uchos puntos de vista, exactamente
los que Alberto Caeiro daba como suyas, y las que el lector francés
podrá conocer en la traducción, por Guibert, ya anunciada en Gallirnard,
de los poemas de Alberto Caeiro, bajo el título Le gardeu,· de troupeaux.

13

-

�Pero si nos despista como "problema"3, como poeta es la
evidencia misma. Se puede caer en la tentación de aclarar lo
novelesco de los desdoblamientos, y de saber si se trata de un
artificio o de una creación espontánea, que le hubiera sido
impuesta como ocurre a menudo a los novelistas, obligados a
hacer vivir personajes en los que no habían soñado. Por boca
de Alvaro de Campos, dijo un d!a que "fingir, es conocerse",
así como en una poesía célebre, dijo ( esta vez, es el mismo
Fernando Pessoa el que habla) que el poeta "finge" el "dolor
que siente realmente". No puedo detenerme en estos problemas; otros textos ( que he analizado en mis Estudos sobre a
poesía de Fernando Pessoa) nos permiten, con estos, darnos
cuenta que pone el acento sobre la experiencia auténtica, sobre
la veracidad, teniéndola por más valiosa que la sinceridad, de
cuya falta se le acusó ( crítica romántica, inutilizable a la vista
de un poeta que no desea otra cosa que confesar).
La poesía de Pessoa es una "experiencia creadora", de la
misma naturaleza que las estudiadas en el libro del mismo
título por el ensayista inglés C. M. Bowra, consagrado a la
poesía de Cavafy, Apollinaire, Maiakovsky, Pasternak, Eliot,
Lorca y Alberti. Podrían citarse otros poetas del mismo tipo,
sobre todo Yeats, Rilke y Supervielle. Es todo el post-simbolismo, generación universal sin programa común, sin teoría,
sin bandera, pero del que ya se puede percibir la profunda identidad. Por lo que se refiere a Pessoa, no temo afirmar que fue
más lejos, en su experiencia, que todos esos poetas, sin que
quiera decir que es más o menos "grande", sino que abrió más
"vastos y extraños dominios" que ellos, y que combatió como
ninguno "en las fronteras de lo ilimitado y del porvenir". Su
poesía constituye un mundo más autónomo y más denso, representa una "llave para el mundo" más rico de "modernidad"

que ningún otro, y se encontrará la prueba de ésto en el excelente volumen que acaba de consagrarle Armand Guibert
(Col. "Poetes d'Aujourd'hui", Ed. Seghers).

La poesía de Mario de Sá-Carneiro no tiene ciertamente
la universalidad que hace de la obra de Pessoa un mundo
completo, que se basta a sí mismo. A riesgo de ser mal interpretado, me atrevo a sugerir que se los puede ver como Rimbaud frente a Baude.laire. La obra de Sá-Carneiro es también
un descenso en las profundidades, pero, al igual que en Rimbaud, no se descubre aquí un universo entero, como en Baudelaire y en Pessoa. Poeta de descenso a los infiernos, Sá-Carneiro se suicidó a los veinticuatro años, como Rimbaud se calló
a los diecinueve. Como él, se perdió en los abismos entreabiertos, y su poesía también es una empresa loca en la que el
desarreglo de todos los sentidos de igual modo está llamado a
darle la "verdadera vida".
Fernando Pessoa fue el primero, y durante mucho tiempo
el único, en reconocer el genio de Sá-Carneiro. Dijo deberle
mucho, y quizá ésto sea verdad; de todas maneras, le habrá
debido la única gran amistad de su vida, esta amistad sin igual
entre dos poetas que se saben solos contra el mundo entero y
en ello encuentran la fuerza de vivir, siendo uno el único crítico
del otro, la conciencia del otro, y recíprocamente4. Diría que
por el genio son iguales, y aunque la obra de Pessoa tuvo otra
amplitud, no oscurece la de Sá-Carneiro. Relámpago de genio,
ésta está quizá más a nuestro alcance, con sus vuelos en el
azar y sus recaídas de amarga desilusión, que la insondable
mirada de Pessoa, sabiendo desde siempre que toda ambición
de volar termina "en un corral".

La poesía de Sá-Carneiro se presenta como un delirio de
3. Este "problema" se complica más aún por la parte de ocultismo
que debe señalarse. Su libro Mensagem, un cierto número de poemas
firmados con su propio nombre, nos lo muestran como un ocultista
convencido -en verdad, justamente es la única cosa en la que parece
creer. Es un dato fundamental de su personalidad, sobre la que no
se ha hecho todavía ningún estudio serio.

14

4. Si las cartas de Pessoa a Sá-Carneiro desaparecieron misteriosamente, al menos las de Sá-Carneiro nos han quedado, y fueron publicadas recientemente por el editor de las obras de los dos poetas, la
Librería Atica: Mario de Sá-Carneiro-cartas a Fernando Fessoa 2
vol., s.f. (1958-1959).
'

15

�imágenes que expresan su "ascención", y como una confesión
de su "caída", en la que el lenguaje pierde lo cambiante que
caracteriza los momentos de euforia. En su primer movimiento
es casi intraducible, tanto a causa de la riqueza de los cambios
entre las formas de percepción de los diversos sentidos, como
por las deformaciones del valor aceptado de las palabras y de
las normas sintácticas; por el contrario, la expresión del desaliento, en la que alcanza lo más secreto del corazón humano,
no se adorna con las mismas orquestaciones simbolistas y nos
toca por una simplicidad en la que la ~estría del poeta estalla
mejor aún. Si habla de "brumas que rechinan", de la "noche
que crece haciendo hundirse las catedrales", si dice "oscurecido
de delirios", o si habla de "mis sentidos que se derraman", no
es tanto el color o la extrañeza de las palabras que persigue,
sino una música nueva cuya traducción no puede dar testimonio, verdadero milagro de transfiguración de las palabras que
trasciende todas las experiencias "simbolistas", sin que el s_imbolismo deje de constituir un elemento esencial de su poética.
El amargo regreso entre los hombres, cuando se despierta
en la ciudad que lo rechaza, entre las cosas en las que no sabe
qué hacer, tiene otros acentos, sin que no obstante se abandonen
las expresiones insólitas ( como por ejemplo "tengo miedo de
tí en un estremecimiento de espadas", o "niños han muerto en
mis sentidos"); éstas, sin embargo, no tienen el esplendor verbal del que dan testimonio los poemas de la "ascención". Y
este contraste es natural; su obra no fue sino la breve explosión
de otro mundo dentro de él mismo, seguida ( o más bien en
alternancia con) de espantosos desencadenamientos. La dualidad marca toda su obra. Un ejemplo, entre mil:
Los mástiles rotos, vago en un mar de oro
Durmiendo el fuego, incierto, lejanamente . ..
Todo se me iguala en un sueño raso,
Y en una mitad de mi yo sólo vivo ...
La estructura de su "pensamiento" es la de la lengua
rmsma. Los sentidos y la música no son sino uno, porque sus

16

"ideas" son colores y músicas dentro de él, sensaciones que
proyecta sobre el mundo. Y si no es verdaderamente un simbolista, es porque no se trata de "literatura", sino del esfuerzo
de un mundo real que trata de penetrar en éste, irreal para
Sá-Carneiro, de lo cotidiano. Es un drama vivido y no una
experiencia literaria. Obra punzante, en la que la soledad del
condenado a un yo extravagante lucha con el deseo de ser
alguien, como todo el mundo, y por ejemplo de "no tener
miedo de seguir las muchachas e invitarlas a acostarse conmigo". Expresiones de una belleza inolvidable surgen en todo
momento para expresar este "error" que él siente ser y le hace
creer que, en él, todo es "Un crimen o una buena acción jamás
cometida", y le da el sentimiento de ser un intruso "aunque
alguien lo llevara. a la fuerza a su casa".
El embrujamiento que sus versos ejercen sobre el lector,
y que no deja de semejarse a aquél en que nos envuelven los

versos de Chimeres de Gérard de Nerval, resulta sin duda de
su perfección formal -en la medida en que esta expresión
puede significar cualquier cosa . . . Esta perfección se encuentra en la justeza, la nitidez de las palabras que "definen" las
sensaciones, los estados de espíritu que .se diría son los menos
susceptibles de ser definidos. Este contraste de lo indefinido
y de la forma más pura, de la locura y del equilibrio, esta
paradoja en la que el absurdo y la evidencia se vuelven uno es
.
'
ciertamente
una de las razones por las que espíritus como José
Régio prefieren Sá-Carneiro a Pessoa. Debe creerse también
que, a pesar de toda su extrañeza, .su poesía recoge mejor la
tradición del lirismo portugués que la de Pessoa; éste, como
todo genio universal, puede parecer más extraño a los espíritus
enamorados del equilibrio clásico, menos desorientados ante la
locura netamente descrita de Sá-Carneiro que ante las nuevas
regiones del espíritu racional frecuentadas por Pessoa.
José Almada Negreiros, que tiene ciertas semejanzas con
Jean Cocteau, por la multiplicidad de sus dones y el rechazo a
"fijarse", es más conocido como un gran dibujante y por sus
frescos magníficos que por sus poemas, o por sus obras en prosa
cuya calidad esencial es siempre poética. Pero él fue desde la

17

�época de Orpheu, la más viva encarnación de la vanguardia, y
algunos de sus textos, como el panfleto en el que ridiculiza a
Júlio Dantas, el académico-tipo, es justamente célebre; menos
conocida, su novela corta A Engomadeira (1917), que desgraciadamente no quizo volver a editar, es el primer "monólogo
interior" de nuestra literatura. También con Nome de Guerra
( escrito en 1925) dio una nueva dimensión a la novela, por la
mezcla de chifladura, de justa observación de verdadera poesía,
esta poesía que hace el encanto de A invenráo do dia claro
(1921), aforismos, poemas en prosa y moralejas que, como todo
lo que escribió, son impresiones de un sentido de lo "nuevo",
donde la originalidad de su estilo "ingenuo" constituye el elemento esencial. El día en que sea reunida toda su producción
en versos y sus prosas poéticas, el público comprenderá la profunda originalidad de este gran escritor que jamás aceptó tomarse, como tal, en serio.

con este nombre) se ~izo conciencia de la integridad del hombre,, osando profundizar todos los secretos del espíritu, y rehusandose a toda forma de complicidad con los espiritualismos
en vo~a, Y c~n una concepción de la literatura que no correría
los m~1!1os riesgos q~1e el hombre. Esto explica el silencio que
envolv10 a Pessoa mientras que los "maestros" de la literatura
aceptan_do el juego, no cesaban de imitar los viejos modelo;
naturahst;i~, las fo~mas vacías del lirismo tradicional; y mientras la cnttca contmuaba ignorando que el hombre estaba ausente ?e la obra de esos escritores ya muertos-vivos cuando
aparecieron, en 1915, los dos números del efímero Orpheu.

El "grupo", pronto disuelto ( desde que Pessoa, bajo· la
firma de su heterónimo Alvaro de Campos, trató de unir el
gesto a la palabra), apenas se presenta, aún en las páginas de
Orpheu, cpmo una vanguardia coherente. Algunos poetas, que
en 1915 no se habían manifestado todavía, ocupan una dirección más "en flecha" que la mayoría de los colaboradores de
la revista. Es el caso de Antonio Boto, de Mario Saa. El
modernismo permaneció, hasta el día en que otra generación
comenzó a publicar en Coimbra la "hora de arte y de crítica"
Presenra ( 1927), sin eco, en tanto que movimento, aún a los
ojos de un público "escogido" que se toma por élite. Sá-Carneiro, muerto en 1916, Almada Negreiros olvidado de la vida
literaria, Fernando Pessoa es el único que, en revistas de él,
como Athena (1924-1925) o dirigidas por sus amigos, como
Contemporánea (1922 y siguientes), mantiene una especie de
continuidad, si así puede decirse de la publicación dispersa de
artículos, de poemas y ensayos en los que el público no reconocía la voz del más grande escritor portugués de este siglo.
El volumen en el que Jorge de Sen~ reunió, en 1946, varios
ensayos críticos de Fernando Pessoa, bajo el título de Doutrina
Estética, da testimonio de la fidelidad de Pessoa al espíritu en
el que, con Orpheu, el modernismo (posteriormente designado

18

19

�LA POESIA DE "PRESEN&lt;;A"'

JORGE DE SENA
Presen;a fue una revista literaria publicada en Portugal,
muy irregularmente, de 1927 a 1940. Cincuenta y seis números
aparecieron, a razón de casi cuatro entregas por año. Su difusión fue limitada, y muchos escritores que se revelaron hacia
1940, sólo conocieron los últimos números cuya significación
era menor que la de los precedentes, como toma de posición
en el complejo literario y cultural del tiempo. Alrededor de
los años 30, por otra parte, no fue propiamente hablando la
revista la. que se impuso, sino más bien, al margen de su mito
sostenido por las figuras más representativas del grupo, la aceptación, por la vanguardia literaria y por otros grupos, de esas
figuras principales. Los escritores que se reunieron alrededor
de Presenfa, unos de maner.a durable y otros efímeramente, no
eran exclusivamente poetas, y algunos se dieron a conocer en
el teatro, en la. novela, el cuento, el ensayo y .la polémica.
Desde el punto de vista estético literario, su denominador co-.
mún era muy limitado, pero lo que los unía eran lazos afectivos, un vago deseo de renovación, la admiración por ciertos
aspectos de la vanguardia europea, el gusto de las libertades
formales del modernismo francés ( las literaturas anglosajona,
italiana o alemana eran desconocidas), un cierto humanismo
literario en el que Bergson, Freud, Gide, etc., se daban la mano
a fin de justificar el interés por el hombre "genérico" y por la
personalidad, en detrimento de una toma de conciencia culturalmente más profunda y que había sobrepasado las fronteras
literarias. Pero paradójicamente, es precisamente sobre el plano de la. cultura y de la literatura que Presenfa propuso, en la
historia de las letras portuguesas, algo nuevo.

( 18,90-1916), se 1mpus1eron en la efímera ( cronol6gicamente
hablando) revista Orpheu. Sin embargo, la súbita y violenta
revolución poética provocada por estos dos grandes poetas, si
conoció un instante de renovación en 1917 con Portugal Futurista, por poco se pierde en el esteticismo post-simbolista ( compartido por Orpheu) que volvió a encontrar, hacia el año 20,
el deseo de lo sensacional, el cosmopolitismo periodístico, secuelas de melindres simbolistas. Paralelamente, la literatura
portuguesa, en los años 1910-20, cerrada sobre ella misma, se
inspiraba en un nacionalismo de carácter rural, de tendencias
diversas, y que por otra parte concibió a un gran poéta, Teixeira de Pascoaes (1877-1952).

El modernismo portugués data de la época, en 1915, en
que Fernando Pessoa (1888-1935) y Mário de Sá-Carneiro

En esta perspectiva, Presen;a representó, en 1927, la revalorización del modernismo de 1915 e introdujo un '"europeismo" en lucha contra el culto del estilo por el estilo, del sentimentalismo por el sentimentalismo de la normalización ética,
culto que dominó en el .curso de dos décadas anteriores.' Las
excepciones, y las hubo admirables, como la de Raul Brandáo,
por ejemplo, confirman la regla: sentido superficial de lo humano, academizaciones elegantes, orgullo sin freno, actitudes
insólitas para "épater le bourgeois". Sin duda, el aporte crítico de Presen;a, por su intuicionismo expresionista, su individualismo sin estructuración filosófica, su desdén de los valores
realmente expresivos o significativos, no resiste a un análisis
exhaustivo. Pero impuso al modernismo contra el academismo
(hay la vida difícil ... ), situó los problemas literarios -aún
tempranamente- sobre el plano de los más altos valores y,
poniendo el acento sobre lo "humano", hizo permeable la
cultura portuguesa a la diversidad específica de las grandes
literaturas del primer cuarto de este siglo. Hacia 1930, los
partidarios del "realismo social" comenzaron a atacar la orientación, a sus ojos demasiado "literaria" de Presenfa, que estimaban ajena a las exigencias políticas del momento, pero lo
hicieron con un espíritu primario y sectario ( aunque disfrazado
en razón de la represión policíaca y una vigilante censura),
que no por eso dejó de revelar hasta qué punto se imponían los
colaboradores de Presen;a. El pragmatismo político tomaba

20

21

�el lugar del humanismo literario, sin aguzar para nada la to~a
de conciencia estética de los que combatía. Presenra no podia
oponer a las diatribas de que era objeto, sino su superioridad
cultural o los méritos individuales de sus colaboradores. Seguramente todo esto no fue tan simple, y aún en el pequeño vaso
de agua' que era la vanguardia literaria de un país de iletr~dos . . . hubo matices, actitudes diversas. Pero fue necesario
esperar a las generaciones siguientes, y nuevas condiciones culturales, para que defensores y detractores fueran igualmente
orientados hacia posiciones más coherentes. Presenra, fundada
sobre relaciones personales, se degradó a medida que estas
relaciones se deterioraron y que sus figuras más señaladas adquirieron más prestigio. Sin embargo, la vi~ja r;vista _continuó
reuniendo a estos últimos cada vez que se d1scutia su ideal.
La figura más prominente del grupo de Presenra, es la_del
poeta José Régio (nacido en 1901), dramaturgo, novelista,
cuentista, ensayista, crítico. Al fundarse la revista había. publicado ya Poemas de Dios y del Diablo (:9_25), que cont1_e~;
algunos de sus más bellos textos. Fue Regio el que ~scnbio
el manifiesto de la revista, Literatura viva y literatura ltbresca,
en el que decía: "La literatura viva es aquella a la qu~ ~]
artista ha insuflado su propia vida y que por eso llega a vivir
una vida propia". Régio es hoy una de las personalidades más
señaladas de la literatura portuguesa: él le da la fuerza y la
elocuencia dramática de la que estaba desprovista. Paradójicamente Régio adepto del Segundo Modernismo ( el primero
fue el 'de 1915), es por otra parte menos "modernista" que fiel,
aunque de manera muy personal, a la poesía anterior. No
puede decirse que heredó a las grandes figuras del siglo XIX
y del principio de este siglo -él es una de ellas-, sino que ~on
él la retórica de Guerra Junqueiro y de Gomes Leal, su sentido
de la alegoría, el subjetivismo de António Nobre, las finu:as
estéticas del simbolismo (António Patrício, etc.), toman un guo
muy moderno, en el que el sensualismo, rudo, simboliza las
luchas del espíritu sin tender no obstante hacia el examen
severo, propio del inmenso Fernando Pessoa, del que por otr~
parte Régio no reconoció la grandeza sino con grandes reticencias. Hay, entre ellos, toda la distancia que separa la poesía

22

en tanto que Arte (y afirmación romántica de la personalidad
del poeta), de la poesía en tanto que técnica de ascesis espiritual
( y disolución de la personalidad del poeta en las que inventa:
Pessoa y sus "heterónimos"). Sólo António Navarro (nacido
en 1902), Branquinho da Fonseca (nacido en 1905), Carlos
Queiroz (1907-1949), Adolfo Casais Monteiro (nacido en 1908),
Francisco Bugalho (1905-1949), Saul Dias, (nacido en 1902),
Alberto de Serpa (nacido en 1906) (en el orden en que publicaron en la revista), constituyeron un grupo de poetas en el
seno de Presenra, con Régio. El modernismo crítico, revalorizado por Presenra, estimuló a aquéllos que permanecieron al
margen del movimiento, como Afonso Duarte (1886-1957),
António de Sousa (nacido en 1898), Pedro Homem de Mela
(nacido en 1904). Presenra contribuyó, después de Pessoa, a
consagrar a António Botto ( 1902-1956). Personalidades como
Edmundo Bettencourt (nacido en 1899) y Miguel Torga (nacido en 1907) se separaron pronto del grupo. Torga ocupa
actualmente uno de los altos lugares de la poesía contemporánea. Algunos modernistas, como António Pedro ( nacido
en 1909), Vitorino Nemésio (nacido en 1901), José Gomes
Ferreira (nacido en 1900), se encontraron a veces en la estela
de Presenra, en la que colaboraron igualmente Luis de Montalvor ( 1891-1947), quien publicó n_umerosos inéditos de SáCarneiro, y los miembros de Orpheu. Es de notar que la primera reedición de Dispersa.o ( 1914) y la primera edición de
Indicios de Ouro (1937), testamento poético de Mário de SáCarneiro, fueron asegurados por Presenra y permitieron, antes
de la publicación póstuma de la obra de Pessoa, la resurrección
del modernismo de 1915.
La diversidad de naturaleza y de orientación de los poetas
que hemos citado es grande y, ya lo dijimos, una común insurrección contra la literatura oficial y académica los unió más
sólidamente que una observancia idéntica de los principios
estilísticos y existencialistas del modernismo. ¿Hasta qué punto
pueden considerarse, por ejemplo, como poetas de la presenra,
Afonso Duarte, António de Sousa, Homero de Mela, António
Botto, Miguel Torga?, ¿o António de Navarro o Francisco
l3ugalho?, y Vitorino Nemésio, no siendo del grupo, ¿no es

23

�más modernista que algunos que formaron parte de él ? Casais
Monteiro y Gomes Ferreira son muy diferentes pero se distinguen de los otros por un mismo denominador de "gauchismo". Y Miguel Torga, individualista pegado a su tierra, poeta
de la ruda población montañesa, ¿ qué tiene de común con el
carácter urbano o aldeano de la poesía de los demás? Presenfa,
gracias sobre todo a Régio, contribuyó grandemente a establecer el prestigio de dos admirables mujeres escritoras: Irene Lisboa ( 1892-1958) y Florbela Espanca ( 1894-1930).
Desde el punto de vista estrictamente formal, la diversidad
es igualmente notable: José Régio, por ejemplo, no abandonó
jamás la métrica ni la rima, aunque a veces renuncie a la regularidad estrófica. Alberto de Serpa utilizó magistralmente el
verso libre, que también usan a menudo Casais Monteiro y
António de Navarro. Pero el verso de Torga es regular, como
el de Homem de Melo, aun cuando este último se conforme
con los ritmos del rimance popular tradicional. Francisco
Bugalho se distingue mal, aunque no por una sequedad buscada, a los poetas regionalistas entre los que se sitúa en primer
lugar el sutil poeta de las planicies del Alentejo. Saul Dias,
pseudónimo de un hermano de Régio, está en las antípodas de
este último: poeta de notaciones fugitivas, concisas, extraño a
los sortilegios verbales y a las pompas rítmicas en los que se
complacía Régio hasta en la perfección formal de sus sonetos.
Monso Duarte y António de Sousa, que vienen del sattdosismo,
escuela poética de Texeira de Pascoaes, se revelaron grandes
poetas -sobretodo el último, cuya influencia es enorme- particularmente en el epigrama. António Botto insertó en el
este:ticismo de sus inicios, al cual siempre permaneció fiel, la
violencia dramática de un erotismo que hizo escándalo, al
mismo tiempo que usaba una técnica poética muy refinada
que hizo de él uno de los maestros de la poesía moderna.
Carlos Queiroz, hijo espiritual de Pessoa, es un admirable malabarista -de las contradiciones metafóricas y su poesía permaneció impregnada de la atmósfera de Lisboa, lo que es raro
si se exceptúan A. Botto y J. G. Ferreira. De todos estos poetas, los más "civilizados" culturalmente, en el sentido profundo
del término, son Casais Monteiro y António Pedw quienes, en

24

razón de su edad, son más familiares a las generaciones actuales, de las que por otra parte fueron los primeros en reconocer
los méritos. Lo que no impidió a Monso Duarte y Miguel
Torga en Coimbra, y J. G. Ferreira en Lisboa, después de la
desaparición de Presenfa, llegar a ser con justo título los conductores más seguidos por los jóvenes.
Hechas todas estas reservas, la poesía de Presenfa fue y es
de muy alta calidad. Duarte, Regio, Torga, Monteiro, Navarro, Bugalho, Días, Serpa, Queiroz son la mejor parte de la
poesía portuguesa, al igual que J. G. Ferreira, A. Botto, Homero, A. de Sousa. Quizá ninguno entre ellos será de esos
poetas "mayores" que nos imponen una gran visión del universo. Pero representan, si se les agrega en particular J. Cabra!
de Nascimiento, V. Nemésio, Guilhermo de Faria, el aporte
más valioso de los poetas nacidos entre 1886 (Duarte) y 1908
(Monteiro). Antes y después es otro mundo. Antes: Pessoa
y Sá-Carneiro, enormes pero ignorados. Después, coincidiendo con las crisis mundiales, una época nueva en el curso de la
cual Portugal no conoce todavía la libertad. No debe olvidarse,
y esto en honor de estos poetas y de lo, que los siguen, que
toda su poesía surgió y se ha desenvuelto, prácticamente, a pesar
y a menudo contra la opresión que, desde hace 35 años, sufre
la literatura portuguesa con una dignidad cuya grandeza es
difícil decir si apreciarán los demás pueblos.

Traducción de Alfonso Rangel Guerra.

25

�DE PRESENr;A A LOS CADERNOS DE POESIA

FERNANDO GVIMARAES

¿Hasta dónde llega la voz de un poema? Puede ser muy
pura, absorver sus virtualidades como un espejo frente a otro
espejo. Pero definida por esta ausencia de límites, la poesía,
surgiendo como realidad de encantamiento y .de privación, sólo
podría ser escuchada sin precaución por aquéllos que ignoran
que el ritmo es también un movimiento o una perspectiva
abierta sobre toda acción auténtica y radical. Rehusando el simple encanto de esta voz, pero no la aventura que hace posible, el
poeta no podrá sustraerse, como tampoco Ulises, a la acción emprendida, sobreviviendo a los desastres para testimoniarlos.
En el seno de este equilibrio, y después del movimiento de
Presenfa, se reveló una de las direcciones de la poesía portuguesa contemporánea, sobretodo con Ruy Cinatti, Jorge de
Sena, Sophia de Mello Breyner Andresen y Eugénio de Andrade. Ninguno de estos poetas, sin embargo, modificó radicalmente la orientación de nuestra poesía, aunque Sophia Andresen haya encontrado un lenguaje en el que la persistencia
de una tradición se convierte a menudo imposible. Por el contrario, Jorge de Sena testimonia un encuentro con numerosas
direcciones tradicionales de nuestra poesía, lo que es evidente
en el recurso de ciertos esquemas formales, ronde/ o vilancete,
que a veces utiliza.
La obra de estos poetas no se deja reducir esquemáticamente a los dos movimientos que caracterizan a nuestra literatura actual -neorealismo y surrealismo- y son sensibles a
las influencias extranjeras.
Son las poesías contemporáneas, inglesa y española, las
que han ejercido la más grande atracción sobre esta nueva

26

generación. A través de los imaginistas y Ezra Pound se reconoció la necesidad de reaccionar contra un lenguaje indeciso
y lleno de vagas generalidades ---que dejando de ser "la canción
gris en la que lo Indeciso se une a lo Preciso", se adornaba con
la nebulosidad alegórica del saudosismo, corriente que toma
sus raíces en la poesía de Texeira de Pascoaes. T. S. Eliot
retuvo la atención con su poesía y sus ensayos: el pensamiento
puede modificar la sensibilidad para que surja en ella el sentido
mismo del poema y éste será, a su vez, la medida de una
realidad o de una situación que amenazarán, en su desnudez
y su v~cuidad totales, al hombre mismo. Esta amenaza fue,
ensegmda, traspuesta sobre el plano social por la generación de
lo~ año~ 30, co~ Auden principalmente, en la medida en que,
baJo la _influenc~ ?e Freud y del psicoanálisis, las preocupaciones sociales o pohticas fueron asociadas a un estado psicológico.
En cuant~ a la poesía española, su influencia se ejerció
sobretodo gracias a Lorca. Al lado de sus compañeros de la
generación de 1927, García Lorca se comprometió en mostrar
cómo los poemas más significativos de Góngora y una cierta
"im~ginería" popular _pueden librarnos, en medio de giros expresivos y de translaciones sugestivas de significación una red
metafór~ca en la que riqueza y plasticidad aparec;n en su
obra misma, que toma a veces los caminos abiertos por el
surrealismo.
Característica común de la poesía contemporánea: búsqued~ constante de una imagen despojada, enriquecimiento
de_l ntmo g~acias a su intersección con la estructura del poema
mismo en vista de una nueva densidad significativa. Sometida
a múltiples asociaciones, cada palabra absorve los diversos sentidos que le valen su sonoridad propia y el contexto del poema,
tomando así una fuerza expresiva y simbólica que se incorpora
a la realidad que testimonia.
En esta línea general se orientan algunos de nuestros poetas
( como Ruy Cinatti) asociados a la dirección de una revista
que apareció en 1940, los Cadernos de Poesía. Así se afirma
una desviación anunciada ya por Vitorino Nemesio en relación

27

�con la tendencia que, después de Fernando Pessoa,. agotó e)
alegorismo híbrido de los poetas saudosistas.
Para abordar la poesía de Ruy Cinatti, recordemos esta
frase de Alain Fournier, que puso como epígrafe a su libro
Nós náo somos deste mundo: "Detrás de cada paisaje siento
el paisaje de mi paraíso". Sus poemas son, en efecto, el continuo develamiento de un paisaje ideal .e irreal, apenas desc\,1bierto por la memoria que se puebla de secretas presenciás, de
recuerdos apagados, de,huellas que han termin~do por tomar
su forma plena ...
Vinham de Longe em bandos. Acorriam

Jubilosós. 1
Así comienza uno de sus poemas, cuyo título es, precisamente, Memória amada; y asistimos, así, al desplazamiento. de
un adorno que toma la súbita apariencia de un paisaje imaginado -donde se extienden parques atravesados por la lluvia
y por el vuelo de los pájaros, ~e juncos, de sáuces y ciervos, y
se entrevé un rostro inclinado sobre "a página abandonada e
dobrada dum livro interrompido".
Finalmente la memoria alcanza su región de evidencia
-¡O memória forte, mais evidente e celeste que a realidade!
(¡oh memoria fuerte, más evidente y celeste que la realidad!)y una brusca transfiguración se produce entonces, que sólo el
ritmo del poema podrá testimoniar:
Suave, doce, lánguida ilha
Aberta como flor na distáncia do mar,
Prolonga um pouco a virginal belezfi,
Atende, espera¡ ... minha alma suspensa
Em ti respira -corola do mar. 2

..

l. Venían de lejos en bandadas. Corrían / jubilosos.

El ~ontrapunto forzado establecido por los poetas s~udosistas entre realidad subjetiva y naturaleza es finalmente sobrepasado, aunque a veces se encuentran· expresiones que lo sugieren aún: en un poema de su primer libro, los árboles, por
ejemplo, son "almas petrifi,adas". Pero 1a saudade, en Cinatti,
no es más que el momento inicial -Mahá pura ... Traze contigo a saudade ... (Mañana pura ... lleva contigo la saudade ... )-, el encuentro perfecto con la realidad total, que es,
como .sucede en los poetas malditos en la línea de Rimbaud
el rescate de nuestro doloroso contacto con la realidad cotidiana'.
-~or esto hay en la poesía de Cinatti una secreta aspiración
al v1aJe, que revelan palabras como "mares", "horizonte", "continentes", "linderos" o "destino".
La existencia de esas dos realidades y la conciencia misma
de no pertenecer al mundo (nós náo somos deste mundo, no
somos de este mundo) determinan la creación de esquemas de
percepción que, subitamente,. se rompen en hipóstasis sucesivas,
como sucede en este breve poema:

ILHA
At1e!
Prenúncio de art1oredo.

8

~as cosas se definen aquí por su límite, por la línea de
separació~ con los o~jetos que se rehusan o se alejan. Esta
falta contmua ~o sera compensada sino en el momento en que
el poet~, recomendo todos los caminos de la infancia y de la
';le.mona, alcanza el centro mismo de esas vías, y llega a una
ultuna y total contemplación -vigilia que será enseguida la
Dofura luminosa de un olliar. Ameno
Brincar de almas t1erticais en pleno
Sol de alvorada que descera cts pálpebras.

4

3. ISLA./ ¡Ave!/ anuncio de arboleda.

2. Suave, dulce, lánguida isla/ abierta como flor en la distancia del
mar,/ Prolonga un poco la virginal belleza,/ ¡espera, espera!. ..
mi alma suspendida/ en tí respira - corola del mar.

4. Dulzura luminosa de un mirar. Ameno/ juego de almas en pleno/
sol de alborada que abre los párpados.

28

29

f

�La poesía de Jorge de Sena -quien, con los poetas José
Blanc de Portugal, Tomaz Kim y Ruy Cinatti, dirigió también
los Cadernos de poesía - vive de un atento, lúcido y permanente diálogo entre el mundo objetivo y el mundo subjetivo.
Un solo poema basta para alcanzar la tierra, dice en Coroa
da Yerra.
Y, en este verso, se dibuja una verticalidad, una vía descendente que nos permitirá el contacto con esta realidad o esta
circunstancia la cual, a su vez, libra la materia y el motivo de
los poemas.

Este contacto con las diferentes dimensiones de la realidad,
al contrario de lo que pretendían los poetas simbolistas, obliga
al lenguaje poético a no separarse del lenguaje vulgar. La
oposición entre el mundo cotidiano y los paraísos artificiales
se encuentra ahora en el dominio del lenguaje mismo y éste
deja percibir, súbitamente, una cadencia en la que la náusea, el
horror y el disgusto alternan con la pureza, la espiritualidad y
el amor. Los valores positivos, sin embargo, no recatan los
otros: al contrario, esta náusea es todavía un doloroso contacto
con la realidad del poema, como ocurre en Les Complaintes de
Laforgue o en T he Waste lAnd de T. S. Eliot.
Aparece así una fractura, la conciencia de una irrecusable
división impidiendo la actitud contemplativa que -como lo
vimos en Cinatti- permite el encuentro con la unidad y la
totalidad de cada ser.
Para llenar este margen de alejamiento del que hablábamos, Sena recurre a un lenguaje que se afloja y se extiende a
través de una problemática que hace consciente esta ruptura
y despliega, sobre el plano sintáctico, un embrollo de frases
subordinadas. Tomemos como ejemplo. el poema Meditarao
em King's Road donde una argumentación pone en evidencia
el desacuerdo entre nuestros actos y su designio, como si asistiéramos a una disputatio en una universidad medieval a propósito del libre arbitrio, apenas atenuada por un humor -esta

30

palabra está llena de implicaciones psicológicas- que revela
la significación emotiva de esta meditación.
Pero el desacuerdo y la ruptura entre todas las cosas pueden ser más radicales, alcanzar un límite en el que la angustia
puede plantear una cuestión tan esencial como ésta:
De mim a ti, de ti a mim
quem de tao longue alguma vez regressa? º

La intelectualización conceptual que ha padecido la emoción poética restituye a las palabras la distancia en la que
contienen los objetos, y esta distancia es un momento de
silencio -a menudo expresado por negaciones sustantivadas
a travé~ de_l, cual puede tratarse una auténtica, aunque secreta,
comurucac1on:
Era de longe tudo o que eu pensaba.
Porque o direi se niío desejo nada
que nada seja em dimensóes de amor?
Se apenas sei como em Palavras morre
o que en palavras nunc~ mais direi? 6

Nos encontramos aquí, así parece, esta perplejidad tensa
y lúcida que se encuentra igualmente en Sá de Miranda
Camóens o Pessoa, cuando hablan de las contradiciones de
razón y de la voluntad, o de las no-razones afectivas, la verdad
Y la fábula, la realidad y su ausencia, el cambio y el desarreglo
del mundo. Un universo es así creado en el que los seres
testimonían un conjunto de virtualidades, un movimiento que
prolonga caminos interrumpidos por su realidad concreta: he
aquí un cuerpo adolescente en el que la carne espera, incierta,
pero tranquila, Dios que surge como un solo pudor de la Natu-

i.:

5. De mí a tí, de tí a mí/ ¿quién de tan lejos regreSQ alguna vez?
6. Era de lejos todo lo que pensaba./ ¿Por qué lo diría si no deseo
nada/ que no sea en dimensiones de amor? / ¿Si apenas sé cómo
en palabras muero/ lo que en palabras nunca más diré?

31

�raleza o la presencia de estatuas rotas que responden en su

aparente inmobilidad, al continuo cambio de las cosas reales
donde el ser es en otros seres la forma contorneada y previsible.

Los poemas de Sophia de Mello Breyner Andresen, al
contrario, nos ofrecen un mundo en el que todo se revela intacto, evidente y completo. El poeta parece surgir como una
presencia capaz de eliminar toda la distancia con las imágenes
que responden discretamente a los seres jamás olvidados:
lmagens táo mudas
Que ao olh a- las me parefa
Que fechei os olhos. 7

La realidad se borra en los ojos que se cierran sólo porque
la contienen, y podríamos creernos en presencia de un poeta
del mundo interior. Pero ese mundo contiene su exterioridad,
y Sophia Andresen multiplica las palabras "jardín", "mar",
"noche", "horizonte", "ventanas", "playa", que crean grandes
planos en los que toda cosa guarda su evidencia, contornos
netos y objetivos.
Aparece así un espacio inmutable y vertical, obedeciendo
siempre a una proporción o a un "canon eterno". El sentido
humano del tiempo aquí desaparece, porque la sucesión de
instantes crea un ritmo que se agota y se fija sobre un umbral
último y quizás indecible:
É esta a hora em que o tempo é abolido
E nem sequer con hefo a minha face. 8

Es por esto que en S. de Mello, la palabra "antigo" jamás
sugiere le edad o la vejez, sino alguna cosa lejana o alejada,
expresando alguna coordenada espacial. Si el tiempo depone

sobre las cosas un resíduo de olvido o de ausencia -se tanto
me d6i que as coisas passem ( si tanto siento que las cosas pasen)
dijo el poeta en su primer libro- el espacio, por el contrario
. .
.
'
testimoma un umverso siempre presente del que son partes
integrantes la distancia y el alejamiento.

La intensidad de un _momento no se circunscribe al plano
en el q_ue se cumple el enc~entro con lo real; exige, para que
la plenttud sea absoluta, el mstante mismo de la generación de
eso real, como se de novo f osse ciada cada coisa ( como si de
nuevo fuere creada cada cosa).

Un mundo original y elemental aparece de pronto mundo
que responderá, al fin, a nuestra soledad:
'
Eu estava s6 com a areia e com a espuma
Do mar que cantava s6 para mim. 9

Sumisa a un espacio vacío y desnudo, la presencia de los
seres humanos atestigua -sobre todo en Día do mar y Coraluna naturaleza mítica que los transforma en sibilas o en dioses
Y, generalmente, termina por diluírlos, como ocurre a los hombres que, _al borde de~ mar, sienten ya longín quio o pr6prio
co~po (/:Jª~º el propio cuerpo). Al contrario de lo que pasa
~ªJº la opt1ca barroca, donde el tema del cambio permanece
ligado a una melancólica conciencia de lo transitorio en la
poesía de Sophia Andresen todo el movimiento de rr'ansformación se interrumpe y detiene; la nitidez de un paisaje, que
a menudo absorve las diferentes cualidades sensibles por las
que tomamos conciencia de las cosas, hace perder a esta transformación todo su sentido, ya que si transgredimos la evidencia
exterior de cada ser, no encontramos sino las formas vacías que
se abren y se confunden, en fin, con el vacío de todo.
Agora sei que nada tem sentido.

7. Imágenes tan mudas/ que al mirarlas me parece/ que cerré los ojos.

8. Esta es la hora en que es abolido el tiempo/ y ni siquiera ,conozco
mi rostro.

9. Estaba solo en la arena y con la espuma/ del mar que sólo cantaba
para mí.
10. Ahora sé que nada tiene sentido.

32

10

33

•

�nos dice S. de Mello en No tempo dividido; y, traduciendo el
abandono total que pesa sobre las cosas, concluye:

A tua tristeza é a sombra deste retrato1
onde eu assisto ao dobrar dos días,
6rfifo de ti e de uma aventura suspensa.

Aprendi que os deuses morrem
lnutilmente. 11

A pesar del sentimiento de frustación, el terror o el desastre
que provoca en nosotros, este espacio despoblado no es, sin
embargo, un "waste land", una tierra de despojos o de cenizas;
sus aristas aparecen suficientemente claras para que podamos,
gracias a ellas, adivinar un margen dé salvación o de secreta
alegría que acompaña y pronto, se cumple en el poema:
É o teu rostro ainda que eu procuro

Através do terror e da distancia
Para a reconstrufáo de um mundo puro.

12

La exigencia de pureza, como si fuera la substancia misma
de las cosas, asume en Eugénio de Andrade otro sentido: no
es ya una necesidad de reconstrucci6n, sino sólo una nostalgia
que dormita:
Ergue-te de mim,
substancia pura do meu canto.

fuentes o del alba. Algunos poemas, sin embargo testimonian
una separación del mundo:
'

13

En efecto, su poesía no nos aporta una nueva realidad,
sino una cadencia y un ritmo que recorren las cosas y les
imprimen una vibración, un movimiento de intensificación,
de ofrecimiento, de alegría, de claridad, de separación o de
tristeza. La medida de ese don será la de las manos "flores
abiertas" y serenas portadoras de frutos; la de la mirada que
viene a entregarnos su deslumbramiento, la presencia de las

14

Los movimientos opuestos de separación y participación
revelan, sobretodo en Até amanhá y Corafáo do Dia la intención de ~escu~rir en cada ser el exceso de su naturaleza, gracias
a 1:1 ~on1unc1on de palabras que, al mismo tiempo, parecen
dehnutar su centro ( como, por ejemplo "primavera excesiva",
"beso acumulado" o "sílaba espesa"). No obstante esta identificación no puede coincidir con el descubrimiento 'de la esencia misma de las cosas, pero significa al contrario el esfuerzo
tan característico de la literatura barroca por llegar a que las
cosas se adornen de su propia substancia:
É un pássaro, é una rosa,
é o mar que me acorda?
Pássaro ou rosa ou mar,
tudo é ardor, tudo é amor
É acordar é ser rosa no rosa,
canto na ave, água no mar. 15

Generalmente, la redundancia de palabras crea en la poesía
contemporánea un conjunto metafórico provocante, más allá
de _una continuidad poética en la que cada imagen vive en la
urndad del poema, una verdadera discontinuidad donde esas
imágenes -como, por ejemplo, en el Divan de T amarit de
Lorca o en Residencia en la tierra de Neruda- se aislan en el
seno mismo de las palabras que las encarnan.
En Eugénio de Andrade esta atracción por el "sordo, subterráneo
, drío de palabras", es sensible cuando trata de alcanzar,
a traves e ellas, la realidad apenas presentida de su secreto o

11. Aprendí que los dioses mueren/ inútilmente.
12. Es tu rostro aún el que yo busco/ a través del terror y la distancia /
para la reconstrucción de un mundo puro.
13. Yérguete de mi, sustancia pura de mi canto.

34

14. Tu tri~tcza es la sombra de este retrato,/ donde asisto al doblar
de los días,/ huérfano de tí. y de una aventura suspensa.
15. ¿Es un pájaro, es una rosa,/ es el mar que me despierta ?/ Pájaro
o rosa o mar,/ todo es ardor, todo es amor./ Y despertar es ser
rosa en la rosa,/ canto en el ave, agua en el mar.

35

�la huella que nos ofrecen. Y así se instaura la necesidad de
una comunicación en la que se acosan, y la que sin embargo
será, en extremo imposible:
Com que palavras
ou beijos ou lágrimas
se acordam os mortos, sem os ferir.

DESCUBRIMIENTO DE FERNANDO PESSOA

PIERRE HOURCADE

16

La conciencia de la separación toma un sentido dramático,
porque no es más que la conciencia de un diálogo interrumpido, un diálogo que nos será dado por la memoria, gracias a
algunos gestos salvados, a las flores que nos habituamos a ver
o a una música secreta y antigua que aflora en nosotros ya
que "debe haber un camino para retornar a la muerte", al
contrario de lo que ocurre en Sophia Andresen, donde morir
es todavía conquistar un espacio trasparente capaz de revelar la
realidad de las múltiples cosas en las que nos transfiguramos.
La muerte, para Eugénio de Andrade, es más bien la forma
extrema de nuestra nostalgia, surgiendo én el interior de un
mundo donde el sentido es revelado por la memoria. Las cosas, exentas de toda metamorfosis, guardan su peso, su serenidad, sus colores y se verifica la convergencia de los recuerdos
que nos ayudan a encontrar, por fin, el sentido auténtico,
inviolable, de las palabras ( o de los seres que designan) :
Nada podeis contra o amor
porque o amor é sangue,
coluna de sal
Contra a cor da folhagem
que renasce,
contra acaricia da espuma,
17
contra a luz, nada podeis.

Traducción de Alfonso Rangel Guerra.
16. Con qué palabras,/ o besos o lágrimas/ se despiertan los muertos,
sin herirlos.
17. Nada podéis contra el amor/ porque el amor es sangre,/ columna
-de sal./ Contra el color del follaje/ que renace,/ contra la caricia
de la espuma,/ contra la luz, nada podéis.

¿?es?e qué ángulo se intentaría abordar a un hombre -y
por anad1dura poeta- cuya naturaleza, así como su voluntad
~ra substraerse a toda clase de captura? Desconocido, después
ignorado y después, a título póstumo, demasiado conocido
-entiendo por esto, demasiado abundantemente glosado, a· veces hasta el abuso-. Fernando Pessoa permanece desde muchos puntos de vista como un enigma, y el análisis de su obra
no puede menos que, para el lector poco avisado, venir a aumentar la obscuridad de lo poco que se conoce de su existencia
vivida. El paso más ingenuo, en forma de evocación de una
e~periencia personal_, la historia de un descubrimiento progre"
s1vo, con sus revelaciones pero también con sus incertidumbres
¿no sería la forma menos mala de ayudar a descubrirlo ~
aquellos que no lo conocen todavía o solamente lo conoce~ de
nombre? ¿No s:ría asímismo el homenaje más justo, en su
buena fe desprovista de pretensiones, que se pueda rendir a
este genio secreto ?
Se me perdonará en estas condiciones, que me ponga como
terce~o :ntre el lector y el poeta, para contar esta gran aventura
de m1 vida que es el encuentro con Fernando Pessoa, primeram~nte tal como yo lo conocí y después y sobre todo, "tel qu'en
lu1 meme enfin l'éter nité, le change" que le restituye a su
verdadera personalidad. Pero ¿cuál ?
La persona del testigo no importa casi; solamente cuenta
9-~e ten~a algún título para testimoniar, para jalonar un primer
1tmerano de acceso para penetrar en un mundo singularmente
cerrado, en el corazón del cual le espera una de las más altas
revelaciones poéticas de nuestro tiempo.

37

36

•

�La historia comienza para mí un día de Febrero de 1930,
bajo las arcadas de ese Terreiro do Pa~o, en Lisboa a orillas
del Tajo, que Valéry-Larbaud, ha cele~rado como "un_espac~
solaire ... la plus belle place d Europe . En un ~e_q~eno ~a!e
secular hundido bajo la bóveda de uno de los edificios mmis. con un poeta
teriales' que encuadran esta plaza, tengo una cita
de quien la "élite" de la joven generación portuguesa murmura
el nombre con un fervor entusiasta, aunque lo esencial de su
obra sea inaccesible o todavía inédito. ¿Qué es lo que vale a
un joven estudiante extranjero, apenas iniciado en los rudimentos de la cultura portuguesa la suerte inesperada de ser
admitido al encuentro de un hombre tanto más difícilmente
accesible que ni siquiera trata de ocultarse, qµe se borra deliberadamente, salvo para alguno de sus escasos íntimos, en un
incoloro anonimato? La confianza, la camaradería de algunos jóvenes poetas y críticos, alentadores a doscientos k~lómetros de distancia, en la vieja ciudad universitaria. de Coimbra, de la revista "Presen~a", fermento de renovación en un
medio bastante átono. Fernando Pessoa es uno de los mayores
contra el que reclaman con mayor insistencia, y del cual denuncian como un escándalo, la obscuridad en la que permanece
sumergido. Joáo Gaspar Simoes me recomendó al poeta Carlos Queiroz, primó de Pessoa, quien como__él vivía e? Lisb~a,
sosteniendo con él bastante frecuentes relaciones. Asi la amistad hizo la cadena que me acercó poco a poco hasta esta
misteriosa presencia.
¿Qué sabía de él antes de conocerlo? Que la literatu~a
oficial lo ignoraba o fingía tratarlo como a un extravante sm
consecuencias. Que después de algunos episodios resonantes,
en los que ha desafiado el conformismo burgués de la opinión
y del gusto, no retiene la atención más que ~e algun?s es~asos
iniciados. Que malvive un poco con trabaJOS de hbrena y,
sobre todo, con el ejercicio del modesto oficio de tradt~ctorcorresponsal para firmas comerciales. Que no _ha publicado
todavía ningún libro, sino solamente poemas aislados en revistas efímeras o extintas. Que firma sus poemas con cuatro
nombres: el que el estado civil le reconocía y otros tres, Alva~o
de Campos, Alberto Caeiro y Ricardo Reis, con los cuales dis-

38

fraza seres ficticios que él llama sus "heterónimos". Que ha
dotado a cada uno de ellos de una biografía y de una personalidad precisas, estableciendo entre los miembros de esta familia
inventada, relaciones de dependencia o de oposición tan sutiles
como rigurosas, sin disimular jamás que se trata de figuras
imaginarias, que es él mismo el que está caracterizado. Esto
es lo que llama él "drama em gente". Pero en fin, y hay que
decirlo enseguida, la muy pequeña parte de esta obra que yo
pude conocer, hizo nacer en mí un apetito devorador de descubrir más y de enlazar entre ellos aquellos fragmentos dispersos, según la expresión de Valéry "d'on ne sait quel grand jeu".
El hombre era tal como debía esperarse: es decir que ningún transeúnte que lo cruzara en la calle, pensaría volverse a
mirarlo dos veces. La impersonalidad de su físico y de su
continente, constituía el disfraz más seguro, si no fuese por la
vibración -retenida sin embargo- de la voz, o el brillo febril
de su mirada -sin embargo disimulada tras triviales anteojos.
Siendo en primer lugar cortés y afable, con un punto de malicia
benévola, dejaba traslucir un yo no se qué de aristocrático bajo
el hábito del empleado de oficina.
La conversación que se entabla no aporta -y esto es una
regla en casi todas nuestras pláticas- ninguna revelación; se
d~sarroll~ .ª cerca de nuestros amigos comunes, de los que me
pide noticias, sea acerca de los bosquejos de traducciones que
yo le presento y cuyas equivocaciones y contrasentidos se toma
el trab~jo de corregir con una paciencia y escrúpulo atentos,
muy leJos de todo aire de superioridad condescendiente.
Pero al mismo tiempo que se intercambian conceptos despr~vistos de mist~rio, he aquí que, poco a poco, la atmósfera,
sutilmente, cambia alrededor de nosotros, como si se cargara
de electricidad o se enriqueciera con un suplemento de oxígeno.
Todo se hacía a la vez más tenso y excitante. Entonces es
cuando comprendí la tremenda carga de energía que esa envoltura trivial y ese comportamiento anodino, contienen a duras
p~nas, ~o ais~an del mundo exterior, sin lograr del todo impedirle difundirse de manera contagiosa. Me ha sido dado fre-

39

�Esta es una primera imagen del hombre; los encuentros
ulteriores, escalonados a lo largo de cinco años, con grandes intervalos de separación, no añadieron ningún rasgo importante.

Sin embargo, mi iniciación en la obra de Fernando Pessoa
continuaba a medida que descubrimientos casuales y algunas
nuevas publicaciones -siempre fragmentarias- me revelaban
otros aspectos de él. A los breves poemas líricos aparecidos
en "Atena" y "Presen~" y que firmaba con su nombre ; a las
densas composiciones horacianas que atribuía a Ricardo Reís,
yo había podido añadir pronto lo esencial del "Guardador de
Rebanhos", de su "maestro" Alberto Caeiro, la célebre "Oda
Marítima" en la que truena toda la vehemencia histérica de
Alvaro de Campos, y algunos textos de forma muy libre. que
atribuía también a este último. Esta exploración desord~nada
hacía crecer en mí a la vez mi entusiasmo y mi perplejidad.

Llegué a hacer entre él y sus amigos de Coimbra el oficio
de mensajero -digamos de agente de enlace-. Le enseñé
otras traducciones y me arriesgué a hacerle algunas preguntas
sobre la revolución poética a la que él había dado impulso y
que, abortada en apariencia, se abría paso lentamente, por
vías subterráneas. Siempre lo encontraba igualmente acogedor, pero también igualmente evasivo en cuanto se trataba de
otra cosa que el pretexto muy preciso de nuestra cita: servicial
pero inalcanzable.

¿Qué relación había entre la virulencia, a veces frenética,
a veces desencantada, de Alvaro de Campos; los " pastiches" de
lírica griega y latina que revestía de una apariencia arcaizante ·
la inspiración compleja, casi "mallarmeana", de las odas d~
Ricardo Reís; el antiintelectualismo, muy sistemáticamente razonado, que se escapa a la sequedad por la limpidez cursiva
de la expresión y la fantasía a veces escandalosa de hallazgos
que hacen el encanto ambiguo del "Guardador de Rebanhos"?
Eso sin hablar de los curiosos poemas eróticos ingleses.

cuentar algunos auténticos poetas de este tiempo, un Supervielle, un Vagaretti, un Ribeiro Couto: nada -salvo quizá
Henri Michaux- irradiaba un alma tan sutil, tan curiosamente
hechizante! No fue una vana curiosidad de dilettante lo que
lo atrajo tan fuertemente hacia las ciencias ocultas y el ocultismo de los rosacruces: él tenía en sí mismo, cuidadosamente
enmascarado, algo de medium, de mago, casi iba a decir de
brujo.

A veces, a la salida del mismo café donde invariablemente
hos encontrábamos, me sucedió acompañarlo algunos pasos;
pero tan pronto como se había despedido y doblado la esquina
de cierta calle, desaparecía sin dejar rastro: se hubiera dicho
que no había encarnado más que para esa ocasión. Ha sido
preciso la publicación de los poemas inéditos para que se tenga
una idea de a qué soledad desesperada a qué inimaginable
aridez regresaba. Pero de que él no se complazca, masoquistamente,, en este abandono, que aspiraba con una ternura no
empleada en el alivio de las más sencillas relaciones humanas,
no quiero más pruebas que la correspondencia con Joao Gaspar
Simoes, publicada después de su muerte, y en la que tuve la
sorpresa de descubrir el alto valor que atribuía a nuestras cortas
y banales entrevistas, que no le aportaban más que la ilusión
precaria de una amistad, de una posibilidad de comunicación
con otro ser por medio de la poesía.

40

Y de lo poco que se conocía entonces de "Fernando Pessoa"

¿qué común denominador discernir entre una mayoría de
poemas tan musicalmente perfectos de forma como fácilmente
inteligibles, y las profesiones de fé esotéricas del "Ultimo sortilegio" o de la "Tumba de Rosencranz"? He protestado a
menudo contra la excesiva importancia que se le dá al problem~ de los "heter6nir~1os" en los comentarios de ciertos exégetas,
quienes parecen olvidar que se trata de un misterio de poesía
y no de un acertijo que hay que descifrar. Hay, a pesar de
todo, que reconocer que su misma existencia, y la importancia
que Pessoa pretende atribuirles, tenían que desconcertar a un
lector _de los 30, acostumbrado a Valéry, Supervielle, a las exploraciones surrealistas del inconsciente. ¿Se trataba de un
artificio sin otra consecuencia que repartir entre rúbricas diferentes los aspectos contradictorios de un virtuosismo fecundo
es decir una comodidad puramente literaria? ¿Teníamos qu~

41

�habérnosla con un humorista seco que se burlaba de nuestra
credulidad y jugaba con su propia creación, por pura diversión,
o para atraer sobre él la atención con una dosis de originalidad?
Esta segunda hipótesis no dejaba de escandalizarme, pero

¿cómo descartarla del todo cuando se esclarecía -si así podemos decir- a la luz de tales manifiestos, de tales ensayos en
prosa, en los que las posiciones estéticas y políticas más increíbles eran deducidas impertubablemente de razonamientos
en cuyo rigor aparente respiraba la mixtificación? ¿ Cómo
conciliar estas acrobacias demasiado conscientes y demasiado
concertadas, con la idea que -con la intransigencia de la juventud- me había formado de lo que "debía ser" un auténtico
gran poeta de nuestro tiempo? Mi admiración tomaba a veces,
a mis ojos, forma de apuesta sobre la validez de una obra
ambigua, explorada en las tinieblas, a tientas.
Ciertamente no era la aparición en 1934 de "Mensagem",
la primera selección impresa de Pessoa, lo que podía contribuir
a aclarar Ja situación. La belleza de los poemas y su resonancia, muy pessoaiana, no estaba a discusión, sino más bien que,
cuando textos de capital importancia, permanecían inencontrables, porque jamás eran reeditados, ¿ qué se nos ofrecía?
U na serie de evocaciones simbólicas de los grandes momentos
y de los grandes infortunios de la Historia portuguesa, orientados por una visión mesiánica digna de los iluminados del
siglo XVII -w1 Pache Vieira, por ejemplo- hacia las perspectivas místicas y apocalípticas de un "Quinto Imperio" espiritual. El todo, propuesto a la apreciación de un jurado oficial
para un premio literario, con un éxito, por otra parte muy
relativo. ¿ Era un nuevo golpe del "genio maligno" de este
Proteo de las metamorfosis sabiamente maquinadas? ¿O la
expresión sincera de una convicción más ingenua aún que esotérica? ¿ En qué podrían tales vaticinios servir a su causa fuera del medio, muy limitado, de su país de origen? Y sobre
todo, el rumor que se había elevado alrededor de la publicación
de "Mensagem". ¿Acaso no lo sacaría de su obscuridad sino
para hacer de él la víctima de un malentendido irreparable?
Mientras leía y traducía, presa de estas incertidumbres, me

42

enteré bruscamente en Brasil, de la muerte prematura del poeta
a los 47 años, el 30 de noviembre de 1935. Raros eran lo;
escr~tores b~asileños, aún los mejor informados, que siquiera
hubiesen oido pronunciar el nombre de Fernando Pessoa.
Aunque la ignorancia fuera disculpable si esa era la situación
en el país "hermano". ¿Qué probabilidad quedaba de hacer
reconocer y consagrar en otras partes la significación universal
de s~ legado? Nosotros, sus escasos fieles portugueses y extranJeros, nos convertíamos en los depositarios de un oran
destino, y la responsabilidad que de esta suerte nos habí; tocado, sobrepasab~ con mucho nuestros medios para afrontarla.
¿Ibamos, con tristeza y remordimientos a ver sumirse en la
indiferencia -o a lo mejor confinarse e1; una notoriedad local
y ?iscutida- u1;a obra de la que, en aquella época, nosotros
mtsmos no podiamos mas que presentir su extensión e importancia?
Y s~ embargo el milagro se produjo. Fernando Pessoa,
muerto, rmpuso poco a poco su presencia. A los compañeros
de ~u generación que habían sabido apreciarlo en su justo valer,
al Joven grupo de "Presen~a" que lo había redescubierto vi.
.
.
.
'
nieron a JUnt~se, pnme~o en Portugal y un poco después por
todo el extranJero, admiradores, propagandistas, exégetas, los
c~ales se habían de extrañar que algunos de ellos no se hubiesen preocupa~o más de él en vida. Se puede uno preguntar
ª. este respecto s1 para alguno de sus compatriotas, el nacionalismo, aunque bien intemporal, del "Mensagem" no ha hecho
el papel de revelador. Complace encontrar hoy en las antología~ escolares fragmento escogidos -muy · prudentemente
escogid?s- de un autor tan poco académico. Pero no importa:
el prop10 malentendido ha contribuido poderosamente a liberar
ª. Pessoa de la ganga en que el conformismo lo había aprisionado.
. Dos acontecimientos principales dieron al movimiento un
1mpuls~ decisiv?. ~ue en primer término, a partir de 1945 la
pr?gresiva pubhcacion de las obras completas (no está aún terrnmada) por los editores Atica de Lisboa; después la monumental obra que Joao Gaspar Simóes ha titulado "Vida y Obra

43

-

�de Fernando Pessoa". Uno y otro han dado lugar a las más
apasionadas discusiones. Se ha discutido vivamente la forma
adoptada para la presentación y la agrupación de las obras completas; se ha reprochado a Simoes el punto de vista decididamente sicoanalítico en el que se ha colocado para dar al misterio
de Pessoa una explicación coherente. Estas mismas polémicas
han servido a la causa del poeta, suscitando una floración de
análisis, de comentarios de testimonios, haciendo salir de las
sombras una serie de correspondencia preciosa, en la cual, sin
entregarse del todo, este ser inaprehendible, aceptaba al menos
dar una explicación de sí, tomar figura humana. Y muy pronto, incluso antes de los dos acontecimientos de los que acabo de
hablar, se despertaban curiosidades atentas fuera de los países
de lengua portuguesa, de las cuales la más tenaz, la más intuitivamente justa y la más eficaz tuvo lugar sin duda alguna en
Francia, la de Armand Guibert, abogado desinteresado de una
causa aparentemente sin esperanza, y ahora triunfante, en gran
parte gracias a él. Brevemente: de ser desconocido en vida y
en su propio país, Fernando Pessoa alcanzó, veinte años después
de su muerte, la condición de celebridad, casi universal, cuya
gloria no ha cesado después de extenderse como mancha de
aceite. Uno de los últimos y más significativos homenajes que
se le han rendido es la notable antología de traducciones de
Octavio Paz y su prólogo tan penetrante: el reconocimiento y
celebración de un gran poeta por uno de sus pares!

ciertas alianzas inesperadas- dichosos de ver nuestros temores
desmentidos por los acontecimientos. Estábamos también
agradecidos a esta repentina boga, por la masa de revelaciones
y de textos desconocidos que hacía aparecer y que iba a permitirnos confirmar o rectificar nuestras primeras intuiciones, llega
a u~ c?noc~miento más vasto y más ordenado, que no dejaba
subsIStlr mas que la parte de misterio consubstancial con la
poesía. A medida que salían de las prensas los tomos sucesivos
de las obras completas y las publicaciones independientes que
las complementaban, el paisaje se ampliaba ante nosotros, los
jirones de bruma se disipaban, fragmentos ya familiares recibían una nueva luz de los conjuntos donde se habían insertado.
Falsos problemas se resolvían por sí mismos; otros nuevos se
pl~teab~ a nuestra atención mejor informada y por tanto
mas perspicaz.

¿ Cuál ha sido la reacción de nosotros, los fieles de los tiempos de obscuridad, ante esta difusión tan imprevista? No, desde luego, un movimiento de humor celoso, pues nada ha estado
más lejos de nuestra intención que monopolizar en provecho
de una e.amarilla, una obra que por el contrario, nos indignaba
que no hubiera tenido mas pronto una justa consagración. Por
mi parte, la muerte del poeta me conmovió vivamente; y bastante absurdamente experimenté un sentimiento de culpabilidad como si le hubiera abandonado la vida porque nosotros no
habíamos militado bastante valiente y eficazmente en su causa.
Después de haber temido por algún tiempo que esta estuviere
definitivamente comprometida, nosotros fuimos sinceramente y
sin segunda intención -salvo a veces una ironía burlona ante

Fue entonces cuando la sospecha de artificio desapareció
o al men?s se tiñ~ de otro significado. Alberto Caeiro y Ricardo Re1s, cuyo mventor había pronto declarado definitivamente acababa _l~ parte que les correspondía por derecho, casi
no fueron mod1f1cados por las revelaciones póstumas. En revancha, ciertas dificultades de atribución hicieron aparecer más
c!aramente las afinidades que existían -que habían existido
siempre- entre Fernando Pessoa y ciertos aspectos de Alvaro
de Campos, a pesar de las disimilitudes formales. Se descubrió
al mismo tiempo la existencia sobre todo en su prosa, de otros
"dobles" míticos más o menos esbozados: Bernardo Soares
"auxiliar de contador" en Lisboa, C. Pacheco, sin contar interlocut~res imaginarios que no eran asímismo mas que reflejos:
un Y_1cente Guedes, un Barón de Teive. El juego del desdoblamtento se mult~plicaba hasta el infinito y por esto mismo,
cesaba de ser un Juego, confesaba una necesidad irresistible
cas} _visceral. No obstante, lo esencial de la gran producció~
poet1ca, por numerosas que fuesen las composiciones inéditas
poco a poco exhumadas, permanecía bajo la advocación de los
cuatro personajes esenciales y principalmente de Alvaro de
Campos y de Fernando Pessoa, estando la parte de este último
notablemente aumentada, hasta el punto de que el equilibrio
del conjunto se encontraba roto en su favor. La nueva "rela-

44

45

�ción de fuerzas" modificaba todas las perspectivas. Hasta entonces son más bien Caeiro y Campos, cuya originalidad es
más evidente, los que aparecían como los principales personajes
del "drama ero gente". Ahora nos dábamos cuenta de que
"Fernando Pessoa", por su complejidad, por la abundancia de
la producción reivindicada para él, nunca había cesado de ser
el protagonista del universo poético de Fernando Pessoa. Y
el rasgo que le diferenciaba más fuertemente de los otros no
era ciertamente unª' complacencia bizantina en los virtuosismos de una invención gratuita sino la aplicación aportada por
una conciencia superaguda para sondar, estilizar y poner en
rima poética el misterio de un sufrimiento muy hondo.
Confieso no haber llegado a esta conclusión más que después de varias desviaciones que sin alcanzar el corazón del
problema, me acercaban a él. Había, muy primeramente, y
a guisa de hipótesis de partida, aceptado al pie de la letra la
explicación frecuentemente sugerida por el mismo Pessoa, para
justificar sus múltiples disfraces. Puede resumirse brevemente
en la forma siguiente.
Bajo influencias difíciles de discernir, se ha encontrado que,
en varios momentos decisivos de su evolución poética, Fernando Pessoa se ha sentido como poseído por la necesidad de
dar a su inspiración una forma que no había tenido precedente
hasta entonces en S'U obra, y que, a pesar de su riqueza y su
valor expresivo, no respondía más que a una parte de sus
tendencias.

de~provista de la misma exigencia tiránica, atribuyó al personaJe los poemas que compuso en ese estado, a veces posiblemente provocado por él mismo.
Si Alvaro de Campos ha sobrevivido hasta los últimos años
del poeta mientras, q~e Caeiro y Reis des_,!-parecían teTT1prano,
es porque los dos ultimos no han respondido para él mas que
a necesidades efímeras o limitadas, en tanto que el hu~or de
Alvaro de Campos, cuyos medios de expresión han por otra
parte, evolucionado, representaba una constante de su ser
poético.
. Per~ indep~ndientemente de los poemas vigorosamente
diferenciados e mcompletamente expresivos, escribía otros que
le parecían, sea menos característicamente definidos, sea más
totalmente satisfactorios -no digo más reveladores ni más
acabados- y estos los firmaba simplemente con su nombre
civil. La inteligencia crítica de Pessoa, la conciencia perspicaz
que parece h;ber tomado de sí mismo en tanto que poeta, le
~a llevado asi a hacer de su obra una especie de empresa colectiv~, en la que ~ cada miembro le era asignada la tarea que
meJor le conve01a en la que cada tarea, quiero decir cada momento de inspiración era tratado en el registro que le era más
adecuado.

En el origen al menos de Caeiro y del primer Alvaro de
Campos el de la "Oda Marítima" - hay ese limpio sentimiento de posesión de invasión por otro "en mí, más yo que
yo mismo". A este "otro yo" a este des.doblamiento efímero,
Pessoa, por rigor de exactitud, se aficionó a darle un nombre,
después se divirtió imaginando lo que él pudo haber sido de
ser otra cosa que un accidente poético; después ha estudiado con la agudeza irónica en la que se graduó de maestro- a qué
aspecto de su humor y de su temperamento este personaje ficticio correspondía mejor en el plano poético; y, por añadidura,
cada vez que se le ofreció una tentación análoga, aunque

Pero para que no nos engañemos, para que evitemos sobre
todo, el creer que él mismo se engañaba para invitarnos
. d?, cada parte por sí misma, a corregir
' el efecto por la'
aprecian
&lt;;ºI?paracion de esas partes tan diferentes, cuyo conjunto es lo
un1co .9ue expresa t?talmente al ~oeta, este ha tenido la preocupacion de adverttrnos que habia montado este mecanismo
en todas sus piezas, que solamente él estaba presente -pero no
presente del todo- detrás de cada una de estas máscaras. Se
puede encontrar extraño este recurso del desdoblamiento unido
a e_sta preocupa_ción de unidad, esta ~lternativa de éxtasis y
lucidez, _esta aptitud de abandonarse a si mismo, dándose cuenta del ~bandono, pero no hay en esto, me parece, nada de inconcebible, nada en todo caso, que no nos haya sido dado a
enten~er p~r, el poeta mismo, en términos tales que, a pesar
de la mflexion burlona del tono, estemos autorizados a poner

46

47

..

�en duda sus afirmaciones reiteradas. Ignoro si este dicho es
sincero ;ero lo creo de buena fe y yo no necesito saber o suponer más para aceptar su obra tal como se presenta: como
una evidencia cuya riqueza y multiplicidad se basta a sí misma.

mejor, ponerse él mismo en escena? El poeta le hace al destino, de quién es la víctima, la trampa de robarle sus propias
armas y de convertir en realidades arbitrarias pero fecundas
los signos manifiestos de su dependencia y de su deformidad'.

Había por tanto, que llegar a la conclusión de la inhumanidad de esta poesía? Arriesguemos aún una expresión cómoda tomada del "patois" filosófico en boga en nuestros días:
¿hay que llegar a la conclusión de su inautenticidad? ¿Se_nos
invita a admirar las acrobacias puras de un gran retórico?
Yo estaba muy lejos de pensarlo ya que Fernando Pessoa, con
todas sus astucias v todos sus artificios y su deliberado desmembramiento en heterónimos, ofrecía a mis ojos uno de los
casos más patéticos del mal de angustia, que ataca a la mayor
parte de los escritores - incluso los poetas- de nuestro tiempo:
el sentimiento del "yo" inaprehendible, el escepticismo radical
al respecto de la unidad de la persona. ¿Quién soy? y .¿soy
vo uno ? ¿ Qué es el existir y para qué existo yo? La exaltación dionisíaca de la "Oda Marítima" no puede ser reducida
al juego de algunas influencias literarias, a la voluntad arbitraria de hacer concurrencia a Whitman y Marinetti; libera un
impulso singularmente vehemente, pero ¿ qué relación hay entre estas crisis de entusiasmo -que por otra parte cae en cenizas
como un cohete extinguido- y la objetividad aplicada del
"Guardador de Rebanhos'' cuyos poemas fueron dictados a
Pessoa en una especie de éxtasis tan intensamente experimentado como el delirio de Alvaro de Campos? ¿Cómo es que
un mismo ser puede por una parte asemejarse a Valéry y por
la otra hundirse con ímpetu en los abismos del esoterismo? y
¿ por qué su impotencia para hacer la síntesis de estas alternativas en una expresión única? Si en un mismo hombre todas
las contradicciones son igualmente válidas, ¿en qué puede consistir su esencia? y lejos de poder afirmar la autonomía de su
conciencia ¿ no debe confesar que es juguete de fuerzas que lo
sobrepasan, de una come_2ia misteriosa de personajes múltiples
a la que asiste espectador pasivo y desarmado? He aquí el
"drama. em gente" que tanto ha intrigado a la crítica. ¿Qué
otro recurso hay para un espíritu orgulloso y lúcido, que aceptar esta servidumbre de nuestra condición, "hacer el juego" o

Parodiemos aquí la famosa fórmula de Rimbaud: "yo" es
varios otros, entonces "yo" no existe, pero en lugar de agotarme
reconstruyendo una unidad ficticia, cuyo secreto es por otra
parte inalcanzable ¿por qué no he de aceptar cada uno de esos
"otros"?, ¿por qué no he de intentar sucesivamente las aventuras que me proponen, hasta el punto de conferirles para los
ottos, a través de las obras que me inspiran, una realidad más
auténtica que este "yo" inconsistente?

48

Esto no se hace, bien entendido, sin desgarramiento: una
inteligencia tan poseída de rigor lógico, no se resuelve cómodamente a no ser la dueña soberana de sí misma, a convertirse
en la sierva de un humor inaprehendible que no sabe a dónde
va. ni porqué va. La renunciación .a la unidad, el miedo de
perderse no es una blanda almohada, desde el punto en que
se ha resuelto aceptarlas y asumir todas las consecuencias, y no
se puede jugar una partida así con el despego de un jugador
profesional. Tanto la poesía de Alvaro de Campos como la de
R_icardo _Reis, la de Caeiro como la de Pessoa, es a pesar de la
~1ferenc1a que separa estos avatares unos de los otros, casi contmuamente amarga, desencantada, pesimista y muy a menudo
desesperada. La ironía que alumbra en relámpagos, no es,
frecuentemente, más que la revancha de él sobre sí mismo una
forma de hacer "pagar" a los heterónimos el sacrificio dol~roso
qu_e cada uno de ellos impone al "yo" que desmembra.
. En cuanto a las exaltaciones proféticas del poeta de "Mensagem" y por lo que respecta a las iluminaciones esotéricas de
"O ultimo éncantamiento", se me aparecen como otros tantos
esfuerzos para anestesiar este dolor y . salvar esta existencia
irrisoria, haciéndola participar en una realidad trascendente en
la que ella se cumpliría aboliéndose.
Pero Pessoa no tiene fe: no tiene ningurta fe; el iluminismo

49

�no es más que otra tentación de su genio malo, otra fantasía
"heterónima" y tan pronto se ha proyectado fuera de sí como
vuelve a caer en su atonía. Para el que no cree ni en sí mismo
ni en la Historia ni en Dios no hay ningún recurso.
Yo había llegado a este punto de mi esfuerzo por ensayar
una comunicación con el poeta, a quien me negaba a admirar
en su exterior como a un fenómeno, cuando la publicación en
1955 y 1956 de los dos volúmenes de obras inéditas vino a
aclarar como una iluminación mis intuiciones aún confusas.
¿ Era por puro azar, cuando Pessoa se había mostrado hasta
su muerte tan avaro, relativamente de los textos que firmaba
con su propio nombre, que ahora, algunas veces inacabados,
pero a menudo también ya llegados a un punto de perfección,
empezaran repentinamente a abundar?
No hacía mucho que yo había estado obsesionado por un
pequeño poemita, muy sencillo, pero de una desgarradora
sencillez, uno de los raros donde se deja entrever como a través
de un relámpago, una forma de confesión personal y del cual
me repetía sin cesar la última estrofa:
Senhor, iá que a dor é nossa
E a fraqueza que ela tem
Dá nos ao menos a forza
de a niio mostrar a ninguem.

¿Estoicismo banal a la Vigny? ¿Simple accidente de azar?
¿Cómo creerlo ahora, que dejaban oír el mismo acento tantas
piezas de una producción regular y continuadamente proseguida durante veinte años de existencia? Espefialmente cuando, a pesar de algunos matices y la inevitable acción del tiempo,
esta producción se mantenía en un mismo registro, conservaba
la misma tonalidad, confesaba las mismas obsesiones, clamaba
y murmuraba una misma queja:
Dá nos ao menos a forza
De a niio mostrar a ninguem

Es ahora cuando comprendemos la significación dramática

50

de e_sta plegaria_ elev~da por Pes!ºª a sí mismo, más bien que
a Dios cuya existencia es para el una pura ilusión. Para un
ser qu~ no ~~ee en !a co:111unicación entre los seres, y a quien
el gemo poetico obliga sm embargo a expresarse confiar a los
otr?s la confesió~ de ~n abandono total, de una' d_esesperanza
c~si absoluta y sm salida, de una inimag.inable desnudez espiritual, eso hubiera sido consentir gratuitamente en el más
superfluo de los exhibicionismos, hubiera sido desposeerse del
único bien que le quedaba suyo: el secreto de su dolor.
Era preciso a toda costa, para sobrevivir en este infierno
interio~ ~antener a los . demás alejados. Era preciso desviar
su curiosidad sobre emgmas que los sujetarían tanto más
cuanto más excitantes fueran para el espíritu y más halagadora
para su vanidad la ilusión de haberlos desbrozados.
Esto es lo que se llama en la lengua de la montería "dar
el cambio". Y t~os .º c_asi tod~s hemos tomado el cambio y
nos hemos perdido siguiendo pistas falsas, o más bien pistas
verdaderas, yero que nos arrastraban lo más lejos posible del
ve~dadero fm. Y el cazador hostigado, al mismo tiempo caza
Y Jefe de monteros, nos miraba perdidos con mirada irónica
d~nde brillaba a veces ~n re!ámpago de angustia y de pesar;
asi, muy humana y casi t1m1damente, trataba de asirse a las
amist;ide~ más humild~s, como ~ara suplicarles que encontraran
por si mismas lo que el no pod1a ni quería revelarles.
1

Durante años los proyectos de edición se sucedieron sin
jamás llegar a buen término; no era solamente la insuficiencia
d~ medios materiales lo que hacían que uno tras otro se perd_1eran en el polvo: era, y de ello estoy absolutamente convencido, en el ~omento de llegar a la acción, un rechazo más o
menos conSCiente del hombre que los había alentado, que había
trazadó el plan y el programa. En ]ª masa de manuscritos
celosamente conservados, aquellos que Fernando Pessoa admitía como suyos, al firmarlos con su verdadero nombre eran
con :111ucho los más importantes. El día que cayeran' en el
dommio público, la ficción de los heterónimos se encontraría
brutalmente aclarada con una nueva luz; la imagen del fle-

51

�mático prestidigitador tan perfectamente dueño de S'US medios
y de sus astucias, se borraría para ceder lugar a un poeta más
grande todavía, pero cruelmente indiscreto, a un verdugo de
sí mismo sin piedad y sin esperanza. Otros menos susceptibles
o con menos dignidad, no habrían resistido la tentación de
ofrecer en espectáculo un destino a tal punto fuera de lo común;
para Fernando Pessoa le iba todo en ello, le iba sin duda su
propia vida.
·
Y las obras inéditas se amontonaban en la sombra, y se
invocaba para no sacarlas a la luz, la negligencia o la inercia
de losi editores eventuales.

Pero Fernando Pessoa se guardaba muy bien de .destruirjos.
Ya que debían ser su justificación póstuma, dirían después de
él lo que él se había prohibido revelar, hablarían por él. _
Y cuando se está inclinado sobre estas páginas aterradoras
-las que han sido reservadas para el primer volumen de las
obras completas y, sobre todo, las de los volúmenes de páginas
inéditas- no se sabe, dándole la razón, lo que hay que admirar
más: la lucidez con la que desciende al fondo de sí mismo, el
valor que le permite dar forma -y a menudo una forma digna de sus grandes obras maestras- a las angustias más áridas
o más exasperadas, o bien la fuerza de alma que le hace 'impo:.
nerse silencio a la vista del mundo, y encerrarse en su secreto.

El secreto de Pessoa, en la medida en que nos está permitido acercárnosle con prudencia - es, me parece, -llevado a
su máximo punto de agudeza, vivido, reconocido, traducido
por él en palabras inolvidables, mucho antes ele haber caído
en el dominio público y vulgarizado por tantos seudo-profetas
que de ello han hecho oficio y mercancía- el de la conciencia
desdichada, del ser desligado de todo valor trascendental, que
mata la vida mirándose vivir y que se disocia bajo su propia
mirada. Ni siquiera es la desesperación existencial que resucita
efímeramente el hombre en cada una de sus elecciones: es la
desesperanza total. La existencia, decidida de antemano, está
regida por una fatalidad desnuda de toda significación y cuya
arbitraria omnipotencia no ·ofrece ninguna falla por la que se

52

pudiera insinuar la libertad humana. "enquanto pesa, e pesará
sempre sobre o homem a serva condi~áo, De subdito do Fado''.
En esta condición servil todo es irisión, hasta el esfuerzo mismo
para remontarla. Aún peor lo contrario, la maldición del que
tiene consciencia, porque ella envenena en sus fuentes, todos
los poderes para aturdirse -el deseo, ·la ternura, los goces elementales de los sentidos y del corazón- -que le procurarían
aunque fuese el tiempo que dura un relámpago el olvido d~
su condición. . "O que em mim sente. está pen~ndo" desemboca en "a consciencia de nada qu'ser ·nem ser" o aún más
.
'
.
rigurosamente:
Quem amo náo existe
Quem quiz ser já me esquece
Quem sou sou náo me conhece

Habría que analizar esta virtud disolv~nte del espíritu que
destr~ye el~a misma su propia continuidad, que anonada su
prop_1a razon de; ser, borrando las etapas de su progreso a
medida que las sobrepasa y que desemboca infaliblemente en
la nada,
Tardo me porque penso e tudo ·r ui

Pero el retorno a la nada es la muerte y ante esta última
~egación la carne se crispa. Pessoa, el desesperado rehusa
±~rozmente esta posible evasión. "Náo quero ir onde náo ha
luz"; ha tratado este tema dos veces, partiendo del mismo prime: verso, con la misma evocación de los Campos Elis~os de la
ant1guedad pagana, una en 1924 y la otra en 1932. Demasiado
hu~ana contradicción: la vida es un infierno y el vivo ni siqmera puede desear evadirse de él. Muerto en vida desde su
venida al mundo:
Sinto morto
O ser 11i110 que tenho
Nasci como um aborto
Sa/110 a hora e o tamanho

Ni siquiera muriendo tiene la esperanza de nacer a una nueva
vida.
·

53

�El círculo se cierra alrededor del hombre acorralado, del
hombre que no puede compartir su miseria con sus semejantes
-cada uno amurallado en su incomunicable desolación- ni
replegarse sobre sí mismo, que n~ cesa de escapar a su propio
abrazo. Así es casi sin descanso a lo largo de más de 300
páginas, tan obsesionantes en su desolación total que no dejan
lugar a la monotonía.
He aquí lo que apenas podríamos adivinar, lo que las
páginas inéditas nos obligan a reconocer y que invierte radicalmente el Pessoa al que nos habíamos acostumbrado: el descubrimiento de un hombre absolutamente desdichado, quiero decir desdichado en lo absoluto. No porque no haya encontrado en su Patria y en su tiempo el clima en el cual se hubiera
podido expandir; no porque su cuerpo lo traicionó o porque
se extenúe por sobrevivir a las más tristes necesidades alimenticias, o porque el amor o la amistad le hayan sido negados.
No por frustración de ternuras maternas o porque no haya
conocido las alegrías del hogar. No porque está solo y es desconocido. Sino porque es incapaz de dicha, de la idea misma
de felicidad, y porque aunque la vida lo hubiese colmado de
todos sus dones, no habría podido jamás rescatarlo de esa primera maldición con la que lo gravó: no ser engañado por nada,
no tener por donde coger nada y llevar sin embargo en sí la
vocación de la poesía.
Pero si la existencia propia es una ilusión, una pura "semelhan~a" como dice en alguna parte, ¿ por qué resignarse a
una "semelhan~" mejor que a otra? ¿Por qué identificarse
con la máscara convencional puesta sobre esta nada por las
necesidades sociales? Mentira por Mentira ¿ no queda al menos la facultad de escoger, de divertirse en el más amplio sentido de la palabra, fingiendo desdoblarse?

Se a gente se cansa
Do mesmo lugar
Do mesmos«
Porque náo se cansa?
Ser um é cadeia

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Ser um é náo ser

Viverei fugindo
Mas vivo a valer
He aquí lo que me lleva a pesar mío al ineluctable problema de los heterónimos. Artificios sí, pero para desviarse
de la consideración de su propio absurdo; artificios que tienden
a hacerle olvidar, en el acto mismo de suscitar criaturas artificialmente, el artificio primero que es a sus ojos su propia identidad; trampa de la desesperación, venganza sacada de sí mismo por la ironía Y muy pronto -no para él mismo sino para
el prójimo- ¿quién será en este juego el más "real" ? ¿Fernando Pessoa o Alvaro de Campos, Caeiro o Ricardo Reis?
¿Tiene sentido la pregunta? ¿ No es una ingenuidad hacerla?
Pero era necesario hacerla y era preciso que al hacerla dejáramos lo concreto por lo abstracto.
Hénos aquí llegados al término -provisional ya que el
descubrimiento de un poeta es una empresa inagotable- de
nuestro viaje a través de Fernando Pessoa, descendiendo en el
curso del tiempo.
Algunoo experimentaron quizá una decepción de aquello
que parece tan totalmente ajeno a las angustias y a las esperanzas del mundo presente: paz o guerra; servidumbre o libertad; fraternidad o pugna mortal entre las razas y los continentes; miseria en la injusticia o abundancia en la justicia
tecnocracia opresiva o integrada en un nuevo tipo de civiliza~
ción. Un poeta que no habla más que de sí mismo les parece
que no tiene nada que decirles y su obra, que ellos juzgarán
anacrónica, corre el riesgo de dejarlos reticentes por no decir
indiferentes.
Yo admito sin dificultar que Fernando Pessoa no es el
i~térprete de las grandes pasiones colectivas. Su genio es prectsamente conocer y expresar hasta qué punto el drama metafísico del que es presa, lo aísla de sus semejantes y lo enclaustra

en una soledad sin salida.
Esta soledad sin embargo, es ejemplar en alto grado, pues

55

�como he tratado de demostrarlo, es una de las form~s más
expresivas de la conciencia infeliz, que opone su rebeld1a o se
queja del destino absurdo que la aplasta, cuyo tormento sufren
tantos contemporáneos nuestros, desposeídos de toda esperanza.
y rechazando todo consuelo.
Sería excesivo representarse a Fernando Pessoa como u?precursor del existencialismo. Su temper~mento muy particular marcado con un indeleble sello racional, la estructura
tan ~ompleja de su espíritu, la intensidad ~e su vocación poética las formas insólitas que ella ha revestido, todo lo que le
car~cteriza, sale del marco de tal afiliación doctrinal.
Pero el existencialismo no es más que uno de los nombres
de la angustia de hoy, una de las definiciones que ella se ha
dado y por las cuales trata de justificarse. Pess~a ?-º ~e!lía
necesidad de ningún modelo ni de ninguna referencia ftlosof1ca,
para sondear hasta sus máximas profundidades el abismo ?e
un infierno personal de donde ha ;acado tantos te~oros somb~i~s
o luminosos. Queda una analogia y como un arre de familia
con algunos de los grandes testigos espirituales de· nuestro
tiempo. Inactual en la escala cotidiana, Fernando Pess&lt;?a no
es menos humano, con una humanidad que sólo en apariencia
se substrae a los accidentes de la Historia.
hl está a la vez en ~1 tiempo, en su tiempo y fuera del
tiempo.

INTERFERENCIAS ANGLO-SAJONAS EN LA VIDA
Y EN LA OBRA DE FERNANDO PESSOA

ARMAND GUIBERT

De la multiplicidad ontológica de ese hombre-Proteo
que fue Fernando Pessoa, quisiera destacar algunos elementos
adquiridos, cuya conjunción orientó ciertos requisitos de su
vida mental. El primero en la tradición literaria de Portugal,
con la semi-excepción de Almeida Garrett, que tenía sangre
inglesa en sus venas, no fue sometido desde su juventud a la
influencia exclusiva de la cultura francesa. (En oposición a
su amigo Raúl Leal, quien escribió en la lengua de Rimbaud
Ja casi totalidad de su obra extravagante). Podrá citar a Vigny,
Rousseau y Verlaine, fustigar a Flaubert y Anatole France,
inspirarse en Laforgue y adoptar fraternalmente a Apollinaire;
es por otro dominio lingüístico que fue solicitado.
Su madre tenía del preceptor del Príncipe heredero un
sólido conocimiento del inglés. Cuando le llevó, en 1896, a
A.frica del Sur, donde ella iba a juntarse con su nuevo esposo,
el niño te1úa ocho años. En Durban, implantado en un medio
anglófono, parece que no fue contaminado ni por el afrikaans,
que no tenía todavía rango de lengua oficial, ni por los idiomas
vernáculos, entre los cuales el z ul u predomina. Exento de
todo modismo "colonial", el inglés riguroso que escribirá más
tarde se explica por su formación escolar: en el convento de
las hermanas irlandesas de West Street, en el High School y,
por fin, en la Commercial School de la capital del Natal.
El joven extranjero, que rápidamente sobrepasó a los nac"ionales en la práctica de su lengua, conoció estrepitosos triunfos: en 1900, obtuvo el premio de excelencia de su clase; después del cual, en 1904, se le otorgó, en un concurso que agrupó
899 candidatos para una composición inglesa, cuyo texto no

56

57

�nos llegó, el premio Reina Victoria, que le abrió las puertas de
la Universidad de El Cabo. Se encontró en su biblioteca los
volúmenes que le fueron ofrecidos después de esos diversos
éxitos: una Historia de Roma por Arthur Gilman, las Stories
from the faerie Queen de Mary Macleod, The Nile Quest por
Sir Harry Johnston, y sobre todo, las obras que pidió expresamente: las Vidas de los Poetas del Doctor Johnson, los poemas
de Keats, Poe, y Tennyson, así como las obras completas de
Ben Johnson, donde subrayó con su propia mano, tres versos
relativos a la Kabala y a la tradición rosacrusiana.
Todos esos nombres, a los cuales se suman los de Milton,
Byron, Shelley y Dickens, se encuentran en un folleto donde
el poeta consignó las influencias literarias que tuvo en la primera fase de su vida. El primer texto -un ensayo sobre Ma~
caulay- redactado en inglés por Pessoa que nos llegó, fue
impreso en una entrega de 1904 del Durban High School Miz,.
gazine. A pesar de algunas puntas aceradas, esta prosa es la
de un escolar muy favore.cido, pero todavía fundida eri el
molde más clásico.
Después del regreso a Portugal del adolescente, entonces
de 17 años, una evolución se dibuja. Lingüísticamente desorientado en su propia patria, escoge entre sus compañeros de
estudio, en el curso superior de Letras de Lisboa, los que entre
ellos entienden el inglés, y en esa lengua establece correspondencia con ellos: así Armando Teixeira Rebelo, educado .en
Pretoria, a quien manda cartas de Portalegre, así como el soneto On an ankle. Es un ejercicio de tono alegre, pero perfectamente académico, con toda la delicadeza de un discípulo
de Pope, sin que nada prefigure el acento pessoano de la obra
futura. Notemos también que ese soneto, por un proceso del
cual conocemos los desenvolvimientos ulteriores, era ya firmado
con un pseudónimo, Alexander Search, donde se puede leer,
en sobreimpresión, el tema de la rebusca de sí mismo. Un
poco más tarde, otras composiciones en lengua inglesa serán
atribuidas a un cierto Charles Robert Anon para no decir nada
de una tercera personalidad, ~ C. Cross, cuya función exclusiva
es descifrar charadas y adivinanzas.

58

Es con su nombre de estado civil como Fernando Pessoa
publicó las plaquetas cuyo conjunto constituye su obra poética
en_ len~a inglesa: en. 1918 Antinous y 35 Sonnets; en 1921,
baJO el titulo de Engltsh Poems l-11, una versión revisada de
los dos textos precedentes, a los cuales adjunta la colección
English Poems III, que comprende el inédito Epithalamium.
Textos singulares, casi tan diferentes entre sí como lo son de
la obra poética p01:tuguesa. No puedo sino citar los ternas: la
angustia frente al destino, el enigma del universo, el artificio
de las formas aparentes, la inanidad de toda acción y de todo
movimiento: los lugares comunes magnificados por un esoterismo y por una expresión inesperada.

Lo que sobresale, en esta lengua estudiosamente adquirida,
y amaestrada, es la virtuosidad con la cual el joven juega con
los procesos y con los recursos de la poesía isabelina; de John
Lily a John Donne, pasando por los puntos culminantes de
los Sonnets de Shakespeare. Pone en obra los más sutiles
artificios del eufemismo y de la poesía "metafísica"; aliteración
. .
'
ms1stencias, reiteraciones concetti a la italiana, finuras verbales
que hacen perder de vista la idea básica, contradicciones aparentes que se abren sobre el cielo de la ambigüedad:
As if we a cipherered letter's cipher hit
And find it in an unknown language writ
Los procesos renovados del Shakespeare de los Sonnets no
están ausentes del Antinous de Pessoa, pero, si el arcaísmo
subsiste, el mármol de la forma es recorrido por una vena más
trémula. Esta larga letanía del amor herido, es a la vez una
confesión y un pastiche co11surnado: la sensualidad de la inspiración se envuelve en una lengua sabia que traiciona la formación libresca del autor, convencional a fuerza de estudio y
cortado del medio anglo-sajón vivo.
Así corno una excrecencia biológica, y casi un tumor en
sus escritos marcados por una rigurosa modestia, nos aparece
Epithalamium, cuyo texto desmiente la nobleza del título (Tenemos de la pluma del poeta, en su carta del 18 de noviembre

59

�1930 a Joao Gaspar Simoes, un severo juicio en cuanto a la
obsenidad del poema). La joven desposada, en la mañana de
sus nupcias, confiesa un sentimiento de espanto, hasta de
horror, a la idea de los ataques físicos a los cuales está legítimamente expuesta:

Her breasts are with fear's coldness inward clutched
And more felt on her gown
_
That will find lips sucking their budding crown

¿Por qué,, se pregunta uno, escogió Pessoa escribir en el
idioma aprendido lejos de su patria, temas que no abordará
jamás en su obra portuguesa? En Antinous, el amor socrático,
en Epithalamium la aversión aparente (pero demasiado ap~
yada para no traicionar un rechazo) de las cosas de la carne. Es
que sin duda, la lengua inglesa, entendida entonces en Portugal
por una pequeña cantidad de gentes, le facilitó la confesión
de instintos que nunca tuvieron más exutorio que el verbal.
Para el hombre de los heterónimos que hubiera podido tomar
a Descartes la divisa famosa Larvatus Prodeo esta lengua extranjera como natural, hizo oficio de vela suplementaria y como
de super-antifaz.
Queda el pequeño conjunto de las lnscriptions, el cual en
su brevedad permite una observación; es, en la obra creativa
redactada en inglés, la parte que se acerca más formalmente
a la que firmó uno de los principales heterónimos.Todo en
efecto, la elipsis, la nobleza alta, el procedimiento antiguo, el
substrato filosófico, se parecen a las Oda~ y Epigramas de Ricardo Reis, sabio desengañado, quien vuela por encima y transciende todo lo que la vida tiene de anecdótico y de substancial.
Recordemos a ese propósito que Pessoa publi~ó con su nombre,
en una entrega de 1924 de la revista Athena, coron_ándolo con
el título: "De l'Anthologie Grecque" un conjunto de epigramas
que había traducido, no del original, sino de una versión inglesa de W. R. Paton.

traductor: un filón de unidad en el mascareo de lo diverso y
de lo múltiple.
Sería aberrante que un canal natural no ligara la obra inglesa con la obra portuguesa de Pessoa. Acabamos de presentar este fenómeno de interiorización en los textos atribuidos a
Ricardo Reis. La filiación de este último, estilista enamorado
de vocablos precisos y de construcciones sabias, viene verosímilmente de un comercio asiduo del autor de las Odes con esta
Almeida Garret que nombramos. Traductor de las Ballades
de Walter Scott, pero también de Anacreón es, con ese doble
título el _precursor de Fernando Pessoa, que se inspiró estrechamente en la obra de Ricardo Reis, en los temas y en las formas
métricas de Flores sem fruto y de Folhas Caidas: de donde el
influjo en circuito, sutil y como por vía de ósmosis, de la cultura
anghsajona en el más humanista de los heterónimos.
Pero es en Alvaro de Campos donde vamos a encontrar los
ecos y los reflejos más directos de esa cultura. Como Pessoa,
hizo sus estudios en el extranjero, y singularmente en Glasgow,
donde siguió un curso de ingenier~mecánico naval. A esa
formación debe su materialismo y su culto de la máquina, así
como ciertos razgos propios para acentuar la plausibilidad de
su personaje: el marco de dactilografía, donde se ve al ingeniero trabajando, acompañado por el "tic-tac" de las máquinas
de escribir, sobre el conjunto de los cinco textos agrupados
bajo el título de Barrow-on-Furness, indicación final de la Ode
Triomphale; supuestamente escrita en Londres; en la Ode
Maritime, ·la canción del marino inglés Jim Barnes, lancinante
y obsesionante:
Fifteen men on the dead man's chest
Yo -ho -ho anda bottle of rum!

La forma es la misma, los textos son intercambiables, al
punto que se pudiera agrupar, con una misma firma la lnscriptions, los textos originales de Ricardo Reís y los de Pessoa

Más interiormente todavía, estamos sorprendidos por eJ
tono de las composiciones mayores de Alvaro de Campos,
entre las cuales la Sandacoa a W alt Whitman confirma, si fuera
necesario, el parentezco de espíritu, a veces llevado hasta la
mima, que une al poeta poitugués el autor de Leaves of Grass:
misma retórica de la exclamación idéntica pasión de la repeti-

60

61

�ción sonora, de la enumeración en cascada, misma liberación
de un instinto que aspira a la vida total.
Pessoa, tan continente, tan dueño de su arte cuando escribía
con su nombre, se dejó llevar para mejor confesar en el influjo
logaréico de su heterónimo ( que además, no ignoraba nada de
las exageraciones de Marinetti), el futurismo, los instintos generosos y las tendencias de la sombra que antes que él, v.·alt
Whitman había proclamado a la cara del universo.
Esas notas no serían completas si no tomaran en cuenta las
interferencias de la cultura inglesa en lo cotidiano de la vida
del poeta. Su profesión, bastante flotante, pero que le dejaba
una gran latitud en sus horarios, de "corresponsal extranjero"
al servicio de varias casas de comercio, consistía en traducir,
hasta redactar, cartas de negocios en inglés y en francés. Ade.
más, por necesidad tanto como por gusto, puso sus luces al
servicio de diversas casas editoras que le encargaron traducciones de obras de todo tipo. Para su placer, tradujo del inglés:
el poema de Elizabeth Barrett Browning Catarina to Comoens;
el Corbeau de Edgar Poe, versión que fue seguida por Ulalume
y de Annabel Lee, el Himno a Pan, del "mago" inglés que
firmaba "Mestre Therion" -De hecho, este Alister Crowley,
un poco espía y un poco caballero de la industria, cuyo prestigio
deslumbró su candor y que lo mixtificó durante un viaje a
Lisboa que se acabó por una desaparición rocambolesca.
Más útiles son los trabajos siguientes, ejecutados sobre
pedido; la selección de los poetas de lengua inglesa, destinada
a una "Antología universal"; una novela policíaca de Anna
Katherine Green; y, para la cuenta de una "livraria clásica", la
traducción de unos ocho tratados, debidos a la pluma de Annie
Besant y de Charles Leadbeater de teosofía y de esoterismo.
Tal fue su dominio de las dos lenguas que tradujo del portugués al inglés un conjunto de trescientos proverbios del fondo
vemaculario de su país natal; y sobre todo, con el título de
Songs by Antonio Botto, un· florilegio de quien fue el Geraldy
portugués del amor griego, y a quien había consagrado dos
ensayos calurosos que fueron utilizados en la Paginas de dou-

62

trina estética. Tal como fuera, el abismo que separaba el arte
de los dos poetas -el uno intelectualista, ideólogo, filósofo en
todas sus fibras; el otro únicamente enamorado de las formas
y de los placeres del cuerpo -sabemos muy bien cuanto el
autor de Antinous admiraba al de las Canroes de donde la
fidelidad de sus traducciop.es, jamás serviles, pero vivas, siempre
respetuosas del ritmo original y del espíritu popular del texto
portugués, sobre todo en la expresión de la tristeza y de la
pasión herida.

En las líneas que preceden, cuya documentación debe
mucho a la obra de la señora Maria de Encarnacao Monteiro:
Incidencias inglesas na poesia de Fernando Pessoa (Coimbra,
1956) y un poco a un examen personal de la biblioteca y de
los manuscritos del poeta, hemos tratado de poner a la luz
cuanto la cultura anglo-sajona irradió a través de la formación
mental y la obra escrita de Fernando Pessoa. Por las líneas
de fuerza que emanan en el de influencias enracinadas en sus
años de aprendizaje, difiere de todos los poetas portugueses que
le h~bían precedido. Traductor en la rutina de la vida pragmática como en la elección especulativa de obras orientadas
se~n,la línea de su pensamiento propio, creador de ritmos y
de imagenes en su lengua adoptiva, y por esa lengua profundament~ marcado hast~ cuando se expresa en su lengua materna,
c?ns~!tuye _un_ caso smgular, cuyo porvenir solo podrá revelar
si dio n~cimiento a una posteridad, o si fue llamado para
quedar aislado, tal un monolito en la perspectiva de las letras
portuguesas.

63

�LA ANTIMETAFISICA DE ALBERTO CAEIRO

RUGO PADILLA

En las alturas del motor inmóvil bien pudo el casi prudente Aristóteles estrechar la mano del metafísico Parménides.
A buenos entendedores, con un sólo ser incorrupto e inmóvil
basta. Lástima de las lástimas que a tal ser ( y especie de seres)
no se suba por la rampa de la sensación o por la escalera de los
ojos. Al menos, para Alberto Caeiro, heterónimo del lusitano
Pessoa. "No creo en Dios porque nunca lo he visto". Ver
para creer. Verlo con los ojos de la cara, como se ve una flor,
una nube o una modesta caja de cerillos. Ver a Dios,. hablar
con Dios, de tú a Tú, como le gustaría a García Bacca. Así
también lo pide Caeiro. Un Dios tan concreto que tendría
que empujar las puertas para entrar o salir por ellas.
Si él quisiera que yo creyese en él
sin duda que vendría a hablar conmigo,
empujaría la puerta y entraría
diciéndome:
¡Aquí estoy!

Es de notar también que el poeta Caeiro no siente una
inclinación a la búsqueda de seres metafísicos. En última
instancia, pide que los seres metafísicos lleguen o se aparezcan
a él. Aparentemente esto entraña una actitud de soberbia.
Sin embargo, lo que revela es, simple y sencillamente, la actitud
vital y antimetafísica del poeta. No hay nada que trascienda
al mundo que aparece ahí delante. La realidad se reduce
exclusivamente a lo percibido y a la conciencia percipiente.
No hay nada más que eso. Incluso, si al poeta Caeiro se le
dijese que Dios es lo percibido, esto es, que Dios es los árboles
y las flores, los montes, la luna, el sol, una caja. de cerillos,
entonces el poeta se rehusa a llamar a lo percibido con la
palabra "Dios"; simple y sencillamente lo llamaría árboles y

64

flores, montes, luna, sol o caja de cerillos. Por esto, el poeta
se pregunta "¿ para que lo llamo Dios?"
Para Caeiro no hay nada más allá de la presencia de las
cosas mismas. Lo metafísico, lo trans-físico no existe. U nica.mente la dualidad yo - cosa llena el universo entero. Justamente por esto, y aunque parezca extraño, el poeta se niega a
llamar Dios a la. naturaleza. La llama, con una simplicidad
plana y sin recodos, naturaleza. No hay nada que no se revele.
Sólo lo que se revela existe. "El único sentido oculto de las
cosas / es no tener sentido oculto". Hegel afirmaba que la
filosofía es una ta.rea que pone el mundo de cabeza. Para
Caeiro el mundo es ya lo suficientemente raro y extraño, como
para que, además de ésto, se lo haga más raro y más extraño
todavía. Es ya un misterio suficiente el que las cosas sean
lo que son.
Más raro que todas las rarezas,
más que los sueños de los poetas
y los pensamientos de los filósofos,
es que las cosas sean realmente lo que parecen ser
y que no haya nada que comprender

No hay nada, pues, que comprender. Esta es la destrucción misma de la metafísica.. Caeiro no es griego; sin embargo, conserva una actitud netamente griega: el poeta no es más
que ojos, más que percepción, más que sepsación. Se ve a la
naturaleza tal cual es. Los árboles son verdes y copudos y echan
ramas y frutos a su tiempo. Pero nada de ello hace pensar
en nada. Simplemente la naturaleza existe, sin plantear ningún misterio. El misterio mismo es puesto en duda. El poeta
afirma que no sabe lo que es el misterio. Esta concepción de
Caeiro nos hace pensar, evidentemente, en que su actitud es
una actitud que no resuena con la vieja definición : el hombre
es un animal racional. Caeiro no pide razones ni da razones.
De esta suerte, se pierde la diferencia específica. Acaso no
queda, sino a secas, una conciencia que roza los límites mismos
de la pura animalidad. O acaso, más lejos a{m, la de una
pura existencia biológica o, más aún, la de una existencia

65

�mineral. Es claro que la conciencia humana, el hombre mismo, no es un animal o una piedra o una planta. Pero, esto no
quiere decir que el hombre sea más que la piedra o la planta.
El poeta se rehusa a decir si es más -o acaso menos- que la
piedra o la planta. A lo más a que se atreve es a decir que es
diferente. El hombre es diferente al resto de los entes. No se
sabe más. Apenas se sabe ésto. Dice el poeta: "Apenas sé
que es diferente, / sólo diferente. Más, nadie puede probarlo".
El hombre es diferente justa y precisamente por su conciencia.
Esta diferencia, sin embargo, sólo obliga a desplegar su función, esto es, a ser consciente, sin que esto signifique que ser
consciente quiera decir ser racional. La conciencia es percepción desnuda. "Tener conciencia no me obliga a tener teorías
sobre las cosas: / me obliga a ser consciente". Todo lo que el
poeta sabe es lo que sus sentidos le dicen. En esto el hombre
se distingue del resto de los entes, pero no por ello es superior.
El poeta, incluso, al plantearse el problema de la superioridad
del hombre con respecto al resto de los entes, se plantea también
el problema de que, acaso, fuese lo ~ontrario. Pero no afirma
ni que sea una cosa ni que sea otra. No hay que elaborar
teorías: se dice de cada una de las cosas lo que cada una de las
cosas es. De la piedra se dice que es una piedra; del hombre
se dice que es un hombre. No hay nada más que decir.
La vida entera sólo consiste en abrir los ojos y ver. Lo
que se piensa se piensa con los sentidos. Ver, abrir los ojos,
no pensar en nada es el máximo de los valores. Las cosas son lo
que son y por esto son buenas. Tal vez, esta posición llevaría
a pensar que para Caeiro el origen del mal está en la razón.
Si abre los ojos y ve al sol
no puede ya pensar en nada
porque la luz del sol vale más que los pensamientos
de todos los fil6sofos y todos los poetas.

La metafísica es falsa; carece de sigt?,ificación: no quiere
decir nada. No hay "constitución íntima de las cosas", no hay
"sentido íntimo del universo". Al poeta le parece increíble
que alguien pueda pensar en ello. La única tarea humana es

66

la de existir sin pensar en la existencia. La vida no consiste en
desentrañar un supuesto misterio del universo. Más bien, consiste en ver al universo sin los anteojos de las teorías. Verlo
así, es verlo de una manera nueva, porque es la manera propia
de ver el universo.
La posición antimetafísica de Alberto Caeiro no es sino
uno de tantos reflejos de una posición más amplia: la anti-intelectualista. Precisamente por esto, el poeta no se plantea preguntas, no acepta misterios ni sentidos íntimos de las cosas. Preguntar, requiere contestar; interrogar, requiere dar respuesta.
Pero contestar y dar respuesta es ya hacer teorías. El poeta
no quiere tener más idea de las cosas, que lo que las cosas son.
No quiere tener ninguna opinión sobre causas o efectos. Todo
sucede de manera absolutamente natural, y siempre sucede lo
que tiene que suceder. No vale la pena enc&lt;?ntrar explicaciones. No vale la pena pensar más allá de lo que la naturaleza
presenta. Por esto mismo, cuando el poeta dice que una vez
' y no 1o amaron, no encuentra mas
' razon
'
penso' que 1o amanan,
de este amor fallido que la ausencia de razón. "Así tenía que
ser". A fin de cuentas, la misma palabra "explicación" no
explica nada. No se debe pedir nada, pues, a la razón. En
cierto sentido, el poeta se coloca continuamente en un plano
infantil. No quiere esto decir que su actitud desmerezca ante
otra que podría ser llamada madura. Más bien, lo que significa es que la vida humana entera debe conservar frente al
mundo una relación absolutamente expontánea. El deseo no
apunta a la teoría; apunta, eso sí, a la vida: estar bajo el sol o
bajo la lluvia, cuando hay sol o cuando hay lluvia. Vivir de
esta suerte entraña, según parece, una actitud religiosa en el
fondo. Sólo que es la religión abandonada por otras religiones
de carácter intelectual. "Si muero pronto, oigan esto: / No
fuí sino un niño que jugaba. / Fuí idólatra como el sol y el
agua, / una religión que sólo los hombres ignoran". La verdadera religión, para Caeiro, pues, es equivalente a lo antirreligioso para otras religiones; es equivalente a idolatría. Religión y Metafísica tienen mucho de común. La actitud antimetafísica de Caeiro, de esta suerte, es también una actitud
hasta cierto punto antirreligiosa. No obstante, lo que verda-

67

-

�deramente es se revela en una nueva postura frente al mundo.
La única religión válida es la de la adoración de la vida.
Es suficiente con existir. No se carece de nada porque nada
se pide. No falta nada porque todo basta. Curiosamente, si las
cosas constituyen esta realidad y esta realidad es una realidad
religiosa, Caeit;o, al igual que eri otra·s religiónes, descubre a lo
divino como algo espantoso en ocasiones. Rudolf Otto hace ver
bien esto. Para Caeiro si la relación con la realidad es una relación religiosa, aunque sui genms, la realidad aparece también
y cotidianamente como tina realidad espantosa. "Todos los días
descubro / la espantosa realidad de. las cosas: / cáda cosa es lo
que es". La posición del poeta, tan especial, hace pensar inmediatamente en uno de los tantos casilleros que el hombre ha
fabricado para entender el inu,ndo. Pero el'hombre que fabrica
casilleros es precisamente el hombre que Caeiro no es: el intelectual, el que trata de entender por la vía de las razones.· Hace
pensar que Caeiro es un poeta materialista. Alguna vez, dice
Caeiro, lo llamaron precisamente eso: poeta materialista. "Y
yo no me sorprendí: nunca había pensado / que pudiesen
darme éste o aquél nombre. / ni siquiera soy poeta: veo".
Ver y también oír, porque la audición es la mejor compañera
de la vista. Todo es comprendido por los sentidos. Por medio
de estos, también, el poeta s,abe que él es real. Los sentidos
presentan pero no explican. Por otra parte, la explicación es
un mecanismo inútil. La única manera de pensar el mundo
es ver el mundo, oírlo o tocarlo. Pensarlo de otra suerte, equiv_ale. a deformarlo. El estado normal, según Caefro, sería el
de la ausencia de pensamiento. "Si me enfermase, pensaría".
El momento del pensar, así, es un estadio patológico. Con
amor habla del río de su pueblo, que al mismo tiempo es y
no es el río Tajo. Pero, lo sea o no lo sea, el río del pueblo
de Caeiro es un río adecuado para el poeta. Hay ríos que
incitan a pensar. Estos no son qel agrado del poeta. En cambio el río de su pueblo es un río del gusto de Caeiro, y lo es
porque:

Alberto Caeiro es el maestro de Pessoa; por tanto, en cierta
medida, el maestro de los demás heterónimos. Campos, otro
de los heterónimos, habla de Caeiro expresamente como su
maestro, "mi maestro Caeiro", dice. Y aunque la poesía de
Campos es distinta a la poesía de Caeiro no era difícil que en
la relación de maestro a alumno algo pasara del uno al otro.
Justamente la concepción antimetafísica de Caeiro tiene ecos
nítidos en la poesía de Campos.
Come chocolates, muchacha,
¡Come chocolates!
Mira que no hay metafísica en el mundo como los chocolates,
Mira que las religiones enseñan menos que la confitería.

Pero, ¿hemos dicho concepción antimetafísica? ¿Cómo
puede haber una concepción antimetafísica, si justamente la
metafísica equivale para Caeiro a concepción? Tener conceptos, ideas, respuestas a la mano para las preguntas en mente,
es hacer metafísica. Decir algo de las cosas es hacer metafísica,
racionalizar sobre las cosas es hacer metafísica. Caeiro parece
caer en su propia trampa. Para decir que no vale la pena pensar, tiene que pensar que no vale la pena hacerlo. Para afirmar que carece de valor tener ideas, al menos i:iene la idea de
ésto. Por ello, la concepción antimetafísica de Caeiro es en el
fondo una concepción me_tafísica. No pensar en nada hace
riacer el gérmen de destrucción de la metafísica. · No pensar
en nada es no poder hacer metafísica, porque metafísica es
pensar en algo. Pero la postura de Caeiro es una postura ella
misma metafísica. Sólo que su postura es radicalmente contraria a las posturas tradicionales. El poeta no·puede dejar de
pensar porque tiene la intención de expresar. Sólo que el pensamiento del poeta postula la ausencia de pensamiento. E,
incluso, si después de expresar que no debe pensarse en nada,
el poeta callara y realmente centrara la flecha de su intención
sólo en la vida, incluso en ello habría métafísica; ¡,úes:
Bastante metafísica hay en no pensar en nada.

El río de mi pueblo no hace pensar en nada.
A qué/ que. está a su orilla está solo a su orilla.

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69

�"TABAQUERIA" DE FERNANDO PESSOA

*

ARTURO CANTU SANCHEZ
Seré siempre ..
El que cantó el canto del Infinito en un gallinero
El que oyó la voz de Dios en un pozo cegado.

¿Qué es el Infinito? ¿Quién Dios? ¿Cuáles el gallinero
y el pozo cegado? Cantar el canto del Infinito en un gallinero
no significa para Pessoa predicar en el desierto. Cantar desde
luego es distinto a predicar. Y quizá una de las características
de la poesía de Pessoa es que jamás predica. De ahí ,que su
poesía se presente, por ello en parte, como revolucionaria.
Siempre, en toda gran poesía, hay una recomendación secreta
o expresa, una pedagogía disimulada u ostentada. Pessoa hace
poesía sin cuidarse de enseñar, quizá buscando deliberadamente
no enseñar. Pero además, un gallinero no simboliza aquí lo
mismo que el desierto. Decir la palabra y encontrarse con que
nadie la ha escuchado o comprendido es como haberla dicho
en el desierto. Pero en un gallinero nadie espera ser escuchado
o comprendido. Creo que en este verso Pessoa no trata de
comparar a los hombres con las gallinas, o más bien no sólo
trata de comparar a los hombres con las gallinas sino al mundo
con un gallinero. Comparar el mundo con un desierto no es
hacer agravio a la divinidad, compararlo con un gallinero es
burlarse un poco. Pero tampoco intenta el poeta hacer prédica
de blasfemia o de ateísmo, en el siguiente verso afirma ser "el
que oyó la voz de Dios en un pozo cegado". Comparar el
mundo con la inmundicia y el desorden del gallinero, o con la
incomunicabilidad del pozo cegado apunta a reflexiones más
de orden filosófico que teológico.
• Poema traducido por Octavio Paz en la Antología publicada por la
UNAM en 1962. 106 pp.

"Tabaquería" es un poema cuyo contrapunto está formado
por insinuaciones de reflexión filosófica y claras consideraciones autobiográficas. En algunos momentos la razón parece
negar la biografía, en otros la creación poética vivida parece
liberar del conflicto al pqeta (lo autobiográfico, o lo biográfico
aquí, desde luego, no nos remite a la vida personal de Fernando Pessoa, bien pudiera ser la vida de cualquiera de nosotros).
No soy nada
Nunca seré nada
No puedo querer ser nada.

Así se inicia el poema, pero el cuarto verso dice:
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo

O, por fin, después de crueles reflexiones sobre sí mismo
y sobre todas las cosas, hacia el final del poema se le ocurre,
encendiendo un cigarro, cuando, según nos relata, el humo
es la estela de sus pensamientos que empiezan a fluir libremente, escribir en poesía sus reflexiones y hacer el poema en
el que todo esto nos cuenta, nos dice:
Y gozo, en un momento sensible y alerta,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es el resultado
de una indisposición.

Se trata del juego, o del combate entre la verdad interior
y la verdad exterior, en el que frecuentemente se presenta una
de las dos como sueño. Pero nunca es el juego del orgullo o la
soberbia frente a la vaciedad del mundo. Pessoa no infla un
poeta para que pontifique sobre la vaciedad o la tragedia de
la condición humana. Es siempre sincero, si algunas veces
canta el canto del Infinito en un gallinero, otras veces, él mismo es el g~llinero. Y esta es la razón última de que Pessoa
no predique y de su poesía tenga ese tono puro y sencillo y sea
aterrado.ramente lúcida. Hasta leer a Pessoa siempre pensé
que la poesía era un arte condenado a cierta ampulosidad, si

71

70

•

�quería ser grande, y aún a cierto desprecio hacia el lector y
hacia el hombre en general. Se me antoja que Pessoa ha
querido hacer con la poesía lo que se dice que hizo Sócrates
con la filosofía (aunque la frase aplicada a Sócrates es doblemente falsa) bajarla del cielo a la tierra. Y no me asombraría
que, en circunstancias propicias, la poesía de Pessoa pudiera ser
gustada y popular entre el común de la gente.
Decíamos, antes de las anteriores digresiones, que en el
poema se apuntaban indicios de argumentos filosóficos que de
alguna manera lo conducían a comparar al mundo con un
gallinero. Considerémoslos ahora. El poeta, o el personaje
del poeta, se asoma a la ventana de su cuarto, enfrente, entre
otras cosas, está la Tabaquería. En conjunto, desde la ventana
es posible contemplar el "misterio de la calle" (que no representa "el misterio del mundo") .
Calle inaccesible a todos los pensamientos
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta

Ninguna teoría del conocimiento puede explicarnos el
hecho de conocer. Es indudable que aún veo la calle, la tabaquería, todo, con discernimiento y claridad, pero cuando pienso sobre lo que tan riítidamente percibo no encuentro ninguna
razón de mi conocer. Por ello las cosas se dan como "misterio".
.. . el misterio de las cosas bajo las 'piedras y los seres
. . . . el de la m uerte . . .
... el del destino .. .

En última instancia ni siquiera es seguro que la calle esté
ahí, afuera. Los trenes de un convoy pasan frente a mí.
" y hay un !ario silbido
dentro de mi cráneo
. . . y crujen mis huesos en la arrancada

¿Será posible de alguna manera que uno mismo sea el
autor de sus representaciones? Pero Pessoa no toma partido
por el mundo de Berkeley, apenas está insinuando posiciones

72

filosóficas, aunque de tan vital manera que toda postura filosófica, en realidad, ha quedado fuera del poema. "Crujen
mis huesos", el silbido está dentro de mi cráneo, es vivir una
posibilidad frente al pensamiento, no tomar una posición
tentativa o aventurar una hipótesis de trabajo. Siendo el pensamiento cosa que los hombres sienten también, incluso con
la carne. Par~cería ser que es imposible ser radical con sus
propias construcciones mentales, o ser consecuente. Por ello,
Hoy estoy dividido entre la lealtad que debo
A la tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real
por fuera
·
Y la sensación de que todo es sueño, como cosa real
por dentro

Cuando todo esto acabe, según se relata en el poema, cuando muera el poeta y se destruya la Tabaquería y la calle y se
olvide el idioma en que _los versos están escritos, incluso cuando
todo vestigio humano desaparezca del planeta, otros seres, en
otros mundos, harán cosas parecidas a los poemas de la tierra,
y serán ellos también parecidos a los hombres de la tierra.
Este pensamiento, que dentro del poema sólo parece una digresión "poética", es decir, "románticamente" bella, es en realidad profundamente bello, y nos pone en la pista de la visión
poética de Pessoa. Habrá que relatar otras cosas para hacerlo
claro. No sé si Husserl dice (pero sí sé que todos los filósofos
modernos lo piensan) que si Dios existiera y además conociese
sería un sujeto de conocimiento ni más ni menos puro, ni peor
ni mejor constituído, que el sujeto de conocimiento preconizado poJ su filosofía. Gaos diría que esto suena a soberbia, a
nosotros nos parece que suena a locura. Pero en todo caso
sólo lo menciono aquí porque es un pensamiento formalmente
paralelo al de Pessoa. El poeta viene a decir "si hubiese otros
mundos y otros seres parecidos a nosotros y a nuestro mundo,
tales seres harían algo parecido a la poesía" .

¿Por qué? Al parecer porque Pessoa piensa que ex1st1r
es, en el fondo, estar dividido. Ser algo significa estar rodeado
de "algos", la única posibilidad de ser, sin estar dividido sería

73

�ser todo, lo que parece muy lógico. En el mismo poema, se
nos dice con rabia secreta
Siempre una cosa frente a otra cosa
Siempre una cosa tan inútil como la otra
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real

Así, estar en el mundo sin ser todo el mundo, significa
estar precariamente en él. Siempre se estará dividido entre dos
lealtades, la tabaquería de un lado, yo del otro. Si todas las
cosas están ahí, al mismo tiempo, todas las cosas se interpenetran y se influyen, todas están divididas entre todas. En estas
circunstancias bien poco o nada es lo que puede hacer el pensamiento que quiere entender la totalidad de lo real. La calle
es "imposiblemente real" "inaccesible a todos los pensamientos"
y la metafísica es una actitud errónea frente al mundo, "el
resultado de una indisposición". En otra parte del poema
Pessoa lo dice de otro modo
Come chocolates, muchacha
mira que no hay metafísica en el mundo como los chocolates.

Pero para el que "piensa", esto es, para el qu~ intenta
dominar el mundo con su pensar, o abarcarlo, o comprenderlo
radicalmente, resulta imposible vivir
Pero yo pienso y al arrancar el papel de plata que es de estaño
Echo por tierra todo ...

Finalmente, estar una cosa frente a otras, estar en el mundo, ya sea éste de la calle de la tabaquería o en el hip,otético
de los seres parecidos a nosotros, no resulta la mejor de las
posibilidades. Por segunda vez en el poema Pessoa "se asoma
a la ventana y ve las cosas con una nitidez absoluta", y todo,
cosas, ventanas, aceras, "entes vivientes" le hace exclamar
Y todo esto me parece una condena a la degradación
Y todo esto, como todo, me es ajeno

74

Y aquí "degradación" no debe hacer recordar algo así
como el pecado original. Se trata de que al estar las cosas
frente a las cosas, única posibilidad de la condición humana,
los entes necesariamente no han de ser infinitos, están condenados de por vida a la degradación. El mundo es un gallinero
y el canto solitario del poeta es el canto de lo Infinito. El
mundo es un pozo cegado, y aún teniendo los hombres la
palabra de Dios no pueden escapar de su cárcel, no pueden
dejar de ser hombres. El pozo cegado hace recordar la caverna platónica, pero en Pessoa la alegoría es más consecuente,
no hay filósofo ni poeta que salga a la luz del sol.
Pero las insinuaciones filosóficas que aquí hemos apuntado
en un orden del que seguramente renegaría Pessoa ( ya que si
algo busca con su ordenado desorden es precisamente no sostener nada parecido a un sistema) sólo constituyen algo así
como la trama gruesa y del fondo del poema "Tabaquería".
Sobre esta trama, indispensable aunque secundaria, se tejen
hilos más finos y más apasionados pensamientos. Si quisiésemos simplificar diríamos que en ellos se relata la derrota del
hombre moderno en su intento de colocarse en el mundo auténtica y seguramente. Pero en verdad Pessoa no se propone
decir algo como esto, aunque leyendo el poema uno puede
reflexionar sobre ello, sino narrar simplemente, con una . franqueza apasionadamente fría, su propia vida. Es difícil decirlo,
pero se pensaría que a fuerza de autenticidad hay algo inhumano en esos versos si no vibraran tan profunda y hermosamente al unísono con nuestra sensibilidad.
Dos temas predominan, la antítesis entre el sueño y lo
realizado y la imp_osibilidad de ser auténtico. El mundo es
ajeno, pertenece a "los que nacieron para conquistarlo", y los
que sueñan "aunque tengan razón" nada podrían realizar.
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-Sí, de veras altas y nobles y lúcidasQuizá realizables,
No verán nunca la luz del sol real ni llegarán a
( oídos de la gente?

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�Ya no se refiere el poeta a las femeniles ensoñaciones de
los perezosos, se refiere al sueño posible, al que lleva consigo
el germen de la realización. Sin embargo,

Cuando quise quitarme el disfraz estaba firmemente adherido
a mí, me desfiguré. Estaba borracho y ya no pude introducirme de nuevo en él. Lo acosté a dormir y yo dormí en un
guardarropa,

Soy y seré siempre el de la buhardilla
Seré siempre el que aguardó que le abrieran la puerta
frente un muro que no tenía puerta.
Conquistamos el mundo antes de levantarnos de la cama
Nos despertamos y se vuelve opaco
Salimos a la calle y se vuelve ajeno

Todo parece oponerse a la creación y a la nobleza en el
mundo. Y lo paradójico es que Pessoa se lamenta descarnadamente de ello en un poema genial, donde casi cada· detalle
es creación pnnugenia. Incluso cree que la poesía no modifica al mundo.

Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo

Así, metafísica y biografía conducen a la derrota, por ello
en uno de los versos iniciales del poema el poeta dice "hoy
estoy vencido como si supiese la verdad". En verdad la sabe.
Sólo queda, al fin, la dignidad de la sinceridad,
Noble al menos por el gesto amplio con que arrojo,
Sin prenda, la ropa sucia que soy al tumulto del mundo
Y me quedo en casa sin camisa.

Transcribo sin comentario otro breve poema de Pessoa
que viene a dec4" lo mismo, en más apretadas palabras, para
quien ya empezó a comprender su poesía.

Esencia musical de mis versos inútiles

mientras la mayoría de los poetas, hablan hipócritamente de
la salvación por la poesía.
Tan terrible como lo anterior es el problema de la
autenticidad
Viví, estudié, amé y hasta tuve fe.
En cada uno veo el andrajo, la llaga, la mentira.
Y pienso: tal vez nunca viviste, ni estudiaste,
ni amaste, ni creíste
(Porque es posible dar realidad a todo esto sin hacer
nada de todo esto).

ESCRITO EN UN LIBRO ABANDONADO EN UN
TREN
Vengo del rumbo de Beja
Voy hacia el centro de Lisboa
No traigo nada y no encontraré nada,
Cansancio anticipado de no encontrar nada,
Mi nostalgia no es por el pasado ni por el futuro.
Dejo escrita en este libro la imagen de mi muerto designio:
Fuí como la hierba y no me arrancaron

Los demás, nos dice en una alegoría, creyeron que yo no
era yo, me tomaron por otro. No los desmentí y acabé teniendo sobre mí el disfraz que los otros imaginaron que era.

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77

�ANTOLOGIA POETICA DE
FERNANDO PESSOA -

•

�POEMAS DE FERNANDO PESSOA

EPISODIOS

II
En la sombra Cleopatra yace muerta.
Llueve.
Abanderan un barco de modo equivocado.
Llueve siempre.

¿Para qué contemplas tú la ciudad lejana ?
Tu alma es una ciudad lejana.
Llueve fríamente.
En cuanto a la madre que arrulla al cuello un hijo muerto Todos nosotros arrullamos al cuello un hijo muerto.
Llueve, llueve.
La sonrisa triste que sobra a tus labios cansados,
la veo en el gesto con que tus dedos no dejan tus anillos.
¿Por qué será que siempre llueve?

Traducción de H. P.

ABDICACION
Tómame, oh noche eterna, entre tus brazos
y llámame tu hijo.
Yo soy un rey
que voluntariamente abandoné
mi trono de sueños y cansancios.

81

�Mi espada, pesada para los lacios brazos,
a manos serenas y viriles entregué;
y mi cetro y corona - yo los dejé
en la antecámara, hechos pedazos.

Mi cota do malla tan inútil,

negras rojuras pretensas.
Cual la noche todo acaba.
El cielo frío es transparente.
Ninguna lluvia bajaba.

mis espuelas, de un tintinear futil,
dejélos por la escalera fría.

Y mo se si tengo pena
o alegría de la ausente
lluvia y de la noche serena.

Desnudé la realeza, cuerpo y alma,
y regresé a la noche antigua y calma
como el paisaje cuando muere el día.

Del resto nunca se nada.
Mi alma es sombra presente
de una presencia pasada.

Febrero de

1920

Traducción de H. P.

Mis sentimientos son rastros.
Y sólo mi pensar siente ...
La noche se enfría de astros.
Mayo de

NACIMIENTO

Traducción de H. P.

Nace un Dios. Otros mueren. La verdad
ni vino ni se fue: el error cambió.
Tememos ahora a otra eternidad,
y era siempre mejor lo que pasó.
Ciega, la ciencia la inútil gleba labra.
Loca, la fé vive el sueño de su culto.
Un nuevo Dios es sólo una palabra.
Ni te empeñes ni creas: todo está oculto.
Diciembre de

1922.

Traducción de H. P.

NUBES DENSAS
Un muro de nubes densas
pone en base de occidente

82

1929.

CONTEMPLO EL LAGO MUDO
Contemplo el lago mudo
que una brisa estremece.
No se si pienso en todo
o si todo me olvida.
El lago nada me dice,
no siento a la brisa mecerlo,
no se si soy feliz
ni si dejo de serlo.
Trémulos pliegues risueños
en el agua adormecida.
¿Por qué hice yo dos sueños
de mi única vida?
Abril de

1930.

Traducción de H. P.

83

�INICIACION
Tú no duermes bajo los cipreses,
Pues no hay sueño en el mundo.
El cuerpo y la sombra de las vestiduras
Que cubren tu ser profundo.
Ven a la noche, que es la muerte,
Y la sombra acabó sin ser.
Vas en la noche, recortándote
Igual a tí sin querer.
Pero en el hospedaje del Asombro
Los Angeles tiran tu capa.
Sigues sin la capa al hombre
Con lo poco que te cubre.
Entonces los Angeles del camino
Te despojan y desnudan.
Tú sin vestidos, ni nada,
No tienes sino tu cuerpo.
Por fin, en la profunda caverna,
los Dioses más te despojan.
Tu cuerpo cesa, alma externa,
más ves que son tus iguales.
La sombra de tus vestiduras
dejó entre nosotros la Suerte.
No estás muerto entre cipreses.

Morir es sólo no ser visto
Si escucho, yo te oigo de pasada
existir como yo existo.
La tierra está hecha de cielo.
La mentira no tieJ.le niño
Nunca nadie se perdió.
Todo es verdad y camino.
Mayo de 1932.
Traducción de H. P.

AUTOPSICOGRAFIA
El poeta es finjidor.
Finje tan completamente
que finje como dolor
el dolor que en verdad siente.
Los que leen lo que escribió
en dolor buen pesar sienten,
no las dudas que él sintió:
sólo las que ellos no tienen.
Y así, en las calas de la rueda
gira, y entretiene a la razón,
esa máquina de cuerda
que se llama el corazón.

Neófito, no ha muerto.
Noviembre de 1932.
Mayo de 1932.

Traducción de H. P.

Traducción de A. R. G.

La muerte es curva del camino.

No es mío, no es mío cuanto escribo,
¿A quién lo debo?
¿De quién soy el heraldo nacido?
¿ Por qué, engañado,

84

85

LA MUERTE ES CURVA DEL CAMINO

�Juzgué ser mío lo que era mío?
¿Quién otro me lo dió?
Más sea como fuere, si por acaso
Fuera yo a estar muerto
De mta otra vida que en mí vive,
Yo, el que escribe
En ilusión toda esta vida
Aparecida,
Soy grato al que del polvo que soy
Me levanto.
(Y me parece nube un momento
del pensamiento).
(Al que soy, erguido polvo,
Unico símbolo).

¡Fuera así mi pensamiento!
¡Fuera así yo, fuera así yo!
Entre yo y las blandas glorias
de este cielo y el aire que está sin mí
entran sueños y memorias .. .
¡Fuera yo así, fuera yo así!
Ah, el mundo es cuanto ocasionemos.
Existe todo cuanto existo.
Hay porque vemos.
¡Y todo es esto, todo es esto!
Agosto de 1933.
Traducción de H. P.

Noviembre 9 de 1932_.
Traducción de A. R. G.

Duermo. Si sueño, al despertar no sé
Que cosas soñé.
Duermo. Si duermo sin soñar, despierto
Hacia un espacio abierto
Que no conozco, pues despierto
Hacia lo que aún no sé.
Mejor es ni soñar ni no soñar
Y nunca despertar.
Septiembre 19 de 1933.
Traducción de A. R. G.

NUBES SOBRE LA FLORESTA
Nubes sobre la floresta ...
Sombra con sombra además ...
Mi tristeza es ésta La de las cosas reales.

La otra, que pertenece
a los sueños que perdí,
en esta hora no me vence;
si la hay, no la hay aquí.
Pero ésta de la arboleda
que el cielo sin luz invade,
me da recelo con miedo ...
¿De quién fue mi saudade?
Agosto de 1933.

ES BLANDO EL DIA
Es blando el día, blando el viento,
blando el sol y blando el cielo.

86

Traducción de H . P.
La muerte llega quedo

87

�Pues es breve toda la vida
El instante es el remedo
De una cosa perdida.

Olvidan.
¿No dicen?
Dirán.

El amor fue comenzado,
El ideal no terminó
Y quien lo había alcanzado
No sabe lo que alcanzó.

¿Hacen?
Fatal.
¿No hacen?
Igual.

Y de todo esto la muerte
Borra por no estar en lo cierto
Del cuaderno de la suerte
Que Dios dejó abierto.

¿Por qué
esperar?
-T(?&lt;lo es
soñar.

Septiembre

11

de 1933.

Junio de 1934.

Traducción de A .R. G.
Tengo tanto sentimiento
Que es frecuente persuadirme
De que soy sentimental,
Más reconozco al medirme,
Que todo esto es pensamiento,
Que no sentí hasta el fin.al.
Los que vivimos tenemos,
Una vida que es vivida
Y otra vida que es pensada,
Y la única que tenemos
Es esa que es dividida
Entre auténtica y errada.
Septiembre

18

de 1933.

Traducción de A. R. G.
¿DICEN?
¿Dicen?

88

Traducción de H. P.

LIBERTAD

(Falta una cita de Séneca)

i Ah, qué placer
no cumplir un deber,
tener un libro para leer
y dejarlo de hacer!
El leer es trampa,
estudiar es nada.
El sol dora
sin literatura.
El río corre, bien o mal,
sin edición original.
La brisa, esa,
de tan naturalmente matinal,
como tiene tiempo no tiene prisa ...
Los libros son papeles pintados con tinta
Estudiar es una_cosa en que está indistinta
la distinción entre nada y ninguna.

89

�Cuánto mejor, cuando hay bruma,
esperar a don Sebastián,
querer que llegue o nó.

Porque pensar es no comprender nada .. .
El mundo no se hace para que lo pensemos
(Quien piensa es un enfermo de los ojos)

Grande es la poesía, la bondad y las danzas,
más lo mejor del mundo son las creaturas,
flores, música, la luz lunar, y el sol que peca
sólo cuando, en vez de crear, seca.

Sino para mirarlo y que estemos de acuerdo ...
Yo no tengo filosofía: tengo sentidos ..
Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que es,
Sino porque la amo, y la amo por eso,
Porque quien ama nunca sabe lo que ama,
Ni sabe porqué ama ni lo que es amar ...

Lo demás de esto
es Jesucristo,
que no sabía. nada de finanzas
ni consta que tuviera biblioteca.
Septiembre de 1937.
Traducción de H. P.

Amar es la eterna inocencia,
Y la única inocencia es no pensar ...

SJ quieren que yo tenga un misticismo,
Está bien, ya lo tengo.
Soy místico, mas sólo con el cuerpo.
Mi alma es simple y no piensa.
Mi misticismo es no querer saber.
Vivir y no pensarlo.

POEMAS DE ALBERTO CAEIRO

MI mirar es nítido como un girasol.
Tengo la costumbre de ir por los caminos
Mirando a la derecha y a la izquierda
Y de vez en cuando para atrás ...
Y lo que veo a cada instante
Es aquello que nunca había visto
Y sé pagar por ello con largueza ...
Sé poseer el pasmo esencial
que una criatura tiene si, al nacer,
De veras reparase en que naciera .. .
Yo me siento nacido a cada instante
Para la eterna novedad del mundo ...
Creo en el mundo como en un malquerer
Porque lo veo. Mas no pienso en él

90

No sé lo que es la Naturaleza: la canto.
Vivo en lo alto de un otero
En una casa callada y solitaria,
Y esa es mi definición.
ME despierto de noche, de repente,
Y mi reloj ocupa toda la noche.
No siento la Naturaleza fuera.
Mi cuarto es una cosa oscura con paredes vágamente blancas.
Fuera hay un soisego como si nada existiese.
Sólo el reloj prosigue con su ruido.
Y esta pequeña cosa de engranajes
Ahoga toda la existencia de la tierra y el cielo .. .
Casi empiezo a pensar lo que esto significa,
Pero me detengo y me siento sonreír en las esquinas de mi boca,
Porque la única cosa que mi reloj simboliza o significa,
Llenando con su pequeñez la noche enorme,
Es la curiosa sensación de llenar la noche enorme
Con esa pequeñez .. .

91

�POCO me importa.
Poco me importa, ¿qué? No sé: poco me importa.

¡AH, quieren una luz mejor que
la del Sol!
¡Quieren prados más verdes que éste!
¡Quieren flores más bellas que éstas
que veo!
A mí este Sol, estos prados, estas flores,
me contentan.
Pero si acaso me descontentan,
Lo que quiero es un sol más sol
que el Sol,
Lo que quiero son prados más prados
que estos prados,
Lo que quiero son flores más flores
que estas flores.
¡Todo más ideal de lo que es
del mismo modo y de la misma forma!

IV
El misterio de las cosas, ¿ dónde está?
Si apareciese, al menos,
Para mostrarnos que es misterio.
¿ Qué sabe de esto el río, qué sabe el árbol?
Y yo, que no soy más, ¿qué sé yo ?
Siempre que veo las cosas
Y pienso en lo que los hombres piensan de ellas,
Río con el fresco sonido del río sobre la piedra.
El único sentido oculto de las cosas
Es rio tener sentido oculto.
Más raro que todas las rarezas,
Más que los sueños de los poetas
Y los pensamientos de los filósofos,

92

Es que las cosas sean realmente lo que parecen ser .
Y que no hay.a nada qué comprender.
Sí, eso es lo que aprendieron solos mis sentidos:
Las cosas no tienen significación: tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.

V
De esta manera o de la otra,
Con tino o sin tino,
Diciendo a veces lo que pienso,
Otras a medias y con impurezas,
Escribo mis versos sin querer,
Como si escribir no fuese algo hecho de gestos,
Como si escribir fuere algo que me acontece
Como tomar el sol si salgo
Procuro decir lo que siento
Sin pensar en lo que siento,
Procuro encastrar las palabras en la idea
Sin usar el corredor
Del pensamiento a las palabras.
No siempre logro sentir lo que debería sentir.
Tras mucho divagar mi pensamiento cruza a nado el río:
Le pesan los vestidos impuestos por los hombres.
Procuro desaprender lo que aprendí,
Olvidar el modo de recordar que me enseñaron,
Borrar la tinta con que me pintarrajearon los sentidos,
Desencajonar mis empciones verdaderas,
Desenbrollarme y ser yo -no Alberto Caeiro,
Sino un animal humano, un producto natural.
Y así escribo, quiero sentir a la naturaleza,
No sentirla como un hombre,
Sino naturalmente y nada más.
Y así escribo, ora bien, ora mal,
Acertando con lo que quiero decir,

93

�O tropezando; y aquí caigo y allá me levanto
Y sigo siempre mi camino de ciego testarudo.
Aún así, soy alguien:
El descubridor de la naturaleza,
El argonauta· de las verdaderas sensaciones.
Doy al universo un nuevo universo
Porque le doy su propio universo.
Esto siento y esto escribo,
Sabiendo claramente y sin que lo vea
Que son las cinco de la madrugada
Y que el sol aún no muestra la cabeza
Arriba del muro del horizonte.
Pero ya se le ven las puntas de los dedos
Agarradas al filo del muro
Del horizonte lleno de bajas montañas.

Y al vivirlo lo muere con nosotros :
Cuando pasa, s_abemos
Que nosotros pasamos.
¿ Mas qué sirve saber que lo sabemos?
Sin poder, nada vale conocernos.
Mejor vida es la vida
Que pasa sin medirse.
IV
Pasan dioses, Mesías que son dioses,
Y los sueños que son también Mesías:
La tierra calla y dura.
Ni dioses, ni Mesías, ni las vanas
Ideas y sus rosas: las que tengo
Son mías, ¿qué más quiero?

VII

ODAS DE RICARDO REIS

II
La noche yo no canto porque en noche
Mi canto ha de acabar y el sol que canto.
No ignoro lo que olvido,
Canto por olvidarlo.
¡Si detener pudiese, fuera en sueño,
La carrera del sol, reconocerme,
Insensato, gemelo
De la hora inmortal!
No quiero recordar ni conocerme.
Es suficiente ver esto que somos.
Basta para vivir
Ignorar que vivimos.
Vive lo que vivimos cada hora

Lidia: ignoramos. Somos extranjeros
Allí donde pisamos.
Lidia: ignoramos. Somos extranjeros
Allí donde moramos.
Todo es ajeno y habla lengua extraña.
Contra injuria y tumulto
Hagamos wia ermita de nosotros.
El amor ¿qué.más quiere?
Un sagrario sagrado por nosotros.

POEMAS DE ALVARO DE CAMPOS
APUNTE
Se partió mi alma como un va_so vacío.

95

�Cayó por la escalera hasta abajo.
Cayó de las manos de una criada descuidada.
Cayó, hecha más pedazos que los que contenía el
vidrio del vaso.

Se impacientaron conmigo.
Nunca se puede tener razón, ni en el restaurante.
No comí, no pedí otra cosa, pagué la cuenta,
Y me fui a pasear por la calle.

¿Absurdo? ¿ Imposible? ¡Ahí está!
Tengo más sensaciones que las que tenía cuando me
sentía yo.
Soy un montón de cascos desparramados sobre un tapete
que van a sacudir.

¿Quién sabe
decir?
, lo que
, esto quiere
,
Yo no 1o se y a m1 me paso . . .

Mi caída hizo un ruido de vaso que se estrella.
Los dioses reclinados en el pasamanos de la escalera
Miran fijamente los cascos en que su criada me convirtió.
No se enojen con ella.
Sean tolerantes.
¿Un vaso vacío era lo que yo fui?
Miran los cascos absurdamente conscientes,
Conscientes de sí mismos, no de ser conscientes.

(Sé muy bien que en la infancia toda la gente tuvo un
jardín,
Particular o público o del vecino.
Sé muy bien que jugar era nuestro único mandamiento
Y que la tristeza es de hoy).
Esto lo sé de sobra,
Pero, si pedí amor, ¿por qué me trajeron,
A la portuguesa, callos fríos ?
No es un plato que se pueda comer frío
Y me lo trajeron frío,
No me quejé, pero estaba frfo,
No se puede comer frío pero llegó frío.

Miran y sonríen.
Sonríen, tolerantes, a la criada que no lo hizo adrede.
Se despliega la gran escalera tapizada de estrellas.
Un casco brilla, tocado por el fulgor externo, entre los
astros.
¿Es mi obra? ¿ Mi alma principal ? ¿Mi vida?
Un casco.
Y los dioses lo miran detenidamente pues no saben qué
hace ahí.

CALLOS A LA PORTUGUESA
Un día, en un restaurante, fuera del espacio y del tiempo,
Me sirvieron el amor c9mo callos fríos.
Dije delicadamente al misionero de la cocina
Que los prefería calientes,
Que los callos ( y eran a la portuguesa) nunca se comen
fríos.

96

97

���</text>
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-',

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1'•

•, .

S U M·A ll I O •

Ollill} · Reyes ·Autrc;&lt;;~hea, Retrato descofltJcido de ~ Servando
Teresa de Mier • José Eleuterio
González, Biografía del Benemérito
mexicano D.. Servando Teresa de
Mier N oriega y Guerra • Alfon.
so Reyes, Fray Servando Teresa de
Mier • Armando Arteaga Santoyo, Prest:nciq del Padre Mier •
Armando Arteaga Santoyo, Fray
Servando Teresa de Mier jamás fue
apologista de lturbide • Da v i d
Alberto (',0ssío, El padre Mier y la
Bandera Nacional • Santiago
Roel, Fray Servando Teresa de Mier.
(Apuntes biogrtfficos).

SEPTIEMBRE DE 1g63
No. 3 Año 6
II Epoca

�t~l.A,J

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ARMA S

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Año 6

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ARMAS yLETRAS

UrHv trt511AI.IO

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Rector Interino
LIC. ALFONSO RANGEL GUERRA

Secretario General
LIC. VIRGILIO ACOSTA

Capr'l!a Aff onsina
Bibfiot-Pca Uni1JerftlatitÍ

Departamento de Extensión Universitaria
Coordinador
HUGO PADILLA
Jefe de la Sección Editorial
JOSE ANGEL RENDON

Torre de la Rectoría
Quinto Piso
Ciudad Universitaria
Monterrey, Nuevo León, México

�;

'

y
Revista de la Universidad de Nuevo León
No. 3 Año 6
\.

... ..

\,

Septiembre de 1963

Segunda época

.

SUMARIO

.

'

Alfonso Reyes Aurrecoechea, Retrato desconocido de
Fray Servando Teresa de Mier_______________

9

José Eleuterio González, Biografía del Benemérito mexicano D. Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra__

II

Alfonso Reyes, Fray Servando Teresa de Mier_ __

65

Armando Arteaga Santoyo, Presencia del Padre Mier........ ¡6
Armando Arteaga Santoyo, Fray Servando Teresa de Mier
jamás feeé apologista de lturbide_______
83
David Alberto Cossío, El Padre Mier y la Bandera Nacional ____ _ _____ _ _ _ _ _ _ _
t

· :

.,

88

Santiago Roel, Fray Servando Teresa de Mier. (Apuntes
biográficos) _ __ _ _ _ _ _ _ _ _ _
--- . H7

•

�La presente entrega de Armas y Letras, está dedicada a
conmemorar el segundo centenario del natalicio del ilustre
regiomontano Doctor Fray Servando Teresa de Mier Noriega
y Guerra, precursor e incansable luchador por la independencia de México.

Se publican en esta edici6n trabajos de destacados nuevoleoneses, y junto a estos, los de escritores nacidos fuera del Estado, quienes realizaron aquí toda su obra escrita o parte de.
ella.
Contiene este volumen, un estudio sobre el Padre Mier,
escrito por la reconocida pluma de. Alfonso Reyes, quien con
su incomparable estilo dibuja la personalidad del inquieto fraile; Una docttmentada biografía de Fray Servando, que sirvi6
de pr6logo y epilogo a las Memorias dtl padre dominico y en
la cual se incluyen algunos de sus notables discursos, de la que
es autor el Dr. José Eleuterio González; Un extenso ensayo de
David Alberto Cossío, conteniendo datos y comentarios de
gran valor hist6rico; Dos artículos de Armando Arteaga Santoyo, apasionado investigador de la vida del Padre Mier, en
uno de los cucdes lo defiende ardorosamente; y una sintética,
pero exacta biografía, escrita por el erudito historiador Santiago Roe/.

t.

Se incluye, asimismo, una nota del Prof. Alfonso Reyes
Aurrecoechea, sobre el retrato al 6/eo que ilustra la presente
publicaci6n.

5

•

��RETRATO DESCONOCIDO DE FRAY·
SERVANDO TERESA DE MIER.

Este magnífico retrato del Padre Mier- es una interesante
pintura anónima del siglo XIX. Muy bien conservada, muestra n.o obstante, un tenue decoloramiento del morado y el r0:sa de la piel en el rostro.
Se sabe que el cuadro ·perteneció a/, señor D. }osé Marí,i
del Río, Diputado Constituyente durante la época del Presidente Juárez. Pué 'adquirido por el Departamento de Acción
Social de la Universidad de Nuevo León, en cuya oficina se
conserva gracias a las gestiones hechas por los señores Edmundo · O'Gorman y Justino Fernández.
·
Aparece el doctor Mier ataviado con la indumentaria de
obispo: sotana negra, esclavina y solide.o mo.rados, cuello y
corbata blancos que usaba seguramente en su calidad de seglar. Aunque no se tiene noticia cierta de que el ilustre dominicrJ·tuviese la ierarquía de obispo, sabemos que en•·algunos
ecsritos acostumbraba firmar: Servando, Arzobispo de Baltimore. Pór ello creemot que el color morado con que solía
vestirse explica su deseo de ser considerado como tal dignidad.
El historiador Vito Alessio Robles dice: "En todas partes
se hacía notable el padre Mier, cuay edad frisaba en el medio
siglo, con sus rubias y entrecanas guedejas, su color blanco y
sus penetrantes ojos pardos, que lleno de vivaci.dad y de in.quietud recorría todos los lugares de la isla prodigando bendiciones. Se cubría de los rayos solares con un amplio par~
guas verde, usaba solideo, levita, pantalones, medias de seda,
guantes y zapatos, todos de color morado; en una de sus manos refulgía enorme tumbagón de oro con un gran topacio de
color encendido, y en su pecho, una gran cruz pendiente de
una gruesa cadena de oro".
La descripción del rostro corresponde a la que conoce-

9

�mos y que se encuentra consignada en el segundo proceso que
se le siguió, cuyo original, está en poder de la Universidad de
Puebla: "color,,blanco, rubio, ojos pardos, pelo rubio y cejas
un poco negras .
No sabemos a punto fiio en qu época de su vida fué ejecutado este interesante cuadro. Se puede afirmar que data del
año 1823 en que fuera electo Diputado al segundo Congresoi
Constituyente por el Estado de Nuevo León, en vista de que
hasta entonces pudo disfrntar de una vida menos agitada que
le permitiese posar para el pintor, pues conocida es la zamarreada marea que conmovió su existencia. De ser cierta la
afirmación anterior tenemos que el Padre Mier contaba a esa
fecha sesenta años de edad, aunque parece representar menos.
Sin embargo, el propio Mier en algunos de los relatos de su
famosa "Apología", refiere: "luego me preguntó el alcaide
por mi edad, y respondiéndole era de cuarenta años: Muy
bien cuidado ha estado, me dijo. De México salí de treinta
y dos años, aunque apenas representaba veinticinco. A los
cuarenta representaba treinta y dos".
El pintor recuerda la exquisita suavidad y finura de empaste que es aún característica de los pintores de principios del
siglo XIX, con vagas reminiscencias de Cabrera y el pintor español Ximeno y Planes, que fué Director de la Academia de
San Carlos hasta el año de 1825, en que murió.
A.R.A.

Armas y Letras,
Agosto de 1946,
No. 8 Año III

10

BIOGRAFIA DEL BENEMERITO MEXICANO
D. FRAY SERVANDO TERESA DE MIER
NORIEGA Y GUERRA

/OSE ELEUTERJO GONZALEZ
PROLOGO.
Los grandes hombres son un timbre de gloria y un bello
adorno de las naciones que los produjeron: sus biografías vienen á ser la parte más amena, útil é instructiva de la historia:
ligados ellos de una manera indisoluble á los sucesos de su
tiempo, simultáneamente y de bulto nos ofrecen insignes
ejemplos que seguir y peligrosos errores que evitar. En todos
tiempos ha habido biografistas que nos han dado á conocer á
los hombres más eminentes de los pueblos, haciendo con esto
un grandísimo servicio á la humanidad.
Entre los hombres de mérito que ha producido Nuevo
León, ninguno es comparable al Dr. D. Servando Teresa de
Mier Noriega y Guerra, cuyos servicios á la independencia de
la Nación y á la República, y cuyo saber y azarosísima vida le
han dado no poca celebridad. No era fácil que un hombre tan
notable dejara de hallar quien se ocuparª de transmitir á la
posteridad su nombre y sus servicios, sus hechos y las variadas
peripecias de su vida: así es que en 1861 el Dr. Orellana escribió una pequeña biografía del Dr. Mier, con ocasión de las
momias encontradas en el osario de Santo Domingo de México,
en 1863 el Dr. D. José Angel Benavides publicó en "La Revista de Nuevo-León" unos Apuntes para la biografía del Dr.
Mier, D. Manuel Payno escribió una vida del mismo Doctor
en "El Año Nuevo" de 1865; y D. Manuel Rivera Cambas
leyó en el Liceo Hidalgo la noche del 9 de Febrero de 1874
una biografía del Dr. D. Servando Teresa de Mier. Ni las
circunstancias en que estos escritores se encontraron, ni los escasos documentos que á la vista tuvieron eran á propósito para

11

,

�permitirles dar á sus obras la extensión y exactitud que son de
desearse: por eso yo ahora, que cuento con lo que ellos escribieron, que vivo en Monterrey donde he podido recoger algunos datos de los muchísimos parientes del Dr. Mier que aún
viven y de los archivos de la Ciudad, que puedo disponer de
la apología ó memorias de su vida, que el mismo Doctor escribió y que debo al favor del Sr. Lic. D. Emilio Pardo; y que
poseo veintiuna cartas autógrafas del Dr. Mier al Dr. Cantú
y á la Diputación Provincial de Monterrey en tiempo que el
Sr. Mier era Diputado en los dos primeros Congresos de la
Nación, y que todas ellas tratan de asuntos públicos de la más
alta importancia, quiero ensayarme en escribir una biografía
de tan célebre personaje lo más completa y lo más ajustada á la
verdad que pudiere, pues me creo con los materiales suficientes
para tan árdua empresa.

interesan á todo género de personas, pues encontrarán en ellas
muy variada y muy sólida instrucción, sin el fastidio de las
descarnadas formas de las obras didácticas.
LA FAMILIA MIER

No solamente a México interesa la historia del Dr. Mier ;
sino también a todas las Américas. Con el mismo ardor que
defendió la independencia y los derechos de su Patria, defendió la independencia y los derechos de Venezuela y de todas
las naciones americanas, de suerte que cualquiera que, sin saber quien era, lea su primera carta al "Español" lo creerá
Venezolano. Finalmente, las obras del Dr. Mier, por su gracioso estilo, por la prodigiosa extensión de sus noticias históricas y por la profundidad de sus conocimientos teológicos,

No fueron en lo antiguo los títulos de nobleza más que
instrumentos de que se valieron gobiernos hábiles y buenos
conocedores del corazón humano para explotar la vanidad y
soberbia de los hombres, haciendo que estas pasiones ruines
llegaran a producir heroicas acciones en bien de la patria y de
la humanidad. Hoy la razón filosófica condena justamente
las quiméricas distinciones de la alcurnia, de la misma manera
que condena la vanidad y soberbia de los hombres; pero como
éstos no han dejado por eso de ser tan vanidosos y soberbios
como sus mayores, aprecian tanto como apreciaban ellos la
distinción y nobleza de su origen, aunque estén bien persuadidos de lo insustancial é infundado que en sí mismas son estas
cosas. Además, los viejos pergaminos también pertenecen a
la historia, y las opiniones de los hombres, por fútiles y vanas
que sean, cuando han influído algo en sus hechos, deben hallar
un lugar preferente en la narración que de ellos se haga.
Atendidas estas cosas no parecerá extraño que yo comience por
dar una ligera idea de la ilustre familia de que descendió el
héroe de nuestra historia.
En un lugar llamado Buelna perteneciente al principado
de Asturias, hay una antigua casa Solariega, de la que se glorían descender los Duques de Granada y los Marqueses de
Altamira; y la cual dió algunas Abadesas al convento de las
Huelgas, honor que sólo se dispensaba a mujeres que tuvieran
parentesco de consanguinidad con los Reyes. De esta ilustre
casa vinieron á México, en diferentes tiempos, algunos hombres
de mérito, como el oidor D. Cosme de Mier y Trespalacios y
el famoso inquisidor D. Juan de Mier. También á Monterrey
vinieron en 1710 dos personajes de esta distinguida familia: el
uno fué D. Francisco de Mier y Torre, Gobernador y Capitán
General del Nuevo Reyno de León, y el otro fue D. Francisco
de Mier Noriega, escribano público y de Cabildo en Monterrey,
cuya plaza compró en México en público remate antes de

12

13

La obra resultará muy voluminosa, porque para dar a conocer a un hombre tan extraordinario con la claridad conveniente, es necesario insertar íntegros sus discursos, su Apología
y sus cartas, piezas que creo no podrán caber en menos de
cien pliegos impresos; pero solamente de este modo puede
llegarse a conocer perfectamente el inexplicable candor, la
erudición inmensa, el genio festivo, el estilo tan fácil como
elegante, el acendrado patriotismo y los demás no comunes
dotes que caracterizan á tan interesante sujeto. Además su
apología y muchas de sus cartas aún permanecen inéditas, á
riesgo de que se pierdan para siempre, y bueno será que documentos que honran tanto a Monterrey como á la Nación
Mexicana se dén á luz en el mismo lugar que vió nacer á
su autor.

�r

venir, y que también sirvió de secretario al primero. El Gobernad_or, concluíd~ ~u gobierno, se volvió á México en 1714,
el escnbano se radico en Monterrey casándose con Da. Margarita Buentello descendiente de Juan Buentello Guerrero uno
de los primeros conquistadores de esta tierra y alguacil ~ayor
antes de la venida de Zavala. De este matrimonio nacieron
dos hijos, que fueron Da. Antonia Margarita y D. Joaquín.
A poco tiempo después murió D. Francisco de Mier Noriega.
Da. Antonia Margarita casó con el Capitán D. Santiago Fetnández de Tijerina de quien desciende la familia que lleva
este último apellido. La viuda Da. Margarita Buentello, á
pesar de que frente a frente de su casa tenían entonces un colegio los Jesuítas, mandó a estudiar á México á su hijo D. Joaquín. Vino éste de los estudios en 1744, según consta de una
escritura que tengo á la vista, y desde entonces hasta el año de
1790 en que murió, se encuentran en el archivo firmas de él
primero como testigo de asistencia, luego como Regidor y Al~
calde y después como Teniente de Gobernador y Gobernador
Interino. En la milicia provincial, que era entonces lo que es
hoy la guardia nacional, obtuvo todqs los grados militares has-ta _General. Dos veces ~é casado D. Joaquín de Mier Noriega,
pnmero con Da. Antoma Guerra y después con una Sra. Garza,
ambas descendientes de los primeros conquistadores. De estos
matrimonios tuvo D. Joaquín muchos hijos, de los cuales llegaron á grandes los siguientes: Da. Josefa, casada con D. Juan
Rosillo, de la que procedió la familia Canales, que hoy ocupa
un lugar distinguido en Tamaulipas; Da. Adriana, mujer de
D. Joaquín Ugartechea, de donde desciende la familia de este
apellido; el célebre Dr. D. Servando, y D. Vicente, que siguieron la carrera eclesiástica; D. Froylán, del que descienden los
Mier que viven en Cadereyta y los Morales que están en Monterrey; D. Joaquín y D. Antonio, padres de los Mier que hay
en esta ciudad y en otros pueblos; y otra Da. Josefa, casada
con D. Marcos de Ayala, de donde procedió la familia de este
nombre que hoy conocemos en Monterrey.

de Gobierno, el·cual antes fué colegio de los Jesuítas.
La familia Mier ha sido siempre muy distinguida. Muchos de sus miembros han desempeñado muy altos cargos en
el Estado: D. Froylán foé Gobernador en 1815, su hijo D.
Francisco de Mier lo fué en 1823 y el Lic. D. Francisco Morales,
nieto de D. Froylán, obtuvo el mismo cargo en 1846. Muchos
han apreciado siempre su antigüedad y su calidad de descendjentes de los prime.ros conquistadores de esta tierra; y más
que todo la nobleza de su origen por lo Mier. Algunos hari
conservado con sumo aprecio el escudo de armas de su casa
Solariega.

EL DOCTOR MIER
Este señor nació en Monterrey el día 18 de Octubre de
1763 y se bautizó el día 26 según consta en un libro de bautis-m~s del curato de esta ciudad, en el que se lee la partida siguiente: En el margen un brevete que dice: "José Servando
de Santa Teresa". Español". "El 26 de Octubre de setecientos y sesenta y tres años en esta Parroquial de Monterrey, bautizó de licencia Parroqui el Presbítero D. Juan Bautista Baez
Treviño y puso los santos óleos y crisma a José Servando de
Santa Teresa de nueve días de nacido, Español, hijo legítimo
de D. Joaquín Mier Noriega y de Da. Antonia Guerra, Españoles y vecinos de esta Ciudad, fue su padrino D. Salvador
Lozano, vecino de esta dicha ciudad, á quien advertí su obligación y parentesco, y para que conste lo firmamos. -Br.
Bartolomé Molano. -Br. Juan Báez Treviño".

~ casa ..que edificó
Francisco de ~ier Norieg~, que
heredo -su hiJo D. Joaqum y en la que nacieron los hiios de
éste, es la número 26 de la calle del Comercio frente al Palacio

Mucho vale al hombre encontrar, cuando comienza á sentir los primeros destellos de la razón, buenos maestros que les
inculquen sanos principios, y que los primeros conocimientos
que les dén sea sólidos y buenos. Esta buena suerte tocó al
niño Servando, pues en el año de 1767 vino D. Francisco de
Cuevas, hombre muy bueno, natural de México, y estableció
en Monterrey una escuela semejante á las que había en la capital del Virreynato, que era lo mejor que en aquella época
?&lt;&gt;&lt;lía haber; en el mismo año Da. Leonor Gómez de Castro
dejo al morir seis mil pesos para que se fundara una cátedra

14

15

p.

�•

de gramática latina, la cual se estableció en el año siguiente
bajo el magisterio del Br. D. Juan José Paulino Fernández de
Rumayor y bajo el cuidado y dirección del Dr. D. Antonio
Martínez, cura entonces de esta ciudad. En estas escuelas
aprendió el niño Servando Teresa de Mier las primeras letras
y la gramática latina, en la que fué muy aventajado. Se fué
después á México á continuar sus estudios en el colegio de los
frailes dominicos, á quienes lo recomendó su padre, expensándolo amplísimamente. A poco tiempo tomó el hábito en el
convento de Santo Domingo; pero de lo que le pasó en México, el Sr. Rivera Cambas nos da las más circunstanciadas noticias, por lo que copiaré aquí la parte, que á mi propósito
conviene, de su hermosa y bien escrita biografía del Dr. Mier,
leída en el Liceo Hidalgo, dice así:
"Desde que entró al noviciado, su alma ansiosa de li?ertad
estaba continuamente sumergida en escrúpulos, chocando sus
inclinaciones con la observancia de las reglas bajo las cuales
iba a profesar, que no obstante la corta edad del novicio, pues
solamente tenía quince años, detuvo por dos días el plazo señalado para la profesión; pero urgido por el Padre Maestro
León, quien le aseguró que pronto iba a haber una reforma,
profesó bajo este concepto á la edad de diez y seis años, ligándose con eternos lazos cuando no tenía la suficiente deliberación. Desde entonces pasó al Colegio de Portaceli, donde
estudió filosofía con el Padre Arana y el Maestro Barreda, y
Teología con ellos y los Padres Moreno y Piña. Allí estuvo
cerca de siete años y recibió la confirmación del Arzobispo
Haro siendo su padrino el padre lector apellidado Palero, y á
la ve~ se le dieron las órdenes menores, del subdiaconado y de
diácono saliendo de Portaceli ya de Regente de estudios para
el conv~nto grande donde estuvo cerca de cinco meses".
"La presión ejercida sobre su espíritu por el círculo tan
estrecho y mezquino marcado por las reglas, enfermó al padre
Mier, que tuvo necesidad de ir á buscar aires, retirándos~ al
convento de la Piedad, llena su alma de los pesares provenidos
de las constantes contradicciones en las que estaba condenado
á vivir, engañado desde que era todavía un niño".
"Como se lamentaba á menudo de haber profesado, sin-

16

tiendo pertenecer á una corporación que tenía tantos motivos
para ser relajada, procuraban sus superiores aislarlo cada vez
más para lograr la sumisión de aquel espíritu inflexible. Mier
sostenía que entre los profesos "los votos eran impracticables,
las tentaciones muchas y el mal ejemplo acaba por arrastrar
al mejor".
"En el retiro tuvo la patente de lector de Teología moral
y volvió al convento grande á los ocho meses, ya ordenado de
sacerdote; nombrado contluidor, y nuevamente maestro de
estudios, se graduó de Bachiller en Filosofía y Teología, y de
Doctor en esta facultad, cuando apenas tenía la edad de 27
- ,,
anos.
"Entregado aLestudio permanecía el Doctor, cuando seis
años después fué comisionado por el Ayuntamiento de la Capital para pronunciar el famoso sermón el 12 de Diciembre
de 1794".
Los Doctores Orellana y Benavides aseguran, que el Dr.
Mier tomó el hábito de Santo Domingo en 1780, que en el
.:olegio de Portaceli sustentó con gr.ande lucimiento, cinco
actos públicos de Filosofía y Teología, que en 1787 se opuso á
la cátedra de Artes; y que antes de predicar el malhadado
sermón de 12 de Diciembre de 1794, había predicado el sermón
de honras del famoso conquistador Hernán Cortés.
Adelantaré aquí una noticia aunque se halla en los documentos que se han de publicar, porque ella explica en alguna
manera, la verdadera causa de las persecuciones de que fue
objeto el Dr. Mier y pone de manifiesto su carácter sencillo y
candoroso: es el caso que dos veces se tomaron, de orden del
Gobierno, informaciones secretas sobre la conducta y modo
de pensar de Fray Servando, y esto fué porque, como dijo
después el Inquisidor Peredo: Su fuerte y su pasi6n dominante es la independencia revolucionaria".
Es muy natural que el Padre Mier viendo consumada la
independencia de los Estados Unidos sintiera el deseo de que
en México se hiciera otro tanto. Muchísimos mexicanos, sin
duda, pensaron del mismo modo; pero tuvieron la malicia ne-

17

�•

cesaria para ocultar sus pensamientos, y el Padre Mier los manifestaba en todas partes, sin imaginarse que la expresión de
un deseo tan justo pudiera nunca ocasionarle daño alguno.
¡Ah! El inocente Doctor, por su falta de malicia, no podía
comprender de cuántos extravíos son capaces las pasiones políticas irritadas por el insano anhelo de mandar.
Mas ya es tiempo de que el lector tenga la satisfacción de
saber por la misma pluma del ingénuo, candoroso y sapientí1
simo Mier la interesante relación de sus peregrinas aventuras.

( ... )
EL DOCTOR MIER, EN PORTUGAL, ESPAÑA,
INGLATERRA Y AMERICA
Pobre y desvalido, en verdad, pero contento y satisfecho
por estar lejos de la casa de los toribios y en el pleno goce de
su libertad natural, se encontró en el reyno de Portugal el
Doctor Mier, en donde permaneció cosa de tres años. Cuánta
razón tuvieron los antiguos para formular aquel célebre proloquio: Para el t1iaje se han de preparar aquellas prot1isiones
que nadan juntamente con el náufrago. Apenas fueron conocidos los talentos y la instrucción del famoso Doctor cuando
encontró el remedio de sus necesidades: el Sr. Lugo, cónsul
general de España, para el cual escribió una obrita en que están
consignadas las reglas generales de los consulados, lo nombró
su secretario. Con lo que ya pudo vivir desahogadamente en
Lisboa. Acordándose de su primera vocación, que fué entrar
á la orden de predicadores para propagar la fé católica, y estando en un país como Portugal que tanto abunda de judíos,
se dedicó á la enseñanza de los sublimes dogmas del cristianismo, y con estos laudables trabajos logró convertir á la fe de
Cristo y bautizar á dos célebres rabinos con sus familias, por
lo que el Sumo Pontífice Pío VII lo promovió á ser su prelado
l. El presente trabajo del Dr. González constituye el pr6logo y epílogo
de las memorias del Dr. Mier, integradas por su Apología y su Relaci6n de lo que le sucedi6 en Europa. En este artículo se prescinde
de dichas memorias, originalmente insertadas entre el párrafo que
aquí termina y en el que principia.

18

doméstico, cuyo nombramiento recibió de mano del Nuncio
Apostólico de Portugal. Estalló, entre tanto, la gloriosa revolución de los españoles contra los franceses en Mayo de 1808.
El General Junot, gue por orden de Napoleón ocupaba el reyno de Portugal, desarmó y redujo á prisiones á las tropas españolas que pudo haber á las manos. Condolido el Padre
Mier de la miserable suerte y de las escaseces y trabajos de
aquellos pobres prisioneros, les prestó cuantos servicios estuvieron a su alcance, sirviéndoles, socorriéndoles y consolándoles
de cuantas maneras pudo. Vencido Junot y obligado á salir,
por el que después fué Duque de Wellington, vino el general
D. Gregorio Laguna á Portugal á recoger los prisioneros españoles, y .sabiendo lo mucho que en obsequio de éstos pobres
había hecho el Padre Mier, le ofreció una colocación en el ejército que en España se estaba organizando para repeler á los
franceses, aceptó la oferta, pasó con el General Laguna a las
provincias españolas, y fué colocado en la plaza de capellán y
cura castrense del Batallón de voluntarios de Valencia. He
aquí ya en campaña al Doctor Mier combatiendo contra el
terrible Napoleón; y por cierto que no había cosa más de su
ªfado que, combatir contra los déspotas y tiranos, de quienes
d110, despu~s en el Congreso constituyente mexicano, que él
sabna monr; pero no obedecerlos. Cumplió, por cierto como
bueno su peligroso oficio de cura castrense, se encontró ;n muchas y terrbiles batallas, en todas se metía en lo más reñido de
los combates, auxiliando y consolando á los heridos, hasta que
en la batalla de Belchite cayó prisionero en poder de los france~e~. Fué llevado á Zaragoza, en donde por influjo de unos
oficiales que había conocido y tratado en París, consiguió ser
pu~sto en libertad. Pero como él era de un corazón muy compasivo y naturalmente sensible, y como sabía muy bien lo que
e_ran prisiones y trabajos, desde luego se dió a proteger y auxiliar con todas sus fuerzas á sus compañeros de infortunio que
,
'
aun gem1an entre cadenas, por lo que los franceses, temiendo
que pudiera facilitar la fuga á sus prisioneros, lo volvieron a
P?~e~, e? la cárcel. Algunos meses después logró fugarse y se
dmgio a donde se hallaba el general Black a quien se presentó,
y. est; se~or lo mandó á Sevilla muy bien recomendado y pidió a la Junta central que en premio de los buenos servicios

19

�que el Padre Mier había ~restado en el primer ejfr~ito se !e
premiara con una canong~ ~n la Catedral de. Mex.ico. Mas
apenas había tomado conocimiento de ese_ negocio la Junta :entral cuando se disolvió, dejando el Gobierno de la Espana a
la Regencia que estaba en Cádiz. Allá se dirigió luego el Sr.
Mier a seguir sus pretensiones.
De lo que en esta ciudad hizo de cómo pasó á Inglaterra
y de su vuelta a las Américas, tanto_ sus biógr~f~~ como los muchos que han escrito sobre la glonosa exped1eion del General
Mina hablan con mucha variedad; todos cuentan las cosas de
muy 'diversa manera, en términos que me ha sido ~posible
concordarlos. Afortunadamente el mismo Doctor Mier, en el
primer discurso que pronunció en el Co~greso; cuenta, aunq~e
muy sumariamente, lo que entonces paso.. Asi e~ que me guia~
ré por lo que el mismo ref!ere, y de su_ citado discurso tomare
lo que voy a decir en el parrafo que sigue.

volvió a Francia y después de algunos meses regresó á Inglaterr~. , En .Londres co~oció a Mina y se concertó con él para
vemr a urnrse con los mdependientes mexicanos. Para conseguir esto hicieron un tratado con unos comisionados de los Estados-Unidos, cuyo gobierno estaba dispuesto á declarar la guerra a España en favor de la independencia de México. Vinieron Mina y Mier á Wáshington; pero con el Lic. Herrera ministro mexicano independiente, no había llegado, el gobierno
nada hizo y se limitó a recomendarlos al comercio de Baltimore. Allí estaban procurando levantar una buena expedición, cuando D. José Alvarez de Toledo esparció la noticia de
haberse disuelto el Congreso de Tehuacán, lo cual desalentó a
los comerciantes y arruinó la empresa. No sin trabajo consi-guió el Sr. Mier que su amigo M. Daniel Smith le prestara
ciento veinte mil pesos, con los cuales pudieron organizar la
pequeña expedición con que vinieron á las costas de México.

En el año de 18n se presentó el Doctor Mier ante la Regencia de España, pidie?do q~~ e? premio de los. servicios que
había prestado en el primer e1ercito, se le concediera una pensión: la Regencia acce~ió y le se?a.ló tres mil peso~ anuales ~obre las rentas de la mitra de Mexico; mas como a pocos dias
las Cortes prohibieron las pensiones, la Regen~ia, para sustitu_ir
la que había concedido al Padre ~~er, mando que el ConseJ?
de Indias lo propusiera para canomgo de la Catedral de Me;
xico. En ese tiempo solo había vacante una Sub~r.ebench, o
media-ración la cual se le ofreció y no pudo admitir, porque
debiendo pr~sidir el coro como prelado doméstico ,del .Pap:i,
esto era incompatible con ser subprebendado; y mas bien se
decidió á esperar que vacara otra plaza mayor. Entre tanto
los negocios de España habían &lt;!mpe?r~do mucho y los franceses se disponían a bombard~ar a Cad1~; y como ya el ~octor Mier tenía noticia del glonoso alzamiento del C~ra Hidalgo y de la guerra que se había emprendido en México, se determinó a ir á Londres para defender por la prensa los derechos de su patria. Permaneció en Inglaterra cinco años, Y. en
ellos escribió y dió a la prensa sus dos ~artas de ~n a~erzcano al español en Londres y su Revolucton de Anahuac. Además reimprimió algunas obritas del Padre Las Casas. En 1814

Mucho ponderan algunos autores la suma pobreza del
Doctor Mier en Inglaterra; pero lo cierto es que él hizo allí
cosas que no pueden hacerse sin contar con medianos recursos,
pues consta que estuvo algunos años dedicados á escribir é
hizo muy copiosas ediciones de las obras que entonces escribió.
De estas importantes producciones, acaso la más célebre es su
Historia de la Revolución de Anáhuac; la cual le valió e] título de miembro del instituto nacional de Francia, y cuya lectura hizo a Fernando VII quitar el virreynato a Venegas y
nombrar en su lugar á Calleja: D. Carlos María Bustamante
dice, que también la lectura de esta obra convirtió a Iturbide
de realista en Independiente: muy poco se conoce entre nosotros esta interesante obra, porque habiendo comprado casi
toda la edición, que era copiosísima, los enviados de Buenos
Aires, la llevaron á su país. Lástima es que en México no se
haya hecho una reimpresión de esta interesante historia, de la
que hay muy pocos ejemplares en la nación. En Filadelfia
imprimió el Doctor Mier una Memoria política instructiva,
dirigida a los Jefes Independientes de Anáhuac, de la cual remitió seis mil ejemplares, que se esparcieron en la nación con
el manifiesto de Mina: al venirse este General para las costas
mexicanas dió al Doctor Mier la comisión de ir a reconocer la

20

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�Boquilla de Piedras, para procurar por allí ponerse en comunicación con Victoria o con algún otro jefe independiente; pero el Doctor se quedó en Nueva Orleans, por causa de las
muchas y fuertes tempestades, y mandó al capitán de la fragata en que iba que fuera a practicar el reconocimiento, verificado éste se encontró que la Boquilla de Piedras estaba ocupada por tropts realistas: sabiendo el Doctor Mier que Mina
estaba en Galveston, fué a reunirse con él.
La primera noticia que en Monterrey se tuvo de la expedición de Mina, es la que consta en el siguiente parte, que existe original en el archivo del Gobierno, y que por parecerme
de algún interés lo inserto aquí.

es navarra, vizcaína, inglesa y demás naciones. En virtud de
su l,tra le mandan todo vívere de Jamaica al expresado Mina:
el otro es el gobernador de aquella isla, por papel se hacen los
pagamentos, aunque tienen mucho dinero y víveres de lo que
han robado; á éste lo trata Mina de ladrón y pirata, pero todo
lo tolera por que no han llegado sus tropas, y hasta ahora se
conservan como parciales; pero no tiene mixto uno con otro·
este Orí tiene mucho miedo, no sale de su barraca y Mina po;
donde quiera anda, es mucha la política de este señor. El infame Gutiérrez es del partido de la independencia y está en la
guardaraya de Sabinas o en sus contornos con ciento o doscientos hombres, Orí lo habilita de víveres de los robos que sus
corsarios hacen, el capitán Menchaca es de este mismo partido y hace pocos días que entró en aquella isla con veinte hombres, todos rebeldes fugados de la acción de Medina: hay otros
muchos conocidos que no me acuerdo de sus nombres: hace
poco que estos tiranos agarraron una fragata de una señora
que de Veracruz iba cargada de añil y otros frutos para España, llevaba veinte y siete mil pesos en reales y la tenían de
cautiva. En toda la isla no hay más que ocho mujeres inclusa esta señora; habitación ninguna, todas son barracas; y homores de ambos partidos serán como mil y pico; el rebelde Orí
intenta poblar con los presidiarios que tiene, tiene muchos víveres, vinos, aguardientes, bacalaos, jamón, aceitunas, tornachiles, géneros, etc., nada le falta y todos cuantos en ella estan les
dan ración; por ningún motivo dejan salir; se ignora por dónde intentan su desembarque".

"El 8 del corriente salí del Brazo de Santiago á la Isla de
Corpus Cristi, por toda la playa rumbo al norte, y á las dos
leguas poco más me encontré un bote ó guadaña con una vela
compuesta de pedazos de indianilla y cuatro remos dentro,
obra inglesa muy nueva y muy bien hecha, me asusté al verlo,
porque creí fuesen los indios táncahues, y al gritar ¿quién vive? resultaron de aquellos médanos tres negros y un español
clamando á Dios por qué comer y dando gracias á la Santísima Virgen por haber resultado yo en aquel páramo, sin saber
dónde estaban, muriéndose de hambre, que seguramente para
el 10 al amanecer hubieran sido cadáveres; preguntándoles
que de dónde venían me respondieron, que de la isla de
Galveston se habían fugado el 13 de Enero en la noche por
amor de sus familias, y que eran prisioneros por Mr. Orí pirata ó dueño de corsarios que persiguen la costa de Veracruz,
los tres negros eran marineros de la Bombarda y el blanco capitán piloto y dueño de la Goleta San Antonio Alían Buen
Amigo, apresada en las inmediaciones de Veracruz, unos en
Agosto y el otro en Septiembre, éstos mismos dicen que en
aquella isla hay dos partidos, el uno constitucional y el otro
de la independencia mexicana; el primero lo defiende D. Javier Mina, quien tiene cuatrocientos oficiales de plana mayor,
mucho tren de artillería, monturas, fusiles, etc., y guarda en
aquel puerto quince buques de tropa, en este mismo partido
viene D. Servando Mier y lo tratan de Obispo, su campamento está en el centro del de Mina, y el coronel y la oficialidad

. "Los cuatro individuos que encontré, a fuerza de agua caliente, carne y bastimento que yo llevaba los reforcé, cuidándolos lo mejor que pude, pues estaban, al morir de hambre,
manteniéndose con berros sin saber dónde estaban, hasta que
los conduje al Refugio, de donde el capitán Solís dió cuenta
al Gobierno; el capitán ó dueño de la Goleta dice que era fácil hacer desembarque por el lado opuesto de su campamento
de estos piratas y agarrarlos, la isla tiene siete leguas de trecho, este sugeto se llama D. José María Poso, hijo de Campeche, y los tres negros de la misma costa. Es cuanto me han
contado, y se,IZÚn la formalidad de este capitán todo debe ser

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23

�verdad y mucho más que no me acuerdo". - Cadereita, 25 de
Febrero de 1817. - Andrés de Muguerza".
•

quedándose Andreas al servicio de las tropas del Rey. Con
estas pérdidas y con algunos soldados más que habían desertado, la guarnición del fuerte quedó reducida á menos de la mitad de su primitiva fuerza.

Este Orí, de quien se habla en el parte anterior, era el comodoro Aury a quien encontró Mina en Galveston, dispuesto á apoyar á los independientes; pero que no quiso reunírsele, y solamente le dió algunos auxilios para la expedición que
intentaba. Allí organizó Mina su tropa lo mejor que pudo y
se dirigió á Soto la Marina por consejo de un joven llamado
Anselmo Hinojosa, natural de esa villa, quien les aseguró que
por allí podían fácilmente comunicarse con los independientes; pero este joven estaba en Nueva Orleans desde el año de
diez y realmente no sabía como andaban las cosas de su país.
El día 15 de Abril de 1817 desembarcaron en la barra del río
de Santander y se dirigieron á la Villa de Soto la Marina, que
está diez y ocho leguas río arriba. Aquí mandó el Gral. Mina
construir un fuerte, al Este de la Villa, a la orilla del río, para
depositar en él sus pertrechos. El fuerte se construyó bajo la
dirección del ingeniero Rigal y se pusieron allí cuatro carronadas de los buques, las piezas de campaña, los obuses, dos
morteros y todo el armamento y municiones de boca y guerra
que pudo. Mina se internó, como es bien sabido, hacia San
Luis por el Valle del Maíz á tentar fortuna, dejando en el
fuerte cien hombres al mando del Mayor D. José Sardá, con
orden de resistir hasta lo último prometiéndoles volver pronto
en su socorro si el enemigo llegaba a ponerles sitio. Se quedaron con Sardá en el fuerte el Dr. D. Joaquín Infante, habanero que venía en calidad de Auditor de guerra y el Dr. Mier,
que traía una imprenta, en la que imprimió varios papeles para impulsar la revolución y entre ellos una encíclica, que principalmente dirigió a sus parientes los Guerras, Garzas y Treviños, destinada a probar que la independencia en nada se oponía á la religión. A pocos días después de la salida de Mina
el Teniente coronel Myers y el comisario Bianchi se disgusta•
ron con Sardá y se salieron del fuerte con algunos soldados
que quisieron seguirlos. En otra vez salió el capitán Andreas,
italiano, con una partida a buscar trigo y cuando volvía con
veinte y siete mulas cargadas fué acometido y destrozado por
una partida de realistas, de manera que nadie volvió al fuerte,

"Llegada la división de Arredondo a la Marina con el auxilio del Batallón de Fernando VII, que se le reunió en Padilla, se le puso una especie de bloqueo al fuerte, en el cual mandaba D. José Sardá por encargo de Mina. Se estrechó más á
los cuatro ó cinco días con una batería de ocho piezas que se
logró poner á menos de tiro de fusil la noche del 14 de Junio,
y al siguiente día en virtud de sus fuegos y de toda la tropa

24

25

Del ataque y rendición del fuerte de Soto la Marina hablan con mucha variedad los historiadores, por lo que prefiero lo que dice D. Manuel Céspedes, testigo presencial, en su
relación de las campañas de Arredondo de quien fue ayudante, dice así: "En Abril de 1817 supo Arredondo que en Soto
la Marina, punto de su Comandancia General, había realizado
su desembarque D. Francisco Javier Mina con una expedición,
la que sabía ya desde mucho tiempo antes amenazaba las costas de estas sus provincias. Dispúsose á atacarlo; pero con tanta pausa en los preparativos y en su marcha, corno se infiere la
tardanza en llegar á la Marina, que no hay más que ochenta
leguas. El Virrey Apodaca se desesperaba; órdenes le iban y
venían, todas á cuales más ejecutivas para avivase; pero Arredondo á pretexto de hacer venir tropas de caballería de los
presidios, no salía de su paso. Salió, en fin, de Monterrey en
principios de Mayo por el camino de Linare~, Real de Barbón,
Padilla y Santillana. El Coronel D. Benito Armiñan venía
con su regimiento por Altamira; otra partida de caballería de
San Luis llegó hasta la hacienda del Cojo, y el batallón de línea de Fernando VII entró por Aguayo. Con todos estos auxilios de gente sobradísimos; Mina apenas con doscientos cincuenta hombres extranjeros sin conocimiento del país, burló
á todos, se salió de la colonia, pasando la Sierra Madre y se
unió como quiso con los americanos del bajío. No lo persiguió Arredondo y sólo se dirigió á la Marina a tomar el fuerte
construído por Mina, que con muy poca guarnición había dejado con todo su parque y tren de artillería".

�que aproximándose al fuerte en toda dirección amagó el asalto, se rindió como á las dos de la tarde por capitulación. Los
prisioneros a pocos días fueron despachados á Altamira y de
allí a Veracruz: el Doctor Mier que se halló en el fuerte
acompañando la expedición, á pesar de la capitulación y del
indulto del mismo Arredondo promulgado días antes, y que
hizo valer en su favor, fué remitido á México con un par de
grillos, porque se dijo que había querido se_ducir a un soldado
que le hacía la centinela".
D. Lucas Alamán dice que Arredondo atacó el fuerte con
seiscientos sesenta y seis infantes, ciento nueve artilleros y ochocientos cincuenta caballos, y que los,rendidos por la capitulación fueron treinta y siete, cosa que maravilló mucho al mismo Arredondo; pero que ni aún por eso les cumplió lo estipulado en la capitulación.
A] reducir a prisión al Doctor Mier le saquearon su equipaje y le recogieron todos sus libros y papeles, así como su imprenta. Esta como una cosa inútil, pues allí nadie sabía hacer
uso de ella, y muchísimos ni aun. siquiera se imaginaban para
qué podría servir, la dejaron depositada y así estuvo seis años,
hasta que, como dice el mismo Doctor Mier en su primera
carta al Doctor Cantú, encargó á D. Felipe de la Garza que
fa trajera a Monterrey, como en efecto la trajo y la entregó al
Gobierno, al que sirvió de mucho, por haber sido la primera
imprenta que tuvo, g,ues la que trajo Arr.edondo en el año de
1813, encontra_s!a entre el botín recogido despuéS"'de la batalla
de Medina: era tan pequeña que apenas se podía imprimir en
ella cuarterones de papel. Aún existe hoy, y sirve todavía, en
la imprenta del Gobierno de Nueyo León la prensa que fué
del Doctor Mier. El actual director de la imprenta, C. Viviano Flores, la conoce bien; y sería muy conveniente marcarla y
conservarla como un monumento histórico de importancia.
Apenas se supo en Monterrey la prisión del Doctor Mier
y luego el cabildo eclesiástico, ó más bien el Doctor D. José
León Lobo que como Vicario capitular gobernaba el Obispado
en Sede vacante, dió comisión al Br. D. Joaquín Guzmán, cura
de la Villa de Cruillas, para que procediera á levantar una información sumaria sobre la conducta de Fr. Servando Mier.

26

En esta sumaria declararon como testigos el capitán Andreas,

un oficial apellidado Maxtinik y un fraile franciscano llamado Fray Manuel María Marín de Peñalosa, los dos primeros
desertores de las tropas independientes convertidos en realistas y el último que desempeñaba el oficio de cura de Soto la
Marina.
D. Manuel Payno que asegura haber tenido a la vista esta
sumaria original dice que de ella resultaron los curiosos cargos
siguientes: Que el Doctor Mier vestía trage morado; que confesó á un hombre llamado Máximo García, á quien Mina
había mandado fusilar; que predicó un sermón en la Iglesia
diciendo, entre otras cosas, que los reyes son hechura de los
hombres y no de Dios; que concedió indulgencias; que se decía familiar de su Santidad; que otorgaba muchas palabras del
introito de la misa ú omitía, haciendo parte de las ceremonias
de la iglesia griega; que quería que el cura Fray Manuel Marín
celebrara por falta de vino con aguardiente de Castilla; que
decía que la teología era un conjunto de disparates con que
se alucinaba a los niños; que se e"J)resaba fuertemente contra
el Rey Fernando, contra la tiranía y en favor de la independencia y de la libertad. "Este era, pues, el t1erdadero delito, exclama el Sr. Payno, y todos los demás no eran más que faltas
supuestas".
Concluída esta curiosa sumaria con ella fué remitido el
Doctor Mier á México, por el camino de la Huasteca engrillado y sobre un macho con aparejo. Se confió su custodia á
una escolta de veinte y cinco hombres mandados por un oficial español llamado Félix Ceballos, hombre cruelísimo que
trató con la mayor barbaridad al infeliz prisionero.
El Sr. Payno da una idea cabal de lo que entonces sufrió
el desgraciado Padre Mier, y cita dos interesantes documentos
por lo que copiaré aquí el siguiente pasage de su obra citada
en el prólogo: "El modo brutal y bárbaro con que se trata
siempre a los prisioneros y á los vencidos por la soldadesca feroz, resalta perfectamente en la narración que hace el mismo
Doctor".
"A poco, dice, me pusieron un par de grillos y á las once

27

•

�de la noche me sacaron sobre un macho aparejado con una escolta de veinticinco hombres. Dejo á la consideración de ustedes lo que habré sufrido con semejante equipo y en una edad
avanzada, en la fuerza de los calores y de las lluvias, en bagages todavía peores y pasando largo rato en la plaza de cada lugar expuesto á la vergüenza pública. La humanidad sucumbió
y estuve muy malo de calenturas en Huejutla".
"Allí se le advirtió á mi conductor, que estando enfermo,
con grillos y siendo continuos los ríos caudalosos, voladeros y
precipicios de la Sierra_, no podía dejar de perecer ó estropearme. Milagrosamente, digámoslo así, en seis caídas no recibí
daño particular; pero en la sétima el brazo derecho se me rompió horriblemente, y sin embargo, hace cinco días que estoy
sin curarme por falta de médico, sigo con grillos, incomunicado y encerrado".

,

"Desde Atotonilco el Grande dirigió el Doctor una representación al Virey, y por este documento aparece que el Doctor Mier fué invitado por Mina en Londres para hacer el viaje
a bordo de su buque, que él aceptó con el deseo de volver á su
patria, y que tanto en Nueva Orleans como en Texas y Soto la
Marina, no tenía más objeto que comunicarse con su casa. Como se puede deducir nada de esto era cierto; pero el Doctor
viéndose en las garras de sus enemigos, no tenía más arbitrio
para salvar su vida que reclamar en su favor la gracia del indulto y negar ó disculparse de lo que hubiera podido perjudicarle".

xico á conducirme otro capitán que es más caritativo y éste me
ha traído hasta a~u~, pero rompido el brazo derecho, por lo
~ue n~ puedo es~nbrr; y para enviar una representación al senor rrey he temdo que valerme de un amigo por estar incomurucado. El memorial ó representación está lleno de borro~e~. ~ bien que va a manos de Vd. que lo compondrá, lo rectif!cara, y por e! correo _ó mano propia lo entregará a S. E. lo
m~s pronto posible. Mrre Vd. que en ese memorial está toda
fil esperanza contra la tempestad que espero por instantes.
Hace ocho días que el capitán Ceballos partió para México cargad?,de papeles y acriminaciones contra mí. Temo alguna explos10n antes de continuar el camino y que pues me detienen
aquí, temo me lleven á morir á un calabozo de San Juan de
Ulua como a los padres Subasteguí y Talamantes. Dios me libre caiga en esas garras: ya el Comandante de aquí ha mandado que me tengan bien encerrado como lo estoy y creo que
solo el qué dirán del público los con.tiene. Saque d. muchas
copias de mi memorial y divúlguelas para que se contengan
~n darme u~_Pa~ Cristi. _Déle Vd .. copias á mi primo D. AleJa~dro Trevm?, a los Regidores de la ciudad, principalmente á
Rive~o y Azcarate, al padre Pichardo, al Doctor Alcocer, al
~agistral de Guad~~upe, ~isner_os, á la Marquesa de Aguayo y
a madre; hagan .. dihgencias activas y metan mucho ruido; en
Vd. co~í? como en mi m~s c~ro y fiel_ amig~:.. Yo lo soy suyo
y lo ser~ siempre: memonas a madrecita y nmos. Aunque no
puedo firmar ya sabe Ud. que le escribiré. - Servando Teresa
de Mier".

Y

V

"Pachuca, Julio 26 de 1817.-Sr. D. Agustín Pomposo.Mi caro y dulce amigo: Usted es todo mi consuelo y mi esperanza: desde Huejutla en la Huasteca le escribí a Vd. con
mil ansias y riesgos, porque el capitán Ceballos que rñe conducía era un hombre inexorable. En Atotonilco llegó de Mé-

El Doctor D. Agustín Pomposo Fernández de San Salvador, que siempre fué un verdadero amigo del Doctor Mier
hizo cuantas diligencias le fueron posibles ayudado de los de~
más amigos y parientes del ilustre prisionero; pero, a pesar de
todo, tan luego como llegó el Doctor Mier á México fué mandado preso a la inquisición. Aunque los inquisidores no le form_aron causa hicieron comparecer ante el tribunal y el Doctor
Tirado comenzó por averiguar si tenía rosario, si sabía la
doctrina cristiana y, por fín, le mandó que dijera el padre
nuestro. El Padre Mier le contestó con entereza: "Eso se
les pregunta á los ~uchachos, yo soy Doctor en Teología".
Por fortuna en esos tiempos no era ya el Santo Oficio lo que

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29

"Enfermo de calentura, maltra~ado y con su brazo roto,
sufriendo mil martirios y dolores, continuó el camino y en Julio 26 le encontramos en Pachuca, desde donde escribió u_na
carta al Doctor Pomposo F. de San Salvador, que copiamos íntegra porque completa el cuadro que nos hemos propuesto
trazar".

�había sido antiguamente: su prurut1va severidad se había
rebajado muchísimo, estaba gesacreditado y era ya muy poco
o nada temido, ya no tenía brasero, ya no usaba los tormentos; y más se ocupaba de la política que de la religión. Con
esto nuestro Doctor estuvo allí algo menos mal que lo que
hubiera podido estar en otros tiempos: se le permitió tener
algunas comodidades, escribir, proporcionarse algunos libros
y aun tener alguna comunicación con los de afuera.
Tres años estuvo allí preso, y en ellos escribió su Apología, algunos otros opúsculos y reprodujo la correspondencia
literaria que muchos años antes había tenido en España con
el cronista Muñóz.

Para juzgar al Dr. Mier se había formado un tribunal, como él decía, Hermafrodita, compuesto del Virrey y de D. Félix Alatorre, vicario del Arzobispo. Estos señores mientras el
Doctor estuvo en la inquisición dejaron dormir el negocio; más
viéndole ahora en la cárcel de Corte quisieron de algún modo

Permaneció como un año gozando de su libre albedrío
en el país clásico de la libertad, estudiando el sistema republicano puesto en práctica y las cost4mbres de un pueblo de los
más libres del mundo. Ocupado en estos estudios lo encontró la noticia de haberse consumado la independencia de México, por el triunfo del Plan de Iguala y la entrada del ejército trigarante á la capital de Anáhuac. Desde entonces ya
no pensó sino en volverse a la patria y en la primera oportunidad que tuvo se embarcó para Veracruz, á donde llegó en
Febrero de 1822. Pero apenas había pisado la tierra tan
querida y tan deseada cuando el comandante D. José Dávila
lo aprehendió y lo condujo preso al Castillo de Ulúa, que
aún estaba en poder de los españoles. Se había instalado en
México el primer Congreso constituyente el día 24 de Febrero, aniversario del glorioso pronunciamiento de lturbide en
Iguala; y para esta augusta Asamblea había sido electo Diputado el Doctor Mier por la provincia del Nuevo Reyno de
León. El Congreso reclamó enérgicamente su Diputado é
hizo tales esfuerzos para sacarlo que, al fin, el comandante
Dávila lo entregó. D. Francisco de Paula Arrangoiz dice,
que entonces se sospechó que sí Dávila lo puso en libertad
fué porque lo consideró como un nuevo y poderoso elemento
contra lturbide, como lo fué en efecto. De cualquier manera
ya puesto en libertad marcho inmediatamente para México.
El día 21 de Junio se había coronado lturbide, y á mediados
del siguiente Julio llegó el Doctor Mier. Antes de presentarse en el Congreso obtuyo en San Agustín de las Cuevas
una audiencia del Emperador. En la sesión del día 15 de
Julio de 1822 se presentó el Doctor Mier á ocupar su asiento

30

31

Me acuerdo haber oído muchas veces contar al finado D.
Manuel María de Llano la siguiente anécdota, que será ó no
cierta; pero que no carece de gracia. La primera vez que el
Doctor Mier pidió licencia para escribir en su prisión, le trajo
el carcelero un pliego de papel y un lápiz bien cortado, diciéndole que el Santo Tribunal le permitía escribir en aquel
pliego con la condición de que lo escrito había de ser revisado
y si era conveniente se le devolvería y si no nó. Tomó inmediatamente el Doctor el papel y escribió la siguiente cuarteta:
¿Qué cosa es inquisici6n?
Un cristo, dos candeleros
Y tres grandes majaderos
Esta es su definici6n.
Firmó en seguida y devolvió el papel al carcelero para que
lo llevara á la revisión.

•

terminar su encargo, y sin forma de juicio y sin oír al reo, considerándolo indultado desde la capitulación de Soto la Marina, lo mandaron llevar á San Juan de Ulúa, para que allí lo
embarcaran y fuera a gozar su indulto á España. El día 18
de Julio del mismo año de 1820 salió para Veracruz, tan luego como llegó fué conducido á Ulúa, y de allí en la primera
ocasión que se presentó lo embarcaron para Cádiz. En la
Habana tuvo la fortuna de poderse fugar y luego se pasó a
los Estados-Unidos.

Restablecida en 1820 la constitución del año de 12 el Tribunal de la inquisición se disolvió, sin esperar que se le diera
orden de hacerlo, mandó pasar los presos que tenía a la cárcel
de Corte y el archivo al ~rzobispado.

�en el Congreso, sus credenciales habían ~ido aprobadas desde
antes, y después de haber hecho el juramento de costumbre
pronunció eJ siguiente discurso:
"SEÑOR.-Doy gracias al cielo por haberme restituido
al seno de la patria al cabo de 27 años de una persecución la
máz atroz y de trabajos inmens~s: doy gracias al Nuevo
Reyno de León donde nací, por haberme elevado al alto honor de ocupar un asiento en este augusto Congreso: doy
gracias a V.M. por los generosos esfuerzos que hizo para sacarme de la, garras del tirano de Ulúa; y las doy a todos mis
caros paisanos por las atenciones y el aplauso con que me
han recibido y estoy lejos de merecer. Me alegraría tener el
talento y la instrucción que se me atribuyen para corresponder á su concepto y sus esperanzas. Lo que ciertamente poseo es un patriotismo acendrado; mis escritos dan testimoni;, y mi diestra estropeada es &lt;Uila prueba ~rrefragable. Y
todavía si pergama dextra defendi possent, etzam hac defensa
fuissent. Temo haber llegado tarde y que los remedios sean
tan difíciles como los males son graves. No obstante el Emperador se ha servido escucharme dos horas y media, y me
ha prometido que cooperaría con todo su esfuerzo á ~uantos
medios se le propusiesen para el bien de nuestra patna. Yo
estaba alarmado sobre la existencia de la representación nacional; pero me aseguró que cuanto se decía contra ella era
una calumnia, y que estaba resuelto a sostener al Congres_o
como la mejor áncora del imperio. Yo nó pude ocultarl~ mis
sentimientos, patentes en mis escritos, y de que el gobierno
que nos convenía era el republicano, bajo el cual está constituída toda la América del Sur y el resto de la del Norte; pero
también le dije, que no podía ni quería oponerme á lo que
ya estaba hecho, siempre que se nos conservase el gobierno
representativo y se nos t}giese con ~oderación .Y e9uidad..
otra suerte él se perdena, y yo sena su enemigo 1rreconc1hable, ·porque no está en mi mano deiar de serlo contra los
déspotas y tiran9s. Sabría morir; pero no obedecerlos".

J?e

Nosotros no queremos la independencia por la independencia; sino la independencia por la libert~d. Una onza de oro
es una cosa muy preciosa, pero si el que me la dá me prohibe
el uso de ella en las cosas necesarias, lejos de ser un regalo, es
un insulto. Nosotros no hemos estado once años tiñendo con
nuestra sangre los campos del Anáhuac para conseguir una
independencia inútil: la libertad es la que queremos; y si no
se nos cumple, la guerra aun no está concluída; todos los héroes no han muerto, y no faltarán defen~ores a la patria ( y
añadió dándose un golpe en el pecho).

Si fractus illabatur orbis,
lmpavidum ferient ruinae".
"Hoy me limitaré, señor, á pedir solamente la restitución
de mis libros, papeles, mapas e insignias doctorales. Los mexicanos en el año de 1749 me llenaron de imprecaciones creyendo que en un sermón había negado la tradición de Nuestra Señora de Guadalupe. Los engañaron: tal no me había
pasado por la imaginación: expresamente protesto que predicaba para defenderla y realzarla".
"Lo que yo predique fue, que la América, no más pecadora que el resto del mundo, entró también en el plan de la
redención del género humano; y que habiendo Jesucristo mandado á sus apóstoles á anunciar a toda creatura que estuviese

bajo del cielo, en el mundo entero, hasta lo dltimo de la tierra
expresiones todas del evangelio, precisamente debió venir uno
siquiera á la mitad del globo, á la parte mayor del mundo
que es la que nosotros habitamos_: y como al que vino llamaron los indios Santo Tomé dije que fué el Apóstol Santo Tomás: este mismo ha sido el dictámen de muchos y gravísimos autores, aún Arzobispos, Obispos y Cardenales, como
tengo ya demostrado en mis escritos".
"A consecuencia dije: que la Virgen Santísima no aguardó para ser nuestra señora y madre a que pasaran mil seiscientos años, sino que lo fué desde que lo comenzó á ser de
todos los cristianos. La misma Virgen en su primer recado,
habló así á Juan Diego: Dirá~ al Obispo que te envía la ma-

"Roguemos a Dios le inspire nos mante_nga, no sólo la
independencia sino la libertad. Independiente es Turquía,
independiente es Berberia; pero sus habitantes són esclavos.

dre del verdadero Dios, y que quiero que se me edifique un

32

33'

�templo en este lugar, desde donde muestre las antiguas entrañas de Madre, que yo conservo á fa gente de tu linaje. ¿Cuáles eran estas antiguas entrañas de Madre que conservaba el
linaje de los indios, si se había estado mirándolos bajar á los
infiernos diez y seis siglos, sin echarles una ojeada de compasión hasta que vinieron á degollarlos y esclavizarlos apóstoles de cimitarra?".
"En acabando yo de predicar, los canónigos de Guadalupe me pidieron el sermón para archivarlo como una pieza
erudita que hacía honor á las Américas; pero los regidores de
la ciudad me dijeron que no lo diese porque se trataría de imprimirlo. Esto fué viernes, y ni entonces ni el sábado hubo
escándalo ó novedad alguna. Mas los españoles comenzaron
á decir que yo había intentado quitarles la gloria de habernos traído el evangelio: como si esa gloria fuese suya y no
nuestra, pues fué de nuestros padres: Gloria fiiiorum patres
eorum. También me acusaban de que así arruinaba los derechos del rey de España en las Américas, fundados en la
predicación del evangelio; como si el evangelio de paz y libertad pudiera ser título de dominio. Con ésto el señor Haro, á quien Dios había permitido en su cólera pasase con el
nombre de pastor a nuestra América, sin encomendarse a Dios
ni al diablo, sin haberme oído ni héchome cargo alguno, envió orden a las Iglesias para que los oradores del Domingo
infraoctava de Guadalupe, predicasen contra mi por haber
negado la tradición".
" . .. Ex templo it fama per urbem,
Fama mal.um, quo non velocius ullum
Movilitate viget, viresque acquirit eundo".
"Correspondió d mitote á la solemnidad del T eponaxtle,
y los procedimientos ulteriores fueron conformes á la calumnia esparcida. Era provincial de Santo Domingo Fr. Domingo Gandarias, enemigo tan jurado de los americanos, como
el mismo Arzobispo: Príncipes convenerunt in unum, y yo
fuí preso contra los privilegios de los regulares. Porque pedí
se me oyera, se me quitaron tintero, papel, libros y comunicaciones. No se hubiera hecho más en el baño de Constanti-

34

nopla. El Arzobispo había impreso el domingo in pasione
de 1795 un edicto, clandestinamente para que no llegase á
mi nottc1a. Llegó sin embargo; pedí arbitrio para: interponer recurso de fuerza a la real audiencia y se me negó; y á
otro día de haberse publicado el edicto se II?-e intimó la sentencia de diez años de destierro a la Península, reclusión todo
ese tiempo en el convento de las Caldas, que está en un desierto, y perpetua inutilidad para toda enseñanza pública en
cátedra, púlpito y confesionario. La inquisición, ese monstruo de las sartenes y las parrillas, no hubiera puesto mayor
pena á un hereje convencido de tal. Se me confiscaron mis
bienes, mi biblioteca y hasta las insignias de Doctor. No se
ha visto un despojo más completo: libertad, honor y patria,
bienes; todo se me qüitó. La academia real de historia de
Madrid se hizo leer hasta cinco veces esta sentencia, porque
no se acababan de creer su exhorbitancia; pero no sólo era excesiva sino injusta por falta de trámites legales, y nula por la
incompete!}cia de Arzobispo sobre un regular exento, a quien
no se acusaba de herejía. El se fupdaba para esperar su confirmación en dos procesos que me ha~ían hecho los vireyes,
a causa de que deseaba la libertad de mi patria. El patriotismo en mi no es una cosa nueva, y todo el ruido quei movió, y
la sentencia que dió el Arzobispo, no era más que el antiamericanismo en su delirio y rabia".
"Yo recurrí al rey, quien mandó oírme ante el Consejo
de Indias, y éste consultó a la real academia de la historia, que
era entonces quizá el cuerpo más sabio de la nación, y que
examinó el asunto ocho meses casi exclusivamente. Al fín
respondió que yo no había negado la tradición de Guadalupe, ni había en mi sermón cosa alguna digna de censura o nota teológica: que todo lo actuado en México era ilegal e injusto, y obra toda de la envidia y otras pasiones: que el Arzobispo había excedido todas sus facultades, y su edicto era
un libelo infamatorio, desatinado y fanático, indignísimo de
un prelado: que por lo tanto debía recogerse, el orador ser
indemnizado como pedía en honor, patria y bienes, y puesto bajo el escudo de las leyes contra sus perseguidores".
"El Ilmo. Fiscal del Consejo pidió a consecuencia que

35

�se reprendiese al Arzobispo, que se le multase, se recogiese su
edicto se me restituyese á la patria con todo honor á costa del
erario: se me reinstalase en todos mis honores y bienes, indemnizándome de todos mis perjuicios y padecimientos a
costa de mis perseguidores".
"Mi triunfo fué completo; pero por la muerte del Arzobispo y otros incidentes, no se ejecutó la sentencia. Yo reclamé ante la Regencia de España el año de 18n pidiendo una
pensión, y se me señaló de tres mil pesos _s~re la mitra ?e
México. Pero como luego las Cortes prohibieron las pensiones, la Regencia mandó a la Cámara de Indias me consultase
en primer lugar para canónigo ó dignidad de la catedra~ de
México, conforme ya había pedido el general Bl?c~ ~ la Junta central por mis servicios hechos desde el principio de la
guerra en el primer ejército. No había vacante sino una media-ración que se me ofreció y no pude aceptar, porque debiendo presidir el ~oro com? prelado domés_tico ?el S~~o
Pontífice, no era esto compatible c~m ser medio-racionero .
"Mientras una plaza mayor vacaba, España se acababa de
perder, Cádiz iba á ser bombardeado; el grito de li?e:tad había resonado en mi patria, y para defenderla me retrre a Londres· escribí é imprimí la primera y segunda Carta de un america~o al español en Londres; hice la primera reimpresión de
Casas, que repetí después en Filadelfia ~on ~n prólogo más _e;tenso, y dí á luz en dos tomos 49 la Historia de la revolucion
de Anáhuac ó Nueva España".
"De Londres venimos el General Mina y yo sobre tratado hecho con los comisionados del Gobiern9 de los Estados
Unidos que había resuelto decl~r~r la guerra á E~paña. e_n fa.
vor de la independencia de Mexico. No se habia verificado
cuando llegamos á Norte América, porque el ministro de ~éxico no se había presentado en Wáshington. Pero el Gobierno nos recomendó al comercio de Baltimore, y estábamos levantando una expedición brillante, que desde .e~tonces ~ubiera dado la libertad a la patria, cuando la noticia esparcida
por Toledo, de haberse disuelto el Congreso de !ehuacá~, n~s
arruinó enteramente. Solamente pude conseguir de m1 affilgo Míster Daniel Smith el préstamo de ciento veinte mil

36

pesos, y con esto trajimos la pequeña expedición con que Mina y yo desembarcamos en Soto la Marina. ¡Ojalá que aquel
joven de 26 años, tan instruído como generoso y valiente, liubiera seguido mis consejos! La patria hubiera sido libre desde entonces, y él no hubiera perecido al lado de tantos jóvenes ilustres que nos acompañaban. La gratitud mexicana no
permitirá que sus laureles queden sepultados".

"Los que qucdamQ_S en el fuerte de Soto la Marina, habiéndonos defendido hasta más no poder, capitulamos con
muchísimo honor, y uno de los artículos fué la conservación
íntegra de nuestros equipages. Nada se nos cumplió; y la
guardia de Arredondo me robó un equipage valuable: no
pude cargar con tres cajones de mis.libros y se los llevó Arredondo, á quien se los arranqué valiéndome de la inquisición.
Para ésta me condujo con grillos y una escolta de veinticinco
hombres, por camino de pájaros sobre la sierra, un caribe
europeo llamado Félix Ceballos, que parece tenía orden de
matarme á fuerza de insultos, afrentas y maltratamientos. A
cada paso amenazaba fusilarme, según sus instrucciones, y quizo hacerlo en las Presas sólo porque le dije que no era afrenta padecer por la patria. Es mucho que yo haya escapado de
este tigre con sólo un brazo estropeado. Pero sepa V.M. que
este europeo, sin embargo de haberse opuesto a la independencia, es para oprobio nuestro, capitán de granaderos en el
Saltillo, y tiene puesto en su hoja de servicios, por uno insigne, haber conducido preso a México al apóstata Mier".
"No tuvo vergüenza el Gobierno de levantarme en sus
gacetas esta apostasía después de 17 años de estar secularizado,
siendo mi benévolo receptor el mismo Sumo Pontífice. Embusteros sin pudor para desacreditar á los defensores de la
patria. ¿Quién me ha quitado ahora esta apostasía para ser
un representante de la nación?".
"Señor, en la inquisición, donde estuve sepultado tres
años, escribí mi vida, creo que en cien pliegos comenzando
desde mi sermón de 1794 hasta mi entrada en Portugal en
r8o5: reproduje la correspondencia literaria que había tenido desde Burgos con D. Juan Bautistd Muñoz, Cronista real
de las indias, y escribí otros varios opúsculos. Todo esto con

37

�1 1

mis tres cajones de libros y varios documentos que presenté á
la inquisición cuando entré, pasó al Arzobispado cuando ella
fué extinguida".
"Como muchos desearán saber la verdadera causa pqr
qué estuve en los calabozos de la Santa de la Vela Verde, me
ha de permitir V.M. ~a lea á lo menos ~n pedazo de la carta
que escribieron los inquisidores á su compinche Apodaca el
día 26 de Mayo de 1820; es decir, cµandr_el. winot:¡.uro estaba
dando impenitente las últimas boqueadas. La pieza es auténtica y pública, y fué impresa en el Noticioso de la Habana del día ·17 de Septiembre del mismo año".
"Fr. Servando ( dice el decano, porque :me trataba de
fraile apóstata para complacer á Apodaca, aunque ellos en
su propia cárcel me trataban de ~onseñor, según me corresponde) es el hombre más perjudicial y temible de este rey no
de cuantos se han conocido: es de un carácter altivo, soberbio y presuntuoso: posee una instrucción muy vasta en la
mala literatura: es de un genio duroLvivo y audaz, su talento no común y logra además, una gran facilidad para producirse. Su corazón está tan corrompido, que lejos de haber
manifestado en el tiempo de su prisión alguna variación, de
ideas, no hemos recibido sino pruebas de una lastimosa obstinación. Aún conserva un áp.imo inflexible, un espíritu tranquilo, superior a sus desgracias. En una palabra: su fuerte
y pasión dominante es la independencia revolucionaria, que
desgraciadamente ha inspirado y fomentado en amb~s Américas, por medio de sus escritos, llenos de ponzoña y de veneno. La adjunta obra en dos tomos, (la Historia de la Revolución de Nueva España) que con otros documentos acompaño a V.E. y de cuya lectura el Tribunal ha tenido a bien
privar aún a los que tienen licencia de leer libros prohibidos,
dará desde luego a V.E. la más exacta _idea del carácter de
este hombre, y de lo muy interesante que es la seguridad de
su persona para la quietud pública, bien de la religión y del
Estado. Todo lo cual pongo en el superior conocimiento de
V.E. de orden de este Tribunal. - Antonio Peredo".
"He aquí de lo que se ocupaba el que llamaban Santo
tribunal de la· fe: ·de castigarnos porque deseábamos la inde-

38

penden,cia de n~estr~ patria. He leído esta carta para que se
vea_ cuál era.~ delito, y no cre~n que estaba allí por alg{¡.n
?eh,to de reli~10n. Yo la 4e defendido contra los incrédul~s
1udio~ Y h~re1es. Por haber. impugnado a Volney que negab;
la ,existencia de Jesucrist9, se me dió el curato de Santo Tomas de -~arís. Por haber convertido dos célebres Rabinos con
sus f~ilias, el Sumo Pontífice me promovió á ser su Prelado
domesnc_o. Ya era protonotario apostólico".
, me admira es, cómo tuvieron valor los in, . ."Lo que mas
q~mdores para prohibir la susodicha historia, sin haberme
01do conf?r~~ manda, ~o sólo una ley de Carlos III, sino
1~. Bula Sz ltczta et provtda de Ben~dicto XIV. Cuando me
?i~er~n que s~s c~l~f~~adores habían hallado á mi historia
miunosa a la rnqumcion y a Alejandro Borja, respondí que
era~ dos. monstruos contra los cuales no podía caber libelo: v
pedi copia de la censura para contestarla".
·
"Lo_ má~ gracioso es que Fernando VII habiendo leído
la tal histona y mandado poner preso al pícaro Cancelada
( qu~ lo estuvo á ~uenta mía dos años y medio) envió po;
med!o de su em~aJador en Londres, á comprar á cualquier
pr~cio al~n?s e1~mplares para repartir en su Corte. La
IIU_sma hist?r~a fue motivo para que el célebre Obispo Grego_ire,_ apoyandolo el _Barón de_ Humboldt, me propusiese para ~emb~o del Instituto Nacional de Francia; supremo honor lttera~10 en Europa".
"?esengañémonos, señores, la inquisición no era más que
un tn~unal de po~icía, y los inquisidores unos alcahuetes del
despotism~.. El_ termino no es noble: pero no lo era más
aquel_ deposito ~fame y an~ievangélico de chismes políticos,
?elaciones y esp1onage, cubierto todo hipócritamente con el
Juramento del sigilo y el velo sagrado de la religión. Eran
unos francmasones de mala r2 za como yo se los dije".
"La noche del 18 de Julio de 1820, que salí de México
para Veracruz, reclamé mis libros, mis papeles y documento~, que ?: , la inquisic~ón habían pasado al Arzobispado: el
Virey oficip al Arzobispo, y respondió su vicario D. Félix
Alatorre, que mis documentos y ,papeles eraR necesarios pa-

39

�ra mi causa: y de los libros, unos estaban prohibidos aún
para los que tienen licencia de leerlos, otros necesitaban expurgarse, y los demás eran de franca entrega, para cuya secreción se pasaba lista al Doctor Carrasco del convento de
Santo Domingo".
"En cuanto á lo primero, respondí al Sr. Alatorre desde
San Juan de Ulúa, que mi causa era puramente política, y
que habiéndose unido dicho Vicario general al Virey en un
tribunal hermafrodita y de su ere.ación contra la constitución,
para enviarme sin oírme a disfrutar mi indulto á España, no
sabía lo que tenía aún que hacer el Arzobispo conmigo; especialmente no estando yo sujeto sino Sumo Pontífice, como prelado de su casa; y en cuanto a mis libros pregunté ¿si todavía regía el expurgatorio bárbaro de la extinguida inquisición,
que con algunos libros malos tenía prohibidos muchos excelentes, y sepultada á la nación en la ignorancia? Las Cortes
de España habían reprendido sobre iguales procederes a varios vicarios eclesiásticos de España, y mandado no se tuviesen por prohibidos sino los libros que lo estuviesen por las
mismas Cortes. Consta de mis documentos, que yo tengo
licencia del Sumo Pontífice para leer todo género de libros
sin excepción, como que soy un teólogo controversista conocido:
y sin embargo, no traía sino dos ó tres prohibidos, precisamente porque los estaba impugnando: y el inquisidor Tirado, con la impugnación en la mano me dijo, que me hacía
mucho honor. ¿Cómo se han de impugnar los libros malos
sin leerlos? ¿Cómo se han de combatir a los enemigos de la
religión sin conocer sus armas? Estas son injusticias evidentes".
"Pido, por tanto, á Vuestra Soberanía, mande a los prelados de Santo Domingo me devuelvan mi librería y mis insignias doctorales. Además que ya estaba mandado por el
Consejo de Indias, á consecuencia del pleito que gané, se me
restituyesen mis bienes: mi librería nada tenía que ver con
aquellos religiosos. Desde joven la tenía y la había comprado con dinero de mi familia. Al mismo y no á los frailes
debí lo que gasté para el grado de Doctor. La sentencia del
Arzobispo no había recaído sobre mis bienes; y así que me

40

los. devuelvan los religiosos-, ó si han dispuesto de ellos, me

satisfagan su importe".
'.'Pido lo segundo, que de mi equipage robado en Soto la
Mar~a se me mande restituir lo que pueda hallarse: y estoy mformado que en la secretaría de la Comandancia General, ,r~sidente ho~ en el Saltillo, existe un bello mapa de la
Amenca septentrional por Arosmith dividido en dos partes
que me costó bien caro".
'
'
. "Pido lo tercero, que se mande al vicario general del Arzobispado me. devuel~a .todos mis libros, papeles, documento~ Y manuscntos, pnncipalmente los que he mencionado es~ntos en la inquisición, ~egún Y. como conste de las listas que
esta le haya pasado, y s1 algo tiene que exponer sobre libros
etc., m,e lo 1iga .Y. oiga. Si algo ha extraviado el vicario ge~
neral o los mqumdores, lo recojan y me lo entreguen ó me
lo paguen. Sé que algunos papeles míos pasaron al Gobierno o sus ministriles: he oído que mucho de lo mío para en
poder del intendente. Vuestra Soberanía se servirá mandar
que se me devuelvan todas mis cos~ en cualquier poder que
se hallen y suplico me perdone el haber interrumpido con tan
larga exposición sus graves ocupaciones".
. , Desde el pr~ncipio de este discurso se ve cuál era la opimon d~l Dr. Mier sobre la forma de gobierno que él creía
convemrnos. No pudo disimular sus sentimientos, y cuando
se presentó al Emperador ni quiso darle el tratamiento de
Magesta,d ~i le ocultó su deseo de que México se constituyera
~n Repubhca. En el Congreso sostuvo siempre las mismas
ideas ! trabajó cuanto pudo porque la nación fuera libre y
re~u?}icana. El con~~yó más q_ue nadie á generalizar la
op~ion por el repubhcamsmo, co!} lo que se atrajo la animadversión de lturbide, de quien al 'fín, fue el más acérrimo enemigo, como se lo había prometido. Reprobaba altamente sus
act?5 de despotismo y sus tendencias al poder absoluto, ridiculizaba su consagración y coronación, diciendo con mucha
gracia. y ~yor malic~a, que la consagración de los reyes era
la aphcacion del medicamento llamado el vinagre de los cuatro ladr~nes. Se burlaba también de los trages, insignias y
ceremomas de la orden de Guadalupe comparándola a las

41

�comparsas de personages ridículos, llamados Huehuenches,
con las que los indígenas acostumbran solemnizar sus fiestas,
por lo que por muchos años les quedó á los Caballeros de
Guadalupe el apodo burlesco de los Huehuenches.
El 28 de Agosto se descubrió una conspiración de los republicanos contra el Emperador, y éste creyendo que algunos
Diputados tenían parte en ella, dió orden verbal a D. Luis
Quintanar de aprehenderlos, entre ellos al Doctor Mier, y de
llevarlos presos al convento de Santo Domingo, de cuyo provincial Carrasco, tenía lturbide gran confianza.

con_ l?s desbarros que había hecho y dando una prueba de su
d;b1h~ad, convocó ~e nuevo al mismo Congreso que él hab1a disuelto para remstalarlo, como lo hizo el día 20 de Marz~, se apresuró el Doctor Mier y vino á ocupar su asiento de
D1put~do. Ante este Congreso abdicó Iturbide la corona. El
Sr. M~er sostuvo, con toda la vehemencia de su carácter, que
por nmguna manera debía desterrarse al tirano: sino condena~lo a muerte, para cortar el mal de raíz, asegurar la paz
Y q~1tar a cualquier otro ambicioso la esperanza de realizar
sus mtentos. Prevaleció la opinión contraria e Iturbide fué
desterrado; más á poco después este mismo Congreso &lt;lió un
decreto declarándolo fuera de la ley.

En esa misma noche cumplió Quintanar la orden. Desde su prisión siguió el Padre Mier satirizando a lturbide y
predicando el republicanismo de cuantas maneras podía. En
Diciembre de ese año estalló en Veracruz la revolución acaudillada por Santa Anna, proclamando la República, por lo que
se redobló el cuidado con los presos. El Doctor Mier, temiendo algún desmán de los imperiales, procuró fugarse y
lo consiguió, saliéndose por entre la guardia sin ser conocido,
disfrazado con el hábito del Padre Marchen a: pero, por su
desgracia, fue á ocultarse en la ca~a de unas beatas, que por
escrúpulos de conciencia y aconsejadas por un Padre filipense,
lo denunciaron, y fue _reaprehendido y llevado por doce granaderos a la cárcel de Corte, en donde lo pusieron en un calabozo llamado del olvido. Al cabo de algún tiempo lo sacaron de allí y lo llevaron al antiguo edificio de la inquisición. Aquí parece que la Alta Providencia, condolida de la
miserable su~rte del perseguido Doctor, dispuso que ésta fuera la última vez que viera perdida su libertad, y que ya se le
permitiera gozar en paz los últimos años de su azarosa vida;
pues el día once de Febrero de 1823 se pronunció un cuerpo
de tropas de la guarnición de México por el plan de Santa
Anna y sacando al Doctor Mier de la prisión lo pusieron en
libertad, y ya no volvió nunca a estar preso. Se salió de la
ciudad y se juntó con una partida de patriotas de las que peleaban contra el tirano. En su primera carta á la Diputación
Provincial de Monterrey con mucho énfasis dice: "Cuando
yo entré en Toluca, porque mi tropa gritaba República, la
guarnición apeló a las armas". Cuando Iturbide, aturdido

En las cartas, del Doctor Mier, dirigidas á la Diputación
Y al Doctor Cantu, se, v_e lo mucho que trabajó en el Congres~ al estab!ecerse el reg1men republicano. En su casa se reuman los diputados y discutían las bases, en su casa se reeactaban lo_s proyectos, e~ su casa se extendían los dictámenes y
se estud1~?an, y re~o!v1an las ~udas. El, para mejor preparar
~ _l~, nac1on a rec1b1T. u~, gobierno representativo y popular,
1111c1~, s_ostuvo y cons1gu10 que se establecieran Diputaciones
Provmc1ales en las provincias g_ue no las tenían, que en todas
s;. separaran las Comandancias generales de las Jefaturas poht1cas, que ~n ~ez de las Diputaciones se pusier~n luego Congresos provmc1ales, antes de dar la Constitucion; y que en
tod_as ~artes se organizaran los gobierno con mayor suma de
atr!b~c1ones. Declarado este Congreso convocante, contra la
opm1on del Doctor Mier, y expedida la convocatoria para un
nuevo Congreso constituyente, trabajó mucho en las eleccio~es par~ que salieran electos los hombres más sabios y meJOr p~tnotas. El mismo fue reelecto por Nuevo León, y sus
tr_aba1os en este segundo Congreso no fueron menos asiduos
m me~os útiles que en el primero. Todos los Diputados eran
republicanos, todos querían la federación: y sin embargo se
f~rmaron dos partidos en el seno del Congreso: los unos' cap1tanea_dos por el Doctor Mier, querían una federación algo
centralizada, en la que el Gobierno General quedara con más
poder que las provincias, para que el pueblo no pasara de
repente del gobierno monárquico absoluto al_más liberal po-

42

43

�sible, como quien pasa repentinamente de las tinieblas á la
luz: los otros, acaudillados por el Doctor Ramos Arizpe,
querían hacer una federación aún más laxa todavía que la de
los Estados Unidos de América. El día 13 de Diciembre de
1823, que se discutió el artículo 50. de la acta constitutiva,
pronunció d Doctor Mier el siguiente discurso, que se impripiió y reimprimió con el título de: Profecía del Doctor
Mier sobre la federación mexicana:
"SE'fi¡OR.-(Antes de comenzar digo: voy a impugnar

el artículo 50. ó de república federada en el sentido del 6o.

'

que la propone compuesta de Estados soberanos e independientes. Y así es indispensable que me roce con éste: lo que
advierto para que no se me llame al orden. Cuando se trata
de discutir sin pasión los asuntos más importantes de la patria, sujetarse nimiamente á ritualidades sería. dejar el fín por
los . medios). Nadie creo podrá dudar de mi patriotismo.
Son conocidos mis escritos en favor de la independencia y libertad de la América; Son públicos mis largos padecimientos, y llevo las cicatrices en mi cuerpo. Otros podrán alegar
servicios á la patria iguales á los míos; pero mayores ninguno,
á lo menos en su género. Y con todo nada he pedido, nada
me han dado. Y después de 6o años ¿qué tengo que esperar sino el sepulcro? Me asiste, pues, un derecho, para que
cuando voy a hablar de lo que debe decidir la suerte de mi
patria, se me crea desinteresado é imparcial. Puedo errar en
mis opiniones, este es el patrimonio del hombre; pero se me
haría suma injusticia en sospechar de la pureza y rectitud de
mis intenciones".

"¿ Y se podrá dudar de mi republicanismo? Casi no salía

las bases del proyecto de constitución mandando circular por

el Congreso anterior."

"Permttase~e
'
notar aquí, que aunque algunas provincias
se h~n vanagloriado ~e hab;rnos obligado á dar este paso y
pubµcar la co~vocat,ona, estan engañadas. Apenas derribado
el a.rano se remstalo el Congreso, cuando yo convoqué á mi
casa una numerosa reunión. de Diputados, y les propuse que
d~clarando la forma ~e gobi~rno republicano, como ya se habian adelan~ado a pedrrla vanos diputados en proporciones formales, Y de1ado_ ~n torno del gobierno, para que lo dirigiese,
un. S;nado prov1S1onal de la flor de los liberales, los demás nos
retirasemos
convocando
un nuevo Congreso. Todos rec1·b·1e.
. .,
r~n IDI proposic10n con entusiasmo y querían hacerla al otro
dia en el Congr_eso. Varios diputados hay en vuestro seno de
l~s que co~curneron y pueden servirme de testigos. Pero las
crrcunstancias de entonces eran tan críticas para el Gobierno
que algunos de sus miembros temblaron de verse privados un
mo~ento de las luces, el apoyo y prestigio de la representación
n~cional. Por este motivo fue que resolvimos trabajar inmedia~am~te ,un pro~~cto de bases constitucionales, el cual diese
t~st_unon10 a la nac1on, que si hasta entonces nos habíamos resistido á dar una constitución, aunque Iturbide nos la exigía
fué por n? consolidar su trono; pero luego que logramos liber~
tamos Y_libertar á la nación del tirano, nos habíamos dedicado
a c~plir el encargo de constituírla. Una comisión de mis
amig?! nom~rada por mí, que después ratificó el Congreso,
traba10 en mi cas~ den~ro ~e diez y ocho días el proyecto de
bases que ~o llego a d1~utJ.rse, porque las provincias comenzaron .~ gnta; que carec1amos de f~cultades para constituír a
la nac10?. ~1gase lo que se ~u!era, en aquel proyecto hay mucha sab!duna y sensatez y opla que la nación no lo eche menos algun día".

á luz ningún papel durante el régimen imperial en que no se
me reprochase el delito de republicanismo y de corifeo de los
republicanos. No sería mucho avanzar si dijese que seis mil
ejemplares esparcidos en la nación de mi Memoria política
instructiva, dirigida desde Filadelfia a los jefes independientes d_e Anáhuac, generalizaron en él la idea de la República,
que hasta el otro día se confundía con la herejía y la impiedad. Y apenas fué licito pronunciar el nombre de República, cuando yo me adelanté á establecerla federada en una de

"Se nos ha censurado de que proponíamos un gobierno
federal ~n el n~°:1bre y central en la realidad. Yo he oído hace~ J~ misma cnt~ca del proyecto constitucional de la nueva com1sion .. , Pero que ¿no _hay más de un modo de federarse? Hay
federacion en Alemania. la hay en Suiza, la hubo en Holanda, la hay en los Estados-Unidos de América, en cada parte

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45

�ha sido ó es diferente, y aún puede haberla de otras varias
maneras. Cuál sea la que a nosotros convenga hoc opus, hic
labor est. Sobre este objeto va a girar mi discurso. La antigua comisión opinaba, y yo creo todavía, que la federación a
los principios debe ser muy compacta, por ser así más análoga á nuestra educación y costumbres, y más oportuna para la
guerra que nos amaga, hasta que pasadas éstas circunstancias
en que necesitamos mucha unión, y progresando en la carrera de la libertad, podamos sin peligro ir soltando las andaderas de nuestra infancia política hasta llegar al colmo de la perfección social, que tanto nos ha arrebatado la atención en los
Estados Unidos".

ha centralizado".
"Qué me canso de estar indicando a Vuestra Soberanía

la diferencia enorme de situación y circunstancias que ha habido y hay entre nosotros y ellos, para deducir de allí que
no nos puede convenir su misma federación, si ya nos lo tiene demostrado la experiencia en Venezuela y en Colombia.
Deslumbrados como nuestras provincias con la federación
próspera de los Estados Unidos, la imitaron á la letra y se
perdieron. Arroyos de sangre han corrido diez años para
medio recobrarse y erguirse, dejando tendidos en la arena casi to_dos sus sabios y casi toda su población blanca. Buenos
Aires siguió su ejemplo; y mientras estaba envuelto en el torbellino de su alboroto interior, fruto de la federación, el rey
del Brasil se apoderó impunemente de la mayor y mejor parte de la República. ¿Serán perdidos para no~otros todos estos
sucesos? ¿No escarmentamos sobre la cabeza de nuestros
hermanos del Sur, hasta que truene el rayo sobre la nuestra,
cuando ya nuestros males no tengan remedio ó nos sea costosísimo? Ellos escarmentados se han centralizado: ¿Nosotros nos arrojaremos sin temor al piélago de sus desgracias,
y los imitaremos en su error en vez de imitarlos en su arrepentimiento? Querer desde el primer ensayo de la libertad
remontar hasta la cima de la perfección social, es la locura de
un niño que intentase hacerse hombre perfecto en un día.
Nos agotaremos en el esfuerzo, sucumbiremos bajo una carga
desigual á nuestras fuerzas. Yo no sé adular ni temo ofender,
porque la culpa no es nuestra, sino de los españoles; pero es
cierto que en las más de las provincias, apenas hay hombres
aptos para enviar al Congreso general; y quieren tenerlos
para Congresos provinciales, poderes ejecutivos y judiciales,
ayuntamientos, etc., etc. No alcanzan las provincias á pagar
sus diputados al Congreso central, ¡y quieren echarse á cuestas todo el tren y el peso enorme de los empleados de una suberanía !"

"La prosperidad de esta República vecina ha sido, y está
siendo el disparador de nuestras Américas porque no se ha
ponde;ado bastante la inmensa distancia que media entre
ellos y nosotros. Ellos eran ya Estados separados é independientes unos de otros, y se federaron para unirse contra la opresión de la Inglaterra; federarnos nosotros estando unidos, es
dividirnos y atraernos los males que ellos procuraron remediar con esa federación. Ellos habían vivido ha jo una constitución que con sólo suprimir el nombre de rey es la de una
república: nosotros, encorvados 300 años bajo el yugo de
un monarca absoluto, apenas acertamos á dar un paso sin
tropiezo en el estudio desconocido de la libertad. Somos como niños a quienes poco ha se han quitado las fajas, Ó como
esclavos que acabamos de largar cadenas inveteradas. Aquel_
era un pueblo nuevo, homogéneo, industrioso, laborioso, ilustrado y lleno de virtudes sociales, como ~~ucado por, una n~ción libre: nosotros somos un pueblo v1eJo, heterogeneo, sm
industria, enemigos del trabajo y queriendo vivir de empleos
como los españoles, tan ignorantes en la masa general como
nuestros padres, y carcomido de los vicios anexos a la esclavitud de tres centurias. Aquél es un pueblo pesado, sesudo,
tenaz· nosotros una nación de veletas, si se me permite esta
expre~ión: tan vivos como el azogue y tan movibles como
él. Aquéllos Estados forman á la orilla d~l ~ar una faja _litoral, y cada uno tiene los puertos necesarios a su comercio:
entre nosotros sólo en algunas provincias hay algunos puertos ó fondeaderos, y la naturaleza misma, por decirlo así, nos

"¿Y qué hemos de hacer, se nos responderá, si así lo quieren, así lo piden? Decirles lo que Jesucristo á los hijos ambiciosos del Zebedeo: No sabéis lo que pedís: nescitis quid petatis. Los pueblos nos llaman sus padres, tratémoslos como á

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�niños que piden lo que no les conviene: nescitis qttid petatis.
"Se necesita valor dice un sabio político, para negar á un
pueblo entero; pe;o es necesario a veces contrariar s_u voluntad para servirlo mejor. Toca á sus representantes ilustra~!?
y dirigirlo sobre sus intereses, ó ser resp_gnsables de su debil~dad." Al pueblo se le ha de conducir, no obe_decer. ,s~s diputados no somos mandaderos, que hemos vemdo aq~i a tanta costa y de tan largas distancias para presentar el billete de
nuestros amos. Para tan bajo encargo, sobraban lacayos en
las provincias ó corredores en México. Si los pueb~os ha~
escogido hombres de estudios é integridad p~ra envia_rlos a
deliberar en un Congreso general sobre sus mas caros mtereses, es para que acopiando luces en la reunión de tantos_ sabios decidamos lo que mejor les convenga: no p~ra _que si~mos servilme.l)te los cortos alcances de los provmci.anos circunscriptos en sus territorios. Venimos al Congreso general
para ponernos como sobre una atalaya, desde donde columbrando el conjunto de la nación, podamos proveer con mayor
discernimiento á su bien universal. Somos sus árbitros y compromisarios, no sus mandaderos. La soberanía reside _esencialmente en la nación, y no pudiendo ella en m~sa _elegrr sus
diputados, se distribuye la elección por las ~rovmcias: p~ro
una vez verificada ya no son los electos diputados precisamente de tal ó cual provincia, sino de toda la nación. Este
es el exioma reconocido de cuantos publicistas han tratado
del ·sistema represe~tativo.. De otra ~u~rte ~l diputad? _de
Guadalajara no pudiera legislar en Mexico, m _el de Mexico
determinar sobre los negocios de Veracruz. Si, pu~~' tod~s
y cada uno de los diputados lo somos de toda la nacion, 1como puede una fracción suya limitar los PO?eres de un di~~tado (Jeneral? Es un absurdo, por no decrr una usurpacion
de la ~oberanía de la nación."

mente se llama poder, no es más que una constancia de su
legítima elección: así como la ordenación es quien da á los
presbíteros la facultad de confesar: lo que se llama licencia
no es más que un testimonio de su aptitud para ejercer la fa.
,ultad que tienen por su carácter. Aquí de Dios. Es una
1egla sabida del derecho, que toda condición absurda ó contradictoria ó ilegal, que se ponga en cualquier poder, contrato, etc., ó lo anula e irrita, ó debe considerarse como no puesta. Es así que yo he probado que la restricción puesta por
&lt;1na provincia en los poderes de un diputado de toda la nación es absurda. Es así que es contradictoria, porque implica
Congreso constituyente con bases ya constituídas, cualquiera
que sean, como de república federada se determina ya en esos
poderes limitados. Es así que es ilegal, porque en el decreto
de convocatoria está prohibida toda la restricción. Luego ó
los poderes que la traen son nulos, y los que han venido con
ellos deben salir luego del Congreso, ó debe considerarse como no puesta, y esos diputados quedan en plena libertad para sufragar como los demás sin ligámen alguno. Yo no alcanzo qué respuesta sólida se puede dar á este argumento".

"Yo he oído atónito aquí á algunos señores de Oaxaca
y Jalisco, decir que no son dueños 1e vota~ c_omo les sugier-e
su convicción y conciencia, que temendo limitados sus pod;res, no son plenipotenciarios ó representantes de la sobe~~ia
de sus provincias. En verdad, nosot~?s los h~mos reci_~ido
aquí como diputados, porque la e~~ccion es quien les di~ el
poder, y se los dió para toda la nacion: el papel que abusiva-

"Pero volviendo á nuestro asunto: ¿es cierto que la nación quiere república federada y en los términos que intenta
dársenos por el artículo 6o. ? Yo no quisiera ofender á nadie:
pero me parece que algunos inteligentes en las capitales, previendo que por lo mismo ha de recaer en ellos los mandos y
los empleos de las provincias, son . los que quieren esa federación y han hecho decir á los pueblos que la quieren. Algunos señores diputados se han empeñado en probar que las
provincias quieren república federada; pero ninguno ha probado ni probará jamás, que quieren tal especie de federación
angloamericana, y más que angloamericana. ¿Cómo han de
querer lgs pueblos lo que no conocen? nihil volitum quin
praecognitum. Llámese cien hombres, no_digo de los campos,
ni de los pueblos donde apenas hay quien sepa leer, ni que
existen siquiera en el mundo angloamericanos. de México
mismo, de esas galerías háganse bajar cien hombres, pregúnteseles qué casta de animal es, república federal, y doy mi pescuezo si no responden treinta mil desatinos. ¡Y esa es la pretendida voluntad general con que se nos quiere comulgar

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�como á niños! Esa voluntad general numérica es un sofisma, un mero sofisma, un sofisma que se puede decir reprobado por Dios cuando dice en las escrituras: "No sigas á la
turba para obrar el mal, ni descanses en el dictamen de la
multitud para apartarte del sendero de la verdad". Ne sequaris turban ad faciendum mal.um, nec in judicio plurimorum acquiescas sententiae, ut á vero devies".
"Esa voluntad general es la que alegaba en su favor lturbide, y podía fundarla en todos los medios comunes de establecerla, vítores, fiestas, aclamaciones, juramentos, felicitaciones, de todas las corporaciones de la nación, que se competían en tributarle homenajes é inciensos, llamándole libertador, héroe, ángel tutelar, columna de la religión, el único
hombre digno de ocupar el trono de Anáhuac. A fe mía que
no dudaba ser ésta la voluntad general uno de los más fogosos defensores de la federación que se pretende, cuando pidió
aquí la coronación de Iturbide".

"~s~ voluntad general numéri~a de los pueblos, esa degrada~ion de sus representantes hasta mandaderos y órganos
materiales, ~se estado natural de la nación y tantas otras iguales zarandaJ~s con que nos están machucando las cabezas los
pobres Políticos d~ las provincias, no son sino los principios
Y~ rancios, carconudos y detestados con que los jacobinos perdieron á la Franc~ _han perdido á la Europa y cuantas part~s de _nuestra _America h;t? abrazado sus principios. Principios, si se qu1e;e,. metafmcamente verdaderos; pero inaplicables en la practica, porque consideran el hombre en abs~act~, y tal hombre no existe en la sociedad. Yo también fuí
J~cobmo y consta en mis dos Cartas de un americano al espanol en Londres, porque en España no sabíamos mas que lo
que habíamos aprendido en los libros revolucionarios de la
Francia: Yo la ví ~ a~os :n una convulsión perpetua, veía
s~~ergidos en la ffilSma a cuantos pueblos adoptaban sus prin~ipios: pero como me parecían la evidencia misma, traba.
Jaba en buscar otras causas á quienes atribuír tanta desunión
tanta inquietu~ y tanto~ males. Fuí al cabo á Inglaterra,
cual permanecia tranquila enmedio de la Europa alborotada
como ~n nav!o encantado en medio de u~a borrasca general.
Procure averiguar la causa de este fenomeno: estudié en
aqu~lla · vieja escuela de política práctica, leí sus Burkes, sus
Paleis, sus Bentham y otros muchos autores, oí á sus sabios y
q~ed~- de~engañado de que el daño provenía de los principios Jacobmos. Estos son la caja de Pandora donde están encerrados los males del universo. Y retrocedí espantado canta?do la palinodia, como ya lo había hecho en su tomo 6o.
nu célebre amigo el español Blanco White".

b

"¿ Y era esa la voluntad general? Señor, no era la voluntad legal, única que debe atenderse. Tal es la que emiten
los representantes legítimos del pueblo, sus árbitros, sus compromisarios, deliberando en plena y entera libertad: como
aquella es la voluntad y creencia de los fieles, la que pronuncian los Obispos y presbíteros sus representantes en un concilio ó Congreso libre y general de la iglesia, de la cual se ha
tomado el sistema representativo desconocido de los antiguos.
El pueblo siempre ha sido víctima de la deducción de los demagogos turbulentos; y así su voluntad numérica es un fanal
muy obscuro, una brújula muy incierta. Lo que ciertamente quiere el pueblo es su bienestar, en esto no cabe equivocación: pero la habría muy grande y perniciosa si se quisiese,
para establecerle este bienestar, seguir por norma la voluntad
de hombres groseros é ignorantes, cual es la masa general del
pueblo, incapaces de entrar en las discusiones de la política,
de la economía y del derecho público. Con razón, pues, el
anterior Congreso, después de una larga y madura discusión,
mandó que se diesen á los diputados los poderes para constituír á la nación según ellos entendiesen ser la voluntad ge//
1
neral.

"Si sólo se tratarse de insurgir a los pueblos contra sm.
g_o~rnantes, no hay medio más á propósito que dichos principios, porque lisongean el orgullo y vanidad natural del hombre, brindándole con un cetro que le han arrebatado manos
ext~añas. Desde que uno lee los primero~ capítulos del pacto
social de Rousseau, se irrita contra todo gobierno como contra una usurpación de sus derechos; salta, atropella y rompe
todas las barreras, todas las leyes, todas lat instituciones sociales establecidas para contener sus pasiones, como otras tan-

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�tas trabas indignas de su soberanía. Pero como ~da uno ?e
la multitud ambiciona su pedazo, y ella en la sociedad es indivisible. ellos son los que se dividen y despedazan, se roban,
se saquéan, se matan, hasta que sobre ellos, cansados o d;s?'"
lados, se levanta un déspota coronad~, .ó un_ demag~go habil,
y los enfrena con un cetro, no meta~i~i,co, smo de hierro verdadero: paradero último de la ambicion de los pueblos Y de
sus divisiones intestinas."
"Ha habido, hay, y yo conozco algunos ~emagogos de
buena fe, que seducidos ellos mis~os por 1~ bnllant~z d: los
principios y la belleza de las teorías jac~mas, s: imaginan
que dado el primer impulso al pueblo, seran duenos de contenerlo ó el pueblo se contendrá como ellos mismos en una
raya rdzonable. Pero la experie~cia ha demostrado que ~n~
vez puestos los principios las pasiones sacan las consecuenc2as,
y los mismos conductores del pueblo que rehusan acompan~rlo en el exceso de sus extravíos, cargados de nombres oprobiosos, como desertores y apóstatas del liberalismo y de la buena
causa son los primeros que perecen ahogados entre las tumult~osas olas de un pueblo desb_ordado. ¡Cu~to_s grandes
sabios y excelentes hombres espir~ron ep la g~illotma .levantada por el pueblo francés, despues de haber sido sus 1efes Y
sus ídolos".
" ·Que' pues concluiremos de todo esto? se me dirá.
e Ud.
' que' nos constituyamos en_una R~pu'brica cen¿Quiere
tral ? No. Yo siempre he estado por la federa_c;on, pero ?na
federación razonable y moderada, una federac_ion convernente a nuestra poca ilustración y á las circunst~ncias de u~a guerra inminente, que debe hallarnos muy umdo~~ Yo siempre
he opinado por un medio entre la confede~acion laxa de lo5
Estados Unidos, cuyos defectos han patentizad~ muchos escritores, que allá mismo tiene m_uchos anta~omstas, pues el
pueblo esta dividido entre federalistas y democratas: . un medio, digo, entre la federación laxa ~e los Estado~ Umdos Y
concentración peligrosa de Colombia y del Peru: un me?io
en que dejando a las provincias las ~acul!ades muy precisas
para proveer á las necesidades de su mtenor, y promover su
prosperidad, no se destruya la unidad, ahora más que nunca

!ª

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indispensable, para hacernos respetables y temibles á la san• ta alianza, ni se enerve la acción del Gobierno, que ahora más
que nunca debe ser enérgica, para hacer obrar simultánea y
prontamente todas las fuerzas y recursos de la nación. Medio
tutissimus ibis. Este es mi voto y mi testamento político."
"Dirán los señores de la comisión, porque ya alguno me
lo ha dicho, que ese medio que yo opino es el mismo que sus
señorías han procurado hallar; pero con licencia de su talento, luces y sana intención, de que no dudo, me parece que no
lo han encontrado todavía. Han condescendido con los principios anárquicos de los jacobinos, la pretendida voluntad
general numérica ó quimérica de las provincias y la ambición
de sus demagogos~ Han convertido en liga de potencias la
federación de nuestras provincias. Dése á cada una esa soberanía parcial, y por lo mismo ridícula, que se propone en el
artículo 6o., y ellas se la tomarán muy deveras. Cogido el
cetro en las manos, ellas sabrán de diestro á diestro burlarse
de las trabas con que en otros artículos se pretende volvérsela
ilusoria. Sanciónese el principio que ellas sacarán las consecuencias, y la primera que ya dedujo expresamente Querétaro,
es no obedecer de Vuestra Soberanía y del gobierno sino lo
que les tenga cuenta. Zacatecas instalando su Congreso constituyente, ya prohibió se le llamase provincial. Jalisco publicó unas instrucciones para sus diputados que eluden la convocatoria, y contra lo que en ésta se mandó, tres provincias
limitaron a los suyos los poderes, y estarnos casi seguros de
que la de Yucatán no será tan obediente. Son notorios los
excesos á que se han propasado las provincias desde que se
figuraron soberanas. ¿Qué será cuando las autorice el Congreso General ? ¡Ah! ni en éste nos hallaríamos si no se les
hubiera aparecido un ejército".
"No hay que espantarse, me dicen, es una cuestión de
nombre. Tan reducida queda por otros artículos la soberanía
de los Estados, que viene á ser nominal. Sin entrar en lo
profundo de la cuestión, que es propia del artículo 6o., y de
mostrar que residiendo la soberanía esencialmente en la nación, no puede convenir á cada una de las provincias que está
ya determinado la componen: yo convengo en que todo país

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�'

1

que no se basta á sí mismo para repeler toda agresión exterior es un soberanuelo ridículo y de comedia. Pero el pueblo 'se atiene á los nombres, y la idea que el nuestro tiene del
nombre de soberanía es la de un poder supremo y absoluto,
porque no ha conocido otra alguna. Con eso basta para que
los demagogos lo embrollen, lo irriten á cualquier decreto,
que no les acomode, del gobierno general, y lo induican á la
insubordinación, la desobediencia, el cisma y la anarquía. Si
no es ese el objeto, ¿para qué tantos fieros y amenazas si no
les concedemos esa soberanía nominal? de suerte que Jalisco
hasta no obtenerla se ha negado a prestarnos auxilios para la
defensa común en el riesgo que nos circunda. Aquí hay misterio: laten anguis, cavete".
"Bien expreso está en el mismo artículo 6o., se me dirá
que esa soberanía de las pro~incias es sólo respec_ti_va á su interior. En ese sentido tamb1en un padre de familia se puede
llamar soberano en su casa. ¿Y qué diríamos si alguno de
ellos se nos viniese braveando porque no expidiésemos un decreto que sancionase esa soberanía nominal respectiva á su
familia? Latet, anguis, cavete, iterum dico, cavete. Eso del
interior tiene una significación tan vaga como inmensa, Y
sobrarán intérpretes voluntarios, que alterando el recinto de
los Congresos provinciales, según sus intereses, embaracen_ á
cada paso y confundan al gobierno central. Ya esta J?fovmcia cree de su resorte interior restablecer aduanas ~ríttmas Y
nombrar sus empleados; aquélla se apodera de los caudales
de la minería ó del estanco del tabaco, y aún de los fondos
de las misiones de Californias: una levanta regimientos para
oponerlos á los del supremo poder ejecutjvo, otras dos requcen en sus planes todo el gran quehacer de éste y del Congreso general á tratar con las potencias e~tranjeras Y_ sus embajadores. Muchas gracias. No nos de¡emos alucmar, Sefü&gt;r: acuérdese Vuestra Soberanía que los nombres son todo
para el pueblo, y 9ue el de ~rancia, c_o~ el nombre,~e soberano todo lo arruino, lo saqueo, lo asesmo y lo arraso .
1

nera más adecuada, como antes dije ya, á las circunstancias de
nuestra poca ilustración, y de la guerra que pende sobre nuestras cabezas, y exige para nuestra defensa la más perfecta
unión. Allí también se establecen Congresos provinciales
aunque no tan soberanos; pero con atribuciones suficientes para promover su prosperidad interior, evitar la arbitrariedad
del Gobierno en la provisión de empleos y contener los abu.
sos de los empleados. En esos Congresos irían aprendiendo
las provincias la táctica de las Asambleas y el paso de marcha
en el camino de la libertad, hasta que progresando en ella,
cesando el peligro actual y reconocida nuestra independen~ia,
la nación revisase su constitución, y guiada por la experiencia
fuese ampliando las facultades de los Congresos provinciales,
hasta llegar sin tropiezo al colmo de la perfección social. Pasar derrepente de un extremo al otro, sin ensayar bien el medio, es un absurdo, un delirio; es determinar, en una palabra, q_ue nos rompamos la cabeza. Protesto ante los cielos y
la tierra que.nos perdemos si no se suprime el artículo ·de soberanías parciales: Actum est de republica. Señor, por Dios,
ya que queremos imitar a los Estados Unidos en la federación,
imitémoslos en la cordura con que suprimieron el artículo de
Estados soberanos en su segunda constitución".
•
"Señor, á mí no me infunden miedo los tiranos. Tan tirano puede ser el pueblo como un monarca; y mucho más
violento, precipitado y sanguinario, como lo fué el de Francia en su revolución y se experimenta en cada tumulto; y si
yo no temí hacer frente á Iturbide á pesar de las crueles bartol_inas en que me sepultó y de la muerte con que me amenazaba, también sabré resistir á un pueblo indócil que inventa dictar á los padres de la patria como oráculos sus caprichos ambiciosos, y se niegue a estar en la línea demarcada por el bien
y utilidad general.
Nec civium ardor prava jubentium
Nec vultus instantis tyrani
Mente quatit solida

"No no. Yo estoy por el proyecto de bases del antiguo
Congres~. Allí se da al pueblo la federación que pide, si la
pide; pero organizada de la manera menos dañosa, de la ma-

"Habrá guerra civil, se me objetará, si no concedemos á
las provincias lo que suena que quieren. ¿Y qué no hay esa
guerra ya?

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�Seditione, dolis, scelere, atque libidine, et ira,
Ilíacos intra muros peccatur, et extra.

1

1

"Habrá guerra civil, ¿y tardará en haberla si sancionamos
esa federación ó más bien liga y alianza de soberanos independientes? Si como dice el proverbio, dos gatos en un saco
son incompatibles, ¿habrá larga paz entre tanto soberanillo,
cuyos intereses por la contigüedad han de cruzarse y chocarse necesariamente? ¿Es acaso menos ambicioso un pueblo
soberano que un soberano particular? Dígalo el pueblo romano, cuya ambición no paró hasta conquistar el mundo. A
esto se agrega la suma desigualdad de nuestros pretendidos
principados. Una provincia tiene un millón y medio, otra
sesenta mil habitantes: unas medio millón, otras poco más
de tres mil, como Texas; y ya se sabe que el peje grande,
siempre, siempre se ha tragado al chico. Si intentamos igualar sus territorios, por donde deberíamos comenzar en caso
de es.a federación, ya tenemos guerra civil: porque ninguna
provincia grande sufrirá que se le cercene su terreno. Testigos los cañones de Guadalajara contra Zapotlán, y sus quejas sobre Colima, aunque según sus principios, tanto derecho
tienen estos partidos para separarse de su anterior capital como Jalisco para haberse constituído independiente de su antigua metrópoli. Provincias pequeñas, aunque no en ambición también rehusan unirse á otras grandes. Aquí se ha
leíd¿ la representación de Tlaxcala contra su unión á Puebla.
Consta en las instrucciones de varios diputados, que ot!as provincias pequeñas tampoco quieren unirse á otras iguales para
formar un Estado; sea por la ambición de los capataces ~e
cada una, ó sea por antiguas rivalidades locales. De cualquier
manera todo arderá en chismes, envidias y divisiones, y habremos menester un ejército que ande de Pilatos á Herodes
para apaciguar las diferencias de las provincias, hasta que el
mismo ejército nos devore según costumbre, y su general se
nos convierta en Emperador, ó á río revuelto nos pesque un
rey de la santa alianza. Et erit novissimus error peior priore".
"Importe que esa alianza, santa por antífrasis, ~~s halle
constituídos, si no, somos perdidos. Mejor y más pronto lo
seremos, digo yo, si nos halla constituídos de la manera qu~

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se intenta. Lo que importa es que nos halle unidos, y por lo
mismo más fuertes virtus unita fortior; pero esa federación
va á desunirnos y a abismarnos en un archipiélago de discordias. Del modo que se intenta constituírnos ¿no lo estaban
Venezuela, Cartagena y Cundinamarca ? Pues entonces fué
precisamente cuando, á pesar de tener á su cabeza un general
tan grande como Miranda, por las rémoras de la federación
(aunque hayan intervenido otras causas secundarias) un quidam, Monteverde, con un puñado de soldados destruyó, con
un paseo militar, la República de Venezuela, y poco después
Morillo, que sólo había sido un sargento de marina, hizo lo
mismo con las Repúblicas de Cartagena y Santa Fe. De la
misma manera que se intenta constituírnos, lo intentaron las
provincias de Buenos Aires sin sacar otro fruto en muchos
años que incesantes guerras civiles, y mientras se batían por
sus partículas de soberanía, el rey de Portugal extendió la
garra sin contradición sobre Montevideo y el inmenso territorio de la izquierda del río de la plata. Observan viageros
juiciosos que tampoco los Estados Unidos podrían sostenerse
contra una potencia central que los atacase en su continente,
porque toda federación es débil por su naturaleza, y por eso
no han p~dido adelantar un paso por la parte limítrofe del
Canadá dominado por la Inglaterra. Lejos pues, de garantimos la federación propuesta contra la santa alianza, servirá
para mejor asegurarle la presa. Divide ut imperes".
"Cuando al concluír el Doctor Becerra su sabio y juicioso voto, se le oyó decir, que no estábamos aún en sazón de
constituírnos, y debía dejarse este negocio gravísimo para
cuando estuviese más ilustrada la nación y reconocida nuestra independencia; ví á varios sonreír de compasTón, como si
hubiese proferido en desbarro. Y sin embargo, nada dijo de
extraño. Efectivamente los Estados Unidos no se constituyeron hasta concluída la guerra con la Gran Bretaña, y reconocida su independencia por ella, Francia y Españá. ¿Y
con qué se rigieron mientras? con las máximas heredadas de
sus padres; y aún la constitución que después dieron no es
más que una colección de ellas. ¿Dónde está escrita la constitución de Inglaterra ? En ninguna parte. Cuatro ó cinco
artículos fundamentales, como la ley de habeas corpus compo-

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•

�nen su constitución. Aquella nación sensata no gusta de
principios generales ni máximas abstractas, porque son impertinentes para el gobierno del pueblo, y sólo sirven para
calentar las cabezas y precipitarlo á conclusiones erróneas.
Es propio del genio cómico de los franceses fabricar constituciones dispuestas como comedias por escenas, que de nada
les han servido. En treinta años de revolución formaron casi otras tantas constituciones y todas no fueron mas que el
almanaque de aquel año. Lo mismo sucedió con las varias
que se dieron a Venezuela y Colombia. ¿Y P,Or qué? porque
aún no estaban en estado de constituírse, sino de ilustrarse y
batirse contra el enemigo exterior como lo estamos nosotros.
¿Y mientras con qué nos gobernamos ? con lo mismo que
hasta aquí, con la constitución española, las leyes que sobran
en nuestros Códigos no derogados, los decretos de las Cortes españolas hasta el año de 20 y las del Congreso que ha ido
é irá modificando todo esto conforme al sistema actual y a
nuestras circunstancias. Lo único _que nos falta es un decreto
de Vuestra Soberanía al supremo poder ejecutivo para que
haga observar todo eso. Si está amenazando disolución al
Estado, es porque tenemos con la falta de este decreto ·paralizado al gobierno".

•

"No, no es la falta de constitución y leyes lo que se trae
entre manos con tanta agitación, es el empeño de arrancarnos
el decreto de las soberanías parciales, para hacer desp:ués en
las provincias cuanto se antoje á sus demagogos. Qui~ren los
enemigos del orden que consagremos el principio para desarrollar las consecuencias que ocultan en sus corazones, embrollar con ·el nombre al pueblo y conducirlo á la disención,
al caos, á la anarquía, á los Borbones ó á Iturbide. Hay algo
de esto en el mitote á que han provocado al inocente pueblo
de algunas provincias. Yo tiemblo cuando miro que en aquéllas donde más arde el fuego, están á la cabeza del gobierno y
de los negocios los iturbidistas más fogosos y declara~~s. No
quiero explicarme más: al buen entendedor pocas palabras."

mino. Guardémonos de que crean que nos intimidan sus
a_m~na~as, porque cada día crecerá el atrevimiento y se multiplicaran los charlatanes. Guardáos, decía Cayo Claudio al
Senado romano, de acceder á lo que pide el pueblo mientras
~~ ~anten~a armado sobre el monte Aventino, porque cada
ia &lt;;:ormara una nueva empresa hasta arruinar la autoridad
delf..,e~ado Y destruír la República. A la letra se cumplió la
pro ecia".
"¡Firmeza, p~dres de la patria! Deliberad en una calma ~rud,e~te, segun el consejo de Augusto, festina lente; dict~d i~pavi~os la co~stituc~ó.n que en Dios y en vuestra conciencia crea1s convenrr me¡or al bien universal de 1
.,
d · d 1 ·d d
a nac10n,
e¡a a cui a o _del gobierno hacerla obedecer. El no cesa
e _Protestar que. ti~ne las fuerzas y medio suficientes para
obligar al cumplmue?to de cuanto Vuestra Soberanía decre~ sea_ lo que fuere,, si lo autoriza para emplearlos. También
ashmgton levanto la espada para hacer á la provincia de
Maryland obedecer la segunda constitución: si vis pacem pa; bellum. No hay mejor ingrediente para la docilidal si
s pacem, para bellum. y no tendremos mucho que hacer
porque_ no. son nuestros pueblos por su naturaleza indocilísim?~, ni re~isten ~l!os las providencias, sino algunos demagogos
mil_itares ~ a~bic10sos, que no pudiendo figurar en la metró.
poli, han ido a engañar las provincias, para alborotarlas y to!11ar su voz,_ p~ra hacerse respetables y medrar en sus propios
mtereses: st t1ts pacem, para bellum".

J

"Guardémonos, Señor, de condescender á cada grito que
resuene en las provincias equivocadas, porque las echaremos
á perder como un niño mimado cuyos antojos no tienen tér-

"Cuatro son las provincias disidentes, y si quieren separarse, que se separen, poco mal y chico pleito. También los
padres abandonan á hijos obstinados, hasta que desengañados vuelven representando el papel del hijo pródigo. y O no
?udo que al cabo venga á suceder con esas provincia; lo que
a las d~ Venezuela y Santa Fe. También allá metieron mucho ruido .Pª1:ª constitírse en Estados Soberanos, y después
de, desgracias. mcalculables, enviando al Congreso general de
Cuc~ta sus diputados para darse una nueva constitución, que
los libra~e de tantos males, les dieron poderes amplísimos, excepto, dic~n, para hacer muchos gobiernitos. Tan escarmentados habian quedado en sus soberanías parciales. Lo cierto

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59

�es que el sanguinario Morales, ese caribe inhumano, esa bestia fiera, está embarcándose con sus tropas en la Habana, y es
probable que sea contra México, pues aunque Puerto Cabello
reducido á los últimos extremos pide auxilio, aquel jefe capituló en Maracaybo, y debe estar juramentado para no volver
á pelear en Costafirme. Lo cierto es que el duque de ~gulema ha pronunciado, que sojuzgada España, la Francia expedicionará contra la América, y ya se sabe que México es la
niña codiciada. Veremos entonces si Jalisco, que nos ha negado sus auxilios, aunque se ha aprovechado de los caudales
del gobierno de México, puede, perdido éste, salvar su partícula de soberanía metafísica".
"Concluyo Señor, suplicando a Vuestra Soberanía se penetre de las circunstancias en que nos hallamos. Necesitamos unión y la federación tiende a desunión: necesitamos
fuerza y toda federación es débil por su naturaleza, necesitamos dar la mayor energía al gobierno y la federación multiplica los obstáculos para hacer cooperar pronta y simultáneamente los recursos de la nación. En toda república, cµando
ha amenazado un peligro próximo y grave, se ha creado un
dictador para que reunidos los poderes en su mano, la acción
sea una, más pronta, más firme, más enérgica y decisiva. iNosotros, estando con el coloso de la santa alianza encima, haremos precisamente lo contrario, dividiéndonos en tan pequeñas soberanías! ¿Quae tanta insania, cives?"
"Señor, si tales soberanías se adoptan, si se aprueba el proyecto del acta constitutiva, en su totalidad, desde ahora lavo
mis manos diciendo como el presidente de Judea, cuando un
pueblo tumultuante le pidió la muerte de Nuestro S~lva?or~
sin saber lo que se hacía: lnocens ego sum a sangmne ¡ustz
huyus: Vos videritis. Protestaré que no he tenido parte en
los males que van a llover sobre los pueblos del Anáhuac.
Los han seducido para que pidan lo que no saben ni entienden, y preveo la división, las emulaciones, el _de~orden, la r~ina y el trastorno de nuestra tierra hasta sus cimientos. N ecierum neque intellexerunt, in tenebris ambulant, movebuntur
omnia fumdamenta terrae. ¡Dios mío salva a mi patria! Paur, ignosce illis, quia nesciunt quid faciunt."

60

A pesar de ~od~ esto se aprobaron los artículos 50. y 6o.
de l~ acta consututtva y quedaron decretadas las soberanía
parci~l~s. _El Doct?r. ~ier, lej~~ d~ darse por ofendido porque
~o se sigmó su optruon; trabaJo siempre con el mayor empeno porque se plantara y consolidara la federación tal cual se
había decretado. Propu~ ?espués el Doctor Ramos Arizpe,
que d~ las cuatro provrncias internas de Oriente, a saber:
Coahuila, Texas, Nuevo León y Tamaulipas se hiciera un
solo Estado. Aquí se opuso el Doctor Mie; con todas sus
fuerzas, y al fín logró que no fuera así y que Nuevo León
por sí solo, formara un Estado.
'

_ Muc~o aprecio y muchas consideraciones· dispensaron al
senor M1er tanto el gobierno como todos los diputados sus
compañeros: antes de disolverse el Congreso constituyente
expidió el siguiente decreto, que se encuentra en la "Colección de órdenes y decretos", edición de 1829, tomo 10., página_162: "Decreto de 23 de Diciembre de 1824. -Pensión al
Senor D. Serv~ndo Teresa de Mier. -El Soberano Congreso
General Const1tu_yente, teniendo en consideración que por la
ley de 19 de Julio de 1823 se autorizó al gobierno para que
premie á aquellos individuos que en la primera insurrección
prestaron sus servicios á la causa de la independencia, y siendo por otra parte, notorios los muy importante prestados por
el Señor D. Servando Teresa de Mier, no menos que su delicadeza en no haber exigido recompensa alguna, y conformándose con la opinión del gobierno, á quien consultó sobre este punto una comisión de su seno; ha tenido a bien decretar:
que al expresado señor D. Servando Teresa de Mier se le conceda una pensión de tres mil pesos anuales".
Además de esta pensión, que siempre se le pagó religio~ente, el Presidente de la República, D. Guadalupe Victoria, le señaló una habitación muy decente en el Palacio Nacional, á donde se fué a vivir y allí pasó lo restante de sus
días. Tres años de una vida pacífica y tranquila, querido y
respe_tado, en contacto con la ~ejor sociedad de México y en
relaciones con los hombres mas notables de la nación fueron los últimos de su vida. Es decir, que tuvo tres afios de
descanso por treinta de persecuciones, cárceles, trabajos y pa-

61

�lt

decimientos inauditos. Era muy considerado por el Presidente Victoria y sus ministros, así como también por D. Nicolás Bravo, vice-presidente, que con él consultaban sus más
graves negocios. De todos los Estados, ó como él dice en sus
cartas, de todo el reyno le dirigían consultas, y llegó en este
tiempo á ser el hombre más popular en México.

v~~ón Y el ferv~r de un buen católico. Murió el día 3 de
Diciembre del mismo año, con la serenidad de un filósofo y
con la resignación de un cristiano, verificándose en él al pie
de la letra el dicho de Cicerón: El hombre verdaderamente
sabio muere con un ánimo muy tranquilo. Vivió sesenta y
cuatro años y un mes y medio.

Tuvo la muy grande satisfacción de ver independiente,
libre y republicana á su Patria, lo cual había sido el sueño
dorado de toda su vida. Así mismo tuvo también la satisfacción y consuelo de haber trabajado cuanto pudo en ayudar á
constituírla, as¡ coJilo había ayudado á libertarla. Ver a su
patria libre y haber podido trabajar en su obsequio, fué el pr~mio que la Providencia dió aquí al que con tanta constancia
sufrió una vida de persecuciones y de azares indecibles. Fué
honrado y atendido no solamente en México, sino también en
el extranjero: era miembro del Instituto Nacional de Francia, lo que era entonces el mayor honor literario á que podía
aspirarse: ya hemos visto que en Galveston lo trataban de
Obispo, el Ayuntamiento de Monterrey, según consta en. sus
actas, cuando le escribía le daba el tratamiento de Ilustrísimo
Señor. En un.a de sus cartas, dirigida al Doctor Cantú, cuando habla de la instalación del segundo Congr.eso constituyente dice que asistió vestido episcopalmente, y en sus cartas á
la' Diputación Provincial de Monterrey se firma: "Servando,
Arzobispo de Baltimore". Yo pienso que sería electo y presentado para Arzobispo de la Iglesia de Baltirnore, donde tenía muchos y buenos amigos; pero en ninguna part~ ~o~sta
que fuera preconizado en Roma, por lo que se quedo umcamente con el título de Arzobispo electo y nada más.

Muy grandes honores se tributaron á los restos mortal~s
del b:,nemérito Doctor Mier: ~u entierro fué concurridísimo.
El Senor Payno hablando de esto dice: "El General D. Nicolás Bravo, que era Vice-presidente de la República, presidió
el duelo y no hubo persona respetable de la ciudad que no
~anclara su carruaje y asistiera al funeral. El pueblo se agolP.~ de tal manera por las calles donde pasó la fúnebre proces10n, que personas que c?nservan todavía el recuerdo, aseguran que m en las profesiones de Corpus se ha visto tal concurrencia. El cadáver del Doctor fué enterrado en la capilla
de los Sepulcros de Santo Domingo, al lado de sus hermanos
que lo persiguieron y que descansaban como él entre el polvo
de la nada y el olvido".

En los últimos días del mes de Noviembre de 1827, sintiendo que una enfermedad que padecía se le agravaba mucho, conoció que se le acercaba su fín. Montó en un coche
y fué en persona á convidar a sus numerosos amigos, para
que, al día siguiente, asistieran á sus_ sacrame~tos, los que deseaba recibir con la mayor solemmdad posible. En efecto,
al siguiente día en medio de una lucidísirna concurrencia y
' hecho una solemne protestacion
' de f'e y un
después de haber
tiernísimo discurso, recibió el sagrado viático con toda la de-

Comunmente las viscisitudes de los hombres acaban en la
tumba; mas no sucedió así al célebre Doctor Mier. Como si
la desgraciada suerte que lo persiguió en su vid.a no hubiere
qu;dado satisfecha con su muerte, aun le preparó para despues de muerto y sepultado extrañas peripecias. Quince años
estuvo en paz en su sepultura, y en el año de 1842, para enterrar allí otro ca1~ver, sacaron al del buen Padre Mier, perfectamente momificado y seco: lo pusieron en el osario del
convento al lado del Oriente en el primer lugar entre otras
momias de religiosos que estaban colocadas en aquel lugar
P?r iguales motivos. Diez y nueve años permaneció el cadaver del Doctor en su nuevo lugar de descanso. En el año
de_ 18?1, después de suprimidas las comunidades religiosas y
ad1udicados los conventos, se esparció en México la voz de
que en el convento de Santo Domingo había muchos cadáveres secos, acerca de los cuales cada uno hada diversos comen~arios: según unos, eran de personas por su gran santidad
1?corrup~as: según otros, eran de infelices gentes que habían
sido víctunas de las crueldades de la inquisición; y no faltaba

62

63

�quien dijera que los frailes habían emparedado á aquellas
personas para ejercer en ellas venganzas particulares. El Doctor Orellana del cuerpo médico militar que examinó con la
debida atención estos cadáveres y tomó todos los informes
convenientes, probó que eran trece momias extraídas de los
sepulcros en diferentes tiempos y colocadas allí. Probó también que todas eran de religiosos domínicos bien conocidos,
las hizo_litografiar; y publicó un cuadernito con ligeras noticias biográficas de cada uno de los padres de quienes eran
aquellos cadáveres, siendo uno de éstos el del Doctor Mier.
El mismo Doctor Orellana dice que cuatro de estas momias fueron llevadas á Buenos Aires y otra regalada á la escuela de medicina de México, sin especificar cuáles fueron.
El señor Payno indica que una de las llevadas á Buenos Aires fué la del Doctor Mier; y el señor Rivera Cambas dice:
"Se cree que la compró un viajero para llevarla á Buenos Aires, aunque no falta quien asegure que los frailes domínicos
habían cambiado el cadáver por el de un lego llamado Sumaita". Queda, pues, la duda de si el cadáver del Señor Mier
quedó en México o si fué a Buenos Aires. Si es cierto que un
viajero de este país la compró, es probable que haya querido
llevar la del Doctor Mier, porque allí es, como escritor, más
conocido que entre nosotros, por razón de haber pasado allá
casi toda la edición de su "Revolución de Anáhuac", cuya
lectura en aquella República se generalizó mucho y contribuyó singularmente á desarrollar en aquel país las ideas liberales y republicanas.
Deseando el Congreso de Nuevo León honrar las virtudes y perpetuar la memoria de tan ilustre nuevoleonés, mandó
por su decreto de 27 de Julio de 1849, que la nueva población
fundada en donde antes estuvo la hacienda de San Antonio de
Medina, se llamara: "Villa de Mier y Noriega", cuyo nombre tiene, lo mismo que el municipio de que es cabecera; y
que forma el extremo Sur de este Estado.

FRAY SERVANDO TERESA DE MIER

ALFONSO REYES
I.-SU VIDA.
Las Memorias de Fray Servando Teresa de Mier, del convento de Santo Domingo, de México, y diputado al primer
Congreso Constituyente de aquella República, son una mezcla de episodios trágicos y cómicos narrados en un estilo pintoresco y vivísimo. La Editorial-América las ha publicado recientemente en Madrid. Para trazar aquí, a grandes rasgos,
el retrato de Fray Servando me saldré alguna vez de las palabras que puse en el prólogo.
Fray Servando nació en Monterrey, capital del Estado
mexicano de Nuevo León, en los últimos años de la dominación española; su vida puede dividirse en tres períodos, determinados por una larga ausencia de su patria.
Durante el período primero, que llega hasta el año 1795,
Fray Servando es un precursor de la independencia. Representa el momento en que la idea revolucionaria ha cundido
ya por todas las clases sociales y el clero de México la prohíja.
Pero un día Fray Servando salió desterrado de su patria,
y, perseguido por la autoridad eclesiástica, rodó por la Península española, por Francia, por Inglaterra. ¿Su delito? Un
sermón audaz, un disparate teológico, debajo del cual se adivinaba claramente la intención separatista.

Biografía del benemérito mexicano
D. Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra,
Tipografía del Gobierno, en Palacio, Monterrey, N. L., 1897.

Durante el segundo período de su vida, Fray Servando
vive, pues, como desterrado en Europa: primero en España,
donde le hacen recorrer varias prisiones eclesiásticas; después,
en Francia, donde se relaciqp.a íntimamente con Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar; dice misa en una capilla y

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�enseña el español a los niños sobre una traducción que hizo
especialmente de la "Atala", de Chateaubriand. (~sta tra,
ducción, la primera en lengua española, o se ha perdido, o yo
no la encuentro). Pasa después a Roma, donde el Papa l_e
concede la secularización; vuelve a España y es reaprehendido; se fuga a Portugal, donde vive tres años al lado. del cónsul de España. Cuando la guerra de la Independencia en ~spaña, Mier aparece como cura castren_se de los volu~tanos
de Valencia; los franceses lo hacen prisionero en Belch1te; se
fuga, como de costumbre; recibe ho_nores de 12: Junta de S~villa. Va .a Londres a propagar la idea de la mdependencia
mexicana. Es la época de Blanco White. Mier vive entre
los desterrados españoles, y como, a pesar de su agilidad algo
inquietadora era hombre de peso y de persuasión, fué él quien
convenció a 'Mina el mozo para que armara la célebre expedición en defensa de la independencia mexicana.
En la tercera época de su vida, Fray Servando vuelve a
su patria, al lado de Javier Mina; sufre todavía algunos contratiempos y, otra vez preso, se escapa a los carceleros que lo
conducían de nuevo a España; se esconde en la Habana; huye
a los Estados Unidos. Cuando vuelve a México, el nuevo
régimen estaba todavía vacilante, y aún se le persigue y encarcela. A poco lo nombran diputado. Iturbide se hace em
perador, y Mier -que se le había opuesto _franca_mente- va
a dar otra vez a la prisión, de donde por fm lo liberta la revolución republicana. Entonces Fray Servando es hospedado
en el Palacio Nacional, al lado del primer presidente, Guadalupe Victoria. Allí murió, después de haber invitado personalmente a sus amigos, la víspera de su muerte, para que
asistieran a su última comunión.
11.-SU CARACTER.

Pero Fray Servando perdura sobre todo en el recuerdo
de sus compatriotas por esa ráfaga de fantasía que anima toda su existencia. Vivió más de sesenta años, y la mitad de
su vida la pasó perseguido. Bien es cierto que parece haber
sufrido las persecuciones casi con alegría. Algo como una
alegría profética Jo acompaña en sus infortunios, y aprovecha todas las ocasiones que encuentra para combatir por sus
ideales. Es ligero y frágil como un pájaro, y posee esa fuerza de "levitación" que creen encontrar en los santos los historiadores de los milagros. Usa de la evasión, de la desaparición, con una maestría de fantasma: cien veces es aprisionado y otras tantas logra escapar. Son sus aventuras tan extraordinarias, que a veces parecen imaginadas. El P. Mier
hubiera sido un extravagante, a no haberlo engrandecido los
sufrimientos y la fe en los destinos de su nación.
Fácilmente se le imagina, ya caduco, enjuto, apergaminado, animándose todavía en las discusiones, con aquella su
voz de plata de que nos hablan sus contemporáneos; rodeado
de la gratitud nacional, servido -en Palacio- por la tolerancia y el amor de todos, padrino de la libertad y amigo
del pueblo. Acaso entre sus devaneos seniles se le ocurriría
sentirse preso en la residencia presidencial y, llevado por su
instinto de pájaro, se asomaría por las ventanas, midiendo la
distancia que le separaba del suelo, por si se volvía a dar el
caso de tener que fugarse. Acaso amenizaría las fatigas del
amable general Victoria con sus locuras teológicas y con sus
recuerdos amenísimos.
111.-EL ESPIRITU DE LA LEYENDA.
La herejía, o lo que fuera, en que Fray Servando incurrió es como una combinación caprichosa de dos leyendas
mexicanas. Para explicarlo tenemos que retroceder algunos
siglos.

En la historia política de México se le recuerda por cierto discurso llamado "de las profecías", en que predijo muchos
males que después han ido sobreviniendo. Representaba Mier
un liberalismo moderado y fué partidario del gobierno republicano central.

El conquistador español se alistaba para la conquista de
América como un soldado de Cristo. La razón teórica de la
conquista -cualquiera que fuese la razón práctica- era para él la misma razón de las Cruzadas. El más alto título es-

66

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�piritual de España a la posesión de sus colonias había sido
la predicación del Evangelio.
Ahora bien: durante el primer siglo de la dominación
española, corrió por la Nueva España la voz de que se había
realizado un milagro; un milagro que Nuestra Señora de
Guadalupe había querido hacer sólo para México, y no para
ninguna otra nación. La Virgen de Guadalupe se había aparecido al indio Juan Diego, y su imagen había quedado estampada en la capa del indio. La Virgen, morena como los
indios, iba a ser en adelante la Patrona de México. Más tarde, en 1810, los ejércitos insurgentes alzaban por bandera una
imagen de la Virgen de Guadalupe.
Hay derecho a creer que esta tradición, donde se confunden muchas creencias y esperanzas, no era más que una
manera de catequismo, y tendía a dar sentido nacional a las
creencias importadas del Viejo Mundo. En todo caso, la tradición reposa sobre el suelo más vivo de la sensibilidad mexicana, y ha crecido en él vigorosamente. Es una de aquellas
hermosas leyendas del catolicismo florido, en que la Virgen
cultiva un jardín para un hombre humilde, y se le aparece como una señora morena y luminosa. En La Arquilla de Marfil, de Mariano Silva y Aceves, esta leyenda de la Guadalupana y Juan Diego, adquiere una inefable sutileza poética: Juan
Diego, en su dulzura animal, viene a ser el símbolo de una
raza.
Pero desde el fondo de las cosmogonías indígenas, mucho
.antes de la llegada de los hombres blancos, se sabía que un
sacerdote blanco y barbado, de nombre Quetzalcoatl, había
aparecido un día entre los indios y les había enseñado las costumbres de la labranza y dos o tres reglas de virtud. Es uno
&lt;le esos mitos solares más o menos claramente explicados, en
que la mentalidad primitiva gusta de representar el primer
esfuerzo civilizador: es un Cadmo de América. Entrar en
todas las significaciones y consecuencias -no sólo espirituales, sino también externas y prácticas- que tuvo esta creencia
en la historia de las civilizaciones precortesianas, sería aquí
imposible. Baste decir que en todo tiempo la figura de Quetzalcoatl ha ejercido una misteriosa seducción.

68

IV.-LA HEREJIA DE FRAY SERVANDO.

'Y he_aquí que un buen día Fray Servando joven profesor
de filosofia entonces, con fama de gran predicador hizo una
sonada. Debía predicar en una fiesta dedicada a Nuestra Señ_ora de Guadalupe. Y ¿qué hace? Su ansia de independencia., por una de esas traslaciones de conceptos que son tan frecue_?tes ,en las géne~is. de las ideas n~ionales, cuajó en un extrano sIIDbolo
teolog1co, que hoy puede parecernos risible)
l
pero que fue entonces de una trascendencia incalculable. La
verdad es que tiene el caso toda la traza de una ocurrencia
aceptada ª. última ~ora, y bajo la sugestión de un amigo, para improvisar un d1Scurso original. Y sin embargo de aquí
arrancan todas las desgracias de Fray Servando.
'

-La Virgen de Guadalupe -mantiene Fray Servando-había tenido culto en México desde antes de la Conquista.
San;o To~ás el Apóst?l, que era el propio Quetzalcoatl, ya
ha~1a predicado en Mexico el Evangelio antes que los conqmstadores españoles. La imagen de la Virgen no estaba pintada
, en la capa del indio Juan Diego, sino en la de Santo Tomas.
El arzobispo Núñez de Haro, que sabía lo que se ocultaba bajo estas declaraciones, hizo predicar nominalmente contra el joven teólogo. Después se le encarceló: se fugó; se le
volvió a encarcelar: se volvió a fugar. Y así hasta su muerte.
A sus persecusiones debemos sus viajes por Europa, cuyas Memorias forman uno de los capítulos más inteligentes y
curiosos de la literatura americana. Lo seguiremos por los
lugares adonde lo iba arrastrando su destino. Acaso encontraremos una visión caprichosa de aquella Europa de principios de siglo; acaso, una sátira d~ aguella España que, como
está ya tan lejana, no lastimará los sentimientos de nadie y si
servirá para distraernos un rato de estas irritantes cosas de

ahora.

69

�V.-UN DESTERRADO.
Año de 1795, Fray Servando Teresa de Mier, que contaba a la sazón menos de treinta, llega a Cádiz, desterrado de
la Nueva España por un delito sin delito, por una herejía sin
herejía.
Era Fray Servando un criollo mexicano de descendencia
noble. Como el otro criollo noble de México (D. Juan Ruiz
de Alarcón y Mendoza, en el siglo XVII), éste reclamará en
España su tratamiento de don y sus preeminencia~ sociales,
advirtiendo que los religosos, no por serlo renuncian a sus
fueros ni a su nobleza nativa, y que el apóstol San Pablo alegaba a cada paso la suya, contr~ las prisiones y atropellamientos de que era víctima.

1
f

En España, donde se había de desarrollar su proceso, tuvo que pasarse el Padre Mier seis años, entre prisiones y fu.
gas, de pueblo en pueblo, cuándo en las salas de la justicia,
cuándo en los Reales Sitios, intrigando con poca suerte, huyendo por los caminos, en una vida provisional, que hubiera
bastado a disolver una psicología menos alegre _o menos guerrera que la suya. Y los diez años de la c?ndena hubieran
transcurrido asi, a no ser porque nuestro fraile puso un gran
remedio a sus males, que fué pasarse a Francia con ayuda
de un clérigo contrabandista francés que vivía en Astorga.
Naturalmente, sus Memorias, están escritas con apasionamiento, y más se parecen a una caricatura que a un retrato. Por eso mismo nos permiten percibir de una vez dos o
tres vicios fundamentales de la sociedad en que vivió.

,a y olla, aquellos caldeos de las Caldas, le inspiran el más
profundo desdén. Lo menos que les llama es idiotas y mulas de atar.
Conviene recordar que Fray Servando esperaba su salvación de ciertas influencias que tenía en la corte, aunque también tenía un enemigo terrible en cierto jefe del negociado
de la Nueva España, que se llama León y se porta como serpiente. Cuando Fray Servando descubre que los caldeos le
interceptan sus cartas, rompe la reja de su celda y se sale al
campo.
Reaprehendido a poco, lo trasladan a San Pablo de Burgos, adonde llega con fama de hombre facineroso que tiene
pacto con el diablo, y todos se asombran de verlo tan fino,
tan menudo y de tan corregida cultura, Burgos le fué más
hospitalaria que al Cid, porque dos primas suyas habían sido
abadesas en el noble monasterio de las Huelgas, donde profesaban los caballeros de Calatrava. Con esto los comendadores comenzaron a visitarlo, y se encontró en buena sociedad.
Sin embargo, el verano de Burgos sólo dura de Santiago
a Santa Ana, y el rigor del frío empezó a dañar a Fray Servando. Pide entonces que se le traslade a clima mejor, en un
memorial redactado con alguna vehemencia, y el funesto
León le contesta desde la corte que, por lo pronto, conviene
que coma menos pimienta.
VIL-ENTRE COVACHUELOS Y "CORBATAS".

VI.-ENTRE CALDEOS Y COMENDADORES.

-No sabía yo -exclama el perseguido con un disculpable desenfreno--, no sabía yo que los verdaderos reyes de España son los covachuelos.

Se dispuso que Fray Servando quedara recluido en el
convento de las Caldas, orillas del Mosaya, entre Cartes Y
Buelma y al pie de un monte. Había ;antas ratas ~n su celda que le comieron el sombrero, y tema que dormir armado
de' un palo para que no se lo comieran a él mism~. Pero l?
peor es que vivía comido de necios. Aquellos frailes de mt-

Fray Servando, que ignoraba la aguja de marear, había
escogido para su negocio, el peor de los dos procedimientos.
Los negocios americanos podían resolverse por la vía del Consejo de Indias o por la llamada vía "reservada" (la Covachuela), que debiera ser una apelación directa ante el Rey, y no
era más que ·un entregarse a la voluntad omnímoda de los

70

71

�..

covachuelos. A ellos iban a dar todos los memoriales, ellos
dictaminaban lo que se había de resolver en el e.aso, con cuatro rengloncitos puestos al margen ( o seis, cuando querían excederse), y el ministro no hacía más que dar cuenta al Rey
de lo que decían esos rengloncitos . . . A los cinco minutos,
Carlos IV empieza a fatigarse, y al fin dice: "Basta", que
quiere decir: despáchese todo según la opini6n de los covachuelos. j Así salían a veces las 6rdenes ! Como cuando se
envi6 a la Habana una orden para que partiera la Caballería
a desalojar a los ingleses que había en Campeche, o cuando
lleg6 mandato a la isla de Santo Domingo, para poner preso
al "comején" (un insecto), por haber destruído los autos que
pedía S.M.

causa, Fray Servando espera que le dejen marcharse en paz.
Pero interviene el funesto Le6n; Fray Servando acude a la
fuga; la justicia cae de nuevo sobre él, y lo encierran ahora
en San Francisco de Burgos, con escándalo de la ciudad. León
manda que lo recluyan por cuatro años más . . . (¡oh cielos!) entre los caldeos. Cuatro horas le dura al pobre fraile
el desmayo; vuelto en sí, se escapa, se encamina hacia Madrid,
se cae de fatiga por el e.amino, lo recoge un arriero; sus amigos de Madrid lo disfrazan, porque Le6n ha hecho correr
por el Reino una requisitoria en que lo describe como afable y risueño. Fray Servando procura ponerse feo y taciturno, se pinta unos lunares y, en divisando guardias, tuerce los
labios, hace el bizco, y, en fin, ejecuta a la letra el último grito. del ejercicio portugués: Poner las caras feroces a los ene-

Pero ¿no habrá medio de llegar al Rey directamente?
Si que lo hay: al monarca se le puede sorprender en el momento de tomar el coche. El monarca escucha, benévolo.
Después, con voz campanuda, dice: "Bien esta". Y turna el
negocio, ¿a quién?, a los covachuelas.

migos.
Con todas estas precauciones, y un cura contrabandista y
un arriero y un pasaporte falso, pasa la raya de Francia y entra por Bayona en 18or. ¡Oh, qué bien se queja de la maldad
de los jueces !:

Cuando un covachuelo comienza a ponerse inservible, se
le sepulta en el Consejo de Indias y se le llama en adelante
"corbata". Al corbata, que ya tiene hijos y cosijos, el sueldo
le viene más corto que al covachuela. Deduzca el lector.

"¡ Entrad cerdos!, gritó desesperado un pastor de marranos, que largo tiempo se había resistido a enfilar para la zahurda. j Entrad como entran los jueces en el infierno! Y se
precipitaron todos de tropel a la puerta, entrando hasta unos
sobre otros".

Finalmente, hay unos agentes de Indias que embaucan
a más y mejor al americano recién venido.

IX.-ENTRE RABINOS Y HURIES.

Rompiendo por todos estos escollos, logra Fray Servando
arrancar los autos a Le6n y hacerlos pasar al Consejo.

Ayer lleg6 nuestro hombre a Bayona; hoy entra casualmente en la sinagoga de los judíos y oye predicar a un rabino. Fray Servando pide discutir su tesis en pública disputa
y, como tiene al obispo Huet en las uñas """laro está-, aplasta a su adversario. Los rabinos quedan entusiasmados; le
llaman Jajá ( el sabio); le mandan hacer un vestido nuevo, y
le ofrecen a una joven rica y hermosa en matrimonio. No
acepta.

VIII.-ENTRE ACADEMICOS Y ARRIEROS.
Fray Servando decía misa en San Isidro el Real para
ayudarse en sus gastos. Entretanto, el Consejo pide a la Academia de la Historia un informe sobre el caso de Fray Servando. Y éste quiere hacernos creer que la Academia se
ocup6 de su negocio durante ocho meses seguidos, sin tratarse casi de otra cosa en cada sesión.

Y de allí, a Burdeos, en compañía de dos zapateros que,
en llegando ejercen su oficio y se ganan el pan, mientras que

Como el informe de la Academia ha sido favorable a su

72

•

�•

el triste doctor en Teología se muere de hambre. Además

cio, Y decide colgar los hábitos. Y con · el fin de obtener su
secularización, se dirige a Roma, pasando por Marsella, donde las mu~hacha~ usaban mantilla, como las españolas. Hace el cammo ,casi de balde, porque la hospitalidad francesa
era muc~a, ~ el era t~n agrad~ble de presencia y de trato, qut
los qu~ COilll~n con el y_le 01an hablar, ya eran sus amigos.
El v~mr de tierras tan distantes le daba un prestigio casi mitológICo. Y todo eso lo sabía él aprovechar admirablemente.
Y tod~vía dice de tiempo en tiempo el muy socarrón:

considere el lector piadoso sus trabajos:

1
1

"Como yo estaba todavía de buen aspecto, tampoco me
faltaban pretendientes entre las jóvenes cristianas, que no tie-nen dificultad para explicarse; y cuando yo respondía que era
sacerdote, me decían que eso no obstaba si yo quería abandonar el oficio. La turba de sacerdotes que, por el terror de la
Revolución, que los obligaba a casarse, contrajeron matrimonio, les había quitado el escrúpulo. En Bayona y todo el
Departamento de los Bajos Pirineos hasta Dax, las mujeres
son blancas y bonitas, especialmente las vascas".

· -:-No está en mi mano tener malicia. ·En vano me aconsejaban mis amigos una poca de picardía cristiana. ·

X.-LA IGLESIA Y EL SIGLO.

XT.-LAS ULTIMAS PAGINAS.

En París, Fray Servando, ayudado de su amigo Simón
Rodríguez, abre escuela para dar clases de español. En sus
ocios escribe disertaciones contra la incredulidad introducida
por Volney. Le dan la parroquia de Santo Tomás, pero le
resulta un mal negocio. Había que pagar muchos lujos: un
suizo alabardero, dos cantores de capa pluvial y el músico
que les daba los tonos con un contrabajo en figura de serpentón. De modo que nada le sobraba, y el oficio por todas
partes le ceñía; "porque en Francia sería un escándalo ver
un clérigo en un teatro, en el paseo público, especialmente
en los días festivos: y aun en un café."

Cómo obtuvo Fray Servando la secularización, lo que
pen~ba de Ro~, &lt;le N!poles, de Florencia y de Génova; .los
trabaJos que pa_so todav1a antes de volver a España por Barc~l?na; 1~ sátira descriptiva de las regiones de España, en su
:v1aJe a pie desde Barcelona hasta Madrid; el pueblo vestido
~o~ los c~l~res de Goya; el desaseo de la corte, ocupan las
ultimas pagmas de estas Memorias. Ya no se las puede resumir: habría que copiarlas. Un novelista episódico a lo
Baraja, un crítico de la sensibilidad española a lo "Azor{n",
pueden sacar mucho partido de estas Memorias.

·Retratos reales e imaginarios.

Con todo, Fray Servando halla manera de comunicamos
noticias mundanas sobre los cafés de París, las espléndidas
bibliotecas, los paseos, el Palais Royal, los almanaques de cortesanasJ los "cabarets" y las modas, que entonces -según élconsistían en que cada mujer llevara el vestido y el peinado
que más convenían a su tipo y a su carácter. Por cierto que,
de paso, censura la ciega imitación de los españoles; cuando
el sansculotismo y la pobretería ---dicé-, se inventaron en
Francia esas levitas, verdaderos "deshabillés", que los italianos llaman cubremiserias, j y en España hicieron de la levita
un traje solemne y general!

Lectura selecta.
México, 1920.

·,

.. '
'

Pero la verdad es que a Fray Servando le cansaba el ofi-

74

75

•
•

�PRESENCIA DEL PADRE MIER

•

ARMANDO ARTEAGA SANTOYO

En estos días consagrados al recuerdo de los iniciadores
de nuestra Independencia, es oportuno exaltar la v~da y. la
obra de uno de ellos, nacido entre nosotros, cuya procer s1g•
nificación en la historia de nuestras luchas libertarias, a me•
nudo olvidada, está esperando el debido desagravio. Hablo
del Padre Mier.
Su vida caudalosa y encrespada, llena de profundas y
poderosas esencias humanas; y su obra multiforme, centellan•
te, magnífica en su intención y en conjunto, reclaman para
apreciarlas, no sólo la simpatía cordial y h~mana. ~ue acon•
seja Carlyle; sino también el vuelo y el OJO aquilinos! que
aseguren la justa y clara perspectiva.. Porque no _los tle?en,
no pueden juzgarlo ni l~s _eunucos,~ los monaguillos,. ru los
mercachifles, que, congerutamente mcapaces de apreciar las
cualidades másculas y excelsas de Mier, andan regateándole
la gloria, y tratando de echarlo a la insignifi~ancia y al desprecio acusándolo ridículam~nte de boquifl?Jº extravagan_te,
vanidoso relajado y hasta p1caro; con la misma proterva m, con
' que han llamado a H'd
tencion
1 a1go " cura borrachín", y
a Juárez "indio ladino y tunante".

giata, con que inicia su obra social en vísperas del movimien•
to emancipador, es, en el fondo, la condenaci6n y el repudio
del régimen caduco que ahogaba la vida económica, política
y espiritual de México. Por eso se desencaden6 sobre el cié.
rigo ilustre la furia de los usufructuarios de aquel sistema.
"¡Monterrey, patria pequeña, decorosa, eximia y dulce como
]a Guatemala de Landívar, enorgullécete. Un sólo nuevo.
leonés, asido a las astillas de la historia y a los cachivaches
en delirio de un anticuario, rompe el ritmo de calesa que asu.
me la vida colonial, y escruta en el Levante, la sangre de la
Reforma!" ha escrito el mismo de la Vega comentando el primer botafuego que Mier lanzó a los enemigos a quienes combatió toda su vida, y que sigue combatiendo desde la gloria
eterna, porque es de aquellos que como Juárez, según la frase de Alfonso Reyes, "aún no se quita las botas de campana,,.

-

Llevado de esta pasión fué a Roma, a solicitar el rescripto de secularización, porque "el hábito le estorbaba los pasos
de gigante"; y cuando el pueblo español se alzó contra Napoleón y contra el cornudo Carlos IV, Mier, hombre de acción también, a pesar de su cultura, demostró que llevaba en
el pecho el denuedo, la abnegación y el espíritu de sacrificio
que reclamaba a los partidarios de la Independencia; e igualando con la vida el pensamiento, se hizo capellán castren~e
del Cuerpo de Voluntarios de Valencia, cayendo prisionero
en Belchite. Pasó a Cádiz al tiempo que se reunían las Cortes Españolas, y se unió a los diputados americanos en la lucha por la liberaci6n de las colonias.

Es actual, porque su férvida pasión de liberta1 y su inquebrantable decisi6n para alcanzarla, son las mISmas con
que México encara su destino en la hora prcsen~e. En esa
pasión empez6 a quemarse desde la edad de tr1enta y un
años, "cuando aún tenía frescas las rosas de la juventud en la
frente" dice Santiago R. de la Vega. El serm6n de la Cole-

Armado de su pluma como de una espada fulgurante, va
a Inglaterra donde escribe primero las famosas "Cartas a El
Español", y más tarde su "Historia de la Revolución de Nueva España". Esta no es, en realidad, una obra de estricto ca.
rácter histórico, ni era posible que nadie la escribiera en 1812
y 1813. Es algo que resultaba más valioso en aquella época:
una defensa' vibrante, levantada y combatiente de ]a causa
de la Independencia, que los libelos de Cancelada, pagado por
los comerciantes de México y Cádiz querían hacer inconveniente y odiosa.

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77

A Mier hay que acercarse no como a un expediente de
un archivo, ni como a una figura de museo; sino como a una
entraña cordial, viva y palpitante.

�La voz de Mier cobra acentos homéricos en su prédica
ardiente: "Estaba escrito que os bañáseis en sangre, para que
sepáis por la carestía del precio estimar más vuestra libertad,
y para que su árbol eche así profundas raíces en los hondos
sepulcros, a donde os han precedido tantos campeones., víctimas ilustres de la Patria. Estaba escrito que conociéseis así
vuestras propias fuerzas, las desarrolláseis, tomáseis el rango
que compete a la mayor parte del mundo, y no quedáseis expuestos en la guerra dudosa de la Europa, a ser la presa del
primer hambriento aventurero que arribe a vuestras riberas,
o a ver repartido vuestro país para compensaciones como bienes mostrencos".
Es la misma pasión de libertad, en fin, la que lo une a
Francisco Javier Mina, que . llevaba también en el pecho un
volcán inextinguible. Viene con él a México, por cuyo cielo
cruzó el navarro como un relámpago de gloria. Y mientras
Mina abona con su sangre el suelo convulsivo de México, el
Padre Mier cae, en el Fuerte de Soto la Marina, en manos de
sus eternos enemigos.
Toda la vida trashumante y atormentada de Mier es un
holocausto constante en el ara sagrada de la libertad. ''La
independencia -dice él mismo- es el objeto sagrado de mis
más ardientes votos; pero no la independencia por sí misma,
sino la independencia por la libertad". Goethe ha puesto en
labios de Fausto en el momento solemne de su muerte, palabras semejantes: "A esta idea vivo entregado por completo;
es el fin supremo de la sabiduría: sólo merece la libertad, lo
mismo que la vida, quien se ve obligado a ganarlas todos los
días".
También palpita de actualidad el Padre Mier; por su profunda, inalterable y constante convicci6n democrática y por
su defensa de las formas e instituciones republicanas de gobierno. ''No hay mejor academia para el pue~lo que una
revolución". "¿ Quiere usted más luces? Las de la revolución, porque interesa en las discusiones y aguza, en el ch°9ue,
los entendimientos. ¿ Quiere usted que los hombres se ilustren? Júntelos en el foco de un congreso. ¿Quiere usted

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que se extiendan y 'progresen los sólidos conocimientos? Hágalos libres: sacudan el yugo bárbaro de los españoles, cuyas
leyes expresas son que nada pueda imprimirse en Indias sin
aprobación de su Consejo en España", dice en sus "Cartas
a El Español", en las que criticó y combatió extensamente los
artículos de la Constitución Española que se oponían a la
igualdad de las colonias con la Metrópoli en la representación
nacional.
Hombre civil hasta los huesos, en su "Cuestión Política"
escrita en Filadelfia, dirige y orienta políticamente a los hombres que luchan con las armas contra el poder colonial español: "Ya la América del Sur está libre casi toda. ¿Por qué
no lo está la del Norte? Por la ignorancia, inexperiencia y
ambición de los que se han puesto a la cabeza del movimiento. Ellos· no han reconocido que para salvar un Estado es
absolutamente necesario establecer un centro de poder supremo. Que este poder ha de ser un cuerpo civil para que represente a la nación; y que es menester al cabo que este poder
contrate alianzas y auxilios con otras potencias que reconozcan su independencia. Sin estas tres cosas la libertad no se
consigue, se sella la servidumbre, se desuela la patria. Un
congreso, pues, es el que se ha de establecer, éste es el gobierno natural de toda asociación, éste es el órgano nato de
la voluntad general".
Y, exaltando los fueros del poder civil, agrega: "La voluntad general es la que confiere un poder a los militares y
legitima sus operaciones. Los militares no representan la nación; son los intrumentos de que ella se sirve para su defensa, y para conseguir su paz y tranquilidad. Antes es un axioma entre todas las naciones libres del despotismo, que la fuerza armada no es deliberante: deliberar ella y obrar es tan
grande absurdo para la libertad, como para la justicia ser uno
mismo juez del hecho y del derecho". Tal parece que el Padre Mier vislumbraba para condenarla, la historia lamentable
de nuestras asonadas y cuartelazos.
El, cuya arma temible era la pluma, necesitaba la libertad de expresión para vivir. "Todo papel que contiene ver-

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�dad contra el gobierno se condena de subversivo, y lo es de
la tiranía que quisiera reinar impune sobre el silencio de los
pueblos amordazados, como la muerte sobre el de los sepulcros; o se califica de libelo, como si el objeto principal de la
libertad de imprenta no fuese poner un freno al poder revelando al público sus arbitrari&lt;:dades. Se olvida que la soberanía reside en la nación y que ésta se compone de los individuos. Querer que sólo se queje en masa es invocar el tumulto y la insurrección, que son la voz tremenda del pueblo cuando ha llegado a su colmo la opresión", escribe en su "Cuestión Política".
Llevado a los escaños del Congreso de 22, no fué comparsa en la comedia del Imperio. "Temo haber llegado ya
fuera de sazón, y que los remedios sean tan difíciles como los
males son grandes" dijo en su primer discurso, refiriéndose
a que el ex-coronel realista había dado un golpe de mano al
sistema republicano que ideaban los diputados progresistas.
De su en entrevista con lturbide, que mandó vigilarlo cuando
se dirigía de Veracruz a México, porque le temía, dice con
la altivez y arrogancia que exigía el momento: "Yo no podía ocultarle mis sentimientos manifiestos en los escritos, de
que el gobierno que nos convenía era el republicano; pero
también le dije que no podía ni quería oponerme a lo que ya
estaba hecho con tal que se conservase el gobierno represen.
tativo, y se nos rigiese con moderación y equidad. De lo contrario él se perdería y yo sería su enemigo irreconciliable, porque no está en mis manos dejar de serlo de los déspotas tiranos".

Unidos, que quizá subsisten -porque no hay potencia contigua que se aproveche de su interna fermentación;. la debilidad que les ocasiona está demostrada en su guerra contra las
posesiones inglesas, al mismo tiempo que sus triunfos en la
mar prueban las ventajas de la unidad de gobierno. Sobre
todo, ellos eran ingleses acostumbrados a deliberar en asambleas coloniales, y sin una religión que los dividiese con anatemas; para nosotros, miserables esclavos que con trabajos vamos sacando el pié de los grillos, todo el terreno es nuevo, mil
esfinges del averno se nos aparecen a cada paso, y debemos
pisar con sumo tiento". (Historia de la Revolución de Nueva España). "Necesitamos unión, y la federación tiende a
desunirnos, necesitamos fuerzas y toda federación es débil;
necesitamos dar la mayor energía al gobierno, y la federación
multiplica los obstáculos para hacer cooperar pronta y simultáneamente los recursos de la nación . . . Preveo la división,
el desorden, la ruina y el trastorno de nuestra tierra hasta sus
cimientos ("Discurso profético").

Luchó Mier también por la seguridad del individuo frente a las arbitrariedades del Poder; por el juicio de jurados; por
la difusión de la cultura; por todo aquello, en fin, que México ha ido poco a poco realizando a través de su evolución
histórica. Cuando alcanzó el cenit de su gloria, entre sus manos puras, y las del otro gran patricio, Miguel Ramos Arizpe, nació la República. Vidente iluminado, aconsejaba la forma centralista moderada, ponderando los peligros de una imitación inoportuna y servil de la federación americana: "No
clavéis los ojos demasiado en la constitución de los Estados

Es actual, por último, el Padre Mier por su constante preocupación en favor del indio; porque no incurrió en el absurdo criminal de escindir la familia de México con la línea que
marca el pigmento de la piel; sino antes bien, porque pugnó
siempre por la dignificación integral del indígena. En la segunda Carta a "El Español", dice: "Lo mismo sucedería a
esos egoístas de Tenochtitlán, y las tierras de esos viles criollos
se darán a los indios, como que las usurparon los conquistadores". Hermano y discípulo de las Casas, cerró con estas palabras su "Historia de la Revolución en Nueva España": "La
gratitud exige que el primer monumento erigido por manos
libres sea al hombre celeste que tanto pugnó por la libertad
de los antiguos americanos contra los furores de la conquista;
a nuestro abogado infatigable, a nuestro verdadero apóstol,
modelo acabado de la caridad evangélica y digno de estar
sobre los altares por voto del universo, menos de algunos españoles. Alrededor de su estatua formad vuestros pactos y
entonad a la libertad vuestros cánticos . . . Yo le pondría
esta inscripción tan sencilla como el héroe: "Extranjero: si
amares la virtud, detente y venera. Este es Fray Bartolomé

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�de las Casas, Padre de los Indios".
Haciéndole la justicia que algunos de sus compatriotas
le niegan, Julio Cejador asienta: "Cri_olo el ~~s bat~llado~,
rebelde e inquieto de su época, para quien d habito fue camisa de fuerza admirador de la Enciclopedia, vivo en el aprender, insinua~te en el persuadir, bullidor sempiterno, cándido
y audaz, sencillo y complicado, humilde y orgulloso, todo en
una pieza, sufrió horriblemente, y valientemente escapó de
mil prisiones, siempre libre y triunfante".
.
Honremos a este insigne predecesor, no por tradición
únicamente, sino inspirando nuestra conducta en su patriotismo indomable; en su probidad inmaculada; en sus ideales
incorruptibles; en su alucinada creencia en México ~ en su
destino, que ayudó a construír con su fervor, con su infortunio y con su sangre.

FRAY SERVANDO TERESA DE MIER
JAMAS FUE APOLOGISTA DE ITURBIDE

ARMANDO ARTEAGA SANTOYO
Al prestigioso amparo del benemérito Colegio de México, el investigador español José María Miguel i Vergés publicó a fines del año anterior Escritos Inéditos de Fray Servando Teresa de Mier, cuyo mérito principal estriba, a mi juicio,
en la divulgación de diversos manuscritos del gran luchador
insurgente, que ayudarán sin duda alguna a formarse un juicio más exacto sobre su personalidad histórica.

"

Universidad.
Monterrey, N. L., 1942.
Número 1.

Además de los manuscritos de Mier, entre los que figuran algunos tan importantes como el Manifiesto Apologético
y la Idea de la Constituci6n dada a las Américas por los reyes
de España antes de la invasi6n del antiguo despotismo, se publican dos cartas escritas por el obispo Henry Gregoire a Fray
Servando, y una dirigida por éste a la Regencia de España.
Los originales de estas tres últimas piezas fueron facilitados por don Alfonso Reyes, en cuyo poder se encuentran.
En cuanto a los demás, es bien sabido que se hallan en la
Biblioteca de la Texas State University, en Austin; por lo que
Miguel i Vergés debe haber utilizado para su trabajo, las copias fotostáticas que de aquéllos existen en la Biblioteca de la
Secretaría de Hacienda, por más que el autor no aclare expresamente esta circunstancia en parte alguna de su obra. Es
oportuno decir aquí, que en el Archivo del Gobierno del Estado de Nuevo León, existen también copias fotostáticas de
aquellos originales; y que en la expresada biblioteca americana se guardan, además, otros mucp.os manuscritos de Fray
Servando, sobre todo los de la correspondencia que recibía,
cuya publicación ha sido ya sugerida al propio Gobierno del

-

~~

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�Cada una de las piezas dadas a conocer en la obra del Señor Miguel i Vergés está precedida de una nota introductoria de gran utilidad, porque instruye al lector de los' orígenes
y finalidades de aquélla, fechas, lugares y circunstancias en
que fué escrita, los diversos textos o variantes que se conocen,
y sus relaciones con otras producciones de Mier. Por último,
un completísimo índice analítico facilita considerablemente
la lectura y consulta de la obra.
Sin otro propósito que el de promover una discusión que
dilucide definitivamente este punto, quiero señalar lo que a
mí me parece un error imperdonable del autor del libro: la
inclusión del manuscrito titulado Exposici6n a lturbide en su
exaltaci6n al trono entre la producción de Mier.
El mismo Miguel i Vergés dice en el párrafo final de la
nota introductoria relativa que "parece arriesgado atribuír
decididamente la paternidad de esta exposición al P. Mier.
A pesar de haberla hallado entre sus manuscritos, y de ser de
sobra conocida su actitud inicial hacia lturbide, en pugna
con la que había de adoptar al poco tiempo, los conceptos en
ella expuestos parecen de un absolutista. La letra también
ofrece a nuestro entender, ciertas dudas, aunque Genaro Es.
trada 'la calificó, sin vacilaciones, de Fray Servando, igualmente como las múltiples enmiendas que la Exposición contiene".
Para quien se ha familiarizado con el estilo de Fray Servando, o ha tenido frecuentemente a la vista sus manuscritos,
y Miguel i Vergés se halla sin género de duda en ambos casos no existe motivo alguno para atribuírsele esa obra, cuyas
id:as, por otra parte, son absolutamente opuestas a la~ que él
sustentaba y por las que fue tan tenazmente perseguido.
Escojamos al azar algunos párrafos de la Exposici6n:
"Por El (Señor) reinan todos los reyes; así los que establece
el nacimiento porque es dueño de la naturaleza, como los q~e
consagra la elección, porque El preside en todos los consejos,
a todos los monarcas ha hecho imágenes suyas y depositarios
de su poder porque quiere que todos tengan en su pueblo la
distinguida gloria de hacerlo reinar".

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¡De qué _dis~t~ modo habló siempre Fray Servando!
En 1~ Memoria Pol,t,ca Instructiva leemos: "Los textos de la
Escntu!a que se alegan a favor de los reyes están muy mal
en_tendi1os • _- . La naturaleza no ha creado reyes, ni Jesucristo_ vmo smo a san~ificar los hombres, plantando virtudes
pracucabl_es en todo genero de gobiernos. Sufran los pueblos
que ya tienen reyes ese azote del poder divino. ¿Por qué
atraer ~bre nuestras cabezas esa venganza del cielo?" y
en su_ disc~rso d_el _15 de julio de 1822, precisamente cuando la
mareJada impenahsta golpeaba iracunda los escaños del Cons-t~tuyente, dijo: "Yo no pude ocultarle (a Iturbide) mis sent1m1entos, patentes en mis escritos, y de que el gobierno que
nos convenía era el republicano, bajo el cual está constituída
t~a la A~érica del Sur y el resto de la del Norte, pero tambien le diJe q~e no pocha ni quería oponerme a lo que ya
estaba_ hecho, siempre que se nos conservase el gobierno representativo y se nos rigiere con moderación y equidad. De
otra suerte él se perdería y yo sería su enemigo irreconciliable, porque no está en mi mano dejar de serlo de los déspotas y tiranos. Sabría morir, pero no obedecerlos".
Dice la Exposición: "No ha permitido, ni puede tolerar
V. M. que s,: hable con desprecio en este imperio, aún del soberano espanol que se supone ya enemigo nuestro. Tal es el
con~epto que justamente le merece la autoridad real . . . "
¿Cómo pueden atribuírse estas expresiones a Mier, que al hab_lar de Carlos IV o de su dignísimo hijo Fernando lo hizo
siempre con el más sangriento -y justificado- sarcasmo?
. '.'A nadie ~edo, c~ertamente, el interés y el deseo de la
felicidad y glona del imperio y personal de V. M. . . . " El
que tal dijo no puede ser el mismo que según Lorenzo de 7,a.
vala. "~ablaba del. Emperador con ta;to desacato, ponía tan
e? _nd1culo su go?;erno~ que el tolerarle hubiera sido un principio de destruccion mas, entre tantos como existían. Declamaba ~n el Congreso, en las plazas, en las tertulias, y predicaba sm embozo, provocando la revolución contra la forma
adoptada".
Una última cita de !a Exposici6n: · "Esta conducta digna

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�de V. M. hará un contraste poderoso a la de los ilustradores
de nuestro siglo . . . En la boca de estos hombres pervers~
todo acto religioso es supersticioso, toda conducta regular? hipocresía . . . Guárdese V. M. como de declarados enemigos,
de esta raza de hombres malvados que nada omiten para hacer progresar su sistema de ruina y desolación . . ." ¿Pudo
jamás hablar así aquel a quien el ~rzobiS{)O Núñ;z de ~~ro
desterró a España .por haber predicado un sermon que fomentaba la inflación y tenacidad del propio juicio contra los
preceptos apostólicos"; y cuyas obras a juicio de la Inq~isición
en 1817, no eran "sino fruto venenoso tornado de los fil?sof~s
llamados liberales, de los impíos francmasones y de los iluminados detestables"?
No, no hay ni puede haber identi~ad ni co~sión posible entre el autor de la Exposición y el de la Histona de la Ret1olución de N ue11a España.
La malicia partidista, o la suficiencia improvisada, proponen entonces una perversa explicación: la falta de consistencia política y de entereza moral transformaban al gran devoto de las formas republicanas en el más encendido apologista del imperio.
Pero es que si alguna vez se mostró Mier intransigente
fué en su oposición invariable a los designios imperialistas de
Iturbide, cuya cabeza llegó a pedir desde la tribuna del Congreso. Ya desde Filadelfia, en 1821, le había escrito: "Tú
debes colgar hasta la idea de darnos un Emperador. Así es
como únicamente borrarás hasta la memoria de los males
inmensos que en diez años hiciste a tus compatriotas por un
error de opinión. Sostén la Independencia; pero la Independencia absoluta, la Independencia sin nuevo amo, la Independencia republicana".

vidades anti-imperialistas eran notorias en la región, como
lo declararon Ramón Harmida y Bernardo Barrios en la sumaria secreta que desde entonces se empezó a instruír por
orden de Iturbide.
El Doctor José María Luis Mora aporta un juicio que debe considerarse verdadero por la reconocida autoridad de su
autor: "la franqueza y la beneficiencia formaban el fondo de
su carácter . . . ni aún en las épocas más peligrosas y circunstancias más críticas disimuló ni tuvo embarazo en manifestar
sus opiniones y hacer patentes sus ideas".
Alamán, que conoció perfectamente a todos los que protagonizaron aquella trágica jornada dice de Mier: " ... el
nuevo monarca (Iturbide) no tenía enemigo más acérrimo ni
que mayores daños le causase. Apenas desembarcó en Veracruz, cuando se desató en invectivas contra la monarquía, en
términos que desde entonces se le empezó a instruir secretamente sumaria".
Durante los escasos noventa días que van desde su arribo
a Veracruz a fines de mayo, hasta el 26 de agosto de 1822 en
que fué aprehendido, la conducta de Mier aparece en todo
momento bien clara e inequívoca. Nadie que la estudie imparcialmente puede imputarle la flaqueza, la ambigüedad ni
la hipocresía que se requieren para suponerlo autor de la Exposición. Atribuírsela es agraviar injusta~ente su memoria.

Armas y letras.
Monterrey, N. L.
Septiembre de 1945.
Número 9. Año 11.

Y en cuanto toma tierra en Veracruz comienza abierta• contra e1 "Varon
' de n·ios", y este,
' a su
mente su campana
vez, principia a perseguirlo. El 25 de junio el Comandante
General de aquella provincia previno al Comandante de Alvarado que vigilara estrechamente al Padre Mier, cuyas acti-

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�EL PADRE MIER Y LA BANDERA NACIONAL

DAVID ALBERTO COSSIO
Si repasamos cuidadosamente la galería de hombres ilustres de Nuevo León, ninguno de todos ellos ofrecerá aspectos
más interesantes en su vida íntima o pública, como el famoso fraile dominico, José Servando de Santa Teresa de Mier
Noriega y Guerra; revolucionario por temperamento; miembro de fa Iglesia, por equivocación.
Si por otra parte, detenemos nuestros ojos en las páginas
de la historia independiente de México, y en la que por encima de una minoría, muchas veces anónima de hombres de
verdadero mérito, se eleva una mayoría de logreros y arribistas, con seguridad que ha de corresponder al ínclito predicador y revolucionario de la Orden de Santo Domingo, lugar
preferente entre los primeros; y sobre todo, si se toma en cuenta su época, los hombres que lo rodearon y las circunstancias
que le cerraron más de una vez el paso, en su marcha hacia
la justicia, la democracia y la verdad.
·
La destacada figura de Fray Servando o Padre Mier, como
se le conoce más comúnmente, no sólo llena un pasaje de la
vida de su terruño o de su patria, sino que se ofrece como índice a los investigadores que asoman sus ojos ávidos a las honduras de la política de personas o de camarillas, en todos los
tiempos de nuestro país; se eleva como antorcha, en los momentos de tragedia de un pueblo que inicia sus pasos inciertos, en las tinieblas de todos los prejuicios; prorrumpe en el
grito de rebeldía y de reproche, contra los magnates y los
cortesanos que se entregan a la orgía del festín de Baltazar; y
se convierte, por último, en carne de presidio, por el crimen
de decir lo que otros callan, por llevar en sus labios la protesta contra los tiranos, cuando los viles, sólo aciertan a pronunciar palabras de adulaci6n y vasallaje. ¡Cuántas veces han

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hecho falta en las horas aciagas-de nuestra vida nacional, hombres como el Padre Mier, que sepan condenar los pecados políticos de nuestros estadistas, reprochar sus excesos, cuando
los humildes no alcanzan a beber ni siquiera sus lágrimas, que
sólo sirve_n para regar un suelo riquísimo, pero ingrato, del
que se alimentan y se enriquecen los extraños, aunque pocas
veces el pobre nativo, que levanta de ordinario su cosecha de
hambre incurable: hambre de pan, hambre de justicia, hambre de luz; las tres peores hambres que reducen a la categoría
de brutos y de parias a los hombres!
. E~,Padre Mier, parecía ~redestinado para la rebeldía y la
agitac1on. Por eso estaba leJos su alma de las quietudes del
claustro y de las resignaciones de la santidad. Fray Servando, nació para la búsqueda de la verdad, no importaba.en qué
lugares sombríos o luminosos; y de ese modo, iba muchas veces de lo sublime, a lo picaresco; de lo genial a lo grosero.
~speculaba a menudo, no solamente en los campos ajenos,
smo en los propios; se discutía a sí mismo, criticaba sus propios actos, en los más severos exámenes de su conciencia. Así
resulta explicable que confesara ingenuamente que había torcido su vida, y que no era su vocación la de sacerdote. Se
sentía, indudablemente, incapaz para retener los vuelos de su
espíritu, entre las cuatros limitadas paredes de su curato, cobrando diezmos, bautizos y matrimonios: y lo torturaba el grillete de la inmovilidad entre los recios y dilatados muros de
un convento, y sin más escapato.cias al pecado que algún mal
pensamiento, perdonado en el secreto d!! la comunidad y amparado por el fuero del hábito. El único sacerdocio que soportaba, acaso, el Padre Mier, era muy otro: la inmensa cura
del alma de toda una nación, en la que el atávico desprecio
a la muerte, del indio; la natural inquietud de la mayoría de
edad, en el criollo; y la inexperiencia de los nuevos ciudadanos libres, formaban un complejo de circunstancias desfavorables para que la patria naciente, se desarrollara sin tropiezos, a la manera de esos infantes que se hallan exentos de los
humanos perjuicios de una mala herencia de sangre.
Para pelear y vencer, Fray Servando, no necesitó jamás

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�de las armas de los guerreros; su espada, en tal caso, no hubiera herido tan hondo ni sangrado tan copiosamente, como su
pluma, como su palabra. Por eso mismo, causó siempre entre sus enemigos, verdadero pánico cuando sus escritos estallaban en ironías, como agudas y afiladas flechas; cuando,
de entre los pliegues de su mant~o de religioso que predicaba
con las mismas frases de Jesús, doctrinas nuevas de revolución, se extendía su brazo útil, en ademanes fogosos que acompañaban la vehemencia de su discurso parlamentario, de continuo agitador de conciencias y corazones.
Nació el Padre Mier en la ciudad de Monterrey el 17 de
octubre de 1763 y no el 1773, como aparece en reciente libro
de distinguido historiador. En mi obra "Historia de Nuevo
León" se inserta la boleta de bautismo en la Iglesia de San
Francisco de Monterrey, que destruyeron en 1914 las fuerzas
carrancistas.
Tocó nacer, pues, al inquieto fraile revolucionario, en uno
de aquellos años en los que el ritmo de la nacionalidad era,
en apariencia común, para españoles, criollos, meztizos y buena parte de indios domesticados, de los muy indómitos que
habitaron en el Nuevo Reyno de León, por esa y las anteriores épocas, y de los cuales se servían entonces las familias acomodadas, como esclavos, y entre ellas la misma del Padre
Mier, cuyo jefe era el escribano don Joaquín Mier y Noriega, de procedencia asturiana.

de su grado de doctor y privación de sus libros y sus ropas sacerdotales; por último, destierro a España y prisión en el Convento de las Caldas. Aquí empezó para Fray Servandó, una
vida de constante inquietud: cárceles y evasiones; es decir,
una serie de aventuras que tienen por momentos mucho de las
del manchego Don Quijote, por su espiritualidad; y que no
carecen de los aspectos de aquellas otras de nuestro Periquillo
Sarniento, por lo humanas.
Desgarradas las ropas, y afligido muchas veces por el
hambre, marchó desde entonces el Padre Mier, de pueblo en
pueblo de la vieja Europa predicando su doctrina de rectificaciones a las viejas mentiras del mundo, sustentadas unas veces por los déspotas y otras por los crédulos.
Imposible narrar en unas cuantas páginas siquiera algunos capítulos de la accidentada y ondulante vida del Padre
Mier, durante los diez o quince años que siguen, después del
primero de sus encarcelamientos. Lo hemos hecho ya en libros y artículos de periódicos y revistas, y no han hecho mejor
que nosotros, distinguidísimos escritores. Las reclusiones de
Fray Servando en Burgos; la revisión de su proceso en Madrid; su vida en Bayona, miserable en lo físico, pero de gran
riqueza, cuando traduce la "Atala" de Chateaubriand y le
abre las puertas el Instituto de Francia, son páginas de las más
inquietas e interesantes de su existencia andariega y febricitante. Su secularización en Roma; su nueva prisión en Sevilla y su viaje a Portugal, tras de espectacular evasión, son
otros capítulos de su novela. Nuevos viajes a Francia e Italia, persecuciones tenaces de los miembros del Santo Oficio de
España y brillantes defensas, componen otros pasajes de su
vida que a veces parece confundirse con la leyenda.

Una humilde aula de primeras letras, constituyó la cuna
espiritual en donde arrulló sus prístinas ideas, el Padre Mier;
la iniciación de sus triunfos intelectuales, tuvo lugar en el
Convento de Santo Domingo de la ciudad de México. Muy
pronto demostró el joven fraile que seguía la ruta luminosa
de los más esclarecidos hermanos predicadores que continuaban la tradición guerrera contra la herejía, comenzada en el
siglo XIII, en Tolosa. En 1794, pronunció el célebre sermón
guadalupano en el que, si no negaba la aparición de la Virgen, sí sostenía que no era artículo de fe creer en dicho milagro. Esto le bastó, en medio del mayor escándalo, para recibir el más injusto de los castigos: excomunión, destitución

En 1811, lo vemos ya en Inglaterra, dedicado a escribir;
pero mojada su pluma en la volcánica lava de sus convicciones revolucionarias contra el despotismo español, en América.
Los primeros brotes insurgentes en México, le dan ocasión
de llenar libros de fuego: sus "Cartas de un Americano Español", su "Historia de la Revolución de Nueva España, antiguamente Anáhuac", su "Memoria a las Repúblicas de Amé-

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91

�rica'\ son escritos vigorosos que pregonan definitivamente sus
ideas reivindicadoras. Adopta el seudónimo de "Don José
Guerra, Doctor de la Universidad de México", como para hacer más misteriosa su personalidad de drama, unas veces; otras,
de sainete.
La "Historia de la Revolución de Nueva España", hecha,
en gran parte, a base de cartas y recortes de periódicos de la
época, carece de la serenidad y aliño de la obra del buen historiador; pero esto no quiere decir que no sea de grandísima
importancia, por las cuestiones que trata, además de los temas históricos, siendo el Padre Mier uno de los más autorizados por entonces, para discutirlas. Este libro contiene el origen y principio de las insurrecciones en América y también
una disertación con el fín de probar que la predicación del
Evangelio, en el Nuevo Continente, fue anterior a la conquista, por Santo Tomás; lo que sostuvo, Fray Servando, hasta su
muerte.

Las páginas de los libros de este famoso clérigo rebelde, se
leen con avidez en Europa. No siembra, pues, en tierra dura; mientras, corre en América la sangre de los criollos, de
los mestizos y de los indios, que_ pelean bravamente por la
emancipación de la Nueva España. Dice que no se espere
ayuda de los europeos, que si bien antes clamaban algunos
contra la opresión de los mexicanos han vuelto ya las espaldas e impiden el auxilio que pudieran prestar los Estados Unidos a los heroicos sacrificios de sus hermanos en América.

profecía encierran estas palabras en las páginas del Padre
Mier!
En el mismo tono vehemente añade en uno de sus libros:
"Sólo ~s encargo. la unión, y entonces, España, no digo arrui.
nada, smo floreciente, es un enemigo muy insignificante para
vosotros".
Tilda de funesta equivocación, Fray Servando, el copiar
en México las leyes del vecino país del norte. Escribe estas
frases: "No clavéis los ojos demasiado en la Constitución de
los Estados Unidos". Recomienda los principios legales que
informan a la nación inglesa, con estas palabras, textuales:
"Me parece que vuestro modelo, en cuanto lo permitan las circunstancias, debe ser la Constitución de esta nación dichosa,
en donde escribo; y en donde se halla la verdadera libertad
seguridad y propiedad. Ella ha sido la admiración de los sa~
bios y la experiencia de los siglos; demuestra su solidez para
que, sin considerarla, arriesguemos ensayos del todo· nuevos,
demas!:dos sangrientos, costosos, y tal vez irreparables, si s_e
yerran . Se burla de los franceses en esta forma y por la misma causa: "No la hallaréis escrita como comedia, por escenas; éstas, pertenecen al género alegre y ligero de los franceses, que han rematado en ser esclavos de un déspota".
Hace comparación, el Padre Mier, de la distancia que
media entre los que iniciaron la independencia en el país del
norte y los que peleaban por la nuestra, en la segunda década
del siglo XIX: "Sobre todo, ellos eran ingleses, acostÜmbra-dos a deliberar en asambleas coloniales y sin una religión que
los dividiese con anatemas. Para nosotros, miserables esclavos
que con trabajo vamos sacando el pie de los grillos, todo ·e1
terreno es nuevo, mil esfinges del averno se nos aparecen a
cada paso y debemos pisar con sumo tiento".

Exclama, en una de sus encendidas parrafadas a los hijos
de América, lo siguiente: "Estaba escrito que os bañaseis en
sangre para que sepáis, por la carestía del precio, estimar más
vuestra libertad; y para que su árbol eche así profundas raíces
en los hondos sepulcros, a donde os han precedido tantos campeones, víctimas ilustres de la Patria". Y agrega, previsor:
" ... no quedéis expuestos en la guerra dudosa de la Europa,
a ser la presa del primer hambriento aventurero que arribe a
vuestras riberas, o a ver repartido vuestro país para compensaciones, como bienes mostrencos" ¡Qué honda y dolorosa

Si en cuanto a la forma de proceder, el fraile revolucionario propone cautela, en cuanto a la idea legalista se muestra
decidido partidario de las instituciones civiles. Dice: "Los
pueblos nunca se· han gobernado, sino por usos, prescripciones y leyes. Por eso me he tomado tanto traba jo en exhibir
las muestras".

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�Se pronuncia, el Padre Mier, allá en 18n, por el sistema
representativo democrático y asienta, naturalmente en el concepto de que el Congreso cumpla con su deber y no se convierta como lo ha hecho en muchas ocasiones, en la vida de
México, sin voluntad propia, en empleado del Ejecutivo Federal, lo siguiente: "Dividid las cámaras y estaréis seguros
del acierto. De otra suerte, tan esclavo puede ser el pueblo
representado por un rey, como por muchos diputados". Pone como ejemplos, la Convención de Francia y las Cortes de
España.
Contra las exaltaciones de los radicales de la izquierda o
de la derecha, en asuntos religiosos, algunas veces por convicciones sinceras, siempre respetables, pero en otras, por simples
conveniencias políticas, conviene leer sus declaraciones a los
insurgentes de los primeros años de la guerra de Independencia:

Para reforzar sus conceptos, Fray Servando reproduce aquellas palabras que el indio Maxiscatzin, le dirigió a Cortés, a
nombre, del senado, en Tlaxcala; y que impidieron que el
conquistador derribara sus dioses, como lo había hecho con
los de Zempoallan: Decís que adoramos piedras y palos y nosotros sabemos que lo son, en cuanto a figuras; pero no adoramos en ellas, sino los seres inmortales que representan del cielo, a los cual.es siempre nos hemos creído deudores de la prosperidad de esta república. Con11encernos de que son mal.os
contra el testimonio de la experiencia de los siglos, no es obra
de un día. Dejad al. pueblo tiempo para ilustrarse, informándose de 11uestra crencia, y si no fueren buenas, él precipitará
sus imágenes, por sí mismo. Mientras, nada de eso impide
nuestra unión en las armas; y peligraría, si adoptaseis una
pro11idencia intempesti11a.
Al recordar estas palabras del tlaxcalteca, dirigidas a Cortés, exclama, conmovido, el Padre Mier: "Este discurso, no
es de bárbaros; y si toda reforma, aun justa, ha ocasionado
violentas sacudidas en reinos de antiguo establecimiento, abismaría los nuevos". Poco más adelante, manifiesta: "mirad
lo que está pasando en España, por haber mandado apagar
los quemaderos de la Inquisición. La constitución civil del
clero en Francia, digan lo que quieran, no fue en realidad sino
un esfuerzo generoso, pero imprudente, para resistir la antigua disciplina, y sólo sirvió para aumentar los horrores de la
guerra civil".

"Menos hagáis novedades en materia de religión, sino las
absolutamente indispensables en las circunstancias. Este es el
resorte que han empleado los contrarios para tenernos encadenados y debemos estar muy sobre aviso para evitarles la
ocasión de proseguir su juego favorito. Por más abusos que
haya, dejad al tiempo y a las luces, su reforma; porque el hombre acostumbrado a adorar, sin serle lícito dudar, comienza
por aborrecer al que lo quiere ilustrar, como para vengar en
él, la divinidad ultrajada. Entren buenos libros y ellos esparcirán, insensiblemente, la luz, sin excitar odios ni divisiones". ¡Qué mayor verdad y que mejor exposición de motivos, que estas cuantas sabias palabras del Padre Mier, que sintetizan en ocho o diez renglones, un oportuno código moral
y científico, respecto al problema religioso que en México ha
costado ríos de sangre, y que solamente ha de resolverse con
ríos de tinta bien empleada en buenos libros, y ríos de palabras que enseñen en las aulas y las asambleas públicas! ¡Qué
anticipada condenación para los extremistas que quieren derribar los altares de piedra, antes de echar abajo, si es posible
con razones, por medio de la verdad, los altares interiores, en
las almas sencillas y creyentes 1

Se exalta Fray Servando cuando habla del apóstol de la
justicia, durante la conquista en América, el abogado de los
infelices indios: Fray Bartolomé de las Casas. Declara que
su estatua en México será el pregón más elocuente de cultura
y de gratitud. Agrega: "Alrededor de su estatua, formad
vuestros pactos y entonad a la libertad vuestros cánticos; ningún aroma más grato puede ofrecerse al genio tutelar de las
Américas, Obispo del Cuzco y de Chiapa, para darnos en una
y en otra, derecho a sus bendiciones. Su sombra os hará respetar de todas las naciones; y nadie podrá persuadirse de que
el pueblo de Casas, no sea virtuoso. Así como decía un filÓsofo de la antigüedad, que desembarcando en una playa, si

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�viese sobre la arena una figura geométrica, deduciría que había surgido en un pueblo culto, en viendo los extranjeros la
estatua de Casas, conocerán sin duda que se hallan en un pueblo justo, humano, dulce, caritativo y hospitalario. Yo le
pondría esta inscripción tan sencilla como el héroe: "Extran;ero; si amares la t1irtud, detente y t1enera. Este es Casas, el
Padre de los Indios".
Mucho tiempo antes de que el historiador Bustamante, se
refiriera a la traición de Elizondo, aparece ya en uno de los
libros de Fray Servando, una carta de español europeo en la
que proporciona detalles respecto a la forma cómo se preparó la emboscada en Baján. Esto destruye la suposición de que
la pérfida acción de Elizondo, ya comprometido con los insurgentes, haya sido inventada por el autor del Cuadro Histórico. Por lo demás, no ha sido Elizondo, desgraciadamente, en nuestro país, el primer traidor, ni parece que sea el último. La historia que lean nuestros hijos, dirá algo, seguramente, a este respecto. ¡Ojalá nos equivoquemos en estas
predicciones negras; de este modo, se habrá salvado la república de nuevas salpicaduras de lodo que empañarían la epopeya de sus glorias futuras, al tener que enfrentarse con mil
vestigios que ya se esbozan y que le cierran su marcha luminosa, pero ensangrentada, hacia el porvenir!
La inquietud de Fray Servando, no se conforma con escribir sobre temas revolucionarios de América y de México,
en lo particular. Se hace necesario tomar parte activa en la
insurrección. Junto con el-egregio español don Francisco Javier de Mina, que desea sumarse a los insurgentes mexicanos,
en defensa de la dignidad humana y con elementos que consiguen en los Estados Unidos, se embarcan para México y
arriban a las playas de Soto la Marina. Es indispensable que
Mina se interne a combatir y queda el fraile dominico al amparo de escasa guarnición insurgente.

contra amenazas improvisadas en la calenturienta cabeza del
mílite, y que distrajeran con el simulacro a su manceba. Fué
al déspota Arredondo, a quien tocó en suerte aprehender a
Fray Servando, en Soto la Marina, al atacar la plaza. De allí
salió rumbo a México, el Padre Mier, con grillos y en un macho aparejado. De esta aventura sacó la peor parte de sus
andanzas: la fractura del brazo derecho, al caer del bruto
animal, ignorante de que llevaba en sus lomos al más ilustre de los revolucionarios intelectuales de aquella época. Esta es, pues, la iniciación de la segunda etapa de la existencia
azarosa del Padre Mier, en su patria.
En Monterrey se guarda religiosamente la prensa que Fray
Servando trajo al país en 1817. Esta máquina de imprimir se
usó primero en Saltillo y después se condujo a la capital del
Nuevo Reyno de León.
De la reclusión de Fray Servando en las cárceles del Santo Oficio, queda aquella conocidísima cuarteta que revela el
ánimo del inquieto fraile, siempre entero y jovial, y que escribió para denigrar a sus carceleros:
"¿Qué cosa es la inquisición?
Un Cristo, dos candeleros
y tres grandes majaderos . . .
Esta es su definición".
Del calabozo del Santo Oficio, sale otra vez, bajo partida
de registro, a España. Pasa algunos días en San Juan de Ulúa,
y al pisar La Habana, hace nueva escapatoria; en esta vez para
los Estados Unidos.

Se deja sentir por entonces en Monterrey, la fiera bota de
Arredondo el despótico Gobernador Militar, que entretenía
su neurastenia de funcionario y de soldado, tocando a "generala", para que la tropa acudiera, arma en mano, a pelear

Pero al fín, triunfa la causa revolucionaria en México.
Entra el Ejército Trigarante a la capital. lturbide es el amo
de la situación. Su manto imperial se extiende, fas~oso y
despótico, tras el grito adulador del sargento Marcha. Se necesitan, por ende, en la República, hombres de la talla de Fray
Servando, para salvar al país, que parece desplomarse en los
primeros años de la conquista de sus libertades. Es llamado al
Congreso el Padre Mier, como diputado por Nuevo León; se
habla entonces con calor, por todas partes, de sus hechos, de

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�sus aventuras, de sus trabajos en pro de la independencia. La
humana ingratitud vuelve a acordarse del hombre faro, en
aquellos momentos angustiosos de la patria naciente.
Al desembarcar en Veracruz, es conducido nuevamente
a Ulúa, de donde sale a solicitud de algunos compañeros diputados. La entrada del Padre Mier, al Congreso, se hizo
memo;able. El 15 de julio de 1822, pronunció aquel violento y sangrante discurso autobiográfico que estremeció a la
Representación Nacional. Más tarde y desde la misma tribuna parlamentaria, no escatimó la ocasión de atacar a Iturbide como sátrapa y cruel; pidió al fín su cabeza, haciendo
temblar al Congreso.
Como representante en la Asamblea Constituyente de
1824, cerca del notable coahuilense, don Miguel Ramos Arizpe, su enconado contendiente político, formó lo más diligente, lo más patriótico, y a veces, lo más vanidoso y contradictorio de aquella junta parlamentaria, en la que se echaron las
bases de un gobierno mexicano, sobre los cimientos de leyes
extranjeras, sugeridas en gran parte por el colono texano Austin. Guardo una copia de estos documentos.
Preocupa, por aquellos días, al Padre Mier, muy hondamente, la división territorial de la República y de preferencia
en lo que concierne a Nuevo León, su patria chica. Lo combate de continuo su pariente y discípulo, a la vez que bravo
enemigo político, el intrigante "Toro chicharrón", Ramos Arizpe. Quiere éste echarle abajo todos sus planes, incluso el de
hacer de Monterrey la capital del Estado, al constituírse la
Nación, de acuerdo con el sistema federal.
El 7 de mayo de 1824, como es sabido, se expidió el decreto que declaraba Estado Libre y Soberano a Nuevo León.
En el mismo documento, se dice que Coahuila y Texas, mi_entras éste último no tuviera elementos para formar Estado aparte, dentro de la Federación, constituyeran uno solo. Hechos
posteriores, que no tardaron muchos años en ocurrir, demuestran que sí tuvo la oportunidad de separarse; pero, desgraciadamente, distanciándose, en lo político, de la República Mextcana.

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Toda la elocuencia de la palabra del Padre Mier, su interesante figura parlamentaria, el ascendiente político que
siempre tuvo en el Congreso y muchas otras circunstancias
que parecían favorecer sus ideas, no fueron suficientes factores para triunfar en su pugna sobre la forma del gobierno del
nuevo país. El Padre Mier sostenía el centralismo, y se fundaba en la tesis de que el federalismo que apoyaba Ramos
Arizpe, serviría solamente para crear pequeños sátrapas, en
los Estados. A pesar de que sustentaba una idea contraria a ·
sus propias decantadas convicciones de libertad, el federalismo, entendido a la mexicana, le ha dado la razón, más de
una vez, en lo relativo a pequeños y grandes cónsules improvisados.
En muchas ocasiones, Ramos Arizpe, "el chato embrollón" -otro de los apodos que le dió el Padre Mier al ilustre
coahuilense-, le sacó un pié adelante hasta contrariarlo. Ramos Arizpe, más de una vez, también, "se salió de madre",
como repetía con su acostumbrada vena festiva el Padre Mier,
lo mismo en el Palacio Nacional, que en la tribuna del Congreso, como en los corrillos de políticos gaceteros.
Por una parte, lo reducido de las dietas en aquellos años;
dineros que muchas veces por causa de guerra y trastornos
económicos, quedaban solamente escritos en la nómina; y por
la otra, la falta de orden de Fray Servando para manejar su
escasa hacienda particular, fueron motivos, más que suficientes, para que viviera el diputado sacerdote en constantes apuros, de los que se quejaba con amargura picaresca en sus mordaces cartas a los amigos de Monterrey. Nuestro dominico
fué un verdadero bohemio de la política; generoso a manos
llenas de cuanto poseía; "niño de cien años", como lo llamaba
Ramos Arizpe; condescendiente con las gentes que lo asediaban y jamás negligente para afrontar las más duras pruebas
de trabajo o de reyponsabilidades. Admiraba a todos su teatral y distinguida figura, como de gran actor, y su verba decidora y franca, a pesar de una larga lucha contra la envidia,
la insensatez, y la hipocresía y la malevolencia, ya viejo y enfermizo.

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�La obstinación de Fray Servando en sus ideas revolucionarias, dejaba fríos en otros días a los inquisidores, que suponían al Padre Mier el hombre "más peligroso del reino". A
sus escritos los tildaban de "ponzoña y veneno".

No es extraño a la vanidad del Padre Mier, cuando habla de su prosapia, de sus antepasados, de su descendencia de
los primeros conquistadores de Nuevo Le6n, y de todas esas
. paparruchas de linaje, tan escarnecidas en los tiempos actuales. Esta es una de sus grandes contradicciones: hablar al
mismo tiempo de feudalismo y libertad; sustentar el concepto
de independencia del humilde vejado, y recordar, a la vez,
con fruición y con arrogancia, su estirpe. Es contradicción,
también, referirse a Casas, en homenaje a su apostolado por
el indio, y denigrar a éste, como lo hace en alguna de sus cartas íntimas, con duros comentarios, para los indígenas.
El espíritu contradictorio de Fray Servando, se demuestra
en lo ya dicho y en muchas otras cosas. Ingenuo, como es
común a muchas altas mentalidades, se deja "emborundar",
por el habilidoso licenciado Borunda; cuenta, con picardía,
de la polémica póblica con un rabino, en la Sinagoga del Espíritu Santo, en Bayona, y sobre todo, con fruición, aquello
de que, tras de vencer a un judío en una controversia, le ofrecen a la joven Fineta para matrimonio, aunque la rechaza;
pero su triunfo le vale que los de la Sinagoga le llamen "Jajá",
o sea, sabio.
Es admirablemente sincero, cuando relata que unido con
desertores españoles, marcha de Bayona a Burdeos y siente
envidia de ver que aquellos, con trabajos de remiendos de zapatero, ganan lo que él no puede hacer, con todas sus letras y
filosofía. En fín, la vida de Fray Servando, en Europa, es un
capítulo de novela; su vida, en México, desde que desembarca
en Soto la Marina y permanece tres años en la prisión del
Santo Oficio, para luego seguir su cadena de aventuras, es la
de un verdadero Periquillo intelectual.
'

¡Qué fina sátira la del Padre Mier, cuando llama "Huchue~ches" a los sciiores de la Orden de Guadalupe que se
exhiben con sus plumas y cordones de seda, ante un público

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sencillo y torpe que los admira como a perso~ajes de comedia! j Cómo ríe con sonoras carcajadas, cuando habla de los
nobles postizos!
Si se ha novelizado mucho con respecto a la vida del Padre Mier, puede decirse, en cambio, que lo más humano de
toda su obra, son sus cartas Íntimas, en la época en que fué
diputado por Nuevo León, al Congreso Constituyente. Todas ellas revelan, renglón a renglón, la fluidez de su ingenio,
la mordacidad habitual del indisciplinado clérigo; y por último, el conocimiento profundo de los hombres y de la situación política y social, en que se movía, no como títere, sino
como un hábil titiritero. Con respecto a sus cartas, nos concentraremos, en esta plática, a entresacar unas cuantas frases
de las más pintorescas del Padre Mier. La mayor parte de
esas misivas fueron enviadas a su amigo el Canónigo y doctor don Bernardino Cantú, a la ciudad de Monterrey, en los
años de 1822 a 1824. Dice en una: "La letra es mala y toda
va llen_a de borrones; pero es necesario me dispensen; mis
ocupaciones no me dejan reposar; escribo siempre sin borrador y con la mano estropeada; tengo que escribir con la mano
en el aire, lo que me fatiga mucho".
Avisa que sale para Monterrey el general Garza, o sea
el mismo que después fusila a Iturbide; advierte que todo lo
remediará, y no "sucumbirá a las seducciones de los saltilleros". Manifiesta que Garza lleva a Monterrey su prensa, la
misma que es hoy una histórica reliquia. En la misma carta
declara que debe tenerse cuidado cdn Ramos Arizpe, porque
no ha visto "hombre más ciego por su villorrio".
En otra misiva, refiere las múltiples conspiraciones que
se descubren en la ciudad de México y otros sitios, asegurando que él mismo debía haber sido uno de los muertos. Recomienda al Canónigo Cantú, decir al doctor Arroyo, Rector
del Seminario, que "en república vive", que "republicano es
el gobierno", y que "se deje de sandeces"; que no declame
contra la administración y no prohiba a los colegiales que lean
los papeles públicos, "porque puede costarle hasta la preben-

da".

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�Afirma en una de 1us cartas que no tiene deseos de continuar como diputado; y que espera que vaya otro a México, ,
capaz de contrarrestar el influjo de Ramos Arizpe, que desea
llevárselo todo para Saltillo. Cuenta que lleva catorce meses
de existencia el Congreso, y él, diez meses de bartolinas horrendas. Agrega que le robaron quinientos pesos y que su
trabajo, es tal, en la diputación, que no tiene ni cinco horas de
sueño para descanso. Hace cuentas de lo que le cuesta el
correo, porque todo Nuevo León le escribe, y no tiene lo necesario para contestar las cartas.
Relata con el donaire suyo, peculiar, que para reemplazar a Bravo y Negrete, en el Poder Ejecutivo, hizo elegir al
Lic. Domínguez y a su amigo el general Guerrero; aunque
en otra misiva, trata a éste último en términos despectivos.

y anarquistas". Llama traidores a Quintanar y a Bustamante
y se engolfa en temas de alta política y de religión. Ya para
terminar esta carta, admirable, eh cada línea, añade:"Quiera Dios darnos un Congreso de sabios, que más que
nunca se necesita ahora; porque lo principal n9s falta, la Constitución Civil, el arreglo de la hacienda y de la Iglesia Mexicana. El Primer Congreso, fué de sabios, aunque en gran
parte, débiles. El segundo, de anarquistas y revoltosos. El
tercero, de necios presumidos. ¿De quién será el cuarto?
Tengo esperanzas de que no sea de.locos; porque si los yorkinos ganaron en el Distrito Federal, sabemos que han perdido las elecciones en Veracruz, Oaxaca, Puebla, Valladolid,
Guanajuato, Jalisco y Zacatecas. ¿Qué hará Nuevo León?
¿No nos enviará otro Senador y otro representante mudos por
su incapacidad? ¡Qué vergüenza! _Por Dios, suscríbase usted al Sol, para saber la verdad. El Aguila, no es pagada por
el gobierno sino para corromper con s~s embustes la opinión
de la Nación. Ya tiene usted allí una carta que vale por muchas; pero cuidado con el secreto; que podría comprometerme mucho; y estamos en vísperas de una, como la de Lobato.
El sabio Alamán, Director de varias compañías de minas, sa •
luda a usted y devuelve con afecto, sus expresiones".

La más interesante de todas las cartas del Padre Mier al
canónigo Cantú, es sin duda la fechada el 31 de agosto de
1826, que leí completa en otra ocasión en esta misma benemérita tribuna de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, y que recordaré a grandes rasgos. Habla en ella Fray
Servando, de sus dolores reumáticos y de que ha tgmado todo
género de medicamentos, "cálidos e irritantes". Manifiesta
en esa misma epístola que un médico, viéndolo ya ."amarillo
y con pintas negras" dedujo que era "hipocondría"; pero como las medicinas impuestas fueron tan fuertes que el !iJgado
no las soportó, la fiebre lo puso a las puertas de la muerte.
Agrega que el doctor Codorniú, le sacó, con sanguijuelas,
ocho onzas de sangre; y que las purgas antibiliosas tomadas,
lo resucitaron; por más que no estaba en condiciones de trabajar, ni corporal ni intelectualmente. Las consideraciones
que hace, son deliciosas, y lo oportuno de sus frases, provocan
a cada momento, a risa. Revuelve sus enfermedades con los
asuntos domésticos de la familia; con las más delicadas cuestiones políticas, en las que han intervenido masones escoceses
y yorkinos y sarandea a todos ellos de lo lindo. A Gu~rrero
lo llama "tonto"; y hace alusión a que los yorkinos habían
prometido al sureño hacerlo Presidente. Solamente tiene palabras de elogio para Alamán y Terán y dice que los substituyeron en sus ministerios, "pícaros e ignorantes iturbidistas

Las cartas del Padre Mier a que nos referimos, reproducidas en mi obra "Historia de Nuevo León", y algunas otras
que andan por ahí, deshilvanadas y paradójicas, siempre llenas de fogocidad y de inocentona: malicia y picardía, aun al
exponer los problemas más críticos y las situaciones más se-

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No obstante sus frecuentes choques políticos con Ramos
Arizpe, el Padre Mier llama en sus cartas, al coahuilense, "mi
querido Chato"; y concluye así una de sus epístolas al famoso Chantre y antiguo diputado a Cortes: "Vicente me escribe, el infeliz, para que lo recomiende a los canónigos de
Monterrey, especialmente a Lobo, para que recaiga en él la
sacristía de Saltillo, que renuncia un clérigo que está en Puebla. Yo no conozco al señor Lobo; interésese usted con él por
ese pobre hermano mío que, a pesar de ser bailarín, ha trabajado bastai:ite y es más cándido que yo".

�rías, nos pintan -lo hemos dicho ya en otras ocasiones- el
espíritu inquieto de este sacerdote, mezcla de católico y de libre pensador; y que no obstante las preocupaciones de la época en que vivió y su carácter de religioso, se mostró, a menudo, avanzado en sus doctrinas, negó la antigua idea del origen divino de los reyes, defendió la separación de la Iglesia
y del Estado, predicó la libertad del pensamiento y desconoció el poder civil del Pontífice, en Roma.
No es difícil darnos· cuenta de ese modo, cómo el Padre
Mier, logró encender, por todas partes, en torno suyo, entre
amigos y enemigos, admiración sincera. Electrizó con su palabra ágil y ducha y su ingenio deslumbrante; cautivó con la
historia, acaso un poco exagerada, de sus aventuras.
La familia de Fray Servando se extendió en la comarca

de Nuevo León y constituyó desde mucho antes de iniciarse
la Independencia, una selección de cultura y poderío. Cuando el Padre Mier fué diputado, se le tachaba contínuamente
de. nepotismo, debido a que solía recomendar, para los mejores puestos administrativos en Monterrey, a sus parientes
cercanos o lejanos. No faltaba petición de esa naturaleza, en
cada una de sus cartas, en favor de algún miembro de su familia. Sin e~bargo, esos pecadillos en su vida pública, se esfuman en la mmensa claridad de su talento, en la dulce bondad de su espíritu y en la inocencia de su alma que, aunque
al parecer de continuo rebosante de inquietud y rebeldía nunca se empañó en la más leve sombra de maldad.
'
Valiosos documentos originales o copias de éstos que encontramos respecto a la vida de Fray Servando cuando escribíamos, hace más de diez años nuestra obra histórica sobre
el Estado de Nuevo León y sin el propósito entonces de referirnos en algún libro especialmente al insigne fraile revolucionario, los pusimos en manos del inolvidable don Genaro
E~trada que andaba diligente en busca de todo aquello que
_diera luz respecto al inquieto dominico, del que decía Urbina
que fué .el. criollo "más batallador de su época; un espíritu de
alas muy ·grandes gue ~e sen~ía estrecho en la jaula de hierro
de sus preocupaciones". Lo que está fuera de duda es que

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Fray Servando causó más daño a Iturbide y a los déspotas de
su época, en América, que el resto de sus enemigos; por más
que es también inconcluso que este revoltoso fraile no dejó
de llevar en sus frecuentes contradicciones, aspectos dictatoriales cuando hacía prevalecer su única voluntad política;
siempre que lo dejara maniobrar Ramos Arizpe.
El fallecimiento del Padre Mier ocurrió el 3 de diciembre
de 1827. Pasó sus últimos días en el Palacio Nacional, en
donde recibió afecto y consideraciones del presidente Victoria. "El Sol" y "El Aguila", publicaron extensas informaciones respecto al acontecimiento. Para la ceremonia del Viático, el mismo Padre Mier invitó personalmente a sus amigos
y durante el acto pronunció elocuente discurso. Fué aquella
ceremonia, una vibrante nota de las que se disputan los periódicos: pueblo, soldados, estudiantes, funcionarios y bandas
de música, de los cuerpos de la guarnición, tomaron parte
en el evento. Se encargó de poner los óleos el entonces Excelentísimo Sr. Ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos,
D. Miguel Ramos Arizpe. Poco después, la prensa se mostraba sorprendida de que el Sr. Presidente de la Rep6blica,
"no hubiese salido a recibir al Dios de la Majestad", agregando: "porque de seguro, jan:,.ás su casa se vió más honrada
que con semejante personaje". Se asienta, por último, en el
propio párrafo: "que cuando Iturbide fue Emperador, habiendo hospedado en su casa al Coronel Imela Zamora", a
quien sacramentaron, "salió con una hacha de casa, hasta la
calle, a recibir a su Majestad, y nada perdió de su mando".
En verdad, la ceremonia del Viático al Padre Mier, se
convirtió en cuestión política; se hicieron crudos comentarios,
por sus enemigos,-del discurso pronunciado; lo que demuestra que ni próximo a la tumba, tuvo reposo Fray Servando.
Se aseguró, por algunos, que las palabras del que fuera vehemente representante federal en el Congreso, más que unci~s
frases de un clérigo en artículo de muerte, se convirtieron en
excitativa rcvolQ..cionaria.

Lo demás, ya lo sabemos; presidió el duelo del Padre
Micr, el benemérito general don Nicolás Bravo, entonces Vi-

105

�cepresidente de la República. El cadáver de Fray Servando,
se sepultó en el Convento de Santo Domingo y permaneció
allí hasta 1842. En 1861, al suprimirse las comunidades religiosas, la momia de Fray Servando, fué extraída, con otras,
del osario. El doctor Orellana, del Cuerpo Médico Militar,
se encargó de reconocer las momias encontradas y publicó un
cuaderno con notas biográficas; entre éstas, la de Fray Servando. De las momias sacadas, una quedó en la Escuela de
Medicina y cuatro se adquirieron para ser llevadas a Buenos
Aires. Entre éstas se supone que iba la del Padre Mier; lo
que sigue demostrando que ni más allá de la muerte, acompañó la quietud al esclarecido fraile revolucionario.
La más alta prueba del sincero . patriotismo de Fray Servando, como devoto de los insurgentes que nos dieron patria,
puede verse en el discurso que pronunció el 17 de mayo de
1823, al discutirse en el congreso el dictámen de la Comisión
de Guerra, con respecto a premios a los que sirvieron a la
causa de la Independencia, durante los once primeros años de
la guerra. Rezaba así el primer artículo: "Que se declaren
buenos y meritorios aquellos servicios que se prestaron en los
once primeros años de insurrección por hombres o mujeres,
siempre que se acrediten en debida forma, o consten por notoriedad pública, que sólo deberá entenderse a favor de los
jefes generalmente reconocidos, como los señores Hidalgo,
Allende, Jiménez, Abasolo, Morelos, Matamoros, don Leonardo y don Miguel Bravo, y don Francisco Javier Mina, cuyas viudas, hijos y deudos, tendrán derecho a las pensiones,
empleos u honores, que el gobierno califique corresponderles".
Al apoyar este dictamen, el Padre Mier, dijo lo siguiente,
con voz emocionada:

hallaron de repente en el teatro de la guerra, sin conocimientos militares, sin jefes idóneos, sin armas, sin plan, sin imprentas para comunicar el fuego patrio que ardía en sus corazones y aumentar sus prosélitos. Y tenían que pelear contra el fanatismo, que lanzando excomuniones abusivas, porque lo es toda excomunión en materias políticas, aterraba todo
el Anáhuac; contra el poder de los virreyes, sus ejércitos pertrechados y disciplinados, contra los tribunales, los premios,
las proclamas, las gacetas seductoras, las preocupaciones, el
nombre imponente de la España y su monarca contra las confiscaciones, la hambre, la desnudez, el terror, las llamas, el
patíbulo infame, una guerra sin cuartel. Y con todo, ejércitos de americanos se sucedían a ejércitos; perecía un insurgente y resucitaban diez, huían aquí como bizoños y desarmados, y volvían a presentar en otra ocasión sus pechos desnudos; les abrasaban sus casas y lugares, y nunca pudieron apagar la llama de la libertad que inflamaba sus cenizas; degollaban los prisioneros y millares corrían a vengarlos. Ellos
forjaron imprentas de palo e ilustraron a sus paisanos; organizaron al cabo su insurrección, formaron juntas, convocaron
un ·congreso, Congreso de héroes que con una mano combatían los enemigos de la patria y con la otra firmaban bajo los
árboles del Apatzincan, una constitución republicana. ¿Cómo los padres de la patria hemos de olvidar a los primeros
heróicos defensores de su independencia y de su libertad?".
"Sí, señor, hay militares llamados independientes y libertadores y unos y otros tienen su mérito que yo reconozco. Pero no es comparable con el de los insurgentes. Estos son los
apóstoles de la libertad, los padres que la engendraron. Y
desde luego, si son los independientes que once años estuvieron degollando sin misericordia a sus compatriotas, porque
aspiraban a la independencia, tienen derecho a que les agradezcamos el haberse arrepentido de su error y pasádose a seguir nuestras banderas. Pero no es lo mismo pecador arrepentido, que hombre siempre inocente."

"Negar los servicios que han hecho los insurgentes en beneficio de la Patria, sería negar la luz del día. A ellos se
debe verdaderamente nuestra independencia y nuestra libertad. Ni una ni otra hubiéramos obtenido sin el grito que se
dió en Dolores el año de 1810, y al cual correspondió el eco
de tantos patriotas, que desde entonces han hecho frente a
nublados espesos de pólvora y balas. Aquellos hombres se

"Lo mismo digo de los libertadores: reconozco su mérito; pero ¿cuándo hubieran llegado a hacerlo, si la sangre
de los insurgentes no hubiera preparado el campo para pro-

106

107

�ducir héroes? Decía San Cipriano que la sangre de los mártires, era semilla de cristianos, y se puede decir también que
la sangre de los insurgentes, ha sido la semilla de los libertadores. No es posible desconocer los servicios de aquellos, sin
los cuales no hubiera existido este congreso, ni libertad, ni independencia. La Comisión pidió con sobrada razón, el año
pasado, que se declarasen sus servicios buenos y meritorios,
dignos de la atención de la nación y del premio".
"Pero esta proposición no hasta, es muy vaga y general.
Hay multitud de oficiales de todas épocas: hay independientes, libertadores, patriotas o asesinos gratuitos de sus paisanos;
hay oficiales hechos de un golpe por Iturbide, porque le regalaron una casa u otra bobería semejante; hay oficiales maromeros que cuando todo estaba perdido y México sitiado, salieron a distancia de una legua para caer parados. Toda esta
chusma vaya a que la premien Fernando o Iturbide; yo sólo
reconozco mérito en los independientes que no se prostituyeron torpemente al ídolo que levantaron, y en los libertadores;
pero como ya dije, el mérito de ambos, es inferior al de los
insurgentes. Así yo añado a la proposición de la comisión,
esta mía: Pido que vuestra soberanía autorice al Supremo
Poder Ejecutivo para que reconozca como efectivos los grados dados a los primeros defensores de la Patria por el Congreso de Chilpantzinco, las juntas de Zitácuaro, iultepec, y
Jaujilla, y por los más célebres y acreditados generales patriotas como Hidalgo y Allende, Morelos, Matamoros, Victoria,
Bravo y Guerrero, siempre que examinados sus títulos y servicios, su conducta y aptitud, los juzgue su Alteza acreedores
a los grados conferidos".
"La justicia de esta proposición es tan evidente que no
necesita probarse, como no se prueban los primeros principios.
He dicho que el Gobierno reconozca los grados de los insurgentes, siempre que examinados sus títulos y servicios, conducta y aptitud, los halle dignos de ellos, porque sé muy bien
que, así como muchos de los insurgentes han hecho honor a
la causa que defendían, otros la han deshonrado, como sucede siempre donde hay gran multitud, y principalmente en los
principios, cuando las cosas no están organizadas ... ".

108

Al llegar a este punto de su discurso, el Padre Mier, fué
llamado al orden, considerando que se extralimitaba en sus
opiniones; pero Fray Servando, concluyó de este modo violento, su inflamada peroración:
"Digo, pues, señor, que es cierto ser grandísima la multitud de oficiales que hay en el Ejército; pasan de ochocientos y es imposible mantenerlos; pero no porque hay muchos,
que ya se van cercenando, porque muchos carecen de títulos
y otros no, merecen tenerlos, hemos de abandonar a los que
los tienen y los merecen más que todos por antelación de servicio, mérito superior, aptitud y conducta a juicio del Gobierno. Todo está previsto en mi proposición que presento para
que se tenga en consideración".
Como se ve, el Padre Mier por entonces defendía lo que
siempre ha sido un problema en toda causa noble: 1.a justa
recompensa a quienes la empezaron, ya que ordinariamente
son los segundos en seguirla o en aprovecharla, los que obtienen, muchas veces sin mérito alguno, los premios que pertenecen a quienes se sacrificaron en primer término, sin alcanzar más conquistas que la pobreza o la muerte y lo que es peor,
el más profundo de los olvidos por parte de sus conciudadanos y favorecidos.
Hemos creído muy oportuno incluír en esta plática que
corresponde al ciclo de conferencias de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, dedicado al movimiento insurgente de América en los principios del siglo pasado, la opinión de aquel poderoso enemigo de Iturbide, respecto a la
bandera que hoy veneramos, ungida por la sangre, de miles
de patriotas, y que, como nuestro himno, es uno de los más
altos símbolos de la nacionalidad mexicana.
En la sesión celebrada el 12 de abril de 1823 en el Congreso, y cuando los enemigos de Iturbide, por todos los medios posibles, atacaban al ex-emperador y a sus partidarios,
como hemos visto ya en anterior discurso del Padre Mier; y
después de que se leyó una exposición del General don Vicente Guerrero, en la que felicitaba al Congreso por su restitución y le ofrecía los servicios que pudiera prestarle, solici-

109

�tando de paso el permiso para entrar a esta capital con una
escolta de mil hombres; felicitación que se agradeció en términos expresivos y solicitud de entrada a la que se contestó
diciendo que no era .atribución del Poder Legislativo concederla, se puso a discusión el dictamen de la Comisi6n que
formaban el doctor Mier, Horbegoso, Argüelles y el licenciado Bustamante, respecto a la bandera nacional. Textualmente dice así el dictamen:
"Señor.-La Comisión especial en que Vuestra Soberanía
ha cometido el encargo de dictaminar sobre sello y colores del
pabellón nacional, en virtud de consulta del Supremo Poder
Ejecutivo de antes de ayer, habiendo conferenciado sobre la
materia, si no con la detención que hubiera querido, a lo menos
con la que ha permitido el precepto de Vuestra Soberanía,
encuentra que siendo las armas antiquísimas de la nación, las
que mandó usar la Junta Provisional Gubernativa del águila
sobre el nopal naciente de un islote de la laguna, el mismo sello
corresponde seguirse usando, aunque quitando al águila la corona imperial ·a estilo europeo, porque considera la Comisión
que es impropia de la antigüedad de donde procede nuestra
águila, y más impropia aún de las circunstancias en que se
halla la Nación".
"En cuanto al pabellón, la comisión informada por uno de
sus miembros de que el señalado por la Junta Provisional es el
mismo que de antemano usaba la República de Colombia, encuentra ser de necesidad el variarlo. En este caso cree deberá
adoptarse el que usaron los defensores de la independencia antes del año de 1821, que tiene la ventaja de haber ya surcado
las aguas del Seno Mexicano y ser conocido en los puertos del
Estado más considerable de los que nos avecinan".
"Por tanto, opina la comisión: Que el sello del Estado sea
el águila mexicana sin corona con la culebra entre las garras,
posada .sobre un nopal que nazca de una peña entre las aguas
de la laguna, y que orlen este emblema, dos ramas, la una de
laurel y la otra de encina, conforme en el diseño al que usaba
el gobierno de los primeros de/ensores de la Independencia".
"Que el pabell6n de la nación, considerándolo como divi-

IIO

dido en diez y seis partes, tenga las cuatro de enmedio, blancas
con el águila sobre el nopal en la piedra, y las doce restantes,
formen a su rededor una orla de cuadrilongos alternativamente blancos y azules, empezando por el superior pr6ximo al asta,
teniendo al borde de toda la bandera un filete como de la décima sexta parte del lado menor de color encarnado que separe
mejor los del pabellón del azul del cielo y del agua".
"Que la marina mercante o de particulares, use el mismo
pabellón; pero que en el cuadro grande del centro, sólo contenga el nopal sobre una piedra".
Para apoyar esta proposición contenida en el dictamen fechado el día anterior, habló el Padre Mier. Su discurso, como
todos los del fraile revolucionario, fue, aunque breve, impetuoso. Dijo ésto:
"Sólo el desprecio con que se ha mfrado a los primeros defensores de la patria, ocasiona estas disputas. Yo respeto como
verdadero al Congreso de Chilpantzinco, y aprecio la Constitución que dio en Apatzingán. La bandera que usaban los
llamados insurgentes, fue la misma reconocida en los Estados
Unidos: la reconoció el Estado de Nueva Orleans: se avisó al
Congreso de los Estados Unidos, y fue reconocida por él, de
manera que, cuando nosotros desembarcamos y desplegamos
el pabellón de los llamados insurgentes, nos saludaron con diecinueve cañonazos. Así es una bandera reconocida. Nosotros
teníamos cincuenta y seis corsarios que usaban de la misma
bandera; porque el almirantazgo que estaba, daba patentes firmadas a nombre del gobierno insurgente, y por mano del General Victoria: así corrían los mares. Eran respetados en todos
los puertos de América; en todas partes de América, era reconocido el pabellón, y así no hemos querido mudarlo. Los colores blanco y azul eran los colores de la casa de Moctezuma.
Por eso mismo se movieron los insurgentes a adoptarlos. En
Buenos Aires, usaron de azul y blanco, pero queriendo hacer
un gobierno de toda la América, por lo mismo adoptaron fajas
azules y blancas enmedio. Nosotros adoptamos el blanco y
azul hechos en cuadros para que no se equivoque con ninguna
bandera, y en los Estados Unidos, les parecía bien, porque des-

111

�de lejos se conocía. El que usaba el gobierno pasado, lo tiene
Baviera y la República de Caracas: y así hemos adoptado el
que usaban los insurgentes, que está reconocido, como he
dicho, en los Estados Unidos y en todos los puertos que se nos
avecinan".
"En cuanto al escudo hemos adoptado el que usaba el gobierno insurgente; la águila sobre el nopal y éste sobre la piedra: son las armas heráldicas de México; porque entre los antiguos mexicanos, se llamaba M{xico, Tenochtitlán, que quiere
decir la tuna o tunal sobre la piedra; de manera que cuando
se ponía un nopal sobre una piedra, leían ellos Tenochtitlán,
que son las armas de México".
"Me decían en los Estados Uni&lt;los y los de Colombia, que
poniéndolo, como lo habían puesto los insurgentes, orlado de
dos laureles, era el más bonito que se había inventado en las
dos Américas".
"Nosotros sólo hemos variado entre los insurgentes poniendo un laurel y una rama de encina; y está muy bueno así. Así
presentamos el diseño de la bandera. Está muy bonita: ahí
está y se puede ver".
Al decir ésto, el Padre Mier, señalaba el diseño de la bandera a los diputados, tal como la proponía la Comisión. Inmediatamente después, continuó:
"No hemos dado el diseño de las armas, porque no nos
ha venido a la mano ninguna patente de los insurgentes; pero
ya el señor Anaya, me ha prometido prestarme su uniforme:
en cuanto al diseño de las armas, este es el mejor que nos ha
parecido, y el más conforme a las antigüedades de nuestra
patria.".
A las palabras del Padre Mier, contestó el Presidente diciendo que no se adujera como razón el haber sido el blasón
y los colores de la casa de Moctezuma, porque la malignidad
abusaría _de esa especie; y que hallándose la Nación en perfecta
libertad, sin otras consideraciones, debería tener en cuenta solamente el Congreso, "la necesidad y utilidad nacional".

112

Lo relativo al sello, se aprobó, desde luego. En lo que
respecta a los colores, el diputado Paz se opuso a que se adoptasen los propuestos, por estar ya decretado y en práctica, el
uso del verde, blanco y rojo. El Padre Mier repitió que éstos
últimos confundían el pabellón mexicano, con el de otras naciones, y agregó que no era necesidad conservarlos, aludienqo
a las famosas tres garantías, puesto que ni la alusión era propia,
ni se necesitaba de esa materialidad para que se guardaran y
respetaran la religión, la independencia y la unión, que por sí
solas se recomendaban y todos tenían interés en que permanecieran.
También el diputado Fagoaga se opuso a la variación de
los colores nacionales. Dijo que por apreciable que fuera el
mérito de los primeros campeones de la independencia, no
debía olvidarse que el segundo grito en favor d~l movimiento
insurgente resultó más feliz que el primero, "porque tuvo la
suerte de lograr su complemento y que así no es extrañ~ que
la gloria ·de esta nación se perpetúe en la bandera tricolor bajo
la cual se consiguió". Textualmente, también, agrego: "Desde el principio se han creído simbolizadas las tres garantías en
los tres colores de la bandera; y los enemigos del Sistema Representativo que calumnian al Congreso de que atenta a la independencia y aún a la religión, harán creer al vulgo que se
intenta destruir éstas, cuando se quitan aquellos colores".
El doctor Mier insistió en su tesis anterior y dijo que las
calumnias contra el Congreso, de que hablaba el preopinante,
no podrían surtir efecto alguno; porque a más de ser increíble
que el Congreso intentara destruir las garantías, sus hechos
acreditaban que tenía todo empeño en sostenerlas.
El diputado San Martín interpeló a su colega Múzqui~
sobre el reconocimiento de nuestra bandera en los Estados Umdos, por haber estado comisionado este señor allá, por el primer
gobierno independiente. Múzquiz, contestó así:
"En efecto yo fuí con don José Manuel de Herrera a los

Estados Unidos por orden del gobierno que teníamos los que
en aquella época luchábamos por la independencia. Estuvimos
en el Estado de la Luisiana, y en este punto parece que nuestro

113

�pabellón es reconocido; pues a más de que nuestros barcos
entraban con él enarbolado sin sufrir ningúna reconvención,
todas las presas que se hacían al gobierno español eran allí
declaradas buenas, siempre que se acreditase tener patente del
gobierno mexicano, que así se llamaba al nuestro. Yo presencié
un caso de estos en que sólo se dudaba de si era o no la firma
del general Victoria, la que llevaba una condena, para declararla buena".

Se declaró el asunto suficientemente discutido; se suscitó
la duda de si se podía votar, no hallándose más de 84 diputados,
presentes; se declar6, a la postre, que sí, por no ser negocio
legislativo que debiera estimarse como comprendido entre los
que requieren para su votaci6n la concurrencia de la mayoría
del Congreso. Se desech6, pues, el artículo del dictamen que
pretendía cambiar los colores de la actual bandera-, por los que
usaron los primeros insurgentes en su pabell6n de campaña;
también se desech6 el tercero de los artículos del dictamen,

referente a la marina; y el diputado Florentino Martínez, presentó la siguiente proposici6n: "Que en cuanto al escudo se
use el de que habla el artículo aprobado; y en cuanto al pabellón, se esté al adoptado hasta aquí, con la única diferencia de
quitar al águila la corona, sin perjuicio de que vuelva a la
Comisión para que dictamine cuanto considere necesario en
la materia, según las observaciones hechas".
Opinaron los representantes don Francisco Fagoaga y don
José Joaquín de Herrera, diciendo que la proposición pasase juntamente con el dictamen a la Comisión, agregando Herrera que fuera presentado el mismo día, el nuevo informe.
Por su parte el mismo diputado Florentino Martínez, advirtió que el gobierno recomendaba el pronto despacho del asunto, debido a que un barco nacional estaba para hacerse a la
mar. Se aprobó, desde luego, la proposici6n de Martínez.
En resumen, es muy explicable que en la época a que
nos referimos, reciente la lucha de once años por la Independencia, exacerbados los ánimos de los patriotas que la iniciaron al ver la inconsecuencia de quienes intentaban opacar sus
sacrificios, el Padre Mier, saliera a defender los fueros de los
primeros insurgentes y también el símbolo auténtico de sus
primeros combates, sobre todo, si se toma en cuenta, lo dicho
ya, que es muy humano, y en México, preferentemente, el
jactarse de las conquistas que otros han obtenido en el gobierno y en las armas, en la ciencia y aún en las letras, sin mencionar siquiera muchas veces, la procedencia o la iniciación de
la conquista. Lo que sí es imperdonable, y debe decirse en
estos momentos hist6ricos de México, es que determinados
elementos hayan pretendido, más de una vez, substituír esa
misma enseña nacional y el himno que resuena en nuestras
almas en los momentos de angustia, como en los de clamorosa alegría, E._ consagrados, himno y bandera por la sangre y
las lágrimas de los mexicanos en la cimentaci6n de nuestras
instituciones y la firme edificaci6n de nuestra nacionalidad,
con himnos y banderas importados, sin arraigo en nuestros
sentimientos y que nos hablan s6lo del odio, la divisi6n y la
represalia.
¡El más espúreo de los hijos de una familia, hace olvidar

ll4

115

"Es verdad que el presidente no hizo declaración de reconocimiento a nuestra independencia, y yo casi ignoro las solicitudes del señor Herrera que iba encargado de ésto; pero la
respuesta que dio al embajador español Onís merece ser referida, porque contribuye a ilustrar la materia. Pedía en una
memoria el señor Onís que se le entregasen varios individuos
que estaban alí haciendo armas contra su naci6n, para remitirlos a su amo don Fernando VII de quien decía eran vasallos;
igualmente que no se admitiesen en los puertos de los Estados
Unidos ningún barco que llevase el pabell6n mexicano; y en
esta petición nos llamaba salteadores con los demás apodos que
los españoles acostumbraban. Fue la respuesta extrañando semejante petici6n, porque decía saber que el gobierno a quien
la hacía, no entregaba a ningún hombre cualquiera que fuese
el delito que en otra parte hubiese cometido: y a lo segundo,
tener dada orden a todos los puertos para que fuesen bien recibidas las embarcaci9nes que llevasen el pabellón mexicano".
"Por lo expuesto conocerá Vuestra Soberanía el papel que
representaba nuestro pabell6n en aquella época, ya en Orleans,
y ya también con el gobierno supremo".

�a todos su origen cuando santifica una procedencia de que no
tiene culpa, con hechos que ennoblecen su vida y la hacen
perdurable y amada en los corawnes de sus hermanos o de
sus vástagos; cuánto más una bandera que nació al grito de
entusiasmo de un pueblo que obtenía después de cruenta lucha, su libertad; y un himno creado para inflamar, sobre todos los errores y las claudicaciones de la época en que surgió,
el espíritu vigoroso y patriota de los mexicanos!
j Disculpemos

la actitud del Padre Mier al intentar sin
fruto, que se variaran el verde, blanco y rojo de nuestra bandera, para adoptarse el azul, blanco y encarnado, por el fondo
de buena fe y de justicia insurgente que entrañaba la proposición; pero condenemos, sin reservas, la de quienes pretendan cambiar nuestro pabellón a colores de insignias extrañas, o que intenten mistificar los acordes marciales de nuestro
supremo y único canto de guerra!

El Padre Mier y la Bandera Nacional..
Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.
México, 1939.

FRAY SERVANDO TERESA DE MIER
( Apuntes biográficos)

SANTIAGO ROEL
"Entre los hombres de mérito que ha producido Nuevo
León, ninguno es comparable al doctor Servando Teresa de
Mier, Noriega y Guerra, cuyos servicios a la Independencia
de la Nación y a la República y cuyo saber y azarosísirna vida
le han dado no poca celebridad". Así escribía Gonzalitos en
una de sus importantes producciones Históricas.
Fray Serva11do nació en Monterrey el dieciocho de octubre de mil setecientos sesenta y tres, habiendo sido sus padres
don Joaquín Mier y Noriega y doña Antonia Guerra. Hizo
sus primeros estudios aquí, y a los veintisiete años se graduó
de bachiller en el colegio de Dominicos, en la Capital de la
República.
Seis años después, comisionado por el Ayuntamiento de
aquella ciudad, pronunció en la Colegiata un sermón en honor
de la Virgen de Guadalupe. Sus enemigos se aprovecharon
de la novedad de conceptos que contenía aquella pieza oratoria y, pretextando que en ella se negaba la aparición de la
Virgen, lo mandaron procesar, encarcelándolo desde luego.
Condenado a diez años de reclusión en un apartado convento de España, comenzó su vida de prisiones, fugas, humillaciones, tormentos; hambres y miserias que habrían de perseguirlo durante veintisiete años.
Estuvo en Cádiz, en Madrid, en París, en Roma, en Barcelona, en Portugal y en Londres, unas veces en los presidios,
otras fugado de ellos, pero siempre altivo y lleno de patriotis-mo y de abnegación, aunque siempre también ingenuo. En
Madrid lo tuvieron en un calabow durante cuarenta días, haciéndolo padecer a tal grado que cuando lo sacaron a decla-

ll6

ll 7

�rar sufrió un desmayo. En Sevilla lo internaron en "Los Toribios", cruel prisión en donde supo de todos los rigores del
calabozo y las cadenas.
Fugado de "Los Toribios", en mil ochocientos ocho se
alistó como capellán del Ejército Español, asistiendo a varios
combates en contra de los franceses, cayendo al fin prisionero
de éstos. Fugado de nuevo de su prisión, pasó a Inglaterra
en donde trabajó sin descanso por la libertad de México, siendo su más notable obra escrita la que tituló "Historia de la Revolución de Nueva España", que tanto contribuyó a la Independencia, no sólamente de ese país, sino también de los de
Sud-América. Este libro le valió el Título de Miembro del
Instituto Nacional de Francia; su lectura hizo a Fernando
VII quitar el Virreinato a Vanegas y se cree que fué también
la que convirtió a lturbide en independiente.
La lectura de este importante libro fué prohibida por el
Tribunal de la Fé, aun a aquellos que tenían licencia para leer
toda clase de libros. Fray Diego de las Piedras, calificador
del Santo Oficio, al censurarla dijo: ... "Y la verdad, jamás
he visto obra que más convenga con el apellido de su autor.
Este se dá a conocer con el nombre y apelativo de D. José
Guerra, y desde luego en su obra hace la más decidida, indecorosa, cruel e injusta á las Supremas Potestades de Nuestros
augustos Católicos Monarcas: á las de los Soberanos Pontífices, muy especialmente Adriano VI y Benedicto XIV: a los
Exmos. Virreyes, Audiencia, Ilmos. Arzobispos, Sres. Inquisidores, Decretos del Santo Oficio . . . Ella comprende doctrinas falsas, exóticas, extravagantes, eversivas de los legítimos
derechos de Nuestro Soberano, factores y conspirantes a la rebelión; escandalosa, piarum aurium ofensivas, destructoras de
los verdaderos sentimientos de la piedad Cristiana y de la religiosa sumisión y obediencia a las legítimas autoridades ... "
La obra, en dos tomos fué editada en Londres, en 1813
-Imprenta de Guillermo Glindon-. La edición fué de mil
ejemplares, con un costo de 618 libras esterlinas. Casi todos
fueron enviados a la Argentina. A México sólo llegaron 22
que el Padre Mier traía en su equipaje cuando desembarcó en

Soto la Marina, con la expedición de Mina. Uno d_e esos
ejemplares existe en la Biblioteca del Círculo Mercantil Mutualista. Del resto sólo se sabe que existen otros dos: uno
en la Biblioteca Nacional y el otro en el Archivo General de
la República.
Con el General Mina desembarcó en Soto la Marina formando parte de la célebre expedición. Rendido el fuerte que
defendía Sardá, fué hecho prisionero y conducido a México,
cargado de grillos y montado en una mula. Siete veces se
cayó en el camino y, en la última, se quebró un brazo.
~res años estuvo en los calabozos de la Inquisición, y
cuando lo llevaban a Cádiz para continuar sufriendo su pena,
se les fugó en la Habana y de allí pasó a los Estados Unidos,
en donde estuvo hasta que se consumó la Independencia. Al
regresar por Veracruz fué nuevamente aprehendido, pues el
Puerto permanecía aún en poder de los Españoles.
El Juicio que de Fray Servando se había formado la Inquisición, después de tenerlo tres años en las cárceles secretas,
lo encontramos en un oficio que aquel tribunal mandó al Virrey. Dice así en la parte relativa . . . "Fr. Serbando, es el
hombre más perjudicial, y temible en este Reyno de cuantos
se han conocido. Es de un carácter altibo, soberbio, y presuntuoso. Posee una instrucción mui vasta en la mala Literatura. Es de genio duro, vivo y audaz. Su talento no común, y logra además una gran facilidad para producirse. Su
corazón está tan corrompido que lejos &lt;le haber manifestado
en el tiempo de su prisión alguna variación de ideas; no hemos recibido, sino pruebas constantes de una lastimosa obstinación. Aún conserba un animo inflexibo, y un Espíritu tranquilo, y superior á sus desgracias. En una palabra, este Religioso, aborrece de corazón al Rey, lo mismo que a las Cortes y a todo Gobierno legítimo. No respeta, ni á la Silla
A~ostólica, ni á los Concilios. Su fuerte y pasión dominante
es la Independencia revolucionaria, que desgraciadamente ha
inspirado, y fomentado en ambas Américas por medio de sus
escritos llenos de ponzoña, y veneno ... " (Sic).
Después de la Independencia fué nombrado Diputado

119

118

•

�por ~l ~uevo Reyno de Le~n. al primer ~ngreso Nacional, y
lucho sm descanso P&lt;:&gt;~ el regunen republicano hasta conquistarse una nueva pnsion ordenada por Iturbide, sufriendo su
tercer proceso y llegando a estar en un calabozo que llamaban "d_el olvjdo", nombre que indicaba claramente su objeto.
Luego estuvo en la cárcel de la Inquisición, y el u de febrero de 1823, cuando se pronunció la guarnición de México fué
puesto en libertad.
'
Reelecto por nuevo León como Diputado al segundo Congreso, sostuvo con fervor aquella teoría política que ahora se
conoce con el ~ombre de "Profecía del Padre Mier", ·PQf hab~r resulta~o cierta en todas sus partes, según la cual el gobierno mexicano debería tener una organización entre federal
y c_entr~l~sta, sin tocar ninguno de los dos extremos, pues era
pehg~o~mmo pasar del ré~en monárquico absoluto al democrat1co y federal. Profetizo entonces el Padre Mier que de
no procederse así "todo arderá en chismes, envidias, pasiones
Y habremos menester un ejército que ande de Herodes a Pi~
latos hasta que ese mismo ejército nos devore, según costumbre, y su general se nos convierta en emperador ó, a río revuelto, nos pesque un Rey de la Santa Alianza" . . . "Preveo la
división, el desorden, la ruina y el trastorno de esta tierra hasta en sus cimientos", decía para concluír. La historia nos demuestra cuan ciertas han sido aquellas proféticas palabras.
Fray Servando era alto, delgado y rubio. En el proceso
de mil ochocientos diecisiete, se hace constar que era . . . "de
53 años de edad, su estatura dos varas escasa su color blanco rubio, sus ojos pardos, pelo rubio y cejas ~ poco negras..."
Este proceso existe original en la Biblioteca de la Universidad
de Puebla.
En un extenso manuscrito, hasta ahora inédito, de puño
y letra del Padre Mier, que existe en la biblioteca de la Universidad ?e Texas, dice que abrazó la carrera eclesiástica por
un voto unprudente hecho en su niñez; y hablando de su
carácter, él mismo se expresa así " . . . les ruego pregunten á
cu~nt.os me han tr~tado algo de cerca y sabrán que el orígen
pnnc1pal de una vida llena de desgracias es mi candor y la

120

sencillez de un niño. En vano mis amigos me han exhortado
a tener, decían, una poca de picardía cristiana . . . Yo desafío
a ser mi enemigo á quien llegare á con~erme. V~ría q~e la
acrimonia misma de mis discursos proviene de la mgenmdad
con que no acierto a disfrazar la verdad, y aun ~e sorpre~?º
de haber ofendido en ella. Hay en mIS escntos, tamb1en,
cierta hipocrecía de cólera, porque no está en mis manos e5:
cribir sin vehemencia. Mi imaginación es un fuego, pero m1
' esta' sobre 1a region
., de 1os truenos . . . " .
corazon
Los últimos años de su asaroza vida los pasó el Padre
Mier en una habitación del Palacio Nacional, honrado por
todos los mexicanos. Murió el 3 de diciembre de 1827, a la
edad de 64 años un mes y días, y su cadáver fué depositado
en la Capilla de Santo Domingo, ~xhumado .el 42 y de nuevo
el 61. En realidad no se sabe a donde haya ido a parar y hay
quienes aseguran que un viajero Argentino lo llevó a Buenos
Aires.
El año de 49, el Congreso de Nuevo León dió el nombn
de Villa de Mier y Noriega, en honor de Fray Servando, a la
Hacienda de San Antonio de Medina, al Sur del Estado; después se puso su nombre a una de las principal~s calles. ~~
Monterrey, y en 1910 la Masonería de Nuevo Leon le eng10
una estatua en la plazuela de Zuazua ( antes llamada del Roble).
Fray Servando ha sido y seguirá siendo uno de los ~as
ilustres personajes de nuestra historia, acreedor a la gratitud
nacional.

Rasgos biográficos de Fray Servando Teresa de Mier Noriega
y Guerra.
Publicaciones de la Sociedad Nuevoleonesa de Geografía e
Historia.
Monterrey, N. L., 1942.

121

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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751803&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1963, Segunda Época, Año 6, No 3, Septiembre </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Bandera nacional</name>
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                    <text>SUMARIO

Robe,rto Caso Bcrcht, Breves consideracio11es en tQt'no a la idea leibniziana de subst&lt;111cia individua/ • Raúl Rangel Frías,
Ú)s . jóvenes ame la histo,-ia • W cnfilio
T rejo. En Jorno a lir noción de Jubsuzncia
Jegún el Tractan1s de Wittgenstei1J • Alphonse de Waehlens, Identidad y di/eren•
tia: Hpülegger y Hegel.

MARZO DE 1964
No. i Año 7

JI Epoca

��BIBLIOTECA CE
U. A. N. L

ARMAS yLETRAS
REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Rector Interino
LIC. ALFONSO RANGEL GUERRA

Secretario General
LIC. VIRGILIO ACOSTA

Departamento de Extensión Universitaria
Coordinador
HUGO PADILLA
Jefe de la Sección Editorial
JOSE ANGEL RENDON

Torre de la Rectoría
Ciudad Universitaria
Monterrey, Nuevo León, México

Quinto Piso

�'

:

' .

.

'

ARMAS YLETRAS
Revista de la Universidad de Nuevo León
No. 1

Año 7

Marzo de 1964

11 Epoca

SUMARIO

Roberto Caso Bercht, Breves consideraciones en torno a la
idea leibniziana de substancia individual ____________

Raúl Rangel Frías, Los jóvenes ante la historia __

5

. _____ 24-

Wonfilio Trejo, En torno a la noción de substancia según

el Tractatus de Wittgenstein __ ______________ _____ _______ 38

Alphonse de Waehlens, Identidad y diferencia:

Heide-

gger y Hegel _____________ ----------------------·------- 6i

�XV-7-111"
"'1, (

A\1-o 1 •

BREVES CONSIDERACIONES EN TORNO A LA IDEA
LEIBNIZIANA DE SUBSTANCIA INDIVIDUAL

ROBERTO CASO BERCHT

Singularum rerum singular propietates use.
Cicerón, Acaá., 1, 2, 18
Die Gege11stii11de enthaJten die Mogliclzkeit
aller Sachlagro.
Wittgenstein, Tractattts, 2.014
Leibniz debió terminar su Discours de métaphysique hacia 1684. En el año de 1686 escribe al Príncipe Ernesto, Landgrave de Hesse, rogándole remitir a Arnauld un manuscrito
que ha adjuntado a su carta.1 T enía en mucho al famoso te6l. Lo que realmente le envía es un sumario de los 37 artículos contenidos en su Discours. El escrito dió lugar a una larga correspondencia epistolar entre Leibniz y Arnauld ( 1686-1690) en torno a las cuestiones ~uscitadas por la noción leibniziana de "substancia individual". En nuestro comentario, prácticamente nos
limitaremos a la famosa corespondencia, más conocida y comentada, por cierto, que el propio Discours, si bien, en ocasiones,
habremos de dirigirnos a otros escritos. En las citas que se h.'lgan de las obras de Leibniz, la paginación hará referencia a las
ediciones españolas según se anota a continuación:
"Correspondance de Leibniz et d'Arnauld" en Correspondencia con Arnauld, trad. esp. Vicente P. Quintero, Editorial Losada, Buenos Aires, 1946. (Se citará Corr.).
"Discours de métaphysique" en Discurso de metafísica, versión y comentario de Julián Marías, (Textos anotados), Revista
de Occidente, Madrid, 1942. (Se citará Disc.).
"La Monadologie" en Tratados Fundamentales, (Primera Serie), trad. esp. Vicente P. Quintero, Editorial Losada, 2' ed., Buenos Aires, 1946. (Se citará Mon.) .

5

�logo que conociera durante su -estancia en París y se interesaba
por su opinión y juicio sobre la obra que aun n9 publicaba.
Arnauld, también a través del Príncipe, no tarda en dar su res-puesta2, diciendo que encuentra en los pensamientos de Leibniz muchas cosas que le asustan y que, por otra parte, no ve
la utilidad de un escrito que seguramente todo el mundo rechazará por encontrarlo los hombres absurdo y peligroso. Para ilustrar lo dicho, cita como ejemplo el artículo 13 del sumario, donde se sostiene que en el concepto individual de cada
persona se halla yá · todo lo que pudiera sucederle. El texto
del artículo dice a la letra: "La noción individual de cada
persona encierra una vez por todas lo que le sucederá." 3 Cree
Arnauld que de aceptarse esto, habría que concluir que si
bien Dios ha estado en libertad de crear o no créar á Adán,
suponiendo que haya querido crearlo, todo lo que después ha
sucedido al génerp humano" y lo que le sucederá siempre, ha
debido y deberá suceder por una necesidad más que fatal. En
efecto, dada la tesis del artículo 13, la noción individual de
Adán ·córiiprendía que él tendría t~ntos hijos, y- la noción in2; La carta de Leibniz es. del 11 de febrero y la de Arnauld del
13 de marzo de 1686. (Cf. Corr., pp. 7 y 13).

3. Corr., p. 9. (El subrayado es nuestro). En el artículo 13 del
Discurso de metafúica se dice: "que la noción de una substancia individual encierra de una vez para todas todo lo que puede
ocurrirle jamás, y que considerando esta noción se puede ver todo lo que se podrá enunciar de ella con verdad; como •podemos
ver en · la naturaleza del círculo todas las propiedades que se
· pueden deducir de ella." (Disc., p. 84). La noción de subst.ancia en Leibniz- llega a sufrir cierta variación de ·matices. En el
Discurso, la substancia es llamada · "substancia individual" empleándose así el leng·uaje de Aristóteles en la básqueda &lt;le las
·· únicas realidades verdaderas que, como aquél, . Leibniz sólo encuentra en los individuos. Más tarde, en la Monad-ología, se hablará de "mónadas", término· éste neoplatónico que sin duda tomó Leibniz de Bruno, y mediante el cual, como se. sabe, desig?aba ~roclo aquellas unidades inferiores al Uno supremo que ba¡o vanados a~pectos contenían la multiplicidad entera del univer5?· En esta última época, la substancia se presenta clara y decis1vam_ente. como una fuerza y, por lo mismo, corno algo supraespaoal a la vez que inmaterial,
,

·

6

dividua! de cada uno ·de estos hijos, todo lo que ellos harían
y · todos los hijós que tendrían, ' y así sucesivamente, hasta los·
días de Arnauld y aun más allá . : . La consecuencia extraída por Arnauld, que más adelante Leibniz ace'ptará como legítima mas no así su interpretación, constituye para el gran·
te6logo francés la supresi6n de la libertad tanto divina como
humana, así como la caída·en el más rudo fatalismo. Dice Arnauld: "No hay, por tanto, mayor libertad en Dios con respecto a todo esto, suponiendo que haya querido· crear a Adán,
que pretender que Dios, supbniendo que me ·ha querido crear,
ha estado eri libertad de no crear naturaleza alguna capaz de
pensar.'' 4
·
·
Tal interpretación, asombra grandemente a Lcibniz. 5 Ese
concluir que entonces todo debe suceder por una necesidad
más que fatal, se apoya en la errada creencia de qué las nociones o previsiones tornan necesarias a la cosas, y que una acción
libre no pue&lt;le estar implicada en la noción que tiene Dios
de la persona a la que pertenecerá. En las palabras de Arnauld que antes citáramos, que debieran contener propiamente la prueba de la consecuencia por él extraída, ve Leibniz tan
sólo la confusión de necessitatem ex hypothesi co1i :la necesidad absoluta. Recuerda que desde siempre se ha distinguido
entre lo que Dios es libre de hacer absolutamente y lo que se
obliga a hacer en virtud de ciertas resoluciones ya tomadas.
Dios ha regulado desde toda la eternidad el concierto todo
del universo, sin que esto disminuya su libertad de manera
alguna, parece decirnos Leibniz.
En la consideración de Arnauld, "que de ser aplicada con
verdad la tesis de Leibniz -a saber, que la noción individual
de Adán encierra todo lo que le sucederá a él y a su posteridad- habría que afirmar consecuentemente que Dios carece de libertad con respecto al género humano", encuentra
4. Cor-r., pp. 13s.

5. Su respuesta a las objeciones de Arnauld la hallamos en una larga carta dirigida al Landgrave con fecha del 12 de abril de 1686.
(Cf. Corr., pp. 15-26).

7

�dad, mirada desde· un cierto punto, difiere de su plano geométrico: tales actos de voluntad expresan todo el universo
del mismo modo que cada situación expresa la ciudad.

Leibniz que Dios es imaginado a semejanza de un hombre
que toma resoluciones según las circunstancias. Muy por el
contrario, piensa el filósofo, Dios previendo y regulando todas las cosas de toda eternidad, ha escogido desde el principio el orden y conexión del universo, y, por consiguiente, no
un Adán simplemente, sino un determinado Adán, del cual
preveía que. haría determinadas cosas y tendría determinados
hijos, sin que esta providencia de Dios, regulada desde toda
la eternidad, sea contraria a su libertad. Pues, ¿Acaso podía
la divinidad haber elegido un determinado Adán sin considerar ni resolver también todo lo que tenía conexión con él?
Dice Leibniz: "Dios, al escogerle, tiene ya en cuenta su posteridad, y elige al mismo tiempo la una y el otro. En lo cual
yo no puedo comprender que haya mal alguno." 6 Le parece
ingenuo decir que esta resolución libre de Dios le quita su
libertad. Si así fuera, para ser libre tendría que permanecer
en eterno estado de irresolución.

A partir de esta respuesta de Leibniz, vemos cambiar la
actitud de Arnauld, que en su carta inicial ~e había mostrado
innecesariamente duro. Escribe directamente a Leibniz, disculpándose de su ligereza de juicio y revelándole la muy buena opinión que de él tiene. 8 A medida que avanza el diálogo entre estos dos hombres, resulta notorio que la actitud
del renombrado teólogo se acerca más a un escuchar y preguntar con interés que a su antiguo replicar soberbio e indiferente. Con todo, si bien algunas de las dificultades _pudieron
ser aclaradas con la solución anterior, aun quedan problemas,
y Arnauld los plantea en sucesivas epístolas, dando lugar con
sus nuevas preguntas a una mayor profundización en la cuestión que nos ocupa.º
Arnauld está de acuerdo ahora en que el conocimiento
que Dios ha tenido de Adán, cuando ha resuelto crearlo, ha
encerrado el conocimiento de todo lo que le ha sucedido y de
todo lo que le ha sucedido y debe suceder a su posterid3.d.
Tomada en este sentido la noción individual de Adán, encuentra verdad en lo dicho por Leibniz. Mas hay aquí otras
dificultades según Arnauld: "Me parece que después de esto
queda por preguntar ( y aquí reside mi dificultad) si el enlace de esos objetos ( quiero decir, Adán, por una parte, y todo
lo que debe suceder tanto a él como a su posteridad, por la

Mas no e~ esto todo. Piensa as1m1smo Leibniz que la
objeción de Arnauld separa los actos de voluntad de Dios, los
unos de los otros, los cuales, sin embargo, están en relación
mutua. Muy por el contrario, hay que considerar la voluntad de Dios de crear un Adán particular como no separada de
todos los demás actos de voluntad con respecto a los hijos de
Adán y a todo el género humano: "Hay que considerar en
Dios cierta voluntad más general, más comprensiva que ejerce en vista de todo el orden del universo, puesto que el universo es como un todo que Dios penetra-de una sola mirada.
En efecto, esta voluntad comprende· virtualmente los demás
actos de voluntad referentes a lo que efltra en este universo ... " 7 En otras palabras, estos actos particulares de voluntad no difieren de la voluntad general sino por una simple relación. Esto es, ilustrando con un ejemplo del que se
sirve frecuentemente Leibniz, difieren de la voluntad general
poco más o menos a la manera como la situación de una ciu-

8. Carta del lJ de mayo de 1686. (Cf. Corr., p. 27).
9. En verdad, para el estudioso que se acerca a Leibniz la lectura
de esta cor~espon&lt;lencia es de utilidad singular en la c~mprensión
de una sene de postulados y afirmaciones que una primera lectura_de la Mo~~dalogía y del propio Discurso de metafísica no permite. Las dificultades de Arnauld, mutatis mutandis, no son otras
que las de todo aquél que se inicie en los grandes temas leibnizianos. Y es que, como el' propio Leibniz señalaba a toda per'
soi:ia ." !'°r muy h'b·l
a 1. que sea, 1e cuesta mucho compr~nder
al
prmc1p1? un pensamiento nuevo sobre una materia alejada de
los senados, y en el cual ni las figuras ni los modelos ni la imaginación pueden ayudarnos." ( Corr., p. 125).
'

6. Corr., p. 18_.
7. /bid., p. 19.

9

8

1

�otra) es tal por sí mismo, independit:ntemente de todos los
decretos libres de Dios, o si ha dependido de ellos, es decir,
si no es más que una consecuencia de los decretos libres por
los cuales Dios ha ordenado todo lo que le sucedería a Adán
y a su posteridad, el que haya conocido Dios todo lo que sucedería a Adán y a su posteridad; o si (independientemente
de esos decretos) hay entre Adán, por una parte, y lo que ha
sucedido y lo que sucederá a él y a su posteridad, por la otra,
10
una conexión intrínsica y necesaria."
Le parece a Arnauld
que Leibniz escogerá el último partido ya que antt:s había
afirmado que entre los posibles Adanes, Dios ha encontrado
un determinado Adán acompañado de ciertas circunstancias
individuales igualmente determinadas, y que, entre otros prt:dicados, poseía también el de tener con el tiempo una dada
posteridad. Supone Arnauld que afirmado esto deberá Leibniz conceder que los posibles son posibles antes de todos los
decretos libres de Dios, y que lo que está comprendido en la
noción de las cosas posibles, lo está independientemente de
todos los decretos libres de Dios. Ahora bien, para Arnauld
es to trae consigo dificultades invencibles. ¿Cómo expli~
car, por ejemplo, la venida al mundo por decretos libérrimos
de Dios de hombres como Isaac, Sansón, Samuel, etc. ? ¿Acaso estaban encerrados en la noción individual del Adán posihle, independientemente de los decretos divinos? ¿Y qué
decir de una infinidad de acontecimientos humanos que han
acaecido por órdenes particularísimas de Dios, como, entre
otros, la religión judaica y cristiana y, sobre todo, la encarnación del Verbo divino? Es inconcebible el pensar que todo
rsto estaba comprendido en la noción individual del Adán
posible, pues lo que se considera como posible debe tener todo
lo que hay bajo esta noción, independientemente de los decretos divinos.11
Para responder a estas "dificultades invencibles", se preocupa Leibniz de aclarar y precisar la raz6n de la diferencia
que hay en este punto entre las nociones de las especies y las
10. Corr., pp. 30s.
11. !bid., p. 32.

de las substancias individuales, más bien con relación a la voluntad _d~vina que con relación al simple entendimiento.
Transcnb1mos completo el texto, dada la importancia que tiene para lo que dentro de muy poco veremos:
Las rwciones e~pecíficas más abstractas sólo camprenden /as
verdades ne~esarzas o etema.s, las cuales no dependen de los decretos ~e Dios (sea lo que de ello dijeren los cartesianos); pero
/{is nooones de_ l~s st~bstancias individuales que son cümpletas
V car11,eu ~e d!stinguir enteramente su objeto, y que, por const~u,ente, t~pl'.ca~ _las verdades contingentes o de hecho y las
c,~;',,n!tanf!as znd1v1duales de tiem po, lugar y otras, deben tam!en ,mplic~r en su noción, tomada como posible, los decretos
.,b,·es d': Dios, tomados también como podbles, porque esos decretos lt~res son las fuentes principales de las existencias o hechos, mientras que las esencias están en el entend,-miento divino
antes de que 111 voluntad las considere.12

f

Se trata en lo anterior de la distinción entre verdades de
·az6n y verdades de hecho. En oposición a las verdades d,·
razón que. s~~ reducibles a idénticas y cuyo contrario implica contrad1cc1on, _las ver_dade_s de hecho son para Leibniz aquellas cuyo contrano no 1mphca contradicción al!lllila. 13 Pero
entonces, ¿Qué a la necesidad metafísica d; las verdade;
eternas está oponiendo Leibniz un tipo de verdades conting~ntes en las que la. ausencia de necesidad metafísica sea sinónimo d~ complet~ indete~~n~ción? C!ertameme que no.
~so se~1~, contrano al pnnc1p10 de razon suficiente; "contmge,?c1a n? se_ ,º~?ne aquí a "determinación". Es verdad
que dete~n_imac10? . supone "necesidad", pero no u na necesi&lt;lad met~1S1ca o log1ca. Para Leibniz, hay una necesidad ex
~ypoth~si, de cons~~~encia o condicional, según la cual una
cos~ e~1ste a cond1c1on de que otra exista previamente. La
razon mtegra de las verdades de hecho no podría por ello ser
1

12. /bid. , p. 55. (El subrayado es nuestro).
13. f:n el ar~culo 33 de la Monadología se d,.rán las siguientes definiooncs: Hay dos clases de verdades: las de raz6n y las de heLas verdades de raz6n son necesarias y su opuesto es imposible; Y las de hecho son contingentes y su opuesto es posible."
(Mon., p. 66).

c?º·

11
10

•

�alcanzada sino por análisis infinito, inasequible al espíritu humano, en tanto que un análisis finito basta para demostrar la
validez de las verdades de razón.14
·
Hecha esta distinción, puede responder Leibniz a Arnauld _mostr~ndo que, el ~ilema de la doble explicación que
propusiera, tiene un terrruno medio: el enlace entre Adán y
los. ac_ontecimi:ntos hum~nos es intrínseco, pero no es necesano mdependientemente de 101¡ deáetos libres de Dios. Esto, que suena a paradoja, se clarifica y comprend~ al observar
que los decretos libres de Djos, considerados como posibles,
entran en la noción del Adán posible, siendo estos mismos
decretos, hechos ya actuales. la causa del Adán actual. Podemos v~~• entonces, que· Leibniz está con Arnauld y contra
los cartesianos, en que los posibles son po~iqles antes de. todos
los decretos. actuales de Dios, pero no sin suponer algunas
veces l?s mismos decretos tomados como . posibles. En efecto, tent:ndo presente la aclaración que antes hiciéramos, resulta evidente que las posibilidades de los individuos o de las
verdades contingentes encierran eD, . su . noción la posibilidad .
de sus causas, a saber, decretos libres de Dios, en lo cual difie.
ren de. la~ especies o verdades eternas, que dependen sólo del
entendument~ de Dios, sin suponer voluntad. El problema.
pues, no era msuperable.
Co-? espíz:itu muy cartesiano, el infatigable Arnauld plantea de mmediato una segunda dificultad que hace referencia
al punto de partida mismo en nuestra meditación sobre la
subst~ncia indivi~ual. Dice el teólogo: "No debemos buscar
en Dios, que habita un lugar inaccesible a nuestra mirada las
verdaderas nociones específicas o individuales de las cosas 'que
conocemos,_ sino. en las ideas de estas cosas que hallamos en
nosotros." 1o De acuerdo con esto, razona Arnauld encontramos en nosotros la noción de una naturaleza individual, pues14. Para esto véanse los artículos 31 a 36 de la Monadología. (Mon.,
pp. 66)
s.

to que encontramos allí la noción de nosotros mismos: Por lo
tanto, bastaría el consultarla para saber lo .que está encerrado
en esa noción individual, a la manera como no tentmos más
que consultar la noción ·específica de una esfera para saber lo
que está encerrado en ella.
Al consultar lo que.está encerrado en su noción individual,
Arnauld encuentra como única certeza que no puede pensar
sin ser, ni set· sin ser é'l mismo. En cambio, observa que el
pensar que va a hacer un viaje, o que no lo va a hacer, no impedirá que él siga siendo Arnauld. Tales posibilidades, por
tanto, no entran .en su noción individual. Así se encuentre
previsto por Dios el que él hará ese viaje y así resulte esto un
hecho indudable, hay que .concluir sin embargo que ni lo
uno ni lo otro se.hállan comprendidos en su noción individual.
Para saber lo que encierra la noción individual de cada cosa
resulta, pues, innecesario el recurrir al conocimiento de Dios.
.

..

15. Corr., p. 36.
16. /bid., p. 58.

12

.

Al responder Leibniz a esta objeción, declara de antemano
hallarse de a1;uerdo e11 que la .conexión de los acontecimientos,
aunque cierta, no es necesaria. Y así, refiriéndose al ejemplo
puesto por Arnauld, señala que un individuo es libre de hacer
o de no hacer un viaje, pues· aunque estuviera encerrado en su
noción que lo hará, está también. encerrado que lo hará libremente; pero dado que lo h:\rá, es preciso que haya alguna conexión entre él, que es el sujeto, y la ejecución del viaje, que es
el predicaqo, pues "sempér enim notio praedicati inest subiecto
in propositione vera." 16 Habría una falsedad si no lo hiciese
que destruiría su nociqn individual o completa, o lo que Dios
concibe o concebía de él aun antes de resolver crearlo; pues
esta noción implica sub ratione possibilitatis las existencias o
verdades de hecho o decretos de Dios, de los cuales dependen
los hechos. Igualmente está de acuerdo Leibniz en que para
juzgar de la noción de una substancia individual es bueno con~
sultar la que tenemos de nosotros mismos, así como en que hay
que consultar la noción específica de la esfera para juzgar de
sus propiedades. Pero de la una a la otra noción hay muchí-

13

�sima diferencia, puesto que la noción de nosotros mismos o de
toda otra substancia individual es infinitamente más extensa
y más difícil de comprender que una noción específica como
la de la esfera, noción ésta incompleta que no encierra todas
las circunstancias necesarias en la práctica para llegar a una
esfera determinada. Dice Leibniz: "No basta para comprender lo que soy yo el que me sienta una substancia que piensa,
pues sería necesario concebir distintamente lo que roe distin- ·
gue de todos los demás espíritus posibles; pero de esto no tengo_ s~o una experiencia confusa." 17 Tal es la razón de que
Le1bruz opte, en su preguntar por la substancia individual, por
aquel otro camino criticado por Arnauld, ya que "aunque la
experiencia no me haga sentir todo lo que está encerrado en
mi noción, puedo saber en general que todo lo que me pertenece está encerrado en ella por la consideración general de
la noción individual." 1 '

El que, como dijera Leibniz, este axioma es un corolario
del principio enunciado, o que, por el contrario, sea más bien
el principio del cual fuera corolario aquél, es quaestio disputata. Para Bréhier, por ejemplo, la noción de substancia individual en Leibniz, se obtiene por una aplicación del principio
de ~az~n. a la~proposiciones verdaderas que tienen por sujeto
un md1v1duo.· Sea como fuere -y quizás lo ·que haya en
verdad sea una fundamental interrelación de principios, en la
cua!, dada una mutua implicación dialéctica, no sólo entren
en Juego los dos principios nombrados sino también otros no
mencionados 21- la firmeza y rigor de este principio lógico
se le manifiesta con toda claridad al propjo Arnauld, quien en
22
forma expresa comunica su gran impresión ante su verdad.

Hay cierto matiz, "muy leibniziano", en la escolástica afirmación de que echara mano Leibniz hace un momento para
resp0nder_ a la op?sic~~n de Arnauld -aquello de que semper
emm nottO praedtcatt inest subjecto in propositione vera. Vak
la pena ocuparnos de ello así sea con brevedad: Ya muy al
final de este diálogo epistolar, y refiriéndose a las razones dadas a las preguntas de Arnauld, dirá Leibniz: "En fin, he
dado una raz~~ decisiva que, a 1?"i juicio, hace las veces de
u~a de1?"ostrac1on, a saber: que siempre, en toda proposición
afirmativa verdadera, necesaria o contingente, universal o singular, la noción del predicado está comprendida, en cierto modo, en la del sujeto: praedicatum inest subjecto; o, si no es así,
no se ei:i ~u~ consiste 1a verdad." 19 Y agrega que éste es su
gran prmczpto, con el cual debieran estar de acuerdo todos los
filósofos, y uno de cuyos corolarios es el axioma de que nada
acaece sin razón, el cual explica siempre por qué algo es así
y no de otra manera.

20 Véase Etnile Bréhier, Historia de la Filosofía, trad. esp. Demetrio
Náñez, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1956, t. 11, pp. 699ss.

I

•

17. lbid., p. 59.
18. Ibídem. (El subrayado es nuestro).
19. lbid., pp. 63s.

H

Es en el artículo 8 del Discurso de metafísica donde Leibniz se ocupa de esta central cuestión, siendo muy significativo

21. Ortega y Gasset nos ofrece una lista de los principios de Leibniz,
que es la que sigue:
I
II
TJI
IV
V
VI

El principio de los principios.
Principio de identidad.
Principio de contradicci6n.
Principio de la razón suficiente.
Principio de la uniformidad o principio de ArlequTn.
Principio de la identidad de los indiscernibles, o principio de la diferenciación.
VII Principio de continuidad.
VIII Principio de lo mejor o de la conveniencia.
IX Principio del equilibrio o ley de justicia (principio de simetría en la actual matemática).
X .Principio del minimo esfuerzo o de las formas óptimas.
Como hace notar Ortega, si se exceptúan los principios segundo y terc~ro,. tod?5 los demás han sidc, instaurados originalmente por Le1bm~, sm, querer . decir con esto que no tengan an~edentes _en. 1~ filosof1~ a.ntenor. Cf. José Ortega y Gasset, La
,de': ~e -pnncip,o en 0bmz y la evoluci6n de la teoría deductiva,
(fübhotec; de la Revista de Occidente), EMECt, Buenos Aires,
1958. Veasc en esta obra lo referente a la idea de principio en
Leibniz o "Principialismo de Leibniz", pp. 11-16.
7.2. Ccrr., p. 69.
·

15

�para nosotros que lo haga a propósito de distinguir lo que sea
una substanci~ individual. Vemos allí que Leibniz está de
acuerdo en que cuando varios predicados se atribuyen a un
mismo sujeto, y este sujeto no se atribuye a ningún otro, se le
llama substancia individual. Mas esto no es suficiente, pareciéndole la explicación sólo nominal. 1:,o que hay que considerar, es en qué consiste ser verdaderamente atribuido a un
sujeto. Dice Leibniz: "Consta que toda predicación verdadera tiene algún fundamento en la naturaleza de las cosas, y
cuando una proposición no es idéntica, es decir, cuando el predicado no está comprendido expresamente en el sujeto, tiene
que estar comprendido en él virtualmente, y esto es lo que
los filósofos llaman in-esse, diciendo que el predicado está en
el sujeto. Así es menester que el término del sujeto encierre
siempre el del predicado, de suerte que el que entendiera perfectamente la noción del sujeto, juzgaría también que el predicado le pertenece." Y concluye: "Siendo esto así, podemos
decir que la naturaleza de una substancia individual o de un
erite completo es tener una noción tan cumplida que sea suficiente para comprender y hacer deducir de ella todos los predicados del sujeto a quien esa noción se atribuye." 23
Parecieran entonces resueltas las dificultades que se referían a la proposición principal de que nos hemos venido ocupando. Sin embargo, Arnauld había hecho asimismo algunas
observaciones de consecuencias importantes como veremos sobre ciertas expresiones incidentales de que se había servido
Leibniz. Así, por ejemplo, Leibniz había dicho que la suposición de_la cual todos los acontecimientos humanos pueden
deducirse, no es la de crear un Adán vago, sino la de crear un
Adán determinado con todas esas circunstancias, escogido entre
una infinidad de Adanes posibles.2 • Pues bien, sobre esto, Ar23. Disc., p. 77.
24,..Cf. Corr., pp. 19s. Por la noci6n individual de Adán entendía
Leibniz "una perfecta represcntaci6n de un determinado Adán
que tiene c_o~di~i?nes individuales dad_as, y que se distingue por
esto de una infm1dad de personas posibles muy_ semejantes pero
sin embargo, diferentes de él."
'
'

16

nauld hace dos importantes observaciones: una, contra la
pluralidad de Adanes; otra, contra la realidad de las substancias simplemente posibles.
En cuanto al primer punto, dice Arnauld, con muchísima
razón, que es tan difícil concebir varios Adanes posibles; coma:do Adán por una naturaleza singular, como concebir varios
yos.2 s Eri efecto, esos diversos yos serían diferentes los unos
de los otros; de lo contrario, no serían varios yos. Por lo tanto, sería menester que todos, salvo uno - el único yo ...:.... rio fuesen tal·yo, lo cual es una contradicción manifiesta. Esto dicho
respecto a los varios yos, transferido al caso de los varios Adanes posibles; conduce, según Arnauld; a un no menor contrasentido. No puede hablarse de varios Adanes posibles si Adán
representa una naturaleza singular, individual. · Leibniz · rio
deja de estar de acuerdo con esto, pero al mismo ti:empó adara el sentido en que era tomada la . pii.Iabra Adán en ·ese contexto. Cuando hablaba de varios Adanes, no tomaba a Adán
por un individuo determinado, "sino por. cualquier persona
concebida sub ratione generalitatis" 26·, esto es, bajo circunstancias que no determinan realmente a Adán en un individuo, ,como cuando se entiende :por Adán el primer hombre que· Dios
puso en un huerto ameno, del cual salió por el pecado. y de cuya costilla extrajo una mujer, etc., etc. Pues todas.estas predic;:.aciones no determinan -lo ·bastante; señala Leibniz, y. habría
así varios .Adanes posibles a q1.1ienes todo eso convendría--y
lo cual seguiría siendo cierto cualesquiera que fuere el número finito de predicados incapaces de determinar todo el resto
que se tome. En cambio, lo que debe dete:rmihar un cierto
Adán, d~e ·encerrar abs'olutam~nt~- todos sus predicados, ·y e!.
esa nocio.p. completa _la que determina rationem gfneralitatis
ad individuum. En sU)lla, contra ·lo que . creyera Arnauld,
Leibniz está muy lejos de afirmar el absurdo de la pluralidad
de un .mismo ,individuo. .·Por el contrario,. se halla· persuadido
de que lo que dijo Santo Tomás con respecto a: las inteligencias, es de aplicación general, a saber:· que no es posible que
25. lbid., pp, 32, 33 y 35'.·
26. lbid., p. 61. .

17

�haya dos individuos enteramente semejantes o diferentes solo
numero. 27
Hagamos aquí un breve paréntesis. En la afirmación
anterior se formula nada menos que el llamado Principio de
Leibniz, esto es, el principium identitatis indiscernibilium, del
cual convendrá decir algo. Un poco de historia. Si bien, y
con toda razón, lleva este principio el nombre de Leibniz,
hoy se ha puesto de relieve que ya algunos pensadores estoicos habían reconocido y manejado tal principio, aunque de
un modo poco preciso y con referencia exclusiva a sus resultados: la inexistencia de dos entidades exactamente iguales.
Así, por ejemplo, leemos en Séneca que todas las cosas son
cliferentes entre sí, y que no hay dos hojas o, en general, dos
seres vivientes exactamente iguales.28 La misma afirmación
la encontramos repetida siglos más tarde en varios pensado-res renacentistas, especialmente en el Cusano, así como en
modernos como Suárez29 y Malebranche.
En la formulación de Leibniz, el principio consiste en
afirmar que no hay substancias completamente similares, o
que difieran entre sí sólo numéricamente. De haberlas, no
podrían distinguirse y serían, por consiguiente, indiscernibles.
En suma, no hay para Leibniz &lt;los individuos en los cuales
no sea posible encontrar una diferencia interna o que no esté
fundada en una denominación intrínseca.ªº De ahí que la
indiscernibilidad corresponda a la identidad, la cual es defi27. Ibídem. Cf. Disc., art. 9, pp. 78.-.
28. Lucius Annaeus Scneca, Epi,tolae Morales, l 13, 16.
29. Si bien el "Doctor exímeo" representa a la escolástica del siglo
XVI, los temas hacia los cuales se aboca principalmente su meditación pertenecen, sin salirse de la tradición, a un orden "moderno" (Cf. José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, Editorial
Sudamericana 4' ed., Buenos Aires, 1958, esp. p. 1285, l ' col.) .
30. En d artículo 9 de la Monadología se enunciará el principio con
estas palabras: ''Es precise, también que cada mónada sea diferente de otra cualquiera, pues no hay nunca en la naturaleza dos
seres que sean perfectamente iguales entre sí y en los cuales no
,;ca posible encontrar una diferencia interna o fundada en una
denominación intrlnscca." ( Mon., p. 60. Véase también an. 8 final).

18

nida justamente como "identidad de los indiscernibles". Por
otra parte, tenemos ·que la diversidad en la pluralidad de las
substancias, queda igualmente formulada en este principio.
En efecto, Leibniz afü:.matá en su Monadología que las substancias simples se distinguen por sus cualidades, puesto que
"lo que se encuentra en lo compuesto sólo puede provenir de
los ingredientes simples, y no poseyendo cualidades las m&amp;
nadas serían indistinguibles unas de otras, puesto que no difieren en cantidad." 81 Las substancias simples, se afirmará
asimismo, nunca se hallan desprovistas de toda percepción,
pues, lo mismo que no podrían perecer, tampoco podrían subsistir sin alguna afección, las cuales no son otras que sus pcrcepciones.32
Ahora bien, dado que hay distintas clases de substancias
simples o mónadas, ¿A qué se debe tal diversidad ? En otras
palabras, ¿Cuál es el principio de diferenciación, y por ello
de individuación, de esas . substancias simples o mónadas?:
Al no diferir las mónadas por el contenido de lo representado, que viene a ser lo mismo en todas y cada una de ellas,
sólo puede buscarse ~u diversidad en la forma como representan .tal contenido. Su diversidad no es debida ni a_l representar, ni al contenido de lo representado, sino a la forma en
que es representado el contenido común a todas ellas. Lo
que distingue a cada mónada de las demás es el diferente
grado de claridad y distinción con que representan el universo. Como señalara Windelband, el criterio epistemológico de Descartes se convierte aquí en predicado metafísico. 33
Pero volvamos nuestra vista, después de esta digresíó11, a
la segunda de las observaciones hechas por Arnauld, o sea,
a la referente a la realidad de las substancias puramente posibles: aquellas substancias que Dios no creará jamás. Ar31. Mon., art. 8, p. 60. .
32. Cf., Man., art. 21, p. 68. Ver también arts. 4, 13 y 14, pp. 59 y
61.
33. Wilhelm Windelband, Historia de la Filosofía, trad. esp. Francisco Larroyo, Antigua Librería Robredo, México, 1946, t . IV.
cap. 31, § 11, p. 134.
19

�nauld se incliha a pensar que esas substancias puramente posibles -por ejemplo, los Adanes posibles- son sólo quime,.
ras; a lo cual no se opone Leibniz si se entiende por ello que
no tienen otra realidad que la que poseen en el entendimiento divino y en el poder activo de Dios. Por otra parte, considera asimismo Arnauld que no se concibe· jamás ninguna
substancia puramente posible sino bajo la idea de alguna de
las que Dios ha creado, o bien por las ideas comprendidas en
alguna dé éstas. LeibniE también está de acuerdo en ello.
Sin embargo, al aplicar Arnauld tales consideraciones a los
varios Adanes posibles, antes de la creación por Dios del
mundo, encuentra una serie de dificultades que nosotros pvdemos ya explicar a estas alturas dada la aclaración de Leibniz antes vista respecto a la conciliación del en.lace intrínseco
i::~n los decretos libres de Dios. Si tocamos, pues, estos puntos, no es con la intención_de volv_er sobre lo ya tratado. Lo
que nos interesa destacar ahora en la respuesta que dará Leibniz, e~ su concepción de la "posibilidad", categoría ésta fundamental dentro de su filosofía.
Todo lo que es actual puede éóncebirse como posible, dice Leibniz. Así, si 'el Adán actual llegará a tener con el tiempo uria determinada P.osteridad, no ~ría negarse este ~smo predicado en este mismo Adán concebido como posible,
tanto más cuándo hemos podido ver que· Dios considera en
él todos estos predicados cuando determina crearlo, cosa ésta
en la que Arnauld qued6 de acuerdo. Por tanto, lo que ahora dice .Arnauld sobre lll realidad de los posibles, no es de
ningún modo contrario a. todo esto.
Pero vayamos a lo qúe nos interesa, ¿A qué se llama aquí
un posible? Dice Leibniz: "Para llamar posible alguna cosa, me basta con que se pueda formar una noción de ella,
aunque sólo esté en el entendimiento divino, que es, por así
decirlo, el país de las· realidades posibles." u Lo cual quiere
decir para Leibniz que hablar de los posibles es poder formar
34. Corr., p. 63.

20

de ellos proposiciones verdaderas, esto es, que no impliquen
contradicción. Así, es ejemplo de Leibniz, un cuadrado perfecto es posible aun cuando no haya ni pueda haber un cuadrado perfecto en el mundo.
Tiene tal importancia este concepto, que el rechazar en
Leibniz los puros posibles, es destruir la contingencia y la libertad; porque si no hubiera nada posible más que lo que
Dios ha creado efectivamente, lo que Dios ha creado sería necesario, y Dios, al querer crear algo, sólo podría crear eso,
sin tener la libertad de elegir. Señala Leibniz, con razón, la
importancia que tiene la proposición que ha dado lugar a toda la discusión de que nos hemos ocupado. Una vez afirmada, se sigue de ella el que toda substancia individual expresa
el universo entero a su manera y bajo cierta relación, o, por
así decirlo, según el punto de vista desde el cual lo mira, así
como que so ·estado siguiente es un resultado de su estado
anterior, como si sólo existiesen Dios y ella en el mundo: "A5Í.
cada substancia: individual o ser completo, es como un mundo
aparte, independientemente de toda cosa, con excepción de
Dios." 811

Lo anterior tiene suma importancia en el sistema leibniziano, ya que sirve no sólo para demostrar la indestructibilidad del alma~. sino también el que ella conserva siempre en
su naturaieza las h~ellas de todos sus estados precedentes, con
35. /bid.,. pp. 64s. Descubrimos .aquí un esquema doctrinal muy car(? _al neoplatonismo, según el cual uoa misma realidad total se
~ presa en diversos niveles: allá, más concentrada y más pr6-xtma a lo Un~; aqu¡ !Jlá~ dil.uida y dividida. Este esquema, tan
extendido ~n el Renacimiento. - pensemos, por ejemplo, en Nicolás_QC Cu~ y en Gfordano Bruno o en el propio Pico della Mirándola con su De homi11is dignitate- alcanza en su influencia
~ propio Lci~niz. Cuando escribe éste en diversos lugares que
toda . substancia es como un mundo entero y como un espejo
de Dios o de todo el universo", pareciera que se nos está hablando del mundo inteligible de Plotino, en donde "cada cosa era
todas las .cosas". (Cf. Ernst Cassirer, Individuo y Cosmos en la
Filosofía del Renacimiento, trad. esp. Alberto Bixio EMECt
Buenos Aires, 1951, esp. cap. III, pp. 100-159).
'
'

21

�un recuerdo virtual que puede ser siempre excitado, puesto
que tiene conciencia o conoce en sí misma to que cada nno
llama yo. Esta inmortalidad del alma, ligada a un recuerdo,
la hace susceptible de tener cualidades morales y de merecer
el castigo y la recompensa. Por otra parte, esta misma independencia señalada, no sólo no impide la comunicación entre
las substancias sino que la explica. Es aquí donde interviene
la hipótesis de la concomitancia y del acuerdo mutuo de las
substancias, que es una consecuencia de la noción misma de
substancia.36
No habremos &lt;le ocuparnos de todos esos problemas, y
de tantos otros no mencionados, aun cuando unos y otros
guardan estrechísima relación con el tema que hemos venido
considerando, pues hay tal coherencia lógica en la filosofía de
Leibniz, que tratar en forma acabada una sola de sus cuestiones es obligarse a tratarlas todas. Esto se manifiesta muy claramente en que aceptarle algo a su filosofía es comprometerse a aceptársela toda, según el propio Leibniz escribe a. Arnauld en una de sus últimas cartas.3 7 En esa misma carta
habiendo aclarado las dudas y dificultades de Arnau]d, Lei~
niz hace una síntesis de los principios y consecuencias anteriormente tratados. Transcribimos el pasaje:

mente, habiendo sido creada desde el principio de manera que
lo pueda hacer en lo sucesivo y aju.starse ." ello co~o se debe; y
en esta obligación impuesta desde el co1menzo consiste lo que se

llama la acción de una substancia sobre otra. En cuanto a lu.s
substancias corpóreas, sostengo que la masa, ct1ando sólo se considera en ella lo que es divisible, es iin mero fenómeno; que toda
substancia tiene una verdadera unidad, en riguroso sentido metafísico, y q"e es indivisible, inengendrable e incorruptible; que
toda la materia debe estar llena de substancias animadas o por lo
menos vivas; que las generaciones y las corrupciones no son sino
tra11sformaciones de lo pequeñc- a lo grande, o viceversa, y que
110 hay partíct1la de materia en la cual no se encuentre un mundo
de una infinidad de criaturas, tanto organizadas como amonto-nadas, y, sobre todo, que las obras de Dios son infinitamrote más
grandes, más bellas, más numerosas y mejor ordenadas de lo que
se cree comtínmente, y que la máquina o la organización, es decir, el orden Je es esencial hasta en sus menores partes. Y así,
110 hay hipótesis que haga conocer mejor la sabiduría de Días
como la nuestra, según la cual hay por todas partes substancias
que indicm¡ su perfección y que son otros tantos espejos, pero
diferentes, de la belleza del universo, no habiendo mida vacío,
estéril, inculto y sin percepción . . . 38

En fín, pa,·a resumir mis prosamientos en pocas palabras, sostengo qiie toda substancia encierra en su estado presente todos
su, estados pasados y por venir y expresa también todo el universo segtfo su punto de vista, no habiendo nada que no manteng_a comerá~, con ella, el cual se hará, de manera particular,
segun la 1•elac10~ '!"e g~arda con las partes _de su cuerpo, qt1e
ella expresa mas inmediatamente; ,,, por consiguiente, nada le
sucede que no venga tle su fondo y en virtud 'de sus propias leyes, con tal que ~ añada a esto el concurso de Dios. Pero la substancia se apercibe de las· demás cosas, porque las expresa natural-

36. Corr., p. 82.
37. En esa carta del 9 de octubre de 1687 dice Leibniz: "Si ·tenéis
tiempo para revisar un día lo que habíamos finalmente establecido sobre la noción de una substancia individual encontraréis
quizá que, si se me conceden esas bases, habrá que'concedérseme
después todo el resto." ( Corr., p. 146).

22

38. !bid., pp. 144s, (El subrayado es nuestro). No dejaría de tener
interés el comparar el concepto leibuiziaoo· de "subtancia individual" con ciertas afirmaciones del Wittgenstein del Tractatus.
Al parecer, no se ha investigado, o cuando menos apuntado, tal
correlación. Cf. Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus, esp. props. l. a 2.063.

23

�LOS JOVENES ANTE LA HISTORIA•

-RAUL RANGEL--FRIAS
Es un imperativo de la mocedad efectuar el. gasto de la
energía vital en un impulso que pone a prueba su destreza personal, imprime forma _al espíritu, plástica al cuerpo ·y derrama una cier_ta gracia ~t~rior y foránea en todos sus· actos.
La respiración natural de la juventud· es el gusto deportivo, la emoción intelectual y la generosidad. .. Yo me .acojo,
pues, a la :venturosa calidad de quienes me .han traído a esta
aula menos .que a la seguridad de las -personales prendas intelectuales.
·.
·· ·
Creo, por otra parte, que es una necesidad social en nuestro país mayor comunicación de las generaciones entre sí.
Cada grupo humano que avanza en la historia tiene algo propio que heredar al siguiente. Y con frecuencia la cultura mal
organizada de nuestra Patria, hace que sólo las instituciones
docentes tengan a su cargo la administración de esa herencia.
Complementariamente, debe establecerse esa sana costumbre de dialogar continuamente con la experiencia de aquellos
que ya no imparten cátedra, aunque la hayan impartido alguna vez o que nunca vayan a impartirla jamás, porque realmente uno de los mayores problemas de la cultura mexicana es
justamente esa incomunicación. Necesitamos entre todos los
mexicanos elevar la presión, la temperatura y el intercambio
de las operaciones intelectuales.
Eso, junto con la mejor organización del trabajo de. la inteligencia mexicana, püede dar mayores frutos: ·yo recuerdo

*

Conferen.cia dictada por. el :autor: ant~ .jóvenes universitari~ d: San
Luis Potos~ S. L. P. y Monterrey, N. L.
.. . .

24

a los jóvenes que estudian en países extranjeros; traen como
experiencia que allá su trabajo personal rinde en forma multiplicada; avanzan y son calificados con un coeficiente intelectual difícil de alcanzar entre nosotros.
Esto no es más que una fase paralela de la diferencia del
valor de productos, en los otros campos de la vida social en relación con nuestra cultura y la extranjera. Tanto para la economía como para la cultura, cuyas fases equivalen, se hace
necesaria una mejor organización, mayor plenitud en el intercambio de ideas y cierta temperatura más cálida entre las
generaciones.
Cuando me formularon esta invitación, acepté presentar
ante ustedes la consideración de un tema de suma importancia en el campo filosófico, las disciplinas historiográficas; que
no obstante la tecnicidad con que lo abordan los autores, intento reducir al nivel, la calidad y la emoción de este acto. Se
trata, como lo anuncia la conferencia, del tema Los /6venes ante la Historia.
En realidad se trata simplemente. del tema de la historia,
de la posición que nosotros guardamos en relación con el
mundo de los acontecimientos de la hora; una posición que
no es por fuerza la de tomar cierto o distinto partido sino la
calificación intelectual del hombre frente a lo que nos rodea
como tiempo histórico; acontecimientos que están ocurriendo,
los cuales no voy a describir ni a ocuparme de ellos en su contenido.
Me voy a referir nada más al perfil general, al tema de la
temporalidad y de la posición humana, desde un punto de
vista teórico; de lo que los hombres y los jóvenes pueden concibir como su posición frente a la historia.
Para tratar de ser más claro, quiero hacer anticipadamente un repaso de lo que debe constituir la conferencia. Al fín y
al cabo me sirvo de aquella sentencia que afirma no ser la
historia más que profecía del revés. Esta conferencia no pierde nada con anticipar el desenlace en un breve resumen, para
mejor comprensión del recorrido y dar luego su repaso con toda calma.

25

�En primer lugar, al tratar de dar una idea del tiempo, abordaremos la noción vital, sicológica o sico-física. No se alarmen si recurro a cierto dramatismo literario, que es una forma nomás de llenar pedagógicamente la idea. Después vamos a considerar, además del tiempo sicológico, otra especie
espiritual de su noción. Y por último, el tiempo histórico, que
denomino el hecho social; trás de lo cual calificaremos sumariamente las actitude-s frente a ese máximo de nuestra vida que
es la sociedad, para dejar hacia el final la idea histórica y las
posibles inquietudes de los jóvenes de hoy frente al mundo.
Comencemos, pues:

Sin embargo, hénos discurriendo aquí; instalados en el
presente, este momento de la duración que arroja el porvenir
hacia el pasado y que se desYanece a medida que transcurre ;
el. ahora tiene la duración de un instante y nuestra estancia en
su cóncava delicia apenas enlaza lo que se va con lo que todavía no es, un puente movedizo entre lo desaparecido y lo que
todavía no tiene ser.

TIEMPO VITAL

Agustín de Hipona decía que es cosa misteriosa el tiempo;
que si no le preguntan, cree saber; pero si se lo preguntan, no
lo sabe. En la antigüedad filosófica Aristóteles definió el
tiempo como numeración del movimiento según un antes y un
después. Cuenta de sucesiones, como en el reloj y en el calendario.

Por el gusto de saber o de v1aJar, que es lo mismo, &lt;lió
principio la filosofía. En consecuencia, emprendamos juntos
una modesta aventura intelectµal que tiene por dimensión el
tiempo, su denso correr de vida con que está hecha la trama
de los sucesos, donde aparecen y se mudan hombres Y.cosas, las
estatuas y los poemas, las ciudades y los héroes. Un fino escritor, hace decir a las propias civilizaciones: "Ahora, sabemos
que somos mortales."

Para resumir, aquello que importa a nuestro propósito es
considerar el tiempo una medida de la duración dotada de un
par de direcc.iones con sentido hacia el pasado y hacia el futuro. Al centro de la escala se queda el observador ; todo aquello que transcurre, que ya no es, le damos un valor negativo,
el menos de la vida. Lo que se enfrenta al sujeto y se extiende como un horizonte indefinido · de probabilidades es el futuro, le corresponde el signo más.

El tiempo es el reino de la historia; de los seres desaparecidos, de las teorías caducas y de las artes que ya no tienen
adeptos. El pasado que ha dejado su huella y su legado, el
cual se antoja a ratos fábula o invención. No es extraño que
a veces semeje un cuento, de donde aquella frase de venerable alcurnia que dice "la poesía es cosa más verdadera que la
historia". Se ha dicho con igual sentido que la historia es una
narración; cuentos y cuentas, incl-uso las de los grandes capi~
tanes.

El propio ser que cuenta y mide el transcurso está presente; es el primer plano de la escena, la "duración pura"; desde
ahí discurren los acontecimientos afectados de perspectiva en
un marco apropiado al escenario de la obra, en la cual hay
proemio, argumento y desenlace: su autor y actor, el hombre ;
su presente, la realidad del tiempo, la duración.

Frente a nosotros el futuro es sólo una promesa o la advertencia de algo en que se ha de transformar el presente.
Mientras tanto y por ahora lo sentimos fluyendo dentro de
nuestra vida como un estado latente, una simple espectativa de
nuevos oleajes. Sus riberas aparecen a lo lejos con incierto pt;rfil, son tierras incógnitas hacia donde nosotros navegamos esperanzados y a la vez transidos de temor.

Sobre la base de esta experiencia se desarrolla una idea
que imagina el pasado espectro de lo que no existe; y el futuro una visión de lo que todavía no ocurre. El presente es hilván de propósitos y tejido de sueños: ¿no es acaso Segismundo, personaje de Calderón, un ejemplo insigne de este sentimiento? Recordemos la lección elemental de literatura, donde se hace estribillo el sueño y los sueños, sueños son. Otro

26

TIEMPO IDEAL

27

�personaje igualmente dubitativo ante el tiempo es Hamlet, el
príncipe de Dinamarca.
Esta concepción del tiempo como forma vacía y pura
operación de cuenta sucesiva sustentó por varios siglos, de Descartes a Newton y a Kant, el edificio de las ciencias físico-matemáticas y de la filosofía idealista.
La historia, conforme a ese modo, vendría a ser una relación póstuma de un pasado compuesto de actos consumados y
consumidos; en tanto que el futuro algo así como poesía, ensueño o aspiración, ya se trate de actos de amor y de sabiduría
o del grupo más selecto de los propósitos que aguardan en la
próxima estación del camino.

tenor narra o sucede, como libro de la vida. Es tiempo vivo
con una tendencia bivalente; da al pasado su realidad en el espacio, las cosas; y futuro al espíritu, las ideas. Esto, es un corte horizontal, de planta.
La figura completa hace más bien de un cono; el pasado
se transforma de cosa, en idea; y luego, vuelve de la esperanza
al recuerdo.
Sucesivamente hilvanamos lo que queremos ser con lo
que fuimos para soñar de nuevo, componiendo, rectificando,
rehaciendo el pasado con esperanzas y anhelos, mediante ideas
para modificar las cosas.

Este sentimiento del tiempo fundado en vivencia sicológica no nos pone frente a la realidad de la historia. Por sus caminos no trasponemos la soledad; debido al puro esfuerzo de
la memoria personal no prolongamos la existencia con la estéril expectativa.

La estructura total se mantiene unida en atadura de infinito matemático. Es el lazo de la creación: un contínuo del
tiempo que liga todo en la extensión material con sucesiones
y pausas. Al río de las generaciones: de las cosas ("de generatione rerum natura", historia natural de las cosas) se sigue la
de los hombres, que es la vida histórica.

Dejemos, pues, a solas la meditación filosófica y el ovillo
de la poesía; la torre de marfil y el tiempo puro. Ejemplos
insignes del esfuerzo por vencer desde el pozo del ser íntimo
toda la carga de la vida. Desprovisto de su afán por la acción, sin el dolor de nacer y perecer el hombre es rueda quieta, cosa exánime, esencia inmóvil.

El hecho social anticipa y sobrevive a la persona humana.
Esta última recoje del grupo posibilidades consagradas por el
lenguaje, modales y estilos para amar y morir, dispositivos o
artefactos que abrigan como el techo de la casa, que nutren
como las semillas cultivadas o que perseveran de la soledad como la plegaria.

VIDA HISTORICA

Antes que el pasado individual pertenecemos y prolongamos el pasado que representa la sociedad humana, la "tribu"
de nuestros orígenes. Sólo más tarde vendrá la elaboración
personal mediante la actitud de la reflexión, de la crítica y de
la inovación. •Recordemos los miles de años de invención del
alfabeto; de nuestra industria, que puede remontarse a la edad
de piedra con la invención del fuego. En fin, las creencias
más espirituales siguen contaminadas de modos, incluso de sortilegios y hechicerías, procedentes del fondo común de la conciencia humana.

La existencia en cada individuo es una común edad y pertenencia pro-indiviso al universo. No vivimos solos, incomunicados, como la ostra en su casa de piedra. Nos reconocemos
semejantes a otros seres mediante correspondencias que son
duraciones, tiempos y edades.

El espacio nos aísla, cosas y hombres, unos de otros; y el
tiempo nos une con los demás y en nosotros mismos. El recuerdo pretende recuperar la comunidad de origen; y la esperanza es aquello en que volvemos a coincidir.
El tiempo está hecho por frente y revés de un folio; su in-

28

•

Sólo en el hombre ocurre la modificación del pasado; y su impulso
o capacidad para la historia procede de una actitud de corte y rt:composici6n dt: los origt:nn

29

�La vida del hombre se modela primero en la morada maternal, que le brinda una pre-alimentación de los elementos físicos y químicos del mundo; luego en la familia; y después en
la escuela o en los estudios, hasta más allá de la adolescencia.

cial que nos envuelve, el origen y curso de todo lo que constituye el mundo, este conjunto material y espiritual que nosotros no hicimos, que aguarda nuestra aportación y que nos ha
de de sobrevivir.

En la suma de esta serie se le proporcionan las-fórmulas
acarreadas por el tiempo, los actos y estilos elaborados por
otros hombres y por otras vidas, depositados ahí para uso y
empleo de las generaciones subsiguientes. Esto es lo que se
llama la tradición o acumulación de bienes y saberes que constituye nuestra memoria externa, la sociedad.

Historia es el lenguaje que hablamos hecho con varios siglos atrás; el sistema de numeración, secular también; o los
útiles y las formas elaboradas por el hombre, como los libros,
las casas, los juguetes y toda clase de objetos mecánicos. Desde la mecánica elemental, hasta la alta electrónica.

Ejemplos a la mano proceden de nuestras prendas de vestir, de los medios de transporte o de las fórmulas con las que
hoy se elabora la vida sentimental; son productos de doctrinas
y series de pensamientos preparados en muchos sitios del mundo, por varias generaciones, a cuyo nivel dinámico abordamos
la vida cuando jóvenes; desde al nacer, pero en conciencia de
ello hasta el momento en que la vida juvenil se atavía con la
toga viril.
Decíamos que la suma de toda esa serie de productos proporciona las fórmulas derivadas del pasado; y de allí precisamente el desarrollo del hecho social, la memoria externa; no
de la síquica ni de la memoria poética, espiritual o religiosa,
sino del recuerdo colectivo. Repitamos: LA lzistoria es el desa"ollo del hecho social.
Otra cosa querrá decir que la memoria sicológica, caso de
las confesiones Agustinianas nos deje un testimonio, el cual
pertenece al hecho social; o que la memoria poética forje un
canto alusivo a la conquista de la Nueva España; o que cualquier otra fórmula a que aludimos se traduzca en obras, pues
e~tas son las que pasan a pertenecer a la comunidad en que vivimos y nos desenvolvemos.
Como coexistimos y en esta convivencia se contraponen,
suman y se enfrentan realidades con diversas longitudes de duración, surge el campo de una entidad básica, la existencia social, como un hecho anterior y superior a cada ser.

La historia es precisamente el desarrollo de este hecho so30

Pertenecemos a ese pasado que nos recibe con sus instituciones civiles y religiosas ligadas al nacimiento o a la muerte;
las formas sociales de la cultura, el lenguaje, la ciencia y la
poesía. También la patria con su territorio, su entidad política y las vicisitudes que ha sufrido en el acaecer de los tiempos.
Al cotejar todo este mundo físico y espiritual que nos rodea y oprime, con la existencia propia y personal podemos experimentar un agradable deleite, una cierta tristeza o un irritado acto de protesta.
Y esas actitudes engendran las diversas posiciones del
hombre ante la historia. 4 del conformismo que pretende
conservar sin álter.aciones todo el legado del tiempo: sus momentos más lúcidos y sus enseñanzas morales, lo mismo que
sus limitaciones y fracasos. Es aquella historia narrativa y romántica que nos envuelve con la seducción y la poesía del pasado.
La manera segunda de aquel sentimiento puede llevarnos
a considerar con melancolía y escéptica reflexión las obras y los
ejemplos históricos. Todo lo que alguna vez brilló con la
mayor intensidad en el firmamento del heroísmo, de la sabiduría y de la belleza termina y muere dejando a su alrededor
apenas esa aura misteriosa que guardan los monumentos históricos, sean las piedras de Palenque o los trozos de mármol
del Partenón y del Foro Romano.
¿Para.qué obrar, se dice a sí mismo el hombre si el crimen
y la perfidia que reclaman venganza deben originar de nuevo
pecado y sangre?

31

�Ante el espectáculo de la muerte de los hombres superiores, de la injusticia que en ellos la historia comete, no siempre
en vida sino por el olvido mismo, ante las ruinas de lo egregio
podemos sentir la melancolía de la inutilidad y el escepticismo de la acción.
Acude en este punto la imagen de Hamlet a quien atormenta el fantasma del pasado, al cual no sabe responder porque entra en su ánimo la melancolía de la inútil venganza, la
tristeza de que todo lo espera el fín y el acabamiento; y, sobre
todo, que las acciones de los hombres engendran el mal mejor
que el bien. Es una especie del sentimiento que se aniquila
como acción por afán de perfecciones ideales.
Hay, por último, una respuesta enérgica aunque no siempre alegre y feliz; frente al dolor que representa la historia humana se impone el presente como una plenitud cargada de
fuerzas, capaz de vencer los poderes de seducción que emanan
del pasado o el ensueño triste y melancólico.
Ante la mirada del observador se materializan las imágenes de un futuro más dichoso y un estado de la humanidad
más puro y feliz. Surge la necesidad, con ello, de abarcar la
distancia mediante la unidad del esfuerzo propio del salto, unidad de energía íntima frente a medida y cuenta del tiempo.
Antes de proseguir digamos que la narración de la historia
no aparecerá en cantos, libros y doctrinas, hasta que se inventó una cronología; primaria, de imágenes cósmicas y humanas;
u otra, de trabajo, indirecta como la nuestra.
Hoy fechamos este día a partir del nacimiento de Cristo
y ello es cronología; un hecho histórico sirve de punto de partida y califica toda nuestra existencia desde atrás, hasta penetrar en la realidad de este instante; p~ro hace mención de otro
sentido, por ejemplo: que son vísperas de exámenes, prueba e
incitación al esfuerzo de los estudiantes.
O una cronología como la que usaron mayas o aztecas:
cosmogonía que inscribió en la gran rueda del tiempo las estaciones y las fiestas; los augurios y las indicaciones de los deberes sociales. Espectáculo plástico de piedra, con signos y nu-

32

merales, donde los sacerdotes cifraron conocimientos y avisos
del futuro, transformados en el poder de 'Sus oráculos, la ciencia de sus astrologías y positivas instrucciones de vida social, de oficios manuales y políticos.
Gracias a este saber los sacerdotes indígenas convirtieron
su oficio de mensajeros y de intérpretes entre el hombre y la
divinidad en autoridad política; quizá fue lo que definitivamente perdió a dichas culturas.
Hay siempre, en la noción de la historia, una idea de numeración, un antes y después, sea en torno a la cosmogonía,
a. un hecho perteneciente a nuestra cultura u otros que significan principio, como el reinado de un faraón, la fundación de
Roma o el diluvio. Cualquier cronología parece buena porque establece un sistema de referencias; por ejemplo, aquella
que divide los tiempos en edad de piedra, de los metales, de
la industria, hasta la nuestra, la edad atómica.
Comienza la historia en un remoto pasado, el cual se organiza con un punto de referencia desde donde se principia
para sumar o restar tiempos; punto de partida, piedra clave de
un arco o figura como el mapa celeste, zodíaco, que hizo veces de reloj para las eras y las edades.
Sin embargo, no bastan las cronologías físicas, ni las
cosmog6nicas, que la vida europea en los últimos tiempos
las sustituyó por esquemas de tipo filos6fico y político. Un
precursor fue Augusto Comte; sus tres edades y el resorte del
progresó, estado último en el que desemboca la humanidad,
son las cronologías que han de parar en la ciencia y en la industria como sustitutivos del Paraíso.
No podemos nosotros conceder a esta idea del progreso la
nota de ley histórica, pues consta por los ejemplos más recientes que la capacidad para el mal no disminuye precisamente
con los adelantos de la civilización.
Hay, sin embargo, una perfección del hombre más que de
sus obras, como meta suprema y permanente que ilumina todos los afanes dignos de conservarse en la historia.

33

�La noción de un arquetipo dinámico del ideal. humano y
del estado social. correspondiente, aunque no sea más que una
aspiración, un rumbo de los acontecimientos es propiamente
(y con ello llegamos a la Patria Utopía) una ética de la historia, aunque no siempre su política.
LOS JOVENES

Sólo que al dejarnos llevar en este curso de las ideas del
tiempo y de la historia, ha quedado pendiente la actitud de los
jóvenes ante la misma. ¿Conservadores, taciturnos, o rebeldes? Admitamos que haya de todo en el plural viñedo del
señor, pero también concedamos juntos que la actitud más significativa de esta hora de la juventud, me refiero a la juventud de todo el mundo, procede de su inconformidad.
Los adultos han calificado con un mote despectivo la inconformidad de algunos jóvenes pobres y desgraciados, a los
cuales se les ha dado en llamar "rebeldes sin causa", ( debe haber probablemente algunos que sí sean rebeldes con causa, pero no voy a entrar en ese pormenor). Lo cierto es que en
general la incorformidad de la juventud no tiene porque derivarse hacia formas puramente novedosas, llamativas y que están destinadas a desaparecer mucho más de prisa de lo que
quienes participan en ella creen. Estas formas en lugar de
ser la verdadera sustancia de lo nuevo, son nada más una de
sus expresiones más frívolas y menos interesantes.

¿Cómo se manifiesta la inconformidad juvenil y cuál es el
sentido de la misma? No cabe en el vuelo apresurado de estas notas una respuesta cabal. Apunto tan s6lo que por su
propia virtud de energía nueva, de remozamiento de la vida,
la gente joven llega con ganas de reformarlo todo, los modos,
la ética, el amor y la política.
La nueva ola es, sin embargo, un fenómeno de simple y
pasajera novedad. El último pliegue de la palpitación de las
aguas oceánicas; el contraste de lo nuevo de hoy con lo nuevo
de ayer, que prepara la otra novedad de mañana; este vaivén
que nos deja en el sitio mismo de una vida que juega a la ilusión móvil, que la exige y la hace más rápida, más acelerada,

mientras menos cambia. A más avidez de novedades, desgastamos y perdemos energías, sustancia de ser histórico.
Para comprender el ritmo del cambio y de las transformaciones de la historia, única razón de entender la inconformidad y el afán de reforma que invade la más reciente pulpa del
alma humana, habría que detenernos a enjuiciciar el pasado
inmediato y al otro que viene atrás de éste; y más allá, de nuevo, hasta concebir un juicio y una crítica en la que se nutra la
inteligencia y de la cual obtengamos la precisa imagen del futuro que queremos preparar con la más férvida emoción de los
jóvenes.
Aquí nuestro acto de protesta se distiende para transformar su impulso en el esfuerzo del conocimiento. Precisamente este brota en el punto y hora en que cesa la urgencia de vivir y se abre una pausa para dejar que aparezcan las ideas.
Y esta invención que hizo el pueblo griego cinco siglos antes
de Cristo, es el verdadero corazón y núcleo esencial de la vida
intelectual de Occidente.

La ciencia suspende el flujo temporal y procede a sustituirlo con la imagen; y, al final, con el marco en que todas las
imágenes encajan, esto es: las dimensiones vacías del espacio y
el tiempo.
Conocer es en este sentido la actitud más anti-juvenil: pero que a la vez ha de preparar en una juventud depurada el
verdadero rescate de los años mozos.
Por contra, el esfuerzo del proceso histórico es un acto de
reconocimiento. Algún pensador asegura que en cierto modo la filosofía es una forma superior del atavismo; es decir,
del ancestralismo; la manera de recordar a memorar algo que
hubiera sido previsto en el ser antes de llegar al campo de la
vida. La historia es dicho proceso de renumeraciones humanas.
En fin, decíamos que la verdadera inconformidad juvenil
es el esfuerzo crítico del conocimiento y reforma del pasado.
Se manifiesta la historia como medio de cumplir en ella el destino, la visión y el mensaje de que es portador el hombre.

35

�En la secuencia de la vida, el amor y la crítica no están
reñidas con la tradición y el progreso; que no hay nada más
permanente que aquello que rectifica el pasado, el cual se ha
de convertir en símbolo de lo primero y de lo ?íltimo.· .
La historia transforma el pasado, de puro hecho muerto,
pasiva aceptación de lo que nos rodea, en la acción por la cual
hemos de responder personalmente. Lo que deja hecho el
tiempo debe ser transformado de 'Una herencia gratuita a patrimonio personal; y correspondencia de nuestra propia vida a
la serie de vidas que quedaron ahí depositadas.
La inconformidad de la juventud produce en la teoría de
la historia su forma enérgica de recoger lo tradicional y de rectificarlo en nueva imagen del hombre, sus afanes, su pasión
por la vida, por el amor y por lo eterno.
·
·

En esta forma, la tradición por donde comenzamos a señalar el hecho histórico se vuelve, mediante la crítica y la rectificación, cauce de generaciones humanas.
.
En el movimiento de ida y regreso se va tramando la historia. conforme a un modelo, el único de que disponemos, la
propia a~a humana; la memoria colectiva no es más que la
imagen engrandecida de los problemas y contradicciones individuales.
Si me preguntáis ahora más concretamente por los jóvenes
ante la historia podría señalar ejemplos; digamos, políticamente, el joven abuelo Cuauhtémoc; o una serie de vidas excelsas
en las honduras de los tiempos, hasta alcanzar· las estrellas mismas; pero creo que esto es innecesario si ustedes pueden emprender ese camino por sí mismos y darse el lujo del descubrimiento de los mejores ejemplares que convienen a sus inquietudes, a su propia vocación, a sus intereses más íntimos y
a su afán de plenitud.
Quiero, para terminar, hacer una instancia final y un llamamiento a responder desde la exigencia de lo propio, a la historia viva de los mexicanos. Esta que•nos empuja· y nos acoje; la que abre ante nosotros la perspectiva de las diversas, disciplinas y define incluso nuestro perfil espiritual.

36

Una institución educativa, la Universidad, digamos, es una
respuesta en el estilo de la: inconfoimidad a las carencias de
la vida mexicana en el campo de la inteligencia o de los "saberes"'. Y a la vez los jóvenes mismos, al responder con la
aceptación de sus disciplinas escolares, se preparan a emprender una rectificación en el mundo mexicano, con resuelta disposición por hacer que la tierra no sea sólo territorio; la república simple hecho en el mapa, ni sentimiento estrujante de
emoción patriótica o plataforma para los bellos discursos.
Necesitamos que México además de estatuas y poemas,
tenga un poco de felicidad para cada mexicano; y todo esto no
se puede hacer hoy más que con un repertorio histórico de una
ciencia cargada de fórmulas, disciplinas y técnicas.
Adquirir ese repertorio es la faena de ustedes; un afán de
trasponer la etapa puramente mágica de nuestra organización,
de nuestras respuestas. a los problemas mexicanos, por una fórmula cada vez más precisa, más exacta y más útil.
Con frecuencia tomamos las cosas por el forro y si queremos justicia, hacemos un símbolo. O pretendemos una transformación de la economía agrícola, cuando sólo aportamos
máquinas o instrumentos· científicos.
Lo que necesitamos es comunicar una actitud mental, un
orden y una disciplina de la conciencia con un mensaje huma~
no que lo deba llevar; donde se ha de entender claramente que
todas las disciplinas científicas, técnicas y literarias, •son para
educar al hombre; para que crezca y viva, como queremos que
vivan las plantas y los animales, con una perfección susceptible de alcanzarse dentro de su especie, por si mismo y para su
disfrute propio.
Sabemos que el olmo no engendra peras y sólo queremos
higos donde se dan. Pedimos para los mexicanos, que cada
quien pueda dar de si lo mejor hasta convertirse por su modo
personal de ser en genitor histórico de nuevas generaciones.

37

�EN TORNO A LA NOCION DE SVBSTANCIA
• SEGUN EL TRACTATUS DE WITTGENSTEIN

WONFILIO TREJO
"Todo el significado del libro puede resumirse en cierto
.modo en ~o siguiente: todo aquello que puede ser dicho,
puede decirse con claridad; y Je lo que no se puede hablar, mejor es callarse." 1 Con esta advertencia se encuentra el _lector ª. las puertas del Tractatus Logico-Plúlosoplzicus
de W i~genstem, y con unas indicaciones equivalentes se cierra el sistema entero de las proposiciones que lo componen.
Aquí tratamos de desarrollar en sus puntos· más sobresali~ntes las justificaciones filosóficas que, dentro del Tractatus,
asisten a estos concisos enunciados, asi como sugerir algunos
problemas que de ellos se desprenden, especialmente relaciona~os con la noción de substancia. Explicaremos cómo es que,
segun el Tractatus, lo que es por principio indecible se vincula
p~r ente~o ~, la naturaleza de la substancia, y cómo es que la
circunscnpcion de esta zona inexpresable resulta de la correspondiente delimitación de lo que es factible "decir" a saber
los "hechos".
'
'
Que lo único que puede expresarse, decirse en el único
lenguaje en que algo puede decirse, son, según' el Tractatus,
los ~echos, puede resultar a primera vista no sólo sorprendente sino, acaso, deceRc~onante. Sin embargo, la dirección a que
apuntan las proposic10nes de esta obra está en la elucidación
de esa declaración. En la base de esta elucidación operan en
el Tractatus dos supuestos cardinales, uno de los cuales se reJ. L. Wittgenstein. Tractutus Logico-Philosophicus. Rev. de Oc-

cidente. Madrid. 1057, Prólogo, Pág. 29.

38

fiere a la índole del "hecho" y el otro a la naturaleza del
lenguaje. Sobre uno y otro supuestos abundaremos en adelante; y al final se verá que no eran del todo acertados.
Aquello que Wittgenstein entiende por "hecho" no es, por
ejemplo, un existente individual, espacio-temporal, que se
oponga, digamos, a una "esencia". Si algo existe, no tenemos
por qué plantear todavía una pregunta por "su" esencia: un
hecho, si existe, es tal como existe. Quiérase o no, sin embargo, el hecho se opone, de cierto modo, a la esencia, pues
ineludiblemente hay qué preguntar qtté es aquello que existe en el modo que está existiendo y cómo es o existe aquello
por lo que preguntamos cuando preguntamos qué es ... Pero
cualesquiera que sean las zonas hacia las cuales apuntan las
preguntas acabadas de aludir, su deslinde y su relación son
completamente peculiares a juzgar por el enfoque estrictamente lógico-filosófico a que somete Wittgenstein estos problemas.
"Hecho" es una estructura completamente clara al pensamiento, pues por tal se entiende un complejo a cuya articulación es constitutiva una determinada relación lógica de
los elementos que la componen. Si "una mancha de color
amarillo sucede a otra", la relación antecesor-sucesor en que
se dan los colores constituyen el carácter de "un" hecho determinado2. Pero si respecto de las mismas manchas de color
afirmamos, con base en la observación, que "una es más intensa que la otra", esta nueva relación "más intensa que", en
que se traban las manchas de referencia, constituye "otro" hecho diferente, incomparable con el anterior y lógicamente
"independiente". Ahora bien, si con base nuevamente en la
observación, constato y afirmo: "una mancha amarilla sucede a otra y la antecesora es más intensa que la que le sucede", con ello acabo por cobrar conciencia de un hecho más
amplio constituido por una relación conjuntiva entre las relaciones precedentes, conjuncionadas. A un hecho como el que
2. Los ejemplos generalmente son de este tenor.
4.123.

39

Cf. Proposición

�acaba· de mencionarse se designa en el Tractatus con la palabra "Tatsache"; es un hecho compuesto de otros hechos ya no
compuestos de hechos. En cambio a los hechos que ya no se
componen con otros hechos se los llama "Sachverhalte". Por
9tra parte, a los elementos últimos,. "simples", que entran en
la estructuración de un hecho a título de Sachverhalt, se los
_denomina indistintamente con los términos "Gengenstaende"
(objetos),. '.'Dinge", "Sachen" (cosas) 3 •
. Podemos citar para subrayar lo anterior las siguientes proposiciones: "el objeto es simple"4; "es esencial a la cosa poder
ser la parte constitutiva de un estado de cosas" (Sachverhalt) ";
"d estad~ de cosas es una combinación de objetos;'; ~ "la configuración de los objetos forma el estado de cosas"; 7 "en el esta'do de cosas los objetos están relacionados de un modo determin~do" 8 ; "él modo como los objetos· están relacionados en el estado de cosas es la estructura del estado de cosas" 9 ; "la estructura del hecho (Tatsache) se compone de las estructuras de los
estados de cosas" -besteht aus den Strukturen der Sachverhalte-10; "lo que acaece, el hecho (Tatsache), es la existencia de
los estados de cosas" 11•
3. La traducción española citada . y la traduc~ión inglesa, edición de
1961 (Routledge &amp; Kegan Paul. London), coinciden en traducir Tatsache por "hecho", "fact". En cambio, Sachverhalt se
traduce por "hecho atómico" en l:i española, y "state of affairs"
lo mismo que "state of things" constituye la traducción del mismo término alemán según la edición inglesa. En cuanto al término Sf1Chverhalt aquí seguimos más bien la traducción inglesa
por estar más a tono con los elementos de que se compone un
Sachverhalt -las cosas, objeto- según Wittgenstein.

4. Proposición 2.02
5. Prop. 2.011
~- Prop. 2.01
7. Prop. 2.0272
8. Prop. 2.031
9. Prop. 2.032
10. Prop. 2.034
11. Prop. 2

De acuerdo con estos enunciados sólo puede ser algo un
"objeto" o "cósa" si, además de ser "simple", forma parte o
puede formar parte de una configuración lógica de la índole de un Sachverhalt, por ejemplo, si "amarillo" no sólo no
puede ser descompuesto más, sino que además interviene y
puede intervenir como correlato en una estructura de cosas.
Curiosa es, sin embargo, la forma de ser del "objeto", pues
por una parte tiene una forma de ser independiente, desde
que no está con necesidad adscrito a un sólo estado de cosas,
sino que "puede" intervenir como miembro de todos los "posibles" estados de cosas que con él pueden configurarse; por
otra parte el objeto es no menos dependiente, desde que le
es esencial poder darse solamente como miembro de "algún"
plexo de cosas, es decir, sólo es objeto si puede entrar en un
plexo de cosas y nunca es algo absolutamente aislado, o por
lo ·menos así no es un "objeto"12 • Esta doble condición del
objeto determina que lo que se ha dado en llamar un estado
de cosas (Saclwerhalt) no sea sólo la estructura de objetos
que efectivamente "acaece", sino también la estructura objeta! "posible" que con esos objetos puede configurarse. El
estado de cosas existe en acto o es posible. La raíz de esta diferencia en· -los estados de cosas está en la naturaleza de los
objetos: "pueden intervenir" en todos los estados de cosas que
desde ellos son posibles, pero "funcionan" o actúan solamente
en un estado .de cosas "determinado". -Sobre esto volveremos
eri seguida.·
· En cuanto a los "Tatsachen", siendo como son estructuras
compüestas de las estructuras de los estados de cosas, parece
que no es éaracterístico de ellós el ser :'posibles", sino actuales,
púesto que no· surge·n más que en cuanto contamos de facto
con los estados de ·cosas. Con ·1os estados de cosas "p" y "q",
es -cierto, son "posíbles" hechos ·como "p. q", "p -» q", "p v q".
Pero si estos plexos de estados de cosas han de "acaecer", ser
propiamente "Tatsachen", depende de que "p" y "q" acaezcan,
y precisamente según el principio de la relación lógica ( co12. Cf. Prop. 2.0121-2.0122.

40

4Í

�nectiva) que constituye al Tatsache. La conectiva sólo nos
dice cómo han de acaecer "p" y "q" para que el Tatsache sea
tal, es decir, acaezca, o cómo el Tatsache se transforma en estados de cosas que lo substituyen y lo condicionan. Hablando
proposicionalmente, la proposición que "figura" un Tatsache
es una "función de verdad" de las proposiciones que figuran
los estados de cosas de que se compone ese Tatsache 1-.;. Hablando de modo realista, el T atsaclze se reduce a la existencia
de los estados de cosas- proposición 2. antes citada.
Ahora bien, lo anterior significa que un Tatsaclze "inexistente" es simplemente una imposibilidad, que "p-p", que
"-pv-q" ( sentada la equivalencia de ''pv q" y "(- p.-q)"
a propósito de la alternativa incluyente) son imposibles en tan~~ 9-ue c~1:?'adicen las leyes de la misma "existencia" y de la
extstenc1a de un Tatsache bajo la forrn:1 de una relación de
alternativa incluyente, respectivamente. Más todavía, lo anterior no sólo significa que los T atsaclzen son completamente
"depen&lt;lientes" de los estados de cosas existentes, sino también,
a la inversa, que los estados de cosas no son dependientes en
el sentido en que lo son los T atsaclzen. Como puedo reducir
y derivar un T(ltsache a (y de) los estados de cosas de que se
compone, no puedo reducir un "estado de cosas" a otro o derivarlo de otro. Un estado de cosas "p" ("este amarillo sigue
a este otro" por ejemplo) no puede reducirse según su estructura a la estructura de otro estado &lt;le cosas "q" ( este amarillo
es más intenso que este otro). "Los estados de cosas son independientes unos de otros"11 ; "de la existencia o no existencia de un estado de cosas no se puede concluir la existencia o
no existencia de otro"1 G. En efecto, los estados de cosas no
pueden depender de otros; tal querría decir que su estructura
depende de otra estructura. Pero los estados de cosas sólo se
configuran a partir de "objetos" que, como tales, no son plexos
13. Cf. Prop. 5.-5.01

de ninguna clase, sino naturalezas "simples". También aquí
volvemos a encontrar la razón de por qué los estados de cosas
no son necesaria y esencialmente "existentes", sino existentes
o posibles, según se precisará mejor más adelante.
Quede asentado entre tanto: todos los Tatsachen son con
necesidad "existentes", si bien no debe entenderse por Tatsache
un "estado de cosas" sólo por ser éste existente. Wittgenstein
insiste en el Tractatus en que lo que caracteriza de modo fundamental a lo que "acaece" es la existencia de los Tatsachen
cuya totalidad constituye el mundo" 10 • Igualmente insiste en
que los T atsachen se integran con los estados de cosas o Sachverhalte" 17 •

Cuanto acabamos de establecer acerca de los Tatsachen, a
saber:
a). que son reducibles a "estados de cosas" existentes,
b). que necesariamente son dependientes de sus componentes, los estados de cosas, en cuanto "existentes", y
c). que estos componentes son necesariamente "independientes",
no podemos afirmarlo de sus componentes, los Saclwerhalte.
Lo primero porque, siendo estos componentes "estados de
cosas", los elementos de que a su vez éstos se componen son
las "cosas" últimas, "simples"; y hay por lo menos b necesidad
teórica de que así sea, si estas ultimidades han de ser "Din ge"
y no "Saclwerhalte", y si éstos, a su vez, han de ser tales
y no "Tatsachen". Que los Snchverludte no puedan reducirse a
"estados de cosas" existentes sólo indica que a sus componentes les es esencialmente inherente ser "parte" y no compuestos.
Lo segundo, porque las cosas que intervienen .en los Sachverhalte a título de partes. entrañan en su propia condición
una suerte de versatilidad limitada a cuya ·virtud deben el po-

14. Prop. 2.061
16. Cf. Props. 1-1.2.
17. Cf. Props. 2.; 2.034 ; 4.2211

15. Prop. 2.062

42

43

�der intervenir como elementos de una diversidad de Saclwcrludte posibles, los cuales, por su parte, copio es natural, pueden o no "acaecer". Está en la "naturaleza" mi~ma .de las cosas u objetos, si se dan, poder intervenir como miembros de
todos aquellos estados de cosas cuya posibilidad ellas son. Correlativamente, está en la condición de. los estados de cosas
poder acaecer, existir, o bien acaecer en calidad precisa de
acto. En la naturaleza de los componentes de los estados de
cosas está el que éstos no puedan reducirse ni depender exclusivamente de sus componentes en cuanto "existentes" en
tal o cual configuración, como que los . estados de c;osas son
"posibles" o "existentes". Claro que "si todos los objetos SO!l,
dados, también se dan con ellos todos los posibles esta.dos .de
cosas" 18, pero siempre hay una distinción: si los estados de
cosas son sólo "posibles" necesariamente . dependen de sus
componentes, los objetos, pero de los objetos en cuanto tales
y no de los objetos en cuanto miembros de una configuración
determinada; en cambio, si el estado de .cosas se. da como
"existente" su existencia ya no depende tanto de los objetos
en cuanto tales como de la configuración en que se hallan
trabados de facto. Sería un grave error decir que los objetos,
cuya "naturaleza" contiene todos los ·estados de cosas posibles en que "pueden" intervenir, contienen ya también la
"existencia" de estos estados de cosas, pues así no sabríamos
determinar qué estado de cosas existe y cuál no existe. Pero,
por otra parte, ¿cómo no ha de ser un problema decir que
los estados de cosas "posibles" no están determinados y como dependiendo de los objetos en cuanto configurados de tal
o cual modo, sino sólo de los objetos en cuanto tales, puesto
que, de todas formas, los estados de cosas posibles son estados
de cosas, es decir, objetos en configuración? Se trata de ver,
entonces, en qué medida los objetos, las cosas o componentes de los Saclwerhalte, son •O no "independintes", es decir,
cosas en cuanto tales, cosas no en configuración. fiemos dicho que con los componentes de los "estados de cosas" . o
Sachverhalte no ocurre lo que con los componentes de .los
18. Prop. 2.0124

Tatsach~n: que no son necesariamente "independientes",. Y
esto era lo tercero.. S_u explicación requiere de más amplios

desarrollos y, en defi.nitiva, nos c9loca ante el prqb}ema .fundamental aquí asumido.
Antes hemos aludido a una proposición (2.0122) en que
Wittgenstein asienta cómo la "cosa" es de cierto modo "independiente" en cuanto puede intervenir en ~odos los es,tados de
cosas "posibles" en que es capaz de combmarse, y como esta
forma de· independencia es también de cierto modo una forma de conexión con un estado de cos:rs, una forma de depe~dencia. Un buen número de proposiciones del Tractatu~ ligan esta independencia de las cosas u·objetos a ~ capacidad
intrínseca de éstos ·para configurar ·todos los estados de . co_sas
que con ellos son "posibles". Esta capacidad está constituida
por todas sus posibili_dades de .confi~ación. Lo ~smo !1;1ma Wittgenstein a esta capacidad obJe~l de conf1guraci~n
la "naturaleza" del objeto, la "forma" del ~bjeto, las propiedades "internas" del objeto, que _la substancia de todos los estados de &lt;;osas que acaecen y que constituy~n el mu~do.
"Cada cosa está, Fr así . decirlo, en un espacio de p~~ibles
estados de cosas" 1' • Se puede advertir en es~ propos1q~n. la
condición del libre suspenso de la cosa, algo as1 como su log_1~
estacionaria. "Si yo conozco un qbjeto, conozco tambien
todas sus posibilidades de entrar en los estados ?e cosas. . ( Cada una de tales posibilidades debe estar conternda en la naturaleza del objeto) "20 • "La forma del objeto es la posibilidad
de entrar en los estados de cosas"21 • "Los objetos forman la
22
· dl
substancia
e mund"
o .
Ahora bien, puede ser que los objetos se traben en una
articulación de cosas "determinada", que tenga lugar con ellos,
que "acaezca", una estructura efectiva. En el punto en que
19. Prop. 2.013
20. Prop. 2.0123
21. Prop. 2.0141
22. Prop. 2.021

44

45

�esto sobreviene se rompe el núcJeo formal de posibilidades "internas" de los objetos, la 16gica estacionaria de los objetos, para dar lugar, para dar salida a una estructura lógica "externa"
de dichos objetos. Pero entonces ya no debo considerar a los
objetos, en ese plexo y tal como se encuentran relacionados,
bajo la noción de "forma", de "naturaleza", de "substancia"
objetal, sino bajo la noción de una estructura efectiva introductora. dt: una "m~ificación", de un cambio: la forma objetal
conuenza a funcionar rompiendo el núcleo de posibles estado~,?e c~sa~: poniend~ en marcha el libre suspenso de la lógi~ 1?tenor de los obJetos. La ruptura &lt;le este suspenso 16gico
mtenor puede arrastrar tantas "variantes", tantos "acaecimientos" a manera de otras tantas configuraciones, como estados de
cosas se contienen more possibitis en la forma del objeto.
Los objetos son los mismos, son invariables· las conficrura.
'
"' no
c1ones
que con ellos "acaecen" son diversas cambiantes·
'
pued en equipararse: "el objeto es lo fijo, lo persistente;' .la
configuración es lo cambiante, lo variable"~ª. En la medida,
pues, en que lo cambiante son las configuraciones que acaecen
y l~s .º?jetos sólo el núcleo invariante, formal y substancial, de
pos1b1hdades de esas configuraciones, en esa misma medida "la
substancia es aquello que persiste independientemente de lo
2
que acaece" \ No puede surgir aquí la cuestión acerca de cómo sea posible que los objetos subsistan independientemente
de la configuración &lt;le cosas si, precisamente les es esencial
poder ser miembros de un plexo de cosas. La'distinción entre
objeto en cuanto tal, fijo, substante, independiente como núcl~o 'formal' de posibles estados de -cosas, y objet; en cuanto
miembro de uno u otro plexo de cosas 'materialmente· existente, es decir, el objeto variable, dependiente, aclara toda os.curi&lt;lad. Sin embargo, el objeto en cuanto tal y como formalmen_te independiente no debe concebirse a la manera de lo que
sub_s1ste absolutamente independiente respecto de la configurac1on que acaece, por tanto, respecto del objeto en cuanto

miembro de uno u otro plexo de cosas determinado, sino,
más bien, a ·la manera de lo que entraña internas posibilidades de lo que acaece exteriormente. La distinción es la de dos
niveles, uno de los cuales -el posible- se refiere ya, en cuanto tal, a lo que acaece, a la configuración existente. El puente está tendido, si un estado de cosas acaece la cosa no hace
más que transitar a una configuración "externa" que era estáticamente "interna" a la cosa. De lo contrario resultaría un
puro accidente que la cosa, supuestamente en sí y por sí, interviniera como miembro de un estado de cosas2~. La relación entre objeto como centro de propiedades formales y el
objeto. como centro de propiedades materialmente existentes
queda asi establecida, pero también sus diferentes diml!nsiones. "A fin de conocer un objeto no necesito, pues, conocer
sus propiedades externas - empero necesito conocer todas
sus propiedades internas"~6 • "La substancia del mundo puede
determinar sólo una forma y ninguna de las propiedades
materiales. Pues éstas están representadas tan s6lo ( erst} por
medio de las proposiciones - están formadas tan sólo por la
configuración de los objetos" 27 •
Tanto el primero como el segundo de estos últimos textos señalarían la esfera propia de la entidad misma del objeto en cuanto tal -todas sus internas propiedades, todas sus
posibilidades de ingresar en los estados de cosas "posibles"--.
Pero ambos textos presentan ya una nueva cuestión. El primero (2.01231) introduce una posición de carácter gnoseológico dentro de la cual se distingue el conocimiento del objeto
en cuanto tal -según sus internas propiedades- del conocimiento del objeto en cuanto miembro de un plexo de cosas
determinado -según sus externas propiedades-. No serían
lo mismo, desde que el primer conocimiento no requiere del
segundo. El segundo texto (2.0231), en cambio, advierte que
las propiedades materiales, externas, del objeto tan sólo ( erst)
25. Cf. Prop. 2.0121

23. Prop. 2.0271; Cf. 2.026-2.027
24. Prop. 2.0~4

26. Prop. 2.01231
27. Prop. 2.0231

4i

�se representan por medio de las propos1c10nes, que son las
proposiciones las únicas que pueden representar la wnfiguración de los objetos o el objeto en configuración. De donde ha
de inferirse que el objeto en cuanto tal, según sus internas
propiedades, no es posible representarlo por medio de proposiciones. Vinculando los dos textos: que el conocimiento del
objeto en cuanto tal no requiera de la forma de conocimiento del objeto en cuanto miembro de un estado de cosas, o que
el conocimiento de la forma substancial, fija, se distinga del
conocimiento qu~ podemos tener de las configuraciones cambiantes de los objetos, indicará, según esto, que uno y otro
conocimiento tienen modos propios de expresión lingüística
que no sólo no se reclaman entre sí, sino que tampoco es posible que se intersubstituyan, pues no podemos expresar lo
qúe por definición es "simple", fijo, formalmente interior,
mediante expresiones lingüísticas propias para representar un
"complejo'.' variable, materialmente exterior, y viceversa. Cada una de estas formas de expresión es la medida respectiva
de una y otra forma de conocimiento. La forma específica
de expresión para representar un estado de cosas (Sachverhalt) es la "proposición elemental", como corresponde a la
representación de un complejo no compuesto de otros ( en
sun
' bolos.· "aRb", "fx" , " p") 28. La f orma expresiva
· d e representación propia del "hecho" (Tatsache) es la "proposición compleja" ( ell' símbolos: "xRy.yRz", también "p.q")29 •
La de los objetos es el "nombre" (x, y, z)8º.
Que sólo al través de estos símbolos lingüísticos se puede
alcanzar un conocimiento equivale a decit que sólo el análisis y esclarecimiento de la función "representativa", "significativa", de· estos símbolos constituye el conducto adecuado
pará éntrar en posesión del conocimiento. Entender un nombre, poseer su significado, es saber qué· "cosa"· designa, el
nombre es un trasuntt&gt; de la cosa 8 1• · De la mismá manera

entender una proposición elemental es tanto como saber lo
que "acaece", y viceversa, conocer un estado de cosas en tanto que acaece es entender la proposición que lo representa; si
32
en uno y en otro caso la proposición es verdadera • La proposición es una "figura lógica" del estado de cosas que repre33
senta, está esencialmente vinculada al estado de cosas • El
paralelismo de (?rden "representativo" entre el nivel lingüístico y el nivel de los facta es inquebrantable. Los nombres de
que se compone una proposición y la estructura en que ahí
se hallan conectados corresponden punto por punto en el modo de la representación a las "cosas" y a la estructura en que
éstas se hallan conectadas en el estado de cosas; la relación
figurativa consiste en la comunidad del número de elementos
y en la comunidad de estructura que se tiende entre el estado
3
de cosas figurado y la proposición que lo figura 4.
No tratamos ahora en especial sobre el alcance de esta
teoría del lenguaje como figura lógica de la "realidad". La
tomamos como expediente para responder a nuestro problema inicial: la delimitación de lo decible y lo indecible y la
posible explicación de la esfera de lo indecible por la esfera
de lo que puede decirse, en la medida en que esta explicación
se relaciona con la noción de "substancia". Todos nuestros
materiales deben ser utilizados a este propósito. En efecto,
el problema revierte por entero sobre la naturaleza de la substancia a que antes hemos hecho referencia.
Se estableció que los objetos en cuanto tales - núcleos formales, simples, invariables, de posibles estados de cosas- constituyen la substancia de todos los estados de cosas en tanto que
"acaecen"; que como tales son "independientes"' de todo acaecimiento, de tal o cuál ct&gt;nfiguración. Pero esta independencia

'

28. Cf.
29. Cf.
30. Cf.
31. Cf.

Props.
Props.
Props.
Props.

3.1432; 4.21; 4.24.
3.24, primer párrafo, y 5.1241
3.203 y 3.22
3.203 y 4.243

48

32. Cf. Props. 4.021 y 4.024
33. Cf. Prop. 4.03
34. Cf. Props. 4.031 y 4.0311

49

�no era absoluta: en los objetos venían ya prefigurados todos los
posibles estados de cosas que con ellos pueden acaecer. Su independencia era una forma de dependencia lógico-virtual respecto de los estados de cosas.
Ahora bien, ¿por qué es necesario que los objetos deban
ser "simples", invariables, substantes? Wittgenstein no hace
más que derivar esta necesidad de previas acotaciones teóricas.
Sentado por definición que un Sachverhalt sólo puede ser una
"combinación de objetos" (2.01), y sentado mediante nueva
definición que el objeto sólo puede ser "parte" de un Sachverhalt (2.on), necesario es que el objeto sea "simple" (2.02);
de lo contrario no constituiría la substancia del mundo35 • A
fin de no violentar los textos es preciso hacer dos advertencias. Primera; aquí no se trata de una interpretación finitista de la realidad que considerara como establecida la factibilidad de hacer mella en los elementos "últimos" de la realidad;
se trata sólo de una acotación teórica de todo aquello que debe llamarse "objeto", por tanto, de una construcción axiomática de la esfera de los objetos. En definitiva se trata de
una delimitación de la esfera de los objetos mediante el concepto matemático de "multiplicidad definida", a partir de
la cual pueden deducirse analíticamente otras proposiciones86•
Por eso puede decir Wittgenstein que aunque no hubiera tales "elementos" últimos, aún entonces debería haberlos.
"Aunque el mundo fuese infinitamente complejo, de modo
que cada hecho ( T atsache) constase de infinidad de estados de
cosas ( Sachverhalten), y cada estado de cosas se compusiese
de un número infinito de objetos ( Gegenstiinden ), incluso en
este supuesto debería haber objetos y estados de cosas"37 • Segunda; importa subrayar una vez más que mientras que, por
una parte, el simple objeto substancial, no obstante su simplicidad, "contiene" virtual y anticipativamente el todo de esta35. Cf. Prop. 2.021

dos de cosas posibles, por la otra de las partes cualquier estado de cosas, en tanto que "acaece", es un habitáculo del objeto - del mismo objeto, si se lo considera como un elemento
"común" que habita en los "diversos" estados de cosas del
mundo real· pero no del mismo objeto, si se lo considera como afectad~ por las relaciones a que sucumbe. Ahí donde
Wittgenstein expone: "el signo complejo 'aRb' no dice que 'a'
está en la relación 'r' con 'b', sino que 'a' está en una cierta relación con 'b'; dice que 'aRb' "38 , se trataría de afirmar que los
objetos representados por 'a' y 'b' y la relaci6n representada
por 'R', en cuanto integrantes de un complejo, no pu_e1en entenderse ni como partes extra partes que luego se unman por
composición ni como objetos y relaciones "anónimos" o, a la
inversa, los ~ignos como vacíos de toda referencia _" o?jetiva",
si.no, más bien, como objetos intrínsecamente const1tmdos por
el modo de la relación y como afectados íntimamente por la
"significación" de los símbolos.
Todo esto es importante a nuestro propósito, pues en primer lugar señala que la substancia, que en ningún momento
se ha reputado como absolutamente independiente de las configuraciones "exteriores", siendo "simple" en cuanto tal, no
hace más que autodesplegar su naturaleza interna_ al caer bajo una configuración exterior de cosas, automarufestarse en
uno u otro plexo de cosas, y la cuestión es sólo que el plexo
de cosas "acaezca"; pero señala también, en segundo lugar,
que ese autodespliegue de la nat~ral_~~ª- substancial l~a de presentarse por igual en el plano lmgmsttco. De ~qm la necesidad de puntualizar la función que llenan las diferentes formas lingüísticas.
Lo mismo que el "objeto" no podía menos de ser "simple", el "nombre" no puede tampoco menos de ser un signo
simple, desde que lo representa. De donde: el modo como
los objetos están combinados en el plexo de cosas corresponde

36. Cf. E. Husserl. Lógica Formal y Lógica Trascendental. U. N
A.M. 1962, Parágrafo 31, Pág. 98 ss.
38. Prop. 3.1432

37. Prop. 4.2211

50

51

�al modo como los nombres están combinados en la proposi., que lo representas9. Ahora bien, resulta que como el
c1on
nombre :s un símbolo pr~?vo, simple, no puedo expresarlo
por med~o de ~na. propos1cion que constituye el símbolo representativo privativo de los plexos de cosas· lo contrario nos
llevar.ía a i?troducir una composici6n en 'aquello que por
esencia es s1e~pre u~ "parte simple" de la proposici6n. Lo
que es un miembro s1:'11ple de la proposici6n, el nombre, no
puedo expresarlo mediante una proposici6n -como el objeto
en cuanto tal no era posible descomponerlo en otras partes-:
el nombre no puede definirse mediante "otros" nombres "no
puede des11;1:mbrarse por definici6n"'º, porque, o los ~ombres ~u~ ';1t1hzo par~ def~~ un primero son "otros", y entonces s1g~1can o d.es1gnan otras cosas" diferentes de aquella
que designa el primero, la ecuaci6n de la definici6n no procede; o los nombres que utilizo en la definici6n no son
"otros", sino equivalentes al primero, y entonces nada dicen:
"~=b" s6lo indica que 'a' es reemplazable por 'b' pero nada
dice acerca del si~nifica~o de 'a' y de 'b''1. El primer miembr? de la alt:rnativa sena tanto como decir dos cosas son la
~•sma:, un su:isentido. El segundo miembro · de Ia· alternativa seria lo mismo q_ue aseverar ..una cosa es ella misma", pero no responde a la pregunta acerca de qué sea ella misma
no dice de ella nadau.
'
Por ?tra parte, mientras que el nombre y la funci6n represen~~va que le es propia no puede expresarse mediante la
propo~1C16n, al. contrario, la proposici6n y la funci6n repre§_entat1va que le es propia no puede designarse por medio del
n.ombre. Los estados de cosas se pueden describir proposic1onalmente. pero no nombrarº. La proposici6n s6lo dice y
con ello muestra, c6mo está la cosa en el plexo de cosas, ~e39.
40.
41.
42.
43.

Cf. Props. 3.202 y 3.21
Props. 3.26 y 3.261
Cf. Props. 4.241 y 4.242
Cf. Prop. 5.5303
Cf. Prop. 3.144

presenta la cosa en el plexo de cosas o la cosa como miembro
de un "acaecimiento", pero no designa, como el nombre, a la
cosa en cuanto tal, simple, proposicionalmente inexpresable...

En efecto, si la proposici6n no puede expresar ·en el modo de la represcntaci6n más que un plexo de cosas determinado, es porque la proposici6n misma sólo puede expresar el
objeto en una relación externa, determinada, pero no el objeto
en cuanto tal, como núcleo de posibles e internos estados de
cosas. Las propiedades internas del objetó -su qué substancial y nominable- quedan, como posibilidades, virtualmente
fuera de las propiedades externas de ese objeto proposicionalmente éxpresables. Que es como decir: la relación puramente
lógica de un estado de cosas, en cuanto tal relación, es decir, lo
que el estado de cosas que acaece lleva como marca de una propiedad interna del objeto en cuanto tal no puede representarse
proposicionalmentc, pues, de lo contrario, se introduciría una
cierta composición _:_1a que pondrían los nombres de la proposición- en aquella relación misma que sólo implica la naturaleza interna y simple del objeto en cuanto tal. En otras
palabras: proposicionalmente sólo puedo expresar la relación
de cosas, pero no la relación de cosas; lo que está puesto como
"complejo", pero no lo que está puesto como naturaleza formal, substancial y simple. Lo anterior no impide que la relación misma, como simple e interna propiedad, se •muestre al
expresar el estado de cosas; pero justamente porque lo que se
muestra al expresar el estado de cosas, no es, a su turno, un
estado de cosas, sino la "naturaleza" 16gica de la simple relación, justo por eso tal naturaleza lógica no puede por su parte ser expresada proposicionalmente sin .riesgo de hacerla caer
dentro de una condición externa, yariable, material. ."La
proposición no puede representar la forma lógica; se refleja en
ella. Lo que en el lenguaje se refleja, el lenguaje no puede
representarlo. Lo que en e\ lenguaje se expresa, nosotros no

44. Cf. Props. 3.221 y 4.022

52

53

�podemos expresarlo por lenguaje" •5 • "Lo que se prtede mos..
trar no puede decirse" "-6 •
El resultado de todo esto es que, si se parte de una concepci6n del lenguaje como "figura" de los estados de cosas,
tal como en el Tractatus se adopta, entonces no puede expresarse por el propio lenguaje lo que en modo alguno es un estado de cosas; y las relaciones lógicas mismas no son tales estados de cosas, no "acaecen". Practicar lo contrario resulta
una transgresión de los límites del lenguaje, un sinsentido, si
el sentido deriva de la figuración lingüística de los estados de
cosas. El lenguaje no puede servir para expresar aquello que
es propio de su constitución, a saber, la expresión de una estructura lógica de los estados de cosas que componen el mundo. Sobre esta lógica misma nada podemos d_ecir. "La lÓgica no es una doctrina, sino un reflejo del mundo"4 7• Los
meta-lenguajes serían, según esto, imposibles, y la proposición
que se afirmase a sí misma, si depende de aquello que afirma
y "figura", tendría que ser al mismo tiempo una "función" o
variable dependiente y un "argumento" o variable independiente de si misma, lo que, desde el punto de vista "figurativo",
nada representaría"-8•
En todo caso, ¿qué razones son las que explican la circunstancia de que la relación lógica misma que se muestra
en las proposiciones no pueda ser expresada por el lenguaje,
de que la lógica de los estados de cosas no pueda traducirse al
plano lingüístico? Hay que precisar, en definitiva, la hipótesis que con anterioridad se habrá ·venido trasluciendo.
Qué no podamos decir y por qué no podamos decirlo,
depende, cumplidamente, de la índole de aquello que sólo
podemos decir y de las razones por las que sólo esto resulta
45.
46.
47.
48.

Prop. 4.121; Cf. 4.122 y 4.124
Prop. 4.1212
Prop. 6.13; Cf. también 4.0312
Cf. Props. 3.332-3.333

54

decible. Es decir, el haber atado previamente el instrumento
por excelencia de la expresión -la proposición- a una función figurativo-&lt;lescriptiva de una relación en_t~e obje_tos es lo
que lleva, por una parte, el peso de la cuestion. ~olo p&lt;&gt;&lt;}emos expresar "articulaciones de cosas"_; por lo_ nns~o, solo
podemos expresarnos con sentido mediante art1culac1ones de
nombres: "sólo la proposición tiene sentido; sólo en el con1
texto de la proposición tiene un no~~re si~nificado" !'. _Establecido esto y aclarado que la relacion misma que se tiende
'
, que e1_aut~entre los objetos
de un estado de cos~s _no es mas
despliegue de la interna naturaleza loptca de la sub~~anc1~ cosica, se explica, por otra parte, por que aquella relac10n misma
que se da como la "lógica" de los estados de cosas no pueda
expresarse proposicionalmente, y esto no es ?e menos peso... _E n
efecto, ahora se hace claro que en la medida en que la srmple" naturaleza del ~~jeto su~~t,a~~ial no puede ~e~,penetrada
y traducida por la c~r,npo~ic_ion ?e la proposicton, en esa
misma medida la relac1on Jog1ca misma de los estados de cosas no puede ser expresada tampoco y trad~~irs,c,: a signos pr~
posicionales habida cuenta de que esta relac10n en cuanto tal
no e.s más ~ue un autodespliegue de la interna_ "nat':1raleza"
del objeto "en cuanto tal" que por su parte era rmpos1ble traducir a signos proposicionales. Lo que en el ~stado de cosas
hay de interna y formal constitución _n o ~~ P?s1ble expresarlo,
como no es posible expresar la const1tucion _mterna Y f ~rm~l
de la substancia del mundo. De suerte que s1 la substancia solo era posible nombrarla, y si la relación lógica misma d~ _l?s
estados de cosas sólo era posible "mostrarla" en la proposic1on
pero no expresarla por ésta, resulta que porque no podemos
expresar lo que se nombra en el nombre no podemos expresar
Jo que se muestra en la proposición, y una ,Y otra cosa resultan,
a su vez, de que no podemos ex~resa~ ~as que los plexo~, de
cosas que constituyen la armazon logica del _mundo. La
existencia de una propiedad interna de un po~1?}e es~ado de
cosas no se expresa por medio de una proposic10n, smo que

49. Prop. 3.3

55

�se expresa ella misma en la proposición que representa el estado de cosas por medio de una propiedad interna de esta proposición" 5 &lt;&gt;_

En· suma. La condición inexpresable de la relación lógica en cuanto tal del estado de cosas se funda en la condición
inexpresable de la substancia del mundo de la cual aquélla no
es más que su desarrollo, pues al usar un nómbre en una proposición sólo se hace explícito, se "muestra", se desarrolla, lo
que el nombre de por sí contenía oculto, unplícito, no expres 0 51. Este doble inexpresable se funda, a su turno, en la naturaleza esencialmente "compleja" de la proposición con sentido. "Lo indecible" sólo se significa "presentando claramente lo decible"52•
Estos últimos apuntamientos señalarían con toda claridad que la substancia del mundo y con ello lo intrínsecamente inexpresable, tanto si es el objeto en cuanto tal como si es
su desarrollo lógico-proposicional, sólo ha podido surgir en
virtud de una previa concepción del instrumento expresivo
por excelencia, la proposición. Esta no es posible en el T ractatus más que como proposición descriptitJa, como estructura
de nombres a la cual corresponde la estructura de cosas que
ella representa. La introducción de esta concepción hace saltar por ese sólo hecho la zona de lo. lingüísticamente inexpresable.
Por cierto que si esta no fuese la única forma de haber
expresiones ptoposicionales, si pudieran tener derecho a ser
consideradas como proposiciones expresiones tales como "este amarillo está aquf y ahora", en donde "este", "aquí", "ahora" no fueran nombres -como no ·lo son- de otras tantas
"cosas'',. sino transcripciones de "una" sola cosa en cuanto ella
fuese, a la vez, su &lt;latitud y su estado espacio-temporal, en este
50. Prop. 4.124, el subrayado es mio.
51. Cf. Prop. 3.262
52. Cf. Props. 4.114-4.115

56

caso "este amarillo" ya no estaría refiriéndose a una subst~ncia en cuya naturaleza :e..contuvier~ la po~ibilid~d de rel~cionarse con otras cosas, ru este amarillo esta aqui y ahora estaría refiriéndose a una dimensión "distinta" de aquella a qu,e
se refiere la expresión "este amarillo", de tal modo que aq~ella expresión aludiera a, o "significase", un plexo de cosas virtualmente contenido en esta última. En otras palabras, la expresión "este amarillo" y la proposición "este amarillo est~
aquí y al1ora" no "representan" algo distinto en"cada caso,_ sino la misma &lt;latitud de la cosa. Con todo ¿ este. amarillo
está aquí y ahora" es una proposició~,? Si la medid~ de l,a
proposición es el expresar siempre un estado de cosas aquella no es una proposición, pero si este no es el caso y _h ay motivos para que expresiones como la que estamos c~ns1dera1:d_o
tengan derecho a la relación sujeto-predi&lt;;ado ~m descn?1r
ninguna relación entre cosas, entonces habra m~tivos pa~a mcluirlas entre las "proposiciones". En la expresión aludida el
predicado "esta aquí y ahora" indica _el carácter d~ "dato" de
aquello a que se refiere como pr~dicado; pe:o, ¡~stamente,
aquello a que se refi~re c~mo pr~d1c~do, el ,su¡~to , este amarillo", no hace tambien mas que mdicar la dautud. de aque11~ a que se refiere el pr~~ic~do~ o sea, ta~to el su¡~to coro?,
el predicado de la expres10~ mdican la ~utud d~l aq~ello
-el amarillo--. La expresion de referencia tendna, segun _esto un carácter analítico. Pero habría, no obstante, una difere~cia respecto de las proposiciones analítico formales en la
medida en que al poner. el predica?º• y efe~?1ar c~n ,~llo_ el
análisis, una cierta síntesis, no precisamente extensiva , smo
"intensiva", se pusiese al descubierto. Cua~do, u?,a v,ez p~esto el sujeto "este amarillo", añado el predicado esta aqu1 Y
ahora" ocurre algo semejante a cuando una persona se nos
pone delante de un ~od?. silencioso y al cabo de un momento salta sobre su propio s1t10 una o dos veces como para hacerse advertir.
1

El problema de la posibilidad de estas "proposiciones"
empíricas está planteado; y lo importante es que al menos
haya surgido, pues ello supone la posibilidad de romper el

57

�cerco del lenguaje "descriptivo". En un principio A. J. Ayer
llegó también a considerarlas imposibles, porque decía o las
sentencias utilizan símbolos puramente mostrati~os y ~ntonces no_hacen ~ás que nombrar una situación, registrar un
contenido sensible, en cuyo caso no se distinguen de las mer~s "exclamaciones", es decir, no serían auténticas "proposiciones", y "este amarillo está aquí y ahora" sería equivalente
a "¡miren el amarillo!", o dicen algo más que lo estrictamente ostensivo y entonces enunciamos una auténtica proposición "sintética", en cuyo caso "describo" la situación, pero
ª?andono _l?s límites de lo inmediatamente presente, es dectr, la clasifico de uno u otro modo. "A sentence which consisted ~f- demonstrative symbols would not express a genuine
propo~i~on. It would ?e a mere ejaculation, in no way cha~ctenzm~, that to _wluch it was supposed to refer", y a la
inversa: no genume synthetic proposition can be ostensive"~3. Posteriormente el propio Ayer ha hecho una rectificación y al mismo tiempo una concesión. Entre la exclamación y la sentencia "indicativa" habría una diferencia que justificaría la inclusión de esta última en la clase de los "enunciados": "The difference is that, in the formulation of the
~n~icative sentence, the existential claim is made explicit; and
it ts because of this that the sentence may be said to express
a statement, whereas the ejaculation or the gesture would
not"64 : La posibil~dad de estas proposiciones puramente presentativas, mostrativas, y ya no precisamente "descriptivas"
cuyos alcances gnoseológicos ahora no hemos considerado de~
bió conducir hacia una franca superación de la doctrin; del
Tractatus. El mismo Wittgenstein evolucionó en esta direc.,
cion.
. Ahora bien, se puede decir como consecuencia de lo que
acabamos de asentar, que la introducción de las proposiciones
meramente "presentativas", a diferencia de las proposiciones
53. A. J. Ayer. Language, Truth a11d Lagic, London, Victor Gollancz Ltd. 1962, V, Pág. 91.
54. A. J. Ayer. The Prob/em o/ Knowledge. Pclican Books.
Cap. 2, IIT, Pág. 51. El subrayado es mio.

58

1962.

descriptivas, introduce también la posibilidad de "expresar"
lo que en el Tractatus se consideraba inexpresable o sólo nombrable. La substancia resulta ser susceptible de expresarse por
medio de proposiciones mostrativas; se hace presente no sólo
de un modo sensible, sino también proposicionalmente. Pero
la presencia de la substancia, de la 'cosa', es completamente
contingente, y la verdad de las proposiciones estrictamente ostensivas depende de la presencia sensible de la referida "substancia", que ahora debemos entrecomillar, pues en sentido estricto ya no sería tal substancia, desde que, si resulta expresable, resulta también susceptible de ingresar al campo de la
"variación", y ya no sería la cosa invariable de los diversos
estados de cosas; como acabaré por decir.
Hay una verdad "primitiva", previa a la verdad de las
proposiciones descriptivas. ¿ No se puede decir que antes que
en ser un miembro de posibles estados de cosas la esencia de
la "cosa" consiste en su "presencia", en su acto existencial?
Se trataría de fundamentar primero la verdad de las proposiciones que son puramente mostrativas, porque de ellas de. pendería la verdad de las proposiciones que se llaman "descriptivas". Mas con ello debe romperse el lazo necesario que
vinculaba a "una cosa" con todos los "posibles" estados de cosas que se suponía constituían su "naturaleza"; porque sentado
que la verdad de una proposición ostensiva depende de b presencia sensible de la "cosa" que expresa, y establecido que la
esencia de esta cosa descansaría más bien en la contingencia ele
su presencia, la verdad de una proposición puramente ostensiva
no implica la verdad de una proposición "descriptiva" de un
estado de cosas. O sea, que la verdad de una proposición descriptiva de un estado de cosas dependería de dos o más proposiciones presentativas sucesivamente justificadas, y el que se dé
una cosa y con ello los fundamentos de una proposición ostensiva no implica que se dé un estado de cosas que fundaría
la correspondiente proposición descriptiva. Desde este punto
de vista ya no puedo decir que "si yo conozco un objeto,
conozco también todas sus posibilidades de entrar en los estados de cosas (2.0123)", pues con ello afirmo que el cono-

�cumento que tendría en la proposición otensiva que expresase la presencia de un "objeto" implica el conocimiento de
"posibles" proposiciones obtensivas que expresasen la "presencia" de los correspondientes "objetos" que integran los
estados de cosas posibles, siendo así que el conocimiento que
tenemos con las proposiciones ostensivas sólo puede ser "actual".
Siendo asi, tampoco puedo ya considerar las relaciones lógicas mismas que se dan en los plexos de cosas como un desarrollo de la interna naturaleza de un "objeto"; las relaciones
mismas que se dan en estos plexos, y la estructura lógica de
las proposiciones descriptivas que "mostraban" aquellas relaciones, tienen que ser ahora algo distinto de aquello que se llamaba la "interna" y formal constitución de la rubstancia. Y
como es posible "expresar" la "cosa" proposicionalmente en el
modo de la mostración, puedo también "expresar" las relaciones lógicas mismas que se dan a mostrar en las proposiciones
descriptivas, puesto que ellas mismas ya no están ligadas a una
naturaleza "objetal'' inexpresable, y puesto que las expresiones
proposicionales ya no son necesariamente descripciones de estados de cosas. Los metalenguajes son posibles, de hecho los
hay, y no son un sinsentido, sino que tienen "otro" sentido.

IDENTIDAD Y DIFERENCIA:
HEIDEGGER Y HEGEL•
ALPHONSE DE W AEHLENS

No es necesario subrayar la importancia y la dificultad
de una investigación sobre la evolución del pensamiento heideggeriano. Tampoco es necesario anticipar que estas páwas no tendrán la ambición de llevar a feliz término tal
ºpropósito. Nos contentaremos, pues, a propos1to
, . de este tema capital, con sentar algunas reflexiones al margen de ,ma
obra reciente (Identitat und Differenz, 1957) que parece particularmente conveniente para esclarecer el problema.
La obra junta dos conferencias: Der Satz der Identitat
y Die onto-theo-logische Verfassung der Metaphysik; una y
otra -la primera por medio de alusiones y la segunda de la
manera más explícita- se apoyan en la historia de la filosofía moderna, circunstancia que, en el último pensamiento de
Heidegger, es casi excepcional. Es por esto, justamente, por
lo que Identitat tmd Differenz nos parece ofrecer 'Un terreno
de investigación privilegiado.
El primer estudio principia por un examen de los términos en los que de ordinario, se formula el principio de identidad: A = A. Esta expresión usual contiene un grave equívoco, pues confunde la igttaldad -de la que habla aparentemente- con la identidad -a la que cree apuntar. Esta, por
otra parte, no permanece menos confusa, pues no es simplemente la misma cosa decir: todo A es A, que decir: todo A es
idéntico a él mismo, por él mismo.
De lo anterior se sacará, sin embargo, esta primera conclusión: que no se puede pensar la identidad sin pensar la
mediación; el "principio de identidad" no es el enunciado de
• Publicado originalmente en la Revue Internationale de Philosophie,
No 52, 1960, Fase. 2, y traducido con el permiso del autor.

60

61

�una relación estática: él no tiene sentido más que por un
movimiento del pensamiento en relación con él mismo, donde la unidad del "mismo" consigo mismo es la apuesta y lo
apostado.
Esta manera de comprender el principio de identidad
manifiesta claramente sus referencias hegelianas -que el segundo estudio de este trabajo desarrollará. Ya el artículo de
los Holzwege intitulado Hegels Begriff der Erfahrung confrontaba a Hegel y Heidegger. Y quizá -a pesar de ciertas
apariencias -sea permitido decir que la conciencia de esta
relación, muy disimulada en Sein und Zeit, pero de donde
ciertamente no está ausente, es un rasgo mayor del último
estado del pensamiento heideggeriano. La idea de mediación
no ocupa el centro de Sein und Zeit. Hubiera quizás ocupado este lugar central, si el libro se hubiera terminado y si, como estaba previsto, a la interpretación del ser en el horizonte
del tiempo hubiera seguido una interpretación del tiempo
'en el horizonte del ser.1
Sin embargo, esta puesta en evidencia de la mediación
se anuncia desde Sein und Zeit, si se reflexiona en el papel
que desempeña allí la negatividad, tenida por la "esencia" del
hombre y de la comprensión del ser. Es verdad que este camino no se encuentra trazado en su totalidad: la razón de
ello está en que el autor se dedica por completo, en ese libro,
a describir la dimensión existencial de la negatividad y que
esta preocupación -no obstante las múltiples afirmaciones
contrarias -lo lleva a veces a dejar en la sombra lo que llegará a ser, posteriormente, el tema fundamental de su obra.
Entiéndase el sentido de estas observaciones. Ellas no
pretenden probar un parentesco de Heidegger con Hegel, lo
que sería, sin duda, superfluo. Sólo quieren mostrar que
al colocar su reflexión -presentada como reflexión del serl. Se podría sostener que esta última se elabora en el libro sobre
Kant. Pero el autor a prop6sito del cual ella se anuncia la obliga
a establecerse en el "medio" de la imaginación, lo que hace que
ciertos aspectos se vean un tanto desvirtuados.

62

bajo el signo de la mediación, Heidegger acaba por juzgar
una explicación con Hegel como un momento decisivo en el
que la obra que edifica revela su sentido último. Es, por otra
parte, lo que nuestro texto constata casi expresamente, al subrayar que han sido necesarios más de dos mil años al pensamiento occidental para descubrir este movimiento y esta mediación de la identidad, y para asignarles un lugar (eine Unterkunft), lugar que instituye (stiftet) el pensamiento hegeliano.2
Pero, ¿cuál es ese medio, y cómo nos esclarece la identidad? No es, por cierto, la fórmula del "principio" la que
nos lo dirá. Por el contrario, ella presupone que nosotros conocemos la identidad. Escuchémosla, no obstante. Al enunciar que A es A, ello nos significa que todo ente es idéntico
a sí mismo, el mismo consigo mismo. Se trata, pues, de una
enunciación sobre el ser del ente; este ser se comprende como identidad y unidad consigo mismo. Y, al mismo tiempo,
esta afirmación sobre el ser del ente se presenta también como una ley del pensamiento, del comprender.
Esto nos remite, una vez más, al famoso aforismo de Parménides tan comentado a menudo por Heidegger. Se conoce la traducción que de él nos da: "Lo mismo, es a la vez
pensar y ser".3
A primera vista, este recurso a Parménides no trae sino
contradicción. El "principio" de identidad pronuncia la iden2. "Bis jedoch die in der ldentitaet waltende, frühzeitig schon anklingende Beziehung desselben mit ihm selbst als diese Vermittelung cntschieden und gepraegt zum Vorschein kommt, bis gar
eine Unterkunft gefunden wird für dieses Hervorscheinen der
Vermitteiung innerhalb der Identitaet, braucht das abendlae?•
dische Denken mehr denn zweitausend Jabre. Denn erst die
Philosophie des spekulativen Idealismus stiftet, vorbereitet v~n
Leibniz und Kant, durch Fichte, Schelling und Hegel dem m
sich synthetischen Wesen der Identitaet eine Unterkunft." ldentitaet und Differenz, pp. 15-16.
3. "Das Selbe naemlich ist Vernehmen (Denken) sowohl als auch
Sein." Op. cit., p. 18. Damos la traducción de Jean BEAUFRET: El Poema de Parménides; p. 79.

63

�tidad de todo ente consigo mismo; el aforismo eleata sostiene que el pensamiento y el ser, llamado sin embargo diferentemente, son la misma cosa. Pero es justamente Hegel,
como veremos, quien suministrará una de las soluciones del
enigma.
La frase de Parménides comienza por transformar el
"problema". Ella implica que el pensamiento y el ser están
unidos bajo la "categoría" ( diríamos muy impropiamente)
de lo idéntico, y le pertenecen. Pero ella no nos aclara en
nada lo idéntico. Parece comprometer, incluso, lo que nosotros considerábamos adquirido. Pues habíamos anticipado
que la identidad corresponde al ser ( del ente), en lugar de
lo que Parménides dice: es el ser quien -con el pensamiento- pertenece al mismo, a la identidad. ¿ No se tratará, pues,
en uno y otro caso de la misma identidad ?
La dificultad surge de que, al interpretar la frase parmenidiana, hemos comprendido la pertenencia en el sentido que
la "metafísica" -es decir, toda la historia de la filosofía de
Platón a Nietzsche- da a este término, o sea, que la hemos
comprendido como subsunción. Ahora bien, el problema no
es en manera alguna, colocar ser y pensar bajo un mismo rubro que sería lo idéntico. Es mostrar una ordenación radical e intrínseca del pensamiento con el ser y del ser con el
pensamiento, de tal manera que sea constitutiva de lo que
hay lugar a entender por identidad e idéntico.
Parece brotar aquí, bajo el signo de Parméndides ( que esta interpretación del aforismo sea o no sostenible, no es para nosotros el problema), el parentesco radical de Hegel y de
Heidegger. Queda en pie el hecho de que esta dialéctica 4
4. Esta palabra no es heideggeriana. Heidegger se ha esforzado
siempre, dentro de lo posible, por separar d&lt;:_ su lenguaje todos
los términos forjados por la tradici6n fil056fica; veremos, más
adelante, la raz6n de ello. Y cuando se ve obligado a aceptarlos, lo hace con sumo esmero, cuidando usarlos según la línea
de sus propias perspectivas. Esta preocupaci6n no es artificial,
sino necesaria, si es cierto que el período metafísico se cierra con
Nietzche (y Husserl).

64

del pensamiento y del ser\ puesto que evidentemente hay dialéctica, llegue a manifestar entre Hegel y Heidegger una
-"diferencia" no menos esencial. Sin embargo no ha llegado
el momento de hacerla brotar.
Es sabido y conocido -desde Sein und Zeit- este "mismo" (o este "volverse mismo" del pensamiento y del ser) que
se expresa en la tesis famosa: el hombre es el ente que tiene por ser propio el comprender al ser. Era cómodo, quizá
entender esta tesis, en el tiempo de Sein und Zeit, como significando que el ser es el negocio, el quehacer del hombre, su
preocupación -y este negocio es pensar. Lo cierto es que
ahora es necesario invertir los términos: el hombre es el negocio, el quehacer del ser- y este negocio es pensar. Pero
esta inversión -de cuya explicitación se ocupa fa segunda
obra heideggeriana si es que no se ocupa, ya también, la primera- compromete y articula toda Historia.
Incluso sin abandonar la letra de los textos heideggerianos, se puede aún manifestar esto bajo otra dimensión. Si el
ser es presencia, el hombre es el ente consagrado de suyo
a. la presencia. Es por él por quien la presencia es; o -y reconocemos la inversión de que se acaba de hablar- la presencia se adueña del hombre para que él sea, y no se realiza ella
misma sino en él, pero sin confundirse con él -puesto que
el hombre es un ente vocado a la presencia. Lo idéntico en
el hombre y en el ser, esta identificación recíproca, expresa
una necesidad recíproca (Brauchen).
Pero -y Heidegger no cesa de insistir en ello desde hace años- esta reciprocidad puede estar sometida al olvido
( e incluso en cierto sentido lo está necesariamente). Una de
las caras puede o debe en ella estar siempre obnubilada.6
5. Heidegger nos dirá, en una forma que no podem~s traducir al
francés, que este Gehoeren (pertenecer) del ser y del pensamiento (y del hombre, por el pensar que éste es) es un Hoeren ( o&amp;-,
escuchar) del uno por d otro.
6. No es necesario, por el momento, notar que el olvido da testimonio, a su manera, de lo que es olvidado, y que, así, la reciprocidad permanece siempre sostenida pero como misterio.

65

�Ahora bien, la época que Heidegger llama metafísica -es &lt;lccir, de hecho, toda la historia de la filosofía- se caracteriza
por el olvido o la obnubilación de la necesidad que el hombre
tiene de pertenecer (gehoren) al ser, de escucharlo ( horen) .
El acento es puesto, allí, exclusivamente sobre la cara complementaria: la necesidad que el ser tiene del hombre. Y
no entra en nuestras intenciones investigar si, y en qué medida, Heidegger no se ha dejado antaño, él mismo, enganchar
por esta obnubilación. Lo importante es ver que la filosofía que alcanza la cima de esta disimulación, la que Ja trans
forma en Saber absoluto, es, justamente, e1 hegelianismo 7 •
Ahora bien, este olvido conduce a dos actitudes correlativas y complementarias: por una parte, la confusión del ser
y del ente, nacida de la misma obnubilación del primero;
por otra, la reducción del ente a un fondo de energía disponible, movilizable, calculable y domesticable. La primera de
estas actitudes constituye la esencia de toda filosofía en la
época metafísica; la segunda es la "perpectiva" que constituye
el fundamento de toda ciencia y de ,toda técnica.8 Se vuelve
a encontrar, así, otra tesis famosa de Heidegger: la solidaridad de estas dos actitudes establece la solidaridad fundamental del pensamiento metafísico, científico y técnico. Pero sobre este punto, Descartes suministra una mejor referencia histórica que Hegel, aunque este último también rechaza toda
"insularidad" de la ciencia positiva que define una forma del
saber que aún no ha llegado a encontrarse plenamente consigo mismo.
Preguntémonos, no obstante, en qué estas circunstancias
importan al problema de la identidad, y, particularmente, cómo la pertenencia mutua del ser y del hombre, donde la identidad se constituye, se ha cumplido bajo la forma de olvido
del ser, desde que el ente se vió reducido, acontecimiento de
'
" metaf'mea
. " , a ser un 10n
e do de energia.
'
1a epoca
7. Con Nietzsche y Rilke, que pertenecen al mismo período, entramos en la fase de agonla y de descomposición (nihilismo) que
otorga al olvido caracteres particulares.
8. Cfr., a propósito de este tema en los Holzwege, el ensayo intitulado Die Zeit des W eltbildes.

66

La respuesta está en el mismo camino que hemos seguido. Habíamos tomado como tema una interrogación sobre
el "principio de identidad". Hemos constatado primero, con
la historia de la filosofía más reciente (Hegel), que este principio, lejos de ser aquello por lo que se le toma generalmente -es decir, la ley inerte y "abstracta" de un pensamiento
cosificado y no menos "abstracto", J ebe entenderse, como el
movimiento donde el mismo y la identidad vienen a constituírse. Lo cual, sin embargo, no nos enseñó aún nada sobre
éstos. A propósito de ellos, una primera indicación nos fue
entonces sugerida por el aforismo de Parménides. Este aforismo sin duda no nos dice lo que es el mismo o la identidad;
dice que el mismo .o lo idéntico -~ lo que está por hacer, originalmente, dentro de la ordenación recíproca del ser y del
pensamiento.

El campo se abre, de esta manera, a nuevas y diversas interpretaciones. En primer lugar, se puede admitir que el pensamiento -en el sentido parmenidiano-, es lo propio del
hombre y que aquel y éste son justamente, al menos en ciertos aspectos,.idénticos. En efecto, entre los entes, sólo el hombre accede al pensamiento.
Por otra parte, se trata, para entender correctamente esta identidad de la que habla el aforismo, de una "pertenen-

cia" de un Zusammengehoren.
Ahora bien, esta noción de pertenencia ocasiona temibles ambigüedades. Puede significar, y significa de ordinario en el pensamiento lógico, la subsunción bajo una misma
categoría. Según esta aclaración, el aforismo debería entenderse así: el pensamiento y el ser están colocados bajo un
título común: el título de mismo o de lo idéntico. Esta interpretación es, manifiestamente, demasiado limitada ( y nosotros tenemos que preguntarnos cómo, en estas condiciones,
lia podido surgir e imponerse). ¿Por qué? Porque, precisamente, Parménides no nos da la identidad como un punto
de referenciá, como una medida, a partir de la cual podrían
operarse ciertas clasificaciones o agrupamientos (y, por ejem-

6i

�plo, la reunión del pensamiento, del hombre y del ser). Él
supone que la posibilidad misma de un "reunir" en general
("legein" significa originalmente reunir) está por nacer y
por hacerse en el mutuo escucharse al cual el hombre y el ser
están consagrados.

Es lo que Hegel pone en claro con una fuerza inigualada y sin duda inigualable. Queda, sin embargo, el hecho de
que Hegel hace sufrir a la naturaleza de esta pertenencia una
inversión de gran alcance y que, más que agotar esta naturaleza, forma con ella una peripecia muy particular.
Antes de que nosotros la expliquemos, bu_squemos cómo
la noción "clásica'' y "lógica" de pertenencia -lo mismo
que el "principio de identidad"- lograron establecer su
reinado histórico .
Se avanza hacia la explicaéión si se analiza el paso que
se dio, en la subsiguiente interpretación filosófica del aforismo parmenidiano, del Zusammenhoren ( escucharse mutuamente, pertenecerse y, en este sentido, reunir, juntar) al Zusammengehoren (reunir en el sentido de poner junto, coleccionar, agrupar bajo un título común). Es necesario ver entonces que el Zusammengehoren es más bien una manera de
comprender el Zusammenhoren, pero que ésta no es ni la
única ni la más original. Ella consiste, en efecto, en dejar a
un lado la diferencia del ser con el ente, en confundir nominalmente lo primero con lo segundo y en agrupar todos los
entes, en "ponerlos juntos" y en "suma" bajo la totalidad
homogénea de una omnitudo rea/,itatis cuyos miembros son
unidades finalmente indiscernibles.

dad no se realiza ya en la pertenencia (en el sentido primero),
sino que se dispersa en la suma ( de los entes) y se define por
ella.
Se concederá sin trabajo que esta "comprensión" ( en la
cual nos es posible subrayar la na-verdad, pero de ningún modo · la fa/sedad) es el fundamento inmutable del '-'pensamiento científico" inconmoviblemente ligado, por su esencia, a la
visión de un universo de corpúsculos que se agregan o se disgregan con o sin la intervención de este agregado corpuscular
llamado hombre 9, según las leyes que predeterminan el ( ser
del) ente como una reserva cuantificada de energía dada y
eventualmente utilizable, en cuanto propuesta al cálculo y a
la previsión.
Añadamos a eso dos observ_aciones importantes. Primero, que no se podría pensar que este "enfoque" de la ciencia
sobre el Todo pudiese sec f.also. Nosotros nos alegramos de
ello y lo sufrimos demasiado al no tener a este re-specto ninguna duda. El ente es eso. Y esta intepr.etación es un dcs-vclamicnto del ser, una puesta en ·obra· de la pertenencia y
una puesta en ejercicio de la identidad. ·Pero al mismo tiempo hay que notar también que esta perspectiva del ser, de la
pertenencia del hombre y del ser, de la identidad, recubre y
disimula por completo otra comprensión ·del ser, de la pertenencia y de la identidad que forma el origen escondido de
la primera. Esta mirada: calculadora y pre-visora que desvela el ser del ente átomo ( o electrón, corpúsculo, etc.), como
reserva por movilizar, utilizable 10 por un cierto ente-átomo de
igual naturaleza, no se realiza y no se desarrolla ( es decir,
construye la ciencia y se encarga técnicamente del universo)
sino ejerciendo una determinada modalidad de la comprensión
y de la pertenencia, que no es la del ·ente-átomo ( contraria-

De hecho, este olvido del ser en beneficio de los entes,
esa agrupación única de estos en una colección de términos
"idénticos" queda formalmente, pero sin que lo sepa el que
la hace, como una interpretación y una comprensión del ser,
de su relación con el hombre y de la relación de éste con el
primero. Pero ésta es una comprensión en la cual la identi-

9. Y !a distinción entre la intervención o la no intervención del hombre es, pues, puramente metafórica.
10. El término cuyo origen aclara en esta advertencia el autor es el de
"arraisonner" que nosotros traducimos por "utilizable" (N. del T.).
Debemos el término al traductor de Vortr~ge und A.uflllet%e, Sr.
André Préau.

68

69

�mente a sus propios ·decires). Es que, en efecto, desrnbrir y
descubrirse como ente-átomo y reserva de energía, no es simplemente ser ente-atomo y reserva de energía.

Ahora bien, esto equivale, a la vez, a poner radicalmente en entredicho la "metafísica" y a reducirla en sí misma, a
su pura esencia ( W esen).

Nuestra segunda observación tiende a subrayar que si
el desvelamiento de la pertenencia, tal como se la acaba de
describir, resplandece y triunfa en el pensamiento científico
y técnico, éste constituye más su aplicación rigurosa que su
verdadero origen 11• Este verdadero origen es filosófico, platónico, como se expone en Platons Ldzre von der W ahrhcit.
Pues, para decirlo en pocas palabras, fue Platón el primero
que definió la verdad como una identidad ( en el sentido de
equivalencia) de lo que es visto y de lo que está por verse 12•
Ninguna filosofía ha vuelto a dudar de esta equivalencia. Se
pueden sostener, pues, legítimamente como sinónimas estas
dos expresiones: "la era de· la metafísica" y "la era de la ciencia" (o de la técnica).

Hegel, en la introducción de la Encyclopédie (§14) enuncia, a propósito del pensar del pensamiento "que aquel debe
13
ser des.arrollado puramente en el elemento del pensar".
Esta frase extraña quiere decir que el pensaminto es solamente la ocupación y el quehacer del pensamiento, y que esta ocupación conduce al pensamiento a la idea absoluta que,
"solo, es el ser, L1 vida imperecedera, la verdad que se sabe y
toda verdad".14 Este último texto sirve, ello es sabido, de conclusión a la L6gica grande.

Ninguna filosofía, decimos. Salvo, en cierto sentido, la
de Hegel, quien, en otro sentido, sin embargo, no hace excepción. Se comprenderá entonces por qué, por una parte, Hegel es el filósofo que debe afrontar todo aquel que habla hoy
del ser y de la pertenencia; y, por otra parte, por qué el mismo Heidegger sigue considerando a Hegel como un momento, así sea el mayor o culminante, de la "metafísica".
Pues Hegel critica radicalmente, como se ha dicho ya, la
pertenencia y la identidad del pensamiento y del ser, si se entiende aquella como una ecuaci6n o una equivalencia dada o
por dar.
Afirma, al contrario, que la pertenencia y la identidad
del ser, del pensamiento y del hombre están por pensar. Sostiene, pues, que el pensamiento no tiene, propiamente hablando, objeto y que se agota en el pensar.
11. Cfr., a prop6sito de este tema, Die Ztit des We/tbildes.
12. Siendo el ser eidos, estamos en lo verdadero desde que "vemos"
el eidos que cs. De donde proviene la doble naturaleza de la
idea ( eidos) como fundamento de lo que es y prensión de lo que cs.

70

Hegel pretende, además, que esta tesis no es susceptible
de una enunciación explícita más que junto con su propia filosofía. La historia entera de la Filosofía ha sido su desarrollo progresivo y en toda su exterioridad. Con él, lá tesis
penetra en el elemento del pensar, se piensa a sí misma.rn
Pero este último acerto debe, a su vez, comprenderse en
términos hegelianos. No significa que lo que apareciese por
primera vez en el azar de una sucesión caótica, tuviese en seguida que reformarse en el orden de las razones y de la razón. No, pues esta "exterioridad" es ella misma un momento del proceso que conduce a la identidad del ser y de ·la idea
absoluta. El fundamento último de la noción hegeliana de
historia no se diferencia del de la dialéctica.
Consecuentemente ciertos puntos se manifiestan ya con
toda claridad. Si Hegel afirma, como Heidegger, que la
identidad se conquista (resumimos con esto lo que hemos ex13. El texto de Hegel es citado por Heidegger en la página 38 de
ldentitaet imd Differenz.

14. "Die absolute Idee allei.n ist Sein, unvergaengliches Leben, sich
wissende Wahrheit und ist a/le Wahrheit", Ed. Lasson, II, p. 484.
15. Die sclbc Entwicklung des Dcnkens, wclche in dcr Geschichtc
der Philosophic dargestellt wird,wird in dcr Philosophie sclbst
dargestellt, abcr bcfreit von jcner gcschichtlichen Ausscrlichkeit,
rein im Elemente des Denkens." Encyclopédie, paragraphe 14.

71

�puesto a propósito de la problemática del "principio de identidad"), afirma, también que, al final de cuentas; no sólo el
pensamiento, el ser y el hombre "habitan'' juntos, sino, más
aún, que esta pertenencia mutua en una misma morada los
hace uno. En otros términos, el lugar original de la pertenencia ( que es también su lugar final) supera toda diferencia del ser y del ente. Dicho de otro modo: en su término
final, lo que está presente y la Presencia misma dejan de distinguirse w_ Ahora bien, esto es lo que Heidegger rechaza
radicalmente. Para él, "la diferencia ontológica", es decir,
la distinción del ser y del ente es justamente lo que el desvelamiento auténtico de la pertenencia del hombre, del ser y del
pensamiento tiene que manifestar. La necesidad mutua que
Heidegger trata. de expresar por el Zusammenhoren, establece
la identidad en la diferencia y la diferencia en la identidad
del ser y del ente (del hombre) que se interpelan y se responden mutuamente en el Pensamiento.
tSe trata de una simple elección? ¿Se trata solamente de
optar entre el pensamiento absoluto según Hegel, y la "Ontologische Differenz" según Heidegger? Heidegger lo niega.
Para que esta negación sea efectiva, él quiere mostrar que el
pensamiento absoluto hegeliano, como también el pensamiento no especulativo que Hegel cree superar o más bien hacer
llegar hasta sí mismo17, no ha podido constituírse más que
sobre el fondo disimulado de la diferencia ontológica. Estas
filosofías son, pues, realmente, un ejercicio de la diferencia ;
pero una manera negativa de esta diferencia, puesto que en
ellas la diferencia se empeña en esconderse a sí misma. Esta

tesis explica, además, por qué Heidegger no concibe el diálogo con los filósofos más que como un esfuerzo por aclarar
lo que es no pensado en su pensamiento18•
Se debe, pues, todavía aquí, notar entre Hegel y H eidegger parentesco y divergencia. Pero si el Aufhebung hegeliano conduce hacia su verdadero sentido, hacia su verdad
explícita que no estaba allí sino implícita, el pensamiento no
especulativo, Heidegger hace retornar la filosofía occidental
(para él sólo existe ésta) a su origen oculto, hacia el lugar
donde se ha elaborado, al escucharse mutuo del hombre y del
ser, a la posibilidad misma de todo lo que la filosofía occidental o la "metafísica" ha pensado a propósito de la verdad.
Solamente ahí comprenderemos lo que es la diferencia, cómo
y por qué ella fue "olvidada", cómo este mismo olvido le
pertenece aún. El regreso más acá de la metafísica será, pues,
formalmente, si se logra, un patentizar la esencia de la "metafísica".
Pero, de nuevo y contrariamente a las apariencias, Hegel
podría estar muy próximo. ¿No dice, para caracterizar el
saber absoluto, que en él el comienzo es el resultado, entendiendo por ello que el saber absoluto resulta del desarrollo de
la identidad del hombre y de lo absoluto, identidad presente,
si bien virtualmente, desde el principio? El saber absoluto
manifiesta, en su término final, que lo absoluto y el hombre
coinciden, que, por consiguiente, han debido coincidir siem' que 1a toma d e poses1on
. ' propre19 y que el proceso no es mas
gresiva de esta coincidencia, cumplida como conciencia en sí,
en el resultado.

17. Se sabe que Hegel entiende por pensamiento no especulativo la
filosofía prchegcliana.

18. Este tema se encuentra muy a menudo en la obra de Heidegger. Citemos un ejemplo tomado del escrito que estudiamos:
"Für uns ist die Massgabe für das Gespraech mit der geschichtlichen Überlieferung . . . nicht im schon Gedachten, sondern in
cinem Ungedachten, ·vom dem her das Gedachte seinen Wesensraum empfaengt". p. 44.
19. La Introducción de la Fenomenología del , Espfritu se inaugura
por la "mostración" de que no se puede acceder a lo absoluto. Si
el hombre es relación "al" absoluto, lo que sólo po:drá probar la
constitución efectiva del saber ahsoluto, eso significará que el
hombre ha sido siempre relación "al" absoluto.

72

73

16. Que la dialéctica pueda llevar a este fin bajo la formalidad del
Saber absoluto no es, por lo demás, posible sino porque, desde su
origen, esta unidad del ser y del pensamiento está ya virtual
mente allí. La dialéctica ( de la cual la historia es un momento)
hare esta unidad explícita, absolutamente, a ella misma.

�Se admitirá fácilmente que Heidegger acabe ~ntonces
por calificar el saber absoluto ~egeliano. como "~nto-teología"2º, si se piensa que Hegel fillsmo explica su test~ sobre la
reciprocidad del comienzo y del resultado p~r. medio de. esta
otra: el principio está en Dios, nombre tradicional de lo absoluto.
·
Es preciso, pues, añade Heidegger -y la obser~ació~
arroja una luz viva sobre intenciones frecuentemente d1scut1das-, que todo aquel que quiera reconsider~r el problema de
la disimulación de la diferencia para descubrir en ella la fuente auténtica, se imponga silencio acerca de Dios. Este silencio
no deriva de un ateísmo cualquiera, sino de la naturaleza
misma del proyecto que quiere interrogarse sobre el más acá
, • 21
no-pensado del saber absoluto y de 1a metaf 1S1ca.
Sin embargo, podemos precisa_r aún más la relación de
Heidegger con Hegel empleando otro sesgo. Notemos, para
ello, que la expresión "onto-teología", a la cual ~cabamos de
recurrir, es desconocida, creemos, para Hegel, quien, para designar esta onto-teología, habla de "Wissenschaft der Logik':.
Este título no es menos significativo que el forjado por Heidegger.
Descartemos, primero, una interpretación superficial. Hegel, se dirá, expresa que el pensamiento no tiene, a fin ~e
cuentas, verdadero objeto y debe desarrollarse en su propio
elemento. Ahora bien, una larga tradici6n asigna a la lógica la tarea de estudiar el pensamiento, de ser la esencia del
pensamiento. Se comprende, por consiguiente, que "una" metafísica de tipo hegeliano se llame a sí misma L6gica, y que
debe nombrar ciencia de la l6gica a esta ciencia de la ciencia
que es la única que puede saciar su ambición. Eso, ciertamente, no es falso, si al menos se consiente en no ver allí más
que una introducción al problema.
20. Heidegger extiende esta denominación a toda la "metafísica".
No se sorprenderá de ello una vez concedido que el saber absoluto hegeliano conduce la "metafísica" a su fin.
21. ldentidi7d y Diferencia, p. 52.

74

Porque ·estas condiciones descansan sobre un "enfoque"
del ser, del ente y del pensamiento que llevan implícito.. ~rataremos de desprenderlo formulando una pregunta decmva:
¿. C6mo se llega -y. Hegel más particularment~-:- a enunciar y .a pensar que el ser se presenta y se manifiesta como
lo que es por pensar? ¿Y solamente: como lo qr,e es por
pensar?
La idea del fundamento, que prepara la de identidad,
parece aportar aquí la única mediación posible. Decir que el
ser es lo que es por pensar equivale a pretender que el ser
se ofrece al pensamiento cor.no lo que éste establecerá como
fundamento último ( o primero). El ser está allí, llamando al
pensamiento para que lo "nombre" y lo constituya en fundamento. Para que sobre él y a propósito de él, el pensamiento se cierre y lo funde constituyéndolo en fundamento, según
él 22_
Cuando Hegel proclama, pues, que la ontología es "ciencia de la lógica", habrá de entenderse que el ser es ocupación
del pensamiento, porque sólo éste puede ser consagrado fundamento, consagración que el pensar tiene por naturaleza conferir en virtud del poder de unión (legein) que definirá al
pensamiento mismo.
El ser es, pues, la ocupación y el asunto del pensamiento,
que el pensamiento erige en fundamento. Los diversos saberes particulares que tratan de los entes son saber en la medida en que ellos devuelven estos entes a su fundamento
único, que es el ser. Saber verdaderamente o pensar verdaderamente ( expresiones sinónimas) equivale, pues, a mostrar
. .
" o "eso" 1o
cómo, por "esto'' o por "eso" ("esto" lo " v1v1ente
"material"), el ser es fundamento o causa. Nos volvemos a
22. "Wie kann jedoch 'das Sein' überhaupt darauf verfallen, sich als
. 'der Gedanke' darzustellen? Wie andersr.denn dadurch, · dass das
Sein als Grund vorgepraegt ist, das Denkcn jedoch -diewcilen
es mit dem Sein zusammengehocrt- auf das Sein als Grund
sich versammelt in der Weise des Ergründens und Begründens."
Op. cit., p. 54.

75

�encontrar aquí, una vez más, una de esas estimologías qu~ desempeñan un papel tan importante en las últimas meditaciones heideggerianas.
·
Que el ser sea la cosa única del pensamiento, a lo ql!.e,
para hacer su oficio, debe reducir completamente todo, equivak a decir que el pensamiento "ve" al ser como cosa o como causa única y primera. Pensar es "ver" al ser como fun~
&lt;lamento absoluto, es fundar todo sobre él y constituirlo como
causa última de todo 23, siendo él mismo (para cerrar el
círculo) causa stti.
La definici6n del Saber absoluto hegeliano como ontoteología se aclara, así, hasta en sus últimas consecuencias.
Reduce todos los entes al ser y los confunde a todos juntos con él24. Pero, inversamente, el ser se encuentra confundido con un ente supremo, causa de sí y causa primera de
todo lo demás. Esta identificaci6n es la esencia de toda
"metafísica".

Y sin embargo, concluye Heidegger, alguna "cosa'' s_e ha
borrado a lo largo de esta larga historia, algo que, justamente, foe lo que puso en movimiento a esta historia . (que
es la Historia misma). A saber: que nosotros nos preguntábamos, que la filosofía quería preguntarse sobre el .rer y el
ente, y que esta expresi6n, que es precisamente lo que hay
originalmente que comprender y pensar, queda en adelante
vacía de sentido. Lo que un día rnovi6 al pensamiento ha
caído fuera de él. Experimentamos que hay "esto" y "eso"
que no son lo mismo y que son lo mismo, puesto que al pensarlos, los uno. De cada uno digo lo mismo: "él es"; este

mismo los abarca por entero, pero no . se confunde sitnple".. N o h ay
·
mente con e11os, puesto que. e11os son ". esto" y. " es9_
más ser que el ente, y si no hay ente sino en e_l ser, el ser y
el ente so_n , empero, ,&lt;lis.tintos .en esta unidad; unidad qu_e
"funda" toda distinci6n, distinción que "funda'' . toda •-unidad. Eso es lo que se ofrece para ser pensado, es .es.o lo. que
nosotros hemos olvidado y disimulado; y es eso, incluso, lo
que ha permitido este olvido y esta disirnulaci6n:

Al tratar de pensar la diferencia .penetramos en .el don,ii~
nio de lo que ninguna filosofía ( ésta e·s la tesis de Heidegger)
ha pensado explícitamente, que es consecuentemente, lo :nopensado · de toda filosofía1 pero, · s6lo sobre cu_ya_ base, toda
filosofía · ha podido pensarse. Si seguimos a Heidegger en e5::
te camino, nos separamos, pues, absolutamente de lo que e:a
nuestro tema: el paralelismo entre Hegel y Heidegger. Y sm
embargo, estamos, en un sentido, en e! cent7o ?e nuestro t~ma, puesto que es yustarnente el ant1hegehamsm~ de f!e1degger lo qué establece este intento de pensar la d1ferenc1a.
El ser del ente es lo que el ente "es". Este "es" manifiesta aquí algo así corno una transición. El ser va hacia el ente,
sin que, no obstante, podamos pensar ni el ser "antes" de QUe
él llegue al ente ni el ente "antes" de que el ser le haya_"lle(J'ado". El ser se adelanta hacia el ente desvelándolo, y el des~elarniento que "sobreviene'' al ente lo constituye, sin _embargo, corno lo que es, de suyo, desvelado, o como lo no-veladq.
Así, se puede y debe decir también, puesto que el ente apa(ece por el ser,como lo que es de suyo no-velado, que el ~e~velar, la "naturaleza" del desvelar, se vela en el sobrevenzmzento del ser al ente, es decir, en la aparíción de éste último como lo que es de suyo lo no-velado2 ~.

23. "Die ursprüngliche Sache des Denkens stellt sich als die Ur-Sache dar1 als die causa prima, die dem begründenden Rückgang
auf die ultima ratio;• die letzte Rechenschaft, entspricht. Das Sein
des Seienden wird im Sinne des Grundes gründlich nur als causa
sui vorgestellt." Op. cit., p. 57.
24. En efecto, en la medida en que algún ente es fundado, éste se reduce al ser; en la medida en que él no fuera fundado, no sería
pensable de ninguna manera, hip6tesis, en rigor, informulable.

25. "Sein west hier in der Weise cines überganges zum Seienden.
Scin geht jedoch hicht, scinen Ort veriassend, zu?1 Seiendfn
hinüber, so als koennte Seiendes, zuvor ohne das Sem, von. dte•
sem erst angegangen werden. Sein geht über (das) hin, kommt
entbergend uber (das), was durch _solche Uberkommni~ _erst _als
von sich her Unvcrborgenes ankommt. Ankunft he1sst: s1ch
bergen in Unverborgenheit: also geborien anwaehrcn: Seiendes
Scin." Op. cit., p. 62.

76

77

�Pero estando constituído éste como desvelado de suyo y
"desde siempre", el acontecimiento que lo desvela ( esto es,
el ser) se disimula absolutamente en él. Se dirá, inclusive,
que el ser, como acontecimiento desvelante y el ente, como
disimulación del acontecimiento que lo desvela, surgen de un
Mismo que los diferencia, constituyen la Diferencia26 •
Nadie negará que semejantes "pensamientos" son incomprensibles si se intenta concebirlos a partir de las nociones ordinarias de la identidad y de la diferencia. Pero esto es justamente lo que es preciso no hacer, puesto que estas nociones
ordinarias, lejos de poder dar cuenta de la diferencia ontológica, ellas mismas han nacido de ella, están reguladas según
ella, pero de una manera que nos sustrae la medida alteránclola. No acontece diferentemente, por otra parte, en lo referente a las nociones ordinarias ( en el supuesto de que éstas
sean aún "nociones" y "ordinarias'') del ser: y del ente, las
que, en la "separación" y en la disección que el elemento
opera a su respecto, sólo manifiestan de una manera bastarda la relación original a partir de la cual todas las relaciones
"pensadas" por el entendimiento se construyen de una manera o de otra.
No se podrá, pues, para esclarecer esta relación original,
invocar ningún ejemplo sacado de la experiencia. Pues no
hay experiencia sino a partir de tal relación y cuando ya ha
"sobrevenido", cuando ya principia a disimularse. Aún, y
sobre todo, el recurso a la historia de la filosofía ( aunque ésta fuera la filosofía de Hegel) se expone a ob5&lt;:urecer lo que
se quería esclarecer. Se deberá conceder, por otra parte, y
esto no arregla nada, que la "filosofía" de Heidegger tampoco escapa a esta desgracia. Pues lo que nosotros hemos tratado de pensar con respecto a la diferencia hablando de
"transición'', de "acontecimiento", de "sobrevenimiento", de
"pertenená1", de "identidad", etc., no puede no hacer uso
26. "Sein im Sinne der cntbcrgcndcn Uberkommnis und Sciendes
als solchcs im Sinne der sich bcrgendcn Ankunft wcscn als die
so Unterschiedcnen aus dem Selben, dem Untcr-Schi~. Op. ·Cit.,
p. 62.

78

de luces particulares (por no decir de "conceptos") que la
diferencia, sobrevenida desde siempre, ha hecho posibles, pero que el olvido de esta diferencia, desde siempre sobrevenida, ya ha orientado y deformado. Es por lo que la última
filosofía de Heidegger no puede ni acabarse, ni constiuirse
en sistema; es por lo que también, y sin ningún nihilismo,
la idea de "destrucción" de la ontología ( de la "metafísica")
le es tan esencial. No es sino desmontando y destruyendo los
empleos disfrazados y obnubilantes de la diferencia, cómo ésta podrá darnos a pensar a aquélla.
Es esto lo que con Heidegger, hemos intentado a propósito de Hegel. Prosigamos una vez más nuestro intento.
El sobrevenimiento del ser al ente es interpretado por
Hegel como fundamento -fundamento que el pensamiento
constituye explícitamente como tal. Fundar, para Hegel, es
engendrar y producir (Hervorbringen); el pensamiento tiene pues como tarea mostrar, las diversas formas en que el ser
engendra y produce al ente. Una vez lograda esta "mostración'', el ente se encuentra fundado, y apto para fundar él
mismo en razón del ser que el pensamiento ha descubierto
como suyo. Se puede comprender a partir de esto, aparte la
confusión del ser y del ente, la doble esencia del ser tal como
la explicita el pensamiento; por una parte, como principio
fundador que reúne la génesis total de los entes que se suceden, es lo que hay de más general; por otra, como origen que
da el impulso inicial a la génesis universal, es lo que hay de
más alto en la escala de los entes, lo que está desligado de
todos los otros ( que no se desligan jamás de él), lo Absoluto. Aquí es donde se percibe claramente que esta onto-teología no ha podido elaborarse más que en el horizonte y por
el ejercicio de la diferencia, la cual, sin embargo, no aparece
nunca en su línea de mira. Pero, para que esto sea posible,
sería necesario retornar más acá de las nociones, de las estructuras y de los problemas nacidos enteramente de un cierto y
particular empleo de la Diferencia.
Este "retorno" es justamente lo que Heidegger se ha
propuesto. El lo ha emprendido de diversas maneras y, se-

79

�gún nos dice, desde los comienzos de su pensamiento. Pero
la tarea. es inmensa y nosotros no tenemos por qué asombrarnos si, a propósito de su primera filosofía, él nos declara hoy,
más o menos explícitamente, que se encuentra aún prisionera de lo que ha nacido de la Diferencia ( es decir, de la metafísica), en lugar de haber logrado considerar la Diferencia
misma.
Su pesimismo actual va aún más lejos. El no sabe si en
el camino por el que se ha lanzado, no llegará a ser siemprr
más que ese "perpetuo principiante" del cual Husserl hablaba a propósito del fenomenólogo. El no sabe, ni ~iquiera, ,i
a pesar de los éxitos que coronan su esfuerzo o el de aquellos
que lo continuarán, este -descubrimiento no será "proseguido"
por la metafísica y explotado por ella para consolidar su reinado milenario. Ciertamente, la metafísica, desde Nietszche,
ha entr.tdo en agonía, y el mundo "real" y "filosófico" en el
cual vivimos extiende su descomposición. Pero esta descomposición le da caracteres nuevos y nadie sabe si la descomposición de un cadáver no es de más largo término que la vida a la cual aquélla pone fin; si esta descomposición no durará siempre, si no "llenará" todos los tiempos, si no será, para
terminar, el único y exclusivo tiempo de la humanidad futura, prohibiendo para siempre el "retorno natal" que quiso emprender el poeta, y en el que quizá zozobró.

Universidad de Lovaina

; 1

Traducción de Francisco Bucio y
Carlos Ruiz Cabrera.

80

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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>Armas y Letras, Revista de la Universidad de Nuevo León, 1964, Segunda Época, Año 7, No 1, Marzo</text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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