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                    <text>aitrt~C10f)
11tí~trea
A~o XII

- - - - -- - -~

B ARCELONA

1.º

DE MAYO DE

1893

~ - -- - -- -

:SACO, dibujo de R. Armenise, grabado por Manoastropa,

NúM. 592

�NúMERO

LA 1LUSTRAC1ÓN ARTÍST1CA

59~
NúMERO

avecillas con sus himnos de arpegid!l y gorjeos. La
,verde y ya granada [espiga lleva en sus aristas -gotas
de rocío y en sus raíces pétalos de amapola. Corónanse de flores los arbustos, difundiendo aquella
dulce alegría que siente la casta joven cuando se
ciñe, á impulsos de risueñas ilusiones, la guirnalda
..,....... .
misteriosa de novia en el anhelado día de sus nupTexto. - Murmuraciones e111'opeas, por Emilio Castelar. - La cias. Los seculares árboles, llenos de moho, de líquemuerte del tlo, por Luis Taboada. - Tren de est11dia1ttes, por nes, de festoneantes enredaderas, sacuden sus copas
José de Roure. -Nuestros grabados. -Miscelánea con noti· al airecillo, y dejan caer como una lluvia de oxígeno,
cias de Teatros, Bellas A,·tes y Necrología. -Anie (continua· producida por los primeros besos de la luz, mientras
ción), novelo. por Héctor Malot, con ilustraciones de Emilio
Bayard, traducida por Antonio Sánchez Pére-z. - SECCIÓN las praderas, de varias flores sembradas y enriqueciCIENTIFICA : La cronofotografla. Nuevo método para analizar das, así como dan mieles á las zumbantes abejas, dan
el movimiento de las ciencias flsicas y naturales (conclusión), colores á las tenues y ligeras mariposas. Por aquí el
por E. J. Marey de la Academia de Ciencias. - Libros en· trabajador que canta, llevando su azadón al hombro,
viados á esta Redacción por autores ó editores.
con la jovialidad nacida del descanso en brazos de la
Grabados. - Ba,o, dibujo de R. Armenise, grabado por noche; por allí el pastor que saca el ganado de aprisMancastropa. -Et gallinero; Los palcos por asientos; El an- cos y establos humeantes, despidiendo de sus lanas
fiteatro, tres dibujos de Renato Reinicke. - Vistas de los prin- sanfsimos aromas y de sus esquilas notas varias, tan
cipales sitios, edificios y monumentos de Madrid (de fotogra·
regocijantes como cualquier alegre melodía. Todo
ftas). - La Discreción, alegoría de C. Marr. - El prlncipe
Femando de Bulgaria; La princesa de Parma (de fotografía). convida, pues, todo, al amor: el aleteo, el cántico, el
- Federico el Grande junto al cadáver de Schwerin, copia del vuelo, el resplandor, que diríais esfuerzos constantes
celebrado cuadro de R. \\"arthmuller. - El rey Httmberto I y tenacísimos de la materia por producir y exhalar el
de Italia; La reina llfarga1ita de Italia (de fotografía}. -Fiespíritu, como la flor, que se disipa y se trastrueca en
guras 34, 35, 36, 37 y 38, cinco grabados correspondientes al
artículo de la Sección cie11t!fica, titul,ado La cronofotograffa. aroma. ¡Ay! El principal atractivo de los arpegios en·
tre las aves cambiados, de las miradas por el sol diri-Juegos infantilts, dibujo de D. Panluzzi.
gidas á su esposa la tierra, de los besos dados por los
aguijones de los áureos insectos á las enamoradas
flores; el principal atractivo está en que todos aqueMURMURACIONES EUROPEAS
llos espasmos corresponden á una con los corazones
POR DON EMILIO CASTELAR
henchidos, por los cuales se agolpa y enardece la
sangre hirviente, de igual mane_ra que la corteza de
La prima,·era en Sevilla. - Resurrección de la Naturaleza. - los árboles rejuvenecidos y reengalanados por la savia
Reflexiones. - U na montería en Sierra Morena. - Llegada de
primaveral con tanto exceso de vida.
los invitados. - Encuentro con los nobles señores del coto. .........

El puesto. - Los monteros y las reses. - Hospitalidad. Canto andaluz. - Observaciones. - Conclusión.

No ha sentido el calor vivificante de la primavera
en su cuerpo y no ha experimentado la savia de abril
en sus arterias quien jamás haya en Sevilla estado
por estación como la que ahora impera y corre. Aquellos bordes, así de las acequias como de los caminos,
festoneados á una de flores embellecidas por toda
suerte de matices y olientes á toda clase de aromas;
aquellas palmas, que vibran al beso de los airecillos
y dibujan las diademas de sus orientales cogollos en
el azul de un cielo helénico; aquellos naranjales, nevados de azahar en su copa y erguidos sobre círculos
de azahar descolgados de sus ramas, las cuales pare. cen otros tantos pebeteros, donde la esencia balsámica se condensa en términos de que tal olor no resulta fluido y vago, algo líquido que se bebe como el
hatilus de los harenes y algo sólido que se masca
como las frutas de los paraísos, infundiendo en nuestras fibras una celeste serenidad; aquel enlace de los
árboles más exóticos entre las paredes marmóreas de
los jazmines más misteriosos con las enredaderas y
los rosales más hispánicos; el surtidor de las fuentes
murmurando, tras las cancelas de los patios, adornados por macetillas, en torno de las cuales vagan hermosísimas mujeres coronadas de frescas rosas despidiendo gorjeos de sus arpadísimas gargantas, centellas de sus negros ojos; el esmalte de los alminares
almoravides y almohades cubiertos con sus encajes
de alharacas y ceñidos con sus grecas de azulejos; los
brillantes palacios mudéjares con suelos de ágatas
y techumbres de marfil con oro; los innumerables
campanarios relucientes al centelleo de sus lozas muy
semejantes á mayólicas; el vapor de poesía despedido
hasta por los objetos más prosaicos, cuya vulgaridad
trastruecan en arte puro los recuerdos bellos como los
arreboles de cualquier ocaso andaluz; la mtísica puesta por las canciones entonadas en competencia y
porfía con ruiseñores y alondras ó al son de melodiosas guitarras, por tal manera os poseen y dominan,
que cuando el río suena en un caer de la tarde y los
bosques huelen y la Giralda con la Torre del Oro
brillan y la catedral ostenta sus cresterías entre góticas y platerescas, os creéis transportados á uno de
esos predilectos sitios, invenidos por las mitologías
como islas, dentro de cuyos senos edénicos nunca
penetran el dolor y la muerte.

***
Bien es verdad: por todas partes, bello, bellísimo,
un anochecer ó un amanecer en abril. ¡Qué mañanas!
El cielo, de color de perla en los primeros ínstantes,
al rayar la feliz alborada, tórnase luego de un matiz
rosa, semejante al rubor de la niña enamorada que
oye profundo suspiro de amor. Las crestas de los
montes, sonrosadas por los albores, quiebran la luz
matutina con tan variados reflejos, que parecen, ya
pirámides de coral ó ya rotondas de rubíes. En aquellos iris, cuando acaban de acostarse la luna y la estrella matinal que la sigue, se despiertan las parleras

¡Oh naturaleza! Inmóvil en medio del movimiento, una en medio de la variedad; empapada en el éte,
que la penetra por todos sus poros, y que forma como
su atmósfera, como su espíritu; bajo la sucesión continua de seres orgánicos que cambian y se transforman, permanente de suyo é inmodificable; sujeta
siempre á la muerte, y sin embargo, eterna; sujeta
siempre al límite, y sin embargo, infinita; radiosa en
la inmensidad del espacio y concretada en seres orgánicos; desde los astros, que despiden su luz por las
esferas, á las flores que empapan con sus aromas los
aires; desde los gases impalpables que se desvanecen,
á las sólidas cordilleras que mezclan con sus ventisqueros, donde la nieve blanquea, sus volcanes, donde
reluce el fuego central; desde la nebulosa que lleva
en germen orbes infinitos, á los grandes y gigantescos mundos, ya cansa!Ios de bogar por los espacios;
desde el grano de arena que la onda remueve, á las
últimas estrellas de la Vía Láctea, cuyo resplandor
tarda veinte mil siglos en llegar hasta nosotros, pobres
desterrados adheridos á este pequeño planeta; en
todo este círculo, cuyo centro se halla, como dice la
sabiduría moderna, en todas partes y cuya circunferencia en ninguna, ¡ah! no sucede el aniquilamiento
total ni de una sola molécula; no existe, no, la nada;
sombra de nuestro pensamiento, aprensión de nuestra poquedad, fantasma de nuestros sentidos, idea
sin realidad, que las tristes limitaciones de nuestra
lógica y la incurable imperfección de nuestro lenguaje nos ha obligado á poner en el eterno océano de
la vida. Es verdad que algunos astros se han apagado
en nuestro sistema solar, como faunas y floras enteras han desaparecido en nuestra corteza terrestre;
pero ni se ha extinguido el calor de la vida universal,
ni ha cesado el crecimiento y el progreso de más
perfectos organismos.

Mas no acabaríamos nunca si hubiésemos de agotar estas filosofías. Volvamos de nuevo al campo,
hundiéndonos así en sus aromas como en sus savias.
Y puestos ya, por las inspiraciones de abril, en esta
ocasión de anegarnos dentro de su vida exuberante,
recordemos la Sierra Morena, que acabamos de recorrer y que nos ha olido en sus embriagadoras fragancias al bello lenguaje de Cervantes en aquellos
capítulos del Quijote, donde nos la describe yofrece
con toda la magia de una poesía, dentro de cuyos
senos la ficción y la verdad, no sólo se juntan, se
confunden é identifican. No he presenciado yo allí
penitencias como las del ingenioso hidalgo, pero sí
cacerías que piden para su historia una voz tan elocuente como aquella voz y una pluma tan divina
como aquella pluma del primero entre nuestros prosistas, de quien puso en los desfiladeros de tan aromados montes las .escenas que patentizan los secretos más recónditos y más hond_os de la Naturaleza.
Después de tamaña correría, la noble familia que me

agasajó con tales obsequios pidióme una crónica del
hecho; y aquí está, como la escribí al día siguiente de
tan lisonjero caso, en la madrugada del día 10 mismo
de este mes corriente. Cópiola de seguida y á la letra,
pues guarda las emociones muy frescas y transcribe
con ingenuidad muy franca un color andaluz. Desde
aquí digo que Andalucía es la tierra donde Virgilio
soñó hallarse sus Elíseos, el musulmán encontró sus
edenes y el cristiano recobraría su Paraíso perdido, si no lo buscara en el cielo. Sonarían las.dos de
una espléndida y luminosa tarde, cuando llegamos el
domingo 9 de abril á estos riscos, después de larga
misa con incienso y órgano y aleluyas, en la cual tuve
tiempo de pedir á Dios un premio para el favor de
haberme traído á estas montañas en alas de sus amistosas invitaciones y al reclamo de su fraternal cariño,
mostrado con obsequios sin fin, en que le secundó
una parentela tan larga y numerosa como la descendencia de los antiguos Patriarcas bíblicos, el correligionario de toda la vida y amigo de toda el alma, el
bueno amado Ayala. Cumplido este cJ.escargo de conciencia, monté brioso caballo, capaz por mí de moderar sus ímpetus conociendo mi torpeza en el arte
de cabalgar, y llevarme sobre su lomo cual un cordero de paz y mansedumbre por donde sólo pueden ir
á su sabor águilas y á lo sumo cabras. Cabalgué con
hechizo y encanto sobre praderas vistosas como tapices de Persia y olientes como almizcle de huríes, á
la sombra de las encinas cargadas de polen y rebosantes de savia, entre guirnaldas de florestas como
jardines orientales y coros de ruiseñores despidiendo
cromáticas escalas de sus cuerpecillos abrasados en
el celo y en el amor. Al cabo de un rato que pareció breve á mi cansancio y de un trecho que pareció
corto á mis agujetas por lo hechicero de tantos paisajes, doquier entrevistos, nos encontramos bajo verdes fresnos y á la vera de clarísimo arroyo la incomparable familia de mis amigos los Calvos de León,
entre la cual resaltaba Conchita, ponu belleza y por
su gracia, como una Diana cazadora, con su escopeta
en mano, la trabilla de los perros en derredor, el montero al lado, y tras ella su marido Antonio, sus hermanos Juan y Rafael, parecidos á generales, hechos
y derechos, según la infantería, la caball.ería y estoy
por decir la artillería que aguardaban sus órdenes.
De ágiles músculos, de ojo certero, de gallardo aire,
de una destreza más que aprendida consubstancial á
su cuna y heredada de sus mayores, donde ponen
la vista ponen la bala, y montan como aquellos ascendientes suyos, descubridores de América, que los
indios creían pegados á brutos, capaces por su ligereza de vencer y dejarse atrás el céfiro en persona.

***
Con suma rapidez organizaron el combate. Si me
prometieran hacerlo tan pronto y tan ·bien, era cosa
de pedirles que organizaran el país. Conchita, de incomparable atractivo y tan maestra en esto de agasajar huéspedes, que al cuarto de hora creéis haberla
tratado toda la vida, y Rafael, su hermano, el primer
cazador de Andalucía, me llevaron, caballero en patriarcal borrico, por un matorral de todos los demonios, magüer su fragancia y su belleza, en el cual recordé, muy desprovisto de toda banqueta y muy á
la ligera vestido, cuántas espinas guardan en este
mundo, por culpa de nuestros pecados, las suaves
flores. En un minuto improvisó Rafael fresca grutilla,
muy superior, según su clase, á los discursos que se
suelen improvisar en el Congreso, y mucho más útil.
Allí nos acurrucamos los dos cazadores de veras y
este cazador honorario, recibiendo consigna de silencio, bien difícil por cierto de cumplirse hallándose
allí un hablador sempiterno como yo, gustosísimo de
oir á Concha, cuya voz compite con el coro de las
avecillas circunstantes y cuyo dejo esparce á los cuatro vientos la sal sembrada por María Santísima en
esta su tierra predilecta. Pero callamos cuanto pudimos aspirando los aromas de romero, cantueso, to·
millo y jara, puestos por el florido abril en los transparentes matizados aires.

De súbito los monteros gritan, los perros ladran,
los caracoles suenan, los cencerros repican, y todo
este clásico estruendo extiende por nuestro. cuerpo
los escalofríos del combate. Yo me propuse no tomar
en él parte alguna. Parecíame impropio de quien
tanto predica la paz semejante guerra. Parecíame
mucho más fácil cabalgar sin daño que disparar un
tiro y no caerme de espaldas, como los indios de
América la primera vez que oyeron el estampido de
las armas. Cuanto de cariño me inspiraban las personas de Cónchita y Rafael, tanto de respeto me inspiraban sus dos escopetas. ¡Vamos, confieso mi delito

LA

592

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL GALLINERO, dibujo de Renato Reinicke

y proclamo mi pacatez, hubiera preferido á dos fusiles ¡ay! dos quitasol_es. Mis compañeros, bastante listos para conocer m1 medrana, me consolaron diciéndome que aquellos montes se hallaban puestos bajo
estrella muy propicia, y nunca vieron accidente alguno de caza desgraciado. Sonreí con los labios·
pero el susto iba por dentro. Ma~
en seguida olvidélo todo al espectáculo subsiguiente. Abrían senderos entre los matorrales, parecidos
á maniguas, los perros, y volaban,
más que corrían, las perseguidas re·
ses. Un ciervo, cuya piel del r,olor
de canela relucía como un cuero
cordobés al sol, pasó ante nuestra
vista encantada. Tras breves minutos una cierva se presentó cerquita
y á la derecha de nosotros. En
cuanto nos vió, cual si quisiera saludarnos y hasta reconvenimos, se
plantó y nos dirigió una mirada de
sus profundos relucientes ojos, que
trocó en amor á ella todos nuestros
cazadores odios. En mi amiga Concha la naturaleza de dulce mujer se
sobrepuso á la naturaleza de diosa
Diana, é intercedió con su hermano
para que no la matase, pues pare·
cíale con razón impiedad suma exterminar las hembras, fiadoras de
su coto. Rafael, movido por el hospitalario afecto de quien desea mostrar á profano, tan profano como
yo, todas las circunstancias de una montería, disparó
sf, con ánimo de ahuyentar la res y no matarla. Cuando la vimos huir celebramos los tres nuestra misericordia para con ella. Concha me recordaba una poe-

0

sía de Lamartine, describiéndome cómo se plañen y
lloran las siervas heridas cuando se arrastran en su
dolor hasta los manantiales en busca de algún río y
se acuestan sobre las matas como deseosas de morir

nos amorosa, oliendo á idilio. Rafael quiso poner la escopeta en mis
manos y darme la suprema honra
de mostrar cómo aquel animalejo,
si por acaso muriese de un tiro, se
había suicidado á sí mismo, según
decía, en su escasa gramática, un
gran general español, más glorioso
en armas que en letras, el cual sa·
bía de sintaxis lo mismo que yo sé
de disparos. Y perdoné á la cierva.
No bien se había huído ésta cuando
nos anunciaron un jabalí. Llegó con
efecto, mas con tan poco acierto
que retrocedió, dejándonos con un
palmo de narices. ¡Oh poder de la
hermosura! Experimentamos regocijo porque se habían escapado las
ciervas, y contrariedad porque no
había caído el cerdoso jabalí á nuestras plantas. Vino el anochecer y
Rafael me dijo que no había estado
á medida de su deseo la caza. Pero
yo la encontré perfecta, caza de teatral espectáculo, más que de sangre
y humo, cual conviene á la estación.
Heridas, sangre, muerte, compadécens(;! mejor con las nieves del invierno que con las flores del primaveral abril. Todo ahora resucita,
todo en torno nuestro. Cuando la
Iglesia canta la resurrección del Señor, se calienta el
huevo en su nido, el feto en sus entrañas, el fruto en
sus yemas, y no es hora de matar. Así Rafael me hablaba con elocuencia de la veda natural que pone la

LOS PALCOS POR ASIENTOS, dibujo de Renato Reinicke

en paz y devolviendo, sin haber leído el Evangelio, en
quejas dulces y lamidos cariñosos y miradas de amor
el mal que se les ha hecho. En estas íbamos cuando
se apareció otra ciervecilla, no menos bella y no me-

EL ANHTEATRO, dibujo de Renato Reinicke

estación á las cacerías, dado el calor intenso retentivo de los jabalíes en el matorral amodorrados, no
habiendo medios de moverlos, el cual calor fatiga los
perros también hasta imposibilitarlos de correr. Y á
esto añadió uno de los monteros
que la caza emigra de laderas expuestas la sol del mediodía, como
aquella en que nosotros estábamos
apostados, y busca otras más frescas. Y para que cosa ninguna falta·
se á la fiesta, cayó una res, regalada
por D. Juan Calvo á mí, con la cual
pienso en Madrid regalarme, no obstante mis poéticos horrores á las
matanzas, pues así somos los mortales, con más instintos de conservación que conciencia. Subimos por
unas laderas parecidas virgen selva
del Trópico, y recordamos las célebres penitencias de D. Quijote
aquí en Sierra Morena, donde se
quedó con el propósito de ir desen·
cantando á Dulcinea, y se nos ocurrió á todos como no parecía natural que se describiera nuevamente
lo descrito por el inmortal maestro
de nuestras letras y lenguas. Caía 1::.
tarde, cantaban los ruiseñores, las
plantas floridas llovían pétalos sobre
nuestras cabezas y nos enviaban sus
rayos divinos las primeras estrellas

�LA

ÍLUSTRACIÓN ARTfSTlCA

NúMtRO 59:2

de almendras dulces para frotar al tío, que mordía la lecho y á poner en blanco los ojos. Después se llevó
sábana con desesperación diciendo de vez en cuando: las manos al bigote y se arrancó cinco ó seis pelos.
- ¡Esto se va!, dijo por último dirigiéndose á su
- No seas bruto, Eusebio; frota con más suavidad,
que no parece sino que estás barnizando una có- sobrino.
- No diga usted disparates, contestó éste. Cada
moda.
día
está usted mejor y más guapo.
La sobrina, entretanto, había tomado posesión de
- Mentira, replicó el enfermo. Siento que se viene
la casa y daba órdenes á la Micaela, como si todo
la muerte ((tan callando ... »
aquello fuese suyo.
- ¡Jesús, tío!, -añadió la sobrina. No piense usted
- ¡Ay, pobrecito tío!, decía á lo mejor. ¡Qué pena
en cosas tristes.
•
tendría al verse solo!
A todo esto, el tío echaba por la boca una cosa así
- ¿Cómo es eso?, replicaba la doméstica. Pues qué,
¿yo no soy nadie? Sepa usted que, gracias á Dios, no como seda negra, y todo se le volvía arañar las sábanas y morder la colcha y volver los ojos como si fuele ha faltado nada.
- Bueno, pero nosotros somos sobrinos y ha debi- ra á arrancarse por peteneras.
- Se muere, se muere, decía el sobrino á su mudo usted avisarnos, porque para estas ocasiones son
los parientes. ¡Ay, tío de mi corazón! ¡Ay, pobrecito! jer en voz baja.
- Sí; pero es preciso hablarle; debemos de una
Y recorría toda la casa revolviendo los cajones pamanera indirecta indagar si ha hecho testamento, aunra enterarse de lo que había.
- ¿Qué hay en este armario?, preguntaba á lo que de todos modos él no tiene más parientes que
tú ... Anda, pregúntaselo, dijo la sobrina á su marido.
mejor.
- Ejj ... ejj ... ejj ..., hacía el enfermo, lanzando un
- Ropa blanca, respondía la Micaela.
ronquido
especial como si estuviera tocando el cor- ¿Mucha?
netín.
- Bastante.
- Tío, preguntó el sobrino acercándose al lecho
- Pues quiero verla, porque para eso soy pariente
del
moribundo.
del pobrecito. ¿Qué es esto que está tapado con una
- ¿Qué?, contestó el interpelado.
servilleta?
-¿Ha hecho usted testamento?
- Un conejo.
- Sí, dijo el otro con voz apagada.
- Y ¿qué hace aquí este conejo?
Los sobrinos se miraban llenos de satisfacción.
- Se lo había traído al señor por si lo quería.
- Gracias, volvió á decir el sobrino acercándose al
- Ha hecho usted mal. Un enfermo no debe comer nada absolutamente. Guíselo usted cuanto antes moribundo.
- Todo lo dejo arreglado, murmuró éste.
y póngale usted mucha cebolla, que es como lo co-¿Sí?
memos en casa.
- Todo ... Dejo mis bienes ...
-Pero ...
Madrid, 15 de abril de 1893
- ¿A quién?
- No replique usted. Mi esposo y yo nos queda- A la Micaela.
..,.......................,......,......,............................................,......,..............................,...... mos aquí hasta que mejore el tío ó hasta que pase á
mejor vida, que ojalá no suceda nunca, porque le queL UIS T ABOADA
remos muchísimo ...
LA MUERTE DEL TÍO
(Prohibida la reproducción.)
A todo esto D. Trifino se iba agravando poco á
•••· •••••••••••.. ·••••u•••"•l"• •••..•••.. ••••• .. •• ••••••••..•••••••••· .. •••••"•••••••••••••••'' •••••,.•••••••••••••••••••r,,~.,.
D. Trifino, al sentirse enfermo, se puso muy triste, poco y ya no quería hablar, ni ingerir medicinas, ni
porque la idea de la muerte le acongojaba sobre ma- hacer gárgaras, y cada vez que le preguntaban sus soTREN DE ESTUDIANTES
brinos: «¿Quiere usted tomar la cucharada del bismunera.
to?,
»
contestaba
él
con
acento
de
desesperación:
«Lo
- Micaela, dijo á su criada; yo siento lo que nunLos meses anteriores á las vacaciones de Navidad
ca he sentido. Tengo una especie de nudo en el es- que yo quiero es que me dejéis en paz, ¡mamarrachos!» habían sido verdaderamente desastrosos. Las falsifiEl
pobre
delira,
murmuraba
el
sobrino.
tómago que se me sube hasta la garganta. ¿Qué será
- Sí; no tiene sus sentidos cabales, añadía la espo- caciones del amor un poco, otro poco las cenas de
esto?
última hora y bastante más los azares del juego ha- Puede que sea el histérico, contestó la Micaela. sa; porque ya sabes que siempre nos ha querido mucho. bían dejado nuestros estudiantiles bolsillos llenos, sí,
Sí,
sí,
murmuraba
la
Micaela.
Yo también, cuando me sofoco con el aguador, noto
D. Trifino se mejoró de pronto y entonces quiso pero de la más horrible desolación y en el caso de
en la boca una cosa así como engrudo que no me
comer y beber y tocar la guitarra. Los sobrinos pro- exclamar como la Consuelo, de Ayala: &lt;&lt;¡Qué espantodeja parar.
curaban complacerle en todo, bailándole el agua y sa soledad!»
- Pues hazme un poco de manzanilla.
Celebramos consejo para buscar remedio á nuesunos
smahalagándole por cuantos medios tenían á su dispo- Mejor será que le ponga á usted
tros
males, y fué aquél un verdadero Consejo de misición.
pismos.
nistros, porque parece que también cuando éstos se
Mira,
Filomena,
decía
el
marido
á
su
mujer;
D. Trifino se metió en la cama dando diente con
reunen convienen en que falta numerario, y á fuerza
diente y diciendo que se iba á morir de un momento ponte en la cabeza un cucurucho y échale al tío la re- de dar tortura ·á nuestras imaginaciones, encontralación
del
astrólogo
de
El
zapatero
y
el
rey
para
que
á otro.
mos un arbitrio para pasar la fiesta de Navidad en
- Mira, Micaela; ahora se me figura que tengo do- se distraiga. Yo le haré un jueguecito de manos.
compañía
de las respectivas familias, pero haciendo
El tío les miraba con ojos indiferentes y concluía
lor en el hígado.
el
viaje
en
tercera, con merienda para el trayecto no
por decirles:
- ¿En qué hígado?
muy abundante, y sin más que unas pocas pesetas
Valiera
más
que
en
vez
de
hacer
tonterías
os
fue- En el único que tengo ... Anda, frótame en este
libres por barba para las individuales contingencias
lado con un calcetín. Hay que provocar la transpira- rais á vuestra casa á cuidar de los chicos, que estarán,
de la expedición.
como
de
costumbre,
hechos
una
porquería.
ción á toda costa. Cuando hayas frotado bastante,
Eramos cinco muchachos, todos de un mismo pue- Tío, no diga usted eso, ccntestaba la esposa. El
ponme encima una bayeta bien caliente.
blo
- cierta capital del Norte que se gloriaba con
Micaela estuvo siendo durante ocho días el ángel martes, cuando salimos de casa, los estuve lavando á
nuestro nacimiento, - y los cinco, jóvenes, robustos y
todos.
Además,
allí
he
dejado
á
la
niñera
para
que
tutelar de D. Trifino, hasta que un día fué á sacudir
alegres. Dos estudiábamos ó debíamos de estudiar
una alfombra y vió á los sobrinos de su amo que su- los cuide.
leyes; otros dos medicina, y el quinto iba para ingeSí,
sí,
buena
estará
vuestra
casa.
Pero
¿á
qué
habían las escaleras haciendo grandes aspavientos.
niero de caminos, aunque no llevaba camino de serbéis
venido
aquí?
- ¿Conque el tío está malo? ¿Conque es decir que
lo.
Nombramos á éste jefe de la expedición, y el día
- A asistirle á usted. ¿No es usted nuestro tío?
lleva ocho días en la cama y nosotros no lo sabíaconvenido
y á la hora marcada en los itinerarios para
- Lo soy.
mos?, exclamaba el sobrino llevándose las manos á
la salida del correo estábamos en la estación del
Bueno,
pues
tenemos
la
obligación
de
no
abanla cabeza.
Norte dispuestos para el viaje.
- Ha debido usted avisarnos, agrega,ba la sobrina donarlo mientras dure la enfermedad. ¿Quiere usted
Asaltamos un coche de tercera, y ó nadie se atreuna
tacita
de
flor
de
malva?
¿Quiere
usted
que
le
ponenjugándose los ojos en el manguito.
vió ó nadie quiso hacernos compañía. Ello es que
ga
una
cataplasma
en
la
parte
superior
del
bazo?
Y ambos penetraron en la habitación del enfermo
- Vaya; tome usted unas gotitas de éter con este arrancó el tren y llevábamos todo el vagón por nuesdando muestras del más profundo dolor.
terroncito
de azúcar. ¿Le rascamos á usted en la es- tro. El ingeniero nos trazó el plan completo del via- ¡Ay, tío del alma! ¡Qué pena hemos tenido al saje: se empezaría á cenar en Avila, y después de la cepalda?
¿Le
atamos á usted un pañolito á la cabeza?
ber lo que sucede!, exclamaba la sobrina apoyando
na y apuradas unas cuantas botellas de vulgar ValEl
tío
tenía
la
antigua
costumbre
de
cultivar
un
casu mano derecha en la frente de D. Trifino. ¿Qué
depeñas que acompañaban á dos pollos, jamón y
llo
precioso
que
le
había
salido
en
el
dedo
chiquitín
siente usted?
chorizos en la cesta de las provisiones, el que tuviera
del
pie
derecho,
y
en
cuanto
se
sentía
un
poco
mejor
D. Trifino no contestaba; lo que hacía era meterse
sueño dormiría, y los que no, contarían historias ó reen la boca los dos puños y mordérselos silenciosa- llamaba al sobrino para decirle:
zarían el rosario. Pero ... pero todos nos sonreíamos
Oye
tú,
Sinforoso,
ya
que
no
.tienes
nada
que
mente.
incrédulamente
al hablarnos de estas dos ocupacio- ¡Tiiito!, decía el sobrino. ¿Por qué no nos ha hacer, ráspame el callo y ponle encima un poco de
nes,
porque
en
el bolsillo del pecho del gabán del
mandado usted recado? En estas ocasiones la familia algodón en rama.
ingeniero
presunto
se adivinaba una baraja.
El
sobrino,
entonces
cogía
una
navaja,
y
apoderánes la llamada á asistir á los enfermos. ¿Qué? ¿No sa¡Bueno!,
dijo
el
estudiante de medicina número .
dose del pie del enfermo se ponía á rasparle el callo
be usted demasiado que le queremos mucWsimo?
uno, contaremos historias: «Había una vez cierta socon
cariñosa
solicitud.
El enfermo clavó sus ojos en aquel matrimonio
- Micaela, decía entretanto la sobrina de D. Trifi- ta de copas ... »
amante que acudía solícito á asistirle, y dijo después
- ¡Una peseta á la contraria!, respondimos todos.
no, friegue usted con cuidado esos peroles de la cocon voz apagada:
Detúvose el tren en tres ó cuatro estaciones sin
cina,
que
no
me
gusta
ver
las
cosas
descuidadas.
Ma- A ver quién de vosotros me da unas fricciones
ñana ó pasado se muere el tío y todo lo que hay aquí que ningún viajero entrara en nuestro departamento;
en la rabadilla.
pero en la quinta ó sexta, una estación insignificante,
tiene que pasar á nosotros.
.
- Los dos, los dos, gritaron á dúo los esposos.
abrióse la portezuela del coche y subió á éste un inMicaela
no
contestaba;
pero
tampoco
obedecía
las
Y comenzaron á pelearse entre sí sobre quién ha:
órdenes de aquella heredera anticipada, limitándose dividuo de sombrero ancho, capa y botas recias, así
bía de realizar los deseos del paciente.
como un aspecto de campesino admirado ó tratante
Venció el esposo, que era el verdadero sobrino, y á lanzar un gruñido malicioso.
en caballerías; hombre, en suma, de rústico aspecto,
Cierta
noche
triste,
el
tío
comenzó
á
agitarse
en
el
se apresuró á humedecer la mano derecha con aceite

relucientes entre los arreboles del crepúsculo. Y tras ,
este viaje nos asentamos á una bien provista mesa
con un voraz apetito, é hicimos de nuevo la observación hecha en casa de nuestro buen Regino: cómo á
sierras tan altas, aisladísimas casi por la carencia de
caminos, llevan la noble actividad y el profundo afeeto de estos amigos todos los refinamientos de civilización que pueden buscarse allá en la capital de
nuestra cultura contemporánea, en París. Unasorpresa nos aguardaba momentos antes de retirarnos á reparar por el sueño las fuerzas gastadas en día tan
agitado. Rafael cogió la guitarra y nos cantó esas
canciones andaluzas, cuyos melodiosos acentos me
conmueven como lo más hermoso que hayan p~oducido los dos músicos de mi predilección, Mozart y
Bellini. Lo inspirado de la elegiaca letra, lo armonioso del acompañamiento de guitarra que parecía tocar
cen sus cuerdas las cuerdas de nuestro corazón, la
cadencia sublime de aquellas melopeas heleno-semitas que recuerdan los salmos del Profeta y la guzla
del harén, la voz del tenor cantando con una fuerza
de maravillosa expresión y con una profundidad de
sentimiento tales que llegaron hasta lo más sublime
del arte, completaron á una ct;m los recreos producidos por la inspiración los recreos producidos por la
naturaleza. Y díjeme al acostarme, pensando en Dios:
«Pues así como, sin merecerlo, me has traído á estos
rincones de Sierra Morena, también sin merecerlo
me llevarás al Trono de tu gloria celestial, donde me
parece que los echaré de menos; pero ellos, los sitios
recorridos y los' amigos encontrados, no echarán de
menos jamás, yo se lo aseguro, ni mi recuerdo ni mi
agradecimiento.»

VISTAS DE LOS PRINCIPALES SITIOS, EDIFICIOS Y MONUMENTOS DE MADRID. (De totografias.)

�286
que nos dió las «buenas noches» con una voz
regañona, sentóse en un rincón lejos de nosotros y se dispuso, á lo que parecía, á dormir sin hacernos maldito el caso.
No fué grande tampoco el que le hicimos
nosotros, y sin embargo, yo que era el más próximo á él, fijéme - porque la luz del vagón las
alcanzaba en su zona de claridad - en que las
botas de aquel hombre no eran botas de
campo, propias de palurdo ó labrador, sino
botas de caza de señorito que auna en su
calzado la comodidad y la elegancia,· y fijéme
también en que, según las contemplaba con
este pensamiento, el hombre en cuestión dirigiéndome una suspicaz mirada retiró los
pies hacia la línea de sombra.
Ya la impaciencia y el apetito de mis compañeros hablaban de adelantar la hora de la
cena, y el jefe de la expedición, haciéndose lo
bastante de rogar para que resplandeciera la
importancia de su cargo, dió al fin el anhelado permiso.
.
Salieron á luz nuestras provisiones y diéronse nuestras bocas á devorarlas, sin hacer
sitio más que á las bromas con el gaznate casi
lleno proferidas, y que con arte culinario tan
excelente envuelven los alimentos en salsa
de risotadas, la más apetitosa y apetecible
de las salsas conocidas. A fuer de muchachos bien educados, dirigimos cortés invitación á nuestro huésped antes de comenzar
la cena; pero él, correspondiendo con unas
«muchas gracias)&gt; rápidas y secas á nuestra
atención, volvió á sumirse en el misterio ó la
delicia de su real ó figurado sueño.
Olvidámosle por completo, comimos como
se come á aquella edad y en viaje, adelantando al tren con nuestros dientes y sin hacer
más estaciones que las de aquel Valdepeñas
vulgar, es cierto, y plebeyo, pero que á falta
de Burdeos casi nos sabía como si lo fuera.
Terminada la cena nos envolvimos en el
humo de nuestros miserables puros del estanco; pero de pronto el estudiante de medicina número dos, que siempre había blasonado de buen olfato, exclamó con voz terrible:
- ¡Aquí hay uno que nos hace traición!
¡Huelo á cigarro habano!
- ¡Cigarro habano!, respondimos todos,
presentándole nuestros tagarotes.
Examina y juzga, y era verdad que todos
r·
acusaban sin dudas ni distingos su humildísima alcurnia; pero vi que el supuesto ó verdadero campesino arrojó con mano rápida un
cigarro que estaba fumando, subiéndose después hasta los ojos el embozo de la capa.
«¡Un labrador que usa tales botas y fuma
habanos y que no quiere que se le estudien
aquéllas ni se le sorprenda con éstos!.., pensé,
¡Nada, nada, aquí hay gato encerrado!» Mas
como en la vida de los jóvenes todo va de
prisa, la aparición de la consabida baraja
cortó el hilo de mis reflexiones.
Sí, ya estaba la baraja en manos del ingeniero, el cual exclamaba con magistral entonación:
- ¡Ea, muchachos! Si no supiese que sólo
se trataba, dada la escasez de nuestros caudales, de un honesto pasatiempo, no os permitiría tal expansión; pero ¡qué demonio!
aquí es imposible que corra la sangre! . .
¡Tallo cinco pesetas!
Una manta de viaje convenientemente extendida hizo oficios de mesa de juego, y ·el
jefe de la expedición, convertido en banquero, dió comienzo á su faena.
Extendió el vicio sobre nosotros sus tupidas alas negras salpicadas de puntos brillantes como· lágrimas, y nos engolfamos en los azares de
aquella pobrísima partida con la misma emoción que
si se tratara de una brillante jornada en Mónaco ó
Monte-Cario.
Y cuando más distraídos estábamos en nuestras
combinaciones, vimos aparecer por encima de nosotros una mano entre cuyos dedos se asomaba una
peseta, y oímos una voz que decía:
- Si ustedes me lo permiten ...
- Con mucho gusto, respondió el banquero.
La peseta quedó sobre la manta de viaje al lado
de un siete. El nuevo jugador era el misterioso campesino. Levantó la cabeza y le contemplé á mi sabor,
mientras el l;anquero decía «el siete» y doblaba la
peseta.
Era un hombre comq. de cjncuent¡i .años, con la
piel fina, el rostro todo afeitado, pero ¿cómo lo diré?,

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

592
NúMERO

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LA ILUSTRACIÓN ARTiSTICA

en suma, que el tren volaba y nuestros capz~
tales se deshacían. El campesino, ó lo que
fuera, jugaba con verdadero ardor y con decidida suerte, y á la hora y media ó las dos
horas de juego era dueño absoluto de todas
nuestras haciendas, y aun lo hubiese también
sido de nuestras vidas á jugarlas.
Afortunadamente andábamos ya cerca de
nuestro pueblo, y este pensamiento nos consoló del desastre; pero cuando nos disponíamos á ordenar nuestros bártulos para hacer
más rápido el descenso del tren, el misterioso personaje nos djo:
- Un momento, señores. Yo sé que ustedes son person¡i.s de corazón á las cuales se
les puede decir todo. Deseo, pero deseo vivísimamente como el mejor favor que ustedes pueden dispensarme, que acepten la restitución de lo que les he ganado en el juego...
Un movimiento de protesta nuestro le hizo repetir:
- Es un favor que nunca les agradeceré
bastante y que ustedes ignoran hasta qué
punto me llenará de dicha. Deseo, necesito
restituirles esas pequeñas cantidades. No
vean ustedes en esto una proposición ofensiva, sino por el contrario una obra de piedad
que realizan conmigo. Sean ustedes generor
I
sos y acepten mis ofrecimientos. ¡Qu_e yo
(
pueda siquiera tener ese consuelo en mis adversidades!
Profirió estas palabras con tan sincero y
suplicante acento, que después de mirarnos
asombrados, no tuvimos más remedio que
decirle:
- ¡Bueno, puesto que usted se empeña!..
Y él, llenos de lágrimas los ojos, nos fu~
entregando con temblona mano nuestras miserables pérdidas sin cesar de repetir: «¡Muchas gracias, muchas gracias!»
1
Paró el tren, descendimos en la estación
ansiosos de abrazar á nuestros parientes, y
cuando ya nos alejábamos del coche asomóse él á la ventanilla y nos dijo por última
vez:
- ¡Mil gracias, señores, no lo olvidaré
nunca!
No insisto en apuntar la serie de suposiciones y comentarios que en los sucesivos
días hicimos respecto al misterioso personaje hasta que cierta noche y reunidos en nuestr~ acostumbrada tertulia del casino, el estudiante de medicina número uno, que estaba
leyendo un periódico, dijo de pronto:
- ¡Él era!
.
- ¿Quién?, le preguntamos.
1
- ¡El del tren! Juzgad vosotros.
Y leyó: .
«Quiebra importante. Desgraciadamente
se han confirmado los rumores que corrían
respecto á la quiebra del Banco _de Econ~mías, sociedad donde tantas humildes familias tenían depositados sus ahorros. Es un
hecho también la desaparición del banq11ero
López, director del Banco, de quien se sospecha que saliendo disfrazado de nuestro
país haya ganado el territorio de la _vecina
República. Alguien asegura haberlo visto en
Hendaya, vestido de labrador y con la cara
afeitada. Sea ó no esto verdad, hay que convenir en que la quiebra del Banco de que
era alma el prófugo banquero obedece más
á la desgracia de éste en los múltiples negocios emprendidos para el desarrollo y flore·
cimiento de la sociedad, que á dilapidaciones
ó amaños censurables. Muchas honradas y
LA DISCRECIÓN, alegoría de c. Marr
trabajadoras familias pierden con esta quiebras sus modestos capitales; pero tal vez á la
pena que esto les produzca iguale la del despero sin costumbre de estarlo. Aquella cara había te- afortunado banquero por no poder restituírselos. »
nido constantemente barba y bigote, y si ahora no
- ¡Sí, era él, era él!, exclamamos todos terminada
los tenía era por azar, pero no por hábito. Además ni la lectura del suelto. ¡Lástima de hombre y lástima
el sol ni el aire del campo la habían curtido, y sus de Banco!
ojos eran ojos bien educados, porque también tiene
- Tengo una idea, añadió el ingeniero; por el
educación la mirada, y en sus finos labios flotaba una hombre nada podemos hacer, pero por el Banco sí;
sonrisa de salón, incompatible con toda idea de la- se llamaba Banco de Economías, dadme las vuestras;
branza y vida aldeana.
la sala del crimen está en su período floreciente. ¡HaNada, que el campesino aquel era un caballero gamos una vaca, levantemos el Banco!
disfrazado, pero con una suerte tan horrorosa en el
JOSÉ DE ROURE
juego, que desplumó en un dos por tres al que talla,.,., ......, •. , .•••••, ••• ,,.,.,.,,,,., .• ,.,., •. ,., •••••• , ••..••, .... ,,1,.,.,.,,,1•,.•,.,......, .... ,., .... ,., .... ,., .... ,.• ,.1·,.•,,
ba, siéndole á éste preciso reponer la banca solicitando al efecto mi amistosa ayuda.
NUESTROS GRABADOS
La segunda 'banca desapareció también, y el estudiante número uno se decidió á tallar y fué igualmenBaco, dibujo de R. Armenise. - El ilustre pintor itafono. nos pres_enta el tipo~de Baco, tnodernizado: esa testa de
te desplumado. .
rodeada de pámpanos y racimos, esn sonrisa burlona,
Siguióle el otro de leyes y corrió la misma suerte; anciano
sarcástica, y esos ojos de mirada astuta, más que la representa-

EL. PRÍNCIPE FERNANDO DE BULGARIA

(de fotografía)

LA PRINCESA DE PARM A

un espíritu de observación extraordinario y ma~ej_ando e~ l~piz como un consumado maestro,. consagra Rem1cke _prmc1·
palmente su actividad á reproducir las escenas~ los upos de
Alemania, fijándose sobre todo en las clases medm y alta. _Sus
obras son modelo de verdad, además d: s~rlo de correcc1ó~,
y buena prueba de ello son los tres d1buJOS que r:produc1El gallinero. - Los J&gt;alcos por .af=!ientos. -El an- mos y que expresan perfectamente las distintas. impresiones q~e
fiteatro, dibujos de Renato Remicke. - Dotado de experimentan los que asisten á una representación teatral, segun

ción del hijo de Semell y Júpiter es la rep~o~uccíón de un Baco
de nuestros días y de nuestros pai~es meridionales. ~ comp?·
sición de Armenise es obra artísh~a ~caba~a )'. pu~1era servir
de modelo como corrección de chbu¡o y d1stnbuc16n de clarobscuro.

.l

&lt;

•

(de fotogr:ifía)

las localidades que ocupan: por ellos se ve que en Al_emania,
como aquí, como en todas partes, los verdaderos afic1onad?s,
los que van al teatro por la función, no por_ la co~currenc1~,
los que disfrutan con el espectáculo y aprecian meJor la v_aha
de la obra que se pone en escena son los que l)e~an el galhn,ero, las galerías, es decir, las localid~des de ultima categoria;
pues los que ocupan las ele preferencia hacen por r~gla genera\
dd t~atro un centro de reunión como otro cualquiera, van alh

�OBRAS MAESTRAS DEL ARTE MODERNO

FEDERICO EL GRANDE JUNTO AL CADÁVER DE SCHWERIN, COPIA DEL CELEBRADO CUADRO DE R. WARTHMULLER

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
para ver y ser vistos, para lucir sus galas y criticar las ajenas y
no pocos para charlar mientras los artistas cantan 6 declaman,
sin reparar en la descortesfa que con éstos cometen, ni preo~uparse de los que de buena fe á la representaci6n asisten y tienen perfecto derecho á disfrutar &lt;ll'_ella sin ser interrumpidos.

592

N úMERO

592

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Federico el Grande junto al cadáver de Sohwe· setas para la adquisici6n de un cuadro y 50.000 para la cons·
rin cuadro de R. Warthmuller. - Warthmuller, á pe- trucci6n de una fuente en el patio de la catedral.
sar de su relativa juventud, hace diez años que figura entre los
maestros berlineses que han impreso nueva vida al arte de su
patria. Como Menzel, pinta con predilecci6n los episodios de
la vida de Federico el Grande, pero produce también obras de género en las cuales se ha acreditado
de consumado observador y habilísimo artista, y en
la actualidad reside en París para mejor estudiar en
su fuente el espfritu modernista que informa al arte
de nuestros días. De los muchos y buenos cuadros
hist6ricos de Warthmuller repútase como el mejor el que reproducimos: representa al gran monar·
ca junto al cadáver de Schwerin, uno de sus más
ilustres y queridos generales, muerto en las alturas
de Praga cuando al ver retroceder á los suyos empuñ6 la bandera y se lanz6 sobre el enemigo, arrastrando consigo á los prusianos, que hallaron la vic•
toria donde él perdi6 la vida. La profunda impre·
si6n que este cuadro produce la ha conseguido el
pintor por los medios más sencillos: nada de efectos deslumbrantes, nada de teatral afectaci6n; en
c.'lmbio mucho sentimiento, mucha verdad, que
son los elementos que de veras interesan y conmueven.

Los reyes do Italia. - La astuosa celebra·
ci6n de las bodas de plata de los monarcas italianos tiene hoy fijas en Roma las miradas de Europa. A ella han asistido reyes y emperadores, príncipes de diversas naciones, y en representaci6n de
la reina de España, uno de los magnates más ilustres de nuestra patria, el duque de Alba. Veinticinco años hace que aquellos monarcas contrajeron matrimonio en Turín, el 22 de abril de 1868.
El rey Humberto naci6 el 14 de marzo de 1844
y es hijo de Vfctor Manuel JI, primer rey de Italia,
al cual sucedi6 en enero de 1878. Cas6se con su prima Margarita, nacida en 20 de noviembre de 1851,
é hija (mica del difunto príncipe Fernando de Saboya, duque de Génova, y de Isabel, hija del rey
Juan de Sajonia. Han tenido un solo hiJo, Víctor
Manuel, principe de Nápoles, que hoy cuenta 23
años y es heredero del trono. La reina Margarita
pasa, con raz6n, por una de las mujeres más hermosas de Italia.

- Rubinstein está componiendo actualmente un Oratorio,
Cristo, sobre la letra de Enrique Bulthaupt, cuya audici6n durará dos noches.
- En el Museo Austriaco de Viena se verificará desde I 5 de
mayo hasta fines de agosto una exposici6n de objetos artísticos
antiguos.
- La Sociedad alemana para el fomento de los procedimientos pict6ricos racionales inaugurará en 15 de julio pr6ximo la
exposici6n que tiene proyectada desde 1888 y que comprenderá
cuadros antiguos y n¡odernos, pinturas decorativas, obras de la
plástica y arquitectura polícromas, con especial atenct6n á los
materiales y procedimientos en ellas empleados, sistemas de
restauraci6n y conservaci6n é instrumentos auxiliares y de enseñanza relativos á la técnica de la pintura y de los colores, uten ·
silios, etc. Durante la exposición, que se cerrará el dfa I 5 de
septiembre, la Sociedad celebrará un congreso en el que se
discutirán los asuntos relacionados con el objeto de la misma.
- El compositor Leoncavallo, autor de / Plag/iacci, ha terminado una nueva 6pera, La Boheme, cuyo argumento está tomado de la tan conocida y notable obra de Enrique Murger.
- En Londres se ha inaugurado la vigésima novena exposici6n de la Galería M' Lean : figuran en ella pocas obras, pero
casi todas buenas, sobresaliendo los siguientes cuadros: Federico el Grande y los ojiczales de su escolla rtto11odt1uio el terreno desde lo a/lo de tma colina, de Seiler, digno de ser comparado con
los mejores de Meissonier; La controversia, de G. Kuehl;Jugadores de ajedrez m 1111 café árabe, de Wilda; l,,fujer holandesa, de
Neuhuys; Mercado de flores m Venecia, de Laurenti; una esceen la campiña romana, de Pradilla; un tigre y un le6n, del ruso
Vastagh; varios paisajes, de P. Grahnm, y Un día de viento 111
el canal, bellísima marina de Enrique Moore. l
En la Galería de la Fine Art Society, de la propia ciudad, ha
llamado recientemente la atenci6n una hermosa serie de cuadros
de J orge W~thesbee, inspirados en !a vida campestre en I~glaterra, admirandose en ellos el arm6mco enlace de la naturalidad
con el más delicado sentimiento poético y sobre todo las tonalidades de luz que s6lo se consiguen á fuerza de estudiar la na.
turaleza al aire libre.
- En el sal6n Schulte, de Berlfn, se ha verificado una notable expos1ci6n de obras de maestros antiguos y modernos, entre
las que llaman la atenci6n las de Knaus, Achenbach, Vautier,
Oeder, Munter y sobre todo El ser111ó11 de la 111onta11a, de Gebhardt.

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT, - ILUSTRACIONES DE EMILIO BA YARD
(CONTINUACIÓN)

Como réplica á estas solicitudes del maestro el discípulo había formulado por
su parte otras dos: primera, no pagar á Sauval su participación; segunda, rescindir el contrato celebrado con la fábrica de productos químicos para la provisión
de los mismos. Pero el maestro no quería oír siquiera hablar de esto: una vez
que él empleaba su tiempo y sus conocimientos en el asunto, la participación

Necrología. - Han fallecido recientemente:
El Excmo. Sr. D. Juan Romero Moreno, contraalmirante de
J uegos infantiles, dibujo de D. Pauluzzi, - ¿Quién no ha presenciado alguna escena la armada española y ex ministro de Marina.
parecida á la que este dibujo representa? ¿Quién
no ha siclo testigo de esos juegos infantiles que
son la desesperaci6n de las madres ordenadas y
cuidadosas por el desbarajuste que en el ropero y
1tL REY II UMBE!nO I DE ITALIA (de fotografia)
en el menaje introducen y aun por las bajas 6 desperfectos que en uno y otro ocasionan? Pues bien:
aquellos para quienes el asunto no sea nuevo, no
Vistas de los principales edificios y monu- podrán menos de reconocer con cuánta habilidad ha sabido dibumentos de Madrid. - No teniendo espacio en esta secci6n jarlo Pauluzzi reproduciéndolo con fidelidad digna de alabanza.
para describir detalladamente la lámina que reproducimos, nos
limitaremos á enumerar los sitios, edificios y monumentos que
contiene, citando s6lo algún dato de cada uno. Son: la puerta
MISCELÁNEA
de Toledo, construida por Fernando VII á su vuelta de Francia; la estatua ecuestre de Felipe IV que se eleva en la plaza de
Teatros. - En el Teatro Libre, de Berlín, se ha represen Oriente y que fué esculpida por Tacca, según dibujo de Veláz- tado una comedia de Ernesto Rosner (seuc16nimo bajo el cual
quez; la puerta de Alcalá, erigida para conmemorar la entrada se oculta la esposa de un distinguido abogado de
ele Carlos III en Madrid en 1778; el Congreso de los Diputa· Munich), titulada El crep1lsmlo: en esta obra, sin
dos con su p6rtico corintio, delante del cual se ven dos leones embar~o de resultar un curso completo de cirugia
fundidos con cañones tomados á los moros en la guerra de Afri- oftálmica, interesa en algunas escenas y revela
ca; la plaza Mayor, donde antiguamente se verificaban los autos espfritu de observaci6n y talento dramático.
de fe y se celebraban las fiestas reales, y en cuyo centro se alza
- En el teatro de Viena se ha estrenado con
la estatua de Felipe III; la iglesia de La Latina, que tiene gran aplauso una 6pera c6mica del difunto comanejo un hospital fundado en 1499 por Beatriz Galindo; el Pa- positor checo Smetana, titulada La novia vendida.
lacio Real, imponente y majestuoso edificio, cuya construcci6n
- En el teatro Cario Felice, de Génova, se ha
comenz6 en 1735 por disposici6n de Felipe V; el Hospicio con representado con éxito grandioso la 6pera Falssu fachada hecha por Churriguera; el Ayuntamiento 6 Casa ele taff, de Verdi.
la Villa, edificio del siglo x vn de escaso mérito artístico en
París. - Se han estrenado con buen éxito: en
su exterior; el obelisco del dos de mayo construido en el Prado el Gymnase, L' lwmme á I' oreitle cassle, cuento
en memoria de los mártires de la independencia española; el en tres actos y dos épocas, de Decourcelle y
puente de Toledo, de nueve arcos y 385 pies de largo, y la puer- Mars, tomado de la interesante novela de Edta de San Vicente, que acaba de desmontarse de su sitio y que mundo About; y en el teatro Cluny, Coripzan
fué construida por Sabatini.
contre Corig1ia11, graciosísimo vaudeville en tres
actos, de Rolle y Gascogne.
Madrid. - En el Príncipe Altonso se han can·
La Discreción, alegoría de C. Marr. - El artista
muniquense Marr ha estado felicfsimo en esta composici6n re- tado La Favorita y Emani, habiendo sido muy
presentando á la discreci6n por medio de una matrona envuelta aplaudidos en la primera la señora Franchini y
en amplio manto, que se lleva el dedo á los labios en ade- el tenor Lanfredi y en la segunda la señora Camán de imponer reserva: la lechuza y la nieve son sus simbolos ligaris y el tenor Galli, y en ambas el bajo sey las calaveras que se ven á sus pies significan el silencio de la ñor Riera.
Barce/011a. - En el Principal han tenido gran
tumba.
éxito en La Traviata la señora Boronat y el señor De i\larchi, y en Lucrecia Borgia han sido
El príncipe Fernando de Bulgaria y- su espo- muy aplaudidos la señora Cepeda y el Sr. Masisa. la princesa. de Parma. - El reciente casamiento del ni, especialmente en el dúo final. En el Liceo ha
jefe del ~rincipado de Bulgaria ha sido un acontecimiento que comenzado la temporada de primavera con La
no ha deJado de llamar la atenci6n del mundo político euro- Gioconda, en la que lograron muchos aplausos las
peo: por cu~nto aun en esto _ha sabido aquél emanciparse de señoras Gabi y Borlinetto y los Sres. Moretti y
las influenc1as rusas El príncipe Fernando, nacido en febrero l:'issani y el maestro Marino Mancinelli: en La
el~ 1861 y elegido para ocupar el trono búlgaro en 1887, ha sa- Sonámbula ha obtenido gran ovaci6n la señora
bido afirmar con su poHt.ica su situaci6n en aquel elevado pues- Pacini. En Romea se ha estrenado con buen éxit? que algunos creyeron en un principio insegura y comprome · to una pieza en un acto, Pintura fi de sigle, arret1da. A pesar de las aficiones cientfficas á que por natural ca- glo muy bien hecho del francés por los señores
ráct~r es inclinado, ha demostrado que no carece de las dotes Guasch y Dalmases; y en el Eldorado, con éxito
sufic1~ntes para gobernar un Estado. La elecci6n de esposa ha mediano, Las varas de la justicia, zarzuela en un
obte~1do el beneplácito de su pueblo, por más que la religi6n acto de los Sres. Perrín y Palacios, música del
cat6hca profesada por la elegida haya suscitado algunas objecio- maestro Nieto, hace poco estrenada en Madrid.
nes. Esta es la princesa Maria Luisa de Borb6n, hija de los du- En el Tívoli se ha puesto con gran lujo la zarques de Pru:ma, y por consiguiente de la rama española de los zuela en tres actos Et siglo ,¡ue viene, de Ramos
Horbones, Joven de veintitrés años, apuesta, simpática, instruí- Carri6n y del maestro Caballero, para la cual ha
da Yque por estas cualidades no dejará de captarse las simpatías pintado hermosas decoraciones el Sr. Chía y
del pueblo búlgaro.
•
dibujado elegantes figurines el Sr. Labarta. En
el Circo Barcelonés se ha despedido la compaponcierto al aire libre, cuadro de H. Have- ñía Tani que tantas simpatfas y aplausos se ha
nltI?,. - Cuando una mano experta trata un asunto cuyos per· conquistado en nuestro público.
5?~aJes so? _hermosos niños y escoge para adorno de su composic16n_ be_lhs1mas florecitas campestres y para fondo del cuadro
Bellas Artes. -El segundo premio, de
un pa,saJe en plena luz, necesariamente la obra que produzca 2.000 liras, del concurso Sonzogno, en que gan6 el primero el
habrá de resultar encantadora. Tal sucede con el Co11cierto al compositor Coronaro por su Festa .Marina, ha sido adjudicado
aire libre, de IIavenith, lienzo en el que la idea, las figuras, á la 6pera Don Páez, de Ernesto Bonzi.
- Un comerciante de Brema, llamado Teichmann, ha hecho
los accesorios, el conjunto, todo es simpático, todo impresiona
donaci6n á la Galería Artlstica de aquella ciudad de 12. 500 pedulcemente, todo hace sentir 111 y¡!rcladera emoci6n estética.

Doña Bárbara Lamaclrid, eminente actriz española: había
estrenado, entre otras, El Trovador, de García Gutiérrez ( 1835),
Los aman/es de Tenul y Don A 1/onso el Casto, de Hartzenbusch, esta última con el famoso Í.atorre, y las obras de Zorrilla Cada cual con m ra::ó11, El rey loco, El caballo del rey Don
Sa,uho, La copa de marfil, Dm J11a11 Tmorio y otras. Ha
muerto á los 81 años y hacia muchos que se hallaba retirada rle
la escena.
Martln Pablo Otto, escultor alemán de renombre universal,
autor del monumento, aún no terminado, de Lutero, que ha de
erigirse en Berlfn, de la estatua del emperador Guillermo destinada á Ems, de hermo~os retratos, grupos plásticos, etc.
Mauricio Pappermann, profesor ele dibujo y pintor de la Real
fábrica de porcelanas de Meissen (Alemania) y uno de los mejores artistas de tan importante manufactura.

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Barincq, por consiguiente, co'n la malet_a en la mano comenz6 á recorrer el camino
con ammado paso

LA REINA MARGARITA DE ITALIA

(de fotografia)

i\lr. Vicat Colé, uno de los más ilustres paisajistas ingleses,
miembro de la Real Academia de Londres.
Rafael César Garilli, historiador y litera.to italiano, autor,
entre otras obras, de Los problemas sobre Europa, E studios sobre Italia, Los fas/os de Piacm::a.

debía serle pagada; una vez que el contrato se había cerrado, era necesario que
fuese cumplido; si Barincq no entendía una palabra en asuntos comerciales, debía sin embargo saber, como todo hombre honrado, que no es lícito volverse
atrás después de adquirir un compromiso.
Solamente por evitar procedimientos de justicia, de los cuales se asustaba Barincq, había aceptado éste las proposiciones de Sauval, que parecían ofrecerle
una seguridad absoluta; pero ante la doble negativa del maestro, había sido
necesario que se resolviese á pleitar de nuevo; de su matrimonio le había
nacido una hija; Barincq no podía permitir que se la arruinasen, así como
no podía tampoco permitir que la avaricia ó la mala fe de Sauval devorase
la fortuna de su mujer, fortuna ya gravemente comprometida. Barincq había
pedido, por consiguiente, á los !ri?unales el nombramiento de peritos encargados de examinar si el p'.ocedim1en~o de Sauval er~ susceptible de aplicacación industrial, y de certificar que s1 en el laboratono daba resultados admirables, en la práctica no los dab~ d~ ninguna clase; de recono~er, en fin, que no
estando sostenidos esos procedimtentos sobre una base sena y sólida, Jo que
Sauval había vendido á su discípulo no r~presentaba absolutamente nada.
¡Qué asombro y qué indignación experimentó el sabio!
Creía Sauval, sin embargo, haber adoptado todas las precauciones necesarias
no tratando para este asunto con uno de ~sos mercad~res d~ oficio que sólo
compran un descubrimiento con el propósit~ de despojar al mventor; pero lo
terrible es que el mercantilismo parece con~ag1oso, y que el menos aficionado al
comercio, sólo con que en asuntos comerciales se mezcle se transforma en comerciante.
Indudablemente Sauval (casi lo decía él) se había _sacrificado renunciando
sin dificultad á los beneficios que representaban el precio de su trabajo, y sobre
este punto estaba dispuesto á toda clase de concesiones; exi~t_ía, si~ embargo, en
las pretensiones de Barincq otroyu~to sobre el cual su po~1.c1ón. c1entífic~ no le
permitía ni admitir discusión s1qu1~ra, tal era el, de adm1tir_la mtervenc16n de
peritos que en el terreno de la ciencia nunca pod1an ser s~s iguales.
Era menester, lpor consiguiente, que Sauval ,se defendiera y _no tolerase que
su persona el sabio fuese explotado una vez mas por el comerciante.
Habíase' arrastrado lentamente por unos tribunales Y_POr otros y desde una
jurisdicción hasta otra jurisdicción, .Y en tanto que 1~ ~una levantaba ~ ontañas
de papel sellado para explicar detemdamente el tecmcismo de las matenas colorantes á dos francos el pliego¡ mientras que los abogados hablaban, peroraban

y reproducían, cada uno desde su punto de vista, la historia de la química;
mientras los jueces escuchaban ó dormitaban ó juzgaban, obscurecíase la situación comercial de Barincq, el cual cada día que pasaba parecía hundirse un
poco más. Habríale sido menester gran capital para conseguir que su casa siguiese adelante y sostener entretanto sus pleitos, y solamente realizando al
mismo tiempo verdaderos milagros de energía y sacrificios desesperados se
sostenía.
Cuando Barincq vivía por sí mismo, sin auxilios de ninguna clase, rodeado
solamente por las ideas que agitaban su cerebro, había podido abandonar con
indiferencia la mayor parte de su herencia paterna; en sus apuros grandes, acosado por todas partes, medio loco, volvió á Ourteau con el popósito de exponer
á su hermano la situación en que se hallaba y suplicarle que le salvase del naufragio, consintiendo en dar una garantía hipotecaria por la cantidad de ciento
cincuenta mil francos. Aunque la palabra hipoteca sonó de una manera muy
desagradable en los oídos de Gastón, la garantía fué otorgada, aunque no sin
inquietud, sin vacilaciones ni regateos.
- Toda vez que tú, mi hermano menor, tienes necesidad de mí, mi obligación
es acudir en tu ayuda.
Aquellos ciento cincuenta mil francos habían sido una gota de agua en el
mar. Seis meses después de su inversión el acreedor exigía por conducto de alguaciles al fiador el pago de los intereses que el primer deudor no podía satisfacer.
Las relaciones entre los dos hermanos, hasta entonces tan afectuosas, agriáronse con este motivo: ¡un alguacil en el castillo! Aquella era la primera vez que
ocurría un escándalo parecido; la carta que notificaba esto á Barincq había resultado excesivamente dura á pesar del empeño de Gastón en ser comedido.
«¿No has pensado en que el alguacil podría llenar, como ha sucedido, los
huecos del acta con el nombre de uno de mis criados?»
Para suavizar las asperezas de esta situación la señora de Barincq había
pensado trasladarse á Ourteau con su hija; Gastón era al fin y al cabo tío de
Anie, que podía heredar de él; convenía por consiguiente tenerle contento.
Pero la madre de Anie no allanó las dificultades, antes las hizo mayores insistiendo con impertinencia en la generosidad que su marido había demostrado
cuando se trató de repartir la herencia paterna. ¿Cómo había de admitir el primogénito eso de la generosidad si estaba convencido de que su hermano menor
no había hecho otra cosa sino cumplir sencillamente sus obligac~ones?
Cuando transcurridos ocho días la señora de Barincq y su hija abandonaban
el castillo para regresar á París, la ruptura entre los dos hermanos era ya irreparable.
Los pleitos se prolongaron todavía durante diez y ocho meses, al cabo de los
cuales una sentencia definitiva declaraba la nulidad de los privilegios de invención comprados á Sauval; por desgracia era ya demasiado tarde; Barincq había
agotado ya todos sus recursos y no tuvo más remedio que abandonar á sus
acreedores lo poco que le restaba, y solamente á la intervención generosa de
Sauval fué debido que no se le declarase en quiebra.
Un amigo suyo le recogió casi de lástima en la casita de Abreuvoir, y el director de la oficina cosmopolita de los inventores, director que tanto dinero había
ganado con Barincq, le daba la plaza de delineante, retribuida con doscientos
francos al mes de honorarios.

IX
A las seis de la madrugada se detuvo el tren y se apeó Barincq en la estación
de Puyoo; desde allí hasta Ourteau era necesario andar dos leguas en medio del
~am~o. En otros tiempos encontraba Barincq á su llegada un coche que había
1~0 a esperarle, y que después por la carretera, cuya longitud era de unos cuatro
k1tói:netros, le l)evaba al castillo; pero Barincq no había querido pedir este carruaje por medio de telegrama, y lo mal provisto de su bolsa no le permitía tomar uno en la misma estación. Además aquella caminata de dos leguas no le
asustaba, como_ no le asustaba tampoco el camino de travesía, que conocía perfectamente; el tiempo era hermoso y apacible, el sol acababa de salir en un cielo
se~eno, Y después de una noche pasada inmóvil en un vagón, aquel paseo no
depba de tener atractivos; Barincq, por consiguiente, con su maleta en la mano,
comenzó á recorrer el camino con animado paso.
No anduvo mucho tiempo de esta manera; al llegar al puente detúvose para
contemplar las aguas del Gave,. acrecentadas por las nieves derretidas y que cor~ían entre las verdes riberas reflejando los rayos oblicuos del sol naciente; Banncq acababa de dejar su jardín, cuyas lilas apenas si daban señal de brotes, y se
encontraba aquellos árboles corpulentos llenos de follaje festoneando la corriente del Gave, sobre la cual elevábanse las esbeltas torres del antiguo castillo de
Bel\ocq. ¡Qué frescura había en todo aquello, qué belleza y qué gracia! ¡Y para
B_a~mcq, cuán~os recuerdos! Pero lo que más aún que el ruido de las aguas bul(1c1osas Y. el cte~o azulado y la verde arboleda despertó súbitamente en Banncq las 1mpres1ones de sus años juveniles fué la vista de una carreta que llegaba á la sazón por el otro extremo del puente: estaba construida con un tronco
de abeto cuya corteza no había sido quitada todavía y colocado sobre cuatro
ruedas con troncos ?e avellano por rayos; dos bueyes cubiertos con lienzo y encap~chados con terliz azul arrastraban lentamente el vehículo, y delante de ellos
cam_maba el conductor llevando al hombro la chaqueta, una faja encarnada á
la cmtura, calzados los pies con alpargatas y con la vara de pincho en la mano;
para rreservarse _del sol_ habí~ tirado un poco hacia delante su boina, que formaba _as1 una especie de visera sobre sus ojos brillantes y sobre su rostro recién
afeitado.
¡Cuántas veces el mismo Barincq había caminado así delante de esas parejas

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
de bueyes con la aguijada en la mano produciendo indignación en su hermano,
para el cual no había más entretenimiento que la caza, la pesca y la equitación
y que le echaba en cara sus aficiones de palurdo.
Después de un saludo cambiado con el carretero, continuó Barincq su camino, y en lugar de seguir por la carretera tomó por el antiguo sendero que subía
directamente á la colina.
Ya en otra ocasión había visto en una mañana parecida á aquella los mismos
sitios con los mismos accidentes.
A consecuencia de la presentación de una epidemia, el colegio en que él y su
hermano estudiaban había sido cerrado y los alumnos despedidos. El tren procedente de París había dejado á Gastón y á él en la estación de Puyoo á aquella misma hora. Como nadie estaba prevenido de su regreso, nadie les aguardaba en la estación, y en vez de alquilar allí un carruaje se habían entregado al
placer de lanzarse á la carrera á través de los campos para .sorprender á su pa. dre. Todo permanecía igual en aquel pedazo de campo; y sm embargo, ¡qué de
cambios, cuántas tristezas en la vida de Barincq! Su padre, su hermano... ya no
existían; él vivía aún, pero tan violentamente sacudido por la desgracia, que era
verdaderamente milagroso que no hubiese sido el primero en desaparecer. ¡Cuántos en su Jugar se hubieran desalentado! El mismo habría cedido seguramente á
la desesperación si no hubiese luchado por los suyos. E l auxilio que le llegaba
de ellos habíale sostenido hasta el fin: una sonrisa, una caricia, una palabra de
su hija, su mirada, la música de su voz.
En Jo más elevado de la colina Barincq se detuvo, y dejando su maleta al pie
de un árbol, se sentó en el tronco de un castaño, que tendido sobre la hierba
esperaba á que los caminos es.tuviesen bastante secos para que fuera posible bajarle hasta el taller de aserrar.
Como Barincq sólo había empleado una hora en la subida y no había de emplear más de cuarenta ó cincuenta minutos en la bajada, pudo, sin temor de retrasarse, permanecer allí un momento en reposo y contemplando el espléndido
panorama que se presentaba á su vista.
Poco á poco aquella contemplación de horizontes tan conocidos evocó tristes recuerdos de tiempos felices cuya memoria contrastaba dolorosamente con
las amarguras de ahora: por todas partes el vacío, el silencio, y allá en la espaciosa estancia del primer piso del castillo, en aquella estancia en que él había
nacido, en aquella estancia donde su padre había muerto y que su imaginación
Je representaba con toda exactitud, parecíale ver á su hermano durmiendo para
siempre el último sueño.
Esta evocación que le presentaba á Gastón como si por las ventanas abiertas
le hubiese visto rígido sobre su ataúd, le oprimió el corazón, y alrededor suyo
se nubló todo porque sus ojos se llenaron de lágrimas.
X
Para desechar tan tristes memorias y combatir su melancolía, Barincq recogió
nuevamente la maleta y prosiguió su camino.
Cuando oyó dar las ocho en el reloj de la iglesia llegaba Barincq á las primeras casas del pueblo, entonces Je ocurrió la idea de visitar ante todo al notario Revenacq; era este notario un camarada de colegio y con él hablaría libremente. Si Gastón había hecho testamento en favor de su hijo natural, Revenacq
habría de estar enterado y podía indudablemente darle á conocer las disposiciones en ese documento contenidas.
El carácter de su hermano, impulsado al rencor, de una parte, y de otra el cariño y los cuidados que había manifestado siempre por aquel joven, eran motivos bastantes para sospechar que ese testamento existía; pero al fin y al cabo no
era una ilusión de heredero figurarse que aun instituyendo á su hijo legatario
universal hubiera podido y hubiera debido dejar también algo para Anie. En
realidad la fortuna de que Gastón había disfrutado no era una fortuna adquirida
por su industria personal y aumentada por el propio trabajo, de la cual por lo
tanto pudiera disponer libremente sin necesidad de dar á nadie cuenta de
sus intenciones; no, era una fortuna patrimonial sobre la cual, por consiguiente,
tenían sus herederos naturales cierto derecho, si no legal precisamente, moral sin duda. Pues bien: Gastón tenía un heredero legítimo, que era su hermano, y si podía desheredar á este hermano con arreglo á lo establecido en la
ley, no faltaban tampoco razones en que apoyar esta determinación ni motivos
con que justificarla: rencor, hostilidad y sobre todo convencimiento de que su
legado, si alguno dejaba, sería derrochado; pero ninguna de estas razones, que
á Barincq podían ser aplicadas, existía para Anie, que nada le había hecho, contra la cual Gastón no tenía resentimiento alguno y que además era su sobrina.
En tales condiciones era muy difícil imaginar que Anie no figurase en el testamento con un legado cuálquiera; por pequeño que este legado fuese, para ella
sería la fortuna, y más aún que la fortuna, el único medio de evitar ese desgraciado matrimonio para el cual estaba ya·resignada.
Dos minutos después penetraba en el estudio del notario, donde se encontró
á. un escribientillo que se disponía á barrer la habitación.
- ¿Quiere usted hablar al Sr. Revenacq?, preguntó el chico.
- Sí, amigo mío.
- Voy á buscarle.
Casi en seguida llegó el notario; pero al pronto desconoció á su antiguo camarada, y saludándolo ceremoniosamente dijo:
- Caballero ...
- ¿Es necesario que dé mi nombre?
-¡Tú!
- ¿Muy cambiado á lo que parece?
- Como no has contestado á ninguno de mis telegramas ya no te esperaba,
porque te he enviado dos y además te he escrito...
- No te he respondido porque desde luego pensé venir. ¿Pudiste creer que
dejaría yo enterrará mi pobre Gastón sin darle mi tíltima despedida?
- ¿Y has venido á pie desde la estación de Puyoo?, dijo el notario sin responder directamente á su amigo y mirando la maleta que Barincq había colocado
encima de una silla.
- Ha sido un paseo; mis piernas están todavía fuertes.
- Entremos en mi gabinete.
Después de hacerle sentar en un sillón de palo de cerezo y de sentarse el notario en el más próximo á su mesa de escritorio, continuó el notario:
- ¿Y tú cómo estás? ¿Y la señora Barincq?

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592

- Gracias por todo, amigo mío. Por ahora estamos bien; pero háblame de
Gastón; tu telegrama fué para mí lo mismo que un rayo.
- Eso es lo que ha sido para todos esta muerte. Ya hace unos dos años que
la salud de Gastón, salud que hasta entonces había sido excelente, comenzó á
quebrantarse; pero en realidad sin que ese quebrantamiento presentase síntoma
alguno grave, al menos para él ni para nosotros. fresentósele alguna vez un ántrax que se curaba por sí solo y solfa reproducirse y para el cual Gastón no quiso llamar al médico, porque su sistema era, según él decía, que el mejor tratamiento para toda clase de enfermedades era despreciarlas. ¿Es cosa de que se
alarme uno por un divieso? Sin embargo, empezó á estar menos robusto,. menos
vigoroso, menos activo; un esfuerzo cualquiera le fatigaba; renunció á montar
á caballo y muy poco tiempo después hubo de renunciar asimismo á salir
á paseo en carruaje, limitándose á recorrer por un rato corto el parque ó los
jardines del castillo. Al propio tiempo su carácter cambió casi por completo
inclinándose á la melancolía y agriándose de un modo extraordinario; se hizo regañón, áspero y desconfiado. Llamo tu atención sobre este particular porque
necesitaremos probablemente hablar de esto alguna otra vez. Un día se quejó
Gastón de un dolor violentísimo en una pierna y tuvo necesidad de quedarse en
cama. Fué necesario llamar al médico, el cual diagnosticó un absceso interno
para el cual prescribió un tratamiento sencillo de cataplasmas. El absceso curó
y Gastón pudo levantarse; pero es evidente que no estaba restablecido del todo,
había perdido por completo el apetito y no había manera de hacerle conciliar
el sueño. Sin embargo, poco á poco iba notándose mejoría y hasta puede asegurarse que recobró, al parecer, su buena salud; Jo que no volvió á recobrar nunca
fué su buen humor.
- ¿Tenía Gastón razones particulares de disgusto?
- Tal creo; mejor dicho, estoy seguro de que las tenía, si bien nunca me confió nada por completo; verdad es que nu:-ica dijo á nadie nada, ni á mí ni á los
otros. Gastón me honraba con su confianza en todo aquello que se refería á sus
negocios, pero en Jo que respecta á sus sentimientos personales ha sido siemlJre
absolutamente reservado, y en estos últimos tiempos más que nunca; verdad es
que un notario no es un confesor. Pero ya volveremos á hablar de esto. Terminaré lo que hace referencia á su enfermedad y á su muerte. Te he dicho ya que
en el estado general de Gastón' advertíamos todos cierta mejoría; con la llegada
de la primavera había recobrado su afición á pasear y salía diariamente, lo cual
nos hizo esperará todos que transcurrido algún tiempo tomaría nuevamente su
antiguo género de vida; á su edad esto nada tenía de inverosímil. Así las cosas,
anteayer se entró precipitadamente en mi despacho el cochero Estanislao, y me
anunció que se había puesto muy malo; que estaba pálido, sin movimiento, sin
voz y que no había manera de hacerle que volviera en sí. Corrí al castillo. Cuanto en él se hizo resultó inútil. Sin embargo, envié en busca del médico, que no
pudo hacer otra cosa que certificar el fallecimiento, el cual, según la opinión
del facultativo, había sido ocasionado por una hemorragia interna, consecuencia quizás de los ántrax 6 del absceso de la pierna, cuyos humores haciéndose
sólidos habrían podido obstruir una arteria.
- ¿La muerte fué repentina?
- Completamente.
Reinó un instante de silencio, y el notario, conmovido por su relación, no
procuró distraer el dolor de su antiguo condiscípulo. Luego que ambos se hubieron tranquilizado un poco, Revenacq continuó diciendo:
- Te he dicho ya que Gastón se mostró en sus últimos años triste y sombrío;
debo insistir en esto porque el punto es para ti de interés preferente; sin embargo, aunqde mi deseo de aclararlo todo es muy grande, no podré hacerlo porque
en muchas cosas estoy reducido á meras suposiciones; todos los razonamientos
del mundo no pueden sustituirá los hechos, y precisamente los hechos concretos son los que desconozco. Aunque, según te he dicho ya, Gastón no me ha explicado confidencialmente nada que con sus sentimientos se relacionase, las causas de su tristeza y de sus inquietudes no son un misterio para mí: provenían
indudablemente, por una parte, de vuestro rompimiento; por otra, de una duda
que ha envenenado su existencia.
-¿Una duda?
- Sí; la que abrigaba acerca de si el capitán Sixto era efectivamente hijo
suyo ó no lo era.
-¿Cómo?..
- Inmediatamente hablaremos del capitán; concluyamos ahora con lo que se
refiere á ti. Si tu enemistad con tu hermano ha podido ocasionarte tristezas, seguramente no se las ocasionó á él menores, y acaso mayores que las tuyas,
si se tiene en cuenta que tú en esa ruptura de relaciones eras, si así puede decirse, puramente pasivo, mientras que Gastón era activo; tú habías de limitarte
á sobrellevar las consecuencias de aquel estado de cosas, él podía ponerles término, bastando para esto que pronunciase una palabra; vacilando y luchando
constantemente entre si la diría ó no la diría: he sido testigo de esas luchas y
de esas vacilaciones; puedo afirmar que unas y otras le hacían muy desgraciado;
realmente han sido el tormento de sus últimos años.
- ¡Nos habíamos amado tan tiernamente!
- Gastón no dejó de quererte nunca.
,
- ¿Cómo no le conmovieron mis cartas?
.
- Porque en el momento de recibirlas pagaba tu hermano los intereses de
aquella cantidad por la cual te había dado su garantía, y la contrariedad que
aquel gasto le ocasionaba mantuvo su exasperación y su resentimiento.
- Dada su situación, aquel gasto era, sin embargo, de muy poca importancia.
- Es necesario que sepas, y ahora puedo decírtelo, que precisamente cuando
los vencimientos de pagos de los intereses de aquella garantía llegaron, acababa
de perder Gastón una suma de gran entidad en un círculo de Pau; suma que no
pudo pagar sin haber contratado un empréstito. Esto complicó sus negocios y
Gastón se encontró apurado. Todavía lo estuvo mucho más cuando los efectos
~erribles de la filoxera primero y después del mildew destruyeron completamente su cosecha de uva. Otro cualquiera en su lugar habría procurado combatir
aquellas enfermedades de sus viñas; Gastón no quiso hacerlo; habría sido preciso realizar gastos que él, según decía, no estaba en disposición de sufragar por
culpa tuya. La verdad es que tu hermano no creyó nunca en la eficacia de los
remedios empleados en otras partes, y que, por apatía ó por terquedad, dejaba
que las cosas marchasen como esperando que la casualidad le trajese un cambio
cualquiera, y al hacerlo así declinaba toda la responsabilidád sobre los que le
condenaban á permanecer con los brazos cruzados. Así ocurrió que todas sus

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592

LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

viñas se perdiesen. ¿Te haces ahora cargo de su situación? ¿Comprendes la violencia de su enojo?
- ¡Ay! Sí la comprendo.
- Como, á pesar de todo, Gastón no podía, teniendo las rentas de que dispuso siempre, estar apurado mucho tiempo, llegó el caso de que sus economías le
permitiesen devolver, no solamente la cantidad por la que había sido fiador tuyo,
sino también la que él había tomado á préstamo para pagar sus deudas de juego.
Esperaba yo esa ocasión con cierta confianza, figurándome que cuando tu recuerdo no fuese evocado en la memoria de Gastón por vencimientos de pagarés, la
reconciliación sería posible; que cuando tu hermano dejase de experimentar
contrariedadts por tu causa, renacería vuestra antigua amistad: sigo creyendo
aún que así habría sucedido si Gastón, completamente aislado, no hubiese podido hallar sincero cariño sino en ti ó ;en tu hija; pero precisamente entonces
hubo alguien que se interpuso entre vosotros y que vino á ser la rémora de aquella reconciliación: ese alguien fué el capitán Valentín Sixto; te dije antes que hablaríamos de él; ha llegado la ocasión de que hablemos.
- Te escucho.
- ¿El capitán es ó no es hijo de tu hermano? Esta es la pregunta que me dirijo á mí mismo todavía, sin poder por mi parte contestar con certeza absoluta,
si bien es verdad que casi todo el mundo responde á ella afirmativamente; pero
como es evidente la duda que sobre este punto abrigaba el mismo Gastón, quien,
sin embargo, debía de tener, como es natural, datos que á todos los demás nos
faltan y razones que todos desconocemos para creer en su paternidad ó dudar
de ella, no puedes extrañar que yo permanezca dudando. Además, acaso sepas
más que yo ó por lo menos tanto como yo en este asunto, porque cuando ese
niño nació estabas en muy buenas relaciones con tu hermano.
- Nada me dijo entonces de la señorita Dufourcq; y andando el tiempo, supe
solamente lo que todo el mundo decía: dos ó tres veces intenté hablar de eso
con Gastón, pero mi hermano eludía el contestarme y procuraba variar de conversación como si aquella le molestara.
- Le molestaba efectivamente porque hacía surgir en su espíritu una duda
que Je atormentó hasta su muerte; diré más, que fué la desesperación de toda
su vida. Hace ahora unos treinta años que conoció Gastón á las señoritas Dufourcq, que habitaban á dos kilómetros próximamente de Peyrehorade, en lo más
elevado de un cerro, en el sitio en que la carretera de Dax entra por la llanura.
Existía allí en otros tiempos una hostería al frente de la cual estaban sus amos,
el padre y la madre de las señoritas Dufourcq. A la muerte de sus padres, las
dos muchachas, que eran inteligentes y que habían recibido cierta instrucción,
tuvieron el talento de comprender el partido que podrían sacar de aquella herencia transformando la hostería en una especie de casa alquilable para enfermos ó
convalecientes que quisiesen disfrutar el clima de Pau en medio del campo y no
en el interior de la ciudad. Ya conoces el sitio.
- Lo conozco y aún recuerdo perfectamente la antigua hostería.
- No tengo que decirte entonces que la situación es inmejorable y las vistas
son excelentes; esto fué lo que atrajo á muchos extranjeros .no menos que la
transformación llevada á cabo por aquellas hermanas laboriosas é inteligentes,
en su hostería, ya vieja, que resultó convertida en habitación muy cómoda, con
buenos muebles, jardines agradables, excelente cocina y esmerado servicio. De
la mayor de estas jóvenes, Clotilde, nada hay que decir; era una persona que
procuraba no llamar hacia sí la atención de nadie y sólo pensaba en arreglar su
casa; por el contrario, de Leontine, la hermana menor, sí hay que decir bastante: coqueta y muy linda; linda hasta el punto de producir gran impresión, coqueta hasta el extremo de no rechazar á ningún hombre. Visitando en casa de las
hermanas Dufourcq á un su amigo que se había establecido allí para cuidar á
su esposa enferma del pecho, conoció tu hermano á Leontine y se enamoró de
ella. Comprendes perfectamente que una muchacha del carácter de Leontine
no rechazaría á un hombre como el Sr. de Saint-Christeau. ¡Qué gloria para ella
contarle entre sus apasionados! Ambos se amaron; cada dos días Gastón hacía
un viaje de treinta kilómetros para saber cómo seguía la esposa de su amigo.
¿Hasta dónde podrían llegar esos amores? ¿Pensó Leontine Dufourcq que acaso
pudiera ser andando el tiempo la esposa de Saint-Christeau? Demasiado era esto
para una muchacha de sus condiciones. Gastón, por su parte, dominado por su
pasión, ¿dió palabra de casamiento á Leontine para obtener el triunfo y derrotar
á un inglés joven, muy rico y enfermo que habitaba en la casa y proponía á
Leontine, según se dijo, que le aceptase por esposo? Lo ignoro, porque me han
enterado de esta historia, si así puede decirse, por fragmentos; un poco éste,
otro poco aquél y en resumen de un modo incompleto y hasta con datos contradictorios. Lo que hay de cierto es que Leontine quedó encinta. ¿Por qué en
aquel momento no se casó Gastón con ella? Probablemente porque desconfió
de .º?tener el c?nsentimiento paterno, que de seguro ni aun se habría atrevido á
solicitar. Almagmas tú el furor de vuestro padre cuando se hubiese enterado de
que su h1¡0 mayor pretendía casarse con la hija de un mesonero?
. - Nuestro padre no hubiese concedido nunca su permiso; habría preferido
mil veces romper con Gastón á pesar de su debilidad_para con el primogénito.
- No se llegó á ese extremo, y si vuestro padre llegó á tener noticias de las relaciones de su hijo con Leontine, es indudable que las consideró solamente como
un amorío sin consecuencias. Además, mucho antes de que el estado de Leontine fuese visible, la joven abandonó su domicilio de Peyrehorade para trasladarse
á_ Burde~s, _donde permaneció oculta algún tiempo; en el país se dijo que Leontme ~ab1a ido á pasar una temp0rada con otra hermana mayor, casada en Champagne. Todas las semanas Gastón iba á Burdeos· en Royán se les encontraba
iuntos.. Al mismo tiempo que_ Leontine salía de 'Peyrehorade, Arturo Burn, el
mglés Joven y enfermo de quien te he hablado antes, dejó también la casa· se
ha dicho que les habían visto á él y á ella en Burdeos; ¿es verdad ó es mentira?
Lo ignoro; pero cualquier cosa puede creerse de una mujer tan coqueta como
ella; para el caso en que no pudiera ser la esposa de Gastón, que era Jo que probablemente Leontine debía preferir, la joven conservaba á su inglés, condenado
á prematura muerte y al que era fácil no disgustar. ¡Cosa extraordinaria! No
fué el enfermo el que falleció, fué la hermosa joven, sana y robusta; un mes
después de haber librado murió casi repentinamente. El niño no había sido reconocido por Gastón, que sin duda se proponía legitimarle por medio del matrimonio cuando pudiese hacerlo. Clotilde, la tía del niño, lo llevó consigo á Peyrehorade y lo educó como su sobrino, si bien diciendo que era hijo de su hermana mayor, la casada en Champagne. Pasaron años, de los cuales nada sé sino
que Gastón iba á ver al niño alguna vez en casa de su tía, y que cuando llegó el
momento de ponerle en el colegio de Pau, tu hermano sufragó los gastos. El

muchacho fué desde un principio un alumno aplicado, estudioso, inteligente y
consiguió ingresar en la escuela de Saint-Cyr con muy buen número. Vistiendo
el uniforme de colegial de Saint-Cyr vino por primera vez al castillo, donde pasó
una gran parte de las vacaciones dedicado á montar á caballo, á la caza y á la
pesca. Para los que no habían olvidado los amores de Gastón con Leontine,
aquella permanencia del muchacho en el castillo fué como el principio del reconocimiento de su hijo por el padre; pues para todo el mundo Valentín era
indudablemente hijo de Gastón; ,nadie dudaba de esa paternidad; y yo mismo,
que hasta entonces había tenido muchas dudas ...
- ¿Y existía algún fundamento para esas dudas?
- Solamente los que resultaban del hecho de no haberle reconocido Gastón;
para mí, sin embargo, eran de bastante peso, porque en un hombre del carácter
de tu hermano era imposible admitir que creyendo hijo suyo á aquel joven no
le diera su nombre; cuando no Jo hacía así, era porque sin duda algo se lo impedía, y no dependiendo él de nadie, este impedimento no podía ser otro que la
desconfianza nacida en el espíritu de Gastón con motivo de las relaciones que
habían existido entre Leontine y Arturo Bum. ¿Qué relaciones habían sido éstas? ¿Inocentes ó culpables? Perspicaz había de ser quien pudiera decirlo al
cabo de veinte años y cuando Leontine y Arturo habían muerto ya llevando á
la tumba su secreto. Como quiera que fuese, Gastón no se atrevía á decidir, toda
vez que no reconoció á aquel hijo, para él dudoso. Interesarse por él, cobrarle
afecto, sí podía hacerlo, y en justicia debo decir que el joven merecía aquel interés; y sin embargo, Gastón, que tanto cariño Je demostraba, no se atrevía á
reconocerle, á darle su nombre, á constituirle en heredero, á considerarle como
continuador de los Saint-Christeau. He visto esos escrúpulos, mejor dicho, los
he adivinado; he asistido á esas luchas que en la conciencia de Gastón libraban
dos deberes igualmente poderosos: de una parte, el que pensaba tener con respecto al joven; de otra, el que le imponía el respeto á su nombre y á su linaje;
te aseguro que eran empeñadas aquellas luchas.
- ¿Pero no llevó á cabo investigaciones? ¿No pudo intentar una información?
- ¡Después de veinte años!.. ¡En un asunto de esta naturaleza!.. Es cierto, sin
embargo, que Gastón debió de reunir todas las noticias que pudiesen darle
alguna luz sobre la materia; pero es cierto también que indudablemente no
han sido demasiado claras cuando no han determinado el reconocimiento de
Sixto. Las cosas continuaron así, sin que ni mi mujer ni yo nos atreviésemos
á decidir si se realizaría ó no se realizaría ese reconocimiento; nos inclinábamos
á negarlo unas veces, lo afirmábamos otras, pero vacilando siempre. Valentín,
cuando salió de la escuela de Saint-Cyr, llegó á ser oficial de dragones, entró
poco tiempo después en la escuela militar, de la cual salió con el número tres.
Gastón, orgulloso de él, tenía constantemente el nombre de Valentín en los labios, y siempre que el joven obtenía una licencia la pasaba en el castillo; un
padre no hubiese manifestado más ternura con su hijo; un hijo no habría sido
más cariñoso con su padre. Sin embargo, precisamente en aquellos momentos
adquirí la certidumbre de que Gastón no le reconocería nunca, y he aquí cómo
se formó esa seguridad en mi espíritu. Te parece mi relación incoherente y
deshilvanada, ¿verdad?
- Me parece perfectamente clara.
- Entonces prosigo. Cierto día Gastón me dió el encargo de redactarle un
modelo de testamento que Gastón mismo había de copiar. Por mucha reserva
que yo tuviese con un cliente suspicaz, temeroso siempre de verse obligado á
decir algo que desease tener reservado, vime en la precisión de dirigirle algunas
preguntas; Gastón me respondió con mucha reserva, encerrándose constantemen en generalidades, y de tal modo hizo esto que en lugar de redactarle un
solo modelo formulé cuatro ó cinco, cada uno de los cuales correspondiese á
los casos que, en mi concepto, á Gastón podían presentársele. Cuatro días después Gastón me trajo su testamento en un sobre cerrado y lacrado con cinco
sellos y me rogó que se lo guardase.
-¿De manera que mi hermano hizo testamento?
- Sí; hizo uno entonces. Pero hace ahora un mes me lo pidió para modificarlo, acaso para destruirlo, y yo no sé si ha hecho otro; lo que hay de cierto es
que yo no soy depositario de ninguno, de suerte que hoy eres el único heredero
legítimo de tu hermano; lo cual, como comprendes, no significa que haya seguridad de que recojas la herencia.
- Comprendo que entre los papeles de Gastón puede hallarse algún testamento.
- Exactamente. Y dicho esto, vuelvo á la convicción que arraigó en mi alma
de que Gastón no reconocería como hijo al capitán el día mismo en que me
encargó que le redactase un testamento. Ésta convicción mía está perfectamente basada en la lógica si no me engaño. Sabes que el hijo natural reconocido
no tiene sobre los bienes de su padre los mismos derechos que el hijo legítimo,
¿no es verdad? En este caso concreto, el capitán, hijo legítimo de Gastón, heredaría toda la fortuna de su padre; hijo natural reconocido, sólo podría heredar la
mitad de esa fortuna, porque el padre deja un hermano, que eres tú. Para que
Sixto pudiera recoger todos los bienes de Gastón era necesario que le hubieran
sid~ lega~os en el testamento, y este testamento en favor suyo solamente sería
posible siendo él un extraño, de ninguna manera siendo un hijo natural reconocido.
- Yo no sabía una palabra de todo eso.
- No es extraño; cuando nuestras leyes tratan de los hijos naturales ó adulterinos_ ó i~cestuosos e~tán llenas de obscuridad, de lagunas, de contradicciones y
defic1enc1as, en medio de las cuales aquellos cuya profesión es interpretar ó
aplicar el código se desenredan muy difícilmente. Así, pues, tu hermano, á mi
juicio, haciendo su testamento renunciaba definitivamente á reconocer como
hijo suyo al capitán Valentín Sixto.
- Y la conclusión de tus razonamientos es que mi hermano tenía empeño en
que toda su fortuna la heredase el capitán Sixto.
- La lógica me llevaba á esa conclusión, efecti,.,amente.
- ¿Sospechas las razones que pudieron mover á mi herm:mo á recoger el testamento?
- Son de muchas clases; pero tanto las unas como las otras descansan sobre
meras suposiciones.
- Y ya que t ú las has examinado y discutido, ¿tienes alguna dificultad en comunicármelas?
- De ning1ín modo,
(Continuará)

�2

94

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SECCIÓN CIENTÍFICA

NúMERO

592

espacios muy cortos, generalmente
inferiores á una milésima de segunLA CRONOFOTOGRAFÍA
do. El cronofotógrafo se presta perNUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EJ. MOVIMIENTO
fectamente á esta disposición; basta
EN LAS CIKNCIAS FfSICAS Y NATURALl!.S
para
ello colocar el objeto que se ha
( Conc/11sión)
de fotografiar detrás de los discos
El insecto que vuela contra el vidrio ocupa un es- obturadores, los cuales, de esta suerpacio bastante grande en profundidad, y por consi- te, tienen como función única la de
guiente, para que todas las partes de su cuerpo estén cortar el haz de luz concentrada y
claramente representadas, es menester que el objeti- no dejar que llege á la preparación
vo tenga gran profundidad de foco, y precisamente sino durante los cortos instantes de
sucede que la extraordinaria angostura de las hendi- la coincidencia de las ventanas.
duras por las cuales debe pasar la luz en el centro
La figura 36 representa en sus
del objetivo, constituye un excelente diafragma que principales detalles la pieza que se adapta al cron~da al foco más de dos centímetros de profundidad ( 1 ). fotógrafo para analizar los movimientos microscópicos. Una caja de madera, abierta en su parte ce~tral,
X, - FOTOGRAFIAS DE LOS MOVIMIENTOS EN EL CAMPO
se adapta á la parte anterior del aparato del m1s~o
DEL MIGROSCOPIO
modo que las cajas de objetivos ya descritos. Esta ca1a
Los movimientos de los seres microscópicos son lleva delante un objetivo C que sólo sirve para condenextraordinariamente difíciles de seguir: su rapidez es, sar la luz enviada por medio de un heliostato: el foco
de este condensador se forma en la
platina p en el sitio mismo en· donde será colocada la preparación.
Para poner la máquina á punto_ se
regula la posición de la platma
Fig. 36. Pieza especial que se añade al cronofot6grafo para
portaobjeto, primero por medio
estudiar los movimientos de los seres microscópicos
del botón B que gobierna una cremallera, y luego por medio de la considerablemente agrandadas varias vorticelas adhevarita m v que gobierna el tornillo ridas á filamentos de confervas: durante la sucesión de
micrométrico.
las imágenes en ella representadas muchas vorticelas
Se asesta el objetivo microscó- ejecutan movimientos; sµ estilo se contrae y los empico O sobre la preparación, y de- puja oblicuamente hacia abajo y á la derecha. Las fatrás de este objetivo los rayos que ses de este movimiento, demasiado brusco para que el
recogen la imagen atraviesan una ojo pueda percibirlo, pueden seguirse de esta manera:
caja cúbica de metal, y luego con- tomemos como puntos de mira las fibras de confervas
tinuándose
al través de la caja de que se entrecruzan en la preparación, y veremos una
F ig. 34. Disposición teórica de la iluminaci6n empleada para estudiar
madera en el fuelle á éste adapta- fibra transversal cruzada por tres fibras verticales forel vuelo de los insectos
do, llegan por último al cristal opa- mando con ellas compartimientos casi rectangulares;
co de la cámara de las imágenes de en el mayor de estos compartimientos se ven dos vorpor regla general, tan grande que en muchos casos que hemos hablado al describir el cronofotógrafo comticelas provistas de sus estilos contorneadas en espiralos órganos motores son completamente invisibles. pleto.
les. Estas vorticelas se mueven porque puede comproPor esto la traslación de ciertos infusorios tiene alEn un lado de la caja metálica está implqntado obligo misterioso: sólo matando al animal se distinguen cuamente un tubo de microscopio con su ocular. Una barse que de la primera á la última imagen se aproximan gradualmente á la fibra transversal y al ángulo
claramente algunos filamentos vibrátiles ú órganos disposición introdudel mismo género que no podían distinguirse en vida cida por M. N achet
por la rapidez con que se agitan.
permite enviará voProdúcense en el campo del microscopio infini- luntad la imagen,
dad de movimientos curiosísimos cuyo análisis por la sea sobre el cristal
cronofotografía presentaba ciertas dificultades; en pri- opaco, sea al microsmer lugar el agrandamiento considerable de las imá- copio: consiste en el
genes trae consigo una diminución proporcional de empleo de un prisla intensidad de la luz que obra sobre cada punto de ma de reflexión tola placa fotográfica, y en segundo la extraordinaria tal que se pone en
brevedad que hay que dar á los tiempos de exposi- movimiento por meción para obtener imágenes claras de movimientos dio del botón P, oprimuy rápidos. Era, pues, preciso que el objeto que de- miendo el cual se
bía ser fotografiado fuese sometido á un alumbrado adelanta el prisma y
Fig. 37. Representa los movimientos de vorticelas que contraen su estilo en espiral.
muy potente.
La sucesi6n de los movimientos se lee de izquierda á derecha
se dirige la imagen
Pero la acción prolongada de una luz muy concen- de la preparación al
trada y sobre todo la del calor que la acompaña alte- microscopio, al paso que tirando de él se aleja el prisraría muy pronto los pequeños seres que se mueven ma y la imagen va á formarse directamente en el cris- inferior de la derecha del compartimiento en donde
se encuentran (3).
en la preparación microscópica. Para evitar este peli- tal opaco ó en la placa sensible.
Este ejemplo quizás no es uno de los más interegro hemos recurrido al siguiente procedimiento:
Como una vez puesto el experimentador detrás del san~es que pueda escogerse para demostrar las apliaparato, para mi- cac10nes de cronofotografía á los movimientos de los
rar la imagen en seres microscópicos (4); pero nuestros experimentos
el cristal opaco, no han pasado aún del período inicial, y nos proposería imposible nemos continuarlos, con la esperanza de sorprender
buscar los puntos los movimientos de los glóbulos de la sangre en los
interesantes de vasos capilares, los actos íntimos de la contracción
la preparación, de la fibra de los músculos y de las ondas que los reeste reconoci- corren, y finalmente los movimientos de los filamenmiento se hace tos vibrátiles y en general de los órganos que sirven
mirando por el á la locomoción de Los infusorios.
ocular del micros-· Tampoco dudamos de que no sea posible aplicar
copio que una á los seres microscópicos la cronofotografía sobre plalente de correc- ca fija empleando para ello una iluminación oblicua,
ción permite re- del sistema de M. Nachet, que presenta los objetos
gular de manera luminosos sobre fondo obscuro.
que las imágenes
se encuentren
XI. - LA CRONOFOTOGRAFÍA APLICADA Á LAS CIENCIAS
FfSICAS
exactamente á foco en el microsPara terminar esta revista, ya bastante larga, de las
copio y en la plaaplicaciones de la cronofotograffa, sólo diremos unas
ca sensi ble.
F:g. 35. Representa dos tipulas, una inm6vil puesta sobre un cristal, otra que vuela por encima de ella
Estando todo
agitando sus patas de diversos mqdos y dando á su cuerpo inclinaciones variadas. Esta fiaura es un preparado para dor: se engrana éste y se remonta el cilindro y todo está disfra?mento de una larga tira pelicular.
'"
las fotografías so- puesto para que el aparato se ponga en movimiento en cuanto
quede libre el volante. Cuando, pues, se ha comprobado mirando por el microscopio que la preparaci6n está á punto, no hay
.
.
bre
película
en
La luz, muy concentrada, es proyectada sobre la
más que tirar del botón del prisma y soltar el volante para que
mov1m1ento, compruébase por el ocular del microsco- el
aparato se ponga en movimiento y las imágenes queden
preparació.n de una manera intermitente y durante
pio si la postura á foco es exacta y si los movimien- fijadas.
·
tos se producen en el sitio que se desea, y comproba(3) El procedimiento de grabado que ha servido para re•
(1) Nos proponemos modificar las condiciones del experiproducir estas imágenes no se presta á dar la pureza d~ l&lt;1s demento y establecer un sistema de alumbrado de los insectos que do esto, se tira del botón del prisma y se pone el talles que presentaba la preparaci6n y que se encontraba en los
los haya luminosos delante de un campo obscuro. De este mo- aparato en movimiento ( 2 ). La figura 37 representa clisés originales.
do nos encontraremos en las condiciones de la cronofotografia
(4) Hemos obtenido también imágenes ,bastante buenas del
(2) Para poder operar sin auxilio de un ayudante que dé
sobre placa fija, y podrá seguirse con mayor precisi6n las fases,
vueltas al manubrio del juego de ruedas, hemos puesto éste en movimiento de los gl6bulos de la sangre en los vasos capil3res
tan fugaces, del aletazo de un insecto.
y del crecimiento de los cristales arborizados en las soluciones
relaci6n con un cilindro de muelle y con un \'Olante regula· saturadas.

NúMERO

LA

592

pocas palabras para demostrar el part)d~ que puede
sacarse de ella para estudia: _el mov1m1~n.to . en el
mundo inorgánico: la cinemat1ca y la dmam1ca encontrarán un auxiliar poderoso en nuest~o método.
Los memorables experimentos de Galileo, que han
determinado las leyes de la caída de los cuerpos, pueden ser considerados como el punto de partida de 1~
mecánica científica: generalizando estas leyes y aplicándolas á todas las fuerzas que obran _sobre la mat~ria se ha creado la dinámica. Ahora bien: los _mov1;
mientos tan complicados de las ma~~s. sometidas a
diferentes fuerzas, aunque á veces d1f1c1les, d~ determinar por el cálculo, son generalmente de fac!l determinación por el método experimental mediante la
cronofotografía.
.
.
Escojamos, por ejemplo, el experimento de Galileo
sobre las leyes del movimiento de un cu;r_PO que cae
bajo la acción de la gravedad: al gran fis1co de Fl?•
rencia fuéle preciso hacer un grand~ esfuerzo ?e genio
para encontrar el m~dio de reduc!r 1~ veloc1~ad del
movimiento por medio del plano mcln:~ado, sm alterar sus caracteres, y para hacer percept.I ble su aceleración uniforme. Este mismo problema, tratado por
la cronofotografía, puede res?!verse de )a manera más
sencilla, sin ningún dispos1t1vo especial: tómese, al
efecto, una escalera y colóquesela de~ante de un ca?'l·
po obscuro y subido en ella el experimentador, déJe•
se caer un¡ bola pesada y pintada de blanco desde
una regular altura mientras el a~arato cronofotogr~fico recibe las imágenes de la misma s~b:e placa fiJa.
En la figura· 38 se ve la serie de la~ pos1c10nes oc~padas por la bola en cada uno de los mstante? sucesivos
(á cada cuadragésima parte de seg_undo), siendo muy
fácil por medio de una escala métnc_a compara~ entre
sí los espacios recorridos en esas umda~es de tiempo
sucesivas. El experimento, se ha realizad? ~n condiciones bastante rudimentarias pero podna mtroducirse en él toda la precisión deseable.

2

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

95'

transportarse en el aire y ser en él dirigidas. En los
muy numerosos ensayos que hasta ahora se han hecho, los aparatos no han func;iona~o bi~n y á veces se
han roto al caer sin que haya habido tiempo de apreciar el vicio de' su funcionamiento: es~udiadas_ por
medio de la cronofotografía, estas ~áq~m_as hubieran
revelado todos los detalles de sus mov1m1entos y demostrado los defectos que han ocásion~do su caída.
Para todas estas aplicaciones t~n va~1~das, el c_ronofotógrafo no requiere ninguna d1spos1c1ón especial,
salvo algunas veces el cambio de obj_etivo cua_ndo l~s
dimensiones del objeto que se estud1~ y la d1stanc1a
en que se encuentra lo hacen necesano.
Comparando como es natural, la cronofotografía
con las demás formas del método gráfico, le .he_mos
atribuído en muchos casos una g.ran supenondad
sobre éstas: en efecto, nuestro método es más sencillo
cuando se puede recoger sobre una pla~a fija y por
medio de una operación siempre la misma la sucesión de las fases de un fenómeno; es más potente porque aborda los fenómenos de mayor compleJid~d; es
más seguro porque, á la inversa de los ~ro:ed1m1entos
mecánicos de inscripción de los mov1m1entos, nada
toma de la fuerza cuyos efectos estudia sin alterar sus
manifestaciones, y finalmente es más general y creemos haber demostrado con ejemplos bastante numeFig. 38. Fases del movimiento de un cuerpo que cae! estudiadas rosos que se aplica igualmente á las ciencias físicas
por medio del cronofot6grafo sobre placa fip
y á las ciencias naturales.
E. J. MAREY, de la Academia de Ciencias
(De la Revue gemrale des sciences pures et appliquées)

El mismo método podría servir para determinar
las leyes de la resistencia del aire que obra sobre ob•
jetos de formas y densidades distintas.
En la práctica nuestro método ofrec; gr_andes ventajas para registrar la marcha de las maqumas y para
asegurarse de que en su funcionamiento no presentan
algún defecto que no haya podido ser previsto. U na
de las grandes preocupaciones de nuestra época es la
construcción de las máquinas voladoras que puedan

Recomendamos el verdadero Hierro Drava1s, adoptado en los Hospitales de Parls y que prescriben los
medlcos, contra la Anemia, Clorosis y Debllldad ¡ dando
a la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
que tanto se desea. Es el meJor de todos los tónicos
y reconstituyentes, No produce estreñimiento, ni diarrea, teniendo además la sliper1or!dad sobre todos los
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Vl:NTA

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D"'OOUl:..tA•

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entrega do ti p•gina•
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~ - i loo Sra. M.ntuw 7
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&amp;rl.OR&amp;ICBIICD.U
# ..,__

"°':CU

~~elo6ÚI

~

Sia•••

i III Sin ftlEDICADOll!!i.. ~GAJ&gt;09,
PBOFDOJU:11 -, c.Jn'O- para faeilillr la
~ d e l a TGL-Puu : 12 Jla.ua.

....................
•

LA SAGRADA BIBLlA

_¿

llfl'\ • • t l d contra las diversas ,
ara,b 9 de._,191
a, e. AfeccionesdllCorazon,

J

Empleado con el mejor e:rito

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Anemia, Clorosis,

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VINO FERRUGINOSO ARDUO
T COK TODOS LOS PIJl(CU'lOS IClJTJlITIVOS DB U CABNE

c,.a.an mm• 1 •1JD&amp;t Diez añoe de ei:lto continuado y la8 aflrmt:Clonet de
toéiu las ebllnenclU mMfeaa preub&amp;D que esta uocllCion de la Clame, el B1ern y la
• .._ oonaUtuye el reparador maa enemco que ee conoce para curar : la Clordní, la
1,114m,a las .llfftllf'fUICfolfu dolorolal, el Jlmpobf'eamtenlo 1 lá ..tlteracton ae la Sangre,
el RaqÚm,mo laa ..t(eccwtlU escro(lllolal '1 acorbutkal, etc. El l'I•• li'errast•H• de
Ana• 88
regularlsa '

en' erecto el único que reune todo lo que enwna y fortalece los organoa,
coordena' y aumenta. conslderablemenle las tuerzas 6 Infunde a la aanrre
empabredda y descolorida : el Ylqor, la Coloracúm_ '1 la Btterg~ "'~"'·
.Por uvor,eD Plril, en easa de 1. FEW,Famw:eulíco, 10!, ruefüchelieu, Sucesor 4e AROOD.
tw 1111 V;DD&amp; BN TODAS LAS PIUNCIP.lLBS BOTIQA.S
1

EXIJASE e1~0:: ARDUO

PITE EPILATOIRE DUSSER

destru e basta tas IIAICE9 el VELLO del rottro de las damas (Barba, Bigote, ett.), lla
llÍDg11J peligro para el ~utis. SO A.iio9 d e Éitlto, l millart.s de tesUmooioagaranUj¡° la )eft~
de esta preparacion, (Sf vende en oaJat, para la barba, J en 1/2 oeJaa para et higo~ ger¡.~
)OI bruos, emplée!~C~1eIL.!t'CIHM._DVSS E R, l,rueJ,.J,-1\ou■seau,
•

�-LA I LUSTRACIÓN

NúMERO

ARTÍSTICA

EL RATONCITO, por Jost Miró Folguera. - Aunque así se ti•
tula el libro, Ei rato11cito no es

LIBROS
ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

más que una de las narraciones
en él coleccionadas por el distinguido periodista y conocido es·
critor Sr. Miró y Folguera. La
índole de esta sección no nos permite ocuparnos extensamente de
ellas como se merecen y como
desearíamos, y nos obliga á sintetizar nuestro juici~ en pocas p.a ·
labras, diciendo que los trabajos
en cuestión revelan al observador profundo, enamorado de la
real ida:!, así en los fenómenos psi·
cológicos que analiza con gran
conocimiento del alma humana,
como de los hechos que describe con verdad admirable; al de·
cidido campeón de los modernos
procedimientos literarios, y al es·
critor castizo y sobrio que e~cuentra para cada idea la frase
justa. Ei rato11dto se vende al
precio de 2 pesetas.

por autores ó editores
Los CATALANES EN LA DE·
FENSA Y RECONQUISTA DE BUE·
NOS AI RES, por R. Mo1111er )'
Sam. - Aunque ausente hace
años de la patria, el Sr. Monner
y Sans no sólo no se olvida de
ella, sino que con su bien cortada
pluma proclama sus glorias y na·
rra las hazañas de sus valerosos
hijos. El folleto que nos ocupa
es un boceto histórico en que se
demuestra la decisiva interven•
ción que tuvieron los catalanes
en los suce~os que se desarrolla·
rbn en la capital argentina cuando los ingleses quisieron apode·
rarse del Río de la Plata en 1806
y 18o7, apoyándose el 'autor en
citas de los historiadores de la
República Argentina y en noticias que pacientemente supo proporcionarse, intercalándolas, con
comentarios que al par que su
amor Cataluña denotan su observación profunda y su impar•
cialidad, y revistiéndolo todo de
la forma castiza y elegante que
caracteriza á todos los trabajos de
nuestro distinguido compatriota.

PoESIES,per j oseplz Lluis l'om
y Gallarza. - El Sr. Pons y Ga-

a

llarza figura con razón entre los
primeros poetas catalanes y des·
de 1867 posee el titulo de Jl.festre
en Gay Saber: hay en todas sus
poesías inspiración y sentimiento
extraordinarios; todas ellas están
escritas con una admirable pure·
za de lenguaje, y en todas vibra
el amor y el entusiasmo por Cataluña y Mallorca. ¿Qué más podemos decir de ellas que no lo
diga elocuentemente por si solo
el nombre de su autor? El edi·
tor D. J osé Tous, de Palma de
Mallorca, ha coleccionado algunas de ellas en un elegante tomo que constituye el tercero de
la N11eva Biblioteca Balear y se
vende al precio tle 2 pesetas.

CUENTOS DE AMOR, por juan
Rieiz de Esparza y Hemá11dez. La lectura de las cinco narraciones que contiene el libro publi·
cado por el escritor mejicano se·
ñor Ruiz de Esparza justifican el
título de Cuentos de amor: hay
en todas ellas verdadero raudal
de sentimiento y de poesía, cuyos
atractivos aumentan los que J?ºr
si solo ofrece el interés dramati·
co, y que acreditan á su autor
de novelista de corazón.

/

~/ !t~// ~~J/f/ ✓ /~·! ·/1/n
1

JUEGOS INFANTILES, dibujo de D. Panluzzi

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PILDORAS~DEHAUT
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. .c10, ,OrfVe, eoatn Jo que ,acede eoa

11,,.
mo eaudo,. toma con llaeao, aumeaco,

...... fff la !UIEIU DI nDICIU

Jo, de.mu PllJ'flll..., .... 110 obra

PREIIO DEL INSTITUTO AL D' CDRYISART, EN 1856

7 l&gt;tbidutortUicaa..., caaJeJnao, ,1oa11,
el ti. Cada naJ t«Ofl, ,ara PllJ'flJW, la
hn 1 la eomlda p• ma le eoat'lell-.
NfU ,u ooapldOGN, Como ti oaaua
. do ta• la JnUVª ocufo111 queda co••

llodallu n 1&amp;1 llspNlelon11 l■tenaelonal11 ••

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VINO • • de PEPSII&amp; IOUDAULT
POLVOS, •• PEPSINA IOUDAULT
HIJS, ftumuie COLLAS, l, 1'11 Da.,._
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VINO ARDUO CON QUINA
T 001' TODOI tol nmamOI MtJnfflYOI IOLtJILU H U CAJUfB

e•a... 1••mu110D loe element.OI qu-, entran en la com'IIOllfclon de e■te JIC)lente

tepU'&amp;dor de 1u tuenu nt&amp;les, de este ,_.,... ._.. per Neefe•eia. De un ~lo mawnente a¡radable, es aoberano contra la J.nemúJ J el J.f'OCllm~t o, en Ju Ciünttllt'tll
7 COIJlltU«fflCÚJI¡ contra Ju 1"4"'41 J IU J.fecdUMI del ll1to,naqo 7 loe
Cuando ae tma de despertar el apeUlo, asegurar Ju dige8Uonee reparar Ju tuera,.

•lliaa

8a VUDS 111( TOD.t.S L.tJI PaIKCIPALSII BoTlaU;

EXIJASE 11.:=' ARDUO

N

GRANO DE LINO TARIN

F~~d.W~~~

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lllrtquecer la sangre. entonar el o~
o y precuer la anemia y !u eptdemiu Pl'OTOCldal por 101 calores, no ae conoce nada superior al wtae de
de .&amp;na41.
lfw 111qor. • Paria, e1 wa u J. FBW, rarmaceot1co;10t, rae Ríellelieu, S... de001JJ).

nen aum,acacioiJ emp_Ieada,aao
decide ,.ciJmente • volver
.._ empeHr caeca, rece,

....-

JARABE

DEL

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verdaderot..únlco eficaz, es el de los lnven•
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El APIOL
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MEDALLASExp•Unlr1• LO# DRES1182•PAR/11889

fu'"BIIID, 151,mflllnll,PWI

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DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace mas de 60 aiio1, el 1arabe Larose se prescribe eo• bito por
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JARA.BEi

a1Broniuro de Potasio
DE CORTEZAS DE llRlNJlS lllRClS

Es el remedio mas en.cu para combatir lu enfermedades del eoruon,

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éxito atestiguan la eficacia ·de este

poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

D1ptJslta ,n talla, ta, Farmacia,

Depollito ea toclU la• pl'lnci¡,alea Bot.lcaa 7 Droperlu

L
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NE
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FAY
VE
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El mejor y mas célebre polvo de tocador

.

Querido enfermo. - Fiase Vd. 4 mi larga experiencia,
y haga uao de nuestros GRANOS de SALUD, pue, ellos
le curarán de au const,pao/on, le darán apetito y le
devolver•n el sueño y la alegria. - A11 rivirá Vd,
muchos años, disfrutando siempre de una buena talud.

POLVO
preparado
DE ARRQZ
con bismuto
EXTRA
por Ch. Fay, perfu~ista

.9, Ruede la Paix, PARIS

Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria

JMP, DI MONTANH Y SIMÓff

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Ftíit1ea
A:fi:lo XII

BARCELONA 8 DE MAYO

DE 1893

NúM. 593

~ - -- - - - -

Con el próximo número repartiremos á nuestros suscriptores el segundo tomo de la interesantísima obra del notable y castizo escritor
D. Antonio Flores, titulada AYER, HOY Y MAÑANA,
ilustrada con numerosos grabados por D. Nicanor Vázquez y elegantemente encua dernada

'

JUANA DE ARCO CUANDO NI:f:í'A, cuadro de Mme. Demont•Breton, grabado por Baude
(Salón de los Campos Ellseoe, Paris, 1893)

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N'úMÉRO

593
NúMERO

lidad no podían ser más realistas, puesto que tendían el cuidado de extenderlos y elevarlos en sus alas de
á desvanecer las preocupaciones que respecto del oro; á un lado, ·digo, esta inexactitud, puesto que en
privilegio tenía una gran parte del pueblo; privilegios España, como en Italia, países meridionales, las aguque fueron en épocas históricas aceptados en esencia jas de las catedrales góticas, como las elevadas torres
como provenientes de lo indiscutible é inanalizable. de los monumentos del Renacimiento, demuestran
La crítica de los hechos llevó á las inteligencias todo lo contrario, en las naciones que apellidan las
superiores á formular la protesta contra esos idealis- gentes latinas es donde reside precisamente el natuTexto. - Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega, - Po- mos del concepto de la autoridad absoluta en todas ralismo y donde las artes plásticas han sido y son tobres y mendigos. Jlmtraciones de Craner, por G. y R. - Exposición Histórico-europea de Madrid, por J. B. Enseñat. - las esferas; la crítica, es decir, el análisis, el razona- davía menos idealistas, precisamente por razón del
Los niflos 1misicos, por Luis Pardo. - Misceldma. - N11estr9s miento de lo evidente, de lo real. Pues bien: los que ambiente y del origen etnográfico de las r?zas. Y ~~ograba1os, - Anie (continuación). - SECCIÓN CIENTÍFICA: E l siguen defendiendo esa crítica, en lo político tan es- ra pregunto yo: ¿de dónde han venido las doctrinas
viaducto de Pecos, en los E stados Unidos. La cie11cia en el tta- casa de ensueños como hija al fin de las realidades filosóficas racionalistas, á cuyo calor surgió la crítica
tro. La da11za serpe11ti11a por miss Fuller. - Libros recibidos.
Grabados. - Juana de Arco wando ni11a, cuadro de mada· demostradas por los hechos, esos no aceptan la esté- fría y analizadora moderna, la cual á su vez impulsó
me Demont-Breton. - Pobres y mendigos, por Graner, tres tica moderna, aquella que marcha al unísono - no á la ciencia por el camino de la investigación y que
grabados. - Proyecto de 11wm1mm to d Legazpi y Urdallefa, diré si haciendo bien ó mal, pues esta es cuestión ha patentizado el determinismo de las leyes fisiológipor los Sres. Campeny é Iranzo. - Retrato de Cristóbal Colón. para tratada muy despacio - con las realidades del cas? ¿Dónde está el idealismo griego? ¿En sus esta- Relieves del mommzmto erigido al poeta alemdn Sckefeel m
tuas, trasunto fiel de la belleza real? ¿En sus monuKarlsmke, obra de H. Voll':. - La dración, grupo escultórico determinismo científico.
Dos aspectos presenta al examen este criterio de mentos, para cuyas proporciones las del hombre fuede M. Baumbach. - Después de la primera comtmióll, cuadro
de F. Smith. - El viaducto sobre el río Pecos. - La da,zza ser· los idealismos de nuestros políticos avanzados: uno ron base? ¿En Roma, hija espiritual y por lo tanto
penti11a ejecutada por miss Fttller. - ftfr. Tommy Bum ti- perfectamente materialista, otro perfectamente erró- artística de Grecia? ¿En España, donde el sensualisrd11dose desde tma altura de 83 pies.
neo. A propósito del suicidio, cuestión estos días mo oriental por un lado y por otro la influencia del
••, •••••• , •• ,. ............ ,., •••• , .•.••., ...... , ........, ·,, .... .............. ,...... , ••••••,-... ,., ......, ......, ••, •••1, ,, ••••'puesta sobre el tapete por mi querido y respetable Norte, amalgamada con el espíritu naturalista del aramigo D. Federico Balart, se demostró cómo los idea- tista masonero, nos dió un arte mezcla extraña de
VERDADES Y MENTIRAS
listas caen en el vulgar error de achacar al arte, es- sentimientos, alguno casi rayano en la obscenidad? Y
Hipólito Taine necesitó morir para que, aquí en pecialmente al literario (no por decir especialmente si los países brumosos especulando filosóficamente
España, con excepción de aquellos escasísimos afi- debe entenderse que el plástico no entra en la cuen- arrollaron los histerismos de los idealistas, y si los
cionados - pues no pasa de afición lo de dedicarse ta), condiciones pedagógicas de toda especie. De la países del Mediodía produjeron Concepciones como
en esta tierra á estudiar cuanto rebase de cierto or- lectura de las obras de la escuela naturalista deducen las de Murillo, que no tienen de místicas, de ideales
den de ideas al alcance del vulgo - fuese conocido y la consecuencia del escepticismo religioso, de la falta más que cualquiera belleza femenina de la tierra del
de moralidad reinante (yo creo que hay mucha más célebre pintor, ¿por qué razón decir de Taine en son
aun aquilatada hasta cierto punto su obra crítica.
Con este motivo salieron á relucir teorías é ideas, moralidad hoy que hace un siglo), de la relajación de de censura que todo lo atribuía al medio ambiente y
poniéndose de manifiesto cómo piensan y juzgan las costumbres, de desoladoras doctrinas que llevan, á los fenómenos fisiológicos y á las razas?
No, no es el idealismo tal y como lo entienden y lo
nuestros doctos en estas materias crítico-filosóficas, entre otras cosas, al suicidio. Lo mismo dicen del
especialmente en lo que al arte atañe. La eterna cues- cuadro, de la estatua, donde las desnudeces, los asun- quieren y pretenden sentirlo con el eximio analizador
tión de las escuelas idealrstas y de la naturalista ha tos eróticos van derechamente á malear la juventud, de Taine la mayor parte de sus colegas en democrasurgido de nuevo con motivo de los libros de Taine; á encender pasiones relajando las bases todas de la cracia, el idealismo que á marchas forzadas viene sobre
el artista. No; el ambiente de Londres es tan á propó¡y bien sabe Dios cuán difícil me fué sacar algo en familia y de fa moral social.
limpio de lo qu~ á este propósito dijeron autoridades • ¡Oh! Yo protesto enérgicamente contra esas afirma- sito para producir arte como el del Mediodía; mejor
españolas de indiscutible sabiduría y de renombre ciones que delatan el materialismo más hondo, mas dicho, hoy produce arte mejor que el de por aquí; y ese
europeo! Y cuando en fuerza de leer y releer lo dicho crudo que imaginarse puede. Yo no puedo concebir arte es místico como no lo fué el nuestro. Pero aparpor alguna de esas ilustres personalidades, pude al- que la contemplación de una de las más bellas obras te de esto, que es innegable, lo por mí no comprencanzar á penetrarme de algo de lo expuesto, vine á de la naturaleza como es el ser humano, lleve á la dido es el porqué las individualidades que forman en
deducir una consecuencia no muy halagüeña cierta- concupiscencia, al sensualismo brutal. La armonía nuestros partidos políticos avanzados fruncen el cemente para el sentido crítico dominante en España de todas las partes del cuerpo del hombre, la noble- ño ante las novísimas teorías científicas que destru- exceptúo á unas cuantas personalidades, entre ellas za de sus actitudes, la combinación delicada de las yen los idealismos románticos: ante el nuevo rumbo
al ilustre autor de la Historia de las ideas estéticas, - curvas que modelan músculos, nervios y tendones, de las ideas estéticas que marchan en busca de un
y es la de que estamos en la infancia de la especula- la palpitación de la vida física que se siente y pre- espiritualismo - permítaseme la palabra - que no tención filosófico-crítica que ha producido tantas obras siente en toda la admirable maquina humana, y sobre ga por motivo ninguna religión positiva, vislumbrantodo el reflejo de la vida intelectual que centellea en do en la Naturaleza lo que no puede proporcionarle
y tan nuevas de fondo y forma en el extranjero.
Verdaderamente es digno de ser tenido en cuenta los ojos é innunda el rostro, apartan por completo acordadamente con el positivismo actual ningún dogel fenómeno, singularísimo á mi parecer, que se ob- al que verdaderamente ame lo bello de todo senti- ma, ¿por qué nos hablan todavía la balbuciente lengua de aquellos días en que pesaba como losa de seserva cuando tratan de teorías y de escuelas literarias, miento que no pertenezca al alma.
Bien quisiera decir algo, no algo sino algos del ero- pulcro sobre la conciencia la teoría del vapor y la
artísticas, filosóficas y sociológicas gran número de
personalidades de la política española. Mientras en los tismo artístico; y no para condenarle, que nunca me de la electricidad? Esto es lo que no comprendo, esto
_partidos menos avanzados, incluso el carlista, existe perdonaría lo de poner en entredicho á tantos escri- es lo que de fijo no llegará á comprender nadie.
un sentido amplio en lo de apreciar y aun para acep- tores, pintores y escultores griegos, romanos, italianos,
Causa espanto pensar que esas individualidades
tar el moderno concepto estético por lo que á la for- franceses, holandeses, españoles, etc., como cultiva- provenientes de la revolución política y social iniciama pertenece y determinista en lo que corresponde ron ese género, produciendo maravillosas obras; pero da por los enciclopedistas, pudieran algún día imponer
á la idea genérica de la obra de arte, entre los hom- si no puedo extenderme en esta defensa, diré sin em- su criterio en materia de arte. Pintáranse enseñanzas
bres de los partidos avanzados, sin descontar el repu- bargo que á los idealistas, atacando esa manifestación históricas, capítulos de moral, escenas de la Biblia
blicano, la amplitud esa de que hablo apenas si tiene artística, no se les ocurre pensar que tuvo en otros y todo con arreglo á los hieratismos más ortodoxos:
aceptación, descontados media docena de individuos. siglos desarrollo grande, y que hoy, aun cuando en como si pintar ó describir un movimiento pasional,
Para convencerse de esto que afirmo, basta echar un menor escala que entonces, si se cultiva, en nada re- una escena de la vida social con arreglo á la verdad
ligero vistazo á los discursos leídos en las recepcio- basa de los límites marcados por los artistas y escri- plastica y especialmente á la psíquica, tal y como hoy
nes académicas, á los pronunciados en el Ateneo ó tores de otras edades, antes bien parecen los del día aparece esa verdad, que podrá no ser la definitiva,
en el mismo Congreso, y á los trabajos, ya literarios, moralistas al lado de aquéllos. Verdaderamente que. y esto lo doy por seguro, viniese á destruir nada ni á
ya filosóficos y críticos que de importantes demócra- es de un efecto extraño admirar las pastorales grie- moralizar ni á desmoralizar nada tampoco. Todavía
tas ó fusionistas publican las revistas y periódicos gas, á Ovidio, los bajos relieves paganos y las pinturas están esos señores revolucionarios y demócratas en
murales de Pompeya y Herculano, poner en las nu- lo de qul el arte ha de enseñar deleitando. Tomanespañoles.
Debiera ser bagaje obligado de las escuelas políti- bes L'Aminta, JJecamerone, las novelas de nuestra do el rábano latino de utile et dulce por las bojas, todacas avanzadas el que la crítica moderna, las nuevas Zayos, el jardín del amor de Rubens, las Venus y la vía creen que el literato, como el pintor y el escultor,
ciencias experimentales, las exposiciones que en el JJanae del Ticiano, los cuadros de Teniers, etc., etc, están obligados á enseñar como si fuesen maestros
sentido de ¡las ideas sociológicas del día la filosofía y abominar de nuestras mujeres descotadas y de nues- de escuela. Y sobre todo esto, creen cosa vitanda lo
enuncia, aportan al presente á la obra común de la tras novelas realistas y naturalistas.
de no admitir el arte para sus ~anifestaciones, para
El otro aspecto es para mí menos comprensible. cumplir su misión de recrear nuestros sentidos, como
cultura. Concebir un Estado con sufragio universal,
con jurado, con tolerancia de cultos, con libertades Un ilustre escritor y orador insigne estudiando á Tai- de espaciar nuestra alma, como de producir sensaindividuales, en fin, con toda esa suma de libertades ne pretende demostrar que el filósofo francés conci- ciones psíquicas de cualquier orden que éstas sean;
en un tiempo no lejano solamente vislumbradas como bió y desarrolló sus tesis críticas dentro de las desola- enseñanzas de la moral, de la virtud, de las doctrinas
medio redentor de la esclavitud autocrática y hoy ri- doras doctrinas de un fatalismo terrible, negando así religiosas, de las históricas, como únicas y elevadas
giéndonos al cabo, y por otro lado, si no imponién- la influencia que la religión, las doctrinas cristianas, ideas. Y esas gentes se asustan porque el arte, desdolo, porque ya pasó el tiempo de las imposiciones, la innegable existencia de la divinidad, tienen en la conociendo todo casuismo político, religioso, cientípero defendiéndolo por lo menos, el criterio de una obra humana y por ende en el hombre.
fico, filosófico, atiende tan sólo á producir la belleza,
restricción de las ideas estéticas filosóficas y críticas
Yo creo que Taine no era fatalista ni muchísimo hallese donde ésta se halle; que así es bello el amaque no sean idealistas, me parece un colmo, y me menos; era determinista, y esto ya es harina de otro necer de un día de primavera como el caer de una
causaría asombro si no supiera que las escuelas todas costal. Pero aun así, el analizador de la obra de Tai- tarde tempestuosa de invierno; y si hermosa está Mason casuismos más ó menos lógicos, más ó menos ne pretende, dándole en parte la razón al célebre ría Magdalena cuando enjuga con sus cabellos de
aceptables, y manifestaciones psicoló¡fcas de un es- francés, negar que el medio ambiente, al cual Taine oro los pies de Cristo, no por eso estaba menos hertado social, de una cultura dada.
concedía importancia capitalísima, pueda ser á pro- mosa la faz de la pecadora besando á cualquiera de
1
Precisamente la práctica de las libértades políticas pósito para producir la obra plastica, sacando á plaza sus amantes. Sublime lo primero dentro de la moral,
trae aparejada la necesidad de un conocimiento prác- para demostrarlo la atmósfera de Londres.
detestable lo segundo; pero el arte no puede ni debe
tico á su vez de los deberes morales y materiales,
Aparte de lo que asevera el ilustre orador á quien distinguir de estas cosas: lo que menos le importa es
cuyo conocimiento no se alcanza sino por medio de aludo, de -que solamente en los países brumosos, como el hecho en sí; lo que le importa es la belleza plástiuna educación y de un estudio continuos de la reali- el inglés, la arquitectura, por ejemplo, tienda á elevar- ca, la belleza del sentimiento en cuanto expresa un
dad. Y las ideas generadoras de las ,libertades mo- se, tratar¡do así de romper las obscuridades del nebu- estado del ánimo, sea ese sentimiento el que quiera.
dernas, si mientras se emitían podían contarse ó te- loso cielo, mientras en los países del Mediodía, como
nerse como idealismos, ciertamente que por su fina- el griego, los monumentos son bajos, dejando al éter
R. BALSA DE LA VEGÁ

LA

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1

1,

POBRES Y MENDIGOS
ILUSTRACIONES DE GRANER

I
Cuando arrecia el frío; cuando el rocío se convierte en escarcha en las horas grises de la madrugada
y desciende continua, implacable, espesa la nieve y
caen los pajaros de lo alto de las ramas sobre el suelo
como ellos endurecido, como ellos helado; si dentro
de una habitación alfombrada y donde chispea la leña
en la chimenea ó en una de esas habitaciones más
modestas, pero quizás más alegres, á las que presta
calor el sagrado fuego del hogar doméstico, conjunto
de afecto y mutuos sacrificios que es lo único que
puede hacer amar la vida; si al abrigo del temporal ó
de la ventisca que duplica el frío habéis pensado
alguna vez en los miserables que sienten el doble
hielo de la atmósfera y del estómago vacío y quizá el
más horrendo de la desilusión absoluta, á punto fijo
que esa máscara de la miseria se os aparece cubierta
con los andrajos del mendigo callejero, del que en el
quicio de una puerta ó en mitad del arroyo alarga la
mano y con voz que parece mojada en lágrimas y en
ayes os pide una limosna.
Nada más triste, al parecer, que la suerte de aquel

que en plena vía pública, sin que las sombras de la
noche velen su rostro, que debiera enrojecer de vergüenza al pensar que para nada sirve el alma que
cubre con su carátula, os tiende la mano para que en
ella pongáis una moneda de bronce, la moneda que

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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esa estufa mortal de los pobres? No. Va á su casa,
donde le espera su mujer, vieja como él, como él nacida en otra provincia, que le ha preparado ya una
buena cena. Despúés de ella toma su taza de ca'fé,
tarde y noche, y se acuesta en cama limpia y mullida en un cuarto segundo provisto de buenos trastos
y donde los parásitos de la miseria no han pululado
jamás.
Por las mañanas ocupa de un modo productivo su
tiempo sirviendo de modelo á varios pintores. Tiene
el buen hombre una cabeza entre venerable y socarrona, luenga barba, y se caracteriza tan bien de pobre
abatido por el infortunio y los años, que aun en la
tela produce el mismo efecto que en la calle y honra
su semoviente piltrafa al pintor que ha tenido inteligencia para escogerle entre ciento.
Un día nos contó su historia. Allá en sus mocedades fué monago de una catedral andaluza y luego
estudió en el seminario. Pero no habla nacido sin
duda para practicar la caridad por activa, sino por
pasiva; colgó los hábitos; se casó. De su antiguo oficio .
quedábanle memorias del latín y voz de tiple, y durante muchos años cantó en el coro de la catedral,
donde arreglara altares y ayudara misa Crecían los
de cualquier modo se gasta ó se tira, la que no em- años y la voz menguaba. Sus hijos no quisieron manpece al ahorro de las piezas blancas, la que muchas tenerle; él no se sintió con vocación para ningún traveces se da por quitar peso al bolsillo repleto; nada bajo y vínose á Barcelona, donde ejerció de portero.
más horrible que esos harapos que mal encubren la
carne, que esos zapatos rotos por cuya punta asoman
dedos cárdenos, que esos visajes que parecen arrancados de una estrofa del Dante hecha plástica por
cincel sobrehumano: el del dolor.
Eso creéis y os equivocáis.
No es esa, no, la miseria que punza y martiriza y
mata; no es ese el dolor que consume y acaba; no
son pobres los mendigos ni son mendigos la mayor
parte de los pobres; no hay que buscar en el arroyo
el hambre: las piltrafas que en él se arrojan mantienen
al perro vagabundo, el bronce que allí se da convertido en moneda acalla todas las miserias y hasta hace
estallar el regüeldo de la hartura por la boca del miserable que hace oficio vil de lo que en un momento
pudo ser necesidad imperiosa. No. No hay que compadecer á los que mendigan, sino á los que ayunan;
no á los que piden, sino á los que lloran; no á los que
gimen á la vista de las gentes, sino á los que allá, en
un rincón, entre las sombras sondean el vacío desolado que dejaron vocaciones erradas, fuerzas perdidas, afectos traicionados y que en la batalla de la
vida combatieron hasta que el cansancio rindió su
vigor ó las heridas paralizaron su brazo ó la sangre
vertida dejó su corazón exangüe!
No vaya á creerse que este estudio va enderezado
contra los mendigos; harto trabajo y harta vergüenza
implica mantenerse de la ajena misericordia. Traté
un día de conocer la vida íntima de los mendigos;
en el taller del pintor meritísimo cuyos son los dibu- El oficio daba poco de sí y se convirtió en mendigo.
jos que avaloran estas líneas, pude conocer algunos; Ese es mejor por lo visto. El verano pasado con sus
pregunté y contestaron. Buenos ó malos, dignos de ahorrillos hizo un viaje á su tierra, viaje de recreo
reprobación ó de lástima, con sus vicios y sus virtu- que duró tres meses. Al terminar su historia pregundes aparecieron ante mis ojos tal y como voy á pre- téle si se acordaba todavía de introitos y Salve regina,
sentároslos. Ni recargo las tintas, ni atenúo la crude- y el hombre tosió un par de veces, sacó el pecho y
za de las líneas. Así son.
con afinación y sin mucho esfuerzo, arrastrando la
voz, entonó un JJies irce magistral. Su rostro se transHele ahí con su barba gris y descuidada, su rostro figuraba; el color, moreno caído, se trocó en rosáceo
enflaquecido, su traje desceñido y derrotado, sin bo- y casi rubicundo, brillaron los ojos, tomaron expresión
tones casi y cubierto de polvo y grasa. Hele ahí en boca y entrecejo, las manos accionaron. La imagen
el quicio de esa puerta, con la mirada vaga, de pie, de uria juventud para siempre perdida pasó sin duda
sin pedir limosna ni alargar la mano, pero reflejando por su imaginación y la interna vida se reflejó en el
tan bien internas angustias, resignación tan grande, semblante. Con la última nota se extinguió la última
miseria tan profunda, que no hay quien, si en él se chispa de los ojos y el mendigo cobró su sueldo, safija y no .tiene vacío el bolsillo no le alargue una mo- ludónos y se marchó, plácido y tranquilo, con la conneda al tiempo de lanzarle una mirada compasiva. ciencia del deber cumplido. Un rasgo final. PregunEn cuanto obscurece se sitúa en el portal y no marcha tándole cómo abandonó en verano su cuerpo de
de allí hasta que el portero cierra las grandes hojas guardia, puesto que en la vía en que lo tiene pasa
de roble y extingue !a luz en esas horas de la noche más gente en verano que en invierno, me contestó
en que los transeuntes son ya escasos, y atrevidos ó con acento de intraducible desprecio:
empujados por el frío los pocos que cruzan la calle,
- ¡En verano zólo pazan lo pobre/
no se entretienen en mirar al centinela de la miseria
Hay otra especialidad en la familia de los mendió les falta valor para sacar la mano del bolsillo si gos. Los que se dedican con preferencia á los mercaacaso le miran. Aquella guardia productiva dura de dos. Dicen ahora que el negocio va mal, muy mal;
de tres á seis horas, según las estaciones; nunca más que los parroquianos escasean, y me afirmaba uno de
tiempo. Luego que termina se verifica una transfor- esa casta que uno de sus favorecedores habituales Je
mación notable en el mendigo. Las piernas se afir- había despedido diciendo que pronto tendría él misman, el tronco se yergue, salen las manos de los mo que pedir limosna. Ese mendigo es un antiguq
bolsillos del pantalón y calan sobre los ojos cansados carretero que se dedica al oficio porque tiene una caun?s ~spejuelos; se anima el rostro y entra en la por- tarata en el ojo derecho y espera (}!,le se le forme en
tena a recoger una capa que le regaló el dueño de la el izquierdo para que se las op~ren ambas á la vez.
casa en cuyo portal recibe limosna; se emboza en ella Sabiendo que al antiguo tiple,le· iba tan bien haciendespués de arreglar el apabullado sombrero, y pen- do centinela en un port¡¡l,. preguntéle por qué no le
san~o mentalmente en lo que ha recogido, marcha imitaba y me contestó casi indignado que aquello era
hacia su casa. ¿Sabéis lo que, ·por término medio le vergonzoso. El se sabrá por qué.
prod~ce la j?rnada? De cuatro á seis pesetas, según
Por ambos mendigos supe la historia y milagros de
propia confesión; doble que el jornal de un bracero. otros adláteres; que milagros son los que hacen fin¿Imagináis que tendrá que engañar el hambre con un giendo enfermedades que no padecen, lisiaduras que
duro mendrugo de pan y una copa de aguardiente, no tienen, miseria que no sienten, podredumbre que

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LA

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no les roe. Había no ha muchos años en Barcelona Era un ratón que le caía encima. Otras veces le des· Sánchez Coello, Gaspar Becerra, Francisco Luis Carun hombre que tenía una pierna horriblemente hincha• pertaba la policía que giraba una visita á la guarida; vajal, Francisco Ribalta, Cristóbal Zariñer(a, Pablo
da; parecía que la gangrena iba á acab1r con la parte porque él no se acostaba solo allí: siempre tenía com- de las Roelas, Liaño, Canes, Orrente, Pachecho, Ribera (el Españoleta), Velázquez, Zurbarán, Alonso
dañada y con el cuerpo. Era pura filfa. U no de esos pañeros, ¡y qué compañeros!
Esa, esa es la miseria; la que no se palpa ni se ex- Cano, Pereda, Bella, Murillo, Pedro Núñez, Herrera
mendigos mt explicó que un médico, con achaque de
(el Mozo), Torres, Benavides, Arco, Zuara, y destamirarla, la palpó, apretándola fuertemente. La pierna hibe, sino que se esconde.
Hace unos días estuve recorriendo los suburbios cándose sobre todas estas obras pictóricas el Arco
estalló y saltó en dos trozos. Era de cera pintada.
Esas viudas de encargo, negras lastimosas siluetas de Barcelona en demanda de esos albergues fementi- de triunfo del emperador Maximiliano I, colosal graque de pie horas y horas junto á un lienzo de pared dos donde por diez céntimos se duerme bajo techa- bado en madera sobre dibujos de AJberto jDurero,
mal alumbrada por la luz de los faroles, cubiertas por do. Así como visita los palacios aquel que jamás los colección expuesta por S. A. Imperial el Archiduque
espeso velo, esperan sin solicitarlo el pan de la cari- ha pisado y de su arquitectura y comodidades se ad- Alberto.
mira, así visité esas leoneras de la miseria, tan insLa Academia de Ciencias de Cracovia y el Museo
dad, no son más pobres que los demás mendigos.
Yo he conocido á una muchacha, camarerilla lista tructivas por lo menos como aquéllos. Sólo una voy de Historia natural de Viena han llenado tres ó cuatro vitrinas con numerosos ejemplares de antigüeday no fea, á quien su madre hizo casar con un mendi- á describir.
Está en Hostafranchs, junto á la plaza de los Mis- des americanas; unas referentes á las razas precolomgo ciego. Resistíase la moza alegando que la quería
un oficial carpintero que ganaba buen jornal; la auto- tos, plaza que por sí sola es ya un poema. Fórmanla binas, como cráneos y momias, utensilios de barro,
ra de sus días la convenció diciéndole que el sano se un patio de unos diez metros de lado, en uno de madera, piedra y metales; otras relacionadas con los
podría estropear y que el ciego sabía ya tocar la gui- cuyos rincones se ve un cobertizo. Al final de éste se indígenas de la época del descubrimiento y conquistarra y nunca le faltarían seis ó siete pesetas diarias. advierte una puerta y en el fondo algo así como una ta del Nuevo Mundo.
Llaman particularmente la atención unas curiosas
¿Se ha cumplido la profecía materna? Sólo puedo de- cueva. Se bajan seis escalones y se penetra en el alcir que la maritornes se casó con el ciego y que ahora, bergue. El piso es de tierra sin afirmar. Un vaho de muestras de tejidos con colores propios de las matepor las calles, en tanto que él rasquea fementidas ma- humedad y de miasmas no clarificados, exhalación rías de que se hicieron, ó teñidos con más ó menos
lagueñas alarga ella el clásico plato de plomo en de- de toda pobreza, vaharada de la miseria, quinta esen- brillantez; los vasos de variadas formas en que se remanda del óbolo del transeunte. El matrimonio usa cia de la podredumbre, corta la respiración al pene- producen unas veces líneas de carácter geométrico, y
unos colores que dan gioria y tres ó cuatro arrapiezos trar en aquel antro y encoge los pulmones más robus- otras las más sencillas de la naturaleza animada, sin
que acompañan á los cónyuges demuestran que el tos. Adentro. Una mujer gallega, de la cual es im- excluir la del hombre; las armas y otros objetos de
posible fijar la edad, anfibio cronológico, nos recibe. piedra, así como los adornos del tocado de aquellos
fruto de bendición no les ha sido negado.
En la mendicidad hay clases y hay plazas como en Imagina que somos dependientes del juzgado y nos indígenas y algunos ídolos de substancia y forma ditodos los oficios. Una de ellas es sin duda la de los avisa caritativamente de que el antro está vacío. No versas.
Entre las antigüedades mejicanas más curiosas fi.
pobres que tienen permiso de los curas párrocos para importa. Le explicamos, sin que lo entienda, que
mendigar á las puertas de la iglesia en tanto que du- queremos visitar el local; se ríe estúpidamente y nos guran un álbum de pinturas en hojas de fibras de
rante cuarenta horas está expuesto el pan ázimo, el lo enseña. Hay cuatro compartimientos desiguales. pita, varias miniaturas al óleo y una serie de escenas
Sacramento, en el altar mayor de las distintas parro- Ninguna abertura y por ende ninguna ventilación. cómicas pintadas en pergamino que revelan grandes
quias. Los mendigos que obtienen ese permiso son No existe una sola puerta. Los sexos no se separan. facultades imaginativas junto á escasos talentos de
contados. No todos pueden cobijarse junto al atrio La promiscuidad reina allí como dueña absoluta. En ejecución en sus autores.
El cardenal de Fürstemberg ha enviado algunas
de la iglesia. Entre todos serán pocos los elegidos. el suelo de una de las divisiones están tirados unos
Pero los que lo son pueden contar con una prebenda sacos grasientos llenos de paja. Son almohada, col- medallas con las históricas efigies de Alejandro VI,
magnífica. Los diez ó doce que están en hilera, al chón, manta, lo que se quiera. En las demás divi- Julio II, ca~denales Granvella, Portocarrero, de Tourmarchar á sus casas cuentan con un jornal de ocho ó siones ni esto; el suelo pelado. El inquilino ha de non y Alberto de Austria; una Biblia latina y libro de
diez pesetas - la cifra me ha sido por ellos confesada - proveer á su lecho. En el compartimiento mayor, el meditaciones, del siglo xv; varios códices de pergay la miseria desolada y negra jamás ha sido por ellos de la derecha, caben dos personas tendidas; ¡por las minos iluminados con bellas miniaturas, y dos Aleoranes manuscritos, uno de los cuales está miniado
conocida. No hay oficio que tanto produzca. Obreros noches se amontonan doce!
- ¿No tiene usted miedo - preguntamos á la galle- de la manera más delicada y primorosa que imagitipógrafos que se encargan del mecánico trabajo de
narse pueda.
difundir las verdades á las ciencias arrancadas ó re- ga - de albergar gente desconocida?
- Mi madre se ganaba así la vida y cuando me faM. Guillermo Stellzig, conservador del museo de
veladas por la inspiración; maquinistas que sobre férreas inflexibles cintas hacen volar la locomotora - llece (falleció) yo he continuado ganándola así.
Shonfeld (Bohemia), ha enviado un curiosísLmo reloj
- ¿Y nunca le ha sucedido nada desagradable; de sierra, que marcha automáticamente durante veindueños temporales de mil vidas; - grabadores pacienticuatro horas, descendiendo por su propio peso una
tes que fijan por modo durable las borrables líneas, nunca han tratado de causarle daño?
ninguno consigue lo que los mendigos que á la com- Sólo una vez. Reclamaba yo dos pesetas á un hoja de hierro dentada; un Eucologio con calendario
hombre que había dormido muchas noches aquí sin y pasional, de Martín Lutero, impreso por Hams
pasión ajena demandan el propio bienestar.
pagarme, cuando de repente me miró así-y ponía Lufft en Wittemberg el año 1561, y la (Primera parHasta aquí los mendigos; á los pobres su turno.
Vedle con su cara que parece arrancada de la tela unos ojos horrorosos, - tir6 esta luz de un puñetazo y te de todos los libros y de todas las escrituras del
hombre de Dios, el difunto Dr. Martín Lutero, desde
de Los borrachos de Velázquez, con su traje andrajo- me dió una puñalada dejándome por muerta.
so, con su sonrisa alegre y franca y su aspecto miseEsto lo contaba la patrona con plácida sonrisa, sus 17 á sus 22 años, impresa por la cuarta vez en
rable. Está sentado en el suelo, algo apartado de la como si se tratara de una broma más ó menos pe- Jena por los herederos del difunto Tomás Rebart,
estera que rodea el caballete como temiendo man- sada.
año 15 75.» Este libro es muy raro y se halla en percharla, desabrochada la camisa que muestra el pecho
Salimos. El tranvía de Sans nos condujo á Barce: fecto estado de conservación. La viñeta del frontispirugoso de color de ladrillo - tonos rojos, violáceos y lona, y al saltar en la Rambla de las Flores cuajada cío interesa á la historia del célebre reformador proamarillentos que sólo un pintor de talento es capaz de ellas, aromosa con sus perfumes, llena de luz y de testante. El Salvador!, crucificado, se encuentra en
de reproducir, - alta la cabeza, mirándonos á nosotros mujeres y hombres lujosamente vestidos, aún respirá- medio del grabado. En• el lado izquierdo se ve el
que estamos sentados en sillas y le hacemos charlar. bamos el acre vaho de la cueva horrenda, todavía te- elector Federico el Sabio, de rodillas, con los brazos
Sus ojos chispean de malicia, sus manos se mueven níamos la pupila contraída por las negruras insanas. extendidos y los ojos elevados hacia Jesucristo. A la
rápidamente siguiendo el vuelo de su pensamiento
derecha de la cruz se encuentra Lutero, también arroó el compás de su palabra; no niega ninguno de sus
dillado, orando, las manos juntas y la cara también
G. vR.
vicios ni esconde la aversión que la mendicidad le ..........................................................................,...........................,...................... ,..... vuelta hacia la cruz. Contiene impresas, entre otras
produce.
cosas, sus 95 tesis y su discurso apologético pronunEXPOSICI ÓN HISTÓRICO-EUROPEA
Ese hombre que se sabe de memoria cuantas articiado en el Parlamento de Worms en presencia del
mañas y embelecos usan los mendigos para mover á
emperador Carlos V.
DE MADRID (1 )
compasión, jamás ha usado ninguno de ellos. Duran•
La biblioteca de la Universidad de Viena ha exAUSTR IA
te mucho tiempo trabajó la tierra como labrador, y
puesto una importante colección de libros de geogracuando las fuerzas le faltaron se vino aquí á la gran
fía y la famosa crónica de N uremberg, entre otras
urbe, creyendo que donde se ~ntienen los perros
Rendido á Portugal el tributo de preferencia que obras ornadas de primorosos grabados y varios atlas
callejeros no le faltaría el pan. No se equivocó; pero por tantos conceptos le debíamos, cúmplenos conti- multicolores en extremo curiosos.
cuán duro y cuán amargo lo ha comido. Sabía él ó nuar esta rápida reseña con la enumeración de los
Entre las muchas preciosidades expuestas por la
supo cuando á Barcelona llegó que los papelotes que principales objetos expuestos en las demás secciones biblioteca de la corte imperial y real de Viena, hallase tiran á la calle y los que lastimosamente penden extranjeras de la Exposición que nos ocupa.
rios el Horario de Leonor de Lusitania, consorte del
de las esquinas eran patrimonio de los que primero
Procediendo por orden de salas, ya que el sistema emperador Federico III, con .delicadas miniaturas
los recogen ó los arrancan. Para ejercer tal industria de instalaciones adoptado hace casi imposible el es- (siglo xv); la Descripción, hecha por Joao Texeira, de
no necesitaha permiso ni capitales, y á ella dedicó su tudio de esta Exposición por orden de materias, ha- los puertos marítimos del reino de Portugal, con plaactividad. Cuando el saco estaba lleno lo vaciaba en liamos en primer término la sección austriaca.
nos en colores; la Relación de la ~.onquista y descula tienda de un marchante y éste le daba catorce
No abunda en objetos artísticos ni ofrece á la vis- brimientos que hizo el marqués D. Juan Pizarra en
cuartos por arroba, ¡y las arrobas eran de treinta y ta el llamativo aspecto de otras salas presentadas con demanda de las provincias y reinos que ahora llamaocho libras por lo menos! El honrado industrial que lujo de brillantes adornos, pero encierra interesantes mos Nueva Castilla, y el facsímile fotográfico, en grancompraba sus papeluchos tenía siempre desequilibra- colecciones que los inteligentes han sabido apreciar. de escala, de la célebre Tabula Peutingeriana, fuente
das las balanzas.
Allí están, rodeando los muros cuya parte superior clarísima y abundante de noticias geográficas del orbe
Comía con ello como podía; poco y mal. La cues- revisten ricos tapices de la real casa, los retratos romano.
tión de la cama era más ardua. Pero averiguó que en de Cristóbal Colón y Fernando González de CórdoEl monasterio de Seitenstetten ha expuesto una
la falda de Monjuich había unos.providenciales hor- va, del emperador Carlos V y los Felipes, de Maxi- colección de Biblias y libros de oraciones primorosanos de obra, y allá se iba nuestro hombre á tender su miliano I y Fr. Domingo de Jesús María, de Antonio mente miniados, y un incensario del siglo xv, con
rojiza persona sobre el duro suelo. El saco de los I de Leyva y el conde duque de Olivares, lienzos de adornos artísticos de primer orden; los archivos de
papeles le servía á veces de cobertor, de colchón ó de I muy diverso valor, enviados por la Administración la guerra han enviado algunos mapas, planos y vistas,
funda. Ahora que es un potentado ó poco menos - de los castillos imperial y real de Insbruck y Am- cartas de diferentes personajes históricos y testamen¡ha reunido tres duros! - explica con satisfacción in- bras. Allí están las preciosas pinturas de la colección tos de generales y coroneles españoles que en el siglo
decible que cuando dormía en aquellos cobertizos Albertina, firmadas por los artistas españoles Alonso pasado prestaron servicio- en el ejército imperial, y
muchas veces se había despertado al choque de un
por último, Adolfo Krulis, primer teniente del Insticuerpo blando y pesado y que se movía rá?idamente.
(r) Vénse el n(1m. 581.
tuto geográfico militar¡ figura como expositor de una

NúMERO

593

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

3or

PROYECTO DE MONUMENTO Á LEGAZPI Y URDANl!.TA, EN MAN ILA, ENVIADO AL CONCURSO POR LOS SRl!.S. CAMPENY (ESCULTOR) É IRANZO (ARQUITECTO)

colección de vistas de ciudades de España, copiadas
de la obra topográfica original de Texeira, conservada en la biblioteca de la corte; nueve hojas infolio,
en oro y colores, de&lt;;licadas á la reina María Cristina.
Tales son, en resumen, los objetos más curiosos y
notables de la sección austriaca, cuyas instalaciones
tienen por fondo decorativo tres soberbios tapices
flamencos, uno del siglo xv, tejido de oro, plata, seda
y lana, figurando el nacimiento del Salvador, y dos del

siglo xv1, en seda y lana, que representan en forma Briailles, Petitjean, Ernesto Irroy, Norizet, Enrique
admirable el Triunfo del Tiempo y de la Muerte.
Bailly, Alfonso Gosset, Pablo Simón, Ernesto Brunette, Ed. H ervé y Emilio Dufay, de dicha ciudad;
FRANCIA
objetos expuestos en la sala IV, bajo la inteligente
dirección del abate Trihidez, secretario y delegado de
Es muy rica y notable la colección de ohjetos en- aquel comité en Madrid.
viados á esta Exposición, bajo los auspicios del coEl ayuntamiento de Reims ha remitido un bello
mité de Reims, por el Ayuntamiento, la señora viuda ejemplar del A quatilium ani111alium historice, impreso
de Chamery y .los señores Barón de Chandon, de en Roma en 1554, con rica encuadernación que lleva

�LA

302

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

593
NúMERO

f

1

las armas de su pnm1t1vo dueño el cardenal duque
de Lorena, arzobispo de Reims. El comité de la misma ciudad expone un Libro de horas que perteneció
á Enrique III, un ejemplar de Mottfs de la conversion
de M.**" (París, 1682), con las armas del gran Colbert
en las tapas; y otro de Costumes de la Cité de Reims,
por J. B. Buridan (1665), encuadernado en tafilete,
con escudo; todos muy bien conservados y en extremo
curiosos. Al lado de estos libros figuran un retrato de
J. C. Colbert, por Roberto Nantell, célebre grabador
de Luis XIV, y otro de Madama Maintenon, perte·
neciente á la mencionada viuda de Chamery.
En diferentes vitrinas vemos hermosos cofrecitos,
algunos con pinturas góticas; iluminaciones, estatuitas, grupos esculpidos, diversos objetos de metal,
lámparas, vasos, curiosidades artísticas y cuadros góticos; numerosos é interesantes objetos de plata cincelada de los siglos xvx al xvm; cruces y miniaturas;
telas y bordados; bajos relieves, marfiles, lozas artísticas, cristalería de Bohemia, Vírgenes góticas, en madera y marfil, pinturas de la Edad media; objetos de
estaño artísticos; abanicos del siglo XVII; cálices, cajas esmaltadas y relicarios; un hermoso busto en
bronce, de arte florentino, que representa á un prelado con mitra; tapicería del Renacimiento; pergaminos y manuscritos dig-nos de estudio por sus condiciones paleográficas ó por su valor histórico; alhajas
de gran valor, y otros muchos objetos preciosos que
sería muy prolijo enumerar.
En torno de las masas centrales de la sala de Túnez, que contienen varios códices árabes de que luego hablaremos, se hallan instaladas las vitrinas de
Clermont, Perpignán, Tolón, Tolosa, Bayona, París
y Caen, las cuales encierran objetos artísticos en
gran número de épocas y géneros diversos.
Su instalación ha sido dirigida por los señores
barón de Barghon y Bouchet, comisionados de Clermont-Ferrand, y el marqués de Croizier, delegado
de las demás ciudades de Francia, representadas en
esta sección.
Cubren los muros de la sala francesa una colección
de seis tapices flamencos de la real casa, en oro,
plata, seda y lana, del siglo XVI, que representan la
Avaricia, la Lujuria, la Ira, la Gula, la Envidia y la
Pereza, y otros dos tapices de la misma clase, fabricación y época, pero pertenecientes á colección distinta, que figuran la Soberbia y la Pereza.
TÚNEZ

La excelente y numerosa colección de cuadros fo.
tográficos que se ven en las paredes de _la sala III
constituyen una verdadera historia del arte químicoromano en las regiones de Túnez, desde los primeros
elementos arquitectónicos y manifestaciones escultóricas que se han descubierto en las ruinas de la gran
Cartago, metrópoli y civilizadora de nuestra península.
No obstante la remota antigüedad de algunos de
estos objetos, se puede seguir por medio de la exposición las variaciones nunca bruscas del arte hasta los
monumentos que hoy constituyen templos, palacios,
casas, fortificaciones y demás obras arquitectónicas
del pueblo tunecino.
Para mayor comprensión del público, los diferentes cuadros que contienen numerosas y bien hechas
fotografías tienen la indicación de lo que éstas representan en general, y además están agrupadas metódicamente.
De este modo, en un cuadro se ven las fotografías
de los arcos triunfales, vestigios más ó menos íntegros
de la dominación romana. En otro las de los restos,
que todavía subsisten, de magníficos mausoleos de la
misma época. En cuatro de estas agrupaciones se reproducen gran número de mosaicos paganos y cristianos, y maravillosas estatuitas de barro, recuerdo
perenne del arte que nos legó las figuritas de Tanagra y Agrigento.
Es notable la inscripción romana que en uno de
los cuadros enumera los nombres de varias ciudades
españolas é italianas, designándose la de Cáceres
(Norba), Evora (Ebura), Lisboa (Olisipo) y Mérida
(Emerita), lo cual no es de extrañar porque las relaciones de Lµsitania con Cartago resultan en la primitiva historia de la cristiandad española con la célebre carta de San Cipriano y de su Concilio cartaginense á los fieles. de los obispados de Mérida y de
Astorga á mediados del siglo m . Es+;as relaciones permanecieron vivas durante la época visigoda, como se
ve en la historia de los Padres emeritenses trazada
por Pablo el Diácono.
No faltan restos del arte vandálico y del bizantino, precursor del musulmán, que e~tá representado
ltºr numerosas fotografías, y dejó su marca característica en rústicas moradas esparcidas par los oasis
del desierto, lo mismo que en vistosas portadas, en

torres de suprema elegancia y en magníficas mezquitas.
La época púnica tiene muy selecta representación.
Los raros vestigios de la influencia fenicia en las tierras tunecinas pueden ser examinados con relativa
comodidad y sin duda alguna en estas fotografías.
Por indicaciones de la Real Academia de la Historia han venido al certamen, y están en las vitrinas
centrales de la sala tunecina, importantes códices,
procedentes de la biblioteca de la mezquita mayor
de Túnez, gracias á la benignidad del gobierno de
la regencia y á la intervención del delegado Mr. Sardoux.
U no de estos manuscritos árabes lleva el título de
«La institución completa acerca del conocimiento de
los compañeros (de Mahoma),» por Abu-Omar-Yusuf-Ben-Abdalá, conocido por Aben-Abdelbar el Nameri, natural de Córdoba, muerto en 463 de la hégira (1070). Comprende las biografías de los secuaces
de Mahoma.
Otros dos volúmenes, incompletos, relativos á la
historia de Oriente, figuran en esta curiosa sección.
Se atribuyen á Alabdarí. También es histórico el
tratado atribuído á Abu-Hicha que se expone. Es
un resumen de la vida del pueblo árabe desde Mahoma hasta fines del siglo XII.
Señalaremos, por último, las preciosas lámparas
remitidas por el Museo Imperial de Constantinopla,
aunque sean independientes de la sección que reseñamos. Unas son de vidrio de Venecia ó de Turquía,
y otras de loza del siglo xv,, con interesantes inscripciones turcas y con ornamentación azul sobre fondo
blanco.
Los seis magníficos tapices que decoran los muros
y que presenta la real casa recuerdan, según los entendía el siglo XVI que los produjo, las batallas y
triunfos de Escipión.
JUAN

B.

ENSEÑAT

••••••,•••••.1•.,•••••,.•••••,r ••"••·•••• ..•••"••••••••••• •••••• .. •••..•••••"•••••••••••••••1•,,·,,,,,,.,,, •••••. ,,.,.,,r ,,•••""

LOS Nrn'OS MÚSICOS

I

Angeles en un enorme violoncelo, donde apenas podía
puntualizar graciosamente los compases.
Pero Jacinta todo lo redimía.
Hundía la caja del violín en su precioso cuello de
ángel, oprimiéndola con su sonrosada barbilla; empuñaba el arco, y deslizándole sobre las quejumbrosas
cuerdas arrancaba de aquel envejecido instrumento
un torrente de armonías. Crecía el furor de la inspiración, excitábanse los delicados nervios de la niña, y
á medid¡i que avanzaba la ejecución agigantábanse las
proporciones de la pequeña violinistá.
Entonces perdía la posesión de sí misma; sus movimientos parecían producidos por la demencia; surgía el desaliño en su tocado, y las encendidas mejillas de aquel diminuto geniecillo envolvíanse en una
nube de cabellos de oro, agitados por el mismo aire
que llenaba el espacio de dulcísimas vibraciones.
Aquel aire era el fiel y afortunado mensajero de las
inspiradas notas de la artista.
Cuando terminaba, una salva de aplausos apenas
le dejaba levantar la cabeza. El violín casi siempre
quedaba cubierto de lágrimas, las cuales daban testimonio de esa dulce recreación que sólo disfrutan los
que poseen un alma llena de elevados sentimientos, como la que poseía aquel verdadero portento de belleza.
¡Quién le había de decir que aquellas lágrimas
habían .de ocasionarle la más profunda de todas las
desgracias que le estaban reservadas!..
Pero antes de pasar adelante, conviene explicar algunos antecedentes necesarios á la fidelidad y lógica
sucesión de los hechos que desarrollaron el asunto
de este verídico cuentecillo.
II
Los padres de esta deliciosa compañía, Ambrosio
y Carmen, se habían conocido en una de esas reuniones familiares que tanto y tan injustamente se han
ridiculizado con el nombre de cursis, en las cuales él
era un elemento indispensable, pues picaba en todas
las artes, como él mismo decía, pasando indistintamente del piano á la guitarra, de la guitarra al monólogo y del monólogo á la romanza; pasatiempos
saturados todos en un medio ambiente de delicados
sentimientos, que de algún modo apartan el alma de
la triste realidad que la rodea.
.
Los dos eran pobres, y por lo tanto realizaron un
matrimonio de los llamados por amor, circunstancia
que evidenciaba la bondad de ambos. Pero como·con
el amor á secas, según se dice muy acertadamente,
no se come, desde el siguiente día al de su enlace
comenzó para ellos un verdadero calvario de necesidades y desdichas. Carmen daba lecciones de canto
y de piano, y Ambrosio, amén de sus trabajos buro·
cráticos en una sección del ayuntamiento, se hizo
profesor de muchas cosas, en todas las cuales le soplaba la suerte como Dios quería.
En medio de aquellas tribulaciones nacieron sus
tres hijos. Jacinta fué la única que alcanzó las lecciones artísticas y morales de su madre, pues ésta falleció al dar á luz á la preciosa Angeles.
Por eso la niña mayor instintivamente se creía la
verdadera cabeza de familia, y en tal sentido obraba
siempre aconsejando y guiando con amorosa solicitud á sus queridos hermanitos.
Su padre se anulaba voluntariamente en presencia
de tan misteriosa precocidad, y más aún si tenía en
cuenta que á Jacinta debía el relativo y accidentado
bienestar de su adorada prole.
Ello fué que después de la muerte de Carmen, en
cuya enfermedad se agotaron todos los escasos recursos de su familia, se hizo necesario apelar á un beneficio teatral que iniciaron los amigos de la casa con
objeto de que Ambrosio pudiera desenvolverse en su
penosísima situación. La prensa se ocupó del asunto,
y no faltó revistero ó crítico que inconscientemente
profetizara los triunfos sucesivos de Jacinta. Honra y
provecho fué el resultado de aquel suceso, lo cua1 estimuló al padre y á la hija.
Pocos meses después, y á impulsos de nuevas necesidades, aquella familia iniciaba sus trabajos como
empresa artística en un pueblo inmediato al de su residencia. Desde entonces rodaron, corno antes dije,
por el mundo; y de esa triste lucha por la vida, aplau·
didos aquí, rechazados allí y sufriendo horribles contrariedades en todas partes, crecieron algo más aquellos pequeñuelos, quienes antes de despertar á la vida
consciente de la humanidad, sentían á su manera las
creaciones artísticas, hallándose cada uno con un instrumento entre las manos en donde debían darles la
forma que únicamente por instinto realizaban.

No era en rigor de verdad el padre de los niños
de mi cuento uno de esos vagabundos que van de
pueblo en pueblo y de provincia en provincia luciendo habilidades discutibles, con las que suelen poner
á contribución ó 1~ _ignoran~ia _de sus rústicos espectadores ó la regoc11ada cunos1dad de determinados
elementos populares; no era el comediante ni el acróbata de reducido equipaje y deslucidas galas, que hace
reir con los chistes que arranca de su miseria ó se
hace admirar en los peligros que le inspira su desesperada situación; no era un saltimbanqui al estilo de
todos los demás, sino un hombre de cierta cultura
social, que sin haber sido nunca rico había venido á
menos, como vulgarmente se dice, en su lucha por la
existencia, agotando todos los recursos que le deparaba la fortuna y aceptando con resignación toda
clase de situaciones, siempre que pudiera honradamente dar de comer á sus hijos, á los tres únicos restos de su corazón, de su fe y de su esperanza.
Eran tres verdaderas joyas humanas, que como
todas las prendas de inestimable valor se encerraban
en cuerpos diminutos. Jacinta, Pedro y Angeles; tales eran los nombres de las tres preciosas criaturas.
Huérfanas de madre desde hacía cinco años que
era la edad de la más pequeña, habían rodado ;or el
mundo, según la común expresión, por seguir la inclinación artística de la mayor, que apenas contaba
once veranos; rubia como esta estaéión en la que había nacido, y como ella llena de flores y misteriosas
alegrías. Su hermanito sólo tenía ocho años y era
una monada de precocidad y travesura.
'
Este y la hermana menor poseían multitud de habilidades y ayudaban con sus trabajos á Jacinta que
era la verdadera reina de aquella troupe encantadora
y que ademá~ constitu_ía un ,Portento de intuición ;
cultura artística supenores a todo cuanto pudiera
suponerse en una imaginación infantil.
Tocaba el piano, leía música y recitaba casi magistralmente poesías clásicas .y modernas; pero su expansión favorita era el violín. En aquel instrumento delicioso! encontraba los sonidos más apropiados á las
, delicadezas de su alma.
Siempre que se presentaba en público con aquella
arca santa guardadora de sus más tiernos sentimientos, recordaba la estatua de Reynés. ¡Qué desprecio
tan grande hacia todo_ lo que· estaba en torno suyo!
¡Y qué manera de erguir la cabeza, entornar los ojos
y sacudir graciosamente los dorados rizos de su finíIII
sima·cabellera!..
•
Allí estaban también sus hermanitos compartienHay un pueblo en cierta -provincia, cuyó nombre
do su triunfo y acompañándola; Pedro e11 el piano y no hace al caso, donde han alcanzado gran desarro-·

593

303

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

fancia á la cual, para honra nuestra pertenello las asociaciones filantrópicas; observándomos, ~os vemos obligados á consignar la más
se allí la circunstancia de que las gentes sesolemne protesta en contra de esos _padres
rias toman con el mismo calor y entusiasmo
desnaturalizados, de esos crueles saltimbanlos fines de la Sociedad protectora de animaquis que ponen en horrible tortura á sus hijos
les, que las tendencias y efectos de la de Pro·
antes de que hayan adquirido ~l nat~ral destección de la infancia ó la niñez.
arrollo, persiguiendo la p~c~mmosa idea de
A este pueblo tuvieron la desdicha de lleun lucro vergonzante. Qmzas entretanto que
gar Ambrosio y sus hijos, atraídos por la fama
las tiernas criaturas consumen sus energías,
que gozaban sus habitantes de ser espléndilos explotadores se entregan á las más viciados y bondadosos. Lo habían fiado tod~ al
das concupiscencias.
éxito que allí se prometían, pues repetidas
»Elocuente testimonio de nuestras palabras
contrariedades y sucesivos fracasos les habían
son
las lágrimas vertidas por ·la bellísima é
dejado á las puertas de la miseria, ocasioinocente
niña Jacinta en la función celebr~nando al pobre Ambrosio una aguda enfermeda anoche; ellas constituyen la prueba _e~1dad que resistía á pie firme con verdadero
dente de su desgracia y tal vez de su martmo.
heroísmo.
Su
padre, mientras, acaso andaría gozoso enEn este punto se realizó el suceso de mi
tre bastidores en presencia de la gran entrada
cuento.
que nuestro filantrópic::&gt; público había disAl simple anuncio de los trabajos que hapensado á las lindas criaturas.»
bía de realizar la reducida compañía, se desA ntes de que Ambrosio se enterase de tan
pertó entre. todas las clases una vivísima cu·
inopinada
acusación, le rescindieron el contrariosidad, pues los programas determinaban la
to del teatro, le volvieron la espalda todas las
edad de los artistas de paso que enumeraban
personas de quienes solicitó auxilio, y en veinlas piezas más difíciles de su repertorio.
ticuatro horas quedaron para él cerradas toAcudieron, en efecto, á ver aquel portento.
das las puertas de aquella indignada poblaJacinta estaba febril, excitadísima, y así como
ción.
Cuando sus ojos recorrieron con verdatemerosa ante la idea de tan grande expectadero espanto las líneas del suelto transcrito,
ción; sin embargo, su triunfo fué completo. ·
cayó en cama agravado en su dolencia, para
Ejecutó el primer número del programa
no levantarse nunca, dejando á sus hijos en
con tal maestría y tan prodigiosa inspiración,
la más tristísima orfandad.
que antes de perderse en el espacio el últi1110
El golpe estaba dado. La filantropía h:!bía
sonido de su mágico violín, un aplauso unáobtenido
un triunfo completo y los hijos del
nime, cerrado, de esos que no dejan duda alsaltimbanqui quedaban en libertad para imguna, hizo trepidar el recinto.
RETRATO DE CRISTÓBAL COLÓN, propiedad del duque de Talleyrand
plorar la caridad pública. ,Y con _e fecto, h~La artista, acompañada de sus hermanitos,
bieran tenido que apelar a ella s1 los rendise adelantó al proscenio inclinando la cabeza
con reverencia. La saludaron frenéticamente... ; pero pectadores varió por completo. Parecía que estaban mientos de aquella única función no hubieran a~canzado á cubrir los gastos del entierro de Ambrosio.
bajo la impresión de un drama terrible ...
el público notó que lloraba.
Al otro día un periódico de aquella localidad deEl violín, como siempre, había quedado cubierto
Así es que, con un miserable puñado de pese~s,
cía lo sigu,ien te:
de lágrimas.
la
infeliz Jacinta partió llevándose á sus hermamtos
«En
nombre
de
la
Sociedad
protectora
de
la
InLa actitud entonces de aquellos filantrópicos es0

RELIEVES DEL MONUMENTO ERIGIDO AL POETA ALEMÁN SCHEFFEL EN KARLSRUHE,

obra de H. Volz

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LA ORACIÓN, grupo escultórico de Maximiliano l3aumbach

�306

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N ú MERO

593

NúMERO

593

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

para Madrid en un coche _de tercera ~la~e, antes de pices antiguos llamó la atención :m. regular número de_cuadros a rtista que domina la técnica, que se preocupa del procedimiendar tiempo á que se organizasen suscnpc1ones en su de d istintas escuelas del Renac1m1ento y en la actualidad lle- to, que cuida de la ejecución, y asl sus cuadros res~lta~ aca~nan sus paredes una selección de grabados interesantísimos,
no sólo en el concepto del sentimiento que los msprra, smo
obsequio, que es con lo único que se recompensa en pequeñas muestras de la num~rosa y muy importante c?lección dos
desde el punto de vista dd dibujo y del colorido que. reajzan
este mundo las grandes miserias humanas.
del aficionado Sr. Andreu, Director de El S11ple111e11to, de esta sus bellas composiciones. La figura de Ju~na de Arco que re•
producimos y que es una de las obras mas notables del actual
Aquella prisa fué inconsciente, aunque algunos c~- ciudad.
Salón de lo~ Campos Ellseos, de París, y el_ paisaje so?re el cual
vilosos quisieron adivinar en ella una nueva precociTeatros. - En el teatro U nter den Linden, de Berlí~,. se destaca son la mejor prueba de, cua~lo ~ec1mos; la primera, ~ddad de la pobre niña.
ha estrenado un baile en cuatro cuadros, de H. Regel, mus1ca mirablemente trazada revela a la iluminada, a la que sumida
Los tres se refugiaron en casa de una tía suya, y es de José Bayer, titulado Columbia, especie de viaje por Améri- en místicas meditacio~es presentía su h roica vida y ~u muerte
7 que armoniza c&lt;&gt;n el
fama que desde entonces Jacinta sólo toca el violín ca que termina en Chicago y durante el cual se prese!llan al de mártir; el segundo respira una poesia
cuando siente ganas de llorar, recordando las amoro- espectador, en una mise en sce11e magnifica, las maravillas del estado psicológico de la doncella de Domremy. •
sas caricias y delicadas solicitudes de sus inolvidables Nuevo Mundo.
Proyecto de monumento á Legazpi Y Urda;
- En el teatro de la Corte, de Diesde, se ha estrenado con
padres, á quienes antes de una razonable edad tuvo gran
aplauso una ópern cómica en dos actos, Dos_ rompositores neta, en Manila, obra de l(?S Sr~s. Campeny e
que sustituir sobre la tierra.
ó 11na fiesta ,pastoril m Versailfes, letra de K. Wmkelmaon y Iranzo. - En uno de nuestros anteriores numeras y en la secLUIS PARDO

música de A. Hagen.
.
- En el teatro de la Ciudad, de Elberfeld, ha sido muy
aplaudida una nueva ópera de J orge Rauchenecker, titulada

Ingo.

Bella.s Artes. - La importantísima obra Zaragoza Artls·
tica, Mom1me11tal é Histórica que han publicado en la capital

¡¡,r

111

aragonesa los Sres. D. A. y P. Gascón de Gotor y de la cual
nos hemos ocupado con el elogio que merece en la sección bibliográfica, después d e haber sido premiada con medalla de
plata en la Exposición Histórico-Americana, recientemente ce·
lebrada en Madrid, ha sido enviada por cuenta del gobierno á
la Exposición U ni versal de Chicago, donde no dudamos llamará poderosamente la atención y obtendrá, además del aplauso
de los inteligentes, la recompensa de que tan notable obra es
digna.
- La Soéiedad de Pastelistas franceses ha celebrado en la
Galería Petit, de París, su novena exposición que abunda en
obras notables, sobresaliendo las marinas de Duez, los retratos
y estudios de Thevenot, Adrien Moreau, Yon, Gervex, Elliot,
Rosset-Granger, Blanche, La Touche, Forain, Tissot, Thau·
low, l\fontenard, Lagarde, Nozal, Besoard, ]{oll, Doucet y
Machard.
En la misma Galería Petit hay expuestas también algunas
obras d e la señorita Luisa Abema, verdadero temperamento ar·
tístico, que concibe con gran rapidez y pinta con gran facilidad
y frescura de colorido, pero que adolece del defecto de no acabar del todo sus cuadros al óleo: en cambio sus acuarelas son
preciosas, especialmente las flores.
- La exposición que actualmente celebran eo el Royal Iostitute de Londres los acuarelistas es notabilisima bajo todos
conceptos, así por el número como por la calidad de las obras
expuestas: especial mención merecen los asuntos venecianos
de miss Clara Montalba; Las sirenas, de A. Hopkins; Nox
Aestiva, de E. Radford, y las obras de Cuthbert Righy, E. R.
Rugues, J. Gilbert, A. Hunt, Thorne Waite, Tom Lloyd,
Goodwin, Herkomer, Melville,Johnson, Marshall y otros.
- En la Galería Tooth, de Londres, se han expuesto 1. 152
obras de Meissonier, comprendiéndose en este número cuadros
al óleo, dibujos y estudios del gran artista francés: esta exhibi·
ción es una reproducción en mayor escala de la que recientemetlte se ha celebrado en París.
- Eo la Galería Francesa, de Londres, se han expuesto varios
cuadros de artistas extranjeros, entre los cuales ocu pa el puesto
eminente, al decir de uoa importante revista inglesa, nuestro
ilustre compatriota Pradilla.
- Uoa mano desconocida ha destruído el famoso cuadro de
Tiotoretto, Retrato de 1m noble italiano, que se guardaba en el
palacio ducal de Venecia y estaba valuado en 200.000 pesetas.
- El barón Alberto Franchetti está componiendo otras dos
óperas, La fuente de Ha11dschir y Andrés Chenier, cuyos libre•
tos son de Luis lllica.
Barcelona. - Empezó ya en el Ateneo la recepción de las
obras que figurarán en la !Manifestación Artística próxima á
inaugurarse y que, á juzgar por lo que se dice, corresponderá
á la importancia de nuestro primer centro de cultura.
- La junta técnica de los Museos artísticos municipales
constituyóse hace pocos días y nombró la comisión ejecutiva
que debe proponer el Reglamento y la mejor manera de realizar la seg111.1da Exposición general de Bellas Artes que, bajo
los auspicios y por iniciativa del ayuntamiento, se celebrará el
p róximo venidero mes de abril.
SalónParés. - La falta de espacio nos impidió dar cuenta en
nuestros últimos números de las obras expuestas en el local pre·
dilecto del público barcelonés, y por cierto que merecen honrosa mención las más de ellas.
La_ Virgen de la Laguna se titula un paisaje de grandes di·
mens1ooes que junto coa varios estudios del Escorial y de Gua•
dalajara revelan en su joven autor, Sr. Raurich, cualidades de
observación y de fantasía muy apreciables.
Martí y Alsina presentó una tela con el título de 'L 13osch de
'n Mvra, pintada con el brfo y la gdlardfa que él acostumbra.
Mas y Fontdevila, una bonita escena llena de luz y frescura,
un grupo de mujeres ea el acto de recibir la bendición de las
palmas y ramos de laurel que devotamente sostienen. Perich,
un cuadrito de costumbres, discretamente ejecutado; y el escultor Arnau, una escultura de salón llena de vida y verdad, de ejecución fina y detallada, nueva muestra del talento que distingue á uno ele nuestros buenos escultores.
Posteriormente, Graner y Meifrén han ocupado con varios
cuadros el sitio preferente del salón; el primero con un buen
retrato, una riña de lavanderas junto á un riachuelo, un sober•
bio estudio radiante de luz y de hechura jugosa y decidida, y
un tipo de esos bonachones que tanto conoce el fecundo artis·
ta, tratando de encender su pipa con una cerilla del Monopolio,
tema que constituye un vigoroso estudio de luz artificial. Preséntase Meifrén con cuatro notas, que prueban á cual más cada
una de ellas los reales y positivos progresos que realiza. Son re·
cuerdos del Sena los asuntos, bien concebidos, frescos, luminosos y ampliamente ejecutados.
Cusachs expone una escena de Aamenquería, high lije, puede
decirse; chulos y chulas en extensa pradera trotan apresuradamente, al caer de la tarde y de vuelta del espectáculo nacional,
de seguro. Bien los tipos y el movimiento de los caballos
Salón de «La Vimguardia. »- Sucédense con regularidad en
este local, beneficiando así á la cultura artística de nuestro pú·
blico, las exposiciones de diferentes obras. Después de los ta·

- En el teatro Comunal, de Trieste, ocurrió hace poco con
motivo del estreno del drama de I bsen, Los aparecidos, una escena singular. El público, hondamente impresionarlo por la
obra y por la manera ultrarrealista como la interpretaba el
actor Zaccone, fué presa de violenta excitación; muchas señoras prorrumpieron en grandes voces, otras se d_esmayaron y to·
dos los concurrentes pid.i~ron á gritos que se baiara el telón, como así hubo de hacerse, sin terminar la representación del
drama.
- El ciclo de las representaciones wagnerianas en Munich
empezará el día 11 de agosto con Tamzhauser, ópera á la gue
seguirán el día 13 Las Hadas, el 15 El holandés volante ( El
buque fantasma) y el 17 Los maestros cantores de Mtremberga:
en la, segunda serie de audiciones se pondrán en escena las cuatro partes de la tetralogia El anillo del Niebeftmgo.
.
Londres. - En Drury Lane se han cantado Lohe,z~m, Tro·
valore y Carmen. En Haymarket se ha estrena_dounmteresan·
tísimo drama de Osear Wilde A Womanof110 u11porta11ce {U na
mujer insignificante), que h; promovido grandes discu~iones
entre los críticos londinenses, y en el cua l, al lado de algunos
defectos, hay escenas de primer orden que causan gran sensación: el problema que en el d rama se desarrolla no e~ nuevo,
pero en la manera de resolverlo hay verdadera originalidad. En
la Avenue se ha estrenado un melodrama de J. W. Dain, Tke
Si/ver Shell, cuya acción interesante está inspirada en los e¡,1sodios de una conspiración nihilista.
Madna. - En el P ríncipe Alfonso se ha ~antado La bellafanciulla de Perth, habiendo sidr muy aplauchdos en su ~esemp;·
ño las señoras Svicher y Mazzoni y los Sres. Lanf~ed1, L~ban
y Riera y muy especialmente el maestro Goula. Baio la_ d1rec•
ción de éste ha dado en el propio teatr~ el scgund? concierto la
sociedad Unión Artlstica; todas las piezas obtuvieron grandes
aplausos, especialmente la Gallia, de Gouno~. En Apolo se
ha estrenado con buen éxito Las dos Margaritas, zarzuela en
un acto letra del Sr. Prieto y música del maestro Esteller. En
la Com~dia ha debutado con buen éxito la compañia de ope·
reta italiana que dirige el Sr. Tani.
13arce/011a. - Han terminado las temporadas de ópera d~I
Liceo y del Principal; en el primero se cantó co~ mediano éx1·
to Aida; en el segundo se verificaron las despedidas de l~s te·.
nores De l\fnrchi y Massini J)?niéndose en ~scena _luccza di
Lamermoory Loheugrin respecuvamente, habiendo sido ambos
artistas despedidos con sendas ovaciones. En Novedades se ha
estrenado con excelente exito un interesante d rama en tres actos del Sr. Riera y Bertrán, desarrollado con g!an vig?r dra·
mático, con situaciones de gran efecto y muy bien esenio: en
su desempeño se d istinguieron la señora Mena y los Sres. Tu·
tau y Esteve.

Necrología. - H an fallecido recientemente:

.
, .
José Meli, pintor italiano muy erudito en la h1stona arttstlca
de Sicilia.
Alejandro Manganinos Cervantes, notable po~ta, profesor de
la Universidad y jefe de los liberales de_ Montevideo.
Roberto Dorer excelente escultor smzo, autor de los monumentos nacionale~ de Berna y de Ginebra y de las esculturas
de la fachada lateral del Museo de Berna.
Adolfo Franck eminente filósofo, profesor del Colegio de
Francia individu~ de la Acatlemia de Ciencias morales y polí·
ticas, c~mendador de la Legión de Honor y presidente del Con·
sistorio israelita de París.
·
Manuel González, ex presidente de la República de México.
Carlos Reinhardt, pintor de origen alemán, célebre por sus
cuadros de las lagunas venecianas.
. .
.
Alfredo Mame, propietario de la tan_ con?c1da imprenta y librería religiosa de T ours, en do~~e se 1mpnmí~n la mayor par•
te de los libros de educación religiosa de Franc•~: había fundado poblaciones obreras con cajas rle ahorros, asilos y escuelas Y
era comendador de la Legión de Honor.
Carlos Rizot, notable escritor francés, gran c_onocedor y _admirador de la antigüedad clásica, crítico dramático de Le Stecle
y crítico artístico de la Revue Blene.
. .
Edmundo Kirby Smith, el último general sobrev1v_1e_nte de
los confederados de los Estados del Sur en la guerra CIVIi ame·
ricana de 1861 á 1865
.
Ana Bilinska, pintora polaca, excelente retr~t!sta ~uyas ob~as
fueron universalmente admiradas en la Expos1c1ón mternac10nal de Bellas Artes celebrada en Berlín en 1891.
.
Eduardo Enrique Smith Stanley, conde ~e Derby, ilustre
hombre de Estado inglés, ministro del Exteno~ desde 1866 á
1868 y de 1874 á 1878 y secretario de las Colo01as con Glads·
tone de 1882 á 1885. ·

;.-, .

~\,,

:--\.

ción de Miscelánea nos ocupamos del monumento que hoy reproducimos dedicándole el elogio que en nuestro concepto merecía
y que o~ dudamos confirmará el juicio de nuestros lectores. _El
monumento afecta una forma piramidal: en una base ~ac1za
que descanza sobre una escalinata se ve eo la parte anteno~ la
Fama dictando á la Historia el glori?so hec~o d~ la conquis\a
del archipiélago filipino; en la poster_10r la Fe guiando una fra.
gil embarcación, y á los lados dos tnton_e~, _slmbol_o del mar, _Y
en los ángulóslos escudos de España, F1hpmas, Vizcaya y Gm·
p(1zcoa. Sobre esta base álzase un cuerpo esbelto y sobre éste
se ven las figuras de Legazpi y ?el P. U!_d aneta abrazados ha·
jo el g-Iorioso pendón de Castilla y cob1Jados por )a Cruz, re•
presentación de la idea religiosa que en ellos douuoó al conquistar el importante archipiélago. E l mooumeoto, como se ve,
resulta elegante, majestuo~o, digno ~el hecho que conmemora
y de los héroes que lo realizaron; la 1de~ general que en él_ pre·
side es acertadísima, perfectamente aiustada al pensanl\e~to
de los que proyectan la erección de aquél, y en cuanto á la eiecución, así en conjunto como en su~ detalles, es ~or todo extremo notable y constituye un nuevo timbre de g lona para sus autores, el arquitecto Sr. Iranzo .Y el esc~ltor Sr. Campeny, algunas de cuyas obras han podido admirar nuestros lectores re•
producidas en LA ILUSTRACIÓN ARTfSTICA.

Retrato de Cristóbal Colón, propiedad del duque
de Talleyraod. - Este retrato es obra ?e Sebastián Luc!ano, conocido por el sobrenombre de del P1ombo, famoso pmtor veneciano que contaba veintiún años cuando. murió Colón y que á
los veinticinco había alcanzado gran notoriedad. El retrato pertenece á la galería que en Valenyay posee el duque de Talley•
rand, quien le ha enviado á Chicago después de hacerlo ~estaurar por el hábil artista E. Ch~vreo: el grabado que publicamos
está tomado de una fotografia sacada después de esta restau·
ración.
Relieves del monumento erigido aJ poeta aJemán Scheffel en Karlsruhe, obra de Hermá n
Volz. - Hace poc~ se inauguró en Karlsruhe el monumento
dedicado al gran poeta alemán J osé Vlctor de Scheffel, del que
forman parte los dos hermosos relieves que reproducimos y que
representan escenas de la famosa novela de aquél, Ekkehardo,
esculpidas por el reputado artista 1-Iermán Volz. Son est~s
obras verdaderas maravillas en tan dificil género: las compos1·
ciones están admirablemente estudiadas, la agrupación de los
personajes magistralmente hecha, la actitud y expresión de cada
uno de éstos tienen un vigor dramático y un sello de verdad su·
periores á todo encomio, los térmi~os destácanse clar?s .Y per·
fectamente dispuestos y la perspechva resulta un prod1_g10, pa·
reciendo imposible que con los escasos recursos del relieve hayan podido obtenerse tan sorprendentes efectos.

La oración escultura de Maximiliano Baumbach. - En la Exposición internacional de Bell~s ~rtes cele·
brada en Munich el ruio pasado llamó extraorchnar~amente la
atención este grupo escultórico que representa á una J0Ve? ma·
dre con su niño enfermo en la falda y cruzadas por ~ebaJO del
cuerpo de éste las manos en actitud de orar: en la !mrada que
eleva al cielo se revela todo el dolor, toda la angustia de lama·
dre que teme perderá su hijo, pero al mismo tiempo la confianza en Dios de la mujer piadosa, la esperanza en Aquel que nun·
r.a abandona á los que con fe le inv~a_n-1\'.o menos notable es
la figura del niño, con el rostro casi mantmado, aplomado el
cuerpo, colgantes y como ~in vida piernas y brazos. En suma, ~I
grupo profundamente sentido está modelado con verdad admirable y perfecto conocimiento del desn~do. ?u,autor cuenta ,en
la actualidad treinta y cuatro años; ha sido d1sc1pulo, en Berlm,
de Schaper y de Begas; ha f'lnado medallas de oro e~ las exposiciones de Berlin y Mumch, y en 1892 obtuvo el pnm~r _premio el bocelo que presentó al concurso celebrado para engir un
monumento que representara al emperador Federico III en la
batalla de Worth, obra eo cuya ejecución se ocupa actualmente
el genial escultor.

'...,.i ~ t Yf{L:..
·- - ·-~··:\·~·::

Después de la primera comunión, cuadro d_e
Fritbjof Smith. - Ha terminado en 'el templo la cere~oma

sublime de la primera comunión, y las niñas que por vez pnmera
han recibido el Pan Eucarístico encamínanse á sus casas para
festejar en familia tan solemne día, cuyo recuerdo acompaña al
hombre y á la mujer durante toda su vida, cualesquiera que _sean
las vicisitudes por que haya pasado, porque es el acto q~e é1e~ra
la infancia y abre un nuevo período en la human~ existencia.
Teniendo esto pre_sente, trayendo á nuestra memona aqu~l me·
morable acontecimiento de nuestra niñez, ¡cuán bello, cuan ver·
&lt;ladero resulta el cuadro de Smith ! ¡Cuán bien sentiuas esas in·
fantiles figuras! En sus rostros al par de la impresión grave que
en su corazón dejara la ceremonia imponente, ~e_spla_ndece la
alegría que en toda alma virgen produce la parllc1pac1ón en el
más grande de los misterios de nuestra fe, en el_ q~e pone en
comunicación directa á la mísera criatura con el Divino Reden•
tor. Desde el punto de vista técnico, la obra del reputado pintor alemán e; también un conjunto de bellezas admirablemente
expresadas dentro del más sano naturalismo: en ella se herma•
• nan la poesía y la verdad, elementos indispensables eo toda
manifestación artística.

Mr. Tommy Burn tirándose de~de una a ltura de 83 pies en el Royal Aquarmm de Lon:
dres. - El ejercicio que reproduce nuestro grabado y que esta
actualmente llamando la atención del público londinense, no

Juana de Arco cuando niña, en Domremy, necesita explicación alguna: á simple vista se comprende lo
cuadro de Mme. Demont-Breton. - La característica extraordinario del sallo de Mr. Bum. Este se lanza desde una
rle los cuadros de Mme. Demont-Breton son la sencillez y la plataforma situada junto al techo, y deicribiendo con _su cuerpo
t ernura; en todos se transparenta el alma delicada de una mu- una curva cae en un recipiente lle~o de agua de 18 pies de lar·
:er que siente; pero á b vez que el poeta, muéstrase ea ellos la . go por 9 de ancho y 7 de profundidad.

Delante de ellos caminaba el conductor llevando al hombro una chaqueta, una faja encamada á la cintura, calzados los pies con alpargatas
y con la vara de pincho eo la mano. (Véase pág. 291.)

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT . -I LUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD

(CONTINUACIÓN)

- Admites que esas suposiciones nos interesan lo bastante para justificar mi
pregunta. ¿No es cierto?
- Vaya si lo es; perfectamente cierto.
- Desde hace mucho tiempo me había yo familiarizado con la idea de que
Gastón dejaría toda su fortuna al capitán; pero lo que acabas de decirme me
prueba que las cosas no son tales cuales yo me las había figurado, sobre todo en
lo que se refiere á la paternidad, que yo había creído siempre indudable; las
• condiciones por consiguiente han variado mucho.
- Después de haber ido demasiado lejos en un sentido, no vayas á ir ahora
con rapidez excesiva.en sentido opuesto.

- No iré sino hasta donde tú me digas que vaya. La fortuna ha sido conmigo demasiado cruel para que yo me deje seducir por sus halagos; puedo afirmarte con toda sinceridad que en este momento estoy más comovido por el dolor
que la muerte de mi hermano me produce que preocupado con el pensamiento
de la herencia. Es claro que no ha de serme indiferente una fortuna á la cual
tengo de seguro algunos derechos, aunque solamente sean aquellos á los cuales
renuncié á la muerte de mi padre; P\!ro en estos instantes, hazme la justicia de
creerlo, antes que el heredero soy el hermano.
- Precisamente sobre esos derechos de que hablas se funda una de las hipótesis sentadas por mí cuando me he preguntado por qué razones recogía Gastón

�308

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

su testamento. Puedo decirte con verdad que desde vuestra ruptura no he dejado de hablar de ti con Gastón cuantas veces me ha sido posible. En los primeros años la cosa presentaba dificultades, y ya te he explicado el porqué: la cólera estaba todavía reciente, el rencor se exasperaba con frecuencia por los apuros de dinero y los vencimientos de pagarés. Pero cuando todo quedó pagado,
conforme iban desvaneciéndose los recuerdos de aquellos apuros y de aquellos
pagos, tu nombre iba dejando de producir aquel efecto de exasperará tu hermano; pude pronunciarlo, así como el de tu hija, y pude indicar como inciden-

talmente, sin insistir mucho, por supuesto, lo doloroso que sería que Anie no

,

593
NúMERO

XI
Muy poco después de las diez avisaron al r. Barincq de que los invitados
comenzaban á llegar, por lo que el padre de Anie bajó á las habitaciones del
piso entresuelo.
Habla tenido tiempo suficiente para vestirse, y cuando penetró en el salón
principal no paree/a ya el pobre delineante de la Ojici11&lt;1 cosmopolita dt los ¡,,_

ventores, envejecido y encorbado por veinte años de trabajo incesante y rudo;
su talle se había erguido, su cabeza aparecía elevada, y si en su rostro se advcrt/a por la oblicuidad de las cejas y la inclinación de las comisuras de·los labios
la huella de un sincero dolor, este dolor mismo ennoblecía la figura del Sr. Barincq; ya nada había en él de esas preocupaciones in mediatas, nada de esas
abrumadoras inquietudes del momento; podían leerse en su rostro otros cuidados más dignos y de mayor altura.
Parientes suyos eran casi todos los que le esperaban: primos suyos procedentes del país vasco y del Bearne, los unos de Maulcón y de Saint-Palais, los cuales llevaban todos el apellido Barincq; otros, los de Ortehz, tenían el apellido
Pedebidou. Compañeros muchos años hacía de su infancia, amigos de su juventud, casi todos habían dejado de verle veinticinco 6 treinta años antes, pero to- Sin duda; prefiero detenerme en esta suposición cuanto más cierto es que
dos conoc/an la historia de su vida y de sus luchas. Por eso, cuando habían teme parece consoladora, que honraría la memoria de tu hermano y que al mismo
nido conocimiento por los criados de su llegada al castillo, habían experimentiempo sería favorable para vosotros; pero es menester que convengamos en que
tado cierta inquietud, no solamente en su orgullo de personas de arraigo y bien
esta suposición no es la dnica que puede admitirse. Si tu hermano ha querido
consideradas1 sino también en su prudencia de ricachos interesados, que unos y
modificar su testamento que en su primera forma no resultaba en favor tuyo, lo otros lo eran.
temo, y para añadir en él disposiciones nuevas, para darte á ti y dar á tu hija lo
¿Iría aquel pobre hombre con el traje destrozado ó con los zapatos rotos?
que en justicia os debla, también puede ocurrir que el testamento haya sido moPor otra parte, ¿no estarían expuestos á ser molestados con peticiones de didificado en otro sentido y aun en sentido completamente contrario, como pudo nero?
•
también tu hermano haberlo destruído.
Aquellas quejas y lamentaciones tantas veces repetidas por Gastón durante
-¿Hay en las relaciones de Gastón con el capitán algo en que puedas fundar
los dltimos veinte años no se habían olvidado; y al recordar cómo había sido
la suposición de que el testamento ya no exista?
explotado éste por su hermano, habían formado todos el propósito firme de
-Absolutame;ite nada; antes al contrario, puedo decirte que esas relaciones
mantenerse muy rese¡vados y sobre todo á la defensiva; Barincq era indudablese han hecho más íntimas en los dltimos tiempos, desde que Sixto fué nombramente su primo, sobre esto no cabía duda; era su primo, pero este es parentesdo ayudante del general Harxacá, que ejerce mando en Bayona, circunstanco suficientemente lejano, á Dios gracias, para que no imponga deberes ni comcia que ha permitido al joven venir á Ourteau más á menudo. Diré más: la elec- promisos.
ción de Sixto como ayudante del gobernador militar de Bayona ha sido inspiraProdújose, pues, verdadera sorpresa cuando vieron entrar en el salón á Barincq
da indudablemente por Gastón, que era muy amigo del general.
calzado como todos y no con botas á lo Roberto Macaire. En realidad los balBarincq continuó:
cones de la habitación, discretamente entornados, no dejaban penetrar sino una
- ¿Entonces esa hipótesis de la supresión del testamento es poco veros/mil?
luz algo dudosa, pero la que caía de los montantes era suficiente para mostrar
- Indudablemente; pero no por eso hay que prescindir de ella en absoluto.
que el frac de Barincq era aceptable y sus guantes admisibles. Entonces casi
Te he dicho ya que Gastón habla dudado siempre de su paternidad; esto ha
repentinamente sobrevino un cambio completo de sentimientos; sin que los conhecho que en sus relaciones con el hijo de Leontine Dufourcq haya tenido tu
currentes se hubiesen puesto de acuerdo, ni aun consu\tádose con la mirada,
hermano varias alternativas entre el cariño y la repulsión; en ciertos momentos
todos se adelantaron hácia él, y todas las manos se tendieron para estrechar 1l
manifestábase lleno de ternura hacia el que consideraba como hijo suyo; en otros del hermano del difunto.
sentía verdadero odio contra el que sospechaba que fuese hijo de Arturo Bum.
- ¿Cómo estás?
¿Quién sabe si el día en que me hizo devolverle el testamento estaba Gastón
- ¿Y tu mujer?
en uno de esos instantes en que sent/a horror contra Sixto? Una disposición
-¿No tienes una hija?
moral p~d? haber producido esa antipatía, lo mismo, ni más ni menos, que un
- Tu hija se llama Anie.
descubnnuento decisivo, ya por testimonios personales, ya por cartas, ya por otro
- Has seguido las tradiciones de la familia.
conducto cualquiera al cual hubiese Gastón dado crédito.
- Y el recuerdo de nuestra tierra.
- Me parece, sin embargo, que las relaciones de mi hermano con el capitán
Y vuelta á los apretones de manos.
no permiten sostener esta hipótesis.
Tan completo fué el cambio que, después de haber expresado el sentimiento
- El capitán no ha vuelto al castillo desde que entregué á Gastón aquel tes- por los disgustos surgidos entre los hermanos, se llegó hasta á censurará Gastón
tamento; y en ese día, durante los pocos minutos que tu hermano permaneció por haber perseverado en su encono.
en este despacho - del cual paree/a como si tuviese ganas de salir pronto - le
- Era una de las debilidades de su carácter, dijo cierto Barincq de los de
encontré muy turbado; ya ves que es necesario admitir también esta suposición Maulcón.
•
P?r p9co fundada que parezca, como es necesario admitirlo todo, hasta la posi- Las relaciones de familia deben cimentarse sobre la indulgencia, dijo otro.
bthdad de que Valent/n Sixto llegue de un momento á otro con un testamento
- Y esta indulgencia debe ser recíproca, dijo entonces el mayor de los Peen el bolsillo.
·
debidou.
-No me parece eso inverosímil.
Y como no es solamente la indulgencia el cimiento sobre que deben descan. - De todas maneras, pronto saldremos de dudas. Para mayor seguridad he sar las relaciones de familia, sino que también debe serlo la solidaridad, dos de
dispuesto sellar aquellas habitaciones; levantaremos los sellos dentro de tres
los primos, aquellos que por su edad y por su posición tenían mayor autoridad,
d/as, Y entonces encontraremos el testamento si es que le hay. Entretanto en tu
llamaron aparte á Barincq y lo llevaron para hablar reservadamente á uno de los
calidad de pariente más próximo vas á ser amo y señor en el castillo. En nom- extremos del salón.
bre tuyo lo he dispuesto y arreglado todo, desde el servicio de la iglesia hasta
- ¿Sabes las relaciones que existían entre tu hermano y cierto capitán de
el almuerzo preparado para recibir como conviene á aquellos invitados que por dragones?
ventr d~sde muy lejos nada hubieran encontrado en Ourteau y en especial vues- He visto á Revenacq.
tros panentes de Ortehz, de Maulcón y de Saint-Palais, los cuales seguramente
Ambos
simultáneamente se apoderaron de las manos de Barincq, de la izvan á llegar de un momento á otro.
quierda el uno, de la derecha el otro, y, se las apretaron con fuerza.
- Permíteme que te dé las gracias una vez más; en estas circunstancias tristes
- Que cada uno deje establecidos á sus hijos bastardos, dijo uno de los prihas procedido como un individuo de la familia.
mos, me parece muy justo; censuro á los padres que, en nuestra posición, dejan
- No; sólo he procedido como notario.
en desamparo y abandono á sus hijos naturales para que se conviertan, si son
- Ya no ha y notarios como td.
niños, en granujillas; si son muchachas, en perdidas; pero que para atender á
- En los alrededores de París así se cree, tal vez; pero te aseguro que entre ellos se perjudique á la familia leg/ti,rna, no puedo admitirlo.
nosotros los hay que son buenos am igos de sus clientes. Y ya que to digo esto,
- Eso es lo que nosotros censuramos, dijo el otro.
¿me permites que te diga una palabra más?
- Puedes creer que estamos contigo y te compadecemos.
Revenacq al dirigirá Barincq aquella pregunta, parecía algo embarazado, y al
- Y ten por seguro que cuentas en todo y por todo con nosotros para demosnotarlo su amigo se apresuró á decirle:
trar á ese intrigante el desprecio que nos inspiran sus maniobras.
- Di cu.'.lntas quieras.
Algunos recién llegados interrumpieron esta conversación íntima; fué necesa- Es muy sensible, dijo el notario abriendo uno de los cajones de su mesa rio que Barincq tornase á la chimenea para recibirlos, tenderles la mano y diride despacho: quería deci rte que si para ocupar dignamente tu puesto necesita- girles una palabra.
ses alglín dinero, me tienes á tu disposición.
Era aquella la tercera vez que Barincq asistía en aquel mismo sitio á ese des- Te lo agradezco mucho.
file de parientes, de amigos, de vecinos y de indiferentes que componen un cor- No vaciles en aceptarlo; lo que yo te facilitase ahora podr/a cargarse á las
tejo fúnebre: la primera, por la muerte de su madre, cuando el anciano de hoy
cuentas de testamentaría.
era todav/a niño; la segunda, por el fallecimiento de su padre: entonces estaba
-Tu ofrecimiento me conmueve, querido Revenacq; espero, sin embargo, que Gastón á su derecha; y ahora, por la muerte de éste, hallábase solo: la misma
no necesitaré utilizarlo.
obscuridad, idéndico murmullo de voces ahogadas, la misma tristeza de las co- De todas maneras, no te negarás á que tomemos juntos una taza de café sas en aquel salón en el cual nada habla cambiado y donde retratos viejos y somcon leche; después de haber pasado una hoche en el ferrocarril, has venido á
br/os que parec/an manchas negras sobre fondo verde que Barincq habla vispie desde Puyoo; es preciso que no eches en olvido que la ceremonia concluirá to siempre y que parec/an mirarle como preguntándole algo.
muy tarde.
Entre los que pasaban y le tend/an la mano habla muy pocos de cuyo nomAceptada la taza de café, se empeñó el notario en que el criadilla llevase la bre se acordase el padre de Anie; es cierto que la mayor parte de aquellas fisomaleta de su antiguo camarada.
nomías evocaban ciertas reminiscencias, ¿pero cuáles? Esto era lo que su memo- Si no te acompaño, le dijo, es porque temo ser importuno; una dolorosa ria insegura y perturbada no le decía con la prontitud conveniente.
e~periencia me ha enseñado que muchas veces, casi siempre, los que pretenden
De pronto pareció á Barincq que en aquellos grupos formatjos por acá y por
distraer nuestros dolores sólo consiguen exacerbarlos. Hasta luego.
allá se produc/a un movimiento extraño y que todas las cab,ezas se volvían hacia
pudiera casarse por falta de dote.
- Has procedido como buen amigo; te IÓ agradezco con toda mi alma.
- Procedí como hombre honrado y como notario probo que debe presentar
con claridad á sus clientes todo lo que á sus asuntos se refiera, aun aquello que
los clientes mismos no le pregunten; que debe guiar por buen camino á los que
en él han depositado su confianza procurando en cuanto esté de su parte que
vean lo que es verdadero y lo que es justo. Pues bien: en mi opinión, la justicia
exigía que ni tú ni tu familia os vieseis privados de una herencia sobre la cual
teníais derechos incontestables. ¿Fué para modificar su testamento en este sentido para lo que le recogió tu hermano? Está en lo posible.
- Evidentemente.

11

N úMERO

593

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

un mismo lado· instintivamente los ojos de Barincq siguieron la misma dirección de aquell;s miradas, y vió enton~es que un militar entraba en la sala.
- Es el capitán, dijo uno de los P,n mos.
.
Después de haber dirigido muy raptdamente u_na mirada alrededor suyo, el
capitán se adelantó hacia la chimenea; de gran uniforme, con el sable en el g~ncho para que no arrastrase1 con el casco en el brazo izquierdo, andaba el oficial
sin prestar atención, apare ntemente al menos, á I_as mir~das qu_e caían sobre ~l.
-¿Encuentras algún parecido?, dijo en voz ba¡a el mismo pnmo que le habta
anunciado.
.
.
Pero esta falta de parecido no fué á_los ojos de Banncq tan convmc~nte com,o
el primo pretend/a; además no tuvo tiempo de p~nsaren_ella: el capitán habta
llegado cerca de él, inclinábase ligeramente y ya iba, á rettrarse sm que mn~uno
de los parientes hubiese contestado á su saludo mas q~~ con un ?1ov1m1ento
imperceptible, cuando Barincq, como por protesta casi mvolunta~ia, alargó la
mano aJ capitán, éste tendió la suya y ambos se las estrecharon un mstante.
-¿Le has dado la mano?, dijo uno de los Barmcq cuando el capitán se hubo
alejado.
- Lo mismo que á todos.
-¿No has visto sus garras de plata?
- ¿Qué garras?
- Sus charreteras si te parece más exacto.
- ¿Y qué me importan las charreteras?
Este primo que habla dejado el ejércitó para casarse y que se hallaba muy al
corriente de l¿s usos y costumbres militares, se encog1~ de l~ombros_y contestó:
- No se lleva uniforme de gala al entierro de un amigo, smo sencillamente el
kepis y las hombreras negras. Si el capitán Sixto se ha presentado hoy_ d~ gran
uniforme, ten por seguro que ha sido para publicar sus derechos y decir a voce!i
que pretende ser el hijo de Gastón.
.
,
.
Aunque estas observaciones y sus réplicas se cruzaron a media ~oz,_ no pasaron inadvertidas; y mientras se preguntaban unos lo que po?rían s1gn!fi~a~, obsen:aban otros á Sixto con curiosidad y extrañeza; habíase visto el ~ec1b111~1ento
glacial de los primos y el apretón de manos del hermano, y esta d1ferenc1a habla desorientado á todos. La entrada en el salón del notario Revenacq puso
término á estas preocupaciones. Llegaron después más invitados y P'.onto estuvo el cortejo completo. Ento~ces, co_mo se llenase el ,salón, los que h~bta,n llegado
primero cedieron el puesto a los dlt1mos, saliendo a p~sear po_r el ¡ardm, donde
además de respirar mejor, era posible charlar y discutir más hbrement~. .
- ¿Ha visto usted que el Sr. Barincq ha estrechado la mano al cap1tan S1xto?
- ¿Pero podía no estrechársela?
.
.
- ¡Demonio! Eso depende ~el punto ~e vista que cada un_o esco¡a. ,
,
- Precisamente. Si el capitan es el h1¡0 del Sr. Samt-Chnsteau, sera, pese a
quien pese, sobr!no del Sr. Ba'.incq, y _entonces no hay p~r qué extrañar que éste
tienda la mano a su sobn no; s1 el capitán S1xto no es h1¡0 de Gastón y solamente ha venido para cumplir sus deberes con un hon:ibre qu,e fu é su protector, todavía me parece más dificil que el hermano del difunto a quien se tnbuta ese
homenaje le niegue su mano.
.
,
- ¿Aunque este sobrino se haya hecho legar una fortuna pnvando de ella a la
familia?
- Entonces me parecería que el Sr. Barincq habla sido más hábil.
- Sus primos le han censurado.
- Por el detalle de la hombrera de plata.
Y los que conocían los usos y ceremonias mili~ares se dieron el gusto d~ instruir en esto á los que no lo sabían; esto proporcionó asunto de conversac10nes
hasta que llegó el clero para conducir el cadáver...
-¿Qué sitio iba á ocupar el capitán en la com1t1val
.
Esta fué la pregunta que los curios~s se di~i~ieron mutuament_e; si el uniforme del capitán habla sido una afirmación, el s1t10 que en el corte¡o ocupase po·
d/a ser otra.
·
En tanto que la familia se colocaba para presidir el duelo, el capitán fué á
mezclarse al acaso con la multitud, y entre la multitud permaneció en el templo
sin que nada demostrase en su actitud que el capitán diese á unos sitios _más
importancia que á otros; los parientes ocupaban en, el cor~ un ba_nco cubierto
de negro que, desde tiempo inmemorial, pertenec/a a los Samt-Chnsteau. El capitán durante la fl\nebre ceremonia permaneció en la nave de la 1gles1a confundido con los demás concurrentes.
Pero como estaba Sixto colocado enfrente de aquel banco entre dos columnas inmediatas y como su brillante uniforme se destacaba en medio de tantos
trajes enlutados, siempre que Barincq levantaba los_ ojos encontraba al capitán
delante de él, y entonces no podía menos de examinarle con ~tenc1ón dur~nte
algunos segundos y recordar constantemente aquella observación de su pnmo:
«No tiene ningú n parecido.»
El capitán era menos alto que Gastón, pero poseía elegancia, vigor y buenas
proporciones; lo mismo que Gastón, tenía hermosa cabe~ y nariz griega;_ tenía
por último, como Gastón, el cabello negro. Pero en camb10 de estas seme¡anzas
existlan también muchas diferencias: la barba de Gastón era negra y su color
muy moreno; en cambio el capitán tenía rubia la barba y el color pálido sonrosado; esto era principalmente lo que constituía la diferen~i~ más notable entre
ellos; sin embargo, esta diferencia_ no era tanta que pe~mit1ese aseg~rar, como
el primo habla hecho, que no existía entre ellos parecido alguno; cte'.tamente
Sixto no tenla de Gastón lo bastante para que pudiera deetrse: «es su htJO,) pero
tampoco se hallaba tan alejado de él para que se afirmase que no pod/a existir
parentesco alguno entre ellos; era el uno en su juventud un caballero elegante,
el otro un guapo militar; pertenecía el primero al tipo francamente moreno, el
otro tenía en su persona algo de moreno y algo de rubio; esto era lo que se hallaba de cierto después de detenido examen, lo demás nada significaba, y francamente no era posible sobre tales cimientos fundar ni destruir una genealogía.
Después del incidente del apretón de manos al capitán, una duda preocupaba á Barincq: ¿debla ó no debla convidar á Sixto al al muerzo que habla de verificarse después de la ceremonia? Encontraba razones para justificar la afirmati va; pero las que aconsejaban lo contrario, sobre todo después de las censuras
de sus parientes, no dejaban de ser poderosas. ·
Afortunadamente, en el cementerio, es decir, en el momento en que era necesario decidirse, Revenacq llegó en auxilio de Barincq.
- Como la presencia del capitán en la mesa de la familia habla de ser violenta para vosotros y para él, ¿quieres que me le lleve á casa? Eso os librará á todos
del compromiso.

En realidad el notario habr/a debido decir: «eso nos librará á todos del co~ promiso;» porque su posición en medjo de aquellos herederos presuntos y posibles era también para él en extremo dehcada.
. . .
.
Si la amistad y juntamente un sent1m1enw de JUS!tCta le ,mpul~ban á desear que la herencia de Gastón fuese á su anttguo condi_sclpul?, los. intereses de
su estudio exig/an por el cont"!n0 que heredase el capitán. St _Bann~q heredaba á su hermano conservar/a indudablemente el casttllo y las tierras a: él _ane¡as
para transmitirla~. andando el tiempo, á su hija como ?ienes de la famtha. Por

el contrario el capitán, que no tendría razones de esa mdole para conservar el
castillo y que en cambio las tendrla muy poderosas para deshacerse de él, lo vendería, y esta venta significaba una serie de escnturas y actos y contrat?s pr?ductivos que, en aquellos momentos en los cuales Revenacq se ~ropoma retira~se
de los negocios, acrecentarían muy oportunamente lo~ beneficios de su es~~d10.
En tales condiciones era menester ante todo conducirse con mucha habilidad
entre aquel que podía ser el heredero y aquel que tenía much~s probabilidades
de ser Jegatario; era indispens~ble ~onservar tan_buenas relac10nes con ~l uno
como con el otro; de aqu/ nació la idea del convite, con la cu_al el notano mataba dos pájaros de un tiro: prestaba un servicio á Banncq en c1rcunstanc1as !fl,UY
delicadas, y al mismo tiempo s~ mostra~a. a~ectuoso y corté~ ~en el c~p1ta_n,
á quien de seguro habría resentido el rec1b1m1ento que la famtha le hab1a dispensado.
XII
Era ya muy cerca del anochecer cuando los últimos convidados_abandonaban
el castillo; ninguno de los ¡,rimos de Barincq_ se separó de él sm estrecharle

enérgicamente la mano, mamfestándole vivas simpatías y excelentes deseos.
- Estamos contigo.
- Cuenta con nosotros.
.
- No adm itiré nunca que Gastón haya podido despojarte de una herencia
que por tantos t/tulos te cnrrespond/a.
- En la hora de la muerte se procura reparar las debilidades de la vida.

- No vaciles en aceptarlo; lo que yo te facilitase ahora podrin cargarse á las
cuentas de la testamentaría

- Si Gastón pudo en un momento determinado otorgar el testamento de que
habla Revenacq, es seguro que después lo ha destruído.
- Indudablemente para eso lo recogió, no para otra cosa.
- Cuando quiten los sellos no dejes de avisarnos.

- Por supuesto, nos traerás á tu hija.
- La casaremos en el país.
..
Por último, vióse li bre Barincq y pudo pensar en su famtha y consagrar un
rato á escribirá su mujer una carta ampliando y ~omple_tando s_u telegrama _de
por la mañana; telegrama en el cual solamente habta ~dtdo decií que negocios
importantes lo retenían en ~¡ cast1Bo. En la carta _exphcó el Sr. Banncq_ cuá_les
eran t:sos importantes negocios, y s1 bien no mamfestó las ,e~peranzas nsue~as
de los primos, si &lt;lió conoc~miento á su espos,a de las supos1c10~es del ~otano;
existía un hecho cierto: por el pronto no hab1a testamento. ¿El mventano darla
por resultado encontrar uno? Esto era lo que nadie podía ~~ rmar, ni sospechar
siquiera, si había de apoyar esa sospecha en alguna probab1hdad raz?nable; por
su parte no tenia opinión ni sabía nada; era necesano esperar tres dias.
Cuando Barincq acabó de escribir aquella extensa carta caía la tarde, una de
esas tardes apacibles y hermosas, propias de este pals, donde es frec~ente que la
naturaleza parezca adormecida en un sueño po~tico y sereno. Barmcq no teniendo nada que hacer allí salió, dejando á sus pies que le llevaran donde ellos
quisiesen. .
Sus pasos le llevaron al parque conti~uo al castillo, y allí permaneció el padre
de Anie encontrando cierto melancóhco placer en buscar las plantas que hablan sido amigas suyas en la edad infantil y que. volvía á encontrar ahora tales
cuales eran cincuenta años antes, sin que los jardmeros hubieran modificado en
nada su cultivo.
¡Por qué no habría permanecido allí, al lado de su hermano, que tantas veces
se lo había propuesto! ¡Ah! ¡Si la existencia com_~nzase de n~evo, no incurriría en
la misma locura, no correría en pos de los espe¡tsmos enganosos que le hablan
arrastrado!
.
. ,
Cuando joven había abandonado sm gran pesar aquella_ casa, .J~zgandose llamado á brillantes destinos; ahora ¿podr/a ocupar su antiguo s1t10 ba¡o aq~el
techo y conservarle hasta su muerte? ¡Qué consuelo tan dulce! ¡Qué tranquilo
reposo!
( Conti1111ará)

�N úMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

3 10

El grabado que acompaña á este artículo da perfecta idea de la importancia de esta obra. El viaducto tiene en total entre estribos una longitud de
666'24 metros y está esencialmente constituído por
vigas metálicas, macizas unas y otras formando enrejado, que descansan sobre pilares de acero: la distancia entre el apoyo de los rieles y el agua, ó sea la altura del puente en el punto máximo, es de 98 meEL VIADUCTO DE PECOS, EN LOS ESTADOS UNIDOS
tros sobre el nivel del río, y la elevación alcanza
100'60 metros, contando hasta el fondo del lecho. La
Hoy día, en que el estudio de la resistencia de los anchura de l.:s pilas es de 10'66 metros en su pie, al
materiales es una verdadera ciencia, en que ya no se paso que una de las armaduras laterales, que constiprocede al azar en esta materia, en que los cálculos tuyen las más altas de estas pilas, alcanza 63'5 metros

una presión resultante del viento, calculada en 244
kilogramos por metro cuadrado cuando un tren pasa
por el puente.
He aquí en algunas palabras la composición del ·
tablero, dejando á un lado, como de interés mediano, las porciones de vigas llenas que se ven á la izquierda del dibujo y que forman el viaducto allí donde la altura y longitud son escasas: son treinta y
cuatro traviesas de 10'66 metros cada una. Cuéntanse
luego una viga llena de 16'40 metros, ochO'en entrelazado de 19'80, dos cantilevers de 31, otros dos de
21'30 y por último una viga suspendida de 24'40.
Para colocar las diferentes partes del tablero se
ha utilizado un carromato de hierro con un brázo de
3 7'80 metros de largo que se apoya sobre una base
·circular de r 7'80: este carromato está _formado por
dos vigas paralelas, separadas una de otra por una
distancia de tres metros, que descansan directamente
sobre las vigas mismas del puente, y por dos traviesas que aguantan el conjunto del armatoste. Para asegurar el equilibrio del sistema cuando levantaba las
piezas habíase dispuesto en él un contrapeso de 22.000
kilogramos de rieles. Este aparato llevaba en su puente dos calderas que alimentaban dos máquinas que
gobernaban cuatro cabrias independientes, sin contar
una cabria móvil.
No hay que olvidar que algunas de las piezas que
habían de ser levantadas y colocadas pesaban hasta
ro toneladas. Un solo carromato, siempre el mismo,
sirvió para toda la construcción: primero se utilizó
para construir la mitad oriental de la obra, y luego fué
transportado por ferrocarril recorriendo un trayecto
de 60 kilómetros al otro lado del valle en donde ocupó su lugar en el extremo occidental del viaducto:
allí se colocó la otra mitad y después no se necesitó
más que una prensa hidráulica de 20 toneladas para
juntar las dos partes del tramo suspendido.
Este trabajo gigantesco ha sido ejecutado en tres
meses y medio, con algunos días de interrupción, y
en él se han empleado 67 hombres durante 87 días de
labor, lo cual es poco si se considera que el avance
diario ha sido muy grande. El puente es en suma una
obra notabilísima que honra á M. H. D. Mac Kee,
ingeniero que ha preparado y dirigido toda la construcción por cuenta de la Phoemis Brigde Company.

X., t'ngeniero
(De La Nature)

LA CIENCIA E}{ EL TEATRO
LA D ANZA SERPENTINA EJECUTADA F'OR MISS FULLER

El viaducto sobre el río Pecos en los Estados Unidos. - Ferrocarril del Southern Pacijic

no se basan en rudimerttariag aproximaciones y en
que se sabe perfectamente lo que puede pedirse ar
hierro y al acero, las grar1des construcciones metálicas ya no infunden temor alguno á los constructores,
que las prodigan constantemente en las más atrevidas
formas.
·
Una de estas obras más sorprendentes es el viaducto que ha sido recientemente inaugurado en los
Estados Unidos para la circulación de trenes.
La compañía Soutltern Pacijic Railway habíase
visto obligada, ante el obstáculo que ofrecía el profundo valle del río Pecos (Texas), á dará una de sus
líneas una dirección que alargaba en 18 kilómetros el
trazado, el cual, además, presentaba pendientes muy
pronunciadas y curvas muy violentas. Para evitar tales inconvenientes, decidióse á construir sobre el río
Pecos el puente que nos ocupa, obra notabilísima,
33 metros y medio más larga y 5 y medio más alta
que el famoso puente Kinzua construído en 1882:
se parece mucho al puente Loa, de Bolivia, pero el
tramo mayor de éste sólo tiene 24 metros y su longitud total no excede de 243 metros: las cifras correspondientes al puente de Pecos son, como vamos á
ver, mucho más considerables.

pór encima de la obra de sillería sobre la cual descansan: añadamos que la inclinación dada á esas
obras de sillería es de un sexto. El ancho máximo es
de 4'87, pero esta anchura se reduce á 3'04 entre las
dos caras de una misma viga. En cuanto á la vía es
del tipo normal. El conjunto de este puente representa un peso de metal de 1.828 toneladas de r.ooo kilogramos.
Este peso está sostenido por pilas, de las cuales veintitrés son metálicas, muy diferentes de altura, como se
ve en el dibujo, y todas están fabricadas con barras
de acero-en forma de Z, á excepción de dos que sostienen la porción del viaducto en cantilever. Todas
tienen su fundación de piedra de cantería, y aun para
algunas de ellas que se elevan en el fondo del valle
la fundación ha tenido que ahondarse hasta llegar á
la roca, á nueve y doce metros de profundidad. Digamos, además, que para las dos grandes pilas de
cantilevers lo mismo que para las pilas de la orilla de
estos mismos cantilevers se ha procedido al anclaje á
medida que se construía la sillería de la fundación;
para las demás se ha' soldado la parte metálica al macizo de rocas por medio de cemento Portland. La ·solidez más absoluta está asegurada y se ha previsto

En los Estados U nidos, en Londres, en París, en
Madrid, en suma en todas partes donde se ha exhibido este espectáculo que al publicarse este número
habrá podido apreciar nuestro público en el Eldorado,
ha llamado poderosamente la atención la danza serpentina, por su originalidad, por su elegancia y por
el mágico efecto que produce.
Pero además de estas circunstancias entran por
mucho en la impresión causada las combinaciones
de los curiosos efectos luminosos, que hacen que el
espectáculo pueda ser considerado como una verda:
&lt;lera aplicación de la física á la il~sión teatral.
He aquí cómo ejecuta miss Fuller la danza serpentina.
La sala queda á obsuras, se levanta el telón y aparece el escenario cubierto de colgaduras de terciopelo negro que forman un fondo negro completamente.
Preséntase la joven bailarina vestida con una larga
túnicá de gasa de seda semitransparente, y en seguida
un rayo de luz oxhídrica ilumina la aparición: entonces la artista cogiendo la túnica con ambas manos
imprime á ella movimientos giratorios, dibujando
con los bordes de la misma espirales y hélices con
una rapidez y agilidad maravillosas. En el mismo
momento seis lámparas de luz oxhídrica dirigen sobre la bailarina otros tantos rayos luminosos de gran
intensidad: cuatro de aquéllas están colocadas detrás
de pequeños tragaluces practicados en lo alto y en la
parte inferior del fondo del escenario, y las dos restantes en los proscenios del primer piso, como indica
nuestro grabado.
El objetivo de estas lámparas está provisto de un
disco alrededor del cual hay montados varios cristales dP. colores, de modo que dando vueltas á aquél
puede hacerse brotar de cada lámpara rayos de luz
blanca, azul, encarnada, verde, amarilla, morada, etc.
Cuando la artista recorre el escenario formando con
su túnica espirales graciosas, toma sucesivamente los
colores más variados y más vivos, y los pliegues de
su ligero traje, siempre en moviiniento, aparecen sucesivamente matizados por los más variados tintes:
cuando miss Fuller se sitúa en el foco de dos lámpa-

3II

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

593
ras, su traje es, por
ejemplo, ama rillo por
un lado y encarnado por
otro, y cuando recibe á
la vez la luz de todas
las lámparas, aparece
cubierto de colores múltiples y sin cesar cambiantes, produciendo un
efecto de irisación verdaderament~ mágico.
Miss Fuller ejecuta
una porción de juegos
distintos, pero el que hemos descrito es indudablemente el más notable.
En los otros ejercicios se presenta con diversos trajes, siempre de
gasa de seda: en uno
mueve con sus brazos la
túnica dándole forma de
alas de mariposa, cuyo
vuelo imita en sus rápidos giros en medio de
torrentes de luz que dibujan sobre la tela los
más hermosos colores.
Como se comprenderá, las actitudes de la
artista pueden variar has-

'

La danza serpentina, ejecutada actualmente en el teatro Eldorado ele esta ciudad por la original artista mis(Fuller

MZDICACION ANALGÉSICA

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108 demu purgete,, este no obra bien
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1 bebidu IOr&amp;iliCSZJtel, cual el vino, el call,
el U. Cada cual e,coge, para purgarse, la
hora y la comida que ma, le convienen,
segTUJ 1111 ocupacfoae,, Como el cau,an
cio que la purga ocaafona queda completa.mente anuladopor el electo de la
baua alimea&amp;acioa empleada,uao
,e decide lllcilmente II volver
4 empe,ar cuanea, vece,

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'9ololl peprocl-el Tüeoe, J .........
i IN 81n PllDICADOJl!!i.. .&amp;aOGADOa
PBOFDOIIEII y C&amp;ln'O,ua pva fMillllr IÍ

T COK TODOS LOS HDCCIPIOS KllnITITOS DB U CARNE
• - ~ ~ m1E11ae y 91JD.&amp;1 Dtes afloa de extto eonUDuado y las a1lrmactones de
wuu las em1nenclll médicas preuban que esta uocJICion
la ()arae, el Hierro y la
. .in&amp; oonatltuye el reparador mu enel'llico que 88 conoce para curar : la Clordlü 1a
.lflimfa, las .lle111t~ dolorolal, el J/mpo/Jredmtento y la J. l teracton ae la Sangre
el .1aQvm11M, las J./ICCW!fa acro/W4UI '1 ac:or&amp;utwiu, etc. &amp;l Yin• PerrastnoH dé
.&amp;na• ea, en erec&amp;o, el ÚDiCO que reune todo lo ~e entona y fortalece los organos

an.oaucaCIIA.I ,

GRANO DE LINO TARIN F~i~l.wl~s

,ea nece,ario. •

VINO FERRUGINOSO ARDUO

nscoau

AMOCIAI

Dlt PARIB

DEL

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' LElffZI.U, ,... '

PILDORAS~~DEHAUT

6
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6 JARABE

UIT .&amp;fflftÚIQVI -

LECHE ANTEF1:LI

Lu

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6 GARGANTA
VOZ y _BOCA
6. PASTILLAS n DETNAN

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'.

DOLORES
NEVRALGICOS,
DENTARIOS,
•
MUSCULARES,
UTERINOS. w

S

ta el infinito; pero no insistimos aquí en esos
deta II es coreográficos,
pues sólo hemos querido
llamar la atención sobre
el ingenioso partido que
miss Fuller ha sabido sacar de los efectos de luz.
Antes de terminar haremos observar que los
rayos de luz que se ven
en el grabado resultan
exagerados, puesto que
en la escena distan mucho de verse tan marcadamente; pero el artista
al dibujarlos así ha querido hacer más comprensible la explicación,
sin tratar de dar idea de
los efectos que el grabado no puede reproducir.
El procedimiento empleado por miss Fuller
está llamado á constituir
una nueva fase en los
grandes espectáculos teatrales, y de fijo no ha de
faltar director de escena
que consiga con él maravillosos efectos.

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todas las farmacieJJ.

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oºR\9\III
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1f :J del 6 _
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•

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loa mas fuertes. Acclon pronta J leJUra en todo, lo■ perlodoe del acce■o.
P, COII.UI, IIIJO, le, ll. . hlnt-Clla. .e, ltllD

.....................
♦

GOl"A ·

.._....,.BBUl!Tl8108

VENTA ..OR MltNOl'l,-ltN TODA8 LA8 l"Al'IMACIA9 y Dl'IOQUlll'IIAa

�LA

312

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

que entran por mucho agravios de carácter
local nos abstenemos de todo comentario, limitándonos á anunciar el folleto y á agradecer la atención que al enviárnoslo nos han
dispensado sus autores. El folleto ha sido
impreso en la tipografia de La Verdad, Remedios, 10, Gran Canaria.

LIBROS
ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

por autores ó editores

LA CIUDAD DE PALMA, por E. Estada.
- El levantado deseo de mejorar las condiciones industriales, materiales y sanitarias
de la capital de las Baleares ·ha movido al
autor de este libro á hacer en él un trabajo
en extremo interesante, merecedor de elogio
y de la gratitud de sus conciudadanos. En
esta obra con gran copia de argumentos y de
datos comparativos con ciudades extranjeras,
estudia las causas que se oponen al desarrollo de la industria y al aumento racional de
la poblaci6n, ocupándose con estos motivos
y muy especialmente de las fortifiéaciones
de Palma y del derribo de sus murallas que
el Sr. Estada conceptúa como el principal
obstáculo al mejoramiento de la ciudad. Lle·
va el libro cuatro apéndices (D. Vicente Mur
y su tratado de arquitectura, Algunos ante•
cedentes sobre las fortificaciones de Palma,
Documentos referentes á la fortificaci6n ele
Palma y Condiciones que deben reunir las
viviendas para ser salubres), un interesante
plano de la Civtat de llfallorca dibujado por
el presb!tero Antonio Garan en 1644 y otro
de Palma en la actualidad. :.. El libro ha sido
publicado en elegante edici6n por el editor
D. José Tous (San Francisco, 131 Palma) y
se vende al precio de 4 pesetas.

1

111 t 1

PROLEGÓMENOS DE LA ANTROPOCUL·
TURA, por D. j1tan B . Amorós. - La antropocultura es, según la define el Sr. Amorós,
la ciencia sintética de la .fisiologfa y de la
mecánica y su objeto es cultivar racional·
mente al hombre para llevarle á su mayor
perfecci6n. Dada esta definici6n, se com·
prende la importancia .de la materia cuyos
proleg6menos trata este folleto, que ha sido
impreso en Madrid, tipografla de Alfredo
Alonso (Soldado, 8) y se vende á cinco cen·
timos.

L' ÚLTIMA VOLUNTAT. MALA JUGADA,
Comedias en ttn acto y en verso arregladas del
italiano por Francisco Casanovas, con dibujos del mismo. - Estrenadas ambns producciones con gran éxito en el teatro Romea de
esta ciudad, este es el mejor elogio de las
mismas: las ediciones en estas comedias re·
cientemente publicadas llevan algunos dibujos del propio Sr. Casanovas. Véndese al
precio de una peseta cada una en la librer!a
de D. Francisco Puig y Alfonso (Plaza Nueva, núm. 5).
NUESTROS MILITARES, por Fradera. Veinticuatro cromolitografias componen el
álbum que con el título de Nuestros milita·
res ha publicado el conocido dibujante Fradera, y en todas y cada una de ellas se revela un gran espíritu de observaci6n que ha sabido sorprender con notable verdad algunos
tipos y escenas de la vida militar, buscando
en unos y otros el lado cómico y reproduciéndolos con lápiz fácil y chispeante que
acredita á su autor de notable caricaturista.
H ay en todas las láminas gracia en abundancia y esa espontaneidad y sencillez ,de
ejecución que tan bien sientan al género cultivado por Fradera. Cuantos vean N1testros
militares pasarán de seguro más de un buen
rato. Ed1tado por D. Inocente L6pez, véndese el álbum en las principó.les librerlas al
precio de 1'50 pesetas.

EXPOSICIÓN ELEMENTAL DE LOS PRIN·
CIPIOS FUNDAMENTALES DI!. LA TEORfA
ATÓMIQA, por el doctor G. Denigés. - Co·
nocida es la importancia de la teoria at6mica
que, en su cualidad de lengua cientffica internacional, debe ser la base de toda enseñanza
qulmica, sobre todo en las aplicaciones á las
ciencias biol6gicas y terapéuticas . Sobre esta
materiaescribi6 un interesante folleto el pro·
fesor agregado de la facultad de medicina y
farmacia de Burdeos, el doctor Denigés, que
ha sido vertido al castellano por D. Manuel
A. Delano, socio honorario del Colegio de
farmacéuticos de Madrid é individuo de la
Sociedad Cient!fica de Chile y de la Socie·
dad Química de París. Como puede verse
por el titulo, la traducción está escrita con
la nueva ortografla que en algunos puntos
de la América latina y especialmente en Chi·
le va adquiriendo preponderancia.
LA CAPITAL DE LA PROVINCIA DE CA·
HISTORIA DE UN ESCÁNDALO.
- Los diputados provinciales residentes en
Gran Canaria que para la elecci6n de senadores pasaron á Santa Cruz de Tenerife han
publicado un folleto relatando los sucesos
que con tal motivo acaecieron en la capital
&lt;le Canarins. Como se trata de cuestiones en

¡UN CRIMEN HORROROSO!, por Serafina
Pitarret(!,, - Pieza en un acto que su autor,
oculto bajo el seudónimo de Serafina Pita·
rreta, califica de fruslería cómica y que con
brillante éxito se estrenó en el teatro del Tí·
voli villanovés en la noche del r5 de agosto
de 18901 y fué favorablemente juzgada por
la prensa de Villanueva y Geltrú. Ha sido
impresa en dicha villa en casa de José A.
Milá, Rambla Principal, 41.

N ARIAS.

MR,

TOMMY BURN TIRÁNDOSE DESDE UNA ALTURA DE 83 PIES
11:N 11:L ROYAL AQUARIUM DE LONDRES

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poderoso derivativo recomendado por
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1aa afecciones nerviosas.
e

1ábrir.a, Espedieiones: J.-P. LAROZE

593

~,till\lADESd•'. ~ITo.t,
411
\\'t
~
•O

Pepsina Bondanlt
!probada por la fü.DEll.l DE IEDICIN.l

PREMIO DELINSTITUTO AL O' CORVISART, EH 1856
Meaanu en tas Expó1leloau Ínternaelonalu de

P.lRIS - LYOII - llEN.l - PBlL.lDELPBl.l • P.lRIS
1867

1872

18i11

1876

11 l lfPLl.l COK &amp;L IU.YOI. t XlTO P

18'i8

LU

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
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'3 Convalecenctal1 contra las D14rrell.l y las Afeccú&gt;nu del B1tomaqo 1 los ,nte,tfno,
cuando se tma de despertar el apetito, asegurar las digestiones reparar las ruérzu,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y íaii epidemias provocadai por los calores, no se conoce nada superior al l'I•• de galu de .a.reud,
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l
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•
11
1

EXIJASE i!º&amp;~ ARDUO

PATERSON

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~ o , C011tra lu Afeoolonea del Est6·

Querido enfermo.-Ffese Vd. 4 mi larga experiencia,
y haga uso de nuestros 6RANOS de SALUO, pue, ellos
le curarán de au const1paclon, /e darán apetito y le
derolrerán e/ aueño y la alegria. - Aal r1rirá Vd.
mucho, años, d11frutando siempre de una buena aalud.

PATE ·EPILATOIRE DUSSER

.. ..,_. =J:
._ .

mago, Falta de Apetito , Dlgeatione■ lahorlOIIU, Aoadl.as, Vómitos, Eruotoe, y Cóll009;
Ngularlzan lu Fwlolones del EltóJIUlgO y

da loe IIMNUnoa.
E1lllr • al ,otulo a 111111 de l . FAYA/fO,
&amp;db. DffllA!f, Fannaoautioo tlD Pillll

11111a10•• ti v•LLO ... 1'M1n .. la .... (BarM, lllpte, $.). •
calil. H &amp;a. . 4e a.tte,JIIÜYNI de ldtiatlliolprulilu la ekadl
(le _.. • -,..,Jlfl
1 " l/2 11)11 pan el Mpte Hren). Pan

.. 111a

la.,._

.............t1r.1UFeB&amp;DV••mR,t,n1J..J..l\ou-a, Parta.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria

....

.. IMP, DI ?dONTANBR Y SIMÓN

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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A~o XII

BARCELONA 15 DE MAYO DE 1893 ~ - - - - - No pudiéndose repartir con el presente número el tomo segundo de AYER, HOY Y MAÑANA,
lo repa.rtirémos con el próximo

,

GRANADINA, dibujo a.fcarbón de Baldomero Ga.lofre

NúM. 594

�LA ILUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

N úMERO

594
NúMERO

1

1111

y tales dificultades generasen u_n malestar profundo, el califato alzarse y reinar sin rivales sobre las tierras
cuya existencia se ha conocido en crisis continuas, y posesiones del afortunado Islam. Sucediera lo que
en elecciones infames, en partidos airados, en protes- sucediera, en aquel minuto nadie podía dar á sus ojos
tas formidables, en retraimientos revolucionarios, en y á sus oídos asenso, porque la realidad parecía in-·
extraños relampagueos que denotaban ·una enferme- verosímil y ficticia de todo punto. Ristich se repusodad interna de aquella monarquía, no ya sin r,e medio más pronto que los demás funcionarios amenazados,
é invocó ante su' monarca el propio derecho y autoconocido, sin alivio posible.
Texto. - Mttrmuraciones éuropeas, por Emilio Castelar. - Ex. ¡ Todo podía creerse que pasara en el desarrollo de ridad constitucionales, volviéndose hacia las gentes
posición Histórico-europea de Madrid, por Juan B. Enseñat.
- Pobres y 111mdigos. Ilustraciones de Graner, por C. y R. - tantos males menos lo que ha pasado, y precisa re- armadas ó de guardia con el fin de que lo sostuvieNtiestros grabados. -Anie (continuación). - SECCIÓN CIBN· cordar con brevedad, para conocer la naturaleza en sen y acatasen, como cumplía en aquella hora supreTIFICA: Varios.
sí con las consecuencias lógicas del hecho. Milano ma y en aquel trance horrible. Pero la tropa estaba
Grabados. - Granadina, dibujo al carbón de Baldomero Gacomprometida en favor del golpe de Estado y en conlofre. - Pam1eatt decorativo en 111adera piro-esculpida, de F. P. y Natalia, tan divorciados, habían querido dejar una
de Tavera. -El derecho de asilo, cuadro de Francisco J. Amé- sombra del poder y autoridad paternales en el pala- tra del regente y de la regencia legales. Así, cuando
rigo. -llfadrid. Exposició11 Histórico-europea, grupo de ocho cio de su corte y en el asma de su hijo, designándole Ristich los llamó á sus órdenes, cuando les dijo que
grabados. - Pobres y mendigos. Jh,strllliones de Gra11er, tres cierto ayo de sumo talento y de mucha ciencia, con la jefatura del Estado y la potestad personal se hallagrabados. - La,jlorista, cuadro de Félix Mestres. - Primeros el encargo expreso de industriar al rey en todos los ban en su persona, cuando les conminó y les arengó
l1omenajes m el Nuevo llftmdo á Colón, cuadro de José Gar·
nelo. - El pobre ciego, qui bim canta ... ; El mejor de la feria, secretos de la política y seguir al niño en todos los persuadiéndoles á obedecer, pusieron los militares
dibujos de J. Garda Ramos. - Italia, estatua modelada por pasos de la vida. Este ayo, de condición ladina y ar- mano en él y lo declararon prisionero. Las cosas fueBegas. - Cuatro grabados de la Seccióii cientfjica. - Recuerdo tera, no logró disimular sus propósitos, pues la regen- ron á punto de no haber medio en lo humano, más
de San Fe//11 de G1iixols, dibujo ele Baldomero Galofre.
cia, presidida por el buen Ristich, le atajó en sus que ó abdicar ó morir. Abdicaron los regentes y
propósitos y decidió cerrar el vado abierto á sus ma- pusieron los ministros la dimisión en manos del moMURMURACIONES EUROPEAS
niobras. Arrojólo del cargo por atentatorio á su au- narca. Este, habiendo seguido en todo las prevencioPOR DON EMILIO CASTELAR
toridad y únicamente le consintió aquellas visitas nes del ayo susodicho, le nombró su primer ministro,
Sucesos de Servia. - Justos recelos. - Natalia y Milano. - Los indispensables al palacio á causa del cariñoso afecto pasañdo así de la tutela que le habían impuesto las
exámenes del rey Alejandro. - Su aprendizaje del derecho. - que mostrara el pupilo por esta especie de tutor par- leyes á la tutela que le acaban de improvisar los paTeatral escena en su palacio de Belgrado. - Conclusión de ticular y privado, en abierta lucha siempre con los dres. ¡Triste cosa esta improvisación! Para nada se
su minoridad. - Estancia tlc la reina Victoria en las orillas
del Amo. - Visita de Guillermo II á los reyes de Italia. - tutores constitucionales y legítimos. Pero se conoce pide madurez y experiencia como para la política.
Consideraciones sobre tal visita. - Los reyes italianos. - Mar- que los regentes llegaron á dormirse sobre las pajas. Gran parte de las desgracias acaecidas á doña Isagarita de Saboya. - Recuerdc,s del tiempo viejo. - El empe• No teniéndolas todas consigo respecto de las relacio- bel II dependieron de haber alcanzado prematurarador Federico. - Conclusión.
nes entre tan misterioso personaje y el rey niño, ig- mente y á deshora el poder real y de haber salido
Cuando miro á Oriente, toda clase de recelos se noraron las conferencias secretas con Milano en A'.le- de la minoridad antes de lo señalado por la Constiagolpan al corazón y al cerebro, por su inconsisten- mania y las conferencias todavía más secretas con tución y por las leyes. La reina Victoria, el primer
cia y por sus propensiones bélicas. Así me sorpren- Alejandro en la propia regia cámara de este instru- monarca constitucional de Inglaterra y aun de Euden y molestan los sucesos de Servia, en los que to- mento, puesto por superiores paternales órdenes en ropa entera, no ha llegado á este alto concepto de sí
dos han visto un paso de tal monarquía oriental hacia sus manos y por él esgrimido con suma destreza. Me- misma y á esta maravillosa neutralidad, que será su
Rusia, en contraste con el paso de Bulgaria en sus diaba el corriente abril cuando tenla el mozo examen gloria eternamente, sino después que pasara de su
últimos proyectos constitucionales hacia el Austria. de derecho. Apuesto, como hijo de Natalia, se impo- primera juventud y tuviera con los ministros torys el
Nadie puede olvidar los dos apotegmas que se deben ne por su gallardía; y como hijo de Milano, maquia- grande altercado histórico sobre su servidumbre y su
saber para imbuirse bien y á fondo en los asuntos vélico, sabe disimular y conspirar con perfidia. Lo palacio. Ante todas estas alteraciones acostumbro yo
orientales. Aquellos pueblos cristianos recién manu- cierto es que su examen de derecho teórico le valió siempre á una conversión de mi pensamiento al tiemmitidos, más que naciones modernas son tribus ar- para prestarse á un formidable atentado al derecho po ya pasado, pues no conozco nada para entrever el
madas, husmeando el combate continuo. Seguros de práctico. Dábase un banquete por la regencia en ce- tiempo por venir.
que por fuerza estallará el combate supremo entre lebridad de haber conseguido el buen discípulo nota
¡Cuál diferencia de Alemania, donde no hay casi
Austria y Rusia, se inscriben á una cada cual de ellos de sobresaliente. Y asistió á este banquete la regencia, poder legislativo, acaparado por el emperador, y de
en las sendas huestes, próximas á irse con cualquier presidida por el confiado y cándido Ristich. Pocas Francia, donde no hay casi poder ejecutivo, acaparamotivo á las manos. Hasta el matrimonio cuya gran- veces la mesa del rey se vió tan extremadamente do por el Congreso!
de autoridad presidía los destinos servios hace poco, concurrida y pocas veces el palacio de Belgrado tan
Pasemos á otro asunto. Mientras los destinos de la
se dividiera de tal suerte que el marido Milano era de esclarecido y de fiesta. Mas, aunque sobrepujaba en nación inglesa por la misma nación se designan y
Austria como era de Rusia la mujer N atalia. Y, por es- mucho el número de convidados á la cifra usual y se dirigen, hoy, al votarse las leyes sobre Irlanda, en
tas preferencias, divorciaron sus almas antes de que veía entre éstos los primeros generales de la corte, una de las mayores ocasiones que habían visto los
separaran sus cuerpos. Natalia, tras esta separación, nada recelaron los regentes, confiadísimos en sus pro- siglos, puede Victoria I gozar abril italiano, desse vino á Biarritz, á la frontera española; y Milano se pias fuerzas y seguros de que los demás estaban tan de las florentinas alturas, que recuerdan el angéliquedó en París. Todo el mundo hablaba, en la tierra pagados de ellos como ellos de sí mismos. Habló el co, abriendo el cielo con su pincel, como con una
comprendida entre las bocas del Bidasoa y las bo- jefe de la regencia, Ristich, á troche y moche sobre llave mágica, y sacando los ángeles, de alas multicocas del Adur, de la esplendente belleza que lucía y todas las cuestiones imaginables, y se dejó decir que lores y ojos extáticos, para que la humanidad los viede la recatadísima existencia que llevaba la infeliz todo se conjuraría volviendo los abstenidos del Par- ra, tal como los presentaban la Fe y la Teología;
Natalia en su retiro, colocado á la vera del camino lamento á la cámara; y en caso de no volver, convo- Vinci, recomponiendo la forma humana con su gede París, muy cerca de Bayona. Y cuando hablaban cando él nuevamente los comicios para ocurrir á las nio, más vasto que aquella su creadora edad; Giotto,
de todo esto, maldecían del soberano que abandona- suplencias é imponiendo por cualquier arte ó modo á trazando en las arenas del Amo con su pastoril cayaba los consejos de una reina inteligente y del mari- los electores la designación de una mayoría ministe- dito los primeros esbozos de la pintura moderna;
do que rehuía los afectos de una mujer bellísima. rial. No contaba con la huéspeda. Sin discutir las Platón, reviviendo en jardines, tan bellos como los de
¿Cuál no sería el asombro de aquellos pueblos, cuan- afirmaciones de Ristich, sin oponer la menor obje- Academo, cuyos plátanos oyeran el Fedón estremedo llega de súbito Milano, visita con brevedad á la ción á sus esperanzas ni mostrar el recelo menor en cidos, cual si pasara por sus hojas nuevo espíritu
mujer abandonada, y luego telegrafía con rapidez á su rostro, el rey pidió permiso á las diez de la noche creador; Miguel Angel, rompiendo los estrechos cenlos cuatro puntos del aire que han puesto los cónyu- para retirarse, y entró desde las habitaciones de re- dales de la penitencia monástica y modelando en el
ges divorciados término al divorcio y convenido en cepción y solemnidad á las habitaciones particulares mármol desbastado por sus cinceles unos cuerpos hula continuación del deshecho connubio? Algo extraño y privadas. Su ausencia dió á las lenguas más suelta, manos, dignos de recibir por su grandeza el espíritu
indudablemente acaecía. Cualquiera que hubiese los y los comensales departieron de política en tono más nuevo y llevar en sus ciclópeas sienes el brillo de un
pasos del rey seguido viera cómo se marchaba in- alto y con mayor franqueza, no retenidos por el res- nuevo ideal, sobre una villa de aromadas florestas que
mediatamente á Germania, y cualquiera que hubiere peto á la majestad regia, imponente siempre, aunque animan la sangre y renuevan la salud; entre dos molos pasos de la reina seguido viera cómo se marcha- resplandezca en un imberbe mozo. Una hora segura- numentos, la iglesia de Fiesole y la rotonda de Santa
ba inmediatamente á Rusia, señales de q_ue iban á mente corriera en tales pasatiempos, cuando se abre María, los cuales parecen dos mundos, en cuyo alresuceder hechos nuevos y extraños. En las naciones de nuevo la puerta del salón por donde se había re- dedor componen como dos marcos el granado rojo y
libres, como Inglaterra, como Helvecia, como Espa- tirado el rey en traje de civil etiqueta y aparece de el olivo negro, cual si fuese todo aquel valle un cumña, no sucede cosa ninguna en política sino por obra nuevo éste con arrogancia en traje de guerra y en plido renacimiento de Grecia. Y mientras puede Vicde leyes muy reales y que traen aparejadas consigo ademán de mando. El examinado de derecho se ha- toria mostrar en aquel edén una olímpica serenidad,
resultancias muy previstas; pero en las naciones de bía convertido en general de ejército. Así notificaba librando sobre un pueblo libre su regia confianza,
tanta indeterminación como Servia, nadie puede sa- con voz entera y resuelto aire cómo se había decla- ¡cuán inquieto se muestra por el suyo, y con qué raber hoy lo que sucederá mañana, de igual suerte que rado mayor de edad y asumido el ejercicio de todos zón, el omnipotente y omnisciente y cuasi divino nieno sabéis allí donde los terremotos predominan si la los poderes concedidos por la Constitución al rey to, á quien llaman Guillermo II, y que lleva todo el
casa por vosotros habitada se mantendrá en sus ci- mayor y tomados en aquel momento supremo por su peso en sus espaldas de un poder absoluto! Nada más
mientos 6 encima se os vendrá con estrépito á la voluntad soberana. Ministros y regentes no querían natural que las visitas hechas por el ilustre y desgramenor oscilación del terreno. Ese mismo rey Mila- creer á sus propios ojos. Parecíales aquello un pro- ciado padre de éste á Italia, siendo príncipe impeno, que ahora para de nuevo en Oriente y reaparece ducto de fascinación hipnótica ó un cuadro de los rial y por ende irresponsable; pero, ¿cómo no las hacon faz nueva, ya se metía en guerra con los vecinos que graban en las retinas y á los vapores del vino y cía el c ircunspecto Guillermo I, á quien llamaremos
sin grande necesidad, y ya daba un golpe de Estado á las neurosis del insomnio. Con efecto, algo allí ha- por antonomasia, como á Carlos V, el emperador
contra la Constitución restricta que había jurado bía que recordaba los palacios del Oriente asiático, grande y genuino; el emperador, digámoslo así, por
guardar y en pro de una Constitución mucho más las escenas del harén musulmán, los combates corte- excelencia? No las hacía, porque al cabo estaba de la
amplia, pero que no demandaba ni siquiera el pue- sanos del antiguo régimen, las arrogancias de los re- calle, alcanzando y extendiendo el sinnúmero de diblo á quien favorecía. Así no es mucho si habiendo yes absolutos. Aquella súbita increíble aparición recor- ficultades que le aguardaban en su triunfal camino.
abdicado la corona é ídose á París perseveraba en la daba en el arte la cena trágica de Ferrara, cuando Y hoy hubiera tenido mayores razones que antes para
intervención de los asuntos servios y traía siempre á aparece la Lucrecia de Víctor Rugo y Donizetti de- no ir. El difícil crítico estado de la Europa oriental,
mal traer la regencia, ya con demandas de dinero, ya mandando venganza del insulto de Venecia; y en el en que aparecen perturbad{simos Bulgaria, Servia y
con demandas de influjo. Los regentes unas veces se niundo, la cena real, en que los abasidas, después de Rumanía; el supremo litigio entre Suecia y Noruega;
hacían los sordos y otras veces se , iban á partido, no haber con toda suerte de manjares y bebidas regala- el marro de la triple alianza que sólo ha producido á
· sin que tales rozamientos trajesen sumas dificultades, do á los omnktdas, descabezáronlos á una para con los italianos dispendios y sinsabores; el recrudeci-

594

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

nadie duda en el mundo. Jlor eso, fuera bien
miento y agravación de las di~cordi_as entre
haber dejado á sí mismos los pueblos de Itairredentistas y austriacos; el tnste n ~sgo de
lia en este momento en que celebran ellos con
reabrir las heridas del Pontífice, cuya mtercetal' júbilo fech_as que creen ~austa~, sin r~corsión moral en el Reichstag es indispensable, si
darles instituciones como el 1mpeno, antiguas
ha de lograr el gobierno alemán la ~otación
causantes de su histórica servidumbre. Harto
de sus leyes militares; el acrec~ntam1ento ~e
ha sufrido Italia en su existencia nacional por
los recelos en Rusia y de los odios en Francia
los dos instintos cosmopolitas de su historia,
que traen aparej~dos ~odos _los ~echos, C?mo
por el pontificado universal y por el im~~rio
la entrevista deb1an d1suad1r al Joven Gmlleruniversal, para que sea oportuno con las v1s1tas
'
.
.
.
mo de tales peregrmaciones temerarias y endel emperador al Quirinal y con las entreviscerrarle dentro de su imperio, aunque sea tan
tas entre Papa y emperador en' el Vaticano refrágil como es todavía el nuevo imperio alecordarle á deshora los martirios seculares, promán, y dentro de su capital, au_nque sea tan
venientes de sus heredadas y atávicas grandetriste como es siempre la serena cmdad de Berzas. Yo recuerdo haber asistido en persona el
lín. Así no puede maravillarse qué haya enconaño sesenta y ocho á la recepción de Margarita
trado acogida cortés pero fría en pueblo tan
y Humberto en Florencia, empavesada y rienbien educado, pero tan entusiasta y caluroso,
te1 ceñida de guirnaldas aromadas, que de día
cual el pueblo romano. Ha ido en la juventud
le daban el aspecto de un jardín continuado, y
del año1 en abril, y en la primavera propia, en
por la noche ceñida de luminarias, que daban
su más florida juventud; ha llevado consigo
á sus armoniosos edificios la transparencia de
una tan digna persona como la madre de s~s
verdaderas moles del más claro ámbar. Yo rehijos y esposa de su corazón, la emperatriz,
cuerdo haber visto á los dos novios en la pleniconocida y respetada universalmente por su_s
tud completa de su felicidad é iluminados por
innumerables virtudes; ha estado en el Qmsu luna de miel. Parecía Margarita una Ofelia
rinal todo el mayor tiempo posible, y todo el
que hubiese resucitado con su corona de flores,
menor tiempo posible ha estado en el Vaticano para ser infeliz, como la Ofelia trágica del
no· le ha consagrado medio mes casi al modrama de Shakespeare, para ser bienaventurana;ca y treinta minutos al Pontífice; ha visitada, y encontrarse, no un Hámlet que la impuldo desde la tumba de Víctor Manuel hasta los
sase al convento y al suicidio, un rey joven y
sitios más caros á los defensores de la indepenamante que le diese su tálamo y su trono. Endencia italiana; y no obstante haber hallado
tonces acompañaba el cortejo de los novios, cuen la corte muy entusiasta recibimiento, sólo
yas bodas de plata hoy celebra Italia, un aleha encentrado en las muchedumbres respeto
mán, el príncipe Federico, de quien sabíamos
y cortesía.
que profesaba las ideas modernas; que propenSuma diferencia entre lo que representa el
día de suyo al régimen parlamentario; que acarey de Italia y lo que representa el emperador
baba de terminar una guerra, en la cual sanciode Alemania. Italia se asienta en la libertad,
nó una victoria fecunda hechos de suyo tan fa.
Germanía en la conquista. El reinado de los
vorables á la humanidad como aquellas dos
Saboyas evoca recuerdos gratísimos como la
manumisiones del Véneto y de Hungría, cuya
emancipación de Venecia y Milán; el reinado
virtud
se ha tocado en todos los hechos inmade los Brandeburgos evoca recuerdos siniesnentes
de los tiempos sucesivos;que conjuraba
tros como el cautiverio de Metz y Estrasburgo.
la política de Meternich en su combate con los
Italia se ha organizado en una monarquía parHapsburgos; que tenía, entre sus representalamentaria, mientras se ha organizado Alemaciones,
ideal tan sublime como la unidad ale·
nia en un imperio cerarista. El principiodeuniPANNEAU DECORATIVO F.N MADERA PIRO·KSCULPIDA, de F. P. de Tavera
mana; sin oírse á su paso el siniestro estruendo
dad mismo se ha fundado interiormente por
(premiado en la Exposición de Industrias Artisticas de Barcelona)
de los hierros puestos sobre Alsacia y Lorena,
procederes bien opuestos, por el concurso y vocomo sin representar el socialismo cesarista,
to de los príncipes, tras una victoria celebrada
en Versalles, ante París bombardeado, la unidad ale- dos por el sufragio popular y expresivos de la volun- la conquista y la fuerza, el armamento universal. Otros
mana; en los comicios del pueblo, tras grandes cruza- tad general, esa unidad italiana, cuya victoria regocijó tiempos aquellos y casi otra Germania. Yo los evoco
das por la libertad y el derecho, con plebiscitos decreta· nuestras mocedades y de cuya conservación definitiva en mi memoria con placer y los celebro con júbilo.

II

EL DERECHO DE ASILO, cuadro de Francisco J. Amérigo (premiado con medalla de oro en la Exposición internacional de 1892)

�316

LA

EXPOSICIÓN HISTÓRICO-EUROPEA
DE MADRID

f

t 11~

Enriquecida con nuevas colecciones durante el
tiempo que ha permanecido cerrada al público, esta
Exposición vuelve á ser de actualidad desde su solemne reapertura, verificada á últimos de abril.
Antes de continuar el estudio de las preciosidades
artísticas que contiene, séanos permitido indicar á
vuela pluma los principales objetos reunidos en la
Exposición Histórico-Etnográfica, que ha venido á
sustituir á la Histórico-Americana, tan celebrada por
cuantos la visitaron el pasado invierno.
La nueva Exposición es la primera que se verifica
en su género, y reviste caracteres de originalidad que
llaman vivamente la atención.
·
Además de las riquezas de prehistoria americana,
que siguen dominando en el certamen con las instalaciones de Guatemala, Perú, Nicaragua, Estados
Unidos, Uruguay y Colombia,· y otras de nuestros
museos, contiene ahora el espléndido edificio de la
nueva Biblioteca maravillas arquitectónicas y curiosidad~s históricas y artísticas del Egipto, el Japón y
la Chma, como también de las civilizaciones oceánic~s; colecciones de fáuna y flora asiáticas y africanas;
e1emplares y reproducciones de la cerámica griega,
romana y etrusca; todo instalado con gusto en salas
lujosamente decoradas con arreglo al estilo más adecuado á los objetos expuestos.
Volviendo á la Exposición Histórico-Europea, y
pro_cediendo por orden de salas, hallamos la segunda
casi enteramente ocupada por parte de la colección
del Sr. marqués de Casa Torres, que es una de las
principales de España por la calidad y el número de
sus armaduras. En el centro aparecen ocho, compuestas de arneses de torneo y de batalla, entre los
cuales_ figura el que perteneció al marqués de Poza,
conocido con el nombre de El cabrzllerQ penitenciado,
porque sufrió castigo en el auto de fe de Valladolid
de 1559, al cual salió con dicha armadura. Sentimos
no disponer de espacio suficiente para enumerar todas
las expuestas por el marqués de Casa Torres, porque
no hay una sola que no sea digna de especial mención por su mérito intrínseco ó por su valor histórico. Citaremos, no obstante, de corrida las nueve
sillas de montar desde el siglo XIV al xvr,' reforzadas
con las correspondientes piezas de armadura, estribo~
y telas antiguas, que ·constituyen por sí solas una colección notable, y los mosquetes, pistoletes, puñales,
dagas, ballestas, mandobles, espadas y otras armas
que manifiestan singular variedad y riqueza en sus
formas y ornamentación.
En una de las vitrinas, entre preciosos objetos artísticos ó arqueológicos, hemos visto un admirable
libro de rezo de principios del siglo xvr, cuajado de
viñetas, orlas y de finísimas miniaturas de la escuela
francesa; y en las paredes de la misma sala hay tres
tapices ~el ~encionado expositor: uno gótico, de
as4nto h1stónco al parecer, y dos referentes á la historia mitológica de Diana, con cenefas de pequeñas
~uraL
.
Con uno de estos tapices forma pendant un notable y gran paño ricamente tejido, perteneciente á la
catedral de Sigüenza. Ostenta las armas del cardenal
Zapata y procede del túmulo que este príncipe eclesiástico regaló á la mencionada catedral. Al pie del
mismo paño corre un precioso fragmento de un rollo
de la Tlwrah, ó Pentateuco hebreo, manuscrito primoroso del siglo XIV, que se dice haber pertenecido
á una antigua sinagoga española.
Las salas tercera y cuarta contienen las instalaciones de Francia y Túnez, de que hemos dado una sucinta idea en nuestro precedente artículo.
La sala quinta es la primera de las seis que se han
llamado de Catedrales, porque en ellas se han acumulado los innumerables tesoros artíst(cos enviados á
la Exposición por las dignidades eclesiltsticas de toda
España y sus colonias.
Lo primero que llama la atención de inteligentes
y eruditos al examinar los objetos expuestos en esta
sala, es la colección de documentos referentes al descubrimiento de América, escogidos en el archivo secreto del Vaticano por Su Santidad León XIII. Están fotolitografiados de los originales y expresan la
signatura y los folios de los registros correspondientes.
En el primero de estos documentos, fechado en
Roma á 20 de Septiembre de 1448, Nicolao V notifica á los obispos islandeses de Skalholt y Rolar que
por parte de todos los habitantes é indígenas de la
isla de Groenlandia, situada en los últimos confines
boreales de Noruega y perteneciente al arzobispado
de Drontheim, ha sabido que hacía treinta años los
piratas de las islas vecinas habían devastado el país,
salvándose únicamente al abrigo de enriscadas mon-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tañas nueve iglesias parroquiales de aquella floreciente cristiandad, fundada casi seis siglos antes y evangelizada por el santo rey Olao y puesta bajo el amparo de la Sede Apostólica donde se habían levantado
muchos templos en honor de los santos y erigido
una catedral insigne.
Los exponentes aseguraban que los bárbaros invasores se habían llevado gran muchedumbre de cautivos, de los cuales no pocos, habiendo vuelto á sus desiertos hogares, se ocupaban en reparar tamaña ruina
y restaurar los templos. Por esta razón el Papa da
comisión á los referidos obispos para ordenar sacerdotes y proveer oportunamente de párror,os las iglesias y aun de instituir y consagrar obispo á persona
idónea con acuerdo ó consejo, si fuese asequible, del
metropolitano.
En el segundo documento de la colección de
León XIII, fechado en Roma el 3 de mayo de 1493,
Alejandro VI concede á los Reyes Católicos D. Fernando y doña Isabel los mismos privilegios sobre las
Indias occidentales descubiertas y por descubrir que
estaban otorgados por la Santa Sede á los reyes de
Portugal en la costa occidental del Africa propiamente dicha y de Guinea.
En otra carta de 4 de mayo de 1493, dirigida también á los Reyes Católicos, Alejandro VI alaba el descubrimiento de Cristóhal Colón; y teniendo en cuenta que en una de aquellas remotas islas ha construído
y abastecido una fortaleza, concede á los reyes que,
tirando una línea del polo ártico al antártico sobre el
Océano, distante en latitud al Poniente de las islas
Azores cien leguas, todo lo que se descubra más allá
por el mismo Occidente ha de pertenecer á España
desde el día de Navidad del año 1493.
En una carta de 10 abril de 1507, Julio II recomienda al rey católico D. Fernando de Aragón y Sicilia las personas de D. Bartolomé Colón y del almirante D. Diego, hijo de D. Cristóbal, que van á
verse con S. M.
En el remate de una vitrina central descuella el
retrato de León XIII, en tabla, imitando las pinturas
del tiempo de Alejandro VI, regalado á la reina regente por el Soberano Pontífice y ofrecido por S. M.
para la Exposición.
El Papa ha remitido igualmente dos grandes cartas
geográficas en vitela del antiguo y del nuevo mundo.
Una de éstas es la que hizo en Sevilla, el año 1529,
Diego Ribero, cosmógrafo de S. M., y contiene todo
lo que del mundo se había descubierto hasta entonces. Se divide en dos partes conforme la capitulación
que hicieron los Reyes Católicos de España y el rey
D. Juan de Portugal en Tordesillas en 1494. Al uno
y al otro lado de la línea, conforme á la capitulación,
están los pendones de España y de Portugal, cogiendo éste en América la tierra del Brasil. La otra carta
presenta, entre curiosos detalles, el plano de la ciudad
de Méjico y los retratos iluminados de Motezuma,
Atahualpa y el Preste Juan de las Indias.
El cabildo catedral de Toledo ha expuesto el artístico candelabro ó blandón que figura en uno de los
grabados de este número; una navecilla de plata y
cristal, que se dice perteneció á Doña Juana la Loca;
una mitra de fondo negro, bordada de oro y seda, que
usó el cardenal Cisneros; .un libro escrito en caracteres rabínicos, cuyas 73 hojas del árbol llamado Parrá
van ensartadas en una cuerda; una colección gótica
de concilios, en vitela; un misal mixto toledano, y otros
códices notables. De un muro pende la magnífica
bandera naval desplegada por la flota española en las
aguas de Lepanto.
La preciosa imagen de la Inmaculada que se halla
en el centro de la misma sala quinta, obra del
siglo xvn, es propiedad del Ilmo. Sr. D. J enaro
Mullé de la Cerda, subdelegado general eclesiástico
de la Exposición, como lo son también las dos tablas
del siglo XVI, representando el Nacimiento y la Circuncisión, puestas bajo la bandera de Orán.
El Sr. Martín Gómez ha expuesto un crucifijo,
trabajo artístico de gran mérito, como el tallado en
madera con delicadeza suma que ha presentado el señor D. Manuel Arnal.
La iglesia catedral de Madrid ha expuesto, entre
otras cosas notables, varias custodias, una de ellas
propiedad del ayuntamiento de esta villa, toda de
plata y de estilo del Renacimiento; otra de la Esclavitud de Nuestra Señora de la Almudena, á cuyas expensas se construyó en 1693 en esta corte por el platero D. Manuel Manso. Entre las joyas que se le entregaron al efecto de transformarlas en esta custodia,
enumera el archivo de la Esclavitud dos muy antiguas: una piña de plata y la histórica corona que usó
el día de su coronación en París la reina doña María
Teresa, esposa de Luis XIV é hija de Felipe IV. Tiene unos ochenta centímetros de altura y está cuajada de brillantes y rubíes, descubriéndose á trechos
límpidas esmeraldas; dos ángeles sostienen á los la-

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dos la S entrelazada con el clavo, símbolo de la esclavitud.
. Hay además, entre otros objetos de gran mérito
artístico y de interés histórico, un cáliz gótico de plata sobredorada con tres escudos, perteneciente al cardenal Jiménez de Cisneros, quien lo regaló á la iglesia magistral; un portapaz, también de plata sobredorada, de estilo gótico, con un relieve, y bajo cuyo
doselete, con esmaltes, se representa el descendimiento de la Cruz con varias inscripciones; una magnífica arqueta de plata repujada, estilo del Renacimiento, propiedad de la parroquia de Santa María;
dos cartas auténticas de Santa Teresa de Jesús y otra
de San Francisco Javier; el códice del siglo xm, escrito por D. Juan Diácono, en que se refieren los
principales milagros de San Isidro Labrador, atribuído por el sabio P. Fidel Fita, en su Madrid histórico,
al célebre Juan Gil de Zamora, doctísimo franciscano
que floreció á mediados de aquel siglo.
Llaman particularmente la atención un cuadro del
divino Morales, donde se figura á San Pedro ante el
Salvador atado á la columna; el pendón ganado por
los cristianos á los moros en la toma de Orán; el cuadro que representa á doña Isabel de Galindo, conocida con el nombre de la Latina, postrada ante la
imagen del Salvador, y el retrato· del cardenal Borja,
atribuído á Velázquez.
Uno de los muros de la sala quinta se halla dividido en dos compartimientos, separados por una greca con adornos arabescos, viéndose en la parte superior un trofeo en que se simboliza el triunfo de la
Cruz sobre la media luna, según el diseño trazado
por el Sr. Mullé de la Cerda y ejecutado en los talleres del Sr. Watteler. Al lado derecho aparece coronando el todo la bandera que el rey de Castilla desplegó en la célebre batalla ganada al gran Miramamolín y á sus huestes en las Navas de Tolosa, y á la
izquierda el pendón-tapiz que daba ingreso á la tienda del caudillo vencido. De la bandera que pertenece
á la catedral de Burgos sólo se conservan las imágenes del Crucificado, de la Virgen y San Juan. El
paño de seda sobre el que se hallan puestas es de
época reciente. El pendón se conserva cual preciosa
reliquia en el Real Monasterio de las Huelgas de
Burgos, á quienes lo donó su fundador el rey don
Alfonso VIII. Es admirable por su belleza y perfecto
estado de conservación.
En la sala inmediata hallamos lo expuesto por los
cabildos de Sigüenza, Valladolid, Astorga, Avila, Salamanca, Segovia, Játiva, Santiago, Mondoñedo y Tuy.
Entre los objetos de Sigüenza merecen citarse: un
crucifijo de marfil, al parecer de escuela española
del siglo xvn; una arqueta de plata, estilo Renacimiento, rematada por un crucifijo de época posterior; varias bandejas de plata repujada; un retablo
pintado sobre madera con revestimiento de hierro,
representando escenas de la vida y martirio de Jesús,
obra de fines del siglo xv; dos trípticos, uno muy
notable, de autor desconocido, y otro también de
gran mérito, pintado por Vanden-Weiden y procedente de la iglesia del Corpus-Christi de Valencia.
El cabildo de Valladolid ha expuesto un precioso
cáliz gótico de plata sobredorada y un magnífico
templete de bronce dorado al fuego con esmaltes,
estilo del Renacimiento.
El de Astorga ha presentado una hermosa cruz
procesional grande, de plata sobredorada, con primorosas labores en filigrana; una curiosa arquita de la
.custodia, de plata sobredorada, guarnecida de afiligranadas labores que presentan varias figuras de los
dioses de la Mitología; dos portapaces de plata, con
variada colección de ornamentos, y una notabilísima
arquilla de los Reyes, de madera guarnecida en su
mayor parte de plata, con alegorías de los Evangelistas y la inscripción de los donantes, el rey D. Alfonso III el Magno y su esposa doña Jimena; obra que
conserva en toda su pureza la tradición del arte visigoqo.
Avila expone, entre otras cosas, un bastón del célebre Tostado y una preciosa colección de ornamentos.
De Salamanca han traído cuatro estatuas de bronce dorado, un tríptico de marfil, una caja gótica de
plata repujada, dos cruces parroquiales góticas de
plata y ricos ornamentos bordados.
En la vitrina del cabildo de Segovia llaman la atención un relicario en forma de templete, de plata y esmaltes; otro en forma de custodia, también de plata,
de estilo del Renacimiento, y varias albas de encaje
muy delicado.
Ocupa el centro de la sala sexta la gran custodiatemplete, de estilo gótico, hecha con la primera plata
que vino de América, y que el papa Alejandro VI,
que la mandó construir, regaló á Játiva, su cuna, de
donde procede.
El cabildo de Santiago ha expuesto, entre otras
cosas muy notables, la preciosa imagen de San Juan

MADRID. EXPOSICIÓN HISTÓRICO-EUROPEA
Candelabro de bronce plateado, de la catedral de Toledo (siglo xv1). -2. Báculo episcopal de Mondoñedo del obispo D. Pelayo II (siglo xm). - 3. Candelero de plata
de la catedral de Sevilla (siglo xvr). -4. Bandeja repujada, llamada de Paiba, de la catedral de Sevilla. - 5. REverso. -6. San Juan Bautista. Estatua de plata dorada y esmaltada (siglo xv)
7, Portapaz compostelano, de azabache (siglo xv), - 8, Cáliz de plata de Lugo. Perteneció al obispo Bahamonde (siglo XY)
1.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Bautista, de plata dorada y esmalte, cuya reproduc- cumba abandonado de todos, que muera de muerte
ción p,or el grabado aparece en este número; el busto horrible, despu_és de sentir cómo van muriendo dentro
de plata dorada y esmalte, que representa la cabeza de él todas las energías, todas las fuerzas; pero por
de Santa Paulina, hecha por Jorge de Cadeira en el reacción súbita puede escapar al abrazo mortal de
siglo xv1; una primorosa estatuita del Salvador, de la miseria: el trabajo aparta á veces la inerte apariplata, atado á la columna, estilo del Renacimiento; ción de la pobreza. Pero el que apura hasta la hez la
un cuadro que representa la Santísima Virgen dando copa del dolor, el que no puede abrigar esperanzas
el pecho al niño, por la escultora de Felipe IV, Luisa
de Roldán; cuatro preciosas miniaturas que encabezan la Real Ejecutoria librada en la cancillería de
Granada el año 1576 sobre los votos de Santiago;
una cruz procesional de cobre, siglo xv, con esmaltes de Limoges en la manzana; el portapaz cuyo grabado figura hoy en esta revista, joya de azabache, fabricación compostelana del siglo xv; varios relicarios
y cruces procesionales, y un gran tapiz de la colección de la historia de Aquiles, fabricado por Juan
Raes de Bruselas.
El cabildo catedral de Mondoñedo tiene expuestos un báculo (el que figura en nuestro grabado) y
unas sandalias que usó el obispo D. Pelayo II de
Cadeira, cuya residencia duró de u99 á 1218.
Entre las curiosidades presentadas por el cabildo
de Tuy figura un libro en folio, conteniendo los salmos de San Agustín y la convocación de un concilio
celebrado en Braga; con la primera hoja de música
antigua sin pentagrama.
De la catedral y del palacio arzobispal de Sevilla
han venido numerosos objetos de gran valor. Además del hachero de plata y de la bandeja también de
plata repujada llamada de Paiba, representando el sacrificio,de Abraham en el centro, cuyos grabados se
insertan en este número, merecen citarse una cruz de
plata repujada, estilo Renacimiento; un palio de damasco blanco, con cuadros de terciopelo sobrepuestos, bordados en sedas y oro, del siglo xv1; la espada
de hoja calada de San Francisco de Borja; un cáliz de redención, el vencido, el caído, el agónico es el
de plata labrado en Manila á principios del siglo pa- mendigo-pobre. Para ese no hay consuelo, ni amor,
ni caridad; para ese ni el campo tiene flores, ni la
sado, y varios libros corales con finísimas labores.
ciudad
techados, ni la vida primavera, ni tregua y
El cabildo de Badajoz expone una tabla atribuída
al divino Morales que representa la inspiración de descanso el dolor. Y para que el sarcasmo de la suerSan Jerónimo, como asimismo otras dos representan- te sea más grande, á ese no hay quien le compadezca;
do la impresión de las llagas de San Francisco y 'Je- apenas si hay quien le socorra.
No creáis que peca de exagerada la pintura, no. Ya
sús difunto en brazos de su Madre, y una curiosa
sea de los trashumantes, ya de los que jamás se aparcolección de privilegios de D. Alfonso X.
Citaremos, por último, los frontales bordados en tan de la ciudad que les vió nacer, su vida es un
seda y oro, procedentes de la catedral de Córdoba; combate continuo, sin provecho para nadie, como
el libro, procedente de Almería, que contiene las dos no quiera la alta y eterna justicia que sirva de escarjornadas que hizo á las Indias el gobernador Albar- miento esa caída perenne.
Vedle de pie en el centro de la polvorienta carreNúñez Cabeza de Vaca, rubricado en Valladolid
en 1555; las dos estatuas decorativas del altar mayor tera, mirando hacia el horizonte, en cuya indecisa líde la iglesia de Santiago de Murcia; la estatua yacen- nea se pierde el camino, del que no altera la monótona
te del prelado D. Luis de Torres, y las dos pinturas recta ni un recodo, ni un edificio levantado á su orien tabla, siglo xv1, que figuran la Anunciación, por lla. El sol cae sobre la tierra abrasada y reseca, que
el pintor César Arbacia:, expuestas por el cabildo de despide un vaho sofocante. A los lados del camino y
Málaga, y el gran cuadro, pintado en tabla, proce- hasta donde alcanza la vista se extienden eriales indente de la catedral de Santo Domingo, en que se acabables. Ni una hierba brota de las quiebras de
representa la Virgen del Rosario, que ofrece una rosa aquellas rocas negruzcas que parecen calcinadas por
al niño Jesús. A los lados de estas imágenes y con las colosal incendio. El hombre se ha parado, sin alienmanos juntas en actitud de orar, se ven dos figuras to para seguir su marcha. Secas las fauces, anhelosa la
que se suponen ser el hijo del primer almirante don respiración, relajados los músculos, ha caminado desDiego de Colón y su mujer la célebre virreina doña de que amaneció, sin encontrar una sombra, sin tropeMaría de Toledo. Este cuadro fué regalado por los zar con una charca. ¡Y quedan todavía muchas horas
Reyes Católicos al fabricarse la catedral primera de de sol y la línea del horizonte no ondula, ni se corta!
En aquel sitio en que se para hay una piedra miliar.
las Antillas.
Sin saberlo siquiera, sale de la tierra en que nació y
JUAN B. ENSEÑAT
pone por primera vez su planta en otra provincia.
......., •., •••,,.,.,., •••••••••, •••••.,,.,.,,,,.,.,.,,,,.,.,.••.•••••r ..,,,,. ..................., ••••••,.,,., .• ,,, •••••., ••..•.,,.,,
Castilla acaba allí y Aragón empieza. El hombre es
POBRES Y MENDIGOS
ILU STRACIONES DE GRANER

II
Decíamos en el artículo anterior que ni todos los
pobres son mendigos ni todos los mendigos son pobres. Por desgracia, alguna vez se juntan en maridaje horrendo esas dos miserias y el conjunto es entonces desastroso. El infeliz que padece esa doble miseria se halla condenado á no salir de ella jamás. Le
conducen como de la mano á la final irremediable
caída su carácter apocado, su inutilidad para el trabajo regular y continuo ó bien su invencible pereza,
originada por desequilibradas facultades. El mendigo
de raza vive bien; come, duerme bajo techado, tiene
todas sus necesidades satisfechas. Ejerce un oficio
vil; pero suya es la culpa. Perjudica á los pobres; mas
se aprovecha de la ajena compasión en beneficio propio. De fijo que si no tiene atrofiada por completo
su inteligencia á sí mismo debe despreciarse; pero,
holgazanería ó cinismo, resignación ó rebeldía, vive á
costa de los demás y vive satisfecho. El pobre aquel
que jamás ha tendido la mano ni suplicado con la voz
ni implorado con lastimeros aye~; aquel á quien el
orgullo de raza le lleva á morir de hambre en un rincón antes que confesarse vencido, puede ser que su-

de estatura mediana, enjuto de carnes; su rostro, por
extraño capricho de la suerte, es hermoso sobre ponderación. Aquellas faccione~ viriles y regulares, requemadas por el sol, reciben nuevo sello de grandeza
por la negra y abundosa.cabellera que se esparce por
sus robustos hombros y se escapa por debajo de las
anchas alas de un sombrero mugriento. Una capa de
pana parda, con más años que agujeros y manchas,
oculta por completo su vestido. Lleva los pies calza-

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594

dos con zapatos remendados cien veces y destrozados.
Así, parado e n aquel sitio, destacándose su arrogante
figura sobre el fondo centelleante del cielo, aparece
como la encarnación de esa raza que puebla la meseta central de España y que es tan fuerte y sobria
como desgraciada. Las correctas facciones y la gallarda apostura del cuerpo atraen; la sórdida miseria
que le cubre y le penetra repele.
El camino lleva á una aldea y en la aldea hay
agua y pan. El hombre sigue el camino, y junto á la
morada de otros hombres, á guisa' de perro vagabundo llena su estómago con las piltrafas que le arrojan,
calma su sed con el agua que para todos corre, reposa el cuerpo, y al día siguiente la polvorienta cinta se
extiende de nuevo ante él, y la sigue y sólo se para
cuando la mira interrumpida por un caserío, por una
aldea, por una ciudad. Y así sigue hasta dar con la
gran urbe. Ha llegado á Barcelona. H a llegado sin
que ni una sola vez haya despertado la ajena compasión. ¿Quién va á tenerla de un hombre joven y robusto que mendiga? Si ha pretendido trabajar, sus
innobles andrajos le han perjudicado; y al tender la
mano, su juventud y fuerza han hecho que la retirara
vacía. Y sin embargo, en aquellas facciones no hay
un solo rasgo que repela, que no respire bondad y
nobleza; aquellos ojos azules miran de frente, sin astucia ni osadía, y en su doble espejo jamás se ha reflejado la turbia luz de las malas pasiones.
Llega á la ciudad cuando obscurece. La serie no interrumpida de sus jornadas larguísimas ha fatigado de
tal modo su cuerpo que apenas puede andar. Ante su
vista hay un laberinto inexplicable de calles. Al azar
enfila una de ellas. Sucias, mal alumbradas y peor
olientes, denuncian á la legua los suburbios de una
gran ciudad. Donde acaba una empieza otra, las tiendas y portales se suceden sin interrupción, la circulación rodada es mayor y más numerosos los transeuntes.
Los far.oles despiden más claridad, y de las tiendas y
escaleras que ahora pasan ante su vista se escapan
también haces de luz que iluminan las fachadas fronteras. El hombre camina sin descanso. Si alguna vez
tiende la mano, nadie le atiende. Ya está en el centro
de la capital. Un barullo que jamás pudiera imaginar

1

reina en la gran calle plantada de árboles entre cuyas
filas se estruja una multiud que marcha apresurada. A
los lados corren coches particulares y públicos de todas formas y tamaños; chasquean los látigos, crujen
las ruedas, lanzan los aurigas roncos gritos de aviso,
y en lo alto fulgura sobre enormes candelabros la
blanca luz eléctrica. Y aquel movimiento no se interrumpe, y los que van á sus casas son sustituídos por
otros, y los carruajes corren desalados sin darse punto de reposo.
El hombre mira todo aquello sin darse cuenta de
nada. Cuanto le rodea es nuevo para él. Ha querido
pararse y le han obligado á continuar su camino.
¿Adónde va? No lo sabe. Y siguiendo aquel laberinto
inacabable pasan las horas, y las tiendas se cierran y
se apagan las luces y los transeuntes son cada vez
más escasos. La fatiga le rinde y se tiende en un rincón obscuro y silencioso. Un sereno le obliga á levantarse, amenazándole con llevarle al gobierno civil.
Y sigue caminando por las calles de aquella ciudad
muerta, y cuando cruza por su vía otro hombre, si se
le acerca para pedirle una limosna, advierte que se
aparta receloso sin contestarle y apresurando el paso.
Y su deambulación por el seno de aquel desierto de
piedra duró hasta el amanecer, en que, á orillas del
mar, lejos de la morada de los hombres, se tendió rendido, y el sueño, que como la muerte nos iguala á todos, cerró sus párpados.
Cuatro ó seis días después de haber llegado á. Barcelona le vi en la casucha de Hostafranchs de que
hablé en mi anterior a¡tículo, y Graner admiró como
yo aquel soberbio ejemplar de mendigo-pobre, cuya
cabeza podía servir de modelo para el más hermoso
de los apóstolP:;,

NúMERO

LA

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¿Volverá en lo sucesivo á
emprender su peregrinación
á través de campos y ciudades, ó quedará ya para siempre aquí, siendo uno más
de los soldados del ejército
de la miseria? Ni él podría
decirlo. El azar, que ha he·
cho de ese hombre un mendigo, continuará rigiendo
su destino; pero el sello indeleble que imprime la desgracia ha marcado ya su
rostro y ese estigma no se
borra jamás.
No le he preguntado su
historia ni sé cómo empezó su vía crucis horrendo y
repugnante á la par. ¿Se
abatió sobre él la mano de
la desgracia, ó fueron los
vicios los que poco á poco le empujaron á la final
irremediable caída?
Pero si no es posible saber la historia de ese infeliz, todos sabemos cómo el
estrecho abrazo de la miseria empuja á otros desgraciados al suicidio ó á la
mendicidad.
Cuando el taller se cierra, cuando los ahorros se
agotan, cuando en el zaquizamí sin muebles, abrasador en verano, helado en
invierno, los hijos piden
pan, un pan que el trabajo
no puede llevar á sus bocas, cuando llega Nochebuena y no es posible dará
los pequeños el pavo que
les regocija con su tarnasolado plumaje y les nutre
con su carne; cuando la noche de los Reyes, el pobre
zapato, húmedo por el agua
que recogió en las fangosas
charcas de la calle, no puede llenarse de juguetes;
cuando por Pascua no hay
cordero, ni retama, y caramelos por Corpus, ni pan
ni carne nunca; cuando de
aquel agujero en que habitan se desprende un vaho
que ahoga y depaupera el
organismo más robusto,
que ya en lo sucesivo no
podrá crecer y desarrollarse

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA FLORISTA, cuadro de Félix Meslres (Exposición Parés)

por los gérmenes morbosos
que lanza al torrente circulatorio; al ver que el castigo tremendo de la pobreza
no solamente hiere á los
fuertes, sino también, y con
mayor razón, á los niños,
entonces ¡oh! entonces es
cuando la locura del suicidio se apodera de los cerebros, ó cuando la pobreza
se convierte en mendicidad. La desgracia se forra
de vicio.
No vaya á creerse que
esto sucede siempre, no.
Así como hay hombres que
jamás han sentido el bendito estímulo de un pensamiento generoso, así como hay plantas que jamás
recibirán los rayos del sol,
así también hay naturalezas que nunca se doblegarán al repugnante oficio de
mendigar el pan de cada
día.
¿Queréis la historia de
uno de esos miserables que
no ha mendigado jamás y
que agoniza en estos momentos en el hospital, abandonado de todos, recibiendo los mercenarios cuidados que en aquel establecimiento se otorgan? Bracero
del campo, si no hubiese
sido por el deber de ir á
servir la patria en las filas
del ejército, y luego más
tarde á defenderla en los
campos de batalla y á derramar después por ella su
sangre, quizá viviría hoy
vida dichosa, si no holgada. Pero le mandaron salir
de su ¡:,ueblo, vistiéronle un
uniforme, lleváronle á. países desconocidos para él, y
cuando al cabo de seis años
de estar en filas le dieron la
licencia en esta ciudad, sus
padres habían muerto, había perdido poco á poco el
hábito del trabajo, y pensó
- pensamiento de loco que aquí le sería más fácil
ganar el pan de cada día.
Por su desgracia se casó.
Era el pobre medio bobali-

PRIMEROS HOMENAJES RN EL NUEVO MUNDO Á COLÓN, cuadro de J osé Garnelo (premiado en la Exposición internacional de 1892)

�EL POBRE CIEGO, QUÉ BIEN CANTA... , dibujo original de J. García Ramos

EL MEJOR DE LA FERIA, dibujo de J. García Ramos

�322

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO

594

eón y tuvo que apencar con lo que pudo.
que le enaltece, Baldomero Galofre ha emprendido la dificil tarea de dar á conocer á España de
Su mujer le engañó y de los dos hijos que
una manera tan brillante y espléndida como comtenía y que le llamaban padre, uno realpleta. Hace ya algunos años que viene consagrándomente era suyo. Al mayor costeóle una
se por entero á h, re~liz~ci6n de su colos~I empresa.
carrera un protector de su esposa, y desde
Los dos primeros d1bu¡os que reproducimos, escogidos al azar entre los centenares que guardan sus
el momento en que entró en la pensión
carteras, forman parte de esta obra monumental,
donde le instruían, aquel hijo quedó persuficiente por si sola para constituir la gloria de
dido para el padre. El que quedó á su laquien, como Baldomero Galofre, consagra al arte
do era precisamente el hijo de su mujer,
y á su país los productos _de su ingenio.
.
Panneau decorativo en madera p1roy él, sin embargo de saber que no corría
esculpida, de F . P. de Ta.vera. - En la Exsu sangre por sus venas, le mantuvo y le
posición de Industrias Artísticas, recientemente
vistió.
celebrada en nuestra ciudad, llamó poderosamente
Andaban mal los tiempos para el trabala atencí6n de los visitantes una obra especial!sima, original en el concepto y en la ejecuci6n, á la
jo. Un antiguo comandante suyo le hizo
que modestamente tituló su autor, el distinguido
entrar en la guardia municipal, y así coescultor filipino Sr. Tavera,panmau decorativo en
mo antes sirviera los intereses de la patria
madera piro-esculpida. Difícil es describir tan ingrande, veló ahora por los de la patria
teresante obra, puesto que si bien en ella hallábase determinada como producción escultórica y del
chica. Después de cuatro ó cinco años de
grabado, este último ejecutado por medio de la
permanencia en (&lt;cuerpo,» una disputa
punta de fuego, participaba en su concepto plásticon un cabo le val~ó la licencia. Mozo de
co de los caracteres oriental y occidental. La figu·
una redacción durante tres años, contira de la niña distinguíase, no sólo por la simplicidad de la ejecuci6n, por su limitaci6n de medios,
nuaba ganándose la vida cuando tuvo que
sino también por ajustarse á las estrictas reglas
salir de allí á consecuencia de haber un
del modernismo. En cambio los motivos de deco•
recomendado que solicitaba la plaza.
ración y hasta tal vez su procedimiento, resultaSin dinero y sin trabajo y entrado ya
ba co:nptetamente oriental, elegante y simple,
en años, casi viejo, empezó entonces una
como las producciones artísticas japonesas.
El derecho de asilo, cuadro de Franexistencia horrible para el infeliz. Harto
cisco J. Amérigo (premiado con medalla de
de soportar privaciones, se largó su mujer
oro en la Exposición internacional de 1892. )- Inscon un amante, pensando que, joven copirándose en uno de los privilegios otorgados por
las leyes y sancionado por la costumbre á los temmo era todavía, en otra ciudad podría haplos en los tiempos medios, ha podido el Sr. Améllar mejor acomodo. Por esta vez la ley de
rigo representar el momento en que un desgracialas compensaciones se cumplió y la adúldo 6 criminal sálvase de la horca y del verdugo,
tera murió á los pocos meses. El esposo
amparándose en la religi6n. El laureado autor del
Saqueo de Roma ha sabido interpretar discretatuvo que encargarse del hijo que la suermente tan dificil asunto, pues cada una de las figu•
te le había deparado y la ley reconocídoras que constituyen la escena expresa la situación,
le, y ese hijo, educado en la escuela cadestacándose especialmente la del verdugo.
llejera, convertido en un pillete, ni quería
Derecho de asilo representa un título más á los
que ya posee el distinguido pintor valenciano, para
reconocer la autoridad del que le mantequien cada una de las exposiciones á que concurre
nía, ni había sistema de hacer carrera
significa un triunfo, como lo demuestran las recon él. Al cabo se largó: engendrado por
compensas obtenidas en las celebradas en 1866,
el vicio, era natural que fuera á engrosar
1876, 1887 y 1892.
La florista, cuadro de Félix Mestres
las filas de esos muchachos sin casa ni ho(Exposición Parés). - La consulta, El convite de
gar, sin oficio ni instrucción, que son algo
vera110 y otras obras, cuyos t!tulos no recordamos,
así como el sedimento de nuestra sociehan ido marcando sucesivamente diversas etadad, á la que emponzoñan en justa compas artísticas, distintas fases, reveladoras del temperamento y cualidades del Sr. Mestres. Su últi·
pensación del abandono en que se les
ma producción significa un nuevo y loable empedeja.
ño, el que debieran perseguir la mayoría de nues·
Aquel á quien la ley le había dado por
tros artistas, cual es el ele representar la época en
padre trabajó hasta hace seis meses, excepque vivimos, ya que al hace_rlo suministrarían, ~?n·
forme atinadamente ha dicho un célebre cnllco
tuando algunos intervalos de forzosa huelinglés, materiales para la historia.
ga, como peón albañil. Al cabo cesó el
Justo es confesar que el lienzo es muy recomentrabajo. Desde entonces la miseria volvió
dable, no s61o por la belleza del colorido, sino tamá reclutarlo, y esta vez no ha soltado la
bién por la corrección del trazo.
Primeros homenajes en el Nuevo
presa. Muchas tardes me le he encontraMundo á Cristóbal Colón, cuadro de
do por la calle, derrotado el vestido, inJosé Garnelo (premiado en la Exposición incierto el paso, famélico el rostro, vaga la
ternacional de Bellas Artes de 1892). - Nacido en
mirada. Nunca me había pedido un cénValencia y educado en Sevilla, centros ambos de
famosas escuelas, pudo Gameto inspirarse en las
timo; pero me conjuraba que puesto que
obras notables de sus maestros y recoger en la
aún le quedaban algunas fuerzas le buscasevillana, y especialmente ante los lienzos de Mura alguna colocación que, desgraciadamenrillo, Zurbarán y Valdés, tan provechosas enseñante, no ha estado en mi mano proporciozas, que á ellas debe tanto como á las que pudo co•
sechar en la Academia de Bellas Artes. Sus notanarle. Dábale yo dinero, poco, cada vez
bles lienzos titulados La muerte de Luca,w y La
que le veía, y tenía la seguridad de que
madre de los Gracos, premiados en los certámenes
aquel hombre aceptaba el dinero movido
nacionales señalan no s61o los triunfos del artisde la necesidad, pero haciendo violento
ta sino tar:ibién determinan su primera etapa, ajustada por completo á los preceptos académicos )'. á
esfuerzo sobre sí mismo, ya que, sin darlas corrientes imperantes de la época. El duelo m·
se él cuenta de lo que le pasaba, su carácterrmnpido y La duda, inspirados en el concepto
ter recto y honrado se rebelaba ante la
moderno, revelan al pintor y al artista que, s(n su·
idea de ser socorrido cuando aún le quejetarse á trabas, rinde á la época en que vive el
tributo que se le debe. Un nuevo lauro acaba de
daba fuerza que gastar, energía que conalcanzar en la Exposici6n Internacional de Bellas
sumir en la lucha por la vida.
Artes su gran lienzo titulado Pri111eros homenajes
Un día me contó que le habían arrojaen el Nuevo M1111do á Colón, premiado con meda·
do de la casa donde dormía. Era en pleUa de oro que llam6 poderosamente la atención
por el efe~to de sol, por la acertada agrupaci6n de
no invierno, hace dos meses. Y al'decirme
las figuras y por su correcto dibujo.
que se había quedado sin casa, sin un rinEl pobre ciego, qué _bien cap.ta... - El
cón, limpio ó inmundo, donde tender el
mejor de la feria, dU:&gt;UJOS originales de
cansado y aterido cuerpo, me daba mucha
J. Oarcia Ramos. - Pocos sabrían interpretar
con tanta gallardía como fidelidad tipos, costummás compasión que las tardes que me exbres y modo de ser de cuanto constituye el rincón
plicaba que no había comido. La sonrisa
privilegiado de España que conocemos con la de·
1
t
----------=.:n:_
sardónica con que recibió el poco dinero
nominaci6n de Andalucia, como lo representa el
que podía darle para que se remediara,
discretísimo y genial pintor J. Garda kamos. Cada dibujo de García l{amos es un cuadro, puesto
me causó un escalofrío. ¿Habéis vi;to alITALIA. Estatua de pla(tl 11\ndel11d11 pnt el estultot betllh~s Begas y regalada
que aparte de las cualidades artísticas que revela
guna vez, en la obscuridad, el último desdenota gran estudio y profunda observac(ón.
á los reyes de 1talia pot los etbpetadotes de Alemnnia
tello que lanza una lámpara antes de
Los dos preciosos dibujos que reproducimos forextinguirse? Así aquella sonrisa. Vida que
man parte de la colecci?n de cuadros a_ndaluces que
acaba ó postrera combustión de una partícula de oxí- nocido me apiado y ante ella me descubriera con ha producido este artis,ta, ~I 9ue ~st1m~mos y consideramos co•
geno, lo mismo da; materia al cabo, de igual manera mayor respeto que ante toda grandeza. Agónico ó ya mo uno de nuestros mas d1stmgu1dos pintores.
finalizan las combustiones.
Italia Estatua de plata modelada por el escadáver, padece menos que viviendo, y gozará así,
cultor berlinés Begas y regalada á los r_eyesl e
Desde aquella tarde no he vuelto á verle. Esta vez por fin, el descanso que nunca había conocido.
Italia por los emperadores de Alemania. - on
el abrazo de la miseria ha sido mortal. H ace pocos
motivo de las bodas de plata de los reyes de ! taba, los empera•
c.
y R.
días me dijeron que se moría.
.,...,,........,,., ...,,.,,...,.,,..,,................ ,............. ,.,,.,,.......,......,.,,.,,,.,,.,,,.....,,......,.,,...,..,..., dores de Alemania han regalado á éstos la estatua de plata que
reproducimos: la figura de Italia está representad: por una ma·
Pensando en esta vida, jamás manchada por el vitrona romana admirablemente modelada, empunando con una
cio ó por el delito y que por modo tan desastrado
NUESTROS GRABADOS
mano el escudo con la cruz de Sabaya y con la otra una rama
acabó; pensando que únicamente á la ciega suerte se
de mirto. Esta estatua, que mide 6o centímetros, es de plata
Granadina.
Apuntes
de
viaje.
Recuerdo
de
debe esa desdicha irremedjable, recordando que por San Felíu de Guixols, dibujos de Baldomero con dorados y esmaltes y ha sido'modelada por el famoso esculmiles se cuentan víctimas parecidas á esa que he co- Galofre. - Animado por un entusiasmo patri6tico y artístico tor berlinés Begas,

. NÚMERO

LA

594

32 3

ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

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Barincq, como por protesta casi involuntariamente alarg6 la mano al capitán; éste tendi6 la suya y ambos se la estrecharon un instante (véase pág. 309)

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD
(CONTINUACIÓN)

Hasta muy entrada la noche Barincq continuó soñando; más atrevido en sus
sueños que lo había sido al escribir á su mujer, repetíase incesantemente las últimas palabras de sus primos, y se preguntaba si no era muy posible que Gastón
en la hora de la muerte hubiese querido reparar reconocidos errores.
Toda la noche la pasó Barincq soñando con esto, y por la mañana, á la salida
del sol, se encontraba ya en la pradera como si quisiese tomar posesión de aquellos terrenos que ya consideraba como suyos.
Se ha discutido con frecuencia acerca de los excitantes del espíritu; nada hay
seguramente que mueva con más fuerza la imaginación que la esperanza de una

herencia próxima. Aunque Barincq era, y todos los hechos de su vida lo habían
demostrado, poco avaricioso, no pudo escapar á esta fiebre, y en los tres días
que se deslizaron antes de proceder judicialmente á levantar los sellos viósele por
tarde y por mañana pasear y volverá pasear por los caminos y los senderos de la
finca; las tierras de sembradío serían mejoradas por medio de abonos químicos;
serían arrancadas para transformalas en prados las viñas muertas ó enfermas;
regaría las praderas naturales por medio de compuertas cuyos planos dibujaba
él mismo; iba á ser aquella una transformación científica, 'Y muy poco tiempo
después se habrbn duplicado ó quizás triplicado las rentas producidas por ague-

�LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

lla posesión; la inventiva de Barincq revelábase como nunca inagotable y caprichosa en todo aquello que él desconocía.
El notario Revenacq, para seguir el doble juego que había adoptado, se
puso á la disposición de Barincq á fin de que éste eligiera el día en que había
de procederse al inventario; pero una vez fijado ese día, Revenacq se apresuró á
escribir al capitán Sixto, advirtiéndole que se presentase en el castillo, «sientendía que le interesaba hacerlo.»
A esta comunicación del notario había contestado el capitán manifestándose
sorprendido de que le dirigiesen tal invitación. ¿En qué concepto podía él
presenciar el inventario?, ¿por qué?, ¿á qué fin? Todo esto le parecía incomprensible.
No bien el notario hubo recibido esta carta, se apresuró á llevársela á su antiguo condiscípulo.
- He aquí, le dijo, el medio de que me he valido para preguntar á Sixto si
poseía un testamento, sin dirigirle francamente la pregunta; su contestación
demuestra que no le tiene, y hasta me parece que Valentín ignora del todo que
exista disposición testamentaria; esto ya es algo.
- Ciertamente; pero ni el escritorio ni el pupitre de Gastón nos han revelado
todavía su secreto.
- Nos lo revelarán mañana.
.
En efecto, á las nueve de la mañana del día siguiente, el juez municipal, acompañado por su escribano, se personaba en el castillo con Revenacq para proceder á levantar los sellos y á formar el inventario; y aunque unos y otros debían
de estar, por la larga práctica de su profesión, acorazados contra las emociones,
sentían todos con la misma intensidad impaciencia por ver lo que aquellos papeles encerrados en el despacho de Saint-Christeau iban á revelarles.
¿Contendrían ó no contendrían un testamento en'favor del capitán Sixto?
No fué, sin embargo, por la mesa del escritorio por donde principió á verificarse el interesante inventario: la fórmula judicial exigía que se comenzase por
los títulos; pero como éstos eran de los más sencillos, aquel trabajo preliminar
terminó muy pronto, y pudo el juez por último examinar si los sellos puestos
por él se hallaban intactos: una vez averiguado esto, fué introducida solemnemente la llave en la cerradura del cajón principal.
- Entiendo que de existir testamento, dijo el notario, debe de estar en este
cajón, en el cual encerraba Gastón sus papeles de más importancia.
-Aquí tambien guardaba mi padre los suyos, dijo Barincq.
- Procedamos, pues, á buscar con todo detenimiento, dijo el juez.
Pero por muy atenta y muy detenidamente que lo buscaron, el testamento no
pareció.
Barincq, sin permitirse tocar á los papeles, permanecía detrás del notario, y
con la cabeia inclinada por encima de los hombros de Revenacq seguía ávidamente con la mirada el examen de aquellos papeles; el padre de Anie tenía el
corazón oprimido y los ojos nublados; nadie hacía observaciones inútiles, todos
callaban, solamente el notario pronunciaba de tarde en tarde algunas palabras
para explicar el contenido y la naturaleza de algún documento; cuando ese documento constaba de varias hojas, Revenacq las doblaba una por una, despacio
y metódicamente, como para evitar que dejase de verse cualquier papel oculto
entre las páginas.
Por último llegaron al fondo del cajón.
- Nada, dijo el notario.
- Nada, dijo el juez municipal.
Ambos levantaron entonces sus ojos hacia Barincq y le miraron con una
sonrisa que parecía á un mismo tiempo alentar la esperanza y felicitarle cariñosamente.
- Podría suceder que no hubiese testamento, dijo el notario.
- Sí, podría suceder perfectamente, repitió el juez.
- Principio á creerlo, dijo el secretario, que hasta entonces no se había permitido manifestar su opinión.
- ¿Quieren ustedes registrar los otros cajones?, preguntó Barincq con voz
temblorosa.
- Ciertamente.
El segundo cajón desocupado con idénticas precauciones y con el mismo
meticuloso detenimiento, sólo contenía papeles insignificantes, amontonados
allí por un hombre que tuvo la manía de conservar todas las cuentas que pagaba, lo mismo que cuantas cartas recibía hasta las de menos interés. Igual resultado se obtuvo al registrar el tercer cajón y el cuarto.
- Nada, decía Revenacq con una sonrisa cada vez de mayor satisfacción.
- Nada, repetía el juez municipal.
Y por su parte el secretario repetía también:
- Siempre he creído que no existía testamento.
Si se hubiese atendido á la impaciencia nerviosa de Barincq, aquel examen
se habría llevado á cabo con mayor rapidez; pero Revenacq, que no sabía apresurarse, no dejaba papel alguno en su sitio sin antes haberlo leído, haberlo palpado y haberlo agitado para cerciorarse de que no llevaba adherida ninguna
otra hoja.
- Todo se andará, decía el notario.
Entretanto se había llegado ya al último cajón de la mesa; apenas estuvo
abierto, mostró Revenacq más apresuramiento para sacar los papeles.
- Si existe un testamento, dijo, aquí es donde vamos á encontrarlo.
Efectivamente, aquel cajón parecía pertenecer por completo al capitán; en
muchos legajos estaba escrito el nombre de Valentín de puño y letra de Gastón;
en otro aparecía el nombre de Leontine.
- ¡Atención!, dijo el notario.
Pero su recomendación era ociosa: los ojos de los presentes no se apartaban
de aquel montón de papeles que del cajón había sacado Revenacq.
Este, metódico siempre, comenzó por el legajo que llevaba el nombre de
Leontine: ¿no exigía la lógica que se procediese por este orden, primero la madre, después el hijo?
Cuando se desenvolvió la cubierta, lo primero que se encontró fué una fotografía ya medio borrada y que representaba á una joven.
- Ya ves que era muy bonita, dijo el notario presentando el retrato á Barincq.
- Su hijo se parece mucho á ella, por lo menos en la delicadeza de los
rasgos.
El juez municipal y el secretario no participaron de aquella opinión.
- Prosigamos, dijo Revenacq.

N úMERO

594

Lo que se encontró inmediatamente después fué un gran mechón de cabellos
negros y sedosos, algunas florecillas secas, tan estropeadas, que era imposible reconocerlas; por último varias cartas escritas en papeles de distintos tamaños y
fechadas en Peirehorade, en Burdeos y en Royán.
Cuando el notario tomaba una de aquellas cartas para leerla, Barincq le detuvo diciéndole:
- Me parece que no es indispensable leer estas cartas.
Revenacq miró á Barincq como para discernir qué era lo que motivaba aquella observación: si el deseo de respetar los secretos de su hermano, ó la impaciencia de continuar la busca del testamento.
- Estas cartas pueden ser de un interés capital, dijo, pero reconozco que por
ahora no es urgente enterarnos de ellas; sigamos.
E l legajo que había después contenía cartas del capitán ordenadas por fechas: las primeras aparecían escritas con esa letra grande de niño, letra que con
el tiempo iba disminuyendo y caracterizándose.
- También estas cartas pueden tener interés, dijo el notario, pero también
las veremos en otra ocasión como las de la madre.
Los otros legajos se componían de cuentas, recibos y cartas que probaban •
cómo durante largos años, en el colegio de Pau, en Sainte-Barbe, en Saint-Cyr y
tiempo adelante en en el regimiento, Gastón había sufragado completamente, no
sólo los gastos de educación de Sixto, sino otros de distinta naturaleza; pero en
ninguna parte se halló rastro de testamento ni siquiera de proyecto de testatamento.
- El negocio me parece ultimado, dijo el notario.
- No ha habido, no habrá testamento, dijo el secretario, que ya no vacilaba
en afirmar rotundamente.
- ¿Les parece á ustedes que vayamos á almorzar?, preguntó el juez, á quien
las emociones más hondas no quitaban el apetito.
Aunque durante el almuerzo y en presencia de los criados hubo de guardarse
mucha reserva, alguien dejó escapar varias palabras bastante significativas para
que llegase á la cocina el rumor de que no se había encontrado el testamento, y
entonces la noticia se propagó entre todo el personal del castillo.
Hasta aquel momento la servidumbre, muy convencida de que allí no podía
existir más heredero que el capitán, había tratado á Barincq como á un intruso.
¿Qué hacía en el castillo aquel hermano arruinado? ¿Qué esperaba? ¿Con qué
derecho daba órdenes? ¿Cómo se permitía recorrer aquellas tierras como si fuese el amo? Lo divertido iba á ser verle salir de allf con las orejas gachas.
Cuando se supo que no existía testamento, la situación varió de pronto, y completamente; prodújose un cambio brusco que se manifestó en seguida: en el instante mismo en que se servía el café, un ayuda de '.cámara anciano, que durante
veinte años había sido el confidente de Gastón, colocó encima de la mesa una
botella cubierta de telarañas que denunciaban su venerable antigüedad y hacia
la que el criado manifestaba gran respeto.
- Es Armagnac de 1820, dijo; he pensado que el señor querrá que lo prueben estos caballeros.
Cuando el criado hubo desaparecido del comedor, los tres hombres de ley
cambiaron entre sí una sonrisa que Revenacq tradujo:
«He ahí un rasgo muy significativo: no es ciertamente para que bebamos á
la salud del capitán para lo que Manuel nos ofrece ese aguardiente.»
Cuando se reanudó la operación del inventario quedaron también sin resultado alguno las pesquisas realizadas en la cartera y en el pupitre de Gastón, lo
mismo que las llevadas á cabo en la mesa de noche. A las cinco de la tarde todo
había sido registrado, lo mismo en el despacho que en la alcoba, y ya no había
más habitaciones en que pudiesen existir papeles.
- Decididamente no hay testamento, dijo el notario tendiendo la mano á su
antiguo condiscípulo.
- El Sr. de Saint-Christeau, replicó el juez municipal, sentía gran respeto á las
tradiciones de la familia para que pudiese faltar á ellas.
- Lo cual no impide que haya existido un testamento, replicó el notario.
- ¿No puede haber sido destruido?
- Preciso es que lo haya sido, toda vez que no lo encontramos.
- En el mero hecho de recoger el testamento que le copió á usted, dijo el secretario, demostró el Sr. Saint-Cristeau que ese testamento no traducía ya fielmente sus intenciones.
- Indudablemente.
- Gastón ha querido por consiguiente destruirlo.
- O solamente modificarlo.
- Si solamente de una modificación se hubiese tratado, preséntanse tres hipótesis: primera, que Gastón hubiese confiado á usted ese testamento; segunda,
que se le hubiera entregado al capitán; tercera, que le hubiese guardado él mismo en un cajón de su mesa. Es así que á usted no se le ha confiado, que no se
lo ha entregado al capitán y que no lo encontramos aquí, luego está probado
que no existe; y por lo que á mí se refiere creo firmemente que Gastón, después
de haber destruído el primer testamento, no ha otorgado ningún otro; de todo
lo cual deduzco que en su calidad de único heredero el Sr. Barincq debe ser
puesto en posesión de todos los bienes de su difunto hermano.

XIII
Esperando á. que se llevasen á cabo las formalidades de la toma de posesión,
Barincq, que permanecía en Ourteau, escribió á su mujer y á su hija para que
se reuniesen con él. Cuando Anie y la señora de Barincq llegaron á la estación
de Puyoo encontraron al heredero que las aguardaba con un carruaje para trasladarlas al castillo.
Ambas vestían de luto riguroso, y Anie llevaba por primera vez en su vida un
traje que la favorecía mucho, sin que ella hubiese tenido que incomodarse en
cortarlo ni en coserlo por sí misma después de discutirlo mucho con su madre.
Barincq hizo subir á su familia en el carruaje y se sentó al lado de su hija.
- Vas á ver ahora los P irineos, le dijo.
- Desde que salimos de Dax he columbrado sus siluetas rodeadas de nubes.
- Ahora vas á verlos de cerca, dijo el padre con una especie de recogimiento.
- Valiente negocio, dijo la señora de Barincq.
- Sí, mamá, para mí lo es, contestó Anie.
_
Su padre le dió las gracias con una sonrisa que expresaba toda su satisfacción
por estar de acuerdo con ella.

NÚMERO

594

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

-Aquí tienes el Gave de Pau, dijo Barincq cuando el carruaje entraba en el
puente.
- Pues es muy bonito, dijo Anie con curiosidad mirando las aguas alborotadas.
- Es un río como otro cualquiera, dijo la señora de Barincq, no cambia más
que el nombre.
- Pues precisamente en este caso el nombre retrata la cosa, porque gave procede de cavus, que significa profundo.
- ¿Y esta finca, preguntó la señora de Barincq, cuánto vale ahora?
- No lo sé.
- ¿Cuánto produce?
- Próximamente 40.000 francos.
- ¿Encontraríamos quien la comprase por un millón?
-Lo ignoro.
- ¿Pero no has pensado en esto?
- ¿A santo de qué?
- ¿Cómo á santo de qué?
- ¿Busca uno compradores cuando no se propone vender?
- ¿Pero quieres conservar la finca?
- ¿Creo que no querrás venderla?
- Sin embargo...
- Todo nos obliga á conservarla y á explotarla en bien de nuestros intereses;
si hoy produce una renta de 2 por 100 podemos hacer que llegue á darnos un
10 ó un 12.
La señora de Barincq miró estupefacta á su marido, y después de contemplarle
un instante le dijo:
- No creas que trato de echarte en cara lo pasado, amigo mío; pero me pa·
rece que después de veinte años como los que hemos llevado tengo algún derecho á cambiar de vida.
- Pues qué, ¿el pasar de nuestro zaquizamí de Montmartre al castillo de Ourteau no es un cambio en que hasta hay algo de comedia de magia?
- ¿Pero es en Ourteau donde piensas casará Anie?
- ¿Por qué no?
Hasta entonces Anie nada había dicho; pero á la sazón, lo mismo que siempre
cuando entre sus padres surgía alguna disputa, trató de intervenir y dijo:
- Deseo de todo corazón que no habléis de mi matrimonio y que no se piense
en esto siquiera; lo mejor que para mí tiene esta herencia inesperada es que me
devuelve mi libertad; ahora puedo casarme cuando quiera, con quien quiera y
puedo hasta no casarme si no encuentro el marido que realice ciertas ideas mías
que son hoy muy distintas de lo que eran hace poco tiempo.
- No es este país apartado y perdido donde podrás hallar lo que piensas.
- Te responderé lo mismo que papá: ¿por qué no? Si yo hubiese de ser causa
d: preocupación para vo~otros, estaba bien que hablásemos de eso; pero si precisamente lo que os suphco es que no me tengáis en cuenta para nada.
- ¿Te resignarías á vivir en Ourteau?
-Muy bien.
- ¡Estás loca!
- Cuando una se ha resignado á vivir en la calle del Abreuvoir puede resignarse á todo... á todo lo que no sea Montmartre, principalmente cuando ese
todo consiste en un gran castillo en medio de un país hermoso...
- No le conoces.
- ¡Si estoy en él!
Como su hija había acudido antes en auxil io de Barincq, éste quiso también
ayudar á su hija.
. - ~o que deseo par~ nosot,ros,. dijo, no es una existencia monótona del prop1etano rural que no nene mas d1Stracciones que las de pasarlo bien sin cuidarse de nada y sin pensar en nada; deseo por el pronto que logremos sacar á esta
finca una renta del 10 por 100 cuando menos; y no seguramente c;ruzándome
de brazo~, en tanto qu: las ~osechas que puede producir nacen por casualidad
y se _cult1~an P?r la rutma, smo cons~grándome á ella y prodigándola cuidados,
mtehgenc1a y tiempo. A consecuencia de diferentes causas, Gastón dejaba marchar las cosas; y cuando sus viñas se vieron atacadas de enfermedades, las abandonó; de manera que una gran parte de sus tierras por esta falta imperdonable
de cultivo, se encuentran eriales y nada producen. '
- ¿Pero quieres curar las viñas?
- Quiei:o arrancarlas y transformarlas en prados. Gracias al clima húmedo y
templado Juntamente, gracias asimismo á la naturaleza del terreno nos hallamos
en el país de los pastos, casi, casi como en los más ricos cantones de Normandía. Solamente necesitamos sacar partido de estas circunstancias: arreglar grandes prado~ en que el ganado pueda pastar á sus anchas; fabricar manteca que
s~rá de pn_mera clase, y con la leche sobrante cebar al ganado de cerda; tengo
bien estudiados mis proyectos.
- i Estamos perdidos!, exclamó la señora de Barincq.
- ¿Por qué estamos perdidos?
-; Porque va~ á lanzarte en ideas nuevas y en nuevas invenciones que devoraran la ~erenc1a d_e tu_ hermano; á la verdad no quiero dirigirte reproches, pero
sé, por tnste expenenc1a, cómo se hunde y desaparece una fortuna aun siendo
muy grande, cuando ha de alimentar algún invento.
'
- Ahora no se trata de inventos.
- Ya_sé lo que e_s est~: se comienza por un gasto de veinte francos y no se
acaba m aun con cien mil.
La llegada á )a cima ~e la c~esta fué parte á evitar que la discusión continuase Y aun se agnai:a; Banncq, sm contestar á su mujer, mandó al cochero que
co~ocase ~~ carruaJe atr~vesado en el camino; después, extendiendo la mano para
senalar, d1¡0 hablando a su hija:
- i::e ahí los Pirineos; desde ese último pico que está á tu izquierda hasta
esas c_1mas de la ~erecha todo es el país vasco, el nuestro.
Ame permaneció much_o_ t!empo silenciosa, con la mirada perdida en vagas
~~ofundidades; después dmg1endo los ojos á su padre, le dijo con sonrisa cannosa:
- El no haber visto nada nunca tiene la ventaja de que la primera cosa grand~ Y hermcsa que veo sea nuestro país; te juro que esta impresión que ahora recibo es tan fuerte que no se borrará nunca.
. - ¿No es. verdad que es muy hermoso esto?, preguntó Barincq, á quien la emoción de Ame enorgullecía y halagaba.
'Pero la señora de Barincq interrumpió bruscamente aquellas efusiones.

- ¡Calla! Aquel es nuestro castillo, dijo mostrando el valle al pie de la cuesta
y á la ori!la de aquella cinta de plata que se llama el Gave; debe de ser aquella
fachada roja y blanca.
- Pues tiene realmente aspecto grandioso.
- Sí, desde lejos, contestó la señora de Barincq.
- Y de cerca también, replicó su marido.
- Celebraré mucho verlo pronto, porque tengo hambre.
El carruaje bajó rápidamente la cuesta, y después de haber atravesado el pueblo, donde los vecinos se asomaron á las puertas para verlos pasar, el vehículo
llegó á la puerta de hierro del castillo, puerta que estaba á la sazón abierta de
par en par; la portera anunció la llegada de los amos con un vigoroso toque de
campana.
- ¡Cómo!, preguntó Anie, ¿tocan porque llegamos nosotros?
- Sí, hija mía; esta era la costumbre en tiempo de mi padre y de mi hermano,
y en nada se ha cambiado.
También había la costumbre de que Manuel respondiese á este toque de
campana colocándose en el descansillo di'! la escalera y delante de la puerta de
las habitaciones, y cuando el carruaje se detuvo el criado se adelantó respetuosamente para abrir la puerta.
- ¿Queréis almorzar inmediatamente?, preguntó Barincq.
- ¡Ya lo creo, contestó su mujer, estoy muerta de hambre!
Cuando Anie penetró en el espacioso comedor del castillo, cuyo piso estaba
compuesto de baldosas de mármol blanco y rojo, cuyas paredes aparecían adornadas por finas maderas talladas, y cuando vió la mesa cubierta por admirable
mantelería adamascada de Pau, sobre la cual resplandecían, reflejando los rayos
del sol, los cristales tallados, los saleros, las vinagreras, las salseras de plata, gozó

Sus pasos le llevaron al parque del castillo... (véase pág. 309)

p~r primera ve~ en su vida la i~1presión del lujo en el bienestar, y entonces inclmandose hacia su padre deslizó en su oído y en voz muy baja las siguientes
palabras:
- ¡Qué bonito es tener riqueza!
Lo g~e fué ta~bién muy bonito y sobre todo muy agradable fué el comer con
tranqu1hdad man¡ares excelentes sin precisión de levantarse á cada instante de
la silla para ir, como hacían en el zaquizamí de Montmartre ya á buscar en la
cocina un plato ó un cubierto, ya á llenar en la fuente la bot~lla vacía. Manuel,
d~ frac negi:o y con guantes blancos, servía á la mesa, silencioso, sin apresuramientos y sm tardanzas, con tanta exactitud y tanta corrección que no había
nunca necesidad de pedir nada.
También p~r la primera vez en su vida comprendió Anie los placeres que
puede proporcionar una buena mesa, no en la glotonería, sino en un encadenamiento de goces casi insignificantes y de los cuales la joven no tenía la más remota idea.
- He querido, dijo su padre, que en este primer almuerzo que tomáis en el
castillo, no os sirviesen sino productos de la finca; las alcachofas proceden de la
huerta; los huevos d~l ,corral; este salmón ha sido cogido en nuestras pesquerías;
el pollo que nos serv1ran ahora con salsa blanca ha sido criado aquí· la manteca
y_ la crema d_e esa•salsa proceden de nuestras vacas; este pan esti hecho con
tngo que cultivamos en nuestras tierras, molido en nuestro molino cocido en
nuestros hornos; este vino ha sido cosechado cuando nuestras viñls daban todavía fruto; estas fresas tan frescas y tan hermosas han madurado en nuestras
estufas ...
- ¡Pero esto, interrumpió Anie, es una vida patriarcal!
- La sola existencia lógica; y bajo el reinado de la química en que hemos
entrado, la única sana.
( Co11ti1111ará)

�LA

lLUSTl{AClóN A1n1snca

NúMElW

594

fuerzos laterales producidos por la operación de perl~s evidente &lt;J"(' bs npl icaciones de esta nueva
foración angular. Un cono de velocidad gobernado máquina se extenderán muy pronto á la mecánica de
por una correa procedente de un árbol de transmisión precisión, y que la perforadora universal se empleará
montado sobre la base y provisto de poleas fija y loca siempre que se trate de proceder á una reunión rede un engranaje de correa y de una palanca. Un apa~ sistente y racional de partes metálicas entre sí.
rato de avance automático variable está dispuesto del
modo ordinario con muchas velocidades y un trinquete de interrupción en el volante á mano montado
MÁQUINA PARA HORADAR
en el árbol vertical. En la parte anterior y sobre una APARATO CORTAVIENTO PARA LOS VELOCIPEDISTAS
Esta máquina recientemente introducida en el corredera vertical hay fijada una tabla con un torniLa consideración de la enorme presión que ejerce
mundo de ingenieros constructores, está llamada á llo y un volante á mano para el reglaje vertical: cuaprestar grandísimos servicios y será antes de mucho tro pernos de presión se introducen, por ranuras en T el aire sobre el cuerpo humano en movimiento, de la
limadas, en las correderas. La tabla lleva co- imposibilidad en que éste se encuentra de aumentar
rrederas en T limadas para fijar en ella la pie- sus esfuerzos más allá de un límite muy próximo á ser
za ó un torno.
alcanzado en la actualidad, de la muy importante diLa diferencia esencial que existe entre este minución de fuerza producida por una débil diferenaparato y las horadoras ordinarias es la siguien- cia en el modo de atacar el aire, ha movido á un inte: Mientras que en una máquina ordinaria el ventor, M. Lame, á buscar un medio artificial de disportaherramienta no hace más que girar alre- minuir la resistencia más importante que se opone á
dedor de su eje fijo, en la nueva máquina hay la progresión de los vehículos ligeros, la del aire. Proademás un movimiento lateral de la punta del ducto de sus experimentos ha sido el proa-velo ó cortaladro, regulado por los gálibos que sirven de taviento para los velocipedistas, que consiste en dos
guías. Un árbol hueco da vueltas en un so- alas montadas sobre un marco de alambre en forma
porte á rótula que atraviesa la rueda dentada de dos rectángulos inclinados á unos 50 grados aproxicolocada debajo y que va provisto de un dis- madamente cuyos lados mayores están reunidos por
co que gira libremente sobre su extremidad una charnela (fig. 1 ). El ciclista está como oculto desuperior y que se mantiene apoyado contra un trás de un libro medio abierto cuyo lomo formando
anillo gálibo que lo rodea y puede ser fácil- una delgada arista corta el aire con un mínimo de
mente reemplazado por otro de cualquier gasto de fuerza (fig. 2).
forma.
El armazón se fija por medio de unas pinzas á la
A pesar de esto, el árbol hueco sólo giraría horquilla de la rueda delantera y al guión y se ajusta
alrededor de una posición central si no estu- á la altura conveniente por medio de correderas; para
viese ceñido á la rueda dentada que está enci- darle la anchura necesaria se abren más ó menos las
ma por un bloque movedizo que puede mover- alas: algunos cauchos provistos de ganchos clavan en
se en una corredera recortada en la rueda de él la hoja de celuloide perfectamente transparente,
engranaje y rechazada lejos del centro hacia
el exterior por dos potentes muelles. El límite
de su movimiento hacia el exterior es naturalmente el que está fijado en el gálibo que guía
el disco, el cual en todas sus posiciones está
apoyado contra el gálibo. Otro límite, además
.
.
'
proporciona un pequeño tormllo que se introduce en la rueda dentada y que, una vez puesta en su lugar, vuelve el bloque movedizo á su
posición central.
En el interior del árbol se desliza un portaherramienta que es arrastrado por un espolón
que se desliza y que constituye el verdadero árbol de perforación de la herramienta. Es evidente que haciendo salir ó entrar este árbol la
distancia de su punto al soporte á rótula aum~ntará ó disminuirá y por ende variarán las dimensiones de la curva descrita por su punta.
Ya se comprenderá que este cambio de lugar no hace _avanzar la heramienta, sino que
sólo hace vanar el tamaño del agujero practicado dentro de ciertos límites y que es en extreNueva máquina para horadar, Muestras de los agujeros practicados
mo conveniente para hacer más perfecto este
agujero. Este árbol recibe su movimiento enun aparato indispensable para los constructores de trant~ y salien.te de un tornillo colocado en su parte
máquinas textiles, de material para fábricas de papel, superior, mamobrado por un volante á mano y unide motores de vapor y de máquinas eléctricas, pues do al árbol oscilante por medio de una juntura unipermite abrir agujeros de casi todas las formas, regu- versal. E l movimiento de avance de la máquina se
Fig. 2. Aparato cortaviento en marcha
res, angulosos ó irregulares, semicirculares y redon- produce bajando toda la cabeza con su á rbol oscilandos, sin más que regular el aparato por medio de un te y sus accesorios que son independientes. El avantornillo. La forma de esta máquina es la de una má- ce automático está enlazado con el tornillo vertical y flexible y resistente á la vez. Aunque la superficie de
quina de horadar ordinaria: está dispuesta sobre un con el volante á mano que obra sobre la tuerca de la los planos inclinados es muy reducida, disimula por
bastidor hueco de hierro fundido de una sola pieza cabeza de la perforadora, de modo que el operador completo al velocipedista inclinado en su posición de
que le da la estabilidad necesaria para resistir los es- puede variar, acelerar ó retrasar el avance durante el marcha y sólo deja al descubierto las piernas.
funcionamiento del avance automático
La teoría matemática del cortaviento demuestra
lo cual permite obtener una gran perfec~ que su ángulo de unos 50 grados reduce á la quinta
ción en el interior y un ajuste exacto en parte la resistencia del aire sobre un plano colocado
el fondo del agujero.
detrás del aparato. Si un velocipedista tiene las forOtro gran perfeccionamiento reciente- mas redondeadas, más favorables á la progresión que
.
'
mente mventado, consiste en dar al gali- una superficie plana, en cambio la concavidad que
bo-guía una forma cónica y enlazar este resulta de su posición encorvada y la violencia de sus
gálibo (no el árbol de perforación) al tor- movimientos son causa para él de inferioridad resnillo regulador antes mencionado lo cual pecto de un plano móvil animado de la misma velopermite supri~ir el árbol interior' y hacer cidad, y la resultante de estas acciones permite conel.árbol J?nnc1pal de una sola pieza, ven- siderar como un máximo la diminución de mitad
taJa mamfiesta que da mayor solidez á la del coeficiente de resistencia de un plano. El cortamáquina. Esta disposición permite al ope- viento, pues, haría ganar en teoría la diferencia entre
rador hacer variar la amplitud de la os- una mitad y una quinta parte; pero en la práctica las
cilación durante el avance de la perfora- diversas condiciones atmosféricas, mecánicas ó fisioción, de modo que hoy puede perforarse lógicas disminuirán esta ganancia, dejando, sin emun agujero cónico más ancho en el fondo bargo, una ventaja de cerca de un cuarto ó un quinque en el vértice y rectificarlo de un mo- to, que no deja de ser muy importante.
do completo, dos operaciones que son
En una serie de pruebas efectuadas con viento lienteramente distintas.
gero de bolina, un velocipedista dejándose ir sin tocar
La variedad de for~as de ag~jeros per- los pedales ni el freno por una pendiente de 750 meforados por la máquma es casi infinita y tros con una inclinación que variaba entre 15 y 35 micomprende todas las formas útiles en la límetros por metro, la recorrió en 132 segundos sin
Fig. I. Aparato cortaviento para los velocipedistas. - AA. Brazos superiores del aparato. - SS. Brazos transversales para dar más resistencia al
práctica general. Nuestr~ grab~do repro- aparato y en 106 con él; de modo que en el primer
aparato. - P. Aparato que sujeta el guión. - E. Tuerca á mano. - V. Torduce al lado de la máquma vanos aguje- caso consiguió una velocid&lt;Jd de 20.450 metros por
nillo de presión. - D. Pieza tubular. - GG. Correderas. -MM. Brazos
ros
sencillos, de los cuales el redondo con hora y de 25.450 en el segundo caso. La superioridad
de la montura. - BB. Sustentáculos. - IT. Vástagos inferiores que se
faceta plana parece ser el más aplicable.
del cortaviento hubiera sido aún mayor si el velocipeintroducen en los agujeros t de los pedales.

N úMERO

LA 1LUST RACIÓN

594

AH.TÍSTICA

dista hubiese corrido sobre una pista y con
viento más fuerte, porque siendo en ésta más
débil la resistencia de rodadura permite dominar mejor la acción del viento. En una marcha
á razón de 15 kilómetros por hora, los valores
respectivos de la presión del aire y de la resistencia de rodadura son 0'89 y 2'86 kilogramos:
en este caso el viento no es gran obstáculo; á
20 kilómetros empieza á serlo; á 27 dobla el
tiro. En las grandes velocidades, cuando el
turista, á un paso moderado, marcha contra
el viento de bolina, éste opone un esfuerzo cinco ó siete veces superior á la suma de todas las
demás resistencias.
Como el aire rara vez está en completa calma, la utilidad de la proa se manifiesta en
realidad en las marchas inferiores á 15 kilómetros desde el momento en que la dirección seguida es casi la misma del viento.
Por otra parte, el aparato no es ni feo ni molesto y merece el nombre de mariposa que lleva: pesa menos de 400 gramos y se monta y
El encendedor eléctrico de M.nDelostal
desmonta en dos minutos. La montura se cierra y se coloca en el cuadro de la bicicleta ó en
el guión por medio de las pequeñas correas de que denominado por su inventor el encendedor eléctrico.
está provista: las alas se arrollan y se fijan en el timón. Consiste en una especie de campana provista en su
parte superior de una abertura: una barrita A puesta
*
en esta abertura es, por decirlo así, la pajuela, pues
**
al retirarla del aparato se inflama y la llama que proLA CIENCIA PRÁCTICA
duce dura un cuarto de minuto aproximadamente.
EL ENCENDEDOR ELÉCTRICO
El aparato está en comunicación, por medio de
E l pequeño aparato que nuestro grabado reprodu- dos hilos, con una pila análoga á la que sirve para
ce en su aspecto exterior y en corte vertical ha sido los timbres eléctricos.

PITE -EPILATOIRE DUSSER

La barrita metálica que sirve de pajuela va
provista en su extremo de una parte hueca
perforada llena en su interior de algodón: el
extremo de la misma, que termina en perilla,
está sumergido en el fondo del aparato en un
receptáculo lleno de esencia de petróleo ó de
alcohol adicionado con éter. Al retirar la barrita, ésta determina la producción de una
chispa eléctrica que inflama el algodón empapado en líquido combustible.
La vista del aparato en sección vertical que
reproduce nuestro grabado, permite apreciar
en todos sus detalles los distintos órganos del
mismo.
A representa la pajuela propiamente dicha
que se sumerge en un pozo B, que cierran dos
laminitas de muelle cuando se retira del aparato la pajuela. C es un embudo que se abre
en dos partes para dejar paso á la pajuela: un
pequeño muelle de reloj D forma escobilla y
determina la chispa al contacto de la perilla
inferior de la pajuela. Esta escobilla está sostenida por una columna de cobre aislada que
recibe la corriente por el hilo F: el segundo
hilo está en comunicación con la masa del aparato.
En la parte inferior del sistema se encuentra el
depósito E de líquido combustible que está revestido de rodajas de fieltro con objeto de inmovilizar el
líquido. Un orificio que se encuentra en la parte inferior permite llenar este depósito cuando el líquido
se ha agotado.
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APUNTES DE VIAJE, - RECUERDO DE SAN FELIU DE CUJXOLS,

NúMERO

594

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1876

1878

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FALTA DE APETITO

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c,.1a.a y 911111&amp; t 110n los elementos que entran en la com'DOSicton de este J)Oten'8
tepVador de las tuerzas Titales, de este fenlaeaa&amp;e per eaeeíeaela. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la .Anemia y el .A1JOCMntfflto, en las Calffltura,
7 C011oalece11Cú1.fLcontra las J&gt;1Mre11,1 y 118 .AfetCWMI del BltOf!laQo y los ,nte,t(no,.
cuando ee tma de despertar el apetito, asegurar 118 digestiones reparar las tuerzas,
~ecer la sangre, entonar el orgániamo y precaver la anemia y í'as epldemlu provocadli por los calores, no se conoce nada supenor al Yta• de gaiaa de .ueud.

i&gt;M' ~or. en Puu, en casa de J. FERÚ, Farmaceutlco, 10!, rue Richelieu, Suceaor deilOUD
:)

8&amp; VBMDB BN TODAS LU PRIMQIP.U.U JIOTJOA&amp;
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EXI.J_
AS~~•:~=, ARDUO

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP, DB MONTANB.R Y SIMÓN

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                    <text>~trtélC10t)

tí~t1ea
ARO XII

BARCELONA

22

DE MAYO DE 1893

~ -------

Con el próximo número repartiremos el tomo segundo de AYER, HOY Y MAÑANA

MESALINA, estatua de Vicente Alfano

NúM. 595

�LA

33º

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

595
N úMERO

Texto. - Cró11ica de Arte, por R. Balsa de la Vega. - [111a
entrevista con miss Maud Gomu, por Alberto Brisson. - En
co/aboració11 la Academia Espa11ola y el Afmzicipio de ilfadrid, por A. Sánchez Pérez. - Et sueJ1o de u1ta madre, por
José Roure. - llfiscelá1ua. - Nuestros grabados. - A 11ie (continuación), novela por IIéctor Malot, con ilustraciones de
Emilio Bayard. - SECCIÓN CIENTfFICA: Aducció11 de las
aguas del Avre á París, por Ti3sandier. -Asilo para fJerros
e,¡ Garc/zes. - Libros recibidos.
Grabados. - Afesati11a, estatua de Vicente Al fano. - llfiss
Afaud Gomu,famosa defemora de la causa de los oprimidos
irlandeses, y otros tres grabados de escenas ocurridas en Irlanda. - Sa/ó,i Parls. Exposició,i Casas-R11siJ1ot. Retratos
del pinto, Arcadio Afás y de/grabador Ramó,i Camulas, cuadros &lt;le Santiago Rusiñol; bzLerior al aire libre; Celos; Re·
tratos de la 11i11a Sardá y del Sr. Codi11a, cuadros de Ramón
Casas, grupo de seis grabados. - A11gel, estatua de Enrique
Clarasó. - Afisa de campana celebrada en SanJuan de Puer·
to Rico. - .Desacuerdo y armon{a, cuadro de A. Corelli. - Et
primogt11ito, cuadro de E. Lancerotto. - En peligro inmittente, cuadro de Vicente Cutanda. - Lápida conmemorativa
colocada en el monasterio de la Rábida en las fie,tas del IV
centenario del descubrimiento de América. - Figuras 1, 2 y 3Vistas del recipiente &lt;le las aguas del Avre, del puente de
Luxemburgo y del depósito de dichas aguas. -Asilo para
perros en Garches.

..... ,,.........,............,,......•........, .......................,..............................................................
CRÓNICA DE ARTE

Hoy, día 14 de marzo, doy comienzo á esta Crór.uando precisamente hoy debía estar en las
oficinas editoriales de LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA.
Pero el hombre propone y los acontecimientos disponen; y ciertamente que no han sido pocos ni sin
interés los ocurridos desde el día 30 del pasado
abril hasta el momento en que trazo estos renglones.
Acontecimientos algunos de ellos que aun cuando
parecen ajenos al arte, no lo son tanto que no merezcan ser tenidos en cuenta como dato irrefragable de
una ley ineludible lá la que están sujetos los movimientos todos de la vida social, especialmente por
aquella parte que corresponde á la de la inteligencia.
Para estudiarlo en Verdades y mentiras dejo ahora
el acontecimiento político que acaba de realizarse en
la cámara de los diputados. En aquella sección analizaré cómo no es posible negar la evidencia de un
estado morboso de la sociedad española principalmente, cuyos síntomas, como los de postración y aniquilamiento de las fuerzas vivas de la patria, han llegado á ser tan alarmantes que tan sólo un nuevo
rumbo impreso por mano vigorosa á la cosa pública,
y en el sentido indicado ó presentido por las ciencias,
la literatura y el arte, esto es, rompiendo los moldes
del eclecticismo, puede arrancar al organismo social
español de este sueño de anémico en que ha caído
hace ya quince años. Limítome, pues, en esta Cró11ica á dar cuenta del movimiento artístico, hoy algo interesante, de Europa y singularmente de Madrid.

nica,

***
Y por Madrid comienzo. Ayer 13 tuvo efecto la
fiesta del vernissage de la Exposición bienal del Círculo de Bellas Artes. Primera vez que aquí se puso en
práctica la costumbre esencialmente parisiense, aun
cuando hoy aceptada por todas las naciones, de hacer una fiesta en- ese día dedicado á barnizar los óleos
y á retocar las esculturas. La cuota marcada para poder entrar en el Palacio de Cristal del Retiro, donde
como en años anteriores la citada sociedad artística
celebra su certamen, era de cinco pesetas; el temporal reinante le quitó brillantez al acto. Cuando la
parte más selecta de la buena sociedad madrileña se
disponía á exhibirse y á dar un vistazo á los trabajos
expuestos, lluvia torrencial inundó las calles y puso
intransitables los paseos del Retiro. He dicho que
«cuando la parte más selecta de la buena sociedad
madrileña» á juzgar por las personas que, desafiando
al aguacero, llegaron hasta el Palacio de Cristal, aristocráticas casi todas. Con este contratiempo, sin embargo, ascendieron á más de ochenta los amateurs que
pagaron las cinco pesetas del billete de entrada.
Hoy se verificó la inauguración oficial y, como
ayer, la lluvia con acompañamiento de truenos y relámpagos hizo que la gente se abstuviera de concurrir.
La importancia de este certamen debe aquilatarse
desde el punto de vista mercantil. Todas ó c:isi torlas las obras que figuran en el catálogo son de las
llamadas de comercio. No quiere decir e3to que carezcan de valor artístico; algunas hay que lo tienen
v muy grande, por ejemplo - y ahora no voy á citar

más que las de Sorolla, - tres retratos y un cuadrito de
cabellete, porque pienso dedicar pronto varios artículos al estudio de la obra expuesta que merezca
ser mencionada; pero cito los retratos Isabelita y
Thor y La nena del autor de ¡Otra Margarita!, porque creo que especialmente el retrato primero podría
firmarlo Carolus Durand y obtener con él un éxito en
el Salón del Campo de Marte. Por lo demás, aun
cuando indudablemente, y como dejo dicho, el carácter de la pintura y de la escultura expuestas, salvo
muy contadas excepciones, es del género puramente
hecho para la venta, no por eso carece de mérito
real y positivo, sobre todo si se tiene en cuenta que
figuran cuadros de Raimundo Madrazo, de Francisco
Domingo, de Alejandro Ferrant, del citado Sorolla,
de Joaquín Araujo, de José Jiménez Aranda, de
Emilio Sala, del infortunado Casimiro Sainz, de Serafín Avendaño, de José Benlliure, de Aureliano Beruete, de Plácido Fran!;_~s, de José Garnelo, de Gartner, de Pablo Gonzalvo,cle Luna Novicio, de Federico Madrazo, de Ricardo Madrazo, de Francisco
Masriera, de Martínez Abades, de·Maura, del difunto
Enrique Mélida, de Jaime Morera, de Muñoz Lucena, de Nogales, de Eugenio Oliva, de Pinazo, de Cecilio Plá, de Modesto Urgell y de otros pintores ya
conocidos de los abonados á LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA.
Y lo que dejo dicho de los cuadros lo digo tam•
bién de las esculturas. En esta sección, este año numerosa, pues ascienden á cerca de cincuenta las obras
del género, figuran como expositores, entre otros: J usto Gandarias, Amutio, Alcoverro, Garnelo (D. Manuel), Arturo Mélida, Suñol, Trilles y Vancells. En
junto las obras catalogadas son 636.
Hasta ahora no puedo emitir juicio concreto acerca de la verdadera importancia que, aun dentro de la
característica de la obra de arte de mercado, pueda
alcanzar el actual certamen del Círculo de Bellas Ar·
tes. En el rápido vistazo que á las obras he dirigido á
la luz de una tarde triste, más que triste tormentosa,
apenas si vislumbré nada nuevo. Me acometió el
cansancio que engendra la vista de un paisaje siempre igual, hoy como ayer, como anteayer y que amenaza no variar mañana. No he visto nada - exceptúo
lo de tres ó cuatro artistas - que revele una personalidad, menos que una personalidad una tendencia nueva, sea ésta la que quiera. Quizás haya influido en
mf, para formar tal juicio, hecho, como digo, á la ligera, la luz, la atmósfera opaca del día, y más que
todo, el estado de cansancio en que me encontraba
física y moralmente por la vigilia á que me obligaron
trabajos de índole puramente periodística y la let:tura de los estudios críticos que de las Exposiciones de
París y Londres vienen haciendo las principales revistas y diarios de las capitales citadas.
Verdaderamente que para orientarse respecto del
rumbo estético y filosófico de las artes plásticas de
estos últimos años del siglo, es menester hacer un
esfuerzo colosal de buena voluntad. Nada tan vago é
inconcreto como el aspecto de la pintura en las naciones latinas 6 llamadas latinas. Yo que creo que en
la república del arte sobran las escuelas; sin embargo,
no olvido que el sentimiento, modificado y sentido
según los temperamentos, es 6 debe ser uno, como lo
fué en la época del Renacimiento, como lo fué en la
enciclopédica, como en la romántica, no para produ
cir con arreglo á las leyes estéticas determinadas por
una filosofía que rija, así para la manifestación é interpretación de la forma, como ,para la expresión de
la idea, sino para indicar un rumbo dentro de la aspiración eterna de las sociedades á procurarse un
ideal, una nueva entidad psíquica siempre adivinada
y siempre oculta á los ojos de nuestra alma y de nues·
tro corazón.
El misticismo parece ser la mandrágora que habrá
de aliviar el arte de los dolores del escepticismo y
de la anemia que le postran hasta parecerá las veces
moribundo. Pero si en Inglaterra y en Alemania y
especialmente en Rusia ese misticismo se determina
ya con bastante precisión en las manifestaciones todas del sentimiento estético, en Francia y en Italia
aparece como una mixtificación desconsoladora. Naciones ambas donde las ideas se forjaron durante siglos, hoy encuéntranse agotadas y extenuadas como
los cerebros de valetudinarios, para quienes las nuevas fórmulas de la vida del día son silogismos de imposible análisis; pero que, resueltos á no darse por
vencidos en la lucha de la cultura, de la labor intelectual, para la cual es necesaria la poderosa ayuda
de un organismo joven, apto para sentir las más pe·
queñas vibraciones psíquicas, pretenden, amalgamando sus viejas teorías y fórmulas con las más afinadas
y sutiles nuevas, seguir al frente del movimiento progresivo del saber y del sentir. Esto lleva á Francia é
Italia á determinar modos y escuelas, cuando precisamente la tendencia hoy es á desligarse de toda fór-

mula. De aquí la exclamación de un crítico francés al
ocuparse de las obras pictóricas que figuran en el Salón del Campo de Marte. «¿Puede decirse - exclama
el aludido crítico - que el Salón del Campo de Marte sea un Salón francés, un Salón nacional como sus
organizadores se complacen en llamarle? Ciertamente que no. La 111,zyor parte de su originalidad y de m
qtractivo es debido al número de artistas extranjeros
que en él exponen ... » «Aparte - prosigue el crítico de unos cuantos artistas que nos hacen honor, la
mayor parte de los expositores francesfcS se distinguen por una banalidad 111onóto11a que se desborda
por el Salón de los Campos Elíseos, como por el de
Marte. Los artistas de las diversas naciones que
concurren, pero especialmente los norteamericanos y
los alemanes, aportan á esta exposición, que nos parece hueca y sin valor, notas de un sabor exótico, impresiones sentidas y recogidas en fuentes que nos
parecen, y que en efecto son, más frescas ... )
Esto dice Pallier, al mismo tiempo que hace de los
franceses, italianos y españoles una misma escuela,
vieja caduca. ¡Ay! Desgraciadamente temo mucho que
llegue á tener razón por lo que respecta á nosotros,
así como la tiene respecto á sus compatriotas.
Tanto al Salón de los Campos Elíseos como al del
Campo de Marte concurren artistas españoles; en
mayor número al primero; de Cataluña la mayor parte. Pallier menciona á Casas y á Rusiñol entre los
que pintan interiores: estos son los únicos compatriotas de quienes leo una alabanza. En cambio, la paliza descargada sobre las costillas de Checa, el celebrado autor de La invasión de los bárbaros, por otros
críticos, el de Le Fígaro y el de Le Temps, es monumental, no por la fuerza de los razonamientos, sino
por el desdén con que le fustigan.
Verdad que no siempre puede acertarse; pero lo
grave aquí es que Checa, como todos los artistas españoles que exponen en los dos Salones de París, no
han salido todavía de un senderito, y de un senderito aprendido, no hallado en fuerza de espontaneidad, por impulso de su propio sentir. Así lo hacen
presente los dos 6 tres críticos que han dedicado
unas líneas á nuestros pintores, mientras se extasían
y se vuelven panegiristas de los alemanes .. ., norteamericanos é ingleses.
Dejo para próximos artículos el analizar cuanto dicen franceses é ingleses de los rumbos del arte mo•
derno; ahora me limitaré á hacer una relación de los
pintores españoles que exponen en el Campo de
Marte. Son éstos Rusiñol, Casas, Pinós, Barrau, Jiménez, Checa, Más, Domingo Muñoz, Gándara y
otros tres catalanes que no recuerdo en este momento; en el Salón de los Elíseos solamente tres 6 cuatro
tienen allí obras, entre ellos Sorolla y el portugués
Souza Pinto.

***
También de Londres llegan noticias no muy halagüeñas para el arte. Cierto que las más pesimistas
son de origen francés; pero sin embargo, algo debe
haber de verdad en el fondo cuando la crítica inglesa tilda de muy débil la última Exposición de la
Real Academia.
Digno de tenerse en cuenta es lo que con motivo
del resultado de esta ei..-posición, donde se admiran
cuadros de los principales maestros y académicos
ingleses, dicen los entendidos en crítica artística; y
apunto como digno de tenerse en cuenta las opiniones emitidas, por cuanto tienden á combatir el ambiente académico, como ambiente donde el arte se
produce con sujeción á distingos, aun cuando en Inglaterra esos distingos sean, en comparación de los
de nuestras Academias, verdaderas expansiones de
un club revolucionario.
Las principales obras expuestas en los salones de
la docta corporación artística londinense pertenecen
á Leigthon, á Orchardson, á Alma-Tadema, á Millais, á Pertuiset, á Buten Riviere, dominando en
más de un cincuenta por ciento el retrato.
De Leigthon el cuadro más importante es verdaderamente dramático y se titula Rispah. Representa
una madre que defiende los cuerpos de sus tres hijos
crucificados contra los ataques de las aves de rapiña;
de Millais, La infancia de Santa Teresa. Vean mis
lectores cómo el arte anda vacilante en busca de algo que no sea solamente materia y determinismo
científico.
El tiempo de los servilistas pasó ya; los émulos de
la máquina fotográfica deben ir pensando en hacer
algo más que en pintar maniquíes con caras de estúpidos.

R. BALSA
15 de mayo de 1893

DE

LA VEGA

595

LA ILUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

33 1

se en parte la dignidad apagar el fuego que estos vecinos caritativos habían
de Irlanda, pero poca enc~ndido junto á aquella infeliz para calentar sus
ventaja ha de reportar ateridos .miembros, de modo tal que la desdichada
de él la miseria que pa- enloqueció repentinamente y di6 á luz un niño muerdece aquel país desgra- to. Y estas escenas ~e repit~n todos los días y en Inciado.
glaterra no hay qm~n l.o ignore, pero nadie se pre- Pero esa miseria, ocupa de ello: los pen6d1cos callan, el Parlamento se
¿es realmente tan atroz hace el sor?º• y esas hermosas damas virtuosas que
como se dice? ¿No habrá fundan sociedades de templanza consienten impasialguna exageración en bles que tales ignominias se cometan. Esas buenas
las descripciones de los señoras no se ocupan, no quieren ocuparse de tales
viajeros?
cosas, pretextando ,que son neg~cios de Estado y que
- Sus narraciones, re- se t.rata de la pohtica de la rema; y ante tan fútiles
plica miss Maud con motivos, t?dos se apartan y bajan la cabeza en señal
acento solemne, están de acatamiento... Por esto he venido á Francia: copor debajo de la verdad. nozco cuán generosa, cuán accesible es á los buenos
Pocos conocen Irlanda; sen~i~ientos, cuán pronta está siempre á volar en
para saber lo que allí aux1ho d~
débiles:. mil veces ha dado de ello prueacontece es preciso pe- b~s, y qms1era que diese una más y que su grito de
netrar, como lo he he- piedad y de indignación hiriendo en el corazón á nuescho yo, á caballo, pues tros ~erdugos les obligase á romper nuestras cadenas.
los carruajes no pueden
Miss Maud pronunci~ este discurso tranquila y paucircular por aquellos ca- sadame?te: su voz no pierde la calma, pero en su mimi nos impracticables, rada brilla una voluntad tenaz ... Al escucharla comen las aldeas aisladas, prendí q~e sabe do.minarse perfectamente, que no
lejos de las ciudades... cometerá 1mprudenc1a, que proseguirá su tarea duranAllí cometen los propie- te mes~s y aun. duran~e ª?ºs enteros sin comprometarios sus más terribles ter su mfl~enc1a con rnút1les provocaciones. Admiré
abominaciones, y las co- esta .ten~c1dad, este valor; pero al propio tiempo que
meten con la mayor adm1rac1ón, sentía dentro de mí cierta inquietud.
tranquilidad del mundo,
- No es natural, me decía, que una señorita bien naciya que nadie ni nada da a~andone su posición en la sociedad renuncie á los
pueden inquietarles: co- goces del matrimonio y á las prerrogativas de su ranmo los hidalgüelos de go, rompa con las preocupaciones de su casta y se
la Edad media, hacen y lance de lle~o á una vida de aventuras. ¿De dónde
deshacen á su antojo, vendrá tan srngular vocación?
matan de hambre y opriInterroguéla en este sentido, sin saber si me conmen á los aldeanos, que testaría y cómo.
en realidad son sus esLa seguridad con que me contestó demostróme
clavos y á quienes arran- que no he sido el primero en preguntarle tales cosas.
can el pan de la boca.
- No soy una profetisa y nada más lejos de mi ániAlgunos de esos infeli- n:1º qu~ renovar las hazañas de Juana de Arco; pero he
ces, para no perecer de sid? c~iada y educada en Irlanda, y usted sabe bien
MISS MAUO GONNE, FAMOSA DEFENSORA DE LA CAUSA DE LOS OPRIMIDOS IRLANDESES
inanición, se ven redu- ~uan ~ntens~s. y dura~eras son las impresiones en la
cidos á comer hierba
UNA ENTREVISTA CON MISS MAUD co1rnE com~ los animales, .Y aun esta hierba, que recogen á mfanc1a rec1b1das. M1 padr.e, oficial del ejército ing.lés, tenía numerosas relaciones entre los propietala onlla ~el. mar, tienen que pagarla, no pudiendo
. Impulsado por vehemente deseo de ofrecer mis cogerla m alimentarse con ella sin la inspección de la nos; con él y á veces sin él ib~ yo á pasar algunas
respetos á m.iss Maud Gonne, á esa joven á. quien policía. JY qué policía! Una policía que respira odio temporadas .en casa de esos amigos que nos recibían
s~ ha denominado la Velleda de lrlanda, á esa seño- Y venganza, compuesta de sectarios tanto más crueles en sus ca~tillos, donde se hacía vida alegre. Un día
n.ta de elevada alcurnia que recorre Europa defen- cuanto que saben que están protegidos por la autori- tenía yo diez y siete años, encaminábame hacia un~
die~d? en todas partes la causa de sus hermanos dad suprema. Renuncio á describir á usted en deta- de aquella~ mansiones situada lejos de Dublfn, en el
corazón mismo de la provincia. Era en pleno invierno
opnmtdos, los irlandeses, encaminéme á la avenida
ll~ tal cú1~mlo de horrores: con mis propios ojos he
de la Grande Armée, donde aquélla habita una casa visto ª!roJar de su casa á un anciano de ciento y Y hacía un frío horrible: al pasar el coche en que iba
por ?elante de una choza arruinada vi á una mujer
c?moda, aunque de aspecto vulgar, amueblada con
tres anos. que no podía pagar el último plazo de su
tendida y desmayada junto á la puerta: bajéme á recierto desord~n, efecto de la vida agitada de la famoarrendamiento; he visto en pleno invierno á los polisa propaga.ndista. En las paredes algunos cuadros; zont~s apoderarse de una mujer encinta, dejarla en coge,rla? l.e ~fce beber un cordial, y cuando hubo vuelto
sobre la ~h1menea fotografías con dedicatorias, retra- la meve dela_nte de su casa, prohibir á los vecinos en s1 dmg1le varias preguntas, á las cuales me contestos recogidos en todos los países, testas rusas, ingle- que la recogieran, bajo pena de ser encarcelados, y tó que no habiendo podido pagar su mísero alquiler
s~s, alem~nas; er. un ángulo de la habitación un
acababa de ser arroJada de su cabaña por el señor
p1a!10 abierto y sobre éste un látigo: unión simbóhca que da idea del modo de ser de la dueña de la casa, que, á no dudarlo, deja el piano
por el ~aballo y el caballo por el piano. En
prese?~1a ~e estos detalles, miss Maud surge
~n m1 1magrna~i6n bajo el aspecto de una muJer fina, enérgica, medio artista, medio centauro, acostumbrada desde su adolescencia á recrearse en las melodías de Schuhmann levantando los _ojos al cielo y á correr por la tierra
cazando ciervos.
. Al fin aparece... y su presencia me causa
cierta sorpresa. Velleda es altísima, mide por
lo menos un metro ochenta y cinco centímetros; no es bella, pero sí interesante. Rodea su
cabeza ~na aureola rubia, espesa, desgreñada;
sus facc1~nes de.notan firmeza,. energía; sus ojos
n?. son v1v~s, m ~etulantes, m burlones, ni espmtuales, m ~pas10nados, sino inteligentes, sonadores, pacientes, místicos. Unase á estos
rasgos una expresión indeterminada, cierto no
sé q~é de va?o y resuelto que hace que las ext~anJeras, saJonas 6. eslavas, sean enigmas vivientes y sus almas rncomprensibles para nosotr?s, y setendrá idea de Ja fisonomía de aquella Joven.
Mis~ Maud me recibe cordialmente, á fuer
de m~Je~ acostumbrada á codearse con literatos
Y penod1stas, estrec.ha con. fuerza mi mano, y
entablamos en se~mda el siguiente diálogo:
-:- Supongo, miss Gonne, que estará usted
satrsfecha, pues parece que el viejo Gladstone
va á colmar sus más caras aspiraciones.
-:- El home rule, me responde miss Maud
ha.c1e!1~0 un gesto con los labios, no es sino un
LA POLICÍA EJERCIRNDO SUS FUNCION&amp;S &amp;N I
pnnc1p10 de concesión: con él puede satisfacerRLANDA, - INCRNDJO D&amp; LA CASA D&amp; UN ARRRNDATARIO

!os

Poll ORDEN DEL PROPIETARIO

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

CASA DERRUÍDA Á GOLPES DE ARIETE POR FALTA DE PAGO DEL ARRENDAMIKNTO

que, además, había dado orden de demoler su pobre
vivienda. Añadióme que hacía dos días que no comía,
y que su ma~ido, un tal Dumán, había ido en busca
de algunas raíces exponiéndose á ser castigado por el
dueño de las fincas. Puse una moneda de oro en su
descarnada mano, y con el corazón oprimido llegué
á casa de mi huésped, resuelta á hablar de aquellos
desgraciados y á pedir para ellos su misericordia.
Pues bien: á mi llegada ¿sabe usted cuáles fueron las
primeras palabras que hirieron mis oídos? El dueño
de la casa, gritando y dando grandes carcajadas. decía: «He ganado mi apuesta: el año pasado le predije á ese mala cabeza de Dumán, mi arrendatario,
que antes de seis meses su mujer pariría en el campo,
y ya la tienen ustedes allí. ¡Que reviente! Esto servirá
de ejemplo á los demás y les enseñará á pagar puntualmente.» Nada repliqué, no quise recoger tan odiosas palabras; pero aquella misma noche hice mi maleta y me alejé de la guarida de aquel monstruo, jurándome á mí misma dedicar todas mis fuerzas á la
liberación de los esclavos irlandeses, consagrar m1
vida entera á esa misión sagrada. Y como
usted ve, hago cuanto de mí depende para
cumplir mi juramento.
Al decir esto miss Maud se sonrió, temiendo quizás que la tomara por una sacerdotisa ó una iluminada, y añadió
luego:
-Además, esto me divierte... ¡La vida
es tan prosaica cuando no se sabe emplearla bien! Y las distracciones ordinarias, los
que se llaman placeres mundanos ¡me inspiran tal indiferencia!... Mi obra, por el
contrario, es de las que apasionan. Todas
las mañanas recibo centenares de cartas
en las cuales se me denuncian abusos ó se
me piden socorros: estoy en comunicación
con nuestros comités de beneficencia que
se encargan de distribuir las cantidades
que yo recojo. Todo cuanto gano, el producto de mis conferencias, de mis cuestaciones, todo va á parar á Irlanda, y cuando voy á aquella pobre tierra el pueblo me
da las gracias, me aclama y me recompensa todas las penalidades sufridas, todos los
esfuerzos realizados, encarnando en mí sus
esperanzas aunque engañándose, por desgracia, respecto de mi autoridad y de mis
medios de acción. Aquí tiene usted, añade
cogiendo un folleto de encima d e un velador, el Boletín oficial de los penitenciarios
de la Gran Bretaña, que me ha costadq
mil trabajos conseguir, pues es un documento reservado únicamente á los ministros: en él hay detalles horripilantes acerca
de la suerte reservada á los irlandeses acusados de haber conspirado contra la reina
y encerrados en el presidio de Portsmouth,
en donde viven hace diez años asimilados

á los criminales de derecho común, obligados á trabajos repugnantes y tratados con una barbarie digna,
cuando más, de la Edad media. Los carceleros, el
director, los vigilantes, todos son ingleses, es decir,
enemigos natos de nuestros cautivos, enemigos de religión y de raza, y todos procuran inventar cada dla
nuevas torturas. ¿Quiere usted un ejemplo como
muestra? Uno de los presos contrajo recientemente,
gracias á la humedad malsana de su calabozo, una
inflamación de oído que degeneró en absceso: el médico introdujo la sonda en el órgano enfermo y el
paciente dió un grito de dolor y dejó escapar estas
palabras: «Tenga usted cuidado, amigo mío, que me
hace daño. » «¿Vuestro amigo?, dijo el doctor furioso,
¿yo vuestro amigo?.. No soy amigo de un traidor.
Aprended á hablar con más modo.» Y con un movimiento brusco le rompió dentro del oído la sonda de
cristal. El desdichado murió á los pocos días después
de horribles sufrimientos... Su asesino obtuvo un ascenso. Esta es la situación de las cosas. Hemos suplicado á Mr. Gladstone que indultase á esos márti-

NúMERO

595

res y permanece sordo á nuestras súplicas. Por
muy dichosos podemos darnos si nuevas víctimas
no van á aumentar el número de los condenados
á aquel infierno...
- Paréceme, miss Maud, que se expresa usted con demasiada franqueza. ¿No teme usted
que á su vez la alcance el resentimiento de los
ministros de la reina y que le hagan sufrir la
misma suerte que á sus compañeros? ¿Se considera usted segura cuando, de regreso de sus viajes, desembarca usted en Irlanda?
- No se atreverían, me contestó miss Maud
dejando brillar en sus ojos una expresión maliciosa, á arrestará una mujer de la alta sociedad,
que á pesar de sus ideas subversivas ha conservado muchas y muy valiosas relaciones. Y á fe
que lo siento, pues la cárcel me envolvería en
una aureola y haría mi popularidad formidable.
Pero aunque me deja en libertad, la policía me
vigila rigurosamente: de ello he tenido recientemente una buena prueba. Tuve, no ha mucho,
aquí en París una cocinera que me había seducido por su aspecto simpático y por el celo é interés con que me servía y que me inspiraba una
confianza absoluta. Pues bien: un día la sorprendí disponiéndose á abrir mis cartas: subí á su
cuarto, y en él encontré papeles, telegramas y
documentos que me demostraron con toda evidencia que aquella joven estaba á sueldo de Inglaterra. Este descubrimiento afl.igióme en gran
manera, pero no me sorprendió...
La noche se nos echaba encima y juzgué
prudente despedirme de miss Maud. á quien pedí permiso para llevarme, como recuerdo de
nuestra entrevista, varias fotografías de su país...
Algunas de ellas están en estas páginas reproducidas. Al contemplar esas ruinas, esas chozas
destruídas por la mano brutal de los propietarios,
esos niños medio desnudos, esas mujeres que vagan sin abrigo tiritando al sentir sobre sus cuerpos
macilentos el aire crudo del Norte, ¿quién no se sentirá conmovido?, ¿en qué corazón no alentarán el odio
implacable hacia los opresores y la más profunda
conmiseración hacia los oprimidos?
ADOLFO BRISSON
,r,,•,,,., ....... , .....,,.,,.,,,,, .............. ,.,, .. ,,., ... ,, ............. ,.,,..............~,••••·••••••·••"•r•,••,1•••"•r1o

EN COLABORACIÓN
LA ACADEMIA ESPAÑOLA Y EL MUNICIPIO MADIHLEÑO

Ó vice versa: el Municipio madrileño y la Academia Española; porque ésta ha completado la obra de
aquél. El Excmo. Ayuntamienlo de la villa y corte ha
dejado que se cierren las puertas del Teatro Espa,iol
antes de hallarse terminada la temporada cómica; la
Academia Espa,iola ha declarado desierto un concur-

SALÓN PARÉS-EXPOSICIÓN CASAS-RUSIÑOL
DESPUÉS: DEL DESPOJO. - LA FAMILIA DKL ARRENDAT.0.RIO LANZADA DK SU HOGAR: LA PUERTA ESTÁ CERRADA
Y NADIE PUEDK PENETRAR EN LA CASA BAJO PRNA DE PRISIÓN

l. RETRATO Dl!L PINTOR ARCADIO MÁS .

4.

5•

RETRATO DEL GR

Ó
ABADOR RAM N CANUDAS,

RETRATO DE LA NIÑA SARDÁ.

-6.

cuadros de Santiago Rusiñol. - 2. INTERIOR
cuadros de Ramón Casas.

RETRATO DEL SR, CODINA,

AL AIRE LIBRE . -

3.

CELOS.

�334

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

595

- Es usted excesivamente modesto, le dijo en cier- ca masa, y después sintiéndose vencida por el dolor
ta ocasión un su amigo que trataba de persuadirle á y el cansancio se desplomó sobre un banco.
- ¿Qué le sucede á usted, buena mujer?, le pregunque fuese alcalde.
tó el jefe de estación que se encaminaba á su desY al reproche afectuoso contestó él:
-No hay tal modestia; en todo caso habría orgu- pacho.
La mujer alzó la cabeza, y mientras resbalaban por
llo. Si no quiero ser alcalde, ni representar al país en
las Cortes, ni tener cargo alguno público, no es por- sus mejillas copiosas lágrimas dijo de un modo inque me considere ya inepto para desempeñar funcio- conexo:
- Mi hijo muriéndose en Bilbao ... Ayer tarde me
nes de soberanía. Presumo que, poco más punto me·
nos, puedo desempeñarlas como tantos otros las des· lo dijeron; he corrido toda la noche. para llegar al
empeñan y aun mejor que algunos. Lo que hay es tren, para ir á abrazar á mi hijo, á acompañarle en su
que necesito de todo mi tiempo para cumplir las obli- agonía. ¡Toda la noche corriendo por los campos, por
gaciones que he adquirido ya y no pienso adquirir los montes ... muchas, muchas leguas, para llegar al
otras nuevas. Si yo creyese que mis amigos ó mis tren, y el tren se ha marchado!
- Vaya, tranquilícese usted, le respondió el jefe,
conciudadanos habían menester de mí, que faltándo·
les mi cooperación en esos puestos iban á resultar dentro de dos horas pasa otro tren para Bilbao, mienperjudicados, preferiría perjudicarme yo; desatendería tras tanto puede usted descansar; eso le hará á usted
mis negocios propios, y allí iría á cuidar los ajenos; bien, y aun si usted pudiera dormir un poco ya Je
pero como hay de sobra quien desea ser alcalde y despertaría yo á tiempo.
- Si la cabeza, señor, me duele, se me rompe la
para mí resultaría el serlo pesadísima carga, comprenó no tengan corazón •
cabeza. Mi pobre hijo muriéndose en el hospital. Ayer
da
usted
que
sería
torpeza
insigne
ó
imperdonable
ó será de bronce ó peña.
niñería contraer deberes cuyo cumplimiento había de me lo dijeron y he corrido, he corrido ...
- Bueno, bueno; procure usted dormir y ya la desY ahora prosiga Pérez Galdós en sus plausibles serme dificultoso. Porque eso sí, el día en que yo
tentativas teatrales; persevere el gran Echegaray en aceptase un puesto de esos, á ocuparlo dignamente pertaremos en el instante oportuno.
El jefe de la estación se dirigió á su despacho y la
trabajar con el mismo. ardor y el entusiasmo mismo consagraría toda mi actividad, toda mí energía, toda
pobre mujer se quedó murmurando:
de sus primeros años, y no abandone Sellés la pluma mi inteligencia.
- ¡Dormir, dormir mientras mi hijo se muere!
A mi juicio, en este caso particular del premio Cor·
con que escribió El nudo gordiano y Las Vengadoras,
Después clavó tercamente la mirada en las dos Jí.
y vuelva á la palestra Leopoldo Cano, que parece ha- tina, los señores académicos han debido, para proceneas de los rieles, los cuales, más felices que ella, se diberse olvidado de los triunfos de La Mariposa y de der juiciosamente, obrar lo mismo.
Negarse en absoluto, terminantemente, á la acep- rigían hacia Bilbao, y pasaron por su frente todas las
La Pasionaria, y no retroceda Felíu y Codina, que
ha logrado la envidiable honra de ser competidor de tación de ese mandato ... , y de no haberlo hecho así, tristezas que desde el día anterior le destrozaban el
Echegaray en el concurso de referencia, y siga dis- de haberlo aceptado, aceptarlo con todas sus conse- alma.
Recordó que hallándose en la cocina de su pocurriendo regocijador juguete el ingenioso Vital Aza, cuencias. Era la obligación de ver representados en el
bre
casa sintió que abrían la puerta. Era el cura del
y sacuda su pereza el celebrado autor de La Levita y teatro las comedias y los dramas, que para ser reprede Las personas decentes, el ya veterano aunque joven sentados los escribieron los respectivos autores; de es- pueblo.
- Felices tardes, Ana María, le dijo.
aún Enrique Gaspar. Que ahí está la Academia Es tudiar atenta y detenidamente las obras teatrales que
- Felices, señor cura.
han
de
entrar
en
concurso;
de
llevar
á
cabo
estudios
pa,iola dispuesta á proclamar con sus fallos que ya
- Pues he salido á dar un paseo como de costumno hay quien escriba para el teatro y que los dramas comparativos entre unas y otras, y dictar después sen·
tencia razonada, para satisfacción del público en ge- bre, y me he dicho: voy á ver cómo sigue esa buena
de ahora no valen un comino.
¡Lucidos quedan á los ojos de propios y de extra- neral, y en particular de los autores no premiados, que Ana María ... Y á propósito, ¿hay noticias del hijo?
- La mujer de José Antonio, que estuvo en Bilños, sobre todo de extraños, los que en esta bendita alguna consideración y algún respecto merecen.
La Academia no se ha creído en la obligación de bao, me dijo que le había visto bueno, gracias á Dios,
tierra se dedican á escribir dramas ó comedias!
El Ayuntamiento de Madrid tiene un teatro y lo hacer nada de eso. Una comisión de su seno - comi- y trabajando como siempre en las canteras. Mil gracierra; la Academia Española recibe el encargo de sión compuesta de no sé cuántos señores - ha exami- cias, señor cura.
- Es que ese trabajo de las canteras ... A mí no me
dar un premio y no quiere darlo.
nado algunas obras; nadie sabe cuántas ni cuáles.
Pero lo más original que hay en esto de la AcadeDespués veinte señores académicos, de los cuales gusta que los chicos de este pueblo vayan á trabajar
mia es que la mayor parte de los señores académicos se sabe por confesión propia que ni tienen noticia al- á las canteras, porque con eso de la dinamita, quiero
ni van al teatro, ni leen comedias, ni saben de lo que guna de las obras estrenadas, ni conocían siquiera decir los barrenos, á lo mejor se descuidan y una
en España se escribe. Un periódico muy popular y muy las escogidas por la comisión hasta que las oyeron leer, piedra ...
- ¡Una piedra!
discretamente escrito, El Heraldo de Madrid, tuvo la han votado que no merecía ninguna el premio.
Sí, mujer de Dios, puede caer una piedra.
feliz ocurrencia de abrir una información académica y
Seamos francos. ¿Existe en tan irregular procedi- ¿Pero mi hijo?
de publicar los resultados de la misma; no voy á re- miento y en tarea tan incompleta garantía de que se
- Yo no hablo de su hijo de usted, sino que suceproducir, ni á extractar siquiera, las conferencias que ven realizados los nobles deseos de los fundadores?No.
den
casos ...
el inteligente redactor de El Heraldo celebró con alEsos fundadores pretendían, y esto se ve muy claro
- ¡Herido mi hijo! ¡Muerto mi hijo!
gunos individuos, más ó menos importantes, de la en las cláusulas de la fundación, proteger la literatu- ¡Pero quién ha dicho tal cosa!
docta corporación; pero sí he de manifestar la extra- ra dramática, estimular á los dramaturgos españoles;
- No, no lo niegue usted, á mi hijo le ha sucediñeza que en mí produjo el convencimiento de que los la Academia, al desempeñar por primera vez funcioseñores académicos, llamados como tales á ser jueces nes de tribunal sentenciador, ha hecho por su parte do una desgracia. ¡Dios mío, Dios mío!
- Vaya, vaya, calma; no es para tanto. Sí, acaban
y fallar en conciencia este litigio literario, solamente precisamente la contrario de lo que estaba encargada
conocían los dramas Mariana y La Dolores por ha- de hacer: ha perjudicado al arte y ha matado (en lo de decirme que ha habido carta de Bilbao y cuentan
berlos oído leer al maestro Barbieri, que ha fama de que de ella depende) el noble estímulo de los escri- que á su hijo de usted ...
-¡Muerto!
excelente lector.
tores.
- ¡Qué muerto, ni qué nada, mujer de Dios; una
De las demás obras, cómicas ó dramáticas, estrePor razones que ahora no expongo, pero que tal
nadas en el lapso de tiempo d eterminado por el fun- vez me permita exponer en otra ocasión, considero herida, un rasguño en un brazo; vamos, sí, una heridador del premio, ni tienen noticias siquiera.
locura esperar de la Academia Española cosa distin- da! ¿Pero adónde va usted?
- ¡A :Bilbao!
Bastó á muchos una sola audición para formar jui- ta. El resultado había de ser necesaria y fatalmente
- ¡Si ya se echa la noche encima!
cio y emitir dictamen. ¡Admiremos su prodigiosa el que ha sido, el que será siempre.
- ¡A Bilbao!
perspicacia y rindamos parias á la maravillosa lucidez
Resultado cuyo deplorable efecto no se atenúa con
- ¡Si tiene usted siete leguas hasta la estación más
la determinación adoptada (después de hecho el dade su entendimiento!
ño) de consultar á la representación del donante del cercana, hasta la estación de Arosa!
- No importa, voy á Bilbao.
Conste, y me importa dejar esto muy bien sentado, premio... No después, sino antes de dictar sentencia,
- ¿Y los tnalos caminos y la obscuridad de la
conste que no soy enemigo de la Academia y mucho debió de haberse hecho esa consulta; aunque, lo repimenos de los académicos; entre -éstos hay algunos á to, lo mejor habría sido no aceptar el encargo que noche?
- ¡Dios me guiará; quiero ver á mi hijo!
quienes de todas veras estimo y aun respeto; de ,las necesariamente había de cumplirse de mala manera
- Espere usted á mañana.
Academias pienso que para nada sirven, pero creo en desprestigio del teatro español y con perjuicio de
- Ni un momento más, señor cura.
también que á nadie estorban; no mereeen, pues, co- los autores que para él escriben.
Y efectivamente, dejando su pobre casa y en ella
mo colectividades, ni mi animadversión, ni mis
al estupefacto sacerdote, había corrido, había corrido
A. SÁNCHEZ PÉREZ
simpatías.
por los campos, por las rpontañas, sin vacilaciones,
Me explico y comprendo perfectamente lo sucedido: los académicos tienen sobre sí demasiadas atenPost-scriptum. Escrito el articulillo precedente, lle- sin miedos, confiada en Dios y con el pensamiento
ciones para que puedan aceptar otras nuevas.
gan á dar más vigor á los razonamientos en él conte- en su hijo, toda la noche, toda la larga noche, con
Muohos de ellos no van ya al teatro porque no se nidos: la concesión hecha (á destiempo y como por dirección á Arosa. Y cuando llegaba anhelante, sulo permiten ni los achaques de la edad, ni sus aficio- iimor de Dios) por la Academia, y el discurso agresi- dorosa, exánime había oído el silbido penetrante de
nes de ahora, ni sus deberes oficiales. Creo, sin em- vo del Sr. Pida!; discurso acerca del que podría de· la locomotora anunciando su marcha, después el crujibargo, que ellos mismos pudieron comprender eso, y cirse mucho y aun acaso se diga... , pero que por hoy do de las enganches, después el resbalar de los vagocomprendiéndolo debían no haber aceptado un en- solamente es dable comentar con un enterado y autos. nes... y entró en la estación cuando el tren salía camino de Bilbao por aquellas dos líneas de los rieles
cargo que, si ha de ser cumplido como Dios manda - Ut supra.
y como los fundadores indudablemente querían, exi- •1'••"••••••••1•,,•,,,,,..,,,,.,•,,f••l"•,•••••••"•l'o,'•,1•,,-,,,,,1•••..•••••..•l"••"•••••••,1•,,•,,1•••"11º••"•1"•,••••••• •.. que ahora contemplaba tercamente. Por allá se había
ido el monstruo de entrañas de hierro que no quiso
ge mucho trabajo y muy detenido estudio.
esperar un instante más á una madre. ¡Y dos larguíEL SUEílO DE UNA MADRE
Conocí, hace ya mucho tiempo - y séame lícito
simas horas aún inmóvil en aquel banco, y allá abajo,
evocar su recuerdo, que viene muy al caso - á un
Aún conmovían el aire las trepidaciones del tren allá lejos su hijo muriéndose!..
buen señor, muy popular en su distrito y que, á pesar
Sentía una opresión en las sienes como si se las sude esa circunstancia, no consintió jamás que su nom- que acababa de salir de la estación de Arosa, cuando·
bre figurase en candidatura para diputado, ni para pálida y jadeante penetró en el andén una mujer po- jetaran con una tenaza de.hierro. Era un dolor á la
senador, ni aun para simple vocal de un comité (la bremente vestida. «¡El tren! ¡El tren!,» dijo con angus- vez pesado y punzante. La fatiga, el cansancio latentia infinita viendo desaparecer achicándose la negruz- te en su cuerpo mientras le animó la impaciencia de
Academia sea sorda).

so de obras dra¡náticas, del cual tienen ya noticia seguramente los lectores de esta lLUS:tRACIÓN. El acto
de los señores académicos es digno complemento del
acto de los señores concejales, y el conjunto edifican·
te que ambos forman dan la razón, con la brutal elocuencia de los hechos, á los que propalan y sostienen
que nuestra literatura dramática se halla en un período de evidente decadencia.
Cuando lectores extranjeros, que suelen estar poco
enterados de lo que por este país ocurre, vean en los
periódicos de Madrid que el Teatro Espmiol (considerado por ellos, por razón del nombre, como teatro
nacional) no puede sostenerse por falta de público, y
que la Academia Espa1iola, autoridad suprema en
asuntos literarios, no ha considerado digna de premio ni una sola obra, ni una sola, de las representa·
das en todos los teatros de España durante dos años,
por fuerza han de compadecernos, y si no nos compadecen será porque

NúMERO

595

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

335

llegar á la estación de Arosa caía ahora por
Buscólas ella afanosa y torpemente en un
todo su ser como una lluvia de plomo. Aqueprofundo bolsillo y se las entregó.
llos pies no eran sus pies, aquellas piernas no
- Bueno: ahora pase usted al otro andén,
eran sus piernas, aquellos brazos no eran sus
porque aquí hay cruce y el tren de usted
brazos; eran pies, piernas y brazos de hierro,
viene por aquella vía y por esta el que baja
pero de hierro dolorido, y no los que ella tede Bilbao.
nía anteriormente de carne y hueso.
La pobre mujer pasó, como el jefe le ordeEn sus ojos, que tantas lágrimas habían denaba, al andén opuesto, no sin dirigir antes
rramado, faltaba algo como la conciencia de
una mirada cariñosa al banco en que había
la visión; es cierto que veían, pero de un mosoñado que abrazaba á su hijo.
do perezoso y vago: ¿era efecto de las lágriPocos momentos después llegó el tren, y
mas. ¿Era sueño? ¿Era desmayo? Quería penella impaciente y nerviosa subió al vagón que
sar en su hijo y no podía; una invencible laxihabía de llevarla á Bilbao.
.
tud la dominaba. ¿Se moriría así? ¿Y si rezaMas á pesar de sus impaciencias el tren no
ra para no dormirse ó para no morir de aquese p,onía en marcha. ¡Claro! Tenía que esperar
lla manera?
al otro, al que bajaba de la capital vizcaína.
Comenzó con torpe labio á murmurar sus
Ya estaba allí; pasó su locomotora como
oraciones. Un padre nuestro, otro aún; pero
un relámpago, aun cuando venía refrenando
¡qué torpeza la suya! Una avemaría para ver
la marcha, y el cuerpo del tren al detenerse
pronto á su hijo. Sí, «Dios te salve María.»
s~ interpuso entre ella y el banco de sus
¡Ah! Su cuerpo, que era como de hierro, se
sueños.
convertía en nube, en aire, en gasa; su labio se
¿Pero cuándo saldrían? Sonó el silbato del
detenía, sus ojos se cerraban, su pensamiento
jefe de estación, después silbó la locomotode,sapar~cía... volaba... Se había dormido, y
ra. ¿Marchaban ya? No, todavía no. ¡Era el
as1 contmuó durante una hora con un sueño
otro, era el otro!
tranquilo y profundo, sin que en sus oídos
Asomóse á la ventanilla para verlo mardespertara un eco ninguno de los mil ruidos
char, pasó el último vagón, quedó libre el esd~ la estacióni despues exhaló un largo suspaci?, _miró _h~cia e! banc~ de sus sueños y
piro, y como s1 saliera del fondo de una cepresmt1ó, ad1V1nó, v1ó medio arrojado en él
rrada nube pasó de las profundidades del sueun joven pálido, con un brazo en cabestrillo
ño absoluto á las regiones de otro sueño más
cara de sufrimiento... Era él, su hijo. ¡Vivía!
consciente y ~esasosegado. Entonces, aunque
¡Y aquella maldita portezuela de su coche
de un modo mcompleto y con las vaguedaque no qutría abrirse, y el tren que iba á
des todavía de la somnolencia, tuvo noción
partir! Ya silbaba la máquina, forcejeó con
de que se hallaba sentada en un banco; ¿pero
ira ... ¡Al_fin! Arrojóse al suelo, gritó: «¡ Hijo!))
dónde? No lo sabía. ¿Estaba sola? Sí. ¿EsperaAlzó el Joven la cabeza y ella con indecible
ba ~ alguno? Sí, esperaba á su hijo. ¿Iba á
acento suplicó:
vemr pronto? Sí, iba á venir pronto. ¿A sen- ¡No te muevas, no te muevas!
tarse en aquel banco? Sí, á sentarse en aquel
Y
aquella infeliz madre que durante una
banco. Extendió los brazos... no había llegalargulsim~
noc~e había corrido por campos y
do todavía. Volvió á dormirse más profundamontes
sm
vacilar una vez, cayóse tres veces
mente y le abrazaba en sueños...
ÁNGEL, estatua de Enrique Clarasó (Salón Parés)
cruzando el cortísimo espacio que la separaba
En la estación resonó en aquel momende su hijo, de aquel banco donde le había
to el agudo sonido del timbre del telégrafo.
abrazado
en sueños... ¡esos sueños proféticos
. Poco desp~és s~lió _el jefe de su despacho, y diri- ¡Ea! Despiértese usted; el tren para Bilbao va á
giéndose hacia la mfehz mujer la sustrajo cruelmen- llegar. Aquí tiene usted el billete de tercera. Su im- de madres con los que Dios fabrica sus realidades
más hermosas!
te de sus hermosos sueños, diciéndole:
porte es cuatro pesetas y media...
JOSÉ DE ROURE

11

SAN JUAN DE PUERTO RICO. - MISA DR CAMPAÑA CELEBRADA E
DE
N LA PLAZA DE ALFONSO XII CON MOTIVO DE LA RRCiEN1(E LLEGADA Á AQUEL PUERTO
LA NAO ((SANTA MARÍA» (de fotografia remitida por D. Marce!ino Gurda)

��338

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

MISCELÁNEA

Bellas Artes. - El escultor alemán Toberentz se ha encargado ele continuar el monumento á Lutero que ha de erigirse en Berlln y que el difunto escultor Otón dejó sin concluir.
París. - C(Jmo siempre, las salas altas del palacio de la In·
dustria se ven inundadas de cuadros; á pesar de la severidad

en los Campos EUseos; pero en ,cambio lucen en el Campo de
Marte muchas obras de las distintas artes decorativas, como
muebles, esmaltes, cerámica, grabados, vidrios, metalistería,
encuadernaciones, etc., que complementan con sus aplicaciones la Exposición de las Artes Bellas.
Barcelona. Salón Parés. - Ha expuesto Cutanda un boceto,
bien concebido y de hechura briosa y decidida, que impresiona vivamente al espectador, La plataforma de una locomotora,

NúMERO
las producciones al aire libre y la habilísima ejecución ele re•, , ·
tos tan admirablemente ejecutados corno el del distinguido pintor Mas y :Fontdevila, del doliente y malogrado Canudas y de
la preciosa hija de nuestro buen amigo D. Juan Sardá.
.
Plácemes sinceros merecen los dos campeones del modernismo catalán, y no menores su compañero inseparabl~, el discreto escultor Enrique Clarasó, por el ángel que también expuso,
modelado para un monumento ~epulcral. El Salón !~rés, en
donde han sido aceptados los lienzos que han rem11tdo, nos
ofrecerá ocasión para volver á testimoniar á tan inteligentes artist~s la consideración que nos merecen.

ltt

cabeza de un tren probablemente en peligro de un choque con
otro que más que verlo se supone que viene en dirección contraria. Lástima que los accesorios y detalles que debfan contribuir á explicar claramente el peligro, hállense vagamente indicados, por lo cual la obra no obtiene el carácter dramático que
pudo revestir.
Agrasot presentó una figura, señora vestida á la moda del
Imperio, cuadrito agradable por su ejecución fina y detallada;
Solá una escena campestre, bien dibujada y brillante de luz y
el retrato de una señora al aire libre, en un jardín, de entonación acertada, aunque algo gris.
Posteriormente ha ocupado el sitio de preferencia un paisaje
de Vancells, justamente premiado en nuestra Exposición Nacional. Tiene esta obra unidad perfecta y entonación atractiva,
aunque con ligero dejo convencional, pero que en poco desmerece la obra.
Cussachs ha pintado, con las cualidades que le distinguen,
una amazona acompañada de un joven oficial, trotando por las
umbrosas vfas de un parque. Saos Castaño, un cuadrito titulado Interrttj&gt;ción, reminiscencia de otro que figuró en uno de
los pasados Salones de París; y Brull, un busto de señora, de
pincelada algo indecisa.
Alandi, junto con la copia no muy fiel en cuanto al dibujo de
una obra muy celebrada en el Salón el año pasado, se muestra
con un cuadro original, no muy feliz, que en conjunto, y especialmente por la figura principal, recuerda claramente otro del
malogrado Simón Gómez, que publicaremos en el próximo
número.
Salón de «La Vanguardia.&gt; - Llama con justicia la atención
de los concurrentes una chimenea gótica de nogal tallado, obra
del joven escultor Sr. Riera, uno de nuestros artistas que con
más entusiasmo aplica su talento al renacimiento de nuestras
artes decorativas.

(CONTINUACIÓN)

XIV
Después del almuerzo propuso Barincq dar un paseo po~ los ja,rdines y por ~l
parque, pero su mujer declaró que se encontraba m~y fatigada ~ co_nsecuenc1a
de la noche pasada en ferrocarril; además nada hab1a en estos Jardines que la

Desacuerdo y armonía, cuadro de A. Corelli.
- Cada uno de los dos grupos que constituyen la parte esencial
de este cuadro es una nota de sentimiento be!Hsima: en uno
preside la paz, la armonía entre los dos enamorados que como
juntaron sus almas unen sus voces entonando una canción po·
pular; en el otro la discordia ha encendido su tea, aunque á
juzgar por la actitud y la expresión de los dos amantes es de presumir que esa tea se apagará en breve y que volverá á lucir con
más intensidad que antes el iris de bonanza en el cielo rnornentánean1ente empañado por leve nubecilla. El autor de este cuadro ha estado realmante feliz en la manera de presentar esta
idea, armonizando con la sencillez del tema la sobriedad de la
clec:ración y la pobreza de los accesorios de esa cocina de granja.
El primogénito, cuadro de E. Lancerotto. ·

Varios son los cuadros que de Lancerotto hemos publicado,
entre los cuales recordarnos Las dos coquetas, En el balcón y ¿Le
quieres mttcho? De asunto sencillo y perfectamente sentidos todos ellos, estas cualidades, que pudiéramos llamar de fondo,
hállanse siempre realzadas por una ejecución intachable que no
necesita apelar á falsos recursos ni descender á vulgares llane·
zas para producir en el ánimo del que tales obras contempla la
emoción estética y el efecto de la realidad. El primogénito es
otra prueba de nuestros asertos, y tanto por la composición, como por el dibujo, como por la expresión de cada una de las fi.
guras, merece ser considerado como uno de los mejores lienzos
del célebre pintor italiano.

En peligro inminente cuadro de Vicente Cutanda (Salón Parés). - Una. huelga en Viuaya titulábase el

gran lienzo que Cutanda presentó en la Exposición internacional de Bellas Arles. Por él obtuvo un primer premio. Hoy presenta en el Salón Parés otro lienzo de concepto moderno también, cuyo asunto, aunque un tanto complejo, está desarrollado
con notable simplicidad. Trátase de un tren en marcha, cuyo
maquinista observa la aproximación de otro convoy que adelanta en sentido contrario y que ejecuta los mayores esfuerzos,
auxiliado por el fogonero, para aminorar la velocidad y llamar
la atención por medio de las señales. La escen1. desarróllase
en la pequña plataforma que determina la distancia que media
entre el hornillo y el ténder, y tanto las violentas actitudes de
las dos figuras, como las piezas de la locomotora, revelan gran

Necrología. - Han fallecido recientemente.
Sir James Dorner, general inglés, comandante en jefe de
Madrás, que se distinguió notablemente en la guerra china y
en la guerra egipcia de r882 y en la expedición al Nilo de 1885.
Nadj Effendi, famoso historiógrafo y filiólogo turco.
Gustavo Nadaud, poeta, compositor y novelista francés.
Claudio Calthrop, notable pintor in~lés cuyos cuadros han
llamado la atención en las últimas exposiciones de la Royal Acaderny de Londres.

NUESTROS GRABADOS

Mesalina, estatua de Vicente Alfano. - El escultor napolitano Vicente Alfano trata con preferencia los tipos de
la historia de Roma, de la que ha hecho especial estudio. La
estatua que de él reproducirnos y que figuró en una exposición
celebrada recientemente en Nápoles representa á la corrompida
emperatriz, cuando aún el vicio no babia agostado su belleza
plástica, y revela en las correctas Hneas de sus formas, en su actitud y en los pliegues del ropaje á un escultor de verdadero talento que concibe con vigor y ejecuta con espontaneidad y se- LÁPIDA CONMEMORATIVA colocada por los estudiantesespa,1oles
en el monasterio de la Rábida en las fiestas del IV centenario
guridad admirables.
del descubrimiento de América, proyectada por Ricardo Vázquez y ejecutada por Francisco Nicoli ( de fotografía de Diego
Salón Parés (Barcelona), Exposición Casas-RuPérez Ro11,ero, de Huesca).
siñol. - Varias veces en estas columnas nos hemos ocupado
de las obras de Ramón Casas y Santiago Rusiñol, y especialmente de la significación que aquéllas tienen en el movimiento estudio, denotan el temperamento especiallsimo de Cutanda,
evolutivo del arte pictórico en nuestra región y en la influencia que tan perfectamente se identifica con el asunto que trata de
que en él ejerce el modernismo. Esta circunstancia nos releva representar, que en el lienzo á que nos referimos, quizás más
del que en otro caso consideraríamos como deber, ó sea, el dar que en otro alguno, se significa con mayor fuerza la ansiedad
á conocer la personalidad de estos dos pintores, que aunque jó- de los empleados de la máquina por la inminepcia del peligro
venes, han logrado singularizarse. Hemos, pues, de limitarnos que les amenaza.
á consignar que su última exposici6n anual, en la que exhibieron treinta y tres lienzos, revistió mayor importancia cualitativa
Recomendamos el verdadero Hierro Bravats, adoJ&gt;que las anteriores y que todas las producciones fueron una gatado en los Hospitales de Paris y que prescriben los
llarda confirmación de los resultados que pueden obtenerse
médicos, contra la Anemia, Clorosis y Debilidad¡ dando
cuando el artista imprime en su obra el sello de la sinceridad,
á la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
utilizando sencillos medios de ejecución. Mayor espacio del que
que tanto se desea. Es el me.Jor ite todos lo, tónico■
podemos disponer exigirla la somera indicación ?e los escollos y y reconstituyentes, No produce estreñimiento, ni diarrea, teniendo ademas la superioridad sobre todos los
dificultades vencidas en la tonalidad, en el ambiente y en el todo armónico de los patios é interiores, en los efectos de luz de ferruginosos de no fatigar nunca el estómago.

339

NOVELA POR HÉCTOR MALOT. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD

tejos con que la capital de Puerto Rico celebró la llegada de la
nao Santa María figuró una misa de campaña. Verificóse ésta
en la plaza de Alfonso XII, asistiendo á ella diputaciones de
todos los altos cuerpos, prensa, cuerpo consular, y formando el
cuadro las fuerzas del ejercito y voluntarios francas de servicio.
Terminada la mi3a, el alcalde entregó al Sr. Concas, comandante ele la nao, el preci(JSO estandarte regalo de la ciudad, bordado por las señoritas de Penado, y seguidamente se organizó
la procesión cívica para conducir el estandarte á la Sauta Maria, donde fué enarbolado en el palo mesana, mientras la nao
y los cruceros Indio y Fernando el Católico hadan salvas de artillería. La fotografía de que es reproducción nuestro grabado
está tornada en el momento en que el Sr. Concas, enarbolando
el magnifico estandarte, vitoreó al rey, á España y á Puerto
Rico.

del Jurado, ocupa este año la Exposición de Pintura 37 de
aquéllas, lo que constituye un conjunto de pinturas más que suficiente para mareará inteligentes y profanos á pesar del intermedio que pueden proporcionarse los visitantes en el salón de
descanso.
Podemos citar como sobresaliendo entre esa plétora de tela
pintada, un retrato de señora, por Bonnat; el de Francisque
Sarcey en casa de Mme. Brisson, por M. Baschet, y el de Lord
Duffcrin, por Benjamfn Constan; el d1m de la exposición ha
convenido todo el mundo que es la obra del maestro Roybet
( Propos galanls ), quien además tiene otra bien diferente por
asunto y ejecución, Carlos el Temerario m la iglesia deNes/es.
l\lunkacsy ha presentado la pintura decorativa que debe cobijar la tribuna del Parlamento húngaro. Alma-Taderna, el que
hace revivir con verdad asombrosa los romanos de la antigüedad, expone á Heliogábalo ahogando á sus convidados con una
lluvia de rosas.
Todas las personalidades que descuellan en la Escuela francesa y muchas que avaloran otras están representadas en el
tradicional Salón de los Campos Elfseos donde se reparten
anualmente las no menos tradicionales medallas, y en el nuevo
Salón del Campo de Marte, metrópoli del modernismo donde la
fraternidad es más practicada, gracias á la abolición de esas
pueriles recompensas de varias clases, metales y condiciones.
J. P. Laurens llama con justicia la atención con su San Juan
Crisóstomo, obra de concepción original, y la deliciosa escena
del terror, La niila Bonchamp.
El venerable fules Bre/011, con su poes!a sincera, simple y
sentida de la naturaleza; Bouguereau, con sus amores y desnudeces, que no asustan, y Henner, con sus efectos brillantes y
preconcebidos, atraen justamente las miradas del público, co·
mo también las obras de jóvenes como Henri Martín, Collín,
Rochegrose, Geoffroy, Grolleron y otros.
Viejos, ancianos y mozos en el paisaje, si no en la misma importancia que otras veces, brillan individualmente muchos, como Fran9ais, Harpiguies, Zuber, Yon, etc.
De los nuestros llaman la atención Soro\la con el cuadro
El exvoto (publicado en nuestras páginas) y el amigo Meifrén
con sus emigrantes.
La brillantisima Escuela de la Escultura francesa, la primera
de las escuelas artísticas de nuestros tiempos, embellece como
de costumbre la gran nave central del Palacio. Falguiere ha presentado su Poesía heroica y Charpentier el grupo en mármol
de los luchadores: Barrias, una estatua decorativa, La Escultzira y la Naturaleza descubriéndose ante la Ciencia, y Frémiet
un hermoso bronce, Juana d' Are, adolescente.
Larche, una hermosa alegoría, La pradera y el campo: Carlier la figura de Mme. Roland; Bailly, una elocuente demostra¿ión de cómo hasta con el odioso traje actual, el talento y la
inspiración pueden modelar una estatua tan bella como la del
insigne Chevreul.
La caligrafía, de Coutan, el Adiós, de Loiseau, y otros gru·
pos, figuras, relieves, bustos, etc., de Fagel, Saulo, Sicard, Vital-Cornu, etc., completan la escultura francesa.
Entre los escultores extranjeros se distingue Durnbauer, de
Viena, con su grupo de El hambre, vigorosa y ampliamente
ejecutado.
La nota sobresaliente en el Campo de Marte es la grandiosa
1y bella composición del respetable y simpático maestro Puvis
de Chavannes, Homenaje de Víctor Hugo á la ciudad de París,
destinada á la decoración de la nueva Casa Consistorial.
Roll ha resuelto con felicidad las dificultades inherentes á la
reproducción de esas ·empalagosas ceremonias oficiales en la
inmensa tela donde pinta la _celebración del Centenario de 1889
en Versal/es.
Con la fábula de Lafontaine La muerte y el leflador, afirma
de nuevo y por manera poderosa sus excelentes y serias cualidades L' Herrnitte, y hace otro tanto Dagnan Bouveret con
sus retratos y con el cuadro En el bosque.
El misterioso Carriere, con sus escenas íntimas; Carolus Durand, con la briosa pincelada que le es peculiar, presenta sus re·
tratos de aspecto aparatoso y brillante, y al lado de éstos y de
otros maestros la cohorte entera del impresionismo en todos sus
tonos y matices.
La sección ele escultura, sin que falten buen n(1mero de ex·
celentes obras, es, como de costumbre, menos importante que

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ANIE

Misa de campaña celebrada en San Juan de
Puerto Rico con motivo de la llegada de la
nao cSanta María&gt; (de fotografía). -Entre los varios fes-

EN PELIGRO INMINENTE, cuadro de Vicente Cutanda

595

/

Barincq, sin permitirse tocar los papeles, permanec!a detrás del notario (véase la pág. 324)

señora de Barincq no conociese, y los largos paseos que por ellos había dado en
otro tiempo, acompañada por su cuñado cuando ella solicitaba que Gastón hiciese frente á los acreedores de Barincq, habían dejado en su espíritu recuerdos
muy desagradables.
- Yo no estoy cansada, dijo Anie.
- Sobre todo, dijo la señora de Barincq, no animes á tu padre para que haga
locuras ni te pongas de su parte en contra mía.
- ¿Quieres que empecemos por las dependencias?
- Como hemos de verlo todo, principiaremos por donde tú quieras.
Espaciosas eran aquellas dependencias; construídas en una época en que las
construcciones eran baratas, habíase hecho todo en gran escala, y las caballerizas,
las cocheras, los establos, las granjas, habrían sido suficientes para tres ó cuatro
tierras como las de Ourteau; todo esto, aunque en realidad no se utilizaba, estaba perfectamente cuidado y en excelente estado de conservación.
Al salir de los patios que rodean aquellos edificios, atravesaron los jardines y
bajaron á los prados. Para protegerlos contra las crecidas del Gave, cuyo curso
varía á cada inundación, no se cortan nunca los árboles de sus orillas. A pesar
de la solidez de sus raíces, algunos de esos árboles añosos y corpulentos arrancados en las grandes avenidas se han inclinado y están como caídos, constituyendo
así á modo de puentes de follaje que enlazan las riberas ó los islotes formados por
algunos arroyuelos que proceden del río.
- ¡Qué hermoso es esto!, gritó Anie. ¡Qué fresco, qué verde, qué poético! ¿Es
posible realmente adivinar así la naturaleza con la sola intuición del genio? Sí,
es posible: Corot no ha estado nunca aquí y ha pintado este cuadro cien veces.
- ¿Te gusta esto?
- Más que gustarme; me llena de admiración; aquí está todo: hasta el tinte
gris de las lontananzas en una atmósfera límpida, hasta los matices delicados del
conjunto, hasta esa belleza ligera que llega revoloteando hasta el espíritu. Será en
mí un gran atrevimiento, pero desde mañana voy á principiar un estudio.
- Entonces ¿no te propones renunciar á la pintura?
- ¿Ahora? Menos que nunca. En París era &lt;;l.onde, en algunas horas de abatimiento pude tener la idea de renunciar á la pintura cuando yo me preguntaba
á mí misma si tenía talento ó por lo menos esa inteligencia mediana que se necesita para contentar á unos y á otros; á los maestros, á la crítica á los enemigos, ~l público. P_ero ahora ¿qué me importa agradar ó no agrada; con tal que á
mí misma me satisfaga? Solamente cuando se trabaja para el público se inquieta por ese elemento; por uno mismo conoce que no se tiene nunca bastante
n,ada importa por consi~uiente el más ó el rr_ie_nos; se va adelante; ~e trabaja par~
s1, y ~sta es acaso la úmca manera de ser ongmal ó tener personahdad propia.
Am~ tomó el brazo de su p~dre, y abrazándole tiernamente le dijo:
- V1e~e á ser ;sto como s1 yo no encontrase marido; ahora ¿qué es lo que
esto nos 1mportana? Ya comprendes que en lo que respecta al matrimonio no
pienso hoy lo mismo que pensaba en la noc~e de nuestra velada musical; aque1,la noch~ en que tanto te asombraba y te afligía tanto verme decidida á aceptar
a cualqmera, á t_rueque de casarme. ¿Recuerdas que te dije que á los veinte años
una muchacha sm dote era ya solterona, en tanto que la rica aun después de
cumplir veinticuatro ó veinticinco años, es todavía casadera? Ya que por obra y

gracia de una varita milagrosa me he rejuvenecido, y para bastante tiempo, no
necesito apresurarme. Hace un mes que yo solamente podía pensar en casarme
á toda costa· de hoy en adelante cuando piense en el matrimonio solamente me
fijaré en las ~ondiciones personales del ~ari_do, en lo que sea realmente'.} si me
gusta, y si encuentro en él algo de ese pnnc1pe encanta~o con el que sonaba yo
en otro tiempo, te suplicaré que me cases con él, sea 9men fuere.
- Y lo haré así, confiando en el acierto de tu elección.
- Es asunto concluído y que, por mi parte, te deja en completa libertad. Permanezcamos aquí, volvamos á París, para mí es lo mismo; haré lo que quieras.
¿Pero y mamá? Figúrate que desde el momento ~n que se supo que eso de la
herencia era seguro, no hemos hecho otra cosa que buscar cuarto.
- ¡Qué niñería!
.
,
- Y si no quedó apalabrado uno en la ronda de los Itahanos es porque mama
estaba perpleja entre ese y otro que habíamos visto en la calle Real; y has de
perdonarme que te diga que, cuando miro estas cosas desde el mismo punto de
vista de mamá, no me parece que sea del todo una niñería. Mamá es parisiense
y solamente París es de su agrado; lo mismo que tú, por haber nacido en una
aldea, eres aficionado al campo; para ti nada tan hermoso como estas prader~s,
esos campos, esos horizontes y la existencia tranquila del labrador ó del propietario rural; para mamá, nada más dulce que la vista de aquellas calles inmensas,
de aquellos paseos concurridos, de aquellos grandes teatros y en fin de aqu~lla
vida de la ciudad; tú te ahogas en una casa de la cual solamente ocupas un piso,
mamá no respira sino en una habitación baja de techo; tú gozas acostándote á
las nueve de la noche, mamá sólo estaría contenta retirándose al amanecer.
- Pero, hija mía, cuando os propongo que habitemos en Ourteau no pretendo
privaros por completo de París. Si permanecemos aquí ocho ó nueve meses cada
año, podemos perfectamente pasar tres ó cuatro en París. Esta vida llevan algunas familias que no valen menos que nosotros y que así viven contentas sin que
á nadie le parezcan estúpidas. Supongo que no has de negarme la justicia de
confesar que desde que tienes ojos para ver y oídos para oir, nunca me has oído
maldecir ni de mi suerte, ni de la injusticia ·d e los hombres, ni de nadie.
- Es verdad.
- Pero ahora ya puedo decírtelo: hace bastante tiempo sentía yo que mis
fuerzas se agotaban, y más de una vez me pregunté si no caería rendido en el camino; estos últimos veinte años de vida parisiense, de trabajo incesante, de cuidados, de privaciones, sin un día de reposo, sin un minuto de tregua, me han
agotado; yo seguía, no obstante, sólo porque era necesario seguir, por vosotr'1S y
para vosotras; porque antes de pensar en sí mismo piensa uno en los suyos.
Aquí es donde al renacer yo á nueva vida he sentido perfectamente mi abatimiento. Es necesario que concedáis á mi vejez esa existencia natural de que ha
carecido mi edad viril; á esto se reduce lo que os pido.
-¿Y por de contado no ignoras lo que voy á contestarte? ¿Verdad?
-Además no son estas las únicas razones que me obligan á permanecer en
este sitio; tengo otras que, justamente por no ser de carácter personal, tienen
más fuerza. He pensado siempre que la riqueza impone obligaciones á los que
la poseen y que nadie tiene derecho á ser rico sólo para él, únicamente para
proporcionarse bienestar y procurarse placeres. Sin haber hecho nada para merecerlo, viene la fortuna de la noche á la mañana á caer en mis manos: pues
bien; ahora es indispensable y es justo que yo gane esa fortuna, y para esto entiendo que lo mejor es emplear esta riqueza en procurar el mejoramiento y la
felicidad de los vecinos de este país, al cual amo de todo corazón porque en él
he nacido.
Estas palabras de Barinq sorprendieron á Anie, que miró á su padre con admiración no exenta de inquietud. ¿Qué entendía su padre por emplear aquella
fortuna, que llegaba como llovida del cielo, en el mejoramiento de los aldeanos
de Ourteau?
No se habitúa la inteligencia á ver que en el seno de una familia se critica
constantemente al cabeza de la misma, se impugnan sus ideas, se pone en duda
su infalibilidad, se discute su jefatura y se le hace responsable de cuanto malo
sobreviene, sin que algo de esto produzca sus resultados; en este caso se encontraba Anie. ¡Cuántas veces desde su edad más tierna había oído Anie á su madre
hablar al Sr. Barincq en son de profunda lástima!: «no te figures .que trato de dirigirte reproches, pobre amigo.» ¡Cuántas veces también su madre dirigiéndose á
Anie le había dicho: «¡tu pobre padre!» Ni esta compasión ni aquellas discretas
censuras habían hecho que disminuyese en lo más mínimo el tierno cariño que
á su padre profesaba la joven; Anie le quería, sentía por él !«¡pobre padre!» un
cariño tan ardiente, tan profundo como si hubiera sido educada desde muy niña
entre ideas de respetuosa admiración hacia él; pero al fin y á la postre el respeto
era pr_ecisamente lo que faltaba en aquel cariño, que antes parecía el que una madre siente por su hijo que el que una hija debe profesar á su padre; le adoraba
pero no le admiraba; sentíase para con él llena siempre de indulgencia, siempre
dispuesta á compadecerle, á consolarle, pero dispuesta también á juzgar su conducta.
¿En qué nuevas aventuras pensaría lanzarse?
Barincq respondió á las miradas de inquietud que Anie le dirigía.
- Tu tío, ~ijo, había ido poco á poco perdiepdo el cariño á esta finca por razones. ~e vanas clases: enfermedades de las viñas, exigencias de los braceros,
latrocm1os de los colonos; de suerte que el estado de abandono en que la dejaba, después de haberla tenido completamente entre sus manos solamente le
producía una renta de dos por ciento, y aun eso en los años mejo~es. Tu madre
y t~ seríais las primeras en censurarme si continuase yo por tan equivocado
cammo.
- ¿Te he censurado yo alguna vez?
- Ya sé que eres muy buena hija para que te permitieses censurarme· pero al
cabo comprendo también que estaríais en vuestro derecho encontrando desacer-

�340

LA

NúMERO

[LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tada la continuación de este rstado de cosas, continuación que á todo trance
he de hacer por que desaparezca cuanto antes.
- ¿Quieres arrancar las viñas enfermas?
- Quiero transformar en prados artificiales todas las tier~as á propósito_Pª"': dar
buenos pastos. El heno que hace algunos años se vendía a un franco vemticmco
céntimos el medio hectolitro se vende hoy á cinco francos, y con lo que ha subido la mano de obra en la labor de la viña y del maíz, ahora que los jornaleros

595

sean muy numerosas, tengo esas dependencias que ahora no tienen aplicación v
que para principiar son suficientes; pero no tengo lechería donde almacenar y
conservar la leche y obtener la manteca; pienso construirla aquí en esta altura
precisamente, al abrigo de las inundaciones y en las cercanías de un salto de
agua, circu nstancias ambas muy convenientes si ya no son indispe!1~bles. Efe~tivamente no tengo intención de seguir por la rutina los proced1m1entos antiguos de fabricación de mantecas, es decir, esperará que la nata haya subido á los
tarros y batirla entonces á la usanza antigua; recién ordeñada se vierte la leche
en desnatadoras mecánicas que giran con una velocidad de 7.000 vuellas por
minuto; de este modo se extrae casi instantáneamente la nata, que se bate en
seguida, pasando mecánicamente también esta manteca 3. unos redpientes que
por su disposición especia\ la purgan de algunos residuos de leche; unos aparatillos giratorios la quitan el agua; por último unas máquinas moldeadoras le
prestan solidez y le dan forma. Todo esto, como ves, se lleva acabo sm que
intervengan para nada las manos de obreros más ó menos limpias. La manteca
obtenida de esta manera se vende en Burdeos y en Tolosa; en verano en las
estaciones de aguas: Biarriz, Cauterets, Luchón; en invierno la remito á Parí~.
Pero la manteca no es el único producto utilizable que pienso obtener de mis
vacas.
Anie miró á su padre sonriéndose cariñosamente y le dijo:
- Me parece que estás recitando la fáb11la de la /eclierci v el cántaro de la
leche.
- Precisamente, y ahora llegamos en efecto a\ cochino:
Para ccb::irse el puerco
nos costará muy poco

11

y casi puede decirse que no nos costará nada. Después de haber s~parado la
crema de la leche me quedarán, por lo menos, mi\ doscientos litros de leche sin
crema, y con ésta puedo cebar al ganado de cerda que tendré instalado en pocilgas que me propongo construir en el extremo de este prado y á lo largo de la
carretera, donde estarán completamente aisladas. Con respecto á este ganado de
cerda pienso hacer poco más ó menos lo mismo que con el vacuno; es decir,
que en vez de criar cerdos ingleses de Yorkshire ó de Berkshire, cruzaré estas
razas con la nuestra del Bearne y obtendré cerdos que reunirán las condiciones
de las dos razas. Conoces bien la fama de los jamones de Bayona; en Orthez
hay siempre gran comercio de embutidos; no me sería difícil por consiguiente
vender en buenas condiciones mis cerdos, que cebados con leche serían de su•
perior calidad. Ya ves de qué modo, con mi manteca, mis vacas y mis cerdos
espero obtener de esta finca una renta de más de trescientos mil francos en
lugar de cuarenta mi\ que de algunos años á esta parte produce. Mis calcu\os están ya hechos; y como he tenido que estudiar un negocio de esta misma
naturaleza en \a Oficina cosmopolita, se hallan perfectamente fundados sobre ciPues es muy bonito, dijo Anic con curiosidad mirando las ::iguas :i.lborotadas {véase pág. 325) fras exactas. ¡Cuántas veces, haciendo dibujos para este negocio, he soñado con
su realización y me )le dicho: csi fuese para mí!» Cátate que ahora aquellos ensueños pueden convertirse en realidad y que para conseguir esto nos basta queexigen cada día dos francos de salario, una libra de pan y tres litros de vino, es rerlo.
-¿Pero y e\ dinero?
indiscutible la ventaja que se obtiene produciendo, en lugar de vino mediano,
- Hay en \a herencia valores que pueden venderse y cuyo producto bastará
pastos excelentes; esto es lo que yo quiero conseguir, no para vender mi heno,
para sufragar \os gastos del primer establecimiento; gastos que en realidad no
sino para que pasten mis vacas, para hacer buena manteca y cebar muchos cerson muy importantes: trescientas vacas á 450 francos cada una cuestan 135.000
dos con \os sobrantes de la leche.
francos; construir la lechería y las pocilgas lo mismo que el arreglo de \os estaBarincq \'Olvió á leer la zozobra en la mirada inquieta que Anie le dirigía.
- Vamos, le dijo, comprendo que es necesario explicarte mi plan con todos blos no exigirá más de 60.000 francos; en arrancar las viñas y preparar el terresus pormenores, y que si no lo hago así vas á temer que la herencia de tu tío se no para prados no hemos de gastar más de 40.000; pongamos ahora otros
10.000 para imprevistos y tendremos 245.000 francos, es decir, próximamente
halla comprometida. Sigamos, pues, hasta ese cerrillo desde el cual se domina \a
la renta que estas mejoras ó, si tú lo quieres, estas revoluciones han de produ•
corriente del Gave; allí comprenderás mejor mis explicaciones.
Muy poco tardaron en llegar á un levantamiento poco pronunciado del te- cimas. ¿Crees, Anie, que todo esto merece la pena de ser intentado? ¿Lo
rreno, que cortaba \a pradera y enlazaba las dos colinas por una suave pen- crees?
Anie había visto con tanta frecuencia á su padre combinar cifras y más cifras,
diente.
que no se atrevía 3. formar juicio; advertiase, sin embargo, que los razonamientos
- Observarás, dijo entonces Barincq, que esta altura se encuentra al abrigo
de Barincq habían producido impresión; impresión que se revelaba elocuentede las inundaciones del Gave por terribles que sean y que un canal de derivamente en el tono con que, después de un rato de silencio, contestó á su
ción que le tome desde su base produciría aquí una caída de agua que en efecto se utilizó antiguamente y que hoy está del todo abandonada, pero que sin padre:
- La verdad es que esas cuentas son tentadoras, y si tienes confianza en
gran dificultad podría ponerse en estado de servir. Observado esto, reanudo mis
...
explicaciones. Te he dicho que pienso comenzar arrancando las viñas que nada ellas
-Tengo absoluta seguridad; no hay un solo dato, por insignificante que sea,
producen; pero como para convertir un erial en un buen prado se necesitan por
que haya sido puesto en olvido; gastos, ingresos, todo está fundado sobre bases
lo menos tres años, abonos químicos para devolverle su fertilidad agotada y culsólidas que no permiten duda alguna; los gastos se han calculado con aumento;
tivos preparatorios de avena, mielga y wlla, esto no es trabajo de un día, ya lo
los ingresos, por el contrario, estan supuestos lo más bajos posible. Pero estos
comprendes. Al tiempo mismo que debo cambiar la explotación del terreno necálculos no solamente serán tentadores, como tú dices, para nosotros; pueden
cesito que varíen los ganados que en él pasten. Tu tío pudo, dentro del sistema
serlo también para las gentes que nos rodean, para \os vecinos del país; y justaadoptado por él, contentarse con las razas del país, que son la misma raza eús•
cara más ó menos degenerada, de poco cuerpo, nerviosa, sobria, de piel rubia mente en éstos pensaba yo cuando te hablaba hace poco de \as obligaciones de
los ricos. Hasta ahora nuestros aldeanos solamente han obtenido de la leche de
de trigo, de cuernos largos y poco ·encorvados, como puedes observar en las Vl· sus vacas un producto menos que regular; cuando nuestras máquinas funcionen
casque ahora mismo pasan por debajo de nosotros; esta raza, de gran vivacidad
y nuestros mercados sean seguros, yo mismo les compraré lo que puedan ven•
y de resistencia extraordinaria para el trabajo, da por desgracia poca leche y no
derme y les pagaré á tal precio que no me quede ganancia alguna en el negocio
del todo buena: ahora bien; como lo que yo quiero que las vacas me den, no es que con ellos haga. De esta manera haré circular por el país doscientos ó tresmucho trabajo, sino leche buena, no me es posible conservar éstas.
cientos mil francos al año, los cuales no solamente serán fuente de bienestar
- ¡Qué lástima! ¡Son tan bonitas estas vacas del país!
para todos, sino que poco á poco irán modificando los procedimientos industria-Ateniéndome á la teoría. las reemplazaré con vacas normandas, las cuales
les antiguos que aquí están en uso todavía. En el camino que hemos seguido
consumiendo nuestras hierbas de primera. calidad nos darán, como término me· desde la estación de Puyoo hasta aquí, has tenido ocasión de ver con frecuendio, mis de mil ochocientos litros de leche; y como yo no trato de correr aventu• cia campos semLrados de juncos, helechos y brezos; :;e conservan asi en estado
ras, pienso contentarme con la raza de Lourdes, raza que tiene la gran ventaja salvaje para cortar después \os arbustos y hacer con ellos un abono solamente
de ser del país, lo cual ha de tenerse en cuenta antes que nada, porque es
regular. Cuando el número de vacas aumente por el solo hecho de mi comercio
siempre preferible conservar una raza indígena con sus imperfecciones pero en leche, la cantidad de estiércol aumentará proporcionalmente, y proporcionaltambién con su sobriedad, la facilidad de criarla y su perfecta aclimatación, á mente también 'disminuirá la extensión de los breñales sin cultivo; se les culti•
intentar mejoramientos radicales que en ocasiones terminan desastrosamente. vará porque podremos estercolarlos; de esta manera, enriqueciendo por de pronto
H eme aquí por lo tanto, luego que la transformación del terreno se haya Yerifial aldeano que maneja una hacienda insignificante, no tardaré en enriquecer al
cado, dueño de un rebaño de trescientas vacas que pueden alimentarse perfecta·
país. Ya ves la transformación que me propongo realizar. ¿Comprendes de qué
mente en estas posesiones.
modo1 procurando reali zar nuestra fortuna, podemos realizar la de cuantos nos
- ¿Trescientas vacas?
rodean?
¿No significa esto algo?
- Que pueden darme por término medio cuatrocientos cincuenta mil litros
Anie se había acercado más á su padre, y á medida que éste adelantaba más
de leche al año1 que vienen á ser de mil doscientos á mil trescientos litros en su explicación le había cogido cariñosamente la mano; cuando Barincq calló,
al día.
Anie se puso de puntillas, y echando sus brazos en los hombros de su padre le
- ¿Y qué te propones hacer con ese mar de leche?
- Haré manteca. Precisamente para que te des cuenta exacta de mi proyecto besó al mismo tiempo que le preguntaba:
- ¿Me perdonas?
te he traído hasta aquí. Para albergar á mis vacas, por lo menos mientras no

NúMERO

LA

595

34 1

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¿Perdonarte? ¿Qué quieres que yo te perdone?, preguntó Barincq mirando
sorprendido á su hija.
- Si lo supieses no me \o perdonadas.
- Pues entonces ...
- Pues entonces dame tu absolución, á pesar de todo.
-¿No querías habitar en Ourteau?
- Dame la absolución.
-Te la doy.
-Ahora puedes estar tranquilo, te prometo que mamá misma te suplicará
que permanezcamos en el castillo.
SEGUNDA PARTE

I
Anie cumplió su promesa: la señora de Barincq suplicó á su esposo que no
vendiese aquella finca.
En e\ mundo que se respeta es costumbre ahora pasar la mayor parte de\ año
en el _campo; nadie abandona sus posesiones sino en la primavera, cuando París,
1~ mismo que Londres, se halla en e\ apogeo de su esplendor. ¿Por qué no habmn de a1ustarse ellos á esa costumbre que les era tan conveniente? ¿Residir en
París no era lo mismo que condenarse á continuar antiguas costumbres no aco•
modadas ya á su nueva posición, y seguir relaciones que si nunca habían sido
agradables se convertirían ahora en molestas? Muchas visitas aceptables en
la calle de Abreuvoir sedan verdaderamente insoportables en la ronda de
Hausman.
. Estas raz~nes, expuestas una á una con prudencia y habilidad, habían convencido á la senor3; de Banncq, la cu~l, l?asado ya su primer movimiento de protes·
ta, comenza~ a pen~ar, aun prescindiendo de sugestiones extrañas, que la vida
en a_quel castillo tema sus encantos; que era de muy buen tono ir á misa en ca•
rru~Je y muc,ho más hallándose la iglesia á dos pasos del castillo; que era de
~eJor tono aun sen~rse en la 1gles1a en el banco del honor; que era muy divertido, sobre todo, enviar de vez en cuando á los amigos de París un gran salmón
pescado en sus estanques, una buena pierna de sus corderos alcachofas de su
huerta, flo~es de sus estu~as. Sí? aun ~n la época de sus mayor~s apuros, la señora de Banncq se había mgemado s1e~pre para obsequiar á sus amigos con re•
galos modestos: un huevo de sus gallinas unas cuantas violetas 1 un ramo de
lilas de su jardinillo, una labor de sus m~nos, cosas todas que demostraban
su deseo de r~galar, ~hora que sólo necesitaba tomar de lo que en rededor de
ella_ había, podia la senora de Banncq prepararse á sí misma sorpresas que la JisonJearan.
. ¡Qué triunfo. el recibir las cartas. en que se le diesen gracias por sus regalos!
1Y qué satisfacct?n cuando le escnb1ese alguna amiga que antes de probar aquella pierna no sabia, realmente que fuese de recental! Por todas estas cosas aquella
finca que ~roducia tales corderos y daba tales salmones era para la señora de
Banncq mas estimable cada día.
. Obt~nido el consentimiento de la madre de Anie, los trabajos comenzaron
s1multaneamente y con gran prisa por todas partes: grandes arados arrastrados
por d_os yuntas de ro~ustos bueyes del Limousín, arrancaban las ~iñas; las ca·
ballen,.as eran, convertidas en establos; por último, albañiles, carpinteros y pizarreros construia?_ en la pradera. la lechería y las pocilgas.
Aunque las vmas de este pats no han dado nunca sino un vino bastante mal
los ald_~nos de aquella comarca piensan ante todo en ellas; poseer una viña ~;
la an:1b1c1ón del que tiene algún dinero; trabajar en la de un propietario y beber
su vmo es el deseo úmco de los ganapanes que no tienen más hacienda q e ¡
pan __nuestro ,de cada día. Cuando se_vió que principiaba el trabajo de arra:c:r
la vma, produJ_~se en la comarca una impresión de doloroso asombro: era cierto
¿ue ·fquellas vmas nada producían ya; pero ¿no podrían curarse por casualidad
m1_agrosamente? Todo estaba reducido á esperar.
z6 Dt~ose entonces que Gastón, ~l hermano mayor de Barincq, había tenido ran e sob!a cuando acusaba a su hermano menor de ser un tarambana •No
era _necesas10 en efecto estar tocado de la cabeza para fi urarse u
·~
fabncar la manteca con leche recién ordeñada? Si esto n! era loe~,: ":' ~~•~~!~
Y las locuras, como todos saben, en las industrias agrícolas res~l~n mu·
caras.
Y
i Conve~ciós:, pue_s, todo el mundo, y se convenció en seguida, de que 110 pasaran mue os anos sm que aquella finca fuese puesta en venta.
-; ¿Y entonces? Pues entonces cada uno podría tomar un pedazo y todos reali
fnan maravtlla~ en _aquellas, tierras regeneradas por el cultivo de las viñas qu~
os nuevos prop1etanos habnan plantado.

sí s_olos aun faltando el ojo de\ amo; y para evitar otras demoras la señora de
B~rmcq de_claró á su marido que si él no podía acompaña rlas, ella y su hija
man solas a B1arntz.
- No harás eso.
-¿Por qué?
:- Porque no ~as de q~erer privarme del gusto de disfrutar de la alegría de
Ame: Asociarse a la alegna de las personas queridas, ¿no es lo más agradable de
la existencia?
-. Si tanto_ de~eas regocijarte con la alegría de tu hija; ¿por qué no te apresuras a proporc1onarsela?
- El domingo; mejor dicho, el sábado.
. En efocto, el _sábado en una hermosa tarde dulce y templada llegaban los tres
a B1amtz, y Ame del_ brazo de su padre bajaba por la pendiente cubierta de césped suave que termma en aquella hermosa playa; en seguida, y después de haberse detenido un rato para orientarse, se sentaban los tres en la húmeda arena
que la marea al bajar dejaba descubierta.
Era la hor_a del baño, y entre el mar y las casetas de los bañistas advertíase
entonces un mcesante 1r y venir de señoras y de niños en trajes de variados colores entre m~ltitud de curiosos que los contemplaban y cuyas fisonomías exóti•
cas, cuyos traJes, ya _elegante~, ya descuidados, ya vistosos, ya ridículos, ofrecían
un espectáculo casi tan cunoso como el que ellos presenciaban; todo esto fori;n~ba el rumor, _la bata_hola, _la confusión y el voceFÍO de una feria interrumpida
a mtervalos de 1socromsmo malterable por el rompimiento de las olas sobre la
arena.
Pocos minutos hada que estab_an _sentados ali(, cuando dos caballeros jóvenes
cruzaron por delante de ellos dmg1endo distratdamente sus miradas por aquel
revuelto mar de trajes claros y de sombrillas; uno de ellos 1 de buena estatura
buen mozo, de aspecto militar; el otro, más alto, ancho de hombros sob~e lo;
cuales º!tentaba una cabeza demasiado pequeña que hada extrañ¿ contraste
con _su vigorosa musculatura, prestándole cierta semejanza con un atleta griego
vestido á la moderna.
Cuando se_ hubier?n alejado, el Sr. Barincq inclinándose un poco hacia su
muier y su htJa les dtJO:
- El capitán Sixto.
-¿Dónde?
Barincq les señaló como le fué posible.
-¿Cuál de los_dos ~s?, preguntó la señora de Barincq.
- Aquel que tl~ne aues de m1htar; ¿verdad que es buen mozo?
- Me gusta mas el otro, contestó la señora de Barinq.
- Y á ti, hija mía, ¿qué te parece?
-No me he fijado; pero su aspecto no me parece desa•radable.
- ¿Cómo no viene de uniforme?, preguntó la señora de°Barincq.
- Qué sé yo de eso.
- Pues has de saber que en nada se parece á tu hermano.
- No; eso no es verdad; aunque tiene la barba rubia tiene el cabello negro.
-¿Por qué no te ha saludado?, preguntó la señora de Barincq.
- Porque no me ha visto.
- Di mejor que no ha querido verte.
- Ya sa~s, mamá, dijo Anie, que no es costumbre mirar :í las mujeres cuan•
do van vesttdas de luto.

II
t !n, ~ que respecta al_ padre, hallábase ocupado de sol á sol en vigilar á sus.
c~m¿~e o;~,n~~a~rf::n;~qr l?s ~~smondtes, dirigir las construcciones, observar
vianda u
umas, a ma re por su parte estaba ocupadísima en•
5 5 regadlos Y despachando su correspondencia y en cuanto á la hiJ'a ha
,
b iase consagra o por compl t á 1 ·
' ·
·
con rapidez extraordinaria p:~ lot t~:tuyra~bp~saba el t1e_mp_o pordco~siguien~e
u .
d 1
.
,
n ' mayo y Jumo se eshzaron sm
q e ninguno e os tres tuviese conciencia de que pasaban Al
tante el S B ·
'
• guna vez no obsdía d~ su 1r~ga~:1~~qi:~~~v~ el. ;.mpromiso formal que había contraído en el

1~~:~:~i:: J~;~~:~~º1~~~ ªlfn~~~
1

:~~a~~!~ner un nuevo apla~:i:nt~~,~~zj

- Cuando_ pienso que mi hija, á sus años, no ha visto todavía el mar
u
1
~~e:~a1 p:~: ~:~~,¿~en:J~(e~!vga:;sºtos no h_a sido pdosible hallar algunos diasqd:
p
h .
, me mcomo o de veras
-1. ero a sido por culpa m(a? Anie, sé tú juez.
.
Ame pronunciaba su fallo en favor de su padre·
son-y;ºd:op~~."~~~~~n~~!'.ª los años que tengo, ;lgunas semanas más ó menos

- Pero si. es un viaje de menos de hora y media ...
Se resolvió por último qu
·
.
11
y regresarían el lunes· duran~~ ~\!ntras hegabal
la estación, saldrían el domingo
'
ºunas oras os trabajos prodrían marchar por

Me p::irece que estás recitando l:i. fábub de la leclur."'y
, ¡ere
h
... e¡ can1aro d.e,a

él ;e~~:~:ma:~!~a~~~:~s~ luto le habrá exasperado recordándole la herencia que

- Aq~í viene otra vez, dijo Anie.
Ef;cuvamente, los_ dos jóvenes tornaban á pasar por el mismo sitio
ó n~ q~~e~:t~a~~da~:!~ la se1iora de Barincq, vamos :í convencernos d~ si quiere
(Continuará)

�LA I LUSTRACIÓN

34 2

ARTÍSTICA

NóMERO

cuando se concibió el proyecto de aducción que aca- pueda juzgar de la intensidad de esta presión ?astará
ba de terminarse, hizo un cumplido y justo elogio del decir que la diferencia de nivel entre el depósito y el
sucesor del mismo, M. Humblot, inspector general puente es de 70 metros. A cada lado del tubo de conADUCCIÓN DE LAS AGUAS DEL AVRE Á PARÍS
de puentes y calzadas, haciendo extensivo el agrade- ducción hal:iíanse dispuesto tres tomas que producían
El día 30 de marzo último y bajo los auspicios cimiento público á todo el personal municipal de !_as seis magníficos chorros, cuyos efectos disminuía la rede M. Poubelle, prefecto del Sena, y de M. Sauton, aguas.
sistencia del aire, por lo cual sólo se elevaban á una
presidente del Consejo municipal, verificóse la inauDespués de haber resumido las principales circuns- altura de 27 y 30 metros.
tancias en que fueron compradas por
Así ha sido inaugurada la aducción de las aguas
la ciudad de Parjs las aguas del Avre, del Avre á París, cuyas condiciones higiénicas mejoañadió el presidente:
rarán notablemente, gracias á la ejecución de esta obra
«París dispone actualmente de colosal.
•
710.000 metros cnbicos de agua de
GASTÓN TISSANDIER
toda clase por día, ó sea 290 litros
por habitante, al paso que Londres
sólo tiene 155, Edimburgo 180, V iena
ASILO PARA PERROS, EN GARCHES
y Bruselas 100, Berlín 75, y Leipzig
150. En este total las aguas de mananPreciso es reconocer que la clase anglo-sajona se
tial entran por 250.000 metros cúbi- muestra mucho más compasiva con los animales que
cos, ó sea algo más de roo litros por la raza céltica: á imitación de lo que mucho antes hihabitante. El Consejo municipal, sin cieron los ingleses, creáronse en Francia y en otras
embargo, no considera terminada to- naciones las sociedades protectoras de los animales y
davía la obra emprendida desde 1871, en Londres existe hace treinta años un asilo para los
obra que prosigue sin descanso con el perros abandonados, el Dog 's H ome, que es uno d~
concurso del servicio de las aguas.»
los establecimientos benéficos que de más prospenLa ceremonia de la inauguración dad gozan en la capital de la Gran Bretaña, y al cual
terminó con la visita al puente del Se- un amigo de la raza canina ha hecho recientemente
na situado en el extremo Sudoeste del un donativo de mil libras esterlinas. Sus recursos,
bosque de Bolonia. El tubo de trans- que aumentan de año en año, le han permitido recoporte de las aguas, que tiene un me- ger en 1891 15.121 perros abandonados, de los cuatro y medio de diámetro, va al princi- les 3.225 fueron reclamados ó vendidos: además han
Fig. r. Vista del recipiente de las aguas del Avre (de una fotografía)
pio encerrado en una galería de mam- encontrado asilo en él 676 gatos, de ellos 183 colopostería, atraviesa el ferrocarril de los cados allí como pensionistas á costa de sus propietaguración de la llegada á París de las aguas puras del Moulineaux por medio de un puente seguido de arca- rios. Durante el citado año no se presentó un solo
Avre. Los numerosos invitados que habían sido con- das, y luego cruza el Sena por el centro de la jaula me- caso de hidrofobia entre los huéspedes de aquella
vocados á esta fiesta visitaron primero el depósito de tálie:a de un puente construído sobre el río, que es el casa. El establecimiento ha entrado en el trigésimo
Saint-Cloud, que no se llenará de agua hasta que que representa la figura 2. El día de la inauguración segundo año de su existencia, y se calcula en varios
queden terminados los revestimientos interiores. Este se habían fijado en su conducto algunos tubos que millones el número de perros á quienes ha salvado de
depósito se compondrá de tres compartimientos, cada formaron chorros de aspecto imponente: para que se la miseria y de una muerte cruel.
uno de los cuales podrá contener 100.000 metros cúbicos de agua: de los tres sólo hay construído el primero, que está cubierto por ligeras bóvedas preservadas por una capa de tierra que será cubierta de césped,
y sostenidas por seiscientos pilares y ciento setenta y
dos estribos. Este inmenso depósito recibirá el agua
pura, que será conducida á él por un acueducto
de 102 kilómetros, de los cuales 72 han si.do construídos á cielo abierto y 26 en galerías subterráneas,
algunas practicadas á más de 70 metros de profundidad debajo del suelo. Nuestra figura 3 reproduce una
parte del gran depósito, en el cual hay 600 columnas
como las que se ven en el grabado. Los tres orificios
que se d istinguen en la parte superior de éste darán
acceso al agua pura cuando el depósito esté en disposición de recibirla. La figura 1 representa el depósito de llegada tal como hoy funciona, es decir, la
cámara en que termina el acueducto de 102 kilómetros. Las dos planchas metálicas que forman esclusa
son compuertas de parada colocadas en el extremo
de los conductos.
Después de la visita al gran depósito de SaintCloud, el prefecto del Sena pronunció un discurso
en que resumió la historia de las aguas de París:
«Este día será memorable - dijo. - Después del
Dhuis y del Vanne, el Avre viene, á su vez, á rendir
á París el tributo de sus aguas. De hoy en adelante,
nuestra capital, provista de 260.000 metros cúbicos
de agua de manantial diarios, podrá dispensarse de
pedir nada á esas aguas del Sena, tan difamadas hoy
y que durante tantos siglos han bastado para su desenvolvimiento. La distribución de aguas frescas y puras es un beneficio contemporáneo...
»Desde ahora podemos felicitarnos sin reserva alguna por el progreso al presente realizado esperando
los que habéis resuelto proseguir. ¡Qué.contraste entre la alimentación de aguas hace apenas veinte años
y las facilidades hoy conseguidas! El parisiense que
abre su espita de alimentación encuentra muy sencillo ver que mana de él ese líquido que llega á veces
de una distancia de más de 100 kilómetros, y se incomoda si alguna vez el agua no sale tan pura y
abundantP. como de ordinario. Esperemos que á veces pensará en los trabajos gigantescos que ha sido
preciso realizar para proporcionarle ese resultado tan
sencillo en apariencia, en el cuidado vigilante, en la
multiplicidad de maniobras de día y de noche, en la
suma de esfuerzos y de concursos que exige el funcionamiento de ese inmenso material que constituye
el servicio de las aguas de París. Para que de ello
pueda formarse fácilmente idea, bastará que diga que
los tubos públicos de distribución en el interior de
París miden una longitud de 2. 186 kilómetros, es_decir, más que lo que esta capital dista de Varsov~.»
M. Sauton, presidente del Consejo municipal, h1z?
también uso de la palabra. Después de haber _rendido tributo á la memoria de M. Couche, el emmente
Fig, 2. Vista del puente de Luxemburgo que sostiene el tubo de conducción del depósito de 8aint-Cloud, en Par(s,
ingeniero que estaba al frente del servicio de aguas
Aspecto de los chorros de agua que funcionaron el d(a de la inauguración, 30 de marzo de 1893
SECCION CIENTÍFICA

0

r;t

595

N úMERO

LA

595

ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

343

En Filadelfia se va á
cuidados, pues por fin ha
construir un hospital para
encontrado la directora un
perros que sobrepujará al
guardián apto y honrado.
de igual clase de Berlín en
En el asilo no sólo se recipunto á comodidades y
ben perros sino que se dan
magnificencia: será un moconsejos gratuitos á los
delo en su género, pues
que crían ó tienen enfercontendrá salas de baños,
mos á algunos de esos anisalas de clínica, salas de
males: también se ceden
aislamiento para las enferasilados á los que desean
medades contagiosas, tentenerlos y ofrecen garandrá los más perfectos sistetías de cuidarlos bien. Para
mas de calefacción y alumello el peticionario se insbrado eléctrico y contará
cribe en un registro dando
con la asistencia de los
su nombre y las señas de
más célebres veterinarios,
su domicilio, y una vez toaparte de un escogido permados los oportunos inforsonal administrativo.
mes se le avisa que puede
Finalmente, existe en
pasar á recoger el perro sin
Londres un cementerio esotro requisito que llevar
pecial para perros, en donun collar con el nombre
de las ladies pueden depograbado del nuevo propiesitar en las tumbas de sus
tario del can. Pero á pesar
canes predilectos todas las
de esta cesión, la señorita
demostraciones más fastuoBrassinne no pierde de vissas de su pesar.
ta á los que fueron sus asiEn París se trata de funlados, sino que de cuando
dar un establecimiento
en cuando los visita para
análogo al Dog 's Home
asegurarse de que están en
londinense; esta tentativa,
buenas manos.
empero, no ha partido de
Los gastos de la asociaFig. 3. Vista del depósito de las aguas del Avre (de una fotografia)
la iniciativa de los franceción han ascendido hasses, sino de la de algunas
.
ta 15 de mayo de 1891 á
señoras inglesas que forman parte de la sociedad La- sufriendo al principio grandes decepciones, pues fué 7.976 francos. El número de perros recibidos ha sidies cosmopolitan Association de Londres.
engañada sucesivamente por dos guardianes á quie- do de 252. Los ingresos han sido: donatirns de
Los resultados del primer Dog 's Home de París nes había confiado sus animales. También se decla- Inglaterra, 19. 791 francos; suscripciones de Inglatehan sido reunidos en una memoria, que contiene los ró la hidrofobia entre los habitantes de aquel refugio rra, 298; donativos de Francia, 371'60; suscripciones
datos desde mayo de 1890 á igua~ mes de 1891_. An- provisional, lo que motivó una nueva hecatombe. Fi- de Francia, 52: total, 20.512'60 francos.
tes de 1890 la asociación se dedicó á recoger mfor- nalmente, para colmo de males, nadie quiso alquilar
El grabado de la pág. 344 reproduce parte del asilo.
mes y fondos, y en esa fecha envió á Pa_rís? como habitación á la señorita Brassinne, que se vió obligaAl terminar este artículo que tomamos de La Naagente, una señora francesa que durante vemt1cuatro da á buscar una instalación eri las afueras de París.
ture y al considerar los esfuerzos realizados por la
años había ocupado en Londres un elevado puesto
No fué esta tarea fácil y sólo gracias á un propie- fundadora de ese establecimiento y los cuidados que
en una escuela superior: la señorita Brassinne, que tario favorable á la institución pudo adquirirse una
á sus asilados prodiga, no se nos ocurre otra eosa que
así se llama, se instaló modestamente en París y co- vasta extensión de terreno en Garches, cerca de exclamar: ¡qué excelente hermana de la Caridad humenzó por preocuparse de la suerte de los caballos Montretout, y edificarse una casa. La municipalidad
biera sido la señorita Brassinne si en vez de dedicar
de los coches de plaza y otros vehículos.
y las demás autoridades se han mostrado muy bené- esos esfuerzos y esos cuidados al bienestar de los peLuego se ocupó en recoger los perros y los gatos volas con la señorita Brassinne, y la policía lleva á
rros los hubiese consagrado á la asistencia de los niabandonados durante el riguroso invierno de 1890, menudo al refugio perros que son en él muy bien ños pobres ó de los ancianos desvalidos!
contra las diversas
Jarabe deI)'191'ta lde AfeccionesdalCorazon,

Lu

Peno1u ... eonteea lu

PILDORAS~~DEHAUT
DE PARI S

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el Hco Di el cau1ancio, porque, contra lo que sucede con
los dem&amp;B purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
1 bebid&amp;B fortificantes, cual el vino, el cal~,
el &amp;A. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida 9"Ue mas le convienen,
sepn 1us ocupac1one,, Como el cau,an
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por elefecto de la
buena alimentaciou empleada,uuo
,e decide fácilmente á volver
11 empe.ar cuantas veces
sea necesario.

it1\IADE8u1E1ro4i
-~

11

~,,

Pepsina Bondanlt
..wa ,-1a ,mmu II mmn

PREIIO DEL INSTITUTOAL D'CORYISART, EN IIS8
IINIIIM •

lu Bapoolelo•11 lalenaelonalH ••

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---11. ■AIHÚIND ....

DISPIPSIAS
CIA8TRIT18 - CIASTRALCIIAS

DICIISTION LIIITAS Y PIIIOSAS
PALTA DI APITITO
'I ftaOI

DEL

DR. FORGET

contra los R.eumaa, Toa, Crisia nerrioeaa
6 Imonmioa. - El .JAR.ABB l'OBGBT es
un calmante célebre, conocido desde JO allos. En las farmacias y 28, rue Ber11m, Par&amp;
(antiguamente 36, rue Vivienne).

El ma, lfloazeontra
"' "' la
F1rruf{no,o,
Anemia, Clorosla,
~• la lutn,
Debilidad, etc.

rageaaaILluAtatodeu1·errod8

GELIS&amp;CONTÉ

Eapwacl■llltl

~""ª
Er90t
ii;Je1'iiUtJ:t Uftí1Ja ~~~i~:!: ~~~~~c:i
...

Aprobadu por l&amp; Academia de Medíclaa de P&amp;rlt .

y eragaas de

HEIOSUTICD 11 ... PODE181D

que se conoce, en poclon O

1

■edalla de Oro dela S•" deFia de Paria dettenen ltu perdid&lt;u.

DIIO&amp;DD&amp;I .D&amp; LA » l•UTICIII

B.UO U. f'ORK4 DI

JARABE

G

Empleado con el mejor exito

Hydropealas,
Toaea nerviosas;
Bronquitis, Asma, etc,

ELIIIR• · de PEPSIU IOUDAULT
VINO . • •• PEPSII&amp; IOUDAULT
POLVOS, •• PEPSINA IOUDAULT

LABELONYE y C'•, 99, Calle de Abouklr, Parla, y en todas las farmacias.

-

HIIS,,..,._ COLL..1.S,l,raDa..W-

-Mio-

• ... ,., Jl"ffld,,.i., ,."""""'· ....

-

LAIT ! NTiPRiLIQUI -

LECHE ANTEFÉL

CARNE HIERRO y QUINA

El Allm.ento mas fo~le UD.ido a los 'l'óDicoa mu reparadores.

VINO FERRUGINOSO AROUD

T CO!f TODOS LOS DIKCIPIOS ICtJTUTIVOS DB U CAR.NE
. , ~ mm• 1 •IJD&amp;I Dtes añ01 de extto 00ntlnna4o y las afirmactonet de
toéiu las em1nenel&amp;I médicas Preuban que esta aaociaclon de la Cllll'lle, el Bie~ y la
••taa
oonat.ltuye el reparador mu enerirtco que ae conoce para curar : la Clordni la
J.flém'4, las Jleut~ dolorola.t, el .6mpo1&gt;rec1m1mto 11&amp; ..tlteracwn ae la sanire
el RaQum1mo, las . . t f ~ 11crofU/0141 1 11corbutkal, etc. .El 'l'i•• l"errast■-■• dé
.&amp;natl ea, en erecto, el único que reune lodo lo que entona y fortalece los organoa
regulartza coordena y aumenta conaiderablemente lu tuerzas ó lntunde a la Blllffl
empobrecida y descolorida : el Vfqor, la Color11CW11 y la .BttergúJ fl(tlll.
P&lt;&gt;r Mror, e11 Paria, en casa de J. FBW, Farmaceulico, tot, rue Richelien, Sucesor ae AROUD
U VINDB BN TOD.l.S L.l.S PalNCIP.u.BS BOTJQ.l.S

EXIJASE .ii:ºt: AROUD
1

'

,,n t 11eselab t.tl l ftt , llslp
CAB, LENTEJAS, TEZ ASOLE
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ROJECES
~

n

HIERRO

BBlVAIS

LA SAGRADA BIBLlA
IDICION ll.USTUDA

• ti o6ntilno• de P•••ta la
entrega de ti p6.gi na•

repreunta euctamente el hierro
contenido en la economia. E1perimentado por lo1 principale, médico, del
mundo, pua inmediatamente en la
aancre, Do ocuiona eatrel!imleoto, DO
rau,a el ealómaco, Do eonerrece 101
dlentea. Ti11111 m11tColll t1 wa et■li&amp;.
hi,1111 la T1rlu111 lara&amp;.
.·
O• V1nt, , n tod11 /11 Farm, 0111. ·
P11l1711:4O742,r,St•Luu,, Paril,

le •,lu ptetpen11 i 1alca IN Nllata
61giéa4- i leo S.... M..1&amp;11• y Sia6a, t.Utor•

PITE EPILATOIRE DUSSER

destruye b~ta las RAICE• el YELLO del rostro de las damas (Barba, Bigote, ele.), liD
IWIJUIÍ peiicro para el CQtil. 10 .Aiio■ 4e *uto,ymlllare, de tesllmonl01 prulilu la dcacla
de 111&amp; ,rtflnCl&amp;L ,.. _.. •
Jllrl la lllrba, 1 ea 1/2 Ol)II para el lllpla llfn&gt;~Pan
IOI llraot, emplffle el l'ILIFOB&amp; X&gt;VBB&amp;R, t , rue ,J,•.J,.l\ouaaeau, liarla,

•J••·

�344

LA I LUSTRACIÓN ARTÍs ttc A

N ú MERO

LIBROS
ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

59S

cuestionario a I S r·. Clemente
Vázquez, considerado hoy como
uno de los primeros maestros
en este juego. Contestación á este cuestionario es el libro que
nos ocupa, de gran interés para
los ajedrecistas y que leerán con
gusto aun lossimples aficionados,
porque además del conocimiento profundo que revela está escrito en forma amena é interesante. El Sr. Clemente Vázquez es también ilustre jurisconsulto, diplomático y literato; su
libro ~e ha impreso en la Habana y se vende en aquella ciudad
á un peso, en el interior de la
isla á ·1 '25 y en el extrnnjeto á
I '50, en casa del autor (Indus•
tria, I 15) y en las principales
librerias.

por a11t1JYes ó editores
L A REJA , 11ovela (!ttdaluza por
Salvador Rueda. - E l solo nombre de Salvador Rt1eda es la mejor garantía de la bondad de esta novela: pocos le igualan en
el conocimiento de aquella hermosa región, joya de nuestra patria; ninguno como él encuentra
en nuestro idioma los tesoros
de color y de vida que derramados en sus versos ó en su prosa
los asemeja á esos cuadros de tonos brillantes donde el sol deslumbra y las flores ostentan sus
variados matices y casi se siente
el calor que los rayos de aquél
despiden y se perdbe el aroma
9ue éstas exhalan. La reja reune
a estas bellezas la de una acción
interesante, hábilmente desarrollada, con personajes trazados
de 1Uano maestra y episodios
descritos con galanura y verdad
asombrosas: forma parte de la
Biblioteca Selecta que en Valencia publica D. Pascual Aguilar
y se vende en las principales librerías al precio de dos reales.
E L AJEDREZ DE MRMORIA,
por Andrls Clemente Vázquez.
- Un notable psicólogo, M. Bine!, director adjunto del )abo·
ratorio de psicología de la Sorbona de París, deseando adquirir para un estudio sobre la memoria datos del proceso mental
de los ajedrecistas que juegan
sin ver el tablero, dirigió un

ASILO

P ARA

PERROS, EN GARCHES (SENA

y

SESIÓN CELEBRADA EN HONOR De: no~A CONCEPCIÓN
ARENAL. - La Real Academia
de Jurisprudeneia y Legislación
de Madrid celebró el 25 de mar·
zo último una sesión necrológica en honor de la eminente pensadora y escritora, cuya reciente muerte lloran la ciencia y las
letras españolas: los interesantisimos trabajos que en ella se leyeron han sido impresos en un
folleto que contiene la memoria
biográfica del Sr. González Rothvos, secretario general de la
Academia, el juicio crítico de
las obras de doña Concepción
Arenal por D. Femando Cos
Gayón y un discurso de D. Antonio Cánovas del Castillo: estos
nombres son la mejor prenda de
la bondad de aquéllos.

OISE) (de fotografía)

(Véase pág. 342)

JAQUECAS
COREA

1arabe Laroze
DE CORTEZAS DE lllRlNJll

APEL W

l ■ IRGII

•
• Soberano remedio para rApida euracioa de la1 Aleocion•• del pecho,

Delde hace mu de • d01, el larue Larou ee pl'elCl'O)e ea hltt , todo• loa mMico1 para la cmuioJl de lu ...tri~ •uvaltlu, ..lona
1 ntonlto11• de ..t6~•• •trelllmlo11toa nbelcloa, Jl:11&amp; faeWIAr
la digNUOII J para re¡ulanlar iodu laa fUJlCÍOJlel del ..\Ollllp J ..

Catarro1,Mal de garganta, Bronquitla, Re1friado•• Romaclizo1,
de 101 Reumatiamo•• Dolorea,
Luml:&gt;ago1, et.e., 30 año1 del mejor
6xito atestiguan la efteaeia de este
poderoso derintiTo reeoIQendado por
101 primero, médico, de Paria.

loa Íll*LinOL .

;IA.R.ABB

a1Bron1uro de Potasio
DE CORTWS DE llRHJlS lllllCAS

DIp611to ,n todaI ta, Farmacia,

Es et remedio mas eftcu para combatir Ju ellfermedades del ooruoa,

migraña, bailo el• .~•- Vito, lnaomnio■, _oo••
nilioa duranw la clenücion. en UD&amp; palabra, tocl.u
1u afocolone■ 11onlo..._

)a epilepsia, hlatéria,
TUl■ione■ y to■ de los

fflrita, ~ - - : 1.-P. UBOZB
Depo■lto

011 todu lao pmclpaJe.

y Droperiu

CARNE ; QUINA

11 +Jtme11to au npnlar. nido al T6moo -

T 001' TODOI 1.01 nmamo1 1'UD1TtTOI IOL1JBLU Da LA Q.UUfB
elemenlol que entran en la com'OOlllclon 4- este potente
11'8pan.4or de lu tuenu Tttalea, de este ter&amp;iae-&amp;e ••• eaeeíe■eia. De un aua1o eulllAmenie l(l'ldable, es eoberano oontra la Anemia '1 el Af/OCllmltnto, e~ Ju Calffltllt'III
~ C O . o ~1 contra las
7 lu A~
del ll1tomaqo y 101 ,ntuttno,
Cuando se tma de despertar el apeUlo, asegurar las digesUones reparar las tuérzu,
emtquecer la sangre, entonar el organismo y precaTer la anemia y Iú epláemlu proToCld&amp;i por loa calorea, DO ae conoce nada superior al l'iae de Quiaa de Areu41.
lt1, 19qor. • Plril.1~ wa deJ. FEW, rarmaceutieo;tot, me Riehellea. Sacelardt.AllODD

:= ARDUO

t m:~!!1:!~~R!~:•*
El

6 inofenstoo y et mas 6
6 poderoso medicamento 6
6 CONTRA EL DOLOR ,.1.

ESTOMAGO
lilTILW J l0Ll0I

.Dúl"""

U VDl&gt;&amp; ll1'I TOD.U L48 PBI.MCIPALU BoTIQU.

..EXIJASE

6~
W
6

NEVRALGICOS,
DENTARIOS,

ENFERMEDADES

· CIALU '1 •111■&amp;1 1011 101

1

DOLORES

....,

VINO ARDUO CON QUINA
11

6
:

REUMATISMOS

6-á..O:ai.:.;.¡

1, ,.. .. r..-1-PRI, 1 PIIIL
Bot.lca■

6
6

•

p

1,,1,

Querido ltlftrmo. -Flese Vd. • mi
eiperlenct,
1 haga u10 de nuestro, GRANOS de SALUD, pue, eltoÍ
le ourarfa de ,u con1tIpao/on le darAn apetito y 1,
derolrerA'!, ·, t 1ueño y t, al¡trt, . - A1/ rir/ri Vd.
rnuoho, , no,, d11frut1ndo 111m11re dt una butna 1&amp;1ud.

PATERSON

::..IUUTio 1 ■AINIIIA
•11&amp; lu A1eN&amp;o-•e1 .....
Palla . . Ai,ellle, J&gt;l1fflloa• laJte.
'Y6mlt.oe, ~
, T.C61'-I

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..,.• .,""" •,,.. * ,.,uu,. ,..
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111.~ hnlMRtloo• •am·

Quedan reservados los derechos de propiedad a;tfstica y literaria
I MP, í R MONTAN RR Y SIMÓN

�</text>
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                    <text>U~ÍftélC10t)
~ ~~.,;,.ili
Aílo XII

BARCELONA 29 DE MAYO

,_,

DE

1893

11tí~t1 ea

~ -------

NúM. 596

Con el presente número se reparte el segundo tomo de AYER, HOY Y MAÑANA

SUMARIO

Texto: -

Murnmraciones europeas, por Emilio Castelar. - Exposición Histórico-europea de Madn·d, por Juan B. Enseñat. - Manifestación artística en el
Ateneo Barcelonés, por M. M. A. -Nt,estros grabados. - Miscelánea. -Anie
(continuaci6n), novela por IIéctor Malot, con ilustraciones de Emilio Bayard.
- SECCIÓN CIENTÍFICA: Los teatros de a11tómatas en Grecia en el siglo JI antes de n11estra era, por E. H. - El titán eléctrico del puerto de Bilbao.
Grabados.-A/ Pardo, estatua en barro cocido de José Alcoverro (Exposi·
ción internacional de Bellas Artes de 18g2). -Dánae, cuadro de J. D. Batten.
-Atmeo Barceloni!s. Manifestación Artística, 1893: doce grabados. -El rey
Alejandro de Servia. -Figuras 1, 2 y 3: tres grabados de la Sección cientlfica.
- El titán eléctrico empleado en los trabajos del nuevo puerto de Bilbao. - La
cartomántica, cuadro de Simón Gómez.

MURMURACIONES EUROPEAS
POR D. F.MILIO CASTELAR

Hechos capitales de la última quincena de abril. - El emperador Guillermo II en
Roma. - Historia de la fundación del sacro imperio romano. - El Panteón y sus
recuerdos. - León XIII y Guillermo II. - León III y Carlomagno. - La visita
en el Vaticano. - Conversaciones probables. - El emperador en varios puntos de
Roma. - Reflexiones. - Conclusión.

A L PARDO, est atua en barro cocido de José Alcoverro

Historiemos los hechos capitales de abril y su quincena última, que
son á saber: las visitas de Guillermo II á Italia y con especialidad
á Roma. Dos aspectos manifiestos nos ofrece cada correría de aquestas: el aspecto artístico y el aspecto político. Su aspecto artístico se
relaciona con el temperamento intelectual de este joven césar, tan
artista, magüer sus propensiones guerreras; y el aspecto político se relaciona con las ideas de este joven césar, tan innovador, magüer su
romántica devoción á lo pasado. La primer visita oficial suya fué al
Panteón de Agripa, donde los restos de Víctor Manuel descansan
bajo la bóveda que sirvió de modelo á todas las rotondas católicas
y por cuya claraboya entran en lo interior de su recinto las lluvias
del aire y los resplandores del horizonte. Pocos edificios tan instructivos para quien interroga desde las alturas de los grandes institutos
históricos á una ·esfinge, tan maestra en provechosas revelaciones
como la historia. El primero en la dignidad que hoy representa Guillermo II, fué Augusto, aquel diestro emperador; y el primer general
de Augusto fué Agripa, quien erigió el Panteón. Desde nuestra ciclópea Tarragona ideó Agripa el monumento que lleva por siglos de
sigbs su esclarecido nombre. Como Augusto levantara un maravilloso templo á la familia de Apolo, Agripa levantó un maravilloso
templo á la familia de Augusto. En su retablo, que diríamos ahora,
campeaba Júpiter vengador castigando á los asesinos de César, y en
las otras capillas todos los dioses del Olimpo antiguo, enlazados
con la genealogía de los príncipes y emperadores cesáreos. Cuando
pisáis el inclinado suelo, esclarecido tan sólo, como ya dije, por un
tragaluz abierto en lo alto, y veis aquellas columnas estriadas de
mármoles egipcios con zócalos de un color y chapiteles de otro color,
á los cuales ha dado el tiempo esmaltes y reverberaciones de piedras
preciosas; cuando convertís á la rotonda los ojos, á la singular bóveda, arquitectónica obra ignorada completamente de los griegos y
parecida por sus colosales proporciones á los enormes monumentos
asiáticos, verdaderamente veis y tocáis, aún hoy, la fuerza del imperio y la majestad augusta de sus tiranos fundadores, que necesitaron
de moles tantas para ver de aplastar la Reptíblica y la libertad romanas. Ninguna de las rotondas construídas más tarde iguala sus
dimensiones. Todas son más altas, pero ninguna mayor. No hablemos de la rotonda del Escorial, que al fin sólo es la rotonda de una
capilla en un monasterio. Pero la rotonda de San Pablo en Londres
tiene de diámetro unos treinta pies menos; la rotonda de Santa Sofía en Constantinopla unos veintisiete pies menos; la rotonda de San
Pedro en Roma tiene unos tres pit:s menos, demostrándose adónde
habían llegado el arte y el poder latinos en los primeros días de
nuestra era. Mas ¡ay! que tal monumeno no se hubiera conservado,
cual se coi:iserva, de no haber admitido en sus espacios las efigies
representativas de los nuevos dogmas sobrepuestos á las mismas divinidades c~sáreas con fuerz~ ii:icontrastable por los extranjeros, por
los persegmdos, por los mart1res, por los plebeyos· como el primero, tras tanto~ siglos de gigantescos esfuerzos, ~ntre los reyes
mo~ernos de !taha, Víctor Manuel, no durmiera en aquel sueño de
glona eterna y en aquel monumento de apoteosis sobrenatural si
?º volaran sus águ\las desde las, ~umbres de los Alpes al Palati~o,
impulsadas por las ideas democrat1cas, que se reunieron y se formularon en un plebiscito del pueblo, decidido á crear y á sostener su

�LA
Italia. Provechosfsima instrucción indudablemente
para Guillermo II esta instabilidad increíble de todo
aquello que parece más victorioso y más fuerte, así co:no este poder del pensamiento que, brotado en un rincón de Palestina, movido por pobres pescadores, en
las catacumbas recluso y en las hogueras como con-

"

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

alcanzada recibía la sanción de los vencidos; escribíase el pacto conocido con el nombre de Carlomagno y asentábanse sobre sus bases férreas todos los
pueblos, de suerte que amanecía un espíritu nuevo en
los horizontes del tiempo y se presentaba una nueva
Europa en los senos del espacio, como si la civiliza-

NúMERO

596

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LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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montano, tan poderoso de suyo en el Parlamento
germánico, habrá estado más ó menos solícito el emperador con aquellos cardenales á quienes hirieron
las leyes cesaristas dadas contra la Iglesia en mayo
de setenta y tres y por su ineficacia y por su inutilidad completamente abrogadas á los cuatro lustros de
su promulgación solemne y de sus aplicaciones cruelfsimas: nadie ya en Europa duda ya de que, mientras el Pontífice no ha menester para cosa ninguna
del emperador, ha menester el emperador del Pontífice para que voten los católicos sus leyes militares y
le presten el concurso indispensable á conjurar el socialismo exacerbado por los propios rescriptos imperiales. Así una experiencia de algunos años hale mostrado la necesidad que tiene de no repetir en estas
entrevistas los errores de la primera, fatales todos
ellos á las monarquías, por haber traído la propensión
del poder pontificio, tan trascendenthl é importantísimo, á favor de la democracia, de la libertad y de la
repóblica. Por esta consideración sin duda los aturdimientos del príncipe marino Enrique y el ministro
imperial Herberto Bismarck se han sustituido con la
encantadora presencia de una persona tan dulce y
digna como la esposa del césar, que ha dado á la
segunda entrevista un sello religioso y familiar no
ofrecido por la primera, en que relucían bajo aquellas bóvedas los cascos y resonaban sobre aquellos
pavimentos las hienas del combate y de la conquista.
Lo cierto es que á la cortesía de una parte correspondió la bondad de otra. Y León XIII, á pesar de sus

sunto y extinto, se alza, cuando nadie lo espera, de ción moderna sintiera por modo inconsciente adelanst\bito, avasallador é incontrastable, derribando los tarse con precipitación el feudalismo y quisiese opodioses del privilegio con los dioses de la fuerza y de ner á su anarquía la unidad del imperio latino-germala victoria, para sustituirlos por el hijo hurnildfsirno no con la unidad del Pontificado, puesto sobre las
de un menestral, muerto en la Cruz, el patíbulo de bases territoriales de una civil monarquía. Celebrábalos esclavos.
se la misa de Natividad en San Pedro, cuando el
El cerebro estalla cuando quiere dentro de sí re- Papa, sin darle noticia de su determinación á Cariocoger todas las ideas despedidas por estos sitios his- magno, dirígese á él, que estaba de rodillas ante las
toricos, de una importancia secular, y que parecen aras del sepulcro de los apóstoles, y le pone sobre la
como fragmentos petrificados del sol que se llama cabeza una corona de oro, que remata el traje de pahumano espíritu. Tras la visita de Guillermo II al tricio romano, ya ceñido de antiguo por el rey de los
Panteón, viene otra mucho más trascendente á la vida francos, y que significa la conversión por completo de
europea toda:' la visita de Guillermo II al Vaticano. la eterna ciudad al catolicismo tras ocho siglos de
Parece imposible; pero el joven césar personifica to- continuos y porfiados combates. Acabada esta ceredavía una institución, establecida en el siglo IX de monia, vuélvese al pueblo el Papa, y grita por dos
nuestra era cristiana por el Pontificado en la per- veces la fórmula, que abre la nueva edad del imperio·:
sona de Carlomagno para defender y salvar á la «A Carlos, piísimo, augusto, armado por Dios césar
Roma pontificia de sus salteadores y enemigos. En de romanos, dispensador de la paz y de la vida y de
aquellos pretéritos y apartados tiempos, en el año ól- la victoria.) Y como Samuel á Saól, entre las aclamatimo de la octava centuria, sucedió un hecho impor- ciones del pueblo, entre los cánticos del sacerdocio,
tantísimo. Por la reciente donación de Pipino el Papa entre las nubes del incienso, derrama León III de sus
era ya rey, como Clodoveo lo fuera siglos antes por manos el óleo sacro ungidor sobre la cabeza de Carlounción del Papa. El muy largo reinar de Adriano, rnagno, el cual óleo le imprime á éste una grande au ·
que vivió en el trono papal veintitrés años, &lt;lió á su toridad religiosa, pues el Papa mismo le adora de rofamilia sumo poder en Roma por aquellos días y dillas, como si tuviese algo de divino, y en cambio
constituyó una especie de aristocraci:1 1 quien, al trán- le presenta como en homenaje rica mesa de plata años, con juvenil celeridad salió al :encuentro de su
sito de sus institutos, le sobrevivió en Roma por me- con vasos de oro á la iglesia de San Pedro, una cruz visita; la llevó bajo solios iguales en altura y dimendio de una oligarquía muy contradictoria de suyo con de piedras preciosas á la iglesia de Santa María y siones al suyo; le regaló un mosaico precioso repretodos cuantos no tuvieron los motivos de sentimiento otras muchas dádivas á las demás iglesias, signo se- sentando la magnifica plaza de San Pedro; hizo que
y de consanguinidad que la fundaran y la defendie- guro de sumisión á la Iglesia universal. He aquí se- mostraran á la empera~riz todos los milagros y mararan en el extinto reinado. Encontrábase á la cabeza llado, conclufdo el pacto entre el Papa y el empera- villas de aquel museo sin segundo, y habló una hora
de tal oligarquía un sobrino del Papa difunto, ador- dor. El uno, el Papa, ha entregado el reino de los seguida con el emperador sobre varios negocios,
nado por éste con extraña dignidad altísima, y por longobardos al emperador, y el otro, el emperador, ha mostrándose una vez más que necesita el imperio del
ley natural quiso defenderla contra el sucesor de su entregado al Papa el exarcado de Ravena. Así puede Pontificado y que no necesita el Pontificado del imtío y conservarla por ,todos los medios posibles, aun- decirse con razón que esta alianza de las dos potesta- perio.
Hecha esta visita de una tan grande importancia,
que rayaran en desatentados y criminales. El 25 de des de la Edad media surge de un mo,imiento revoabril, en que cae la fiesta de San Marcos, empe- lucionario contra la monarquía del Norte de Italia y Guillermo pasó el tiempo entre contemplaciones de
zaban las letanías consagradas á bendecir los cam- contra el imperio del Bósforo de Tracia. En este mo- monumentos, banquetes de aparato, revistas de tropos reverdecidos por el soplo de la primavera. Salía mento supremo el germanismo ha recibido su sanción pa. Los documentos oficiales dicen que le pareció de
la procesión de Letrán, y encarninábase á San Lo- religiosa; el Occidente ha encontrado su supremo im- perlas el ejército, y los rumores póblicos que no lo
renzo de Lucina, compuesta por toda la corte pon- perante político; la Italia de las ciudades ha tenido su juzga bastante apercibido á las guerras contemporátificia y presidida por el nuevo Pontífice, caballero escudo contra la Italia de los reyes; el emperador se neas. Grande servicio nos prestaría el ejército italiano
en hacanea dócil. A los pocos momentos de co- ha asociado al Pontífice por medio del reino longo- y se lo prestaría también á la humanidad si las camenzada la procesión, y á corta distancia de Letrán, bardo cedido; el Pontífice se ha asociado al empera- bezas del movimiento bélico dejasen por su causa de
incorporóse con aparente humildad el ambicioso aris- dor por medio de la donación de Pipino aceptada; la correr á la guerra continental. Tiene tantas glorias
tócrata, quien había congregado cerca de allí, en el sublime palabra de Cristo, ordenando dar á Dios lo Italia en artes, en ciencias, en armas, en política, en
campo de Marte, junto al claustro de San Silvestre, que es de Dios y al césar lo que es del césar, dirige industria, en comercio y navegación, en guerras, que
una conjuración, ávida de venganza. Y apenas apare- y regula todos los hechos; y el gran período histórico un descuido de la organización del ejército no podrá
ció el cortejo eclesiástico, cuando salen de su madri- de la Edad media comienza, porque merced á todas dañar á su nombre, sino antes bien acreditarlo de
guera los conjurados, desenvainan los puñales, asal- estas guerras, á todas estas revoluciones y á todos es- incompatible con las fuerzas y las instituciones retrótan la procesión cual si fuera un campamento y un tos movimientos, se ha establecido y se ha organiza- gradas. En las revistas no ha pasado, pues, cosa de
ejército á ellos contrarios, arremeten con el Papa de do la alta institución de los Pontífices en el centro importancia, pero sí en los banquetes. Además de los
todos abandonado, y desarzonándole de su silla y ten- de la moderna Europa, defendida por la espada de embajadores ordinarios y residentes en la capital por
su ministerio y oficio, hanse mandado á Roma embadiéndolo por tierra, lo despojan de sus vestiduras, le los emperadores germánicos.
jadores
extraordinarios, idos con el encargo de saluinfieren muchas heridas, lo arrastran al Monte Celso,
Al ir el representante hoy de la dignidad cesárea
donde con desacato lo aprisionan en calabozo, del entre las filas de muchedumbres compuestas por el dar muy especial y concretamente á los reyes italiacual no saliera sin el ánimo y el arresto de algunos pueblo rey á San Pedro, ¿se acordaría de la escena va- nos por sus bodas de plata. Un archiduque austriacamareros, que lo sacan de prisión semejante y lo ticana en que hace ahora mil años apareció la insti- co, tío carnal de Humberto, por hermano de la sanasilan en el cerco inviolable de San Pedro. León III tución del imperio? ¡Cómo el tiempo eterno lo produ- ta madre de éste; un gran duque ruso, el gran duque
se llama en la genealogía de los Papas el así maltre- ce y lo extingue todo en su actividad incansable! Por Wladimiro; un descendiente directo de los Estuardos
cho. No puede, no, dudarse de que necesitaba del el movimiento ya interrumpido de diez consecutivas ingleses y de los Albas castellanos, mi amigo y comauxilio de un poder coercitivo para vivir el Pontificado. centurias todo se ha transformado. El Papa no tiene pañero de Cortes, el duque de este óltimo nombre,
Y necesitando del auxilio de un poder coercitivo no ya la donacióa de Pipino, bajo sus pies enteramente tan famoso en las historias; otros emisarios de igual
puede dudarse que quien lo ejercía entonces con ma- socavada y destruída por las inundaciones revolucio- ó parecida grandeza y estirpe se han presentado al
yor autoridad y fuerza en el mundo católico era Cario- narias. El emperador se ha borrado el óleo pontificio Quirinal y han tenido por ello en la corte los bono·
magno, rey más ó menos honorario de los francos é im- de la frente y el bautizo católico de la cabeza, conver- res y los obsequios que demandaban lo ilustre y lo
perante más ó menos feliz y más ó menos obedecido tido á la doctrina de un rebelde, que ha sentido en excepcional de sus respectivos ministerios. Hase no·
de tribus alemanas. En Alemania estaba por aquella su alma el odio á Roma de los Arminios y de . los tado cómo perfectamente recibido Alba, seg!ln se le
sazón, y de Alemania lo llamó León III á Roma. Y Gensericos. Los güelfos republicanos tienden á rena- llama por todos, allf donde iba, es decir, en el Quiescuchando este reclamo, fuése con propósito de ce- cer en Italia bajo el ala de las Encíclicas papales y rinal, ha visto, por lo contrario, algún fruncimiento
lebrar allí la Nochebuena del año 800, en la cual en conformidad completa con Francia, mientras toda de cejas y alguna triste adustez de ceño en el Vaticanoche se acaba una y empieza otra edad (capital de la tradición gibelina, tan contraria del poder de los no. Hase notado que solfcita la corte con el archidula Historia europea. Esperábale con anhelo é im- Papas, se personifica en la gloriosísima dinastía de que austriaco, representante de un emperador tan
paciencia León en la tierra Nomentana, donde per- Saboya y se apoya en el imperio alemán. Y á pesar poderoso corno Francisco José y pariente tan cercanoctó Carlomagno, para ·dirigirse por el puente Milrio de todas estas grandes transformaciones, dura y per- no de la real familia, el pueblo le ha recibido con
á San Pedro. Pocas veces ha presenciado aquel sacro dura el poder pontificio en la misma Germanía, co- frialdad, indicativa de lo débil que la triple alianza
espacio, testigo de tantas grandezas, hecho tal como mandada por una dinastía que ha representado la está en el sentimiento póblico y de lo fuerte que está
éste. ¡Ah! El nuevo imperio romano iba en aquel en- fuerza mayor del credo de Ausburgo en la Europa el irredentismo italiano, quien aprovecha toda ocasión
tonces á surgir; la grande autoridad de la Edad media, moderna. Y as( el infiel sultán de Constantinopla ne- de pedir su Trieste y su Trentino. Pero lo más notacentro de las esferas laicas, iba en este minuto supre- cesita del Papa por los armenios católicos, y el cis- do ha sido lo siguiente. Celebrándose la comida ofimo á establecerse; el Oriente y el Occidente católicos, mático czar de Rusia necesita de! Papa por los pola- cial con todos los monarcas y magnates y potentados
en apariencia uno, acercábanse á separación inevita- cos católicos, y la hereje reina de Inglaterra necesita allí reunidos, como Guillermo y Humberto pronunble; tornábase Constantinopla mucho más oriental del Papa por los irlandeses católicos, y necesita de su ciaran sendos gárrulos brindis, expresivos de sus reque hasta entonces lo fuera y mucho más germano- autoridad y de su poder morales también el empera- cíprocas amistades y confirmadores de la triple alian·
latina Roma; vicario de Cristo el Papa, se convertía dor de Alemania, no solamente porque hay millones za, Wladimiro, el representante de Rusia y del czar,
en rey por la reciente dominación territorial de Pi- de católicos entre sus vasallos, sino porque se hallan hase dirigido á la embajadora de Francia, madarne
pino, padre de Carlornagno, y el rey de los francos y en el Pontífice las ; mejores ramas del árbol de su Billot, á su lado sentada, y le ha dicho, con su copa en
de los alemanes elevado á emperador se convertía en genealogía social y los viejos pergaminos del título la mano: «Yo bebo sin frases, pero con todo mi coravicario del Papa; los pueblos germánicos iban dere- de su nobleza histórica. Asf, habrán hablado las dos zón, á la salud de Francia. ) En el minuto en que la
chos á la cultura europea ya, y la conquista por ellos potestades, ó no habrán hablado, del centro ultra- cuadruple alianza con tanto aparato se confirma, sur•
ge á su costado la protesta y se confirma también la

DÁNAE1 cuadro

indeliberada é inconsciente aHanza entre los rusós y
los franceses. Tras esto ónicamente hubo de notable
la peregrinación artística. ¿Dónde más interesante?
Aquellos coros de antiguas estatuas, nunca sobrepu-

jadas; aquellos campanarios y torreones, que representan, como por competencia y porfía, el mundo romano en ruinas y el mundo católico sobrepuesto victorioso á éste sin dejar nunca de imitarlo; aquellos
fragmentos de arcos y acueductos, muy análogos con
los aerolitos del espacio, apagados sobre nuestro
planeta, y que fríos esqueletos de mundos y de soles,
en otro tiempo luminosos y ardientes, reciben de la
primavera sobre sus piedras desnudas ramilletes de
jaramagos y nidos de golondrinas; la rotonda de San
Pedro en lo infinito etéreo y las catacumbas de San
Sebastián y San Calixto en los subterráneos de tinieblas eternas; las vías de sepulcros vacíos convidándoos á pensar en la muerte y las aladas figuras multicolores desprendidas de los frescos del Renacimiento á traeros el sensual beso de la vida exaltada; la

de J. D. Battcn

quinta de Adrlano demostrando en sus escombros en el éter creador, y todo el humano espíritu un descómo había este césar unido en sus ocios y en sus tello desprendido del verbo de Dios. Han dicho los
recreos todas las artes, en sus creencias todos los dio- diarios que, caballero Guillermo en su trotón de gue·
ses, en su filosofía todas las ideas, especie de alejan- rra, lanzado á galope digno de Mazzepa por los pra-

drino embriagado por una gnosis misteriosa oriental;
el espectáculo de aquella corintia linterna marmórea
de Tívoli, en cuyas bases brotan las vívidas resonantes
cascadas, componiendo unísona melodía; el campo de
Anfbal, cerca del retiro de Horacio y cerca también de
aquel Tdsculo en que Cicerón resucitó los ensueños
platónicos sobre la ;nmortalidad del alma; la campiña
romana, desierta como un cementerio que hubiera descompuesto y devorado todos sus cadáveres, pero poblada, corno un templo vivo, de ideas y de recuerdos;
todo cuanto ali( á uno le circunda, evocándole con
tanta viveza y tan de relieve lo pasado, le apercibe y
prepara para lo porvenir, como que las grandezas pretéritas sugieren la esperanza de futuras grandezas,
afirmando que lo infinito está en nosotros, lo eterno
con nosotros, y toda la tierra es un astro sumergido

dos latinos; aspirando en sus narices abiertas el aura
de los Apeninos aromada por el fecundo abril, y siendo en la vertiginosa carrera sobre las hierbas esmaltadísirnas de flores y de rocío como un iris formado
por tantos matices, entonó un himno á Italia y al sol
y al cielo italianos, bendecidos por todos los poetas
en todas las generaciones. Leyendo esta noticia no
pude menos que acordarme de Lutero y del trágico
estro con que Lutero maldecía en su caldeada elocuencia la Roma de los Pontífices. Todo le molestaba en ella, todo, al fundador de la religión profesada por Guillermo II. Imposibilitado, seg!ln su tem·
peramento y por su educación, el monje rebelde y
revolucionario de penetrar en las artes plásticas, no
comprendía la Ciudad Eterna y no adivinaba que su
renacimiento artístico era también, aunque semipaga-

�LA
no, toda una religión. Pero este paganismo resultaba
incomprensible para su inteligencia y abominable
para su corazón. Así todo le molestaba, repito, en
Roma, por no aparecer concordante con el misticismo de su alma la nativa complexión y el interno espíritu de tan sublime ciudad. Aquel Pontífice arrastrado por brillantísimos caballos, que llevaba delante
de sí la Custodia sobre altar y bajo palio más mezquinos que los altares y palios dedicados á la regia pontifical persona, quien se hacía dar la Hostia con una
especie de bastón, para que ni los dedos sacros del
celebrante, ungidos por la transubstanciación, le tocaran en el borde de sus labios, indignábale hasta el
extremo de prorrumpir en la siguiente frase: «Si hay
un infierno, sobre tal infierno está fundada Roma.»
¡Cuán lejos nos hallamos de todos estos rencores! Guillermo, amigo y aliado del rey de Italia, humildísimo
con León XIII y reconociendo su autoridad en la
entrevista del Vaticano, inclinado sobre la tumba de
Víctor Manuel bajo la rotonda del Panteón, peregrino del arte y de la ciencia en los museos y en las
ruinas, henchido de los cánticos y los colores y los
aromás al extremo de bendecir en voces formidables
la capital sacra, mil veces maldecida en apocalípticas
maldiciones por su gente y su patria, después de ha~er ido allí en busca de guerra, se ha encontrado sobre las ruinas sublimes y entre los muertos inmortales con la paz y la reconciliación universal.
•••••,r,,••,1•,1•••t••••••...,......,......••••••••••••••••••·••"•'''•"•i'•,"•l'••"•••••••,1•,,•••••••••••••••••r••·•,1•,,·,,,.

EXPOSICIÓN HISTÓRICO-EUROPEA
DE MADRID

Entre las numerosas preciosidades artísticas y objetos históricos que el cabildo metropolitano de Valencia ha expuesto en la sala VIII, señalaremos varias pinturas de Juan de Juanes; una Sagrada Familia, en tela, de Correggio; un portapaz de Benvenuto
Cellini; las casullas que usó Calixto III en el acto
de la canonización de San Vicente Ferrrer en 1455,
y un instrumento naval con que Alfonso V de Aragón rompió en 1423 las cadenas del puerto de Marsella.
También el ayuntamiento de la ciudad del Turia
ha expuesto, entre otras cosas notables, las banderas
de los antiguos gremios; un busto en relieve del rey
D. Fernando el Católico, hecho en 1490; los fueros
de D. Jaime, con viñetas del valenciano Domingo
Crespi (siglo xv), y las llaves de la ciudad de Valencia, que se entregaban á los reyes cuando se presentaban en ella para jurar los fueros.
El cabildo de ,Barcelona ha presentado cuadros,
relicarios, ornamentos, misales y tapices de extraordinario mérito; un autógrafo del gran Conde y el
crucifijo de mármol que llevó á la conquista de Orán
el cardenal Jiménez de Cisneros.
De Vich se remitieron hermosas cruces procesionales, varios ornamentos religiosos y epístolas de Alminos (siglo xm), y de Gerona un paño bordado que
figura la Creación; una célebre estatua de Carlomagno y otros objetos preciosos.
Tarragona se ha ~imitado á enviar algunos de sus
célebres tapices y cuatro frontones bordados en seda.
Cierto es que son preciosos y de gran mérito.
Las tablas, cálices, sacras y ornamentos del cabildo de León completan las instalaciones de esta sala,
cuyas paredes se hallan cubiertas con ricos tapices
procedentes de las catedrales de Gerona, Tarragona
Santiago y Burgos.
'
El cabildo de esta última ha expuesto en la sala IX, además de otros tapices notables, una custodia gótica de plata sobredorada; libros sagrados en
pergamino; varios cuadros de la escuela flamenca;
una estatua yacente del obispo de Burgos D. Mauricio, en bronce dorado y labrado con esmaltes y pedrería.
Proceden de Huesca las tres urnas de reliquias de
metal esmaltadas que pertenecieron al rey monje Ramiro II, y los siete medallones representando misterios de la vida de la Virgen, regalo de D. Pedro IV
de Aragón.
Entre los curiosos objetos expuestos por el cabildo
de Barbastro sobresalen una cabeza y un brazo de
p~ata en varias partes sobredorada, con piedras prec10sas, o~tentando las armas del canónigo Arroyo, y
una arqmlla de madera cubierta con relieves de hueso, obra notable del siglo xv.
Los cabildos de Osma, Palencia y Calatayud han
presentado preciosas joyas artísticas, ornamentos y
códices; y el de Tarragona ha expuesto, entre otros
o~)jetos históricos, un báculo de concha que perteneció al Rdo. Fr. Diego de Llepes, confesor de Felipe II y de Santa Teresa de J esús; una carta del antipapa Luna y otra auténtica de Sor María de J esús
de Agreda.
Notabilísima es la instalación de los templos me-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ttópolitanos de Zaragoza, en la cual llaman particularmente la atención los platos y jarros de plata cincelada, procedentes del tesoro de Nuestra Señora del
Pilar y alguno de los cuales se atribuye á Benvenuto
Cellini; la bocina de caza y guerra que perteneció á
Gastón de Foix, vizconde de Bearne, caudillo de los
tercios navarros en la conquista de Zaragoza; tres
grandes lienzos pintados por Andrea Vendinella,
maestro de Alberto Durero; el retablo de altar portátil de D. Fernando de Aragón, abad de Beruela;
trece tapices procedentes en su mayor parte de la
repostería del rey católico D. Fernando, y dos de
los cuales están hechos con cartones de Giotto; tres
paños de raz del rey Asuero y la reina Ester, y una
infinidad de objetos de platería artística, esculturas
en marfil, esmaltes, miniaturas, libros raros y manuscritos históricos.
En la sección de Bibliotecas y Archivos, cuyas vitrinas ocupan la sala X, hallamos el libro de llsatges de Barcelona, Constitutións é capitols de Corté
Consuetuts escrites de Catalunya, hermoso incunable
en vitela, impreso en caracteres góticos, con las capitales hechas á mano, orla iluminada en la primera
hoja del texto y una lámina que representa el acto de
celebración de Cortes; el tratado De Animalibus, de
Alberto Magno, escrito en vitela en el siglo xv, con
más de mil dibujos iluminados, códice enviado por
la Biblioteca universitaria de Granada; la Vita Christi, de Landulfo de Saxonia Cartuxano, traducción de
Fr. Ambrosio Montesinos, primer libro impreso en
Alcalá de Henares en 1502; la Crónica del rey don
Pedro I de Castilla, impresa en Sevilla en 1495, y el
famoso códice de San Juan de los Reyes del siglo xrv, titulado Fonmi Judicum, procedente, como
los dos anteriores, de la Biblioteca provincial de Toledo.
La Real Academia de la Historia ha expuesto la
carta autógrafa de H ernán Cortés; los autógrafos de
Fr. Berna! Buil, primer delegado de Alejandro VI y
comisionado por los Reyes Católicos para acompañar
á Cristóbal Colón en su segundo viaje; la primera impresión de las obras históricas del cardenal obispo de
Gerona, D. Juan Margarit, primer general y compañero de Colón en las Antillas, y la carta del rey de
Portugal D. Juan I á los Reyes Católicos, noticiándoles los buenos sucesos de Vasco de Gama en las
Indias orientales; el gran Relicario del Monasterio de
Piedra, obra maestra del arte suntuario del siglo xv,
que mandó labrar, entallar y dorar el abad D. Martín Ponce.
Largo sería enumerar los códices y documentos
notables que han remitido las Bibliotecas de la Universidad central, de San Isidro, de las facultades de
Medicina, Farmacia y Filosofía y Letras, del Museo
de Ciencias naturales y del Colegio de San Carlos,
que llenan varias vitrinas. Citaremos únicamente las
Cartas originales del cardenal Cisneros á D. Diego
López de Ayala, con dos retratos del autor y un sumario de su vida; uno de los seis ejemplares de la
famosa Bibliti políglota, impresos por mandato del
mismo cardenal en Alcalá de H enares, y los Libros
del saber de Astronomía, de Alfonso X, escrito en
pergamino, con figuras, códice considerado como original del rey Sabio.
También nos falta espacio para indicar lo expuesto por la Biblioteca universitaria de Santiago y el
Archivo general central de Alcalá de H enares, en
cuyas instalaciones figuran los Cartularios Magnos,
las Bulas y Privilegios de la Orden de San Juan de
J erusalén; las Constituciones de la Universidad complutense, dados por su fundador el cardenal Cisneros;
la carta de Felipe II al rey D. Enrique de Portugal,
toda autógrafa, fechada en 24 de agosto de 1579;
238 procesos de los tribunales de la Inquisición de
Ciudad Real, Guadalupe y Toledo, pertenecientes á
las dos últimas décadas del siglo xv, contra judaizantes, donde se pone de relieve el procedimiento inquisitorial de aquel tiempo, que á tan reñidas controversias ha dado margen en ambos mundos por
no haberse consultado ni conocido estas fuentes originales.
Imposible nos es, por exigencias de la brevedad,
enumerar los documentos contenidos en las vitrinas
de los Archivos Histórico-nacional y de Simancas,
y la infinidad de objetos curiosísimos con que ha llenado las salas XI, XII y XIII el Museo Arqueológico nacional. Las colecciones de este Museo y de
los provinciales de Toledo y Valladolid (sala XIV),
Granada, Córdoba, Zaragoza, Tarragona y Lérida
(sala XV bis) merecen un largo y minucioso estudio
que aquí no les podemos consagrar.
En esta última sala figuran los numerosos y notables objetos remitidos por la Comisión Balear, llamando poderosamente la atención un Díptico con las
imágenes del Salvador y de María, que llevaba en
sus viajes el rey D. Martín de Aragón; un Cristo de

NúMERO

596

alabastro; una Virgen atribuída á Correggio; un altar
con numerosas figuras, procedente de la iglesia parroquial de Santa Eulalia de Palma; diversos retablos de
los siglos xv y xv1; cinco relieves de alabastro; un
sillón abacial calado del siglo xv; varios arcones,
platos de mayólica y otros objetos en extremo interesantes.
En la sala que sirve de vestíbulo, cuelgan de los
muros admirables tapices, pertenecientes á la colección conocida con el nombre de Tapicería de Túnez,
porque representa con sus singularísimos tejidos y
con calidad verdaderamente artística episodios de la
conquista de Túnez en tiempo del emperador Carlos V.
Las ricas preseas que en diferentes ramos del arte
comprenden las salas XV y XVI, proceden de los
reales alcázares, fundaciones del patronato de la corona y del Monasterio del Escorial. Allí están, entre
otras armaduras, la de justa de Carlos V, y otra
ecuestre de Felipe II; el famoso tapiz de las Bodas
del Cordero, en cuya labor exquisita el oro, la seda y
las lanas, de muy variados y ricos matices, hacen de
él espléndida pintura; el retrato de D. Sebastián, que
procede de las Descalzas Reales de Madrid, lo mismo que el de doña Ana de Austria, esposa de Felipe II; los de Felipe IV y su mujer doña Isabel
de Borbón; el del conde-duque de Olivares, hecho
por Velázquez, de cuyo artista es también una mano
admirable, que ostenta un papel; el de Felipe II á
los sesenta y seis años; el famoso retablo en metales
artísticamente labrados que llevaba en sus campañas el emperador Carlos V; el retrato de Isabel la
Católica; el de Felipe el Bueno de Borgoña, famoso
por haber establecido la Orden del Toisón de Oro;
el órgano del citado emperador; el relicario de cristal
de roca que regaló el duque de Mantua á Felipe II;
la maravillosa caja de oro, plata y cristal de roca,
enriquecida con camafeos y piedras preciosas, que la
infanta doña I sabel Clara Eugenia regaló al Escorial;
el escritorio de hierro grabado al agua fuerte con
aplicaciones de bronce artístico que usó Felipe II;
los devocionarios de Juana la Loca y de Isabel la
Católica; la capillita Duomo de Milán, asombroso
trabajo de relieve y adamasquinado; un tomo autógrafo de Santa Teresa de Jesús; el breviario de Carlos V; las dos famosas tablas de Bosco, donde el pincel de esta artista trazó las más fantásticas representaciones; los dos grandes libros de coro del Escorial,
hermosamente iluminados; un tríptico de Juan Van
Eyck; dos bronces de Bernini; el original del libro de
las Cantigas del rey Sabio; el dosel de Carlos V, compuesto de ricos tapices, y la banqueta del gran monarca; el casco férreo de Barbarroja y las espadas
que se dice ser de Boabdil, Cortés y Pizarra, y otros
muchos objetos notables por su mérito artístico y
por su valor histórico.
En las vitrinas de la sala XVII se encuentran
ejemplares únicos de ocho obras curiosas, varios libros que se distinguen principalmente por sus láminas y otros que se presentan como modelos de encuadernaciones de lujo, y diversas Biblias famosas,
como la de Arias Montaner.
La Biblioteca Nacional ha expuesto ciento cincuenta manuscritos en la sala XVIII, consistentes en códices griegos, persas, hebreos y árabes; biblias; obras
litúrgicas y de devoción; obras de Ciencias, Artes,
Historia, Geografía, Literatura y Teatro; mapas, autógrafos y códices notables por la importancia del
texto, ornamentación y encuadernación. Las colecciones de estampas é impresos que ha presentado la
misma Biblioteca son yerdaderamente asombrosas y
constituyen para los hombres de estudio, y particularmente para los bibliófilos, uno de los atracüvos
más poderosos de la Exposición Histórico-europea.
Cubre casi enteramente uno de los muros de esta
sala la magnífica instalación dispuesta por D. José
Estruch, de Barcelona, para mostrar gran número
de piezas selectas de su famosa armería. Comprende
la historia de las armas desde el siglo vm hasta nuestros días, y cada una de sus piezas manifiesta algún
carácter de mucho interés por su rareza, formas,
exorno ó valor histórico, lo mismo que las banderas
y estandartes que realzan el mérito de la instalación.
A los lados de ésta hay dos vitrinas donde el marqués del Castrillo ofrece notabilísimos objetos á la
admiración de inteligentes y profanos en materia de
arte antiguo.
Ocupan la sala XIX las sorprendentes colecciones
de cerámica, joyas de pedrería, arquillas, relicarios,
marfiles, armas, libros, medallas, monedas, vasos, miniaturas, esmaltes, retratos, muebles, tapices, etc., etc ,
presentados por D. Guillermo de Osma, el conde de
Valencia de D. Juan, el general Nogués, D. Pablo
Bosch y D. Juan J. de Escanciano.
La sala XX está igualmente cuajada de preciosidades artísticas expuestas por D. Alberto Salcedo,

NúMERO

LA

596

RIBERAS DEL MANZANARES,

cuadro de J. Nicolau (Album Artístico del Ateneo Barcelonés)

D. Luis de Ezpeleta, conde de Guaqui, condesa viuda de Santiago, marquesa de Molíns, marqués de
Castroserna y otros.
Dos palabras sobre la colección de sellos en cera,
lacre y plomo, así reales como eclesiásticos, municipales y particulares, que ocupan una de las vitrinas
del centro de esta sala. Son rarísimos, si no únicos
ejemplares, los de las antiguas villas de Guadalajara,
Alarcón, Cuenca y Zamora; el de doña María de
Portugal, esposa de Alfonso XI de Castilla, y otros
muchos.
Gran parte de la historia de España y aun de Francia y Holanda en los siglos xv1 y xvu está como
representada al vivo con la serie de retratos expuestos por la señora condesa viuda de Santiago.
Entre los objetos más curiosos de la Exposición
puede citarse el mueble de la marquesa de Molíns,
chapeado interior y exteriormente de marfil, en cuyas
placas un buril hábil é inteligente grabó en Nápoles,
á principios del siglo xvn, cartas geográficas, retratos de reyes, leyendas é inscripciones, vistas de ciudades y adornos variados.
D. Nicolás Duque ha cubierto los cuatro muros y
llenado algunas vitrinas de la sala XXI con una estupenda colección de herrajes de toda clase de puertas
y ventanas, cerraduras, arcas, llamadores, llaves, armas, joyeros, cruces y demás hierros antiguos; todo
dispuesto con gusto y arte sorprendentes.

En la sala XXII figuran las instalaciones de la
Junta provincial de Palencia, de la Universidad compostelana, de la Junta provincial de Zamora, de los
marqueses de Heredia y Falces, de los condes del
Asalto y Esteban Callantes, de los Sres. Gobel, Villaamil, Gómez, Guerrero, Molíns, Rodríguez Rey, Rotonda, Morenes, Ferriz, Paredes y Herrera; entre cuyas instalaciones llaman particularmente la atención
las armas de Boabdil, auténticas, primorosas, casi
únicas por su valor artístico é histórico, dignamente
expuestas en un mueble de estilo árabe, por sus actuales dueños los marqueses de Viana.
En la sala XXIII hay varias colecciones del marqués de Cubas, que admiran el simple curioso, el
arqueólogo y el artista; ricos ornamentos eclesiásticos y un rico órgano de concha, pertenecientes al
duque de Sexto; diversos vasos de Talavera, presentados por el conde de Superunda, y otros objetos de
gran mérito expuestos por los señores marqueses de
Mondéjar, Fernando Alvarez y Manuel Pérez, siendo
de este último el singularísimo clavicordio que ocupa el centro de la estancia y que es uno de los instrumentos más curiosos que ofrece la historia de la
música en el siglo xv11.
El marqués de Monistrol y D. Pedro Bosch han
expuesto en la sala XXIV una serie de magníficos
arcones góticos y del Renacimiento, junto á los cuales figuran otros muebles y diversos objetos de arte
antiguo, pertenecientes á los mismos señores, á doña
Elvira Alvarez, al duque de Sexto, á D. Mariano
R emando, al marqués de Flores Dávila, á D. Luis
Navas y á los condes de San Rafael de Luyanó, de
Superunda y Piorno.
En las salas XXV, XXVI y XXVII se han agrupado las pinturas y grabados de distintas é innumerables
procedencias, formando grandes grupos con toda la
homogeneidad posible para obtener, ya que no un
orden histórico, imposible en su colocación, conjuntos armónicos y que faciliten el estudio.
Tal es, descrita á grandes rasgos, la Exposición
en que inapreciables tesoros del arte, de la ciencia y
de la industria de cuatro siglos nos inician en la vida social, política, militar y eclesiástica de las generaciones que nos han legado los fundamentos de la
civi!ización moderna.
J UAN

B.

ENSEÑAT

MANIFESTACIÓN ARTfSTICA
EN EL ATENEO BARCELONÉS

TIPO

3,¡9

1LUsTRACIÓN ARTÍSTICA

Aunque otro mérito no tuviera, que algunos más
tiene, como veremos, nadie negará á la Exposición
que actualmente se celebra en el Ateneo Barcelonés
el de la oportunidad. Es Barcelona, de algún tiempo
á esta parte, centro importante de producción artística y abundan en ella los aficionados á las bellas artes, aunque por desgracia escaseen los mecenas. Las
exposiciones periódicas en locales como el Salón Parés y otros han contribuido poderosamente á mantener viva y á fomentar esa afición, permitiendo seguir
los progresos de nuestros artistas y dando á conocer
á la generalidad del público las nuevas tendencias
los procedimientos modernos; es decir, estimuland~
á aquéllos y educando el gusto artístico de éste.
Tal movimiento, interesante cuando menos como
HEBREO, dibujo de J osé M. Marqués (Album Artistico) síntoma que permite esperar un próximo renacimien-

to, debía por fuerza reflejarse en un centro que, como el Ateneo Barcelonés, es por su índole y por su
historia compendio de las diversas manifestaciones
de la vida intelectual de nuestra ciudad, y así ha sido, en efecto: reina hoy en aquella sociedad un ambiente por demás propicio á todo cuanto con las bellas artes se relaciona, y de ello fueron elocuente prueba el entusiasmo con que ha poco se acogieron las
notables conferencias del ilustre maestro Pedrell y
del genial pintor escenógrafo Soler y Rovirosa, y el
deseo unánime de los ateneístas de que no se detuviera aquí el impulso con tanto acierto y tan buen
éxito emprendido.
Haciéndose intérprete de estas levantadas aspiraciones, la sección de Bellas Artes concibió la idea de
organizar una manifestación artística, y apenas sometido el pensamiento á la consideración de la Junta
directiva, ésta lo prohijó con verdadero carJño, y acto seguido nombróse la Comisión ejecutiva que en
breve tiempo cumplió á entera satisfacción su cometido, logrando ver reunidas hasta 121 obras de Arquitectura, Escultura, Pintura, Grabado, Litografía,
Fotografía é Industrias Artísticas, pertenecientes á 50
expositores.
Tal es la historia de la Manifestación Artística que
en estos días celebra el Ateneo Barcelonés. Un incidente desagradable ha ocurrido en los últimos momentos del período de organización, y aunque no hemos de ahondar en él, séanos permitido lamentar
ciertas intransigencias poco en armonía con lo que
el elevado concepto del arte exige ó por lo menos
recomienda, y de las cuales han sido víctimas uno de
los pintores cuyo nombre ocupa de antiguo brillantes
páginas en nuestros anales artísticos y uno de los jóvenes que con más bríos y fortuna han luchado en
pro de los modernos ideales en materia de pintura.
Antes de entrar en el examen detallado de la Exposición, juzgamos necesario salir al paso de los que

FASCINACIÓN,

escutura de Campeny (Album Artlstico)

puedan calificarla de deficiente en cantidad y calidad:
quizás no falte quien opine que son pocas en número las obras expuestas, ni quien note la ausencia de
obras de alto vuelo. Estas observaciones, que acaso
estarían muy en su lugar en otra clase de certámenes, huelgan por completo tratándose de la manifestación artística que nos ocupa.
La primera de las bases á tenor de las cuales la
Exposición se ha organizado, disponía que sólo pudieran ser expositores los socios del Ateneo; la octava limitaba á cuatro el nümero de obras de cada expositor en una misma sección, y la undécima excluía
del certamen todas las obras que hubiesen sido expuestas anteriormente en esta capital. Estas circunstancias, unidas á las dimensiones relativamente reducidas de los locales en donde la Exposición debía
celebrarse, explican perfectamente lo que algunos,
ignorando estos antecedentes, pudieran calificar de
deficiencia en cantidad.
En cuanto á la falta de obras de alto vuelo, la
explicación que de ella debe darse no es menos lógica y resulta en el fondo altamente dolorosa. Dejemos á un lado qué es lo que, por obra de alto vuelo,
debe entenderse; prescindamos de toda consideración acerca de si este calificativo puede justificarse
en todos los .casos en que ha sido aplicado, y si por
el contrario son dignas de él obras que no lo han obtenido, y convengamos en que realmente no hay en
la Manifestación Artística del Ateneo lo que ha dado
en llamarse obras de grandes alientos.
Sentado el hecho, que no es un fenómeno aislado,
sino que desde hace tiempo viene reproduciéndose
en cuantas Exposiciones con carácter de regionales
ó nacionales se organizan en España, fácil nos ha de
ser dar con la explicación del mismo.
Raros, rarísimos son en el mundo del arte los casos en que los artistas por espontáneo impulso ejecutan algunas de esas obras, y estos casos sueltos coinciden casi siempre con la posesión de fortunas pingües, como las de Roll, Rochegrosse y otros, que

�350

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

obras de grandes
alientos, después de
haber llevado en penosa peregrinación sus
telas de Ceca en Meca
y de haber apelado á
mil solicitudes y recomendaciones humillantes tendrán que
cederlas - íbamos á
decir abandonarlas por un puñado de pesetas con que ni siquiera se indemnizarán en muchos casos
de los desembolsos
hechos para su ejecución.
En cuanto á los encargos particulares,

ANTIGUO MOLINO,

cuadro de T. Moragas (Exposici6n)

permiten á sus poseedores prescindir de consideraciones que no por ser hijas de necesidades materiales dejan de imponerse con toda su pesadumbre á
los que á la vida intelectual se consagran y en ella
encuentran su sustento. Cierto que no sólo de pan
vive el hombre, pero cierto también que aún no se
ha hallado medio de que sin pan subsista; y al que
del producto de su paleta ó de su cincel vive no se
le puede exigir que consagre algunos años de estudio
y de trabajo á una obra de alto vuelo si no se le da
de antemano la seguridad de que sus trabajos y sus
estudios serán debidamente remunerados.
Casi todos los grandes lienzos que en las Exposiciones extranjeras se han admirado han sido pintados por encargo de centros oficiales ó de particulares, y en los Salones actualmente abiertos en París,
Puvis de Chavannes y Munkaczy han podido producir sensación con sus Homenaje de Víctor .fiugo á
París y Fundación de la nacionalidad húngara, merced á la munificencia del Municipio de la capital de
Francia y del Parlamento de Hungría que tales cuadros les encomendaron.
Léanse los periódicos extranjeros que de bellas
artes se ocupan y asombra el número de concursos
que de continuo se anuncian para decorar grandiosos
edificios públicos ó erigir suntuosos monumentos y
la multitud de trabajos importantes que ilustres pintores, escultores y arquitectos ejecutan por encargo
de los gobiernos, corporaciones y particulares.
¿Y aquí en España? Aquí acontece todo lo contrario: los que envían á las Exposiciones que con carácter oficial se celebran en Madrid cada dos años, pueden aspirar á lo sumo á unos premios mezquinos que
el Ministerio de Fomento concede y que cuesta mil
afanes poder hacer efectivos, y los que prescindiendo
de certámenes oficiales pinten alguna vez una de esas

EL PR fNCIPE TZERTELEFF,

apunte de J. L. Pellicer (Album Artístico)

NÚMERO

596

En la de escultura tiene Campeny una Maja, busto finamente modelado en mármol, L' hirondelle, esbelta figurita de boulevardiere, un caprichoso boceto,
y El preferido, escultura bien sentida y correcta de
líneas. De Montserrat es una estatua en yeso, Primer
intento, verdadera joya por su corrección, vida y naturalidad. González Pellicer expone un Relieve modelado en cera, en el que las numerosas figuras están
hábilmente trazadas y distribuídas y los términos
perfectamente dispuestos, y un Proyectq para repujar
en hierro, de elegante carácter decorativo.
De los cuatro cuadros de Amell Jordá llama la
atención El desayuno, bien concebido y ejecutado
con acertados efectos de luz; Preparativos de fiesta
tiene algunos detalles recomendables: los otros dos,
de composición más laboriosa, resultan inferiores á
éstos.
Sol de invierno y Tarde de agosto en los Pirineos
son dignos de la fama de su autor, Dionisia Baixeras:
las figuras del primero son de encantadora naturalidad y el aire tiene la transparencia de un día despejado de la estación fría; en el' segundo se siente la sofocante pesadez de la atmósfera, presagio de próxima
tormenta que confirman el cielo cubierto de densas
nubes y el hato remolinado buscando refugio bajo
unos peñascos. En el palco y Cabeza de estudio, de
Bernadet, el dibujo es superior al color. Bertrán expone un buen Retrato, dos elegantes Bocetos de pinturas
decorativas y En la playa, apunte recomendable.
Cloe, de Brull, es un buen estudio de desnudo con
un bien entendido contraste de colores; R osario, del
mismo autor, es un busto gracioso y expresivo; en
Triste historia las cabezas están bien estudiadas; A
la votre se recomienda por la expresión.
Cantallops expone una figura discretamente pintada. Estudio, de Buenaventura Casas, tiene algunos
fragmentos recomendables. E xpectación, Estudio y Al

mejor es
no hablar
de ello,
pues salvo
honrosas
pero muy
n
contadas
excepciolr__,___'Gl'1
nes, los que
podrían
ejercer de
Mecenas
resultan,
\
aun tratán.. •r:· · -- _r,-,,,
dose de la
adquisición 1!:STUDIO, de R.
de obras de
Martí y Alsina
arte, co(Album Artistico)
merciantes
de pequeñas miras.
¿Es así como el arte
puede producir esas creaciones que causan asombro? ¿Cabe en estas condiciones exigir al artista obras
de alto vuelo? Hágase atmósfera; promuévaose frecuentes certámenes y concursos importantes, despojándolos de los vicios y
corruptelas que suelen ser
entre nosotros su natural
acompañamiento; concédanse premios valiosos que
LABORE~ DE INVIERNO, cuadro de J. Pin6s (Exposici6n)
adjudique la justicia, no el
favor; estimúlese de veras
á los artistas, y entonces y sólo entonces podrá cen- despertar, de Ramón Casas, son otras tantas figuras
surarse á éstos si en tales certámenes y concursos se pintadas con ese acierto en la observación, segurinota la ausencia de obras de grandes alientos.
dad en la pincelada y 30briedad de efectos que reMientras así no sea, contentémonos con que nues- velan al artista apasionado por el arte y conocedor
tros artistas produzcan bien en los géneros únicos de todos sus recursos: el primero, particularmente,
que en el mercado tienen salida, y admiremos como es un cuadro que más deleita cuanto más se mira.
á héroes á los que por excepción nos permiten de La limosna, de Antonio Coll, es una escena mejor
tarde en tarde admirar algo que se sale de lo vul- observada que sentida y en algunos trozos bien ejegar, de lo corriente, de lo que la falta de estímulo y cutada. Camino presenta cuatro cuadros bien estuprotección ha hecho pasar ya á la categoría de ló- diados y de un colorido muy simpático. Cusí se muesgico.
tra elegante, como siempre, en sus dos figuras, Celos y
Estas consideraciones de carácter general, aplica- Coquetería, dibujadas y pintadas con suma delicadeza.
das al caso particular de la Manifestación Artística
De Garí Torrent son Escuela de náutica y Triste
que nos ocupa, son, á nuestro entender, razones bas- puchero, dos cuadros perfectamente sentidos y comtante poderosas para explicar la ausencia en la Expo- puestos, cuya factura recuerda la de otro expositor, y
sición del Ateneo Barcelonés de esas obras antes re- lo consignamos así en sentido laudatorio, que imitar
feridas que algunos piden siempre que de certámenes lo bueno no es defecto. Anyoransa, de Gay, es una
se trata, que muchos admiran cuando por raro caso nota de sentimiento y de color que impresiona gratase presentan, pero que muy pocos encargan y nadie mente; hay expresión en el rostro y en la actitud de
compra en lo que valen cuando algún artista ha teni- la figura y las telas están pintadas con habilidad: el
do valor bastante para acometerlas por impulso propio efecto sería completo si la cabeza no resultara un tany para ejecutarlas sin ajeno auxilio.
to desproporcionada. Graner, el de los atrevidos efecHechas estas observaciones, que no creemos muy tos de luz, el que ha sabido convertir en materia arfuera de lugar, examinaremos ligeramente y por el or- tística tipos y escenas de todo punto reñidos con la
den del catálogo las obras expuestas.
estética, expone El 1.º de mayo de 1893, Guitarrista,
En la sección de arquitectura no hay sino un ante- Fumador y Cabeza de estudio, hechos con valentía y
proyecto de desembarcadero del Sr. Buigas Monra- profundo estudio del natural, aunque algo confuso el
bá, digno por su grandiosidad del monumento á Co- tercero y convencional de color el cuarto.
lón, del propio autor, al que debía servir de compleTiene expuestos LaLarta tlos cuadros al óleo, Al
mento.
amanecer, escena de playa bien apuntada, y Plaza de

!

t

--

NúMERO

LA l LUSTRACIÓN

596

Centellas, con mucha luz, vida y animación: son del y poesía: el primero, sobre todo, tiene unas figuras inmismo un bonito estudio al pastel y una acuarela, mejorables envueltas en un~ ~tmósfera y _una luz de
Lo nunci, de asunto y tonos simpáticos. Un cuadro efecto sorprendente. Buen vw;c y La po!lrta, de Plade Lapeira produciría mejor efecto si~ la carreta y nella Rodríguez, aunque no carecen, especi~lmente el
los bueyes, de dibujo y colorido descmdados. Larra- primero, de algún trozo reco~endab!e, estan por dega ha impreso en sus dos Apunte~ de Badalona la bajo de otras obras que del mismo pmtor hemos adluz brillante de nuestra costa levantma. Lorenzale se mirado.
Incógnita é Inocencia, de Román Riber_a, son_ dos
presenta elegante y minucioso con sus dos escenas de
primores de incomparable helleza; son !ª vida m1sm_a
Carnaval.
Marqués expone Cabeza de estudio, bien concebida infiltrada en el lienzo con una elegancia y un domiy ejecutada con soltura; Lago Re111olá, de bonito efec- nio de la línea y del color superiores á todo encomio.
to, y Yo no pongo morir, en el que destacan el cura Riquer, en pleno misticism~ en La Anunciación y
y algunos accesorios y para el cual quizá hubiera po· Aurora, cuadros de entonac1ón•suave, nos recuerda
dido encontrarse, dentro de la misma dolora de Cam- su antiguo modo de ser en Gacetilla de la Moda Elepoamor, otro título más en armonía con la situación gante, de correcto dibujo y fino color, y en Tentación.
de las figuras. De Ricardo Martí hay Flores al aire Rusiñol expone dos cuadros bañados en luz esplénlibre, lienzo de grandes dimensiones con profusión dida, en los que se sienten las vibraciones de los rade flores artísticamente amontonadas y pintadas con yos solares de un mediodía estival: Pont, sobre 'l fo:
la maestría que en este género caracteriza á su autor; so es de un efecto admirable, y contemplandolo casi
un buen Retrato, espejo decorativo y un Al111ohadón, se siente la asfixia del calor; Molins de vent, más abocompuesto con exquisita elegancia y primorosamen- cetado que el anterior, es también bellísimo. . .
Plegaria y Vendedora de flores, de Ta~bun_m, llate ejecutado. Más y Fontdevila ha expuesto un pastel,
Flora, trazado con vigor y seguridad y con una ento· man la atención, la primera por su expresión vigorosa
nación suave y armónica, así en la figura, como en las y eminentemente dramática, la segunda por su_ frescuflores que la rodean, como en el fondo sobre que una ra y delicadeza: en ambas se ve la concepc1ó~. del
y otras destacan. Meifrén tiene: La Marne, cuadro poeta y la ejecución del ~rtista de talento. '.fe1X1dor
lleno de poesía; En la playa, grandioso en sus pe- y Torres expone una bonita cabeza de estudi?- To)oqueñas dimensiones; San Vicens, detalle bien obser- sa tiene un poético paisaje, Cercanías de Vtch, pmvado y apuntado del pueblo de este nombre, y el Pont tado con facilidad y embelesante armonía de colo~es:
Saint Miclzel, de graciosa y elegante factura: los cua- suyos son también un gran grupo de flores m~y bien
tro son hermosos por su luz y color. Los tres grupos ejecutadas y un Estudio apuntado con naturalidad.
Calma y Ocaso, de Urgell, anuncian desde luego
de vacas, de Mestre, están bien estudiados. Mirabent
justifica una vez más en sus cuatro lienzos la fama al maestro que no tiene rival en la pintura de esos
de que goza como pintor de flores y frutas, género paisajes impregnados de melancolía que parecen conen que pocos le igualan. Paisaje y llfolt"no antiguo se vidar á la meditación y al reposo: son dos obras protitulan dos bellos cuadros al óleo de Moragas, poéti- fundamente sentidas y admirablemente pintadas. Un
co y de tonos muy acertados
el primero y detallado con rara
habilidad el segundo: merecen
también elogio los estudios de
acuarelas del propio autor.
Los tres trabajos de Nicolau
y Bartomeu están discretamente pintados.
A111or ó miseria (aguada), de
Pellicer, interesa por el asunto
y cautiva por la manera como
el artista ha sabido tratarlo,
desarrollando el tema sobre un
fondo grandioso y dando á todo
el cuadro un tinte triste, mas
no por eso menos luminoso,
que armoniza admirablemente
con el trágico episodio representado. Pinós y Comes expone un busto al pastel pintado
LA CARHTA. - OLOT, dibujo de J. Pin6s (Album Artístico)
con cariño. Labores de invierno,
A través del pla de Llachs y La
porta del barri son las obras presentadas por uno de día de niebla y En el Parque, de U trillo, son bonitas
nuestros primeros ruralistas, Pinós y Palá; en los tres, notas bien observadas y ejecutadas con soltura.
el campo y sus gentes aparecen con toda su belleza
En la sección de dibujo, han presentado: Avila un
interesante
dibujo anatómico y un retrato. Paseó
los originales
del Calendario decorati ·
vo publicado
por la casa
Henrich y
C.ª, en los
que se admi'
ra un gusto
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exquisito, un
lápiz fácil y
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un conoci-r:
miento per,
fecto de la
técnica orna,
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~\mental; Pellicer dos dibujos, Entierro
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de un ciego y
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High Lije,
hechos con
ese dominio
del natural,
de la línea y
del clarobs~
curo que tan
justa celebridad le han
valido, y varios Croquis
de la Guerra

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de A. Más y Fontdevila (Album Artistico)

de Oriente, trazados con una sobriedad y un vigor
que sólo poseen los verdaderos artistas; y Robert y
Surís un Mendigo discretamente apuntado.
En la sección de grabado
expone Nicolau Bartomeu el
Sepz,lcro de D. Fernando Díez,
Abad de San Martín ( Burgos) y una Vista exterior J' detalle del Arco de Santa María de la propia ciudad, ambos
bien ejecutados.
En la sección de fotografía
hay cuatro pruebas ampliadas
de Egozcue del Pozo, de tal
carácter artístico que pudieran
tomarse por reproducciones de
buenos cuadros, y Napoleón
una colección de hermosas
pruebas inalterables al platino,
casi todas retratos de nuestros
primeros pintores, y todas dignas de calificarse de verdaderas
obras de arte.
Tales son á grandes rasgos descritas las obras que
figuran en la Exposición del Ateneo Barcelonés, 9ue
examinada en conjunto ofrece como carácter saltente un sello de independencia en nuestros artistas,
atentos todos y cada uno en tesis general á cumplir
los fines del arte produciendo la emoción estética
con espíritu propio sin preocuparse del procedimiento de los demás.

Digno complemento de la Manifestación Artística
es el Album ilustrado que contiene interesantes trabajos, algunos reproducciones de obras expuestas, de
Buigas, Campeny, Martí y Al_sina, Serr~ y Po_rsons,
Ribera Moragas, Soler y Rov1rosa, Pelhcer, Pmós y
Palá, Cusí, Labarta, Marqués, Felíu, Más y Fontdevila, Garí, Martí y Aguiló, Taml:&gt;urini, Rique:, Bertrán Clausolles, González y Pellicer, -Paseó, Ba1xeras,
Pinós y Comes, Gay, Audouard, Nicolau, Casas, Utrillo y Bernadet, algunos de los cuales reproducimos
en este número.
Los ejemplares del Album Artístico se expend~n
á 5 pesetas los en rústica y á 25 los encuadernados: los primeros contienen un número y los segundos cinco con opción al regalo de 1.000 pesetas ofrecido por el Ateneo para la adquisición de una ó varias obras expuestas y á otros premios equivalentes á
la mitad del producto íntegro de la venta de los á1bums que el Ateneo cede para la adquisición de una
ó varias obras en las mismas condiciones del premio
anterior.
No terminaremos este artículo sin felicitar á la
Junta directiva del Ateneo y á su presidente señor
Yxart por la iniciativa que han tomado en la Manifestación Artística y á la comisión organizadora que
la ha llevado á cabo, haciendo votos por que el ejemplo sea imitado en años sucesivos, con lo que ganará
en importancia aquella corporación y reportarán ventaja los artistas y los aficionados. - A.

�ESTUDIO,

de R. Martí.y Alsina (Album Artístico)

SOL DE INVIERNO,

cuadro de Dionisio Baixeras (Exposición)

PORTAL DE CENTELLAS,

PLRGARIA,

AFICIONADA,

dibujo de R. Ribera (Album Artístico)

cuadro de J. M. Tamburini (Exposición)

EN BÉLGICA,
EL TESTAMENTO DE UN BRUJO,

cuadro de L. Labarta (Album Artístico)

decoración de F. Soler y Rovirosa (Album Artístico)

LA JOTA,

ATENEO BARCELONÉS.•MANIFESTACIÓN ARTfSTICA.-1893

cuadro de J. M. Marqués (Album Artístico)

COQUETERÍA,

cuadro de M. Cusi (Exposición)

acuarela de T. Moragas (Exposición)

,

ATENEO BARCELONÉS. -MANIFESTACIÓN ARTÍSTICA. -1893

�LA

354

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO

596
N ú MERO

NUESTROS GRABADOS

Al Pardo est atua en barro
cocido de J osé Alcoverro (Ex·
posición internacional de Bellas Artes
de I 892). - Pocos atractivos ofrecen los
alrededores de la coronada villa; sólo
cambian su árida y monótona uniformi•
dad los sitios reales que, como la Casa
de Campo y el Pardo, distfnguense en
medio de aquellas extensas llanuras, co·
mo los oasis en los desiertos africanos.
Allí ha de hallar el artista las galas de
la Naturaleza, arboledas frondosas y
amenos prados. Al Pa rdo, pues, enea·
minase el paisajista que ha modelado
Alcoverro, _pr~visto de su caja de colo·
res y del md1spensable quitasol. Allí
hallará asunto para pintar un bonito
paisaje.
Nuestros lectores conocen ya algunas
de las obras más discretas de este &lt;lis•
tinguido escultor, algunas de las cua•
les coronan monumentos ó embellecen
e?jficios públicos. La que reproducimor,
ªJustase al concepto moderno y es digna de aplauso por su verdad y fácil mo•
delado.

"·

'•····

Dánae, cuadro de J . D. Bat t en. -Atemorizado Acrisio, rey de Ar•
g_o~, ~or un oráculo que le predijo mo·
n.~1a a manos de su nieto, encerró á su
h1Ja Dánae en una torre para evitar
que hasta ell~ llegara hombre alguno;
mas no le valif ~u precaución, y de los
amores de J up1ter con aquélla nació
Perseo, quien fué encerrado con su ma•
?re en un cofre que Acrisio mandó arro•
Jar_ al mar y q~e las olas depositaron en
la isla de ~enfa, donde madre é hijo
fueron acogidos por el rey Dictia. Tal
es la. leyen?a ~itológica, uno de cuyos
pasa¡es ha mspuado el hermoso lienzo
que reproducimos y que llamó podero•
samente la atención en la New Gallery
de Londres, donde ha· estado reciente•
mente expuesto.

El r,ey Aleja ndro de Servia.

-El d1:1 13 del próximo pasado abril y
:11 t_ermm~r un banquete al cual había
mv1tado a los regentes y á los minis·
tros, el rey Alejandro de Servia decla·
ró á unos y otros que su misión habla
terminado, puesto que desde aquel roo•
momento se declaraba mayor de edad. Dirigióse luego á los
cuarteles, acompañado de los nuevos ministros, siendo aclama·
do p~r el pueblo y _el ejército. Este golpe de Estado, realizado
con singular audacia por un joven de diez y siete años, demues•
tr_a una sa~gre fría 1,oco com{m en un adolescente y ha sido muy
bien acogido por la opinión pública de aquel país, cuya Cáma•
ra no tardará en sancionar el acto llevado a cabo por su mo•
narca.

La _carto~ánt ica, cuadro de Simón Gómez.:f'.ué Simón ~omez un artista dotado de condiciones especialí·
simas,Y que Justam7n_te le distinguieron entre sus compañeros,
colocandole en envidiable lugar al renacer en nuestra ciudad el
calor_artfslico cuyos resultados todos actualmente encarecemos.
De pmcelada robusta, en su pintura, demostraba con ésta que
sus maestros_ fueron los buenos pintores de la Escuela española,
Y pu~de dec1r~e que Gómez representa su influencia hasta nues•
tro~ tiempos, 1_nfluencia que á continuar viviendo el malogrado
arll~ta se hub1_ese manifestado atenuada por la evolución que
la p1~tura realiza en su,s condiciones externas. E l cuadro que
pub_h~mos resume todas las cualidades y aficiones de su autor:
dec1S1Ón en las masas, modelado robusto, dibujo ajustado y bri·
llantez de color dentro de la tonalidad que le era peculiar y que
podernos llamar castellana.
La exposi&lt;;ión de un cuadro en el Salón Parés que en mucho
recuerda al que publicamos presta mayor interés á esa obra del
que fué un artista bajo todos conceptos.
......., ............. , ......, .... ,.• , ••.•.•••, ••••••, •••••• , .... ,., •••••., ......... , ••••••1••·••.J'••'••''"''•''"''•''•'''·''•''••

M I S C EANEA

Teatros . - En el Constanzi de Roma se ha cantado con
é~ito e~t~aordinario la ópera Falstaff:.á la primera representa•
c1ón asistieron los reyes de Italia y todos los pr!ncipes ele la ca•
sa de Sa_boya qu~ se encontraban en aquella capital. El triunfo
de_Verd1 en l_a Cmdad Eterna ha sido completo, habiendo sido
objeto el anciano maestro de grandes distinciones por parte del
rey Humberto y del cabildo de San Pedro del Vaticano.
- En e_l teatro Real de la Opera, de Berlín, se ha celebrado
~ma función en honor de Rubinslein, con asistencia de é,te
ilust~e compositor y pianista, poniéndose en escena una ópera
cómica en un acto, titulada Entre bandidos, y el baile El pámpano! presentado con gran lujo y magnificencia. Ambas pro•
ducc1ones fueron muy aplaudidas.
- En el próximo invierno se representará en el teatro de la
Corte, de Munich, el Falstaff, de Verdi.
París. - En la•Opera Cómica se ha cantado con aplauso ús
pescadores de perlas, de Bizet. Se han estrenado con buen éxito:
en el Vaudeville, Malgré tout, delicado drama en un acto, de
Alfredo Bonsergent; Ce qtt' 011 doit taire, otro interesante drama en un ac_to de M. Arlus, y Anicroche, comedia en un acto,
de M. Souhé; en el Palais Royal, Sous prefet de Chateatt•
Buzard, vnudeville en tres actos, de León Gandillot, en el
que abundan las situaciones cómicas y los quid pro quo propios
del género; en el teatro Libre, un vaudeville en dos actos, Boit•
bottroche, &lt;le Jorge Courteline; en la Comedia Francesa, Reine
Juana, drama en cinco actos y en verso, de M. Parodi, en el
cual la verdad histórica está á la misma altura en que por re•
gla general la encontramos cuando los novelistas ó dramatur•
gos franceses tratan algún asunto de la historia de España. En
la Opera se ha estrenado La Walkiria, de Wagner, que ha ob-

1!.L REY ALEJANDRO DE Sl!.RV IA

tenido un éxito grandioso: los cantantes, la orquesta, la 111ise
en scéne, todos y todo ha estado á la altura de la obra colosal

del incomparable maestro de Baireuth, haciendo las delicias
del público parisiense, que ha aplaudido la ópera con verdadero
entusiasmo.
Londres. - En Drury Lane se ha reproducido la ópera de
Bach, /rmmgarda; en el teatro Terry, la Sociedad del Teatro
Independiente ha representado una tragedia de autor anóni·
mo, titulada Alan' s Wife, que es un conjunto de escenas ho•
rrorosas y de personajes repulsivos que un critico londinense
sintetiza diciendo que en ella no hay ideas y que es sólo un ra·
so de horror físico, ele demencia, ne asesinato y de innoble
muerte. En Coven Garden se han cantado úhengrin y Cava·
lleria rustz~·ana, habiendo sido muy aplaudidas en la primera
Mme. Melba y en la segunda Mme. Calvé y· en ambas nuestro
paisano el tenor Viñas y el maestro Mancinelli. En el Savoy se
ha estrenado Jane Annie, graciosa oprereta de Barrie y Doyle,
con agradable música de Ford, y en la Comedy The great Un•
paid, arreglo al inglés de la graciosa comedia de Brisson, La
famille Pont•Biquet. Próximamente debutaran en el Lyric la
célebre actriz Leonor Duse con La da111a de las ca111elias, y
en Drury Lane la compañía rle la Comedia francesa.
Madrid. - En el Pr!ncipe Alfonso se han cantado Ltterecia
Borgia y La Africana, habiendo sido muy aplaudidos en el
desempeño de la primera las señoras Laborda y Marzoni y los
Sres. Lanfreci y Riera, y en el de la segunda las señoras La·
borda y Ruanova y los Sres. Angioletti, Mestres y Riera, y en
ambas el maestro Goula: para el beneficio de éste se puso en
escena ús Hugonotes, que valieron una ovación al maestro y
muchos aplausos á las señoras Laborda, Ruanova y Blasco y á
los Sres. Angioletti, Lahán, Riera y Verdaguer, artistas espa•
ñoles todos, á la orquesta y á los coros. La comedia musical
en tres actos del maestro Giró, El sombrero de tres picos, eslre•
nada en el propio teatro, ha tenido poco éxito. En la Comedia
sigue cosechando grandes aplausos la compañia de opereta ita·
liana que dirige el Sr. Tani. En Apolo se ha estrenado con mu•
cho éxito una graciosa zarzuela en. un acto, de D. Miguel Eche•
garay, con bellfsima música del maestro Fernández Caballero,
titulada El dilo de la Africana.
Barcelo11a. - La Sociedad de Conciertos de Madrid, dirigida
por el ilustre compositor y director D. Tomas Bretón, ha con·
seguido en el teatro de Novedades ten el Tívoli una serie de
brillantísimos triunfos; las ovaciones se han contado, no ya por
conciertos, sino por piezas, al final de cada una de las cuales
estallaban verdaderas tempestades de aplausos. E l éxito esta
,·ez ha sido tan colosal como lo fué en el otoño de "1891, y no
poclia ser otra cosa dados el exquisito acierto que ha presidido
en la formación de los programas, la maestría con que dirige el
ilustre autor de Los amantes de Teruel y Garin, y la admirable
ejecución de la Sociedad de Conciertos, cuyos profesores me·
recen todos en conjunto y cada uno en particular el dictado de
consumados concertistas. La excelente compañía á cuyo frente
se encuentran los Sres. Rosell y Ruiz de Arana y la señora
Valverde, después de haber hecho las delicias del p{1blico en el
P rincipal se ha trasladado al Lírico; las más escogidas obras
de nuevo repertorio obtienen por parle de esta compañía una
ejecución acabada. En el Eldorado ha tenido un éxito comple·
to la original artista miss Fuller, cuya danza serpentina resulta
un espectáculo nuevr., elegante y de efecto sorprendente. En el
Lirico ha dado cuatro funciones la eminente actriz Sarah Ber·
nhardt, que ha sido en todas ellas calurosa y entusiastamente
aplaudida.

596

355

L A I LUST RAC IÓN ÁRT ÍSTICA

Bellas Artes. - En el salón Schul·
te, de Berlín, se celebra actualmente
una pequeña exposición de carácter in·
ternacional en la que figuran bellísimos
lienzos de Knaus ( Gitanos en el bosque),
Vautier ( El primer vioje de estudio),
Durr, IIang, Canal, Lofftz, Meyer, Oe•
der, Janssen (interior de un café chan·
tant), Koekkoek, Verboeckhoven,
Mauve, Blommers, llfac Ewen y mu•
chos de pintores italianos y españoles,
entre ellos Marchelti, llfadrazo fy Pra•
dilla, quien tiene allí - al decir de un
periódico alemán de donde tomamos la
noticia - tres cuadros, dos de ellos (un
Carnaval üaliauo y un llfercado italia·
110) de una riqueza de colores sorpren•
dente, y el tercero, que es superior á
•.:·-..
los anteriores por su exquisita finura,
representa un jardín con encantadoras
figuras de dos señoras y dos niños. Com·
pletan la exposición dos notables colee•
ciones de obras de Ancarcrona, llenas
de luz, y de Modersohn, que pinta con
preferencia la luz crepuscular.
- El último boletín del Museo Sile·
sio de Artes plásticas, de Breslau, se•
ñala como nuevas adquisiciones hechas
para el mismo un vaciado en yeso de
una esfinge de Behren, el modelo del
busto de Iloffmann de Tallersleben del
monumento erigido en Heligoland, obra
de Schaper, y los cuadros Descanso en
la huida, de Prell; Laguuas de Venecia,
de Schonleber; Paisaje, de Olbricht, y
Aba11do11ada, &lt;le Vautier. Además se
ha enriquecido con varios regalos de
cuadros de Schonleber, Scholz, Hey•
den y Hamacher y multitud de graba·
dos y fotografías comprados.
- El Museo municipal de Dusseldorf
ha adquirido recientemente dos cua.
dros, D1111as de Holanda, de Petersen·
Angeln, y Paisaje de Eslollia, de Boch•
mann. Para el de Koenigsberg se ha
comprado un retrato del príncipe Bis•
marck, obra de Lehnbach, y para el de
Danzig, la Apoteosis del emperador Fe•
derico, de Werner Schuch.
- La comisión encargada del embe•
llecimiento del interior de la Casa Con·
sislorial de Berl!n ha acordado colocar
cuatro figuras de mármol alegóricas
del Comercio, de la Agricultura, de la
Pesca y de la Navegación en otros tantos
nichos del vestíbulo de honor. Además
ha abierto un concurso para la ejecución
de la estatua del barón de Stein que se colocará en un nicho
del corredor.
- La Royal Academy de Londres ha inaugurado la expo•
sición de primavera que, según parece, resulta inferior á la de
los años anteriores. La nota característica en ella es la sensa·
ción, el efectismo, y en este defecto han incurrido artistas ele
tanta nota como Brilon Riviere, Dicksee, Collier, Hacker, Ge·
rome, Nettleship, Chrislie y el mismo presidente de la Acade·
mia, el famoso Leighton. En los paisajes no se nota, por lo ge•
neral, originalidad alguna; mereciendo, sin embargo, elogios
los de Leader, \\'aterlow, Stokes, Thomson y Leas. Entre los
retratos presentados sobresalen los pintados por Stanhop Forbes
y Sargent
- La administración de Bellas Arles, de Dresde, ha adquirí•
do el pastel de Uhde, Cami1w de Emaus. Por encargo de un
particular ha pintado el propio artista El establo de Belén, de
género análogo al anterior.
- Se ha inaugurado en Berlfn la Exposición de Bellas Artes
de la Academia, que contiene 2. 500 obras y cuya impresión gene•
ral es mucho mejor que la que producía la del año pasado. En
ella figuran como grupos in~ependient~~ los secesionistas de
Munich y Dusselelorf y los artistas de\\ e1mar. Además hay en
ella pequeñas exposiciones particulares de algunos pintores.
Necrología. - Han fallecido recientemente:
Luis Giordani, cardenal y arzobispo de Carrara.
Doctor Roberto Hartmann, profesor extraordinario y primer
prosector de Anatomía en la Universidad de Berlín, uno de los
más sabios antropólogos y etnógrafos contemporáneos, autor
de muchas é importantísimas obras cientfficas.
F rancisco Kels, notable pintor paisajista de la escuela de
Dusseldorf.
Juan Addington Symonds, poeta é historiador inglés, autor de
una notable obra en siete tomos sobre el Renacimiento en Italia.
Luis Sepiacci, cardenal, ex catedrático de la Sapieuza. indivi·
duo de las congregaciones de Regulares, de Ritos, de Al;untos
eclesiásticos y ex consultor de la Santa I nquisición romana y
universal.
Dr. Juan Kundrat, catedrático de Anato~fa patológica de
la Universidad de Viena y profesor del Hospital general.
Carlos de Mazade, publicista, político é historiador, uno de
los más elegantes prosistas franceses, colaborador asiduo de la
Revue des deux 111011des, autor de varias obras históricas y ero·
nológicas, individuo de la Academia ele Ciencias.
Eduardo Schmidt Weissenfels, historiador, literato, novelis•
la y poeta alemán.
Beliczay, compositor húngaro y profesor de la Academia de
Budapest.
Bensly, profesor de la Universidad de Cambridge y uno de
los descubridores y descifradores de los nuevos manuscritos si•
rios del Evangelio.
Adolfo Kiessling, profesor de Filología clásica en la Escuela
superior de Estrassburgo, muy conocido en Alemania por sus
traducciones de Horacio y Aristóteles.
Julián I wanowitch Ssimachka, célebre naturalista ruso y au·
tor de una famosa Fauna rusa.
Juan Schnitzler, catedrático de la faculla&lt;l de Medicina de
Viena, director ele la Policlínica general, redactor en jefe de la
«Revista cHnica internacional.»
Pablo Schobelt, notable pinlor de historia y retratista ale·
m:ín, profesor de la Esouela de Artes é Industrias Artísticas
de Breslau.

Arjuzanx, apoya~do ambas manos en el antepecho del palco, se precipitó de un salto á la ¡.,laza

ANIE
NO VE LA POR HÉCTOR l\IALOT. - ILUSTRA C IONES DE EM I LIO BAYARD
(CONTINUACIÓN)

Si~t~ hizo algo más que saludar; cuando llegó frente de ellos dejó escapar un
mov1m1ento en que se demostraba que acababa de reconocer solamente Barincq, y en seguida, separándose de su compañero, se adelantó, sombrero en mano, it1clinando la cabeza ante la señora de Barincq y Anie.
- Ya que la casualidad, dijo, ha hecho que nos encontremos en esta playa,
¿me permite usted que le dirija una pregunta que pensaba hacerle por escrito
uno de estos días?
- Estoy por completo la disposición de usted.
, - Pues vea usted de qué se. trata: en el cuarto que ocupaba yo, cuando iba
a pasar algunos días á Ourteau, hay indudablemente algunos objetos míos: dos

a

a

escopetas de caza, libros, fotografías, ropa blanca y trajes. Hace ya mucho tiemque debía yo haber desocupado aquel cuarto, y le ruego que me perdone si no lo
he hecho todavía.
- Esos objetos no nos estorban en manera alguna.
- Mi disculpa está en una orden de servicio; salí de Bayona poco tiempb
después de morir el Sr. de Saint•Christeau y no he vuelto hasta esta semana;
pero ahora que ya estoy de vuelta puedo enviar buscarlos cuando á usted parezca oportuno.
- Nosotros regresaremos el lunes.
- ¿Le parece á usted bien el martes?

a

�LA

•

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

596

- Perfectamente.
\ cilíndricas con sus cubiertas en forma de apagadores. A decir verdad, no es
- Pues bien: el martes enviaré á mi asistente para empaquetarlos.
aquel precisa_mente el castillo de la miseria t~n _admirablemen~e descrit? por
- Si prefiere usted darme la lista de esos objetos, yo puedo hacer que Manuel Teófilo Gaut1er, pero no le falta más 9ue la ~1sena; en cuanto a lo &lt;lemas, usse los envíe.
ted lo reconocera, los Arjuzanx han sido ternblemente conservadores, porque
- La lista es difícil de formar, sobre todo en lo que respecta á los libros, que en nuestra casa es ~uy P?Co lo que se ha cambiado, desde Luis XIII. Después
están mezclados con los de la biblioteca del castillo, y precisamente en esto de verán ustedes también mis vacas. .
.
.
,
los libros es en lo que Manuel tiene menos competencia.
- ¡Ah!, exclamó la señora de Barmcq. ¿Tiene usted también vacas? ¿Cuar:ta
- ¿El asistente de usted si la tiene?
leche producen por término medio?, continuó preguntando la madre de Ame,
El capitán se sonrió.
que á fuerza de oír hablar siempre de leche, de manteca, de huevos, de vacas,
- No mucha.
de cerdos, de pastos, de maíz, de remolacha, creía haber adqui:ido conocimien·
- ¿Entonces?
ros especiales en esas materias.
- Es evidente la posibilidad de equivocarse; pero de todas maneras, para el
El barón, echándose á reir, respondió: .
.
caso de que esto ocurra, estoy seguro de que las equivocaciones serán de poca
- No se trata de vacas para dar leche, smo de vacas para comdas.
.
importancia y las subsanaré devolviendo los tomos que no me pertenezcan.
- En Ourteau, prosiguió la señora de Barincq, nuestras vacas dan por térmi- Un medio habría para impedir esos errores: el de que usted se tomase el no medio mil quinientos litros de leche._
. .
.
trabajo de ir en persona á Ourteau, proporcionándonos á la señora de Barincq y
- Ustedes están en un terreno muy n eo; yo, por el contrario, vivo en una t1eá mí la satisfacción de recibirle cuando usted tenga por conveniente honrar el rra sumamente pobre, en los confines de las Landas, donde la ª:enosa llanura
castillo.
sólo produce brezos y maleza; pero por muy pobres que sean mis vacas, en lo
El capitán vaciló un momento, mirando á la señora de Barincq y á Anie.
que respecta á dar leche, tienen, sin embargo, bastant~s mér_itos; y si ustedes
- Si usted puede avisarme con tiempo la hora de su llegada, dijo Barincq, quieren ir el domingo á Habas, que está á muy poca d1stanc1a de Ourteau, veenviaré un carruaje para que espere á usted en Puyoo.
rán ustedes lo que mis vacas valen.
La insistencia de Barincq verició las dudas del capitán, que contestó:
- ¿Hay corrida?, preguntó Barincq.
.
- El martes, á las tres y cincuenta y cinco, estaré en la estación de Puyoo.
- Sí, y las vacas que han de correrse proced:n de m1 ganadería. ,
Cuando Sixto, después de haber saludado á la señora de Barincq y á Anie, iba
- Seguramente iremos, dijo la señora de Banncq apresurándose a contestar;
á retirarse Barincq le tendió la mano diciéndole al estrechársela:
nunca hemos visto ni mi hija ni yo esas corridas de las Landas; pero tanto he·
- Has~ el martes. .
'
mos oído hablar de ellas á mi marido, que tenemos curiosidad de conocerlas.
El capitán volvió á reunirse con su compañero.
La conversación se prolongó de esta manera, pasando li~eramente _de un
La señora de Barincq tenía por costumbre preguntar á su hija acerca de to- asunto á otro, hasta la hora de comer; y ya el sol estaba próximo á hundirse en
das las cosas y de todas las personas, y no formaba nunca opinión sino con las el mar, recortando la silueta sombría de la_s rocas de la Atalaya, y ya habían
impresiones que de Anie recibía; por eso tan pronto como el capitán se alejó cesado el movimiento, la animación y el rmdo de la playa, cuando el barón se
algunos pasos preguntó á la joven:
decidió á levantar el campo.
.
.
- ¿Qué te ha parecido? Ahora no dirás que no has podido verle.
Apenas el capitán y su compañero se alejaron, la señora de Banncq, aprox1·
- Me ha parecido muy bien.
mando rápidamente su silla á la de su hija, le dijo:
- ¿Verdad que sí?, dijo Barincq.
- ¿Sabes que es un buen marido?
- ¿Y qué es lo que te parece bien en Sixto?, preguntó de nuevo la madre.
- ¿Quién?, preguntó Anie.
- Pues todo: es guapo, parece hombre de talento, tiene voz simpática y bien
- ¿Quién ha de ser sino el barón de Arjuzanx?
timbrada, sus maneras son naturalmente finas y desembarazadas; su fisonomía
- ¡Vaya! Ya vuelves á tu idea fija de casamiento, dijo Barincq.
.
.
parece respirar rectitud y franqueza: no conozco militares; pero siempre que me
- ¡Oh!, continuó Anie, cuánto te agradecería que no ~ensases en m1 ma_tnhe figurado alguno con arreglo á un tipo ideado por mí, no me lo he figurado ni monio; ya no estamos en Montmartre y no tenemos necesidad de ver un ~ando
de otro modo ni mejor que éste.
posible en cualquier hombre que se acerque á nosotras. Déjame que disfrute
- ¿Estás satisfecha?, preguntó Barincq á su esposa. Si querías un retrato ahí tranquila de esta libertad.
le tienes.
- Corriente; pero yo no puedo cerrar los ojos á la evidencia, y lo evidente
- Cualquiera diría que te ha gustado.
aquí es que has causado viva impresión en Arjuzanx. Esa impresi61~ es la _que le
- ¿Por qué no? Confieso que no solamente me es simpático el capitán, sino ha obligado á solicitar de Sixto que le presentase á nosotros; esa 1mpres16~ es
que hasta le compadezco.
la que le ha hecho no dejar de mirarte mientras ha estado aquí; esa imp:es16~,
- La voz de la sangre.
por último, es la que le ha inspirado los cumplimientos, por cierto muy bien di·
- ¿Y por qué no había de hablar esa voz?
chos, que varias veces te ha dirigido.
- Porque sería menester que estuviese inspirada en la certidumbre, y esa cer- De todo eso á pensar en casarse hay mucha distancia.
tidumbre no existe.
- No tanta como te figuras.
- He ahí precisamente lo que hace que la situación sea más interesante.
La señora de Barincq dejó entonces de hablar á su hija, y volviéndose á su
Anie interrumpió ese diálogo diciendo:
marido le preguntó:
-Ahí vuelven, y me parece que traen intención de acercarse á nosotros.
- ¿Qué fortuna tiene el barón?
-¿Qué puede querer todavía?, preguntó la señora de Barincq.
- No lo sé.
Aún estaban distantes algunos pasos, cuando ambos jóvenes se quitaron si- Y ¿su padre?
multáneamente el sombrero, pero solamente el capitán tomó la palabra para
- Estaba bien, pero su fortuna se hallaba algo comprometida por la mala addecir:
ministración.
- Mi amigo el barón de Arjuzanx desea tener la honra de ser presentado á
- ¿Y la familia?..
.
usted.
- De las más respetables; los Arjuzanx pertenecen á la nobleza más antigua
- He creído, dijo el barón, que mi nombre explicaría y aun, hasta cierto del vizcondado de Tursán; un Arjuzanx fué amigo de Enrique IV, otros muchos
punto, excusaría este deseo.
se han distinguido en la corte como en la guerra.
- ¿Usted es hijo de Honorato?, preguntó Barincq.
- Perfectamente. El domingo iremos á la corrida de Habas y allí es seguro
- Justamente, el condiscípulo de usted en el colegio de Pau, donde yo lo he que volveremos á encontrarlo. Y ya que el capitán Sixto ha de ir el martes á
sido de Valentín; mi padre me ha hablado de usted con tanta frecuencia y en Ourteau ie haremos que nos dé noticias de su compañero.
tales términos, que me he creído obligado á presentar á usted mis respetos, lo
mismo que á la señora y á la señorita de Saint-Christeau.
III
La señora de Barincq se apresuró entonces á ofrecer al barón un asiento; el caAunque la señora de Barincq, estando, como ya lo estaba, en posesión de la
pitán llevó entonces sillas, y ambos jóvenes se sentaron formando corro con la
familia Barincq.
fortuna de su cuñado, nada tuviese que temer del capitán, mirábale siempre CO·
La conversación no tardó en animarse; el barón de Arjuzanx habló de su pa• mo un enemigo; le había llamado bastardo y ladrón de la herencia durante tan·
dre, Barincq de sus recuerdos de colegio. Asiduo y constante concurrente á Bia- to tiempo, que ya no le era fácil renunciar á su prevención contra Sixto, por más
rritz el barón conocía á todo el mundo, y á medida que las bañistas desfilaban que esta prevención no tuviese en la actualidad razón de ser ni fundament?;
ante ellos, ya para entrar en el mar, ya para volver á sus casetas, nombrábalas á para la señora de Barincq el capitán Sixto era siempre el ladrón de la herencia
todas, refiriendo las historias que circulaban acerca de cada una: españolas, ru- á quien por espacio de tantos años había temido y del que tantas veces había
sas, inglesas, americanas, de todas las partes del mundo desfilaron por allí; murmurado.
Esto no obstante, cuando llegó el día de la anunciada visita quiso la señora de
y cuando dejaron de pasar, el barón sacó de un cuadernito una verdadera
colección de pruebas fotográficas obtenidas por medio de una máquina ins- Barincq recibirle ella misma, porque el deseo de adquirir noticias relativamente
tantánea, con la cual sacó allí mismo algunos retratos. Si alguno de los modelos al barón de Arjuzanx hizo que considerase á Valentín bajo distinto aspecto Y
daba motivo á la burla, su fotografía, exagerando la realidad, presentaba aspec- produjo en la madre de Anie un cambio que seguramente ni las observaciones
tos más ridículos todavía: había allí españolas cuyas capas de concha en que se de su marido ni las de su hija, que abogaban ambos en favor del capitán, huenvolvían daban á su conjunto gordura extraordinaria, como había también ru· biesen producido; toda vez que Sixto era útil en lugar de ser peligroso, se había
sas, copiadas en el momento mismo en que salían rápidamente de sus sillas de transformado para la señora de Barincq en un hombre distinto.
manos, de una altura y delgadez inverosímiles.
Por esta razón estuvo tan amable para invitarle á comer, repitió la invitación
con tanta insistencia, encontró tan numerosas razones para imposibilitar una ne•
- Ya veo, dijo Anie, que es muy conveniente ser amiga de usted.
gativa, que el capitán acabó por aceptar el convite, que su situación personal
- Algunas personas no necesitan indulgencia.
A este cumplido correspondió con una sonrisa muy amable la señora de Ba- con respecto á la familia Barincq, situación evidentemente delicada, no le perrincq, que estaba sumamente orgullosa del buen éxito obtenido por su hija.
mitía rehusar tenazmente.
En varias ocasiones el capitán demostró deseos de levantarse; pero el barón,
Aunque por su parte el capitán pudo considerar también á los Barincq como
desentendiéndose por completo de estas indicaciones, pareció como si le hubie- ladrones de su herencia, en estricta justicia no tenía motivo alguno de queja raran clavado á la silla; charlando siempre, mirando á Anie, haciendo que le con- zonable ni contra los padres ni contra 1:1 hija; ni ésta ni aquélla habían hecho
vidasen á visitar Ourteau y suplicando por su parte á los Sres. de Saint-Christea1;1 nada para arrebatarle aquella fortuna que durante mucho tiempo le había perteque le dispensasen la honra de ir á ver su castillo, ya muy antiguo, de Seigno: necido; entre la familia Barincq y el capitán no existió lucha; solamente la fata·
con buenos caballos podía hacerse el viaje en una jornada sin gran fatiga.
lidad había intervenido en todo por obra de misteriosas combinaciones á las
- ¿Ha leído usted el Capitán Fracassa, señorita?, preguntó el barón á Anie. cuales nadie había contribuído; el capitán no podía por consiguiente, á fuer de
- Sí; lo he leído.
hombre razonable y honrado, achacará los Barincq la ,responsabilidad en el he·
- Pues bien: en mi casa señorial encontrará usted seguramente varios puntos cho de haber sido los instrumentos del acaso, 10' mismo que no podía acusarlos
de semejanza con la del barón de Sigognac, aunque sólo sea por sus dos torres como cómplices de la muerte. En realidad Barincq era una bellísima persona

NúMERO

596

LA

357

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¿Esa vida debe costar mucho?
que sólo inspiraba simpatías, así como la muchacha e~a. muy graci?sa y más !in·
_ No ¡0 sé; pero seguramente no es tan ruinosa como sost;ner caballos para
da todavía para el capitán, si éste, recorda?do su pos1~16~ de oficial subaltern~ carreras ó jugar; y de todas suertes, _creo que _la for~una de Ar¡uzan~ es más que
sin una peseta, no hubiese procurado dominar l~s sent1m1e~tos de su alm~. As1 suficiente para que pueda él permitirse la sat1sfacc16n de esos caprichos aunque
las cosas, ¿era conveniente encerrarse en un~ act~tud d~ seneda~ que podna ser resulten algo caros y hasta muy caro~; e~to no ser(a una raz?n para detenerle,
tomada como manifestación de encono 6 de mquma? S1xto cons1de~6 esto ~nto porque concede muy poca in:iportanc1a a las cuestiones de dmero.
menos razonable cuanto más cierto era que no sentía con respecto a los Barmcq
La señora de Banncq hubiera hablado de muy buena gan~ del barón durannada de eso; disgustado de que no se hubiese encontrad~ el ~estamento q~e él te toda la comida, procurando enterarse del caract;r de ArJu~anx, d~ sus rela·
conocía, sí lo estuvo y mucho, porq~e no _estaba tan d1vo_rc1a~o de los ~1enes ciones, de su fortuna, de su pasado y de su porvenir_; pero Ame desv1~ de este
mundanos que pudiera sobrellevar 1mpas1ble esta decepción inesperada_, ~ero asunto la conversación y logró mantenerla sobre obJetos que no per1?11tfan volincomodado contra los que recogían aquella fortu~a por der_echo
nac1m1en- ver al barón y sí evitaban que el capitán sospechase ~n el_la algún m~erés en
to, no lo estaba realmente, y por lo tanto no quena que nadie pudiese creer que aquella especie de información acerca de un hombre a qmen había visto una
sí lo estaba.
.
1
sola.
•
A ·
Cuando con el auxilio de Manuel hubo empaquetado lo~ obJetos que e per· vezLa
preocupación del matrimonio la había atormentado tanto tiempo, q~e me
tenecían encontró el capitán al pie de la escalera al Sr. Banncq qu~ le esperaba. se encontraba como una esclava que hubiese acabado de recobrar su libertad.
_ ¿L; parece á usted bien_ que mientra_s _llega la hora de la com~da demos u? La más terrible humillación de sus años juveniles había s(do _precis~ment~ esta
paseo por estos prados? El tiempo es dehc10so; podrá usted ver mis obras Ymis de discutir con su madre sobre si tal hombre ó cual otro a qmen Ame deb1a ver
ganados.
6 había visto sería marido aceptable; si la joven le había gustado, y acerca de la_s
Durante este paseo, que fué largo, porque Barincq se sentía completame?te ventajas 6 inconvenientes qu; ofrecía: Ah?ra, ya qu; la fortuna le da1?a esa h·
dichoso cuando hablaba de cosas por las cuales experimentaba verdader~ pasión bertad, Anie deseaba quitar a su ma_tnmom~ ese cara;ter_ de transacción mer·
y por ¡0 tanto no era conciso en sus explicaciones, el c~pitán no ~vo_ m una so- cantil. Cuando se presentase un mando, la Joven vena s1 le ~ceptaba 6 no. Lo
la vez esa sensación, en la cual podía haber algo ~e tristemente 1rómco, ~~ ver que Anie no quería en manera alguna era adelantarse ella mmna en la presencomo ajena la finca propia mejorada y reformada; 1~dudab)emente la afab1hdad
con que se le recibía era sincera, como lo era_también la simpatía que todos le tación.
Aquella misma noche, después_ de habers: au_sentado el capitán, tuvo con la
demostraban- Sixto veía esto· estaba convencido de ello, y es claro que al sen- señora de Barincq una franca y smcera explicación sobre este asunto.
tarse á !a me~a se encontrab~ en las disposiciones más felices para contestar á
La madre de Anie muy sorprendida de oír á la joven, le preguntó:
las preguntas que con respecto al barón le dirigía la madre de Anie y para con·
- Pues qué, ¿no h~ tomado con mucha frecuencia informes y noticias de altar todo lo que de su condisclpulo sabía.
.
.
gunos
jóvenes sin qu_e tú te enf~dases? .
.
Sixto y el barón se habían conocido en el C?legio de Pau, siendo el uno Y el
- Las circunstancias han vanado. Precisamente porque esto se hizo antes me
otro muy niños, porque ambos eran de una misma eda?- Ya desde mucha~ho
disgusta que lo hagamos ahora. ¿Por ventura lo má~ conve?iente de esta ~er~nmostraba el barón lo que sería el hombre: una sola pasión mostraba, la afición
cia no ha sido el desembarazarnos de los compromisos odiosos de la m1sena?
á los ejercicios de fuerza,_ á toda cla~e_de ejercicios de esa índ?le. En este género
.
de educación babia realizado prod1g1os cuyo recuerdo serviría seguramente Y Ya que poseemos riqueza, déjame que tenga dignidad.
Estas observaciones de Anie no impidieron á la señora de Barmcq perseve~r
por mucho tiempo de ejemplo á los futuros profesores de gimnasia. Era al pro·
é insistir en su propósito de ir el domingo al pueblo de Habas para presenciar
pio tiempo buen muchacho, muy franco, muy leal, muy generoso; solamente te.
nía un defecto, era muy rencoroso; así como sus rasgos de fuerza llegar~n, á ser la corrida.
- Encontrar al Sr. de Arjuzanx no es buscarlo, y ninguna razón tenemos para
proverbiales, así lo fueron también sus v;nganzas. Entr~.el baró~ y ;l cap1tan ha·
bían existido siempre relaciones de_ amistad muy can~osa; Y. s~ bien es verdad huir de él.
- Lo único que deseo es que ese señor no se figure que soy u?a d~ncella gaque mientras ambos estuvieron de internos en el colegio no v1V1eron nu~ca en
nosa de marido, y esto yo me encargo de hacérselo comprender sm deJarle duda
gran intimidad, habían sido siempre muy bu~nos camaradas has~ que ArJuzanx,
á quien sacaron del colegio antes de concluir sus clases, se desp1d16 de él. Des· acerca de mis intenciones.
pués de aquella época no se habían visto en doce años, y sólo volvieron á verse
cuando el capitán fué destinado á Bayona.
.
,
IV
El barón había cumplido de hombre lo que en el coleg10 ~romet1a1 y hoy re~
presentaba seguramente el tipo más_per_fe_cto del ho~~re aficionado a mon,tar a
caballo, á cazar y á toda clase de e1erc1c10s de hab1hdad y de fuer~; tema en
¡ d'
todos éstos tanta superioridad que era verdaderamente famoso,_ dominaba la
Habas, que es una aldea de las Landas, tiei:e no obsta_nte pero 1camente sus
grima y la equitación y boxeaba admirablemente; andaba á pie, sólo Pº: dis- corridas; el domingo de julio en qu~ esas corndas s; ve~1fican de~fila _POr to?os
traerse, doce 6 quince leguas al día, y consideraba como cosa d~ jueg~ el ir de~- los caminos que van á desembocar a la plaza de la 1gles1a procesión mtermma·
de Bayona hasta París en su velocípedo. Sin embargo, ¡0 que mas hab,a contn- ble de coches entre los que están representados todos los géneros de vehículos
· más armas que que .en la comarca se . conocen; á largo
y
buído á labrar su reputac1'6n era ¡a 1uc ha romana, 1a ¡uc ha sin
• de los paseos
. dfestoneados por
, . árboles
~
las manos; lucha en la cual había podido medir sus fuerzas sin desventaja, en el c~b1e~os po~ el follaJe de los cas~nos, los afic10na os que van a pie ?rman
circo Molier, con el célebre Pietro, que está reconocido entre las gentes de la I hilera mt~rminable, cal~dos los pies con alpargatas nuevas, ech~da la boina so·
profesión como el rey de los luchadores. La práctica constante de esos ejerci· bre los o¡os formando visera, cemdo el cuerpo por hermosa faJa encarnada ó
cios y el esfuerzo metódico que exigen habían dado al barón una musculatura
vigorosa que se encuentra muy rara vez entre los hombres de su clase. _Para sos·
tenerse en esta situación tenía Arjuzanx en su castillo un luchador antiguo, pre·
cisamente un hombre del oficio, célebre en otro tiempo, aunque ya retirado, llamado Thoulourenx, y con éste trabajaba todos los días, y para descansar de una
lección larga de lucha 6 de esgrima daba á pie 6 á caballo un paseo de dos ó
tres horas.
La señora de Barincq escuchaba asombrada; tan extraordinaria fué su sorpre·
sa, que interrumpiendo al capitán, le preguntó:
- Esa lucha romana que usted dice, ¿es la que vemos algunas veces en las
ferias?
- Esa es efectiYamente, contestó el capitán, 6 por mejor decir, esa era; porque ahora no está reservada como lo estaba antes á las gentes del oficio, las
cuales solían dar sus representaciones en los circos de la calle Le Pelletier 6 en
las funciones de pueblo en el Mediodía; los aficionados tomaron gusto á esta lu·
cha cuando los ejercicios físicos, desdeñados durante mucho tiempo, volvieron
á tener boga entre nosotros, y Arjuzanx es indudablemente el más notable de es·
tos aficionados.
- He ahí una cosa extraña en un hombre de esa clase.
... - ,.._._
-,r- - No más extraña ciertamente que los ejercicios en el trapecio y los ecues·
tres en el circo en ciertos representantes de la juventud aristocrática. De todas
~ ... ,
maneras, la lucha exige un conjunto de cualidades que no son para desprecia·
das: fuerza, agilidad, destreza, resistencia y otra que puede ser considerada como
intelectual, y que consiste en apreciar oportunamente lo que ha de hé.icerse y lo
que no ha de hacerse en determinado momento.
- H abla usted de la lucha como si usted mismo fuese uno de los rivales del
Sr. de Arjuzanx, dijo Anie.
- No, señorita, hablo sencillamente como un hombre que teniendo precisión
de practicar, por razón de su oficio, algunos ejercicios corporales, puede estimar con justicia el mérito de los que llegan á adquirir superioridad en estos
Sixto se adelant6 sombrero en mano inclinando la cabeza
ejercicios. Además, es un hecho que la lucha romana contribuye mejor que ninante la señora de Barincq y Anie
gún otro á desarrollar la máquina humana para prestarle proporciones armóni·
cas y darle el mayor grado de belleza; mientras que los demás ejercicios destru•
yen, cual más, cual menos, el equilibrio de esas proporciones favoreciendo á un azul; y si bien algunas mujeres se muestran orgullosas porque cubren su cabeza
órgano á expensas y en detrimento de otro; observe usted el tirador, alto de con sombrero de paja, á la moda de París, la mayor parte de ellas tienen su pahombros, el jockey, 6 sencillamente el jinete, de piernas arqueadas, y compárelos ñuelo de seda de colores brillantes, que es la nota característica del país.
usted con los atletas de la antigüedad que han servido de modelos para la esta·
Cuando el landó de la familia Barincq, después de haber atravesado las calles
tuaria y hasta cierto punto la han creado.
del pueblo empavesadas y adornadas con la solemnidad que el caso exigía, se
- Confieso, dijo Anie, que el Apolo de Belvedere y sobre todo el Narciso detuvo delante de la posada La Hermosa P osadera, prodújose entre la mucheme gustan más que el Hércules de Farnesio.
\ &lt;lumbre un movimiento de curiosidad; porque si los carros y aun los carricoches
Todo esto maravillaba á la señora de Barincq, pero no respondía en manera arrastrados por burros eran muy numerosos, la aparición de un landó constituía
alguna á sus preocupaciones de madre; quiso por consiguiente precisar sus pre• en el pueblo un verdadero acontecimiento.
guntas: dirigiéndose, pues, al capitán le dijo:
1
(Co11tin11ará)

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:S·

-

~-- -

�LA

1LUSTRACIÓN

ÁRTÍSTÍCA

su danza, terminada la cual el teatro vuelve á su
puesto.»
La organización de los aparatos motores de donde
procedían esos distintos movimientos estaba uniformemente basada en el principio del modo 1e acción
que ejerce un contrapeso cuyo descenso ha sido metódicamente regulado. Veamos, por ejemplo, cuál era el
mecanismo de la marcha del cajón ó carretón (fig. 1).
LOS TEATROS DE AUTÓMATAS EN GRECIA
El cajón ABCD está montado sobre tres ruedas,
EN KL SIGLO II ANTES DE NUESTRA ERA
dos de ellas RR del mismo radio son motoras y están
Los antiguos, que tantas maravillas artísticas y li- fijadas en un eje común: la tercera r, colocada en la
terarias crearon, nos admiran también en materia de parte anterior, sirve simplemente de sustentáculo al
industria, habiéndonos dejado sobre la mayor parte sistema y puede por consiguiente reducirse á un simple disco giratorio. Las tres ruedan sobre rieles cóncavos VV'.
.zv.-· 0.-:.,' -~ 1/.~./ - ,,,...,fo:~===-::~::-:
Alrededor de un carrete fijado en el
~ ::::~~?.=. . ✓eje á igual distancia de las ruedas moto~
¼ ,
ras arróllase un cordón que, mediante
un juego de poleas de retorno pp, termina en un contrapeso de plomo P. Este
contrapeso,
que puede deslizarse por
, . ,··,-·&lt; .
rozamiento suave en el compartimiento
superior en un cilindro vertical TT, descansa sobre una capa M de granos de
mijo ó de mostaza que son á la vez ligeros y escurridizos: en el fondo de este
compartimiento hay un orificio O de
tamaño conveniente que puede abrirse
y cerrarse á voluntad por medio de una
peqúeña compuerta gobernada por un
cordón colocado debajo de la mano del
operador, el cual no tiene que hacer
más que tirar de él cuando quiere que
el carretón se mueva, pues al abrirse la
compuerta el mijo se escapa por N al
compartimiento inferior del tubo, desciende el contrapeso y el teatro anda
suavemente.
Para terminar lo que al teatro móvil
se refiere, diremos que el juego de los
personajes automáticos se obtenía por
medio de un carrete vertical cuyo corFig. 1, Aparato motor &lt;l~l teatro móvil en la antigua Grecia. - ABCD. Secdón motor iba, por medio de un sisteción del cajón móvil. - RR. Ruedas motoras fijadas en un eje común. ma de poleas de retorno, á reunirse hor. Rueda-sustentáculo ósimple ruedecita delantera. - VV'. Vias formadas
con rieles cóncavos. - pp Poleas de retorno. - TT. Cilindro vertical en
rizontalmente con el contrapeso motor.
donde se mueve el contrapeso motor. - P. Contrapeso motor de plomo. En los teatros de autómatas fijos se
M. Capa de mijo ó de mostaza. - O. Orificio por donde caen los granos.
representaban
comedias en varios actos,
- N. Montón de granos caldos en el compartimiento interior del cilindro.
con entreactos y cambios de decoraciones, como en los teatros modernos: su
de las especialidades una porción de trabajos técni- mecanismo se basaba en el mismo principio de la incos que aún pueden consultar con provecho los inge- tervención de un contrapeso motor con descenso renieros modernos, como acontece con la curiosa obra gulado, cuya manera de acción estaba en mejores
de Ht:rón de Alejandría, Los teatros de autómatas.
condiciones que en los teatros móviles porque la suLa estatuaria movible, ó mejor dicho, la industria presión del aparato de ruedas permitía una colocade las muñecas mecánicas vulgarizóse desde muyan- ción más cómoda, aumentando por consiguiente la
tiguo en Egipto, en Grecia y en Italia. Muchos siglos altura dispon ible para el descenso, el volumen del
antes de nuestra era, en los mejores tiempos del arte grano regulador y la duración misma del movimiengriego, algunas figurillas ingeniosamente construídas to. El mijo estaba en ellos reemplazado por arena sedaban interesantes representaciones privadas ó públi- ca, materia más -económica y más duradera que el
cas, á domicilio ó en los teatros de Atenas, en los grano adoptado para el teatro móvil. La representamismos escenarios en donde se representaban las
tragedias de Eurípides.
Los teatros de autómatas descritos por Herón son
de dos clases completamente distintas: unos monoescénicos movibles y otros poliescénicos fijos.
En los primeros el público está sentado formando
círculo alrededor de un recinto central, como en nuestros circos. Un pequeño cajón ó carretón que rueda
sobre una vía circular va pasando por delante de la
primera fila de espectadores: sobre la plataforma del
d
mismo se desarrolla entre los personajes una escena
única sin cambio alguno de decoración.
La representación en boga en el siglo u antes de
nuestra era, fué la de la Apoteosis de Baco, de la que
vamos á hacer un sucinto análisis. En el centro de
la plataforma del cajón alzábase un edículo circular,
p
visible en todo su contorno y cuyo techo cónico sostenían cuatro columnas: en la cima de éste levantáFig. 2. Mecanismo del teatro de autómatas en la antigua Grebase una Victoria sosteniendo en una mano una cocia. - ab. Brazo humano. - cd. Paleta que gira alrededor del
rona. En el centro del edículo está Baco de pie con
eje a. - c. Extremo de la paleta. - K. Clavija ó trinquete de
retención. - P. Contrapeso motor general. - p Pequeño conun tirso en la mano izquierda y una copa en la deretrapeso. - r. Rueda dentada. - /1. Cordón arrollado alrededor
cha; echada á sus pies yace una pantera y apoyadas
del árbol de la rueda.
en las columnas hay varias bacantes. Completan la
escena dos altares situados uno delante y otro detrás
del dios ( fig. 1 ).
ción más célebre que se daba en los teatros fijos era,
Tal es la preparación del espectáculo.
en tiempo de .Herón, La leyenda de Nauplt"us.
«El teatro se pone en marcha, dice Herón. Llega·
En el primer acto el teatro representaba un astido al punto que se quiere, se para y entonces el al- llero: había en la escena doce personajes distribuídos
tar colocado delante de Baco empieza á arder y el en tres grupos, que eran otros tantos griegos ocupatirso del dios mana agua y su copa derrama vino so- dos en construir en la playa de Troya los buques que
bre la pantera: las caras del basamento cúbrense de debían restituirlos á su patria: todos se movían1 unos
coronas y al sonido de los tambores y címbalos las aserraban, otros partían madera, éstos manejaban el
bacantes danzan alrededor del edículo. Cuando cesa martillo, aquéllos el trépano. Pintados sobre la tela
el ruido, Baca y la Victoria giran sobre sí mismos, del fondo todos tenían el brazo derecho movible arse enciende el segundo altar, vuelve á manar agua mado de una herramienta que manejaban vigorosadel tirso y vino de la copa y vuelven las bacantes á mente. Esta oscilación del brazo se obtenía por me-

0; :

1/

NúMERO

596

dio del siguiente procedimiento, descrito muy clara.
mente por Herón.
Nuestra figura 2 representa una palanca ó paleta
e d que oscila y hace oscilar el brazo humano a b alrededor del eje a, gracias al juego continuo de una

&gt;~:Jd"'&lt;_-&lt; -

Fig. 3. Otro mecanismo del teatro de autómatas en la antigua
Grecia. - AB. Rendija abierta en el suelo del fescenario. - C.
Arbol de rotación. - T. Vástago fijado en el árbol y que sostiene la silueta del delfin. - D. Polea. - P . Contrapeso.

rueda dentada r, cuyos dientes sucesivos al apoyarse
en el extremo e de la paleta levantan el brazo de palanca opuesto ad, que luego vuelve á caer, por la acción de un pequeño contrapeso p, sobre el trinquete
de retención ó clavija fija K. La rueda dentada es
movida por el contrapeso general P cuyo cordón h
se arrolla varias veces alrededor del árbol de la rueda.
En el segundo acto se asistfa al lanzamiento y á la
partida de los barcos griegos, y en el tercero se veía
la escuadra en alta mar y algunos delfines saliendo
del agua y volviendo á sumergirse en ella; para obtener este movimiento empleaba Herón el siguiente
procedimiento: «En el piso de la escena practicó hendiduras estrechas y recortó en una planchita delgada
algunos delfines. AB es la hendidura, C un árbol de
rotación en el cual hay el vástago T que sostiene la
figura del delfín y D una polea á la cual se arrolla
una cuerda terminada en el contrapeso P; cuando
éste hace girar la polea el delfín se moverá hundiéndose y volviendo á salir.»
En los restantes actos se ejecutaban juegos pare·
cidos, todos los cuales se basaban en el mismo sistema de contrapesos.

E. H.

NúMERO

596

go. Esta grúa recibe por detrás los bloques que hasta
ella conducen las vagonetas, como se ve en el grabado, y los transporta hasta el
sitio en donde se forman
los paramentos, ejecutándose á brazo el movimiento
vertical. En la cámara cerrada que se ve en la parte posterior del titán hay una dinamo que acciona el movimiento de traslación de la
grúa al mismo tiempo que
el de todo el aparato que,
en caso de mal estado del
mar, se recoge detrás del
muro de abrigo ya construido. Esta misma dinamo gobierna una bomba de agua
y un plano inclinado para
la ascención de las vagonetas en las cuales se cargan
los materiales, piedra arena y cemento necesarios
para la fabricación de la argamasa. Una dinamo receptriz que se ve en la parte
alta y posterior de la cámara cerrada gobierna una
máquina para hacer la argamasa, cilíndrica y hori-

Es este uno de los aparatos más importantes que
se emplean en las obras del nuevo puerto de Bilbao,
y sirve para la construcción del rompeolas.
Este se asienta spbre una base de grandes bloques
apoyados en las rocas del fondo del mar, que sólo sale
un metro del agua durante la marea baja: sobre estos
bloques álzase una mole de doce metros de espesor
que forma el cuerpo de la escollera y sobresale siete
metros en la baja mar y 2'50 en las mareas altas. Por
encima de toda esta construcción corre un muro de
abrigo, de cuatro metros de espesor por tres de altura, coronado por un pequeño parapeto de un metro.
Esta construcción especial es necesaria, dada la violencia del mar en aquellos parajes. El perfil del rompeolas es realmente curioso, pero más interesante y
más original es el titán que para construirlo se utiliza y que nuestro grabado reproduce.
Para asentar sólidamente el cuerpo del rompeolas
sobre los bloques hay que arrojar en sus intervalos
piedras que se cubren de una capa de betún y luego
es preciso colocar la doble serie de bloques que forman
los dos paramentos y llenar el espacio que los separa y
finalmente amoldar en el mismo lugar el muro de abrigo con betún. E l titán asegura del modo más expeditivo la mayor parte de este trabajo y por esto se llama
titán-taller. Este aparato está formado esencialmente
por una gran viga de acero con virotillos, de 32 metros de largo, montada sobre ruedas y que puede circular sobre rieles puestos en la plataforma ya construida
del cuerpo del rompeolas, pudiendo avanzar unos 20
metros fuera de lo construido, para lo cual está equili·
brado por detrás con un contrapeso. Lo que constituye la originalidad principal del sistema es que la
fuerza motriz empleada para este aparato es la electricidad que proporciona una dinamo generatriz establecida en tierra y gobernada por una máquina de
vapor de 40 caballos: el enlace está establecido por
una línea de alambre de cobre, sostenido por postes,
que se prolonga á medida que el trabajo avanza.
Por la parte superior de la viga se desliza una grúa
de 10 toneladas que recibe el movimiento de trasla-ción de una dinamo eléctrica de que hablaremos lue-

d~truye basta las IIAl~E9 el YELLO del roslf? de las damas (Barba, Bigote, ett.), 1111
lllDgun pebgro para el cu tia. 50 Años de Íl:ii:lto, ~ 1DJllares de testimonios garantilan la eftcacla
de esta preparacion, ¡s, ,ende en oeJ11, para la barba, y en 1/2 oaJ•• para el blgott ligero). Para

loa brazos, emplée!, e! o!!ILl. l'Ull&amp; D'U88ER, t , rue J .•J ,•Rouaaeau, P arta.

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ESTOilA.GO
PASTILW P0Ll0S
VOZ y BOCA

PATERSON
• BDUTBO 1

*

EL TITÁN ELÉCTRICO DEL PUERTO DE BILBAO

zontal, que rueda en el piso
inferior del titán: este aparato recibe de las vagonetas
las primeras materias que
transforma en una argamasa excelente ell€ima mismo
del sitio en que ha de emplearse. Al salir de la máquina, esta argamasa es distribuída en los puntos dondehadeser utilizada por medio de un conducto móvil.
Las dos barras verticales
que se ven en el extremo
libre del titán no son necesarias para la estabilidad y
no tienen más objeto que
hacerle tomar apoyo sobre
la fundación inferior y suprimir las vibraciones y balanceos que pueden producir los movimientos de la
grúa y de las vagonetas.
Desde julio de 1892 funciona perfectamente este
aparato que hemos creído
interesante reproducir por
ser una aplicación de la
electricidad que permite un
trabajo sencillo, rápido y
regular.
(De La Nature)

El titán eléctrico empleado en los trabajos del nuevo puerto de Bilbao (de fotografia)

PAtE EPILATOIRE DUSSER

J

**

359

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

■AGRSIA
....._,ldoe OOD&amp;ra lu ...,_lome del z.t6.
mago, Falta de Apetito, Dlge.U.on• labor1-, .&amp;oecUaa, V6mitoe, Era:otoa, y C611-,
regularlun Ju l'unolon• del Eat6mago y
de loe IDINUDoa,
·
En,lrMtlrllt•lo 111'111 dt l . ,ArAIIO.
&amp;dla. DBTll&amp;lf,1"-uoo • P.&amp;llll

PISTILLIS DE DETHAN

LA SAGRADA BIBUA

lla:IQlr ffl el f'Otlllo tJ /tffllt:J
Adh, DETIIAN, Farmaoeutloo en PA!Wi

...............................-

!1:Jo lRfll\i\!II
GOTA
¼
l~
-«JREUMATISMOS 1
0

de peeeta la

I&gt;

entroga de U P'-gina■

AMUQA8 Pat:OOCEI
El'LON:ICERCIU ·
ROIECE8

~

Reoomeodadaa contra los Malea de la Uarg¡mtói,
Enlnclonea de la Voz., IDflamaolonea de la
Boca, EJeotos pernlol~
del llleroarlo I ri•
taolon 911e produce el Tabaoo, J IJ)eCialrileo&amp;e
i loa Son PREDICADORES, A.BOGADOS
PROFEBOI\EB y CANTORES para faetldu !.Í
emioion de la VOL-l'H410 ¡ ta RaAUL

to o6nthnoe

.1.nj,11iL1on· -

, LElffEIAI, TES A110
IAIIPULLIDOI, TEZ IWlRO

EDICIÓN ILUITIIADA

6

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regu)arlzbªl coordena y aumenta considerablemente laa tuerzas ó ln!un~
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LA CARTOMÁNTICA,

NúMERO

596

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y hat• uao de nuestro, 8RANOSde SALUO,puea el/01
le curarán de ,u con1t1paclon, le darán apetito y le

derolrerin el aueño y la alegria. - As, r1rirá Vd.
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1867

l ffi

1873

1876

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QASTRITIS - QASTRALQIAS
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FALTA DE APETITO
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Lu

Pe1101111 qae coDGcen las

PILDORASt~DEHlUT
DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el café,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida que mas Je convienen,
segun sus ocupaciones_.. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el efecto de la
buena alimentacion empleada, uno
se decide fácilmente á volver
á empezar cuantas v11ces
sea necesario.

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4'.l&amp;.ft y om1u I son los

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EXIJASE •li:o:i: 1 ARQUQ
Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMP. DK MONTANKR. Y SIMÓN

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~trtac100 _
Ftí~t1ea

Afl'o XII

BARCELONA 5 DE JUNIO DE 1893 ~ -- - - - - -

NúM. 597

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

""""·
SUMARIO

LA CIUDAD DE CHICAGO

Texto. - La ci11dad de Chicago, por M, A . S. - El regalo,

Lo primero que se ocurre al visitante de esta segunda Exposición universal americana, al presenciar el
extraordinario movimiento y animación que reinan en
torno suyo, es comparar mentalmente lo que es hoy
Chicago con lo que era á principios de este siglo. El
décimonono nos tiene acostumbrados á contemplar
muchas maravillas; pero esta misma costumbre, á fuer
de continuada, hace que no las concedamos toda la
admiración debida. Y sin embargo, admiración y
asombro causa indefectiblemente en el ánimo de
cuantos conocen un poco la historia de esta parte de
América el increíble desarrollo que ha adquirido
Chicago en muy pocos años.
En vano se busca en la historia antigua ni en la
moderna ejemplo de análogo crecimiento. Nínive ó
Babilonia, antiguas capitales de la populosa Persia,
las residencias faraónicas, las ciudades ilustres de
Grecia, Roma con haber sido cabeza del mundo conocido, no pudieron lisonjearse de haber llegado á
su esplendor en tan poco tiempo como Chicago.

por Luis Taboada. - Las máquinas que 110 comen, por Mariano Rubió Bellvé. -Bocetos. La gota de agua, por Juan O-Nei·
lle. -Miscelánea. -Nmstros grabados. - Anie (continuación),
novela por Héctor Malot, ilustraciones de Emilio Bayard,
traducción de A . Sánchez Pérez - SECCIÓN CIE1'TfFICA: Los
progresos de la pisciwltura de sábalo y m propagación artifi·
cial. - Un micrómetro barato.
Grabados. - Exposición universal de Chicago. Mr. Jorge
Davis, director general de la Exposición, en el acto de pro·
mmciar el dismrso inaugural. - Calle del Estado en Chicago.
Los edificios más altos de Chicago, grupo de siete grabados.
- Estudio al óleo, Paisaje, Estudio al carbón, de José L6pez
Tomás. - Patio de la iglesia del Salvador, en Sevilla; Patio
del Generalife, de Granada; Entrada á la fábrica de tabacos
de Sevilla, cuadros de Manuel García Rodríguez. - Panneau
decorativo, de Alejandro Riquer. - Una división de caballeda
pasa11do1m vado, cuadro de José Cusachs. -Los infantes don
Antonio y Do11a Eulalia en Las Palmas. - Patrida, cuadro
de G. E. Moira. -La convaleciente, cuadro de V. Corcas. Figuras r y 2 . Estaciones de piscicultura. - Micrómetro de
M. Poynting, y Esquema explicativo. - El león de Lucerna,
monumento erigido á la memoria de los suizos que murieron
en las Tullerías, defendiendo á Luis XVI, obra de Thor·
waldsen.

Las capitales modernas que, como Londres, París
Viena y Berlín, encierran en su seno millones de habitantes, han tardado algunas centurias en adquirir
su numerosa población y en contar con los monumentos que las ilustran; pero de la ciudad norte-americana puede decirse que ha surgido, corno Minerva
de la cabeza de Júpiter, armada de todas sus condiciones de progreso y poblada como por ensalmo de
su millón y medio de habitantes.
Pobre campamento de indios salvajes, los illinois,
que daban en su leng\Ja al terreno en que hoy se
asienta la ciudad el nombre de Chegag, el cual significa cebolla silvestre, por las muchas que allí se producían, los jesuitas Marquette yJ oliet fueron los primeros europeos que lo pisaron en 1662. En 1670, un explorador francés, Roberto Cavalier de la Salle, lo reconoció, y á consecuencia de este reconocimiento tomaron posesión de él los franceses, construyendo un
fortín. Desposeídos de la comarca por los ingleses,
que á su vez la perdieron cuando la independencia de
los Estados Unidos, se establecieron allí algunos traficantes de pieles que edificaron algunas viviendas,

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO

Mr. JORGE DAVIS, director general de la Exposición, en el acto de pronunciar el discurso inaugural
(De una foto¡.rrafía instantánea)

1

�LA
pero la colonización del país fué tan lenta que en 1830
sólo tenía 50 habitantes.
Cincuenta habitantes en 1830 y cerca de un millón
y medio sesenta años después; ¿puede concebirse tan
prodigioso incremento? Y cuenta que en los terrenos
de la Chegag de los indios no había minas de oro,
plata ú otros metales que como en Australia y California atrajeran de golpe millares de aventureros.
Esta progresión fué también lenta al princip~o,
pues en 1845 sólo contaba la ciudad 12.000 habitantes; pero la marcha de los indios que poblaban el
país; la apertura del canal que enlaza el valle del río
Mississipí con el del San Lorenzo y que costó
6 500.000 dollars; el establecimiento de la navegación por vapor en el lago Míchigan y en otros lagos
y ríos próximos; las lineas férreas que se han multiplicado alrededor de las ciudades hasta el punto de
haber en ésta 28 compañías; la fiebre de oro que hizo de Chicago el punto de tránsito de cuantos pasa-

las casas llamadas Manhattan Block, que tenían diez
y que han pasado á la categoría de pigmeos en comparación con las que posteriormente se han edificado.
El Templo Masónico está considerado por los inteligentes como uno de los mayores esfuerzos de la
arquitectura é ingeniería americanas. Tiene 22 pisos,
de simetría perfecta, y cuando de noche se encienden los focos eléctricos que hay en su cúspide, parecen, vistos desde la calle, estrellas que se destacan
en el obscuro firmamento.
El edificio de la Sociedad de Templanza de la
Mujer cristiana, llamado vulgarmente Templo de la
Mujer, á causa de haber sido construído con el producto de una suscripción particular, pero de cantidades muy reducidas procedentes de todos los Estados
Unidos, es quizás el más bello de todos. Aunque tiene 14 pisos, es tan proporcionado en su conjunto,
que apenas se nota su enorme altura.
El teatro de la Opera alemana ó Teatro Schiller

CALLE DEL ESTADO EN CHICAG0

ban á California; la feracidad del valle á cuyo extremo está situada; la creciente inmigración europea en
los Estados Unidos, y sobre todo la energía, laboriosidad é iniciativa individual de aquellos habitantes,
son causas todas que han hecho de la ciudad del Illinois, del antiguo campamento indio, una soberbia
población que, ahora hace un año, en mayo de 1892,
tenía 1.438.010 habitantes.
No sabemos dónde llegaría hoy este pasmoso crecimiento, si no lo hubiera contenido el horroroso incendio que el 8 de octubre de 1871 destruyó gran
parte de la ciudad, causando la muerte de más de
200 personas, la desaparición de 17 .450 casas, aunque muchas de ellas de madera, á consecuencia de lo
cual quedaron sin abrigo cerca de 100.000 personas,
el incendio de 672 hectáreas de terreno y pérdidas
por valor de 190 millones de dollars. Si alguna vez
ha tenido aplicación práctica la fábula del ave fénix
renaciendo de sus propias cenizas, en Chicago se tmcuentra, 1¡&gt;ues la ciudad renació muy en breve con
mayor esplendor que antes, con la particularidad de
que á las sencillas casas de madera sustituyeron ele·
gantes edificios de piedra.
De la importancia que hoy tiene esta ciudad en
cuanto á extensión se puede formar una idea sabiendo que su longitud es de 38 kilómetros y su superficie de 46.651 hectáreas, y sin embargo, á pesar de
tan considerable superficie, que tal vez hiciera presumir abundancia y por consiguiente baratura de terrenos, el continuo aumento de pobladores ha hecho
que éstos adquieran precios fabulosos, de suerte que
en los barrios de mayor movimiento, en los que radican los negocios, se paga á dos mil duros el metro
cuadrado.
Como se compranderá, para que una casa produzca el interés relativo al precio del solar y de la construcción, ha de contener gran número de inquilinos
y de aquí esos altísimos edificios de 10, 12, 15, 18 y
hasta 20 pisos, que necesitan forzosamente un ascensor, como todas lo tienen.
Entre estos edificios merecen algunos especial mención, no tanto por el estilo arquitectónico, cuanto por
su descomunal elevación.
Los primeros que se erigieron fuera de las condiciones ordinarias después del horroroso incendio sufrido por la ciudad en 187 r (siendo de advertir que
ya entonces había casas de siete y ocho pisos) fueron

NúMERO

ILUSTRA&lt;!IÓN ARTÍSTICA

es uno de los edificios más altos de Chicago: la bandera que ondea en su techumdre desaparece á veces
entre las nubes.
El palacio de la Bolsa, últimamente reformado,
presenta una fachada notable en esta ciudad de las
construcciones monumentales. Antes de la reforma
tenía siete pisos y ahora se le han añadido otros
siete.
También es notable la casa de Owing, que tiene el
mismo número de pisos.
Una sociedad de capitalistas ha construido en la
calle Dearborn la serie de &lt;;asas llamadas el Manhattan Block, las cuales han ofrecido la particularidad
de que sus pisos se iban alquilando á medida que se
concluían; de suerte que el sexto ó séptimo, por ejemplo, estaban ya habitados, cuando los albañiles trabajaban todavía día y noche en la construcción del piso
superior.
El interior de la Cámara de Comercio nos muestra la disposición y estructura de las casas de que
acabamos de hablar. Es un espacioso salón con cubierta de cristales y galerías alrededor, á las cuales
dan las puertas de las habitaciones. Todo está construído de hierro y piedra y alumbrado por la electricidad. Unos ascensores, situados en los cuatro ángulos, dan acceso á los diferentes pisos.
Entre los demás edificios de Chicago merecen citarse el Palacio de la Ciudad, que tiene 280 pies
de longitud en la calle de Wáshington y 340 en las
de Clark y La Salle, 120 pies de altura y una torre
que llega á 3 76; costó cuatro millones de dollars: la
Casa de Correos y la Aduana, que constituyen un
solo edificio, el cual costó seis millones; el ya antiguo
edificio para Exposiciones, construido en noventa y
seis días, que contiene un salón inmenso, pues tiene
r.ooo pies de largo por 225 de ancho y caben en él
50.000 personas; la Universidad, el Seminario de
Baptistas y Presbiterianos, el colegio de Medicina y
la Academia de Ciencias.
Conviene siempre no olvidar lo que era Chicago
cincuenta años atrás para que parezca punto menos
que increíble el que hoy haya en ella 265 iglesias,
entre éstas una catedral y 44 templos católicos, 36
metodistas, 32 luteranos, y el resto de otras sectas
religiosas; 22 cementerios, más de 200 hoteles, en
cada uno de los cuales pueden hospedarse hasta mil
viajeros, muchos salones de lectura á los que concu-

597

rren anualmente 600.000 personas. No faltan galerías
y museos de Bellas Artes, así como salones públicos,
casi todos de hermosa arquitectura, y entre sus diferentes parques y jardines es digno de mención el de
Lincoln.
Como el río Chicago divide la ciudad en tres partes desiguales, llamadas del Norte, del Sur y del
Oeste, se han construído dos túneles por debajo de
su cauce á fin de que no quedara interrumpida la
comunicación entre esas tres partes cuando los hielos
ú otras causas obstruyeran transiitoriamente la navegación.
En cuanto al movimiento y tráfico de Chicago, algunas cifras relativas á los ferrocarriles permitirán
comprenderlo. Hemos dicho antes que la ciudad
cuenta con veintiocho Compañías ferroviarias, las
cuales poseen 68.ooo kilómetros de líneas. Mil trescientos sesenta trenes entran ó salen diariamente, de
ellos 262 de gran velocidad, y ya es sabido lo que la
velocidad significa en las líneas de los Estados U nidos; 660 trenes de los suburbios, 274 de mercancías
y 164 de ganado, trigo ó madera. Para estas líneas
hay treinta y dos estaciones, que se hallan casi todas
en el centro de la ciudad, de suerte que allí la agitación es enorme.
En competencia con las vías férreas están los transportes por agua, y en 1892 salieron del río de Chicago 9.252 barcos con 4.972.000 toneladas, poco más
ó menos el tráfico de Nueva York con las naciones
extranjeras.
La cifra de las transacciones comerciales se ha elevado en 1892 á 7.500 millones de pesetas: el ganado,
el trigo y la madera son los artículos sobre los que
principalmente se han hecho.
La Bolsa ó Board of Trade de Chicago es sin disputa el principal mercado de cereales del mundo. En un
solo día se puede vender ó comprar en ella toda la
cosecha de una provincia, de un Estado.
Algunos de los almacenes de trigo tienen doce pisos y encierran cantidades prodigiosas de este importante producto.
De fama universal goza esta población en carnes,
y en especial de la de cerdo, que le ha valido el dictado de Porcópolis. Las manipulaciones que exige la
matanza de estos animales han llegado aquí á tal grado de perfección y rapidez, con el auxilio de las máquinas empleadas al efecto, que se pueden matar,
descuartizar y salar fácilmente millares de ellos en
un día.
Los grandes parques de ganado están perfectamente distributdos y acondicionados. En ellos entran diariamente innumerables reses que crían los veinte millones de labradores que de cuarenta años á esta parte han poblado el valle del Mississipí, y que sufrirían grandes pérdidas, por producir mucho más de
lo que en el país se consume, si no encontraran salida
para sus productos. Esta salida se la ofrece Chicago,
adonde centenares de tratantes acuden en busca de
carnes para la exportación.
El labrador ó ganadero envía, pues, sus reses, bue·
yes, carneros ó cerdos, á los parques de Stock Yards
de Chicago, donde siempre encuentra comprador, verificándose las transacciones con una prontitud y sencillez propias de aquellos hombres eminentemente
prácticos, y para quienes, aún más que para los ingleses, el tiempo es dinero.
La importancia que la ciudad de Míchigan ha ad·
quirido en esta clase de negocios se desprende claramente de la siguiente estadística de los animales entrados en los grandes parques durante el pasado año
de 1892:
Bueyes.
Cerdos. .
C'lrneros..
Terneras..
Caballos ..

3

-

·,,,,

3.511.7g6
7. 714.435
2.145.079
197. 576
86.998

Los mataderos no están monopolizados por el Municipio como en casi todas las poblaciones de Europa y América, sino que hay grandes casas particulares que se dedican á la matanza de las reses, siendo
las principales las de Armour, N elson Morris y Swift.
La primera mata anualmente 385.000 bueyes, que le
dejan un beneficio de unos cuatro millones de pesetas, á razón de 10 pesetas por cabeza: además mata
un millón de cerdos.
Pero no se limita á estos dos solos artículos el co·
mercio de Chicago, sino que los abarca todos, aunque en menos extensión, dando lugar á una vida, á
un movimiento que es menester presenciar para com·
prenderlos, tanto más, cuanto que por las condiciones
topográficas de la población, limitada al Este por el
lago, al Sur por !as vías férreas y cruzada al Norte y
al Oeste por el río, casi toda esta vida se concentra
en un espacio centro de la ciudad.

M. A. S.

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,: .

LOS EDIFICIOS MÁS ALTOS DE CHICAGO
Templo masónico, 22 pisos. - Interior de la Cámara de Comercio. -Teatro Schiller 6 de la Opera alemana. - Casa Owing. - Casas de ?tianhattan, 18 pisos.
Gran hotel del Norte. - Casa de la Sociedad de Templanza de mujeres cristianas

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

597
NúMERO

EL REGALO
- Vaya, decía Gómez á su esposa. El primo no
' nos ha olvidado: ya ves cómo agradece las atenciones que hemos tenido con él.
- Bueno, pero ¿qué dice en su carta?
- Dice que ha llegado perfectamente; que conservará siempre un grato recuerdo de lo bien que le hemos tratado durante su estancia en Madrid, y que en
prueba de gratitud nos remite
por el ferrocarril
un pequeño obsequio.
-¿Y no dice
qué obsequio es?
- No; se conoce que quiere sorprendernos.
-Quizás nos
envíe un 1par de
buenos jamones.
¡Cómo sabe que
yo «soy frenética»
por el jamón!..

Estudio al óleo, de
José López Tomás,

- No; más bien
creo que nos enviará cosa de más importancia. Como él
es comerciante y
tiene verdaderas
maravillas en su
tienda, querrá que poseamos un recuerdo suyo para
toda la vida. ¿Cuánto apuestas á que el cajón contiene una buena vajilla ó un par de jarrones de mérito?
- En fin, pronto saldremos de dudas.
- Eso digo yo. El encargo viene á pequeña velocidad, y por mucho que tarde, dentro de dos ó tres
días lo tenemos en casa.
- Por supuesto, ¿él habrá pagado el porte?
- No, el porte lo pagaremos aquí nosotros. No era
cosa de hacer el regalo y además nos lo pusiera en
casa libre de gastos.
Lo mismo Gómez que su mujer habían obsequiado al primo más de lo que se acostumbra. El había
venido á Madrid á que le vieran un callo, y Gómez
no le permitió que fuese á parar á la fonda. Se lo llevó á su casa, le puso la cama mejor y el cuarto más
bonito, se esmeró en los manjares, le llevó al teatro
dos veces para que oyese cantar á Mesejo y fué, en
suma, el cicerone más amable y el huésped más cariñoso del mundo.
¡Poco contento que estaba el primo!
- Mira, Canuto, lo que haces por mí no lo olvidaré nunca, decía á cada paso. Tú eres un pariente como hay pocos y tu mujer un modelo de señoras de
su casa y una cocinera excelente.
- No hacemos más que nuestro deber, contestaba
Gómez. Vamos, ¿qué quieres almorzar mañana?
- Cualquier cosa.
- No; tú lo has de decir; qu.eremos que el almuerzo sea de tu gusto. ¡No faltaba más!
La pobre esposa de Gómez no salía de la cocina.
Al primo le gustaban extraordinariamente las albóndigas, y ella se pasaba el día picando carne y machacando perejil. Algunas veces se pillaba un dedo con
la mano del almirez; pero todo lo dada por bien dolido á trueque de complacer al forastero, que no cesaba de decir:
- Siento mucho venir á ser gravoso.
- De ninguna manera, contestaba Gómez. Por ti
no hemos alterado nuestras costumbres. Lo que queremos es que estés contento. O somos ó no somos
primos.
Algunas noches la esposa de Canuto decía á éste, .
cuando se metían ambos en la cama:
- La verdad es que tu primo come de una manera horrorosa. ¡Caramba! Pongo medio kilo de carne
sin hueso y se la pone él toda en su plato. ¿Y beber?
¡No es cosa! Cada cuatro días hay que traer media
arroba de vino. ¿Sabes cuánto nos ha durado la última
cuartilla de aceite? Pues desde el sábado acá, echa
la cuenta.

- Bueno, pues hay que conformarse. Se trata de
un primo carnal, á quien no veía desde hace muchos
años. Además, es hombre agradecido y puedes tener
seguro un buen regalo.
Cuando Gómez recibió la carta de su primo y dentro de ella un talón del ferrocarril, se puso alegre como unas Pascuas, porque vió confirmada su sospecha.
-¿Ves? ¿Ves cómo corresponde á nuestros obsequios con un buen regalo?, decía á su esposa. Bueno
es él para no pagar con creces los favores que recibe.
Y desde aquel punto y hora se puso á pensar cómo haría para recoger el cajón y llevárselo á su casa.
- Lo mejor es que lleves contigo un mozo de cuerda, decía su mujer. Llegáis á la estación, preguntáis si
ha venido el encargo, pagas el porte y te vienes á casa
con el mozo.
- ¡Sí, pero vete á saber el día fijo de la llegada!
- Eso te lo dirán en las oficinas.
- D. Canuto se fué por de pronto á la estación
central de la Puerta del Sol y dijo amablemente á un
empleado:
- ¿Sabe usted cuándo llegará un cajón que me manda un primo que tengo en Jadraque?
El empleado, con la amabilidad que caracteriza á
casi todos los dependientes de las Compañías ferroviarias, lanzó
una interjección rabiosa, miró de pies á ca~
beza al bueno de don
Canuto y dijo con
acento de ira reconcentrada:
- ¿Qué sé yo quién

Estudio al carb6n, de José López Tomás

es su primo ni cómo voy á decir á usted cuándo llegará el cajón?
- ¡Hombre, no se ponga usted tan incomodado!
- Me pongo como me da la gana.
-Pero ...
- No estoy en el caso de perder mi tiempo contestando á vaciedades.
Fuése D. Canuto á la estación del Mediodía y allí
ocurrió una escena muy semejante á la de la Central;
pero supo con asombro que los encargos de pequeña
velocidad no tienen día fijo de llegada: lo mismo pueden venir hoy que dentro de quince días.
- Con tal de que llegue á poder de usted dentro
del primer trimestre, no tiene usted derecho á reclamación de ninguna clase, dijo á D. Canuto un empleado que lucía una gorra con siete galones y una
serreta.
- Bueno, pues me iré, contestó Gómez guardando
el talón en el bolsillo.
Y se fué á su casa, donde su mujer le estuvo regañando durante hora y media.
- Todo el mundo se ríe de ti porque no tienes
carácter, decía ella. Has debido dar parte al director
general, porque no es cosa de que tu primo se sacrifique enviándonos un regalo, para que· después se
quede días y días en el camino. ¡Ay, si yo tuviera
pantalones!
- ¿Qué harías?
-Agitarme, protestar, promover un escándalo. La
empresa tiene la obligación de poner un telegrama á
todas las estaciones desde Jadraque acá, preguntando si viene en el tren un cajón dirigido á tu nombre.

Pero ya se ve ... , tú eres muy simple y todo el mundo
abusa de ti.
Gómez iba todos los días á preguntar si había llegado el cajón y siempre obtenía la misma respuesta:
«No se sabe nada.»
Por fin un día le dijeron de malos modos:
- Ya está aquí el dichoso cajón. Cualquiera diría
que le mandan á usted dentro las minas _del Potosí.
- No, señor; pero es recuerdo de un pnmo y tengo
muclio interés en conservarlo. Ustedes, por lo visto,
no respetan los sagrados vínculos· de la sangre.
- Basta de conversación. Puede usted recoger el
bulto cuando guste.
- Pues démelo usted.
- ¿Lo va usted á llevar solo?
- Tiene usted razón: voy en busca de un mozo de
cordel.
Al poco rato regresó Gómez en compañía de un
mozo.
- ¡Ea, ya estoy aquí otra vez!, dijo al empleado.
- Corriente. Venga el talón.
-Aquí está.
El empleado comenzó á hacer números; después,
dirigiéndose á Gómez, dijo:
- Ocho pesetas, once céntimos.
-¿Cómo?
- Que tiene usted que pagar ocho pesetas y once
céntimos de porte.
-¡Caramba!
-¿Qué?
- Que me parece muy caro.
- Eso se lo cuenta usted á la Compañía y al ministro de Fomento.
Gómez sacó dos duros del bolsillo y se los entregó
al empleado, qu~ se puso á examinar las monedas y
á decir que uno de los duros no le gustaba nada, hasta que después de discutir acabó por dar á Gómez la
vuelta.
- ¿Conque estoy ya despachado?, dijo éste.
- No, señor.
-¿Que no?
- Falta el conocimiento de su firma y la cédula de
vecindad.
- ¿El conocimiento?
- Naturalmente. A mí no me consta que sea usted el propio Canuto Gómez, y yo no puedo entregar la caja al primero que se presente.
- Pero ¿y el talón? ¿No es bastante muestra de que
soy el interesado?
-No, señor.
A todo esto el mozo se impacientaba porque decía
que estaba perdiendo ocasión de hacer otros viajes.
Gómez no sabía á quién atender, si al empleado ó al
mozo, hasta que la Providencia le deparó un amigo
que iba á despachar un asunto á la estación, y al ver
á Gómez desesperado firmó el conocimiento y la caja
pasó á manos del destinatario.
- ¡Por fin!, iba diciendo Gómez por el camino que
conducía á su casa.
- ¡Alto!, gritó en aquel momento un vigilante de
consumos. ¿Qué va ahí?
- ¿Dónde?, preguntó el asendereado D. Canuto.
- En ese cajón.
- Pues... no lo sé; es un regalo de un primo que
tengo en Jadraque.
- Hay que abrirlo.
- ¿A quién? ¿Al primo?
- No se burle usted.
- Yo no me burlo.
Uno de los jefes del fielato olió el cajón, lo tomó
al peso, dióle dos ó tres vueltas y dijo por último:
- Vaya usted con Dios. No hay necesidad de
abrirlo.
- Gracias, gracias, murmuró Gómez.
Y después de una larga caminata, llegó á su domicilio. Allí el mozo reclamaba doble precio por su viaje á causa de lo mucho que había tenido que esperar.
Gómez pudo convencerle y dejó el cajón sobre la
mesa enjugándose el rostro con el pañuelo: el sudor
le caía á chorros por la frente y tuvo que sentarse
en una silla para respirar.
- ¡Dichoso cajón!, dijo la esposa de Gómez.
- ¡Ay! No lo sabes bien. Creí que no podía traér·
melo á casa. ¡Cuánto inconveniente! ¡Cuánto disgusto!
- Bueno, pues hay que abrirlo, replicó ella.
-A eso voy.
Con ayuda de unas tijeras y un clavo Gómez consiguió destrozar parte de la tapa, no sin magullarse
los dedos más de una vez.
- ¡Ayudame tú, Venancial, decía á lo mejor.
- ¿Cómo quieres que te ayude?
- Mete la tijera por esta rajita mientras yo hago
palanca con el clavo ... ¡-Ajajál Ya parece que va cediendo ... ¡No sueltes la tijeral.. Asf... Más... ¡Gracias
á Dios!

LA

597

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

,,

Mucho celebramos que haya correspondido á un compañero nuestro la gloria de
hallar un mecanismo que está indudablemente llamado á producir una verdadera
revolución industrial.» Y el suelto ve la
luz, y todo el mundo se queda tan frese~
al leerlo, esperando que llegue el turno a
la relación exacta de la circunferencia al
diámetro, para ser hallada de manera análoga por algún matemático de afición.
Es particular esa sencillez con que se
aceptan el movimiento continuo y en general todas las máquinas que no comen,
que no consumen algo, cuando en la filosofía popular de todos los pueblos existe
la conocida historieta del avaro que quería enseñar á un borrico la difícil tarea de
vivir sin comer: ciertamente que lo logró,
¡todo lo logra la constancia!; pero dió la
maldita casualidad de que se muriera el
asno en cuanto dejó de estar en relaciones
frecuentes con la cebada.
En todas las poblaciones, particularmente en las de segunda fila, hay ciertos tipos
absolutamente necesarios: el sabio enciclopédico, que tiene la precisa obligación
de explicar todo lo que á su alrededor sucede y que sus conciudadanos no entienden, y á veces él tampoco; el sabio silencioso, que se supone que lo sabe todo, pero
que se lo reserva; el político que entiende
la mácula de todo lo que pasa y de todo
lo que pasará, así en su pueblo como
en Constantinopla; el boticario con círcu-

PATIO DE LA IGLRSIA DEL SALVADOR, EN SKVILLA

La tapa salió á pedazos y Gómez y su mujer se pusieron á
sacar los papeles que ocultaban el regalo.
- ¿Qué es?, preguntó Gómez con curiosidad vehemente.
Su esposa dejó caer los brazos á lo largo del cuerpo y dijo
con voz desfallécida:
- ¡Qué desgracia! Ha ido á mandarnos lo que no nos gusta.
- ¿Qué es?, volvió á preguntar Gómez.
- ¡Un queso!
Luis T AllOADA
(Prohibida la reproducción.)

LAS MÁQUINAS QUE NO COMEN
En las mesas de redacción de todos los periódicos y en las
cajas de todas las imprentas hay preparado ó compuesto un
suelto que, letra más 6 menos, dice lo que sigue: «Un inteligente
panadero de Cacabelos ha resuelto por fin, después de largos
ensayos, la tan debatida cuestión del movimiento continuo.

PATIO DEL GENERALIFE,
DE GRANADA

ENTRADA Á LA FÁBRICA DE TABACOS DE SIIVILLA,

cuadros;de Manuel García Rodríguez

lo de trastienda, que constituye una cámara elegida por
sufragio restr ingido, etc.
Pues bien: entre estos tipos
indispensables se encuentra
el inventor del movimiento
continuo.
Todos ellos se parecen en
su modo de ser y de pensar
y de obrar, tanto si cultivan
esta inocente afición en el
Polo cuanto en el Ecuador.
Cientíjica111ente pueden clasificarse en varias categorías,
q ue se desprecian mutuamente. Todos ellos saben
que el movimiento continuo
es un absurdo, y si os atrevierais á decirles que lo pretenden os dirían que les insultáis. A veces es cierto: no

�LA

366
buscan la piedra filosofal para hallar simplemente
oro, buscan una montaña filosofal que les dé acuña·
das las monedas de cinco duros ó brillantes del tamaño de un melón; pero el movimiento continuo ...
jamás.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA.

de la naturaleza. Ahí tienen ustedes la gravedad ¿Se
ha visto jamás una fuerza más barata, más tirada por
los suelos? Pues á aprovecharla tocan. Todo se reduce á hallar un medio de que los cuetpos caigan con·
tinuamente, sin moverse de su sitio. ¿Que es esto di-

MANIFESTACIÓN ARTÍSTICA DEL ATENII.O BARCELONÉS. - PANNEAU DECORATIVO,

Una categoría de inventores del movimiento continuo y de las máquinas que no comen la constituyen
los hidráulicos (!), quienes por medio de ruedas, tubos, bombas, sifones y otros adminículos logran (así
se lo figuran á lo menos) que el agua caída de cierta
altura les dé fuerza suficiente: primero, para mover sus
máquinas útiles; segundo, para elevar la propia agua á
la misma altura de que cayó. Que es, traducido al lenguaje vulgar, como si ustedes con una peseta se fueran al café, tomaran una'taza de ídem, y con la vuelta de la peseta fueran á lo mismo al otro día, y así
sucesivamente, consiguiendo siempre con la vuelta de cada día tener para pagar el del día siguiente,
prosiguiendo hasta el del juicio por la tarde. ¡Un millón, diez millones de tazas de café por una peseta!
¿No les parece á ustedes que son muy pillines los hidráulicos?
Otra casta de descubridores de máquinas que no
comen son los que utilizan las fuerzas permanentes

de Alejandro Riquer

NÚMERO

597

mecánica, porque no saben lo que es, ni de rozamientos, porque dirán que esto no viene al caso.
Cada uno sigue en este mundo el sistema que le
p~rec~ mejor, y ellos son los conspiradores de la
c1enc1a.
El primer período es el del secreto, de la consulta hecha en la sombra y con premeditación y alevosía para que el consultado no comprenda ¡infeliz! que
se trata de dar el pego á la naturaleza, inven:ando
una máquina capaz de hacerle ruborizar por no haber sabido producir lo que un ciudadano, que casi
no sabe las cuatro reglas, ha despachado en un momento de lucidez.
Sigue inmediatamente á éste el período de ejecu- •
ción, que es el crítico de la enfermedad: ejes, ruedas;
engranajes, parches de cartón, arcaduces de hojalata,
el barreño de lavarse los pies, que representa el mar;
la olla de las grandes solemnidades, que hace el papel de depósito superior del agua; un bramante sujeta el árbol roto; todas las clavijas bailan. Y ¿saben
ustedes de qué depende tanta imperfección en los
medios para conseguir tan estupendos fines? Pues
sencillamente de que el gobierno tiene abandonados
sus verdaderos intereses, y no protege á la industria
que, más que fuente, es un Amazonas de riqueza para la nación.
Llega ya el momento decisivo, el desenlace. Los
sacrificios han sido grandes, pero el resultado supe•
rará á todas las esperanzas. El inventor se asoma á
la ventana y ve á lo lejos el ferrocarril: vano esfuerzo
de un pasado que desaparecerá bien pronto. El lo
siente únicamente por las familias de los fogoneros
que quedarán cesantes; pero, ¡cómo ha de ser!, el progreso es fatal.
Ya el herrero ha terminado la construcción de lapolea elíptica, que es la pieza fundamental del sistema, y
el carpintero ha traído los engranajes provisionales que
después servirán para fundir los definitivos: todo está
ya listo. Sólo falta dar un empujón ... Mas ¡oh sorpresa! Hace siete horas que estamos empujando y la
máquina no ha dado siete vueltas cumplidas. ¡Si ese
demonio de gobierno, después de vender las plazas
de toros, hubiese facilitado dinero para hacer las ruedas de aluminio, el aparato resultara más ligero y el
éxito era indudable! ¿Se atrevería alguien á dudar de
la realidad del principio en que se funda?
El escarmiento no viene nunca, y las máquinas
que no comen se imponen. ¿No ven ustedes los molinos de viento y las fábricas situadas á orillas de
los ríos y las máquinas de los relojes, que no consumen nada? ¿Pues por qué no ir más allá? Esta es la
cuestión.
No hay ninguna máquina que no coma. El molino
de viento consume la velocidad, la energía del aire
en movimiento; igual sucede en las máquinas hidráulicas de verdad, y en ambas hay un gran motor, que
es el sol, encargado de agitar el aire y de elevar por
la evaporación el agua, que después de llovida y
salida del manantial ha de hacer funcionar la turbina.
En el reloj es cierto que la gravedad mueve las pesas, pero hace falta que el motor hombre las eleve, y
este motor no funciona si en el hogar del estómago
no se acumula alimento y si no se genera calor en
los pulmones por medio del oxígeno de la respiración.
No hay más que un motor único en la naturaleza capaz de ser aprovechado, que es el calor. Examinad todas las máquinas, desde el humilde borrico
que pasta la hierba que ha crecido por el calor del
sol, hasta la poderosa máquina de vapor que utiliza
la energía del mismo astro acumulada por los árboles de la época carbonífera convertidos en hulla; desde la fuerza eléctrica que mueve el martillo del tim·
bre, originada por el calor que se desprende de una
reacción química, de una combustión de cinc que
tiene lugar en la pila, hasta las poderosísimas que se
utilizan á orillas de la gran catarata del Niágara hechas patentes por la caída de las fabulosas cantidades de agua que el calor ha elevado por evaporación
todas las fuerzas tienen su origen mediato ó inmediato en el calor.
Cuando se trate de alguna que no consuma calor,
que no consuma nada, desconfiad, desconfiad mucho,
que siempre dará la casualidad de que el borrico en·
señado á no comer dejará de existir.

fícil, dicen ustedes? Pues no saben de la misa la media; y si no, para convercerles podría citarles el proyecto de un buque que apareció en un periódico, de
cuyo nombre sería imposible que me olvidara en este
momento, el cual buque navegaba por el mar - la suprema horizontalidad - impulsado continuamente ¡por
la gravedad!
Una tercera clase la forman los cinemáticos. Estos
señores generalmente tienen su origen en medianos
relojeros, que dicen que han llegado á combinar un
MARIANO RUBIÓ y BELLVÉ
sistema de ruedas que, una vez puestas en movimiento, ya no se paran nunca más, aunque las Cortes voten para conseguirlo una ley especial. Forman el tipo
BOCETOS
clásico de la especie, postergado por los otros, que
han introducido el progreso en la materia; y sabido
LA GOTA DE AG UA
es que el progreso se impone hasta en eso... en disQuise ver algo grandé, que por un momento me
paratar.
separase
de lo raquítico y pigmeo que nos rodea y
No luchéis con inventores de cualquiera de estos
géneros, porque es cosa perdida. No les habléis de satura de pequeñez y nos asfixia; porque lo pequeño,

NúMERO

597

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

lo mezquino, como la miseria, no '.da vida y algunas el círculo que ofrecía el objetivo lenticular como cam- zadas se hubieran destruido al grito de caiga el que
po de obserYación. Aquello me produjo la impresión caiga, y hasta la gota gorda, el gran farol que nos
veces mata.
En muchos casos, para ver mejor, es necesario ce- de encontrarme con un mundo nuevo .. . aunque muy alumbra, se hubiera visto precisado á exclamar: ¡Aparrar un poquito los ojos, reconcentrando la pupila: viejo, se entiende; lo nuevo no era más que el haber ga y vámonos/
Si nuestro planeta, este átomo sideral, se sometiese
así también para penetrar más profundamente es pre- fijado mi atención en su existencia.
á un proporcionado aparato miciso reconcentrar el espíritu.
croscópico, ¿qué efecto produPero ni aun así; veía demasiado
ciría? En proporción, exactísimo.
lo que no quería ver, anhelaba
Bajo formas distintas se descuver menos y más al mismo
briría en él... la identidad de la
tiempo.
,
agitación, de una no interrumApliqué un microscopio de
pida aparición y desaparición
gran potencia al examen de
de objetos, de lucha indefinible
una gota de agua, y en aquella
y espantosa á vida y á muerte;
inapreciable porción de materia
millones de millones, trillones y
de nuestro planeta, en aquel
quinquillones de seres animaátomo insignificante de nuestro
dos, imponderable cantidad de
universo, apareció lo grande, lo
inmensamente grande que pueorganismos, incalculable suma
de caber en lo infinitamente pe·
de conglomerable materia, cuanqueño...; que no está definido
to por moléculas pueden abaraún si en lo mayor ó en lo mecarse, desde el embrionario musnor está lo grande.
go á la secular encina, desde el
Había allí una sorprendente
diminuto grano de arena hasta
fauna y una exuberante flora,
la mayor mole del Himalaya.
ambas flotantes en el líquido
Extralimitándome de mi camelemento que parecía burlarse
po de observación, la gota de
UNA DIVISIÓN DE CABALLRRIA PASANDO UN VADO, cuadro de José Cusachs
del óptico aparato, y cuya rápiagua, hube de decirme: exacto,
1De fotografía de Mariano Castells y Vidal)
da y fugaz existencia duraba soni más ni me nos : agitación,
lamente el brevísimo tiempo
vértigo, lucha, vida y muerte en
que aquella gota de agua permanecía sin evaporarse.
La gota de agua, lo que en ella se contenía y lo la gota de agua; muerte, vida, lucha, vértigo, agitaAllí se agitaban y revolvían seres sin cuento, de que en ella acontecía, las luchas que en ella recien- ción en el mundo. Seres microscópicos uniéndose,
extrañas y desconocidas formas, acéfalos, vertebra- temente se agitaban, llevó la imaginación á conside- destrozándose y destruyéndose en aquella reducida
dos, monstruosos todos: restos de vegetación despren- rar esta gran gota de agua más solidificada, que en cantidad del líquido elemento¡ seres microscópicos
didos de troncos sin raíces ó raíces sin troncos, eflo- forma de planeta con otras bolas más ó menos pare- también destrozándose, uniéndose y destruyéndose
rescencias raras, parásitas como de ellas mis¡nas. En cidas ruedan por la inmensidad del espacio, sujeta- en el mundo. Pequeñez y miseria en aquello; en esto,
aquel mundo animado reinaba una lucha indefinible, das todas á las leyes de atracción y equilibrio¡ por- miseria y pequeñez.
se atacaban, se defendían, se unían y separaban con que eso de haberlas lanzado por el espacio sin límiPasé involuntariamente algo más allá: recorriendo
vertiginosa rapidez; instantáneamente procreaban, se tes y, dígase así, abandonadas á su capricho ó al im- un poco el campo de la historia humana y las perireproducían y desaparecían tragados, devorados unos pulso de la materia bruta, no hubiera revelado gran pecias de su modo de ser social, tropezando desde
por otros; agitación y rapidez que no daba tiempo á prudencia de parte del artífice; y con seguridad, nin- luego con alguna de ellas marcadamente notable,
ser examinada ni á formar idea de lo que pasaba en guna conservaría ya su posición y dándose de cabe- por sus condiciones propias y por lo que se ha dado

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LAS PALMAS, -ENTRADA DEL, VAPOR &lt;!REINA REGENTE) EN EL PUERTO DE RII.FUGIO CONDUCIENDO Á LOS INFANTES D, ANT ONIO Y DOÑA EULALIA, -SALIDA DE LA CATEDRAL
DE LOS INFANTES D. ANTONIO

y DOÑA. EULALIA. -LLEGADA DE LOS INFANTES Á LA CALLE MAYOR (de fotografias de D. Luis Ojeda y Pérez)

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PATRICIA, cuadro de G. E. Moira

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37°
en charlar de ella, como una época y período abominable; por supuesto, no sabiendo de la misa la media... , por ejemplo, el feudalismo.
Veamos, ¿qué cosa fué esa cosa tan detestada? Sencillamente un período de crisis social, laborioso y penoso por cierto como el nuestro, que nadie puede saber si avanzará más de Jo que quieren los echados
adelante, ó si retrocederá más de lo que pretenden
los retrbgrados: aquello no fué más que lo que pudo
y debió ser, una marcación de época entre lo que
desaparecía para hundirse en el sepulcro de Jo pasado y entre Jo que aparecía sin organización despejada, con algunas condiciones recias y duraderas y con
defectos que debían corregirse. Durante aquella perturbación, en la que andaban envueltas y revueltas el
talento y la estupidez, la sabiduría y la ignorancia, el
respeto y el temor, ante el imperio de la razón de la
fuerza, dominaba y preocupaba el instinto de la defensa y de la propia conservación; y para esto sólo se
pensaba en un jefe valeroso y atrevido, y esto causó
el agrupamiento de pequeñas fracciones al pie de los
castillos roqueros ó en recintos fortificados; el jefe,
erigido en señor feudal que contaba con veinte hombres de armas, atacaba á quien disponía de diez; pero
el que reunía cincuenta venda á los dos, quedando
á su vez subyugado á quien se le presentaba con dos-

cientos.

.

¿Qué más da una lucha con veinte lanzas y cincuenta ballestas ó mosquetes, ó una lucha con trescientos mil hombres, cincuenta mil caballos y dos
mil cañones? La esencia de la cosa es idéntica, sólo
cambia la forma, el número y los medios de destrucción; en una y en otra impera el mismo principio, la
razón de la fuerza, Jo que sucedió y sucederá siempre,
la victoria del más fuerte, el vencimiento del más
débil.
Todo se reduce á cuestión de nombre y ocultarlo
bajo distinto aspecto: maldecir aquello y practicar Jo
mismo, hacer creer que Jo de ahora no es lo de entonces. Y lo gracioso es que son muchísimos los que
á marcha martillo asl se lo creen ... ¡Vaya si se lo
creen!

Sucede en esto como en el mundo microscópico
encerrado en la gota de agua. El microbio, el corpúsculo más fuerte destruyendo y devorando al más
débil.
No hacerse ilusiones ni negarlo: las cosas son como son.

Continuamos como en la gota de agua ... , en pleno
feudalismo.
JUAN 0-NEILLE

NúMERO

{LUSTRACIÓN_ ARTÍSTICA

lemente ejecutado de un cuadro titulado Primera cura, de A,
Serr~; El Rosari, escena bien trazada de J. Llombard; una expresiva cabeza, Impren·Jt,, y un paisaje de E. Vila.seca¡ Mi estudio, de J. Carreras; CunOsitat, de A. Pi; En lo terrat, de S.
M. Triadó; Lo tonel, de A. Torres; un estudio y unos apuntes de N. Bonell; ¿Qui hacer?, de A. Cortés; un ca.rlel decorativo de. Pahissa, y ~nos tapices de G. Molina. Un solo expositor,
M. Viader, const.Jtuye la sección de Escultura con seis obras
Niilo tocando /aj/aula, recomendable por muchos conceptos. '
El joven escultor Vallmitjana Abarca ha demostrado una vez
más sus s6lidas cualidades como animalista, en el grupo alegó·
rico de la guerra de la Independencia, c18o8.&gt;
U na colección de retratos debidos al pincel de A. Robert ha
llamado justamente la atención del numeroso público que cotidianamente visita este local. De sólida y brillante hechura
todos ellos y de exacto parecido, cualidad que podían apreciar
los más por tratarse de personas algunas muy conocidas, se re·
comiendan esas obras por su armónico conjunto, su sobriedad
y un sello de distinción que las hace en extremo agradables.
Entre ellas figuraba la reproducción del autor, estudio valiente•
mente pintado.
'
Sa/ó,i de Venias. -Hállanse en este local expuestos los dos
cuadros origen y causa de la dimisión que de la presidencia
del Ateneo presentó el Sr. Vxart, por haber sido rehusados pa·
ra figurar en la presente Manifestación Artlstica. El lie Marti
y Alsina, un desnudo de mujer en el baño, comprueba la técnica experimentada del maestro, como el de Casas, de asunto
y de dimensiones más modestos, afirma las cualidades de frescu·
ra y sinceridad que distinguen á este joven artista.
Sa/ó,i de cla Va11grmrdia.&gt;- Diversos cuadros de autores
modernos adornan su5 paredes: de Cusacbs una descubierta de
caballería, unas flores de Mirabent y un excelente cuadrito de
Franco, un guardia civil á caballo, son los que sobresalen y
atraen con preferencia las miradas de los concurrentes.

597

Apuntes de Sevilla. y de Ore.na.de., cuadros de
Manuel García. Rqdrigue~. - Garda Rodrlgue:z sigue la
escuela del celebrado pmtor sevillano Sánchez Perrier en la
que, sin embargo y sin desdeñar las enseñanzas del m~estro
ha sabido conservar Integra su propia personalidad. Sus obr~
~istfnguense, á pesar de su factura robusta, por su finura y dehcadeza1 ya que este artista, aunque copia exactamente lo que
ve, a.tráele lo que la Natu~alez.a tiene de más hermoso. Es un
v~rdadero poeta, un entusiasta y ferviente admirador de la re.
gión andaluza : )'ª sirven de asunto á sus preciosos cuadros los
obscuros pinares que coronan las cimas de las montañas los
pla!eádos álamos que se retratan en 13.$ aguas de aquel et~rno
verJel, ya los encantadores cármenes granadinQS ó las bellezas
que encierra la morisca sevillana.
L?s cuadros de G~rcía Rodrlguez encantan por su belleza y
cautivan por sus cualidades, ofreciendo la particularidad de po~er figurar, así en un museo, como en el gabinete de aristocrál!.ca dama.
,

~ea.troa. - En el teatro la Fenice, de Venecia, ha tenido un
éxito tan colosal como en Milán, Géno"a y Roma la última
ópera de Verdi, Falstalff. cantada por los mismos artistas que
la estrenaron.
- Desde el 4 al 18 de junio se darán en el teatro de la Corte, de S~utlgart, \!arias representaciones ejemplares, habiéndose escogido para ellas Los hugonotes, de Meyerbeer, Eurümto,
de \Veber, D~" Jua11, de Mozart Fidelio, de Beethoven, y Tan11hauser y El crep1lscu/o de los dioses, de Wagner.
- En Chicago ha dado algunas representaciones de la C/eoJ&gt;alra, de Sardou, la actriz norteamencana Miss Fanny Davenport, de quien dice l.;. prensa de aquélla que si bien no posee
el fuego y la gracia espiritual de Sarah Bemhardt, representa el
papel de protaganista de aquella tragedia con admirable talento y personalidad propia.
-En Nueva York se ha inaugurado un nuevo teatro chino en
donde se representa una obra titulada .ú,ok Q11od (Seis .Reyes),
que dura la friolera de tres semanas, advirtiendo que la representación de cacla noche ocupa cinco horas. Trasladamos la noticia á los que afanosos buscan nuevos moldes para el arte es·
cénico.
Aladrid. - En el Príncipe Alfonso se han cantado Sonámbula,
para beneficio de la señorita Svicher, que obtuvo grandes aplausos, y Roberto il diavolo á beneficio de la señora Labord:l, que
fué aplaudida con entusiasmo en unión de la señorita Ruanova
y de los Sres. Angiolctti y Riera y del maestro Goula.
Baneloua. - En Novedades se ha estrenado un drama en prosa de Angel Guimerá, titulado En Pólvora, vigorosamente con·
cebido y escrito y abundante en escenas de palpitante interés
dramático: el ilustre poeta catalán ha obtenido con esta nueva
producción un nuevo y legitimo triunfo. En el propio teatro ha
debutado con el éxito de siempre la compañia que dirige el señor Mario, habiendo puesto en escena, en la primera noche la
preciosa comedia de Bretón de los Herreros La escuela del :natn'111011io. En el Llrico sigue obteniendo muchos aplausos In
compañia á cuyo frente están los Sres. Rosell y Ruiz de Arana.
Los conciertos dados en este coliseo por el notabillsimo pianis·
ta Sr. Vidiella han proparcionado sendas ovaciones al que es
sin disputa uno de los pnmeros pianistas contemporáneos. También fué muy aplaudido en el concierto que dió en dicho teatro el violoncelista Sr. Pujal, pensionado de nuestro Ayuntamiento en Parls.

Panneau decorativo, de Alejandro de Riquer
(Manifestación Artística del Ateneo Barcelonés). - El bonito
pamua1t de~o~ativo que reprod~ce el grabado que publicamos
encabeza, d1gamoslo as!, la sene de producciones que constitu·
yen la manifestación artística del Ateneo Barcelonés. Riquer
h1 dado_ una nueva prueba_de su buen gusto, puesto que en la
producción á que nos refenmos hállanse hábilmente utilizados
los elementos de ornamentación.
La circunstancia de habernos ocupado con alguna extensión
en el número anterior del certamen celebrado por el Ateneo
nos releva de ocuparnos con mayor detención de la obra dei
Sr. Riquer.

División de ce.be.lleríe. pe.se.ndo un va.do cua-

dro d~ J~aé _Ousacha. -Ni hemos de repetir una ~ezmás
los ~logi~ Juslis1mos_ que ~~ tantas ocasiones hemos dirigido al
ge~tal pmtor de la vida m1htar en Espaí'la, ni casi tenemos ne·
ces1dad de señala! l.as bellezas del cuadro que hoy reproducimos,
hermosa compos1c16n que como todas las de Cusachs cautfra
por_ la verdad y el arte que en ella campean: reproduce un eeisocho de campaña, y en el están tratados de la manera magistral que sabe hacerlo nuestro querido colaborador los hombres,
los caballos y el te!reno, for~ando aquella división de cabo.lleria un grupo háb!lmente dispuesto cuyo último término va á
perderse en el honzonte con un efecto de perspectiva perfectamente enteadido y ejecutado.

Los infantes D. Antonio y Doña. Eule.lie. en

Las Palmas (de fotografi:is de D. Lu;, Ojeda y Pérez). - El

pueblo de Las Palmas, la isla de Gran Canaria. hn demostrado ~ vez ~ás su infatigable adhesión á la madre patria, á la
glono~a nació~ española, recibiendo con demostraciones del
más vivo entusiasmo á los infantes D. Antonio de Orlcans y
~o~a Eulalia de Borb6n, al hacer escala en aquel puerto en su
v!aJe á la E~posici6n_d~ Chicago. El pueblo de Las Pal~as ha
visto en los ilu.stres. v1aJeros una representación del Estado y ha
procurado tes!1momar de modo evidente su profundo afecto,
la madre patr!a y que, aunque aislada en las inmensidades del
(~)céano, conS1dér~ formando parte integrante de la metrópoh, con la que parUopa de sus d1as de gloria 6 de sus desdichas.
-~ dos grabados que publicamos, tomados de fotografías re•
m1t1das por nuestro amigo el inteligente fotógrafo de Las Pal·
mas D .. Luis Ojeda y Pérez, reproducen la llegada al puerto
~e refugio del gran vapor transantlántico Reina Regtnll y lasa•
l!da de la catedral de los infantes, en la que se rezó un solemne
Tedéum, que desde la basHica se dirigieron á su hospedaje
del palacio arzobispal y su paso ¡&gt;&lt;&gt;r la calle Mayor.
Patricia., cuadro de G. E. Moira.. -Entre las varias
5&lt;&gt;?edades artisticas que ex!-5ten en . Londres ocupa uno de lm
pnmeros luga~e~ la denommada _F,~,e- Arl Socitly, cuyas fre·
c~entes expos!c1ones llaman con JUsttc1a la atención de los afi·
c1onados londmenses: en una de las que recientemente ha celebrado figuraba el bellisimo cuadro de Moira, que reproduci•
mos,_ hermoso busto de un dibujo correctísimo, realza.do por una
suavidad de tonos y una naturalidad incomparables.

Bellas Artes. - En Berlín está expuesto actualmente y
llama ¡x&gt;derosamente la atención el magnifico panorama de la
batalla de Rezonville, pintado por Detaille y Neuville, que es
La convaleciente, cuadro de V. Corcas. - Vari
objeto de los más entusiastas elogios por parte de la prensa. ber·
v~s hemos ensalzado como se merece á este notable arti
linesa..
hac1~ndo notar especialmente el sentimiento qúc en sus oh
- Se ha inaugurado la Exposición internacional de la SocieNecrologia..-Han fallecido recientemente:
domma: la que hoy reproducimos supera indudablemente d
dad de graba.dores de Bruselas: las 810 obras en ella reunidas
El Excmo. Sr. D. José Loma, teniente general del ejército de. este punto de vista, á cuantas hasta hoy llevamos d-e él pu
dan perÍecta idea del grado de adelanto á que ha llegado esta español, uno de los militares que con más valor y fortuna com· b.hcadas. l lay en la figura de la joven convaleciente una exp
rama del arte y proceden de artistas belgas, alemanes, france- batieron conlra los carlistas durante la última guerra civil.
s1ón por demás ~certada: en su rostro quedan todavía las hu
ses, ingleses, austriacos, espailoles, holandeses y escandinavos.
Francisco Virella y Casañes, distinguido escritor celebrado llns del mal sufndo y en su cuerpo la lasitud consecuente á u
La condesa de Flandes, que es una excelente grabadora, tiene critico musical y autor de una interesantisima obr;, la ópera prolongada enfermedad. No menos bien tratadas están las figu
expuestos en ella tres bellQS paisajes.
m Barce/o,ra, _que es un trabajo de vasta erudición que habrán ras de las que la ~ru:1 acom¡;,a~ado en su paseo á la '{&gt;laya q
- En Londres se han vendido recientemente dos colecciones de consultar siempre los que quieran estudiar In historia del mo- en el fondo se d1stmgue sirviendo de limite á un paisaje U
de instrumentos de cuerda de Stradivarius que han producido vimiento lírico de nuestra ciudad.
de melancólica poesta.
más de 6o.ooo pesetas: por un violin de 1734 1 es decir, fabricaJorge Victor, príncipe de Waldeck y Pyrmont, conde de Rap·
do por el maestro cuando tenía 90 años, se han pagado 21.500 polstein, señor de ,Hohenack y Gerolsdeck, general de infanEl monumento del león, en Lucerna obra
peset~s, precio que hasta ahora QO habla alcanzado ninguno de teria prusiano.
ThorweJdsen. - Este es indudablemente uno d~ los mo
esos instrumentos.
José Maria Kaiser, notable dibujante, acuarelista y calígrafo ment_os m~ conocidos en todo el mundo y quir.ás de los q
-El gobierno francés ha adquirido para el Museo de Lu· alemán .
más 1_mpr~1onan, no sólo por la idea que presid.i6 á suco
xemburgo el cuadro del pintor alemán Federico Uhde Cristo
Otón Rupprecht, pintor de género muniqucnse.
trucc16n, smo por la admirable _ej_ecución que supo darle el
entre los trabajadores.
Gaspar FedericO Wegener, célebre historiador dinamarqués mos? escultor Thorwaldsen. Engido en honor de los suizos q
- El pintor y poeta ruthenio Carnet Ustjanowic:z ha sido ex histori6grafo y archivero de la Real Casa.
' murieron _en las Tullerfas en las jornadas de 10 de agosto y 2
procesado porque en un cuadro que pint6 para una pequeña paFederico Seismit-Doda, entusiasta patriota italiano, periodis- 3 de_ sep!1embre de 1792 defendiendo á Luis XVI, la escult
rroquia y que representaba á loo pecadores en el infierno puso fi. ta notable y poUtico ilustre que desempeñó dos veces la cartera ha smtetuado por modo admirable el hecho que conmem
guras que tenian ¡,an parecido con ilustres personajes de Gali:zia de Hacienda.
con el león herido de muerte que apoya su cabeza y ampara
y altos funcionanos y nobles polacos. Ustjanowicz pertenece al
Antonio Ciccone, famoso economista italiano, ex ministro de s~ garra el escudo con las flores de lis de los Borbones. La e
anti~o partido ruthenio! enemigo de los polacos, á quienes ya Agricultura y Comercio, autor de importantes obras, entre ellas c1ó'h que produce la vista del monumento abierto en la r
antenormente babia fustigado con la pluma, y esto ha contri- Los pri1tcipios de ecommila política.
sombreado por un grupo de árboles y reflejándose en las
buido más á que se viera en su cuadro la tendencia á denigrar
de un pequeño estanque es inexplicable: precisa haberla sen'
á sus adversarios.
do ~ra co~prenderla. Hoy el monumento eslá amenazado
Barcelona. - Sa/Jn Parés. - El muro de preferencia de este
p~óxnna ruma,. pues el agua h~ ido destruyendo la peña en
local ha sido ocupado por las obras que constituyen la primera.
e~tá labrado; sm embargo, la etudad de Lucerna1 que siente
Exposición anual de la Academia Artistica libre, no hace muc1a él verdadera veneración, ha adoptado las medidas para
cho fundada en esta ciudad, exposición que demuestra con hetar su pérdida y se confia que al fin logrará conservarse
chos que cada dia se extiende la educaci6n artística y que por
hermosa joya artistica que es á la vez elocuente prueba de
consiguiente aumenta el número de los que por profesión ó por
grandes virtudes civicas de los suizos.
sus aficiones simplemente contribuyen al desarrollo de las Be·
Has Artes en beneficio de la cultura general.
Son estas exposiciones sencillas muestras y demostraciones
Recomendamos el verdadero Hierro Brava1s, adop,,
Estudio e.l óleo. -Pe.ifl'!-le. - Estudio e.! carbón,
prácticas de la extensión [que la aptitud artística alcanr.a entre
tado en los Hospitales de Par1s y que l)rescrtben lol
de J ~sé. López Tomás. - Estos tres apuntes del joven pin·
nosotros, y la critica y menos el público no debe buscar en ellas
mcdicos, contra la Anemia, Clorosis y Debllldad; dando
tor ahcantmo Sr. L6pez Tomás revelan notables condiciones paobras trascendentales ni revelaciones inesperadas; son simple•
a la. piel del bello sexo el sonrosado y aterc1opelad
ra el cultivo del arte pict6rico: hay en las figuras el aplomo que
mente hechos que merecen aplauso, si no por los resultados que
que tanto se desea.; Es el melar de todos los tónl
demuestra aprovechado estudio del natural y en el paisaje mu·
Y reconstituyentes. No produce estreñimiento ni d
presentan, porque significan medios para obtenerlos.
cho aire sobre todo ~ucha luz, viénd?se en él perfectamente
rea, teniendo además la superioridad sobre looos
Figuran en la sección de Pintura unas goobras, sobresaliendo
reproducido el espléndido sol que constituye uno de los princiferruginosos de no rau2ar nunca el estóma¡o.
entre ellas dos estudios de Rusiñol y Casas que ocupan prefepales elementos de belleza de nuestras costas mediterráneas.
rente lugar; una tela de regulares dimensiones, bosquejo valien·

r

r

'
A su regreso, no dejaba nunca de seguir la orilla del Gave á la sombra de árbol es corpu 1entos seguro de encont
áA •
yn en un islote del río disponiéndose á
'
.
rar
me, ya en una plazoleta del paseo,
1ornar a 1guna vista del natural
'

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT. - lLU STRAClONES DE EMlLIO BAYARO
CONTINUACIÓN)

Las notas de un cornetín de pistón ¡
.
naban todos los ruidos· era la cha
y os ronquidos de dos serpentones domiy por todas partes se ;eían entesr~n¡,;a _que recorría las calles tocando llamada,
co taurino á beneficio del ~ueblo ~gt~nd:~ hacia la plaza convertida en cirlas Landas, cuya madera reciente~ent: len os estaban ?echos con pinos de
sol de fuego sus últimas got1s de resina e!bzada s~dfágba _baJo los rayos de aquel
cían en la atmósfera olor netrante
orm~ e
nrnas blancas que esparcompletamente primitiva~odo se re!:~)e~entma. La senciHez de la plaza era
tosca; los de preferencia recibían I l a a unos cuantos asientos de madera
frente; á esto se reducla todo· esta
so _poór la espald~, los otros le reciblan de
.
spos1c1 n de los asientos tenla, sin embargo,

¡

gran importancia en aquel país d d 1
hacen aceptar sin vacilación la antfg:a\1::~Y'J sflar;s ~n tan ardientes que

m~~~~ vamos

á ,;li~eJ:~:ente, dijo la señora de Barincq ~'!sta~á~~os:c e~s p~f

_Después de diez minutos todavla busc b 1
evitar su cochura cuando el b ó d
.ª a a madre de Ame. una manera de
podría_ 11,amarse ¡~ tribuna: ast~u~ lae s!2uza~x "¡far~ció en la puerta de lo que
se dmgia hacia ellos, ya no pensó . oral e am)cq observó que Arjuzanx
!estaba.
m en e calor ni en lo que el sol la mo-Ahl está el barón, dijo á Anie.

�LA

37 2
•

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¿No contabas ya con encontrarlo?
Después que se hubieron cruzado entre ellos las primeras frases_ de cortesía,
Anie, fiel á su propósito, procuró indicar claramente que no había ido allí para
verle.
- Mi padre, dijo con mucha naturalidad, nos ha_ hablado con tanta fre_cuencia de estas corridas de las Landas, que hemos querido aprovechar esta primera
ocasión que se nos presentaba de ver una sin grandes molestias.

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Con su horquilla en la mano extendía Anie sin quedar nunca rezagada la parte
que le correspondía

- Y han tenido ustedes acierto, respondió el barón, escogiendo esta corrida
de Habas. Creo que la función será interesante; las reses son de sangre y los lidiadores figuran entre los mejores que tenemos: San Juan, Bonifacio, así como
Marín y Daverat, los cuales más que lidiadores son saltadores, pero que de seguro sorprenderán á ustedes por su agilidad y destreza.
- ¿Y hay diferencia entre un lidiador y un saltador?, preguntó la señora de
Barincq.
- El lidiador espera á pie firme á la fiera, la cual se lanza sobre él, y en el
momento en que parece que la vaca va á engancharle con los cuernos, el diestro gira sobre sí mismo y la vaca pasa sin tocarle; el torero la ha separado, ó
mejor dicho, se ha separado á sí mismo del animal. El saltador espera también,
como el otro, á la vaca; pero en lugar de hacer un recorte para hacerse á un lado,
salta por encima de ella. Verán ustedes á Daverat cómo da ese salto con los
pies atados por un pañuelo ó metidos en una boina que el saldador no pierde
al ejecutar la suerte. Por muy interesantes que sean estos saltos con los cuales
se demuestra la elasticidad de los músculos, para nosotros valen menos que un
recorte: el salto es romántico, el recorte clásico.
- ¿Cree usted que el capitán Sixto asistirá á la corrida?, preguntó la señora de
Barincq, á quien estas diferencias entre saltadores y toreros, que ella misma ha
bía preguntado, interesaban poco.
- No lo creo, ó para decir la verdad, no lo sé.
- Sentiré que no asista; hemos tenido el gusto de que comiese con nosotros
un día de la semana pasada; es una persona muy amable.
- Sí, muy buen muchacho, de gran honradez, de mucha probidad y de noble
franqueza.
- Comprendo perfectamente que mi cuñado haya sentido cariño entrañable
hacia él, continuó diciendo la señora de Barincq, que deseaba saber algo acerca de las relaciones entre el capitán y el hombre á quien todos creían padre del
mismo.
Pero el barón, que no quería ser llevado á ese terreno, se limitó á contestar con
una sonrisa insignificante y vaga:
- Sin embargo, por muy grande que una amistad sea no es natural que llegue
á destruir lazos de familia.
El barón continuaba sonriendo.
- Por eso me cuesta trabajo creer que Sixto esperase, como por ahí se dice,
heredar al Sr. de Saint-Christeau.
Como el barón continuase en su silencio, la señora de Barincq, que no era
mujer de renunciará sus proyectos, le preguntó directamente:
- ¿Usted piensa que Sixto haya tenido alguna vez esa esperanza?
- No tengo opinión alguna sobre este asunto. Sixto nunca me ha hablado de
ello. Todo lo que puedo afirmar es que Sixto no tiene gran apego al dinero; si,
como dicen, pudo acariciar algunas esperanzas acerca de eso, de las cuales yo
no sé una palabra, estoy convencido que el renunciar á la herencia le ha importado poco; Sixto es muy superior á esas cosas.
- Me parece, dijo entonces Anie para variar de conversación, que si el Sr. Sixto reune las condiciones que usted le atribuye, es el verdadero tipo del buen
militar.
- Exactamente, señorita, exactamente; sólo que si ese tipo era verdadero ayer,
hoy no lo es ya.
- No lo comprendo bien.

NúMERO

597

- Eso consiste en que no viviendo en el mundo militar no sigue usted los
cambios que desde hace algún tiempo están realizándose ó próximos á realizarse.
Hace algunos años el militar era por lo común desinteresado, indiferente en los
asuntos de dinero; los menos pensaban en el matrimonio; en esa época á que
me refiero, r.se desinterés era uno de los rasgos más característicos del perfecto
soldado, cuyas aspiraciones no se referían á realizar una fortuna. Ahora el matrimonio, que ha venido á ser regla casi general en el ejército, ha modificado mucho estas costumbres. Nuestros oficiales, al verse solicitados por familias ricas y
aun puede decirse perseguidos, han llegado á conceder al dinero una importancia que no le daban ciertamente sus antecesores; y no son pocos los que hoy
cuando se les habla de alguna muchacha bonita, sólo piensan en preguntar: «¿Tiene algo?» La fortuna, introduciéndose en los n:gimientos, ha creado necesidades
y por consiguiente exigencias en las cuales ni siquiera se soña~a hace veinte
años. El capitán Sixto, aunque es muy joven, no pertenece á ese tipo nuevo que
tiende cada vez más á sustituir al antiguo y que no ha de tardar mucho en cambiar por completo el espíritu y las costumbres del ejército; y aunque es sólo capitán de caballería - si bien condecorado, lo cual duplica su valor cotizable, estoy seguro de que si llega á casarse, la fortuna de su novia será para él el dato
de menor importancia.
- Entonces, dijo Anie, ¿ese capitán es un héroe en toda la extensión ue la
palabra?
- Sí, señorita; en toda la extensión de la palabra.
- ¿Es de suponer entonces, dijo la señora de Barincq volviendo á su idea,
que la pérdida de la herencia del Sr. Saint-Christeau le haya disgustado poco?
- Es muy creíble.
Como en aquel momento se presentaban los lidiadores en la plaza, Arjuzanx
se aprovechó de los incidentes de la fiesta para no decir una palabra más sobre
el asunto; la charanga proseguía tocando furiosamente, los cohetes estallaban,
la muchedumbre lanzaba clamores de alegría, no era por consiguiente aquel el
momento oportuno para conversaciones á media voz, y Arjuzanx sólo pensaba
en los toreros, cuyos nombres iba él diciendo á Anie á medida que cada uno de
ellos iba pasando con actitudes teatrales, reposado andar, ademanes graves y
ceremonias cual conviene á las personas que disfrutan del favor de las masas.
¡Cómo aquél, tan elegante y tan gracioso con su traje de terciopelo azul, era zapatero, y el de más allá, de continente tan noble, fabricante de tonel~s!
Inmediatamente después de concluído el desfile comenzó el espectacu!o. Debajo del palco en que se habían colocado los Barincq era precisamente donde
habían sido encerradas las fieras en sendos chiqueros; ábrese una puerta y se
lanza al redondel la primera vaca trotando, impaciente, furiosa, azotándose con
su cola los hundidos flancos; sin vacilar un solo segundo se arroja sobre el primer torero que alcanza á ver; el torero la espera, y cuando el animal ya próximo
al hombre baja la cabeza para ensartarle en sus puntiagudos cuernos, el torero
gira sobre sí mismo dando un recorte y el animal pasa sin tocarle; tan violento
es el impulso y tan impetuoso que las piernas de la vaca se doblan, pero el animál furioso torna á levantarse y se lanza sobre otro torero, después sobre otro
y sobre otro, en medio de los aplausos tributados por el público, lo mismo á la
destreza de los hombres que á la bravura del animal.
El interés de estas corridas está en que el hombre y la fiera se encuentran
frente á frente bajo el pie de una perfecta igualdad: nada de picadores para fatigar al toro¡ nada de chulos con sus banderilleros,para exasperar!~; nada de muleta para aturdirle y prepararle una sorpresa &lt;letras de su seda roJa y resplandeciente· el hombre en esta lucha no tiene más auxiliares que su sangre fría, su
golpe 'ae vista, su valor y su agilidad¡ la fiera no tiene traición alguna que temer· aquello es un duelo, la victoria será del más fuerte.
LÍegó un momento en que el entusiasmo de los lidiadores dismi~uyó; el calor
era insoportable, nubes de tormenta se elevaban del lado del mar sm velar todavía los rayos del sol que caía implacable en la abrasada arena; la fatiga comenzaba á pesar sobre los más animosos, los cuales, precisamente porque no se habían reservado, pensaban ahora sin duda que correspondía trabajar á los otros,
y se detenían para charlar tranquilamente con sus amigas de los palcos, apoyá?dose negligentemente ~n las tablas de la barrera, en vez de colocarse e,n me~10
de la plaza para citar a la fiera. En estos momentos una vaca que hab1a salido
al redondel no encontró á nadie enfrente de ella. Era un animal pequeño, flaco,
nervioso, de piel roja con manchas negras, de vientre ovalado y con las mamas
que habría podido tener una ternera de seis meses; su cabeza fina estaba armada con dos largos cuernos afilados como bayonetas. Al verla la multitud lanzó
al aire clamores que revelaban esperanzas de algo extraordinario.
La vaca no defraudó aquellas esperanzas que sus amigos habían puesto en
ella; viendo á los lidiadores diseminados por acá y por allá á lo largo de la barrera el animal se encaminó hacia el primero que creyó podría alcanzar, y en menos
d~ cuatro segundos había dado la vuelta á la plaza rornpi~n~o las tablas á cornadas y obligando á sus adversarios á escalar los palcos prec1p1tadarnente con gran
regocijo del público, que comenzaba á hacer burla y chacota de aquel sálvese el
que pueda; hecho esto, la vaca tornó á colocarse en el centro de la plaza y comenzó á escarbar la arena que bajo las pezuñas nerviosas de la res volaba en
derredor de ella.
- ¡San Juan! ¡Bonifacio!, vociferaba la multitud; cada uno excitaba al lidiador
de su preferencia.
Pero ninguno pareció dispuesto á bajar al palenque. San Juan miraba á Bonifacio, Bonifacio miraba á Omer y unos á otros se decían:
- Baja tú.
- No, tú.
- Te toca á ti.
- A ti te corresponde.
Contemplando aquella desbandada, Anie comenzó á reírse y exclamó:
- ~ unca he admirado como ahora la agilidad de los habitantes de las Landas.
Aquellas palabras de Anie iban dirigidas á su padre; el barón, sin embargo,
las recogió al vuelo, y saludando á la joven contestó:
- Permítarne usted que salga á la defensa de mis paisanos.
Antes de que Anie hubiese comprendido el sentido de aquellas palabra~ x7
trañas, Arjuzanx, apoyando ambas manos en el antepecho del palco, se precipitó
de un salto á la plaza.
.
.
.
Hubo entonces un movimiento de sorpresa en el público, pero casi al m1smo
tiempo se levantó un inmenso vocerío¡ habíanle reconocido y le aclamaban.
- ¡El barón!
No se trataba ya de un actor ordinario que provocaba á la irritada fiera¡ era

NúMERO

LA

597

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

el barón, á quien conocíil: todo el_ mundo, y la esperanza de ver esta lucha producía en todos extraordinario entusiasmo.
- ¡El barón! ¡El barón!
· ¡ b
Hombres, mujeres, niños, todo el mundo se había lev~ntado y gesticu a a
curioso entusiasmado· Arjuzanx era el foco de todas las miradas; todos los _concurrent~s tenían ento;nados los ojos y abierta la boca esperando lo que iba á
suceder allí.
.
.
El barón había ido á colocarse con rapidez enfrente de la vaca, aunque sm
acercarse mucho á ella para que le fuese posible verla venir; habí~se ab?tonado
y ceñido al talle su chaquet; arrojó después su sombrer? á larga d1stanc1a, Y en
seauida agitando los brazos sobre su cabeza y produciendo con la lengua un
º ' especial, proveeó a' 1a vaca.
chasquido
.
. .
Arrojóse ésta inmediatamente sobre él; la il:tenc~ón era realmente an_s10sa, nadie se atrevía á respirar; en medio de aquel silencio sólo s~ oía el_ rápido ~rotar
de Ja vaca sobre la arena; la vaca llegó¡ el barón no se hab1a 1:10vido y _tema sus
ojos clavados en el animal, el cual bajó la cabeza, el_ barón hizo u~ qmebro admirable y la vaca pasó casi rozándole; p~ro er~ un ammal ya expenment.ado; ~n
vez de abandonarse á su impulso y seguir hacia adelante, se ~chó con v10lencia
hacia un lado y se arrojó nuevamente sobre e~ barón, qu~ hizo un s~gundo recorte y después un ter.cero, siempre con la misma exactitud y la misma seguridad.
.
La fatiga y la indolencia de los lidiadores desapareció como por ~ncanto cuando vieron que el barón saltaba á la pista; simultáneamente casi baJaro~ ~odos al
redondel; citada desde diferentes puntos la vaca, se lanzó sobre ot:os hd1adores,
y el barón pudo subir otra vez al palco para ocupar de nuevo_su asiento cerca de
Anie mientras la muchedumbre le aclamaba con tal estrépito que amenazaba
hundir la plaza á fuerza de patadas y bastonazos...
La señora de Barincq, felicitando al barón, le d1JO:
- ¡Qué susto nos ha dado usted!
. ,
- Deploro no haber tenido el tiempo bas~nte _para advert_1r a ustedes que
ningún peligro corría, dijo el barón con toda_smcendad y sencillamente.
,
En esto un clamor espantoso le interrumpió, la vaca acababa de sorprende~ a
un torero á quien sacudía violentamente enganchado en los ~uernos po_r la faJa¡
los toreros se arrojaron sobre ella y el enganchado cayó en pie y se aleJÓ de allí
cojeando.
.
- Ya ve usted, dijo la señora de Barincq luego que se calmó la emoción, cómo
había peligro.
- Ha sido un torpe.
..
_
- ¿Crees ahora que el Sr. de Arjuzanx desea agradarte?, diJO la senara de Barincq á su hija, cuando terminada la corrida se hallaron instalados en el landó.
- ¿En qué?
- En saltar á la plaza para demostrarte su valentía.
- Eso no me ha gustado.
- ¿Has tenido miedo?
- No lo bastante para no comprender que es indigno de un hombre de su cla•
se exhibirse de esa manera..

373

en un islote del río disponiéndose á tomar alguna vista del natural, á lo que denominaba la joven' sus Corot. Como Anie descansaba aún c~ando su padre sal' del castillo Barincq y su hija se veían entonces por pnmera vez desde la
~~che anterior-' cuando llegaba cerca de ella Barincq, se apeaba del caballo y
Anie se levant~ba de su silla de tijera y se acercaba a su padre para darle un
beso que él la devolvía con cariño.
-¿Has dormido bien?
- ¿Y tú, hija mía?
Después de habt.r atado las bridas del cab~)lo ~ l_a~ ramas de un árbol, deteníase Barincq á contemplar el cuadro de su h1J~, dmg1éndo)e por él, ya observaciones, ya parabienes. A decir verdad, los p~rab1e~es eran siempre muchos ~ás
que las observaciones, pues bastaba que Ame hu ~1ese, puest? mano en cual9mer
cosa para que esa cualquier cosa fuese una maravilla a los OJOS del Sr. Banncq.
Aunque éste estaba acostumbrado á un dib~jo _más exac~o y más sev~ro que el
que agradaba á su hija, decíase el padre á s1 m1s~o que a su edad esta uno fu~ra de juego, en tanto que la joven iba con la c?_mente de la ~poca; él no h~b1a
sido nunca más que un regular artesano y su h1Ja _era una artista verdadera, en
tales condiciones, ¿cómo no había de rechazar Banncq la!¡ dudas y las observaciones que se presentasen á su _espíritu?
.
.
.
- Verdaderamente tienes razón, decía el anciano para acabar¡ la impresión
que se recibe es la misma que has queri~o ~r?ducir.
y volvía á montar á caballo para segmr v1g1lando, ya el envío de manteca 9ue
había sido batida en ausencia suya, ya la remesa de cerdos que no era posible
hacer salir de sus porquerizas ni subir á los carros sin que lanzasen espantosos
gritos á pesar de las precauciones que para llevarlos se adoptaba_n.
,
.
Solamente después de almorzar se encontraba libre el Sr. Ban ncq y pod1a, s1
as{ lo deseaba irse á trabajar con Anie á las eras.
¡Cómo se e~orgullecía el anciano viendo á su hija trabajando animosa sin temor á los rigores del sol ardiente ni á los ult~ajes de 1~-lluvia, tratand~ con afabilidad á los trabajadores, buena con las muJeres, cannosa con los nmos y haciéndose querer de todos!
¡Qué feliz se consideraba_ cuando ~legada la hor~ de merendar se sentaban
ambos á la sombra de un tilo ó al pie de una enema y devoraban, charlando
alegremente, la merienda que les habían llevado del ~astillo: pan y frut~s, ó bien
una tostada de manteca rociada con una copa de vmo blanco del pa1s y agua
fresca.
Aquellos eran los momentos más deliciosos de todo el día - aun entonces,
cuando había tantos buenos, - aquellos de intimidad, de conversación á solas, en
que todo puede decirse en las expansiones de un cariño correspondido.
Hija y padre hablaban largamente de la.:; cosas del ~fa, bastante de lo pasado
y algo de lo porvenir, pero m~cho m_enos de lo.porvemrque de lo pasado, como
personas felices que no necesitan huir de las tristezas de lo que pasa para refugiarse con la imaginación en lo que tal vez ~asará algún día..
.. ,
También solían en aquellos momentos interrogarse Banncq y su h1Ja a sí
mismos: el padre preguntándose si, corno le decí~ su mujer, sería verd~~ que
imponía á Anie fatigas peligrosas para su belleza s1 no para su salud; la h1Ja, es-

V
Anie que todas las mañanas consagraba algunas horas á la pintura, trabajaba
de muy buena gana todas las tardes con su padre; era para la joven una diversión
agradable, entre otras cosas por lo que tenía de nueva, extender el hen~ segado
en los prados ó en los islotes que el Gave formaba dentro de sus propiedades.
Con su horquilla en la mano extendía Anie sin quedar nunca rezagada la parte
que le correspondía, y al caer la tarde, cuando se cargaban los carros con las
hierbas ya secas, llevaba Anie valientemente su montón no menos pesado que el
que llevaban las demás segadoras.
,
.
.
, .
Estas aficiones campestres enojaban a la señora de Banncq, que las cre1a 111cornpatibles con la dignidad de una castellana, así como también creía que el sol
era malsano y peligroso; ¿no es él por ventura causa y origen de todos nuestros
males, de las pícaras insolaciones, de las fluxiones del pecho y de las pecas que
afean el rostro? Para precaverse contra estos peligros tomaba la madre de Anie
toda clase de precauciones; pero sin poder, como ella deseaba, imponérselas á su
hija, la cual si aceptaba sombreros grandes de paja, velos de gasa y guantes que
llegasen hasta el codo, era para abandonarlos á la primera ocasión que se le pre:
sentaba.
Tales gustos y tal desenfado producían, por el contrario, gran satisfacción en
el Sr. Barincq, que desde sus primeros años había gustado con pasión del trabajo del campo, labrando tan pronto como sus brazos habían sido suficientemente
largos para sostener el mango de una herramienta, segando tan pronto como le
había sido lícito tomar una hoz, conduciendo las yuntas de bueyes, montando
á caballo, podando los árboles, haciendo cuando el caso llegaba las cortas en el
monte. ¡Qué delicia para el padre de Anie, después de tantos años de vida oficinesca reducida, ahogada, miserable, encontrarse por último al aire libre en una
atmósfera perfumada por el heno, encantados los ojos con la vista de mil objetos
queridos, sus ganados, sus cosechas; todo esto en un hermoso cuadro de verdura que cerraba en las lejanías el horizonte de la montaña, con el cual había
soñado tantas veces sin esperanza de volver á verlo una sola vez en su vida!
Barincq era el primero que se levantaba en su casa, principiaba su tarea vigilando en los establos la eperación de ordeñar las vacas; después que había
puesto en movimiento á todo el personal, montaba un caballejo de trote suave
y se iba á inspeccionar los trabajos de desmonte que había dispuesto para convertir en prados artificiales las viñas muertas. Esta caminata era larga, no solamente porque Barincq cuidaba mucho de no arriesgarse con su cabalgadura por
caminos dificultosos, sino también porque solía detenerse con frecuencia para
charlar con los aldeanos á quienes veía trabajando en el campo ó á los que con
lentitud caminaban á su lado por algún tiempo. Barincq les dirigía preguntas
afectuosas, les escuchaba con atención: ¿estaban satisfechos de su cosecha?, y
entonces se empeñaban grandes discusiones sobre los procedimientos de cultivo
que los aldeanos empleaban y los que Barincq les aconsejaba para que aumentasen las producciones de sus tierras; no se enojaba nunca cuando chocaba con
las preocupaciones de la rutina, esforzábase por el contrario en conseguir á fuerza de paciencia y de dulzura y con razonamientos al alcance de su auditorio hacerles comprender sus propios intereses y enterarse de sus explicaciones.
A su regreso no dejaba nunca de seguir la orilla del Gave á la sombra de árboles corpulentos, seguro de encontrará Anie, ya en una plazoleta del paseo, ya

... en menos de cuatro segundos di6 la vuelta á la plua rompiendo las tablas á cornadas

tudiando en el rostro de su padre y en el aspecto general del mismo el cambio
radical que en su persona se había producido desde su instalación en Ourteau,
cambio que se manifestaba tanto en su aire de vigor y de bienestar cuanto en la
serenidad de su mirada. Con frecuencia las primeras palabras de Anie cuando
se sentaba cerca de su padre eran un cumplimiento:
- ¿Sabes que estás poniéndote muy joven?
- Como tú estás poniéndote muy hermosa. Pero ¿no es natural que suceda
así? Cuando durante muchos años se ha vivido de una manera absurda que parece hábilmente combinada para devorar en muy poco tiempo la existencia, ¿no
es lógico que al ajustarse á las leyes de la naturaleza, los organismos que no
hayan sufrido averías demasiado graves descansen y recobren poco á poco la
regularidad en sus funciones? He ahí por qué me alegra verte aceptar esos ejercicios un poco violentos y esas fatigas que han faltado en tu juventud; ten por
seguro que la medicina habrá adelantado mucho el día en que recete baños de
sol y prohiba en absoluto los cortinajes y las sombrillas.
- A mí estos ejercicios me divierten.
(Continuará)

�374

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LOS PROGRESOS DE LA PISCICULTURA
EL SÁBALO Y SU PROPAGACIÓN ARTIFICIAL

Durante los veinte últimos años la piscicultura ha
adquirido en los Estados U nidos un desarrollo sin
precedente en los anales de esta ciencia, análogo al
de la agricultura americana en el mismo período: por

que comprende especies tan interesantes como el
arenque, la sardina, etc., de los que difiere por su
peso (que varía entre cuatro ó cinco kilogramos) y
por sus costumbres, que le colocan en la categoría de
los llamados anadromos, como el salmón, el esperinque, el sollo, etc.; es decir, que remonta del mar á
las corrientes de agua dulce para desovar. Durante el
mes de febrero ó de marzo, según las latitudes y
también según las estaciones, el sábalo abandona el
mar, en donde no se le pesca nunca, para entrar en
los grandes ríos, que á veces remonta hasta muy largas distancias. El período del desove termina generalmente en el mes de junio y los reproductores que
no han sido capturados se dejan arrastrar por la corriente para volver al mar. Las crías permanecen en las

•

Fig. 1. Estación central de piscicullura en Wáshington (Estados Unidos). -A la izquierda, trasvasaci6n de las crfas de
sábalo en las cajas. - A In derechti, recepción de los huevos y trasvasaci6n de los mismos en los aparatos de eclosión. En el fondo, instalación de los aparatos del coronel M. Mac-Donald.

•'
'

su utilidad, por el alcance de sus aplicaciones prácticas, por la originalidad y variedad de sus nuevos
métodos, la piscicultura americana ha llegado á ser,
no sólo una ciencia y un arte, sino también una importante industria.
En 1871 un 'acuerdo del Congreso creó la comisión de las pesquerías de los Estados U nidos ( l1. S.
Fish and Fisheries Commision), encargada de abrir
una información sobre la disminución del producto
de las pesquerías y sobre las causas de esta disminución y al propio tiempo de emprender en las aguas
de los Estados Unidos la propagación de las especies de peces útiles para la alimentación. Gracias al
impulso de esta comisión, presidida primero por un
sabio distinguido, Mr. Baird, de la Smithsonian Institution, y al presente por el coronel M. Mac-Donald,
se ha conseguido el importante desarrollo de la piscicultura.
Hoy la comisión, dotada por el gobierno espléndidamente de los necesarios recursos, posee en distintos puntos de las costas numerosas estaciones de
investigaciones biológicas, una escuadrilla de vapo·
res empleados en las investigaciones zoológicas y utilizados como estaciones flotantes para la propagación de las especies marinas el bacalao, el arenque,
etcétera. Al mismo tiempo, las principales especies
fluviales, el salmón, las diferentes especies de truchas, el sábalo, el corégano americano, la carpa importada de Europa, están distribufdas en todos los
ríos, lagos y estanques de los Estados Unidos por
medio de vagones especiales provistos de cubos, depósitos, etc., para el transporte de los peces jóvenes.
Uno de estos vagones empleado en la distribución
de las crías de sábalo, salmón y carpa ha recorrido
en un año 51.189 kilómetros, ósea unas diez veces
la distancia del Havre á Nueva York.
De todos los peces cuya propagación artificial han
efectuado los americanos, los mejores resultados se
han obtenido con el sábalo, pez que se ha escogido
para repoblar los grandes ríos, no sólo por su valor
alimenticio, sino que ~mbién por su fecundidad,
pues una hembra puede llegar á producir hasta
100.000 huevos, lo cual permite cultivar los huevos
por millones.
Pertenece el sábalo á la familia de los clupeidos,

NúMERO

aguas dulces hasta el otoño y descienden al mar en
octubre ó noviembre, época en que miden de ocho
á diez cent/metros de longitud.
La pesca del sábalo adulto no se verifica, por con·
siguiente, más que durante cuatro meses al año, pero
en este corto período ocupa á numerosos pescadores
y proporciona un contingente precioso á la alimentación.
En otro tiempo abundaba prodigiosamente en todas las aguas que frecuentaba, pero ha ido escasean·
do cada día más á causa de una pesca excesiva y tan·
to más perjudicial cuanto que no se practica, como

597

acabamos de ver, sino en la época de la reprodu
ción. Por esto la propagación artificial, salvando
esta destrucción los huevos de los reproductores ca
turados y enviados al mercado, parece destinada
prestar los mejores servicios para evitar la destrucció
comprobada en todas partes, en las pesquerías, y
constituir la especie en su antigua abundancia.
Desde 1867, un sabio entusiasta, Mr. Seth-Gree
acometió la empresa de aplicar á los sábalos los pr
cedimientos de propagación artificial que hasta entonces sólo habían sido experimentados con la trucha y el salmón. D~spués de haber explorado la corriente del Connecticut para estudiar las condiciones
del desove, observó que los huevos del sábalo necesitan aparatos de eclosión muy diferentes de los empleados para los huevos mucho más voluminosos de
los salmónidos. Esta observación le llevó á construir
cajas rectangulares de 65 centímetros de longitud
por 45 de anchura y otros tantos de profundidad, cerradas en el fondo por una tela metálica muy fi na,
sumergidas en el río é inclinadas en el sentido de la
corriente por medio de flotadores fijados lateralmente, disposición merced á -la cual se agita el agua de
las cajas impidiendo que los huevos se aglomeren y
procurándoles un movimiento continuo favorable á
la incubación. Esta se verifica rápidamente, produciéndose la eclosión á los cuatro días cuando se mantiene la temperatura del agua á 18 grados sobre cero:
entonces queda terminada la operación y hay que
poner en libertad á las crías, pues apenas nacidos los
pececillos y á pesar de llevar aún su vejiga umbilical
nadan con gran velocidad.
Los experimentos de Mr. Seth-Green habían producido ya excelentes resultados cuando la comisión
federal de pesquerías, recientemente creada, decidió
ampliarlas y proseguir en grande escala la propaga·
ción del sábalo. Hoy el sistema de operaciones en
pleno río, empleado primitivamente por Mr. Seth•
Green, ha sido reemplazado por dos grandes estaciones, una cerca de Havre-de-Grace (llfariland) y otra
en Wáshington, en los edificios del antiguo arsenal
La recolección y fecundación de los huevos se efectúan por medio de barcos que se dirigen á los Inga•
res de pesca. Los huevos fecundados, envueltos en
muletón húmedo, son embalados en bastidores reunidos en series por medio de correas y luego expedidos en barco ó ferrocatril á los establecimientos en
donde se obtienen la incubación y eclosión por medio de aparatos que permiten operar en laboratorio
con una seguridad que no podían ofrecer las cajas
flotantes expuestas á la intemperie y á las avenidas
de los TÍOS. Estos aparatos inventados por el coronel
Mac-Donald consisten en botes de cristal de fondo
hemisférico de 20 cent/metros de diámetro por 65 de
alto, cada uno de los cuales puede contener 100.000
huevos (fig. 1). Cuando el agua sometida á presión
entra en el bote por el tubo que va hasta el fondo de
éste, determina en todos sentidos corrientes aseen•
dentes que nacen en el centro del fondo hemisférico
y continúan á lo largo de las paredes para descender
de nuevo á lo largo del tubo central, produciéndose
un movimiento análogo al de la ebullición. Los huevos, algo más densos que el agua, son arrastrados

N úM ERO

LA

597

producto de 1880; en 1886, de 34; en 1887, de 62 , Y
en 1888, de 85.
.
Los mismos trabajos se verifican de algún tiempo
á esta parte en Francia. En 1887, M. Pedro :7mcent,
previo el asentimiento y el concurso del m1?1stro de
Agricultura 1 comenzó algunas invest1gac10nes
que Je permitieron reconocer la parte del Sena
marítimo, cerca de Ellboeuf, donde se encue~tran desoves de sábalos y donde , por cons1·
guiente, podrá i_nstalarse útilmente ui:, establecimiento, expenmentan~o al P'.ºP.IO tiempo la
fecundación y la incubación art1fic1~les. Actual·
mente funciona desde 1890 la estación de SamtPierre-les-Ellboeuf (fig. 2), que aunque más mo·
desta que las americanas, podría con algunas
reformas operar sobre 100 millones de huevos
de sábalo.

por esas corrientes y todos se mueven subiendo late·
ralmente y volviendo á descender al fondo del aparato. Cuando se verifican las eclosiones, los l(eces Jóvenes al agitarse son arrastrados por las cornentes al
acuario colector, del que no pueden escapar porque

***
UN MICRÓMETRO BARATO

Fig.

1.

Micrómetro de M. Poynting

sólo el agua puede pasar por las mallas de la boca
del sifón.
La estación central de \Váshington, una parte de
la cual reproduce la fig. 1, posee una instalació': que
le permite operar en cada estación sobre mas de
100 millones de huevos de sábalo.
Merced á estos trabajos los americanos _han llega·
do á multiplicar el sábal,o_ hasta '? mfimto en los
afluentes del Atlántico y a 111troduc1r en los del Pacífico esa especie antes desconocida en ellos. Algunas cifras oficiales darán idea de los resultados obte·
nidos. En 1885 la cantidad de sábalos pescados ha
presentado un aumento de 2 5 por ciento sobre el

Con ocasión de un trabajo sobre medición
de la densidad de la tierra, M. Poynting ha constru{do un catetómetro cuyos micrómetros. están al alca nce de los más modestos laboratorios.
Los anteojos de aquél llevan un retículo fijo
A
cuyo punto de cruce ocupa su eje óptico: delante del
8
objetivo hay una placa plana de cnstal espeso mon................
tada sobre un eje horizontal y con un índice perpendicular á su plano. La fig. 1 representa el aparato en
conjunto. Una rotación de la placa alrededor de _un
eje mueve un poco _la !magen.. Con este d1spo:1t1vo
Fig. 2 . Esquema explicativo
se mide del modo siguiente: a1ustado el anteo¡o de
modo que el punto P que se mira esté cerca de su
eje óptico AB (fig. 2), se lleva este_ punto al cruce pensatriz no fuese de caras rigurosamente para~elas,
de los hilos con una pequeña rotación de la placa no resultaría de este hecho ningún error apreciable
de cristal y se da vuelta al catetómetro apuntándolo para las observaciones. - C. E. G. ·
á una regla dividida en ~ilímetros. Dos ro~c10ne_s
inversas de la placa llevaran los dos trazos mas vec1(De La. Nature)

---

1

. -.

FACIUTAL\
los SUFRIMIE

TlA"'lI,,,a

---

- un 1.ntn tuat11 LECHE ANTEFÉL
,.,. 1 ...W. •

Ju

PILDOR&amp;S;DEHlUT
DE PAR18

Do titubean en pUl'flane, cuando Jo
Dece.sitan. No tdmen el asco Di el cau•
raDclo, porque, contra lo que acede con
lo, demu purgantff,. estd no obra bien
mlo cuando ,e toma con bueno, alimetol'
1 bebidulortilicanca, cual el nao, el cat4,
el U . Cada cual ~e, para purga,..., la
bora 1 la comida que ma, Je conYiene.11,
segun ,u.r ocupacíone,, Como el caaaaa
c10 que la purga ocutoaa ~ed• com-

plewnentoanllladoporel efectodela

buena alimeneacion empleada,uao
,e decide /.llicil.mente 4 volver

a

•1

contn los Reuma, Toa, Criada Der-riNU
61-mmoa. -El i+RABRl'O:RGBT•
WI calmante c&amp;,l,re, oonocid o d&lt;ode 30 lli&lt;,o. E&gt;a bo !annaciu y :z8, "'• Bvgm, Paria

,

. . . . ,- la WIIIU II DIIID1

11ea1au .......,..... .. 1 1 1 ~....

-

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mu

1171

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.,,.
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Dl81'11'81Aa
0AffltlT18 - GA8TRALDIA ■

DIDIITIOII LaNTAI y PINOaAa
PALTA DI APITITO

EllllR, . •• PEPSIIU IDUDAULT
VINO · . •• PEPSIIU IOUDAULT
POLVOS, •• PEPSINA IOUDAULT

CARNE HIERRO y QUINA
11.+limento mu r,;a.;.;: llllido a loo Tóa.icoa mu npandor&amp;

VINO FERRUGINOSO ARDUO

T COK TODOS LOS nDICIPIOS 111l'nlTITOI DI t.l ClAUB
tl&amp;JIID, - • 1 •111111.1.1 Dles allol de mio conllDuado 1 las a11rmacloneo de
todu: lu emJ.nenclU mMJcu preubln que esta UOCl&amp;don de la Can.e, eJ 11.iene y la
. . _ 00111Utoye el repandor mu eoend.co que ee conoce ~ curar : la Clot'dní, la
,jMfll.:.S, 11a JIMll'1Ult1oul c&amp;olorolA, el l"'J)01Jna1"Wto 7 la .4.ltertJCWn 41 la S4ft(Jrt,
el .ltlftiUUfJIO la.a -'.(ltX:klul
7 at:orb#tfal.l, etc. El Tia• •eff9SI:.... de
.&amp;n••
ea en' etec&amp;o el ún1co que reune &amp;odo lo que entona 1 tor1&amp;lece loa orpnoe.
"1C1llll'1A' coordena' 1 aumenl&amp; OODalderal&gt;lemenle Ju ruenu I&gt; Inrunde a la IIUllS9

acro""°""

empaiiieclcla 1 cleocolorlcla : 01 vi,o,, la e1 la 11..,.""1 "''"'·
,Por-,r1 a Paria, ea euade J. Flllllt,Fll'IIIICOlltioo, IOI, nellicheiiea. l!ousarde.lllOCD.
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SM TOD.U LU PIUl(ClPALBS IOTIO.U

EIIJASE ..:= 1 ARDUO

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GRANODELIN OTAR INr'.1\t't:Cl'.:s

PIIEIIO DEL INSTITIJTO AL D'C011'11SART, Ell 1191

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Pepsina Bondanlt
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JARABE on DR. FORGET

4 IARPULLIDOS. TEI BA.llROIA o
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ARRUGAS PREOOCEI
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.~

'I ftllOI HIOU&gt;D'II DI U. _,IUflla

Estación de piscicultura de Saint-Pierre-les-Ellboeuf (Sena inferior). Vista de la sala de aparatos

LA

Lu

''""" ....._

aea aecuario.

2,

nos al eje óptico del anteojo, con~iguiéndose así. tres
posiciones de la placa correspondientes al trazo_ inferior al punto de mira y al trazo superior: una s1~ple
regÍa de tres da la posición del punto que se qmere
determinar. Si en un catetómetro se han montado
dos anteojos, podrá medirse de este modo _la distan·
cia vertical de dos puntos, comparar dos mtervalos
de una regla, etc. El índice fijado en la placa lleva
en su extremo una plaquita de cristal c~n un trazo
cuya posición se lee en una división vertical. El ángulo que forma la placa coi. su posición normal lo
da, pues, su tangent~. Las desviaciones de la imagen
se suponen proporcionales á la lectura. Aunque este
procedimiento no es riguros~mente exac~o los errores
son insignificantes y se corrigen automáticamente _por
un conjunto de listones inventado por M. l'o~ntmg,
listones que imprimen en el cristal y en el índice _un
movimiento hábilmente calculado. Esta corrección
puede también efectuarse reemplazando_el trazo recto
del índice por un traro curv11fneo deb1damen_te _cal·
culada. Las medidas obtenidas por este proced1m1ento son diferenciales y en el caso de que la placa com-

··
Lorette,
R ue
Cau21
martin
Las casas extranjeras que des een a nun ciarse en LA IL USTRACI6N ARTtSTICA diríjanse
para ¡ n torme s á. .los
1 Sres
P ~ A.
o de
Gracia,
núm.
núm. 61, Parla. -Las casas españolas pueden h acerlo en la ofloina de pu blicida d de los Sres. Calvet Y Ru1, P,

4i empeaar cuanta, vece&amp;

Fig,

375

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

E8TREAIM IENTO8, CÓLICOS. -

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Hl ■ IIIIO

-la -la

BBlVAIS

ol .....
tnltDldo II la ICODOmia, 1:JJ)lri:matlldo por loo "'""""" midlcot dol
■mulo, pua lmudlab.m1111t a la

Ptrlaf'r:40J421r,11-&amp;.ua,._ Paril,

SO.

·-- - --------·-- -----

LA SAGRADA BIBLIA

_

EDICIÓN ILUITRADA

~ . • oeuiou ll&amp;reliauelto,ao
~llp
- · .. "'
dieálN.olT61t11tulallP&amp;N•IMl•116&amp;.
b)JIN II l,rjaj111.....
,.
Dt Yente '" lodH lu Fum10/u. ·

La caja: 1 fr.

• tO o6ntunoe de peeeta la
entrega de ti p6.ginaa

...... ,...,...., .......

A&gt;fcll 1

'liNS...lla....,711iUa,..,-.

'I'"\ • • t ld
contra las diversas
arab 9 de,._,191
a e AfeccloneaiolCo~azon,

J

Empleado con ei mej or exito

Hydropealaa,
• Toaea ner-vloaaa;
Bronqultla, Asma, et,,,

,/~8;!o~!:ª!o':i!· la Grageaaa!LaetatodeHiarrode
Anemia, Clorosis,

Ea.....l■i.te ~, la ""'"•
Debilidad, etc. '

'E

GELIS&amp;CONTÉ
J. pro/J&amp;du por /1 J.e1d,m/a d• Jl•tllelu d, Pim.

• J Brag818 de queseconoce,enpoclon
NEl81UTICD ,1 ■u PODEUIIó
r90t1:C.a

1i;tBei0~~1:111~ftit+11f ~~~~;~;f

~:~~:~e:;

■edalla de Oro de la S•• de ri. de Paria &lt;útklUn za, Ptrclúlal. ,,
LABELOIIYE y
99, Calle de Abouklr, Parla, y en todas la.s f&amp;rmacla.s,

C'• ,

PITE EPILATOIRE DUSSER =..J:

d.,..,. huta 1u IIAICt:a ~ VELLO d~ "'"" de lu damu (Barba, Blro!a, flt.), 1111
-,U
ti caU,. SO.Año■ 4ebto,Jaillarel de tettiaoaiol pruUa.al&amp;~
4o (lo • NjU, .... la J • l¡t H)H ,.,. ol l&gt;lpl&amp; U,..~ .. .._, ....... ~riliJ'OB&amp;l&gt;V■■ma,1,ne J..J,.B.OUNl.11,•ut.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

KL LEÓN DE L UCERNA,

GARGANTA
y
ESTOMAGO
VOZ

BOCA

· ·,

PASTILLAS DE DETHAN

-PATERSON

Recomendadu contra lot llalee de la Garganta,
Extlnolonee de la Voz, Inflamaolonee de la
Boca. Efeotoe pernloloaoe del lllleroarlo, Irl·
tacion que produoe el Tabaco, y apeci&amp;Jmenle

~• BJSIIUTBO 7 IIAGNISIA
Reeomendado1 contra lu Afeoolonee del Eat6-

mago, Falta de Apetito, Digestiones laborloeu, Aoed.laa, V6mitoe, Era:otoe, y C611ooe;
regalarizan la_e Fanolon• del Eet.6mago y

i los Sñn PREDICA.DORES, ABOG.A.DOB,
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i EXA(GINA ¡
I

0

597

monumento erigido á la memoria de lo(suizos que murieron en las Tullerías delen&lt;liendo á Luis XVI, obra de Thorwaldsen

ENFERMEDADES

PASTILLAS y POLVOS

NúMERO

6

NEVRALGICOS,
'
DENTARIOS,
41
MUSCULARES, 6
1
'
UTERINOS. 6

6

6 inofenstoo y el mas 6
6 poderoso medicamento d ..
6 CONTRA EL DOLOR W

•-óff"¡MC:..I

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMP, DB MONTANKR Y SIMÓN

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                    <text>a,trtélC10t)

11tí~t1ea
A&amp;o XII

BARCELONA 12 DE JUNIO DE 1893 ~ -- - - - - -

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¡SI NO VENDRÁ!.., dibujo original de J. García Ramos

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍST1CA
como que haya pertenecido á la secta protestante y puéstose agravar las tristezas de aquel alma y malherirla, no sólo por l_:i
1
por razón de Estado en contra y en pugna con la ortodoxia vida privada de ser desarreglado, ll~na de placeres Ycorr~mp •
da
en
toda
clase
de
vicios;
por
sus
hgere~as
en
las
~ceptac1on~s
connatural á su católica familia y á su exaltado pueblo. La causa del trastorno de sus sentidos muy despiertos y de la pérdida del Principado de Asturias, cuando munó el prínc1~ don ~11de su seso muy sólido estuvo en exaltaciones exacerbadas del guel, y de la corona misma castellana, cuando munó la rema
amor connatural á su pecho, recrudecidas por celos, cuya in- Católica; por sus desvíos del rey Fernando, tan experto y c~ntensidad llegó hasta producir en su espfritu y en su ánimo una s1hnado en política; por sus desacatos al Parl~mento de Aragon,
rabiosa demencia. Si á esto se junta que mujer de suyo aman- respetadísimo en el mundo; p~r la extr~niera cohorte qu~ le
tísima se casó con joven cladQ á tocios los placeres, y especial- acompañaba doquier en los. remos espanoles; por, el ammo
Texto. - J;f11rm11raciones europeas, por Emilio Castelar. - La mente á los placeres del amor, se comprenderá como no pudo dado á las inmumerables facciones feudales que todavia coleaban
ciudad de Chicago, por M. A. S. - Temor póstumo, P?r S. contener dentro de los limites racionales su desgracia, la cual aún después de malherido el monstruo; por tantos errores y pe·
López Guijarro. - El pozo de la verdad. Cuento, por Lms M. reventó en los nerviosos desórdenes y en las desatinadas accio- cados como se deslizaban á un tiempo, asi en el hogar como en
de Larra. - ll1iscelá11ea. -Nuestros grabados. -Anie (conti- nes consiguientes á la verdadera locura. Lo robusto de aquel el trono de doña Juana, rompiendo en mil pedazos a~uel coranuación), novela por Héctor Malot, con ilustraciones de su cuerpo, resistente hasta provecta edad al. incendio de una zón, mayor que trono y hogar; un verdadero calvano, d~nde
Emilio Bayard. - SECCIÓN CIENTÍFICA: Los dahomeyanos pru;ión exagerada, confirma la enfermedad atnbuída por el sen· los celos por su amor y los_ recelos por,sus _vasallos de contmu~
en el Campo de Marte, de París. - Libros enviados á esta Re· tido común histórico á la reina. Los mismos pedazos de razón, la sacrificaban en una pasión tanto _mas triste,. cuanto que na
dacción por autores ó editores.
flotando en la tormenta de sus pasiones y en el naufragio de die veía cerca su postrera c?nsolac1ón 6 refugio 1 el seno de la
Grabados. -¡Si 110 vendrá!•. , dibujo original de J. García su alma, dicen cuán desatentada fuera la exaltación que apagó muerte. ¿Creéis que no hab1a bastantes causas a promover_ la
Ramos. - Cinco grabados correspondientes al articulo titula- el brillante luminar de su idea y la sumergió en aquella trom- rematada locura? Pues en el exceso de su amor le so~revmo
do La ciudad de Chicago. - Reconocimiento de 1m vado; ¡Al· ba de afectos homicidas, á cuyo término cayó la infeliz en una á su esposo la muerte.. Quien querí~ para ~l placer la vid~, se
to!.. ; Paso detm río, cuadros de José Cusachs (Exposición especie de 'suicidio del alma, perpetrado á impulsos de la in- murió; y quien de la vida sólo conoc1a la tristeza, quedjse míe•
Parés). - ¡Adiós!, cuadro de Ernesto W. Appleby. - ¡Aban• creíble intensidad de aquella tortura que le infligiera el choque liz en este bajo mundo. Y entonces echó de menos dona Juana
la Loca no solamente las escasas alegrías de su matrimonio, las
domuta!, cuadro de G. Tyrahn. - Los defensores de Zaragoza con el desamor de su amorosa y exaltada naturaleza.
(18og), cuadro de Mauricio Orange (Salón de los Campos
Doña Juana conservó toda la vida el culto más religioso á la penas t;mbién que le hablan taladra~o las si~nes, "J: a~abó de
Ellseos, París, 1893). - La fiesta en casa de los abuelos, cua· memoria de su madre muerta; el amor más entrañable á su pa- hundirse por completo en su desgracia. Contmu6 smtien~o el
dro de Hugo Salmson (Exposición del Ca~po de Marte, dre y el respeto más profundo; los sentimientos propios de la mismo amor y los mismos celos, ~n un desvarío, que la pusieron
Paris). -La .alle de Alcalá después de una corrida de toros, dignidad real en que naciera y se criara dentro de una corte:por fuera de si misma, en congruencia con sus penas, y la embarcuadro de Francisco Maura (Exposición general de Bellas completo imbuida en la idea monárquica, triunfante, tras una garon por medio de aquellos es~antosos horrores, los cuales no
Arles de 1892). - Figuras 1, 2, 3 y 4. Mujeres, músicos yfe- guerra secular con alternativas contrarias, del viejo feudalismo. pueden adivinarse ni medirse smo estando en ella y con ella,
ticheres dahomeyanos (de fotografia). - Una máquina de pin· Asl, en todo con su marido se conformaba, menos en lo tocan- tan infeliz y cuitada.
.
.
Pues un asunto dramático en esencia se desnaturaliza con
tar en la Exposición de Chicago.
te al poder y al derecho vinculados en ella por la hetenci~ recibida de su gloriosa madre Isabel. De todo á veces dejaba facili&lt;lad suma encerrándolo en drama convencional, destinado
disponer, merced á la parálisis en la voluntad y en 1~ inte~gen- más bien á robustecer una tesis que á divertir y recrear un púcia, inertes al extremo de parecerse á un ser matenal pnvado blico. Parody no ha tomado, como debía_, ejemplo y lección.de
MURMURACIONES EUROPEAS
hasta de la existencia vegetativa y petrificado y frio comoluna nuestro gran Tamayo, _poniendo los ases~os c~los de la rema
POR DON EMILIO CASTELAR
estatua funeraria; pero en cuanto le hablaban de algo atenta· en las condiciones de (lempo y de lugar, m~lv1dable~ hast~ en
torio á su regia dignidad, ergulase contra las pretensiones del los dramas históricos menos atentos a las unidades anstotéhcas
Silvela en la Academia Española. - En el teatro francés un rey de Francia cuando exigía le firmara una declaración de y de mayor naturaleza romántica: Enfermo su espíritu de achafragmento de Historia de España. - Errores históricos del feudo firmada ya por su esposo en !acorte francesa; y lo mismo que tan frecuente y grave ahora como _la manía de trabucar el
autor Parody. - Flaquezas literarias. - Tendencias del drama se deshacía del yugo forjado para su cerviz por don Fernando V teatro con la novela, desarrolla la vida de doña Juana en cuacontemporáneo á ser novela. - Los felibres de Montpellier. y por don Felipe, tan amados, que del yugo de los comuneros dros cuyo principio se inicia en la infa~cia de ésta y cuyo fin
- Observaciones acerca de los juegos florales. - El regiona- dispuestos á convertirla en una enseña_ nacional de com~ate al ó término en su muerte. No puede peduse al teatro y su malismo. - Otra ópera de Wagner en la Academia Nacional de extranjero y á sus devastadoras exacciones. La desgracia suya quinaria la realidad viva, un follaje de,bosque, un mar de agua,
Música Francesa. - Conclusión.
no tuvo ningún otro origen sino el amor exaltado á su esposo un relámpago de cielo, un mullido de prado? la ~erd~d en si
y mal correspondido por éste. Si Juana diera con un principe misma. Pero debe pedírsele una grande aprox1mac1ón a lo verNadie con mayores títulos de ingreso en la Corporación en- que de ella se hubiese prendado y sido capaz de quererla como dadero. ¿Quién le ha mandado á Parody alterar la Historia de
cargada &lt;le velar por la conservación de nuestra lengua patria ella quería, en su juicio quedara y quizás fuera por su voluntad manera como la dicha por nosotros arriba? ¿Podría tolerarse,
como el buen amigo mio D. Francisco Silvela, maestro con y por su inteligencia uno de nuestros primeros monarcas. Pero por ejemplo, una tragedia en que César matase á Bruto, en _vez
pluma y palabra en las artes del buen decir castellano. Porque cuando se parte de aqui á :Flandes, á l_os do~inios de su novio, de matar Bruto á César? Nada de huir la verdad en los requeyo al gremio haya pertenecido un tiempo, al gremio de los ora- y arriba, tras deshechas tempestades, impelida de amor mucho rimientos y rebuscas de lo verosímil. Amén de todo esto, entre
dores, no tomará la malicia por vanidad ó ufania de clase y más exaltado que aquel sentido por la reina de Cartago hacia acto y acto puede pasar la eternidad cuando representáis autos
profesión el atribuir á cuantos hablan en público de corrido, el fogitivo Eneas, amor éste concluido por un suicidio, encuén- sacramentales y ponéis en las tablas idealizados arquetipos ó
aunque sea de coro, con propiedad y corrección, el carácter, trase la enamorada castellana con que su novio no tiene prisa de meras personificaciones ó puros símbolos. Puede rejuvenecerse
por derecho propio, de académicos en esta Compañia, donde la abrazarla y la deja sola muchos días bajo nieblas que debían pa· un actor en verdadera comedia de magia. Pero en el drama
nación deposita el poder legislativo encargado de regular con recer á quien llevaba en sus ojos el cielo y el sol de Castilla un corriente y usual ninguna de tales cosas debe pasar, pues los
autoridad universalmente reconocida en los dos mundos hispá· paño funerario. Vense y hacen vida común; pero sin que nun- rigen leyes c;onvencionales, ó costumbres y tradiciones, tan imnicos nuestro hermosísimo idioma. Quien, como Silvela, con ca se pagase amor con amor,:nunca. Juan~, que nec~sita de la periosas y autorizadas como cualquier ley ó fuerza natural. En
maestría soberana pronuncia un discurso de forma literaria é mirada del esposo como de la luz, que respira en su aliento, que el drama de Parody se apunta la tesis de que nunca estuvo loca
ilación lógica, ya en el Foro, ya en el Parlamento, ya en el no quiere la vida sin su compañia, que le adora más á medida doña Juana, y para demostración de tal tesis absurda se la hace
Ateneo, posee un caudal de voces y una copia de frases á las que mayor tiempo á su lado pasa, paséase solitaria y abandonada crecer, desarrollarse, madurar, envejecerse á la vista del púcuales no puede poner pleito quien, dentro de su gabinete re- por su palacio de Gante, sin oir más que los regocijadísimos blico en tres horas. No quiero decir cuántos esfuerzos y artificluído, corrige con reflexión lo incorrecto y rehace con cuidado ecos de festines continuos y de besos adúlteros, destinados á cios, cuántos disfraces y menjurjes, qué número de afeites inlo mal hecho, disponiendo á s1,1 guisa del gran cooperador á todo, trucidar su tierno corazón, amante hasta la demencia, por causa creíbles y de curvaturas diversas hay que pedir á las actrices
del tiempo, quien apremia y embarga los oradores, abandona· y motivo de las mismas infidelidades. que le recrudecían á una para que, sin alterar el personaje, se presenten como niñas en
dos á la electricidad de sus nervios y á los ahorros de su me• con creces incalculables, por sus contrariedades mismas y sus el primer acto, y j6venes en el segundo, y jamonas en el tercero, y provectas en el cuarto, y machuchas en el quinto, y
moria y á los recursos de una espontaneidad milagrosa, los oposiciones, el amor nativo al ingrato esposo.
cuales marraríanle de no poseer con plenitud y en completo
En la familia de los Reyes Católicos se amaban unos á otros viejas casi ochentonas en el epílogo. Los cambios de la piel
dominio el Verbo nacional. Como le dí para su cargo mi voto, en términos tales que los hijos veneraban como dioses á sus pa- tersa con arrugas hondas pasen allá en buen hora, segÍln auxihuélgome diciendo como justificó ilesa mi predilección en su dres y los padres llamaban á sus hijos ángeles. Muerto el here- lios de afeites y toques al revés. Pero aquello que más del alma
discurso, lleno de sal ática, un poco acerba y amarga en oca- dero de la corona, ó sea el infante don Juan, casado con una está próximo, la voz, no puede alterarse de modo alguno á cada
siones por la índole de crítico que le distingue y el sabor hermana de Felipe el Hermoso, quedaron dos derechos inme- cual de los actos, como se altera con facilidad á cada cual de las
volteriano de su ingenio, en el cual atávicamente hay vincu• diatos á la corona, el de la reina de Portugal y el de_.ja reina de edades. Entre un capítulo de novela y otro podéis poner cinlado algo de la Enciclopedia con mucho del último siglo. Con- los Países Bajos. Si la reina de Portugal y su hija hu hieran vi- cuenta y más.años; pero no podéis distribuir ese medio siglo en
testóle mi amigo el Sr. Pidal, en quien se suman á las exce- vido, vinieran al acervo común de la monarquía española este cinco actos. Y no hablemos de tesis tan falsa como la negación
lentes cualidades y aptitudes varias de orador verdadero, otras reine, con sus maravillosas colonias en Asia y Africa y América; de una demencia tan averiguada cual la demencia de doña Juana
no menos eximias de verdadero escritor. La grande abundan· pero como las dos herederas inmediatas murieron, y recibió el y el carácter de filósofa y liberal á la moderna por el autor
cia de su frase y la riqueza ó esplendor de su estilo no em· principado de Asturias, tras la muerte del hermano y del sobri- puesto en una mujer pagadísima de sus poderes y de sus timpecen, por lo que voy viendo, á la concentración del pensa- no de la hermana, la mujer de don Felipe el Hermoso, trajo bres regios. El que unas veces olvidara el nombre ilustre de
miento en su rotunda prosa. Pero el discurso suyo, más bien ésta Flandes, Holanda, el Franco-Condado, los derechos á Bor- sus hijos alzados á los primeros tronos del mundo mientras ella
que de recepción, fué un discurso de vejamen. Encerrándolos goña, las competencias por Lombardía, el ducado de Austria vegetaba tras una celosía en su jaula de Tordesillas; el que otras
en flores muy fragantes, díjole al recién llegado conceptos con todos sus anejos y la eventualidad probable de alzarse, veces repugnase las devociones aprendidas desde la niñez en el
un tanto discordes con el acto cumplido y con la cere\nonia como nuera de un rey de romanos, con el imperio alemán para regazo materno y se resistiese á la comunión y á la misa; el que
celebrada. Silvela pudo recitarle aquella célebre frase·de Nar· su esposo, y quizás para su hijo. ¡ Tristes caprichos de la he- ora se creyera reina y ora cautiva; el que oyese á San Francisco
ciso Serra: «Te he traído de hombre bueno y me has salido rencia! ¡ Cuál otra fuera la suerte de nuestra patria si, en lugar de Borja en sus predicaciones y á los comuneros en sus proclahombre malo.&gt; El jubileo literario, establecido ya por una cos• de haberse por las herencias europeas múltiples disipado en mas, sin al cabo determinarse y decidirse por nadie, (micamentumbre tradicional en las recepciones académicas, deberá ser Europa, se concentrara en nuestra península y exclusivamente te prueba una rematada locura, derogando la falsa tesis de la
siempre jubiloso. No hay para qué decir sino aquello condu- se dirigiera con empeño á nuestra obra intercontinental en el unánime conjuración urdida en cuatro generaciones para volcente á loa del admitido. Silvela recibió las flechas con la re· viejo mundo asiático y en el nuevo mundo americano! Siem- verla loca. Mal drama, muy malo el drama d~ Parody en su
gocijada conformidad de un San Sebastián del Renacimiento, pre dije que fuera una desgracia patria la muerte de los here- fondo; pero, según los competentes, mucho peor todavia en la
que se diría recibe confites en lugar de dardos. Bien es verdad deros del trono portugués y la exaltación de los herederos del forma por encerrar lugares comunes en versos prosaicos. ¡Dios
que, para conformidades forzosas con las de~apacibles censu• trono flamenco. Pero la desgracia mayor fué para la pobre se lo haya perdonado!
ras, no hay como los políticos. Pieles rojas llamamos á ciertos princesa casada por razón de Estado con Felipe el Hermoso.
Mucho tiempo gasté ahora en examinar un drama de argu·
indios; pieles duras deben llamarnos á nosotros los estadistas. Por 1498 los Reyes Católicos debían sospechar ya la mala mento español y poco habrá de quedarme para las otras partes
Como quien toma por mucho tiempo el arsénico en dósis acaba ventura de su hija y las desavenencias en su matrimonio, cuando de mi revista. lnvítanme los felibres del Mediodía en Francia
tragándoselo á libras, quien pasa por la crítica del enemigo á expidieron un fraile llamado Matienzo, prior de Santa Cruz, con reclamos de admiración ·y amistad, jamás harto agradecidiario se queda interiormente tan invulnerable como Aquiles para que se industriara de todo y los industriara en tocio. dos, á participar de una fiesta latina en la ciudad de nuestro
después de haberse bañado en la Estipa sin talón siquiera. Y Decía el fraile, al dia siguiente de haber hablado con doña D. Jaime I, el grande, el inmortal, el reconquistador, el tipo
puesto que á mi cofrade nada le incomodaron las frases de Pi- Juana, estas palabras de un indecible candor á los Reyes más bello de las aragonesas historias, en la ciudad de Mont·
da!, no seamos nosotros más realistas que el rey ni más papis- Católicos: « Está tan gentil, y tan fermosa y gorda, y tan pellier. Pero me perdonarán mis amigos que no acuda. El
tas que el Papa.
preñada, que si Vuestras Altezas la viesen habrían consola- arte de la palabra me abrió en mi juventud todas las puertas
La lengua española nos lleva, como por un lógico y natural ción.» Pero no debió gustar la embajada mucho á don Felipe, y. me las cierra todas en mi vejez. Después de haber condesarrollo, á la historia española. U no de sus incidentes más cuando l\fatienzo &lt;leda en otras:cartas, quejándose de morirse tnbuído con el Verbo, que Dios pusiera en mis labios, á em·
trágicos ha pasado por la escena del teatro francés: los amores, por hambre: «Acá no dan de comer áhombre de mundo,» y ase- presas ~ales como la redenci6n del esclavo y la libertad del
los celos, las demencias de Doña Juana la Loca. Y al pasar ha guraba de mil modos á don Felipe qfle « no tenla encargo de p_ensa!111ento, ¡ah! todo en derredor mío, todo me impone
suscitado cuestiones literarias, de cuyo examen y conocimiento hacer inquisición alguna sobre su vida.» Pero poco debió ade- s1lenc10 forzoso y me pide una consagración de mis últimos
práctico no podemos en manera ninguna librarnos. Parody, lantar cuando el césar Maximiliano se percataba de asistir al bau- años á las contemplaciones y defensas mudas de esta obra,
griego de nacimiento y abolengo creo, francés de naturaliza- tismo del primer nielo que don Felipe había engendrado en doña constr!lida en honor del humano derecho. No yendo al Congre·
ción, estudioso é instruido más que inspirado; maglier su falta Juana; y se iba, con desatención á sus hijos, de Ceca en colodro, so legislativo, en. que !~ patria siempre me tiene guardado un
de fantasía, fantaseó en desordenadísimo drama toda suerte ele rompiendo lanzas y buscando aventuras por tierras de Cleves. P?esto, menos pienso ir á congresos literarios, ni políticos, de
inverosímiles desvaríos al tratar de un personaje y de un pe- Y así como tardaron Felipe y Maximiliano en recibir á la des- ninguna clase. Y desde que yo hablé con los felibres congregariodo tan sabidos como la protagonista y la trama de su obra. posada doña Juana, y tardó este último en besar á su nieto das en Par~s, recib2 á mi amigo_ el eximio poeta Balaguer en
Permitido en las figuras tlpicas de un período poético y fabulo· Carlos V, aím tardaron más Felipe y Juana en recoger, vinien- la Acadenua Espanola, pasó baJO el puente agua sobradlsima y
so, cual Prometeo, la invención, fantaseándoles vida é historias do á Castilla, el Principado de Asturias, recaldo en sus perso- se cam~iaron de un modo radical antiguos afectos. Ha entrado
á su arbitrio; pero no permitido así en los personajes, de suyo nas por la muerte del heredero de Lusitania. Y en todas estas en los jueg_os florales un demonio separatista, de quien yo me
adscritos á una época del dominio de la Historia fija y clara. desvent11ras quien más padecía era el ánimo y el espíritu de aparto hac!en?o cruces, pues m_i condición de viejo español me
Por consecuencia no puede consentirse á un autor decir que ha- doña Juana; perpleja de suyo á la continua entre los deberes veda contnbuu á romper la unidad patria conseguida con tan·
ya el Rey Católico envenenado á su yerno D. Felipe el Her- estrictos de hija y los mal pagados amores á su esposo; lo cual tos e~fuerzos, y mi condición de libei;al fomentar verdaderas
moso; que haya Carlos V maltratado á su madre, de quien llevábala en todas partes á mal llevar y 1~ deshacía poco á poco reacciones, de todo en todo á mi conciencia opuestas. Los dissiempre se curó con filial piedad; que haya sido cautiva In rei- el corazón, trastornándola el seso y perdiéndola para su regio cursos en que nuestros felibres han maldecido no ya la unión
na del malquerer universal y no de su propia infelicidad, así ministerio y sus delicados oficios. Su esposo no hada más que de Ca.¡aluña con España, la de Cataluña con Áragón; los apos......, ......, •••••• , •• , ••••••, ............. , ••~ ... , ......1,..-,., .... ,., ......, ............., ••, ••••••, ............. ......., ••, ••••

LA
tolados de un reaccionario empedernido que quiere volver la
Galicia heroica y española del Puente de San Payo al tiempo de
Don García; los acuerdos tomados en la Coruña contra el go•
bierno y el Congreso nacional por cosa tan baladí como el caro·
bio de una capitanía general que debla importarle un bledo;
el crecimiento de votos cantonales en las Í1ltimas elecciones de
Valencia y Barcelona y Madrid, me ponen un espanto en el
ánimo tan grande, que no quiero ceder á la tentación de lanzar ideas literarias sobre las ciudades que luego me obligarían
á lanzar bombas como aquellas que despedí un día sobre la re·
belde Cartagena. No iré, pues, á la fiesta de los felibres, que si
resulta esencialmente latina, como yo espero de sus patriotas
promovedores, tan ilustres y sabios como buenos ciudadanos,
deben poner este lema en sus rótulos y en sus brindis: «A la
memoria de las tres únicas verdaderas naciones que hay en el
viejo continente, á la unidad de Francia y á la unidad de Italia
y á la unidad de España.»

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

379

El genio práctico de los americanos, y sobre todo la limpieza y aseo del vastfsimo local donde ésta se
de americanos como los de Chicago, no podía menos celebra, habiendo tomado al efecto medidas tan mide sacar partido de una Exposición que esta ciudad nuciosas que hasta ha prohibido terminantemente
disputó á Nueva York, saliendo triunfante de su pre- que dentro de ella se vendieran nueces, avellanas y
tensión. Y este partido lo ha sacado aun antes de otras frutas de cáscara dura sin estar previamente
que se pusiera la primera piedra del primer edificio
de la Gran Fm·a del Mundo, como allí se llama á
esta Exposición. Apenas se tuvo noticia en Chicago
,.,,., .
de que el Congreso de Wáshington le había conce:,o
dido la preferencia Jobre su rival del Atlántico, todos
los valores cotizables en Bolsa, tranvías, gas, cervecerías, fósforos, subieron 10, 15 ó 20 por 100. El valor
de la propiedad urbana ha aumentado de un modo
;
prodigioso, especialmente en los barrios inmediatos
á
la
Exposición,
y
los
propietarios,
siempre
cuidadoMadrid, 30 de Mayo de 1893
sos de sus intereses, han subido los preci0s de alqui••t'1,••,1•u••.••,1•••••,r,.••,1•,,
1.,,,.,,.,.,,,,.,,,,.,.,, .. ,,••••••,.,••,,,, .,.,,, ••••••,,.,.,,,,,1.,,,.,,.,,,...
ler un 20 ó 25 por 100.
. - ,.; i'.í
No por esto debe creerse que todo es prosperidad
LA CIUDAD DE CHICAGO
1 1 ·.
y bienestar en Chicago. Hay, es cierto, algunos mi• 11,· : __ 1
llonarios
rápidamente enriquecidos; el número de faTerminábamos el artículo anterior diciendo que
¡;_11 ··'º
-¡
casi toda la vida de Chicago está concentrada en un milias acomodadas es considerable, merced á la laboespacio limitado que constituye el centro de la CIU- riosidad y energía de sus jefes, que no se desalientan
. ./
por algún revés de fortuna; los obreros están bien
·,1/ 1
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pagados, pues son muchos los que ganan de doce á
. .---..
..
quince pesetas diarias; las mujeres encuentran colocación en las oficinas telegráficas y telefónicas y tamAlemanes desembal:lndo los envíos
bién en las casas de comercio, donde se las emplea
en copiar con máquinas de escribir la correspondencia que otros empleados taquigrafían previamente d_escascaradas, á fin de que los desperdicios no ensuconforme van dictándoles sus principales, poco afi- c!asen el suelo de las calles y paseos de la Exposición.
cionados á manejar la pluma; mas á pesar de todo,
Otra de las medidas tomadas ha sido la de estatambién hay bastante miseria, fácil de explicar en
una población á la que diariamente acuden tantos y blecer de trecho en trecho recipientes para 'echar en
tantos desheredados de la fortuna de todos los paí- ellos los papeles inútiles, llevando tan ad~lante su
ses de América, Europa y Asia en busca de medios s~veridad en e~te punto, _que esos mismos recipientes
de vivir que no encuentran fácilmente á causa de la ttenen unos avisos conmmando con la multa de veinmisma competencia que unos á otros se hacen y de ticinco dollars á los que tiren en otra parte papeles
la abundancia de la oferta, superior á la demanda. Si ó cualquier otro objeto. Los guardias columbianos,
ciertos sótanos húmedos y pestíferos, situados hasta
Operarios regresando de las obras de la Exposición
en el centro de la ciudad, como en Mádison Street,
pudieran narrar la historia de las privaciones de los
dad. Tanto es así, que todos los Bancos se tocan; bas- infelices que en ellos se albergan de noche, se sabría
t~ un cuarto de hora para recorrer las principales que en Chicago, como en todas las grandes poblacio·
tiendas ó almacenes y para encontrar los comerciantes, nes, no todo es ventura y abundancia.
Al dar principio á las obras de la actual Exposiagentes, industriales ó individuos que ejercen las pro•
fesiones de utilidad general. Casa hay en la calle del ción, la curiosidad d e la población estaba excitada
Estado que tiene más de cien gabinetes de médicos en gran manera, de suerte que todos los días se veía
una masa de curiosos, cuya mayoría la formaba la
y otra en la que viven lo menos veinte dentistas.
Como es de presumir, en población tan eminente- gente desocupada á que acabamos de aludir que no
mente industrial y comercial los medios de locomo- bajaría de 8.000 á 10.000, alrededor de Jacks~n Park.
ción. abundan d~ntro de ella, figurando en primer Al anoc~e~e~, hora en que se retiraban los trabajatérmmo los tranvias ó street cars. Las Compaüías 'q ue dores, ongmabase alguna confusión, pues como toda
establecieron las primeras líneas han hecho tan bue- esta masa de gente quería regresará la ciudad al misnos negocios que las acciones emitidas en 1858 á mo tiempo y la distancia es larga, tomábanse los co500 pesetas se vendían en 1886 á 7.500. Un indus- ches de los tranvías por asalto, aglomerándose en
trial compró las de las líneas del Norte y del Oeste ellos los pasajeros de un modo que hasta en el missustituyó la tracción animal por la funicular emitió mo Nueva York se consideraría cruel é intolerable.
.
,
'
nuevas acc10nes a 450 pesetas y en 1888 valían ya las Dondequiera que quedaba un sitio para poner un
del Norte 1.400 y las del Oeste 1.100.
pie ~llí se encaramaba una persona. Y es que allí el
Otros negocios producen allí no menos excelentes público no se guarda consideraciones cuando de utiUn recipiente para echar papeles inútiles
lizar los medios de comunicación se trata. En los
tranvía_s huelga por i~~ecesario el rótulo Lle110, y cuerpo de vigilancia perfectamente ciisciplinado por
cualqmera encuentra sitio en ellos si sabe hacérselo oficiales del ejército, están encargados de hacer cumaun con detrimento de los demás. Todos se quejan; plir estas disposiciones.
todos reclaman la observancia de las ordenanzas muNo vaya, sin embargo, á creerse, en vista de tan
nicipales ~on la mi~a de _que los otros las respeten, exageradas medidas de policía, que tanto la ciudad
pero también con la mtención de no querer individual- como. la Exp?sició_n brillan por su excesiva limpieza.
ment~ someterse á e)las. De aquí que las molestias y La primera ~1ene mucho que e~vidiar por este concuest10nes sean contmuas y el que las compañías ha- cepto á su nval Nueva York y a otras capitales eurogan su agosto.
peas, y la segunda, llena hoy por hoy de lodo y agua
Aun9ue_los obreros ganan los crecidos jornales que
hemos md1~ado, parece que en Chicago no se emplea
en el trabaJo_ manual la_ misma diligencia y afán que
en los negoc10s comerciales y bursátiles, y una de las
causas de que estén tan atrasadas las obras de la
~ .:.:.
Japoneses construyendo su instalación
·.:...:~
Expos_ición,_ aun después de su apertura, consiste en
·-~
la res1stenc1a ~ue. oponen los obreros á trabajar en
resul_t~dos: los te~éfonos han dado hasta 25 por 1oo
horas extraordmanas. Con esta lentitud contrasta la
de ~hvidendo activo, la luz Edisson 12 por 10o, y las
laborio~idad ?e los_de otros países, cuyas instalacioacciones de algunos Bancos duplican y hasta tripli- nes estan casi termmadas.
can su valor.
/;
. Los japoneses llamaron desde un principio la atenPero donde mayores beneficios se alcanzan es en ción, _no sólo por su metódico y constante modo de /~~/,
la prensa. El afán de estar al corriente de las noticias
/.
traba1ar y p~r sus trajes esp~ciales, sino también por
de tod? el_ globo y el de anunciar es tan grande que
el modo partic~lar de construir sus andamiajes, en los
los penód1cos cuentan por muchos millares los susque al contrario de los obreros americanos, que hacriptores. Verdad es que en Chicago tienen una gran
cen abundante•uso de clavos y tornillos, sólo emplean
ventaja con los anuncios, pues no hay costumbre de
cuerdas, de suerte que pueden utilizar indefinidamenfijar carteles en las.esquinas y sitios públicos, y para
te l_os tablones, que aquéllos estropean é inutilizan,
tod~ anuncio, sea de la ~las~ que fuere, hay que re- teniendo que renovarlos continuamente.
::=-~
cumr forzosamente al p~nódrco. Sólo un ejemplo ciLos egipcios, con sus holgados trajes los alemaEgipcios trabajando en el decorado de su instalaci6n
taremos de las ganancias que la prensa obtiene: las
nes, los españoles y los franceses, cuy~ sostenido
acciones de la Tribuna, emitidas á 5.000 pesetas, vabut&gt;n_ humor choca con la seriedad de los yankees,
len hoy 125.000. En .cambio se necesitan cinco mipor todas partes, retrae por tal causa á )os visitantes,
tan:b~én han llamado la atención por su actividad y
llones de francos para la publicación, tal como la en- penc1a. ·
que hasta ahora se presentan en número muchísimo
tienden los americanos, de un periódico como el cimenor de lo qut: esperaban sus organizadores.
Una de las _c?sas 9ue !1:1. tenido especialmente en
tado ó como el Herald.
cuenta la com1s1ón d1rect1va de la Exposición ha sido
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M. A. S.

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TEMOR PÓSTUMO
Cuando el secretario del ayuntamiento nos dió la
noticia, la tertulia prorrumpió unánime en exclamaciones de sentimiento y de extrañeza. Formábamos
aquella nocturna tertulia de verano en cierta casa de
cierto nido de flores, vulgo pueblecillo de los montes
de Málaga, una docena de personas entre indígenas
y forasteras, cuya elegancia, limitada por un presupuesto íntimo, á la española, ó sea en déficit, no les

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

exclamamos, al choque de aquella noticia de sensación, como habían exclamado el militar y el progre·
sista: «¡Es posible!»
Y entonces el secretario, que además de ser una
inteligencia que no cabía en aquellas lomas, y además de ser por el derecho inmanente de su gramática pardl! el amo perpetuo de la localidad y el director inamovible de todos sus municipios, era también
casi un literato y un pensador y un orador: entonces,
repito, el secretario respondió ~¡ grito idén~ico de
nuestros corazones diciendo:
- ¡Ah, sí, señores, es
posible, ha sido posible!
Aquí en mi bolsillo tengo el parte, que llamaré
oficial, del fallecimiento
del inolvidable bienhechor mío y de este pueblo, que de be llorarle
mientras conste (el pueblo) en el mapa de la
península. ¡Ah, sí, seño-

RltCONOCl~IIENTO DE UN VADO

permitía irá gozar de los mosquitos de San Sebastián,
ni extenderse hasta los fonduchos de Bayona, y las
llevaba á pasar el estío en aquel ó en otro semejante
oasis, donde además de no hacer el calor de La Caleta, había positivamente menos comercio, lo que era
indudablemente otro alivio.
Tal era al menos la costumbre en los tiempos á
que me refiero; y me refiero á los tiempos de hace
veinticinco años, época en la cual me harán ustedes
la justicia de creer que era yo sumamente joven. Y
sin embargo, la recuerdo como si se tratase de ayer
mañana, ó mucho mejor, puesto que es cosa sabida
que la memoria tiene predilección por las cosas viejas.
Parece la memoria una facultad, como si dijéramos, rumiante, que gusta de saborear y resucitará ló mejor su
alimentación antigua, para adormuse por este medio
de: un carácter providencial y benéfico, que salta á la
vista. No habiendo, en efecto, más arbitrio que recordar las cosas de la vida mientras se está en ella, y estando en ella en tan triste minoría las cosas buenas,
bueno es hacerlo con las posibles atenuaciones. A
diez años de distancia, ¡cuántas barrabasadas, cuántas necedades propias ó ajenas, cometidas ó sufridas,
no le parecen á usted explicables, naturales y hasta
graciosas! Es probado.
Decía, pues, que toda la tertulia, sin distinción de
sexos ni edades, se conmovió visiblemente cuando el
secretario entró y dijo: «Señores, tengo que dar á us. tecles la triste noticia de haber muerto en París nuestro buen amigo D. Frutos Palomares.» Y he dicho
más; he dicho que las exclamaciones no sólo fueron
de sentimiento, sino también de extrañeza, y ahora
añado que de asombro, de ese asombro que acompaña á lo inverosímil, á lo increíble, como la sombra
'al cuerpo cuando hay luz que la proyecte. Leía el capitán de la Guardia civil la entonces infantil y sin
casa propia Correspondencia de Espm1a, y la soltó
diciendo: «¡'Es posible!» Leía D. Severiano, ' liberal
doceañista, ex teniente de la Milicia, La Nación, del
malogrado Rua Figueroa, y la dejó, .y se quitó las
gafas y exclamó también: «¡Es posible!» Y doña Rosa, rica jamona propietaria, todavía fresca, que soste·
nía animado coloquio, sotto voce, con el comisionado
de apremio, que era un guapo mozo de anchas pati·
llas; y la señora del boticario, que, según confesión
propia, se pasaba siempre sus embarazos, que b¡tbían
sido doce, haciendo media, y en aquel momento hacía media también; y la hija mayor del médico, que
era una lindísima tañedora de guitarra, morena y esbelta, con una naricita divinamente respingada y un
precioso hoyuello en la barba, donde yo tenía sepultada toda mi atención; y un corpulento matrimonio
del alto tráfico del Perchel; y su hijo vestido á la inglesa, que á pesar de no tener más que veintitrés años,
había ya estado en Londres; y otro fornido caballerito de la villa, que por el solo hecho de prepararse á
heredar las viñas del rico hacendado su padre, hacía
una competencia terrible á todos los donceles del lugar
en el ánimo, instintiva y precozmente reflexivo, de la
susodicha hija del médico; y en fin, hasta el señor
alcalde, alcalde de real orden, corazón franco, inteligencia virgen, H ércules sencillo, autoridad inconsciente; todos, en una palabra, exclamaron1 ó mejor dicho,

NúMERO

598

el secretario un alto y tomó aliento, buscando con su
mano derecha en su bolsillo algo que la reunión ere·
yó un instante sería el pañuelo que había de enjugar
las lágrimas inmediatamente próximas ~e sus ojo~; y
en su virtud las señoras buscaron también sus lienzos, y los hombres nos preparamos á recibir con el
semblante más compungido posible la inundación.
Mas la sospecha había sido inútil: el secretario se limitó á sacar en sus dedos un cigarrillo, que encendió
en el velón de cuatro mecheros que ardía-sobre la
mesa central, que circunscribíamos, y continuó del
modo siguiente:
- Pero, señores, sucede con el asombro lo que sucede con la infelicidad individual, que por grande
que sea, siempre tiene otra mayor con quien consolarse y compararse, si lo hace de buena fe; sucede con
ciertas estupefacciones de la vida lo que con las cerezas enredadoras, que no se sabe, tirando de una,
cuántas vendrán detrás, ni cuál será la última. Este
asombro vuestro, señores, grande, legítimo, tendrá
quizás la pretensión de ser insuperable. Pues no lo
creáis: todavía os queda por saber algo que ha de
asombraros ·bastante más. Parece mentira ¿eh? Después de conocer esa inesperada, esa prematura, esa
desgarradora desgracia, ¿qué circunstancia puede haber en ella, ni qué agravación, ni qué sorpresa más
triste que su fondo mismo? Oidme, empero, amigos
míos: todos vosotros sabéis que D. Frutos era rico,
riquísimo, millonario de nacimiento, que es como
hay que serlo para no perder el tiempo en llegarlo á
ser. Todos vosotros sabéis su propósito, nunca ocultado, de legar su fortuna á este pueblo de su naturaleza, al sostén y persecución de las mejoras y buenas
obras que este verjel risueño, amor de su corazón, le
debe, y donde no tenía ya pariente alguno con derecho á heredarle abintestato. Pues bien: ¿á quién diréis que D. Frutos deja, siquiera sea usufructuariamente, sus millones? ¿Por quién diréis que esta villa
tiene que esperar aún, Dios sabe cuánto, el día en
que la fortuna de su protector le permita erigirle un
digno monumento? ¡Ah, señores! Una sola sombraJ
ya que no me atreva á decir mancha, tenía la vida de
nuestro gran conciudadano, y esta sola sombra era

jALTO!..

res, es cierto: ayer
hizo doce días que
don Frutos falleció
en su casa de la capital de Francia! Ya
lo veis: también los
colosos caen y se
desmoronan ; también los astros de la
humana bondad se
apagan;no haygranPASO DR UN RÍO,
deza, no hay fortaleza, no hay resistencia, no hay mérito, no hay excepción para esa implacable y pálida
mors encargada por Dios de hacer volver á la nada
cuanto de ella deja salir un momento. Comprendo,
sin embargo, señores, vuestro triste asombro, que
comparto. ¡Quién nos lo había de decir! Aquella juventud i,nalterable, que á pesar de shs cincuenta y
ocho años se mantenía en el albor de una canicie tímida; aquella admirable, simpática, contagiosa alegría de carácter, de aspecto, de conversación; aquel
pozo sin fondo de generosidad; aquel peregrino don
de gentes; aquella especie de modesto Carlos III de
esta población, que le debe su hospital, su escuela,
sus puentes, su alumbrado y hasta las piedras de sus
calles; todo aquello que parecía desafiar victoriosamente al tiempo, á la decadencia, á la ley terrible de
la destrucción, todo aquello es ya polvo vano. Aquel
corazón fuerte y puro, que latió sin descanso para el
bien, ya no late; aquel alma que inflamó siempre el
más hermoso y difícil de los amores, la caridad, el
humanitarismo, ya no está en el plan~ta. Aquel hombre perfecto, en fin, ,icreedor de cuantos le conocieron, porque conocerle y deberle, cada uno en su es·
fera, atenciones irremediables y favores positivos eran
una misma cosa, ya está (permitidme el símil propio
de mi empleo) rindiendo ante el sumo gobernador
de los orbes las cuentas más limpias y más honrosas
que pueden presentarse á la fiscalización del Eterno.
¡Cómo, pues, no he de comprender y de compartir
yo vuestro tristísimo asombro!
Al llegar á este punto de su oración fúnebre hizo

cuadros de José Cusachs (Exposición Parés)

la de un matrimonio infausto. Hace diez años, viviendo D. Frutos en Madrid, recibimos aquí un día los
partes litografiados de su casamiento. Yo mismo escribí la felicitación - respuesta del pueblo en masa;
- yo mismo compré en Málaga, con el producto de
la suscripción local, el tintero de plata, coronado por
una Minerva con casco y todo y adornado con una
inscripción de gratitud pública que le ofrecimos. Pocos meses después, sin embargo, llegó aquí un rumor
alarmante, el rumor de que D. Frutos y su esposa no
se llevaban bien; y este rumor fué creciendo de día
en día, de correo en correo, de noticia en noticia, de
viajero en viajero, hasta el punto de que poco después del primer aniversario de aquel enlace, ya no
era posible dudarlo: el perro y el gato, el agua y el
aceite, el talento y el dinero, el día y la noche, no
son más antagónicos, inconfundibles, incompatibles
y distintos que eran los modos de ser de D. Frutos
y su esposa. Los detalles fueron sucesiva, triste y verídicamente llegando; los pormenores fueron demostrándonos rápida y progresivamente la realidad amarga; todas las guerras civiles pasadas y futuras de la
historia patria podían ser tenidas por verdaderos granos de anís en comparación de la guerra del hogar
Palomares; todos los Dantes Alighieri imaginables
s~rían de una ab_soluta impo_tencia descriptiva para
pmtar con sus vivos y prop10s colores el infierno
constituído imprevisoramente por la unión sacramental de D. Fr~tos y, como dice la filosofía popular, su
parte contraria. Hasta que al fin otro día se supo, su-

¡ADIÓS!, cuadro de Ernesto W. Appleby

�LA
pimos, supieron todos también que el matrimonio se
había separado por mutuo consentimiento y en evitación de mayores y menos incruentos males, y que
D. Frutos, después de haber señalado á la autora de
su infelicidad una pensión regia, se había ido á vivir
á las orillas hospitalarias y confortables del Sena.
Pues bien, señoras y caballeros: la fortuna, la renta
íntegra al menos de los millones de D. Frutos pasa
inmediatamente á esa Eva, á esa Elena, á esa Cleopatra, á esa Cava, á esa señora fatal que lleva su
nombre y que disfruta de su pensión espléndida.
¿Quieren ustedes, antes de entregarse de lleno al colmo del asombro, que reservadamente les lea las dos
cartas, auténticas, fehacientes, incontestables, que me
han traído la compleja, tristísima noticia?
La tertulia contestó como un solo hombre al secretario con un «lea usted, » que fué un poema. Y el
secretario tiró la punta de su cigarrillo, que ya tost~ba los extremos de su índice y pulgar derechos; sa... .;
dos cartas del bolsillo interior izquierdo de su americana, desdobló una de ellas y dijo:
- Esta carta es del viejo y fiel y honrado Julián,
el criado inseparable, factótum, cajero, enfermero y
amigo de D. Frutos, y dice así:

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

dejado de hacer todo el bien que ha estado á mi alcance á todo el que y á todo lo que me ha deparado
ocasión de hacerlo; y segunda, he procurado simultáneamente divertirme y gozar en toda la extensión
de mis facultades. ¿Qué puede, pues, importarme él
volver diez años antes ó después al seno de la cómoda eternidad en que estaba, desde· in principio, y en
que, salvo el breve accidente de una existencia baladí, volveré á estar per sceczda sceculorum7 Conque,
amigo mío, vamos á lo que importa verdaderamente.
Ya sabes como he amado y preferido siempre ese
bello rincón de la tierra en que tú y yo y nuestros
respectivos ascendientes hemos nacido. Mi único pesar verdadero es no contemplarlo al expirar. Pero el
hacerme conducir á él adelantaría unos cuantos días
mi última respiración, según el doctor, y parece que
sería una lástima. ¡Paciencia! Mi único consuelo es
la idea de que haréis transportar oportunamente á él
mis restos, y que algún día formará mi polvo parte
del suyo, de sus árboles, de sus flores, de sus amenidades físicas, puesto que ya conoces como yo, ¡oh
secretario!, la superioridad de la eterna materia sobre
esta otra naturaleza espiritual que nos hace tan infelices y pretenciosos. Hablo de la superioridad plásti·
ca y terrestre, se entiende, porque el espíritu es una
«Sr. D. Nicolás Gálvez (servidor de ustedes). - cosa prestada, que vuelve á su dueño y á su destino
Muy señor mío y de mi respeto: Con el mayor dolor definitivo: ave de paso. 'Pues bien; mira qué contraparticipo á usted el óbito de mi inolvidable amo don sentido: precisamente porque creo en el espíritu y su
Frutos Palomares, á quien se dió ayer cristiana se- alta destinación, es por lo que he dispuesto que mis
pultura en el cementerio del Padre Lachaise, de esta bienes no vayan inmediatamente al poder de ese cocapital, en razón á que su fallecimiento ocurrió en el mt\n, sino que los herede y disfrute, en usufructo y
día de anteayer á las seis de la mañana. Hace cosa hasta su fallecimiento, ¿no adivinas quién? No, de sede ·veinte días que, habiendo mi señor amanecido guro que no lo adivinarás, porque á mí mismo me
con los pies hinchados, hizo venir al médico, consul- cuesta trabajo decirlo ó escribirlo; pero, en fin, sábelo:
tó con él largo rato, y cuando éste salió me llamó y mis rentas van ahora á mi mujer. ¿Te habías olvidado
me dijo: «Buen Julián, perdóname la mala noticia, de que yo tenía una mujer propia?¡ Ha½ías hecho bien
pero has de saber que me voy á morir muy pronto.» en no acordarte, y feliz tú que podías hacerlo! Pues sí;
Yo quise sonreír como quien recibe una broma, pe- á ella va mi renta; á ella, á la única criatura que he
ro no pude. Y el señor continuó: «Mi testamento encontrado insoportable en la tierra; al peor de los
obra hace años en poder del notario M. Tal (es un caracteres, á la peor de las naturalezas morales con
apellido que no sé escribir), y en él dejo asegurada que he tropezado. ¡Y qué tropezón, amigo Nicolás,
la tranquilidad de tu vejez. Déjame tú ahora solo, más estupendo! ¿Te acuerdas? Yo vivía feliz, ó poco
que voy á leer los periódicos. » Y yo le besé la mano menos, cuando se me ocurrió casarme y procurar
y salí. El no volvió á hacerlo de su cuarto, porque no tener, como mi padre y mi abuelo, heredero directo
podía andar. Por último, la noche anterior á su muer- y legítimo. Es la única vez que la rutina me ha subte escribió en el mismo lecho la adjunta carta para yugado. Y luego, te lo diré en confianza, mi señora
usted, que, cumpliendo su voluntad, le remito; y á·las aparentaba ser de soltera todo lo contrario de lo que
cinco y media de la madrugada me mandó abrir el era en el fondo; y además era delgada y se calzaba
balcón del dormitorio, que cae á un jardín, porque muy bien, que son dos condiciones que ha debido
decía que se ahogaba; y cuando entró la claridad tener en primer término toda mujer que se ha prohasta él y vió la copa de los árboles y oyó piar á los puesto gustarme. Y ella se lo propuso y lo consiguió,
gorriones, nos dijo al señor sacerdote, que rezaba y caí, con toda mi malicia y mi experiencia toda, en
junto á su cabecera, y á mí, que estaba á los pies de manos de aquel Sixto V con miriñaque, que tiró la
la cama: «¡Qué hermoso día!» Y quiso señalarnos el muleta apenas se vió dueña de mi casa, y se dedicó
balcón; pero no pudo mover ya su brazo porque le con un ensañamiento que todavía no he comprendiempezaba la agonía. Una media hora después entre- do á hacerme desgraciado, hasta obligarme á optar
gó su alma al Todopoderoso, cuya infinita bondad le entre el suicidio y París. Pues oye, Nicolás: yo creo,
habrá acogido en su seno. - Quedo de usted, señor como he dicho, en el cielo, en la glbria, en la justiD. Nicolás, afectísimo servidor, Q. S. M. B.
cia divina, en la otra vida, y al mismo tiempo creo
que la memoria, esa facultad principalísima del alma,
»Julián Suárez.»
debe fatalmente acompañarnos en ella, y á la vez que
todo eso, creo en lo infinito de la misericordia de
- Y aquí está, en fin, signió el secretario, la carta Dios. Y como quiera que desde que me separé de
de nuestro malogrado amigo, que dice:
mi mujer he tenido á sueldo un dependiente encargado de enterarse y de avisarme si ella pensaba un
«Querido Nicolás: Puesto que según me has dicho día cualquiera en venir á París, para irme yo ese mismás de una vez, mi amistad ha logrado hacer de ti mo día á la China; es decir, como quiera que el úniun hombre, vamos á ver cómo un hombre recibe, co miedo que he sentido en mi peregrinación por el
como quien dice, un cañonazo de disgusto. Voy á valle de lágrimas ha sido, desde que no veo á mi esfallecer, caro secretario, y á escape. La hinchazón de posa, el de volverá verla, y como quiera que Dios puemis extremidades me lo indicó hace días, y el médi- de perdonarla, y á mí también, y reunirnos á entramco me lo acaba de confesar con entera franqueza, á bos en su presencia, y permitir que en 'ella nos recomi ruego. Muero como mi padre y de alguna más nozcamos; y como sé que ni la misma solemnidad
edad, por cierto, que él, que no llegó á los cincuenta. del sitio y del suceso me ha de impedir el disgusto
Cuando yo vi pasar el medio siglo sin el síntoma de volverla á ver, por esto y sólo por esto la dejo el
alarmante de familia, llegué á figurarme que la raza producto vitalicio de cuanto poseo, con la única conhabía en mí cambiado de método y de giro, y creí dición de hacerse ver y cuidar diariamente por los
que la sana influencia de mi buena madre me había tres médicos más afamados de Madrid, á quienes sesalvado de lo que tú, de fijo, llamarás un fin prema- ñalo sendas pingües igualas, y cuyo régimen higiéturo. ¡Ilusión absurda, como. todas las ilusiones! Una nico obligo á mi cónyuge á seguir. ¿Comprendes
de estas mañanas me convencí de que mis pies se ahora, buen Nicolás? Yo no puedo evitar el enconnegaban á sostenerme, y comprendí que se acercaba trarme al fin en otra vida (no me atrevo á llamarla
la hora de mi último paseo. Hazme el favor de no mejor por esta circunstancia) con la pantera moral
sentirlo sino hasta cierto punto, porque si te he de que lleva mi apellido añadido al suyo. Pero puedo
decir la verdad, yo no lo siento gran cosa. En primer retrasarlo algún tiempo, algunos años, que siempre
lugar, ¿cómo sentir lo que no se ha de sentir? Res- serán pocos aunque sean muchos; y á•esto tiendo al
pecto á horrores instintivos, mi naturaleza ha tenido disponer que la ciencia humana me ayude en lo po·
siempre el defecto, si lo es, de no sentir más que uno: sible á conservar su salud y á prolongar su tardanza.
el santo horror á los bribones de todo género. ¡Figú- Ya eres, pues, sabedor, con esta confesión, de mi serate, en su virtud, si es cosa para desesperarse el ir á · creto. No lo divulgues sino en cuanto sea preciso
dejar de ser hombre ! Además, si no he sido como para justificarme con nuestros paisanos; acuérdate de
aquel gran rey que se acostaba triste el.día que no mí siempre 'que puedas; procura que mi sepultura,
había podido realizar una buena acción, he practica- cuando esté en esa, esté en buen sitio, y adiós para
do, sin embargo, en la vida, sistemáticamente, dos siempre. Tu amigo de verdad,
cosas que bastan para determinar á uno para morir
con la posible tranquilidad, á saber: primera, no he
»Frutos Palomares.»

NúMERO

598

El lector me agradecerá, sin duda, que le haga
gracia de los comentarios exhalados por el asombro
máximo de la tertulia al oir la carta de D. Frutos,
cuya copia saqué en el acto. Basta decir que todos
los circunstantes varones declararon fundado y legítimo el temor póstumo de Palomares. Las señoras se
contentaron· con bajar los ojos y callar, que era cuanto podía pedirse.

s.

L ÓPEZ GUIJARRO

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EL POZO DE LA VERDAD
CUENTO

Para los aficionados al color local de los países
donde se desarrollan las escenas interesantes de dramas, cuentos y novelas; para los a111ateurs de la geografía y topografía de los lugares donde se enreda y
desenreda la acción, este cuento debe parecerles insulso y hasta desagradable. La acción pasa en cualquier pueblo de cualquier país; y lo que es más vago
y más anómalo, en cualquier época, en cualquier estación del año y en un día cualquiera de la semana.
Esto puede tener el inconveniente de no interesar
desde el principio á los que sólo adoran la primavera, á los que no encuentran agradable mas que el
país donde nacieron y á los que fuera de la Edad
media no ven siglo á su gusto; pero como yo aseguro á esos lectores exclusivistas que cuanto voy á contarles puede muy bien haber sucedido en el siglo x,,
en el mes de abril y en su propio pueblo, queda destruído aquel inconveniente. Y en cambio voy á evitar á los tolerantes y á los indiferentes la minuciosidad de las descripciones de tiempos y luga~es.
Erase que se era, y va de cuento, una muchacha
de r 7 años, bella como todas las heroínas de dramas,
cuentos y novelas; pura y candorosa como el candor y la pureza mismos, y de claro ingenio, de esbelta figura, de corazón apasionado, de sentimientos
nobles y generosos. En el cuerpo una Venus, en el
alma una santa, en el conjunto una diosa. Y tal maravilla vivía en la aldea de... donde usted quiera,
país ... el que ustedes gusten y época... la que más les
agrade.
No hubiera sido una joven completa si hubiese
carecido de novio. Pero no tengan ustedes cuidado;
era completísima y tenía por lo tanto un novio, que
á ella le parecía el mejor mozo del pueblo y el más
gallardo y el más valiente y el más honrado. Debemos ser justos: no la cegaba el amor como á tantas
otras; el chico merecía ser amado de todas veras, porque así como ella era digna de elogios y alabanzas, él
no la iba en zaga en cara, cualidades y conducta. Tal
para cual, pareja escogidísima, honra de su pueblo y
prueba de que cuando la naturaleza quiere hacer
bien las cosas las hace á la perfección.
Claro es que siendo ambos dignos de una suerte
dichosa, amándose entrañablemente, y poseyendo
hermosura, virtud, sensatez, lealtad y amor, no podían
ser felices en este pícaro mundo. Eso se queda para
los feos, para los pillos y para los tontos: en el planeta terrestre no las gastamos de otro modo, y el que
no se conforme que se vaya á otra parte.
Blas no tenía sobre qué caerse muerto; jornalero
del campo, ó según el lenguaje ilusorio de los pueblos, labrador, ¡qué más quisiera él!, podía contar con
seis reales diarios, cuando trabajaba. Anita era hija
de un usurero... de semillas, de esos ricos, ¡qué más
quisieran también ellos!, que prestan en el invierno
granos para la siembra y recogen en el verano el préstamo con un 25 por roo de ganancia: no en dinero,
sino en cebada, en avena, en algarroba y pocas veces
en trigo. Boda terriblemente desigual, puesto que
podían aspirar á la mano de Anita el secretario del
ayuntamiento, el registrador de la propiedad y el
administrador subalterno de Hacienda.
Bias se atrevió á declarar su amor á Anita al mismo padre de ésta, el tío Vencejo, y fué desahuciado
con grosería y amenazas de garrotazos. Ella lloró á
lágrima viva y se retiró á la bodega á poner el grito
en el cielo... de la misma, él quiso coger el cielo con
las manos y se encaminó á las afueras del pueblo á
quejarse de su suerte. Los alrededores eran como el
pueblo, tristes, secos, sin árboles, sin huertas, sin
agua, de ésta había una fuente única adosada á la
tapia de un convento derruído, y un pozo seco con
una gran piedra encima sobre la que se sentó desesperado el pobre Bias. ¡Y menuda fama que tenía el
pozo! N_ad_ie _le había visto jamás con agua, ni destapado, m SIIv1endo para nada. Decían los más ancianos que en su niñez les habían contado sus respectivos abuelos que aquel pozo era_ muy hondo, tanto
que algunos atrevidos quisieron sondarle y no le encontraron el fondo; que arrojaban á él piedras y cascotes y nunca se escuchaba el término de su caída,

NúMERO

LA I LUSTRACIÓN

598

y que para evitar desgracias, porque el tal
pozo no tenía brocal, decidió un alcalde,
allá en el año de la Nanita, taparle con
una piedra grande y dejarle así por los siglos de los siglos.
Y los siglos habían pasado, y el tiempo
corre que corre, y el pozo quieto que quieto. Blas lloró á voces, se tiró de los pelos,
y por último tuvo una idea diabólica y sublime. Acabar con la vida que no podía
compartir con su adorada Anita, tirarse
al pozo y reventarse en paz y en gracia del
d iablo, que debía ser quien le había inspirado semejante desatino.
Y dicho y hecho: como era forzudo como un Hércules, arremetió con el peñón
que tapaba el pozo, y con unos cuantos
esfuerzos titánicos consiguió moverle de
su sitio lo bastante para dejar al descubierto la cuarta parte de su circunferencia. ¡Horror de los horrores! ¡Qué boca
tan negra! ¡Qué aire tan húmedo y nauseabundo se escapó por la abertura!
¡A la una... , á las dos..., á las tres!.. Y
Bias se tendió en el suelo, meti6 la cabe·za por el hoyo y levantó los pies para tirarse de cabeza...
No había acabado de decir «i Hasta verte, Jesús mío!,» cuando una cosa, que no
sabía él decir lo que era, le &lt;lió un empujón en la testa y le hizo caer á la larga sobre el terreno. Una sombra... , una figura ... , una visión salió del pozo y dejó patitieso de asombro y de terror al pobre
mozo.
¡Pero qué sombra! ¡Si era una mujer, y
de rechupete! ¡Valiente moza! Destrenzado
el cabello rubio, que le caía hasta las corvas, sin ropa de ninguna clase y con un
espejito de oro y acero en su mano derecha. ¡Y qué caderas, y qué brazos, y qué
cara, y qué luz por todo su cuerpo!
- ¿Qué es esto? ¿Quién es usted? ¿De
dónde sale usted en cueros vivos?
Esto dijo Bias ... y punto redondo. Jamás había él visto cosa más rica, ni más seductora,
ni más sorpendente.
- Si eres tú el que ha roto mi encierro, bendito
seas, buen mozo. Hace la mar de siglos que los pícaros hombres, enojados conmigo, porque no los dejaba mentir, ni calumniar, ni adular, ni engañar, ni

¡ABANDONADA !,

ARTÍSTICA

cuadro de G. Tyrahn

fingir, ni estafar, ni falsificar, ni seducir, ni robar, ni
perjudicará nadie, ni desear la mujer del prójimo, me
cogieron entre todos, me tiraron á este pozo, y arrojando sobre mí todas las piedras que encontraron á
mano, tapando la boca con esa peña grande, me dejaron por muerta. Me figuro lo que haurá sido el

LOS DEFENSORES DE ZARAGOZA

mundo desde mi desaparición de él, y lo
horrible que será vivir en la tierra. Pero
como gracias á ti, vuelvo á la luz del día,
otra ;ez seré la reina de la creación y tú
mi ministro.
- ¿Que me quiere usted hacer alguacil?
¿Pues y Eugenio, que es sobrin? del a!calde y ejerce ese cargo hace cinco irnos?
¿Qué piensa usted hacer de él?
- Lo que quiero ante todo es que me
digas quién eres, qué ibas ~ _hacer y qué
gentes viven ahora en este sitio?
Satisfizo Blas lo mejor que pudo la curiosidad de la Verdad, que así dijo llamarse la aparición, y oyó de ésta que desde aquel momento le tomaba bajo su protección· que Anita sería suya per scecula
saculor;m, y que ambos, ricos y felices,
rendirían culto á la Verdad hasta el fin de
sus días. A los ruegos que Blas hizo á la
señora desnuda para que se tapara, por la
pública decencia, puesto que hoy nadie
andaba públicamente en paños tan menores accedió ella, moviendo el espejo, y
en~ontróse vestida con un traje caprichoso, que no sólo no ocultaba sus encan~os,
sino que parecía aumentarlos. Las bot1tas
no tenían tacones, ni el vestido ballenas
ni polisón, ni las mangas hombreras,. ni
los puños botones. Tapada estaba, bien
tapada, y sin embargo, sin saber cómo,
ni uno solo de sus primores esculturales
dejaban de verse y de admirarse. ¡Gran
mujer, gran mujer! Aquellos juegos de
magia tenían absorto y aterrado á Bias;
pero bastaba la promesa de aquel fantasma de que Anita sería su mujer para que
él lo aceptara todo, aunque corriera el
riesgo de irse de patas al infierno por andarse en brujerías.
Mientras, se presentaba en el pueblo
un gran señor dentro de una carretela algo desvencijada, pero tirada por dos pencos blancos, llenos de cascabeles y cintajos, metiendo mucho ruido y dando muchos gritos. Era el célebre doctor Dulcamara, que
traía en su coche todos los e.;pecíficos conocidos y
por conocer para curar cuantas enfermedades afligen
á la humanidad, desde el más sencillo dolor de muelas hasta la difteria mas fulminante. Píldoras, frasquetes, hierbas, minerales, instrumentos quirúrgicos,

(18o9), cuadro de Mauricio Orange (Salón de los Campos Eliseos, Paris, 1893)

�a·

.......-

-

...
-

LA FIESTA EN CASA DE LOS ABUELOS, cuadro de Hugo Salmson (Exposición del Campo de Marte! París)

LA CALLE DE ALCALÁ DESPUÉS DE UNA CORRIDA DE TOROS, cuadro d e Francisco Maura 1..Exposici6n general de Bellas Artes de 1892)

�LA

386
apósitos y vendajes, de todo tenía aquel buen hombre en su coche. ¡Y charlar, y hablar diferentes idiomas, todos incomprensibles para aquellas buenas
gentes, caso de que lo fueran. ¡Pues y manejar dinero! En diferentes sacos decía él, moviéndolos y sonando las monedas ó cosa parecida que contenían,
que había diez y veinte y treinta mil duros, y todo
cuanto se le antojara, pues entre todas sus habilidades descollaba la de haber encontrado la piedra filosofal y saber fabricar oro á su antojo y su capricho.
El tío V encejo era el más admirado de todos los
convecinos al escuchar al gran Dulcamara; y cuando
éste vió á Anita, y se la quedó mirando embebecido,
y se chupó los dedos de gusto sólo con la idea de poseer tan hechicera muchacha, se bajó del coche, eligió
la casa del tío Vencejo por posada, ofreciendo por su
hospedaje el oro y el moro, y allá se fué detrás de la
chica, con coche, caballos, drogas y dinero.
Y no se anduvo en chiquitas, ni siquiera en grandes, sino que á los tres días, después de perseguir inútilmente á Anita por pa-sadizos y rincones, con no
muy santas intenciones, aunque con muy buen fin
para sus pícaros principios, le espetó al padre la petición oficial, después de haberse enterado de que el
tío Vencejo no se dejaba ahorcar, y hacía muy bien,
por doscientas ó trescientas fanegas de grano, ni por
ciento ó doscientos carros de paja, á más de alguna
media de lana con cincuenta onzas de oro limpias de
paja y de polvo.
No fué floja la polvareda que se armó en el pueblo al saberse la noticia. La chica dijo que nones, el
padre que pares, y el novio por poco revienta de un
garrotazo al primer gandul que le vino con el cuento.
Pero con todo y con eso, la cosa fué marchando y
les pareció de perlas á todas las eminencias del pueblo y tratóse de organizar festejos y de disponer bailes y cuantas diversiones populares gratis se pueden
ofrecer por un municipio ilustrado y benéfico á un
populacho cerril y destripaterrones.
- Déjalo y no te ocupes de nada, le decía la Verdad á su amigo Bias cuando éste se quejaba amargamente de la nube que se le venía encima con la boda de su adorada. Yo estoy aquí; déjalos que se entusiasmen y griten y organicen y dispongan. Cuando
llegue la ocasión y todos estén seguros de su triunfo,
yo me presentaré contigo; desenmascararé á todos los
farsantes del país y de fuera de él; pondré las cosas
en su verdadero punto de vista, como son en sí y no
como parecen ser, y tú triunfarás por mi virtud y serás dichoso y en paz y jugando.
- Yo no tengo mucha gana de juego, y en cuanto
á la paz, la habrá muy grande si cumple usted lo que
me promete; pero si no lo realiza, prepárense todos á
la guerra, y guerra sin misericordia, porque yo no lo
dejo así, y desde el tío Vencejo hasta el último monaguillo me la pagan á trancazos. ¡Vaya si me la
pagan!
LUIS

•

M.

DE LARRA

(Co11c/11irJ)

Bellas Artes - La Sociedad de pintores retratistas de
Londres ha celebrado en la Grafton Gallery una exposición en
la cual se admiran entre otras obras las de Carlos Durán, Portaels, Stevens, Roll, Boutet de Mouvel, Bonnat, Millais,
Leighton, Boxall, Whistler, Fildes, Pettie, Shannon, Wortley,
Monat Loudan, Troubetzkoy, Guthrie, Ellis Robert, Ethel
Wright, Roussel, Lavery, Lorrimer, Glazebrook y Collier.
- En la iglesia de San Francesco della Vigna, de Venecia, se
ha descubierto que un cuadro alll existente y de autor no conocido era un Cristo de Giorgione, de 15u; el cuadro está pintado sobre madera y representa al Salvador arrodillado junto
al sepulcro de mármol con una bandera en la mano, á su lado
dos centinelas y en el fondo un paisaje en el cual se alza Castelfranco.
- El Museo Silesiano de Artes plásticas ha recibido como
legado de un magistrado de la ciudad, llamado Friedlander,
una notable colección de cuadros y bronces con la condición
de que el Museo cree un fondo para bolsas de viaje para artistas jóvenes. Entre las obras de esa colección se han escogido
para el museo los cuadros Venus y Amor, de Gabriel Max;
Paisaje de la Alta Italia, de O. Achenbach; Paisaje en d{a de
lluvia, de E. J. Schindler; Familia de gatos, de J. E. Meyerheim; Mondadora de manza11as, de Defregger, y Paisaje, de
E. Schleich y dos bronces de Morean-Vaulhier. El resto de la
colección, que comprende varios cuadros de Achenbach, Zimmermann, Meyerheim, Gussow, Seitz, Crutzner, Haanen, Vinea y otros, será vendido para con su producto constituir aquel
fondo.
. - Según parece, aumentan cada dia en Francia lasquejas molivadas por el abandono en que se tiene al Museo del Louvre.
L. Cardou ha publicado en L' .llvlnement un artículo señalando una serie de cuadros de Rubens, Van Dyck, Terborch,
Metsu y otros pintores flamencos, cuyo estado es deplorable por
falta de una cuidadosa restauración. En cambio por haber sido
mal restauradas han quedado estropeadas las obras maestras de
Ghirlandajo y Gerardo Dox; la suciedad ha desfigurado por

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

completo los cuadros de Rafael, Tiziano, Leonardo de Vinci,
Tiépolo y otros italianos, y también en los cuadros de Corot,
Decamps y Delacroix se notan los efectos de ese inexplicable
descuido.
Barcelona. - Salón Parts. - Entre lll.s obras nuevas expuestas la última semana sobresale por sus dimensiones é importan·
cia un cuadro de Brull, premiado en Madrid recientemente; escena de costumbres bien sentida y feliz de ejecución en los niños
que atentamente y embelesados escuchan un cuento al abuelo,
junto al hogar. Dos retratos, uno de Bernadet y otro de Guar·
diola; tres miniaturas de Aguilar, una de ellas muy recomendable; unos cuadritos de Garnelo, ligeritos, y una paleta exornada con inlinida&lt;l de caprichos pictóricos, por Riquer, junto con
la obra &lt;le Brull llenan por completo el lado preferente del Sa·
lón. Enfrente llama la atención un boceto del maestro Venancio Vallmitjana, proyecto de monumento destinado á conmemorar el heroico sacrificio de los patriotas barceloneses para li•
brar á la ciudad de la dominación francesa al comenzar la guerra de la Independencia, obra sobria y severa y concebida con
grandiosidad.
Un escaparate con varios facsímiles primorosamente ejecutados por la casa Thomas y C.•, de acuarelas de l'radilla, Domingo, Galofre, Villegas, etc.,atrae, y con motivo, las miradas
de los concurrentes y hace el elogio más completo de la obra
que nuestro amigo el Sr. D. M. Fuster acaba de publicar con el
titulo de La acuarela y sm aplicaciones y de la que nos ocupa•
remos como se merece en la sección correspondiente.

Teatros. - En el teatro de la Ciudad, de Leipzig, ha comenzado una serie de once representaciones de otras tantas obras
de Schiller que ha empezadc. en 25 de mayo con Los bandidos
y terminará en 15 de junio con Demetrio y El ca11to de la cam-

pa11a.
- En Londres se ha fundado una Sociedad lbsen para dar
durar.te el presente mes de junio doce representaciones de los
dramas del poeta noruego, entre ellos: El cerro de Ros111ers,

Edda Gabb/er y El arquitecto Solness.
- En el teatro de la Corte, de Weimar, se ha estrenado con
muy buen éxito una gran ópera de Ingeborg de Bronsnrt, titu·
lada Hiame.
- Con gran éxito se ha estrenado en el teatro Real de Copenhague una ópera en tres actos de Julio Bechard, titulada

Frode.
- Espartaco, ópera de Platania, estrenada en el teatro Dal
Verme, de Milán, ha sido recibida con gran aplauso.
París. - En la Opera Cómica se ha estrenado la ópera en dos
actos de Saint-Saens Ph.ryni, cuya música demasiado trivial
no ha logrado gran éxito á pesar de contener algunos números
de original belleza y de estar muy bien instrumentada. En lo.
Bufos Parisienses se ha dado una representación única de un
drama simbólico en cinco actos del poeta belga M. Maeterling,
titulado Peleas y J1,felisa11da, obra obscura, de sencillez infan·
til, fúnebre y de tendencias exageradamente pesimistas que ha
obtenido escaso éxito. En el teatro Libre se ha estrenado una
traducción del drama alemán Los t,jedores, de Gerardo Haupt·
mann, obra eminen'temente socialista, que es una exposición de
las quejas del trabajo contra el capital y de la miseria del obre·
ro, con su obligada huelga, invasión y saqueo de la casa del patrono, etc., etc.; esta obra fué prohibida en Alemania cuando
se estrenó en el teatro Li\.Jre, de Berlín. En el Circo Funambu·
lesco se ha estrenado el drama mímico en tres actos El hulsped, poema de Carré y Hugo~et y m{1_sica de Edmundo ~l.issa: el argumento de la pantomnna es interesante y la mus1ca
en extremo agradable.
Londres. - En Covent Carden ha obtenido un éxito ruidoso
la ópera de Leoncavallo I Pagliacci: en el propio teatro se han
cantado Romeo y Julieta, de Gounod, y Carmen, y se está en·
sayando la ópera de MascagniI Rantzau, que se pondrá en escena bajo la dirección de su autor. En el Gran Teatro se ha es·
trenado coa aplauso'un interesante melodrama de Harvey, titu·
lado Sings of the Nigth. (Cantos de la noche). En el teatro Ly·
ric está consiguiendo ruidosos triunfos la eminente actriz Leo·
nor Duse, á la que los críticos iagles7s dedican_ entusias~as é incondicionales elogios, que hace también extensivos al pnmer ac·
tor Sr. Andó. En Saint James Hall se ha estrenado con buen
éxito un drama de Mr. Pinero, titulado Tlze second Mrs. Tan·
q11eray, en el cual plantea el autor )a tesis de 9ue el matrimo·
nio con un hombre honrado no redime á la muier de pasado borrascoso.
Barcelo11a. - En Novedades la compañía de D. Emilio Mario además de poner en escena las obras de repertorio que tantos' aplausos le valen, ha estrenado con buen éxito la obra de
D. Mariano de Vela Maestre La estrella de los sa/011es. En el
Lírico sigue cosechando merecidos aplausos la excel~nte compañía que bajo la dirección de los Sres. Rosell y Rutz de Ara·
na representa las más _gra7iosas obras de su abundante y sel7c·
to repertorio. En el T1voh se han reanudado las representaciones de Miss Helryet porla misma compañia que con tanto éxito
la estrenó el año pasado.
Necrología. - Han fallecido recientemente:
J acobo Moleschoff, eminente fisiólogo de origen holandés, que
después de haber estudiado y ejercido la medicina e~ Ale_mania
se naturalizó en Italia, donde fué profesor de las umvers1dades
de Turín y Roma y senador; autor de las importantes obras Fisiolog!a de los ali111entos, La cirwlación de la vida y otras.
Antonio Bertolotti, director del archivo del Estado, de Mantua, autor de interesantes obras históricas y art!sticas.
Marcelo Gnyski, escultor polaco.
R. S. Malthe, escultor dinamarqués y conservador del l\Iuseo de escultura de Copenhague.

¡Si no vendrá!, dibujo original de J. García
Ramos. - Tal es el título del dibujo á la pluma que reproducimos y que, como todos los del Sr. García Ramos, es un ver·
dadero cuadro. Cierto es que la región andaluza presta interesantisimos elementos al pintor para dar muestras de ser un buen
dibujante y brillante colorista, pero no lo es menos que el ar·
lista sevillano avalora con su maestría, con su ingenio esos cua·

598

NúMER0

dros de costumbres, en los que otros n_o l,)ªr~rían mientes por
carecer de ese espíritu observador y a~1m1lat1vo que en tan al·
to grado posee nuestro distinguido amigo.
.
..
¡Si 110 vendrá!, inspirado en un asunto asaz sencillo y tnvial,
confirma nuestras apreciaciones. Resulta un cuadro en_el que
hay que observar, aparte de la poética_ intuición &lt;le\ artista, la
corrección y elegancia del dibujo, la eiecuc1ón y el buen gusto
en el fondo en que se destaca la figura.
¡Adiós!, cuadro de Ernesto W . Apple~y.- A~unto es éste que ha sido tratado diferentes veces por ~1stm_gmdos
artistas, como todos aquellos que expre~a~ una ,s1tuac1ón de
ánimo en que predomina la nota ~el senl!m1ent?; pero P?r ~sta
misma razón, por los muchos matices que un m1smosent1m1ento ofrece y por las muy varias impresiones que produce según
sea el punto de vista en que el pintor se coloque, préstase á_ que
cada artista pueda interpretarlo á· su modo, hallando s1em·
pre en él ancho campo en que hacer gallarda muestra de ins·
piración y de talento. Tal acontece con el cuadro que reprodu;
cimos del celebrado pintor inglés Appleby, cuyas bellezas, as1
en la expresiva y profundamente sentida figura, como en el poético paisaje que le sirve de fondo, son tan patentes, que no hemos de esforzarnos en señalarlas.
Reconocimiento de un vado. - ¡Alto!.. - Paso
de un río cuadros de José Cusachs (Exposición
Parés). - Difl~il es representar asuntos 6 tipo~ militares, J?Uesto
que no basta al artista poseer relevant~s cualidades ~ptttudes
pictóricas, necesita conocimientos técmcos y ha!J:er _v1V1do entre
las agrupaciones armadas. De ahí que sea tan hm1tado en todos los países el número de pintores que cultivan con verdadero sentimiento el género militar. En el Sr. Cusachs con~urren
las dos circunstancias. Por eso hállanse avalorados sus henzos
por el sello de verdad que sabe imprimi~le~, cual acontece con
los que reproducimos, recuerdos de (a ulllm~ campaña, en la
que este militar artista hallaba medio y ocasión para recoger
apuntes á la vez que mandaba una batería.

r

Abandonada, cuadro de G. Tyrahn. - ¿Quién al
contemplar la figura de esa joven no ad!vina la existencia ele
uno de esos dramas tan frecuentes que ttenen por actores un
hombre sin corazón y una niña tan enamorada como cándida,
que se entregó confiada á impulsos de un ~mor no correspondido? Al mirarla casi se ven correr sus lágnmas á través del pañuelo con que cubre su rostro y se advierten los sollozos que
levantan su pecho. ¿Qué mejor elogio cabe hacer del bellísimo
cuadro de Tyrahn, en [el cual la parte técnica tan perfectamente ejecutada está á la misma altura que el concepto psíqui·
co tan admirablemente expresado?
Los defensores de Zaragoza (1809), cuadro

de Mauricio Orange. - Representa este cuadro el mo·

mento en que los defensores ele la inmortal ciudad, «agotadas
sus fuerzas, no su valor,» (palabras textuales de un crítico francés al hablar de este cuadro) desfilan delante de las tropas del
mariscal Lannes, arrojando al paso sus armas al pie de los vencedores. Muchos méritos tiene esta pintura, que ha producido
verdadera sensación en el actual Salón de Paris: como composición es grandiosa, clara, bien dispuesta, eminentemente dramá·
tica, y en sus menores detalles revela el talento de su autor, y
como cuadro histórico es exacto y demuestra cabal estudio cid
asunto. Para nosotros los españoles tiene otro mérito no pe·
queño, y es el de la justicia rendida por un francés á uno de los
más vloriosos hechos de nuestra historia moderna: estamos tan
poco acostumbrados á que en Francia se trate seriamente de las
cosas de España, que no podemos menos de agradecer al genial
pintor M. 0range que en su magnífica obra haya pintado á
nuestros héroes tales como fueron fy haya glorificado tan dig·
mente como se merecen á los heroicos defensores de la capital
aragonesa.
La fiesta en casa de los abuelos, cuadro de

Hugo Salmson. - Escenas como ésta, tomadas de la vida
campestre, producen siempre en .el ánimo grato deleite, sobre
todo á los que viviendo en las ciudades podemos apreciar la
diferencia entre nuestras costumbres, artificiosas las más de
ellas, y las costumbres sencillas, tranquilas del campo, entre
el bullicio y la liebre de las urbes y la calma y placidez de las
aldeas, entre la vida agitada de las grandes poblaciones y la
existencia apacible de los campesinos, no preocupados por nues·
Iros cuidados, ni aguijoneados pornuestras ambiciones, ni con·
laminados por nuestros vicios. Por eso nos encanta esa escena
de familia tan bien estudiada y reproducida por el famoso pintor francés Hugo Salmson, cuyo cuadro ha sido uno de los más
justamente admirados en el actual Salón del Campo de Marte,
de Pa rís.
La calle de Alcalá después de una corrida de
toro~, cuadro de Francisco Maura (Exposición internac1on.al de Bellas Artes de 1892). - El abigarrado contraste
que presenta la calle de Alcalá ele la coronada villa en los días
en que tienen lugar las corridas de toros exigiría para describirlo la bien cortada pluma de Mesonero Romanos ó del ma·
l?grad? ~a~ra. Tipos, c~rruajes, t~do ofrece un carácter espec!al, d1stmtJvo, que no llene semeianza ni parecido en po\.Jlac1ón alguna.
Maura, el distinguido pintor palmesano, inspir6se en el animado cuadro que en tal día ofrece la vía más animada de Madrid, produciendo una obra altamente recomendable que en nada desmerece del buen nombre alcanzado por el feliz autor del
cuadro titulado Sin labor.
N~estro grabado n;produce la última obra:de nuestro amigo,
que Justamente llamó la atención de los aficionados é inteligentes en la Exposición internacional de Bellas Artes celebra·
da el próximo pasado año de 1892.
Máquina de pintar en la Exposición de Chicag:o. - Para preservar de la intemperie á los grandísimos edificios ele madera_ de la Exposición colombiana era preciso darles
una ma~o de pm~ura; pero como la aplicación del procedimiento de! pmcel h)1b1era Shio en este caso en extremo difícil, ape·
lóse a la máqmn~ que reproducimos y que no es otra cosa que
un_ c~losal pulvenzador que funciona por medio del aire com·
pnmtdo. Catorce de estas máquinas funcionaron simultánea·
mente en la pi_ntura de lo~ edificio,s, y aunque cada una de ellas
co_nsum~ un cinco por c1_ento 11;as :de color que el procerli·
miento a mano, esta J?érdt~a esta compensada por la ventaja
de que hace un trabajo vemte veces mayor con veinte veces
menos de personal.

NúMERO

598

LA

ILUSTRACIÓN ART ÍSTICA

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT.-ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD
!CONTINUACIÓN)

- ¿Es verdad?
I V.
- Me parece que salta á la vista.
Una tarde durante la cual charlaban de estas cosas el Sr. Barincq y su hija á
- Quiero decir que si no te molesta el género de vida que os impongo.
- Me he acostumbrado tan bien y tan pronto á él, que no comprendo cómo la sombra de copudos árboles cuyas raíces humedecían las aguas del Gave,
mientras en rededor de ellos diseminados según sus aficiones merendaban los trateniendo libertad de elección puede escogerse otro.
bajadores y en tanto que los bue_Y~S uncidos_ ya á las carre~s que h~bían de c~rgarse de heno hundían con avanc1a sus hocicos entre las hierbas, vieron de leJOS
á Manuel que se dirigía hacia donde ellos estaban, acompañado por una persona á la cual de pronto no reconocieron.
-Ahí viene Manuel buscándote, dijo Anie.
- ¿Quién viene con él?
-Traje gris, hongo, eso no dice nada; sin embargo, el modo de andar separece al del Sr. de Arjuzanx ... ; sí, es él indudablemente; ¡cuánto sentirá mamá,
cuando vuelva, no haber estado en el castillo para recibirle!
Cuando el barón vió á Barincq y á su hija despidió al criado y se acercó solo.
Anie se había levantado.
- ¿No te vas?
- ¿Por qué había de irme?
- Para que el barón no te sorprenda en ese traje.
- ¿Crees que si me cuidase yo de mi traje trabajaría con tus jornaleros?
Esparcidas por sus cabellos lo mismo que por su blusa de percal azul había
infinidad de hojas de heno; Anie no se tomó el trabajo de sacudirlas.
Cuando entre el padre y la hija y el recién llegado se hubieron cruzado las
usuales palabras de cumplido se sentaron los señores en la hierba.
- ¿Me perdonan ustedes que les haya molestado?, dijo el barón.
- Usted no nos ha molestado en lo más mínimo, contestó Barincq, ni los
brazos de mi hija ni los míos son de absoluta necesidad para recoger y cargar
el heno.
- Pero de todas maneras se ocupan en eso.
- Encuentro sumamente divertido, dijo Anie, jugar á las campesinas.
· - ¿Le gusta á usted el campo, señorita?
-Le adoro.
Esta contestación encantó, al parecer, á Arjuzanx.
La conversación continuó, languideció después; el barón parecía preocupado,
hasta podría decirse aturdido; de todas maneras no mostraba su aplomo y su
desembarazo habituales; entonces Anie bajo pretexto de dar algunas órdenes se
retiró y fué á reunirse con las trabajadoras, que habían vuelto á comenzar sus
tareas.
Durante una hora larga vió Anie á su padre y el barón paseándose por la
pradera; llegaban hasta los jardines, volvían después por el mismo camino, y
Como por máquina, sin conciencia exacta de lo que hacía, examin:ib:t Barincq el testamento...
como el terreno era completamente llano y no había en él ni el arbusto más pequeño, la joven podía seguir perfectamente los ademanes y los movimientos del
barón y de su padre; los del barón eran animados, expresivos, hasta apasiona- ¡Qué diferencia entre nuestra vida de hoy y la de hace algunos meses!
dos; los de su padre expresaban cierta reserva; evidentemente el uno hablaba y
- Estableciendo esta comparación, me he preguntado muchas veces: Los po- escuchaba el otro.
bres seres muy animosos, pero muy desdichados, que aceptaban aquella miseria
Muchas veces, cuando los veía venir ya de vuelta, creyó Anie que aquella lar¿son realmente los mismos que habitan ahora este castillo?
ga conversación tocaba á su término y que el barón se acercaría á despedirse
- No pienses ahora en lo pasado.
de ella; pero siempre Arjuzanx y el Sr. Barincq reanudaban su paseo y prose- ¿Por qué no? ¿No es esta precisamente la mejor manera de estimar las dul- guían su animado diálogo.
zuras de que disfrutamos ahora? No es solamente ahora cuando estoy sentada,
Sin embargo y por fin ambos se dirigieron hacia Anie de manera que ésta
como en este momento, con esa vista incomparable ante los ojos, en medio de esta no podía equivocarse; entonces la joven les salió al encuentro; efectivamente se
hermosa campiña, respirando un aire embalsamado, charlando libremente conti- trataba de la despedida.
go, cuando yo siento todo el encanto de la vida dichosa que este golpe de forCuando el Sr. de Arjuzanx hubo desaparecido al extremo de la pradera,
tuna nos ha proporcionado; también lo experimento cuando tranquila y aislada Barincq dijo á Anie que dejase su horquilla yle acompañase; pero únicamente
trabajo en algún estudio y comparo lo que hago ahora con lo que entonces hacía, cuando no hubo temor á oídos curiosos é indiscretos se decidió Barincq á
y sobre todo cuando pienso en las condiciones en que lo hacía entonces, entre hablar.
las luchas, las rivalidades, las intrigas, las calenturas del taller; si yo te hubiese
- ¿Sabes, dijo, lo que quería el barón?
contado entonces mis humillaciones, mis tristezas, mis días de rabia y de deses- Hablarte de cosas serias si he de juzgar po.r la mímica.
peración, ¡que desgraciado habrías sido!
- Me ha pedido tu mano.
- ¡Pobre niña!
-¡Ah!
- No te digo esto para que me compadezcas y menos ahora que ya ha pasa- ¿No me contestas más que eso?
do el tiempo de las lamentaciones; te lo digo solamente para que comprendas
- Con:io no puedo decirte que esta solicitud me sorprende mucho, ni que me
el punto de vista desde el cual contemplo la felicidad que debemos á la heren- alegra, m que me disgusta, por eso digo ¡ah!, por decir algo.
cia de mi tío. Hago estas comparaciones por ti lo mismo que por mí, comparan- ¿El barón te desagrada?
d? el taller de Julián con lo presente y comparando también la Oficina cosmopo- No; entonces su solicitud me habría entristecido.
ltla donde tenías necesidad de sufrir las majaderías de Belmanieres y el orgullo
-¿Te gusta?
del Sr. Chavertón. ¡Oh! ¡Si tuviésemos que volver tú á tu oficina, mamá á la
- No; entonces la solicitud me habría alegrado.
calle de Abreuvoir, yo á mi taller!
- ¿Pues entonces?
- ¿Quieres callar?
- i::ues entonces, ¿quieres responder á mis preguntas en lugar de que yo con- ¿P_or qué? Nada hay de terrible en imaginar catástrofes que no pueden so- teste a las tuyas?
breve111rnos, y podemos burlarnos de ellas, me parece.
Barincq movió afirmativamente la caLeza.
- Ciertamente.
-Ante todo, dime si habéis hablado de dote.
- Aunque los trabajos que has emprendido no diesen todo lo que tú esperas
- Sí, hemos hablado.
de ellos.
- ¿Con qué dote cuenta el barón?
- Sí lo darán y más aún de lo que yo he anunciado; la experiencia de lo que
- No me lo ha preguntado.
llevo obtenido es garantía segura de lo que obtendremos en pocos años.
- ¿Pero él cuenta con alguna?
- Y aun cuando nos quedásemos como hoy estamos, nada tenemos que temer
- N? creas que el barón quiere casarse contigo por la fortuna; es porque has
de la fortuna; y espero confiadamente que si me caso ...
producido en él profunda impresión; es porque te ama: estoy comunicándote
- ¡Cómo! ¿Si te casas?
sus palabras mismas.
- Espero confiadamente que si me caso tomarás las precauciones necesarias
- Reproduce también las relativas á la cuestión de dote.
para que yo no vuelva á verme en la miseria.
- ¿Pero á qué viene esa desconfianza?
- Puedes estar tranquila.
-A que no quiero _casarme sino con un hombre que me ame y que no bus- Lo estoy; y por eso precisamente me río de esas desventuras y de esas ca- que en nuestr? casamiento un negocio. No quiero que mi fortuna me sirva para
tástrofes puramente imaginarias y novelescas; en la desgracia gustan las novelas pagar un mando.
alegres que acaban bien; en la prosperidad gustan más las novelas tristes.
- PrecisameP.te me parece que el barón es ese marido que tú deseas.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Entonces repíteme lo que habéis hablado.
- Si quieres vivir en el campo, su renta, que asciende á unos 40.000 francos,
le permitirá asegurarte una existencia desahogada, ya que no opulenta y brillante. Pero si la vida del campo no te satisface será necesario que te constituyamos una dote, la que á nosotros nos parezca, que te permita hacer frente á los
gastos de la vida parisiense durante tres meses ó seis ó el tiempo que tú misma
fijes en tu presupuesto. Sobre este punto el barón se somete de ante mano á lo
que tú resuelvas ó á lo que resolvamos nosotros. Y ahora te pregunto: ¿es este
el lenguaje del hombre que busca un negocio?
En vez de contestar Anie continuó sus preguntas:
- Desde lejos os he observado en algunos instantes y he visto que el barón
hablaba mucho y que tú escuchabas; sin embargo, ttí también has hablado algo.
- Indudablemente.
- ¿Qué has dicho?
- Que era necesario consultarlo con tu madre y consultarlo también contigo.
- Supongo que eso le habrá parecido muy justo.
- Perfectamente justo. Sin embargo, el barón ha demostrado verdadero empeño, si no precisamente en obtener una contestación inmediata, en arreglar las
cosas de manera que esa contestación sea motivada. Para esto desea el barón
que de vez en cuando vayamos á pasar los domingos á Biarritz, donde le encontraremos como por casualidad y donde él y tú podréis trataros y conoceros.
Solamente entonces, cuando os hayáis conocido, habrá llegado la ocasión de
que tú respondas.
- ¿Y has aceptado esa proposición?
- Si hubiera dependido solamente de mí la habría aceptado porque me parece razonable; Biarritz es uri terreno perfectamente neutral, en el que es fácil
verse y hablarse sin que estas entrevistas, más ó menos casuales, comprometan
á nada para lo porvenir; pero también en esto he pedido tiempo para consultaros á tu madre y á ti. Ya comprendes que yo no podía prometer que iríamos
periódicamente á Biarritz, cuando era posible que desde las primeras palabras
me hubieses dicho que el barón te era antipático.
- No me es antipático; y me inclinó á creer, como tú, que no es la dote lo
que el barón busca en este casamiento.
- ¿Entonces?..
- Nada me parece mejor que eso de ir Biarritz los domingos; pero á condición de que ha de constar perfectamente que esto no me compromete á nada.
Desde que hablamos del Sr. de Arjuzanx estoy haciendo examen de conciencia, y sólo siento hacia él la indiferencia más absoluta. ¿Cambiarán estos sentimientos, que ahora no están ni en su favor ni en contra suya, cuando yo le
conozca mejor? Es posible; pero no lo sé con certeza.
- Dejemos obrar al tiempo.

VII
Durante cuatro domingos consecutivos había visto Anie al barón en Biarrilz;
pero absolutamente en nada habían variado los sentimientos de la joven: Anie
continuaba en la misma indiferenc:a con respecto á Arjuzanx, y cuando sus padres le preguntaban, su respuesta era idéntica siempre:
- Esperemos.
- ¿Qué te desagrada en el barón?
-Nada.
- ¿Pues entonces?
- ¿Por qué no me preguntas qué es lo que en el barón me agrada?
- Bueno; pues te lo pregunto.
- Y yo te contesto lo mismo: nada. En tal situación solamente puedo decir
lo que digo: esperemos.
La señora de Barincq, que anhelaba lo que no es decible la realización de
este casamiento y que veía en el barón un resumen de todas las buenas condiciones, se desesperaba oyendo esas contestaciones y decía repetidamente á su hija:
- ¿Crees que el esperar tanto puede ser agradable para ese pobre joven?
- ¿Y qué voy á hacerle? Si el esperar le disgusta, que se retire.
- Por lo menos ¿no te parece que el barón ha de sentirse mortificado de esa
actitud tuya cuando del asunto hable con el capitán Sixto?
- Supongo que el barón no habrá elegido al capitán Sixto para confidente
de sus proyectos; y si lo ha hecho ·así, tanto peor para él.
¿Aceptaría Anie como marido al barón ó no lo aceptaría? Esto era lo que el
padre y la madre se preguntaban incesantemente; y como al uno lo mismo que
al otro les agradaba sobre manera este casamiento, ambos adoptaron sus disposiciones para el día en que fuese necesario tratar la cuestión de intereses y fijar
la dote.
Una vez que el barón tenía 40. 000 francos de renta, deseaban que su hija
aportase otro tanto; así correspondían al desinterés manifestado por el novio.
Pero si esos 40.000 francos podían s~r pagados fácilmente por anualidades,
esta facilidad solamente podía esperarse cuando las mejoras introducidas en la
explotación de aquélla finca produjesen todo lo que de ellas se esperaba; es decir, cuando las viñas arrancadas estuviesen transformadas completamente en
prados, lo cual exigía cuando menos tres años; entretanto, ¿cómo y dónde hallar
esos 40.000 francos?
Este era el problema que Barincq trataba de resolver buscando sin cesar qué
partes de su hacienda podrían servirle de garantía para contratar un empréstito.
Cierto día en que el padre de Anie se consagraba en su despacho, que había
sido también el de su hermano, á esas investigaciones, sacó los diferentes títulos
de propiedad de las distintas parcelas de terreno que le pertenecían y comenzó
á leerlos con detenimiento.
Como Barincq hubiese abierto completamente uno de los cajones, echó de
ve~ un pliego de papel sellado que sin duda debió de resbalar y caer debajo del
caJón. Tomo aquel papel, y reconociendo á primera vista b letra de su hermano
comenzó á leerlo. En aquel pliego había escritas las líneas siguientes:
«Yo, el abajo firmado, Gastón Félix Manuel Barincq (de Saint-Christeau),
domiciliado en el castillo de Saint-Christeau, ayuntamiento de Ourteau (Pirineos
bajos), declaro que por este mi testamento, expresión de mi última voluntad, deseo dar y legar, como en efecto doy y lego al Sr. D. Valentín Sixto, teniente de
dragones, actualmente de guarnición en Chambery, la propiedad de todos los
bienes muebles é inmuebles que me pertenecieren en el día y hora de mi fallecimiento. A este fin instituyo al ya mencionado Valentín Sixto mi heredero universal. Quiero y entiendo que en esta condición de heredero el repetido Valen-

N úMERO

598

N úMERO

tín Sixto se encargue de pagar á mi hermano Carlos Luis Barincq, residente en
París, en el caso de que él me sobreviva, y á su hija Anie Barincq una renta
anual de 6.000 francos, renta intransferible y no amortizable. Nombro albacea
testamentario al Sr. Revenacq, notario de Ourteau y amigo mío, sin intervención judicial, y espero que dicho señor tendrá la bondad de tom~r á su_ cargo
esa tarea. Tal es mi testamento, cuya ejecución ordeno como manifestación de
mis últimas voluntades.
»Fecho en Ourteau el lunes once de noviembre de mil ochocientos ochenta
y cuatro. Después de su lectura firmo.
GASTÓN BARINCQ.))

Barincq había leído sin interrumpirse, sin respirar, palabra por palabra; pero
desde las primeras, desde el momento mismo en que empezó á comprender, habíase visto obligado á dejar encima del pupitre el pliego de papel; de tal modo
temblaba entre sus dedos. Aquel golpe le anonadaba por completo.
Después de algunos minutos Barincq volvió á empezar la lectura, si bien esta
vez con más lentitud y mayor cuidado:
«Doy y lego al Sr. D. Valentín Sixto ... la propiedad de todos los bienes
muebles é inmuebles que me pertenecieren en el día y hora de mi fallecimiento. »
Evidentemente aquel testamento era el que su hermano Gastón había depositado en la notaría de Revenacq y el que poco tiempo después había recogido;
decíalo así la fecha de una manera incontestable.
Sobre este punto no cabían dudas ni vacilaciones: en un instante determinado, el que señalaba la fecha de aquel documento, Gastón había querido que el
capitán fuese su único heredero, y había dado forma á esa voluntad suya en
aquel papel escrito de su puño y letra.
¿Pero quería lo mismo Gastón pocos meses después7; en el mero hecho
retirar aquel testamento de la notaría, ¿no indicaba que había variado de mtención?
Al recoger y retirar aquel documento Gastón se proponía indudablemente
alguna cosa: ¿qué se proponía?
¿Suprimir el testamento? ¿Modificarlo?
Buscar algo fuera de estas dos hipótesis parecía inútil; era necesari? ~j~i;se en
la una ó en la otra; pero ¿cuál de ellas tenía en favor suyo la veros1m1htud. la
razón, la justicia, y en fin, el conjunto de las diversas condiciones, de las cuales
pudiera resultar un testimonio ó una prueba? Barincq no lo podía discernir en
aquel momento, hallándose como se hallaba turbado, trastornado, completamente fuera de sí mismo.
Como por máquina, sin concienát exacta de lo que hacía, examinaba Barincq
el testamento y leía y tornaba á leer sus párrafos, como si la forma de aquellas
letras ó el fondo de aquellas disposiciones pudieran señalarle el camino que debía seguir.
Pero á pesar de sus esfuerzos no lograba iluminar su espíritu, que saltaba de
una idea á otra sin fijarse en ninguna y volviendo siempre al mismo punto de
partida: ¿por qué Gastón después de haber entregado su testamento á Revenacq lo había recogido? ¿Y poi:. qué después de haberlo recogido no lo había
roto ó no lo había modificado?
A todo esto el tiempo corría sin que Barincq se percatase de ello, y la campana del castillo avisando para comer le sorprendió sin que hubiese encontrado
una contestación á las preguntas que bullían y se agitaban en el cerebro de Barincq.
Era necesario bajar al comedor; el padre de Anie procuró dominarse y dará
su rostro apariencias de tranquilidad para que ni su hija ni su mujer conociesen
la turbación de su ánimo, porque á pesar del desbarajuste y de la confusión que
revolvían sus ideas, veía Barincq de un modo perfectamente claro que no debía
hablar á su familia de aquello sin haber hallado una solución para el problema
que se planteaba.
Guardó, pues, aquel documento en el cajón mismo donde lo había encontrado, si bien tomando la precaución de ocultarlo entre los folios de un acta notarial, y hecho esto se presentó en el comedor, donde su mujer y su hija estaban
esperándolo, bastante sorprendidas con su tardanza; lo ordinario era efectivamente que el Sr. Barincq fuese el primero en sentarse á la mesa, tanto porque
desde su instalación en Ourteau había recobrado el excelente apetito de los
veinte años, cuanto porque las horas de las comidas eran para el anciano las
más agradables de todo el día, las de la charla y la expansión en aquella intimidad de la dicha.
- Iba á subir para avisarte, dijo Anie.
- ¿No tienes apetito hoy?, preguntó la señora de Barincq.
- ¿Por qué no había de tenerlo?
- Esto es lo que te pregunto.
Precisamente por lo mismo que Barincq deseaba parecer tranquilo como todos los días, no cesó de delatar durante el almuerzo su turbación y ~us preocupaciones.
- Indudablemente á ti te sucede algo, dijo la señora de Barincq.
- ¿De dónde sacas eso?
-¿No es verdad Anie?, preguntó la madre, invocando, como hacía siempre,
el testimonio de su hija.
Esta en lugar de responder señaló con una ojeada rápida á los criados que
estaban sirviendo la mesa, y entonces la señora de Barincq comprendió que si
su marido tenía efectivamente alguna preocupación, como ella sospechaba, no
había de hablar de ello en presencia de los criados.
Pero cuando ya levantados los manteles fueron los tres á sentarse á la sombra
de los árboles, donde todas las tardes acostumbraban á tomar el fresco, contemplando el espectáculo siempre nuevo de la puesta del sol con sus efectos de luz
y de sombra sobre las cumbres de los lejanos montes, volvió la señora de Barincq á sus preguntas:
- Y ahora que nadie nos oye, ¿quieres hablar?
- ¿De qué?
- De lo que te preocupa y entristece.
- No me preocupa nada.
- Entonces ¿por qué no estás hoy como otros días?
- A mí me parece que estoy como siempre.
- Bueno, pues á mí me parece lo contrario; no has comido, y ha habido momentos en que te has quedado mirando á las musarañas y de una manera que
quería decir algo. Cuando dos personas han vivido juntas durante más de veinte
años, llegan á conocerse y cada una aprende á leer en los ojos de la otra. Esta

?e

598

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tarde cuando yo te miraba en la mesa he vuelto á notar en tu cara la misma ex- contestable y sobre esto no podía haber duda, que en un momento determin_apresión de inquietud que tenías con tanta frecuencia en los primeros años de do Gastón había querido que el capitán fuese su heredero; pero ¿quería lo mis.
,
.
nuestro matrimonio, cuando luchabas contra Sauval, sin saber si al otro día iba mo aún poco tiempo antes de morir?
En esto estribaba la dificultad del problema; s1 Gastón no hab1a vanado de
á aplastarte por completo.
modo de pensar, aquel testamento traducía con exactitud su última voluntad y
- ¿Y piensas tú que voy á acordarme ahora de Sauval?
- No; pero no por eso deja de ser verdad que hoy he vuelto á ver en ti aque- era necesario cumplirlo; si por el contrario, Gastón había mudado de parecer,
lla expresión de angustia que demostraba tu rostro cuando te considerabas per- aquel testamento perdía toda su importancia y se reducía á un peda~o de pa~el
inútil que se arroja al cesto, donde permanece como _letra muerta sm que nmdido y deseabas ocultarme tus temores. Por eso te pregunto: ¿qué tienes?
.
.
Barincq no podía ni quería contestar con franqueza; trató, pues, de eludir la guna casualidad pueda devol~erle la vid~.
Si aquel testamento se hubiera descubierto al mvent~n~r.los papeles de Gascontestación diciendo á su esposa:
- Si es que no has visto mal, será que la expresión de mi fisonomía engañe. tón entre los cuales se le había colocado desde un pnnc1p10, esta duda acerca
- Ya que no quieres responder, yo misma voy á decirte de dónde proceden de las intenciones del testador no hubiera surgido en el espíritu de Barincq: se
tus cuidados; veremos si de este modo te decides á hablar: estás inquieto por- encontraba un testamento, y todo inducía á presumir que expresaba la voluntad
que comprendes que tus reformas no dan lo que esperabas y tienes miedo de de su autor lo mismo en la fecha del 11 de noviembre de 1884 que en el instante de su :Uuerte, toda vez que ninguna otra disposición destruía ~i modificaarruinarte. Hace mucho tiempo que yo lo sospechaba. ¿No es verdad?
ba la primera: el 11 de noviembre había querido Gastón que el capitán le here- ¡Oh! Eso no.
dase, y al morir continuaba queriendo lo mismo.
.
.
.
-¿No pierdes?
Pero las cosas habían ocurrido de diferente modo, y siendo la s1tuac1ón com- No, ni mucho menos; los resultados que obtengo exceden con mucho á los
que yo esperaba, y ahí están mis cuentas para probarlo. Estoy en los principios; pletamente distinta no le eran aplicables en manera alguna los indicios que en
puedo sin embargo demostrar hasta la evidencia que las ganancias prometidas aquel razonamiento se fundaban.
Aquel testamento otorgado en la fecha del 11 de noviembre, c~a~do Gast_ó_n
por mí, esto es, un ingreso de trescientos mil francos anuales será obtenido fácilmente el día en que todos los prados estén en explotación. Lo que he conse- tenía - era necesario admitirlo así - excelentes razones para prefenr a su fam1ha
guido hasta hoy lo prueba de una manera incontestable y sin duda posible; con un extraño y escogerle como heredero universal, había sido deposita~o en casa
números tan claros como la luz del sol; no en te0ría, sino prácticamente. Para de Revenacq, donde permaneció muchos años; después, en determmado ?ía,
aquel depósito había sido recogido, sin du?a por ~azo~es excelentes también,
esto me bastarían tres años ... si yo los tuviese.
pues nadie retira su testamento á un notano en quien tiene confianza -y Gas- ¿Cómo si tú los tuvieses?, gritó la señora de Barincq.
Su esposo pretendió corregir, explicar al menos aquellas palabras impruden- tón la tenía completa en Revenacq - para nada, ó para tener el gusto de volver
á leerlo.
tes que se le habían escapado, y contestó afectando indiferencia:
Si era lógico suponer que las excelentes razones en virtud de las cuales_ha?ía
- ¿Quién está seguro del día de mañana?
- ¿Te sientes enfermo?, preguntó la señora de Barincq. ¿Qué tienes? ¿Qué te sido otorgado el testamento del 11 de noviembre se fundaban en la ~o.nv1cc1ón
que Gastón abrigaba indudablemente en aquella época de que el cap1tan era su
duele? ¿Por qué no has llamado al médico?
hijo, ¿no era igualmente lógico admitir que las razones, no menos buenas, que
- No me duele nada; no estoy enferqio.
- Entonces ¿por qué estás inquieto? La enfermedad más grave de todas es la transcurridos algunos años le habían hecho recoger aquel testamento se fundaaprensión. ¡Está bien eso!: nos haces vivir en el campo porque en él te propones ban en graves dudas relativamente á esa paternidad?
En la lucidez del insomnio todo lo que Revenacq le había dicho el día del
hallar la tranquilidad y la salud y vivir vida razonable, como tú dices, y apenas
nos hemos instalado aquí cátate mortificado, sombrío, fuera de ti mismo bajo entierro y después todas las palabras que durante la operación del inventario se
la influencia de preocupaciones y de inquietudes que no quieres ó que no pue- habían cruzado entre el notario, el juez municipal y el escribano, se reprodujeron
des explicar. Desde que estamos casados has hecho que yo me familiarice, por con claridad y precisión para probar la existencia de aquellas dudas y demostrar
.
desgracia nuestra, con esos aspectos de desesperación; pero antes, por lo menos, que al recoger el testamento había la intención de destruirlo.
¿No eran significativos aquellos pesares que habían amargado los últimos años
los comprendía yo y me asociaba á tus penas cuando luchabas contra Sauval ó
cuando padecías bajo la depende~cia de Chaver_tón, sin que me (uese ~o.si_ble de Gastón? ¿No lo eran también sus inquietudes constantes, sus recelos obserenojarme contigo porque no estuvieras alegre; s1 entonces te hubiese ding1do vados por Revenacq? A juicio del notario no habían existido en el asunto vacicargos habrías tenido el derecho de hablarme de tus inquietudes para el día si- laciones; los pesares y las inquietudes que, según sus expresiones mismas, «haguiente. Pero ahora, cuando reconoces y confiesas tú mismo que tus negocios bían envenenado el fin de su existencia» provenían de las dudas de Gastón sobre
están en camino excelente; cuando nos hemos desembarazado de todas nuestras si era él ó no lo era padre del capitán. Si para casi todo el mundo su paterni?ad
contrariedades, de todas nuestras humillaciones; cuando hemos recobrado nues- era indiscutible, no lo era para él; buena prueba era de esto el que no hubiese
tra posición; cuando nada tenemos que hacer sino dejar que se deslice nuestra reconocido ni dado su nombre al que le presentaban como hijo suyo y nunca
existencia; cuando lo presente es tranquilo y lo porvenir está asegurado; cuan- había aceptado como tal.
Indudablemente Gastón había pasado por muy diferentes situaciones de ánido, por último, debíamos limitarnos á gozar dichosos los favores de la fortuna, me parece verdaderamente absurdo aflgirse sin razón alguna ... , solamente mo; fluctuanc,io constantemente entre dos extremos; creyendo un día en su paporque nadie está seguro del día de mañana. Pues si nosotros no lo estamos, ternidad, no creyendo en ella al día siguiente; sintiéndose á pesar de todo atraí¿quién podrá estarlo? Solamente hay una manera de comprometer el porvenir,
precisamente la que tú has escogido: ponerte enfermo. ¿Qué sería de nosotras
si tú nos faltases? ¿A qué se reducirían tus negocios y tus reformas? Eso sería
una verdadera ruina. Y yo, demasiado lo sabes, no tendría fuerzas para sobrellevar este último golpe. No me forjo ilusiones con respecto á mí misma: soy una
pobre mujer muy gastada por los dolores, por las penalidades de la existencia,
por la constante protesta contra las injusticias de la suerte, de las cuales durante tanto tiempo hemos sido víctimas. No podría yo resistir nuevos sacudimientos. Mientras las cosas vayan bien, bien iré yo. El día en que el carro se tuerza
no tendré ni resistencia ni valor para nuevos combates. Procura, pues, no atormentarme, atormentándote á ti mismo, mucho menos hoy que no existe razón
alguna para ello.
.
.
.
.
El Sr. Barincq repitió lo que había dicho: no se consideraba m se creía enfermo, tenía la certeza de no estarlo. Todo lo más se encontraba con alguna
agitación nerviosa que le impedía dormir tranquilam~~te.
,
Barincq, sin embargo y después de haber t~anq1:1lizad_o c~mo ~udo a_su fa.
milia, comenzó.á pensar con más calma en su s1tuac1ón. S1 baJO la 1mpres1ón de
la sorpresa no había podido adoptar una resolución relativamente al testamento
por casualidad encontrado, era necesario de toda necesidad que la adoptase,
pues no podía permanecer indefinidamente en aquella indecisión tan ruin como
cobarde.
Más de uno en su lugar se habría desembarazado sin duda de molestas cavilaciones de un modo tan sencillo como eficaz: nadie conocía la existencia de
aquel testamento· ni un solo testigo había presenciado su hallazgo; todo el mundo se había acostumbrado ya á ver al natural heredero en posesión de su fortuna: una cerilla un poco de humo, un montoncillo de ceniza y todo nabría concluído; nadie 'sabría nunca que el capitán Sixto había sido el heredero de
Gastón.
Nadie, exceptuando á quien quemase aquel p~pel: esto bastaba para que Barincq no admitiese medio tan fácil y sencillo, s1 no provenía de mano qqe no
fuese la suya.
.
.
,
.
..
.
En sus numerosos pleitos había visto Banncq a su adversano utilizar, siempre que era posible, malas arm~s y procedimientos desleales; h':bía visto t~mbién que luchaban y aun le venc1an empleando el fraude, el engano, la mentira,
los documentos falsificados ó suprimidos; nunca se había prestado Barincq á
descender basta ese terreno, por eso se había arruinado; si había perdido su forA las nue\·e se apeaba del caballo para entrar en casa de Rebcnacq
tuna, su honor quedaba inmaculado; y durante veinte años _el testimonio de su
conciencia le había sostenido: era, en efecto, un mal comerciante, pero un homdo por corrientes de cariño y de simpatía hacia aquel niño educado por él y que
bre honrado.
Y el hombre que había sido honrado, que quería serlo _s(empre, no P?d(a re- poseía realmente prendas personales nada comunes, que le hacían digno de ser
ducir á cenizas aquel testamento sino en el caso de adqumr el convenc1m1ento amado aunque se prescindiese de todo sentimiento paternal.
de que su hermano lo había recogido de la notaría de Revenacq porque la dePartiendo de este punto de vista, era facilísimo seguir con la imaginación el
claración en él contenida no expresaba ya sus últimas voluntades.
curso de los sucesos y las fases por que los sentimientos de Gastón habían
Cuando se dice testamento se dice también acta de la voluntad última, y es pasado.
esto de tal modo, que ambas frases son sinónimas en el lenguaje usual: era in(Continuará)

�LA

390

ILUSTRACIÓN AitTÍSTICA

NúMERO

59S

interior del Africa hacia el Océano Atlántico y en parar al vértice: así se presentan los ministros 6 larz's
virtud de la cual del interior han llegado al Senegal del rey Toffa, pero debe tenerse en cuenta que esos
LOS DAHOMEYANOS EN EL CAMPO DE MARTE, DE PARÍS los ulofs y en el Congo francés los pahuinos reem- funcionarios no se parecen por sus atribuciones á los
plazan poco á poco á las razas del Ji·
Nadie ign.ora la existencia del Dahomey, pero po- toral.
cos tienen en Europa idea exacta de esa región afriDesde el punto de vista antropoló- 1
cana. Después de los brillantes hechos de ar:nas de gico, actualmente no se distinguen
las tropas francesas en aquel país, la llegada á la ~a- aún los negros de la costa de los del
.t:•pita! de Francia de caravanas dahomeyanas que vie- interior, ó los minas de los nagos y
nen directamente de su patria y que, por ende, se los dahomeyanos de los mahis. De
presentan á los europeos en su verdadero aspecto y todos ellos haremos un solo retrato,
con sus primitivas costumbres, tendrá la ventaja de por más que los tratantes europeos los
dar á conocer perfectamente los vencidos á sus ven- reconozcan muy bien unos de otros
cedores. Entre esas caravanas una de las más nume- por su fisonomía. Los hombres son
rosas y mejor representadas es indudablemente la q~e por lo regular de hermosa estatura y
actualmente tiene sentados sus reales en el palacio de muséulatura soberbia, como acontece en todas las razas poco civilizade Artes liberales del Campo de Marte.
Varios son los pueblos que habitan el Dahomey y das en las cuales los enfermizos y entodos tienen su representación en el citado palacio. tecos desaparecen sin dejar descendenPor el lado de Togo, al Oeste, los minas tienen por cia: sus proporciones son admirables,
centro Gran-Popo; en el Este, en el reino de Porto sus espaldas anchas, su talle delgado
Novo se encuentran los nagos; el interior está habita- y sus extremidades bastante finas. De
do por los dahomeyanos propiame,nte dichos, que _se aquí la admiración que sienten los
extienden hasta la costa y llegan a Whydah, el prin- viajeros por esas bellas estatuas de
cipal puerto del territorio, y fihalmente en las monta- bronce. Sin embargo, tienen algunos
-1L1fii_t~~ ··
ñas viven los mahis. Los dahómeyanos se han puesto defectos: así por ejemplo, el antebra- ~ ~ - - ~ ~ - - - - - - - - ~ - - - - - - - _ _ _ . .
zo es más largo que en
Fig. 3. Las trompas guerreras de los dahomeyanos del Campo de Marte,
de París (de fotografla)
la raza blanca, como sucede á todos los negros,
y las pantorrillas son pequeñas y muy mm1stros éuropeos, sino que son simplemente servielevadas. En cuanto á la cabeza, tiene dores, guardias municipales, intermediarios entre los
el tipo negro muy pronunciado, el indígenas y lps mercaderes extranjeros.
mismo que en otro tiempo se atribuía
El traje que los dahomeyanos usan en su país coná todos los negros, por más que los siste en una pieza de tela arrollada á la cintura y endel Congo tengan un aspecto que los tre las mujeres debajo de los pechos, excepto las caaproxime más al europeo: frente depri- sadas, que se los tapan. Las gentes de alto rango llemida, nariz chata, labios gruesos, rara van sombrero.
marcadamente prognata, ángulo faLos rasgos dominantes en los dahomeyanos son la
cial de 75 grados y pómulos salientes. incuria y la pereza, pasando días enteros en fumar y
Cuando se ríen enseñan unos dientes jugar á los dados. Tienen gran pasión por la música
largos y prominentes, de los cuales se y el baile: sus danzas consisten simplemente en bacortan en bisel los incisivos medios lanceos laterales acompañados de movimientos de
superiores dejando entré ellos el espa- cabeza y brazos siempre repetidos; las danzas guerrecio de un diente.
ras son un conjunto de movimientos epileptiformes,
La risa anima á menudo su rostro gritos salvajes, actitudes de lucha y mímica de decabestial, pero bondadoso, dotado de esa pitación del enemigo vencido.
movilidad de expresión que caracteriSu música es monótona y la base de ella son los
ia á los pueblos jóvenes y á los niños: tam-tam ó nagos (fig. z) reforzados por el instrumenen su cara no hay más pelos que unos to de los mahis, calabaza hueca rodeada de una red
Fig. I. Mujeres dahomeyanas exhibidas en el Campo de Marte, de París
pocos, rizados y cortos,
(de fotografm)
en la barba.
Su cabeza es dolicoen contacto con los europeos por Whydah, en donde céfala, es decir, prolongada en el senlos portugueses construyeron ya en el siglo xv un tido antera-posterior ( 75°) : la capacifuerte, en el que dejaron algunos representantes: éstos dad craneal es por término medio mase juntaron con los negros, y así se oye hoy llamar con yor que la nuestra, lo cual se explica
los nombres de Souza, Almeida, Andrade y' Albur- teniepdo en cuenta la estatura y la
querque á algunos individuos del tipo negroide. Una fuerza de estos hombres. Este hecho
de estas familias, la de los Souza, estaba bien consi- poqfa causar cierta sorpresa cuando
derada por el rey dahomeyano, el cual le dió el título se ~reía que la inteligencia estaba en
de cha-cha y la encargó de la percepción de los de- raz~n directa del peso def cerebro;
rechos de aduana, de arreglar las diferencias que sur- pere hoy se sabe que aquella cualidad
gieran con los europeos y de vigilar á éstos.
no ~epende sólo de este factor, sino
Estas naciones minas, nagos, dahomeyanos y ma- que también del número y profundihis hablan idiomas ligeramente diferentes uno de dad ~e los pliegues cerebrales.
La piel no es en todos los indiviotro, como el provenzal del francés, y son entre sí
enemigas: todas, sin embargo, pertenecen á la misma duos qe un hermoso negro de ébano,
raza, euea, que tiene muchos puntos de semejanza sino qu~ varía desde el negro rojizo al
con las razas ashanti, fanti y yoruba, sus vecinas. La amarillento y al negro obscuro, y esta
raza euea procede del interior y ha obedecido á la variación no es debida á diferencia de
ley general que empuja actualmente á los pueblos del localidad, sino que todos esos matices
pueden observarse en los
Fig. 4. Feticheres dahomeyanos en e~ Campo de Marte, de Parls
habitantes de una mis(de fotografia)
ma·aldea.
En n i ngún pueblo
existe uniformidad en el color de la de cordeles con muchas vértebras que agitadas viopiel: en las Indias y en una misma ra- lentamente golpean la calabaza, y por cascabeles de
za se encuentran individuos apenas hierro que los músicos golpean con un palo. De cuanmorenos, como los italianos, y otros do en cuando suenan el enorme tam-tam de guerra,
negros, como el nubiano.
que un hombre solo apenas puede llevar, y formidables
Las mujeres sQn graciosas, pero se trompas de guerra hechas con colmillos de elefante (fi·
marchitan muy pronto; en su juven- gura 3).
tud las hay que son bastante agraciadas
Los dahomeyanos son fetichistas y en extremo sucon su fisonomía dulce, tímida y ale- persticiosos: adoran lo mismo lo animado que lo ingre ( fig. 1 ).
animado. Tienen gran veneración por los árboles fe.
Estos pueblos cuidan mucho de tiches y las serpientes. Los que actualmente se ensus personas; las abluciones son coti- cuentran en París sacrifican todos los días gallinas y
dianas y las mujeres coquetas peinan ofrecen granos á unas informes estatuitas de madera.
sus cabellos lanosos y crespos de mo- Los feticheres tienen en aquel pueblo gran importando que queden al descubierto la fren- cia: cubiertos de telas encarnadas, azules y verdes
te, las sienes y la nuca: las mujeres se (fig. 4)_, ejercen la profesión lucrativa de brujo y en
hacen con ellos un moño y los hom- ellos tienen absoluta fe los indígenas: sus reuniones
bres de alta categoría se confeccionan no son otra cosa que bacanales para bailar y emboun peinado complicado que consiste rracharse. Abundan también en el país los musul
Fig. z. Músicos dahomeyanos en el Campo de Marte, de Parls
en rayas múltiples que parten de la manes.
(de fotografla)
circunferencia de la cabeza y van á

NúMERO

SECCIÓN CIENTiFICA

(De La Nature)

LA I LUSTRAClÓN

598

39 1

ARTÍSTlCA

critor Sr. Pons y Massaveu, en los cuales se admira estudi~ aca• asl como por la concienzuda exp_osición de hechos y ~con~ecl•
hado y perfecto del natural, profundo espiritu de observación Y mientos que aportan interesantls11nos antecedentes h1stóncos,
lenguaje sencillo y apropiado á cada asunto, unas veces con embellecidos por su poética forma.
chistes que hacen prorrumpir en carcajadas, otTas con frase~ Y
EL PALLÁS, ARÁ:-1 Y ANDORRA, por f. Avilés Amate. - pensamientos que casi arrancan lágrimas. Véndese en las pnn***
Basta nombrar esas tres comarcas para comprender el interés cipales librerías á 50 céntimos de peseta.
PRO PATRIA. - Con este titulo ha comenzad9 á publicarse en
que ha ele ofrecer la descripción ele un viaje por esos sitios tan
esta ciudad una revista mensual cuyo primer ,n (1mero contiene
pintorescos como poco conocidos; y el interés sube de punto
*
* *
notables trabajos de Balaguer,. Mistral, Millien, Castelar, ~as·
cuando la descripción está hecha en forma tan amena y completa como la que ha sabido darle el distinguido publicista se·
INFORME SOBRE EL AGUA DE LA QUEBRADA VERDE,p~r tenrath, Coroleu, Felíu y Codma, Apeles Mestres, Colombina!
ñor Avilés Arnau, cuyo libro contiene cuantos datos puedan A. E . Salazar y Q. N ewman. - Los directores del Laboratono Bonaventura Güell y Mercader, Balsa de la Vega y Monszkonk1
convenir al turist~, expue,tos de una manera tan agradable que Naval ele Valparaiso han presentado al intendente de aquella y un Memorándum con interesante~ noticias literaria~, teatrale~,
su lectura ha de cautivar aun á los menos aficionados á excur- ciudad este informe en que se analizan las aguas del eslanq~e bibliográficas etc. formando también parte de la nusma el nusiones. Elegantemente editado por los Sres. Pons y Compañía, de Monte Alegre, demostrando la existencia en ellas del bac!lo mero 1. 0 de 1~ s~nda época del boletín de la Biblioteca Mu·
de esta ciudad, véndese el libro al precio ele z pesetas.
tífico cuando la epidemia tifoidea hizo estragos en los barnos seo Balaguer. Pro patria, cuy~ director es nuestro querid~ comque de aquel agua se surten. Los Sres. Salazar y Newman son pañero de redacción D. Antom~ ~arcía Llans6, se pubh~~ en
*
autores de la notable obra Examen de las aguas f&gt;otables, de que cuadernos ele 64 páginas, que iran ilustradas cuando lo ex1Ja la
* *
!ndole ele los trabajos que. en ella se inserten: suscríbese en las
hace algún tiempo nos ocupamos."
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No es clesconociclo para nuestros lectores el nombre del señor
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*
••
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del Valle, de argumento interesante, acción bien sostenida y men, artísticamente ilustrado é impreso en Villanueva y Geltrú, de Villanueva y Geltrú.
elegante y castizo lenguaje. Forma un tomo ele cerca de 400 que acaba de publicar, precedido de una carla prólogo del Ex·
páginas y se vende al precio de 2 pesetas en la librería La Hor· celent!simo Sr. D. Víctor Balaguer, el erudito académico de la
• **
miga de Oro, Rambla de Santa Mónica, 10.
Historia D. Teodoro Creus y Corominas. Siete leyendas, inspiNOVELAS GRIRGAS. - NARRACIONES AMRRlCANAS. - Bajo
radas en tradiciones de nuestra región, han bastado al señor la dirección de D. Antonio Rubió y Lluch han comenzado á
*
Creus, no sólo para dar muestra de sus constantes estudios his· publicar los editores de ésta, Durán y Compañia, una Biblio•
* *
tóricos, sino también para revelarse como verdadero poeta, ge- teca Universal Ilustrada cuyos dos primeros tomos son una co•
CAPS Y TREVAS, perJoan Pons y Massaveu. - La Biblioteca nuinamente catalán, persiguiendo levantados ideales y nobles lección de interesantes novelas griegas de Vizyenos, Bikelas,
Popular Catala,za ha repartido el tercer tomo, que es una co- propósitos. El juicio del Aforo, La ftmdació,z de Vi/la,zueva y Eftaliotis, Palamas y Drosinis, muy bien traducidas por el selección de bellísimos cuadros de costumbres, del distinguido es- Geribert lo exco1111micat distinguense por su vigor y galanura, ñor Rubió, y otra de bonitas narraciones americanas de los disLIIlROS. ENVIAJ?OS A ESTA REDACCION
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regu)ariz~1 coordena y aumenl.a considerablemente las tuerzas ó tntunde a la sanil'8
empobrecida y descolorida : el Vtgor, la Coloracwn y la BMrutts tñtal.
Por Nfor. e11 Paria, en casa de 1. FERRÉ, Farmaceulico, 10!, rue Richeliea, Sucesor deAROUD,
j¡g VBNDK BN TODAS LAS PRINCIPAJ.BS BOTICAS

EXIJASE e1i: =: 1 ARDUO
0

VELOUTINE FAY POL~.!.ª!!!~~
El mejor y mas célebre polvo de tocador

por Ch. J'ay, pertum1sta
9, Bue de la Pm, p ABI S

�LA

39 2

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

1inguidos escritores americanos
A rgiielles, Fernándet Guardia,
Palma, Caicedo, Vázquez, Posada y Fernándcz Medina. Ambos libros están ilustrados el primero por Llimona y el segundo
por U Lrillo y se venden al precio
de una peseta cada uno en la librerí:1 de Arturo Simón, Rambla de Canaletas, 5. La Biblioteca reparte trimestralmente á
los suscriptores una fotocromo·
tipia ele gran tamaño: la p rime·
r:i. repartida es la reproducción
La tarde del domingo, de Baixeras.

598

teca liternria) que se publica en
Madrid ha repartido á los sus·
criptores de ésta un drama original ·suyo en que se plantea un
difícil problema so,cial. Véndese
1
al precio de una peseta.

*••
MRMORTA presentada por los
confinados del penal de Grana·
na en apoyo y solicitación de la
reforma del Código penal. - Es
este un folleto en el cual se estudian varios problemas de la
legislación penal, como el abo·
no de la prisión pre,·entiva, la
proporcionalidad entre la pena
y las consecuencias del delito,
la reincidencia y otras no menosfoteresantes, y se hacen multitu~ de observaciones para de·
mostrar la necesidad ele refor·
mar el C6digo penal. Es un fo.
lleto que merece ser leido por
los que á estudios jurídicos se
dedican y meditado por los que
en el poder pueden remediar los
males que en él se señalan.

•
••
LA ESPAÑA MODERNA. - El
número últimamente recibido de
esta importante revista que pu·
blica en Madrid el S r. Lázaro
contiene notabilísimos trabajos
de Tolstoy, Caro, Claretie, Sofía Gay, Richepin, Mout6n, Tar·
ele, Lombroso, Fernández Duro,
Castelar y Villegas.

...
•

...
*

Lo m:DER, drama en un acto·
y en verso de Simón Alsina y
Clos. - Esta producción ha sido
recientemente estrenada en e 1
teatro Romea, de esta ciudad,
siendo recibida con aplauso. Se
vel)de al precio ele 50 céntimos
de peseta.

EL CANT') DEL CISNP,

por et

conde León Tolstoy. - UN
l.10

IDI·

DURANTE EL SITIO, por

Francisco Copie. - L'\ Colección
de libros escogidos que public.'\
en Madrid el Sr. Lázaro ha puesto á la venta estas dos obras
á cual más interesantes por su
argumento y cuya mejor garantia de bondad son los nombres
ele sus autores: el novelista ruso,
de fama universal, y el no menos célebre poeta francés, de cuya pluma han brotado las in·
comparables l1ttimidades y tantas otras joyas de la moderna
literatura. A Un idilio precede
un hermoso estudio biográfico
y crítito de Copée, escrito por
Julio Claretie; á Et ra11to del
cisne, un estudio del célebre crí•
tico inglés Mateo Arnold sobre
la novela contemporánea. Cada
una de estas obras se vende en
las principales librerias al precio
de 3 pesetas.

•••
Dos HECHOS DR LA HISTORIA

nR :'~:N1AMO, por C. Fra11cisco
Rodr(,:uez Callaga. - Estos dos
hecho,; se refieren uno á la revolución de Ayutla y otro á la guerra de los tres años, y en ambos
tomó parte activa el &lt;tutor del
folleto, que es profesor de Geo·
grafia é 1I istoria en la Escuela
normal ele señoritas del Estado
de Guanajuato (México).

.

• *
THEARA, drama en cinco actos de D. Manuel Lore11zo d'
Ayot. -Eldirectorde la «Biblio·

Una máquina de pintar de la Exposición de Chicago

Jarabe Laroze
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Soberano remedio para rápida curacion de las Afecciones del pecho,

Desde hace mas de íO años, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dolore■
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la diges~on y para regularizar todas las funciones del estómago y de
loa mt.estmos.

Catarros,Mal de garganta, Bronquitis, Resfriados, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolorest
Lumbagos, etc., 30 años del mejor

JARA.BE

éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

a1Bro1nuro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, con~siones y tos de los ni.11.os durante la denticion; en una palabra, todas
1aa afecciones nerviosas.

Píbrir.a, Espediciones: J.-P. LAROZE

Dspóslto ,n todas laJ Farmacias
Querldt enfermo. -Ffese Vd. Ami l1rt1 experiencia,
1 htta u10 de nuestros 6RANOSde SALUO,pue, e/loa
1w ourarfa de ,u con1t1paolon 1 le dtrh apetito 1 /1
1,ro/rerAn •I ,ueño y la aletm. - A11 ririri Yd.
t1uoho1 año,, d11frutando 111m11r1 de una buena 1a/u&lt;S.

!, roe des Lions-St-Paol, i París.

Deposito en todas las princip&amp;les Boticas y Drogueriaa

JARA-BE

. tit1t.DADESde1Esro,i -

\'t.~

-¼--

~,,

Pepsina Boudault
J.prohada por la J.CADEll.l DE IEDICIIU.

PREMIO DEL INSTITUTO AL 0' CORVISART, EN 1856
Medallu en 111 E1po1lcionet lnternaclooates de

PARIS • LYOR • VIENA • PBILADELPBIJ. • PARIS
18C7

llln

18i3

1876

1878

•noa tltTO &amp;N' LAa
DISPEP8148
0ASTRITIS - 0ASTRAL01AS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
•• &amp;JOt.14 COM IL

T 0Tao1 DIIORDINII Da

L,6,

DIOIITroa,,

BAJO LA FORll.l DE

EliXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
PJ.BIS, Pharmaoie COLLAS, 8, 1'18 Dauphine
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _. , j
l/ ffl la, princfpolt, faNMcfa, .

DEL

DR. FORGET

con tra los Reumas, Toa, Crisis nerviosas

Lu •

Pe110110 qae conoce• las

PILDORASt!DEHlUT

é Insomnio■• - El JARABE FORGET es
un calmante célebre, conocido d esde 30 a lios. En las farmacias y 28, rue Bergere, Pari■
(antiguamente 36, rue Vivienne).

DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sillo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidasfortificantes, cual el villo, el caté,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
segun sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado porel efecto de la
buena alimentacion empleada,uno
se decide lácill1lJJnte á volver
á empezar cuantas v11ces
sea necesario.

gRANO DE LINO TARIN r':.&amp;tt;ffo'üs
IITltdlMIENT08, CÓLICOI. - La oaja: l fr. IO.

APJ:OL
•de los orea JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los do/orea, retraso,, 1uprelu Epocas, ast como las p'rdidaa.
Pero con frecuencia es !alslflcado. El AP10 L
vordaderoL.~nlco eficaz, ea el de los Inventores, los U'"' JORET y BOllllOLLE.

1/on11 ife

MEDALLAS Eip• Unir* LON ORESf88Z· PA R/81889

Fll"BBIAKT, 1.50,mdeRinll,PilIS

CARNE y QUINA

El Alimento mu reparador, llllido al '1'6Dicó IIIU mellico.

VINO AROUD CON QUINA
Y CON TODOS LOS l'lUNCIPIOS fflJTRITIVOS SOLUBLBS DB U CARNE

ClAa!WE Y'OIIIIH I son los

elementos que entran en la comoostcton de este ootente
reparador de las ruerzas vitales, de este fonilleaa&amp;e por eHele■eia. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la J.nem'4 y el J.:,,ocamtento, en las Calentura,
¡ Conoalecenctas1contra las Dt4"eas y las J.fece1cnes del BstomaQo y los ,ntutl1W1.
Cuando se trai.a de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las fuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las eptdemlaa provocad.u por los calores, no se conoce nada superior al l'lao de Qaiaa de &amp;road.
.Po-r ma11or. en Paria, en casa de 1. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieu, Sur.esor dtAROUD.
SB VBNDB BN TODAS LAS P!UNCIPALIIS BoTlQU.

EXIJASE 11 i:ºir~ 1 ARDUO
Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria
lMP.

DR

'MONTANltll V S IMÓN

�</text>
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aitrtélC10t)

11tí~t1ea
A:&amp;o XII

BARCELONA 19 DE JUNIO DE 1893 .._, _ _ _ __

EL ARTISTA ENFERMO1 cuadro de E. Ravel .

NúM. 599

�394

11

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMEllO

599

los que ahora se discu~en y an_alizan en el mundo_ ci- dar la suma de labor que nos ha correspondido y des·
vilizado. Véase, pues, s1 es posible que en una nación aparecer mañana.» En ot!o párrafo sigue diciendo ,á
donde se mira con completa indiferencia lo que fué este propósito: «Nada eXJste par~ los pueblos mas
motivo de violentas crisis, pueda despertar interés al- nocivo que la ilusión, ~orque suprime e\ esfuerzo, nos
guno lo que tan s?lo en ocasiones _en que hubo_ de ciega y es tan sólo vamdad de los débiles.. Un homaliarse con la política, como en la mitad de este siglo bre que trabaja es buen?· Estoy convencido por lo
cuando los prohombres del partido progresista hicie- que á mí atañe que la úmca fe que pued~ salvar~os
Texto. - Verdades JI mentiras, por R. Balsa de la Vega. - Ex- ron de los cuadros de Cano, Gisbert, Casado, Sans, es creer en la eficacia del esfuerzo cumplido. Es inposición de Chicago. Ceremonia de la inauguración, por A. - etcétera, bandera de combate, fué mirado con relati- dudable que soñar con la eternidad es el más bello
Remerdos del cmtmario rojo. Lt,is X VII. l. Preludios, pri· vo interés, y aun éste reflejo.
de los sueños, pero al hombre_ honrado le basta con
me~ artículo de una serie que bajo dicho titulo ha escrito do·
No; no es posible que el debate entre las diferen- haber pasado por la tie:ra hac1end~ su _obra.»
iia Emilia Pardo Bazán. -El pozo de la verdad (conclusión),
No diré yo, como el ilustrado arllcuhsta de u~ pepor Luis M. de Larra. - llfisalá11ea. - Nuestros gralxuios. - tes escuelas filosóficas que hoy sostienen las teorías
Anie (continuación), novela por Héctor Malot, con ilustra- estéticas modernas pueda ser comprendido y apre- riódico conservador madrileño, que las afirmac10nes
ciones de Emilio Bayard. -SECCIÓN CIENTfFtCA: JII011u- ciado aquí, donde el marasmo en todos sus aspectos de Zola caerán por su base cuando las generaciones
111enlos budistas m el extremo Onente. Las estatuas J1acmtes
venideras las analicen; ni tampoco afirmaré tan de
de Buda, por Alberto Tissandier. - Corona solar, por J. Vi- impera; y no repercutiendo aquí los ecos de la discusión, no es posible que los artistas puedan enterarse lleno como el citado articulista que contra las dichas
not. - Libros recibidos.
ni apreciar 'el valor de las evoluciones estéticas que afirmaciones positivistas de Zola protesta la intuiGrabados. - El artista mfermo, cuadro de E. Ravel. - Des· en los demás países donde hay un átomo de activi· ción religiosa de todas las conciencias, aun la de
puls del baile, cuadro de Román Ribera (Exposición Parés).
aquellas más perturbadas por el error. Para mí yerra
-El rey Luis XVI, la reina JI el delfín.- To111adela Basli· dad intelectual se realizan en estos momentos. Porque
en sus apotegmas Zola y se equivoca de me~io ~ meel
artista,
como
el
hombre
de
ciencia,
han
menester
lla el 14 de julio de 1789. - Obras 110/ables de la pinh,ra mo·
derna: Hunos cargando contra el enemigo, copia del cuadro para producir con arreglo á las exigencias de la cul- dio el articulista de La Epoca, que es el arttcuhsta á
de U. Checa, grabado por F. Weigand. -La familia real tura y del gusto de su época que el medio social en quien me refiero. Zola reconoce que existe una reacregresando á París. - Las mujeres de París encami11á11dose á
que viven evollK:.ione, se mueva, sienta y esté en dis- ción formidable, que él cree momentánea, contra la
Versal/es el 5 de octubre de 1789. - Precioso hallazgo, cuadro
ntimiento pretende ~ ha prede W. Claudius. -Desembarco de los i,ifantes dolla Eulalia posición, por fuerza de actividad, de presentir. Hom• ingerencia que en el se_
JI D. A 11to11io m San Juan de Puerto Rico. - Cere111011ia de la bres de ciencia, literatos, artistas, producen según la tendido ejercer la ciencia. Zola cree que el ideal huinauguración de la Expcsicidn universal de Clzicago, i•eriji- influencia del medio en que viven y se nutren sus in- mano está cifrado en destruir todo ideal, ensalzando
cada ti día 1. 0 de mayo. Aspecto de la plaza de la Exposicióu,
para ello la ciencia y el arte positivistas. Zola además
dibujo de E. Limmer. - Figuras I y 2. Estatuas yacentes de teligencias. Por eso, deplorando la decadencia artísafirma
que el hombre debe darse por satisfecho con
tica
que
acusan
cada
vez
más
hondamente
nuestras
Buda en Birmania y en Pollonarúa (ele fotograí1a). - ¿Cu,íl
es la más bonita?, copia de una fotografia de Otón Scharf.
Exposiciones de Bellas Artes, deploro con más amar- haber pasado su vida trabajando, &lt;haciendo ~u obra,»
gura aún el estado de insensibilidad, rayano con el no dando cabida en su mente á ensueños m amores
embrutecimiento, en que á juzgar por nuestra obra espirituales de ninguna especie.
Verdaderamente que es singular la coincidencia
VERDADES Y MENTIRAS
científica, literaria y artística impera en la sociedad
en que el cristianismo, por Zola tildado de- religión
española en general.
Muchos é interesantes son los acontecimientos
Bien puede hablar Zola en banquetes como el que muerta, y el positivismo del autor de Nana, vienen
acaecidos en el mes que termina mañana. Y aun presidió hace días en París, y dirigirse á la juventud á ser como la afirmación de una negación de la vida
cuando algunos tengan carácter político, no por eso francesa que le escuchaba, para fijar, según su crite· en ambas doctrinas. El cristianismo mira á este munpueden dejarse sin comentarios perfectamente perti- rio estético, el carácter que á su entender debe tener do como á un valle de destierro, en el cual el homnentes al arte.
la obra de arte; pues aun cuando creo firmemente bre no debe amar nada, antes al contrario, rechazar
Lo acontecido en las Cortes durante la primera mi- que no es la Francia de hoy la que ha de impulsar á la naturaleza cuando ésta se manifiesta en nosotros
tad del actual mes de mayo viene á patentizar de una por nuevos derroteros á las artes plásticas, tónica y por medio de las pasiones y de los deseos; el cristiamanera clara y terminante cómo la lucha por ideales literaria, por razones ya expuestas varias veces en es- nismo hace que en lugar de admirar la naturaleza, y
más ó menos casuísticos lleva aparejada la indiferen· tas columnas, sin embargo, bien sabido tengo cómo de gozar con sus bellezas, y de extasiarnos con sú
cia popular y la más grande de las inopias, la moral, la nación vecina estima y aprecia su abolengo inte- contemplación, y de amar sus encantos, y de arrullar
por parte de aquellos que, resistiéndose á la imposi- lectual y cuánto le preocupa no cejar en luchas de nuestra alma como nuestros sentidos con las voluptuosas caricias de la brisa, de los aromas, de la fresción evolucionista, en cualquier sentido, recurren á esta índole, pues cejar en ellas significa morir.
toda clase de artes, sean ó no legales, para defender
Y en honor de la verdad, declaro que el discurso cura de la umbría, del beso robado á unos ojos que
sistemas amenazados de muerte por la fuerza expan- de Zola, reproducido íntegro por los periódicos más no han visto todavía más rosas que las de quince
siva de otros sistemas que parecen encajar hoy, allí importantes de Francia y comentado y en parte abriles, ciñamos nuestro cuerpo de cilicio y miremos
donde ayer no encuadraban. Y la indiferencia general transcrito por los de Inglaterra, Austria y Alemania como pecado toda sensación de voluptuosidad, todo
con que fué mirada la batalla parlamentaria y las es- y por algunos españoles, es uno de esos documentos lazo que nos ate á la tierra: el positivismo de Zola
casas protestas con que fué censurada la conducta que analizaré y estudiaré siempre y que debe estar arrancándonos de esas sensaciones dulcísimas, de esos
seguida por el mayor número prueban asimismo có- guardado en el más á mano de los estantes de las bi- éxtasis del amor, de esos goces que no por indetermo, aun reconociéndose por la generalidad de las gen- bliotecas de los hombres estudiosos y de los artistas. minados son menos efectivos, cuando la imaginación
tes el abuso que por razón de la fuerza numérica hizo Claro está que no obtendrán las afirmaciones que el se siente subyugada por ese algo que flota en la nieel gobierno de su poder, viene á probar una vez más autor de La Terre hace en el discurso á que me refie- bla, en los rayos solares, en las brumas oceánicas,
que ha pasado el tiempo de las luchas por ideas que ro la aquiescencia de muchas gentes, y si estas gen· como flotaba, según la Biblia, el espíritu de Dios sono tienen otros fundamentos que los de un empiris- tes pertenecen á la escuela idealista es seguro el ana· bre las aguas; ese positismo, digo, es tan mortal, es
mo, el cual, aceptado en otros días en que era preci- tema contra Zola y sus teorías; pero cuantos lean im- tan aniquilador como la intransigencia cristiana; porso para oponerlo á las imposiciones de lo arbitrario, parcialmente la oración del pontífice máximo del na- que si la vida no tiene otra razón de ser que el trahoy ya no puede aceptarlo una sociedad á quien el turalismo francés, habrán de concederle una profun• bajo encomendado á cada uno de nosotros, y hecha
positivismo en todo orden de cosas impulsa por el didad de pensamiento y una claridad de exposición la labor nuestra desaparición es el premio, ¡vive Dios
camino de lo práctico.
tan sólo comparables al convencimiento que demues- que para tal cosa no han menester esos mismos homSin embargo, además de que, en efecto, la indife- tra tener en la bondad de sus ideas el célebre nove- bres de la ciencia positivista quebrarse los cascos en
averiguar solucione~ de ninguna especie!
rencia que en materias políticas se viene advirtiendo lista.
¡Oh, no! La justicia no es la felicidad ni mucho
en nuestra patria reconoce por causa el que las escueZola dice en su discurso que atravesamos una crilas actualmente en lucha no pueden aportar la canti- sis por parecernos que la ciencia que acababa de menos. Aparte de que el concepto de la felicidad y
dad de savia ne,cesaria para regenerar y vivificar fuer- arruinar el viejo mundo debía reconstruir el moder- de la justicia, como el del idealismo y del positiviszas agotadas en el orden intelectual y aun en el ma- no inmediatamente según el modelo que teníamos de mo, varía y se modifica según varían y se transforman
terial, por carecer esas escuelas de soluciones y de la justicia y de la felicidad; y que transcurridos vein- las sociedades; por lo tanto, al ideal perseguido por
criterio en lo que atañe á cuanto no esté dentro del te, cincuenta, quizá cien años, se ha visto que la jus- el positivismo habrá de sucederle lo que al ideal socampo de acción - cada día más pequeño - de la po· ticia no reina y que la felicidad no ha venido; y los cial predicado por Cristo, se modificará; pero aparte
lítica, sin embargo, repito, no puede negarse cuán esperanzados de ayer han sentido cruel impaciencia, de esto, digo que el mismo Zola apunta un fenómeno
grande es el estado de aniquilamiento, de marasmo se han visto desilusionados, y ahora niegan que pue· por él observado en las exposiciones de Bellas Artes,
físico y moral, en que por razones históricas ha caído da llegarse á la ciudad feliz por el camino del cono- que es la respuesta más elocuente dada á sus doctriEspaña. Y este aniquilamiento y marasmo efectivos cimiento. De aquí que se haya iniciado esa reacción nas, en cuanto éstas tienen de dogmáticas, de inse advierte precisamente con ocasión de ponerse so· mística y que se alce ese clamoreo reaccionario con- flexibles. «Ayer, después de quince años, me ha parebre el tapete algo de aquello que en días no lejanos tra el positivismo de la ciencia; clamoreo que parece cido notar - dice refiriéndose á los cuadros que están
todavía produjo gravísimos trastornos, los cuales mo- decir: ¡Basta de verdad!.. Dadnos la quimera. Sólo hechos al aire libre y en. la mitad del campo y al sol
dificaron de un modo grande la vida política y social reposaremos cuando podamos soñar con lo que no - que en medio de la fresca limpidez de las obras
de nuestra patria.
existe, abismándonos en lo desconocido, que es don- expuestas, se levantaba cierta especie de bruma mísNadie negará que las cuestiones políticas han apa· de las flores místicas se abren embriagándonos y ale- tica.)
sionado hondamente á los españoles, y por lo t'.l.Ilto targando nuestros sentidos con su perfume, hacién¡Oh! Si no se levantase esa especie de bruma místino puede negarse tampoco que un temperamento no donos insensibles á los sufrimientos.
ca, sería cosa de renegar del artista, preocupado tan
se modifica jamás tan en absoluto que llegue á mosPero esto para Zola nos es más que un desfalleci- sólo con la copia servil- de la forma, cual puede hatrarse insensible á lo que le emocionó hasta produ- miento momentáneo, 'pues «la fe no resucita, ni de cerla la fotografía. El misticismo que sorprende hoy
cirle crisis pasionales violentas, sin una causa que las religiones muertas cabe hacer más que mitologías.» el artista en el campo como en el mar, existe: ¡como
perturbe hondamente el organismo. Pues bien: si las Cree que no es posible que la juventud acepte la fe que es el espíritu de que hablo más arriba, ese algo
ideas políticas y la lucha de esas ideas son hoy segui- que muchos pastores de almas le proponen ardiente· inexplicable que nos emociona!; lo que hay es que
das ó miradas con interés tan escaso como acaba de mente, pues no son á propósito para aceptar tal cosa en Francia tomaron el rábano por las hojas y achademostrarse en la reciente batalla parlamentaria, cal- los tiempos de turbación en que vivimos. La única caron al cristianismo lo que el cristianismo no ha
cúlese el grado de marasmo en que el temperamento fe posible es la fe en el trabajo, y el autor de La producido¡ Francia ya no significa todo el mundo innacional habrá caído respecto de las artes y de las obra dice á este propósito lo siguiente: «El trabajo telectual; si no, ahí están Alemania, Austria, Inglateletras y la gravedad de la postración en que yacen las es la única ley del mundo, el regulador que conduce rra y Rusia para rectificar.
fuerzas todas de la patria. Véase, pues, si es posible la materia orgánica hacia su desconocido fin. La vida
la adopción por convencimiento y sentimiento por no tiene otra significación ni otra razón de ser; cada
R. BALSA DE LA VEGA
parte de nuestros artistas de ideal alguno estético de uno de nosotros no hace más que aparecer hoy para
30 dt' mayo &lt;le tS93

NúMERO

599

LA

395

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EXPOSICIÓN DE CHICAGO
CEREMONIA DE LA INAUGURACI ÓN

Como en todas las exposiciones universales ha sucedido siempre, la inauguración de la de Chic~go verificóse sin que estuvieran ni con mucho terminadas
todas las obras é instalaciones. Y sin embargo, cuantos á este acto asistieron no pudieron menos de admirar el colosal esfuerzo que representa haber levantado en el inmenso espacio pantanoso que pomposa·
mente denominan aquellos ciudadanos Jackson Park,
más de cien grandiosos edificios que por sí solos
ocupan una superficie igual á toda el área del terr~no que llegó á llenarse por la mayor de las exposiciones universales hasta hoy organizadas: la de París
de 1889.
La ceremonia de la inauguración, que se verificó
el día 1-º de mayo, fué un espectáculo imponente.
En la gran plaza de la Exposición, cuya superficie es
de una milla inglesa cuadrada, habíase levantado la
tribuna presidencial: delante de ésta alzábanse tres
elevados mástiles que sostenían doradas reproducciones de las tres carabelas con que Colón descubrió
el Nuevo Mundo; en el fondo, el magnífico edificio
de la Dirección, coronado por hermosa ciípula; en·
frente de éste y corriendo á lo largo del lago Míchigan, una columnata; á. la izquierda, el palacio 9e la
Electricidad y una fachada del de la Industria, el
edificio mayor del mundo; á. la derecha, la Galería de
maquinas y-el palacio de la Agricultura; en el centro,
el gran estanque poblado de estatuas, fuentes y gru·
pos plásticos y surcado por góndolas venecianas con·
&lt;lucidas por italianos con el pintoresco traje de la
antigua República del Adriático, y llenando este inmenso espacio una multitud de trescientas mil per·
sonas procedentes de todas las partes del mundo,
allí congregada para aclamar al presidente de b
gran república y á los ilustres huéspedes de la nación
norte-americana, y en primer término á D. Cristóbal
Colón de la Cerda, duque de Veragua, descendiente
del descubridor de América.
A las once, Mr. Cleveland ocupó la tribuna, teniendo ·á su lado al duque de Veragua, á los altos
funcionarios de la Exposición, al gobernador del Illinois, al burgomaestre de Chicago, á los ministros y
á otros elevados personajes: la aparición del presidente fué saludada con estruendosos aplausos y ví·
tores, y en seguida la orquesta de Teodoro Thomas
ejecutó la grandiosa marcha de Colón. Después que
el reverendo Milburn hubo rezado una larga p!egaria
y una señora leído una poesía alusiva al acto de Croffut y la orquesta tocado la sinfonía de Rienzi, adelan·
t6se Mr. Davis, director general de la Exposición, y
pronunció un discurso, haciendo á grandes rasgos la
historia de ésta y dando las gracias á todos los que
le habían ayudado en la realización de la empresa y
muy especialmente á los gobiernos extranjeros. Siguió á éste el discurso de Mr. Cleveland, quien con
voz potente y reposada comenzó por felicitarse de los
sorprendentes resultados del genio y de la actividad
americanos¡ saludó con entusiasmo á los que desde
remotos países habían acudido á honrar con su presencia ese· homenaje á la fiesta de la paz, del trabajo
y de la civilización, en la que un pueblo joven, vigo·
roso é independiente ofrecía al mundo entero las
muestras de su progreso, representado no tanto por
los grandiosos edificios de Jackson Park y los productos en ellos acumulados, como por la posesión de
un gobierno popular cuya grandeza admira todo el
orbe: «Hemos reunido, dijo, multitud de cosas bellas
y títiles; pero también hemos formado hombres que
pueden gobernase á sí mismos. )) El presidente terminó su oración con las siguientes palabras: «Fijémo·
nos bien en la significación que en el fondo entraña
la ceremonia que estamos verificando: que la impre·
sión de este momento no se borre nunca de nuestra
memoria; y así como al oprimir este botón se pon·
drán en movimiento todas las máquinas que dan vir.la á esta Exposición, ¡ojalá que nuestras esperanzas
y nuestros trabajos puedan servir para despertar fuer·
zas que contribuyan al bienestar, á la dignidad y á la
libertad de la humanidad entera!»
Dichas estas palabras, Mr. Cleveland oprimió el
hotón eléctrico que tenía delante, y como por ensalmo ondearon en el aire millares de banderas y gallardetes, echáronse á volar verdaderas nubes de palomas, descorrióse el velo que cubría la estatua de la
República levantada en el lago, soltaron sus juegos
las fuentes y atronaron el espacio las sirenas de los
vapores, las campanas y los cañonazos, mientras la
orquesta entonaba el himno Aleluya y el himno nacional americano entre las ensordecedoras aclamaciones de la inmensa muchedumbre.
Tal ha sido la ceremonia de la inauguración del
certamen universal colombiano, que como todo lo

DESPUés DEL BAILE, cuadro de Román Ribera
(Exposición Parés)

que en aquel pueblo se hace ha re,·estido caracteres
de grandiosidad sin ejemplo.
Muchas son las deficiencias que aún se notan en
la Exposición, pero así y todo ésta promete superará
todas cuantas se han celebrado hasta el presente y
sobrepujar las esperanzas que hayan podido formarse
los que más ciega fe tienen en la poderosa virtualidad
de los norte-americanos.
Hasta ahora el éxito económico no ha correspondido á lo que se había esperado: justo es, empero,
decir que en las orillas del Míchigan se han dejado
sentir hasta hace poco los últimos rigores del invier-

no, que los árboles apenas tienen hojas, que los céspedes están aún pelados y que la lluvia ó el viento y
el frío contribuyen á hacer poco grata la estancia en
la Exposición. Esto no obstante, no hay que ser pesimista: durante los meses de junio á septiembre acu·
dirán allí sin duda alguna de toda América y de varios
puntos de Europa innumerables muchedumbres.
Y la verdad es que no faltan en la TVorldfair
atractivos en los que durante un mes por lo menos
podrá entretenerse el forastero que concurra á la
Exposición Universal de Chicago.

A.

�LA tLUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

NúMERO

599

corte más suave y armonioso, ni muy ancha ni muy de entre sus flores y sus juegos para arrojarle al tumul•
larga, la alumbran como astros dos ojos grandísimos to el día de la toma de la Bastilla - 14 de julio de 1789.
(que eran azules, con tupidas pestañas obscuras). La - El motín impetuoso que precedió á las sangrientas
LUIS XVII
boca, llena, delicada y turgente como el fruto del jornadas fué á estrellarse contra los muros del palal. - PRELUDIOS
guindo, sonríe abriendo en la cándida mejilla el ho- cio real, y Luis XVI no tuvo más remedio que salir
En las grandes catástrofes de la historia, donde yuelo encantador característico de la niñez. El pelo, al balcón, en compañía de su mujer y de sus hijos.
sucumben millares de víctimas sacrificadas al furor de ceniciento y ondeado, que era orgullo de la reina, cae Sin duda la linda cabeza del delfín contribuyó á
las pasiones ó á la fatalidad de los acontecimientos, en gracioso desorden sobre la garganta de cisne - la arrancar á las turbas victoriosos vivas y aclamaciones
la enorme suma de dolor que representa la hecatom- garganta de María Antonieta, larga y torneada, perfec- - que bien pronto habían de trocarse en gritos de
be casi embota nuestra sensibilidad; porque somos ta y altiva. - En la barbilla se abre otro hoyuelo gentil. muerte. - Desde la toma de la Bastilla iníciase la
La tez se adivina blanca, fresca, del emigración: los que presienten y adivinan, se apresumatiz del raso nacarado que era en- ran á ponerse en salvo; pero los reyes son los únicos
tonces tan de moda. La estatura de que no pueden apelar á ese recurso, y débiles, impoLuis Carlos fué siempre alta á pro- tentes, desorientados, llenos de confusión y de zozoporción de la edad; el cuerpo, dere- bra, permanecen en su lugar, arrostrando el riesgo.
El 17 de julio ruge otra vez la tormenta; el rey sale
cho y gallardo; el andar, noble y señoril; la expresión, bondadosa; la con dirección á París y deja á su familia temblando
acogida, digna y afable; el carácter, en Versalles; el delfín no cesa de ir y venir á las venvivo, generoso y resuelto, con gran tanas, y corriendo hacia su madre, la dice palabras
dosis de pundonor; el entendimien- que había de repetir en la fecha fatal del 10 de agosto, claro; yen suma, las prendas físi- to: «Mamá, ya va á volver papá. No tengas miedo:
cas y la condición moral cual con- papá es muy bueno y nadie le hará daño.» El anunviene á un reyecito, esperanza de cio del niño se cumplió: el rey volvió sano y salvo, y
su pueblo y honor de su raza... ¡Ra- hasta vitoreado aquel día.
za infeliz!
Por primera vez, el 5 de octubre, cayó sobre VerCuando la muerte de su hermano salles el pueblo de París. Los desastres de la mala
elevó á Luis Carlos á tan alto pues- administración, el precario estado de la hacienda ptíto, el horizonte de la monarquía iba blica, el hambre y la carestía de las subsistencias forobscureciéndose cada vez más, y maron y precipitaron á aquella horda - la verdadera
María Antonieta, vuelta en sí, cura- horda de la Revolución, guiada por mujeres furioda de las ligerezas y aturdimientos sas, exaltada por canciones cínicas y sanguinarias, esdel período juvenil, ya no era la ale- poleada por la embriaguez, armada con hachas, cugre y burlona delfina ni la brillante chillos y la terrible pica, cuyo natural remate era la
reina amiga de bailes, mascaradas y cabeza cortada. - Por primera vez también el delfín
óperas, sino la mujer á quien amaga es despertado á las altas horas, sacado del lecho, vesel infortunio y que toma por lo serio tido aprisa y llevado fuera de su aposento para resla vida, y la madre inquieta que tiem- guardarle del peligro. ¡En cuántas ocasiones había de
bla ante las sombras de lo porvenir. volver á interrumpir el santo sueño de la criatura el
No es extraño que se convirtiese en mismo terror, y cuántas había de ver á su cabecera
institutriz del adorado hijo. Esta in- las caras pálidas, los ojos preñados de lágrimas, los
novación casi revolucionaria, á lo dedos puestos sobre la boca ordenando silencio!
Juan J acobo, de un delfín educado «Tengo hambre,» decía el niño. «Hay que esperar
por la reina, cimentó el cariño apa- á que pase el tumulto, hijo mío,» contestaba la reina,
sionado entre la madre y el hijo - secándose los ojos con un pañuelo. Los amotinados
cariño providencialmente dispuesto piden que se asome al balcón la reina, la cual se asocomo para refinar el suplicio de la ma con sus hijos de la mano. «¡Fuera niños!,» gritan
madre en el Temple. - Todas las los furiosos, temiendo ablandarse, como el 14 de jumañanas madrugaba el delfín, y ba- lio, ante la cándida beldad de Luis Carlos y su herjando á los jardines de Versalles co- mana. La reina, que nada tenía de cobarde, salió
gía un precioso ramo y corría á de- sola, arrogante, impávida; y el pueblo, dominado
jarlo sobre el tocador de la reina, nuevamente, aplaudió.
para que ésta lo encontrase al desLa oleada del motín arrastraba hacia París á la fapertar. Luego le ocurrió al niño que milia real, y la muchedumbre armada escoltaba las calas flores le gustarían á su madre mu- rrozas. Al rer aquellas siniestras cataduras, al oir aquecho más si él mismo las cultivase; y llas voces vinosas, aquellas horribles blasfemias, aquecon esta idea se dedicó á cavar y llas cabezas cortadas que adornan las picas, el de1fín,
(Facsímile de un grabado hecho por los hermanos Klauber en Augsburgo)
regar, ejercicio que desarrolló sus sentado en las rodillas de su madre, alza la frente y
fuerzas y &lt;lió á sus mejillas el car- pregunta atónito: «¿Es este el pueblo, mamá? ¿No dimín de la salud.
cen que yo debo quererle muchor» Sin que el niño obtan finitos, tan limitados, tan pequeños, que lo vasto
Su gracia, su tacto cortesano, asombroso en tan tuviese la exp.licación que deseaba (¡qué de enigmas
nos abruma y lo genérico nos es punto menos que pequeña criatura; su esindiferente. Para sentir preciso es que reconcentre- pontaneidad, su rectimos el interés, y para sentir profunda y trágicamente tud natural, su ingenuo
la revolución del pasado siglo, que consagremos ese hechizo, prendaban á
interés al más débil, al más inocente, al más puro los que le veían de
de los mártires; al que, cordero sin mancilla, sufrió cerca; mas las monepasión y muerte por los pecados de todos, y expió rías de los niños reales,
los crímenes y los yerros de su raza con torturas que celebradas si corren
recuerdan las de los hijuelos de Ugolino en la maldita vientos prósperos, patorre. Madres que leáis la historia de Luis XVII de san inadvertidas cuanFr:incia y no lloréis..., ¿lloráis por algo en este mundo? do graves cuidados hieAntes de referiros cómo padeció el que no fué lla- ren el alma y nubes nemado rey sino en los obscuros bosques de la Vendea gras encapotan el cielo.
ó en las esquivas gándaras bretonas, evocaré rápida- Algunas frases ingeniomente los primeros y dulces tiempos de su corta vida, sas y algunos rasgos boque duró diez años, dos meses y doce días, empe- nitos del delfín ha conzando el domingo de Pascua, 27 de marzo de 1785, servado, no obstante, la
y acabando el 25 de Prairial, año tercero de la Re- crónica de tan aciagos
pública, ósea el 10 de junio de 1795.
días. U na vez que el
La popularidad que disfrutaba Luis XVI en los niño cogió á un pajecicomienzos de su reinado, hizo que fuese acogido con llo una flauta, y para haextremos de alegría loca, no sólo el nacimiento de su cerle rabiar la escondió
primogénito, el delfín Luis José Javier Francisco, sino entre los mirtos del jarel del segundogénito, Luis Carlos, que al venir al dín, por no castigar á
mundo recibió el título de duque de Normandía, pro- Luis Carlos castigaron
vincia monárquica hasta la abnegación, según demos- á su perrillo favorito,
tró después. Tuvo el delfín Luis José la gran suerte Mozifjlet. Sublevóse la
de morirse á los ocho años de edad, y el terrible peso ingénita lealtad del delde la sucesión al ya combatido trono recayó sobre el fín, y solicitó pasar al
hermanito menor, que al ser reconocido delfín con- cuarto obscuro á ocupar
taba cuatro años, y llamaba la atención y cautivaba el sitio del perro. Adelos corazones por el resplandor de su quenfüica be- más, llamó al paje, y pilleza.
diéndole excusas, le deEl retrato que contemplo, dibujado y grabado por volvió la flauta.
La revolución sacó
Regnault según una miniatura de Dumont, representa un niño de inYerosfmil hermosura. Su faz, del por primera vez al niño
Toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, -De un grabado en cobre de Duplessis-Bertau,c
RECUERDOS DEL CENTENARIO ROJO

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�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

599

se que en el nervioso, impresionable y exquisito organismo d&lt;!l delfín existía algo que puede llamarse
previsión del tremendo destino que se le preparaba.
Su alegría y viveza se apagaban por momentos al soplo de auras fúnebres, de estremecimientos inde~nibles. Un día, como cogiese
para distraerse un tomo de
El amigo de los mitos, de Berquín, y le abriese á bulto, saltó del sofá, con lo~ ojos preñados de llanto, y entregando el libro á su preceptqr el
abate de Avaux, exclamó consternado: «¡Válgame Dios! Mira por dónde he abierto: ¡por
la historia de El prisionerito!
También se sabe que, hallándose en su jardín el niño
y habiendo solicitado desde
fuera una mujer que pidiese
al rey para ella ciertas mercedes, la solicitante añadió:
«Monseñor, si consigo esta
gracia, me creeré tan feliz como una reina.)) El delfín, levantándose y mirando á la
mujer, contestó en tono r~flexivo: «¡Feliz como una re1•
na! Yo conozco una que no
hace más que llorar en todo
el día. »
Y era verdad. Las demasías
provocadas por la fiesta de la
federación; la imposición del
capellán juramentado á familia tan católica como la de
Luis XVI; los reiterados ultrajes; el tumulto siempre ru·
giendo á las puertas de palacio· la vigilancia injuriosa; los
vergonzosos pactos con Mirabeau; las cuelgas de aristócratas en los faroles; las quemas de castillos; los mil sucesos que se precipitaban, parecían colmar la medida de la
aflicción y humillación d~l
trono - aun cuando lo vemdero se encargó de demosLa familia real regresando á París (Copia de un dibujo ele la época)
trar que aquello era tortas y
pan pintado, y que con las
amarguras de tales días puInstaláronse los reyes en las Tullerías, palacio des- les que eran despojo de la Bastilla. Al entregar al dieran fabricar regocijos los cautivos dd Temple.. habitado y desmantelado desde hacía mucho tiempo. niño el siniestro juguete, le recitaron la siguiente es- En suma la situación bastaba y sobraba para Just1fi'
.
«¡Qué feo es esto, mamá!,» exclamó al pisarlo el del- trofa:
car el complot
de hufda al extranJero,
que secretafín. «Hijo mío, respondió su madre, Luis XIV vivió
mente empezó á tramarse hacia mayo de 1791. Ya ve&lt;Lo que de la nación terror ha sido
aquí y no se quejaba: no hemos de ser más exigentes
remos en los sucesivos artículos lo que fué del delmira en lindo juguete convertido.
que él.»
fín en los azarosos días del fracaso de Varennes.
Cuando juegues con él, en la memoria
Un rayo de bonanza lució para la monarquía cuanten del pueblo el amor y la victoria, l)
do la Asamblea Nacional, habiendo venido á felicifü11LIA PARDO BAZÁN
tar al rey, quiso saludar al heredero del trono y le
Cuentan que el regalo no agradó al delfín, que lo
aclamó enternecida. Las esperanzas y los odios em- guardó en un armario y no quiso verlo jamás. En
NOTA. - El anterior artículo es el primero de una
pezaban a condensarse alrededor de la criatura: mu- cuanto al regimiento del Real .Delfln, representante serie que para LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA ha escrit?
chos que desaprobaban á Luis XVI sin condenar al de la opinión monárquico-liberal, poco tardaron los la ilustre escritora señora Pardo Bazán y que publitrono, indicaban la posibilidad de una abdicación; y radicales en ridiculizarle y procurar que se disolviese. caremos sin interrupción en los números sucesivos,
el rey, para aquietar los ánimos, anunciaba en plena Apod_áro_nlo Rea~ Bombón, y los padres, miedosos, ilustrándolos con preciosos grabados de la época.
Asamblea, en febrero de 1790, que educaba á su hi- supnm1eron aquella
jo constitucionalmente, para el nuevo orden de cosas. guardia nacional de chi«Ved á mi hijo, decía el mismo día la reina á la co- quillos.
misión de la Asamblea: quiero enseñarle desde un
Al cultivar su jardinprincipio á respetar las libertades públicas.»
cito, sucedíale al delfín
Mientras se buscaba en su debilidad antemural que, por la empalizada
contra la Revoluc~ón, el niño, privado.de los inmen- que lo separaba de la
sos parques de Versalles, salía los jueves á jugar al parte no reservada de
huerto de la marquesa de Lede, y recobraba sus afi- las Tullerías, le hablaciones á la floricultura en el diminuto jardín que den- sen muchas personas, le
tro de las Tullerías le otorgaban. Allí criaba conejos, pidiesen limosna infiniregaba y plantaba rosales. ¡Melancólicos destinos los tos pobres, y flores mil
de este jardín, situado á la extremidad de la terraza, bellas paseantes. Las floá orillas del agua! Así como Luis XVI se lo dió al res las ofrecía con risa
delfín para su recreo, Napoleón lo destinó al del rey halagüeña y la cortesade Roma, Carlos X al del duque de Burdeos, Luis nía del más cumplido gaFelipe al del conde de París!
lán; las limosnas, con el
Otra gran distracción del niño fué la creación del calor de un corazoncito
regimiento de muchachos, que tomó el nombre de que ya rebosa compaReal Delfín. Es de advertir que Luis Carlos adoraba, sión y regia munificencomo la mayor parte de los chicos, el aparato militar. cia. Los niños pobres,
Cuando el regimiento de Flandes pasó por Versalles, enfermos y descalzos, coLas mujeres de París encaminándose á Versalles el 5 de octubre ele 1789
el delfín se empeñó en saludarle. «Pero ¿qué les vas mo por misterioso pre(Copia de un grabado de la época)
á_decir_tú á esos señores?,» preguntaba la reina. «Ya sentimiento le atraían.
d1scu~nré. )) Entró la oficialidad, y el delfín dijo á los Cierto día el rey vió á su
de pnmera fila: «¡Cuánto me alegro de estar entre us- hijo contando los escudos que guard~ba en un cofre.
No dudamos de que nuestros suscriptores han de
tedes! La lástima es que como soy tan chico no les «¿Esas tenemos, Carlos?,» murmuró risueño el padre. ver con gusto esta publicación, en la que el interés
Yeo á todos.» De pronto, reparando en un oficial «¿Ya cuentas la hucha como los avaros?» «Papá, res- especial de los hechos adquiere tloble atractivo cuanmuy alto: «Cójame usted en brazos, le suplicó, y pondió la criatura, es para los niños expósitos. Me dan do los relata la insigne publicista á la que tantas joyas
así veré á todos estos señores.» Calcúlese su alegría mucha pena. ¡Si vieras qué desgraciados son!» Diría- debe nuestra literatura. - N. de la R.

semejantes habían de preocuparle después!), llegó la
comitiva á las puertas de París, y las mujeres que la
seguían gritaban á las que salían á los balcones: «Se
acabó el hambre. Nos traemos al panadero, á lapanadera y al mocito de la tahona.»

cuando se hubo encontrado al frente de un regimiento que ostentaba engreído el nombre de Real
.Delfln. Fueron los oficiales de este regimiento quienes presentaron á Luis Carlos un regalo de trágica
memoria: el dominó hecho por Palloy con mármo-

NúMERO

NúMERO

LA

599

399

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ro.º Satisfacción general y cada mochuelo á su olivo.
Nota. - Se prohiben las pedradas públicas y los navajazos particulares.

EL POZO DE LA VERDAD
( Conclusi,J11)

Y al Sr. Dulcamara hay que hacerle
justicia. No se anduvo por las ramas, sino
que á este quiero y á este también, hizo
cada regalo que cantaba el credo. Sortijas, pendientes, collares y guardapelos para las mozas, relojes, alfileres, cadenas y
botones para los mozos, y gemelos para
el alcalde, y cálices y patenas para el cura,
y espátulas para el boticario, y unas disci •
plínas nuevas para el maestro de escuela.
Vamos, que aquel gran señor era un arca
sin fondo, y!~ chica iba á ser de seguro la
mujer más dichosa de la tierra.
Conquistadas así todas las voluntades,
inútil es decir que se tomó á pechos por
el pueblo entero la boda de la hija del tío
Vencejo, y éste, ostigado por unos y por
otros, prometió que el día del casamiento
habría tortas y pan pintado para todos los
pobres, y agua de limón y cebada para la
clase media, y corderos y cabritos para
concejales y caciques.
Y llegó el día... terrible para Bias y magnífico para convidados y convidadores.
¡Qué gresca! ¡Qué alboroto! Para que se
vea sí se había hecho la cosa en grande,
conviene examinar la lista de festejos.

¡El hombre propone y Dios dispone!
¿Quién había de creer que el programa no
llegaría á cumplirse? Cuando se acabó el
jaleo de las cucañas, que era el número
3.0 , y todo el mundo se dirigió á la iglesia
para presenciar la ceremonia del casamiento y la misa, sonó un trompetazo fenomenal que hizo poner los pelos de punta hasta á los calvos, y aparecieron en la plaza,
frente á la parroquia, el mozo Blas con su
traje humilde de costumbre y una señora
caprichosamente vestida con una vara de
acebuche en una mano y un espejito en la
otra.
- ¡Alto todo el mundo!, dijo el alcalde.
¿Qué barbaridad es esa, y qué quiere decir ese trompetazo?
- Eso quiere decir, exclamó en voz alta la mujer d~I espejo, que aquí 'todo es
farsa y mentira, y que yo no paso por
ello, y que aquí va á haber hoy una depópulo bárbaro.
- Si lo del bárbaro lo dice usted por
mí, á la cárcel en seguida y poca conversa. ción. Y eso, lo de farsa, explíquese usted
si quiere que nos entendamos.
- A eso voy. Toca, muchacho, y óiganPROGRAMA de las fiestas que se han de celeme todos.
brar el día ... del tal... tal, etc., en el
Bias obedeció á la señora, y aplicando á
gran pueblo de tal... por cual... con 1110su boca la trompeta que llevaba en la mativo de la boda de Anita, la hifa del tío
no, atizó otro trompetazo que debió oírse
Vcllcefo, con el gran Sr. .Dulcamara, indos leguas en contorno y que aturdió otra
ventor sublime, taumaturgo eximio, quívez á los presentes. ¡Vaya una trompeta y
111ico conspicuo y astrólogo ecuestre ...
unos pulmones!
- ¡Nos va á dejar sordos si toca otra
r. 0 Guitarras, bandurrias y castañetas
vez!, dijeron todos tapándose los oídos.
público.
'
- ¡Boca abajo todo el mundo!, prosi2. 0
Baile general en la plaza.
guió la Verdad. Todos los regalos de ese
Pll.KCIOSO HALLAZGO, cuadro de \V, Claudius
3.º Cucañas con chorizos, jamón, meseñor Dulcamara son falsos y no valen
dios duros y otros embutidos.
un comino; todos sus títulos son men4.º Misa solemne de un cura solo, con sermón,
7.° Comida, merendona y borrachera universal. tira... ; todas sus drogas, agua de la fuente y polcampanas, organillo y bendición papal.
8. 0 Una vaca enmaromada para los aficionados á vos de Segovia ... ; todo su dinero, perros est~ñados!
5. 0 Ochavos y cacahuets para la infancia.
cuernos.
El tío Vencejo no es un ricacho decente, smo un
6. 0 Procesión del bendito San Zoilo, con alelu·
9. 0 Retirada de los novios para ventilar sus usurero indecoroso; el maestro de escuela no sabe
yas y panecillos del Santo, de color de rosa.
asuntos.
escribir con ortografía, el alcalde es un bruto que

D&amp;SE~IBARCO DE LOS INFANTES D.• EULALIA y D. ANTONIO EN SAN J UAN DE PUERTO Rico
(De otografía de Feliciano Alonso, remitida por D. Marcelino García)

�CEREMONIA DE LA INAUGURACIÓN DE LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO, VERIFICADA EL DiA

1.0

DE MAYO. ASPECTO DE LA PLAZA DE LA EXPOSICIÓN, nrnu;o

DE

E.

LrnMER

�•

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

402
sólo sabe volcar el puchero en las elecciones, el cura
no sabe latín, el boticario da polvos de almidón en
vez de magnesia y vende quinina fabricada con polvos
de espárragos: aquí todos son unos farsantes, embusteros, y van á verlo en seguida.
.
En efecto, dirigió el espejito hacia la concurrencia,
y todo el mundo apareció á los ojos de los demás tal
como era y no como parecía. ¡Qué espectáculo! Hombres y mujeres, todos ... comenzaron á gritar ~iciendo: «¡Yo soy un hipócrita!» «¡Yo soy un bnbón!»
«¡Yo engaño á mi mujer!» «¡Yo desobedezco á mi
padre!» «¡Yo se la pego á mi marido!» «¡Yo no tengo un cuarto!» «¡Yo soy un ladrón!» etc., etc., y cuanto más gritaban más se separaban unos de otros.
E l gran Dulcamara no sabía dónde esconderse, y
Anita diciendo: «Soy una mema,» y Bias exclamando: «Soy un asno, » se abrazaron y echa_ron á corr~r
de1 prado, escapando por aquellos tngos. ¡PareJa
feliz!
Mientras el alboroto seguía en aumentq, los maridos engañados arrancaban del moño a sus cónyuges
extraviadas; los electores aporreaban al alcalde; unos
gritaban: «¡ Al ladron!,» otros «¡Al asesino!,» y todo
era destrucción, ruina y estrago, mientras la Verdad,
con el espejo en la mano, lanzaba rayos de aquel
cristal sobre todos los habitantes del pueblo.
Rendidos, aporreados y con un palmo de lengua
fuera de la boca, se miraron unos a otros, y lo cierto
es que no parecían seres humanos, sino fieras escapadas de los bosques. ¡Qué de sangre, de arañazos, de
cardenales, de torniscones, de repelones y de calvicies prematuras! ¿Y todo por qué? Y sobre todo ¿por
quién? Por una mujerzuela de tres al cuarto, por
aquel tipo estrambótico y extranjero, sola, sin defensa, sin guardia civil, ni carabineros, ni fuerza pública
de ningún género...
- ¡A ella! ¡A ella!, gritaron todos. ¡Fuera la bruja! ¡Fuera la tonta! ¡Aquí todo era paz y bienandanza
y tranquilidad! ¡Acabar con ella!
Y dicho y hecho: ella se .defendía con el espejito;
pero una pedrada del boticario hizo saltar el cristal
en mil pedazos, y allí fué ella... Entre todos le arrancaron el mueblecillo, le hicieron añicos el vestido, la
insultaron, la arrastraron hacia el pozo y la tiraron á
él de cabeza. Sobre su cuerpo hecho añicos tiraron
cuantas piedras, ladrillos y peñascos encontraron á
mano, hasta que éstos llegaron al brocal; y para que
jamás volviera á salir de aquella tumba la pobre mujer, siguieron amontonando peñascos y construyeron
una torre mas grande que la de Babel.
Desde entonces no ha vuelto á reaparecer la Ver·
dad sobre la tierra, y Dulcamara se pasea triunfante
en su carricoche por todos los países del planeta.
LUIS

M.

DE LARRA

B ellas Artes. - La Asociación Art!stica Suiza ha comenzado el viaje circular de su exposición de Bellas Artes por las
ciudades de Basilea, Winterthur, Schaffhausen, Zurich, Glaris,
Constanza, Berna y Saint Gall, en donde terminará el d!a 26
de octubre. Consta sólo de 212 obras, aunque este número es
probable que aumente en Zurich. De los expositores, la mitad
son suizos y el resto alemanes, italianos, franceses y españoles.
Entre los cuadros al óleo sobresalen los de los suizos Rossis,
Menta, Steffans, Muheim, Sandreuter, Rudisuhli, Meyer, Vollmy, Schenker, Balmer y Delfs y los de las señoritas Amaos y
Erlach; entre las acuarelas llama en primer término la atención
el Callt() de corQ, de José Benlliure.
- Los arquitectos muniquenses Seild, IIanberiaser y Romeis
están trabajando actualmente en los proyectos de reconstrucción
del Museo Nacional. _
- En el Salón Neumann, de Munich, se ha verificado una
exposición de importantes cuadros de Achenbach, Wenglein,
Lehnbach, Kaulbach, Díez y otro~: llaman en primer término
la atención un paisaje bávaro de Leibl wn la figura del pintor
en traje de caza; una Travíata, de Gabriel Max; un precioso interior, de Uhde, y un hermoso asunto de la vida popular vene·
ciana, del malogrado Favretto. También figuran en ella cuadros
de IIerkomer, Corot, Webbs y otros pintores extranjeros.
- Federico Roeber, el célebre pintor de historia de Dusseldorf, ha terminado un ciclo de once cuadros, tres de ellos de
grandes dimensiones, que representan la desaparición de los
dioses del Norte y la aparición del Cristianismo en la tierra. Este ciclo es una de las obras más notables que el arte haya realizado en nuestros tiempo&amp;, y en su ejecución ha rayado á gran
altura :;u ilustre autor, quien ha consagrado largos años de trabajo á esta obra que ha ejecutado por encargo de un acaudalado _µersonaje, entusiasta por el arte y decidido protector de Jo:;
artistas.
En la propia ciudad de Dusseldorf ha terminado el profesor
Pedro J anssen el gran cuadro correspondiente á la fundación
que un habitante de aquella ciudad, Carlos Weiler, ardiente
patriota y entusiasta aficionado á las bellas artes, instituyó con
destino á la Galería Municipal cuando en 1888 se celebró el
sexto centenario de la concesión del derecho de ciudad á Du~seldorf. El cuadro representa la batalla de Worringen, librad.i.
en 5 de junio de 1288, después de la cual el conde Adolfo de
Berg otorgó aquella concesión agradecido á los servicios que

Jo~ de Dusseldorf le prestaron en aquel combate; la pintura del
célebre artista es una obra maestra y dicho cuadro será probablemente expuesto en BerHn y en Munich.
.
- En celebración de las bodas de plata de los reyes ele !taha
el Consejo municipal de Venecia ha instituido una fu~dación de
100.0CX&gt; liras (pesetas) cuyos intereses de dos años, importan·
tes 10 OCX&gt;, se destinarán al mejor cuadro presentad? en las ex·
posiciones que se celebrarán cada dos años. La _Caia d~ Ahorros de la propia ciudad ha instituído para el mismo obieto un
segundo premio de 5.0CX&gt; liras.
..
. .
- La Reina Regente ha adqumdo en la Expos1c1ón d~l
Círculo de Bellas Artes últimamente celebrada en Madnd
los siguientes cuadros: Estudi/) de naranjQs, . de Sorolla; Un
cQ111pás de espera, de Parada y Sant!n; una manna, de _la Torr;;
un paisaje, de U rgell, y Cesta de viQ/etas, de la señonta Mana
Rodríguez Ribera.
.
.
Barcelona. - Salón Parés. - Un retrato, un cuadnto que rn·
teresa -é impresiona vivamente; un cieg? anciano y desvali_do
acompañado por una niña de rostro angehcal, y algunos estudios
de paisaje obras del joven pintor J unyent, ocupan buena parte
del testerd preferente, demostrando con ellas cualidades sólidas
de estudio y un progreso evidente.
De Agrasot son un~ esc_ena val1;~ciana, c~adro de costumbres, ejecutado con mmuc1osa hab1hdad, al igual de otro con
personajes del siglo xvu.
.
Un paisaje, de Morera, no recuerda por cierto á otros cuadros del aventajado disc!pulo de Maes, as! como unos bebedores, de J uncosa, recuerdan demasiado á los de Graner, y no por
cierto por la pincelada sólida y jugosa de éste.
.
De Ribas hay una calle ele un pueblo de Mallorca, cuadnto
agradable, luminoso y finamente ejecutado, y Llombart expone
la figura de un peregrino, curioso tipo que no ha ,_mucho rec~rría las calles de nuestra ciudad con gran regoc1JO de los ch1·
quillos traviesos y alborotadores, estudio hecho con sobriedad
y firmeza, aunque de luz un tanto apagada.
, .
Un pergamino policromado, de Flos y Calca!, habilmente
ejecutado, completaban el número de las obras nuevas de la
últim~ semana.
Salón de «úi Vanguardia. 'ti - U na gran parte del catálogo
ilustrado de la notabilísima colección Spitzer, últimamente vendida en Parls, algunos de cuyos ejemplares hanse disputado
con empeño los principales Museos del mundo, llenaban las
paredes de este local, y el público pudo contemplar, colocadas
en grandes tableros, las hojas de pruebas fotot!picas reproducien·
do muchas de las verdaderas riquezas que atesoró en todas las
manifestaciones de las artes industriales y decorativas el afamano coleccionador vienés.
Expusición de i1ld11111e11taria retrospectiva. - Importante por
muchos conceptos, rica é interesante hasta para el público profano en achaques de arqueologla y de sutilezas art!sticas, es esta exposición organizada por la Asociación Arqueológica de
nuestra ciudad, que se organizó el domingo I I del actual y de
la que se ocupará LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA con la extensión que se merece.
T eatros. - En el teatro de la Corte, de Karlsruhe, se ha estrenado con aplauso una ópera del maestro de capilla de aque·
Jla corte Félix l\fottl, titulada Príucipe y cantQr, que está escrita en el estilo wagneriano y revela gran talento en su autor.
- En el teatro de la Corte, de Viena, se ha estrenac!o la última ópera de Verdi, Falstafj, cantada por los mismos que la estrenaron en la Scala de Milán: á ¡Jesar de que el precio de las
localidades era triple del ordinario para las dos representaciones extraordinarias que de la ópera se dieron, el teatro estuvo
lleno, habiendo concurrido varios individuos de la familia imperial. El éxito ha sido inmenso, sobre todo en el segundo acto
y en el segundo cuadro del tercero: todos los artistas fueron muy
aplaudidos, especialmente Maure!, que hubo de repetir (cosa
casi nunca vista en aquel teatro) el aria Qua11d'ero paggi().
- La ópera Cornil/ Sclmt, libreto de Illica y música de Sma·
reglia, estrenada en el teatro Nacional Bohemio, de Praga, ha
tenido un éxito extraordinario: la música es digna de un gran
maestro y se distingue por su expresión, por su unidad y por su
brillante instrumentación.
- En el teatro Balbo, de Turin, se ha estrenado con buen
éxito la ópera en un acto del maestro español Sr. Llanos, Cris-

599

E l artista en fermo, cuadro de E . R avel .• Largo
tiempo habla trabajado en el cuadro que constituye el centro
de sus amores y de sus esperanzas de artista, cuando la enfermedad le obligó á dejar los pinceles: harto se ve que si su mano descansa su pensamiento trabaja sin cesar, representándole
en imagen clara lo que debia ser su pintura una vez acabada y
aun haciendo resonar en sus o!dos los aplausos que su contem·
plación habla de arrancará los inteligentes. ¡Cuántas ilusiones á
punto de desvanecerse! Y sin embargo, el artista enfermo aún
confía, aún sueña con recobrar la salud para terminar su obra;
el esposo, el padre, todav!a espera que los dos pedazos de su
alma que en su desgracia le acompañan no han de quedar desamparados cuando más sonriente se les ofrecía la existencia. Estas son las impresiones que el hermoso cuadro de Ravel nos
produce, y si tal efecto causa en nosotros ese lienzo, inútil es
encarecer la valía que en nuestro concepto tiene.

*
* *
D espu és del baile, c u adro de R omán Ribera
(Salón Parés). -Al ocuparnos con algún detenimiento de las
obras que constituyen la décima Exposición Parés, celebrada
en diciembre del año último, hicimos observar, no sólo la valia
é importancia de los dos cuadros presentados por Román Ribera, sino también el empeño ren.lizado por este distinguido ar·
lista, que quiso demostrar su dominio de la paleta, su pericia
en el empleo del color.
El cuadro que reproducimos es una preciosa producción ajustada psiquica y plásticamente á los modernos conceptos, á las
nuevas corrientes; pero á pesar de ello, no puede confundirse,
tiene el carácter, nótase el sello de la personalidad artistica del
elegante y distinguido autor de CQup d' a!if, de la Salida de
bJi/e y de L' art dans fe marasme.

*
••
Hun os car gan do contra el enemigo, c u adro
de U lpian o C heca. - Muy joven todavía obtuvo el señor
Checa una medalla de primera clase en la Exposición de Bellas
Artes celebrada en Madrid en 1887 por su h~rmoso cuadro La
invasión de /Qs bárbaros, ~ue entonces reprodujimos. Cuantas esperanzas hiciera concebir en aquella ocasión nuestro distinguido
compatriota han sido superadas por los brillantes triunfos ob·
tenidos en su gloriosa carrera, y uno de los cuales le ha valido
el lienzo que hoy reproducimos, en el que la grandiosidad de
la composición corresponde á la magnitud del hecho representado, y las innumerables figuras que en ella entran formando inmenso grupo cuyos últimos términos se pierden á Jo lejos
en be!Hsima perspectiva, son por sus actitudes, por la ferocidad de sus semblantes, por el salvajismo de su.impetuosa carrera, retratos fieles de aquellos bárbaros que á las órdenes del
azote de .Dios llevaron la desolación y la ruina á los dos imperios
romanos.

*
* *

P recioso hallazgo, cuadro de W . Claudius. El amor á la ciencia llega á ser en ciertos hombres una verdadera obsesión, y cuando el estudio ó la casualidad les pone en
posesión de algo desconocido no trocaran el hallazgo por la
gloria ganada por un general en la más reñida y trascendental
batalla. U no de estos seres es indudablemente el del cuadro
que reproducimos, botánico entusiasta y empedernido á juzgar
por las trazas, que acaba de dar con un ejemplar raro, precioso.
¡Singular contraste! De fijo que aquella florecilla que con tanto
cariño examina ha sido mil veces despreciada por la niña que
tóbal C/)lón.
curiosa Je contempla y pisoteada por los patos al cuidado de ella
Barcewna. - En Novedades la compañia que tan admirable- confiados,
mente dirige el Sr. Mario ha estrenado con gran éxito el hermoso drama en tres actos de D. José Echegaray, Mariana.
***
En el L!rico la excelente compañia á cuyo frente están los tan
justamente aplaudidos Sres. Ruiz de Arana y Rosell sigue haD esemb arco d e !.os infan tes D oña E ulalia y
ciendo las delicias del público, habiéndose verificado en él re· D . Antonio en San Juan de Puerto Rico. - Ducientemente el beneficio de la señora Valverde, que obtuvo, rante su viaje á Chicago, adonde llevan la representación oficomo siempre, tantas ovaciones como piezas representó. En el cial de España, los infantes Doña Eulalia y D. Antonio detu ·
Tívoli siguen las representaciones de .Afiss Helyet y se anuncia viéronse algunas horas en la capital de la isla de Puerto Rico.
el próximo estreno de la zarzuela del maestro Serpette úi te- La población estaba espléndidamente engalanada, los edificios
lefanista, arreglada á la escena española por el Sr. Granés.
ostentaban colgaduras y otras decoraciones y en las calles hab!anse levantado magn!ficos arcos de triunfo dedicados á los
Necr ología. - Han fallecido recientemente:
ilustres viajeros por el ejército, los voluntarios, el Casino EsIIiginio Gentile, profesor de H istoria antigua de la U niver· pañol y el comercio. Llegados los infantes al palacio del gosidad de Pavfa, muy conocido por sus estudios sobre historia bernador presenciaron desde a!H el desfile de las tropas y vo·
romana y por su obra sobre la historia del arte griego y del ar- luntarios que cubrlan la carrera, y en seguida se verificó la re·
te romano.
cepci6n oficial, á la que asistió todo lo más selecto de la socieJuan Manuel Florescu,general y hombre de Estado rumano, dad portorriqueña. Después del banquete que en su honor se
ex ministro de la Guerra y ex presidente del Consejo de mi- dió en la Casa Consistorial, trasladáronse doña Eulalia y don
nistros.
Antonio á la magnífica quinta que el gobernador tiene en Río
P. Guttmann, director del Hospital Moabit, de Berlín, di· Piedras, y á su regreso pasaron al Reina Cristi11a, en donde
rector del Anuario para médicQs prácticos.
obsequiaron con un banquete á las autoridades y personas no,
Hermann Marius, profesor de Pedagogía y Didáctica de la tables de la ciudad, y después de presenciar los fuegos é ilumiUniversidad de Leipzig, autor de varias obras importantes, naciones de la bahía á las once y media, prosiguieron su viaje á
entre ellas E stttdiQs de fa 11at11raleza: bosquejQs de BQtdnica y la Habana. La fotografía que reproducimos y que representa el
z(){)/()g/a.
acto de desembarcar los infantes en San Juan de Puerto Rico
Antonio Ritter Schmerling, ilustre hombre de Estado aus- nos ha siclo remitida por nuestro corresponsal D. Marcelino
triaco, autor de la Constitución de febrero de 1861, ex minis- García, á quien damos desde aqul las gracias por su envio.
tro y presidente del ministerio imperial, ex presidente del Tribunal Supremo, miembro vitalicio de la Cámara de los Señores
*
**
y durante algt'm tiempo presiclente de la misma.
Carlos Voillemot, pintor de género francés.
¿Cuál es l a más bonita?, copia de una fotografia de
Carlos Pritchard, presidente de la Real Sociedad Astronó- Otún Scharf. - Cuando el aparato fotográfico está en manos de
mica de Inglaterra, profesor de Astronomia en la Universidad quien siente el arte, sus producciones pueden revestir carácter
de Oxford y uno de los primeros matemáticos contemporáneos. artístico, y de ello son buena prueba las de que nos ocupamos
D. Juan Vilanova y Piera, eminente ge61ogo y naturalista, al hablar de la exposición recientemente celebrada en el Atec:1.tedrático de Paleontolog!a en la Universidad de Madrid, in- neo Barcelonés, las muchas que todos los dlas figuran en los
dividuo de varias Academias cient!ficas nacionales y extran· escaparates de nuestros fotógrafos y las que continuamente vejeras.
mos procedentes del extranjero. La reproducción que hoy ofreIlmo. Sr. D. Manuel Gómez Salazar, arzobispo de Burgos, cemos á nuestros lectores, cualquiera la tomara por copia de
teólogo eminente que dejó bien sentada su fama de tal en el hermoso cuadro de eximio autor: tanto es el sentimiento artísConcilio Vaticano.
tico que respira.

- ¿Qui~res que l.i enviemos?

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT.-ILUSTRACIONES DE EMILIO IL\YARD

(CONTINUACIÓN)

Un día, convencido de que el capitán Sixto era hijo suyo, ha~ía otorgado su
testamento para depositarlo en la notaría de Revenacq; en el ámmo de Gastón
exi~tía entonces completa cer_tidumbre, y por consiguiente su ?~ber ~ra pon~r en
olvido al hermano para acordarse solamente del hijo; la ley c1V1l qmere _Y d1spon~ que el hijo ilegítimo solamente sea hijo a medias, y en esto obedeció el leg1slador a consideraciones puramente sociales; pero _la ley. nat,u:al procede por
razones mucho más humanas; para ésta un hijo, legítimo ó 1le~1t1I?~, es un htJO,
Y un h~rm~no no es más que un hermano; en virtud de est~ prmc1p10, el hermano ~ab1a sido sacrificado al hijo, y esto era perfectamente _Justo. Pero andando
el tte~npo, un mes antes de morir, aquella fe en su patermdad, quebrantada en
el á111mo de Gastón por causas que permanecían aún o,cultas, aca_bó por d~svanccerse del todo, y entonces el hijo, que ya no era mas que un Joven hacia el

cual Gastón se sentía atraído sin razón alguna, había tenido que ceder el sitio
de preferencia al hermano, y el testamento fué entonces retirado de la notaría de
Revenacq.
Indudablemente todo esto no pasaba de la categoría de una suposición, pero
le daba mucha fuerza la circunstancia de haber sido hallado el testamento no
en el cajón que contenía los demas papeles de la familia, no en el que est;ban
las cartas de Leontine Dufourcq y del capitán, sino en otro en el cual solamente había papeles insignificantes.
Si Ga?tón hubiese considerado aquello como el acta de su última voluntad,
¿era pos1b~e que lo hubiese arrinconado de aquel modo? ¿No era lo natural, por
el c_ontrano, que una vez retirado aquel documento de casa de Revenacq Ju
hubiese guardado cuidadosamente en sitio seguro?

�LA

•

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

599

que examinaba la validez de aquel testamento. Si aquel documento en vez de
instituir como heredero al capitán Sixto hubiera declarado c¡ue heredaba Anic
toda la fortuna del tío, ¿cómo lo hubiese juzgado Tiarincq? ¿Creería de igual modo
que evidentemente aquel papel no tenía valor alguno? O bien sin llegar hasta
esto, que parecía un poco excesivo, ¿qué pensaría Revenacq si hubiera sido él
quien hubiese descubierto aquel testamento perdido?; notario de Gastón, consejero suyo y hasta cierto punto su confidente, y por todas estas razones en situación de estimar con más acierto que ninguna otra persona los móviles que le
habían dictado y los que habían obligado después al testador á recogerlo de la
notaría y á relegarlo después al olvido con otros papeles insignificantes, ¿lo declararía nulo? En una palabra: las deducciones obtenidas por una conciencia
imparcial y desapasionada, ¿serían las mismas que las obtenidas por él, á quien
no era posible, aunque con empeño lo procurara, sobreponerse á las consideraciones personales?
El problema era grave, y cuando quedó planteado en su cerebro B1rincq se
sintió profundamente impresionado; perturbóse la tranquilidad de su espíritu, la
serenidad de su conciencia se desvaneció del todo, y lejos de dormir ese sueño
profundo que él esperaba después de una noche pasada en vela, volvió á ser
víctima de las agitaciones y de las perplejidades mismas de la víspera.
Veinte veces, en el curso de aquella noche, decidió Barincq hablar con franqueza y confesárselo todo á Revenacq, aceptando la determinación que el notario considerase justa; pero no bien adoptaba esta resolución que á primera vista
parecía conciliarlo todo, Barincq la abandonaba resueltamente; porque, en último resultado, ¿estaba seguro el padre de Anie de que encontraría en Revenacq,
ni en ningún otro, las condiciones de rectitud, de independencia, de imparcialidad de juicio que por exagerados escrúpulos de conciencia no se reconocía él á
sí mismo en el grado que apetecía? Nada menos que el reposo de todos, su bienVIII
estar, la vida de su mujer, el porvenir de su hija era lo que Barincq iba á poner
en manos de la persona á quien consultase; y ante responsabilidad tan grave y
Solamente cuando despué; de largas meditaciones hubo llegado á esta con- terrible, el padre de Anie tenía el derecho, más aún que el derecho, la obligación
clusión, logró Barincq conciliar un poco el sueño; una hora bastó para calmar la de sentir indecisiones y dudas.
tormenta que tan violentamente había sacudido su espíritu; cuando despertó el
Que decidiese Revenacq con justicia, Barincq no lo .sabía realmente ni con
padre de Anie hallóse con la misma tranquilidad de ánimo, con las mismas fuer- certeza absoluta. Sin duda había muy poderosas razones para considerarlo como
zas y en el estado mismo en que se hallaba todos los días desde su permanencia hombre de honradez y de rectitud; recto y honrado lo había visto siempre Baen Ourteau.
rincq desde que se conocían. Pero al cabo, tanto la honradez como la rectitud
Después de haber dado su paseo matinal por los establos y por la lechería, son condiciones de carácter, no de inteligencia; es posible ser el hombre más
Barincq montó á caballo para ir, como hacía habitualmente, á inspeccionar los ~onrado del mundo, el de mayor ddicadeza para todos los asuntos de la ,·ida, y
trabajos y vigilar á los trab:ijadores; y cuando, en la cumbre de una colina, e l tener, sin embargo, criterio equivocado ó conceptos erróneos. Ahora bien: si Bacurso caprichoso del camino le puso frente á frente de toda la posesión de Our- rincq consultaba con Revenacq este asunto del testamento, apelaba á la inteliteau que, con sus campos, sus prados y sus bosques, se extendía bañada en la gencia del notario, no á su carácter. Era necesario además tener en cuenta que
risueña luz del sol naciente, se encogió de hombros al recordar que, por un mo- las causas determinantes del juicio de Revenacq serían los hábitos de la profemento, había admitido la posibilidad de abandonar todo aquello.
sión, y en esto había un peligro que podía inspirar legítima desconfianza: si Barincq se recusaba como juez á sí mismo por temor de dejarse influir, aun con- ¡Qué locura habría cometido!, y al mismo tiempo ¡qué engaño!
Y sin embargo, Barincq tenía la satisfacción de decirse que si él hubiese tra su voluntad, por las sugestiones del interés propio, ¿no podía y no debía
dado crédito al testamento hubiese realizado aquel abandono por muy terribles temer que Revenacq por su parte cediese á la influencia permanente de su conque las consecuencias de tal acto hubieran sido para él y más todavía para los dición de notario, que le haría ver en ese testamento el hecho material, el acta
suyos; para Anie, cuyo matrimonio, como es natural, fracasaría; y para su mujer, que tenía entre sus manos, más que las intenciones del que la había escrito?
cuyo acento vibrante le parecía oir aún como cuando, pocos días antes, le había
Y sobre esto, á pesar de todas sus divagaciones, Barincq no modificaba su
dicho: «Mientras las cosas vayan bien, también lo iré yo; el día en que el carro juicio; ante todo y sobre todo era necesario tener en cuenta las intenciones de
se tuerza, no podré resistir más sacudidas.))
Gastón, y esas intenciones, cualesquiera que fuesen, habían de tener cumpli¡Cuántas y cuán rudas habrían sido las que acompañasen á su salida del cas- miento.
tillo, que nunca había parecido al padre de Anie más agradable ni más hermoso
Esto era, en realidad, volver al punto de partida y resumir el razonamiento
que en aquellos momentos! Todo aquello que le rodeaba jamás había sido tan que le había llevado á deducir que aquella declaración del 11 de noviembre era
querido ni tan estimado por Barincq como en aquellos momentos en que pen- necesariamente nula; más claro, Barincq se agitaba realmente en el vacío, toda
saba que habría podido verse obligado á dejarlo.
vez que, por escrúpulos de conciencia, rehusaba detenerse en esta conclusión
Barincq había detenido su caballo, y durante mucho tiempo permaneció su- basada en el estudio exacto de los hechos y en la aplicación estricta de las leyes
mergido en una contemplación llena de ternura; después, haciendo un molinete de la lógica.
con el latiguillo que llevaba sujeto á la muñeca con una correa de cuero, conti¿Iba el padre dé Anie á continuar siendo víctima de las angustias que en la
nuó alegremente su camino.
noche anterior le produjeron fiebre, complicada ahora con los escrúpulos que
Nunca se le había visto tan bien dispuesto ni de tan excelente humor como en su ánimo se habían levantado al comprender que podía estar, sin saberlo,
cuando entró en el castillo para almorzar. La señora de Barincq llegaba al mismo influído por su personal interés y por el cariño á la familia?
tiempo muy despacio y con aire dolorido; su esposo la gritó desde lejos en son
Inútilmente se decía Barincq á sí mismo que había buena fe en sus razonade broma:
mientos, entre los cuales sólo admitía los que hallaba perfectamente ajustados
- Vamos, mamá, vamos pronto; tengo mucha hambre. Y sentándose á la mesa á la lógica; en todo caso no podía menos de reconocer y confesar que todos
comenzó á cantar un coro de una zarzuelilla antigua:
ellos estaban fundados, así como la conclusión obtenida, no sobre un hecho,
sino sobre una interpretación de ese hecho; su convicción acerca de que la re«Vamos á la mesa, demos al olvido
tirada del testamento demostraba un cambio en la voluntad de Gastón tenía por
rápidos momentos de amargo pesar;
base una cosa muy verosímil; pero ¡cuánto más fuerte sería esa convicción,
que amor solamente y sólo alegría
cuanto más indestructible, en cualquiera de sus aspectos, si se pudiese descubrir
sitio en el banquete deben ocupar. »
la causa que había producido aquel cambio!
Gastón había querido que el capitán le heredase, porque le creía hijo suyo;
- Que sea muy enhorabuena, dijo la señora de Barincq; prefiero verte así,
después no había querido que le heredase, porque había dudado de esa paternique tal como estabas ayer noche.
dad; esto era lo que simultáneamente decían la verosimilitud, la lógica, la induc- Eso prueba que, á pesar de tu diagnóstico, no era grave mi enfermedad.
- Lo cual no quita para que te haya tenido agitado toda la noche; he oído ción, el razonamiento, todo; ¿pero por qué había dudado Gastón de su paternidesde mi cuarto que te revolvías en la cama tanto y con tanta fuerza, que he es- dad? H e ahí lo que no se sabía y lo que era necesario precisamente averiguar,
tado muchas veces disponiéndome á levantarme para ir á tu lado á ver lo que porque esta averiguación, si era posible realizarla, confirmaría la verosimilitud,
daría fuerza al razonamiento y sería la prueba definitiva y concluyente de los
te sucedía.
cálculos á que Barincq se entregaba hacía cuarenta y ocho horas.
- Estaría haciendo ganas.
En la mañana del día siguiente Barincq abrevió mucho su correría por el
- Corriente; pero no será malo que procures otra vez hacerlas con menor
campo, y á las nueve se apeaba del caballo para entrar en casa de Revenacq; si
ruido.
Todo aquel día conservó Barincq su buen humor y su tranquilidad repitién- alguien estaba en condiciones de guiarle en sus pesquisas, ese era el notario;
pero como Barincq no podía preguntarle con toda franqueza, comenzó charlandose frecuentemente á sí mismo:
- Es evidente que ese testamento no tiene valor alguno; ni lo tiene, ni puede do de diferentes negocios, y solamente en el momento de levantarse para despedirse abordó al objeto verdadero de su visita.
tenerlo.
- Cuando me hablaste del testamento que había otorgado Gastón, que dePero, al cabo, esta misma repetición concluyó obligándole á preguntarse si
cuando un hecho lleva en sí mismo todos los caracteres de la evidencia da con positó en tu notaría y que recogió poco tiempo antes de morir, me dijiste que
esa evidencia misma tanta preocupación: una vez reconociaa y aceptada, todo mi hermano lo habría hecho así, bien para modificar algunas disposiciones de
ha concluído; cuando el sol alumbra, nadie piensa en decirse ni en decir á na- ese testamento, bien para destruirlo.
- En aquellos momentos ambas hipótesis eran admisibles; había razones en
die: «Evidentemente es de día.» ¿No es cosa sabida que la repetición frecuente
de una misma palabra indica, poco más ó menos, el carácter de quien maqui- pro de la una y también las había en pro de la otra; el inventario ha venido á
nalmente la pronuncia y es al mismo tiempo una confesión de sus cuidados y demostrar cuál de ellas era la acertada: la de que Gastón había querido destruir
de sus deseos? Si aquel testamento no tenía realmente valor alguno, ¿por qué el documento.
De aquella retirada había deducido que el testamento no traducía ya fielrepetirse á cada instante que no lo tenía?; repetir no es demostrar.
1
Además era preciso reconocer también que el punto de vista escogido para mente las intenciones de Gastón.
Si
las
hubiese
traducido,
Gastón
no
habría
retirado
de mi casa aquel docujuzgar un acto puede modificar extraordinariamente el valor que á ese acto se
atribuya. No era un extraño, desligado por completo de todo interés personal, el mento.

Aunque algÓ sutil este razonamiento, no carecía de verosimilitud y se fundaba
también en el perfecto conocimiento del carácter de Gastón, que no obraba
nunca ni en nada con ligereza
En realidad podía y hasta debía preguntarse por qué razón si el testador había
recogido aquel documento con el prop.5sito de modificarlo ó destruirlo, se le
encontraba intacto, tal cual había sido redactado en su fo rma primitiva; pero
esta pregunta llevaba en sí misma su contestación tan sencilla como lógica: para
destruir el primer testamento esperaba indudablemente Gastón tener hecho el
segundo, y probablemente, casi con seguridad, en el día mismo en que hubiese
entregado al notario este segundo testamento, expresión de su voluntad, habría
hecho pedazos ó reducido á cenizas el primero.
No lo había hecho así; era verdad que no lo había hecho, toda vez que el
primer testamento existía; pero también era verdad que había querido hacerlo;
cuando de testamentos se trata, á lo que hay que atender preferentemente y en
primer término es á la intención del testador: pues bien; en el caso presente, esa
intención se manifestaba con toda claridad, tanto por el hecho de recoger el
primero de casa del notario, cuanto por la escasa atención concedida desde entonces á aquel papel sin importancia á la sazón.
Cuando heredamos de un pariente muy cercano, á un padre, á una madre, á un
hermano, le sucedemos no solamente en la posesión de su fortuna, sino también
en la realización de sus propósitos y de sus intenciones; en esto principalmente
puede ser considerado corno continuación del testador el heredero.
¿Sería entonces continuar á Gastón, sería realizar sus intenciones considerar
como válido aquel testamento?
Barincq preguntando sinceramente á su conciencia y contestándola de lrnena
fe no lo creía.

NúMERO

599

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Eso parece evidente.
- Mejor dirías si dijeses que es tan claro como la luz dc:1 sol: un testamento
no contiene lectura suficientemente agradable para explicar que el testador
sienta la necesidad de volver á leerlo de cuando en cuando.
- Desde que hicimos el inventario, ¿no te has preguntado alguna vez las causas que podrían haber cambiado los sentimientos de Gastón relativamente al
capitán?
- No por cierto; ¿para qué? Ningú n interés había en meditar acerca de esos
sentimientos, sino mientras ignorábamos todos si el primitivo testamento había
sido destruído y si encontraríamos otro; ahora que no hemos hallado ni el primero ni el segundo, hemos de admitir que aquellos sentimientos se habían modificado.
, - ¿Pero qué es lo que ha podido producir esa modificación tan completa?
- Ya te lo he d icho en otra ocasión; la causa :ínica que veo es la duda de
Gastón acerca de su paternidad, duda que ha envenenado su existencia.
- ¿Sabes si cuando mi hermano recogió el testamento había sobrevenido algún suceso que confirmase sus dudas y le probase de una manera concluyente
que el capitán no era hijo suyo?
- ¿Cómo quieres que sepa yo eso?
- Podías tener algún indicio que, por vago que entonces fuese, tuviese ahora
su explicación en el hecho realizado.
- Ningún otro indicio tengo sino la turbación de tu hermano cuando vino á
recoger su testamento; pero ignoro completamente sus causas.
- Sin embargo, recuerdo ahora que, cuando hablamos de esto por primera
vez, me diste como explicación algún descubrimiento decisivo que Gastón hubiese hecho por aquella época: algún testimonio, alguna carta.
- Como explicación no, como suposición sí: te dije en efecto que era probable
que las sospechas de Gastón hubieran sido confirmadas en aquellos días por una
carta, por un testimonio, por una prueba cualquiera hallada de pronto y que hubiese venido á demostrarle que el capitán no era su hijo; pero si te dije que esto
había podido suceder, no aseguré que hubiera sucedido, ni pude asegurarlo porque no lo sabía. Cuando se investiga, como yo lo hacía entonces, sobre lo desconocido, es menester haminarlo todo, admitirlo todo, hasta lo absurdo.
- No obstante, me parece que no era absurdo suponer que esas habían sido
las causas determinantes del cambio de sentimientos producido en Gastón con
respecto al que creyó su hijo hasta el día en el cual modificó sus disposiciones
testamentarias.
- No era absurdo efectivamente, antes por el contrario parecía lógico, verosímil y hasta probable. Pero la hipótesis para explicar el cambio verificado en la
voluntad de Gastón hubiese podido en aquel entonces tener su punto de partida en otra parte; en ti, por ejemplo.
-¿En mí?
- Sí por cierto: si Gastón, un mes antes de su muerte, retiró de mi despacho
el testamento otorgado por él muchos años antes, era porque en aquel momento
no expresaba ya sus intenciones.
·
- ¿Verdad que sí?
- Esto es incontestable; pero ¿de qué intenciones se trata? ¿A quién se referían esas intenciones? ¿Al capitán ó á ti? En mis suposiciones he partido de la
creencia de que Gastón había querido variar sus disposiciones testamentarias en
favor del capitán; pero para que el trabajo fuese completo habría sido necesario
tomar después otro punto de partida del todo diferente; por ejemplo, suponer
que tu hermano había querido modificar las disposiciones que, en su testamento, te favorecían ó te perjudicaban.
- ¡Pero es verdad ... ; piensas eso!
- ¿Tú no habías pensado en esto?
- No ... ¡Oh! No.
No ciertamente; Barincq no había pensado en esto; pero ahora todo el edificio que con sus laboriosas meditaciones había levantado, se desplomaba de
repente.
- Sin saber yo con toda exactitud, continuó diciendo el notario, lo que contenía el documento que depositó Gastón en mi notaría y que de ella retiró muchos años después, tuve poderosas razones - y ya te dije cuáles eran - para creer
que el testador instituía heredero al capitán Sixto, y de aquí partía yo para establecer todas las hipótesis de que hemos hablado acerca del cambio de sentimientos de Gastón respecto al cápitán y á la influencia que ese cambio había de
tener en sus disposiciones testamentarias. Pero si admitimos que en el testamento figurasen, además del capitán Sixto algunas otras personas, en un concepto
cualquiera, todas aquellas suposiciones caen por falta de base, nada, absolutamente nada queda de ellas, porque pudo perfectamente ocurrir que al retirar Gastón el testamento se propusiera sólo modificarlo en lo concerniente á esas otras
personas. Así, por ejemplo, si se hubiera tratado de ti, Gastón podría no estar
satisfecho de la manda que te hubiese dejado y recoger.aquel documento, ya
para disminuirla, ya para aumentarla y aun para suprimirla del todo; las tres suposiciones son admisibles, como reconoces sin duda, ¿no es cierto?
- Sí .. . lo reconozco.
.
- No necesito decirte que las hipótesis de disminuir tu manda ó de suprimirla por completo las indico solamente para extremar las cosas. Estoy &amp;eguro, por
el contrario, de que las intenciones de Gastón eran aumentarla; el enojo que sentía contra ti cada vez que pagaba los intereses del capital que te había garantizado, habíase desvanecido una vez saldada aquella cuenta; además de esto, el cariño fraternal había renacido en su corazón con mayor fuerza y con más vida al
propio tiempo que sus energías se debilitaban, y que ante la amenaza de próxima
muerte buscaba Gastón consuelo y alivio en los recuerdos de vuestra infancia•
ves, por lo tanto, cómo las probabilidades de un cambio en sus sentimientos d~
hermano existen lo mismo ni mas ni menos que existen las de un cambio de
sentimientos del padre por el hijo; hubo momentos en que tú no fuiste para
Gastón un herma~o, pu~o h_aberlos ta_mbién en que el capitán no fuese un hijo.
- ¿Pero no te sientes mchnado hacia una parte más que hacia la otra?
- Me parecía innecesario decirte que me inclino á creer en la diminución
del sentimiento paternal y en el aumento del cariño de hermano. Gastón herido
en su cariño de padre por algún descubrimiento decisivo, no teniendo' ya hijo
recor?ó que tenía un h~rmano;_ ten por seguro que si no hubiese ocurrido vuestro d1~~usto no _s~ hub1~se umdo tan vivamente al capitán; bien así como sin
~u _canno al .~apitan, hubiese_ Gastón sentido más pronto la necesidad de unirse
a ti y á tu h,p, á la que hubiese querido como si fuese hija suya. Tan cierto es
todo esto, que c1,1ando, por causas que desconocemos, se debilitó en Gastón el

sentimiento paternal, recogió su testamento y lo destruyó, dejándote así heredero
de su fortuna.
- ¡Cuánto celebraría creerte!
Equivocándose acerca del verdadero sentimiento de esta exclamación, creyó
Revenacq que Barincq expresaba solamente el pesar producido por la duda de
haber recuperado el cariño de su hermano; por eso se apresuró á decirle:
- Si dudas de mí y de mis suposiciones, no puedes dudar de los hechos. El
testamento ha sido destruído, ¿no es verdad? Entonces ¿qué más demostración
quieres?

IX
¡Destruído! Barincq no habría pedido otra cosa; pero no estaba destruído, y
aquella entrevista no hacía sino darle mayor fuerza, porque en lugar de desvanecer ó aclarar las dudas las obscurecía más y complicaba las dificu ltades.
Había sido necesaria una ceguera verdaderamente increíble, que solamente en
el interés personal podía tener explicación, para dar por sentado que Gastón
tuvo que pensar exclusivamente en su hijo al modificar el testamento, cuando
la razón decía que pudo haber pensado en otras personas.
Si en vez de proponerse desheredar á su hijo había querido Gastón desheredar á su hermano, ¿qué valor tenían todas las suposiciones hechas por Barincq
y fundadas en la hipótesis primera? Una sola cosa podría darle fuerza, es á saber, el descubrimiento de una prueba y aun solamente de un indicio de que
Gastón había tenido motivos bastantes para modificar sus sentimientos relativamente al capitán y para cambiar por lo tanto las disposiciones testamentarias
que á él se referían.
Los únicos testimonios que Barincq podía consultar eran las cartas de Leontine Dufourcq á Gastón, así como también las del capitán, halladas cuando se
llevó á cabo el inventario. Hasta aquel día Barincq, contenido por un sentimiento de delicadeza con respecto á la memoria de su hermano, no había abierto aquellos legajos; pero en aquellos momentos, tales escrúpulos debieron ceder
ante la necesidad de averiguar algo. Después del almuerzo guardó en sus bolsillos las cartas, y para tener seguridad de que ni su esposa ni Anie podrían sorprenderle fué á sentarse en el centro de un bosque apartado y solitario, donde
nadie había de pensar en ir á buscarle.
El primer paquete que abrió Barincq fué el de las cartas de Leontine; contenía el legajo unas cuarenta cartas, enumeradas todas de puño y letra de Gastón
por orden de fechas; los dobleces, bastante desgastados, demostraban lo mucho
y muy frecuentemente que aquellas cartas habían sido leídas.
Y sin embargo, necesitó Barincq muy poco tiempo para cerciorarse de que
aquellas cartas, ó al menos la mayor parte de ellas, eran tan insubstanciales y de
tal modo incoherentes que no podía Gastón haberlas leído y releído sólo porque
en hacerlo encontrase contentamiento. Si las había hojeado con tanta frecuencia

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... fué á sentarse en el centro de un bosque aparta&lt;lfl y solitario donde nadie le busca ria

que dejara desgastado el papel, menester era que Gastón pidiese á las cartas alguna cosa que las cartas no daban realmente.
¿Y qué podía ser eso que Gastón buscaba? ¿El perfume de un amor cuya memoria era todavía grata, ó el esclarecimiento de un misterio que nunca había dejado de atormentarlo?
Esto er~ lo que Barincq necesitaba encontrar, ó por lo menos buscar, pero sin
preocupación, con independencia y serenidad de ánimo, dispuesto á no dejarse
influir más que por la verdad.
La primera carta se refería á la instalación de Leontine en Burdeos, en una
casita del muelle de la Souys, esto es, á muy poca distancia de la estación del
Mediodía, por la cual Gastón iba á la casa y se ausentaba de ella· Leontine se
refería casi exclusivamente á esta vivienda suya, acerca de la cual daba tal copia
de por~~nores que era muy fácil encontrar aquella casita en el supuesto de que
aún eXJst1ese.
(Continuará)

�LA ILUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

una época más moderna, excitan mucho más la cu•
riosidad. M. Roberto Boyle, que ha visitado Birma·
nia, refiere en su libro (4) que vió cerca de Promé,
descendiendo por el Iraurady, una muralla de roca
de más de tres kilómetros de longitud y de cerca de
cien metros de altura, en cuya superficie hay esculpí·
da una serie de figuras de Buda sobrepuestas desde
la base hasta la cumbre de la roca, algunas de las
MONUMENTOS BUDISTAS EN EL EXTREMO ORIENTE
cuales tienen seis metros aproximadamente de alto
LAS ESTATUAS YACENTES DE BUDA
y muchas están pintadas con brillantes colores ó
El imperio de Birmania posee todavía una enor· doradas.
me cantidad de monument0s antiguos cuyo origen,
En Pegu, fundada en 517 ó 573 de nuestra era,
por desgracia, es incierto. Los pueblos de aquel país actualmente capital de la provincia del mismo nom-

Fig. I. Estatua colosal yacente de Buda, en Birmania, 82 metros de longitud (&lt;le fotografía)

no han dejado historia, y las pocas narraciones legendarias conocidas por los indígenas no bastan á esta•
blecer las fechas exactas en que tales monumentos
fueron construídos, y únicamente el gran poema cin·
galés, el Mahavansa, contiene algunos datos impor·
tantes relativos á los mismos. Gracias á ellos se sabe
que Promé, población esencialmente religiosa de
llirmania, había recibido dos misioneros budistas
enviados por el gran rey de la India Azoka, eri el año
433 antes de la era cristiana, y llamados Sona y Ultara, que se establecieron en Suvannabhumi (Birmania) y fueron también á la isla de Ceylán, en donde,
con ayuda de otros misioneros ó theras, convirtieron
á más de cien mil personas. ( 1)
En aquellos remotos tiempos la capital del imperio era Tagung, ciudad situada en las orillas del río
Iraurady, entre las poblaciones de Ava y Bhamo y co·
nocida desde el año 84 7 de nuestra era con el nombre de Pagan. A partir de esta fech~ empieza á conocerse de una manera cierta la historia del país.
La prosperidad de Pagan sólo duró cuatro siglos,
durante los cuales edificáronse muchos monumentos
budistas. En 1272 de nuestra era, el gran empera•
dor chino Kublai Khan invadió con su ejército tártaro Birmania y logró vencer al valiente jefe de ésta,
Nescradin (2), destruyendo casi todo lo que encontró á su paso.
La gloria .y la decadencia de Pagan tienen muchos
puntos de contacto con la suerte de la antigua capi·
tal de Ceylán, Pollonarúa, que tuvo también una
época corta de prosperidad y acabó por ser destruida
por las guerras.
Los monumentos sagrados de Pagan ocupaban
una extensión mayor aún que los de la ciudad cin·
galesa, estaban construidos en un estilo algo diferente del de éstos y les superaba en belleza y riqueza. El
coronel Yule, en su memoria (3) dice que en esas
ruinas extraordinarias se descubren restos de 800 á
1.000 templos. Las ruinas amontonadas debajo de la
espesa vegetación de los junglares se encuentran en
tal estado de deterioro que se hace muy difícil ac·
tualmente estudiarlas.
Los monumentos que se pueden ver en Promé,
en la provicia de Pegu, están mejor conservados, y
los interesantes topes que allí se notan, aunque de
The llfahava11sa, cap. XII, págs. 46 y 48.
Viajes de llfarco Polo, 1269-1295.
(3) Mission to Ava, pág. 30.

(I)

(2)

bre, admírase la magnífica pagoda de Soemadu (el
gran dios de oro), cuya primera fundación se remon•
ta, según las leyendas, á la época en que penetraron
en el país los primeros misioneros budistas: los re·
yes de Pagu ocupáronse siempre en embellecerla y
aumentar su importancia. Tiene unos 100 metros de
altura y presenta, según dicen, el mismo aspecto que
debía tener hace trescientos ó cuatrocientos años (5).

NúMERO

599

bri6se una estatua yacente colosal, que representa á
Buda soñando en su nirvana y que hasta entonces
había permanecido completamente oculta debajo de
la vegetación del bosque. El grabado que reproducimos (fig. 1) representa esa figura extraordinaria, cons·
truída toda de ladrillos. Según M. Boyle tiene esa
estatua 82 metros de longitud por 21 de altura en la
espalda: el mayor R. C. Temple dice que sólo tiene
55 metros de largo por unos 14 de alto.
Las proporciones de este monumento, construido
probablemente en el siglo xv, son elegantes y su con·
junto majestuoso.
Este género de estatuas colosales parece haber sido siempre muy grato para los fieles de la religión
budista; en Birmania, en Siam y en Ceylán encuén·
transe gran número de ellas, pero pocas hay tan gigantescas como la mencionada.
Las estatuas yacentes construidas de ladrillos están generalmente revestidas de una capa decorada
con pinturas brillantes ó doradas. La del reino de
Siam, que se ve en Bangkok, en la pagoda de Xetu·
phon, tiene, según el conde de Beauvoir (6), 50 metros desde la espalda hasta la planta de los pies y es·
tá enteramente dorada: su cabeza s.e encuentra á 25
metros del suelo. Este Buda colosal y de un aspecto
magnífico está echado sobre una azotea dorada que
le sirve de lecho.
En Ceylán pude ver, cuando mi último viaje, en
1890, algunas de esas estatuas yacentes en el templo
de Kalami, célebre lugar de peregrinación situado
cerca de Colombo. El Buda es allí de dimensiones
más modestas, pues sólo tiene. ocho metros de longitud y su túnica está toda ella pintada de un color
amarillo brillante con dorados y va adornada con fi.
Jetes rojos.
Existen también estatuas del mismo género en los
curiosos templos de Aliviya Haré, construidos en las
rocas, cerca de la villa de Matelé: cuando visité aque·
!los lugares, los fieles edificaban uno nuevo. Las estatuas que estos templos contienen, construidas casi
siempre de ladrillo y algunas veces modeladas con
tierra mojada, están ejecutadas muy toscamente. Las
más curiosas están talladas en la misma piedra, y éstas son más antiguas y su estudio ofrece muchísimo
más interés desde el punto de vista del arte que las
otras.
Otra bella estatua yacente es la de Polknarúa (fi.
gura 2): el sitio en que hoy se encuentra está desier·
to y perdido entre espesos junglares, pero se ve que
en otro tiempo formaba parte de un conjunto religioso importante de la ciudad. Ese Buda yacente
de granito tiene 14 metros de longitud: la expresión
de calma y serenidad impresa en su semblante es
not~ble, lo mismo que la actitud general del cuerpo,
cubierto de una túnica de mil pliegues artísticamen·
te esculpidos.

N úMERO

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

599

existe un pequeño santuario subterráneo, en el cual
se ve otra figura de la divinidad, y finalmente, siempre tallada en la misma roca de granito, otra estatua
de Buda sentado en cuclillas sobre un pedestal
adornado con leones fantásticos cuyos detalles escultóricos desaparecen debajo del musgo y de las flores:
la estatua propiamente dicha tiene unos cinco metros
de alto y parece apoyarse sobre el respaldo de una
silla tallada en la roca en alto relieve, cuyos orna·
mentos divididos en tres zonas iguales representan
cabezas de dragones de cuyas bocas salen leones. Coronan el respaldo. algunas pequeñas pagodas sobrepuestas.
De todas estas esculturas citadas la más bella es
indudablemente la del Buda yacente. Estos notables
monumentos, de los cuales habla el Mahavansa, fueron construídos por orden del rey Prakrama Bahu
desde rr54 á u56 de nuestra era.
ALBERTO TISSANDIER

(De La Natzire)

no tiene manchas. Además, merced al maravilloso
método de M. Fizeau, que permite medir el cambio
de sitio de una luz que se aproxima ó se aleja de nosotros, M. Deslandres, en Fundingne del Senegal, nos
dice que este movimiento se advierte en la corona,
puesto que habiendo observado y fotografiado, durante la totalidad del eclipse, las partes luminosas situadas en los extremos de un mismo diámetro solar,
ha comprobado la misma velocidad aproximada de
movimiento que la de los dos bordes del sol. Sobre
estas fotografías se podrán medir exactamente esas velocidades y será completamente confirmada la conse·
cuencia, hoy muy probable, de que la corona solar gi·
ra con el sol del mismo modo que nuestra atmósfera
con la tierra.
De suerte que para explicar la existencia de ese
apéndice del sol no puede ya decirse que se trata de
una simple apariencia.

•

CORONA SOLAR

El sol está rodeado de una especie de atmósfera
luminosa absolutamente invisible en pleno día y que
sólo pueden descubrir los ojos ó los anteojos en los
eclipses totales de aquel astro. Por vez primera Ara·
go, en 1842, llamó la atención sobre este hermoso
fenómeno que desde aquel momento fué estudiado
por los astrónomos. Hase dicho que esta corona del
sol, como se la llama, no tenía existencia real, que
era simplemente un efecto de óptica producido por
el globo luminoso del astro del día. Sin embargo, no
es así, y al hacer esta manifestación nos fundamos en
que esa corona, especie de aureola que rodea al sol,
cambia de forma y de un eclipse á otro no es compa•
rabie consigo misma. Violentamente dilatada, con
radios inmensos en las épocas de máximo de manchas solares, como se ha visto el día 16 de abril últi·
mo, está mucho más tranquila y sus contornos se
presentan más marcados en las épocas en que el sol

J.

VINOT

(De La Nature)

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el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
bora y la comida que mas le convienen,
sevun sus ocupacfones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamenteanulado por el electo dela
buena alimentacion empleada,uno
se decide fácilmente al volver
·4 empe.ar cuanta• veces
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cr=J i!

re¡¡ularlsa coordena

Fig. 2. Estatua yacente de Buda, en Pollonarúa (Ceylán), 14 metros de longitud (de fotografía)

y aumenta conatderablemente lu ruerzaa ó tntuna

I 1a

•

empobredda y descolorida : el Y"1or, la COlor/lCWft 1 la 8,ierg,a "'''"·
e
lllllare
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D VJl!CDII BM TOD.\ll L.\ll PIUMCIP4l.BS BOTIC.\ll

'

,.EXIJASE •:= ARDUO
1

En 1881, practicando los trabajos para el ferro- . Muy ~erca de esta estatua yacente se ve otra de
carril que va de Rangoon al interior del paí~, descu- pie, de siete metros de altura, que representa á Anada, el discípulo favorito de Buda; á poca distancia
(4) A St;mitar¡ Crusade, tite East a11d Auslralasz'a,
(S) History oJ ludian a11d Eastem architect111·e, por Jaime
(6) .fava, Sia111, Ca11tó11. Viaje alrededor del mundo por el
Fergusson.

conde de Beauvoir. París, 1871, pág. 282.

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1

d~tru:,e basta las RAl~ES el YELLO del rostro de las d~as (Barba, Bigote, etc.), sin
11111gun peligro para el cuila. 50 Aiio■ de Í::a:.l to, 1 millares de testimonios garantlzall la eAcacla
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americano por su talento y vastos C0·
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titulos, honores y distinciones extmn·
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preceptos que deben sostenerse en vigor, y e~ la en_trega 9.• que _aca~mos
de recibir comienza la publicación de
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tiempo hace ansiaban ver publicadas
la mayor parte de los jurisconsultos.
El gobierno ofreció, en el articulo 6.0
de la Ley de Bases de Ir de mayo de
1888, presentar á las Cortes en un_o ó
varios proyectos de ley los apéndices
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599

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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A&amp;o XII

BARCELONA 26 DE JUNIO DE 1893

..._ _ _ _ _ __

r

UN MOMENTO DE DESCANSO, cuadro del renonibrado artista Adolfo Menzel

NúM.

600

�LA

ltUS1'RACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 600

Camino de la sierra es una tablita de Moreno
tico de arte Sr. Comas y Blanco, niña como de unos
once años, de rubia cabellera, vestida de terciopelo Carbonero, luminosísima. Campesina asturiana, obra
negro con un gran cuello de encaje blanco y apoya• de Tomás García Sampedro, el discípulo predilecto
da la mano derecha en la cabeza de un gigantesco del fallecido maestro Plasencia, recuerda la solidez y
perro danés. El fondo de este cuadro es de una so- corrección de líneas de las estatuas clásicas, y es al
briedad grande, y la tonalidad general hace recordar mismo tiempo fidelísima interpretación del tipo astula del Cómico de Velázquez. La nena no es más que riano. Campesino es un tipo, realmente típico, de Navana,_pintado por Bertodano, discípulo también de
Texto. - Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega. - Los vi• el busto de la hija . del artista, niñita de dos ó tres Plasencia. Nueva modelo, un cuadro de género, bien
años,
de
pálida
coloración,
de
ojos
obscuros,
de
cacios de Nicanor, por('-· Sánchez Pérez. - Oma111entació11, por
Eduardo de Palacio . - Recuerdos del centenario rojo, por bello corto, sedoso y ligeramente bronceado, tiene dispuesto, un tanto negro de color, per9 muy agradaEmilia Pardo Bazán. - Mo,mmento al Pf!re Las Casas, por por fondo un almohadón color de oro viejo. Todo ble y entonado: su autor, Cecilio Plá, no tuvo neceLuis Parcia. -Nuestros grabados. - Miscelánea. -Anie (con· cuanto se diga en elogio de la verdad con que está sidad, para buscar el asunto, de moverse de su estutinuaci6n). - SECCIÓN CIENTfFICA. - bis restos del conde de
pintado este retrato, de suyo dificilísimo por la im- dio. El lugar de la escena es el taller del discípulo de
Barcelona Ramón Berenguer III el Grande.
Grabados. - [/n momento de descamo, cuadro de A. Menzel. posibilidad de obligar al infantil modelo á que no se Sala, y la Nueva modelo con su sombrerito de paja y
Mo111m1e11to m l1onor al Padre Las Casas, obra de A. Que· mueva, será justicia no más. La cabecita de la nena mostrando la punta de sus pies pequeños y bien calrol. - Los restos de Ra111ó11 Berenguer III, dos grabados. - está dibujada, modelada y colorida de un modo ma- zados, recostada en un diván, mientras el pintor sin
Vendedora de flores m Florencia, cuadro de F. Andreotti. soltar la paleta le propone el ajuste y las condiciones
Da11tó11. - Mirabeau. - Guadet. - El Temple, dos grabados. - ravilloso, y la ejecución es de una simplicidad desesEn la espesura del bosque, cuªdro de F. Andreotti. - M. F. perante. Sorolla, inconscientemente, predice con el á que debe sujetarse para posser, es una modelo nueva
Roybet, pintor francés. - La catarata del Niágara, tres gra- retrato de su hija el non plus ultra de lo que ha de efectivamente, aun cuando lleve ya trabajando hace
bados. - Estudio, cuadro de M. Felíu D' Lemus.
hacer. Yo que- le he felicitado desde otro lugar, le alg:.1n tiempo.
.. ,1••••••l''r,
Claro está que hay otros cuadros debidos á artisrenuevo desde las columnas de LA ILUSTRACIÓN AR·
tas cuya notoriedad es grande; pero sería pedirme un
TÍSTICA
el
testimonio
de
mi
admiración
sincera.
CRÓNICA DE ARTE
El tercer retrato que Sorolla exhibe éstá hecho en sacrificio superior á las fuerzas de mi voluntad menCuando esta Crónica vea la luz en las páginas de condiciones pésimas. Muerto el eminente repúblico tarlos y verme obligado á decir lo que siento de aqueLA !LUSTRACIÓN, la Exposición del Círculo diE Be- D. Cristino Martos, el pintor valenciano tuvo que llas obras. Para mí es indudable que las vacilaciones
hacer la efigie del orador demócrata representándo- y las diferentes tendencias de las escuelas modernas
llas Artes contará algunos días de clausura.
le
vivo. A pesar de esto, el parecido es indiscutible, han ocasionado honda perturbación en muchos de
Triste en verdad ha sido también esta jornada para
esos artistas, así como el amaneramiento ahogó la
los artistas. De las seiscientas treinta y seis obras ex- y el color, aun cuando un tanto sucio, es castizo.
Sala exhibe también dos retratos: el de su parien- personalidad y la espontaneidad de otros. Paso, pues,
puestas, fueron vendidas doce. Las entradas de pago
han dado un promedio diario de setenta á noventa te el pintor Plácido Francés, y el de D. José Eche- de largo, por esta vez, por delante de esas firmas, y
pesetas. Con una tarjeta entraba una familia entera, garay. Como interpretado el carácter de la persona, deteniéndome ante los paisajes y marinas que figuran
con niñeras y ama de cría inclusive. Los jueves, días el primero es superior al segundo; como alarde de en esta exposición, diré dos palabras de los lienzos
de concierto, la concurrencia era casi nula. Madrid color y de facilidad de ejecución, el segundo es su- del género que más dignos me parecen de ser apuntiene la cuarta parte de habitantes que París, y en perior al primero. Ambos son hermosísimos de pale- tados.
Estudio del Pinar de Cercedilla es un paisaje de
París se han recaudado por entradas á la Exposición ta, pero el de Echegaray especialmente es de una
Beruete,
sólidamente pintado y justo de color. De
tan
buena
casta
y
de
tal
finura,
que
dudo
mucho
de
de las principales obras de Meissonier, cuando este
Casimiro Sainz hay varios paisajes y estudios, los cuapintor vivía y en los ocho días que estuvo abierta, que Sala haya hecho nada más acertado.
En esta Exposición los retratos es el género pictó- les no hacen medrar una línea más la talla del infordoscientos mil y pico de francos, la cuarta parte son
rico
que aporta obras de verdadero valor. A los re- tunado paisajista santanderino; y aun alguno de esos
cincuenta mil, es decir, cuarenta y seis mil y pico de
pesetas más que lo recaudado en treinta días por el tratos citados deben agregarse el del pintor Sensi, estudios me parece que podría discutirse su paterniobra de D. Federico Madrazo; el del Dr. D. L. C. dad; sin embargo, el mejor de los cuadros de Sainz
Círculo de Bellas Artes.
¡Bonito negocio! ¡¡Negocio rodondo!! Ante este re- de Raimundo; el del maestro Bretón, pintado por es el que se titula Río Manzanares. Del sevillano Rosultado no se me ocurre más que hacerme la reflexión Plá, y el de Mr. M., hecho ar pastel por Mr. Mathias. dríguez figura un paisaje, cuya nota de color es muy
El insigne director de nuestro Museo nacional de fina. De Gartner hay un Estudio, perfectamente disiguiente: O somos unos pobrecitos que no podemos
pinturas,
asistiendo á este certamen con el retrato de bujado y con mucha luz, del río Tajo en Toledo; y
distraer una peseta para damos la satisfacción de espaciar el espíritu contemplando obras de arte, ó es- su colega el italiano Sensi, parece como que quiere de Martínez Abades una marina Remolque, cuyas
tamos en ilustración, en educación intelectual, á la indicar á los pintores jóvenes que se dedican á culti- aguas, aun cuando un poco «espesas,» están sin emvar este género de pintura que las dos primeras con- bargo bien movidas.
altura de los pieles rojas.
Antes de terminar este artículo quiero salvar un
No cabe venir con sofismas, asegurando que el ma- diciones esencialísimas para llegar á dominarlo son
olvido
involuntario. Benlliure (D. José) presenta, ó
un
dibujo
correcto
y
un
sentimiento
de
la
fisonomía
rasmo que hoy lo invade todo en nuestra patria, mapresentan
por lo menos en su nombre, un cuadrito
moral
del
retratado,
tan
grande
como
la
fidelidad
de
rasmo que yo he reconocido y afirmado que existe,
en estas mismas columnas, es el que &lt;lió tan tristes re· la imagen externa. La cabeza de Sensi pintada por de muy pequeñas dimensiones, pintado con la fransultados para los artistas que exhibieron sus obras D. Federico Madrazo reune esas dos cualidades en queza con que puede pintarse por un maestro un
en esta Exposición y en la internacional de Bellas un grado eminente: en tan alto grado, que hace des- cuadro de gran tamaño, de color brillante y jugoso,
Artes. Que esa indiferencia existe, ¿quién lo dudará;? aparecer la impresión cenicienta del color con que que representa á unos soldados del siglo xv11 y á unos
mercaderes. Este cuadrito tiene detalles primorosos,
pero que sea total, que alcance á todas las clases so- está colorido este retrato.
Más jugoso de color y fresco es el que Raimundo como por ejemplo el brocal de un pozo que se ve en
ciales, aun á aquellas que pretenden de cultas, de
directoras del movimiento intelectual español, no Madrazo expone. De gran parecido, tocado con una primer término. Saint Aubin exhibe tres cuadritos,
puedo creerlo; sería tanto como creer verdad que Afri- facilidad pasmosa, pese á los desdibujos que en él se también microscópicos, dos de ellos, De visita y En
advierten, este retrato indica claramente que es de la un ventorro, graciosos y picarescos. De Mélida (don
ca comienza en los Pirineos.
Yo creo que esta indiferencia es obra de la es- misma mano que la que pintó el celebradísimo de la Enrique, fallecido hace pocos meses) La comunión de
las monjas y Una maja.
casísima atención y del poco cuidado que los go- que fué esposa del gran Fortuny.
Réstame solamente decir algo de la sección de esPlá hizo un retrato serio y sobrio del autor de Fray
biernos han tenido y dedicaron á la enseñanza. En
cultura.
Entre los bustos retratos hay tres, uno de
España el hombre de ciencia, como el político, como Garín; y además de sobrio y serio, bueno de color y
ellos
notable,
obra de Susillo; el retratado es D. Aubien
dispuesto.
Mr.
Mathias
ha
probado
que
con
el
el literato, como el mismo artista, carecen de toda
noción é idea de lo que es la belleza, de lo que el pastel se puede obtener el mismo vigor de clarobs- gusto Comas (padre). De Vancells hay también otro
arte significa, del valor que, dentro de la constante curo y la misma jugosidad que con las pinturas al busto retrato, digno de especial mención por lo bien
modelado; y de Galán otro, muy parecido.
evolución hacia el ideal de una perfección posible, óleo, amén de que sabe dibujar.
Gandarias presenta varias estatuas, sobresaliendo
Después de éstos, los demás retratos pintados extuvo, tiene y habrá de tener el arte. Todos los días
la
sedente del P. Feijoo. Alcoverro ha mandado vahibidos
en
la
exposición
del
Círculo
de
Bellas
Artes,
hablo con gentes que por su significación en la polírias
estatuillas del género de los bibelots, modeladas
si
algunos
muy
discretos,
no
rebasan
los
límites
de
lo
tica, en las ciencias, en todo orden en fin del saber
y movidas con gracia. Amutio una cabeza en bajo
debieron apreciar y sentir las manifestaciones artísti- vulgar y corriente.
Rendez-vous es un cuadrito de costumbres del siglo relieve representando á Ofelia. Lo demás no descuecas, pero no es así; estoy esperando á que alguna de
esas personas á quienes me refiero, no solamente sean pasado, que, con la media figura titulada Flor de es- lla por ningún concepto.
El arquitecto Mélida llevó el proyecto de un Mo·
capaces de dar su opinión con conocimiento de cau- tufa y Un resbalón, Estudio de naranjos, Camino de
numento
al pueblo de Madrid, verdadero héroe del Dos
la
sierra,
Campesina
asturiana,
Campesino
y
M,eva
sa, sino que me digan que saben distinguir una acuarela de un óleo, para apuntar su nombre con piedra modelo, forma lo interesante de la pintura de género de Mayo. De este modelo diré tan sólo que tiene una
y costumbres. Rendez-vous y Flor de estufa son obras figura, por cierto lo principal, porque con ella repreblanca.
de
Emilio Sala. El primero es una monería; el segun• senta al pueblo madrileño, que yo califiqué en otro
He aquí la razón que yo creo encontrar, discurriendo acerca de esta indiferencia de que vengo hablan- do, además de su delicada factura, de su finura y de lugar de hallazgo feliz; es un clit'spero, machete ·en
do, para no admitir ninguna otra causa, como la efi- ser un alarde de color, es un feliz hallazgo. Amalga- mano, defendiéndose .de dos águilas.
Y doy por terminada la revista de esta exposición,
ciente en absoluto, de los fracasos de nuestras Expo· mar la candidez de la jovencita con la picaresca cosiciones. Por eso he de alabar - alguna vez había de quetería de la mujer que sabe cuánto vale su belleza, lamentando sinceramente la ausencia de toda originalidad, de entusiasmo, de respeto al arte, que se obser - el proyecto del Sr. Moret de incluir en el nue- esto es lo que logró Sala en su Flor de estufa.
serva
en estas exposiciones últimas aquí celebradas.
Para
provocar
ensueños
voluptuosos,
ahí
está
aquevo plan de enseñanza la de la Historia y Teoría del
arte, aun cuando crea yo que dicha asignatura no lla hermosa y arrogante valenciana que, como el cura, He visto paisajes de pintores que yo diputé no hace
puede enseñarse en la forma que pretende el minis- se incorpora para ir en socorro del monaguillo, el muchos años como paisajistas que llegarían á sucetro de Fomento, por razones que expondré en mejor cual, incensario en mano, da un resbalón en las gra- der dignamente al maestro Hais, á Casimiro, á Ferdas ,del presbiterio de la iglesia, donde están ador- nández, que revelan cómo yo me equivoqué. El amaocasión.
Y dejando ahora lucubraciones, voy á hacer la re- nando para la fiesta la imagen de la Virgen. El res- neramiento, la tranquilla, el escaso ó ningún respeto
seña de esta Exposición del Círculo de Bellas Artes. balón de Sorolla (!) es un cuadrito picaresco, gracio- que les merece la verdad: he aquí las actuales condiHe hablado en. otro artículo de los retratos de So- so, que tiene trozos pintados como Sorolla sabe hacer- ciones demostradas al presente por esos artistas á
rolla. En efecto, de los tres retratos que expone el lo. Estudio de naranjos es el otro cuadrito del mismo quienes en un principio creí tales. Y en el mismo
autor de ¡Otra Margarita!, dos son obras maestras. artista, en el que la luz del sol de Valencia está brio- caso se encuentran otros que no son paisajistas, que
Isabelita y Thor y La nena pueden adjetivarse de samente interpretada. Este cuadro lo adquirió la rei- tienen medallas de oro y de plata por cuadros de
todo género.
obras maestras. El primero representa á la hija del crí· na regente.

LA

NúMERO 600

41 I

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

•"1♦••,t-.1•0,t•,1•••"•l'••••,1•1,••••••••••••••••••••1•••"•l'l,"ol'•,"olº•••••l'•••••••••'••l•,,•,,1•u•o,,.,o•o,

MONUMENTO QUB EN HONOR DB~ PADRE LAS CASAS HA DE ERIGIRSE EN MÉXICO, obra de Agustln Querol,
eJecutado por encargo del gobierno méxicano

Confieso que me equivoqué; pero lo grave es que
á esos artistas ya no los salva nadie de su prematura
decadencia.
Y conste que prometían como prometen los talentos con muestras de un valor innegable.
R. BALSA DE LA VEGA
..,., •••• , •••••• , ••••••, ...... , ••, ...................., .................... , ••••••, ......, •••• ,.,, ............, ........ ,J.,,..,1,,.

LOS VICIOS DE NICANOR
Pregu?taba, no hace ~ucho tiempo, un ingenioso
y agudísimo autor de epigramas: ¿Dónde entierran á
l~s malos? Movíale á dirigir esa pregunta, que no ha
sido contestada todavía, la circunstancia de hallar en
todos los epitafios grabados sobre lápidas mortuorias
de un cementerio encomios de los finados. Este había sido funcionario inteligente y probo; aquél patriota consecuente y d~?idido; el de más allá, honrado y
buen padre de fa':nha; el de más acá, hijo cariñoso y
amante; la de amba, esposa fiel y virtuosísima· la de
abajo, madre amorosa y sin igual. .. , y así su~esivamente. Tenía mucha razón el poeta satírico: debe de
haber una necrópolis particular en la que duerman
el sueño eterno los que fueron en vida malos ciudadanos, esposas desleales ó hijos desnaturalizados.
Verdad es - y esto casi era innecesario advertirlo que por algo llamamos á la hora de la muerte la
~ora de las alabanzas; de las alabanzas ajenas, se entiende, porque la hora de las alabanzas propias llega
muc~o ant~s, aunque diga el vulgo que la alabanza
propia envilece; pues también dice el vulgo aquello de:
Vivimos en un mundo
tan miserable,
que si uno no se alaba
no hay quien Jo al~be.

Cad~ c~al, según su discreción y á la medida de su
entend1m1ento, busca la manera de alabarse, sin que
las alabanzas parezc~n ~abanzas; pero son muy pocos
los que_ logran enganar a sus oyentes. Hay, por ejemplo, quienes llaman sus vicios á lo que la generalidad
d_e l~s hombres tienen por virtudes, y así suelen decu sm empacho: «Tengo el feo vicio de hablar siempre con ruda franqueza;» «Sé .que peco de des~tento, pero á t~do a~tepongo la verdad;» «Confieso
a ustedes, con s!ncendad! que so_y tonto,de capirote;
pero las desgracias de mis enemigos mas encarnizados m_e enternecen,» y frases por el estilo, en las cuales el mteresado finge tenerse en concepto de rudo
de descortés ó. de tonto, para decir que es franco'.
veraz ó compasivo; habla de sus defectos, rudeza, descortesía.Y tontuna, para que entiendan todos que tiene las VIrtudes de la franqueza, de la veracidad y de
la filan tropfa.
~icanor, much~cho muy dispue!to, y no peor ni
meJor que cualqmera otro muchacho, no pertenecía
al número ~e los que hablan de sus vicios para enum~rar sus virtudes; pero tenía también un procedimiento, que podríamos denominar de eliminación
para hac~r su propio elogio á todas horas. Se habla~
~a,
eJemplo, en presencia suya de un jugador y
s1 ~ad1e habl~ba del jugador, hacía él que la conv~rsac1ón fuese a _parará ese tema, y Nicanor defendía
con vehemencia al aficionado á tirar de la oreja á
Jorge. Con tal calor lo defendía y con tanto entusiasmo, que to~os acabábamos por creerle abogado en
causa pro,P1a; alguno de sus más íntimos le decía entonces dan~ole cariñosas palmaditas en el hombro:
«V~mos, N~canor, confiese usted que también es algo
afic10nado a verlas venir.»
«Eso sí que no, respondía invariablemente Nicanor, el ~ual esperaba esta carga y aun la preparaba si
era preciso; eso sí que no; tengo mil defectos, un mi-

Pº:

llar de defec~os. (no decía cuáles, por supuesto), pero
ese no; en m1 vida he jugado y aborrezco de corazón
el tapete verde.» Y explicaba luego que si había tomado con calor la de'.ensa de los jugadores, era porque gustaba ~e ser mdulgente en la vida de otro
para que también hallara indulgencia la suya. Con taÍ
respue_sta y con se~ejante aclaración, quedaba sentado: pnmero, que N1c~nor odiaba el juego; y en segundo lugar, que era indulgente con las imperfecciones de sus prójimos.
Pues se hablaba otro día de un avaro y se agotaba
contra él todo el vocabulario de los denuestos; y Nicanor, _co_mo de costumbre, se convertía en paladín
del acnmmado.
«Vay~, decía uno á quien el calor de la disputa
enardec1a un po~o, confiese usted que también tiene algo de avariento, y no seguiremos haciéndole
cargos.»
_«¡Oh!, eso sí que no, respondía (como siempre)
N1canor; soy hombre, tengo como todos mis defectos; m~s defectos que otros; acaso más que todos;
pero bien sabe Dios y bien saben los que me conocen
un poc?, q~e no tengo ese de la avaricia. Muy al
c?ntrano, si de algo peco es de ser manirroto y pródigo.» Y s~gún su costumbre, agregaba que era de
los que odian el pecado y compadecen al pecadorque er~ p~eciso l?erdonar para ser perdonado, com~
ya se mdica sabiamente en la oración dominical y
otras cosas por el estilo.
'
Y: .. «hoy como ayer, mañana como hoy y siempre igual.»
Nicanor afirmaba, si le suponían vengativo, que tenla t_odos los defectos del mundo, menos ese; porque
precisamente nunc_a fué rencoroso, y no sólo perdonaba _las ofens~s, smo que hasta las olvidaba; lo cual,
por cierto (dec1a él) le había perjudicado muchas veces; y cuando se le tildaba de soberbio, replicaba

�LA

412

sonriendo que, por fortuna, entre los muchos defec- baratos, y se vió en la lista de platos de alguno de los
tos que él tenía no estaba el de la soberbia, porque citados establecimientos:
«Golondrina embalsamada, con champt'gnons.»
justamente era el más humilde de los hombres; y si
«Salmi de golondrina soltera.»
alguno sospechaba que fuese perezoso, juraba él y
«Golondrina oriental al XerésJ&gt;
perjuraba que entre sus infinitos vicios no podía con-

LOS R&amp;STOS DE RAMÓN BERENGUER III EL GRAND&amp; EN LA CAPILLA ARDIENTE INSTALADA EN EL SALÓN DE CIENTO
DE LAS CASAS CONSISTORIALES DE ESTA CIUDAD

tarse el de la pereza, porque justamente á ser laborioso y activo no le ganaba nadie.
De este modo que, según queda dicho, era ni más
ni menos un procedimiento de eliminación, venía á
resultar que Nicanor carecía de defectos.
El, eso es otra cosa, confesaba humildemente que
tenía muchos y que le pesaba el tenerlos; pero nunca
supo nadie cuáles fueron; lo que sí se sabía es que
poseía todas las virtudes.
Se sabía, vamos al decir, porque Nicanor lo decía,
no por otra cosa.
Qué, ¿no conocen ustedes por ahí á muchos Nicanores?
A.

SÁNCHEZ PÉREZ

NúMERO 600

ltUSTRACIÓN ARTÍSTICA

(de fotografia de los Sres. Pauli y Bartrina)

Por rara excepción pidió alguno de estos platos tal
cual parroquiano, pero desistía de clavarle el di~nte
al notar la dureza del pájaro.
- ¿Qué carne es esta?, preguntaba horrorizado.
Y el camarero, ya instruido en el asunto, respondía:
- Una carne deliciosa; como no están ustedes
acostumbrados á comer bien, cuando se les da un
plato delicado protestan. Lo mismo ocurrió días pasados con otro señor, también del abono, que se le
dió cabeza de jabalí á la Pompadour y se empeñó en
que era apócrifa.
- ¿Apócrifa?
- Sí, antigua, vamos.
-¡Ya!
- Era el animal de la familia del amo, puede decirse, porque le había cazado el yerno.,

NúMERO 600

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

el boulevard y en los teatros verdaderamente comprometidas.
Un transeunte ó un espectador, según viera en la
calle ó en el teatro á cualquiera de las modelos, la
apuntaba con el bastón y voceaba:
-¡Pum!
- ¡Ay!, solía exclamar asustada la señorita-figurín.
Y el cazador improvisado añadía:
- ¡No es á usted, hija, es al pájaro!
- ¿Es de usted?, le preguntaba otro.
- ¡Adiós, golondrina!, le decía otro, de pasada.
La empresa era superior á las fuerzas de un modisto y hubo de desistir.
Las señoras amenazaron al inventor, así como á
sus imitadores, con retirarles la protección que les
dispensaban.
Y se salvaron las golondrinas, gracias á tan ilustres
protectoras.
El modisto inventor protestó en secreto.
¡Haber invertido un capital en golondrinas y no
poder aprovechar ni las plumas!
Entonces pensó en «otros pájaros.»
En los titís.
- Esos cuadrumanos, se dijo, usan rabo largo y
son aprovechables.
Y el modisto inventó ese plumero en forma de interrogación, que habrán visto ustedes en los sombreros de las señoras.
Son rabos de titi, enroscados en parte.
Parecen ganchos para colgar á las que los llevan,
vestidas y calzadas, en perchas ó roperos, conforme
entran en casa.
La interrogación está muy bien aplicada en la
mujer.
Se ve que el modisto es hombre de ingenio agudo.
En el sombrero de alguna muchacha casadera, en
expectativa de colocación, significa:
- ¿Cuándo encontraré á ese7
Ese es un novio que vaya para marido.
En el sombrero de una buena moza:
- ¿Valgo ó no valgo?
En el de una jamona sin trichina:
- ¿No es verdad que todavía estoy de buen ver?
En el de una viuda que se propone reincidir:
- ¿Quién quiere ser el difunto segundo, como dicen
en los repartos de algunos dramas caballero primero,

caballero segundo?
En el sombrero de alguna romántica, imitación de
las de 1830 á 40:
- ¿Me amasó me intoxico á migo misma?
En el de la esposa de un diputado á máquina, recién salido ó recién sacado por primera vez, á fuerza
de puños:
- ¿No conocen ustedes á mi esposo? ¿Ese que se
sienta el tercero á la derecha y dice «sí» ó «no» con
tanta elocuencia?

ORNAMENTACIÓN
Lo habrán leído ustedes en los diarios noticieros.
Se ha observado que este año no hay golondrinas
ó que vienen retrasadas.
De esto deducen varios observadores que estamos
amenazados de epidemia.
Otros, también observadores, opinan que esas avecillas misteriosas y errantes no vienen á Madrid por
falta de ropa de invierno.
Esto lo aseguran ciertos golondrinos sorprendidos
por el calor in fraganti ropa de abrigo.
Para las modistas y modistos de sombreros de señora, en París, no es un misterio la falta de las inocentes golondrinas.
Hasta hoy las habían respetado todos los pueblos.
Las gentes de campo las miraban con cariño por
la tradición y aun las ofrecían lugar seguro para que
establecieran sus nidos.
Pero un modisto parisiense, un genio de sombreros
para señora, pensó que sería adorno de suma novedad la golondrina y encargó á varios puntos que las
cazaran.
Pocos días después llegaban á París remesas de las
tiernas avecillas.
Las señoras aristocráticas, con esa delicadeza de
sentimientos que enaltece á la mujer en casi todos
los países, rechazaban los sombreros con golondrinas.
- ¡Es una infamia!, decían unas.
- No los usaremos, afirmaban otras.
Y los modistos se vieron obligados á regalar somFURGÓN DESTINADO Á CONDUCIR Á RIPOLL LOS RESTOS DE RAMÓN BERENGUER EL GRANDE
breros á varias señoritas modelos.
(de fotografia de los Sres. Pauli y Bartrina)
Modelos en el vestir, se entiende.
Y ni aun así lograron aceptación entre las señoras
de veras.
- ¿El yerno del jabalí había cazado al amo? ·
Bien mirado, la pluma corresponde á la forma de
Pero el destrozo se había consumado.
- No, señor; el yerno del amo había cazado al algunos sombreros.
Centenares de avecillas habían sucumbido en la jabalí.
Parecen hostiones de Málaga.
cacería.
Las señoritas de muestra que usaron durante alDecían y aún sostienen varios señores que la for·
El modisto inventor las ofreció á los restaurants gunos días sombreros con golondrinas, se veían en ma poética está llamada á desaparecer,

VENDEDORA DE FLORl!S EN FLORENCIA,

Esos sombreros y esas plumas contradicen tal opinión,
Con esos sombreros algunas jóvenes parecen pastorcitas de la Arcadia ó de la Alcarria.
Otras parecen pastores.
Esos plumeros de rabo de mico también recuerdan los tiempos primitivos.
La edad de oro.
Por cierto que !a edad de oro debe ser la de los
cincuenta años; puesto que los consortes regios cele-

cuadro de F. Andreotti

bran á los cincuenta años de casados sus bodas de
oro.
. ~llo es que con esos sombreros y esas plumas van
d1c1endo las muchachas á los transeuntes:
- Adiós, Batilo.
- Piensa en mí, Filemón.
- Te adoro, ¡oh Teótimo!
- Cabe la fuente te espero, Caralampio: ven con
el caramillo.
Las señoras mayores parecen con esos sombreros

y esas plumas de garabato chinas de nacimiento ó
por convicción.
Esas no son plumas, son espárragos cabizbajos.
¿Y las charreteras?
Viendo á ciertas señoras de suyo varoniles con
esas hombreras1 se siente cierto respeto y así como
ganas de decirles:
- Adiós, veterano.
EDUARDO DE PALACIO

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mans, donde la comitiva hizo noche, concilió el sueño Luis Carlos, pero fué para sufrir angustiosa pesaLUIS XVII
dilla: vióse perdido, con. su madre de la mano, en un
bosque profundo y sombrío, donde los centenarios
!l. -DE LA FUGA AL CAUTIVERIO
árboles, elevando al cielo sus copas, acrecentaban el
No entraré en detalles de la célebre huída á Va- horror con la densa obscuridad. De las tinieblas sarennes, sobrado conocida, mil veces narrada: en la lía, aullando, una manada de lobos, famélicos, amacomedia dramática de la frustrada evasión real, sólo rillentos, de ojos de brasa; y las hambrientas fieras,
lanzándose sobre la madre y el hijo, se aprestaban á
devorarles. ¡Dantesca visión, formada por el espanto
en la tierna fantasía de un niño! Algo muy parecido
refiere en la Divina Comedia Ugolino, al contar el
sueño terrible que desgarró para el preso en la torre de Pisa el velo de lo futuro. ¡Quién pensaría que
la pesadilla del delfín, con ser tan horrenda, se que·
dase atrás de lo que había de ser la realidad! Porque
al delfín le devoraron en efecto los lobos del sombrío bosque, pero le devoraron solo, después de arrancarle del regazo materno.
El mismo sueño se repitió la primer noche que,
de vuelta de Varennes, pasó la familia real en las Tullerías. Luis Carlos volvió á verse cercado de lobos y
de carniceros tigres. Cuando lo refirió en alta voz, al
RECUERDOS DEL CENTENARIO ROJO

OANTÓN.

De un dibujo de Santiago Luis David
(1748-1825)

me interesa ahora - y es bastante - lo que se
rdiere al delfín.
Cuando, discutida la empresa, hecho el
plan y llegado el momento de ponerlo por
obra, hubo que despertar al delfín para disfrazarle de Aglae, ni?ia menor de la baronesa
de Korff, la reina le dijo á fin de darle ánimos: «Levántate, que nos vamos á una plaza
donde mandarás tu regimiento.» El niño
adormilado sacudió instantáneamente el sueño y se echó de su camita. «¡Andando! ¡Vengan mis botas y mi sable!» Y cuando se hubo visto con el ropón y la cofia del femenil
disfraz, dijo á su hermana Madama Royale:
«se me figura que vamos á representar alguna
pieza.» Pero al subir al coche, como fuese
preciso guardar el más absoluto silencio, y
Madama Isabel sin querer pisase fuertemente al delfín, éste no dejó escapar ni leve quejido.
Sorprendidos y descubiertos en Varennes,
obligados á volver hacia París sin dilación
alguna los reales viajeros, el delfín con su
disfraz mujeril y su divina belleza atraía las
miradas, casi la indulgencia, de la hostil y
frenética muchedumbre. «Carlos, le dijo por
lo bajo su hermana, ya ves como no era cuestión de representar. - Hace tiempo que Jo
comprendí,» respondió al mismo diapasón la criatura.
Penoso é intolerable sobre toda ponderación fué
el viaje de regreso, entre nubes de polvo, bajo un sol
de fuego y escoltado el carruaje de camino de los reyes por una horda que engrosa~a, como los ríos, recogiendo á su paso gente y más gente, el ejército informe de los aldeanos armados de hoces, garrotes y sables mohosos. El delfín se resintió: postróle una fiebre
altísima; pero las súplicas de su madre no pudieron
lograr que le concediesen algún descanso, y hubo que
seguir, con el niño enfermo, en brazos de las damas
que reprimían los sollozos. Al acercarse ya áParís, los
comisionados de la Asamblea Nacional se metieron
en el coche regio, y hubo una persona más para tener en las rodillas al enfermito, ya repuesto casi. Era
el diputado Barnave, que entró en la carroza adusto
republicano y salió de ella monárquico, vencido, transformado por la desventura y la interesante dignidad
de una mujer y la gracia dulcísima de un rapazuelo. Al ver hume?ecidos por el llanto los preciosos
ojos donde sólo debía brillar el júbilo de la inocencia, Barnave sintió ablandarse sus entrañas; al sentir
en sus rodillas el peso sagrado del cuerpo del niño,
le amó lo bastante para ofrecerle la vida. ¡Tanta fuerza posee la infinita debilidad de la infancia!
La calentura del delfín provenía de las terribles impresiones de aquel viaje, que al pronto le había parecido una divertida comedia. En la aldeílla de Dor-

NúMERO 600

bien sabe el aire libre! ¡Qué lástima me dan los que
están siempre encerrados!»
Su inteligencia se desarrollaba de un modo sorprendente, lo cual no nos extrañará si recordamos
que, al hacerle la autopsia, los médicos habían de
declarar no haber visto nunca, en niño de tal edad,
cerebro tan pesado y grande. Su educación se completaba con lecciones bien graduadas y estudios serios, y su penetración extremada se revelaba en mil
dichos, ya agudos, ya hondos. Habíanle dado, en
premio á su aplicación, una armadura chiquita; y
un día quiso armarse con ella de punta en blanco,
para sorprender á su preceptor. «¿Qué nombre tomas,
Carlos?,» le preguntó su madre. «El del caballero
Bayardo. - ¿Y por qué? - Porque quiero ser como él,
sin miedo ni mancilla.» Su héroe favorito en la historia era Escipión. Le trajeron á enseñar su escudo,
conservado en un museo, y volando el delfín fué á
buscar su sablecito y lo frotó contra el escudo. «¿Qué
es eso, monseñor?, » preguntó el abate Barthelemy,
portador de la antigualla. «Que froto mi sable contra
el escudo de un grande hombre, para que se me pegue algo, » respondió el niño.
El aniversario del viaje á Varennes
lo celebró el pueblo invadiendo las
Tullerfas y haciendo beber á la realeza, en pocas horas, un cáliz colmado
de hieles de ultraje y humillación. Por
vez primera fué colocado sobre los rubios cabellos del delfín el gorro frigio,
que había de servirle en el Temple de
corona de espinas. Las turbas desfilaron ante la mesa que, débil valla, protegía la vida de los niños, á quienes
hasta sin querer pudo despachurrar
aquel aluvión humano. Era el día en
que, desde la terraza, el oficial de artillería que después fué Napoleón el
Grande y que presenciaba las escandalosas escenas, montó en cólera y
rugió: «¡Lástima no poder barrer esa
canalla á cañonazos!» Temblorosa y
transida de miedo la reina, acaba por
guarecerse con el delfín en un escondrijo practicado en el hueco de la pared. El niño, comprendiendo la necesidad de callar, enmudece y retiene
hasta el soplo de la respiración. Pasado el inminente peligro, los miembros
de una diputación de la Asamblea
Nacional se entretienen en hacer pre-

El célebre tribuno MIRABEAU

despertar, los allí presentes se miraron en silencio. No encontraban palabras para desmentir el ensueño, no ya profético, sino meramente simbólico del niño que, al mostrarle
su madre á la guardia nacional como iba semi-sofocado de calor, exclamando: «Vean,
señores, mi pobre hijo se ahoga, » había oído
brotar de entre la muchedumbre esta feroz
respuesta: «Aguarda, que ya os ahogaremos
de otro modo. »
El año que sigue á la fuga de Varennes
transcurre en engañosa quietud: diríase que
dormita la Revolución, para despertarse más
vigorosa y sañuda. Aunque vigilada de cerca
en las Tullerías, goza relativa calma la familia real. Un hecho singular caracterizó aquel
período de bonanza en que Robespierre, desalentado, pudo decir: «Amigos, todo se ha perdido.» Y fué que, dando vueltas á la manera
de derrocar la monarquía, se pensó en que abdicase
Luis XVI y recayese la corona en el delfín. Para sembrar en el pueblo la idea, gentes asalariadas gritaban
en el male~ó~ de las_ Tullerías al ver al delfín: «¡Viva
nuestro reyecito!» Bien cara había de pagar el reyecito, cuando lo fué, la funesta herencia de la corona.
Hoy, que sabemos lo que esperaba á Luis Carlos no
podemos menos de encontrar patética su exclama~ión
cuando por primera vez, desde la vuelta de Varennes, se permitió bajar á su jardín: «Mamá, dijo, ¡qué

uno de los jefes girondinos

guntas al delfín, asombrados de su comprensión clara y viva. Un diputado, á propósito de historia, inte·
rroga al príncipe sobre la jornada de Saint Barthele·
my. «¿Por qué evocar tal recuerdo?, » observa otro diputado más discreto y prudente: «Aquí no hay ningún_ Carlos IX. - Ni ninguna Catalina de Médicis,»
r~phcó pronta~ente el delfín, entre los aplausos, las
nsas y los elog10s de todos los diputados.
. Desde.~quellas horas de amargura, en la concien·
c1a del mno, que alcanzaba ya la edad señalada por

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

El Temple en el último tercio del siglo xvm. (Copia de un dibujo de F. '.llolfbauer.)

!t

GUADET,

LA

NúMERO 600

la Iglesia para el uso de la razón, se hizo luz: luz lívida como la del relámpago. Comprendió la lucha, y
que no llevaban la mejor parte en ella los seres queridos. Sintió las angustias del náufrago, cuando sólo
debiera sentir el descuido y la imprevisión del que
todos protegen y aman. Percibió que tenía enemigos,
y que, tan tierno, tan lindo, tan amable, se le odiaba.
¿Por qué? Eso sí que no lo comprendía... El caso es
que se le odiaba. Un día dijo en voz baja al marqués
de Villeneuve, enseñándole cierto juguete, una liebre
que tocaba el tambor: «Esta liebre redobla por el rey:
es una liebre realista; pero no lo diga usted á nadie,
porque me la matarían!»
Sintiendo que cada vez se abría más aterrador el
abismo, los reyes intentaron ganar á su causa á algunos de los hombres que mayor ascendientes ejercían
en la opinión, y como antaño á Mirabeau, hicieron
secretas proposiciones á Dantón y á Guadet. Guadet
no se dejó ganar: lejos de eso, fué de los que más
adelante votaron la muerte de Luis XVI. Sin embargo, su alma de bronce tuvo un instante de enternecimiento, uno solo; y éste lo causó la vista del delfín,
profundamente dormido en su camita. María Antonieta alumbraba: Guadet contempló aquel sueño angelical, y una nube de tristeza y lástima veló su frente. «¡Qué tranquilo duerme!,» murmuró el republicano. «¡Pobre niño!,» suspiró la reina, y · cambiaron
una mirada. Guadet, conmovido, tomó la manita del
delfín que colgaba fuera del embozo, y la besó con
los mismos labios que habían de enviar á la guillotina al padre.
.
Atropellábanse los sucesos; no estaba ya en mano
de los hombres contener la ola desencadenada. Acercábase el formidable día 10 de agosto de 1792, fecha
roja si las hay. El 9, convencido de la inminencia de
un ataque del pueblo, que pedía á voces el destronamiento á la Asamblea, el rey había preparado la defensa de las Tullerías; pero conociendo su acostumbrada humanidad, su repugnancia al derramamiento
de sangre, era previsto que esta defensa seda fórmula vana y estéril. María Antonieta, sola y sin otro consejero que su energía, hubiese resistido mejor el embate. No le era lícito á la valerosa mujer más que
presenciar y compartir el riesgo. Al despedirse del
delfín, la noche del 9, no pudo reprimirse, y las lágrimas de la madre bafiaron las frescas mejillas del niño. «Mamá, ¿por qué lloras hoy al darme las noches?
Todo el mundo anda asustado... No me acuesto. Acuéstate; hijo, yo estaré cerquita...,» respondió la
reina. ¡Sueño bien corto el de Luis Carlos! A media
noche comenzaron á tocar al arma: el eco pavoroso
del cañón, el redoble de los tambores y ese indefinible y trágico rumor oceánico que levanta la multitud
inmensa en marcha contra algo ó contra alguien. A la
primera é indecisa luz del amanecer, despiertan aprisa al delfín, y su madre le toma en brazos. «Mamá,
¿van á hacerle daño á papá? No puede ser: ¡si es tan
bueno!» La reina lleva al delfín á la galería mayor

del castillo, en que unos doscientos ó trescientos
hijosdalgo, resueltos á morir con sus reyes, se agrupan silenciosos. Al ver al niño, gritos de entusiasmo
pueblan el aire: cien manos febriles se apoderan de
Luis Carlos, y á guisa de viviente bandera lo alzan
sobre las cabezas destinadas á rodar bien pronto de
los hombros.
Viendo la imposibilidad de resistir al torrente, el
rey se decide á buscar asilo en la Asamblea Nacional. Para atravesar el encrespado gentío y no ser despedazados, un granadero coge al delfín, lo
levanta en vilo, y le
pasa cual otro San
Cristóbal. «No tengas
miedo. - No, por mí
no... contesta el delfín; por papá sí: que
no le maten!~ El granadero se adelanta, y,
entrando antes que
nadie en la Asamblea,
deja al niño sobre la
mesa presidencial. Las
lágrimas de la criatura
enternecen por un instante á los espectadores de las tribunas, y
merced á ese impulso
compasivo se le permite á Luis Carlos refugiarse en el seno de
su madre.
Con ella se agazapó
(es la única palabra
exacta, pues allí no se
podía estar de pie) en
aquella tribuna del
Logógrajo, que fué como el balcón del Pretorio en la larguísima
pasión de la familia
real. Entre llanto y
estremecimientos profundos, el niño oyó
pedir la cabeza de su
padre; oyó el decreto
que privaba de toda
autoridad á Luis XVI;
y prestando mejor el
oído, hasta pudo escuchar el nombre de
Luis XVII, que por
vez primera resonó en
aquellas dolorosas horas... Los que, mal informados ó atrasados
de noticias creían po-

sible aún sostener la monarquía como forma de gobierno,
se agarraron á la candidatura
del niño que, azorado como
paloma entre las uñas del halcón, quebrantado además de
sueño, calor y cansancio, se
amodorraba ya sobre el hombro materno... En aquellos instantes en que se decidían los
destinos de su raza y el suyo
propio, la criatura tenía una
preocupación viva y honda: saber qué habría sido de su perrillo .Moufjlet, perdido y acaso despachurrado en el tumulto.
Tres días mortales permaneció la familia real, de día en
la tribuna, de noche en unas
angostas celdas del antiguo
convento habilitado para las
sesiones de la Asamblea. Carecían de ropa, y el delfín no hubiese podido mudarse á no ser
por la generosidad de la embajadora de Inglaterra, la condesa de Gower Sutherland, que
por tener un hijo de la misma
edad que el delfín, pudo socorrerle. Mientras la Asamblea
deliberaba, disponíase la prisión de la familia real y hórrido sepulcro del delfín; el viejo
torreón donde un tiempo moraron los caballeros de la Orden del T e mple-otra gran
tragedia de la historia. - El 13
de agosto, al anochecer, Luis XVI, su mujer, su hermana, sus hijos y servidumbre cruzaban los umbrales
del Temple, iluminado por fuera con democráticas
lamparillas, por dentro aristocráticamente con centenares de bujías. El delfín, rendido, agotadas sus fuerzas, dormíase en las rodillas de su aya Madama de
Tourzel, porque cama no la tenía at1n. Fuera, la multitud ebria de vino y sangre bailaba la carmañola;
dentro, los prisioneros se extendían en las duras camas, y cerrando los ojos, á obscuras, rezaban al Dios

LUIS XVI EN EL TEMPLE,

dibujo de Carneray

�OBRAS NOTABLES DE LA PINTURA MODERNA

EN

LA

ESPESURA DEL BOSQUE,

CUADRO DE

F.

ANDREOTTI

�LA
vengador é irritado que v1S1ta la iniquidad de los
padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.
EMILIA PARDO BAZÁN

(Continuará)

MONUMENTO AL PADRE LAS CASAS
PROYECTO DE DON AGUSTÍN QUEROL

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Las Casas que constituirá indudablemente una de las joyas más
preciadas de la Nueva España. Méjico, honrando á tan ilustre
sacerdote honra por ende á Querol, del mismo modo que Querol honra á España con su prodigiosa labor artfstica.
,
Cinco metros deberán tener las figuras de este grupo que ser_a
vaciado en bronce; obra colosal como iniciada por el presidente de la República mejicana, general Porfirio Diaz, ú~ico
hombre que hasta la fecha ha sabido apartar áaquella floreciente nación de las luchas fratricidas para conducirla á la paz más
duradera y provechosa, á esa paz benéfica y fecunda que hace
pensar en los héroes é impul5'.1 el d~sarrollo de _las ideas saluda·
bles por medio de las mamfestac1ones artísticas. El general
Dfaz pensando de este modo resulta aún más grande que en el
movimiento regenerador de Fuxtepec.
Pero alguien más merece igualmente nuestro aplauso: le_mere·
ce y muy sincero el representante de aquel país en M_adncl, general Riva Palacio, quien recibió el encargo d 7 pract1c~r aquella idea en nuestra patria, y su provechosa 10gerenc1a en el
asunto nos recuerda una frase del gran Rubens cuando era enviado especial de su pais en Inglaterra. Pint~ba el gran au~or
de Ei descendimiento en los momentos de ocio, cuando gestwnaba cerca de aquel gobierno, y en uno de eso~ instantes .u!1
personaje llegó á visitarle quedándose sorprendido de la agilidad artística del enviado: c¡Hombre!, dijo, ¿conque es usted
pintor á ratos? - No, señor, contestó el célebre flamen~o, á _ralos soy diplomático.&gt; Si esta frase no envuelve mort1ficac1ón
alguna para un embajador tan hábil y distin~ido com? el seño~
Riva Palacio, téngase por aplicada, en ~I bien entend11o que s1
no es un pintor como Rubens es tan arhsta como el primero en
cuanto á la literatura y á otras artes se refiere.
· Un enviado de semejante magnitud es capaz, no ya de establecer una corriente de simpat!a entre los ingratos elementos
del estado social, sino que también puede d~jar unida )?ara
siempre la idea absoluta del arte entre dos naciones que ~1en·
san y sienten con la misma cabeza y el mismo corazón. EJemplo elocuente de esta verdad ese! monumento al Padre Las Ca·
sas cuyas lineas generales acabamos de diseñar.

Se ha dicho, con razón mil veces comprobada en la historia,
que el tiempo se venga de quien no cuenta con él, pues á través
de los siglos todo se justifica, y aun de esas mismas justificaciones suelen surgir gigantescas personalidades cuyas virtudes había
obscurecido la envidia ó desfigurado la animosidad personal y
mezquina de los hombres. Y de esa afirmación viene á darnos
gallarda muestra el movimiento de simpatfa y admiración iniciado en todos los paises hispano-americanos hacia la patria común y hacia sus hijos insignes que hace tantos siglos realizaron
la empresa extraordinaria de conquistar para la vida del espiritu y de la civilización aquellos pueblos prehistóricos, sumidos
hasta entonces en la más lamentable obscuridad. Venganza te·
rrible que el tiempo realiza ahora contra los falsificadores de la
historia.
Mientras en casi toda la América se levantan estatuas al insigne navegante genovés y á los hombres que después trataron
de conservar sus conquistas por medio de la bondad y el amor,
Méjico se prepara á erigir otro monumento al hombre acaso
más eminente de la España maternalmente conquistadora: al
nunca bien ponderado Fray Bartolomé de Las Casas, quien por
sus virtudes supo merecer el honroso dictado de &lt;Padre de los
americanos.})
Y la realización de esta idea, apoyada con decidido empeño
y ardoroso entusiasmo por el presidente de aquella Rep(1blica,
general D. Porfirio Díaz, ha sido confiada á nuestro insigne esLuts PARDO
cultor D. Agustín Querol, quien ya ha ejecutado y remitido los
......,..,..,,.,,......,......,..............................,.., ,,.,...........,...........,.,.,,.,,,., .......,..........,..,...
modelos de su grandioso proyecto.
Si entráramos en el terreno de las consideraciones relativas
á la asociación de ideas podría decirse que el monumento en
NUESTROS GRABADOS
cuestión, destinado á honrar las virtudes de un hombre tan
discutido en todos los tiempos como el Padre Las Casas, no
M. Roybet, pintor francés ·premiado con la
podría tener intérprete más apropiado, enérgico y glorioso que medalla
de honor en el Salón de Paris de 1893.
el Sr. Querol, que desde los comienzos de su carrera ha sabido - Dos cuadros tiene expuestos este artista en el actual Salón
romper los convencionalismos del arte, como ahora rompe, pa- de los Campos Eliseos de París; uno de ellos, grandioso, colora honra suya, el presidente Díaz los convencionalismos de la
historia.
El Padre Las Casas, obispo de Chiapas, como dice elocuentemente en un notable artículo el general Riva Palacios, embajador ele Méjico en España, «fué el representante de todos aquellos misioneros ó abogados que combatfan incesantemente, reclamando libertad y buen trato para los indios; porque el obispo era el adversario más poderoso de los codiciosos encomenderos y de los malos gobernantes de Nueva España, que miraban como letra muerta las benéficas y repetidas disposiciones de
los monarcas españoles en favor de los indios; y Las Casas, ni
se Limitaba á la denuncia del abuso, ni se contentaba con la
estéril queja. Indicaba el remedio, anatematizaba la conversión
violenta, reprobaba la conquista armada, y usando de sus facultades como obispo, prohibfa á su clero que absolviesen en el
tribunal de la penitencia á los que tuvieran indios esclavos; y
seguro de la verdad y de la justicia de su doctrina, tan intransigente y seve~o se mostraba, que par~ él se convertía ~~ enemigo cualquier gobernante que tuviese la menor deb1bdad ó
condescendencia con los que infringían aquellas leyes.»
Tan exacto es este retrato, tan vivo su color y tan cierto y
ajustado a la verdad psicológica del personaje, que hacemos
nuestras esas palabras para explicar mejor la obra del Sr. Que·
rol. Como se ve, Fray Bartolomé de Las Casas era lo que hemos dado en llamar un carácter, era una gran personalidad den·
tro del orden riguroso de las ideas elevadas, presentfa la marcha de los Estados del porvenir, y de ese modo por intuición
maravillosa resulta precursor de una escuela socialista tan honrosa para la humanidad como la que establece en primer térmi.no el derecho de gentes.
' \

..

* **

La gloriosa figura de este fraile extraordinario ha sido interpretada por el Sr. Querol dentro de la linea enérgica y movida
tan peculiar á esa especie de neoclasicismo que constituye por
sí la gran personalidad artistica del escultor tortosino. Las Casas se levanta sobre un ancho pedestal adornado con las águilas
mejicanas, en el centro de un basamento de ampllsimas escalinatas; lleva la frente alta y la mano izquierda enhiesta empu ·
ñando la cruz redentora, mientras con la derecha recoge sus
hábitos hacia atrás para cubrir con ellos el cuerpo desnudo de
una indígena que, abrazada á su indio y llevando en los brazos
el hijo amado, se amparan todos de aquellas santas vestiduras.
Tiene esta composición además un detalle filosófico: mientras
los indios se acogen atemorizados, el niño juega con una flecha
desprendida del carcax de su padre, nota de carácter profético
indicada con la encantadora sencillez de la inocencia.
El grupo está tan admirablemente sentido y comprendido, que
por todos sus puntos de vista ofrece las arrogancias y gallardfas
del arte cuando se apodera de una idea grandiosa; y para que
resulte perfecta la arifionla entre el concepto psfquico y el des·
arrollo plástico de esa idea, parece que aquel campeón de la fe
y la justicia defiende en tan critico momento con su pecho y en
nombre de la hidalguía castellana los fueros del débil contra el
fuerte y con la cruz y en nombre del cielo los derechos del nue·
vo ciudadano.
El Sr. Querol, acostumbrado á triunfar en Europa, quiere y
debe triunfar igualmente en América; el artista que vence siem·
pre en los concursos, el que ha sabido conquistar con aplauso
unánime medallas dé oro en todos los certámenes internacionales verificados durante los últimos años en Munich, Berlfn, París, Madrid y Barcelona, el que supo despertar en España el
genio adormecido de Alonso Cano con su célebre escultura La
Tradición y levantar del moribundo clasicismo rutinario deses·
perada protesta iniciando una verdadera revolución artística con
su grandioso frontón de la Biblioteca y Museos nacionales de
Madrid, se presenta ahora en esta nueva obra tan enérgico y
arrogante que amenaza invadir el Nuevo Mundo con las her·
mosisimas producciones de su indisputable talento. Si no era
bastante el monumento á Colón que ha de erigirse en Guatemala ó el de los bomberos de la Habana muertos gloriosamente en el cumplimiento de su deber, ha modelada el del Padre

NúMERO

600

, ..

LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

Vendedora de flores en Florencia. - En la espesura del bosque, cuadros de F. Andreotti. De distinto género estos cuadros, ambos justifican la fama de que
hace tiempo goza su autor en el mundo del arte. Así la figura de
la hermosa florista de nuestros tiempos, como la enamorada pa·
reja del pasado siglo, están dibujadas con tanta espontaneidad
como corrección y llevan impreso el sello de vida que sólo el
genio puede infundir en la producción artfstica; y tanto la cesta de flores de la una, como el bosque frondoso en el cual ha
ido á refugiarse la otra buscando para sus amores asilo oculto á
indiscretas miradas, están estudiados con cariño y ejecutados
con mano maestra y revelan cuán familiar es al pintor el cono•
cimiento de la naturaleza en sus diversas manifestaciones.

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT. - I LUSTRACIONES DE EM I LIO BAYARD

!CONTINUACIÓN)

Estudio, cuadro de Manuel Felíu D' Lemus. :--

Varias veces nos hemos ocupado con verdadera complacencia
de las obras de este joven y distinguido pintor, que ofrece la
particularidad de que cada una de ellas significa un progreso y
revela sus aptitudes para el cultivo del arte que con _tanto entusiasmo emprendiera. Desde Et banco de la_ Parroqm~, que t~ta admiración causó, cada nueva producción ha temdo el pnvilegio de llamar la atención de los inteligentes. Hoy, en los
Salones de Parfs, abiertos actualmente, figuran expuestas algunas obras de Feliu. Esta circunstancia demuestra la valfa del artista, á quien felicitamos por sus progresos y aplaudimos por su
indiscutible mérito.

Bellas Artes. - En la Fine Art Society, de Londres, ha
expuesto el célebre caricaturista inglés Mr. Linley Sambourne
300 dibujos en su mayor parte originales de las caricaturas poHticas publicadas en el Ptmch desde r888.
- Se ha inaugurado en Berlin una Exposición de Bellas Ar·
tes, Iilire, organizada por numerosos artistas cuyos envfos han
sido rechazados por el jurado de la gran Exposición berlinesa,
la que pudiéramos llamar oficial: entre estas obras figuran la
estatua ecuestre del emperador Guillermo destinada á la ciudad
de Stuttgart, obra de Maximiliano Klein, que fué premiada en
público certamen.
- El emperador de Austria, protector decidido de las bellas
artes, ha adquirido en la última exposición celebrada en Viena
once cuadros al óleo de Ameseder, Blaas, Sckhardt, Friedlan·
der, Ilampel, Ilamza, Kaufmann, Kochanowski, Reichert,
Russ y Zewy y una acuarela de Bernt.

Teatros. - En el teatro Real de la Opera, de Berlín, se
ha cantado recientemente Falsta.fl, de Verdi, por la misma
compañía que estrenó la ópera en la Scala de Milán, excepción
hecha de Maure), á quien sustituyó nuestro compatriota el señor
Blanchart, que fué muy aplaudido. La obra gustó, pero no pro·
dujo entusiasmo.
En el propio teatro se estrenará en octubre la 6pera de Ruliinstein Nerón.
París. - En el Odeón se ha celebrado el centenario de Corneille con una representación extraordinaria, cuyo programa se
compuso de un acto del llfenteur, la tragedia Horado y un
apropósito en un acto y en verso ele G. A. Guerin, titulado La
mort de Comeille, cuadro de gran vigor dramático y muy bien
escrito. De los últimos estrenos del teatro Libre, sólo obtuvo
buen éxito una pieza en un acto de E. Bourgeois, llfarige d' argent, comedia de costumbres rurales del género realista. En Folies Dramatiques se ha estrenado con buen éxito un mimo-drama
en tres actos y un prólogo, de Blanchard de la Bretesche, titulado /ean llfayeux.
.úndres. - En Covent Garden se han cantado: Carmen, La
hebrea, .ús pescadores de perlas, Fattsl y La Favorita, habiendo sido el mayor éxito en todas esas óperas para Mme. Calvé
en el papel de Carmen. En el Albert Hall y en Saint James
Hall han dado conciertos Adelina Patti y Sarasate respectiva·
mente, habiendo logrado una y otro grandes ovaciones. En el Drury Lane actúa la notabilfsima compañia de la Comedia Francesa,
que ha puesto en escena Les Plaideurs, de Racine; Le malade
' ~~', ~
imaginaire, de Moliere; Un pere prodigrie, Pat le Glaive, De' . ~~'
nise, Les effrontés, Le Fitibustier, Gringoire, Le fendre de
'"-,'
111. Poirier y Les precieuses ridiwles. En el Lyric sigue cose'·
chando entusiastas aplausos la eminente Duse que, entre otras
''·
obras, ha representado La casa de muflecas, de Ibsen.
'
Barcelona. - En Novedades se ha estrenado con gran éxito el
drama en tres actos de D. José Echegaray El poder de la im·
potencia: el ilustre dramaturgo asistió á él, asf como á las reM. F. ROYBET, pintor rancés
presentaciones extraordinarias de su precioso drama Mariana,
premiado con la medalla de honor en el 'salón de París de 1893 habiéndole tributado el público entusiastas ovaciones. En el Líri·
co se ha veriticado el beneficio del notable primer actor señor
Ruiz de Arana, que tantas y tan justas simpatías se ha conquissal se titula Carlos el Temerario en Nesle, y representa la ma· tado en Barcelona: la función fué una serie de éxitos lan gran·
tadza ordenada por el duque en la catedral de aquella villa, en des como merecidos.
donde se hablan refugiado los habitantes huyendo de los bor·
N ecroloma. - Han fallecido recientemente:
gañeses· el otro, titulado Galanteo, ha sido unánimemente conCarlos Jose de Hefele, obispo de :aottemburgo (Wurtemsiderad¿ como una joya, y de él nada decimos porque en breve
podrán admirarlo nuestros lectores en las páginas de LA ILUS- berg) y antes profesor de la facultad de Teología católica de
TRACIÓN ARTÍSTICA. Desde el primer momento, la opinión Tubingen, ilustre historiador eclesiástico.
Juan Pedro Holst, célebre poeta y novelista dinamarqués.
pública designó como digno de la mayor recomp_ensa al autor
Otón Kauffman, notable pintor berlinés, retratista, de hisde esos lienzos, y el Jurado, en efecto, ha concedido la medalla
de honor á M. Roybet, cuyo retrato publicamos en esta página. toria y de género.
Julio Scholtz, famoso pintor de historia, profesor de la AcaUn momento de descanso, cuadro de Adolfo demia de Bellas Artes de Dresde, autor de cuadros de gran va·
Menzel. - El cuadro que hoy reproducimos del gran pintor Ha! en~e eUos ·d~I ciclo de pinturas murales que representan
berlinés se aparta por completo del género á que preferente- ep1sod10s de la vida del duque Alberto existente en el palacio
'
mente se ha dedicado el gran ilustrador de la historia de Fede- Alberto, de Meissen.
Carlos Sem~r, profesor de Zoología y de Anatomía comparico el Grande, y constituye una nota de observación y de estudio que entra de lleno en ta escuela del realismo y aun del im- rada d«; la Umversidad de Wurgburgo y director del Instituto
presionismo modernos. Pero ¡cuánta diferencia entre la obra de ?&lt;&gt;o16gico-Zootómico, ilustre sabio y \&gt;iajero, autor de muchas é
Menzel y las de aquellos que entienden que la impre~ión debe 1mportantes obras de Zoología.
traducirse en manchas borrosas, en figuras desdibu¡adas; en
una palabra, cuánta diferencia entre la naturalidad del cuadro
Recomendarnos el verdadero Hierro Bravats. adopque nos ocupa y esas exageraciones y extravagancias que algutado en los Hospitales de Parle y que prescr!Oen los
nos pretenden hacer pasar por última expresión del arte! Ninmodlcos, contra la Anemia, Cloroals y Debilidad¡ dando
guna de las cualidades técnicas que lada obra de arte para ser
á la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
realmente tal debe tener falta en la del ilustre pintor, que á pe·
que tanto se desea. Es el meJor: de todos loa tónico•
sar de sus setenta y ocho años siente y ejecuta como en sus me'f reconst1tu1entes. No produce estreñlm1ento, ni diarjores tiempos y es una de las personalidades más salientes del
rea, teniendo además la superioridad sobre todos loa
ferruginosos de no ratl¡ar nunca el estóma¡o.
mundo artístico contemporáneo.

~~',

N úMERO 600

Solamente en algunas que otras palabras se lamentaba la madre de Sixto de á la lectura, sobre todo á la lectura de novelas, había podido tomar todo aqueJo triste de aquel su nuevo género de vida, apartada de su hermana, lejos de su llo como original y hasta inédito y contentarse. Tal cual era, nada tenía de
país, viviendo en una casa aislada donde tendría por únicas distracciones el es- inverosímil que Leontine le adorase con toda su alma.
Pero con lo que no podía contentarse seguramente era con las explicaciones
pectáculo de los trenes al pasar el puente y la vista de las lanchas del río que,
ora subían, ora bajaban, siguiendo el movimiento de las mareas· pero todo esto relativas á Arturo Bum; la carta que seguía á las ya mencionadas lo demostraba
era un sacrificio que ella hacía á su amor sin lamentarlo.
'
por su papel ~n gastado en los dobleces qu; había sido nec~sa~io suj;tarlos co?
En la carta siguiente ya aparecían las quejas más determinadas: ¿quién le ha- tiras de. los pliegos de sellos de correos: ¡cuantas veces habna sido leido y rele1bría dicho que se vería obligada á ocultarse en un arrabal de aquella gran pobla- do, estudiado y analizado, desdoblado y vuelto á doblar para encontrarse en
ción, con nombre supuesto, y que la recompensa de su ternura y de su confianza aquel estado!
«¿Te parece, ídolo de mi corazón, que si tuviese yo algo que reprocharme te
habría confesado nunca que había encontrado á Arturo? ¿Te parece acaso que
si hubiese yo querido negar ese encuentro no habría podido hacerlo de manera
que quedases convenci?o de que _na~a de eso había pasad?? No ofrecía esto
ninguna dificultad. ¿Quién me hab1a visto? Un hombre en qmen no podías tener
completa confianza. Podría yo haber negado su testimonio; haberte dicho que
no salí de casa aquel día. Y tengo el orgullo de creer que entre el dicho suyo y
el mío no hubieras vacilado. Pero eso hubiera sido un engaño, una bajeza, una
cosa indigna de mí, indigna de mi amor; habría sido sospechar de ti, cosa que
nunca he hecho, cosa que jamás haré, porque no quiero rebajarme á mí misma
á tus ojos, ni puedo rebajarte á ti en mí corazón.
»Por eso cuando con el rostro turbado, sombríos los ojos, temblorosa la voz
de angustia ó de cólera - me parece que de las dos cosas - me preguntaste:
¿has visto al Sr. Bum?, te respondí: lo he visto; y te expliqué cómo había ocurrido aquel encuentro que se debió á la casualidad únicamente.
»Y no obstante, á pesar de mis explicaciones tan leales como claras, comprendo muy bien que al separarnos ibas enojado conmigo, y lo que es más triste todavía, inquieto y desgraciado. No quiero que esto suceda, amado de mi alma;
no quiero que dudes de mí, de mí que te adoro; no quiero que los celos te atormenten; harto has de sufrir ya sólo con nuestra separación. Por eso, después de
la horrible noche que acabo de pasar desesperándome y llorando por haberte
causado un disgusto, he querido que mi primer pensamiento, al levantarme esta
mañana, sea para tranquilizarte repitiéndote lo que ya te he dicho; me parece
que cuando veas en orden lo que pienso decirte en esta carta, si es que consigo
ordenar mis ideas, reconocerás que en este deplorable encuentro nada hay que
pueda disgustarte.
»Como ya te he dicho, yo había salido para dar una vueltecilla por el muelle.
En esto hice mal, lo confieso; debí permanecer en casa. Pero ¡qué quieres? Tener por única distracci6n la de mirar cómo pasan los trenes ó las barcas llega
á ser fastidioso, y tener por único ejercicio el de dar vueltas en un jardín del
tamaño de una servilleta acaba por marear. En fin, que yo había salido, y maquinalmente, sin saber lo que hacía, sin darme cuenta de la distancia había llegado al extremo del puente, donde me detuve contemplando el movimiento de
los buques anclados en la ría, á los cuales la marea alta imprimía movimiento
alrededor de las anclas; de pronto noté que alguien se había detenido detrás de
mí, á muy poca distancia, y que me miraba fijamente. Ya comprendes lo que
¡Querida hija mial ¡Anic de mi alma!¡ Adorada niña!
esto me asustaría. Entonces, sin volver siquiera la vista, procuré seguir mi camino; pero una mano me cogió dulcemente por el brazo y al mismo tiempo oí
la voz de un hombre que con acento inglés me decía: «¿Le doy á usted miedo,
sería aquella existencia miserable de joven deshonrada? ¿Con aceptarla solamen- señorita?» Era Arturo. Dime tú si á pesar de mis deseos de huir de él podía ente no estaba dando la mayor prueba de amor que podía darse? ¿Obtendría alguna tonces hacerlo. Me dijo que venía de Arcachón, donde ha permanecido desde
vez justo pago á aquel sacrificio? Lo único que al presente deseaba era que sus sa- que salió de Peyrehorade, y que regresaba á la estación de la Bastida para tornar
crificios sirviesen por lo menos para calmar la manía celosa con que le daba tor- el tren de París. Por mi parte no le dije ni una palabra, pensando que Arturo
mento.
s~ de:ipediría deján?ome sola. Pues nada de eso; como había llegado con antiLas cartas siguientes se referían también á este tema de los celos, pero de c1pac1ón, calculó, sm duda, que el charlar un rato conmigo era un modo como
una manera vaga y que nada nuevo decía: Gastón estaba celoso de Arturo Bum, cualquiera otro, de hacer tiempo.
'
aquel inglés joven que había habitado en la hostería de las herman~s Du'.ourcq,
» ~n este momento, sin duda, _pasó por allí la persona que te ha dicho que
y Leontine se obstinaba en desvanecer aquellos celos. Ella había visto siempre me v1ó con Arturo; no pudo ser smo en este momento, porque no estuvimos haen Arturo Bum un huésped como todos los demás; si algún sentimiento le ha- blando más que unos ocho ó diez minutos. Te confieso que en aquellos instanbía inspirado era lástima. ¿Cómo no había de compadecer:Íe
un pobre mu- tes no tenía yo conciencia del tiempo, porque estaba angustiada. Cuando Artuchacho condenado á muerte y que pasaba días ent~ros amqmla_do por sus do- ro manifestó la sorpresa que le causaba encontrarme en Burdeos, siendo así que
lores? Además, ¿cómo ninguna mujer podía sent1r am?r hacia , un en'.e~mo me creí~ en la Champagn~, no s~pe qué responderle, así como tampoco sabía
que tenía su cuerpo convertido en un estuche de farmacia? ¿Pod1a ~dm1t!rse, qué decirle cuando me miraba fiJamente; porque bien comprendía yo que mi
razonablemente, que Leontine fuese tan ciega ó tan loca q~e prefiriese a ,un estado era ya muy visible, como l_o eran también. mi confusión y mi vergüenza.
hombre joven, sano, vigoroso, dotado de todas las buenas cuahd~des que hac1an Aquellos momentos de conversación que se consideran como un crimen comeirresistible á Gastón un pobre inválido fastidioso siempre cubierto de unturas tido por mí fueron, sin embargo, muy horribles. Por último, Arturo se alejó de
, hasta
y emplastos, que olía' á enfermedad y á' quien las.l criadas de la ho~tena,.
mí miránd~me con aire de lástima, que no era ciertamente para darme valor, y
las más serviciales y dispuestas, se resistían á c~1dar? Arturo hab1a salido de yo re~resé a casa reprochándome duramente por aquella malhadada salida, aunPtyrehorade al mismo tiempo que Leontine se mstalaba en :13~rdeos, esto era que sm prever todas sus consecuencias.
verdad; pero ¿qué importaba? En el caso de que en ef~cto existies~ entre ellos
»He ahí la verdad, ídolo de mi corazón, toda la verdad, tal cual te la he dicho
co~plicidad, ¿no Je habría sido fácil á Leontine persuadir á Arturo a que se con- ya francamente, ta~ cual te la repito para tranquilizarte, para devolverte la calma
duJera de modo que no despertara sospechas? ¿Se comprendía, cuando era ma- y sobre ,todo para impedirte que dudes de mí. Pregunta á tu conciencia misma,
yor su interés, tanto por ella como por su hijo, en _no provocar esas sospechas, amor m10, y estoy segura de que su voz te responderá que no tienes derecho á
que cometiese Leontine una imprudencia tan estú~1da como torpe?
desconfiar de tu Leontine. Escúchala, escucha también á tu razón, la cual te dirá
Seguían á estas otras doce cartas escritas en el m1s11:o tono; su lectura ,demo~- que sería yo la ~ás estúpida ó la más loca de las mujeres si te engañase. ¿Me
traba que en el transcurso de muchas semanas Leonhne s_olamente hab1a es,cn- tiene~ por est_úp1da? ¿Crees que estoy loca? Loca de amor sí lo soy; loca de amor
to á Gastón para defenderse, y que á pesar de todo el enoJ0 de éste, no ced1a á por b lo he sido desde la primera vez que te vi y lo seré hasta la hora de mi
los r_azonamientos de la joven. Cuando Leontine no abogaba e~ ~efensa de su muerte. Porque tu~e _la ,debilidad de escucharte, porque accedí á tus ruegos,
fidelidad, engolfábase en protestas de ternura, en las cuales se adivmaba que _ha- porque _no pude resistir a la hermosura de tus ojos, al fuego de tu pasión, á tu
~ía tomado por modelo .Afanon Lescattt, si bien Leontine, C?mo muchacha poco elegancia, a tu nobleza, á todo eso que te presta tantos encantos y tal prestigio,
ilustrada, copiaba servilmente á este modelo: «Te juro,_quend? Gastón, que eres ~pu~des creer que me habría yo entre ad? de la misma manera á cualquier otro?
el ídolo de mi alma y que nadie hay en el mundo sino tú á qmen yo pueda amar ,Oh. No; en el mun~o no hay para m19mas que un solo Gastón, y éste no puede
d~ la manera que te amo. Te adoro: parte de ese. prin~ipio, amado mío, y no achacarme como dehto que yo no haya sabido resistirle.
pienses en ninguna otra cosa.}) Gastón, muy aficionado a la caza, pero muy poco
»Pensar que Arturo Bum pueda ser á mis ojos algo más que un hombre del

?e

�420

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMER0 600

todo indiferente, es creerme capaz de la más ruin y la más cobarde de las felo- destruirlos, solamente contestaba á todos con la consabida frase «te amo: parte
nías. Pues qué, ¿si yo hubiese querido á ese pobre muchacho, y hasta si única- de ese principio, cree en mi amor.» Y siempre lo mismo.
Después del legajo en que se contenían las cartas de la madre pasó Barincq
mente él me hubiese querido, hubiese tenido ojos para ti?, ¿habría yo consentido
en escucharte?, ¿me hubiera entregado á ti como lo he hecho? Arturo es huérfano, á examinar el paquete en que estaban reunidas las del hijo. Limitóse á pasar ráes rico, no depende de nadie; ni de su familia, ni de la sociedad, ni de nada; pidamente la vista por las primeras cartas de aquel legajo, escritas con ese caamada yo por él, fácil me habría sido, estando como está efectivamente enfermo rácter de letra infantil del que empieza á emborronar papel, y no dió principio á
y necesitando cuidados ... , hablo, por supuesto, del caso de que él estuviese ena- una lectura seria hasta que llegaron aquellas en las cuales podía adivinarse cóm?
poco á poco el niño se convertía en joven; muy pronto adquirió el convencimorado de mí.
»¿Tienes un solo indicio, una prueba cualquiera, sea la que fuere, para sos- miento de que si en vez de tratarse de esclarecer un asunto de paternidad se
pechar que alguna vez haya hecho yo estos cálculos? Te lo pregunto, y para que hubiera querido resolver. dudas acerca de la maternidad, Barincq 110 habría admitido nunca que aquel muchacho, todo sencillez y rectitud, de .corazón tierno
me respondas apelo á tus recuerdos.
»Cuando tú y yo nos conocimos, ¿viste en mí el aspecto de una muchacha y al propio tiempo discreto y reservado en sus expansiones, pudiera ser hijo de
subyugada por algún sentimiento tierno, por algún amor, por un compromiso 6, una coqueta, cada una de cuyas palabras denunciaba un engaño. Tal se mostraen fin, por proyectos cualesquiera? ¿líe opuesto nunca la menor resistencia á lo ba el colegial, tal era después el soldado - con la naturales variaciones de mayor
que has querido de mí? ¿No he sido entre tus manos tan flexible, tan dócil á firmeza y de más seriedad que dan los años;- tanta y tan franca sinceridad hatodos tus deseos como podía serlo una joven completamente libre de toda de- bía en aquella especie de confesión no interrumpida desde los dieciocho hasta
los treinta años, que se veía como si se hubiera seguido hora por hora, paso á
pendencia.
»No digo esto por haberme entregado á ti por completo, porque al hacerlo paso el desenvolvimiento de aquel espíritu, el despertar de sus ideas, la formade este modo obedecí á mi amor tanto como al tuyo; me refiero á todo lo de- ción de su carácter y de sus sentimientos, la tendencia de su corazón juvenil á
los ensueños primeramente, después á la meditación y por último á las realidamás, á lo sucedido después del momento en que fuí completamente tuya.
»Cuando quisiste que ocultase yo mi estado interesante, ¿opuse alguna resis- des de la existencia.
Resultó entonces que aquella lectura comenzada con la esperanza y el protencia? Y sin embargo, me parece que yo tenía derecho á levantar la voz y á
pósito
de que perjudicara al capitán, muy lejos de perjudicarle le favorecía;
decirte que siendo yo una muchacha honrada tenías con respecto á mí contraí·
das obligaciones de ho¡nbre honrado. ¿He hecho esto? No. Me dijiste que era siendo, como en efecto era, tan poco parecido á su madre, ¿de quién podía hanecesario contemporizar con tu padre y con las leyes de la sociedad á que per· ber recibido las hermosas cualidades que revelaba en cada una de sus cartas
teneces; que era conveniente esperar, sin apresurarse y sin violencias que todo sino de su padre?
Y para quien conociese á Gastón parecía que en efecto él era su padre.
lo empeorarían; y sin resistencia, aunque no sin dolor, sin avergonzarme, sin
mostrar disgusto, he aceptado lo que proponías.
»Has creído que me convenía separarme de mi hermana y abandonar mi caX
sa para veI)ir á ocultarme en este sitio; te he obedecido sin hacerte observación
alguna, aunque desde un principio vi con claridad el género de existencia que
No era esta la primera vez que advertía Barincq que .las personas hónradas
me imponías: lejos de ti, de quien estoy separada; lejos de los míos, á" quienes
tropiezan
en su vida con dificultades y obstáculos que no detienen nunca á los
no veo nunca; presa, abandonada, sola con mis pensamientos que, como yo roe
pillos.
Barincq,
si hubiese sido un tunante habría destruído sin vacilar y sin que
figuraba, no pueden ser alegres.
»¿Habría yo aceptado todo esto si ese Sr. Bum no fuese para mí del todo in- su conciencia le remordiese aquel testamento y en nada habría variado su situación; pero siendo hombre honrado no podía emplear un medio que, para
diferente?
»No he visto nunca sino á ti, solamente he pensado en cuál sería la mayor hacer la fortuna de su familia, causaría su propia desgracia envenenando para
siempre su existencia. El padre de Anie se conocía á sí mismo y sabía perfectaprueba de amor que pudiera yo darte.
. »Para decírtelo todo, para ser completamente franca y leal, agregaré que tam- mente que no.le era posible soportar sobre su conciencia tan terrible peso, que
bién he pensado en nuestro hijo y en que tú le pagarías á él lo que por ti hago. si le permitía dormir le atormentarla cruelmente al despertar; todas las sutilezas
»Nada puede serme tan doloroso como la creencia de que dudas de mí, de de sus razonamientos nada valían contra aquel pedazo de papel en virtud del
que me juzgas desleal y culpable, y es necesario que yo te ame como te amo, cual y con arreglo al código el capitán Sixto era el heredero de Gastón; mien·
que sea tu esclava, una propiedad tuya, para que lo sufra sin revelarme; pero, al tras no hubiese restituído aquella fortuna á su sobrino, que era en realidad su
fin y al cabo, por muy doloroso que esto sea, cuando me ofendes con tus sospe• legítimo propietario, Barincq no podía prometerse ni tranquilidad ni reposo.
Esto era la verdad; todo Jo demás solamente se fundaba en sofismas dictados
chas no pierdo mi valor, porque sé perfectamente que he de conseguir que varíen
por
el egoísmo 6 sugeridos por el interés personal. Barincq estaba perfectamentus sentimientos, como sé que lo único malo que hay en tí es tu carácter inquieto y celoso. Eres así, y contra eso no puedo nada; tu espíritu siempre suspicaz te convencido de que, á vivir solo, ese interés personal no se habría obstinado
te arrebata, y entonces nada puede detenerte, ni la razón, ni la verosimilitud, ni con tanto empeño en inspirarle mentidas argumentaciones, las cuales sólo tela justicia, hasta que la voz de tu corazón habla para demostrarte el error en nían fuerza por lo que podían influir en el bienestar de su mujer y de su hija.
Obtenida como resultado definitivo de sus reflexiones esta conclusión, el deque has incurrido.
ber
de Barincq estaba perfectamente definido: volver á su casa, tomar el testa»Pero si, ahora que te conozco bien, puedo dispensarte esas dudas, no quie·
mento
de Gastón y llevárselo á Revenacq.
ro que ellas rocen siquiera la frente de nuestro hijo; no quiero que le contemSin embargo, nada de esto hizo y no le faltaron razones para aplazar el sacriples con ese aire anhelante y sombrío con que miras á su madre mientras imagi~as las cosas más insensatas y más absurdas; por mi hijo no vacilaría yo en sa- ficio: por lo que respecta al capitán ninguna prisa había, y unos cuantos días de
~nficarlo todo y á todo estoy dispuesta; por mi hijo tendrás en mí la mujer n:iás más 6 de menos importaban poco; en lo relativo á su familia, Barincq no podía
ni debía, siri preparación, descargar aquel terrible golpe que sumergiría á su
tierna, más humilde, más adicta y más fiel mientras me dure la existencia.
»Entre ~l y tú no cabe que existan dudas de ningún género; sólo te corres- mujer en la desesperación y rompería el matrimonio de Anie: hasta él mismo
ponde decir: soy su padre, le debo la ternura, los cuidados y el amor paternales. necesitaba reflexionar todavía, orientarse en aquel laberinto de contradicciones
»Por nuestro hijo es por quien te escribo esta carta interminable, no por mí, en que luchaba. No era asunto aquel en que fuese posible ni razonable resolver
que á pesar de todo, no creo necesario defender mi causa; causa tan buena que con precipitación 6 ligereza.
Los días se deslizaban largos y agitados; las noches parecían aún más agitaen este_ mismo ~omento - estoy completamente segura - sólo piensas en hacerme olvidar el d1sguto que me has causado. Puedes estar tranquilo, no ha de ser- das y más largas. Pero ¿qué puede el tiempo en lo que no depende de nuestra
te difícil conseguir esto; te bastaría venir á verme para encontrarme la misma voluntad? Desgraciadamente la situación no podía variar en tanto que Barincq
no se resolviese, bien á destruir el testamento, bien á entregárselo á Revenacq,
que he sido y sere siempre.
y por lo tanto los tormentos, las inquietudes, las angustias de Barincq seguían •
»Tu enamorada
siendo lo que eran, lo mismo que sus remordimientos y su impotencia para aca))LEONTINE. ))
llarlos.
Tal estado de cosas no había .podido prolon~arse sin llamar la atención de la
Barincq había leído las cartas precedentes con toda la rapidez que permitía
señora
de Barincq y de su hija, y como á todas las preguntas de éstas había
su letra no muy clara; de esta última, por el contrario, pesó á conciencia cada
contestado Barincq siempre que nada tenía, que no estaba enfermo, la madre y
frase, cada palabra, y cuando llegó al final volvió á comenzarla de nuevo.
Pero por muy atentamente que la leyó no pudo encontrar en ella nada que la hija habían consultado entre sí sobre lo que podría motivar aquel inexplicaya no conociese, sino indicaciones acerca del carácter y la naturaleza de Leon- ble cambio de carácter, y se fijaron en l:t sospecha de que pudiese producirlo el
casamiento de Anie.
tine; iridicaciones que, á la verdad, justificaban cualquier sospecha.
- Tu padre te quiere demasiado y no puede acostumbrarse á la idea de que
A pesar de sus protestas de amor y de sus juramentos, aparecía muy claro
dentro
de poco tiempo habrás dejado de existir para nosotros.
que aquella coquetilla de pueblo había procedido con Arturo Bum y con Gas- No dejaré de existir para vosotros; pero aunque llegase el momento en que
tón de tal manera que á los dos les contentase, escribiendo probablemente al
uno l~s mismas cartas que escribía al otro, y sin saber ella misma á ciencia cier- fuese preciso separarnos, sé perfectamente que en su cariño hallaría fuerzas bas:
ta cual de ellos era el verdadero «ídolo de su corazón,» si no es que lo fuesen tantes para aceptar este sacrificio si estaba convencido de que lo hacía por m1
felicidad. Sólo que sería necesario que esta convicción estuviese fuertemente
ambos á un tiempo.
Si era así efectivamente, y todo parecía indicarlo, comprendíase muy bien arraigada, y acaso no lo esté lo bastante para no dejar sitio á sus inquietudes.
- Con un hombre como el barón, ¿qué inquietudes quieres que tenga?
por qué incertidumbres habría pasado Gastón y cuáles habrían sido las sospe- Si yo las supiese habríamos salido de dudas.
chas de aquel hombre perdidamente enamorado de Leontine; pero si durante
- Le preguntaré.
toda su vida había luchado Gastón con esas dudas terribles, siendo así que se
La ocasión era demasiado buena cuando la señora de Barincq preguntó sobre
encontraba en mejor situación que nadie para resolver con acierto aquel problema de s~ paternidad, ¿no era una locura imaginar que al cabo de treinta años esto á su marido para que éste dejase de aprovecharla, explicando las preocupodría nadie ver con claridad allí donde Gastón se había perdido entre tinie- paciones que no le era posible negar y preparando al mismo tiempo la ruptura
blas? ¿Y no era mayor locura aún pretender la solución de tan dificultoso pro- de sus proyectos matrimoniales.
- Aun cuando ninguna queja precisa tengo del barón, te confieso que no
blema si~ más datos que aquellas cartas? Aun cuando se las leyese y se las reacaba
de gustarme.
leyese mil veces, como sin duda las habría leído Gastón, las cartas no revelarían
- ¿Y por qué no me has hablado de eso?
el secreto que no habían revelado treinta años antes· la lectura de aquellos do- Precisamente porque ninguna queja determinada y concreta podía expocumentos ~aba pie para todas las inducciones y pa;a todas las hipótesis, pero
ner;
he creído que era inútil disgustarte si, como espero, nada encuentro desfa•
no proporcionarían certidumbre alguna si las últimas cartas no eran más signivorable al barón.
ficativas que las primeras.
- Y entonces, ¿por qué te disgustas tú?
Y no lo eran efectivamente; en todas se defendía Leontine de las sospechas y
- Porque anhelo saber algo que no averiguo.
de los celos de Gastón con las mismas protestas insubstanciales y vagas; en nin- ¿Qué quieres saber?
guna de ellas abordaba frente á frente los motivos de queja de su amante para

NúMERO 600

421

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Lo que quieren decir las gentes cuando hablan de él, 6 para expresarme
con más exactitud, lo que no quieren decir; ¿no te has fijado en las reticencias
con que se habla siempre del barón?
- Reticencias ... me parece mucho.
- Corriente, la palabra importa poco: ¿á qué vienen esas manifestaciones de
admiración cortés cuando del barón se habla? ¿Cómo se explica el silencio con
que son acogidas nuestras palabras siempre que damos á entender que lo aceptaríamos con gusto por yerno si fuese del agrado de nuestra hija?
-Envidias.
- Es posible; pero no es seguro.
- Pues si no es envidia, ¿qué es?
- Justamente de averiguar eso se trata. Y ahí tienes por qué deseo que no
con?ideres como cosa hecha este matrimonio que, al cabo y al fin, podría no
realizarse.
- No has de querer romperle por tan poca cosa.
- N? por cierto; pero vislumbro como cosa posible el rompimiento, si ...
-¿S1 .. . qué?
- Si encuentro lo que busco. Y todo esto, como tú comprendes, justifica mis
preocupaciones.
- Pero, en resumen, ¿qué es lo que buscas?
- La manera d_e ver claro Jo que me parece obscuro; de precisar con exactitud
lo que es vago é mcomprensible.
- El barón es un caballero.
- Lo creo así.
- Un hombre de bien.
- Estoy seguro.
- ¿Pues entonces?
- Caballero cumplido y hombre honrado puede, no obstante ser un mal marido; la responsabilidad de un padre que casa á su hija es dema~iado grave para
que se deje nada al acaso.
- Te alarmas sin motivo.
- ¿Y qué sabes de eso? Con el mismo fundamento podría yo decirte que por
tu parte te empeñas sin razón en ver las cosas tales como las deseas; si este matrimonio puede realizarse, también está en lo posible que no se realice.
- Se realizará.
- No puedes desearlo más que yo.
- Sería la mayor de las locuras tomar seriamente rumores y sospechas sin
fundamento; nada hay, nada puede haber que desfavorezca al barón· todo eso
q_ue tú j~z~as re~ic_encias es sol~mente, como antes te he dicho, no ;ospechas,
smo env1d1a; envidia en los amigos del barón porque Anie le lleva una buena
dote; envidia en nuestros amigos porque él le trae el título de baronesa.
Barincq esperaba aquella resistencia y no prosiguió discutiendo; dado el primer paso, podía cuando lo considerase conveniente reanudar la conversación
sobre aquel rompimiento y conseguir que poco á poco el ánimo de la señora de
B_ari_ncq se familiarizase con aquella idea hasta admitir la posibilidad del rompn'mento.
. Con A~ie procedió Barincq de la misma manera, pero la acogida que Anie
dispensó a las palabras veladas de su padre no se pareció en nada á la que su
madre las había dispensado.
. - Si hay en este matrimonio algo que te disguste 6 te inspire recelos, dijo la
Joven á su padre, lo mejor será que renunciemos á él inmediatamente.
- ¿No lo sentirías, hija de mi alma?
. -Abso~u!ament~ nada, puedes creerme; cuando me dijiste que el Sr. de ArJUzanx solicitaba m1 mano, te respondí que ni me alegraba ni me entristecía el
saberlo; ahora me encuentro como entonces; me parece haberte dicho también
después de un examen de conciencia, que no hallaba en mí sino la indiferenci¡
más absoluta con respecto al barón, y aunque desde aquel día el Sr. de Arjuzanx
y yo nos hemos hablado cinco veces, en nada he cambiado desde entonces. En
tales ~ondicione~ soy de opinión de.qu:, si este matrimonio no te ofrece ya las
v~nta1as que cre1ste hallar en él y prmc1palmente una completa seguridad, conviene romper antes que llevar las cosas más lejos.
- ¿Y de veras esto no te afligiría?
- ¡Cómo había de afligirme si no estoy segura aún de que aceptase la mano
del barón!
- ¿Eso quiere decir que vuestras conferencias en Biarritz no han dado resultado alguno?
- Sí, habrían producido el resultado de aburrirme extraordinariamente si no
se ,hubiesen _verificado á la ori)la del mar, lo cual era una distracción, y si ademas no hubiesen estado amemzadas por el capitán.
- ¡Ah! El capitán ...
El tono con que Barincq dijo estas palabras llamó la atención de Anie que le
preguntó:
'
- ¿~or qué te sorprende lo que digo?
Bannc9 seguía mirándola, y mirándola sin responder estuvo un buen rato
transcurndo el cual dijo:
'
- Estoy preguntándome si concedes al capitán méritos que niegas al barón.
- ~o hay Pª:ª qué establecer comparaciones entre uno y otro.
Barmcq volvió á guardar silenci~; Anie :iuedó sorprendida al ver que las manos d: su padre temblaban como s1 el anciano estuviese dominado por profunda
emoción.
- ¿Qué tienes?, preguntó.
Barincq n? contestó y comenzó á pasear con la cabeza alta, los ojos brillantes .Y los _l_ab1os temblorosos. De pronto deteniéndose en su paseo delante de
Ame le di10:
-:-- T~ reflexión con respecto al capitán me ha sugerido una idea; idea que me
obhga a rogarte que respondas con entera franqueza á una pregunta mía.
- ¿Tan ?rave es esa pregunta que de esa manera te conmueve?
- La mas grave que en e_stos momentos puede haber para ti y para mí.
- Entonces pregúntame mmediatamente.
- Si el capitán Sixto hubiese solicitado tu mano, ¿habrías contestado lo que
contestas al barón?
- Pero ... papá...
- Te ruego, t_e suplico, querida Anie, que seas franca con tu padre; no sabes
qué consecuencias puede tener la respuesta que ahora te pido.
: ~ueno;_pues te confieso, para repetir tus mismas palabras, que concedo al
cap1tan méntos que en el barón no encuentro.

- ¿Y esos méritos habrían sido á tus ojos bastantes para que, á pesar de lo
anómalo de su nacimiento y á pesar de lo escaso de su fortuna, le aceptases por
marido?
- Precisamente porque, gracias á la herencia de mi tío, no necesito tener en
cuenta la fortuna, me habría gustado escoger mi marido prescindiendo en absoluto de toda cuestión de intereses; no rechazarle porque fuese pobre, no aceptarle porque fuese rico.
·
- ¿Y lo del nacimiento?
- Eso ya es otra cosa: no es posible negar que en el mundo el barón de Arjuzanx, cuyos antepasados ocupaban elevados cargos en la corte del rey Enrique
tiene posición muy diferente de la del capitán SLxto.
'
- ¿De manera que por este reparo habrías rechazado al capitán?
- No digo eso: digo que yo habría deplorado que el capitán no tuviese el
nombre del barón; pero deploro infinitamente más, por otros muchos conceptos, que el barón no sea el capitán.
- ¡Ah! ¡Querida hija!
- Me has dicho que te hable con franqueza.
Barincq estrechaba entre sus brazos á la joven y no cesaba de besarla diciéndole al mismo tiempo:
- ¡Querida hija mía! ¡Anie de mi alma! ¡Adorada niña!
- ¿El capitán ha pedido mi mano?
-No.
-¡Ah!
- Pero eso no importa.
. - ¿No ha de importa:?; es lo más importante. ¿Cómo y por qué me has dirigido esas preguntas? S1 te he contestado como has oído es porque me hiciste
creer que el capitán solicitaba ser mi esposo.
Anie se desprendió entonces de los brazos de su padre y se aproximó á una
ventana para ocultar su turbación. Barincq llegó silenciosamente hasta su hija y
tocándola con la mano en el hombro le dijo con ternura:
'
- No supongas en mí intenciones que estaban muy lejos de mi pensamiento·
te aseguro que en estos instantes nada podía serme más grato que eso que aca~
bas de decirme.
Ef~ctivamente en más de un?- oc~sión había vislumbrado Barincq, si bien
con cierta vaguedad, que el matnmomo de Anie con Sixto podría ser el término
d~ las dudas, de los temores y de las zozobras que le angustiaban. Por este medio se arreglaba todo de la mejor manera posible: Anie no perdía la fortuna de
su tío y Sixto heredaba á su padre, armonizándose perfectamente los derechos
de ambos: no más luchas, no más sacrificios ni de unos ni de otros· no más dudas sobre la validez del testamento ni acerca de la paternidad de Gastón· Sixto
gozaría la fortuna, no en concepto de hijo ni como heredero de Gastó~ sino
como marido de Anie, y ésta por su parte no la disfrutaría en su calidad de sobrina del testador, sino como esposa del capitán.
~i Ba:incg no
había fijado e~ eslll: idea cuando la idea había cruzado por
su 1magmac16n; s1 no había querido m aun examinarla cuando á pesar de los
esfuerzos q~e hacía para desv~ne~e:la tornaba á ,fijarse en su e;píritu, era porque la consideraba desde un prmc1p10 como un calculo ruin como una vergonzosa e?peculación de su concienc~a próxima á perderse. ¿No ~ería aquello vender
á su h11a? ¿No sería pagar al prec10 de la vida y de la felicidad de Anie el sosiego ~ 1~ fort~na de todos? P~r~ cuando espontáneamente y sin realizar ningtín
sacnfic10 Ame weferf~ el cap1~n al barón,, las. circunstancias variaban por completo: en c~sar a su h1Ja co.~ Sixto no ha_b1a m cálculo ruin ni vergonzosa especulación; sm ven?er ~ su h11a venc~a Banncq la insuperable dificultad del testamento y al prop10 tiempo se reahzaba u¡i reparto equitativo de la fortuna de
Gastón entre las personas que, por diferentes títulos, tenían derecho á disfrutarla. Y no solamente se consegu~ esto, s\no que también se aseguraba la felicidad
de los contr?-yen_tes. ¿Qué me1or mando p~día desearse parf Anie que aquel
b?en mozo, 1?tehgente, franco, leal, ante qmen se abría el mas brillante porvemr? ¿Qué m?Jer había d: encontrar Sixto que con Anie pudiera ser comparada?
Estas refleXIones produ1eron el arrebato de alegría que experimentó Barincq al
advertir que Anie se anticipaba á los deseos que él no se había atrevido á formular.
- Me has hablado con franqueza porque te gusta Sixto y también sabes que
tú le agradas.
- Pero no sé nada de eso, dijo Anie volviéndose hacia su padre.
- No lo sab~s, pero sí lo sabes, estoy seguro; el capitán no te lo ha dicho,
pero eso no gmta para que tú estés se_gur:a de que te quiere; ninguna mu·
chac_ha se eqmvoca en esto. Esto es lo prmc1pal; lo demás ya es de poca importancia.
- ¿Y qué quieres?
- Quiero que te case_s con el capitán, ya que es de tu agrado.
- Pero, pap~, demasiado _sabes que las jóvenes no solicitan en matrimonio á
los ho~bres, smo al contrario, han de ser solicitadas.
- S1 el bar?n no te gusta y el capitán sí, como hay por otras mil razones
grandes venta1as en_que ese matrimonio se realice, hemos de aunar esfuerzos de
todos para consegmrlo.
- Si~ embargo, yo no -~e d: rogarle que se case conmigo.
. - NI se trata ~e eso, h1¡a mia; lo que se necesita primeramente es que desahucies al Sr. de ArJuzanx.
- Eso es mur fácil y estoy dispuesta para hacerlo cuando me lo digas. Solamente por no disgustarte había yo aceptado estas entrevistas. Ahora quieres que
cesen, pues te ob,edezco todavía con más gusto. Suceda lo que suceda, te aseguro gue no :chare ?e menos al Sr. de Arjuzanx. No me ha inspirado nunca ni
a~tipatía m repulsión, eso no; ro~ es indiferente nada más; pero esta indiferencia no m~ parece que s~a lo suficiente para casarse; para amigo, me parece bien;
para mando, no. Por m1 parte puedes dar por hecho lo que deseas. Pero me
alegraría sab~r por qué razón te parecía muy bien para yerno hace un mes y por
qué no lo qmeres ahora.
. ~arincq paró un momento como no sabiendo qué contestar y su hija sigui
d1c1endo:
'
- ¿~? era entonces ese barón lo mismo que es ahora? Y por Jo que respecta
al cap~tan, ¿has sabido algo que le favorezca?
Barmcq había !enido tiempo de recobrarse un poco y respondió:
- He oído vanas veces hablar sobre el Sr. de Arjuzanx de una manera que
no me ha gustado.

s:

(Continuará)

�LA I LUSTRACIÓN

4 22

APROVECHAMIENTO DE LA CATARATA DEL NIÁGARA
COMO FUERZA MOTRIZ

En distintas ocasiones hemos dado noticias acerca
del aprovechamiento de la catarata del Niágara como
fuerza motriz: en el presente artículo vamos á com-

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Fig.

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P~d#r•rtl

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Plano de las instalaciones para el aprovechamiento de
la catarata del Niágara como fuerza motriz

pletarlas publicando algunos detalles técnicos de tan
grandiosa empresa.
La Niagara Falls Power Company ha obtenido
del gobierno de los Estadós Unidos permiso para tomar en la orilla americana una fuerza de 250.000 caballos, y como la fuerza total del agua que por la catarata se precipita se calcula que es de 16 millones de
caballos y la citada Compañía sólo se propone aprovechar 100.000, lo que se toma apenas puede afectar
á aquella fuerza y por ende en nada perjudicará la
belleza del espectáculo que ofrece aquel prodigioso
salto de agua.
Lo primero que importaba era regular la orilla en
el punto donde la toma había de instalarse, más arriba de la catarata americana, y para ello la sociedad
concesionaria construyó un dique de tres kilómetros
de largo (fig. 1 ), gracias al cual se formó un puerto
espacioso que es á la vez el punto de arranque del
canal. Además construyó un camino que pone en comunicación las fábricas que han de levantarse con el
puerto y con los ferrocarriles que pasan por el antiguo pu'ente colgante. La casa de las tlirbinas está situada más arriba de la catarata al extremo del canal,
es decir, al contrario de lo que se hizo en la pri~era
instalación modesta de 1874, en la que las turbmas
estaban en la orilla del Niágara debajo de la catarata
y á la salida del canal antiguo que tenía un kilómetro
de largo, habiéndose adoptado esta modificación porque con la disposición anterior el aprovechamiento
de la fuerza es escaso.
En la actualidad se trabaja en el canal entre el
puerto y las turbinas (fig. 2) y en la galería entre és-

'

ARTÍSTICA

turbinas al río cerca del nuevo puente colgante tiene
una · 1ongitud de 2.250 metros y una sección de 31.
Los trabajadores encontraron al principio arcilla de
poca consistencia, por lo que esta parte de la galería
debió ser revestida de muro; mucho más abajo apareció exclusivamente la piedra caliza. La parte inferior de la galería será cubierta de planchas de hierro
para evitar que el agua en su violenta corriente desgaste la piedra.
La materia explosiva empleada en las minas es la
forcita.
Como hemos dicho, esa instalación se encuentra
situada en la orilla derecha, la americana, del río;
pero como la sociedad concesionarja piensa llevar la
fuerza á Búffalo y la distancia resulta mucho más corta por la orilla izquierda, ha obtenido del gobierno
del Canadá autorización para construir en ésta una
obra de 25.000 caballos de fuerza(C en la fig. 1). La
distancia hasta Búffalo es de 122 kilómetros y se calcula que podrá suministrarse á aquella ciudad fuerza
eléctrica por el precio de 42'50 pesetas anuales por
caballo. La construcción de la obra en la orilla canadiense no ha comenzado todavía.
Las instalaciones hasta ahora construídas para apro'\'t!Char la fuerza de la catarata del Niágara son dos:
una de la sociedad citada (fig. 1, B) y un molino de
papel (fig. 1, P). La Compañía facilita á sus abonados, á su elección, ó bien simplemente la fuerza hidráulica, ó esta fuerza convertida en electricidad. La
instalación B puede producir una fuerza de 20.000
caballos, pero por de pronto no se han instalado allí
más que dos turbinas Fournayron de 5.000 caballos
cada una que han de dar 300 vueltas por minuto y
necesitan 16'6 metros cúbicos de agua por segundo.

que consta; segundo, aumentar las condiciones acústicas del teléfono; tercero, que su instalación ofrezca
comodidad al servirse de él, y cuarto, que no sea
costoso.
Su colocación. - En dos tablas, de veinte centímetros de ancho por cuarenta de alto, van colocados
los aparatos; constando una del teléfono y el casquillo de empalme, y la otra del timbre y del relais.
Aumentar las condiciones aaísticas. - Las tablas ó
platinas referidas están unidas por yuxtaposición, y
en las caras interiores van practicadas las ranuras ó
cajas convenientes para los hilos, con objeto de que
no impidan la unión de las citadas platinas y se evite todo cruce ó contacto. Verticalmente encajan las
platinas en una peana, saliendo por la parte inferior
los hilos, y practicados taladros en la mesa en que
se ha de colocar, no es posible haya el menor cruce
de aquéllos.
Fijadas las platinas, por medio de dos escuadras
de hierro, á la peana, y ésta, por dos tornillos, al tablero de la mesa, se halla todo el sistema sobre madera y completamente separado de objetos que embeban la tensión de los sonidos, y además contribuye
la mesa, sohre la que se halla fijo, al aumento de las
condiciones acústicas, puesto que, siendo la madera
buena conductora del sonido y haciendo las veces de
caja sonora, quedan aumentadas las del teléfono.
Que su instalación ofrezca comodidad al servirse de
él. - Teniendo presente que estos aparatos son servidos por empleados de Telégrafos, y que por un mismo individuo se han de manejar el teléfono y el telégrafo, si éstos se hallan distantes ó en condiciones
que al funcionar con uno de ellos no se pueda atender al otro, resulta, no sólo molesto, sino que el me-

LA

N ú MERO 600
FABRICACIÓN DEL HIELO

La fabricación del hielo es una industria moderna
cuya importancia aumenta de día en día, tanto q.ue
no parece lejano el momento en que la explotación
del hielo natural será sólo una excepción ó un simple recuerdo del pasado.
.
.
Como ejemplo de una fábnca d~ hielo ?e ex~epcional importancia puede citarse la instalación frigorífica de Brooklyn, montada por la &lt;;o~pañía !':ick,
de Waynesboro (Pensil~ania). Sus ~d1fic1os se d1v1den
en cuatro partes: la pnmera contiene dos generadores de vapor de una fuerza de roo cab~llos y sus a~cesorios· la segunda es una construcción de tres pisos con' un aparato de destilación y el. condens~dor
de amoníaco que sirve para la producción del_hiel~;
la tercera, la más importante, tie~e una máquma_ frigorífica, tipo Eclipse, y dos depósitos de congelación,
y la cuarta se compone de un almacén para conser-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

var el hielo. Los depósitos de congelación son ~e
balastro, de 13'50 metros de largo por II de a~clio
y 1 &lt;22 de profundidad, y cada uno de ellos con~1ene
4 80 moldes de 1'02 x 0'56 x 0'28 m~tros, que m~en
para formar cada uno un pan de hielo de 135 kilogramos.
La máquina Eclipse tiene dos compr~~ores de
amoníaco verticales, de 0'508 metros
d1ametro Y
0'915 de recorrido, _mo_vido_
s por u~ c1lmdr~ de vapor horizontal de d1stnb_uc1ón Corhss, de o 812 d~
diámetro y 915 de recorrido. Con 40 vu_eltas por minuto, esta máquina produce la congelación de 60 toneladas cada 24 horas.
.
Una condición esencialísima para que el hielo tenga buen aspecto y sea sano es que se emplee agua
absolutamente pura, para lo cual se adoptan en esa
fábrica especiales precauciones. ~l vapor que se _escapa de la máquina y una cantidad de vapor vivo
que se toma en los generadores son conducidos al

?~

condensador de que ya hemos hablado, en dond~ el
vapor se condensa, quedando sep~radas mecánicamente las materias grasas que ~ud1era contene~. El
agua destilada se filtra por med10 de carbón ammal
que le quita todo olor y sabor, y luego se enfría en
un serpentín y se vuelve á filtrar en un filtro de carbón antes de que llegue á los depósitos en donde se
guarda para emplearla después en la fabricación del
hielo.
Además, antes de introducjrla en los moldes se
la filtra de nuevo con esponJaS, de suerte que por
todos estos procedimientos se obtiene un agua muy
pura.
.
. h
Encima de los depósitos de congelación ay un
carretoncito que mecánicamente tom~ dos moldes á
la vez y los lleva á un aparato especial que saca los
panes de hielo.
.
,
Esta fábrica puede producir de 60 a 90 toneladas
de hielo diarias.

.
•
Las casas ex.traDJeras
que deseen anunciarse
en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A . Lorette, Rue Caumartin
, 61, P arís. -Las casas españolas pueden hacer lo en la oficina de publicida d de los Sres. Calvet Y Ria lp, P aseo de Gracia, núm. 21
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Fig. 2. Aprovechamiento de la catarata del Niágara como tuerza motriz. Los trabajos en el canal

Las máquinas dinamos, de 2.500 caballos cada una,
están directamente acopladas al eje de las turbinas.
En el mismo edificio se ha instalado ya el motor hidráulico para la ciudad fabril que ha comenzado á
construirse.
El molino de papel está situado, como
se ve en la fig. 1, junto á la instalación
de la electricidad y tiene derecho á utilizar una fuerza de 6.000 caballos por el
precio de 42'50 pesetas anuales por caballo.
Es indudable que muy pronto se harán
nuevas instalaciones para utilizar aquel
económico manantial de fuerza: por lo
que toca á la conducción de la fuerza
á larga distancia, prescindiendo de lo
que á Búffalo se refiere, todo lo demás está solamente en el papel, especialmente
en lo relativo á Chicago; pero dada la
prodigiosa actividad de los americanos en
punto á electrotécnica, todas estas y otras
instalaciones análogas no tardarán en ser
un hecho.
(Del Prometheus)

Fig. 3. Aprovechamiento de la catarata del Niágara como uerza motriz.
·
Túnel de desagüe

tas y la orilla (fig. 3). El canal de derivación tiene
una lon&amp;itud de 600 metros, una anchura de 50 y una
profu~d1?ad de 4, de modo que conducirá á la casa
de maqumas una cantidad de agua extraordinaria. La
galería que ha de devolver el a·gua procedente de las

NúMERO 600

UNA REFORMA EN EL SISTEMA TELEFÓNICO

El jefe de Comunicaciones de Medinasidonia, D. Conrado Moro, ha inventado una reforma para los aparatos telefónicos que, á
juzgar por lo que leemos en un periódico técnico, está llamada á tener muy buen éxito.
El objeto primordial de este sistema es: primero,
colocar en un reducido espacio los tres aparatos de

jor funcionario contrae responsabilidad por no contestar oportunamente.
Con este sistema se puede muy bien desempeñar
sin molestias ambos servicios y por un solo funcionario, pues colocado sobre la misma mesa de aparatos y en la parte izquierda, delante de la rueda envolvente y tan próximo al individuo como lo desee,
no ofrece inconveniente ninguno y se puede con sencillez funcionar por telégrafo y hablar por el teléfono
sin que haya que molestarse para nada.
Que no sea costoso. - Consta el aparato de dos platinas de madera y una peana, perfectamente pulimentadas y barnizadas, y de dos molduras .que cubren el
enchufe de las platinas en la peana. Como adorno
lleva cuatro clavos de madera colocados en los extremos de la parte superior, y por tfüimo un remate de
talla. Todo esto, incluyendo su colocación, podrá valer veinticinco pesetas, y aún se puede lograr mucha
más economía concretándose sólo á la· idea del sistema y haciendo abstracción de la parte de adorno.
Recopiladas las indicaciones hechas, resulta que
no ofrece obstáculo en la mesa; que es un objeto
t'ítil y de adorno; que hace á los teléfonos mucho
más sonoros que los colocados en el muro; que es
cómodo y ventajoso para prestar ambos servicios, y
que su coste es insignificante comparado con los
ideados de pupitre, que es á los que sustituye.
El sistema del Sr. Moro ha sido ensayado con muy
buenos resultados y sometido á la consideración y
estudio de la Dirección general; siendo de esperar
que, una vez comprobadas sus ventajas sobre todos
los demás hasta ahora empleados, se adoptará en todas las instalaciones telegráficas.;
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lot brual, •pi6eleel i'I.LiFOB&amp; DVBBER, l , rueJ••J,.l\ouaaeau.Parll.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO 600
que los contenía por desenfrenada turba, quedaron durante tres d!as abandonados en el claustro,
siendo al fin recogidos por el médico D. Eudaldo Raguer, de cuyas manos pasaron en 1838 al
Archivo de la Corona de Aragón, gracias á las
gestiones del eminente historiador D. Próspero
de Bofarull, una de nuestras glorias más leg!timas y al que puede considerarse como fundador
del tesoro inapreciable que se conserva en el antiguo palacio de los condes de Barcelona y que
es la admiración de cuantos sabios nacionales y
extranjeros visitan nuestra ciudad.
Terminada casi la restauración del monasterio
de Ripoll, natural era que esos restos alli volvieran
y al efecto orden6se la traslación á aquel cenobio,
ceremonia que se verificó el domingo 11 del actual, habiéndose concedido por el gobierno de
S. M. honores regios al cadáver del gran conde
que encerrado en una urna de nogal quedó ex·
puesto durante algunas horas en el Salón de Ciento de nuestras Casas Consistoriales, convertido
en capilla ardiente.
A poco más de las once organiz6se la comitiva,
de la que formaban parte todas las autoridades,
corporaciones, los obispos de Tarragona, Vich y
Seo de Urge!, numerosas representaciones del
clero, de los gremios y sociedades y gran número de invitados dirigiéndose á la catedral, en donde se ~ntaron solemnes responsos, y desde alli á
la estación del Norte. La carrera, cubierta por
fuer~as de la guarnición, presentaba pintoresco
Y ammado aspecto por la inmensa muchedumbre que contemplaba el paso del cortejo. Llega·
do éste al arco de Triunfo, disparáronse las salvas de o~denanza, desfilaron todas las tropas ante el capitán general y se disolvió la comitiva, no
quedando e!1 ésta más que las autoridades y personas especialmente delegadas para acompañar
hasta rupon los restos del conde Berenguer, los
cuales. fueron colocados en un furgón del tren
real dispuesto para la traslación.
En todas las estaciones por donde pas6 el tren
real esperaban las autoridades, clero y fuerzas
de somatenes y guardia civil, que tributaron al
cadáver los honores correspondientes. En Vich
los res~os de Ramón Berenguer fueron llevados
procesionalmente á la catedral en donde se celebró al siguiente día un sole~ne oficio, siendo
?espués ~onducidos de nuevo al tren que los deJÓ en Ripoll, en cuya iglesia de San Eudaldo
han. quedado depositados hasta que se inaugure
06c1almente el monasterio, que será en breve.
Asl quedará nuevamente cumplida la voluntad
de Ramón Berenguer el Grande, á cuya memoria
ha rendido, con motivo de la ceremonia descrita,
el merecido tributo de veneración la ciudad que
tanta gloria alcanzó en su inolvidable reinado.

LOS RESTOS DEL CONDE DE BARCELONA
RAMÓN BERRNGUER III EL GRANDE

(Véanse los grabados de la página 412)
Entre las más brillantes páginas de la historia
catalana figuran en primer término las que ocupa el reinado de Ramón Berenguer III el Grande. Nacido en I082, la muerte violenta de su pndre Ramón Berenguer II, cap d' eslopes, púsole
bajo la tutela de su lío Berenguer Ramón II el
Fratricida, demostrando desde sus más juveniles
años en las campañas contra Tarragona y contra
Tortosa ser digno por su valor y su caballerosidad de ocupar un solio que hablan honrado con
tantas proezas sus valerosos antepasados.
Declarado traidor, fratricida y alevoso por el
tribunal de Alfonso VI de Cru;tilla, desaparece
Berenguer Ramón II y entra en posesión del trono condal Ramón Berenguer en rn96.
Relatar sus hazañas desde aquel momento exigirla mucho mayor espacio que el de que podemos disponer; de aquf la necesidad en que nos
vemos de enumerarlas someramente.
Peleó contra los árabes en Zaragoza, contribuyendo poderosamente á la destrucción de aquel
emirato; venció á los árabes de Urge! y Balaguer; conquistó los condados de Carcasona y Rasez, que ya fueran ~ su casa; marchó sobre las
Baleares, nido entonces de piratas, y se apoderó
&lt;le Palma y de todas las islas, que luego hubo de
abandonar al saber que los árabes de Tortosa y
Valencia amenazaban á Barcelona; tomó la ciudad de Lérida y más tarde la de Tortosa, llegando, según se cree, hasta Valencia, y en una palabra, en los treinta y cuatro años de su reinado
no cesó de pelear contra los infieles, á quienes
venció siempre y de quienes sólo fué vencido en
la batalla de Corbins.
El ilustre historiador D. Modesto Lafuente
dice, al hablar de Ramón Berenguer III el Grande, que lué &lt;el conquistador de Mallorca, el que
echó los cimientos de la marina catalana y dió
el primer impulso al desarrollo de su industria y
comercio, el que en tan revueltos tiempos se había hecho respetar de las naciones extranjeras é
impuesto duras condiciones á sus naves, el que
había tra!do á Cataluña un tráfico, una civilización y una literatura que habla de !)roducir un
cambio benéfico en su estado social.&gt;
Los restos de Ramón Berenguer III fueron
depositados, segím disposición testamentaria del
gran conde, en los claustros del monasterio de
Santa Maria, de rupoll, siendo en 18o3 trasladados al interior de la iglesia, en donde permanecieron hasta 1835. Sacados entonces de la urna

F.STUDIO,

a

cuadro de Manuel Fclíu D' Lemus

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muoho, 1ño1, d11frut1ndo 11emprt de una buena 1a/ud,

..~ f/,tJ\,t,,.\\

,,..,

.....~~

Exija se l a firma y el sello
d e gar a ntia,

- ~\,,

\\1/,,.{)i

Erijar1e la,

coja., de hoja de lata

.

.

•

Una cucharada
por la manana

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y otra por l a tarde
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1l en la cuarta parte
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.l11t111'4 las Jlen1t~ aozo,,osa,, el Hmpol&gt;rectmtento y la .Alteracwn de 14 Sangre,
el RO([Úm1mo Jaa .Afeccw'IIU escrorumiu Y escorbutícas, cte. &amp;l l'I• • rerrast••" de
.&amp;reu4 es en' eredo el único que reune todo lo que entona y fortalece loa organoa,
regulariza' coordena~y aumenta conslderalllemcnte las tuerzas ó ln!unde a 11 S11111'8
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lffl

U &amp;WPt.1.A COR 1:t ■lTOt 111:IJTO IJf U a

['B MONTANBR Y

Su,óJ(

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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i - -:.:. , 12tí ~t1 e a
A&amp;o XII

BARCELONA 3 DE JULIO DE 1893

NÚM. 6o r

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

{'

SUMARIO

Texto. - Murmuraciones europeas, por Emilio Castelar. - Recuerdos
del ce11te11ario rojo, Luis X VII. fil. Subida al trono, por Em1lta
Pardo Bazán. - Los edificios de la Exposición universal de C!z.ica¡;-o_,
por M. A. - Rectijica.:ión. - illiscel,ínea. -Nuestros g:rabados. -A~z!e
(continuación), novela por Hétor Malot, con ilustraciones de Em1ho
Bayard. - Espiritismo recreatjvo, por M. Otero Acevedo. - S!!.CCJÓN
CJENTIFICA: Aprovec!z.m11iento de ta catarata delNiágara como fuerza
motriz. - El primer tranvla eléctrico en Asia,

Grabados. -La trapera, copia de un cuadro de Consuelo Fould. Robespierre. - Sello de la Rep1íblica francesa (1792.1804). - Luis X VI
en la linterna. - Grabado de una hoja volante de la época en que se
abolie.on en Francia los títulos nobiliarios y las condecoraciones. 1793. La.fiesta de la diosa Razón en París, cuadro de Coessín de la
Tolle. - Vista general del patio de honor; Palacio de la Administra·
ción; Fachada del Palacio de Agricttlh,ra; Galería de máquinas;
Fuente simbólica del Progreso triunfante de América; Pórtico de co•
,mmicación entre la Galería de máquinas y el Palacio de Agriwltura,
seis grabados de la Exposición universal de Chicago. -Leyenda del
desierto, cuadro de M. Du Mond. - La adivina, cuadro de F. Vinea.
- Catara/a del Niágara. Instalación en la orilla canadiense. - Edad
dichosa, cuadro de O. Beggrov•Hartmann.

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON l!.MILIO CASTELAR

El movimiento de unión entre la Iglesia griega y la Iglesia católica ini•
ciado por León XIII. - Necesidad de oponerse al egoísmo de las sec·
tas y de los pueblos. - Admirable método de León XIII. - Los estra·
gos del materialismo. - El Congreso Eucarístico de Jerusalén. - Su
importancia. - Su tendencia. - Desarrollo histórico de la Iglesia grie•
ga. - Otros asuntos. - Homenajes á Ramón Berenguer III en Catalu·
ña. - Los tiempos medioevales. - Gloria del héroe por haber con sus
hazañas contribuido á la unidad nacional. - Conclusión.

El movimiento religioso, conducido ahora con excepcio·
nal seguridad en los fines y circunspección en los medios
por León XIII al fin y objeto de acercar en todo lo posible
dos mundos como el heleno y el romano, cuyos sendos espíritus comulgaran por siglos en la misma Iglesia y tuvieran
un solo común ideal, pasma y maravilla hoy á cuantos de
cerca lo consideran y estudian. Parece imposible que mien·
tras la industria transforma y transmuta en los inventos de
máquinas, como las locomotoras y los telégrafos, todas las
resistencias opuestas por el tiempo y por el espacio á las
actividades varias del hombre, y une á éste con cadenas
tan invisibles pero tan indisolubles como las que atan el
planeta nuestro al cielo y al sol, dos factores de unidad co·
roo el comercio y el culto, traten, cual tratan en muchos
pueblos ufanados con su civilización, de aislar los productos tras las prohibiciones económicas y los espíritus tras las
sectas fanáticas, promoviendo apartamientos contradictorios
con la unidad á que tienden el hombre y el Universo, muy
seguros de hallar en la cumbre de lo creado y de lo increado
á Dios. Parece imposible que aticen pueblos tenidos por sabios y cultos la intolerancia y promuevan el aislamiento ge·
neral. No asf León XIII, cada día más empeñado en aplicar su divino ministerio al procomún de las gentes y en
recordar á las almas cristianas la consubstancialidad en la
-misma esencia y la identidad así de sus orígenes como de
sus finalidades celestes. Quien desconozca toda la trascendencia de los actos provenientes del Pastor insigne, á cuya
palabra deben tantas enseñanzas inspiradísimas los tiempos
y los pueblos de ahora, bien puede asegurarse que descono•
ce la vida moderna y no sabe cómo la sobrecarga y agobia
el peso de lo pasado, por las Encíclicas pontificias convertido en impulsor novísimo de la humana libertad y del huma·
no progreso. Monumentos éstas de teología y de política
tienden á calmar los ánimos y dicen que una civilización
como la cristiana, poseedora por el Evangelio de revelacio•
nes sobrehumanas, debe proclamar la reconciliación universal, no de otra suerte que hace la Iglesia católica en sus santos ritos, cuando al consumir el sacerdote la hostia se oyen

LA TRAPERA, copia de un cuadro de Consuelo Fould
grabado por Kahdemann

...

�LA ltustRActóN ARTÍSTICA

NúMERO 601

resonar entre los cánticos que recuerdan el sacrificio del mero símbolo, no puede, no, desconocerse que recuerdos gloriosos; aquellas tradiciones heleno-lati·
de Cristo y el órgano que acompaña el Agnus Dei y dogma ninguno, fuera del dogma de la divinidad en nas, puestas como una franja de perlas en las costas, y
el abrazo que se dan los celebrantes, palabras angé- Cristo, ha quedado tan subsistente dentro de las co- aquel espíritu celta de las montañas privan tanto en
muniones cristianas, quizá porque ninguno represen- todos los corazones patriotas é iluminan tanto las inlicas de perpetua y divina paz.
ta
como éste la idea supraesencial del cristianismo, teligencias nacionales, que ningún español deja de
Lo más admirable y lo más admirado en los pro·
cedimientos y obras de nuestro Papa es la unión de la difusión de Dios en la Humanidad por medio del considerarlas corno factores esencialís1rnos á nuestra
una desmesurada grandeza en el fin, apenas compren-. divino sacrificio de Cristo y en el hombre por medio grande y gloriosa nacionalidad, tan hermosa y santisible por el entendimiento, con una mesuradfsima de una institución como la Cena en que todos co- ficada por cuanto fué antaño, corno llena de santas
calma en el proceder, tardo é imperturbable, y con mulgamos y creemos. Aquí está la fuerza perdurable esperanzas por lo que será en el tiempo y en el espauna inflexible lógica del método, sólo comparable del cristianismo, aquí; en pedir el asentimiento á la cio, iluminados por su grandioso espjritu, uno, como
por sus vigorosos enlaces y series á los principios creencia, y no al raciocinio; en guardar perpetuamen · el espíritu divino de quien procede, por toda una
matemáticos. Nada de alardeos apantosos, nada de te aquel carácter sobrehumano de religión, que recu- eternidad.
Pero Cataluña, lo rnismó que todas las tierras eufantasías contraproducentes, nada de improvisacio- rre á la intuición y á la fe, únicas alas con las cuales
nes bruscas, nada de impremeditadas violencias; to- podemos penetrar y sostenernos en los dogmas de la ropeas, ha pasado por períodos terribles en su desdo en la obra suya está previsto con su anticipación Iglesia, que resplandecen á una con tanta mayor ver- arrollo y ha visto épocas nefastas en su historia, sudebida, calculado con su exactitud correspondiente, dad cuanto más rodeados están de misterios, como friendo enfermedades agudas y semejantes á las que
puesto por obra en su sazón oportuna, cumplido y resplandecen los astros de la noche con tanta mayor pasa el cuerpo humano en su juventud y en su inconsumado con una inteligencia perfecta del objeto luz cuanto más rodeados estáñ de sombras. Por eso fancia. Los tiempos de Ramón Berenguer se pueden
y una medida graduada del obstáculo, sin que lo im- León XIII, al expedir esa especie de místicos emba- admirar como se admira la flora gigante y la fauna
posible se intente, ni se perdone medio alguno de jadores al Congreso de Jerusalén, por manera ningu- titanesca de los períodos geológicos antiguos, pero
superar lo que parece á ojos profanos insuperable ó na los ha enviado para que razonen como se razona no se pueden evocar para retrollevarnos á ellos sin
invencible, cuando resulta racional y hacedero. Ad- en las academias científicas y para que discutan co- que la conciencia humana se subleve y se detenga el
virtiendo hechos que nuestros ojos no advierten, los mo se discute ahora en el Parlamento y en la univer- progreso universal. Digan cuanto quieran los románpone á servicio 4f propósitos que nuestras inteligen- sidad por los políticos y por los sabios; halos enviado ticos enamorados de la Edad media, ni moralmente
cias no adivinan. ¿Quién pudiera creer que de un para elevar sobre todo la creencia indispensable á pueden compararse aquellos tiempos con los nuestros
hecho como la Asamblea eucarística de Jerusalén todos, si hemos de contrastar con esfuerzo y con ver- y aquella barbarie y aquella servidumbre con las lipudiera deducirse un sistema como el empleado con dad los estragos asoladores de una creencia opuesta bertades modernas y con los humanos derechos. Las
habilidad suma por León XIII ahora, con el intento en todo á la conciencia, y hemos de entrever con los ambiciones de una Errnesinda, que se granjea el rade acercar en todo lo posible al mundo latino el ojos del alma ese ideal invisible rodeando el mundo yo de la excomunión para blandirlo contra sus promundo griego y preparar el cumplimiento de un de- visible como lo eterno del tiempo y lo infinito del es- pios pupilos, y que vende por cien mil sueldos los doseo tan vivo como el que por todos los espíritus supe- pacio rodean á todos los planetas y contienen toda minios condales al mismo legítimo posesor á quien
se los había robado; el parricidio perpetrado en la
riores en el mundo griego y en el mundo romano na- la vida.
Y no puede negarse la existencia de una corriente pobre Almodis por Pedro Ramón que quiere teñir su
ce hacia la unión de sus dos iglesias?
La verdad es que todos nos sentimos á una en es- conciliadora entre las Iglesias orientales y la Iglesia púrpura en la sangre caliente de los suyos; la inmolata contemporánea civilización abrumados por la in- católica, muy honda, porque nada tan difícil de cam- ción fratricida de Abe! tan dulce como el Cap d'
mensa pesadumbre de una filosofía desoladora, que biar como la superficie y apariencia de una sociedad, eslohs, muerto á hierro por los secuaces de su crimisuprime toda idealidad y nos reduce á prisioneros aunque se cambien sus tuétanos, y nada tan frecuen- nal hermano; aquellas costumbres, que sancionaban
dentro de la materia bruta y bajo el fatalismo incons- te como que se acaben las ideas y no se acaben las todos los malos usos feudales y hacían de l! horca,
ciente. La verdad es que un mismo soplo asolador costumhres y las tradiciones engendradas por _esas donde pataleaba el pechero, la cumbre y cima de una
apaga el sol divino en la inmensidad y aniquila el ideas, como se apagan los soles apartadísimos cuan- sociedad entera; las cesiones de territorios al Papa,
humano derecho en las almas. La misma doctrina do aún tenemos los rayos, enviados por su disco á como le fué cedida Tarragona, y á órdenes entre militares y religiosas, como los templarios, dicen cuán esque nos notifica nuestra orfandad, privándonos de nuestro bajo mundo, en la retina.
La historia del pensamiento resulta ya la historia tremecicfo se hallaba el suelo señorial de aquella tienuestro Padre celestial y de su providencia para entregarnos á la esclavitud y confundirnos con las bes- del planeta. Y por eso hemos de creer que la idea rra y cuán poco transparente y cuán poco respirable
tias, nos notifica una esclavitud irremediable, porque lanzada por los emisarios de Roma en el Congreso parecía un aire cubierto con tan espesas sombras y
los eslabones de nuestra cadena se hallan enlazados de Jerusalén es una muy necesitada del tiempo y de cargado de tan deletéreos miasmas. ¿Qué diríais si
con la serie de todos los seres y el horizonte visible todas las largas contenidas en períodos prolongadísi- hubiera hoy compañías de vengadores, presididas
de nuestra vida reducido á hundirnos por un aniqui- mos, no ya para triunfos, para ponerse, digámoslo por el obispo de Vich, como las existentes entonces;
lamiento irremisible de nuestro ser en el silencio y así, de pie, y echarse á marchar con alguna seguri- y retos, como los retos de Quera! y de Folk al conde
en el vacío de la nada. Contra esta doctrina, que á dad por sus naturales caminos. Jamás comprendere- fratricida delante del rey D. Alfonso VI en Toledo?
todos invade y todo lo cambia, realmente no se halla mos una idea colectiva ó social en el espíritu como No hay que desconocerlo, no hay por lo menos que
ningún antídoto como el propuesto por León XIII no hayamos visto antes su desarrollo en el espacio. olvi~arlo: la grandeza del conde Ramón Berenguer III
al elevar ante nuestros ojos de carne los santuarios Jamás podremos calcular y medir los obstáculos que prQv1ene de lo mucho que combatió á su tiempo y de
donde se consagran todos los ideales y mostrarnos ha encontrado un progreso en los tiempos futuros, los triunfos que consiguió sobre aquellos monstruos
con su sacro índice las arcas que flotan llenas de pro- como no sepamos los obstáculos que haya encontra- sociales cuyo concepto quiere hoy restaurar una sisdo en los tiempos pretéritos. Viendo cómo se apar- temática y constante apología de la Edad media, que
mesas y esperanzas en este diluvio de lágrimas.
taron la Iglesia de Oriente y la Iglesia de Occidente; oculta so una hipócrita capa de amor al progreso los
cómo se unieron en breve período para volverse á más desatentados planes de retrogradación que puedesunir de nuevo; cómo han vivido separadas, no sin dan caber en la humana inteligencia. Quien, corno él,
observar que mientras la Iglesia griega se ha roto en juntó á Cataluña Provenza; quien se alzó en virtud y
Pocas asambleas tan oportunas cual el Congreso cien comuniones más ó menos nacionales, la Iglesia por obra de su autoridad y supremacía eminentes
eucarístico de Jerusalén, últimamente celebrado, y católica se ha conservado en su incontrastable uni- con el Condado de Besalú; quien supo castigar á los
pocos sucesos tan importantes cual la presencia en dad, y mientras la Iglesia griega no ha tenido más Señores de Carcasona y adherir á su diadema un brisu seno de cardenales romanos, oídos por todos los que retroceder en el viejo continente asiático, la llante como la Cerdaña; quien segó y echó por tierra
asistentes con atención y saludados con reverencia. Iglesia católica se dilata y extiende por el joven los castillos de Ampurias; quien reconquistó á Ibiza
Tres ciudades brillan á una con brillo excepcional continente americano, quizás midamos la desmedida y hendió en Mallorca la primer brecha por donde haen la historia del cristianismo: la Jerusalén de los grandeza del proyecto de León XIII. Pero el asunto bía de penetrar un siglo más tarde con gloria y poApóstoles, la Alejandría de los Padres, la Roma de es largo y lo dejaremos para otro día.
derío el conquistador; quien preparó la unión entre
los Papas. La primera trajo el código moral de Moicatalanes y aragoneses hasta lograr formaran un solo
sés, las dos últimas trajeron los pensamientos metafíEstado bajo el cetro de su heredero y sucesor, tan
sicos del Pireo y el organismo político del Foro á la
sólo acepta los homenajes de cuantos lo reverenciaiglesia universal. Jerusalén amplió el Decálogo en sus
mos por sus esfuerzos en pro de la grande común pa·
enseñanzas evangélicas; Alejand.ría la metafísica en su
Una ceremonia barcelonesa nos ha interesado mu- tria y ponemos su nombre imperecedero entre las esTrinidad cristiana; Roma el derecho en sus cánones cho en los días últimos: la traslación del despojo trellas de primera magnitud que lucen y esplenden
inmortales. Ningún sitio, ninguno, para Congreso mortal de Ramón Berenguer el Grande á un monas- hoy en el cielo de nuestro espíritu nacional. ¡Profanos
eucarístico semejante al sacro donde Cristo celebró terio, en los anales del arte y del suelo patrios tan á su culto, indignos de su gloria, traidores á su rela cena é instituyó la Eucaristía. Ningún dogma co- importante como el monasterio de. Ripoll. Cataluña cuerdo, enemigos de su obra todos los que han lanmo el dogma eucarístico, por lo universalizado hasta trae al acervo común de nuestra vida levaduras tales zado en vociferaciones reprobables gritos de triste
en los cismáticos que han roto la unidad del mundo de gloria y de poesía, que componen un recuerdo desacato á la tierra una, cimentada sobre los huesos
cristiano y en los herejes que se han alzado en armas gloriosísimo de lo pasado y una esperanza bien cierta del héroe, y quieren deshacer lo hecho por esfuerzos
por medio del sofisma contra la Iglesia universal y or- de grandezas mayores en lo porvenir. Aquellas costas como los suyos, que no pueden contrastarse y que
todoxa.
donde comenzara la reconquista del mar Mediterrá- han fortificado los siglos en su eternal curso y la his·
Ya sabemos que la verdad católica se halla en el neo convertido en lago árabe so la catástrofe de Gua• toria con su soberana sanción! Así digo ahora, en me·
dogma de la presencia real y de la transubstanciación dalete y alboreara la primer aurora del saber náutico dio de tantas locuras, que no podrán jamás prevale·
del pan en la carne y del vino en la sangre de Cristo, y astronómico cristianos; aquellas ciudades en que cer, pero que pueden quizás perturbar, lo mismo que
según lo explicó San Pablo en sus epístolas á los efe- una poesía digna de ponerse junto á poesía proven- decía cuando, no clamores sin fuerza ni sentido ó
sio~ y á los corintios ó lo declaró el cuarto concilio zal irradiaba su júbilo por todas partes y henchía el manifestaciones aparatosas y de puro teatro, estreme·
lateranense presidido por Inocencio 111 en 12 r 5 y lo aire con las resonancias de versos y laudes; aquellas cimiento del suelo y tempestades del aire traían á los
confirmó el concilio de Trento; pero ya se admita montañas, como el Montseny cubierto de nieves y el más enteros corazones desmayos y desesperación: yo,
la idea del sacrificio bíblico presentado por Cristo á Montserrat dentado á manera de una gótica corona ante todo y sobre todo, quiero ser español; y dondesu Padre celestial en la hora de ofrecerse, nuevo compuesta por metales preciosos; aquellas leyendas, quiera me presente, mi voz lanzará un solo grito, un
Isaac, él mismo en holocausto; ya la práctica griega corriendo al pie de cada santuario como rico manan- grito de reconciliación entre todos aquellos que haqu~ prefiere al pan ázimo el pan de levadura y distri- tial de aguas vivas que fortalece los espíritus y los blan mi lengua y son mi sangre: «¡Viva nuestra
buye á los laicos el cáliz; ya el principio de la comu- ánimos; aquellos puertos, de los cuales han salido las España!»
nicación predicado por Lutero, ó el de la conmemo- naves cuyas quillas dejaron en Parthenope y en Pa•
ración por Calvino y sus discípulos, ó el zuingleísta lermo y en Bizancio tantas estelas de inextinguibles
"Madrid, 17 ele junio de 1893

NúMERO 601

LA ltuSTRActóN ARTÍSTICA

forme á_su temperamento, si no la acompañasen terrores bien fundados y miserias y vejámenes infinitos.
Se
conservan los temas trazados en aquel período por
LUIS XVII
el delfín, y en ellos puede verse cuán hermoso carác111. - SUBIDA AL TRONO
ter de letra y excelente ortografía adquirió bajo la enseñanza de su padre.
Desde el ingreso en el Temple, la familia real no
Mientras los prisioneros se entregaban á tan pacíes ya sino víctima atada de pies y manos y en po- ficas tareas, la marea de la revolución, lejos de aplader de la fiera. La resistencia - siempre endeble y carse con li detención de la familia real, se embravecía y rugía más que nunca. La razón es
fácil de comprender: la revolución tenía
entonces sobrado motivo para recelarlo
todo de la intervención extranjera y de
la venganza de los monárquicos. En el
duelo á muerte entre la revolución y la
monarquía, mientras ésta cejó, cedió y
transigió siempre, aquélla llegó á sus
fines con la audacia, la violencia y la
intransigencia sistemática. Hasta el cautiverio de Luis XVI había vivido de
asonad~s: desde que tuvo seguro al rey,
se creció en su indomable y feroz energía, y organizó el Terror, que realmente
principia en las jornadas de septiembre.
¡Terroricemos! fué la consigna. Y el Terror empezó por llevar á las puertas del
Temple la cabeza de la princesa de
Lamballe, con el pelo empolvado y rizado_ ~espués de haber sido degollada, y
ex1g1r que saliese María Antonieta ádar
un beso á su amiga en los morados labios. Aquel día de abominación el delfín, siempre tan animoso, se o~ultó en
un rincón obscuro y dió suelta al llanto:
RECUERDOS DEL CENTENARIO ROJO

hijo: les veía, pero no la fué permitido, cuando el
príncipe enfermó de enfriamiento, asistirle ni pasar
las noches á su cabecera. Poco después también
cayó malo el fiel servidor Clery, único que restaba
al monarca; y como en tales circunstancias las espumas frívolas de la etiqueta habían sido aventadas
por el soplo del dolor y de la caridad, el delfín se
convirtió en enfermero de su antiguo ayuda de cámara, y le sirvió la tisana y le secó el sudor de la calentura. Un día madama Isabel entregó al niño cierto remedio para Clery. «Dáselo en seguida que venga.» Era muy tarde, las once de la noche, cuando
Clery entró en el cuarto del niño, acostado hacía horas. «¡Pst, Clery!, exclamó la criatura. Toma, tengo
esto para dártelo ...; y mira, ya era tiempo de que vinieras; se me han cerrado muchas veces los ojos. »
«Los míos, dice Clery al referir el caso, se humede·
cieron.»
Acercábase el momento de procesar á Luis XVI,
fórmula jurídica que pareció indispensable para agregar á los ingentes montones de cabezas cortadas la
del nieto de San Luis. La familia tenía, más que presentimiento, convicción de todo lo que les iba á suceder á los mayores - porque del inaudito suplicio
del delfín no cabía idea en mente humana, y en ese
punto la realidad estaba llamada á dejarse atrás los
mayores desvaríos que puede engendrar el miedo en
el corazón de una madre. - El día en que vinieron á
buscará
Luis XVI para conducirle á la Convención,
.
mientras en todos los barrios de París sonaba el estruendo de la generala, el niño, inconsciente de lo que
sucedía, instó á su padre á fin de jugar con él la acostumbrada partida de siam. Luis Carlos tuvo mala suerte: J?erdió todas_ las jugadas, y no pudo pasar de diez
Yseis tantos. «Siempre que tengo este número dieciséis
he de perder,» exclamó algo enojada la criatura. El
rey nada respondió á la fatídica frase. Momentos desp~és le arrebataban á su hijo y se lo llevaban á la
rema, porque al acusado no le era lícito conservar
tan dulce compañía. Fué uno de los contados momentos en que se desmintieron la resignación y la
calma de Luis XVI. Dejó caer la cabeza en las manos, dando señales de aflicción profunda.
No ~ra dudoso el resultado del proceso: la suerte
de Lms XVI estaba fijada de antemano. Tal vez la
única ~?rtura inesperada para el reo fué la de quitarle
á_su h1Jo. Con lo demás contaba, y quizás le sorpren•
d1ó no perecer de un modo más cruel· mechado á
sablazos, como la princesa de LarnbaÍle. Se guar·

ROBESPIERRE

tímida - ha terminado: principia el mar·
tirio.
Separados de los pocos fieles servidores
que en los primeros momentos se les había
permitido conservar en la prisión, los reyes
de Francia conocieron que ni rastro de es·
peranza les era dable acariciar, y armán·
&lt;lose de resignación, organizaron el método de vida
menos_ dañoso á la salud y á la educación de los po·
~r~s ~1ño~ encerrad?s. H~y que rendir tributo de justlCia a Lms XVI y a Mana Antonieta reconociendo
que, si en el trono le faltó á él la en~rgía y la virilidad, á ella la prudencia y el arte de ganar corazones
en la adversidad y ante el patíbulo descubrieron (1~
mis~o que las había des~ubierto la Estuarda) otras
cualidades hu~anas y regias que obligan al respeto
Y. reclaman 1~ simpatía Y, la admiración. Esta depuración y elevación del caracter p~r el infortunio, la notaremos hasta en el delfín, calificado por su madre
en curioso escrito de «vivo, ligero, violento é indiscreto,» y que tal serenidad, formalidad moderación
y discreción probó en los días de su cal~ario.
Mucho afligió al niño el verse separado de su aya
m~dama de Tourzel, á la cual estaba apegadísimo'.
V:1én~ole priva~o de aya~ preceptor, su padre se dedicó a l_a educaci?n de Luis Carlos. Los gustos serios,
el espínt~ metódico y burgués de Luis XVI, y las ideas
ped~gógicas á lo Juan Jacobo que, por infiltración insensible, habían penetrado en el cerebro del cristianísi~? rey, le hací~n ~pto para el cargo de educador de su
h1Jo. En el solitario torreón nada le distraía de su tarea, ~ las lecciones del príncipe se sucedían con reg~landad y ~ucho fruto, dadas las notables disposic10nes del discípulo. Después del repaso leían juntos
á Bernardino de Saint Pierre y algunas novelas del
géner~ moral y sentimental tan en moda á la sazón.
Este sistema de vida regularizada idílica y patriarcal
hubiese sido muy grata al rnona:ca y del todo con-

SELLO DE LA REPÓBLICA FRANCESA

(I792 . 13o4)

llanto incesante, sin gritos, sin
sollozos - ¡llanto de persona mayor, ~ue _se hace cargo y no puede m qmere ser consolada!
Después de asegurarlos en el
DU PROCES .. V E RB AL
Temple, la revolución soñaba
que podían serle arrebatados los
prisioneros; reforzaba los fosos
elevaba las paredes, enrejaba la~
ventanas de la Bastilla del Te·
Du
-~ ~
rror. _Dn albañil jar.obino que
179 2.
trabaJaba en las obras, dijo un
día orgullosamente al delfín:
I ,'A N Q u A T R I E M E n E L A L I n E R r t.
«Lobezno, la santa libertad nos
ha hecho á todos libres é iguales. - Ig~ales ?º digo que no,
respondió el mño mirando alrededor; pero libres ... , vamos,
que aquí cuesta trabajillo reconocerlo.»
En tanto que la infeliz familia
pudo sufrir reunida, sus males
fueron tolerables; pero ya la revolución ensayaba en su presa
la i?humana ~ortura de las separac10nes, poniendo entre los que
se amaban, no el obstáculo de
la distancia, sino el de una padel decreto d ¡ A
bl N •
red Y algunas puertas de hierro. Facsímile
do por Lecointe Pu r:v:a snm ea. ac1onal de IO ele agosto de 1792. Escrito y firma•
A María Antonieta la habían
L'Assemblée 110,/i11;era ~;s
1~l~eCátna~. Le roi est suspcndu, if reste o/aapartado de su marido y de su hcnes. La Asamblea
..
Y) que a suspenso en sus funciones y en re110111 b a á

EXTRA IT

DE L'ASSEMB LÉ E NATI ON ALE.

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�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 601

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•

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daron
ciertas formas, resto de aquel respeto sobrede sus hijos, de no salhumano que la monarquía infundiera en otro tiemvarse sino con ellos.
po; y Luis XVI tuvo - por singular excepción - el priBorre el dedo severo
vilegio de confesarse y comulgar antes de subir al
de la historia, ante escadalso, el de hacer testamento, el de despedirse de
te recuerdo, toda man!m familia y el de ir en coche al suplicio. El testacha, toda sombra, hasmento contenía dos párrafos dedicados al delfín, y en
ta la más leve, de la
los cuales le encargaba que si tenía la desgracia de
frente de la austriaca.
llegar á ser rey, prescindiese de la venganza. No era
En momentos como
retórica de última hora, ni teatral aparato de generolos que entonces atrasidad para lograr fines políticos de ultratumba: en los
vesaba Francia, los
dos párrafos hablaban sinceramente el cristiano y el
pueblos están más que
hombre de bien: lo prueba este hecho, referido por
nunca sometidos á los
madama Royale. «Mi padre, al despedirse de nosmiedos pueriles de la
otros para siempre, nos obligó á prometer que no
superstición. Poco desvengaríamos su muerte nunca. Por más que estaba
pués de las derrotas
muy seguro de que teníamos por sagrada su última
del ejército republicavoluntad, los tiernos años de mi hermanito le indujeno comenzaron á diron á desear imprimírsela en la imaginación con mafundirse y á comentaryor fuerza. Tomándole en sus rodillas, le habló así:
se las añejas profecías
- Hijo mío, has oído bien lo que acabo de decir; pero
contenidas en un licomo el juramento es todavía más sagrado que la probrote del siglo xv, olmesa, júrame, alzando la mano, que cumplirás el úlvidado entre el polvo
timo deseo de tu padre. - Mi hermano obedeció, desde las bibliotecasyque
haciéndose en lágrimas.» No había de llegar nunca
surgían amenazadoras
la hora de que el hombre recordase el juramento del
en período tan azaroniño; porque si al hacer caer la cabeza de Luis XVI
so. Decía expresamenla revolución sólo consiguió que el rey de Francia se
te el augur N ostradallamase Luis XVII, la conciencia de que el retoño
mus: Juvenis captivnpodía sustituir al tronco inspiró, desde el mismo puntus qui· recuperabit coto de morir el padre, la firme y deliberada resolución
ronam lilii.. ,fundatus,
de que el retoño se marchitase antes de verse condestruet jilios Bruti.
vertido en árbol.
No cabía nada más
No son los crímenes más negros los que se comeclaro: e 1 muchacho
ten en el arrebatado y ciego frenesí de la pasión: el
prisionero que cuando
cálculo frío dicta á la perversidad atentados más esrecobrase la corona
peluznantes. ¿Qué son los degüellos de septiembre;
flordelisada destruiría
qué los célebres chapuzones; qué los calentones de
á los hijos de Bruto, no
Bretaña y la Vendea; qué la guillotina, al lado del
podía ser más que
drama mudo que iba á desarrollarse en el Temple; al
lobezno del Temple.
lado del duelo entre un niño de ocho años y la revoLa sección de Finist
lución resuelta á suprimirle, pero siñ ruido y sin efurre pedía á las dem '
LUIS XVI EN LA LINTERNA
sión de sangre?
secciones de París qu
Mientras en las provincias del Oeste, en el ejército Grabado satlrico de la ~poca, en el que se quiere representar al rey como ahorcado en el farol de se uniesen á ella pa
la plaza de la Gréve, donde el pueblo amotinado habla ahorcado á algunos aristócratas. - Copia
del príncipe de Condé, en las Cortes de Cerdeña,
pedirá la Convenció
de un dibujo anónimo de la época.
Austria, España, Prusia y Rusia y hasta en los Estaque «adoptase med.
dos Unidos resonaba alta aclamación saludando á
das eficaces á fin d
«Luis XVII, rey de Francia y de Navarra,» sobre el mente las últimas chispas de la esperanza, que nunca impedir que el hijo del tirano llegase á suceder á s
Temple descendía im ángel de túnica negra, de ros- muere: imposible que no soñasen los cautivos la eva- padre.»
sión, la libertad y la vi·
Con todo eso, si en el duelo á muerte entablad
da. Por otra parte, .el viejo entre la Montaña y la Gironda vence la última, ot
tronco secular de la mo- hubiese sido la suerte de lo que restaba de la fa
narquía, aunque segado milia real. Por su daño, Robespierre y Dantón, dá
por el hacha, tenía hon- &lt;lose un abrazo fatal, concertaron la pérdida de 1
das raíces en el suelo: Girondinos, únicos que conservaban en su alma u
existía mucha gente dis- chispa de humanidad y en su mente el ideal clási
puesta á morir para sal· de una república fuerte, pura, virtuosa al modo r
var, ó intentarlo sólo, á mano, sensible y hasta piadosa, justa en su vengan
los prisioneros del to- pero sin verdugos ni crueldades dignas de las hi
rreón. La compasión de nas. ¡Quién le dijera al rey ,niño que sus únicas
un republicano converso, débiles probabilidades de salvación estaban cifrad
Toulan, secundada por en el grupo de convencionales, enemigos de la dem
la adhesión de un hidal- gogia sanguinaria, adversarios del Terror, que por
Te mis gardle á m,e, je ne parle á persomie. j e me fie á vous, je viendrai
go, Jarjayes, fueron base Terror iban á caer vencidos! El arresto de los Giro
de un complot atrevido y dinos &lt;lió la señal de que la criatura inocente fu
Facsímile de un billete escrito en el Temple con la punta rle un alfiler, en un pedacito de
habilísimo, según el cual atada al poste, y comenzasen las pruebas del torme
papel, por Maria Antoniela y dirigido al conde de Rougeville. - Éxistente en el archivo
la reina y madama Isa- to, la flagelación y la larga agonía.
nacional de París.
bel debían burlar la vigilancia de sus guardianes,
EMILIA PARDO BAZÁN
tro pálido y triste, de llorosos ojos, portador del cáliz vestidas de hombre y cubiertas con amplias carma(Continuará)
más amargo que se ha ofrecido' nunca á mártir algu- 11olas, y los niños disno, excepto al del Huerto de los Olivos ... , y el ángel frazados de ayudantes
se sentaba al lado de la camita.del rey niño prisionero. del lamparista que dia•
Víctor Rugo, en una oda bellfsima, describió á la riamente arreglaba los
criatura inconsciente de haber reinado. Yo creo, á quinqués en e l Tem·
pesar de la patética ficción de Víctor Rugo, que el ple. Pero las victorias
inteligente niño ya comprendía demasiado bien, por del ejército austriaco,
su desgracia. Cuando redoblaban los tambores para excitando los ánimos en
llevar al patíbulo á su padre, Luis Carlos, despren- París, hicieron redoblar
diéndose tle los brazos de su madre, empezó á abra- la vigilancia alrededor
zar las rodillas de los municipales gritando: «Déjen- del torreón; el éxito del
me pasar; por Dios, déjenme pasar. - ¿Adónde quie- complot pendía de cirres ir?,» le preguntaban casi enternecidos. «¡A hablar cunstancias pequeñas,
al pueblo, para que no mate á papá! ¡A hablar al que se daban hoy y no
pueblo! - Venturoso su hermano, el que de pequeñito mañana; y estas cirmurió!,» decía la reina aquella misma noche, así que cunstancias, que permivió al niño caer rendido de sueño en la cama. Razón tirían salvar á la reina y
tenía la madre en envidiar para el menor la suerte del á Madama Isabel, immayor. «¡Hijo mío,le dijo al día siguiente, hay que pen- pedían absolutamente
sar mucho en Dios! - Sí, mamá, ya pienso en Dios... ; la evasión más difícil, la
pero cuando pienso en Dios, á quien veo siempre es de los niños. Todas las
instancias de los adictos
á mi padre.»
Tuvo la viuda de Luis XVI, pasados los primeros conspiradores se estremomentos, suficiente valor para consagrarse á la edu- llaron contra el firme
cación de su hijo. Era, sin embargo, imposible que propósito de María AnGrabado de una hoja volante de la época en que se abolieron los títulos nobiliarios y las
tan entera resignación hubiese apagado completa- tonieta de no separarse condecoraciones, las cuales deb!an entregarse en la secretaria del respectivo ayuntamieP

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�LA I LUSTRACI ÓN

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NúMERO 601

ARTÍSTICA

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NúMERÓ 601

LA

ÍLUStRACIÓN' ARTÍSTICA
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Vista general ele la gEan plaza 6 patio ele honor 411~ díl frente al lago Mlchlgan

LOS EDIFICIOS
DE LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL
DE CHICAG0

I
Resuelta.en 9 de abril de 1890
la celebración de la Exposición
universal columbiana y aprobado por el Congreso de los Estados Unidos en 25 del mismo
mes el bill concediendo á Chicago el honor de realizar esta grande empresa, nombróse una comisión de ingenieros y arquitectos con el encargo de escoger el
sitio más á propósito para ello,
comisión á la que se dió el título
de Terrenos y Construcciones.
Lo importante era encontrar
una extensión de terreno, dentro
de los límites de Chicago ó en
sus cercanías, en la cual se pudiera construir desahogadamente una serie de edificios que ocuparan por lo menos un área la
mitad mayor que los de la última Exposición universal de París; á la que pudieran llegar fácil
y económicamente los visitantes
y el material; que no estuviera
entorpecida por vías férreas, calles, acequias ni cementerios ni
con casas ú otros edificios más ó
menos aislados que pudieran entorpecer la adquisición del terreno, y prepararlo para el acondicionamiento de todo lo necesario para la Exposición.
Después de muchas pesquisas
dióse por fin con el terreno en
que ésta se ha construído, de unos
500 acres de superficie á 6 ó 7
millas al Sur de la parte central
de la ciudad, con una longitud
de milla y media á la orilla del
lago y una anchura de tres cuartos de milla. Este terreno era
conveniente por muchos conceptos, pero era pantanoso en otros
sitios, cubierto de dunas ó médanos arenosos en
otros y expuesto á la frecuente invasión de las aguas
del lago. Pero la perspectiva que desde él se descubría, la conveniencia de utilizar estas mismas aguas
para em~ellecer con estanques, lagunas é islas artifi-

Palacio de la Administraci6n

ciales el recinto de la Exposición y las facilidades
que para desarrollar la vegetación de jardines, ~rados, etc., proporcionaban, fueron causa_s que aconsejaron la adopción de aquel emplaza~mento, y la c~misión, con la energía que caracteriza á los amen-

Fachada del Norte del Palacio de Agricultura

canos, puso manos á la obra, y
aquel terreno erial y quebrado
quedó pronto convertido en un
hermoso y dilatado parque, á
propósito para el objeto á que se
le destinaba.
En enero de 1891 reunióse la
comisión de arquitectos, con objeto de decidir sobre dos puntos
principales: si las trazas y obras
de los nuevos edificios habían de
correr bajo una sola dirección, y
sobre el número y carácter de los
que debían construirse.
Con respecto al primer punto
acordóse que cada edificio fuese
levantado por diferente arquitecto, aunque en su conjunto con
arreglo al plan presentado por
los Sres. Root, Olmsted y Codman y en cuanto al segundo se
ado;tó la distribución siguiente:
La parte Norte estaría ocupa•
da en su parte central por el Palacio de Bellas Artes, con los pabellones del Estado al Norte y al
Oeste, mientras que los de los
gobiernos extranjeros lo estarían
al Este, enfrente del lago, y en
caso necesario, en el P/aisance,
espacio de terreno de seiscientos pies de anchura, situado en·
tre las calles 59 y 60, el cual forma un bulevar que da entrada á
la Exposición por el Oeste. En
este espacio se reservaban también emplazamientos para la ins·
talación de modelos de aldeas y
de grupos de pabellones en que
se representara lo más característico de la vida doméstica é industrial de remotos países.
La parte central estaría formada por la laguna, extensión de
agua irregular y artificial que de·
bía rodear varias islas, la mayor
de las cuales, de 1. 700 pies de
largo por 200 á 500 de ancho,
contendría bosquecillos, parte. rres, con kioscos y pabellones
rústicos en sus orillas. En las otras orillas de esta laguna descollarían el palacio de Transportes, el de
Horticultura con sus jardines, el de las Artes de la
Mujer, el de Manufacturas y Artes liberales y el Pabellón de los Estados Unidos. Junto á los capricho-

nacimiento. ma importante que M. Hunt consideraba como de
Ateniéndo- gran influencia para el efecto arquitectónico de la
se á este ti- construcción y lo ha resuelto inspirándose en el ejempo ha p10- plo del histórico Panteón de Roma y abriendo una
yectado en claraboya de 50 pies de anchura en la parte superior
el cruce de de la cúpula.
los dos ejes
El efecto que produce en el ánimo del visitante
un alto sa- este soberbio vestíbulo es grande, pero mayor lo es
lón octago- el que resulta cuando al salir de él por la avenida
nal, de 120 opuesta contempla el patio de honor con todos los
pies de diá- edificios que lo rodean. Con oll!eto de que la concumetro, cu- rrencia al entrar ó salir en ellos ó al circular alredebierto por tlor de la plaza pudiera preservarse de los rayos del
Galería de Máquinas
dos casque- sol, el extenso cuadrilátero está cerrado por una serie
tes octago- de galerías como los ambulatorios romanos ó los stoa
sos can~lizos que se desprendieran de esta laguna se nales, estando ocupado el espacio que media entre de los griegos, las cuales forman parte de los palacios
construirían, por un lado, el edificio del Estado del ambos por galerías, vestíbulos, elevadores y escale- de Máquinas, de Agricultura y de Artes liberales.
Illinois, el de las Pesquerías y el del Gobierno de los ras. En los lados diagonales contrapuestos del octáEnfrente del grupo formado por estos palacios se
~s!ados :Unidos, y por otro los palacios de la Expo- gono ha construfdo cuatro pabellones, en los cuales ve un estanque de 350 pies de ancho por 1.100 de
sición minera y de Electricidad.
están las diferentes oficinas de la administración, y largo, rodeado de azoteas y lleno de plantas y flores,
Además la laguna estaría en comunicación por que guardan proporción con los demás edificios del balaustradas, columnas rostrales, jarrones y estatuas.
otr~ serie de canales y estanques con la gran plaza ó mismo patio, teniendo 60 pies de altura. Sobre los Por unas anchas escalinatas se baja á este estanque
patio de honor de
la Exposición,
cuadrilátero regular de 700 por
2.000 pies ingleses, casi igual en
dimensión al de
la última Exposición de París. A
esta gran plaza se
podría llegar lo
mismo por agua
desde el lago Míchigan que por
tierra, merced á
un sistema de vías
férreas que desembocasen al Este y
terminaran cerca
del palacio de la
Administración ,
el cual debería
construirse de modo que sirviera de
entrada monumental de la Exposición. Al apearse del tren y trasponiendo este
pórtico, el visitante encontraría á la
derecha ó sea al
Sur las galerías de
Máqu inas y de
Agricultura; á la
izquierda los ya
mencionados palacios de Minas,
Electricidad y Artes liberales, y enfrente, al Este, el
Fuente simuólica del Progreso triunfante de_América
lago Míchigan. El
centro de estepatio contendría un vasto estanque artificial que forma cuatro pabellones clescuella una hermosa galería de del cual se desprenden canales cruzados.por puentes
parte del sistema acuático del Parque. En conexión columnas rematada en grupos de estatuas de bronce, monumentales. En su margen más próxima á los edicon este estanque, un ancho canal, con terrazas en elevándose á gran altura sobre esta galería la cúpula ficios y en el eje del patio hay otro pequeño estanque
sus márgenes y cruzado por elegantes puentes, daría ó domo central á 275 pies de altura. Enriquecida circular, al nivel de la terraza superior, flanqueado
paso á otro patio más pequeño situado entre las gale- con adornos escultóricos, entre los que predominan por dos elevadas columnas que rematan en águilas
rías de Máquinas y Agricultura, patio que contendría los dorados, esta hermosa cúpula se destaca sobre los con las alas desplegadas: en su centro se destaca una
una columnata con un arco triunfal en el centro, el demás edificios de la Exposición, indicando desde galera antigua de bronce, de 60 pies de longitud, con
cual da paso al depart1mento de Substancias alimen- lejos á los visitantes la situación de su monumental ocho colosales remeras representando las Artes y las
ticias y constituye la p1rte más meridional de la Ex· entrada. Su elevación exterior excede en 42 pies á la Ciencias; á proa una estatua de la Fama; á popa otra
cúpula de los Inválidos
·
posición.
Tal fué el plan trazado en un principio y ejecuta- de París, en 45 á la del
do después con ligeras modificaciones, y hoy todos Panteón de la misma ciulos edificios mencionados se elevan ya eri el recinto dad y en 57 á la del Capitolio de Wáshington, é
del majestuoso certamen universal.
Los iremos describiendo sucesivamente, empezan- interiormente tiene 15
do por el que se destaca en primer término del patio pies más que la de los
de honor, cuyo aspecto general representa uno de Inválidos, ro más que el
nuestros grabados, por el palacio de la Administra· Capitolio, es igual al Panción. Confiada su construcción al arquitecto Hunt, y teón de París y 20 pies
ocupando un área que mide 260 pies por cada (ado, más baja que la cúpula
lo ha dividido su constructor en cuatro partes igua- de San Pablo de Londres.
les por dos grandes aveni~as que se_cruzai:i en ángu- En cuanto á diámetro,
lo recto, con objeto de edificar al mismo t1~n_ipo que aventaja á todas ellas, y
un palacio una entrada digna de la Expos1c1ón, por por este concepto sólo
lo cual la avenida del Oeste llega por una parte á las tiene 20 pies menos que
líneas férreas que en aquélla desembocan y por otra la de la iglesia ~e San
en un magnífico vestíbulo desde el cual se pasa al Pedro en Roma.
El método de iluminapatio de honor.
.
.
Estas condiciones han sugendo á M. Hunt la idea ción de tan espacioso sade construir una especie de templo cívico basado en lón de un modo propio y
el modo de las catedrales de gran cúpula del Re- adecuado era un problePórtico de comunicaci6n entre la Galería de Máquinas y el Palacio de Agricultura

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434

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 601

del Tiempo, y sentada en un trono sostenido por án- portancia contenido en uno de los artículos ~edica- mera representación asistieron el príncipe de Gales y sus hijos.
También se encuentra en Londres el ilustre compositor Boito,
geles, otra personificando la América. Ocho correos dos á la E xposición histórico-europea, de Madnd.
en cuyo honor se prepara un.a representación e~traordinaria ?e
preceden la embarcación montados en caballos ma·
Mejistóftles. Terminado el ciclo de representaciones wagnena·
(Sr. Director de LA ILU STRACIÓN ARTISTICA,
rinos. Entre estas figuras y un semicírculo formado
nas en italiano, comenzarán en seguida las alemanas con la de
la ópera Tristán é Isolda. En Haymarket se ha representado
»Barcelona.
por delfines brotan surtidores que forman un vistoso
con grandísimo éxito. el drama ,de l bsen, El enemigo del pueblo.
juego de aguas. En la parte exterior de este estanque
»Muy Sr. mio, de mi consideración y aprecio: H~ leido en el En Drury Lane continúa actuando con gran aplauso la compa·
aparece una estatua colosal de la República, y á uno ní1m
596 del periódico que tan acertadamente dmge, y en su ñía de la Comedia francesa. En el Príncipe de Gales se ha es·
y otro lado de ella una doble columnata semejante á interesante artículo referente á la Exposición histórico-europea, trenado la ópera cómica Pobre Jonatkán, arreglo del alemán
la de la plaza de San Pedro en Roma que, formando de Madrid, la noticia de que ha remitido á la misma la Aca· hecho por Mr. Brookfield; la música es del maestro Millocker,
pero para la adaptación inglesa ha escrito el Sr. Albé;Jiz algulos tres lados de un square, cierra la gran plaza ó pa- demia de la Historia, para que sea exhibida al lado de 1ant~ nos
números llenos de gracia y de deliciosas melodías: la obra
preciosidades, la primera impresión de las obr~s his:Ón•
tio de honor hacia el lago. De las dos alas de esta otras
cas del cardenal obispo de Gerona D . Juan Mar~nt, primer ha sido muy aplaudida.
columnata, una está destinada para salón de con- general y compa11ero de Cristóbal Colón m las Antillas..
Barcelona. - Continúan funcionando en Novedades la ccm·
»El respeto á la verdad histórica me induce á rectificar.las pañía del Sr. Mario, que logra cada día nuevos éxitos con las
ciertos, y la otra para casino ó salón de espera de los
aseveraciones contenidas en la referida noticia por confundirse representaciones de .l',faria11a, y la que dirigen los Sres. Rosell
pasajeros que vayan en bote.
en ella tiempos, hechos y personas, sin duda por la premura con y Ruiz de Arana en el L!rico, en donde se ha celebrado el be·
El palacio de las Artes mecánicas, más conocido que
neficio de la aplaudida actriz señora Pino. En el Eldorado ha·
cierto~ escritos se confeccionan.
.
con el nombre de Galería de Máquinas, ocupa un
&gt;El cardenal obispo de Gerona D. Juan Marg~nt y Mol_es, brá comenzado, cuando este número ~e reparta, la serie ~e refrente de 842 pies en el lado meridional del gran pa- canciller de Aragón con el rey D. Juan II. y meJor co~oc1do presentaciones que el eminente actor Sr. Vico ha organizado
tio y 500 de profundidad, ocupando nueve y medio bajo el seudónimo de el Genmdmse, falleció en Roma a 5 :le antes de emprender su excursión por América.
noviembre de 1484, á los 8o años de edad, y fué enterrado, se·
acres de superficie. Contiguo á este edificio hay un gím
d P. Diago, en la iglesia de Santa Maria del Pópolo. .
Necrología. - Han fallecido recientemente:
anejo de 550 pies de largo, de 6 1/ , acr~s adiciona»~r tanto, no fué posible que acompañara á Colón en nm•
Edwin Booth, eminente actor norte-americano, uno de los
les, para las máquinas de mayor volumen. El in- guno de sus viajes, puesto que e1 primero de ést_?S se empren- mejores intérpretes del teatro de Shakespeare.
.
terior de esta galería es perfectamente adecuado al dió el 3 de agosto de 1492, esto es, unos o~ho anos desp~é.s de Jacobo Karlowitsch Grot, vicepresidente de la Academia de
muerte; por otra parte, jamás perteneció al estado '!uhtar, Ciencias de San Petersburgo, gran conocedor de las literaturas
objeto á que se la destina, á pesar de haber tenido su
por más que su temperamento fuese harto guerrero, segun dan eslava y escandinava.
que vencer los arquitectos muchas dificultades loca- á entender las crónicas de su tiempo.
.
les. Forma tres grandes naves, cuya techumbre de
&gt;Quien verdaderamente pasó en compañia ~el inmortal Co•
cristales está sostenida por robustas columnas de hie- 16n á las Antillas en el segundo viaje que part1_ó d:.l puerto ?e
rro, y está atravesada en el centro por un crucero de Barcelona fué el capitán Mosen Pedro Margant, h1J.º. ~e Lu_1s,
que había si&lt;lo gobernador de la Cámara Real de S_1c1ba. Cnóla misma anchura que cada una de las naves. Su se
Mosen Pedro desde sus tiernos años con el príncipe que más
exterior es elegante y majestuoso, aun cuando los tarde fué el célebre rey D. Fernando el Católico.
.
»Entusiasmado, como otros muchos, con los entonces rec1:n•
constructóres del edificio han debido armonizar sus
líneas con las de los palacios contiguos y por consi- tes descubrimientos, se embarcó con el gr~nde_ hombre, quien
luego le distinguió con particular estimación. Este fué el
guiente no han tenido toda la libertad que deseaban desde
primer general que mandó las armas espa~olas_ en el Nuevo
en la traza. Compónese este exterior de dos series de Mundo, y no el venerable cardenal, para quien sin duda el car• La trapera, cuadro de Consuelo Fould. - Con la
cesta á la espalda y el gancho en la mano y cubierto el cuerpo
galerías terminadas en cada ángulo en pabellones y go militar no hubiera ofrecido novedad.
.
.
de miserables vestidos, á los que poco tienen que envidiar los
&gt;Si
se
desearan
mayores
detalles,
en
esa
c1Udac,
empono
~el
cortadas en el centro de las dos fachadas por dos
trapos que con tanto afán recoge, trabaja la pobre muchacha
saber del comercio de la in&lt;lustria y de la cultura, es fac1li· á las horas en que las demás descansan, buscando su sustento
pórticos que sirven de entrada, el del Norte da frente simo hallarlos en su; riqu!simos archivos y bibliote~ y tal vez
en lo que los demás desperdician. De cuando en cuando el ha•
al palacio de la Administración y el del Este al de también en manos de algunos individu~s de la fam1ha. .
llazgo de algún objeto menos insignificante que los que por re·
Agricultura. El espacio intermedio entre los pabello»Ruego á usted, Sr. Director, me dispense la n:iolesh~ ~ue gla general. &lt;le! montón entresaca, cáusa_le una al~gria_ que no
nes y las entradas está porticado, pero estos pórticos pueda originarle, y haciéndole franca oferta de mis serv1c1os, pudo imagmar el que al montón lo arrOJara. ¡Cosi va i/111011do!
¡Cuántos - como dijo nuestro gran poeta dramático - harían aleó galerías se hallan divididos en dos pisos que corres· queda de usted afmo. s. s. q. s. m. b.
grías de las tristezas de otros! ¡ Para cuántos es regocijo lo que
ponden con el interior y ofrecen algún parecido con
&gt;FRANCISCO MARGARIT
para muchos hastío! Pero dejando aparte estas consideraciones,
la famosa columnata del Louvre, teniendo cada didigamos que La trapera, de Consuelo Fould, sorprendida en
&gt;Málaga, 14 de junio de 1893.&gt;
visión del piso superior 23 columnas de 27 ½ pies de
el momento de tener uno de aquellos hallazgos excepcionales,
está perfectamente observada, arrancada de la vida real, llena
altura á lo largo de las fachadas y 9 hacia el fin de
de vida y de expresión y ofrece en punto á ejecución un conellas. El inferior lleva arcadas que forman un ambujunto de primores que acreditan á su autora de artista de gran
latorio y están embellecidas con esculturas y relieves
valía.
que representan escenas del descubrimiento de América y pinturas en que se ven repetidos los retratos
Leyenda en el desierto, cuadro de Du Mond.
- Cuenta una tradición árabe que un gran jeque, Ben Abdul,
de Colón y de los Reyes Católicos así como las ar•
distinguía especialmente entre sus esclavas á una joven egipcia
mas de España.
Bellas Artes. - Para la nueva Pinacoteca de Munich ha y aun acariciaba el proy~cto de no~brar por suces~r suyo al
Los pabellones que hay en las entradas rematan sido
adquirido el cuadro de Favretto Vendedo: ~e estatuas_ ve- hijo que de la misma tema. Mas los ilustres de la tnbu rechaen dos torreciJJas, para cuyo trazado han tenido á la 11eciano, y para la Galería de Munster un. pa1saJe de Ennque zaron tal sucesión é indujeron á Ben Abdul á pedir en matrimonio á la hija de un jeque del desierto. Seguido de gran co·
vista los arquitectos los ejemplos dejados por los es- Deichter, que representa un brezal wesúaho.
Barcelona. -Salón Parés. - Exponen esta semana los berma- mitiva abandonó aquél su patria llevando en su séquito á la
pañoles en las iglesias construídas por ellos en Ménos Gelabert un servicio de altar, que con destino á una de las egipcia y á su hijo: una noche oyó una voz misteriosa que le
jico y que terminan en linternas octagonales de tres capillas
de la restaurada iglesia del monasterio de Ri~ll pro- decía que abandonara á la esclava y al niño para el propio bien
cuerpos, enriquecidas con balaustradas y estatuas. En yectó el joven arquitecto D. Francisco Rogent; obra eJecutada de éstos y asl lo hizo; de modo que al despertar la infeliz mu·
la entrada del Norte los arquitectos han construido concienzudamente por los artífices al interpretar el concepto de jer hall6se sola con el niño en la inmensidad del desierto, sin
un templete de planta semicircular, sostenido por co- su autor, &lt;le a~pecto severo y suntuoso y en perfecta armo.n!_a más provisiones que los restos de la última cena y un cántaro
de agua. Tres días permaneció en tan desesperada situación re·
lumnas de orden corintio, sobre las cuales, intercala- con el estilo románico del histórico monumento, símbolo ong1- corriendo
en todas direcciones aquella llanura sin límites, sin
nal de la nacionalidad catalana.
das en una balaustrada, descansan los pedestales de
U na tela de Barrau, primorosamente pintada, un estudio de un árbol, sin una gota de agua ~on que apagar la abrasadora
grandes estatuas. La entrada oriental tiene otro pór- mujer, ha merecido el aplauso general del público; de ent?na- sed de su hijo. Al fin el pobre mño cayó sm fuerzas y la madre
tico análago, y los pabellones de los ángulos termi- ción finísima, en su conjunto tienen los detalles todos la calidad contempló con espanto una bandada ele aves de rapiña que en
rápido vuelo se acercaban para hacer presa•en aquel cuerpo ex·
nan en redondas cúpulas con pequeñas y elegantes que les corresponde, con acentuación decidida y justa. Prueba ánime;
uno de ellos, un buitre gigantesco, comenzó á describir
con esta obra Barrau que no se duerme en ~us la,ureles_y q_ue
linternas.
cumple como bueno estudiando con constancia y a conc1:n.c1a. clrculos cada vez más estrechos alrededor del que parecla ca•
El conjunto de este edificio cautiva y agrada y es
Salón de «La Van.l{'ltardia.» -Algunos facsímiles de ongma· dáver, y la madre, cay7ndo de rodillas y horrorizada, _prorrum·
uno los que más llaman la atención en la Exposición. les ejecutados por distintos artistas españoles que ilustran la pió en desesperados gntos para ahuyentar al feroz ammal. De
Antes de ocuparnos del palacio de Agricultura, el obra de M. Fuster, La amare/a y sus aplicaciones y una serie repente oyóse una voz q,1e decía: «v~~lvete y encontrarás con
fotografias instantáneas reproduciendo las &lt;listintas estacio· 9ué apagar tu sed: dad~ beberá tu ~)Jº ~ ~~da temas; cobra
cual se halla al Este del de Máquinas y con su her- de
nes de la linea de San Juan de las Abadesas á la llegada del animo y prosigue tu cannno, que tu h1¡0 vmra y será padre de
mosa fachada cierra por el Sur la gran plaza, convie- tren que condujo los restos del gran Berenguer ~I_I á Vich y á un pueblo.» Asi habló la voz en el desierto y la profecla se
ne decir algo acerca de la traza del patio menor que, Ripoll, adornan las paredes del local de expos1c1ones del po• cumplió.
Tal es la leyenda en que se se ha inspirado el pintor Du Mond,
.
junto con la parte Sur del canal principal del estan- pular diario, tan concurrido t?&lt;los los día~.
Exposición de Indume11tar1a retrospectiva. - Los estudiosos, y después de conocida se aprecia en tod,o_ su valor la ver_dad
que, une los dos edificios. Las terrazas que hay en- los artistas y el público en general se interesan cad:i vez más con que ha sido interpretado tan dramahco as~nto y el vigor
frente de ellos, unidas por un puente echado sobre el por los verda?eros tesoros que e~ t~las y trajes, _en muebles,.en con que ha sabido darle forma el renombrado artista francés.
canal, y el cierre meridional de este patio, forman á pinturas, en Joyas y en otros mulhples accesorios del vestido
modo de un eslabón que enlaza los dos edificios, uni- femenino y masculino contienen las numerosas instalaciones La adivina, cuadro de F. Vinea. - De grande y meen la planta baja del palacio de Bellas Artes. A excep- recida reputación goza en el mundo artlstico el pintor florentidos además por dos galerías parecidas á la columna- situadas
ción de la escena que se está terminando, una visita en un sa• no cuyo es el cuadro que reproducimos: su especialidad son las
ta de la de Máquinas y aun á la fachada del Museo lón y con trajes de estilo Luis XV, puede decirse que la expo· escenas alegres de la vida militar y cortesana, principalmente
de Pinturas de Madrid. Esta elegante construcción sición está completamente organizada.
de la época de los Luises XIV y X V de Francia, y en este género ha producido y produce verdaderas joyas que los aficionaestá flanqueada por dos pabellones de gusto español
Teatros. - El intendente del teatro de la Corle, de Stutt- dos se disputan. Sobresalen en todos sus lienzos la elegancia,
sin pilastras y que vienen á ser como alas del edificio
proyecta para el próximo invierno la representación de la minuciosidad, la corrección, la armonía de los distintos ele·
principal. Uno de ellos está destinado á restaurant y gart,
un ciclo de producciones de Shakespeare &lt;lurante quince noches. meatos de que se vale para sus composiciones, y de ello se pue·
el otro á reuniones ó congresos. Entre uno y otro
En el propio teatro ha comenzado la serie de obras ejempla- de convencer cualquiera que atentamente examine La adivina,
corre un bello peristilo y sobre cada cual hay una res con la ópera Fidelio, de Beethoven.
escena admirablemente tratarla, en la que todas las figuras y
- Mascagni ha terminado su ópera Ratclif¡, cuya partitura basta los más insignificantes accesorios llevan impreso un sello
bonita torrecilla coronada por un mirador circular.
ha remitido ya al teatro Real de la Opera, de Berlín, en don· de distinción, que es la característica de Vinea.
En medio de la columnata hay un arco triunfal, y de
se pondrá en escena en la' próxima temporada.
delante del edificio y en el canal una fuente ·con un
- La serie de representaciones wagnerianas que desde el 13
Edad dichosa, cuadro de O. Beggrov-Hartalto obelisco rodeado de leones echados.
de agosto hasta 29 de ,eptiembre se darán en el teatro de la mann. - ¿Quién más feliz que ese rapazuelo que apovecbando

M. A.
..,,.,,.,,,.,, .••••• ,.,...,,., ••• ,1.,,••,1.,, •••1.,,•• ,..........,•• ,••••••••••••••.•• ,., ••••,•• ,•••••• ,.....,,.,, •. ,_.,, •• ,,.......

RECTIFICACIÓN
Hemos recibido de D. Francisco Margarit, de Málaga, la siguiente carta que con gusto publicamos
porque. en ella se rectifica un dato histórico de im-

Corte, de Munich, ha quedado fijada por el orden siguiente:
El anillo del Niebcltmgo se cantará en los días 20, 21, 23 y 25
de agosto, 3, 4, 6 y 8 de septiembre; Las hadas, en 13 y 27 de
agosto y IO de septiembre; El kola11dés volante ( El buquefantasma), en 15 de agosto y 12 de septiembre; Tankauser, en 11
de agosto y 1, 14 y 19 de septiembre; Los maestros cantores,
en 17 de agosto y 21 de septiembre; y Tristdn é Isolda, en 29
de agosto y I 7 de septiembre.
Londres. - Actualmente se encuentra en aquella capital el
maestro Mascagni, que ha sido objeto de grandes ovaciones dirigiendo en Coven Garden su ópera El amigo Fritz, á cuya pri•

un descuido ha podido introducirse en provista despensa en
donde n,. inquietado por nadie puede á sus anchas hacer estra·
gos en las confituras y en la fruta que sólo muy de tarde en
tarde y en ración limitada normalmente saborea? El pequeño
placer que su travesura le proporciona es para él goce grandísimo y aquel momento será sin duda uno de los más felices de
la historia de su niñez. Del artista que tan admirablemente ha
sabido sorprenderle nada hemos de decir; su obra, además de
intachable desde el punto de vista técnico, es altamente simpática; la expresión de la cara del mucnacho dice más que _todos
los elogios que al cuadro pudiéramos dedicar.
.

NÚMERO 601

LA

435

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT -ILUSTRACION ES DE EMILIO BAYARD

(CONTINUACIÓN)

- ¿Qué decían?
- Nada concreto; pero precisamente esa misma vaguedad de las conversaciones es lo que me ha producido inquietud y recelos. En cuanto al capitán, lo
cierto es que me ha sucedido todo lo contrario: empiezo á conocerle ,desde un
punto de vista que aumenta mis simpatías hacia él y las transforma en una estimación razonable y seria.

ñorita le recibiera con los brazos abiertos. Nada habría en esto que se pareciese
á un ofrecimiento que ni tú quieres ni yo consentiría; hay solamente una indicación que las personas ricas deben y pueden hacer á las que no lo son. ¿Ves en
esto algo que no te agrade?
Anie, en lugar de responder á su padre, preguntó:
- ¿Y el Sr. de Arjuzanx?
- Le escribiré que nuestros proyectos no pueden realizarse como esperábamos.
- ¿Como esperabais ... él y tú?
-Eso es.
•
- ¿No tienes alguna parte en este rompimiento?
- Ya arreglaré las cosas de modo que me alcance alguna responsabilidad.
- Corriente; pero toma para ti la parte más pequeña y déjame la mayor; así
obrarás en justicia. Y quiero además que en lugar de visitar á Revenacq y escribir después al Sr. de Arjuzanx, empieces por escribir á éste y ver después á
Revenacq. Conozco á Sixto Jo bastante para estar convencida de que éste no
se presentará nunca á rivalizar con su amigo. Si presta oídos á esas indicaciones
del Sr. Revenacq será de seguro cuando tenga pruebas de que las pretensiones
de su amigo no han sido admitidas,
-Tienes razón; voy á escribir inmediatamente al barón y dejo llara mañana
mi visita al notario.
- ¿Y estás ya conforme con mamá?
-Todavía no; cuento contigo para convencerla.
- Ya sabes que para ella el barón reune todas las buenas condiciones: nacimiento, distinción, gallardía y otras muchas, sin contar con su riqueza.
- Tu madre desea únicamente q~e seas feliz, y cuando adquiera el convencimiento de que no amarás nunca al Sr. de Arjuzanx, cederá.
- Haré lo que quieras; pero ya que vamos á repartirnos la responsabilidad,
repartamos también las dificultades; yo procuraré conseguir que mamá renuncie á un casamiento que desea con entusiasmo; alcanza tú que mamli. acepte el
que deseas.
- Y tú ¿no lo deseas también?
Anie se acercó á su padre con los ojos bajos y aire compungido y contestó
en son de malsana humildad:
- Una hija obediente no tiene nunca otra voluntad que la de su padre.

XI
... llevóse maquinalmente el cucharón :í la cabeza para saludarlo á lo militar...

- Y ¿cómo ha sido eso?, preguntó Anie con su viveza característica.
- Leyendo sus cartas á Gastón. Esta correspondencia, que principia cuando
de muchacho entra en el colegio de Pau y continúa sin interrupción hasta estos
años últimos, ha sido conservada por tu tío; la hemos encontrado en el inventario y la he leído toda. Es una confesión, ó por mejor decir - pues en ella
no hay confesión de ninguna falta, - un diario que comprende toda su juventud.
Ningún informe, ninguna noticia podrían sustituir á las noticias y á los informes
que él mismo da en esas cartas; en ellas puede seguírsele paso á paso y se le ve
transformarse lentamente en el hombre que ha llegado á ser de corazón noble,
de carácter entero, recto, leal, á quien la mancha de su desgraciado nacimiento
no ha consegado rebajar, sino por el contrario, ennoblecer; en fin, el tipo del
esposo que un padre experimentado y conocedor del mundo escogería entre todos para su hija.
Mientras Barincq hablaba sonrióse Anie sin imaginar que la satisfacción expresada por su rostro era una confesión elocuentísima.
- Es decir, que esas cartas..., dijo maquinalmente por decir algo y por el gusto de hablar de Sixto.
- Esas cartas son un panegírico, tanto más interesante cuanto más cierto es
que están escritas sin premeditación y al día. ¿Sabes lo que pensaba yo cuando
las leía?
-Di.
- Me preguntaba yo á mí mismo cómo tu tío no habría pensado en que os
casaríais, con lo cual se armonizaba todo, su cariño al capitán y sus deberes para
con nosotros.
- Mi tío no ha manifestado ese deseo.
- Verdad; no Jo ha manifestado. Pero lo que Gastón :no hizo, por razones
que ignoramos ó acaso también porque la muerte le sorprendió, yuedo yo hacerlo. Si mi hermano tenía deberes para con nosotros, para contigo, para conmigo, yo, por mi parte, creo tenerlos para con el capitán, que real y verdaderamente algún derecho tiene á esta fortuna que hemos. here_dado ... , _aunque no
fuese otro que el que da el cariño común: vuestro matnmomo armomzaría todos
esos derechos y todos esos deberes y además aseguraría tu dicha. Ya comprendes por qué me has proporcionado tanta alegría al manifestar con franqueza tus
sentimientos.
-¿Y ahora?
- ¿Cómo ahora?
- Quiero decir ¿qué pretendes hacer?
- Voy á casa de Revenacq, que es amigo y consejero del capitán.
- Pero Revenacq no puede ofrecer mi mano á ,Sixto.
. .
- Claro que no; pero sí p~ede hacerle.saber_ cuales son _mis 1de~s con respecto á este asunto; y con habilidad y con ?1scre_c1ón c~nse~mr que Sixto comprenda cómo si él quisiera casarse con una linda Joven a quien conoce y que ha podido apreciar, no necesitaría sino agradará esa muchac?a, lograr qu~ _ella le quisiera, para que, prescindiendo de la escasa fortuna del Joven, la familia de la se-

Mientras Barincq preparaba el borrador de su carta al Sr. de Arjur.anx, Anie
declaraba á su madre que después de un detenido y maduro examen de conciencia no podía resignarse á ser esposa del barón.
Las primeras palabras que Anie pronunció acerca de esto produjeron en la
señora de Barincq extrañeza; la extrañeza se convirtió en asombro, y el asombro
se transformó al cabo en indignación y en cólera, que terminaron en un mar•de
lágrimas y en un diluvio de quejas. Era la más desdichada de las mujeres. Nadie hacía caso de lo que ella más deseaba. No hallando con quien desahogar su
ira, pretendió echar á su marido la culpa de todo.
- Tu padre; sí, señora, tu padre con sus historias necias y sus recelos sin fundamento y sus inquietudes sin causa ha logrado cambiar tus sentimientos con
respecto al Sr. de Arjuzanx.
Anie defendió á su padre y respondió que precisamente sus sentimientos con
respecto al barón no habían cambiado: eran en aquel momento exactamente los
mismos que cuando por primera vez se le habló de aquel matrimonio. El señor
de Arjuzanx era del todo indiferente para ella, que no consentiría jamás en ser
mujer de un hombre á quien no amase; Anie no amaba al Sr. de Arjuzanx, no
le amaría nunca; sobre tste punto había consultado á su corazón, no ya una vez
sola, sino más de veinte y aun más de ciento, y su corazón le había contestado
siempre lo mismo; y no habiéndose de llevar á cabo aquella boda, era conveniente romper cuanto antes aquellas relaciones que habían durado más de lo
necesario y que prolongándose más podrían llegará ser hasta perjudiciales. Pero
al no aceptar la mano del barón no renunciaba en modo alguno á casarse; era
preciso, por Jo tanto, que andando el tiempo nadie necesitase averiguar qué había ocurrido entre el Sr. de Arjuzanx y ella y el porqué no se habían casado.
De todos los razonamientos empleados por Anie, este último fué el que pareció á su madre más justo y de más fuerza; la señora de Barincq se había acostumbrado en sus largos años de desgracia á vivir únicamente con el pensamiento
en lo futuro; las seguridades de su presente no habían bastado para habituarla
á prescindir de él; el rompimiento de Anie con el barón no era el rompimiento
con el matrimonio, y era posible y hasta probable y hasta verosímil que su hija
encontrase un partido mejor aún que aquel al cual renunciaba: ¿no podría el barón ser reemplazado por un príncipe? ¿Por qué al hidalguillo no había de susti
tuir un noble de la alcurnia más elevada?
Entonces la señora de Barincq se calmó; tanto que ella misma quiso dictar la
carta para el barón: era conveniente sobre todo huir de explicaciones difíciles y
concretarse á decir, con toda la cortesía posible, que no hallándose su hija resuelta
á casarse at1n, se hacía indispensable suspender aquellas entrevistas que podían
tener inconvenientes.
Anie y su padre se miraron, preguntándose mutuamente si debían aprovechar
aquel momento para iniciar la segunda parte del problema; pero ni el padre se
atrevió ni la hija tampoco; ya era bastante haber conseguido que la madre renunciase al b1rón; tan importante y tan satisfactorio les pareció aquel resultado,
que consideraron prudente contentarse, por ahora, con esto; andando el tiempo
se procuraría hacer que fuese aceptado el capitán; ambos comprendían perfectamente que valdría más dar para la ruptura motivo distinto del que la señora de
Barincq proponía, en vez de fundarlo en la voluntad de Anie de no casarse por

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

entonces; pero al decir esto habría sido preciso entrar en explicaciones ante las
cuales hija y padre retrocedieron.
Cuando estuvo escrita la carta, la señora de Barincq la leyó dos veces; después, cuando se disponía á ponerla en el sobre, la agitó repetidamente entre los
dedos, y mirando á su hija le preguntó:
- ¿Quieres que la enviemos?
- Claro.
- Pues hágase tu voluntad, ¡y quiera Dios que sea para tu bien! ¡Quién sabe
si el que ha de reemplazar al barón valdrá lo que él vale!
Estas palabras solemnes no impresionaron ni á la hija ni al padre; ambos sabían cuánto más valía que el barón el que debía reemplazarle.
Al día sigui~nte por la mañana y cuando se abría el desp~cho entraba Barincq en la notaría de su amigo Revenacq. Cuando el notano oyó hablar ?e
rompimiento con el barón no manifestó sorpresa alguna, antes por el contrano,
elijo á su amigo sonriéndose:
- Te confieso que lo esperaba.
- ¿Y por qué lo esperabas?
- Porque el Sr. de Arjazanx no era el marido que convenía á tu hija.
- ¿Y no me has dicho nada?
- Debías echarlo de ver tu solo; era mejor así.
•
- ¿Echar de ver qué?
- Lo que todo el mundo decía.
- Pero ¿qué decía todo el mundo? Más de veinte veces he pretend\do p'.ofundizar el significado de algunas palabras enigmáticas ó de alguna~ r~ticencias
extrañas y nadie ha querido respo_nderme. Ahora, cuando las negoc1ac1ones matrimoniales se han roto, ¿quieres hablarme con franqueza?
- Se asombraban todos de que consintieras en dar una niña linda como Anie,
discreta, de sentimientos elevados, de entendimiento distinguido á un hombre
corno el barón, que no posee precisamente condiciones parecidas á esas, sino
más bien otras contrarias é ellas.
- ¿Pero qué le censuran?
- Que va en velocípedo á París; que se exhibe en traje de gimnasta en las barracas de las ferias; que vive en intimidad con la Hércules del circo ecuestre.
-¡Ya!
- En Bayona y en Orther no hablaban de otra cosa.
- En Bayona y en Orther son severos.
- Te burlas, á fuer de parisiense escéptico; pero por muy ridículas que te parezcan estas preocupaciones provincianas, ¿crees que un hombre q~e no ti_ene
más ocupación ni otras aficiones que distinguirse en la~ luchas del circo, bnllar
en el sport, es marido á propósito para una joven de entendimiento como tu
hija? ¿Qué puntos de contacto ves entre ellos? Ten por seguro, amigo mío, que
los provincianos no somos tan estólidos como los parisienses se figuran.
- Indudablemente tienes razón, porque á mi hija no le ha gustado Arjuzanx.
- Me parece que ha procedido con cordura, y en lo que á ella se refiere no
me causa extrañeza.
- La verdad es que Anje desea en su marido cualidades muy distintas de las
que el Sr. de Arjuzanx reune; sólo que un marido con las condiciones que ella
exige me parece muy difícil de hallar.
Hubo entonces algunos instantes de silencio; de pronto el notario, acariciándose la barba con la mano, dijo, como si hablara consigo mismo:
- Eso depende .. .
- ¿De qué depende?
- De las cualidades exigidas.
- ¡Oh! Condiciones solamente morales é intelectuales, y físicas también, porque es necesario, ante todo, que el marido sea del gusto de Anie.
- Es muy natural. ¿De manera que la fortuna no entra para nada en vuestras
exigencias?.. ¿Ni el nacimiento?
-Para nada.
- ¿Y la posición social?
- Eso es ya distinto
- Es decir, ¿que aceptarías por yerno á un hombre de buenas prendas person:i.les, que tuviese un buen porvenir aunque careciese de fortuna y hasta de apellido ilustre?
- ¿Piensas en persona determinada?
Barincq y Revenacq se miraron durante largo tiempo sin decir una palabra,
pero hablándose franca y lealmente con los ojos; por último, el notario rompió
aquel silencio para contestar sencillamente:
- Sí.
-¿Quién?
-Advierte que no estoy encargado por nadie de iniciar negociaciones y que
hablo pura y simplemente como un camarada, como un buen amigo .. , amigo
t~yo en primer lugar y luego amigo de tu hija, que me inspira simpatías muy
smceras.
-Habla.
- ¿No te disgustarás conmigo?
- Dime el nombre del candidato.
- Sixto.
Con mucha timidez y mirando con visible inquietud al rostro de su antiguo
compañero había pronunciado Revenacq aquel nombre, pero al oirlo Barincq
tendió con toda franqueza la mano á su amigo y le contestó:
- He venido justamente para hablarte de Sixto.
- Yo te habría hablado hace ya mucho tiempo del capitán, si no me hubiera
detenido la creencia de que tenías compromisos serios con el Sr de Arjuzanx.
- Estamos con respecto á Sixto en situación muy delicada, porque le hemos
privado de una fortuna que él debía considerar como suya.
- En la misma situación, poco más ó menos, estaría Sixto con respecto á vosotros si Gastón no hubiese destruído su testamento.
- De manera que, en puridad, esa fortuna pertenece á nosotros y á él: conque
una alianza entre nosotros lo armonizaría todo.
- Muchas veces me he preguntado, sinceramente te lo confieso, cómo no te
habría ocurrido esa idea; verdad es que no conoces á Sixto como yo lo conozco
y no puedes saber lo que vale.
-Acabo de saberlo leyendo las cartas de Sixto á Gastón, aquellas cartas que
encontraste en el inventario. La lectura de esas cartas me ha inspirado verdade·
ra estimación hacia Sixto.
- ¿No es verdad que es muy buen muchacho?

Nú.MERO 601

-También he leído las cartas de su madre, y no acierto á explicarme cómo
Sixto podía ser hijo de aquella mala pécora.
- Si es, en efecto, hijo de Gastón, esta circunstancia lo explica todo.
- Eso, eso justamente es lo que he pensado; y todas esas cosas, el carácter de
Sixto, su probable parentesco, el asunto de la herencia, han hecho que nazca
en mí la idea de ese matrimonio, esa idea ha tomado cuerpo y consistencia y se
ha arraigado en mi alma, y por esta razón he querido someterla á tu claro juicio
para pedirte primeramente consejo y después auxilio en caso de necesidad.
Porque aunque yo esté, como en efecto lo estoy, dispuesto á aceptarle por yerno,
no sé si él pensará en contraer matrimonio, y aun puesto caso de que lo pensase,
ya comprendes que no puedo ofrecerle mi hija.
- Mi verdadera amistad hacia ti y hacia Sixto te garantiza de antemano que
soy por completo adicto á él y á ti. Y te lo digo francamente, dadas vuestras situaciones respectivas, me parece que no has podido escoger mejor intermediario. A tu pregunta de si el capitán Sixto piensa en casarse puedo contestar sin
vacilaciones afirmativamente. Sixto se casará cuando encuentre la mujer que desea; si ha permanecido soltero hasta ahora es porque no ha encontrado todavía á
esa mujer. No le han faltado ocasiones para hacerlo, cosa que no debe causarte
extrañeza, si tienes presente que siendo buen mozo, oficial brillante, heredero
presunto de Gastón, reunía muchas condiciones para ser un yerno y un marido
muy apetecible. Es cierto que ahora la condición de la herencia no existe; pero
aun así el capitán está muy lejos de ser una proporción despreciable. Ahora
mismo se le presentan dos buenos partidos.
-¡Ah!
- Sixto no está muy inclinado á aceptar ni la una ni la otra proposición; y es
seguro que entre Anie y cualquiera de las otras dos no titubearía.
- ¿Estás seguro?
- Sin ningún genero de duda: tú mismo vas á juzgar ahora. U na de las jóvenes que le proponen es la mayor de las señoritas de Haoraca; y sean cuales fuesen la deferencia de Sixto hacia su general, su adhesión, su respeto á su jefe,
á quien estima y quiere, no podrán nunca decidirle á ser el marido de una mujer sin un céntimo, de hermosura discutible, de carácter no muy agradable y
que, para remate de fiesta, tiene una madre imposible y cuatro hermanas que
probablemente, andando el tiempo, habrían de quedará cargo suyo; esto sería
un verdadero suicidio. Realizable quizá cuando Sixto era el heredero probable
de Gastón, este proyecto quedó reducido á la categoría de una locura desde el
momento mismo en que el inventario demostró que el testamento en que se fundaban esperanzas razonables no existía, y para que la familia Haoraca no haya
renunciado á sus propósitos es necesario que los servicios prestados por Sixto al
general sean tantos y tales que den motivo para considerarlo capaz de cualquier sacrificio. Lo que voy á decirte no lo sé por Sixto, que es muy discreto y muy reservado; lo sé por la mujer del jefe de Estado mayor del general: es una señora,
prima nuestra, y que por el cargo de su marido está en condiciones muy favorables para saber lo que ocurre en la familia de Haoraca. A pesar de sus apa·
riencias de vigor y de robustez, el pobre general está perdido de reuma y de
bronquitis hasta el extremo de pasarse tosiendo diez de los doce meses del año.
Si esto fuese público, aunque el general no tiene más que sesenta y dos años
se le dejaría de cuartel, y entonces ¿qué sería de sus cinco hijas casaderas? _Por
esta razón todo el empeño de la familia es ocultar la verdad á fin de que s1 no
consigue el valetudinario jefe ascender á teniente general, conserve el puesto
y la categoría que hoy tiene hasta cumplir los sesenta y ?in?o años. Par~ _lograr
este resultado todos los medios parecen buenos, y los artificios y las hab1hdades
que emplean darían risa, si no fuese porque dan lástima. Sixto, que es muy
muy buen muchacho y de carácter extraordinariamente dócil y bondadoso, se
asoció á esta campaña, y si en las maniobras militares verificadas últimamente,
maniobras en las que el general no ha sido más que un inválido, se han salvado
las apariencias, al capitán Sixto se ha debido. Sixto ha realizado verda?eros_milagros, de los cuales te dará idea aproximada un solo hecho: ha aprendido Sixto
á imitar la letra de su jefe, y cuando éste ha de escribir de su puño y letra una
carta, la escribe Sixto, por ser en la casa muy frecuente que el general no pueda utilizar sus manos retorcidas y engarabatadas por los crueles dolores del
reuma.
- ¡Buen muchacho!
- Ya comprendes lo afortunado que será quien consiga tener por yerno á
ese excelente joven; pero por muy animoso que sea no ha de echarse al cuello
la cuerda del oficial pobre. Claro es que Sixto no se casará con la señorita
Haoraca, como tampoco se casará con la señorita Libou_rg, la otra novia q~e le
proponen. Esta pertenece á la categoría de las ricas, y prec1sa!11ente por sus nquezas, procedentes de dos quiebras del padre, no la ~cepta. S1xto; de ~anera _que
la chica se verá precisada á contentarse con un h1dalgmllo del Rmlan; h1dalguillo cuyos únicos méritos son conducir imágenes y reliquias de santos en la
procesión de Saint-Ceornin, ser santero honorario. en Lourdes ~ ten~r una larguísima nariz, que justifica, si se quiere, la pretensión del prop1etano de descender, de una hija bastarda de Luis XV.
- Comprendo que la señorita Libourg prefiriese al capit~n.
- Y debes comprender asimismo que á ésta y á la señonta Haaraca prefiere
Sixto tu hija; de todos modos, pronto sabremos con fijeza á qué atenernos,
porque pienso ir á Bayona mañana mismo.

•

Xll
Cuando Sixto, después de haber escuchado durante un cuarto ~e ~ora largo
las explicaciones algo laberínticas del notario, comprendió lo que s1gmficaban _Y
adónde iban tales discursos, principió por encastillarse en la respuesta que Ame
había previsto.
- No quiero ser rival del barón, que es amigo mío.
- ¿Tiene usted algo más que oponer á lo que le he dicho?
-Nada más.
- La señorita Anie, ¿parece á usted agradable?
- Me parece hechicera por todos estilos
- Entonces no se pare ustd en escrú:iulos para los cuales no hay fundamento:
no será usted rival del barón, porque i\nie ha rehusado las proposiciones de
éste.
;
- ¡Ah! ¿Las ha rehusado? ¿No quiere casarse con el Sr. de Arjuz:mx? ¿Pues y
eso? ¿Por qué?

N ú.MERO 60 1

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Todo esto había sido dicho con una viveza que llamó la atención de Revenacq;
evidentemente aquel asunto interesaba á Sixto.
- No he recibido, contestó el notario, las confidencias de esa señorita, que
ignora por completo el paso que ahora doy. No puedo, por lo tanro, responder
de una manera categórica á las preguntas que usted me dirige. Pero de lo que
me ha dicho mi amigo el Sr. Barincq, deduzco que, por unas ó por otras razones,
el barón no ha conseguido agradar á Anie; así las cosas, la familia no considera
conveniente prolongar más relaciones que el mundo podría interpretar mal, se·
gún su costumbre. Además esas relaciones habían comenzado bajo la condición
de sin perjuicio, según la frase usual entre nosotros. Cuando el Sr. de Arjuzanx
expuso á mi amigo Barincq los deseos que abrigaba de ·casarse con Anie, ésta
respondió que en aquel momento no podía aceptar por esposo al barón porque en realidad no lo conocía; pero no queriendo contrariará sus padres, á quienes vencía la idea de tan ventajoso enlace, se prestó á tratar al barón, como éste
deseaba; si con el trato y el conocimiento sus disposiciones con respecto á su
pretendiente variaban de un modo favorable para él, lo aceptaría por marido; en
caso contrario lo desengañaría con franqueza. A lo que parece, los sentimientos
de la señorita Barincq con respecto á Arjuzanx no han variado. ¿No le parece á
usted que la situación es perfectamente clara? •
- Es muy clara verdaderamente.
- Ahora, ¿por qué el barón no ha conseguido ser amado? Lo ignoro; usted
que es tan su amigo puede mejor que yo contestará esa pregunta.
- ¿Es posible acaso saber por qué se ama ó por qué no se ama? Precisamente
porque soy camarada y buen amigo del Sr. de Arjupnx me parece que reune
cuantas condiciones ha menester un hombre para ser amado.
- En este caso, y suponiendo que la amistad no haya cegado á usted, el no
haber conseguido que esa señorita le ame puede consistir en que exista alguna
razón para que la hija de mi amigo Barincq sea insensible á los méritos del señor
Arjuzanx. Esta es otra pregunta á la que no puedo contestar; yo, pobre notario,
debo concretarme á los hechos. Ahora bien: los que me han impulsado á buscar
á usted para hablarle de todo esto pueden reducirse á tres, son á saber: 1.0 Ba·
rincq siente por usted simpatías y le profesa estimación. 2. 0 Mi amigo concede
muy poca importancia ála fortuna del que haya de ser su yerno. Y 3.0 El repetido
Sr. Barincq se conceptúa como obligado á continuar, ó si se quiere prolongar, desde cierto punto de vista la existencia de su hermano mayor, que en paz descanse;
entiendo por lo tanto que es obligación suya realizar, en cuanto de él dependa,
las intenciones y cumplir los compromisos de Gastón. Dicho·lo dicho, y sin insistir sobre ello, porque esa insistencia acaso estaría ya fuera de mis deberes profesionales, dejo á usted solo para que reflexione acerca del asunto. Cuando ha ya
usted pensado maduramente y con el necesario detenimiento, escríbame, ó vaya
usted á Ourteau; esto me parece que será mejor aún, porque si le ocurría á usted
alguna observación ó necesitaba indicar cualquier reparo podría yo contestarle
de viva voz inmediatamente: fui amigo y consejero de Gastón; soy a~imismo
amigo y consejero de Barincq; profeso á usted amistad verdadera: si entiende
usted que en estas circunstancias mis consejos pueden serle útiles, los pongo á
su disposición por completo y sin reserva alguna.
Revenacq, después de haber pronunciado esas palabras, &lt;lió por terminada la
entrevista y se despidió del capitán; para comienzo de las negociaciones había
hecho bastante. Aunque, según su propia expresión, fuese Revenacl1 im pobre
notario, comprendía perfectamente que al dejar como sin intención que con sus
palabras se tradujera la insensibilidad de Anie con respecto á los méritos del
barón, había planteado en el corazón de Sixto un problema muy interesante y
para cuya solución convenía al joven la soledad. Para la pregunta formulada por
el notario no existía, no podía existir más que una contestación: - «El corazón de
Anie tenía ya dueño.» - De esta contestación al deseo de averiguar quién era
ese dueño, no había más que un paso ... ; no era razonable suponer que ese intrépido y brillante oficial de dragones había de vacilar para darlo.
Lo que el notario había previsto se realizó punto por punto: el capitán Sixto,
al hallarse completamente solo, echó de ver que aquella conversación le había
interesado; que en su espíritu existía turbación extraordinaria, imposible de definir y que era al propio tiempo dulce y dolorosa.
- ¿Pero qué? ¿Aquella joven hermosísima podría?.. ¿Y por qué no? ¿Qué razón
había para que él no hubiese producido en ella la impresión misma que ella produjo en él cuando por primera vez se vieron en la arenosa playa de Biarritz?
Cua"ndo Sixto debía razonablemente contener su vuelo ante la consideración de
Arjuzanx enamorado de Anie, ésta había sido absolutamente libre para soñar y
hasta para decidir desde entonces mismo acerca de su destino. ¿Podía acaso Sixto, en sus condiciones de soldado sin fortuna, con un origen que era una •!13ancha,
sin familia, sin relaciones, sin apoyo en el mundo, entablar lucha, compe~1r con un
rival como el barón? Eso habría sido, más que una locura, una estupidez. Las
muchachas ricas no son para oficiales de tales condiciones. ¿Qué habría podido ofrecer Sixto á la señorita Barincq? Su existencia fué siempre bastante cruel
con el capitán para que ésta ignorase que no podía ofrecer nada.~º. le quedaba,
pues, más camino que el de obscurecerse, dejar al barón el yrmc1_pal papel y
aceptar el secundario de confidente, y esto fué l_o que_ el cap1t~n _hizo. Por eso
había visto nacer acrecentarse el amor de su amigo ArJuzanx, s1gu1ó paso á paso
su desarrollo y estudió alternativamente los entusiasmos y las inquietudes! lasco~fianzas y los temores, permaneciendo constantemente en segundo térmmo, canñoso y atento con Anie, pero nada más, y aun casi siempre un poco reserv~do.
Pero ¿por qué Anie, que no tenía para proceder de esa manera las mismas
razones no podía haber escuchado únicamente los impulsos de su corazón? Su
fortuna' le permitía hacer en este particular lo que quisiese; amará quien la agradase, y la autoridad dulce, pero evidente, que sobre sus padre~ ejercía le aseguraba por anticipado que nunca, por ninguna razón sería contranada en sus deseos.
Cuando después de algunas horas pasadas al lado de Anie se habían _Presentado esas ideas á la imaginación de Sixto, habíalas rechazado éste, enoJándose
contra sí mismo por lo que consideraba como fatuidad; _per? en este momento
no eran ya esas suposiciones castillos en el aire, no eran 1lus10nes vanas de enamorado; tenían por base dos hechos reales y verdaderos: el rompimiento con Arjuzanx y el paso que el notario había dado. Indu~ablemen~e Revenacq_hablaba
sinceramente al decir que no recibía las confidencias de Ame y que ésta ignoraba
por completo las gestiones iniciadas por el notario; pero ~ra indudable también
que aquellas negociaciones se iniciaban con la aqmescencia del padre, el cual de
seguro no las hubies~ consentido si_~ la cert~za absoluta de qu~ no sería en
ningún caso desautonzado por su h1Ja, Las simpatías y la atra?c1ón del pa~re
eran también un hecho. Existía además otro hecho que era, s1 cabe, más s1g-

nificativo y de mayor importancia: el des_eo de ~ar_incq de__prolo~gar la vid~ de su
hermano mayor, realizando dentro de ciertos hm1tes las mtenc1ones del difunto.
Sixto medía á pasos la habitación; deteníase de pronto, tornaba á sus pasos y
repetía maquinalmente palabras entrecortadas:
- Casarse ... esta niña hechicera ... casarse ... ¡casarse! Estas 1palabras que al
casamiento se referían eran las que más á menudo sonaban en sus oídos, como
el estribillo de la canción que el corazón inconscientemente entonaba.
¡Qué cambio de existencia el suyo!
En otro tiempo, cuando Sixto se creía heredero de Gastón había soñado un
porvenir con hogar, con familia, con todo lo que habla echado de menos en su
juventud; si el capitán no había r_ealizado -~les ensueños tan pronto como :nhelaba consistió en que no se lo qmso permitir Gastón, el cual formó empen_o en
hallar por sí mismo la mujer que á Sixto ~uería dar, la cual debía reumr tal
conjunto de bellas prendas que no era posible tomarla al acaso; era absolutamente preciso buscar y esperar. Pero mientras Gastón buscaba y esperaba, la
muerte, que no espera, llegó, y aquel testamento de cuy~s principales disposici~nes tenía conocimiento Sixto, no fué hallado: desde la nqueza segura que permitía todas las esperanzas y autorizaba todas las ambiciones, el capitán había caído
en la miseria. Sin embargo, aquella caída con haber sido muy terrible no logró
anonadarlo. Es verdad que en ciertos instantes el joven había sentido impulso
de protesta y estuvo próximo á lanzar palabras de ir~ y de queja: ¿qué había
hecho él para ser víctima de tan rudo golpe? Pero Sixto n~era hombre capaz
de doblegarse ante la mano q~e lo golpeaba, ni podía ~ntregars~ sin consuelo
á la desgracia. No podía ser smo soldado; aún s~ co_ns1deraba dichoso por_que
podía serlo; inmediatamente, abandonan_d,o la habitación ,cómod:t y hasta luJOSa
que las liberalidades de Gastón le perm1t1an ocupar, habia alqmlado un cuarto
modesto habíale amueblado con sencillez llevando allí las cosas de su pertenencia ; acomodó su existencia nueva á su sueldo de capitán. Llevó á cabo to•
das estas variaciones dignamente, sin queja, sin jactancia, como sin rubor ya que
no sin pena; resolvió someterse y amoldarse á la vida del oficial pobre; a~í y
todo, aún sería la suya menos triste que la de muchos compañeros; pues Sixto
no tenía deudas 11Í pensaba contraerlas nunca.
Y cuando tales proyectos formaba, cuando principiaba á realizarlos, he aquí
de repente que el notario con una sola palabra ª?re á _los _ojos del capitá? las
puertas que juzgaba para él cerradas de una existencia dichosa; aquella J0ven
tan linda, en quien Sixto había debido acostumbrarse á ver y á tratar corno la
esposa de otro, podía ser la suya.
- Pero ¿es verdad esto? ¿Es verdad esto?
Y Sixto se reía en tanto que continuaba midiendo su habitación, cuyo entarimado piso crujía bajo los pasos precipitados del joven.
¡Reflexionar! ¡Bah!.. El notario no lo dejaba, como dijo, entregado á sus reflexiones, sino entregado á la alegría.
.
.
Sin embargo, cuando hubo pasado la perturbación de los pnmeros momentos y Sixto comenzó á tr~nquilizarse un ,Poco, ~rese~tóse á la i~aginaci?n del
capitán el recuerdo de Aquzanx, no causandole mqu1etud, pero s1 produciéndole alguna molestia. Si Arjuzanx hubiera sido desconocido ó indiferente para Six•
to, no habría éste pensado en él siquiera; hubiéralo considerado como u~o de
tantos pretendientes desahuciados que andan por esos mundos y que mngún
cuidado le daban. Pero con Arjuzanx era cosa muy diferente: eran compañeros,
amigos y casi casi podría decirse que Sixto era para el barón el confidente de
esos adiores· :sta circunstancia última, sobre todo, colocaba al capitán en situación especi¡lísima, que era indispensable descifrar con claridad, con franqueza,
de modo que no quedase sombra de duda, ni resquicio por donde, andando el
tiempo, pudiesen tener entrada las quejas, las censuras ó los reproches.

Para lograr esto convenía que mediase entre ambos una explicación y que
apareciese muy claro y muy evidente que Sixto no se presentaba en concepto
de rival, con el propósito de disputar á su amigo, á su camarada, la mano de
Anie; si el capitán solicitaba casarse con la señorita de Barincq hacíalo porque
esa señorita era completamente libre; si se adelantaba á ocupar puesto en primera fila después de haber permanecido mucho tiempo casi oculto en la pe•
numbra de los últimos términos, era porque aquel puesto de primera fila estaba
desocupado.
(Continuará)

�LA
ESPIRITISMO RECREATIVO
A mi ilustrado amigo D.

J. P. Capdevielle

No es posible, si no se frecuenta cierta clase de
círculos, formarse idea de la importancia grandísima
que tienen en la vida social de Madrid las ciencias
ocultas, en sus prácticas todas, desde las más inocentes y triviales, á las más peligrosas y trascendentes.
La encopetada dama consulta á la sonámbula para
ligar al amante; el bolsista somete los cálculos numéricos á las comunicaciones espiritistas; la pobre
mujer busca loca en el libro de San Cipriano y en los
movimientos de la varita adivinatoria ó del péndulo
explorador tesoros que fueron escondidos en tiempos

\
Figura

1.•

de la dominación árabe, y después, de la invasión
napoleónica, y en todos dase la credulidad más uniforme, que desde este punto de vista las diferencias
sociales se borran y se agrupan los individuos en un
solo montón, encadenados por la atracción de lo maravilloso y el amor innato á lo sobrenatural.
Las barajas, los trípodes, los sortilegios, los maleficios - ligaduras, anudamientos, levantamiento de
figuritas, enclavamiento, etc., - los filtros y tajismanes, las cédulas y nóminas, los ensalmos y am\)letos
- asunto de que me ocuparé por extenso en oc11sión
oportuna - tienen vida tan arraigada, partidario~ tan
decididos, que á no hallarme dedicado á ocupaciones de carácter más positivo y más prosaico acaso,
habria de hacerlo notar aun de los más miopes en
esta clase de asuntos, y quizás hiciese ver también
cómo alguna vez los destinos de esta querida patria
se han decidido por los consejos de las jurguinas de
nuestra época.
Muchos desgraciados sucumben á las pócimas que
han bebido para conseguir la correspondencia á su
amor, y no pocos se ven encerrados en los manicomios víctimas de preparaciones que hacen nacer un
carilio loco; y mueren sin que el médico pueda evitarlo, porque la medicina es impotente, los infelices
á quienes se hace el envoutement por cualquiera de
los procedimientos conocidos - el del lim'ón estrujado con cintas multicolores y anudadas, el del corazón
de ternera atravesado por agujas ó alfileres en días
fijos y en horas determinadas de la noche y siempre
fatídicas y siniestras, ó el de la figurita de cera ó madera, etc., etc.
.
Se cometen asesinatos por las decisiones de una
baraja, y ruedan á la miseria los que confiados en las
videntes realizan viajes costosísimos para desenterrar
tesoros que no aparecen nunca porque el diablo se
divierte en hacerlos cambiar de sitio.
Y es tal la influencia moral que ejercen las respuestas obtenidas por los medios empleados, y tanta

Figura 2.d

la fe con que se siguen las prescripciones, que todo,
aun los asuntos de mayor interés, se pospone cuando
se trata de llevar á cabo ó el consejo de una médium
escribiente - á quien dicta San Agustín ó Napoleón
- ó el tratamiento curativo de una seudo-sonámbula que dice pestes de los médicos y saca del cuerpo, espiritualmente y por acción á distancia desde su
casa á la del pódrido, - según su estilo peculiarísimo,

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- todo el pus que éste tiene en el cuerpo - operación
que necesita muchas horas de trabajo, - ó las prácticas para ganar loterías y honras, obtener amores, ser
dichoso en los asuntos ó dañar á un rival haciendo
nudos en el cordón del hábito de un muerto. Y es de
ver cómo estas embaidoras curan toda clase de enfermedades, empleando indistintamente el cocimiento de las nueve hierbas, emplastos de piel de culebra,
cataplasmas de cebolla, agua cocida con cuarzo y otras
substancias menos inocentes, el perejil americano (la
cicuta) y muchas más venenosas y de peligrosa administración. Sin embargo, lejos de perjudicar estos
abusos, las que de ellos viven tienen clientela numerosísima que paga mucho, porque también, y á cambio, ve satisfechas sus pasiones y deseos; que en ciudades como esta, la lujuria y la concupiscencia son
los grandes móviles de muchas de las acciones humanas.
Conviene notar que no es raro ver á una dama organizando cruzadas contra el vicio, y hablando más
tarde con el demonio, por intermedio de las sabias,
para satisfacer los propios, sin sospechar siquiera que
la Iglesia condena severamente el pecado horrendo
de entregarse al padre de la mentira, al 1110110 de Dios.
Vivimos en pleno siglo xv respecto al valor que
tienen en nuestra sociedad - privadamente, por supuesto, - las prácticas de hechicería en sus aspectos
menos sorprendentes y más vulgares: no domina el
fenómeno psicológico en sus manifestaciones demoniacas, porque otra es la época y otras son las gentes. Los brujos y hechiceros y los teurgos de la Edad
media y del Renacimiento eran artistas, y muchos
sabios, además; las sonámbulas, las echadoras de cartas, las adivinas actuales, en su mayor número, son
individuos adocenados, rutinarios, reedijicaduras de
doncellas, según la frase de Quevedo, que apenas si
conocen algo de botánica en la aplicación á los fenó-

NúMERO 601
cer la consulta y desenvolverlas después, y entonces
alguno de·los lápices se hallará dentro de la cinta si
es afirmativa la respuesta del espíritu.

Figura 4.•

El secreto del fenómeno consiste en la manera de
desenvolver las cintas: hay que procurar al hacerlo
que el extremo que está encima dé una vuelta de
más, ó antes que el otro, en vez de ir los dos á la
par, y después se continúa el desenvolvimiento paralelamente y el lápiz queda suelto (fig. 4.ª).
El número siete, que es el de cilindros empleados,
tiene su importancia, si no para influir en la realidad
del comercio espiritual, por lo menos para el mejor
éxito de la experiencia, porque es lo probable, y así
ocurre, que entre siete cintas, alguna no sea desenvuelta paralelamente desde el primer momento, aunque el operador no se lo proponga.
Cuanto á la utilidad práctica de los tres nudos, es
nula, pero sirve para dar más carácter á la misteriosa
operación, á la par que aumenta la credulidad en la
eficacia del procedimiento de ligar á los espíritus,
atándolos ( 1 ) .
Para anular la influencia de los espíritus no hay necesidad de conjuros: basta que una vez envueltas las
cintas, se cosan sus extremos para que nunca el lápiz
cambie de sitio, y se pruebe cómo en este caso el poder de los seres de ultratumba es menor que el de
tres puntadas.

M.

LA

NúMERO 601
no de Siam, el p rimer
tranvía eléctrico instalado
en Asia.
Esta línea, de cinco·
kilómetros de longitud,
funciona con fábrica central, alambre aéreo, tro·
lley y retorno por los ríe·
les, como todos los tranvías americanos. Para las
calderas que dan vapor á
los motores que áccionan
las dinamos se emplea
comocombustible la leña,
muy abundante en aquel
país. Los generadores
eléctricos son del sistema
Brush y los motores del
sistema Short. Los coches
están lujosamente jluminados por cinco lámparas
incandescentes de diez y
seis bujías, montadas en
tensión entre sí y en derivación entre los rieles y
el trolley (500 volts), y
pueden alcanzar una velocidad de 32 kilómetros
por hora, aunque en el
servicio normal no pasan
de 24. Por la noche, aquellos coches brillantemente iluminados que se mueven sin caballos y sin ruido excitan en alto grado
la curiosidad de los orien-

tales y aun de algunos
europeos que no habían
visto nunca un tranvía
movido eléctricamente.

LA COCINA ELÉCTRICA

PATE EPILATOIRE U.SER
1

Entre los procedimientos usados por determinadas
personas para consultar los espíritus, figura uno sencillo y maravilloso á la vez:
Se necesitan siete - número simbólico - cilindros-de madera - que pueden ser lápices comunes de Faber, - y número igual de cintas ó tiras cortadas de
una tela cualquiera, de un centímetro de ancho y
cuarenta de largo.
Se toma uno cualquiera de los siete cilindros y se
acabalga en él una cinta, por la mitad de su longitud, poco más ó menos (fig. 1.ª); después se arrolla
toda la cinta en el cilindro ó lápiz, cuidando de que
las dos mitades vayan unidas (fig. 2.ª) y se sujeta el
rollo con un hilo para que no se deshaga. Se repite
la operación con los siete lápices, y una vez así dispuestos se colocan sobre una cinta de media vara de
longitud, en la que se han hecho tres nudos, simbólicos también, con la cual se atan formando un haz;
encima de él se pone la mano izquierda, al mismo
tiempo que se invoca mentalmente un espíritu en el
que se tenga fe; se le pide protección y ayuda, y se
le ruega - mentalmente siempre - que responda á la
demanda.
Una vez terminadas la invocación y consulta se
retira la mano, se desata la cinta de los tres nudos,
se rompe el hilo que sujeta la que envuelve á cada
lápiz y se desarrolla una á una. Si la respuesta es afirmativa, alguno de los lápices debe hallarse libre de
la cinta (fig. 3.ª); si, por el contrario, el espíritu dice
que no, todos los lápices permanecerán dentro de
sus cintas respectivas como en la figura 1.ª
(El que quiera apreciar el efecto, que haga la experiencia antes de continuar leyendo.)
Puede verificarse todo el trabajo á la inversa: doblar las cintas por la mitad y arrollarlas en los cilindros como lo indica la figura 3.ª; envolverlas hasta
terminar y atarlas como en la operáción anterior; ha-

destruye hasta Ju RAl~EB el VELLO del rostro de Ju damas (Buba, Bigote, etc.), 111
llinguo peligro pan el eolia. 50 .&amp;ñoa de Íl:itlto, 1millares de teatlmonioagmoliwl la ellcacla
d&amp; esta preparacioo. (Sf Yellde eo 11Ja1, ~ la barba, y en 1/2 oaJa1 para el blgott 'ligero)! Pul
IOI brazos, emplée!1 e! •l!l..lJI. t'UH.14 DUl!ISER, l , rue J ..J .-Rouaaeau. Parla.

~-

SECCIÓN CIENTiFICA
APROVECHAMIENTO DE LA CATARATA DEL NIÁGARA
COMO FUERZA MOTRIZ

Completando el artículo que publicamos en el número anterior, diremos algo acerca de la instalación
montada en la orilla canadiense y que está destinada
á proveer de fuerza á la ciudad de Búfalo.
Esta instalación, como puede verse en nuestro
grabado, difiere de las que hay establecidas en la orilla americana. En éstas las turbinas están colocadas
á la salida del canal, en donde el agua tiene todavía
una velocidad moderada, y la galería de desagüe desemboca en la orilla más abajo de la catarata.
En la margen canadiense, por el contrario, el agua
tomada más arriba de la catarata cae verticalmente
por un tubo de gran profundidad sobre unas ruedas
hidráulicas del sistema Pelton, y desde aquí y por una
galería horizontal á un banco de rocas situado á mitad de altura de la catarata, por donde se verifica el
desagüe.
Las ruedas hidráulicas ponen en movimiento una
serie de dinamos Ferranti.
La instalación que se ve en la parte superior del
grabado sirve para colocar las máquinas y es retirada
una vez colocadas éstas.

J G

Lu .

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u·

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CARNE
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T6Dicoa mu reparadonr.
11W

IIIÚdO

101

VINO FERRUGINOSO ARDUO

T COK TODOS LOS PlUNCIPIOS KtJTJUTIVOS DB U CABNB
I Diez añoa de exito continuado y 1aa afirmaciones 4e
tódas las eminencias médicas preuban que esta asociaclon de la ()arae, el ■lel'l'e y la
•uina conaUtuye el reparador maa eneri'lco que se conoce para curar : la Clordsú, la

c,.1an. m..-:aao y ••111u

Afttm1a las . l l e m t ~ dolorosa,, el Jlmpollrectmíento Y la .d.lteracton a, 14 Sangr,,
el RaqÚltúmo, las .dfe c ~ escro(Ulola, Y u cor/Jut1cas, etc. El l'i•• lrerract■•.. de
Areud es en erecto, et único que reune todo lo que entona y fortalece los organoe,
regulariza• coordena y aumenta considerablemente las tuerzas ó Infunde a la a&amp;DiI'O

empobrecida y descolorida : el Vigor, la Coloracwn_ y la 8Mrg"! 01~111.
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SARPULLIDOS, TEZ BAallO

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Hydropesias;
Toses nerviosas;
Bronquitis, Asma, etc.

Empleado con el m~jor exito

Dlt. PAAIS

.no titubean en purgar,e, cuando lo
.necesitan. No temen el a,co Di el causancio, porque, contra lo que sucede c!'n
los demas purgS11tes, este no obra bien
BÍllo cuando se toma con bueno, alimentos
y bebidas forti!icllJltes, cual el vi1lo, el cal6,
el t6. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida 9'Ue mas le convienen,
segun sus ocupac1one1. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamenteanuladoporelefectodela
buena alimentacion empleada,u.no
,e decide fácilmente á volver
á empenrcuan~, v•ces
sea necesario.

EL PRIMER TRANVÍA ELÉCTRICO EN ASIA

(1) En cierto modo este experimento no es sino una aplicación de un juego de física recreativa, conocido de antiguo y
que describe Jerónimo Cortés en su obra Fisonomía y varios
secretos de naturaleea (Valladolid. Viuda é hijos de Santarén.
Año 1788, pág. 116).
«Tomas tres cedulillas de papel iguales en anchura y desiguales en longitud y en color, y junta todas tres, que estén
iguales al cabo y arróllalas hasta el otro cabo: ahora tómalas á
desplegar y hallarás que la cedulilla de en medio se pasó arriba
y la que estaba encima se puso en medio; cosa digna de ser no·
tada, cuya causa no sólo nace del arrollar las cedulillas susodichas, sino que principalmente se toma al desenvolverlas. Y advierte que unas veces sucede lo dicho y otras veces no, y pro·
cede de la postura de las cedulillas y aun del modo ele cogerlas.»

fffl I aadah CIOI lfll, tblpa
8, LEl'ITE.l'A8, TEZ ASO

arabede.._,l
!pi\·
· l de AfeccionesdelCorazon,
contra las diversas
9l·t Q

MONTANEA Y SIMON, EDITORES

La tracción eléctrica penetra en todas partes: recientemente se ha inaugurado en Bangkok, en el reí-

---

LüT !NTtPdLIQUK -

LECHE ANTEF.ÉL

OTERO ACEVEDO

Jenoua (U coatm lu
menos anímicos, y que ignoran en absoluto el manejo
de las fuerzas orgánicas que existen en el cuerpo humano.

El club eléctrico de
San Luis (Estados U nidos) hace tlna propaganda elegante en favor de la
cocina eléctrica, habiendo dado recientemente
una sesión experimental
á la que asistió gran concurrencia de caballeros y
señoras, que admiraron
especialmente los hornos
eléctricos &lt;1ue ofrecen sobre los de carbón y gas
ordinarios la ventaja de
una limpieza absoluta y
de una radiación térmica
insensible, pues el calor
se desarrolla dentro y no
fuera de ellos. En estos
hornos se cocieron carnes, pan, tortas, patatas,
etcétera, y se preparó el
te y el café, todo ello en
la sala de recepción para
mayor entretenimiento
de los invitados.

Aprovechamiento de la catarata del Niágara como fuerza motriz. - Instalación en la orilla canadiense

,,.,•,. 1•••••••••••••••,1•,,•,,,.,,.,,,.,1•,,..,,.1,••,,•••••,1•••••••••••••••••••••••••••"•1•••"•••••••,1•••••••••••••r,,~,r,1•

Figura 3.•

439

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

PREMIO DEL INSTITUTO AL D'CORVISART, EN 1856
lltdallu en laa Expo1lolonu lnlernaelonalu de

P!IIIS • LYOR • TIEIU • PBIUDELPBIJ. • PJ.RIS
1867

• 187i

18;3

1876

l8i8

H I.UU4 00~ IL ■ATO&amp; ts1ro 11B U&amp;

DISPEPSIAS
OASTRITIS - 0ASTRAL01A8
DIQiSTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
1' OT&amp;ol DIIOI.DIRII DS U. DIOIITIOII

BAJO LA F ORK.\ DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
PO~VOS, de PEPSINA IOUDAULT
PUi~, Pharmaoie COLLAS, 8, nie Daapltlae
r m la, prlnclpole, 'ª"""'""''·

,

~,

....

~
~~

I ¡;¡
I
1

11. Ml.11110

BBlVAIS

rei,reaenla mctameoll al hierro
cooteoldo eo la economía. Elperimeolado por 101 , r1oc1palea médico, del

mando, pua lomedlallmeote ea la
IIDJrt, no oeulooa ealre6imlenlo. oo

l'ltlca el Nldmaso, no 1nnerreca loa
dienlelo Tl1111rnilllplt.a1111Uet1li4.
hlJ111 la ftrW111 lw.
,·

D• Venta 1n todu /11 F1rm10/11.
'" 1&amp;¡11: 40142,r, lt,Luare, Paril.

�LA

440

NÚMERO 601

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EDAD DICHOSA,

cuadro de 0 . Beggrov-Hartmann

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á. los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61, Paris.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 601, Julio 3</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                    <text>0~1rtélC10t)

12tí~t1ea
A~o XII

BARCELONA 10 DE JULIO DE 1893

NÚM. 602

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

¡DJll ÉLl..1 cuadro de W. ~l;,erg

�LA ILUSTRACI ÓN

ARTÍSTICA

NúMERO 6 0 2

troversia. apasionadísima. La trascendencia del arte,
es decir, el arte docente, el arte moralizando, el arte
haciendo política ó religión, el arte socialista, ha sido
puesto sobre el tapete cien veces y en las cien veces
se riñeron batallas descomunales. Proudhón mirando
con recelo á los artistas, como dice Zola en Mis odios,
creyendo que debía admitirlos en su ciudad modelo,
por no desperdiciar ninguna fuerza para el logro del
Texto. - Verdades y mmtiras, por R Balsa de la Vega. - Re·
eterno ideal del perfeccionamiento de la humanidad
cuerdos del centenario rojo. L1,is XVII. Ifl. La comigna de
la revolucúfo, por Emilia Pardo Bazán. - Los edificios de la
y prononiéndose hacer del arte un medio.educativo,
Exposició,i tmiversal de Chicago, por M. A. - Didlogos maobligando
al artista á prescindir del mismo, para entn'tenses. En la porterla de la Dirección general de ***, por
trar en la cifra de trabajadores que obedecen á las
A. Danvila Jaldero. - Afisceldnea. - Nuestros grabados. órdenes de una filosofía y de un orden social que
A,iie (continuación), novela original por IIéctor Malot. SECCIÓN CIKNTIFICA. Varios. - Libros enviados á esta Repretende poseer la fórmula de la J ust1cia y de la Modacción.
·
ralidad; Proudhón diciendo que diez mil ciudadanos
Grabados. - ;De 111.• , cuadro de W. Amberg. - G11illoti,i
que han aprendido dibujo tienen una fuerza de oripresenta á la Convemión el 111odelo de la guillotina, cuadro de
ginalidad, una potencia artística, etc., etc., está muy
J. C. IIerterich. -l,1arat; llfuerlede Afarat; Carlota Con/ay.
- Los edifaios de la Exposición universal de Chicago, ocho
distante de influir, como han afirmado muchas gentes,
grabados. - Instalación de la Real Fdbrica de porcelanas de
en el criterio estético y en el trascendentalismo artísSajonia y SeaiJn alemana en el Palacio de la Industria de
tico preconizado por Pi y Margall.
la Exposición de Chicago, dos dibujos de E. Limmer. - Et
Pi y Margall mira el arte, mejor dicho, la obra
igorrote Tayabdn, dos grabados. - Et monaftdllo, estatua de
Manuel Fuxá (Salón Parés).
artística, desde un punto de vista diametralmente
opuesto al estético de Proudhón. Para el gran pensador francés, la forma en sus relaciones más ínti·
VERDADES Y MENTIRAS
mas con la verdad, con la Naturaleza, le preocupa
muy poco, mejor dicho, no le preocupa nada; lo
El ilustre hombre público Sr. Pi y Margall dió á
esencial es la idea, la fuerza dogmática de la idea:
mediados del mes que termina mañana una confepara Pi y Margall, sin que yo niegue que le concerencia en el Ateneo de Madrid, sirviéndole de tema
de á la idea desarrollada en el lienzo ó en el márpara exponer sus doctrinas acerca de las Bellas Ar***
Dando de lado á la primera parte, por cuanto en mol mayor importancia cuanto más directamente
tes el Carácter y fin del arte.
A pesar del calor sofocante que se sentía en la cáte- ella solamente se hizo historia, en la segunda hay una ataña al progreso y á los ideales sociales, sin embardra de la docta casa de la calle del Prado, la concu- afirmación que yo creo irrebatible: la de que, teniendo go, está muy lejos de creer que el cuadro que tan
rrencia era muy numerosa, y á más de numerosa, de para la realización plástica de la obra de arte la vista sólo evoca un sentimiento, un afecto, una emoción,
la más· culta é inteligente con que cuenta la capital tija en la Naturaleza, no por eso puede aceptarse una sensación puramente pasional, puramente sujetide España. Políticos, artistas, literatos, hombres de como buena aquella que es copia servil de un tipo va, sea obra inferior, ni mucho menos; Pi y Margall
ciencia formaban el auditorio del ilustre autor de aislado ó de un motivo cualquiera. Contra tal idea es un entusiasta de Delaroche, uno de los artistas
protestaron después de la conferencia muchos artis- menos apegados al arte trascendental y un poeta del
Las Nacionalidades.
Todos sabemos con qué claridad discurre y teoriza tas y críticos, argumentando que tal fórmula des- drama del Calvario, un pintor casi místico.
No han entendido los que le !!amaron proudhoniael Sr. Pi; todos sabemos cuán grandes son sus cono- truye el realismo llevando al pintor como al escultor
cimientos artísticos, cuán depurado su gusto, y ade- á fijar de nuevo un canon de la belleza cual lo hicie- no lo que Pi con claridad y concisión pasmosa exmás ninguno de los allí congregados ignoraba que el ran los griegos, además de enmendar la plana á la puso como consecuencia de las dos primeras partes
conferenciante es el autor de una Historia dtl Arte Naturaleza, por el mismo Pi y Margall señalada como de su oración. El trascendentalismo del pensador
federal se limita á recabar del arte que atento al meque la estrechez de criterio de un gobierno reaccio- el modelo que debe copiarse.
Distingamos. Entre los griegos se tendía á buscar dio social é intelectool en que vive, vea y presienta,
nario remitió al índice, salvándose únicamente de la
razzia unos cuantos ejemplares del primer tomo. una sola fórmula de la belleza humana, aquella que como vió y presintió en otros días y en otras socieDesde entonces - ya van de esto algunas docenas de dentro de la raza purificada por la selección, dispues- dades. Claro está que al afirmar que ( 1) «si hoy rinaños, - Pi y Margall apenas si se ocupara especial- ta por las mismas leyes, había concebido el genio den el pintor y el poeta culto preferente á. la forma,
mente del arte (al menos que yo sepa); y he aquí la heleno. Por otro lado, nadie desconoce que informa- lo rendirán á la idea muy pronto,» es en cierto modo
razón del por qué se esperaba con verdadera curiosi- ba en esa idea de la belleza antropomórfica un espíritu concederle al arte una ingerencia de cuantía en la
religioso, si humano, no por eso menos hierático, que propagación de los ideales que hoy se inician y por
dad la conferencia de que me ocupo.
Bien sabido tenía yo que las ideas del conferen- obligaba á una homogeneidad grande al artista. Hoy los que luchan en determinadas clases de la sociedad;
ciante habían de ser motivo de discusiones acalora- también buscando la belleza por caminos más anchos pero no por esto prescinde de lo que el arte es ni
das. Terminada la conferencia, se comentaban por y desde otro punto de vista, si es imprescindible el desconoce cuál fué y seguirá siendo su misión primelos pasillos y salones del Ateneo las afirmativas del estudio de la Naturaleza y del hombre, no por eso ra, puesto que, así en su conferencia como en la obra
orador, y ciertamente que no eran los menos los que para alcanzar á producir lo bello es menester definir- que cito, dijo: «El arte y la poesía han sido siempre
las combatían en nombre de los novísimos ideales que lo concretamente por medio de una fórmula plástica. la expresión del sentimiento: concurrirán con la ciende Francia nos vienen. Pero pude hacer una observa- Dentro de la filosófica, que dice que la belleza no re- cia, como jamás concurrieron á realizar nuestros desción curiosísima, y esta observación fué que no hubo side en el individuo y sí en la especie, cabe hasta el tinos.»
Pero ¿qué otra cosa hicieron los artistas de todos
dos censores que estuviesen de acuerdo ni que su- individualismo; pero, entendámonos, en lo que restiempos, sino reflejar la cultura, el medio social, las
piesen cuáles eran ó cuáles son, mejor dicho, los no- pecta á la interpretación y al sentimiento.
No faltaría más sino que porque sf, por razones tendencias que en el orden intelectivo, así en lo que
vísimos ideales en nombre de los que combatían las
de un orden completamente extraño á lo que el arte se relacionaba con la política y la religión, como con
doctrinas expuestas por Pi y Margall.
es y significa y le está encomendado, por razones de las evoluciones estéticas que fueron paulatinamente
*
una tendencia científica, cual las de la ciencia analí- sucediéndose y variando el punto de vista y el con**
Pi y Margall es un convencido del trascendenta- tica de los modernos fisiólogos y psicólogos, convir- cepto de la plástica? El Renacimiento, volviendo por
lismo del arte. No voy ahora á examinar si es ó no tieran pintores y escultores, como gran parte de los los fueros de la belleza de la forma, tuvo, sin embaradmisible ese trascendentalismo en los extremos que novelistas contemporáneos sus plumas, los pinceles ó go, en todos sus grandes artistas otros tantos caracteres
el conferenciante indicó en su oración; lo haré más los palillos en bisturís de disección ó en podadera.de que la interpretaron según su personallsima manera
adelante: me limitaré primero á dar una ligera idea nada. Pero desgraciadamente creen hoy los más de de sentir; y aun dedicando á la forma los esfuerzo~
de las expuestas por el jefe de los federales españoles. esos, tocados de la manía del arte-ciencia, que el ar- gigantescos de que fueron capaces Miguel Angel,
Comenzó afirmando que el arte es una necesidad tista no puede considerarse tal si hace selección al- Leonardo de Vine~ Rafael, Cellini, y en fin, la pléespiritual innata en el hombre. Para probar esta afir- guna, si no describe con el coloró con el barro las de- yade de maestros inmortales de los siglos xv y XVI
mación hizo una ligera reseña histótica del desarro- formidades y las macas del individuo, como analiza el que contaron Italia en primer término y después Esllo que adquirió, así como de su carácter, en los histólogo hasta aquellas células que se escapan á. la paña y Alemania, nadie puede desconocer cómo inpueblos de la antigüedad, no olvidándose de llamar la simple inspección ocular. ¿Qué importa la emoción fluyó en la obra de aquellos hombres superiores la
atención del auditorio respecto de aquellas razas que estética provocada por la belleza de la línea, por la corriente intelectual en la filosofía, en la política y en
por influencia del clima en que viven son más aptas misteriosa y armónica combinación del color, por la la religión por que atravesaba Europa. Y así como al
para sentir la emoción estética y darle forma plástica, escena idílica ó trágica, por el drama, por la pasión, mirar las Sibilas de la Sixtina y las estatuas que deponiendo como ejemplo el indio americano, creador por la virtud, por el vicio mismo, si todo esto está coran el sepulcro del :Médicis, ó la misma del Pensade un arte característico y genuino, especialmente representado con tipos que no son sintéticos de una tivo ó la reposada de Moisés, se advierte claramente
en aquellas regiones de América donde el clima es raza, sino ejemplares de neuróticos, ó de gañanes ese influjo de que hablo, pues parecen leerse en
templado. Dirigió después una ojeada rápida al ca- exhaustos de toda condición de belleza? ¡Oh, el rea- aquellas frentes sombrías las exaltaciones del gibelino y las ideas del filósofo que se desliza de influenrácter que aquella entidad tuvo en la Caldea, en la lismo!..
Me preguntarán ¿qué entiendo por belleza?, y yo á cias ortodoxas, sin que por esto padeciesen en lo más
Asiria, en el Egipto y en la India. Mencionó brevemente la metamorfosis sublime sufrida por el arte mi vez pregunto ¿qué entienden por realismo y por mínimo los entusiasmos del artista por la forma, así
en Grecia y después en Roma y la absorción que de naturalismo? Yo creo que la sensación agradable ó hoy pueden ser perfectamente admitidas dentro del
la escultura y de la pintura hizo la arquitectura, sobre repulsiva que causa la vista de un objeto es la que arte las obras que reflejan las grandes luchas sociaindica lo bello ó lo que no lo es. ¿Contestarán á lo les, como se pintan y describen la tempestad y la
todo la cristiana.
La segunda parte del discurso la dedicó el Sr. Pi que yo pregunto para que sepamos si están autoriza- calma, el día espléndido de sol y el triste y obscuro
á definir la teoría del arte. Recaba para la Naturaleza dos los que chillaban contra la afirmativa de la se- del invierno.
el lugar supremo, en lo que atañe á la realización gunda parte de la conferencia de Pi, para hablar como
R. BALSA DE LA VEGA
plástica de la obra pictórica y escultórica, y apunta lo hadan?
la selección como necesidad para la síntesis de la be29 ele J unio ele 1893
lleza y del tipo.
La tercera parte de la conferencia fué la más perPara mí la tercera parte de la oración del autor de
(1) Las luchas de nuestros dlas: Francisco Pi y Margall,
sonal, esto es, en la que expuso sus ideas respecto Las fuellas de nuestros dias es la que se presta á con- páginas 435 y 36.
de la trascendencia que el arte debe tener en el desenvolvimiento de la cultura de los pueblos y en el
mejoramiento, por tanto, de la especie humana.
Ofreció como ejemplo varias obras de artistas célebres, entre aquéllas, el lienzo de Owerveck, que representa á un esclavo tendiendo á Cristo sus manos
ceñidas por la ergástula de la esclavitud. «Nada - dijo
poco más ó menos - son ante el sentimiento ni ante
las ideas redentoras de los modernos tiempos los
cuadros del eximio pintor reusense Fortuny, porque
en ninguno, aparte de las brillanteces del color y de
la factura, existe motivo moral que los haga perdurables; aconteciéndole lo mismo, salvo tres ó cuatro
cuadros, á la obra entera de Meissonier. Por esto
creo que el cuadro Una huelga de mineros en Vizcaya,
de Cutanda, exhibido en la Exposición internacional
de Bellas Artes últimamente celebrada en Madrid,
tiene una importancia grandísima, y quedará como
obra de la pintura contemporánea digna de ser tenida
en cuenta por los artistas, como la tendencia necesaria
del arte, el cual ha respondido siempre al medio social en que se produjo.»
Esto, salvo la mayor amplitud de las consecuencias filosóficas y sociales y la mayor cantidad de
ejemplos que ofreció, amén de la claridad y del método expositivo del orador, es lo que en síntesis dijo en
su conferencia el Sr. Pi y Margall.

N ú MERO 602

LA

443

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

volaba. Al fin concluyeron: ¡qué'remedio! &lt;!Acuérdate
de Dios y de mí,&gt; dijo la reina al dar el último beso
al hijo á quien no había de acariciar más. «Nd pases
cuidado, exclamó un municipal, el chico estará atendido: la nación es grande y generosa.» Cerróse la
puerta, y entonces la madre, en _c~nvulsivo espasm?,
se arrojó sobre la cama vacía y t1b1a aún, y la mordió
y se mordió las manos entre rugidos. Ahora que no
estaban allí los verdugos bien podía ser mujer y ma, dre y fiera. Se había colmado la medida, y la hiel
rebosaba. El Terror, al cortar la cabeza á María Antonieta, ya no la hizo daño,
porque primero la había
sacado del pecho el corazón al robarla el hijo.
El «preceptor» que
aguardaba á Luis XVII
- en el mismo departamento del torreón que había ocupado su padre era el famos!simo zapatero
cuya celebridad eclipsa á
la de los sayones de la
torre de Londres, inspiradores de la musa de Sha·
kespeare. En efecto, el papel de aquellos sayones se
redujo á sacar los ojos ó
estrangular. Antonio Simón estaba encargado de
una comisión más delica·
da, de mayor refinamiento: cegar un espíritu y asfixiar un alma.
De oficio zapatero de
viejo, viudo, habíase casado Simón en segundas
nupcias con una criada de
servir que tenía algunos
ahorrillos, y estaba la fea
pareja en los primeros meses de luna de miel y deseando sucesión cuando
estalló la tormenta revolucionaria. Simón, en su
barrio, pasaba por hombre
de apacible índole; las modistillas del barrio gasta·
ban bromas con él; los
vecinos le otorgaban la
estimación que merece el
artesano honrado. Y en
este concepto de buen
GUILLOTIN PRKSKNTA Á LA CONVE NCIÓN EL MODBLO DE LA GUILLOTINA, cuadro de J. c. Herterich
hombre inofensivo hubiese vivido y muerto el zapatero Simón, si el volcán
ple. El arma contra Luis XVII fueron á su vez estos había evasión posible: los unos servirían de rehenes no le convierte, de piedra y escoria, en lava encendida. Los antropólogos que estudian el fenómeno
supuestos intentos de los Girondinos. Temía la revo- contra los otros.
El 1.0 de julio de 1793 decretó la Convención que moral de las revoluciones, atribuyen cambios como
lución - y no sin fundamento - que la piedad y la humanidad, dormidas, despertasen á los ecos del llanto el niño Capelo fuese separado de su madre y encerra- el de la personalidad de Simón á un contagio epidéde un niño. A aquel niño no le podían hacer subir do en la prisión más segura del Temple: Resolvióse mico, que en el hombre civilizado resucita el salvalas gradas de la guillotim: sólo cabía deshacerse de también dar á Capeto &lt;un preceptor.» A las diez de je primordial, el homicida oculto, que como el fuego
él. Vamos á ver lo difícil que es deshacerse de una la noche del 3 de julio, el niño dormía en una cama bajo la ceniza, sólo espera la chispa que lo reanime.
criatura; cuán larga serie de esfuerws, qué suma de que, á falta de cortinas, resguardaba de la luz un pa- Taine, en sus estudios sobre la Revolución, recoferocidad se necesita para extinguir la savia vital de ñolón de la reina. Esta y su cuñada zurcían las usa- noce los efectos de la embriaguez del poder en un
un tierno y florido arbusto. Cuanto voy á referir es das ropas. Madama Royale lefa en una Semana plebeyo - embriaguez que hace al criminal por oca·
rigurosamente histórico, probado por medio ~~ do- Santa. Oyen rechinar los cerrojos, ábrese la puerta y sión. - Al zapatero de viejo tenía que emborracharle
cumentos, que recogieron con devoto esmero diligen- entran seis municipales. Al oír la orden de que son verse dueño absoluto de un niño, que era el rey de
tes investigadores, al penetrar, antorcha en mano, en portadores, María Antonieta se incorpora, ·pálida y Francia.
casi fuera de tino. «¡Señores, por compasión! ¡El niño
Simón se había señalado como celoso jacobino,
la fúnebre sima del Temple.
Para empezar el suplicio del niño, lo primero que me necesita; no es posible separarle de mí!» Por pri- amigo y seidij de Marat. La mujer de Simón también
se necesitaba era separarle de su madre, con qmen mera vez acaso, las rodillas de la altiva princesa se prestara servicios á la patria, curando á los marsellevivía desde la muerte del rey. Guillotinar á la reina doblan: la madre no conoce el orgullo: sólo sabe que ses heridos en la jornada del 10 de agosto. Cuando
era cosa resuelta ya; pero mientras tuviese un soplo de á su hijo se le arrebatan, y su fiel corazón adivina se trató de buscar ayo para Capeto, Robespierre y
vida, la madre cubriría á su hijo con su cuerpo y le para qué. «Venga el chiquillo, ó nos le lledefendería como una leona: había que arrancárselo vamos por fuerza.» Despierto al ruido Luis,
N, O
sin dilación. Otro motivo impulsaba á tan cruel me- se cogía llorando al cuello de su madre, y
dida: la conspiración (verdadera, no imaginaria, cual ella, con insensata y sublime resolución, se
la de los Girondinos) tramada por el barón de Batz ponía delante, abría los brazos y quería recon objeto de libertar á la reina y á su hijo el delfín sistir, ó que la matasen allí mismo. «¡Vaya
un alboroto por nada!, dijo un municipal; y
Luis Carlos.
R ÉP U BLI QUE
FRAN&lt;;•AISE.
Este barón de Batz, muy determinado y aventu- á nuestros hijos nos les están acuchillando
=-i•&gt;-&lt;-rero era el mismo que el día de la ejecución de en la frontera tus amigos!» Esta acusación
Lui~ XVI se apostara en una ca!le, en ~ompañía d~ hizo que prevaleciese la reina sobre la maotros tres hombres valerosos, y diera el gnto de c¡Am- dre. «Mi hijo aún no tiene edad de servir á
mo! ¡Salvemos al rey!» Nadie repitió el grito, y dos la patria: cuando sea mayor gozará en con.,e
de los conjurados fueron hech?s trizas: otros do~ des- sagrarla su vida.»
Después de haber implorado en vano la
~ inscrit .sur. le tabieau des habitans de la Commune de tir,i
aparecieron como si les hubiese tragado la tierra.
limosna
de
unas
horas
más,
las
tres
mujeres,
Batz fué de los desaparecidos. Oculto en París, reBruxelies N'0
n est domicilié , t u ~ .,d
suelto á burlar él solo al gobierno terrorista, se pier- sucumbiendo á la fuerza, pidieron el favor de
H
de la cuenta de las tramas que tejió desde su escon- vestir por última vez al muchacho, lo cual
Ítttion N.o/Jj.,g6 d,.J:¡, oos
hicieron
entre
lágrimas
y
ternezas,
tardando
lo
drijo: la revolución ~legó á cobrarle miedo: ~edid~s
~
severísimas fueron dictadas contra él: púsose a precio más posible, disputando al rigor de los raptosu cabeza. Riéndose de tantas precauciones, Batz lo- res un minuto, un segundo, del tiempo que
Facsimile de una cédula p&lt;-rsnnnl

gró entrar disfrazado en el Temple. En combinac!ón
RECUERDOS DEL CENTENARIO ROJO
con un municipal realista, preparó disfraces, combmó
horas y tiró líneas para hacer evadirse á las tres muLUIS XVII
jeres y al niño. Hubo que iniciar á mucha gente en
IV. - LA CONSIGNA DE LA REVOLUCIÓN
el secreto de la empresa: transpiró, y se desgració; no
pudo probarse, ni siquiera pudo ser atrapado Batz;
El arma para destruir á los Girondinos fué la acu- pero el rumor de la conjura dió la voz de alarma, y
sación de conspirar con objeto de restaurar la monar- el gobierno revolucionario comprendió al punto que,
quía constitucional sacando á Luis XVII del Tem- una vez aislados los miembros de la familia real, no

..

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47t11'4,on
ff

..

......

�444
Marat, unánimes, recomendaron al excelente descamisado Simón. Encerróse con su alumno, del cual le
estaba prohibido separarse un negro de uña, y desde
aquel instante la pareja empezó acumplir su oficio
religiosamente.
La primera noche no hubo fuerzas humanas que
hiciesen acostarse al niño. Por espacio de dos días

Copia de un retrato original
de Boza (abril de 1793)

MARAT. -

LA

ÍLUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Sucedió que á los tres ó cuatro días de haber sido
entregado Luis á Simón, esparcióse por París la noticia de haberse evadido el prisionerito. Alrededor
del Temple se formaron grupos compactos y amenazadores pidiendo que saliese el niño; en vista de lo
cual y de la agitación creciente de las secciones, una
comisión del Comité de seguridad dirigióse al Temple con el fin de cerciorarse públicamente
de que no nabía tal evasión. Hicieron salir al niño al jardín de la cárcel, y apenas se vió en él la criatura, lanzando gritos que desgarrarían el corazón más duro,
empezó á llamar á su madre. «¡Silencio,
Capeto!» El niño, en vez de obedecer, decía á los guardias, señalando á Simón:
«¡Ni quieren ni pueden enseñarme la ley
que ordena que me separen de mamá!»
Tal vez el pobre niño esperaba que su madre le oyese gritar y se asomase á la ventana y ver así su adorado rostro.
Entre los miembros de la comisión se
contaba aquel Drouet que, reconociendo
á Luis XVI en su fuga, fué causa de que
se le detuviese: aquel de quien dijo en
otra solemne ocasión María Antonieta:

NúMERO 602
Toda labor se perfecciona con el ejercicio, y el genio se revela en las ocasiones; Simón fué épico, en
cuanto verdugo. Denostar y pegar á un niño, y niño
nacido en las gradas del trono, es sin duda cruel;
pero las humillaciones morales quebrantan más
que las físicas, y Simón adivinó esta verdad psicológica.
El día 13 de julio fué asesinado Marat en el baño
por Carlota Corday. Simón se contaba en el número
de los idólatras del gran terrorista, y su· muerte le
causó doloroso estupor y después una ira ciega, de
las de puño cerrado, que necesitan para desahogarse
herir, golpear, deshacer alguna cosa. Mandó traer
vino y aguardiente; se exaltó más con la bebida: encendió la pipa, y empujando al rey niño, le dijo sacudiéndole la cabeza y echándola de acá para allá á
bofetones: «iVívora, ya no te quito ese luto que llevas!
Ahora lo llevarás por Marat, el amigo del pueblo. ¡Sí,
Capeto vestirá luto por Marat!»Y en efecto, Luis XVII
vistió de negro por Marat; así su luto de huérfano se
convirtió en hopa de ignominia.
Arreciaban los malos tratamientos, y á los quince
días de educación el cuerpo del mártir estaba acardenalado y dolorido. Al saberse la derrota del ejército republicano cerca de Saumur, Simón llamó á su
alumno. «Tus amigos nos degüellan.
¡Toma, toma! »
Y arrastró á la
criatura por el pelo, llevándole de
una habitación á
otra á empellones. El niño lloraba; lloraba, sí, porque el dolor era
mucho, y más la
vergüenza y pena
de verse así tratado; pero lloraba
bajito: Simón no
conseguía arrancarle gritos por
más que hacía. Y
lo que sofocaba la
queja en la garganta del angelito
de ocho años era
sólo una idea: la
de que sus gritos
podían, al través
de la pared, llegar hasta el encierro de su madre y herirla en

rehusó el alimento y apenas
mordisqueó un
mendrugo de
pan. Con indignada frase pedía que le enseñasen la ley en
virtud de la
cual se puede
separar á una
madre de su hijo. No apartando sus ojos de
la puerta, se le
iba la mirada
adonde tenía el
corazón: donde se había quedado la madre.
No se quejaba,
pero á veces
una lágrima MUERTE Di MARAT, asesinado mientras estaba en el baño por Carlota Corday en 13 julio 1793
gruesa caía de
sus azules ojos.
Por fin venció la naturaleza, y consintió acostarse y co- «¿Por qué vuelve hoy el hombre de Vamer algo, pero en silencio. «¿Eres mudo, Capeto?,:» rennes? ¡Sin duda porque es día de difunpreguntó el ayo. «Me callo porque tengo demasiadas tos!» El fatídico Drouet llamó á Simón
cosas que decir,» contestó el chico. «¡Aristócrata! y se encerraron en un aposento. La con¡Ignorante! ¡Ya te enseñaré yo las ideas nuevas!»
versación que pasó entre los del ComiPronto comenzó Simón á poner en práctica su sis- té y el ayo de Luis XVII no se hubiese
tema de pedagogía, y el rey niño hizo conocimiento sabido nunca, á no ser por el secretario
con la humillación del castigo corporal. Nunca su del Comité, Senar, que asistió á ella, mumadre ni su padre habían tenido que emplear para rió roído de remordimientos y se conferegir su educación y su viveza más que el dulce só de ella al morir, como de un crimen.
freno del cariño y la ligera severidad del tono de voz.
«Ciudadanos, ¿qué hago del lobezno?,
«No debía usted pegarme, decía Luis á su dueño, preguntó á los sombríos terroristas Simón.
porque tiene usted más fuerza que yo. - ¡Bestia!, con- El es muy altan~ro y muy insolente, pero
testaba Simón. ¡Estoy aquí para hacer de ti lo que se yo sabré cortarle el revesino. Lo que no
me antoje! ¡Viva la igualdad!»
respondo es de que no reviente. Pero
Es forzoso decir - porque la verdad es lo primero quisiera que me dije:;eis de una vez lo
en asuntos que atañen á la historia - que Simón, al que se piensa hacer con él. ¿Deportarle?
aceptar el cargo de preceptor del lobezno, no había - No. - ¿Matarle? - No. - ¿Darle jicaracalado hasta el tenebroso fondo de los propósitos y zo? - No. -¿Entonces? - ¡Deshacerse de
deseos del gobierno revolucionario. Tomando al pie él/,)) contestó el implacable perseguidor
de la letra las enfáticas frases que entonces se estila- del padre, pronunciando con fría calma
ban, creía que su misión estaba reducida á «hacer la sentencia del hijo.
CARLOTA CORDAV, ilSesina de Marat
del hijo de Tarquino un hijo de Bruto,» es decir, á
Simón debió de respirar anchamenconvertir á Luis XVII en republicano, demagogo, te: ya estaba al tanto de la consigna; ni
descamisado y maratista. Para este fin servía todo: rastro de duda le podía quedar. Y no obstante, con el alma. Todav/n le quedaba mucho que hacer y que
chanzas y golpes, exhortaciones é injurias, risas y pun- ser tan horrenda la tarea, aún había de encomen- trabajar á Simón.
tapiés. Capeto sería un buen patriota ó se lo llevaría dársele otra peor: deshacerse de un niño es menos
el diablo. Pero el Comité de seguridad cazaba más lar- inicuo que forzar sus inocentes labios á que hagan
EMILIA PARDO BAZÁN
go que el tozudo zapatero.
temblar de espanto á la naturaleza.
(Continuará)

LA

NúMERO 602

445

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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Palacio de la Electricidad

aunque presenta cierta amalgama, obedece sin em- la ganadería y que son análogos á los que descuellan
bargo á un plan.
sobre los pabellones angulares.
DE LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO
Las cuatro fachadas de este palacio constan de un
El conjunto exterior de este palacio es del mejor
pabellón central y de otros pabellones en los ángulos, efecto; sólo tiene un piso, y por una escalera monuII
separados aquél y éstos por grandes lienzos de pared, mental se sube á un colosal salón de reunión en el
Dijimos en el artículo anterior que la gran plaza ó ó mejor dicho, galerías. En ellas predonima el orden que caben desahogadamente 15.000 personas senpatio de honor de la Exposición estaba limitada al corintio, muy enriquecido con diferentes adornos. El tadas.
Sur por los palacios de Máquinas y de Agricultura, pórtico principal tiene columnas de 50 pies de altura
El palacio de Manufacturas y Artes liberales ocusin basas ó pedestales, las cua- pa un espacio de treinta acres ósea quince hectáreas
les soportan un entablamento próximamente. Su forma es rectangular y la sala
de ro pies de alto. Este pórtico central está cubierta por una nave de cristal de ochenda á una anchurosa terraza, des- ta metros de altura que tiene á uno y otro lado galede la cual se ve todo el frente rías de más de un kilómetro de longitud.
Norte, que lleva un majestuoso
Los habitantes de Chicago dicen con orgullo que
estilabato en cada uno de los este palacio es dos veces mayor que la iglesia de San
lienzos de pared, los cuales es- Pedro en Roma y tres veces más espacioso que el
tán coronados con jarrones y Coliseo: en el cual sólo cabían 80.000 personas, mienestatuas y á cada extremo co- tras que por toda la longitud de este edificio pueden
lumnas rostrales. Las columnas circular 150.000.
del pórtico ó pabellón central
El arquitecto de este palacio es M. Jorge B. Post,
son ocho, y las de los ángulos de Nueva York, y le ha aplicado el estilo corintio. En
cuatro en cada frente principal. el centro de las arcadas que constituyen la fachada
Entre el pórtico central y los principal ha levantado una especie de arco triunfal,
pabellones angulares corren es- en el que se notan reminiscencias de los de Constanpaciosas é historiadas galerías tino y de Trajano en Roma: sobre los tres arcos ó
que vienen á ser otras tantas puertas que constituyen esta entrada corre un cornicolumnatas, en las que se ha se- samento con un alto ático, y las cuatro columnas coguido el estilo arquitectónico de rintias que en ella campean, de 65 pies de elevación,
la Roma imperial.
soportan grupos escultóricos, de los que, así como
El propósito de los arquitec- de varios del palacio de Agricultura, damos en nuestos era levantar un templo á Ce- tros grabados una muestra.
res en esta exhibición de proEl palacio de la Electricidad, construído por los
ductos del suelo. Para ello han arquitectos Van Brunt y Howe de Kansas City, es
hecho un soberbio vestíbulo que uno de los más bellos de esta Exposición. Sus proda á una rotonda rematada en porciones son II 5 por 2 30 metros, y está formado por
-....,
una cúpula; ro~. ---una serie de columtonda que tiene
nas de orden corin78 pies de diámeGran p6rtico central del Palacio de Agricultura
tio de 13 metros de
tro por 129 de alaltura por 1•,15 de
tura, y también
circunferencia; el cory entre uno y otro quedaba otro patio menor. El se- de orden corintio, como la fachada
nisamento que sostiegundo de dichos edificios tiene una fachada al Norte exterior, y rodeada de diez y seis
ne es ligero y de agrade este patio y otra al Sur, que da al dep~rtamento grandes code Substancias alimenticias, ambas de 800 pies de l?n· lumnas , desgitud, mientras que la del Oeste, de 500, ~s f~ontenza tacándose en
al patio menor, y la de~ Este al lago M1ch1gan. Su el centro la esárea, sin incluir los aneJOS, ocupa nueve a~res_ y me- tatua de la midio ó sea un espacio casi igual al cuerpo prmc1pal de tológica diosa.
la Galería de Máquinas, de la que ya h~mos tratado. Varias pintuLos arquitectos McKim, Mead y Wh1te, de Nueva ras alegóricas
York, han trazado el plano del palacio de Agricultu~a completan esta
dejando en el centro de esta área un gran espacio hermosa pieza.
A uno y otro
cuadrado, al que van á parar cruzándose dos altas
naves, acompañadas á uno y otro lado de galerías de lado del pórdos pisos, cubiertas de gr~ndes claraboy~s para alum- tico hay dos
brar bien el espacio intenor. Lo que mas en cuenta pequeñas islas
han tenido los arquitectos al trazar la estructura _g~- del mismo orneral de este edificio ha sido el interés de la exhibi- den, terminación agrícola, posponiendo á este interés ~l efecto das en un átiinterior arquitectónico, aun cuando ~ d~c1r verdad co en el que
han obtenido este efecto con la grand1os1dad. de l~s campean algunaves, por las cuales puede circular el púbh~o s_m nos grupos esconfusión y examinando desahogadamente y s10: dis- cultóricos, retracciones los objetos expuestos en ellas. La c'.as1fica- pres entando
C'ÍÓn de los productos ha sido '.ac~litada tamb1é_n por alegorías de la
Grupo alegórico en el Palacio de Agricullura
la disposición general del ed1fic10, y el con1unto, agricultura ó
LOS EDIFICIOS

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 602

NúMERO 602

LA

447

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

dable armonía. En los cuatro ángulos del edificio
hay pabellones por el estilo de los acrópolis de Grecia y rematados en una torre de 42 metros de altura.
El interior de este palacio está cruzado por naves
longitudinales y transversales, cuatro de las cuales
~an á l~s puertas que lleva cada fachada. En el pórtico prmc1pal descuella, sobre elevada pilastra, una
estatua colosal de Benjamín Franklin en actitud de
remontar su famosa cometa, y en el friso del inmenso
nicho formado alrededor y detrás de ella se lee el célebre verso de Turgot: Eripuit ere/o fulmen sceptrum-

que tyrannis.
En el frontón y en los lados de este arco hay esculturas representando las dos principales industrias

Vista general del Palacio de Artes liberales y Manufacturas

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U na de las doce estatuas que. representan los signos del Zodíaco,
en el Palacio de Agricultura

que ha engendrado la electricidad, la luz eléctrica y
el telégrafo, y en varios medallones se leen los nombres de Morse y Va:il, inventores americanos del telégrafo eléctrico.
M. A.
DIÁLOGOS MATRITENSES
EN LA PORTERÍA DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE

***

- ¡Hola, doña Virtudes! ¿Qué la trae á usted por
acá? Usted siempre tan guapoJ:a y tan ...
- Vamos, Sr. D. Telesforo, no sea usted guasón,
que ya no soy ninguna niña.
- No digo yo que sea usted una niña, pero es usted un jamoncito en dulce, que ya, ya.
- ¡Ay, mi Sr. D. Telesforo, ese pillastre de Alberto me ha de matar! Dígame usted, ¿ha venido hoy
á la oficina?

- Ahora lo veremos... Mire usted, la capa y el som- ".'irtudes, y no se sofoque, que si ese pillastre se mubrero están en la percha; pero á él no se le ve: tal nera, no l_e faltaría á usted quien la quisiera!..
vez no haya venido.
- Gracias, D. T elesforo, no se puede decir de este
- ¡Pero si no hubiera venido no estarían ahí la ca- agua no beberé, y en fin ... hasta otro rato.
pa y el hongo! ·
·
- No se fíe usted de eso, doña Virtudes, porque
***
hace un mes estuvieron esos avíos colgando de la
percha una semana entera, día y noche, y échele
- Diga usted, buen hombre...
usted un galgo á Alberto; como que se había ido á
- El buen_ hombre será usted, tío paleto.
tomar la mona.á Vicálvaro; y el jefe del negociado . - Vaya, dispense usía que no le hamos querío desle decía al mequetrefe del director: «el auxiliar don zncomodar.
Alberto Pindola es el más trabajador de la casa y
- ¿Qué querían ustedes?
habrá que ascenderle,&gt;&gt; y le ascendieron; ¡vaya si le
- Semos ;l ~lcal~e y el síndico de Fuente-Novilla.
ascendieron!
- Y á m1 p1m, 01 que fuera el Nuncio.
- Bastante trabajo me costó; que el jefe del perso- Hamos vento á .A-Iadril.. ·
nal D. Gervasio, ya sabe usted que estaba muy en con- Bi~n podíai:t ustedes haberse limpiado las patas
tra; pero al fin, como yo conozco estas cosas de ofi- que estan ensuciando la alfombra.
cinas...
- Usía perdone, pero hamos corrío tanto hasta to- Sí, sí; ya sé que es usted práctica.
par con el condenao 111enisterio...
- ¡Hombre, pues si yo no lo soy habiendo nacido
- Pues aquí no se admite la gente que viene á es-en la Caja de Depósitos!·
torbar; conque...
- ¿En la caja nació usted?
- Pus venimos á ver al menistro.
- Eso es un decir; no nací en la propia caja, pero
- S. E. no recibe.
soy hija de un tenedor segundo de la clase de terce- Es que el caso es urgente...
ros, auxiliar de la de quintos.
- ¡Caramba con los tíos, si creerán ustedes que
-¡Ya!
S. E. recibe á todo el mundo!
- P ues mire usted, D. Telesforo, ese pillo de Albertito me tiene con la mar de cuidado, porque ayer
por la tarde quedó en que vendría á las once por mí
para llevarme á la Alhambra; y ¡que si quieres!.. Hasta la hora presente no le he visto
el pelo. Anoche, según dice el Imparcial, se tiró un joven desde el
viaducto, y yo digo: puede que sea
Alberto...
- ¡Ca, no, señora! Si anoche á
la una estuvo conmigo en el café
de las Antillas echando unas carambolitas. Por cierto que entre el
portero de abajo y yo le ganamos
tres pesetas que valía el consumo
que habíamos hecho. Me dijo que
se iba de culebra.
- ¡Ay Dios.. , de culebra! Pues
entonces ya no dudo que le veré
pronto, porque vendrá á pedirme
dinero.
- No se lo dé usted.
- ¡Jestís, hijo!, ¿y había de dejarle en la inopia? Es capaz de tirarse al canal.
- (No se perdería nada.)
- Me voy en seguida á casa, no
sea cosa que haya vuelto, y si no
me encuentra agarra lo primero que
~·t"C...,.,., l'b')"'-""'•'f~t""~,...~1.'¡--'7-:..:.,w,\,,,_~ ve y lo lleva á empeñar.
- ¡Vaya usted con Dios, doña
Detalle de la fuente del Progreso triunfante de América

- El caso es que si hoy mesmo no se toma una determinación ...
- La determinación que han de tomar ustedes es
la de largarse en seguida de aquí. ¿Están ustedes
sordos?
- ¡Señor!..
- ¡No hay señor que valga!
- Considere su merced que
semos unos labriegos que no sabemos explicarnos, aunque bien
pagamos la contrebuciún... Usted
podría decirnos el modo de...
- Yo no soy maestro de escuela, pero en fin ... les daré un consejo. Vayan ustedes y agárrense
al cabezón del diputado de su
distrito, única manera de no hacer el paso... Y ahora ¡largo, á la
calle; que si no, llamo una pare·
ja!.. ¡Pobres diablos, por fin se
fueron! ¡Qué sería de estos infelices si uno no fuera tan caritativo
y tan ... bien criado!

- Vamos, que está usted hecho un camaleón, que
según dicen los filósofos viven de la atmósfera.
- ¡Oh portero sublime y monumental, qué com·
paraciones tan oportunas y de tan buen gusto! El día
que sea repuesto le he de convidar á usted tomar
unas tintas de Valdepeñas que hasta allá.
- Y diga usted1 ¿eso va á ser pronto?

a

***
- ¿Voy bien por aquí al despacho del señor director?
- Sí, señora; pero ahora no se
le puede ver, porque la entrada
del público no es hasta...
- Oiga, tío panoli, ¿se ha figurado usted que porque llevo mantón soy una cesanta7
- No, hija, ¡qué me he de figurar! Lo que yo pienso es que tiene usted un palmito q ue da la
hora.
- Pues mire usted, lo mismo
le parece al señor director; conque...
-¡Ya!
- Vaya usted corriendo á decirle que está aquí Florentina.
- Voy, voy, aunque lo mejor
será que entre usted de rondón,
porque usted, según se ve, pertenece al Gobierno.

***
-Mi querido, respetable y
amabilísimo portero de mi alma
y de mis entrañas.
- ¡Hombre, que siempre ha de
andar usted haciendo payasadas,
que parece un perro sabio!
- ¿Y qué quiere usted que haga el hombre que como yo está
en el estado más?..
- ¿Interesante?
- ¡Ca, hombre, qué interesante ni qué calabazas, si hace más
de ocho días que no ha entrado
alimento cálido en mi estómago!

- Pues á eso venía justamente, á saber si mi solicitud ha sido ya informada por el negociado.
- Mire usted, el oficial encargado de eso hace una
semana que está enfermo de una indigestión, el auxiliar se ha ido á Cuenca á una boda y el escribiente
no viene á la oficina porque está en casa del diputado que le sacó el destino, poniendo en limpio una
tanda de versos, dedicados á don
Antonio.
- ¡Vamos, ya! De modo que
en realidad el que se ha puesto
malo, el que se ha ido á Cuenca
y el que le escribe versos á don
Antonio soy yo, que no puedo
conseguir que ese maldito memorial se despache, y entretanto
ni como, ni bebo, ni fumo, ni
nada.
- ¡Ps, ahí verá usted!
- Sí, á usted le importa poco,
viejo orangután.
- Oiga usted, ¿qué es eso de
orangután, so tío? ¡A mí nadie me
pone motes!
- No se exalte usted, mi señor
D. Telesforo; orangután es... una
palabra que en los ministerios
extranjeros quiere decir veterano, hombre antiguo en las prácticas administrativas.
- Vamos, eso ya tiene otra
cara.
- ¡Toma!¿Pues creía usted que
yo iba á propasarme con el iris
de mi estómago, el salvador de
mi expediente y el portero más
amable de Madrid?
- ¡Bueno, bueno! Ya sé lo que
usted quiere...
- ¿Lo sabe usted? ¡Oh talento!
¡Oh penetración!
- Usted querrá que le diga
dos palabras al oficial para que ...
vamos... ¿eh?
- ¡Justo, justo!
.
- ¡Pues... no me da la gana!
- Paciencia. (No sé cómo no
le doy dos puñadas en esa cara
de mochuelo... ) Otro día estará
usted de mejor humor y tendrá
la amabilidad de recomendarme.
- Bien puede ser.
- A los pies de usted, Sr. don
Telesforo. (¡Que no te tragara el
suelo, pedazo de barbara!) Adiós.
- (¿Qué será eso de orangu·
tán? Yo he oído ya esa palabra.
Se lo preguntaré á Albertito, que
ha estudiado para bibliotecario y
debe saberlo. ¡Orangután!)

***
Estatua de la Abundancia (Palacio de Agricultura)

-¡Alberto, eh, chico, Albertito!

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l

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EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CIDCAGO: INSTALACIÓN DE LA REAL FÁBRICA DE PORCELANAS DE SAJONIA, dibujo origine.! de E. Llmmer

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO: SECCIÓN ALEMANA EN EL PALACIO DE LA INDUSTRIA, dibujo original de E . L!mmer

�450

LA

- No tengo dinero, conque no se canse usted en
llamarme.
- Oye un momento.
- Es tarde y tengo que hacer arriba.
- Si no es para pedirte nada; al contrario, quería
decirte que doña Virtudes ha estado aquí.
- Bueno, ¿y qué?
- Que se ha quejado de tu conducta.
- Total, nada. Adiós.
-¡Ven acá, hombre!
- ¿Va usted á recordarme que le debo un pico?
- No, hombre; únicamente quería saber qué significa eso de orangután.
- Pues orangután es una cosa así... como un hombre que... ; en fin, orangután es un camama sin vergüenza... , como usted, pongo por caso.
- ¡Ah, pillo! Ya me la pagarás.
- Eso quisiera yo, pagar...; pero no hay de qué.

- ¡Caballero, no se puede pasar; S. ·E. no recibe! ..
He dicho que no se puede. entrar. Las órdenes son
terminantes.
- ¡Es usted un estúpido! ¡Soy el general Mochila!
¡Bárbaro! Se acordará usted de su imprudencia. ¡Badulaque!
.
,.
- Perdone Vuecencia Ilustrísima y Reverendísima.
Como está esto tan obscuro, no he tenido el honor
de ver... ¡Dios todopoderoso, ten misericordia de mí!
A. DANVILA JALDERO

Bellas Artes. - En la Galería Graflon se celebrará en el
próximo año una exposición de belleza, que consistirá en una colección de retratos de mujeres de irreprochable hermosura de
todos los tiempos.
- En Chicago se ha inaugurado un monumento que la colonia alemana de aquella ciudad ha erigido á la memoria del poeta alemán Federico Reuter: la estatua de bronce de éste, modelada por Engelmann, de Munich, y fundida por Lenz en Nuremberga, se alza sobre un pedestal adornado con relieves que
reproducen escenas de las obras del poeta. En breve se erigirá
en la propia capital un monumento á Goethe.
- De entre los cuadros que figuran en la actual Exposición
de Bellas Artes que se celebra en Berlin han sido adquiridos
para la Galería de Pinturas de Dresde los siguientes: Pietá,
de M:aximiliano Klinger; un Paisaje 1wruego, de Cristián _Kroh;
Zorro y liebre, de Andrés Liljefors, y un Estudio, de Ale¡andro
Ilarrison.
- En breve se inaugurará en el Museo Wallraf-Richartz de
Colonia el departamento nuevamente instalado para las obras
de la antigua escuela colonesa: consta de tres salas, y en la disposición de las mismas ha revelado el director Aldenhoven tan
buen gusto como inteligencia en la limpia, restau~ación y colocación de los cuadros, algunos de los cuales ban sido devueltos
á su forma primitiva, presentándose al espectador como retablos
encerrados entre artísticas molduras.
- En el salón Schulte, de Berlin, se ha expuesto una colección
de 25 cuadros al óleo y pasteles de Lenbach, entre los cuales
llaman la atención los retratos de Gladstone, Bulow, Begas, al
óleo, y los del príncipe Bismarck y del general Moltke, al pastel.
- Por Real decreto se ha dispuesto en Bélgica que se celebre
este año en Bruselas una gran Exposición internacional de BC;llas Artes de obras de artistas vivos de todos los países. El ministro del Interior y de Enseñanza pública está encargado de
la dirección de esas grandiosas exposiciones que generalmente
se celebran allí cada tres años: la recientemente decretada se
inaugurará en el próximo agosto.
- La exposición de caricaturas proyectada en Milán parece
que será pronto un hecho: este original certamen promovido
por el conocido actor Cayetano Sbodio permitirá estudiar todo
el arte gráfico satírico y cómico y el desenvolvimiento de la caricatura. En esta interesante exposición tomarán parte probablemente los principales humoristas y cómicos de todos los paises
que han sido invitados al efecto.
·
- En Baden-Baden se ha inaugurado con asistencia del gran
duque una exposición de Bellas Artes que ha sido dirigida por
Teodoro Schell y en la cual figu ran obras de los primeros pintores alemanes, entre ellos, Andrés y Oswaldo Achenbach,
Baisch, Bockelmann, Gude, Herkomer, Kaulbo.ch, Keller, Makart, Gabriel Max, Schonleber, Uhde y Vantier. Además de
los pintores contemporáneos figuran en la exposición excelentes
obras de algunos antiguos maestros.
- El dia 28 de junio, y en celebración del aniversario de la
coronación de la reina de Inglaterra, descubrióse en el J ardin
de Kensington y con asistencia de S. M., una estatua de la
soberana, modelada por la princesa Luisa, esposa del marqués
de Lorne.
- El emperador de Alemania ha adquirido el cuadro de
Bohrd Primera batalla naval sostenida por et electorado de
Branáelmrgo, en 1676, que figura en la exposición anual de
Bellas Artes de Berlín.
- La Asociación de Industrias artísticas, de Pforzheim, ha organizado una notable exposición de joyería que ofrece un cua·
dro casi completo de:la industria de aquella población asi como
de los trabajos de la Escuela de Industrias artísticas. En grandes
grupos están expuestos también los productos que se exportan á
distintos países, las reproducciones de antiguos modelos y además de cuanto á la orfebrería propiamente dicha se refiere, los
procedimientos para trabajar las piedras preciosas.
Barcelona. - Salón Par(s. - Varias y de distintos artistas son
las obras nuevas de la última semana expuestas en este local:

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

dos retratos, ejecutados con la destreza que tiene acreditada
Marti y Alsina, del doctor Mascaró y de su señora; un agradable y luminoso cuadrito de Roig y Soler, pintoresco detalle de
una de nuestras poblaciones rurales; un estudio de hombre del
joven pintor Werhle; la vista de unos jardines, de Trian y Planell, de entonación algo dura; y unos dibujos y estudios al óleo
de caballos, vigorosamente trazados por Roig, llenan, junto con
unos tapices decorativos de Alsina, el testero de preferencia.
Dipt,tación Provincial. -Acaba de demostrar esta corporación una vez más que el edificio que ocupa corresponde por su
aspecto y buen gusto en todos los detalles á lo que debieran
ser todas las dependencias oficiales, cosa rara por desgracia. La
colocación de las nuevas puertas en la entrada principal con la
monumental reja que la remata ha completado el hermoso á la
par que severo aspecto del vestibulo, restituido á su verdadero
estado cuando la restauración realizada por el malogrado arquitecto Prats. Tanto el proyecto del actual arquitecto provincial,
Sr. Oliveras, como la ejecución en las partes de carpintero y
cerrajero, merecen el más caluroso aplauso: demuestra el pri·
mero las excelentes cualidades que posee como artista y constructor, y prueban los otros cuánto pueden producir nuestras
artes industriales, si corporaciones y particulares imitan el ejem·
plo de nuestra provincial, produciendo una obra de arte al responder á la simple necesidad de cerrar un portal.
Teatros. - En el teatro Adolfo Ernst, de Berlín, se ha estrenado con muy buen éxito una opereta titulada Papá suegro:
el libro está tomado de una novelita francesa; la m(1sica, de Alfredo Strasser y Maximiliano de Weinzierl, es be!Hsima y en
algunos n(1meros verdaderamente notable.
- El drama musical de Cirilo Kistler, Kunihiláa, que con
tan gran éxito se estrenó hace poco en Wurzburgo, volverá á
representarse en aquella ciudad con motivo de la asamblea de
profesores que allí ha de celebrarse. Para ello se cuenta ya con
el fondo de garantía necesario; las representaciones comenza· ·
rán el dla 30 del presente mes.
- En el teatro Edén, de Milán, se ha estrenado con gran
éxito un nuevo baile de Manzayone, titulado La, fiesta de las
rosas.
Parzs. - El Circulo Funambulesco ha dado en el teatro de
Aplicación una representación de una pantomima en un acto,
La, revanche áe Marguerite, de León Gandillot, que es una es·
pecie de traducción libre ó parodia de Fausto hecha con mucha
gracia. La Sociedad de grandes audiciones musicales de Fran·
cia ba dado en la Opera Cómica una representación de dos obras
del siglo pasado, Les deux avares, ópera bufa de Fenouillot de
Falbare, música de Gretry, y Le Deserteur, ópera cómica en
tres actos, de Sedaine, música de Monsigny, una y otra poco
notables. En la Gran Opera se prepara para la próxima temporada una ópera de la compositora Augusta Holmes, titulada
La, montafla negra, cuya representación durará tres noches.
ú11dres. - En Covent Garden se han cantado Lohengrin,
Faust y El buque fantas111a: la compañía de ópera alemana ha
comenzado sus representaciones con Tristán t lsoláa. En Drury Lane la compañia de la Comedia Francesa sigue contando
por triunfos las representaciones, habiendo puesto últimamente
en escena Mademoiselle de la Seigliere, Le Depit a111Q1ereux,
Fron-Frou, Les femmes savantes, La, Joie fait peur, Le Afonde
oil /' on s' emmie, CEdipe, Roi, Denise y L' Autografje. En la
Alhambra se ha estrenado un baile de gran espectáculo, titula·
do Fiáelia.
Barcelona. -Tan inmensas como merecidas son las ovaciones
tributadas al Sr. Vico en el Eldorado: todo el mundo sab~ de
lo que es capaz el primero de nuestros actores cuando quiere, y
con decir que en estos días ha querido siempre y de veras, se
comprenderá á qué altura habrá rayado en todas las obras que
ha puesto en escena. Las representaciones se cuentan por llenos y el entusiasmo del público excede de toda ponderación,
recompensando con continuos aplausos y aclamaciones la pri·
morosa labor del gran artista. En Novedades se ha celebrado
el beneficio de la señorita Guerrero, estrella de primera maf
nitud en el cielo del arte dramático español, habiéndole el puco reiterado con este motivo las muestras de su admiración y
simpatía, que se tradujeron en una ovación entusiasta. En el
propio teatro se ha estrenado con gran éxito la hermosa pro·
ducción del Sr. Pérez Galdós, La, loca de la casa, que fué un
nuevo triunfo para la señorita Guerrero y valió muchos aplausos á todos los artistas de la excelente compañia que dirige el
Sr. Mario y muy especialmente el Sr. Cepillo que raya á gran
altura en el papel de Cmz. Las ovaciones tributadas al Sr. Pérez Galdós, que ha venido para asistir á las primeras represen·
taciones de su preciosa obra, han sido de las más entusiastas
y unánimes que en el teatro hemos presenciado. ,En el Lirico,
donde tantos aplausos ha conquistado la compañía dirigida por
los Sres. Rosell y Ruiz de Arana, se ha celebrado el beneficio
del primero de estos actores: sabido lo mucho que vale el señor Rosell y las justas simpatías y el cariño que nuestro público le profesa, no hay que decir que la ovación que se le tributó
fué tan grande como merecida.

N ecrologia. - Han fallecido recientemente:
Francisco Erkel, notable compositor, fundador de la ópera
nacional húngara, director de orquesta del Teatro Nacional de
la Opera, de Budapest, y director de la Academia de M_úsica.
Guillermo Cotton Oowell, uno de los viajeros ingleses que
acompañaron á Livingstone en sus viajes de exploración en el
continente africano.
Carlos Schlesinger, notable pintor de género y paisajista de
Dusseldorf.
Federico Guillermo de Winterfeldt, notable paisajista de
Dusseldorf.
Ana Paulowna Barikoff, escritora y poetisa rusa.
Hermán Baumgarten, notable historiógrafo y publicista alemán, profeso~ de Historia y de Literatura en la Universidad de
Strasburgo.
Guillermo Scholz, notable caricaturista alemán, dibujante del
periódico satirico berlinés Klaáderadatsch.
Juan Schrammel, músico austriaco, el más popular de los
compositores vieneses.
Guillermo Zulzer, profesor de la facultad de Medicina de la
Universidad de Berlin, célebre higienista y fundador de la Aso·
ciación alemana para la Estadistica médica.
Sir Jorge Tyron, vicealmirante de la armada inglesa que ha
fallecido en el desastre del Victoria: tomó parte en la guerra
de Crimea y en la campaña de Australia, fué secretario del Almirantazgo y á él se debe la notable organización de las reservas navales de Inglaterra.
Carlos Hartfelder, profesor del Gimnasio de Heidelberg, sabio escritor especialmente consagrado á la historia del huma-

NúMERO 602
nismo, muy conocido por sus trabajos sobre Melanchton y sobre la historia de la guerra de los aldeanos en el Suroeste de
Alemania.
Juan Malcolm de Poltalloch, coleccionista artístico de fama
europea que habla logrado reunir la colección de croquis y dibujos de antiguos maestros más importante :de cuantas existen
en poder de particulares.
Alberto Schulz, escritor conocido con el seudónimo de San
Marte, ilustre germanista y autor de muchos é importantes
trabajos sobre las literaturas alemana, francesa y polaca dur¡¡.nte la Edad media.
Miguel Peter, profesor de la facultad de Medicina de París,
director de una de las más importantes clínicas ch! aquella capital, individuo de la Academia de Medicina, del Comité consultivo de Higiene y de la mayor parte de sociedades cientificas francesas, comendador de la Legión de Honor y una de las
mayores celebridades médicas contemporáneas.
M. Lacressonniere, renombrado artista dramático francés
que durante cincuenta años recorrió con gran aplauso los prin•
cipales teatros de París y creó los primeros papeles en las mejores obras de ilustres autores.
Sir J ohon Iludson, teniente general inglés que logró gran
renombre en las campañas de l'ersia (1856 y 1857), de la India, de Abisinia y del Afghanistán: al morir era general en jefe del ejército de Bombay.

¡De él!.., cuadro de W. Amberg. - Este título lo dice todo. ¿Qué más explicación necesita el cuadro que reproducimos? ¡De ti! ¿Quién puede ser este él más que el novio ausente de la joven que se entretiene en recoger flores campestres,
buscando en los placeres de la naturaleza un lenitivo á su añoranza? El pintor, que tan simpático asunto ha sabido concebir
para su lienzo, no ha estado menos feliz en la ejecución del
mismo: aquellas espléndidas arboledas que en el fondo destacan, el espeso grupo de arbustos silvestres que en primer término se distingue y las figuras que animan la encantadora escena constituyen un conjunto poéticamente compuesto y hábilmente detallado y hacen del cuadro de Amberg una de esas
obras en las que la vista se recrea y se deleita el alma.

•
••
Exposición Universal de Chicago. Instalación
de la Real Fábrica de porcelanas de Sajonia. Sección alemana en el Palacio de la Industria,
dibujos de E . L immer. - La sección alemana del Palacio de la Industria en la Feria del Mundo es una de las más
pintorescas y á la vez más grandiosa de la Exposición. En anteriores certámenes universales, los alemanes se hablan preocupado poco de la !?arte decorativa; pero comprendiendo que
hoy el elemento estéhco entra por mucho en tales manifestaciones y que tanto como la bondad de los productos merece atención especial la manera de presentarlos, han hecho en Chicago
verdadero alarde de lujo y grandiosidad. Afortunadamente para
ellos, algunos de los objetos enviados para ser expuestos son
por si solos elementos bastantes para conseguir el efecto deseado: díganlo, si no, el colosal grupo de la Germanía del célebre
escultor Begas, que se ve en el centro y en l¡i par te superior ele
nuestro grabado, y la magnífica verja construida por la casa
Armbruster, de Francfort, que separa el vestibulo de honor de
la sección alemana de la gran avenida del Palacio de la Industria. En dicho vestlliulo hay una porción de instalaciones artisticamente dispuestas que contribuyen al embellecimiento del
local y forman un conjunto armónico que cautiva.
Entre las principales instalaciones alemanas merece mención
preferente la de la Real Fábrica de porcelanas de Sajonia, situada en lugar demasiado poco visible detrás del vestíbulo de
honor. :1\1uchos y muy hermosos son los objetos que la constituyen, destacando por encima de los demás dos objetos, uno
por su belleza artística y otro por su valor: es el primero un
joyero estimado en 10.000 pesetas, de ébano con preciosas aplicaciones de porcelana que represent:;n asuntos alegóricos y están hechas por el procedimiento inalterable de sobreposición
de pastas; el segundo es un espejo para tocador con su consola,
todo de porcelana y con magníficos adornos de flores, cuyo valor es de 20. ooo pesetas.
El número de expositores alemanes en Chicago es de 6.000.

•

* •
El monaguillo, estatua de Manuel Fuxá (Salón
Parés). - Laboriosamente y por su propio esfuerzo ha logrado
este artista, en un período relativamente breve, que su nombre
figure entre el de los más discretos escultores catalanes. La
s~cesión de sus triun~os ~n e~posicion':s y concursos ha patentizado su valfa y sus md1scubbles cuahdades para el cultivo de
este dificil arte. Varias de sus obras figuran en los Museos de
la nación ó embellecen en monumentos algunas ciudades de la
penins~la. Fuxá, po~ su tempe~amento, ha nacido para el gran
arte, sm que á pesar de ello deJe de dar muestra de su genialidad en esas obras que caracteriza la escultura moderna, distintivas por la intención que.revelan. Tal sucede con Et monaguillo que reproducimos, en el que hay que admirar tanto el amplio modelado como su natural actitud, perfectamente entendida y estudiada, sorprendida tal vez por el artista con tan feliz
acierto, que avalora la obra de tal manera que la convierte en
una de gé~ero tan_ importante como las que aplaudimos de
nuestros primeros pmtores.

Recomendamos el verdadero Hierro Bravals, adop-,
tado en los Hospitales de Par!s y que prescriben 101
médicos, contra la Anemia, Clorost1 y Debilidad; dando
l la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
que tanto se desea. Es el meJor de todos lo• ,tón1co1
y reconstituyentes. No produce estreñtmJento, il1 d1ar·
rea, teniendo además la superioridad sobre todos 1011
ferruginosos de no fatigar nunca el estóma¡o.

... y á las seis y cuarto llegaba el enamorado á la verja del castillo, donde encontraba siempre á Anie esperándole

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MAL01'. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD
(CONTINUACIÓN)

Sixto conocía demasiado al barón de Arjuza~~ para que pudiese esperar q?e
estas explicaciones serían acogidas con tranqmhdad co~pleta; ~ero por lo mismo que le conocía, ó creía conoc~rl?, no sospechó_ m por ~m mst~nte que de
todo esto pudiese resultar un romp1m1ento de su ant1~ua amista~, ?1 menos aún
. sto personal entre ambos·, claro es que ArJuzanx
sentina
desagrado,
un d1sgu
.
,
d · ,
quizá cólera, de seguro mortificación de amo~ prop10; pero a eso se re_ ucm1
todo: pasado algún tiempo Arjuzanx sería el pr!me~o en recon,ocer que :'1xto, al
obrar de aquel modo y al darle aquellas e~phcac10n~s, habia procedido con
lealtad y que era neces~rio som~terse á las c1rc~n~ta\1c_1as. .
. ,
Sixto, después de b1~n med1t~~o t,odo, esc~1b1ó a su am igo ArJuzanx anunciándole que al día sigmente le v1S1tana en Se1gn~s para hablarle de un asunto
de interés y de importancia, y suplicándole que si_el día y la hora de la entrevista no eran de su agrado le hiciese el favor de senalar otros.

Como ningún aviso en contrario hubiese llegado hasta la mañana del día siguiente á manos de Sixto, éste, algo sorprendido de que Arjuzanx no le hubiese
escrito dos líneas siquiera solamente para decirle que le esperaba, tomó el tren
para Seignos, muy seguro de que allí encontraría al barón; quedó, po~ consiguiente, muy sorprendido cuando un jardinero á quien preguntó por el amo le respondió que no estaba en el castillo.
- ¿Dónde está?
- No lo sé; pero el señor Toulourene se lo dirá á usted.
Y en efecto, Toulourene, el atleta de circo á quien Ai-juzanx había recogido
en el castillo para trabajar con él, en apariencia y realmente por caridad desempeñaba, en cierto modo, funciones de mayordomo del castillo, y en concepto de tal debía de saber algo de lo que otros criados ignoraban.
No fué la ausencia del barón lo único extraño que encontró el capitán; cuan-

�LA

45 2

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

do se dirigía al castillo advirtió asimismo la falta de numerosos obreros que
desde hacía ya tiempo trabajaban afanosamente en la finca y en sus inmediaciones para transformarla en albergue digno de Anie, cuando ésta quisiese habitarla. Veíanse por acá y por acullá herramientas ab:tndonadas, instrumentos
arrinconados, andamios á medio construir, paseos no acabados, porque el movimiento de trabajadores había cesado por completo.
Sixto se aproximó al castillo, tiró muchas veces de la campanilla y transcurriendo bastante tiempo apareció por allí una criada, la cual repitió la respuesta
del jardinero: el señor barón no está en el castillo.
- ¿Y el señor Toulourene?
- ¡Ah! Verá usted... El señor Toulourene está en la cocina aderezando una
asadura de cordero, y cuando está en esa ocupación no es posible molestarlo.
- Corriente; dijo el capitán, pues iré á verlo á la cocina.
Ante un fogón soberbio para carbón vegetal, del que se desprendían numerosas y brillantes chispas, estaba en la espaciosa cocina Toulourene, ceñidas sus
anchas caderas de Hércules con amplio delantal blanco, presidiendo con la gravedad que el caso requería el aliño de la consabida asadura, blandiendo, como
signo de su autoridad, el cucharón de madera; de pronto y como al dar una
vuelta viese Toulourene al capitán, llevóse maquinalmente el cucharón á la cabeza para saludarlo á lo militar y se apresuró á decir:
- ¡Oh! Capitán, dispense usted.
-¿De qué ó por qué?
- De haberle recibido aquí; pero verá usted lo que pasa: soy extraordinariamente aficionado á la asadura, y en estos lugares no saben prepararla; aquí la
fríen con manteca, siendo así que debe freirse con aceite, y como estoy solo me
preparo una al estilo de mi país.
- ¿Está usted solo en el castillo?
- Sí, mi capitán. El barón está viajando.
- ¿Desde cuándo?
- Desde el viernes.
- ¿Por mucho tiempo?
- No lo sé; y como usted, mi capitán, es tan amigo del señor b:trón, ya puedo decirle que esto me atormenta.
- ¿Pues y eso?
Antes de contestar Toulourene echó como media botella de vino blanco en
la cacerola, y dijo al propio tiempo:
- Es menester que esto se fría á fuego muy vivo; después mientras se cuece
puedo contar á usted lo ocurrido. ¿Quiere usted que vayamos al saloncillo?
-Aquí estamos perfectamente.
- Pues bien: el viernes, cuando yo y el señor barón estábamos trabajando, le
trajeron una carta; la lee, palidece su semblante, sus manos comienzan á temblar. No era necesario ser muy listo para comprender que en aquella carta le
daban una mala noticia. Sin decirle una palabra me alejé de allí para no molestarle. Dos horas después, ¿á que no se figura usted lo que supe? Apuesto algo
bueno á que usted se sorprende cuando lo sepa, como me sorprendió: que había
dado orden á todos los obreros de suspender todos los trabajos aquella misma
tarde y de dejarlos tal como estuviesen. ¿Qué significa esto? Ya comprende usted que no me ocurrió, ni por asomo, la idea de preguntárselo. Además, aunque
me hubiese ocurrido no habría podido preguntar porque no me dió tiempo para
hacerlo; hizo que me llamasen, y cuando acudí adonde él estaba me dijo que se
proponía viajar; le pregunté, como siempre, adónde le enviaríamos su correspondencia; á esto me respondió que se la guardase aquí. Cinco minutos después
montó en su velocípedo, y cátalo viajando con una cara más larga que la que se
le puso cuando leía la dichosa carta. ¿Dónde está? Desde el viernes estamos sin
noticias suyas. Si usted puede decirme lo que esto significa y lo que debo hacer se lo agradecería muy de veras. Por todas partes me asedian y me marean á
preguntas; apenas me atrevo á salir.
Sixto comprendió perfectamente lo sucedido: al recibir la carta en que se le
comunicaba la negativa de Anie, el barón había dado orden para que se interrumpiesen. los trabajos que solamente hacía para recibirá su mujer, y se había
alejado furioso, lleno de desesperación y en todo caso en estado muy violento;
pero eran éstas explicaciones que no había necesidad de dar al Sr. Toulourene, el cual, por su parte, hacía cuanto estaba en su mano para consolarse.
Realmente Sixto habría preferido tener una entrevista y explicación con el
barón; pero como el ausentarse de aquel modo demostraba muy claramente renunciar á toda esperanza, necesario era aceptar la situación tal cual aquella partida la dejaba: no era ya la mano de una señorita comprometida la que Sixto
iba á solicitar, sino la de una señorita sin compromiso alguno. Si..'CtO escribiría á
Arjuzanx explicándole bien todo esto, con lealtad y con franqueza.
Así, pues, en vez de regresar á Bayona, el capitán tomó el tren de Puyoo y
desde allí se trasladó en carruaje á casa de Revenacq, el cual inmediatamente
y muy halagado por el buen éxito de sus negociaciones, se dirigió con el capitán al castillo.
XIII
Cuando Barincq, después de acompañar á Sixto y al notario hasta la puerta
del castillo para despedirlos allí, volvió á su habitación, estaba en ella su mujer,
que le esperaba ansiosa.
- ¿Qué te han dicho Revenacq y ese joven?, preguntó con vivacidad febril.
Aunque Barincq esperaba esta pregunta y se había preparado con tiempo para darle contestación, no respondió inmediatamente.
- ¿Se trata de un testamento nuevo?
- Nada de eso.
- ¿Entonces?..
- Vas á quedarte sorprendida ... , y me parece que también satisfecha.
- Sorprendida ya estoy; satisfecha ¿por qué?
En este momento {\.nie, presintiendo que su padre podría necesitarla, se presentó en el cuarto.
- Aquí llega justamente Anie, dijo el Sr. Barincq respirando con más libertad, y celebro que llegue porque lo que tengo que deciros es para ella tan interesante como para nosotros; acaso más que para nosotros, por grande que sea
nuestro cariño.
Echando de ver que su padre medía sus palabras sin atreverse á decirlo todo,
Anie, más resuelta que el Sr. Barincq y decidida á poner término oreve á la
situación, le preguntó resueltamente:

NúMERO 602

- ¿El capitán ha venido á pedirte mi mano?
- ¡Anie!, gritó sofocada su madre.
- Precisamente.
- Pero ¿es posible?, vociferó la señora de Barincq.
Después de haber roto el fuego con tal decisión, Anie quiso tomar parte activa en la batalla, y prosiguió diciendo:
- Si el capitán no me hubiese creído en relaciones serias con el Sr. de Arj uzanx, hace ya mucho tiempo que la habría pedido.
- ¿Te lo ha dicho él?, preguntó temblando de enojo la señora de Barincq.
- No podía decírmelo porque es amigo del Sr. de Arjuzanx.
- Pues ¿entonces?..
- ¿Es necesario decir las cosas para que se comprendan?
- ¿Es decir, que os habéis entendido?
- Ya lo estás viendo.
Al oir estas palabras de su hija la señora de Barincq se dejó caer como desvanecida en un sillón próximo, diciendo entre sollozos:
- ¡Desgraciados! ¡Desgraciados de nosotros!
Anie se acercó á su madre y abrazándola tiernamente le dijo:
- ¡Desgraciados!, ¿por qué? ¿Quién es desgraciado de nosotros? ¿Yo? No he
experimentado jamás tan profunda alegría ni felicidad más completa. ¿M1 padre?
No me parece que sus ojos expresen tristeza ni disgusto. ¿T~?..
- Sí, yo, yo que ahora mismo dudo si estoy soñando ó si me he vuelto l?c,a.
- Pero, madre, ¿qué puedes pedir á un yerno que no lo halles en el ca~Ht~n
Sixto? Es buen mozo, ¿verdad? ¿No es verdad también que !iene manera~ d~stmguidas, aire elegante y que es bondadoso sin parecer 1ébt!? ¿No. es asimismo
hombre de talento? No solamente en lo que se refiere a su profesión - que eso
su carrera lo demuestra, - sino en muchas otras cosas: no es Sixto un oficial de
esos que no saben otra cosa que llevar airosamente el uniforme; es un alma que
comprende y sabe y siente.
- Pero ¿y su nacimiento?
-Te figurabas que iba á solicitar mi mano algún príncipe...
- No hablo de títulos... , hablo de una familia.
Barincq, que hasta entonces había dejado á su hija que sostuviese la ~iscusión, seguro como estaba de que la sostendría con mas autoridad que él mismo,
quiso apoyarla y comenzó preguntando:
- Y si el capitán fuese hijo de Gastón, este origen ¿no sería el mejor para
nosotros?
- Ese origen no podrá hacer que el capitán Sixto no sea bastardo, ni basta
para conseguir que tenga familia.
,
- Pues bien: mejor que mejor, replicó Anie con gran viveza; si no tiene familia nos pertenecerá más por completo; no necesitaré pelear con el suegro, con
la suegra, como parientes más ó menos hostiles. Nosotros lo seremos todo para
él; tú serás su madre. ¿Te parece poco?
La señora de Barincq, sin responder una palabra, permaneció largo rato clavando en su hija una mirada, en la cual había tanta indignación como enojo;
después, dirigiéndose á su marido, le preguntó:
- ¿Qué has contestado á esos señores?
- Que era necesario, antes de resolver, que consultase tu voluntad y la de
Anie principalmente.
- Menos mal; á Dios gracias tenemos tiempo todavía.
La pobre señora se equivocaba completamente en esto; Anie no la dejó el
tiempo con que creía contar para apercibirse á la resistencia y discurrir - ya que
no era capaz de improvisarla~ en el momento - razones á las cuales no hubiese
contestación. ¡Caso extraño! No fué la hija quien permaneció cohibida ante la
madre; fué ésta la que se dejó convencer por su hija, y se quedó estupefacta del
todo cuando cayó en la cuenta de que había dicho sí, siendo así que había intentado decir no.
Todavía fué mayor el asombro de la señora de Barincq cuando, decidido ya
el matrimonio y fijado el día en que había de celebrarse, se llegó al caso de redactar el contrato: pues ¿no se empeñaba su marido en hacer por Sixto más de
lo que había prometido al barón de Arjuzanx?
- Pero ¿pretendes arruinarnos?, le preguntaba. ¿Quieres que nos quedemos
sin nada absolutamente?
- Y ¿por qué no?
- ¿Para dárselo á un yerno que nada tiene?
- Precisamente porque no tlene nada debemos darle esa compensación.
- Pero eso es una verdadera locura.
-Todo se reduce á que nosotros nos retiremos; lo damos todo á nuestra hija.
·- No; no se lo damos á nuestra hija, se lo damos á nuestro yerno. ¡Pues si
parece enteramente que piensas en él más que en Anie! ¿Qué te ha hecho? ¿Qué
es para ti ese hombre? Vamos, te digo que hay para que una se vuelva loca.
Y como Ilarincq estaba muy dispuesto á dividir su fortuna en dos partes
iguales, una para él mismo y la otra para el capitán, lo cual, según su conciencia, era estrictamente lo justo, en vista de la resistencia obstinada de su mujer
vióse constreñido á moderar esos generosos impulsos, que en realidad eran una
reparación voluntaria,
- Firmemos ahora un contrato conveniente y regular, dijo la señora de Barincq. Después, cuando haya pasado algún tiempo, cuando veamos lo que es y
lo que vale este marido, que entre tú y tu hija me imponéis, ya le daremos lo
que merezca. ¿Por qué poner nuestra fortuna en su mano? Los militares son
por regla general derrochadores; no veo, no se me alcanza el interés que pueda
haber en que le pongamos en condición de arruinarse si le da ese capricho; dale
todo lo que quieras y todo lo que sea necesario ó agradable, pero como tal dádiva; como cosa debida y suya, nada más que lo justo y lo decoroso.
Como en puridad importaba muy poco la forma en que se llevase á cabo la
restitución que Barincq procuraba, no quiso éste insistir. Sixto iba á tener su
parte en la fortuna de Gastón; lo esencial era eso. El padre de Anie estaba muy
lejos de pensar que Sixto fuera hombre capaz de arruinarse; pero al cabo y al fin
fl lenguaje de su mujer era, en aquella ocasión, bastante prudente y demasiado
sensato para no tomarle en consideración y aceptarle.
Otro de los temas que discutieron muy acaloradamente fué el ceremonial de
la boda. Barincq, con motivo de estar aún tan reciente el fallecimiento de su
hermano Gastón, quería celebrar aquel matrimonio sin ostentación alguna; la indispensable bendición nupcial y después un almuerzo para la familia y los tes·
tigos le parecía muy suficiente; pero la señora no transigía con ceremonial tan
modesto; si su hija hubiese dado su mano al barón, esa sencillez habría sido una

NúMERO 602

LA

453

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

prueba inequívoca de buen gusto; pero casandose con el capitán Sixto, con un
Sr. D. Valentín Sixto á secas, parecería que se trataba de realizar el casamiento á cencerros tapados, y esto no era conveniente; se necesitaba, por el contrario, conducirse de tal modo y con tal publicidad que se impusiese silencio á
las lenguas maldicientes y aun aprovechar las solemnidades de aquella fiesta
para tomar arraigo en el país. Ya habrían pasado para entonces los seis ~eses
de luto riguroso, y ninguna dificultad había en que las puertas del castillo se
abriesen á numerosos convidados. Veinte años antes podría haber bastado dar
un almuerzo y un baile campestre á los invitados; pero como había ya pasado
la moda de esas diversiones cursis, se hacía indispensable preparar un lunch,
servido en mesitas instaladas en un espacioso pabellón que se levantaría para
el caso en el jardín; esto permitía invitar á mayor número de personas: los parientes, los deudos, los afines de la familia de Saint-Christeau, y al igual modo
á los oficiales de la guarnición de Bayona, compañeros de Sixto.
.
Nada menos se necesitó que un período de seis semanas para los preparatl ·
vos: el equipo, los trajes encargados á París, trajes que una oficiala de la_ primour vino á probar á Ourteau, y la instalación en el castillo de unas habitac10nes
independientes para los novios, que al propio tiempo pusieron casa en Bay?na.
La instalación en el castillo fué también objeto de controversia entre Banncq_
y su esposa; Barincq, consecuente en sus propósitos de restituir_ á S~xto lo q_ue ~
Sixto pertenecía, obstinábase en dejar á Sixto y á Anie las habitac10nes prmcipales, es decir, las que había ocupado Gastón y las que ocup_aban ahora los padres de la joven; pero la señora de Barincq no aceptó en manera alguna ese
arreglo, que consideraba como un desarreglo.
- Pero qué, preguntó indignada, ¿no somos nadie en nuestra casa?
- Ya verás ... ¡á nuestra edad!
En este particular Anie se puso resueltamente del lado de su madre, y el señor Barincq hubo de ceder; se convino, pues, en que se arreglaría para los recién casados el piso segundo, al cual Barincq quería trasladarse. Pero ya que no
pudo darles la habitación que había pensado, hizo hincapié en lo que respectaba
al mobiliario, y escogió, para colocarlo en la casa de sus hijos, todo ·10 que en el
castillo encontró que tuviera un valor como obra de arte ó interés como recuerdo. En el despacho de Sixto el retrato y el escritorio de Gastón; en el tocador
de Anie una soberbia alfombra turca; dióle además una librería magnífica de
dos cuerpos y cuatro anaqueles de nogal tallado _del tie~po de Enr_ique II; en
esa librería había colocado Barincq buena colección de hbros escogidos con las
más primorosas encuadernaciones; por último, á la alcoba nupcial hizo que llevasen hermosas colgaduras bordadas en plata y en oro, un grandi?so lecho con baldaquín del siglo xv11 con adornos, cortinajes y paflón de terciopelo labrado por
insigne fabricante de Génova.
Como Anie, lo mismo que Sixto, se opusiesen á que Barincq ~esn:iantelase de
aquella manera todo el castillo para adornar regiamente las habitac10nes que se
les habían destinado, despojando las demás piezas ~e cuanto d~~ante una larga
serie de años había sido acumulado allí por herencias de familia, el padre de
Anie hubo de confesarles el fin que se proponía al realizar aquel trabajo. .
- Quiero, les dijo sonriendo cariñosamente, construir para vos?tros un ~ido
que sea, en vuestra memoria, á modo de un relicario digno de A~ie y de S1x~o,
de vuestra juventud, de vuestra ternura. Corno los deberes ~r?fesionales de _S1xto y sobre todo las exigencias del general no han de permit1ros que llevéis ~
cabo un viaje de novios - lo cual, si he de hablaros co~ fran9ueza, no me_ aflige, porque los tales viajes de novios, so capa de buscar aislamiento y de hmr de
testigos importunos, no son en realidad otra cosa que la manera torpe y mole~ta de asociar á recuerdos dulsísimos otros que parecen profanarlos y que nos pnven si algún día deseamos hacerlo de encerrarnos en la memoria de días tan
' - entiendo que el día de vuestra
'
felices,
boda debemos_pasarlo todo aqm, y que
en estas habitaciones vuestras debe terminar; para eso Justamente las estoy preparando. De sobra sé que en tal día los padres impo_rtu~an, y por es~a ~az~n tengo determinado que mi mujer y yo nos iremos á Biarntz, adonde 1réis a buscarnos al día siguiente ó al otro ó cuando os ac~mode hacer)o. De este modo
tendréis la más absoluta libertad en esta habitación que ha sido la de vuestros
abuelos: la cadena no habrá tenido solución de continuidad, y andando el tiempo vuestros hijos harán lo que hacéis vosotros, pues el castillo no ha de salir de
la familia.
En el transcurso de aquellas seis semanas Sixto fué diariamente al castillo,
recorriendo á caballo los treinta kilómetros que hay entre Bay?na Y Ourteau;
las combinaciones de trenes no le permitían utilizar el ferroc~rnl. A las cuatro
menos cinco minutos el asistente del capitán tenía parf éste ~ispuesto un ca_ballo; á las cuatro en punto se ponía en ~archa ~ixto, y a l~s seis y cuarto ó seis y
veinte minutos llegaba el enamorado a la vefJa. del castillo, donde enc_ontraba
siempre á Anie esperándole. El portero t?m~b3: el caballo para condumio, á la
cuadra, donde debía descansar hasta el d1a s1gmente, pues para el regreso a Bayona montaba el oficial otra cabalgadura; y entonces, .P?r el hermoso paseo-qu~
sigue la orilla del Gave, los dos novios, charlando, m1randose uno á otro, se dirigían lentamente al castillo.
.
.
,El paisaje er~ maravilloso; pero no eran de esas maravillas de lo que los JÓ·
venes hablaban· charlaban á media voz de ellos, nada más que de ellos, de su
felicidad presen'te, de sus bienandanzas futuras. Si alguna v~z Sixto se refería ~l
hermoso paisaje que ante su vista se presentaba, era paraelog1ar el talento ~e An1e
que Jo había representado en cuadros admira_bles. Anie objetaba que S1xto ~ra
juez demasiado parcial; pero sobre este particular no hab1a nunca avenencia.
Si:Xto admiraba realmente á Anie, que efectivamente había desarro~lado en aquellos meses sus aficiones y qu!! á los ojos del capitán era una artista consumada; nada le parecía más original ni más personal que aquellos cuadros de su
novia.
d' ·
: La primera vez que la señora de Barincq o~6 hablar de }as VJS1ta_s ia~ws
ofrecidas por el capitán, habíase mostrado muy mcré~ula; dec1a que tremta kilómetros de ida y otros treinta de vuelta eran sesenta k!lómetros, ~ que no tard~rían en parecerle demasiados; ~ero c~and? se conve~ció de que m los sesenta ~i;
lómetros, ni el calor, ni la lluvia_ ~ab1an si~o parte a que se ~Iterara en_ l,o mas
mínimo la regularidad de las visitas de Sixto, comenzó á m1rar al cap1tan_ ~on
mejores ojos y hasta á sospechar que podría haber en él ~lguna buen~ con~ición
que ella no había visto; por eso cuando hablaba con Ame de_su nov10 so_ha respetarle su frase predilecta, la frase qu~ en concepto d_e la senora de Barmcq lo
resumía y compendiaba todo: «Decididamente e: un Joven 1'.luy correcto.»
.
y para que fuese más correcto aún tenía la senora de ~ann_cq m_uf bue~ cmdado de que Manuela no descuidase la pieza que estaba a la disposición de éste,

y en la cual, al llegar, se arreglaba un poco y para marchar volvía á ponerse el
empolvado uniforme.
,
..
Pero esto que parecía correcto en Ourteau, parecia en Bayona, entre los militares, algo exagerado.
,.
- ¿Puede concebirse mayor dislate? ¡Exponerse á reventar dos hermosJS1mos
caballos por u:1a tontuela! ¡V:alientes ejerci~i?s se p'.opina el hombre!
.
Para los compañeros de Sixto aquellos v1a1es de ida y vuelta eran_ ~n exceso,
para las mujeres y las hijas de los compañeros eran una verdadera n~iculez. ,
- ¿No sabe usted que el capitán Sixt? se echa al cuerpo sesenta kilómetros a
caballo todos los días para ver á su novia y volver á Bayona por la noche?
- ¿Y el general permite eso?
- ¡El pobre general tiene tanta necesidad de Sixto! ..
- La verdad es que ... ¡En fin! Estas muchachas ricas son tan exigentes. Me
parece que si la novia del capitán tuviese u~ poquito de tacto _con:prenderí~ que
cuando se compra, pagándolo bien, un mando, no es nece~an,o m c~nvemente
pregonar que se puede obligarle á que haga cuanto se antoJe a la novia.
- ¿I rá usted á la boda?
,
.
.
- Quizá; para verlo nada mas... , porque promete ser muy divertido el espectáculo.
Mientras llegaba el día de asis_tir á la b~da, na~ie dejaba de instalarse un poco antes de las cuatro en el cammo de Samt-Pala1s, so pretexto de dar un buen
paseo desde la puerta de Mourseroll~ hasta San Pedro de_ Irube, p~ro, en realidad con el fin único de ver pasar á Sixto, el cual apenas si respondia a los que
le saludaban, preocupado como iba en equilibrar su pa~o sobre la cabalgadura y
en animarla simultáneamente con la mano y con las piernas para que fuese menos fatigosa su marcha.
- ¡Imbécil!
..
Las madres que habían recibido educación sólida no dejaban de utilizar la
moraleja que se desprendía de aquello, es á saber: que en este mundo pícaro el
dinero todo lo puede.
El día de la boda llegó al fin, y contra lo que había pronosticado la seño:a de
Barincq, la cual no cesaba de repetir á t?das horas que ~u fatal estrel)a les Jugaría cualquier mala pasada, todo estuvo dispuesto: los ~raJ~S de la no_via y lo,s de
la madre la instalación de la casa de Bayona, las habitac10nes destmadas a los
novios e~ Ourteau, la tienda espaciosa, el soberbio lunch, hasta el tiempo que,
según los augurios de la señora de Barincq no podía ser sino execrable, era hermosísimo.
Habíase conseguido que los convidados tuviesen carruajes á su disposición.
En Puyoo había landós para recoger á los que viniesen por las líneas de Dax y
de Orther al apearse del tren; en Bayona faetones de gran capacidad guiados
por cocheros y postillón, cuyas libreas ostentaban anchos galones plateados, y
cuyos sombreros, adornados con vistosas cintas, parecían simbolizar la alegría
de la fiesta.
La ceremonia estaba señalada para las once y media; cinco minutos a~tes de
la hora señalada entró en el salón el general, que era uno de los testigos de
Sixto; vestía de uniforme de gala .Y se presentó acompañado por su mujer y por
sus cinco hijas; Anie salió inmediatamente á su encuentro.
.
- Reciba usted, dijo cariñosamente el anciano contemplando á Ame bajo el

El portero tomaba el caballo para conducirlo á la cuadra; y entonces los &lt;los novios,
charlando, mirándose uno á otro, se dirigían al castillo

velo de desposada que cubría de arriba abajo su magnífico vestido de raso, reciba usted mi felicitación, señorita; es usted la primera novia de cuantas he visto
que se halle dispuesta á la hora fija~a.
.
.
..
- Es que sin duda, respondió Ame sonnendo, tengo vocación militar.

(Continttará)

�454

LA
SECCIÓN CIENTÍFICA

ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

NÚMERO 602

bong, hoja con dos filos, punta roma y mango de con clavos en los enlaces; todos los materiales que
asta de búfalo, y asimismo el arco y la lanza. Comen eligen para la edificación son gruesos y fuertes, asenLOS IGORROTES
la raíz del létaro y carnes de jal:1filíes y venados. Al- tándolos muchas veces sobre piedra, y cercando con
gunos son antropófagos.
frecuencia los solares y campos ó sementeras con
Generalmente se designa con este nombre á los
Los igorrotes sometidos al gobierno español son muros de la misma especie.
habitantes del interior de Luzón, que viven en los más dóciles y trabajadores, viven con relativa comoTal es el pueblo á que pertenece el individuo cumontes de la gran cordillera del Caraballo y en sus didad y se alimentan mejor. Cultivan tabaco y ejer- yos retratos publicamos, copias de fotografías tomaramificaciones y vertientes, en las provincias de Pan- cen diversas industrias, como la fabricación de telas das por el distinguido teniente de Estado Mayor afee'gasinán, Unión,· ambos Ilocos, Abra, Nueva Vizcaya, y cuerdas con las cortezas filamentosas de algunos to á la capitanía general de Filipinas; D. Luis Roig
Cagayán y distritos de Bontoc, Benguet y Lepanto. árboles, la de cestos y tampipis con cañas y bejucos, de Lluis, á quien damos las más expre~vas gracias
la de ollas y cuacos (pipas) con barro y la de cuchi- por la atención que para nosotros ha tenido enviánllos y puntas de lam,as con. hierro. También funden donos aquéllas para LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA.
el oro que recogen entre las arenas de sus ríos.
E l igorrote Tayabán es natural de la ranchería de
Estos salvajes no entierran al que entre ellos falle- Bucquiaván (comandancia político-militar de Bontoe)
ce hasta ver consumida en orgías toda su hacienda, y constituye un ejemplar notable de su raza por ser
ocurriendo á veces que tan bárbaros festines han du- contadísimos los igorrotes que tengan barba y bigote.
rado un mes, sin que turbasen su gozo las emanadoEn la actualidad extingue condena en la cárcel
nes infectas del descompuesto cadáver. En sus lutos pública de Vigan: el delito (si es que cabe calificar
usan el color blanco, como los chinos (Montero Vi- de delito el hecho por él cometido) por que fué condal, El ArchipiUago Filipino). D. Manuel Scheidna- denado á seis años de prisión es el siguiente: dos ingel ( Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid, dios le robaron un carabao y asesinaron á un hijo
tomo XII), refiriéndose á los igorrotes que pueblan suyo que quiso impedir el robo. Tayabán para ven; .
los distritos de Benguet y Lepanto y las comarcas li- gar la muerte de éste fué en busca de los asesinos,
mít-rofes, afirma que no pueden suponerse una fami- matólos y cortándoles las cabezas púsolas en un ceslia aparte de la del indio filipino, porque así lo reve- ~o de bejuco, cargado con el cual se presentó algolan, en primer término, sus condiciones físicas y bernador, y mostrándole aquellos restos ensangrentaotras de carácter y lugar que hacen comprender in- dos díjole que podían hacer de él lo que quisieran,
mediatamente que son tan sólo naturales en estado pues estaba satisfecho por haber vengado á su hijo.
casi salvaje, y dice casi en atención á que no puede
Aun desconociendo, como desconocemos, los decalificarse como tal el hombre que se diferencia sim- _talles del suceso, nos parece que si Tayabán hubiese
plemente del que titulamos civilizado por haber ó no comparecido ante un jurado de padres, á estas horas
recibido las aguas del bautismo cristiano.
podría llorar en libertad sobre la tumba de su hijo
Estos igorrotes viven, en general, sometidos á la inicuamente asesinado. - X.
autoridad que representa en aquellas localidades el
gobierno de España, acatan las órdenes emanadas de
la misma, aprecian en mucho sus derechos, cumpliendo ordinariamente los deberes que hasta hoy les
LA DISTANCIA DE LAS PLÉYADES
han sido impuestos.
El delito común no impera en sus pueblos y ranMiss A. Clerke es una astrónoma distinguida que
cherías, oyéndose rara vez hablar de asesinatos ó ro- ha tratado diversos asun tos con habilidad consumaEl igorrote Tayabán, de la ranchería de Bucquiaván
bos de consideración; el estado social en que viven da. Recientemente ha hecho un trabajo sobre la dis(Islas Filipinas)
no es en mod9 algu(De fotografia remitida por D. Luis Roig de Lluis)
no depravante, porque
respetan los principios
morales de la familia
Blumartritt ( Las razas t'ndígenas de .Filipinas, Re- como padres, esposos,
vista de geografia comercial, t. III, 1890) hace obser- hermanos; la herencia
var que con el nombre de igolot designaban los pri- de bienes y la propiemeros cronistas á los infieles que habitaban las cer- dad adquirida con el
canías del monte de Santo Tomás. Más tarde se ex- trabajo; prestan su
tendió esa denominación á todos los infieles de ca- concurso personal á
rácter sanguinario de la cordillera central y septen- los trabajos comunatrional de Luzón. En la época moderna se aplica les, así como los auxierróneamente este nombre como denominación gené- lios que les exigen parica ó colectiva de todos los infieles paganos y salva- ra distintos servicios,
jes, ocasionándose así gran confusión en la nomen- retribuidos con arreclatura etnográfica del país. Así se habla de igorrotes glo á los aranceles; elide Mindanao, igorrotes de Buhi, etc.
gen por sí sus manAun los extranjeros empiezan á adoptar esa mala d_a fa rios municipales
costumbre de la prensa y literatura peninsular y fili- con la autoridad de la
pina.
provincia; aceptan el
Según las indicaciones del doctor Hans Me ¡er, establecimiento de espertenece el nombre etnográfico igorrote solame, te á cuelas; satisfacen á la
los valientes infieles que pueblan Benguet y Le- Hacienda pública su
panto.
tributo, aunque muy
Son de la raza malaya. Hablan un idioma ,1ue se exiguo; comercian con
divide en cuatro dialectos. El dialecto inibaloi, que los pueblos cristianos;
se habla en las ranchería5 de la cuenca del río Agno trabajan en los campos
(Benguet); el cancanai, que se habla en la parte Nor- para adquirir su susoeste de Benguet; el llamado catasán, en las ra nche- tento; carecen de insrías de Lepanto, situadas en las llanuras y tierra baja tintos guerreros ó sandel río de Abra, y el último dialecto (suflín), que ha- guinarios, circunstanblan los igorrotes del monte Datá y sus cercanías.
cia tan común en el
Son hombres fornidos, corpulentos y bien configu- modo de ser de los harados. E l color de su piel es moreno verdusco y co- bitantes salvajes; pro- .
brizo. T ienen el cabello lacio, grueso y de un negro fesan singular afición
brillante; los ojos grandes, rasgados; los pómulos de á que sus cuestiones ó
la cara muy prominentes. Visten una clase de calzon- pleitos sean dirimidos
cillo llamado baaé, de corteza de árbol. Suelen tam- ó substanciados porla
bién llevar una manta sobre los hombros, atada por ley, nunca por la fuerdos puntas en el pecho, la cual no abandonan hasta za, y no se hallan, por
que se rompe.
último, ni aun desproLas mujeres usan una especie de almilla abierta vistos del pudor en la
por el pecho, y de la cintura hasta las rodillas van apariencia pública y
c ubiertas por la corteza de un árbol ó por alguna tela aun en gran parte de
ordinaria. Hombres y mujeres llevan pendientes de sus actos íntimos.
metal, y algunos usan brazaletes y ajorcas de moneEl igorrote Tayabán, de la rancher!a de Bucquiaván (Islas Filipinas),
Sus viviendas no
das de cobre en los brazos y piernas.
(De fotograffa remitida por D. Luis Roig de Lluis)
son, cual se ha supuesSe pintan el pecho y los brazos con el tizón de un to muchas veces, simárbol nombrado saleng, cuyo color es indeleble; la ples chozas ó cuevas de refugio y abrigo; al contancia de las Pléyades, del cual entresacamos las si·
figura que generalmente copian es la del sol.
trario, aunque por lo común son muy sucias y más guientes ideas principales.
Viven en rancherías, fabricándose casas de bambú. que sucias negras (debido á que no dan escape ver·
.En 1839 Bessel midió las distancias relativas de
La forma de éstas es piramidal; carecen de ventanas, tical á los humos), la construcción es más sólida,
y sus dindines ó tabiques, de caña ó madera, apare- capaz y de mayor resistencia y duración que las del las Pléyades y su posición exacta en la bóveda celescen ennegrecidos por el humo de las teas resinosas indio. Utilizan siempre al efecto buenas maderas, per- te. Este trabajo fué continuado en 1884 y 1885 por
con que se alumbran. Su arma más usual es el tali- fectamente curadas y labradas; • forman la t rabazón el doctor Elkin. A través de la distancia de cuarenta
y cinco años que separa esas dos operaciones, ha sido

LA

N úMERO 6 02
posible comprobar que las principales estr~llas del
grupo verifican un movimiento marcado hacia el Sureste y que es probable que las nebulosidades que en
medio de ellas se ven participan del mismo.
Asimismo se ha comprobado que un pequeño grupo de estrellas de octava y novena magnitud que se
ve al propio tiempo que las Pléyades en lo~ telescopios permanece inmóvil mientras las del pnmer grupo se deslizan·por del~nte _de ellas, de suerte que ~sas
pequeñas estrellas estan situadas en las profundidades del cielo, mucho más lejos que las P léyade~, y
permitirán que éstas proporcionen medidas exactas
de su cambio de lugar.
Por de pronto, lo más probable es que el movimiento de la estrella principal de las Pléyades, la conocid:1 con el nombre de Alción, con las estrellas vecinas del ampo que la siguen, no es más que aparente
y no puect°e ser debido probablemente á otra cosa que
á la traslación de nuestro sistema solar en el espacio, ni ser sino la proyección de nuestro movimiento
sobre la bóveda celeste.

455

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Siendo esto así y admitiendo, como se ha propuesto, una velocidad de 25 kilómetros por s~gundo p~ra
nuestro !.OI, debe deducirse que el pa~alaJe de 1?-lción
es de o",013, es decir, que se necesitan doscientos
cincuenta años para que su luz llegue hasta nosotros
recorriendo 300.000 kilómetros por s~gundo.
Este resultado tiene una importancia enor~e, po_rque en primer lugar nos da una idea_ de l,a distancia
de ciertas nebulosas las que acompanan a las Pléyades, cuando ningun~ nebulosa ha P?dido prestarse á
tal medición porque nunca ha podido comprobarse
un cambio de lugar en ninguna de e_ll_as.
Además, según todas las probab1hdades, las Pléyades están unidas á la Vía Láctea, de la c~al forma~
parte, y por tanto sería aquélla una evaluación aproximada de la distancia á que pueden encontrarse las
demás porciones de esta curio?ª zona ce~este.
Finalmente, de las observac10nes de miss Clerke se
desprende que las nebulosas que componen el hermoso grupo de las Pléyades están incomparablemente
más cerca de nosotros que hs demás.

DESECACIÓN DEL PANTANO DE KANKA.KEE
DE LOS ESTADOS UNIDOS

El pantano de Kankakee ocupa una superficie de
160.000 hectáreas, está situado en el Estado de Indiana al Sureste de Chicago, y por él pasa una porción de líneas férreas. El punto más elevado del pantano se encuentra en las cercanías de South Bend,
junto á la cual están las fuentes del río ~ankakee,
que atraviesa ese pantano en toda su longitud, 128
kilómetros. El río Kankakee desemboca, al Suroeste
de Chicago, en el río Desplaines, que á su vez desemboca en el lago Míchigan. Entre South Bend y Memence, los dos puntos extremos del pantano, el Ka~kakee presenta por lo menos 2.000 curvas, y la longitud total entre estos dos puntos, siguiendo el thalweg
del Kankakee, es de 386 kilómetros.
.
Para desecar ese pantano se proyecta constrmr u~
canal que recogerá las aguas de los p~queños ríos tributarios del Kankakee y que tendra la anchura de
8'230 metros en el fondo y la profundidad de 1'830.

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Eapabracl■llltl da la lugre,
Debilidad, etc.

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EST RERIMIENTOS, CÓLIC OS.

Apro&amp;adu por 11 Academia de Jlediclna de Part, .

. y aragaas de queHEIOSTATICO
al ... PODEROSO
rgotina
se conoce, en pocion
.,.;:r._...,..,..••""•l'lli'I""••"' en lnJecclon lpodermlca.

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Recomendados contra lu Ateoolones del Estó•
mago, Falta de Apet ito, Digestiones laboriosas, Acedias, Vómi tos, Eruct os, y C6llooe;
regularwm las Funclonee del Estómago y
de loa Inteatlnoa.
E,1, 1, 111 ., rotulo • lfrm• dt ,. FA rARD.
a.dh. DETBAN, Fal'Dlaoeutloo mi PAJUa

Recomendadas conlra los Males de la Garganta,
Extinciones de la Voz, I nflamaciones de la
B oca, Efeotoa perniciosos del Mercurio, Irltacion que p r oduce el T abaco, y specialmenle
á los Sñrs PREDICADORES, ABOGADOS,
PROFES ORES y CANTORES para facilitar la
emioion de la v oz.-P••cio: 12 Ruua.
Erct(ltr en el rotulo a firma
Adh. DETHAN, Farmaoeutioo en PARJS

Jarabe Laroze
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace mas de 40 años, el Jarabe Laroze _s~ prescribe ~on éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastntis, gastral1ias, dol~~e•
y r etorti jones de estómago, estreñimiento~ rebeldes, para facilltar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestinos.
JA.R.A.BE

a1Brom.uro de Pota.s io
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es P.l remedio mas eficaz para combi!-tir las enfel'!]led~des del ~orazon,
la e Úe sia, hist ér ia, migraña, b aile de -~•-Vito, insomnios, convul~on~s y tos de los niños durante la dentic1on; en una palabra, toda■
las afecoiones nerviosas.

CARNE y QUINA

VINOAROü'O;;;-ÓÜINA

T CON TODOS LOS PJlINctPIOS KtmlITIVOS SOLtJBLBS DB U CARNE
c,.1a.u y om11.u son los elementos que entran en la comoostc1on de este ootente
reparador de las fuerzas vitales, de este fenl■eaate per eaeele■ela. De un rusto sumamente agradable, es soberano contra la .tnemta y el .tf)OCMnúnto, en las Calentura,
~ COlll!IÜ4Cl11CÚU¡ contra las l&gt;1Mrl/U y las Á(éec1o'llel del Hlt&lt;&gt;IM(IO y los
cuando se tma de despertar el apetito, asea,uv las digestiones, reparar las tuerzas,
~ecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemia, lll'OTOcadai por los calores, no se conoce nada supenor al Yl■• de Oaüaa de Anad.
.PM' fflGJ,IOf'. en Paria, en casa de 1. FEW, Farmaeeutlco, 10!, l'lle Bicllelieu, &amp;c.or dtABOUD,

fábrica, Espediciones: J.-P. LAROZE &amp; c1e, !, roe des Lions-St-Panl, i Paris,
·D eposito en todas las principales Boticas y Droguerlas

USIER
PITE EPILATOIRE
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8B VIMDB KM TODAS X.U Pllll(OlPALU

1

JIOTIQA&amp;

EXIJAS[ ' J!º= ARDUO
1

destrnye hu ta Ju RAICES el VELLO del rostro de Ju da.mu (Buba, Blfole, ele.), 11111
IIÍll¡Un peli¡ro pm el t11tll. 50 Año■ de :álllto,ymillares de leltlmolliol ganntlwl la .,atada
de eata pn,ancioL (Se ,eade III NJll,J P la buba, 1 ea 1/2 oaJ11 para el biple U,en),•Pn

............. ti l!ild J'OB.&amp;. »v■••·· l , rue J ,..J,•BOUMau. PUS.

�LA

NúMERO 602

ÍLUSTRACIÓN ARTÍSTlCA

combatir el llamado iberismo. En la demostración de
sus tesis da muestras el Sr. Accacio Rosa de grandísimos conocimientos históricos y sociológicos que le
colocan, á pesar de sus pocos años, á envidiable altura como pensador y publicista. Lleva el libro un nota·
ble prólogo del eminente politico y escritor lusitano
Serpa Pimentel é inleresarttes cartas del conde de Ca·
sal Ribeiro, Azcárate, Oliveira l\lartins, Labra, Alves
Mendes, F. de Antón y Tomás Ribeiro sobre el iberismo: ha sido impreso en Lisboa (tipografía de Silva,
ruado Telhal, 8 a 12) y se vende á 6oo reis.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
LA ESPAÑA MODERNA - Muy notable es el ní1mero de esta revista correspondiente al mes actual, que
acabamos de recibir. Contiene, entre otros, importantísimos trabajos firmados por Claretie, Sardou, Pontmartin, Lubbock, Lombroso, Posada, Asensio, Caro,
Fernández Duro, Sturmalof, Villegas y Castelar, quien
en un largo articulo se ocupa del estado actual de la
politica española, explicando la evolución del posibilismo.
La E spana J,foderna envía un tomo de muestra gra·
tis á quien lo pida por escrito al Administrador, Cues·
ta de Santo Domingo, 16, Madrid.

•••
POESfAS V FÁBULAS, por Ramón de Campoamor.
- El solo nombre de este poeta es la mejor garantia
de la bondad de los dos lomos de poesias y fábulas
que ha publicado la Biblioteca Se/uta, que edita en
Valencia D. Pascual Aguilar. Cuanto dijéramos en alabanza de las inspiradas composiciones que aquéllos
contienen serla una redundancia tratándose del autor
de los Pequeflos Poemas. Los dos tomos se venden al
precio de 50 céntimos de peseta cada uno en las principales librerías.

•••
LA CRIMINOLOGfA, por R. Garofalo. - Lombroso
en el estudio sobre &lt;Las nuevas teorlas del Derecho
Penal,&gt; dice que La Crimi1lolog{a, de Garofalo, es la
obra más importante y más completa dada á luz por
los partidarios de la nueva escuela, la indispensable á
los abogados y magistrados y la única que reconstituye el Derecho penal por el método experimefltal. Efectivamente, los capítulos dedicados al estudio del delito
natural, el delito según los juristas, la anomalia del
criminal, la influencia de la educación sobre los instintos criminales, las influencias económicas, la ley de
adaptación, la critica del sistema penal, las leyes protectoras del delito y otros, son de primer orden, y tanto si se les estudia en el aspecto jurídico, como en el
aspecto médico, constituyen un cuerpo de doctrina de
verdadera influencia en los tribunales. La obra, que
ha sido editada J?Or La Espa11a Moderna, está además
muy bien traducida.por D. Pedro Dorado Montero, ca·
tedrático de .Derecho penal en la Universidad de Salamanca, é impresa con todo lujo, y forma un hermoso volumen en folio que se vende á 10 pesetas en las
principales librerías.

•
••
Nov(SIM·A L!tGISLACtÓN DEL IMPUESTO DK DK·
RECHOS REALES V TRANSMISIÓN DE BIENES, fer
D. Josl ltf. • .Ros Biosra. - Contiene este libro todas las
disposiciones vigentes desde 1. º de octubre de 18g2
debidamente concordadas y anotadas, una introducción
con las condiciones económicas, precedentes y resumen
histórico del impuesto, una recapitulación de plazos que
importa conocer al contribuyente, las funciones de los
centros oficiales, formularios de los principales expe·
dientes á que da lugar el Reglamento y un apéndice
con el Real Decreto de 4 de abril de 1893 y la Real
Orden de 14 de los mismos mes y año reglamentando el impuesto de 0'10 por 100 sobre transmisiones
de efectos públicos. Por lo dicho se comprende la importancia de esta compilación cuidadosamente hecha
por el Sr. Ros Biosca, doctor en Administración, del
cuerpo de abogados del Estado por oposición y del llus·
tre Colegio de Valencia. La obra ha sido editada por
D. Pascual Aguilar y se vende en las principales librerías á 2'50 pesetas.

•
••

PRO PATRIA. - El segundo número de esta importante revista contiene notables trabajos de Emilio Vilanova, Serrano Fatigatti, Balaguer, Leonce Cazaubon, Marco, Feliu y Codina, P. A. Torres, Campoamor, Dicenta, Sánchez Pérez, M. del Palacio, Vital
Aza, Núñez de Arce, Llorente, Zahonero, Pedrell, A.
García Llans6, Güell y Mercader, un interesante Afemorándum y el número 2 del Boletln de la Biblioteta
Afuseo Balaguer. Suscrlbese á esta revista en la Redacción y Administración (Aribau, 30, Barcelona).

•••
EL CÓDIGO I NDUSTRIAL, por Pedro Estasb1. -So·
bre este importante tema, sobre el e:;plritu que ha de
presidir en este ramo de la legislación de nuestro pals
y bases sobre que debiera de,cansar, versó el discurso
de recepción recientemente pronunciado en la Academia de Derecho de esta ciudad ¡&gt;0r el distinguido
abogado, escritor y publicista Sr. Estasén. Dedicado
desde sus juveniles años á estos asuntos, que como pocos conoce á fondo, trata el Sr. Estasén en su discurso
esa materia de una manera magistral, señalando los vicios de que nuestra legislación en punto á industria
adolece, y propone reformas y remedios que de ser aplicados, de fijo darian nueva vida á esa importantísima
rama de nuestra producción nacional. Avaloran el discurso un estilo elegante y una gran claridad de concepto y de exposición.

•••
A NOSSA INDEPENDENCIA E o IBERISMO, fer A a acio Rosa. - El pensamiento que informa esta obra e,
demostrar por medio de la historia desde las más remo•
tas edades que la nacionalidad portuguesa por su formación, por su sucesivo desenvolvimiento al través de
las vicisitudes de la civilización en que hubo de intervenir y por su estado presente es una nacionalidad per·
fecta y en estado de no poder desaparecer ó fundirse
con otra nacionalidad, y dentro de este orden de ideas

EL &amp;IONAGUILLO, estatua de Manuel Fuxá (Salón Parés)

APJ:OL
de los O'.. JORET &amp; HOIOLLE

---MEDIOAOION TÓNICA

El APIOL cnra loa do/ore,, retr1101, 1up,elfone1 tJe 111 apoou, as1 como las r,lrdldu,
Pero con rrecuenc1a es falsIBcado. El ,. PIOL
verdadero. ünlco eficaz, es el de los inventores, los Drt• JORET y BOKOLLE.

PILDORAS Y JARABE
DE

BLANCARD

MEDALLAS Exp,.Unt,1,. LON DRE8188Z-PA R/81889

rarawu,, tst,net111n11,Pil11

~,o

it1t.9ADESde1Esro,,,,
\~~
--uV

Pepsina Boudault
Ap!obada por la füDEIU DE IEDICINA

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EH 1856

CARNE HIERRO y QUINA

Medallu en las Expoalciooes tnternaclooalea de

11 Alimento aw co:::lcan1e UDÍdo a los 'l'ómcoa mu reparadora.

HRIS - LTOI • VIENA • PBIUDELPBIA • PARIS

VINO FERRUGINOSO ARDUO

1u:roa txtTO d LU
DISPEPSIAS
OASTRITIS - CASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO

lllm

T COK TODOS LOS PI.DCCIPIOS M1Tl'alT1VOS DB U CARNE
Dtes aflos de ento cont1nuac10 y las &amp;11rmae1one1 de
toc1u la8 eminen01U médicas preuban que esta UOCJICion de la Carae, tl Hierre y la
9•1- oouaUluye el reparador mu ent nrlco que ee conoce para curar : la Cwrósü, la
.tlltlllfa, las Jlt111t~ dolorolal, el lmpollreamle'llto y la .tltwacwn tJ.e la Sangre,
el R/1/lVctllfllO, las .tfeccwflU escro(luolal Y ucort,ut1Clu, etc. El l&gt;'la• rerructa•H de
Ar••• ea, en erecto, el ÚJllCO que reune todo lo que entona y fortalece los organos,
regularlsa ooordena y aumenta conalderablemen~ las tuerua 6 lnfWldll a I&amp; 81DV9
empobroofoa y descolorida : el V(qo,-, la Colol'IICW1t Y la lltterqús lrlt111.

c,.uan, ..F.11■• 1 ,IJD&amp;I

pqr Ntor,e11 Paria, en casa de J. FBRll, Farmat.entico, 10!, rue Richelien, Sucesor 4e AROUD.
D VDD&amp; BN TODAS U..S PIUNClP.ll.BS BOTl&lt;as

EXIJASE

11

i:o:=

1

ARDUO

lffi

1873

1876

1878

11 IMPL&amp;l OO!f IL

Y OTl.01 l&gt;IIOllDINII DI LA DIOIITIOW

BAJO LA. FORII.\ DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
, PABIS, Pharmacie COLLAS, 8, rae Daupbine
11 tn la1 pri•clpale, farmacia,,

Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria
b4P, DB MONTANB&amp; Y SU.tÓ1'

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12tí~t1ea
A~o XII

BARCELONA 17 DE JULIO DE 1893 ,... _ _ _ _ __

N ÚM. 603

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

NOBLEZA, escultura de Eusebio Arnau
( Sal6n Parés)

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

poeta que ha llenado con su gloria la mitad primera
del siglo.
Entre estas mujeres inmortales contaba Quinet á
la mencionada condesa de Guiccioli por una de las
más bellas formas que ha podido revestir la inspiración sobre nuestra tierra. Y así aquella mujer, que
había encontrado al poeta en la mitad de su camino,
Texto. -/¡furnmradones europeas, por Emilio Castelar. -Los cuando la desesperación le hervía más rugiente en el
edificios de la Exposición de Chicago, por M. A. - RtcuerdJJs pecho, cuando la fe se le apagaba casi con la vida, y

NúMERO 603 .

NúMERO 603

459

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

rir un corazón solitario, la esperáis indiferente. No tenéis con quien compartir ni penas ni alegrías. El alma que, partida en dos, se agranda hasta lo infinito,
en el egoísmo se encoge y seca á la manera de esas
frutas caídas verdes del árbol. Cuando las fuertes

emociones de un corazón varonil, cuando las rudezas
de un carácter que ha peleado mucho no están por
la sonrisa de una mujer querida, templadas, toman
algo
de salvaje, como los campos abandonados de
del ctnltnan·o rojo. L"is XVII. fl. ÍA obra sin nombre, por le sonriera como sonríe la luna entre los nubarrones
Emilia Pardo Bazán. - La ,n,r: dt hie"o, por Manuel Amor de la tempestad, y le calmara con sus lágrimas como cultivo. Después de la tempestad no hay calma; después de la noche no hay aurora; después de la duda
Meilán. -Nuestros grabados. -Anie (continuación). - SEC·
la lluvia el hirviente Océano, y le sugiriera versos se- no hay fe; después del dolor no hay consuelo. Una
CIÓN CIKNTÍFICA : Varios.
Grabados. -Nobleza, escultura de Eusebio Arnau. - ústtli• renos cuya dulzura entró en la miel más sobrosa que vida sin amor es un cielo sin astros. Miss Chaworth,
.fidos de la E.xposició,i de Chicago, cinco grabados. - Los guarda el universo espiritual de las artes, y le moabandonando á Byron, acaso le cortó las alas con las
tk·oraUJdos e Vidon"a&gt; y cCamperdown&gt; y rtlratodtlvicealmiviera con empeño á acciones inmortales como la lu- cuales s.e hubiera remontado al cielo, y lo dejó entrerante Tryon. -El dt/fln; El tajJaltro Simóll; Atarla Auto·
flitla ante el tn·b"nal rtv0b4CUnario; E1uierrode Alar/a An- cha por la emancipación de los griegos, cuyo recuer- gado á sus propias pasiones y á la soledad de su penlom'tla e1i la Come,:ferla. - Flores dt invierno, dibujo de Fran· do queda entre los heroísmos y los sacrificios mayo- samiento, entre los torbellinos del mundo. Antes de
cisco Maura. - La can-tra d pie, bajo relieve de Mariano Ben· res de la historia, aquella mujer es una de esas sublilliure. -A11/011io Vito. - Figuras I y 2. Vaciado de una im· mes musas que pasan cantando, como :una bandada partirse quiso verla el poeta. En efecto, tuvo valor
para arrostrar la mirada de aquella mujer, feliz en
presión de un cuerpo humano sobre una masa de mortero. La t.slatua dtl dlebre aslró1101110 Arago. -Distracción, escul- de blancas aves místicas, sobre los horrores y las tris- otros brazos que no eran los brazos de su primer
tura de Venancio Vallmitjana.
tezas del mundo. Yo creí siempre que la condesa de amante. Pisándose el corazón y las entrañas, penetró
.., .. ,,. .,.,.,.••••.......... •••••"•••••••••••••-.,.•••••.. ••••• .. •••••"••-,, ... ,.....,r .,-..r,.-..r ,. ... ,-.,...,..,...,..,.._.
Guiccioli, después de haber sonreído á Byron en Ve- en aquella estancia que había creído destinada de sunecia, después de haberle llevado á Ravena, después yo á ser templo de su felicidad. La rubia cabeza se
'
de haber paseado con él melancólicamente á las ori- inclinó para saludarle. Las miradas de los dos amanMURMURACIONES EUROPEAS
llas del Amo, bajo los pinos verdinegros de Pisa, tes, separados para siempre, se encontraron en aquel
POR DON EMILIO CASTKLAR
había muerto al día siguiente de la muerte del poeta
Aficiones de París á las literatui-as extranjeras. - Libros varios sobre la tierra de Grecia. ¿Qué podía hacer ya en el supremo adiós. Byron le dijo que su único deseo era
acerca de diversos pueblos. -Traducciones y comentarios de mundo? ¿A qué vivir, cuando jamás volveríaá ver en la felicidad de su amiga y que se iba contento viéndola feliz; que sentía un gran dolor, pero que ante
estas traducciones. -La Doro/ta, de Lope. - Un libro de
Rabbé sobre las mujeres predilectas de Byron. - La condesa la tierra el ruiseñor misterioso que á su lado cantara todo y sobre todo sentía una amistad infinita por ella,
Cuiccioli como historiadora de su amante. - La primer novia y transmitiera estos cantos, no al aire vago, cuyos hasta el punto de ser capaz de amar á su esposo porde Byron. - Lady La.mb. - Casamiento de Byron. - Reflexio- giros los repiten y los disipan en la brevedad de un
que amaba con pasión á la predilecta de su alma, prines. -Conclusión.
instante, sino á la gloria, dispensadora de la inmor- mer aurora del amor en su recuerdo. Cuando veía
talidad? No podía yo pensar que la muerte hubiera
No podría hoy argüirse á la gente literaria france- arrastrado á Byron y perdonado á la condesa. Creí al hijo de aquella su primera novia, el cual apenas
contaba entonces dos años; cuando descubría en su
sa de menosprecio por las literaturas ajenas. A diaque sus almas se hallaban confundidas hasta el punrio se publican testimonios de una consideración ra- to de vivir ambas de una misma vida y en un mismo fisonomía rasgos de la fisonomía del padre, su cora·
yana en culto. Las traducciones menudean y nuestros cielo, como esos astros de una constelación que ja- zón se partía de celos en mil pedazos; pero cuando
lo observaba más y veía los ojos de su madre, lo esgrandes literatos no se quedan á la zaga. Emilia Parmás se ven separados y que desde el principio de los
do Bazán, Gaspar N úñez de Arce, José Echegaray, tiempos se contemplan mutuamente en la inmensi- trechaba contra su corazón y lo besaba hasta sofocarlo.
Benito Pérez Galdós, Juan Valera, Manuel Tamayo,
dad del espacio con amorosa mirada. Eloísa no huHay dos mujeres que han dejado en el ama de ByArmando Palacio Valdés y otros muchos no me debiera pasado á la posteridad, no, de haber tenido
jarán por embustero en esta incontestable aserción otro pensamiento que el pensamiento de Abelardo. ron inextinguible huella. Hay dqs pasiones que han
sido la clave de su destino; pasión adúltera la una,
mía. Durante los últimos meses un erudito acaba de
Para vivir en todos los tiempos ha necesitado morir pasión legítima la otra; desgraciadas ambas, causas
publicar la Doro/ea, el drama-novela de Lope, tan
en el charco de sus lágrimas, sobre las piedras frías generadoras de todos sus infortunios. Carolina Lamb
gustado por nosotros, drama cuyos retruécanos de
del claustro, viuda inmortal del filósofo. Su corazón es la primera que emponwñó sus días. Hija de una
dicción y cuyas alusiones á las letras y ciencias de
vive tanto como la ciencia de su amante, porque el de las principales familias inglesas, educada para las
aquella edad parecían hacer de él un libro únicamen- corazón de Eloísa encerró lo infinito por al amor,
letras, de nervioso temperamento, de imaginación exalte gustoso á nuestro paladar español. No cabe duda:
como encerró lo infinito el pensamiento de Abelar- tadísima, su amor á las lecturas romancescas, su entu~
la literatura y la lengua hispanas van saliendo de
do por la inspiración y el mciocinio. La violencia y siasmo por la poesía exacerbaron casi todas sus paaquella sistemática elipsis en que las tuvieron los
el odio los separaron; pero ahora sus huesos duer- siones, prestándole invencible inclinación por las avenprimeros escritores franceses á principios del siglo
men juntos, confundidos dentro de su sepulcro, en turas. Fluye corriente ponzoñosa siempre del error
corriente. No se comprendería hoy un libro semejanel calor eterno de la llama que los animó durante la que consiste en no trazar la línea divisoria entre el
te al clásico de Chateaubriand que, dedicado á mosvida. ¿Pero qué ha hecho la condesa de Guiccioli? mundo de la poesía y el mundo de la realidad. Aquetrar la supremacía de las artes y letras cristianas soHa vivido. Y no sólo ha vivido, sino que se ha casa- lla joven era, pues, una heroína de novela. El maribre las artes y letras antiguas, ignorase por completo do con un marqués rico y senador de Francia, con el
do suyo no parecía idóneo á contrastar estas exaltaautor como quien escribió el Afágico Prodigioso, y
marqués de Boissy. Y no sólo se ha casado, sino que
no mentase para corroborar sus tesis obras tan excel- viuda de éste ha escrito un libro sobre Byron en dos ciones de una fantasía lanzada como continuo cohete
incendiario en medio de las realidades prosaicas de la
sas como las obras españolas. Mas ahora, los ojos
gruesos volúmenes, inspirados por óptima intención, vida. Pero aquel matrimonio fué algún tiempo feliz.
del espíritu francés van convirtiéndose hacia nosotros
pero enojosos como toda difusa apología. He recoy el pensamiento suyo concentrándose con verdadera rrido las mil doscientas páginas de sus dos volúme- Ora proviniese su felicidad de mutuo amor, ora de
reflexión en el pensamiento nuestro. Bien es verdad nes, sin encontrar ni una nueva noticia, ni un rayo que ninguna ocasión había encendido la fantasía de
que igual ó mayor atención prestan los franceses á de inspiración. El cielo no ha querido concedérsela Carolina, lo cierto es que sus días se deslizaban tranquilamente en la paz doméslica. La joven lefa sus estodas las literaturas extrañas. Compréndolo muy bien,
á esta marquesa rica, senadora, patricia, que cubre critos á una sociedad reunida en espaciosa bibliotetratándose de las letras rusas, por la estrecha y corcon flores de luciente seda el esqueleto de su amandial alianza establecida entre Rusia y Francia con te. La condesa faltó á su primer marido por Byron. ca, y aquellas ocupaciones llenaban su vida, y aquellos aplausos satisfacían su ambición. Ningún matrianudadísimos lazos, á causa de la comunidad en sus
Esta falta sólo podía tener una excusa: la eternidad
intereses frente á Germanía. Mas es incompr~nsible de su amor. ¿Cómo ha llevado la condesa Guiccioli monio más feliz en Londres que este matrimonio.
Pero cierta noche se encontraron Byron y Carolina
para mí, si no lo explico por devoción al mérito de
su luto eterno? Llamándose la marquesa de Boissy; en casa de Lady Jersey. La joven se sintió herida súlas literaturas extranjeras, el empeño con que traduy muerto este cuitado, escribiendo un libro voluminocen y comentan hoy obras de pueblos tan ajenos á so, inacabable, sobre Byron, libro que es un apolo- bitamente por aquella mirada de poeta. Ella, que tansus intereses como los pueblos escandinavos. Así co- gético enfadoso, cuando debiera ser la poesía lírica tas veces pintara el amor, no lo había sentido hasta
nozco tres volúmenes compactos sobre los dramas escapándose de un alma enamorada. Yo estoy seguro aquel momento de perdición. Las fantasías de sus
de Ibsen. ¿Qué más? Después de Alemania y Rusia que otro libro escribiera si en su viudez moral se en- novelas se cristalizaron en una pasión que vino á ser
no hay pueblos tan reñidos como Francia é Inglate- cierra, si arrastra el luto hasta que Dios la hubiera toda su alma, toda su existencia. El magnetismo porra. En Egipto, en Túnez, en Marruecos, en Terra- llamado, si va á buscar para tejer una corona al poe- deroso que poseía como un talismán aquel genio
nova, en Cochinchina, en Madagascar se cogen á ta las bien olientes violetas del cementerio de Pisa, extraordinario, la atrajo invenciblemente. Las fuertes
manos llenas los conflictos anglo-franceses y no pasa en vez de buscar las flores de trapo de los salones pa- alas de Caroli,1a quedaron pegadas al corazón de Byron. Ya desde aquel momento no hubo para ella ni
día sin que las revistas isleñas publiquen cálculos so- risienses, que sólo huelen á perfumería.
arte ni poesía; mundo, cielo, idea, vida, fueron para
bre un espantoso choque de las dos naciones rivales.
Byron fué desgraciadísimo en su primer amor; y
Y sin embargo, Francia sigue prestando preferente de tan capital desgracia, como de una raíz venenosa, el amor. No la había seducido; la había fascinado.
atención á las letras inglesas. Un escritor tan com- provienen todas cuantas han amargado su vida. El Sin respirar, sin pensar, dirigfase hacía aquella pasión,
petente como Rabbé me ha rejuvenecido, ponién- amor, sólo el amor pudo haber creado para Byron en cuyos círculos caliginosos iba á dejar la felicidad,
dome á la vista, en volumen recentísimo, lecturas un mundo de felicidad y esperanza. Pero el amor más la honra y la existencia. El mundo le ofrecía toda
de mis mocedades tan amadas como las historias intenso de su vida, el primer amor verdaderamente suerte de atractivos, la riqueza sus tesoros de placer,
y tradiciones respecto de los amores del gran Byron, grave de su corazón no encontró la correspondencia la sociedad su respeto, las letras su miel y no su acíá quien todos admiramos, de moros, con verdadera que acaso fuera su eterna felicidad. ¡Amar y no ser bar, el matrimonio su santa serenidad, tres hermosos
y constante admiración. Así he devorado aquellas amado! ¿Concebís mayor tormento? El corazón soli- hijos ese amor que debe rebosar en el corazón de una
páginas consagradas á un argumento de suyo dramá- tario sólo engendra serpientes como el desierto. Na- madre; y todo lo olvidó por su loca pasión. Nada
tico, en que los golpes de su corazón desordenado, die se cura de vuestra vida, ni se interesa por vues- vió, de nada se acordó; ninguna batalla sostuvo con
pero amantísimo, forjan y cincelan hermosas figuras, tra suerte. Los más bellos pensamientos caen por su su propia conciencia, á ningún remordimiento pleg6
las cuales parecen idealizadas y mentidas. Con decir propio peso en el abismo del alma, pues no tenéis á su voluntad; la honra y hasta el pudor huyeron arrancómo yo me tragué un dfa los dos volúmenes publi- quien comunicarlos, y la hieren y la destrozan. Po- cados por aquel rayo que se desprendió rápidamente
cados por la condesa Guiccioli respecto de Byron, déis salir de vuestra casa sin que nadie os detenga y de un cielo sereno. Carolina creyó en aquella noche
ambos pesadísimos y abrumadores, paréceme inútil volver sin que nadie os aguarde. Como la salud es que desde toda una eternidad había sido predestinadecir el deleite con que habré recogido las amenas vuestra solamente, la exponéis al primer peligro, la da para Byron, y que lanzarse en, sus brazos era tan
páginas de ~abbé sobre las mujeres preferidas por el jugáis á la primera carta. Como la muerte ha de he- natural á su ser como á los cuerpos inertes buscar su
centro de gravedad. El fatalismo sirve siempre para

·1,__~

::---

EXPOSICIÓN DE CHICAGO. -

disculpar la voluntad ante la conciencia. Pero no se
contentó con revelarse á su amado, se reveló al mundo. La historia no recuerda un suicidio semejant~ ~e
Ja honra. Nombre de su esposo, gloria de su fam1ha,
amor de sus hijos, los instintos más poderosos del alma todo fué arrojado á las llamas de la pasión con
est;épito, llamando loca furiosamente al mundo para
mostrar el crimen, y riéndose de la tonante .v~z de
Dios, que debía reson~ ~n su alma con la sm1estra
resonancia del remord1m1ento.
Esto no podía continuar así. Hubiera corrido Byron gravísimos peligros por una mu¡er amada, pero
no por una mujer de quien ~ólo gustó un instante.
Cuando se disgustó de la pasión, se refugió en lamoral. Escribíale cartas bruscas, recordando muchas veces brutalmente á Carolina sus deberes de esposa Y
de madre. Encarecíale todos los peligros que ambos
corrían por sus imprudencias y la _necesidad de acabar con aquella situación a~gusllosa. Carohna, en
cambio, se imaginaba señora del corazón_ de Byron Y
defendía tal propiedad y señorío con v10lenc1a. Celábale, seguíale á todas partes. No hay para qué referir ni ponderar las infidehdades de Byron. Cier\a
noche recibe en su casa á una dama. Apenas babia
entrado,. cuando aparece á la puerta un P?stillón que
rápidamente se metamorfosea en una muJer. Era Carolina B)'ron mismo califica este suceso de cEscena
del F~ublas.&gt; No tenía remedio. Igual empeño en
ambos: en él por romper aquella pa~ión y en ella l_)Or
conservarla. No había respeto social que Ca'.olina
no atropellase para atraerse el amor, la compasión al
menos del hombre fatal á quien había entregado su
alma. Sácanla cierta noche á bailar en .uno de los
más brillantes saraos de Londres. Y tímida, ruborosa, dirígese al poeta para pedj¡le permiso. Sin duda
recordaba los lamentos de Byron cuando se que¡aba
en sus primeros versos de q?e profanos brazo,s entrelazaban en rápido vals la cintura de su Mana. Pe~o
Byron responde bruscamente que er~ inúlll pedir
permiso á quien no tenía m derecho m voluntad d~
ejercer sobre ella ningún dominio. Entonces Caro(•·
na se exalta, grita, se retuerc~ de dolor en ~resen~ta
de todo el mundo, ni más m menos que s1 est~v1eran solos. La malignidad general se reía del glorioso
poeta perseguido incesantemente por aquella loca pasión. Miles de aventureros se acercaban á la 'pobre
desdeñada, deshonrada, ofreciéndole su amor Y una
venganza. Carolina dijo á uno d~ ell~s que no le ~maba • pero que ofrecía entregarse a él s1 provocaba a un
d~elo á lord Byron y lo mataba. En todo esto veía
Byron la exaltación de una _fantasía desordenada;
pero en realidad era la exaltación de un corazón enamorado. Esas locuras eran pruebas de amor, pru:~as
de celos, pruebas de que su pasión_tocaba en delmo.
Un día no pudo sufrir más, y decidió vo)ver á casa
del poeta, echarse á sus pies, bañarle en lagrimas las
manos pedirle su amor ó pedirle la muerte, menos
temibl~ viniendo de sus manos que aquel prolongado
martirio. Entró en la habitación, en aquella habitación á la cual se hubiera reducido ¡,or toda una eternidad con tal de tener á su lado el mgrato. No había
nadie. Carolina se gozó en recorrer todo el salón, y

--- ---

.

Palacio de Mineria

en registrar todos los . muebles con eia tenacidad pasada, que era su torcedor presente; por todo porvecon que las almas apasionadas se unen a cuantos ob- nir el desprecio del mundo y el torce_dor de la conjetos alimentan su pasión. Reclinóse en los almoha- ciencia · por toda esperanza el tnste olvido y la muerte:
dones donde Byron se reclinaba. Sentóse en la silla una enfermedad moral, seguida de una enfermedad fídonde se sentaba Byron. De pronto vió sobre la me- sica, la postró pronto en el perdurable desmayo de un
sa el libro favorito de su amante. Enternecida por los abatimiento que debía prolongarse hasta el sepulcro.
recuerdos, embriagada por el aroma que se despren- Un día, el poeta, á quien aquella mujer había descrito
día de aquellas páginas queridas, cogió un lápiz, lo besó, lo humedeció en
aquel beso, y luego trazó, dejando
caer allí mismo algunas lágrimas, esta
súplica de aquel corazón destrozado:
«1R,m,111b,rme! ¡Acuérdate de mí!
Byron, que estaba decidido á no

conmoverse, vió en el ruego una amenaza. Cogió febrilmente su pluma, y
trazó estas palabras que le envió bajo
un sobre: «¡Acordarme de ti! Hasta
que el Leteo no se haya sorbido el
ardoroso torrente de tu vida, el remordimiento y la vergüenza resonarán en
tus oídos, y te perseguirán como un
delirio en la fiebre. ¡Acordarme de ti!
Sí no lo dudes; me acordaré. Y también se acordará tu marido. Ni uno
ni otro te olvidaremos. Para él fuiste
una adúltera y para mí fuiste un demonio.&gt; Caso cruel éste. Carolina sintió la herida y juró vengarse. El amor
se convirtió en odio. No pudo esgrimir un puñal, y esgrimió una pluma.
Llenó de veneno su tintero, y lo volcó
sobre el nombre de Byron. Reveló al
universo su propia vergüenza. Enseñó
á la sociedad su seno adúltero, como
Agrípina su vientre desnudo cuando
fueron á matarla despiadadamente los
esbirros de su hijo. En seguida la sociedad entera huyó de su lado por no
envenenarse con aquella peste moral
que despedía su alma. Glenarvon se
llamaba el libro de su venganza, y en
él describía á Byron como el genio
del mal, con la seducción y con la
perversidad de la serpiente que perdió la primera mujer. Olvidaba que en
aquel caso Byron no había sido seductor sino seducido. Fué adúltera
Caroli~a, pero pagó caro su adulterio.
Envejecida en la juventud; desgraciada en el seno de un hogar espléndido;
maldecida de la sociedad donde tanto
había brillado; enterrada viva con un
marido que era su juez y unos hijos
que eran su castigo; miserable en su
riqueza estéril; infamada por sus pr?pias obras literarias, con cuyo fehz
éxito se divulgaba más y más su deshonor y su vergüenza; llorosa siempre
y siempre delirante, pero sin alcanzar
la compasión; por vida la fiebre, por
consuelo el recuerdo de una felicidad

CHICAGO. -

Estatua de B. Franklin en el Palacio de Electricidad

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMÉRO 603

El palacio de Minas y de Minería está situado
La más amplia escala de los frentes septentrional
muy cerca y al Oeste del de Electricidad, paralela- y meridional y su carácter más monumental han su1 1
mente á él y viene á tener próximamente las mismas gerido al arquitecto la idea de ocupar cada uno de
.\ 1
dimensiones. El arquitecto Beman, de Chicago, á los siete espacios ó divisiones susodichas con un gran
!, • 1
1
quien se confió su construcción, ha adoptado para su arco; estando los de los pabellones angulares cerra'¡ f 11
traza un estilo que participa algo del Renacimiento dos con vidrieras, y los intermedios abiertos con dos
ii!i
francés, en el que predomina un espíritu práctico, galerías; la central, que constituye la entrada, tiene
¡, /
pero sin caprichos y sin sacrificar ninguna cualidad naturalmente un elevado pórtico sobre el cual corre
,' I .
esencial del arte.
1 '
un historiado cornisamento que sustenta un frontis·1
Las dimensiones de este palacio son 700 pies en picio en el que descuellan algunas de_ las esculturas
:
su mayor longitud y 350 en su anchura máxima. El mencionadas.
plano general de este edificio, cuyo interior debería
Este pórtico, aunque elegantemente decorado, no
estar ocupado por grandes masas de minerales debí - interrumpe la armonía con el resto del edificio; sus
&lt;lamente clasificados y por máquinas y artefactos de proporciones son adecuadas al conjunto de la fachatodo género de los que se usan en la explotación de da, echándose de ver que M. Beman ha sacrificado
las minas, y requería gran espacio y bastante altura, ha á este conjunto la esbeltez que sin duda se propuso
sido trazado por el arquitecto con notable inteligen- dar en un principio á la entrada principal del palacia y prescindiendo en lo posible de columnas que cio. No la coronan estatuas, como en las de otros paentorpecieran más ó menos las instalaciones, aunque, lacios, sino simplemente dos banderas á uno y otro
como fácilmente se comprenderá, ha apelado á ellas lado que ondean sobre bonitos zócalos.
para sostener la techumbre y las galerías laterales, las
Los pabellones de los extremos terminan en bajas
cuales tienen 60 pies de anchura y están alumbradas cúpulas que rematan á su vez en linternas circulares.
con grandes claraboyas. A estas
galerías se sube por espaciosas
escaleras.
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El hierro ha sido el principal
material que ha entrado en la
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construcción de este palacio, so·
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biéndose invertido en junto más
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de 700.000 kilogramos de él.
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Una de las dificultades con
que tropezaba M. Beman era la
de aplicar á este edificio una ar\
quitectura que, sin dejar de ser
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más ó menos adecuada á las demás construcciones que lo rodean, pues ya hemos dicho que
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todos los arquitectos que han to'
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han procurado armonizar las líneas
generales de sus respectivas
Estatua de un guardaagujas en el Palacio de Transportes
obras, se adaptase al destino que
(Se des.cribirá en el próximo número)
se había de dar al palacio de que
tratamos.
como un malvado, murió en Grecia como un héroe.
M. Beman ha salido airoso de
Su última voluntad pidió el depósito de sus cenizas este difícil empeño, y haciendo que su ?bra guardara
en la patria ingrata que no había querido honrarse relación, tanto en su distribución intenor cuanto en
con su genio. Carolina salió casualmente á tomar un el aspecto exterior, con los productos, toscos y rudos,
rayo de sol á la verja de su quinta. Aquel rayo de por decirlo así, que debían exhibirse en aq~élla, ha
sol buscaba al través de las nieblas el ataúd del ge- levantado un edificio, sólido, robusto y macizo, que
nio, amante de la luz. En aquel mismo minuto pasa- para cuantos no tienen en cuenta la idea que ha insban por el camino, por la puerta del castillo, ante la pirado su traza puede parecer un tanto desprovisto
verja donde Carolina estaba, pasaban hacia la tierra de elegancia y de belleza.
eterna, hacia el descanso eterno, los huesos de ByLa estructura interior con su elevada techumbre
ron, aquellos huesos que cuando irradiaban la vida está naturalmente en conexión con las fachadas, en
abrasaron en deseos impuros el seno de la solitaria las que campean gruesos estribos ó pilastras, que pacastellana. Un féretro los encerraba; un paño fúne- recen construídas de recia mampostería.
bre los cubría; un perro acompañaba el féretro, danEl edificio tiene cuatro fachadas, una de las cuales,
do lastimeros aullidos. Carolina lanzó un grito desga- la del Sur, da á la gran plaza de la Exposición y la
rrador, y cayó al suelo. Su familia la alzó para llevar- opuesta al lago Míchigan, adornadas ambas de esculla consigo á su cama. No volvió jamás á levantarse. turas y atributos relativos á las diferentes industrias
De aquella cama pasó á la tumba. El casamiento de que tienen conexión con la explotación minera y
Byron fué la mayor de sus desgracias. Pero no con- otros puramente artísticos ó simbólicos. Como mues•.
tinuemos. Hablaré otro día sobre tal asunto. Heme tra de estas esculturas, incluímos un grabado que re.
demasiado extendido ahora. Con Dios. Hasta la pró- presenta la estatua de la diosa de la Fortuna, la dio,...,..._;::;-.~~·.....__.- - "1
xima quincena.
sa de los mineros.
Tanto una como otra fachada tienen grandes aber·
Madrid, 30 de junio de 1893
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turas ó divisiones, de las cuales la central y las de
Estatua de )a diosa de la Fortuna
los extremos están construídas en forma de pabellones,
LOS EDIFICIOS
la primera de 80 pies de anchura, cual corresponde á
la entrada principal del edificio, y las segundas de
A fin de obtener la correspondencia necesaria enDE LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO
60 pies, dimensión correspondiente á las galerías que tre las masas monumentales que forman los extre111
van á parará ellos. El espacio que media entre cada mos del edificio y la parte longitudinal inferior de los
Siguiendo el orden que nos hemos trazado para la abertura, ó mejor dicho la separación entre una y otros lienzos con sus nueve aberturas en los lados
descripción de estos edificios, toca ahora ocupar- otra la constituyen, como dejamos dicho, robustas pi- oriental y occidental del mismo edificio, el arquitecnos del palacio destinado á la exposición de cuanto- lastras de mampostería que sirven de pedestal á un to ha creído necesario establecer en la abertura cense relaciona con la industria minera, tan importante cornisamento, al parecer demasiado severo en com- tral de cada uno de estos lados una distribución proporcionada, repitiendo la traza de los pabellones angulares con su alto cornisamento y coronándolos
con un frontispicio, pero tratando el arco central como una entrada secundaria.
El arquitecto Beman no se ha atenido á observar
en el conjunto de este palacio el estilo clásico con
toda precisión, y á decir verdad, en el desarrollo de
las fachadas ha aplicado necesariamente un carácter
moderno. Con todo, obsérvase en ellas la influencia
del ejemplo de los grandes cornisamentos de modillones de los palacios italianos del siglo xv1, así como
una porción de detalles de la mejor época de la arqui. Frontón central del Palacio de Agricultura
tectura italiana, mezclados con los más elegantes caprichos del moderno Renacimiento francés, y hasta
en el modo de tratar las balaustradas y repisas de sus
en los Estados Unidos, en muchas de cuyas comar- paración con los de otros edificios del grupo y el loggia y en el orden dórico que las sostienen se nocas es la industria por excelencia. Por esto se le ha cual sustenta zócalos en los que hay empotradas ele- tan ciertas reminiscencias de la ornamentación de la
concedido una parte tan principal en aquel certamen. gantes astas-banderas,
Roma de los Césares. - M. A.

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RECUERDOS DEL CENTENARIO ROJO
LUIS XVII
V. -

LA OBRA SIN NOMBRE

Hay en la historia iniquidades á las cuales sólo se
puede aplicar la profunda frase de las brujas de Macbeth: deed vithout name, obra sin nombre, por honra
de nuestra especie, en el lenguaje humano. Simón,

lujSTRAcióN ARTÍSTtcA

cuerpo y duplicado la grasa de sus tejidos, con malsana y antinatural obesidad. Tal vez e~ el vaso d~
"'.inazo, que al pronto repugnara á sus dehcados sentidos encontró algún día el olvido de las penas y el
sueflo de las maternales caricias... , y por eso admitió
aquel degradante consuelo, como .ª?mitiría más g~stoso el de morir. La zapatera utilizaba al reyec1to
haciéndole fregar, barrer, servir á la mesa, limpiarla
el calzado y traerla el calentador; y en los viles menesteres á que se le dedicaba, poco á poco desaparecían la espontaneidad y la gracia de la gentil criatura,
dejando en su lugar el aplanamiento del mísero idiota.
Su madre, entretanto, depuesta toda altivez, vencida por sentimientos que suprimen el orgullo, pedía
de rodillas que la permitiesen ver á su niño un instante, sólo un instante, aunque no le pudiese abrazar. Convencida de que nunca se lo otorgarían, acudió á una estratagema. Con paciencia de reclusa,
aguzando mucho la vista y el ingenio, advirtió que la
era posible ver cruzar al niño por la escalera del guardarropa. «El único goce de mi madre, dice Madama
Royale, era ver pasar á mi hermano por una rendi·
ja.» El paso del niño era una chispa solamente, pero
chispa que bastaba para calentar é iluminar el corazón de la madre. Muchos días no obtenía ni ese fu.
gitivo bien: entonces la prisión era más dura, más
negro el porvenir.
El martes 30 de julio se contó en el número de
los días en que María Antonieta pudo ver á su hijo.
¡Nunca le viera! Al través de la rendija ensanchada
por ávida mano, •distinguió claramente á Luis. Llevaba el gorro frigio y la carmañola, y Simón le seguía

NúMERO

603

NúMERO

603

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Simón quiso obligar á su alumno á que gritase ¡Viva la RepúbliGa!; pero ni puñadas ni amenaza~ de
muerte bastaron á lograrlo. «Haga usted lo que quiera,
dijo el niño, ¡yo no doy ese viva!» Y tal fué su aspee. to y tal su mirada al expresarse así, que Simón, s~byugado, retrocedió exclamando: «Informaré al gob1erdo de vuestra conducta.» Era la primera vez que no
tuteaba al lobezno.
Pocos días después Simón presentó, al niño una
canción obscena contra su madre y le mandó cantarla. «¡Nunca!, » exclamó el inocente, que sin comprender la torpeza sintió claramente el ultraje. Simón, furioso, le arrojó á la cabeza un morrillo de la
chimenea; si el golpe da dos líneas más arriba, parte
la sien de Luis. ¡Cuántos dolores le ahorraría!
Seguro de que nada conseguiría por la viol~ncia,
pues el niño había resuelto dejarse matar, Simón
adoptó el método que sabemos: embrutecer á la criatura con vino, hambre y comida. Cuando nublaron
su razón los vapores del alcohol, no fué difícil lograr
que cantase todo lo que se le antojaba á su carcelero. Ya salían de los labios lívidos la Carmaiiola y
Madama Veto, las coplas callejeras húmedas de sangriento fango. Y no obstante, es tan difícil asfixiar
un alma, es tal la persistencia del carácter individual, que habiéndose sabido entonces en París las
victorias del ejército realista en la Vendea, y preguntándole Simón á su discípulo qué haría si los vendeanos le libertasen, aún contestó regiamente: &lt;&lt;¡Te perdonaría!»
Era urgente, sin embargo, acabar de pisotear el ~llo de la suave flor. El acusador público, Fouquier

de palabras que salen sin ton ni
son; hablaba poco, pero 1~ ~~e
hablaba hacíalo con recto JUICIO
y claro ingenio. Había en su
acento un tinte de melancolía
que cautivaba; de cuando en
cuando, un iuerte suspiro brotado
de lo más hondo de su corazón
hacía que su semblante se ensombreciera un momento; entonces
no parecía sino que por sus profundos y negros ojos desfilaba un
cortejo de penitas y amarguras:
Bastián no era feliz del todo m
mucho menos.
¡Bien lo sabía la ingrata Mercedes, aquella á quien tanto amaba!
Era esta una muchacha de hasta diez y nueve años de edad, morena, de rasgados ojos, negr?.s
como el abismo; de rosadas meJ1llas, de sedosa y negra cabellera,
de cintura breve y flexible, alto
seno, cuerpo escultural y menudo
pie. Cuando pasaba arrogante y
llena de majestad, derramando
sal y cautivando corazones con
su porte de diosa por delante de
la fragua de Bastián, éste sentía
de stfüito que oleadas de fuego
subían á su rostro, que sus ojos
se nublaban ... y daba más fuertes
martillazos al enrojecido hierro,
hacía saltar innumerables chispas
doradas y rojas, y cantaba, cantaba para distraer sus penas:
¡Qué torpe y qué ciega
es esa justicia,
que no ve que tus ojos traidores
así me asesinan!

El delfín Luis Carlos Capelo
María Antonieta ante el tribunal revolucionario que la conden6 á la guillotina

el preceptor de Luis XVII, que tenía ya recibida la
consigna que sabemos, iba á recibir otra de mayor
alcance y sentido... Respecto á esta consigna, los cronistas, careciendo de datos positivos, proceden por sutiles deducciones, como el juez que, sin prueba testifical, llega á adquirir, coordinando indicios, una
convicción moral robustísima. Sábese que el 21 de
septiembre - días antes de iniciarse el proceso de la
reina, - dirigióse al Temple el siniestro Hebert, y encerróse con Simón en el aposento más retirado de la
torre. La conferenc;ia duró largo rato. Generalmente
las visitas de los diputados y de los individuos del
Consejo municipal se traducían en alguna modificación del régimen interior del Temple, algún aumento
de precauciones, algún nuevo vejamen á los prisioneros: esta vez no fué así: nada se cambió, ni se pudo
inferir qué objeto llevaba la visita. De los muros espesos y sombríos, de la cerrada estancia donde platicaron Hebert y Simón, sólo transpiraron dos palabras vulgarísimas, pero que dados los acontecimientos pueden encerrar tremendo sentido. «Hasta pronto,&gt; había dicho Hebert, en tono significativo, al
separarse de Simón.
¿Qué órdenes fueron las de Hebert al zapatero maratista?
No podían ser las de maltratar con ferocidad sañuda al prisionero, porque ese sistema ya venía practicándolo Simón celosamente, sin que hiciese falta
excitarle á cumplir su oficio de atormentador.
Había vestido á su alumno la librea del Tenor: la
carmafiola · roja y el gorro frigio. El rey niño hizo al
gorro decidida resistencia. Fué la única humillación
que no quiso aceptar. Golpeado, amenazado de muerte, no se encasquetó el sangriento gorro. «Déjale,
Simón, exclamó la esposa del zapatero. Ya se convencerá.» Era muy cierto que había de convencerse,
y la arpía encontró el medio: rapó á punta de tijera
los admirables bucles rubios, aquella corona natural
que parecía aureola mística de la ungida cabeza, aquel
nimbo de seda y oro, delicia de una madre; y como
sus antecesores los reyes merovingios, hizo en Luis
Capeto la afrenta de la decalvación lo que no hicieran los golpes: la vergüenza le puso el gorro frigio.
«¡Hola, Capeto, eres jacobino ya!,» gritó el ayo.
Diariamente aprendía Luis Carlos, entre puntapiés
y risotadas, las innobles coplas del arroyo y las fúnebres chanzonetas del patíbulo. Para mejor desorganizar su inteligencia y anularle, dejábanle sin alimento
largas horas, y cuando ya 'el hambre le espoleaba con
su impulso ciego, le presentaban comida abundante
y vino y aguardiente en vez de agua. Estimulado por
la sed, iba acostumbrándose á la bebida, y tan dañoso régimen había detenido el crecimiento de su

Facsímile de la firma de Luis XVII y de la del zapatero Sim6n, puestas al pie de la declaraci6n que este (,!timo le oblig6 á escribir
contra su madre. (Consérvase en el archivo nacional de París.)

acosándole con dicterios, patadas y blasfemias. Igno- Tinville, se quejaba á la Convención de no hallar
raba hasta entonces la madre en qué manos había cargos que formular para la acusación de la reina.
caído Luis; temía, pero también esperaba. Aquella Una diputación del Consejo general se traslada al
vista dió en tierra por segunda vez con la constancia
y la fortaleza de un ánimo varonil. «¡Las lágrimas de
mi hijo me han goteado sobre el corazón!,» exclamó
dejándose caer sobre su camastro de prisionera. «¡Dios
se ha retirado de mí: no puedo ni rezar!,» añadió repitiendo sin pensarlo una gran frase trágica de Shakespeare. «¡Dios mío!, secreteó por la noche Madama Royale á su tía Isabel: ¡qué triste, pero qué triste ha estado hoy mamá todo el día!» Pocos después - el 2 de
agosto - venían á sacar á la reina del Temple, á separarla de lo único que la restaba - su hermana y su hija
- y trasladarla á la Conserjería, de donde sólo había
de salir para el cadalso. Al cruzar la poterna del
Temple, la frente de María Antonieta, poco avezada
á inclinarse, chocó con la piedra. La preguntaron si
se había hecho mal. «Ya no hay cosa que pueda hacerme mal,» respondió la madre que había visto á
su hijo temblando y aleteando entre las garras de
Simón.
Repito que ciertos pormenores de este drama no se
creerían si no constasen en documentos. El mismo
día que sacaron á la madre del Temple, Chaumette
envía juguetes al rey niño. ¡Extraña blandura y mimo extraño, si no supiésemos que entre tales juguetes figuraba una guillotina para descabezar pajarillos!
Un municipal de guardia en el Temple mostró pertenecer á la humanidad, quemando el horrible juguete antes que llegase á manos de Luis.
Al resolver el fin de María Antonieta, la revolución, que aún guardaba ciertas formas, quería fundar
en algo el holocausto de la reina: en algo que la infamase de raíz, haciendo su memoria perpetuamente
execrable. A tal propósito respondían las instrucciones reservadísimas de Hebert á Simón. La obra sin
nombre era conseguir que la mancha eterna de María Antonieta se la arrojase á la faz el hijo más idólatra, el niño más prendado de su madre, la más respetuosa y tierna criatura, Luis XVII.
La empresa no era fácil ciertamente. Leyendo sus
hechos y dichos, asombra el carácter y el heroísmo
que reveló el niño de ocho años para defender su co·
razón y su dignidad filial.
Con motivo de la fiesta cívica del ro de agosto,
Ji;l zapatero Sim6n, guardián del delfin

j

Temple: Sim6n, avisado de anterna.no, había tenido
á su esclavo treinta y seis horas sin probar alimento
ni beber; la mañana del día señalado, en cambio, le
hartó de manjares regados con aguardiente. El niño, ebrio y casi inerte, es interrogado: se le hace res·
ponder á gusto de la comisión; su mano trémula firma la declaración infame en que se acusa á la madre
de abominaciones que la pluma no puede estampar... ,
y la infeliz criatura recae sobre su jergón, donde inconsciente y aletargado duerme el plúmbeo sueño de
la embriaguez.
Cuando el espantoso documento fué leído en presencia de su madre y ante el tribunal revolucionario,
preguntaron á María Antonieta si tenía algo_que alegar para vindicarse. Ella alzó la cabeza, y maJestuosamente, sin cólera, miró al acusador, á los jueces y después convirtió la mirada al público que asistía á los
debates. «¿Hay aquí alguna madre?, preguntó en voz
fuerte y clara ¡Pues á ella apelo!» Brotó en 1~ sala
un murmullo de indignación y piedad; y Robesp1erre,
apenas supo este incidente sublime y hor~endo, rompió con el tenedor el plato - es de advertir que estaba almorzando -y gritó: «¡Imbécil de Hebert! ¡Ha he·
cho de una Mesalina una Agripina, y le ha dado á la
austriaca, en su última hora, todo el prestigio de la
compasión!»
Condenada á la guillotina, en la madrugada del
mismo día en que subió la fatal escalera,. María Antonieta escribió extensa carta de despedida á su cuñada Madama Isabel. En ella. se lee el siguiente párrafo: «Tengo que hablarte de una cosa que me oprime el corazón: me refiero al niño, que sin duda te ha
causado un disgusto terrible. Perdónale, he:~ana
mía del alma. Acuérdate de que es muy pequemto, y
es bien fácil hacer que un niño diga todo lo que se
le quiera hacer decir, y más si no lo comprende. Día
vendrá en que se haga cargo... ))
.
Aquella misma mañana, en el Temple, S1:nón y su
mujer habían h echo una apuesta. La zapatera no
creía que fuesen capaces de guillotinar á la r~ina d~
Francia: el zapatero estaba seguro de que s1 la guillotinarían, por ser cosa resuelta de a~temano Y
sangría indispensable á la salud de la nación. Sostuvo cada cual su parecer y apostaron unos cuartillos
de aguardiente. P~cas ho~~s ~espués, _segada ya _la ca·
beza de la reina Simón d1JO a su muJer: «Perdiste la
apuesta: tienes 'que pagarla.» Oyólo el niño, y con
sencilla curiosidad preguntó qué apuesta era aquella
ganada por Simón. &lt;!No· te importa, gruñó ,e~ ayo;
pero estáte calladito y obede&lt;;e, que t~. tocara tu parte de lo que se apostó.» Y as1 fué. TraJose el agua_rdiente¡ sentáronse los carceleros á la mesa; encendió

- ¿Sabes lo que se mienta por
el pueblo, Bastiancillo? ¿A que no?
su pipa Sim6n, y escanciando al niño una copa le
- Qué es ello?, preguntó el herrero sin alzar la
hizo beber y brindar por las ganancias. El niño, sin vista del bruñido yunque.
sospecharlo, brindaba por la degollación de su madre.
- Que Mercedes se casa.
Paréceme que no
exageré al titular este
episodio de la vida de
Luis XVII obra sin
nombre, de esas que estremecen de horror á
los siglos venideros.
EMILIA PARDO BAZÁN

LACRUZ DE HIERRO
Dando fuertes martillazos sobre un hierro
hecho ascua y sujeto
por negra tenaza, pasábase Bastián el santo
día en un rincón de la
herrería y no lejos de la
fragua, atento á mirar
las innumerables estrellas de fuego que al golpe del martillo brotaban del pedazo de enrojecido hierro que sobre el yunque se apoyaba.
Era Bastián uno de
los más arrogantes
mancebos que vió nacer jamás el cielo de
Córdoba transparente y
purísimo; alto, moreno,
de fuerte musculatura,
de grandes y brillantes
ojazos negros, de negrísima y naturalmente rizada cabellera, labios
carnosos, espaciosa
frente, anchas patillas
y aguileña nariz. En el
conjunto de su persona
toda había un no sé
qué de majestuoso y de
grande que atraía; ~u
conversación era agradable; no era su boca
manantial inagotable

Encierro de la reina María Antonieta en la Conserjería, de donde sali6 para el cadalso

�~

OBRAS MAESTRAS DEL ARTE CONTEMPORÁNEO

LA CARRERA A PIE, bajo relieve de Mariano Benlliure
Parte de friso destinado á decorar un . gabinete del opulento capitalista americano l\Iarqu:m;l

�LA
¿Con Benito?
- Con Benito.
- Siempre me lo había_figurao. Él la quiere y ella
le ama. ¡Pues na, que D10s los haga muy dichosos
que ella se lo merece y él!..
'
Y Bastián quedó inmóvil, con la tenaza y el hierro
sobre el yunque, así como el martillo, en cuyo mang_o apoyó s~ braz~, permaneciendo el herrero larguísimo espac10 de tiempo como abismado en negros y
dolorosos pensamientos.
Después se puso á trabajar con nuevo y más grande afán, con más ahinco de cada
vez, cantando, cantando siempre
aquella copla, fiel trasunto de sus
pensamientos.

Y llegó el día señalado para la
boda de Mercedes. Todo en casa
de ésta era alegría, bulla, animación, algazara, bromas y bailoteo.
Aquí, un vejete más alegrillo que
de costumbre, suelta un pellizco
por lo bajo á alguna graciosa mozuela que le dirige una mirada capaz de incendiar el hielo y de pulverizar las piedras; más allá, en un
corro, unos cuantos jóvenes, vaso
en mano, cantan qu~ se las pelan
alzando infernal jolgorio; allí, un
estudiante recién salido de las
aulas universitarias arenga al pueblo-rey, ensalzando las excelencias
del estado matrimonial y declarando guerra á muerte á célibes y
solterones, mientras con el rabillo
del ojo hace maliciosos guiños á
una morena que le escucha embelesada; en una silla sentado, puestos los pies en los palitroques y
encorvado el cuerpo, un airoso
mancebo rasguea en las cuerdas
de la guitarra hasta casi petrificarse las yemas de los dedos, mientras canta una copli!Ja que á los
novios sábeles á gloria; éstos bailan envueltos en el torbellino de
los danzantes, que no desperdician la ocasión de estrechar una
cintura breve y sentir en sus mejillas el calor de otro aliento, y en
sus ojos las miradas abrasadoras
de otros ojos que los fascinan y
marean.
El padre de Mercedes charla
con unos convidados, viejos y lealísimos amigos; y la madre, entretanto, en un corro de vecinas, escucha con cierta delicia y saborea con refinada fruici~n los felic_es augur~os de las comadres. Su hija será
feliz, ¡pero sm ella, sm su madre!
A este solo pensamiento, los ojos se le anublan y
llora ... porque su hija, porque su Mercedes va á ser
dichosa en brazos del hombre amado ...

***
Ter~jnó el bullicio\ la jarana y la alegría.
Ret1raronse los novios á la alcoba nupcial, hecha
u~a taza de pl~ta según lo blanquísima y pulcra. Med10 lelo el n?v10, contempla con amorosos ojos á su
Mercedes mientras ésta siente subir á su rostro todo
el fuego que arde en su pecho ...
De pronto Benito fija su mirada en ia cabecera del
lecho, donde se destaca una negra cruz de hierro1 admirablemente rematada, obra de tan fina labor que
no hay ya más que pedir en justicia.
- ¡Buena cruz!, dice Benito rompiendo el silencio.
- Es regalo de Bastián, dice la novia sin atreverse
á alzar los ojos del suelo.
·
- ¿Sabes que me llamó la atención no verle esta
noc~
·
- Habrá tenido que hacer.
. - En esta~ ocasiones no hay quehaceres. Pues
mna, el regalillo no es malo en verdad. Cuando le
vea, ¡nova á ser apretón de manos el que le voy á dar!

***
Pero _cuando lo vió fué á la noche siguiente, yendo cammo de casa de Mercedes el bienaventurado
Benito.
Verle y querer abrazarle fué todo obra de un momento, pero le impuso el fosco semblante del herrero. Sólo se atrevió á decirle:
- Gracias por el regalo, Bastián.
Este, por toda respuesta, sacó de su bolsillo una

ILUSTRACIÓN ARTÍST!CA

NúMERO

enorme navaja 9-ue brilló un momento como sierpe
de plata en medio de la densa obscuridad de la noche·
lanzó Benito -~n gemido agudo y penetrante, y poc~
despué~ Bas~1a~ cerraba la navaja bañada en sangre
y _s~ aleJaba md1ferente, como si nada hubiera hecho,
d1c1endo:
- Debí hacer lo mismo con ella y antes de la bo··,pero nunca es tarde para la venganza. ¿Qué me
importa ya todo cuanto hay sobre la tierra si ella no
ha de ser mía?
Aquella misma noche, el cuerpo inerte de Benito

?ª·

603

nozca algu~a debilidad, y esta que acabamos de indicar ha sido la de Vico.
_Poco más de treinta añ~s hace _que ofrec!6 ~ este mismo pú·
blico de Barcelona las aun vacilantes pnm1cias de su arte·
hoy, _a! cabo de tant? tiempo y en el momento de emprende; .
su Viaje á Buenos ~1res, s~ despide de él dejándole el grato
recuerdo de_ su ~em~ a_rtlshco á_ la vez que el sentimiento de
una separación _mdetimda. En Justa ~eciprocidad, los barceloneses le despiden con frases de canño y atror.adores aplauS?S que repercutirán sin duda en todos los países de la América española.

Jfl&lt;?res de invierno, dibujo
or1gmal de Francisco Maura.
- No forma parte Francisco Maura del
. .
.
grupo de esos modernos pintores que se
yacía sin vida sobr~ el _lecho mortuorio; á sus pies hm1tan á reproducir la naturaleza ó el modelo que eligen con la
lloraba desolada la mfeliz Mercedes y á su cabecera p~s?1osa facili?ad de la cáma~a fotográfica. Comprende' que la
destacábase negro y tristón el regalo de boda la cruz m1s1ón del artista no puede m debe ajustarse únicamente á la
exactitud de la ejecución; otro ha de ser su objetivo y más elede hierro.
'
vados sus propósitos. Maura tiene el temperamento de vercladero artista, y como tal siente y discu_rre, escogiendo para sus
MANUEL AMOR MEILÁN
producciones asuntos que revelan la vida Intima de la sociedad
"'''•""'.....,.......... ,.........,••••••,.••.••,.............,....,., ....,.1,,,.,., ••,.•.••••••.•••, ....,.,......,.•••••,.......
en que vi~imos. \'.ivo está _todavía el recuerdo de su precioso
cuadro Sin traba;o, premiado en la Exposición nacional de
1890: Flores de inviemo, aun siendo un mero dibujo perteneNUESTROS GRABADOS
ce al mismo género y resulta no menos sentido.
'
La _carrera á pie, bajo relieve de Mariano

La c~rta, _pero brillantfsima campaña que está llevando á ca- ~enlliure. - La antigüedad, es~a fuente perenne de inspirabo este mspuado actor en el teatro del Eldorado, antes de embarcarse para América, nos ha inducido á publicar su retrato
reproducci~n fiel de una reciente fotografía.
'
Entre el mcomparable actor, única gloria hoy de nuestra escena en el g~nero ?ramático, y el p_úblico barcelonés, media,
c_omo ha me~1ado s1empr~, una comente de simpatía que justifica la e~ecc1ón q~e e! pnmero ha hecho de nuestra ciu"dad pa·
ra despedme t~am1t?nament~ de la escena española y las espontfneas y rmdosis1mas ovaciones que el segundo diariamente
le tnbuta.
Ve~dad es que Vico se encuentra en el apogeo de su talento
artishco y que en todas las o~ras que en esta breve temporada
ha p~esto en ~scena ~a tra~aJad~ con fe, con entusiasmo, sin
desalientos, sm escat_im~r m un atom~ de sus probadas fuerzas
y avasallando al aud1tono con su admirable expresión, con sus
sorp~ende~tes deta!le? y con sus asombrosos recursos escénic?s, 1mpos1bles de 1m1tar, ~or ser siempre hijos de la inspiración del momento y poqulsm1as veces de un detenido estudio
de los efectos.
Y esta fe, est_e e~tusiasmo, este esfue~zo del genial actor son
!anto i:nás mentonos cuanto que trabaJa bajo la desagradable
11npres1ón de dos adversas circunstancias: el dolor de tener que
separa~se de su buena esposa Y,de sus hijos, á los que profesa
un canño q~e raya e~ 1do!atna, y el recelo, instintivo en él
de toda la v!da, fatld1~0 é mv~ncible, de cruzar en un barco
el Océano; circunstancia la pnmera que le ha hecho ir constante~ente acompañado de su numerosa familia en todas sus
excursiones art)st1cas, al paso que la_ s~gunda le ha obligado á
desechar repetidas veces las propos1c10nes más ventajosas de
cuantas se han podido hacer á un artista.
Apenas hay hombre notable en la historia del que no se co-

603

LA

1LUS'l'RACION ÁRTÍST!CA

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT, - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD
I
(CONTINUACIÓN)

Nobleza, escultura de Eusebio Arnau (Salón
Parés) . - No trató Eusebio Arnau al
modela_r el notabilísimo busto que reproduc1mo~ de representar plásticamente la genuma personificación de la nobleza de la sangre. Otra aspiración fué
la del artista, tan elevada cual el arte
que con tanto aprovechamiento cultiva.
La nobleza del espíritu inspiró al jove~ ~scultor, y preciso es confesar que
s~ ultima producción, cual todas las que
eJecuta el artista inspirado por cuanto
lo eleva y engrandece, es verdaderamente genial. .Modelada con tanta gallardía como facilidad, bastaría la obra
de Arnau para acreditarle de distinguid~ escultor, si otras de no menores
alientos no le huliieran dado ya á conocer como uno de los más discretos escultores catalanes.
El. desas~re del «Victoria.&gt;_
El vice.almirante Jori;re Tryon.
- Conocida por todos es en estos momentos la. h~rr~ro_sa catástrofe que el
dia 22 d~ JUn,io ultimo ocurrió en aguas
?el Med1ter~aneo mientras la escuadra
mglesa mamo?raba delante de Trípoli:
un_a fa!~ maniobra del buque almirante
Vutona hizole chocar con el Camperdown, sufriendo en el choque tal ave·
ria que á los pocos minutos hundlase en
el mar,arrastrando consigo poco menos
de 400 hombres. El Victoria fué construido en Newcastle y lanzado al agua en
1890: su desplazamiento era de rn.
470
toneladas y su maquinaria desarrollaba
una fuerza de 14-000 caballos siendo su
velocidad máxima de 27 mili~ y cuarto
por hora: tenia 340 pies de eslora y 70
de manga. El grueso de su coraza variaba entre 16 y 18 pulgadas: iba artillado
con dos cañones de retrocarga de 111
tonela~as, uno de 29 y una porción de
otras p1~ de menor calibre, y su coste tot~l, mclusas maquinaria y artillerfa,
se estimaba en 817.841 libras esterlinas
(20.446.025 pesetas). El vicealmirante
Tryon contaba sesenta y un años: entró
en la marina inglesa en 1848, y en la
toma de Sebastopol, en la guerra de Crime~ en la campaña de Abisinia, en Australia y, en sum_a, dondequiera que se
h~lló prestó valiosos servicios á su pa
t~1a: s~ valerosa muerte fué digna de su
vida e;emplar de marino.

ANTONIO VICO

NóMERO

ción, ~a dado nuevamente al gema! escultor Mariano Benlliure
matenal para una creación a_dmirable. La escena no puede ser
m_á, sencilla: el espectador llene delante de si un segmento del
Circo; avanzan á la carrera y en compacto grupo los corredores
que, doblado ya el extremo de la espina, se precipitan hacia la
meta. En el fondo, amplias graderías llenas de gente, en el centro de las cuales descuella el palco imperial. Clásico el asunto, re_sulta también clásica la manera con que lo ha tratado
Benlliure: en los menores detalles de la composición luce la verdad estética más absoluta, la que no tiene necesidad de deseen·
der al verismo trivial ni al repugnante naturalismo. Mariano
Benlliure ha hecho es~e baj~ relieve P?r encargo de un americano muchas veces m11lonano que qmere decorar un gabinete
de su palaci_o con obra~ de ~ytton, Alma Tadema y de nuestr? compatnota. El ba;o relie~e que publicamos es parte del
foso que debe completar Benlliure con obras sucesivas.

. Distracción, escultura de Venancio VallmitJana. - ~n esta ,época en que la mayor parte de los escultores
vense obligados a luchar _á brazo partid_o con el tanto por ciento, _trocando alguno~, _obligado~ por la imperiosa ley de la necesidad, su noble _m1s1ón de a~hstas_ por la de meros ejecutores,
grato n?s es cons_1~nar qu_e aun existe entre ellos quien, como
Venanc10 VallmllJana, m se doblega ni sucumbe. Maestro de
la m~yorla de los j?venes escultores que tanto honran á nuestra ciudad, ha sabido siempre ajustarse á las corrientes de la
época. _De ahi que á la vez que de su taller de la Rambla de
Catal~na salen obras de carácter verdaderamente clásico, cual
La Piedad, produzca también esas preclosas escu lturas de salas ó grupos tan notables como el que damos á conocer á nuestros lectores, sorprendido por el artista en cualquier rincón de
Barcelona, en la playa 6 en la campiña.

- Reciba usted mi felicitación, señorita; es usted la primera novia de cuantas he visto
que se halle dispuesta á la hora fijada

Anie, del brazo de su marido, iba de unas mesas á otras - ya sin su velo, dirigiendo á todos, ya algunas palabras afectuosas, ya una dulce sonrisa: El
elemento. militar habíase agrupado en una parte de la tienda, de la que había
tqmado posesión. Allí sucedía todo lo contrario de lo que ocurrió en la reunión
de pésame de la famila, reunión en la cual todos recibieron á Sixto muy fríamente: en esta ocasión fué con Anie con quien se guardó visible reserva. Tan
evidente fué esa reserva, y sobre todo en las señoras, que el capitán juzgó necesario explicar á su mujer lo que motivaba aquella actitud.
- Si supieses, le dijo, cómo y cuánto envidian las muchachas pobres á las
señoritas que se casan ...
- No acabo de creerlo.
-¿No crees tampoco que la señor.i ta Laurencia Haoraca, la hija mayor de mi
jefe, es la única entre ellas que tiene un sombrero de Lebel y un traje de París?
Las otras cuatro no traen sino imitaciones hechas por ellas mismas: labor casera.
- Eso está á la vista, pero no me parece que esa sea razón suficiente para que
yo me vista ó deje de vestirme de la misma manera. ¿Te figuras que no he conocido en otros tiempos esos recursos de muchacha pobre? Pues yo no tenía
modelos de Lebel para imitarlos.
Pasando de unas mesas á otras llegaron los recién casados á una en rededor
de la cual estaban sentados el barón y algunas jóvenes de la comarca. Como
el Sr. de Arjuzanx había ido directamente á la iglesia, todavía no se habían visto
él y Anie. Hubo entonces un rato de silencio bastante embarazoso, al cual puso
término Arjuzanx felicitando á Anie y estrechando la mano á su amigo.
Todos experimentaron al separarse una sensación muy semejante á la de quien
se quita gran peso de encima, si bien ninguno quiso manifestarla.
- ¿Sabías ya que el barón estaba de vuelta?, preguntó Anie á su marido.
-No.
- Yo tampoco.
Una hora después, mientras la mayor parte de los convidados se paseaban
por el jardín, Anie, que volvía de despedir á sus padres, á quienes había acompañado hasta la verja, se halló frente á frente con Arjuzanx, que se dirigió resueltamente hacia ella.
Fingía el barón mucha calma y completa indiferencia; era fácil, no obstante,
adivinar que su sonrisa forzada velaba una emoción profunda.
El barón saludó á Anie y le dijo:
-Amaba á usted tanto, tanto, que ni sus desdenes han podido matar mi amor;
amaré á usted siempre y nunca amaré á otra.
Antes que Anie volviese de su sorpresa el barón se había alejado.
TERCERA PARTE

Como el templo y la alcaldía, situados frente por frente, se hallan á menos de
trescientos metros del castillo, se había acordado que, en el caso de hacer buen
tiempo, no se utilizarían los carruajes para trayecto tan corto. Cuando la comitiva hubo llegado á la plaza encontró allí á los doce boro beros del pueblo en hilera, y la charanga saludó á los novios con las notas de una marcha.
En aquella iglesia, demasiado pequeña, no se habían visto nunea tantos uniformes; los rayos del sol, pasando con toda libertad por las ventanas sin cristales,
hacían brillar el oro de los galones y de las charreteras con resplandores que
llegaron á deslumbrar al cura, hombre de carácter sencillo y tímido, el cual en
vez de decir las palabras que desde mucho tiempo antes tenía preparadas para
esta ceremonia, se limitó á leer, casi deletreándola, la alocución que le servía
para todos sus feligreses.
En realidad, aunque el señor cura hubiese estrenado con toda la unción apetecible y por él apetecida su discurso inédito, no habría conseguido que la concurrencia (acerca de cuya religiosidad no cabía Ja más leve sombra de duda) le
escuchase; los allí congregados no tenían oídos, tenían ojos solamente, y en las
miradas concentraban todos sus sentidos en aquel momento.
Entre los militares ninguno conocía á la novia; muchos parientes de los Barincq veían entonces á Sixto por primera vez. Todos, por consiguiente, los miraban1 los estudiaban, les pasaban revista con extremada curiosidad; los militares
calculaban la fortuna de la mujer; los parientes pensaban en el porvenir del
marido.
- No reunirán menos de ciento cincuenta mil francos de renta.
- ¿Es de veras? Entonces tendrán un palacio en París.
- Y de todas maneras darán bailes en Bayona.
No eran menos variados los comentarios en lo que respecta á las condiciones
físicas de la novia: indudablemente Anie era algo bisoja; no sería extraño que
acabase en tísica; era seguro que se teñía el pelo;_ ~o podía decirse que su traje
fuese muy rico, eso no; pero sí tenía un gusto pans1~nse re_almente escandaloso.
Sixto que hasta entonces había pasado por el oficial meior mozo y más guapo
de Bay~na tenía todo el aspecto de un hombre humillado.
- ¡Es m~y natural! Al fin y al cabo se ha vendido...
_ .
La sacristía era demasiado pequeña para tan numeroso acompanamtento, razón por la cual se había resuelto que todos pasasen al castillo y qu~ no hubiese,
como suele haber en estas solemnidades, dos categorías de convidados: unos
que comiesen y otros que viesen comer. .
.
Barincq cifraba todo su orgullo de prop1etano en aquel lunch, coml?uesto ~xclusivamente de productos de su finca: salmones pescados en sus viveros, Jamones de su ganado de cerda, faisanes de su corral, caza de sus sotos, flores y
frutas de su jardín y de sus estufas.
.
.
.
El banquete tuvo, para hablar con verdad, meJOr acogida que ~os_ no~Ios; hubo unanimidad de pareceres en declararle mu~ b~eno, no muy d1stmgmdo, eso
no; pero de calidad excelente, lo cual no es difícil para las personas que no saben lo que gastan.

I
Cerca del mar, cuyas brisas quebradas por las dunas refrescan la temperatura, en la confluencia de un riachuelo y de un hermoso río, justamente en el
punto mismo en que éste forma una curva elegante y airosa, rodeada por paisajes verdes y opulentos, como son los de Normandía, frente de una extensa llanura cuya lontananza se pierde de vista en valle extensísimo, sería Bayona una
de las más lindas ciudades del Mediodía si no la afeasen sus fortificaciones.
Para no estar enjaulados entre esas fortificaciones dichosas, cuya moda pasó
hace ya mucho tiempo, los habitantes á quienes no es absolutamente necesario
vivir en el interior de la ciudad han, labrado viviendas en la carretera de España, en el valle de Nives, siguiendo la corriente del Adour, frente por frente de
un hermosísimo paseo flanqueado por corpulentos árboles y al que llaman las

Calles Marinas.
Justamente una de esas casas era la que Barincq había escogido para sus hijos; no era de las más ricas, pero sí cie las más elegantes; por su aspecto parecía
una quinta con su arimez festoneado por plantas trepadoras; en medio de un
jardín de árboles constantemente verdes, de magnolias gigantescas, con altozanas de que surgía espesísima vegetación digna de las pampas. Dos plazoletas del
jardín habían sido destinadas á juegos de agilidad y destreza y una habitación
del piso bajo á billar.
Los recién casados recibían una vez á la semana: en ese día instalaban en el
comedor un ambigú en que había de cuantos productos daban las feracísimas
tierras de Ourteau y que justificaba los ciento cincuenta mil francos de renta que
se atribuían al matrimonio y hasta los doscientos mt"l que algunos estómagos agradecidos se sentían dispuestos á reconocerle.
¿Se debía eso al ambigú? ¿Se debía á los atractivos de Anie? ¿Consistía todo
sencillamente en que los recién casados formaban ya parte de la familia militar?
La verdad del caso es que Anie había sido aceptada como una gloria para todos,
-Tenemos á la señora de Saint-Christeau, decían, y creían haberlo dicho todo.
Como suele verse á menudo en el mundo de la milicia, habíase unido el nombre de la mujer al del marido, sin que pensase nadie en discutir esto, porque
todos lo tenían á gala.
Y aun agradecían más á Anie que hubiese aristocratizado al capitán, porque
la joven concedía muy poca importancia á eso, y no pensó nunca en aprovechar
su nacimiento para formar, como el vulgo dice, rancho aparte con las de otras
señoras linajudas (de las que anteponen el de á su apellido) de la guarnición.
Los jueves de los Saint-Christeau estaban tan animados, tan concurridos que
comparadas con ellos las recepciones de la generala parecían tristes; en más de
una ocasión hubo quien insinuase á la recién casada que debería organizar otra
re.unión semanal para los domingos.
Anie, sin embargo, consideró que un día á la semana era muy suficiente como
tributo al compañerismo.

�LA Iu1srn.Ac1óN ARrisrtCA

NUMERO

603

Además los domingos estaba ya acordado que pertenecían á sus padres y á
cua~do ya _era posible formar una idea de lo que el cuadro sería, llegaban las
Ourteau, y l~s demás días á su marido, á la intimidad, al amor.
ma111festac1ones de admiración y de asombro.
Aunque S1xto se hallaba sometido á un servicio muy asiduo al lado del gene- ¿Sabes, de~ía el capitán muy á menudo, que hay días en que deploro que
ral, que ya no podía escribir absolutamente nada y que en muchas ocasiones
no tengas necesidad de vender tus cuadros?
guardaba _cama duran~e semanas enteras y no salía de sus habitaciones sino para
- Pues yo no lo deploro por varias razones: la primera y principal porque tal
caer rendido ~n una silla, abrumado por el esfuerzo que había realizado á toda
vez
_las ofertas d~ los compradores no estarían á la altura de tus elogios.
co:ta, tenía, _sm embargo, algun~s horas de libertad ~or la mañana y por la tarS1xto no admitía semejante hipótesis.
de, horas felices en las que pod1an ser uno de otro sm que nadie llegase á coloDesp?és de un_ ~at,o de conversación ó de un paseo por el jardín visitaban su
carse entre ellos.
caballeriza
Y se dmgian al comed?r. D~spués de comer, si hacía. buen tiempo,
Por la mañana muy temprano paseaban á caballo. Anie durante unos días
daban
un
~aseo
por el ~ue~le, ó bien, si no estaba muy seguro, tomaban asiento
pasados en casa de una amiga, recibió unas cuantas leccio~es de equitación y
aun cuando _no era una amazona perfecta, se ~enía bien á caballo, y su agilid~d en la galena de s? hab1tac1ón, que da~a vista al río; allí, sentados muy cerca
natural, su ligereza, su osadía, su destreza, umdas á los consejos de Sixto com- uno de otro, contmuaban su conversación, contemplando el movimiento del
Adour; cuando llegaba la hora de la marea distraíalos el variado espectáculo de
pletaban la obra.
'
S;guían los jinetes las orillas del Adour hasta la valiza de B/anc-Pignon; allí l~s vapores que llegaban con sus faroles encendidos, el remolcador que encenp~rnan sus caballos al ~alope, sobre la arena blanca sembrada de piedrecillas ~1ª su máquma para sacar de la barra algún buque de vela, y así se deslizaba el
rops; atravesaban l?s pmares que cantaban sus canciones dulcemente tristes y tl_empo, como en perpetuo encanto, sin que ni Anie ni Sixto tuviesen conciencon sus aro_mas resinosas perfumaban el ambiente hasta el semáforo ó hasta el cia de las h?ras que pas~ban. De pronto, en medio del profundo silencio de la
noche, elevabase un rugido sordo que iba creciendo rápidamente.
lago de Ch1berta.
- ¡El expreso de París!
Desarrollábanse ante ellos horizontes sin límites, y á sus pies morían suavemenEra,
en efecto, el tren descendente que bajaba á toda máquina de la llanura de
te la~ olas en la_arena, cuando no tomaban por asalto la playa lanzando al viento
las
Landas;
muy luego llegaba á Boucan; veíase después el farol de la locomo~l bnllante polvillo de sus blancas espumas que azotaban los rostros de ambos
Jmetes .. Entonces con un movimiento simultáneo que obedecía á un común tora que _par,ecía llegar á precipitarse sobre ellos; poco después pasaba, su rapidez d1s~mma poco á poco antes de desaparecer en la estación.
pensamiento _det~níanse A?ie y Sixto para mirar en lontananza las blancas velas
Iban a dar las once; había terminado aquel día.
de un barco mclmado hacia la verde superficie del mar ó el penacho de humo
que se elevaba ~esde un· vapor próximo á desaparecer en el azulado horizonte,
II
allá donde el cielo y el mar parecen .una sola y misma cosa. Después, continuan_do ~u paseo, seguían la grada ó bien los peñascos de la costa hasta el faro
Y ... sin embargo, en _aqu~l cielo tan sereno, t~n límpido, aparecían dos punde ~1amtz, y ya no pasaban de allí porque evitaban adrede el entrar en la potos
negros: el uno, que mqmetaba vagamente á la hija; el otro que atormentaba
blación; regresaban á casa por camin_os en los que veían más probabilidades de al padre.
'
estar solos y de prolongar por más_ tiempo su conversación. Ocurría casi siemCu,an~o
el
día
mism~
d~
la
boda
oyó
Anie
al
Sr.
de
Arjuzanx
decirle que la
pre que á fuerza de c~arlar y de mirarse en el viaje de ida, se habían retrasado
am~na
siempre
y
que
~ nmguna o_tra ~maría, la confusión y la sorpresa de la
un poco y era necesario apre~urar~e al_ vol~er para recobrar el tiempo perdido;
la ho~a se acer~aba; apenas s1 el mfehz Sixto tendría el tiempo necesario para recién casada ha_bían sido extraordmanas. Mucho rato permaneció como aturdicambiar de traJ~ antes d~ pre~entarse al general, que furioso consigo mismo y da_y fué nece~ano_ un gran esf?erzo ~e su volu_ntad para que se presentase, tran·
c?ntra lfs _de?Ja~ por la m~cc1ón forzosa ~ que es,ta~a condenado, no permitía qm!a en apariencia, á su mando y a los convidados. Pero la impresión que en
111 la mas ms1g_111ficante sena! de barro 111 los mas imperceptibles granillos de Ame habían producido las _palabras d~l barón ~o se desvanecía por completo; si
cuando estaba al lado de S1xto se olvidaba Ame de Arjuzanx cuando quedaba
polvo en el umforme.
sola
volvía á verlo, recordaba la palidez de aquel rostro, el fu;go de aquella mi·
-:: ¿Cómo puede ~st~d trabajar si se queda usted ya derrengado desde por la
manana? Eso prescmd1endo de que huele usted á mar de una manera insopor- rada, el temblfr de aquellos labios cuando decían: «Amaré á usted siempre y
nunca amaré a º!ra » ¿Por qué había pronunciado el barón aquellas palabras?
table.
¿Con
qué pr?pós1to? ¿Habían s~do exp~esión _espontánea de su dolor? ¿Las ha(?ler á mar era ~na falta que el general no habría perdonado si no hubiese
temdo ~anta necesidad de Sixto; pero al menos aquella falta era casi la única bía_pronunc1ado1 por el contrario, con mtenc1ón determinada? Anie habría ne·
ces1tado contar a su marido aquella escena; pero no se atrevía temerosa de disque el Jefe le echaba en cara.
gustarlo,
Yademás porque todo lo que se referla al barón, su recuerdo su nom- Es un oficial muy inteligente, muy brillante, de aspecto distinguido siempre sabrá colocarse á la altura de las comisiones que se le confíen sean l~s que ?re, era muy _desagradable p~~a Anie. Cuando, transcurrido algún tieO-:po, vió la
Joven g~e ArJuza~ no los v1s1taba, como ella temió en un principio, comenzó á
fueren, pero huele á mar.
'
Grave falta era esta para quien, ~orno ~¡ general ocurría, solamente olía á ca- tranqmhzarse; _era mdudable que el _barón hab~a dicho aquellas palabras impul•
sado por _lo v10lent? de la contrariedad sufnda; las había dicho sin saber que
taplasmas, cuando no á láudano ó a menJurges y potingues desagradables.
9tras ve~es en lugar de montar á caballo, lo cual siempre ocasionaba alguna las decía, mvol~ntanamente, y Anie se compadecía de él. ¡Pobre muchacho!
Esta compasión no había ido muy lejos, eso no· habíase mezclado no obsfatiga á A~1~, se embarcaban en una }ancha amarrada siempre delante de su
casa1 y segun la marea, ó _navegaban no abajo con el reflujo, ó remontaban la tante, con ~lgunos dejos de simpatía: Anie no podía' aborrecerá un hodibre por~orne~1te con las olas; Ame se sentaba al timón, Sixto tomaba los remos, y así que ,la ?ub1era ~mado, porque la amase todavía, sobre todo cuando ese ltm0r no
hab1a sido obsta.culo para que ell~ se cas:1ra co~ _Sixt?- Pero éste, poco tiempo
iban
1 sm cansarse
b , mucho hasta, que. los movimientos de la alta ó la ba·a
-J marea desrués,_ que todos los días daba a su muJer not1c1as circunstanciadas de cuanto
os tor?a ~n a casa: en e_s~s d1as S1x~o, según su general, olía á cieno.
Ordmanamente el ca~itan volvía a casa pocos minutos después de las once h~~ia m1ent!as estaban separados, le contó que había recibido en la oficina la
para almorzar, y en el hndo comedor, muy adornado de flores delante de la v~s1ta de ArJuzanx; Y. c_omo ~nie se_ ma~ifestase muy sorprendida, el capitán mamesa ya puesta encontraba á su mujer que, vestida y arreglada para recibirle le mfestó que aquella v1s1ta tema exphcac1ón sencilla y natural en la intención de
esperaba. El almuerz,o lo servía ~na linda criada que entraba y salía y un m~zo demost:arl~ qu~ no le ~~ardaba rencor por s~ derrota; su presencia en la boda
de comedor que sub1a de la cocma los platos; Anie y Sixto podían hablar libre- Y:1 fué s1gmficat1va; la ~1s1ta de ahora 1~ era mas todavía. ¿Cómo responder á esto
m~nte, y cuan?º de~de lo más recó~dito de su alma salía á sus labios un senti- sm conta~lo to_do? Ame dudó por un mstante; después resolvió decididamente
~1ento demasiado t1er~o para ser bien expresado con palabras humanas, expre- guardar s1lenc10._ Al fin y al cabo, tal vez tuviese razón Sixto, y en este caso hasab~nlo_ con un beso. Cuando las alegrías del presente y la confianza en el por- bí~n de ser cons1der~das aquellas palabra~ pronunciadas el día de la boda por
vemr, s1e~pre sereno, les llenaban el alma, siempre tenían, corno todos los que ArJuzanx como el gnto de un dolor demasiado cruel para dominarlo. Sin embargo, por mucho que Anie se ~ijo á sí misma en este sentido, no se tranquilizó por
han padecido mucho, recuerdos de angustias pasadas.
completo, Y cuando, poco tiempo después, le habló Sixto de una segunda visita
- ¿Quién me hubiera dicho?..
del ~arón, despué~ d~ ~tra, comenzó á preguntarse qué amenaza se ocultaría
- ¿Cómo había yo de creer?..
_ Pocos minu~os antes de la una era menester que se separasen; Anie acampa- debaJO _de aquella mtim1dad por Arjuzanx con insistencia procurada.
Es cierto que ~l barón no _se habí~ presentado en casa de Anie y de Sixto;
naba á_ su mando hasta la verja del jardín, y ocultos por una espesura se besaban
pero
¿qué debena hacer la Joven s1 alguna vez los visitaba el camarada de su
por_ ú,ltima ~ez, pero no se abandonaban todavía: después de haber partido el esposo?
cap1tan, Amy le seg~ía con los ojos hasta que caballo y caballero desaparecían
. Est~ pre~unta, 9ue A~ie se dirigía á sí misma muchas veces, le ocasionaba
baJo la Puerta Marma.
cierta
mqmetud, mdefimda, vaga, ~ero persisten~e. La joven deseaba tranquili·
Permanecía entonces Anie al~uno_s minutos como aturdida y desorientada·
después, par~ ocupar en algo el tiempo que le parecía interminable, subía á s~ da~ para ella y más aún para su mando; pero era imposible la tranquilidad si netaller Y trabaJª?ª un par de ~oras. Como allí no tenía los mismos asuntos que cesitaba defenderse contra uno que la amenazase con amor eterno. Anie estaba
para_ sus estud10s le proporcionaba en Ourteau el Gave con sus vegetaciones muy seg~ra de_ no dejarse conmover nunca por semejante amor, pero comprencapnchosas, su~ bosques, sus praderas, Anie copiaba lo que tenía á la vista· el día,al mismo_ tiempo que sería para ella molesto, enojoso, insoportable. La simaspecto de la na con la_ marea alta, el movimiento de las lanchas pescador¡s ó pati~ 9ue Ame había sentido al principio por el amante desdeñado se trocó en
~e buques, aquellas colmas verdes sembradas de arboledas de peñascos de ca- hostih~ad ~ontra el enamorado perseverante. ¿Por qué no la dejaba en paz?
Las mqu1et?des del p_adre, aunque eran de muy diferente naturaleza, no dejasitas blancas con tejados rojos que bajan desde las llanura; de las Landa'.s hasta
ban de tener 1mportanc1a y de molestarle.
las plateadas aguas del tranquilo río.
Cuando _qued_ó convencido que_Sixto y ~n_ie se casasen, creyó Barincq que
. Para los que ~st~n acostumbrados, como Anie lo estaba, á la luz pálida del
cielo ?e Pa~1s, lo ~as sorprendente á medida que descienden hacia el Mediodía a9uel_ matnmomo pondría acabamiento defi111t1vo á la intranquilidad de su cones mtens1dad, siempre en aumento, del brillo de los objetos· la comarca del ciencia, Yque el t~stamento de Gastón, ese testamento que tan á menudo, en las
Lo1re parece más ciar~; la Gironda más clara todavía; el Adou(. á ciertas horas noches de ~nsomm?, le pesab~ C?n pesadumbr_e _inme~?a como horrorosa pesadideslumbra. Lo qu~ Ame procuraba reproducir en sus cuadros era esa luz dulce lla, quedana_ reducido a una ms1gmficante y l1V1ana líoja de papel. Realizada la
vaporosa q~e no tiene lo claro ni lo áspero del verdadero Mediodía; cuando caí¡ boda, ¿qué importaba aquel testamento? Que Sixto disfrutase de la fortuna de
como _heredero de éste ó como marido de Anie, ¿no era de hecho exacla ~arde Ame abandonaba su caballete. Vestíase entonces con apresuramiento y Gastón
tamente lo mismo?
'
'
salia á devolver alguna_ de las numerosas visitas que recibía los jueves, arreglánPrecisament_e impulsado por esa idea, estimulado por esa esperanza había
doselas de mod~ que siempre estaba en casa cuando volvía á ella su marido.
Desd~ aquel mst~nte se pertenecían por completo uno á otro; la consigna pro~urado realizar aquella boda; habíalo procurado con empeño y lo vió con indecible alegríai considerándose dichoso; pensaba haber alcanzado con esto1 no
era tern:imante: nadie, absolutamente nadie y bajo ningún pretexto podía moles- solamente
la dicha de su Ame
· Y¡a de s·1xto, smo
· su prop10
• reposo su sat1sfac.
tarles 111 llegar hasta ellos.
.
c1ón personal.
'
Por de pr?nto Sixto subía al taller para examinar Jo que Anie había hecho
¡Qué dulce consuelo!
duran~e el dia; c~ando el e~tudio no estaba más que esbozado se limitaba á obcontra lo que Barincq esperaba, aquel consuelo dulce no resultó en la
servaciones sm 1mportanc1a; pero cuando la obra iba tomando vida y color,
rea I a tal cual el padre de Anie se lo imaginara en sus meditaciones, y aque-

!ª

~-~ºd

NúMERO 603

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

lla hoja de papel que creyó ligera como una pluma, comenzaba á ser tan pesada
como antes ó más que antes. No experimentaba ya aquellas alucinaciones, aquel
sentimiento de ansiedad, de opresión, de angustia, aquellos sudores de muerte
que acompañaban á su remordimiento cuando, de sus razones fútiles, había decidido que Sixto no tenía derecho alguno á la fortuna de Gastón; pero de todas
maneras, el peso de aquel papelillo volvía á ser demasiado grande para dificultar
las digestiones de Barincq.
Consistía esto muy principalmente en que cuanto más iba conociendo á Sixto tanto más profundamente se convencía de que, en efecto, era hijo de Gastón;
era en todo y por todo un retrato suyo.
Siempre que Gastón, cuando se hallaba sentado á la mesa, quería decir algo
interesante á los que estaban en su rededor, comenzaba invariablemente - sin
echarlo de ver ni darse cuenta de sus movimientos - por separar á derecha y á
izquierda las copas que delante de sí tenía, dejando aquel sitio de la mesa completamente despejado: Sixto hacía lo mismo, tan exactamente lo mismo, que
cuando se le veía parecía que se estaba viendo á Gastón: ¿no era esto muy significativo?
Gastón al reírse levantaba las mejillas y el labio superior, con lo que resulta·
ba la nariz corno recortada: la expresión del rostro de Sixto, cuando se reía, era
exactamente la misma.
Por último, siempre que Gastón discutía acompañaba sus razonamientos con
movimiento de la mano, movimiento que le era peculiar: accionaba primeramente con el dedo pulgar; poco después agregaba al pulgar el índice, y por último
reforzaba á los dos el de en medio que, al parecer, venía á completar la demás
acción; Gastón hacía esto metódicamente, con el orden mismo que no variaba
nunca y que en ningún caso se invertía: pues bien; Sixto repetía idénticos movimientos y en el mismo orden.
·
¿Qué probaban todas es1s semejanzas? Probaban hasta la evidencia que Sixto
las había heredado de su padre y que por lo tanto constituían un acta de reco·
nacimiento más convincente que cuantas hubiesen podido levantar todos los al·
caldes y todos los notarios del mundo.
Y siendo esto así, Gastón, que tan á menudo había tenido á su lado á Sixto,
no había podido seguramente cerrar los ojos á la evidencia, ni rechazar la abso·
!uta, la completa certidumbre de que aquel niño, que era una copia fiel y exacta
de su rostro, de sus maneras, de sus costumbres, era y n·o podía menos de ser
su hijo.
Que hubiese dudado de la fidelidad de su querida, era muy probable; pero
dudar de su paterpidad, no Je habría sido posible.
El hecho de retirar el testamento de manos de Revenacq no tenía, por consiguiente, no podía tener el significado que Barincq y el notario le daban equivocadamente; era seguro, segurísimo, que Gastón no había pensado ni por un
momento en desheredar á su hijo, ni en hacer, entre su hijo y sus herederos legales, particiones que en nada se fundaban sino en caprichos de la imaginación
dominaba por el cálculo del interés personal y por las sugestiones del egoísmo.
En realidad las razones que Gastón había tenido para recoger su testamento
no eran conocidas; pero solamente en esto había obscuridad: sobre todos los
demás puntos se había hecho la luz, y tan clara, que ningún hombre honrado,
después de leer el testamento, podría dudar ni un solo minuto en afirmar que
Six-to era el heredero único de Gastón.
Y él, Barincq, él que en todas las circunstancias de su vida solamente había
obedecido á los mandatos de su conciencia, ¿podría regatear y dudar en lo que
no dudaría ningún hombre honrado?
Si nada tenía que echarse en cara, ¿por qué su conciencia, siempre su amiga,
protestaba con tanta violencia después del matrimonio de Anie y de Sixto?
Era necesario reconocer y confesar que aquella boda no había sido otra cosa
que un expediente inspirado por el sofisma y el subterfugio.
.
¿De qué podía quejarse Sixto si de un modo ó de otro venía á disfrutar la
fortuna de su padre? ¿No era exactamente lo mismo que la disfrute como heredero de Gastón ó como marido de Anie?
No, señor, no; no era lo mismo; si el capitán Sixto no se que)aba e~a porque
desconocía la existencia del testamento; pero quien como Banncq s1 la conocía, ¿era posible que rechazara sus escrúpulos y dijese con serenidad que nada
tenía por qué avergonzarse?
Para esto habría sido absolutamente preciso que en el contrato de boda Barincq se hubiese despojado, en favor de Sixto, de toda la fortuna de ~astón. Y
haciéndolo así, ¿habría dado á su yerno algo que á éste no perteneciera? Pero
como no lo había hecho así, como las cosas se habían arreglado de otro modo,
siempre que Sixto daba las gracias, por cualquier _nuevo regalo, á su suegr~,
éste se ruborizaba, porque ... ¿acaso aquella generosidad suya no era una restitución?
Como Barincq continuaba engolfado y perdido en medio de estas cavilaciones sin resolver nada, inclinándose hoy á una decisión, inclinán~ose al d~a siguiente á otra, fué necesario que realizase una visita_ para que p~s1ese térm_mo á
sus vacilaciones· fué esta visita la de uno de sus parientes, su pnmo Pedeb1dou,
con quien habí¡ tenido en sus años juveniles relaciones de buena, amistad y que
posteriormente había mediado muchas veces entre él y Gastón a fin de reconciliarlos.
•
.
. .
Este Pedebidou, que tenía la primera casa de conservas ahment1c1as de Orther y de Bayona, pasaba por muy rico, y Barincq lo tenía en ese concepto;
pero á las primeras palabras que se cruzaron entre ellos en aquella entrevista,
pudo convencerse de que en aquel momento no era ~ico Pedebidou. ,
.
- Querido primo, dijo Pedebidou sin embarazo m cor~edad, ~e~go a pedirte
8o.ooo francos que necesito imprescindiblemente para mis venc1m1entos.

era, no, libre, ni dueño de su fortuna; al firmar no comprometía su firma, sino
la de Sixto.
- ¿Sabes dijo sin saber cómo salir de aquel atolladero, sabes que si hubiese
yo prestad; todo lo que, desde que estoy en el país, me han pedido, no me
quedaría gran cosa?
- ¿Cuánto has prestado?
-Nada.
- Entonces te queda todo.
-Pero...
- Por último, ¿puedes ó no puedes hacer lo que te pido?
,
Reinó entonces un rato de silencio, cruel para ambos, pero acaso mas c~uel
para el que no se atrevía á contestar que para el que espera?ª la co~testac1Ó~Pero Pedebidou era hombre resuelto y de los que obedec1an al pnmer moVI·
miento: se levantó, pues, y dijo á Barincq:
- Está bien; eres un mal rico; deploro, lo deploro con toda mi alma haberte
puesto en el caso de demostrarlo; nunca hubiese yo creído esto de un hombre
que ha sido pobre como lo has sido tú.
- Te juro que no puedo.
- Tu fortuna te pertenece.
- No; pertenece á mi hija.
-Adiós.
Barincq pasó una noche terrible; al día siguiente partió para Bayona en el
primer tren, y al llegar corrió á la casa de comercio de su primo. Al entrar en
el despacho en que Pedebidou, completamente _solo, despachaba el correo, le
dijo:
- Vengo á traerte mi firma.
Al oir aquellas palabras Pedebidou se levantó precipitadamente, corrió á Ba·
rincq y le abrazó.
- Haz que preparen el documento, dijo Barincq, equivocándose acerca de las
causas de aquella emoción.
- No puedes, no podrás imaginar nunca lo que tu generosidad me conmue·
ve; pero es ya tarde, querido amigo mío; ahora no puedo aceptar tu firma.
- ¿La rehusas ahora?
-Ayer pude pedírtela porque estaba seguro de que tu dinero no corría nin·
gún riesgo; hoy, sabiendo, como sé, que lo perderías, no puedo aceptarla; ac~bo de recibir noticias de otras quiebras; todo ha concluído para mí, estoy arru1·
nado.
Aunque aquella noticia fué muy dolorosa para Barincq, éste reconoció, ave:·
gonzándose en lo más recóndito de su alma, que tan inesperada solución le aliviaba de un enorme peso.
- ¡Pobre amigo mío, le dijo, pobre compañero!
Y durante algunos minutos hablaron ambos de aquel desastre.
Pero cuando Barincq estuvo fuera de aquella casa, cuando se halló solo en la
calle, reconoció con estupor que había sido otra vez un mal rico, según le había
llamado su primo.
¡Oh! Estaba decidido á n~ serlo por mucho tiempo.

III
Era menester que el testamento fuese entregado á Sixto y que la fortuna que
en virtud de ese documento le pertenecía pasara por completo á sus manos.
El reposo, la dignidad, la honradez de Barincq lo exigían.
Además, por muy heroica que á primera vista pareciese esa restitución&gt; no era

-- ¿Tú?
·
·
·
'b"l"
'
¡Así es el comercio! Algunas qmebras
extra~Jeras
1mpos1
1,1tan, hace ma_s
de dos meses, la aceptación de mis giros, y ademas tengo contraidos compromisos de alguna importancia.
. ..
_ Pero, chico, yo no tengo 80.000 francos: la boda de m1 h1p,_ los gastos de
-Amaba á usted tanto, tanto, que ni sus des\!enes han podido matar mi amor...
su instalación, lo que me cuest~n las obras que hago en esta propiedad ...
- No te pido tu dinero; te pido solamente tu firma. ·
- Firmar es pagar.
. , . .
.
.
- Conmigo no. Ven á casa, allí exammar~s mis hbros; la s1tuac1ón en que me tanto en realidad; que la fortuna de Gastón continuase en poder de Barincq 6
que pasara á ser propiedad de su yerno, siempre sería Anie quien la disfrutase,
hallo es de apuro pasajero, pero está muy leJOS de ser desesperada.
Barincq estaba trastornado; si hubiera sido.dueño ab?oluto d~ ~u fortuna ha- porque Sixto, tal cual Barincq le conocía, no era capaz de malgastarla ó de•
bría dado, sin vacilar, la firma que su campanero y pan,ente solicitaba ~on tan- rrocharla.
ta franqueza y en la seguridad de que no podrían rehusarsela; pero Banncq no
( Continuará)

�470

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 603

año pasado una abertura que daba acceso á dos pequeños subterráneos, situados uno junto á otro, y á ESTATUA DE ARAGO EN EL OBSERVATORIO DE PARÍS
los cuales se llegaba por dos escaleras laterales. ConEn 1886, con ocasión de celebrarse el centenario
tínuáronse las excavaciones, y el arquitecto encargado del nacimiento de Arago, las personas que se habían
de los trabajos tuvo la suerte de descubrir primero encargado de organizar esta solemnidad creyeron que
tres tumbas vacías y luego otra de grandes dímensío- los homenaje~ que se habían tributado en provincias
~es, que databa del siglo XI y que contenía gran can- al eminente astrónomo no eran bastantes para lo que
LA IMPRESIÓN DE RESTOS HUMANOS EN SCHLESTADT tidad de restos de objetos varios y entre ellos un éste merecía, y resolvieron perpetuar el recuerdo de
bloque de mortero que llamó poderosamente la aten- aquel grande hombre erigiéndole por suscripción naCreemos que nuestros lectores leerán con interés ción del arquitecto, pues creyó ver en él la impresión
cional una estatua en París, delante del Observatorio
e! relato _de un importante descubrimiento arqueoló- de un cuerpo humano.
.
que tanto había ilustrado con sus importantísimos
gico realizado durante los trabajos de restauración de
Hízose un vaciado, y grande fué la impresión, la trabajos.
emoci?n casi, que experimentaron cuantos vieron que
A este efecto constituyóse un comité presidido por
el vaciado era un busto de mujer tal como lo reprodu- el almirante Mouchez: este sabio director del Obsercen los grabados (figs. 1 y 2) que publicamos. ¿Quién vatorio ocupóse con gran actividad y entusiasmo en
era aquella muerta de fisonomía tranquila y dulce y recoger las suscripciones y en solicitarlas haciendo
cuyas facciones melancólicas llevan impreso el sello valer los grandes servicios que Arago durante su herde una nobleza evidente? Tal ha sido el problema mosa carrera prestó á la ciencia y á su patria.
que desde entonces ha preocupado á los arqueólogos:
«Su vida, decía el almirante Mouchez en la circualgunos han querido ver en ella á Hildegarda, pero lar que se redactó para fomentar la suscripción, es
pronto esta creencia hubo de quedar destruída por demasiado conocida por todos para que sea necesario
cont~adicciones cronológicas irrefutables, y hoy se recordar al presente otra cosa que los principales rasadmite, y con razón, que el precioso hallazgo se re- gos de la misma.
fiere más bien á la hija de la condesa Hildegarda, su muy amada Adelaida, como
la llamaba en la carta de fundación. De
todos modos, á juzgar por las huellas que
en el molde ha dejado un tejido de admirable finura, de nipe sin duda, el cuerpo
debía pertenecer á una persona muy distinguida y dada á las prácticas religiosas,
pues no se nota ninguna señal de joya.
A fines del siglo x1, una epidemia de
peste negra asoló la Alsacia, y la historia
pret~~de que Hildegarda, lo mismo que
su htJO _Conra~o y que su hija Adelaida,
sucumbieron a la terrible enfermedad:
esta circunstancia explicaría el procedí
miento de inhumación profiláctico que se
adoptó para sepultar el cadáver, y sin embargo el rostro de éste no revela la menor
Fig. 1. Vaciado tomado de una impresión de un cuerpo
h~rnano sobre un~ masa de mortero, del siglo XI, descuhuella de sufrimiento físico. De este debierto en una cnpta sepulcral de la iglesia de Saintetalle podría deducirse que Adelaída padeFoy, en Schlestadt (Alsacia). Vista de frente.
ciendo quizás de otra enfermedad'1 falleció extenuada por la fatiga y por el dolor
la ig!esia de Sainte-Foy ,· e.n Schlestadt (Alsacia.). de haber perdido á su madre y á su herSamte-Foy de Schlestadt, construcción romana mano, y que los sobrevivientes, presa de
muy notable, debe su. origen á la condesa Hildegar- terror, la enterraron como á una apestada,
da, madre de Otón, obispo de Estrassburgo y bisabue- conservando de este modo lo que ~hora
1~ del famoso emperador Federico Barbarroja: esta constituye un importante descubrimiento.
piadosa dama había hecho construir en 1087 debajo
Ahora bien: ¿cómo se explica que una
del antecoro una reproducción del Santo Sepulcro de capa de mortero basto haya podido conJerusalén, de las mismas dimensiones que éste con servar huellas en algunos puntos casi milo c~al atrajo á aquel lugar una muchedumbre d~ pe- croscópicas? Según opinión del canónigo
regrmos cada vez mayor. Sin embargo, el fervor de Dacheux (1) (el sabio presidente de la
éstos acabó_ por ~nfríarse, y si el recuerdo de la cripta Sociedad para la conservación de los monuno nos hubiese sido conservado por el antiguo autor mentos históricos de A/sacia, á cuya amaBeatus Rhenanus, muy pronto habría sido dada al bilidad debo la mayor parte de los datos
olvido porque fué cegada en época indeterminada consignados y las fotografías que los dos
pero seg_ur;imente ~osteríor f_ la época en que Rhena~ grabados reproducen), la cal que contenía
nus escnb1a. La misma bas1hca antigua, cuya restau- el mortero filtrándose á través de la arena
y del casquijo se endureció rápidamente
sobre el cuerpo, y la masa entera acabó
por formar un solo bloque y cuando el cadaver se descompuso quedó el molde
guardando intacta, durante siglos, la imagen del cuerpo que en él se había incrustado.
El sepelio debió hacerse muy precipiLa estatua del célebre astrónomo Arago, inaugurada en París
tadamente, pues la cabeza inclinada ligeen rr de junio de 1893
ramente sobre el hombro derecho parece
haber cedido al peso del casquijo y de los escombros
»Por una excepción única en los fastos del Instituto,
con que á toda prisa debieron cubrir el cadáver. El Arago fué nombrado á los 23 años individuo de la
lado izquierdo ha sufrido: el ojo se halla hundido en ~cademia de Ciencias, al regresar de una importantísu órbita, la mejilla, la oreja y los cabellos están algo
s1112a y mu~ afortunada expedición geodésica por Eschafados y la nariz ligeramente deprimida hacia la pana y las islas Baleares, en donde durante tres años
derecha. En cambio, el lado derecho, el cuello y Ji su vida hallóse muchas veces comprometida en cirgarganta han sido respetados. El pecho aparece cu- cunstancias criticas, nacidas de los acontecimientos y
bierto por una camiseta de punto de lana cuyas ma- de las guerras de aquella época. Los servicios prestallas se dibujan perfectamente.
dos, sus raras facultades, su notable elocuencia le vaDesgraciadamente falta la parte inferior del cuerpo lieron en 183oel nombramiento de secretario perpetuo
que fué destruída por la piqueta de los demoledores'. de aquella corporación, y desde aquel alto puesto no
á lo sumo si los fragmentos del molde nos revelan la cesó hasta el fin de su vida de ejercer la más podeexistencia de huellas de telas de extremada finura una
r?sa y bienhechora influencia en el progreso de las
y más bastas otras.
c1enc1as, ya por sus propios descubrimientos, ya por la
Lo repito: el aspecto de esta mujer, salida casi viva
f~cunda y ~enerosa co_operaci?n que prestó a los prinde su tumba después de ocho largos siglos, produce c1p~les sabios de su tie~po, a quienes alentaba y sosJ
una emoción fácil de comprender, y sirviéndome de
tema con toda su autoridad. A él se debe especiallas mismas palabras del canónigo E&gt;acheux, terminaré
mente el descubrimiento del principio fundamental
diciendo: «No es una obra de arte lo que á nuestra de la telegrafía eléctrica y él fué también quien hizo
Fig. 2. El mismo vaciado visto de perfil
vi~ta se ofrec.e, sino la misma naturaleza con la exvotar ~~r las ~ámaras como diputado su aplicación
presión viva de un ser real.))
al servicio público cuando el gobierno pretendía reserración ~ompleta se ordenó hace muy pocos años, hubo
varse el uso exclusivo de la misma como del antiguo
CLEMENTE DREYFUS
de sufnr durante los ocho sigl9s de existencia varias
telé~rafo Ch~ppe. Profundamente liberal y consagrado
transformac~ones más ó menos bárbaras.
(I) L. Dacheu~, Sai11te-Foyde Schlestadt. S11 Santo iSep11l- al bien público, Arago utilizó toda su influencia en la
Removiendo el suelo de la iglesia se encontró el c:·oy sus tumbas. Estrassburgo, 1893,'
Cámara de diputados y en el Consejo municipal de
1

NúMERO 603

47 1

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

París, del que fué muchos años presidente, para hacer
adoptar todas las medidas favorables al mejoramiento
moral y material de las clases populares en los diversos ramos del servicio, como la instrucción pública,
la higiene, la vialidad, el saneamiento de la ciudad. A
él se debe, entre otros, el pozo artesiano de Grenelle
que nunca se habría terminado sin su perseverante voluntad.
» Dotado del espíritu y de la pasión por la vulgarización de las ciencias, creó y siguió durante veinticinco
años el admirable curso de astronomía popular que
tanta gloria &lt;lió al Observatorio de París y á su ilustre
director. A él se debe también la publicidad de las sesiones del Instituto y de las actas de las mismas. »
Este llamamiento &lt;lió grandes resultados, y el día 11
de junio último se verificó la inauguración de la estatua de Arago, en presencia del ministro de Instrucción
pública, del hijo de Arago, actualmente embajador de
Francia en Berna, del director del Observatorio y de
representantes de autoridades y corporaciones.
La estatua ha sido modelada por el escultor M. Oliva, que falleció poco después de terminarla, y fundida
en bronce por Durenne: Arago está de pie, mirando
al Observatorio, envuelto en una capa que recoge con
la mano izquierda, y con la mano derecha levantada
y los dedos estirados en ademán de demostración:

tiene á sus pies un instrumento astronómico. La estatua se alza sobre un gran pedestal de piedra en el
cual se lee la siguiente inscripción: Francisco Arago, 1786-1853. Suscripción nacional.
El monumento esta situado delante de la verja del
jardín del Observatorio, en la plaza que se extiende en
el ángulo que forman el boulevard Arago y la calle
Faubourg Saint-Jacques. Edificado en la línea de la
avenida central del jardín, el monumento resulta estar
en el meridiano de París, como la de Verrier, colocada al otro lado del Observatorio.
GASTÓN T1SSANDIER

(De La Nature)

CUIDADOS QUE DEBE~ PRESTARSE Á LOS LESIONADOS
POR LAS DESCARGAS ELÉCTRICAS

El doctor Assmann ha publicado recientemente en
el Das Welter un curiosísimo estudio acerca del tratamiento que debe aplicarse á los que por desgracia
sufren lesiones, más ó menos graves, por efecto de
las descargas eléctricas. Según el sabio doctor, son
diversos los efectos producidos por las descargas,
conforme lo demuestran los numerosos e&gt;-'!)erimentos

comprobados, puesto que de ellos se desprende que
no es única la fuerza, sino varias, subdivididas en múltiples ramificaciones. La fotografía ha venido á demostrar que al resplandor vivísimo del relámpago sucédense otros más débiles que surgen en diversas direcciones. De este antecedente puede inferirse que la
potencia de los últimos resplandores es menor que la
del producido por la corriente principal.
El doctor Assmann cita en su interesante trabajo
un accidente ocurrido en los alrededores de Berlín
durante el verano de 1891: hallábase un pelotón de
soldados haciendo el ejercicio y sobre ellos prodújose una fuerte descarga eléctrica. El oficial y un trompeta cayeron exánimes, volviendo á la vida el primero al :cabo de algunos momentos, no así el infeliz
trompeta, que quedó tendido sobre el césped, muerto, inanimado. Repuesto el oficial, dispuso se aplicara á su subordinado el método de respiración artificial que con tanto éxito se utiliza con los ahogados.
El éxito coronó tan humanitarios esfuerzos, recobrando el trompeta la vida. El doctor Assmann supone
que si este tratamiento pudiera ensayarse en los campos de batalla con los combatientes derribados por
las explosiones de la pólvora y á los que se considera
como muertos, recobrarían la vida cual aconteció con
el soldado que se refiere.

¡1tllllll·ALIEBPf&gt;'Rts
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disl_ean casi INSTA NTAN EA ME N-TE los Acce~ s. ~.,, ~ AR ts ..,.....os•
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ENFERMEDADES

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PASTILLAS y POLVOS

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adoa conlra laa A.leoolonea del Eatb·
mago, Falta de Apetito, Dlg eetlonea labo•
rto,,u, Aoedias, V6mitoe, Eruotoe, y C61Jooe;
regularl&amp;an lae Funolonee del Eatómago y
de loa 1 -tlnoe,
E.t1Jr .. el rotulo a f l'IIII dt l . FAYARD.
&amp;dh. DETIIAM, F--aUoo en P.&amp;JUII

LA SAGRADA BIBLIA
EDICIÓN ILUSTRADA

á 1 O cén t imos de pes eta l a

entreg~ agi.nas

m,

Querido enfermo. - Fiase ~d. I
larga e,per,enc,a,
1 haga uao de n"ostros GRANOS de SALúD """' 11101
le curarln de
eon1t1pao1ón, le darán apetito J' e
derofrerln el 1ueño y la alegria. - A11 r,r,rA Vd,
11Juoho1 año1, a11fr"Cando siempre de una buena •&amp;J•il.

GRANO DE LINOTARI NF~~~l~s
ESTRElillMIENTOS, CÓLICOS. -

,u

La caja: 1 fr. so

CARNE y QUINA

ll ~ento mu rep.-ador, anido al '1'6Dioo 11111 enqicl.

VINO ARDUO CON QUINA

T CON TODOS LOS PBINCIPlOS fflJTlllTIVOS SOLUBLBS DB U CARNE
c,.1an: y QIJl!U t son los elementos qu~ entran en la comJ)Ost&lt;;1on de este 1&gt;0tente
reparador de las fuerzas vitales, de este fon1aeaa&amp;e por eaeefe■e1a. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la .Anemta y el .Apocamtento, en las Calentura,
1 ConvaJecenctas contra las ])tarreas y las .Afecctonu del Bstoma(lo Y los ,nte," no,·
cuando se traía de despert.ar el apeUto, asegurar las digestiones, reparar las !uel'%18,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver.la anemla_y las epldemlaa provocadaa por los calores, no se conoce nada superior al l'mo de ou•- de Aroud.
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loa braios, empléeE~ c!,,l!lLl.f..QB l!J, .D'USBEJR, 1, rue J .•J.•Rou■nau, P art1o

�472

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

603

DISTRACCIÓN, escultura de Venancio Vallmitjana

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUBTRACION .AR¡TÍBTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61, Paris.-Las casas español~ pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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!probada por la JC!DEIIJ DE IEDICIBJ

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
lledallu en 1&amp;1 l!xpo1lclonu lnternaclonaleo de

P.UlS • LYOR • YlEIIJ • PBlUDELPBIJ • P.lRlS
Mm

1873

1878

II UfL&amp;A. CON IL ■ATOI j11TO U

el Raquttt.imo, l.is A.feccwnes e.cro{Ulosas Y e.icor/Jutleas, etc. El l'i■• l"errustaoH dé
.&amp;roud es, en erecto, el único que reune lodo lo que entona y fortalece loa organos
regularlzal coordena y aumenta considerablemente las tuerzas ó Infunde a la aan¡¡e
empobrec da y descolorida : el Y'Por, la coloracwn y la Bnergta 11,t4l.
'

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Pepsina Boudault
1867

representa exactamente el hierro
contenido en la economia. Experimentado por los principales médicos del
mundo, pasa inmediatamente en la
sa~gre, no ocasiona estreñimiento, no
f~t1ga el estómago, no ennegrece los
dientes. T61mnmt1gota1 eacad&amp;eo1id&amp;.
bljm la Terdadera larca.

Cl.11.a1111:, an:aao y 91J111.11 Diez años de exlto contlnuado y las afirmaciones de
todas las eminencias médicas preutJan que esta asoc1acion do la Canae, el Hierre y la
Ouiaa couaU Luyo el reparador mas encrgtco que se conoce para curar : la Clorósú, la
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VINO · · de PEPSINA 1011.DAULT
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PW~, PIW'macie COLLAS, 8, rae Duphiae
~Ji._ _ _ _ _ _ _;;.._¡ j
SI "' la1 prl"c(pak, '"""""''"•

-----------~----------~--Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP, DB MONTANER Y SIMÓN

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.
11tí~t1ea
ARO XII

BARCELONA 24 DE JULIO DE 1893 ~ - - - - - -

FLORES CAMPESTRES, cuadro de G. Bellei

NÚM. 604

�474

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

604

brá hasta principios del próximo mes de agosto el brazos, que como la cabeza están modelados de modo
nombre del escultor á quien el Jurado allí nombrado exquisito, semejan dos asas. Por otro lado, la estatua
al efecto haya concedido la ejecución del primero de está modelada y proporcionada para ser vista á mulos monumentos dichos. La expectación, pues, es cha menor altura, resultando por virtud de esto que
grande, porque se han cruzado recomendaciones im- aparece mezquina la cabeza y corta en general la
portantes entre la capital de la metrópoli y la capital figura. El plegado de los paños del vestido es duro,
filipina; y el que más y el que menos pretende, por demasiado duro.
virtud de sus influencias, que los veinte mil duros que
Por lo que respecta al parecido, Benlliure debió
Texto. - Crónica de Arte, por R. Balsa de la Vega. -Los edise abonan por el monumento sean el premio de sus inspirarse en los retratos que de la reina pintara Loficios de la Exposición de Chicago, por M. A. - Recuerdos del
pez, recién llegada á España, cuando todavía era muy
ce11tenan·orojo.L11isXfllf. VI. Emparedado. VII. Termi- afanes.
Algunos de los proyectos me son conocidos. Nin- joven y no se había desarrollado en lodo su esplendor, por Emilia Pardo Bazán. - Nuestros grabados. -Anie
(continuación), novela por Héctor Malot, con ilustraciones guno, á mi juicio, revela nada nuevo; pero en cambio dor la belleza de la princesa de la casa de Parma.
La parte arquitectónica del monumento tiene un
de Emilio Bayard. - S!!CCIÓN CIKNT!FICA: Un motor senci· tienen casi todos una condición que Clarín dice no
!lo. - Aparato de salvamento y de extinción de incendios. - existe en la obra de arte; esta condición es la de ser marcado sabor del estilo ornamental del imperio. DesNuevo b11q11e inmmergible. - Ret"olección de la canela en discretos. No puede decirse (hablo de los proyectos de este punto de vista, y teniendo en cuenta que por
Thanh-Haoa (Tonkln). - El vegetal más grande del globo. que conozco, como presumirán mis lectores) que se los días en que María Cristina se unió al Deseado tal
Grabados. -Flores campestres, cuadro de G. Bellei. - Los distingue uno solo, apartándose de lo corriente, de lo era el gusto dominante, el arquitecto Sr. Aguado
edificios de la E xposición universal de Chicago, seis grabados. visto. Parece que todos los escultores se han puesto acertó. El segundo cuerpo sobre todo recuerda la
- San Cristóbal, cuadro de Pedro Stackiewicz. - Tipo de 1m de acuerdo para interpretar las figuras de Legazpi y traza de un gran número de relojes de bronce de la
•acobi110; El de/fin en m encierro en el Temple; Facs!milede del P. Urdaneta. Poco más ó menos la disposición citada época, que, como dicho segundo cuerpo, afecdos grabados de la época de la Revol~ción francesa, cuatro del grupo y la actitud de las estatuas es una misma. tan un trozo de fuste de columna que termina en
grabados correspondientes á Reetterdos del centenario rojo. Respecto del segundo concurso, ó sea el convoca- cornisa y arranca de una faja, formada de cabezas
Victima inocente, cuadro de D. Carr: - En el ba,10, cuadro do por la Diputación provincial de Oviedo para ele- de león, frutos y flores; simbolizando la abundande Fred Morgan. - Fig. I. Termomotor Iske. - Fig. 2. Ter· var una estatua en Covadonga á Pelayo, desde ahora cia, etc., etc., de la regencia de María Cristina. El primomotor Mitchell. -Aparato de salvamento y extinción de puedo adelantar la noticia, sin que esto sea ejercer de mer cuerpo es octagonal y almohadillado.
incendios. -A la salud de.la novia, cuadro de Joaquín Agra· profeta, que dará gran juego y que volverán á recruLos escudos y demás ornamentación de la parte
sol (Exposición internacional de Bellas Artes de 1892).
decerse las luchas y las polémicas que se suscitaron arquitectónica del monumento están ejecutados con
.__,...,............""..........,............................,.......................,......,......, .......,."'......,......., ......,.recientemente con motivo de los concursos abiertos gran primor. Los dos bajos relieves en bronce reprepara decorar el nuevo edificio de la Biblioteca de esta sentando el Convenio de Vergara y el acto de entreCRÓNICA DE ARTE
Corte.
gar la reina el Estatuto, por la altura á que están coConcurren á este certamen bastantes más esculto· locados es punto menos que imposible poderlos
Con la subida de la columna termométrica, que al- res que al primero; y entre los que asisten, cuéntase apreciar; sin embargo, se advierte en ellos acertada
canzó á la sombra en algunos días de la pasada se- á un académico de la de San Fernando. Además crée- distribución de los grupos, y esa facilidad de factura
mana á los 36 grados centígrados, coincidió la mar· se, con bastante fundamento para ello, que el premio que es privilegio exclusivo de Benlliure.
cha de bastantes pintores en busca de fresco, de pai· está concedido ya en Oviedo á un escultor hijo de
En general el monumento tiende demasiado á la
sajes menos áridos y abrasados que los que rodean aquella provincia; pero como la Academia de Bellas indeterminación, á causa de su traza circular. La visesta villa y corte, de otros modelos que no sean los Artes es la llamada á juzgar los bocetos y proyectos ta no reposa y el primer golpe de vista es bastante
eternos neutros de aquí, los cuales así remedan la al· que se presentan, pues está declarado como lugar y poco simpático; mirado con más detenimiento resuldeana como la más elegante y picaresca de las cocottes monumento nacional Covadonga, y aquella corpora- ta más agradable, y lo perfectamente construído y laque pasean sus gracias por el Retiro, bien un canfaor ción, según tengo entendido, está bastante quejosa brado de los detalles concluye por hacer simpática
de cara angulosa y mortecinas mejillas ó un caballero de la provincial que abrió el concurso por no h'aber esta obra. Pero lo deplorable es sin duda alguna la alde coleto y chambergo.
estimado convenientemente ésta que la Academia re- tura del monumento. O sobra pedestal ó falta estatua.
En Madrid, pues, quedan los artistas á los que la dactase las bases del certamen, es probable que el Desde el natural punto de vista, la efigie de la reina
índole de sus trabajos no les permite abandonar sus dictamen del cuerpo consultivo esté muy lejos de sa- no puede apreciarse, ·y resulta mezquina á pesar de
estudios. Domínguez, por ejemplo, empeñado en gran- tisfacer los deseos de aquellos (si es cierta la especie) sus tres metros de talla.
des obras decorativas, no abandonará esta villa sino que pretenden favorecer á determinado escultor.
para irá San Esteban de Pravia (Asturias) á colocar
Pero una nueva complicación viene á enredar más
en el palacio que en el lugar del Pito edificaron los el asunto y á enardecer los ánimos. Si es cierto que
Sres. de Selgas un techo que debía haber pintado el un académico toma también parte en el concurso, sus
Balart se ha ocupado hace pocos días del cuadro
malogrado Plasencia. Por cierto que de esta obra, colegas tienen que proceder con arreglo á la real or- de Villegas La muerte del torero, á propósito de la
como aconteció con las del ilustre muerto, tendrán den dictada por el Sr. Linares Rivas, y por lo tanto exposición que de este lienzo y del de La Dogaresa
los lectores de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA conoci- inhibirse de conocer en dicho concurso, ó caso de hizo en Roma el célebre artista español, antes de remiento muy pronto.
que saliese premiado el boceto del académico proce- mitirlos á Munich, donde actualmente figuran ó deY como á Domínguez, le sucede que no podrá sa- der á nuevo examen.
ben figurar en la Exposición de Bellas Artes que en
lir de Madrid á Arroyo, el catedrático de Historia y
Es verdad que el nombre del autor del modelo este mes se celebra en la ciudad artística por excelenTeoría del Arte de la Escuela superior de Pintura, que resulte agraciado no se puede saber oficialmente cia de Alemania.
Escultura y Grabado, quien está pintando un gran hasta que se abra el sobre; pero lo que me ocurre á
Lenguas se han hecho los periódicos italianos de
lienzo en el que representa al profeta Ezequiel predi- mí, les ocurre á todos aquellos que de arte se preocu- estos cuadros, que dan como obras prodigiosas. El
ciendo la resurrección de la carne; asunto verdadera· pan y que por lo tanto viven en este pequeño mundo: entusiasmo allí en Roma despertado con la exhibimente cuajado de escollos y que entra de lleno en el que sabemos de quiénes son todos y cada uno de los ción de las últimas producciones de Villegas fué tan
campo del más exaitado misticismo cristiano de los modelos que se han visto ya en Oviedo y que se ve· grande, que más de un diario de la Ciudad Eterna
siglos medios, creadores de la celebérrima pintura rán aquí cuando pasen las vacaciones. Además, no es instó al gobierno para. que adquiriese El triunfo de
mural La danza de la muerte.
difícil ni mucho menos sacar por el hilo el ovillo de lci Dogaresa, á pesar de que el precio que el artista
Otro de los pintores que tampoco saldrá, como ve- la paternidad de las obras; es decir con esto, que puso á su obra representa una fortuna.
nía haciéndolo durante los veranes á pintar en Astu- aquí conocemos perfectamente la manera y el estilo
Mi querido y respetable amigo D. Federico Balart,
rias tipos, paisajes y costumbres de allí, es Cecilio de los artistas, especialmente de los que manejan el en un artículo que publicó en El Imparcial corresPlá. Trabajos de índole decorativa y varios otros en- palillo y el barro, y claro está que el incógnito des· pondiente al lunes 10 del mes que corre, se lamenta de
cargos urgentes le retienen en la corte este año; pero, aparece para los académicos lo mismito que para los que La muerte del torero, cuadro eminentemente esen cambio, Moreno Carbonero está en un hotel de que no lo son; y esto sabido, ocurre preguntar: ¿qué pañol por el asunto y por la paleta, pueda ser adquiMálaga pintando costumbres del país andaluz; Soro- determinación tomará la ilustre corporación de la rido por una nación extranjera. Al mismo tiempo se
Ha salió para Valencia, donde piensa residir hasta los calle de Alcalá?
hace eco mi respetable amigo del rumor circulado
primeros días de noviembre; Martínez Cubells visita·
por Madrid respecto á la posibilidad de poderse adrá la ciudad de los Paleólogos, la vieja Bizancio; Cuquirir para nuestro Museo del Prado el lienzo en
tanda está en Avila, donde se dedica á trabajar en dos
cuestión, por cuanto el artista se avendría fácilmente
cuadros que se titularán Cristo y las golondnºnas y
El día 25 del pasado mes de junio se inauguró la á hacer una rebaja considerable en el precio, por el
Locura ó santidad; Ferrant marcha á Galicia á pasar estatua erigida en esta corte y emplazapa en el cruce placer de que su obra no saliese de su patria.
los días estivales en una casa de recreo cercana á la de las calles de Felipe IV y de Moreto á Doña MaYo puedo afirmar, pero de una manera terminante,
Coruña, y varios otros artistas se distribuyen por las ría Cristina de Borbón.
que Villegas aceptaría las proposiciones que el goprovincias del Mediodía y del Norte de España.
En otro lugar he dicho que Mariano ~enlliure me- bierno español le hiciese para la compra de La
recía la más entusiasta enhorabuena por la estatua de muerte del torero; claro está, que siempre que estas
la Historia, que aparece sentada en un pedestal sa- condiciones fuesen razonables, como por ejemplo,
liente del primer cuerpo del monumento.
rebajar el cincuenta por ciento del precio en que lo
Bastantes escultores hállanse al presente atravesanEs esta figura una de las más primorosamente mode- daría á otra nación ó á un particular cualquiera.
do uno de los períodos peores que hay en la vida ar- ladas que ha producido Benlliure. Movida con majesPero ¡buenos están los tiempos para comprar cosas
tística, el de la incertidumbre.
tad soberana, elegante y severa la actitud, colocados imétilesl Cuando para escatimar unos cuantos miles
Mis lectores saben ya que hace algún tiempo se con arte exquisito los paños, la estatua de la Historia de pesetas, se trata de la acumulación de enseñanzas
convocó á dos concursos, uno para elevar en Manila será siempre tenida como una de las producciones que, como la de Historia y Teoría del Arte, que por
un monumtmto á Legazpi y al P. Urdaneta, otro para que honran el genio del escultor valenciano. ¡Quién iniciativa del actual ministro de Fomento deben eserigir una estatua á Pelayo en Covadonga. A ambos pudiera decir otro tanto de la efigie de la cuarta es- tablecerse en los Institutos, necesitan un personal
concursos acudieron gran número de artistas, algunos posa de Fernando VII!
que sepa hacer demostraciones gráficas, medio el
premiados con medallas de oro en Exposiciones naYo no sé en qué pensaría mi querido amigo Ma- más indicado para obtener verdaderos resultados,
cionales y que alcanzaron la adjudicación de impor- riano cuando modeló esta figura. Le dió á los brazos ¿cómo vamos á pedir la gollería de que venga á nuestantes obras escultóricas en concursos recientemente el mismo movimiento, y le colocó las manos á la tro museo nacional una joya de la pintura contempocelebrados.
misma altura y en la misma posición; la izquierda co· ránea?
Dada la distancia que hay entre Madrid y la capi- giendo la cola del largo vestido de corte, la derecha
R. BALSA DE LA VEr.A
tal de las islas Filipinas, es casi seguro que no se sa- empuñando un rollo de papeles. En esta forma los
14 de julio de 1893

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Vista general del Palacio cte Transportes

La nave central es la más anchurosa y su altura
proporcionada á los objetos expuestos, que requieren
considerable espacio vertical, y á uno y otro lado, de
IV
ella hay dos galerías, por donde pueden c~rrer veh1cu·
El palacio de Transportes está situado en el extre- los y cuantos medios de tran~porte por tierra y agua
mo Sudoeste de J ackson Park, entre los de Agricul- ha sido posible colocar y clas1fic~r allí. Cada galería,
tura y de Minas, y dado el objeto para que está des· lo propio que la nave, están cubiertas con dobles te·
tinado, muy próximo á las
vías férreas.
Como es de suponer, la
mayor parte de este edificio
se ha construído de un modo
adecuado á exhibir en él
cuanto constituye la historia
de la locomoción humana,
desde el cochecito de niños
hasta las grandes locomotoras y los inmensos y elegantísimos vagones Pulman, que
son una especialidad notable
de los ferrocarriles de los Estados U nidos. A este fin contiene espaciosas naves, por
las que corren rieles que se
/
cruzan en ángulos rectos y
Vista general del Palacio &lt;le Horticultura
constituyen una serie de vías
férreas, entre las cuales que- ,
.
da espacio suficiente para la mas desahogada circu- chumbres de clarabóyas, siendo la techumbre de la
segunda bastante más alta que las de las primeras,
lación.
.
di
El área de que disponían los_ ~rqm~e~t~s A er Y de suerte que en los lados se han podido abrir _granSullivan o.e Chicago, les ha perm1ndo d1v1dir su cons- des vidrieras semicirculares que iluminan suficientetrucciód en· varias secciones á lo largo Y ~ lo ancho mente el interior del edificio.
La fachaha de éste es sencilla y de amplias propory darla un desarrollo de 960 por 256 p1:s, ó s_ea
ciones,
corriendo á todo fo largo qe ella espaciosos
293 metros por 78, aparte de otros pequenos edifiventanajes
análogos á los del techo de la nave central.
cios accesorios.
LOS EDIFICIOS
DE LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAG0

Estos ventanajes, las entradas, la ?rnamentación Y el
perfil general del edificio le comumcan un aspect? de
templo americano moderno, que adolece de cierta
monotonía.
Lo más notable en cuanto á construcción y traza
es la entrada principal, á la que los arquitectos han
dado el nombre de «Puerta de Oro.» I nspirándose en
los pórticos de algunos monumentos de la India, como
el de la gran mezquita de Delhin, ó del Tadhj-Mahal de
Agra, han construído una entrada principal, que consiste
en un pabellón rectangular de
grandes proporciones, en cuyo centro se abre un elevado
arco de medio punto de considerable diámetro, arco cuya
abertura va disminuyendo interiormente merced á una serie de otros arcos de menor
diámetro hasta quedar reducida la puerta á dimensiones
~
'
'
regulares, pero que parecen
pequeñas en comparación del
gran desarrollo de la arcada
principal.
Todo este pabellón está cubierto de bajos relieves
y arabescos de estilo más ó menos puro, representando los primeros los diferentes medios de locomoción usados desde la antigüedad hasta nuestros días.
.A uno y otro lado de esta entrada campean sobre ligeras terrazas dos elegantes y pequeños pabellones ó
kioscos que son reproducción exacta de algunos dejados por los emperadores mogoles en la India.

~~-=--= -

l'uerta de Oro en el Palacio &lt;le Transpc,rtes

. -',

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

•

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NÚMERO

604

LA

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

477

En la misma fachada y á ambos lados hny dos
jo de la mujer, y llamado, por
puertas de menores :dimensiones, con arquitrabes
abreviar, simplemente «Palacio
historiados y flanqueadas de pedestales que soporó Pabellón de las Mujeres»,
tan grupos de estatuas apropiadas al edificio, de las
consiste en que es producto de
cuales podrá formarse una idea por la del guardaun certamen abierto entre las
aguja que reprodujimos en nuestro número anterior.
de los Estados U nidos. Toda
El palacio de Transportes, en su conjunto, no es de
composición arquitectónica, lo
los que más llaman la atención desde el punto de
propio que cualquiera obra de
vista artístico; pero está perfectamente apropiado
arte, personifica más 6 menos
para su destino especial.
las cualidades d• quien la traLos arquitectos Jenney y Mundie, de Chicago, á
za ó ejecuta, y por ello en esta
quienes se confió la construcción del palacio de Horconstrucción se revela el caticultura, han podido disponer para ello de un herrácter femenil de quien ha
moso emplazamiento con un frente de r.ooo pies que
ideado su plan. La vencedora
mira á la laguna, y formar jardines ornamentales y
en este concurso ha sido la separterres entre esa larga fachada y la orilla del agua.
ñorita Sofía G. Hayden, discíLa traza de este edificio consiste principalmente en
pula de la escuela de Arquitecuna serie de galerías de 50 á 70 pies de anchura, cutura del Instituto tecnológico
biertas de cristales y acondicionadas de modo que
de Massachusets, establecida
contienen elegantes jardines, los cuales reciben la neen Bastan.
cesaria luz solar, á cuyo fin sólo se les ha dado zz
Aunque el edificio se diftpies de altura. Como esta altura es solamente la terrencia bastante de sus colosacera parte de la de los edificios adyacentes y era meles vecinos, y en muchos detanester que el conjunto de este palacio no dejara de
lles se echa de ver el sexo del
estar en relación con ellos, los arquitectos lo han conarquitecto, no por eso deja de
seguido agregando á los extremos N orle y Sur dos
ocupar un lugar digno y meripabellooes de elegante estilo florentino, de 50 pies
torio en Jackson Park, pues
de altura, y divididos en dos pisos, en los cuales no
además de estar perfectamente
solamente se han colocado colecciones y modelos de
acjecuado á su objeto, se adbotánica y horticultura, sino también espaciosos resvierte en él delicadeza y elegantaurants con vista á los jardines.
cia en el trazado, ingeniosos
Un tercer pabellón situado en el centro de la fa.
detalles y cierto sentimiento
chada, que sirve de entrada principal al edificio, está
que podría calificarse de graen conexión con una cúpula central de 180 pies de
ciosa timidez, pero combinada
diámetro y cuya techumbre es de cristales. Estepacon posesión notoria y eviden •
bellón, como se ve en el grabado, está dividido en
te de los conocimientos técnitres partes; la de en medio tiene un elegante pórtico,
cos que distinguen á la autora.
y las de los lados rematan en cúpulas más bajas que
Esta ha debido tener en
la central, armonizando con ella. El pórtico es un
cuenta al combinar su plano
elevado arco triunfal, con un vestíbulo profusamente
que le era forzoso distribuirlo
decorado con esculturas y bajos relieves, entre ellos
de modo que estuviese conveel que representa «El sueño de las flores, )) composinientemente distribufda una
ción graciosa y bien entendida, cuya reproducción
exposición general de las obras
damos en este mismo número. Los dos pequeños
de la mujer bajo sus diferentes
pabellones cuadrados que, según acabamos de decir,
aspectos, industrial, artístico,
flanquean este arco, están asimismo adornados con
educativo y social. Obedecienbajos relieves de estilo veneciano. En esta parte del
do á es~1 necesidad, ha incluíedificio, lo propio que en toda la fachada, predomina
Grupo escult6rico del Palado de f-fqrtlcuhurá ~Ué representa el sueño de las flores
do en él departamentos para
el orden jónico, pero en mucha mayor escala, y el
exhibir cuanto se relaciona con
cornisamento del pórtico lleva un friso bastante más
todas sus condiciones perfectamente á su objeto, y las obras caritativas, en las que tan principal parte
ancho que el de los pabellones angulares y enriqueciaunque su traza se diferencia bastante de la arquitec- toma el bello sexo, un modelo de hospital y de jardín
do con bellas labores escultóricas, copia de las aplitura, más severa, por decirlo así, de los edificios que de recreo para niños, una exposición retrospectiva,
cadas por los maestros italianos en los monumentos
lo
rodean, no carece de la gracia y dignidad que de- salas de varias dimensiones para congresos mujeriles,
de la época de los Césares.
ben acompañar á toda obra de arte de esta natu- otras para conferencias, bibliotecas y oficinas. Todos
El resto de la fachada, asimismo decorado, aun- raleza.
estos departamentos estan contenidos en un área
que la ornamentación responde _más bien al gusto
En este palacio debe haber siempre exposiciones de 400 pies de largo por zoo de ancho, contigua por
el Norte al palacio de Horticultura y en el eje de
Midway Pleasance.
La laguna que da frente á este palacio forma una
bahía de más de 400 pies de ancho, en el centro de
la cual hay un desembarcadero, cuya escalinata ;va á
parar á una terraza que conduce á la puerta principal
del edificio.
Este, según acabamos de decir, contiene una serie
de departamentos, todos los cuales convergen á un
gran liall 6 salón central, cubierto de cristales y por
tanto profusamente iluminado. Los departamentos
1

Palacio de las Artes de la Mujer

del Renacimiento veneciano, -está dividido en grandes ventanajes semicirculares que ocupan casi toda
la altura de aquélla, separados por pilastras de orden jónico. La ornamentación del friso consiste en
amorcillos, guirnaldas de flores y festones, que atestiguan abundantemente el ameno carácter de los objetos y producciones de la naturaleza á cuya exhibición
está destinado el edificio. En dicha ornamentación
los arquitectos se han inspirado discretamente en el
ejemplo dejado por el Sansovino en la Biblioteca de
San Marcos de Venecia, ejemplo que debe haber
ejercido gran influencia en la disposición que han
adoptado para el coronamiento, característico de este
elegante edificio, con balaustradas y bellos remates,
en vanos de los cuales se destacan elevadas astas en
las que ondean gallardetes y oriflamas de vivos colo·
res, los cuales contribuyen á aumentar el aspecto alegre de la construcción que nos ocupa.
En suma, el palacio de Horticultura responde por

florales al aire libre, y en su
interior hay varios estanques reservados para las
nínfeas y &lt;lemas especies
acuáticas, así como gran•
des espacios destinados lo
mismo para las plantas comunes que para las excentricidades de la flora ·cultivada.
La parte escultórica y
ornamental de este edificio
ha sido confiada al escultor
Loredo Taft, de Chicago.
Lo que desde luego llama
la atención y excita el interés al contemplar un nuevo edificio de esta Exposición, el destinado al traba-

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SAN CRISTÓBAL, cuadro de Pedro Stackiewicz

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Cúpula central y p6rtico del Palacio de Horticultura

están divididos en dos pisos, rodeado el superior de
alerías ue dan al salón central, como l?s ~rc~s que
g le ha~er alrededor de los antiguos pat10s italianos.
~:nto las habitaciones del primer piso como las del
segundo reciben luz del salón central y de las grandes
veT1tanas que dan á la fachada.
.
La arte exterior del palacio de las Mu¡eres recuerdi el estilo de las anti~uas villas ó suntuosas
quintas del Renacimiento italiano. Entre un pabellón
central y dos angulares corre_ en la planta ba¡a una
espaciosa galería porticada, nuentra~ el _piso supenor1
al o reentrante y dejando por cons!gmente una azote~ formada por la techumbre de dicha galería, crsiste en un lienzo de pared con grandes ventanas. a

entrada central se compone de tres arcos semejantes
á los de la galería, y sobre ellos hay una c_olumnata
de orden corintio coronada por un _fronttsp1c10 adornado de bajos relieves y en conexión con la azotea
á qué nos hemos referido.
El mismo estilo se ha adoptado en los pabellones
angulares y en las entradas latera}es, los cual~s en
lugar de columnas tienen anchas pilastras y estan coronados por una balaustrada, en algunos de cuyos
pedestales campean altas estatuas.
.
. ·El carácter general de este pabellón es, ~or decirlo
así más bien lírico que épico; pudiendo a pesar de
est~ asegurarse que el palacio de la! Mujeres o~upa
dignamente su puesto en la Exposición con cierta

gracia modesta en armonía con su uso y con la índole de su autora.
.
.
Después de una competencia, en extremo enca_rmzada, entre los escultores del bello _sexo de la Umón,
se otorgó la ejecución del frortt1Sp1c10 de la entrada
principal y la de las estatu~s y _esculturas que _adornan
el resto del edificio y los ¡ardmes á la se~onta Ahce
Rideont, de San Francisco de Cahforma. Huelga
asegurar que estas esculturas son otros tantos emblemas del gran trabajo de la mujer en el mundo, y que
la crítica no puede menos de reconocer en ellas todas
las nobles y poéticas cualidades de arte de que siempre ha dado pruebas.
M.A.

�478

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

RECUERDOS DEL CENTENARIO ROJO

~:,n;~

Nú.MERO 604

~i:'!~f;;!~~:~~;~~:i~r~~~:

~~:~!;j~-~sd~}af
LUIS XVII
to~ no menos !magmarios y absurdos. El roe .miento era sencillo: se escribía la delación p 1 ~_d1
Vl.-EMPAREDADO
beodo, se le cogía la mano y se le 11 b' y a nmo,
firmase. El carácter de letra de la fir:v: d:_para que
La parte más ardua y delicada d 1
do por la..república á Simón estab: c~n~a;yJ/fan~a- lata sobradame_nte esta violencia.
Entre los historiógrafos de Luis XVII
ma del ~JJO había arrastrado á la guilloti~a , ·,
r~!%unos
aseveran que, obligado por la fuer~
dJf' cub1er~ de ignominia y saturada de hiel ªFa~:;s o concluir la obra, suprimiendo la frá ·1 . .
.ª a rmar papeles cuyo contenido no entencuya prolongación alentaba el heroísmog~ e~1st~nc1a día, pero cuyo sentido y objeto presentía
confusa y dolorosamente el niño no te .
rrectos vendeanos. N o era empresa q e os ·msu·
d tr fi
'
·
mengran derroche de habilidad. sólo e . í ~e requmese o º. a ~rma para protestar, se· encerró en
~edla víscera que !la mamo; corazó~\ªdi~~~ ~n p~:~ un s1le~c10 absoluto. Ni amenazas ni ali.ª sue1e encontrar albergue
un · d
. zas pudieron sacarle de aquel mutismo, ~ltis1mo guijarro Simó
ía' a l;lle ra, un durís1- mo baluarte de la desesperación Es
r
• , en eiecrocidad
:
n p~rec revestido de cuanta fe- to, .1a ~~la bra manifestación suprema
de
la
.
re~mere el ofic10 dt: matar lentamente á
c:1atura; sm embargo, su condición de ser er una soc1ab1hd~d; nos pone en contacto con nuestros semeJantes y hasta con los irracionales·
~;ntei ~a ~rcie humana constituía un obstá~ul~er:~ a) perro, al caballo, al pájaro favorito le de:
nsa º: a tropezó la consigna de los jacobinos
ca~os palabras cariñosas, y nos oyen nos
dl~n~I~:~ryl~g~is~~~sóendhabía_ llegado~ aburri~se entienden
á su manera.
y
· ry ¡·nos corresponden
._
.
e su mconceb1ble p ¡ p ero e¡ m1e
iz
mno
podía
creer
que
se
haQue en un momento de frenesí ó de bo
h ape .
dan e
t
rrac era pue- bía _aca~ado ya el género humano hasta
I
la ant~;~f~~sí~ ~~::r~;:r~~ifuidades y _llegar hasta los mac1onales que aman al hombri
ue
mieron el cor;zón de l
. os que gmsaron y co- s?lo quedaban en el mundo las hiena~.~\s
. .
a princesa de La b JI
significa que un día tras otro ,
m a e, no hienas no se les habla.
prolongar el martirio de
y~ sdangre fría sea factible
Aquel!a actitu~ pasiva, aquella sumisión
la h
.
. un ser m efenso. En honra de aquel ~1ño petrificado, encogido, inmóvil
de l~~:~;f;fde; ~;et~º r~conocerque las heces añejas en un rmcón de su cárcel, no daban tela al
des~alleció ante la afr~:a :rf:.º~;i;1~áuseas. Si~ón zapatero-verdugo. No había ni pretexto pamu3er del zapatero, ya desde el prime;u~í~a~::t;~ r~ las acostu~bradas mofas, para los cotidianos puntapiés. Lo único que sacó de su

~~~ae~ ~u tosca y _pólebeya alma había algo que se pa.
a compas1 n. No se sabe que ha a
d .
dicho
palabras
brutales
a'
p
.
.
.
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el zapatero contestó vendiéndose· «Yo s~~:qnamehnte,
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g . tro en m1 lugar se daría más
no~~;a /ntretenr su fastidio creciente, Simón de
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ay~iut~:~~:cqi~~
s;~f:~

479

LA I LUSTRACIÓN A1nisTICA

VII. -TERMIDOR
el espinazo está derecho, la sangre rebosa hierro, el
músculo adquiere solidez de mármol, los ojos brillan,
Espanta ciertamente pensar en los sufrimientos fílas mejillas atezadas adquieren arrebol de manzana sicos del niño emparedado, pero estremecen más
sanjuanera, la boca ríe, y el incesante juego delata la aún los morales. Porque en criatura tan delicada,
necesidad de expansión y el equilibrio de la s~lud. sensible y afectuosa, con edad suficiente para perciPues bien: antes que la medicina racional investigase bir todos los horrores del abandono y la miseria, y
el modo de fortalecer á los niños débiles, la revolu· sin la edad que se requeriría para luchar con la sición había averiguado el
otro término del problema, tuación y dominarla en lo posible, el estado del ánió sea el modo de acabar mo debió de ser infinitamente más lastimoso que el
sin ruido ni violencia con del cuerpo.
El adulto abrumado por la desdicha á veces la
un niño de naturaleza priconsidera
expiatoria; la explica por antecedentes. Pevilegiada - tan privilegiada
ro
¡qué
misterio
tan inconcebible para la débil razón
que había resistido al método pedagógico de Simón. de un niño el de aquel martirio siempre creciente y
- Lo que no habían hecho cada día más intolerable! Sin duda que cuando Luis
los golpes, los denuestos, XVII palpitaba en las garras del zapatero Simón, de·
el alcohol, la depresión bió de creerse el más infeliz de los humanos. ¡Quién
moral y la tortura flsica, lo le diría que en la fétida tumba donde le encerraron
podían hacer el lento enve- echaría de menos -y así tuvo que suceder - los punnenamiento del aire respi- tapiés del zapatero jacobino!
Hay en nuestra historia un episodio que recuerdo
rable, la privación de luz,
la roezón de la melancolía involuntariamente, mientras escribo la tristísima vida
y del tedio, los fantasmas del hijo de Luis XVI. Es el suplicio del santo niño
de la soledad, y la escró- de la Guardia, aquella tierna criaturita á quien los
fula segura, infalible, la judíos hicieron padecer las torturas y ultrajes de la
escrófula que disuelve las Pasión de Jesús, y que la Iglesia cuenta entre sus glocarnes y convierte en pus riosos mártires. El crucificado de la Edad media, en
los sudores y bascas de su agonía, seguramente fué
el licor de las venas.
Están conformes ID' pe- más dichoso que el emparedado del siglo xvm. Su
dagogos modernos en que pasión fué más corta: su espíritu no llegó á desfalleel castigo llamado del cz,ar- cer, pues veía abrirse los cielos y ofa los cánticos de
to obscuro es peligrosfsimo los ángeles. Pero en la interminable subida al calvacuando se aplica á niños rio de Luis XVII, ni el entusiasmo embriagador de
nerviosos, sen si bles, que la fe pudo ofrecerá sus desecados labios el brebaje
padecen de miedos y es- de adormidera que embota el dolor.
¿Qué pensaría la desdichada criatura en la profunpantos. Cuatro horas de
didad
de su nicho? ¿Qué diálogo entabló con el Dios
,uarlo obscuro pueden deen
quien
le habían enseñado á creer desde la cuna,
positar en el tierno cerebro
los gérmenes de la demen- del cual nadie le hablaba en los años del suplicio, y
cia. La revolución senten- cuya eternidad única afirmó un dfa enérgicamente
ció á Luis Carlos de Bar- bajo el látigo de Simón? ¿Cómo rezó, cómo se resigbón á cuarto obscuro per• nó aquel inocente? ¿Por qué fenómeno de reflexión
petuo; entregó á aquella prematura, como fruto madurado á deshora por el
criatura al terror indefini- infortunio, germinó en él el acerado estoicismo que
ble, emparedándolo vivo y le veremos demostrar, y á la vez el ansia infinita de
dejándole á solas con las la muerte libertadora?
Hubo días en que hasta el mezquino sustento, el
tinieblas, el silencio y la fetidez de su lúgubre prisión.
Mientras el rey niño se pudría sobre la paja de su ca-:- .--.
mastro, en la plaza pública
Facs!mile de un grabado de la época de la Revoluci6n que representa á un ciudadano fran\., '. ·..
'funcionaba á más y mejor
cés buscando la libertad, la igualdad y la fratemidad que se burlan de él; y mientras se
la
guillotina,
con
tal
activiesfuerza en vano por lograr su intento, esta expuesto á encontrarse en brazos de la muerte.
dad que fué necesario presentar una moción para
digo calabozo, debiera decir tumba, porque Luis XVII que se evitase que los perros vagabundos acudiesen
no fué encerrado, sino emparedado allí. En efecto, la todos los días á abrevarse de la sangre que formaba
puerta quedó, no cerrada, sino condenada por medio un lago al pie del patíbulo. Sin embargo, al lado del
de fortísimos clavos y sólidas barras de hierro: á la al- martirio del niño, la guillotina apenas infunde hotura de una cancilla fué serrada la madera y sustituí- rror. Muerte al fin rápida, no cabe equipararla á la
da por reja espesa y doble. Una especie de torno, agonía pausada, sorda, continua, del inocente.
En la perpetua penumbra en que vegetaba Luis
segurfsimo también, servía para presentar al cautivo
el alimento. Por allí devolvía él los platos vacíos y la XVII, casi no podía saber cuándo era de noche. Saropa sucia. La única y dudosa claridad que penetra- bíalo porque una voz dura y bronca le gritaba, á cierba en la tumba de Luis XVII era la de ahumado ta hora, que se acostase. No se le prescribía ocupareverbero colgado frente á la reja por la parte exte- ción alguna: se lt: había privado de libros, de jurior. Un tubo de calorífero, pasando por entre la reja, guetes, de utensilios; tenía una escoba para barrertenía por oficio calentar el encierro. Lo malo es que se el cuarto, pero sus brazos enflaquecidos ya carelos encargados de encender el calorífero, unos días cían de fuerzas para manejarla: las inmundicias se
no lo encendían porque se les olvidaba, y otros lo amontonaban, el ambiente era de pútrida sentina, y el
cargaban hasta tal extremo, que el niño estuvo á prisionero respiraba letales miasmas que emponzoñaban su pulmón. Los restos de la miserable comida, los
punto de perecer asfixiado.
Así quedó establecida la situación de Luis XVII. mendrugos de pan abandonados, atraían á las ratas,
Soledad, obscuridad é incomunicación absoluta; ni que ya pululaban en el calabozo y que de noche comuna voz, ni un rostro de hombre: manos desconoci- partían el lecho del pobre emparedado, mordiéndole
das que depositan en el reborde del torno una escu- cruelmente cuando no tenía fuerza para rechazarlas.
dilla: sombras que pasan y ni se distinguen de la pe- Arañas asquerosas, descolgándose de la pared, caían
numbra de la mazmorra. - Por singular coinciden- sobre el escuálido rostro: el frío de sus patas sutiles
cia ó por refinado ingenio de los atormentadores, le hada estremecerse al principio; después ya ni inLuis XVII estrenó su sarcófago el aniversario de la tentaba sacudirse el repugnante insecto. El cuerpecillo y la cabellera del preso eran nido de sucios padegollación de Luis XVI: el 21 de enero de 1794.
Una de las positivas adquisiciones científicas de rásitos: la miseria se comía al nieto de San Luis. El
nuestra edad es la higiene de la niñez. El cultivo de niño ya ni lloraba; las lágrimas se habían agotado en
la tierna planta humana ha hecho progresos admira- los ojos casi ciegos por la adaptación á la obscuridad Facs!mile de un grabado de la época que representa á Rohesbles, y hoy sabemos que el niño, para criarse fuerte, y por tanto como lloraran en otros días. No podía
pierre ejecutando FOr su propia mano al verdugo, después
alegre, robusto y lleno de inteligencia, necesita ejer- andar: lleno de llagas cani:erosas y tumores fríos, se
de haber hecho guillotinar á todos los franceses.
arrastraba
á
la
reja
cuando
las
voces
injuriosas
de
los
cicio, oxígeno, gimnasia, luz, el estimulante poderoso
del calor solar, el tónico vigoroso de las auras salo- inspectores le llamaban para cerciorarse de que ((no pan y agua del calabozo, faltó á Luis XVII. ¿Descuibres en que el mar parece ofrecer á nuestros pulmo- se había evadido el lobezno.» Y sin embargo, aún no do ó refinamiento de barbarie? No se sabe; lo cierto
nes su vitalidad generadora y su bullente energía. venía la muerte ...
Sabia providencia fué la de demoler el Temple; es que cuando no le echaban su pitanza, el niño no
Hoy se coge a un niño empobrecido, raquítico, exporque
manchaba a Francia yeclipsaba cuanto pudo la pedía: ni un gemido salía del hediondo zaquizamí.
hausto, de piernas como hilos y pesada cabezota, de
tener
de
beneficioso el regimen nuevo aquel calabozo, La queja y el llanto de las criaturas son una muestra
tejidos blanduchos y huesos inconsistentes, y se le
aquel
cubil,
a(luel in pace de la Inquisición revolu- de espontaneidad y vida: para que el niño calle telleva al sanatorio, enclavado en la playa, oreado por
niendo hambre y miedo, pensad qué espantosa de ·
áspera brisa que huele á yodo, y á los pocos meses cionaria, donde se consumió Luis XVII.

va á luchar contra la soledad.» Había en el Temple un
cuarto obscuro, donde se alojaran anteriormente Clery
y la mujer de Simón. Semiprivado de ventanas que dejasen pasar el aire puro y la luz del cielo, pues solo tenía unos ventanucos que se cerraron y obstruyeron ad
lwc, el que iba á ser calabozo del niño recibía por un
caño las pestíferas emanaciones de los retretes. Cuando

Tipo de un jacobino (1)
(Copia de un dibujo de la época)

El delfín en su encierro en el Temple

N úMERO 604

de los canarios - cuyo gorjeo alarmó á la
república.
. La conspiración de los canarios produJ0 el efecto de reanimar los dormidos
furores de Simón contra su esclavito.
De aquel último período de autoridad
del zapatero son los rasgos más crueles
e_ntre los que nos ha conservado la historia. El arrastrar al niño por los cabellos
sobre las baldosas; el lanzarle contra la
pared; el echarle á rodar de un puntillón, y luego ya en el suelo molerle á
coces; el despertarle de noche á las altas horas, en invierno, soltá~dole un
cubo de agu~ fría sobre el pecho y la
cara; el sacudirle zapatazos con grosero
zapato claveteado; el estirarle las orejas
hasta arrancárselas, fueron arbitrios de
aqu_el hombre cansado ya de su misión,
sed1ent_o de ~olver á la calle, al club y á
1~ voc1ferac1ones de la asonada, é impaciente por despachar.
Y no pudo. La vida es terca: nadie
calcula la suma de dolores y martirios
qu~ _es capaz de resistir un niño de exqmsita org~nización y cortísima edad.
~ revolución conoció que era preciso
mve~tar otros medios: Simón se declaró
. ..
vencido, y el 5 de enero de l 794 hizo
d1m1S1ón ?e su car~o, optando por el de «consejero
gener~l,» mcompat1ble con el puesto bien retribuído
qte d1sfruta_ba en el Temple. Dice al llegar aquí un
~t~nte b1ógr~o del re~ niño: ~&lt;La miseria incalcua e e la opres1ó~ que Simón e3ercfa, no es más ue
el p_rólogo del suphc10 de Luis XVII. Falta lo ~ás
terrible: hasta ahora el niño luchó con el hombre; pero

atonía áJ la• criatura
prisionera
fué e1 mc1
. 'd
los
•
.
ente que
., r;,v~ uc10nan?s triunfantes llamaron la conspiraczon e os c~na7:ws. He aquí en qué consistió la fa
;osa fonsp1rac1ó?. Existía en el guardamuebles dei
1emp ~ un canana mecánico, que volaba sacudía las
a as Y asta cantaba una canción realista'. Dos ó tres
emplea~~s del Temple, compadecidos del abatimien~o delHnmo, recabaron de Simón que le diese el páJaro. ubo que componerlo
a
· .
sionero lo ec·b·ó
'.Y Y compuesto, el pnr i J con entusiasmo; pero al conven- abf::to En la ~arte anterior de la gorra se ve bordado un o·o
dad cu y de~aJo la palabra Surveilla11ce, emblema de la so~~cerse d e que no era un pájaro de
d d
hacerle caso· no lo • ó . .
ver a , cesó de cos) d/~sa~~!~t~s Seo~lamtban {e/adores (vigilantes 6 síndi.
. mir s1qu1era. Entonces, Meunier
que en secreto se interesaba por el niño le t a·
' d:n! cqouneolcler comol~iem~~oed¿¡e:lu~ ~~el~: j:~~b~neis~1tq~~:
p
eva en a mano derech · ·¡¡
cuantos canarios de verdad entre ellos' r JO u~os tocar
á rebato á la p ·
ª s,gm ca que está pronto á
do
1
• .
'
uno ensenagar
á
la
patria
E 1nmera sospecha_ de peligro que pueda amaY ~ . ave ~e?t1l triunfó de la melancolía de Luis
están escritas las fuc~!t~~e¡es dqu~ \~en~ en la mano izquierda
arios. ,tan fac1l es el consuelo en la niñezl I
de 1792. En el cinturón 4 e JU 10 'fe i789 Y 10 de agosto
ra~l1s ál ~ve Y el niño, estaban todo el día ·ju;!~: mismo
un gran sable Po se ven dos pistolas, y pendiente del
y a ag n ose. Poco había de durar aquel consuelo cos de madera del ca·m r _calza[¡do élleva los caracter!sticos zue-

f

e'

pesmo ranc s.

''

�VÍCTIMA INOCENTE, cuadro de •D. Carr

EN EL BAÑO, cuadro de Fred Morgan

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
presión sufrirá su atribulado espíritu. Hay detalles
que dudo si debo recordar, porque acaso su exagerado horror los hace inverosímiles. En seis meses el
niño sólo se mudó dos veces la ropa interior; y como
ya las fuerzas le faltaban, acabó por no desnudarse
sus harapos, y por no poder andar el pasillo que conducía á la letrina del calabozo. Un marmitón de las
cocinas del Temple, que miró al través de la reja con
curiosidad de ver al prisionerito, apartó horrorizado
.la faz. «¡En ese cuarto no hay cosa que no rebulla!»
exclamó, viendo el confuso hormigueo, el corretear
de ratones, arañas y avechuchos. Lo único que no rebullía era el preso, tendido en la cama, rendido á la
modorra y al ensueño febril. Como ningún lamento
salía del fondo de aquella tumba, lo más doloroso
de esta tragedia sólo puede suponerse, no referirse.
Mientras la inteligencia del niño se extinguía y su
cuerpo se pudría lentamente, fuera del Temple poquísimas p&lt;:!rsonas conocían su verdadera situación y
el género de muerte á que se le conden~ba. Sabían
el hecho del cautiverio, no el modo. Hágase esta justicia á una nación entera: los Chaumette y los Hebert, los terroristas y los bebedores de sangre, que
ostentaban á la faz del mundo, con afectación y alarde teatral, la guillotina, ocultaron el atentado siniestro en la sombra y el sigilo que sirven de manto
al crimen, y los que no calaban el espesor de los viejos muros contemporáneos de Felipe el Hermoso,
pudieron ignorar aquella iniquidad suprema. Verdad que el Terror, en su período álgido de homicida
demencia, oprimía á París: que las proscripciones
arreciaban: que nadie se atrevía ni á respirar: que el
amigo temblaba á la denuncia del amigo, el padre á
la del hijo: que, para coronar la obra, los dueños de
la nación «decretaban la alegría,» y declaraban que
á los aristócratas se les conocía en la cara larga y tétrica.
•
No podía ya prolongarse estado tal de violencia y
susto. Vino Termidor, y Barras estableció situación
más tolerable sobre las cortadas cabezas de Robespierre, Couthon, Hanriot, Saint Just y demás fieras con rostro humano. En la misma hornada que
Robespierre, en la propia carreta, al lado del incorruptible, iba el zapatero Simón, el verdugo de Luis
Carlos. Cuando pasaba la carreta por la calle de San
Honorato, una señora joven, linda, de dulce expresión, lanzóse sobre Robespierre que ya casi no podía
oir (porque tenía rota la mandíbula y un ojo saltado
del pistoletazo con que quiso precaver el patíbulo), y
en tono sañudo le gritó: «¡Monstruo, desciende al infierno cargado con la maldición de todas las madres!»
¿Pensaría aquella dama en el rey niño?
Sea como quiera, Termidor iba á repercutir en los
muros del Temple -Tenía por entonces Barras un
amigo, criollo de la Martinica, llamado Laurent. Ardiente republicano, joven aún, culto y afable, Laurent
alimentaba vehementísima pasión por las flores y la
jardinería. Afición tan pacífica y dulce, que agrada
pensar que Luis XVII - otro aficionado á la floricultura - va á caer en manos de Laurent, nombrado por
Barras, el 11 de Termidor, custodio de los hi.fos del
Tirano.
No podía sospechar Laurent, al entrar en el Temple y dirigirse, en ejercicio de sus funciones, á la prisión de Luis XVII, que iba á hacerse cargo de un
espectro. Al mirar por la reja; al advertir el olor á cementerio que salía del cubil; al oir la voz extinta de
la criatura, que á la pregunta «¿Capeta, estás ahí?,»
contestaba un si imperceptible, el corazón del mozo
republicano tembló en el pecho. Muchos años después de tan lastimosa escena, confesaba Laurent que
al verá Luis XVII «había pensado en Dios.»
El custodio se &lt;lió prisa á reclamar, á enterar al
Comité de salud pública del estado del niño. Acudieron los comisarios y mandaron forzar la reja y abrir
la puerta. Hízose así, no sin ruda labor, y la tumba
del emparedado quedó franca, y pudo verse al Job
infantil, tendido en su lecho, ó por mejor decir, en el
asqueroso conjunto de harapos que de lecho le servía. Pudo verse su carita lívida, sus ojos extraviados,
su cabeza que parecía una gusanera, sus miembros
deformados por las escrófulas y sus llagas ulceradas
y cruentas. Ni el abrirse la reja, ni el caso extraordinario de entrar en su tumba seres humanos, sacó de
su marasmo al rey niño. Apenas se volvió, mirando
de reojo á los que se inclinaban sobre él transidos de
espanto. Al lado de su cama vieron los comisionados
intacta la pitanza del prisionero. «¿Por qué no comes?,» preguntaron compadecidos. Luis XVII callaba. Un comisionado viejo, en tono afectuoso, insistió:
«¿Por qué no has comido?» Y el niño, sin levantar
la cabeza, con glacial serenidad respondió: «Porque
quiero morir.)) Ya no pudieron sacarle otra palabra.
¡Tenía nueve años! Y por la senda de espinas había llegado á aquel propósito de hombre, de hombre

mártir, de hombre héroe: sin lágrimas, sin quejas, sin
protesta alguna, Luis XVII quería morir.
Diríase que palabras tan profundamente tristes no
pueden ser sobrepujadas en amargura. Sin embargo, pronunció después otras más hondas, más trágicas aún.
Es el caso que, desde la bienhechora visita de la
comisión, la suerte de 1~ criatura había cambiado. No
se le volvió á emparedar: á la reja sustituyó una puers
ta: cárcel, no sepulcro. Oreada, barrida y limpia, la
cárcel se hizo habitable. Al desenterrado se le &lt;lió el
refrigerio del baño, el puro goce de la fresca ropa
blanca, los cuidados del médico que le curaba las úlceras, el aseo del pelo cortado y bien peinado, el honor de un traje fino y decoroso. Y apenas el niño se
convenció de que ya estaba fuera del pudridero y
que Laurent le mostraba compasión, se desató su
lengua muda hasta entonces y preguntó con sincerísimo asombro: «¿Pero por qué me cuida usted á mí?»
¿No es cierto que esta frase es todavía más triste que
el «quiero morir» de la estoica víctima?
Bajo el poder benigno de Laurent fueron otorgadas al niño algunas alegrías que nunca pensó probar
más. Alegrías que cualquier gurriato descalzo disfruta
á toda hora, pero que á Luis XVII se le habían vedado, al sentenciarle á perecer enterrado vivo. Un
paseo por la plataforma de la torre; un poco de aire
libre y directo; la vista de un árbol; el canto de un pajarillo posado entre sus ramas ... ¡para el prisionero
qué fiesta! Otro día no fué un ave canora, sino un
regimiento estrepitoso, con sus tambores y cornetas,
sus pífanos y sus banderas desplegadas. La criatura
postrada y de agobiado espinazo, enderézase de repente; leve carmín tiñe sus pálidas mejillas... Un escalofrío de placer le recuerda quizás sus aficiones
militares, el brillante regimiento del Real De/fin ...
¿Dónde estarían los soldados de aquel regimiento?
¿Dónde los adictos suizos, los fieles guardias de corps,
los elegantes hidalgos de las antesalas de Versalles?
¡Si pudiese saber cuántas arrogantes cabezas habían
caído en el cesto fatal!
En las almenas de la torre, entre las grietas de los
sillares vetustos, brotaban amarillentos y ahilados unos
alhelíes silvestres, unas esparcidas matas de jaramago.
Las pupilas del niño fueron á posarse en las mezquinas
flores, con ansia que Laurent comprendió. Una seña
del custodio autorizó al prisionerito para cogerlas.
Fué arrancando una por una, y sus dedos flacos las
.agruparon como en forma de ramillete. Poco después
bajaba la escalera de la torre, y se paraba ante una
puertecilla del tercer piso. Allí, con inexplicable expresión en la mirada, soltó sobre el umbral sus flores y las contempló en silencio; después inclinando la
cabeza permaneció inmóvil. «¡Te equivocas, Carlos!,
observó Laurent: esa no es tu puerta.» «No me equivoco,» respondió el niño, que siguió bajando las escaleras. - La puerta donde Luis Carlos había soltado el haz de flores, correspondía á la prisión de su
madre ...
Es de notar que Luis XVII sabía la ejecución
de su padre, pero la de su madre la ignoraba. Nadie
- ¡extraña compasión, ó no menos sorprendente cautela! - le había dicho que María Antonieta é Isabel
de Francia no pertenecían ya al mundo de los vivos.
El huérfano podía suponer que aún le sería dado ver
el rostro de su madre. Siempre que, pensativo y silencioso, fijaba en Laurent las azules y lánguidas pupilas, su ojeada no expresaba otra cosa: era una interrogación, era un ruego, era un llamamiento á lo que
todo hombre debe tener de común con la humanidad: la santa piedad filial. Pero Laurent enmudecía,
y los labios del niño jamás se entreabrieron para dar
paso á las palabras de que estaba lleno su lacerado
corazón.
Con la fuerza de voluntad que presta el. martirio,
calló, y sólo aquel ramillete carcelario de pobres alhelíes reveló lo más íntimo de su pensamiento.

NúMEl{O

604-

que entre plantas silvestres ha trazado el habil!simo pincel de
Bellei, y en todas ellas se verá resplandecer una hermosura natural que no han bastardeado los afeites ni las exigencias de la
moda, y una plenitud ele vida no debilitada por las malsanas influencias de un medio ambiente en que difícilmente se conserva
la salud del cuerpo y en que con tanta facilidad se quebranta la
salud del alma. Es un cuadro, un bellísimo juguete, podríamos
decir, lleno de vigor y lozanía, en el que las plantas sirven ele
elegante marco á los bustos de cuatro muchachas no menos lindas y frescas que la vegetación que las rodea.

•••
San Cristóbal, cuadro de Pedro Satackiewicz.
- Conocido es el episodio de la vida ele San Cristóbal que en
su precioso lienzo reproduce el pintor ruso Stackiewicz, y fuerza
es confesar que el artista ha sabido expresarlo con un vigor
extraordinario. En las dos figuras del cuadro, aun prescindiendo de la técnica magistral con que están dibujadas, siéntese toda la grandeza de la escena¡ la de Jesús es delicada y graciosa
y, sin embargo, adivinase en ella al Ser sobrenatural, de origen
divino; la del Santo revela por modo admirable la sorpresa del
hombre vigoroso que siente sobre si un peso infinitamente superior al que el cuerpo del niño podía hacer suponer, y el esfuerzo que tiene que realizar para atravesar el río con su pre·
ciosa carga. Las agitadas aguas de tinte sombrío y el tenebroso
firmamento cruzado por fulgorosos relámpagos contribuyen poderosamente á hacer resaltar el interesante grupo sobre el cual
parece difundirse una luz misteriosa que contrasta con las negruras que lo circundan.

•

* •

Victima inocente, cuadro de D. Oarr. -Tiene la
sociedad grandes injusticias y una de ellas es la que de una manera tan sentida nos ofrece el notable pintor inglés Carr. Esa
pobre mujer que lleva en brazos á un tierno infante y conduce
de la mano á una niña de corta edad, es objeto de las injurias y
de los sarcasmos de sus convecinos que vengan en ella el crimen cometido por su esposo en un momento de obcecación,
quizás impulsado por el hambre. El mundo es implacable y las
pequeñas poblaciones suelen ser, en casos como el de este cuadro, refinadamente crueles: pocos ven en la infeliz esposa á la
madre afligida que, privada de todo recurso, tiene no obstante
que atenderá la subsistencia de sus hijos; casi todas miran en
ella no m~s que á la compañera del criminal, para quien la cárcel será castigo insignificante comparado con el dolor que ha
de producirle el pensar en el abandono en que por su culpa
quedan los suyos. Sin embargo, en la mujer del lienzo de Carr
se advierte cierta serenidad que conforta; parece como que, despreciada y abandonada por los hombres, siéntese sostenida por
una fuerza interna que le hace confiar en Aquel que, perdonando á los culpables, se apiada siempre de las víctimas inocentes.
Las demás figuras de este lienzo que aparecen en segundo término no están menos bien trazadas, así la del rudo campesino
que amenaza con el puño cerrado á la infeliz madre, como las
de las vecinas que con desdeñosa compasión la miran y se entregan á nada caritativos comentarios.

**•
En el baño, cuadro de Fred Morgan. - Como tantos otros, es éste uno de los asuntos que más veces han servicio
de tema á los pintores, y por lo mismo necesitase gran talento
artístico para que la obra en él inspirada no resulte vulgar ó no
traiga á la memoria olra análoga. Que el cuadro de Fred Morgnn no es una vulgaridad, que el artista ha demostrado excepcionales dotes al pintar una escena cien veces tratada, cosas son
q_ue á la vista saltan, y no es preciso un gran esfuerzo para aprec_1ar en lo que valen las dos figuras que ocupan casi todo el
henzo, esa madre cuyo semblante revela la más cariñosa solicitud y ese niño que lucha entre el temor y el deseo de refrescar
su cuerpecito en las límpidas aguas, mirando á éstas con ojos
en los cuales se lee la esperanza de un placer ansiado, pero al
mismo tiempo agarrándose tímidamente á la que amorosamente lo sostiene, cual si temiera que el mar ha de arrancarlo para
siempre de sus brazos.

•

* •

A la. salud de la novia, cuadro de Joaquín

Agrasot (Exposición internacional de .Bellas Artes ele 1892).

- Recientemente reunimos en un solo número las producciones
~ás notables de este excelente pintor valenciano, y con tal motivo rendimosle el justo tributo de nuestra admiración por sus
rele~antes cualidades, apuntando algunas noticias respecto de
s~ vida artistica y de su significación. Agrasot rinde especialís1mo culto al país que le vió nacer, y si bien ha producido cuadros de género notabilísimos, sus más geniales obras hállanse
inspiradas, quizás, en las escenas y costumbres de la región valenciana, que sabe interpretar magistralmente. A la salud de la
novia pertenece á esta clase, y basta examinar el lienzo para
aquilatar las cualida&lt;l~s que atesora el maestro y su perfecto
conocimiento de la animada escena y de los tipos que ha tratado de representar.
Al contemplar esta escena, cuantos hayan estado en ese hermoso verjel de España que se llama la huerta de Valencia no
EMILIA PARDO BAZÁN
podrán menos de convenir que abunda en colorido loen!, que
esas jóvenes son genuinamente valencianas, los hombres fieles
trasuntos de los naturales de aquel país, el patio de la alquería
con su indispensable emparrado reproducción exacta de los
que allí se encuentran en todas partes, los trajes sobre manera
apropiados, y la escena, llena de animación y movimiento, caracterfstica de las costumbres valencianas.
Varios lienzos remitió Agrasot á la Exposición de Bellas
Artes de 1892, y si bien no babia de hallar en ella la confirmación de sus méritos, el honroso cargo de Jurado que en ella
desempeñó privóle, sin duda, de agregar un triunfo más á los
Flores campestres, cuadro de G. Bellei. - No ya obtenidos.
suelen ser las más bellas las flores que en.los jardines se crian
á fuerza de cuidados; en el campo, en el bosque crecen florecillas que por sus colores, por su aroma y por ~u rara estructura Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
son encanto de los sentidos. Y lo que con las flores acontece adoptado en los Hospitales de París y que pressucede también con los niños ycon las jóvenes: en las ciudades, criben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
en los salones, donde el artificio suple tantas veces á la natu- y D~bilidad; dand9 á la piel del bello sexo el
raleza, encuéntranse, es cierto, bellezas que cautivan, pero que sonrosado y aterc10pelado que tanto se desea.
por lo general carecen ele ese sello especial que sólo el aire res- Es el m~ior de todos los tónicos y reconstituyentes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
pirado en toda su pureza, el sol absorbido en toda su intensidad teniendo
la. superioridad sobre los feimprimen en la humana criatura. Contémplense las cuatro caras rruginososademás
de no fatigar nunca el estómago.

t.!":

, .:,...~1

-. :

_ Pues entonces, acepta lo que te ofrezco. ¿No es mejor que me tengas á mi por acreedor único?

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT, -ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD
(CON1'1NUACIÓN )

Para llevar á cabo la entrega del testameoto había, _no obstante, una gran dificultad ante la que Barinq paró inde~iso por algún tiempo. .
L mejor era seguramente que S1xto hallase, por casualidad, aquel testamen~o en el escritorio de Gastón, como Barincq lo había encontrado; per? p~ra
·r esto era necesario comenzar por poner el testamento en el escr¡tono,
consegUlla llave no se hallaba en poder de Banncq,
.
- 1·izable;
este med'10 era mea
O
y com
. .
d'
d ¡
,
.11
f é reciso por cons1gmente, apelará otro me 10.to av a mas senc1 o.
.
u E~ la ta;de de cierto domingo, cuando Sixto regresaba á. B~yona ~on Ame
UaJ·e Barincq, fingiendo como pudo la más absoluta md1ferencia, entreenó ácarr
' un legaJO
· de pape1es, d'1c1"éndo1e:
su yerno
g _ Toma esos papales que he hallado revolviendo libros.
.
_ y ¿qué quieres que hagamos con esto, papá?, le preguntó Ame.

- Eso no te importa; son papeles que sólo conciernen á Sixto y que éste
leerá con gusto, según creo, cuando tenga algún rato desocupado.
- Pues ¿qué son?, dijo Sixto.
•. ,
.
.
•
- Es la colección de las cartas que has escrito a Gastón desde la infancia hasta su muerte. Hay también varias cuentas y _facturas. Todo _eso se encontró al
hacer el inventario en un cajón que por lo visto es_tab_a ded1ca~o á cosas tuyas.
No se tomó nota de ello por tratarse de papeles sm 1mportanc1a. Hace ya mucho tiempo que debí dártelos y lo olvidaba siempre.
. .
.
Todo esto fué° dicho con tranquilidad completa y con md1ferenc1a absoluta;
después Barincq se despidió de. sus hijos y volvió al ca~~illo.
.
Pero á la mañana siguiente fué á almor~a_r con sus h1Jos, anhelando saber s1
Sixto había abierto el paquete; intacto lo v1ó en la mesa de su yerno.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¡Calla! ¿Tu marido no ha abierto ese legajo?
- El pobre, cuando vuelve á casa viene tan fatigado y tan harto de los papelotes que el general le hace leer y escribir, que siente verdadero horror á los
papeles.
- Me parece, no obstante, que no hace bien en dejarse arrastrar por esa antipatía; al fin y al cabo, en ese legajo de cartas se halla toda su juventud.
- Se lo diré.
El viernes, cuando volvió Barincq pretextando cualquier cosa, porque no tenía costumbre de ir á Bayona dos veces en la misma semana, el paquete seguía
lo mismo, intacto.
Barincq esperó hasta el domingo, pero ni su hija ni Sixto hablaron del paquete; nada nuevo había sucedido por consiguiente.
Sólo diez días después ocurrió que una tarde en que hacía mal tiempo, volvió Sixto á casa antes que su mujer, á quien ocupó el fatigoso encadenamiento
de visitas que debía devolver y para cuya contabilidad habría sido necesario
una teneduría de libros; solo en la casa hasta que Anie volviese, y no teniendo
cosa mejor en que ocuparse el yerno de Barincq, abrió el legajo.
No tenían para Sixto gran interés aquellas cartas, las primeras de las cuales
había olvidado por completo y estaban escritas con lenguaje infantil, algo contenido por el respeto que aquel á quien iban dirigidas le imponía.
Dejándolas á un lado tomó Sixto el paquete de cuentas, el cual por las cifras
de las facturas no dejaba de ser curioso. :Aquello era Jo que habían gastado por
él; Jo que él había costado.
Examinaba el capitán aquellas cuentas, unas en pos de otras, cuando se fijó
su mirada en una hoja de papel sellado escrita de puño y letra del Sr. SaintChristeau.
¿Qué era aquello?
Sixto leyó.
Aquello era ... el testamento del Sr. Saint-Christeau; aquel testamento que
Sixto conocía; el que debía ser hallado al practicarse el inventario y que había
escapado á las pesquisas de Revenacq, porque no se habrían examinado aquellas facturas una por una para clasificarlas, y la hoja de papel se habría deslizado entre dos papeles insignificantes.
Antes de que Sixto hubiese logrado reponerse de su sorpresa entró Anie, y
como de costumbre, se fué rápidamente hacia su marido para darle un beso.
- Calla, le dijo riéndose, ¿al cabo te has decidido á leer esos papeles?
Pero aún no había terminado su pregunta, cuando la expresión del rostro de
Sixto la dejó sorprendida.
- ¿Qué tienes?, preguntó. ¿Qué tienes? ¡Dios mío!
Sixto, entregando á su esposa el documento, respondió:
- Mira lo que he encontrado entre esos papeles; léelo.
- Pero este es el testamento de mi tío Gastón, exclamó Anie no bien hubo
leído las primeras palabras.
-Lee, lee.
Anie concluyó la lectura, y entonces mirándole preguntó á su marido con voz
temblorosa:
- Y ¿qué piensas hacer?
- Pues ¿qué quieres que haga?, respondió con sencillez Sixto. ¿Puedes imaginar siquiera que voy á servirme de este documento para molestar á tu padre
que se considera tan feliz con ser propietario de Ourteau? ¿Para quién trabaja?
Para n?sotros. ¿A quién da las rentas? A nosotros. No, no; este testamento que,
te lo digo francamente, me alegro de haber encontrado por un sentimiento de
gratitud hacia el Sr. Saint-Christeau, no saldrá nunca de este cajón en que voy
á enc~rrarle y tu padre ignorará siempre que ese papel existe.
Ame echó los brazos al cuello de Sixto y le besó nerviosamente derramando
un mar de lágrimas.
- Pero, preguntó Sixto, ¿qué pensabas de mí?
- Lloro de orgullo.

IV
De cuando en cuando Sixto hablaba á su mujer del barón· unas veces había
ido Arjuzanx á visitarle, otra vez se habían encontrado por c~sualidad; de todas
maneras y con gran disgusto de Anie, aquellas relaciones continuaban y no tenían trazas de concluir.
Un día, Sixto, con embarazo que no Je fué posible disimular, dijo á su esposa
que el barón había alquilado en Biarritz una posesión de las que por toda aquella comarca se llaman villas y que había convidado á estrenarla á él y á varios
amigos, entre ellos de la Vigne.
- ¿Has aceptado?
- Puedo excusarme todavía con cualquier pretexto.
- ¿Por qué habías de excusarte?
- Si te desagrada.
- Siempre es desagradable para mí no tenerte á mi lado; pero no soy tan ridícula que ~retenda secuestr~rte, y~ que me censuran porque te monopolizo.
- No te importe lo que digan m lo que dejen de decir.
. - Sí, amigo mío, es necesario que me importe; no debo pretender que seas
d1ch~so s~lamente con mi ~ariño; estoy obligada además á procurar que tu vida
esté a cubierto de toda crítica. Con tus compañeros de armas nadie está más
expuesto que tú á murmuraciones caprichosas. ¿No estáis todos vaciados en el
mismo molde? Ves, ves á comer con el Sr. de Arjuzanx y diviértete como los
otros. Realll_lente lo que más m~ desagrada en esto no es el que tú vayas á casa
del barón, sino que te verás obligado un día ú otro á devolverle este convite.
- Entonces lo mejor es no ir.
- Eso es difícil.
- Y ¿qué hacemos?
· - Pues nada; vas, como Jo has prometido, y no hay que hablar más. Reconozco Y confieso que no tengo razón; me lo digo y me lo repito á mí misma; pero
por muc?os esfuerzos que yo haga no puedo acostumbrarme á la idea de que
e?tre ArJuzanx y nosotros se establezcan relaciones. Como pretendiente me inspiraba _antes ~na repulsión invencible cuyo resultado fué una resuelta negativa:
pues b1~n; te Juro que el hombre continúa siéndome antipático.
- ¿Tienes del barón algún motivo de queja?
- N~, por desgracia; si lo tuviese, todo estaba arreglado.
. -:- ArJuzanx es orgullorn y delicado. Si tü lo tratas con cierta reserva, no insistirá en visitarnos.

NúMERO

604

- El papel que me corresponde no es muy agradable.
- En mi posición es imposible que yo lo tome á mi cargo; parecería un
celoso.
- Un celoso vencedor. En fin, ve por esta vez á esa casa. Después ya resolveremos más despacio lo que nos parezca mejor. Te aseguro desde ahora que mis
sentimientos con respecto al barón no han de modificarse nunca, y nada puede
imaginarse más enojoso que las relaciones sostenidas con personas que no nos
inspiran ni simpatías ni confianza. Cuando os veo á ti y á él, tan diferente el
uno del otro, no puedo menos de preguntarme cómo habéis podido ser amigos
en el colegio.
Aunque Sixto amaba demasiado á Anie, para que pensase en nada de otro
modo que ella, creyó que, por esta vez, era excesiva la severidad de la jóven;
n?, Arjuzanx no era tan antipático como decía Anie; era iracundo, sí, señor;
v10lento, algo terco, perseverante en sus odios; todo esto era verdad; pero nada
de esto llegaba al extremo de que el barón fuese molesto ni ridículo.
Anie, si hubiese podido adoptar libremente una resolución, no habría permitido á Sixto que aceptase el convite del barón; habría buscado, y de seguro
habría encontrado, la manera de que Sixto rehusase, sin que pareciese que era
ella la que le obligaba á rehusar; pero justamente en aquella ocasión Anie carecía de esa libertad: solamente el nombre de uno de los convidados por Arjuzanx había privado á la joven de su libertad y la obligaba á sellar los labios.
En ~a época en que Sixto visitaba, como novio ya admitido, á Anie, en sus conversaciones de enamorados por los jardines de Ourteau, había querido ella que
su esposo futuro le explicase bien lo que era y cómo era la sociedad en que había de entrar al verificarse el matrimonio, como en una especie de compañerismo forzado; cuáles eran sus costumbres, sus usos, sus inclinaciones, sus vicios,
sus_ridiculeces, sus buenas cualidades, sus virtudes; de aquellas largas conversaciones sobre ese asunto había obtenido Anie una enseñanza que se proponía
no poner en olvido nunca.
Había entre los oficiales de la guarnición uno, el subteniente la Vigne, que
estaba casado con una muchacha de la ciudad; muchacha cuyo padre acababa
de labrarse una fortuna enorme en el comercio y en la clarificación de petróleo.
La joven, educada en el convento más aristocrático de Burdeos, dió en la manía de las vanidades mundanas, vanidades á las que por carácter y por temperamento s_e inclinaba naturalmente; y cuando tornó á Bayona, al hogar honrado,
pero humilde y burgués, de su familia, no quiso aceptar por marido á un hombre de negocios y que pudiese tener relaciones mercantiles con su padre.
Por eso, luego que la educanda del convento aristocrático estuvo en posesión
de la herencia de su madre, presentóse como pretendiente un oficialito buen
mozo, que á su vistoso uniforme y á su profesión honrosa siempre unía el prestigio de un nombre, ó para hablar con más exactitud, de la apariencia de un
nombre, Rucho! de la Vigne. El nombre habíalo recibido de su padre, propietario rural de los más modestos; la apariencia del nombre debíalo á los frailes
que lo habían educado. «¿Cómo es eso?, Je habían dicho cuando se presentó
como alumno en el colegio. ¿Ruchot? ¿Ruchot solamente? Es indispensable añadir algo á ese apellido. ¿El padre de usted poseerá cualquier cosa? - Sí, tiene
una viña. - Pues perfectamente. Desde hoy nombraremos á usted Ruchot de la
Vtiia; bien así como nombramos Moutón del Prado, Jannot del Vado, Petit de
la Bolsa, etc., á varios de sus condiscípulos; esto es de efecto excelente en los
cuadros de matrícula, y después, andando los tiempos, puede servir para lograr
un buen matrimonio.»
Efectivamente, esto le había servido para casarse con la hija del comerciante
en petróleos refinados; señorita que jamás hubiera consentido en ser la señora
de Ruchot á secas, y que se sentía halagada cuando la anunciaban como señora
de la Vi'gne. Es cierto que en los asientos de la Alcaldía habían suprimido, sin
apelación, el de la Vigne, pero en el registro parroquial se lo habían otorgado
generosamente, y hay que advertir que la iglesia estaba llena de gente y que en
la Alcaldía no había nadie.
Convertida ya en la señora de la Vigne la recién casada concedía siempre capitalísima importancia á su nobleza; si sus ropas blancas, sus vajillas, sus carruajes, sus alhajas no llevaban bordadas ó dibujadas las armas de la casa, tenían
adornos y emblemas que desde lejos semejaban armas de nobleza y que para la
hija del comerciante en petróleos lo eran en efecto. Al comprarse un oficial del
ejército creyó buenamente la señora de la Vigne que había comprado, con él,
todo el regimiento y toda la oficialidad de la plaza, general inclusive. Cuando
decía á su marido: «¿No es ese un oficial de tu regimiento,?» parecía como si
hablase de alguno que le perteneciera del todo y á quien podía exigir por derecho propio deferencia y agradecimiento.
Las historias que acerca de este matrimonio corrían por la ciudad eran numerosas y divertidísimas todas y aún las alegraban más los camaradas del señor
de la Vigne, á quien regocijaba tanto como la vanidad de la mujer la esclavitud
del marido, verdadero perrillo atado á quien su mujer sacaba continuamente á
pasear y que no tenía derecho á dar un paso, ni á pronunciar una palabra, ni á
gastar un céntimo sin obtener previamente la autorización de su esposa.
Anie, que también se había casado con un oficial pobre, habíase prometido á
sí misma no incurrir en tales ridiculeces y procurar que ninguno de sus actos
pudiese evocar el recuerdo de las exigencias de la señora de la Vigne ó dar motivo á comparaciones que por la semejanza de su posición respectiva habrían
sido muy fáciles. De sobra sabía Anie que estaba exenta de esa vanidad; pero
como amaba de verdad á su esposo, ¿conseguiría prescindir de exigencias matrimoniales á las que su amante corazón pudiera arrastrarla?
El problema tenía para Anie gravedad y la ocasionaba inquietud; por eso
cuando Sixto hubo pronunciado el nombre de su camarada de la Vigne, dijo,
sin vacilar un instante solo: «Es preciso aceptar.»

V
. Cuando Sixto llegó á casa de Arjuzanx empezaba á ser tarde, y todos los convidados se hallaban reunidos en el salón principal de la villa, cuyas ventanas
daban al mar; estaban allí algunos propietari9s de las cercanías, rusos, españoles Y además los compañeros de armas de quienes el barón había hablado á
Sixto.
- Creíamos, dijo uno cuando vió entrar al marido de Anie creíamos que no
vendrías.
•
'
- ¿Por qué razón?
- ¡En luna de miel!

NúMERO

604

LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

billetes dominaban los murmullos vagos é indefinidos: «J uego, van, no va más.
- Una cosa es miel y otra cosa es liga. .
.
.
.
.
E l banquete se había dispuesto con el evidente propó~1to de deiar _buen re- Cartas: un cinco, un nueve.»
¿Se dejó arrastrar el esposo de Anie por el am_or propio? ¿Cedió _al poder de
cuerdo en los convidados y conquistarlos para otros co~v1tes; los maniares servidos procedían todos de los puntos que de e~los rec1?ían fama: p_ollas de 1~ la magia del juego? ¿Fué impulsado por la sugestión de aquell~s rmdos ~el oro
hech_o es que, aun. no hab1_an paBresse, hortalizas de las Landas cogidas en las tierras mismas de ArJuzanx, Jote y de los billetes? Sea de esto_ lo que fu~re,
gras de Nancy; en cuanto á vinos el anfitrión hizo gustará sus comensales las sado diez minutos cuando S1xto volvía a la 1mprov1sada sala de Juego y Jugaba
cincuenta luises, que tuvo la suerte de ganar.
,
.
mejores marcas, auténticas todas.
.
Hasta entonces había juga_do de pie; sin darse_ c,uenta de lo q~e hacia, casi
Lo que no pareció de primera clase fué la conversación, constanteme_nte sostenida en el terreno de lo ftítil é insubstancial; como aquellos companeros de maquinalmente, acercó una silla y se sentó: el cap1tan estaba cogido por el enmesa á quienes la casualidad había reunido no tenían ideas C?munes, ~¡ c_os- granaje de aquella máquina.
Entonces se apoderó de Si~to la embriaguez del ju~go, le arrebató del todo y
tumbres análogas, ni relaciones de ninguna clase, hablaron del clima de Biamtz,
anul6
su entendimiento lo mismo que su voluntad; deJÓ de ser hombre para ser
después de la temperatura y de la playa y de las cas~s de campo d~ aquellos alúnica
y
exclusivamente jugador; fuera del juego ya no existía absolutamente narededores y de los habitantes de sus casas, y por último de los casinos.
. .
.
.
.
- Es muy agradable y muy conveniente que haya dos casi_nos; cuando el con- da para el joven.
De una partida en otras el juego adqumó pronto proporciones febnles_, verticurrente ha quedado completamente limpio en uno, puede 1r en busca del desginosas; Sixto, en un momento de arrebato, c?menzó á t~llar, ,ganó, perdió, vol~~~
.
Arjuzanx no era, sin embargo, de esa opinión; en su co~cepto el Juego n~ vió á ganar y tornó á perder, y después. de vanas ~lter~at1vas a _la una _de, la mapodía ser verdadero entretenimiento sino entre buenos am1g~s; solam~~te as1 drugada estaba debiendo: cuarenta mil fran~os a ~quzanx, cmco mil a de la
podía jugarse con tranquilidad, seguro de no s~r engañado y sm expos1c1ón de Vtgne, veinte mil á los otros; to~al sesenta y cmco mil francos, repre~entados por
sentarse al lado de alguna persona de esas á qmenes no g.ueramos_ saludar cuan- tarjetas en las cuales había escrito con lápiz lo que á cada uno deb1~.
Entonces Arjuzanx llevó á Sixto á su despacho, y cuando estuvieron solos
do nos las encontramos por la calle; si, además de estos mconvementes, era nele
dijo:
.
. .
. . .
- f
cesario vigilar atentamente al banquero para ver si intentaba algún pego ó algún
- Si quieres pagar lo que debes pongo á t~ d1spos1c1ón vemt1cmco m1 1 ransalto y no perder de vista á los puntos por si se proponían levantar algunos
muertos, convertíase al juego en un trabajo ímprobo y desagradable, que s?la- cos. Hay entre esos jugadores algunos e_xtranJ~ros que no te conocen: acaso te
mente podían aceptar los que buscaban en él un modo como otro cualqmera convendría saldar tus cuentas con ellos mmed1atamente.
- La verdad es que Jo celebraría.
.
,
de ganarse la vida.
- Pues entonces, acepta lo que te ofrezco. _¿No es meJor q~e m~ tengas á n;i1
- Así, pues, caballeros, dijo el barón para concluir, si alguna vez por la tarde
ó por la noche tienen ustedes el capricho de tallar algunos centenares de fran- por acreedor único? Entre nosotros esto no tiene consecuencias; tu me pagaras
cos, consideren como real y verdaderamente suya est:i casa; ténganla desde ahora cuando quieras.
como un círculo del que todos nosotros somos socios y al cual pueden ustedes
VI
traer á sus amigos.
La comida aun siendo como efectivamente lo fué, muy abundante, concluyó
Desde el muelle vió Sixto la luz de una lámpara en el cuarto de su mujer, y
al cabo; trasl~dáronse los' convidados al salón; fumaron allí exquisitos habano~
mientras contemplaban el mar; pero ni el reflejo de la lucha sobre las olas! m al ruido que produjo para abrir la verja apareció Anie en la galería.
E l capitán llegaba pensando que su mujer estaría ya ~cos~ada y que prob~los resplandores de la luz giratoria de Saint-Martí?, resplandores que con isoblemente
la encontraría dormida, lo cual aplazaría las explicaciones hasta el d1a
cronismo inalterable nacían y morían en las profundidades azuladas de la ~oche,
eran espectáculos á propósito para llamar por mucho tiempo la atenc1ón de siguiente; pero no, Anie le esperaba y la confesión había de comenzar en seguida.
aquellos jóvenes no muy contemplativos.
.
Mientras Sixto atravesaba el jardín, había desaparecido la luz del cuarto de
Atín se hallaban á medio consumir los cigarros cuando ya los conv1dados del
barón se miraban con aire vago é inquieto unos á otros como preguntándose Anie, y cuando penetró en el vestíbulo ya encontró en él á su esposa que con
cariñoso interés le contemplaba.
mutuamente:
- ¿Estabas ya impaciente?
. ,
.
.
.
- ¿Y qué vamos á hacer ahora?
. .
Anie había oído con mucha frecuencia a su madre decir al Sr. Banncq: «AmiUno de los convidados, recordando entonces el ofrec1m1ento de Arjuzanx,
go mío, no trato de dirigirte censuras,» no podía, por lo tanto, incurrir en el
dió contestación á esta pregunta, preguntando á su vez:
- ¿No podríamos jugar un rato?
Diez voces apoyaron la proposición simultáneamente.
.
.
- Sólo pido á ustedes, dijo entonces el Sr. de Arjuzanx, el tiempo nec~san~
para quitar la mesa; estaremos en el comedor mejor que aquí; además enviaré a
buscar barajas porque no las tengo.
,
Un cuarto de hora después los jugadores se hallaban sentados a la mesa en
que habían comido y el banquero decía:
-No va más.
Sixto, de la Vtgne y otro de los comensales habían permanecido en el salón
y allí continuaban charlando; Arjuzanx se acercó á ellos y preguntó:
- ¿No jugáis vosotros?
- Voy en seguida, respondió de la Vtgne.
- ¿Y tú, Sixto?
- No; no juego.
- Sin embargo, antes jugabas.
- ¡Bah! En el colegio.
- Y en Saint-Cyr también, dijo de la Vigne.
.
- Sí, he jugado, replicó Sixto, cuan_do el gan~r ó el pe_rder cien francos m~
crispaba los nervios, apresuraba_ los lattdos de m1 ~orazón, mund~ba de sudo~ m1
frente; pero ahora ¿qué i~pres1ón ha de producirme la ganancia ó la pérdida?
- ¿Y las emociones del Juego?, preguntó el barón.
. .
, .
- No deseo procurármelas; muy al contrario, estoy dec1d1do a evitarlas.
- Lo cual significa que no estás seguro de ti mismo.
- ¿Quién puede estarlo?
·
.
- Si no has traído dinero, dijo insistiendo Arjuzanx, mi bolsa está á tu dispo•
sición, y á la de usted también, Sr. de la Vtgne.
- Acepto veinticinco luises, dijo de la Vigne en un tono que demostraba lo
desprovisto de su bolsillo.
La Vtgne, luego que el barón le entregó la cantidad solicitada, se trasladó
apresuradamen~e al c?medor, convertí?º ~n sala de ~uego.
_
_ He ahí, dijo ArJuzanx en tono irómco y un s1 es no es desdenoso, una
prueba de que la señora de la Vtgne ata muy corto á su marido.
Sixto no contestó, pero transcurridos apenas dos minutos se aproximó á la
mesa y apuntó diez luises á una carta.
El capitán ganó; dejó su puesta y lo que había ganado y ganó por segunda
vez· repitió la operación y volvió á ganar.
Éntonces recogió sus mil seiscientos francos y tornó al salón muy sorpre~dido al advertir que había experimentado una emoción que no podía ser explicada por ganancia tan insignificante.
,
•Cosa extraña en verdad! En el tiempo que habían durado aquellos tres golpe~ á una carta, había experimentado los mismos estremecimientos, las angusDesde el muelle vi6 Sixto la luz de una lámpara. en el cuarto ele su mujer, y al ruido que
tias mismas que tan hondamente le perturbaban cuando niño en el colegio Y
produjo para abrir la verja apnreci6 Anie en la galeria
cuando joven en la escuela de Saint-Cyr.
¡Cuánta razón había tenido al decir á Arjuzanx que nadie estaba seguro de sí
mismo!
desacierto de las mujeres que alardean de su indul&amp;encia;, mien_t!as bajaba la
_ ¿Por qué no habf~ de marcharme? .
.
.
escalera había procurado poner en sus ojos la expresión mas cannosa y en sus
Pero la misma verguenza mal entendida que le había obligado á poner diez labios Ja más dulce sonrisa; pero cuando á los rayos de la luz que _en la mano
luises á una carta le detuvo. ¿Qué se diría de él?
llevaba vió la joven el rostro alterado de su esposo, aquella expresión de tranEncendi6 un cigarro y comenzó á fumar aproximándose á una ventana; pero
hasta la ventana en que fumaba Sixto llegaban, para mezclarse con el ronco quilidad y de alegría desapareció.
- ¿Qué tenía Sixto?
murmullo de la marea, los ruidos del comedor; de cuan,do en cuando la voz del
(Continuará)
banquero ó de los puntos, el chocar de las monedas &lt;de oro y el crujir de los

:1

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

UN MOTOR SENCILLO

Sabido es que la técnica moderna tiende á convertir directamente, hasta donde sea posible, el calor en
trabajo; pero el camino generalmente seguido para

Fig. r. Termomotor Iske

llegar á este resultado dista mucho de acercarse al
ideal concebido. En la máquina de vapor el procedimiento es complicado y largo y la utilización de la
energía, por ende, poco satisfactoria desde aquel ~nto de vista. Grandes motores que conviertan directa,
mente el calor en energía no existen, como no existen motores que directamente transformen el calor en
fuerza eléctrica: la columna térmica no ha logrado
hasta ahora ser utilizada sino en modelos relativamente pequeños y no ha sido posible por este medio directo conseguir un efecto de utilidad en cierto modo
favorable.
Crookes adoptó un método especial para transformar directamente en trabajo mecánico los rayos de
calor y de luz, y demostró por vez primera con su radiómetro que era posible sin auxilio extraño alguno
conseguir la transformación continua del calor en trabajo; pero el radiómetro ó molino de luz nunca podrá
ser utilizado en gran escala: la sola circunstancia de
que ese aparato sólo funciona en un espacio completamente vacío de aire basta para que sea inútil para
grandes aplicaciones.
Una senda enteramente nueva y en extremo interesante para nosotros han emprendido en estos últimos años ,el inglés Francisco· Mitchell y el americano Iske: ambos, aunque independiente uno de otro,
han concebido y estudiado el mismo pensamiento y
han llegado por consiguiente á construir dos aparatos
muy parecidos hasta en su forma.
Empezaremos por ocuparnos someramente del
principio del aparato de Iske, conocido desde 1888.
Muchos de nuestros lectores conocerán un instrumento que los físicos denominan krioforo, y que consiste en dos esferas de cristal unidas entre sf por un
tubo de la misma materia encorvado: una de las esferas está llena de éter y en la otra y en el tubo se ha
hecho el vacío. Si calentamos, por poco que sea, una
esfera del aparato, la fuerza expansiva del éter aumenta de tal manera que toda la masa del líquido pasa
rápidamente á la otra esfera, sucediendo lo propio
cuando se enfría aquélla. Iske ha unido entre sí varios
d e estos krioforos formando con ellos una rueda tal
como representa nuestro grabado (fig. 1 ): cada dos
esferas de las que forman la periferia de esta rueda
están unidas por medio de un tubo de cristal que
llega casi hasta el fondo y está encorvado en su extremo en la misma dirección en todas las esferas. Debajo de esta rueda, compuesta de seis krioforos, hay un
foco de calórico formado por una lámpara de alcohol
cuya chimenea envuelve la parte inferior de la rueda.
Si suponemos ef líquido distribuído en cada krioforo
de la rueda tal como el grabado representa, aquélla
rodará en el sentido que la , flecha indica hasta que
las esferas llenas se encontrarán en la parte inferior del
aparato: una vez en esta posición, la llama de la lámpara calentará las esferas y la fuerza expansiva del
vapor de éter llevará el líquido hasta las esferas supe-

riores por medio del sistema de tubos, con lo cual se
modificará el centro de gr~vedad~de la_ rue~a, produciéndose una nueva rotación en la d1recc1ón de la
flecha. La curvatura del extremo del tubo dentro de
las esferas se explica fácilmente, pues gracias á ella se
consigue mayor efecto de aprovechamiento 6, en otras
palabras1 para que cada esfera al abandonar el contacto de la lámpara pueda quedar completamente vacía. La sensibilidad de ese aparato es tal que cualquier calor, por pequeño que sea, es suficiente para
producir una enérgica rotación de la rueda; así, por
ejemplo, el aparato se mueve con sólo que se le exponga un rato á los rayos del sol.
La figura 2 representa el aparato Mitchell, cuya estructura interior no hemos de describir, bastando
consignar que no se diferencia esencialmente del ter•
momotor Iske y únicamente el número de secciones de la rueda que contienen el líquido es mucho
mayor.
Si estudiamos atentamente el proceso que en tales
aparatos se desarrolla, veremos que en realidad se
produce en ellos directamente el movimiento por la
acción del calor. En efecto, á medida que el calor
llega á una de las esferas, aumenta la fuerza expansiva del vapor en el interior de la misma contenido,
con lo que se produce la ascensión del líquido, y durante ésta la fuerza expansiva del vapor disminuye, lo
cual, como es sabido, equivale á un consumo de calórico. El motor e~ en cierto modo prototipo, por cuanto produce direc4tmente movimientos rotatorios y no
exige por ende maquinaria alguna para convertir en
rotatorio un movimiento horizontal.
No cabe afirmar ni negar la posibilidad de que se
utilice en gran e~cala el principio en que se fundan
los dos motores qescritos; pero este aprovechamiento
no parece invero&amp;ímil si se tiene en cuenta que este
mecanismo no exige ningún aP.arato de enfriamiento,
ni condensador al~~no, ni ningún aparato complicado
que ocasione muc;hos rozamientos.
Por lo que hac~ al motor Mitchell, ya ha sido aplicado en instalaciqnes para la ventilación.

NúMERO 604
/ El buque hállase completamente cubierto de un tejído_ finísimo, á ~xcepción . de u~ ori_ficio 6 agujero
1
abierto en la cubierta, destmado a aloJar el cuerpo del
atrevido argonauta. El buque, cuyo velamen consiste
en d_os mesanas del . tamaño ?e un delanta~, llénase
de aire para hacerlo _1~sumerg1bl~. La matena de q~e
está construfdo facilita muchísimo su ;desmontaJe,
plegándole y desplegándole con suma facilidad.
La travesía entre Bouvres y Bulogne se ha efectuado felizment~- El teniente M. de Sayce ha podido
vencer, provisto de un remo de doble paleta., las corrientes Y. la marea, em~leando ~~torce horas, sin te;
ner nec~s1da~ d_e re~ur~1r al auxil_10 _del buqu~ que a
corta d1stanc1a iba s1gmendo al d1mmuto esqmfe, que
levantado por las olas, ofrecía el aspecto 6 la apa·
riencia de un sencilllo juguete.
Agrega la revista de donde tomamos esta noticia
que el buque miniatura no embarcó ni una sola gota
de agua durante el trayecto recorrido, de donde resulta que es impermeable é insumergible.

i

RECOLECCIÓN DE LA CANELA EN THANH•HOA
(TONKIN)

La canela de Thanh-Hoa, llamada canela real, es
tan estimada de los annamitas, que un pedacito de
esta aromática corteza ofrecida á un mandarín con-

(Del Promethem)

APARATO DE SALVAMENTO Y DE EXTINCIÓN
DE INCENDIOS

La instalación que presenta nuestro grabado es un
aparato á la vez de salvamento y de extinción de incendios, inventado por el aCJ.ericano Mr. Pauly. Todo
él se apoya en up armatoste afirmado sobre un carro,
y consiste princjpalmente en una serie de escaleras
que encajan una~ en otras y que por medio de un arco dentado pueqen ser colocadas en la posición necesaria.
En lo alto d~ cada escalera hay una plataforma
que se apoya eq la escalera principal. Las escaleras
sueltas constituyen una comunicación cómoda con la
calle, sirven para conducir las mangueras al punto
preciso y son un medio para escapar del peligro del
fuego.
Aparato de salvamento y extinción de incendios
En cada plataforma hay un cabrestante, gracias al
cual puede establecerse una comunicación entre
aquélla y el edificio incendiado, merced á cajas de sidérase por éste como un regalo de excepcional imsalvamento colgadas de cuerdas, las cuales también portancia.
pueden utilizarse para llevar agua á la casa que es
La recolección verifícase en la época en que la sapasto de las llamas.
via derrama torrentes de vida por todo el árbol, que
después de cortado despójasele de la corteza por com(Del Scientijic Americain)
pleto, sin perdonar las más delgadas ramas, y envuelta cuidadosamente con sus hojas entiérranla durante
*
**
cuatro 6 cinco días, al cabo de los cuales córtanla
en pedazos regulares de 40 centímetros de longitud,
NUEVO BUQUE INSUMERGIBLE
que colocan de manera que se sequen sin recibir los
El teniente M. de Sayce, de Bristre, ha atravesado rayos del sol, ya bajo cobertizos de ramaje 6 en el
recientemente el Paso de Calais en un. buque-minia- interior del mismo bosque.
tura insumergible, que tal es la calificación que ha · Contra lo que se ha supuesto, esta 'plant~ no' se
cultiva por los naturales, quienes limítanse á obtener
los beneficios que les proporciona, arriesgándose á
penetrar en los inhabitados é intrincados bosques
que cubren los montes Muongo ó algunas regiones ó
comarcas pertenecientes al Annam. Esta clase de árboles alcanzan una altura de ocho á diez metros, no
excediendo de cuarenta centímetros el tronco.
A modo de tributo, cada cantón debe entregar al
rey cierta cantidad de canela anualmente. De ahí que
cuando un indígena descubre uno de estos árboles
tiene el deber de ponerlo inmediatamente en conocimiento del alcalde del pueblo, quien á su vez lo participa al Quang-phu (subgobernador) y éste al TongFig'. 2. Termon;otor Mitchell
doc (gobernador de la provincia), que se apresura
también á dar cuenta del hallazgo á la corte de Hué.
merecido el invento del valeroso oficial. El peso del E l Quang-phu designa acto continuo algunos homesquife no excede, de 15 kjlogramos, siendo sus di: bres para que custodien el árbol yse establezcan junmensiones 2'55 metros de lqngitud por 0'80 de ancho. to á él, cuya vigilancia no abandonan hasta el preciso

LA

NúMERO 604
momento en que tiene lugar la r~colección, en pr;•
sencia del citado Quang-phu, 6_ bien del m_andarm
enviado para fiscalizar la operación. La totalidad de
la recolección debe remitirse al monarca, ~ue á pesar
de las severísimas disposiciones por él d1cta?asi no
puede evitar, sin embargo, que las rem~sas ?1smmuyan, mermadas por las sisas de los func10nanos p~co
escrupulosos que están encargados de su conducción
y custodia.
.
Las minuciosas precauciones tomadas por la corte
de Hué y las reglas establecidas para ~egularizar la
recolección de la canela y su conservación en los al·
macenes reales, bastan para demostrar la estima en
que se tiene y que por lo tanto n~º, ~s uno de. los artículos de comercio. Las pequems1mas cantidades,
que con dificultad pueden adquirirse, procedentes todas ellas de fraudes ó sustracciones cometidas por los
naturales véndense á precios elevadísimos. Un trozo
de corte,; de cuarenta centímetros de longitud por
tres de diámetro véndese á ochenta francos.
Severísimas son las penas que se imponen~ los_ defraudadores 1 citándose entre ellas la decap1tac1ón,
que alcanza hasta á los altos fu~cionarios. Y tal es así,
que hace pocos años fué decapitado el Quang-phu de
Phu-tó (provincia de Thanh-_Hoa) por haber~e descu·
bierto que ocultaba una cantidad de tan preciado producto.
.
Cierto es, sin embargo, que algunos indígenas, especialmente los que residen en las comarcas montañosas, llegan á apropia_rse algún árbol, sólo de ellos
conocido; mas es preciso que adopten muchas pre·

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

cauciones para no ser descubiertos, ocultándolo hasta á sus más íntimos aiuigos.
Algunos annamitas, temero~os de los grandes castigos que les amenazan, conviértense muchas veces
en falsificadores.
.
Al efecto provéense de una pequeña cantidad
de canela re;l que someten á la eb~llición mez~lada
con pedacitos de otra corteza. d~ igual 6 seme1ante
apariencia y que por tal proced1m1~nto satúrase de 1~
verdadera canela, despidiendo el mismo aroma y casi
el mismo sabor.
Los annamitas utilizan la canela para la prepara·
ción de substancias medicamentosas, en:ipleándola
también, al igual qu~ nosotros, como cordial.

EL VEGETAL MÁS GRANDE DEL GLOBO

Hasta hace cuarenta y cinco años, el boabab,

Adansonia digitata, era el árbol más grande entre los
conocidos. Citábanse algunos ejemplares cuyo tronco medía ocho metros de diámetro, y aun hoy con·
sidérase á este árbol, verdaderamente colosal, como
el elefante de los vegetales. Es~o ~o obstan!e y por más
que se creía que ~o podía ex~stir ~ompetidor al _boabab hase descubierto en Cahforma otro árbol g1~antesdo, el We!lingtonia, Wasingtonia, Sequoia gtgantea, ya que se le. conoce con lo~ tres nom?res, cuyo
tronco alcanza diez metros de diámetro y ciento vemticinco de altura.

La mayor de estas conífera~ existe á cincuenta millas de Vesalia. Su tronco tiene cuarenta y cuatro
pies ingleses de diámetro, 6 sean cat?rce me~ros
aproximadamente. Su altura excede de ciento tremta
metros.
.
Hace veinte años descubriéronse en Australia algunos Eucaliptus gigantes; pero el m~yor d~ ellos,
ó sea el Eucaliptus sequans, no llega~a a la mitad d_e
las dimensiones del Sequoia; y preciso es c~nvemr
que tiene bien merecid? ~u nombre de dommador,
puesto que reina y se d1stmgue sobre los de su mismo género.
Mas aunque los ár~oles que citamos alc~nzan tan
considerables dimensiones que dan lugar a suponer
que determinan un lín:_üte, e;iste~ otros vegetales más
gigantescos. N ~s refen_mos a las lianas, algunas de las
cuales miden ciento cmcuenta metros de ancho. Para
conservar ejemplares_ de tan extra?rdinarios, ~egetales
han establecido los mgleses un mteresant1S1mo mu·
seo en la isla de Ceilán, en el que existen lianas ~ariadísimas cuyas dimensiones exceden de las que indicamos.
.
Otra planta existe, la higu~ra de_ las Pagodas, Fz·
cus z',zdica ó religiosa, cuyas danens10nes sorprenden.
y como cita final, aparte de las algas y los sargazos,
cuya longitud alcanza muchos_ kilómeti:os, según afirma Trouessart, haremos mención especial de un colosal bananero que se levanta en los alrededores d~ la
ciudad de Broach (India inglesa), cuya copa mide
seiscientos metros de circunferencia.
(De La Nat11re)

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P!BIS - LTOI - TIEIU - PBIUDELPBU - P!RIS
1867

lffi

1873

1876

1878

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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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itrt&amp;C101)

Ftí~t1ea
ARO XII

- - - - - - ~ BARCELONA 31

DE JULIO DE 1893 ,..,_ _ _ _ __

N ÚM. 605

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA ÜNIVERSAL ILUSTRADA

DESPUÉS DEL BAILE

copia del cuadro del pintor polaco Holewinski

�•
LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

490

NúMERO

605

Del cual no dan idea estos simples. hechos. El ver- indomable frente á frente de otra voluntad más indo. &lt;ladero drama trasciende 3/ va tllás allá de los mismos; mable toa'avíal Y además de esto, una imaginación
Texto. - «La loca de la casa,&gt; drama tk D. 'Benito Pérez Gal- el verdadero drama se encuentra sólo en dos carac- ardentísima, que se inflama y se apasiona por to~o lo
dós, por J. Yxart. - Los edificios de la Exposición universal
extraordinario y arriesgado, por todo lo excepcional
de Cliicago, por M. A. - RecuerdoJ del centenario rojo. Luis teres: Cruz y Victoria. Todo está en ellos, todo absoy sublime, como es para Victoria salvar á su padre
lutamente.
Basta
observar
dos
cosas.
Perez
Galdós
ha
XVII. VIII. El trdnsito. IX. Post 11Zortem, por Emilia
Pardo Bazán. - Miscelánea. - Nuestros grabados. - Anie (con- colocado la acción en Cataluña y entre catalanes. con el sacrificio de su cuerpo, entregado á un homtinuaci6n), novela por Héctor Malot. -SECCIÓN CIENTÍFI· Pues bien: representada la obra en Barcelona, ningún bre zafio y cerril, y domesticar, vencer, salvar á ese
CA: Varios. - Libros enviados á esta Redacci6n por autores
espectador, que yo sepa, echó de menos la carencia mismo hombre, trayéndole al espiritualismo yá la vida.
6 editores.
•
Grabados. - Despu!s del baile, cuadro de Hcilewinski. - Los de colorido local. Se prescindió en absoluto de esta ¡El drama así planteado, en lo que tiene de concreto,
edificios de la Exposición de Ckicago, seis grabados. - ¿Qui parte. Moneadas y Malavellas lo mismo pueden ser es bello é interesantísimo; en lo que tiene de simbó11Ze querrd't, cuadro de E. de Blaas. - Facsímile tk un cartel catalanes que de otra región de España, pero nadie lico, de representativo de ideas, es más interesante
que los ciudadanos franceses fijaron al exterior de ms casas y
todavía, es grandioso; tiene inmensurables proporcio{Jn guardia nacionalf rands en I 793. - E11Zigrantes dirigi!11· se fijó en que abortara el designio del autor. Todos
nes, y sin dejar de ser muy teatral, muy interesant_e y
teníamos
los
ojos
en
Cruz,
y
no
tampoco
por
catadose al embarcadero, cuadro de Luis de Engelen. - Boya eléc·
trica en el puerto de Nueva York. -Nuevo zoo-cauterio de lán, que tampoco lo es del todo, sino por ser él quien claro para el que se atenga á su armazón extenor,
M. Brenot. -Triciclo acuático y terrestre. - Las Santas Mtt- es. Por otra parte, ni la misma quiebra de Moneada crece y se agiganta en la imaginación, y se halla muy
jeres, bajo relieve de Rafael Belliazzi.
ni el episodio basado en un antiguo crédito de la por epcima, pero muy por encima de cuanto nos dió
,•••••••••1•u••,1•u•••"•'"'•"•,.••"•''"º'•''•l'••"•r•,"•r,,•••••u••••••.-••,._•..,,r,,•,,,.,,.,,,.,,.,,,•.,...... ,.,,....
marquesa interesan realmente, si no es con relación á el teatro español moderno, hasta ahora.
Pero este combate colosal y dramático de Cruz y
la recia batalla espiritual de Cruz y Victoria. Lo reLA LOCA DE LA CASA
Victoria como personajes y de Cruz y Victoria como
pito:
el
drama
está
exclusivamente
en
ellos.
Hay
que
DRAMA DE D. BENITO PÉREZ GALDÓS
ver, pues, antes que todo, quién es Victoria y quién ideas, tan admirablemente planteado en la exposiEmpezaré por contar en breves palabras el argu- es Cruz. Conocidos estos personajes, la obra adquiere ción, ¿qué forma, qué desarrollo, qué desenlace tiemento. Después de todo, aunque n:i,uy usado, este es toda su potencia y su altura: la contienda en que se ne? En otros términos: planteado el drama, ¿el drama
el medio más seguro para obtener la mayor claridad empeñarán, aparece de pronto como guerra de gi- resulta? Esta es toda la cuestión que suscita La loca
de la casa. Y esta cuestión está, resuelta en pocas pagantes.
Cruz es, en primer lugar, el hombre de tosca y hu- labras. El drama resulta mientras dura su planteamilde cuna que se elevó por su solo esfuerzo. Cruz es miento, mientras se prepara la batalla; pero el drama
pueblo; menos que pueblo, es plebe que se ha enri- se achica, se empequeñece y cae, en cuanto se trata ya
quecido. Con esto, Cruz es además una voluntad, una de construir sobre aquel plano, en cuanto empieza ya
voluntad enérgica, vigorosa, indomable, en cuerpo aquella batalla. Los dos actos primeros son hermosos,
hercúleo y robusto; es una fuerza, una fuerza natural: son magistrales; los dos actos últimos son muy inferiola naturaleza misma. Armado, como dice él mismo, res, una verdadera equivocación. En los dos actos pri •
«de sus brazos forzudos, de su voluntad poderosa, meros el pensamiento se nos aparece luminoso, grande
de su corta inteligencia,» arrancó á las entrañas de y trascendental, y en cierto modo poemático, tal como
la tierra, allá en California, el oro y la plata, esto hemos intentado presentarlo. En los dos actos últies, el poder social. Avaro, codicioso, con la ciega mos, aquel pensamiento pierde sus proporciones, se
y desapoderada pasión de poseer, - como todos los atenúa, se desvanece; es más: queda contradicho en
que se han enriquecido por si mismos, - aquella varios pasajes, hasta el punto de suscitar la sospecha
ruda voluntad y aquella su fuerza natural se con- de que hemos visto en la exposición más de lo que
vierten en el mismo espíritu de la propiedad y de la contiene.
Tres pasajes hay en la primera y excelente parte
posesión. Cruz, que es el hombre primitivo por su
rudeza, es el fundador de civilizaciones por su amor de la obra, que son de un efecto dramático poderoso.
á la propiedad. Y este amor reviste todas las formas El primero, la presentación de Cruz. Es una escena
del egoísmo brutal. El mismo lo dice también: «há- preciosa aquella en que Cruz, rodeado de la familia de
llome amasado con la sangre del egoísmo, de aquel los Moneadas y de los Malavellas, recuerda cándidaegoísmo que echó los cimientos de la riqueza y la mente su humilde pasado de bestia de carga, y expocivilización. » Cruz es un espenceriano: descono- ne, no sin altivez y con ruda franqueza, su presente
ce ... es más ... aborrece la compasión. Uno de los de hombre poderoso y bravío, su credo de energía y
artículos de su ley es no dar nada graciosamente: fuerza, opuesto al de los enclenques se,ioritos de ca«El que no puede ó no sabe ganarlo, que se mue- rrera y á los aristócratas tronados y famélicos. Esta
ra y deje el puesto á quien sepa trabajar. No de- exposición atrae: las rudas y hermosas frases de
be evitarse la muerte del que no puede vivir.» ¡La Cruz sacuden los nervios y aceleran el curso de la
compasión! La compasión es la lepra de las socie- sangre con un placer algo más vivo que el de la muedades caducas, y trae consigo la mendicidad, la lle y ripiosa rima ó los párrafos acicalados ó sonoros.
vagancia, el incumplimiento de las leyes, el perdón Lo propio puede decirse del carácter de Cruz: interesa
de los criminales, la elevación de los tontos, el espe- y se impone. El espectador más distraído siente que
rarlo todo de las recomendaciones. Con esto, Cruz se halla ante una nueva especie de hombres, dispuesta
ni tiene religión ni de donde le venga. No cree en á renovar, á transformar, á destruir ó regenerar hasta el
MARÍA GUERRERO en el papel de Victoria en La loca de la casa
otra virtud que el trabajo, ni en otros milagros que los fondo una civilización que se acaba, la cual no ende la constancia en el mismo. Su única honradez, tiende aún á Cruz, y se espanta y protesta por boca de
en las revistas dramáticas. La experiencia no me en- cumplir lo pactado; mirar su palabra como un Evan- aquellas solteronas místicas, de a'luellas rancias marseñó hasta ahora otro mejor.
gelio. Tal es el hombre apareciendo en la casa de quesas con sus créditos antiguos, de aquellos homEl argumento de La loca de la casa, por lo que se Moneada en quiebra, como un nuevo ser en medio de bres de carrera, cerebrales y cavilosos, llenos de teorefiere á los simples hechos, cabe en pocas lineas. La nuestra sociedad caduca, en quiebra también: ¡por un rías, pero extenuados de cuerpo. El cuadro es bello
escena, en Cataluña y en una casa-torre de lós Mon- lado, un primitivo, en fuerza de su barbarie y crude- y admirablemente trazado.
eadas. Moneada es un comerciante, hasta entonces za de palabras!: por otro lado, un tipo novísimo de
Otro le aventaja, en mi sentir, y sin duda en el senriquísimo y poderoso, que al empezar la acción está una civilización avanzada, en fuerza de representar la tir de la mayoría de los espectadores: la aparición de
arruinado. De aquí la angustia y trastorno consiguien- apoteosis de la voluntad individual y del trabajo mo- Victoria: ¡una verdadera aparición en el sentido caste en la familia y entre los amigos. La familia del derno, armado para la lucha con el mayor poder de tizo y propio de la palabra! Allá al final del último
banquero se compone de una hermana solterona y selección: ¡la fuerza sin la caridad!
acto, cuando Gabriela ya rer.hazó indignada la vellubeata y de dos hijas: Gabriela, que va á casar con el
Veamos ahora á Victoria. Victoria es el polo opues- df manaza de Cruz; cuando con esto abortó la conjuhijo de la marquesa de Malavella, y Victoria, ausen- to, la antítesis y el contraste con Cruz, en todo y ración familiar, mejor intencionada que bien condu·
te, novicia del Socorro. Los amigos son dicha mar- por todo. Victoria es la nata y la flor de esa civiliza- cida; cuando el mismo Cruz, herido en su amor proquesa, con sus dos hijos Jaime y Daniel, y algún otro ción refinadísima y ya caduca, que viene á derribar pio, ruge y aulla y clama por la fatal ruina de la casa,
personaje secundario. Indicada en las primeras esce- y á vigorizar Cruz con su barbarie. Victoria, joven, y el infeliz Moneada dobla por fin la cerviz al peso de
nas la situación de Moneada, sale otro personaje: José bella, de educación esmeradísima, dispuesta á consa- su desventura, aplastado en el sillón de su bufete á la
Cruz. Ese Cruz es un hijo de un antiguo criado de la grarse á Dios, al amor espiritual y divino, á la cari- vista del espectador... , entonces... entonces se destaca
casa. Se fué á América de simple jornalero y vuelve dad, al amor humano, divino todavía, pues no se de aquel fondo sombrío una visión risueña, luminosa,
hecho un Creso, un potentado, aunque tan bruto y comprende sino por amor á Dios en la criatura; Vic- ideal. Es Victoria, la novicia del Socorro, con su hábitan cerril como siempre. Pero á fuer de advenedizo, toria es todo lo opuesto á Cruz: es el alma, enfrente to de inmaculada blancura y su blanca toca que en cuaha concebido la idea de todos ellos, llámense Napo- de la fuerza ciega; es el espíritu, ante la naturaleza; dra el candoroso rostro. Resalta del fondo y avanza,
~ón ó Pepe Cruz: la de entroncar con sus antiguos es la educación, la instrucción, la elevación intelec- apacible, silenciosa, de puntillas, cándida y sonriendo
amos. Prendado de Gabriela, aspira á hacerla suya. tual de siglos enteros de trabajo, refinando la espe- como una colegiala. Lleva una palma de Ramos, una
Una conjuración de la tía solterona y del segundo de cie hasta la mayor espiritualidad, enfrente de la aspe- palma de triunfo en la mano; en la cintura, el rosario
la casa favorece este proyecto, que salvarla de la des- reza bárbara del hombre que empieza á vivir; es la y la cruz. Se acerca á su padre, le arranca de su pehonra á Moneada con la fortuna de Cruz. Pero Ga- abdicación de si propio, en contraste con el egoísmo; sadilla abrumadora. «¿No me esperabas?.. Mira lo
briela no tiene alma para tamaño sacrificio. Quien es la compasión, la.caridad ardiente, universal, abra- que te traigo... ¡Para mañana, domingo de Ramos!,.))
ha de consumarlo es Victoria. ¡Victoria, vuelta del con- zándolo todo, vivificándolo todo, sosteniéndolo todo, Y á la vista de su hija y del palmito, el desdichado
vento por unos días, enterada d~l tremendo conflicto, enfrente de la fuerza brutal que intenta expurgar, se- rompe á llorar y besa las manos de su hija. Por su
concibe el aventurado designio de sustituirá su her- leccionar, arrasar por alcanzar la perfección. Es la imaginación ha cruzado como un relámpago una
mana, y ofrecerse en holocausto al monstruo, re- doctrina de Cristo, opuesta á la doctrina de los mo- idea dulce y amarga á un tiempo, graciosa é irónica
der.tor de la familia! Cruz acepta de buen grado y se dernos filósofos darwinistas y evolucionistas.
á la vez. En su aflicción suprema, ¿qué significa la
realiza la boda. Una vez realizada, se empeña la luPero entre Cruz y Victoria, tan opuestos en todo, llegada de su hija con una palma de triunfo? ¿Es símcha entre los dos caracteres opuestos de Cruz y Vic- hay un lazo de unión, un parentesco y semejanza. bolo de inesperado cambio en su malaventura? ¿Es
toria, y en la batalla queda derrotado Cruz, vencido Si Cruz es fuerte y obstinado, Victoria también lo es. contraste irónico, como tantos ofrece la vida en los
por el amor paternal, por la tierna esperanza de ser Si Cruz tiene los músculos de acero, Victoria tiene grandes trances? Esto puede decir el viejo Moneada
padre. En este punto termina el drama.
de acero los grandes resortes d el alma. ¡Una voluntad con su llanto. Pero el espectador ve más: ve aqueila

NúMERO

605

49 1

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SUMARIO

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EXPOSICIÓN oe: CHICAG(l, - Palacio de Bellas Artes

de los cuales todos tienen igual derecho á la existenmisma coincidencia, aquel mismo contraste y algo re más relieve dramático, y vuelve á palpitar - como cia: porque la humanidad ya no puede volver á ser
he
dicho
la
lucha
de
aquellos
dos
caracteres,
el
púmás. No aparece la monja en vano. Ella será la docomo Victoria, la mística y tierna doncella clorótica,
madora de Cruz; ella será la caridad y el amor, opues- blico siente de nuevo el poderoso interés de todo el ardiendo únicamente en amor por los humildes y los
tos á la fuerza y á la brutalidad. Y el aplauso estalla problema planteado.
Por desgracia, aquí acaba este interés, aquí acaba enfermos, ni puede ser como Cruz, hirsuto y d~spi~ante aquel grupo, ante aquel toque ideal, aquella nodado gorila, sin otra cualidad que la fuerza m mas
ta suavísima y cándida: ¡la silueta de una mujer de este problema: la lucha entre Victoria y Cruz, la fuer- virtud que el trabajo. Soñaba, repito, con una renívea blancura con la cimbreante palma en la mano! za y el espíritu, la brutalidad de un positivismo enérconciliación, una fusión, una
¡Hay pocos finales de acto
compenetración conyugal tan bellos, tan conmovedores,
duo t"n carne una - de la caritan sintéticos y comprensivos
dad y la virilidad, del trabajo
de ideas, como aquel final!
moderno y del misticismo anPero ya enterada de lo ocutiguo; lo soñaba todo, todo ...
rrido, ya conocedora del camenos aquellos dos últimos
rácter de Cruz, le asalta á
actos.
Victoria, la loca de la casa, la
He insinuado que todo en
idea del sacrificio; estremece
ellos se desvía y empequeñece:
todo su ser «la chispa de las
es la verdad. La enérgica von:soluciones supremas.» Ella
luntad de ambos protagonisserá quien salve á su padre,
tas se trueca en testarudez de
casándose con Cruz; ella será
esposos mal avenidos; su muquien dome á éste. ¡Cómo
tuo propósito de atraerse y
aparece la idea, cómo hurga,
amarse, en alevoso designio de
cómo labra, cómo se apodera
dominarse y ser molestos. La
de la voluntad, cómo por fin
comprensible ansia de posese realiza abordando de frensión de Cruz toma las formas
te y cuerpo á cuerpo la cuesde la mezquina avaricia, de la
tión con Cruz: esto es lo que
codicia al céntimo. En cuanto
se desarrolla en una serie de
aquellos dos héroes se casan,
escenas admirables del acto
quedan reducidos á las prosegundo, rematadas por aquel
l!.XPOSICIÓN DE CHICAG0. - Palacio del Gobierno de los Estados Unidos
porciones de dos burgueses orprecioso diálogo de Victoria y
dinarios. Cruz, sobre todo, nos
Cruz, el primer combate, donde se siente ya, con la fiera oposición de dos volun· gico y la mansedumbre de un amor ardiente. Yo no da tales chascos, que acabamos por desconocerle por
completo. Le creímos primero ingente y hermosa retades poderosas, la atracción secreta 9ue han de se~- sé imaginar en qué forma concreta y teatral había de
presentación del hombre nuevo, del hombre del tracontinuar
la
batalla,
ni
qué
pensamiento
debía
infetir mutuamente aquellos dos seres.¡Rica labor de ps1bajo, del obrero que entra por fin en el escenario del
rirse
de
ella.
No
sé
si
era
bien
que
triunfase
Cruz
ó
cólogo, que acaso ya no interesa tanto al espectador
vulgar, y que la critica necia y n~ticieril n_i compre~- que venciese Victoria. Soñaba, sí, vagamente, con mundo y mira de alto abajo á los hombrecillos de
de ni siente, vengándose de su 1gnoranc1a con atn- una reconciliación, una síntesis; porque la verdad es carrera, á la aristocracia podrida. Y luego resulta
buir á pedantería el placer sincerísimo y vivo de los que á estas alturas, sólo amplias, grandes, g~ne_r~sas que, por codicia y sólo por codicia, deja que se le
más atentos! No obstante, cuando esta labor adquie- síntesis caben ya tratándose de tan hondos pnnc1p1os, encare uno de aquellos hombrecillos y le grite en

EXPOSICIÓN DE CHICAG0. - Palacio de las Pesquerías

�LA ÍLustRAcIÓN ARTÍSTICA'
sus barbas: «¡yo soy un hombre como túl, » y le arroje á la cara el talón de una deuda. Desconocemos
á Cruz: le teníamos por codicioso en grande, no por
avariento en pequeño; sobre todo, no le teníamos
por vil ni por cobarde. En otro episodio nos causa mayor sorpresa. Imaginábamos que era el hombre nuevo en el modo de poseer, manejar y sentir, si
cabe decirlo, la riqueza material; no pensábamos que
fuera el burgués, el burgués explotador que se queda
atrás entre nuestra civilización, por pequeñez de miras.
Esto creímos, y con asombro, por lo inesperado, vemos
que Victoria le dice que ella quiere meter mano en su
gaveta para repartir lo atesorado, «¡para nivelar, para
nivelar! » D e modo que la socialista es la religiosa, es
la monjita. Y nuestro interés, nuestra curiosidad por
toda idea moderna, se vuelve de pronto de Cruz á
Victoria: ¡hétenos despistados! ¡Por último, por último... desencanto y sorpresa mayores! Hemos creído
que al autor, como á nosotros, Cruz le era simpático,
extremadamente simpático; hemos creído que le imaginaba, si no todo el bien social, por lo menos una parte del bien social: el trabajo y la autohomía de la VO·
Juntad. ¡Pues no! La obra termina con esta frase de
Victoria: «;Tú eres el mal! Pero ¿qué haríamos los
buenos si no tuviéramos por fin el domeñarte?» Esta
declaración, aun viniendo de Victoria, trastorna todas
mis ideas concebidas. Esta victoria completa de la religiosa, de la espiritualidad, no me satisface; me destruye la obra. Me parece ... ¡lo diré!.. , me parece una
concesión al público vulgar, ya que la idea no tiene,
no puede tener perfecta congruencia con el resto del
drama ni con las ideas del autor.
Y aquí termino. ¿Me es necesario resumir? No.
Creo que, á despecho de mi inhabilidad, se habrá
visto perfectamente lo que he dicho: que el drama se
alza cien codos por encima de lo que se escribe y
piensa en España. Pérez Galdós conserva su alta primacía de ser el más profundo pensador de todos los
escritores contemporáneos españoles y muestra en los
dos primeros actos un arte de maestro delicadísimo.
Pero al lado de esto, ó las exigencias del público, ó
la dificultad de hallar una forma dramática á la segunda parte de la obra, dejan ésta interrumpida y como pendiente y sin acabar. La loca de la casa no es
como Realidad, obra completa, obra extraordinaria.

J.

YXART

LOS EDIFICIOS
DE LA EXPOSIC.IÓN UNIVERSAL DE CHICAGO

V
Al encaminarse desde la parte Sur del recinto de
la Exposición á la que enlaza la del Norte y del centro y en el sitio en que la laguna interior se pone en
comunicación por medio de caprichosos canales con
el lago Míchigan, hay otros dos edificios situados en
la prolongación del eje principal del palacio de Manufacturas y Artes liberales que ya dejamos descrito:
estos edificios son el palacio de las Pesquerías y el
del Gobierno de los Estados Unidos.
El primero está destinado, como su nombre lo indica, á la exhibición de cuanto se relaciona con las
industrias marinas y en especial la de la pesca, y ha
sido construído por el arquitecto H . Ives Cobb, de
Chicago. Situado á la orilla de uno de los citados ca-

CHICAGO. -

Capitel en el Palacio de las Pesquerías

nales, dos elegantes puentes lo ponen en comunicación con la parte Sur de la Exposición, y más directamente con el palacio del Gobierno, que se levanta
en la otra orilla.
Fórmalo un gran cuerpo de edificio central con
pabellones poligonales á ambos lados de verdadera
originalidad y de estilo románico español, pabellones

que se enlazan al edificio principal por medio de galerías de planta curvilínea. En el centro de la nave que
constituye dicho cuerpo de edificio se alza una gran
torre circular cuya altura es igual á la anchura de la
nave, ósea de 80 pies, la cual lleva en los extremos de
dos diámetros que se cruzan en ángulo recto cuatro torrecillas poligonales del mejor gusto, y que contienen

CHICAGO. -

Capitel en el Palacio de las Pesquerías

NúMERO

605

cepto cuadraría mejor á un palacio de mucha mayor
extensión.
Otro tanto sucede respecto de l_os pabellones angulares, sobrado bajos para su anchura. En suma,
todo es aquí sólido, macizo, pero de escaso gusto é
inspirado en un estilo práctico más bien que artístico.
El interior está mejor distribuído y por sus espacio·
sas naves y galerías, iluminadas con inteligencia por
medio de grandes claraboyas y de ventanas laterales,
permite la desahoga-da colocación de los objeto~ expuestos y la libre circulación de los visitantes.
Exento de los defectos que hemos indicado respecto del edificio anterior aparece el palacio de Bellas Artes, pues sus condiciones arquitectónicas reunen á la esbeltez el buen gusto. H állase situado en
la parte septentrional de Jackson Park, siendo el último edificio que eontiene la Exposición por este lado,
y le rodean los pequeños pabellones levantados por
los diferentes Estados de la Unión así como por algunos gobiernos extranjeros. Consta sólo de planta
baja, cuya fachada principal da asimismo á un gran
estanque, al que se baja por una anchurosa escalinata: aunque construído en estilo jónico, su arquitecto,
M. Atwood, ha sabido imprimirle cierto sello de rara
originalidad contemporánea.
Sus dimensiones son 200 metros por 100, y está
constituído por una gran nave y un crucero que se
cortan en la parte central y en cuya intersección hay
una cúpula de 35 metros de diámetro por 42 de altura. Dos pabellones anejos, situados á derecha é izquierda del cuerpo principal del edificio y unidos á él
por medio de galerías, están destinados á diferentes
exhibiciones artísticas.

en su interior escaleras por las cuales se puede salir
á un balconaje exterior. La altura total de la torre
central, que remata en una airosa linterna, es de
150 pies.
La entrada de este palacio no presenta el carácter
monumental de las de los otros; al contrario, es sencilla y adecuada al carácter general del edificio
y la flanquean dos torrecillas cuadrangulares
rematadas en tejadillos piramidales. La techumbre de este palacio es de tejas doradas,
como dorada es una parte de la pared, á pesar de lo cual el edificio no ofrece el aspecto
chillón que podría suponerse.
La ornamentación es apropiada al objeto
del edificio: así los capiteles de las columnas
de los arcos como los frisos y demás partes
arquitectónicas que las admiten, llevan esculpidas formas de la fauna y flora marinas,
como peces de todas clases, cangrejos, langostas, serpientes acuáticas, ranas, tortugas
é infinidad de algas de gran longitud que
forman elegantes entrelazos y combinaciones.
Enfrente de ese edificio y, según queda
indicado, en la orilla opuesta del canal, se
alza el palacio del Gobierno de los Estados
Unidos, cuya traza es debida al arquitecto
W. J. Edbrooke. Hállanse en él expuestas
las colecciones oficiales de los diferentes departamentos del Gobierno, como Guerra,
Agricultura, Gobernación, Correos, etc. El
departamento de Marina, con su exposición
naval, ha exigido la construcción de una sección accesoria, y en el lago se ve un modelo
exacto de un acorazado de primera clase
completamente equipado. En el espacio que
media entre el edificio y el mismo lago hay
pabellones destinados á hospital de marina,
á aparatos y ejercicios diarios de una estación de salvamento, á un observatorio naval,
á una sección de faros, y por último se ha
establecido también un campamento de tropas regulares de los Estados Unidos.
El palacio del Gobierno, construído con
materiales del Estado de Wáshingthon, ocupa un área de 73 metros por 4 7 y da una
idea curiosa de la arquit(lctura extraña y
nueva de este joven y poderoso país. Además
de las contribuciones particulares, el Estado
CIIICAGO. - Interior de la rotonda del Palacio de Bellas Artes
ha invertido 260.000 pesetas en el trazado de
los planos y construcción de este edificio y
proporcionado más de cien mil dollars para las colecLa rotonda que remata en la citada cúpula es una
ciones de su exposición.
de las partes más elegantes y mejor entendidas del
Pero el conjunto general del edificio, aunque cu- interior de este edificio. De planta octagonal, pone
rioso, ó mejor dicho, vistoso y construído con exce- en comunicación al crucero con las naves por elevalentes materiales y á pesar de haber presidido en dos arcos que recuerdan los de la Tribuna del Palaél una cuidadosa mano de obra, carece de esas cua- cio de los Uffizi de Florencia, arcos en los cuales se
lidades de elegancia y belleza que se echan de ver destacan dos colummas que sostienen una cornisa á
. en los otros. Representa en el' lo largo de la imposta, habiendo sobre ella algunas
con pocas excepc10nes,
arquitecto talento de organización, pero no ingenio estatuas. Otras puestas sobre pedestales ocupan el esartístico: Su masa e~ pesada, las líneas no guardan pacio que media entre los arcos. El friso de donde
las debidas proporc10nes, y hasta la ornamentación arranca la cúpula lleva estampados los nombres de los
es pobre. No cabe negar que ofrece cierto carácter artistas más famosos de todas las épocas y naciones,
monumental; pero dadas sus dimensiones, mucho y la ornamentación general de esta rotonda es de la
más reducidas que las de otros palacios de esta mis- mayor propiedad y buen gusto, pudiendo calificarse
ma Exposición, échase desde Juego de ver que la cú- de pieza principal de este palacio.
pula central es desproporcionada para el resto del
No hay otro, por su conjunto y sus detalles, q_ue
edificio, l? propio que la puerta principal, con su mejor merezca la distinción de que se le conserve
cuerpo saliente y su elevado arco, que en nuestro con- después de cerrada la Exposición. - M. A.

¿QUÉ ME QUERRÁ?, cuadro de E. de Blaas

•

�494

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N~MERO

605

,
UNITE

INDIVISIBILIT

,DE LA
REPUBLIQlJE
LIBERTE
ÉGALITÉ
'RATERNI~

Facsímile de una carta de Robespierre dirigida en nombre de la comisión de Salvación pública al ejército
en 26 de octubre de 1793

cido una hora ó más sin poder apartar la vista del
cadáver, de la carita serena, descolorida, de los vidriados ojos azules, donde todavía brillaba un reflejo de celeste gozo. Y añadía el custodio de Luis XVII
que en aquella solemne hora «ofreció á Dios no
apartarse nunca de la virtud.»
IX. -

495

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

605

vo conforme y votó el perpetuo encierro - ó sea la
muerte - de Luis Carlos.
Parece que por entonces el estado de salud del
niño era menos desastroso: un poco de matiz rosado
volvía á sus demacradas mejillas. Un día del mes de
enero, en que hacía mucho viento, llenóse su prisión
del humo de la estufa, y Gomin aprovechó esta circunstancia para suplicar al comisario de servicio - un
tal Careaux - que permitiese al preso bajar al cuarto
de los custodios. Así se hizo, y Luis Carlos, por vez

custodio Lasne le recordase, para animarle y distraerle, el regimiento del Real Delfln, añadiendo que andando el tiempo el coronel había de ser digno de los
LUIS XVII
soldados, el niño miró alrededor, y con ojos brillanVIII. - EL TRÁNSITO
tes y en voz sonora exclamó: «¿Me has visto tú con
mi espada?»
El nuevo custodio del rey niño, Laurent, iba canLargo tiempo desoyó la Convención el aviso de
sándose, lo mismo que se había cansado Simón, de
los custodios, que pedían un ~édico para el niño.
la soledad y fastidio del encierro, por lo cual y merPor fin, el 6 de mayo, como advirtiesen que el niced á ciertos secretos hilos que por extraordinario suño expiraba, vino el sabio Desault, el cual dijo sin
pieron los realistas manejar con -arte,
rebozo que se había tai;dado demasiafué nombrado adjunto de Laurent el
do en llamarle, y que el niño sucumpacífico y excelente Gomin, á quien
bía al marasmo y al agotamiento, contantas pruebas de compasión debió el
secuencia del género de vida á que se
cautivo. A este Gomin, y á Lasne, que
le sujetaba. Esto mismo lo repitió
fué á su vez adjunto de Gomin cuando
donde pudo, gruñendo que mal podía
Laurent cesó en el cargo, se depen los
dar remedios de botica á quien nece. pormenores de los últimos días de
sitaba el aire del campo y la libertad.
Luis XVII, que han disipado las somUn comisario preguntó cierto día al
bras de misterio en que la Revolución
viejo facultativo: «¿El muchacho no
quiso envolver fin tan triste.
tiene remedio?- Yo lo temo, contestó
Porque no se crea que, aplacado el
Desault, pero hay en el mundo gentes
Terror, estaba conjurado su sangriento
que lo esperan. » Estas fueron las últifantasma, ni que la Convención daba
mas palabras de Desault en la torre
por nulo el antiguo plan de suprimir
del Temple, y de las últimas en el
al vástago del «último tirano.» Los
mundo, pues á los dos días, preguntanprocedimientos se habían suavizado
do Lasne y Gomin por qué no volvía
algo; los propósitos eran idénticos. La
el médico, les respondió otro comisaConvención y el Comité sabían que el
rio: «No le esperen; ayer se murió.»
niño estaba sentenciado; un convenDefunción súbita i extraña, atribuída
cional había dicho en plena sesión,
por el vulgo al veneno.
refiriéndose á Luis XVII: iEse chico
Pelletan, médico del Hospital, reemno llegará á la mayor edad.» No obsplazó á Desault. Como se indignase en
tante, como lá. vida és tenaz y reflorevoz alta, al ver que molestaban al ence, sospechábase que el niño, por mefermito con atroces rechinamientos de
dio del aire puro, de la alimentación
cerrojos, el niño, siempre fijo en el
. substanciosa y variada, del movimiento
pensamiento de que allí cerca padecía
y del juego, aún podía vencer la anemia
su madre, suplicó acongojado: «No
y las escrófulas y salvarse. Por eso peralce usted la voz: nos puede oir ella y
sistieron en los rigores del encierro, de
enterarse de mi mal.» Por orden del
la privación de ejercicio, del sustento
médico fué trasladado á una estancia
escaso y malo, consistente en un poco
más ventilada y clara, de más sol. «Esde carne cocida, negruzca y repulsiva,
tará usted contento aquí», indicó el
unas lentejas insípidas y un pan más
custodio. El niño le echó una de sus
duro que las piedras. Contra estas
expresivas y profundas miradas. «¡Siemcrueldades nada pudo la excelente vopre solo!, dijo muy bajo. ¡Mi madre en
luntad de Gomin ni de Lasne, siemla otra torre!»
pre recelosos además, de compromeEran los dolores del moribundo harterse, de hacerse sospechosos y de ser
to recios, á causa de la hinchazón
reemplazados por gente de peores ende las articuladones, y Gornin acertó
trañas, que agravase los sufrimientos
á decirle: « Me aflige verle á usted pade la criatura enferma. «Había en su
decer tanto. - Consuélese usted, rescarita, dice Gomin, un sello de dolor
pondió el chico, que no padeceré
y muerte que partía el alma.»
siempre. »
Al tercer día de desempeñar su carEn efecto, acercábase ya la gran
go Gomin, no pudiendo dar al preso
consoladora, la muerte que liberta, recomida regeneradora, trájole cuatro
dime y baña el espíritu en paz divina.
tiestos floridos. Le recompensó de su
La víctima no podía resistir más: sus
buena acción el mágico efecto que
fuerzas se habían agotado. Fueron sus
causaron. El niño llegaba á sí las floúltimos instantes tan poéticos, que el
res, las olía, las palpaba, las besaba.
Shakespeare que escribiese la tragedia
Al fin, sus ojos secos volvierop á hudel inocente rey niño nada tendría
Facsímile de un cartel que los ciudadanos franceses fijaron al exterior de sus casas para dar
medecerse con rocío bienhechor: por
que inventar ni que añadir, ni podría
testimonio de su republicanismo y librarse de persecuciones
vez primera desde que le habían desencontrar más bellas palabras, sueño
enterrado, Luis Carlos vertió una lágrimás patético y dulce. De puro hermoma. Fué_ s~ acción d~ gracias muda y elocuente; primera, salió de sus cuatro paredes y comió en com- so parece inverosímil, aunque es la estricta verdad.
porque SI bien no es cierto que Luis Carlos guarda- pañía de otras personas. Era la comida mucho mejor
Viéndole amo~orrado é inerte sobre la almoh~da,
se silencio absoluto (como afirma la leyenda), desde que la suya, y hasta había una torta de frangipán con preguntóle Gomm: «¿Está usted peor?» Y el mño,
la fatal declaración contra su madre, era realmente azúcar molido. El niño, al pronto, mostraba apetito con gran dulzura: «Estoy mal, per-o menos que antes:
difícil sacarle una palabra del cuerpo.
excelente; pero la dureza de Careaux, sus palabras ¡como la música es tan preciosa!» Ya se comprende
Lo que más admira al que lee los fastos de la Re- agrias y una frase que exhaló sobre la «inutilidad de que ninguna música, ni siquiera el más leve ruido, se
volución, es ver á una familia real - en épocas de la vida del chiquillo» le quitaron inmediatamente las escuchaba en la sombría torre. Gomin, admirado, intanto prestigio para las monarquías - entregada al ganas: ni comió más, ni siquiera quiso probar la tor- terrogó: «¿Dónde oye usted esa música? - ¡Allá en lo
suplic~o, sin que los demás reyes de Europ~ com- ta. «La dejé porque era de aquel hombre, » confesó alto! - ¿Hace mucho?- Desde que está usted de roprendiesen todo el alcance del hecho y se manejasen al día siguiente. Diríase que desde entonces el niño dillas. ¿Cómo no la oye usted? ¡Escuche, escuche!»
resuelta y eficazmente para salvarla. En cinco ó sintió realmente lo inútil de su amarga vida. Detúvo- Y con ojos de éxtasis, con el alma ya fuera del cuerseis años que duró la humillación y desaparición casi se la convalecencia; reapareció la fiebre, y los tumores po, el niño se echaba de la cama. De pronto se estrecompleta de la familia de Luis xv¡, ¿se comprende de las muñecas y las rodillas se abultaron.
meció y con arrebato inexplicable dijo, abriendo los
que España, Austria y los Borbones italianos no puPoco tiempo después, como Gomin propusiese al brazos: «¡Entre tantas voces he conocido la de
diesen coger en medio á Francia y aplastarla como á niño una partida de damas, él se levantó, y, cosa ra- mamá!»
una nuez? No es mi propósito insistir en el aspecto ra, fué derecho á su guardián, mientras con el dedo
¡Visión venturosa, final admirable de una existenexterior del drama que refiero: sólo me importa de él señalabaála puerta. «¡No se puede!,» respondió ape- cia en la cual, sobre torturas nunca imaginadas y aselo concerniente al débil ser que ya se acerca al fin nado el custodio; y el niño, echando fuego por los chanzas nunca vistas, sobrenadó fuerte, puro, sublide sus dolores. Y por eso he de contar que, á princi- ojos, murmuraba: «¡Quiero verla una vez; verla una me, intacto, un sentimiento, un amor, una pasión
pios del año 1795, la propuesta del rey de España, vez sola, antes de morir!» Seguía ignorando la suerte sin límites: la del hijo por la madre - corno había soque ofrecía reconocer la República si le entregaban de su madre; creía que estaba aún allí, á dos pasos de brenadado la de la madre por el hijo!
al hijo de Luis XVI para ponerle á la cabeza de un él, llorando por él. Viendo que Gomin no accedía,
No fueron, sin embargo, las últimas palabras de la
Estado independiente, empeoró la situación del pri- echóse desesperado sobre la cama, sollozando y gritan• criatura. A Lasne, que había subido á relevar á Gosionero, bien ajeno á que en España se le quería ha- do con tal fuerza, que Gomin, para contenerle, tuvo min, le preguntó blandamente: «¿Habrá oído esa
cer rey de Navarra y Bearne. Cambaceres exclamó que decirle: «¡No querrá usted que me condenen á música mi hermana? ¡Ojalá!» Y al mismo tiempo las
en la Convención: «Ningún riesgo hay en tener pre- muerte!» El niño, al oír esto, calló ... y el llanto vol- pupilas del agonizante se clavaron en la ventana:
sos á los individuos de la familia Capeto: en expul- vió al corazón de donde salía. Poco después excla- hizo un movimiento de inmenso júbilo, y volviéndosarlos lo hay muy grande. Casi siempre la expulsión mó mirando á Gomin: «¡A quién habré yo hecho se á Lasne, murmuró: «Tengo que decirte una code los tiranos prepara su restauración, y si Roma hu- daño!»
sa ... » Prestó oído el custodio ... y sólo advirtió un
biese puesto á buen recaudo á los Tarquinos, no tenHacia el mes de abril, aquel corderillo moribundo débil suspiro ... el postrero.
dría que combatirlos después.» La Convención estu- tuvo un lindo arranque, digno de ser notado. Como su
Lasne, años después, declaró que había permaneRECUERDOS DEL CENTENARIO ROJO

NúMERO

POST MORTE\l

Diríase que, al expirar el rey niño, las iras de la
revolución habían de aplacarse y dejar en paz sus extenuados restos, su cuerpo demacrado y consumido y
su cabeza abrumada de dolores inconcebibles. No
fué así. Hasta en la fosa veremos cómo llevó adelante la revolución su terrible consigna: deshacerse de
Luis XVII. Otros personajes expiaron delitos, errores,
faltas: Luis XVII expió el haber nacido. Existir fué
su crimen, y no existir, ni aun en la tumba, el castigo á que le condenaron.
Dispúsose la autopsia del niño así que se comprobó su muerte. Los facultativos registraron aquel pobre
cadáver, cuya descripción anatómica horroriza, como
horroriza la narración de premeditado y alevoso asesinato. En efecto, según declararon los médicos, todos
los órganos y vísceras del niño - cerebro, corazón,
hígado, estómago - revelaban salud y complexión
robustísima: lo que le había matado era el marasmo,
y la tuberculosis que de él se engendrara. Sin las privaciones, las torturas y la refinada combinación de
dos procedimientos espantosos - el martirio y la miseria, - la criatura hubiese vivido dilatados años, sana
y fuerte. La enfermedad se la derramaron en los labios, cual se derrama un frasco de ponzoña.
Cuando se supo la muerte del que el pueblo seguía
llamando delfln , formáronse grupos alrededor del
Temple. Una mujer con el pelo suelto y un haz de
flores marchitas en la mano, quiso forzar la puerta y
entrar á contemplar el cadáver. Lloraba, gritaba y repetía: «¡Quiero volverá ver al niño! Un día, en su
jardín de las Tullerías, me dió estas flores, y se las
he de poner sobre la caja.»
La Convención y el gobierno revolucionario, desde
el primer momento, aspiraron á quitar toda importancia al suceso. «Es un hecho insignificante,» repitióse
en las esferas del poder. «Que se le entierre sin ruido ni aparato,» añadieron. Tal fué el misterio y la
aparente indiferencia que envolvió esta muerte, que
hasta hace bien pocos años se negó que existiese el
acta de defunción de Luis XVII, obscurecida en los
archivos del Hotel de Ville. Cuando tendieron al niño
en el ata:íd - era el miércoles ro de junio de 1795 un comisario de los que allí se encontraban, movido
de piedad al ver el cuerpo desnudo, ofreció su pañuelo para envolverle la cabeza. Clavaron el ataúd
de pino; envolviéronlo en raído paño negro, y lo sacaron, antes -de anocher, á las siete de la tarde. Al
salir el féretro, el custodio Gomin dijo al empleado
que le seguía: «Ya no hace falta cerrar la puerta de
hierro.» Pasaba la fúnebre comitiva por la calle de
Popincourt, á tiempo que varios chiquillos del pueblo,
al saber el nombre del que llevaban á enterrar, seco-

locaron en fila y se descubrieron respetuosamente.
Estaba dispuesta la última morada de Luis XVII
(luego veremos cómo no fué última) en el cementerio de Santa Margarita, modesta y vieja parroquia no
muy distante del Temple. Abierta ya la fosa en el
rincón de la izquierda, fué depuesto en ella el ataúd,
y cubriéndole la tierra, no quedó señal visible del lugar en que descansaban los restos del rey niño. Como
en el sepulcro de Cristo, se dejaron allí centinelas,
á fin de que los adictos no viniesen de noche á sustraer el cadáver.
Desde el punto mismo de 1a inhumación , y á
pesar de estas precauciones, empiezan á espesarse las
tinieblas y á reinar la incertidumbre y el misterio.
Mientras Lasne afirma que Luis Carlos fué sepultado en una hoya abierta ex profeso, el bedel y el sepulturero de Santa Margarita aseguran que le enterraron en la fosa común; pero que ellos (habiendo
tenido cuidado de hacer en el ataúd una señal con
tiza), á la tercera noche, cuando ya cesó de estar vigilado el cementerio, desenterraron la caja, se cercioraron de que en ella yacía un niño con el cráneo
abierto por el escalpelo, y le enterraron en lugar
aparte, marcado con signos que permitían reconocerle. El enterrador, al proceder así, calculaba que andando el tiempo cambiaría de faz la política, y una
restauración probable le recompensaría por haber
reservado el cuerpo de Luis XVII.
Contrasta esta afirmación con la del general conde
de Audigné, el cual asegura que el cadáver del rey
niño fué sepultado al pie del torreón del Temple, y
que él mismo presenció cómo por casualidad se descubrieron, removiendo el foso, los restos, envueltos en
cal viva, é imposibles de confundir, por el tamaño del
esqueleto, grande para niño y chico para hombre, y
por las imborrables huellas de la autopsia que conservaba el cráneo.
Sin embargo, ni la versión del sepulturero ni la del
conde parecen adoptadas por la historia. Otra versión
más verosímil, más conforme á la revolucionaria eónsigna de suprintt'r á Luis Carlos, de borrar, si posible
fuese, hasta su nombre de la memoria humana, es la
que ha prevalecido, envolviendo definitivamente en
sombras el último destino del mártir del Temple.
Según declaró en 1816 Luis Antonio Charpentier,
jardinero mayor del Luxemburgo, el 25 de Prairial
del año m fué llamado por el comité de su sección,
y allí se le ordenó que volviese de noche, acompañado de sus dependientes provistos de azadones y palas.
Concurrieron puntualmente á la cita (no se jugaba entonces con la autoridad), y un miembro del comité, ciñendo su faja tricolor, les llevó, primero en coche y
luego á pie, sin pronunciar palabra, al cementerio de
Clamart. Allí se les mandó cavar una hoya de seis pies
de largo y tres de ancho. Hiciéronlo con el mismo extraño silencio, y acabada casi la hoya, vieron abrirse la
puerta del campo santo, y bajarse de un coche otros
tres hombres con faja tricolor, que traían consigo un
féretro no muy grande. Colocado el féretro en la nueva fosa, se ordenó á los jardineros colmarla: hecho
lo cual, se dispuso que pisasen el terruño é hiciesen

desaparecer el menor vestigio de la obra. En seguida,
y sobre la misma tierra que ya cubría el ataúd, se les
advirtió á los obreros que ¡ay de ellos si dejaban rezumar el secreto!: la indiscreción costaría la cabeza al
que la cometiese. Repartiéronse asignados á los trabajadores, y uno de los de la faja tricolor_ dijo_ rie~do
á sus colegas: «Trabajo le mando á Capetillo si qmere
reunirse con su familia.»
Cuando la restauración se dedicó á la piadosa tarea
de rebuscar y exhumar los restos de la famil!a re~l
para ofrecerles digna sepultura, lo contradi~ton?
de las versiones que al niño se referían, la casi evidencia de que la revolución había adoptado sus precauciones trasladando á Luis XVII de Santa Margarita á Clamart y acaso de Clamart á otro punto,
y las chanzonetas de la prensa de oposición, que satirizaba pesquisas cuyo fruto pudo ser honrar por
restos de María Antonieta los de alguna ignorada víctima de la guillotina, concurrieron á impedir que
se indagase activamente el paradero del cadáver
del niño. Y de aquí resultó lo que era natural que
resultase. .. Negóse la realidad de la muerte de
Luis XVII, y por consiguiente la legitimidad de
Luis XVIII. Surgieron los falsos Luises, los impostores que tanto han dado qué decir y qué soñar.
Hay en el sentimiento monárquico exaltado un
matiz de romanticismo que no se ha estudiado lo
bastante. Merced á este sentimiento ( que podemos
clasificar entre los del orden estético) el respeto á una
institución se convierte en culto á un individuo, al
cual reviste de todas las perfecciones ideales en cuerpo y alma. Un rey amado tiene que ser guapo, animoso, noble, digno, ora santo (como nuestro Fernando), ora mártir (como Ricardo Corazón de León
y Luis XVII). Pues bien: si la imaginación pre!endiese agrupar en una sola persona todas las cuah_dades y circunstancias que exaltan el amor, el entusiasmo y la abnegación absoluta, no llegaría á formar
tipo tan completo como el de Luis XVII. He~mo_sura que atrae; niñez que enternece; carácter regio bien
demostrado en tan corta edad; un amor filial que
vertía sangre por mil heridas; un infortunio que no
puede hallar términos de comparación en ningún infortunio humano... , todo se reunió en Luis Carlos
de Borbón para encender hasta el fanatismo la devoción de sus partidarios. Si Luis XVIII llegó á ocupar
el trono de hecho, Luis XVII, el crucificado del
Temple, se captó los coraz,ones. Cuéntase ?e un jefe
chuan, que al pegar fuego a las ropas untaaas de pez

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_.,_:..i..,..,

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Un guardia nacional francés dirigiéndose al cuerpo de guardia,
Copiado del Diario de la tonurde Fra,ujort (1793)

de un niño hijo de un republicano, le dijo rechinando los dientes: «Por Monseñor el Delfín.» Si el rasgo
parece salvaje, citaremos otro, el del realista oficial
de marina fusilado en Quiberón, y en cuyo pecho
encontróse un relicario chico, que encerraba una rosa

�EMIGRANTES DIRIGIÉNDOSE AL EMBARCADERO, CUADRO DE LUIS DE ENGELEN

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍTISCA

seca y este rótulo: «Regalada por Monseñor Luis,
Delfín de Fran&lt;;:ia.»
No: á Luis XVIII, hermano del rey, no se le podía
adorar como al niño infeliz, esperanza, delicia y dolor
de la patria. Y la revolución, al suprimirle cadáver
como le había suprimido vivo, no hizo sino abrir las
puertas de la leyenda, fomentar el mesiani~mo legitimista, dar cuerpo á la novela de una evasión secretísima, de una huída al extranjero, y más tarde, de
una reaparición de Luis XVII.
Leyendas como esta pululan en la historia: desde
Barbarroja dejando crecer en profunda caverna su
barba centenaria, y Arttís oculto bajo tétrica forma
de cuervo, hasta los falsos Demetrios de Rusia y los
falsos don Sebastianes de Portugal, el pueblo se ha
empeñado en arrebatar á la muerte á los soberanos
que amó; y si - como en el caso del niño Demetrio
y en el de Luis XVII - r~dea cierta penumbra los
últimos instantes y el sepeho de los héroes, la leyenda brota espontáneamente, cual flor azul nutrida con
las lágrimas y regada por las tristes lluvias que empapan la solitaria é ignorada fosa ...
El no haberse encontrado los restos del niño; la
oposición del gobierno restaurador á que se buscasen;
ciertas palabras y acciones de Madama Royale, hermana de Luis XVII y después duquesa de Angulema,
fueron otros tantos pilares en que descansó la imposfura. No apareció un solo Luis XVII : surgieron tres
ó cuatro. Sobre todo uno de ellos, el famoso relojero
Naundorff, fué para muchos realistas acérrimos el
verdadero cautivo del Temple, el niño rey. Ni le faltaron historiadores que sostuvieron sus afirmaciones,
ni testigos que las robustecieran. No ha mucho que
la prensa frai:icesa habló largamente de Naundorff y
su familia, y al leer los artículos que entonces se publicaron, dudas y zozobras y curiosidades sin fin agitaban el espíritu, cautivo de la historia singular de
aquel nuevo Gabriel de Espinosa, cuyos labios sellaba
voluntario silencio. Mas si la imaginación pretende
echarse á volar, la historia seria, documental, enemiga
de lo extraordinario y lo maravilloso, únicamente nos
dice que Luis XVII falleció en el Temple y fué inhumado en Santa Margarita. - El mejor comentario á su
destino serían las palabras que Esquilo pone en boca
de Prometeo encadenado.
«¡Oh deidad veneranda de mi madre! ¡Oh éter, que
haces girar la luz común para todos! Viéndome estáis
cuán sin justicia padezco.))
EMILIA

p ARDO BAZÁN

Juan Bautista, que se atribuye al famoso esc~ltor alemán Tilman Riemenschneider.
- En la capilla de la abadia de Boppard (Prusia rhenana)
se han encontrado varias y excelentes pinturas murales del siglo XIII: estas pinturas, que representaban asuntos religiosos,
habían sido cubiertas por varias capas de cal, habiéndose dispuesto que se proceda á su completa restauración.
- En Nantes se ha inaugurado la estatua que aquella población ha erigido á su hijo adoptivo, el ilustre doctor Angel
Guepin, el autor de la famosa Historia de Nantes y el fundador
del dispensario oftalmológico gratuito. La estatua es obra del
escultor Carlos Le Bourg y en el zócalo se ha grabado la admirable divisa que fué la norma de la vida de Guepin: Att.r plus
desherit!s, le plus d' amour (A los más necesitados, la mayor
suma de amor).
- Para la Galería de Pinturas del Instituto Stadel de Francfort en el Mein han sido adquiridos en la subasta de la colección Bohm cuatro cuadros, que son: Ma11ana en las 111011tal1as
del Rhin, ele Pedro Becker; La antigua coc/1erla, de A. Burger; Sant(l Maria Magdalena en la ma11ana de Pasllla, de E.
de Steinle y un retrato de niño de Felipe Rumpf.
- Se ha.inaugurado en Munich la E xposición anual de la
Sociedad de Artistas, en la que figuran 2.000 obras. De las naciones extranjeras la que está mejor representada es Inglaterra,
siguiendo Juego Bélgica, H olanda, Espru1a, Italia y Francia,
esta última con iJfla porción de hermosas esculturas.
En la propia ciudad actívanse los trabajos para inaugurar
cuanto antes la exposición de los secesionistas á la cual se sabe
que concurrirán muchos y muy notables artistas extranjeros.
- El compositor francés Eugenio de Henbay está escribiendo actualmente la m(1sica para una ópera cuyo libreto le ha dado el célebre poeta Francisco Copée, tomándolo de su mama
El violinista de Cre111011a.
Barcelona. - Salón Parés. - Importante y variada fué la exposición de estos últimos días. Ribera presentó:una media figura de mujer, elegante, fina de color y de sólida ejecución, como
suya; Tamburini, una cabecita pintada con jugosa frescura;
otra Graner, de un campesino, viva, sobre uno ele esos fondos
indecisos peculiares á este artista, y B. Casas, una cabecita
también discretamente estudiada.
U rgell sobresalía con una marina, de conjunto armonioso,
impresionado de luz y de acentuación total más decidida que
en muchas de sus obras anteriores.
Francisco Miralles, recién llegado de París, figuró con un retrato hábilmente ejecutado del Dr. Liciaga, y con una escena,
pintada con la brillantez que él acostumbra, de nuestro Paseo
de Gracia.
La fundición de Federico Masriera brillaba de una manera
notable en el salón, así por el valor artístico de los modelos,
como por las excelentes condiciones de reproducción en las
obras expuestas; el grupo de Campeny, Bisonte atacado por
u ,ws lobos, obra vaciada en bronce por encargo de un aficionado
yankee, pondrá en buen Jugar en el otro continente, tanto á
nuestra escuela de escultura cuanto á la fundición artistica barcelonesa.
Si las dificultades vencidas con verdadera maestría en la fundición de un grupo como el expuesto, por su estructura y dimensiones merece los plácemes más sinceros, no deben esca·
timarse tampoco al busto de Carlos III, de Mena, hábilmente
reproducido á cera perdida con exquisita limpieza, ni al retrato
de señora, obra modelada años atrás por el malogrado Nobas.

Teatros. - El comité constituído para las representaciones
de ópera que se han de dar en Gotha anuncia que el 27 de este mes se cantará Medea, ele Cherubini; el 29 Caperucita roja,
de Boildieu, y el 30 y 31 las óperas premiadas en el concurso
de que en otro número dimos cuenta, Evanthia, de Pablo U mlauft, y La Rosa de Pontevedra, ele José Forster.
- En el teatro Real de la Opera, rle Berlín, se ha estrenado
una ópera en cuatro actos, El gitano, de Ricardo Stieblitz, cuya
partitura revela en su autor grandes conocimientos en la instrumentación y contiene bellísimas melodías. La ópera ha sido
muy aplaudida.
Parls. - En el teatro de Aplicación se han estrenado: Le nez
d' tm ,wtaire, graciosa comedia en dos actos tomada de la no·
vela del mismo titulo de Edmundo Abont, y La poudre aux
moineau.r, una y otra de un joven y distinguido escritor, M.
Carlos Esquier. En el Ambigú ha tenido gran éxito un intere·
sanie drama en cinco actos y once cuadros de M. Pablo Mahalin, titulado Valmy.
Londres. -Se ha estrenado con muy buen éxito en Covent
Garden la 6pera de Mascagni, / Rantzau, dirigida por su autor:
éste ha recibido de la reina Victoria unainvita_ción para que dirija en el palacio de Wlndsor una representación en la que en
presencia de la familia real se P?ndr~ en es~ena Cavalleriarusticana y el segundo acto de L amigo Fritz, que cantarán la
señora Melba y los Sres. de Lucia y nuestro paisano el aplaudido tenor Viñas.
Barcelona. - Las principales compañías dramáticas que actuaban en nuestra capital han terminado sus tareas después de
haber hecho una fructífera campaña. La del Sr. Vico, que actuaba en el Eldorado, ha marchado de ovación en ovación, especialmente en las funciones dadas á beneficio del galán joven
D. Antonio Perrín y de aquel distinguido actor; pero la que el
público le tributó la noche de su despedida ha excedido á toda
ponderación y á cuanto hasta el presente se ha visto en Barcelona. En el mismo teatro empezará á actuar una compañía de
ópera italiana bajo la dirección del maestro Goula (hijol. En Novedades ha sido también cariñosamente despedida la compañía
dirigida por D. Emilio Mario, después de haber reproducido
en esta capital el interesante drama La Dolores, admirablemente escrito por el Sr.' Feliu y Codina, en el cual ha obtenido
un señalado triunfo la señorita Guerrero, y estrenado el precioso drama del Sr. Pérez Galdós, L a loca de la casa, y la comedia de D. Miguel Echegaray, A bogar-contra si mismo, uno y
otra con brillante éxito. En el Lírico terminó sus compromisos
la compañía dirigida por los Sres. Rosell y Ruiz de Arana, que
por espacio de algunos meses ha hecho las delicias de los aficionados al género cómico de buena ley. La zarzuela Abe/ardo
y Elo{sa, estrenada en el Tlvo}i, ha dado escaslsimo resultado;
en cambio La telefonista, arreglo del francés por D. Salvador
Granés, con bella música de Serpette, está proporcionando
muy buenas entradas, á pesar de sus chistes de color algo más
que subido.

Bellas Artes. -A fines de septiembre se celebrará en Nuremberga un congreso de historia de las Bellas Artes: el comité organizador, compuesto de los artistas profesores Holtzinger,
F . Craus, C. de Lutzow y Oechelhauser, invita á todos los representantes de las sociedades artlstico-cientificas, de los mu·
seos, etc., y proyecta celebrar en aquella ciudad una exposición
de obras de arte propiedad de particulares.
- El Parlamento de Baden ha votado la suma de 500.000
pesetas para añadir á la Galería de Bellas Artes de Karlsruhe
dos salas destinadas á pintura y dos á escultura: al propio
tiempo que estas obras se terminará la ornamentación pictórica de la escalera del edificio. Los dos grandes lienzos de pared
y las lunetas que han dejado libres los frescos de Mauricio de
Schwind se cubrirán con cuadros que han sido ya encargados
al pintor Gleichanf.
- El escultor francés Mercié ha terminado ya el modelo del
monumento á Meissonier que en la próxima primavera ha de
inaugurarse en los jardines del Louvre: el artista presenta al
famoso pintor vestido con su blusa y sentado en un sill6n en
actitud meditabunda y con la paleta en la mano, tal como se
le encontraba en su taller cuando estaba trabajando.
- Las autoridades municipales de Wiesbaden han tomado
recientemente los acuerdos necesarios para proceder al embellecimiento de la nueva Casa Consistorial. En el salón de sesiones se colocarán dos grandes lienzos que representarán el
asalto de las murallas romanas de la ciudad por los germanos
y la entrada del emperador Guillermo en Wiesbaden después
de descubrir el monumento de Niederwald. En el salón de fiestas se pondrán los retratos del emperador y de la emperatriz
actuales, de Guillermo I, de F ederico, dd emperador Adolfo
de Nassan y del gran duque Adolfo de Luxemburgo y figuras
alegóricas de la Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza.
- El pintor A. de Heyden ha terminado el friso del salón de
la Casa Consistorial de Berlin, que consta, como en otra ocasión dijimos, de veinte escenas de la vida berlinesa: las últimamente pintadas son un café en un jardín público, un mercado
rle los que semanalmente se celebraban en aquella capital, la
extinción de un incendio y la llegada del despacho anunc\ando
la victoria de 2 de septiembre de 1870, fecha de la batalla de
Sedán. Para completar la ornamentación faltan doce retratos
de otros tantos berlineses célebres de la época en que se construyó el edificio, que se colocarán en las lunetas de aquel salón.
- L'l asociación de acuarelistas alemanes celebra actualmente en Dresde una exposición en la que figuran notables obras
Necrología. - Han fallecido recientemente:
de Stahl, Herrmann, Skarbina, Banlzer, Fritz, Bartels y
Maximiliano Hantken, director del Instituto de PaleontoloKampf.
- En el campanario de la iglesia parroquial de 1-fassfurt gia de Budapest, fundador de la Sociedad Geológica de aque(Franconia) se ha descubierto una estatua de madera de San lla ciudad é individuo de la Academia Húngara.

Nú~IERO

605

Santiago María G. de Crussol, duque de Uzés, individuo de
una de las familias más nobles de Francia, que habla recientemente emprendido un viaje de exploración al Africa central, en
donde ha muerto.
Doctor Nils Gustavo Kjellberg, profesor de Psiquiatría de la
Universidad de Upsalay uno de los más célebres frenópatasde
Suecia.
Guy de Maupassant, renombrado escritor é inspirado poeta
francés, autor de hermosas poesías, novelas y cuentos y colaborador de los principales diarios y revistas de París.
Gabriel Balar!, director del Conservatorio del Liceo de Barcelona, notable compositor, autor de muchas y aplaudidas zarzuelas, sinfonías, romanzas y piezas de concierto y de baile.
Don J uan T~tau, distinguido economista y ministro de Hacienda en tiempo de la república española.
•
Don Alejandro Rodríguez Arias, teniente general del ejérci·
to español : tomó parte en la guerra de Santo Domingo, en la
campaña de Cuba, en la guerra carlista y ha fallecido desempeñando el mando superior de la isla de Cuba.
Otón Bach, director del Mozarteum de Salzburgo, director
de la Sociedad de Filarmónicos de Viena, compositor de óperas y de piezas sinfónicas, religiosas y de música di camera.
Enrique Schaumann, pintor alemán de género y de animales, presidente de la Asociación Artística de Stuttgart.
Juan Schindler, notable escultor ornamentista vienés.

Después del baile, cuadro de Holewinski -

Fuente de emociones es un baile para toda joven, jy más si la
joven es linda como la que pinta Holewinski: á él acude llena
de ilusiones, animada por el deseo de ver al que supo conseguir su cariño ó por la esperanza de encontrar allí quien sepa
hacerse dueño de los tesoros de amor que su pecho encierra, y
de él regresa unas veces con una ilusión más, otras con una
esperanza menos, ya inundada el alma de inefables delicias, ya
traspasado el corazón por punzantes desen~ños. La beldad del
cuadro que reproducimos no ha reco~do a buen seguro en el
baile tan amargo fruto: su cuerpo mas que del cansancio material se reposa de esa dulce fatiga que nace de unas horas de
placer no turbadas por el más pequeño desasosiego, y en su rostro se revelan el bienestar que producen el deseo satisfecho y
la pasión correspondida, la tranquilidad que engendra 1:J. confianza en el bien amado, la voluptuosidad que despiertan el recuer·
do del lícito goce saboreado y la seguridad del próximo logro
de un ferviente anhelo.

¿Qué me querrá?, cuadro de E. de Blaas. - La faja
de canal que corre en la parte inferior del cuadro de Blaas es
un indicio de que la obra está inspirada en la que con razón se
llama perla del Adriático, pero más_ c?nvincente que este indicio es la prueba plena que nos summ1stra la figura que en ella
destaca. Cualquiera que haya visitado Venecia y recuerde el
tipo de la veneciana de la clase baja, no podrá engañarse respecto de la procedencia de la heroína del lienzo que nos ocupa:
en muchas partes se encuentran cuerpos esbeltos, formas esculturales cabelleras espléndidas que en negros rizos se desbordan
sobre 1~ frente y las espaldas; pero lo que sólo en Venecia se
encuentra son esos ojos llenos de luz que atraen y esas miradas
todo fuego que abrasan. No cabe duela: es veneciana esa muchacha que se pregunta ¿Qué me querrá? Pues ¿qué ha de querer de ella - decimos nosotros - sino decirle una vez más que la
adora hacerla partícipe de sus proyectos y ele sus esperanzas,
arran~rle nuevas promesas amorosas, y quizás, aprovechándose de la soledad del sitio, robar á sus labios uno de esos besos
en que se condensa todo el proceso de una pasión? ¿Acertamos
al contestar en estos términos? Estamos seguros de ello, y si
nuestra convicción vacilara nos afirmaría en ella la expresión de
esa hermosa cara en donde más que la pregunta leemos las
respuestas que dejamos escritas.
E migrantes dirigíéndose al embarcadero, cuadro de Luis de Engelen. - No hace aún muchos años,
la emigración á América se alimentaba de los que no contentos con el bienestar, modesto, sí,. pero bienestar al fin, de que
disfrutaban en su patria, ibanse á lejanas tierras en busca de
mayor fortuna; hoy no es el afán del oro el que impulsa á los
emigrantes, es el hambre, la necesidad_ de procu~arse en otros
continentes el pedazo de pan que su tierra les ruega. Antes se
abandonaba el hogar con la esperanza de volver rico al rincón en
donde se nació; ahora el que emigra sabe que su peor desgracia
ha de ser el regresar, porque el regreso significa que la miseria
de allá devuelve al emigrante al país de donde la miseria de acá
lo arrojara. Así el espectáculo de un embarque de emigrantes
tiene mucho de lúgubre, y aun cuando entre tantos infelices no
falta quien intente engañar con falsas muestras de regocijo el
dolor propio y el ajeno, todos en el fondo llevan clavado en su
pecho el mismo puñal, la casi seguridad de que abandonan su
ingrata patria para siempre, la certeza de que allende los mares les espera luna vida de sacrificios sin la esperanza de un
porvenir risueño; saben que no van á enriquecerse, sino á vivir,
y ¡dichosos aún los que vivir puedan I Sugiérenos estas tristes
reflexiones el magnífico lienzo de Engelen, e~a composición
grandiosa que además de ser una obra acabadísima desde el
punto de vista técnico, tiene todo el vigor, todo el relieve, todo
el sentimiento rle la realidad magistralmente presentada por un
artista que además de ver, observar y reproducir de un modo
maravilloso, siente hondo y sabe hacer vibrar en los demás las
mismas fibras que en su corazón se agitaron.

Las Sant as Mujeres, bajo relieve de Rafael
Belliazzi. - Belliazzi es uno de los escultores napolitanos más
renombrados y á su cincel se deben los principales monumentos que son hermoso adorno de Ja antigua capital de las dos Sicilias. Recientemente ha termirf.ldo un bellísimo sepulcro que
en el cementerio de Nápoles ha de encerrar los restos mortales
del gran patriota y célebre escritor italiano F rancisco de San·
tis. Destinado á un panteón del propio cementerio está terminando el bajo relieve que reproducimos, y en el cual se advierten tantas excelencias de composición y de ejecución que ellas
por s( solas bastan para justificar la fama de .que disfruta el
artista.

'Nú11IERO

605

LA ILU STRACI ÓN ARTÍSTICA

499

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT, - ILUSTRACIONES DE EMIL I O BAYARD
(CONTINUACIÓN)

- Es posible que haya hecho bien, efectivamente; pero en lo que he hecho
mal ha sido en no detenerme á tiempo.
- Y ¿quién tiene la seguridad de detenerse á tiempo?
- Todas las borracheras son iguales; llega un momento en el que ya no sabe
uno lo que hace; en que el hombre se convierte en juguete de impulsos misteriosos, á los cuales obedece teniendo la convicción clara y perfecta de que procede como un miserable dejándose arrastrar por tales impulsos. Esto me ha
ocurrido, lo cual no atenúa en nada mi responsabilidad ni mi culpa.
A1 día siguiente, no por la mañana como quería Anie, sino por la tarde, luego
que Sixto se vió libre, partieron él y Anie en carruaje para Ourteau, adonde
llegaron al anochecer. Barincq, que volvía en aquel mismo momento á su casa,
llegó justamente á tiempo para dar la mano á su hija al bajar ésta del carruaje
que los había conducido.
- ¡Qué sorpresa tan agradable!, dijo Barincq besando tiernamente á su hija.
¿Qué os trae por acá?
- Vamos á decírtelo así que esté mamá para oirlo.
- Pero, en fin, estáis buenos, eso es lo esencial, y vais á comer con nosotros.
Manuel, vete inmediatamente á la cocina y di que los señoritos co'men con nosotros. Precisamente he reservado esta mañana un hermosísimo salmón para enviároslo.
Barincq había dado el brazo á su hija.
- Y el negocio que os trae ¿no se puede explicar sino delante de tu madre?
- Creo que es lo mejor.
- Entonces, vamos á buscarla en seguida.
Ambos entraron en el salón donde se hallaba la señora de Barincq, cortando
á la luz de la lámpara con una plegadera las hojas de una revista que seguramente no leería nunca, pero á la cual estaba suscrita porque le parecía esto muy
propio de una propietaria de un castillo.
-Anie, dijo Barincq al entrar, tiene que decirnos algo importante.
Ya no era posible retroceder; Anie, pues, comenzó sin detenerse:
- Sí; un contratiempo que anoche ocurrió á mi marido.
- ¡Un contratiempo!, dijeron simultáneamente los esposos Barincq.
- Sí; en una reunión en casa de Arjuzanx le comprometieron á que jugase y
perdió ...
- Sesenta y cinco mil francos, dijo Sixto terminando la frase de Anie.
- ¡Sesenta y cinco mil francos!, gritó la señora de Barincq, de cuyas manos
cayeron al suelo la revista y la plegadera.
- Que venimos á pedirte, papá, dijo Anie mirando á su padre.
- Sí, respondió Barincq en tono franco y sencillo; vosotros no podéis pagar
esa cantidad. t
- Y las deudas de juego, dijo Anie, se pagan á las veinticuatro horas.
- Es verdad.
Desde que se verificó el matrimonio de Sixto y de Anie, la señora de Barincq,
al ser testigo de la felicidad de su hija, habíase dulcificado mucho con respecto á
su yerno, al cual solamente llamaba la buena señora «querido Valentín, mi buen
- ¡ Sesenta y ocho mil francos!, gritó la señora de Barincq
yerno y hasta mi hijo;}) pero la pérdida de sesenta y cinco mil francos la trastornó.
- ¿Cómo, señor mío, gritó, usted se permite perder sesenta y cinco mil
principio en el rostro de su mujer y que la obligaba á fruncir las cejas y á apretar los dientes, se desvaneció; aún no había terminado Sixto su relación cuando francos?
- ¡Ay! Sí, mamá.
Anie se acercó á él, lo abrazó y lo besó apasionadamente, gritando:
- Y ¿cómo ha perdido usted esos sesenta y cinco mil francos?
- ¿Y por eso me has dado un susto tan espantoso?
- El cómo importa poco, interrumpió Anie.
- Pues qué, ¿no es nada esto?
- Al contrario, importa muchísimo. ¿Conque es decir, que es usted jugador,
- ¿Qué importa?
caballerito?
- Es preciso pagar.
- El perder casualmente una cantidad al juego no es ser jugador, replicó Anie.
- Buen:&gt;, pues pagarás. ¿No puedes tomar sesenta y cinco mil francos sobre
Sin contestar á su hija, la señora de Barincq se levantó, se acercó á su esposo
tu fortuna sin que esto resulte una catástrofe?
Al oir estas palabras el semblante sombrío del capitán comenzó á serenarse. y le dijo:
- ¡Ya lo ves! Has ·casado á mi hija con un jugador.
- Entonces, replicó sonriéndose, no hay más que tomar esos sesenta y cinco
- Pero, amiga mía .. .
mil francos de la caja.
- No te dirijo censuras, no te acrimino, demasiado cruelmente pagas ahora
- No hay sino pedírselos á mi padre, lo cual haré mañana mismo por lamatu culpa. ¡Pobre padre! Para ese fin tú has sacrificado á nuestra hija.
ñana.
Después, volviéndose repentinamente hacia su yerno, le dijo:
- Lo cual haremos, replicó Sixto; bastante haces con tomar parte en esta
- ¿Cómo no ha tenido usted la lealtad de prevenirnos de que tenía usted el
enojosa gestión, cuya responsabilidad debía llevar yo solo.
Arregladas las cosas de este modo, podía ya la joven hacer una pregunta que vicio del juego?
- Pero, mamá, interrumpió Anie, Valentín no tiene ese vicio; hace doce
tenía hacía un rato en la punta de la lengua y que ahora no podría parecer á
años que no ha tocado una carta.
Sixto expresión de queja ó de censura.
- Pero cuando la toca nos cuesta muy caro.
- Pero ¿cómo has perdido esa suma?
Barincq creyó que aquellas palabras le permitían poner término á una escena
- ¿Cómo? ¡Ah!
que para él era tanto más injusta, cuanto más veces se decía á sí mismo en voz
Anie vaciló unos instantes y por último dijo:
baja que Sixto tenía derecho perfecto á perder lo que era suyo.
- ¿Eres jugador?
- Ahora sólo se trata de pagar, dijo.
- Lo he sido en dos épocas: á los quince años en el colegio; á los veinte en
Pero su mujer no se dejó atajar la palabra.
Saint Cyr. A los quince años perdí en cierta ocasión ciento veinte francos jugan- No trato de acriminará Sixto, replicó; pero vuelvo á decir que cuando un
do á la dobla contra Arjuzanx. Figúrate lo que eran ciento veinte francos para
mí que solamente poseía veinte sueldos que me daban cada semana, y qué emo- hombre trata de formar parte de una familia, debe en conciencia confesar sus
ción experimentaría yo; por fortuna Arjuzanx me dió siempre el desquite yaca- vicios ...
- Pero, mamá, Valentín no tiene vicios.
bé por quedar en paz. Andando el tiempo también jugué en Saint Cyr y perdí
- Tal vez será virtud eso de jugar. Pues sigo creyendo y diré siempre que
mil doscientos francos, los cuales durante mucho tiempo han pesado con horrible
pesadumbre sobre mi concioocia. Desde entonces no he vuelto á tocar una car- cuando un hombre logra la fortuna inesperada ... , sí, señor, inesperada por muta, y de esto hace ya doce años. ¿Cómo he podido dejarme arrastrar otra vez, chos conceptos, de ser escogido por una señorita perfecta y de entrar en una
siendo así que ni me gusta el juego ni me gustan los jugadores? No lo sé; ha si- familia ... en una familia también perfecta, debe considerarse suficientemente
do un vértigo. Además, debo confesártelo, ya que nada te oculto, algunas burlas honrado y suficientemente dichoso para no buscar distracciones fuera de casa ...
En tanto que la señora de Barincq decía todo esto con vehemencia extraque, aun siendo dirigidas á de la Vigne, me pareció que pasaban por encima de
ordinaria, Anie mirat,a á su marido, que inmóvil, sereno al parecer, pero muy
la cabeza de éste para llegar hasta mí.
pálido, no decía una palabra; Anie, interrumpiendo á su madre, dijo á Sixto:
- Entonces, dijo Anie, has hecho bien.

Anie conocía perfectamente á su marido; existía entre ella y él e?trechísima
y completa comunidad de ideas, de sentimientos, p~ra que la expres1ó.n d~l ~ostro de Sixto no la impresionase hondamente; Anie, a pesar suyo, mstmtlvamente, formuló en voz alta la pregunta que, sin ella darse cuenta, había subido
desde su corazón á sus labios.
- ¿Qué tienes? ¿Qué ha pasado? ¿Qué te ha sucedido?
- Voy á decírtelo ahora; subamos.
En realidad esto era preferible; se ahorraban el embarazo y la tarea de preparar el golpe.
.
Una vez en su habitación Sixto refirió á su mujer, en muy pocas y muy rápidas palabras, todo lo que en casa de Arjuzanx había sucedido: su pérdida Y la
suma á que esa pérdida ascendía.
Conforme iba hablando veía Sixto que la expresión de angustia dibujada al

��LA I LUS'fRACIÓN ARTÍSTICA

502

LAS BOYAS ELÉCTRICAS DEL PUERTO DE NUEVA YORK
Acaba de hacerse en los Estados Unidos una interesante aplicación de las boyas eléctricas que han si· do colocadas por el Light-House Board en uno de

Y ya que nos ocupamos de los cables, no creemos
ocioso hacer algunas indicaciones respecto de los cables defendidos por una sencilla envoltura. Precisa
examinarlos de vez en cuando para corregir las averías que en ellos ocasionan las anclas de los buques ó
por las dragas que determinan nudos cual los que se
forman en las cuerdas de cáñamo. De ahí que se produzca la fractura de la cubierta protectriz y en su consecuencia circuitos y extinciones. Ha sido, pues, preciso proteger los cables por una doble cubierta de
mucha consistencia, envolviendo el todo de un compuesto asfáltico, residuos bituminosos de petróleo disueltos en sulfuro de carbono.

NúMERO 605
sición. El misterio que envuelve tantas regiones del
continente africano fué causa para que M . de Uzés,
animado de nobles propósitos, lo escogiera para la
realización de su atrevida empresa. Al efecto, organizó la expedición, tomando á Brazzaville como punto
de partida; pero la insurrección de los árabes contra
el nuevo Estado del Congo obligóle á retroceder,
ante la imposibilidad de franquear la ruta que había
de conducirle á los grandes lagos. A esta circunstancia se debe que el jefe de la expedición ofreciera su
apoyo y el de sus compañeros al agente frapcés del
Alto Oubangui, para castigar á los asesinos del explorador M. de Poumayrac. La campaña fué dura y
penosa, y el duque de Uzés, ya atacado de una afección especial que cubre las piernas de dolorosísimas
úlceras, vióse obligado á retirarse. Ya en Abidas la
disentería atacó á la mayor parte de los expedicionarios, y M. Jullien, uno de los compañeros del duque,
en un lastimoso estado de extenuación, dirigióse hacia la costa para recobrar algunas fuerzas y reembarcarse para su país. A los pocos días se recrudeció la
enfermedad que afligía á M. Uzés, quien e mprendió
el camino de Loango para embarcarse allí en un buque portugués. La muerte sorprendió al valeroso joven, que apenas contaba veinticuatro años, precisamente la víspera de embarcarse para su país, en donde el clima natal y los cuidados de su familia hubieran, quizás, d eterminado el restablecimiento de su
salud.

ZOO·CAUTERIO PARA LA CIRUGÍA VETERINARIA

Fig. r. Boya eléctrica del puerto de Nueva York. Montaje de una lámpara

los canales de entrada del puerto de Nueva York. La
utilidad de esta clase de boyas es incontestable, especialmente en las regiones brumosas; mas es empresa en extremo dificultosa y delicada, ya por los cuidados que exige su colocación, la seguridad de los cables y la duración de las lámparas, expuestas, como es
consiguiente, á los violentos choques de los témpanos de hielo y á los bruscos enfriamientos. La punta de Sandy Hook,
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en don e se a msta a o un aro y
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un aparato de señales de alarma, ha
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sido convertida en el centro produc:,:. ,, ·-j•1.s1
tor de la corriente que se transmite
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á siete boyas, de las cuales cuatro
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son rojas y tres blancas: seis de ella~
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están dispuestas para indicar la di~ º·" ·-;('"
rección del Gedney Channel y la res~ º·" ...:·¡,,,.
tante para la del South West Spit: ;
1
Conforme vamos á demostrar, la ins- ;;
~
talación ha sido bastante complicada. "'
Las boyas de que se trata son flo•·•• •··· '· ••
tantes, y como quiera que en el sitio
donde se hallan instaladas no existe
gran fondo, inclínanse algunas veces
---13,50
en la forma que representa la figura x.
Afectan la forma de un largo cilin~!
dro de madera de cedro (fig. 2), ha--~'?'
biéndose adoptado esta clase de madera no sólo porque. es la más á propósito para \ esistir los choques de Fig. 2. Detalle de
los buques, sino también porque es la boya eléc·
la que mejor flota y permite sostener trica.
las lámparas á la mayor altura posible sobre el nivel del agua. Desde el puente de un
buque de regular tonelaje distínguese la luz blanca de
la boya á distancia de cinco millas náuticas; cuanto á
la luz roja, que como se sabe tiene menos fuerza, vese
desde dos millas y media. Cada una de estas boyas
mide quince metros de longitud: habiéndose observado ciue al cabo de los seis meses pierden gran parte de su flotabilidad, se las reemplaza ó sustituye á la
terminación de cada semestre. No creemos necesario
hacer notar que todas las boyas están sujetas por su
parte inferior por medio de un disco de metal cuyo
peso es equivalente á 2.268 kilogramos. Una profunda
entalladura practicada en el mástil permite alojar el
cable que termina en la lámpara, entalladura cuidadosamente tapada y calafateada. Respecto del cable
interior hállase unido al exterior de modo que pueda
evitar los desperfectos ocasionados por las rozaduras.
Las boyas del Gedney Channel están dispuestas por
series de tres, de manera que los tres cables de las
boyas rojas, por ejemplo, se unen en una caja de junción sumergida cerca de la última, desde donde van á
parar á la instalación central de Sandy Hook.

~1

~1

Delicada empresa ha sido la de la elección de las
lámparas incande,scentes que debían emplearse, con
mayor motivo cuando ha debido renunciarse á las
lámparas de arco. Al empezar el servicio, ó sea en un
período que abraza desde noviembre de 1888 hasta
septiembre de 1891, empleóse el tipo comercial ordinario de las lámparas de cien bujías; pero la temperatura que se desarrollaba era tan elevada, que á los
veinte minutos de funcionar calentábase el cristal de
tal manera que no era posible tocarlo, y en invierno
el agua helada al mojarlo producía la rotura, á pesar
de la tela metálica protectora. Fué preciso adoptar la
lámpara de 127 milímetros, que alumbra más y es de
¡nayor duración, conforme lo demuestra el hecho de
que durante ocho meses de invierno sólo han debido
reemplazarse 29 ó 30 lámparas, una de las cuales ha
alumbrado por espacio de 2.407 horas en las eondiciones más desfavorables. Para evitar el inconveniente de las heladas se ha recurrido al medio de hacer
funcionar la dinamo de Sandy Hook antes de ponerse el sol, con cuyo procedimiento se consigue que se
funda el hielo que se forma en invierno en las lámparas.
La estación generatriz posee dos máquinas de cilindro vertical que desarrollan una fuerza de ocho á
diez caballos, y dos ~inamos Edisson que producen
respectivamente 165 volts y 29 amperes, de los que absorben las boyas y el faro de Sandy Hook 156 volts
y 29 amperes. El cable triple sumergido mide 8 kilómetros y otros 8 kilómetros el conductor sencillo.
Al efectuarse los primeros ensayos de este sistema
de boyas surgieron dudas acerca de su importancia.
Hoy todos se felicitan de los lisonjeros resultados obtenidos. La prueba más convincente de Ja eficacia y
buenos servicios que prestan estas boyas demuéstrala el considerable m\mero de buques que frecuentan
el canal, tanto de día como de noche.
Es una nueva ventaja que deben todos agradecer
á la electricidad.
•
DANIEL BELLÉT .
(De La Natttre)

EL DUQUE DE UZÉS

La triste noticia del fallecimiento del duque de
Uzés, que había emprendido un importante viaje d e
exploración en el territorio africano, ha impresionado dolorosamente. Con verdadero interés, no exento
de simpatía, fijábase el público en el joven explorador que prefirió arrostrar los peligtos que había de
ofrecerle un viaje de tal índole y la gloria que reportan los descubrimientos, á las comodidades de que
podía disfrutar en París, gracias á su jerarquía y po-

Es generalmente conocido el termo-cauterio Paquelín, destinado hoy para las aplicaciones de las
puntas de fuego. Mas vistos los inconvenientes que
algunas veces ofrece, á pesar de su indiscutible importancia, hasta el extremo de convertirlo en delicado y peligroso, propúsose M . Brenot perfeccionarlo
de manera que pudiera adoptarse especialmente para
las aplicaciones de la cirugía veterinaria. En el instrumento del doctor Paque lín, una corriente de aire
á través de la bencina contenida en un frasco se carboriza, trasladándose á una punta de platino, que se
somete á la acción de una lámpara de alcohol. Arde
el vapor de la bencina y la incandescencia se mantiene indefinidamente por medio de la corriente de aire,
que se precipita 6 modera á voluntad del operador.
Estas operaciones resultan perfectas cuando se practican con absoluta tranquilidad en un gabinete; p ero
preciso es tener en cuenta que los veterinarios vense
obligados, casi siempre, á operar en una granja, en
una cuadra ó en un patio, al aire libre y con la circunstancia agravante de t ener que ajustarse á todos
los movimientos del caballo sometido á tal tortura;
resultando, por lo tanto, difícil el empleo del instrumento.
El aparato que conviene, pues, aplicar debe constar
de una sola pieza, dotado además de un medio que
permita calentarlo automáticamente, sin el auxilio
de la lámpara de alcohol. He aquí cómo el citado
M. Brenot ha resuelto el problema. El instrumento
compónese de un mango carburador A (véase el grabado) sobre el que se atornilla una pequeña cubeta C,
á la que sigue el tubo F d el instrumento, que termina
en una rosca que sujeta la punta E. E l tubo de entrada, provisto de una llave B, se bifurca al entrar en
el mango, atravesando
uno de sus conductos
la sección A, y termina en el puntoF, adonde conduce el aire.
Cuanto al otro, se abre
en la referida sección
A, conduciendo el
aire, que al recorrer
por toda su longitud
cárgase de vapores al
e
pasar por unas esponjas empapadas de esencia que se hallan colocadas en el mango del
instrumento. Las dos
corrientes se reunen
A
en el punto F y se d irigen unidas á la punta del aparato.
La calefacción se
practica sencillamente, bastando para loN ue\·o zoo-cauterio de M. Brenot
grarla hacer maniobrar
el tornillo H que cierra un conducto lateral que termina en la pieza E,
provista de los tubos necesarios, de modo que el aire
carburado, inflamado por tal medio, quema la punta

L\

NúMERO 605

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

exteriormente. Cuando ésta alcanza un rojo
vivo, ciérrase el tornillo H, y por un mecanismo fácil de comprender, la corriente refresca
la parte interior de la punta, caliéntala simultáneamente y transporta la incandescencia á su
extremidad.
Es muy conveniente regular y clasificar la
carburación del aire, y á este efecto presta señalados servicios el tornillo B, ya que según
sea su posición abre más ó menos las dos partes del tubo bifurcado, y permite el paso del
aire más ó menos carburado, hasta llegar á la
saturación.
La cubeta C sirve para facilitar la carga del
mango.
La punta no es la única forma de las quemaduras que se J?ractican, puesto que en algunos casos es P:~ciso cauterizar grandes superficies, por cuyo motivo hállase provisto el
-:'·, A~·
aparato de varios juegos que afectan distintas
/
.
DJET.
formas y dimensiones.
Bajo diversas aplicaciones de relativa utiliTriciclo acuático y terrestre
dad préstase el nuevo aparato al fotograbado,
por cuyo motivo creemos que será justamente apreciado por todos aquellos que de él pueden ob- nes de francos, reduciéndose á siete millones en el
año último. En Inglaterra fabrícanse anualmente
tener beneficiosos resultados.
130.000 velocípedos, y Coventry ocupa en esta industria
á 15.000 obreros. Calcúlase que en la vecina na***
ción existen 300.000 velocepidistas. En 1892 la prefectura de París expidió doce.mil permisos de circuIMPORTANCIA DE LA INDUSTRIA DEDICADA Á LA
lación, sin que esta cifra signifique el número exacto
CONSTRUCCIÓN DE VELOCÍPEDOS
de aparatos existentes en la capital de Francia, que
Digna es de llamar la atención la importancia y des- se supone ascienden á 30.000. Bélgica posee también
arrollo que ha alcanzado esta modernísima industria muchos millares, y en España va aumentando cada
en el breve espacio de algunos años. En Francia ele- día la afición á esta clase de sport.
vóse en 1891 el valor de los velocípedos, ya montados
ó desmontados, á la respetable suma de doce millo1

arabede:Oigitalde
LABELONYE

J G

Lu

Penoau q1e coaoeen Ju

PILDORAS~~DEHAUT

Empleado con el mejor exito

D E PARIS

ZJO titubeaZJ en purgarse, cuando lo
llecesitan. No temeZJ el asco Di el cautaZJcio, porque, contra lo que sucede con
l os demas purgaZJtes, este ZJO obra bien
sb:lo cuaZJdo se toma con bueZJosalimentos
y bebidast oniJiCSJJtes, cual el vizlo, el cafá,
el U. Cada cual escoge, para purgarse, la
bora y l a comida !lue mas le convl enea,
se/T'U1 su ocupaciones. Como el cause
cio que la purga ocasiona queda com-

Debilidad, etc.

GARGANTA
VOZ y BOCA

Aprobada, por la Academia de Nedlcloa de rarfr.

rgoti·.,.
""'ª vJ eragaas de queHE1omnco
,, en ,ooERoao
se conoce,
pocton o

E

pletamente anuladopor el electo de la
bueZJa alimenUtcioZJ empleada,uno
se decide fácilmente II volver
11 empeHr cuantas ve¡;es
sea necesario. •

PASTILLAS DE DETHAN

1111

fli{eilliH~:ll]~ftJ#J:1

8
~

TERRESTRE

,u1 I ■tulih CH 11,1, •utJ,I
CAS, LENTEJAS, TEZ ASOLE
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECúC.ES
EFLORESCENCIAS
R OJECES

contra las diversas
Afecciones dalCorazon,
Hydropesias,
Toses nerviosas¡
Bronquitis, Asma, etc.

GELIS&amp;CONTÉ

•• la lugrt,

Y

El inventor Mr. Thore J. Olsen, de Chicago, ha proyectado y construído recientemente
un sencillo triciclo que funciona á voluntad,
lo mismo en tierrá firme que sobre la superficie de las aguas. Nuestro grabado representa
este curioso aparato, que consiste en dos barcas gemelas, íntimamente unidas y colocadas
entre las tres ruedas de que se halla dotado el
aparato. La manivela que hace maniobrar las
ruedas desempeña el mismo oficio en tierra
que en el agua, de manera que el triciclo flota ó se desliza indistintamente.
Cuando se trata de hacer funcionar el triciclo en el agua, las barcas gemelas sostienen el
aparato y el velocipedista hace maniobrar las
ruedas que, provistas de pequeñas paletas, convierten el aparato en un buque impulsado
por igual medio que los primitivos buques de
vapor.
En tierra es idéntica la acción del velocipedista: el aparato conviértese en un triciclo ordinario y las barcas quedan suspendidas á veinte centímetros del plano terreno. Este aparato se recomienda por su perfecta estabilidad, de manera que el
inventor, que, como es de suponer, ha logrado adquirir gran práctica en su manejo, hácele funcionar seguidamente en tierra, en los lagos y en los ríos, sin tomarse la molestia de variar el sillín. La única prevención
que es preciso adoptar, consiste en que la entrada en
un· río, lago, etc., no sea violenta, y que el triciclo se
deslice por una pendiente suave y sin accidentes. Las
barcas gemelas son de tela alquitranada, sumamente
livianas, y el mecanismo del aparato es tan simple
como práctico. Así lo afirman los revisteros americanos.

:z:'&amp;ge&amp;SaIL8Ct8t0d8u·18ffQ d6

El ma, ,ttcazcontra
di'º' la
F1rrutfno101
Anemia, Clorosls,
E■p1bnicl11l1ntl

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EL CASTILLO DE BUR·
&lt;:os, por Ed11a,·do de Oliver·
Copons. - Las ciencias histó·
ricas llevan hoy un rumbo
distinto del que hasta hace
pocosiguie.ron, y abandonan·
do el antiguo sistema des·
envuélvense en monografías·,
en estudios parciales de una
época, de una naci6n, de una
personalidad determinadas.
Nadie puede desconocer el
progreso que este procedimiento significa y las venta·
jas que tal método entraña,
pues dados los incesantes
estudios y los continuos
descubrimientos es imposi·
ble, si la obra ha de resultar
' buena, que un solo hombre
escriba una historia univer·
sal, ni casi la de una na·
ción. A este pensamiento
obedece el libro que nos
ocupa, y sin vacilar afirmamos que su autor, el distin·
guido capitán de artillerla
Sr. Oliver-Copons, ha lle·
nado perfectamente la misión que el moderno historiógrafo d ebe proponerse.
La iadole de esta sección nos
impide entrar en detalles
acerca de esta obra, en la
que la historia del castillo de
Burgos aparece íntimamente
enlazada con la de la ciudad que á su pie se asienta y que por su
importancia durante la Edad media mereció el dictado de Ca·
beza de Castilla: por esta razón sólo diremos que es una mono·
grafía interesantísima que abarca la historia del castillo y ciudad famosos desde fines del siglo IX hasta nuestros dias, toma·

UNA VISITA AL Musito
BIBLIOTECA BALAGUER,
por A. García Llansó. Cuantos visiten el hermoso
Museo Biblioteca Balaguer
que en la pintoresca ciudad
de Villanueva y (ieltrú ha
levantado el desprendimiento patriótico del catalán por
tantos conceptos ilustre, el
Excmo. Sr. D. Víctor Bala·
guer, han de agradecer á
nuestro compañero de redacción Sr. García Llans6 el
lrabajp que ha realizado en
el folleto que nos ocupa, y
que, como su titulo indica,
es al par que una guia un
interesante recuerdo de la
visita hecha. En él pasa revista con ilustrado criterio
de las distintas secciones de
que consta el Museo Biblioteca, haciendo resaltar las
muchas bellezas y los mu·
chos objetos notables que
encierra, en cuyo examen re·
vela el autor su erudición y
conocimientos artísticos. F.!
folleto lleva bonitas ilustra·
ciones de Joaquin Diéguez y
se vende al precio de una
peseta.
LAS SANTAS MUJERES, bajo relieve de Rafael Belliazzi
da de las verdaderas fuentes adonde debe el historiador acudir,
y que está escrita con la sobn edad que tan bien cuadra á la obra
histórica y con una elegancia de estilo que revelan al literato de
buena cepa. El libro, que lleva preciosas ilustraciones de Barrio,
Cortés, Gil y Pedrero y que está impreso con gran lujo, se vende

OR, tragicomedia en tres
actos y en verso, origi1ial de
Frederich Soler Hubert. - El éxito que cuando poco ha se estrenó obtuvo esta nueva obra del inspirado y fecundo drama•
maturgo catalán Sr. Soler, nos releva de entrar en el examen
de esta tragicomedia, que publicada en un tomo elegantemente
impreso se vende al precio de 2 pesetas.

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y otra por la tarde
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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP, DB MONTANBI. Y S IMÓN

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Ftí~t1ea
ARO XII

BARCELONA 7 DE AGOSTO DE 1893 ~ - - - - - - -

NÚM. 606

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BI-BLIOTECA ÜNIVERSAL ILUSTRADA

PASEO MATUTINO, dibujo de A. Ma.rold

�506

LA

ILUSTlUCIÓN ÁRTÍST1CA

NúMERO
f

606

La muerte de Maupassaht parece dar fundamento feras de hidrógeno, después de habernos mostrado en
á la escuela materialista para muchos de sus sofismas, la esfera social todo esto, convirtió á lo pasado sus ojos,
consistentes en hacer ae la fisiología una psicología, y nos evocó, en cuadros históricos de una verdad madando al cuerpo y á sus humores la sustantividad que ravillosa, conseguida por una incomparable prestilos espiritualistas reconocemos en el alma y en sus fa- digitación literaria, el Egipto de los penitentes y la
cultades. Porque tuvo en sús familias varios locos el Cartago de los fenicios, cual pudiera uh espiritualiscuitado y ha muerto de locura él también, los mate- ta de tomo y lomo hacerlo en ideales fantásticas rerialistas le sacan al caso la punta y dicen cómo pre- surrecciones de la Religión y de la Historia.
Texto. -Murmttraciones eúropeas, por Emilio Castelar. -_La cisa reconocer la herencia, fisiológico principio en
Pero ni las Tentaciones de San Antonio ni la figuE xposición 1111iversal de Chicago, por M. A. - Lo que vi de
la Co111u11a de J'arls, por Archibaldo Forbes. - Miscelánea. que fundara Zola una sucesión de novelas, aprendi- ra de Salambó se cuentan como verdaderas obras
- Nuestros grabad(¡s. - Anie (continuación), novela por Héc· das su mayor parte, con todo el naturalismo que quie- del arte naturalista; cuéntanse la ya mencionada
tor Malot, con ilustraciones de Emilio Bayard. -,5&amp;cc16~ ran darle sus admiradores, en volúmenes donde ha Martame Bovary favorecida del público, y la menos
CIENTÍFICA: ElpuertQnuevo de Tdnez. -/1 buque µ1bman·
colocado sus tipos, verdaderos casos curiosos de pa- favorecida que ésta y titulada Educación sentimen110 de la 111ari11a italiana. - Momdas de hierro.
.
tología y de clínica, parecidos á los fenóme1_1os ex- tal. De aquí partieron los Goncourts y Zola. LlamaGrabados. - Paseo 111{1t11tino, dibujo de A. Marold. - Gui- puestos en las ferias y á las excepciones acotadas á ránme los lectores caviloso; mas yo digo que allá en
do de Maupassa11t. - La catástrofe de Anzuola, dos grabados. cada página en las obras reconocidas de texto por la superior antigüedad clásica, cuando aparecen las
- La E xposición universal de Chicago, tres grabados. - Fu·
si/amiento de los gm erales Clemente Thomas y Julio Leco1'.,. los consejos directores en instrucción pública del naturalistas producciones de Aristófanes sucediendo
te. - Archibaldo Forbes. - Efectos de tma bomba. - Una his- estudio facultativo y legal de la medicina. Cierto que al idealismo del Prometeo y del Edipo, las artes grietoria de amor, cuadro de A. Johnson. - Aquel que ,w haya las condiciones fisiológicas propias de nuestro cuer- gas de la palabra y del cincel acaban como se acapecado que arroj e la primera piedra..• , cuadro de Rembrandt. po se transmiten por la generación y por la sangre ba la literatura latina en cuanto suceden á las Geor- Fig. r. Draga utilizada para la construcción del puerto de
Túnez. - Fig. 2. Nuevo puerto de Túnez. - Plano del nuevo á los sucesores y herederos; pero falso, completamen- gias de Virgilio Las cenas de Frimalción. El poema de
puerto de Túnez. - Perfil del canal de dicho puerto. - H er- te falso, que se transmitan las virtudes más íntimas y Lucrecio, inmediatamente anterior al siglo de oro y
111a11as de la Can·dad, cuadro de- Joaquin Agrasot (Exposi- las facultades más preciosas del alma, cuya personal á los maestros clásicos, no puede compararse con las
ción internacional de Bellas Artes de 1892).
obras naturalistas antiguas por una razón muy obvia:
........ ......,................, ...,........., .............,......,......,....,.,.............,.........,......,......,......,..,.•., sustantividad queda en la persona poseedora de todas
ellas sin transmisión posible á los venideros. El talen- porque si bien nos canta la Naturaleza, y la Naturato no se hereda, exclama el sentido común. Y en con- leza sin dioses, aquejado del sentido pesimista y maMURMURACIONES EUROPEAS
firmación de esto mostradme un Demóstenes que terialista conque lo contagiaran las asoladoras guerras
POR DON EMILIO CASTRLAR
haya subseguido al orador inmortal, como me mos- civiles, verdadera epidemia moral, pertenece á la meGuido de Maupassant. - Su vida y su muerte. - Progenitores y tráis un rico que ha heredado la riqueza y un epilép- tafísica, y no conozco nada tan opuesto á la exprecaracteres de la escuela naturalista. - Balzac. - I•laubert. tico que ha heredado la epilepsia de sus progenito- sión escueta y á la exactitud matemática y á la fotoJ\fadame Bovary -Aparición de Goncourt y de Zola. -El na- res y abuelos. El alma está en sí; es por sí misma; grafía servil del realismo como la filosofía. Por eso
turalismo en las letras clásicas. - El naturalismo en las letras
españolas. -Trabajos de Maupassant. - Duelos por su &lt;les- posee una.libertad no permitida en el cuerpo, sujeto hele yo dicho siempre á la incomparable pintora del
gracia y por su muerte. - Supersticiones de la escuela realis- á las leyes físicas y químicas; forja la idea que no San Francisco de Asís, mi amiga Emilia Pardo Bata. - Conclusión.
puede confundirse con secreción alguna del cerebro; zán, genial de suyo en el pensamiento y en el cony después de haber pasado por el tiempo sintiendo y cepto profundos, como varia y rica en el copioso y
El malogro de un escritor tan adaptado al gusto pensando, imperecedera y espiritual, se vuelve á la amplio estilo literario é histórico, que ni ella ni los
contemporáneo, así por sus calidades como por sus etérea luz de donde ha dimanado ó venido y entra predecesores por ella buscados en las letras patrias
defectos, cual este infeliz Maupassant, de lauros es- en la eternidad con Dios.
pertenecen al realismo, sino en cuanto pertenece la
pontáneos ceñido en sus mocedades y acabado denPero sea de todo esto lo que quiera, Guido de fidelidad con que los cuerpos ascetas de nuestros
tro de triste manicomio cuando frisaba ya con la ple- Maupassant pertenece á la teoría naturalista, susten- escultores piadosos se hallan tomados de la vida, y
tada por una escuela en la cual entran muchos dog- los Rinconetes y Cortadillos de nuestros libros picamas de pura convención y muchas pasiones de pura rescos del natural, y del vulgo los ocurrentes graciosos
secta. El estético y el filósofo de tal escuela, en mi en el Castigo sin venganza y en el Tetrarca de Jerusentir, fué Hipólito Taine, quien presentaba como un salén. La raza hispánica es una raza creyente, una
acabado modeló al autor de la Cartuja de Parma, no- raza espiritualista, una raza de idealismo-connatural,
velista y viajero de mucha observación en su criterio, á su complexión, una raza de aventuras increíbles,
pero de poco fuste en su estilo. Mas el pontífice una raza que lejos de someterse á la realidad, quieuniversalmente proclamado de la iglesia se llama re con empeño esclarecerla y derretirla en su pensaBalzac, quien, poeta y pensador al mismo tiempo, miento, como quiere dominarla por esa incontrastable
ha dado en sus novelas, sugeridas por un criterio ex- voluntad que venció Asia y descubrió América.
perimental de primer orden y realzadas por una coGuido debe pasar por el gran miniaturista y 'el
pia de ideas extraordinaria, el arquetipo de las pro- gran acuarelista de su familia espiritual y de su esducciones realistas y los ejemplares componentes de cuela literaria. En cuentos fáciles y narraciones coruna liturgia literaria, elevada entre los naturalistas ya tas ha llegado á maestro, como esos artífices que popor larga serie de trabajos y esfuerzos continuados á nen un retrato de preciosa ejecución sobre una cajita
tradición casi religiosa y á símbolo casi .horaciano, de oloroso rapé. Pero esto en él es lo artificioso y
como entre los clásicos las poéticas consagradas por hecho adrede, como el encargo de un maestro en rela reverencia de los maestros y por la sucesión de los tórica para un premio de curso. Lo que principal&amp;iglos. Observador en la Fisiología del matrimonio, mente al artista embarga y ocupa en su obra es vivir.
filósofo en la Busca de lo absoluto, tragico en el Tío La vida le inunda y en la vida se baña con un placer
Goriot, tierno y sentimental en el Lirio del Valle, que podríamos llamar verdaderamente físico, como el
GUIDO DE MAUPASSANT
fantaseador y fantaseador originalísimo en la Piel de que tiene cada ser animado cuando se apropia la
Zapa, no puede negársele una sede primera en el co- parte de creación que le corresponde, por sus órganitud ó madurez de su vida, se presta tanto al dolor y legio casi augural de los gloriosos franceses que han nos de nutrición y de respiración, los cuales á una le
al lloro y al duelo, que el gran sollozo despedido por honrado las letras y las ciencias en esta nuestra fe- aportan el jugo y savia de la Naturaleza y lo transmula prensa parisiense á la muerte suya, resuena por su cundísima edad, y cuyos nombres pasaron á todas las tan en 1a substancia propia de cada cual. Escritor
intensidad natural en todas partes y penetra con sus edades como bellísimos ornamentos de nuestro pla- instintivo no cultivara la frase, y antes la dirá como
acentos acerbos todos los corazones. ¡Ah! Desde la neta y honra inextinguible de nuestra especie. ·
le brota en la pluma y en la lengua, con una esponhora en que, dentro del espaci9 infinito', presidida
Quizás hubiera quedado solo y sin discípulos ni taneidad sólo domada por los ejercicios de copia del
por el tiempo eterno, sólo queda una materia inerte escuela, cual esos colosos hundidos en las arenas del mundo, enseñados por Flaubert, como enseña un
con unas leyes implacables, materia fría de suyo ante desierto como una petrificación de los tiempos p_re- maestro de dibujo á sus escolares sumisos el arte de
todas las penas y á todos los clamores sorda, leyes téritos, á los cuales rodea una soledad que realza reproducir con sus negros lápices el natural expuesto
indiferentes al daño que hace su propio cumplimien- mucho su magnitud, si Balzac no tuviera por heredero ante sus ojos. Así franco, así vivo, así exento de conto, no hay sino darse con el cráneo en las sólidas pa- Flaubert, Flaubert no tuviera por heredero Goncourt venciones, así en una ignorancia de nuestros tormenredes de nuestra cárcel y declararnos esclavos de la y Zola, Zola no tuviera por continuador Maupassant, tosos ideales y de nuestras inquietudes políticas, que
fuerza bruta, huérfanos de la Divina Providencia. No sin 'que mentemos á Champfleury ni á Sthendal por le han hecho con razón y verdad el tipo de artista
hay para qué levantar los brazos al vacío, ni para qué no haber obtenido universal ronombre y no haber más ingenuo y natural que hay dentro del naturalisdirigir oraciones al silencio, ni para qué cincelar por suscitado ni los entusiasmos ni los vejámenes de mo compuesto por tantas y tan artificiales é inverosímedio de las virtudes propias alma y cuerpo imper- sus célebres coviandantes por las sendas naturalistas. miles componendas. No le creo lector de nuestros
fectos; la nada nos corona y el atavismo nos forma Hijo de un gan cirujano, y de competencia quirúrgi- escritores del género picaresco, que piden para ser
con los estiércoles y los detritus de las sepulturas, ca también por el medio donde se criara y por la comprendidos en nuestro Lazarillo ó en nuestro Taporque no hay un Dios en el universo, ni hay la más educación que recibiera, Flaubert agarra los tipos cm1o un. conocimiento de la lengua patria muy supemínima libertad en el hombre, compuestos de mate- de sus novelas naturalistas en la realidad, y desvis- rior al que tienen la mayoría de los españoles; mas sí
ria todos y regidos por el destino ciego, acompañado tiéndolos de todo ropaje que no sea su propia piel, lo creo un copista muy afortunado de aquella obra
de la fuerza bruta. Cuando se profesan tales repulsi- los extiende á una en el gabinete anatómico de su francesa, más española que todas nuestras obras junvos dogmas de las escuelas positivistas al uso, aumén- observación, y escalpelándolos vivos, apasionadísi- tas, el Gil Bias de Santillana. Lo que principalmente
tase por sí el espanto de la muerte y sus horrores, en mos, abrasados en los ardores de su sangre, sácales de nuestros realistas ha cogido el escritor malogrado
términos que una conclusión y acabamiento de tal las entrañas calientes y palpitantes todavía, mostrán- es la salud, la robustez, la verdad. Muy enfermizos,
género, una metamorfosis de quien ha sido alma con dolas al público en una desnudez que no consiente por criados en estufas y por emperradísimos en plaidea é inspiración en menos que bestia, en residuo la universal malí.cía de nuestros contemporáneos, ñer á diario los desequilibrios de nuestra humanidad,
propio para el abono, como cualquier despojo ó excre- y que sólo disculpan la impecabilidad del para{50 y desequilibrios mayores á medida que más alto se ascencia de la vida más vulgar y ordinaria, cerrando la inocencia del salvaje. No tan profundo pensador ciende, nuestros artistas y literatos pedían quien los
todo motivo de oración y toda esperanza de inmorta- como Balzac, pero mayor y más eximio estilista, des- contrastase y Maupassant los contrastó por su conlidad, hace al hombre ¡ay! el más infeliz de los seres pués de haber escrito .Madame. Bovary para decirnos formidad con las fatalidades irredimibles y por su incriados y al universo el más atormentador de los ·ca- por qué se ahogan en atmó&amp;fera de oxígeno aquellos genua y candorosa sinceridad. Así jubilante y jubilolabozos pasibles,
seres nacidos para respirar como los peces en atmós- so en sus comienzos; pero al fin cambió. Los asedios

NúMERO

606

5o7

LA ILUSTRACIÓN ARTiSTICA

de ia demencia se madivina: el genio por lo
nifestaron en desarreglos
menos es el más inhude nervios, y los desarremano de los martirios.
glos de nervios le pusieEl poeta se apodera de
ron en trances de muerlas montañas, de los mate continua y diaria. Por
res, de la luz, de las eseso indudablemente una
trellas, de los soles, para
de sus obras más altas
convertirlo todo en ideas
es aquella conocida con
dentro del horno abrasael título de Pedroy Juan,
dor de una suicida insen la cual está profunpiración. El poeta tritudamente sentido el mal
ra la creación para mocongénito á la humaniler en ella los colores de
dad que lleva señalada
sus cuadros. Pero no pueen su frente la marca
de intentar tal trabajo
del Destino.
titánico sin destrozarse
¡Poeta, pobre poeta!
completamente. No se
Indudablemente los
puede atravesar el fuego
hombres no saben cuán
sin abrasarse; no se pueimposibles las grandes
de subir á las alturas del
cualidades sin los corresaire sin asfixiarse; no se
pondientes defectos. No
puede acercar el cuerpo
saben que toda virtud
á la nube tonante sin re-.
extraordinaria, que todo
cibir en tan fácil conducmérito sobresaliente, nator de la electricidad los
cen de un desequilibrio
latigazos de las asesinas
entre las facultades hucentellas. Esos privilemanas. No saben que
giados seres, que suben
así como los órganos de
desde la tierra tan alto y
los animales corresponque llegan á convertirse
den á sus destinos en la
en espíritus puros como
creación, las facultades LA CATÁSTROFE DE ANZUOLA. - El coche truck de r. ª y 2.•, de donde sacaron los tres primeros muertos. En segundo término
los ángeles de la teolose ve el caserío de Isturioz convertido en hospital provisionar(de fotografia remitida por D. L. de Regil, de Bilbao)
eximias de los genios cogía católica, tendiendo
rresponden á sus destidesde los escollos del
nos en la sociedad y en la historia. Preguntadle á epiléptico del sistema nervioso; que tal potencia inte- mal sobre los humanos naufragios el faro de ideas reDios por qué no canta el águila como el ruiseñor. Pre- lectual, extremada de suyo hasta pesar los astros en cogidas por generaciones de generaciones, han te11iguntadle por qué no tiene el caballo la fiereza del toro. su balanza, traer la luz de Sirio á vuestras manos y do que alimentar el resplandor alzado de la lámpaNo queremos tampoco persuadirnos á considerar describir los límites de la humana razón, se ha con- ra de su cerebro, han tenido que alimentarlo con lácuántas fatalidades nos abruman dentro y fuera del seguido á costa de una esterilidad en la vida del todo grimas de sus ojos y sangre de sus corazones.
organismo. Yo, espiritualista, declaro que se halla, irremediable y de una impotencia eterna en el c.erMadrid, 20 de julio de 18g3.
como dije arriba, en el alma el talento. Pero no soy po, paralizado para las facultades productoras por la
tan ciego que desconozca la influencia del cuerpo sublime fecundidad del pensamiento y del espíritu.
sobre el alma, no; antes la reconozco y la proclamo. Pero todo esto para mí, toda la tristeza producida
Así comprendo se diga que todo talento sobrehuma- por la posesión del genio sobrenatural en las almas LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO
no resulta una enfermedad en cualquier entraña. primeras y mayores, únicamente me demuestra lo diComprendo se diga que tal ópera encantadora y tal vino de su origen y lo eterno de su duración en otro
Descritos en anteriores artículos los principales
melodía dulcísima, las cuales os transportan al mun- mundo mejor. No creáis en la impasibilidad marmó- edificios de esta Exposición, conviene ahora dar una
do sobrenatural de los ensueños, se generaron por rea de inertes y frías estatuas que han querido á sí ligera idea de algunas de las secciones en que se diuna triste aneurisma; que tal poema, capaz de sugeri- darse Goethe y Rossini; no creáis en esa indiferencia vide y que pueden calificarse, tanto de exhibiciones,
ros los más sublimes efectos, se trazó con pluma em- olímpica con que han penetrado desde las tormen- cuanto de espectáculos de recreo para los visitantes.
papada en hiel; que tal obra, cuyas huellas nunca se tas del mundo eri los cielos de la inmortalidad, como
La principal de ellas es la que lleva el nombre de
borran del espíritu y del planeta, devoró á su creador; si aquí en la tierra fuesen ya de piedra pentélica y no «Midway Plaisance,» la cual es en realidad una anque tal discurso, destinado á despertar toda una ge- de esta carne que abrasa nuestros huesos y en nues- churosa calle ó avenida que se extiende desde Jackneración, resultó al sacudimiento de un ataque casi tras venas hierve. El genio es una enfermedad casi son Park hasta el Parque de Washington, teniendo á

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LA CATÁSTROFE DE ANZUOLA. - Vista del estado del tren á'la manaña siguiente del descarrilamiento. Los vagones derribados junto á la vía son el coche buffet

la brigada de la Empresa aparece subiendo el último coche de 3.• hecho perlazos (de fotografia remitida por D. L. de Regil, de Bilbao)

y el truck de

J. ª

y 2.ª ;

�508

LA ILUSTRACIÓN 1\RTÍSTICA

N úMERO

606

fueron de admirar en la s~cción española de la Ex- papel imporlantísimo, algunos empresarios concibieron la buena idea de poner en el centro del palacio
posición de Barcelona.
Sin perjuicio de ocuparnos oportunamente de sillones de esos, con los cuales se puede subir á la
nuestra sección en la de Chicago, dedicaremos aho- cubierta del mismo, á una altura de 80 metros: el
ra algunos párrafos á las instalaciones prim:ramente medio que para ello se utiliza es una especie de an·
terminadas allí, y entre ellas las de Austria ·y Ale- damiaje de acero, de construcción elegante, por el
cual ascienden los sillones mencionados. La primera
mania.
El día en que la Exposición se inauguró, el p~la- impresión que produce el ver ascender y descender
cio de la Industria aparecía poco menos que desier- rápidamente esos aparatos por entre los barrotes
to. La mayor parte de las sec- y montantes de aquella torre al descubierto es de teciones extranjeras estaban to- mor; pero los americanos están ,acostumbrados á tadavía por montar, y aun en la les instalaciones atrevidas y los empresarios de esta
misma sección americana había especie de ascensores hacen un magnífico negocio.
verdaderos montones de cajas Durante todo el día vense pasear por la cubierta del
y cajones cerrados. Sólo dos gigantesco edificio multitud de personas, que vistas
secciones constituían una ex- desde abajo parecen hormigas, y la verdad es que
cepción: la alemana, y sobre to- cuando el calor aprieta ningún sitio ofrece más endo la austriaca, contigua á cantos que aquel paseo aéreo, en donde se disfruta de
aquélla, que formaba un her- un fresco agradabilísimo y desde donde se descubre
moso oasis en medio de aquel un bellísimo panorama. También tiene grandes endesierto de cajas y andamios. cantos el ascenso y el descenso verticales mientras
El espacio destinado á esa sec- se está en el interior del palacio, pues durante ellos
ción no es tan grande como el se descubren á vista de pájaro las distintas secciones
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que ocupa su vecina, por la ra- de los diversos países y se comprende tal como real' 1 .1-1
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zón de que Hungría ha sido la mente es la grandiosidad del recinto en que tantas
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única, entre todas las naciones maravillas se han reunido.
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civilizadas del globo, que nada
Pero hay que advertir que todos los espectáculos
1
ha enviado á la Feria del Mun- anejos á este gran certamen, todos los pasatiempos,
do, y aun por parte de los indus- todas las curiosidades y todas las comodidades que
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triales austriacos hay muchísi- se ofrecen al público exigen un suplemento de gastos,
mos, entre los más renombra- que por lo general son elevados, y la prensa ameridos, que no han concurrido al cana, y en especial la de Nueva York, que no mira
certamen de J ackson Park, con con buenos ojos la preferencia dada en esta ocasión
gran sentimiento de los admi- á su próspera rival Chicago, los ponen muy de relieve.
radores de la industria artística
Fíjanse principalmente los periódicos de la Unión
austriaca, que tiene en América en que mientras los gastos de la primera Exposición
CABALLO NORMANDO COLOSAL, escultura situada delante del Palacio de Agricullura
un mercado importante.
americana sólo ascendieron á ocho millones de dode la Exposición universal de Chicago
La artística fachada de Ia llars, en la de Chicago se han despilfarrado de un
sección austriaca con sus ele- modo criminal (son sus palabras) treinta y dos mizas humanas con sus vari~dos trajes y sus costum- vatios y hermosos pabellones, álzase al lado de la llones, y esta cantidad enorme ha de salir en gran
bres particulares, y en que el curioso á quien no in- alemana, menos monumental, menos grandiosa que parte del bolsillo de los visitantes. Como prueba de
teresen las artes y las ciencias que en otros recintos ella, pero quizás más elegante: lo mismo puede decir- ello indican que el elevado precio á que se han contienen su asiento, puede distraerse agradablemente se de los objetos expuestos. La gran industria está cedido á los contratistas algunos privilegios obligan á
más pobremente representada en la austriaca que en éstos á elevar los que exigen al público, y, por ejemuno ó más días.
Entre sus exhibiciones figuran aldeas de muchas la alemana, en cambio tiene más brillante represen- plo, los sillones rotatorios que en la Exposición de Firegiones del globo, siendo aquí, como en la última tación la industria artística. ¿Quién no conoce los ladelfia costaban cincuenta centavos por hora y ade
Exposición universal de París, la calle del Cairo la bellísimos productos de las fábricas de cristal de Bo- más dos dollars de depósito de alquiler, en Chicago
que más llama la atención por su verdad: la arquitec- hemia, los primorosos trabajos en cuero, bronce, es- cuestan setenta y cinco centavos y seis dollars respectura egipcio-árabe de sus construcciones, tan nueva malte, marfil y nácar con los cuales los austriacos se tivamente. En esta última Exposición se hace pagar el
en Norte-América, las pinturas de la vida de aquel han colocado, desde hace tiempo, muy por encima agua para beber, cosa que jamás sucedió en aquélla.
país, y sobre todo la muchedumbre que circula, de los mismos franceses, y los innumerab!es géneros En Filadelfia había sillas, bancos, etc., en todos los
compuesta de derviches, comerciantes, alquiladores llamados de galantería ó de fantasía, esa especialidad edificios y jardines de su Exposición; en Chicago el
de camellos y asnos, chiquillos y mujeres veladas, austriaca que tanta salida tiene en los mercados de que esté cansado y desee sentarse ha de hacerlo en
todo el mundo? ¿Quién no ha visto los elegantes el suelo ó pagar una silla.
excitan altamente la curiosidad de los yankees.
Las aldeas irlandesa, japonesa y austriaca son de las muebles de madera encorvada que se han conquistaNo dejan tampoco los expresados periódicos de
do puesto preferente en todos los países del globo? hacer resaltar la diferencia entre los precios que rique más llaman la atención.
En el teatro turco se representan piezas, pantomi- Muebles de estos los hay en la India como en Africa, gieron, no ya en las fondas y casas de huéspedes, sino
mas y juegos lo mismo que en Constantinopla; en el en la América del Sur como en ]as Indias orientales; en los restaurants del interior de la Exposición de FiArgelino se aplauden las danzas características del son allí los muebles favoritos
y hasta en el Oeste americano
Norte de Africa.
Por el paseo se encuentran armenios, turcos con están cada día más en uso. Lo
sus armas peculiares, indios y hasta algunas de las propio acontece con la cristaleamazonas del Dahomey, hoy más que nunca admira- ría de Bohemia que adorna las
das á causa de la celebridad adquirida en su recien- mesas de todos los americanos ,
ricos.
. te guerra con Francia.
Pocas secciones de la ExpoTodos estos pueblos de origen extranjero han ido
á la Exposición so pretexto de dar una idea de la sición son más visitadas por la
vida y costumbres que observan en sus respectivos gente elegante que la sección
países, pero en realidad para sacar dinero á los saga- austriaca, y los muchísimos obces americanos; tanto es así, que la primera palabra jetos de fantasía y de escrito·
inglesa que todos aprenden es «money;» palabra que rio, carteras, marcos para cuadros, estuches, monederos, peles parece resumir en sí todo el idioma.
El «Ferris Wheel» ó Columpio de Ferris, rival de tacas, boquillas y otros objetos
la Torre Eiffel de París, considerado como una ver- de espuma, etc., etc., encuendadera maravilla de atrevimiento y de mecánica, se tran numerosos compradores.
halla situado en el extremo de Midway Plaisance. De
Pero también bajo otros conél nos ocuparemos en el próximo número con el de- ceptos tiene Austria notable retenimiento que merece.
presentación en Jackson Park:
Además de esta sección, exclusivamente destinada en el palacio de Bellas Artes
al recreo del público, puede éste hallar continuas son muy admirados los cuadros
distracciones contemplando las obrás de arte aisla- de los pintores vieneses; en el
das de que está salpicada la Exposición. Entre ellas Midway Plaisance hay cafés y
hay dos que detienen especialmente á los visitantes: cervecerías vienesas, y el notael toro y el caballo normando, ambos de tamaño co- bilísimo fragmento de la AntiTORO COLOSAL, escultura situada delante del Palacio de Agricultura
losal, que se hallan delante del palacio de Agricul- gua Viena, procedente de la
de la Exposición universal de Chicngo
tura. Los grabados que incluímos en este número Exposición teatral celebrada
dan idea de lo que son estas esculturas y de sus pro- el año pasado en la capital de
porciones, comparadas con las de las personas que Austria, constituye una de las principales curiosida- ladelfia, comparados con los de la de Chicago, los
junto á ellas están fotografiadas.
des de J ackson Park.
cuales son infinitamente superiores, llegando á califiSi, prescindiendo ahora de la calidad de los objeEn el fondo del grabado que de esta sección pu- car á los dueños con los adjetivos más duros.
tos expuestos por las diferentes naciones en los res- blicamos está indicado por medio de unos cuantos
Por estas razones, á pesar de sus maravillas y de
pectivos palacios, nos fijamos en el gusto artístico, rasgos ligeros una construcción notable. El techo del los innegables atractivos que ofrece, el éxito de la Exen el efecto que producen á la vista las instalaciones palacio de la Industria es uno de los mejores puntos posición actual es dudoso, como es problemático
y que tanto contribuye en estos certámenes á atraer de vista desde los cuales puede contemplarse toda la que sus organizadores se reintegren de los treinta y
al público, debe confesarse que no en todas ha pre- Exposición y la grandiosa ciudad del lago Míchigan, dos millones de duros invertidos en ella.
sidido el arte, la gracia y la originalidad que tanto y como los sillones con ruedas desempeñan allí un
M. A.

uno y otro lado diferentes y entretenidos pasatiempos, como teatros orientales, colecciones zoológicas,
jardinillos con cervecerías, etc., los unos presentados
por contratistas, los otros construídos por los gobiernos europeos.
Aquello es una verdadera Babel en la que se oyen
todos los idiomas del mundo y resuenan todos los
instrumentos conocidos, en especial las gaitas escocesas; en que es dado contemplar las diversas ra-

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO.--LA SECCIÓN AUSTRIA0A EN EL PALACIO DE MANUFACTURAS,

dibujo orüñna.1 de E. Limmer

�LA

510
LO QUE VI DE LA COMUNA DE PARIS (1)

I
Había terminado la guerra franco-alemana, Y al
mismo tiempo mi cometido de corresponsal de un
gran periódico, por lo cual marché á Londres a1)resuradamente pa·
ra ocuparme en
escribir un libro
en el que narraba
cuanto había presenciado en aquella tremenda
lucha.
Trabajaba diez
..,,,.
horas diarias en
mi tarea, y teníala ya muy adelantada cuando -Ocurrió el movimiento de la Comuna
':, ~ de París.
El director del
Dat'ly News llegó
precipitadamente
á mi casa, y habiéndome instado vivamente para que marchara
á París pues era inminente allí una crisis, salí de
Landre~ el 19 de mayo para trasladarme á la capital francesa, y después de tropezar con varias dificultades que me hicieron perder algún tiempo, conseguí por fin penetrar en ella, recorriendo á pie el
trayecto desde la estación de San Dionisia.
París tenía un no sé qué de sombrío, pero reinaban
la tranquilidad y el orden. Sin embargo, aunque eran
las primeras horas de la mañana, no se oía. e~ tañido
de ninguna campana de los templos, percibién1ose
en cambio claramente en aquella mañana de primavera el lejano cañoneo de las baterías de Versalles
por el Oeste y el Sudoeste del recinto. •
~
- Eso es de Issy, díjome tranquilamente la duena
del kiosco de la esquina de la plaza de la Opera,
mientras me vendía un diario.
Preguntéla cómo podía distinguir el sonido de los
cañones de Issy del de las baterías del Bosque de
Boloña.
- Advierta usted, contestó, que hace ya muchos
días que oigo esa deliciosa música, y que por lo tanto
he llegado á ser entendida en la materia. El cañoneo
de Issy es más penetrante y claro, porq~e. el fuerte
está en una altura y nada entorpece la emisión de los
sonidos· mientras que éstos se embotan en el Bosque
á causa' de los numerosos troncos de árboles, sin contar que el sonido ha de elevarse además sobre el recinto, el viaducto del camino de hierro y la colina de
Passy.
._
La mujer hablaba con tanta calma y tranqmhdad
como si se tratase del tiempo, y si he de ser franco,
añadiré que cuanta gente andaba por allí manifestaba
la misma indiferencia. Ciertamente, nada indicaba
que los de Versalles caerían sobre los comunistas
antes de que se pusiera el sol de aquel sábado.
Yo tenía en París un caballo que había dejado allí
desde los días del armisticio; era el mismo con que
pasé por la puerta de San Ouen para entrar el primero en París después de la capitulación, y recordaba que los hambrientos habitantes de Belleville habían mirado al robusto cuadrúpedo con ojos de codicia. Encontré el caballo muy pronto, pero á la puerta
de la cuadra hallábase un centinela: la Comuna bahía exigido la entrega del animal, mas el encargado
de cuidarle se resistió con el pretexto de que pertenecía á un extranjero, y para zanjar por el pronto la
cuestión se puso dicho centinela hasta que las autoridades resolviesen lo que se debía hacer. El soldado
no quiso permitirme entrar en la cuadra, ni m~nos
consintió en que me llevase el caballo, y á m1 vez
debí dejar la cuestión pendiente.
Desde allí encaminéme al ministerio de la Guerra
de la Comuna, situado en la parte Sud del río, y allí
encontré la persona que necesitaba, la cual me presentó á un caballero que era el segundo jefe de Estado Mayor. Díjele que deseaba un pase para presen( 1) Terminada la interesante serie de articules en que la
distinguida escritora señora Pardo Bazán ha hecho un detenido
estudio de los :;ucesos más culminantes de la Revolución france.a de I 789, damos hoy principio á otra serie debida á la plu•
ma de M. Archibaldo Forbes, en la cual, como testigo de vista
é imparcial de los hechos, describe los ocurridos durante las
sangrientas luchas de la Comuna de París, de esa nueva revolu·
ci6n que, aunque casi á un siglo de distancia, viene á ser C?m·
plemento de la primera, razón que nos ha inducido á publicar
los articulos de M. Forbes á continuación de los de nuestra
compatriota.

.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ciar las operaciones militares en calidad de corresponsal; saludóme inclinando la cabeza, y volviéndose
hacia un teniente le mandó escribir la orden. El oficial comenzó á extenderla al punto, preguntándome
si la quería para ver las operaciones exteriores ó interiores, á lo cual contesté que deseaba un salvoconducto para ir á todas partes y verlo todo. El subjefe, Lefébre Tonciér, firmó al punto y díjome que
si alguna vez necesitaba cualquier informe ó noticia,
podría recurrir á él. Con esto saludóme cortésmente
y me despedí. Creo que aquel fué el último pase firmado por la autoridad comunista.
El general Dombror.-ski, último de los muchos generalísimos de la Comuna, hacía día y medió, poco
más ó menos, que ejercíá el mando. Se me indicó
que su cuartel general se hallaba al Oeste, en el castillo de la Muette, detrás del recinto y junto á la estación de la vía férrea de Passy. Sin perder momento
me dirigí á la parada de coches de la plaza de la Concordia y dije al primer auriga que deseaba ir al
castillo. «No puede ser, caballero, contestó, porque
tengo hijos.))
Otro cochero, menos tímido, avínose á conducirme
hasta la entrada de la calle Mayor de Passy, y convenido el precio, emprendió la marcha.
Al pasar por el puente de J ena la batería comunista, situada en el Trocadero, rompió el fuego, y el
Monte Valeriana contestó al punto. Dos ó tres de
esas bombas cayeron á la puerta de una tienda, y una
de ellas partió la columna de un farol cerca de nosotros. Al ver esto, mi cochero hizo retroceder el vehículc, y por poco le vuelca en su apresuramiento
para alejarse cuanto antes de aquella vecindad tan
peligrosa.
No tenia más remedio que apearme é ir á pie por
la calle Mayor. Aquí no había apenas gente, pero en
cambio vi un considerable número de agujeros abiertos por las bombas; varios guardias nacionales, algunos individuos de marina y de tiradores habfanse alojado en las casas y paseaban perezosamente de un
lado á otro. No observé señales de temor en ninguna
parte, aunque las bombas caían de continuo en las
inmediaeiones. Al llegar á la extremidad de la calle
torcí á la derecha para pasar por una puerta grande
que daba entrada á una avenida de árboles, al fin de
la cual elevábase el castillo de la Muette.
Dombrowski me recibió cordialmente, ofreciéndome desde luego permiso para agregarme á su Estado
Mayor, en el caso de aceptar yo la posición tal como
se presentaba.
- Estamos aquí algo comprometidos, dijo, sonriendo y encogiéndose de hombros, porque el fuego es
bastante formal y continuo.
Dombrowski era hombre de unos cinco pies y cuatro pulgadas de estatura, muy aseado al parecer y
vestía uniforme obscuro con pocos adornos. Su rostro tenía cierta expresión inteligente y la mirada era
penetrante. A primera vista, cualquiera hubiera simpatizado con él; pero contábanse cosas muy negras

NúMERO

606

El general Dombrowski comía, leía y hablaba al
mismo tiempo; mas apenas era posible oir su voz á
causa del estruendo de la artillería y el silbido de las
bombas. Manifestó mucha ansiedad al preguntarme
si yo podría indicarle algo sobre las probabilidades
de una intervención alemana, y por lo que dijo me
pareció que le habría satisfecho esta última solución
del problema.
Estábamos comiendo la ensalada, cuando de pronto entró el comandante de un batallón, con el rostro
ennegrecido por 1~ pólvora y al parecer muy agitado.
Dijo que las tropas de Versalles penetraban yA en el
recinto por la puerta de Billancourt, que él había defendido hasta entonces con su gente; que el fuego de
artillería de Issy era tan vivo, que sus fuerzas debieron buscar un refugio; y que cuando las tropas de
Versalles llegaron en son de ataque, fué preciso salir
á descubierto para contestar al fuego del enemigo.
En el mismo instante, añadió, las bombas menudearon de tal manera y causando tal estrago, que el co)llandante hubo de retroceder con su tropa, acercándose entonces las fuerzas de Versalles á la puerta,
que ahorá se hallaba en su poder. Entre los soldados
del comandante cundió el pánico, y aunque trató de
reunirlos, dándoles sablazos de plano, no había conseguido nada; de modo que su batallón acababa de
abandonar definitivamente el recinto.
Las tropas de Versalles, dijo para terminar, estaban
concentrándose en considerable número para reforzar á los que habían tomado la puerta de Billancourt.
Dombrowski esperó á que el oficial concluyera su
relato; entonces alargóle un vaso de vino, sonriendo,
y comenzó~ comer su ensalada con mucha serenidad,
aunque algo pensativo, hasta que al fin levantó la
cabeza.
- Envíese á buscar al ministerio 'de Marina, dijo,
una batería de siete cañones; y que vengan los tiradores montados de ... (no entendí el nombre que dijo).
Los batallones de la guardia nacional irán donde se
les designe, para lo cual han de estar preparados á
las siete. Yo mismo dirigiré el ataque.
·
Debo advertir aquí que el ministerio de Marina se
hallaba convertido en arsenal, y para que. se forme
idea del estado de cosas en aquellos días, baste decir
que el oficial á quien Dombrowski dictó la orden,
polaco como él, ignoraba cuál era el edificio destinado al ministerio de Marina. Cuando se le indicó, hizo la observación dé que tal vez no le fuera dado obtener toda una batería.
- Pues traiga usted lo que pueda, contestó Dombrowski, dos, tres ó cuatro cañones, ó los que le sea
posible adquirir. ¡Vamos, en marcha y obedecer!
Esta era la fórmula acostumbrada de aquel pequeño dictador, que no carecía de genio y energía. La
voz de mando era magnífica, y hubiérase dicho al
verle y oirle que estaba muy acostumbrado á dictar
órdenes.
Mientras que Dombrowski comía los postres, con-

Fusilamiento de los generales Clemente Thomas y J ulio Lecomte, en Montmartre, el 18 de marzo de 1871

de su historia. Llevaba bigote y perilla, y tenía costumbre de estirarse esta última cuando hablaba. No
conocía el idioma inglés, pero sí el alemán, y bastante bien. Su Estado Mayor se componía de . ocho ó
diez oficiales, los más de ellos jóvenes, que parecían
tomar muy en serio sus ocupaciones, y sin duda éstas no les dejaban tiempo para pensar también un
poco en el agua y el jabón.

sistentes en unas ciruelas, entró precipitadamente
otro comandante para dar una queja.
- General, dijo, me censuran porque tengo un
Estado Mayor muy numeroso, y he recibido orden
de venir á traeros el parte.
El general tomó el papel y leyólo con atención.
- ¡Un comandante con diez oficiales!, exclamó.
¿Cómo puede ser esto?

N ú ~IERO

606

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

511

El parque del pero dijo que la fortificación exterior se podía con•
castillo de la servar muy bien.
A mí no me pareció grave obstáculo para ho~Muette baja en
bres
resueltos á tomar aquel punto ó perder sus visuaves pendientes basta el recin- das, y que era además muy co~venie,nte para las
to enfrente de fuerzas de Versalles, que no estanai: as1 tan expuesPassy, pero no se tas. Más al Sud, por _la puerta de Btllancourt, el_ repodía ver éste á cinto no valía gran cosa y ningún hombre hu~H~ra
causa del folla- necesitado alas para introducirse allí: esta opm1ón
je; más allá había mía se confirmó cuando me hallaba con Dombrowsun claro y des- ki, al recibir éstt, como ya he dicho, un parte anunpués las densas ciando que los de Versalles habían tomado la puerta.
Era más peligroso que divertido permanecer en el
espesuras d el
Bosque de Bolo· observatorio y tardé muy poco en bajar. Dombrows·
ña, detrás de las ki, espada en mano, daba en aquel momento tres órcuales extendíase denes á la vez, y detúvose para pregun_tarme qué me
el lecho del gran parecía la perspectiva que acababa de ver. Contestélago. De aquella le que en conciencia debía decirle que no era nada
franja de bosque tranquilizadora para los federales.
-Ahora estoy dando una orden, repuso D?m•
salían de vez en
cuando peque- browski, por la cual sabrá que abandono el recmto
ñas columnas de desde la puerta de Auteuil hasta el río. Si usted es
humo, proceden- militar debe reconocer el hecho de que nuestra pértes de cañones dida del fuerte Issy nos impide conservar esa parte
aislados, pero no de la fortificación continua de que hablo. Hace ya
vi ninguna bate· algunos días que he previsto la necesidad de hacer lo
ría montada. Más que ahora pongo por obra, y he procurado una ~elejos humeaban gunda línea defensiva, cuyo contorno señala el viatambién á inter- ducto de la vía férrea; es tan fuerte como el recinto,
valos las carabi- y más fácil de conservar. Si los de Versalles se han
nas de los tirado· apoderado de esa puerta, su posición no les servirá
res de Versalles, gran cosa. De todos modos, quiero darles algo que
situados allí se- hacer, y esta misma noche me propongo ataca~los. guramente para Es probable que retrocedan, perdiendo su conquista,
cazar los federa- en cual caso deberán comenzar de nuevo mañana.
les que estaban Sin embargo, no voy á batirme con la formal i~tenen el recinto y ción de recobrar esa condenada parte del recinto,
en las otras avan- como lo demostrará la orden que acabo de dar para
zadas que había que se publique; ahora quiero luchar un poco_ por
enfrente de Passy mera afición, pues todos mis compañeros, lo mismo
y de Auteuil. A que yo, están animados de un espíritu batallador y
cierta distancia agrádales batirse, sobre todo cuando yo los dirijo.
No me fué posible determinar con precisión ende la puerta de
Passy, los comu- tonces, ni podía hacerlo ahora tampoco, si las palanistas hacían ju- bras de Dombrowski eran una mera bravata ó si
gar una batería aquel hombrecillo hablaba en serio. Como quiera que
de continuo con sea, prometióme que no marcharía sin mí, y en efecbastante buen to, al poco rato recibí un recado urgente del general,
efecto. Aquella diciéndome que iba á marchar al punto.
posición no había
Encontré al hombrécil!o montado en un caballo
sido muy maltra· de gran alzada que hacía muchas corbetas en aquel
tada, pero se hu- instante, lo cual me hizo pensar en el mío, que aún
ARCHJBALDO FORBlS
biera podido to- estaría descansando en la cuadra con su centinela de
mar por asalto vista. Habíanse recibido ya varios partes del jefe coY levantando el brazo con expresión indignada, sin gran dificultad, á no ser por un bastión cons- munista que ocupaba Point du Jour, pidiendo inmetruido durante el sitio de los prusianos. La puerta de diatos socorros, pues los que defendían allí las posiañadió:
·
- ¡Ved ciudadano comandante, aquí estoy yo, que Auteuil y el recinto hallábanse convertidos en una ciones se veían muy acosados. El cañoneo y 'el fuego
soy el ge~eral, y no tengo á mis órden~s ~ás que ruina. Dombrowski no pudo menos de reconocerlo, de fusilería desde el Sena hasta la puerta de Neuilly
nueve hombres mientras que usted necesita diez! ¡Le
concedo tan sóio un secretario; retírese y obedezca!
El bueno del comandante salió sin decir más palabra.
.
Las bombas seguían cayendo. Dombrowski m~
dijo que el castillo de la Muette pertenecía á un amigo de Thiers y que por lo tanto, aunque se sabía
que era su ~uartel general, habíanse dado órdenes
para no maltratarlo mucho. A esto diré tan sólo q~e
si se hacían esfuerzos para respetar aquella pro~1edad, los artilleros de Versalles eran muy malos tiradores pues una bomba atravesó la pared de cerca, y
otra ~hocó en la esquina de la casa con tal fuerza
que yo creí que había penetra?º por la pared. Dombrowski era hombre de nervios muy fuertes y _tenía
perfectamente aleccionados á sus oficiales. Cuando
estalló aquella bomba el general es_taba h_ablándome,
y yo hice un movimiento; pero _él, inmóvil ~orno una
roca, siguió hablando con la misma naturalidad. Los
oficiales que estaban sentados alr~dedor de_ la ~esa
no hicieron más caso de la explosión que s1 hubiese
caído allí una pelota. Un asistente estaba llenan~o
mi taza de café, y su pulso no se alteró en 1? mas
mínimo: aquel hombre debía tener los nervio? de
hierro. Ignoro hasta.qu~ punto llegaría la seremdad
é intrepidez de los md1V1duos del Estado Mayor en
otras partes, pero los que form~ban el de Dombrowski eran un modelo en este sentido.
El ayudante del general me condujo al tejado,
donde había un observatorio; la escalera y las habitaciones del piso superior hallábanse muy maltratadas por las bombas, á p:sar de la_ amistad que M.
Thiers profesaba al dueno del castillo; y en cua~t? al
observatorio, construído con tablas, estaba acnbillado de balazos de los fusiles Chassepot. Apenas asomé la cabeza imprudentemente, atraje tal granizada
de proyectiles, que no me dió vergüenza retirl!,rme
Electos de una bomba
con mucha precipitación.

�AQUEL QUE NO HAY A PECADO QUE ARROJE LA PRIMERA PIEDRA... , cua dro de R e mbrandt, existente en la colecci6n del duque Marwouft

-......,

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

eran cada vez más vivos á medida que avanzábamos·
por la calle de Mozart; las baterías de Versalles tronaban estrepitosamente, y aunque hubiesen quedado montados algunos cañones en el recinto, no habría
sido posible contestar á su nutrido fuego de pesados
proyectiles.
ARCHIBALDO FORBES

( Conti,mará)

Bellas Artes. -Con el nombre de :Exposición libre de
Bellas Artes de Berlln se ha inaugurado una exposición en la
cual fi~u ran las obras rechazadas por el jurado de admisión del
gran certamen artístico que actualmente se celebra en aquella
ciudad, y al lado de ellas otras muchas que no pudieron ser rechazadas por la sencilla razón de que no fueron presentadas
oportunamente. Examinan'do las obras expuestas se ve - al decir de una revista artística alemana - que, c,o n muy escasas ex·
cepciones, quizás con una sola, el jurado ha procedido con en·
tera imparcialidad, pues de las obras expuestas como rechaza·
das bien pocas llenan las más elementales exigencias artisticas.
Las únicas excepciones de esta afirmación son un cuadro de
Meckel, un boceto de monumento de Klein y dos pasteles de
Munch. Uno de estos últimos fo ha considerado la crítica como
lo mejor que hasta ahora haya producido ese notable pintor
berlinés; el boceto de Klein obtuvo el primer premio en el concurso celebrado hace poco en Stuttgart para erigir un monumento al emperador Guillermo. En cuanto al cuadro de Meck&lt;:l, con no ser de lo mejor por este artista producido, es notable de todas maneras y hoy inspira á los berlineses mayor interés, pues por causa del mismo puede decirse que se ha suicidado no ha mucho su autor. Creemos que han de intere~ar á
nuestros lectores algunos detalles de este suceso que vamos á
referir. El difunto artista proyectaba exponer en el Salón Schulte, de_ Berlln, una colección de cuadros suyos, lo que no llegó
á realizar, entrando luego en tratos con el comité de la Exposición de Bellas Artes para exponerla en ese certamen, pero se
le dijo que el jurado escogerla cinco obras suyas de entre las
que creyese oportuno remitirle. Meckel envió cuadros de los
c_uales fué rechazado uno, el que ahora figura en la Exposición
libre: los otros cuatro fueron colocados en sitios que el pintor
juzgó poco á propósito para que produjeran el debido efecto.
Los 3:migos de Meckel creen que éste, cuyo temperamento era
excesivamente nervioso, comenzó á preocuparse de la injusticia
con él cometida que le impedia gozar del gran triunfo en que
él co_nfiaba, y no pudiendo resistir esa impresión se suicidó de
un p1stoletaz~- Este suceso ha conmovido profundamente á la
sociedad berlmesa, donde Meckel gozaba de grande y merecida fama.
Volviendo á la Exposición lib:e, diremos para terminar que
los críticos berlineses opinan unánimemente que sus organizadores no han conseguido el efecto que se proponian y que
su Salón dista muchísimo de parecerse al q_ue en otro tiempo
formaron en París los refmés del Salón oficial.
- El escultor Pablo Dubois ha sido nombrado director de la
Academia de Artes plásticas de París.
- El escultor de Karlsruhe, Volz, ha terminado y expuesto al
públi~o el modelo del sepulcro que ha de encerrar los restos
del difunto pr!ncipe Luis Guillermo de Baden. El monumento
representa al príncipe tendido en el lecho mortuorio, puesto
sobre un sarcófago ricamente adornado, y será colocado en el
mausole~ que se ha de erigir en el jardín de los Faisanes, junto
al palac1? ducal de aquella ciudad, según los planos del difunto ~ranc1sco Bar. El mausoleo, que será de estilo gótico y cos·
tara 750.000 pesetas, quedará terminado en el presente año.
- Para la Galería Nacional de Berlin han sido adquiridos
cuatro cuadros al óleo de H. Muhlig, Luis Herzog, Luis Dill
Y O. Frenzel, tres acuarelas de L. Dettmann, una figura de
bronce de J. Gotz, una figura de madera de Jorge Busch y el
modelo en yeso de El esmltor, de Fernando Lepke: todas estas obras forman parte de la exposición que actualmente se celebra en la capital de Alemania.
- Durante el primer mes en que ha permanecido abierta, se
han. ~espachado 300.000 entradas de pago para visitar la Ex·
pos1c1ón ele Bellas Artes de Berlín, habiéndose recaudado la
cantidad de 125.000 pesetas. El número de obras vendidas es
extraordinario, según dicen los periódicos alemanes, y el éxito
de la lotería organizada por la Asociación de Artistas berlineses
h~ superado á todas las esperanzas: el número de billetes vend1~os ha ascendido á la cifra de 70.000; los tres primeros pre·
m1_os eran de 8. 750, 6. 2 50 y 3. 750 pesetas y coro prendían: el
pnmero tres cuadros al óleo, el,segundo tres cuadros al óleo,
una acuarela y una estatua de marmol, y el tercero tres cuadros
al óleo y una estatua de bronce.
_El J ura~o ha resuelto no conceder más que tres grandes y
seis pequ~nas med~llas de oro y algunas menciones honorificas.
- El pmtor berlmés Pablo Meyerheim ha regalado al Gabinete de qrabados, de Dresde, 36 estudios de su padre Eduard_o, fallecido e!1 1~79, que en su tiempo gozó de gran reputación _por sus d1buJos &lt;le la vida popular de Berlín. El mismo
Gabmete ha_ re~ibido por donación testamentaria algunos cen·
tenares de d1buJos y pruebas de grabados que constituyen la
labor artística completa del dibujante y grabador de Dresde
~ugusto Mauricio Retzsch (1779-1857), muy famoso en su
tiempo.
- A mediados de noviembre próximo se verificará en Dusseld_orf una gran fiesta artística organizada por la asociación cono·
c1da con el nombre de Malkasten. La Feria del Mundo que se
c~lebra act~almente en la gran ciudad norteamericana ha ins·
puado _al pmtor Seyppel, encargado de la organización de aquélla, la 1dea de una parodia de la gran Exposición universal. Conocidos el ingenio y la esplendidez de los artistas que forman
el lrlalkasten, fácil es imaginar lo que será esa fiesta que promete superará cuantas dicha asociación ha llevado á cabo has·
ta ahora y en la cual habrá también su Salón internacional de
Bellas Artes, que siempre ha sido una de las partes más interesantes y curiosas de esa clase de festejos.
Barcelona. Salón Parés. - Miralles ha tenido expuesto estos
~ías un cua?rito de aspecto agradable y de un asunto de actua·
hdad, propio de la estación en que nos hallamos. U na familia

correctamente elegante disfrutando de las delicias del campo,
un pequeñuelo retozandC1 con su mamá alegremente sobre el
césped, elegantes señoritas, lacayos, un coche al fondo, etc.;
todo pintado, si no concienzudamente, con hábil facilidad y que
atrae las miradas del espectador.
Un joven, Sr. Tejada, que esgrime sus primeras armas en
p{1blico, ha presentado un cuadro de regular tamaño que publicaremos en breve y que á vuelta de deficiencias propias de
quien empieza á andar el camino del arte, manifiesta cualidades dignas de estímulo, sobre todo por la sinceridad con que las
aplica. Puede decirse que la obra está bien concebida, mejor •
que ejecutada, tanto en la unidad total como en ciertos detalles; pero asi y todo, es muestra de que al seguir aplicando la
observación atenta del natural, como demuestra el autor en su
primer cuadro, verá por completo colmadas sus aspiraciones de
artista.
Exposición general de Bellas Artes de 1894. - El ayunta·
miento constitucional de esta ciudad ha publicado ya la convocatoria para la segunda exposición que ha de celebrarse en
el mes de abril del año próximo venidero, ateniéndose á lo
acordado por la corporación anteriormente. En breve aparecerá el Reglamento propuesto por la Comisión organizadora.
Nuestros más calurosos plácemes á nuestro ayuntamiento
por el interés con que procura corresponder á lo que exige la
cultura de Barcelona y desean cuantos en materias de arte se
ocupan por su profesión ó aficiones.

Teatros. - Parls. - En Folies Dramatiques se ha estrenado
con buen éxito un vaudeville en tres actos de Busnach, titulado C!iquette, con lindísima música del maestro Varney.
Londres. - En Covent Garden han terminado las representaciones wagnerianas en alemán, habiéndose puesto en escena
Los maestros cantores y Siegfri'ed, que fueron muy aplaudidas,
sobre todo la última. En el propio teatro se han estrenado las
óperas Amy Robsart y Veiled Prophet. La primera, de Isidoro
de Lara, revela un gran progreso con respecto á la última del
mismo autor, The Light of Asia, y en ella se destaca más la
personalidad del compositor que, aunque influido por la música de Massenet, entra casi de lleno en el procedimiento de
Wagner; el libreto, obra de Harris y Milliet, e¡;tá tomado de
una novela de \Valter Scott; la ejecución fué muy notable por
parte de Mme. Calvé y de los Sres. Alvarez y Lasalle. La se·
gunda, Veiled Prophet, es del compositor Stanford, qu~ la escribi6 en 1877 y fué estrenada en alemán, en.Hannóver en 1881,
habiendo sufrido desde entonces varias modificaciones: el libreto, de Mr. Barday Squire, está basado en la primera leyen·
da del poema de Tomás Moore, Lalla Roock, titulada El velado profeta de Khorasán. La i;¡otable compañía dramática inglesa
que dirige el eminente actor Enrique Irving y que actuaba en el
Lyceum, se dispone á hacer una tournée por los Estados U nidos, en donde trabajará en San Francisco, Portland, Tacoma,
Sea(tle, Minneapolis, Saint Paul, Chicago, Nueva York, Boston, Filadelfia y Wáshington, poniendo en escena Becket, Enrique VIII, Et mercader de Venecia, Luis XI, 0/ivia, Carlos
/ y algunas otras de las mejores obras del repertorio inglés.
Madrid. - En los jardines del Buen Retiro ha comenzado
sus representaciones una compañía de ópera bajo la dirección
del maestro Camaló, que ha puesto en escena con buen éxito
Lucia, Fausto, Favorita y Hugonotes. En el Príncipe Alfonso
se ha estrenado con aplauso una zarzuela de espectáculo en dos
actos, Los volttlltarios, de Fiacro Y rayzoz, música del maestro
Jiménez.
Barcelona. - En Novedades ha terminado la temporada que
tan brillantemente ha sostenido por espacio de dos meses la
excelente compañía del Sr. Mario, habiendo estrenado últimamente con buen éxito La huelga de hijos, comedia de D. Enrique Gaspar, de argumento interesante y escrita con la galanura, la gracia y la difícil sencillez que son la característica del
autor de La levita, y habiéndose celebrado los beneficios del
Sr. Cepillo, que tantos y tan merecidos triunfos ha obtenido en
la presente temporada, y del Sr. Mario, el actor mimado de
nuestro público: uno y otro lograron entusiastas ovaciones. En
el Eldorado actúa una muy aceptable compañía de ópera dirigida por el ma,:slro Goula (hijo), que ha puesto en escena con
buen éxito La Hebrea, La Favorita, La Africana, El Trovador
y Los Hugonotes.
Necrología. - Han fallecido recientemente:
El Excmo. Sr. D. Enrique Enríquez y García, conde de las
Quemadas, teniente general del ejército español, ex comandante general de Alabarderos, condecorado por valiosos servicios
prestados en tiempo de paz y de guerra con las grandes cruces
de San Hermenegildo, Mérito Militar é Isabel la Católica.
El barón de Bauer, general de artillería ~ustriaco, ex ministro de la Guerra, comandante general de Viena, que se distinguió extraordinariamente en las campañas contra I talia de
1859 y 1866.
Carlos Federico Burkhard, notable sanscritista austriaco, el
primer filólogo que emprendió el estudio del idioma cachemir,
una de las lenguas de la India septentrional.
Francisco Duchinski, historiador polaco.
Carlos English, contraalmirante de la armada y uno de los
oficiales más distinguidos de la marina norteamericana.
Antonio Ghislanzoni, célebre poeta y libretista italiano, autor
del libreto de Aida y de muchos otros en número de sesenta
por lo menos.
Roberto Montgomery, excelente pintor marinista holandés.
Francisco Nissel, poeta dramático austriaco que gozaba de
gran popularidad especialmente entre el público vienés.
Dr. Juan Rae, distinguido médico inglés, famoso explorador
de las regiones árticas que visitó por vez primera en 1846 y en
las cuales descubrió importantes territorios, autor de innumerables trabajos científicos que publicó la Royal Geographical
Society, de Londres.

Paseo matutino, dibujo de A. Marold. - Cuéntase Marold entre los primeros dibujantes franceses y las principales revistas que en la vecina República se publican dispútanse sus trabajos; su firma es conocida de los lectores de LA

606

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, que han podido admirar sus preciosos dibujos en algunas novelas ilustradas que publicamos, y es·
to nos releva de insistir en lo que vale el tan justamente renombrado artista. Paseo matutino es una página bellísima en la
que el invierno se ofrece á nuestros ojos en toda su desnudez y
con el tinte melancólico que constituye lo que pudiéramos lla·
mar nota poética de la estación cruda: la figura de mujer que
anima el triste paisaje tiene ese sello elegante que revela á la
parisiense y que pocos saben reproducir con tanta gracia y fide·
lidad como Marold.

* **
La catástrofe de Anzuola (de fotog~fia). - Entre
las varias versiones que han circulado acerca del terrible desc¡milamiento ocurrido en Anzuola, en la línea férrea de Durango á Zumárraga, el día 14 de julio último, tiénese por más
e_xacta la que supone que la rotura de uno de los topes del último vagón motivó el descarrilamiento de éste, que inclinándose á un lado cayó en un precipicio de unos 30 metros de declive, arrastrando consigo a otros cinco coches más. La catástrofe
ocurrió á poco de salir el tren del apeadero de Anzuola, en un
sitio en donde existe una curva de unos 100 metros de radio:
los tres últimos vagones quedaron hechos astillas y de ellos
fueron sacados el mayor número de heridos y contusos; el coche buffet sólo dió media vuelta y quedó á unos tres metros de
la vía, sufriendo •los que en él iban sólo ligeras contusiones; el
coche truck se detuvo á causa de haber tropezado uno de sus
extremos con una chavola, falleciendo tres de las personas que
en él iban, entre ellas D . Pedro U ruchurtú, alcalde de Deusto.
El número de heridos graves, algunos de los cuales fallecieron
poco después, y leves fué considerable. Los vecinos de Anzuola
con el ayuntamiento á la cabeza, los aldeanos de los caseríos
inmediatos, las autoridades y vecinos de Vergara, los padres
dominicos, los médicos de las poblaciones cercanas, todos acudieron inmediatamente al sitio de la catástrofe, prestando gran·
des servicios á los heridos y rivalizando en celo para asistirlos.
El caserío de Isturioz, que se ve en nuestros grabados, quedó
convertido en hospital de sangre. Tales son los principales de·
talles del terrible suceso, uno de tantos que con demasiada frecuencia ocurren en nuestras líneas férreas y que ni siquiera
pueden atenuarse, como acontece en la mayoría de los que en
el extranjero acaecen, por el movimiento extraordinario de las
líneas ni por la velocidad vertiginosa de los trenes, circunstancias que no concurren en nuestros ferrocarriles. Las vistas que
publicamos están tomadas de fotografias que ha tenido la amabilidad de remitimos D. L. de Regil, de Bilbao, á quien damos las gracias por su atención.
•

*
**
Aquel que no haya pecado que arroje la primera piedra... , cuadro de Rembrandt. -Tantas veces hemos tenido ocasión de ocuparnos del gran artista !lamen·
co, que cuanto dijéramos ahora sería necesariamente repetición
de lo que en otros números de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
hemos consignado. Además, en la historia del arte hay figuras
que con sólo nombrarlas se alaban: cuando se oye pronunciar
los nombres de Velázquez, Murillo, Rafael, Ticiano, Rubens,
Ribera, Rembrandt y tantos otros, inmediatamente la memoria
asocia á ellos las páginas más gloriosas de los anales de la pintura. ¿A qué, pues, hablar detalladamente de una obra deter·
minada de alguno de ellos? ¿A qué reproducir una y otra vez los
elogios que han llegado á hacerse lugares comunes tratándose
de tales maestros? Limitémonos, por consiguiente, á ofrecer á
nuestros lectores el magnífico grabado de Baude que tan cabal
idea da del cuadro en que Rembrandt representa una de las
escenas del Nuevo Testamento, aquella en que, en presencia
de la mujer adúltera y de los que la acusaban, pronunció Jesús
las sublimes palabras de caridad y de perdón que la humanidad
debiera tener siempre presentes y que por desgracia han sido
en todo tiempo punto menos que completamente olvidadas.

*
* *
Una historia de amor cuadro de A. Johnson.
- No de otra cosa que de una historia de amor puede tratar el
libro que con tanto interés lee la joven del notable cuadro de
Johnson: véase la atención que presta á la lectura, estúdiese la
expresión de su rostro, y tratándose como se trata de una muchacha en la edad de las ilusiones, cuando sus oídos apenas es·
tán acostumbradoS' á esas frases que tan dulcemente suenan en
boca del rendido amante y cuando quizás sus labios no han
pronunciado todavía una palabra de amorosa correspondencia
que el rubor mantiene en el corazón aprisionada, se comprenderá que aquella atención y la expresión aquella sólo pueden
obedecer á una causa, á la identificación de su lectora con el
asunto del libro leído, y esa identificación en el presente caso
y por lo que dejamos dicho únicamente se explica tratándose
de la historia de unos amores.

Sixto, separando con una mano las hojas del helecho y aproximando con la otra el candelero al cristal, trató de ver el interior del dormitorio

*

**
Las hermanas de la Caridad, cuadro de J oaquin Agrasot (Exposición internacional de Bellas Artes
de 1892). - Esas heroínas que el mundo conoce con la denominación de Hermanas de la Caridad, y que cual verdaderos ángeles consagran su existencia al alivio de las dolencias que afligen á la humanidad, han hallado siempre escritores y artistas
que las enaltezcan, que canten sus virtudes ó pinten su abne·
gación. Si así no fuera, si la humanidad no patentizara su reconocimiento por quien por ella se sacrifica, exponiendo su vida en los campos de batalla ó aspirando los deletéreos miasmas
hospitalarios, merecería la calificación de ingrata. Agrasot, que
como verdadero artista siente y discurre, ha tratado de representar á las hermanas de la Caridad en uno de los más interesantes escenarios do ejercen acción y prodigan sus cuidados, en
el hospital, logrando producir una bellísima composición que
cautiva por el sello de verdad que en ella ha impreso.

Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
adoptado en los Hospitales de París y que prescriben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
y Debilidad; dando á la piel del bello sexo el
sonrosado y aterciopelado que tanto se desea.
Es el mejor de todos los tónicos y reconstituyentes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
teniendo además la superioridad sobre los ferrugínosos de no fatigar nunca el estómago.

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT, - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAY ARD

(CONTINUACIÓN)

En la partida que Sixto deseaba comenzar, para aprovecharse de aquella ráfaga
de viento favorable que parecía haber comenzado á soplar, era indispensable que
conservarse todo esto y que no estuviese ni un momento bajo la influencia ni
del cerebro sobrexcitado, ni del estómago ahito; por consiguiente, comió poco
y bebió menos, á pesar de la insistencia del barón, cuya amabilidad y cuyas
burlas, pues de la una y de las otras echó mano, resultaron igualmente inútiles
para apartar á Sixto de su propósito de sobriedad.
·
Cuando los comensales se trasladaron desde el comedor á la sala, Sixto no se
apresuró para acercarse á las mesas de juego, que estaban preparadas ya; para
el baccarrat una grande y dos pequeñas para el ecarté: el joven quería escoger el
momento oportuno y no incurrir en la locu(a de los que corriendo detrás del
dinero se lanzan ciegamente á la lucha. Se proponía bajar á la arena con paso

firme .Y seguro; ya que un rato de suerte le había permitido recuperar trescientos luises, debía manejarse con aquella cantidad para ver si ganaba sus cuarenta
mil francos; pero sin comprometerse nunca.
Como, pensando todo esto, permaneciese Sixto en el hueco de una ventana
Arjuzanx se le acercó diciendo:
'
- ¿No me quieres dar el desquite?
- A ti es á quien corresponde dármelo.
- Estoy á tus órdenes.
- En seguida; permfteme fumar un cigarro.
Cuando acabó el cigarro se aproximó Sixto á la mesa del baccarrat, pero no se
se~tó; quería conservarse de refresco para su partida con Arjuzanx; además tuvo
miedo de agotar su buena suerte en jugadas insignificantes, figurándose por su-

�NúMERO 606

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

516

perstición de jugador que no podía contar con la fortuna para mucho tiempo y
que no debía exigir á su suerte una serie muy larga de golpes favorables; cuando
lograse unos pocos, sabría detenerse en el camino.
Por último quedó desocupada una mesa de ecarté, Sixto hiz~ una seña_a! barón, y quiso, por aquella vez, tener él mismo las cartas que habian de dec1d1r en
aquella lucha.
.
- ¿Cuánto?, preguntó Arjuzanx sentándose enfrente de Sixto.
- ¿Te parece bien que juguemos cien luises?
- Perfectamente.
Jugando aquella cantidad Sixto se creía prudente, porque no era prob~ble que
de las tres partidas que aquella puesta le permitía jugar con sus ganancias, perdiese las tres; podría defenderse caso de que la suerte se le mos:r1se adversa, y
en un momento cualquiera tropezar con la serie en que fundab1 sus esperanzas.
Al tomar las cartas se convenció Sixto, y este convencimiento le produjo gran
alegría, de que sus manos no temblaban y de que era completamente dueño de
su corazón y de su cabeza: veía, sabía y juzgaba lo que estaba hacien~oArjuzanx, al contrario, parecía conmovido, y mirándole con atención se veía
claramente que no era el mismo de otras veces; su tranquilidad, su indiferencia
característica habían desaparecido y se advertía en sus ojos negros un resplandor que les prestaba una expresión de dureza que Sixto no había observado
nunca.
Pero no eran aquellos momentos á propósito para entregarse á observaciones
de esa índole; Sixto deb ía consagrar su atención toda, entera y por completo á
su juego y al del adversario.
La fortuna, lejos de volverse contra él, prosiguió siéndole propicia.
- ¿Doblamos?, preguntó Arjuzanx.
- Por de contado; ¿no está dicho?
- Dicho queda de una vez para siempre.
- Para siempre, por lo menos hasta que nos pongamos de acuerdo para concluir este convenio.
- No reñiremos.
Poco á poco habían levantado sus cartas.
- ¿Pido?, preguntó Arjuzanx.
- Yo no quiero.
Arjuzanx tenía un juego malísimo; el de Sixto no podía ser mejor.
- No vas á tardar mucho tiempo en ganar los cuarenta mil francos perdidos,
dijo Arjuzanx.
- No me disgustaría.
- Ya ves cómo he hecho perfectamente en obligarte á comer conmigo.
Algunos de los convidados, cuando vieron que Sixto y el barón se sentaban
á la mesa de ecarté, abandonaron el baccarrat, que se arrastraba miserablemente,
y formaron corro en torno de los dos amigos, contemplándolos atentos y silenciosos.
Arjuzanx ganó entonces tres puntos, lo cual le hizo decir:
- Comienzo á defenderme.
Sin embargo, perdió la partida; pero ganó la siguiente y volvieron á comenzar
con una puesta de cien luises que también ganó.
- ¿Vamos á la dobla?, preguntó.
Sixto vaciló un instante; se preguntó á sí mismo si no estaría agotada ya su
vena; pero como había hecho cuatro puntos contra cinco se figuró que la fortuna fluctuaba aún y que le sería posible retenerla un momento.
- Sí, contestó.
También entonces hizo cuatro puntos contra cinco; pero esta vez ya no vaciló; estaba ya en descubierto y era·necesario por lo menos quedar en paz; ya que
Arjuzanx aceptaba el juego á la dobla, todo se reducía á seguir hasta que ganase
una vez; cuando esto sucediera se detendría y no volvería á tocar una carta; era
irracional, imposible, absurdo, contrario á todas las reglas admitir que esto no
sucedería alguna vez; ¡no es el juego una báscula dispuesta con arreglo á leyes,
inmutable!
- Adelante, dijo; lo mismo siempre.
Entonces se apiñaron todos en torno de los dos jugadores; pero ninguno les
hablaba, ni les preguntaba directamente, solamente por medio de ojeadas expresivas y miradas rápidas se cambiaban allí impresiones.
Sixto advirtió con sorpresa que por el cuello le caían gotas de sudor, lo cual
le produjo desasosiego; era evidente que no dominaba ya sus nervios; sin embargo, no tuvo fuerza bastante para aprovechar esta observación; estaba seguro de
que la emoción no había de quitarle su perspicacia.
Por lo menos sí le privó de su atrevimiento; por prudencia, por excesiva precaución pidió cartas y las dió cuando habría debido rehusarlas y jugar con valentía.
Después de haber perdido con aquel sistema tres partidas seguidas, resolvió
c~mbiar; no era la mala suerte lo que le hacía perder, era su torpeza y era también la calma de Arjuzanx, atento siempre á defenderse y á utilizar los·descuidos del adversario, sin que lo importante de la partida influyera lo más mínimo
en su ánimo. ¿No podría yo, se preguntaba Sixto con ansiedad, tener esa misma
calma por unos minutos, por algunos segundos que acaso serían suficientes?
Pero el cambio de método no determinó cambio de suerte; muy al contrario,
si antes había cometido errores por excesiva timidez, siguió cometiéndolos por
exagerados atrevimientos. Y cada vez que perdía exclamaba:
- Adelante; siempre lo mismo.
Los que seguían atentamente las peripecias de aquel duelo podían notar en
el tono con que la frase misma era pronunciada diferencias que decían mucho
sobre el estado de ánimo en que Sixto se hallaba; al propio tiempo su rostro y
sus manos habían perdido por completo el color.
' En la medida misma en que la puesta iba creciendo se modificaba también
1~. actitud de los espectadores; habían comenzado por mirar aquella lucha con
cierta curiosidad reconcentrada y silenciosa; al llegar al punto en que estaba, esc~pábanse de vez en cuando exclamaciones sordas, gestos, que producían en
S1x~o mayor sobrexcitación, porque cuando todos, todos unánimemente, se maravillaban de aquella desdicha, era evidente que ya no podía durar mucho;.un
solo momento de fortuna y se desquitaba de lo perdido aquella noche. No esperaba á más.
. Aún jugó otras dos partidas y las dos con igual desgracia; y como Sixto repitiese la frase «Adelante; lo mismo siempre.» Arjuzanx nada dijo; era la primera vez que no respondía á la frase de Sixto con la palabra «Perfectamente.»
El barón guardó silencio durante algunos segundos; después apoyando ambas

I

manos en la mesa, se levantó, y mirando fijamente á Sixto, preguntó con voz
muy seca y muy dura:
- ¿Cómo siempre lo mismo?
- ¿No está convenido que doblamos siempre?
- Convenido está, mientras no variemos el convenio.
A estas palabras siguió otro rato de silencio, al cabo del cual continuó diciendo el barón en él mismo' tono duro y claro:
- Y me parece que ha llegado el caso de variar. ¿Cómo estamos ahora?
Contó las fichas colocadas delante de sus cartas.
- Llevo ganadas siete partidas. ¿No es cierto?
- Sí, contestó Sixto, casi ahogándose.
- Hemos puesto, al empezar, cien luises; los cnales se han convertido, jugaodo á ia dobla, en cuatro mil francos; después en ocho mil; luego en dieciséis mil;
á la otra partida en treinta y dos mil; á la siguiente en sesenta y cuatro mil; á la
impediata en ciento vientiocho mil, y por último, en esta en doscientos cincuenta y seis mil; así estamos ahora.
Al llegar aquí el barón se detuvo y con la mirada pareció tomar á sus convidados por testigos de la exactitud de su cuenta, que había hecho sin vacilación
alguna; pero nadie pensó en asentir con el gesto, ni aun con la mirada, pues
cada cual seguía con interés el drama que, en presencia de todos, se desarrollaba y que todos comprendían y sentían que era espantoso, aunque ignorasen cómo había nacido y qué desenlace tendría.
- ¿Estamos jugando como niños ó como hombres?, continuó diciendo Arjuzanx.
Sixto no respondió; veía entonces cómo y cuánto se había equivocado sobre
las intenciones de Arjuzanx, que lejos de procurar que se desquitase de la pérdida de sus cuarenta mil francos no había tenido otro propósito que obligarle á
perder una cantidad mucho más considerable; al propio tiempo se fijaba en un
hecho, insignificante al parecer, pero que en aquellas circunstancias era decisivo:
el cuidado que Arjuzanx ponía en no hablarle á él directamente y sobre todo
en no tutearlo.
El barón prosiguió:
- Si nuestro dinero no está encima de la mesa, encima de la mesa está nuestra palabra; y puedo jugar cien mil francos y aun doscientos cincuenta y seis
mil francos bajo mi palabra, pero no quinientos doce mil que acaso exceda el
compromiso á que se pueda atender.
Calló Arjuzanx; los circunstantes evitaron cuidadosamente cruzar entre sí miradas en que pudiesen ser traducidas sus impresiones; no faltaron amigos prudentes que, por si acaso, se alejaron de la mesa de juego, bien que sin abandonar la sala: la Vigne no fué de éstos; muy al contrario, había quedado libre un
sitio al lado de su compañero y se apresuró á ocuparlo.
Pero nada indicaba que Sixto pudiese dejarse arrebatar por la ira hasta el
extremo de producir escándalo; antes bien, su actitud pareció la de un hombre
que hubiese recibido en la cabeza un golpe terrible.
Esto no obstante, transcurridos algunos segundos, se levantó y dijo:
- Es evidente que no tengo aquí esos doscientos cincuenta y seis mil francos.
- ¿Pero no está admitido entre hombres honrados que se concedan veinticuatro horas para pagar deudas de juego?

IX
Cuando Sixto se encontró en la acera de la calle sintió que alguien le cogía
del brazo; volvióse bruscamente; era la Vigne, que le preguntaba con interés:
- Pero ¿cómo has caído en ese lazo?
- ¡Ah! No lo sé...
- ¿No has comprendido que Arjuzanx iba á cosa hecha?
- Sí; demasiado tarde.
-¿Volvemos á casa?
Sixto no respondió.
- ¿Quieres que tomemos un coche?
- No, quiero estar solo; necesito andar.
- Pues te bajas del coche cuando lleguemos á Bayona.
- ¿No me dejarás en paz, hombre?
- Dispensa...
Sixto, á pesar de su trastorno, comprendió que había tratado mal á su compañero y se apresuró á decirle:
.
.
- Ten seguridad, amigo mío, de qtie te he agradecido la espontaneidad con
que te has puesto al lado mío cuando el barón hablaba.
- Era natural.
- Has creído que podría surgir una disputa; no podía ser, porque Arjuzanx
estaba en su derecho y yo no tenía razón alguna. Gracias.
Y al decir esto, Sixto tendía la mano á su amigo.
La Vigne, sin embargo, no se movía.
Pero no había dado tres pasos cuando se detuvo y dijo en voz alta:
-La Vigne.
Este se apresuró á colocarse al lado de Sixto.
- Toma, dijo entonces el capitán entregándole dos fajos de billetes de Banco.
- ¿Qué es esto?
- Cuarenta mil francos que te suplico me guardes; como te propones ir en
carruaje van más seguros en tu poder que irían en el mío; me los entregarás
mañana.
Dicho esto, el capitán dejó á su amigo en medio de la calle y la Vigne observó, con gran extrañeza, que Sixto en lugar de dirigirse hacia Bayona tomaba
el camino diametralmente opuesto, como si se propusiera ganar la playa de los
Bascos.
Esta era en efecto la intención de Sixto; su resolución estaba definitivamente
adoptada: pensaba arrojarse al mar desde lo alto del peñasco negro y cubierto
de espuma que se levanta verticalmente en medio de la. playa.
Con este propósito bajó por las calles desiertas de la ciudad hacia el Puerto
Viejo; más que andar, corría, y en en su carrera precipitada ni advertía siquiera
que azotaba su rostro el viento frío que soplaba furiosamente con un ruido siniestro que dominaba los roncos mugidos de la marea alta.
La idea del suicidio había surgido en el ánimo del capitán cuando el barón
pronunciaba esta frase: «Aunque nuestro dinero no está encima de la mesa, encima está nuestra palabra.» Sixto comprendía perfectamente que su hopor estaba comprometido; solamente poseía su existencia para pagar su deuda; la daba.

NúMERO 606

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Había el joven pasado ya los baños del Puerto Viejo y adquirió la certidumbre que la pleamar no debía de retrasarse mucho; tuando se arrojase desde el
peñasco, le recibirían las olas y le arrastrarían inmediatamente.
Sixto pensaba en su muerte sin ninguna debilidad; t-odo habría concluído;
concluído para él, concluído para los suyos, á quienes Sixto no arruinaría al
arruinarse.
Pero al pensar en los suyos, al pensar en su mujer se estremeció. ¡Ah! Al morir no sacrificaba solamente su vida, sacrificaba al mismo tiempo la felicidad de
la esposa adorada. ¡Qué desesperación, qué catástrofe, qué vacío para Anie! Solamente dos meses llevaba de casada. ¡La pobre era tan dichosa en lo presente!
¡Formaba tan hermosos proyectos para lo porvenir! ¡Y no volvía á verle! ¡Y él,
él no la había besado por última vez!..
Sixto se detuvo; vaciló unos instantes y después retrocedió para tomar el camino de Bayona. Tenía veinticuatro horas de que disponer todavía; por lo menos faltaba algún tiempo hasta la mañana siguiente en que se supiera lo que había sucedido.
¡Cuántas veces había recorrido el joven con su mujer, ambos á caballo, aquel
camino mismo que ahora seguía Sixto á pie, solo, en las tinieblas de la noche!
La evocación de estos recuerdos tuvo benéfico influjo en los pensamientos del
capitán, porque le arrancó por un momento de las angustias del hoy y del ;mañana para trasladarle al pasado, tan lleno de recuerdos dulces ó apasionados,
tiernos ó alegres.
Muy cerca estaba de Bayona cuando en medio del silencio de la noche oyó
dar las dos en el campanario de la catedral; en lugar de penetrar en la población, pasó á lo largo de las fortificaciones y bajó hasta el paseo de las Marinas.
Aquella noche su casa estaba completamente á obscuras; Anie no le había
esperado. Sixto abrió las puertas procurando no producir ruido y encendió una
bujía que estaba preparada en la meseta de la escalera.
Al llegar á la puerta de sus habitaciones se aproximó con mucho cuidado,
estuvo escuchando algunos instantes y nada oyó; indudablemente Anie se había
dormido. Entonces, en vez de penetrar en aquel cuarto, levantó con grandes
· precauciones el picaporte de la puerta de su despacho, entró en éste y volvió á
cerrar la puerta con mucho silencio.
Enc.ima de la chimenea y en el tabique de separación entre la alcoba y el
despacho existía una ventana que cerraba un cristal hermoso, cubierto con un
transparente medio bajado á la sazón; la ménsula de la chimenea, común á las
dos habitaciones, hallábase adornada en la parte que correspondía á la alcoba
con una escultura pequeña en el centro y dos lámparas á los lados, y la parte correspondiente al despacho con un jarrón, en el cual había plantado un helecho
y dos candelabros.
Sixto, separando con una mano las hojas del helecho y aproximando con la
otra el candelero al cristal, trató de ver el interior del dormitorio. Por de pronto
sus miradas se perdieron en la obscuridad; pero después, formando con la mano una especie de pantalla que proyectaba hacia adelante la luz de la bujía, vis·
lumbró en el lecho, frente á él mismo, la cabeza de Anie que se destacaba so.bre la blancura de la almohada.
Anie no se movía, no le llamaba; era evidente, por lo tanto, que dormía. Esta
seguridad le consolaba; podía disponer de algún tiempo.
Durante las dos horas empleadas en recorrer el camino de Biarritz á Bayona,
Sixto no había pensado únicamente en su mujer; había formado un plan cuya
ejecución resultaba más hacedera con aquel sueño; no quería sólo el joven besar
por última vez á su esposa, de quien iba á separarse para siempre, deseaba además que Anie tuviese y conservase sus pensamientos últimos; sentóse, pues, á
su mesa, colocada delante de la chimenea, y comenzó á escribir:
«Tus presentimientos no te engañaban: convertido, no comprendo por qué,
en enemigo nuestro, tuyo, mío, ha querido vengarse de ti, de mí; ciego, arrastrado, loco he jugado y he perdido doscientos cincuenta y seis mil francos, además
de lo que había perdido anteriormente. Al recobrar la razón he reflexio,1ado; he
visto la situación como se ven las cosas en la soledad y de noche, de un modo
claro, evidente, sin ilusión ni mentira; de esta convicción fría, serena, ha resultado la determinación - que es objeto de esta carta: - dart~ un adiós. Un
adiós, un adiós, hermosa y querida. Anie. ¡Ah, sí, querida, muy querida! Más
ahora que en los días de felicidad ... Voy á dejarte para morir. Pero el morir no
es lo que me entristece y espanta; lo que me aflige es romper para siempre nuestra dulce vida de amor; no ver más á mi Anie, y además dejar á su corazón la
duda de si habrá sido adorada como debía serlo, como oreía serlo. ¿Comprende·
rá mi Anie que quiero desaparecer porque la amo con toda mi alma, mucho más
que·á mí mismo, y prefiero - procurando lo que es mejor para ella - saber que
será viuda trágicamente, antes que esposa empequeñecida por un marido sin
honra?
»No puedo pagar mi deuda y no quiero pedir nada á tu padre, á quien esta
pérdida arruinaría. No queda, pues, otro remedio que separarme de ti, arrancarme yo mismo de tus brazos, con el pensamiento de que te dejo casi íntegra la
fortuna, desde ahora más tuya que antes, que te permitirá vivir independiente
y orgullosa.
»¿Comprendes ahora que mi amor es tal cual tú podías desearlo, y que al
morir no te abandono?
»Piensa, por el contrario, que próximo á ti, mezclada y confundida mi vida
con la tuya, me he ratificado con más fuerza en esta determinación de no volver
á verte y de dejarte que vivas sin mí en la flor de tu juventud y de tu hermosura.
»Solamente he pensado en tu tranquilidad y he dado al olvido cuán breves
fueron nuestras horas de amor. He puesto en olvido también que una mujer
adorada se me escapa de los brazos en los primeras emociones de nuestras existencias fundidas en una sola, y que ebrio de amor por ti, me separo de ti,
sollozando, hecho pedazos el corazón y soñando en la eternidad de mi amor,
cuando para mi amor no hay mañana.»

bajando ambas manos, entre las cuales había hundido su cabeza, volvió á tomar la carta, la puso en un sobre, en el que escribió el nombre de Anie, y la colocó en el sitio más visible de la mesa.
Aún no había terminado: con mucho silencio, tomando mil precauciones,
abrió uno de los cajones de su mesa, cerrado con llave; buscó después algo en
aquel cajón, procurando que no crujiesen los papeles que en él había; sacó el
testamento de Saint-Cl1risteau; después, prendiéndole fuego con la luz de la bujía, lo arrojó á la chimenea, donde el documento ardió del todo, produciendo
una llama que iluminó todo el despacho, desde el piso hasta el techo.
Con esto, cuanto Sixto había determinado estaba hecho; ya podía ir al lado
de su mujer; iban á dar las cuatro, todavía le quedaban tres horas de existir
para ella.
Cuando Sixto entró en el dormitorio, Anie levantó la cabeza y dijo como despertándose:
- ¡Hola! ¿Ya estás aquí?
Sixto se acercó al lecho, se inclinó hacia su mujer, y dándole un beso muy
tierno y muy prolongado dijo:
.
- Es necesario que no te enojes conmigo, me he retrasado... , ya te explicaré...
- Pero si no estoy enojada contigo.
Si el capitán hubiese estado más tranquilo habría notado indudablemente que
la voz de Anie temblaba demasiado para ser la de una persona que acaba de
d_espertarse; pero la emoción que le dominaba no le permitía hacer observac10nes.
La verdad era que Anie no se había despertado entonces, porque no estaba
dormida.
Al recibir el telegrama de su marido cuando le esperaba para comer, experimentó una conmoción violentísima, desproporcionada al parecer si se la comparaba con la causa insignificante que la había producido.
¿Por qué se quedaba Sixto en casa del barón? ¿Cómo olvidaba la promesa de
volver inmediatamente? Y, lo que era más grave todavía, ¿cómo no pensaba en
que después de los temores manifestados por su Anie aquel telegrama iba á sumergirla en la inquietud y en la angustia?
Era aquella la primera vez que Sixto dejaba de cumplir una palabra que hubiese dado á su mujer y la segunda que no la acompañaba en la comida, y siempre por el barón. ¿Qué le anunciaba aquella intimidad que ponía miedo en su
ánimo?
Anie no pudo comer y muy temprano subió á sus habitaciones, figurándose
que para esperar estaría allí mejor que en ninguna otra parte. Entonces comenzó
á calcular la hora probable de que volviese su marido, y de sus cálculos ·obtuvo
la consecuencia de que Sixto volvería entre diez y once.
Para matar el tiempo la joven tomó un libro y procuró leer; pero las líneas
bailaban delante de sus ojos y Anie no consiguió entender lo que leía. Si conti-

Casi inmediatamente entró Sixto en la alcoba y se dirigió al lecho

nuaba de esta manera los minutos iban á ser eternos. Envolviéndose en un abrigo salió.á la galería para contemplar el movimiento del río. La noche era triste
y sombría; ni en las aguas, ni en la tierra, ni en el cielo vió nada que ocupase su
espíritu y le arrebatara hasta el país de los ensueños, en que el tiempo se desliza
sin saber cómo.
Transcurrido algún tiempo Anie volvió á su libro, después lo cambió por otro
X
que acaso tendría más interés; pero no tardó mucho en dejarlo como había deSixto había escrito con precipitación y sin detenerse una sola vez; concluída jado el primero; tornó á la galería, allí trató de adivinar lo que no podía ver;
su carta la leyó, y entonces tuvo un minuto de desfallecimiento. ¡Cuánto la que- volvió á sus habitaciones, bajó al piso entresuelo para limpiar un fanal que de
ría! Y sin embargo, por culpa suya, locamente, neciamente la arrojaba á la des· pronto necesitaba limpieza; rompió dos juguetes de porcelana; se enojó mucho
esperación cuando le habría bastado dejar que se deslizase por sí sola su exis- por su torpeza y subió otra vez á su cuarto, donde se arrojó medio tendida en
tencia para hacerla feli1.
un sillón: allí permaneció de este modo hasta las diez.
Su propia indignación contra él mismo le sacó de aquel estado de debilidad;
( Co11cl11irá)

�NúMERO 606

L A 1LustilAc1ÓN ÁRtfstrcA

518

servicio de los buques consignados á la Goleta. Dificultades gravísimas ofrecía abrir un canal en lecho
tan fangoso, y para lograrlo ha sido preciso practicar
EL PUERTO NUEVO DE TÚNEZ
obras de extraordinaria importancia. Empezóse por
Nadie pone ya en duda la importancia de Túnez. clavar grandes estacas, hundiéndolas á 8 y 9 metros
Los 130.000 habitantes que contiene conviértenla en de profundidad para poder formar las orillas del cauna de las más populosas ciudades árabes, y su situa- nal, que miden 9 kilómetros de longitud. Realizada
· SECCIÓN CIENTÍFICA

Fig. I. Draga utilizada para la construcci6n del puerto de Túnez. -Terraplén formado por la extracci6n del fango

ción en un golfo, cual la antigua Cartago, conviértela
también en un centro comercial. Por desgracia, puede
decirse que no ha tenido puerto hasta nuestros días,
y no ha podido, por lo tanto, gozar de las ventajas
que en otro caso hubieran reportado á la ciudad africana incalculables beneficios. Situada en las riberas
del lago Bahira, sepárala del mar un arenoso istmo,
llamado Lido, en el que se levanta la histórica fortaleza llamada la Goleta. El lago presenta una superficie de 7.ooo hectáreas, más de 10 kilómetros de ancho
y una circunferencia aproximada de 36 kilómetros,
variando la profundidad entre 60 centímetros y un
metro, ya que es el vertedero de los albañales de Túnez, y los depósitos que éstos forman elevan su fondo constantemente.
A la infección de las aguas del lago hay que agregar la
imposibilidad que existe para que los buques 4e alto
bordo puedan penetrar en él, puesto que sirviendo de·
punto de unión entre el lago y el mar un estrecho canal
de 2 5 metros de ancho, sólo es dable recorrerlo á las
barcas y buques de poco tonelaje. No es posible calcular el número de operaciones y transbordos que han
de sufrir las mercancías destinadas á Túnez, que, por
otra parte, tampoco pueden desembarcarse en la Goleta. Los grandes vapores vense obligados á anclar á
1.200 ó 1.500' metros de la playa, debiendo utilizarse
grandes lanchas pai:ª el transbordo de los viajeros y de
las mercancías. Cierto es que al llegará la Goleta puede hacerse uso de la'vía férrea para dirigirse á Túnez,
ó bien de las barcas que lentamente se encaminan á la
capital, pero preciso es tener en cuenta que el precio
de transporte desde Túnez á la Goleta devenga algunas veces 60 francos por tonelada y que las barcas
encallan con frecuencia en el fango del canal ó del
lago. Tal estado de cosas hacíase insoportable para
el comercio, imposibilitando por completo las transacciones. De ahí que se celebrara un convenio á fi.
nes de 1881 entre el gobierno del Bey y la Sociedad
de Construcción de Batignolles, renunciando al poco
tiempo ésta á la concesión, pero encargándose de la
construcción por cuenta del Estado. El presupuesto de
tan importante obra fijóse en 12 millones de francos.
La creación del puerto puede considerarse ya como un hecho. Si nos fijamos en el grabado que reproduce el plano, se podrá apreciar desde luego la
economía del proyecto. Un antepuerto constituído por
un canal que cruza el mar, de 7 metros de fondo,
r.200 de longitud y 100 de ancho, corta el istmo arenoso del Lido y se prolonga por medio de otro canal en curva. R ecorridas estas distancias, ó sean los
dos canales, rodeados de rocas, conforme reproduce
nuestro grabado, penétrase en el lago. Para ello ha
sido preciso dejará la derecha y hacia el Norte un
pequeño lago de 6 hectáreas y de 2'80 metros de
profundidad, rodeado de muelles, que se destinará al

sobre el mismo lago, quitando espacio á las aguas.
En la actualidad hanse construído únicamente muelles provisionales de madera, no habiéndose todavía
resuelto la forma que han de afectar las construcciones definitivas.
Estimamos tan útil como conveniente para completar estas indicaciones consignar algunos guarismos respecto de la suma de trabajo que representa la
construcción de este puerto. Ha sido preciso remover una cantidad enorme de tierras y emplear grandes masas de materiales, como madera, piedras, cal,
etc. Hanse extraído cerca de cinco miliones de metros cúbicos de escombros, que en su tercera parte ha
sido preciso transportar á más de 20 kilómetros. Para
el dragado y extracción del légamo, la Sociedad de
Batignolles ha debido construir innumerables piezas
y aparatos de todas clases, lo mismo para la fabricación y colocación de los bloques artificiales, que para
fijar las grandes estacas, etc. El material para el dragado estaba circunscrito especialmente á una draga provista de largo conducto que vertía los escombros á
90 metros de distancia. Otra draga podía combinar•
se con otras de bomba para arrojarlos por otros tubos hasta 400 metros. Todo este material se expidió
desde París para Túnez en julio de 1888.
Por lo expuesto, vese que los trabajos se han ejecutado con admirable rapidez, siendo justo agregar
que el material ha respondido perfectamente á las necesidades de la construcción sin que haya sido nece·
sario practicar grandes reparaciones.
En agosto de 1890 terminaron las obras en el Lido, los muelles del lago en mayo del mismo año, y
erl' agosto de r 891 las de la sección del Norte.. Du ·
rante todo este período de tiempo, las dragas funcionaron sin interrupción, empleándose 700 operarios
en su servicio. El puerto terminóse por completo el
día 14 de enero del mismo año, y como quiera que
en el contrato fijóse la fecha de entrega en julio del
año próximo, resulta que la Sociedad ha cumplido
con sobrada antelación el compromiso contraído.
Gracias á ello podrá Túnez aprovecharse pronto de
su nueva situación marítima. Gran número de buques han entrado ya en los lagos y todo hace esperar
que el comercio de aquella ciudad experiméntará
nuevo y poderoso impulso.

esta operación, pudieron las dragas funcionar hasta lograr que el perfil de este canal igualara al de Suez,
de manera que los buques puedan cruzarlo sin el
menor entorpecimiento. Las dos compuertas hállanse
á 160 metros una de otra, no ocupando el perfil del
canal más que una parte de este espacio. Los taludes
DANIEL BELLA
forman una pendiente muy suave. Gran parte del lé(De La Nat11re)
gamo que extraen las dragas deposítase al otro lado
de las compuertas, de manera que forma amplios
terraplenes que en lo porvenir servirán de asiento al
doble bulevard que se proyecta construir entre la GoEL BUQUE SUBMARINO DE LA MARINA ITALIANA
leta y Túnez. En uno de nuestros grabados vese la
forma en que se acumula el légamo al salir de la draLa navegación submarina tiene para la marina miga, y en otro reprodúcese una fotografía, tomada des- litar excepcional importancia. Este problema, puesto

NúMERO 606

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tantes de los ministros de
vamento de objetos prela Guerra y de Marina. La
ciosos sumergidos, pu:- i·-~OLFE OE JÚNI~
d iendo ser al propio
maquinaria, instalada en el
. ··~:-:~~-.. ,..-l ¡
EL BAHIRA OU LAC DE TUNJS
interior del buque, facilítale
tiempo un poderoso ins··&lt;.,;,,Á'l /:-"'= ~
los medios para marchar,
trumento ó máquina de
,..~ ·•• • ______ j_______________ ..._____________ long_uturl.otal,dt l'ou.-~9! no82'!'~----···----............... ___ _
guerra.
maniobrar, sumergirse ó as_C,o,l J4.zfr1...•.•• -----------·-t.m:::'.~-----.. ---- -------------------· ·--.. ---~
cetjder á la superficie de
las aguas con la mayor faGaralje
***
cilidad. El casco hállase
provisto de varios lentes
MONEDAS DE HIERRO
que permiten á la tripulaPlano del nuevo puerto de Túnez
ción, no sólo examinar la
Los Mois, tribus semi- '
ruta que sigue el submaribárbaras que ocupan un
no, sino que también percibir los objetos sumergidos también marchar y maniobrará voluntad. Varias fue- vasto territorio al Sudeste de Cambridge, de cuyo
que se desee extraer del fondo del mar, á cuyo efecto ron las pruebas que se verificaron para comprobar reino dependen, saben extraer los minerales de hierro
está dotado de unos á modo de arpones que pueden la bondad del aparato, y una de ellas consistió en y forjan las armas é instrumentos de que se sirven.
manejarse desde el interior. M. Bolsamello ha basa- arrojar al mar grandes piezas de fundición que fue- Dan al hierro la forma de pequeños lingotes, que
do su invento en la ley del peso específico de los ron extraídas por los arpones del submarino, mane- constituyen la única moneda para los cambios y trancuerpos esféricos, que, como se sabe, soportan, cuan- jados desde el interior de éste.
sacciones comerciales.
do están sumergidos, una presión débil distribuída
Esta moneda especial sólo circula en la región del
Algunos ingenieros que presenciaron los ensayos,
por igual en toda su superficie. La forma especial á bordo del buque afirman unánimemente que el gran lago de Attapen.
que afecta este buque permítele sumergirse á mayor submarino está perfectamente adaptado para el salCierta analogía existe con la moneda utilizada por
profundidad que á los demás submarinos conocidos.
los habitantes del archipiélago de las Palaos, que,
Los ensayos practicados, según afirma el recomo se sabe, emplean grandes piedras para
dactor corresponsal de la United Service Gasus, transacciones. Estas piedras afectan la
zette, han sido completamente satisfactorios,
forma circular, con un agujero en el centro,
aun los llevados á cabo estando la mar gruesa
variando su diámetro entre veinte centímetros
y picada, ya que el buque se ha sumergido y
y un metro.
vuelto á la superficie con la mayor facilidad.
La hélice de que se halla dotado permítele
Perfil del canal del puerto de Túnez
(De La Nature)

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'1 Con11al4cencúU1 contra las Dta"ea, y las .Afeccú&gt;nel del B1tomago 7Ios ,ntut,no, """'

Fig.

2.

Cuando se trua de despertar el apettto, asegurar las digestiones, reparar las tuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia 7 Iaa epldemtaa provocadai por los calores, no se conoce nada.ffllperlor al Yla• de tlliaa de .t.reud.
,Pqr ma.vor. a P~ en casa de 1. FERR:t,Farmauutico, 10!, rue Richelieu, Sucaor de.OODD

Nuevo puerto de Túnez, con la vis'.a del doble terraplén

,

de Túnez, en la extremidad del canal, en que se distingue el terraplén á que nos referimos detrás del
buque que figura anclado en primer término. Hase
provisto también á Túnez de un lago de 12 hectáreas, abierto también en fangoso fondo, que alcanza
una profundidad de 6'80 metros en la baja mar. En
tres de sus lados existen amplios muelles construídos

que tal resulta, después de haber sido estudiado en
Francia, Inglaterra, Rusia y España, llama actualmente la atención en Italia.
En Civitta-Vecchia se ha ensayado oficialmente un
buque submarino inventado por el ingeniero italiano
Bolsamello, al que ha titulado Bala náutica, en razón de su forma esférica. Al acto asistieron represen-

OB VBNDB BN TODAS LAS PIUl(ClP.lLU llOTl&lt;a&amp;

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J ea 1/2 taJaa pan el blptt Uftn). Pin
........ -,16Nltl l'JZ.J FUB&amp; Dv• • · · · '·rul •..J,•l\oUMall,Padil,

la ..,.._

�520

L A ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

HERMANAS DE LA CARIDAD,

N úMERO

606

cuadro de J oaquín Agrasot (Exposición internacional de Bellas Artes de 189 2)

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núm. 61, Paris.-Las casas españolas pueden hacerlo en la. oficina. de publicidad de los Sres. Calvet y Ria.lp, Paseo de Gracia., núm. 21

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llhdalla, •n las E1po1lclone1 lnlunaclonale, de

PAIIIS - LYOI - VIEIIA - PIIIWELPBU • PARIS
186'7

1812

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no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el caltJ,
el U. Cada cual escoge, para purgarse, la
bora y la comida gue mas le convienen,
sevun sus ocupaciones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamenleanuladopor el efecto de la
buena alimentacion empleada,ono
se decide fácilmente II volver
•'11 enipeHr cuantas veces

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todas las eminencias médicas prellban que esta aaociaclon áe i,,. Clarae, el Bierre y la
•ulaa constituye el reparaáor mas energtco que se conoce para curar : la Clordnj, la
1.ndmta, las .lletLSt~ dok&gt;ros111, el Jlmpowectmtento y la .Alteracton 41 l/J Sangre,
el Raqum,mo, laa .Afecd(ma eiscro{Ulola, y escorbutk:al, etc. .El "'•• •effaCla•N c1e
.&amp;raud es, en efecto, el IÍJllCO que reune toáo lo que entona y fortalece los organos,
re¡¡utarl%a cooraena y aumenta constáerablemcnte las tuerzas ó lnfWláe a la aan¡re
empobrecida y áescolorláa : el Y(Qor, la Coloracwn y la llMr(JúJ 01141,

verdadero1..ún1co eficaz, es el de los inven-

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                    <text>~

~trté!C101J

Ftí~t1ett
A~o XI I

BARCELONA 14 DE AGOSTO DE 1893 ..,._ _ _ _ _ __

NÚM. 607

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA
En el próximo número comenzaremos la publicación de la interesante novela de Pedro Mael UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE,
ilustrada por Alfredo Paria

Monumento erigido en Budapest en honor de los &lt;honved~ (defensores de la patria), húngaros.
Obra de Jorge Zala

�LA ÍLUSTRACION ÁRTÍSTÍCA

Texto. - Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. - Lª
Exposirión universal de Chicago, por A. - Lo que vi de la
Co111u11a de París, por Archibaldo Forbes. -Afiscelánea. Nuestros grabados. -A11ie (conclusión), novela por lléctor
Malot, con ilustraciones de Emilio Bayard, traducción de A.
' Sánchez Pérez. - SECCIÓN CIIINTIFICA: La e/etricidad en
Ale111a11ia.
Grabados. - Mo1111111ento erigido en Budapest .en l,ouor de
·los chonved» ( defamores de la paria), h,íngaros, obra de Jor·
ge Zala. - Cuatro grabados correspondientes á la Exposición
1llliversal de C/licago. - .U11a sesión secreta de la Comu11a de
Parls. - Aspecto de la calle de Rlvoli e,i la Comuna. - L11,ha
en 1ma barricada del bulevard Haussmamz. - Los ra,1011es de
Afo11t111arfre en la víspera del 18 de 111arzode 1871. -Aba11do11ada, cuadro de Mateo Balasch. - Un desenga,10, cuadro de
IIéctor Tito, expuesto en la cRoyal Academy,&gt; de Londres.
- Ap1111tes, dibujos de Mateo Balasch, dos grabados. - Figura 1. Vista de un taller de Berlín que funciona por medio
de la electricidad. - l• ig. 2. Grúa eléctrica del puerto de
1/amburgo. - Ch11l11lo11gJ:om I, rey de Siam y Savangwada11a, rei11a de Siam.
_.,., ............., ......................., ••••••, ••••••1 ••••• .., ••••••, ........... ,.,,., ••••••, ......, •••••••••, •••••• , ••••••, ......

VERDADES Y MENTIRAS
Como flecha disparada por el vigoroso brazo de algún Robin-Hook marcha el arte á dar en el blanco
de una fórmula definitiva, así en lo plástico como en
lo que concierne á la idea.
Cumplíale á este siglo, cuyo dinamismo en todo
orden de ideas es tan grande, indicar el rumbo que
el arte habrá de seguir en los tíltimos años que aún
le restan (al siglo) de vida, y cómo debe hacer su entrada en la centuria próxima. Y ese rumbo señalado
ya viene á ser en apariencia - no más que en aparien •
cía - la negación de una de las más grandes glorias
conquistadas por la ciencia de estos cien años, que
en breve se extinguirán: el positivismo científico y
filosófico.
No más que en apariencia, dije, son las novísimas
corrientes que al arte empujan en estos días negación ó protesta del espíritu científico moderno, que
presta á la crítica elementos tan valiosos como los
que constituyen el determinismo. Bien meditado esto,
nadie podrá negarme que, en efecto, al positivismo y
á la experimentación científica débense en parte las
evoluciones de la estética dentro del camino de la
verdad. En parte, porque á la historia, á la etnografía y análogas no puede tampoco negárseles su influencia en este punto.
La ciencia moderna aportó al arte cantidad grande de nuevos elementos, si algunos inconscientemente adoptados antes de ahora por el artista, los demás
desconocidos para éste. Y tales elementos científicos
modificaron el punto de vista estético, haciendo más
sujetiva, más íntima y por eso para mí más delicada la emoción que produce la obra de arte ejecutada con arreglo á la amplitud que dentro de la verdad
más rigurosa esos elementos de origen científico señalan.
Taine ha demostrado de un modo admirable cómo
la influencia del medio social, la del natural, la etnográfica ó de raza, y por lo tanto el temperamento dominante en todos los individuos de un mismo pueblo, amén de la característica antropomórfica, son
tan varias cuantas son las distintas razas, pueblos,
c ulturas y naturaleza que existen en el mundo. Y no
cabe dudar que, en efecto, la producción artística y
literaria, como la científica é industrial, no solamente se diferencian entre sí según de donde proceden,
sino que suelen ser totalmente distintas.
Estas son las verdades que .el determinismo científico y el análisis filosófico de la crítica moderna han
venido á demostrarnos; si bien es verdad que en pasados siglos algunos pensadores adivinaron aquellas
verdades, como por ejemplo, el Dr. Juan Huarte, citado por mi querido amigo el catedrático de esta
universidad central Sr. Carracido, en una conferencia á propósito del regionalismo en las universidades,
cuando dice en su libro E xamen de ingenios: «Examinemos el ingenio y costumbres de los catalanes,
valencianos, murcianos, granadinos, andaluces, extremeños, portugueses, gallegos, asturianos, montañeses,
vizcaínos, navarros, aragoneses y los del riñón de
Castilla, ¿quién no ve y conoce que éstos difieren entre sí, no sólo en la figura del rostro y compostura
del cuerpo, pero también en las virtudes y vicios del
ánima. Y todo nace de tener cada provincia de éstas
su particular y diferente temperamento.»
Pero ha menester que 'n o desconozcamos, sin embargo, que por razón quizá de la diferencia en las
«virtudes y vicios del ánima)) de que habló Huarte,
el sentimiento estético como la imaginación son asi-

mismo elementos que se caracterizan en la obra de
arte de distintas razas y pueblos, determinando una
nota más ó menos idealista, según las fases del sentimiento generador. De ahí que no pueda ni deba
prescindirse de aquello por Zola indicado como quimera nociva, el ensueño, la ilusión, ese algo que en
el espíritu humano vive y vivirá eternamente, pues al
contrario de lo que el insigne novelista francés afirma, la ilusión ha movido siempre la humanidad en
impulso de avance. ¿Qué otra cosa que la ilusión de
alcanzar por medio de la ciencia, del positivismo
científico, la perfección soñada, es la que alienta al
mismo Zola?

Á cualquiera parecerá que estamos á gran distancia de la novísima fórmula, por ahora la que parece
definitiva, encontrada para el arte. Nada menos cierto. Estamos tocando con la mano esta cuestión, que
es la motivadora de este artículo.
Lo que queda dicho es únicamente para fijar mi
actual punto de vista. No quisiera que se me tachara
de idealista cuando tan poco tengo de. tal, y por eso
he procurado determinar hasta qué punto creo y tengo por artículo de fe las verdades que, entre hipótesis á porrillo, la ciencia experimental nos ha revelado
y que se relacionan directamente con el arte. Y esto
dicho, veamos si acierto á exponer claramente cuál
es la nueva fórmula de expresión del sentimiento por
medio del pincel, del palillo ó de la pluma.
Creyóse por la escuela naturalista que la misión
del arte en cuanto á la idea generadora debía ser la
investigación científica: claro está que pintando fon·
do y figuras del cuadro sin separarse ni una lfnea de
la verdad eterna, esto es, de la traza y color del modelo. Y con esta creencia por base, los naturalistas
modernos diéronse á ayudar á la ciencia en sus análisis, marchando sobre el firme del experimentalismo
y tratando de indagar por medio de la investigación
psico-física cómo y cuándo y de qué modo se producen los fenómenos patológicos y fisiológicos.
Hasta el presente, artistas de la escuela naturalista y hombres de ciencia no han podido ni inquirir
siquiera el porqué de una ley física. En vano echaron el microscopio á las células y celdillas más sutiles que envuelven, así el cerebro como las demás
partes del cuerpo humano. Si alguna hipótesis fundada en un caso aislado ha podido formular la ciencia,
esa hipótesis vino á ser destruída por centenares de
casos completamente distintos, viéndose por tal motivo incapacitada la ciencia de poder probar el determinismo que rige á la materia inerte. Pues bien; aparte de que el artista tiene por virtud de su sacerdocio
la misión de producir la belleza sin meterse en averiguaciones perfectamente ajenas al arte, la estética
naruralista aún causó mayor perturbación en el desarrollo de aquella entidad que el empeño científico
de crear tipos y caracteres con arreglo y á la medida de
lo determinado por la ciencia experimental, y esa perturbación fué la de obligar á una selección de motivos, de ideas y sentimientos que concurriesen á regular la marcha de la sociedad, encaminándola hacia la
perfección.
Los huesos de Proudhon debieron saltar de contento en su tumba. El gran socialista, pretendiendo·
un arte dogmatizante, moralizador y pedagogo, perfecta y exclusivamente utilitario, adivinó la estética
científica de los naturalistas. La fealdad humana, así
la física como la moral, tuvo su culto por exigencias
de esa tendencia pedagógica de la estética y por exigencias de clínica. No pudiendo el arte-ciencia penetrar más allá de la materia, abandonó al hombre moral, el espíritu, por serle inanalizable y estar envuelto
en las sombras del misterio donde la quimera se forja. Y el modelo, el caso clínico escogido, no lo fué
ali{ donde el equilibrio natural entre el cuerpo y el espíritu podía servir de punto de partida para, sin separarse un ápice del realismo, dar forma plástica al tipo
de belleza que naturalmente existe en la colectividad,
no; el modelo lo buscó el estético naturalista en el
ser desequilibrado, en el neurótico.
Borráronse, pues, de un solo golpe todos los esfuerzos de la labor artística de docenas de siglos, y se trató de disecar aquella parte de nuestro cerebro donde
residir puedan la inspiración y el sentimiento. El servilismo fué la fórmula plástica de estética de tan pequeños, de tan estrechos horizontes.

*

**
No en vano vive en nosotros y nos anima ese algo
que arrollando las flaquezas de la materia - como dice un pensador ilustre - es como el embrión de las
ideas, el núcleo de las sensaciones morales. Ese algo,
el espíritu, llegó á no poder prescindir de su atmós-

NúMERO
fera peculiar: la que le proporcionan las ~ensaciones
externas y que ponen en movimiento la fantasía; y
concluyó por rebelarse contra el estrecho y mezquino
círculo del estudio del mundo sensible en que se revuelve ahogadamente, respirando miasmas y contemplando deleznable materia,• el naturalismo. Protestó,
sí, el espíritu, en nombre de lo eterno, y lo eterno no
es ciertamente, para el arte sobre todo, aquello que
refleja tan sólo una parte de los elementos de que se
sirve para exhibirse. Vino, pues, la reacción, y como
ya he apuntado hace años, con un carácter eminentemente místico é idealista. Salifnos de un extremo
para caer de bruces en otro.
Zola mismo, llamando á la juventud al trabajo, señalando en las obras pictóricas expuestas en los últimos Salones de París cómo la Naturaleza (paisaje y
marina)es una de las manifestaciones plásticas del arte
que más le agradan, abdica en cierto modo de sus
intransigencias de escuela. Pero donde se advierte
más claramente el nuevo rumbo del arte y cómo va
imponiéndose la nueva fórmula, es en la última obra
del gran novelista de los Rougon, E l Doctor Pascual.
Claro está que la tal fórmula se advierte en esta
novela, como se advierte en una habitación al parecer herméticamente cerrada ligera ráfaga de aire, sin
que se sepa por dónde se cuela. La parte científica
de E l Doctor Pascual, el resumen de aquella larga
familia de alcoholizados, idiotas, alienados, etc., á
duras penas se lee, y si se lee es gracias al arte exquisito del gran maestro; se asfixia uno leyendo aquella
enorme historia de una familia atacada por la neurosis; en cambio aquellos capítulos descriptivos, así de
la escena en la era, como de los tipos del último de
los Rougon, sano de todo, y de su sobrina, serán leídos mientras existan artistas y aficionados. Pero obsérvese cómo el vientecillo de que hablo más arriba
se coló de rondón en el gabinete de trabajo de Zola,
porque si la mansedumbre y la bondad del Doctor y
la apasionada alma de su sobrina no son características de tipos románticos, confieso que no sé lo que es
romanticismo.

¡Quién podrá negar que el arte en general ha tomado rumbo hacia la fusión de las escuelas antagonistas, la que vive fuera del mundo sensible y la que
tan sólo de él se preocupa! Miremos hacia Inglaterra y veremos aunándose ya ese misticismo de que
tanto he hablado, ese idealismo, con la más pura realidad, así en la figura como en el paisaje y la marina.
Desde las melancólicas ensenadas de la costa de "Gales hasta los verdes valles de Escocia; desde las praderías de una extensión sin fin y cuyos horizontes
formados por montañas azules que velan blandas
pero compactas masas de brumas, hasta los matorrales de los condados de Norwik, toda la obra pictórica de este género tiene un suave velo que pudiéramos
llamar con Chesneau místico, tanto más amable
cuanta mayor es la verdad, el respeto con que está
pintado el natural.
Rusia, con sus artistas místicos cristianos de la fibra filosófica de Tolstoi y, como el célebre conde literato, realistas y originales y típicos, cuando dejando el pincel del fanático pintan las heladas estepas
y galopando por la blanca é inconmensurable llanura los pequeños y enjutos caballos que tiran del pesado trineo campesino ó el cosaco que se destaca
sobre el blanco deslumbrador de la nieve que cubre
oteros y rellanos, imprimen tal sello de melancolfa á
sus cuadros, que traen á la memoria el recuerdo de
las austeridades de los pintores ascetas de la España
de los siglos xv1 y xv11.
Austria y Hungría, como las mismas escuelas alemanas, entran á pasos agigantados en la senda que
forman la conjunción de la más cruda realidad con
el más dulce de los sentimientos que el amor de la
Naturaleza produce en el alma de los verdaderos artistas.
R.

LA 1LUSTRAC1ÓN ARTÍS!ICA

607

{
J

Edificio del Estado de San Francisco. -Trozo de calle con los edificios de varios Estados

cepto de la América del Norte; pues mientras los
ciudadanos han concurrido individualmente á la
grandiosa manifestación de Chicago, los gobiernos
de los distintos Estados han procurado presentar en
ella á los ojos de los extranjeros cuadros vivientes de las riquezas naturales, de los productos industriales y aun de sus sistemas administrativos con
el objeto, no sólo de mostrar á la faz del mundo
su estado de progreso y pujanza, sino que también de
atraer á sus territorios colonos de otros países.
La autonomía de los Estados que forman la gran
república es mucho mayor de lo que gene.:alment~
se cree en el viejo continente. Cierto que en vastfs1mos territorios de la Unión se observan la misma
configuración del suelo, el mismo clima y hasta el
mismo género de vida, razón po~ la cual son ~scasas
las diferencias que entre los habitantes de vanos Estados existen· pero éstos sienten verdadera adoración
por la que U:uchos han dado en lla mar patria chica,
únense estrechamente siempre que de defender sus
intereses se trata, y no consienten que el gobierno
central se inmiscuya para nada en lo que á su vida
autónoma se refiere, sin que por ello dejen de pres-

.El edificio de Inglaterra

BALSA DE LA VEGA

29 de julio de 18g3.

....,......,........... ,.,......,.............,......,,,,,, ...., ......,....,,,...........,.,,,,...,..,......, ......,....,.,,...,.,..,
LA EXPOSICION UNIVERSAL DE CHICAGO
En la parte septentrional de Jackson Park y cerca
del palacio de Bellas Artes álzanse multitud de edificios de los más diversos estilos arquitectónicos, pero
pintorescos casi todos ellos, que atraen con preferencia
las miradas de los visitantes de la Feria del Mundo:
son las construcciones levantadas por cada uno de
los Estados de la república norteamericana. Ocupan
en número de unos cincuenta un espacio de cerca
de medio kilómetro cuadrado, y por sí solos constituyen una exposición que permite formarse cabal con-

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. - Reproducción del buque de guerra norteamericano lllinois. (Dibujos originales de E. Limmer,)

�LA lurs\rRActóN ARTisTtcA
tarle el más decidido concurso en todo cuanto afecta
á las relaciones internacionales y al cumplimiento de
los tratados particulares que con él tiene convenidos
cada Estado.
•
.
Manifestación de este espíritu de independencia
fué el deseo de construir edificios propios para las
exposiciones que pudiéramos llamar regionales, habiendo votado los distintos Parlamentos las sumas
necesarias, que en muchos Estados excedieron de un
millón de dollars y en los demás alcanzaron cifras
muy considerables, que permitieron montar instalaciones notables todas y verdaderamente maravillosas
algunas.
Concebido y aceptado el proyecto, esforzóse cada
Estado por dar á su edificio el carácter de su propia
cultura, y así se ve hoy en aquel extremo -del parque
de J ackson que mientras los viejos Estados de N ueva Inglaterra han construído los suyos adoptando el
estilo colonial holandés ó inglés de los pasados siglos,
los del Sur han empleado con gran elegancia y habilidad las columnatas que tanto abundan en sus capitales y los amplios miradores y balcones desde los
cuales los dueños de las haciendas recrean la vista
contemplando sus plantaciones de algodón ó de caña
de azúcar.
Siguiendo este sistema, la Florida ha reproducido
el antiguo y sombrío fuerte de Marion, en San Agustín, y Tejas ha rodeado su esbelto edificio de acebos
y cácteas, árboles que tanto abundan en su territorio. Pero de todas estas construcciones la más grandiosa y la más notable es sin disputa la de San Francisco de California, que se ve á la izquierda de uno
de nuestros grabados, y es una reproducción exacta
de la antigua misión española de San Gabriel, que
sombreada por frondosos naranjos y parras existe todavía en la región meridional del Estado californiano. Y para que la copia recuerde de una manera más
completa al original, el jardín que rodea la misión
está plantado de palmeras, naranjos y limoneros y
por entre las balaustradas de las azoteas asoman las
ramas de las cácteas y las palmitas. El interior de
este edificio contrasta con el exterior: afuera, el pasado con sus recuerdos; adentro, el presente con todas
sus riquezas, representadas por los magníficos frutos
naturales de aquel bendito suelo que formando colosales montones llenan las magníficas salas, siendo la
admiración de cuantos visitan la antigua misión de
San Gabriel.
El Estado de Wáshington expone sus productos
forestales de una manera muy original: el edificio que
ha levantado en J ackson Park está construído con
gigantescos troncos sacados de sus extensas selvas, de
30 á 40 metros de altura y de 50 el que á modo de
mástil se alza delante de la construcción. Visitando
el edificio por dentro, se ve que la riqueza de aquel
Estado no estriba únicamente en los bosques, sino
que entran también por mucho en ella los terrenos
de cultivo, como de ello es buena muestra la reproducción en miniatura de una hacienda con sus campos, dependencias, graneros, trabajadores, etc.
Los edificios de los Estados de Indiana y Míchigan, que se ven á la derecha del grabado que antes
citamos, difieren esencialmente de los de otros Estados, pues en ellos en vez de exponer los productos
del suelo se han instalado clubs y salas de recepción
para los habitantes de los mismos que visiten la exposición, así como las oficinas para las comisiones
oficiales respectivas.
En otros edificios la exposición de productos tiene
un carácter secundario, de suerte que los mármoles,
maderas, muebles, cuadros, esculturas, vidrios pintados, etc., se han empleado simplemente los unos
como materiales de construcción y como adornos de
los recintos los demás. Algunos contienen una sección
especial destinada á expo'sición histórica, en donde
hanse reunido reliquias, estandart_es, documentos y
otros objetos relativos á la accidentada historia de
aquella república.
·
Muy cerca de este que bien puede denominarse
barrio norteamericano, encuéntrase el internacional,
es decir, el de los palacios erigidos por .Jas naciones
extranjeras que han concurrido al gran certamen en la
orilla del Míchigan y en la especie de península que
arrancando de éste separa el North-Pond de la inmensa laguna central.
Dejando para otro artículo la descripción de los
demás, sólo diremos en éste algo del palacio de In·
glaterra que uno de nuestros grabados reproduce. El
Vt'ct()ria Home, como le llaman los americanos, es
indudablemente uno de los que más interés ofrecen
al visitante: construído según el pintoresco estilo del
tiempo de Enrique VIII, consta de una planta ba•
ja de ladrillo, adornada con esculturas de terracotta,
sobre la que se alza un piso que cubren unos tejados
de madera obscura, del centro de los cuales surge
una airosa torrecilla. U na ancha escalinata da acceso

á un vestíbulo cuyos techo y paredes están cubiertos
de ricos artesonados y por el cual se entra en el club
y en las oficinas de la comisión inglesa.
Entre los muchos y notables objetos que llenan los
salones de este palacio llaman la atención los mapas
y documentos pertenecientes á Sebastián Cabot relacionados con sus viajes á América, con los cuales ha
querido sin duda Inglaterra recordar la parte de gloria que á uno de sus hijos corresponde en la historia
de los descubrimientos realizados en el continente
americano.
Si los países del globo han rivalizado en esfuerzos
por honrar con sus productos la Exposición de Chicago, correspondiendo de esta suerte á la invitación
que les dirigiera el gobierno de los Estados Unidos,
justo es decir que éste por su parte ha hecho cuanto
ha podido y debido para que aquélla tuviera toda la
importancia que las naciones extranjeras tenían derecho á exigir en un certamen que se les presentaba
como aconteciniento de caracteres verdaderamente
excepcionales.
En efecto, aquel gobierno tiene en Jackson Park
una representación brillante y en sus instalaciones
pueden admirarse los progresos de todos los ramos
de la administración pública, desde el servicio de correos hasta los más modernos adelantos en materia
militar y de la marina de guerra.
Un solo detalle dará á nuestros lectores idea de la
verdad de lo que decimos. Deseaba el gobierno central enviar á Chicago uno de los grandes acorazados
de su armada; pero á la realización de su propósito
oponíase en primer término la circunstancia de que
uno de esos buques de diez á doce mil toneladas, el
Illinois por ejemplo, no habría podido salvar por su
gran calado los bajos ·del canal de Welland, y en segundo que, aun vencida esta dificultad material, la
expedición hubiera sido imposible por oponerse á
ella los tratados existentes entre los Estados U nidos
y el Canadá, tratados que prohiben que ningún buque
de guerra norteamericano ó canadiense, excepción
httha de los pequeños guardacostas, permanezca en
los grandes lagos que á aquéllos separan y cada una
de cuyas orillas pertenece á uno de ellos.
En vista de esto, y no queriendo por otra parte el
gobierno yankee que dejara de estar representada de
un modo ú otro en la Exposición su marina de guerra,
concibió el original proyecto de construir un buque
de ladrillo asentado sobre estacas clavadas en el fondo del lago Míchigan. De ladrillo son efectivamente
el casco y las torres de la reproducción del Illinois,
que representa uno de nuestros grabados, y algunos
de los grandes cañones que constituyen la artillería (?) del barco son de madera cubierta de una capa de cemento; en cambio, todos los cordajes y las·
disposiciones interiores de los puentes en nada difieren de los que se ven en los buques de veras. Dentro del Illinois se ha organizado una exposición interesantísima de todo cuanto á la marina y á la navegación se refiere, pudiéndose admirar en ella, entre
otras cosas curiosas, mapas y planos con el sistema
de faros, señales y vigilancia de costas de los Estados U nidos y otros con los resultados de las expediciones llevadas á cabo por los norteamericanos para
estudiar las corrientes marinas, los tornados, los ciclones, los movimientos de los grandes témpanos en
las aguas de la Unión, etc., documentos que demuestran la parte importante que los yankees han tenido
en las empresas llevadas á cabo por el mundo civilizado para el estudio del mar y de la seguridad de la
navegación.
Completando lo que dijimos en el artículo anterior respecto de la calle del Cairo, publicamos hoy
la vista de esta exhibición, una de las más interesantes de Midway Plaisance, y añadiremos algunos datos á los que acerca de la misma tenemos consignados. Como obedeciendo á un conjuro mágico que
en el presente caso han sido el talento de los que
han dirigido la obra y la esplendidez del que la ha
costeado, hase levantado en los pantanosos terrenos
que se extienden junto al lago Míchigan un barrio
de la antigua capital egipcia tan fielmente y con tanto acierto reproducido que nada encuentran á faltar
en él los mismos que han visitado la ciudad tomada
por modelo: vense allí las mismas casas con sus fajas
horizontales blancas y encarnadas, y las misteriosas
celosías al través de las cuales brillan á veces unos
ojos negros que clavan sus ardientes miradas en los
que por las calles transitan; las mismas mezquitas de
artística arquitectura con sus grandes portales, sus
cúpulas filigranadas y sus esbeltos almimbares, desde
donde el almuédano invita todas las tardes á los fieles á la oración; los mismos pequeños cafés, bazares
y tenduchos, en donde se expenden los artículos de
las más variadas industrias orientales.
Y no se limita á los edificios la fidelidad de la re•
producción: si egipcias son las construcciones, egip•

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607

cios son también la vida y el movimiento que en
aquellas calles se notan. Por cientos se cuentan los
egipcios que, vestidos con sus pintorescos trajes, por
allí circulan y allí trabajan, confundidos entre los
cuales circulan el grave turco con su chaquetilla roja,
el corpulento sirio envuelto en su túnica azul por
debajo de la que asoman holgados calzones, el árabe
vistiendo el blanco albornoz y cubierta la cabeza
con el turbante, el negro á cuyo lado parecen algo
menos que mulatos los hombres de color del Sur
americano y tantos otros ejemplares de las. típicas
razas de Oriente, formando un conjunto abigarrado
de colores espléndidos sobre los cuales destacan
como feas manchas los antiestéticos trajes de las
civilizaciones modernas.
Como ya en otra ocasión dijimos, Midway Plaisance reune otros muchos atractivos además del que
acabamos de describir, y de algunos de ellos nos
ocuparemos en posteriores artículos. Para terminar
el presente y completar la descripción de los grabados que en este número publicamos relativos á la
Exposición de Chicago, réstanos solamente ocuparnos del interior del palacio de Horticultura, de cuyas condiciones arquitectónicas hemos hablado en
otro artículo, al tratar de los edificios levantados en
J ackson Park.
Pocos países han llegado en materia de floricultura y jardinería á la altura que los Estados Unidos,
que derrochan sumas fabulosas cuando de tales materias se trata. En todas las grandes ciudades hay
establecimientos importantísimos exclusivamente dedicados á la venta de las flores más preciosas y de
las plantas más raras, y las exposiciones florales que
todos los años se celebran en Nueva York, en Chicago y en otras capitales constituyen acontecimientos de primera magnitud en la vida social de las
mismas.
Con estos precedentes, lógico era suponer el cuidado especial que los organizadores del certamen
consagrarían á esa sección, y la verdad es que el espectáculo que allí se ofrece al visitante no puede ser
más hermoso. En aquellas galerías cubiertas de cristales osténtanse formando torres, pirámides y arcos
de triunfo colosales los más variados y ricos frutos:
allí se pueden admirar en toda su grandeza y variedad los inmensos tesoros de la flora del continente
norteamericano, especialmente en punto á plantas de
adorno y en semillas. Desde las raras coníferas y los
musgos del Norte hasta la esbelta palmera y el cocotero del Sur, admíranse en esa sección plantas de todos los climas y de todas las especies, figurando al
lado de las cácteas y pitas de los territorios de la
Unión que un tiempo fueron españoles los más preciosos ejemplares de otras plantas de México, de las
Indias Orientales y de la América Central. Pero más
interesantes aún son las bellísimas orquídeas de Venezuela, de una delicadeza de colores, de una elegancia y diversidad de formas y de una variedad tales
que es imposible formarse siquiera idea de ellas en
Europa. El que se pasea por entre aquellos grupos
de árboles, plantas y arbustos créese transportado á
una de las selvas vírgenes de las regiones meridionales del Nuevo Mundo, y apenas puede concebir cómo
toda esa vegetación que necesita los rayos de un sol
abrasador ha podido ser trasladada al frío Norte, á
las orillas del lago Míchigan.
La parte más hermosa de la sección de horticultura
es indudablemente la gran rotonda de cristales con
sus galerías construídas á 20 metros del nivel del
suelo, en las cualés hay instalados cafés y restaurants
desde donde la vista se posa sobre un océano de verdura que se ofrece á los ojos del espectador en toda
su magnificencia tropical.
En el centro de la rotonda hay una montaña artificial en cuya cumbre brotan innumerables cristalinas
fuentes que descienden por entre musgos y helechos
y á la sombra de palmeras de infinitas clases, humedeciendo con sus aguas orquídeas y flores nunca vistas y saltando por entre peñascos de cuyas quiebras
salen preciosas pitas que elevan sus ramos floríferos
hasta tocar las copas de las gallardas palmeras.
Esa rotonda es uno de los sitios más encantadores
de la Exposición y el lugar predilecto de la sociedad
elegante que á ésta acude. Una puertecita practicada
entre las rocas de la montaña artificial da acceso á
una preciosa gruta, cuyas paredes, techo y pavimento
están materialmente cubiertos de brillantes cristales
y estalactitas de mil formas á cual más variada que
reproducen la famosa Crystal Cave descubierta hace
pocos años en el Dakota meridional y que por su
grandiosidad y magnificencia recuerda á la célebre
Cueva del Mammuth de Kentuky.
Hagamos por hoy punto final en nuestra tarea de
describir las principales curiosidades de la Exposición Colombina que continuaremos en sucesivos artículos. - A.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LO QUE VI DE LA COMUNA DE PARIS

II
Algunos refuerzos esperaban á Dombrowski en el
muelle de Auteuil, protegidos en parte por las casas
contra el espantoso fuego que abrasaba aquel punto.
Las noticias que el general recibió fueron muy desagradables cuando llegó al Instituto de Ste. Perine,

Una sesión secreta de la Comuna

ocupado por una especie de cuartel general. El comandante del batallón 93 de la guardia nacional
era quien había ido al castillo de la Muette para decir á Dombrowski cómo habían sido arrojados sus
hombres de la puerta de Billancourt. Por los informes que allí obtuve rápidamente, supe que las fuerzas de aquel jefe, concentrándose después, extendiéronse por el parapeto del recinto, entre las puertas
de Billaucourt y Poin du J our, y por el Norte más
allá de la de San Cloud. Durante algún tiempo de·
fendieron las posiciones con tenaz porfía, bajo un
fuego terrible; pero al fin hubieron de retroceder sufriendo graves pérdidas, sobre todo por los disparos
de la artillería de Versalles y de las inmediaciones
del Bosque de Boloña. La puerta de San Cloud, así
como la de Point du Jour, cayó también muy pronto
en poder de las tropas del gobierno, que después de
ocupar el recinto con numerosas fuerzas, así como
las casas adyacentes, envió considerables destacamentos á reconocer las calles de Marvis y Billancourt. U no de ellos pudo penetrar hasta el viaducto
de la vía férrea, pero fué rechazado.
Dombrowski se sonrió cuando le comunicaron estas noticias, y entones pensé. en su «segunda línea
defensiva,» y en las seguridades de que «la situación
no era tan crítica.»
Entretanto, eran ya las nueve de la noche, y hubiérase dicho que los de Versalles concentraban sus
tiros sobre el recinto, pues el fuego comenzó á ser
muy vivo alrededor del Instituto, donde llovían los
proyectiles. Dombrowski y su Estado Mayor mostrábanse muy activos y audaces, y parecióme que su
gente estaba animada del mejor espíritu. Hubo algunos gritos de entusiasmo cuando se &lt;lió la orden de
avanzar, y las fuerzas, compuestas principalmente de
tiradores y hombres que vestían el uniforme de zuavo, según pude ver en la obscuridad, pusiéronse en
movimiento en dirección á la calle de la Municipali_dad (así se llamaba entonces, mas creo que ahora lleva
el nombre de calle Miguel). Dos cañones de artillería de montaña rompieron el fuego sobre la izquierda
de la citada calle, y protegida por él, la infantería
avanzó á paso de carga; pero casi en el mismo instante prodújose cierta confusión á causa de una nutrida descarga que partió principalmente de la pared
que circuye el cementerio de los Pobres. Los federales se desbandaron, por derech~ y por izquierda;
pero algunos concentraronse en el angulo de la pared
del cementerio, mandados por un joven oficial que
recordé haber visto en el castillo de Muette á la hora
de comer. Siguiéronse algunos momentos de nutrido
f~ego; después los federales cedieron, y muchos fugitivos llegaron á la carrera hasta donde estábamos,
pero sin su valeroso jefe. Entretanto parecióme que
se había trabado una lucha casi cuerpo á cuerpo en
el exterior del viaducto, pues oía el incesante silbido
de las balas y los gritos y maldiciones de los comunistas, no pocos de los cuales debían el valor que desplegaban á las influencias alcohólicas. De vez en
cuando resonaba un grito, seguíase una breve lucha
y oíase una descarga, acompañada de corridas. ·
Poco después de las diez era evidente que la lucha
había terminado casi para los federales. Hacía largo
tiempo que no veía á Dombrowski: un oficial me
dijo que le habían matado junto á la pared del cementerio, donde -cayó bajo su caballo, y otro me aseguró haber visto al intrépido general batiéndose contra un marinero de Versalles que le acosaba con su
bayoneta.
Después de aniquilada la Comuna se acusó á
Dombrowski de traidor á la causa que pretendía servir; mas yo puedo asegurar, por lo que de él vi, que

se portó como hombre sincero é intrépido soldado;
y habiendo perdido su vida en la lucha, no me parece verosímil que se hubiera vendido á los de Versalles.
Después hubo un repentino pánico, y me alegré
de poder retirarme á la «segunda línea defensiva, »
nada fácil de reconocer como tal, por lo cual supuse
que Drombrowski se había permitido una fanfarronada al hablar de este recurso. Una vez detrás de la
vía férrea, las fuerzas federales defendieron su terreno algún tiempo; las descargas que se oían á intervalos anunciaban los ataques de los destacamentos
sueltos de Versalles; pero á eso de las once reinó al
fin tal tranquilidad, que yo creí que todo había concluído por aquella noche. La pausa, sin embargo, fué
engañosa; los de Versalles debían haber suspendido
el fuego para descargar después un golpe más seguro,
é indudablemente sus fuerzas penetraban entonces
en el espacio situado entre el recinto y la línea de la
vía férrea, movimiento que practicarían silenciosa•
mente, mientras que ocupaban las encrucijadas con
sus cañones. Por nuestra retaguardia podíamos oir
cómo tocaban generala en las calles de París. Un
oficial de Estado Mayor que hablaba el inglés tan
bien como yo, acercóse á mí y díjome que desconfiaba de aquella pausa, temiendo que hubiese llegado
la hora suprema. ºEra cerca de media noche cuando
estalló un nutrido fuego de artillería y fusilería contra
el viaducto, y en el mismo instante percibióse el estrépito de nutridas descargas por el Norte. Alguno
gritó: «¡ Estamos cercados! ¡Los de Versalles entran
por las puertas de Auteuil, de Passy y de la Muette!»
. No (ué necesario más para que se produjese el pánico, y al punto oyóse el grito de «¡Sálvese quien
pueda!» También oí gritar: «¡Nos han vendido!»
Arrojáronse armas por todas partes; muchos individuos se despojaron de sus uniformes, y cada cual
confió su salvación á las piernas, dirigiendo muchos
oficiales aquella fuga. Creí, sin embargo, que ni
Dombrowski ni los individuos de su Estado Mayor
eran hombres para huir; pero á decir verdad, no vi á
ninguno de ellos. También se gritó que llegaban numerosas fuerzas por el Sud, y al oírse esto menudearon las blasfemias y aumentó la confusión; como si
esto no fuese bastante, llegaron batallones ó destacamentos arrojados de sus posiciones y aumentaron el
número de fugitivos, acrecentando el pánico y arrastrando á los demás en su fuga.
Hubo un intervalo de tumulto durante el cual, en
la obscuridad y en mi relativa ignorancia de aquella
parte de París, no pude saber adónde me conducía
aquella muchedumbre de fugitivos. El camino era
ancho, y eché de ver que le limitaba por la derecha
el Sena; según supe después, consultando el mapa,
acabábamos de atravesar el muelle de Passy. Al poco
tie:npo me separé de los fugitivos para dirigirme por
una silenciosa calle de la izquierda, y durante algún
tiempo anduve por ella sin saber dónde me hallaba.
El caso es que llegué al rayar el día á la plaza del
Rey de Roma (llamada ahora del Trocadero); la nie-

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bomba enemiga, y que vi entre los fragmentos de la
cureña; casi junto á estos últimos, y muertos seguramente por la explosión que destrozó la pieza, yacían
allí dos ó tres comunistas.
Cuando hubo más luz y la bruma comenzó á disiparse, vi las pendientes del Trocadero á mi izquierda
y supuse que estaba en la batería del mismo, de la
cual había oído hablar á Dombrowski la noche anterior. Mirando hacia el Oeste, á lo largo de la Avenida del Emperador (ahora de Enrique Martín), vi otra
batería que avanzaba al paso, ptecedida de algunos
destacamentos de marineros. No necesité preguntarme si aquellas fuerzas podían pertenecer á las tropas
derrotadas y fugitivas de la Comuna; no podía ser, y
á primera vista comprendí que eran tropas de VersaHes que iban á tomar posesión del Trocadero. A decir verdad, si no hubiese habido otra evidencia, su
manera de anunciarse, disparándose cuatro ó seis
tiros, era harto concluyente. No hice caso omiso de
la advertencia, y tomé la dirección de los Campos
Elíseos. Poco después hallábame en la magnífica
avenida que se prolonga junto á la calle de Chaillots,
como á la mitad de la distancia entre el Arco del
Triunfo y el Rond Point; y de pronto, alrededor de
la noble columna que conmemora el valor francés, vi
alineados en buen orden varios batallones, cuyos soldados llevaban pantalón encarnado. Hasta allí, pues,
habían conseguido invadirá París las tropas de Versalles en las primeras horas del día 22. Las fuerzas
regulares se apiñaban en la plaza de la Estrella tan
densas como eran las de los bávaros el día de la entrada del ejército alemán tres meses antes. No se
apuntaba hacia ellos ningún cañón desde la gran barricada federal de la plaza de la Concordia; pero
veíanse en ella algunos guardias nacionales, que de
,·ez en cuando disparaban un tiro inútilmente contra
las densas masas de las tropas de Versalles. Estas
últimas parecían tomar las cosas con mucha calma,
cual si quisieran asegurarse bien del terreno antes de
avanzar. Tenían una batería de mohtaña en acción
un poco más abajo .del Arco, y con ella barrían los
Campos Elíseos bastante bien.
Me dirigí hacia el parque Monceau, cuando encontré una persona que me dijo que las tropas de
Versalles, marchando desde el Arco por la avenida
de la Reina Hortensia (ahora de Roche), habían
caído sobre los comunistas, derribando una barricada, y evitándoles la molestia de concluirfa al tomarla
á la bayoneta. En este punto faltóme muy poco para
quedar cerc:rdo, pues mientras hablaba con dicha
persona resonó un grito, y vi un momento después
que numerosas fuerzas de Versalles, precedidas de algunos cañones, marchaban por la avenida de Friedland hacia el bulevard de Haussmann. Apenas tuve
tiempo de cruzar por su frente, y conseguido esto las
seguí por calles laterales. De vez en cuando hacían
un nutrido fuego, hasta que llegaron al fin al espacio
abierto que hay á la entrada del bulevard Haussmann,
frente á los cuarteles de la Pepiniere. Esta era una
posición muy ventajosa para dominar los alrededo-

Aspecto de la calle &lt;le Rívoli en tiempo de la Comuna

bla era muy densa, lo cual limitaba mi campo visual
y tan sólo sabía que estaba completamente solo. A
los pocos pasos me encontré á retaguardia de una
batería situada al Oeste, de la cual faltaban todos los
cañones excepto uno, desmontado sin duda por una

res, y fácilmente se podía comprender la táctica de
los jefes de Versalles. Ocupando con numerosas
fuerzas y artillería ciertos puntos del centro, de cada
uno de los cuales radiaban varias encrucijadas en diversos sentidos, su designio era dividir París en sec-

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607

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

}

Lucha en una barricada del bulevard Haussmann

ciones y aislar éstas una de otra barriendo las ~a(les
limítrofes con un vivo fuego. Desde aquella pos1c1ón
de la Pepiniere, por ejemplo, se dominaban p~rfectamente el bulevard Haussmann hasta la calle Ta1tbout,
y el bulevard Malesherbes hasta la Magdalena, asegu1ando el acceso al gran bulevard y ,á la plaza Real, P?r
la que bastaba bajar para so_rprend~r por retaguardia
la barricada de los comumstas, situada frente á la
plaza de la Concordia.
Deseoso de ver lo ·que ocurría en otras partes de
la ciudad, dirigíme por calles desviadas Hacia el palacio real. Parecía que las bombas estallaban en todo
. París, y yo vi muchas granadas de mano reventar á
gran altura· varias de ellas cayeron cerca de la Bolsa,
cuando yo ~asaba; en los bulevares y sus inmed!a~iones del todo desiertos, no se encontraba alma v1v1ente, ~ tan sólo de vez en cuand_o veíanse pasar en distinta dirección algunos r~duc1~os d~s.t~came_nto_s de
guardias nacionales. Hubiera sido d1f1c1l decir s1 los
comunistas trataban de hacer frente ó de retroceder;
pero lo cierto es que por to~a_s p~rtes se levantaban
barricadas con mucha prec1p1tac1ón. De todas ellas
pude evadirme hasta que llegué á la plaza del Palacio
Real donde se construían dos, una á través de la calle d~ San Honorato, y la otra á la entrada de la calle
de Rívoli' entre el Louvre y el hotel del .mismo
nom,
. .
bre. Los materiales de la segunda cons1st1an pnnc1palmente un gran número de colchones de un almacén próximo, que se arrojaban por las ventanas, y de
otros de los cuarteles de la plaza del Carrousel. La
barricada de la calle de San Honorato se componía
de muebles con varios coches y ómnibus, y se me
obligó á todiar parte en su construcción,
Cuando se me permitió marchar, lo primero que
hice fué mirar la calle de Rívoli, y observé que los
comunistas habían levantado una gran batería á través de un punto de unión con la plaza de la Concordia armada de cañones que al pa recer hacían fuego
en 'dirección á los Campos Elíseos. Saliendo de las
inmediaciones del palacio real me encaminé hacia
el nuevo teatro de la Ópera, y apenas llegué al bulevard reconocí que los de Versalles debían haber ganado ya la Magdalena, pues entre ésta y su posición
de los cuarteles de la P epiniere no qu_edaba ya ningún obstáculo. H abían levantado una barricada, compuesta de troncos de árboles y barriles, á través del
bulevard de la Magdalena, y los comunistas tenían
otra compuesta en particular de carros, á la entrada
de 1~ calle de la Paz. Por el pronto no se hacía fuego,
y á la entrada de la tarde resolví volverá mi hotel en
la Cité d' Antin para almorzar.
Saliendo del bulevard por la calle de Taitbout me
encontré detenido por una multitud de gente al acer-

carme al fondo del bulevard Haussmann; mas á tuerza de empujones llegué á ocupar la primera línea de los
curiosos, y presencié un singular espectáculo. Frente
á mí en el lado más le1·ano al bulevard Haussmann,
, otro grupo, y entre éste y el nuestro extend'1aveíase
se el ancho bulevard donde las balas de las fuerzas
de Versalles caían si~ cesar por estar dichas tropas
á mil varas más de altura. Este obstáculo de fuego
de fusilería era lo que había detenido á la multit~~ á
cada lado, y comprendíase muy bie~ que no qms1eran seguir adelante, pues en el espacio que sepa_raba
los dos grupos veíanse no pocos muertos y hendos,
que pagaban su atrevimiento por haberse empeñado
en pasar. El hambre me aguijoneaba de tal manera,
que se antepuso á mi prudencia, y atravesé el bulevard sin más avería que un balazo que me traspasó
el faldón de la levita, y la bolsa del tabaco. Un_ muchacho que me siguió no fué tan afortunado; cierto

para presenciar una encarnizada lucha en el ataque á la barricada gue
había en el punto de intersección
de la calle Trouchet. Dos muchachos que estaban cerca de mí cayeroff heridos, y una bala chocó
contra la columna del farol que me
resguardaba. Una mujer se desvió
de la esquina de la calle de la Chaussée d' Antin, vino á recoger la bala,
y alejóse tranquilamente palmoteando con loca alegría.
. .
Después de comer y de escribir
un par de horas resolví ir á la esta:
ción de la vía del Norte para ver s1
podía conseguir por un medio ú
otro que se dirigiese u~a ca:ta mía
á Londres. En el cammo v1 cosas
muy extrañas. ¿Qué era, por_ ejemplo, una especie de ceremonia que
se celebraba en la calle de Lafayette esquina de la de Lafitte? Allí habi'a un vagón, un spahi negro como
la noche y un oficial con el acero
desenvainado; alrededor. veíase una
compacta multitud, y eri el centro
ardía un gran montón de papeles.
¿Quemaban acaso los libros del
Banco inmediato ó los títulos de los
propietarios? No: los papeles de un
batallón comunista era lo que destruían así, tal vez para que no se
pudiesen presentar pruebas compr?•
metedoras. El episodio me pareció
una indicación significativa del
principio del fin, y no falt~~an otras
señales para confirmar m1 idea, como por ejemplo, que se buscar~n
con ansiedad los pasaportes 111gleses.
Poco después se recibió la d~sagradable noticia de que ·los pru~1~nos habían detenido en San D10ms10
todos los trenes que salían de París, é imp~dían á
todo el mundo atravesar sus líneas; pero siempre
quedaba una probabilidad. Soborné á un empleado
d~ la vía férrea para que saliera de París por el túnel
del camino de hierro; y en el caso de llegar á ~an
Dionisio debía dar mi carta á una persona de quien
podía c~nfiar para que la expidiera. Mi emisario
ocultó la carta en una bota y púsose en marcha, habiendo prometido volver á mi hotel á las ocho de 1~
noche para darme ~uenta ~el ,resultado ~e su comisión; pero no volví a verle 111 ?1 hablar mas de él.
Cuando volvía de la estación del_ Norte m~ ~currió un incidente que pudo muy _bien. ser, tra&amp;1co.
Como oyese que hacían fuego en d1rec~16n a la iglesia de Nuestra Señora de Loreto, deJé la calle de
Lafayette para tomar la de Chateaudun; _mas_ al llegará la plaza, en cuyo centro se elev~ la _1gle~!ª• encontréme en el interior de un extraordmano triangulo

·,.'-., __ . '- i\\\ \
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.,. I'

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'~: 1\.·

'

........

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'·......_'&gt;
..___

-

[ ....

Los cañones de Montmarlre en la víspera del 18 de marzo de 187 I

qué atravesó también mas no sin una herida en el
· uslo.
'
m Después de almorzar en mi hotel, situado junto á
la calle de Lafayette, corrí al punto en que ésta con-.
fluye con el bulevard Haussmann, y llegué á tiempo

de barricadas. Había una á través de la extremidad
de la calle de San Lázaro, otra al fin de la de Loreto,
y una tercera entre la iglesia Y el frente d~ la p)aza,
mirando~ la ~a~le de C\ia~eaudun. La part1culandad
de esta d1spos1c16n cons1st1a en que cada una de agué.

�~~.r--

ABANDONADA, cuadro de Mateo Balasch

UN DESENGAÑO, cuadro de Héctor Tito, expuesto en la &lt;Royal Academy,» de Londres

�L\

530
llas podía ser enfilada por el fuego dirigido contra las
otras; de modo que los defensores se exponían ellos
mismos á recibirle de flanco, por retaguardia y de
frente. Yo me preservé lo mejor posible en el pórtico
de la iglesia para observar el desenlace de aquel estado de cosas; pero mi curiosidad pudo costarme
cara, porque dos veces estuve á punto de ser fusilado,
primero por los comunistas, y luego por los versalleses que se apoderaron de la barricada de la calle de
San Lázaro. A última hora de la tarde, el grueso de
los comunistas que se retiraban pareció tomar la dirección de Montmartre, desde donde sus cañones hacían fuego por encima de la ciudad contra la artillería de Versalles, situada ahora en el Trocadero. Las
fuerzas del gobierno, por su parte, avanzaban también deliberadamente hacia Montmartre, y antes de
anochecer llegaron á la plaza de Europa, á espaldas
de la estación de San L~zaro. Desde este punto, por
el Norte, sus fuerzas avanzadas mantenían una línea
desde la calle Trouchet hasta la Magdalena, sosteniendo el fuego á lo largo del bulevard Haussmann,
mientras que con su batería 'd e la Magdalena habían
desmontado la de los comunistas del bulevard de los
Capuchinos á la entrada de la calle de la Paz. Los
rebeldes se hallaban indudablemente desmoralizados;
pero en todas partes mostrábanse muy activos en la
construcción de barricadas.
A eso de las ocho de la noche el fuego cesó en
todas partes, y durante un intervalo reinó la más
completa calma. ¡Qué extraño pueblo me parecieron
esos parisienses! El tiempo era magnífico, y la escena que se ofreció á mis ojos en las estrechas calles
inmediatas á la de Lafayette recordóme el aspecto
que presentaban las de Nueva York un domingo
del verano anterior al amanecer. Hombres y mujeres estaban sentados tranquilamente .á las puertas
de sus casas, conversando sobre los sucesos y los rumores del día; los niños jugaban alrededor de las
barricadas, y sus madres no hacían aprecio apenas
del lejano toque de generala ni del estrépito producido por una bomba al reventar, y sin embargo, la
b risa suave de aquella hermosa noche llevaba en sus
alas las fuertes emanaciones de la sangre y de los cadáveres diseminados por el suelo á menos de trescientas varas de distancia.

Nú.MElW 607

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

La ópera Evanthia se cantará en breve en los principales
teatros de Leipzig y Colonia.
Londres. -En el Strand Theatre se ha estrenado una comedia de Mr. C. H. Abbott, titulada The Ste¿pwa!ker (l11 sonámlo), ele argumento ingenioso y complicado 9ue da lugar á escenas graciosas y hábilmente trazadas. Termmada la temporada
de ópera y hecho el resumen estadístico de las representaciones, resulta que en once semanas se han cantado veinticinco
óperas, entre ellas cinco complet¡¡mente nuevas para el público. londinense. Se han puesto en escena: / Pagliacci, doce veces; Cavalleria rosticana, nueve; Carmen, siete; Lohengrin,
Faust y Romeo y J11lieta, seis; Tamiha11ser y Las Walki1·ias,
tres; La Favori'la, El bttqttefantasma , Los Hugonotes, Los maes·
Iros cantores y Siegfried, dos; y La Hebrea, Tristán é Isulda,
l Ra11/za11, Rigoletto, Amy Robsarl y El velad~ profeta, u~a.
Como levers de ridea11 se han cantado: O,feo, seis veces; F1le111ón y Baucis, cinco; Djamileli y El amigo Frilz, cuatro, y
Los pescadores de perla~ é lrmengarda, una. Para la temporada
ele verano de 1894 se anuncian las nuevas óperas Da11mation
de Fausl, de Berlioz, William Ratcliffe y Vestalia, de Mascagni; Fafstaff, de Verdi; Manon Lescaut, de Puccini, y Signa, de F . H. Cowen.
·

..
I,

,.

Necrología. - Han fallecido recientemente;
Guillermo Bode, paisajista alemán cuyos cuadros son muy
celebrados por el sentimiento poético de la naturale~a que re·
velan y por la finura con que están ejecutados.
Menotti Themer, pintor inglés, individuo de la Academia,
cuyos cuadros son muy estimados especialmente en Inglaterra
y América.
J osé Isola, célebre pintor italiano, maestro de los principales pintores jóvenes de I talia, entre ellos el famoso .Barabino, y jefe de la escuela pictórica genovesa.
Isabel Rossi, condesa de Gabardi-Brocchi, notable escritora
italiana.
... ,., ........., •••, .............................., ...... , ••••••, ..........., ••••, •••••••••••••, ••••••, •••••J •••• ,.,......

,.J'••···

N UESTROS GRABADOS

Monumento erigido en Budapest en honor de
los chonved&gt; (defensores de la patria), húngaros obra de J or~e Zala. - Hace poco se ha inaugurado

en 1~ capital de Hungría el monumento nacional que reproducimos, en honor de los !tonved, de aquellos patriotas húngaros que en 21 de mayo de 1849 sucumbieron en el asalto que,
á las órdenes del general Gorgey, se dió contra la ciudad de
Budapest, arrojando de ella á la guarnición austriaca que man·
daba el mayor Hentzi. Sobre un pedestal en el que se leen las
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inscripciones &lt;A los héroes anónimos&gt; y &lt;I849. 21 de mayo.
Por la patria libre,&gt; álzase la estatua de un honved apoyando su
planta sobre un cañón y los restos de una cureña y empuñan ·
do con la diestra el sable y con la izquierda la bandera de la
victoria; la gloria, con las alas extendidas, está en ademán de
APUNTE, dibujo de Mateo Balasch
ceñir las sienes del héroe con una corona de laurel. La impresión total que produce el monumento armoniza por completo
ARCHIBALDO FORBES
con la idea que en su erección ha presidido, y la obra es bajo
- Las tres grandes medallas de oro concedidas por el jurado todos conceptos digna de la fama del ilustre artista que la ha
(Continuará)
de la última Exposición internacional de Berlín lo han sido á los ejecutado.
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siguientes artistas: la primera al pintor Pedro J anssen, de Dusseldorf, por su cuadro /11/enmuión detisiva del 111011/e Wafter
Abandona.da, cua.dro de Ma.teo Balasch. - PerMISCELÁNEA
Dodde y de los aldea!U/s en la batalla de Worri11gm. 1288; la tenece
el autor de este cuadro y de los Apimles que en esta pásegunda al pintor H ermán rrell, de Dresde, por sus tres cartopublicamos á la joven generación picJ.órica, y aunque na·
Bellas Artes. - En el Palacio de Cristal de Munich se ha nes para los frescos que por encargo del Estado ha de pintar gina
inaugurado la Exposición de técnica pictórica, organizada por en la Cdsa Consistorial de Hildesheim; y la tercera a l escultor cido á la vida artística en un período de transición, lleno de
la Sociedad para el procedimiento racional en pintura. En ella ruso Marcos Antokolsky, residente en París, que por vez pri- dudas y vacilaciones, no ha sentido de una manera marcada el
se encuentra reunido todo cuanto á la técnica, así antigua como mera ha concurrido á la Expo~ición berlinesa con cuatro obras influjo de las corrientes modernistas y sigue con preferencia el
estilo de la escuela idealista y romántica que se defiende todamoderna, se refiere, desde la del antiguo Egipto hasta la de nues- verdaderamente maestras.
vía de los ataHues del realismo. Pensionado en Roma, estudió
tros días. La referida sociedad, dando toda la importancia que
- De los cuadros que han figurado en la última Exposición
las grandes obras del arte y tuvo el buen acierto de cultivar el
se merece al hecho de que mientras algunos cuadros de no le- de la Asociación de Artistas de Munich han sido adquiridos
jana fecha aparecen con evidentes signos de deterioro, la in- por el príncipe regente: Madre é !lijo, de Artz; T11lipa11es y ja- dibujo y estudiar el natural, dos cosas que caben dentro de to·
mensa mayoría de los que cuentan siglos de existencia conser· cintos, de Korter; Palomas, de Pennasilico; P,lblico agradecido, das las escuelas. Su cuadro Aba11donada, al par que nos muesvan su frescura, se preocupa en estudiar las causas de la defi- de Schmuz-Baudis; Madona, de Clara Walter, y De luto, de Gi- tra al artista enamorado de lo dramático, revela un paisajista
ciencia moderna en materia de colores y en enseñar la manera rón: para la Pinacoteca, Primer cuartel de 1813, de Hackl; que sabe ajustarse á la verdad de la naturaleza, que elige como
de remediarla; y á este fin obedece la E xposici6n ha poco inau· Puerto de Hoom, de Janssen; En los campos, de J ernberg; Mo- escenario de los asuntos que imagina. Balasch ha obtenido, se·
gurada, en la cual hay obras pictóricas de todos los tiempos y 1mmenlo de la duquesa Max, de Rumann; Crepdsmlo, de Mi- gún parece, una bolsa de viaje de la Diputación de Barcelona
género~, que además de servir al indicado propósito utilitario, lesi; Recolección del heno, de Schleich; Campo de avena, de y se propone pasar una temporada en París, donde completará
permiten hacer un estudio comparativo muy provechoso para Volkmann; En el Cáucaso, de Roubaud; Molillo de aserrar, de su educación artística estudiando las obras del arte moderno,
la historia del arle.
Schindler; / lock 111y door, de Khnopf, y Lago de Gare, de cuya impresión no borrará de fijo la huella que han dejado en
Brown: varios particulares infinidad de obras, entre ellas algu- su espiritu los cuadros de los grandes maestros del arte antiguo. Balasch tiene talento, y si no le faltan fe y perseverancia
nas de nuestros compatriotas Mestres, Barbasán, Gatcfa y Ro·
dríguez y Sánchez Barbudo; y finalmente el representante de conseguirá tener verdadera personalidad, que es á Jo que debe
la Exposición permanente de Artes é Industrias Artísticas de aspirar siempre el artista.

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APUNTE, dibujo de Mateo Balasch

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Weimar varias obras de van Bosse, Canal, 'Caprile, Douzette,
Kubierschky, da Molin, Muhlig y Schwar.
- Reinaldo Bega.s, el famoso escultor berlinés, ha terminado
los modelos de tamaño natural de la estatua ecuestre y del genio que gula el caballo destinados al monumento nacional que
ha d~ erigirse en Berlín á la memoria de Guillermo I. Se está
trabajando también en los modelos de la ornamentación plásti·
ca del zócalo y del grandioso pórtico que ha de rodear al monumento y en el cual en vez &lt;le las estatuas de generales en un
principio proyectadas se colocarán representaciones alegóricas
de los reinos de Prusia, Sajonia, Baviera y Wurtemberg y estatuas representativas de las distintas armas. Se proyecta cubrir con una gran pintura la pared ele este pórtico cuya longitud es de 150 metros. La inauguración del monumento se verificará probablemente el 22 de marzo de 1897, fecha en que
' se cumplirán 100 años del natalicio del emperador.
- El comité encargado de levantar un monumento á Bismarck ha acordado aplazar la ejecución del mismo hasta que se
haya erigido el del emperador Guillermo, pues estima que sería poco respetuoso para el soberano honrar antes que al gran
emperador al que fué su canciller.

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Teatros. - Las representaciones ejemplares verificadas en
Gotha, de las que nos hemos ocupado en otra ocasión, comenzaron con la llfedea, de Cherubini, que se cantó en presencia
del duque Ernesto, del príncipe y de la princesa lierederos de
Meiningen y de muchos intenden_tes y· directores de teatros
alemanes. Siguió luego la representación de Caperucila mearnada, de Boildien, después de la cual se han puesto en escena
las dos óperas premiadas en el concurso ha poco allí celebrado,
E vanthia, de Pablo Umlauft y La rosa de Ponlevedra, de Forster. La mí1sica de la primera es de estilo wagneriano y en ella
abundan las bellezas, algunas de primer orden; la segunda
pertenece al género italiano y parece inspirada en las obras de
Mascagni, y aunque revela no escaso talento en su autor contiene algunas trivialidades.

Un desengaño, .cuadro de Héctor Tito. - En el
número 527 de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA y á propósito
del cuadro Los zapatos nuevos dijimos a lgo acerca de este pintor que figura entre los más distinguidos de Italia. La obra
del mismo que hoy reproducimos pertenece á un género distinto de aquél, tiene un sello eminentemente dramático y presenta una escena que se desarrolla entre personajes y en un
medio aristocráticos, as! como la acción de la otra era de carácter popular. En Uu desmga11o se adivina el fin de una amorosa historia, el rompimiento tras una discusión violenta que
corta de pronto un pasado lleno ele dichas y esperanzas. El
cuadro resulta sentido y su ejecución intachable: la figura de
mujer es interesante, la reproducción en el espejo de la del
amante es de un efecto belllsimo y todos los detalles revelan
el gusto y el talento del autor.

El rey y la reina de Siam. - E l rey de Siam cuenta
en la actualidad cuarenta años, su figura es graciosa y habla
con facilidad varios idiomas, especialmente el inglés: su traje
generalmente consiste en un chaquetón blanco, pantalón de
seda y medias azules; pero en las ceremonias oficiales usa un
uniforme militar, compuesto de casco blanco, túnica del mismo
color y medias y zapatos negros. Come á la europea y á la siamesa: los platos que se sirven en su mesa van cubiertos con un
cono encarnado y sellados, y antes de que el rey los guste ha
ele probarlos un oficial de boca. El palacio en que habita es una
verdadera fortaleza circuida por una triple línea de murallas,
y en su arquitectura se nota una extraña mezcla ele los estilos
europeo y asiático, en la que destaca el tejado nacional en forma de tiara de los reyes de Siam.
El reciente conflicto con Francia, felizmente terminado, há
ciado cierta notoriedad al monarca siamés y á su esposa la reina
Savangwadana, que si no el trono, ha de compartir el corazón
' de su marido con otras 6oo mujeres que componen el harén del
1 rey de Siam.

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- ¡Doscientos cincuenta y seis mil francos!, exclamó el general. ¿Está usted loco?

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT . -I L USTRACIONES DE EMILIO BAYARD

(CONCLUSIÓN)

Entonces Anie se desnudó con lentitud y se arregló un gracioso tocado de
noche; como Sixto había manifestado sorprenderse, casi enojarse, la primera vez
que su esposa le había esperado, no quería Anie que aquella noche sucediera lo
mismo; hallándola dormida, comprendería Sixto inmediatamente que su mujer
no pensaba dirigirle reconvención ninguna.
Pero Anie no se durmió, y si el tiempo le había parecido pesado cuando· podía moverse, ir, venir, pasear, empezó á ser verdaderamente insopc,rtable en la
obscuridad de la alcoba y en la inmovilidad del lecho; el reloj del vestíbulo daba
las horas y las medias, pero el intervalo que mediaba entre las unas y las otras
le parecía tan excesivamente largo que muchas veces se figuró Anie que el reloj
estaba parado.
Las once, las once y media, las doce, las doce y media, la una... ¿Ern posi-

ble? ¿Por qué no volvía Sixto? ¿Qué le había ocurrido? En la obscuridad de la
noche, ¿no podían liaberle sorprendido y asesinado en aquellos caminos desiertos? Anie veía como si estuviese pasando por ellos los sitios peligrosos, los recodos del crimen.
Inquieta, desasosegada saltó del lecho para leer el telegrama, que sabía de
memoria: «Hasta la noche;» esto no era decir: «Volveré tarde.» «Hasta la noche,» significaba evidentemente antes de las doce. Y sin embargo, era ya la una
y media; las dos, las dos y media.
Anie tenía calentura; había momentos en que escuchaba los ruidos exterio_res
con tal ansiedad y con tan vivo interés que su corazón parecía haberse detemdo
dejando de latir.
Por último, poco después de haber dado las dos y media reconoció la joven

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

53 2

sobre la axena del jardín el paso con que tan familiarizados estaban sus oídos y
súbitamente una frescura consoladora sustituyó al ardor de la fiebre que la devoraba. ¡Era él! ¿Qué importaba ya, toda vez que llegaba, el motivo de su tardanza? Pues qué, ¿no había mil razones (que entonces se presentaban á su.imaginación, cuando pocos minutos antes no se le ocurría ninguna) que hubieran
podido detenerle?
La joven, sin embargo, advirtió con alguna extrañeza las precauciones que
tomaba Sixto para subir, así como se sorprendió de que su marido en vez de
entrar desde luego en la alcoba se dirigiese al despacho. ¿No sentía, pues, aquella impaciencia febril con que ella le esperaba?
No pudiendo dominarse más, pensó Anie saltar de la cama para salir al encuentro de Sixto y abrazarle y besarle apasionadamente; ¿pero no habría en es Lo
una especie de reconvención muda que podía entristecerle? Pensando esto creyó
que lo mejor sería no moverse y fingirse dormida.
Por eso cuando Sixto levantó el transparente y proyectó sobre Anie la luz de
su bujía la encontró sumergida en un profundo sueño, tan profundo que cualquiera otro que no hubiese estado tan perturbado como Sixto lo estaba se .habría preguntado seguramente si aquel sueño era natural ó fingido.
Entre sus párpados medio cerrados había visto Anie, iluminado por la bujía,
el semblante convulso y trastornado de su esposo, y esta observación, unida á las
muchas precauciones adoptadas para no despertarla, reproducía su alarma y sus
inquietudes.
¿Qué sucedía? O por mejor decir, ¿qué había sucedido?
La puerta de comunicación entre el dormitorio y el despacho estaba cerrada,
por consiguiente nada podía ver ni oir la joven de lo que pasaba en el despacho; y como no s~ atrevía á incorporarse en el lecho - lo cual le hubiese permitido dirigir sus miradas por encima de la meseta de la chimenea - no veía tampoco á su marido, lo cual.indicaba que éste debía de haberse sentado á la me,a
de escritorio, colocada precisamente delante de la chimenea.
Afortunadamente la disposición particular de aquellas dos habitaciones y de
sus mobiliarios respectivos favorecían los deseos de Anie: la cama, el cristal, la
mesa de escritorio de Sixto se encontraban en una misma línea recta, y en la
pared opuesta del despacho, como en la prolongación de la misma recta, frente
por frente de la cabecera del lecho había colgado un espejo con una inclinación tal que reflejaba la mesa de Sixto y la chimenea. Si Anie encontraba
una manera de colocar la cabeza sobre la almohada que le permitiese mirar al
espejo, á través de la ventana, vería lo que su marido estaba haciendo.
. La joven logró sin dificultad lo que se proponía, procurando no hacer movimientos demasiado bruscos que habrían llamado la atención de su marido; éste
á la sazón escribía.
¡Qué sombrío estaba su rostro! ¡Qué agitación se notaba en su mano! De vez
en cuando ·deteníase un momento y después volvía á comenzar con una decisión y un apresuramiento que demostraban tanto la claridad de sus ideas cuanto
la violencia de su emoción. Cuando vió Anie que su marido después de termi•
nar la carta rendía la cabeza entre sus manos, manifestando terrible dolor y desesperación y desaliento, sintióse acometida de un temor que no la dejaba respirar.
¿A quién escribirá? ¿Qué escribirá? Muy horrible debía de ser el contenido
de aquella carta cuando de tal manera trastornaba á su esposo.
Anie vió después que Sixto escribía algo en el sobre; por la brevedad adivinó que se trataba de un nombre solamente, corto como el suyo, compuesto de
cuatro ó cinco letras. Pero ¿por qué le escribía si sólo necesitaba abrir una
puerta para estar á 3U lado?
Había en todo esto un misterio que Anie, en la perturbación que sentía, no
lograba penetrar.
Además la joven seguía con la vista á su marido y no podía detenerse en reflexionar ni en hacer cálculos por su cuenta.
Cuando Sixto sacó de :m cajón de su mesa un papel en el cual Anie había
visto un sello, creyó reconocer la joven el testamento de su tío Gastón; pero el
movimiento hecho por Sixto para quemar aquel papel á la luz de la bujía y
arrojarlo después á la chimenea fué tan rápido que no pudo la joven cerciorarse de que había visto bien; una gran claridad de llama reflejada por el espejo
llegó hasta la alcoba, alumbrando por un momento aquella obscuridad, y sólo
duró dos ó tres segundos.
Casi inmediatamente entró Sixto en la alcoba y se dirigió al lecho; fué realmente un milagro que Anie no se vendiese cuando su marido, después de contemplarla unos instantes, la besó en la frente.
Poco después Gastón ocupaba su sitio en el lecho al lado de Anie y ésta necesitaba hacer un esfuerzo supremo para no arrojarse desolada en sus brazos.

XI
Los ruidos de la ciudad y del puerto comenzaban ya á confundirse á lo lejos,
cuando Sixto, aniquilado por las emociones, se quedó dormido, inclinada su cabeza sobre el hombro de Anie.
Ésta permaneció inmóvil durante una hora muy larga para no turbar aquel
pesado sueño;. aunque era grandísimo su anhelo de averiguar lo que contenía
el papel escrito por Sixto, acerca del cual su angustiada imaginación le hacía
sospechar las cosas más terribles sin que la pobre joven se atreviera á fijarse en
ninguna ni tampoco á rechazarla, no se movió del lecho. Si ella podía levantarse antes que su marido, podría ver el papel; si por el contrario Sixto se levantaba primero, Anie seguiría siendo víctima de su ansiedad y de su angustia.
Los cristales de las ventanas que daban á Oriente comenzaban á blanquear, ya en el cielo se dibujaban estas franjas de clarobscuro que anuncian la
proximidad del día; unos cuantos minutos más y la costumbre de levantarse á
determinada hora iba á despertar á Sixto.
Efectivamente el marido de Anie se movió un momento; creyó la joven que
ya se despertaba, pero Sixto se limitó á levantar la cabeza del hombro de su esposa y volvió á dormirse; entonces Anie pudo, con mucha precaución, deslizarse
de la cama al suelo.
Procurando no producir ruido se dirigió al despacho cuya puerta no había
sido cerrada y llegó á él conteniendo hasta la respiración. Precipitadamente fué
á la mesa y se apoderó de la carta que estaba encima; pero como el día no era
aún demasiado claro, no pudo leer lo que había escrito en el sobre, Anie se
aproximó á la ventana y separando una cortina leyó:
«Anie.))

NÚMERO

607

No se había equivocado: temblando de pies á cabeza como una azogada bajo
la mano pesada y fría de la desgracia que sobre ella caía, abrió el sobre con una
horquilla de las que sujetaban sus cabellos.
Antes de terminar la lectura Anie lanzó un grito espantoso, atravesó corriehdo el despacho y la alcoba y llegó hasta el lecho, donde se lanzó sobre su marido estrechándole entre sus brazos:
- jJforir tú!
.
Sixto la miró como aturdido; después, como viese que Anie tenía la carta en
sus manos, preguntó:
- ¿Has leído?
- ¿Acaso estaba yo dormida?.
- Pues si has leído, nada tengo que decirte.
- Estás loco.
- ¡Ah!
- Pero esta fortuna, todo lo que poseemos, te pertenece.
- He quemado el testamento.
- Sea tuya, sea nuestra, ¿qué importa si con ella podemos pagar lo que debes?
- Tu padre no debe nada.
- No le conoces; mi padre pagará como pagarías tú mismo; tu muerte no
vendría á resolver nada; y aunque algo resolviera, ¿crees que querríamos una
fortuna lograda á este precio?
- No quiero arruinará tu padre; no quiero arruinarte.
- Convéncete de que pagaremos; debiendo tú, debemos nosotros; esta fortuna
no es nuestra, es tuya, y aun cuando fuese nuestra sería lo mismo. ¡Dices que has
reflexionado! No, no has reflexionado; bajo el golpe de la desgracia está extraviada tu razón. ¿Puede haber para nosotros algo más precioso que tu existencia?
¿Te figuras, adorado esposo, amor de mi alma, que si tú murieses no moriría
yo contigo?
Mientras hablaba así con desordenada vehemencia Anie estrechaba á Sixto
entre sus brazos y sólo dejaba de hablar para cubrir su rostro de besos apasionados.
- ¡Ah! ¡Dices que me quieres! ¿Y demuestras tu cariño abandonándome? ¿No
es todo preferible á esta separación? ¡La ruina, la miseria! ¿Por ventura no las
conozco? ¿Qué sería para mí esa tranquilidad de que h:iblas? No quieres que
me vea empobrecida por causa de un marido culpable; ¿quedaría yo menos
empobrecida cuando pagásemos lo que has perdido?
Estas manifestaciones impetuosas de amor trastornaban á Sixto y comenzaban á quebrantar su propósito.
- No puedo pedir nada á tu padre.
Tú no, yo sí. Salgo para Ourteau. En cinco horas estoy de vuelta aquí con
mi padre; esta noche pagas.
- ¿Y dónde quieres que tu padre encuentre esa cantidad?
- No lo sé, pero la encontrará; hipotecará algo, venderá, hará lo que sea
preciso.
- Sí, venderá su tierra, que era su encanto.
- Su tierra no ha sido suya nunca; es tuya.
- Esa generosidad vuestra, ese sacrificio, ¿no me convertirán en el más miserable de los hombres? ¿Qué voy á ser después de esto para todo el mundo?
Estas palabras de su marido dieron ánimos á Anie, que respiró algo más
tranquila; cuando su marido pensaba en el porvenir era que empezaba a estar
convencido.
- ¿Ha deshonrado nunca á nadie una deuda de juego pagada? Quedando á
salvo tu honra, ¿qué importa lo demás? Con tal de que vivamos juntos, cualquier
rincón de la tierra me parece aceptable.
El tiempo apremiaba; era necesario adoptar prontas determinaciones; en la
situación de vacilaciones y dudas en que Sixto se hallaba en aquel minuto, no
podía conseguirse esto si Anie no se resolvía á dirigirlo todo. Comprendiéndolo
ella así, le dijo:
- Parto para Ourteau inmediatamente; tú vas á ir á la oficina como todos
los días, y en llegando allí confiesas todo lo sucedido al general; dentro de muy
poco la ocurrencia será conocida en todas partes; es preferible que tu jefe
sepa la verdad por ti mismo. Pero antes de separarnos vas á jurarme, poniendo
tus labios sobre lo míos, que puedo tener en ti confianza completa.
Tranquila ya, tanto por este juramento cuanto por el abrazo lleno de gratitud
y de promesas de amor y muestras de remordimiento con que Sixto se había
despedido, partió Anie para Ourteau al propio tiempo que su marido se dirigía
á la oficina.
No bien entró en ella fué llamado por el general; éste había pasado muy
mala noche, y para consolarse sentía la necesidad de tener alguien á quien reñir;
apenas vió á Sixto le preguntó:
- ¿Ha paseado usted esta mañana?
- No, mi general.
- En efecto, hoy no huele usted á mar.
- Sin embargo, he pasado parte de la noche fuera de casa, dijo Sixto aprovechando la ocasión que se le presentaba.
- ¿Con la Sra. Sixto? ¡Extraña ocurrencia!
- No, mi general. Solo; y la noche ha sido terrible para mí.
-¿Sí?
Inmediatamente Sixto contó lo que había pasado sin atenuar nada.
- ¡Doscientos cincuenta y seis mil francos! exclamó el general. ¿Está usted loco?
- Sí, lo he estado.
- ¿Y ahora? ¿Va usted á pagar ó no va usted á pagar?
- Mi mujer, que acaba de partir para Ourteau, afirma que su padre pagará.
El general, que en un acceso de cólera se había levantado, medía el despacho
arrastrando la pierna y murmurando por lo bajo:
- ¡Un oficial agregado á mi persona!
De pronto deteniéndose enfrente de Sixto le preguntó:
- Y ahora ¿qué se propone usted hacer?
- Desapareceré, mi general, si usted me concede mi libertad.
- ¡La libertad de usted! Me importa muy poco la libertad de usted ... No se
ha visto nunca una cosa como esta. ¡Doscientos cincuenta y seis mil francos
además de los setenta y cinco mil! ¡Esto es realmente insensato!
Después, advirtiendo que iba á dejarse dominar por la cólera y recordando
cuánto le perjudicaba el irritarse, se dominó y dijo á Sixto;
- Caballero, vaya usted á cumplir sus obligaciones.

NúMERO 607

533

LA ILUSTRACIÓN ARTÍST!CA

Al cabo de un cuarto de hora el general llamó á Sixto otra vez; el joven encontró á su jefe más tranquilo y esperó á que le dirigiese la palabra, como lo
hizo efectivamente preguntándole:
- ¿Está usted en disposición de oir un buen consejo? Váyase usted al Ton-kin. Mi hermano está indicado para una comandancia en aquel punto; si como
es posible no tiene persona de su confianza, acaso consienta en llevar á usted
con él. Dentro de dos años, cuando usted regrese, todo se habrá olvidado. Envíele usted un telegrama en este sentido.
- Esta última prueba de interés que usted me da quedará grabada en mi corazón.
- Da lo mismo; no comprenderé nunca que cuando tantos infelices pierden
su salud por ganarse la vida, haya hombres afortunados que encuentren placer en
destruir la suya.
Entretanto seguía Anie el camino de Ourteau estimulando al cochero para que
anduviese de prisa. Al verla entrar su padre lo mismo que su madre adivinaron
en la fisonomía trastornada de la joven que debían prepararse á resistir un
golpe cruel.
Anie explicó inmediatamente lo que había sucedido; escuchaba su padre
anonadado, y su madre la interrumpía frecuentemente lanzando exclamaciones
de indignación.
- ¿Se figura acaso tu marido, gritó la señora de Barincq, que vamos á pagar
también esta cantidad y á reducirnos á la miseria por causa suya?
Entonces Anie refirió la historia del testamento de Gastón; cómo lo había
encontrado Sixto; por qué no había querido utilizarlo; en qué ocasión lo había
reducido á cenizas, y después de haber contado todo esto dijo á su madre:
- Por consiguiente, lo que ha perdido era suyo.
Pero la señora de Barincq, no queriendo dar su brazo á torcer, preguntó:
- ¿Y qué prueba hay de que ese testamento era legítimo?
A esto contestó su marido:
- Es evidente que ese testamento era el mismo que Gastón había depositado
en casa de Revenacq y que era perfectamente legítimo.
- Legítimo ó no, ya no existe.
- Para los demás es cierto; para nosotros, como si existiera.
- ¿Piensas pagar?
- No veo la manera de hacer otra cosa.
- ¡Arruinada otra vez! ¡Cuánto más habría valido morirse que ver esto!
No se reducía todo á tener el propósito de pagar, era necesario saber dónde
y cómo se encontraría el dinero necesario. El Sr. Barincq y su hija se dirigieron desde luego á casa de Revenacq; pero cuando el notario hubo escuchado
la relación de Anie manifestó su desesperación elevando al cielo los brazos.
- No creo que haya quien consienta en prestar doscientos cincuenta y seis
mil francos sobre las tierras de Ourteau, que están ya gravadas con una hipoteca
de ciento diez mil.
- Pero estas tierras, dijo Anie, valen más de un millón.
- Eso depende de muchas cosas: del que haya de dar el dinero y de la ocasión en que se le pida. Consideren ustedes además que en la propiedad están
haciéndose reformas, que los trabajos emprendidos están principiando y que no
han de dar sus resultados hasta que transcurra mucho tiempo; que para muchas
gentes esos trabajos han disminuído en un cincuenta por ciento lo menos el valor de esas tierras. Este lenguaje que empleo ahora es el de los prestamistas. Indudablemente tendremos contestación satisfactoria para estas observaciones;
pero ¿cómo serán recibidas? De todas maneras, no tengo cliente alguno á quien
pedir prestada esa cantidad en tales condiciones.
- ¿Y no podría usted encontrar un prestamista dirigiéndose á otro notario?,
preguntó Anie.
- Encontraremos siempre las dificultades que acabo de exponer á ustedes;
pero en fin, podemos intentarlo en Bayona.
- Llevaré á usted y á mi padre allí en el coche.
Revenacq vacilaba aún, pero cedió por último.
Era la una de la tarde cuando llegaron á Bayona, y habían dado la-s-&lt;:uatro
cuando Barincq, acompañado de Revenacq, hubo concluído sus visitas á los siete aotarios de la población: de estos siete, cuatro rehusaban decididamente el
negocio y tres exigían tiem¡,o; era necesario tomar informes y valuar las tierras.
- No tenía yo grandes esperanzas, dijo Barincq, pero estaba en la obligación
de hacer la tentativa; ahora no nos queda más remedio que dar un paso y, por
muy doloro.so que para mí sea, es preciso darlo: ver al Sr. de Arjuzanx, que
debe de estar seguramente en su casa esperando á Sixto: vamos á Biarritz.
En efecto, el barón estaba en su casa y recibió inmediatamente á Barincq y
á Revenacq.
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- No me presento á usted en nombre de mi yerno, dijo Barincq; me presento en mi nombre propio para sustituir al Sr. Sixto en concepto de deudor
de usted.
El barón permaneció impasible y en la actitud fría y altanera que desde el
principio de la entrevista había adoptado.
- Vengo por consiguiente como deudor de usted por la cantidad total de
trescientos cuarenta mil francos á preguntarle qué arreglo podría convenir á
usted para el pago de ese capital.
- ¿Arreglos?
- Se darán todas las garantías necesarias, dijo Revenacq acudiendo en auxilio de su antiguo compañero cuya emoción daba lástima.
- Y yo, continuó Barincq, añado á lo dicho por mi amigo que los plazos señalados por usted quedan desde luego aceptados con una sola condición: la de
que estén escalonados razonablemente.
- Usted es hombre de negocios, dijo el bar6n con altanería.
- Lo he sido.
- Y viene usted á proponerme un negocio; bueno como negocio, porque us
ted, propietario rico, viene á sustituir á su yerno que nada tiene y acepta usted
como suyas las deudas de Sixto.
Aquí Arjuzanx interrumpió por un instante su discurso, lo cual hizo que Barincq se creyese en el caso de contestar:
- Exactamente, hago mla esa deuda y me reconozco como deudor único.
Arjunzanx, que estaba sentado, se levantó y contestó con altivez fría:
- Ca1Jallero, no hago negocios; se trata de una deuda de juego que debe pag:irse dentro de las veinticuatro horas, no de una deuda ordinaria para la cual
se pueden pactar acomodamientos ante notario; no acepto á usted como mi
deudor; creo preferible conservar el verdadero.

- Usted mismo acaba de decir que ese deudor carece de fortuna.
- Precisamente por eso tengo empeño en que sea él mi deudor; esto demuestra que no soy un hombre metalizado, como sin duda usted creía. El yerno de
usted ha hecho traición á mi confianza, á nuestro compañerismo, á nuestra amistad. Me ha quitado la mujer á quien yo amaba; le quito su honra; estamos pagados.
Cuando Barincq y Revenacq se encontraron fuera de la casa anduvieron un
gran rato uno al lado de otro sin cruzar una sola palabra.
De pronto el notario, como si dejase escapar lo más íntimo de su pensamiento murmuró:
- ¡Qué hombre!
- ¡Y habría podido ser marido de mi hija! Por muy culpable que sea el desdichado Sixto, á lo menos tiene corazón.
Los dos amigos llegaron á la estación del ferrocarril; al penetrar en la estación
dijo Barincq sonriendo melancólicamente:
- Pues señor, para haberme pasado toda mi vida pensando en el bien de mi
prójimo, he despachado bastante mal los asuntos de mi familia y los míos.
- ¿Y ahora?
-Ahora no queda más remedio que vender las tierras.
- Pero en esta estación, en tales condiciones, la venta sera desastrosa.
- ¿Y qué hemos de hacer? Soportaremos el desastre.
- ¡Pobre amigo mío!
- Sí, el sacrificio será' duro; me había yo enamorado de estas tierras con ese
amor tenaz propio de la vejez; en ellas había puesto mis últimas esperanzas; pero
me digo á mí mismo que realmente no he sido nunca legítimo propietario de la
hacienda, y que si el testamento de Gastón hubiera sido presentado á su debido
tiempo, nada de lo que ha ocurrido habría pasado: yo no me hubiese establecido
en Ourteau, ni hubiese emprendido estas obras, el Sr. de Arjuzanx no hubiese
pensado en pedirme la mano de Anie, Sixto no se hubiera casado con ella y
hoy no caería yo pesadamente desde las alturas de una posición desahogada
al abismo de la miseria.

XII
Iban á dar las seis y media en el reloj de la Ofidna Cosmopolita, y Bernabé
en el hueco de una ventana acechaba á lo lejos por la carrera la llegada del ómnibus del ferrocarril de Vincennes.
En aquel momento el director, Sr. Chabertón, salió de su despacho, acompañado por un cliente, y todos los empleados en sus respectivas jaulas enrejadas
se pusieron con afán al trabajo.
- No se le distingue todavía.
- Pues ya que aún tenemos tiempo, dijo en son de súplica el cliente, déjeme
usted explicarle ...
Pero el Sr. Chabertón, sin prestar oídos al que le hablaba, se aproximó á uno
de los enverjados y dijo:
·
- Sr. Spring, que no dejen de estar arregladas para mañana por la mañana las
patentes inglesas del asunto Roux.
- Lo estarán.
Chabertón, dirigiéndose á otra de las jaulas, continuó diciendo:

-Sr. Barincq, elijo, ¿está concluido ese dibujo?

- Sr. Morisett, mañana asl que usted llegue ha de preparar un estado de los
gastos de Ardant.
-Sí, señor.
- Tiene usted que observar un dato de mucha importancia, dijo el cliente
empeñado en hacerse oir.
.
'
Pero Chabertón, que hacía oídos de mercader á estas recomendaciones de
última hora, prosiguió su correría por delante de las jaulas de sus empleados.
- Sr. Barincq, dijo, ¿está concluído ese dibujo?
- Lo estará dentro de media hora.

�LA

ÍLUSTRACíÓN ÁRTÍSTÍCA

- Suplicq á usted que no resulte demasiado seco, que tenga algo de chic; es
necesario colocarse dentro de las corrientes modernas.
Bernabé se adelantó y dijo:
- El ómnibus.
Chabertón entonces se echó al hombro el abrigo, tomó en la mano su bastón que hasta entonces había llevado debajo del brazo, y se dirigió apresur~damente hacia la puerta, seguido siempre de su interlocutor, el cual por lo visto
estaba resuelto á no soltarlo ni á tres tirones.
Cuando la puerta de las oficinas se hubo cerrado detrás de ambos personajes,
levantóse gran estrépito en los escritorios, é inmediatamente sacó Srping del
cajón de su mesa una lámpara de alcohol y la encendió.
- Ya se conoce que hoy es martes, dijo Belmanieres, ya principian las porquerías inglesas.
- Ya se conoce, replicó Spring, que hoy, lo mismo que todos los días, continúan las sandeces groseras del Sr. Belmanieres.
Contra su costumbre Belmanieres no se enojó; antes por el contrario, dijo con
mucha tranquilidad:
.
- Eso prueba que las costumbres no son como la existencia; en la existencia
hay variedad, en las costumbres hay monotonía. Yo, por ejemplo, soy tan grosero
y tan sandio hoy como lo era ayer y como lo era hace seis meses, y el Sr. Barincq
en vez de representar el papel de ricacho rural como hace seis meses, dibuja en
madera para la Oficina Cosmopolita, donde afortunadamente para él ha encontrado su antiguo puesto.
- No mezcle usted al Sr. Barincq en sus bromas, dijo en tono de autoridad
el cajero.
- Lo que digo, replicó Belmanieres saliendo de su habitación, nada tiene de
ofensivo para el Sr. Barincq; muy al contrario, proclamo y proclamaré siempre
en voz muy alta que un hombre de sesenta años cuando se encuentra repentinamente arruinado y tiene la suficiente entereza de carácter para volverá sus
antiguos trabajos sin lanzar una queja, merece toda mi estimación. Si en otras
ocasiones me he permitido dar alguna broma al Sr. Barincq, estoy resuelto á no
dárselas en lo sucesivo, y ya que se me ha presentado la oportunidad de decirle cómo pienso, se lo digo. Así soy: digo lo que pienso, todo lo que pienso,
francamente, y me importa un rábano que algunos se disgusten. Ya lo oye usted, Sr. Morisett, me importa un rábano, menos todavía.
Belmanieres gritaba esto delante del cuchitril del cajero, adoptando aires provocativos; de pronto la puerta de la oficina se abrió y esta circunstancia restableció el silencio.
- ¿Míster Barincq?, dijo una voz con acento extranjero.
- Aquí está, respondió Bernabé, conduciendo al recién llegado á la mesa del
Sr. Barincq.
- ¡Do you speak englishl
- Sr. Spring, gritó Barincq._
- El Sr. Spring apagó su lámpara de muy mala gana para acudir al llamamiento; entonces comenzó entre el Sr. Spring y el extranjero una conversación
en inglés.
- Dice este caballero, tradujo Spring, que ha visto en el Sa/6n dos cuadros fir.
mados Anie; que esos cuadros le han gustado y que desea comprarlos; como en
el catálogo ha leído ·que para esto es preciso tratar con usted en esta oficina,
pregunta el precio de estos cuadros.
- Mil francos contestó Barincq.
- Dice este caballero, prosiguió traduciendo Spring, que si le parece á usted
bien dará mil quinientos francos por los dos; y que si la señorita Anie tiene
otros cuadros del mismo género, es decir, que representen paisajes de la misma
comarca y del mismo colorido brillante, probablemente los comprará y quiere
verlos.
- Diga usted á ese caballero, respondió Barincq, que puede ir mañana ó pasado mañana á Montmartre, calle del Avreuvoir; indíquele el itinerario que ha
de seguir para llegar á esa calle.
.
Sin preguntar más, el aficionado entregó su tarjeta á Spring, se despidió con
una ligera inclinación de cabeza y salió de la oficina.
La tarjeta sólo contenía lo siguiente:

NúMERo

óo7

SECCIÓN CIENTÍFICA
LA ELECTRICIDAD EN ALEM AN IA
ASCENSORES ELÉCTRICOS . - GR Ú AS KLÉGTR I CAS. - EMPLEO DE MOTORES
ELÉCTRICOS EN LOS TALLERES

Las aplicaciones eléctricas son más numerosas cada día, y se comprende, pues•
to que la energía eléctrica se presta á una serie de transformaciones que pueden
ser en alto grado favorables para satisfacer las necesidades de la industria.
Entre los país~s de Europa en donde más abundan y prosperan esas aplicaciones preciso es citar á Alemania, cuyos industriales emplran la electricidad
para mover los ascensores, las grúas, las maquinarias de grandes talleres y otras
instalaciones mecánicas.
En las grandes ciudades alemanas son muy nµm erosos los ascensores que
funcionan por medio de la presión del agua procedente del conducto de la distribución general de la ciudad y recogida en un depósito en la parte superior de
la casa ó conducida allí por medio de una bomba y de un motor de gas. Si suponemos un ascensor de una fuerza de 500 kilogramos instalado en una casa
de 18 metros de altura que efectúe 100 viajes al día, el precio de entretenimiento para la carga máxima resultará á 1 1 287 pesetas diarias con una bomba y
un motor de gas, dado que éste consume 900 litros por caballo y hora y que el
precio del gas es de 20 céntimos el metro cúbico, y de 11 '07 !¡ con el agua de
la población calculada á 0'18 pesetas el metro 'ctíbico. En las mismas condiciones, un motor eléctrico realiza igual trabajo por 1'675 pesetas para la carga
máxima y de 0'968 para las dos quintas partes de la carga total, puesto que la
energía eléctrica cuesta 30 céntimos por kilovat y hora. Además de la economía
procurada hay que tener en cuenta que aplicando la electricidad á los ascenso·
res se evitan multitud de complicaciones en la instalación, en la explotación y
en el servicio de los mismos.
Entre las diferentes grúas eléctricas hasta el presente construídas menciona·
remos la instalada en el puerto de Hamburgo para descargar los buques, que re-

LA l LUSTJ.lACíÓN

NúMERO 607

535

ARtÍSTtCA

namiento que puede proden ser parados en el mocurar la transmisión de la
mento mismo en que no es
energía eléctrica en un
necesario su funcionamientaller, hay que tener tamto. Difícil sería, en el esta·
bién en cuenta la mayor
do actual, apreciar axacta·
seguridad que resulta de
mente la economía que
este sistema, pues supripuede resultar del empleo
midas gran parte de las
de tal sistema, pero cabe
transmisiones serán induasegurar que no serán pedablemente men os frequeñas y que compensa·
cuentes los accidentes
rán sobradamente los gaspersonales. Asimismo es
tos efectuados para reemposible con este sistema
plazar las actuales transmicolocar los generadores de
siones. En el primer térmivapor y los motores á bueno de nuestro grabado se
n a distancia cuando su
ve funcionar una máquina
presencia en la fábrica
perforadora portátil colopudiera constituir un pecada sobre un carretonciligro, como sucede, por
to móvil; por medio de un
ejemplo, en las fábricas de
cable fino se toma una deproductos químicos, de
rivación de corriente; á la
pólvora, de aserrar, etc.
izquierda y á la derecha
hay diversos motores y en
Por todas estas razones,
la parte superior un puenlas empresas de este géte móvil que puede correr
nero pueden adquirir gran
en toda la longitud del tadesarrollo y hasta alcanzar
tanta importancia como
ller y transportar las piezas
las del alumbrado.
de un extremo á otro.
En Francia existen po·
Y el día en que las aplicas aplicaciones mecánicas
caciones eléctricas adquiede la energía eléctrica anáran este desarrollo, las esFig. 2. Grúa eléctrica del puerto de Hamburgo
logas á las descritas; puetaciones centrales podrán
den, sin embargo, citarse
utilizar un material que ac·
algunas interesantes instalaciones, especialmente en brica de máquinas de coser establecida en París, en tualmente permanece inactivo y se abaratará consilos talleres militares de Puteaux, en los talleres que la donde las 128 máquinas funcionantes habrían nece- derablemente la energía eléctrica.
Compañía del ferrocarril del Norte tiene en Saint- 11itado una serie de transmisiones complicadísimas.
J. L AFARGUE
Ademas de las ventajosas condiciones de funcioOuen-les-Docks y sobre todo en los talleres de una fá(De La Nature)

,,,-utl·A-18f8PEJrR1s

~

8, F a ub. Saint•Denie
•

,disl.Qan casi IN STANTAN EAM ENTE los Accesos.

DE ASMA.YTODAS LAS SUFOCACIONES.

v~

'°""•

PARIS

~ -

las Fd

TIA 1RK,(/)

-

Lu

PILDORAS~~DEHAUT
DE PARIS

no titabean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco rú el caurancio, porque, contra lo que sucede con
los demu purgetes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
.1 bebidaslortilicantes, cual el vino, el calti,
el U. Cada cual escoge, para purgane, la
hora¡ la comida gue mas le convienen,
se(T'ln su, ocupacionea. Como el cause
c10 que la purga ocasiona queda completamenteanuladopor el efecto de 1~
buena alimentacion empleada,uno
,e decide 111.cilmente 4 volver
··11 empe.ar cuantas veces
sea necesario. "

J
,.~n;:,:::azco":i!'la

"" ......... ...,, flllJa
CAB, LENTE.f.U, TEZ
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........,_.

UIT ~NnPBIILIQOI -

DICCIONARIO ENCICLOPEDICO

Barincq no tuvo tiempo para recibir las felicitaciones de sus compañeros porque anhelaba concluir pronto el dibujo para llevar cuanto antes tan buena noticia á su casa de la calle del Abreuvoir.
Cuando Barincq entró en el taller en que se hallaban su mujer y su hija,
Anie comprendió inmediatamente que había ocurrido alguna cosa agradable.
- ¿Qué sucede?, preguntó Anie con interés.
Barincq contó la visita del americano.
- ¡Hola! ¡Hola!, dijo sonriéndose Anie.
- ¡Hola! ¡Hola!, repitió Barincq como un eco.
- ¡Mil quinientos francos!
Y mirándose uno á otro, hija y padre comenzaron á reir.
- ¡ Hola! ¡Hola!
- ¡Hola! ¡Hola!
La señora de Barincq no tomaba parte en aquella escena de alegría; antes
por el con~rario, mirando á su marido y á su hija con extrañeza les dijo:
- Me admira que podáis reir.
- Me parece, dijo Barincq, que hay bastante motivo.
- ¿No te lisonjea este gran éxito de los paisajes de Ourteau?, dijo Anie.
- No me habléis de Ourteau en la vida, gritó la señora de Barincq.
- Mamá, hemos de ser justos: á Ourteau debo el estar casada con un hombre
á quien quiero con toda mi alma; aquellas tierras de Ourteau me han enseñado
á ver la naturaleza; si no hubiese sido por Ourteau seguiría confeccionándome
bonitas túnicas de papel para pescar un marido que probablemente no encontraría nunca. Y sin mi permanencia en Ourteau continuaría yo pintando cua• dros con arreglo á patrón de taller ... y los americanos no me los comprarían.
Si soy feliz, si tengo en mis manos un medio de vivir con desahogo y de que
vosotros viváis conmigo, ¿no vale esto tanto como una fortuna?
TRADUCCIÓN DE

A.

SÁNCHEZ PÉREZ

Fig.

1.

Vista Je un taller de Berlín que funciona por medio de la electricidad

presenta nuestro grabado fig. 2 . Est~ fijada en un inmenso puente~ móvil que
funciona sobre el muelle, y su mecamsmo va encerrado en un pequeno compar·
ti miento de hierro que sostiene una gran palanca de 10'7 S ~etros: en su extre·
mo hay una polea por la cual se desliza la cuerda que sostiene los. fard?s· La
fuerza de la grúa es de 2.500 kilo_gramo~. Un m?tor de 40 caballos 1mpnme el
movimiento á la cuerda para subir ó baJar las diferentes cargas y otro de 8 ca·
ballos permite hacer girar la palanca y llevar los fardos sobre el muelle. L~ energía eléctrica la suministra la estación de alumbrado del p~erto. Las mamobras
son sencillísimas y pueden ser ejecutadas con toda la rapidez deseable, y para
evitar los accidentes que pudiera ocasionar la rotura de un cable comple_t~n la
instalación una porción de aparatos se seguridad. El empleo _de la electnc1dad
en esa grúa ha permitido realizar notables economías que ascienden á 20 y hasta á 25 por 100 ~obre los sistemas de vapor.
Ocupémonos ahora de la introducción en los grandes talleres_.de l_o? motores
eléctricos que ofrecen ventajas inapreciables. Hasta ahora las transm1s1ones mecánicas se verificaban por medio de largos árboles, poleas y correas que se cruzaban en todos sentidos, sistema que además 4e las muchas complicaciones á
que daba lugar disminuía notablemente los productos, hasta el punto de que no
era caso raro el de que sólo se utilizase como potencia útil el 1 S ó el 20 _por
100 de la potencia total disponible de la máquina. Con los motores eléctn~os
se evitan todos estos inconvenientes. Nuestro grabado fig. 1 representa un importante taller mecánico de Berlín, en donde hay establecida una distribución
de energía eléctrica: cada obrero tiene delante de sí ó á su ~ado una toma ?e
corriente con su conmutador para alimentar el motor que qu iere hacer func10nar: todas las transmisiones intermedias quedan suprimidas y los motores pue-

HISPANO-AMERICANO
Edicl6n profusamente llnstrtda con miles de pequeños grabados intercaládos en el te~to y tirados
aparte, q,ue reproducen las düereotes tspecies de fos reinos animal, vegetal y mineral; los instrumentos
y aparatos aplicados recientemente • la, ciencias, agricultura, artes ~ indostnae; retrat~ de los personajes que más se han distinguido en todos los ramos del saber bum•no; planos de ondades; mapas
geogrificos coloridos; coplas exactas de los cciadros y demb obras de arte mb célebres de todas las

épocas

MONTAN EA Y S IMON, E D ITO R ES

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unido a los

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'16Dico■ mu reparadores.

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VINO FERRUGINOSO ARDUO
ci.uan, ..Eaa• .,_ •11111.&amp;1 Dles años de extto continuado y las afirmaclonea de
toéíu las eminenalu médicas preuban que esta asocl&amp;don de 1&amp; Cllll'lle, el Bierro y la

BAIO LA FORIU DE

CAIUUJ

••la&amp; conaUtuye

BBAVAIS

el reparador maa• enenrtco que se conoce para curar : la Cloról1i, la
A•"', las . l l m i ~ dolorolal, el Jlmpo/Jt'eamtento 11&amp; .Alteracwn ae la Sangre,
el .ICJ(Jllltúmo, las .Afeccu,,u, UCf'O/IIWal Y ucorbllt1C4u, etc. &amp;l l'i•• Perrast■H• de
.&amp;natl ea, en erecto, el único que reune· lodo lo que entona y !ort&amp;Iece loa organoa,
regulariza coordena y aumenta coll81derablemente lu tuerzu ó ln!unde a la san¡re
empobtecfoa y descolorida : el Ylqor, la ColorllCWfS '1 la Jltterqúi ~tisl.

ELIXIR- · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · • de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT

po, Nvor,111Jarit, en wa de J. FBW, rarmaceotico, 10!, rae Riclieliea, Sucesor de AROUD.
.
p vmros BM TODAS u.s PRINCIP.u.BS BOTJ&lt;WI

PW~, Plwmaoie COLLAS, 8, 1'11 DalpB!a

PATE EPILATOIRE DUSSER

,. ... !&lt;u

""""""14' ,.,_.....

~

l'L HIERRO

'I oraoa l&gt;HO&amp;Dllfll DI U. Dl8QTJOII

"EXIJASE,e1~-: 1 ARDUO

?i

(S

1171

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
D10E8TION LENTAS Y PENO■AS
PALTA DI! APETITO

T COK TODOS LOS P:IIKCIPIOS MUTBITIVOS DB U

'

/ !probada por la mouu DE IEDICIH

CARNE HIERRO y QUINA

11 Alimento

/

representa exactamente el blerro
contenido en la economia.Etperimenlado por los principales médicos del
mundo, pasa inmediatamente en la
aanrre, no ocasiona estrellimiento, no
fatiga el estómago, no ennegrece los
dientes.. ló1111ml1t1gota1!ICUIGO■lda,
l1ijue la ltrduua l area.
Da Venta en toda, las Farmacias.
Porl ayor: 40142,r.st-Lazara, Paria,

.J

destruJe ba.!la las RAICES el VELLO del rostro de las damas (Barba, Bigote, etc.), do
peligro para el cutil. SO .a.iio11 de É:1:tto, lmillares de teatimonio1garantlun la eftcacl•
de esta preparacion. (S# vende en oaju,
la barba, 'f en 1/2 01111 para el blgott. ligero). Para
101 brazos, empléee, e! !!lliJ J'UB&amp; DVSSER, 1, rue J ,.J ,•Rouaeeau, P arta.,
niDgllll

rara

�LA 1LusrRAcróN ARrtrrscA

N úMERO

607

(de fotografia)

CHULALONGKORN , , REY DE SIAM

SAVANGWADANA, REINA DE SIAM

(de fotografia)

Las casas extranjeras que deseen anuncia.rae en LA ILUSTRACION ART1STIOA diríjanse para informes á. los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin,
núm. 61, Paris.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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Ftí~ttetl
A:N"O XII

BARCELONA

21

DE AGOSTO

DE

NÚM. 608

1893

Con el presente número repartimos á nuestros suscriptores el tomo tercero y último de la obra de D. Antonio Flores
AYER, HOY Y MAÑANA, con ilustraciones de Nicanor Vázquez

SUMARIO

Texto. -

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTltLAR

M11n1mraciones europeas, por Emilio Castelar. La Exposición de Ckicago, por Eva Canel. -Lo que vi de la
La Indo-China. - Causas del interés que ha tomado por ella
Comt111a de Parls, por Archibaldo Forbes. - Miscelá11ea. la diplomacia universal. - Despejo de incógnitas en las alian•
Nuestros grabad4s. - Una fra11cesa en el polo Norte, por Pe·
zas europeas. - Caracteres opuestos de la India y de la Chidro Mael, con ilustraciones de Alfredo Paris . - SECCIÓN
na en el espacio y en el tiempo. - Elementos de conflicto en
CIRNTÍFICA: La estatua de Claudio Chappe, inventor del te·
la moderna Indo-China. - El sacrificio de Siam. - Los ingle·
llgrafo aireo. - Pasatiempos cientljicos. Ca11Ón improvisado.
ses en Egipto y el jetife de Egipto en Constantinopla. - El
- Libros enviados á esta Redacción por autores 6 editores.
califato musulmán. - Las competencias coloniales entre In·
Grabados. - Un intruso, cuadro cle Paris. - Cuatro graba·
glaterra y Francia. - Conclusión.
dos de la Exposición 1miversal de Chicago, entre ellos La
cFerris Wheel&gt; ( Rueda de Ferris ). - Fwilamiento de com11·
11istas en Francia; El pabellón de Flora en el Lo11vre, después
Durante los días últimos no se habló de otra cosa
del i11cendio; Las tropas de Versal/es agasajadas por los habien
el mundo europeo que de la Indo-China. Próxitan/es del bnlevard Hawsmann; Aspecto del hotel de Vil/e
despuls del incendio. - Los S11cesos de Siam: Vista de la ciudad mos los franceses á un estruendoso rompimiento con
real en Bang-Kok. -El buq11e«Jua11 Bautista Say;&gt; Los bu- Siam, temíamos todos violentfsimos encuentros entre
ques de guerra franceses delante del consulad4 de Francia en los dos Estados, en cuyas incidencias varias pudiera
Bang-Kok . - Tarde de est(o, cuadro de H. Caf6eri. - Estatua encenderse la guerra europea, y tras la guerra euroerigida en honor de Claudio Chappe. - Un cañón improvisado. - Contravapor, cuadro de F. Sallé (Salón de los Campos pea retrogradar el mundo moderno al cesarismo, que
trae aparejada la barbarie. No se concentra la luz inEUseos de Paris, 1893).

telectual en foco tan grande y vivo como F rancia,
para que todos cuantos tenemos el culto á las ideas
podamos convenir sin pena en verlo extinguirse ó
debilitarse sin remedio. Y como en el planeta merezca Europa y en Europa merezca Francia el concepto de un condensador del alma de la humanidad
y de la tierra, todos los hombres y todos los terrícolas que vivimos en ese aire vital del espíritu tenemos obligación de conservarlo, pues lo habemos
menester ciertamente, como han menester de luz
y calor solares todos los seres vivientes. Contando Francia hoy amigos tan dudosos como los rusos y enemigos tan resueltos corno los alemanes, preguntárnonos con anhelo sus partidarios hasta dónde
llegará la increíble amistad de Rusia con Francia,
pues el odio de Alemania sabemos hasta dónde llega,
que es hasta valerse de cuantas coyunturas favorables
se le presenten para hostilizarla, y si es preciso, hundirla. Durante larguísimo transcurso de tiempo nues-

U N I NTRUSO, cuadro de Paria, grabado por Baude
Salón de los Campos Elíseos. 1893

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tro siglo corrió en el tranquilo cauce de la inteligencia y amistad entre Francia é Inglaterra subsiguien·
te á las guerras napoleónicas. Lo mismo la restaura·
ción, que la monarquía de julio, que el tercer impe·
río creyeron indispensable, para preservarse de Rusia
y Austria, unirse con la Gran Bretaña. El abandono
en que Inglaterra, encontrándose al frente y cabeza
de ella un hombre tan de progreso y de humanidad
cual nuestro eximio amigo el gran Gladstone, dejó á
Francia en su conflicto con Prusia, y el tristísimo
acuerdo de no coadyuvar, como Gambetta deseó en
su tiempo, á la ocupación del Nilo con los ingleses,
determinaron una separación entre las dos potencias
más civilizadas y más civilizadoras del globo, haciendo inclinarse y torcerse hacia Rusia á Francia y ha·
cía la triple alianza de alemanes, italianos y austriacos á la pacífica y parlamentaria Inglaterra. Mas
todo esto se halla envuelto en los pliegues de un verdadero misterio. Nadie sabe hasta qué punto es ami·
ga de Francia Rusia. Nadie sabe hasta qué grado
propende á la cuádruple alianza Inglaterra. De aquí
el interés consagrado por todos los políticos á la cues·
tión de Siam. En ella íbamos á 'despejar una incóg·
nita y á ver cómo se agruparían los factores de la ci·
vilización en un verdadero conflicto. Mas, lo confieso, mi curiosidad no llega, magüer mi oficio de cronista é historiador, hasta querer enterarme de lo que
sucederá en el día de la catástrofe, cual no quiero
saber tampoco lo que sucederá el día de la natural
extinción de nuestro planeta. Yo sigo creyendo, sin
fundamento acaso, que si un día chocase Rusia con
su natural enemiga Germanía, los fusiles franceses se
dispararían por sí solos, según el mucho carbón mos·
covita mezclado por el sentimiento público á su pólvora, mientras que si Francia cayese por su mal
dentro de un conflicto análogo al de Rusia con Alemania, se mirarían mucho los rusos antes de auxiliar
al verbo encarnado de la Revolución y de la República. En el mundo esclavón todo entero acaso predominan los afectos de amor á Francia por el correspondiente desamor á Germanía; mas en el imperio moscovita, si reina entre las muchedumbres de
los mujichs el odio á Germanía, entre las gentes de
distinción dura hoy mismo el culto á las ideas hegelianas y á las instituciones francesas, por lo cual se
les ha llamado y se les llama hoy mismo á quienes
tales ideas profesan los occidentales. Mas los verdaderos publicistas del terrón y del terruño ruso parecen
á una enemigos de Francia y enemigos de Alemania.
Yo creo haber leído en los escritores panslavistas á
la última moda que la escuela liberal es el mayor
enemigo de Rusia, que precisa espiar á los liberales
como fieras dañosas y delatarlos al czar sin piedad al
fin de ver si hay ó no jus~icia y los descabeza el verdugo cual merecen, que no tienen título y derecho
alguno al afecto amistoso de Rusia los franceses modernos; y así, lo más interesante de todo en un con•
flicto efltre Francia é Inglaterra era saber hasta qué
punto ayudarían Rusia y los rusos á Francia, como
Alemania y los alemanes á Inglaterra. No debe, por
tanto, parecernos mucho que las gestiones de Rosebery en Londres y las gestiones de Dufferin en París
se hayan reducido á indagar hasta dónde se hallaban
de acuerdo los republicanos con el czar, maltratándolos en el caso de una inteligencia y defiriendo á un
arreglo en el caso de litigar tan sólo por sus exclusi·
vos intereses.
El uso ha llamado Indo-China de antiguo á una
sola región, y esta región lleva el doble nombre de
dos regiones aproximadas en el espacio, pero separadísimas por su naturaleza física y por la índole intelectual y moral de sus respectivos habitantes. Espléndida, multicolor, calurosa, oliente, la India subyuga
ojos y olfato y oído con sus varios matices, con sus
estruendos fragorosos, con sus aromas penetrantísimos, con su vida rebosante y de plétora, la cual, á
modo de gigantesca erupción, estalla en fulguraciones volcánicas, dentro de cuyas vivas llamaradas y ardientes hervideros se contienen seres innumerables y
parecidos al polvo de átomos encerrados en las emanaciones del sol. Aquellos fuertes ardmas de la canela y del sándalo mezclados con las evaporaciones
mia~máticas del juncal espeso y rojo; aquellos jugos
que ahora os dan latidos tales como si la sangre se os
doblara en las venas, y ahora os matan como un veneno sutil; aquellas palmas bajo las cuales penden
los cocos y los dátiles, así como aquellas lianas cargadísimas con ramilletes y guirnaldas de gayos colores junto á molestos insectillos de voraces aguijones;
tantas bellezas unidas con los microbios coléricos que
se difunden desde los pantanosos ríos á los aires, con
las víboras y las serpientes que alzan sus áspides de
las entreabiertas fauces y silban, con los tigres que despiden del centelleo de sus ojos y del maullido de sus
gargantas fosfóreos ecos de muerte sobre aquella
gestación infinita de seres, todos embriagados por el

exceso de la vida; tales contrastes, tan lejanos del desierto semítico cual de la serenidad helena, forman
uno de los más extraños conjuntos que jamás hayan
podido verse bajo el cielo, cual si, en vez de pertenecer tal región á este nuestro planeta, perteneciese á
otros espacios más animados por el éter en otras fajas
de lo infinito. Poned sobre aquel teatro las amplias
piscinas religiosas sombreadas por sacros árboles, á
cuya sombra los fieles se bañan; las capillas cargadas
de amuletos y exvotos, donde los bracmanes se dan
á sus múltiples devociones; las pagodas de mármoles
y oro, parecidas por su brillo á monumentos labrados
con pedrerías; las plantas litúrgicas, á la universal
adoración asignadas por los dioses, mostrando varias
de sus ramas teñidas en púrpura y otras varias plateadas, con lo cual prestan á la vegetación tonos metálicos; las rocas, por cuyo~ boquetes creen los fieles pasar de un estado de su ser á otro estado, y decidme
luego si puede una externa y material naturaleza concordarse mejor con la índole íntima y con el espíritu
interno de aquellas gentes que produce y cría. ¡Cuál
contraste con China! Esta se parece mucho á las regiones occidentales de nuestra Europa y á las regiones varias de la América del Norte. Si bien por el
Thibet y la Tartaria entra territorio tanto en las regiones boreales, mientras por la Indo-China entra en
las regiones tropicales, la uniforme planicie del centro
presta por su parte también monotonía y uniformidad indecibles, así al imperio como al pueblo. En el
incendio casi solar de aquella extremada vida india,
la fantasía de su población aria estalla como una
grande fulguración astral, enviando en las nubes de
humo rojizo, en los océanos de fuego voraz, en las
cataratas de materias candentes á lo infinito, diosas
y dioses sin número. En China la planicie uniformemente verde, la cordillera tirada según líneas regula·
res, los ríos de llanas orillas y de fácil navegación invitan á la medida y al cálculo y á la proporción, por
lo cual quizás este pueblo extraño hace de las matemáticas como una teología, de los números como
unos dioses y de las medidas como unas leyes. Bien
opuestas India y China en verdad; mas á pesar de
opuestas, han reunido sus nombres para darle á gran
parte del Asia tal dispar denominación. Así como la
India se asienta en la península gangética, se asienta
en otra península cercana la Indo-China, e n la península transgangética. Con la palabra Thai designanla sus habitantes, que significa tierra de libres. La
parte más característica de toda ella por su nativa
congruencia con el medio ambiente y de mayor importancia por su grandeza y por su población, es el
disputadísimo y litigioso imperio de Siam, por quien
hemos estado á dos dedos de la guerra universal. Encerrado entre la Birmania de los britanos y el Cambodge de los franceses, con cinco millones de habitantes en espacio de una extensión mayor que la extensión de Francia, los grandes ríos que lo bañan,
llenos de cocoteros y de bambúes, le prestan su carácter propio de inmensa marisma, cargada con arrozales inacabables, que le dan grandes riquezas, y provenida ele aluviones con detritus océanicos, que le dan
la inconsistencia casi de un barco, pues no parecen
otra cosa sino naves sus cabañas casi acuáticas, movibles de continuo, á cuyas puertas nadan los ánades
con los cisnes, por cuyas cercanías se pasean los elefantes y saltan los monos, sobre cuya techumbre gritan las monstruosas iguanas.
Nos hemos detenido ante la región esta, no ciertamente por entretenernos en meros recreos descriptivos, por caracterizar con sus elementos de vida sus
elementos de conflicto. A su cabeza China, . y á sus
pies el mar indico, y á un lado Birmania, y á otro
lado Cambodge y Annam y Tonkín, no hay para qué
decir cuántos conflictos puede suscitar con las naciones que se llaman protectoras de sus aguas y de sus
tierras, no hay para qué decirlo, mucho más cuando
son estas dos naciones, una tan colonial de antiguo
como Inglaterra, y otra con tan grandes tenacidades
i colonial aspirante como Francia. Basta decir que
la corriente fluvial mayor de Indo-China, el Mekong,
tiene una porción de factorías y poblaciones francesas, así como diversos pueblos ribereños admiten un
protectorado francés, para decir cómo se disputarán
tácita ó expresamente los situados en este punto con
los ingleses situados en Birmania el imperio de Siam,
mediador plástico entre ambas regiones, que puede,
á guisa de puente levadizo echado sobre las aguas,
levantándose ó bajando de continuo á voluntad, separarlas ó unirlas. Reíos de los barcos franceses apresados por Siam, del mal tratamiento .inferido á los
comisionistas, del disparo hecho sobre las cañoneras;
todo eso es á la postre un conjunto de bien buscados ó bien invenidos pretextos para que Francia crez·
ca y Siam decrezca en el Mekong. Y extendido Siam
entre Birmania inglesa y Cambodge francés, no quiero deciros que toda mengua de Siam por las fronteras

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608

vecinas á Francia daña de rechazo á Inglaterra por
causa de las fronteras birmanas, y que todo paso de
Francia se halla sujeto á suscitar grandísimas aprensiones en el inmenso imperio británico. Por eso cuando un día supimos el ultimátum francés á Siam que
demandaba mayor espacio en el Mekong, y tras el ultimátum vimos el bloqueo, recelando que con Francia
estuviese Rusia y con Inglaterra Germanía, temimos
la conflagración universal. Pero el carácter industrial
y mercantil, mejor dicho, el carácter trabajador de
Inglaterra presta indudablemente á la grande nación
un amor de la paz europea, muy análogo con el que
siente la reptí.blica sajona en el Nuevo Mundo por
la paz universal. Y, amén de este carácter, Inglaterra
tiene hoy al más humanitario de sus estadistas en la
cabeza del gobierno, y este grande humanitario se
halla metido en el problema de mayor dificultad que
planteara en su vida, la reconciliación de I nglaterra
é Irlanda. El proceder prudentísimo y conciliador y
mesurado de lord Rosebery concuerda con esta situación del británico imperio en tan difíciles instantes, y sirve á la política gladstoniana con suma fidelidad en el mundo, al conjurar ese conflicto, contra
lo que decían y aseguraban supersticiones bien infundadas, aunque muy extendidas, al punto de parecer
universales. El ministro de Relaciones Exteriores no
ha querido proteger muy resueltamente al rey de
Siam, ó sea «el padre de la vida, » como le llaman sus
vasallos, y ha dejado que Francia se dilate á su gusto
por los ríos y lagos vecinos á las posesiones suyas
declarando intangibles los territorios antes birmanos
y hoy siameses por cesión de Inglaterra, sitos allende el r 8° de latitud. Así ha querido establecer la,
especie de neutra zona, indispensable al amortiguamiento de todos los choques posibles entre Francia
é Inglaterra en aquellos espacios. H echo esto, conseguido esto, no tenía Inglaterra interés ninguno en que
Francia se dilatara más ó menos por el Mekong y en
que Siam perdiera más ó menos aguas en la fangosa
marisma, sobre cuyos caños y canales se levanta este
inmenso imperio. Evitar un conflicto de graves consecuencias para la paz intercontinental; evitar un bloqueo del Menan y del Mekong, que hubiese dañado
al comercio británico en aquellos apartados territorios; averiguar hasta dónde llega el afecto amistoso á
Francia de Rusia y qué impaciencia tiene Alemania
por el rompimiento de hostilidades con Francia: he
ahí todo lo capital ocurrido en las disidencias últimas entre los dos Estados libres, terminadas ya por
un definitivo arreglo en que ambas á dos acaban de
sacrificar á Siam.
H artos motivos de disentimiento hay entre Fran
cia é Inglaterra por la ocupación del Nilo, para que
vengan las cuestiones del Mekong ahora y aflojen
más y más los lazos indispensables al progreso uni·
versal. Sobre si había el joven virrey egipcio de ir ó
no al Bósforo, hase armado contienda diplomática
entre los embajadores de una y otra potencia, tan
grande, que han colocado en gravísimo aprieto y apu•
ro al sultán turco, necesitadísimo de unos y de otros.
La fama, desde los comienzos del reinado de Abbas,
imputaba un despego intensísimo del joven colegial
teresiano á los tutores británicos, por detentarle su
tesoro y ocupar militarmente su imperio, so pretexto
de mantener el canal por completo libre y de conjurar las irrupciones nubias, á cada instante amenaza•
doras del bajo Nilo, y por lo mismo dañosísimas á
la independencia y á la integridad del Egipto. L'l
fama no marró en sus aprensiones, pues ha poco tiem·
po quiso el secuestrado monarca medir toda la extensión de su autoridad, nombrando un gobierno de su
confianza, y tuvo que ceder á las imposiciones extranjeras, empeñadas en guardar allí un gobierno británico. Con suma facilidad se alcanza, por ende, cuánto
contenderían entre sí los diplomáticos rusos y franceses de un lado y los diplomáticos alemanes y britá·
nicos del otro acerca de la expedición á Bizancio de
un vasallo bizantino tan sujeto á triste vasallaje por
la gente cristiana. E n razón de los territorios asiáticos, Rusia; Inglaterra, en razón del imperio indio,
donde hay tantos musulmanes; Francia, en razón de
su Argelia y de su Túnez, pueden llamarse potencias
islamitas y han por fuerza y necesidad de tratar y
extenderse con las autoridades instituidas por el Alcorán y por las tradiciones alcoránicas en el planeta. Y
la institución alcoránica por excelencia en el mundo es
el califato, equivalente dentro de sus condiciones
propias al grande Lama del Thibet, al Papa de Roma y al Patriarca de Grecia. La posesión del califato
fué así la piedra preciosa, por cuyo logro lucharon
los Absidas con los Omniadas, parientes del Profeta,
en una guerra de exterminio, y por cuya representación se dividieron estas dos familias cercanas, pero
enemigas, sentándose la una en el trono de Damasco
y la otra en el trono de Córdoba. Nada más tentador
al sultán que ser califa, sobre todo á este sultán sa

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539

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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KXPOSICIÓN UNIVKRSAL DE CHICAGO. - El edificio de F rancia, dibujo de E. Limmer

bio é idealista, hoy reinante sobre Constantinopla;
pero su origen tártaro, su sangre mogólica, su apartamiento fisiológico de las razas árabes puras le impiden completar su autoridad política con su autoridad religiosa, por vinculada esta última en gente del

Yemen, según la liturgia alcoránica, gente que haya
nacido bajo las palmeras, cuyas melodías unísonas
acompañaron la voz del profeta en los oasis de Arabia y e·n las riberas del Nilo, así como que haya de
sus abuelos recibido aquella sangre, cuyo carmín ten-

'

dió una estela roja de conquista desde -los campos de
Bagdad hasta los campos de Poitiers. Mas en el asalto con que á diario la gente cristiana de todo el mundo arremete á la gente del Islam, cuando en los Bal·
kanes ha perdido tantos florones trocados en gobier-

l!XPOSICIÓN UNIVKRSAL Dlt CHICAGO, - Los edificios de Suecia y de la India, dibujo de E. Limmer

�LA l LUSTRACIÓN

540

ARTÍSTICA

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608

ca y al Estado de Illinois, es el colmo de todos los mamarrachos y de todas las herejías artísticas que aquí
se han cometido. La estatua está hecha de staff, una
composición de yeso y fibra vegetal que da al yeso
consistencia y de la cual están asimismo revocados
todos los edificios por dentro y por fuera. El staff
puede ser muy consistente como yeso, no lo dudo,
pero como combustible tampoco tiene precio; de ahí
que cuando prende el fuego en el staff no se acabe
sino con la destrucción completa de lo incendiado.
No se han contentado estos señores con que la estatua fuese blanca, y le han dado un baño amarillo
que causa impresión á los aldeanos; no falta quien
crea que es de oro, porque las cosas se aprecian se·
gún las personas que las poseen.
Los norteamericanos tienen fama de ricos, rumbosos y derrochadores, y aunque los dos últimos calificativos no les cuadran, se les atribuyen maravillas
que no hacen.
Resultado: que así como la rueda merece conocerse, la estatua merece conocerse también... por lo mala. Pero que no lo sepan los yankees.
EVA

CANEL

Chicago, 25 de julio &lt;le 1893

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=.
EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. - Parte del pórtico que un.e el Palacio de Máquinas y el de Agricultura

nos eslavos; cuando Chipre y Túnez acaban de caer
en manos infieles; cuando Grecia le pide desde las
últimas islas restantes bajo la media luna en sus mares hasta los desfiladeros de Macedonia y requiere
de su patrimonio Italia Trípoli; cuando Rusia le detenta Crimea y Georgia, extendiéndose cada día más
por Armenia y grabando en sus escudos desde el
Ararat y el Cáucaso hasta las montañas del Gran Mogol en Tartaria, justo debía parecer á los musulmanes
dar de mano á todas las aprensiones más ó menos supersticiosas respecto de sangre más ó menos límpida,
reconociendo por califa de todos los creyentes al heredero único de aquellos sultanes antiguos, que dieron al Alcorán, cuando perdía su Granada en Occidente, la mayor de sus victorias, el triunfo sobre Constantinopla en Oriente. Hase notado mucho que Abdul-Assis trata como vasallo al buen Abbas, no llevándolo consigo á las mezquitas en las ceremonias
solemnes; pero como amigo también, habiéndolo alojado en sus jardines del Bósforo; y ¡cuánto, al verse
todavía con reyes por vasallos, las ideas panslámicas,
nunca en el Bósforo apagadas, habránse por todas
partes difundido á la vista de aquellos dos interlocutores, enamorados de las grandezas pasadas con un
amor que sólo experimentan los nacidos para representar las irremediables decadencias presentes! ¡Cuál
número de veces le habrá referido el uno, salvado de
Rusia por Inglaterra, en el tratado de Berlín, que
borró la humillación de Andrinópolis, al otro, pupilo
de Inglaterra todavía, el momento de la toma de
Constantinopla por un ilustre antecesor suyo, cuando los aires se poblaban de viajeras golondrinas mientras los campos de blancas tiendas; y el sultán, después de haber orado á Dios y tenido con sus generales consejo, en una mano cogió la cimitarra de Ostman y en otra mano el libro de Mahoma, con una
mirada penetró en el cielo de la oración y con la otra
mirada empujó á sus pies los cañones, y tras sesenta
horas de terribles encuentros en torno de los muros,
donde pereció el postrer Constantino, las espadas volvieron á sus vainas y los arcos ál ángulo de su reposo, el humo de los combates se desvaneció en el cielo y cayó sobre la tierra el polvo, porque á la campana maléfica difundiendo blasfemias en el aire siguió el piadoso muezín entonando desde los alminares palabras laudatorias de Alá y sobre Santa Sofía
brilló la media luna que ampara y esclarece á los
buenos!
Madrid, 5 de agosto de 1893.
••,.,••..•.,•••••.,••..•.,.•.. ,.,•••••.,......,.............,•.,••.,•.,.••.•.,.•,.•.,....,.,.,1.,..•• ,.•••••,.•..,.,.•..••,•••.,.,.

~

LA EXPOSICIÓN DE CHICAGO (1)

I
El monumento, por así llamarlo, que los yankees
presentan para emular la gloria de Eiffel y achicar las
proporciones de su gigantesca torre, es la rµeda idea( l) Con este artículo comenzamos la publicación de la se-

rie de los que sobre la Exposición universal de Chicago escri·
be desde aquella ciudad expresamente para LA ILUSTRACIÓN
ARTÍSTICA nuestrn corresponsal la notable escritora Eva
Canel.

da y llevada á cabo por el ingeniero Ferris, que uno
de los grabados reproduce.
La «Ferris Wheel» es una mole que tiene 755 pies
de circunferencia por 250 de diámetro. Su complica·
da maquinaria está movida por la fuerza de dos mil
caballos, aunque no usa ni necesita más que cien libras de vapor, á decir de los que la manejan.
Los vagones que claramente se distinguen en el
grabado tienen dos filas de asientos, clavados á cada
lado del coche aéreo, y están por precaución cerrados hasta la mitad con cristales. En estos asientos
caben cuarenta personas y si es día de apuro van holgadamente otras veinte de pie.
El sistema de entrar y salir se hace sencillamente:
en las p1ataformas descansan tres vagones á un tiempo y cada vuelta se detienen para echar afuera á los
que han dado las dos á que da acción el medio peso
que se paga por darlas.
.
El efecto que producen estas vueltas resulta admirable: el panorama que se descubre es delicioso, y
sobre todo el conjunto de la ciudad inmensa y extensísima, con sus hermosos campos, apenas poblados
de casitas que semejan chalets suizos, y con su atmósfera negruzca y cerrada por el humo que se escapa
de tantos miles de chimeneas es nuevo y asombroso.
Aumentemos las vistas naturales con la grandiosidad
aparente de los edificios que constituyen la Gran fe·
ria del mundo, y con el lago inmenso que la baña,
internándose en su recinto por medio de canales que
surcan pequeños botes de nafta y poéticas góndolas
más ó menos venecianas, y tendremos, si nos hacemos
cargo de todo esto, que verdaderamente es la «Ferris
Wheel» lo más llamativo de la Exposición.
Otra de las cosas en la cual fundan los chicaguenses su orgullo artístico es el peristilo del que repro·
duce otro de los grabados la mitad con el arco central y el edificio destinado á conciertos que á su lado
se halla. A este edificio le hace pendan! el «Casino.»
El peristilo se compone de 48 columnas que representan los Estados y Territorios de la Confederación
americana.
Sobre cada columna hay una estatua masculina representando las razas india y caucásica; por cierto
que se advierte en el desnudo muy desnudo de los hombres blancos que ya las remilgadas norteamericanas
soportan sin ruborizarse el arte en todas sus fases y
con todas sus consecuencias.
E ra tiempo; pero la verdad es que no veo la necesidad de estas desnudeces en estatuas de tan escaso
valor y de tan poquísimo mérito, mal que pese á los
americanos.
El arco central llamado «Colombino» tiene apariencias de grandiosidad; pero si reparamos en el
grupo que lo corona, advertiremos que los yankees,
ni las cosas grandes, que son su fuerte, pueden hacer
completas. El carro triunfal, los caballos, las mujeres
que los sujetan, los caballeros que se ven á los lados
y el Colón que de pie sobre la carroza pregona su
triunfo previendo su apoteosis, parecen figuritas para
rematar un ramillete de confitería.
La colosal (por lo grande) estatua que sobre pedestal
de cemento surge &lt;iel canal y representa á la Repúbli-

. Conforme ofrecimos en nuestro númerq anterior,
diremos hoy algo de los edificios que Francia, Suecia
y la India han levantado en la Exposición de Chicago y cuyas vistas reproducen nuestros grahados de la
página 539.
El palacio del gobierno francés es de estilo del
Renacimiento y tiene su fachada principal delante
del lago Míchigan: dos pabellones laterales salientes
cierran un jardín en el cual se ve una hermcsa fuente de bronce. En uno de estos pabellones está la interesantísima instalación de la ciudad de París, ya conocida 'por haber figurado en otras Exposiciones; en
el otro se exponen reliquias, documentos, armas y
otros objetos relativos á Lafayette, el héroe francés
que en la gran guerra de la independencia americana
puso su espada al servicio de Wáshington y que todavía hoy es un lazo de unión entre Francia y la
América del Norte.
El palacio de Suecia es una notable reproducción
de un ejemplar de la arquitectura sueca de los siglos
xv1 y xv11 con sus curiosos pabellones, cúpulas y torrecillas. Aun cuando Suecia, que posee en Jackson
Park su edificio independiente del de Noruega, no
tiene relación histórica alguna con América, la exposición de productos de sus industrias y artes y de muchos objetos dignos de atención que tiene instalada
en aquel edificio es bajo muchos conceptos interesante. Artículos de oro, plata, cristal y porcelana, minerales, telas, etc., etc., llenan los amplios salones,
embellecidos además con multitud de cuadros y retratos. En los pabellones de los ángulos, cuyo interior presenta un aspecto altamente artístico, se admiran preciosos muebles, tapices, cortinajes, bordados
y otros objetos de arte.
Enfrente del palacio de Suecia álz'lise un gran pabellón construído según la pintoresca arquitectura
india, cubierto de filigranadas labores y de adornos
el_egantísimos: no es un edificio levantado por el gobierno; es simplemente un establecimiento en donde
se sirve te y junto al cual se encuentra un bazar en
donde algunos indostanos de atezado rostro venden
objetos de bronce, marfil y madera delicadamente
labrados, y telas, bordados, chales y tapices en tanta
cantidad que llegan á formar verdaderas montañas.
Por desgracia en todos estos productos se advierte
la influencia de la cultura europea, con lo cual dicho
se está que han perdido gran parte de sus encantos
las antiguas labores genuinamente indias.
En el reducido espacio que queda entre los palacios de Suecia y de la India circulan los trenes del
forrocarril sobre estacas que los americanos han cónstruído en J ackson Park á imitación de los aéreos que
existen en Nueva York y en Chicago: á 10 metros sobre el nivel del suelo deslízanse sobre los rieles esos
trenes que mueve la electricidad y que constituyendo
el único medio de comunicación dentro de la Exposición, apenas bastan para transportar á la multitud
de visitantes cansados que desean trasladarse cómodamente de un lado á otro. Esta escasez de medios
de transportes es uno de los grandes inconvenientes
que allí se notan, pues las distancias que hay que recorrer á pie son á menudo de cinco y hasta de ocho
kilómetros. Parece mentira que á los americanos,
hombres prácticos si los hay, no se les haya ocurrido
instalar en el parque J ackson un ferrocarril del sistema Decauville, que de fijo hubiera producido pingües ganancias. - A.

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICA GO

La &lt;Ferris Wheel&gt; (Rueda de Ferris), carrousel aéreo de gigantescas proporciones. Dibujo de E. Limmer

�54 2

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LO QUE VI DE LA COMUNA DE PARIS

III
De corta duración fué el intervalo de quietud .en
París durante la tarde del lunes 23 de mayo. Antes
de media noche, en ocasión de hallarme en mi hotel
Chaussée d'Antin, tumbado en el sofá y vestido aún,
comenzó otra vez el fuego, y no pude dormirá causa

bulevard de los Capuchinos, vi que aún le guardaban
considerables fuerzas de guardias nacionales, la mayoría de éstos embriagados, pero notábase en los demás mucha animación. La-barricada que había entre
el principio de la calle de la Paz y la esquina de la
plaza de la Opera, y que los cañones de Versalles habían destrozado en parte la víspera con su nutrido
fuego desde la Magdalena, habíase reparado completamente y estaba ahora reforzada con varias piezas

Fusilamiento de comunistas

NúMERO

608

de la Chaussée d' Antin, y dirigíanse hacia el Este
por las más estrechas calles, en vez de atravesar el
ancho bulevard Haussmann.
Entre las diez y las once, los que estábamos en el
hotel oímos el estrépito de un nutrido fuego á espaldas de la Cité d' Antin; y corriendo hacia la calle
Lafitte, observé que los de Versalles habían recobrado la plaza de Nuestra Señora de Loreto, el triángulo de barricadas en que me vi comprometido la tarde anterior, y que se abrían paso ah0ra á lo largo de
la calle de Chateaudun, que desemboca en la calle
de Lafayette, muy al Este de la Cité d' Antin.
Entretanto, manteníase un fuego infernal á lo largo del bulevard Haussmann, tanto que mi hotel corría
peligro de quedar cercado. Desde la calle de Lafayette, á la cual me atreví á volver, pude observar la barricada que los comunistas habían levantado en el
punto de confluencia con la calle de Chateaudun, á
lo largo de la cual hacían un fuego espantoso los federales. Sin embargo, éstos retrocedieron al fin después de una tenaz resistencia, y los de Versalles ganaron la posición dominante. Yo vi á los del calzón
en~arnado trepar por la barricada á medida que iban
saliendo por la calle de Chateaudun, y posesionarse
de la que había á través de la de Lafayette por lo
cual hicieron un fuego horroroso que alcanz~ba á la
extremidad del bulevard Haússmann, mientras que
otras tropas del Go?ierno hacían nutridas descargas
en esta vía, protegiéndola el fuego de cañón que
describía una parábola sobre sus cabezas. D~ este
modo los destacamentos comunistas que aún quedaban cerca de la extremidad del bulevard Haussmann,
no muy ~uertes por el número de hombres, pero sí
muy obst~nados, fue:on sorprendidos de frente y por
,retaguardia, y en ngor también de flanco porque
un fuego de carabina les alcanzaba á lo la;go de la
Chaussée d' Antin desde la iglesia de la Trinidad.
, Observaré de paso que, hallándome en la extremidad de una proyección al pie de la calle de Lafayette
m~ vi cogido entre tres fuegos; no se veía un sol~
paisano de puertas afuera, y hasta las mujeres tan
aficionadas á los fragmentos de bombas hallábanse
entonces á cubierto. Los comunistas, vi~ndo que el
bulevard Haussmann era demasiado peligroso para
ellos, aband~náronle uno tras otro, aprovechándose
de la protección que les ofrecía el teatro de la Opera.
A pesat de todo, las fuerzas de Versalles retrocedi:ron; de modo que á las dos y media no habían recorrido todo el bulevard Haussmann hasta más allá del
teatro de la Opera: era evidente que no querían exponerse más. A eso de las cinco y cuarto los comunistas bloquea~an á 1~ columna con un fu ego intermitente: dos minutos a paso de carga habrían bastado
para que las tropas regulares se apoderasen del bulevard en toda su extensión; mas no quisieron hacer
este esfuerzo, prefiriendo abrirse paso á través de
las casas, derribando paredes, para hacer fuego despu~s po~ las, ventanas. Así quedó libre la calle para 1a art1llena y las ametralladoras, y á fe que no
se escaseó su fuego. Las granadas y balas pasaban
por delante de mi esquina como un huracán· oíase
sin ces~r el silbido de los proyectiles y el es:répito

del ruido que producían las bombas en el inmediato y ametralladoras. Los oficiales comunistas me asegubulevard Haussmann. En los intervalos que media- raron que el fuego oído durante la noche era princiban entre los cañonazos percibíase el estrépito de las palmente el que ellos hicieron· desde la barricada,
ametralladoras, y podía oir cómo rebotaban los pro- tan nutrido que obligó á los de Versalles á retirarse
yectiles en el asfalto del bulevard, en tan considera- de su posición de la Magdalena. ·
ble número, que hubiérase dicho que granizaba. AlEste informe se confirmó hasta cierto punto por
gunas veces oía también el rumor de un fuego más el hecho de que los grandes bulevares no sufrían ahodistante, pero no me fué posible determinar en qué ra el fuego de la artillería de Versalles. Tuve el hodirección.
nor de tomar café con algunos hospitalarios guarAquello continuó toda la noche, sin que al amane- dias nacionales, que estaban bastante bebidos, y descer cesase tampoco el ruido. Apenas rayó el alba pués dirigíme hacia el palacio real para averiguar
aventuréme á ir hasta la peligrosa esquina de la ca- qué había ocurrido durante la noche en las calles de
lle de la Chaussée d'Antin, y asomando la cabeza San Honorato y de Rívoli. Algunas de las calles tracautelosamente, miré hacia el bulevard Haussmann, veseras habían padecido mucho á consecuencia del
que presentaba un espectáculo desolador. En la ancha fuego de cañón, que aún continuaba, aunque no con
vía veíanse diseminados algunos cadáveres, y otros tanta fuerza; pero las barricadas de la plaza del Pajunto á las puertas de las casas; varios de ellos hallá- lacio Real conservábanse intactas aún y armadas, y
banse en parte ocultos por el ramaje de árboles que la la que cruzaba la calle de Rívoli en su punto de
tempestad de proyectiles había tronchado; los faroles unión con la plaza de la Concordia hallábase todavía
y los kioscos estaban completamente destrozados, y en poder de los comunistas, prueba evidente de que
veíanse sus fragmentos esparcidos en todas direc- las tropas de Versalles no habían podido tomar aún
ciones. ·
la plaza. La calle de San Honorato, que recorrí en la
Por esta parte no habían avanzado seguramente dirección Oeste, estaba defendida por varias barrica.
las fuerzas de Versalles durante la noche, y hasta pa- das, en las que vi destacamentos de hombres embriarecía en cierto modo que habían retrocedido y que gados, pero resueltos al parecer á defenderse. La balos comunistas ocupaban posiciones abandonadas por rricada más fuerte se elevaba en la confluencia de
ellas el día antes. La gran batería de los primeros, la calle de San Honorato con la calle Real. Aquí
situada enfrente de los cuarteles de la Pepiniere, en la presencié un hecho de los más extraños que había
extremidad del bulevard Haussmann, posición que los visto hasta entonces. Los de Versalles ocupaban con
de Versalles tomaron la mañana anterior, hallábase numerosas fuerzas la calle del Arrabal de San Honoahora silenciosa; pero estas fuerzas tenían como pun- rato, que era la continuación de la de San Honorato,
to avanzado la pequeña batería situada en la intersec- al Oeste de la calle Real; de este modo hallábanse á
ción de la calle de Tronchet, de la que se habían retaguardia de la gran batería comunista que daba
.... .,
apoderado la víspera. Sobre ese punto, la batería de frente á la plaza de la Concordia, y sin embargo, no
la Pepiniere rompió muy pronto el fuego de cañón y podían tomarla por retaguardia á causa del fuego
ametralladoras, dirigido á la extremidad oriental del cruzado de la barriada que había á través de la calle
bulevard, donde algunos guardias nacionales, aprove- de San Honorato. Además de esto, hallábanse blochando cuanto podía servirles para resguardarse un queados por el fuego que los de Versalles hacían despoco, disparaban algún tiro de vez en cuando.
de el palacio del Cuerpo legislativo á través del SeLos sargentos comunistas corrían por los lados de na, dirigido contra la batería comunista, situada al
las calles, ordenando á los inquilinos de las casas que pie de la calle Real y que batía aquella encrucijada
cerrasen las ventanas, pero dejando abiertos los posti- por retaguardia.
gos: esta precaución tenía sin duda por objeto evitar
Hacia la Magda!ena no se veían ya tropas de Verque los partidarios de Versalles hicieran fuego contra salles, por más que hubiesen llegado la víspera con nulos insurgentes desde sus moradas. Debe advertirse merosas fuerzas para ocupar este punto, que al pareque por parte de los comunistas no se había intenta- cer proponíanse conservar. Evidentemente, su táctido nunca ocupar las casas para hacer fuego desde ca era no arriesgarse y economizar vidas en cuanto
ellas contra sus enemigos; habíanse contentado con fuese posible. Un ataque directo á ló 'largo de aquel
utilizar sus barricadas y todo aquello que en las ca- ancho bulevard les había costado, en efecto, mucha
lles podía escudarles de una manera ú otra. Los de sangre; y como los del calzón encarnado habían saliVersalles, por el contrario, según se dijo, habían ocu- do hacía poco de su cautividad entre los alemanes,
pado las casas y hacían fuego desde las ventanas. Yo no tenían grandes alientos. Muy pronto se vió que el
no puedo asegurarlo, porque no lo vi; pero sí diré sistema de los jefes de Versalles durante la noche
que procedían siempre con la mayor prudencia, y que había consistido en retroceder para saltar mejor.
excepto en casos aislados no habían sido muy emDe regreso á mi hotel, reconocí cómo las tropas de
prendedores ni hubo nada notable en la lucha cuer- Versalles se preparaban para efectuar un gran movi- de los cristales que se rompían; mas tan escasos eran
po á cuerpo.
miento por su izquierda. El día antes habían-llegado á · los defensores, que apenas murió algún hombre por
A eso de las seis fuí á dar un paseo, aunque no era la estación de San Lázaro, al parecer en su marcha efecto de aquel gasto de municiones, aunque es pro,
cosa nada agradable en tales momentos y se debía sobre Montmartre; ahora se habían apoderado de la bable que se resintieran los nervios de los pocos coproceder con la mayor circunspección. Llegado al plaza é iglesia de la Trinidad, á la entrada de la calle munistas que allí habían quedado. Indudablemente

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543

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Las tropas de Versalles agasajadas por los habitantes del bulevard Ilaussmann

su posición era desesperada, y debieron reconocerlo
así, mas parecían empeñados en resistir hasta lo últitimo. Sus esfuerzos fueron realmente heroicos; cuando todo parecía concluído, cogieron un cañón no sé
dónde, acercáronle á la entrada de la calle de Halevy, é hicieron fuego contra la posición enemiga en
la iglesia de la Trinidad. Aquello fué un caos espantoso, á la vez que imponente: no pude presenciar
más que un episodio; pero el estrépito que llenaba el
aire indicábame que también se libraban combates
en otros puntos. Sobre el humo de la pólvora el sol
brillaba alegremente, y á pesar del olor de aquélla y
de las emanaciones de la sangre, la atmósfera parecía embalsamada. Era uno de aquellos días en que se
apetece reposar sobre la hierba bajo la copa de un
árbol frondoso, viendo cómo retozan los corderos,
muy lejos de pensar en estas sangrientas luchas de
los hombres que se aniquilan con saña cruel y feroz.
Durante una hora ó más, mis vecinos los comunistas, que habían recibido refuerzos, dieron tregua á
las tropas de Versalles á fin de bajar por el bulevard
Haussmann, y otra vez contestaban al fuego de lastropas leales desde la iglesia de la Trinidad y la barricada de la calle de Lafayette. La casa de la esquina de
la derecha de la calle de la Chaussée d' Antin, cuya
proyección me servía de refugio, acababa de incendiarse, con no poca desesperación mía; pero antes de
que las llamas pudieran molestarme seriamente, era
probable que la peligrosa crisis terminara. Furioso y
mortífero era el fuego á mi alrededor, pero sobre todo hacia el teatro de la Opera; á intervalos vi algunos combates casi cuerpo á cuerpo en el espacio libre
que había enfrente de mf, y también observé que varios hombres avanzaban á lo largo del edificio por
debajo del alero del tejado. Como no me era posible
distinguir el color·del pantalón, no sabía con certeza
si eran soldados de Versalles. Una mujer se había reunido conmigo en el sitio en que me hallaba, y hubiérase creído que tenía algún amuleto para preservar
su vida, pues una y otra vez avanzó en medio del
fuego, mirando con la mayor calma á su alrededor. y
.volvió para referirme con singular volubilidad los detalles de cuanto había visto. Estaba convencida de
que los soldados que avanzaban eran los de Versalles, aunque, según le indiqué, la bandera roja ondeaba aún sobre la estatua en la cúspide del alto edificio.
Los que estaban en el hotel, á nuestra retaguardia,
parecían participar de la misma opinión, y agrupados
tímidamente en la puerta cochera, gritaban «¡Bra,
vo!, » aplaudiendo calurosamente porque creían que
los de Versalles llegaban.
La mujer tenía razón; soldados de línea eran los
que llegaban, protegidos por el parapeto del teatro
de la Opera, y la gente del hotel corrió en medio del
fuego agitando los pañuelos y aplaudiendo. La bandera tricolor ondeaba sobre el pórtico más próximo,
y la roja en la extremidad más lejana. De repente vi-

La excitación llegó entonces á su colmo; los habitantes salieron de las casas llevando botellas de vino;
por las ventanas se arrojó dinero á la calle; las_ mujeres abrazaron á los soldados, y oyéronse los gntos de
«¡Viva la línea!» Las tropas fraternizaban, ac_ep!a~do
los obsequios; pero debo confes~r que su d1sc1~l111a
era admirable. Cuando los oficiales llamaron a los
soldados éstos obedecieron al punto, y acto continuo
reformár~nse las compañías. Gracias á las fuerzas de
Versalles, volvíamos á ser gente ~e orden, y nos era
dado rechazar toda clase de relaciones como las que
habíamos tenido temporalmente con los comunistas,
á los cuales se comenzaba á batir resueltamente.
Las tropas de Versalles, caballería, artillería é infantería, llegaban de continuo por la calle de Chaussée
d' Antin y la de Halevy, desembocando en el gran
bulevard de la plaza de la Opera, á fin de sorprender por el flanco y la retaguardia á los rebeldes, los
cuales conservaban aún posiciones y habíanse posesionado del bulevard de los Capuchinos casi hasta la
Magdalena. Esto no se consiguió sin una empeñada
lucha y considerables pérdidas, pues los comunistas
se batían como leones, utilizándose de todo punto
que les pudiera preservar un poco del fuego. Hasta
cuando se alcanzó el triunfo de que acabo de hablar,
la situación era sing1,1larmente comprometida. Los
de Versalles, avanzando por la calle de la Paz, amenazaban la plaza de Vendome, pero evitando la lucha de cerca; mientras que los comunistas, por su
parte, amenazados de esta suerte de que se les cortase la retirada, empeñábanse en conservar sus barricadas con cañones al pie de la calle R eal y en la
extremidad occidental de la de San Honorato. Esta
última se había reforzado muy bien, convirtiéndola en
una verdadera fortificación, y así es que, aun cuando
la artillería de Versall es la batiera desde el palacio
del Cuerpo legislativo, los cañones que tenía á retaguardia eran suficientes para neutralizar en parte los
esfuerzos de las tropas que deseaban apoderarse de
la Magdalena. Comenzaba á desear con ansiedad comunicar algunas noticias, y á fin de informarme sobre si había algún medio de enviar una valija á Versalles desde la embajada inglesa, situada en la calle
del Arrabal de San Honorato, me encaminé por el
bulevard Haus~mann. Ahora estaba tranquilo, y pude ganar, gracias á varios rodeos, la calle de Aguesseau, que desemboca en el arrabal, casi enfrente de
la embajada inglesa. Las bombas reventaban con frecuencia en las inmediaciones; pero mi asunto era urgente, y desde la esquina de la calle de Aguesseau
penetré en la del Arrabal de San Honorato, pensando que me sería fácil introducirme en la embajada;
pero hube de retroceder, porque un casco de bomba
silbó junto á mi cabeza, tocándome casi la barba.
Aquella calle era un enorme tubo, el más propio para el fuego de cañón; era imposible permanecer allí
un momento; mas suponiendo que pronto disminuiría,
esperé en un portal por espacio de una hora. A mi
alrededor había varias ambulancias (como se llamó
á los hospitales de sangre en la última guerra). En
los patios de varias casas vi colchones y jergones
tendidos por el suelo, 'y en ellos soldados que se
quejaban. En las calles, detrás de las barricadas y en
su inmediación veíanse muchos cadáveres, principalmente de guardias nacionales.
Al anochecer, aún estaba esperando en el mismo
sitio, y el fuego parecía aumentar más bien que disminuir; pero yo no podía perder más tiempo. Para vol-

mos bajar por el bulevard un muchacho que llegó
hasta la esquina de la calle de Halevy, llevaba calzón
rojo y era hijo' de un soldado de línea; iba solo, pero
esto parecía complacerle; se colocó detrás de un árbol, y disparó su primer tiro contra un comunista
que andaba de un lado á otro en la intersección de
la calle Taitbout. ¿Cuándo dejará un francés de ser
dramático? El muchacho hizo fuego con petulan~ia;
volvió á cargar con la misma, y disparó su segundo
tiro tomando una posición estudiada. Los del hotel
le aclamaron, aplaudiéndole ruidosamente. El muchacho hizo entonces una seña, siempre con su aire dramático, para que se retiraran á un lado sus admiradores, porque se disponía á tirar hacia la calle de Lafayette contra un pequeño grupo de comunistas que
desde un ángulo de la calle Lafitte tomaban por blanco al joven tirador. Este último hizo una señal á sus
compañeros con exagerados ademanes, como esos
que se pueden ver en un melodrama terrorífico; mientras que las balas de los comunistas cortaban la corteza y el ramaje del árbol que servía de parapeto al
muchacho. ¡Ah! Al fin cayó; pero había dado pruebas de intrepidez. La mujer que estaba á mi lado y
yo cruzamos para recogerle del suelo; pero bien podíamos habernos ahorrado la molestia y el peligro,
porque el muchacho había muerto á consecuencia
del balazo que le atravesó la cabeza.
Este breve episodio fué cosa de pocos minutos, y
cuando terminó fijamos la vista en el teatro de la
Opera. Habíase traído una
escalera, no sé
de dónde, y un
soldado d e
Versalles subía
hacia la estae
tua de Apolo,
_..,
que dominaba
'la plaza de la
Opera. Arrancó la bandera
roja y sustituyóla con la tricolor en el momento en que
la cabeza de
una numerosa
columna de
Versalles, saliendo de la
calle de la
Chaussée d'
Antin, á través
del bu levard
Haussmann,
avanzaba á paso de carga.
Aspecto del Hotel de Ville después del incendio, visto desde el Sena

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�LA ILUSTRACIÓN ARTÍTISCA
ver á mi hotel tuve que cruzar la línea de la artillería
de Versalles, que seguía haciendo fuego desde la iglesia de la Trinidad, y bajar después por la calle de
Halevy hacia el punto donde el ruido indicaba que
la lucha persistía. Los artilleros recibieron una entusiasta ovación de los habitantes de la Chaussée d'
Antin, donde en todas las ventanas veíase la bandera
tricolor, que ondeaba á impulsos de la brisa, mientras
que á intervalos oíase el grito de «¡Viva la línea!»
Sin embargo, aún quedaba mucho que hacer. Las
balas perdidas silbaban por todas partes, tanto que
las mujeres, que mostraban un singutar valor, dieron
á los proyectiles el nombre de gorriones.
Cuando cerró la noche, por la calle de San Honorato, la plaza de Vendome y las inmediaciones del
palacio real oyóse el estrépito de la artillería de
grueso calibre, el fuego de las ametralladoras y de
fusilería, produciéndose á veces explosiones que hacían retemblar el suelo.
Después de una noche de horrores que pareció interminable, apareció la mañana del miércoles 24 de
mayo. ¡Qué espectáculo tan desconsolador iluminaran los primeros rayos del sol!
ARCHIDALDO FORBES

(Concluirá)

Bellas Artes. - La Sociedad de acuarelistas de San Petersbugo proyecta celebrar en 1895 en aquella capital una gran
Exposición internacional de acuarelas.
- El gobierno belga ha encargado á los escultores Van der
Stappen y Meunier una porción de esculturas que han de embellecer el Jardín Botánico de Bruselas: en el centro de éste se
erigirá un grupo colosal que representará al Tiempo mostrando
su camino á la Virtud y estará rodeado por cuatro estatuas de
las estaciones del año. Detrás del mismo se levantarán las figuras del Dla y de la Noche. De este grupo central arrancarán á
modo de abanico multitud de esculturas que reproducirán asuntos de jardinería y de historia natural.
- Además de las obras que indicábamos en una anterior
illiscelá,zea, han sido adquiridos para la Galeria Nacional de
BerHn, procedentes de la Exposición alli celebrada, cuadros al
óleo de Gude, Ilenseler, Jernberg, Saltzmann, Spangenberg,
Weisshaupt y Wenglein, seis acuarelas de Kroner y una estatua de Stuck.
- El Museo Silesiano, de Breslau, ha adquirido una estatua
de Arturo Volkmann que representaá Hércules joven: á la Galería de la propia ciudad ha sido regalado por el Dr. Promnitz
un hermoso cuadro de Carlos Marr que representa un grupo de
niñas encaminándose á la aldea en donde han de recibir la primera comunión.
- Maximiliano Rooses, conservador del Museo Plantin, de
Amberes, ha publicado un trabajo sobre los precios que en los
Pa!ses Bajos se pagaron por las obras de arte en los siglos xv1
y xv11, consignándose en él entre otros datos los siguientes:
Rubens recibió en 161I por el Descendimiento de la Cruz 4.375
pesetas; por la Comtmúfo de San Francisco 1.375, y por los 21
cuadros que con sus discípulos pintó desde 1622 á 1635 para la
Galer!a de los Médicis 125.000: el mismo pintor ped!a por sus
retratos 44 pesetas, por un dibujo 36, 21 y 15, según fuese de
tamaño en folio ó en cuarto ó en octavo. Van Dyck por el re·
trato de Carlos I que existe en el Louvre recibió 2. 500 pese·
tas; por su Cristo en la Cruz, que se conserva en la catedral
de Meche!, 1. 125, y por su Gólgota, que se encuentra en Gante,
cobró 1. 500. J ordaens por el gran cuadro que figura en la sala
de 0range del palacio del Bosque en la Haya cobró 5.375, y
por cada uno de los cuadros de su Historia de los bátavos
r.o8o. Los famosos grabadores Teodoro y Cornelio Galle, Pedro de Jode y Lucas Vostermann cobraban por un grabado de
gran tamaño 125 pesetas. Et sic de cateris.
- En Bingen se ha constituido una Asociación de cuadros de
Jesucristo, cuyo objeto, según el articulo primero de sus estatutos, es exponer en distintas ciudades pinturas, asl originales
como buenas copias de obras maestras, que representen escenas
edificantes y bellas de la vida de Jesús, especialmente los milagros, fomentar su venta y comprarlas por cuenta ele la Asociación, en parte para rifarlas entre sus asociados, en parte para
formar una galería propia. Quedan ex~luldas las obras que re·
produzcan un asunto religioso que no cuente una tradición de
un siglo por lo menos. Inútil es decir que esa Asociación truena
contra las tendencias de todas las escuelas modernas que «sólo
rinden culto á lo feo, despreciando los elevados ideales en que
ya se inspiraron los griegos en la mejor época de su arte,&gt; y especialmente contra aquellos artistas que sin sentirlos de cora·
zón pintan asuntos religiosos cen los cuales la mano tosca de la
técnica moderna despoja de toda su santidad á la figura del
Gran Fundador de la religión cristiana.&gt; La primera exposición celebrada por esa asociación consta de 14 copias de cuadros antiguos (de Giotto, Masaccio, Fiesole, Leonardo de Vinci, Ticiano, Rafael y Palma el viejo) y dos originales de Schanclolph y Mintrop.
- En una subasta de grabados de Rembrandt procedentes
de la colección Ilolford, verificada por la casa Christie Manson
y Wood, de Londres, han alcanzado algunos ejemplares pre·
cios exorbitantes. Tres de ellos, Cristo mra11do á los enfermos,
Rembrandt con la espada y Efraim Bom,s, produjeron 142. 500
pesetas: el primero de los tres es un ejemplar único y del segundo sólo existen, además del vendido, tres ejemplares en
otros tantos museos públicos. El precio total ele los grabados
vendidos en un solo día ascendió á 500.000 pesetas.
- Los artistas de Dusseldorf están haciendo grandes trabajos para la fiesta del Afall.-asten ele que hablamos en una ele
nuestras anteriores illúcclá11cas. Además ele una rifa de cuadros
y objetos de arte de los asociados, cuyos productos, que son
siempre cuantiosos, se destinan á la Sociedad de Amparo y á

la Caja para las viudas ele artistas, habrá, como dijimos, un
Salón internacional que se titulará Salón del porvenir y en el
cual se satirizará la pintura que se supone ha de predominar en
los tiempos futuros. También se publicará un álbum para el
cual han ofrecido lps principales poetas y prosistas alemanes
varios trabajos que ilustrarán los más reputados artistas. El
consejero Augusto Bagel, socio de honor de la Asociación de
Artistas de Dusseldorf, que es la que organiza la fiesta, costea
todos los gastos que ocasione la publicación del referido álbum.
- En el concurso celebrado para la reedificación de la Opera
Cómica de París ha ganado el primer premio ele 10.000 trancos el proyecto del arquitecto Bernier que reune, al decir del
Jurado y de cuantos lo han estudiado, todas las condiciones estéticas y técnicas exigibles en esta clase de construcciones.
Además han sido concedidos un premio de 6.000 francos á Lar·
che y Nachon, otro de 4.000 á Blondin y cuatro de 2.000.
- En una iglesia de Dresde se han descubierto muchas esculturas antiguas de piedra arenisca, alabastro y madera, en su
mayor parte fragmentos de sepulturas procedentes del templo
que se incendió en 1727: entre ellas llaman la atención un re·
lieve de alabastro de la tumba: del caballero Gunther ele Bunau, fallecido en 1562, obra del escultor de la corte Juan Cramer, varios fragmentos del siglo xvu, un Cristo de tamaño
natural y un crucifijo de alabastro. A excepción ele estos dos
últimos, que han quedado en la iglesia, los demás objetos han
sido trasladarlos al Museo Municipal.
- Con ocasión de restaurarse la antigua iglesia de Watervliet, en la Flandes oriental, se han descubierto recientemente
en ella restos preciosos de frescos que datan de la Edad media: además se ha visto que el templo posee una porción de
monumentos notables del arle antiguo, la mayor parte de ellos
en estado lamentable. Entre los cuadros se han encontrado algunos de Quint[n Massys y de Gaspar de Grayer.
- En la Fine Society de Londres ha expuesto Mr. Alfredo
Parsons una colección he cuadros pintados durante una estancia de nueve meses en el Jap6n, en los cuales ha descrito por
modo admirable la naturaleza ele aquel pa!s sin cuidarse para
nada de que en sus obras apareciese retratado el pueblo japonés. Los jardines, los bosques, los campos, aquella vegetación
en suma que tanto sorprende al viajero y que tan bien describen escritores como Pedro Loti, aparece reproducida en toda
su magnificencia de formas y en toda su brillantez de colores,
revelándose en cada cuadro el sentimiento ele un poeta y el
talento de un gran artista.
En el propio local tenía expuestas Mr. Roussoff una serie de
acuarelas sobre asuntos tomados ele la vida egipcia á cuyo estudio se ha dedicado aquel pintor inglés con tanta constancia
como éxito.
Barcelona. - Salbn Parés. - Las últimas obras expuestas han
sido varias figuritas en barro c,ocido de Carcasó, obritas ligeras,
pero que demuestran las facultades de su autor, y una colección ele dibujos del joven artista Sr. Simont, entre los cuales
sobresale un carbón de grandes dimensiones. Constituye este
trabajo, como los demás, un simple estudio; pero por su tama·
ño, por el conjunto y la escena desarrollada sin pretensión ninguna y por el cariño y conciencia con que ciertos detalles están
ejecutados merece esta obra especial mención y se hace acreedor su joven autor á que se le estimule por la seguridad de que
con estudios seriamente ejecutados, como éste, adquirirá indudablemente lo que entrevé en sus aspiraciones de artista.
SaMn de &lt;la Vanguardia.&gt; - Ila coincidido la última expo•
sici6n de este local, formada por numerosos grabados alusivos
al trágico destronamiento del infeliz Luis XVI ele Francia, con
la aparición en nuestras páginas de El centenario rojo, de la insigne escritora Doña Emilia Pardo Bazán, circunstancia que
ha aumentado, si cabe, el número ele visitantes en el concurrido vestíbulo de nuestro querido colega, deseosos de contemplar
la representación gráfica de muchas de las peripecias por que
pasó la desdichada familia real al ser presa y juzgada y condenada por los tribunales revolucionarios.
- Se ha publicado y hemos recibido el Reglamento de la segunda Exposición general de Bellas Artes que se celebrará bajo los auspicios y dirección del Ayuntamiento de esta ciudad
del 23 de abril al 29 de junio de 1894. Se admitirán obras de
Pintura, Dibujo, Grabado y Modelos escenográficos- Escultu·
ra, Arquitectura, - sin que ca&lt;\a artista pueda p resentar más de
cuatro obras por cada sección, á menos que, a juicio del Jurado, la naturaleza del asunto exija mayor ní1mero y las condiciones del local lo permitan. El plazo fijo para la rece¡)Ción de las
obras será desde el 26 de marzo hasta el 5 de abril inclusive.
Los gastos de transporte, ida y vuelta, correrán á cargo del
expositor, exceptuándose las obras de artistas nacionales y ex·
tranjeros que hayan obtenido primeros premios en Exposiciones
nacionales ó universales. El Jurado de admisión lo formarán
nueve individuos de la Comisión organizadora y nueve artistas
elegidos por los expositores á quienes les haya sido admitida
alguna obra en la Exposición anterior ó en Exposiciones nacionales ó extranjeras. El Jurado de recompensas estará constituido por tres vocales elegidos por cada sección y seis de la comisión organizadora. El Jurado podrá conceder un premio de
honor y 24 diplomas, repartidos entre los tres grupos ele Pintura, Dibujo y Grabado - Escultura, Arquitectura, - según el
número é importancia de las obras expuestas en cada sección.
Se asignan para adquirir la obra que obtenga el premio de
honor 10.000 pesetas y 40.000 para doce de las obras distinguidas con diploma. Esta última cantidad se distribuirá á juicio del Jnrado, verificándose la compra á los tipos que se señalen, mediante la conformidad de los autores. En la Expcsición
figurará una sección especial destinada á las reprodu~c1ones de
obras de Arquitectura, Escultura, Pintura y Artes suntuarias,
pudiendo el Jurado premiarlas con los diplomas que conside·
re de justicia.
Teatros. - En el Nuevo Teatro, de Leipzig, se ha estrenado una opereta en tres actos, José Galea110, letra de M. Singer
y música de Julio Stern, vieneses ambos: la música ele esta obra,
que fué bien acogida por el público, aunque tiene algunas reminiscencias de otros compositores, abunda en ní1meros agradables.
- En el teatro Kroll, de Berlln, se ha verificado con gran
aplauso la primera representación de una ópera romántica, El
herrero de Gret11a-Green, cuya música, de Juan Doebber, es
casi toda del género melódico.
- En Wurzburgo han comenzado las representaciones ele la
nueva ópera K1mihilda, de Cirilo Kistler, que ha sido puesta
en escena con gran lujo y ha conseguido un éxito completo.

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de multitud de zarzuelas, en su mayor parte bufas, que lograron
gran aplauso y popularidad, y ele algunas celebradas obras dramáticas: era diplomático jubilado con la categoría de ministro
plenipotenciario, y además de sus obras literarias deja escrito un
A/anual de e.xtradicio11es.
Federico Adami, notable prosista y poeta alemán y crítico
teatral.
Alejandro Brown, astrónomo inglés, autor, entre otras, de la
importante obra Los principales eclipses solares m lGs siglo xv11
y XVIII.
Juan Federico J encke, fundador y director de la l,1stit11ción
de 1sordo-11111dos, de Drescle.
Wassili I wanowitch Popoff, vicealmirante ruso, jefe de la
Administración principal de la Construcción y armamento de
buques.
Mario Uchard, distinguido novelista francés.

Un intruso cuadro de Paria. - Dígase lo que se
quiera, el munclo'está todavla dividido en castas, y lo másgra·
cioso del caso es que tal división no sólo existe entre los seres
racionales, sino que también entre los brutos imperan estas distinciones. El precioso cuadro de Paris es una gran verdad: el
poQie borriquillo será siempre un intru_so para_ los ca_ballo~ de
media sangre ó de sangre entera; la anstocrac1a equma siempre mirará con desprecio al humilde asno que intente codearse
con ella. Y, sin embargo, si á estudiar fuéramos quién más
utilidades presta, quién vale más, tal vez... Pero dejemos este
orden de consideraciones que podría llevarnos muy lejos, y en
presencia de la bellísima obra de arte que reproducimos, admiremos la perfección con que está compuesta y ejecutada y una·
mos nuestro aplauso al que el público ha otorgado en el último
Salón de Parls al autor de Un intniso.
Vistas de Siam. - Bang-Kok, la capital del reino siamita, divídese en tres partes, la ciudad real, la siamesa y la exterior que por medio de sus arrabales se va poco á poco confundiendo con el barrio europeo. La primera, separada del resto
ele la población por muchos canales y circuida por una muralla
con muchas puertas y torres, contiene los palacios del rey y del
segundo rey con sus hermosos jardines, patios, templos, ministerios, cuarteles, colegio militar y demás dependencias oficiales.
El palacio, de con,trucción reciente, es un imponente edificio,
cuyo arquitecto, un italiano, ha sabido armonizar con exquisito
gusto el estilo europeo y el siamila. Pero éste no es más que el
palacio que se enseña á los europeos; la vivienda real propiamente dicha y demás dependencias de la casa del monarca, en·
tre ellas el harén, constituyen otra pequeña ciudad amurallada
en la cual ningún extranjero puede penetrar.
Otro ele los grabados que publicamos reproduce el buque co·
rreo Juan Bautista Say, de la Compañia de las Mensajerías
ti uviales de Cochinchina, que es el que el dla 13 de julio dirigía por la desembocadura del Me-Nam á los buques de guerra
franceses el Comete y el I11constant que se vieron de improviso
cañoneados por los siamitas.
En el tercer grabado se ven los buques franceses anclados
delante del Consulado general de Francia: en primer término
está el Lutill, en segundo el /11co11sta11t y en tercero el Co111ete.
Los edificios que se ven en el fondo son: de izquierda á derecha, la Aduana, el Consulado general ele Francia, el Oriental
Hotel y la iglesia de la Asunción.

Tarde de estío, cuadro de H. Caffleri. - Huyendo
ele los ardores del sol, se han refugiado esas dos niñas á la grata sombra de frondosos árboles, y allí sobre la alfombra cíe tupida hierba entretiénense cogiendo hiedra y flores silvestres con
•que entretejerán una corona para llevar á los pies ele la imagen
de la Virgen q\le adorna ei templo ele su aldea y á la cual dirigen sus oraciones infantiles. Tan sencillo asunto ha servido al
autor del cuadro que reproducimos de tema para una compo.sición de esas que llegan directamente al alma después de
recrear los ojos: en toda ella se desborda ese sentimiento que
inspiran los idilios, que se bebe en la naturaleza, eterna fuente
de la poes!a, la verdadera generadora de la obra artística. Tarde de estío no asombra por su interés dramático ni por su comp)ica~a labor, ~ro deleita ~ r 1~ placi?ez que respira y al pro·
p10 tiempo cautiva por su eJecuc1ón pnmorosa.
Contravapor, cuadro de F. Sallé. - Bien pudiera
llamarse á este cuadro el reverso de la medalla del anterior:
en él la nota dramática predomina por completo. Contemplando la figura del maquinista que apoyado con vigoroso esfuerzo
sobre la palanca pretende detener el tren que conduce, se presiente la catástrofe próxima y se adivinan la angustia, el terror,
la desesperación de aquel hombre de cuya mano tantas vidas
dependen, y la abnegación del héroe que lejos de intentar con
la fuga la salvación dificil, pero posible, espera en su sitio, á
pie firme, la muerte segura, sabiendo que él ha de ser la primera víctima del desastre. El cuadro de Sallé es ele los que impresionan profundamente, no sólo por el asunto, sino por el vigor con que está pintado; parece como que el artista, identificándose con la situación terrible que reproduce, trazó aquellas
líneas y aquellas sombras sintiendo todo el horror de un gran
peligro inmediato y marcó con enérgicas pinceladas el coloso
de hierro que sobre los rieles se desliza, las figuras de los que
tratan de contenerlo y las llamaradas y el vapor que el hogar y
la caldera vomitan. Comprendemos el efecto que Contravapor
produjo en cuantos visitaron el último Salón de los Campos
Elíseos de Par!s.

Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
adoptado en los Hospitales de París y que prescriben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
y Debilidad; dando á la piel del bello sexo el
sonrosado y aterciopelado que tanto se desea.
Es el mejor de todos los tónicos y reconstituyentes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
Necrología. - Han fallecido recientemente:
teniendo además la superioridad sobre los feRafael Garcla Santisteban, distinguido escritor español, autor rruginosos de no fatigar nunca el estómago.

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

608

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~----

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO M.\EL. - 11,USTRACIONES DE ALFREDO PARIS

terminado sus estudios preparatorios en la Escuela
Naval. Su tío no quiso disuadirle de su propósito;
antes por lo contrario, le animó á seguir la gloriosa
EN EL NORTE
carrera que había empezado. Dos a_ños más t~rde, e l
joven e mpezaba su carrera de manno en calidad de
A Levante y á Poniente, por el Sud y por el Noraspirante de segunda clase.
te, las olas de un mar gris y s?mbrío_ roda~do con
En aquel momento era teniente de navío. El miinfinita tristeza y monotonía baJO un cielo sm sol. Y
nistro, que le había otorgado lice~ci~ ilimita~a para
sobre la extensión inmensa, un buque largo y estredar impulso á la generosa y patnótica tentativa d el
cho, coronado de un penacho de humo que el vienSr. de Keralio, permitía de esta manera que el oficial
tomara parte en los riesgos, pero también en la gloria
que debía resultar de esta expedición á esas regiones de las que han vuelto tan pocos exploradores.
El hermano mayor de Huberto, Marcos d'Ermont,
de complexión delicada y enfermiza, pero de gran in1
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teligencia, se había dedicado al estudio de las ciencias físicas. A los treinta años era uno de los sabios
más distinguidos de la capital; su nombre había brillado diversas veces asociado á útiles descubrimien; ..,:;,;_
tos. No había podido acompañar á su hermano y á
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su tfo en su expedición; pero desde dos años antes se
1,
dedicaba en compañía de Huberto á misteriosas y di"
fíciles pesquisas que debían dar mayores probabilidades de éxito á aquel viaje, gracias al invencible po~ ;,.&lt;;:....
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der de la c iencia.
I sabel de Keralio había recibido una educación y
tenía un carácter que se parecla poco al de nuestras
señoritas francesas. Gracias á la larga estancia de su
familia en América, y quizá por vía de costumbre
lentamente adquirida, poseía aquella energía viril que
de tal modo contrasta con la dulzura, la languidez y
las tímidas gracias de las mujeres de la vieja Europa.
Diestra en todos los ejercicios corporales y dotada de
alta cultura intelectual, hubiese sin duda asustado á
un novio que la conociera menos que Huberto.
Arbola el pabellón francés y su marcha es rápida como la de los mejores transatlánticos
Pero éste conocía mucho á su prima y sabía que
aquellos modales bruscos en nada perjudicaban las
to muy bajo esparce en espesos copos que tardan en se necesita que se aquilate por medio de una expe- cualidades exquisitas de la señorita de Keralio, y que
riencia incontrovertible.
solamente servían para disimular á ojos poco perspiperderse en el aire ambiente.
- En tal caso, ha llegado el momento de intentarla, caces los tesoros de caridad y ternura que encerraba
Hace doce días que ese buque ha salido de Cherbourg. No es un buque de guerra, por más que brillen profirió detrás de ellos la voz fresca de una joven.
aquella alma escogida. Por otra parte, Isabel se desLos dos se volvieron.
dos cañones de acero sobre sus castillos de proa y
pojaba en la intimidad de aquella brusquedad ~paren- ¡Hola, prima!, exclamó Huberto, inclinándose te y recobraba todos los encantos de su sexo, sabienpopa. Arbola pabellón francés y su marcha es rápida
como la de los mejores transatlánticos. A pesar de su respetuosamente.
do ponerlos de manifiesto, ejerciendo, gracias á ellos,
- ¿Vie nes á recordarnos que es la hora de almor- una poderosa seducción sobre cuantos la rodeaban.
velocidad y de los días que lleva de viaje, sólo ha alcanzado la altura del 70º paralelo: alguna causa de or- zar, lsabelita?, preguntó el Sr. de Keralio. No sé si se Música habilísima, ya d ejara correr sus dedos sobre
debe al viento fresco que sopla; pero la verdad es que el teclado, ya diera rienda suelta al raudal vibrante
den natural y lógico habrá retardado su marcha..
Principia ya la primavera, y á fin de ganar tiem- siento un apetito mayor que de ordinario, y que el de su voz admirable, encarnaba entonces toda la arpo los navegantes han emprendido el viaje con- estómago parece que adelanta como los relojes.
monía íntima, de la cual su belleza no parecía sino el
La joven tendió su mano á Huberto y acercó la exterior reflejo.
ta~do aprovechar el mes de abril. Esto hace que se
deba avanzar con mucha cautela, porque ha empeza- frente á su padre.
Se habían desposado espontáneamente, con el condo ya el deshielo. En la punta de Ekersünd el navío
- No, padre, replicó; apenas son las diez de lama- sentimiento del Sr. de Keralio, y quedó resuelto que
tuvo que detenerse breve espacio por el encuentro ñana. H e venido para asistir al magnífico espectácu- el matrimonio se celebraría el día en que Huberto
de algunos grandes témpanos errantes. Después, cuan- lo que se prepara, pues el comandante Lacrosse ase- hubiese conquistado las charreteras de teniente ~e
do el mar quedó libre, avanzó á lo largo_ de los al- gura que dentro d e poco rato asistiremos á una ver- navío.
tos acantilados de Noruega, por la región de los dadera iluminación de los hielos.
A los veintisiete años las poseía ya. Pero entonces
Y sin más preámbulos, tomando un sillón igual al un nuevo retardo había surgido para impedir aquella
fiords. En estos momentos el cabo Norte está tan
sólo á algunos minutos al Este. Mañana ó pasado, de los dos hombres, se sentó junto á ellos.
unión tan deseada por una y otra parte.
La que acababa de hablar era una joven alta y hersegún lo permitan las corrientes templadas, el buque
Pedro de Keralio no era marino, pero había navese acercará á la costa, y el 15 de mayo el Océano mosa que contaría veinte años á lo sumo. Tenía ne- gado lo suficiente para no temer nada del mar. Por
gro el pelo y azules los ojos, como se ven en las razas lo contrario, sentía. gran afición hacia él, y llegado á
Boreal estará completamente libre.
En el castillo de popa conversan dos hombres, arre- de origen kimrico é ibero, tales como los irlandeses, la edad en que la mayor parte de los hombres se aparlos gaélicos d e E scocia y los bretones de la costa. Su tan de todo trabajo y de toda fatiga, concibió el prollanados en sillones, dando la espalda al buque.
Uno de estos dos hombres es joven, pues parece cuerpo, esbelto y bien formado, denotaba un vigor yecto de dedicar á la ciencia una parte de su inmensa
no contar más allá de veintiocho años. Es alto, de poco común entre las mujeres, al propio tiempo que fortuna. El patriotismo había dado á esta noble idea
anchos hombros, bien proporcionado. Su interlocu- los reflejos metálicos que despedían á veces sus pupi- un carácter de conmovedora grandeza, y un día, en
tor, á pesar de que tiene blancos la barba y el pelo, las, al fruncir el entrecejo, indicaban una g ran ener- alta voz, ante un auditorio de amigos invitados á los
no re presenta más de cincuenta a~o.s. Hablan .c~n gía. Se adivinaban en ella el alma y los nervios de una desposorios de Huberto y de Isabel, había dicho:
gran interés del objeto y de las cond1c1ones del viaJe. verdadera heroína, desprovista de petulancia, pero
- En cuanto mi hija se habrá casado, realizaré un
.
- Desde que salimos, nuestra Estrella se porta también de falsa timidez.
proyecto que acaricio desde hace mucho tiempo. Iré
admirablemente, como uno de esos buques ya acosIsabel de Keralio era hija única de un propietario al polo. No quiero que se diga que Nares, Stephe ntumbrados á todos los mares. Permitidme que os fe- é industrial poseedor de tierras y talleres en el Cana- son, Aldrich y Markham, es decir, unos sajones, en
licite pues es un navío modelo y tenéis mucha razón dá, donde se estableciera su familia hacía dos siglos. 1876; que Greely Lockvood y Brainard, americanos,
en e;tar orgulloso de él, ya que sois su pad~e.
Pedro de Keralio, de origen bretón, había vuelto al es decir, otros sajones, en 1882, han ido más allá
- Sin duda alguna soy su padre ... adoptivo. Pero país de sus antepasados y se había estáblecido cerca del 83° paralelo, sin que los franceses hayan hecho
antes que á mí se deben sus condiciones marineras al de Roscoff en una magnífica propiedad que allí po- más que ellos.
comandante Lacrosse. A él y á ti, mi querido Huber- seía. Isabel tenía apenas diez años al volver á su anIsabel lanzó una exclamación.
to ¡os debo muchísimo! Hace ya tres años que, sin tigua patria. Había crecido en compañía de las gentes
- ¡Cuando me habré casado! ¡Pues bien: aun cuanque lo sospechéis ~iquiera, os estoy desvalija~do ~a- de la costa, pero bajo la continua inspección de su do todos mis amigos afeen mi conducta, no quiero
terialmente, pues me aprovecho de vuestra c1enc1a y padre, que quedó viudo poco tiempo después de nacer que se diga que I sabel de Keralio deja d e tomar parde vuestra práctica combinadas.
su hija. A ésta le conservó los cuidados asiduos y casi te en tan gloriosa empresa! Conozco bastante el cora- ¡Vaya! No hable mos de mi experiencia, mi que- maternales d e Fina Le Floc'h, su nodriza, que la que- zón de Huberto para saber que me permitirá seguir
rido tío; tengo muy poca y por entero pertenece al ría entrañablemente. Al propio tiempo, e l riquísimo á mi padre e n ese viaje hacia lo desconocido.
comandante Lacrosse. Por lo que á mí toca...
canadiense, que no tenía más familia, llamó cerca de
Algunos amigos aplaudieron; pero el mayor núme- ¿No eres acaso el inventor de ese submarino en él á dos sobrinos huérfanos, de dieciocho y veinte ro protestó.
el que tanto confiamos?
años, Ma.rcos y Huberto d 'Ermont, hijos de una her- Hija mía... , dijo el Sr. de Keralio.
- Confieso de buena gana que algo tengo que ver mana suya que murió poco después que su esposo el
Isabel no le dejó concluir. Se acercó á él, le abraen el asunto; pero hasta ahora no hay nada compro- capitán de navío Roberto d 'Ermont. Huberto había zó estrechamente con dominadora ternura, y replicó;
bado, y por otra parte no se d ebe á mí sol? el descubrimiento. Mi hermano Marcos ha trabaiado tanto
como yo, y si los ensayos ~onfirman nuestras esperanzas, suya será toda la glona.
.
E l Sr. de Keralio se echó á reir.
- ¡Ah, ya!, dijo. ¡Ya tenemos otra vez el ~amoso
secreto en campaña! Ese secreto que no debéis revelar sino en hora oportuna.
.
.
- Precisamente; ese secreto que antes de divulgar-

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- ¡Chit, padre! Ni una palabra más; quedamos
conformes. Me has educado de tal modo que, en opinión de mucha gente, antes parezco un muchacho que
una mujer. Iré al polo Norte. Y sabed además, papá,
que no os desobedezco, pues acabáis de prometerme
á Huberto, y su autoridad desde hoy es para mí igual
á la vuestra. ¡Ea, hablemos de la expedición!
El Sr. de Keralio se dirigió entonces á Huberto.
- He de recurrir, pues, á ti, yerno mío, para que
hagas entrar en razón á esa locuela. ¿Quieres hacerlo?
Huberto, puesto así entre dos fuegos, se levantó.
- Querido padre, contestó, pues ya puedo daros
ese título, trataré de disuadir á mi prima de ese proyecto lleno de peligros; procuraré demostrarle que
tal resolución es muy difícil de cumplir por parte de
una mujer; pero si no quiere plegarse á mis consejos, si de todos modos se empeña en seguir su voluntad, desconociendo el peso de más prudentes determinaciones, entonces me permitiré pediros á mi vez
tomar parte en esos peligros. Dondequiera que Isabel de Keralio vaya, yo, Huberto d'Ermont, su novio
y pronto su marido, iré también.
Pedro de Keralio no supo qué contestar.
Por lo que hace á los espectadores, aun cuando
encontraban extravagante tal resolución, sabían que
eran muy capace~ de seguirla los que la adoptaban.
Todo el mundo se limitó, pues, á llenar las copas
de champagne, y se pronunció un brindis especial en
honor y por el éxito de la expedición futura.
De este modo había nacido la idea de esta expedición al polo Norte.
. Pero una vez de acuerdo todos, era preciso orgamzar el plan. El Sr. de Keralio obtuvo .primeramente para Huberto la necesaria licencia, y después
avisó á un antiguo amigo suyo, Bernardo Lacrosse ex
oficial de la marina francesa, á quien su falta de ortuna había obligado á dejar el servicio del Estado

f

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

para tomar el mando de un transatlántico. Después de
cinco años de ejercerlo, el comandante Lacrosse había formado parte, en calidad de oficial voluntario, en
una expedición rusa que iba en demanda del polo
Norte por Nueva Zembla. Más tarde y como primer
oficial de un navío francés, había partido para los
mares Antárticos. Volvía apenas de esa expedición,
cuando una carta de su amigo de Keralio le reclamaba su concurso en nombre de su antigua amistad y
de la ciencia.
Se había apresurado á acceder á aquel deseo, y
luego, de acuerdo con su amigo y Huberto d'Ermont,
había escogido y alistado la tripulación de la Estrella
Polar, que ese era el nombre que se quería dar al
buque.
Se procuró que todos los que debían ser compañeros de viaje fueran gente franca y jovial, pues el
buen humor y la animación son cualidades preciosas
para afrontar los riesgos y la monotomía de expediciones de tal especie. Los tres iniciadores de la campaña hicieron una elección escrupulosa de la tripulación, empezando por los oficiales y médicos. Así
pues, sólo se veían rostros francos y alegres entre
aquellos marinos.
El estado 01ayor estaba formado así:
Comandante de la expedt'ción: Pedro de Keralio,
50 años.
Comandante de la «Estrella Polar:» Bernardo Lacrosse, teniente de navío, 48 años.
Tenientes: Paul Hardy, 28 años; Luis Poi, 27 años,
alféreces de navío retirados; Juan Remois, capitán
de marina mercante, ex alférez auxiliar de navío,
34 años.
Médico: Andrés Servan, 40 años. Cirujano: Félix
Le Sieur, 38 años.
Primer maquinista: Alberto Mohizan, 30 años.
Químico-naturalista: Hermann Schnecker, 36 años.

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NúMERO

A la lista de oficiales era preciso añadir el nombre
de Huberto d'Ermont, teniente de navío con licencia
ilimitada.
Todos habían pertenecido á la marina militar, y de
consiguiente cada uno de ellos representaba un caudal de conocimientos y de energía considerables.
Por lo que hace á los marineros se habían escogido
c?n igual cuidado, y por una especie de egoísmo nac10nal, el Sr. de Keralio había querido que todos
fuesen bretones ó canadienses, es decir, hijos de su
doble patria.
Luego se había procedido al armamento del navío.
La Estrella Polar no había navegado todavía y se
estaba terminando en el astillero de Cherbourg para
una casa armadora que acababa de quebrar. Era un
vapor de 800 toneladas, aparejado de corbeta y construído para la navegación de altura. Bernardo Lacrosse, que había visitado todos los puertos de Francia durante un período de dos meses, había tenido
la suerte de descubrir literalmente aquella «estrella»
sobre su basada. Inmediatamente lo había comprado por cuenta del Sr. de Keralio y mandado que
siguieran los trabajos, pero haciendo reformas en su
construcción, teniendo en cuenta que debía atravesar é invernar entre los hielos.
El navío estaba provisto de dos máquinas Compound de triple expansión y de 500 caballos de fuerza. Estaba formado de una carena cuyas costillas, muy
cóncavas, soportaban tres puentes y estaban revestidas de madera de teck, dejando entre ellas y la quilla u~ hueco de 22 centímetro_s relleno de estopa y
de vuutas de palmeras. La qmlla, la carlinga, el codaste y la roda eran de acero y recubiertos de una
especie de vaina de cobre.
El cobre había sido empleado con intención de
dar mayor elasticidad á la quilla. También se empleó
en los botalones y en todas las junturas del armazón,
lo que permitía al navío sufrir fuertes presiones sin
peligro de que cediera. Un árbol longitudinal unía entre sí las diversas partes del buque que de este modo
resultaba un conjunto casi homogéneo. El espesor de
las planchas de teck variaba entre 225 milímetros en
el centro del navío, 1 20 á proa y I oo á popa.
Toda la bodega se dividía en varios compartimientos estancos. Además del forro de estopa y virutas •
entre las dos quillas, todas las paredes y techos habían sido tapizadas de delgadas hojas de fieltro comprimido para impedir la pérdida de calórico y la humedad que podía venir de fuera. Para preservar el
timón del choque de los témpanos, se habían colocado á sus lados largas vigas revestidas de hierro formando gaviete, con ayuda de las cuales sería posible
desmontarlo y colocarlo sobre el puente.
La roda se perfilaba describiendo una curva que dejaba gran salida á las aguas y terminaba en un espolón de tres metros de largo, igualmente de acero. Se
había adaptado en la ,proa, además de las cabrias de
vapor, el aparejo Pinkey y Collins de que se sirven
los balleneros para evitar d urante los grandes fríos
que los hombres deban maniobrar los rizos. Unas
mangas de lona enchufadas en las válvulas de escape permitían proyectar el vapor sobre los hielos más
cercanos, en un radio de cinco metros alrededor del
buque.
Los detalles del armamento no habían sido menos
cuidados que el casco y arboladura. La Estrella Polar poseía, además de los dos cañones de diez centímetros colocados sobre el puente, los cañones revólvers Hotckiss, cuatro fusiles-arpones y dos obuses
lanzacabos. Contaba tres balleneras, cinco canoas
para navegar entre hielos, enteramente revestidas de
escamas de cobre, y cuyas quillas podían en caso de
necesidad adaptarse sobre patines ó ejes para el
arrastre. En fin, en la popa y bajo una cubierta que
le protegía de la humedad del exterior, se abrigaba
el misterioso submarino, acerca del cual el Sr. de
Keralio acababa de felicitar á Huberto d'Ermont.
J

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En tal caso ha llegado el momento de intentarla, profirió detrás de ellos la voz fresca de una joven

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La conversació~, ínterrumpida durante u n ~o:
mento por la llegada de Isabel, empezó de nuevo
con mayor viveza entre las tres personas.
-: Querido primo, dijo la joven volviendo al pensarruento común, os decía hace un momento que me
parecía llegada la ocasión de comprobar vuestro descubrimiento y el de Marcos.
El teniente de navío preguntó alegremente:
:- ¿Vuestras pala?ras se deben á simple curiosidad,
ó bien debo traducnlas por el interés que os inspiran
los esfuerzos de mi hermano y los míos?
La joven frunció el entrecejo; pero aquella irritación pasajera desapareció pronto y contestó con su
más dulce sonrisa:
- ¿Dudaríais un momento de ello, querido Huberto? ¿Me juzgáis tan ignorante en cosas científicas?
Sin duda que la afección que os profeso y la fe que
tengo en vos hacen que sienta algún temor por el re-

N úMERO

608 .

sultado de ese descubrimiento; pero á deciros la verdad, os confieso que ante todo me preocupa el resultado práctico que esa invención puede proporcionar
á nuestra campaña, y que me parece que me sois
más caro desde que sé que pose.éis un secreto que
podríamos llamar la panacea de nuestra e_xpedición.
Y una sonrisa ligeramente irónica asomó á los labios de la linda joven.
.
H uberto d'Ermont no había llegado todavía á la
edad en que se dominan fácilmente y de un solo esfuerzo todas las impaciencias. Aquella inocente mofa de su prima faltó poco para que le impulsara á
traspasar los límites de la reserva que se había prometido guardar.
Pero por muy violento que fuera su deseo de patentizar á la joven el mérito de su descubrimiento,
supo, sin embargo, dominarse, recordando que había
prometido no explicarse sino en un punto y hora determinados.
Pero aun cuando no tuviera el derecho de hacerlo,
le quedaba por lo menos la facultad de defenderse.
Se levantó, pues, de su sillón con vivacidad, y tendiendo la mano á su prima le dijo:
- Si gustáis bajar en compañía de mi tío hasta mi
camarote, señorita incrédula, podré enseñaros, si no
el descubrimiento ya aplicado, por lo menos los instrumentos en qué se funda.
Isabel se levantó á su vez muy contenta.
- ¡Vaya, Huberto! Me parece que tomáis la cosa
con más calor de lo que convenía. ¿Es preciso que os
repita que mi duda es sólo fingida, y que, por lo contrario, tengo en mucho vuestro saber y el de vuestro
hermano Marcos?
El Sr. de Keralio dijo bromeando:
- Sin duda, hija mía; pero como me parece que
perteneces á la escuela de Santo Tomás, que no quería creer sin haber visto, lo mejor es que, puesto que
Huberto nos invita, puedas cerciorarte de ello.
Los tres se dirigieron hacia la escotilla.
En el momento en que ponían el pie en el primer
escalón subió el comandante Lacrosse.
- ¡Pardiez, Bernardo!, dijo Keralio. Supongo que
también os interesará ver los tesoros de ciencia almacenados en el camarote de mi futuro yerno.
• Y pasando su brazo por el de Lacrosse, le arrastró en seguimiento de los dos jóvenes.
El interior de la Estrella Polar estaba decorado
como el de un yate de recreo. Los corredores, el
salón, el comedor y la sala de fumar estaban adornados con arrimaderos de nogal moldeado. Los camarotes de los oficiales daban al comedor, y los del
Sr. de Keralio, de su hija, del comandante Lacrosse y de Huberto d' Ermont estaban alrededor del
salón.
En el camarote de Huberto fué donde entraron los
cuatro visitantes. Estaba amueblado con extraordinaria sencillez, pero con perfecto conocimiento del arte
de utilizar el mayor espacio posible. La litera, instalada en un ángulo, reposaba sobre ·cuatro cajones que
servían de armario. El tocador y la mesilla de noche
estaban juntos en un mueble de forma circular, que
daba vueltas sobre sí mismo y que bastaba hacer girar para que apareciera un elegante pupitre provisto
de taburete con respaldo.
En el ángulo opuesto se veía una caja de acero
cuyo espesor desafiaba toda tentativa de fractura y
cuya combinación de letras garantizaba su impenetrabilidad.
Huberto indicó á sus compañeros sillas en · que
sentarse.
- Aunque estoy en vuestra casa, querido tío, dijo,
como este rincón me pertenece, gracias á vos, permitidme que haga los honores de él y que empiece por
mi prima, que es la que más duda y la que siente
mayor curiosidad.
Tomó un manojo de llaves de su pupitre y ofreciéndolo á la joven:
- ¿Queréis introducir esta llave en la cerradura de
esta caja?, preguntó.
Y al mismo tiempo, con la mano derecha combinaba las cifras, de manera que I sabel no tuvo más
que volver la mano.
Se oyó el ruido de seis cerrojos que se descorrían
á la vez y el de un resorte poderoso, y apareció el
interior de la caja distribuído en divisiones simétricas.
- ¡H e aquí el tesoro!, dijo Huberto con gesto dé
cómica declamación.
- Veamos el contenido, respondió el Sr. de Keralio.
Huberto se inclinó y retiró de una de las divisiones diversos objetos de forma sencilla, y que á la
primera mirada no dejaban adivinar su objeto.
Eran cilindros de acero de un peso relativamente
considerable; medían cerca de treinta centímetros de
diámetro, y terminaban todos en cánulas cerradas

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

por una doble anilla á la cual se adaptaba un doble
tornillo de cierre parecido al de las espitas de gas.
Bernardo Lacrosse tomó la palabra.
- No es preciso ser muy listo para adivinar que
estos cilindros contienen algo. ¿Me será permitido
preguntar qué es ello?
Huberto d'Ermont se puso un dedo en la boca.
- No, por ahora. Lo habéis adivinado; estos cilindros contienen «algo» que no puedo explicaros
hasta tanto que nos hallemos en tal situación que
ningún traidor, si lo hubiera, pueda aprovecharse de
ello. Sabed únicamente que estos cilindros encierran
el secreto de nuestra victoria cercana: el calor y la
fuerza, la luz y el movimiento. Con ellos, y gracias á
ellos, no encontraremos obstáculos. Ellos son los que
nos llevarán hasta el polo.
Los tres amigos de Huberto quedaron por un momento sorprendidos ante ese discurso.
- ¡Pardiez! Querido d'E rmont, repuso Lacrosse,
si todo es como vos decís, he ahí un secreto que es
preciso guardar con cuidado.
El rostro de I sabel había tomado una expresión
pensativa.
- ¿A qué traidores hacíais alusión, Huberto?, preguntó.
El joven iba á contestar, sin duda, cuando la puerta del camarote se abrió bruscamente, entrando por
ella un magnífico perro de Terranova que fué á descansar sobre las rodillas de Isabel su grande é inte·
ligente cabeza.
- ¡Buenos días, Salvator!, dijo alegremente la joven, acariciando al hermoso animal.
Huberto pareció contrariado.
- ¿Habíamos dejado abierta la puerta?, preguntó
con viveza.
Y cogiendo el cilindro de acero lo metió en la
caja y cerró ésta con precipitación.
Por la abertura de la puerta entró una nube de
humo de tabaco, y Huberto, que se había lanzado al
salón, vió la silueta de un hombre de alta estatura
que se perdía en la obscuridad del pasillo.
- ¡El Sr. Schnecker estaba ahí!, exclamó, frunciendo el entrecejo.
- ¿Nuestro químico?, preguntó Isabel.
- Sí, nuestro químico, un sujeto que no me gusta
nada, añadió d'Ermont.
- ¡Vaya, Huberto! ¿Qué decís?
- Digo lo que pienso, respondió el oficial. Por
otra parte, querida prima, ¿queréis interrogará un testigo imparcial?
Antes que hubiese podido contestar, y en tanto
que miraba á su primo con sorpresa, éste levantó con
la mano la cabeza del perro, y mirándole en los ojos,
le dijo:
- ¿Verdad, Salvator, que eres amigo del señor
Schnecker?
Salvator enseñó su doble hilera de dientes, en tanto que un gruñido de cólera se escapaba de su ancho
pecho.

II
EL FUERTE ESPERANZA

El 15 de mayo la Estrella Polar había rebasado
el cabo Norte. Hasta entonces el plan que había prevalecido era seguir el camino del Noreste. Se quería,
en efecto, seguir las huellas de la expedición del Tegettohofj, dirigida desde 1872 á 1874 por Payer y
Weyprecht, que desde la Nueva Zembla, á los 76°
de latitud Norte, había ganado una- tierra desconocida que se denominó Tierra de Francisco José, y se
supuso'que alcanzaba desde el 80° al 83° paralelo.
Este plan, además de que dejaba á los viajeros
europeos la facultad de estar más cercanos al viejo
continente, adulaba asimismo su amor propio, que
estribaba en abrirse una vía completamente nueva.
«Sería mucha desgracia, había pensado el Sr. de_Keralio, no poder hallar un paso más allá del 30º de
longitud oriental entre el Spitzberg y las tierras fragmentarias de la Nueva Zembla.))
El comandante Bernardo Lacrosse había combatido este proyecto con razones muy concluyentes.
Además de que de este modo se fiaba todo al azar,
se malbarataba como por fanfarronería la experiencia de los anteriores viajeros, y singularmente los
descubrimientos hechos en la Tierra de Grinnell
en 1875 y 1876, por Nares, Markham y Stephenson,
y más recientemente, de 1881 á 1884, por Greely,
Lockvood y sus valientes é infortunados compañeros.
Bernardo Lacrosse razonaba con gran sentido
práctico.
- Siguiendo esa vía, decía, tendremos por lo menos un camino abierto hasta el 83° paralelo. El cana! y el estrecho de Smith y la bahía de Lady Fran-

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klin son hoy día puntos de abrigo suficientes para
gentes de ciencia y de energía.
Y añadía también:
- Es de temer, por otra parte, que el deshielo
haga punto menos que imposible nuestra marcha
hacia el Este en un sitio en que hay tan pocas tierras, y que nos arrastre, á pesar nuestro, hacia el
Oeste. Sería tiempo perdido, ya que deberíamos invernar cerca de Islandia, con el inconveniente además de
que agotaríamos nuestras provisiones antes de haber
recorrido el tercio de nuestro camino.
Este parecer fué muy pronto confirmado por los
hechos.
Desde la mañana del 16 de mayo se advirtió que
el campo de hielo, casi completamente compacto, no
dejaba paso á la Estrella P olar. Las múltiples tentativas que se hicieron no dieron más resultado que
una pérdida de tiempo, y el 25 de mayo se estaba á
cuatro grados más abajo hacia el Oeste.
La vía, obstruída hacia Oriente, parecía, por singular ironía, abrirse hacia Poniente.
El empeño del Sr. de Keralio cedió ante la evidencia de los hechos, y siguiendo los prudentes consejos del capitán mandó que se cambiara la dirección
del buque.
¡
Con gran satisfacción de todos se abandonó, pues,
el camino cerrado del Noreste, dirigiendo la proa hacia el horizonte contrario, y la Estrella P olar marchó directamente hacia la punta meridional del
Spitzberg.
El mar, que cada vez estaba más libre, les permitió
llegar allí el _r 5 de junio, cuando hacía 80 días que
navegaban desde la salida de Cherbourg. Se había
llegado al 78 grado de latitud boreal. Sólo faltaban
salvar cinco para llegar al extremo límite de las inves·
tigaciones humanas; pero todos comprendían que se
había llegado al término de lo factible y que entonces empezaba la verdadera campaña, llena de luchas
y de esfuerzos. Para atravesar en trineo tres de esos
grados, Nares, Markham, Stephenson y luego Greely, Lockvood y Brainard habían tardado dos mortales años.•
Era preciso apresurarse. El verano de los polos es
muy corto y después de julio empieza el enfriamiento. Desde que atravesaron el círculo polar no se hacía ningún gasto de luz, pues el sol de media noche
bastaba para iluminarlo todo. Desde quince días antes sólo aparecían pequeños témpanos que iban 'alejándose á merced de las corrientes. Pero el capitán
no confiaba en aquella bonanza, y cada vez que le
hablaban del soberbio tiempo que hacía, movía la cabeza con aire de duda y decía:
- ¡Paciencia! No olvidéis que estamos en la parte
menos peligrosa de los mares polares y que no empezaremos á padecer sino cuando estemos en Groenlandia.
Tenía razón. En vano se trató de poner proa al
Norte pasando de la extremidad meridional de Spitzberg, pues el pack ó campo de hielo cerró el paso
á la Estrella Polar desde el segundo día de navegación. Tampoco fué posible mantener la ruta hacia el
Oeste por el 78° paralelo, pues el empuje de los
témpanos impelía el navío hacia el Sud.
Así se derivaron tres grados y luego el campo de
hielo se abrió de nuevo bajo la influencia de una corriente templada. El comandante Lacrosse se dirigió
oblicuamente hacia el Noroeste. El 25 de junio se
había ganado de nuevo el 78°; la costa de Groenlandia apareció circundada de una franja de hielo
que no tenía menos de 35 millas, y el cabo Bismarck
•acusó su negra silueta hacia el Norte.
A causa del cuidado con que debía navegar, la
Estrella Polar llevaba una marcha muy lenta; apenas de ocho nudos por hora ( 1 ) . A medida que el
buque avanzaba hacia el Norte, los témpanos au-

mentaban en número y tamaño, y se sucedían unos i
otros como rosario enorme de flotantes islas. Hasta
entonces no se topaba sino con bloques planos, con
fragmentos de ice-fields.
(Continuará)

1 (1) El nudo 6 milla marítima equivale á 1.852 metros.

�550

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

608

El éxito fué muy superior á las esperanzas, puesto
Nacido en Brulon (Sarthe) en 1763, Chappe estuque la suscripción produjo 38.000 francos, lo cual dió sucesivamente en La Fleche y en Rouen, entró
LA ESTATUA DE CLAUDIO CHAPPE
permitió ampliar el primitivo proyecto y erigir un en el seminario y al salir de éste fué nombrado sacermonumento en vez de colocar un busto en la sepul- dote comendatario, es decir, sin obligaciones religioINVltNTOR l)ltL TELÉGRAFO A(.:REO
tura. Convocóse un concurso entre los escultores, y sas, y dotado con dos importantes beneficios, dediEl día r 3 de julio último se inauguró ell París, en un Jurado, compuesto de los principales artistas fran- cándose en seguida á las ciencias físicas y consagranpresencia de los individuos del Gobierno, del Conse- ceses, otorgó el primer premio á M. Damé: justo es do á sus ·experimentos una parte de sus rentas. Pero
jo municipal de la ciudad y de la Administración de consignar que la elección no podía ser más acertada, suprimidos en 1789 por la Asamblea Constituyente
porque el monu- los beneficios, Chappe se vió privado de sus princimento es real· pales recursos y hubo de renunciar á sus -trabajos,
---. mente bello.
yéndose á vivir con su familia: contaba entonces vein1 Sobre un alto tisiete años. En medio de los desórdenes de toda
pedestal de már- clase que agitaban á Francia no,pudo permanecer inmol, en el que el activo, y se propuso servir á su país dotándole de una
arrista ha moqe- máquina que permitiera al gobierno transmitir rápilado una figura damente sus órdenes á distancia. Comunicó su prode Mercurio lle- yecto á sus hermanos, que fueron sus colaboradores,
vando en sus ma- y su familia no vaciló en proporcionarle los medios
nos una carta de materiales de realizar su proyecto. Dejando á un lado
la que brota la los detalles de sus experimentos, que duraron quince
chispa eléctrica y meses, sólo diremos que á fines de 1791 sus ensayos
uno de los brazos fueron bastante concluyentes para que fuese á París
movibles del te- á proponer la adopción de su invento. El Gobierno
légrafo aéreo, ál- le autorizó para que verificase algunas pruebas, mas
zase la estatua apenas instalados sus aparatos fueron destruídos dude Claudio Cha- rante la noche, sin que haya podido saberse jamás
ppe con un an- quiénes fueron los autores de este acto de vandalisteojo en la mano: mo. A pesar de esto, Chappe no desmaya: aprovedetrás de ésta el chando la experiencia conseguida con sus primeros
aparato de que ensayos, construye nuevos aparatos con tal perfección
Chappe fué el in- que no sufrieron modificación alguna importante en
ventor. De un los sesenta años en que fueron utilizados, pudiendo
pináculo gótico en 22 de marzo de 1792 ofrecerlos á la Asamblea
salen los montan- Legislativa, en donde su hermano Ignacio representes en forma de taba el departamento del Sarthe. El ofrecimiento fué
escalera, en cuyo aceptado y se dió orden de que se hicieran experiextremo va fijada mentos; pero de pronto fué incendiada la máquina
la pieza cuyos por un populacho ignorante que se figuraba que
movimientos, aquellos aparatos habían de servir para poner en licompletados con bertad al rey entonces prisionero. Poco después se
los de los brazos, disolvía la Asamblea Legislativa y el desgraciado
formaban un con- Chappe hubo de esperar hasta 1. 0 de abril de 1793,
junto de señales fecha en que la Convención reconoció la utilidad de
que representaba su invento.
, un vocabulario
Entonces se le prestó ayuda y protección suficien•
de 196 palabras. tes para que nadie atentase contra sus aparatos, y se
La figura de Cha- delegó á Lakanal y á Dannou para que estudiasen los
ppe, lo propio ensayos, y el día 27 de julio del propio año el invento
que el aparato en era reconocido como realmente práctico y la Conque se apoya, es vención nombraba al ciudadano Chappe ingeniero
de bronce: la es- telegrafista con el sueldo de cinco libras diez sueltatua, concebida dos, con misión de crear las líneas consideradas ney ejecutada con cesarias.
gran sencillez, no
Entonces es cuando hay que ver al desgraciado
tiene nada de esa inventor luchando contra las dificultades que consbanalidad que se tantemente le suscitaban la ignorancia de las poblaadvierte en mu- ciones, la ·falta de medios de transporte y sobre todo
chas estatuas ofi- la carencia de dinero, pues la mayor parte de sus
ciales y honra obreros no quisieron aceptar los asignados, única
grandemente al moneda gue el gobierno ponía á su disposición.
artista.
Esto no obstante, gracias á su perseverancia y á
En e l pedes- su increíble energía, construyó la línea de París á Lital, además del lle con dieciséis estaciones y el 15 de agosto de r 794
relieve, hay tres los aparatos transmitían el primer despacho anuninscripciones: en ciando la reconquista de Quesnoy. La telegrafía hala cara izquierda, bía entrado al fin en los dominios de la práctica, cor.Claudio Chappe seguido lo cual era preciso crear nuevas líneas, espresenta el inven- coger las estaciones, comprar los terrenos, construir
to del telégrafo ~áquinas, instruir un personal de empleados y orgaaéreo á la Asam- nizar, en suma, toda una administración. DificultaEstatua erigida en París en honor de Claudio Chappe, inventor del telégrafo aéreo
blea Legislativa des sin ~uento, originadas principalmente por la falen 22 de mayo de ta de dmero, eran obstáculo continuo á la buena
1792 y es nomcorreos y telégrafos, la estatua de Claudia Chappe, brado ingeniero telegrafista por la Convención Nacional marcha de los trabajos; á pesar de todo, Chappe las
el inventor del primer aparato que permitió las co- en 26 de julio de 1793; en la de la derecha, Primeras vence y en cuatro años construye la línea de París á
municaciones á distancia, el creador de las primeras noticias telegráficas recibidas en París pocas horas des- Estrassburgo con cincuenta estaciones.
Ayudado por sus cuatro hermanos, permanece en
líneas telegráficas.
pués de acaecidos los sucesos: reconquista de Quesnoy y de
E l monumento se eleva en el cruce que forman la Condé. 15 y 30 de agosto de 1794; la de la cara poste- su puest~ hasta I 804; pero en aquella época comiencalle de Bach y el bulevard San Germán, sitio con rior recuerda á los cuatro hermanos de Claudio Cha- za á se~tu los efectos del excesivo trabajo á que se
mucho acierto escogido por estar inmediato al lugar ppe, Ignacio, Pedro, Abraham y Renato, que no sólo ha dedicado durante catorce años, su salud se altera
en donde se hallaba centralizado el servicio de los le ayudaron á perfeccionar su invento, sino que ade- profundamente, su razón se perturba y el 23 de enetelégrafos aéreos, ó sea la casa núm. 9 de la calle de más le prestaron para la creación de la Administración ro d~ r 808, á \a edad de cuarenta y dos años, se suicida
la Universidad, y próximo al domicilo del inventor, de correos y telégrafos una colaboración tan leal arroJándose a un pozo. Sus aparatos sirvieron hasta
que habitaba en la esquina de la calle de Bach y del como fecunda, y quedaron, después de él, al frente de 1855, fecha en que fueron sustitufdos por el telégrafo eléctrico:_ el último despacho fué, como el primuelle de Orsay.
este importante, y útil servicio, el uno hasta 1823 y
mero, el anuncio de una victoria: la toma de SebasEl creador de la telegrafía había sido casi olvidado, los dos tfüimos hasta 1830.
topol.
y apenas si se sabía dónde reposaban sus restos cuanCuando se consideran los inmensos servicios pres. Para hacerse perfectamente cargo de las enormes
do M. Ernesto Jacquez, bibliotecario de Correos y tados por el telégrafo de un siglo á esta parte, cuanTelégrafos, propuso á la Administración de éstos que d_o se conocen las inauditas dificultades que fué pre- d1ficult~des con que hubo de luchar Claudio Chappe,
se colocara siquiera un busto sobre su tumba; y como ciso vencer para establecer de un modo práctico las es preciso leer el inter~sante libro que M. Ernesto
para esto se necesitaban fondos, M. Jacquez concibió primeras comunicaciones, causa asombro que la me- J~cquez ~caba de dedicarle (Claude Cha,ppe. Notice
la idea de dirigirse á todos los empleados de correos moria de Claudia Chappe haya quedado sepultada biog_raphzque):_en él puede seguirse paso á paso la
y telégrafos para obtener, por medio de una suscrip- durante tanto tiempo en el olvido. Si alguien ha me- acc1den~ada vid~ del inventor, que se consagró_ por
ción, la suma necesaria, y durante dos años dedicóse recido bien de su · patria es indudablemente el que entero a la ~eahzación de su proyecto con el sólo
con tanta actividad como entusiasmo á la realizacióñ consagró su fortuna y su vida á dotar á su país de fin, de ?er útil á _su país, y de ella podrá deducirse
cuan bien merecida es la estatua que le ha erigido la
de su proyecto.
tan útil invento.
familia telegráfica por él fundada. - X.

NÚMERO

SECCIÓN CIENTiFI CA

608

55 1

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

prenda la estearina y quede al descubierto la torcida
y aproxímense los dos extremos rígidos de manera
que la porción de torcida descubierta forme como un
taco, según indica el detalle de nuestro grabado. P reparado así el fósforo, introdtl.zcase por el tubo de
cristal metiendo primero la cabeza y empújese hasta
que la porción hinchada de la torcida cierre á modo
de taco la boca de aquél, aunque no herméticamente.
Cargada así la pieza, colóquese otra cerilla encendida debajo del tubo de cristal calentando especialmente el extremo en donde está la cabeza fosfórica, y al
poco rato se producirá una detonación, y el proyectil,
ó sea la cerilla, será lanzado á una distancia de cinco ó seis metros. Procúrese clavar las rueclas en una
tarjeta para evitar el retroceso del cañón. Este retroceso se manifestará en el tubo de cristal, que se correrá hacia atrás en la pieza de corcho que lo sostiene.
A pesar de su poca consistencia, este cañón puede hacer hasta 100 disparos sin sufrir ningún desperfecto: si el alma de la pieza se llena de grasa, espérese á que se enfríe y límpiesela con una de esas
escobillas que sirven para limpiar las boquillas.
Este juego de salón inofensivo que acabamos de
describir puede servir en las tertulias para organizar
entretenidos juegos de tiro al blanco, pues la cerilla
al ser disparada deja en el papel una señal.
ARTURO Goon
(De La Natt,re)

PA SA TIEMPOS CIENTÍFICOS
CAÑÓN IMPROVI SADO

Tómese un tubo de cristal de tres milímetros de
diámetro interior y de unos diez centímetros de largo y ciérrese uno de sus extremos con lacre; córtese
en un tapón de corcho una pieza cuadrada de dos
centímetros de lado y practíquese en ella un agujero
por donde se introducirá el tubo de cristal, que deberá ajustarse exactamente a l orificio, colocándolo de
modo que el extremo abierto mire hacia adelante;
clávese con alfileres esta pieza cuadrada al extremo
de dos tiras de corcho que hacen las veces de gualderas; fíjense finalmente por medio de alfileres las
dos ruedas que podrán ser discos de cartón ó de corcho, y tendremos el cañón y la cureña.
Falta procurarse la espoleta, la carga, el taco y el
proyectil, lo cual no será difícil, pues todo puede
encontrarse reunido en un objeto de fácil adquisición,
en uno de estos fósforos largos y gruesos, llamados
fósforos bujías, escogiendo para ello una que tenga
la cabeza azul, de esas que se encienden con explosión á consecuencia de tener mezclada con la pasta
fosfórica una pequeña cantidad de clorato de potasa.
Cójase el fósforo entre el pulgar y el índice de cada mano muy cerca del extremo opuesto á la cabeza,
estrújesele en todos sentidos de modo que se des-

Un cañón improvisado

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin,
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11JD¡Uo p,IIJM pan el colíl. 50 Año■ de Íl&amp;tto,Jmilluta de ltltimoolotprulllaa la duda
44 ..u ~ (le _ . . • M)ll,_111('1 la 11ub1. J ea 1/2 ..,.. pan ti blplt U,n). .PIia
la . _, _,.._ 11 rlLl t'OU&amp;. DU■■ER, l , ruo .J,..J,•l\0UNU11, PU'III.

�LA

55 2

ÍLUSTRACIÓN ÁRTÍSTICA

NúMERO

atractivos que reune esta obra es la forma en que
está escrita; el estilo participa de la sobriedad que
debe exigirse al historiador y de la galanura que
caracteriza al buen novelista. La obra forma dos
voluminosos tomos y ha sido editada en Paris'por
la Biblioteca de Europa y América.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
CONGRESO JURÍDICO IBF.RO·AMERICANO, RE·
UNIDO EN MADRID EL AÑO 1892. - Bien notoria
es la importancia que revistió el Congreso jurídico
celebrado con motivo de las fiestas del IV centenario del descubrimiento de América, y al que
concurrieron los más eminentes jurisconsu,ltos españoles y americanos: de gran interés fueron los
temas en él discutidos y en extremo notables los
trabajos en que tales temas se desarrollaron. La
Real Academia de Jurisprudencia, promovedora
del Congreso, ha reunido en un voluminoso tomo
todos estos trabajos que ni siquiera someramente
podemos enumerar por falta de espacio, pero de
cuya valfa podrá formase idea con sólo tener en
cuenta que fueron presentados por las lumbreras
del foro y de las academias de nuestra patria y de
las rep{1blicas hispano-americanas. El libro, que
ha sido impreso por los Hijos de Manuel Ginés
H emández, de Madrid, constituye un verdadero
monumento erigido á la ciencia jurídica que deben
consultar y estudiar cuantos á ésta rinden culto ó
por ella se interesan.

*

* *
Los APÉNDICES AL CÓDIGO CIVIL, por don
L eón Bonel y Sánchez. - Se han publicado las entregas IO y I I de esta interesantfsima revista que
contienen, entre otros trabajos, la por tantos conceptos notable Memoria que, debida á su presidente Sr. Bonel, eleva la Academia de Derecho
de esta ciudad al Ministro de Gracia y J usticia
sobre las reformas que deben introducirse en las
leyes de Procedimiento Civil y Criminal y en el
Jurado. Es un trabajo que honra á su autor y á la
corporación cuya presidencia ocupa y que merece
ser estudiado por cuantos se interesan por la ciencia juridica. El Sr. Bonel demuestra en su Memoria haber estudiado profundamente todos los problemas relacionados con el derecho procesal y conocer á fondo los defectos que entraña esta rama
del derecho y los medios indispensables para corregirlos .

..* *
CRÓNICAS POTOSINAs,por D. Vicente G. Quesada. - I mposible nos es, dada la indole de esta
sección, hacer un estudio de esta interesantísima
obra del actual ministro plenipotenciario de Ja Re·
pública Argentina en Madrid, que á su condición
de verdadero diplomático une la de literato eminente, no sólo celebrado en su patria, sino en las
demás repúblicas del nuevo continente y en nuestra misma España. Crónicas potosinas son una colección de narraciones interesantísimas de costumbres merlioevales hispano-americanas que arrancando del descubrimiento del famoso mineral de
Potosí van siguiendo el curso de los sucesos relacionados con el modo de ser de los indígenas
y de los conquistadores durante los siglos xv1 y
xv11, presentando como síntesis de cada época el
acontecimiento que más dominó la atención durante la misma. La materia tratada por el señor
Quesada es nueva, y por la habilidad con que ha
sabido tratarla tiene todo el interés del trabajo
histórico y toda la amenidad y encanto de la novela. Lleva el libro multitud de notas que, además de demostrar el profundo estudio hecho por
el autor de la bibliografia hispano-americana, sirven de apoyo á los hechos que relata. Otro de los

GRANO DE LINO TARIN F~~Ml~S
E8TRERIMIENTO8, CÓLICOS. -

Lact.ja: 1 fr. 80,

***
INDEMNIZACIÓN Á LAS VÍCTIMAS DEL DEL!·
TO, jor R. Garofalo, traducción de Dorado Montero. - Después del éxito que ha obtenido en España La Criminalog{a, de Garofalo, nada diremos en elogio de la Indemnización á las victimas
del delz'to (que es la segunda parte de la Crimina·
logfa), sino que esta nueva obra del ilustre autor
italiano es, en nuestra opinión, de más importaqcia jurídica que la primera. Editada por La Espa,1a Moderna, se vende á 4 pesetas en las principales librerías.

* **

LA ESPAÑA MODERNA. - El último número
de esta importante revista es notabilísimo. Con·
t iene una novela entera, Ag'llas primaverales, de
Turguenef; Los mesones, cuento, por Daudet; Las
costwnbres literarias del tiempo presente, por Caro; Un magnifico estudio de Alexis acerca de los
RM,gon Macquart, y del Doctor Pastt1al, la famosa novela de Zola; y otra porción de trabajos muy
notables de Lubbock, Carrer, Lombroso, Mélida,
Villegas, Castelar, etc.

CONTRAVAPOR, cuadro de F. Sallé (Salón de los Campos Elíseos, de París. 1893)

a

Lu

Per10nu qu conocen las

MEDICACION TÓNICA

PILDORASt~DEHAUT

PILDORAS vJARABE

111t.11ADESd•1Esr0,..
\--i
~ ,,,,,"

DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando Jo
necesitan. No temen el asco ni el cau1ancio, porque, contra lo que sucede con
l(?S demas purgantes, este no obra bien
smo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el calá,
el t,J. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida 9'Ue mas le convienen,
sevun sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamenleanuladoporel electodela
buena alúnentacion empleada,uno
se decide fácilmente II volver
'll e,qpesar cuantas veces
sea necesario.

DE

BLANCARD

Pepsina Boudault
lprvbada por la !C!DEl1' DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART. EN 1856
Medallu en 111 E1po1iclonet lnternaefonalea dt

P.llllS - LYOI - VIERA - PBIWELP!U. 18C7

18?2

1873

1876

11 SJIPLl.l 0011 IL ■A.Toa

t11ro

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mrs
1Bi8

&amp;1' LA■

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Pero con frecuencia es talslllcado.EJ APIOL
verdadero1...únlco eficaz, ea el de los Inventores, Los u•" JORET y BOIIIOLLE.

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rara BRillT, 151, mft llnll, p1BIS

VIN6~1i()if¡j;;1Jü1NA

fflJTlllTIV0S SOLUBLBS DB u CARNE
los elementos qu~ entran en la composlclon de este potente
l'eparador de las !uerzas vitales, de este for&amp;,ae11ate por eaceleaeia, De un gusto sumamente agradable, es 1:10berano contra la ..4.nemta y el ..4.pocamtento, en las calentura,
'3 ConvalecencúU1 contra las Diarreas y las ..4.feccumes del Estomago y los tntesttnos
Cuando se traia de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las fuérzas,
enrtquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias provocadas por los calores, no se conoce nada superior al Vino de Qui■a de A.roud.
.P&lt;rr mayor. en Paris, en casa de J. FERRt, Farmaccutico, tM, rue Richelieu. Sucesor deAllOUD
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TC0N TODOS

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SB VBNDB BN TODAS LAS PRINGIPALES BOTICA&amp;

Querido •nfermo. -Frese Vd. • mi /arta erperlencra,
r hata u,o de nuestro, 6RAN0S de SALUD, pue, ellas
le ourarán de
eon,t1paotbn, le dar4n 1/18/ito ., 11
dero/rerin e/ sueño y la aletria. - A11 ririrA Vd.
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Quedan reservados los derechos de propiedad artl!tica,y ·literaria
' JMl', DB M0NTANBll Y SIMÓ?f

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Ftí~t1ea
ARO XII

BARCELONA 28 DE AGOSTO DE 1893 ..,. _ _ _ _ _ __

NÚM. 609

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA U,NIVERSAL ILUSTRADA

inoeJldiQ d@l "'1IUP.oén de hielo artificial en la Exposición universal de Chicago, en el que perecieron más de treinta bomberos

�LA ÍLUSTRACIÓN ÁRTÍSTtCA

554

NúMERO 60~
mentos y cuantos objetos sean necesarios para hacer
comprender claramente al alumno la cronológica
transformación que fueron sufriendo, así la indumentaria, como los usos y costumbres de los pueblos, y
con ellos la arquitectura y la escultura.
Recientemente dió en la escuela de Bellas Artes
de París el miembro del Instituto M. Heusey una
sesión pública de Historia de la Indumentaria. He
aquí cómo refiere esta sesión uno de los diarios parisienses.
«Curiosísima ha sido la sesión ayer celebrada en la
escuela de Bellas Artes.
)) En la sala del hemiciclo llamado de Paul Delaroche (á causa de haber pintado en él este célebre artista los retratos de los principales artistas del mundo), M. Heusey, individuo del Instituto, continuó la
explicación de su historia de los trajes de la antigüedad, con la ayuda, no de maniquíes, como hasta ahora
venía aconteciendo, sino con ia de modelos de carne
y hueso.
&gt;&gt;En dos horas reconstituyó á nuestra vista varias
épocas de Egipto y de Asiria, no en sus monumentos, sino en sus modas. J. Bian mismo, acostumbrado
á vestir las reinas de tragedia ó de drama lírico y que
asistía á esta sesión, tenía celos de la facilidad y propiedad exquisita con que aquel sabio y artista práctico ceñía y plegaba el suave lino á los cuerpos de los
modelos que representaban Faraones, y las lujosas y
caras telas con que vestía á los niños que recordaban
á los hijos de Asuero. Todo esto en medio de unánimes aplausos de los concurrentes.
»M. Heusey, para concluir, nos representó sobre un
trono rodado de la época S. V. P. á un monarca del
siglo x con la tiara en la cabeza, la maza de armas en
la mano y la espada en la cintura.))

Pizarros, Hernán Cortés, Juan de Austria, gran duque
de Alba y Alvaro de Bazán. Si creyentes fervorosos
hasta el fanatismo, sin embargo, no miraban mucho
que digamos hacia el cielo, antes por el contrario,
altivos y fieros, batalladores hasta llegar con sus proe•
zas á rayar en la epopeya, los músculos de sus cuellos estaban rehacios á toda flexión que significara le········•··
Texto. - Cró11ica de arte, por R. Bals~ de la Vega. - La E x - vantar la cabeza para la contemplación de alguien
posición ttniversal de Chicago, por A. --' Lo que vi de la Co- más alto que ellos mismos. Ni sus ojos se alzaban
muna de París, por Archibaldo Forbes. - Miscelánep. - tampoco de la altura aquella que medía la talla del
Nuestros grabados. - Una francesa en el polo Norte (conti- que osara cruzar con el suyo su acero. Ni aun para
nuación), por Pedro Mael. - SECCIÓN CIENTIFICA: El puen· jurar, en los rostros de tales gentes se reflejaba gran
te palacio en la ria de Bilbao. - Libros enviados á esta Recosa la unción, el misticismo que trata de imprimir
dacción por autores ó editores.
·
Grabados. - Incendio del almacén de hielo a,•tijicial en la á la arrobada cabeza de Legazpi el Sr. Querol. Los
Exposiáón tmiversal de Chicago. - Tres grabados más, co- nobles y los guerreros, españoles todos que ceñían
rrespondientes á otras tantas secciones de dicha Exposición. hoja de acero toledana ó florentina, juraban puest~ ó
- R etrato del conde de Anmdel, pintado por Van Dyck. Fusilamiento por los comunistas de los rehenes que tenlan en extendida la mano sobre la ·cruz de su espada, ó b1ell'
la cárcel de la Roq11ette; Conducrión de prisioneros com1mis- empuñándola solamente. Y aun cuando mi amigo
tas; Fusi/amimto de rehenes por los comttnistas en la calle de el Sr. Querol lo crea extraño á lo que voy diciendo,·
Haxo (1871). - En el templo de Baco, cuadro de Juan Muz- le recordaré sin embargo que muy escasos fueron los
zioli. - Un desafio m Albania, cuadro de Pablo Ivanowitch.
-Figuras 1, 2 y 3. Vista parcial del puente palacio en la ria motes de los blasones de la nobleza de Castilla donde Bilbao; Visla superior del puente palacio; Conjunto de de se leyera una frase mística. Recuerde: «Después
éste, visto desde la iglesia de Portugalete. - B11e11os camai-a- de Dios, la casa de Quirós;» «Con enemigos y sin
das, dibujo de P. Golleron.
enemigos,» «Luchando siempre,» «A mi vista hu.......,.......................,......,......,......,......,......,.......................,.............,......,................,.. yen, » y era un hacha de armas sobre campo rojo.
Pues bien: vístansele á Legazpi hábitos iguales á los
CRÓNICA DE ARTE
que viste el P. Urdaneta, y parecerán ambos una misma figura. Para mí no ha adivinado el Sr. Querol á
La vida artística sufre en Madrid una paralización Legazpi, representante del poderío de España en los
completa. El calor horrible que estamos soportando días de Felipe II.
con más resignación que Silvela á D. Antonio, obliEn cambio la figura del P. Urdaneta peca de degó á las gentes que disponen de su dinero y de su masiado movida. Bien es cierto que el célebre fraile
persona á salir precipitadamente para lugares donde era un temperamento enérgico, más, mucho más relas brisas marinas ó las umbrías de las montañas y suelto que Legazpi; pero ante el simbolismo al cual
de los bosques hagan tolerable la temperatura eleva- debió sujetarse el artista, claramente expresado en el
da que hace días viene sintiéndose en toda ó casi to- lema Patria Fides, al de Urdaneta corresponde de
derecho simbolizar la R eligión, como á Legazpi la idea
da la península.
Madrid ha quedado por nuestro; y nosotros somos de la Patria. Y esto en cuenta, paréceme al ver así
Otra noticia que acabo de leer en La Liberté me
los periodistas, los empleados, «algún que otro minis- trocados los papeles, que por equivocación el señor
tro, » media docena de directores, subsecretarios, aca- Querol le puso faldas al que debía llevar las calzas. hace pensar en la enorme paralización que, sobre la
démicos y magistrados de tanda y los mangueros y
Por otro lado, las dos figuras con el mismo movi- que hoy se advierte, van á tener las artes en España,
barrenderos de la villa. Los artistas levantaron el miento de cabeza, el paralelismo de las actitudes, la con motivo de las desdichadas economías con que
vuelo, y no el de la fantasía, y desaparecieron de esta ausencia del motivo principal, de lo que motiva la tan fieramente se castiga en estos presupuestos el
abrasada y pestilente capital de la monarquía españo- inmortalización del fraile y del soldado, de la tierra, de Fomento.
El ministro de Bellas Artes de Francia ha confiado
la. En l_os escaparates de los mercaderes de cuadros en fin, que iban á gobernar y á concluir de someter
no se ven más que obras de antiguo conocidas, ó ta,- á nuestro dominio, todo esto hace del monumento una misión á M. Antony Valabrigue con el objeto
blitas de esas que á última hora, en cuatro trancos, una obra cuya idea generadora está incompleta. Por- de que estudie los museos del Este y del Norte de
entre trago y trago de cerveza y desvanecimientos que yo no creo que la figura que aparece entre las Francia, de Bélgica y de Alemania.
&lt;(Poeta y escritor de arte, Valabrigue viene estuproducidos por el calor que convierte los estudios en columnas del pedestal y sentada en la basa del prihornos, hicieron aquellos pintores que no han podi- mer cuerpo represente á Filipinas. Si mi memoria no diando hace largo tiempo los grandes y los pequeños
do resistir la nostalgia del dolce far niente que aco- me engaña, pues en este instante no tengo á la vista maestros del siglo xvn y del xvm,
»Amante - dice el periódico de donde copio estas
mete mirando el flujo y reflujo del mar, ó escuchan- copia fotográfica alguna del proyecto, esta figura más
do cómo el viento entona sus monótonas y adorme- simboliza la Historia - ese eterno ripio de la escul- líneas - de los caracteres independientes y que se
cedoras sinfonías entre las hojas de los árboles.
tura moderna, - que no otra cosa. Además, si por aca- revelan por su originalidad, busca en todo el modo
Volviero~, pues, sobre su acuerdo cuantos pintores, so representara á Filipinas, ni el lugar adonde relegó de reconstituir, con gusto y gran conciencia del cará principios de verano, hicieran formal promesa de el escultor la figura ni su carácter é indumentaria go que le está confiado, las más puras glorias del arno abandonar á Madrid. Y con los pintores se mar- están dentro de la verdad relativa, que si&lt;;mpre debe te francés.
»Después de haber examinado algunos de los mucharon poetas y literatos, músicos y actores; tan sólo existir en la obra de arte de este género.
quedan aquí dos ó tres nombres en las letras y en las
¿Bellezas? L1s tendrá grandes cuando Querol des- seos del Norte y del Este de Francia pasará M. Valabri•
artes, esperando la ocasión propicia para también arrolle á todo su tamaño esta obra. Entonces podrá gue-al Sud de Alemania con el objeto de visitar Augsellos dar en el campo espacio á su espíritu.
admirarse cómo el autor de La Tradición convierte burgo y Munich. Hará una detenida visita á los maesLos escultores son los que no se han movido de en carne palpitante, mórbida ó tendinos::t, según de tros franceses, cuyas obras son numerosas en Dresde
Madrid. Amarrados al bloque de mármol ó al barro, quien trace la figura, la informe masa de barro ó el y en Berlín. Esta visita dará por resultado una copor la índole de su arte forzosamente tienen que ha- enorme bloque de mármol; entonces podrá admirarse lección de documentos y estudios interesantísimos.»
Lo mismito que en España. Es verdad que aquí
cer de la necesidad virtud. Y aquí están. El mismo cómo expresan los rostros de esas hoy figuritas casi
Querol que debía haber partido para Carrara hace un deshechas cuanto el artista quiere que expresen; en- no nos hace falta para nada la reconstitución de la
mes, todavía se encuentra entre nosotros. Es verdad tonces paños y armaduras serán de tela y de acero Historia de nuestro arte. Cierto que nuestras artes
que el contratiempo que le produce la forzosa perma- respectivamente: entonces aparecerá el escultor en industriales, nuestra arquitectura, nuestras mismas
artes de la escultura y pintura son tributarias del exnencia en esta corte, se lo ha compensado la noticia todo su valer, y cuenta que éste es grande.
oficial en la que desde Manila se le comunica ·haber
tranjero; cierto que aquí no tenemos un solo libro de
donde sacar en limpio cuál ha sido ya y debe ser el
sido premiado su boceto Patria Fides, con que asistía
valor de nuestro arte; pero ¿no les parece á ustedes
al concurso abierto en aquella capital para elevar un
monumento á Legazpi y al P. Urdaneta.
Hace días recordaba yo al Sr. Moret, ministro de que entre esto, que al cabo produce beneficios positiQuerol y Farera han sido los vencedores en esta Fomento, que debía plantearse, si no venían mal da- vos, y regalar á un contratista de envases de merculucha; Querol alcanzando el primer premio, Farera el das, su proyectado plan de enseñanza, cuando este rio 600.000 pesetas, lo segundo es lo legítimo?
accésit. Cataluña sigue, hasta el presente, arrollando plan hubiera sido aprobado por el Consejo de Inscon sus escultores á los de las demás provincias.
trucción pública; y que para entonces veríamos entre
Yo que he visto varios de los bocetos enviados á varias anomalías, perfectamente perjudiciales para la
Manila para el citado concurso, entiendo que el de enseñaza, una á propósito de la cual le llamaba la
El notable escultor sevillano Susillo ha sido encarQuerol, teniendo grandes cualidades - no en vano su atención; pues siendo la nueva asignatura de Historia gado por el ayuntamiento de Sevilla para modelar la
autor figura entre los escasísimos escultores de gran y Teoría del arte de una necesidad grande, con el sis- estatua de la infanta Luisa Fernanda, que deberá
talla de.España, - sin embargo, me pareció y me sigue tema económico de las acumulaciones se convertiría erigirse en la ciudad del Guadalquivir.
pareciendo una de las obras que no inmortalizarán el en lastre intelectual inútil.
nombre del artista tortosino. Quizás la rapidez con
La enseñanza de la Historia del arte como de la
R. BALSA DE LA VEGA
que está concebido y desarrollado el pensamiento Teoría precisa que la den personas idóneas que haMadrid, 14 de Agosto de 1893.
haya sido causa de las deficiencias que yo encuentro yan dedicado su vida á estudios de esta índole y que
en esta obra; siendo la deficiencia principal, á mi además reunan la condición esencial de poder hacer .,.,,.,,,,,i-,,,,,,.,,..,r,,•,,,.,,.,,,.,,.,,,.,,.,,..,,.,... ,1.,••,,,.,...,1., ,..,,.,,.,,,,,,.,,,,,,.,,,.,,••••••,.,...,,.,,... 1•,
:nodo de ver, la de no estar comprendidos los carac- sus explicaciones por los medios gráfico y plástico.
teres morales de los estatuados; y más que esto, por
Así fo entienden en Francia, en Inglaterra y en LA EXPOSICION UNIVERSAL DE CHICAGO
no estar en el fraile y en el guerrero simbolizado el otras naciones, y así lo ha entendido la academia de
lema Patria y Fe.
Más de la cuarta parte del palacio de la Industria
Bellas Artes de San Fernando. al conceder al señor
Creo firmemente que Querol meditará sobre esto Arroyo la cátedra de Historia y Teoría del arte ocupa la sección de los Estados Unidos, tres veces
que desde estas columnas le digo. No eran los mili- que se explica en la escuela superior de Pintura, Es- mayor que la de Francia ó la de Alemania; pero si
tares, los guerreros españoles de los siglos pasados, cultura y Grabado. Sobre sus contrincantes, por otro los objetos en ella expuestos guardaran en punto á
fáciles de confundir con los de n\).ción alguna, y mu- lado sapientísimos, tenía el Sr. Arroyo, á juicio del cantidad la misma proporción que tienen en la francho menos los que luchaban en aquel siglo de los tribunal, la condición de poder dibujar trajes1 monu- cesa ó en la alemana, es decir, si el número de los
n-.~·..,.

;

NúMERO 609

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

555

mismos de igual clase se
habilidad y de ese gusto
limitara al de los que en
que el trabajador europeo
esas dos otras secciones se
puede decirse que respira
han juntado, las colosales
en el taller y lleva disuelto
dimensiones que hoy preen la sangre, siendo el consenta quedarían consideratinuador de una obra cuya
blemente reducidas. Adetradición se han transmimás, entonces el efecto
tido unas á otras innúmeque ahora produce la desras generaciones.
medida abundancia desA la entrada de la secaparecería en buena parte,
ción norteamericana y en
y se vería que la instalael centro del palacio de la
ción norteamericana está
Industria álzase una espemuy por debajo de las inscie de campanario de cuatalaciones de las naciones
renta metros de elevación,
más adelantadas de Euroque
se ve en el grabado
pa, y en algunas ramas de
que
reproduce
aquélla: en
la industria, especialmenel cuerpo inferior, cuyos
te de las industrias artísángul&lt;?s están coronados
ticas, resultaría verdadepor cuatro torrecillas, tiene
ramente pobre.
el directorgeneral de la ExEl examen atento de la
posición varios elegantes
sección industrial de la
salones; en el superior hay
América del Norte es uno
un
reloj con un carillón que
de los varios desencantos
ejecuta
escogidas piezas.
que experimentan los qut
Una de las pocas instalavisitan el parque Jackson.
ciones que constituyen una
EXPOSICIÓN UN IVERSAL DE CHICAGO, - La seccióc de los Estados Unidos en el Palacio de la Industria
Cierto que allí la industria
excepción hasta cierto
se presenta con caracteres
punto de lo que llevamos
grandiosos y abarca todo lo imaginable; pero sólo tante y que contribuyen no poco al buen efecto que
dicho acerca de la industria americana es la de los
brilla por la precisión con que aparecen elaborados causan las del viejo continente. En éstas admíranse
j~yeros
de Nue_va York _Tiffani y comp¡ñía, razón solos objetos: todo se hace con máquinas que producen Tos más hermosos productos del arte industrial tales
cial
muy
conocida también en nuestro continente: en
.
'
de una sola vez docenas, centenares, millares de és- como tapices,
bronces, estatuas, esculturas, porcelasu grandioso pabellón y dentro de aparadores forratos; pero cuando se contemplan los muebles, los bron- nas, metales labrados, encajes, etc.· en la de los Esces, los artículos de plata y los de uso corriente, cuan- tados Unidos todo es frío, y lo úni~o que en ella so- dos de e~pejos cent~llean á millares las más sorprendo se admira la inmensa cantidad de lo producido, ?resale son joyas, piedras y metales preciosos, relo- dentes piedras preciosas, rubíes, esmeraldas, brillanse ve que falta en todo el sello individual, se echa Jes y otras cosas por el estilo. El artículo adocenado tes como nueces y otras varias por valor de muchos
millones.
de menos la mano del trabajador que imprime el predomina por completo, y en él no cautiva la forma
Las joyas en que estas piedras están montadas y
verdadero carácter, se observa, en suma, la ausencia por lo artística, sino por lo práctica, y en este concepmult_itud
de objeto_s d_e oro y plata que allí pueden
completa de estilo nacional en el conjunto.
to sí que tienen allí mucho que aprender los euroLa sección norteamericana en el palacio de la In- peos.. Pero éstos llevarán siempre gran ventaja á los a_dm1rarse son de dtbu~o elegante, de un gusto exquidustria es un amontonamiento de productos fabriles amencano~: ~ucho de lo qu~ en América se produce sito; p~r esto hemos dicho que esta instalación es una
hecho sin orden ni concierto: cada expositor ha cons- pued~ ser imitado y. aun falsificado por nuestros in- excepción de la regla general; pero... esos dibujos,
truído á su antojo su instalación sin obedecer á plan dustn~les; e_n ~amb1~ el ya_nkee, por. regla general esas m?ntu~s débense á artífices de Europa que la
alguno, y así corno todas las secciones europeas osten- ten~ra que hm1tarse ª. exa_mmar platónicamente, por casa T1ffam h~ llevado á los Estados Unidos, y de
tan artísticas fachadas y elegantes vestíbulos en don- decnlo así, la producción industrial de Europa· pues aquí que al senalar la excepción hayamos añadido
de prese~tan instalados con el mejor gusto los obje- aun prescindiendo de lo caros que resultarían Íos ar'. que sólo lo era hasta cierto punto, porque en resumitos más importantes, en aquélla falta el sentimiento tículos á causa de lo elevado de los jornales difícil das cuentas resulta que en todo ello el yankee ha
puesto el dinero y el europeo el arte. Con lo cual
artístico y aun el confort que tan gratos son al visi- había de serle llegar á tener obreros dotados' de esa
queda aquella regla una véz más confirmada.

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. -

La sección francesa en el Palacio de la Industria

�556
Francia ocupa uno de los puestos de honor en el
centro del palacio de la Industria, y su instalación
produce admirable efecto, confirmando los productos
en ella expuestos la merecida fama de que gozan los
franceses de ser los primeros en punto á industrias
artísticas y demostrando á la vez los incesantes progresos que en esas ramas del saber humano realizan.

LA ILUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

preeminencia: en la primera se han fabricado ha~ta
ahora las piezas grandes; en la segunda se confeccionan comúnmente los pequeños tapices destinados a
la venta ordinaria, y las telas para muebles, en las
cuales se reproducen preferentemente los encantadores cuadros de Watteau.
De estas telas se ven algunas en los muebles que

N úMERO

609

palma en la Exposición de Chicago, y hasta los mismos alemanes confiesan que si en algunas cosas ha
quedado por debajo de Alemania, en muchísimas, en
las más importantes, la deja muy atrás.

Los productos italianos ocupan en el palacio de
la Industria un espacio bastante reducido, casi la mitad del área que tienen las secciones belga ó japonesa; pero la pequeñez queda sobradamente compensada con el gusto que caracteriza a los italianos en materia de industrias a rtísticas. Además la colocación
de los objetos expuestos es tan elegante que bien
merece esa sección el calificativo de monada del
gran certamen.
Lo primero que se encuentra al entrar en ella es
un busto bastante bueno del rey Humberto, alrededor de cual hay agrupadas multitud de bellísimas
esculturas de mármol y de madera, muchas de ellas
muy notables y algunas admiradas ya en anteriores
Exposiciones.
Varias casas venecianas exponen artísticos bronces, artículos de cristal magníficos y casi por nadie
igualados, muebles tallados reproducciones de antiguos modelos y hierros labrados; Florencia presenta
sus mayólicas y fazences, copias en su mayoría de esos
viejos y preciosos ejemplares que en Italia tanto
abundan, y los milaneses tienen allí hermosas sederías y otros tejidos. Pero lo que más se admira en la
sección italiana es la riquísima colección de encajes
venecianos, entre los que sobresalen los de Burano.
La antigua y un día floreciente industria encajera
había casi por completo desaparecido en la ciudad
de las lagunas, cuando hace aproximadamente veinte años una ilustre dama italia na fundó en Burano
una escuela de encajes en donde la generación joven
pudo aprender tan delicado arte bajo la dirección de
viejos maestros.
Los resultados de esa patriótica empresa pueden
admirarse actualmente en la Exposición de Chicago,
y á ellos se debe que los encajes venecianos hayan
reconquistado la universal fama de que un tiempo
gozaron y que temporalmente habían perdido.

Para terminar este artículo descriptivo de los grabados que referentes á la Exposición de Chicago publicamos, réstanos sólo dar cuenta del incendio ocurrido el día 11 de julio en los grandes almacenes en
donde se fabricaba el hielo artificial. E l origen del
siniestro se atribuye a las substancias químicas destinadas a esta fabricación que en aquel local había
acumuladas y que en un instante convirtieron el edificio en una inmensa hoguera. Los bomberos se situaron en la torre central, para desde allí dirigir mejor los chorros de agua que arrojaban po:entes
EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO, - La sección italiana en el Palacio de la Industria
bombas de vapor: de pronto la torre se hundió cayendo en medio del espantoso brasero, y aquellos
Esto unido a la practica que tienen en materia de expone Francia y que por la variedad de sus estilos héroes, víctimas de su deber, perecieron carbonizados
exposiciones permitía,asegurar de antemano el triunfo forman una colección de gran interés, tanto más, unos _y aplastados otros en la calle adonde se arrojade Francia en la de Chicago, y así ha sido efectiva- cuanto que los ebanistas expositores han dispuesto ron buscando contra una muerte segura una salvamente: la victoria de la industria francesa ha sido sus instalaciones de modo que el visitante pueda ver ción imposible.
· completa, sobre todo en aquellas ramas, en que los en ellas habitaciones completas en las cuales no fa!A pesar de esto, pocos instantes después otros cinfranceses son los primeros y los americanos los úl- ta el menor requisito, no sólo en lo referente al mue- cuenta bomberos y algunos soldados ingleses subietimos.
blaje, sino que también en cuanto tiene carácter de ron al tejado del edificio principal, en parte incóluLa fachada de la sección francesa que da a la ave- adorno, como cortinajes, alfombras, bronces y demás me todavía; pero las llamas que ardían en el interior
nida principal del palacio, sin ser tan artística como accesorios de las viviendas modernas.
no tardaron en atacar aquel punto y el techo comenla alemana es imponente y digna de los objetos que
Conocidos en todo el mundo son los magníficos zó a hundirse. Aplicaronse escaleras a las paredes;
contiene: domina en ella un grandioso portal ador- productos de la fábrica de porcelana de Sevres; el pero el calor era tal, que se hacía m·uy peligroso ennado con banderas, por_el cual se penetra en el patio número de los expuestos en Jackson Park supera al caramarse por ellas: esto no obstante, algunos bomde honor característico de todas las exhibiciones fran- de los que figuraron en la última Exposición univer- beros, dando pruebas de un valor heroico, lograron
cesas, en donde hay expuestos los artículos de todas sal de París y hay entre ellos algunos ejemplares salvar a algunos de sus camaradas en medio de las
las manufacturas del Estado y en cuyo centro álzase nuevos.
frenéticas aclamaciones de la numerosa muchedumla estatua de la R epública, modelada por Falguieres
La sección de bronces ostenta preciosos objetos, bre que contemplaba el siniestro espectáculo.
en veinte días, según se dice.
sobresaliendo por encima de todos ellos el magnífico
El número de muertos no bajó de treinta, siendo
Las paredes esta.u colgadas de los últimos produc- y colosal jarrón dibujado y modelado por Doré que mucho mayor el de heridos á consecuencia de la catos de las famosas fábricas de Gobelinos de París y figuró en la Exposición universal ,de Barcelona. La tá5trofe.
Beauvais, verdaderas obras maestras, únicas en su de piedras preciosas y labores de orfebrería contiene
El incendio produjo naturalmente gran agitación
género, cuya perfección nadie ha podido superar ni muchas mara villas que merecen figurar como las pri- entre cuantos se encontra ban en J ackson Park, y los
igualar siquiera. E ntre todos esos preciosos tapices meras en su género en la feria del mundo. No menos expositores y guardianes de las galerías, aun las que
llévase la palma en Chicago el conocido con el nom- que ésta llaman la atención las secciones de confec- estaban más lejos del fuego, se apercibían ya para
bre de E l ahijado de las hadas, salido de la fábrica ciones y artículos de tocador parisienses, epecialida- poner á salvo los objetos de más valía, caso de que el
de Beauvais, en cuya confección se han empleado des en que París impone la moda al orbe entero.
fuego se propagara.
cincuenta años y cuyo valor no baja de dos millones
Pero lo que más interesa y sorprende en la sección
Pero gracias al valor de los bomberos y al viento
y medio de reales. Enfrente de éste admírase otro francesa es la parte destinada en el primer piso a las favorable, el incendio fué localizado; de lo contrario
tapiz, también preciosísimo, que es una alegoría de artes liberales: grandes cuadros al óleo, que represen- hubiérase propagado á otros edificios de la Exposilas artes y de las ciencias, segú n un boceto de Ehr- tan las principales ciudades de Francia, alegorías, go- ción, y no es aventurado asegurar que, de haber sumann, y está destinado a la Biblioteca N aciana! de belinos, etc., adornan la escalera que conduce á cedido así, la catástrofe hubiera sido tan horrorosa
París.
aquellos salones, por l03 cuales circulan los visitantes - que á estas horas estaría convertido en llanura cuGeneralmente goza de más fama la fábrica de Go- asombrados ante la importancia de lo que en ellos bierta de ruinas y cenizas el parque de Jackson en
belinos de París que la de Beauvais, pero á juzgar por se exhibe.
donde tantas maravillas han juntado el genio y el
lo expuesto en Chicago no esta muy justificada esa
En suma, Francia, como de costumbre, llévase la trabajo. - A.

RETRATO DEL CONDE DE ARUNDEL, pintado por Van Dyck (existente en la colección del duque de Sutherland)

�558

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LO QUE VI DE LA COMUNA DE PARÍS porque podía denunciará un comunista, revelando en
dónde se ocultaba. Las mujeres eran las que más afán
tenían en cumplir con este patriótico deber; conocían
IV
los escondrijos donde los pobres diablos se hallaban
Las llamas del palacio de las Tu11erías, rociado con ocultos, y apresurábanse á conducirá los soldados de
petróleo, quisieron competir al parecer con la suave Versalles al sitio con la alegría de verdaderos demoluz de la mañana, produciendo vívidos resplandores nios. Uno de los comunistas que cogieron era hom·

Fusilamiento por los comunistas de los rehenes que tenian en la cárcel de la Roquette (24 de mayo de 1871)

que iluminaron á míseros franceses, los cuales se regocijaban en el espectáculo, haciendo fuego al mismo
tiempo contra sus compatriotas á favor de una barricada. ¡Cómo ardía el palacio! Las llamas se enseñoreaban en las históricas habitaciones, convirtiendo en
brasas el rico mobiliario, lamían los techos, haciendo
saltar los cristales y salían fuera. El ala del edificio á
que se daba el nombre de Príncipe Imperial, enfren·
te del jardín, fué la primera donde comenzó sus estragos el devorador elemento, y á las ocho de la mañana casi toda aquella parte del edificio se había
consumido. Cuando yo llegué á la extremidad de la
calle del Delfín, las rojizas llamas elevábanse desde
el ángulo que da frente á los jardines reservados á la
de Rfvoli: allí estaba el pabellón Marsan, que com·
prende las habitaciones ocupadas por el rey de Prusia y su séquito durante su visita en París en el año
de la Exposición. Voraces llamas salían en aquel.roo·
mento por la ventana junto á la cual solía sentarse
Bismarck para fumar, contemplando la ciudad de
París y sus habitantes. De repente oí un pavoroso estruendo. ¿Era una explosión, ó la caída de algún te·
cho? No lo supe; solamente vi una espesa columna
de negro humo y un mar de chispas, algunas de las
cuales llegaron hasta mí. Me pareció prudente mantenerme á respetable distancia de aquel sitio, y en su
consecuencia me dirigí á la plaza del Palacio Real,
que no era muy segura aún á causa de las balas y
granadas que llegaban de continuo de las inmediaciones de la casa ayuntamiento. Frente á mf elevábase
la gran arcada por donde las tropas debían penetrar
en la plaza del Carrousel, é ignoraba si allí se hacía
fuego aún. Si hubiera sido posible romper la arcada,
todavía se podía salvar el Louvre con sus artísticas riquezas. Las llamas se corrían de una ventana á otra
y de chimenea en chimenea, y llegaban ya más allá
del arco; el pabellón de la Biblioteca, que ponía en
comunicación las Tullerías con el Louvre y que se
mandó construir por el · último emperador para establecer allí su biblioteca privada, era ya pasto del fuego, y si no se hacía algún esfuerzo para contener el
progreso de las llamas, el Louvre y sus inapreciables
tesoros quedarían pronto reducidos á cenizas. A decir verdad, el fuego estaba ya en el Louvre, ó poco
menos, pues el pabellón de la Biblioteca se consideraba como una parte de aquél, y lo mismo sucedía
en el palacio real y en la casa de la ciudad, donde
la hez de los comunistas se ocultaba entre los incendiarios; el ministerio de Hacienda y otros varios edificios públicos y particulares ardían también.
Me alejé triste y profundamente disgustado de
aquel espectáculo de inicua destrucción; pero aún me
condolió más el que presencié después. Los soldados
de Versa11es, estacion_ados al pie de la calle de San
Honorato, entreteníanse en cazar comunistas; y la
clase baja de los parisienses me pareció .entonces lo
más vil y despreciable, á la vez que ·lo más cruel que
he conocido. El día anterior había gritado: «¡Viva la
Comuna!,)) sometiéndose á ser gobernado por ella; y
hoy se restregaba las manos con indecible regocijo

bre alto, pálido, sin sombrero, cuya expresión no tenía nada de innoble; su labio inferior temblaba, pero
su mirar era resuelto, y hasta traslucíase en los ojos
cierto orgullo.
- ¿Es un verdadero rebelde?, pregunté á la perso·
na que estaba á mi lado.
- Me parece dudoso, contestó; creo que es un lechero á quien debe algunos cuartos la mujer que le
ha denunciado.
Un momento después todos comienzan á gritar, y
mi vecino más que todos: «¡ Matarle, matarle!» Y las
mujeres son las que más se hacen oír. Un brazo se
levanta en el aire, en el que se ven los galones de
oficial; el desventurado prisionero recibe el primer
golpe en su cabeza desnuda, y después otro y otros
que le descargan con las culatas de las carabinas; el
infeliz cae, se vuelve á levantar, rueda por tierra de
nuevo, pero los golpes menudean siempre sobre el.
Cierto impulso británico me induce á esforzarme para
llegar hasta la víctima, deseoso de salvarla si es posible;
mas no hay medio de penetrar á través de la multitud. Se hace fuego sobre el cadáver, y como si esto
no bastase, descárganse sobre aquel cuerpo inanimado más golpes aún, que resuenan como los que se
dan sobre una masa inerte. No faltó allí, sin embargo, alguna mujer que tenía sentimientos de tal, pues
en vez de gritar «¡matadle!» se desmayó, y apenas recobrado el conocimi~nto, separóse de la multitud,
avergonzada sin duda, para volver á su casa. .De to·
dos modos, la verdad es que la dignidad de hombres
había muerto en la soldadesca de Francia, pues de
no ser así, no habría cometido semejantes actos.
La Comuna se hallaba ya en una situación desesperada, pero era dura para morir, y aún mostraba
sus colmillos ensangrentados. Ya no tenía terreno alguno al Oeste del bulevard Sebastopol desde el río
al Norte de la Puerta de San Dionisio; la plaza Vendome habla sido tomada á las dos de la mañana des·
pués de una lucha tenaz; el último comunista de su
guarnición habla caído, atravesado por las bayonetas,
en la gran barricada de la ca11e Real, y el grueso de
las fuerzas de Versa11es se podía concentrar ahora sin
temor hacia la Magdalena. Sin embargo, los feroces
jefes de la Comuna estaban aún en posesión de la
casa ayuntamiento, contra la cual dirigían un nutrido fuego las baterías de Versalles. No se hubiera podido hacer más bombardeándola. Los comunistas, de
espaldas á la pared, batíanse encarnizadamente, no ya
para salvar la vida, porque ésta les importaba poco
aparentemente, sino para hacer todo el daño posible
antes de morir. Los de Versalles no se atrevieron á
terminar pronto aquella lucha, atacando directamente las barricadas que había alrededor de la casa
ayuntamiento, sin duda porque temían las explosiones; pero minaban y proseguían sus trabajos de zapa,
rompiendo paredes y avanzando p9co á poco; de
modo que· solaménte sería cuestión de algunas horas
atravesar el cordón. Entretanto los comunistas sembraban el fuego y la destrucción sobre París con salvaje furia. Tan pronto caía una lluvia de bombas so-

NúMERO

609

bre los Campos Elíseos como se oía reventar un o~ús
en el batido bulevard Haussmann ó estallar una granada hacia la avenida de la reina Hortensia. Cortado el camino desde la Chapelle y la estación del Norte, los comunistas se aferraban aún á la barricada de
la ca11e de Lafayette, cerca de la plaza de Moutholon: sus defensores tenían abierto el camino de la retirada en dirección á Belleville. Los prusianos, sin
duda, les habían dejado allí por retaguardia, como
los dejaron en la Chapelle; pero Belleville no estaba
bien resguardado ni por delante ni por detrás, y á mí
me pareció que era muy posible que durante algunos
días se prolongase la lucha en aquella escabrosa y
turbulenta región, pero que allí tendría la Comuna
su último punto defensivo. En cuanto á los que se
hallaban en la casa ayuntamiento, podía decirse que
estaban entre la espada y la pared; por fuera el enemigo armado, y dentro el fuego encendido por los
mismos defensores. ¿Consentirían éstos en ~asarse, ó
arriesgarían la vida en la punta de Ia- bayoneta? Esta
fué la pregunta que yo me hice al alejarme de los
soldados que golpeaban los cadáveres en los lechos
de flores del jardín de la Torre de San Jacques, tratando inútilmente de ver algo de la casa ayuntamiento desde el Puente Nuevo. La fachada que da hacia
el muelle estaba oculta por espesas columnas de humo, á través de las cuales veíanse brillaré intervalos
las llamas.
Más hacia el Oeste continuábase la diversión de la
mañana: repetíanse las denuncias á cada momento
y se hacían nuevos prisioneros para sacrificarlos después; de modo que fué un alivio para mí alejarme
del teatro de aquellas indignidades. Entonces me encaminé á la plaza de Vendome, que yo deseaba ver
por haberme dicho que veinticinco comunistas habían defendido aquel punto durante algunas horas.
En la plaza acababan de concentrarse considerables
fuerzas, y varios centinelas vigilaban las ruinas de la
famosa columna. Bajo la gotera que hay frente al ho- .
tel Bristol vi un cadáver ca.si destrozado, y dijéronme
que era el del capitán comunista de la barricada antigua, la cual había defendido hasta lo último disparándose un tiro cuando no pudo resistir más. Los
soldados de Versalles descargaron sus carabinas
sobre aquella masa de arcilla que antes era un hombre. En otro lugar de la plaza vi un segundo cadáver,
el de una mujer, el de una arpía, que se batió en la
barricada de la calle de la Paz con un tesón y una
furia dignos de mejor causa. Podían haberla fusilado
sí, porque cuando una mujer empuña las armas,
pierde inmunidades; pero aunque sólo fuese por respeto á la memoria de sus madres, los soldados cebieron cubrir los miembros desnudos de aquella infeliz con sus harapos para que no se ultrajara la
decencia.
·
La calle Real estaba ardiendo de una extremidad
á otra, sin duda con gran descontento de los aficionados á la buena cerveza inglesa; la cervecería de la
esquina de la ca11e del Arrabal de San H onorato hallábase convertida en montón de ruinas abrasadas; y
desde esta esquina hasta la plaza de la Magdalena
no se veía una sola casa á cada lado de la hermosa
ca11e que no fuese pasto del fuego. Las llamas se habían corrido por la ca11e de San Honorato, y ahora
se abrían camino á lo largo de la calle de Boisy.
Con dificultad se respiraba en aque11a atmósfera de
humo de petróleo; el sol lucía, pero su color estaba
dominado por el de la conflagración, y sus rayos obscurecidos por el humo resplandeciente, de color negro
azulado, que por todas partes se elevaba con rapidez
en los aires, llenando los ojos de agua, introduciéndose en la garganta, envenenando el sentido del olfato y produciendo casi la asfixia. En lá calle del
Arrabal de San Honorato, las goteras estaban llenas
de sangre; había una barricada en cada intersección;
habíanse acribillado á balazos las 'fachadas de las casas, y por todas partes veíanse cadáveres. Al llegar
yo á la puerta que conduce al patio de la embajada
británica, vi apoyada en uno de los pilares una figura
que me produjo profunda imprEsión, y es necesario
explicar por qué me afectó así.
Ni mis colegas ni yo habíamos podido enviar fuera de París el más pequeño pedazo de papel desde
la noche del domingo, y ahora era la tarde del miércoles. Seguramente no habíamos permanecido por
gusto ni por excitación junto al ensangrentado lecho
de muerte de la Comuna, Y. no hacíamos más que
cumplir con nuestro deber. A mí me repugnaba mucho presenciar aquella espantosa lucha momentánea;
pero el espectáculo se me imponía por mi profesión,
y con toda la rapidez posible era preciso transferir
las escenas que se habían grabado en mi retina mental, para que mi diario las publicase, á fin de dará
conocer los acontecimientos cuyo desenlace interesaba á todo el mundo. Esta aspiración debe absorber
siempre al corresponsal de guerra, con exclusión de

NúMERO

609

LA

ILUSTHACIÓN

559

ARTÍSTICA

de hambre y sumamente débil. Sin embargo, monté sin dificultad alguna, y
pude llegar hasta el _Muelle de Passy;
aquí traté de poner m1 caballo al trote;
mas el poble cuadrúpedo tropezó y cayó de lado, cogiéndome la pierna debajo de su cuerpo. _Tan agud? dolor
experimenté, que cre1 haber sufndo una
fractura de hueso, y á esto se agregó
la desconsoladora idea de que no me
sería posible realizar mi propósito. Un
batallón de línea pasaba en aquel momento, y al punto vi á mi alrededor
cinco ó seis soldados; dos de ellos pusieron en pie al caballo y los demás
me levantaron y condujeron á una taberna inmediata, donde un vaso de vino me reanimó. No tenía la pierna fracturada, pero sí una dislccación en el
tobillo. Pagué media docena de botellas de Borgoña á mis amigos militares,
éstos me colocaron en la silla de mi
caballo y continué mi marcha al paso,
congratulándome de haberme librado
también del primer percance.
Después encontré otros peligros y dificultades, que también tuve la suerte
de vencer- mas aún faltaba el obstáculo
que me esperaba en la puerta ~~l oint
du Jour, hacia donde me dmg1a, en
camino para Versalles. Enfrente del
puesto de guardia paseábanse un coronel y u n mayor de lfnea.
- No; es imposible, me dijo el coronel; lo siento mucho, pero nuestras
órdenes son severas, y por lo tanto debe usted solicitar permiso del mariscal
Mac-Mahon,· que tiene sus cuarteles
en la Escuela Militar.
Insté, supliqué, presentando mi paquete de la embajada; pero todo fué
inútil. El coronel se marchó, quedando
allí solamente el Mayor, quien tuvo á
bien aceptar un cigarro. Sobre su pecho veía yo brillar
la medalla inglesa de Crimea, y esto me sirvió de motivo para reanudar de nuevo la conversación. Hablé del
antiguo compañerismo de franceses é ingleses durante
aquellos días de fatigas y de angustias delante de Sebastopol; díjele que aquella medalla que lucía su pecho era un recuerdo de la reina de Inglaterra, y preguntéle si no le parecía muy sensible detener á un
correo portador de importantes comunicaciones para
la soberana. El guerrero veterano miró con prudencia á su .alrededor, y al ver que estábamos solos, sin
pronunciar una sola palabra, seña:lóme silenciosamente con el pulgar sobre su hombro el túnel que
se prolongaba bajo el recinto, en cuya extremidad
veíase el campo libre.
Cuando hube pasado por delante del centinela
que había á la salida, respiré con toda la fuerza de
mis pulmones, y con el mejor ánimo continué mi
marcha hacia Sévus, en cuyo punto dejé mi caballo
para tomar un carruaje que me condµjeseá Versalles.
Allí residía mi antiguo correo, que estaba al servicio
del «Daily News.»
Cuando avanzaba por la ancha avenida entre Viroflay y Versalles, dí alcance á un convoy cuyo aspecto era bastante mísero. En filas de seis en fondo

f

Conducción de prisio~eros comunistas

todas las demás consideraciones, pues para el cumplimiento de este fin vive.
En la noche del martes no pude soportar más
tiempo el bloqueo; y era forzoso que alguien saliese
aunqU(, debiera bajar del recinto por una cuerda. En
su consecuencia acordóse hacer una tentativa en la
mañana del miércoles; de ella se encargó un colega~
cuyo sereno valor se había puesto á prueba varias veces, que tenía un buen caballo, conocía París perfectamente y contaba con muchos amigos oficiales del
ejército de Versalles. Se encargó de una copia de las
cartas que yo había escrito por duplicado en los momentos de reposo que tuve durante la lucha; nos estrechamos 'las manos, deseándonos la mejor suerte, y
en la tarde del miércoles felicitábame, aunque sin la
seguridad de poder hacerlo, de tener ya mi correspondencia en camino, poco más ó menos hacia
Abbeuille, en dirección á Calais.
Esta agradable impresión se desvaneció bruscamente por lo que mis ojos vieron al entrar en el patio de la embajada. Mi desgraciado colega estaba
apoyado contra uno de los pilares, muy indispuesto
al parecer, pues tenía el rostro lívido y las facciones
desencajadas. Había tratado de salir para desempeñar su comisión, y no dudo que hizo atrevida y enérgicamente cuanto era posible; pero su tentativa fracasó. Habíanle maltratado, disparando algunos tiros
que por fortuna no le hirieron; además de esto se le
d enunció como espía prusiano, y casi fué un milagro
que escapara de la muerte. ¡Pobre compañero! Tenía
la ropa manchada de la sangre de otros á quienes
también se denunció y que no pudieron escapar. Renunciando á su propósito, creyó más prudente retirarse, y se refugió en el patio de la embajada, calculando que aquí era donde más fácilmente me vería,
para darme cuenta del mal éxito de su comisión.
Como consecuencia de este fracaso, correspondíame á mí, por supuesto, hacer la tentativa. Reflexioné
algunos momentos, y después me dirigí á la cancillería de la embajada, donde encontré al Sr. Malet,
ahora embajador británico en Berlín. Malet, que
era entonces segundo secretario, había permanecido
en París para representar á la Gran Bretaña, cuando Lord Lyons, con el resto del personal de la embajada, emigró á Versalles al comenzar los disturbios
de la Comuna. Podía decirse que Malet había eitado
entre las ruinas, porque los destrows de la gran casa
eran considerables. E l salón de baile, en parte hundido, era un caos; en todas las habitaciones habíase
aumentado la ventilación por los agujeros que practicaron las bombas, y en las paredes del jardín veíanse grandes boquetes por los cuales hablan pasado los
de Versalles en su progreso estratégico para sorpren-

der las barricadas por retaguardia. Yo había conocido
á Malet en los primeros días de la reciente guerra,
cuando salió de París en dirección á Meaux con varias
comunicaciones para Bismarck. Esta vez le encontré en su despacho; díjele que mi intención era tratar
de salir, y le pregunté si deseaba que llevase algo
suyo á Versa11es.
- Amigo mío, contestó, es inútil que pruebe usted, pues ya he enviado dos mensajeros esta mañana,
y ambos han regresado después de haberse he_cho
fuego contra ellos. Será preciso esperar un día ó dos
hasta que las cosas se arreglen.
- Yo marcharé hoy mismo é inmediatamente, repuse. Usted puede ayudarme, y al · mismo tiempo
utilizar mi salida para su servicio. Ponga usted los
partes bajo un sobre oficial, dirigido «A. S. M. la
reina de Inglaterra» y confiémelo á mí. De todos
modos, no resultará de esto ningún perjuicio.
Después de elegir las comunicaciones de mayor
importancia, Malet las puso en un gran sobre, y sin
perder tiempo dirigíme á la cuadra donde mi caballo debía estar aún. E l centinela comunista se había
relevado á sí propio de aquel servicio, y de consiguiente no había obstáculo; pero el pobre animal, privado de alimento tantas horas, estaba medio muerto

Fusilamiento de rehenes por los comunistas en la calle de Haxo (26 de mayo de 1871)

�EN EL TEMP LO DE BA..00, cuadro de Jua n M uzzioli

UN DESAFÍO EN ALBANIA, cuadro de Pablo Iwanowitch (Expo; ición internacional de Bellas Artes de Berlín, 1893)

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

un destacamento conducía más de dos mil prisioneros comunistas. Pacientemente, y con cierto aire de
orgullo, avanzaban atados brazo con brazo; entre
ellos iban muchas mujeres, algunas de ellas de aspecto feroz, pues eran las que se habían batido en
las barricadas; pero otras mostrábanse tímidas, y supuse que iban allí tan sólo para acompañar á sus padres 6 parientes. Todos llevaban la cabeza descubierta, é iban cubiertos de polvo; los rayos de sol ardiente
sofocaban á los prisioneros, y no era esto lo único
que les ofendía, sino también los sablazos de plano
que á veces descargaban los cazadores de Africa que
constituían la escolta de aquellos infelices.
La experiencia propia, no obstante, debía enseñar
á los soldados á ser más humanos con sus prisioneros, recordando que ellos también lo habían sido y
que no se les maltrató durante la penosa marcha
desde Sedán hasta el punto de su cautividad en Alemania. Ahora no eran ya prisioneros; acababan de
obtener un triunfo, y en el orgullo de la victoria debían mostrarse más misericordiosos con aquellos miserables comunistas. Si uno ·de éstos caía rendido
de cansancio ó por otra causa, poníase término á
sus padecimientos en el acto, y he aquí por qué mi
caballo había estado á punto de tropezar varias veces
con los cadáveres tendidos en medio del camino en
todo el trayecto desde Sévus.
A la cabeza de la sombría columna iban hescientos
ó cuatrocientos hombres atados con cuerdas, todos
ennegrecidos por la pólvora, y entre ellos vi muchos
con pantalón encarnado, sin duda desertores. Me
pregunté por qué estarían allí, pues tanto les hubiera
valido morir batiéndose en las barricadas en vez de
sobrevivir para servir de blanco dentro de un día ó
dos, de espaldas á una pared, á las balas que debían
poner fin á su vida.
Entregar las comunicaciones de Malet al primer
secretario de la embajada (M. Sackville West) y tomar después un bocado, fué cosa que no me detuvo
en Versalles más de media hora, y después ya corría
en un vehículo por la vía de circunvalación, á través
de Ruel y Malmaison y el puente de barcas más arriba de Argenteuil, en direccíón á San Dionisio y la
vía férrea.
Cuando avanzaba por la verde orilla del plácido
Sena, ofreéióseme á mi vi5ta un espectáculo que jamás se borrará de mi memoria. Sobre las blancas casas el sol reflejaba aún sus rayos, y no los retenía á
pesar de los actos que iluminaban; pero á través de
su brilante luz surgían y parecían luchar entre sí negruzcas ondas, columnas y repliegues de espeso humo, y de pronto resonó un espantoso crujido y obscurecióse el aire. No se debía esto al estrépito del
fuego de la artillería; era sin duda resultado de alguna
horrible explosión que sin duda acababa de conmover á París hasta en sus cimientos. Después se elevó
por los aires una inmensa columna de blanco humo,
con un resplandor rojizo, tal como el que los hombres describen cuando el Vesnbio está en erupción;
luego se formaron ligeras ondas que se desvanecían
en el horizonte, así como la onda producida por la
piedra arrojada en un estanque se extiende hasta
morir en la orilla del agua.
La multitud de alemanes que estaban sentados
junto al Sena observando atentamente, experimentaron una fuerte excitación, que bien hubiera podido
comunicarse á todo el mundo. La hermosa capital,
ahora la horrible París, batida por todas partes, ardiendo, inundada de sangre; tal era el espectáculo
que se ofrecía á la vista de todos. ¡Y esto en el presente siglo!.. ¡ah, hace poco más de veinte años,
cuando Europa se jacta de su civilización y Francia hace alarde de su cultura, mientras que sus hijos
se destrozan entre sí y París arde como una hoguera
cuyas llamas se elevan hasta el cielo! No faltaba más
que un Nerón para completar el cuadro.
Viajando con toda la rapidez posible y escribiendo mucho durante todo el camino, así en el tren
como en el vapor, llegué por fin á Londres el jueves, 25 de marzo, y el sábado, 27, hallábame otra
vez en París. Todo había terminado ya virtualmente;
los prisioneros que los comunistas tenían en la Roquette habían sido fusilados, y la casa ayuntamiento
habíase derrumbado el mismo día que yo me marché. Los rebeldes estaban ya dando las bocanadas en
el Chateau-d'Eau, en los cerros de Cheaumont y en
Pere-Lachaisse; y en la tarde del 28, al cabo de una
semana de lucha, el mariscal Mac-Mahon había
anunciado que era «completamente dueño de París. »
Al otro día visité el cementerio de Pere-Lachaisse,
donde se habían disparado los últimos tiros. Los fuegos del vivac se alimentaban con los recuerdos de
piadosas tristezas, pero en el cementerio mismo no
había habido gran lucha; la prueba infalible de ésta
son las señales de numerosos balazos, y en Pere-Lachaisse se veían pocas; pero en cambio habían caído

muchas bombas, y los destrozos que causaron eran
por demás sensibles. Sin embargo, lo que me produjo más dolorosa impresión en Pere-Lachaisse hallábase en el ángulo Sudeste, donde había existido una
cavidad natural junto á la pared divisoria: aquel hueco estaba ahora lleno de cadáveres; allí yacían unos
sobre otros, cubiertos de una capa de cloruro de cal:
doscientos por lo menos estaban visibles; y los que
se hallaban debajo, del todo ocultos por las capas de
tierra: entre aquellos cadáveres distinguíanse los de
muchas mujeres. En un sitio de aquel horrible montón iluminado por la luz del sol vi un brazo muy redondeado, cuya mano tenía una sortija en el dedo
anular; un poco más allá, un busto que había perdido su forma, y alrededor rostros lívidos cuyo solo
aspecto hacía estremecer, facciones que habían perdido su forma humana, en las que podía adivinarse
aún la expresión ºde la ferocidad y la angustia de la
agonía. Apenas podría dar idea del horrible efecto
que me produjo aquel polvo blanco cubriendo los
ojos de los cadáveres, los dientes oprimidos y las
barbas enmarañadas. ¿Cómo murieron aquellos hombres y mujeres? ¿Se les condujo en un carro para dejarlos allí formando espantoso montón en aquel agujero de muerte del Pere-Lachaisse? No; la cavidad
se había llenado con los cadáveres recogidos allí cerca, y. no era difícil adivinar la causa. Se colocó á los
prisioneros junto á una pared próxima, Y. allí fueron
fusilados, sin que pudiera escapar ni uno solo.
¡Volvamos la espalda á esa horrible escena de sangre, rogando al Todopoderoso que no permita otra
vez que el mundo civilizado pueda presenciar el cúmulo de horrores de que fué testigo París en aquellos hermosos días del verano de 1871!

NúMERO

609

NúMERO

1890; esta obra, &lt;le la cual sólo se darán ocho representaciones,
trata de la vida de San Vito,
- Han comenzado en Munich las representaciones wagneria·
nas con la ópera Tamihauser, para la cual se ha construido nuevo decorado, atrezzo y demás accesorios.
- Durante el próximo otoño se estrenará en el teatro Vl~tor
Manuel, de Turln, una nueva ópera del maestro Tarrasa, tltu·
lada Manilha.

609

LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL. - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS

(CONTINUACIÓN)

Necrología. - Han fallecido recientemente:
Dr. Sáenz Díez, sabio químico español, catedrático de la facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid, individuo de
la Real Academia de Medicina.
Juan Martfn Charcot, una de las mayores glorias de la me·
dicina contemporánea. Próximamente publicaremos su retrato
y biografía.
Alfredo Catalani, célebre músico italiano, autor de multi·
tud de piezas para orquesta y cuarteto, de varias obras sinfóni•
cas y de algunas óperas, entre ellas Loreley, Dejanice, Edmea
1 Wally, que estrenada con gran aplauso en la Scala de Milán,
se representó con mucho éxito en los principales teatros de Ita·
lia y Viena: era profesor de alta composición en el Conservato·
rio milanés.
Sir Eduardo Hamley, general inglés que tomó parte en la
campaña del Este de 1854 y 1855, asistió á la torna de_ S_e~as·
topo! y durante la guerra egipcia mandó la segunda d1V1s1ón:
era notable escritor y deja escritas, además de varias obras de
técnica militar, dos novelas y varios estudios crlticos.
Pablo Ivanowitch Kasanski, más conocido con el nombre de
Amfilochi, uno de los más ancianos y sabios jerarcas de la iglesia griega ortodoxa, célebre en el mundo cientlfico por sus tra·
bajos é investigaciones arqueológicos.
Osear J ustino, notable escritor y poeta dramático _alemán.
A. A. Looijen, célebre numismatico holandés, director del
Gabinete Numismático de El Haya.
.
Guillermo Bosch, distinguido escultor alemán.
Augusto Glaize, famoso pintor francés, uno de los últimos
sobrevivientes de la escuela romántica, cultivador de todos los
géneros, el religioso, el histórico, el filosófico, el milol6gico y
el legendario: habla obtenido numerosas medallas en los Salo·
nes y en el de 1855 Je fué otorgada la de primera clase, siendo
además nombrado caballero de la Legión de Honor.

ARCHIBALDO FoRBES

Pero empezaban ya á llegar otros menos lisos, rayados en sentido longitudinal y como hinchados á trechos por enormes burbujas ó descalabrados por profundísimas hendiduras, tersas y brillantes como las
del cristal roto. Detrás de éstos aparecían otros mucho mayores, más altos y deformes, que desde lejos
presentijban extraño aspecto. Algunos recordaban la

de proceder al desembarco, Lacrosse hizo un sondeo
que acusó veinticinco brazas de profundidad de hielo, cimentado sobre un lecho de sienito y de rocas
esquistosas. Se veía claro que la costa se elevaba en
suave pendiente hasta el nivel de la tierra firme.
Al propio tiempo que los viajeros, se desembarcaron grandes piezas de madera, numeradas, que de-

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'Bellas Artes. - En Stuttgart se ha anunciado un concurso entre un reducido número de artistas para el monumento
que ha de erigirse al emperador Guillermo: las condiciones son
que en el monumento debe haber una estatua ecuestre en bronce_ de tamaño natural del difunto monarca, yque el coste de la
misma y de todos los demás trabajos secundarios no ha de exceder de 187. 500 pesetas. Lo particular del caso es que antes
que éste hablase celebrado otro con el mismo objeto y otorgádose el premio al escultor Maximiliano Klein.
. - En virtud de disposición testamentaria del presidente del
tnbunal de apelación de Dresde, Nossky, ha adquiridO' la Galería de Pinturas de aquella ciudad una colección de 40 cuadros.
- En el Palacio de la Industria de Parls va á abrirse dentro
de poco una Exposición que resultará de extraordinario interés
para cuantos se preocupan de las aplicaciones del arte á los
productos industriales. Se trata de presentar un conjunto lo
más completo posible del arte árabe, á cuyo fin ha procurado
reunirse, procedente de museos y de colecciones particulares
cuanto pueda dar idea de las mil bellezas que en arquitectura'.
en tejidos, en cerámica, en metalistería, en vidrierfa, en mosaico~ y en otras industrias exornadas por el arte y la fantasla pro·
duJeron y todavla producen los árabes. Obedece el móvil de
esa nueva Exposición al propósito de fomentar la industria artfstica, especialmente en Alger, centro á propósito para la crea·
ción ó reproducción de tipos del estilo árabe, y es consecuencia
de seguro del gran favor que entre el púlilico culto gozan los
productos artfaticos de Oriente, como lo prueba la reciente
creación de Museos de arte árabe en París y en Alger. Plausible iniciativa la de reanudar las tradiciones artlsticas, preferi·
bles siempre, en defecto de tipos nuevos, sólidos, razonados y
bellos, á la chabacanería industrial que en nuestros dlas predomina. ¿Cuándo intentaremos nosotros algo parecido?
Barcelona. -Salón Parés. - Una media figura de Ribera, felicísima de entonación y de luz, fresca de color y correctamente dibujada, como todo lo suyo, brilla en el sitio de preferencia, junto á un gran friso, con tendencias á lo decorativo, de
Ricardo Marti; bien hallada agrupación de flores que campean
sobre el fondo de un jardín. Especialista en esos temas pictÓ•
ricos, no hay que decir que el conjunto agrada, resulta brillante para el público y demuestra á los ojos del entendido la diestra habilidad del técnico que lucha con seguridad con las insuperables dificultades de un natural inimitable.
SaMn de «La Vanguardia. 'I&gt; - Estuvo expuesto últimamente
en este local un proyecto de iglesia para el vecino pueblo de
Vallvídrera, obra del maestro de obras Sr. Soler y Catarineu y
concebida y trazada con verdadera conciencia y conocimiento
del estilo románico. La planta, las secciones y las fachadas dan
á conocer en su conjunto y en sus detalles los conocimientos
de su autor como constructor y como artista, en esa feliz adaptación del primitivo estilo religioso entre nosotros á una fábri·
ca moderna.
Variada colección de grabados policromos, pertenecientes al
inteligente director de El Suplemento, de esta capital, fueron
también expuestos esos últimos días, curiosa é interesante muestra del cromo por medio del grabado en hueco, que tan en bo·
ga estuvo á principios de este siglo y á últimos del anterior, y
algunos de cuyos ejemplares alcanzan precios excepcionales en
el comercio de las estampas.
Teatros. - En el teatro Lessing, de Berlin, se ha estrena•
,Jo con gran aplauso un nuevo drama en cuatro actos de Max
Nordau, El derecho de amar, en el que se trata del matrimonio
moderno bajo un criterio moral á la antigua.
- En Oberammergau han comenzado las representaciones
del drama de Molitor La rosa de Sicilia, bajo la dirección del
burgomaestre Lang, que fué quien dirigió las de la Pasión en

..

Retrato d el conde de Arundel, pintado por
Van Dyck. -No hemos de repetir aqui lo que en otras ocasione,; hemos dicho de este célebre pintor flamenco del siglo
XVII y de sus magnificas obras, joyas de inestimable valor que
embellecen los principales museos y colecciones particulares.
El conde de Arundel, cuyo retrato pintado por Van Dyck re·
producimos, fué quien invitó al famoso artista, que se encon·
traba en Amberes, á pasar á Inglaterra, y lo recomendó tan eficazmente al rey Carlos l, que desde su llegada le distinguió con
su favor, le nombró su primer pintor y caballero, le señaló una
pensión de 200 libras esterlinas anuales, y además de darle dos
magnificas residencias para verano é invierno, quiso hacer cons·
tru1r para él un palacio en Londres.
En el templo de Baco, cuadro de Juan Muzziol1. - La escena tan grandiosamente pintada por Muzzioli re·
presenta una fiesta en el templo de Baco, y á juzgar por el es·
caso número de los que en ella toman parte, el culto á Dioni·
sos y el paganismo en general debían hallarse en sus postrimerías. Alzase en el fondo la estatua del hijo de J úpiter y Semell,
de la cual sólo se ve una parte, y delante de ella el ara destina·
da á los sacrificios; al compás de desenfrenada música bailan
las bacantes la danza dionisiaca, y al pie del altar, vencido por
las libaciones, casi yace amodorrado uno de los devotos, á
quien una de aquéllas trata en vano de reanimar. Esta obra del
renombrado pintor italiano, cuya tirma es bien conocida de los
lectores de LA ILUSTRACIÓN ARTiSTICA, figuró en la Expo·
sición universal de Paris de 1889 y mereció entusiastas alaban·
zas del público y de la crítica.
Un desafío en Albania, cuadro de Pablo Ivanowitch. - El autor de esta obra nos ofrece un episodio de
la vida popular iliria, pintado con tan vigoroso sentimiento de
la realidad, que sólo contemplando la agrupación y las actitu·
des de cuantos personajes en él toman parte se explica el significado de la escena reproducida. Se trata. de dos guerreros
que se odian á muerte, y queriendo de una vez acabar sus anti·
guas rivalidades se han dado cita en lugar apartado de la po·
blación, y allí, rodea!los de sus respectivos partidarios, aperclbense á la lucha. Puestos frente á frente y empuñando sendos
sables esperan la señal para comenzar el combate, que será sin
cuartel y no terminará sino con la muerte de uno de los adversarios. El cuadro de I vanowitch, además del interés dramá- ·
tico que despierta, atrae por lo pintoresco de los trajes, de las
armas, de los dijes que constituyen el traje nacional albanés.
Buenos camaradas, cuadro de Golleron- iExtraños contrastes los que la guerra ofrece! En ella el hombre
llega á convertirse en fiera que obra impulsada por el espfritu
de la destrucción, y es al propio tiempo ángel que realiza actos
de sublime caridad; el instinto de conservación le hace cruel y
egolsta, y sin embargo, á veces ante la contemplación del mal
ajeno olvida el suyo y expone su vida por salvar la del compa·
ñero de armas á quien momentos antes quizá no conocfa, Golleron ha pintado uno de esos actos de abnegación que se han
repetido hasta lo infinito en la historia de la humanidad, y las
dos figuras de su dibujo sintetizan admirablemente esas manifestaciones de amor al prójimo que tan frecuentes son en una
guerra: ambos soldados están heridos, y en el fragor de la pelea
cualquiera de ellos no habrfa probablemente vacilado en hacer
del cuerpo del otro parapeto para resguardar rl suyo; pero terminada la batalla, aunque no pasarlo el peligro de persecución,
el que menos ha sufrido no vacila en c~rgar con el camarada,
aun á riesgo de que, dificultada así su fuga, resulte su salvacinn
imposible. El precioso dibujo que publicamos es reproducción
hecha por el mismo autor de un cuadro que estuvo expuesto en
el Salón de los Campos-Elíseos de París del presente año y que
mereció entusiastas y unánimes elogios.

•

Pero ya Huberto, Isabel y Guerbraz escalaban las colinas más bajas

forma de una vela dibujada apenas en el horizonte,
y aquella flotilla de hielo iba engrosándose á medida que se acercaban los viajeros á la Tierra de Francisco José, descubierta por Payer en el curso de su
viaje á bordo del Germanía y del H ansa.
En fin, el 30 de junio la Estrella Polar atravesaba
el canal del fiord y echaba el ancla bajo ese mismo
76° paralelo en que se había tocado ya en Spitzberg.
Había llegado el momento de poner en ejecución la
segunda parte del plan del Sr. de Keralio. Consistía en
dejar en tierra la mayor parte que fuese posible de
la gente, para permitir á la Estrella Polar bajar
aprisa hacia el Sud y embarcar gran número de perros y esquimales, que en breve serían necesarios
para el arrastre.
Verdad es que este plan había sufrido tales modificaciones, que casi no parecía el mismo. Se había
perdido un tiempo precioso en tentativas infructuosas hacia el Este, y en lugar de haber remontado hasta la Tierra de Francisco José se estaba ahora en la
costa oriental de la Groenlandia, debajo del monte
Pettermann. De allí en adelante los expedicionarios
se prometían seguir una ruta oblicua desde el 24°
al SSº paralelo de longitud occidental, á fin de cruzar, si era posible, el camino de Lockvood en 1882,
por el 82°, 44 latitud Norte. Era un proyecto grandioso y erizado de dificultades; pero, como decía el
Sr. de Keralio, ¿cuál es el obstáculo capaz de detener
á un francés?
Quedaban cuarenta y seis días al comandante Lacrosse para ganar el Sud de la Groenlandia, doblar,
si era preciso, el cabo Farewell y traer al fiord de
Francisco José los perros necesarios para las expediciones en trineo.
Afortunadamente, aquel era el momento del año
en que reinaba mayor calor en aquellas latitudes
desoladas. La Estrella Polar no había padecido ninguna avería durante sus tres meses de navegación, y
tenía provisiones suficientes de combustible para
que, hasta después de su vuelta, pudiese emprender
una nueva campaña de navegación si el mar· no se
cerraba ante su atrevida marcha.
Gracias á las medidas tomadas con anterioridad y
perfectamente calculadas, el desembarco se verificó en
sólo veinticuatro horas. La franja de hielo tenía únicamente unas seis millas ,de espesor; pero tenía tal solidez que no había qué temer del deshielo ni de los choques de los témpanos. Aquella aglomeración de hielos se halla fijada en aquellos parajes desde muchos
siglos, y parece tener su asiento encima de las rocas,
sobre las
cuales se eleva dos ó tres metros sobre el ni•
1
ve! de las aguas libres. Para mayor seguridad, antes

bían servir para construir una barraca que abrigase
á los viajeros. Como ya muchas veces se habían ensayado en montar y desmontar las piezas, se ganó
también mucho tiempo y fué obra de un momento
la construcción de la casa. La suavidad excepcional
de la temperatura, que marcaba de mediodía á las
tres de la tarde 9 grados centígrados y 5 entre media noche y las tres de la mañana, hizo más fáciles
los trabajos. En pocas horas, el Fuerte-Esperanza así se le había llamado antes de montarlo - estuvo
listo para recibir las doce personas que quedaban en
tierra, á saber: el Sr. de Keralio, su hija Isabel, su
sobrino Huberto d' Ermont, la nodriza Tina Le
Floc'h, el doctor Servan, el naturalista Schnecker y
los seis marineros bretones Guerbraz, H elouin, Kermaidic, Cariou, Le Maout y Riez.
A esas doce personas confió el resto de la tripulación el cuidado de añadir á la casa las dos alas que
serían necesarias para servir de habitación á los treinta y tres marineros y oficiales que quedaban á bordo
del navío y que debían volver allí, desde el cabo
Farewel, para pasar todos juntos los largos meses de
la invernada.
El terranova Salvator siguió á tierra á Isabel y su
nodriza, pues no sabía vivir lejos dt su joven y valiente ama.
En 1. 0 de julio por la mañana, el comandante Lacrosse, después de un banquete dado á bordo de la
Estrella Polar y de haber estrechado la mano de todos cuantos ponían por primera vez el pie sobre la
Tierra Verde del Norte, dió la señal de marcha, prometiendo estar de vuelta á fin de agosto.
H ubo un momento de indecible tristeza cuando el
steamer se conmovió bajo la primera impulsión de su
hélice. Por muy grande que fuera el ardor de aquellos
exploradores intrépidos, no pudieron por menos de
sentir aquella primera separación, así los que quedaban en tierra y que iban á experimentar por primera vez los rigores del clima polar, como aquellos
que volvían hacia el Sud para comunicarse nuevamente con sus semejantes y á pisar tierras menos inhospitalarias.
Pero como se tenía la seguridad de la próxima
vuelta de los expedicionarios, presto se rehicieron los
que quedaban de la mala impresión que la partida de
los otros les produjo, y se dedicaron á emplear lo mejor posible el tiempo que les quedaba antes de la llegada del invierno.
Su primer trabajo fué el arreglo de la casa.
Esto constituía una verdadera obra de mecánica
industrial y de higiene. En su actual estado y sin contar fas dos alas que después debían flanquearla, tenía

un diámetro de doce metros que formaba la cuerda
del semicírculo que lo constituía. El diámetro de sus
alas debía tener tres metros más de cada lado de ese
semicírculo. El conjunto del edificio representaba,
pues, un círculo cuya segunda mitad sobresalía más
que la primera, en tanto que el patio interior tenía
un área de 6m,50, cubierta por un toldo.
Las divisiones de este extraño edificio, parecido á
los panoramas de las ciudades, constituían una serie
de salas, ó por mejor d~cir de compartimientos, habitados por muchos huéspedes á la vez. Una de estas
salas, la mejor amueblada, se reservó á I sabel y su nodriza. Además de los dos comedores distintos - uno
para los marineros y otro para los oficiales - la casa
encerraba una cocina común, tres cuartos de baño, un
laboratorio de física y química, un espacio para las observaciones meteorológicas, una farmacia, una enfermería, diet cuartos de servicio común en junto y ocho
habitaciones además.
Esta distribución se había hecho siguiendo los pla·
nos del Sr. de Keralio, que había tenido muy en cuenta las observaciones del ·doctor Servan.
Con muy legítimo orgullo hizo, pues, los honores
de aquella casa á sus compañeros, que eran así sus
huéspedes, y les dió extensas explicaciones de aquel
edificio.
- Recordad que esta casa se compone de piezas
numeradas y que por lo mismo es fácil de montar y
transportar como ahora hemos hecho. Tenemos una
doble pared de madera y en su parte interior, la que
da á nuestras habitaciones, se halla recubierta de una
lona alquitranada que disimula los tubos de aire caliente que han de servir para mantener aquí una atmósfera templada. Las dos paredes se hallan separadas por un espacio de 25 centímetros é interior y exteriormente están recubiertas de planchas de papel
superpuestas. Para mayor abrigo vamos á tapizar las
paredes de lana.
Y no olvidaba ningún detalle, y mostraba á sus
maravillados- compañeros las columnas de cobre y
acero que sostenían la armadura, la ingeniosa disposición de puertas y ventanas, los techos con lucernas
que daban paso á la luz suprimiendo así las corrientes de aire inevitables que engendran las puertas y
ventanas, y por último, el piso de fieltro, sostenido
por traviesas de hierro recubiertas de madera.
Una galería circular ponía en comunicación las diversas habitaciones y permitía pas'ar de una á otra sjn
necesidad de utilizar las puertas interiores.
En tanto que se visitaba aquel edificio levantado
y amueblado en menos de cuarenta y ocho horas, el
químico Schnecker, que lo observaba todo con la más
minuciosa atención, exclamó de repente:
- ¡Ah, caballero! He aquí una cosa que no me parece tan adecuada como las demás!
- ¿Qué?, interrogó el Sr. de Keralio.
- ¡Vuestras chimeneas, pardiez! Además de que su
construcción no permitirá dar un calor suficiente,
¿queréis decirme de dónde pensáis sacar el gas para
alimentarlas?
Antes que el padre de Isabel hubiese podido contestar, lo hizo d'Ermont:
- Caballero, dijo riendo, os haré observar que si
quisiéramos obtener gas, en el sentido vulgar de la
palabra, es decir, bicarburo de hidrógeno, la cosa no
nos sería quizá imposible, pues no deben faltar yacimientos carboníferos en los alrededores. Nares y
Greely los encontraron casi á flor de tierra en Port-Discovery en las costas de la Tierra de Grinnell. Pero á
eso podríais contestarme que más sencillo sería quemar el carbón mismo, y tanta razón tendríais cuanto
qué, según podéis ver, esas chimeneas han sido construídas para diversos fines.
·
En tanto que decía estas últimas palabras, Huberto tiró de una argolla que hizo volcar el hogar. La
placa de cobre que ocupaba el fondo desapareció y
quedó en su lugar un hornillo para cok ó carbón vegetal.
Schnecker abrió desmesuradamente los ojos.
- He aquí una buena chimenea, Sr. d'Ermont.
Pero permitidme, sin embargo, haceros observar que
no entiendo por qué se ha hecho la especial para gas,
puesto que no debemos emplearlo.
- Nada de eso he dicho, contestó sonriendo el teniente de navío.
· - Entonces... tampoco comprendo. ¿Dónde están

�LA

Y como Isabel era la más confiada y generosa de
nuestros tl\bos y gasómetros, los condensadores y
alambiques? ¿Dónde hallaréis el calor necesario para las criaturas, no se entretuvo en profundizar más aquel
incidente, como tampoco se acordaba ya del primero.
destilar el carburo?
Bien pronto se tocaron los resultados prácticos de
- ¡Bah, contestó el joven, ya lo encontraremos! Y
dejad que á mi vez me admire, Sr. Schnecker, que un aquella casa construída científicamente por el señor

~ ~ - - - - - - - - -- - - - -- - - -,-------- - -- - - -- -

El toro hizo frente al marino y arremetió contra él

químico como vos exija el empleo de métodos tan
embarazosos conio inútiles para viajeros como nosotros.
- ¡Cómo inútiles!, exclamó el alsaciano. ¿Vais á
hacerme creer que pueden obtenerse las calorías necesarias sin recurrir á los procedimientos de la industria moderna?
D'Ermont se echó á reir, y poniendo la mano sobre
el hombro de su interlocutor le dijo:
- No pretendo que lo creáis sin enseñároslo. Hay
gases y gases, y me bastará poseer un agente calórico
diez, veinte, cien veces superior á los de la industria
moderna, para realizar ese milagro que negáis, señor
Schnecker.
El químico meneó la cabeza.
- No lo niego, Sr. d'Ermont; lo dudo, que es otra
cosa.
_Al mism? tiempo se frunció su frente y echó una
mirada oblicua y penetrante sobre el teniente de
navío
Isabel de Keralio sorprendió esa mirada, pero no
demostró la impresión que le producía, reservándose
el derecho de observar más atentamente á aquel hombre que iba á participar de la vida común. Sin embargo, recordó que días atrás, á bordo de la Estrella
Polar, su novio había demostrado repugnancia hacia
el Sr. Schnecker y comuni cado en cierto modo á Salvat,or. la animadversión que experimentaba hacia el
qu1m1co.
- Rivalidad de sabios, se dijo; todo se reduce á eso.

N úMERO 609

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de Keralio y el doctor Servan. A pesar de la gran elevación de la latitud, aquel dltimo período del verano
polar fué notablemente caluroso. La temperatura se
elevó á 16 grados y llegó á parecer insoportable á los
viajeros.
Aquellas jornadas de inacción se consagraron por
entero á la caza y pesca. Isabel tomó parte en uno y
otro ejercio, que eran la única distracción posible,
además de que otros motivos aconsejaban á los navegantes hacer nuevas provisiones. No se podía prever la duración de su estancia en aquellas tierras
desoladas y era prudente asegurarse víveres frescos
para el invierno.
La caza fué abundante, sobre todo la caza de pluma. Guerbraz, que era el mejor tirador, mató en una
sola mañana dos docenas de palos-eiders. Se mataron
también por centenares ó se aprisionaron entre las
telas ptarmigans ó perdices polares, lummes y dovekies, especie de palomos ó más bien gaviotas de carne crasa, pero suculenta.
Por la mañana del quinto día de la instalación del
Fuerte-Esperanza, Guerbraz llegó corriendo y contestó con palabras entrecortadas á las pregu ntas de Huberto d'Ermont:
- ¡Bueyes, á dos millas hacia el Norte!
Isabel, que lo había oído, exclamó:
- ¡Bueyés, bueyes almizcleros! ¡Yo también os
sigo!
Desde algunos días á aquella parte, la joven se había puesto un vestido á propósito para aquellos ejer-

cicios violentos. Se sentaba de un modo maravilloso
y no se podía pedir mayor elegancia y gracia á una
mujer bajo aquel traje casi masculino.
Llevaba un pantalón de lana recia, sobre el cual
campeaban unas polainas de cuero que le subían
hasta las rod illas. Unas sayas cortas parecidas á las
que llevan las cantineras, una blusa bastante larga y
una gorrilla de piel de marta cebellina, provista de pasamo~tes, completaban su traje. Llevaba, además, una
carabma que era una obra maestra de precisión y de
moldeado artístico, y colgaban de su hombro izquierdo el zurrón y la cartuchera.
Equipada de este modo, Isabel siguió los pasos de
Huberto y de Guerbraz.
Cuando salían de la casa se cruzaron con el químico Schnecker.
- ¿Dónde vais, corriendo de este modo?, preguntó
el alsaciano.
D'Ermont contestó con laconismo:
- ¡Bueyes! ¡Si queréis venir, apresuraos!
. El sabio no se hizo repetir el aviso, y se lanzó hacia la casa para tomar su fusil.
Pero ya Huberto, I sabel y Guerbraz escalaban las
colinas más bajas, procurando ocultar su presencia detrás ~e las rocas desprendidas de la cumbre, y se
aproximaban tan aprisa como podían al rebaño de
los bueyes almizcleros. No era de los más numerosos
pues se componía solamente de un toro, dos vacas ;
dos becerros. Las cinco bestias pacían sin desconfianza la escasa hierba que crecía en la costa sin prever
la agresión que se preparaba contra ellas.'
De repente los dos cazadores y su compañera llegaron á tiro de fusil, y tres detonaciones estallaron á
un tiempo. Cayeron una de las vacas y un becerro·
el macho, herido también, se levantó, sin embargo, ;
escapó con los otros fugitivos, dejando tras de él un
reguero de sangre.
Esto es precisamente lo que no quería el marinero
Guerbraz que le había herido. Sin cuidarse del peligro
que, c?rría, el bretón se lanzó detrás del animal y llegó a tiempo de cortarle la retirada.
Entonces la escena cambió bruscamente y se hizo
por todo extremo dramática.
Gue rbraz, pescador de Islandia y de Terranova,
acostumbrado de antiguo á navegar por los mares
del polo, estaba dotado de un vigor prodigioso. Había ya descolgado de su cinto un hacha de corto
mango con la cual se proponía herir al animal en la
nuca, más abajo del formidable collar que le forman
sus gruesos cuernos, cuando el toro, renunciando á
la fuga, hizo frente al marino y arrremetió contra él.
Guerbraz, llevado de su propio impulso y arrastrado además p or la pendiente del terreno, no tuvo
tiempo de apercibirse á la defensa. La bestia furiosa
le encontró en la bajada; pero por suerte el almizclero no cogió de lleno á su adversario, sino que, tocándole de refilón, le hizo rodar sobre el terreno pedregoso.
·
Pero el toro, .después de haber corrido unos treinta metros, se había detenido, y revolviéndose iba á
pisotear ó á herir con sus formidables cuernos á
Gu~rbraz, que, aturdido por la caída, no podía prevemrse.
De repente estalló una nueva detonación, y el ovibus, .herido de muerte, cayó rodando á los pies del
marmero mudo de sorpresa.
Isabel llegaba corriendo, e mpuñando todavía el
arma humeante. Guerbraz cogió su mano y se la besó
con respeto.
- Me habéis salvado la vida, señorita, dijo, ¡H asta
que pueda desquitarme! ¡En vida y en muerte!
I sabel de Keralio, sofocada por la carrera, no podía
hablar, cuando ocurrió otro incidente.
. Sonó un quinto disparo, y Huberto d'Ermont, que
iba á reunirse con sus compañeros, sintió el viento
de una bala que pasó rozando casi su rostro. Volviéndose con el entrecejo fruncido, advirtió que á unos
sesenta pasos más atrás estaba el químico Schnecker,
que era .el que acababa d e hacer fuego.
- ¡Sois un torpe, Sr. Schnecker!, gritó con voz en
)a c~al vibraban una sorda cólera y una punzante
1roma.

III
LA ANTECÁMARA DEL POLO

L os tres principales testigos de este drama guardar?n el más absoluto silencio sobre este último episod10
. de una caza tan agitada·' pero I sabel vivamente 1mpresi_onada, pudo ver cómo su primo y Guerbraz cambiaron una mirada de inteligencia.
Los dos hombres se conocían d esde muchos años,
pues Guerbraz, aunque de más edad que Huberto
había servido á sus órdenes cuando éste era alfére~
de navío. Era evidente que la torpeza de su compa)

NúMERO

609

LA

ILUSTRACIÓN'

A1tt!srrcA

ñero les parecía sospechosa. Schnecker había hecho que en el canal Kennedy ó en el de Robeson trans- Los icebergs y los témpanos corrían todos en direcfuego cuando ninguna razón plausible había para ti- forman los fiords del Oeste en glaciares que engen· ción del Spitzberg. El navío podría entrar en el fiord
rar, pues I sabel había salvado al bretón y los dos dran enormes icebergs. Por todos estos motivos era á la caída de la tarde.
Mas aquel cálculo resultó fallido, pues bruscamenbichos que sobrevivían habían desaparecido ya de- de creer que sería posible un viaje marítimo durante
te
á las cinco de la tarde y en el momento preciso
la primavera próxima.
trás de un pliegue del terreno.
Entretanto el verano acababa rápidamente y las en que los fanales de la Estrella Polar revelaban su
Sin embargo, el naturalista se adelantaba con la
gorra e n la mano, inclinándose y sonriendo de un señales precursoras del invierno se acentuaban más presencia i unas tres millas de la costa, el viento saly más. Por la mañana y á la caída de la tarde se for- tó al Noroeste y produjo un rápido descenso de la
modo obsequioso.
maba en la superficie del agua una delgada capa de columna mercurial. El termómetro marcó en seguida
T rataba de excusarse.
- ¿Parece, Sr. d'Ermont, dijo, que por poco causo hielo, de esas que los canadienses llaman/razi. Ade- 22 grados !:&gt;ajo cero.
Fué preciso pasar 1~ noche en una cruel incertiuna desgracia? Dispensadme, pues soy muy corto de más, la noche, la terrible noche polar se aproximaba
y el sol de media noche bajaba lentamente hacia el dumbre y esperar hasta la mañana siguiente á las
vista. En mi vida volveré á disparar un tiro.
- Haréis bien, caballero, contestó el joven, poco horizonte Sud. El 25 de agosto el viento Norte había diez, en que advirtieron que el navío había derivado
aumentado seis ó siete centímetros la capa de hielo dos millas más hacia el Sud y vieron que la capa de
sufrido de sí.
Y volviéndose de espalda apresuró el paso, á fin y la eterna franja adherida á las costas había tomado hielo nuevo tenía un espesor de dieciocho centíde regresar lo más pronto posible en compañía de ese tinte azul que caracteriza las nuevas cristaliza- metros.
Afortunadamente las aguas invadían el campo de
ciones.
Isabel á la casa.
Era cuestión ya de ponerse los trajes que exigía hielo, rechazando los témpanos errantes y dejando
Pero acudían ya el Sr. de Keralio, el doctor Servan y los cinco marineros atraídos por los disparos. aquel rápido descenso de temperatura. Para conser- así agua suficiente para que el navío pudiera llegar
Se dió la orden de despellejar en seguida á los ani- var la soltura y ligereza de los marinos y á fin de á fiord. Gracias á su espolón y á la potencia de su
males para no dejar tiempo de que las carnes se que no permanecieran inactivos, el teniente d'Ermont máquina, la Estrella Polar pudo abrirse camino á
impregnaran del olor del almizcle que no hubiera ocupó á los tripulantes en la tarea de mantener li- través de los innumerables témpanos que sin cesar
dejado comerlas. Esta tarea terminó muy pronto, y bres los pasos del hielo para cuando llegara la Estre- obstruían su paso. A las dos en punto, después de hacuatrocientos kilogramos de carne fresca fueron á lla Polar. Durante los intervalos de descanso se ber roto á fuerza de ariete el hielo de la superficie en
construían las alas de la casa, y allá hacia el 15 de los canales de mar que quedaban todavía libres, la
aumentar las provisiones del almacén.
Vueltos á Fuerte-Esperanza, Huberto se encerró agosto estuvo del todo terminado el edificio y dis- Estrella Polar echó el ancla en el fiord de Francisco
José, al pie de acantilados de 300 metros de altura
con su futuro suegro, el doctor y Guerbraz para me- puesto para recibir á sus nuevos inquilinos.
Desde entonces sólo se pensó en la vuelta del bu- que debhm protegerle lo mismo que á Fuerte-Espeditar juntos acerca del grave incidente que acababa
que, y cada día las miradas ansiosas de los invernan- ranza.
de ocurrir.
Los habitantes de la casa se lanzaron al paso de
La conferencia fué de las más conmovedoras. Pe- tes interrogaban con afán el horizonte del Sud.
E l mar se cubría de bloques de dimensiones diver- los t~ipulantes del navío, dando gritos de alegría, y
dro de Keralio, bueno por naturaleza, no podía creer
en una mala intención, máxime cuando no había nin- sas. Era evidente que la vasta extensión de agua acogieron con la más conmovedora efusión á aqueentre la Groenlandia y el Spitzberg hacía difícil y llos hombres á quienes durante un instante pensaron
gún motivo para inspirarla.
- Os puedo asegurar, dijo, que nuestro compañe- lenta la formación del gran campo de hielo que se tardar mucho tiempo en volver á ver. Estos, por su
solidifica con la rapidez del rayo en las bahías y es- parte demostraron viva alegría, pensando que en tiero es extraordinariamente miope.
rra les aguardaba una casa ·cómoda y construída y
- ¡Bah!, replicó d' Ermont, cuando se es tan cegato, trechos del Norte de América.
Sin embargo, el descenso continuo del termómetro amueblada segl1n los más minuciosos preceptos de
nadie se aventura á tirar, y por otra parte y por más
que procure explicármelo, no puedo comprender có- hacía inminente la gran congelación que se acercaba· la higiene. ?or la no~he se celebró un banquete y
mo un tirador cuya bala pasa tan cerca del rostro de de hora en hora. Desde el Norte llegaban grandes todos los asistentes brindaron con el mayor entusiasun hombre ha podido tomar este hombre por un bi- bergs ó montañas de hielo con su escolta de témpa- mo por el buen éxito de la expedición.
Al día siguiente el Sr. de Keralio, ejerciendo por
nos más pequeños y restos de campos de hielo que
sonte.
Y añadió con el buen humor que le era peculiar. soldándose unos á otros constituyen el gran pack, primera vez de jefe, reunió á todos los expediciona- Nos toca, pues, abrir los ojos, y abrirlos bien; como vulgarmente se llama á esa llanura sin fin y rios á fin de leer el reglamento.
A semejanza de lo que hizo la expedición inglesa
pues, sin esto, el digno Schnecker tendría el derecho desolada que cubre en invierno la vida oculta en el
fondo de los mares. La temperatura media en el mes de 1876, los oficiales dividieron á sus hombres en pede tomarnos á todos por bestias.
Sus compañeros rieron del equívoco, pero el asun- de agosto fué de 6 grados, y parecía templada relati- lotones que tenían obligación de dedicarse á distinto era demasiadr, grave para que se olvidara tan vamente á gentes que en su país y en invierno sufren tas tareas. Además de éstas todos y cada uno fueron
sometidos á la obligación de tomar parte en las fae·
pronto, así es que el Sr. de Keralio no pudo por temperaturas 12 ó 15 grados más frías.
Isabel no perdió ni por un momento su vivacidad nas generales y comunes que exigían servicio cotimenos de hacer esta observación:
- ¿Por qué motivo habría cometido tal crimen? y buen humor, y por lo contrario, parecía tener prisa diano, tanto en el interior del fuerte como cuando
Ninguno de nosotros le ha hecho daño alguno, ni le en ver llegar el invierno, pues éste debía inaugurar llegase el momento de las exploraciones.
Además de esto se pasó revista al equipo y armal~s grandes experimen,tos astronómicos y meteorolóha manifestado la menor desconfianza.
- Dispensad, dijo Huberto con el mismo buen hu- gicos. ¿No sería ademas el pFecusor de la primavera, mento y el médico inspeccionó cuidadosamente á tomor; hay alguien que se lo manifiesta desde el pri- época consagrada á las exploraciones y viajes en tri- dos los marinos, pues la necesidad de conservar una
neo, si no era posible empujar más adelante la Estre- salud _robusta era una de las principales para salir
mer día. Salvator no le puede tragar.
con bien de la empresa acometida.
- Es verdad, dijo el doctor, y el argumento es de lla Polar por el camino del Norte?
Resultaron de este recuento y distribución depeso. El instinto de los animales y particularmente . El Sr. de Keralio no participaba de la misma opide los perros lo tengo yo por infalible.
món, y sentía amargamente la condescendencia que jando aparte el cuerpo de oficiales, treinta ho~bres
Se interrump~ó y dirigiéndose al Sr. rle Keralio le tuvo por el capricho de su hija, temiendo por ésta la útiles entre marineros y obreros, de los cuales veinte
eran bretones y diez canadienses. Cada uno de ellos
llegada de los grandes fríos.
dijo:
Las primeras nevadas, la insidiosa aparición de la recibió una carabina Wínchester de cañón corto y
- ¿Vaya, de donde habéissacado ese químico que
tira tan mal?
muerte ~n sus formas más lúgubres, ensombrecían su de 600 metros de alcance, con ciento veinte cartu- De París, replicó el padre de Isabel. Me fué re- pensamiento como aquella inmensa bóveda de la chos, un revólver de modelo semejante á las carabico.mendado eficazmente por personas muy conocidas, cual el sol iba á desaparecer durante cuatro intermi- nas francesas con diez paquetes de cartuchos un cuchillo de caza, una hacha de mango corto c~yo filo
miembros del Instituto y sociedades científicas de nables meses.
los departamentos.
Pero conocido que el ni.al estaba ya hecho y que estaba recubierto de una funda de latón y ~demás un
- En este caso, dijo el doctor pensativo, habrá no era posible remediar las consecuencias de su estuche completo de campaña, con cortaplumas de
sido una veleidad personal por su parte que no sé condescendencia, ocultaba sus temores con objeto cuatro hojas, tijeras, hilo y aguja y peine y cepillo.
cómo explicarme; uno de esos sentimientos profun- de no alarmar á Isabel y de que no perdiera el buen Como prendas de vestir les dieron tres pantalones de
damente bajos y viles que nacen á veces en el alma humor y la fuerza moral de que tanta necesidad ten- lana dulce, tres camisas de franela, dos chalecos y
humana, pues una gran inteligencia no es garantía dría para sufrir los horrores de la invernada.
dos blusas, un abrigo forrado de pieles, un pasamonde que el que la posee tenga gran corazón .y buen . Cada día crecía más el trabajo de los expedicionacarácter.
rios. En una de sus excursiones hacia el monte Pet- Será preciso vigilarlo entonces, opinó el Sr. de termann, el teniente d'Ermont había descubierto una
K eralio.
abundante mina de hulla, que resultaba un verdade- Yo me encargo de este cuidado dijo Guerbraz. ro depósito puesto por la naturaleza en sus manos
Después de estas palabras se separaron, dándose c~si á flor del suelo. De allí se extrajo cantidad suficita para el estudio de las costas y el examen de los c1en~e para .el gasto de dos inviernos y se depositó el
mapas.
prec10so mmeral en grandes montones junto á las
A decir verdad, éstos eran de lo más incompleto galerías, teniendo buen cuidado de construir un coque puede imaginarse, y la expedición, en el punto bertizo de madera recubierto de lona alquitranada
en que se encontraba, hallábase enfrente de lo des- para preservar de la nieve aquel combustible indisconocido. Lo poco que se sabía era puramente hipo- pensable.
tético. La costa de la Groenlandia oriental no se
Entretanto se esperaba la vuelta de la Estrella
sabe de fijo por dónde corre más allá del 78°.
Polar con creciente impaciencia. Cada día que transLos sondeos practicados en el Spitzberg han dado cur~ía engendraba una nueva angustia, pues son co~rofundid_ades considerables, y parece que ninguna nocidos de todos los caprichós de los mares del polo. tes con capuchón, una gorra de piel de nutria, dos
tierra se mterpone entre el 7° de longitud oriental y Dos veces en menos de tres días se amontonaron en pares de mitones de lana, un par de guantes forrados,
el 20° de longitud occidental.
el horizonte enormes masas que hicieron temer que un par de botas de cuero para el verano, dos pares
La hipótesis de un mar muy grande y por consi- se cerrase el paso por donde debía llegar el navío.
de mocasines y dos pares de polainas de lana. Las
guiente sometido á la influencia de corrientes temAsí es que cuando el gaviero Kermaidic al bajar medias de lana quedaron en reserva en el almacén,
pladas y de grandes mareas era muy plausible. Ac- de su cuarto de vigía el 22 d e agosto anunció la apa- pues no debían entregarse á los marineros sino metualmente desde lo alto de los acantilados de la costa rición del vapor, estallaron clamores de alegría entre diante un bono de sus respectivos jefes de pelotón.
fos exploradores lo veían completamente libre, y en los invernantes.
Quedaban también en el almacén doce fusiles de
toda la zona que descubría su vista por la parte de
E l vapor apJreda á. lo lejos y el viento que sopla- c1za que se prestarían á los mejores tiradores.
tierra no advertían ninguna de esas anfractuosidades ba del Sud dejaba libres las cercanías de la costa.
( Co11Lfouará)

�medios de transporte entre los pueblos de la desem·
bocadura de la ría, habiendo formulado varios proyectos, tales como el de un túnel por debajo de la ría,
EL PUENTE PALACIO EN LA RÍA DE BILBAO
el de un puente giratorio, el de un puente fijo supeEste precioso puente, que sirve de lazo de unión á rior y el de una vía férrea apoyada, por la que circuLas Arenas y Portugalete, ha revelado por lo bello, lo laba un bastidor metálico con sus ruedas corresponútil y lo nuevo un genio prepotente y de rica fanta- dientes, hasta que se fijó definitivamente en d que
ahora acaba de inaugurarse y
que consiste en cuatro torres,
dos á cada lado del rlo, de 45
metros de altura, la mayor conocida en los de este sistema, y
un tablero horizontal que va de
unas á otras y en la que hay establecida una línea férrea de
cuatro rieles de 8 metros de anchura total, sobre la cual circula un tren de rodillos acoplados que soportan la plataforma ó carro transbordador, capaz para 150 ó 200 personas y
un carruaje cualquiera, que se
transportan de uno á otro lado
como por el aire, fuera del alcance de las olas y al nivel de
los muelles de ambas orillas, en
un minuto de tiempo, sirviéndose de ingenioso y fácil sistema de suspensión por medio
de fuertes y resistentes cables
cruzados, á fin de evitar los
efectos de los vientos fuertes
que pudieran producir oscilaciones peligrosas ó molestas.
El movimiento es producido
por una máquina de vapor situada en una de las torres, que
mueve un cable sin fin; y como
los movimientos de la plataforma son independiientes del
agua, va y vuelve de uno á otro
lado con gran suavidad, sin
cuidado de que haya tropiezo
alguno con las embarcaciones
que cruzan la ría.
E l embarque y el pasaje se
verifican sin incomodidad alguna, como si fuera un carruaje
de
los más confortables, y no
Fig. I . Vista parcial del puente al colgar el transbordador
existe el temorde que un desperfecto interrumpa los viajes, porsía dentro de la industria moderna: el ingeniero que están tomadas todas la medidas y precauciones
M. Alberto de Palacio.
necesarias para sustituir en brevísimo tiempo cualLas extraordinarias condiciones de esta construc- quier pieza ú organismo que se deteriore.
ción, no sólo revelan ya al autor con un genio excepEl carro transbordador puede soportar 30.000 kicional, sino que prueban que aun entregado á las logramos y en él pueden pagrandes· lucubraciones de su espíritu sabe sujetarse sar sin inconveniente alguno
á las exigencias de las especulaciones económicas.
caballprfas, carruajes, vagones
El Sr. Palacio ha consagrado unos cuantos años á con.carga y hasta locomotoras
la realización de esta obra, en los cuales no le han ¡or medio de una rampa que
faltado ciertamehte sinsabores, y para que se realice permite el acceso al transbor·
de una manera cumplida el que todo lo genial lle-va da'dor sin desenganchar y sin
consigo las amarguras de·lo mediocre, acaso lpg mis- apearse los viajeros.
mos que con el tiempo estaban· destinados). ser los
El presupuesto total de la
que más directamente aprovechan su pbra han obra concluida del todo es de
sido causa de ellas. Es claro, es difícil qµe á un es- 670.900 pesetas, algo más de
pecul~dor le sepa bien que una obra, p,or muy origi- lo que se había calculado en
nal ·que sea y por muchas dificultades que se presen- un principio, lo cual es propio
ten en el camino de su realización, cueste 670.900 de todas las grandes empresas,
pesetas si está presupuesta en 500.000; pero es y ha sido debido á inconvemás fácil y muy agradable el recoger un ingreso del nientes surgidos en la ejecuduplo de lo presupuesto y recibir felicitaciones y ción de las obras; y el de los
arcos de triunfo por el agradecimiento que los pue- gastos anuales, entretenimienblos sienten.
to y conservación serán de
El viernes 28 del pasado julio se verificó el acto 10.950 pesetas, habiéndose
de la bendición é inauguración pública de esta gigan- calculado el producto líquido
tesca obra del genio y de la constancia del notable anual en 96.000 pesetas.
arquitecto é ingeniero D. M. Alberto de Palacio,
En el curso de las obras no
habiendo tenido lugar en los días anteriores las prue- ha habido accidente ni desbas particulares y oficiales con un resultado altamen- gracia alguna entre los obreros,
te satisfactorio por lo que respecta á la parte técnica y á pesar de ser una obra tan
de su ejecución.
grandiosa, única en el mundo,
Esta grandiosa obra es un monumento de Vizca- todo cuanto se previó hace
ya, á cuya importante industria minera y á la vida y tres años, al proyectarla, se ha
movimiento de Bilbao en sus relaciones con Portu- cumplido con exactitud magalete y Las Arenas ba prestado un inmenso servicio, temática, sin el menor error
asegurando un paso constante, rápido y seguro entre de cálculo ni falsas maniobras,
ambos pueblos de las dos opuestas orillas del Ner- á pesar de que se conceptuaba
vión, los cuales están unidos á la capital de Vizcaya por muchos como imposible y
por vías de comunicación rápidas y directas, dos fe- quimérica su realización por la
rrocarriles casi paralelos á la ría y dos tranvías que dificultad aparente con tanto
si~uen la misma dirección á los dos lados de l¡i acierto vencida de evitar las
misma.
oscilaciones, habiendo sido neHace algunoS' años, el Sr. Palacio se consagraba cesario para corroborar la opicon una tenacidad singularísima á resolver el impor- nión y las afirmaciones del'
tante poblema de establecer la comunicación y los Sr. Palacio respecto á este pun·
SECCIÓN CIENTÍFICA

NúMtRO 609

NúMERO 609

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTtCA

to, pedir su parecer al eminente ingeniero de París
M. Brüll, quien hizo por encargo de la Compañía
del puente un notabilísimo trabajo de cálculos, con
los que vino á demostrarse matemáticamente la posibilidad del proyecto y el brillante resultado que auguraba para el mismo, como se ha visto ahora. Dicho
señor ingeniero resolvió también algunas diferencias
de apreciación, de carácter puramente técnico, suscitadas entre el Sr. Palacio y el distinguido ingeniero constructor D. Fernando Arnadín, siendo su
dictamen en esta cuestión una obra maestra suficiente.
á formar una reputación, si ya no la tuviera creada y
bien cimentada en su larga y brillante carrera, de la
que es testimonio el aprecio y estimación en que le
tienen sus compañeros de la Sociedad de Ingenieros
de Francia, de la que ha sido presidente.
También merece especialísimamenciónelingeniero
constructor que con acierto singular y sin emplear
andamio de ninguna clase ha montado los elevadísimos
pilares de hierro del puente y el tablero horizontal,
todo al aire, por medio de cables ingeniosos y pies
derechos de madera de cuatro metros de longitud.
En una palabra, esta es una obra de exactitud
y precisión admirables; un puente rígido y en
completo equilibrio, cuyos pilares tienen 62 metros
de altura y 45'10 desde el tablero del puente hasta
las aguas de la ría en la sobrepleamar equinoccial,
siendo la flecha actual del tablero om,20 en sentido
no horizontal y 16om de luz total de eje á eje de
pilares.
El motor es una máquina de vapor de dos cilindros de alta presión y de marcha continua, que mueve
un árbol, el cual transmite la fuerza por flicción, comunicando el movimiento hacia atrás ó hacia adelante
ó permaneciendo, á voluntad, en reposo. Su potencia
es de 25 caballos, pudiendo desarrollar 35, pero no
son necesarios más que de 6 á 8 para la marcha ordinaria, y la velocidad del transbordador, que es de cero
al empezar y al terminar el viaje, alcanza hasta 3 metros por segundo, siendo nula la oscilación aun con
el viento más fuerte.
Este puente, que hace honor al talento y á la iniciativa de su inventor D. Alberto Palacio, producirá,
á no dudarlo, inmensos beneficios al comercio y á la
industria y á las relaciones de toda clase entre los
pueblos de las dos orillas del Nervión y al de Bilbao,
por la rapidez, comodid¡id y seguridad del transporte,
toda vez que puede pasar diariamente de 8 á 10.000
viajeros sin contar las mercancías, ganados yvehícu•
los de toda especie, lo que autoriza á asegurar que el
movimiento y el tráfico actuales entre ambas márgenes del Nervión ha de triplicarse ó cuadruplicarse.
Antes de terminar este artículo, reproduciremos
algo de lo que acerca de este puente dice el importante periódico L' Ilustration, de París:

LA ltUS'I'kACtÓN ARTÍS1'1CA
cuerda por su origi•
nalidad las atrevidas
construcciones que
parecían ser especialidad exclusiva
de los ingenieros
norteamericanos.»
Estos conceptos,
vertidos por un•francés, son el mejor
elogio de la obra del
Sr. Palacio, pues sa·
bido es cuán parcos
en a labanzas son
nuestros vecinos
cuando de algún español se trata.
Las fotografías
que reproducimos
nos han sido remitidas por D. Antonio
Berdegué, de Bilbao, á quien damos
nuestras más expresivas gracias por
su atención.

«Generalmente la
travesía de las desembocaduras ó entradas de puertos
análogos, se verifica
por medio de puentes giratorios ó levadizos ó corredizos,
que tienen múltiples inconvenientes,
puesto que cuando
están abiertos interrumpen la circulae i ó n: además exigen potentes máquinas para maniobrar
sus masas, y finalmente sólo sirven
para cruzar distancias relativamente
cortas.
»El puente transbordador, que ninguno de estos inconvenientes ofrece, es
digno por ello de
admiración y re-

_....,_
.

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aecesitan. No temen el asco ni el cau,ancio, porque, contra lo que sucede con
l'!S demas purgantes, este no obra bien
SUlO cuando se toma con buenos alimentos
1 bebidaslortilicantes, cual el vino, el catd,
e¿ td. Cada cual escoge, para purgarse, la
uora y la comida que mas le convienen,
sevun aus ocupacfones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamentea11ulado por el electo de la
buena alimentacion empleada,uno
1e decide fácilmente á volver
il empeHr cuantas veces
sea necesario. •

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Querido enfermo. -Flese Vd.• mi l1r11·u~rt.nola.
1 haga u10 de nuutroa 6RANOS de SALUD, pue, el/oa
lo ourarAn de , u con1t1p1cfon, le dar,n apetito 1 lo
derolrer,n el sueño , 11 1lefrl1. - A11 mirj Yd.
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Fig, :2. Vista superior del tablero

X.

Fig. 3. Conj.into del puente, visto desde la iglesia de Portugalete

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y omrut son los elementos que entran en

la

compostcton de este potente

reparador de las ruerzas Titales, de est.e ru&amp;iaea ■wi per e■eele■ela. De un gusto sumament.e agradable, es soberano contra la .A nemta y el .Apocamtfflto, en las Calentura,
1 Conoaüeenctas1 contra las Dta"tfU y las .Afecct()nu del E1tomaoo y los ,ntuttno,
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�568

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

609

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION

¡A LOS TOROS! ALBUM TAUR0MÁQUICO,pordon
Daniel Perea. - Mucho se ha publicado sobre la

POR AUTORES Ó EDITORES

fiesta nacional española ; pero no vacilamos en afirmar que nada de cuanto hasta hoy se ha hecho
en este género da una idea tan completa y tan
exacta de las corridas de toros como el álbum que
acaba de editar D. Hermenegildo Miralles. El
nombre de Perea es la mejor garantía, no sólo de
la exactitud con que están reproducidos los prin•
cipales lances de una corrida, sino además de
la perfección que en punto á di bujo y á color tienen las acuarelas en el álbum contenidas. Estas
son en número de 28, reproducidas por la cromo•
litografía, y cada una de ellas es un verdade·
ro·cuaclro ele mérito lleno de verdad y de vida.
Acompaña á cada lámina una explicación de la
escena en la misma representada, en castellano,
francés é inglés. Contiene además el álbum la
célebre marcha de la manolería de la popular
zarzuela Pan y Toros, del maestro Barbieri, con
bonitas ilustraciones del mismo Perea. Creemos
que el Sr. Miralles ha tenido una excelente idea
a l publicar ese álbum para uso de españoles y sobre todo de extranjeros, que podrán gracias á él
conocer de verdad la fiesta que tanto les entusiasma y acerca de la cual tan equivocadas ideas
tienen. Véndese el álbum al precio de 20 pesetas en las principales librerías y en casa del editor, Bailén, 59.

EL SEÑOR y LO D&amp;MÁS, SON CUENTOS, por
L eopoldo A las ( Clarín). - Decir hablando de un
libro del Sr. Alas que cuanto contiene está bien
pensado y mejor escrito, que es original en sus
ideas y hasta en su título (hallazgo feliz de su
autor), profundo en sus juicios y ultracorrecto y
elegante en su estilo, es decir lo que por sabido
huelga. Los que desdeñen su última obra creyendo que por tratarse de una colección de cuentos han de hallarse con una serie de narraciones
triviales, andarán tan equivocados como los que
por ser de filósofo y critico tan eminente le teman
al libro en cuestión, suponiéndole conjunto de
abstrusas teorías y de abstractas especulaciones.
Cuentos son los trabajos coleccionados y todos
encierran no pequeño sentido filosófico; pero ni
los cuentos tienen nada de común con los vulgares relatos que generalmente se nos ofrecen con tal
denominación, ni el sentido filosófico traspasa un
punto los límites en que la amenidad se convierte en aridez. Todo el mundo puede hallar en el
libro grato entretenimiento; muchos encontrarán
en él además materia para meditación y estudio
no menos gratos. Si no fuera un lugar común tan
gastado, diríamos que pocas obras en su género
se ajustan tan perfectamente al precepto de Horacio como la última publicada por Clarín. El
Seílor y lo demás, son cuentos, elegantemente editado por el Sr. Fernández +,asanta, de Madrid,
se vende en las principales librerías al precio de
3 pesetas.

.. --...,

DEDICATORIAS, poesía por C. del Castillo. Nuestro distinguido colaborador Cayetano del
Castillo, cuyos bellfsimos artículos en prosa han
podido 1aborear los lectores de LA ILUSTRACIÓN
ARTISTICA, es á la vez que elegante y castizo
prosista inspirado poeta, como elocuentemente lo
demuestra el tomo de poesías que hace poco ha
publicado. Las contenidas en el libro pertenecen
á varios géneros y en todas ellas campea gran
ins¡,iración y una armonía de lenguaje que cautiva y en todas abundan los más bellos pensamientos y las más justas imágenes. Véndese el libro
al precio de 5 pesetas en las principales librerías
y en la casa del autor tPárraga, 9, Granada).

ALBUM PONS. - Nueva muestra de su ingenio
ha dado el conocido caricaturista Angel Pons en
el álbum que nos ocupa; las historietas y escenas
en éste dibujadas, unas veces provocan la carca•
jada franca que arrancan los trabajos análogos de
los alemanes, y otras hacen asomar á los labios la
sonrisa picaresca que producen las obras de cier •
tos dibujantes franceses. No se crea por esto que
Pons es imitador de unos ni de otros: Pons tiene
personalidad p ropia, hija de la observación atenta, de un criterio justo y de un lápiz seguro y sobrio que en cuatro líneas traza una figura y exp resa lo que ésta siente. Además, en muchas de
sus caricaturas se revela un espíritu crítico no
vulgar que fustiga todo lo censurable sin acudir
á medios poco dignos: sus criticas son alfilerazos
que señalan el lado i-idiculo de los hombres y de
las cosas, no con intención dañina, sino como sal udable advertencia. El álbum, editado por el
Sr. Fernández Lasanta, se vende en las principa•
les librerías a l precio de 2 pesetas.

TRAGEDIAS, por el Exmo. Sr, D. Vlctor Balaguer. - La Biblioteca popular catalana ha publicado su torno IV, que contiene tres tragedias catalanas del eminente literato Sr. Balaguer: son

Lo guant del degollat, Las esposa/las de la mor/a
y Los Piri11e11s. Nada hemos de decir acerca de
ellas; el nombre de su autor ocupa en la litera·
tura patria un puesto harto eminente para que
hayamos de ensalzar sus obras, tanto menos, cuan•
to que las tragedias figuran entre sus más bellas
producciones. El precio del tomo, que se vende
en las principales librerías, es de 2 reales.

BUENOS CAMARADAS, dibujo de P. Golleron

Las casas ex t r anjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61, París. -Las casas españolas pueden h acerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, P aseo 'de Gracia, núm. 21
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                  <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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                    <text>. · itrtélC10t)

Ftí~t1ea
ANO XII

_ _ _ _ _ _ _. BARCELONA 4 DE SEPTIEMBRE DE 1893 ~

------

NÚM. 610

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

··-====== ========================= = = ====

COLOQl;JIO AMOROSO, cuadro de Emilio Sala.

�LA

NúMERO 610

1Lust1lActóN ARTfst1CA

y

lla violencia que imposibilitaría toda discusión? ¿Dón• co entre él su familia, y ésta, viendo que la resisde aquellas excentricidades con que muchos han tencia era imítil, le hada, según los casos, pequeñas
querido caracter,izarlo? Nada·dé ·esto encontramos en ~corícesi9nes: una de éstas fué la de que asistiera á
el tiempo que lo hemos tratado; siempre hallamos al las clases elementales de la Academia y concurriera
hombre serio, al caballero cumplido, al amigo leal. otra vez á casa ,de su pariente D. Plácido Francés.
Tiene, sin embargo, un defecto grandísimo, no &lt;lepen-. En ambos sitios aprovechó el tiempo; pero ,tal vez
diente de su carácter, sino resultado de los tiempos más que 'Jas lecciones del maestro, le sirvió de podeque corren: para Sala no hay mas línea que la recta, roso estímulo el trato con discípulos más aventajados
Texto. -Emilio Sala Francés, por A. Fernández Merino. - no emplea trochas, ni veredas; llegará tarde, pero que él. 'De los adelantos conseguid.o~ en aq~el breve
La Exposición de Chicago. Los mejores tabacos del mundo, por llega sereno, tranquilo, con la conciencia en ~az; re- intervalo dió pruebas en la Expos1c1ón reg10nal de
Eva Canel. - Federico Mediano, por A. Sánchez Pérez. sultará agrio, pero únicamente por haber dicho la Valencia, donde presentó un «Bodegón» que le valió
Miscelánea. - Una francesa w el polo Norte (continuación),
por Pedro Mael, con ilustraciones de Alfredo Paris. - SEC· verdad. ::ii alguno quiere sentir halagado su amor una segunda medalla: este premio marca su primer
CIÓN CIENTÍFICA: El Canal de Corinto. - Fotografía de lo propio, no busque á Sala sin poderosos justificativos paso en la difícil carrera que había emprendido; 1?
invisible.
de sus deseos; si alguien, procediendo de buena fe, colocó entre los pintores y le creó por tanto las pn·
Grabados. - Coloquio amoroso; Una bella de antaflo; Com· quiere un consejo sano, que vaya seguro de encon- meras enemistades: ya era del oficio.
pás de espera; El columpio; La expulsión de los judíos; Mo- trarlo. Creemos haberlo retratado moralmente y en- . Poquísimas veces hemos hablado con Sala de su
dernista de anta11o; Un concierto e11 el bosque, cuadros de tendemos no son necesarios más luz ni más color para vida y de sus obras, pues no es terna que le agra~a;
Emilio Sala. - Exposición universal de Ckicagv: Kiosco de la ponerlo de relieve: nos queda por hacer su historia, pero procurando investigar las causas de sus cam bios
realfábrica de tabacos &lt;La flor de Cuba,&gt; de D . Manuel del
de manera, nos hemos convencido siempre de su inValle; Vista de la sección espaflola en el palacio de Atrriettl· que es breve; el estudio de sus méritos, tan gran~es,
tura; Kiosco de la fábrica de tabacos de D . Calixto López; Vi~- que sin la audacia que da el buen deseo, no lo em- discutible valer, de su amor al estudio, de su gran
ta de la exhibición de tabacos cubanos en el palacio de Agn- prenderíamos.
talento de observación y de su constancia en persecultura, tomada de frente. -D. Rosendo Fernández, de la
Emilio Sala Francés nació en Alcoy el año 1850. guir el ideal del verdadero artista, esto es, el a~h~lo
Cámara de Comercio de la Habana, Comisario especial repor llegar á la expresión perfecta del natural, sm inpresentante de Cuba y Puerto Rico en la Exposición univer- Muy niño aún, su familia se trasladó á Valencia, donsal de Chicago. - Tres grabados del Canal de Corinto. - Re- de comenzó á educarse y donde principió á manifes- currir en los defectos que engendra en muchos la
trato y estudio del pintor Emilio Sala, en París.
tar inclinación hacia el arte que ha sido su encanto mala inteligencia de este término, que en boca de no
y por el que ha luchado hasta el sacrificio. Desde pocos es desgraciada muletilla de que se abusa, queluego tropezó con la oposición de los suyos, enemi- riendo justificar caprichos y excentricidades. Sala cogos de que emprendiera una carrera en que la fama rno pintor se debe á sí mismo: lo aprendido .en el
EMILIO SALA FRANCÉS
es casi siempre póstuma y en que las inciertas ganan- corto tiempo que frecuentó clases y profesores, no
cias no bastan las más de las veces para cubrir pe- bastaba para emprender una senda que continuada
Al poco tiempo de llegar á Roma, traídos por el rentorias necesidades y por consiguiente mucho me- pudiera llevarlo á la altura en que hoy se encuentra,
deseo de estudiar las maravillas artísticas que aquí nos para asegurar el porvenir, que es lo que preocu- y sin su real temperamento de artista no hubiera pahan reunido el acaso unas veces, muchas los Yerres, pa más á los padres cuando piensan en los hijos. He sado del amaneramiento que se invetera fatalmente
que abundaron siempre, por más que á Cicerón en aquí por qué los suyos, que pertenecían al comercio, é impide ver la verdad y expresarla debidamente. Al
su tiempo uno parecía extraordinario, cierta noche, en quisieron que Emilio hiciera lo mismo, y precisamen- poco tiempo de haber reanudado las lecciones, su
el círculo que entonces tenían los españoles, un com- te para esto era para lo que menos había nacido y lo maestro Francés le manifestó que no podía contipatriota indicándonos un estudioso engolfado en no que más odiaba sin ocultarlo; pero corno ningún jo- nuarlas: otra vez Sala se halló solo; no envanecido
sabernos qué lecturas, nos dijo: «ese es Sala.» Lo ven de sentimientos elevados debe romper abierta- con un premi'O que hubiera cegado á otros muchaveíamos por primera vez y lo mirarnos atentamente; · mente contra las disposiciones paternales, Sala, que chos de su edad, ni descorazonado por una situación
cuando se ha visto no se olvida. Bajo de cuerpo, ~uer- los ha manifestado siempre, cedió por el momento, comprometida, siguió adelante y comenzó á pintar
te, de tez morena y ojos claros, de fisonomía movible, sin renunciar en absoluto al cultivo de sus aficiones: en una habitación de su casa, sirviéndose de modelo
acreditando temperamento nerviosísirno; de mirar de la trastienda hizo estudio; con lo que á otros jó- por medio de un espejo, y al mismo tiempo estudiaprofundo, que quiere conocer lo que no se &lt;lice, que venes. sirve para distraerse en días de asueto, adquiría ba, analizaba y comparaba cuanto caía ante su vista.
anhela saber lo que se ha querido decir en lo que se lo necesario para el cultivo del arte, y de este modo El primer motivo de comparación entre lo que había
ha dicho: este es el hombre físicamente habla ndo; son pasaba la vida soñando con mejores días, y su familia aprendido de su maestro, que llevaba ó podía llevar
sus rasgos principal:s, que lo dan á cono~er bas- permanecía tranquila, pensando 9ue diversión por á exageración de color, y el extremo opuesto, lo tuvo
tan, pues no es novia que ponemos en fena, m pro- diversión, mejor era aquélla que mnguna, y que al fin con el cuadro de Domingo «El duelo,» expuesto en
tagonista de novela sentimental que deba hacer for- su espíritu reflexivo acabaría por plegarse totalmente Valencia, antes de que figurara en Madrid; pero en
tuna con la figura.
á los prudentes deseos que todos le manifestaban, aquella antítesis, constituída por dos extremos que
El también_ había venido á estudi~r y estudiab~: á cuando llegara á la edad de comprender que si )a deben evitarse, el estudió de los términos no puede
fuerza de méritos, con que en cualquier parte hubiera gloria es efectivamente una gran cosa, con la glona precisar cuál es el justo medio. Primer problema,
podido labrar una fortuna, en nuestra patria ganó no se come. La corriente que por fuerza superior tie- primera lucha y grandísimo motivo de trabajo y emuna pensión gubernativa; cerró el ya célebre estudio ne su cauce marcado, no se ataja con presas, ni se peño, en que comenzó á ejercitar su juicio en mateque tenía en Madrid, dejó el país y vino á la Ciudad desvía sin correr segurísimo riesgo de que vuelva á ria de pintura.
Eterna, lleno de ilusiones, que es el medio más segu- su lecho, y esto sucede más con las vocaciones del esPoco después de cuanto estamos refiriendo, acharo· de cosechar amarg~ísimos desengaños. España píritu que con los ríos.
ques del comercio le hicieron ir á la feria en Albacetiene aquí una Academia de Bellas Artes, que manPor el tiempo en que nuestro artista sostenía esta te: desde allí, auxiliado por unos parientes y contantiene descuidando obligaciones que no puede negar: lucha, fué nombrado profesor de la Academia de Be- do con otros que tenía en la corte, fué á Madrid, readejando de cumplir últimas voluntades que debían llas Artes de Valencia un primo suyo, D. Plácido lizando uno de sus sueños: ver el Museo, ó más preser sagradas, disminuyendo sufragios que dejaron pa- Francés, y aquí del dicho «con achaque de primo en- ciso, ver las obras de Velázquez, fuente perenne é
gados, para bien de sus almas, piadosos fundadores, tro y te veo.» Fueron primero visitas de pariente, inagotable de enseñanza para los que quieran apren-.
recompuso un antiguo convento allá en el Panirolo, después entretenimiento que robaba tiempo á la der á pintar. Aún recordamos la noche que Sala, con
lejos de todo movimiento intelectual; de lo que fué tienda, por último lección formal, que avivó el deseo la sencillez de lenguaje que le es propia, nos contó
un día casa de recogimiento y oración, fundada co- sentido desde hacía tanto tiempo, hasta hacerlo irre- sus impresiones ante las obras del maestro por excerno la histórica iglesia aneja por nuestros Reyes Ca- sistible. Si poco después decayó en la marcha, se lencia; no olvidaremos nunca la claridad de su disertólicos, hizo mala hospedería, donde cobra casa y es- debe á lo rudo é ingrato que es el comienzo de cual- tación, explicando la técnica sencilla con que el autor
tudio á jóvenes que cree dignos de venir á la llama- quier cosa, y un ligero paréntesis en las lecciones de la «Rendición de Breda» consiguió maravillosos
da·escuela de arte. Tal es el régimen que allí se fué sólo descanso para acometer con mayor empuje: resultados, y lo admiramos al exponer las sensaciones
observa, tan grandes las contrariedades que experi- la familia, pues, que contra todo lo que anhelaba y se que experimentó en presencia de aquellos cuadros
menta el pensionado más sufrido, que bien pronto había prometido, veía cada día más seguro el triunfo que pasman, y cómo fué para él una revelación obtiene que sublevarse, como lo hizo Sala. Siguiendo de las aspiraciones del joven, determinó poner coto servar que en la paleta que tiene el pintor de las «Mela opuesta de los antiguos romanos, que maltratados á lo que ya degeneraba en rebelión, y tomó una me- ninas}) había siete colores, con los que podía y debía
subieron al Aventino, él desde otra histórica colina dida violenta, la de enviarlo á una casa de comercio realizarse todo. Aquel viaje ha tenido grande imporbajó al valle, plantando sus reales en el barrio artís- en París. Allí había de tener el tiempo más tasado, tancia en su vida artística; en los pocos días que dutico por excelencia, en la calle de Margutta, al pie los principales serían menos complacientes, los recur- ró, estudió también los cuadros de Rosales, cuyas
del Pincio, junto á la plaza de España, en el centro sos escas.ísirnos, el trabajo más duro, y por tanto fotografías conocía y comprendía admirables, y en el
de la ciudad, no lejos de museos y monumentos, al ¡adiós arte y pretensiones de gloria! Comprendiendo tiempo breve que duró la provechosa excursión no
paso de compañeros y modelos, donde sin viajar po- Sala que así tendría que ocurrir, si la amenaza se paró ni descansó un momento; lo devoró todo, sin
día hallar cuanto deseara, donde mejor que nada es- realizaba, se aprestó á la defensa, buscando por abo- perdonar nada; hizo dos estudios en el Museo, voltaba en su casa.
gados á los mejores y más antiguos amigos de la casa, viendo y revolviendo adonde debía estudiar; analiPor sus obras de nombre, de fama, hacía tiempo y ellos tornaron la causa del joven con tanto calor, zó, desmenuzó obras y obras, y desde la mañana hasno nos era extraño el esclarecido artista: muchas que por aquella vez no sólo resultó exento de pena, ta la noche no hacía otra cosa que dar pasto á su
veces en la patria habíamos sentido deseos de llegar sino que le permitieron tornar lecciones de D. Salus- eterna curiosidad, pues otra de las condiciones sohasta él, para conocer personalmente .al pintor que tiano Asenjo.
·
bresalientes de este hombre es la resistencia. Ni su
seducía con sus producciones; pero cuantos escuchaA partir de este momento, ó para precisar más, cuerpo siente la fatiga, ni su espíritu se cansa; anda,
ron nuestro deseo, nos hicieron desistir; nos decían desde el 9 de junio de 1864, puede decirse que Sala sube, baja, recorre una sala, retrocede, avanza de
que su carácter era tan seco, que rayaba en violento; comenzó su carrera artística: principió á ver obras y nuevo, parece que no mira, y al salir se observa que
que era de genio tan adusto, que degeneraba en cosa tratar ·artistas, escuchar opiniones y analizar juicios, ha tomado en consideración hasta detalles que parepeor, y francamente estos informes nos hicieron desis- haciendo tan rápidos progresos, que ocho meses des- cen insignificantes. Volvió á Valencia repleto de obtir, sin pena, pues lo importante son las obras artísti- pués, cuando no sabemos por qué causas dejó de servaciones nuevas, que aprovechó en los trabajos
cas; en gran número de casos puede dejarse á un frecuentar la clase, sabía bastante para comenzar á sucesivos: se hallaba en el primer período de relado quien las produce. Sala ha sido después para pintar, y comenzó, en efecto, sin maestro, copiando flexión y comenzó á buscar ejecución, sobriedad y
nosotros prueba de lo mucho que se inventa para de cuadros y cromos que le venían á mano, hacien- corporidad, que eran las condiciones que había notahacer picantes las biografías de. hombres célebres. do naturaleza muerta y reproduciendo objetos que do en las obras estudiadas y que sobre todas deben
¿Dónde está ó en qué consiste aquella sequedad de sin gasto podían servirle de modelo. Iba ganando campear en las obras pictóricas.
carácter que podría hacerlo antipático? ~Dónde aque- paulatinamente la partida empeñad¡i con tanto ílhinA los elementos recogidos en su breve viaje, se

r

NáMERO 610
unieron otros que áportaron á su es•
píritu las conquistas de la Revolución de septiembre de 1868. La libertad de la prensa, la circulación
de libros, la destrucción de muchos
pre1uicios, sirvieron á nuestro artista eficazmente: comenzó á estudiar, y bien pronto, con acertado
criterio, supo escoger é hizo lectura favorita de autores serios, cuyas
obras enseñan siempre; aislado en
el estudio que se había improvisado
en un cuarto de su casa, dividió el
tiempo; dió parte al cultivo del arte
por el arte, esto es, al estudio, y el
resto lo pasaba absorto en lecturas
filosóficas y literarias. No diremos
que la cultura de Sala sea superior
á la de este ó el otro artista, pues
en todo, y en esto más, las comparaciones son odiosas, pero aseguramos que la suya es vastísima. Queriendo desentrañar y explicarse dificultades que muchos resuelven sin
comprender, estudió la parte de la
física referente á la luz, y cuando explica efectos conseguidos ó que deben conseguirse, más que un pintor
resulta un hombre de ciencia: partidario del positivismo inglés, le son
familiares las concepciones filosóficas de aquella escuela y por derivación los puntos generadores de
la· misma y las consecuencias que
de ellas se han desprendido; amante de la bella literatura, conoce suficientemente á Esquilo y Aristófanes, á Dante y Calderón, á Shakespeare y Cervantes; y cosa rara, esto
que para muchos hubiera representado una distracción peligrosa, Sala
lo ha hecho sin perder tiempo, porque artista de corazón y de mente,
todo, absolutamente todo, lo ha
puesto al servicio del arte. El gran
caudal de conocimientos recogidos
le sirve siempre; aquel estudio ha

LA

57t

1LUSTRACÍÓN ARTÍST1CA

UNA BELLA DE ANTAÑO, cuadro de Emilio Sala

sido y es valiosísimo elemento, que
le ha hecho maestro en la parte dificilísima de la composición.
Espíritu observador se fija en todo, no deja nada por analizar, ni
cosa de que no tome apuntes; de
aquí esas composiciones maduras y
razonadas á que dan realce su maestría en el dibujo y su brillante colorido. Estas condiciones, los frutos
de sus lecturas y las enseñanzas recogidas, las puso de manifiesto en
187 1 en el cuadro que presentó en
la Exposición de Madrid «La prisión del príncipe de Viana:» en dos
figuras supo compendiar un libro
importantísimo de nuestra historia;
con un personaje que de pie, en actitud violenta, ordena airado la satisfacción de un deseo conseguido
á costa de odiosa traición, y otro
que arrodillado á sus pies, implora sumiso, no el cumplimiento de
la ley, sino lo que el sentimiento
paternal otorga siempre, Sala ha hecho revivir un período tristísimo,
hace recordar una época espantosa
de partidos y banderías. El príncipe de Viana, que después de sangrientas luchas, en que siempre llevó la peor parte, se había retirado á
Mesina y en amena soledad cultivaba la filosofía y las letras y dormía
sueño de poeta en los brazos de la
Cappa, salió de allí engañado por
falsas promesas de quien menos po, día esperarlas, y volvió á la patria,
donde hasta la muerte le persiguieron el odio de su desamorado padre,
los rencores de su vengativa cuanto
hermosa madrastra, doña Juana Enríquez. Las manifestaciones de regocijo con que los catalanes recibíeron
al príncipe cuando desembarcó en
Barcelona, avivaron el despecho del
rey, que hipócrita siempre y tenaz
en los propósitos que le sugería la

r

COMPÁS DK ESPERA1 cuadro de Emilio Sa\;I

) •

,,;¡.'

�57 2
esposa que había sucedido en su corazón y en el trono de Navarra á la bondadosa doña Blanca, si aparentó una
vez reconciliarse con su hijo, fué para
tratarlo inmediatamente con más rigor.
Hallándose D. Juan en Lérida, celebrando cortes, llamó al príncipe don
Carlos, y éste, desoyendo prudentes
advertencias de sus partidarios, sin intimidarle la observación de que hasta
podían darle un bocado de difícil digestión, se presentó á su padre. No
bien lo tuvo allí, aquel raro monarca
que, preocupado siempre en lo que
menos le importaba, comprometía frecuentemente la tranquilidad de sus
Estados, dió orden de que lo prendieran y trasladaran á .un castillo: se ejecutó el mandato, sin que sirvieran de
nada al desventurado hijo ni sus lágrimas, ni sus promesas de sumisión y
obediencia.
Este momento escogió el artista
para asunto de su cuadro: aquella obra
realizada con mil trabajos, supliendo
con ingenio falta_s materiales, empleando como modelos á amigos de bueri.a
voluntad, arreglando por sí trajes é indumentos de que carecía, es una creación que nadie hubiera afirmado pertenecía á un joven que se hallaba aún
en los albores de su carrera; quien había pintado aquello, sabía de memoria
á Velázquez y á Rosales, los había mirado con el ªmor y entusiasmo que
merecen los grandes maestros, había
comprendido perfectamente cuál era
el medio seguro para llegar á la verdad en pintura, y estaba tan próximo
de la absoluta po~esión de mérito tan
grande, que su cuadro, saludado con
unánime aplauso, obtuvo segunda medalla, no dándosele primera porque, á
juicio del jurado, el autor era demasiado joven.
Aquel cuadro que hemos admirado
muchas veces, que á pesar de los años
que hace dejamos de verlo lo tenemos
siempre presente, es segurísimo argu·
mento en pro de una idea clara como
la luz: la de que para aprender á pintar no hace falta salir de nuestra patria.
Salid al extranjero, si queréis, para ampliar conocimientos; venid para ejercitar el juicio y discernir con precisión; viajad para estudiar historia del
arte en los monumentos; id donde queráis para dar
pasto á la imaginación y abrir nuevos horizontes á la
mente; recorred el mundo buscando elementos aptos
para el cultivo particular de este ó el otro género·
pero para aprender á pintar, para poder resolver la~
dificultades técnicas, para adquirir seguro medio de
expresión, seguid en la patria, estudiad á Velázquez;
proponéoslo como modelo y basta. Sala había hecho
esto ya, y si entonces no llegó á lo que después ha
llegado, se debe á que naturalmente en la época de
transición en que se hallaba, los elementos aglomerados no se habían fundido y existían aún soluciones
que necesitaba completar. Por lo demás, el cuadro
tiene la principal condición de una obra de arte: se
explica en seguida, y el público que no podrá decir ese
es D. Juan II de Aragón ó ese es el príncipe don
Carlos, comprende que el uno _o rdena y el otro implora; pero no así, en términos generales, sino en el
tono que resulta del conocimiento histórico. Aquel
que ordena la prisión y á cuyas órdenes nadie puede
negarse, no da la representada por el artista, seguro,
como debía estarlo, de que será obedecido; la da dominado por el odio; en su faz hay una expresión de
rabia y satisfacción, que forman singular contraste,
y es que Sala no perdió de vista que debía representar á ~n p~dre que odia?a, en un rey que llegaba á
la satisfacción de apetecida venganza. La misma verdad late,en_ la representación del otro personaje; se
ve al prmc1pe, cuyos derechos hollados toda la vida
no le hacen olvidar que es hijo de quien lo persigue
con encarnizamiento. Algunos le acusaron de haber
exagerado los movimientos, de que hay dureza en la
expresión; mas no sabemos, después de estudiar historia, de qué manera se puede presentará D. Juan II
de Aragón en una obra pictórica.
Aquélla, realizada con la fe ciega del creyente, es
término divisorio en la vida de Emilio Sala, es límite
que separa una época en que luchaba por ser artista
única y exclusivamente, con la nueva que le abrió su
triunfo, que fué decisivo adiós á las cosas comerciales. Una vez en Madrid, adonde fué con el cuadro,

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL COLUMPIO,

cuadro de Emilio Sala

dió rienda suelta á sus aficiones; para él áquello era
otro mundo, á cuya vida debía hacerse, y si caminando tuvo que dejar muchas ilusiones en los zarzales
de que están llenas sus sendas, aprendió no poco de
lo que se refiere á los hombres y á las cosas, para lo
que ciertamente no es la mejor escuela el seno de la
familia. Fué grande fortuna suya, sobre todo en aquella ocasión, ser, como ha seguido siendo, de los hombres que ni se crecen por las alabanzas, ni se ciegan
con las lisonjas. No se deja embriagar Sala con el
incienso que se quema en nuestro país á los pies del
principiante que se significa, y en el que unas veces
la impetuosidad propia del carácter meridional, otras
designios encubiertos, nos hacen ver en muchas ocasiones un Rafael en ciernes ó un Miguel Angel en
pañales, cuando en la generalidad de los casos, aquellas obras sin precedentes, con que muchos nos entusiasman, son destellos geniales que no se repetirán.
Establecido ya en Madrid, siguió trabajando con
afán y cultivando el trato de literatos y artistas, principalmente de Rosales, cuyas obras admira siempre.
Un día supo que Fortuny, recién llegado de Granada, tenía expuestas algunas obras en el estudio de
D. Federico Madrazo, y allá fué en compañía de Casado, que galantemente se ofreció á presentarlo. Aquel
género nuevo que iniciaba el autor ilustre de la «Batalla de Tetuán,» fué una revelación para nuestro artista; pues como él mismo decía, nunca pudo imaginar perfección tan grande, gusto tan delicado, ni filigranas tan admirables. Dignas son en verdad de ser
admiradas aquellas joyas del malogrado artista, y en
cualquiera de ellas hay material de estudio, aun para
los que se crean maestros. Así lo entendió Sala, quien
al salir en compañía del laureado autor del «Testamento de doña Isabel la Católica,» pudo ver que el
juicio propio no era exagerado, escuchando las sabias
y atinadas observaciones de aquel insigne maestro, á
quien parecía no quedaba .nada por aprender y que
se lamentaba con la sinceridad y buena fe que le eran
peculiares de que la escasez de su vista, tan delicada
ya, no le permitiera llegar á realizar tanta belleza.
Impresionado profundamente, se encerró en su estu-

NúMERO 610
dio; tenía para vivir el producto del
cuadro premiado que le compró el gobierno y le pagó al cabo de algunos
años, á fuerza de influencias, y se ayudaba con algunos cuadritos que hacía
para la venta. Así siguió estudiando
con el ahinco de siempre, buscando
la perfección, sin olvidar nada, pero
sin plegarse á esta ni á Ja otra mane- ·
ra. En Ja Exposición de 1874 presentó
algunas obras de comercio, en que
siempre se veía al maestro, y fué individuo del jurado de la misma, aprendiendo entonces no poco y decidiendo
por aquellas enseñanzas no volver á
desempeñar tan honroso como comprometido cargo.
En 1878 hubo en Madrid nuevo
certamen artístico, en el que dió señalada prueba de los adelantos considerables que había realizado. Presentó
en ella un cuadro de caballete, su
«Guillén de Vinatea,}) maravilla de dibujo y color, modelo de composición
y de reconstrucción histórica: página
de la historia valenciana, representa la
viril entereza de un pueblo que protesta contra censurables condescendencias de un rey, que por favorecerá la
familia perjudicaba al Estado. En la
Exposición de 1882 obtuvo otra medalla de oro por los techos que presentó, destinados al palacio del rico
capitalista D. Juan Anglada, obra de
suma importancia, tanto por la sobriedad de ejecución, como por la brillantez del colorido, como por la riqueza
de fantasía que en ella campea.
Dadas las prescripciones reglamentarias que regían en nuestra patria y
que aún rigen, según creemos, la carrera oficial de Emilio Sala había terminado, pues no podía conseguir más
premios. Los conseguidos debían haberle servido para algo; pero en España como en todas partes, una cosa es
lo que es, y otra muy distinta lo que
debe ser: le habían ofrecido que contribuiría á la decoración de San Francisco el Grande; mas cábalas é intrigas
hicieron ilusoria su esperanza; pretendió una plaza que había vacado en la
Escuela de Artes y Oficios, y le fué negada. Abrió después clases en su casa, y obtuvo resultados brillantísimos; pero con lo que conseguía de sus
lecciones no podía pensar que se aseguraba el porvenir: entonces comenzó á trabajar su mente la idea de
e~igrar, la idea de abrirse campo para cultivar el arte
como él lo entendía; pero careciendo de medios debía
esperar ocasión favorable para realizar su deseo. Esta
se presentó al vacar una pensión de mérito en la Academia de Bellas Artes de España en Roma, que solicitó y obtuvo;·quien tenía sobrados méritos para ser
director de la misma, no podía carecer de los que se
exigían al pensionado.
Decidido á comenzar de nuevo, levantó casa y estudio; se despidió de su familia en Valencia y emprendió el viaje á esta tierra, donde á cada palmo
halla el artista material suficiente para estudiar encantado. Aquí lo conocimos, y en verdad, á primera
vista no nos resultó simpático; sin la declaración que
nos hacían de que era él, hubiéramos creído se trataba de un oficial de baja graduación, procedente de
la clase de tropa, vestido de paisano; la primera vez
que habla con cualquiera ó concurre á sitio donde
nunca estuvo, marca en su rostro la desconfianza;
mas poco á poco se serena, paulatinamente deja comprender su alma de niño, revela sus entusiasmos, manifiesta sus conocimientos sin petulancia y se ve al
hombre y al artista desde un punto de vista muy diferente del en que se le ha contemplado antes. Aquí
aprovechó el tiempo perfectamente, sin dejar de ver
nada; sin temor al reuma, sin miedo á las proverbiales fiebres romanas, pasó días y días respirando miasmática humedad en la iglesia subterránea de Sa11
Clemente, copiando frescos que se conservan allí,
recuerdos del arte de la Edad media y cuya importancia para la historia es mayor que la de los que
exornan algunos lóculos de las venerandas Catacumbas; amigo de sabio y virtuoso sacerdote empleado
en el Vaticano, solicitó por su conducto y no descansó hasta obtener permiso para tomar apuntes de la
soberbia decoración con que el Pinturichio embelleció las salas de los Borgias, tan poco conocidas como
dignas de ser estudiadas: no perdonó Museo, ni dejó
de visitar monumento, y cada vez creció más su cu•

NúMERO 610

573

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS, cuadro de Emilio Sala, premiado con medalla de oro en la Exposición de Berlín

riosidad, resultado del constante afán de instruirse.
Refractario y mudo para las personas que no conoce, se hace expansivo y locuaz con sus amigos: blasona de ignorar la vida particular de los artistas y la
reconstruye con el conocimiento perfecto que tiene
de las obras de todos; resume, sintetiza, analiza, y
sus observaciones, hijas de su práctica y no de teorías, adquieren personalidad pasmosa.
Cumplido el tiempo que debía permanecer en
Roma, mas quedándole todavía un año de pensión,
viajó por las ciudades principales de esta península
que tuvo tantas cortes y en la que el estudioso halla
tesoros de conocimientos en todos los ramos: visitó
no sólo Nápoles, Florencia, Pisa, Milán y Turín, itinerario que siguen los que vienen, únicamente para
poder decir después que han estado en Italia, sino
también las poblaciones que decaídas de la importancia política que gozaron, conservan sin embargo recuerdos inolvidables del amor que tuvieron por las
artes los príncipes que las dominaron, sin dejar de
ser por esto sangrientos héroes de guerra: recorrió la
Toscana y la Umbría, fué á Ravena, donde se pueden estudiar monumentos bizantinos de grandísima
importancia, tan bien conservados, que parece fué

ayer cuando se retiraron los mosaístas· á Mantua
Verona y muchas más ciudades de Lombardía, don'.
~e floreci~ron escuelas pictóricas que pueden competir muy bien con la toscana y probar con su historia
que al renacimiento del arte en Italia no contribuyeron sólo los compatricios de Cimahue y Giotto. El
caudal de conocimientos recogidos fué inmenso, y
buen_a muestra de ello dió en la Memoria que como
pensionado tenía que presentar al Ministerio, y en la
qu~ se ocup? ~e los ~rerrafaelistas: trabajo de grandísima erud1c1ón, esta sembrado de atinadas observacio?es y cla~os juicios, qu~ prueban su gran talento
y lo bien qu_e siempre ha sabido aprovechar el tiempo.
~stablec1do de~pués en París, el primer trabajo que
realizó en la capital de Francia fué el gran cuadro
que de~ía constituir su último envío como pensionado
d_e ménto en Roma. Es creencia general que la locución castellana «sacar el Cristo» con que se indica el
empleo de un argumento sin réplica, tiene un fundamento histórico. Al poco tiempo de haber caído Gra~ada en poder de las armas cristianas, los Reyes Catóh;os, creyendo ,que no tenían ya necesidad de los jud1os, que en mas de una ocasión les habían servido
bien, 6 influidos por el fanatismo religioso de las gen-

tes que los rodeaban, dieron el cruel cuanto desastroso decreto de expulsión de los judíos. Aquellos
desgraciados, que por tantos siglos habían habitado
nuestra patria, que tenían en ella sus intereses, sus
afecciones y sus recuerdos, se vieron obligados á
abandonar el territorio en el perentorio plazo de cuatro meses, sin que al salir pudieran exportar oro ni
plata: vanas fueron todas sus prácticas para mitigar
una orden cruel é inhumana, que todos los historiadores extranjeros han juzgado como merece, que
entonces podía explicarse perfectamente por el carácter de los tiempos, cosa que no acontece hoy que el
antisemitismo se ha puesto á la orden del día. Cuentan que por no perdonar medio alguno, ofrecieron á
Fernando é Isabel treinta mil ducados de oro, si dejaban sin efecto el decreto. Aunque no existe documento histórico que lo asevere, la tradición afirma
que los reyes, piadosos y seducidos por la brillante
oferta, se inclinaban á retirar la orden; mas Torquemada, allí presente y principal instigador de la exagerada intransigencia religiosa, sacando un crucifijo que
puso sobre la mesa, dijo: Judas Iscariote vendió á su
Maestro por treinta dineros de plata: vuestras altezas
lo van á vender por treinta mil: aqui está, tomad/e y

�574

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 610

cada una que allí disminuye sus operarios, diez los
aumentan aquí, donde poco á poco se van formando
colonias temibles de insurrectos cubanos y de peninsulares descontentos de su gobierno. •
Ahora bien: con todo y á pesar de esto, los fabricantes de Cuba han concurrido á esta Exposición,
más que con lujo con fastuosidad; se han presentado
á la faz de los yankees que pretenden cerrar, por envidia, las puertas á los tabacos nuestros, con toda la
arrogancia de aquel que tiene conciencia de su valer.
El Bill Mc-Kinley recarga en un 168 por ciento la
manufactura tabaquera cubana, y el millar de tabacos
que en una fábrica de primera clase en la Habana
cuesta 45 duros véndese en la gran república en
no dollars con 20 centavos, gracias al famoso Bill.
De si los tabaqueros han tenido orgulloso tesón
presentándose como se han presentado, júzguese contemplando la instalación, siquiera sea en grabado.
La vista del departamento español en el palacio
de Agricultura es muy bonita, como podrán apreciar
A. FERNÁNDEZ MERINO
los suscriptores de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA: co,..,,,,,,•,,t•,,•,,,o,,•,,,.,1",,•••••••"•l'•••••l'••''•''••••••••••••l••••••••••••,l•o,•o,l•"''•'' •l'••••••••••••l'"''•'·••1••••'
pia la galería de la iglesia de San Gregario de Valladolid y produce el mejor efecto. Los kioscos, bellos
LA EXPOSICIÓN DE CHICAGO
todos, y todos elegantes y del mejor gusto, forman
I!. - LOS MEJORES TABACOS O.EL MUNDO
conjunto armónico y atraen al visitante. Es una insUna de las cosas que más atraen en el palacio de talación que honra al que la hizo, D. Rosendo FerAgricultura de esta que han dado en llamar la «Feria nández, cuyo retrato reproducen hoy las columnas
del Mundo, » es la instalación que han hecho los ta- de este periódico: es asturiano, como lo son la mayor
parte de los tabaqueros,
pero el Sr. Fernández
no pertenece al gremio.
Casi me cuesta trabajo escribir (Sr. Fernández,» porque en la Habana sus amigos, que lo
son todos, le llaman Rosendo á secas, y allí Rosendo no puede haber
más que uno.
Nació en Luarca, un
poético puerto de mar
de mi querida provincia,
y niño aún vino á las
Américas, como vienen
otros, á probar fortuna,
pero con soñadora imaginación, con exquisita
nobleza de sentimientos
y con temperamento de
artista. Le sedujo la litografía y se hizo litógra-

tuvo compensación en Berlín hace dos años, donde
con la misma obra consiguió .una primera.
Cuando después de larga ausencia Jo visitamos nuevamente en su estudió de la rue Rochechouart, hallamos al hombre de siempre y fueron deleitosas las
horas que pasamos junto á él, escuchándole proyectos
realizables todos y de los que ninguno se hará práctico por el tiempo en que vivimos y por la irnmria de
los hombres: entonces le oímos repetir sus acertadas
observaciones acerca de las reformas necesarias en la
enseñanza y lamentarse de la situación en que por
desgracia se hallan en nuestro país el arte y los artistas,
acabando por confesar tristemente que si tocaran á
empezar, tal vez seguiría otra senda.
Queriendo ser breves, como nos habíamos propuesto, nos hemos extendido dema~iado, sin ennumerar
el mayor número de sus obras; verdad es que haciéndolo, el artículo hubiera llegado á libro.

Kiosco de la real fábrica
de tabacos La flor de
C11ha, de D. Manuel
del Valle.

vended/e, y se retiró no

sin haber conseguido
que, impresionados los
monarcas, dejaran de
dar oídos á súplicas y
promesas. Ni podemos
ni debemos discutir la
veracidad del hecho,
que histórico ó tradicional, dió origen á la citada locución vulgar y
asunto para que Sala
hiciera un cuadro, que
es sin duda uno de los
mejores producidos en
la época presente. En
el centro se hallan los
reyes, sentados bajo rico dosel; en la actitud
y en el gesto de ambos
se advierte la sorpresa
que les causa la audacia
EXPOSICI ÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. - Vista de la sección española
del intransigente fraien el Palacio de Agricultura
le, sin que sea igual en
ambos personajes, pues
cada uno manifiesta el sentimiento en la forma que el baqueros cubanos. Darán una idea de su belleza las
carácter histórico de ellos prescribe. Torquemada fotografías que acompaño, así como los kioscos de
después de arrojar sobre la mesa el crucifijo, se vuelve D. Manuel Valle y de D. Calixto López, que van
airado P&lt;!ra salir, y el infeliz hebreo que se halla de aparte, dejarán apreciar mejor el gusto y gallardía
espaldas al espectador da un paso atrás, seguro de que ha presidido á las construcciones. Los tabaquehaber perdido su causa; aquella cara que no se ve, se ros cubanos vienen soportando hace tiempo una paadivina: tan grande es la expresión en el movimiento. ralización grande en la manufactura, resistiendo con ,
Todos los demás personajes, daII_las, pajes, caballeros valor extraordinario la crisis desencadenada sobre su 1
y curiales se -hallan tan perfectamente relacionados industria.
por sus gestos y actitudes, que ninguno huelga y en
Sabido tenemos que todos los gobiernos castigan
cualquiera puede estudiarse una sensación. Pintado en sus aranceles el tabaco de nuestra Gran Antilla,
con la sin igual maestríá que tiene Sala, resulta so- como se castigan los artículos de lujo; y al propio
brio de color, pero de tonos tan justos, que la vista se tiempo no debemos olvidar que la política proteccioreposa admirándolo: estudiado en sus menores deta- nista, universalmente desarrollada hoy, es otro ene- '
lles se ve el trabajo concienzudo de un hombre jamás migo formidable con el cual tienen que luchar cuersatisfecho de lo que hace, que lee eternamente para po á cuerpo, sin rodela ni coraza, los fabricantes de
inspirarse, que lo revuelve todo para que la indumen- tabacos de la isla de Cuba.
taria sea justa, para que la crítica no pueda adv~rtirle
Esto no obstante, lucharían con ventaja si los goni el más ligero i,,.nacronismo ni la más insignificante biern_o s españoles parasen mientes en la convenienimpropiedad.
cia de tener siempre floreciente dicha industri;i. ,y en
Este cuadro, que conforme las disposiciones re- crecimiento constante. Nadie más interesado ,que el
glamentarias debía quedar propiedad del autor, es- gobierno español debe estar en que esto suc,eda: la ,
tuvo en· la última Exposición de París, y el jurado industria tabaquera está en Cuba, en la Habana sofrancés, que naturalmente debía favorecer sobre todo bre todo, fuertemente ligada al comercio, y si)as fálo que más sigue las tendencias del arte que se cul- bricas no trabajan, el comercio sufre la consiguiente
tiva en aquella nación, no dió á Sala más que una paralización. Por cada fábrica que e n la Habana se _ Kiosco de la fál,rica de tabacos de D. Calixto L6pez
segunda medalla: verdad es que de tamaña injusticia cierra, ábrense; cinco en los Estados U nidos, y por
antes Bances y López

LA

NúMERO 610

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

575

Un dato qu~ puede dar á conocer al nofo, pero litógrafo de talla, sin olvidar por esble asturiano: El Sr. Dupuy de Lome quiso
to sus aficiones· al bel canto, que estudiaba
con fuertes empeños que el delegado de Cucon entusiasmo para llegar á ser lo que es,
ba y Puerto Rico perteneciese al jurado; y
un excelente aficionado.
como los jurados percibe·n setecientos cinFormó familia: contrajo matrimonio con
cuenta pesos con que les recompensa la emuna distinguida señorita, sobrina del conde
presa de esta g-ran feria, Rosendo Fernánde Casa Sedano, y por este motivo se encuendez no quiso aceptar, so pretexto de marcha,
tra emparentado con antiguas y nobles famipara que no se creyese que buscaba la remulias de la isla.
neración y por no quitar á otro esa cantidad.
Rosendo Fernández tiene un puesto en la
Este es el hombre que llevó á cabo la inspolítica insular, como tiene un asiento en totalación cuyas vistas envío. Y como en lugar
dos los salones y una frase de cariño para él
de carta de más, todavía peco por carta de
en todos los labios. Como presidenté de la
menos, creo que merece la pena de ser Cosección de «Recreo y adorno» del «Gran
nocido.
Centro Asturiano» de la Habana, hizo maEVA CANEL
ravillas de buen gusto; y mientras el decorado actual exista no dejará de flotar por
Chicago, 29 de julio de 1893
,••,,.,,.,,,,,1•,...,,.,,.,,,.,,.,,,,.,.,.,.,,.,,,.,,.,,..,r ,,,.,,.,,..,1.,,,.,,.,...,,.,,.,,,,•..,,,,,,,,.,,,.
aquellos espléndidos salones el espíritu que
les &lt;lió vida.
Cuando al bondadoso presidente del CenFEDERICO MEDIANO
tro, D. Manuel Valle, le consultaban ó preguntaban algo, «Allá Rosendo, » contestaba;
Todos recordamos aquel simpático sacerporque Rosendo representaba para el Sr. Vadote de quien dice nuestro insigne y queridílle Ja confianza y el buen gusto.
simo Campoamor:
Llegó el momento de tomar parte activa en la Exposición de Chicago, y la Cáma«El cura del hogar de la Horadada,
ra de Comercio, oficialmente encargada de
como todo lo da, no tiene nada.&gt;
este cometido, rogó á Fernández, que pertePues bien: Federico Mediano se parecía
necía á su junta directiva, que viniese á ormucho á ese cura de la Horadada; mejor diganizar los trabajos.
cho, era lo mismo que él, salvo lo de cura.
Excuso advertir que sin sueldo ni remuPero lo daba todo y por consiguiente no
neración, al poco tiempo lo nombró el gotenía nada, y lo daba ajustándose al precepto
bierno delegado de Cuba y Puerto Rico.
que, en el versículo 3. 0 del sexto capítulo de
Por veinte días vino y estuvo seis meses.
Decir cuántos fueron sus afanes y su entusu Evangelio, establece Mateo (ó San MaD, ROSENDO FERNÁNDEZ,
siasmo por colocar muy alto el nombre de
teo, no vaya á pensar algún fusionista que
de la Cámora de Comercio de la Habana, Comisario especial representante
las Antillas españolas sería pálido: sólo conaludo
á Sagasta) y que dice: Cuando dieres
de Cuba y Puerto Rico en la Exposición universal de Chicago
templando su obra y viéndola coronada por el
limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que
éxito se puede apreciar lo que le debe Cuba.
hace la derecha.
Ni uno solo de cuantos miembros cuenta la dele- rio, es serio, casi seco, retraído y formalote. La simPrecepto del cual, dicho sea entre paréntesis, se
gación español/ha dejado de quererlo. Desde el se- patía que inspira es hija de sus prendas personales, olvidan á menudo personas que pasan por muy cañor Dupuy de Jtome, que lo distinguía extraordina- de su honradez, de su nobleza de sentimientos y de ritativas y que hasta alardean de serlo y á quienes,
riamente, hastl!, el último criado de las instalaciones, su lealtad para todos.
por lo tanto, pueden ser aplicadas las palabras del
sentían por Rosendo verdadero cariño. Ayer ha marLa Cámara de Comercio de la Habana debe á mismo San Mateo: Cuando des limosna, no hagas tochado por la vía de Nueva York, y parece que entre Fernández la mayor parte de la ·honra que le cabe car la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas
'los españoles falta algo.
por haber quedado á grande altura en el certamen en !ns sinagogas y en las plazas, para ser estimados de
No se crea por esto que el delegado de Cuba es Colombino, pero los expositores de Cuba no saben los Jwmbres: en verdad os digo que ya tienen su recomhombre bullanguero ni siquiera alegre; por el contra- todo lo que le deben.
pensa.

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. -

Vista de la exhibición de tabacos cubanos en el Palacio de Agricultura, tomada de frente

�MODERNISTA DE ANTAÑO, cuadro de Emilio Sala

�LA

I

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 610

Ahora no existen sinagogas, ni los dadivos?s hacen I Pero cuando, después de haber visitado á media
- Como en l_as p~incipales ciudade~ alemanas, ha surgido en
tocar la t:ompeta para 9ue las obras de car_1da~ que docena de amigos, advirtió que las coincidencias se D,resde una d1sens1ón entre los artistas: los secesionistas, en
e~os realizan sean publicadas; pero _hay penód1cos y repetían, comprendió al cabo que los amigos buenos numero de 45, han constituído una Asociación libre de artistas
Dresde, presidida por el pintor Bantzer, de la cual forman
a undan los reporters, Yde\ benefic1~ que el rico ha- para recibir favores, suelen ser malos para hacerlos. de
parte, entre otros, los notables pintores Roberto Díez y Kiessce al pobre se ~ntera ,media huma~1dad, la cual se La lección fué dura y además llegó tarde.
ling y los arquitectos Hanschild y Graebner y que proyecta ce·
e~carga de contarse!? a la otra media. - Conque, s~Federico empeñó, vendió, malbarató cuanto tenía lebrar un~ Exposición durante el próximo otoño.
- La cmdad de Elberfeld (Alemania) anuncia un concurso
g, n ~ateo, ya estan recompensados. Advertencia y llegó á verse en el caso terrible de necesitar no
entre
arquitectos alemanes y austriacos para la construcción de
que, si he ,d~ hablar con franqueza, empequ~ñece mu- diez mil reales, sino un duro, uno nada más. '
un~ nueva Casa Consistorial: los premios que se adjudicarán
~ho la -~axima,. pues supone que todo bienhechor
Por pesimista que sus desengaños le hubieran he- seran, uno de 12.500 pesetas, uno de 6.250, dos de 3.750 y dos
el prÓJimo aspir~ á s~r recompensado; bie~ en este cho, no pudo ni quiso pensar que existiese quien le de 2.500, total 11.250.
- El rey de Sajonia, que por disposición testamentaria del
mundo con la estimación de los hombres, bien en el negara cinco pesetas. Echóse por lo tanto á la calle
duque Guille_rmo de Brunswick, fallecido en 1884, heredó el
otr~ ~on_ su Mpe'ddi~zo dehparaíso.
.
resuelto á pedir el duro al primer conocido con quie~ casullo
de S1byllenort (lugar de las sibilas), en Oels, Silesia,
e enco ~ ano, ay que decirlo en honra suya tropezara.
ha regalado al Museo Patrio de Brunswick una porción de re·
~Jor re~pet~ a la verdad, no I?en?ó nunca ni en el
«No, no es poco trabajo hinchar un perro,» como tra!os d~ individuos de la familia real, procedentes de aquella
prem1?, m en el otro. Era cantativo, porque, como decía aquel loco de quien habla Cervantes· pero es residencia, y otra porción de objetos interesantes que son otros
sue!e decir el vulgo, le salín de &lt;!dentro. Ignoraba si mucho más pedir un duro. Federico tropezó durante tantos recuerdos de aquella dinastla.
-:- ;,a ~ueva Pinacoteca de Munici1 ha adquirido en la Ex:ma el deber. de consolar al. tr!ste, ó de dar de co- el día con tres ó cuatro docenas de amigos, ni una pos1c1ón mternac10nal de Bellas Artes que en aquella ciudad
er ~¡ ham?nento; pero temendo él dinero, nadie sola vez al estrechar ¡a mano de cada uno de aquellos se está celebrando el boceto del monumento á la duquesa Max
carec1a
de dmero
á su lado·
· dadanos ha b'1a deJado
·
· para su capote: «A obra ?e Rumann, y varios cuadros de Hackl, Jansen, Jernberg'.
S
,
,
,
, cm
de decir,
Volkmann, Schindler, Roubaud, Milesi, Khnopff y
~ 10 pedian_y_lo daba; le pedian mas Y daba mas; este se lo pido, ... » y en efecto, volvió á casa des ea- Schle1ch,
Brown.
contmuaron p~diéndole Y continuó dándolo, hasta do y sudoroso sin habérselo pedido á ninguno. p
- {! n comerciante y ex concejal de Leipzig, Hugo Scharf,
queD'sehquedó sm
Iba muy resue ¡to a' exponer su necesidad·
·
, una peseta. ·
.
pero so- ha dep.do en su testamento un legado de 115.250 pesetas para
d ic O se esta que, aun siendo Federico muy reser- brecogíale un temor invencible la voz se le' anudaba el Museo de Industrias Artísticas de aquella ciudad.
v~ ºct Y aun ab~teni~ndose, como en efecto se abste- en la garganta, sentíase avergo~zado, tímido, y apla- . - El conocido comerciante de objetos de arte Beugniet, recientemente fallecido en París, ha legado al Estado una curio·
ma, e contar ª nadie el empleo que daba á su capi- zaba para más propicia ocasión la solicitud.
s~ colección de paletas de los principales artistas del presente
t~!, ~a cosa s~ s~po, por lo que ~umentaron los pedi«Nada, que no lo pediré nunca dijo por último· siglo con interesantes croquis de los mismos y sus respectivas
guenos y n_acieron las murmuraciones.
no puedo, no puedo.»
'
' firmas. Esta colección se conservará en uno de los museos pÚ·
«E,se chico es tonto de capirote,&gt; decían los unos;
Pero como había necesidad de hacerlo resolvió es- blicos.
- _Ha sido regalada al Estado ruso la importante colección
«Estaó loco de remate, » exclamaban otros; «Tiene un cribir. Le costó mucho muchísimo re&amp;ctar las car- TretJakoff,
compuesta de 1.287 cuadros, 518 dibujos y 9 esculcor~z n de oro », afirmaba éste; «Posee condiciones tas petiton'as; pero dió, ~l cabo, con 'una fórmula ue turas ·de artistas rusos y 90 obras de artistas extranjeros
te ang~l,» sostema aquél, Yaquél Y éste Ylos otros y sin dejarle del todo satisfechó, le. ruborizaba m~10;
- En Bérgamo se proyecta la erección de un monumento á
t~~J~o~e~a~an conformes en creer que pronto no que las otras; sacó de ella una docena de copias en la memoria del insigne compositor Donizetti.
na e e:dico sobre qué caerse muerto, porque á las que solamente varió los nombres de los destinataTeatros. - París. - Han comenzado las representaciones de
ese paso 1a vi a era un soplo
· respectivos,
·
y acertar .
·
nos
las puso en el correo, para lo cual se la temporada de 1893 á 1894 en la Comedia Francesa, represen·
Del muc~n, ¿pues no ha_bían de a~e:tar?
desprendió de sus últimos céntimos, y hecho esto, se tá?dose el dla de la inauguración la tragedia de Racine BritanFed . M ~-dar Y, del_ nmgún recibir resultó que volvió á casa y esperó. Y esperó tres días· tres días mcu_s, y la_ comedia de Moliere Le malade imaginaire; el teatro
ha s1_do obJeto de una completa re,tauración que ha aumentado
za ll=~~~on ~tn?, a
~us arigos en la bo~an- que le parecieron tres eternidades; tres días en los considerablemente sus condiciones de comodidad elegancia y
d
. b e rtco ~ ran e Ya que en la desdicha cuales no durmió porque el sueño no acudió á con- belleza. En !!l Ambigú se ha estrenado un melodr:ma de espece~omma an Fedenco el Peque11o, vino á quedar más solario, en que no comió porque ni sentía los estímu- t~culo e~ _cinco actos y diez cuadros, de Rodaz y Lefevre, con
mus1ca de Pessard, titulado La ,mil de Noel, de argumen~~i;:1~~~;: rat~s; q~e, rgún la.¿rase vulgar, ssm los los _del hambre; ni, aun habiéndolos sentido, habría lm?a
to rnteresante y puesto en escena con gran lujo y propiedad.
guía siendo po r~. e creaci n, Yaunque él se- temdo con qué aplacarlos. Al cuarto día, el cartero
Londres. - En el teatro Adelphi se ha estrenado con buen éxi·
, como ice e poeta,
le llev? dos cartas del i~teri~r; afortunadamente para to un drama de Mr. Pettit, titulado A Woma,i's Revenge (La
«De humor generoso Y franco,
Federico el repai:to del mtenor es gratuito, de no ser- ver.ga.,n~ de una mujer), que pertenece al antiguo género meloY aunque para regalar
lo, el pobre Mediano se habría visto en la imposibi- dramauco.
Madrid. - Con destino al teatro de la Comedia ha terminado
el mundo le venia escaso;
lidad de pagar al cartero.
D. José de Echegaray una comedia en tres actos titulada La renlo que es para su traer
«Por fin,» exclamó Federico, respirando con algún corosa, que durante la próxima temporada estrenará la excelen·
llegó á no tener un cuarto (1).&gt;
desahogo, y su pecho se abrió dulcemente á la espe- te compañia que dirige el Sr. Mario. F.l propio dramaturgo está dando la última mano á un grandioso drama en tres actos y
ranza; muy poco duradera fué aquella su última un
epilogo, cuyo titulo es A orillas del mar.
ó s) lo prefier~n ustedes (para que nos entendamos alegría.
. Barcelona. - El empresario del teatro del Liceo, Sr. Bernis,
meJor) un céntimo, que es todavía menos.
De las dos cartas, era la una de un su antiguo pro- tiene ya contratada la compañia que durante la próxima tempoNo vor á I;&gt;intar ~l cuadro de las amarguras que tegido que acudía á él - sabiendo lo bueno que era, - rada ha de actuar en aquel coliseo: forman parte de ella las soprobó el mfehz Mediano cuando hubo de convertirse para que le prestase cinco duros; la otra era de un pranos señoras Damerini, Vitali Aug~sti, De Macchi y Carolli,
la mezzo-soprano señora Mas, la soprano ligera señorita Roe·
de protector en protegido.
amigo cariñoso que le decía: «Mi buen Federico no lants,
los tenores Rawner y Daddi, los barltonos Lherie y Ter. Hay en nuestro país una copla muy antigua que has de engañarme aunque te lo propongas. Sé que ~res zi
y el bajo Dadé. Las óperas que se pondrán por vez primera
dice de este modo:
muy bueno, demasiado bueno, y adivino que tratas de en escena en Barcelona serán: Manon Lescaut, ele Puccini;
asociarme,
sin que yo lo sepa, á una de esas obras de I Pagliaa i, de Leoncavallo; Dam11atio11 de Faust, de Berlioz, y
&lt;El que quisiere saber
Las Walkirias, de Wagner. A juzgar por estai; noticias, la temcaridad que tú realizas. Por eso no te envío ni te en- porada
de qué color es la pena,
promete ser buena para los aficionados ydigna de nuessiente plaza de soldado
v_iaré las ,cinco pesetas que me pides. Si fuesen para tro gran teatro.
y auséntese de su tierra.&gt;
t1, te dana cuanto poseo; pero no quiero ser tan bueEn el teatro del Tívoli se ha estrenado con excelente éxito
una zarzuela en un acto titulada Patria, letra de los Sres Mono como tú eres.»
~i el invento: de ese cantar, ni el vulgo que desLeídas aquellas cartas, Federico sonrió dulcemen- ragas y Alvarez y música del maestro Sadurní: la obra está muy
pues lo ha _acogido bajo .su amparo y protección y le te, pensó en que conservaba aún la fama de bueno bien escrita é interesa por su argumento, y la música es belllsiha populanzado, saben, con respecto á esto de colo- y comprendió para qué podía servirle; se dirigió tran'. ma y tiene algunas piezas verdaderamente notables.
res, de la misa la media.
Necrología. - Han fallecido recientemente:
quilo y resignado y sonriente al lecho, del cual se haD. Cayetano Vida! y Valenciano, catedrático de Historia de
Para sabe_r de qué color es la pena y el desabrido bía levantado para recibir aquellas dos cartas y no
España de la Universidad de Barcelona, notable literato, autor
gesto que tiene y conocer las asperezas de su trato volvió á levantarse.
'
de varias novelas, entre ellas Rosada d' estitt, ex presidente de
lo más conveniente es necesitar un duro y no te'.
Cuando, dos días después, los vecinos penetraron la Real Academia de Buenas Letras, miembro correspondiente
nerlo.
en la habitación de Federico Mediano, lo hallaron de las Academias Española y de la Historia.
Carlos Guillermo Balsgard, profesor y miembro de la AcaAsí, di~ho de pronto, el caso no parece tan grave. muerto.
demia de Bellas Artes de Copenhague, encargado de la Galerla
«¡B~h!, P!ensa un?, si necesito un duro y no lo tengo,
La ciencia dijo que había fallecido de hambre.
de Pinturas particular del monarca.
lo p1~0 a u,n amigo, de esos muchos á quienes he
Sus amigos afirmaban que se había muerto de
Enrique Cramer, profesor de psiquiatría de la Universidad
co_nv~dado a comer varias veces y que se han bebido bueno.
de Marburgo, célebre frenópata alemán.
Ssergei Michailowitch Georgijewsk, profesor de lengua y lim1 v1~0 y se ha_n f~mado mis tabacos.» Así lo pensó
¡Oh!, y le hicieron solemnes funerales y le costeaFederico, así, m mas ni menos, la primera vez que se ron un gran entierro y le consagraron artículos necro- teratura chinas en la Universidad de San Petersburgo.
Carlos Muller, notable pintor alemán, director de la Acadehalló en un apuro. No se trataba de buscar cinco pe- lógicos en la prensa...
mia de Bellas Artes de Dusseldorf, especialista en la pintura
set~s... ¿Qué habría hecho él con cinco pesetas? Nehistórico-religiosa.
ce~1taba lo menos, lo menos, quinientos duros para
J. Sommerbrodt, profesor extraordinario de la facultad de
¡Embusteros! ¡Hipócritas!.. Habría~ q~izás ~vit~d~
Medicina de la Universidad de Breslau, célebre especialista
salir de _un compromiso. Quinientos duros de los cua- su muerte prestándole algunas pesetas.
para las enfermedades de los órganos respiratorios.
l~s _la 1;111tad estaba destinada á socorrer á una famiConstando Wurzbach, bibliógrafo, biógrafo y poeta austrialia md1gente.
co, autor de la obra única en su género Lexicón biogrdfico del
A. SÁ~CHEZ P ÉREZ
Co~ absoluta confianza, con la completa seguridad
Imperio austriaco.
Antonio Emilio Blanche, famoso alienista francés, individuo
de qmen va á llegar y besar el santo, salió Federico
de la Academia de Medicina, director del conocido establecide ~u casa Y. se dirigió á la d~ su más querido _y más
miento ele Auteuil, autor de multitud de notables memorias soobligado amigo; forn:iuló sencillamente su pretensión,
bre los Homicidios cometidos por los locos, La loettra consideraYal formularla tendió la mano para recibir las 2.500
da como ,mesa de divorcio y La melaucolla.
Ernesto II, duque de Coburgo Gotha, príncipe que se dedipesetas, como la tiende el que acaba de dar un billecaba á los viajes y á los estudios literarios y musicales: compute de Banco para que le entreguen el cambio.
so tres Óperas Casi/da, Santa Clziara y Diana de Sola11ge y
P~ro co~o el amigo no se apresuró á darle aquella
Be~las Artes. - El ministro de Instrucción pública en d_eja escritas _varias obras de viajes y unas interesantes memocantidad, m otra alguna, Federico hubo de retirar la Francia ha encargado recientemente al pintor Rixeus un im- nas en tres tomos.
mano Ysalir de la casa algo descorazonado, si bien portante cuadro-destinado al Museo de Versalles, y cuyo asunser: el cincuentenario de Pasteur.
Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
muy ~egu~o d~ que, en e~e~to, por rara coincidencia, to. -debe
La Exposici?n anual de Munich ha visto aumentarse re- adoptado en los Hospitales de París y que presel amigo a quien había VlSltado se encontraba en si- cientemente el numero de obras que en la misma figuraban con criben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
tuación parecida á la suya.
los numerosos envios que, una vez cerrados los Salones de Pa· Y Debilidad; dando á la piel del bello sexo el
y aterciopelado ,que tanto se desea.
rís, han hecho varios notables pintores franceses, entre ellos sonrosad.o
el me.1or de todos los tonicos y reconstituBonnat, Bretón y otros. Entre los cuadros remitidos figuran Es
( 1) Conste que ese c_nchit? de roma~ce es plagio, si bien un Carl~s el Tel!lerario y yala11terla, de Rnybet, que obtuvo el ye~tes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
tem~ndo además la 1:1uperioridad sobre los fepoco desfigurado por ex1genc1as de la historia.
premio de honor en el ultimo Salón de los Campos Elíseos.
rrugmosos de no fatigar nunca el estómago.

?e/en

t

N úMERO 610

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

579

U NA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL. - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS
(CONTINUACIÓN)

Además de las camas de madera provistas de col- una nueva distracción, cual era las carreras de trineos estaban ya acostumbrados á los terribles fríos del
Septentrión. Los otros ·veían con una especie de techón, se había reservado una especie de litera de piel sobre el hielo de pack.
mor religioso cómo se iba acortando el día y la invaEntre
los
perros
groenlandeses,
que
se
había
paga·
de bisonte para cada dos hombres, teniendo en cuen·
ta las excursiones que se harían en otoño y prima- do muy caros, había seis ejemplares de una belleza sión ascendente de las tinieblas, que disipaban sin
admirable, que pertenecían á la especie que se de- embargo prolongados crepúsculos.
vera.
¿Dónde pararía el buen humor de los expedicioDesde el primer día se desembarr.aron los perros, nomina Terranova genéricamente, y de un modo más
narios cuando el manto de luto envolviera definitivaque eran cuarenta, y el marinero Owen Carré, balle- especial, Labrador.
El Labrador es más corto de patas que el Terrano- mente el hemisferio boreal?
nero canadiense, quedó encargado de educarlos, lo
Nerviosa é impresionable como era Isabel, tenía
va
propiamente dicho. Es más vigoroso generalmencual distaba mucho qe ser una prebenda para el pobre muchacho.
Los días siguientes se dedicaron á estibar de un
modo definitivo todo cuanto se pensaba dejar á bordo de la Estrella Polar. El timón fué desmontado y
puesto sobre cubierta, y lo mismo se hizo con las hé·
!ices. Las distintas piezas del árbol se engrasaron
&lt;;on gran cuidado y se recubrieron con una funda de
cuero curtido. Amarráronse las barquillas con solidez
sobre el puente, se desmontaron los palos y se cubrió
de un extremo á otro el buque con una triple envoltura, después de cerrar cuidadosamente todas las
aberturas, exceptuando la escotilla que daba acceso
al interior.
Quedó c;onvenido asimismo que si la casa sufría
alguna avería los expedicionarios se refugiarían á bordo de la Estrella Polar.
En fin, para guardar la quilla del empuje eventual de los hielos y de la presión enorme que podían ejercer sobre ella, corriendo así el riesgo de ser
aplastada como una cáscara de nuez, se la rodeó de
un armazón de acero cuyas bandas, reunidas entre sí
por una serie de cruces de San Andrés, reposaban
sobre viguetas de acero recubiertas de madera. De
este modo, y como por el juego de dos colosales ballestas, en caso de que la presión resultara muy forEl vapor aparecía á lo lejos... (véase página 565)
midable, por la compresión de ese armazón de acero, el buque quedaría levantado sobre el hielo y no
debería temer el aplastamiento. Ese sistema era in- te, pero también más difícil de educar. El hurto de mucho mayor mérito que supiera disimular sus pro·
vención de Ruberto d'Ermont y todo el mundo te- cuanto está al alcance de sus patas ó de su hocico pias impresiones. A medida que el invierno adelanconstituye en él una costumbre y nunca llega á res- taba, ponía más esmero en mantener la alegría entre
nía gran confianza en él.
sus compañeros. Tomaba parte en todas las excurTerminados ya los preparativos, sólo faltaba espe- petar los bienes ajenos.
siones y prestaba buenos servicios ayudando al levan·
El
hermoso
Salvator,
traído
de
Francia,
manifesrar la llegada de los días de prueba.
tamiento de mapas de la costa. Cuando el día 4 de
taba
abiertamente
su
inmenso
desdén
por
esos
peEstos se aproximaban rápidamente. Por el aire cruzaban anchas bandadas de aves de paso que en ve- rros plebeyos, destinados al arrastre, y respecto de septiembre el sol abandonó á media noche el firmarano se arriesgan hasta aquellas altas latitudes. Algu- sus congéneres del Labrador afectaba esa especie de mento, quiso despedirse del astro, y acompañada de
nas manadas de lobos y de zorras isatis aparecieron en superioridad que la gente de las ciudades se arroga su primo y de Guerbraz subió á un pico que se elelas cercanías de Fuerte Esperanza, é Isabel tuvo oca- sobre los campesinos. Pero de todos modos, como vaba cerca del cabo Ritter y asistió á aquella melansión de dar caza á aquellos visitantes importunos. no era pendenciero, nadie trató de disputarle la pri- cólica puesta.
La temperatura era relativamente templada y el
Pero los cazadores quedaron con las ganas de cazar, macía, y su distinción incontestable, su fuerza verdacielo
purísi:no. El sol se había elevado sobre las coderamente
prodigiosa,
le
garantizaban
el
respeto
de
pues ni zorras ni lobos esperaron su aproximación. Se
linas
que
tienen sus estribaciones al pie del monte
aquellos
semisalvajes
con
los
cuales
se
dignaba
de
mataron, sin embargo, algunos dovekíes y termiganes,
cada vez más escasos desde que el verano terminaba, vez en cuando conversar en la lengua especial que Pettermann, y durante unos momentos pareció·deusan todos los perros del mundo. El resto de su tiem- tenerse acariciando los hielos del monte Payer; desy una media docena de tornasolados patos.
El 28 de agosto fué preciso encender las estufas, po lo consagraba al servicio particular de sus amos, pués, continuando su descenso, se dilató su disco, se
pues el termómetro había bajado bruscamente á cero ó mejor dicho, de su ama, pues era el compañero asi- amortiguó su brillo haciéndose su luz de un rojo eny las heladas se sucedían unas á otras sin esperar la duo de Isabel de Keralio y su edecán en las excur- cendido, y durante un momento pareció que había
siones, á veces arriesgadas, que hacían por los alrede· incendiado el monte con sus fuegos eternos. Después,
llegada de la noche.
El doctor Servan, hombre de muy buen humor y dores del fuerte. Bien pronto se convirtió en su guía, más y más dilatado, de forma elíptica y no circular,
emprendedor por naturaleza, dió á la señora de Ke- y en muchas ocasiones le había salvado de graves su disco fué cayendo hasta que desapareció del todo.
ralio el título de «directora de Bellas Artes y Juegos peligros, particularmente una vez en que distraída iba La noche polar había principiado.
Pero todo estaba presto para recibir dignamente el
públicos.&gt;&gt; El mismo se arrogó el título de secretario á topar con un oso gigantesco que rondaba cerca del
reinado de las sombras. Los últimos trabajos se acaorganizador, y desde entonces ni uno ni otro descan- campamento.
Si Salvator era para Isabel un guardia de corps de baban en derredor de la casa. Un talud de hielo cosaron ni un momento, pues ambos sabían que en
cuatro
patas, tenia también ésta un servidor y un ami- rría á lo largo de las paredes del fuerte hasta la aluna expedición polar conviene tanto cuidar del estado de ánimo de los expedicionarios como de su salud go fiel en el marinero Guerbraz, desde que le salvó la tura del techo casi, pero prolongando los aleros de
éste por encima del muro.
vida cuando la aventura del toro almizclero.
física.
El vacío que quedaba entre el hielo y las paredes
Guerbraz
era
uno
de
esos
hombres
extraordinarios
Por orden suya estaban en muy buen estado todos
los juguetes necesarios, de los cuales los ingleses, á los cuales Dios ha otorgado, como para demostrar se colmó con paja y virutas y con las cenizas proceesas gentes soberanamente prácticas, no se separan la potencia de la especie humana, uno de esos vigo- dentes de las combustiones.
Por tal manera abrigados y protegidos los explorajamás, ni siquiera en sus viajes, tales como billas, vo- res prodigiosos que parecen ser patrimonio exclusivo
dores no debían temer por su seguridad; pero sabienlantes, palas, crik_etts, etc. U na área de sesenta me- de los grandes paquidermos.
Aquel bretón era fuerte como un rinoceronte; ju- do por las relaciones de sus predecesores cuán pelitros de diámetro, escogida en sitio abrigado y preparada convenientemente igualando el suelo, fué, sobre gaba con pesos de cincuenta libra,5, rompía de un grosas son las campañas de otoño, acordaron previala roca viva, el lugar destinado á aquellas diversio- golpe de barra de hierro el cráneo de cualquier ani- mente el plan que en lo sucesivo deberían seguir sin
nes. Los carpinteros de la tripulación la rodearon de mal, y cuando sus manos, verdaderos garfios de abor- apartarse nunca de él.
una empalizada de pies derechos que se unían entre daje, se habían fijado sobre un objeto habría sido poIV
sí por medio de cuerdas alquitranadas. A su alrede- sible cortarlas, pero no hacerles soltar su presa.
Había consagrado su existencia á Isabel de Kerador y de dos en dos metros se elevaban postes más
UN TRAIDOR
altos de los cuales debían pender lámparas eléctricas, lio, desde que ésta se la salvó de un modo tan oporpues el Sr. Schnecker había ofrecido fabricar cuanta tuno como valeroso.
El 5 de octubre el Sr. de Keralio reunió consejo
La joven por su parte se mostraba conmovida por
luz eléctrica fuera necesaria durante la estancia en
esa afección tan grande, y en todas las ocasiones que de todos los oficiales de la expedición y de aquellos
Fuerte-Esperanza.
No fué esto todo. Bajo la hábil dirección de podía demostraba á Guerbraz la confianza que le ins- individuos que por su saber y experiencia podían
prestar buenos servicios.
Owen Carré y de su teniente Jim Clerikisen, esqui- piraba.
Se reunieron en el comedor de la oficialidad, preEntretanto, la aproximación de la terrible noche
mal que habían tomado á bordo en Frederikshaab,
los perros quedaron muy pronto adiestrados para los polar hacía sentir su influjo en los ánimos. Tan sólo sidiendo el Sr. de Keralio la sesión y actuando de seejercicio~ de arrastre. Esto proporcionaba también los canadienses parecían no cuidarse de ello, pues cretario el teniente Hardy. Teniendo en cuenta la im-

�LA

580
portancía del acto y cuanto interesaba el conjunto de
las operaciones que iban á emprenderse, no se excluyó á nadie, y por otra parte, solamente el químico
Schnecker inspiraba alguna sospecha. Pero como su
presencia era casi indispensable para discutir los pro·
yectos y comprobar las hipótesis, fué también llamado, y el Sr. de Keralio evitó con gran cuidado que
se hiciera alusión alguna á los hechos hasta entonces
inexplicados que habían motivado aquellas dudas en
algunos ánimos.
Se habían reunido alrededor de una mesa cerca
de la chimenea; en su calidad de comandante de la
expedición, el Sr. de Keralio tomó la palabra:
- «Caballeros, dijo, solamente por pura fórmula y
en su conjunto recordaré la historia de las expediciones polares que han precedido á la nuestra, y únicamente hablaré de aquellas que han llegado á las más
altas latitudes.
»Estamos actualmente á 76 grados de latitud sep•
tentrional, es decir, sobre la costa Oriental de Groenlandia.
»Las más altas latitudes alcanzadas hasta aquí, lo
fueron por Parry, el 23 de julio de 1827, 82° 45 1 ;
por Payer y la expedición austriaca, en 8 de julio de
1873 y 15 de agosto de 1874, 8f 71; por Markham,
el 12 de mayo de 18 76, 83° 20' 26"; y por Lockvood
y Brainard el' 13 de mayo de 1882, 83° 23• o6u.
»Después de esta fecha no se ha hecho ninguna
nueva tentativa.
»Ahora bien: las observaciones de Lockvood se-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

»Se trata de llegar más allá. Lo haremos.»
En el momento en que el Sr. de Keralio pronunció estas últimas palabras, una aclamación unánime
brotó de todos los labios:
- ¡Bravo! ¡Hurra! ¡Viva el Sr. de Keralio!
El padre de Isabel sonrió, y reclamando silencio
repuso:
- No, caballeros, no es á mí á quien debéis aclamar, pues yo no soy sino un instrumento, el menos
autorizado de vosotros. Trabajamos para la humanidad, para la ciencia y para Francia, nuestra patria,
siempre gloriosa, y para probar al mundo que ese país
de las grandes abnegaciones no se deja adelantar por
nadie en el espinoso y difícil camino del honor y d e
la bravura.
- ¡Viva Francia!, gritaron frenéticamente todas las
bocas.
Hubo, sin embargo, una sola voz que no se mezcló en aquella aclamación patriótica. Fué la del químico Schnecker. La mirada perspicaz de Alain Guerbraz no había perdido aquella inexplicable abstención.
- ¡Oh!, pensó el bretón, he de saber qué especie
de alemán cubre tu piel de alsaciano.
.
P ero nada quiso decir todavía y contmuó escu·
chando con atención al Sr. de Keralio.
- Dos vías tenemos, continuó diciendo éste, pa_ra
adelantar: la de tierra, por medio de trineos; la del
mar, según creen todos los exploradores de 1~ vertiente occidental, pues el pack no se forma smo á

Sin embargo, el naturalista se adelantaba con la gorra en la mano (véase pág. 565)

ñala~ su pu?to máximo alcanzado á los 40° 46 1 de
lo_ng1tud occidental, según el meridiano de Greenw1ch. Nos _encontramos, pues, á 7° 241 de este punto
sobre la misma comarca, siguiendo una línea oblicua
á 185 leguas ó sean 639.984 metros.
'

trozos en el brazo de mar que nos separa del Spitiberg. En el primer supuesto, y eliminando absolutamente el segundo, el camino más corto es remontar
hasta el cabo Bismarck, y de allí lanzarnos á través
del continente groenlandés, hacia el cabo Wáshing-

NúMERO 6Io
ton, desde donde podríamos subir hasta el 85 grado
ó quizá hasta el polo mismo.
Una nueva salva de aplausos saludó esta declaración.
- ¡Eso es, eso es!, exclamaron los oficiales con entusiasmo.
- En su consecuencia, prosiguió el Sr. de Keralio,
debemos velar por todos los medios posibles para la
conservación de nuestro navío, pues será probablemente el vehículo de nuestra campaña de verano.
Desde el 1.0 de junio al 15 de agosto podemos haber
salvado el trozo que nos queda por recorrer y resuelto el problema que tantos otros antes de ahora han
tratado vanamente de resolver. Una vez en el 83° paralelo, siete grados más de camino no han de asus·
tamos, máxime si, como dice Greely, se encuentra
más allá de ellos el mat libre.
Todo el mundo asintió á aquellas palabras, y durante unos momentos la conversación se generalizó.
Una voz, sin embargo, vino á echar una nota discordante en aquel concierto de adhesiones.
- Siento no participar de la confianza general, dijo
Schnecker. ¿Me permitís que presente algunas pequeñas objeciones?
- Sí, Sr. Schnecker, respondió Keralio. Nosotros
os contestaremos.
- Muy bien. Lo primero que me ocurre preguntar,
es lo que pensáis hacer de la casa de Fuerte-Esperanza.
- Pues, replicó el capitán Lacrosse, el comandante ha contestado ya á esa objeción. La casa será desmontada de nuevo y pasará otra vez á la bodega del
buque. Cuando lleguemos al cabo Wáshington, para
pasar nuestra segunda invernada, la montaremos
otra vez.
- Parece que no dudáis de nada, capitán, refunfuñó
el químico. ¿Y de dónde sacaréis el combustible necesario para vuestras calderas? Pues creo que las dos
mil toneladas de carbón embarcadas en la Estrella
P olar no bastarán para mantener templada la atmósfera de nuestra vivienda y alimentar los hornos
de nuestro steamer.
- ¡Bah! Sr. Schnecker, sin duda n o tenéis en
cuenta que la Providencia se ha tomado ya el trabajo de proporcionarnos el combustible necesario.
Estas palabras las había pronunciado el teniente
Remois con tanta vivacidad y confianza que comunicó en seguida su convicción á los demás.
- Ya comprendo, contestó el sabio, que hacéis
alusión al yacimiento de hulla del cual hemos tomado
ya bastantes provisiones; pero aun cuando fuera muy
abundante, la mina no nos seguirá en nuestro viaje.
Y en cuanto á embarcar el combustible, hay que renunciar á ello; la Estrella Polar no podría con tal
exceso de carga.
- La Estrella Polar puede con eso y mucho más,
exclamó el capitán con viveza. Y por otra parte, suponiendo que tengáis razón, mil toneladas bastan
para llegar al cabo Wáshington.
El químico no parecía convencido.
- Concediendo q ue podamos llegar al citado cabo,
¿cómo nos arreglaremos? Lockvood no señala huellas
de carbón en los sitios á que llegó.
Esta persistencia en con tradecir molestaba visiblemente á todos, y Huberto d'Ermont, no pudiendo
contenerse más, dijo:
- ¿Y quién os ha dicho, caballero, que si el carbón
nos falta no hemos de encontrar otro combusti ble?
Quiero ser sincero, y desde ahora puedo deciros· que
poseemos ese combustible supletorio en un volumen
tan reducido que no será ni un estorbo ni un exceso
de carga para la Estrella Polar. Dire más. H asta admitiendo que se nos cierre la vía marítima, podremos
transportar ese combustible extraordinario en los trineos con la ventaja inapreciable de encontrar en él,
no solamente el calor, sino la luz y un agente dinámico más potente que el mismo vapor.
Entonces todos se volvieron hacia d'Ermont; una
especie de admiración se leía en todos los rostros.
Pero en algunos de ellos se podía también adivi nar
como cierto temor de que Huberto hubiese hablado sin ton ni son ó quizá para burlarse de su interlocutor.
El joven comprendió que de tales dudas podía
surgir una especie de malestar moral para sus oyentes, si no se apresuraba á explicarse de un modo más
claro, dando, ya que no una demostración total, una
especie de prueba de lo dicho.
- Caballeros, dijo, no quiere, dejaros bajo la impresión de una duda angustiosa. He aquí el sentido de
mis palabras. Mi hermano, Marcos d'Ermont, químico como el Sr. Schnecker, ha tenido la gran fortuna
de hacer un descubrimiento precioso y sin precedentes. Esta invención, que por primera vez aplicaremos
de un modo práctico, es muy reciente, pero me permite casi aseguraros el buen éxito de nuestra empre·

NúMERO 610
sa. Sabed, por el momento, que mi hermano ha logrado liquidar y hasta solidificar - y por lo mismo encerrar en un volumen muy reducido en proporción
con su potencia - un gas primordial, un cuerpo simple que hasta aquí pasaba por fijo.
Todos se habían levantado. Huberto hablaba con
una sinceridad y un calor que hicieron penetrar la
convicción en todos los ánimos; pero todavía otra vez
Schnecker levantó irónicamente la voz:
- ¡Vaya, Sr. d'Ermont, dijo, por mucha estima y
consideración que me merezca vuestro hermano, me
parece que lo que decís es demasiado! Quisiera ver
eso para creerlo.
Un murmullo de desaprobación acogi6 aquellas
palabras.
- Ya lo veréis, caballeros, respondió tan sólo H uberto, y bien pronto.
Así terminó el debate y el incidente.
El Sr. de Keralio aprovechó el silencio que siguió
á aquella revelación para decir:
- Además de los recursos ordinarios con que contamos, poseemos dos que se relacionan con el admirable descubrimiento que acaba de revelarnos el señor
d'Ermont. Ya sabéis, señores, cuántos métodos han
sido aconsejados por nuestros predecesores para llevar á buen término las expediciones polares. Hoy,
gracias á los adelantos verdaderamente maravillosos
de la ciencia, no hay ninguno de esos métodos que
no pueda aplicarse, con tal de que tenga una base ra•
cional. Entre los medios considerados como prácticos
parios hombresde experiencia, dos sobre todo parecen
racionales para llegar hasta el polo. Si el gran desierto de hielo no puede romperse para dejar paso á un
buque, puede, sin embargo, ser salvado por encima ó
por abajo; por encima merced á un aerostato, y por
abajo por medio de un buque submarino que pueda
navegar á seiscientos pies de profundidad. E sos dos
medios los tenemos á nuestra disposición; poseemos
un globo y poseemos un submarino. Podemos por lo
tanto marchar atrevidamente hacia el Norte, y á menos de una catástrofe, que es imposible prever en estos momentos, sentaremos nuestro pie en el centro
mismo del polo y la bandera de Francia tremolará
orgullosa en el sitio á que nos habrá conducido la
fortuna.
Al oir estas palabras entusiastas, todos los congre·
gados se levantaron poseídos de honda emoción, y en
el mismo instante Isabel, acompañada de su nodriza
que traía una fuente llena de vasos y botellas, entró
en el comedor. En una mesa algo distante se veía un
s~rvicio compieto para el te y elpunch que iba n á servuse.
El comandante Lacrosse dijo sonriendo al teniente Poi:
- Haced entrar á todos los marineros. El Sr. de
K eralio quiere darles una buena noticia.
Esta orden recibió ejecución al instante y toda la
tripulaclón entró respetuosamente y se alineó alrededor de fa mesa.
El s/ de Keralio resumió cuanto acababa de decir
á los ofi'ciales y añadió al terminar:
- Amigos míos, ha llegado la hora de empezar los
trabajos. penosos. No os recuerdo vuestras obligaciones, sino para haceros comprender lo que unos á otros
nos debemos. Todo dependerá, así la salud como el
buen éxito, de la común concordia y de la unanimidad de nuestros esfuerzos. Antes, pues, de empezar
nuestros reconocimientos preliminares es natural que
nos unamos en un solo impulso de amor hacia la patria. ¡Viva Francia!
Todos repitieron aquel grito patriótico, y Schnecker
q11e conoció que le observaban, gritó como los otros:
¡Viva Francia!
Isabel circulaba entre las filas distribuyendo copas
de Champagne. Se descorcharon las botellas y empezó á correr con abundancia el espumoso vino. Luego
hirvió el agua en las teteras, en tanto que el bol del
ponche quedaba envuelto en una. aureola de vivas
y azuladas llamas.
- Es preciso acabar alegremente la velada, exclamó la joven.
Todo estaba previsto, pues el piano había sido sacado también de la Estrella Polar. Isabel se sentó en
el taburete y sus dedos ágiles recorrieron el teclado.
Los oficiales dieron el ejemplo y todos rivalizaron en
buen humor y animación hasta una hora muy avanzada de la noche. Se bailaron toda suerte de bailes,
pues además de polkas, valses y rigodones, se saborearon también las danzas más exóticas. Los canadienses bailaron gigues más ó menos escocesas y los
bretones ejecutaron tangos y piruetas que en su larga
vida de marinos habían visto bailar en comarcas se•
micivilizadas.
Isabel tomó también parte con su primo d'Ermont
en el baile, pues el teniente Poi y el doctor Servan
eran excelentes músicos y la reemplazaron en el piano.

LA

ILUSTRACIÓN ARTfSTICA

Se cantaron varios trozos de música, algunos recitaron ó leyeron poesías y el químico Sc~necker d!virtió á sus compañeros merced á proyecc10nes luminosas ejecutadas por medio de una linterna mágica.
A las dos de la madrugada, cuando moria el día, se
distribuyó un último vaso de ponche y todos fueror.
á acostarse sanos de cuerpo y de espíritu.
Media hora más tarde todo dormía en el campamento, en tanto que el frío insidioso é implacable
hacía bajar la columna mercurial hasta 20 grados

palpitante, con el corazón lleno de amargura, oyó
como un eco de su propio pensamiento las palabras
con que el teniente de navío explicaba á sus compañeros el secreto del cual iba á depender el éxito de
la expedición.
- Sí, decía H uberto, todos esos objetos que os he
enseñado son cilindros de aluminio que encierran
tubos de acero de gran resistencia. Todos estos tubos
van á parar á una espita cerrada por medio de un
mecanismo que permite el escape brusco ó graduado,

Se reunieron en el comedor de la oficialidad, presidiendo el Sr. de Keralio la sesión.

bajo cero. Un solo hombre, espoleado por la envidia
que sentía, no participaba del reposo general.
Desde que empezó la invernada había conseguido
que le dejaran dormir en el laboratorio, del cual era
director, y aun cuando en aquel momento la atmós·
fera se enfriaba considerablemente en aquella habitación, estaba de pie ante la cama, fruncido el entrecejo y contraídas las manos.
De cuando en cuando una sorda imprecación se
escapaba de sus labios.
- ¡Oh, maldito sea ese d'Ermont! ¡Cuánto le aborrezco! ¡Cómo se acaba de burlar de nosotros! ¡Cuánto orgullo y cuánta ironía demostraba la frase que me
ha dicho al terminar: «Ya lo veréis, caballero.})
Se interrumpió y dió algunos pasos por la habitación.
- ¿Y si no se equivocaba? ¿Si fuese cierto lo que
dice? ¿Cuál es ese gas que su hermano ha conseguido
solidificar? Hasta ahora no conozco sino el ázoe que
pueda reducirse de tal modo. ¿Pero qué haría del
ázoe? No creo que vayamos á fecundizar las tierras
del polo ni á hacer menos comburente el oxígeno de
esas regiones. Y por otra parte ese gas, según dice, es
á la vez combustible y agente. ¿Será el hidrógeno?
Se estremeció y durante algunos instantes quedaron hoscas y pensativas sus facciones.
Después, paseando de nuevo, se abandonó á su
cólera. De sus labios salían exclamaciones violentas,
que entrecortaban sus frases incoherentes y amargas.
- Locuras, sueños, he aquí á lo que se reduce todo
eso. ¡Las tonterías de Cailletet conduciendo al hidrógeno! ¡Doscientas cuarenta atmósferas de presión! ¡Y
Pictet liquidándolo y solidificándolo á 650 atmósferas! ¡Imposible!
Se cruzó de brazos, y mirando los hornos, crisoles y
retortas colocadas ante él, exclamó:
- Y si esto fuera posible, ¿no habrían hecho este
descubrimiento mis compatriotas de Alemania? ¿Hay
uno solo de esos celtas capaz de tal esfuerzo?
Pero por más que hablara no se convencía á sí
mismo; no estaba seguro de su propia duda.
- En verdad que no sé por qué pronuncio esos
nombres de Francia y Alemania. ¿Acaso representan
algo á mis ojos? ¿No son por ventura monogramas de
mezquinas creencias, de predilecciones degradantes,
palabras que realizan el más absurdo de los conceptos, la Patria! Yo no tengo patria, reniego de todas;
la mía me ha deshonrado y condenado á muerte por
una acción que los braquicéfalos hinchados de cerveza llaman «crimen dt derecho común. })
Se interrumpió diciendo esto porque creyó oir ruido de voces· á través de la puerta.
Olvidando el frío, se quitó los zapatos y llegó de
puntillas hasta la puerta, aplicando el ojo á la cerradura por donde pasaba un hilo de luz.
El cuarto del lado del laboratorio era el de Isabel
de Keralio. En aquel mismo momento, ésta en compañía de su padre y del doctor Servan escuchaba las
teorías de su primo Huberto. Y el traidor Schnecker,

según se desee, del gas hidrógeno líquido que contienen.
- ¡Hidrógeno!, no pudieron por menos de exclamar los tres oyentes estremeciéndose en sus sillas.
- ¡Hidrógeno!, repitió sordamente Schneker, cuyos
puños se crisparon.
- Sí, contestó con altivez· Huberto, en cuya mirada brilló una chispa de orgullo; este es el descubrimiento que en lo sucesivo hará inmortal el nombre
de Marcos d'Ermont, de mi hermano. ·
El alemán había retrocedido y no sentía la mordedura del frío, sino la del furor que de él se había apoderado.
- ¡La gloria de tu hermano!, murmur6. Si no has
mentido, Huberto d'Ermont, si este descubrimiento
admirable se ha realizado, esa gloria no tendrá otro
teatro que la tierra glacial y desolada que nos sostiene
y morirá aquí desconocida del resto de los hombres!
En aquel momento un ladrido breve y gutural sonó
al otro lado de la puerta.
- ¡Ah!, exclamó Schnecker con voz sorda, también
el perro está ahí:
El silencio reinaba en el cuarto de Isabel de Keralio y Schnecker pudo oir claramente como uno de
los interlocutores decía:
- Debe haber alguien en el laboratorio. Vamos á.
verlo.
El químico comprendió que era peligroso para él
dejarse sorprender en el seno de aquella obscuridad
y encendió una bujía. Cuando Huberto d'Ermont
se presentó con sus compañeros en la puerta del laboratorio, encontraron á Schenecker contemplando
apaciblemente el fondo de un alambique.
- ¡Pardiez, Sr. Schnecker, gritó el doctor Servan,
heos aquí en condiciones de perder vuestras extremidades!
Aquella reflexión del médico hizo comprender al
químico su verdadera situación. Miró sus manos y
las vió azuladas.
- Vaya una imprudencia, continuó el doctor; entrad, entrad en seguida en la habitación de la señorita Isabel, pues dentro de dos minutos quedaríais sin
manos.
Y diciendo est:!s palabras, le empujó hacia la ha
bitación caldeada, que en un momento y por haber
dejado abierta la puerta había perdido diez grados
de calor.
Cuando Schnecker se hubo alejado, los cuatro interlocutores se miraron con penosa sorpresa. Aquel
encuentro inesperado no era muy á propósito para
disipar sus dudas, sino para acrecentarlas.
Por lo que hace al químico, reconfortado ya, sólo
se acordaba de una cosa.
En la babitación de la señorita de Keralio había
visto el arca de hierro que á bordo estaba en el camarote de Huberto. Se habían olvidado de cerrarla
y por la abertura había podido distinguir numerosos
tubos alineados en el interior.
( Continuard)

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
guna ventaja sobre el primero en punto á. extracción
de tierras, escogióse éste porque era en línea recta y
porque además de atravesar terrenos poco resistentes
EL CANAL DE CORINTO
estaba flanqueado por algunas depresiones que perEl día 6 del próximo pasado agosto se celebró la mitían con poco gasto arrojar á ellas los escombros.
inauguración oficial de esta obra grandiosa que deja
Constituída la Sociedad t'nternacional del canal de
convertida la península de Morea en una isla. La Corinto, el general Turr, concesionario de la empreSECCIÓN CIENTiFICA

inauguración material, sin embargo, se había verificado un mes antes, pero el ímpetu con que las aguas
se precipitaron por la trinchera impidió entonces destruir los últimos obstáculos y fué preciso aplazar aquella ceremonia en tanto que las máquinas removían y
separaban los restos de una roca que obstruía una de
las bocas del cañal.
Obra es ésta que ya los antiguos proyectaron, y las
primeras noticias que de ella se tienen remontan al
tirano Periandro, 625 años antes de la era cristiana:
también intentaron su realización algunos emperadores romanos, especialmente Claudia, Calígula y Nerón; pero no pudieron llevarla á cabo, sea porque estuviesen ocupados en otras empresas para ellos más
importantes, sea que fuesen impotentes á luchar contra las supersticiones, ya que los sacerdotes de Corinto, temiendo que los extranjeros, una vez abierto el
canal, no irían á depositar sus ofrendas en los templos de que ellos eran guardadores, apelaron á los
oráculo~ y á ottos medios de intervención de las divinidades para aterrorizar á los obreros y á ahuyentarlos de aquellos trabajos.
El proyecto que ahora se ha realizado data de doce
años, En el congreso geográfico internacional celebrado en Venecia en 1881, el general italiano Esteban Turr anunció que habiéndose ,obtenido del gobierno griego la concesión para la apertura del canal,
el ingeniero jefe del canal de Suez, Mr. Gerster, había ido á estudiar sobre el terreno para formular el

sa, cedi6le sus derechos, comenzando los trabajos en
mayo de 1882. Muchas y muy grandes fueron las dificultades con que hubo de luchar la empresa; pero
la mayor de todas fué la económica: la quiebra del
Comptoir d'Escompte produjo la de la sociedad fundada por Turr, que hubo de ser declarada en liquidación por sentencia del tribunal del Sena de 1 2 de
febrero de 1890.
Sobre las ruinas de esa sociedad fundóse ótra, autorizada por real decreto del gobierno griego de 1 2 de
marzo de 1890, con un capital de cinco millones de
liras y 46.667 obligaciones al portador, privilegiadas
y garantizadas con hipoteca sobre el canal, que continuó los trabajos comenzados por la anterior y que
habían estado durante algún tiempo en suspenso, habiéndolos terminado felizmente e'n julio del año actual. De suerte que en la construcción de tan importante obra se han invertido doce años, habiendo sufrido una interrupción de poco más de uno, cuando
el traspaso de la concesión de una á otra sociedad.
Lo que antiguamente era istmo, presenta una depresión natural entre las cordilleras de los Geranci
ó Makriplayos al Norte y de los Onianos al Sur, y en
el punto en que aquél presenta la distancia mínima
entre los golfos de Corinto y de Egina ó Atenas, es
decir, el punto por donde se ha trazado el canal, se
descubrían, al empezar la construcción de éste, vestigios de los trabajos emprendidos por Nerón, de quien
se dice que fué llamado precipitadamente á Roma

N Úl\IERO 6 I o
diez y ocho siglos transcurridos desde que fueron perforados. Además conserva el istmo en toda su longitud las ruinas de la gran muralla Hexamt'lia, destinada á defender al Peloponeso contra las invasiones de
Oriente, aunque algunos autores, entre ellos Beulé,
afirman que aquellos restos pertenecen á las murallas
construídas por el emperador Valeriano y fortificadas
más tarde por Justiniano y sucesivamente por Manuel Comneno en 14 r 3 y por los venecianos en los
siglos xv, XVI y XVII.
Inútil parece encomiar las ventajas que de la apertura del istmo de Corinto ha de reportar la navegación: con el canal el viaje de los buques del Adriático al Pireo se acorta en 185 millas y en 95 el de los
que se dirigen á ese puerto procedentes del Mediterráneo; pero no es esto sólo, sino que además se evitarán las embarcaciones los peligros que para ellas
significaba hasta ahora el doblar el cabo de Matapán,
el Tamarium promontorium, sobre el cual se ven aún
las ruinas de un templo á Neptuno, junto al que, según dice la mitología, se refugiaron los vientos malignos para acechar y atacará los navegantes.
Con la apertura del canal perderá gran parte de su
importancia el puerto de Nea Corinto, Corinto la
Nueva, pues los buques seguirán su ruta sin detenerse en él como hasta ahora hicieron: en cambio, en
las dos entradas de aquél se han fundado dos aldeas,
Polidonia en la parte del golfo de Corinto é Isthmia
en la del de Egina, que es probable sean, andando
el tiempo, dos capitales importantes.
En uno de nuestros grabados se ve cruzada la trinchera por un puente de hierro de construcción reciente, por el cual circula el ferrocarril que atraviesa
el istmo uniendo las dos estaciones de Nea Corinto
y Kalamaki.
Como se comprenderá, los trabajos para realizar
esta obra han debido ser difíciles y costosísimos.
Además del dragado fácil de los antepuertos, toda la
dificultad consistía en extraer los escombros de una
trinchera única de 9.500.000 metros cúbicos con taludes construidos á una pendiente de 1/10, compuesta
de un macizo roqueño central que fué atacado por
medio de pozos y del cual se hicieron saltar 5.500.000
metros cúbicos por medio de poderosos explosivos
modernos.
Las margas azules ó calcáreas arcillosas, ligeramente magnesianas, del istmo han sido una dificultad
grave para los ingenieros: además en la perforación
de aquél se han encontrado multitud de grietas, pro-

NúMERO 610

LA

1LUSTRAClÓN

ARTÍSTlCA

á la de diez hombres que trabajen sin desmiento de mampostería destinado á evicanso, de suerte que cada una de estas
tar que los desprendimientos cegasen el
máquinas representa el esfuerzo de 150 ó
canal.
200 hombres. - X.
Estos trabajos, que en un principio no
pudieron ser previstos, han ocasionado
un aumento de gastos considerable y quizás hubieran constituido una imposibiliFOTOGRAFÍA DE LO I NVISIBLE
dad de ejecución absoluta sin los intere--- ----·-----==-- ~~---- •santes estudios é investigaciones de los
Con este título ha enviado M. Zenger
Sres. Saint Ives, ingeniero jefe de puentes
E1~tí•21cfo
fa
á la Academia de Ciencias de París dos
y calzadas, y Fuchs, ingeniero jefe, y sin la
-.......__...,_
l-'IQ~
.Je. C01,.trie
fotografías tomadas durante la noche del
perseverancia de M. Quellenec, ingeniero
·,'--.__
'----::---- ,:._-ac
I 7 al 18 de agosto último, una á las diez
de puentes y calzadas, jefe de la misión
y otra á las dos de la madrugada, desde
francesa de los trabajos públicos en
una ventana que daba sobre el lago de
Grecia.
""-..:.:,f,.
----~
•
Ginebra.
En extremo interesante para el turista
. ,__.,,,.._
será la travesía de este canal, construído
Estas fotografías reproducen, aunque
E1'}!1&gt;!'!d~ JJ - .- en un terreno poblado de recuerdos de
muy débilmente, la imagen del lago y de.J
todas las edades y en cuyas paredes han
Mont Blanc, que á simple vista era impo•
~fir)í1 f°'
e
itt1'(
dejado sus huellas los esfuerzos de genesible percibir en la obscuridad.
raciones sucesivas. Cierto que las viejas
En presencia de estas fotografías, el
E l empleo de las substancias explosivas, de las po- académico M. Bertrand hizo notar que esa imposibigeneraciones con los instrumentos rudimentarios de
que disponían y cuyo elemento esencial era la mano tentes dragas, de _los excavadores ó terraplenadores lidad de distinguir el lago y la montaña era sólo rede obra humana podían idear, proyectar y aun á ve- de vapor ha desempeñado su papel importante en la lativa y dependía más ó menos de la vista del especces esbozar trabajos de este género, pero carecían de terminación de esta obra: la substancia explosiva tador, de suerte que tales fotografías resultan ejeculos medios de acción necesarios para llevar á térmi- bien utilizada en sondeos racionales posee una fuer- tadas en una luz muy poco intensa, pero no son de
no esas grandes obras en las cuales las dificultades se za de descombramiento casi ilimitada, y en cuanto á un objeto invisible. Lo mismo acontece con las fotorevelan y aumentan á medida que se avanza hacia el las dragas y á los terraplenadores de vapor la poten- grafías de la bóveda celeste, en las que se ven mucia de cada caballo de fuerza puede estimarse igual chas estrellitas invisibles á simple vista.
fin deseado.

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Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61, París.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21
'

tU.a'Utl·A-LIEBPn,111
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DKASMAYTODAS LAS SUFOCACIONES,

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LECHE ANTEFÉL
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contra. la.s diversa.s
arab 9 de:C191

J

Empleado con el mejor e:rito

Hydropeslaa,
Toses nervio•••;
Bronquitis, Asma, etc.

F,~m;:,'!aa!o':t!' Grag eaaaILactato de Hierro de

la
Anemia, Olorosls,
E■IIHl'll1■11111 •• la llqn,
Debilidad, etc.

GÉLIS &amp;CONTÉ
Apro&amp;&amp;du por la Academia de 111,dtclaa d• Parle.

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obligado á tomar en muchos puntos una pendiente
de 1/~ y á levantar en toda la extensión del macizo
central, ó sea cuatro kilómetros, un muro de revestí-

para

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.,ARl'IE, arn1u10 y_ 4PIJIIH I Diez años de exito continuado y las annnacloncs de
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4Puina constituye el reparador mas en~rg¡co que se conoce para curar : la CloróSis, la
.A-némta, las Jlen3truactones aotorosas, el .Umpol&gt;rectmtento y la .Alteracton ae la Sangre,
el RaquWsmo, l as .Afeccwnes escrofulosas Y escor/Juticas, cte. El 1·ioe Fcrruclno■o de
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los mtestmos.

.

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

•'Fábrica, Espediciones: J.-P. LAROZE &amp; c1e, ! , roe des Lions-Sl-Panl, ¡ Paris.

PITE EPILATOIRE DUSSER
'

.

destruye basta tu AAICEB et VELLO del roatro de tu damas (Barba, Bigote, etc.), IID
llingun peligro pan el cutiJ. 50 .&amp;iioa de Éxito, ymillares de 1e1Umonio1 gannlban la eftcacla
de uta preparaclon. (Se ,ende en 11Ja1, mi la barba, J en 1/2 aaJH part et bigote llrero). Para
IOI bruot, emplweel l!lLl 'fUBB J&gt;'O'SSER, t , rue.J,•.J,-1\0UIH&amp;U, pana,

�NúMERO 610

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

RETRATO Y ESTUDIO DEL PINTOR EMILIO $ALA, EN PARIS

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRAOION ARTtSTIOA diríjanse para informes á. los Sres. A. Lorette, Rue·Oaumart;in,
núm. 61, París. -Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Oalvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

GRANO DE LINO TARIN

F~~~cii::s

ESTRERIMIENTOS, CÓLICOS. - La caja: l fr. 30.

t\llllADES del E8 ro.,

t-+-'&lt;

--;¡.-

~,,

Pepsina Boudault

a

•t•t•t•t•t•t• •t•t•t•t•t•t•t•t•t•t•t•t•t•

Lu
Ptnru1 ... Hltl8IW

MEDIOAOION TÓNICA

PILDORAS~~DIHIUT

PILDORAS vJARABE
ºB LANCARD

DIE f'AAl8

110 titubea.a en plJI'tfane, cuaJSdo lo
necesitaJJ. No temen ,1 asco n1 el caurancio, porque, conira lo que sucede con
los demas purgante,, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimento•
1 bebidas fortificantes, cual el vino, el cald,
el té. Cada cual escoge, para ,urgarie, la
hora 1 la comida gue mas le convienen,
seuun ,us ocupac1one,. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamenleanuladopor el efecto de la
buepa alimentacion empleada,Ul!o
se decide táeilmente á volver
á empe,ar cuantas v.-ces

DE

Aprobada por la .mDEll.l DE IEDICIRA

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
?d1aa11a1 en laa Expo1tclonet lnter naclonalea de

PARIS - LTOI - nm - PIIUDELPIU - PARIS
1867

lffi

1813

1876

11 111.PLSl CON IL MAt oa iJ..ITO U

•

sea necesario.

1878

LU

DISPEPSIAS
0A8TRITIS - OASTRALQIAS
DIQESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITÓ
T OT&amp;.01 DHORDl"NII DI LA. DIOIITJOII'

BAJO LA FORMA. DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS, de PEPSINA BOUDAULT
PABIS, Pharmacie COLLAS, 8, rue Daupbine
11 tn las prit1ci1&gt;alt1 farf'nll.cia1.

CARNE y QUINA

11.Allmento mu reparador, 1lllido al Tóuioo mu enqico..

VINO ARDUO CON QUINA

verdadero, único oflcaz,es el de los inven-

T CON '!OD09 LOS nmetPIOB !CtlTlUTIVOS SOLUBLBS DB U CARNE
c,,1an y 011111'.1, 1 son los elementos que entran en la coml)Oslcton cíe este potente
reparador de ras f\ierzas vitales, de este foniae•nte por e■eeleneia. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la .Anemta y el .Apooamtfflto, en las Calentura,
y convalecencta$1 conira las J)tarreas y las .Afeccwnes del Bstomago y los ,ntat,tlOI.
cuando se tma de despertar el apetito, asegurar las dlgesttones reparar las fuerzu,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epldemiaa provocaw por los calores, no se conoce nada superior al 'l'ia• de guüaa de :l.reud.
,P(ll' mcwor. u Paril, u casa de J. FERRt, Farmaeeutico, 10!, rue Richelieu. &amp;celor daAl\OUD,

Fu'" BRUIIT, 150, ruedeRinll, PilIS

EXIJASE 11 : t~' AROU~

APJ:OL
'delos O'ª' JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los dolort1, relr1101, 1upre•
1lonu 1e /11 Epoca., as! como las plrdldaa.
Pero con freeuencla es falsificado. El APIOL

tores.

Sil \'BNDII

108 I)oO• JORET y BOJ!IOLLE.
IIEOA LLASExp• Unir1• LON DRESf882•PA R/S f 889

BN TODAS LAS PRIMCIPALBi BoTlOA&amp;

C&gt;)

0

., T..,,.,,N¡E• F' AY
.

VELOU

,

.

El mejor y mas célebre polvo de tocador

Querido enfermo. -Ffese Vd . t mi larga experiencia,
y haga u10 de nuestros 6RANOS de SALUD, pu•• el/ol
/e cw~arán de 1u con1t1pac/on, le dará~, 11Petlto Y le
derolrerán el 1u1ño f la ale&amp;rta-- A11 rtrtrA Vd.

muoho1 1ño1, d11frut1ndo 111mpre da una bu•n• 1,Jud.

POLVO DE ARROZ EXTRA
preparado con bismuto .

por Ch. Fay,perfum1sta
9p Ruede la Paix, PARIS

Quedan reservados los derechos de propiedad art{stica y literaria
lMP, DB MONTANBR Y SIMÓN

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>.·. ~trtélC10f)

Ftí~t1ea
ARO XII

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BARCELONA 11 DE SEPTIEMBRE DE 1893 __. _ _ _ _ __

NÚM. 611

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL !-LUSTRADA

'

QUIEN ESPERA..., oua.dro de L. Blume Siebel't

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

61 I

NúMERO 611

en el arte de la republicana Francia. Pintura y escul- en ningún tiempo se lanzó sobre la organización sotura, oratoria y literatura, filosofía y poesía, fueron cial de este siglo.
Revoluciones políticas y revoluciones artísticas
por aq!lellos tiempos de la primera república francesa imitación ó algo así como rapsodia de los frescos marchan á la par, en busca de un mismo ideal, si
de Pompeya, de las estatuas y bajos.relieves de Grecia bien el arte ya delante. Así aconteció en España en
y Roma, de los días de los Pericles y de los triunviros, épocas no muy lejanas ciertamente.
A partir de 1858 á 1866 es imposible separar los
de los Cicerón y Catili11a; de los Lucano y Ovidio.
Pero no en la forma solamente todas estas artes y éxitos pictóricos de los sucesos políticos, ligados ínTexto. - Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. -El
pillln, por Luis Taboada. - La Exposición 11~1iversal de _Chi- ciencias de. lo bello sufrieron el influjo del espíritu timamente. Asistimos en este espacio de tiempo á la
cago, por X. - El trefeo, por S. L6pez Guijarro. - Miscelá- revolucionario, sino también en la idea generadora. consumación de uno de los fenómenos más interesannea. - Nttestros grabados. - Una francesa en el polo Norte David, como sus discípulos, pinta Sabinas, Belúa- tes que suelen tener lugar en los períodos de gesta(continu;¡ci6n), por Pedro Mael, con ilustracion'es de Alfredo
rios, · mezclándolos con la reproducción de hechos ción de las grandes revoluciones, las cuales afectan
Paris. -SRCCIÓN CIENTÍFICA: Varios. .
'
Grabados. - Quien espera... , cuadro de L. Blume Siebert. históricos. Las Horas, Las Piérides, cuantos mitos en todos sentidos á las ideas como á las prácticas
- Proyecto de monumento en Manila á la memon·a de M. Ló- . y simbolismos las teogonías paganás inventaron, fue- consuetudinarias de un pueblo.
pez Legazpi y Fray Andrés de Urdaneta, por el escultor don ron reproducidas por el pincel ó el cincel de los arEste fenómeno acaeció en el orden artístico, por
Agustin Querol y el arquitecto D. Luis Maria Cabello y Laolvidar, mejor dicho, por no ser comprendidos de los
tistas
de
los
últimos
años
del
siglo
pasado.
Las
copiedra. - La Exposicwn universal d~ Chicago, dos grabados.
- Feria de 1m pueblo en la alta montana romana, cuadro de rrientes políticas, buscando un cauce á propósito por políticos avanzados, hombres de letras casi todos, los
Mariano Barbasán. - Los /11mos en la Galia, copia del cuadro donde deslizarse, quisieron marchar por aquel por verdaderos revolucionarios del arte, los precursores
de G. Rochegrosse. - ¿Qué tal estoy?, cuadro de F. Dvorak. donde en pasados siglos se había deslizado la vida de Rosales. Aquéllos buscaron apoyo en la pintura
- El herrero, dibujo de León Lhermitte. - Los juegos florapolítica y social de Roma, exenta todavía de los ór- para acometer con coraje el planteamiento de sus
les, cuadro de Luis Jiménez Aranda. - Santas justa y Rujina, cuadro de Domingo Fernández y González. - El celebra- ganos de un estado político como el que comenzó á ideas. Veamos cómo.
Convencidos los progresistas de que la guerra de
do pintor francés Augusto Glaiu. - El eminente doctorJ. M. ser en el imperio de Julio César. La revolución franCharco!. - Sierra circular. - Nuevo alumbrado de la estatua cesa se produjo porque las inmoralidades de ' todo Africa había sido una magnífica casta11a con que
de la Libertad del puerto de Nueva York. -La primera
orden de la monarquía; la absorción de todo poder O'Donnell y su partido distrajeran las aspiraciones
rina, cuadro de A. Corelli.
.,......,......,.............,......,..,...... ,.............,..,......,.. ,,.,,.....,,......,......,......,......,..,..,,..........
por parte de una clase privilegiada; el acaparamiento del país, relativas á un cambio político, y plenamende cuanto significaba un pr1vilegio, siquiera éste no te seguros de que la unión liberal, por tal medio aseVERDADES Y MENTIRAS
rebasara de las lindes de la especulación puramente guraba su existencia por largo tiempo en el poder,
Cuando este artículo salga á la pública luz en las intelectual, pesaron Jo suficiente en las colectividades trataron los primeros de atacar por cuantos medios
columnas de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, los· acon- ilustradas para que éstas, ahondando en el estudio tuviesen á la mano al embaucador gobierno; y uno
tecimientos políticos que en los momentos actuales de lo que la personalidad humana es y significa ante de los medios fué el de aprovechar la influencia que
se desarrollan, habrán tomado u n rumbo definido y la sociedad, lanzasen á los cuatro vientos las prime- en las masas ejerció y ejerce siempre el arte, pues lleclaro. Cuál sea éste, nadie por hoy puede adivinarlo. ras ideas de la igualdad del hombre. El pueblo aco- ga hasta ellas por el sentimiento.
Les venía de perlas, pues, las tendencias avanzaPero sea dicho rumbo el que quiera, ora navegue- gió estas ideas con tanta más vehemencia cuanto que
mos hacia la restauración de la normalidad de la vi- por medio de la literatura, de la poesía, de las artes das de los artistas que aparecían luchando en las
da social, al presente turbada hondamente; bien va- plásticas, llegaban hasta él, hiriendo, antes que su in- Exposiciones nacionales de 1860, 62 y 64 con cuadros más ó menos directamente inspirados en las tenyamos á un período revolucionario, tengo por cierto teligencia, su sentimiento.
que estos períodos anormales de los pueblos conTan cierto es esto, que reinando en España Fer- dencias exaltadas. En La rendición de Bailén, en I ntienen los gérmenes de nuevas ideas, de aspiraciones nando VII se prohibió la importación de toda obra dependencia y libertad, en Los comuneros, en el Desmás ó menos justas, de algo, en fin, que instintiva- de filosofía y de literatura, como la reproducción embarco de los puritanos, en Fernando el Empl,zzado
mente se agita y se presiente cuando se rompen ó se plástica de nada, que pudiera ser interpretada por na- y en otros de esta índole, vieron Olózaga y sus amipretenden romper los moldes de Jo constituído y die en contra ó menoscabo de la autoridad absoluta gos motivo y materia bastantes, á propósito para despertar entusiasmos por su causa y lanzar agudos ~araceptado.
del rey y de la religión.
Porque es conveniente no olvidar cómo la seculaPero no en vano nuestro Feijóo, como J ovellanos dos al gobierno, bajo la salvaguardia de la crítica
rización de las distintas fórmulas convenidas para el y Moratín y D. Ramón de la Cruz y el cáustico y te- pictórica.
Y si en el campo político lidió ayer el arte, hoy lo
régimen de los pueblos, está en relación inversa del rrible lápiz de Goya, habían roto la quietud mortal
dinamismo de la civilización. Secularizar nada en nin- de una nación meticulosa, fría, hipócritamente reli- hace en el campo social, y lidia también con vigor,
gún orden ni en principio alguno, así. social como re- giosa, como dice un académico, nada sospechoso por manteniéndose, hoy como ayer, en la altura en que
ligioso, político, científico ó artístico, equivale á tan- cierto de revolucionario. El primero, acometiendo la debe mantenerse esta entidad, antes que todo encarto como á naber alcanzado el discernimiento de lo empresa de expurgar errores, de vivificar cuanto de gada de la sublime misión de producir la belleza, de
infinito, de lo que rebasando los límites de cuanto la la inteligencia era, y parecía muerto ó desquiciado; llevar al alma y al corazón emociones y sentimientos
razón y el sentimiento humanos pueden apreciar, ha- el segundo, hablando en nombre de los i"ntereses de puramente pasionales.
La evolución actual de la pintura como la de la
ya de ser tan amplio en su esencia, que en él puedan los pueblos; el tercero, poniendo en solfa la pedantevivir y adquirir forma todas las manifestaciones del ría de los sabios con sotana y sin ella, que pretendían literatura misma hacia el idealismo, que emana de la
sentir y del pensar.
seguir ejerciendo censura sobre todo cuanto el inge- realidad; ese movimiento del arte buscando en el mePor eso creo necesarios estos sacudimientos que nio del hombre produjera; el cuarto, lanzando al me- dio social, en que se agitan y viven el obrero y el lade tiempo en tiempo agitan, trastornan y llevan á dio del palenque literario y aportando por este modo briego, campo para su inspiración; ese religioso entulos pueblos á lo desconocido; porque creo que no elementos estéticos nuevos al cuarto estado; el quin- siasmo con que el pintor busca en la naturaleza, adepudiéndose encontrar la fórmula de Jo absoluto, lo to, zahiriendo con ruda igualdad, así al rey como al más del color y de la línea, ese algo misterioso que
relativo habrá de serlo siempre mayor ó menor, se- magnate, al clérigo como á las gentes de las últimas se produce de la conjunción de aquellos elementos y
que se advierte en sus manifestaciones, ya de calma,
gún que la decadencia ó la elevación del nivel inte- capas sociales.
lectual se acentúen; y ese relativo debe sufrir las moDe este movimiento democrático y profético de ya de furor, ya de melancolía; esa evolución de la esdificaciones y transformaciones de cuanto es humano. las artes y de la filosofía resultaron aquellos otros tética hacia el sentido de un amplio acatamiento de
Y como á esos movimientos populares la historia viene movimientos políticos que en España se conocen por todo cuanto reproduzca la verdad, todo esto coopera
señalándoles en todas aquellas páginas en que de ellos constitución del año 1812, por la revuelta de Cabe- de un modo decidido al planteamiento y resolución
se ocupa como elemento primordial el del sentimien- zas de San Juan, por el Estamento, por las luchas de problemas tan graves, como son el socialismo, _la
vindicación del proletariado, la autonomía de las disto, yo creo que puede buscarse una íntima relación sangrientas entre realistas y liberales.
•
entre el estado revolucionario social de hoy y las
Se avecinaba en Francia un período constituyente, tintas y diversísimas colectividades que forman en
evoluciones que vienen sucediéndose rápidamente en después del reinado de Napoleón y del de aquel otro los grandes Estados.
En Francia, Beraud glorifica al obrero, como Plael campo artístico filosófico.
Luis, durante los cuales las-luchas pol'Íticas tuvieron
No quiero recordará este propósito aquellas gran- verdadero carácter social, y las artes iniciaron el pe- nellas y Cutanda en España, como los pintores budes revoluciones que transformaron la faz de las so- ríodo de los grandes ensueños, de la fermentación cólicos al labriego, como las escuelas regionalistas
ciedades y en las que tuvieron tanta parte las artes y de las ideas que desde Rugo á Proudh_o n matizaban las aspiraciones históricas de pueblos y razas.
las letras. Bien conocidas son de todos para que ne- un altruísmo sublime. El período romántico se inició;
R. BALSA DE LA VEGA
cesite apuntarlas aquí. Me limito, pues, á trazar un se desbordaron los sentimientos todos del alma en
paralelo entre los movimientos políticos acaecidos en torrente inmenso, obligando al pensador á soñar, á vi- •••••••,........,,.,. ,.........1••··•·1•,,·,,,.•,.•., .• ,.•., .•,........................,.,, .•..•., .., .•,,. ,.••.,. •..••,..•.•.,.•,.•.
un siglo que comienza en 1789 y la marcha del arte. vir dentro del mundo del espíritu, y á éste á templarEL PILLÍN
Vese en F rancia cómo se pone á la cabeza del mo- se á fin de poderse elevar hasta aquellas alturas donde
vimiento pictórico, reemplazando, mejor dicho, echan- la lucha de los egoísmos, de las ambiciones, de las
Durante cuatro ó cinco años ha sido el «terror de
do por tierra al arte de los Bucher, Watteau, Frago- preocupaciones, de todo, en fin, cuanto es patrimonard, etc., el autor del Juramento del juego de pelota. nio de la imperfección humana, decide de los desti- los esposos» en Ciudad Real. Allí tuvo de todo: amoDavid, imprimiendo en sus cuadros la severidad y el nos de las sociedades. Entonces las páginas más res, desafíos, conflictos graves y una erupción cutásentido moralizador, catoniano, que pretendían im- grandes de la literatura, las obras más hermosas del nea, producida por el abuso de las bebidas alcohóprimir al nuevo régimen los revolucionarios de buena pintor y del escultor, aparecen inspiradas en senti- licas. En diciendo Pepe Salchichín, todo el mundo
fe, aquellos á quienes obscurecieron los Marat y Ro- mientos de un deseo sublime, el de amar la tradición exclamaba e n Ciudad Real:
- ¡Valiente calavera! ¡Cuidado si la ha corrido ese
bespierre, uno con sus violencias de autócrata, otro con el espíritu moderno; y mientras los derechos del
con sus instintos de felino, no hacía más que respon- hombre se sancionan y las reivindicaciones de las hombre!
Cansado de la vida de provincias, se vino á ~ader á un sentimiento'- generoso indudablemente - clases desheredadas se manifiestan con terrible emde la parte sana del pueblo que derrocara una mo- puje, Rugo traza cuadros sociales como Nuestra Se- drid, dispuesto á adquirir fama de seductor y á pasar
narquía secular, y que miraba á la república romana 11ora y Los trabajadores del mar; Delacroix pinta por uno de los primeros truhanes conocidos.
- ¡El que me la dé á mí tiene que ser muy listo!,
de los días de Bruto como modelo que debía ser Los cruzados; Delaroche glorifica los genios de la pinimitado. David pinta inspirándose - como he dicho tura y de la escultura en el hemiciclo de la escuela decía Pepe á cada paso.
en cierta ocasión y hoy repito después de cinco años de Bellas Artes, al par que reproduce con verdad
Y, en efecto, cualquiera se la daba á él.
Lo primero que hizo fué echarse una novia, coris- en los mármoles paganos, por creer que en ellos, hondamente filosófica escenas luctuosas de tiempos
en aquellas maravillosas obras de la pagana Roma, y en que las guerras de religión siembran de cadáveres ta de Eslava, y después otra, hija de un escribano
por ésta á su vez copiadas de las griegas, encontraría las calles de las ciudades más importantes de Euro- de número, y e n seguida otra, cigarrera, y así sucesiel espíritu y el sentido políticos que debían reflejarse pa; ~roudh~n lanza ,el ana~ema más-espant9so qu~ yamente hasta once 6 doce. Hoy regañaba con una,
~

lt

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mañana hacía las paces y al día siguiente volvía á
regañar .. . Era un verdadero pillín el tal Pepito. ¡Y
cómo le envidiaban los demás huéspedes de la casa!
Doña Pía, la patrona, siempre le estaba diciendo:
- Guíese usted por mí, D. Pepe; recójase usted
~ás temprano; no beba usted coñac, que es muy peligroso. No hay más que fijarse en esa nariz para
comprender que tiene usted una irritación muy grande. Usted se está matando á sí mismo.
- J:?oña Pía, contestaba Pepe, el mundo_ se ha
hecho para que nos divirtamos. ¿Qué quiere usted,
que me meta fraile cartujo?
- Bueno es d ivertirse, pero no tanto. Tuve un
huésped, que era poco más ó menos como usted, y
no quería seguir mis consejos, hasta que un día estando comiendo unas patatas guisadas comenzó á ponerse rojo y á echar fuego por las ventanas de la nariz.
- ¡Qué atrocidad!
- Lo que ustey oye. Vino el médico de la casa de
socorro y dijo que aquello era una inflamación ... ; en
fin, á los dos días el pobre joven estaba de cuerpo
presente. Por cierto que tuvimos que meterle en la
despensa, porque los demás huéspedes estaban horrorizados y no querían ver el cadáver.
_¡Bueno es Pepe para dejarse guiar por doña Pía
m por persona. alguna! El sigue haciendo la vfda de
costumbre y se mete en todos los sitios peligrosos,
porque es lo que él dice:
- Muy listo tiene que ser el que me la dé á mí.. .
Días pasados uno de sus compañeros de pupilaje
tuvo la desgracia de que le robasen el reloj en el
tranvía.
¡Qué de cosas le dijo Pepe!
- ¡Pero hombre! ¡Parece mentira! ¡Dejarse robar
el reloj! Nunca lo hubiera creído de usted.
- A cualquiera puede sucederle otro tanto, contestaba la víctima.
- A cualquiera menos á mí, gritaba Pepe irguiéndose con arrogancia. No ha nacido quien me robe.
Pero pasaron dos ó tres días y Pepe se presentó á
la hora de comer con el semblante alterado y el pulso trémulo.
- ¿Qué le pasa á usted?, le preguntó uno de los
huéspedes.
- ¡Qué me han robado el reloj!, dijo Pepe descargando un puñetazo sobre la mesa.
Todos l~s allí presentes soltaron el trapo, y Pepe
se puso funoso.
- Vamos, tranquilícese usted, murmuraba doña
Pía mientras aderezaba la lechuga.
- P~rticipo á ustedes que el reloj tiene que parecer ó pierdo el nombre que tengo. Ya he dado parte 1
á la policía.
-¿Pero cómo ha sido? ...
- Pues nada: yo iba calle de Atocha abajo en
compañía de Úna mujer ...
- No diga usted más, alguna infeliz víctima de su
pasión.
. - ¡Pchs! ¡Qué s~ le va á hacer!, dijo Pepe con
aire de orgullo satisfecho. I ba acompañando á una
mujer preciosa ...
- ¡Ah, pillín!
.
-:- Pero esto n,o es del caso. De pronto ella quiso
subirse al tranvia para volver á su casa donde su
ausencia podría llamar la atención. Estre~ho su mano, la prometo volver á verla al día siguiente y me
dirijo con ella hacia el tranvía. Un jovenzuelo se interpone entre nosotros para subir también, y siento
de pronto un escarabajeo especial en el bolsillo d el
· chal~co, pero ~o fijo la atención en este detalle y me
despido de m1 amada con una frase cariñosa. Diez
minutos después voy á consultar mi reloj para saber
la hora, y ... el reloj no estaba en su sitio.
El otro huésped, víctima también de un robo semejante, no pudo menos de echarse á reir recordando las frases ·de Pepe.
- ¿Conque á usted nadie le roba?, decía el huésped tapándose la boca con la servilleta. ¡Ja, ja, ja!
- No se ría usted, porque no estoy para bromitas.
-Pero .. .
- Sepa usted que el reloj tiene que parecer, porque á mí nadie me la da en este mundo, y soy capaz
de irme á la prensa y armarle un escándalo al gobernador civil.
PROYECTO DE MONUMENTO ~UR SE HA l&gt;E ERIGI~ EN MANILA Á LA MEMORIA DE M. LÓPEZ LEGAZPI y FRAY ANDRÉS
Al pobre Pepe le habían robado el reloj cprtándoDR URDANRTA. Premia_do en el concurso celebrado en aquella capital el 19 de junio de 1893. Autores: D. Agustin
Querol, escultor; D. Lms M.• Cabello y Lapiedra, arquitecto.
le la cadena que lo sujetaba y dejándole un trozo
del cual pendía el medallón.
'
- Y gracias que me han dejado este dije, que es
- No, señ?ra; se me volvió loca por celos.
- Por ahora no; pero estamos sobre la pista. El
para mí de gran mérito, exclamaba Pepe contem- ¡ Pobrecita!
inspector no descansa hasta dar con la prenda y con
plando el medallón y el trozo de cadena á él unido.
- Y hoy la tiene usted en Miguelturra sentada en el culpable.
- ¿Es algún recuerdo de familia?, preguntóle la e~ porta_l de su casa, sin probar más alimento que al•
- ¿Cree usted que parecerán?
patrona.
piste, m más bebida que aceite de almendras dulces.
- Como si lo viera,
- No; es _un recuerdo de unos amores desgraciaDurante ocho días no se habló de otra cosa que
Mientras los huéspedes se entregaban al bacalao
dos. La muJer que me Jo regaló fué una de mis víc- del robo cometido en la persona de Pépe.
con tomate que les servía la patrona con mano solítimas inocentes.
- ¿Sabe usted algo?, le preguntabnn los compañe- cita, oyóse sonar el timbre de la escalera.
-¿Murió?
ros de mesa.
- ¿Quién es?, preguntó doña Pía por el véntanillo,

�LA

- ¿Vive aquí un caballero á quien Je robaron un te de cadena que no ha podido llevarse el ladrón.
- ¿Para qué?
reloj en la calle de Atocha?, dijo una voz varonil des•
- Para ver si es la misma: que aparece unida á un
de el exterior.
reloj que hemos rescatado de manos de un ratero.
-=- Sí, aquí vive,
Pepe abandonó el comedor, rápido como una ga-=-Pues vengo ...
cela; fuése á su cuarto; abrió con mano febril el ca•
jón de la cómoda y extrajo de él el trozo de cadena y
el medallón anexo.
-Aquí está, dijo de vuelta en el comedor entregando ambas prendas al hombre del gabán.

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. -

- Pase usted.
Entró en el comedor un hombre alto, embutido
en un gabán color de café con leche; en la mano llevaba un bastón con puño de hueso y usaba antiparras azules. Pepe se había puesto de pie y miraba al
recién llegado con gran curiosidad.
- Pues yo soy vigilante de policía, siguió diciendo
el hombre del gabán.
- ¿Me trae usted el reloj?, preguntó Pepe lleno de
júbilo.
- No, sefior; pero lo traeré mañana. •
- ¿Mañana?
- Estamos sobre la pista; pero necesitamos la par·

NúMERO 61 I

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¿Qué duda cabe? Pues hombre, ¿cree usted que
si no lo fuera le entregaría el medallón? ¿Por quién
me toman ustedes? Otra cosa no tendré, pero en
punto á experiencia de la vida habrá pocos que me
echen el pie delante ...
Doña Pía meneaba la cabeza en señal de asentimiento.
- La verdad sea dicha, pocos habrá más tunos
que D. Pepe, y no es porque esté delante, dijo la
patrona. El que se la dé á él ya p odrá ser listo.

Un concierto en la aldea alemana, dibujo de E. Limmer

- Perfectamente, murmuró éste guardándose cadena y medallón en el bolsillo.
•
Después púsose el sombrero, hizo una reverencia
y desapareció tranquilamente por el foro.
- ¿Lo ven ustedes?, decía Pepito radiante de júbilo. De seguro que el reloj rescatado es el mío.
Los demás huéspedes se miraron recelosamente.
- ¿Pero conoce usted á este sujeto?, le preguntó
un huésped.
-¿A cuál?
- Al que acaba de estar aquí.
- No le he visto nunca.
- ¿Será efectivamente de la policía?

- Muchas gracias, doña Pía, exclamó Pepe.
En aquel momento el timbre de la escalera volvió
á sonar y doña Pía fué á abrir la puerta, recibiendo
de manos de un mozo de cordel una carta para Pepe.
- ¿Es para mí?, preguntó el interesado paseando
su mirada orgullosa por todo el comedor.
- ¡Ah, tunante!, dijo uno de los huéspedes. Será
alguna cartita amorosa.
- Quizás, murmuró Pepe.
Pero de pronto perdió el color, restregóse los ojos,
hirió con el tacón de la bota el pavimento y reclinó
la cabeza sobre el respaldo de la silla.
- ¿Se pone usted malo?, le preguntó la patrona.
- ¡Pillo! ¡Tunante!, gritó Pepe estrujando entre
sus manos la carta recibida, que estaba redactada en
esta forma:
«Me alegraré que al recibo de la presente se halle
usted sin novedad. Y muchas gracias por el medallón y trow de cadena que ha tenido usted la bondad
de entregarme. Necesitaba ambos objetos para com· .
pletar los que he adquirido procedentes del chaleco
de usted.
»Adiós, panoli. - El rata pn·111ero.))
Los huéspedes, al leer la carta, reían como locos;
y dijo uno de ellos:
·
- Hay que desengañarse. Por algo llamaban á don
Pepe el terror de Ciudad Real.
Luis

TABOADA

•••·••''••·•·"•'••·..••·••"••'•••••••••"•'''•'••''••·••"•'''•"•'·••·••1•,,•••'""''•''••·•••·••·••''"''•''''''•''••·•••••r•..

LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO

11,:&amp;;POSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO - Molinos y turbinas de viento, dibujo de E. Limmer

La aldea alemana levantada en Midway Plaisance
no es simplemente una sección alemana de la Exposición, sino que constituye, por decirlo así, un pedazo de Alemania transportado á orillas del Mícbigan
y emplazado entre Java, Egipto y Turquía: en ella
basta los menores detalles producen en el que la visita la ilusión de que se encuentra en el corazón mismo de la nación germánica.
·De todas las instalaciones análogas que se ven en
J ackson Park ésta es sin duda la más completa y no•
table, mereciendo incondicionales elogios los que
han realizado aquella obra y muy en primer término

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 611

EL TROFEO
Tal y como era Vázquez, que era en su clase digno ejemplar de su educación y de su época, ó sea
un desalmado caballero lleno de los vicios que engendra infaliblemente la fecunda ociosidad y de los
defectos que capitanea el defecto mayor del egoísmo,
sentía, sin embargo, un hondo afecto especial y concreto hacia su único amigo Torres, su compañero
de esparcimientos mundanos, y de casa, y de mesa,
y de comunidad de bienes en los diez años que vivieron juntos.
.
Que Torres quisiera también á Vázquez como le
quería, no era extraño, porque Torres, pervertido
más bien por debilidad y por hábito que por organización, era buen sujeto en el fondo. Pero que Vázquez quisiera á Torres haciendo en su obsequio la
sola excepción de su brutal misantropía, no dejaba
de ser un verdadero fenómeno psicológico, y una evidente prueba de que no hay mala naturaleza donde
no quepa alguna vez un buen sentimiento, digan lo
que quieran los pesimistas.
Sí, sí: aquel Vázquez que no había amado i nadie
ni á nada en la vida; que no había tenido familia;
que había sido abandonado en el estricto término
legal por cierto tutor empedernido; que no había estudiado, ni padecido, ni reflexionado nunca; que sólo había visto en las mujeres el placer y en los hombres la competencia, ,in sospechar que pudieran servir para algo más; aquella sensibilidad, en fin, atroLOS HUNOS EN LA GALTA, copia del cuadro de G. Rochegrosse, por el mismo'autor
fiada y ciega desde sus· albores, practicaba el culto de
(Salón de los Campos Elíseos de París, 1893¡
un cariño, de su cariño fraternal á Torres el bueno,
á Tor~s el débil. Que vinieran una mañana á decirle en su cama que el globo terráqueo iba á estallar
C. B. Schmidt, alemán de origen y avecindado des- de un cambio de guardias en Berlín, espectáculo que en el espacio como arpa vieja, si él no se levantaba,
de hace muchos años en América.
siempre atrae multitud de espectadores.
y de seguro se hubiera vuelto del otro lado. Pero que
El edificio más grande y más importante de la alle dijesen que iban á arrancar un cabello á Torres, si
dea alemana es el magnífico castillo antiguo con sus
El visitante europeo queda no poco sorprendido al él no lo impedía, y todos los héroes de la Historia se
arcos y saledizos, sus murallas y sus fosos. ¡Cuán ra- encontrar entre las antiguas ruinas toltecas· del Yu- hubieran quedado tamaños en su comparanza.
ro efecto ha debido producir esa pintoresca aldea á catán y las viviendas troglodíticas de los aborígenes
los habitantes de Chicago acostumbrados á sus casas norteamericanos una sección exclusivamente destina***
de más de veinte piso!., construídas de piedra y de da á los molinos de viento, en la que estos aparatos,
hierro!, y ¡cuánto debieron sorprenderse al atravesar unos altos, otros bajos, cuáles grandes, cuáles pequeCalcúlese, pues, la estupefacción amarga de nuestro
e( puente levadizo y penetrar en la aldea por el som- ños, y casi todos pintados con colores chillones, apa- paseante en Corte, cuando una mañana, de primavebrío portalón!
recen por docenas montados en armatostes especia- ra por cierto, entró Torres en su cuarto á decirle, sin
Con una seriedad digna de alabanza, los autores les, algunos de ellos tan elevados como pequeños preparación y á quemarropa, que se iba á casar. Saldel proyecto se han atenido en su ejecución estric- campanarios. Su forma es nueva, extraña, completa- tó su cuerpo fuera del lecho, como impulsado por
tamente al antiguo original alemán, evitando todo re- mente distinta de la que suelen tener tales aparatos una catapulta; la habitación empezó á dar vueltas alclamo, toda innovación, hasta el punto de no haber en algunos países de Europa, los cuales en su mayo- rededor de su cabeza, y sintió como sí le penetrase
colocado letrero alguno en la puerta de roble que ría son de sistemas antiguos, de cuando no se cono- un estoque por el costado izquierdo.
conduce al lugar en donde están instalados los cafés cían ni el vapor ni la electricidad, con sus negras ca¡Ah! ¡Cómo maldijo entonces á su pereza orgáy )os restaurants, lo cual no impide que los america- suchas y sus aspas que difícilmente mueve el aire.
nica, aquella incurable pereza que él llamaba la quenos con su notable instinto adivinen el significado
Los molinos de viento son tanto ó más necesarios rencia de la eternidad, y que le había siempre impede aquellos pórticos y llenen las mesas para conocer que en nuestro continente en América; en las gran- dido acompañar á su amigo al Retiro, antes del allos guisos de la verdadera cocina alemana y gustar des praderas del Oeste y en las
los mejores vinos alemanes, que se les sirven en be- mesetas que se alzan entre los
llos y típicos vasos éstos, y aquéllos en platos y sobre Montes Roquizos, se pasan á
manteles y servilletas reproducción fiel de los que veces semanas y aun meses sin
antiguamente se usaban en Alemania.
que llueva, á consecuencia de
El ala derecha de la aldea está ocupada por una lo cual sécanse los ríos, y las
porción de interesantísimas colecciones, entre las que gentes que ali{ viven hállanse
dest~canse el grupo Germanía, compuesto de 50 figu- sin agua en aquellos territoras con trajes alemanes vestidas, y la colección de ar- rios desprovistos de bosques.
mas del consejero municipal de Grossenhain (Sajo- Los mismos ferrocarriles llenia), Sr. Zschille. Esta colección, de un valor incal- gan á carecer de agua para aliculable y quizás la mejor de cuantas existen en po- mentar las calderas de sus loder de particulares, ocupa varias salas y constituye comotoras y se ven obligados
i;ina de las principales curiosidades de la Exposición, á llevarlas en tanques especiasobre todo para los americanos, que en aquellos ob- les. En cambio no falta en
jetos artística y pintorescamente agrupados pueden aquellas comarcas el viento,
contemplar y admirar un período histórico para ellos que á veces se convierte en
desconocido, la Edad media.
furioso huracán, circunstancia
Aquellas preciosas armaduras, yelmos, armas, bor- que han aprovechado los codados, arneses, utensilios domésticos, despiertan ad- lonos para utilizar un elemenmiración grande, y las colecciones de esculturas, di- to contra otro, es decir, el aire
jes, tejidos y porcelanas allí reunidas completan la contra el agua, y á este efecto
interesante instalación que permite conocer la vida y han abierto profundos pozos
costumbres de gentes de los pasados tiempos. ·
en las praderas hasta encontrar
Las demás casas agrupadas en semicírculo alrede- la humedad deseada y colocador del castillo son también imitaciones de antiguas do en ellos molinos de viento
construcciones alemanas, tales como la casa de la que extraen el para ellos tan
alta Baviera en 1480, con sn 01iginal arquitectura precioso líquido.
gótica y sus entablamentos; la casa alemana de 1650,
Estos molinos consisten en
construida según el estilo del último período del Re- armatostes de hierro que sosnacimiento; la casa de la baja Sajonia de 1570, y la tienen la ligera rueda de brade la Selva Negra.
zos múltiples y cuya altura deToda la parte occidental de la atdea alemana está pende de la situación del pozo.
ocupada por un jardín de conciertos poblado de cerLa importancia que, por lo
vecerías, en donde dos veces al día tocan alternando que dejamos indicado, tienen
dos bandas militares, la de los guardias de Corps y en la América del Norte los
la de infantería de la guardia prusiana, compuestas molinos de viento explica que
de cien músicos cada una. Antes de comenzar el con- se les haya destinado en Jackcierto, desde lo alto de una gran torre una banda ae soi1 Park· una sección especial
trompas y cornetas deja oir una Jan/are, mientras la que á título de curiosidad re¿QUÉ TAL ESTOY?, cuadro de F. Dvorak
infantería ejecuta en la plaza de la aldea el simulacro producimos. - X.

NúMERO 611

muerzo! ¡Cómo maldijo á la estación irritante, alteradora y florida! ¡Cómo maldijo á la revolución que
había dado á Madrid ese Parque, ese respiradero, ese
campo de citas! Porque Torres había conocido en el
Retiro á la mujer con quien, á falta de otra solución cien veces propuesta y rechazada, se casaba: una viuda francesa,
joven, rubia, esbelta, vestida y calzada en París, es decir, elegantísima, y
hablando en español chapurreado
con una gracia inmensa; gracia resultante de una imaginación fosfórica, y
de carácter más alegre que unas pascuas, el carácter de una solemnísima
coqueta.

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

59 1

pugnante, no es para descrito. Pero todo im.1tll; la
¡Bonitas son ciertas tempestuosas hembras para
coqueta despeichada demostró cien veces al anómalo darse por vencidas!
calavera que no tenía más remedio que sucumbir, ó
hacer una de pópulo bárbaro. Y como esta barbari***
Meses hacía que Vázquez no había puesto los pies
dad sería la ruina y 1¡¡. muerte de la dicha del buen

***

Sobre esto de la coquetería de
Ana'is, que así se llamaba, se hablaba en Madrid mucho, y se contaban
historias alarmantes, sobre todo la
del difunto esposo que, según las
crónicas, había muerto hecho un carbón sobre las parrillas de los celos.
¡Y venir Torres el bueno, Torres el
débil, á aumentar el número de los
achicharrados del matrimonio, en las
mismas barbas de aquel Vázquez que
tanto le quería! Pero no hubo remedio; porque cuando Torres dijo á
Vázquez que si no se casaba con
aquella mujer, que se le había metido en la sangre, se pegaría un tiro,
Vázquez cedió, dando un puntapié
moral á su voluntad propia. ¿Tenía él
acaso voluntad superior á la de Torres el débil?
Pero ceder en lo del casamiento
no era descuidarse respecto á sus
resultas; y Vázquez se dedicó, cuerpo
y alma, á velar por el Torres casado,
con una original mezcla de padre y
de Otelo, de interés profundo y de
terrible desconfianza, que era lo que
había que ver. Torres puso casa
aparte con su esposa; pero Vázquez·
dejaba la suya después del desayuno, y no salía de la de su amigo, donde almorzaba y comía1 más que para
ir de compras, de visitas, ó de paseo
con el matrimonio, ó al teatro algunas noches. Y mientras el buen Torres, embaucado y sorbido el seso por
su compañera, no se cuidaba más
que de aquella dulce envenenadora
de sus venas; y mientras la francesa
se dejaba querer y mimar, Vázquez
ejercía de tutor de la pareja, como si
en el mundo no hubiese casinos, ni
caballos, ni mujeres, ni barajas, ni
camorristas, ni nada.
El mundo madrileño ridiculizó al
principio desaforadamente al tutor y
á los pupilos; pero luego tuvo que
contentarse con hacerlo en voz baja,
porque Vázquez dió dos estocadas
magníficas á dos de los críticos. Y
en su virtud, la tutoría siguió su curso
normal durante el primer año; hasta
que un día, y de repente, con grande asombro de todos los círcul9s,
dejó Vázquez de exhibirse con el matrimonio, y hasta dejó de ir á casa de
Torres, según se supo.

¿Qué había pasado? Pues había
pasado, fuerza es decirlo, que la francesa era una bribona, como otras
muchas coquetas abusivas, de todos
los países; que, cuando se vió en
posesión absoluta del débil Torres
y su fortuna, aquella linda loca de atar se hartó hasta la saciedad de su deficiente señor legal, y se pro, puso buscar sus satisfacciones por otras vía~ que la
ley veda: que el tutor, con su voluntad de hierro, se
le hizo odioso, y que resuelta ante todo á librarse
de aquella fuerza opresora, se decidió ... ¿á qué piensan ustedes? ¿A enamorar á Vázquez? Precisamente;
á enamorarle, para anularle. El procedimiento es conocidísimo.
La ira dolorosa que sintió Vázquez cuando comprendió el pérfido procedimiento, no es para dicha.
Cómo significó su desprecio, cómo esquivó los ardides seductores, cómo rugió en aquella situación re-

EL HERRERO,

dibujo de León Lhermitte

Torres, Vázquez dijo un día á su amigo que el mundo está lleno de miserables, y que estos miserables
murmuradores le acusaban de parásito usufructuario y sórdido en aquella casa, y que en lo sucesivo
se verían poco, aunque él desde lejos seguiría velando por su felicidad.
Torres dijo á Vázquez que enviase el mundo á paseo. Vázquez dijo á Torres que para él era cuestión
de decoro, y Torres se sometió al alejamiento, que
fué cada vez mayor. Pero la francesa, para quien el
ojo avizor de Vázquez era más entorpecedor y más
intolerable de lejos que de cerca, no cejó en su torpe
propósito, como se verá.

en casa de Torres, cuando una tarde, al volver aquél
de su paseo á caballo y desmontárse á la puerta del
club, halló en ésta á un criado de su amigo con una
carta de la se,iora, según le dijo, que le fué preciso
abrir, y en que le escribía que su marido estaba enfermo en cama desde el día anterior y que deseaba verle. Y hete aquí al adusto retraído volviendo á montar, y salvando de un galope la distancia que le separaba de la mansión matrimonial, á cuyo portero dió
las riendas y cuyas escaleras subió rápidamente al
compás sonoro de sus espuelas y con su fino látigo
inglés en la mano.
El débil Torres sufría, en efecto, una grande exci-

�LOS JUEGOS FLORALES, cuadro de Luis Jiménez Aranda

1

SANTA~ JUSTA Y RUFINA, cuadro de Domingo Fernández y González

�594

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tación nerviosa, según el médico. Se le había propinado fuerte dosis de bromuro, que al fin logró narcotizarle; y sólo tuvo fuerzas para decir á su amigo que
no le abandonase, porque estaba seguro de que su
presencia le pondría bueno. Después cerró tranquila·
mente los ojos y empezó á dormir, quedando Vázquez
solo á su cabecera, pues la francesa se había retirado
al entrar él, para reposar también un rato: ¡estaba tan
cansada la pobre!
Era al anochecer. La alcoba quedó en silencio
profundo, y Vázquez, recostado en su butaca, se puso á pensar en la maldad de las mujeres en general
y de aquella pérfida rubia en particular, jurando para
sus adentros que sabría arrancar los dientes á la viborilla. Y terminado su acto mental y como quiera
que la obscuridad aumentaba, empezó también, sin
pensarlo, á dormitar.
De pronto creyó sentir el leve ruido de unas faldas
que se aproximaban: entreabrió los párpados y vió,
en efecto, á la francesa que, envuelta en vaporosa
bata blanca, sueltas las doradas trenzas sobre la espalda, suelto también y abierto con premeditación
visible el ajuste superior de su traje y sosteniendo
con su breve mano la delantera que dejaba ver sus
zapatitos de raso, se adelantó suavemente como una
aparición, llegó hasta él, y con un cinismo verdadera·
mente diabólico inclinó su cabeza basta la de su enemigo y puso con fementida resolución sus finos labios en los labios de Vázquez...
Se oyó en seguida una interjección feroz, una voz
varonil que dijo: «¡Atrás, canalla!..,» un latigazo, la
caída de un cuerpo en la alfombra, y un minuto después la puerta de la escalera al cerrarse violentamente.

El mundo madrileño supo al otro día que la francesa había sido expedida á Francia con el rostro cruzado por un negro surco, y que el buen Torres se había vuelto á vivir con el desalmado Vázquez. Algunos aseguraron también que, al instalarse de nuevo
en su antiguo cuarto, el débil protegido había colgado en sitio preferente el látigo de montar de su pro·
tector, como una alhaja, como una reliquia, como un
trofeo.

s.

LÓPEZ GUIJARRO

Bellas Artes. - La Asociaci6n de cuadros de Jesucristo
que se constituy6 hace poco en Budesheim de Bingen (Alemania), y de la cual hablamos en una de nuestras anteriores Misceláneas, parece que no prosperará por falta de asociados y sobre todo por carencia de fondos para organizar exposiciones y
comprar cuadros. H asta ahora las copias pertenecientes á los
individuos de la Asoclaci6n permanecen instaladas en la casa
rectoral de Budesheim.
- En Gante se ha abierto nuevamente, después de larga clausura, la Galería de Pinturas, que ha sido ensanchada y modificada y á la cual han ido á parar multitud de cuadros notables
que se conservaban en las Casas Consistoriale~, en las iglesias
y en otros edificios públicos y particulares. En aquel museo se
ha instalado una sala especial para las obras de los pintores
ganleses, en las que figuran, entre otros, diez grandes lienzos
del célebre maestro Gaspar de Crayer.
- Para el Museo South-Kensington de Londres ha sido adquirido el famoso y riquisimo tapiz de la mezquita de Ardebil
( Persia), que se considera como uno ele los más preciosos ejemplares ele la antigua tapicería persa,
- Rubinstein, que actualmente se encuentra en Italia, ha terminado su ópera Cristo, que él mismo estima como la obra capital de su vida,
Varia. - La Comisi6n organizadora de la Exposici6n universal internacional que se proyecta celebrar en Madrid desde
abril á octubre de 1894, lleva muy adelantados sus trabajos, ha·
biéndose ocupado hasta ahora de la organización de los servicios, con fecci6n de reglamentos, publicación de carteles y prospectos en seis idiomas distintos, preparación de la opini6n en
provincias y en el extranjero, constituci6n de comisiones de
propaganda y, en suma, de todos los trabajos preliminares de
tan laudable empresa, y actualmente se ocupa en la formaci6n
de los planos, que en breve estarán terminados.
La Exposición se celebrará en el Palacio de la Industria y
de las Artes, cedido por el Gobierno de S. M., edificio que
mide 200 metros de fachada por 114 de máxima profundidad y
en el cual pueden albergarse de cinco á seis mil expositores;
pero comprendiendo que esto solo no bastaba para una exposición universal, los organizadores han entablado con los propietarios ele1 los terrenos vecinos á aquél gestiones que han dado
el más satisfactorio resultado.
Los trabajos de propaganda han demostrado, según parece,
que la idea de la Exposici6n es acogida con calurosa simpatia
en el pa!s, en las naciones vecinas y hasta en las regiones más
apartadas, en donde se forman comisiones nacionales, siendo
de creer que el número de expositores será considerable y es•
cogido.
El Consejo general de la Exposici6n, que está patrocinada
por S. M. la Reina Regente, funciona bajo la presidencia de
los Excmos. Sres. D. Alejandro Pida! y Mon y D. Juan Navarro Reverter y de él forman parte imporlantisimas personalidades nacionales y extranjeras.

NúMERO

61 I

el saqueo ele una villa galo-romana por los hunos, el cuadro d_e
Rochegrosse que reproducimos y que fué uno el~ los más admirados en el último Sal6n de Paris, lo es más, s1 cabe, por sus
méritos técnicos: la ejecuci6o de la obra es ~igna del gran ar·
tista que dibuja como pocos, domina el colondo y e~ consumado arqueólogo, cualidad esta última que le ha servid? mucho
para pintar la escena de pillaje de los solda~os de A_t1la. Otra
cualidad notable tiene el cuadro, y es la relativa sobn edad con
que está tratado el :isunto, que se prestaba á pr~seotar figuras
en horribles cootors1ones, sangre, llamas y &lt;lemas aparato que
El celebrado pintor Augusto Glaize.- Augusto no habrian dejado de utilizar otros pintores menos es_crupulosos,
Glaize recientemente fallecido á la edad de ochenta y un años, más amantes del efecto, á cualquier costa coosegmdo, qu~ de
era un~ de los últimos sobrevivientes de la escuela romántica. la verdad con recursos racionales lograda.
En el taller de los Deveria, que fueron su,s maestros, aprendi6
á tratar los asuntos históricos en la forma pintoresca y anecd6¿Qué tal estoy?, cuadro de F. Dvorak. - El nom:
tica que tan en boga estuvo en ti~mpo de Luis Felipe, co~si- bre de Dvorak va siempre asociado á una de esa~ obras que s1
guien&lt;lo desde sus comienzos un éxito que no se ha desmentido no suspenden el ánimo, como esas grandes máqum~s{perd_óneen toda su larga carrera, durante la cual cultiv6 todos los gé- seoos el galicismo) con qu~ trata~ de &lt;le_slumbrar ciertos pmto·
neros· la pintura religiosa que le vali6 una serie de premios res, cautivan nuestros sentidos é 1mpres1onan dulc&lt;;mente nuesen lo; Salones de 1842, 1844 y 1845, la filos6fica, la mitol6gi- tra alma. Bien pueden saberlo los lectores LA lL~STRACIÓ!'f
ARTfSTICA, á quienes el no1!1bre de este pmto~ ~s l;1en con~1do por haber visto reproducidos en nuestras _pagmas los meJ~res cuadros por él pintados. El que hoy publicamos puede calificarse de monada; mas no se entienda esta palabra en el sentido académico de cosa fútil y sin importancia, sino en el vulgar
de cosa elegante, bell~, graciosa y al propio ~iempo magistralmente ejecutada, cualidades todas que se admiran en la hermomosa joven ataviada con el pintoresco traje japonés.

?e

El herrero, dibujo de L~ón Lherm.it_te. - ~nt_re
los artistas franceses que han seguido la senda del 1mpres1omsmo ruralista, que tanta fama póstuma ha valido al malogrado
Millet sobresale Le6n Lhermitte, que mucho antes de ser conocid~ en su patria gozaba de gran celebridad en Inglaterra
por sus dibujos y agua~ fuertes, que se clisputa~an l?s intel(geotes y aficiona?os. Na71do en 1844en,Mont-Samt-P!erre_{Aisn~)
fué siendo aun muy JOven, á Paris, en donde estudió baJo la d1rec~i6n de M. Lecoq de Bois-Beaudrao, maestro de disdpulos
tan notables con Fantin-Latour, Cazio y otros. Los comienzos
de su carrera fueron dificiles; pero á su primer triunfo conseguido en el Sal6n de 1874, en el que obtuvo una medalla de
tercera clase, sucedieron muy pronto otros, hasta que en el Salón de 1889obtuvo la medalla de honor, siendo al propio tiempo distinguido con el nombramiento de caballero de la Legi6o
de Honor. De lo que vale como pintor es buena prueba el cua·
El celebrado pintor francés AUGUSTO GLAJZK,
dro Las lavanderas, que publicamos en el número 437 de LA
ILUSTRACIÓN ARTISTICA; de su maestría como dibujante 1mefallecido recientemente
de juzgarse por El herrero, que reproducim_os, y en el cual so_n
de admirar, además de la corrección, un vigor y una valent1a
" filos6fico su mayor triunfo fué q.ue armonizan perfectamente con el asunto tratado y que po·
ca y la legendaria. En el género
La picota, vasta composici6n en la que represent6 atados al cos artistas saben emplear sin incurrir en censurables exageraposte de infamia y custodiados por todos los vicios á todos los ciones.
mártires de la fe, del ideal, de la ciencia y de la verdad: Jesús
Los juegos florales, cuadro de Luis Jiménez
y Juan Huss, Homero y Cervantes, Palissy, Galileo, Dante,
Gutenberg, Lavoissier, etc. Por este cuadro gao6 una medalla Aranda.. - Luis Jiménez Aranda, hermano de otros dos pin·
de primera clase en la Exposición Universal de 1855 y la cruz tores, D. José y D. Manuel, que gozan ele tan merecida como
de caballero de la Legi6n de Honor. Entre sus obras más nota- justa reputaci6n en el mundo del arte, debe, como aquéllos, á
bles figuran Dan/e escribiendo sze poema inspirado por Beatriz sus propios méritos cuanto es y cuanto vale. Trasladado á Ro(18471 y el decorado de una capilla de la iglesia de San Gerva- ma en 1866, en uni6n de su paisano Villegas, someti6 su pincel, arrastrado por las corrientes entonces imperantes, al génesio, en París, en la cual traz6 la historia de Santa Genoveva.
ro de majos y casacones, resucitando el siglo xvm en cuadriQuien espera...., cuadro de Blume Sieb ert. - Dice tos tan intencionados como simpáticos. Cuando la suerte empc·
el refrán que quien espera desespera, pero también puede suce- z6 á concederle sus favores y viéronse recompensados sus afader que el que espera se aburra y al fin y al cabo se duerma, nes, si bien dentro de los mismos moldes, produjo obras que le
como le sucede al personaje del cuadro que reproducimos, en dieron ya á conocer, creándole una verdadera personalidad. La
quien más que el afán por verá la que ama y le ha citado pue- lección de baile, Reve/ació11, La lección de gttitarra, La a1ttesade el cansancio, consecuencia quizás de una noche de insomnio la de un ministro, Un concurso de violinistas, Las niJ1as casapasada en forjar planes y en buscar conceptos para acabar de deras, Entre dos fuegos y otros más, entre ellos Los ;i1egos florendir al objeto de su cariño. Verdad es que el lugar de la cita rales, que reproducimos, preciosa composición que evoca el reconvida al reposo y que el s\leño debe venir naturalmente en cuerdo de una fiesta perpetuada en nuestra región, bastan por
aquella umbría, llamado por el monótono murmullo de las ho- si solos para crear una reputaci6n y para que se reconocieran
jas acariciadas por el céfiro. Es de esperar, sin embargo, que en Luis Jiménez dotes y alientos de verdadero artista.
Trasladado á Paris, en donde reside desde 1877, lanzóse al
el dormido amante no lardará en despertarse: si su instinto no
le advierte ele la presencia de su amada, no faltará una mano combate, teniendo el valor de presentar lienzos inspirados en
que le vuelva á la realidad, más hermosa para él que sus sueños, escenas de la vida moderna, en los concursos en donde era lipor dulces que éstos hayan sido.
mitado el ní1mero de los que, como él, profesaban los nuevos
ideales. Le fumier, Un almuerzo de trabajadores - que ya conoProyecto de monumento á Legazpi y Urda- cen nuestros lectores, - Viejo solterón, Campesinas picardas,
neta, obra de D. Agustin Querol y de Luis M. Bretonas en la iglesia, Le premier 1110! d' amour, Co11tratos, El
de Cabello. - En reñido concurso ha obtenido el primer traje nuevo, Le carreau du Temple y La visita de una sala del
premio el proyecto ideado por los Sres, Querol y Cabello para Hospital, inspirado en una escena de la vida real con pasmosa
el monumento que en Manila ha de erigirse en honor del con· exactitud, han sido los cuadros producidos en la nueva fase arquistador de las Filipinas D. Manuel López de Legazpi y del tistica ele Luis Jiménez.
religioso agustino Fray Andrés de Urdaneta. Nuestro querido
Admiradores del verdadero mérito y entusiastas por cuanto
colaborador el distinguido critico Sr. Balsa de la Vega ha pueda significar una gloria, á la vez que una reivindicación para
emitirlo en la Crónica de Arte publicada en el número 6og un el arte patrio, hemos dedicado estas desaliñadas !!neas al artisjuicio acerca de esta obra, que nos releva de entrar en detalles tn, como una muestra de consideraci6n que nos merece quien
acerca de la misma, por lo cual nos limitaremos á enviar nues· al elevarse ha logrado tambien elevar, en el extranjero, el contra más cordial enhorabuena al Sr. Querol y á felicitar también cepto artístico de nuestra patria.
á la ciudad ele Manila que en breve contará con un monumento debido á un arquitecto tan distinguido como el Sr. Cabello
Santas Justa y Rufl.na, cuadro de Domingo
y á un escultor que, como el autor de La tradición, ha conse- Fernández y González. - El distinguido pintor español
guido uno de los primeros puestos en el mundo del arte con- Fernáodez y Goozález, pensionado en Roma, ha representado
temporáneo.
en este cuadro un trágico episodio del tiempo de la dominación
romana en España, durante el reinado de Diocleciano. Justa y
Feria en un pueblo de la alta montaña ro- Rufina vivían pobremente en Sevilla á mediados del siglo 111,
mana, cuadro de Mariano Barbasán. - Lejos de la y habiéndose negado á ofrecer sacrificios á la diosa Selembo
tierra española, en Roma, en la ciudad que fué centro y empo- {Venus), fueron encerradas en la cárcel y condenadas á muer·
rio de las artes todas, existen aventajados artistas que, como te, después de haber sido sometidas á crueles tormentos. CuanBarbasán, honran á nuestra patria y representan una grata es· do los jueces penetraron en la prisi6o para conducir al circo
peranza por el arte pict6rico. Pensionado por la Diputación á las dos doncellas, Rufina les mostr6 el cadáver de su hermana
provincial de Zaragoza, ha logrado aquél demostrar en un bre- Justa, que habia perecido de hambre: Rufina fué más tarde
ve periodo de tiempo cuán merecida es la distinci6n de que arrojada á un león; mas como la fiera no quisiese devorarla,
fué objeto y cuánto puede esperarse de quien como él compren- fué quemada, martirio que sufri6 con admirable y santa resigde y siente el verdadero arte.
nación. La Iglesia católica ha santificado á las dos hermanas,
El vendedor de estampas, recuerdo de tipos y costumbres de y Sevilla y otras muchas ciudades las han declarado sus pala patria española, los Alrededores de Tivoli y el cuadro que tronas.
reproducimos, inspirados por el atractivo del país en que reside,
son lienzos que demuestran sus alientos y sus condiciones de
La primera riña, cuadro de A. Corelli. - ¿A qué
buen colorista, no contagiado por las extravagancias y los lo· explicar lo que representa el bonito cuadro ele Corelli? ¿ Por
nos terrosos que palidecen la paleta de aquellos que se olvidan ventura aquellas dos figuras tan· deliciosamente sentidas no
de las tradiciones artísticas españolas.
expresan con toda la claridad apetecible lo que el autor quiso
El último cuadro ele Barbasán resulta trasunto fiel de las significar? Contemplándolas harto se ve que la ofendida es ella,
costumbres de los pueblos romanos y atrae por el asunto alta- y que él, arrepentido de lo hecho, arde en deseos ele solicitar
mente pintoresco y simpático, dado el ambiente local y el bri· el perdón de su falta, que de fijo le será concedido en cuanto se
Uante contraste que ofrecen los traj~ de los ciociaros.
atreva á implorarlo. Al fin y al cabo todos sabemos lo que son
riñas ele enamorados, nubes ele estio que pronto se disipan y
Los hunos en la Galia, copia del cuadro de G. tras ele las cuales aparece el sol más radiante y el cielo más
Rochegrosse. - Interesante por el asunto, que representa límpido,

NúMERO

61.r

595

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL, - I LUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS

{CONTINUACIÓN)

se había fijado para el 15 de abril, se dedicaban todos
los días hábiles del otoño á explorar los alrededore~,
LA INVERNADA
y así poco á poco los viaj~ros adquiriero!l. conocimiento exacto de su domimo. Estas exped1c10nes se
El frío había vuelto á tomar triunfalmente posesión haofan ¡¡!empre en trineos que tan pronto arrastraban
de sus dominios, gracias á las tinieblas de la noche los perros como los marineros. El aprendizaje que
polar que viste de luto la sµperficie del ancho firma- hacían de la vida polar era bien rudo, y la naturaleza
V

Los canadienses bailaron gig,,es más 6 menos escocesas (véase pág. 581)

mento. Merced á los prudentes cálculos que se hicieron antes de la construcción é instalación del FuerteEsperanza, los invernántes habían padecido muy poco
todavía. En efecto, entre las espantosas temperaturas
del exterior y las que en lo interior proporcionaban
las estufas siempre encendidas, había casi constantemente una diferencia de 30 á 40 grados.
Así es que por consejo de los dos médicos se había levantado delante de cada puerta una especie de
cobertizo vacío para permitir á los que salían acostumbrarse á la enorme ruptura de equilibrio que había entre las dos temperaturas.
Hasta el solsticio la poca luz que brillaba en el fir.
mamenlo no merecía el nombre de día. Era una especie de vago crepúsculo que á las veces teñía de vivísimos tonos rojos y violados el extremo límite del
horizonte. Para prepararse á la gran expedición que

parecía complacerse en demostrar con cuánta constancia quería defender las regiones del polo contra
la curiosidad humana.
Los primeros arrastres sobre todo fueron terribles.
Los organismos no estaban todavía aclimatados á
aquellas temperaturas de 24, 28 y 32 grados bajo cero
que casi invariablemente reinaron desde 15 de octubre al 1.0 de mayo. Y sin embargo, los viajeros aprovechaban cuanto podían la experiencia de sus predecesores, pues en lugar de telas muy gruesas y pesadas habían adoptado para sus trajes las lanas dulces
y ligeras que dejan libre el juego de los miembros.
Un doble pantalón, una camiseta y encima de ésta
una blusa de lana muy tupida y sobre esto un abrigo
corto forrado de pieles constituían el traje de los
hombres, juntamente con una gorra de piel, polainas
que cubrían las botas, provistas de suelas de made-

ra, y unos mitones de lana encima de guantes ~e piel
forrados.
No hay necesidad de decir que Isabel había a(loptado un traje parecido, preparado desde hacía ya mucho tiempo. En cuanto á su nodriza, con sus anqhos
hombros y su pesado andar, parecía una verda~era
bestia salvaje, enfundada en aquel traje que no brillaba ciertamente por su elegancia.
El Sr. de Keralio fué quien dió primero ejemplo
de valor y resistencia. El IS de octubre, acompañado
del doctor Servan y de los marineros Guerbraz y Carré, emprendió la exploración ~e la costa en u~ tri•
neo tirado por doce perros. Salidos del cabo R1tter
bajo el 76° paralelo, los explorad?res rebasara? el
cabo Bismarck y se lanzaron atrevidamente hacia el
Norte. La costa se prolongaba casi en línea recta
hasta el 79°. Allí oblicuaba hacia el Oeste y los viajeros pudieron comprobar con alegría que aquella
desviación formaba ángulo suficiente para permitir
el acceso del cabo Wáshington entrevisto por Lockvood en 1882. Sólo faltaba saber si la vía marítima
quedaría también expedita. Aquella primera excursión hecha á través de borrascas de nieve y con una
temperatura media de 18 grados bajo cero, terminó
en el ·grado 81. Un pico vagamente entrevisto en el
Noroeste recibió el nombre de Monte Keralio, al mismo tiempo que se bautizaba como cabo Servan el promontorio ·que sirvió de límite á los viajeros.
Fué preciso volver. Durante los primeros cuatro
días habían recorrido 125 kilómetros; pero luego,
como los hombres se debilitaron y el camino era
más y má~ penoso y más áspero el frío, sólo se adelantó á raz6n de 25 kilómetros diarios. La exploración duró en junto unas cuatro semanas. Las literas
de piel de bisonte fueron un gran recurso para los
pobres caminantes, que volvieron extenuados de fatiga y ateridos por el frío. Por fortuna la acogida que
recibieron al llegar los reconfortó muy pronto. Lo
raro fué que Guerbraz, el más robusto de la expedición, era el que más había padecido de los rigores
del clima, hasta -el punto de helársele un trozo de la
oreja izquierda.
Por turno salieron á efectuar expediciones los demás grupos, unos hacia el Norte, otros hacia el Oeste. Entre todos fueron bastante afortunados para
traer algunos kilos de carne fresca que renovaron las
provisiones y rompieron la monotonía de las comidas, pues el pemmican y el pan comprimido habían
estragado todos los paladares y estómagos.
El invierno y la gran noche polar condenaron á
los viajeros al reposo, pues no podía pensarse en llevar la luz indispensable para alumbrar el camino y
éste ofrecía grandes peligros á través de los barrancos y quebraduras de los hummocks. La orden del
día fué dada con arreglo á lo que habían hecho los
precedentes invernan tes, y todos quedaron encerrados
en la casa.
Allí el trabajo no faltaba, ya que era preciso no
descuidarse nunca en velar por la seguridad del edificio, amenazado sin cesar por las tormentas del Sudeste. El invierno, á pesar de aquellos fríos excesivos,
quedaba de · cuando en cuando interrumpido, por
decirlo así, por corrientes templadas, y advirtiendo
algunos canafes de agua en el pack, lo's viajeros creyeron exactas las presunciones que se tenían acerca
de que el mar de la Groenlandia era más libre que
los mares de Barentz ó del Norte-América. Evidentemente alguna rama del Gulf-Stream corre por aquellas altas latitudes y permite siempre la dislocación
de los hielos.
Maravillosamente resguardada por su cintura de
icebergs, la Estrella Polar no sufrió nada de las presiones desmedidas del hielo. Su cuna de acero cumplió perfectamente su cometido, y las articulaciones
del armazón de metal funcionaron bajo la presión,
librando así al navío de ella. El 15 de noviembre, el
capitán Lacrosse, escalando los témpanos que rodeaban al navío, encontró á éste con la quilla fuera del
agua, materialmente suspendido á dos pies encima
del nivel del campo. Sondeos practicados inmediatamente le tranquilizaron contra el riesgo de un encallamiento perpetuo. El hielo subyacente no tenía
sino tres metros de espesor y el agua se mantenía
debajo á la temperatura de un grado hasta la profundidad de 2 5 á 40 brazas.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍTISCA

NúMERO 61 I

trabajo para contemplar la tarea ya hecha y quedaban
extáticos ante ella, no creyendo casi á sus ojos. ¡Un
invernadero, legumbres y frutos á los 76° de latitud
boreal, en plena noche polar y con una temperatura
de 40 grados bajo cero!
Pero ni Huberto ni Schnecker hablaban en balde.
Ahora se trataba de encontrar la tierra y el a½ono.
No podía pensarse en desmenuzar las rocas vecinas, absolutamente heladas hasta seis ú ocho metros
de profundidad. Para fecundizar la tierra, conforme
á las reglas de aquel nuevo arte de jardinería improvisado, Schnecker hizo extender sobre ella una capa
de ceniza fría. Pero á aquel lecho de ceniza urgía
añadir cuanto antes una segunda capa de fecundación.
¿Dónde encontrarla?
Cuando se le hizo esta pregunta, el químico contestó riendo:
- ¡Bah! Esto no es tan difícil como parece. En la
Estrella Polar hay cuanto necesitamos.
Y al día siguiente, doce hombres, dirigidos por
Guerbraz, se encargaron de sacar de la cala del steamer toda la arena y paja que se necesitaba.
Interinamente se colocaron ambos materiales en
el centro del invernadero, y en seguida Schnecker empezó las operaciones químicas indispensables para
convertir la paja en abono.
Desmenuzada hasta el punto de convertirla poco
menos que en _polvo, fué sometida á una cocción de
dos horas en agua hirviente. Luego en aquella mezcla
se echaron todos los detritus orgánicos que pudieron
recogerse, y era en verdad necesaria toda la pacie~cia de un químico enamorado de su arte para ded1·
carse á un trabajo tan nauseabundo como fatigoso.
Cuando quedó terminada esta tarea Huberto d'
Ermont fué á felicitar al alemán.
- Querido Sr. Schnecker, dijo, creo que sólo falta
azoar de un modo suficiente este abono que ya me
parece muy rico. ¿No lo consideráis así?
- ¡Pardiez!, contestó el alemán, creo que el hombre que ha solidificado el hidrógeno, bien puede encontrar algunos litros de ázoe líquido.
- Es verdad, dijo el teniente de navío. H e aquí el
ázoe pedido.
.
..
Y diciendo esto, presentó el sab10 un c1lmdro de
40 centímetros de longitud por 20 de diámetro.
Aquel cilindro, instalado sobre un caballete y provisto como los demás de una espita con volante, fué
puesto en comunicación con un barril de cristal bastante grueso, provisto de un doble conducto.
.
El interior del barril se llenó de una mezcla líquida
de hidrógeno y carbono que tan ávidos se muestran
del ázoe.
Los '))rimeros arrastres sobre todo fueron terribles
Entonces, con infinitas precauciones, los qos hombres abrieron la espita y dejaron que el líquido cayera
T odos se miraron con estupor, pero el químico gota á gota en la mezcla, donde, á medida que vol_vía
tre en las habitaciones de una manera impensada,
basta para ocasionar al momento descensos de tem- reía con sorna. Sin embargo, el entusiasmo fué co- á adquirir su elasticidad gaseosa, quedaba absorbido
peratura capaces de originar congestiones y pulmonías. municativo y un ¡hurra! unánime estalló de un extre- con rapidez. Esta operación duró cerca de dos horas
y después el abono fué rociado con el líquido fccunUna mañana, Huberto d'Ermont anunció al conse- mo á otro de la mesa.
- ¡Legumbres!, exclamó el teniente Remois. Pues dante.
jo de oficiales que iba á aplicar por vez primera, el
- Ahora, dijo Schnecker, sólo falta regar cada dfa
medio de que disponía para combatir aquel temible ya que estáis en ello, sería conveniente también teenemigo que tanto 'les hacía padecer. El mismo día ner algunos frutos.
nuestro sembrado.
- ¡Sí, sí, frutos!, exclamaron todos entusiasmados
- Yo me encargo de ello, repuso alegremente Isarealizóse el experimento. Las estufas colocadas en
todos los cuartos de la casa dejaron de arder brusca- por aquellas esperanzas.
bel, pero ¿cuánto voy ganando?
- ¿Y por qué no fresas?, dijo bromeando I sabel.
mente por habérseles quitado el carbón, y antes que
- Fijad vos misma el salario.
los marineros, estupefactos al ver que se apagaban
- Aunque no lo creáis, mi querida prima, tendre- Sólo pido que me dejéis plantar algunas flores
las estufas, hubiesen vuelto de su sorpresa, la parte · mos fresas y legumbres en primavera. Sólo falta espe- entre las legumbres.
.
superior de ellas giró rápidamente y en su metálico rar el tiempo que necesitarán para germinar y crecer.
Todos aplaudieron á la señorita de Keraho, y al·
reflector ardieron cuatro lenguas de fuego de color
La comida terminó con estos nuevos auspicios. Al guíen dijo que sólo faltaban algunos pájaros moscas
rojizo que daban un calor intenso y poca luz. Al pro· siguiente día, todos los hombres de la expedición para creerse en una selva americana.
pío tiempo, en vez de las lámparas cuyo aceite se ha trabajaban con febril actividad para convertir uno de
El abono fué extendido p0r el suelo y luego se cubía congelado, en lugar de las bujías y de los ensa- los cobertizos en estufa. Un segundo tabique de ma- brió con una capa de arena de 15 centímetros de
yos de luz eléctrica que el químico Schnecker había dera vino á a!'íadirse al primero, y el hueco que que- espesor, que fué también regada con la mezcla amointentado, fulguraron en mecheros dispuestos al efec- daba entre los dos ~e rellenó de cenizas y cisco. Dos niacal.
t\) anchos abanicos de bicarb.uro de hidrógeno.
estufas móviles se instalaron á cada extremidad y, al
-Ahora, dijo Schnecker, ya no falta sino sembrar.
¡Gas en aquellas latitudes! Aquello parecía milagro- propio tiempo, en cada ángulo se colocó una lámpaSe dejó que aquella tierra reposara un día bajo la
so. ¿Quién había realizado aquel prodigio?
ra eléctrica.
doble acción del calor subterráneo y de la luz elécNo faltó quien se lo explicara antes que todos, y
En fin, alrededor de los tabiques se removió cuan- trica fuertemente proyectada por globos de cristal
fué el alemán convertido en alsaciano. Al comprobar to se pudo el suelo helado, después de regarlo con deslustrado, y al día siguiente por la mañana se sem- ·
que Huberto no había mentido y que supo mantener agua hirviente.
braron todos los granos en los cuales se fundaba la
lo que prometiera, rechinaron sus dientes y entró en
- Pero, exclamó el teniente Hardy, ¿creéis que el esperanza de una buena cosecha. Un cuadro de fresas •
acceso de furor.
frío va á desaparecer por esa poca de agua hirviente? fué puesto bajo la más inmediata acción de las lámEl hidrógeno de los tubos era lo que producía
- ¡Paciencia, querido amigo, paciencia!, contestó paras, y la escarola, los rábanos, las zanahorias y el
aquel resultado maravilloso, y por la noche, al pre- Huberto. El Sr. Schnecker os dirá que basta evitar perejil se colocaron en los demás, en tanto que Isaguntarle al joven cuánto gasse•había consumido, res- el frío durante un día.
bel hacía sembrar diversas semillas de flores anuas
pondió sonriendo:
En la banda de tierra regada de este modo alrede- junto á los tabiques.
- ¡Oh, muy poco! Apenas 40 decímetros cúbicos! dor del invernadero, se enterró una barrilla de hierro
- ¡Y ahora, á la merced de Dios!, dijo Pedro de Ke¡Cuarenta decímetros cúbicos! Aquello equivalía continua, cuyas extremidades se fijaron en las dos ralio.
á un centímetro cúbico del mismo gas en estado só)i- estufas. De este modo bastaba poner incandescentes
Efectivamente, desde entonces para adelante sólo
do. El descubrimiento de Marcos d'Ermont era au- esas extremidades, para mantener . en la tierra una debía esperarse la labor de la germinación.
téntico; la práctica lo sancionaba. Con algunos tubos temperatura templada, y húmeda por la fusión del
El empleo del hidrógeno como combustible y lu·
de aquel maravilloso producto se podía desafiar el hielo del propio suelo.
mínico produjo maravillosos resultados; tanto, que
más riguroso invierno, y Huberto podía decir, reno- Muy bien, dijo el incrédulo Hardy; pero ¿dónde sin el espectáculo de la tremenda noche polar que se
vando la fórmula de Arquímedes:
encontraremos tierra vegetal?
divisaba en el exterior, hubieran podido los expedi«Dadme un c01:idensador y deshelaré el polo.»
- Sabed, caballero, replicó el alemán, que cual- cionarios creerse en plena primavera.
Pero no debían ceñirse allí los resultados admira- quier tierra es vegetal para los horticultores hábiles.
Sin embargo, por consejo de los dos médicos, d'
bles del descubrimiento. Al día siguiente del ensayo
De tiempo en tiempo los obreros interrumpían su Ermont redujo el consumo de dicho gas. Había poEl 2 5 de novicm bre el frío heló el mercurio y fué
preciso recurrir á los termómetros y barómetros de
alcohol puro. Los días siguientes reinaron temperaturas todavía más espantosas, y el 22 de diciembre,
después de una rápida subida de la columna termométrica ( - 22°), el frío llegó al mínimum alcanzado
raras veces por los exploradores, es decir, á 56 grados
bajo cero.
Tal foé la intensidad del frío, que algunos de los
hombres enfermaron. Fué preciso proceder á la am·
putación de dos dedos de la mano izquierda del marinero bretón Leclerc.
Pero el caso más alarmante fué el de la nodriza
Tina Le Floc'h.
La bretona, acostumbrada al clima húmedo y
templado de su país, no podía soportar aquellos
fríos horribles, tanto menos, cuanto que en aquellas
altas latitudes no hay apenas humedad que los temple. La más ligera omisión en el cuidado de la casa
produce en seguida funestas consecuencias. Si no se
rasca á menudo el suelo, se cubre rápidamente de
una capa de escarcha; si la temperatura interior desciende solamente uno ó dos grados, el aliento se
transforma inmediatamente en finísimos copos de
nieve que se fija en las habitaciones, saturándolas
de ácido carbónico. U na corriente de aire que pene-

se verificó un verdadero banquete en el comedor de
los marineros. Los hornillos de la cocina ardieron
de un modo maravilloso, ya que una sola llama, alta
de cuatro milímetros, bastaba para desarrollar un
calor de 1.800 grados, hasta el punto que era preciso
moderar aquel calor infernal por medio de una ingeniosa proporción de distancias. Es sabido, en efecto,
que la combustión del hidrógeno en el aire da_la
casi increíble temperatura de 1. 789 grados, supenor
en 189 grados á la del hierro en fusión.
Durante la comida, en tanto que los vasos choca·
ban alegremeRte y que maravillados los tripulantes
pedían en ·broma que se les dieran trajes de dril, el
doctor Servan hizo esta observación menos alegre:
- ¡Vaya, vaya, no hablemos dem~siado! He observado algunos rostros y algunos labios, y esto me ha
hecho pensar en que debíamos redoblar las P:ecauciones higiénicas. ¡Oj~lá _tuviésemos algunas hierbas
frescas á nuestra disoosición!
- ¡Que no quede por eso!, replicó alegremente
Huberto. Si el Sr. Schnecker me quiere ayudar, construiremos un invernadero.
- ¡Un invernadero!, exclamó el aleman.
- Sí, señor, y en él haremos que crezcan legumbres primerizas: zanahorias, escarola, rábanos, etc., todas las plantas refrescantes.

LA

NúMERO 611
derosos motivos que aconsejaban tal medida. Era el
primero el deseo de conservar una buena provisión
de aquel elemento prodigioso para poder subvenir á
las necesidades futuras; y el segundo, que aquella
combustión de hidrógeno, si bien muy atenuada por
el paso del gas á través de una capa de cisco, agotaba rápidamente la provisión de aire respirable en

597

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

el buque continuaba incólume, sostenido por su cuna
de acero y fuerte como el primer día. Grandes témpanos Je rodeaban y el bauprés se hallaba litera\mente aprisionado entre dos de ellos, Jo cual consl!tuía un riesgo, puesto que, si la presión se acentuaba
por aquella parte, podía la Estrella Polar ceder por la
popa y perder así la magnífica situación en que esta-

camas convertidas en tablas por el rigor de la temperatura. La estufa seca y el lavadero que corrían á
cargo de Tina Le Floc'h prestaban á los habitantes
de Fuerte-Esperanza el inmenso servicio de tenerlos
constantemente provistos de ropa blanca limpia y de
desinfectar todas las mantas de las camas.
N~ se descuidaba tampoc~ el_capítulo de las distracciones, pues en el polo es mdispensable ~nte todo
, mantener la animación á fin de que no decaiga la entereza de carácter.
Aquellas diversiones se dejaron i cargo de Isabel
de Keralio, y no pasó un domingo ni un día festivo
sin que por la mañana se celebraran ejercicios religiosos y por la noche representaciones teatrales ó bailes. Se organizaron también una serie de conciertos
vocales é instrumentales, y se tomó tanta afición á
aquellas fiestas íntimas, que el día anterior ya se discutía el programa del siguiente día.
Cada vez la soirée iba precedida de un banquete
cuya lista hubiese hecho honor á un cocinero de las
zonas templadas. Gracias á las numerosas provisiones
que se trajo consigo la expedición y á la reserva de
la carne de caza que se había hecho, se pudo mezclar de un modo tan armónico como variado la carne fresca y las conservas.
Cuando empezaron á ser comestibles las legumbres
sembradas, las comidas del domingo resultaron un
verdadero banquete. Gracias además á la ingeniosidad del marinero Leclerc y á la experiencia de
Tina, se llegaron á ~uisar el pemmican y los bizcochos de modo que podían comerse á gusto. Colaborando ante los hornillos, los dos bretones llevaron
rápidamente su arte culinario á alturas hasta entonces no sospechadas.
No era esto todo, y otras ocupaciones secundarias
interesaban á los invernantes.
Efectivamente, tres de las perras de la jauría esquimal habían aumentado la población canina con una
docena de cachorros. Fué preciso cuidar muchísimo
á los perritos, y á pesar de ello murieron tres, pero
los nueve restantes crecieron muy robustos.
No era por cierto uno de los espectáculos menos
conmovedores de aquella vida claustral ver á Isabel
ocupada en distribuir la pitanza á los pequeñuelos, á
los que permitía dormir en un rincón del invernadero, donde dejaba entrar las tres madres para cuidará
sus cachorros.
VI
UN ACCIDENTE

Fué preciso volver

aquellas habitaciones herméticamente cerradas, cosa
que hizo temer por la salud de todos.
A la primera objeción contestó Huberto que había
hidrógeno bastante para tres inviernos; pero nada
contestó á la segunda, pues comprendía que aquella
temperatura anormal sólo podía obtenerse en detrimento de la combustión interna de los pulmones.
Quedó, pues, convenido que en cuanto remitiera un
poco el frío se volvería al antiguo sistema de calefacción por medio del carbón, y que el precioso gas no
se utilizaría sino para la alimentación de los productos azoados del suelo.
Entre la más grande calma se llegó á mediados de
enero, época en la cual anunció el sol su vuelta tiñendo á ratos de blanco el horizonte.
En cambio, los invernantes pudieron observar
magníficas auroras boreales.
Esos fenómenos eléctricos eran tan frecuentes que
ya nadie hacía caso de ellos, como no fuera para temer las tremendas borrascas de que generalmente
eran los precursores, y que más de una vez fueron
tan violentas, que la casa sólo se salvó de una completa destrucción á causa del abrigo que le prestaban
las altas rocas.
Se temió también por la integridad del navío; pero
el comandante Lacrosse que, no pudiendo resistir su
impaciencia, salió con el teniente Remois y seis
hombres, pudo convencerse con inmensa alegría que

ba. Para evitar ese riesgo se encendieron las calderas, y tres horas después, gracias á potentes y conti~uos chorros de vapor de agua, el buque se veía
libre de aquel abrazo que podía resultar mortal.
,
Con la primavera iba á volver el tiempo de las excursiones y de la caza; pero la primavera del polo,
que también empieza e0 21 de marzo, es una entidad
muy problemática y había que aprovechar los pocos
días buenos que tiene para tratar de subir más al
Norte, bien en trineos, bien á bordo de la Estrella

Polar.

Sin embargo, empezaban á notarse entre la gente
los efectos de la larga claustración. Los síntomas del
escorbuto se iniciaban en algunos, y aparecían las encías tumefactas y sanguinolentas, los dolores de muelas y neuralgias, y la hinchazón de las articulaciones
y los dolores reumáticos hicieron que los médicos
aconsejaran los ejercicios físicos á todo el mundo. A
pesar del frío, que era intensísimo todavía, salieron
los hombres al campo libre en cuanto fueron bastante largos los crepúsculos del mes de febrero.
Los vestidos á propósito que usaban y- las fricciones y los baños calientes habían mantenido casi en
todos la elasticidad de miembros que era precisa
para pisar aquel terrreno quebrado. Y gracias á
los poderosos medios calóricos de que disponían,
no corrían el riesgo de que, como los hombres del
Alerta y del Fort Conger, encontraran á la vuelta sus

Las excursiones se hicieron diariamente desde
el 1.0 de marzo. Tocaban á su fin los últimos días de
invierno y se acercaba el momento en que el sol brillaría de continuo sobre el horizonte.
Esto facilitaba mucho los paseos y permitía contemplar espectáculos maravillosos en aquel paisaje
desolado, pero imponente.
Los alrededores del cabo Ritter estaban cuajados
de colinas que se elevaban en suave pendiente. Desde su cúspide la mirada dominaba el país entero, y
cuando la atmósfera era transparente era aquel uno de
los más hermosos espectáculos que se pudieran ver.
Así es que I sabel no cesaba de hacer excursiones,
y un día, volviendo de una de ellas, exclamó:
- Me parece que acabaré por creer que el polo se
parece al paraíso terrenal.
Sin embargo, el viento del Norte, glacial y violento, contradecía aquellas alabanzas.
El Sr. de Keralio, !TIO cesaba de recomendar á su
hija la mayor prudencia.
- Estamos en el momento más peligroso del año,
y no pasa un día sin que advirtamos numerosas grietas en el hielo. Las diferentes temperaturas bastarían
para explicar su aparición; p·ero sabemos además que
la costa oriental de la Groenlandia está bañada por
una rama del Gulf-Stream, y por lo tanto se marcan
en ella elevaciones de temperatura desconocida en la

costa occidental, en el canal Robesson y en el estrecho Smith. Es preciso, pues, vigilar siempre el suelo
que se pisa, pues es fácil verse arrastrado por algún
alud ó por la marcha de los glaciares.
( Co11tinuard)

�LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA'

NúMERO 611

fecundos en resultados prácticos, especialmente en lo también presidente de la Sociedad Anatómica, vice·
que concierne á Ja ataxia locomotriz, á las perturba- presidente de la de Biología y comendador de la Leciones medulares, á la afasia, al histerismo y á la gran gión de Honor.
EL DOCTOR CHARCOT
neurosis. El doctor Daremberg, en un reciente trabaEl gran clínico falleció en 17 de agosto último,
La ciencia acaba de perderá uno de sus más ilus- · jo necrológico, ha dicho con razón: «Charcot ha pues- casi repentinamente, á consecuencia de una afección
tres representantes, un sabio eminentísimo cuyo nom- to orden y precisión en una infinidad de problemas cardíaca, cerca de Chateau-Chinon, á orillas del lago
bre brillaba con gran esplendor, no sólo en Francia, médicos en los que antes de él sólo imperaba el des- de Settons, durante un viaje de placer que en comsu patria, sino en el mundo entero. En todas partes orden.»
pañía de varios amigos había emprendido en el
se le consideraba con justicia como innovador atreLa obra capital de Charcot .fué su estudio de las Morván. Su cadáver fué conducido al cementerio,
enfermedades nerviosas. Desde hace seguido de numeroso acompañamiento, del cual formuchos años, las lecciones del maes- maban parte todas las notabilidades científicas de
tro puestas en práctica en la Salpetrie- París y que presidía el hijo del ilustre sabio, Juan
re y relativas á la gran neurosis, al hip- Charcot, interno de los hospitales, digno discípulo
notismo y á las diferentes formas del de su padre, que es de esperar mantendrá á gran alhisterismo, han venido Jlamando la tura el nombre preclaro que le ha sido legado.
atención universal. En ninguna cátedra
La obra de Charcot es considerable: ha publicado
oficial habíase osado abordar el estudio gran número de memorias, artículos y estudios sobre
de todo este orden de fenómenos que las enfermedades crónicas y nerviosas, sobre el reudesde la antigüedad han apasionado matismo y reblandecimiento cerebral. Todos sus esla curiosidad pública y burlado la sa- critos son conocidos, apreciados y solicitados por los
gacidad de los observadores: Charcot médicos del mundo entero: sus lecciones son uno de
quiso someter estos extraños fenóme- sus mejores títulos á la gloria y han sido traducidas
nos al examen escrupuloso del método á todos los idiomas. Unos y otras continuarán siendo
experimental, estudiándolos con gran consultados con provecho; pero, en cambio, ya no se
clarividencia, logrando reproducirlos á oirá más la palabra del maestro, aquella palabra vivoluntad y revelando á menudo la exis- brante que el orador reforzaba con enérgicos adematencia de hechos extraordinarios que nes y que doquier era escuchada con admiración.
antes de él se consideraban quiméricos. Las conclusiones del maestro ¿no
GA STÓN TISSANDIER
se han apartado nunca del terreno del
(De La Nature)
más absoluto rigor científico? No nos
atrevemos á contestar á esta pregunta;
pero fuere cual fuere la contestación,
es indudable que Charcot ha derramaSIERRA CIRCULAR PARA ASERRAR PIEDRAS
do nueva luz sobre un vasto campo de
investigaciones hasta entonces envuelLa máquina que reproducimos y que ha sido into en tinieblas. En este orden de inves- venta?ª por J. T. Pearson, de Burnley (Lancashire),
tigaciones Charcot no sólo ha logrado, constituye un notable progreso en la industria de
como todos los demás, grandes descu- aserrar piedras: hasta a~ora sólo se aserraban con ayubrimientos médicos, sino que además da de ~nas barras de hierro que se movían en sentiha abierto á la ciencia nuevos horizon- do horizontal sobre arena húmeda que hacía las vetes, ha iniciado á multitud de discípu- ces de los dientes de las sierras. Pearson ha sustituílos y ha fundado una escuela, hoy día do este sistema por medio de ruedas circulares con
célebre, conocida con el nombre de Es- dientes, cuyas puntas son de diamante y que dan de
cuela de la Salpetriere, que difunde luz 400 á 1.000 vueltas por minuto. La piedra que se ha
brillante, así por los trabajos realiza- de aserrar va colocada en una especie de carro que
dos, como por tl número de hombres se mueve sobre rieles y que avanza merced al mecaeminentes que la componen.
nis~o cuyo t~món maneja el obrero, el cual puede
En la Salpetriere es donde Charcot variar la velocidad según la dureza del material: el
demostró más elocuentemente su genio bloque de piedra descansa sobre un disco movible
El eminente doctor J. M. Charco!: nació en París en 1825 murió en las
de investigación, la seguridad de su gracias á lo que puede ser aserrado por ejemplo dia~
cercanías de Chateau-Chinon (Nievre) el 17 de agosto 'de 1893. (De
ciencia y la autoridad de su palabra: gonalmente y obtenerse de esta suerte piedras angulauna fotografla de Nadar. )
allí organizó multitud de instalaciones res. Cuando la sierra ha terminado su obra el carro
útiles, fundó un museo anatomo-pato- retrocede y deja su lugar á otro previament; cargado.
vido, como profesor de portentosa elocuencia y como lógico y un laboratorio de investigaciones con un taSegú~ parece, esta máquina puede aserrar las piejefe de escuela cuya influencia ha sidÓ preponderan- ller fotográfico para registrar los fenómenos nerviodras mas duras con la misma facilidad que si fuesen
te en los progresos de la medicina contemporánea.
sos; allí hizo construir, hace algunos años, salas de madera y con _una rapidez de 20 á 50 veces mayor
J uan Martín Charcot fué un parisiense en la más electroterapia admirablemente organizadas; allí fique por el antiguo procedimiento sin necesidad de
pura acep~ión de la pal~bra: nacido en París en 1825, nalmente inauguró las conferencias que en 1883
emplear arena, perdigones ni polvo de diamante.
puede decuse que casi nunca abandonó su ciudad se transformaron en cursos de las enfermedades nerComo fuerza motriz pueden utilizarse el vapor, el
natal. Su juventud fué laboriosa: después de haber viosas.
g~s ó el agua, y un solo hombre basta para servir la
seguido sus estudios clásicos, se dedicó á la carrera
Charcot, además de individuo de la Academia de sierra.
de medicina, y apenas debutó en ella, hízose notar por Medicina, lo fué de la de Ciencias, habiendo sido
(Del Prometheus)
la s~gaci_dad ~e sus observaciones, por su excepcional mtehgenc1a y por su ardor en el trabajo. Fué sucesivam~nte interno, jefe de clínica en 1852 y se doctoró .en 1855. Los muchos premios que obtuvo en la
facultad atrajeron hacia él la atención de sus colegas:
en. 1856 se le nolil:bró médico de los hospitales, en
1860 profesor sustituto y en 1862 médico en el hospicio de la Salpetriere, en donde dió, á poco de su
ingreso, las conferencias que tanta fama le conquistaron. El profesor, en vez de estacionarse dentro de los
límite_s de la ciencia adquirida, aceptaba y enseñaba,
escogiéndolas con tanto talento como acierto todas
las, id_eas nuevas, todas las innovaciones fecu~das y
practicas.
Charcot no se circunscribía á la enseñanza de su
clínica de la Salpetri_ere, sino que por el contrario,
además de ésta, explicaba un curso de Patología externa en la Escuela práctica. En 1873 se le confió la
cátedra de Anatomía patológica de la facultad de París, que desempeñó hasta 1883, y la Academia de
Medicina no tardó en abrirle sus puertas admitiéndole en el mímero de sus individuos.
U na vez en posesión de tan brillante situación
científica y médica, dedicóse Charcot á los grandes
trabajos que debían hacer imperecedero su nombre:
en efecto, á partir de 1877 el sabio maestro ha eluéidado multitud de cuestiones relativas á las enfermedades del hígado, de los riñones y de la medula y
enriquecido la Fisiología contribuyendo á la creación
de la célebre teoría de las localizaciones cerebrales.
Todos sus estudios han producido sus frutos y se refieren á una porción de problemas de la patología
cerebral ó de las afecciones nerviosas, habiendo sido
Sier'ra circular para aserrar piedras

599

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 61 I

SECCI ÓN CIENTÍFICA

NUEVO ALUMDRADO DE LA ESTATUA DE LA LIBERTAD
DEL PUERTO DE NUEVA YORK

Universalmente conocida es la magnífica estatua
de Bartholdi que se alza á la entrada del puerto de
Nueva York: de día, el efecto que produce es imponente, pues el extremo de la antorcha que sostiene
llega á una altura de 93 metros, pero por la noche es
invisible y en vez de iluminar necesitaría ser iluminada.
Cuando se construyó la estatua no se había previsto otro género de alumbrado que el de encender algunas luces detrás de las ventanas practicadas en la
diadema, cuando lo que se requería era hacer luminosa la antorcha. En un principio se proyectó colocar en el balcón que rodea á ésta lámparas eléctricas
con reflectores que proyectasen la luz sobre la misma,
pero por desgracia las planchas de cobre, forzosamente oxidadas, nada habrían reflejado á menos de
que se las hubiera dorado. Entonces se quiso instalar en la llama d~ la antorcha un potente foco eléctrico visible desde todo el horizonte, y puesto en ejecución el proyecto quedó aquél instalado en noviembre de 1886: habíanse colocado al efecto- lámparas
de arco en la especie de cámara que forma el revestimiento de la llama y practicado en éste una serie
de agujeros circulares para dar paso á la luz. Pero
con ello no se consiguió iluminar la estatua, pues el
color negro del cobre absorbe enorme cantidad de

Nuevo alumbrado de la estatua de la Libertad del puerto
de Nueva York

luz, y aunque M. Bartholdi estaba satisfecho, el público no lo estaba, pues la Ju~ de la antorcha parecía de
lejos una estrella. Pidióse entonces que se dirigiese
un chorro luminoso hacia el cielo para iluminar las
nubes y que se alumbrase la diadema, y á este propósito M. Bartholdi aconsejó' que se colocaran en
ésta fuegos de diversos colores.
Desde fines de 1892, sin embargo, el alumbrado
fué modificado según un proyecto originalísimo de
Mr. David Porter H eap. Antes de esta modificación
la antorcha contenía 9 lámparas de arco, equivalentes á 2.000 bujías cada una, y apenas se las veía al
través de los agujeros de que hemos hablado; actualmente las nueve lámparas han sido reemplazadas por
una sola de 5.000 bujías, cuya luz irradia al exterior
en todas extensiones por haberse quitado las planchas
de la antorcha al nivel de la lámpara y en una altura
de 46 centímetros, operación difícil por la forma de
aquélla. En el interior una serie de espejos de aluminio convenientemente inclinados reflejan la luz horizontalmente; además alguna luz se escapa también
por los agujeros, y en lo alto de la llama de la antorcha se ha practicado una abertura cerrada por cristales blancos, encarnados y amarillos. Otros reflectores envían una porción de luz á las nubes.
Alrededor de la diadema hay 50 lámparas incandescentes de 50 bujías cada una y de diferentes colores, que vistas desde el puerto hacen el efecto de
una corona de piedras preciosas, y por último un proyector eléctrico ilumina la estatua de arriba abajo.

Las casas extranjeras qu e deseen a nunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 6 1, Paria. -Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Ca.lvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

...........
- un i nt,atuoos LECHE ANTEFtL

Lu

Penow q1e conocen Ju

PILDORAS~~DEHAUT
Dlt PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el cau,ancfo, porque, contra lo que sucede con
los demas purgSI1te11 este no obra bien
siDo CUSlldo se toma con buenos alimento,

1 bebidasfortificantes, cual el vino, el caftJ,
el U. Cada cual escoge, par a purgarse, la
llora 7 la comida gue maa le convienen,
sern ,ua ocupaciones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamenteanuladoporel efectode la
buena alimenSBcion empleada,uno
se decide tiicümente ll volver
4 empeirar cuantas veces

sea necesario. •

,.,.

arabe dB..i,191
llf"I\. • t· l d
contra las diversas
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Z'ageaSalL8Ct8t0deH'(8rr0 d8
GELIS&amp;CONTÉ

El mas ,ttcazcontra
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Anemia, Clorosis,
Eapobncl1i1m f1 la Sangra,
Debilidad, etc.

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geogr,lfjcos coloridos; coplas exactas de los cuadros y demiis obras de .;te mis celebres de
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1867

VINO FERRUGINOSO AROUD
KUTalTlVOS DB

1872

tJ,.~
mm• .,_ •IJD.&amp;1 Dfes años de mio continuado y las affrmactonea de
las eminenciu mi!dlcu preuban que esta uoct&amp;Clon de la 4'ante, el Biern y la

•111aa
ooneUtuye el reparador mu enemco que se conoce 'para curar : la CWf'dlu la
l.11t111'4, las .lle11o1t~ tlolorolal, el Jlmpolwed,,.ifflto:, lá .Alteracúm ae la sangre
el .Raqu,tumo, las .AfecdMIU ucro/lllOIIII Y euor71utfcal, etc. .El l'i•• Perrast■•H dé
ea, en erecto, el únic.o que reune &amp;o&lt;lo lo que entona y fortalece loe organ08
coordena y aumenta c.onslderablemente lu fuerzas 6 Infunde· 1 la
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fatiga el utóma¡o, no ennerreee loa
dienteJ. t111111 ni111 cetu II eua etaida.
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PITE EPILATOIRE DUSSER
.•

1878

Y OT&amp;OI Dl:IOIJ&gt;INII D■ U, DIOIITJO•

•

"EXIJASE e1 ~...: ARDUO_

1876

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIQESTION L ENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO

U CARNE

.&amp;na41

1873

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�LA

600

NúMERO 611-

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I, curarAn 1de ,. oonat1p1clon, le d■rAII\ 11/181~• 1 11
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reparador de las fuerzas vita.les, de este fonilleaase per eaeefe11eta, De un gusto sulllAmente agradable, e.~ 110berano contra la Áne11Ua y el Á1J()Camtento, en las Calentura,
1 Conoal4Urn:úU1 contra las JJ1Mre111 y las Á~cct&lt;me&amp; d61 B1tomaqo y los ,ntatlnc,.
Cuando se tma de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las•fuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo •y precaver la anemia y las eptdem1aa provoeaw por los calores, no se conoce nada 8'1l1&gt;6rtor al 1'1110 de Oaiaa de &amp;roud.

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EXIJASE '1i!ºt1: J ARDUO

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o~Mal de garganta,
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bs Reumatismos, Dolo
· agos, etc., S'O ailos del m
'O atestiguan la eficacia de e
eroso deriva«~ recomendado p
primeros médicos de Paria.

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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
I MP, DE MONTANBR Y SIMÓK

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            <name>Coverage</name>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Bellas Artes</name>
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